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El Wargame seguía su constante evolución, y mientras tanto el juego de rol, quedaría relegado, abandonado sin nadie que estuviese detrás del juego. GW parecía haberse olvidado por completo de dicho juego que había pasado a mano de Hosghead Publishing, coincidiendo con el auge del wargame. Las miniaturas eran la verdadera mina de oro, y el rol no era una buena fuente de ingresos, así pues todo el esfuerzo parecía dirigido hacia el wargame. Con esto parecía que la postura oficial en cuanto a trasfondos pasaba claramente a ser la del wargame, y aunque hubiese a veces “incoherencias” (en pro del juego siempre, aunque fuesen más bien para vender nuevas miniaturas, estrategia que se ha mantenido luego en el tiempo) parecía que había que aceptarlas como oficiales, lo cual era bastante rechazado por la comunidad de aficionados al juego de rol. En esos primeros años del milenio es cuando, quizás se observó un mayor distanciamiento entre ambos juegos. Los aficionados al Wargame venían creciendo en número con una constante evolución del juego. Por su parte los aficionados del juego de rol seguían con una versión de un juego de rol, que tenía ya más de 15 años de antigüedad cuando de pronto se quedó huérfano. GW no quería hacerse cargo del juego de rol y así pues quedaba en el aire su futuro, mientras tanto, el Wargame seguía disfrutando de sus años de gloria. En aquellos años, se presenciaron más de uno y de dos acalorados debates entre aquellos en pro del wargame y los que estaban en pro del juego de rol, debatiendo por las diferencias en cuanto a trasfondos. Y fue en esos años cuando surgía además la “colosal” (quizás más por tamaño que por otros aspectos) campaña para el wargame La Tormenta del Caos. Así de pronto GW se salía con una campaña que alteraría el trasfondo del mundo de warhammer. Y es que la intención de GW era precisamente que el resultado de esa campaña, determinase la evolución futura de los diferentes libros de ejército y del trasfondo del juego en general. Su intención si bien, no era mala del todo, no fue todo lo acertada que pudiera parecer para algunos. Así pues surge un nuevo punto de enconamiento entre aficionados al wargame y los del juego de rol. Estos segundos, de hecho, en su gran mayoría planteaban situaciones de trasfondo donde los acontecimientos de la Tormenta del Caos o bien ni existían o bien tenían un resultado completamente diferente al de la versión oficial. Y con esta situación sobre la mesa, llegó la segunda edición del juego de rol, donde para resignación de algunos y alegría de otros, se avanzaba el trasfondo hasta el año 2522 con la anteriormente comentada Tormenta del Caos. No será muy de extrañar, pues esa segunda edición llegó inicialmente de la mano de The Black Library (vamos que sería como decir que de la propia GW) y de ahí el interés por

llevar el trasfondo del wargame también al juego de rol una vez más. De nuevo, la prioridad se otorgó a los partidarios del wargame y su trasfondo. Pero con la segunda edición del juego de rol, sus aficionados encontraron un nuevo e interesante sistema y fueron capaces de sobreponerse a los inconvenientes del trasfondo (en la mayoría de los casos, desarrollando escenarios alternativos u omitiendo por completo la realidad del trasfondo del wargame que había impregnado el juego de rol). Y a esa segunda edición le siguió una tercera edición del juego de rol, donde el trasfondo apenas se toca (o al menos no con la misma profundidad que se hacía en las versiones anteriores) en tanto en cuanto mantiene una postura más neutral, situando la realidad del mundo en los momentos previos a la Tormenta del Caos (y nos profundizaremos en otros temas como el de las cartas y accesorios que no vienen mucho a colación). Así a groso modo, esa ha sido la historia del juego de rol de Warhammer Fantasía, casi siempre a la sombra del wargame. Sólo en ya lejanos años, tenía cierto peso a la hora de tomar decisiones en el trasfondo. Lo que está claro, es que el gran auge que tuvo el wargame hizo que su público fuese mucho mayor y de ahí que pesase más a la hora de tomar decisiones. Quizás por eso, el juego de rol de Warhammer ha sufrido enormemente al no ser considerado como algo independiente del Wargame. Es más, como abría este artículo, muchas veces hay quienes creen que es lo mismo que el Wargame, o cuanto menos desconocen de su existencia, siempre eclipsado por el juego de miniaturas. Resulta curioso, que una gran masa de los aficionados del juego de rol jugaban previamente al wargame. Y es más, algunos siguen manteniendo gran parte de esa afición al wargame. Por eso, en cierto modo es extraño ver que el juego de rol no logra abrirse camino de una forma mucho más prominente, porque la masa de posibles candidatos a entrar en el juego es considerable. Se ven muchas jornadas donde se organizan torneos del wargame, y sin embargo, pocas veces son las que va acompañado de su contrapartida rolera y es que ambos juegos pueden llegar incluso a complementarse. Como rezaba aquella lejana White Dwarf de los años 90, era algo así como que podréis emplear el juego de rol para interpretar como un grupo de guerreros trata de abrir la puerta de la fortaleza durante un asedio y luego continuar con la batalla en la mesa de juego. ¿Hubiera tenido más éxito el juego de rol de Warhammer sin el auge del wargame? ¿Ha sido precisamente ese tirón del Wargame el que ha mantenido el juego de rol en el panorama? Sin duda son dos hermanos, peor o mejor avenidos, pero que tienen que cargar el uno con el otro.

Igarol

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Goblin Panzudo 3  

Numero tres de Goblin Panzudo

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