Page 39

Una suave brisa de aire corrupto los sacudió cuando abrieron la puerta del panteón haciéndoles retroceder, la luz del atardecer iluminó parcialmente las sombras de la estancia dejando ver entre penumbras grandes tumbas de mármol esparcidas por la sala y nichos alrededor, de los que sobresalían ataúdes. Con el corazón encogido, buscaron en la semioscuridad de la cámara funeraria el ataúd con el nombre de Cédric Olbiac. -Aquí está- Susurró el sacerdote. Todos se acercaron a un ornamentado féretro de mármol de grandes dimensiones, de un metro de altura. Un escalofrió de terror les subió por el cuerpo cuando levantaron la tapa con cuidado y un hedor espeso a matadero los envolvió, obligándoles a cubrirse repugnados. Ser Argyll reconoció en la amplia tumba a la doncella que los visitó la noche anterior, Yacía abrazada al cuerpo de un joven ataviado con ropa de gala, ambos parecían dormir profundamente. -Mirad las evidencias de su naturaleza –Dijo el sacerdote señalando la tumba. A pesar de la semioscuridad se vislumbraba el bello rostro rosado y lleno de vida de Isolina, tenía un aspecto más sano y vigoroso que el cuerpo desnutrido mostrado la noche anterior, sus labios habían adquirido una tonalidad más roja, sus zapatos estaban manchados de barro y unos hilillos de sangre fresca manchaban la comisura de su sensual boca y su vestido de gasa blanco. Angus reconoció el cuerpo del joven Olbiac y lo sacaron del féretro, depositándolo en el suelo. El sacerdote les mostró los colmillos puntiagudos del joven levantándole sus labios. Angus salió de su ensimismamiento y, recuperando su mirada dura y penetrante, cogió el martillo y la estaca metálica ofrecida por el sacerdote. -Hijo de perra, mi hija……… Empuñó el mazo y golpeó la estaca repetidamente. El cuerpo del joven Olbiac se convulsionó en un último estertor y dejó escapar un gemido inhumano mientras la estaca se hundía en su corazón, poseído por la furia arrebato el hacha que sostenía un aturdido Ser Marcell petrificado de terror y, de varios golpes, cercenó la cabeza del joven, después, con el rostro salpicado de sangre negra, miró al sacerdote e imploró. -¿No hay otra manera padre? -Hijo mío tenemos que liberar su alma atrapada en este cuerpo perdido que la retiene, si no te ves capaz yo atravesaré su falso corazón desprovisto de humanidad. Tras colocar el cuerpo de Isolina en el suelo, el sacerdote colocó la estaca sobre su pecho y bendijo diciendo. -Que Morr ilumine tu camino hasta su Jardín ¡Muere en paz!

Isolina abrió sus ojos, que brillaban como discos de fuego, de par en par cuando la estaca atravesó su corazón y emitió un chillido agudo que les sobrecogió. Ser Argyll levantó su espada para decapitarla, pero el sacerdote le sujetó el brazo diciéndole. -No ultrajaremos más su cuerpo hasta que su padre la deposite en su tumba. Con lágrimas en los ojos, Angus tomó a su hija y la acunó entre sus brazos, mientras su inhumana vida se le escapaba y el brillo de sus ojos rojos se iba apagando. Cuando todo acabó, su rostro se iluminó lleno de paz. Con una delicadeza conmovedora, levantó el cuerpo inerte de su hija, le cubrió con un tierno beso en la frente y marchó tristemente para volver a depositarlo en su tumba. Mientras veían salir del panteón a Angus Ser Argyll preguntó. -¿Qué haréis ahora padre? -Después de dar sagrada sepultura a la hija del guardabosques y limpiar de no muertos la aldea, perseguiré a esa ramera endemoniada de Lady Jane de Aledón. -¿Admitiríais a un caballero en vuestra búsqueda? -Siempre viene bien tener al lado un virtuoso caballero. Cuando Angus hubo salido del panteón, el sacerdote, ayudado por Ser Argyll, devolvió el cuerpo del joven Olbiac colocándolo boca abajo en su féretro, para indicarle el camino al inframundo. Después puso su cabeza decapitada sobre su espalda, llenó su boca de patas de cuervo y, rociando la tumba de rosas púrpuras de Mousillon para protegerlo contra cualquier magia nigromántica, sentenció. -Nunca más volverá a levantarse. Dos días después, en una fría mañana envuelta en niebla algodonosa, Ser Marcell tomaba el camino que llevaba hasta Vertiach. Ser Argyll y el Sacerdote salían del pueblo sobre sus monturas. Una figura montada a caballo les sorprendió a las afueras. Era Angus que los esperaba sobre un jamelgo con un hatillo colgando de la silla. -Quiero acabar con ella –Dijo con su manera brusca habitual. -¿Y tú familia? –Preguntó el sacerdote. -Mis hijos se harán cargo hasta que vuelva.

Los tres jinetes reanudaron la marcha hacia el norte en silencio, hasta que sus figuras se perdieron en la espesa niebla.

Colaborador de FanHammer

Fin Parte 1

Profile for Alfonso Ortega

Goblin Panzudo 3  

Numero tres de Goblin Panzudo

Goblin Panzudo 3  

Numero tres de Goblin Panzudo

Advertisement