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Relato 40k Asalto a Oribia

L

a única realidad que se extendía por todo el planeta era la muerte. La acuciante muerte que llovía tanto desde las naves Orkas que bombardeaban a las tropas de tierra Imperiales como desde las titánicas baterías de artillería que la infantería Imperial había retomado con la intención de hacer retroceder al invasor xeno. - ¡Vuelven más! - ¡Sangre del Emperador! ¿Cuándo los esquivaremos? Kaë se dio la vuelta lo más rápido que pudo y levantó con celeridad su fusil láser, un modelo M36 personalizado con ciertos detalles del regimiento, como era estándar en el 97º de Drakons de Sheol. De carcasa robusta y sin culata, con el cañón tallado de tal forma que pareciera la cabeza de un dragón con las fauces abiertas, los bordes serrados para imitar a los dientes de la bestia. El cargador, recto y metálico, se insertaba en el rifle de tal manera que quedaba con la parte de abajo muy cercana al guardamanos del arma, aunque dejando el sitio suficiente como para que Kaë pudiera asirlo sin problema.

Apretó el gatillo y un haz de láser, rojo como la sangre, salió disparado desde la boca de su arma, impactando en la infinidad de ruinas que se extendía en frente de él. El disparo levantó un pequeño surtidor de polvo y pequeños trozos de roca, pero no acertó a ningún piel verde. Kaë ya esperaba eso, ni siquiera había apuntado. Giró unos centímetros su rifle, de manera que el haz de láser de puntería que era proyectado desde encima del cañón estuviera justo en medio de la trayectoria de uno de los Orkos que se les echaban encima. Apretó de nuevo el gatillo, esta vez convencido de que no erraría. Y no erró. El nuevo disparo atravesó la frente del piel verde, que cayó hacia atrás echando espumarajos mezclados con sangre por la boca. Kaë apuntó lo más rápido que pudo a otro Orko y descargó una nueva ráfaga. El colmillo de Drang que pendía del cañón de su arma mediante una fina cadena de plata bailó frenéticamente de un lado a otro, impulsada por el retroceso del arma. Sus ráfagas iluminaban el suelo, su cara y su armadura, y volaban fugaces y ardientes hacia los pieles verdes. Kaë abatió a dos más antes de que le saltasen encima desde los salientes y pedruscos que había por todos sitios. El Drakon estaba listo para morir, y su dedo no se despegó del gatillo. Las ardientes descargas de láser abrasaron a otro alienígena, destrozándole el pecho y el cuello y haciéndole caer de bruces contra la alfombra de rocas y ladrillos rotos que era el suelo de aquella ciudad. - ¡La sangre de los mártires es la semilla del Imperio!- Ladró Kaë al agotarse el cargador de su rifle y ver que los Orkos estaban demasiado cerca como para huir o recargar.

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Goblin panzudo 2  

Revista friki sobre Wargames, juegos de mesa, juegos de rol y todos esos hobbies que a muchos nos encantan. Realizada por diferentes blogs e...

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