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México le declara la guerra al chicle y a la grasa en sus calles por Juan David Leal

Las autoridades de Ciudad de México, considerada la segunda urbe más poblada del planeta, han declarado la guerra a los cientos de miles de chicles que los ciudadanos tiran en las calles y a la grasa que se acumula en sus aceras.

La ciudad capital produce 12 mil 500 toneladas de basura diarias, equivalente a 1,3 kilos por habitante

Adicionalmente, a partir de febrero la alcaldía planea vaciar los contenedores de basura del centro once veces al día, y no cinco como ahora, y lavarlas al menos una vez al día con agua caliente, en vez de una vez a la semana como antes. Asimismo, las autoridades locales pretenden agilizar la reparación de las aceras y la construcción de “jardines verticales” para “reforestar” el Centro Histórico.

En las partes más afectadas se pueden contar en promedio 70 gomas de mascar por cada metro cuadrado.

Jaral llevaba buscando desde el año pasado unas máquinas especiales con tecnología holandesa y alemana para limpiar los chicles, hasta que por fin encontró a un proveedor en la norteña ciudad de Monterrey que le vendió diez aparatos conocidos como “gumbusters” (caza chicles) a 5 mil dólares cada uno, que entraron en plena operación en enero después de unos meses de

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Con agua caliente, en cambio, “inmediatamente removemos las impurezas de la grasa y logramos dejar la banqueta muy limpia”, agregó.

Ricardo Jaral, director de conservación de espacios públicos del Centro Histórico de la ciudad, donde se desarrolla la iniciativa, indicó que esta zona tiene “una cantidad exagerada de chicles pegados en el piso”.

“El chicle es un problema fundamentalmente de salud pública, pero al mismo tiempo de imagen urbana”, considera Jaral, quien tiene a su cargo la limpieza, el mantenimiento de la infraestructura peatonal, áreas verdes y alumbrado público del Centro Histórico, una de las áreas del DF que reciben más turistas.

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Una mujer del personal de limpieza del DF labora quitando chicles con una máquina especial de tecnología holandesa y alemana en el centro histórico de Ciudad de México. EFE/Mario Guzmán

pruebas. “Muchas empresas nos vinieron a ofrecer líquidos mágicos, y otras alternativas para atender el tema de los chicles pero ninguna con una gran efectividad”, apuntó el funcionario, quien ha entrado en contacto con fabricantes de chicles para lanzar una campaña informativa contra el desecho de gomas de mascar en las calles. En esa campaña, que aún no se concreta, Jaral desea que la gente entienda que recoger un chicle en la

acera le cuesta a la alcaldía 74 centavos de peso (0,05 centavos de dólar). Además, como promedio las máquinas retiran en una jornada de ocho horas 12.000 chicles de las avenidas del centro de la capital. A partir del 1 de febrero la alcaldía de Ciudad de México iniciará una nueva etapa en la limpieza de los espacios públicos de la capital, que incluye el empleo de agua caliente por primera vez en la historia del país para lavar las aceras y enfrentarse a

otro problema de la capital: la grasa. Al pasear por las calles del centro es frecuente ver algunas aceras chorreantes de la grasa que dejan los asaderos de pollos y los puestos de tacos a los que acuden a diario cientos de miles de ciudadanos y en los que es posible comer por unos 40 pesos (menos de 3 dólares). “Si lavamos una banqueta (acera) a presión con una 'hidrolavadora' con agua fría la limpiamos pero no a profundidad, porque si tiene gra-sa ésta no sale”, señaló.

La ciudad cuenta por ahora con uno solo de esos jardines, ubicado en el muro de un callejón y que tiene 25 metros de largo por 14 metros de alto. El programa de limpieza, los “jardines verticales” y el fomento del uso de la bicicleta son las principales medidas emprendidas por la alcaldía para luchar contra la contaminación en una de las urbes con más polución del mundo. Se calcula que el ochenta por ciento de las emisiones contaminantes en Ciudad de México son causadas por los cerca de cuatro millones de coches que circulan a diario por sus calles. Además, la urbe produce 12 mil 500 toneladas de basura diarias, equivalente a 1,3 kilos por habitante.

Concurso de comer cucarachas rechazado por conservacionistas Un banquete de cucarachas, gusanos y larvas a cambio de un premio de 2 mil 640 dólares fue la original propuesta gastronómica de un concurso celebrado el lunes en un centro comercial de Viena y que fue denunciado por grupos

conservacionistas. La competición fue organizada por la “Lugner City”, la galería de ocio y restauración propiedad de un conocido constructor Richard Lugner, y contó con la participación de hasta 20 personas, el 90 por ciento de ellas

mujeres, informó hoy la prensa austríaca. Los comensales que lograron acabar su plato de “manjares” recibieron mil 320 dólares en bonos para compras en el centro comercial, mientras que el concursante que más

velozmente se zampó su ración de insectos vivos obtuvo un cheque regalo por valor de 2 mil euros. “No tendría tan mal sabor si no fuera por el caparazón” declaró a la agencia APA Michael Gerhard, uno de los comedores de cucarachas.

Martina, otra de las participantes, aseguró, sin embargo, que tuvo que parar porque de lo contrario habría acabado vomitando y se quejó de que los “gusanos se movieran en la lengua”. Como ella, muchos de los 200 curiosos que acudieron a observar la muestra “gastronómica” llegaron a sentirse indispuestos sólo con ver como los participantes digerían los insectos. Tampoco muy contentos con la iniciativa se mostraron grupos ecologistas, como la Asociación Austríaca de Defensa de los Animales, que llegó a denunciar a Lugner por “maltrato a los animales”. “Cada vez es más frecuente que los así llamados 'famosos' utilicen a los animales para atraer la atención de los medios”, explicó Marion Löcker, presidenta de la Asociación al anunciar la denuncia. Ese paso se basa en el quinto punto de la Ley de Defensa de los Animales, que prohíbe cualquier maltrato injustificable. El empresario, conocido por pagar cada año a una famosa para que le acompañe al Baile de la Ópera, ignoró esas críticas y explicó que los insectos empleados habían sido criados para servir de alimento a otros animales.

Del 16 al 22 de enero de 2009

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EL COLOMBIANO • Semana del 16 al 22 de enero de 2009  

Primera Publicación Colombiana en Estados Unidos