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Su escudo, al igual que su sobreveste, lucía sin muebles de manera austera el color sinople de su familia, de acuerdo a su condición de caballero novel. Guilles pensó que no seria la primera vez que un caballero novel derrotaba a un caballero de más alto rango y deseó que no fuera la última. Se situó frente a su rival a unos cien metros de él y esperó impaciente la señal del paje para iniciar la justa, mientras un cosquilleo comenzaba a subirle por el estómago. Siempre que participaba en una justa, su mente viajaba hasta Arnnes, el pequeño feudo de su padre y, retrocediendo algunos años atrás, recordaba el estafermo con el que su padre les hacía practicar a su hermano y a él. Su hermano era el primogénito y por ello había sido nombrado caballero del reino a los pocos meses de su partida, desposándose y convirtiéndose en Lord, sin haber hecho ningún mérito para ello, mientras que él, que siempre se mostró más diestro, seguía en su periplo errante como caballero novel, por el mero hecho de haber nacido un año más tarde que su hermano. Recordó las palabras de su padre el día de su partida, “La Dama compensó el orden de tu nacimiento con tu habilidad con las armas”. Y una vez más deseo que fuesen sinceras. El paje dejó caer su brazo y Guilles bajó su visor e inició al trote la carga, asiendo con fuerza su escudo y su lanza de fresno de doce pies, clavó nervioso sus espuelas en los flancos de Coraje (su montura). Durante la carga Guilles se esforzó para tirar de las riendas hacía su derecha para presentar a su rival su lado izquierdo protegido por su escudo y, alejarse lateralmente algunos pies de su enemigo, ya que al no haber barrera que separase a ambos contendientes, temía que pudiera chocar contra su oponente embistiéndose frontalmente, lo que solía producir alguna rotura de huesos. Cuando se encontró a unos cincuenta metros de Ser Valliant, se fijó que su escudo iba algo bajo. Puso a Coraje al galope para conseguir mayor impulso en el choque, se levantó sobre sus estribos y se apoyó sobre la silla arzonada, giró su muñeca para dirigir la punta de la lanza de justa acabada en tres puntas romas de hierro y se preparó para el impacto. Un clamor estalló en el prado cuando uno de los caballeros cayó a tierra de manera aparatosa, precedido de un estruendo metálico.

Tendido de espaldas en el suelo, con la mirada perdida, a través de la ranura del visor, en las nubes con extrañas formas, Guilles oía de manera amortiguada por el yelmo, la ovación del público. Tras una pausa que duró unos instantes, consiguió trabajosamente ponerse en pie. El calor y la falta de aire dentro del yelmo se le hicieron insoportables. Sintió un agudo pinchazo en el hombro izquierdo cuando se quitó el yelmo y lo arrojó al suelo con fuerza, mientras gritó con las fuerzas que le permitían el fuerte dolor que comenzaba a bajarle por el brazo izquierdo. -¡Exijo seguir con el combate!-. Y dirigiéndose a sus servidores estos le acercaron su espada. Tras lo que permaneció de pie, cubriéndose tras el escudo embrazado y empuñando la espada de manera desafiante frente a Ser Valliant, esperando a que arremetiese. Pero Ser Valliant se mantenía sobre su corcel con una postura relajada. Normalmente la justa solía acabar cuando uno de los contendientes solicitaba el fin del combate al estar en clara desventaja frente al otro, como Guilles se encontraba ahora, pero el código de caballería decía que mientras el combatiente en desventaja no reconociese su derrota, el adversario que llevaba ventaja en el combate estaba obligado por cortesía, a seguir con él, pero no a lo que estaba a punto de hacer Ser Valliant. A Ser Valliant no pareció sorprenderle la actitud de Guilles. Sin mencionar una palabra, tiró su lanza partida al suelo y, haciendo un gesto con la mano, se acercaron a él tres pajes con librea de su casa para ayudarle a desmontar del corcel de guerra bretoniano. Los pajes se llevaron al caballo y le proporcionaron una espada, en medio de la reprimenda de uno de ellos ya entrado en años, que se oponía abiertamente a la actitud de su señor. La multitud allí congregada rompió en aplausos y vítores ante aquel gesto de pura nobleza caballeresca.

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Goblin panzudo 2  

Revista friki sobre Wargames, juegos de mesa, juegos de rol y todos esos hobbies que a muchos nos encantan. Realizada por diferentes blogs e...

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