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¡Pom! ¡Pom! ¡Pom! Volvieron a golpear la puerta pausadamente y el anfitrión se levantó a la vez que gritaba. -He dicho que puedes pasar a mi casa. La puerta se abrió y un hedor frio y húmedo inundó la estancia, estremeciendo a todos los presentes. La figura delicada de una doncella de aspecto lánguido apareció en el dintel, permaneciendo en él unos segundos observando a la sobresaltada familia de Angus que parecía asustada. Lucía un vestido de gasa blanco con mangas anchas, modesto pero solemne, que marcaba el contorno de su delgada figura. Ser Argyll fue el único que se levantó para saludarla y, a pesar de no ver bien en la pálida luz de la estancia, le pareció que la joven doncella era dueña de una extraña belleza que helaba la sangre, lo que también debió de parecerle al resto de los comensales, porque cuando la doncella apareció, todos quedaron en silencio. La joven pasó dentro sin mediar palabra y sus ojos deslumbraron como carbones rojos, apoyó una de sus delicadas manos sobre el hijo de Angus sentado frente a él, que huyó despavorido de su sitio, ocupándolo ella ante la conmoción de Angus y su familia, que la miraban horrorizados. Sin entender nada, y viendo la reacción que había provocado la aparición de la misteriosa doncella, Ser Argyll preguntó. -¿Ocurre algo, Angus? -Nada mi señor -contestó acongojado éste con la mirada desencajada. Teniéndola sentada cerca, Ser Argyll, se reafirmó sobre la rara belleza que poseía la doncella, pues a pesar de su lívido rostro ojeroso y su aspecto desnutrido, su presencia parecía iluminar la pálida habitación. Llevaba el cabello ligeramente enmarañado recogido en unas trenzas unidas en la parte delantera de su cabeza, coronada con un tocado de rosas negras algo secas. Su mirada era desafiante. Tras sentarse justo enfrente del anfitrión en silencio, mantuvo sus ojos fijos sobre el rostro de éste, hasta que pasados unos segundos que se hicieron interminables, se encogió, como si un mal la acechase y su rostro se arrugó de angustia. Se recompuso y su rostro recobró la perfección de una estatua de mármol, volvió a mirar fijamente a Angus y de sus labios carnosos rosados, surgió con dulzura diabólica una voz casi en susurros, como en un lamento. -Te he echado tanto de menos.

El anfitrión, con una mirada de horror y pena, abrió la boca asombrado y de su ojo izquierdo brotó una lágrima, que resbaló por su rostro visiblemente emocionado hasta que se perdió en la espesura de su barba. Tras lo cual la doncella se levantó y se marchó, cerrando tras de sí la puerta y dejando a todo el mundo de la habitación consternado. La mujer del anfitrión y alguno de sus hijos rompieron a llorar. Ser Argyll volvió a preguntar. -¿Quién era esta misteriosa doncella? Con los ojos empapados el anfitrión se dirigió al caballero. -¿Creéis en el más allá? -Me he topado con lo inexplicable más veces de lo que hubiese deseado. -La doncella a la que habéis visto era mi hija Isolina, a la que enterramos hace una semana, viene a llevarme con ella. Me anuncia que mi muerte está próxima. -¿Cómo dices? –Preguntó con los pelos de punta Ser Argyll. -En Mousillon, si te visita un familiar difunto, basta con que te mire o te dirija una palabra para que tu muerte se produzca en pocos días. -¿Tratas de engañarnos campesino? No estáis en Mousillon, hace años que estas tierras pertenecen al ducado de Lyonesse –replicó encolerizado Ser Marcell. -No miento, por favor tenéis que ayudarnos, ella regresará y acabará conmigo y con toda mi familia – Gritó desesperado. Ser Argyll dudaba en creer las palabras de Angus, desconfiaba de él, pero aquel plebeyo y su familia estaban aterrados. -¿Cómo murió vuestra hija? -La enfermedad la consumió. -Como Alguacil tengo potestad para llevaros ante el Duque si me estáis mintiendo. Pero si es verdad lo que decís os doy mi palabra de que no os reuniréis con ella, no creo que vuelva a aparecer esta noche, aún así todos dormirán en esta habitación. Ser Marcell y yo haremos turnos de guardia por si apareciese de nuevo y mañana al despuntar el sol saldremos a esclarecer estos hechos. La noche transcurrió serena, alterada tan solo por unos aullidos lejanos y la inquietante niebla que envolvía la casa.

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Goblin Panzudo 3  

Numero tres de Goblin Panzudo

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