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La Conquista de Navarra, o el arte de dar pacto por liebre Mikel Zuza Escritor, bibliotecario e historiador Pamplona, 14 de marzo de 2012 en la primavera del año siguiente un ataque desde Guipúzcoa con sus propias tropas y con otras de refuerzo proporcionadas por su suegro. Pero el rey Fernando tampoco pensaba exclusivamente en Italia, sino que vio en ese despliegue militar junto a la frontera navarra la ocasión perfecta para hacerse definitivamente con un reino que llevaba acechando desde hacía tanto tiempo…

Agradezco la oportunidad que el autor me brinda de escribir este prólogo para su exposición “¿Por qué lo llaman Anexión cuándo quieren decir Conquista?”, ahora que se cumplen quinientos años de aquellos acontecimientos que supusieron un cambio tan importante para la historia de Navarra. En los treinta protagonistas seleccionados, y en las actitudes que adoptaron, encontraremos todas las emociones que en aquel triste inicio del siglo XVI se desbordaron en Navarra: la codicia, la soberbia, el miedo, el servilismo, pero también el valor, la esperanza, el afecto o la fidelidad a las propias convicciones.

Con ese fin, el rey Fernando solicitó al Papa el envío de dos bulas. Una que concediese la indulgencia plenaria a todos los que luchasen contra Francia y otra elaborada ex profeso para Navarra, excomulgando a quienes ayudasen al rey de Francia o estorbasen el paso del ejército anglo-castellano hacia Aquitania.

Y sí, puede que la historia la escriban siempre los vencedores, pero como nadie dijo nunca nada sobre quién debía dibujarla, César Oroz aprovecha para mostrarnos su muy certera visión de lo ocurrido.

El detonante final de la invasión fue la firma por los reyes de Navarra y Francia del tratado de Blois, por el cual ambos se comprometían a ayudarse con todas sus fuerzas contra ingleses y castellanos. Un gravísimo error diplomático en esas circunstancias, pues daba al rey Fernando la excusa que tanto tiempo llevaba buscando…

Viajemos pues de su mano a los albores del año 1512, cuando los conflictos italianos entre la corona francesa y la castellana habían llegado a su punto álgido, y una vez más los reyes de Navarra –Juan de Labrit y Catalina de Foix- se esforzaban por mantenerse al margen, negociando a la vez con ambas potencias para conservar una independencia que muy trabajosamente, pero con éxito, habían conseguido salvaguardar hasta entonces. Aunque esta vez el rey Fernando el Católico no estaba dispuesto a consentirlo…

Los castellanos se pusieron en marcha hacia Navarra el 19 de julio y cruzaron la frontera por Ziordia el 21 del mismo mes. Constituían sin duda el mejor ejército de Europa en su tiempo, con su veintena de piezas de artillería, sus 6.000 infantes y sus 3.000 jinetes, muchos de ellos curtidos en las guerras de Italia y del norte de África. El tercer conde de Lerín encabezaba la formación. Éste, a cambio de franquearles el paso y de que sus partidarios les sirviesen de guías, iba a recuperar finalmente los privilegios confiscados a su progenitor. Para ello sólo tuvo que llevar hasta el extremo la política de caballo de Troya que su padre –secundado siempre por el rey Fernando-, había ejercido durante los últimos cuarenta años contra los soberanos navarros.

Había acordado éste con el papa Julio II, con el dux de Venecia y con su yerno el rey Enrique VIII de Inglaterra, la formación de una “Santa Liga” con el fin aparente de proteger a la Iglesia, aunque la verdadera razón fuese expulsar a los franceses de Italia. Por supuesto Enrique VIII no tenía interés alguno en Italia, sino en los territorios del suroeste francés que hasta muy pocos años antes habían pertenecido a su corona, y que ahora pensaba recuperar iniciando

Frente a todos ellos Navarra sólo podía oponer su anticuadísima red de castillos y villas fortificadas, 4

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¿Por qué lo llaman anexión cuando quieren decir conquista?  

Cesar Oroz

¿Por qué lo llaman anexión cuando quieren decir conquista?  

Cesar Oroz

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