Page 1

Voyeurs (por Alfonso Domínguez) Personajes ELLA. ÉL.

ÚNICO ACTO Cuarto oscuro, sin muebles. Sólo una cama que rechine, una mesita de noche, una grabadora y una lámpara encendida que permite apreciar las siluetas de los personajes y alguno de sus gestos al inicio del acto sexual. ELLA, vestida con ropa íntima, está recostada en la cama y adquiere posiciones provocadoras jugando con las sábanas. ÉL, todavía vestido, entra por la puerta por donde entraron los espectadores; se dirige lentamente hacia la cama, besa y acaricia espalda y brazos de ELLA; ELLA comienza a desvestirlo. ÉL está encima de ella; ambos personajes empiezan a gemir y a respirar agitadamente. Pasa un tiempo. Se detienen. ÉL. ¿Dónde dejaste los condones? ELLA. Creo que están en este cajón, fíjate. ÉL. [Acercándose a la mesita de noche, abre el cajón y saca el paquete de condones.] A ver, deja que me lo ponga. [Tarda unos segundos en ponérselo.] Ya está, ¿en qué estábamos?


ELLA. En que lo vas a meter con cuidadito porque acuérdate que me duele. [Hace un gesto perverso de dolor que debe apreciarse con la luz de la lámpara.] ÉL. A mí también me duele la cabeza cuando hacemos esto. ELLA. Pero tú estás jovencito, todavía aguantas. Yo ya no… Anda, apaga la luz. No quiero que nadie nos vea. ÉL. Yo tampoco quiero ver. [Se estira para alcanzar la lámpara y la apaga. A partir de este momento todo ocurre en completa oscuridad.] Sólo quiero sentirme como antes, cuando estaba adentro de ti y no veía nada. Siguen con el acto sexual. Deben escucharse los gemidos de ella, las exhalaciones de él y el rechinar armónico de la cama. Pasa un tiempo. Se detienen. ELLA. ¿Qué te pasa? Todavía no acabo. Sigue, métemela. ÉL. No quiero escucharte, no quiero oír tus ruidos. ELLA. Entonces ¿qué quieres? ÉL. Te quiero a ti, pero no a tus ruidos. Haces mucho ruido. ELLA. ¿Y eso está mal? Conozco a otra persona a la que sí le gusta que haga ruido, eh. ÉL. Lo sé, lo sé. Cuando era niño se escuchaba hasta nuestro cuarto. Tuve que decirle a Efraín que esos ruidos eran porque te asustabas cada que veías una araña o un insecto. Incluso le dije alguna vez que se les había ocurrido cambiar de lugar los muebles de la recámara… “¿Tan noche?”, me preguntó. No supe si me creyó aquella vez, ya estaba grandecito. 2


ELLA. [Se ríe discretamente.] Está bien, ya no haré ruidos. Lo prometo. Venga, sigue o tendrás que empezar de nuevo. Y con la lengua. ÉL. [También se ríe.] Pero si me habías dicho que eso no te gustaba, que eso no se hacía antes, que qué asco. ELLA. Lo dije porque no sabía lo que era, pero ahora ya sé de qué se trata y quiero que me lo hagas. Ándale, hazlo o te nalgueo. ÉL. Bueno, pero déjame pongo la música para concentrarme y para no escucharte tus ruidos. Se escucha el abrir y cerrar del lector de discos. Comienza la música suavemente, permite que se escuche todavía el diálogo de los personajes. ELLA. Parece que ya lo tenías todo listo, hombre. Ya no tengo que andar correteándote para que hagas las cosas. ÉL. Porque ya soy grande. Ahora déjame escuchar la música. ELLA. Sí, ya me callo pero tú apúrate allá abajo, ándale. [Pasa un tiempo, se ríe.] Me estás haciendo cosquillas, espérate. [Vuelve a reírse.] Ay, más… rá… pi… do…, más… sí… Ah… [Grita.] ¡No, no me agarres las piernas! No me las he depilado. La acción se interrumpe. Se escuchan los cuerpos que se remueven entre las sábanas. ÉL. No mames, si ya sabías que lo íbamos a hacer hoy.

3


ELLA. No me contestes así, acuérdate de quién soy. [Silencio.] Además, tú eres el que está mamando. ÉL. Pero es que no te arreglas ni nada. ELLA. No me pidas a mí esas cosas, pídeselas a tu mujer. ÉL. Bueno, pues me largo con ella. No sé por qué estoy haciendo esto si tengo a Laura. ELLA. ¿No sabes por qué lo haces? ÉL. No, no lo sé. ELLA. ¿No lo haces porque te gusta, porque quieres, porque te encanta sentirme mojada? [Silencio.] ¿No me vas a contestar? Dime, dime por qué te acuestas conmigo y no con tu Laurita. Porque ella es una santita, ¿no? Porque, a pesar de que ya llevan tres años de casados, ella todavía no se siente lista para traer un niño al mundo… Como si el sexo se tratara sólo de eso. ¿Pues de qué pueblito la sacaste, eh? Siempre he tenido esa duda. ÉL. [Alza la voz.] Ya deja de decir tonterías. ELLA. No me alces la voz, porque cuando me muera te vas a arrepentir de todas las veces que me faltaste al respeto… ÉL. Me voy a arrepentir de muchas otras cosas que hice contigo, no sólo porque te haya alzado la voz. ELLA. Ah, ¿sí?, ¿como de qué cosas crees que te vas a arrepentir? ÉL. De todo esto. 4


ELLA. ¿En serio vas a cargar toda tu vida con esto como si fuera lo peor? ¿En serio todo lo que hemos disfrutado se va a ir al carajo porque te sientes arrepentido? ÉL. No sé, no sé. Cuando lo hacemos me gusta, pero cuando regreso con Laura me siento culpable, no tengo ojos para verla. Tampoco tengo ojos para ti. ELLA. Pero yo no quiero que tus ojos me vean, yo lo único que quiero es que te vengas adentro de mí. Y que me hagas eso con la lengua. No me importa si no me quieres o si me ofendes, entiéndelo. Quiero que me la metas por donde ya sabes. ÉL. Imagínate cuando me esté muriendo… ELLA. Estoy imaginando que me la estás metiendo… ÉL. …Y que el sacerdote que me dé la última unción me pregunte si me quiero confesar… ELLA. …Que me la estás metiendo por donde no se debe, pero ¡ay!, cómo se siente, me gusta, lo confieso… ÉL. …Si le digo lo que hicimos –lo que hice–, no sé cómo reaccionará… ELLA. Bueno, al menos, para entonces, ya no se te parará y el padrecito no sabrá que te gustó; pensará que estás arrepentido, te dirá que no importa lo que hiciste, que irás al cielo y ya. Con eso te calmarás. Ahora necesito esto para calmarme porque hoy no me tomé mis ansiolíticos. Se escucha por un tiempo el rechinar discorde de la cama. Se detiene. ELLA. Lo estás haciendo mal, ¿qué te pasa?

5


ÉL. No puedo creer lo que hemos estado haciendo. Ya no lo quiero hacer. Lo que hemos hecho no tiene nombre. ELLA. Claro que tiene nombre lo que hacemos, ¿te lo digo? ÉL. No, no lo digas. ELLA. Entonces sigue. ÉL. No. Me voy. [Se levanta; busca su ropa, pero no la encuentra.] ¿Adónde aventaste mi playera? ELLA. No sé, prende la luz para que la busques. ÉL. No, no quiero. ELLA. Préndela y verás cómo me toco; sé que te gusta. ÉL. No, no lo haré. Porque si prendo la luz no sólo te veré a ti, sino a todos los demonios que nos persiguen y observan; ellos también se excitan y se tocan cuando lo hacemos. Eso es todavía más grotesco. Aunque saben que lo que hacemos es antinatural, ellos prefieren esconderse en las sombras y desde ahí disfrutar de lo prohibido. ELLA. ¿Qué dices? ÉL. ¿No lo entiendes? Ellos son los pecadores. Nosotros sólo nos dejamos llevar por el amor que nos tenemos, pero ellos… ¿qué hacen aquí estos demonios? La lascivia y la lujuria los han traído hasta aquí para deleitarse con nuestra tragedia –que es la tragedia de toda la humanidad: el amor. 6


ELLA. ¿De qué estás hablando? Aquí no hay nadie más que tú y yo. ÉL. Ellos vienen aquí por sexo, porque no tienen sexo, porque les gusta el sexo, y les gusta todo lo relacionado con el sexo. ¡Entiende, mamá, ellos son los perversos! Mientras nosotros sufrimos por el amor que nos tenemos, estos demonios se complacen disfrutando nuestra tragedia. ¡Dime quiénes son más pervertidos, Dios! ELLA. ¡No grites, ya te dije que aquí no hay nadie! ÉL. ¿Quieres verlos? ¡Voy a prender la luz para que los veas! [Se pone de pie y enciende la luz de la habitación, ya no la de la lámpara; señala al público.] Ahí están. Ambos personajes se quedan viendo hacia el público. ELLA, desnuda y recostada en la cama, se cubre con las cobijas y observa al público con una mirada molesta. La puerta se abre y desde afuera piden al público que salga de la habitación. FIN

7


Justificación Me parece que el erotismo es intrínseco al ser humano. Esta desviación de la sexualidad pone en juego todos los sentidos; sin embargo es posible que el erotismo se presente con la excitación de un solo sentido. En este caso es la del oído. ¿Qué tan incómodo resulta penetrar en la intimidad de dos personajes hambrientos de deseo aun cuando se sabe que su relación es antinatural? En la oscuridad quizás no nos resulte incómodo, pues nadie puede llegar a saber si lo que presenciamos nos excita o cohíbe. Salvo una persona: nosotros mismos. Cuando todo está oscuro afuera, tendemos a mirar hacia adentro. Nosotros somos nuestros propios observadores –no de nuestros actos, sino de nuestros pensamientos. Así pues, el planteamiento está hecho: ¿El ser humano puede ser cómplice de un acto antinatural sin sentirse culpable? ¿Acaso porque sucede en la oscuridad el ser humano no dirá nada y, además, se excitará con el acto sexual? En la tragedia de Sófocles, el coro sabía lo que estaba sucediendo; también lo sabía el público, incluso la propia Yocasta. Todos menos Edipo, él estaba ciego: no quería ver la realidad. Nosotros tampoco, de ella sólo queremos saber de oídas.

8

Voyeurs  

Micro-obra de teatro en un acto.

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you