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ALICANTE A RTE

Y

F UEGO

EXPEDIENTES Y BOCETOS DE LES FOGUERES DE SANT JOAN QUE SE CONSERVAN EN EL ARCHIVO MUNICIPAL DE ALICANTE

1928-1936

Armando Parodi Arróniz Asociación Cultural “Alicante Vivo»


JOAQUÍN SANTO MATAS HISTORIADOR

Prólogo El filósofo José Ortega y Gasset afirmaba «dime cómo te diviertes y te diré cómo eres», mientras el orondo escritor londinense Chesterton decía que «divertido no es lo contrario de serio sino de aburrido». Comento todo esto porque el ser humano necesita para su supervivencia de la fiesta, que va estrechamente unida al devenir de los pueblos, a menudo analizados en función de su manera de interpretarla, lo que no hace para nada banal o secundario su estudio. Y será Ortega quien hable de la razón histórica y de que el hombre no tiene una naturaleza sino una historia. Y ésta marcha a la vez unida a los momentos de ocio, convertido en logro para la humanidad desde aquel lejano 1886 en que consiguiera la jornada laboral de ocho horas en Estados Unidos, porque el obrero necesitaba dividir el día en tres parcelas de igual tiempo para el trabajo, el sueño y el esparcimiento. Estudiar la historia de la fiesta civil para un alicantino, a la luz de la verdad, según el justo criterio de Cicerón, es hacerlo sobre todo de las Hogueras de San Juan, y además desde el rigor y de una manera exhaustiva para que resulte creíble. Eso es lo que ha hecho Armando Parodi Arróniz con este libro cuyo título conjuga lo que son les fogueres, arte que se convierte en fuego, esfuerzo quemado en unas horas, que no sólo simboliza lo efímero de esta vida y sus actos, sino que resulta inherente al hombre que consume en unos minutos lo que ha llevado preparando meses, semanas o puede que sólo unas

horas, desde un examen hasta una canción o el clímax alcanzado en diversas actividades. Ya comenté ante lo que sirvió para introducir el primer volumen de esta obra, los Esbossos que iban de 1928 a 1931, que la bibliografía en torno a las Hogueras de San Juan es abundante, no sólo en cuanto se refiere a la historia en sí de la misma, desde aquella primigenia recopilación de José Ferrándiz Torremocha en 1934, sino por lo que respecta a estudios sobre arte, estética, literatura popular y personajes, sin olvidarnos de la aportación muy interesante de algunos llibrets cuyas síntesis loables necesitan de estudios de mayor calado para redactar la gran historia pendiente. Y añadía algo que Parodi ha querido resaltar al comienzo de este estudio, que hasta ahora se ha pecado mucho del trabajo de hemeroteca, revisando periódicos y publicaciones menores, copiando de ellos sin más, cuando la palabra escrita no es dogma y los errores y contradicciones abundan, echándose en falta la constatación del dato así como el ahondar en los contenidos. Precisamente esta obra corrige con datos irrefutables equívocos repetidos en cuanto a la constitución y nombre de los distritos en la etapa de lanzamiento de la fiesta. Ya lo dijo Tagore hace muchos años: «La corriente de la verdad se esparce por los canales de los errores».


Sólo centrándonos en la figura del fundador José María Py y Ramírez de Cartagena, encontramos lagunas y referentes contradictorios hasta en su actividad laboral; que si funcionario de Correos, que si dependiente u oficial en la notaría de su padre. El hecho indudable de su pertenencia a una familia acomodada por la profesión de su progenitor, y aristócrata por la rama materna, baronía de Rosta, nos descubre su talante conservador, bien patente en el vínculo que encuentra, para promocionar su idea de fiesta del fuego al estilo fallero, en el recién nacido periódico católico de corte integrista La Voz de Levante, estrechamente vinculado a la sede episcopal oriolana cuyo titular, Francisco Javier Irastorza y Loinaz, lo fundara en 1927. Siguiendo esa línea, observamos cómo busca Py apoyos en personajes acomodados de la sociedad alicantina, profesionales liberales de prestigio, comerciantes y propietarios, algunos oriundos de otros lares, que pusieron empeño y capital para constituir los distritos, así como artistas plásticos locales, consagrados o en ciernes para ejecutar los monumentos, notándose la ausencia insólita y casi absoluta de escultores, mejores conocedores del necesario modelado y que tendieron más a aportar sus habilidades a «les fogueretes» de las que también se habla en la presente obra. Un tema por entonces desconocido, que yo aporté el año 1997, gracias a los testimonios de sus nietos Maite y Miguel, fue el de Leandro Galán, fugaz presidente-fundador en 1928 de la foguera de Carolinas, barrio donde tenía -en el número 64 de la calle General Espartero- el chalet «San Miguel» junto a su fábrica de mosaicos hidráulicos del mismo nombre, propietario también de la popular tienda de tejidos ubicada en la plaza de Isabel II llamada «La Bola de Oro», que luego daría nombre a aquella zona del extrarradio alicantino, así como del comercio de ultramarinos «La Española», sito en la calle de Vicente Inglada. Galán era un abulense que con nueve años emigró a la ciudad argentina de Santa Fe para, ya casado con una valenciana y comerciante acomodado de profesión, retornar a España, buscando por motivos

de salud una ciudad de clima cálido, estableciéndose en Alicante y organizando en su casa distintas reuniones con Py y otras personas, donde se gestaron las Hogueras, al margen de los encuentros habidos en el Círculo Mercantil. Hagamos constar al respecto que Py fijó su primera residencia alicantina en la calle Plus Ultra de las Carolinas mientras la notaría de su padre estaba en la misma plaza donde el comercio «La Bola de Oro», rotulada desde los primeros tiempos de la República como de Gabriel Miró. Pero al parecer fueron motivos políticos los que apartaron enseguida a Leandro Galán de la fiesta. Era un hombre republicano y liberal que chocaba con el carácter excesivamente conservador de los otros promotores, lo que motivaría su exclusión a pesar de que la comisión del distrito de Carolinas quedó formalmente constituida. Este ejemplo es uno de los muchos que no quedan reflejados al hablar de la historia fogueril. Recordemos que en el año 1928 vivía España la etapa postrera de la dictadura de Primo de Rivera, los movimientos republicanos se iban consolidando y todo ello se vio plasmado a partir de 1931, cuando con la proclamación de la II República, las hogueras politizan sus temas, José María Py acaba injustamente relegado y se incorporan al entramado de las Hogueras de San Juan personajes leales al nuevo régimen. Los desmanes anticlericales y la aprobación del derecho de voto para la mujer se volvieron en contra del Gobierno, y en noviembre de 1933 tales circunstancias propiciaron que las derechas ganaran las elecciones con claridad, lo que supuso una nueva visión dentro de lo que ya había resultado un rotundo cambio con la caída del régimen monárquico, agotado en su comportamiento tan desfasado como claudicante y falto de evolución social. Vemos, pues, que esta obra analiza el devenir de las Hogueras paralelo a una situación histórica en la que se pasará de una dictadura a dos «dictablandas», de la monarquía a la república, de un gobierno izquierdista a otro derechista hasta arribar a un 1934 prerrevolucionario bajo actitudes totalitarias de uno y otro calado, con el auge de comunismos y

fascismos, disfrazadas de estructura democrática. Y buena parte de ello se verá reflejado, lo que sirve de estudio sociológico del momento convulso que se vivía, en los contenidos temáticos de las hogueras que también pasarán factura a varios de sus constructores más afamados de los primeros tiempos. Algunos, concluida la guerra civil, sufrirán prisión y habrá uno, caso dramático, que será ajusticiado mediante garrote vil en la madrileña cárcel de Porlier en 1942, por haber ocupado el cargo de Jefe Superior de Policía en la capital de España desde el año trágico de 1936. Nos estamos refiriendo a Lorenzo Aguirre, tan laureado como artista del fuego y cartelista en este tiempo que nos ocupa, cuyo terrible final fue obviado y no consta, por ejemplo, en la biografía que le dedica Miguel Castelló Villena en su libro Artistas de las Hogueras de Alicante. Claro que estábamos en 1958. He de reincidir en la puesta en valor de este libro, que se ciñe a la realidad indiscutible del documento estudiado, fruto de una paciente labor de años. Los índices de expedientes y la relación de los bocetos, con la trascripción de los textos de las solicitudes y las explicaciones de contenidos ante la autoridad municipal, que hará pasar la criba de la censura, sobre todo escatológica, con el aditamento de la cita de los ninots de carrer de los que tan poco se sabía, enriquecen el conocimiento profundo de nuestra fiesta fogueril. Y la realidad, como la justicia, resulta a veces dura, pero es la realidad. Armando Parodi ha sido delegado de Cultura de la entonces llamada Comisión Gestora, y demuestra desde antaño un gran interés, serio y desapasionado, por todo aquello vinculado con la historia de Alicante, a pesar de cursar una carrera de ciencias como la de médico. Pero galenos ya hubo en la etapa primigenia de las fiestas fogueriles, caso del primer presidente de Plaza de Chapí, Ramón Guillén Tato, hijo del pintor y constructor de hogueras Heliodoro Guillén Pedemonti, o de José Estruch Ripoll y Ángel Pascual Devesa, ambos presidentes de la Comisión Gestora en 1931 y 1936 respectivamente. Un gran científico que tanto aportó al mundo de la Medicina como Louis Pasteur, afirmaba que si no

conocía una cosa, la investigaba; pues bien, en este trabajo Parodi analiza y disecciona con rigor los legajos consultados, para luego emitir un diagnóstico basado en la evidencia de los documentos, las fuentes auténticas para lograr la verdad, es decir los expedientes de las hogueras recepcionados como era preceptivo por el Ayuntamiento. Como consecuencia de ello, insisto, nos encontramos ante una obra vital para descubrir la realidad de una época, un manual de consulta con el que hallar en cualquier momento el dato preciso, bien escrito, bien plasmado en reproducciones de bocetos o fotografías elocuentes, que sirven de complemento perfecto para el deleite del lector amante de lo que es alma festiva del pueblo alicantino.


ARMANDO PARODI ARRÓNIZ

Introducción Cada vez que cae en mis manos un libro, no puedo evitar pensar qué motivación o qué circunstancias llevaron a su autor a escribirlo. Es por ello que me gustaría iniciar este trabajo de investigación explicándoles el por qué de su concepción. Con los últimos compases de la celebración del 75 Aniversario de Les Fogueres de Sant Joan, a finales de 2003, me encontré con la, a la vez gratificante y ardua tarea, de reunir los objetos que iban a formar parte de una muestra cronológica que abarcaría el período de 1928 a 1960, cerrándose con ella el conjunto de actos que organizó la entonces aún denominada Comissió Gestora de les Fogueres de Sant Joan, hoy Federació de les Fogueres de Sant Joan, en colaboración con el Exmo. Ayuntamiento de Alicante. El material de la Exposición «75 Aniversari de les Fogueres de Sant Joan» opté por que procediera de colecciones particulares y del patrimonio de las comisiones que iniciaron su periplo festero en el período de tiempo que abarcaba la muestra, excluyendo por sistema todo aquello procedente de fuentes de consulta o exposición de fácil acceso por el estudioso de la Fiesta, como son el Archivo Municipal de Alicante, el Archivo de la Comissió Gestora, el Museu de Fogueres o las bibliotecas públicas, pues lo que pretendía era localizar y sacar a la luz objetos inéditos, poco conocidos o de difícil acceso, teniendo la fortuna de encontrar alguno que incluso se consideraba desaparecido o se desconocía su existencia.

En el transcurso de esa labor de captación de objetos a exponer, llamaron mi atención determinadas publicaciones y fotografías de los primeros años de Fogueres, que no encajaban en la concepción histórica que acostumbramos a encontrar en las obras de consulta más manejadas, creándome un soniquete de sana curiosidad que poco a poco fraguaría en inquietud, hasta que me planteé investigar en profundidad en fuentes de acreditada solvencia de veracidad, para comprobar hasta qué punto esos contrasentidos detectados eran reales o no. Mis visitas al Archivo Municipal de Alicante se fueron haciendo habituales, y pronto llegué a la conclusión de que los datos manejados en la práctica totalidad de la obra escrita, tanto antigua como reciente, al menos en lo referente al período 1928-1936 aquí estudiado, están basados casi exclusivamente en la prensa de la época, llibrets y publicaciones especializadas en Fogueres editadas entonces. Y aquí radica el problema. La disparidad de la información y los frecuentes errores, hacen que los datos que se obtuvieron de este modo lleguen a ser incluso contradictorios entre sí. No había otro camino que acudir a la única fuente fiable para disipar las dudas y buscar datos reales: los expedientes originales de Les Fogueres de Sant Joan conservados en el A.M.A. Así fue como topé con un elemento a mi criterio poco conocido, sin duda infravalorado, ocasionalmente expuesto de forma muy selectiva, pero en absoluto estudiado, que me proporcionó el empujón definitivo


Esta labor documental me he permitido aprovecharla, con la inestimable colaboración del personal del Archivo, en especial de Susana Lloréns, actual Archivera Municipal, Agustín Medina y Santiago Linares, para incluirla en esta obra y darle la categoría, la calidad y la cuantía documental gráfica que confío que disfruten en estas páginas. Quedan pues perfiladas las dos fuentes casi exclusivas de investigación de esta obra en su conjunto: expedientes y bocetos. Nombres correctos de las comisiones, lemas originales de los monumentos, autores de los mismos, características de los bocetos, lugares de plantà, dimensiones de la obra final, anécdotas de su concepción y realización, son tratados de forma veraz y fidedigna, en función de los datos contenidos en los documentos que fueron presentados en su día al Ayuntamiento por los

observar el paralelismo, a veces no demasiado fiel, entre el concepto ideado por su autor y el resultado final de la obra plantada.

Fogueres

Fogueres Infantils

La estructura de la obra se desarrolla de forma cronológica, siempre siguiendo el orden y codificación que de los expedientes lleva el Archivo Municipal, apoyado por índices de entrada desde diversos conceptos: artistas, comisiones, años, premios y equivalencia con los distritos actuales. Si se obvia alguna comisión es porque de la misma no existe expediente que se conserve en el Archivo, lo que no implica que no plantara en su momento, pero como el objetivo de este trabajo es hacer un vaciado de los datos de dicha documentación, se resuelve congruentemente porque no existe tal. Entrando en cifras, la obra recoge datos de los 317 expedientes correspondientes al período de 1928 a 1936, que contienen documentación de un total de 324 monumentos, repartidos en 233 Fogueres, 29 Barraques, 49 Fogueres Infantils, 11 Ninots de Carrer y 2 Carrers Adornats, así como las características de los 480 documentos gráficos estudiados, repartidos a su vez en 372 bocetos y 108 fotografías de otros tantos presentados en su lugar con su correspondiente solicitud de plantà, gran selección de los cuales se reproduce con todo lujo de detalles en estas páginas, existiendo 27 expedientes sin boceto alguno. Además, se acompañan en gran medida de la fotografía del monumento final, resultando de especial interés

Ninots de Carrer

Carrers Adornats

Totals...

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Expedients

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Así pues, les invito a que conozcan datos y detalles reales, a que disfruten de la concepción artística de esos primeros pasos de nuestra Fiesta, a que puedan comprobar cómo se hace realidad la definición que la Real Academia Española de la Lengua hace del término «boceto» en su primera acepción, un vocablo que proviene del italiano bozzetto, idioma que hablaron muchos de los más grandes artistas que ha dado la Historia Universal del Arte, y que es la siguiente: «Proyecto o apunte general previo a la ejecución de una obra artística». Y es que, señores, hablamos de Arte, arte efímero en su consecución, pero perdurable en su concepción.

Dossiers Monuments

3

Esbossos

Fotos Autorizadas

2

1

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1935

1934

1933

1932

1931

B1 3

Barraques

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El conjunto final de expedientes, monumentos y bocetos se distribuye año a año y por conceptos en la siguiente tabla:

1929

responsables y protagonistas de esos primeros años de Fogueres, reseñas que en numerosas ocasiones contrastan significativamente con la información contenida en las obras comúnmente estudiadas y recurridas, a veces de forma ciertamente dramática. Las denominaciones de comisiones y lemas de monumentos han sido transcritos literalmente, tolerando el uso que del valenciano se hacía en la época, con sus modismos e incorrecciones para respetar al máximo su singularidad. Del mismo modo, es de señalar que muchos bocetos contienen anotaciones no originales, que para evitar la manipulación de las fotografías siguen apareciendo, dándose con frecuencia que se pueda leer en ellas unas cosas y en el texto otras, que consten como no firmados o se advierta que el lema esté extraído de publicaciones del período estudiado, pues no son pocas las ocasiones en las que no aparece ni en el boceto ni en el expediente.

1928

para ponerme manos a la obra: los bocetos originales que dichos expedientes contienen. Me encontré entonces con que esas auténticas obras de arte, salidas de la mano y el ingenio de artistas de la talla de Lorenzo Aguirre, Heliodoro Guillén, Gastón Castelló, Emilio Varela, Adrián Carrillo, Melchor Aracil, Paco Hernández y un largo etcétera, esos dibujos y carboncillos, plumillas y acuarelas, que esbozan los monumentos que posteriormente se erigirían en las calles y plazas de Alicante durante los días centrales de esos primeros años de Fogueres, no habían salido indemnes al paso del tiempo y éste había dejado su huella, hasta el punto de que un buen número de ellos había alcanzado un grado de deterioro que llegaba a hacer difícil y delicado su manejo. Luego supe que algunos de esos bocetos ya habían tenido que pasar por las manos de restauradores, para devolverles la prestancia que habían perdido, circunstancia ésta que de forma afortunada surgió en conversación con la entonces Directora del Archivo, María Jesús Paternina, lo que daría lugar a que se tomara la acertada decisión de realizar reproducciones fotográficas de alta calidad, para así evitar en adelante la manipulación y mayor deterioro de estos bocetos, tarea en la que de inmediato se volcaría en una magnífica labor el fotógrafo municipal, Francisco Cutillas, con el visto bueno y la asignación de una partida presupuestaria de Alcaldía.

263 92 233 17 14 29 77 2 49 13 0 11 2 0 2 372 108 324 317


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FOGUERES 1928

Aunque no se conserva boceto alguno de los monumentos que vieron la luz en nuestras calles el año fundacional de nuestra Fiesta, coherentes con el método de este estudio nos atendremos a la información que consta en la documentación contenida en los expedientes que se conservan en el Archivo Municipal de Alicante. Como podrán comprobar a continuación, nos encontramos con que se puede afirmar que, a tenor de la información que arrojan los expedientes originales, se puede decir que reescribimos algunos aspectos del nacimiento de las primeras comisiones, resolviendo los errores que la amalgama de información que existe en las publicaciones de la época, tanto la especial de Fogueres como la prensa general, ha provocado. Es significativo observar que publicaciones de los primeros años de la década de los 30, algunas de firmas tan autorizadas como el propio José María Py o José Ferrándiz Torremocha, nos legan algunos equívocos. Así que no digamos otras más recientes, muy leídas y utilizadas. El estudio de los expedientes de 1928 desvela algunos datos que incluso pueden llevar a la duda en cuanto al calificativo de «fundadoras» de algunas comisiones que tradicionalmente se afirma que lo fueron. Que cada lector saque sus propias conclusiones, yo me voy a ceñir a exponer, limpia de palabrería y formalismos, la información que contienen estas fuentes, repito que, sin duda, las más fiables, fidedignas y verosímiles, añadiendo alguna anotación pertinente de intención aclaratoria o complementaria. Hay que aclarar, por último, para no llamar a engaño o malas interpretaciones, que las hoy denominadas en correcto valenciano Fogueres de Sant Joan, es sobradamente conocido que durante muchos años se denominaron «Fogueres de San Chuan», en el valenciano popular que en Alicante se empleaba en todos los órdenes de la vida cotidiana, y por lógica en las publicaciones de Fogueres. Pero lo que está muy poco difundido es que ese primer año fue inevitable hablar de «Fallas de Alicante», y así aparece con cierta frecuencia en la terminología festera de 1928, e incluso esporádicamente en años sucesivos, por lo que a nadie extrañe que en el contenido de determinados expedientes se hable de falla, alternativa o equivalentemente a foguera. Vayamos pues con los 10 expedientes de este año fundacional, referentes a 11 monumentos, todos fogueres, si bien uno de ellos cabría la posibilidad de enmarcarlo en el actual concepto de «ninot de carrer».

Foguera PLAZA DE ALFONSO XIIExp. 1/28 Hoy Plaza del Ayuntamiento, frente a cuya fachada plantó Carlos Cortina Beltrán el monumento De Jauja a Jijona, lema y autor que no figuran en el expediente, pero sí de forma reiterada en publicaciones y prensa de la época. Con menos frecuencia se puede encontrar en prensa el lema El tranvía de Jauja. Obtuvo un Sexto Premio, no remunerado. La Solicitud de Plantà recoge trece firmas, seis de

ellas cuñadas mediante sendos sellos, que representan al comercio, la industria y el vecindario en general de las calles Altamira, Mayor, Jorge Juan, Gravina, Cervantes, Plaza de Alfonso XII y adyacentes. Está fechada 28 de abril de 1928, si bien tiene entrada en Registro el 1 de mayo. Se solicita a su vez la actuación de la Banda Municipal de Música frente al Palacio Consistorial, las noches del 23 y 24 de junio. Entre los firmantes son legibles las rúbricas de José Riera, Sebastián Cid, Gabriel Montesinos, Vicente López Ruiz, Antonio Amérigo y Antonio


El tranvía al que alude el escrito estaba precedido de dos grandes figuras aladas, dos ángeles que tiraban de él, y es frecuente verlo confundido en publicaciones de muy diverso calado con el otro y más célebre tranvía de Benalúa, como podremos observar en el Expediente 8/28. Para diferenciarlo con facilidad, aparte lógicamente de su clara ubicación, en este segundo caso el tranvía precede a la figura de Job sobre un pedestal. Esta foguera desapareció como comisión en 1983, pues se corresponde a lo que hoy conocemos como Foguera Oficial, quedando integrada territorialmente desde entonces en el actual distrito de la Foguera Monjas-Santa Faz.

Foguera Plaza de Alfonso XII. Foto Eugenio Bañón (AMA)

Andréu, así como los sellos de Almacenes de El Águila, Joyería y Relojería Amérigo, Esplá Hermanos, Hija de Remigio Romero, Pascual Ors Pérez y Farmacia Dr. Romero. Ahora bien, la autorización solicitada no sería concedida hasta el 29 de mayo, fecha en la que se presentó el boceto y un documento complementario explicativo, del que me permito extraer este significativo fragmento: «...se trata de una alegoría sutilmente irónica acerca del proyectado tranvía Alicante-Jijona. No se ataca ni ridiculiza a la Autoridad ni se producen con ello molestias a nadie. Trátase sólo de evidenciar la conveniencia de que esa ansiada mejora tenga realidad práctica». Pero el caso es que los dos ángeles que tiran del tranvía, lo que le dan es un toque de ensueño frente a la cruda realidad que es menos previsible, como se puede leer en el número especial de El Tio Cuc especial de Fogueres 1928: «Be fan de dir que els ensomits son les mentires mes grans». El escrito pedía expresamente que el boceto fuera devuelto a la comisión, razón que podría explicar en este caso que no se conserve junto con el expediente.

Foguera BENITO PÉREZ GALDÓS-BELANDO y Foguera ALFONSO EL SABIO-PABLO IGLESIAS Foguera Plaza de Alfonso XII. Colección Senante-Lamaignere (AMA)

Alicante. Arte y Fuego.  

Primer capítulo del libro de Armando Parodi Arróniz.