Page 7

menos honrosos) para conseguir un determinado fin. Viendo todo lo que fue capaz de intrigar para hacerse con Navarra, y cómo utilizó a los beaumonteses como factor de desestabilización constante, animándoles a rebelarse y luego presentándose como el único capaz de mantenerlos a raya, podría pensarse que, de todos los títulos que ostentaba, el de rey de los sicilianos era sin duda el que le definía con justicia más poética.

incapaces de resistir a artillería tan moderna como la que traían sus enemigos, las contadísimas tropas de caballería que podían levantar el rey y sus nobles más principales, y una infantería armada poco más que con lanzas, espadas y herramientas de labor, que se movilizaba sólo durante los breves periodos de tiempo obligatorio que establecía el Fuero. Juan III de Labrit y Catalina I de Foix se aprestaron pues a afrontar el acontecimiento que marcaría definitivamente sus vidas. Llevaban casi treinta años reinando y residiendo prácticamente de continuo en Navarra. Su enemigo Fernando de Aragón, en cambio, sólo pasó un único día en el reino: el 4 de octubre de 1512 vino a Tudela para asegurarse personalmente de su completa sumisión.

En cuanto a Catalina de Foix, ¿cómo no imaginársela abandonando a toda prisa junto a sus hijos el reino del que era propietaria para no caer en manos de los invasores? Debió tener muy presente el trato concedido anteriormente a su pequeña hija Magdalena –rehén de los Reyes Católicos durante sus nueve años de vida-, y prefirió evitar una situación parecida para el resto. Que apuraron todo lo que pudieron la partida lo demuestra el que otro de los infantes, Francisco, muriera por las penalidades sufridas en tan apresurado viaje. Y es que los reyes de Navarra tuvieron 14 hijos, de los cuales al menos 9 nacieron y fueron educados en el propio reino, lo cual sirve también para responder a aquellos que les acusan de preferir la estancia en sus dominios al otro lado de los Pirineos. Es más, en un curioso giro del destino dos de esos hijos, los príncipes Andrés y Martín Febo, descansan en el panteón real del monasterio de Leyre junto a los restos de nuestros primeros reyes, los Iñigos y Jimenos, Aristas y Abarcas, a los que se unieron como viniendo a cerrar el ciclo histórico de la monarquía navarra…

El proceso de “boabdilización” al que se sometió desde muy pronto la figura del rey de Navarra en las crónicas castellanas (y aun en alguna local deseosa de halagar a los nuevos dueños del reino), tildándolo de débil de carácter, de ser tan afable que muchos se aprovechaban de él, de cobarde y de no saber imponer su autoridad, tan sólo buscaba minusvalorarle frente a Fernando, que para los mismos autores pasó a encarnar justo los valores contrarios, que serían precisamente los que le habrían permitido culminar con éxito empresas como la conquista de Navarra. Pero había sido precisamente Juan de Labrit quien consiguió poner fin a la enquistada guerra civil que había durado más de cincuenta años, y para ello debió ponerse varias veces personalmente al mando de las tropas, como cuando conquistó Viana, plaza que todo un famoso condottiero como su cuñado César Borgia no había sido capaz de obtener. Sí, puede que no le gustase la guerra -algo de lo que también le acusaron sus adversarios, obviando siempre que él fue el atacado y no el atacante-, pero eso todavía nos lo hace mucho más simpático y cercano a nuestra mentalidad actual, y hasta lo define en su justa medida frente a Fernando, que es el prototipo de todos aquellos gobernantes que no reparan en emplear cualquier medio (aún los

Quedó pues Juan de Labrit solo en Pamplona, pero comprendiendo que la defensa de la ciudad era imposible, la tarde del día 23 de julio salió hacía Lumbier para intentar organizar desde allí la contraofensiva. La mañana del día 24, los pamploneses, a los que el rey había pedido que resistiesen cuanto pudieran, vieron acampar en la Taconera al grueso del ejército invasor. Buscando ganar tiempo, los representantes de la ciudad, Miguel de Espinal y Juan de Gúrpide, intentaron negociar ciertas garantías con el duque de 5

Profile for Alfredo Caballero Sucunza

¿Por qué lo llaman anexión cuando quieren decir conquista?  

Cesar Oroz

¿Por qué lo llaman anexión cuando quieren decir conquista?  

Cesar Oroz

Advertisement