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a niebla se arremolinaba en la llanura bajo su mirada impidiendo ver nada aparte del blanco manto, aún así sabían que estaban allí. Una fina lluvia les había acompañado desde varios días antes y el suelo era un barrizal donde costaba moverse y donde la sangre se mezclaba con el fango casi a partes iguales. Los tambores se habían detenido.

La monstruosa figura miraba al horizonte impasible, aunque el resto apenas si podían vislumbrar un par de metros más allá de donde se encontraban. De su mano izquierda pendía una enorme maza cubierta de pinchos ensangrentada de los combates precedentes y su puño derecho se mantenía cerrado sobre si mismo en un gesto de tensión y rabia. Habían logrado hacer retroceder a las fuerzas del Imperio y las habían perseguido para intentar erradicarlas por completo, no obstante no había contado con la posibilidad de que surgiese alguien capaz de liderarlas y reagruparlas para hacerles frente. Y ni mucho menos, había podido imaginar que lograrían haber resistido hasta tres días en aquel promontorio. No obstante, eso estaba a punto de terminar.

Se giró hacia el resto de su horda, algunos agacharon la cabeza. Aún a pesar de estar bajo su mando desde hacía años, el aura de su líder inspiraba temor incluso entre sus propios seguidores. Casi como sortilegio, en el momento en que empezó a pronunciar sus primeras palabras, la niebla comenzó a disiparse. Su arenga apenas duró unos instantes pues no era amigo de grandes discursos, el objetivo estaba claro y no necesitaba muchas explicaciones, no debía quedar vida alguna sobre el promontorio y ese sería el último amanecer de todos los que allí estuviesen. Gorlach, sostenía su lanza como si de una muleta se tratase, el día anterior había recibido un duro golpe en su rodilla izquierda de uno de esos bárbaros. Durante un instante pensó que caería al suelo y acabaría con él, pero haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad apretó los dientes y se mantuvo en pie el tiempo necesario para apuntar su lanza directamente a la garganta de su oponente y clavársela justo antes que pudiera reaccionar. Aún así, y a pesar de sentirse aliviado por seguir vivo, Gorlach se preguntaba si no hubiera sido mejor haber caído en ese preciso momento y no sobrevivir un día más, alargar algo que parecía inevitable. Y no solo lo pensaba él, en el rostro de muchos de sus compañeros se podía apreciar la misma sensación. El cansancio se apoderaba de las tropas. Llevaban tres días luchando en aquel promontorio sin apenas contar con alimento. El recuerdo de la derrota del glorioso ejército imperial ante las fuerzas de los bárbaros del norte aún estaba fresco en sus memorias. El número de enemigos era muy superior. Lo sabía, sabía que lo tenían todo en contra, pero Heschlen no podía desfallecer, no ahora.

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Goblin panzudo 2  

Revista friki sobre Wargames, juegos de mesa, juegos de rol y todos esos hobbies que a muchos nos encantan. Realizada por diferentes blogs e...

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