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ran conocidos como los alegres compañeros, aunque bien podrían haberse llamado los alegres pendencieros, pues así se comportaban, como viles pendencieros, ya que como todos los caballeros noveles de Bretonia no dejaban de meterse en líos ni de crear problemas. El joven Guilles de Poulling, un caballero novel de poco más de veinte años, era su líder. Los alegres compañeros eran un pequeño grupo de jóvenes caballeros noveles formado por hijos segundones, al igual que Guilles, sin rentas por heredar o primogénitos con hazañas por cumplir, y que desde que se encontraran por el camino se habían hecho inseparables en sus correrías. Guilles odiaba esta estación del año; en invierno no había bandas de orcos a las que perseguir, pues con los pasos cortados por la nieve se ocultaban en sus inaccesibles montañas y los hombres bestias permanecían esperando la primavera en lo más profundo de sus bosques. La incómoda lluvia se metía entre las ranuras de la armadura y había que cabalgar durante todo el día con la ropa empapada por los caminos embarrados, esos peligrosos caminos por los que malvivían, buscando aventuras y hazañas o simple cobijo de la lluvia. Los grandes señores no celebraban justas ni torneos a los que ir, en los que granjearse fortuna y gloria, pero en el Ducado de Aquitainne los nobles no dejaban de intrigar entre ellos y librar guerras ocultas, y ese era el tipo de servicios a los que tenían que recurrir en esta estación del año. Aquella mañana, bajo un cielo plomizo salpicado de nubes grises, los Alegres Compañeros arribaron hasta el puente de Trevaliere, que dominaba la entrada a la aldea del mismo nombre. La quema del molino de aquella viuda con pechos generosos les había llevado hasta aquel puente. El señor de aquellas tierras, un viejo Lord, les había dado caza esa misma noche en una taberna, a apenas unas millas del molino. El viejo Lord les había obligado a hacer aquel encargo, a cambio de quedar saldada la fechoría del molino. Guilles se detuvo a la entrada del puente y un joven paje, montado en un palafrén vestido con los colores de su señor, le salió al paso.

-Saludos caballeros-dijo un imberbe muchacho inclinando la cabeza-. Os informo que mi señor, Ser Valliant de Alber´t, segundo hijo del Conde de Lussyl, se encuentra guardando este puente y todo caballero que intente cruzarlo deberá batirse con él, y derrotarlo en singular lance. -Decidle a Lord Alber´t, que Ser Guilles de Poulling conoce y admira el noble motivo que le ha llevado a guardar este paso de armas y que vengo a pelear con él. -Os informo Ser, que mi señor lleva casi una semana librando lances contra diferentes caballeros y que hasta ahora, la Dama ha querido que saliese de todos victoriosos. -Ahórrate la palabrería zagal, veamos si tu señor conserva el favor de la Dama. -Nada tiene que ver la Dama con la habilidad de mi señor-dijo alzando la voz el paje antes de inclinar la cabeza y volver grupas. -¡Tiene agallas el pichón!- dijo el socarrón de Francois, un miembro de los alegres compañeros. A lo que Guilles contestó con una afirmación de cabeza, mientras veía alejarse al paje hacía el puñado de tiendas instaladas en el pequeño prado del otro lado del puente y detenerse en una de ellas. Tras unos instantes, un grupo de aldeanos que allí había reunido, prorrumpió en aplausos y vítores, cuando un caballero vestido con armadura completa, salió de la tienda en la que esperaba el paje. El caballero montó en un caballo engalanado traído por los ayudantes del campamento y le hizo una señal con el brazo a Guilles, para que cruzase el puente. Cuando Guilles cruzó con su pequeña comitiva el puente, ser Valliant les esperaba en el pequeño prado, ya preparado sobre su montura. Lucía una magnífica coraza esmaltada en negro, con el morro del yelmo en forma de pico de águila y esmaltado en plata, imitando su heráldica, símbolo de su casa y escudo de armas (Un Águila en sable de cara con la

cabeza girada de perfil hacía la diestra, con las alas abiertas, picada en plata sobre campo púrpura). Su caballo, un magnífico corcel alazán, llevaba un crestón en forma del águila de su señor, un revestimiento en la crin, testera y cota de malla ligera, recubierto todo con una gualdrapa con las armas de su señor; mientras que Guilles llevaba su vieja armadura gris mate, algo oxidada y descuidada, entregada por su padre hacía ya tres largos años.

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Goblin panzudo 2  

Revista friki sobre Wargames, juegos de mesa, juegos de rol y todos esos hobbies que a muchos nos encantan. Realizada por diferentes blogs e...

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