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TEMA 7

A) El aumento. El pretérito imperfecto de indicativo activo. B) Etimologías. C) Traducción. D) La "Odisea" (I) A) GRAMÁTICA Desinencias primarias y desinencias secundarias El verbo griego presenta dos tipos de desinencias, según que el tiempo que se conjugue sea pretérito o no pretérito. Si el tiempo es no-pretérito (es decir, presente, futuro o perfecto) se adoptarán las desinencias llamadas primarias; si, por el contrario, el tiempo es pretérito, se adoptarán las desinencias llamadas secundarias. Nótese que el prefecto griego no es un tiempo pasado. Sí lo son, por el contrario, el pretérito imperfecto, el aoristo y el pretérito plusuamperfecto. De este modo tenemos el siguiente esquema de desinencias: VERBOS ATEMÁTICOS (eijmiy otros)

VERBOS TEMÁTICOS (luv-w. timav-w, poiev-w y dhlov-w) DESINENCIAS PRIMARIAS

1s. 2s. 3s. 1p. 2p. 3p.

-w -ei" -ei -o-men -e-te -ousi(n)

DESINENCIAS SECUNDARIAS

-o-n -e-" -e (n) -o-men -e-te -o-n

DESINENCIAS PRIMARIAS

-mi -" -ti(n) / -si(n) -men -te -si(n) / -asi(n)

DESINENCIAS SECUNDARIAS

-n -" / -sqa - (n) -men -te -n / -san

A continuación veremos el pretérito imperfecto de indicativo activo del verbo atemático eijmiy de los verbos 11 12 13 14 15 . temáticos luv-w -no contracto- y timav-w, poiev-w y dhlov-w -contractos-, que marcaremos con la numeración 12 12* Cabe la posibilidad de una mueración de con asterisco ( ). Se trata enconces de verbos que tienen terminación de imperecto pero que en realidad son aoristo (pretérito perfecto simple). Ej. h\lqon, de e[rcomai, "ir". Traduciremos h\lqon como "yo fui" y no "yo iba". VERBO ATEMÁTICO

eijmi h\n

11

yo era...

1s. 2s. 3s. 1p. 2p. 3p.

h\-n, h\ h\-\ sqa h\-\ n h\-\ men h\-\ te h\-\ san

VERBOS TEMÁTICOS

luv-w -no contracto-

e[luon

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yo desataba

e[-lu-o-n e[-lu-e-" e[-lu-e(n) ej-luv-o-men ej-luv-e-te e[-lu-o-n

timav-w -contracto-

poiev-w -contracto-

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ejpoivoun

yo honraba

yo hacía

ejtivmwn ej-tivma-o-n> a-o ej-tivma-e-"> a-e ej-tivma-e(n)> a-e ej-timav av-o-men> o ej-timav av-e-te> e ej-tivma-o-n> a-

ej-poive-o-n> e-o e-o ej-poive-e-"> e-e e-e ej-poive-e(n)> e-e e-e ej-poiev ev-o-men> o ej-poiev ev-e-te> e ej-poive-o-n> e-o e-o

dhlov-w -contracto-

14

ejdhvloun15 yo mostraba

ej-dhvlo-o-n> o-o ej-dhvlo-e-"> o-e ej-dhvlo-e(n)> o-e ej-dhlov ov-o-men> o ej-dhlov ov-e-te> e ej-dhvlo-o-n> o-

ACTIVIDAD (presencial) 1. Teniendo en cuenta las reglas de contracción (tema 4) resuelve las formas del pretérito imperfecto de los verbos contactos indicando sus formas definitivas contractas. Habrás observado que el pretérito imperfecto s forma no sólo mediante la adición de desinencias secundarias, sino también anteponiendo una e a la raíz verbal. Este fenómeno forma parte de lo que llamaremos "aumento verbal", que pasamos a explicar a continuación. El aumento verbal El verbo griego caracteriza el modo indicativo de sus tiempos históricos (imperfecto, aoristo y pluscuamperfecto) con el aumento verbal, aumento que puede ser silábico o temporal: •

El aumento silábico consiste en anteponer una ej- a los verbos que comienzan por consonante (Ej.: pauvw: ej-pauv-o-n). Cuando el verbo empieza por rJ-, esta consonante se duplica (Ej.: rJivptw, “lanzar”: e[-rript-o-n).


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El aumento temporal, propio de los verbos con inicial vocálica, consiste en el alargamiento de dicha vocal inicial (debe recordarse que las vocales -i-/-u- también se alargan, aunque este alargamiento no se expresa gráficamente). Ejs.:  a           

> h (ajgoreuvw: hj-goreuvon_ a[gw: h\-gon). e > h (ejlpivzw: hj-lpivzon; ejlauvnw, “empujar”: hj-lauvnon). i > i larga (iJppeuvw: i{ppeuon; iJdruvw, “edificar”: i{druon). o > w (oJrivzw, “limitar”: w\rizon; ojfeivlw, “deber”: w[feilon). u > u larga (uJbrivzw, “injuriar”: u{brizon; uJgiaivnw, “tener salud”: uJgivainon). ai > h// (ai[rw, “levantar”: h\r/ on; aijsqavnomai, “ver”, “saber”: hjs / qanovmhn). a// > h// (a/d[ w: h\d/ on). ei > h// (eijkavzw, “representar”: h[k/ azon). oi > w// (oijkivzw, “edificar”: w[k/ izon; oi[omai: w[o/ m v hn). au > hu (aujxavnw: hu[xanon). eu > hu (euJrivskw: hu{riskon). ou > ou (oujtavzw, “herir”: ou[tazon).

No presentan aumento los verbos que empiezan por h-, w- ou- (h{kw: h|kon; wjfelevw, “ser útil”: wjfevloun; oujtavzw: ou[tazon). En la conjugación temática, el pretérito imperfecto se construye con el aumento, la raíz verbal, la vocal temática o/e y las desinencias secundarias. En los verbos compuestos de preposición, el aumento se coloca entre ésta y el tema verbal: pros-bavllw: pros-ev-ballon; eijsavgw: eijs-h÷-gon. No obstante, debemos considerar unas observaciones fonéticas: •

Cuando la preposición acaba en vocal, ésta se elide ante el aumento verbal. Ejs.:  dia-bavllw, “atravesar”: di-ev-ballon.  kata-bavllw, “arrojar al suelo”: kat-ev-ballon.  meta-bavllw, “cambiar”: met-ev-ballon.  ejpi-bavllw, “emprender”: ejp-ev-ballon.

j fiv,v perivv y prov. Ejs.: La preposición se mantiene intacta cuando se trata de ajm  ajmfi-bavllw, “echar alrededor”: ajmfi-ev-ballon.  peri-bavllw, “abrazar”: peri-ev-ballon.  pro-bavllw, “proponer”: pro-ev-ballon.

Cuando el verbo empieza por las preposiciones ejjn, suvvn, y el tema verbal se inicia con consonante, se produce una asimilación regresiva de la nasal a la consonante siguiente. Ejs.:  ejm-bavllw, “acometer”: ejn-ev-ballon.  sum-bavllw, “juntar”: sun-ev-ballon.  sullevgw, “reunir”: sun-ev-legon.  ejggravfw, “inscribir”: ejn-ev-grafon.  sustrevfw, “recoger”: sun-ev-strefon. La preposición ejk j , ante el aumento, se convierte en ejxj :  ejk-levgw, “elegir”: ejx-ev-legon.  ejk-bavllw, “expulsar”: ejx-ev-ballon.

B) ETIMOLOGÍAS Actividad: Poner el significado de las palabras derivadas y deducir el de la palabra griega de origen (presencial y no presencial).

1.a/d[ w: cantar oda 2.qavllw: florecer tallo 3.plevw: navegar peri-plo pléy-ades


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4.ajgapavw: amar ágape

5.gignwvskw: conocer dia-gnós-tico pro-nós-tico

6.gluvfw: grabar glíp-tica jero-glíf-ico 7.zhlovw: admirar, envidiar celo cela-dor

8.krivvnw: juzgar cri-sis crí-tica hipó-crita

9.kruvptw: ocultar cripta apó-crifo criptó-gama

10.ojrivzw: limitar af-oris-mo a-oris-to horiz-onte

11.spavw: tender a, extender espa-smo

12.plhvqw: llenar plet-órico

13.skopevw: observar, examinar micro-scopio 14.scivzw: partir, dividir cisma chisme esquizo-frenia 15.devw: atar a-sín-deton poli-sín-deton dia-dema 16.luvw: desatar electró-lisis 17.skevllw: secar, desecar esquel-eto 18.fevrw: llevar án-fora fér-etro metá-fora semá-foro 19.marturevw: ser testigo, testimoniar mártir 20.pravttw: realizar, hacer práxis prác-tica prag-mático 21.stevllw: enviar, preparar apó-stol sí-stole diá-stole

Llamamos plantas criptógamas a aquellas que no tienen flores.


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C) TRADUCCIÓN San Lucas, Nuevo Testamento, Jesús en Nazaret.

To\0 de\ paidi/on7 hu)/canen12 kai\ e)krataiou=to (se fortalecía) plhrou/menon (llenándose) sofi/a?1 , kai\ 6

xa/rij (la gracia) qeou= h)=n11 e)p' au)to/ (en él). kai\ kate/bh (bajó) met' au)tw=n (con ellos) kai\ h)=lqen12* ei)j Nazare/t (a Nazaret), kai\ h)=n11 u(potasso/menoj (muy unido) au)toi=j (a ellos). kai\ h( mh/thr (la

madre) au)tou== (de él) dieth/rei14 pa/nta ta\ r(h/mata (todas las palabras) e)n th=?0 kardi/a?1 au)th=j (de ella). Kai\ )Ihsou=j (Jesús) proe/kopten12 th=?0 sofi/a?1 kai\ h(liki/a?1 kai\ xa/riti (en gracia) para\ qew=?6 kai\ a)nqrw/poij6.

ACTIVIDADES DE ANÁLISIS MORFOLÓGICO (presenciales) 1. Completa la declinación de: SUSTANTIVOS Sign. niño

SINGULAR N.

sabiduría SINGULAR

PLURAL

PLURAL

Dios SINGULAR

PLURAL

corazón SINGULAR

PLURAL

paidi/on7

V. Ac.

qeou=6 qew=?6

G.

sofi/a?1

D. Sign. estatura

SINGULAR

PLURAL

hombre SINGULAR

kardi/a?1

PLURAL

N. V. "Infancia de Cristo", Gerrit Van Honthorst.

Ac. G. D.

h(liki/a?1

a)nqrw/poij6

ARTÍCULO, ADJETIVOS, PARTICIPIOS Y PRONOMBRES Sign.

SINGULAR FEMENINO

MASCULINO

h(

0

N. V. Ac. G. D.

NEUTRO

MASCULINO

PLURAL FEMENINO

NEUTRO

tov

0

tav0 th=?0

2. Completa la conjugación de los siguientes verbos (el significado debe darse del tiempo en que están): Sign. aujxavnw= crecer

eijmi= ser, estar, haber

diathrevw= guardar

prokovptw= progresar

e[rcomai= ir

h)=n11

dieth/rei14

proe/kopten12

h)=lqen12*

1s. 2s. 3s. hu)/canen12 1p. 2p. 3p. 3. Explica cómo se han formado los imperfectos y el aoristo anterior en relación al tiempo presente.


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PALABRAS INVARIABLES CONJUNCIONES

kai\: y

PREPOSICIONES

e)n (+dat): en para\: ante

Traducción: El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba en él. Bajó con ellos y regresó a Nazaret; y estaba sujeto a ellos. Pero su madre retenía todas estas palabras en su corazón. Y Jesús iba progresando en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

San Lucas Evangelista (Siglo I) San Lucas escribió dos libros muy famosos: el "Tercer Evangelio" y "Los Hechos de los Apóstoles". Es un escritor muy agradable, y el que tiene el estilo más hermoso en el Nuevo Testamento. Sus dos pequeños libros se leen con verdadero agrado. Lucas era médico. San Pablo lo llama "Lucas, el médico muy amado", y probablemente cuidaba de la quebrantada salud del gran apóstol. Compañero de viajes de San Pablo, en los "Hechos de los Apóstoles", al narrar los grandes viajes de éste, habla en plural diciendo "fuimos a... navegamos a...", narrando con todo detalle los sucesos tan impresionantes que le sucedieron a San Pablo en sus cuatro famosos viajes. Lucas también acompañó a San Pablo cuando éste estuvo prisionero, primero dos años en Cesarea y después otros dos en Roma. Es el único escritor del Nuevo Testamento que no es israelita sino griego. El poeta Dante le dio a San Lucas este apelativo: "el que describe la amabilidad de Cristo". Y con razón el Cardenal Mercier cuando un alumno le dijo: "Por favor aconséjeme cuál es el mejor libro que se ha escrito acerca de Jesucristo", le respondió: "El mejor libro que se ha escrito acerca de Jesucristo se llama: "El Evangelio de San Lucas". Un autor llamó a este escrito: "El libro más encantador del mundo". Era médico y sólo un médico ve a cada uno tal cual es. San Lucas veía a las personas tal cual son (mitad debilidad y mitad buena voluntad), las amaba y las comprendía. En su evangelio demuestra una gran estimación por la mujer. Todas las mujeres que allí aparecen son amables y Jesús siempre les demuestra gran aprecio y verdadera comprensión. Su evangelio es el más fácil de leer de los cuatro. Son 1.200 renglones escritos en excelente estilo literario. Lo han llamado "el evangelio de los pobres", porque allí aparece Jesús prefiriendo siempre a los pequeños, a los enfermos, a los pobres y a los pecadores arrepentidos. Es un Jesús que corre al encuentro de aquellos para quienes la vida es más dura y angustiosa. Otro nombre que le han dado a su escrito es el "evangelio de los pecadores", porque presenta siempre a Jesús infinitamente comprensivo con los que han sido víctimas de las pasiones humanas. San Lucas quiere insistir en que el amor de Dios no tiene límites ni rechaza a quien desea arrepentirse y cambiar de vida. Su evangelio es el que narra los hechos de la infancia de Jesús, y en él se han inspirado los más famosos pintores para representar en imágenes tan amables escenas. Parece ser que Lucas murió soltero, a la edad de 84 años, después de haber empleado su vida dar a conocer y amar a Jesucristo.

Grabado litográfico representando al evangelista Lucas


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D) LA "ODISEA" DE HOMERO ULISES. Ulises, en griego O j dusseuv" (el nombre latino Ulises se debe a un préstamo dialectal) es el más célebre de los héroes antiguos. Su leyenda, que constituye el tema de la Odisea, ha sido objeto de modificaciones, adiciones y comentarios hasta el fin de la Antigüedad. En mayor grado aún que la de Aquiles, se ha prestado a interpretaciones simbólicas y místicas. Ulises, por ejemplo, es considerado con frecuencia por los estoicos como el tipo de hombre juicioso y prudente. I. Nacimiento. La genealogía de Ulises es relativamente constante. Los autores inciden en el nombre de su padre, Laertes, y el de su madre, Anticlea. II. Hasta la guerra de Troya. Durante su juventud, Ulises realizó varios viajes. Una tradición tardía afirma que fue uno de los discípulos del centauro Quirón, como Aquiles. Homero en la Ilíada nada nos dice de ello. La Odisea sólo alude a la cacería del jabalí en la que tomó parte, en el Parnaso, con ocasión de una visita en casa de Autólico. Durante esta cacería fue herido en una rodilla, de lo le quedó una cicatriz; mucho más tarde, a su regreso de Troya, había de servirle para darse a conocer. En tiempos de Pausanias, los guías del santuario precisaban que Ulises había recibido esta herida en el lugar que ocupaba el gimnasio de Delfos. Ulises realizó otros viajes por encargo de Laertes, particularmente a Mesenia, para reclamar unos carneros que le habían robado. En Lacedemonia se encontró con Ífito, que habla sido huésped suyo y de quien recibió como presente de hospitalidad el arco de Éurito, que le habría de servir más adelante para matar a los pretendientes. Llegado a la edad viril, recibió de Laertes el trono de Ítaca, con todas las riquezas de la casa real, que consistían, sobre todo, en rebaños. En este momento se sitúa, en las narraciones posteriores a la Odisea, su tentativa de casarse con Helena, hija de Tindáreo. Pero al ver que el número de pretendientes era considerable, renunció a Helena para asegurarse un partido casi tan ventajoso y casarse con Penélope, prima de Helena e hija de Icario. Queriendo granjearse la gratitud de Tindáreo, ideó una estratagema capaz de sacarlo de apuros ante los numerosísimos pretendientes a la mano de Helena. Le aconsejó que exigiese a cada uno de ellos el juramento de respetar la elección que se hiciese y ayudar al elegido a conservar su esposa en el caso de que alguien se la disputase. De este juramento iba a salir la guerra de Troya. Agradecido, Tindáreo obtuvo con facilidad la mano de Penélope para Ulises. Según otros autores, ésta fue el premio de una una carrera en la que Ulises salió como vencedor. De este matrimonio nació un hijo, Telémaco. Era éste todavía un niño cuando se difundió la noticia de que Paris había raptado a Helena, y Menelao pedía ayuda contra el raptor. Ulises, sólo a regañadientes se resignó a cumplir el juramento que lo ataba. Con posterioridad a los poemas homéricos, se contaba incluso que se había fingido loco para eludir tomar parte en la campaña. Palamedes puso de manifiesto su estratagema, y con ello se ganó el odio del héroe. Cuando vio que había perdido la partida, Ulises aceptó lo inevitable y partió para Troya. Antes, su padre le había dado un consejero, Misco, con la misión de velar por él durante la guerra. Este Misco no se menciona en los poemas homéricos. Desde este momento, Ulises se entrega con ardor a la causa los Atridas. Acompaña a Menelao a Delfos para consultar al oráculo, e incluso, según ciertas tradiciones, se traslada con él por primera vez a Troya a reclamar a Helena. Va en busca del joven Aquiles, cuya presencia los Destinos han declarado indispensable si se quiere tomar la ciudad. III. La guerra ante Troya. Ulises conduce a Troya un contingente de doce naves. Forma parte de los jefes que se reúnen en consejo, y es considerado como el igual de los más ilustres. En ruta hacia Troya acepta el reto que le lanza el rey de Lesbos, Filomelides y lo mata en la lucha. Este episodio, que en la Odisea es objeto de simple alusión, es convertido por los autores posteriores en un asesinato, en que Ulises fue ayudado por Diomedes, su cómplice ordinario. Durante su escala en Lemnos, en el curso del banquete de los jefes, Ulises, según la Odisea, se querelló con Aquiles. Uno, Ulises, ensalzaba la prudencia; el otro exaltaba la valentía. Agamenón, a quien Apolo había predicho que los griegos tomarían Troya cuando la discorida se manifestase entre los sitiadores, vio en esta discusión un presagio de pronta victoria. Este episodio fue deformado por los mitógrafos posteriores, los cuales imaginaron una querella entre Agamenón y Aquiles, primer síntoma de la que, nueve años más tarde, debía oponer a los dos héroes y que constituye el tema de la Ilíada. Ulises los habría reconciliado. Además, el episodio en vez de situarse en Lemnos, es transportado a Ténedos. En Lemnos, o en el islote cercano de Crisa, hoy desaparecido, fue abandonado Filoctetes por consejo de Ulises. Los poetas posteriores a Homero introdujeron otro episodio en el curso del viaje a Troya: la embajada que, partiendo de Ténedos, fue a reclamar a Helena. Ya con ocasión del rapto, Ulises y Menelao habían efectuado un primer viaje a Troya acompañados de Palamedes, para tratar de arreglar el conflicto pacíficamente. Repitieron la gestión saliendo de Ténedos, pero también resultó inútil y se vieron gravemente amenazados por los troyanos, debiendo su salvación a la intervención de Antenor. Durante el asedio, Ulises aparece como combatiente de gran valor, y a la vez, como consejero prudente y eficaz. Es empleado en todas las misiones que exigen un hábil orador. Por ejemplo, es encargado, en la Ilíada, de la embajada cerca de Aquiles cuando Agamenón quiere reconciliarse con éste. Había conducido ya la cautiva Criseida a su padre, concertado el armisticio con los Troyanos, organizado el combate singular entre Paris y Menelao, reducido a Tersites al silencio en la asamblea de los soldados y persuadido a los griegos de seguir en Tróade. También se atribuyen a Ulises otros actos, a menudo poco honrosos, tales como empresas de espionaje. Ya la Ilíada lo presenta durante un reconocimiento nocturno, en compañía de Diomedes, en el episodio de la Dolonía durante el cual mató a Dolón y capturó los caballos de Reso. Más tarde, inspirándose en la Dolonía, se imaginó el


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episodio del robo del Paladio1. También se atribuyen a Ulises las intrigas que provocaron la muerte de Palamedes y la construcción del caballo de madera, astucia cuyo éxito habría asegurado mediante una expedición particularmente audaz mencionada por la Odisea. Primero se hizo desfigurar a latigazos por Toante, de Andremón para no reconocido, y, vestido de harapos, se sentó en la ciudad como tránsfuga. Consiguió acercarse a Helena, que, a la muerte Paris, se había casado con Deífobo, y la convenció de que traicionase a los troyanos. Se contaba que Helena había revelado a Hécuba la presencia de Ulises, pero éste, con sus ruegos, lágrimas, y hábiles discursos había despertado la compasión de la reina la cual le había prometido guardar el secreto. Pudo retirarse, aunque no sin haber dado muerte a varios troyanos, principalmente a los guardas de la puerta, y regresar luego al campo aqueo. Numerosas son las proezas guerreras de Ulises durante la campaña. Manda el destacamento encerrado en el caballo madera y es el primero en salir al exterior. Acompaña a Menelao, que quiere apoderarse cuanto antes de Helena, a la casa Deífobo, y, según una versión, impide que el marido ultrajado dé muerte a su esposa. Según otra versión, aguarda a que se calme la cólera de los griegos y evita así que la joven sea lapidada, como ellos querían. También salvó a uno de los hijos de Antenor: Helicaón. Ulises es también responsable de la muerte de Astianacte, hijo de Héctor, y del sacrificio de la amazona Políxena. Hécuba le correspondió como botín de guerra entre las cautivas troyanas, y en la tradición según la cual la anciana reina fue lapidada, Ulises le arrojó la primera piedra, pese a que ella lo había salvado en otra ocasión. IV. El regreso a Ítaca. Esta parte de las aventuras de Ulises es la que constituye el objeto de la Odisea, pero también aquí la leyenda ha sido objeto de alteraciones y adiciones en época posterior. Es sabido que Menelao y Agamenón nunca estuvieron de acuerdo sobre la fecha del regreso del ejército a Grecia. Menelao salió el primero, con Néstor. Ulises los siguió, pero al llegar a Ténedos riñó con ellos y se volvió a Troya a reunirse con Agamenón. Cuando éste se hizo a la vela, Ulises fue el único que lo siguió entre todos los príncipes griegos, mas pronto una tempestad lo separó de él. Abordó en Tracia, en el país de los cicones, donde tomó la ciudad de Ísmaro. De todos sus habitantes, sólo perdonó la vida a uno, Marón, sacerdote de Apolo. Agradecido, Marón le obsequió con doce jarras de un vino dulce y fuerte, que le sería de gran utilidad en el país de los cíclopes. En el desembarco, Ulises perdió seis hombres de cada uno de sus barcos, y ante un contrataque de los cicones del interior, volvió a hacerse a la mar. Navegando con rumbo sur llegó, dos días después, a la vista del cabo de Malea, pero un violento viento norte lo empujó contra la costa de Citera, y al cabo de otros dos días abordó en el país de los lotófagos. Envió a algunos de sus hombres a informarse sobre sus habitantes, los cuales los recibieron amistosamente. Les dieron a probar un fruto del país, el loto, fruto que constituía su alimento, y era tan exquisito, que los griegos se negaban a reembarcar. Ulises tuvo que obligarlos a viva fuerza. Los geógrafos antiguos situaban este país en la isla de Djerba, en Túnez. Remontando hacia el norte, Ulises y sus compañeros llegaron a una isla llena de cabras, donde pudieron avituallarse abundantemente. De allí pasaron al país de los cíclopes, identificado siempre con Sicilia. Ulises desembarcó y entró en una caverna. En la caverna hallaron abundante queso, leche fresca, cuajada, etc. Sus compañeros insistieron en que Ulises se aprovisionase y partiese, pero él se negó. Y cuando llegó el dueño de la cueva, el cíclope Polifemo, se apoderó de los extranjeros y los encerró en su antro; luego se dispuso a devorarlos de dos en dos. Ulises le ofreció vino de Marón. El cíclope, que nunca había probado el vino, lo encontró bueno, y bebió tanta cantidad, que se puso alegre. Entonces preguntó su nombre a Ulises, el cual respondió: "Nadie". En recompensa de tan excelente bebida, el cíclope le prometió que lo devoraría el último, y, tras una última copa, se quedó dormido. Ya se sabe cómo Ulises, sirviéndose de una estaca endurecida al fuego, perforó el único ojo del gigante y, al llegar la mañana logró salir de la cueva agarrado al vientre de un carnero. El cíclope llamó en su socorro a sus congéneres al sentirse herido. Pero al preguntarle éstos quién le atacaba, el gigante hubo de responder: "Nadie". No comprendiendo el sentido de la respuesta, los demás cíclopes lo tomaron por loco y se marcharon. Desde este momento, Poseidón, que era el padre del cíclope, empezó a odiar a Ulises. Habiendo escapado de este modo al cíclope, Ulises llegó a la isla de Eolo, el señor de los vientos, quien lo recibió hospitalariamente y le dio un odre de piel de buey que contenía todos los vientos excepto una brisa favorable, que le había de conducir directamente a Ítaca. Ya los navegantes podían ver las hogueras encendidas por los pastores en la isla cuando Ulises se durmió. Sus compañeros, creyendo que el odre encerraba oro, lo abrieron, y los vientos, al escaparse huracanados, los impulsaron en dirección contraria. Los barcos llegaron de nuevo a la mansión de Eolo, y Ulises fue otra vez al encuentro del rey para pedirle un viento favorable. Eolo le contestó que nada podía hacer en su favor, ya que los dioses habían manifestado de manera tan clara su oposición a su regreso. Ulises reanudó su navegación al azar y, remontando hacia el Norte, abordó en el país de los lestrigones, identificado generalmente con la costa de los alrededores de Formias o de Gaeta, al norte de la Campania. Vuelto prudente a raíz de su aventura con los cíclopes, Ulises envió a varios hombres en exploración, los cuales encontraron a la hija del rey, que los condujo a presencia de su padre, Antífates. Éste devoró a uno en el acto, y los demás huyeron, perseguidos por el rey y todo el pueblo, llegando a la orilla. Los lestrigones apedrearon a los griegos, hundiendo los barcos y matando a seis tripulantes. Sólo Ulises logró cortar el cable que sujetaba su nave y hacerse a la mar. Reducido a un solo barco y su tripulación. continuó remontando la costa hacia el norte y pronto llegó a la isla de Eea, morada de Circe la encantadora - sin duda, el actual promontorio del monte Circeo, al sur del Lacio. Circe lo envió a consultar el alma de Tiresias para saber los medios de su regreso a Ítaca. Tiresias le comunicó que llegaría a su patria solo y en un barco extranjero; que tendría que vengarse en ella de los pretendientes y, más tarde, partir otra vez, con un remo al hombro, en busca de un pueblo que no conociera la navegación. Allí ofrecería un sacrificio expiatorio a Poseidón y, finalmente, moriría, de edad avanzada, en medio de la dicha y lejos del 1

El Paladio (del griego: Παλλάδιον; Palládion), en la mitología grecorromana, era una estatua arcaica de madera que representaba a Atenea y se conservaba en Troya desde los tiempos de su fundación.


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mar. Después de haber visto a cierto número de héroes entre los muertos evocados, Ulises vuelve a la mansión de Circe. Finalmente la abandona, no sin que la maga le haya dado aún otros consejos. Pasó primero a lo largo de la isla de las Sirenas. Después tuvo que afrontar las Rocas Errantes y el estrecho entre Caribdis y Escila. Algunos de los marineros fueron devorados por ésta, pero el barco escapó a los remolinos de Caribdis y pronto llegó a la isla de Trinacria, donde pacían unas manadas de toros blancos propiedad del Sol. Allí amainó el viento y empezaron a faltar los víveres. A fin de remediar el hambre los marineros, y no obstante la prohibición de Ulises, sacrificaron varios de estos bueyes para comérselos. El Sol, al verlo, fue a quejarse a Zeus y pedirle reparación. Por eso, cuando el barco volvía a zarpar, se levantó una tempestad enviada por el señor de los dioses; la nave zozobró, y sólo Ulises, que no había participado en el festín sacrílego, pudo salvarse a duras penas, agarrado a un mástil. La corriente lo arrastró de nuevo a través del estrecho, y sólo por milagro escapó al abismo de Caribdis. Tras nueve días de ser juguete de las olas, llegó a la isla de Calipso (probablemente junto a las costas de Ceuta, frente a Gibraltar). La estancia en la mansión de Calipso duro diez años - o bien ocho, cinco o incluso uno, según los autores -. Finalmente, a ruegos de Atenea, protectora del héroe, Zeus envió a Hermes a Calipso con orden de que soltase a Ulises. Calipso puso con desgana a su disposición la madera necesaria para construir una balsa, y Ulises partió con rumbo Este. Pero la cólera de Poseidón no menguaba. El dios provocó una tempestad, que destruyó la balsa, y desnudo y agarrado a un madero, el héroe llegó a la isla de los feacios, que en la Odisea se llama Esqueria y es probablemente Corfú. Extenuado, Ulises se durmió en los matorrales que bordeaban un río. Por la mañana lo despertaron los gritos y las risas de un grupo de muchachas. Era Nusícaa, la hija del rey de la isla, con sus criadas, que habían ido a lavar la ropa y a jugar a orillas del río. Ulises se presentó a ellas y les pidió ayuda. Nausícaa le indicó el camino del palacio de su padre, el rey Alcínoo, mientras ella regresaba por otra ruta, con sus sirvientas, a fin de no despertar la malicia de los transeúntes. Alcínoo y la reina Arete tributaron a Ulises una acogida afectuosísima y por demás hospitalaria. Se dio en su honor un gran banquete, durante el cual, Ulises contó sus aventuras con todo detalle. Después lo cargaron de regalos, y como declinó el ofrecimiento de casarse con Nausícaa y, en cambio, insistió en su deseo de regresar a Ítaca, pusieron una nave a su disposición. Durante el viaje, que fue breve, Ulises se quedó dormido, y los marineros feacios lo depositaron en un lugar apartado de la isla de Ítaca con los tesoros que le había regalado Alcínoo. El barco volvió a Esqueria, pero en el momento de llegar a la isla, Poseidón lo convirtió en una roca, y se vengó de ese modo del servicio prestado a Ulises contra su voluntad. La propia ciudad quedó rodeada por una montaña y dejó de ser puerto. La ausencia de Ulises ha durado veinte años. Ulises ha cambiado tanto, por la edad y los peligros, que nadie lo reconoce. Mientras tanto, Penélope lo ha aguardado fielmente - por lo menos esta es la versión de la Odisea -. Es objeto de las importunaciones de los pretendientes, que, establecidos en el palacio de Ulises, devoran sus riquezas en locas prodigalidades. Estos pretendientes suman ciento ocho, y los mitógrafos han conservado sus nombres. Procedían de Duliquio, Same, Zacinto y de la propia Ítaca -que son los paises sobre los que se extiende la autoridad de Ulises-. Penélope trataba de desanimarlos, y para ello se valió de una estratagema que se ha hecho célebre. Les había prometido contestarles el día en que terminase la mortaja del viejo Laertes. Durante el día trabajaba en la labor, y por la noche deshacía el trabajo diurno. Al despertarse, Ulises resuelve no dirigirse inmediatamente al palacio. Va primero a la casa de Eumeo, el jefe de sus porquerizos, en quien tiene gran confianza. Se da a conocer y encuentra allí a Telémaco. Ambos se dirigen entonces al palacio. A Ulises, disfrazado de mendigo, nadie lo reconoce, excepto su perro Argo, que con sus veinte años a cuestas, llevaba una existencia miserable. Al ver a su amo, se levanta gozoso, y vuelve a caer, muerto. EL PERRO DE ULISES, ARGOS, MUERE TRAS RECONOCER A SU AMO Cuando así hubo hablado, dejóles atrás, pues caminaban lentamente, y llegó muy presto al palacio del rey. Acto continuo entró en él, sentándose en medio de los pretendientes, frente a Eurímaco, que era a quien más quería. Sirviéndole unos trozos de carne los que en esto se ocupaban, y trájole pan la veneranda despensera. En tanto, detuviéronse Odiseo y el divinal porquerizo junto al palacio, y oyeron los sones de la hueca cítara, pues Femio empezaba a cantar. Y tomando aquél la mano del porquerizo, hablóle de esta suerte: —¡Eumeo! Es esta, sin duda, la hermosa mansión de Odiseo, y sería fácil conocerla aunque entre muchas la viéramos. Tiene más de un piso, cerca su patio almenado muro, las puertas están bien ajustadas y son de dos hojas: ningún hombre despreciaría una casa semejante. Conozco que, dentro de ella, multitud de varones celebran un banquete; pues llegó hasta mí el olor de la carne asada y se oye la cítara, que los dioses hicieron compañera de los festines. Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo: —Fácilmente lo habrás conocido, que tampoco te falta discreción para las demás cosas. Mas, ea, deliberemos sobre lo que puede hacerse. O entra tú primero en el cómodo palacio y mézclate con los pretendientes, y yo me detendré un poco; o, si lo prefieres, quédate tú y yo iré delante, pero no tardes: no sea que alguien, al verte fuera, te tire algo o te dé un golpe. Yo te invito a que pienses en esto. Contestóle el paciente divino Odiseo: —Entiendo, hágome cargo, lo mandas a quien te comprende. Mas, adelántate tú y yo me quedaré, que ya he probado lo que son golpes y heridas y mi ánimo es sufrido por lo mucho que hube de padecer así en el mar como en la guerra; venga, pues, ese mal tras de los otros. No se pueden disimular las instancias del ávido y funesto vientre, que tantos perjuicios les origina a los hombres y por el cual se arman las naves de muchos bancos que surcan el estéril mar y van a causar daño a los enemigos. Así éstos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión. Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su


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dueño yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste cuando lo vio enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo, a quien hizo después esta pregunta: —¡Eumeo! Es de admirar que este can yazga en el fimo, pues su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, fue ligero para correr o como los que algunos tienen en su mesa y sólo por lujo los crían sus señores. Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo: —Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Odiseo lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su ligereza y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo de intrincada selva, porque era sumamente hábil en seguir un rastro. Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, así que el amo deja de mandarlos, no quieren trabajar como es razón; que el largovidente Zeus le quita al hombre la mitad de la virtud el mismo día en que cae esclavo. Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes. Entonces la Moira de la negra muerte se apoderó de Argos después que tornara a ver a Odiseo al vigésimo año.

Odisea, XVII, 254-327 En palacio, Ulises pide de comer a los pretendientes. Éstos lo insultan y un mendigo llamado Iro, habitual en los festines de los pretendientes, desafía al intruso que viene a amenazar su privilegio. Ulises lo derriba a puñetazos. El héroe es entonces objeto de una serie de ofensas por parte de los pretendientes, y, sobre todo, del que aparece como más importante, Antínoo. Penélope, enterada de que ha llegado un mendigo extranjero, desea verlo para preguntarle si tiene noticias de Ulises, pero este decide aplazar su entrevista para el anochecer. Llegada la noche, Telémaco, siguiendo instrucciones de su padre, manda transportar a una habitación alta todas las armas que contiene el palacio. Entonces se desarrolla la conversación entre Ulises y Penélope. El héroe no se da a conocer, y se limita a pronunciar palabras de esperanza. Ella ha soñado que su marido iba a volver pronto, pero no cree en el sueño y se propone, al día siguiente, organizar un concurso entre los pretendientes y otorgar su mano al vencedor. Les entregará el arco de Ulises, y el vencedor será el que mejor sepa utilizarlo. Ulises la anima a realizar el proyecto. Al día siguiente se celebra el concurso: se trata de atravesar con una flecha los anillos formados por varias hojas de hacha juntas. Sucesivamente, todos los solicitantes empuñan el arco, pero ninguno es capaz de tensarlo. Al fin, Ulises pide el arma, y, a la primera vez, da en el blanco. Sus criados cierran las puertas del palacio. Telémaco acude a las armas, y comienza la matanza de los pretendientes. Luego, las criadas, que no habían mostrado la discreción conveniente, se llevan los cadáveres, limpian la sala y son ahorcadas en el patio del palacio, junto con el cabrero Melanto, que se había puesto de parte de los enemigos de su señor. Al fin, Ulises se da a conocer a Penélope, y, para eliminar sus últimos escrúpulos, le describe la cámara nupcial, que sólo ellos dos conocen. A la mañana siguiente, Ulises se trasladó al campo, donde residía su padre, y se da a conocer. Entretanto, los familiares de los pretendientes se han reunido y exigen, armados, satisfacción. Pero gracias a la intervención de Atenea, que adopta la figura del anciano Mentor, no tarda en restablecerse la paz en Ítaca. Tal es el relato homérico de las aventuras de Ulises.

Ulises y su hijo Telémaco dan muerte a los pretendientes


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notas personales:

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