Los Antepasados, a lo largo y más allá de la historia Argentina. #11

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Carlos Ibarguren Aguirre 1983

LOS ANTEPASADOS A lo largo y más allá de la Historia Argentina Genealogía de sus respectivos linajes

“Que nuestra tierra quiera salvarnos del olvido por estos cuatro siglos que en ella hemos servido” Leopoldo Lugones (“Dedicatoria a los Antepasados: 1500 — 1900”)

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Esta ediciรณn de Los Antepasados fue editada por Alfonso M. Beccar Varela, que ha puesto a disposiciรณn de todos estos y otros datos genealรณgicos en www.genealogiafamilar.net

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A la memoria de mis padres: Carlos Ibarguren y María Eugenia Aguirre. A mis abuelos: Federico Ibarguren y Margarita Uriburu; Manuel Aguirre y Enriqueta Lynch. A la solidaridad permanente de Estela, mi mujer. A la paz de “El Retoño”, poblada de recuerdos. C.I.

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INTRODUCCIÓN Esta larga Summa genealógica, esta profusa serie de biografías históricas, este enorme “Mamotreto” impublicable elaborado tenazmente durante más de un cuarto de siglo, requiere, o merece por lo menos, una corta introducción. El autor proviene de un hogar tradicional, y prácticamente desde la cuna estuvo familiarizado con la historia. Su padre, historiador eminente, le transmitió, por contagio o misteriosa ley hereditaria, esa curiosidad hacia los hechos del pasado, esa vocación que convoca a las generaciones desvanecidas en el tiempo y revive con amor, en definitiva, las sombras de los muertos. En su juventud lejana el adolescente, en medio de un aluvión de lecturas — ya dejados atrás Dumas y Julio Verne — tropezó con la Historia Argentina del viejo López y la prosa subyugante de Groussac, quienes abrieron para él los horizontes de una animada y colorida narrativa que estimuló su inclinación a borronear papeles. Así se proyecta en el muchacho la tendencia a aprender y luego a escribir historia; y así descubre, más tarde, que su familia tenía raíces históricas; que muchos de sus antepasados habían sido, cuando no actores principales, protagonistas o testigos de los acontecimientos que, a través de cuatro centurias, han ido configurando la patria argentina. Entonces, exultante de entusiasmo, el vástago de aquellos remotos seres que de pronto se instalaron en su magín, dióse a recorrer archivos y a leer y copiar añejos documentos y escrituras; y al cabo de tal pesquisa, quizás, como el caballero de la Mancha, se haya distraído de la realidad; pués lo cierto fué que se pasaba las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio escribiendo — fruto de esas investigaciones — su “Mamotreto” descomunal. De tal suerte, durante el transcurso de tres décadas, quedó concluída dicha tarea. Y terminado el arduo empeño, le asalta la duda al responsable de la empresa de coincidir con Don Quijote cuando dice: “Hay algunos que se cansan en saber y averiguar cosas que, después de sabidas y averiguadas, no importan un ardite al entendimiento ni a la memoria”. Los Antepasados

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Diré sin embargo, en primera persona, que recluído en “El Retoño” cual mi distante antecesor Lope García de Salazar en su “Torre de Muñatones”, me puse yo también a elaborar, con incansable obstinación, mis propias Bienandanças e Fortunas; que contienen, con mucha historia y mucha genealogía, infinidad de nombres, de fechas y precisiones nada entretenidas para un lector corriente, aunque, de cuando en cuando, junto a tanto dato frio, suele aflorar la evocativa calidez de no pocos recuerdos de personas, de cosas y sucesos que alcancé a ver, pude conocer, o se encontraban en la tradición doméstica de mi casa. Confieso que no he gastado lápices para divertir a nadie, sino porque al escribir me divertía a mi mismo en una especie de regodeo solitario. De algún modo pude haber sentido el fervor de aquel monje cronista Johanes Talpa — caricaturizado por Anatole France — que al margen del mundo compuso en su abadía las Gestas Pingüinorum. Afuera, los “marsuinos”, unos guerreros del norte, habían puesto sitio al monasterio; que asaltaron luego destruyéndolo todo; matando y violando a religiosos y moradores sin respetar edad ni sexo. Y mientras los arcos góticos de la capilla se desplomaban con estrépito, y ardían las vigas gigantescas de madera y los gritos y clamores de muerte resonaban entre las llamas, el viejo Talpa, sordo en medio de la horrorosa baraúnda, abstraído en su celda casi derruída, continuaba escribiendo su voluminosa cronología. Devoto de Cervantes, tengo siempre presente su consejo: “Deben ser los historiadores puntales verdaderos y nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición, no les hagan torcer el camino de la verdad, cuya madre es la Historia: émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir”. Al cabo de tan admirables palabras — y de haber cedido, sin vanidad ni petulancia, al impulso natural de rendir homenaje a la trayectoria histórica de mis antepasados, doy fin al prefacio de esta “opera magna”, destinada, seguramente, al anonimato y al olvido. Carlos Ibarguren (h) El Retoño, Domingo 2 de enero de 1983

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RODRIGUEZ DE LAS VARILLAS El apellido compuesto de Rodríguez de las Varillas es castellano, de Salamanca. Probó su nobleza en la Orden de Alcántara en 1640; y las armas que le corresponden se pintan así: En campo de oro cuatro palos de gules; bordura de azur con ocho cruces de oro. (Nobiliario Español de Julio de Atienza). La presente genealogía comienza con: I — DIEGO LOPE RODRIGUEZ DE LAS VARILLAS, nativo de Salamana, casado en esa ciudad con Catalina Rodríguez, en la cual procreó a: II — CATALINA RODRIGUEZ DE LAS VARILLAS, nacida en Salamanca por el año 1579, la cual aquí en Buenos Aires fue primeramente esposa de Francisco Hernán o Hernández de Torremocha “el Mozo”, natural de la lusitana villa de Vélez (hijo de Francisco Hernández de Torremocha y de Luisa Gómez), que vino al Río de la Plata en las postrimerías del siglo XVI. Mi erudito amigo Raúl A. Molina conjetura que el personaje de esta historia pudiera ser el mismo “Francisco Fernández” que figura en 1602 en la lista llamada de “Armas”, que convocó a los vecinos bonaerenses aptos para el servicio militar; y aparece también en la nómina de contribuyentes de la colecta a favor del barbero Miranda en 1607. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que mi Francisco Hernández o Fernández Torremocha contrajo nupcias, el 6-V-1601, en nuestra ciudad, con aquella señora apellidada Rodríguez de las Varillas; la Rodríguez de las Varillas

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cual, al enviudar más tarde de Torremocha, contrajo segundo matrimonio con Francisco Martín Cordovés “el viejo”. (Ver el linaje de Martín Cordovés). Es interesante señalar que Catalina de las Varillas testó en Buenos Aires el 4-XII-1638, con ese nombre de pila (Archivo de los Tribunales 24-294), según lo verificó el probo investigador Raúl A. Molina. Sin embargo, en el acta de velación conyugal de dicha señora, fechada el 6-V-1601, que corría manuscrita en la 1ª foja del Libro Parroquial Nº I, robado en 1955 del archivo de la Basílica de La Merced, se leía que el cura Bachiller Juan Martínez de Mazedo Martínez, veló (sic) “a franco. herz. y a franca. rrodrige” (Francisco Hernández y Francisca Rodríguez — no Catalina), siendo padrinos de la boda Juan Muñoz y Beatriz su mujer. Los cónyuges Hernández Torremocha-Rodríguez de las Varillas hubieron estos hijos: 1) Juan Rodríguez de las Varillas, Capitán y Alcalde de Hermandad en el pago de Matanzas en 1636. Casó con Agustina Pérez y testó el 4-X-1652. Hubo estas hijas A) Ursula Rodríguez de las Varillas que casó, el 7-VII-1676, con Juan Gómez Pardo “natural del reino de Chile”. Testigos del enlace fueron Antonio Rodríguez, “Fernando Terra” (marido de Agustina Rodríguez de las Varillas Cordovés, antepasados míos, ella prima de la novia) y Fray Domingo Carballo, “Guardián de Nuestro Señor San Francisco”, primo de la desposada. B) Luisa Rodríguez de las Varillas. C) María Rodríguez de las Varillas. D) Ana Rodríguez de las Varillas, que casó el 11-VIII-1661 con Miguel Basurto, y testó el 28-XII-1727. Prolongaron descendencia. E) Catalina Rodríguez de las Varillas, hermana natural de todas ellas. 2) Sebastián Rodríguez de las Varillas. 3) Francisca Rodríguez de las Varillas — mi lejana abuela — que sigue en III. 4) María Magdalena o Magdalena Rodríguez de las Varillas, con la cual, el 20-XI-1629, quiso contraer matrimonio y pidió para ello licencia en la Curia, Antonio de Saa y Aragón (hijo de Duarte Saa y 12

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Aragón y de Guiomar Arias Maldonado, vecinos “del Condado de Salamanca”). Al pretendiente se le denunció como “ordenado de Evangelio”, y un testigo dijo haber visto una carta del padre de Antonio, en la que éste le recriminaba hubiese abandonado la carrera eclesiástica para casarse. Ignoro si se consumó el himeneo. Posteriormente casóse Magdalena de las Varillas con el portugués Alfonso Carballo, nacido en 1576 en Pombero, que arribó a Bs. As. sin licencia en 1618, verificando aquí un primer connubio en 1629 con Dominga Barbosa, lusitana también, viuda de Mendo Alvarez. Magdalena testó el el 23-XI-1652. Con Carballo procreó estos hijos: Jacinto, María, Isabel, Manuela y Domingo, fraile franciscano. 5) Mencía Rodríguez de las Varillas. 6) Luisa Rodríguez de las Varillas. Casó con Juan Fernández Ortiz y testó, sin hijos, el 3-V-1673. 7) Juana Rodríguez de las Varillas. 8) Martín Rodríguez de las Varillas. III — FRANCISCA RODRIGUEZ DE LAS VARILLAS HERNANDEZ DE TORREMOCHA, contrajo matrimonio en Bs. As. su ciudad natal, el 4-V-1612 (a los 11 años del enlace de sus padres) con Francisco Martín Cordovés “el Mozo”, hijo de su padrastro Francisco Martín Cordovés y de la primera esposa de éste Francisca Valero, todos ellos oriundos de Tembleque de la Mancha, provincia castellana de Toledo. La sucesión de aquella pareja se registra en el apellido Martín Cordovés, al que me remito.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires. Archivo de la Iglesia porteña de Nuestra Señora de La Merced. Molina Raúl A.; Padrón histórico de vecinos, estantes y habitantes de Buenos Aires en los siglos XVI y XVII. Inédito. Trelles Manuel Ricardo; Registro Estadístico de Buenos Aires. Bs. As. 1858-1859. Apolant Juan Alejandro; Génesis de la Familia Uruguaya. Montevideo 1966.

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RODRIGUEZ QUINTERO Obvio resulta decir que el apellido patronímico Rodríguez deriva del nombre Rodrigo. Por su parte Quintero es castellano, y sus armas se pintan así; Escudo terciado en palo: 1º, en campo de oro una flor de lis de gules; 2º, en campo de azur un león rampante de plata; y 3º, en campo de plata, cinco roeles puestos en sotuer. Bordura de oro para todo el escudo. (Nobiliario Español de Julio de Atienza). De la castellanísima ciudad de Burgos era oriundo Juan Rodríguez Quintero, el cual, a principios del siglo XVII o fines del XVI, llegó a estas lejanas playas del Río de la Plata, impulsado por sus actividades mercantiles. En el puerto de Buenos Aires habría de casarse con una hija del país, por lo que quedó avecindado en dicha ciudad hasta el fin de su vida. En 1615 su nombre figura incluído en la lista de “permisiones”, entre los vecinos calificados como “últimos pobladores”. Fue Regidor del Cabildo en 1617, Alcalde de Hermandad en 1618, y encomendero, en primera vida, con una reducción de indios “chanás” situada “en el Baradero”. Sus negocios privados le proporcionaron buena fortuna, amasada principalmente en el comercio de importación y exportación, que realizaba en varios navíos de su propiedad, uno de los cuales se llamaba “San Antonio”. Mi antepasado Juan Rodríguez Quintero no debe ser confundido con su homónimo contemporáneo; Juan Quintero — “último poblador” —, acaso pariente suyo, casado con Catalina Blas de Bullones, a quien en la noche del domingo 8-IV-1607, unos corsarios “rocheleses”, mediante audaz golpe de mano, le robaron del puerto de Buenos Aires un navío cargado de mercaderías procedente del Brasil. Juan Rodríguez Quintero contrajo matrimonio aquí el 3-VI1613 con la porteña María de Naharro Humanés nac. el 30-VII1602; hija de Cristóbal Naharro y de Isabel de Humanés Molina. (Ver estos apellidos en el capítulo dedicado al de López Tarifa). La


novia fue dotada por sus padres con ropas, alhajas, esclavos y efectos caseros que equivalían a unos 3.500 pesos; así lo declaró posteriormente la interesada en su testamento, otorgado el 21-V1652; agregando que recibió, además, 2.000 pesos en arras de su marido; y que ambos contrayentes hubieron luego muchos gananciales en la sociedad conyugal. Asimismo en esas disposiciones de última voluntad, María de Naharro dejó constancia que su consorte murió ab-intestato; y al ordenar ella las mandas y legados a cumplirse después de su muerte, dijo que toda su ropa blanca debía repartirse entre sus nietas. Como antes señalé, Rodríguez Quintero se hizo rico en el corretaje y el tráfico marítimo. Fuera de aquella encomienda de indios en “el Baradero”, poseyó varias estancias, solares y cuadras en la ciudad. Una de esas propiedades suburbanas consistía en el terreno de chacra situado al norte de la población, extendido en la cresta de la barranca frente al río, en el punto preciso donde se encontraba la “Ermita de San Sebastián” — es decir, en la actual intersección de las calles Maipú y Arenales, en el solar que fuera en parte de doña Matilde de Anchorena, al costado de la Plaza San Martín. Esa chacra, de 350 varas sobre la altiplanicie costera, en el reparto inicial efectuado por Garay en 1580, correspondió a Pedro Alvarez Gaytán; y mas tarde a Juan de Castro, Regidor en 1605, quien se la vendió a Sebastián Sánchez, apodado “Cataplasma”. (Quizás a este Sebastián de emoliente sobrenombre debióse la fundación de aquella Ermita que honraba a su tocayo, el mártir de los flechazos en el segundo siglo de nuestra era). Después, cuando la muerte fríamente le separó el alma del cuerpo a “Cataplasma”, su chacra salió a remate el 20-IX-1610, adquiriéndola Antonio Fernández, de oficio zapatero. Este remendón trocó entonces los cueros, el martillo y las tachuelas por la azada del cultivador; y en su predio plantó 5.000 cepas de viña. Con tales mejoras compró la tierra mi 9º abuelo Rodríguez Quintero, el cual no supo hacer honor a su segundo apellido, pues transfirió la quinta, el 18-XII-1617, a Antonio Bernalte de Linares. Posteriormente la propiedad — con otras fracciones linderas — formó la llamada “cahacara de Linares”, adquirida en 1704, por Miguel de Riblos, a fin de ampliar su posesión campestre de “El Retiro”. (Ver el linaje de Riglos).

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I — JUAN RODRIGUEZ QUINTERO y su mujer María de Naharro Humanés, llamada también María de Humanés — extinta el 13-VI-1652 — procrearon los siguientes hijos: 1) Lázaro Rodríguez Quintero. 2) Ana Rodríguez Quintero o Ana Quintero, baut. el 27-XII-1613. Casó con Juan Núñez Bohorques con el que hubo a: A) Juana Quintero Naharro Bohorques, que casaría con el Capitán Ignacio Fernández de Agüero. Padres fueron de Amador Fernández de Agüero quien con su esposa Petrona Cabral de Melo (casados el 27-XI-1696) dieron vida a María Ana Fernández de Agüero Cabral. Esta señora tuvo por marido a Andrés Dávila y Ahumada, y de ellos vienen los próceres Gervasio Posadas, los Balbastro, el General Carlos de Alvear, el Coronel Domingo French, entre tantos descendientes. 3) María de Humanés Quintero — mi antepasada — que sigue en II. 4)Isabel Rodríguez Quintero. Se casó con el Capitán Juan de las Casas y testó el 13-VI-1653. A la muerte de ambos esposos quedaron huérfanos sus cuatros hijos todos menores y bajo la tutela de Eugenio de Castro, marido de la tía abuela de ellos Ana María Naharro Humanés, los varones; y a cargo de la abuela María de Humanés, las niñas. Esos menores se llamaron: A) María Bernabela de las Casas Quintero, baut. el 5-VIII1654. B) Paula de las Casas Quintero, baut. el 13-XI-1654; que casaría el 15-II-1677 con el Capitán Marcos de Loyola. C) Juan de las Casas Quintero, baut. el 27-IV-1659. D) Francisca de las Casas Quintero, baut. el 27-IV-1659, que casaría el 20-X-1700 con Blas Fernández. 5) Martín Quintero Naharro Humanés. baut. el 28-X-1645. II — MARIA DE HUMANES QUINTERO — así se llamó esta señora — fue bautizada en Buenos Aires el 15-XII-1625. Muerto su padre, gozó en segunda vida de la encomienda de indios “chanás” en la reducción “del Baradero”, con varios campos aledaños. En 1633 contrajo enlace con el Alférez Roque de San Martín, para cuya boda Rodríguez Quintero

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sus padres la dotaron con un capital de 5.650 pesos en alhajas, vestidos, esclavos y otras prendas domésticas. A propósito de la fecha del aludido casamiento, nunca pudo haber nacido en el año 1625, como lo consigna su fé de bautismo, ya que no es admisible que mi 8ª abuela tomara estado nupcial a los 8 años de edad. Tampoco resulta probable, dada la religiosidad de entonces, que la niña fuera cristianada después de cumplir los 10 años de vida. El sentido común hace inferir que la criatura debió de haber nacido entre 1616 y 1617 (era la tercera hija de unos padres casados en 1613), y que al exhalar sus vagidos con dificultad, la bautizaron privadamente “de socorro”, en su domicilio. Así, pues, casi dos lustros más tarde, en 1625, nuestra María completó aquel sacramento recibiendo solemnemente, en el templo, los santos óleos y el crisma; cuya ceremonia es la que consta en el libro parroquial archivado en la Iglesia de La Merced. Ya viuda de Roque San Martín, elevó María de Humanés Quintero al Cabildo, el 6-II-1679, un petitorio junto con su tía Isabel de Humanés, viuda del Capitán Rodrigo Ponce de León (abuelos remotos míos igualmente). Ambas señoras solicitaban permiso para vaquear las haciendas retiradas en tierras realengas, y proveerse de grasa y sebo, a fin de cubrir los gastos de sus respectivas “cassas”. Dada la antecedencia familiar de estas hijas y nietas de conquistadores, la corporación municipal resolvió otorgarles la licencia de “accioneros”. También el 27-IX-1679, la hija de Rodríguez Quintero reiteró se le concediera autorización para recoger vacas cimarronas a fin de poblar una de sus estancias; demanda que el Cabildo despachó favorablemente. Doña María testó en dos oportunidades: el 28-III-1653 y el 15V-1680. En una de las cláusulas en que ordenaba sus postreras disposiciones, estableció la fundación de una Capellanía en la Iglesia del Convento de Santo Domingo. Su descendencia, así como los antecedentes biográficos del marido, se consignan en la monografía que dedico a la familia de San Martín, a cuyas páginas remito al lector.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, y documentos de la Sala 9 y sucesiones antiguas. Archivo parroquial de la Iglesia de La Merced de Buenos Aires. Apolant, Juan Alejandro; Génesis de la Familia Uruguaya. Montevideo, 1966. Molina, Raúl A.; Padrón histórico de vecinos, estantes y habitantes de Buenos Aires en los siglos XVI y XVII. Inédito. Trelles, Manuel Ricardo; Registro Estadístico de Buenos Aires. Bs. As., 1858-1859.

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ROO La familia de Roo es de las antiguas y nobles de Flandes, cuyos antepasados fueron Señores de la villa de Roo, “una de las siete Prefecturas o correximientos de toparchia de Bruzelas”, según consigna su Ejecutoria de limpieza de sangre despachada por la Chancillería de Granada en 1761. También algunos vástagos del linaje probaron su hidalguía al ingresar en la Real Compañía de Guardias Marinas de España, los años 1766, 1786, 1806 y 1809. La presente genealogía arranca con: I — GERONIMO DE ROO, nacido en Flandes, que fue Maestre de Campo General de los ejércitos de Felipe III y de Felipe IV. Resultó padre de: II — MATIAS DE ROO, nativo de Amberes y Regidor de esa ciudad, en donde se casó con Enriqueta de Wael, igualmente vecina de aquella plaza fuerte y puerto sobre el Escalda. Tuvieron por hijo a: III — ENRIQUE DE ROO Y WAEL, nacido en Amsterdam, donde fue bautizado el 18-X-1657. Más tarde se desempeñó como Regidor de Amberes y se casó allí con Juana Catalina Van Hergk, amberesa bautizada en dicha ciudad el 25-VII-1665 (hija de Juan Bautista Van Hergk y de Catalina de Winter, su mujer). Con posteridad los cónyuges Roo-Van Hergk trasladaron su hogar a Cádiz, y allí, entre otro que no conocemos, procrearon estos dos hijos: 1) Cornelio Matías de Roo y Van Hergk, que sigue en IV. 2) Juan Bautista de Roo y Van Hergk, el cual en 1739 era Mayordomo y Administrador de una institución llamada “de la antigua Nación flamenca en Cádiz”, que reunía a los holandeses avecindados en dicho puerto andaluz. Allí contrajo matrimonio con Juana Grosso y Gómez (hija de Cristóbal Grosso y de Josefa Gómez). Un hijo de ellos: Ignacio de Roo y Grosso, nacido en Cádiz en 1729, llegó a


ser Regidor perpetuo de Puerto Real, y sacó su ejecutoria de sangre hidalga en la Chancillería de Granada en 1761. Casó en su ciudad natal con la gaditana Elena Smidts, nacida también en 1729 (hija de Juan Smidts, oriundo de Brujas, y de Elena Geraldino, natural de Cádiz; nieta paterna de Pedro Smidts y de Juana Robinson y materna de Raimundo Geraldino y de Juana Lynch). De ellos nacieron en Cádiz: A) Elena María de Roo y Smidts (1758), esposa del Caballero de Santiago Miguel Cuadrado, Oficial de la Real Armada. Fueron padres de los Guardias Marinas Ignacio y Francisco Cuadrado y Roo, que ingresaron en esa Escuela Naval en 1806 y 1809, respectivamente. B) Ignacio Xavier de Roo y Smidts (1769), al que se le había dado de alta como Guardia Marina el 26-I1786. IV — CORNELIO MATIAS DE ROO Y VAN HERGK vió la luz primera en Cádiz el 2-VIII-1696. En esa ciudad portuaria se casó, el 30-II-1718, con Ana Agustina Ildefonsa Olmedo, gaditana asimismo, venida al mundo el 4-VII-1695 (hija de Antonio Olmedo Lozano y de Ana María Temudo; de los cuales también era hijo Fray Bernardino de Cádiz, Predicador, misionero apostólico y teólogo examinador en la Nunciatura de España). Los esposos Roo-Olmedo fallecieron antes de 1767. Hubieron estos hijos: 1) Cornelio Matías de Roo y Olmedo — mi antepasado — que sigue en V. 2) María Teresa de Roo y Olmedo, nacida en Cádiz y casada allí con un personaje: José Ruiz de Cenzano, natural de Rivafrecha (Rioja), miembro del Consejo de Su Magestad y Oidor del Real Tribunal de Contratación de las Indias (hijo de Andrés Ruiz de Cenzano , nativo de Villamediana, donde fue Gobernador, Alcalde Mayor del noble solar del Valdosera, y Cofrade de la Hermandad de San Bartolomé, y de su mujer Juana Martínez de Arellano). Hijo de los esposos Ruiz de Cenzano-Roo y Olmedo fue José María Ruiz de Cenzano y Roo, nacido en Cádiz en 1750, al que se 22

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le tomó asiento como Guardia Marina en la Escuela Naval, el 22-IV-1766. 3) Antonio de Roo, que fue Contador del Tribunal de Cuentas de Lima en 1760, casado con Antonia Manrique, presumiblemente era también hijo del matrimonio RooOlmedo. V — CORNELIO MATIAS FAUSTINO MARIA DE ROO Y OLMEDO — tales sus nombres completos — nació en Cádiz el 15-II-1725. Antes de haber cumplido los 24 años de edad se instaló en Buenos Aires, dedicado a importar géneros y mercaderías de Cádiz y de Lisboa en barcos “con permisos reales” que tornaban a España y Portugal con frutos del país. Era, además, “consignatario y poderitario” de algunos comerciantes europeos. En este carácter en el año 1749, nuestro hombre, junto con otros “Dueños, Maestres y Cargadores que con licencia del Rey vinieron a este Puerto con facultad de internar ropas”, objetó ante el Gobernador Andonaegui, una orden del Virrey de Lima, Conde de Superunda, contraria a la internación en Perú y Chile de los efectos introducidos por el Río de la Plata, excluyendo a esta región de todo intercambio con aquellos “reynos”, para no perjudicar el anacrónico tráfico monopolista que se efectuaba por Portobelo, Panamá y Cartagena. Ese mismo año, Cornelio Matías de Roo fijó definitivamente su arraigo en nuestro medio, al contraer enlace (12-VI-1749) con la joven porteña Petrona Francisca Xaviera Cabezas y López, nacida el 2-VIII-1722 (hija de Juan Mateo Cabezas y de María López Ferreyra, de cuyas respectivas ascendencias me ocupo en el apellido Cabezas). Bendijo el matrimonio el Canónigo Miguel José de Riglos, apadrinando a los contrayentes Pedro González e Isabel Cabezas, cuñado y hermano de la desposada. Nueve días antes de esta ceremonia, Roo había recibido de sus suegros, una esclava negra llamada María y los muebles, objetos, alhajas y ropas — incluído para la novia el “vestido de Iglesia blanco de seda con casaca y galón de plata”; bienes que componían el ajuar de su inminente consorte; cuya valuación, en conjunto, totalizó la suma de 1.243 pesos y 3 reales, según su respectiva nómina, al pié de cuyo documento el interesado escribió: “He recivido todo lo

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contenido en este papel, y para que conste lo firmé: Cornelio de Roo”. A fines de 1752, actividades del tráfico mercantil obligaron a don Cornelio a viajar a la ciudad de Santiago, “en el reyno de Chile”. Las vísperas de su partida, mediante escritura pasada ante el Escribano José Gorordo, recibió en préstamo de Manuel Miguel Domecq 1.949 pesos y 3 1/2 reales en efectivo. Menos de tres años duraría la permanencia de mi antepasado tras la cordillera: el 17-III1755 ante el Escribano bonaerense Juan Ferrera aquel se comprometió a devolverle a Joseph Pachino, 1.150 pesos y 2 reales de plata, que Pachino “por hacerme amistad y buena obra me ha suplido”. Y el 26-III-1757, también ante Ferrera, don Cornelio declaraba deberle “a la Ciudad” 1.200 pesos en conceptos de “sisa”, por unas mulas “que compré el doce del corriente en pública almoneda” (a medio real la “sisa” por cada una); cuyas bestias salieron del linde bonaerense para las provincias de arriba. Resultó fiador de Roo, en tal oportunidad Ramón de Arce. El 27-VII-1757, ante el Escribano Carrión, Cornelio Matías Roo adquirió de Hermenejildo José Saraví y de Juana Josefa Baldobinos, viuda y albacea de Gregorio Vidal, una quinta en el ejido de la ciudad, cuyo terreno comprendía a dos cuadras cercadas de tunas con “una vivienda de media agua y demás árboles”, que entonces lindaba por el Norte con Isidoro Lorea, por el Sud con Francisco Normedo, por el Este, calle en medio, con quinta de Manuel Alfonso Sanxinés, y por el Poniente con Cayetano Rico. Esa quinta de Roo hallábase “cerca de la chacarita que llaman de Nuestro Padre San Francisco”, o también “Hospicio de Franciscanos” (después “cementerio de miserere”), exactamente en la manzana que ocupa hoy la Iglesia de Balvanera — recuadrada por las calles Bartolomé Mitre, Azcuénaga, José Evaristo Uriburu y Cangallo. Vale decir que la propiedad de mi antepasado se encontraría ahora no lejos de la Plaza del Congreso. Y bien, a propósito de aquella transacción, el 15-IX-1760, don Cornelio declaró, ante el Escribano Carrión, que para adquirir dicha quinta valióse de un caudal de 815 pesos plata perteneciente a la “Compañía de Dragones de Buenos Aires”. Esa cantidad le fue prestada por el Capitán administrador de los fondos del nombrado regimiento, Manuel Pestaño, a quien Roo garantizó su préstamo 24

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mediante hipoteca — “en reenes” — a favor de tal “Compañía de Dragones” sobre el inmueble suburbano referido. Un cuarto de siglo más adelante, esa quinta — con “otras cosas de amueblar y esclavos” — la vendió Roo a Cayetano Rico, su vecino lindero, casi a mitad de precio por 450 pesos, según consta en la escritura del 30-IX-1785, autorizada por el Escribano Tomás José Boyso. En 1764 mi antepasado solicitó para sí, al gobierno local, el nombramiento de “Contador único de la ciudad”, cargo a la sazón vacante, y al que aspiraban también Fernando de Escalada y Juan Antonio García. El gobernador Cevallos — no obstante ser pariente de Escalada— despachó el título a favor de Cornelio Matías de Roo . Ello dió lugar a una protesta de Escalada ante el Cabildo porteño, el 2-V-1765, con el pedido de que no se lo admitiera a don Cornelio en el empleo, por haber hecho, el quejoso, postura de 500 pesos en beneficio de Su Magestad por obtener el cargo. La recepción de Roo, en consecuencia, quedó postergada. Pero a los dos días, el Gobernador Ceballos ordenó a los capitulares admitieran a mi lejano abuelo en su función, “por justas consideraciones de conbeniencia a la pública utilidad y tranquilidad de la República, como también a la buena administración de Justicia, con la condición de que dentro de los tres años, que su título tiene asignados, traiga la confirmación y aprobación de Su Majestad”. Así, sin más demoras, Roo se recibió como titular de aquel oficio contable, e hizo el juramento de fidelidad, “ofreciendo mirar más por la utilidad, pública paz y quietud del vezindario, que por las utilidades que pueda rendirle el empleo”. Corridos veinte días, ante el Escribano Zenzano, el flamante llevador de cuentas dió poder a favor de los Secretarios de Su Magestad, Francisco Martínez de Lerdo, Juan de Zelaya y Pedro Sancho de Larrea, todos vecinos residentes en la Corte de Madrid, a fin de que, en su nombre, comparecieran ante el Rey a solicitar “de su real clemencia la confirmación de su empleo de Contador público en esta ciudad, por elección y nombramiento del Gobernador don Pedro de Cevallos”. En 1769, a los cuatro años de haber asumido su oficio, Cornelio de Roo — ya confirmado en el puesto por Carlos III — revistaba en la burocracia colonia porteña como “Oficial 2º del Tribunal de Cuentas”. Después, en 1772, como “Reconocedor de Roo

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Cuentas”; en 1781 como “Oficial 1º de la Contaduría”, y en 1785 como “Contador interino”, hasta 1791, en cuya fecha tomó razón de sus empleos el libro de dicho organismo fiscal. Un documento nos entera que, el 30-X-1776, a nuestro funcionario le pagaron la módica suma de 40 pesos, en concepto de honorarios, por las tareas de inventariar los efectos pertenecientes a la sumaca portuguesa “Nuestra Señora del Carmen”, y a los barcos “San Antonio” y “Animas”, del Capitán Juan Pereyra, en los cuales, entre mercaderías secuestradas, venían dos negros de contrabando (1). Por esas fechas (1778) habitaba Cornelio Matías de Roo con su mujer e hijos (menos María Josefa que “hizo rancho aparte” al casarse con Rodríguez de Vida) y ocho esclavos (Francisco, Domingo, María, Lucía, Tiburcia y Juana), en amplia casa — que seguramente alquilaba — de propiedad de Francisca de Sorarte, viuda de Martín de Galayn. Tal vivienda ubicábase en la calle de “Santo Domingo” — ahora Belgrano entre Defensa y Bolívar —, mirando al Norte, a cuadra y media de distancia de la barranca sobre el río. Su 1 Varias escrituras públicas otorgó Cornelio Matías de Roo por

aquellos años. A saber: El 26-I-1763, ante García Echaburu, dió poder general a favor de María Teresa Roo de Cenzano, la hermana suya, y a Juan Jerónimo Gutiérrez Payón, abogado de los Reales Consejos y Asesor del Consulado de Cádiz, para que ambos lo representaran en los asuntos que tenía pendientes en el puerto andaluz de su nacimiento. El 31-III-1778, ante Pedro Núñez, conjuntamente con Tomás de Diego Pacheco y José Mendinueta, nombró apoderado a Francisco Martínez Lerdo, residente en la Villa de Madrid, a fin de que ahí atendiera ciertos negocios de los tres otorgantes. El 32-I-1779, ante Conget, suscribió Roo otro mandato a favor de Juan Jerónimo Gristus Gallón, vecino de Cádiz y asesor del Tribunal del Consulado en dicha ciudad, para que gestionara allí algunos asuntos comerciales. El 4-V-1781, ante García Echaburu, le vendió a Antonio Ruiz, por el precio de 444 pesos, una negra llamada María como de 28 años, con una hija de nombre Jerónima de 12 meses; la madre fue comprada a Francisco de San Ginés, mientras la cría nació en casa de su amo. Y el 12XII-1783, ante García Echaburu, mi antepasado le vendió a Antonio Pérez de Sarabia, otra esclava suya llamada Leonor, como de 18 años, “comprada en Montevideo de un lote por mano de mi hijo Joseph María Roo”, al precio de 300 pesos. 26

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terreno medía 16 varas de frente por 60 de fondo; y limitaba entonces por el Norte con Francisco de Quevedo; a la vuelta, al Este, calle de “San Martín” en medio — hoy Defensa — se levantaba a un costado de la Iglesia y Convento de Santo Domingo y, más allá, la mansión de Martín de Sarratea y de su mujer Tomasa de Altolaguirre, futuros suegros de Liniers; y finalmente, aledaña con el extremo Oeste encontrábase la casa familiar de Juan de Andrés Arroyo. Mas tarde, el 3-III-1783, ante el Escribano Joseph García Echaburu, el yerno de don Cornelio, Francisco Xavier Rodríguez de Vida, compró la dicha finca, en que habitaba su padre político, a su dueña la viuda de Galayn. Y posteriormente, el 6-IV-1785, por escritura que autorizó el mismo Notario, Rodríguez de Vida, dejó constancia de que aquella compra la hizo por encargo “de sus cuñados, el Maestro Cayetano Josef de Roo, cura y vicario de la villa de Luján, y de don José María Hermenejildo de Roo”. Por último, la referida casa de la calle “de Santo Domingo” salió de la familia el 15XI-1808, fecha en que, ante el Escribano Juan José Rocha, Joseph Manuel Roo y Justo Pastor Lynch, “Albaceas testamentarios de su hermano el Canónigo José María”, recientemente fallecido, vendieron dicho bien a Manuel de Andrés Pinedo y Arroyo, hijo de Juan de Andrés y Arroyo, el vecino del costado Oeste. El 2-V-1795, Cornelio Matías de Roo, gravemente quebrantado de salud, otorgó, ante el Escribano Joseph García Echaburu, un poder para que su hijo, el clérigo Cayetano, protocolizara su testamento luego de su muerte. Al mes siguiente, el 3-VI-1795 el enfermo, perito en llevar cuentas, se fue de este mundo a rendírselas a Dios. Contaba 70 años, y su cadáver fué sepultado en la Iglesia de San Francisco de esta ciudad, con mortaja, hábito y cuerda de fraile mendicante, como hermano terciario de la Orden Seráfica que era. Cornelio Matías Faustino María de Roo y Olmedo y Petrona Francisca Xaviera Cabezas y López Ferreyra procrearon en su matrimonio a los siguientes hijos: 1) Cayetano José María de Roo y Cabezas, baut. de 8 días el 16-VIII-1750. A su tiempo se ordenó sacerdote. En 1777 era “cura y vicario de la villa de Nuestra Señora de Luján”, y ese año, el 9 de junio, ante el Escribano Conget, otorgó un Roo

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poder especial a favor de su hermano José María, a fin de que éste prosiguiera ante el Obispo (sería ante el Deán José de Andújar a cargo entonces de la sede vacante) cierto asunto que tenía pendiente con un colega suyo; el “Maestro Gabriel Maqueda”. Un mes después (8 de julio) dicho párroco le planteó al Virrey Ceballos la conveniencia de destinar algunas familias portuguesas (de prisioneros, sin duda) a la villa lujanera, a efectos de cultivar las tierras que se hallaban un tanto abandonadas por los moradores del paraje. En 1791 era Cayetano “Beneficiado de Evangelio de la Catedral de Buenos Aires”, hasta 1797, en que tomó a su cargo las funciones de “Cura Rector” catedralicio; desempeñándose también, en ese tiempo, como Comisario Inquisitorial lugareño. En tal carácter hubo de ser protagonista del siguiente episodio que pertenece a la historia del periodismo local: Sucedió que el Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico, Historiográfico del Río de la Plata, primer periódico impreso en la ciudad — fundado y dirigido por Francisco Antonio Cabello y Mesa — publicó, el 15-X1802, un artículo sarcástico contra la clerecía peruana titulado Retrato político moral del Gobierno Secular y Eclesiástico antiguo y moderno de la Sierra del Perú. A causa de esto, el antedicho Torquemada bonaerense, en un santiamén, le dirigió una nota al Virrey Joaquín del Pino del siguiente tenor: “Habiendo llegado a sus manos el ejemplar del Telégrafo que acompaña, dado a luz en este día, solicita que respecto a ser este libelo infamatorio contra el cuerpo respetable de los Párrocos del Perú, y estando prohibido por la regla 16 del expurgatorio del Santo Oficio tales libelos, se sirva S.E. dar competente auxilio para que se recogan los ejemplares que se han repartido en esta Capital e impida su circulación fuera de ella”. La medida requerida por Roo llevóse a cabo, y el Telégrafo Mercantil dejó de aparecer para siempre. De tal modo murió dicho primer periódico rioplatense; al cual, desde tiempo atrás, las autoridades venían advirtiendo su prédica imprudente y descomedida. La nota inquisitorial de Roo fue descubierta y publicada por 28

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Ricardo Caillet Bois y Julio César González en el Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras, nº 89-92 del año 1942; un quinquenio después de haber editado Carlos Ibarguren su obra Las Sociedades Literarias y la Revolución Argentina, donde no se menciona el referido documento. En 1804 a Cayetano José María Roo lo promovió la jerarquía eclesiástica a “Cura de primera ración” en la Catedral porteña, y a Canónigo al año siguiente. Y cuando el 27-IX-1807, luego de los sangrientos combates contra los invasores ingleses, se ofició en el templo Mayor una misa solemne de acción de gracias — Te Deum —, fue su celebrante el Canónigo Roo, en tanto el sermón de circunstancias estuvo a cargo del colega Melchor Fernández. El 30-VI-1808 hallábase enfermo nuestro religioso y tuvo la evidencia de su inminente fin. Hizo llamar al Escribano Mariano García Echaburu y, ante él, otorgó un poder para testar a favor de su hermano José María y de su cuñado Justo Pastor Lynch. Instituyó por herederos a sus hermanos: Juan Manuel, José María, Juan de la Cruz, María Josefa, María Teresa y Ana María de Roo Cabezas; excluyendo al otro hermano Juan José de la sucesión, por ser este fraile seráfico con voto de pobreza. Abandonó la vida Cayetano con todos los sacramentos dos días mas tarde y sus restos se sepultaron con “Oficio de primera clase” en nuestra Catedral. En el canonicato lo reemplazó Andrés Florentín Ramírez, que era Capellán del Cuerpo de Patricios de la Unión, agregado a la artillería, cuando la defensa de la ciudad contra los ingleses en 1807. 2) María Josefa Dolores de Roo y Cabezas, baut. de 6 días el 25-IV-1753 en la Catedral metropolitana. Contrajo nupcias el 25-VI-1769 con Francisco Xavier Rodríguez de Vida y Navarro, baut. el 14-VII-1748 de 13 días (hijo de Francisco José Rodríguez de Vida Villatoro y Palomeque, baut. en la localidad andaluza de Cabra el 21-I-1700, y de la porteña Josefa Navarro y García Meneses Betancur, baut. el 12-VI1705, que casaron en Bs. As. el 21-IX-1727). María Josefa Roo

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Dolores Roo fue dotada por su esposo dos días ante de la boda, mediante escritura que éste otorgó en el registro del Escribano Carlos de Sandoval. De tal suerte ella recibió en concepto de arras 6.000 pesos, al mismo tiempo que Rodríguez de Vida le daba un poder general, conjuntamente con su padre don Cornelio. Fue el yerno de Roo un acaudalado comerciante que desempeñó los cargos públicos de Capitán de Milicias, Alguacil Mayor del Santo Oficio, Alcalde de 1º y 2º voto en el Cabildo porteño, Ministro de la Real Hacienda y Tesorero de la Real Caja de Santa Fé, Tesorero del Banco de Rescates de Potosí y Síndico del Convento de las Catalinas de Buenos Aires. Aquí falleció el 22-IV-1818, y lo enterraron en el panteón de la capilla franciscana de San Roque (2). Los cónyuges Rodríguez de Vida-Roo hubieron una docena de hijos, a saber: A) José Francisco Rodríguez de Vida Roo, baut. el 9-IV1770. Murió soltero el 31-XII-1832. B) Antonio José Rodríguez de Vida Roo, baut. el 17-VI1771 y fall. el 23-I-1803. Casó el 14-XII-1799 con Rafaela Martínez de Segovia (hija de Narciso Martínez Segovia y de María Ignacia Barañao Olivera). Con sucesión. C) Francisco Ramón Estanislao Rodríguez de Vida Roo, baut. el 14-XI-1772. Murió infante. 2 Hermanos de dicho Francisco Xavier Rodríguez de Vida, fueron entre otros: Antonio Basilio Rodríguez de Vida, Doctor, Catedrático de Vísperas del Real Colegio de San Carlos y Deán Magistral de la Catedral bonaerense; y Francisca Javiera Rodríguez de Vida, que casó el 24-IX-1762 con Manuel Alfonso Sanxinés, nativo del corregimiento de Galdámez, en las Encartaciones de Vizcaya (hijo de Manuel Saxinés y de Antonia Urrutia). Esos esposos Sanxinés-Rodríguez de Vida dieron vida a 9 hijos, entre ellos a Manuel Saturnino Sanginés Rodríguez, nac. el 11-IV-1777, presbítero; y a María Encarnación Sanginés Rodríguez,nac. el 11-IV-1758, que casó el 16VII-1792 con Jacobo Adrián Varela, nac. en la Coruña el 26-VII-1758, con quien hubo 11 vástagos, entre los cuales destaco a Juan Cruz y Florencio Varela Sanginés, de éste, y de su consorte Justa Cané, resultan choznos mis nietos Ibarguren López Saubidet Beccar Varela y Beccar Varela Ibarguren. 30

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D) Vicente José Jorge Luis Rodríguez de Vida Roo, baut. el 24-IV-1774. Casó el 14-IX-1802 con María Concepción Conget, (hija de Teodoro Ramón Tadeo Conget Ramos y de Teodora Giles Bravo). Con sucesión. E) María Manuel Rodríguez de Vida Roo, baut. el 8-VI1779. F) María Melitona Francisca Rodríguez de Vida Roo, baut. el 10-III-1781. G) María Benita Andrea Rodríguez de Vida Roo, baut. el 4-II-1783. Casó con Alvaro José Anchoris nac. en 1777 (hijo de Ramón Anchoris y de Magdalena Solá e Indá). Con sucesión. H) María Clara Tiburcia Rodríguez de Vida Roo, baut. el 12-VIII-1784. Casó con su primo 2º Manuel Silvestre Navarro Gutiérrez, baut. el 1-I-1781 (hijo de Fermín Xavier Navarro y de Francisca Gutiérrez). Con sucesión. I) Francisco Xavier Rodríguez de Vida Roo, baut. el 2XII-1785. J) Juana Francisca de la Cruz Rodríguez de Vida Roo. Casó con el gallego Juan Manuel Rodríguez. Con descendencia. 3) María Teresa de Roo y Cabezas, baut. el 26-II-1755 de 8 días en la Catedral porteña. Ahí se casó el 20-XII-1785 con Fernando Rodríguez y de la Rosa, nativo de Cádiz y venido al país en 1772 (hijo de Francisco José Antonio Rodríguez Feliciana y de Laureana de la Rosa y Salas, y hermano de Sebastián Rodríguez, de quien resulta chozna Estela Schindler Rosa Rodríguez, mi mujer). El 29-IV-1815 Fernando Rodríguez dió poder para testar a favor de su esposa, y falleció enseguida, siendo sus restos sepultados en la Iglesia de Montserrat. Su viuda, entonces, el 28 de junio siguiente, ante el Escribano Juan José Rocha, otorgó el testamento ordenado. Seis años después, el 21-III-1821, La Gazeta de Buenos Aires publicó este aviso; “La antigua panadería de San Ginés, casa del finado D. Fernando Rodríguez, donde en el día de hoy hay una fábrica de aceite Roo

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de potro, se vende a precio cómodo; el que quiera comprarla véase con Dña. María Teresa Roo, que vive al fin de la segunda cuadra de la Imprenta de los Expósitos, para el Sud”. Es decir en la actual calle México, terreno donde hoy se levanta la Biblioteca Nacional, y hace más de siglo y medio aquella panadería de los Rodríguez, anteriormente de Alfonso Sanginés. María Teresa procreó en su matrimonio solo una hija: A) María de la Concepción Rodríguez Roo, que casó con Benito Fernández y Caballero, nacido en Vigo, Obispado de Tuy, en Galicia. Fallecida la señora, el cónyuge superstite , el 22-IX-1828, le confirió poder al procurador Juan José Unánue para que siguiera “hasta el final la demanda que le tiene promovida a su suegra María Teresa Roo Cabezas, ante el Juzgado del Dr. Roque Sáenz Peña, reclamando la herencia que le correspondía, como esposo de María Concepción Rodríguez Roo”. Hija de dichos consortes fue: a) Martina Romana del Corazón de Jesús Fernández Rodríguez Roo, baut. el 18-XI-1814 en la iglesia de San Nicolás, bajo el padrinazgo de Manuel Lavalle y de Mercedes González Bordallo, su mujer. 4) José María Hermenegildo de Roo y Cabezas, baut. de 6 días, en la Catedral de Bs. As. el 18-IV-1756. Inició su carrera administrativa como Oficial de pluma de la Contaduría de la Real Hacienda, en 1776. Luego quedó radicado en la vecina orilla, donde desde 1781 fue Contador de la Aduana de Montevideo, para retirarse de Administrador de esa repartición en 1814. Era muy aficionado al dibujo y tenía nociones de heráldica. Colaboró con Antonio Acosta y Lara, antiguo marino y jefe de la Capitanía montevideana, en la preparación de un telégrafo de señales por medio de banderas de colores, que permitieran a la distancia la comunicación con los buques surtos en aquel puerto. Producida la revolución rioplatense, al separarse Artigas de Buenos Aires, la provincia Oriental se dió su propia 32

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bandera; y José María de Roo, experto en diseñar tales emblemas, fue quien la creó con estos colores; blanca en el medio, azul en los dos extremos, y cruzada por una roja diagonal. Así la izó por primera vez el Secretario del Cabildo de Montevideo, Juan José Aguiar, a la salida del sol, el 25-V-1815. Dicha insignia federal de soberanía ha sido mal llamada “bandera de Artigas”, puesto que la que pretendió establecer ese Caudillo era distinta. Según una comunicación del “Protector de los Pueblos Libres” al Intendente de Corrientes, fechada el 4-V-1815, “la bandera que se ha mandado levantar en los pueblos libres debe de ser uniforme a la nuestra ... blanca en medio, azul en los dos extremos, y en medio de estos (de los campos azules) unos listones colorados, signo de la distinción de nuestra grandeza, de nuestra decisión por la República y de la sangre derramada para sostener nuestra Libertad e Independencia”. Esta bandera proyectada por Artigas no llegó a materializarse nunca; en cambio la otra, la ideada por Roo, vino a resultar, en definitiva, el histórico pendón guerrero de la Patria Vieja de los orientales. En 1818 el nombre de “José María Roo” aparece en La Gazeta de Buenos Aires donando 12 pesos fuertes para la Biblioteca Pública. Y en 1822 él resulta elegido Decano Regidor del Cabildo de Montevideo. habíase casado, primero en la Catedral porteña, el 18-II-1786, con María Ramona López García (hija de Francisco López García, nac. en Arguedas, Navarra, y de la criolla María Ventura Morales Toscano), ante los testigos Juan de Andrés Arroyo y de María Bentura Morales, la madre de la desposada. Fallecida María Ramona, el viudo casóse el 5-II-1808 con su hermana política María Petrona López García, ante los testigos Justo Pastor Lynch, Contador de la Aduana bonaerense, y su mujer Ana María de Roo, hermanos del contrayente y 4os abuelos míos. Hijos de aquel primer enlace de José María Hermengildo fueron: A) José Mariano Roo López García, baut. en la Catedral de Bs. As. el 10-XII-1786. Era empleado de la Roo

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Aduana de Montevideo cuando en 1806, en calidad de “Ayudante de Guardia-parque”, formó el cuerpo de Artillería volante montevideano que, a órdenes directas del Comandante Francisco Agustini, vino a desalojar a los ingleses invasores de Buenos Aires. En dichas jornadas José Mariano desempeñose “con exactitud y viveza”, dando puntual observancia a las indicaciones de sus superiores, cual lo certificaron el 30-VIII-1806, el Comandante Agustini y el jefe Supremo de las fuerzas Santiago de Liniers y Bremont. En 1856, cuando las cenizas de Artigas llegaron del Paraguay a Montevideo, José Mariano donó otra bandera similar a la que creara su padre, la cual fue colocada sobre la urna que guardaba los restos de dicho Caudillo oriental. B) Concepción Roo López García, casada con Mariano Rodríguez. Fueron padres de José Mariano Blas Rodríguez Roo, baut. el 3-II-1811. C) Ventura Roo López García, la cual casó el 28-X1814 con Miguel Wenceslao del Cerro Castilla, su primo 2º, baut. el 30-IX-1785, Capitán guerrero de la independencia (hijo de Manuel del Cerro y Sáenz, nac. en la villa de Pedroso, en Castilla la Vieja, Regidor de Bs. As. y asistente al Cabildo abierto del 22-V-1810, y de Juana González Castilla y Cabezas; n.p. de Cristóbal del Cerro Rubio y de María de la Cruz Sáenz Fernández Azofra; n.m. de Santiago González de Castilla y de Juana Cabezas y López Ferreyra). De viudo Miguel del Cerro pasó a 2as nupcias, el 20-VIII-1830, con Andrea García Aicardo, en la que hubo descendencia. Estos resultaron los hijos del primer enlace: a) Luis María del Cerro Roo, que casó 1º, el 9-IV1842, con María Mercedes de Luzuriaga Zapiola, y en 2as nupcias, el 27-VII-1844, con Antonia Ruiz Díaz Gómez Cueli. Con sucesión de ambas señoras. 34

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b) Candelaria del Cerro Roo, que casó el 8-III1841 con Jorge Rafael Corvalán Merlos, baut. el 24-IV-1809 (hijo del General Manuel Corvalán, guerrero de la independencia y edecán de Rosas, y de su 1ª consorte Benita Martínez Merlos Basavilbaso del Sar y Uturbía). Con sucesión. c) Gregorio Vicente del Cerro Roo, baut. el 21-IV1821 por su tío el franciscano Fray Juan José de Roo. d) Isabel del Cerro Roo, baut. el 12-VII-1827. e) Manuel del Cerro Roo, nacido en 1832. Casó con Micaela Escalada Pérez (hija de Mateo Escalada Gadea y de Martina Pérez) Con sucesión. D) María Pascuala Roo López García, nacida en 1789. Casóse en 1813 con Juan Mariano Rodríguez Oreyro (hijo de Sebastián Rodríguez y de la Rosa y de María Josefa Oreyro Sánchez Chaparro Revilla y Flores Gayoso). Son los tatarabuelos de mi mujer Estela Schindler Rosa Rodríguez. La sucesión de ellos la trato en el apellido Rodríguez, en un “Apéndice” al final de este capítulo. 5) José Manuel de Roo y Cabezas, fue baut. el 18-IV-1757 de 8 días en la Catedral porteña. De una “Información” sobre sus méritos y servicios fechada el 13-VIII-1806, que se guarda en el Archivo de Indias sevillano, provienen gran parte de los datos biográficos aquí resumidos. En 1775 entró José Manuel a estudiar Filosofía en el Real Colegio de San Carlos de su ciudad natal donde al cabo de cinco años logró aprobar dicha materia y la de Teología. Ordenado de presbítero en 1781, fue promovido al curato vacante del Rincón de San Pedro, en cuyo destino actuó con extraordinaria eficacia. A sus expensas, y con algunas limosnas, edificó una pequeña iglesia, y con los donativos de sus feligreses y parte de la renta personal suya, montó un obraje y construyó un galpón grande en el que guardó 16.000 adobes destinados a restaurar el templo parroquial Roo

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que estaba en ruinas. Posteriormente extendió sus servicios espirituales al Baradero hasta 1791, en que Roo obtuvo en propiedad el curato de la villa de Guadalupe, en el partido de Canelones en la Banda Oriental del Uruguay. Tanto el Cabildo secular de la expresada villa como el Gobernador de Montevideo y las autoridades del Convento de San Francisco de esa jurisdicción certificaron en 1806, que en los catorce años que José Manuel de Roo sirvió al curato de Canelones, había seguido “una conducta irreprochable en el desempeño de su ministerio, con todo zelo por el bien de las almas, con buenos modales y señalándose en las obras de piedad”. A su vez el Obispo Lué aseguró constarle que “Don Josef es un eclesiástico de juiciosa y arreglada conducta, que desempeña sin quexa ni nota alguna la cura de almas y la vicaría del referido partido de Canelones ... por lo que le juzga digno que su Majestad le atienda y coloque en alguna Prevenda de las Catedrales de aquellos Reynos”. Tal los testimonios públicos. Empero, detrás del párroco correcto cuyos méritos quedaron objetivamente archivados en Sevilla, el hombre simpatiquísimo y jovial que fue José Manuel, surge de su correspondencia privada. Así el 29-II1798, el cura de Canelones le escribió a su amigo el presbítero Juan José Andrade, catedrático del Real Colegio de San Carlos, a quien acababan de encomendarle el curato de Santo Domingo Soriano, también en la Banda Oriental: “Mi amado Juan: es inexplicable el gusto que tube cuando supe que te havías colocado en ese destino en propiedad, assi pr qe conosco tu carácter y genio pacífico, como pr qe atendiendo a tu complección y poca salud, puedes pasarlo mejor en el campo, tomar otro semblante, criar también barriga — constitutibo de todo cura —, hacer tus pesitos sabiendote manejar y, no teniendo muchas comilonas y francachelas, echar las Pestes qe no te faltan algunas, y finalmente contar conmigo en el curato y Montevideo en quanto pueda servirte, qe tendría particular contento ,,,”. (Archivo de la Curia, leg.171, exp.48, que fue incendiada en 1955, pero la carta transcripta se halla reproducida en el 36

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Tomo XVIII, pag. CLXXX de Documentos para la Historia Argentina, editado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras). Otra característica moral de nuestro reverendo fue su abnegado patriotismo, puesto en evidencia en 1806 cuando las fuerzas de Liniers pasaron por Canelones en su trayecto de Montevideo a la Colonia para embarcase, cruzar el río y reconquistar a Buenos Aires cautiva de los ingleses. La “Información” de los méritos y servicios del párroco Roo lleva, como complemento final, la siguiente nota manuscrita, bien explícita acerca de lo expresado: “El Virrey de Buenos Aires Marqués de Sobremonte, en carta del 24 de abril de 1806, con referencia a los indicados méritos de que acompaña testimonio, considera digno a este Eclesiástico de que Su Majestad lo tenga presente para la competente remuneración, así por los servicios que justificó, como por las exemplares circunstancias que lo recomiendan”. Y el Comandante reconquistador de Buenos Aires, Santiago de Liniers, en carta del 6 de septiembre del mismo año expresaba: “Que haviendo sobrevenido a su tropa una recia tempestad de agua y viento, que absolutamente les impidió la marcha por tres días consecutivos, en todos ellos fue alojado y mantenido con toda su oficialidad en casa de Don José de Roo, tratándoles con tal esmero y generosidad este benemérito y antiguo Párroco, que a porfía cedió hasta su propia cama para que ninguno padeciese incomodidad y estuviese apto y robusto en una empresa de tanta importancia; que por sus respectivas y activas diligencias fue también alojhada la tropa en las mejores casas y chacras de la Villa de Canelones, y admitidos con abundantes carnes saladas y frescas, todo ello a su costa por exercicio de la caridad y celo patriótico; cuyo mérito tan generoso y oportuno hizo presente dicho Comandante por lo que consideró digno de la noticia de Su Majestad, para que se digne de mostrarle su real agrado de la manera que estime justo y correspondiente”.

Roo

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Más tarde, el 15-IX-1808, Francisco Antonio Belaustegui, ante el Escribano Mariano García Echaburu, salió fiador de “José Manuel de Roo, Cura y Vicario de la Villa de Canelón”, para una prebenda vacante en la Catedral. Y a consecuencia de tantas recomendaciones — justas por lo demás — nuestro clérigo quedó propuesto en segundo lugar para el Decanato catedralicio bonaerense; aunque por el momento se le otorgó la prebenda de “Medio Racionero” de esa diócesis; para elevarlo en 1810 a la dignidad de Canónico, con la “ración” completa, en dicho Templo Matriz. La revolución de los criollos comenzada en 1810, que a favor o en contra de ella motivó a tanta gente del país, no registra en sus documentos más conocidos el nombre del Canónigo. Unicamente el aludido religioso fue “Elector” de diputados para la “Asamblea Provicional de las Provincias Unidas”, disuelta luego por el primer Triunvirato. El respectivo escrutinio electoral efectuóse por el Cabildo el 31-III-1812, y revela que los sufragios de Manuel José Roo favorecían al clérigo José Valentín Gómez y al doctor Vicente Anastasio Echevarría. También en la Gazeta de Buenos Aires apareció el nombre trocado de “Manuel José Roo” donando, el 25-IX-1810, a la Biblioteca Pública 17 pesos y 2 reales; y el año 1815, el referido Canónigo contribuyó con 50 pesos fuertes en la colecta promovida por el Cabildo; como asimismo donó 51 pesos destinados a otro “préstamo voluntario en virtud del oficio del Gobierno”. A lo largo de su vida José Manuel Roo testó en tres oportunidades: el 3-XI-1814, ante el Escribano Mariano García Echaburu, facultando a su cuñado Justo Pastor Lynch y a su sobrino José Rodríguez de Vida para que luego de su muerte repartieran sus bienes de acuerdo a las instrucciones que les había impuesto. De nuevo lo hizo el 10-VIII-1825, ante Luis de Castañaga, otorgando poder al Canónigo Bernardo de la Colina, a Bernardo Creus, a su sobrino carnal Patricio Lynch y Roo (mi tatarabuelo) y a Juan Garzón, en este orden respectivamente. Y por último, “enfermo en cama” el 22-VIII-1831, ante Narciso 38

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Iranzuaga, suscribió un tercer codicilo que sustituía, de su anterior testamento, el nombre de Bernardo Creus, “impedido por grave enfermedad”, por el de su sobrino José Rodríguez de Vida. Poco después a los 74 años de edad, el Canónigo Roo pasaba a mejor vida. 6) María Ventura de los Dolores de Roo y Cabezas, baut. el 27III-1758, de 3 días. Murió en la infancia. 7) Juan José María de Roo y Cabezas, baut. el 26-VI-1758, siendo madrina suya la tía Francisca Cabezas. Juan José María como su hermano José Manuel, siguió los cursos de Teología y Filosofía en el Colegio de San Carlos, durante los años 1775 y 1778. Posteriormente decidió alejarse del mundanal ruido y tomó los hábitos de fraile de la Orden mendicante de San Francisco. Por eso no figura como heredero en los testamentos de su padre y de sus hermanos. Ignoro la oscura existencia conventual de Fray Juan José María, y en que lugar y fecha se extinguió su vida. En 1824 aún él alentaba en este valle de lágrimas. 8) Juan de la Cruz de Roo y Cabezas, baut. el 25-XI-1760, de 2 días. Cuarenta y ocho años más adelante el hombre vivía todavía, ya que en 1808, su hermano el Canónigo Cayetano María lo incluyó entre sus herederos en una escritura pública de última voluntad. Por otra parte, en otro instrumento notarial, otorgado el 8-VIII-1796, ante el Escribano Juan José Rocha, “doña Petrona Cabezas, viuda del finado Cornelio Matías de Roo”, dió poder a Francisco Xavier Rodríguez de Vida y a José Rodríguez de Vida — yerno y nieto de ella respectivamente —, para que le cobraran “una pensión en las Arcas Reales” de 400 pesos anuales, que le correspondían por viudedad de su marido y especial gracia de Su Majestad, en virtud de una Real Orden dada en Aranjuez el 23-III-1796, extensiva también “a la vida de su hijo don Juan Cruz de Roo ... un hijo fatuo que le ha quedado”. 9) Joseph Mariano Joaquín de Roo y Cabezas, baut. el 20-VII1762. Falleció en la niñez. 10) Ana María Bernarda Josefa de Roo y Cabezas, mi antepasada. Ella vino al mundo el 20-VIII-1764 en Buenos Roo

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Aires, y fue bautizada al día siguiente en la Catedral. Veintidos años después, el 3-XII-1786, la muchacha contraía matrimonio con Justo Pastor Lynch y Galayn. De los numerosos hijos, nietos y bisnietos de esos cónyuges, y de la antecedencia genealógica del marido, trato en el linaje de Lynch, así como en los apellidos de Galayn, de la Cámara y Avendaño, a cuyas respectivas constancias me remito. Ana María Bernarda de Roo dejó de existir en la ciudad porteña el 21-XIII-1836, a los 62 años de edad, siendo viuda; recibió los santos sacramentos y su cadáver fue sepultado en el cementerio público.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires. Tomas de Razón de despachos militares, cédulas de premio, retiros, empleos civiles y eclesiásticos, donativos, etc. Bs. As. 1925. Y legajos y documentos de la Sala IX. Archivo de Indias; Información de Méritos y Servicios del Presbítero José Manuel de Roo, fechada el 13-VIII-1806. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Beruti, Juan Manuel; Memorias Curiosas o Diario, en la Revista de la Biblioteca Nacional, dirigida por Gustavo Martínez Zuviría. Bs. As. 1942 a 1945. Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras Nº 89-92, donde Ricardo Caillet Bois y Julio César González publicaron un documento referente a la clausura del Telégrafo Mercantil por el inquisidor Cayetano Roo. Documentos para la Historia Argentina Tomo XVIII, pag. CLXXX. Cultura. La enseñanza durante la época colonial 1771-1810. Facultad de Filosofía y Letras. Bs. As. 1924. Y Padrón de la Ciudad de Buenos Aires (1778) Tomo XI Bs. As. 1919. De la Válgoma Dalmiro y Barón de Finestrat; Real Compañía de Guardias Marinas y Colegio Naval; Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Tomo III. Madrid 1945. Madero Fernando; Los Varela y su ascendencia materna: San Ginés, Rodríguez de Vida, Navarro, García Meneses en la Revista Genealogía Nº 21 del Instituto de Ciencias Genealógicas. Bs. As. 1985. Rebella Juan Antonio; Purificación, sede del Protector de los Pueblos Libres (1815-1818). Sobre la Bandera de Artigas. Montevideo 1934. Revista de la Biblioteca Nacional; Libro de Matrícula de Estudiantes del Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires. Bs. As 1945.

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Apéndice

RODRIGUEZ La genealogía de los Rodríguez, antepasados de Estela Schindler Rosa Rodríguez, mi mujer, 4ª nieta de Cornelio Matías de Roo y Olmedo y de Petrona Cabezas y López Ferreyra, arranca con: I — LUCAS FRANCISCO RODRIGUEZ, nativo de Jerez de la Frontera por el año 1670, el cual se unió en matrimonio con Catalina Feliziana, y en ésta hubo a: II — FRANCISCO JOSE ANTONIO RODRIGUEZ FELIZIANA, quien nació en Jerez a principios del siglo XVIII. Tres décadas más adelante el hombre contraía nupcias en Cádiz con Laureana Antonia de la Rosa, llamada también Laurentina de la Rosa, nacida ahí el 8-VII-1718 (hija de los gaditanos Antonio de la Rosa y Ana de Salas, casados el 20-II-1713 — padres asimismo de Fray Pedro de la Rosa, del Convento y Hospital de San Juan de Cádiz). En el Libro 25 de Matrimonios de la Parroquia lugareña de Santa Cruz, al folio 52 vuelta, se halla la siguiente partida: “En Cádix, a 8 de septiembre de 1734, yo Pedro Hurtado de Sisneros, cura teniente en el Sagrario de la Iglesia de San Antonio ... desposé por palabra y de presente ... a Francisco Joseph Antonio Rodríguez, natural de la ciudad de Xerez de la Frontera, vecino de esta, hijo de Lucas Francisco Rodríguez y de Cathalina Feliziana, con María Ana (es Laureana) Antonia de la Rosa, natural y vecina de esta ciudad, hija de don Antonio de la Rosa y de Ana de Salas ...” Francisco José Antonio Rodríguez dejó de existir en Cádiz el 20-V1762, y hubo estos cinco hijos: 1) Luis Rodríguez de la Rosa, nacido en Cádiz en 1740. Estudió al lado de su tío Fray Pedro de la Rosa e ingresó en

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la Orden de San Francisco. Fue el primero de esos Rodríguez que vino a Buenos Aires, ya con tonsura seráfica. 2) Sebastián Rodríguez de la Rosa, que siguen en III. 3) Fernando Rodríguez de la Rosa, que en 1772 llegó de Cádiz a Buenos Aires, donde se radicó, casándose aquí el 20-XII1785 con María Teresa de Roo y Cabezas. Falleció Fernando luego de testar el 29-IV-1815, siendo enterrado su cadáver en la Iglesia de Montserrat. Su sucesión y los antecedentes genealógicos de su esposa se trataron en el apellido Roo. 4) Antonio Lucas Rodríguez de la Rosa, nació en Cádiz en 1755, y en compañía de su hermano Fernando vino a Buenos Aires en 1772. Aquí contrajo enlace el 24-VI-1789 con Ignacia Senrra (hija de José Senrra y de María Josefa Figueroa). 5) Juan Rodríguez de la Rosa, el cual permaneció en Cádiz, donde casó con Melchora de los Reyes Barbosa. Ocurrida la muerte de su padre, se trasladó a Buenos Aires con su familia. III — SEBASTIAN RODRIGUEZ Y DE LA ROSA surgió a la vida en Cádiz por el año 1745. En 1768 desembarca en Buenos Aires; y en su Catedral contrae enlace con una hija del país; María Josefa Oreyro y Sánchez Chaparro, nacida en 1750 (de cuyos padres, el Capitán Francisco Antonio Oreyro y Francisca Sánchez Chaparro, y de los antepasados de ambos, me ocupo más adelante en los apellidos Oreyro, Revilla, Gayoso, y Betancur). Bendijo aquella boda el R.P.Domingo Soriano Rodríguez, actuando como padrinos Roque Sánchez y Ramona Núñez de Lara. Don Sebastián aportó al matrimonio estos bienes: un “apero de panadería” (es decir el conjunto de instrumentos para tal oficio) y un negro esclavo, todo avaluado en 1.250 pesos de a 8 reales de plata; y doña María Josefa trajo el ajuar, los muebles y utensilios domésticos, un par de esclavos y el terreno y casuca de la calle San Bartolomé que su abuelo, el Capitán Francisco Sánchez Chaparro, adquiriera el año 1709; lo que representaba un capital de 750 pesos. Reunidos los bienes de ambos cónyuges, sumaban 2.000 pesos. Roo

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Dedicado al comercio instaló don Sebastián, en la casa y solar heredados por su consorte, una tahona y panadería, que llegó a ser la más importante de la ciudad. Dicha morada y negocio se ubicaban en el barrio sur, en el terreno donde hoy se levanta la Biblioteca Nacional, calle México al 564; tapia entonces de por medio, en su costado al Este, con la casa que fuera de mi antepasado Carlos Rodríguez de Estela, a cuadra y media del Hospital y Convento de los Betlemitas. Esa casa habitación — de rancho pajizo que era en 1709, cuando la compró Sánchez Chaparro — fue convertida por Rodríguez en amplia vivienda de azotea, con zaguán y puerta a la calle; salas provistas de cielos rasos, tirantes y ventanas enrejados, dieciseis cuartos, entre dormitorios grandes y chicos y piezas de servicio; además de la cocina; de la espaciosa dependencia con los hornos de cocer pan; de dos patios circuídos por corredores cubiertos de tejas; de la cuadra y corrales anexos; y, en el fondo, “los lugares comunes”. Toda la propiedad cercada con paredes de ladrillo cocido, cuyo edificio — manifestó don Sebastián en una escritura del año 1796 — “la he construído con mi propio caudal”. Ahí dentro de su vivienda familiar y la de sus criados y esclavos — nuestro panadero estableció el negocio de venta, los almacenes de trigo, asientos de tahona y corrales para las mulas y caballos. Por lo demás, el terreno heredado se agrandó mediante la adquisición que hizo don Sebastián, el 5-X-1776, a Roque Sánchez, por ante el Escribano Martín de Rocha, de un cuarto de solar, con el que completó un frente, sobre la calle San Bartolomé, de 35 varas y 70 de fondo al Sur, hasta tocar con la zanja que corría por la que ahora es la calle Chile. Tal compra — cuyo precio fue de 1.100 pesos — le permitió a Rodríguez ampliar sus instalaciones y tener carros que traían el trigo y llevaban las harinas y el bizcocho que en grandes cantidades se vendían para los navíos de Registro, para la Guarnición del Presidio, para las Expediciones a las Salinas, etc, etc. Así, el éxito vino a coronar el negocio del industrioso andaluz quien, a la postre, con su panadería, amasó una buena fortuna. Agregaré que los esposos Rodríguez-Oreyro habían otorgado sobre aquellas “casas de su morada”, un censo a favor del Convento de San Francisco por la cantidad de 200 pesos. Otro censo, no ya contractual sino correspondiente a la población urbana bonaerense, lo registra en el año 1778 a “D. 44

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Sebastián Rodríguez, panadero, de 33 años, casado con Doña María Moreira (sic, por Oreyro), de 28 años, ambos españoles” — o sea de raza blanca — viviendo junto a sus hijos: Feliciano, Fermín, Mariano y Antonio, de 7, 5, 4 y 3 años de edad; y con sus esclavos: Juan, negro de 30 años; Antonio, negro de 40, casado con Juana, negra de 28; Pedro, negro de 30; Francisco, negro de 40; Juan Joseph, negro de 28; y Joaquina, mulata de 20. Además compartían el mismo techo los “agregados de pala”; Manuel López, Juan Marsoa, Bernardo Suñiga y Joseph González, todos “españoles”, de 35, 38, 32 y 43 años de edad respectivamente (3). Al revisar viejos protocolos encuentro que el 18-III-1783, ante Joseph Echeverría, Sebastián Rodríguez otorgó un poder a Joaquín de Figueredo, “próximo a viajar a los establecimientos de Río Negro, en Patagones”. Y que el 16-III-1785, ante Tomás Boyso, dió don Sebastián “fianza de cárcel segura” a favor de Antonio Martínez, que fuera detenido “por haberlo encontrado la patrulla a caballo y a deshoras de la noche, con un par de pistolas, por lo que se le siguió causa en el Juzgado de 1º voto”, a cargo de Joseph Ibañez; quien, tres meses después, lo “absolvió enteramente”. Este Antonio Martínez debe ser un sastre vecino de barrio de su fiador. El 18-XI-1782, el Fiel Ejecutor del Cabildo, Gregorio Ramos Mexía, atento a las quejas del público contra el gremio panaderil que no cumplía las disposiciones del arancel, respecto a las onzas de peso que debería tener el pan, mandó que a partir del día 9 de diciembre, desde las 6 y media hasta las 8 de la mañana, “todos los días, a excepción del día que esté lloviendo”, enviaran los panaderos al Juzgado el pan que amasaren, antes de repartirlo en las pulperías y casas particulares, a fin de que fuera pesado, y así comprobar si se ajustaba a lo que establecía el arancel; bajo pena, a los que no cumplieran con esa exigencia, de 24 pesos de multa la primera vez, el 3 A propósito de aquellos esclavos anoto que: al negro Francisco lo compró don Sebastián a Juan García en 220 pesos el 16-II-1776, ante Joseph Zenzano; a otro negro llamado Manuel, de 30 años, el mismo amo le hubo de Joseph Sánchez, mediante el pago de 300 pesos, por escritura del 17-IV-1776 ante Francisco Xavier Conget; y el negro Juan Joseph fue adquirido por Rodríguez en 180 pesos a Pedro González Cueto el 31-X-1776, ante Pedro Núñez. Roo

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doble la segunda y a la tercera, prohibición de amasar por seis meses; cuyas multas se aplicarían por terceras partes, a gastos del Juzgado, al denunciador y a la Casa de Niños Expósitos; y de no aceptar el denunciador su parte, esta se destinará al mejoramiento de las calles de la ciudad. (Tanto el medio real de pan blanco y francés, bien amasado y cocido, como el “quartillo” de pan bazo, debían pesar 42 onzas y media). De tal medida capitular se notificaron el 3 de diciembre todos los dueños de panaderías urbanas; los mismos que el 23-VIII-1784 se presentaron al Cabildo haciendo constar el perjuicio que les ocasionaba trasladarse todos los días a las seis y media de la mañana, a la casilla en la Plaza del Fiel Ejecutor (que lo era entonces Antonio Obligado), a fin de hacer pesar y sellar el pan, de acuerdo a lo que ordenaba la tarifa. Esos “Maestros panaderos” — industriales del pan se les llama hoy en día — eran; Domingo Antonio Paso (el padre del prócer Juan José), Pedro Paravesino, Sebastián Rodríguez y su hermano Antonio, Eugenio Tejeda, Joaquín Ignacio Echegoyen, Joseph de Acosta Quintero, Nicolás Balagui, Joseph Nadal y Campos y Valeriano Barreda (ambos que asistieron al Cabildo abierto del 22V-1810), Pedro Solano, Juan Esteban Brugada, Toribio Somonte, Juan Villa, Manuel Rivas, Juan de Bargas, Pedro Madera, Juan Luque, Francisco Cabrera, Sebastián López, Miguel Alvarez, Juan Gallardo, Juan José Landa, Miguel Sánchez, Domingo Concha, Santiago Correa, Santiago Dalmasa, Lázaro Ximénes, Salvador Escola, Juan Terrada (padre del Coronel Florencio), Francisco Martín, Diego Solilla, Sebastián Mera, Juan González, Antonio de la Piedra y Joseph Rodríguez. María Josefa Oreyro testó el 2-IV-1785, ante José García Echaburu. Declaró haber aportado al matrimonio “dos criadas esclavas” que se vendieron en 150 y 300 pesos una y otra; las casas de su morada con algunos utensilios domésticos y nombró albacea a su marido Sebastián Rodríguez. Fue voluntad de la señora que del quinto de sus bienes, deducidos los gastos de funeral y entierro, se fundara una Capellanía de misas por su alma, para que, mediante su renta, se pudieran ordenar Capellanes sus hijos, prefiriendo el mayor al menor; y si ninguno de estos tomara estado religioso, dejábase el nombramiento librado al criterio de su esposo, patrono de la pía

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institución. Por último, la causante dispuso se sepultaran sus restos en la Iglesia de San Francisco. Doña María Josefa debió morir en seguida de otorgar ese testamento, pues apenas seis meses y quince días después, el 17-X1785, ante el Escribano Juan José Rocha, el viudo Sebastián Rodríguez suscribía otra escritura a favor de su futura consorte María Josefa Núñez, a la cual dotaba con el remanente de su fortuna, una vez deducidos los gastos mortuorios de la primera mujer del otorgante. Y dieciseis días más tarde, el 3-XI-1785, en la Iglesia de Monserrat, el consolado viudo de Josefa Oreyro, pasaba a 2as nupcias con Josefa Núñez, “natural de Buenos Aires, hija legítima de Julián Núñez y de Dionisia de la Plaza”; con misa, donde comulgaron los contrayentes. Los casó el Maestro Francisco Antonio de Suero, ante los testigos Florencio Plaza y María Josefa Plaza, tíos de la novia. El 23-IX-1796, don Sebastián, como ejecutor testamentario de su finada esposa, en el registro notarial de Mariano Echaburu, protocolizaba la fundación de aquella Capellanía dispuesta por la extinta señora. A ese efecto, nombró Capellán del beneficio eclesiástico a su hijo Feliciano Rodríguez Oreyro, el cual, con estudios y grado de doctor, disponíase alcanzar estado sacerdotal; señalándole, a dicha Capellanía, un capital de 3.541 pesos y 7 reales, que comprendía el quinto del haber sucesorio de la testadora, excluída la parte de herencia materna que le correspondió al referido heredero. Con el objeto indicado, el albacea gravaba la casa familiar que sabemos, mediante la suma de 177 pesos y 4 reales corrientes al año, para que tales réditos sostuvieran la institución que se fundaba. Si murieses Feliciano más adelante, como Capellanes del beneficio le sucederían sus hermanos de padre y madre legítimos. Si ninguno de estos se consagrase a la Iglesia, don Sebastián elegía reemplazantes “a mis hijos del segundo matrimonio si hay clérigos, y sino a sus descendientes”. De no haber descendientes tonsurados, el cargo lo ocuparía el sacerdote que los sucesivos Patronos consideraran dignos de celebrar cuatro misas rezadas al año — en los altares, Iglesias y días que ellos dispusieran — por el alma de María Josefa Oreyro, por la de su hijo Feliciano, y por las de los futuros Patronos y Capellanes que penaran en el Purgatorio. Roo

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Vivieron en aquella casa de la actual calle México — según lo consigna un apunte conservado en la familia — “entre amos y criados más de 30 personas”. “Con hijos ya mozos y nietos pequeños, transcurrieron felices los últimos años de don Sebastián, en ese hogar, atento a su trabajo, a las prácticas religiosas, a sus deberes sociales, disponiendo de tiempo para ir mejorando la casa, tarea en que lo sorprende la muerte. A pesar de la atención del Dr. Torres y los cuidados de su esposa e hijos, falleció el mes de julio de 1801, cuando apenas tenía 59 años de edad, rodeado de general afecto. Se le hicieron muy dignas honras fúnebres, y de acuerdo a su última voluntad, se le dió sepultura en la Iglesia del Convento de los Betlemitas, con hábito de su sagrada religión, como hermano que fue de ella”. Seis años atrás, el 4-I-1795, Sebastián Rodríguez había otorgado, ante Joseph García Echaburu, un poder a favor de Francisco Herrero, “su compadre”, de su mujer María Josefa Núñez, y de su hijo Feliciano Rodríguez, para que extendieran su testamento después de muerto. La casa familiar, tiempo después de ese fallecimiento, pasó a poder de los hijos del difunto, Fermín y José Antonio, que la adquirieron con recursos propios, pues entonces no fue posible venderla en pública almoneda, por falta de interesados. Del primer enlace de nuestro personaje con María Josefa Oreyro nacieron: 1) Feliciano Rodríguez Oreyro, en 1771. Desde 1789 a 1796 realizó sus estudios de Teología en el Colegio de Monserrat de Córdoba, ordenándose sacerdote, para luego hacerse cargo de aquella Capellanía de misas que instituyera su madre. En el mismo Colegio cordobés habíase recibido de Bachiller en Filosofía y Artes el año 1790, siendo profesor suyo el franciscano Fray Manuel Suárez de Ledesma, de cuyas enseñanzas filosóficas Feliciano Rodríguez dejó manuscrito un códice de 304 páginas que — nos dice el Padre Furlong — actualmente se guarda en la biblioteca del Convento de Santo Domingo de Buenos Aires. Condiscípulos de Feliciano en el Colegio de Montserrat fueron, entre otros, el salteño Manuel Antonio de Acevedo Torino, futuro presbítero y diputado por Catamarca al 48

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Congreso de Tucumán en 1816; Juan Manuel Castellanos Plazaola, salteño también — tío carnal de Facundo Zuviría —, que fue cura en Huachipas y Canónigo de la Catedral de Salta; Angel Mariano Roque de Elía, porteño, quien se desposó con Isabel de Alzaga Cabrera (tatarabuelos de mi nuera Delia de Estrada de Ibarguren); el cordobés Pedro Tomás de Allende Funes, que después se avecindó en Chile, casándose allí con Josefa Bravo de Naveda y Vivar (bisabuelos de mi amigo el genealogista chileno Fernando Allende Navarro); José Domingo de Allende Funes — hermano del anterior — que se ordenó sacerdote y fue canónigo chantre y cura rector de la Catedral de Córdoba; José Gabriel Ortiz de Ocampo, cura rector en La Rioja, el cual compuso un poema dedicado a Liniers y a los héroes de la Reconquista, publicado en 1807 (hermano del General Francisco Antonio); Bonifacio Ramón Zapiola y Lezica, nativo de Buenos aires, donde casó con Manuela Lista y Viamont, después de graduarse de abogado en Chuquisaca, En septiembre de 1796 — apunta el Padre Furlong en su obra Nacimiento de la Filosofía en el Río de la Plata — se llamó a concurso de oposición para llenar la cátedra de Filosofía del Colegio porteño de San Carlos. Siete eran los candidatos presentados, todos doctores en Teología; Manuel Gregorio Alvarez (que ganó el examen y ocupó la cátedra de 1797 a 1799), José Valentín Gómez, Gregorio Gómez, Cayetano Antonio Escola, Juan Pablo Pinasco, Domingo Antonio Zapiola y Feliciano Rodríguez. Producida la revolución de Mayo, nuestro clérigo no debió simpatizar demasiado con el nuevo estado de cosas, pues el 9-I-1816 el gobierno solicitó del provisor del Obispado doctor Domingo Victorino Achega, la suspensión de los eclesiásticos americanos “enemigos de la libertad e indiferentes”. La curia, por tanto, procedió a retirar las licencias para confesar a 17 sacerdotes y amonestó a 5 — según estampa Rómulo Carbia en La Revolución y la Iglesia —, “por parecerle sospechosos e indiferentes al sagrado sistema de nuestra libertad civil”. Aquellos 17 clérigos seculares suspendidos fueron; Juan León Ferragut, Domingo Viola, Roo

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Bernabé de la Colina, Eugenio Conde, Mariano Gainza, Pantaleón de Rivarola, Mariano Somellera, Manuel Pereda, Manuel López, Manuel Antonio Fuentes, José Reyna, Ignacio Acosta, Julián Gainza, Feliciano Martínez, Mateo Blanco, José Saturnino Urizar y nuestro Feliciano Rodríguez; de quien a partir de 1816 carezco de noticias. 2) Fermín Rodríguez Oreyro, nac. en 1773. Se casó primeramente con Josefa Bermúdez, que murió en Montevideo en febrero de 1811 sin descendencia. Poco antes, el 28-VI-1810, el nombre de “Fermín Rodríguez” figura en La Gaceta de Buenos Aires donando, para la expedición militar a las provincias arribeñas, 50 reses “en el paraje que se le destine”. El 17-XII-1818, el hombre contrajo 2as nupcias con Cecilia Dalvué (hija de Jean Dalvué y de Juana Flores). Son los padres de: A) Josefa Rodríguez Dalvué, nac. en 1819, casada con Juan B. Rodríguez. B) Cecilia Rodríguez Dalvué, nac. el 14-V-1820. Casó con Fernando James. De ellos vienen los James Rodríguez, Bourdieu James, Bourdieu Flores Bravo, Bourdieu Gamboa Marcó, etc, etc. C) José Estanislao Rodríguez Dalvué nac. el 13-II-1821. Ignoro con quien se ajustó el lazo conyugal. D) María Teresa Rodríguez Dalvué, nac. el 16-X-1822 .Se casó el 3-VIII-1849 con su primo hermano Francisco Rodríguez Roo, nac. en 1814 (hijo de Juan Mariano Rodríguez Oreyro y de María Pascuala de Roo). Su sucesión se registra más adelante en la línea del marido. De ellos resulta bisnieta mi mujer Estela Schindler de Ibarguern. E) Fermín Rodríguez Dalvué, nac. el 17-XI-1823. Casó con Emilia Ledesma en la que hubo a: Fermín, María, Carlos, Ricardo, Sofía y Agustina Rodríguez Ledesma. F) Máxima Rodríguez Dalvué, nac. el 15-IV-1825. G) Sofía Rodríguez Dalvué. H) Elisa Rodríguez Dalvué. 50

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I) Elena Rodríguez Dalvué. 3) Pedro Bernabé Rodríguez Oreyro, casado con Juana Sosa. 4) Juan Mariano Rodríguez Oreyro, nac. el 23-IX-1776 y fall. en 1852. Se casó en 1813 con María Pascuala de Roo, nac. en 1789 (hija de José María Hermenegildo de Roo y Cabezas y de su primera esposa María Ramona López García Morales y Toscano — casados el 18-II-1786 — de cuyos antecedentes genealógicos me ocupé en el apellido Roo). Fueron sus hijos: A) Pedro Rodríguez Roo. B) Francisco Rodríguez Roo, nac. en 1814. Se casó el 13-VIII-1849, en la Iglesia de San Ignacio, con su prima hermana María Teresa Rodríguez Dalvué, nac. en 1822. Son los padres de: a) María Teresa Rodríguez Rodríguez, casada con Joaquín Obejero de la Iglesia, nac. el 3-IV1841 (hijo de Toribio Obejero nac. en Salta, y Agustina Juana de la Iglesia, nac. el 28-VIII1816 en Bs. As. y desposados aquí el 30-III1839; n.p. de Ignacio Obejero y de Manuela Velasco, vecinos de Salta; n.m. de Juan Joaquín de la Iglesia y Camacho, nac. en Cádiz, y de la criolla Juana Mauricia Castro y del Castillo). Son los padres de: a1) María Teresa Obejero Rodríguez, nac. en 1888, fall. soltera. a2) Joaquina Obejero Rodríguez, nac. en 1891. Casó con Carlos Cabal Cullen (hijo de Mariano Benito Cabal González y de Elena Cullen Iturraspe). Sin descendencia. a3) Laura Obejero Rodríguez, nac. en 1895, que casó 1º en 1923 con el diplomático español Manuel Blasco de Arenzana, y en 2as nupcias con Miguel Rodríguez Orey, su pariente. Falleció en 1972.

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b) Juana Manuela Rodríguez Rodríguez. Se casó el 13-I-1874 con su primo hermano Juan Manuel Carranza y Rodríguez, nac. en 1832, y fall. el 1-I-1912, que era viudo de Julia del Valle y Alvarez Jonte (hijo de Manuel Carranza Vélez y de su 3ª consorte Juana Rodríguez Roo). Hijos del matrimonio Carranza-Rodríguez fueron: b1) Juan Manuel Carranza Rodríguez, nac. el 2-VII-1876 y fall. el 27-VII-1895, soltero. b2) Oscar Emilio Carranza Rodríguez, baut. el 20-III-1879. Fall. soltero. b3) Blanca Carranza Rodríguez, fall. soltera. c) Vicente Rodríguez Rodríguez, casado con Rosa Volanoff. d) María Elena Rodríguez Rodríguez, casada con Emilio Chayla. Con sucesión. e) Alejandrina Rodríguez Rodríguez, nac. el 18III-1856, fall. el 4-XII-1900. Casó el 3-VII1875 con José María Rosa y Pons, nac. el 9III-1846 y fall. el 13-IX-1929. Son los abuelos de Estela Schindler Rosa de Ibarguren, y la sucesión de ellos y antecedentes genealógicos del Dr. Rosa se tratan más adelante en los apellidos Rosa y Pons. f) Ana Rodríguez Rodríguez, casada con Emiliano García, Ministro del Gobernador Oroño en Santa Fé en 1868. Con sucesión. C) Antonio Rodríguez Roo, baut. el 14-IX-1816. Se casó con Juana Lima. Con sucesión; los Rodríguez Lima, Fascio Lima, Oruezabala Lima, Rodríguez Falcón, Rodríguez Vivanco, Rodríguez Argerich, Rodríguez Alvarez, etc, etc. D) Irene Rodríguez Roo desposada con Anacleto Giménez. 52

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E) Juana Rodríguez Roo, que casó el 20-X-1820 con Manuel de Carranza y Vélez, nac. en Córdoba, doble viudo de Candelaria Berdía Mata Bustamante y de Catalina Mitre Campos (hijo de Juan Inocencio de Carranza Cabrera y Avila Ferreira Abad y de Juana Vélez de Herrera Baigorri Carranza y Arce). Con sucesión; los Carranza Rodríguez, Casal Carranza, Carranza del Valle Alvarez Jonte, Carranza Rodríguez Flegel Humbolt, Casoni Carranza, etc, etc. F) Juan Rodríguez Roo, marido de una señora de Arostegui. Con descendencia. G) Eusebio Rodríguez Roo, casado con Manuela Tobal. 5) Antolín Rodríguez Oreyro. 6) José Antonio Rodríguez Oreyro. Contrajo enlace con Justa Visillac y Lara (hija de Mateo Visillac y de Mariana de Lara. Mateo nació en Mallorca, hijo de Guillermo Visillac y de María Ferrer, y testó el 27-I-1813 en Bs. As. declarando 13 hijos legítimos; 1) María Antonia, que casó el 3-X-1809 con Francisco Moreno Sánchez, nac. en Utrera, con sucesión; 2) Casimira, casada con José Correa; 3) Justa, esposa de José Antonio Rodríguez Oreyro; 4) Fernando, casado con María del Tránsito Almandoz; 5) Mateo; 6) Simona; 7) Clara, casada con José Antolín Rodríguez Núñez, cuya sucesión trato más adelante; 8) Fortunata; 9) María Juana; 10) José Mateo, casado con Luciana Almandoz; 11) Gabino; 12) José Ramón y 13) Micaela Visillac y Lara). José Antonio Rodríguez Oreyro y Justa Visillac hubieron la siguiente posteridad: A) Miguel Rodríguez Visillac, que casó el 18-VIII-1832 con Lucía Carranza Mitre (hija — según el genealogista Carlos Calvo — de Manuel Carranza Vélez y de su 2ª consorte Catalina Mitre y Campos — viuda de José Méndez Caldeira y tía carnal del prócer don Bartolo). Son los padres de: a) Erasto Rodríguez Carranza, casado con su prima hermana Angela Dimet Rodríguez (hija del francés Etiene Constant Dimet y de María Carmen Rodríguez Visillac). Sus hijos Roo

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firmaron Rodríguez Orey. Fueron ellos; Carlos, Alberto, y Miguel Rodríguez Orey, casado éste con su prima Laura Obejero Rodríguez — viuda de Manuel Blasco de Arenzana — sin sucesión. b) Aquiles Rodríguez Carranza. B) Angela Rodríguez Visillac, casada con Julián Sosa. C) Luis Rodríguez Visillac, casado con su prima Emilia Visillac, en la que hubo a; Miguel, José Antonio, Marcelo, Lucía, Luis y Jorge Rodríguez Visillac, casado éste último con María González. D) Rosario Rodríguez Visillac. E) Ladislao Rodríguez Visillac, casado con Guillermina Rodríguez. Con sucesión; los Rodríguez Rodríguez; Iglesias Rodríguez; Rodríguez Goicoechea; Rodríguez Bidart, Daneri Rodríguez; Rodríguez Menduburu; Rodríguez Oliver; etc, etc. F) María Rodríguez Visillac, que casó el 28-IV-1823 con Modesto Sánchez Gallén, nac. el 15-VI-1791, Coronel guerrero de la independencia (hijo de José Félix Sánchez del Valle, nac. en Cádiz y de la porteña María Josefa de Gallén y Martínez de Tirado Castro). Son los padres de: a) Julio Juan Sánchez Rodríguez, nac. el 1-VIII1827. Casó el 10-VIII-1852 con Carmen Viamonte y Chavarría, nac. en 1819 (hija del General Juan José Viamonte y González, prócer de la independencia y de Bernardina de Chavarría y Suárez). Con sucesión; los Sánchez Viamonte; Zapiola Sánchez Viamonte, Frías Piñeiro Sánchez Viamonte; Posse Sánchez Viamonte; Illa Sánchez Viamonte; Sánchez Viamonte Molina Salas; Quesada Casares Zapiola Eastman Sánchez Viamonte; Quesada Zapiola; Sánchez Terrero; Sánchez Terrero Casado Justo; Sánchez Terrero Justo Bernal; Sánchez Terrero Pasman Davison; etc, etc.

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b) Estela Sánchez Rodríguez. Casó el 22-III-1855 con Luis María Drago Alvarez (hijo de José Miguel Drago y de Isabel Alvarez Rodríguez). Entre sus hijos anoto a: b1) Luis María Drago Sánchez, nac. el 6-V1859 y fall. el 9-VI-1921. Jurisconsulto, legislador e internacionalista, autor de la llamada “Doctrina Drago” contra el cobro coercitivo de las deudas públicas, cuando fue Ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno del General Roca. Casó con Amelia Pennano y dejó sucesión; los Drago Pennano, Drago Delfino, Huergo Drago, etc, etc. b2) Agustín J. Drago Sánchez, nac. el 2-IV1861 y fall. el 20-X-1919. Médico. G) José Rodríguez Visillac. H) Juana María del Carmen Rodríguez Visillac. Casó el 25-IV-1844 con Esteban (Etiene) Constant Dimet, nac. en Francia en 1808 y fall. en Bs A.s el 16-V1868 (hijo de Miguel Dimet y de Victoria Sofía Pluchet). Entre sus hijos anoto a: a) Eduardo Dimet Rodríguez, nac. el 5-I-1845. Fall. el 6-X-1905. Casó con Justa Cané (hija de Miguel Cané Andrada y de su 2ª mujer Eufemia Casares). Con sucesión; los Dimet Cané, los Dimet Rodríguez Marcenal, Dimet Vallée Mayer Pellegrini, etc, etc. b) Carlos Federico Emilio Dimet Rodríguez, nac. el 23-VII-1850; fall. el 12-XII-1918. Magistrado, Presidente de la Suprema Corte bonaerense e Interventor en Corrientes. c) María de los Angeles — Angela — Dimet Rodríguez, nac. el 30-VII-1853. casada con su primo hermano Erasto Rodríguez Carranza. Con sucesión; los Rodríguez Orey. d) Juana Manuela del Carmen — Carmen — Dimet Rodríguez, nac. el 12-VI-1862. Casó el Roo

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4-IX-1889 con José Luro Pradere (hijo de Pedro Luro, nac. en Saint Just, Bearne, Francia, y de María Pradere Etcheto, nac. en Nerac, Gascuña). Con sucesión. I) Benigno Rodríguez Visillac, casado con Etelvina Romero. Padres de los Rodríguez Romero, Blomberg Rodríguez, Rodríguez Real, etc, etc. Hijos del segundo matrimonio de Sebastián Rodríguez de la Rosa con Josefa Núñez de la Plaza resultaron: 7) José Antolín Rodríguez Núñez, que casó con Clara Visillac Lara (hija del mallorquino Mateo Visillac Ferrar y de la criolla María Luisa Lara). Fueron padres de: A) Daniel Rodríguez Visillac, casado con su prima hermana Juliana Visillac Almandoz (hija de Mateo Visillac Lara y de Lucía Almandoz López Luparte). Con sucesión; los Rodríguez Visillac-Rodríguez; Rodríguez Visillac-Hernández; Rodríguez VisillacBordenave; Rodríguez Visillac-Font; ObligadoRodríguez Visillac; Obligado- Araoz Reto; Rodríguez Ballester-Rodríguez Visillac; LópezRodríguez Visillac; Ramos-Rodríguez Visillac; etc, etc. B) Sebastián Rodríguez Visillac, casado en 1844 con Genoveva Ballester (hija de Luciano Ballester y de Inocencia Dunda; n.p. de Antonio Luciano Ballester, Comandante del Batallón de Labradores durante las Invasiones Inglesas y asistente al Cabildo abierto del 22-V-1810, y de Andrea Ahumada; n.m. de Marcelino Dunda y de Josefa Morales). Con sucesión; de ellos vienen; los Rodríguez Ballester; Martínez-Rodríguez Ballester; Rodríguez-Rodríguez Ballester; Llanos-Rodríguez Ballester; Rodríguez Ballester-Rodríguez Visillac. etc, etc. C) Carlota Rodríguez Visillac. D) Bernabé Rodríguez Visillac. E) Clara Rodríguez Visillac, que casó Miguel Vicente Naón Escato, baut. el 19-IV-1803 (hijo de Luigi

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Naón, nat. de “la República de Génova y de Isabel Escato, baut. en Bs. As.). F) Ubaldina Rodríguez Visillac. G) Matilde Rodríguez Visillac, casada con Francisco A. Mirazo. H) Flora Rodríguez Visillac, casada con Pedro R. Bravo. 8) José Gerónimo Rodríguez Núñez, sacerdote. 9) María Eugenia Rodríguez Núñez. 10) María de Jesús Rodríguez Núñez, casada con Nicolás Alcuiba. 11) José Benito Rodríguez Núñez. 12) Manuel Donato Rodríguez Núñez, casado con su parienta Iginia Visillac Almandoz. Con sucesión, de ellos vienen los; Rodríguez Visillac-Núñez Almandoz; Rodríguez VisillacSegura; Aramburu Segura Rodríguez; Villanueva-Rodríguez Visillac; Pierallini-Rodríguez Visillac; y Clodomiro Rodríguez Visillac, casado con Candelaria Lubary. Padres de: A) María Rodríguez Lubary, casada con Alejo de Nevares (hijo de Alejo María de Nevares Albarracín y de Manuela de Casares Rojo; n.p. de José Alejo de Nevares Tres Palacios Diez Ceballos, nac. en Santander, y de Natalia Albarracín Montero; n.m. de Vicente Casares Murrieta, nac. en San Pedro de Abante, Valle vizcaíno de Somorrostro, y de Gervasia Rodríguez Rojo Molina, casados en Bs. As. el 21-VI-1813). B) Eduardo Rodríguez Lubary, que casó el 17-X-1885 con su prima 2ª María Antonia Carranza, nac. el 13VI-1863 (hija de Juan Manuel Carranza Rodríguez y de su 1ª esposa Julia del Valle Alvarez Jonte). Con sucesión; los Alemán Rodríguez Lubary Carranza, Rodríguez Lubary-Carranza González Videla, Rodríguez Lubary Carranza-Caimi Garmendia; Rodríguez Lubary Carranza-Gorchs Maquiera, etc, etc.

Roo

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C) Carlos Rodríguez Lubary, casado con Ana María Costa. Padres de; Ana, Lía, Susana, Alejandro y Estela Rodríguez Lubary Costa. 13) Leoncio Rodríguez Núñez, casado con N.N. 14) María Josefa Rodríguez Núñez. 15) Juan Bautista Rodríguez Núñez, que se casó con Josefa Rodríguez. Con sucesión, de ellos vienen los; RodríguezRodríguez; Rodríguez- Lagosta; Rodríguez-Guichut; ZuchiRodríguez; Rodríguez-Vasquez; Ferrando-Rodríguez; Rodríguez-James, etc, etc.

OREYRO I — ALBERTO DE OREYRO y María de Oroño, vecinos de la feligresía de San Vicente de Arantón, en la galaica Coruña, procrearon a: II — FRANCISCO ANTONIO DE OREYRO, quien de muchacho vino a Buenos Aires, donde fue Capitán y comerciante pulpero, casándose en la Catedral porteña el 21-V-1732, con Francisca Sánchez Chaparro y Revilla, baut. el 6-IX-1704 y fall. en 1769 (hija del Capitán Francisco Sánchez Chaparro y de Josefa de Revilla Flores Gayoso — de cuyos antecedentes genealógicos y demás circunstancias trato en los apellidos Revilla y Gayoso). Fueron testigos de la boda Antonio de Igarzabal, tío político de la novia, y Francisco de Araujo. Un año más tarde, mi 8º abuelo Carlos Rodríguez de Estela, al testar el 1-VIII-1733, ante el Escribano Joseph Esquivel, nombró albaceas al Capitán Francisco de Oreyro, a Matías Solana y a Fermín de Pesoa. Y no habíanse cumplido 3 años de su enlace, cuando el 23-IV-1735, Oreyro, enfermo en cama hizo llamar al Escribano Juan Antonio Carrión a su casa, ante el cual otorgó mandato testamentario. Dijo el causante que sus padres Alberto de Oreyro y María de Oroño aún vivían en Galicia, ya que recibió 58

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cartas de ellos traídas por un navío de Francisco de Alzaybar. Dispuso sepultaran su cadáver en la Iglesia de Santo Domingo, “de la que es indigno feligrés”, amortajado con el hábito de la Orden, y que acompañaran su entierro el cura y sacristán “de la Catedral”, con Cruz alta, y sus cofrades terciarios dominicanos. Declaróse padre de dos hijos legítimos; José Javier Francisco y Petrona Catalina Francisca de Oreyro, y acotó que a raíz de su casamiento la esposa Francisca Sánchez Chaparro trajo de dote un capital de 3.000 pesos. Especificó luego sus bienes; Una casa (en la calle de San Pedro, hoy Chacabuco) compuesta de tienda, trastienda y aposentos; sala y puerta de calle; dos cuartos nuevos y cocina; puertas ventanas y corredores cubiertos de tejas; pozo de balde y horno; edificada en terreno de 25 varas de frente y 37, de fondo todo cercado de una pared. La casa reconocía un censo de 700 pesos a favor del Convento de Predicadores (Santo Domingo). Declaró el testador el menaje de la vivienda y los comestibles y bebidas de su pulpería. Agregó el deponente poseer otras dos casas en un mismo terreno, que le diera en dote Josepha Revilla, su suegra, a “mi mujer”. (En el solar de ambas casas, en la calle San Bartolomé, hoy México al 564, se levanta la Biblioteca Nacional). Consignó Oreyro por suyos tres esclavos negros; y, luego de enumerar algunas “menudencias” y sus créditos y deudas, nombró albaceas; 1º a su mujer doña Francisca; 2º a Miguel de Cossio; 3º a Diego de Igarzabal; 4º a Francisco de Araujo; 5º a Antonio de Larrazabal; y 6º a Nicolás Gil. El hombre no murió en esa fecha. En 1738 el censo urbano porteño registra a Francisco Oreyro con casa propia en la calle de San Pedro, a su mujer, sus 4 hijos, su suegra y administrando “su tendejón” en la esquina. En las otras casas de la calle de San Bartolomé, vivían en 1738 dos inquilinos de Oreyro; Joseph Palacios con su mujer Josefa Solla y un hijo y una esclava; y Francisca Olivares, viuda de Pedro Bermúdez, con una hermana Catalina, una niña que criaba y una esclava. Dichas casas lindaban por su costado Este, tapial de por medio, con la de mi 7º abuelo Juan de Soria — yerno del difunto Carlos Rodríguez de Estela — quien se alojaba con su familia, sus ocho esclavos y algunos agregados. Por fin, el 23-X-1741, enfermo en cama, Francisco Antonio Oreyro, ante el Notario José Esquivel, otorgó testamento definitivo, que no difería en lo fundamental con el anterior de 1735. Declaró por Roo

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sus hijos legítimos a José Xavier Francisco, a Manuel Julián, a Martina Petrona y a María Josepha, a cada cual de ellos le tocó una legítima que ascendía a 59 pesos. Sus albaceas nombrados fueron, en primer término su esposa Francisca Sánchez Chaparro y después el Alcalde Juan Vieyra y Bernabé Maqueda. Esta resultó la descendencia inmediata del matrimonio OreyroSánchez Chaparro. 1) Petrona Catalina Oreyro Sánchez Chaparro, baut. el 2-V1733. Murió antes de 1741. 2) Josef Xavier Francisco Oreyro Sánchez Chaparro, nac. por 1734. Testó el 20-V-1769, ante Carlos de Sandoval. Declaró ser soltero y dejó en herencia de sus pocos bienes a sus hermanos: Manuel, Martina Petrona y María Josefa, nombrando albaceas a Luis de Escobar Gutiérrez y al hermano Manuel Oreyro. 3) Manuel Julián Oreyro Sánchez Chaparro, baut. el 17-I-1736. Casó con María del Carmen Gavina. Ambos cónyuges murieron antes de 1818. Dejaron dos hijas: A) María Aniceta Oreyro Gavina, que testó el 9-I-1818, ante Narciso Iranzuaga. Declaró ser soltera y haber tenido 4 hijos con Juan Sarlo, Capitán de cazadores del Tercio Cívico, el cual estuvo casado con Mónica Velasco. Fallecida Mónica, Juan Sarlo se casó con María Aniceta, según orden de la Santa Iglesia. De esos 4 hijos, en 1818 vivían 3: María Bartola, Paulina Dorotea, e Ignacio Sarlo Oreyro. B) Juana Oreyor Gavina. Ignoro si fue casada, pero era madre de María Faustina. 4) Martina Petrona Francisca Oreyro Sánchez Chaparro, baut. el 4-II-1738. El 25-IV-1773, ante Francisco Xavier Conget, Martina Petrona Francisca y su hermano Manuel Julián le cedieron a su otra hermana María Josefa — mujer de Sebastián Rodríguez -, “por el amor que le tenemos” las partes que les correspondían de la casa que les dejaron sus padres en la calle de San Bartolomé (actual México al 564). Testó doña Martina Petrona Francisca el 30-IX-1807. Fue casada con Francisco Ros, sin hijos. 60

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5) María Josefa Oreyro Sánchez Chaparro, baut. el 11-I1740. Casó el 14-I-1770 con Sebastián Rodríguez de la Rosa y testó el 2-IV-1785, ante José García Echaburu, siendo sepultados sus restos en la Iglesia de San Francisco. La sucesión de los esposos Rodríguez-Oreyro se consignó mas atrás en el apellido Rodríguez. De ellos resulta chozna Estela Schindler Rosa Rodríguez de Ibarguren.

REVILLA I — JUAN DE REVILLA y Magdalena Alvarez, vecinos de la villa de Fuentes de Valdeporres, merindad de la provincia de Burgos, fueron padres de: II - MIGUEL DE REVILLA, nacido en Fuentes de Valdeporres en 1654. Con una cicatriz en la frente vino a Buenos Aires como soldado para la guarnición del Fuerte, en la leva de Gómez del Rivero el año 1674. Ascendió luego rápidamente hasta alcanzar el grado de Capitán. Después, dedicado al comercio, hizo pronta fortuna como dueño de un importante almacén; ello le permitió adquirir casas, estancias, tahonas, y disponer de mucho dinero. Se casó en la Catedral el 4-VII-1683, con la porteña Antonia Crespo Flores Gayoso, baut. el 27-III-1661 (hija del Alférez Sebastián Crespo Flores y de Teodora Gayoso, de cuyos antecedentes genealógicos trato en el apellido Gayoso. Fueron testigos de la boda estos personajes de campanillas: el Gobernador José de Herrera y Sotomayor, el Arcediano Antonio de Amorim Barbosa, el Secretario Tomás Gayoso Betancur, tío de la novia, y otros. En 1686, nuestro Capitán compró al Capitán Francisco Retana, dueño de los navíos de registro surtos en el puerto, 800 fanegas de sal al precio de 4 pesos y 2 reales cada una. Revilla se puso entonces a vender al público la sal a un precio verdaderamente salado; 9 pesos y 6 reales la fanega. Denunció el abuso al Cabildo el Procurador de la ciudad, Pedro de Alvarado Arze. En consecuencia, la corporación municipal — que dirigía la economía velando por el bien común — Roo

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dada esa “muy considerable ganancia” de Revilla, dispuso que éste vendiera la sal al menudeo, con precio tope de 7 pesos la fanega, así “biene a tener moderada ganancia”; mientras el Ayuntamiento se incautó del tercio de aquel condimento popular, a fin de ofrecer, a los vecinos sus fanegas a precio de costo, o sea a 4 pesos y 2 reales. En 1687 Revilla resultó fiador de su tío Tomás Gayoso, nombrado Escribano del Cabildo. El 2-IX-1692, siempre atento a los comestibles y bebidas de su almacén, el hombre solicitó al Cabildo le permitiera subir el precio del vino a 14 pesos, para venderlo en pipas a las tabernas de la ciudad. Y a la postre, el 1-I-1695, nuestro mercader fue elegido Alcalde de 2º voto y Alférez Real; para luego desempeñarse como Juez de Menores. Después, el 10-VIII-1700, don Miguel presentó al Cabildo un título librado a su favor, que lo acreditaba como Familiar del Santo Oficio de la Inquisición en el distrito bonaerense. Diez mese mas tarde (el 2-VI-1701), Miguel de Revilla otorgaba poder a su cuñado el Canónigo Sebastián Crespo Flores para que extendiese su testamento producida su muerte. Tras esto, debió de pagar tributo a la Parca. Su viuda Antonia Crespo Flores Gayoso contrajo 2as nupcias con Juan Casco de Mendoza y López Cabral de Melo, nacido en 1675, 14 años menor que ella; con quien hubo dos hijos: Juan y Micaela Casco de Mendoza Crespo Flores, nacidos en 1702 y 1703. Del matrimonio Revilla-Crespo Flores Gayoso provienen estos hijos: 1) Bernarda de Revilla Crespo Flores, baut. el 27-X-1685. Casóse en la Catedral de Bs. As. el 29-IX-1701, con el guipuzcoano Antonio de Igarzabal, nac. en la villa de Gaviria (hijo de Martín de Igarzabal y de Catalina de Goytía). Presentes en la boda: Miguel de Riblos (mi antepasado), el Capitán Nicolás de Torres, el Capitán Juan de Azcue, y otros muchos. Antonio fue Capitán, Regidor, Alcalde ordinario y Familiar del Santo Oficio. Entre los hijos habidos por aquellos esposos destaco a: A) Miguel de Igarzabal Revilla, baut. el 24-II-1704, Regidor y Alcalde ordinario. Se casó en Córdoba, el 27-II-1728, con la cordobesa Rosa Sarmiento de Figueroa Ceballos (hija del Sargento Mayor 62

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Francisco Sarmiento de Figueroa y de Inés de Ceballos Quevedo). Con sucesión. Entre sus nietos apunto a Casilda de Igarzabal Echeverría, mujer del prócer Nicolás Rodríguez Peña; y a Javier de Igarzabal Echeverría, casado con Angela Castelli Lynch, hija del prócer Juan José Castelli; y entre los tataranietos Igarzabal Revilla-Sarmiento de Figueroa, señalo al poeta cordobés Arturo Capdevila Igarzabal. B) Francisco Antonio de Igarzabal Revilla, baut. el 20IX-1704. Casó con Rafaela de la Moneda. Fue Francisco Teniente Gobernador del Paraguay. C) Jerónimo de Igarzabal Revilla, Licenciado y Presbítero por los años 1743 a 1756. 2) Josefa de Revilla Crespo y Flores Gayoso. Casóse el 17VII-1701 con el Alférez Francisco Sánchez Chaparro, nac. en San Juan de Cuyo (hijo, probablemente, del Capitán Domingo Sánchez Chaparro, nac. en Chile, Teniente Corregidor de Mendoza en 1646, dueño de 4.000 cuadras de tierra en el valle de Jaurúa, lugar llamado “El Cepillo”, y de la mendocina Eufrasia de Videla — nieta, esta, del famoso conquistador Alonso de Videla, nac. en Murcia en 1528, venido a Chile con Villagra en 1552 y repoblador de Mendoza en 1562). Josefa Revilla una semana antes de su boda, fue dotada por su madre, Antonia Crespo Flores Gayoso, con la suma de 578 pesos en plata y otros efectos del ajuar doméstico. Y no transcurrirían diez años de dichos esponsales, cuando el 11-VII-1710, ante mi ascendiente el Escribano Juan de la Cámara, el Alférez Francisco Sánchez Chaparro, a punto de morir, otorgó poder para testar a favor de su mujer Josefa de Revilla, de su cuñado Antonio de Igarzabal y del Capitán Salvador del Barranco (7º abuelo de mi yerno Juan Luis Gallardo). Al día siguiente expiraba el moribundo, y sepultaban su cadáver en la Iglesia de San Francisco. Dos meses más tarde, el 3-IX-1710, ante el mismo de la Cámara, la viuda del difunto y su cuñado Igarzabal, extendían el respectivo testamento encomendado. Los hijos del matrimonio Sánchez Chaparro-Revilla fueron: Roo

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A) Ignacio Joseph Sánchez Chaparro Revilla, baut. el 31-VII-1702. Falleció niño. B) Francisca Sánchez Chaparro Revilla, baut. de 3 días el 6-IX-1704 y fall. en 1769. Casóse el 11-V1732 con el Capitán Francisco Antonio de Oreyro. Su posteridad se registró en el apellido del marido. Estos cónyuges resultan 5os abuelos de Estela Schindler de Ibarguren.

GAYOSO I — Los esposos JUAN GAYOSO y Teresa de Saavedra, vecinos de Lugo en Galicia, hubieron por hijo a: II — JUAN GOMEZ GAYOSO, lugués de nacimiento, quien llegó a Buenos Aires el año 1622, junto con el Gobernador nombrado para el Tucumán Miguel de Sesé, integrando un contingente de tropas destinadas a la defensa de Chile. Juan Gómez Gayoso, sin embargo, echó raíces en la ciudad porteña, casándose, el 26-X-1623, con Lucía Meneses Betancur, nativa de Tenerife en las Islas Canarias (hija de los canarios Cristobál Martín de Betancur y de su primera consorte Ana Hernández de Meneses y Guzmán — de cuyos antecedentes genealógicos me ocupo en el apellido Betancur). El marido, antes del matrimonio con Lucía recibió la dote de ella que montaba 1.500 pesos.Gómez Gayoso, por lo demás, desempeñó luego los cargos de Receptor de Alcábalas en 1635, y de Procurador del Cabildo en 1636. Al año siguiente, a nuestro gallego se le otorga el título de Escribano Real, previo examen rendido ante el Regidor Francisco de Avendaño; y el 5-I-1649, el Gobernador Jacinto de Lariz, despacha a favor del Capitán Juan Gómez Gayoso el nombramiento de Escribano Mayor de la Gobernación, en reemplazo de mi 10º abuelo Alonso Agreda de Vergara, que había fallecido en 1648. No obstante la honorabilidad de su función de dador de la fé pública, Gómez Gayoso fue maltratado, cierta vez, por el impulsivo 64

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Lariz. Consta en uno de los cargos del juicio de residencia de éste que, en 1652, en un acceso de furia, el Gobernador ordenó a sus acólitos raparan la cabeza, la barba y las cejas a su espectable rubricador oficial. Apenas dos años después de la afrentosa rapadura, en abril de 1556, la muerte le asestó el guadañazo definitivo a Juan Gómez de Gayoso. Su cara mitad, Lucía Meneses, abandonó la vida bajo disposición testamentaria del 28-XI-1643. Estos fueron sus hijos: 1) José Gayoso y Martín de Betancur, que en 1645 hacía su noviciado para ordenarse de fraile franciscano. 2) Teodora Gayoso y Martín de Betancur, que sigue en III. 3) Tomás Gayoso y Martín de Betancur, nac. en Bs. As. Se radicó en Santa Fé, y allí se casó con María Cervantes y Villavicencio (hija del Licenciado Pedro de la Piña Cervantes, nac. en Gibraltar, y de María de Villavicencio del ilustre linaje de Jerez de la Frontera). La novia fue dotada en 1663 con un capital de 1.000 pesos, que representaba el valor de una casa, de la vajilla de plata y una esclava. Heredó, Tomás, de su abuelo Cristóbal Martín de Betancur, una estancia en “Los Arroyos”; y el 4-XII-1668 solicitaba licencia al Cabildo porteño, por intermedio de su hermano Bernardo, a fin de realizar allá “matanças de ganados, enbiando tres carretas” para esa vaquería. También el 15-VI-1677 Tomás Gayoso, “vecino al presente de la ciudad de Santa Fé”, pidió al Cabildo bonaerense, en calidad de accionero, autorización — y la obtuvo favorable — “para recoxer dose mill cavesas de ganado bacuno asia la parte de la ciudad de la punta y cuyo (San Luis), por averse retirado los ganados a aquella parte”. En 1678 resultó Tomás Gayoso nombrado Escribano de Gobierno de Buenos Aires; y en 1687 Escribano del Cabildo porteño, en cuya circunstancia salió por fiador suyo su sobrino político el Capitán Miguel de Revilla. Testó en dos oportunidades, don Tomás: el 1-II-1690 y el 28-XI1692, muriendo ese mismo día. Su mujer María de Cervantes, otorgó sus últimas disposiciones el 1-XII-1697 y el 16-VI-1705, y a su cadáver lo enterraron en la Iglesia Roo

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porteña de San Francisco, junto a la pila de agua bendita. Estos fueron sus hijos: A) Tomás Félix Gayoso Cervantes, nac. en 1675 y fall. en 1691. B) José Gayoso Cervantes, baut. en Sta Fé el 19-I-1681. Fue Alcalde de Hermandad y se casó con Andrea Gómez Recio, baut. el 21-IX-1681 (hija de Juan Bautista Gómez Recio y de Juana Romero de Pineda Alvarez de la Vega). Con sucesión en Santa Fé. C) Isidoro Gayoso Cervantes. D) Teodora Gayoso Cervantes, que casó en la Catedral de Bs. As. el 13-IV-1708, con Francisco Romero. Mi antepasado Miguel de Riblos fue uno de los testigos de la boda. E) Eugenio Gayoso Cervantes. 4) Agustín Gayoso y Martín de Betancur, nac. en Bs. As. El 29-XII-1664 compró en remate, por 830 pesos, el cargo de Regidor perpetuo de la ciudad, oficio al que renunció el 16III-1676. Fue por varios períodos Fiel Ejecutor, Defensor de Menores, Administrador de Propios, Juez Oficial y Tesorero de la Real Hacienda. En 1678 Alcalde ordinario y Alférez Real, así como Procurador General en 1682. Habíase casado en la Catedral porteña, el 26-II-1657, con María de Aguilar y Ayala (hija de Cristóbal Jiménez y de Justina de Leal y Ayala; hija ésta del Teniente de Gobernador Mateo Leal de Ayala y de la potosina Magdalena de Aguilar). Padrino de la boda fue el Obispo Cristóbal de la Mancha y Velasco, quien dotó a su ahijada con 1.200 pesos. Los cónyuges Gayoso-Aguilar de Ayala no dejaron descendientes. 5) Bernardo Gayoso y Martín de Betancur, nac. en Buenos Aires. EL 7-VI-1656, a los meses de haber muerto su padre el Escribano del Cabildo, esa corporación nombró a “Bernardo Gayoso, hixo lexítimo del dicho Gómez Gayoso” para que redactara y escribiera los acuerdos capitulares, mediante el sueldo y 1 peso y 8 reales por cada acta transcripta en el Libro respectivo. Casi dos años Bernardo se desempeñó como actuario del Ayuntamiento 66

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porteño, hasta el 5-II-1658, en que fue reemplazado por Juan Ramírez de Arellano. Posteriormente Bernardo Gayoso ocupo el cargo de Procurador de la ciudad (1672), y el de Escribano titular y efectivo del Cabildo por esas mismas fechas. El año 1675 se ofreció ir a España a su costo, en uno de los navíos de registro de Miguel Gómez de Rivero, para solicitarle al Rey “las congruencias de esta República”. Estos pedidos para beneficio de la ciudad, de sus vecinos y de los moradores de la campaña, los consignaba Gayoso en un extenso e interesante memorial. El gobernador Andrés de Robles objetó el viaje propuesto, al estimar no debía el Cabildo enviar embajador alguno a la metrópoli sin licencia expresa del Monarca. Más tarde, sin embargo, en mayo 1681 — bajo la administración de José de Garro —, el Ayuntamiento porteño designó apoderado “ante la Corte de Su Magestad”, al Escribano Bernardo Gayoso, quien al año siguiente, se embarcó rumbo a España; pero al llegar a “Río Xenero” — previo testamento fechado el 3 de junio — “murió Bernardo Gayoso que yba nombrado por Procurador General de esta ciudad a la Villa de Madrid” — como escribiría desde el Brasil el Sargento Mayor Juan del Poso y Silva, en una carta que fue leída en el Cabildo bonaerense el 30-IX-1683. En consecuencia, los Regidores de ese cuerpo nombraron representante de la ciudad, en lugar del finado, al susodicho Poso y Silva, ante las autoridades de la Corte madrileña. Bernardo Gayoso habíase casado con mi antepasada María Ponce de León y Humanés (hija de Rodrigo Ponce de León Alanis y Riquelme de Guzmán y de Isabel Naharro Humanés Molina), sin procrear descendencia con dicha consorte; doblemente viuda: de primeras nupcias del Contador de la Real Hacienda Agustín de Labayén (éste y ella resultan mis 8os abuelos) y de segundo matrimonio, sin hijos, de Josef de Sanabria y León. Falleció María Ponce de León octogenaria, después de otorgar testamento el 30VI-1714.

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III — TEODORA GAYOSO Y MARTIN DE BETANCUR se casó en Buenos Aires, en 1648, con Sebastián Crespo Flores, porteño como ella de nacimiento; hijo de Juan Crespo Flores, nac. en Trujillo en 1585, y de María Durán Agreda, trujillana también, que pasaron a Indias al comenzar el siglo XVII, y fueron, además, padres de: Fray Pedro Flores, franciscano; Francisco Martín Flores, con sucesión; Antonia Flores, baut. el 3-III-1608, que casó 1º con Sebastián Torre y 2º con Manuel Machado; y Juan Crespo Flores, Capitán, Procurador general y Alcalde en la ciudad de Talavera de Esteco en 1670 y 1672. Juan Crespo Flores, padre, adquirió en una almoneda de Potosí, el año 1638, al precio de 1.500 pesos, el oficio de Alcalde Provincial de la Santa Hermandad, que le sería confirmado, por el Rey, en 1645. En 1639 el Cabildo lo designó Procurador suyo ante la Audiencia de Charcas. Y, más adelante, en 1644, el Deán Provisor a cargo del obispado bonaerense, Pedro Montero de Espinosa, excomulgó — vaya uno a saber porque — al Alcalde Provincial Juan Crespo Flores, e hizo “fixar” el papel correspondiente en la puerta de la Iglesia Mayor el 28 de febrero de ese año. El anatematizado quedo interdicto, sin concurrir a las sesiones del Cabildo durante un mes, hasta que le fue levantada la pena. Ocho años después, entre enero y marzo de 1652, Juan Crespo Flores pasaba — supongo — a recogerse al Paraíso, a vuelta de redactar su testamento. Sebastián Crespo Flores — el hijo de Juan y marido de Teodora Gayoso — había ingresado en la carrera militar como Alférez y alcanzó el grado de Capitán. En 1647 salió sin orden del Gobernador ni del Cabildo “a hacer cueros en la pampa”. Casi tres lustros más tarde, en 1661 Sebastián fue designado para ocupar el importante cargo de Teniente de Gobernador, Justicia mayor y Capitán a guerra en la ciudad y, jurisdicción de “San Juan de Vera de la Siete Corrientes”, como delegado fiel del Gobernador del Río de la Plata Alonso de Mercado y Villacorta. Ejerció nuestro hombre dicho mando durante seis años, presidiendo el Cabildo correntino hasta la sesión del 25-VI-1667. Después le llegó un oficio del Gobernador José Martínez de Salazar (fechado el 1-V-1667) con la noticia de que había sido relevado por la Audiencia, debido a “tener entendido se halla padeciendo graves achaques de que ha estado muy malo, por cuya causa no puede asistir a la defensa de dicha ciudad en las 68

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ocasiones que se ofrecieron de guerra con los indios enemigos”. En consecuencia, cubrió el cargo de Teniente Gobernador para Corrientes el Capitán José de Cuenca Gallegos. A los cuatro años de esto, en 1671, Sebastián Crespo Flores — ya restablecido de sus achaques correntinos — resultó electo Alcalde de 1º voto del Cabildo porteño; y no bien puso término a su ejercicio alcaldesco, presentó al cuerpo comunal, el 15-II-1672, una petición para “recoxer dos mill cabeças de ganado bacuno del que tiene auçión en la estancia de los Reyes, por parte de doña Teodora Gaioso, su muxer” — licencia que los Regidores le acordaron por ocho meses. Esa estancia “Los Reyes” quedaba en el pago de los Arroyos, lindero con Santa Fé, y formó parte de las tierras sobre el río Paraná que, el 29-XI-1602, le otorgó el Gobernador Hernandarias a Alonso Fernández Montiel. Tales campos fueron heredados por la hija de éste: Isabel Arias Montiel segunda esposa de Cristóbal Martín de Betancur, abuelo de los Gayoso Martín de Betancur. El 15-XII1648, Teodora Gayoso con motivo de su casamiento con Sebastián Crespo Flores, recibió de dote un capital de 6.400 pesos, que incluía a aquella estancia “Los Reyes”. Testaron: Sebastián el 17-IV-1652 y Teodora el 16-IV-1705. Hubieron estos hijos: 1) Sebastián Crespo Flores Gayoso, baut. el 16-X-1650. Se consagró a la Iglesia. En 1680 era Canónigo de la Catedral, y a raíz de unas declaraciones suyas, hechas el día de la fiesta del Hospital, “después de acavado el sermón, que predicó con el pretesto de que no havía sacristía y otros defectos”, se refirió al Cabildo “con palabras tan yndesentes que sirvió de irreazón a todo el pueblo”. Por ello los capitulares, en pleno, presentaron una queja al Obispo para que “esa desantesión se corrija y se le de pública satisfacción a este Cavildo”. Y el Obispo Antonio de Azcona e Imberto “lo reprehendió — al deslenguado Canónigo — con la severidad que pedía el caso, y le mandó que no predicase en dos años sermón alguno”. Testó Sebastián el 25-II-1709. 2) Antonia Crespo Flores Gayoso, que sigue en IV. Roo

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3) Lucía Crespo Flores Gayoso, baut. el 8-VI-1666. Falleció soltera. 4) Catalina Crespo Flores Gayoso, baut. el 28-I-1675. Casó con Salvador del Barranco y Solano, nac. en Montilla, Córdoba, España (hijo de Juan del Barranco y de María Solano) — que era viudo de Antonia Sánchez de Escudero. Salvador del Barranco y su primera consorte Antonia Sánchez de Escudero, resultan 8os abuelos de mis nietos Juan María, Milagros, María Eugenia y Catalina Gallardo Ibarguren. IV — ANTONIA CRESPO FLORES GAYOSO, fue bautizada en Buenos Aires el 27-III-1661, y en la Catedral porteña se casó, el 4-VII-1683, con el Capitán Miguel de Revilla, el cual falleció por el año 1701. Su viuda. entonces, contrajo nuevas nupcias con Juan Casco de Mendoza Cabral y López. La sucesión de los cónyuges Revilla-Crespo Flores Gayoso, se trató anteriormente en el apellido Revilla. Son, aquellos, 6os abuelos de Estela Schindler de Ibarguren.

BETHENCOURT Este linaje es originario de Normandía, de la casa feudal que tomó su nombre del pueblo francés de Bethencourt, en el distrito de Cambray, cantón de Carnieres. Vástagos de dicha estirpe tomaron parte en la conquista de Inglaterra, en la Primera Cruzada a Tierra Santa y en la guerra de los Cien Años. Sus armas pintan en campo de plata un león rampante lampasado de gules; y llevan por timbre una corona de oro con un león saliente de lo mismo bajo el lema De Forti Dulcedo. Da comienzo la presente genealogía con: I — FELIPE DE BETHENCOURT, Señor feudal de Bethencourt y de Saint Vincent de Rouvray, que fue enterrado — 70

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entre 1223 y 1226 — en la venerable Iglesia de Sigy — que data del siglo XII. Era padre de: II — REINALDO, Señor de Bethencourt y de Saint Vincent de Rouvray, citado en una carta latina de 1282. Hijo suyo resultó: III — JUAN I, Señor de Bethencourt, de Saint Vincent de Rouvray y de Granville la Teinturiere, marido de Teresa, hija del Señor de Granville. Al fallecer antes de 1337 dejó a este hijo: IV — JUAN II, Señor de Bethencourt, etc. etc, que murió en 1352 en la batalla de Honfleur combatiendo contra los ingleses. Fue casado con Isabel, Baronesa de Saint Martín le Gaillard, parienta de los Duques de Normandía y de los Reyes de Francia. Hubo por hijo a: V — JUAN III, Señor de Bethencourt, etc. etc, muerto en la batalla de Cocherel en 1364, mientras peleaba contra el Rey de Navarra en las filas francesas a las órdenes de su tío el Condestable Bertrand Du Guesclin. Fue casado con María de Bracquemont, hija de Reinaldo I, Señor de Bracquemont. Fueron sus hijos: 1) Juan IV, Señor de Bethencourt, etc. etc, llamado “el Grande”. Nació en Caux en 1360. Fue sucesivamente escudero y chambelán del Rey de Francia Carlos VI. Guerrero y navegante, Juan de Bethencourt organizó una expedición a las Islas Canarias y, después de muchas visicitudes, la Reina doña Catalina por el Rey Juan II de Castilla, le nombró Gobernador de aquellas Islas, con título de Monarca feudatario, a cambio de su conquista y colonización. Repartidas las tierras isleñas entre varias familias normandas e indígenas, y levantado el primer castillo de Lanzarote, Bethencourt abandonó la colonia, cediendo sus derechos feudales sobre ella a su sobrino Maciot de Bethencourt. Retornó Bethencourt “el Grande” a Francia y murió en el castillo de Grainville en 1422. Habíase casado con Anne o Jeanne du Fayel, de añeja prosapia de Champagne, y no procreó descendencia.

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2) Regnault o Reinaldo de Bethencourt, cuya sucesión se prolongó en Francia. 3) N. de Bethencourt, que sigue inmediatamente en VI. VI — N. DE BETHENCOURT, de quien se ignoran su nombre y los datos de su vida. Solamente se sabe que procreó varios hijos, entre ellos a: VII — MACIOT DE BETHENCOURT, nacido en Normandía, el cual fue Lugarteniente de su tío Juan “el Grande” en la conquista de las Islas Canarias, y heredó de él su feudo insular con el título de segundo Rey feudatario. Casó con la “princesa” indígena María de Teguise, nacida en la isla de Lanzarote, la más oriental del archipiélago canario (hija del cacique Guardafia; hijo éste, a su vez, del cacique Guanarame y de la “princesa” Ico, hija mestiza del conquistador vizcaíno Martín Pérez de Avendaño y de Faina, una de las hijas del jefezuelo “guanche” de Lanzarote, en 1377). Maciot de Bethencourt, en 1428, se vió obligado a ceder sus dominios al Infante portugués Enrique, futuro Rey apodado “el Navegante”. Maciot se estableció en la isla de Madera, donde murió después de 1430. Su hija primogénita fue: VIII — MARGARITA LEONOR DE BETHENCOURT, casada con Juan Arriete Preud’Home — castellanizado Perdomo —, Señor del Paso de Arriete en Normandía, conquistador y Gobernador de las islas de Lanzarote y Fuerteventura. Estos cónyuges forman el tronco de todos los Bethencourt nacidos en las Canarias. Hija de ellos resulta: IX — MARGARITA DE BETHENCOURT — que adoptó el apellido materno. Contrajo matrimonio con el Capitán vizcaíno y conquistador de las Canarias, Juan Pérez de Munguía Aguirre (hijo de Perucho de Bilbao y de Elvira Pérez de Munguía). Son los padres, entre otros hijos, de: X — INES DE BETHENCOURT, se casó en Lanzarote el 2VI-1486 con Luis Rodríguez de Sanabria — llamado a veces de Verde de Sanabria — (hijo de Sebastián Rodríguez de Sanabria y 72

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de María Verde; nieto de Alonso Rodríguez de Sanabria y de Teresa Hernández de Castro de Andrade, vecinos de Carmona, en España; descendiente aquel de Men Rodríguez de Sanabria, Rico Hombre de Castilla, Señor de la Puebla de Sanabria, confidente del Rey Pedro “el Cruel” y Caballero de Santiago). Hijo de ellos resultó: XI — MARCOS VERDE DE BETHENCOURT, Alguacil Mayor de Tenerife, quien hizo información de nobleza el 8-VI-1535 y otorgó testamento el 14-VI-1552. Estuvo casado con su prima María de León de Bilbao y Pérez de Munguía (hija de Luis de León de Bilbao y Cabrera “el Viejo” y de Elvira Pérez de Munguía Bethencourt; n.p. de Perucho de Bilbao y de Elvira de Cabrera; hija ésta de Alonso de Cabrera Solier, Capitán de la conquista de Canarias, Gobernador de las islas de Lanzarote, Fuerteventura, Gomera y Hierro, y de Catalina Dumpierrez; n.p. de Alonso de Cabrera y de María Solier; 2ª nieta de Fernando Díaz de Cabrera, Señor de la Casa de su apellido en Córdoba de Andalucía, y de Mayor Venegas y Tolosan; 3ª nieta de Pedro de Cabrera y de Violante Enriquez Díaz de Haro; 4ª nieta de Pedro Ponce de Cabrera y de Constancia Alonso de Córdoba Jiménez de Góngora; 5ª nieta de Pedro Arias Cabrera y de Beatriz Fernández; 6ª nieta de Pedro Ponce de Cabrera y de Toda Roldán y Alagón; y 7ª nieta del Conde Pedro Ponce de Cabrera y de Aldonza de León — ver los apellidos Ponce de León y Cabrera, hasta los que se remonta esta genealogía). Hijos de Marcos de Bethencourt y de María de León de Bilbao y Cabrera fue: XII — MELCHOR DE BETHENCOURT, el cual, al contraer nupcias con Catalina Martín de Llerena (hija de Sebastián de Llerena, conquistador de Tenerife, y de Ana Martín de Castillejo) otorgó recibo de dote el 29-I-1543. De su matrimonio nacieron: 1) Pablo Martín de Bethencourt, que sigue en XIII. 2) Juan Verde de Bethencourt, que casó con María de Acevedo. Testó el 23-IV-1618. Hijo de ellos fue:

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A) Pedro Martín de Bethencourt, quien testó en Tenerife en 1643. Habíase casado 1º con María de la Asunción Mora y en 2as nupcias con Catalina del Alamo Betello. De su primer enlace nació: a) Juan de Bethencourt, Caballero de Santiago. Del segundo matrimonio proviene: b) Simón de Bethencourt, que con su mujer Andrea de Castro y Salvatierra hubo a: Marcos de Bethencourt, Caballero de Alcántara y Gobernador de Venezuela, donde dejó descendencia. XIII — PABLO MARTIN — otros le llaman Cristóbal Martín de Bethencourt nació en Canarias y se casó — según algunos autores — con su parienta María de la O Ximénez y Dumpierrez Bethencourt (hija de Juan de Dumpierrez Ximénez — descendiente de Rubin de Dumpierrez, conquistador de Canaria — y de Catalina de Bethencourt y Cabrera). Fuentes distintas consignan que la esposa de Pablo se llamaba Leonor Ximénez de Guzmán. En cualquier caso fueron sus hijos que castellanizaron en América el apellido: 1) Cristóbal Martín de Betancur, que sigue en XIV. 2) Juan Martín Ximénez de Betancur, nacido en Canarias, que a principios del siglo XVII se estableció en la ciudad de Córdoba del Tucumán, donde contrajo enlace 1º con María Suárez Mexía, en 2as nupcias con Felipa de Robles (hija de Juan Domínguez Pereira y de Beatriz de Robles, vecinos de Santa Fé). Juan Martín Ximénez de Betancur falleció en Córdoba bajo testamento el 15-IX-1643. Fueron hijos de su 1er enlace: A) Juan Martín de Betancur Suárez Mexía, nac. en Córdoba. Alférez que se casó en la antigua Santa Fé — Cayastá —, en 1641, con Isabel de Robles Domínguez Pereira, propia hermana de su madrastra Felipa. De ellos deriva conocida sucesión. Son los 5os abuelos de astrónomo Martín Gil; 6os abuelos del 74

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Jurista Enrique Martínez Paz; y 7os abuelos del fecundo novelista Gustavo Martínez Zuviría — “Hugo Wast” — y del linajista Miguel Angel Martínez Galvez. B) Antonio de Betancur Suárez Mexía. C) María de Betancur Suárez Mexía, monja de Santa Catalina de Sena. D) Leonor de Betancur Suárez Mexía, monja catalina también. Del 2º matrimonio nació: E) Teresa de Betancur y Robles. XIV — CRISTOBAL MARTIN DE BETANCUR, nac. en Las Palmas el 17-IX-1582, y allá se casó con Ana Hernández de Meneses. Después Cristóbal vino al nuevo mundo; estuvo en Charcas ejerciendo algunos oficios concejiles, luego se radicó en Buenos Aires, donde fue empadronado como vecino en 1628, y se desempeñó como Alcalde de Hermandad en 1625 y 1634. Posteriormente, después de enviudar, contrajo 2as nupcias en Santa Fé con Isabel Arias Montiel (hija de Alonso Fernández Montiel y de Isabel Arias de la Parra). Con su segunda esposa Cristóbal crió una niña; Isabel Montiel, que en 1668 casó con Juan Ocampo Saavedra. Testó Cristóbal Martín de Betancur en cuatro oportunidades; el 20IV-1652; el 2-II-1659; el 4-II-1661; y un último codicilo del 30-IV1669. falleció octogenario y su cadáver quedó sepultado en la Iglesia porteña de San Francisco. Estos resultaron los hijos de su primer matrimonio: 1) Marcos de Meneses Betancur, que murió de 5 años en Canarias. 2) Lucas de Meneses Betancur, fallecido en Angola a los 33 años. 3)Lucia de Meneses Betancur, que sigue en XV. 4) Catalina de Meneses Betancur, que casó con su pariente Miguel Díaz de Betancur — viudo de Catalina Martínez, con la que se desposó en Potosí en 1620, falleciendo ella

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ahogada allí en 1625, durante “las ruinas de las lagunas”, dejándole una hija; Juana Díaz y Martínez. Miguel Díaz de Betancur había nacido en las Islas Terceras en 1603 (hijo de los cónyuges Antonio Ome de Acosta y María González); vino a Indias en 1613, como criado del Gobernador Pedro de la Cueva, en una armada de galeras a Portobello. De ahí, previa estadía de más de un lustro en Potosí, llegó a Buenos Aires, ya viudo, en 1625. Aquí formó nuevo hogar. Murió antes de 1664, y estos resultaron sus hijos habidos en Catalina de Meneses Betancur: A) Ana Díaz de Betancur y Meneses Betancur, que casó, el 7-VIII-1657 con Cristóbal Cray, nac. en Amberes. Con sucesión. B) Manuel Díaz de Betancur y Meneses Betancur, baut. el 28-I-1636. Religioso mercedario. C) Miguel Díaz de Betancur y Meneses Betancur, baut. el 3-V-1638. Casó con Gregoria Jiménez de Paz Benavidez, el 16-IV-1668 (hija de Juan Jiménez de Paz y de Catalina de Benavidez). Ver el apellido Benavidez. D) Cristóbal Díaz de Betancur y Meneses Betancur, baut. el 28-IV-1640. Casó con Ignacia Ayusso Ibarra. Testó el 19-V-1710 y dejó numerosa descendencia. E) Jacinta Díaz de Betancur y Meneses Betancur, que casó el 18-II-1663 con el Capitán Domingo de Izarra Centurión, el descubridor de las Salinas Grandes (hijo de Juan de Izarra Astor y de la santafesina Isabel de Centurión). Ver su descendencia en el apellido Izarra. F) Ventura o Buenaventura Díaz de Betancur y Meneses Betancur, fraile mercedario como su hermano Manuel. G) Juan Díaz de Betancur y Meneses Betancur. Se avecindó en Santa Fé, donde testó el 22-IV-1670, instituyendo heredera a su madre. Estuvo casado con Gerónima de Arce, hija legítima de Juan Vargas

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Machuca y dotada por el Alcalde Juan de Arce. No dejó hijos. 5) María de Meneses Betancur, nac. en Canarias y fall. en Buenos Aires después de testar el 31-V-1652. Casó aquí el 29-I-1638 con Luis González de Abrego y Almida, nac. en Santa Cruz de Tenerife, que pasó al Río de la Plata (hijo de los tenerifeños Gotardo Martín de Abrego y de Ana de Almida). Son los padres de: A) Gabriela de Abrego Meneses. B) María o Mariana Abrego Meneses, baut. el 8-V-1644. Casó el 5-II-1664 con el Teniente Isidro “Sebrián” — mejor dicho Cebrián de los Cobos — viudo de Antonia de Cervantes Alarcón, en la que hubo un hijo que murió un mes después que su madre, con la cual se desposó el 31-X-1657 (hijo, Isidro, de otro Isidro Sebrián, nac. en Flandes y de María de los Cobos Villamayor, que testó en Bs. As. el 16-I-1623). El 8VII-1694, Isidro Cebrián de los Cobos, “enfermo en cama”, otorgó poder para testar, ante Juan Castaño Becerra, a favor del Canónigo Sebastián Crespo Flores Gayoso y del Capitán Miguel de Revilla, ambos sobrinos políticos suyos en 2º grado. El causante falleció enseguida, y fue sepultado en la Iglesia de San Francisco. Y el 23-IX- siguiente, ante el mismo Escribano Castaño Becerra, Miguel de Revilla extendió el testamento respectivo. Entre los bienes del difunto se contaban; media estancia en el pago de Luján; otra estancia en la Cañada de la Cruz; y otras dos estancias más en “Las Hermanas” — actual partido de San Nicolás de los Arroyos. Su esposa Mariana de Abrego y Meneses había sido dotada con 80 pesos y con una cuadra de tierra junto “a la hermita del Señor San Juan”. Sus hijos herederos eran: a) María de los Cobos Abrego Meneses, nac. el 5II-1665, que casó el 18-XII-1687 con el Capitán Miguel José Ruiz de Sancho Bolaños, nac. en Almodóvar del Campo de Calatrava — Roo

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viudo de la porteña Ursula Maldonado — (hijo de Gerónimo Ruiz Sancho Bolaños y de Gerónima de Modeaño Morillos). Miguel José Ruiz de Sancho Bolaños testó en Bs. As. el 24XI-1703 ante Francisco de Angulo. Hubo descendencia de sus dos matrimonios. b) Tomás de los Cobos Abrego Meneses. c) Lorenza de los Cobos Abrego Meneses, que casó con el Regidor de Bs. As. Matías Solana. d) Antonia de los Cobos Abrego Meneses, casada con el Teniente Juan Pereyra. XV — LUCIA DE MENESES MARTIN DE BETANCUR, nac. en Tenerife, Islas Canarias, casó en Bs. As. el 26-X-1623 con Juan Gómez Gayoso. Su hija Teodora Gayoso Martín de Betancur fue esposa de Sebastián Crespo Flores con quien procreó a; Antonia Crespo Flores Gayoso casada con Miguel de Revilla y madre de; Josefa de Revilla Crespo Flores desposada con Francisco Sánchez Chaparro con quien hubo a; Francisca Sánchez Chaparro Revilla que al casarse con Francisco Antonio de Oreyro dió a luz a; María Josefa de Oreyro Sánchez Chaparro, mujer de Sebastián Rodríguez. Uno de sus hijos; Fermín Rodríguez Oreyro con su consorte Cecilia Dalvué fue padre de María Teresa Rodríguez Dalvué — el otro hijo Juan Mariano Rodríguez Oreyro con su consorte María Pascuala de Roo fue padre de Francisco Rodríguez Roo. Los primos hermanos Francisco Rodríguez Roo y María Teresa Rodríguez Dalvué, en su matrimonio engendraron a esta hija; Alejandrina Rodríguez y Rodríguez, que casó con José María Rosa y Pons — de cuyos antecedentes genealógicos me ocupo a continuación en los apellidos Rosa y Pons. Don José María Rosa Pons y doña Alejandrina Rodríguez y Rodríguez son los abuelos maternos de mi mujer Estela Schindler Rosa de Ibarguren.

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ROSA Las siguientes referencias concretas acerca de los antepasados de don José María Rosa y Pons (1846-1929) fueron redactadas, hace años, por su hijo don José María Rosa y Rodríguez (1876-1960) — tío carnal de mi mujer —, el cual me facilitó copia de ese trabajo suyo inédito que, casi literalmente en su mayor parte, reproduzco a continuación en homenaje afectuoso a su memoria. Así, pues, la presente genealogía comienza con: I — JUAN BAUTISTA VICENZO ROSA, nacido en Venecia alrededor del año 1700. Su profesión de “mercante” lo llevó a actuar en diversos puntos de Italia y Oriente, como agente de compras y ventas, por cuenta propia y para los agentes de las firmas para las que trabajaba. Seguía así la tradición de los venecianos, que como se sabe desde 900 hasta 1700 dominaron no solo el Adriático , sino también se extendieron por Grecia, Constantinopla, el Mar de Mármara, etc. etc. En 1729 encontramos a Juan Bautista Vicenzo Rosa instalado en San Leu (¿San Leucio?, población italiana en la Campania), lugar donde se casó. Después volvió a residir en Venecia, y ahí falleció en 1776. Fue padre de: 1) Miguel Rosa, nac. en San Lue en 1731. Siendo muy joven, su padre lo hizo estudiar en la Universidad de Padua, donde en 1750 se recibió de doctor en medicina. Ya médico se trasladó a Venecia y allí ejerció su profesión y adquirió tal renombre que lo llamaban de Florencia, de Bolonia, y hasta del extranjero para atender enfermos. Falleció en 1809, sin haberse podido saber con quién era casado y si tuvo descendencia. 2) Víctor Rosa, que se trata a renglón seguido: II — VICTOR ROSA, nac. en Venecia en 1740, donde estudió y trabajó secundando a su padre. En 1770 contrajo matrimonio con Gerónima Siri o Ciri, nac. en 1750, en el seno de una familia del Norte de Italia muy vinculada con la Iglesia; a cuya señora había conocido en los viajes que hacía por los negocios Roo

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comerciales de su padre. De esa familia era “Vitorio Siri”, de la orden de los Benedictinos, nac. en Parma en 1608 y que murió en París en 1685, siendo secretario y consejero del Cardenal Mazarino. Hijo de Víctor Rosa y de Gerónima Siri fue: III — VICENTE ROSA Y SIRI, nac. en Venecia en 1772. Allí estudió y desde joven se dedicó con predilección a la relojería. Cuando cumplió los 23 años, en vista de la difícil situación en que se vivía en Venecia, siguiendo los consejos de su padre, decidió trasladarse a América. Pero el barco en que viajaba naufragó en las costas catalanas, cerca de Barcelona. Interrumpido así forzosamente el viaje, Vicente se quedó en Cataluña, siguiendo sus trabajos de relojero con relativo éxito. Se casó en 1803 con Ventura Josefa Carim y Rosello (hija única de Francisco Carim, que había fallecido cuando ella nació, el 27-XII-1784, en Vinebre, Obispado de Tortosa, provincia de Tarragona, y de María Teresa Rosello y Vidiella, casados en Vinebre el 9-X-1780; n.p. de Francisco Carim y de Antonia Carim y Vila, agricultores; n.m. de Juan Bautista Rosello y de Teresa Rosello y Vidiella). Vicente Rosa y Siri y su esposa se instalaron en Santa María del Mar, lugar próximo a Vinebre, trabajando las tierras heredadas de la señora, sin que por ello el marido abandonara sus relojeriles manipuleos. Cuenta la tradición familiar que en 1814, acompañado de su hijo mayor, Vicente Rosa y Siri fue desde Barcelona a la isla de Elba a conocerlo a Napoleón, y que éste, los recibió a ambos cordialmente, hablándoles de España. Vicente Rosa y Carim, niño entonces de 10 años, solía recordar, de viejo, esta visita a sus hijos y amigos, y poco antes de morir sus nietos mayores recogieron de sus labios el relato de cómo llegó a conocer al Gran Corso. La guerra civil, encabezada por Riego, creó una difícil situación para muchos españoles en la península, por lo que Vicente Rosa y Siri emigró a la isla de Menorca, en 1821. Ahí prosperó el antiguo relojero, ya que dos años más tarde se le nombró titular de la “Secretaría de la Comandancia General de las Islas Baleares”, con residencia en Mahón. El 28-III-1823 tomó don Vicente posesión de su cargo, que significaba el de gobernador civil, al ser oficial único del Comandante José Tapia Ruano, que era el jefe militar. Desde su puesto Rosa y Siri ejerció una acción pacificadora y enérgica, 80

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consiguiendo no solo la unidad y tranquila convivencia de los isleños, sino también la de los ingleses, aún residentes en las Baleares; así lo hizo constar su jefe Tapia Ruano en nota del 23-XI-1823. Vicente Rosa y Siri efectuó varios viajes a Barcelona y a Valencia, a visitar su familia. En uno de ellos, por 1839, tuvo la desgracia de que su esposa se enfermara y falleciera en Valencia. Ventura Carim y Rosello fue una buena compañera para su marido, como lo atestiguó siempre éste en su correspondencia íntima. Ella nunca dejó de comunicarse con sus hijos que andaban dispersos por el mundo, alentándolos en sus propósitos de trabajo, como se lee en una de sus cartas, fechada en Madrid el 21-IV-1828, dirigida a Vicente Rosa y Carim, cuando éste se encontraba en Gibraltar, esperando seguir viaje a Buenos Aires. A su vez Vicente Rosa y Siri, instalado en Palma de Mallorca, les escribía a sus hijos pidiendo informes e interesándose por sus vidas y actividades. En cartas a su primogénito que estaba en Buenos Aires, se queja (22-V-1838) de la pobreza que existía en España debido a los cuatro años de guerra carlista. Y el 7-III-1838, le avisa la remisión de un lote de floreros, cuadros y otros objetos que le manda para que sean vendidos a comisión en Buenos Aires, puntualizando que el importe de tales ventas sea remitido “a tu madre”. Por esas fechas Vicente (hijo) había fundado, en la ciudad porteña, la “La Agencia de España y Ultramar”, que comerciaba con productos del país y traía otros de España. Vicente Rosa y Siri falleció en Palma de Mallorca, parroquia de Santa Eulalia, en cuyo libro de defunciones, al folio 411 vuelto, consta que: “A los dos días del mes de Abril del año 1848 falleció de reumatismo, a los 76 años de edad, don Vicente Rosa, viudo de doña Ventura Carim, y vecino de esta Parroquia. Hizo testamento el 12 de Junio de 1847, que está en poder de don Jaime Roselló”. El matrimonio procreó los siguientes hijos: 1) Vicente Rosa y Carim, que sigue en IV. 2) Francisco Rosa y Carim, nac. el 9-III-1806, que residió en Valencia donde casó y tuvo dos hijos; Federico y Anita, casada con Eduardo Esquerra. Falleció Francisco Rosa en Valencia el 8-IV-1860.

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3) Domingo Rosa y Carim, que se fue a Cuba, más luego se instaló a trabajar en Londres. De él poco se sabe. En 1913 el Dr. José María Rosa y Pons, de paso por la capital de Inglaterra, encontró allí a un hijo de aquel tío suyo. llamado también Domingo, quien había prosperado en Londres como banquero. El Dr. Rosa conservó de su primo hermano un buen recuerdo. 4) Jaime Rosa y Carim, que se radicó en Valencia. 5) Víctor Rosa y Carim, el cual se fue a radicar a Trípoli (Africa). 6) Agustín Rosa y Carim, que vino a Buenos Aires, pero no permaneció aquí mucho tiempo. 7) José Rosa y Carim, quien murió en el navío “Leónidas” en viaje a Buenos Aires, probablemente asesinado, según consta del sumario levantado a raíz de esa muerte. 8) Angelita Rosa y Carim, radicada en Madrid, que casó 1º con José Balins Bonaplata, y en 2as nupcias con José Cuartero, con quien tuvo un hijo del mismo nombre. 9) Nicolás Rosa y Carim, que falleció soltero en Cuba, en 1877. VI — VICENTE ROSA Y CARIM nació en Santa María del Mar, como lo dice el siguiente certificado: “El 15 de julio de 1804 fue bautizado Juan Bautista Buenaventura Vicente, nacido el 14 de Julio de 1804, hijo legítimo de Vicente Rosa y Siri, relojero, natural de Venezia, y de Buenaventura, antes Carim, consorte, natural de Vinebre, Obispado de Tortosa. Padrinos fueron Juan Bautista Rodella, platero, y Josefa, esposa de Miguel Pí”. Hizo Vicente sus estudios primarios, comerciales y de mecánica, en Barcelona, y cuando tuvo edad para ello dirigió los trabajos de labranza y siembra en los terrenos que su madre heredara en Santa María del Mar. En 1823 estuvo al lado de su padre en las islas Baleares, hasta 1828, en que resolvió emigrar al Río de la Plata, alentado por los informes que recibía de la familia mahonesa Joanes Pons, referentes al éxito alcanzado por su hijo José, radicado hacía años en Buenos Aires. Vicente Rosa y Carim llegó a Buenos Aires en 1829, y empezó a trabajar como comisionista fundando la “Agencia de 82

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España y Ultramar”, que importaba artículos españoles y exportaba frutos del país; cueros, lanas, etc. Luego se vinculó al negocio de cabotaje entre Buenos Aires y Montevideo que, con flotilla propia, desarrollaba José Pons, con una de cuyas hijas, Josefa, nacida el 17V-1810, contrajo matrimonio, el 26-VII-1834, en la Iglesia porteña de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. (Más adelante, en el apellido Pons, me ocupo de los antecedentes genealógicos de Josefa). La actividad de Rosa y Carim en el negocio y dirección de la flota de Pons, le permitió prestar, muchos años después, eficaz ayuda al equipaje del bergantín austríaco “Antonio Alessandro”, que naufragó a la altura del cabo San Antonio, el 11-II-1850. Esto le valió a don Vicente que “S.M. el Emperador Francisco José, en consideración a los filantrópicos y desinteresados servicios del Señor Vicente Rosa y Carim le confiere la Cruz de Francisco José Iº”, cual reza el despacho original dado en Viena el 29-VI-1852. Vivía Vicente Rosa y Carim en Buenos Aires, en su casa propia de la calle Chile nº 113, entre Perú y Chacabuco; y a la vuelta, en la calle Bolívar 89 estaban los escritorios de la “Agencia de España y Ultramar”, lugar donde, en la época de Rosas, se reunían sus amigos españoles; Vicente Casares, Toribio Ayerza, Esteban Rams y Ruperts, Benito Hortelano, Francisco Gómez Diez, José Miguel Bravo, Pedro Manuel de la Bárcena entre otros, y es fama que los peninsulares indigentes o sin empleo, que acudían a la “Agencia” del señor Rosa, encontraban siempre generosa ayuda. En 1852 — desde 1810 la Argentina tenía cortadas sus relaciones oficiales con España — Vicente Rosa y Carim tomó la iniciativa de establecer un organismo que facilitara el intercambio comercial con la madre patria, prestara ayuda a tantos compatriotas sin recursos, y gestionara, de una vez por todas, ante las respectivas autoridades, la designación de un Cónsul español en esta Capital. A tales fines Rosa y Carim consiguió apoyo de sus amigos más caracterizados, que resolvieron celebrar una reunión, el 25-VIII-1852, en la que se convino fundar la “Sala Española de Comercio y Asilo de Beneficencia”. Así, la flamante institución, que obtuvo un franco apoyo del gobierno de Urquiza, inauguró su sede social en la calle Santa Clara — hoy Alsina — entre Perú y Chacabuco, donde se realizó una gran asamblea de españoles el 25-IX-1852, y tras un

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conceptuoso discurso de Vicente Rosa, quedó establecida la “Sala Española y Asilo de Beneficencia” que se había proyectado. Esta obra de Vicente Rosa y Carim, base de la actual del Hospital Español, le valió a su promotor ser condecorado por el gobierno peninsular con la Cruz de “Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica”. La comunicación y despacho pertinentes están fechados en “El Palacio Real a 19 de Enero de 1856” y llevan la firma de la Reina doña Isabel II. De la historia de la “Sociedad Española de Beneficencia” y del fundador Vicente Rosa y Carim hanse ocupado; Alberto Mayer Arana en su libro La Caridad en Buenos Aires, Bs. As., 1911; Rafael Calzada en su obra Cincuenta años de América, Tomo I, Bs. As. 1926; la “Revista del Hospital Español” de enero de 1937; y la revista “España”, órgano de la Sociedad Española de Beneficencia, Nº de mayo-junio de 1952. Además de su casa de la calle Chile, poseía Vicente Rosa y Carim una quinta en San Fernando, a cuya localidad se trasladaba en verano con los suyos. En dicha quinta se refugiaron los Rosa cuando la epidemia de fiebre amarilla asoló la ciudad en 1871; y allí también había visto la luz del mundo el menor de los vástagos del propietario; José María, un 9-III-1846. Josefa Pons de Rosa falleció el 21-VIII-1881, a los 71 años de edad. (Sus antecedentes genealógicos se tratan mas adelante en el apellido Pons). Por su parte el marido Vicente Rosa y Carim, pagó tributo a la muerte octogenario, el 6-IX-1884. Los restos de ambos cónyuges descansan en el cementerio porteño de la Recoleta. Estos resultaron los hijos de dicho matrimonio: 1) Vicente Rosa y Pons. Que se casó con Felisa Bellido. Murió Rosa el 27-IV-1868, a consecuencia de un aneurisma producido al contener los caballos desbocados del cupé en que venía de Palermo con su esposa. 2) Enriqueta Rosa y Pons, que falleció soltera. 3) Carlos Rosa y Pons, nac. en 1841. Casó primeramente el 30I-1869 con Carmen Inés Jorge Damianovich Ríos (hija de Juan Jorge Damianovich, nac. en Austria y de Martina Ríos, argentina). Hubo con ella 3 hijos; Juan Carlos, Vicente y Roberto Rosa Jorge, fallecidos sin dejar descendencia. En 84

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2as nupcias Carlos Rosa y Pons casó con Arminda de Escobar, falleciendo aquel la misma noche del casamiento. 4) Elena Rosa y Pons, que murió soltera. 5) José María Rosa y Pons, que sigue en V, a continuación. V — JOSE MARIA ROSA Y PONS nació en el partido bonaerense de San Fernando el 9-III-1846, en la quinta veraniega de su padre. Cursó sus estudios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, que dirigía, a la sazón, Amadeo Jacques, y se graduó de doctor en jurisprudencia en 1869. En las aulas estudiantiles cimentó vínculos de estrecha amistad con Aristóbulo del Valle, con Carlos Pellegrini, con Mariano Demaría, con José A. Terry, con Bonifacio Lastra, con Nicolás Achával, con Norberto Quirno Costa y con otros hombres que descollaron más tarde en el foro, el parlamento, el gobierno y la vida política de la República. El 29-X-1869 fue designado Secretario de nuestra Legación en Río de Janeiro, en reemplazo de Leandro Alem; y al fallecer el Ministro diplomático argentino, General Wenceslao Paunero, el joven Rosa asumió nuestra representación ante el gobierno y corte imperial brasileña, como Encargado de Negocios, el 20-VI-1871. De regreso a la patria, entró don José María como ujier en la Corte Suprema de Justicia, y luego se le ascendió, sucesivamente, a Fiscal en lo Civil, y a Juez del mismo fuero, hasta 1880, año en que renunció al Juzgado para incorporarse al estudio de su amigo el doctor Juan José Romero. Durante casi 45 años, el estudio de los doctores Romero y Rosa adquirió justa nombradía y respeto, y fue el más importante de Buenos Aires. Después de la revolución del 80, al reorganizarse la Legislatura porteña, Rosa resultó elegido diputado, pero solo asistió a la sesión preparatoria de la Cámara renunciando a su cargo. En 1882 se incorporó a la Facultad de Derecho, como profesor suplente de derecho romano, reemplazando durante dos cursos, al titular Dr. Pedro Goyena. En julio de 1883 entró en la respectiva Academia, cesando por el nuevo estatuto el 1-IV-1886. En mayo de ese año renunció a la cátedra; y el 18-VI-1897 hasta el 21-V-1904 ocupó nuevamente el sillón de académico titular de Derecho. José María Rosa estuvo al lado de Aristóbulo del Valle cuando la formación del partido Republicano, y le acompañó como colaborador del diario El Nacional, junto a Sarmiento y con el grupo Roo

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liberal de sus amigos, Delfín Gallo, Pellegrini, Juan Carlos Gómez, Dardo Rocha, Miguel Cané, Lucio López y otros más. Con el mismo gran afecto fue solidario con del Valle en la revolución del 90. A raíz de que el General Roca le ofreciera a Dr. Rosa, en 1898, el Ministerio de Hacienda, en noviembre de ese año Pellegrini le escribe desde Paris; “Me felicité de veras al saber que eras candidato para ministro de hacienda. tienes todas las cualidades y todas las aptitudes para el puesto, y tus condiciones morales y excelente carácter te granjearan el aprecio y apoyo de los que no te conocen bien ... Que tu éxito sea completo son los deseos más sinceros de tu mejor amigo”. En ese tiempo formaba parte el Dr. Rosa del directorio del Banco de la Nación, y de ahí tomó a su cargo la cartera de Hacienda, en el gobierno de Roca. En el desempeño de su gestión, el Ministro hizo sancionar, en 1899, la ley de conversión que dió estabilidad a la moneda argentina; por lo que dicho Ministro de Hacienda a pasado a la historia como uno de los más eminentes que tuvo la República. (Fue su Subsecretario, en ese Departamento de Estado, el joven Carlos Ibarguren, mi padre). Cumplida la actuación señalada, don José María aceptó la presidencia de la Caja de Conversión, durante dos años. En 1911 el Presidente Roque Sáenz Peña le encargó nuevamente la dirección de la economía nacional desde el Ministerio de Hacienda, cargo al cual el Dr. Rosa renunció en 1912, debido al quebrantamiento de su salud. Tal, en síntesis, la carrera pública de esta personalidad, que ingresó en 1861, a los 15 años,siendo casi un niño, como empleado del Banco de la Provincia, en cuya institución se le confio — a los 22 años de su edad — las responsabilidades de Tesorero, poco antes de que en 1869 fuera nombrado Secretario de la Legación en Río de Janeiro, primer escalón de su importante trayectoria honorífica. Falleció José María Rosa y Pons, en Buenos Aires, el 13-IX-1929. El 9-III-1946, con motivo del centenario de su nacimiento, una comisión de homenaje a su memoria colocó en su sepulcro de la Recoleta una placa de bronce que dice así: “Dr. José María Rosa 1846 — 9 de Marzo — 1946 — Ciudadano insigne, jurista, maestro, hombre de estado, sabio y virtuoso. Homenaje de sus admiradores”. En la oportunidad hablaron el Dr. Lucio V. López y el Dr. Alberto Hueyo, en el cementerio, y en la Facultad de Derecho el Dr. Salvador Oría leyó una conferencia sobre la personalidad del ilustre argentino. 86

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Los grandes diarios de la prensa metropolitana se asociaron al homenaje con expresivas notas recordatorias; y, por último, la “Comisión” de sus admiradores dió a la estampa un folleto con la reproducción de los discursos y artículos aludidos. José María Rosa y Pons había contraído matrimonio el 3-VIII1875 con Alejandrina Rodríguez y Rodríguez; hija de los primos hermanos Francisco Rodríguez Roo y Teresa Rodríguez Dalvué, de cuya genealogía traté en el apellido Rodríguez y sus respectivas alianzas. Estos hijos hubieron los cónyuges Rosa-Rodríguez, a saber: 1) José María Rosa y Rodríguez, nac. el 10-III-1876, fall. el 10II-1960. Abogado, periodista y político; Interventor en la Provincia de Mendoza (1930-32) a raíz de la revolución del General Uriburu. Casó el 10-V-1902 con Lucila Josefa Carmen Cano Hunter, nac. el 31-X-1882 y fall. el 15-VIII1919 (hija de Juan Cano Díaz Vélez y de María Hunter Arriola y Pacheco). Son los padres de: A) Alejandrina Rosa Cano, nac. el 8-II-1903. Fue casada con Mario Arenas, nac. en Mendoza el 25-X-1887, Abogado y Senador Nacional por Mendoza (hijo de Angelino Arenas y de Ursulina Raffo). Con sucesión. B) Maria Lucila Rosa Cano, nac. el 10-III-1905. Casó con Julio Máximo Landívar Elía, nac. en 1903; fall. en 1964 (hijo de Julio Landívar Monnet del Sar Elías Colón y Larreategui — 12º nieto de Cristóbal Colón — y de Estela Elía). Con sucesión. C) José María Rosa Cano, nac. el 20-VIII-1905 — “Pepe Rosa” — historiador revisionista, catedrático y político nacionalista. Casó el 30-VIII-1931 con Delfina Bunge Schreiber (hija de Alejandro Bunge Arteaga y de Margarita Schreiber Albrech). Con sucesión. Después con Ana María Rocca, “Pepe” tuvo otro hijo. D) Enrique Rosa Cano, nac. el 24-VI-1909; fall. en 1984. Casó con María Susana García. Con sucesión. E) María Marta Rosa Cano, nac. el 24-III-1911. Casó primero el 15-I-1958 con Miguel Duggan Gaynor, Roo

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nac. el 16-I-1880 y fall. en 1958 — viudo de Edith Leonor Macdonald. Marta pasó a 2as nupcias con Alejandro Billoch Newbery — viudo de Nelly Byrne —. No tienen hijos. 2) Susana Alejandrina Cándida Rosa y Rodríguez, nac. el 29VIII-1877; fall. en 1936. Se casó el 26-III-1901 con Pedro Passo Alais, nac. en 1876; fall. en 1939. Médico (hijo de Pedro Passo González y de Clotilde Liberata Alais Ortega). Son los padres de: A) Pedro Adolfo Passo Rosa, nac. el 11-II-1902. Murió soltero en el tiroteo de la Plaza del Congreso durante la revolución del 6-IX-1930. B) María Alejandrina Ana Passo Rosa, nac. el 26-VII1903. Casó el 4-VI-1924 con Enrique Gil, nac. el 23III-1890; fall. en 1960 (hijo de Natalio Gil y de Isabel Ruiz de Gopegui). Con sucesión. C) Susana Luisa Passo Rosa, nac. el 21-VI-1905; fall. en 1959. Casó el 23-V-1930 con José Sastre Núñez (hijo de Angel Sastre Aramburu y de Concepción Núñez Achával). Con sucesión. D) Lucrecia Passo Rosa, nac. el 23-XI-1906; fall. en 1962. Casó el 18-XII-1936 con Patricio J. Conway, nac. en 1906. Oficial de Marina. Con sucesión. E) Clemencia Passo Rosa, nac. el 19-II-1910; fall.en 1975. Casó con José Vicente Ribero, fall. en 1963 (hijo de Carlos Ribero y de Sara Moneta). Con sucesión. F) José María Passo Rosa, nac. en 1912. Casó con María Cristina Baires (hija de Andrés Baires y de María Ernestina Celina Bustos Morón Rigal). Con sucesión. G) Julio Passo Rosa, nac. el 16-V-1913. Falleció soltero el 18-III-1938 en un accidente de aviación. 3) Julio Aristóbulo Rudecindo Rosa y Rodríguez, nac. el 1-III1879 y fall. el 16-IX-1956. Presidente del Banco Hipotecario Nacional. Casó con Jeanne Gadrat, nac. el 30-I1889. Hija única de ellos resultó: A) Juana Rosa Gadrat, nac. el 5-II-1917. Se casó en 1936 con Ricardo Benítez Basavilbaso (hijo de 88

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Amadeo Benítez Ortega y de Ema Basavilbaso Quirno Costa). Con sucesión. 4) Zulema Ana Rosa y Rodríguez, nac. el 18-VIII-1882; fall. en 1963, soltera. 5) Gregorio Alejandro Rosa y Rodríguez, nac. el 1-IX-1883; fall. el 4-I-1929. Casó el 16-VI-1905 con Elena Rosa de la Torre Urizar Fragueiro (hija de Manuel Andrés de la Torre Urizar Carrasco y Bernales y de María Fragueiro). Son sus hijos: A) Alejandro Andrés Rosa de la Torre Urizar, nac. el 10X-1906. Murió soltero. B) Luis María Rosa de la Torre Urizar, nac. el 21-IV1909. Casó el 15-V-1933 con María Teresa Pereyra Iraola, nac. el 19-VIII-1909 (hija de Leonardo Rafael Manuel Pereyra Iraola y de María Teresa Adela Lamarca y Martínez Sáenz Valiente). Sin sucesión. 6) Miguel Octavio Rosa y Rodríguez, nac. el 14-VII-1886. Falleció en 1933 en Francia en un accidente automovilístico. Sin hijos. 7) María Amelia Luciana Rosa y Rodríguez, nac. el 24-XII1887 y fall. el 12-X-1974. Se casó el 15-IV-1907 con Alberto Schindler Brabo, nac. el 6-XII-1876 y fall. el 20XI-1959 (hijo de Guillermo Schindler Raux y de Emilia Brabo Calderón Arroyo). Son los padres de Estela Schindler Rosa de Ibarguren. La descendencia del matrimonio Schindler-Rosa se consigna en el “Apéndice” del linaje de Ponce de León que incluye al apellido Arroyo, con su genealogía correspondiente. 8) Alfredo Indalecio Rosa y Rodríguez, nac. el 30-IV-1892 y fall. en 1948. Casó y no tuvo hijos con María Magdalena Murga Lynch, fall. en 1966 — casada 1º con Carlos Germán Frers Lynch (hija ella de Domingo Murga Correa Morales y de María Aurelia Concepción Lynch Videla Dorna — ver el apellido Lynch).

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PONS I — RAFAEL PONS, oriundo de Cataluña, vivía en la isla de Menorca en la tercera década del siglo XVIII. Desde trescientos años atrás, las islas del archipiélago Balear fueron codiciadas por franceses, ingleses, españoles y turcos, como asiento para sus corsarios y puntos estratégicos en el Mediterráneo, hasta la paz y tratado de Utrech (1712) en que esas islas pasaron al dominio de España, con excepción de Menorca la cuál, luego de una breve ocupación francesa, volvió al poder de Inglaterra, que la conservó hasta la paz de Amiens (1802). Allá en la ciudad y puerto menorquino de Mahón, nacieron estos hijos de Rafael Pons, cuya madre ignoro: 1) Joseph Pons, nac. el 19-XII-1736, quien se educó en el Colegio de la Compañía de Jesús. Debido a la hostilidad de los protestantes ingleses de Mahón, el joven Pons se trasladó a Barcelona, donde profesó como jesuita. Cuando esta congregación fue disuelta y expulsada de España, Joseph se dedicó a la enseñanza universitaria. El Padre Joseph Pons aún vivía en 1815. 2) Joanes Pons, que sigue en II. 3) Agatha Pons, que la suponen soltera. 4) Catalina Pons, que casó con Joseph Orfila, baut. el 20-VIII1776 en Mahón, bajo el padrinazgo de Petrus Oliver y de Agatha Pons. II — JOANES PONS, vino al mundo en Mahón en 1740. Allá estudió y aprendió a trabajar en el comercio, intercambiando mercaderías con las otras islas Baleares y con España e Inglaterra. Vinculado al súbdito inglés Jaime Faltwell o Faltweld, con la hija de éste María Gracie se casó. Ello consta en la partida bautismal del hijo de ambos José Pons, que dice así: “Salvador Sans, Notario y Escribano Público en la isla de Mahón, certifica que en los libros de la parroquia de Mahón de dicha isla consta, bajo el nº 187, que el día 23 de julio de 1774 se bautizó al hijo de Joanes Pons y de María Gracie Faltawell, de nombre Joseph Ludovicus Liborius, siendo 90

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padrino don Rafael Pons y don Jaime Faltawell”, abuelos del párvulo. III — JOSE PONS FALTWELL, baut. en Mahón el 23-VII1774 con los nombres de Joseph Ludovicus Liborius y apodado después “Pepe el Mahonés”, vivió con sus padres en su ínsula natal hasta 1792, en que, a los 21 años de edad, se vino al Río de la Plata, donde en Montevideo conoció a Ana Manuela Martínez y García (hija de Manuel Martínez y de María García), y el 23-XI-1797, en la Colonia del Sacramento José y Ana María recibieron la bendición marital. Posteriormente los cónyuges se instalaron en Buenos Aires. “Pepe el Mahonés”, hombre activo y popular en la capital del Virreinato se dedicó al comercio de transportes por el río entre ambas márgenes del Plata, con flotilla de barcos propios. Ocurrida la primera invasión inglesa, Pons se incorporó a las huestes que reconquistaron a Buenos Aires con el grado de Capitán del Tercio de Catalanes. Y en el licenciamiento que el 4-I-1807 le concedió “Su Señoría D. Santiago de Liniers y Bremond, caballero del Rey y Virrey Gobernador y Capitán general de la Provincia del Río de la Plata”, consta “la eficacia y fidelidad como se ha conducido el Capitán de la 6ª compañía del Tercio de Catalanes, don José Pons”. Cinco meses más tarde, en el segundo ataque inglés, nuestro Capitán, al mando de 40 miñones y 6 voluntarios en la azotea de Pastor Lezica, “enfrente de las casas de las Temporalidades” (hoy rotonda de la Diagonal sur con la estatua de Roca), y la emprende a balazos con una columna invasora — la de Cadogan — que avanzaba por la calle del Correo (actualmente Perú), obligándola a retirarse y abandonar un cañón; en cuya acción — expresa el parte de dicho Capitán con fecha del 28 de julio — “tubimos algunos heridos, entre ellos el Sargento Francisco Girona, de cuyas resultas se le ha cortado el brazo derecho. Nadie nos quitaba de retirar nosotros el cañón — agrega el parte — quando lo mandé clavar, preocupados de perseguir a los enemigos en su retirada, se aprovecharon los Patricios de un momento favorable para apoderarse del cañón, atribuyéndose así toda la gloria”. El Comandante de los Catalanes Olaguer Reynals, a su vez, pidió al General Liniers se reconociera el mérito de su batallón, y en particular el de “Capitán D. José Ponce (sic), que en este lance se portó con tanta marcialidad y nobleza”. Intervino empero, en el Roo

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asunto, reclamando el cañón para los suyos, el Jefe de Patricios Coronel Saavedra, y dijo que “Ponce solo vió el cañón quando ya estaban muertos los caballos y ginetes que lo tiraban, muertos también y rechazados los enemigos de aquella calle, y que entonces un catalán (Francisco Salas) lo clabó sin necesidad, reconviniéndosele por los míos no lo hiciera”. De orden de Liniers la disputa entre Catalanes y Patricios, acerca de quienes tenían derecho al cañón, se arbitró ante el Comandante de los Cántabros Pedro Andrés García. En las actuaciones todos los testigos declararon que el Capitán de Catalanes — indistintamente llamado “José Ponce” o “José Pons” — habíase comportado con notable valor, ya que fue el primero que bajó a la calle del Correo, mandó clavar aquella pieza de artillería enemiga, e hizo retroceder mediante fuego mortífero a los britanos. Estos corrieron a refugiarse en la casa conocida por “de la Virreina Vieja”, donde al cabo de una tenaz defensa de tres horas, el Teniente Coronel Cadogan — que perdió 140 hombres — tuvo que rendirse con solo 38 ilesos. Tantos resultaron los muertos y heridos que, — cuenta Martín Rodríguez en sus Memorias — “por los caños de la azotea corría la sangre a la calle”: (ahora Perú esquina a la de Belgrano). Dos años después de derrotados los ingleses, el virrey Liniers, el 10-VI-1809: “Nombra a Joseph Pons para el estanquero por sus importantes servicios prestados, y por la renuncia que ha hecho de ese cargo don José J. García”. Ello no le impidió, al concesionario oficial de la venta de tabacos en la jurisdicción bonaerense, continuar con sus barcos el tráfico entre Buenos Aires y Montevideo y la Colonia del Sacramento, extendido, además, a otros puertos de nuestros ríos interiores. Producida la Revolución de Mayo, José Pons se mantuvo leal al antiguo estado de cosas, mejor dicho, a las autoridades de Montevideo, que desconocía la Junta de Buenos Aires. En 1812 su nombre aparece mezclado en el proceso de la conspiración de Alzaga, pues uno de los reos del complot negó haber mantenido correspondencia con “Pepe el Mahonés”, que estaba en la vecina orilla. En 1814, José Pons refuerza con la goleta de su propiedad “Catalana”, con su balandra “La Podrida” y con varios lanchones suyos, a la escuadra realista. Y en la memorable batalla fluvial de Montevideo, en la que los navíos de Brown destruyeron a la flota 92

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enemiga que comandaba Miguel de la Sierra, a “Pepe el Mahonés” — “aventurero” le llama porque si Teodoro Caillet Bois en su Historia Naval Argentina — le cupo una actuación brillante y heroica; a él correspondió el único éxito conseguido por los españoles en dicho combate. Con su balandra de 10 remos “La Podrida” y su goleta “Catalana” abordó al falucho patriota “San Luis”, armado con tres cañones y tripulado por 25 hombres: lo conquistó como presa, mientras su Comandante, el Teniente Guillermo Clark, caía herido y pereció ahogado. Sucedida la capitulación de Montevideo, José Pons — “Pepe el Mahonés” — estuvo un tiempo prisionero. Cuando recobró la libertad, siguió trabajando con su flotilla mercante de cabotaje. Un día del año 1829 llegó a Buenos Aires de la lejana tierra balear, con recomendaciones para Pons, su joven paisano Vicente Rosa y Carim, hijo del Secretario general de aquella comandancia isleña, a quien, nuestro armador, prestó inmediata ayuda, continuando así la vinculación que allá, en Mahón, tenían las familias de Pons y de Rosa. Poco después Vicente Rosa contraía enlace con Josefa, una de las hijas de su generoso protector. Fallecido José Pons, su yerno Vicente Rosa y Carim quedó al frente de los negocios y los barcos que fueran de “Pepe el Mahonés”. En cuanto a la viuda de éste, Ana Manuela Martínez y García, dejó de existir en Buenos Aires el 20VIII-1859. Los hijos del matrimonio Pons-Martínez fueron los siguientes: 1) José María Pons Martínez, que casó en la Iglesia de la Inmaculada Concepción, el 7-XI-1834, con Pascuala Gallán, n. en la provincia de San Luis (hija de Cosme Gallán y de Francisca Ceballos). 2) María Josefa Pons Martínez, que sigue en IV. 3) Dominga Pons Martínez. Casó el 4-I-1845, en el templo de la Concepción, con Manuel Fernando Ocampo, nac. en Galicia (viudo de María Juana del Río e hijo de los gallegos Antonio Ocampo y Teresa Rodríguez). Testigos de la boda fueron los cónyuges Vicente Rosa y María Josefa Pons de Rosa, hermana de la novia. 4) Augusto Pons Martínez. 5) Rafael Pons Martínez. Roo

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IV — MARIA JOSEFA o JOSEFA PONS Y MARTINEZ, nació el 17-V-1810 y falleció el 21-VIII-1881. Estuvo casada con Vicente Rosa y Carim. Dichos cónyuges resultan los bisabuelos de Estela Schindler Rosa de Ibarguren, cual se ha consignado al través de los antecesores de su línea materna.

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ROSPIGLIOSI Nobilísima y antigua familia romana de lejano origen lombardo que en el siglo XIII se estableció en Pistoya, donde en 1295 figuraba radicado Adolfo Rospigliosi, del cual descendía un Giovanni Rospigliosi que vivió a fines de dicha centuria. En 1330 Rogelio Rospigliosi tuvo destacada actuación en las guerras de Pistoya contra Florencia. Asimismo en 1330 Tadeo Rospigliosi fue Comandante de las milicias pistoyenses mandadas en socorro de Montecatini. Muchos personajes del apellido prestaron señalados servicios a su patria: Filippo, Bartolomé, Lorenzo, Francesco, Tomaso y otro Tadeo Rospigliosi fueron “Ganfalonieris”, en 1373, 1408, 1471, 1550, 1558 y 1566 respectivamente; Giovanni Rospigliosi resultó el brazo militar del Papa Martín V. Colona, en 1420, cuando sus tropas se apoderaron de Orvieto y de Nardi; Antonio Rospigliosi se desempeñó como Embajador de Pistoya ante la corte de Florencia en 1479; Giovanni Battista Rospigliosi, fallecido en 1567, prestó sus servicios a Francia, y más tarde al Papa Paulo III Farnesio, como General y Almirante de la Iglesia; Bartolomé Rospigliosi fue Decano de los Canónigos de la Catedral de Pistoya por 1590; Vicenzo Rospigliosi era Capitán del Papa en 1597; a Battista Rospigliosi lo designó Comandante de una galera a los 22 años, el “Granduca” de Toscana Fernando de Medicis (1549-1604); Alessandro Rospigliosi posteriormente, formó parte del Concilio de Pistoya; Camilo Rospigliosi era miembro fundador de la célebre Academia “dei Risvegliati”; Felice Rospigliosi llegó a Cardenal. Pero la más alta gloria de la familia que me ocupa es, sin duda, Julio Rospigliosi, elevado como Papa al trono de San Pedro bajo el nombre de Clemente IX.


Por lo demás, varios representantes del linaje militaron en las Ordenes de Malta y del “Santo Stefano di Toscana”. El escudo nobiliario de los Rospigliosi es cuartelado; 1º y 4º sobre oro un losange de azur; y 2º y 3º, sobre azur un losange de oro. La presente genealogía arranca con: I — GUGLIELMO ROSPIGLIOSI, vástago de dicha linajuda estirpe, y su mujer Brigida Savelli, ella también de histórica prosapia romana, ya que entre los próceres de su Casa se contaban dos Papas Savelli; Honorio III y Honorio IV; así como varios cardenales, senadores y hombres de guerra, desde el siglo XII hasta el XV, que poseyeron muchos feudos por los alrededores de Roma. El principal palacio de los Savelli, edificado sobre las ruinas del teatro Marcello, fue adquirido en 1713 por los Orsini, al extinguirse la rama varonil de sus antiguos propietarios. Guglielmo Rospigliosi y Brigida Savelli, casados a principios del siglo XVI, fueron padres, entre otros de: 1) Julio Rospigliosi y Savelli, Primer Príncipe de Rospigliosi, de quien eran hijos: A) Camillo Rospigliosi, progenitor, a su vez, entre varios hijos de los siguientes “nepotes” de Su Santidad: a) Giambattista Rospigliosi, General de los ejércitos pontificios; antecesor de otro Giambattista, creado Príncipe del Sacro Imperio el 6-VI-1658, que fue investido Duque de Zagarolo el 20-VI-1668. Casó en 1670 con María Camila Pallavicini, última de su línea y heredera del Cardenal Lázaro Pallavicini. Con sucesión hasta nuestros días. b) Vicenzo Rospigliosi, Generalísimo de las galeras papales en la guerra de Candia.

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c) Giacomo Rospigliosi, elevado a la sacra púrpura cardenalicia en 1667, y fallecido en 1684. B) Julio Rospigliosi —2º hijo del 1er Príncipe de su nombre o apellido — nació en Pistoya el 28-I-1600. Luego de una brillante carrera eclesiástica (miembro de la Cancillería Pontificia, Arzobispo de Tarso, Nuncio en España, Gobernador de Roma y Cardenal Secretario de Estado), a la muerte de Alejandro VII fue elegido Santo Padre de la Cristiandad católica con el nombre de Clemente IX. Durante su corto papado 20-VI1667- al 30-XI-1669, día en que falleció), Rospigliosi beatificó a Rosa de Lima, la primera Santa de América, y encargó al escultor Melchor Cafa realizara la efigie en mármol de esa consagrada mujer, cuya estatua se emplaza en la Iglesia limeña de Santo Domingo. Por lo demás la guerra de Candia, sitiada por los turcos y defendida por los venecianos, absorvió gran parte de las energías de dicho Pontífice, que pasó a mejor vida poco después de capitular aquella plaza isleña. Según el historiador César Cantú, Clemente IX “visitaba a menudo los hospitales ... no destituyó a los empleados del reinado anterior y favoreció a sus sobrinos!”. 2) Pedro Julio Rospigliosi, que sigue a continuación en el II. II — PEDRO JULIO ROSPIGLIOSI — Pedro Andrés de Rospigliosi y Savelli le llama el genealogista Carlos Calvo —, nació en Pistoya y fue Capitán de los Guardias Pontificios. Como hermano del Príncipe de Rospigliosi, Pedro Andrés resultaba tío carnal del Papa Clemente IX. El historiador peruano Manuel de Mendiburu los hace a Pedro Julio Rospigliosi hermano del Pontífice Clemente IX y dice que vino al Perú donde casó con Bárbara Candia —Bárbara Rodas de Candia, según el genealogista Calvo —, hija del Capitán Juan Andrés de Candia, conquistador del Perú, “griego de nación”, y de Francisca Espínola Serrano, hija esta a su vez, de otro

Rospigliosi

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conquistador peruano Francisco Espínola y de su mujer Urraca Serrano. Juan Andrés de Candia — ascendiente mío en 9º grado — era propio hermano del religioso ermitaño Teodoro de Candia, muerto de 125 años en Santa Cruz de la Sierra, y del célebre aventurero griego Capitán Pedro de Candia, nacido en Creta a fines del siglo XV, que sirvió en las tropas españolas de Italia contra los turcos, y pasó luego a América con el Gobernador Pedro de los Ríos. Aquí acompaño a Pedro de Almagro y a Francisco Pizarro en sus exploraciones a lo largo de la costa del Perú. Fue uno de los 13 compañeros que se quedaron con Pizarro en la Isla del Gallo, a los cuales el Rey, en 1529, declaró hidalgos a los que no lo eran, y “Caballeros de la Espuela Dorada” a los que ya tenían esa calidad; titulándolo a Pizarro “Marqués de los Atabillos”. Pedro de Candia resultó el primer conquistador pizarrista que desembarcó en Tumbes, y dió lugar a la leyenda de que ante un crucificjo que llevaba se le humillaron un león y un tigre. Más tarde fue nombrado Corregidor de ese territorio incaico y ascendido al grado de Capitán artillero mayor de Pizarro. En las luchas de éste con Almagro, el artillero tomó partido por el segundo; y en la batalla de Chupas (16-IX-1542), una orden equivocada que mudó la posición de la artillería, cambió el curso del combate, hasta entonces favorable a Almagro “el Mozo” contra Vaca de Castro, por lo que aquel, creído que Candia le había traicionado, de un lanzazo le atravesó el pecho. Hijos del matrimonio de Pedro Julio Rospigliosi con Bárbara de Candia se dice que fueron: 1) Claudio Julio Rospigliosi, que sigue en III. 2) Teodoro Julio Rospigliosi, quien — anota el historiador Mendiburu — sirvió con mucho crédito en las guerras de la frontera de Chile, y casó allí con Lorenza Vázquez y Ponce de León, viuda del Capitán Diego de Guzmán, descendiente de 98

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conquistadores de aquel país y de las Casas de los Duques de Arcos y de Feria. Por fallecimiento de doña Lorenza, Teodoro pasó a segundas nupcias con Mayor Fernández de Córdoba que provenía, por línea materna, de los Duques de Albuquerque. Descendiente de Teodoro Rospigliosi puede ser José Julio Rospigliosi, jurisconsulto peruano, político, codificador y publicista, nacido en Tacna el 19-VII-1795, que se doctoró en Chuquisaca en 1821, y murió en Lima en 1857. III — CLAUDIO JULIO ROSPIGLIOSI — Joseph Julio Rospigliosi y Rodas de Candia lo registra el Nobiliario de Carlos Calvo — a fines del siglo XVII se encontraba en Cartagena de Indias, la fortificada ciudad de la costa del mar de las Antillas. Acaso guerreando allí contra los piratas herejes ingleses; o tal vez dedicado a los menos heroicos menesteres de exportar — con permiso — azúcar, tabaco, algodón, cocos u otros productos tropicales. Como quiera que sea, Rospigliosi, en la indiana Cartagena, se casó con Juana Muñoz de Vargas y Carrión, oriunda de ese lugar. Posteriormente ambos esposos trasladáronse al Perú, donde nació en Lima: IV — CLAUDIO JULIO ROSPIGLIOSI Y MUÑOZ DE VARGAS CARRION, por el año 1692. Veinticinco años más tarde “Claudio Rospillosi” prestaba servicios militares en España e “integró el grupo de los 180 soldados de infantería, embarcados el 1-IV-1717 en Cádiz para el refuerzo de la guarnición de Buenos Aires, donde se incorporaron en julio de aquel año”. En la ciudad porteña, nuestro hombre fue Sargento, Alférez, Teniente y Capitán de Infantería, cuyo respectivo despacho se le expidió el 29-IX-1741. Era, por lo demás, don Claudio, “reputado de buena calidad” — según el testigo Juan Martín de Mena, que declaró en 1762, en la Información sobre los antecedentes del hijo Bernardino Rospigliosi, cuando éste Rospigliosi

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tomó el hábito mercedario. En Bs. As. también se casó don Claudio, por 1719, con una criolla de firme arraigo, descendiente de los primeros pobladores de la ciudad; Petrona Ramírez de Sagües Trigueros Paez de Clavijo, de cuyos antecesores me ocupo al tratar los respectivos apellidos. Al contraer nupcias la señora aportó a la sociedad conyugal la mitad del valor de la casa que heredó de sus padres — poseída en condominio con sus hermanas Juana y María, debido a que su hermano Joseph Ramírez de Sagües habíale donado a ella su parte en esa morada, construída “a espaldas de la Catedral”, en la actual calle Bartolomé Mitre, entre las de San Martín y Reconquista, donde hogaño levantan sus edificios “The Royal Bank of Canada” y el “Banco de Italia y Río de la Plata”. La dote de doña Petrona incluía asimismo a una negra vieja llamada Josepha, y a otra esclavita homónima del mismo color, avaluadas cada una, respectivamente, en 388 pesos 6 1/2 reales y 154 pesos 1/2 reales; lo que en conjunto redondeaba un capital de 542 pesos 8 reales. Corridas dos largas décadas — ya difunta el ama — su viudo Claudio Julio Rospigliosi, el 12VII-1749, por escritura pasada ante el Notario Francisco de Merlo, manumitió a la joven esclava Josefa, de edad de 21 a 22 años, por el precio de 400 pesos conque la negra compró su libertad. No bien los esposos Rospigliosi quedaron unidos en matrimonio, en vez de inaugurar su hogar en aquella casona solariega de los Ramírez de Sagües, “a espaldas de la Catedral”, de la que doña Petrona era copropietaria, se instalaron en otra vivienda, que adquirió don Claudio, en la calle “de Santa Teresa” — hoy Lavalle — la cual — según el Padrón urbano de 1738 — “corridos tres cuartos hacia el oeste lindaba con el Capitán Bartolomé de Aramburu”. Fue Rospigliosi “Capitán de Infantería del Presidio” o Fuerte de Buenos Aires hasta el fin de sus días. Por su parte Petrona Ramírez de Sagües, luego de cerca de tres décadas de 100

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matrimonio, sintiéndose morir, dió poder para testar a favor de su marido, el 8-X-1747, ante Joseph Ferrera Feo. Nombró albaceas a su esposo y a Juan Manuel de Esparza y, a ruego de la otorgante, firmó la escritura Francisco Ramos. En los funerales y entierro de la causante se gastaron “trescientos y tantos pesos”. Y como la extinta dejara algunas deudas por valor de “mil y tantos pesos”, su viudo se hizo cargo de ellas, abonándolas “con dinero de sus sueldos de Capitán”. Cuatro años más adelante, “Claudio Jullio Rospillosi, estando enfermo en cama”, otorgó ante Francisco de Merlo, el 16-X-1753, un poder para testar a favor del “Capitán de Mar y Guerra don Joseph Bayo Jiménez” (marido de Mónica, una de las hijas del testador) y de don Miguel de Esparza. Y el 19 de diciembre siguiente don Claudio ya no alentaba en este mundo, y su cadáver había sido sepultado en la Iglesia de Santo Domingo, con hábito de esa orden predicadora, puesto que, en tal fecha, su albacea y apoderado Bayo Jiménez, ante el Escribano Merlo, llevó a escritura pública el testamento de su suegro, de acuerdo con las instrucciones que recibiera del causante. Los cónyuges Claudio Julio Rospigliosi y Petrona Ramírez de Sagües hubieron a: 1) Juana Bárbara Josefa Rospigliosi y Ramírez de Sagües — cuyo nombre recuerda al de su bisabuela paterna Bárbara Rodas de Candia —, fue bautizada en Buenos Aires, el 30-VI1720. El 22-VII-1745 ella se casó, también en Buenos Aires, con el Alférez José Gómez del Canto (hijo de Francisco Gómez de Montalvo y de Isabel del Canto y Caro, vecinos y naturales de Santa María de Nieva, obispado de Segovia, Castilla la Vieja). A raíz de ese enlace la contrayente fue dotada por su padre con un capital de 1.328 pesos y 5 reales — en ropas, alhajas y efectos de lujo y menaje, que tasó el Capitán Juan Miguel de Esparza. Ello consta en la escritura pasada el 14-VIIIRospigliosi

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1745 ante el Escribano Francisco de Merlo. Siendo Capitán de Infantería, José Gómez murió en Buenos Aires el 12-III-1775; y su viuda Juana Bárbara, luego de testar el 18-I-1791, ante Mariano García Echaburu, dejó de existir, y a su cadáver lo sepultaron en la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes. En 1778 ella habitaba, con dos de sus hijas, en casa propia, en la calle “de La Merced” (hoy Cangallo), sobre la acera con frente al norte, que bajaba al río. Hijos de su matrimonio con José Gómez del Canto resultaron: A) Santiago Gómez Rospigliosi, Teniente del Regimiento de Infantería de Buenos Aires, que el 26-VI-1787, en ocasión de hallarse en la expedición demarcatoria de la línea fronteriza del Paraguay con el Brasil — en la 4ª partida que comandaba el Teniente de Navío Juan Francisco de Aguirre y Uztáriz —, su madre, doña Juana Bárbara, por ante el Escribano Mariano García Echaburu, le otorgó “licencia” para casarse en la Asunción con Catalina Torres Dos décadas más tarde, cuando los ingleses atacaron a Montevideo, Santiago Gómez Rospigliosi defendió heroicamente esa plaza. Herido de gravedad, sobrevivió a sus hermanos José Ignacio y Lázaro que pelearon allí junto a él, muriendo ambos en el combate. Santiago, con el General Ruiz Huidobro y demás defensores montevideanos fue hecho prisionero y conducido a Inglaterra. Carlos Calve, en su Nobiliario, ignora el casamiento de Santiago Gómez Rospigliosi en la Asunción del Paraguay con Catalina Torres (cuyo trámite previo he documentado con la “licencia” dada por su madre, el 26-VI-1787, ante el Escribano García Echaburu) y, en cambio, le adjudica a aquel por esposa a María Pacheco Malaver, y lo convierte en padre de Carlos José

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Gómez Pacheco de Malaver, de quien era nieto el pintoresco y pródigo Fabián Gómez Anchorena 4 ([1]) B) José Ignacio Gómez Rospigliosi, Capitán de tropas veteranas, que el 3-III-1807, en la defensa de Montevideo, se batió con sus hermanos contra los ingleses atacantes. Acribillados de heridas los 3 Gómez cayeron entre los muros de la Ciudadela; y cuando se recogieron los despojos de la batalla, encontróse que los 3 Gómez se habían desangrado confundidos en un estrecho abrazo fraternal (el “Abrazo de la muerte”, lo recuerda Pastor Obligado en una de sus Tradiciones). Jose Ignacio y Lázaro eran cadáveres; no así Santiago, el cual — según dije — volvió a la vida, aunque quedara cautivo de los británicos. C) Lázaro Gómez Rospigliosi, que se inició en la milicia como Alférez del regimiento de infantería de Buenos Aires, el 30-IV-1779. Seis años después tomó parte en la expedición de Juan de la Piedra al Río Negro. Producido el degüello de su jefe a manos de los indios, Lázaro Gómez quedó al mando del

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Nada tienen que ver los Gómez Rospigliosi con los Gómez Pacheco Malaver. Estos son los verdaderos antecedentes genealógicos de Fabián Gómez Anchorena, a saber: I) Joseph Gómez de los Santos, caballero portugués, nativo de la Feligresía de San Pedro de Barcarena, Patriciado de Lisboa, casó en Buenos Aires el 24-XI-1759 con Inocencia Josefa de Malaver (hija del Capitán Andrés Pacheco de Malaver, Notario Eclesiástico y Apostólico de Buenos Aires, y uno de los fundadores de la Hermandad de la Caridad, en 1727, y de su mujer Petrona de Muga). Su hijo resultó; II) Carlos Joseph Nepomuceno de los Santos Gómez y Malaver, que casó con la santiagueña María Antonia del Castaño y Salvatierra (hija del Maese de Campo Manuel del Castaño y de María Antonia de Salvatierra y López de Velasco — que era viuda de Juan José de Paz y Figueroa). De este matrimonio nació; III) Fabián Gómez del Castaño, que casó el 12-X-1848 con Mercedes de Anchorena y Arana; padres de un único varón; IV) Fabián Gómez Anchorena, dicho el “Conde del Castaño”. Rospigliosi

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reducido grupo expedicionario, y retrocedió fortificándose a orillas del río del Sauce, cerca de Bahía Blanca. Posteriormente ajustó la paz con el cacique Calpisqui, a consecuencia de la cual pudo rescatar a sus amigos y camaradas Domingo Piera y León Ortiz de Rosas (padre que sería del Restaurador). Luego de estos sucesos Gómez permaneció un tiempo en Patagones, para después prestar servicios en la guarnición de Buenos Aires. Murió en defensa de Montevideo, al ser tomada por asalto la plaza por las fuerzas inglesas al mando de Achmuty, el 7-III1807. Cayó junto a sus hermanos confundido en “el abrazo de la muerte”. Lázaro Gómez Rospigliosi habíase casado, el 10-VI-1801, con María Francisca Obligado (hija del Contador de las Reales Cajas de Buenos Aires, Antonio Martínez de Obligado y de Fausta Fernández García). Del vínculo Gómez RospigliosiObligado derivan, entre otras, las siguientes familias; GómezObligado; Gómez-Ibañez; Gómez-Langenheim; GómezBasaldúa; Gómez Aguirre; Gómez-Pombo; Gómez AguirreGómez Pombo; Piñero Pearson-Gómez Aguirre; Saguier-Gómez Aguirre; Elía-Gómez Aguirre; Quirno-Gómez Aguirre; LastraGómez Aguirre; Lacroze-Gómez Pombo; Duncan Vela-Gómez Pombo; Gómez Pombo- Seeber Demaría; Güemes AyerzaGómez Seeber; Sáenz Valiente-Gómez Seeber; Iriarte CiresGómez Ibañez; Iriarte Gómez-Amadeo Marcenaro; Iriarte Gómez-Guién; Vernet Saez-Gómez Obligado; Obligado-Gómez Langenheim; Obligado-Nazar Anchorena; Obligado GómezOrtega; Schoo-Obligado Ortega; Dosse-Obligado Ortega; Zemborain-Dosse Obligado; Dietrichstein-Dosse Obligado; Gómez Ibañez-Alvarado Portal; Velazquez-Gómez Basaldúa; etc, etc. D) Juan José Gómez Rospigliosi. E) Florentina Gómez Rospigliosi, la cual (así lo consigna Carlos Calvo) fue esposa del historiador Mariano Pelliza, con quien dejó sucesión. 104

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F) Juana Gómez Rospigliosi, que casó con Cayetano Ramírez de Arellano. (Dato asimismo tomado de Calvo). G) María Andrea Gómez Rospigliosi, nacida en 1759. Ella obtuvo de su madre, en 1787, permiso para casarse con el Teniente del regimiento “Fijo”, Manuel Rosas, el cual, por esas fechas, integraba la 3ª partida demarcatoria de límites en la frontera hispano-portuguesa, a las órdenes del sabio Capitán de Fragata Félix de Azara. H) Francisca Gómez Rospigliosi — melliza de María Andrea — que testó el 24-XI-1808, ante el Escribano Juan José de Rocha en su Registro Nº 2. 2) Claudio Antonio Rospigliosi y Ramírez de Sagües, baut. en Bs. As. el 7-XII-1722. Fue Abogado con título de la Real Audiencia de Charcas; representante del Cabildo porteño, en 1772, ante un Concilio celebrado en Lima; asesor jurídico del Virreinato rioplatense; fiscal defensor de la Real Hacienda y auditor de guerra. Se le comisionó, asimismo, para que redactara las ordenanzas de la Casa de Huérfanas y del Hospital de Mujeres. Poseía una importantísima biblioteca y, en 1778, vivía con su mujer e hija, su cuñado el Sargento Mayor Pascual Ibañez, la familia y criados de éste, y su propia servidumbre y esclavos, en la casa suya de la calle “de San Miguel”, hoy Suipacha. El 14-VII-1778, ante el Notario Zenzano, nuestro doctor otorgó un curioso poder especial a favor de don José Joaquín de Otondo, vecino de Potosí, para que éste, en su nombre, pudiera en la Villa Imperial, actuar como “padrino de bautismo y óleos del póstumo o póstuma” que diera a luz doña Isabel Unzueta, legítima mujer de Pedro Francisco de Arizmendi, su amigo y apoderado en la ciudad Imperial del cerro famoso. Ese padrinazgo habría de compartirlo Rospigliosi con la Marquesa de Santa María de Otaví, señora de Santelices. Al efecto facultaba el otorgante a Otondo para que entrara en la Iglesia,

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tuviera en brazos a la criatura, le alzase en la pila y moralmente, en su nombre, lo obligara como padrino. Económicamente Rospigliosi estaba muy vinculado a Potosí. En esta Villa poseía una casa situada a espaldas del Convento de La Merced, que heredó de su tío materno Joseph Ventura Ramírez de Sagües, y que vendió, más tarde, a su cuñado el doctor Esteban Agustín Gascón, futuro signatario, como diputado por Buenos Aires, del acta de la independencia, en 1816, en el Congreso de Tucumán. Fue dueño también, nuestro abogado porteño, de varios ingenios potosinos de moler metales, sobre la llamada “ribera de los Ingenios”, cerca de la gran laguna de San Ildefonso o Caricari. A tales fincas las embargó el Banco, luego de un largo pleito que duró más de 30 años, al cabo de los cuales, don Claudio Antonio recuperó algunos de esos caseríos industriales, que transfirió posteriormente, por medio de su apoderado Pedro Francisco de Arizmendi, a Antonio Almandoz. Dicho juicio (1776-1778) se lo entablaron a Rospigliosi los azogueros de Potosí, pues él era administrador del Banco de la compañía de ese gremio, y se lo acusó por mal manejo de fondos y defraudación. El Dr. Claudio Antonio Rospigliosi contrajo matrimonio por 1776 con Isabel Rafaela Gascón y Arze, 37 años menor que él; hija de Blas Gascón, Contador Oficial Real en Oruro, provincia de Charcas, y de Tomasa de Arze, nativa de Bs. As. En oportunidad de sus esponsales la novia llevó a la sociedad conyugal una dote de 2.018 pesos y real y medio, en plata corriente, que le dieron sus padres. Cumplida la onceava anualidad de sus nupcias, el 2-XI1787, Rospigliosi “Abogado de la Real Audiencia del Distrito, enfermo en cama”, otorgó ante el Escribano Pedro Núñez, poder a favor de su mujer y de Francisco Martínez Haedo, a fin de que después de su muerte extendieran su testamento. Falleció el testador 5 días después, y sus restos fueron sepultados en la Iglesia de la “Santa Recolección” (El Pilar). La 106

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viuda, entonces, llevó a escritura pública el respectivo testamento, el 6-XII-1787. Por dicho documento Isabel Gascón y sus hijas quedaban instituídas herederas; de la casa del causante en Buenos Aires; de su valiosa colección de libros; y de sus muebles, esclavos y plata labrada. Tasador de la sucesión respectiva resultó el Contador Cornelio Matías de Roo — mi antepasado — en 1790. Casi cinco lustros más tarde, el 10-II-1806, el Virrey Sobremonte le escribía al Ministro de Gracia y Justicia del Rey Carlos IV, don José Antonio Caballero, remitiéndole un memorial de doña Isabel Gascón, en el que esta solicitaba una pensión en mérito de los servicios prestados por su difunto marido, el Doctor Claudio Rospigliosi, en las Asesorías y comisiones que desempeñó, y por la extrema necesidad en que ella decía encontrarse. Por último, el 29-V-1806, doña Isabel preparada para la muerte, extendió un testamento ológrafo, que fue protocolizado — fallecida la señora — en el Registro Nº 3 del Escribano Mariano García Echaburu. En la referida disposición de postrera voluntad, la viuda de Rospigliosi ordenó se amortajase su cadáver con el hábito mercedario y “toca y palma y girnalda de flores”, y que su entierro fuese “con laudates y repiques, como se hace con los entierros de Angel” (sic). Declaró por sus herederas a sus hijas: Manuela Vicenta y María Tomasa; y nombró por sus albaceas: 1º al doctor Mariano Moreno, futuro prócer revolucionario argentino; 2º a su hija María Tomasa; y 3º a sus hermanos José y Mariano Gascón (hermanos también de Esteban Agustín, diputado al Congreso de Tucumán en 1816), que eran tutores de sus hijas menores. Estas 4 hijas hubieron los esposos Rospigliosi-Gascón: A) María de las Nieves Manuela Josefa Rospigliosi Gascón, baut. el 6-VIII-1778. Falleció antes de 1806. B) María Manuela Vicenta Josefa Francisca Rospigliosi Gascón, baut. el 13-IV-1780. Murió soltera y fue enterrada en la Recoleta el 30-IX-1806. Rospigliosi

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C) María Tomasa Claudia Ramona Cayetana Rospigliosi Gascón, baut. el 18-IX-1784. Se casó el 17-XI-1803 con Francisco González Rodríguez, nac. en el lugar de “Eglarios”, consejo de Pravia, Obispado de Oviedo (hijo de Ramón González y de Josefa Rodríguez). D) Brígida Josefa Rospigliosi Gascón, baut. el 22-XI1785. Fallecida en tierna edad. 3) Petronila Rospigliosi Ramírez de Sagües. Estuvo casada con José María de Carvalho. Hubo esta sola hija: A) Josefa de Carvalho Rospigliosi, que casó el 22-IV1811 con Juan Fermín del Mármol Ibarrola, baut. en Bs. As. el 26-IX-1777 y fall. el 31-V-1831 (hijo del malagueño Miguel del Mármol y Tapia Mudarra, bisnieto materno del 1º Conde de Lúcar y de Quilmaro, y de la criolla María Micaela de Ibarrola y Griveo). Unico hijo del matrimonio del Mármol-Carvalho resultó José María del Mármol Carvalho, baut. el 17-VIII-1817 y fall. el 20-XII-1818. 4) Francisca Rospigliosi Ramírez de Sagües, que sigue en V. 5) Mónica Ignacia Rospigliosi Ramírez de Sagües, baut. el 3-V1734, de 6 días. Casó el 12-XI-1751 con el “Capitán de mar y guerra” José Bayo Jiménez, del cual enviudó en 1770, conservando dos hijos: A) Mercedes, de 16 años (nacida en 1762), y B) Pedro Bayo Rospigliosi, de 8 años (nacido en 1770). 6) Agustín Miguel Rospigliosi Ramírez de Sagües, baut. el 7-V1737, de 3 días. 7) Ramón Julio Rospigliosi Ramírez de Sagües, baut. el 6-IX1739. Profesó de jesuita, ordenándose en Córdoba del Tucumán, donde enseñó Filosofía. Entre sus discípulos contábase el futuro Deán Gregorio Funes y el que sería Oidor de la Audiencia charqueña — aunque paraguayo de nacimiento — Pedro Vicente Cañete. En 1767, nuestro profesor de metafísica es detenido en el Colegio Máximo cordobés, con los demás padres de la Compañía. A todos los trajeron a Buenos Aires, y de aquí se los 108

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expulsó del país a bordo de la fragata “La Venus”, a cargo del Comandante Gabriel Guerra. En tal emergencia, curioso resulta comprobar que el Capitán Pascual Ibañez, cuñado del jesuita referido, fue uno de los colaboradores más eficaces del Gobernador Bucarelli, bajo cuya responsabilidad se ejecutaron, en el Río de la Plata, los drásticos procedimientos de la histórica expulsión. Refugiado en Roma, la eterna ciudad en la que había descollado tanto su familia, el padre Ramón Rospigliosi hubo de desempeñarse como ecónomo de cierto monasterio de monjas, en 1780; y consiguió una Canongía, a pesar de ser extranjero y no tener título doctoral. Años más tarde, el Cardenal Duque de York, pretendió despojarlo del Canonicato, pero el Papa Pío VII le confirió a Rospigliosi el grado de Doctor en Teología y Cánones, desbaratando así la intriga cardenalicia contra el jesuita criollo. “Honor y gloria a mi maestro a quien el Vicario de Jesucristo, Pío Papa VII excerta scientia et motu propio, lo ha laureado con la borla de doctor” — escribió el 11-V-1804 el flamante Deán de la Catedral de Córdoba Gregorio Funes. 8) Justo Ignacio Rospigliosi Ramírez de Sagües, baut. el 3-III1742, de 3 días. Falleció en la infancia. 9) Bernardino Perfecto Rospigliosi Ramírez de Sagües, nac. en 1743, seguramente el 18 de abril, el día de San Perfecto, siendo baut. una semana más tarde, el 25 de mismo mes. Fue fraile mercedario. Antes de tomar el hábito e ingresar al Convento Grande de San Ramón de Buenos Aires, “Bernardino Rospillosi” hizo Información de limpieza de sangre, ante testigos, el 9-II-1762. Declararon en tal circunstancia Miguel Gerónimo de Esparza, de 85 años, y Juan Martín de Mena, de 75, los cuales habían conocido a los difuntos padres, abuelos y bisabuelos del postulante, quien, desde luego, “no es de generación de Judíos, Moros, Erejes o de los que directa o inmediatamente han sido castigados por la Santa Inquisición por causa de su fé”. Y a los cuatro meses de producida esta probanza de hidalguía, el 5-VI-1762, ante Francisco Xavier Rospigliosi

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Herrera, “Fray Bernardo Rospillosi, religioso novicio de la Real Orden Militar de Nuestra Señora de la Merced Redempción de Captivos” — previa licencia pedida al Señor Provisor y Vicario General del Obispado — ordenó su testamento. “Es mi voluntad — dijo nuestro fraile — que todos aquellos bienes que me tocasen de legítima de mis padres Don Claudio Rospigliosi y Doña Petrona Ramírez, los haya y goce Doña Francisca Rospigliosi, mi hermana, en quien los renunció, con la condición de que me ha de dar todo lo necesario para mi manutención por el tiempo que estuviese en el noviciado, por no tener la Religión como poder hacerlo, y en caso que mi hermana no admitiese ello, o en el decurso del tiempo no lo cumpliese, desde luego es mi voluntad que todo absolutamente recaiga en Doña María Mercedes Bayo, hija de mi hermana Doña Mónica Rospigliosi”. En 1776, fray Bernardino se desempeñó como Regente de estudios superiores en el antiguo Colegio Máximo de la Compañía de Jesús en Córdoba, vale decir que — una década más tarde — llenaba la vacante de catedrático dejada forzosamente por su hermano el jesuita Ramón, extrañado para siempre de nuestra tierra. 10) María del Carmen Rospigliosi Ramírez de Sagües, nacida antes del 8-X-1747, fecha del testamento de su madre, que presumo murió del parto de ella. V — FRANCISCA ROSPIGLIOSI Y RAMIREZ DE SAGÜES, fue cristianada en Bs. As. el 5-IV-1727 con los nombres de “María Francisca”, y bajo el padrinazgo de sus tíos, los cónyuges Capitán Antonio García de Sosa y María Ramírez de Sagües Trigueros. En 1753 su padre, don Claudio, “en atención a su muchísimo amor y asistencia que le ha devido, y por dejarla sin estado”, la mejoró a Francisca en su testamento con el quinto de sus bienes, adjudicándole la parte que tenía en la casa que fuera de los Ramírez de Sagües “a la 110

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espalda de la Catedral”, y dos esclavos negros llamados Ana y Domingo. Nueve años después, el 17-III-1762, Francisca contraía enlace con el entonces “Theniente” Pascual Ibañez y García de Roca, nativo de Orihuela, en Valencia, que vino al Río de la Plata a luchar contra los portugueses, y al poco tiempo era ascendido a Capitán, a propuesta del General Ceballos por “lo mucho que se ha esmerado en el sitio y toma de la Colonia del Sacramento”. Bendijo aquella boda, en la Catedral porteña, el fraile mercedario Leandro de Velarde, ante los testigos Nicolás de Orduy, Capitán Comandante de Infantería de este Presidio, Juana de Rospigliosi y otras personas de viso. Falleció doña Francisca el 17-IX-1804, y sus despojos recibieron cristiana sepultura en la Iglesia de La Merced al día siguiente. La sucesión de los esposos Ibañez-Rospigliosi — mis 5os abuelos —, así como los antecedentes familiares y biografía del marido, don Pascual, se tratan en el linaje de Ibañez.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Apolant, Juan Alejandro; Génesis de la Familia Uruguaya. Montevideo, 1966. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires; Documentos de la Sala 9 y sucesiones antiguas. Archivo parroquial de la Iglesia de La Merced de Buenos Aires. Calvo, Carlos; Nobiliario del Antiguo Virreinato del Río de la Plata. Colección de Documentos relativos a la expulsión de los jesuitas de la República Argentina y del Paraguay, en el reinado de Carlos III, con introducción y notas de Francisco Javier Brabo. Madrid, 1872. Documentos para la Historia Argentina; Padrones de la Ciudad y Campaña de Buenos Aires (1726-1810) y Padrón de la Ciudad de Buenos Aires (1778). Tomos X y XI. Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Furlong, Guillermo S. J.; Bibliotecas Argentinas durante la dominación Hispánica. Buenos Aires, 1944. Furlong, Guillermo S. J.; Nacimiento y desarrollo de la Filosofía en el Río de la Plata, 1536-1810. Buenos Aires, 1947. Le Petit Gotha. Ducs et Princes Italiens.; Rospigliosi; pags. 338 y 339. Spreti, Vittorio; Enciclopedia Storico-Nobiliare Italiana. Volumen V. Milano, 1932. Mendiburu, Manuel de; Diccionario Histórico-Biográfico del Perú. Lima, 1874. Molina Raúl A.; Padrón histórico de vecinos, estantes y habitantes de Buenos Aires en los siglos XVI y XVII. Inédito. Nieva Malaver, Roberto E.; Semblanzas y Recuerdos del Pasado Argentino. Buenos Aires, 1936. 112

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Obligado, Pastor; Tradiciones Argentinas. Udaondo, Enrique; Diccionario Biogrรกfico Colonial Argentino. Buenos Aires, 1945.

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RUIZ DE LLANOS El genealogista Carlos Calvo, en su Nobiliario, adjudica a esta familia el siguiente escudo de armas: En campo de plata 4 calderas de sable puestas de 2 en 2; terrazado de sinople. La siguiente genealogía principia con mis 9os abuelos burgaleses: I — DIEGO RUIZ DE LLANOS Y FRANCISCA MEDINA PACHECO, nacidos en la castellanísima ciudad de Burgos y casados allá durante el segundo cuarto del siglo XVII. Fue hijo de ellos: II — ALONSO RUIZ DE LLANOS, surgido a la vida en Burgos hacia el año 1646. De muchacho vino a Indias, y en Córdoba del Tucumán se casó con Agustina Albarracín y Funes, oriunda de dicha localidad (hija del Escribano y Capitán español Juan de Albarracín Pereyra y de la criolla Francisca de Funes y Ludueña Jaimes — ver los respectivos apellidos). Más tarde la pareja se avecindó en el “Valle de Lerma”, donde Alonso alcanzó el grado de Maestre de Campo y los privilegios de encomendero. Ya sesentón corrido, “estando como estoy de combalezenzia del hasidente que Dios nuestro Señor fue servido de darme”, mi antepasado dispuso su testamento el 18-X-1710, ante el Escribano de Salta Juan Antonio Gutiérrez, y los testigos Francisco Domingo Sotomayor, Gregorio Peralta, Juan María Sequeiros, Francisco Mariano y el Capitán Juan de Torres Briceño. Ordenó el causante sepultaran su cadáver en la iglesia salteña de San Francisco, amortajado con “el hábito de su santa religión, y acompañado del cura, sacristán con cruz alta y doble de campanas, y se me diga misa cantada de cuerpo presente”. Hizo constar que para su casamiento con Agustina de Albarracín no le dieron dote alguna, y que no tenía más bienes “que la casa que al prensete vivo, que se compone de galería y dos aposentos y terrado, y están ahora mejorados”. El testador, sin embargo, salió a flote de aquel “hasidente”, puesto que nueve meses más tarde, el 20-VII-1711, su hija María Josefa, “enferma en cama”, le otorgaba poder para testar, mancomunadamente con el marido de ella Juan de Córdoba y


Ubierna, y sus hermanos Alonso y Bernardo. Nueve hijos hubo el viejo Alonso en su matrimonio, a saber: 1) Diego Ruiz de Llanos Albarracín, “que se halla de religioso jesuita”, dijo su padre al testar en 1710. 2) Alonso Ruiz de Llanos Albarracín, Capitán. Hizo la campaña al Chaco a las órdenes del Gobernador Urizar y Arespacochaga en 1710. Siendo Alférez se casó en 1702 con Manuela Pardo de Figueroa Carvajal (hija del Capitán Juan Pardo de Figueroa y de Josefa de Carvajal). 3) Francisco Ruiz de Llanos Albarracín, Capitán. Casó en octubre de 1701 con Ana de Carvajal y Loria (hija del Sargento Mayor Francisco de Carvajal Díaz de Loria y de Josefa de Aguirre Suárez de las Higueras). En febrero de 1703 Francisco Ruiz de Llanos había muerto, pues su flamante viuda doña Ana, pedía licencia en la Curia salteña para casarse con el Capitán Juan Fernando de Peñalba (hijo del Capitán Pablo de Peñalba y de María Frías Sandoval). Ana hubo sucesión solo de su 2º marido. 4) Alexo Ruiz de Llanos Albarracín, deudor con su padre de mi antepasado el comerciante porteño Miguel de Riblos. A la muerte de éste su albacea Antonio Gallegos dió poder en Buenos Aires el 30X-1727, ante el Escribano Merlo, al Maestre de Campo Juan Bautista de Ibarguren y a Vicente Pérez de Albernas, a fin que demandaran en Salta a “Alonso Ruiz de Llanos y a su hijo Alexo” para el cobro de 1.800 pesos. 5) Juana Ruiz de Llanos Albarracín, ya difunta en 1710. 6) Bernardo Ruiz de Llanos Albarracín, que casó con Ignacia de Villafañe Guzmán (hija de Baltasar de Villafañe Guzmán y de Mariana de Toledo Pimentel Ramírez de Velasco). Fueron padres de: A) Juan José Ruiz de Llanos Villafañe, cuyo testamento se protocolizó el 9-XI-1771, ante el Escribano salteño López Zeballos. Ahí declaró ser marido de “Agueda Fernández” (es Josefa Agueda Fernández Saravia, hija de José Fernández Pedroso Fernández Albernas y de su 1ª esposa Teresa Saravia Porcel de Peralta). Juan José y Josefa Agueda hubieron estos hijos: a) Luis Ruiz de Llanos Fernández Saravia, que casó el 31-X-1769 con Gabriela Mí; la cual de 116

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viuda contrajo 2as nupcias con Francisco de Borja de la Cámara y Corte). Con sucesión. b) Eusebio Ruiz de Llanos Fernández Saravia. c) Juana Ruiz de Llanos Fernández Saravia. d) Juan de la Cruz Ruiz de Llanos Fernández Saravia. Casó con María Milagros Espínola. Sin sucesión. e) Manuel Ruiz de Llanos Fernández Saravia. B) Juana Josefa Ruiz de Llanos Villafañe. Casó con Francisco Javier de Aguirre Fernández Cabezas. Con sucesión. C) José Ventura Ruiz de Llanos Villafañe. Casó 1º en 1735 con Juana Arias Rengel Pardo de Figueroa, fallecida bajo testamento el 12-XII-1742 (hija de José Arias Rengel Heredia y de María Pardo de Figueroa Zuñiga). De viudo paso a 2as nupcias en 1704 con María Juana Verdeja. Hijos del 1er enlace fueron; Josefa, Manuela y Paulina Ruiz de Llanos Arias, y del 2º connubio: a) Ventura Bonifacio Ruiz de Llanos Verdeja, que casó 1º el 29-XI-1779 con Agustina Arias Velázquez Rivera (hija del Maestre de Campo Juan Esteban Arias Velázquez Zurita y de María Per Afán de Rivera Barros). Muerta Agustina, Ventura mitigó su desventura casándose con Petrona Villada y Ríos (hija de José Villada y de María de los Ríos). Del 1er matrimonio provienen: a1) Dolores Ruiz de Llanos Arias Velázquez, baut el 8-X-1780. a2) Bonifacio Ruiz de Llanos Arias Velázquez, nacido en Salta el 15-VI-1791 y fall. en su finca de Payogasta el 28-IX-1870. Coronel guerrero de la independencia, gran amigo y “compadre” de mi bisabuelo Antonino Ibarguren, su vecino “vallisto” de Seclantás. Casó Bonifacio con Agueda San Roque en la que hubo a; Policarpo, casado con Argentina Saravia, con sucesión; Rafael, Ruiz de Llanos

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casado con Matilde Forest y Martínez Castro, con sucesión; José, casado con Micaela Gómez González, con sucesión; Nicasia; y Ventura, casado con Dolores Saravia Cortina, con posteridad. Del 2º enlace de Ventura Bonifacio nacieron: a3) Antonino Saturnino Ruiz de Llanos Villada, que casó en 1827 con Francisca Díaz del Sueldo. Con descendencia. a4) Justo Ruiz de Llanos Villada, casado con Petrona Arias Cruz (que era viuda de José Ignacio Sierra). Con sucesión. a5) María Ruiz de Llanos Villada, esposa de José Manuel Saravia Jauregui. Con prole. D) Miguel Ruiz de Llanos Villafañe. Escribano en Salta. Casó con María Rosa Ruiz de Llanos, su sobrina (hija de Diego Ruiz de Llanos y de Bernarda Fernández Saravia). Son los padres de: a) Romualdo Ruiz de Llanos, sacerdote. b) Carmen Ruiz de Llanos, soltera. Testó el 20-VI-1828 ante Félix Ignacio Molina, y declaró haber adoptado una niña; Toribia Ruiz de Llanos. c) María Ursula Ruiz de Llanos, casada en 1780 con Antonio Quevedo Escalada. E) María Josefa Ruiz de Llanos Villafañe. Casó con Francisco Javier de Aguirre Fernández Cabezas. Trato su sucesión en el linaje de Aguirre. F) María Francisca Ruiz de Llanos Villafañe. Casó el 22-III-1740 con Bernabé Saravia Porcel de Peralta, viudo de Josefa Martínez Sáenz Arias Rengel (hijo de Bernabé Gómez de Saravia y Rocha y de María Porcel de Peralta y Medina Pomar). Con descendencia. G) Diego Ignacio Ruiz de Llanos Villafañe, que casó el 4-VII-1751 con Bernarda Fernández Saravia (hija de José Fernández Pedroso y Fernández Albernas y de Teresa Saravia

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Porcel de Peralta). Del matrimonio Ruiz de Llanos-Fernández Saravia resultan los hijos siguientes: a) Manuel Ruiz de Llanos Fernández Saravia, casado con Petrona Porcel de Peralta Arias Rengel. Fueron padres de; Manuel Silberio, baut. el 17-IX-1794, y de Bernarda, baut. el 8-VIII-1797. (Ver el apellido Porcel de Peralta). b) Bernarda Ruiz de Llanos Fernández Saravia, mujer de Pastor Arce Figueroa. c) María Rosa Ruiz de Llanos Fernández Saravia, que casó 1º con Antonio Gutiérrez y en 2as nupcias con su tío carnal Miguel Ruiz de Llanos Villafañe. Con posteridad. d) Carlos Ruiz de Llanos Fernández Saravia, baut. el 7-XII-1768. H) Francisco Ruiz de Llanos Villafañe. Casó con Manuela Lisperguer Díaz de Loria (hija del Maestre de Campo Fernando de Lisperguer Aguirre y de María Díaz Loria Bazán). Sin descendencia. 7) Bernardino Ruiz de Llanos Albarracín, que casó con Bárbara Castellanos Martínez de Iriarte (hija de mis antepasados Agustín de Escobar Castellanos y de María Rosa Martínez de Iriarte Frías Sandoval). Fueron sus hijos: A) Francisco Bernardino Ruiz de Llanos Castellanos, nacido en Salta en 1726. B) María Josefa Ruiz de Llanos Castellanos, casada con Francisco Javier de Aguirre Fernández Cabezas. Con sucesión. (Ver los apellidos Aguirre y Fernández Cabezas). 8) María Josefa Ruiz de Llanos Albarracín, mujer de Juan de Córdoba y Ubierna, dotada por su padre para su casamiento con 6.000 pesos. La sucesión de estos 7os abuelos míos y los antecedentes del marido se consignan en el apellido Fernández de Córdoba. 9) Juana Crisósotoma Ruiz de Llanos Albarracín, que casó en 1699 con el Capitán Juan de Palacios Martínez de Iriarte. Ellos son también mis 7os abuelos. Su descendencia la registro en el apellido Palacios.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo Histórico de Salta. Archivo Parroquial de la Iglesia de Nuestra Señora de La Merced de Salta. Calvo, Carlos; Nobiliario del Antiguo Virreinato del Río de la Plata. Tomo VI. Bs. As., 1943. Reyes Gajardo, Carlos; Apuntes Históricos sobre San Carlos del Valle Calchaquí de Salta. Bs. As., 1938.

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RUIZ DE OCAÑA El apellido Ruiz — ya se sabe — es un patronímico derivado del nombre Rui, considerablemente extendido por toda la Península Ibérica. En cuanto a Ocaña es castellano en su origen, y sus armas consisten en un léon rampante de oro, en campo de gules, que lleva en su zarpa derecha una espada de plata; bordura de oro con cuatro flores de lis de azur y cuatro aspas de gules, alternando. Por su parte el linaje vasconavarro de Aramburu usó por armas antiquísimas un escudo con campo de plata, y en él un roble de sinople al que se empina a su tronco un oso negro. (Nobiliario Español de Julio de Atienza). En la onomástica vascuense Aramburu quiere decir “valle alto”; de arán “valle”y buru , “cabeza”, “cima”, “parte alta”. I — Con JUAN RUIZ andaluz, oriundo quizás del municipio de Ocaña en la provincia de Almería, da comienzo esta cadena genealógica. Fue él uno de los tantos expedicionarios venidos en la armada de don Pedro de Mendoza; un simple soldado cual otros homónimos suyos protagonistas en la temeraria empresa, cuya papeleta registrada en el Catálogo de Pasajeros a Indias acaso resulta la que lleva el Nº 1383, que dice; “Juan Ruiz, hijo de Antón Ruiz y de Elvira Núñez — 12 de julio (1535)”. Así pues, sin más datos de individualización que el común nombre y apellido, diré que Juan Ruiz — a secas —, el 28-XII-1537, prestó juramento como lo ordenara su jefe Ruiz Galán, en el fortín de Corpus Christi; que en 1539 Juan Ruiz y sus compañeros de conquista otorgaron un poder en el incipiente reducto del “Buen Aire”; que en 1549 Juan Ruiz contribuyó a darle el mando a Irala a fin de que éste desalojara a Diego de Abreu del gobierno de la Asunción; que en 1559 Juan Ruiz estuvo de parte de Gonzalo Casco cuando, en las selvas chaqueñas, dicho Capitán se separó de Ñuflo de Chaves por divergencias en la elección del terreno que habían de poblar; y que, por último, Juan Ruiz, en la Asunción del Paraguay, Ruiz de Ocaña

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con una india guaraní — es lo más probable — tuvo por hijos a Pedro Esteban y a Juan, ambos futuros pobladores y vecinos de Buenos Aires. II — JUAN RUIZ DE OCAÑA — tal el nombre completo de este “hijo de la tierra” — sacó el apellido Ocaña de alguno de sus antepasados paternos, nativos de ese lugar (aunque con mejor propiedad debería haberse apellidado “Ruiz de Guarania”). Nació en la Asunción hacia 1555, cuando su progenitor tendría cerca de 40 años de edad y casi dos décadas de experiencia conquistadora americana. Nada se sabe de la infancia del aludido mestizo; lo cierto es que parte de su juventud la vivió en Santa Fé, donde contrajo matrimonio con Bernardina Guerra, y donde en 1580, “a su costa y minción”, sumóse a la hueste de Juan de Garay que, desde la Asunción del Paraguay, bajaba hasta el Río de la Plata para poblar de nuevo el antiguo “real” de don Pedro de Mendoza. De ahí en adelante Juan Ruiz de Ocaña queda convertido en personaje histórico. En la biografía que dedico al conquistador Juan Fernández de Enciso escribí el relato de esa jornada y fundación memorables. Aquí, como complemento de aquel resumen, agrego estos versos de Barco de Centenera: “De la Asunción Garay hubo salido de todos adherentes aprestado; con él muchos soldados han venido, y habiendo en Santa Fé desembarcado, allí estuvieron días esperando los caballos, que vienen caminando. “Rehecha en Santa Fé aquesta armada, camina a Buenos Aires por el río; también por tierra va gran cabalgada, de gente que no teme al sol ni al frío: y siendo ya la cosa bien guiada, a pesar de la tierra y su gentío, los unos y los otros allegaron al puerto Buenos Aires, y poblaron.

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Estando la ciudad así poblada, la Trinidad por nombre le pusieron, y la gente en Cabildo congregada, Alcaldes ordinarios eligieron”. También Garay, en nombre de Su Magestad y del Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón, hizo entre los soldados — que “se metieron debajo del estandarte real y vinieron conmigo sustentando esta dicha población” — el reparto de “tierras y caballerías y solares y cuadras en que puedan tener sus labores y crianzas de todos ganados; las cuales dichas tierras y estancias y huertas y cuadras las doy y hago merced para que como cosa suya propia (sus compañeros pobladores) puedan en ellas edificar así casas como corrales, y poner cualesquier ganados y hacer cualesquier labranzas, y poner las plantas y árboles que quisieren, y por bien tuvieren, sin que nadie se lo pueda perturbar, como si lo hubiesen heredado de su propio patrimonio; y como tal puedan dar y vender, enagenar y hacer lo que por bien tuvieren; con tal que sean obligados a sustentar la dicha vecindad y población cinco años”. Entre los solares que consigna la “traça” fundadora de la ciudad, Juan Ruiz de Ocaña recibió uno en la esquina de las hoy calles Bartolomé Mitre y Reconquista (donde ahora está el Banco de Londres), y allí edificó su vivienda — simple rancho de barro, sostenido por palmas que se trajeron del Paraguay, y techado con paja de totora. Asimismo, se le otorgó media manzana o “cuadra”, en la actual calle Maipú, entre las de Tucumán y Lavalle, con frente al oeste (al presente levántase ahí el edificio de “Radio el Mundo”); y una chacra de 400 varas de frente por una legua de fondo en el camino (huella recién trazada, sería) de la barranca ribereña que va hacia “el pago del Monte Grande” (San Isidro). La chacra de Juan Ruiz lindaba entonces por su costado Sur con la del Alcalde Gonzalo Martel de Guzmán, y por el lado Norte con la de Juan Fernández de Enciso. Unido a este último terreno, la aludida chacra de Juan Ruiz integró,

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tres siglos mas tarde, parte de la que fue “Quinta de Olaguer”; que es la actual “Quinta Presidencial” en Olivos 5. En el reparto de “estancias” hecho por Garay, le tocó a Juan Ruiz de Ocaña una “suerte” en el “Valle de Corpus Christi” — que por otro nombre llaman “Río Luxán” — de 3.000 varas de frente “río abajo”, prolongadas hasta dar con unos terrenos anegadizos sobre el Paraná, que los conquistadores denominaron “casas de los guaraníes”. Aproximaríase hoy tal estancia a unos 20 kilómetros al Norte del pueblo de Ingeniero Maschwitz, con rumbo hacia la ciudad de Campana, pues sus linderos originarios eran: por su frente S.E. el río Luján, y algo más acá topaba con el arroyo “El Pescado” y unos 5 En efecto: Después de dejar de pertenecer a Ruiz de Ocaña, el dominio de la referida chacra pasó a una nieta suya; Petrona Vivancos, viuda del Capitán Ventura Méndez de Abalos, la cual, al morir, legó dicho bien al Convento de San Francisco. Posteriormente el 18-XII-1698, los franciscanos vendieron la tierra a Juan Ruiz de la Fuente, sobrino político de Petrona Vivancos. Sucedió a Ruiz de la Fuente una hija de él, casada con Martín de Pesoa. Este, a su vez, vendió la chacra en 1725 a Juan de Alsardo; personaje que transfirió luego gratuitamente el inmueble a Josefa de Osorio. De esta señora; 300 varas de frente y 5.196 de fondo, que correspondían a la finca que me ocupa, resultaron adquiridas por Manuel Ortiz y otros; cuyos propietarios vendieron dicha fracción, el 29-XII-1779, a Manuel Basabilbaso y Urtubía; cuya única hija; Justina Rufina de Basabilbaso, mujer del prócer Brigadier Miguel de Azcuénaga, heredó la chacra paterna. Fallecidos los cónyuges Azcuénaga-Basabilbaso, resultaron sus universales herederos sus hijos: Miguel José, Manuela Paula y Antonia. De ellos vino a heredar el predio María Olaguer y Azcuénaga (hija de Manuela Paula Azcuénaga y su marido José de Olaguer Feliú, primos entre sí; nieta paterna del Virrey Olaguer Feliú y de Ana de Azcuénaga). La antedicha señora estaba casada con Carlos Villate, y en su matrimonio hubo a Carlos Villate Olaguer, quien sucedió como titular en el dominio del bien. Finalmente Villate Olaguer, soltero y sin descendencia, antes de pasar a mejor vida donó, el 20-IV-1918, aquel antiguo terreno, casa y parque de la vieja quinta al Estado Argentino, a fin de que allí los Presidentes de la República tuvieran una residencia refrescada por los aires del río. Agrego que al pintoresco caserón amarillo de la quinta — cuya planta y fachada no ha sufrido modificación fundamental, y donde reside en los momentos actuales el Jefe del Estado — lo proyectó Prilidiano Pueyrredón — arquitecto y pintor — en 1851, y su plano convirtióse en realidad al promediar el año 1853. 126

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extensos bañados tras los cuales se hallaba la estancia de Hernando de Mendoza; al N.O. — o sea el fondo impreciso del campo — tenía por límite unos cañadones previos a “las casas de los guaraníes”; y sus costados N.E. y S.O. limitaban, respectivamente, con las estancias de Alonso de Vera y de Juan Rodríguez de Cabrera. Poseyó también mi antepasado unas tierras sobre los recodos de un riacho que se prolongaba desde “el Riachuelo de los Navíos” cuatro leguas hacia el Oeste, y donde había un monte de sauces. El paraje se llamó “la Cañada de Juan Ruiz”; y lindaba por su fondo con tierras de Juan López, alias “el Alcoholado” quien posteriormente vendió su propiedad, el 26-VII-1633, ante Pablo Núñez, a Jerónimo Melo Coutiño (hijo del propio Alcoholado”) y a Antonio de Rocha y Lobo (el dueño de la vuelta de Rocha, en la boca del Riachuelo). Juan Ruiz de Ocaña, además, recibió en encomienda, en 1583, al cacique “Cocomel” de “nación Caltis”, con todos los indios de su tribu. Y en la información de servicios del Capitán Maciel del Aguila, consta que el Teniente del Gobernador Torres Pineda, instituyó encomendero al Capitán Juan Ruiz de Ocaña, “hijodalgo”, sobre el cacique “Tenolayán”, que vivía con su gente “cuatro leguas arriba” del Riachuelo. Y es fama que Juan Ruiz de Ocaña sostuvo a la vera de dicho curso de agua un cruento combate con “Telonayán” — o “Telonian Condie” — y su indiada; y que a partir de la sangrienta pelea el riacho aquel fue llamado de “la Matanza”. Y el repartimiento aborigen expresado se lo confirmó al personaje de esta historia el Teniente de Gobernador Rodrigo Ortiz de Zárate, el 22VIII-1584, ante Gaspar de Quevedo, Escribano capitular. Así pues, andando el tiempo, en aquellos terrenos aledaños al la “Cañada de Juan Ruiz”, el Gobernador Hernandarias (1618) mandó levantar un fortín, que más adelante transformaríase en pueblo y “Cañada de Morón” — cuyo nombre se debe a que en 1705 Isabel Torres Briceño, viuda de Morón, instaló, en la antigua merced de Ruiz de Ocaña, un molino harinero. Junto con las referidas propiedades, nuestro Capitán disfrutó de una chacra en “esta banda del río Las Conchas” de 600 varas de tierra. Así mismo el poblador que me ocupa fue agraciado con otras mercedes, entre ellas: “una ensenada en el Riachuelo de los Navíos”,

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con seis cuadras de frente, y un “feudo para molino” a dos leguas del éjido porteño. A principios de 1590, el Teniente de Gobernador Hernando de Mendoza nombró Sargento Mayor de Buenos Aires a “Juan Ruis de Ocaña”. Sin embargo, el susodicho no gozaría por mucho tiempo sus privilegios militares: En el acuerdo capitular del 26-VI-1590, el Procurador de la ciudad Mateo Sánchez, pidió la destitución de mi ascendiente, por haber sido nombrado — decía — “contra voluntad de todo el pueblo y contra derecho”, puesto que “Juan Ruis haze muchos agravyos y alborotos con los avitantes ... de los qual resulta muy grande escándalo en el pueblo entre los soldados”. Y como tal argumentación convenció a todos los Regidores, estos rogaron a Hernando de Mendoza le “quytase el ofiçio” a dicho Sargento Mayor. El Lugarteniente Mendoza, entonces, cedió a ese requerimiento, destituyendo a Juan Ruiz de Ocaña con la prohibición de que “no usara agora ny en nyngún tiempo” el cargo militar. La interdicción al personaje para desempeñar funciones públicas no duraría demasiado: en 1598 era Alcalde de 1º voto, y en 1599 Contador interino, en ausencia del titular Hernando de Vargas Machuca. Poco después, antes de 1602, fallecía nuestro biografado. Juan Ruiz de Ocaña — como anteriormente se dijo — habíase casado en Santa Fé, antes de radicarse en Buenos Aires, con Bernardina de Guerra, nacida en la Asunción; hija legítima del expedicionario con don Pedro de Mendoza y conquistador del Paraguay, Joanes de Guerra, natural de la villa de Espinosa de los Monteros, actual provincia de Burgos, y de Ana de Sepúlveda. Al casarse doña Bernardina fue dotada nada menos que por Juan de Garay, quien la agració con una “suerte” en Santa Fé, que luego vendió su marido Ruiz de Ocaña, en ocasión de mudarse los esposos a Buenos Aires; adonde trajeron, con otros bienes transportables, 12 vacas de vientre. Muerto su compañero, Bernardina pasó a 2as nupcias con Juan Abalos de Mendoza (viudo de Juana Cejas e hijo del Capitán Gonzalo Casco extremeño de nacimiento y conquistado peruano-paraguayo, y de la criolla María de Mendoza; hija ésta del ilustre Francisco de Mendoza — el de Castro Jeriz — y de María de Angulo y Manrique). La sucesión de los cónyuges Abalos de Mendoza-Guerra se apunta en el apellido Casco de Mendoza. Testó la señora repetidas veces: en 1605, 1624, 128

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1638 y 1642, año en que falleció. En tales escrituras ella dejo constancia de como perdió su fortuna y como se despoblaron sus chacras y la estancia, convirtiéndose los ganados mansos y aquerenciados en cimarrones; por lo cual tuvo que vender la mitad de un solar y un vestido de su marido con algunas alhajas, para pagar el entierro y funeral de éste. En la última disposición testamentaria del 27-VIII-1642, doña Bernardina “estando enferma en cama” mandó se depositara su cadáver “en la Iglesia Mayor, en la sepultura que allí tengo”, y nombró albaceas a “Rodrigo de Narváes y al Capitán Diego Ruiz de Ocaña, mi hijo, y a Mateo de Abalos de Mendoza” — nieto suyo. El instrumental notarial se extendió ante Sebastián González Ruano “Escribano de Su Majestad” y “los testigos llamados y rogados” Pedro Rodríguez Flores, Juan Borda, Joseph González, Jaime Méndez y Salvador de Melo, que firmó a ruego de la causante. Fueron sus herederos: “el Capitán Diego Ruiz de Ocaña, Juan Ruiz de Ocaña, ausente, y Catalina Ruiz, viuda de Juan Abalos de Mendoza, mis hijos legítimos y del Capitán Juan Ruiz de Ocaña, mi primer marido; y Lorenza Abalos, mujer de Juan Ximénez, mi hija legítima del dicho Juan Abalos de Mendoza” — el segundo consorte de la testadora, padre del homónimo esposo de Catalina. Por tanto, del matrimonio Ruiz de Ocaña-Guerra provienen: 1) Diego Ruiz de Ocaña y Guerra, nac. en 1584 y baut. en 1593. Regidor porteño en 1618, Alcalde de Hermandad en 1619, 1624 y 1635; Procurador general en 1634; Alcalde de 2º voto en 1629 y 1630. Testó el 10-I-1658. habíase casado el 13-VII-1615 con Catalina Elena de Vivancos (hija de Diego Fredes y de María de Vivancos). Catalina Elena Vivancos testó el 27-VII-1652. Los cónyuges Ruiz de Ocaña-Vivancos hubieron estos hijos: A) Leonarda de Ocaña Vivancos, baut. el 20-V-1624. Casó por 1650 con Roque Francisco de Leyva. Padres fueron de: a) Ignacio Ruiz de Ocaña, que casó el 4-IX-1668 con María de Luque (hija de Francisco Rodríguez de la Torre y de Jerónima Luque). B) Juan Ruiz de Ocaña Guerra y Vivancos. Capitán que testó el 18-VI-1685. Hubo dos hijos naturales: a) Francisco Ruiz de Ocaña.

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b) Sebastián Ruiz de Ocaña, baut. el 24-IV-1667. Casó 1º con Francisca Rodríguez, y en 2as nupcias con Isabel Macedo. En 1744 era viudo y vivía en su estancia en el pago de Las Conchas. Hijos suyos fueron: b1) Paulina Ruiz de Ocaña Rodríguez, que casó 1º con Bernardo Godoy, y en 2as nupcias con Diego Puebla. b2) Jacinta Ruiz de Ocaña Macedo, baut. el 23-V-1711. Casó el 1-X-1738 con Antonio García de la Rosa, nativo de Portugal. b3) Vicente Ruiz de Ocaña Macedo, nacido en 1734. C) Petrona Vivancos, que casó 1º, el 29-VII-1657, con Juan Rodríguez Lima; y en 2as nupcias, el 17-V-1688 con Ventura Barrios Méndez Abalos. 2) Juan Ruiz de Ocaña y Guerra, nac. por 1595. Vivió un tiempo en el Perú. En Buenos Aires fue Capitán de milicias y accionero al ganado cimarrón. Casó en 1728 con Rosa Marques. 3) Francisco Ruiz de Ocaña y Guerra. Murió soltero antes que su madre. 4) Catalina Ruiz de Ocaña y Guerra — mi antepasada — que sigue en III. 5) Ana Ruiz de Ocaña y Guerra. Era hija natural de Juan Ruiz de Ocaña, el veterano compañero de Juan de Garay en la fundación de Buenos Aires. III — CATALINA RUIZ DE OCAÑA Y GUERRA, nació acaso en Santa Fé, pero contrajo matrimonio en Buenos Aires, el 26VII-1605, con un hijo de su padrastro: Juan Abalos de Mendoza y Cejas. Del nombrado enlace nacieron estos hijos:1) José, 2) Ursula, 3) Mateo Abalos de Mendoza y Ruiz de Ocaña (ver el linaje de Casco de Mendoza) y 4) Juan Ruiz de Ocaña Abalos de Mendoza, mi antepasado que adoptó en primer término el apellido materno y del que me ocupo más adelante en el punto IV. En su testamento de fecha 7-VIII-1659, mi lejana abuela Catalina Ruiz de Ocaña y Guerra declaró la existencia de una hija natural suya — y posiblemente del Capitán Juan Nieto Humanés López Tarifa (deduce el historiador Raúl A. Molina) llamada: 130

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5) Juana Abalos Humanés o también Ruiz de Ocaña, que casó con Melchor Casco de Mendoza, sobrino segundo del marido de su madre (hijo legítimo de Melchor Casco de Mendoza y de Catalina de Astor; nieto paterno del “General” Víctor Casco de Mendoza y de Lucía de Valderrama). De Juana y Melchor deriva numerosa progenie: hijo de ellos fue Mateo Casco Ruiz de Ocaña, baut. el 3-VII-1662 de 2 años, fraile mercedario. 6) Se me escapa la filiación precisa de María Gerónima Ruiz de Ocaña, quien testó soltera el 9-I-1705, y dijo en tan solemne documento: “Tengo una hija natural la cual hube bajo palabra de matrimonio con don Juan (o Jacinto) Laris, llamada doña María de Laris, la cual está casada con el Capitán Christóbal Rendón”. En efecto: el 27-VI-1695 María de Lariz (hija legítima — consigna la partida — de Dn. Jacinto Lariz y de Da. Jerónima Ocaña) se casó con Cristóbal Rendón (hijo legítimo de José Rendón y de Da. Luisa Rodríguez). Testigos de la boda, entre otros, fueron el Alcalde ordinario Capitán Miguel de Revilla y su consorte Da. Antonia Flores (antepasados de Estela Schindler mi mujer). Al margen de esa partida una nota expresa: “Por no hallarse la partida de bautismo de ambos contrayentes, aclaré aquí su filiación, estando cerciorado de la verdad por personas fidedignas”. Firma: “Dr. Oro”. IV — JUAN RUIZ DE OCAÑA ABALOS DE MENDOZA nació en Buenos Aires. En 1647 resultó elegido por el Cabildo Mayordomo de la ciudad; en 1649 Alcalde de Hermandad; y, el 7-IX1658, sus colegas de capítulo le nombraron “Juez de yerra” en el pago de la Matanza, a fin de que fiscalizara las marcaciones de vacunos que debían efectuarse cuando “se ayan hecho las recojidas de los ganados que están retirados en las campañas y apartados de sus querencias”. El vacaje una vez “reducido a sus rodeos y corrales”, quedaba a disposición de los estancieros dueños de su “yerro y señal”, mientras asimismo distribuíanse entre ellos las reses orejanas, que eran herradas a fuego con las marcas respectivas de los participantes. El Padrón urbano porteño de 1664 lo registra a Juan Ruiz de Ocaña como “casado con Da. Ana Martínez de la Rosa, natural de Santa Fé, y “el susodicho a sido Alcalde de Hermandad y Capitán de Cavallos”. En efecto: Ana Martínez o Martín de la Rosa — Ruiz de Ocaña

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asimismo apellidada Ana de Robles — había celebrado sus esponsales en Santa Fé el 20-IX-1643 con Juan Ruiz de Ocaña. Este trajo luego a su consorte a Buenos Aires, y aquí, tras otorgarles a ella y a su hermano Mateo un poder testamentario el 21- VIII-1672, murió ese mismo día. Era doña Ana hija del Capitán Manuel Martín de la Rosa (“importante figura santafesina — anota el investigador Juan Carlos Crespo Naón —, cuya conducta fue, en algún momento, motivo de escándalo por el amancebamiento con una india, hecho que trascendió a los estrados judiciales”) y de la esposa de éste Isabel de Vega y Robles, de acreditada raigambre conquistadora. En efecto: Isabel de Vega — mi 9ª abuela —, entre varios hermanos, tuvo por padres a Felipe de Vega “el Mozo”, Alcalde de Hermandad en 1619 en Santa Fé, y a Isabel de Espinosa. Felipe “el Mozo” nació en Madrid hacia 1561, hijo de Felipe de Vega — al que llamaré “el Viejo” — y de su mujer Beatriz Díaz, matritenses los dos. Ambos figuran en la lista de los expedicionarios que zarparon de San Lúcar de Barrameda para el Río de la Plata, en la armada del Adelantado Pedro Ortiz de Zárate, en 1572. Felipe “el Viejo” frisaba entonces en los 52 años y su esposa en los 46, contando sus hijos: Felipe 11 años, María 6 y Lorenzo 3. En 1576, Felipe “el Viejo” aparece como testigo de una información judicial levantada en Santa Fé. Por su parte Isabel Espinosa — la afable y leal costilla del “Mozo” Felipe — fue hija del Capitán Feliciano Rodríguez de Silva (cuyo nombre y primer apellido están tachados en el “Alarde” o lista de personas que, el 23-XI-1572, se inscribieron en la Asunción para fundar la ciudad de Santa Fé a órdenes de Juan de Garay) y de Beatriz de Espinosa; nieta paterna del conquistador Garci Rodríguez de Vergara y de Victoria Rodríguez, su mujer, nativa de Santa Cruz de la Sierra en el Alto Perú; y nieta materna del Capitán Juan de Espinosa y de Ginebra de Centurión. Mi 12º abuelo Garci Rodríguez de Vergara había nacido en la villa de Fontiveros, provincia de Avila. Vino al nuevo mundo en 1540, en la armada de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en calidad de Capitán. Aquí acompañó a su Jefe en la célebre caminata desde las costas del Brasil hasta la Asunción del Paraguay, donde los expedicionarios se toparon con las cataratas del Iguazú. En 1543 fue Veedor, nombrado por Cabeza de Vaca cuando éste le quitó el 132

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empleo a Antón Cabrera. Marchó posteriormente el hombre con mi antepasado Ñuflo de Chaves a descubrir el camino de los mayaes. El historiador Lafuente Machain se ocupa de Garci Rodríguez de Vergara en su libro Conquistadores del Río de la Plata, y expresa que el 24-VII-1548 obtuvo el nombramiento, por Real Cédula, de Contador Real, “pero no pudo ejercer el cargo, por haber quedado en España los recaudos, sin los cuales no podía ser recibido por el Cabildo”. Fue luego Teniente de Tesorero Real. Con mi antepasado Irala incursionó otra vez Garci por el territorio de los mayaes hacia la Sierra de la Plata, y asistió, en el puerto de San Fernando, en 1549, a la reelección de su aquel Caudillo para Teniente de Gobernador tras la frustrada jornada al país de los metales, y del golpe de mano de Abreu en Asunción, quien había mandado decapitar a don Francisco de Mendoza, también lejano abuelo mío. En 1554 Irala dispuso que Garci Rodríguez de Vergara fundara una ciudad en el alto Paraná, sobre la ruta que debía unir la Asunción con la costa marítima del Brasil. A dicha ciudad, nuestro fontivereño la bautizó “Ontiveros”, en homenaje a su lejana villa natal. “Volvió don Garci a España, como Capitán de la nao en que vino el Obispo de la Torre” — precisa Lafuente Machain, y allá “pretendió la gobernación del Río de la Plata, pero no fue atendido, en 1557”. Juan de Espinosa — igualmente 12º abuelo mío — nació por 1536 en la villa de Espinosa de los Monteros, hoy provincia de Burgos. Vino al Río de la Plata en 1555, desde San Lúcar de Barrameda, a bordo de uno de los barcos en que trajo Martín de Orue al Obispo de la Torre y a 48 pasajeros. Avecindado en Asunción del Paraguay, asistió en 1558 a la elección de Ortiz de Vergara como Teniente a Gobernador lugareño. Con Garay colabora en la fundación de Santa Fé de la Vera Cruz, el 15-XI-1573, siendo elegido Alcalde de su primer Cabildo. De orden de Garay Espinosa, al frente de 20 hombres, explora el camino de Santa Fé hacia Córdoba y Santiago del Estero, y torna al asiento santafesino con una tropa de ganado y gran número de cereales para sembrar. Contribuye luego a deponer al arbitrario Gobernador Diego de Mendieta y a despacharlo para España. Vuelve más tarde Juan a la Asunción y, tras distinto cometidos, acompaña en 1588 al Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón a fundar la ciudad de Vera de las Siete Corrientes. Con Ruiz de Ocaña

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Hernandarias y 30 soldados, reduce nuestro Capitán a los indios naurás, toma parte en la conquista del Paraná y acude en socorro de Concepción del Bermejo. “Un Juan de Espinosa — acota Lafuente Machain — actúa como Teniente de Gobernador de Santiago de Jerez y en diversas actividades, hasta 1613, pero no se puede afirmar que sea el mismo”. Hijos legítimos de Juan de Espinosa y de Ginebra Centurión — además de mi antepasada Beatriz, consorte de Feliciano Rodríguez de Silva — fueron: el Canónigo Mateo Espinosa; Isabel de Espinosa, casada con Juan Sánchez; y Catalina Centurión, mujer de Juan Ramírez. Ginebra de Centurión — la consorte de Juan de Espinosa — era hija de Rodrigo Osuna, hijo a su vez, de Hernán Martín de Osuna. Había nacido Rodrigo en Vejer de la Frontera, actual provincia de Cádiz y llegó al Paraguay con Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Acompañó posteriormente a Ñuflo de Chaves en la expedición a los Moxos, en cuya jornada se sublevó contra su jefe, subordinándose a Gonzalo Casco, junto con 73 conquistadores más, que retornaron a la Asunción. (Ver los linajes de Chaves y de Casco, con las biografías de estos antepasados míos). Testó Rodrigo de Osuna en la Asunción el 29-VIII-1572. Estuvo casado con Catalina de Centurión, la cual descendía inmediatamente del expedicionario con don Pedro de Mendoza, Bernardo de Centurión, “cuatralbo de las galeras del Príncipe Andrea Doria” (o sea cabo o jefe de tales embarcaciones), que con dicho grado naval lo menciona en La Argentina Ruy Días de Guzmán, el más antiguo de nuestros historiadores. Bernardo de Centurión era genovés y marido de su paisana María Pérez de Rapallo. Tras este largo paréntesis acerca de los ancestros de Ana Martín de la Rosa Robles, cónyuge de Juan Ruiz de Ocaña Abalos de Mendoza, diré que este mi 8º abuelo, allá por 1640 siendo soltero, había comprado a Juan Ximénez de Arteaga —marido de la tía Lorenza Abalos de Mendoza Ruiz de Ocaña — unas tierras en el pago de Luján, en la otra banda del río, de 500 varas de frente y legua y media de fondo; lindantes por la parte de arriba con tierras despobladas del Presbítero Juan de Oramas, y por la parte de abajo con un campo que después poblaría el hijo del comprador, Alférez Juan Ruiz de Ocaña.

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El año 1674 Ana Martín de la Rosa Robles figura anotada como “Ana Robles, viuda”, en una nómina que se hizo en Buenos Aires para exportar corambre en los navíos del “maestre” Miguel Gómez del Rivero. A doña Ana se le asignó la importante cantidad de 2.000 cueros. Transcurridos 18 años, después de testar el 26-IV1692, la señora epilogó su vida. De su marido Juan Ruiz de Ocaña Abalos de Mendoza había dado a luz estos hijos: 1) Miguel Ruiz de Ocaña y de la Rosa, baut. el 15-XI-1648. 2) Isabel Ruiz de Ocaña Abalos y de la Rosa, baut. también el 15-XI1648, la cual falleció párvula. 3) José Ruiz de Ocaña Abalos y de la Rosa, baut. el 30-XI-1649. Durante los años 1671 y 1673, José ganó las licitaciones para abastecer de carne vacuna la ciudad de Buenos Aires. Tuvo un hijo natural: Josef Ruiz de Ocaña, baut. el 27-II-1672. 4) Juan Ruiz de Ocaña y de la Rosa, baut. el 2-X-1653. Acaso fuera el mismo Juan Eusebio Ruiz de Ocaña, marido de María Josefa Homen de Pessoa (hija de Pedro Homen de Pessoa y de Isabel de Figueroa y Mendoza). Juan Ruiz de Ocaña fue Alférez, Regidor en 1671 del Cabildo porteño y accionero al ganado vacuno en el pago de Luján. Hubo descendencia. 5) Petronila o Petrona Ruiz de Ocaña y de la Rosa, baut. el 23-XI1656. Se casó el 10-V-1674 con Bernardino Acosta (hijo de Manuel Acosta, nac. en Lisboa y de Lorenza Jofré de Bohorquez, nac. en Mendoza; n.p. de Antonio González y de Catalina Antunes; n.m. del Capitán Lorenzo Lara). Testó Bernardino el 19-IX-1704, declarando una estancia en el Río Luján, de 3.000 varas de frente que heredó de su padre, y una chacra en el pago de la Matanza. A su vez Petronila Ruiz de Ocaña, apellidada también Ruiz de Robles, dió poder para testar el 17-XI-1721, y murió 4 días después. Fueron hijos de su matrimonio: Joseph Luciano, Juan, Francisco, Bernardino, Antonio, Francisco Xavier, María Rosa, Josepha y Juana Acosta Ruiz de Ocaña, ésta casada con Manuel Rodríguez, el cual luego de testar el 12-V-1753, ante Joseph Gorordo, falleció sin hijos. Por su parte doña Juana testó el 27-XII-1776 ante Joseph Zenzano. 6) Tomasa Ruiz de Ocaña y de la Rosa, baut. el 29-XII-1661. Casó 1º el 10-XII-1682 con el Sargento Mayor Juan del Pozo y Silva nac. en 1657 (hijo de Juan del Pozo y Silva Lemos y Toledo y de Ana Garro, Ruiz de Ocaña

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que testó el 6-VIII-1697. De viuda Tomasa pasó a 2as nupcias con Francisco de Arroyo y Arteaga (hijo del Escribano Antonio Calvo de Arroyo y de Beatriz de Heredia y Salcedo Higueras de Santana Peralta). Francisco de Arroyo era dos veces viudo, con sucesión, de Francisca de Gaete Izarra y de Gregoria Ponce de León y Naharro. “Tomasa Ruiz de Robles” — así la llamaban —, enferma en cama, redactó su testamento ológrafo, cuya carta sellada y lacrada entregó, el 17-III-1718, al Escribano Domingo Lazcano. La causante ordenó se sepultaran sus restos en la Iglesia de La Merced, amortajados con hábito de esa congregación. Declaró no haber tenido hijos en ninguno de sus matrimonios. Fundó una Capellanía y nombró por albaceas a Miguel de Obregón y a Bartolomé de Aramburu — mi antepasado. A la mujer de este último, María Ruiz de Ocaña — sobrina de Tomasa y 6ª abuela mía —, le dejó la testadora un esclavo negro llamado Martín. Ella murió cuatro días más tarde. 7) Lázaro Ruiz de Ocaña — mi 7º abuelo —que sigue en V. 8) Leonor Ruiz de Ocaña y de la Rosa, que se casó con Juan de Merlo de la Mota. V — LAZARO RUIZ DE OCAÑA ABALOS DE LA ROSA, nació en Buenos Aires y aquí fue bautizado el 31-XII-1665, bajo el padrinazgo de Sebastián de Lasarte y de Isabel Martel de los Ríos. Usó el mozo también el apellido Ruiz de Robles (en segundo término el apellido de su abuela materna Isabel de Robles de la Vega). Se casó Lázaro siendo “soldado del presidio”, el 19-X-1687, con Teodora de la Cruz Bermúdez y Orozco, nativa también de Buenos Aires. Testigos de la boda fueron; el General Ignacio de Agüero, el Capitán Roque de la Fuente y el Teniente Damián del Toro. Era la desposada hija de Juan Jerónimo de la Cruz y Orozco, Capitán Regidor y Alcalde de Hermandad, y de Gracia Bermúdez Cordovés; n.p. de Miguel Jerónimo de la Cruz Orozco, andaluz de Córdoba y portero del Cabildo bonaerense, y de Guillermina de Sotomayor y Sanabria; n.m. de Luis Martín Cordovés, oriundo de Tembleque de la Mancha, y de Inés de los Reyes Bermúdez. (Ver el apellido Martín Cordovés). El 22-X-1727, ante Francisco de Merlo, testó “enfermo en cama” Lázaro Ruiz de Ocaña (Alcalde de Hermandad en 1710, Capitán en 1721). Dispuso que su cuerpo recibiera sepultura en la 136

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Iglesia del convento de San Francisco, “en la parte y lugar que acostumbra la Benerable Orden Tercera, como tal hermano que soy, y amortajado con el ábito de dicha Orden”. Declaró que a su hija María, cuando ella casó con Bartolomé Aramburu (mis 6os abuelos), le dió el valor de 50 pesos corrientes, “en el aseo de su persona” (sic) y — después en el año 1723 — “le cedí la mitad de una chacra con lo poblado que tengo en el pago de la costa” (hoy Olivos), además de 350 pesos. Esa chacra medía 400 varas de frente y una legua de fondo. A su otra hija Ana, en ocasión de su casamiento con José Márquez, le dió 410 pesos con la restante mitad de la referida chacra. Especificó el causante por bienes suyos los siguientes; Las casas de su morada, edificadas en un solar de 17 1/2 varas de frente y 22 de fondo. La chacra costeña, con casa, pozo de balde y demás trastes, muebles y elementos de trabajo que en ella se hallasen, amén de dos esclavos negros. Tras enumerar a sus deudores y deudas, don Lázaro nombró albaceas a su esposa Teodora de la Cruz Bermúdez y a su hijo Agustín, a quien dejaba el quinto del haber hereditario, “por el mucho amor que le he tenido”. En 1738 doña Teodora, viuda, poseía una casa para alquilar en cierta esquina de la ciudad, pegada a la vivienda de su yerno Pedro Aramburu. Testó la señora el 3-XII-1740, y le dió los siguientes hijos a su marido: 1) María Ruiz de Ocaña de la Cruz Bermúdez — mi antepasada — que sigue en VI. 2) Pedro Ruiz de Ocaña de la Cruz Bermúdez, baut. el 28-IX-1688. Murió soltero. 3) Agustín Ruiz de Ocaña de la Cruz Bermúdez, baut. el 6-IX-1689. Casóse el 1-IX-1712 con Ana de la Puente (hija de Francisco de la Puente y de María del Hoyo). Testó Agustín dos veces; el 30-X-1738 y el 16-X-1747, y mandó sepultaran sus restos en la Iglesia de La Merced. Hubo estos hijos: A) María Josefa Ruiz de Ocaña de la Puente, baut. el 29-XII1713. B) Francisco Bruno Ruiz de Ocaña de la Puente, nac. el 6-X1719. Fue “Maestro” clérigo por los años 1744 a 1747, expiró de “neurisma” poco después.

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4) Ana Ruiz de Ocaña de la Cruz Bermúdez, baut. el 23-IV-1691. Casó 1º el 12-VIII-1717 con Juan Márquez. De viuda pasó a 2as nupcias el 17-IV-1721 con Pedro de Aramburu Martínez de la Rosa. Fueron testigos de esa boda Bartolomé de Aramburu, hermano del contrayente (y antepasado mío) y “Lázaro Ruiz”, padre de la novia. Presumo que hija de Pedro y de Ana fue: A) Luisa de Aramburu Ruiz de Ocaña, casada con José Doncel, que testó en Bs. As. el 6-IX-1793, ante el Escribano Juan de Rocha. 5) Andrés Ruiz de Ocaña de la Cruz Bermúdez, baut. el 20-XII-1694. Murió soltero. 6) Juan Ruiz de Ocaña de la Cruz Bermúdez, baut. en 1701. Casó el 14-VII-1721 con Juana López, la cual testó el 30-VI-1728, ante Francisco de Merlo, firmando la escritura a ruego de la otorgante su cuñado Bartolomé de Aramburu. En dicho testamento la señora declaró por hijos herederos a: Pedro, Juana, Alberto y Adrián, y “uno póstumo que tenía en el vientre”. Sin embargo, la causante no murió en tal oportunidad: procreó 3 hijos más y le sobrevivió a su marido Juan Ruiz de Ocaña; el cual, el 8-I-1737, ante Domingo Lezcano, dió poder in solidum para testar al reverendo Pedro Lugo, de la Compañía de Jesús, y a Bartolomé de Aramburu, nombrando albaceas suyos a este último y a Juana López, la consorte suya. Dispuso sepultaran su cadáver en la Iglesia de San Francisco, y declaró por herederos a los siguientes hijos: Pedro, Alberto, Adrián, Clara, María Francisca y Nicolasa. 7) José Ruiz de Ocaña de la Cruz Bermúdez, baut. en 1703. Casó — supongo — con María Lorenza N.N., en la que hubo a Juana Paula Ruiz de Ocaña, casada en 1765 con Bartolomé de Rojo y Fresco (hijo de Pedro Rojo y de Feliciana Fresco). VI — MARIA RUIZ DE OCAÑA Y DE LA CRUZ BERMUDEZ, fue bautizada de 5 meses el 23-IV-1689. A su debido tiempo contrajo enlace con su pariente el Capitán Bartolomé de Aramburu Martínez de la Rosa, Comandante de Infantería del Presidio de Buenos Aires (hijo del Capitán Pablo de Aramburu y de Lorenza Martínez de la Rosa, la cual dió poder para testar a su hijo Bartolomé el año 1726, en Bs. As.).

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Ese Capitán Pablo de Aramburu (padre de Bartolomé, de Pedro — marido de Ana Ruiz de Ocaña —, y de María — esposa de N. López de Arriola y madre de José López de Arriola Aramburu) había llegado de España al Río de la Plata en la segunda mitad del siglo XVII — en 1674, creo —, en el navío de registro “San José, del Maestre Juan de Arcolaga, cuya embarcación, de regreso a la madre patria, naufragó frente a la costa oriental de Maldonado. El vasco Pablo de Aramburu, luego de una corta estada en Buenos Aires, pasó a Santa Fé, donde se unió en matrimonio con la santafesina Lorenza Martínez de la Rosa, “persona benemérita”, hija de Diego de Avellaneda y de Polonia Martínez de la Rosa. El 22-VI-1693, el Gobernador rioplatense Agustín de Robles nombró a Pablo de Aramburu, a mérito de “sus partes y calidades, Alguacil Mayor de la ciudad de Santa Fé de la Vera Cruz”, con asiento, voz y voto en el Cabildo lugareño, y “bara alta de la Real Justicia”, poniendo a su cargo la cárcel pública santafesina, y a “los presos que se os entregasen con toda la guardia, custodia y buen recaudo, según la calidad de sus delitos y personas”. También — puntualiza ese título — “abeis de tener facultad de asistir a las visitas de las carretas, barcas y otras cualquier embarcaciones que llegaren a esa dicha ciudad, sus términos y distritos, y las que salieren de ella, y binieren de la de las Corrientes; y de las personas que entraren y salieren, acudiendo con toda vigilancia y cuidado a lo que se os mandare por mí (el Gobernador Robles), los Justicias Mayores y Ordinarios, y los Tenientes de Jueces Oficiales de la Real Hacienda de la dicha ciudad”. El 29-XI-1707, el Cabildo santafesino presidido por el Sargento Mayor Juan de Aguilera, Regidor perpetuo y Alcalde de 1º voto, y con la presencia del Alcalde de 2º voto Capitán Tomás de Uzedo Beunza, del Alguacil Mayor Pablo de Aramburu, y del Regidor propietario Sargento Mayor Melchor de Gaete, trató la causa criminal entablada contra los vecinos de Diego López, Francisco Caraballo, Juan José Moreno, Antonio Márquez Montiel, Juan de Velasco, Juan de Avila Santillán, Manuel Martínez, Domingo Gómez Recio, Antonio Botello, Juan Arce y Domingo Iturrios, acusados de violar los bandos sobre vaquerías en la campaña. Otro dato no poseo relativo a la actuación de mi ascendiente Pablo de Aramburu, quien

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falleció bastante antes de 1725. Su esposa doña Lorenza testó el 27III-1725, siendo viuda. En cuanto al hijo Bartolomé, al casarse con María Ruiz de Ocaña, ni él ni ella llevaron al matrimonio “más que la decencia de nuestras personas”, cual lo recordó en su testamento doña María. Heredó ésta de su padre don Lázaro, la mitad de una chacra poblada en el pago de la costa (hogaño Olivos), de 400 varas de frente y una legua de fondo, que posteriormente, el 13-X-1745, la señora, ya viuda, transfirió a su yerno Matías López. Seguidamente apunto, en orden cronológico, algunos datos referentes a Bartolomé de Aramburu, que constan en distintas escrituras y documentos conservados en el Archivo General de la Nación, a saber: El 26-XI-1721, ante Francisco Berano, Francisco Casco de Mendoza dió poder al Capitán Bartolomé de Aramburu, para que éste demandara a Fermín de Pesoa, por cierto asunto de menor cuantía. El 14-II-1722, el Depositario General de la ciudad José de Esparza nombró para que lo sustituyera y corriera con los depósitos mientras él estaba ausente en el pago de “Las Hermanas” (hogaño San Nicolás de los Arroyos), a Bartolomé de Aramburu. El 11-I-1725 el Cabildo porteño comisionó a Bartolomé de Aramburu para que se trasladara a la Banda Oriental a fiscalizar las cuereadas que en aquellos campos se realizaban. Dos meses después, el Capitán Aramburu presentó su informe al Ayuntamiento, el cual dispuso entablar juicios a los principales infractores que no entregaban, en el plazo asignado, a la corporación comunal, la porción establecida para cada matador, en el gran reparto de 40.000 cueros con que se favoreció a diferentes vecinos. Don Bartolomé, diez años mas tarde, en 1735, todavía reclamaba al Cabildo el pago de 100 pesos que se le ofrecieron para pasar “a la otra vanda de estte río”, con orden de realizar la diligencia antedicha. El 30-VI-1728, Bartolomé de Aramburu firmó a ruego el testamento de Juana López, mujer de su cuñado Juan Ruiz de Ocaña, según pone de manifiesto esa escritura pasada ante Francisco Merlo. El 2-IX-1732, ante Juan Antonio de Zabala, el Capitán Bartolomé de Aramburu dió poder a Bernardo García, “residente

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en Salta y mercader tratante en ella”, a fin de que cobrara cierta suma de pesos que le debía el Capitán Ignacio de Torres Gaete. El 23-VII-1735, el Cabildo le concedió a mi 6º abuelo Aramburu dos cuadras en el éjido de la ciudad, que éste había solicitado. En 1737, mi antepasado marchó a la Banda Oriental en la expedición que “está entendiéndose con los portugueses”, y previamente otorgó poder para testar a favor de José González Marín y de Matías López, su yerno. Ese año también, en el inventario de los bienes y créditos del Convento de las monjas Catalinas, practicado por Francisco de Merlo, figura una obligación, protocolizada el 17XI-1734 ante el Escribano Juan Antonio Carrión, por la cual Bartolomé de Aramburu y Martín de Valladares y su esposa, se comprometían a pagar al Convento 500 pesos. El 14-III-1739, ante Juan de Merlo, el Capitán Bartolomé de Aramburu dijo: Que por cuanto Francisco López se encontraba ejecutado y preso “en las casas de su morada a pedimento del Capitán Juan Cavezas (mi antepasado)”, dado que el recluso estaba enfermo, para su mejor asistencia Aramburu otorgaba fianza a favor del malsano. Vivía don Bartolomé, por esas fechas, con su mujer e hijos, en casa propia, edificada frente a la calle de “Santa Teresa” (hoy Lavalle), “tres cuartos” hacia el Oeste de la morada de Claudio Rospigliosi. Posteriormente los esposos Aramburu-Ruiz de Ocaña se mudaron a otra esquina que hacía cruz con la del finado Pedro Arebalo, distante una cuadra al Norte de la Catedral, en la calle “de la Trinidad” (ahora Bolívar). El 20-IV-1743, Bartolomé de Aramburu otorgó escritura de postrera voluntad; y tres años más tarde, el 21-II-1746, su viuda María Ruiz de Ocaña, le puso pleito a su vecina Francisca Gutiérrez, ante al Alcalde Juan Martín de Mena Mascarúa. Sucedió que “las lluvias y crecidas y repetidos aguaceros” causaron “la ruina y pérdida de una parte de mi morada que sirve de término y la divide con la casa de Francisca Gutiérrez”.Explicó, la actora, que una porción de su vivienda estaba “en el suelo, expuesta a robos y pérdidas, y que otras habitaciones están por caerse”. Frente a tal estado de cosas, había reclamado a su vecina la reparación de la pared medianera y servidumbre urbana. Más como Francisca Ruiz de Ocaña

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Gutiérrez no lo hizo, inició doña María la obra por su cuenta. En razón de ello, mi lejana abuela demandaba a su vecina para que dentro de ocho días levantara el resto de la pared y abonara la parte que correspondía. Testó María Ruiz de Ocaña — “enferma en cama de la enfermedad que Dios Nuestro Señor ha servido de me dar” — el 3VII-1762, ante Josef Zenzano. Dispuso que su cuerpo fuera sepultado “en la Iglesia del Convento de Nuestro Padre San Francisco, amortajado con su santo hávito, como hermana que soy”. Dejó constancia que a su hija Agustina, al casarse con Matías López, la había dotado por instrumento pasado ante Domingo Lezcano, y que la chacra suya, “en el partido de la Costa”, estaba habitada por su yerno Matías López, quien, aunque ella le extendió escritura de dominio a su favor, López le debía el precio de compra. Declaró por sus herederos universales a “mis seis hijos chicos havidos en el matrimonio del dicho don Bartolomé de Aramburu, mi marido” — hijos que vivían en aquel entonces: Bernardina, Agustina, Constantina, Pedro Pascual, Bonifacio y Toribio; y nombró por albaceas; 1º) al Licenciado Martín Antonio de Zavaleta, su yerno; y 2º) a su hijo Toribio Aramburu. He aquí la nómina completa de los hijos de don Bartolomé y de doña María: 1) Pedro Pascual de Aramburu Ruiz de Ocaña; acaso el primogénito. “Pascual de Aramburu” (sic), el 27-X-1730, ante Joseph Esquivel, vendió Juana Ruiz “un cuarto de solar” formado por 17 y media varas de frente y 70 de fondo, que había comprado a “doña Thomasa Alvarez, viuda y albacea del Capitán Pedro Gamiz de las Cuevas” (antepasados míos). Dicho solar hacía esquina y lindaba por su frente al Oeste, calle en medio, con sitio despoblado; al Norte con otro baldío; al Este con Manuel Sosa; y al Sur con más terreno de Thomasa Alvarez de Lasarte, la anterior propietaria. En 1762, a Pedro Pascual su madre declaró haberle adelantado 200 pesos a cuenta de su legítima. Habíase casado el mozo con Juan Farías, en la que hubo a: A) María Josefa Aramburu Farías, baut. el 2-XI-1726. Casó el 9-VIII-1741 con Antonio Machado. B) Ana Rosa Aramburu Farías, baut. el 26-IV-1733. 142

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Hijo natural de Pedro Pascual fue su homónimo. C) Pedro Pascual Aramburu, que casó el 22-XI-1751 con Francisca Solís. 2) Bartolomé de Aramburu Ruiz de Ocaña, baut. el 12-IV-1710, bajo el padrinazgo de Manuel Miguel de Obregón y de Juana de Hoyo. Falleció en tierna edad. 3) Agustina de Aramburu Ruiz de Ocaña, baut. el 7-XI-1711. Murió párvula. 4) Agustina Josefa de Aramburu Ruiz de Ocaña, baut. el 30-VII-1714 — de 8 meses. Se casó el 23-II-1730 con Matías López, nac. en “Nanfuentes, Reino de España” (hijo de Juan López y de Francisca Andino). El 21-X-1730 protocolizóse ante Domingo Lezcano, la respectiva “Carta de Dote”, cuyo monto, en distintos bienes, ascendía a 13.321 pesos corrientes. Testó Matías López el 14-IX-1785, ante Tomas Boyso. Dijo ser “hacendado en la costa de San Isidro”, poblador de una “suerte” de tierra (hoy en la localidad de Olivos) de 400 varas de frente y una legua de fondo, “que compré (el 13-X1745) a María Ruiz de Ocaña, mi suegra, que la heredó de su padre Lázaro Ruiz de Ocaña”. Dicha chacra tenía edificada una casa compuesta de sala, 3 cuartos y cocina, además 2 galpones grandes; todo en un monte de “plantas de varios árboles frutales”. Nombró el testador por albacea a su esposa Agustina de Aramburu y a sus hijos Joaquín y Paulino. Por su parte Agustina Aramburu otorgó sus últimas disposiciones el 11-VIII-1791. Estos fueron los 9 vástagos del matrimonio suyo: A) María Gregoria López Aramburu, la cual se casó el 26-III1770 con Gregorio Ramón de Merlo y Gamiz de las Cuevas, baut. el 5-VIII-1740 (hijo del Escribano Francisco Javier de Merlo Barboza, nac. en Sevilla — viudo de Francisca de Toro González Marquina —, fundador del pueblo bonaerense de San Antonio del Camino — hoy Merlo — y de su 2ª esposa María Teresa Gamiz de las Cuevas y Lasarte — que era viuda de Julián de Lalinde — ver el apellido Gamiz de las Cuevas). Gregorio Ramón de Merlo al enviudar de María Gregoria, pasó a 2as nupcias en 1780, con María Juliana de Zavaleta y Aramburu — prima hermana de su 1ª consorte (ver el apellido Zavaleta); y luego de morir María Juliana el hombre contrajo nuevo enlace en 1791 con Ludgarda Díaz Fravega. De los esposos Merlo-López Aramburu provienen: Ruiz de Ocaña

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a) María Encarnación Merlo López, baut. el 20-III1771. b) José María Merlo López, baut. el 26-XI-1775. Casó con Manuela Tixeira y hubo sucesión. c) Juan Pablo Merlo López, baut. el 27-VI-1778. Casó el 18-X-1798 con María Eugenia del Valle y Mesa, dejando con ella descendencia. B) Josef Joaquín López Aramburu, “Sargento Mayor de la campaña”. Vivía en su chacra “en el partido de la Costa de San Isidro”, comprada a los herederos de Martín Antonio Zavaleta. Estaba casado con Martina Arauz (hija de Juan de Arauz y de Petrona Micaño). Testó Josef Joaquín el 4-VI-1791, en el registro del Escribano Mariano García Echaburu, pero esa escritura quedó sin firma alguna. No prolongó descendencia; había tenido un hijo que murió infante. C) Isidoro López Aramburu. D) Paulino López Aramburu, quien en 1778 también vivía en “la Costa de San Isidro”, junto a su mujer María León Márquez y tres hijos. E) Justo Pascual López Aramburu. F) Juan Nicolás López Aramburu. G) Prudencia López Aramburu. H) Bernarda Josefa López Aramburu, nac. en 1746. Casó el 24-III-1771, con mi antecesor el Licenciado Martín Antonio de Zavaleta y Salguero, que era viudo de María Bernarda de Aramburu Ruiz de Ocaña, tía carnal de la desposada. El 23-II-1781, ante Josef Zenzano, “Bernarda López, viuda de Martín Zavaleta”, otorgó poder a favor de su tío Bonifacio de Aramburu, a fin de que prosiguiera un litigio que ella tenía pendiente contra José de San Pedro Lorente sobre “una asotea de su casa”. (Ver el apellido Zavaleta). I) Lucía López Aramburu. 5) Constantina Gregoria de Aramburu Ruiz de Ocaña, baut. el 14-III1716. Su madre, en el testamento de 1762, la mejoró con el tercio del remanente de sus bienes. Falleció soltera. 6) Francisco José de Aramburu Ruiz de Ocaña, baut. el 1-IV-1718. Murió niño.

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7) Francisco Xavier de Aramburu Ruiz de Ocaña, baut. el 16-III1710. Se casó el 7-VI-1744 con Lorenza Díaz Pérez (hija del andaluz Alonso Díaz, que comerciaba con las provincias del Perú, y de Isabel Pérez; padres también de Narcisa, Isabel, Teresa, Josefa y María del Carmen Díaz Pérez). Francisco Xavier de Aramburu, “a quien mataron a puñaladas”, fue sepultado en la Iglesia de San Francisco, con cruz alta y tres posas, a fines de febrero o principios de marzo de 1749. hubo dos varones en su matrimonio: A) Domingo Antonio Aramburu Díaz, baut. el 14-V-1747. Falleció párvulo. B) Antonio Modesto Aramburu Díaz, baut. el 16-II-1749, de cinco días. Murió de 3 años de edad. 8) María Bernarda o Bernardina Josefa de Aramburu Ruiz de Ocaña — mi antepasada —, que sigue en VII. 9) Juan Joseph Paulino de Aramburu Ruiz de Ocaña, baut. el 24-IV1725. Feneció antes que su madre. 10) Tomasa María Javiera de Aramburu Ruiz de Ocaña, baut. el 12III-1727. 11) Bonifacio José de Aramburu Ruiz de Ocaña, nac. en 1731. El 26IX-1757, ante Felipe Vázquez Pelayo, Bonifacio se comprometió a pagarle al Licenciado Martín de Zavaleta, abogado de las Reales Audiencias de este distrito”, 500 pesos corrientes, que dicho hermano político suyo “habíale prestado para hacerme amistad”. Un lustro más adelante, el 29-VI-1762, ante José Zenzano, “Bonifacio Aramburu, soltero” dió poder para testar al Licenciado Zavaleta “mi cuñado”, y a su madre María Ruiz de Ocaña, a quien dejaba por heredera. Posteriormente Bonifacio se avecindó en Córdoba con su madre; y esta señora falleció allí, calculo que por 1770, ocho años después de haber testado. Hacia 1766 Bonifacio contrajo enlace con Claudia Felicia Antonia de Olivera Fernández de Valdivieso, baut. en Bs. As. el 24-IX-1752 (hija de Dalmacio de Olivera y de María Antonia Teresa del Sacramento Fernández Valdivieso). En el Padrón de la ciudad porteña levantado en 1778, figura Bonifacio Aramburu con el grado de Capitán, con 47 años de edad, y viviendo con su joven esposa de 25 años “Claudia Olivero” (sic) y 4 de sus hijos, en una casa de la calle de “la Trinidad” (ahora Bolívar continuada en San Martín), “en la acera que mira al Oeste”. Tal morada pertenecía, a la sazón, a la sobrina del ocupante: Bernarda Josefa López Aramburu, Ruiz de Ocaña

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2ª consorte viuda del Licenciado Martín Antonio de Zavaleta. El 28-II-1782 dió Bonifacio Aramburu “poder cumplido”, ante Francisco Xavier Conget, a Diego Paniagua. Y el 4-XII-1783, ante Pedro Núñez, otorgó Bonifacio mandato para testar al Dr. José Luis Cabral, a Josef Pacheco Gómez, a “mi esposa Claudia Olivera Baldivieso” y a Casimiro Olivera Valdivieso — en ese orden de prelación. Meses después expiraba el causante. Por tanto su primer albacea Dr. Jose Luis Cabral, en virtud del poder antedicho, suscribió la respectiva escritura testamentaria el 3-IX-1784, ante Pedro Núñez. Los autos sucesorios correspondientes tramitaron en seguida ante el Alcalde de 2º voto José Antonio Ibañez. En 1787, tres años después de que Bonifacio Aramburu fuera sepultado en la Iglesia porteña de La Merced, amortajado con hábito de esa religión, se aprobaba en Córdoba una venta en remate de esclavos que aquel había comprado a las “Temporalidades”, junta liquidadora allá de bienes de los jesuitas expulsos. Seis hijos hubo el matrimonio Aramburu-Olivera: A) Andrés Avelino Aramburu Olivera, nac. en 1771. En 1805 era apoderado del Cura Rector de Salta Vicente Anastasio Isasmendi, quien pedía se le restituyera al vicariato del que fuera removido. B) María del Carmen Aramburu Olivera, nac. en 1773. Casó con Lorenzo Antonio Maza, residente en Córdoba, y luego viuda pasó a 2as nupcias con José “Saserrezabal”. Dejo posteridad. C) Juan José de la Cruz Aramburu Olivera, nac. en 1774. Casó dos veces: con Juana Luisa de Lecuona y con Margarita Ríos Ceballos. Ambas le dieron hijos. D) Gabriela Josefa Aramburu Olivera, baut. el 24-III-1777. E) Paula Josefa Aramburu Olivera, baut. el 28-I-1780 F) Manuela Dorotea Aramburu Olivera, baut. el 13-IV-1782. 12) Toribio Francisco de Aramburu Ruiz de Ocaña, baut. el 18-IV1733, parece haber sido “la oveja negra de la familia”. El Padrón porteño de 1778 lo registra como “Toribio Arambulo”, de 35 años, “silletero”, casado con Isidora Ramos. En 1792 al hombre lo metieron preso en la Real Cárcel a disposición del Alcalde Santiago de Saavedra (padre del futuro prócer don Cornelio). La hija del reo Juana Josefa, fugada de su casa para refugiarse en la de una tía materna suya, Isabel Ramos, hizo la denuncia a la Justicia que su padre Toribio la tuvo encerrada unos días desnuda y sin comer, dándole malos tratos, y que su madre Isidora Ramos también recibió 146

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golpes de aquel, a consecuencia de los cuales había enfermado, presentándose a la Curia con demanda de divorcio; asilada igualmente en lo de Isabel Ramos, que la amparaba hasta tanto se sustanciase el pleito. Toribio Aramburu — según la acusación — era “un hombre sin giro ni beneficio alguno, entregado enteramente a la olgazanería”. Despojó a su hija de la ropa para que no saliese a la calle, porque la muchacha iba a celebrar — según Toribio — “un matrimonio desigual”, y le seguía expediente de oposición. Como el Alcalde ordenara al iracundo progenitor entregar la ropa a su hija, y aquel se negó a ello, el magistrado dispuso su encarcelamiento en un calabozo, a fin de “hacerle conocer el modo y veneración con que debe respetar a la Justicia”. Ignoro como terminó el ruidoso litigio. Solo se que también de 1792 a 1794 Toribio pleiteó con mi antepasado y sobrino suyo Mariano de Zavaleta Aramburu, acerca del mejor derecho a la propiedad de la casa que fuera de Bartolomé de Aramburu y de María Ruiz de Ocaña, padres y abuelos de los respectivos litigantes. Toribio de Aramburu e Isidora Ramos procrearon estas hijas: A) Juana Josefa Aramburu Ramos, nac. en 1763 que el 1-II1792 se casó con José María Casco (hijo de Mariano Casco y de María Isabel Roxas). Según el padre de la novia ella contraía “un matrimonio desigual”, y por eso la había “cascado”. B) Ana María Aramburu Ramos, nac. en 1766. VII — MARIA BERNARDA o BERNARDINA JOSEFA DE ARAMBURU Y RUIZ DE OCAÑA, que fue bautizada en la Catedral de Buenos Aires el 28-XI-1722 de 6 meses y 8 días, siendo sus padrinos el Alférez Real Josef González Marín y María de Toledo. El 13-V-1754 contrajo ella matrimonio con el “Abogado de la Real Chancillería del Distrito” Martín Antonio de Zavaleta y Salguero, nativo de Elgueta, en Guipuzcoa, y recibido de Licenciado en Leyes en Charcas (hijo de Antonio de Zavaleta y de María Blanca de Salguero, “vecinos que fueron de Santa Fé y que fallecieron ambos en la Villa de Potosí”). Bendijo esa boda el Deán Francisco de los Ríos, ante los testigos Juan Martín de Mena Mascarúa y Juan Manuel de Labardén (padre del futuro poeta Manuel José, autor de la Oda al Paraná). Trece años más tarde, el 18-III1766, Bernardina de Aramburu, en su lecho de muerte otorgó, ante Ruiz de Ocaña

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el Escribano Josef Zenzano, un poder para testar a favor primeramente de su marido, Martín de Zavaleta, “abogado de la Real Audiencia de Charcas”, y en segundo lugar a Joseph Blas de Gainza. Horas después, la señora pasaba al otro mundo. Por fuerza de esta circunstancia, el 15 de julio siguiente, el viudo y albacea de la finada, ante el mismo Zenzano, extendía el testamento encomendado. Tal escritura de voluntad postrera, expresaba que la extinta había dispuesto se sepultara su cadáver en la Catedral de Buenos Aires, en una de las dos capillas de Nuestra Señora del Carmen o de la Soledad, amortajado con hábito y cuerda de la orden franciscana. El documento ponía de manifiesto que cuando doña Bernardina se casó, no trajo al matrimonio bien alguno, a excepción “de la corta ropa de su decencia”, de un escritorio del Paraguay, de una caja grande de cedro, y de un mulatillo llamado Hipólito. En cambio el marido, aportó un capital de 13 a 14 mil pesos, cuya suma había disminuído a la fecha, debido a la crecida familia, los gastos y las enfermedades contraídas por el propio Licenciado. En el mismo año del himeneo, los cónyuges hicieron construir la casa de su morada, a en un sitio que perteneciera a la madre de la desposada, María Ruiz de Ocaña, y que a dicho efecto compró Zavaleta. Este, a nombre de la testadora, declaró haber procreado con ella los siguientes hijos legítimos; “Pablo Mariano, Juan Joseph, Julián, Francisco Xavier, María Juliana, Marcos Joseph, Francisco Mariano (mi 4º abuelo) y Teresa”; cuyos antecedentes genealógicos paternos y respectivas descendencias se tratan en el capítulo dedicado al apellido Zavaleta. Finalmente — como antes se dijo — mi 5º abuelo Martín Antonio de Zavaleta no se resignó a prolongar su viudez; el 24-III1771 contrajo 2as nupcias con Bernarda López Aramburu, sobrina carnal de su difunta esposa.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, y Documentos de la Sala 9 y de viejas testamentarías. Archivo General de la Nación; Repartimiento de Indios de esta ciudad de Buenos Aires, por Juan de Garay; Reproducción fotográfica y literal de dicho documento. Buenos Aires, 1938. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Atienza, Julio de; Diccionario Nobiliario Español. Madrid, 1948. Barco de Centenera, Martín de; La Argentina y Conquista del Río de la Plata, con otros acaecimientos de los Reynos del Perú, Tucumán y Estado del Brasil, Reproducción facsimilar de la 1ª edición impresa en Lisboa por Pedro Crasbeeck el año 1602. Notas bibliográficas y biográficas de Carlos Navarro Lamarca. Editores; Angel Estrada y Cía. Bs. As. 1912. Catálogo de Pasajeros a Indias. Volumen II (1535-1538). Sevilla, 1942. Crespo Naón, Juan Carlos; Familias fundadoras de Santa Fé de la Vera Cruz (Vega); en el Boletín Nº 54 del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Julio, 1975. Compilación de Referencias Documentales, publicadas por la Dirección de Geodesia, Catastro y Mapa de la Provincia de Buenos Aires. Tomos I y II. La Plata, 1933-35. Escalada Yriondo, Miguel y Jorge; El Alarde de Santa Fé (15721573). Bs. As. 1942. Lafuente Machain, Ricardo de; Conquistadores del Río de la Plata. Bs. As. 1937. Lazcano Colodrero, Arturo G. de; Linajes de la Gobernación del Tucumán, Tomos I y II. Córdoba, 1936 y 1968, respectivamente. Martínez, Alberto B.; Estudio Topográfico de Buenos Aires, incluído en el volumen Censo Municipal de Buenos Aires, año 1887. Molina, Raúl A.; Los Casco de Mendoza y los Vera y Aragón, en la “Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas”. Años 1948-1949. Nº 8, Bs. As. 1949.

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Molina, Raúl A; Padrón Históricos de los vecinos, estantes y habitantes de Buenos Aires en los siglos XVI y XVII. Inédito. Padrones de la Ciudad y Campaña de Buenos Aires (1726-1810) y Padrón de la Ciudad de Buenos Aires (1778). Tomos X y XI de “Documentos para la Historia Argentina”. Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Sáenz de Cavia Castellano, Rafael M.; Familias de Traslasierra, jurisdicción de Córdoba. Bs. As., 1969. Trelles, Manuel Ricardo; Registro Estadístico de Buenos Aires. Bs. As., 1874.

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SALCEDO Una de las Casas vascas mejor estudiadas genealógicamente desde sus orígenes, en la Edad Media, es la ilustre de Salcedo, de cuya sangre generosa participan en la actualidad muchas familias argentinas, a través de doña María Eugenia de Escalada y Salcedo de Demaría — tatarabuela de mi madre doña María Eugenia Aguirre de Ibarguren, que por aquella llevó esos dos nombres. Las Bienandanças e Fortunas, obra celebérrima de Lope García de Salazar — él también vástago de la estirpe de Salcedo y antepasado mío —, constituye la fuente histórica primordial donde se abrevaron los investigadores que, después,han escrito sobre el linaje famoso. Del susodicho cronista del siglo XV, así como de los modernos publicistas españoles Ybarra y Bergé y los hermanos García Carraffa, me valgo yo, a mi vez para empezar el presente encadenamiento de las generaciones sucesivas del mencionado abolengo. Señalan los heraldistas que los escudos familiares aparecen en la madre patria en la segunda mitad del siglo XII, vale decir a partir de 1150. Lope García de Salazar consignó, tres centurias más tarde, que las primitivas armas de los Salcedo fueron “parlantes”: “dos salces verdes en campo amarillo”. Posteriormente Fray Pedro de Murga, describe así al aludido blasón: “En campo de oro dos alces verdes sobre ondas azules y blancas de un río”. Por su parte Rodrigo Sanz de Salcedo al vencerlo a Pedro Hurtado de Mendoza “Cabeza de Oro”, en una de esas grescas banderizas, junto al río Zadorra que pasa por Vitoria, en cuyo lugar dicen había muchas hojas de álamo (panelas), decidió agregar cinco muestras de dicho follaje a su escudo, con los siguientes versos al pié: “Al Escudo Salzedano de dos salzes sobre un río añadí con mucho brío las panelas de mi mano”. Salcedo

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Gonzalo Argote de Molina recogió la novedad en su Nobleza de Andalucía: Son las armas de Salcedo — apuntó — “un Salze verde en campo de plata y colgado un escudo de oro con cinco Panelas verdes”. Fortud Sánchez de Salcedo, 5º Señor de esta Casa — hermano de Rodrigo, el de las panelas —, orló su emblema familiar con las “Aspas de San Andrés”, debido a que el día de tal apóstol (30XI-1227) concurrió con el Rey Fernando a la reconquista de Baeza, donde los cristianos, luego de derrotar a los moros, pusieron en sus banderas y escudos las aspas de aquel santo pescador (hijo de Juan o Jona y hermano de Simón o Pedro), el cual murió martirizado el año 95 de nuestra era, en una cruz en forma de aspa, que se denominó desde entonces, “Cruz de San Andrés”. Finalmente, con algunas variantes — suprimidas las ondas azules y blancas del río —, estas son las armas actuales de los Salcedo: En campo de plata, un sauce arrancado de sinople, cargado el tronco de un escudete de oro, con cinco panelas de sinople puestas en sotuer; bordura de gules con ocho aspas de oro. El origen de la Casa de Salcedo hay que buscarlo en la conjunción de dos egregias prosapias: la de los Condes asturianos de Noroña con la Casa de Ayala, ambas provenientes de las Casas Reales de León, Aragón y Navarra, como se explica en los respectivos capítulos que dedico a los nombrados linajes. El eslabón inicial de aquella cadena genealógica será pues: I — Doña MARIA DE SALCEDO, primera de esta apellido aunque 2ª Señora de Salcedo; hija del Conde Flavio o Rubio Díaz de Asturias o Noroña. Dicho caballero asturiano por discordias con el Rey Bermudo III de León, abandonó sus lares para radicarse en Vizcaya, donde pobló el Valle conocido desde antiguo con el nombre de Salcedo, en el lugar de Aranguti. Allí casóse el Conde con doña Constanza, Señora principal de esas montañas, y en ella engendró a María de Salcedo — cabeza de su estirpe — la cual, a su tiempo, contrajo nupcias con Galindo Velázquez de Ayala, 4º Señor de Ayala; hijo del 3er Señor López Sánchez de Ayala; nieto de Sancho Velázquez, 2º Señor de Ayala y de una noble dama del Valle de Mena (Burgos); y bisnieto del Conde o Infante don Vela — bastardo del Rey Ramiro de Aragón — y de su mujer Juliana de Avalos o Iñíguez. 154

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Don Vela, 1er Señor de Ayala, obtuvo probablemente dicho Señorío por concesión del Rey Alfonso VI de Castilla. Aliadas así las Casas de Salcedo y Ayala, en el contrato nupcial respectivo se capituló que el hijo mayor de doña María y de don Galindo tomaría el apellido Salcedo. Este hijo resultó: II — GARCI GALINDEZ DE SALCEDO, 3er Señor de Salcedo y 5º de Ayala, que heredó de sus padres ambos Señoríos. Fue, el susodicho, Adelantado Mayor de Castilla, y combatió contra los moros los años 1114 y 1118, en tiempos del Monarca aragonés Alfonso “el Batallador”; y en la conquista de Zaragoza, actuó a las órdenes del Señor de Vizcaya. Casó con Alberta Sanz de Zurbano, llamada también Aldonza Salces de Zurbano; hija de García Sánchez o Sancho García o Díaz de Zurbano, Señor de la Casa de Zurbano y 2º Señor de Orozco, casado con Alberta Iñíguez; nieta de García Sánchez, 1er Señor de Orozco y de su mujer doña Anderquina o doña Mayor; bisnieta de Sancho López, 5º Señor de Vizcaya, a quien mataron de un saetazo sus vasallos alaveses durante un “alboroto” en Cubijana de Morillo. Dicho dinasta dejó solo dos hijos pequeños, por cuyo motivo los vizcaínos tomaron por Señor a su hermano bastardo Iñigo Esquerra (ver la genealogía de las Casas de Haro y de Mendoza). En cuanto a los referidos niños, ellos se llamaron: Iñigo Sánchez, a quien se le otorgó el Señorío de Llodio, y García Sánchez que, según vimos, resultó titular del de Orozco. Por otra parte, Alberta Sanz de Zurbano tuvo por hermano a: García Sánchez, 3er Señor de Orozco y de Zurbano, casado con Aldonza Iñíguez de Mendoza, con la que prolongó la sucesión de los Orozco; y a otra hermana suya a la cual algunos autores hacen manceba de Pedro Ortiz de Avendaño, patriarca de su linaje, aunque otros tratadistas afirman que fue su legítima mujer. El matrimonio Salcedo-Sanz de Zurbano fundó el Monasterio de San Juan de Quejana, edificado sobre la ermita del mismo nombre, guardadora de los restos del antepasado Conde don Rubio, en cuya capilla, a su turno, fueron sepultados ambos cónyuges fundadores; quienes además, durante su vida establecieron los Monasterios de San Ramón de Oquendo, San Ramón de Orozco y San Vicente de

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Abando. El 3er Señor de Salcedo y su esposa doña Alberta procrearon estos hijos: 1) Pedro García de Salcedo o de Zorroza, que no obstante ser el primogénito no heredó los Señoríos de sus padres, pues alegó no le era posible mantener con brillo el prestigio de su Casa. Pobló en Baracaldo (Bilbao) y fundó la Torre de Zorrorza, en Amorebieta, incendiada en 1445. 2) Sancho García de Salcedo, que sigue en III. 3) García de Salcedo “el Tuerto”, progenitor de la Casa solar de Basurto. Hubo muchos hijos que abandonaron el apellido Salcedo para adoptar el de la Casa que a cada uno correspondió en la heredad paterna. De aquel “Tuerto” provienen los Basurto, Guecho, Asúa, Anuncibay, Quejana, Oquendo, San Román, Abando, San Vicente y Viso. III — SANCHO GARCIA DE SALCEDO, llamado “el Cabezudo”, recibió en primogenitura el solar de sus mayores, con el consentimiento de su hermano Pedro. Fue, pues, el 4º Señor de Salcedo y 4º de Ayala, y poseyó además los Señoríos de Arcabuztaiz, de Zuya, y las aldeas del valle de Orduña que había ganado el abuelo de su mujer Lope de Mendoza, 10º Señor de Llodio. Habíase casado con María Iñíguez de Piedrola; hija de Nuño Alvarez o Fernández, Conde de Lara, y de Inés Iñíguez de Mendoza; la cual era hija, a su vez, de Lope Iñíguez de Mendoza o Iñigo López de Mendoza, 8º Señor de Llodio. (Ver las Casas de Mendoza y de Lara). Murió Sancho García de Salcedo guerreando contra los moros en 1195, en la batalla de Alarcos. De su matrimonio quedaron los siguientes hijos: 1) Fortun Sánchez de Salcedo, que sigue en IV. 2) Rodrigo Sanz de Salcedo, quien agregó aquellas panelas a su escudo, luego de vencer a Pedro Hurtado de Mendoza “Cabeza de oro”, junto al río Zadorra. Falleció Rodrigo sin posteridad. 3) María Sánchez de Salcedo. Señora de Ulibarri Gamboa. ella contrajo matrimonio, hacia el año 1175, con Pedro de Velaz de Guevara, Señor de Maulecín; vástago segundón de don Vela VI 156

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Ladrón de Guevara, Conde honorífico de Alava, de Guipuzcoa y de Vizcaya, Señor de Guevara y de Leguín; el cual, a su vez, era hijo de don Ladrón Señor de Guevara, Mendoza y Oñate, que en 1130 recibió del Rey aragonés Alfonso “el Batallador” los Señoríos de Alava, Vizcaya y Guipuzcoa, a título honorífico así como de su cuñado el Rey de Navarra, García VI Ramírez,los títulos de Príncipe de los Navarros y de Señor de Aybar y de Leguín. Era casado con la Infanta navarra, hermana del Rey don García, Elvira Monzón; hija del Infante don Ramiro, Señor de Monzón, y de Elvira Cristina de Vivar. Ese abuelo Ladrón de Guevara se casó en 2as nupcias con Teresa Monleón, y descendía — era 9º nieto — de Ximeno García, Duque o Conde de los alaveses y Conde de Castilla, progenitor de la célebre Casa de Guevara. Así pues, María Sánchez de Salcedo y su marido Pedro Velaz de Guevara prolongaron, en sus hijos, únicamente el Señorío de Ulibarri Gamboa, ya que el de Guevara recayó en el hermano mayor del nombrado marido; don Juan Velaz, quien lo transmitió a su descendencia. 4) Berenguela López de Salcedo, la cual casó con Rodrigo o Ruy González Girón, Ricohombre y Señor de la Villa de San Román de la Cuba, y de la de Villafalcón. Era hijo de Gonzalo Ruiz Girón y de Elvira Díaz de Castañeda. Berenguela de Salcedo y su marido prolongan la ilustre línea de los Girones hasta nuestros días. De los Tellez Girón y los Girón descendientes de aquella pareja. derivan los Príncipes de Anglona; Duques de Uceda, Escalona, Frías, Osuna y Ahumada; los Marqueses de Peñafiel, Javalquinto, Villena y Amarillas; los Condes de Ureña y de la Puebla de Montalbán, etc, etc. IV — FORTUN, FORTUD, FURTADO u ORTUN SANZ o SANCHEZ DE SALCEDO, 5º Señor de Salcedo y 7º de Ayala, fue “uno de lo más nobles Cavalleros que en su tiempo hubo en Castilla” — al decir de Fray Pedro de Murga. Vivió en la primera mitad del siglo XIII, en épocas del Rey Fernando III “el Santo”. Tomó parte, contra los sarracenos en la reconquistadora batalla de Baeza (1227), en memoria de cuya bélica acción agregó las aspas de San Andrés al escudo de su familia. Así lo expresa una vieja quintilla:

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“Ocho aspas en campo rojo Fortún de Salcedo orló, cuando con sublime arrojo, de Baeza con enojo, a los moros arrojó”. Estuvo casado con María Sanz de Mendoza, Señora de Quintanilla de San García, en la que hubo solo dos hijos legítimos. Cuenta el cronista de las Bienandanças, que doña María fugó de casa de su marido con “un caballero Portugués que vino a Castilla a faser armas, que era mucho lozano e fermoso, e fasedor de todas cosas”. A raíz de este trastorno conyugal, “Don Furtado Sánchez nunca quiso más casar, e tomó mancebas de linaje e fizo bastardos”. Los vástagos conocidos de este patriarca ambidextro para tener hijos que fue Furtado Sánchez de Salcedo son los siguientes: Habidos a derechas en su matrimonio con María Sanz de Mendoza: 1) Sancho García de Salcedo “el Negro”, 8º Señor de Ayala, Merino Mayor de Castilla en 1242 y 1243. No se sabe con quien casó, pero sus hijos fueron: A) Juan Sanz de Salcedo. B) Joan Sánchez Chiquilín de Murga (bastardo) del que vienen los Señores de Murga. C) María de Salcedo, que contrajo nupcias con Pedro González de Agüero “el viejo”. Hija de ambos resultó Berenguela de Agüero y Salcedo, esposa de Lope García de Salazar, 14º Señor de Salazar. Su descendencia la trato en el capítulo dedicado al apellido Salazar). 2) Juan Sánchez de Salcedo, que murió niño. Procreados por Fortún de la mano izquierda con “mancebas de linaje” se cuentan: 3) Sancho Ortiz Marroquín de Montehermoso, que sigue en V. 4) Fortún Ortiz Calderón de Nograro — hermano gemelo de Marroquín, según las Bienandanças o de Lope de Gordejuela, según fuentes distintas —, cuya madre (María Espinosa o una hija de Martín Sánchez de Santa María de Güeñes) hubo el doble parto antes 158

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de tiempo a consecuencia de un susto; “e porque — Fortún Ortiz — nació de un vientre (con el otro mellizo) “cuidaron que era muerto, echáronlo so una caldera por acorrer a su madre; e como la criatura tornó en sí, comenzó a gritar e tomáronlo las amas, e por esto llamáronle sobrenombre Calderón, e así a los que dél sucedieron” — escribe Lope García de Salazar. De aquí que adoptara por armas 5 calderones negros en campo de plata. Privó mucho con el Señor de Vizcaya; fue Ricohombre de Castilla y fundador de las Casas de Negraro, en Valdegovía, y las de Oteo y Quincozes; sin perjuicio de ganar otros fueros en Alava, Palencia y La Rioja. Casó, “Calderón”, con Hurtada o Furtada de Mendoza (hija de Diego López de Mendoza, el primero en llamarse “Hurtado”, y de su mujer doña Leonor Hurtado, Señora de Mendiville. Ver el linaje de Mendoza). Sus hijos “Calderones” fueron: A) Alonso o Francisco Ortiz Calderón, Prior de la Orden de San Juan. B) Sancho o Pedro Ortiz Calderón, Comendador Mayor de la Orden de Santiago, que murió mártir en tierras de moros por no querer renegar de su fé cristiana. Habíase casado con María de Zamudio, y vivido en Santillana del Mar donde fundó la casa fuerte de La Barca. Aunque no tuvo hijos legítimos, de él provienen los Calderón de la Barca. C) María Teresa Calderón, que casó con Ruy Barba de Campos, Señor de Castrofuerte y Castrofalle, Guardador Mayor del Rey de Castilla Fernando III “el Santo”. Dichos cónyuges son el tronco del linaje de Barba. D) Ana Hurtado o Elvira Calderón, que heredó el Castillo de Nograro. Casóse con Lope García de Salazar, el que ganó las 13 estrellas de su escudo en duelo singular con un sarraceno gigantesco. Su descendencia continúa en el apellido Salazar, al que me remito). E, y F) Dos hijos bastardos de Calderón: Juan de Haro y Juan de Villalamentín. 5) Lope Sánchez de Gordejuela, Señor de Gordejuela y fundador — según Lope García de Salazar — de los solares de Ibargoen y de Palacio, en aquel valle de las Encartaciones de Vizcaya. Su sucesión se consigna ampliamente en el “Apéndice” del capítulo dedicado al linaje de Ibarguren.

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6) Pedro o Fortún Ospina de Mariaca — otro de los bastardos de Fortud Sánchez de Salcedo — fue Señor de la Casa de Mariaca y “era ome perverso, y llamáronle de Ospina, que dise en Vascuence vinagre”. De él derivan los Mariaca, los Zaldierna, los Condes de Salazar y los Marqueses de Valdespina. 7) Juan o Rodrigo Ortiz de Zárate, Señor del solar de Zárate. En su Diccionario famoso, Luis Vilar y Pascual lo hace descendiente de este Zárate, aunque sin señalar el grado de parentesco, a don Diego Ortiz de Zárate, Señor de las Torres de Zárate, en el lugar de Aitomañas, junto a la ciudad de Orduña. 8) Lope Sánchez de Perea, Señor de la Casa de su apellido. 9) Doña N.N. casada con Lope Sánchez de Retuerto, Señor de Retuerto. Su hijo Juan Iñíguez de Retuerto casó con María Sánchez de Muñatones (hija de Pedro Sánchez Porra de Muñatones y de María Sánchez de Fresnedo; ver el linaje de Muñatones). 10) Una señora casada con Juan de Zárate. (Estos tres últimos hijos bastardos de Fortud Sánchez de Salcedo, los trae Argote de Molina en su Nobleza de Andalucía. V — SANCHO ORTIZ MARROQUIN DE MONTEHERMOSO, era el mayor de los hijos naturales de Fortud Sánchez de Salcedo. De él refiere Argote de Molina “que caminando por Monte Hermoso, Ortun Sanz de Salcedo con su amiga, le salió a matar al camino un hermano della, y Ortun Sanz de Salcedo le mató; y deste sobresalto se le causó el parto a su madre, y nació Sancho Ortiz en aquel Monte, en cuya memoria se llamó de este apellido”. Fue nuestro personaje, 6º Señor de Salcedo quien mandó levantar las Torres de Salcedo de la Jara y de Salcedo de Aranguren, allá por el siglo XIII; la primera denominada también Torre Mayor o del Monte, construída en un alto por el cual se divisan las tierras del valle familiar, en dirección de Bilbao, según todavía se encuentra dicha antiquísima reliquia. Y la otra Torre de Aranguren estaba situada estratégicamente en un saliente sobre el río Cadagua o Salcedón, dominando Güeñes hacia la villa de Bilbao, y Zalla hacia Valmaceda, de cuya vieja fábrica ahora solo quedan restos de las murallas y algunas piedras derrumbadas que componían la puerta ojival.

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Sancho Ortiz Marroquín de Montehermoso, casó tres veces, luego de enviudar en cada oportunidad: 1º con María Ortiz de Basurto (hija o nieta de García “el Tuerto” de Basurto, que era hijo de Garci Galíndez de Salcedo, bisabuelo de Marroquín); 2º con María Sánchez de Muñatones (hija de Jimeno de Muñatones, 1er Señor de Muñatones, del linaje de los Noroña, pariente, por tanto, de Don Rubio, el patriarca de los Salcedo); y 3º con Juana Sánchez de Varacaldo (hija de Sancho López de Varacaldo). Hijo del 1º matrimonio con María Ortiz de Basurto fue: 1) Diego Sánchez Marroquín de Montehermoso, casado con una “dueña de Frías” sin obtener descendencia con ella; en cambio tomó por su amiga a su “parienta de los Arana de Vasurto”, y en esta hubo a Sancho Ortiz Marroquín de Montehermoso (que sigue en A.); y con otras mujeres procreó a los siguientes bastardos: Pedro Sánchez Marroquín, el cual casó con “fija de un clérigo rico” y dejó descendencia; Ruy Sánchez Yabata; Diego Sánchez de Ochoga; Ruy Sánchez del Muente; “e otros fijos e fijas”. A) Sancho Ortiz Marroquín de Montehermoso (nieto), fue Señor de Montehermoso. Casó con una hija de Ferrero de Solórzano, y con ella procreó a: a) Juan Sánchez Marroquín, que heredó el solar de Montehermoso y dejó posteridad. b) María Sánchez, que casó con Diego Sánchez de Leiseca y hubo sucesión. c) Sancha Marroquín, que fue “mançeba de Juan de Abendaño e no obo fijos”, y mandó construir, en el siglo XIII, la Torre de Mendieta. Hijos del 2º enlace de Marroquín de Montehermoso con María Sánchez de Muñatones, fue: 2) Pedro Sánchez Porra de Muñatones (cuya sucesión sigue en el linaje de Muñatones, al que me remito). Hijos de las 3as nupcias del Señor de Montehermoso con Juana Sánchez de Varacaldo resultaron: 3) Juan Sánchez de Salcedo, que heredó la Torre de Salcedo de la Jara, y fue su 7º Señor. En el siglo XIV “privó mucho” con María “la Buena”, Señora de Vizcaya, y se desempeñó como Merino Mayor de Guipuzcoa. Falleció sin herederos, y le dejó la Torre de Salcedo de la Salcedo

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Jara a su sobrino nieto Ordoño de Zamudio, como se verá más adelante. 4) María Sánchez de Salcedo, que sigue a continuación en VI. VI — MARIA SANCHEZ DE SALCEDO, fue 7ª Señora de la Torre de Salcedo de Aranguren, que heredó de su padre. Casó con Juan Ortiz de San Julián de Mena (hijo de Juan Ortiz de Valmaceda, Tesorero del Rey). Tuvo solo dos hijas: 1) Teresa de Salcedo, que sigue en VII. 2) Doña N.N. de Salcedo, que casó con Ochoa de Loyzaga, “cabezalero” (albacea) del tío de su mujer Juan Sánchez de Salcedo. Dejó sucesión. VII — TERESA DE SALCEDO, fue 8ª Señora de la Torre de Salcedo de Aranguren. Contrajo matrimonio con Ordoño de Zamudio, 4º Señor de Zamudio (ver los antecedentes genealógicos del apellido Zamudio). Son los padres de este único hijo: VIII — ORDOÑO DE ZAMUDIO, 9º Señor de la Torre de Salcedo de Aranguren heredada de su madre; 8º Señor de la Torre de Salcedo de la Jara, que le transmitió su tío abuelo antedicho; solariego del lugar de Aranguren debajo del Castillar, venido también por sucesión materna; 5º Señor de Zamudio como heredero de su padre; y 5º Patrón de los Monasterios de San Miguel de Zalla y de Santa María de Güeñes; así como Señor también de varias otras heredades. Tan poderoso unigénito se casó con Mencía de las Rivas, 2ª Señora de las Rivas, 4ª de Ibargoen, y 4ª de Ochandategui; la cual había heredado de su padre el solar de las Rivas de Orozco, y de su madre el de Ibargoen y de Ochandategui y las aceñas de Poza de Merana, junto a Berango, no lejos de Butrón. La progenie completa de los esposos Zamudio-de las Rivas, con los antecedentes genealógicos de doña Mencía, se consignan en el “Apéndice” del apellido Ibarguren. El 5º hijo de dicha pareja fue: IX — IÑIGO ORTIZ DE SALCEDO, 9º Señor de la Torre de Salcedo de la Jara, por haberla heredado de su padre Ordoño Zamudio. Murió en la corte a consecuencia de una caída. Estuvo 162

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casado con una hija de Juan Sánchez de Arbolancha, Preboste de Bilbao, en la que hubo a: 1) Iñigo Ortiz de Salcedo, que sigue en X. 2) Mayor de Salcedo, la cual casó 1º con Martín Pérez de Galbarriatu, y en 2as nupcias con Martín Martínez de Zurbarán de Butrón, quien la hizo madre de María Sánchez de Zurbarán que fue la 2ª esposa de Ocho de Salazar, y 3º Señor de Salazar de Somorrostro, madrastra por tanto, de Lope García de Salazar, el cronista. (Ver Salazar). X — IÑIGO ORTIZ DE SALCEDO, homónimo de su padre, fue 10º Señor de Salcedo de la Jara. Murió en 1406, en una de esas clásicas riñas banderizas de entonces: choque entre parientes. Militaba en el bando zamudiano, por derecho propio, junto con Ochoa Ortiz de Salcedo — cuya filiación precisa se me escapa — quien había ultimado en una pelea anterior a Martín Calderón de Gordejuela, hermano de Martín Sánchez de Ibargoen. Así las cosas, Ibargoen y sus parciales se encontraron con los zamudianos en la Junta de Avellaneda, prodújose un violento altercado entre aquel y el matador de su hermano, relucieron los aceros, e Iñigo Ortiz de Salcedo, que formaba parte de la facción de Ochoa, quedó tendido sin vida. Habíase casado el 10º Señor de Salcedo, con Constanza de Estuñiga (hija de Lope Ortiz de Estuñiga de las Cuevas). Fueron sus hijos: 1) Juan de Salcedo, que falleció en la infancia. 2) Iñigo de Salcedo, que también murió mozo sin descendencia. 3) Mencía Ortiz de Salcedo, que sigue en XI. 4) Tuvo otras hijas; una de ellas contrajo nupcias con Diego Carrillo de Tordomar; otras se casaron en la villa de Soria. XI — MENCIA ORTIZ DE SALCEDO, fue 11ª Señora de Salcedo de la Jara por muerte de sus hermanos. Se casó con Juan Hurtado de Mendoza, 5º Señor de Corzana, Prestamero Mayor de Vizcaya; hijo de Lope Hurtado de Mendoza, 4º Señor de Corzana; Este Mendoza descendía directamente de Diego López de Mendoza y de Leonor Hurtado, Señora de Mendivil, como se consigna en la genealogía de dicha Casa, a la que me remito. Salcedo

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Mencía Ortiz de Salcedo y Juan Hurtado de Mendoza procrearon muchos hijos, entre ellos a: XII — IÑIGO HURTADO DE SALCEDO, llamado también Iñigo Ortiz de Mendoza y Salcedo, fue 12º Señor de Salcedo de la Jara, y Señor de Legarda. Casó con Isabel de Zuñiga (de la noble Casa de su apellido, hermana del Obispo de Calahorra), con la que procreó a: XIII — LOPE HURTADO DE SALCEDO o HURTADO DIAZ DE SALCEDO, 13º Señor de Salcedo y Señor de Legarda. Casó con María Sanz de la Puente (hija de García Yañez de la Puente, oriundo de Valmaceda, y de Mencía de Manrique). Padres de: XIV — DIEGO HURTADO DE SALCEDO, 14º Señor de Salcedo de la Jara y Señor de Legarda, se casó con María Torres de Salcedo (hija de Lope de Salazar y Butrón y de Furtada de Salcedo y Torres; nieta paterna de Lope García de Salazar, el cronista de las Bienandanças e Fortunas, y de su mujer Juana de Butrón y Mujica; y nieta materna de Diego López de Salazar, 17º Señor de esta Casa, y de María de Torres). (Ver el linaje de Salazar). Hijo primogénito de dicho matrimonio fué: XV — IÑIGO HURTADO DE SALCEDO, 15º Señor de Salcedo de la Jara y Señor de Legarda, fue casado con María de Mendoza Manrique, Señora de Martiada (hija del Almirante Ruy Díaz de Mendoza, Señor de Mendivil, y de su segunda mujer Leonor de Manrique). (Ver el linaje de Mendoza). Entre sus hijos anoto al mayor de ellos: XVI — DIEGO HURTADO DE SALCEDO Y MENDOZA, fue 16º Señor de la Jara, y Señor de Legarda. Casó con María de Salazar y Ayala (hija de Ochoa de Salazar, Señor de Muñatones, y de Inés o Ginesa o Ginebra de Ayala, hermana del 1er Conde se Salvatierra de Alava, Pedro de Ayala). Fueron sus hijos: 1) Lope Hurtado de Salcedo y Salazar, que sigue en XVII. 164

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2) Luisa Hurtado de Salcedo y Salazar, que sigue en XIX. XVII — Lope Hurtado de Salcedo y Salazar, fue 17º Señor de Salcedo de la Jara y Señor de Legarda. Casó con Beatriz de Monasterio, a la que hizo madre de: XVIII — Iñigo Ortiz de Salcedo y Monasterio, 18º Señor de Salcedo de la Jara y Señor de Legarda. Estuvo casado con María de Murga y Escoriaza, en la que no hubo sucesión, por lo que heredó el Señorío familiar la tía paterna de don Iñigo; XIX — LUISA HURTADO DE SALCEDO SALAZAR, 19ª Señora de Salcedo de la Jara y Señora de Legarda. Casó con Diego de Urrutia, Señor de la Casa de Urrutia, en Valmaceda (hermano de Juan de Urrutia, fundador de la Capilla del Santo Cristo de la Misericordia de San Severino, en Valmaceda; e hijo de Juan de Urrutia, y de María Alonso de Salcedo; tataranieta del 14º Señor de Salcedo de la Jara, Diego Hurtado de Salcedo y de su mujer, tratados en el punto XIV de esta reseña genealógica, quienes, asimismo, resultaban los bisabuelos de la 19ª Señora de Salcedo de la Jara que me ocupa). Hijo de doña Luisa y de Diego de Urrutia resultó: XX — JUAN DE URRUTIA Y SALCEDO, 20º Señor de Salcedo de la Jara y Señor de las Casas de Legarda y de Urrutia, que nació en 1554 y contrajo matrimonio con María Sáenz de los Llanos y la Cruz, en la que procreó a: XXI — JUAN HURTADO DE SALCEDO URRUTIA, 21º Señor de Salcedo de la Jara y Señor de Legarda y de Urrutia, que nació en Valmaceda en 1576, y fue Caballero de Alcántara desde 1629, Corregidor de Avila, Alcalde de Valmaceda, su villa natal, donde dejó de existir y quedó sepultado en la Capilla del Cristo. Estuvo casado con Casilda Ortiz de Velasco y Hierro, natural de Medianes, en el valle de Mena (hija de Diego Ortiz de Velasco y de Casilda González de Hierro. Su hijo fue:

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XXII — FRANCISCO HURTADO DE SALCEDO Y VELASCO, 22º Señor de Salcedo de la Jara y Señor de las Casas de Legarda y de Urrutia. Nació y fue bautizado, el 15-VIII-1594, en Medianes, Valle de Mena. Fue Caballero de Calatrava desde 1638, y Alcalde de Valmaceda en 1633. Casó con Micaela González de Sierralta, Señora de Sierralta y de la Matra, bautizada en Otáñez el 3-II-1601. La añeja estirpe de los Sierralta proviene de Otáñez, en la actual provincia de Santander, municipio de Castro Urdiales. Pintaba en su escudo un campo de oro con cinco panelas de gules puestas en sotuer; circuído por bordura de plata con diez panelas de sinople. Micaela González de Sierralta pues, era hija de Francisco de Sierralta y Ochoa de los Hoyos, nativo de Otáñez, quien poseyó el mayorazgo de la Torre de Sierralta que fundaron sus abuelos, y él disfrutó también de otro mayorazgo en la Matra, por Real Provisión de Felipe IV fechada el 25-I-1630. Habíase casado con su parienta Ana de Oyo y Salazar, natural de Colindres (hija del Licenciado Diego de Oyo y de su esposa Ana de de Salazar y Otáñez, que descendía de Ochoa de Salazar, propio hermano del célebre cronista Lope García de Salazar). Abuelos paternos de doña Micaela fueron el Capitán Gaspar de Sierralta y Marroquín, Señor de Sierralta y su mujer María Ochoa de los Hoyos y del Casal; bisabuelos de aquella; Francisco de Sierralta y Gordon e Inés de Marroquín, fundadores del mayorazgo de Sierralta en Otáñez el 5-IX-1569; y tatarabuelos de la misma resultaban los cónyuges Lope González de Sierralta y Elvira Gordon, Señores de la Torre de Sierralta hacia el año 1480. Retomando la genealogía de los Salcedo, apunto que Francisco de Salcedo y Velasco y Micaela González de Sierralta procrearon los siguientes hijos: 1) Antonio Hurtado de Salcedo, 23º Señor de Salcedo de la Jara, Señor de la villa de Legarda y de la Casa de Urrutia, Caballero de Santiago, desde 1647, Secretario de Estado del Rey Felipe IV, creado 1er Marqués de Legarda el 30-XI-1664. Casó con María Francisca Coterillo Ortega y Calderón. Su descendencia prolonga el Marquesado de Legarda.

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2) Francisco de Sierralta y Hurtado de Salcedo, Señor de la Torre de Sierralta, tomó el apellido de su madre. Había nacido en Valmaceda en 1626, y fue Caballero de Santiago, Diputado General de Vizcaya en 1664, Alcalde de Valmaceda en 1654 y de Castro Urdiales en 1660. Contrajo tres matrimonios; 1º con María de la Puente y Maldonado Urtusáustegui y Zavala; 2º con María Ventura de Irauregui y Ferreros de Salcedo, Señora de la Torre de Irauregui y natural de Baracaldo; y 3º, con Clara Rado y Mena, natural de Castro Urdiales (hija de Juan de Rado y Vedia, Caballero de la Orden de Santiago, desde 1645, y de Ana de Mena; ésta, a su vez, hija del Almirante de Mar José de Mena y de su mujer Ana de la Torre Salcedo). De los once hijos habidos por el referido Francisco, con sus tres consortes, solo consigno aquí al 8º de aquellos vástagos — engendrado en sus 3as nupcias —, debido a su vinculación con la historia rioplatense: A) Miguel Fernando Hurtado de Salcedo y Rado Sierralta y Mena, o — como lo conocemos nosotros — Miguel de Salcedo y Sierralta, Gobernador de Buenos Aires de 1734 a 1742, nombrado por el Rey Felipe V. Nació en Castro Urdiales el 29-IX-1689 y fue militar. Distinguióse durante su juventud en la guerra de sucesión, especialmente en Almanza, donde en defensa de su borbónico Soberano recibió trece heridas. Por su arrojo lo premiaron con el hábito de Caballero de Santiago y de la Orden de San Juan de Malta. En la carrera de los honores alcanzó, mas tarde, la jerarquía de Mariscal de Campo, Gobernador y Capitán General de las provincias del Río de la Plata, con sede en Buenos Aires. Luchó aquí contra los portugueses en la Banda Oriental del Uruguay. Al frente de 1.000 milicianos de Buenos Aires, 150 de Corrientes, 200 dragones, 100 infantes, 4.000 indios guaraníes misioneros y 12 embarcaciones. En octubre de 1735 se apoderó de la isla de San Gabriel, y atacó la plaza fuerte de la Colonia del Sacramento, sin lograr su capitulación. El armisticio celebrado luego en París, entre España y Portugal, en 1737, anuló aquellos esfuerzos bélicos de Salcedo. En 1742 regresó a España, donde posteriormente, en 1760, fue Gobernador militar de Ciudad Rodrigo y, al año siguiente, de Málaga; en cuya ciudad falleció el 14-X-1765. Había fundado un Mayorazgo sobre la casa que mandó edificar en Bilbao, que existe todavía en la actual calle del Banco de España, y luce el escudo de Salcedo en su fachada.Contrajo Salcedo

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matrimonio con Francisca de Paula Varela y Amascal, nacida en Sevilla en 1687, en la que hubo a: a) Manuel José Hurtado de Salcedo y Varela, nacido en Sevilla en 1713, quien como su padre abrazó la carrera de las armas, hasta alcanzar los grados de Capitán de Infantería y Sargento Mayor de Milicias. En 1740 contrajo nupcias con su prima hermana Agustina Gertrudis de Sierralta y Salcedo, Gondra y Labarrieta, Señora de la Torre de Sierralta y de la Casa de Matra (hija de Juan Francisco Lorenzo de Sierralta Hurtado de Salcedo y Rado, Caballero de Calatrava, y de Ignacia de Gondra Labarrieta). Además de aquellas actividades castrenses, don Manuel José, en su juventud, fue Regidor de Bilbao en 1752, y Alcalde y Juez ordinario en dicha localidad, como así también, por esas fechas, Diputado General del Señorío de Vizcaya. Dejó numerosa y calificada descendencia, a saber: a1) Felipe de Salcedo y Sierralta, Señor de la Torre de Sierralta, de la de Matra y de la Casa de Salcedo en Bilbao. Fue Alférez Guardia Marina y Capitán de Infantería del regimiento Inmemorial del Rey. Había nacido en Bilbao en 1741 y, a su debido tiempo, se casó con Francisca Javiera Sánchez Samaniego y Zavala (hermana del célebre fabulista Félix María; e hija de Félix Sánchez de Samaniego y Munibe y de Juana María Zavala y Arteaga). Prolongan sus hijos la sucesión de los Señores de Sierralta. a2) Angel Hurtado de Salcedo y Sierralta, presbítero. a3) Miguel Hurtado de Salcedo y Sierralta, Teniente Coronel, casado con la Condesa del Vado, apellidada de Sarría y Paternina. a4) Nemesio Hurtado de Salcedo y Sierralta, Teniente General, Gran Cruz de Isabel la Católica y Virrey de México. Casó con Telésfora de Urquijo y Abendaño. Sus descendientes se vincularon con los Marqueses de Ayerbe, de San Vicente, de Velilla, del

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Ebro, con los Condes de Santa Cruz y de los Manueles, con los Vizcondes de Roda, etc, etc. a5) Tomás Hurtado de Salcedo y Sierralta, Teniente Coronel de Infantería. Casó con Luciana de Landecho y dejó sucesión. a6) Manuela Hurtado de Salcedo y Sierralta. Hubo por esposo al renombrado fabulista Félix María Sánchez de Samaniego y Zavala — hermano, como dijimos, de su cuñada Francisca Javiera. No dejó posteridad. a7) Dionisia Hurtado de Salcedo y Sierralta, casada con José de Ibañez y Arco, Teniente Coronel de Infantería y, al final de su carrera, Teniente General. Era vástago del linaje de Ibañez de Castro Urdiales, de la villa de Mioño. a8) Casimira Hurtado de Salcedo y Sierralta, que casó con Juan Pablo de Zapata, Marqués de San Miguel de Grox, y con este prolongó descendencia. 3) Bernabé Hurtado de Salcedo y Sierralta — mi antepasado — que sigue en XXIII. 4) Ana Hurtado de Salcedo y Sierralta, que casó con el Sargento Mayor José Gabriel del Valle Hoyo y Bobadilla. 5) Extramatrionalmente el 22º Señor de Salcedo de la Jara hubo un hijo, que luego legitimó. Andando el tiempo ese hijo fue “Pagador General de las Armadas y Galeras Reales de Cantabria”. XXIII — BERNABE HURTADO DE SALCEDO Y SIERRALTA — hijo legítimo de Francisco Hurtado de Salcedo y Velasco, 22º Señor de la Torre de Salcedo y de la Jara, y de su mujer Micaela González de Sierralta; propio hermano, por tanto, del 1er Marqués de Legarda, y tío carnal del Gobernador de Buenos Aires Miguel de Salcedo —, era, mi 8º abuelo. Fué Caballero de la Orden Militar de Calatrava, y había contraído nupcias con Angela de Salazar, Señora del lugar de Siones, en el valle de Mena, provincia de Burgos. Doña Angela era Patrona y Abadesa de Santa María de Siones, antiquísima abadía y templo románico edificado en el siglo XII. Falleció don Bernabé en 1722. Hubo en su matrimonio estos hijos: Salcedo

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1) Bernabé Hurtado de Salcedo y Salazar, que sigue en XXIV. 2) Luis Hurtado de Salcedo y Salazar, Señor de Santa María de Siones, que se casó allá en España, dejando numerosa descendencia. XXIV — BERNABE HURTADO DE SALCEDO Y SALAZAR o BERNABE DE SALCEDO, como se denominó, vino al mundo en la villa marinera de Castro Urdiales, de la provincia de Santander. A su debido tiempo, resultó agraciado por la Corona con el cargo de Gobernador de Chucuito. Abandonó, en consecuencia, las fértiles costas pesqueras del Cantábrico a fin de representar al Rey en ese páramo andino, al que rodeaban las localidades montañosas de Puno, Torata, Moquega y el fabuloso lago Titicaca, en cuyas imponentes altiplanicies abundan los yacimientos de plata, cobre y carbón, y triscaban ariscos rebaños de alpacas y vicuñas. Por 1710 tomó estado matrimonial con la peruana María Vascas de Ochoguía, nacida en la cercana Moquega, hija legítima de Luis Vascas de Ochoguía, “natural del valle de Baztán en el Reyno de Pamplona”, que vino a Indias como Corregidor de Moquegua, y allí se casó con Isabel de Mundaca y Mazuelos 6. 6 Presume el distinguido genealogista Félix Martín y Herrera que Isabel de Mundaca y Mazuelos es hija del Capitán Gonzalo de Mazuelos y de Isabel de Ondegardo y Ribera; n.m. de Juan Polo de Ondegardo y Contreras y de María de Ribera y Sedano (hija esta de Hernando de Sedano, conquistador del Perú, y de Catalina de Matienzo, hija del famoso Oidor Juan Matienzo y de su mujer María Toro); bisnieta, doña Isabel, de Juan Polo de Ondegardo y Zárate y de Jerónima de Contreras y Peñalosa Arias Dávila. Por su parte Juan Polo de Ondegardo y Zárate había nacido en Valladolid, se recibió de Licenciado en Salamanca, y pasó luego a Indias, al Perú, donde conquistó fama como letrado. Tomó parte en las guerras civiles peruanas y, después, el Presidente La Gasca le confió el cargo de Corregidor de Potosí y recaudador de la Real Hacienda, empleo que desempeñó también en el Cuzco. Allí se dedicó a investigaciones arqueológicas, y descubrió muchas momias de Incas. Polo de Ondegardo fue uno de los que aconsejaron a La Gasca a mandar una expedición conquistadora a la región incógnita del Tucumán, y le señaló el nombre de Juan Núñez de Prado para encabezarla. Murió el Licenciado Ondegardo por 1570, en Potosí o Charcas. Habían sido sus padres: Diego de Ondegardo y León y Jerónima Ortiz de Zárate Polanco; 170

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Como el apellido Vascas Ochoguía ha sido escrito a veces “Vázquez Ocheguía”, es probable que descendientes del susodicho Corregidor de Moquegua, fuera “Ana Vázquez de Ocheguía” (hermana acaso de mi antepasada María), casada con Bernabé León Fernández de Córdoba, de la Casa de los Marqueses de Guadalcázar. Ellos fueron padres de Manuela Fernández de Córdoba “Vázquez de Ocheguía”, esposa de José Fernández Cornejo y Rendón, nativo del Valle de Lucumba, que testó en 1790, en Moquegua, precisamente. (Ver Los Fernández Cornejo del Perú, por Atilio Cornejo, en la “Revista de San Felipe y Santiago de Salta” Nº 21 y 22). Bernabé de Salcedo Salazar y María Vascas de Ochoguía procrearon a: XXV — JOSE DE SALCEDO Y VAZQUEZ DE OCHOGUIA, que nació en Moquegua, obispado de Arequipa, por el año 1713. De aquella montañosa zona minera, el muchacho se vino a Buenos Aires, “llamado por su tío el Sr. Miguel de Salcedo, sus abuelos paternos Polo de Ondegardo y María López de León y Mudarra; y sus bisabuelos Agustín de Ondegardo, nativo de Milán, de noble origen, fallecido en 1390, y su esposa Isabel de Esva. A su vez, Jerónima de Contreras Peñalosa Arias Dávila — la mujer de Polo de Ondegardo — había nacido en Segovia, hija de Rodrigo de Contreras y Hoz y de María de Peñalosa Arias Dávila; nieta p.m. de Pedro Arias Dávila, el célebre “Pedrarias Dávila” y de su esposa Isabel de Bobadilla y Peñalosa (hija de Francisco Fernández de Bobadilla, Caballero de Santiago, y de María de Peñalosa y Tobar); y bisnieta paterna de Rodrigo de Contreras Vázquez de Cepeda y de Constanza de Cáceres Osorio y Virués. “Pedrarias Dávila” había nacido en Segovia hacia 1440, hermano del Conde de Puñonrostro, Juan Arias Dávila. Luego de luchar contra los moros, “Pedrarias” fue nombrado Gobernador de “Castilla del Oro” — Panamá — y el 11-IV-1514 salió de San Lúcar con una brillante armada de 15 navíos y 2.000 hombres. Su gobierno en las costas del Darién resultó trágico, feroz y arbitrario. Casó a María, una hija suya, con Vasco Núñez de Balboa, y después mandó matar a su yerno, el descubridor del Océano Pacífico, acusado de traidor, con otros Capitanes. “Pedrarias” aplicó indistintamente la crueldad a los españoles y a los indios; hasta que murió en sus dominios centroamericanos cuando se disponía a regresar a España. Salcedo

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Theniente General de los Reales Exércitos y Governador que fue de esta Provincia” — cual lo recordó el propio don José en su testamento. Aquí, a orillas del Plata, el 19-VIII-1743, el hombre tomó por esposa a Juana de Silva y Rodríguez Moreyra, siendo testigos de la boda Manuel Acosta y Domingo Borda. (Libro 4 de Matrimonios, Folio 469, de “La Merced”). Juana Silva había nacido en la ciudad de Santa Fé de la Vera Cruz, el 8-VII-1724, hija del Capitán Juan de Silva y de su mujer Isabel Rodríguez Moreyra, la cual era 4ª nieta del conquistador fundador de Buenos Aires, Capitán Pedro de Quiroz 7. 7 He aquí su línea genealógica: I — PEDRO DE QUIROZ zarpó en 1572 de San Lúcar de Barrameda para el Río de la Plata en la armada de Juan Ortiz de Zárate. El “alarde de la gente de guerra e pobladores de dicho Adelantado”, lo registra como “natural de Venavente, de hedad de 28 años, mediano de cuerpo, una señal en la mollera, es casado”. Fue vecino fundador e integrante del primer Cabildo de Buenos Aires en 1580. Garay le repartió en la ciudad porteña un solar al costado de la Plaza Mayor, en la esquina Sudeste de las actuales calles Hipólito Yrigoyen y Bolívar, donde andando el tiempo se levantaron los “altos del Crisol”, frente al terreno cuyo dueño inicial fue Luis Gaetán, y en el que posterior y sucesivamente tuvieron su morada mis antepasados Riglos, De la Quintana y Aguirre. También para “huerta” recibió Quiroz la manzana, hoy atravesada por la Avenida de Mayo, que recuadran las calles Esmeralda, Suipacha, Hipólito Yrigoyen y Rivadavia. Asimismo, nuestro Capitán obtuvo la merced de una “chacra” en el “Monte Grande”, que hogaño ubicaría sus 400 varas delanteras en la cresta de la barranca de Vicente López, sobre la estación ferroviaria, prolongando su clásica legua de fondo hacia el Oeste. La tal chacra en 1604 perteneció a mi antepasado Francisco Pérez de Burgos. En 1585, Pedro de Quiroz acompañó a Alonso de Vera y Aragón “Cara de Perro”, a fundar Concepción del Bermejo, e integró, como Regidor, el Cabildo inaugural de esa ciudad desaparecida. Hija suya fue: II — ANDREA QUIROZ DE LA LAMA, que casó con el Capitán Juan de Acosta; ambos nacieron en el Paraguay y se avecindaron en Corrientes. Fueron padres de: III — LUISA ACOSTA, correntina de nacimiento y esposa del Sargento Mayor Pedro Moreyra. Hijo de ellos resultó; 172

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Los cónyuges José de Salcedo y Juana de Silva, en 1790 otorgaron un testamento conjunto — que estractaré más adelante — y en ese documento los causantes expresan textualmente; “Declaramos que somos casados desde el mes de Noviembre del año pasado de 1741 y velados según orden de Nuestra Santa Madre Iglesia”. Sin embargo, el acta matrimonial respectiva, fechada el 19-VIII-1743, resulta terminante al respecto. El “Censo” o “Padrón” vecinal de la ciudad de Buenos Aires, confeccionado en 1744 por el Regidor Juan de Rivas, registra que en la calle “de la Varranca del Río” (que ahora sería Balcarce a tres cuadras de Hipólito Yrigoyen — antes “del Cabildo”) para el sur (vale decir a la subida del recodo de las actuales calles Belgrano y Paseo Colón), en esa empinada cuadra, a pocos metros del portón de la Aduana Vieja, vivían en casa propia “Dn. Joseph de Salcedo” y su mujer “Da. Juana de Silba”, y con ellos “Da. Isabel Rodríguez, su suegra”, y seis esclavos (4 mujeres y 2 varones): Petrona, como de 50 años; Juana de 25; Violante de 18; Manuela de 5; Pablo de 30; y Juan de 12. Paraba también en la aludida vivienda, un portugués “passagero”, Bernardo Antúnes.

IV — PEDRO MOREYRA, Capitán, vecino encomendero de Corrientes. Casó con Antonia de Sandoval y Lescano (hija del Capitán Antonio Lescano Almirón y de María de Ojeda, descendientes de los fundadores de Corrientes). Era su hija: V — CATALINA MOREYRA, casada con Andrés Rodríguez, vecino de Santa Fé. Padres fueron de: VI — ISABEL RODRIGUEZ MOREYRA que se desposó con el Capitán Juan de Dios Silva o Juan Silva, nacido en Santa Fé en 1699. La señora en tres testamentos (1740, 1757 y 1767) declaró estos hijos legítimos; 1) Francisco Javier, que en 1757 ya había muerto; 2) María; 3) Jacinto; 4) Juan de la Cruz, que se estableció en Corrientes donde fue Alcalde de 2º voto en 1771, de 1º en 1772 y de Hermandad en 1776. Cuando su madre testó lo dijo “casado con Pascuala, cuyo apellido no tengo presente”; 5) Tomasa, que casó con Miguel Iturriaga; y 6) Juana Silva Rodríguez Moreyra — mi antepasada — mujer de José de Salcedo. Salcedo

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Los bienes de las señoras La tal morada habíala comprado Juana de Silva en 1.700 pesos, en la almoneda que se hizo el 23-VII-1738, por ante el Escribano Público y de Gobierno Francisco de Merlo, sobre los bienes del Presbítero Juan Baez de Alpoin; “desde cuyo tiempo la he vivido quieta y pacíficamente, sin contradicción alguna, en virtud de la posesión judicial que de ella tomé el 5 de Agosto del mismo año, habiéndola mejorado en muchas partes” — como lo expresó la dueña en su testamento. “Su situación — agregó — es en el Barrio de San Francisco, inmediato a la Aduana ..., teniendo, según quiero acordarme, 39 varas de frente y 28 de fondo ... Y la propiedad de esta Casa y otros bienes más la declaró mi Madre por Instrumento público de 10 de Marzo de 1740, en el oficio del Escribano Esquivel. Declaro yo — proseguía la testadora en 1790 — que estando en España mi yerno Antonio José de Escalada, edificó su hermano Don Francisco Antonio de Escalada, en la referida Casa, una sala al patio principal, frente a la puerta de calle, y después aquel, cuando vino, un quartito de media agua al corral”. También Escalada hizo construir las habitaciones más importantes de la finca, “pues antes solo había un rancho de paja, cuyo valor de los costos pertenece a mi yerno”; a quien la causante relevaba de toda rendición de cuentas “por la satisfacción y confianza que me merece, y no poder recompensarle de otro modo los muchos serbicios que me ha hecho, y a mi esposo”. Por su parte Isabel Rodríguez Moreyra, la suegra de Salcedo, había testado en tres oportunidades; el 10-III-1740, el 30-III-1747 y el 13-I-1767, ante los Escribanos Esquivel, Vázquez Pelayo y García Echaburu, respectivamente. En tales escrituras ella dispuso que su cadáver fuese sepultado en la Iglesia de San Francisco, amortajado con hábito seráfico, por ser hermana terciaria de dicha orden. Dijo que llevó a su matrimonio 3.000 pesos en dinero, alhajas, muebles y esclavos, “según carta dotal que otorgó en Santa Fé”. su marido Juan Silva, a su vez, aportó bienes, pero la testadora “no tiene presente el año ni la cantidad que importó”. Las propiedades de la señora sitas en el distrito porteño, y declaradas en aquellos testamentos, fueron: Una chacra en el paraje de “Matanza” que había comprado a Martina de Lisola, ante el Escribano José de Esquivel, mediante la suma de 300 pesos, de los cuales puso su hija Juana Silva 150, “que hasta el 174

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presente (1767) se le están adeudando”. Un negro y una negra llamados Tomás y Dominga, de 40 y 20 años de edad aquel y esta. Un “escriptorio” de madera del Paraguay, como de una vara de largo; y un nicho con la imagen de Nuestra Señora de la Asunción. Otro negro esclavo de nombre Pablo de 50 años, que en 1767 la causante legó a su hija Juana, “en pago de los buenos servicios que me ha hecho al asistirme y darme ropa para vestir y cuidar mis enfermedades y alimentarme en mis necesidades”. Asimismo dejábale a Juana una mulata de nombre Sabina; además de “dos sortijas, una con tres esmeralda y la otra de oro; dos vestidos, el uno de lana azul y el otro de tisú de seda”; y “unos sarcillos de perlas”. Puntualizó la testadora que esos “zarcillos” estuvieron empeñados en 11 pesos, pero que la dicha Juana “lo remató con su beneficio”, por lo que se deben descontar de su haber. Fueron, una, otra y otra vez, nombrados albaceas en esos testamentos, sus hijos; Jacinto; Juana y Juan de la Cruz; y en la escritura de 1757 firmó a ruego de la otorgante Juan de Acosta; haciéndolo en la de 1767 José de Zumelzú. Respecto de aquella chacra que Isabel Rodríguez Moreyra declaró haber comprado en “Matanza” con su hija Juana, esta, a su turno, cuando testó en 1790, dijo “que por los años de mil y setecientos cuarenta y tantos, unida con mi Madre compramos despoblada una suerte de chacra, en 900 pesos (300 había dicho la madre) a doña Martina Lizola, en la Cañada de Morón, inmediata al oratorio de Merlo; la que pobló mi Madre de ranchos, monte de duraznos, cercado de tunas, pozo de valde”, etc, etc.; “y vivió algunos años hasta 1757, que por su edad y achaques le fue preciso volver a mi Casa y compañía. Desde entonces corrió con dicha chacra, usufructuando por si solo los arrendamientos de ella, mi hermano Jacinto de Silba, hasta 1785 en que murió. Y yo, por mis enfermedades — continuaba Juana — no he tenido proporción de hacerme cargo de ella, pues con las continuas mensuras a habido variaciones en sus rumbos, y se halla obscurecida la fijeza del terreno, pero, según noticias, subsiste la laguna y árbol que había inmediato a los Ranchos, nombrado este vulgarmente “el Ombú de Maziel”, apellido del marido de la vendedora.

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Separación vincular canónica y posterior reconciliación de mis 5os abuelos El año 1754 nació la única hija — Petrona — del matrimonio de José de Salcedo y Juana de Silva. Posteriormente, ignoro por cuales motivos, dichos esposos se divorciaron ante un Tribunal Eclesiástico local. Mi amigo y pariente el historiador Raúl de Labougle me dió el dato de que las constancias de la referida separación obraban en dos expedientes (Nº 36, legajo 19, y Nº107 al 109, legajo 23) del Archivo de la Curia de Buenos Aires, bárbaramente incendiada en Junio de 1955. Según Labougle, las causales del aludido divorcio eran simples divergencias originadas por tener los cónyuges caracteres violentos y contradictorios. Así las cosas, el 17-VIII-1764, ante el Escribano García Echaburu, en su Registro Nº 6, comparecieron un tal Antonio de Silva, residente en Buenos Aires y mi remota genitora Juana de Silva, vecina de esta ciudad (¿emparentados ambos?) a fin de celebrar un contrato de trueque de esclavos. En tal documento doña Juana figura como casada con “Don Joseph de Salcedo”, pero el Escribano dejó bien en claro que ella no le pedía licencia a su marido para otorgar dicha escritura, “por que por justas causas los tienen diborciados la Iglesia”. Como quiera que fuese, el distanciamiento de aquellos antepasados mal avenidos no se prolongaría indefinidamente. En 1778 — lo registra el Padrón urbano porteño cometido por el Cabildo a Francisco Antonio de Escalada — dichos cónyuges vivían otra vez juntos en la casa que sabemos. Allí figuran en hogareña concordancia; “d. Jph. Salzedo” de 50 años, casado, “da. Juana Silva, su esposa”, de 40 años (Joseph sumaba más de 60), y (única hija de ellos) “da. Petrona Salzedo”, casada, de 20 años. El marido de esta Antonio José de Escalada, hallábase a la sazón en España, a objeto de convenir con su tío Fernando el reparto de la herencia de su padre, Manuel de Escalada y Bustillo. Otras noticias sobre el abuelo Salcedo El 30-IX-1778, José de Salcedo pidió a las autoridades militares del Reino, que en atención a su avanzada edad — dijo frisar 176

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en los 65 años — y a los servicios prestados, se le eximiera del estricto y fatigoso ejercicio de las armas. Expresó que durante el gobierno de Vértiz se realizaron dos revistas generales de milicias, a las cuales asistieron “el Teniente del Rey Juan Manuel de Labardén, el Comandante don Domingo Lajarrota (5º abuelo mío) y el Sargento Mayor Francisco González, en donde atendiendo a mi servicios que hice presentes desde el año 1740, hechos a mi costa y minsión, y a mi avanzada edad, que pasaba entonces los 60 años, se me reformó”; es decir, se lo consideró miliciano exedente, o sobrante o de reemplazo para todo adiestramiento combativo. “Sin embargo, con la novedad de la hostilidad y toma del Río Grande por los portugueses — proseguía Salcedo — causo ésta una considerable fatiga a estas Milicias, con que se tomó la providencia ..., agregar a todos los reformados a las Compañías para hacer el servicio... Yo fui agregado a la Compañía de José Albisury, al cargo de su Teniente Felipe Argibel y el Alférez Faustino Bozo”. Y concluye el veterano alegando que, como tiene 65 años, “se me tenga por reformado y no se me moleste más”. De este escrito se deduce que mi antepasado sirvió en las milicias desde 1740, cuando llegó a Buenos Aires a los 28 años de edad, durante el gobierno de su tío Miguel de Salcedo, hasta cumplir los 60, en que se lo reformó en 1773, en tiempos del Gobernador Vértiz. Testamento conjunto de mis 6os abuelos Es cierto que en 1764 los esposos José Salcedo y Juana de Silva estuvieron divorciados, pero también es cierto que en 1778, según consta en el censo urbano de esa data, ambos vivían familiarmente bajo el mismo techo. Y tan perfecta parece haber sido la armonía de aquella otrora desavenencia que, el 13-VIII-1790, ante el Escribano Gervasio Antonio Posadas (quien autorizó la escritura en el Registro nº3 de Josef Luis Cabral), dichos cónyuges otorgaron un testamento conjunto, cuyas partes sustanciales literalmente transcribo a renglón seguido: “En el nombre de Dios Todopoderoso, Amén. Sepan quantos esta Carta de Testamento vieren como nosotros, marido y mujer, Don José de Salcedo, natural de la Villa de Moquegua en este Reyno del Salcedo

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Perú, hijo legítimo de legítimo matrimonio de don Bernabé de Salcedo, natural que fue de la Villa de Castro Urdiales, en los Reynos de España, y vino a estos de Governador de Chucuito, y de doña María Vascas de Ochoguía, natural de dicha Villa de Moquegua, e hija legítima de don Luis Vascas de Ochoguía, natural del Valle de Baztán en el Reyno de Pamplona, que vino a este Reyno del Perú de Corregidor de la citada villa de Moquegua, donde casó; y doña Juana de Silva, natural de la ciudad de Santa Fé de la Vera Cruz, en esta Provincia, hija legítima y de legítimo matrimonio del Capitán don Juan de Silva, natural de esta Ciudad, y de doña Isabel Rodríguez, natural de la dicha Santa Fé; estando enfermo yo, el primero, de una enfermedad natural que Dios Nuestro Señor se ha servido enbiarme ... otorgamos nuestro testamento. Primeramente, mandamos se amortajen nuestros cuerpos con ábito de Santa Recolección de esta ciudad, dejando a elección de nuestros Albaceas el funeral y entierro ... Declaramos que somos casados desde el mes de noviembre del año pasado de 1741, y velados según orden de Nuestra Madre Iglesia, y en este matrimonio tuvimos y procreamos una hija nombrada doña Petrona, que murió el año 1784, habiendo casado el de 1774 con don Antonio José de Escalada, Chanciller Mayor y Registrador actual propietario de esta Real Audiencia Pretorial; dejando de este matrimonio dos hijos, y nuestros nietos, nombrados don Bernabé Antonio y doña María Eugenia de Escalada, a quienes instituimos por nuestros únicos y universales herederos de todos nuestros bienes, derechos y acciones, que nos pertenezcan y puedan pertenecer en cualquier manera que sea. Declaro yo, don José, por lo que pueda conducir a mis citados nietos y demás descendientes, que aunque en la Fée del Baptismo e Información que les dejo de mi legitimidad y nobleza, aparece el primer apellido de mi Madre con la denominación de Vázquez, según por corruptela se la titulaba, me parece que el legítimo y verdadero es Vascas, como constaría en la Executoria de Nobleza de mi Abuelo don Luis Vascas de Ochoguía, que con otros papeles de la calidad, serbicios y distinguidos empleos de mis antepasados traxe de mi Patria quando vine joven, llamado de mi tío el Sor. Dn. Miguel de Salcedo, Theniente General de los Reales Exércitos y Governador que fue de esta Provincia, quien se los llevó a España, y acaso pararán en el Mayorazgo de su Casa, establecida en la villa de Bilbao”. (Esta solemne declaración documenta 178

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fehacientemente el vínculo directo de mi 6º abuelo Don José con el ilustrísimo linaje de su apellido, puesto que él resulta bisnieto paterno legítimo del 22º Señor de la Torre de Salcedo de la Jara y Señor de las Casas de Legarda y Urrutia, don Fernando Hurtado de Salcedo y Velasco y de su esposa doña Micaela González de Sierralta y Oyo Salazar). “Declaramos — siguen diciendo los testadores — que cuando contraímos matrimonio, yo, don José, no traje a él cosa de importancia, ni después he podido agregarlas, por los continuos golpes de desgracia que he sufrido; y yo, doña Juana, entré algunos, de que mencionaré los que en el día existen, y son los siguientes”: La casa de su morada, al lado de la Aduana, que fue descripta anteriormente; la chacra situada en “Matanza” o en “Cañada de Morón” inmediata “al oratorio de Merlo”, que compró doña Juana con su madre, y cuyas características ya conocemos; y también estos inmuebles: “Una cuadra de quinta, cercada de tunas, que compré — habla doña Juana — a Francisco Baselagua, lindera por el Sur con otra de mi citado yerno” — Escalada. “Otra cuadra, situada más abajo, que compré al mismo Baselagua, en terreno que dijo ser realengo, el 17-XI-1758”, lindera al “Sud con la otra mía y de mi yerno”. Doña Juana poseía además una chacra que había adquirido del “Cabo de Esquadra Pedro del Castillo”. Tras de estos predios suburbanos, se declaró mi antepasada dueña de una mulata nombrada Antonia, como de 32 años; de otra llamada Martina, de 50 años, que compró “estando preñada” a doña Isabel Gascón de Arce, en 1789; y de otra esclava de nombre Bárbara, “hija párbula de la dicha Antonia, que la parió en mi esclavitud”. Por último, los testadores nombrábanse albaceas, el uno al otro y, en su defecto, al que fuera yerno de ambos: mi 5º abuelo Antonio José de Escalada. José de Salcedo no pudo firmar ese testamento a causa de hallarse “imposibilitado” por su enfermedad, por lo que a su ruego lo hizo uno de los testigos presentes; Manuel Ximénez; los demás testigos fueron Mariano Estrada y Mariano de Aldao. Por su parte Juana de Silva estampó de puño y letra claramente su nombre y apellido. Todo — como se dijo — por ante Gervasio Antonio de Posadas. Hija única de José de Salcedo y de Juana de Silva resultó:

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XXVI — PETRONA DE SALCEDO Y SILVA, que vino al mundo en Buenos Aires el 28-VI-1754. Las vísperas de cumplir sus 20 de existencia, el 5-VI-1774, ella contrajo nupcias en esta ciudad con el joven porteño Antonio José de Escalada, bautizado el 20-IX1753; hijo de Manuel de Escalada y Bustillo de Zeballos, de las Bárcenas y Gutiérrez de Socobio, y María Luisa de Sarria y Lea y Plaza. (Antonio José y su hermano Francisco Antonio nacieron fuera del matrimonio — sus genitores eran solteros —, pero fueron reconocidos por el padre, el 2-V-1771, y legitimados luego por Real Cédula del Monarca Carlos III, dada en el Pardo, el 15-I-1772. Detalladamente trato sobre la filiación, antecedentes y sucesión de los Escalada, en un capítulo especial, al que me remito). Antes de haber transcurrido un mes de su boda, por escritura del 2-VII-1774, autorizada por el Escribano Eufrasio José Boizo, Antonio José dotó a su esposa con 12.000 pesos, y la flamante pareja se allanó a vivir en la casa y junto a la madre de la desposada. Así lo recordó Escalada en su testamento (10-X-1821), con estas palabras alusivas a Petrona Salcedo su consorte de primeras nupcias: “refaccioné y aumenté la casa y la quinta de su madre, doña Juana Silva, que aún vivía, y yo también habitaba en comunidad; por lo que forme entonces mi resolución de que los gastos fueran comunes y no lleve cuenta alguna de ellos, ni es mi voluntad que se intente hacerlo por mis sucesores, mayormente agregándose la poderosa razón de que muerta dicha mi suegra, doña Juana Silva, no hice inventario de sus bienes, sino que los incorporé indistintamente a los míos”. Cuenta la tradición familiar que a Petrona Salcedo la llamaban en su época la “gran señora”, lo que posiblemente sea cierto; pero se equivoca cuando la hace sobrina cercana del Virrey Vértiz y Salcedo. Sobrina del tiempo de Maricastaña tal vez lo fuera, ya que el mandatario de “las luminarias” provenía, como su madre, una Salcedo Enríquez de Navarra, de una rama de la Casa de los Señores de Salcedo de Aranguren, que se estableció en Navarra. En cambio, como sabemos, nuestra antepasada derivaba directamente de los Salcedo de la Jara, cuya separación con los parientes de la Torre de Aranguren se produjo allá por el siglo XIV. Por otra parte, en el libro de homenajes a la memoria de Antonio José de Escalada, con motivo del centenario de su fallecimiento, editado en 1922, y sospecho que escrito por su 180

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descendiente Carlos Alberto Carranza, se reproduce una leyenda de que en 1784, la joven señora Petrona Salcedo de Escalada, que “tenía 26 años de edad, concluía de colocarse el aderezo para dirigirse a un suntuoso baile dado por el Virrey Marqués de Loreto, cuando repentinamente cayó en un rapto de lucidez o éxtasis”. Su hijo Bernabé presente en la alcoba, quédase admirado de la transfiguración de su madre que parecía “la Virgen del Cielo”. “Dios me llama, que dicha!” le susurra la señora al niño con los ojos en blanco; pero enseguida sale para la fiesta del Fuerte, de la que regresa a la madrugada, y “sin haber tenido tiempo de despojarse de sus atavíos, rindió como una santa su alma, recostada en su propio lecho, tenía puesto sobre su cuerpo los cilicios con que acostumbraba mortificarse. Su madre, Juana de Silva, quedó ciega de tanto llorar por su única hija, mientras que el esposo Antonio José de Escalada, fue a sepultarse en una lóbrega celda del Convento de los Recoletos. Allí despojado de sus vestidos mundanos, demudado el semblante, rapado el cabello, demacradas las carnes, se sometió a las más rigurosa disciplina monástica durante dos años”. Todo esto es pura fantasía, y constituye un melodrama grotesco. En 1784, doña Petrona no tenía 26 años sino 30. Parece muy natural que concurriera a los bailes del Virrey Loreto, aunque sin estos cilicios insoportables para las danzas del rigodón, la pavana o el minué. La verdad es que precisamente el 1-VI-1784, el día antes de su fallecimiento, doña Petrona se sintió morir, y en vez de largarse al sarao virreinal, hizo llamar al Escribano Núñez, titular del Registro Nº 1, ante quien otorgó su testamento. Su madre, Juana Silva, no se quedó ciega (yo ví su firma claramente estampada en aquella escritura de última voluntad de 1790). En cuanto a la rapadura y penitencias de Escalada en la lóbrega celda recoleta desde el año 1784 hasta 1786, solo podría decir que no me convencen tales exageraciones, ya que durante el transcurso de dicho lapso, el recluído inició la construcción de su memorada y hospitalaria casa de altos frente a la Plaza Mayor. En efecto; en 1786 otorgó Escalada una escritura de censo sobre ese inmueble; compró, además, un terreno en el barrio de El Retiro, y, finalmente, en 1788, el consolado viudo compartía su tálamo con Tomasa de la Quintana Aoiz, su esposa de segundo matrimonio. Así pues, aquel 12 de junio, doña Petrona “enferma pero con mis cinco sentidos y potencias cumplidas”, declaró en su testamento Salcedo

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ser hija legítima de José de Salcedo y de Juana Silva, y consorte de Antonio José de Escalada, con quien hubo dos hijos que vivían a la sazón; Bernabé Antonio y María Eugenia. Puntualizó no haber traído dote alguna al matrimonio, y que su marido, por escritura otorgada ante el Escribano Eufrasio Boyso, la dotó con 12.000 pesos. Dispuso que “mi cuerpo sea amortajado con el ávito y cuerda de la Religión de San Francisco y enterrado en la Iglesia de La Merced; y nombró por albaceas: en primer término, a su marido y, seguidamente, a su cuñado Francisco Antonio de Escalada. Por último dijo la causante no poder firmar, entonces a su ruego firmó la escritura el testigo Manuel Basabilbaso, amén de otro testigo Thomás Ramos, de todos los cual dió fé el Notario Pedro Núñez. Al día siguiente de testar (13 de junio) la juvenil doliente exhalaba el último suspiro. Su cadáver, conforme a su voluntad, quedó sepultado al pié del altar de San José, en la Iglesia de La Merced; y en el funeral que tuvo lugar una semana más tarde, el fraile mercedario Manuel Sánchez, pronunció conmovidas palabras de alabanza hacia la difunta: “Su alma —dijo — era agradable al Señor; por eso se apresuró a sacarla del centro de las iniquidades ... Esta joven, desde sus tiernos años pareció siempre un alma buena; era de ánimo suave, de corazón recto, tan benigno, tan igual en el humor, que se granjeó todas las voluntades de este numeroso pueblo ... Todas estas relevantes pruebas ... le merecieron de aquel gran Jefe, digno de eterna memoria, el Exmo. Señor don Pedro Zeballos, que le franquease, sin solicitarlo, todo su favor y dote para ser religiosa, si se resolviese algún día a la elección de este noble estado ... Ella prefería lo sólido a lo brillante, lo serio a lo vivo y bullicioso ... La hubierais visto, en medio de su abundancia y riqueza, afligirse cuando por obediencia usaba galas y ricos vestidos; la hubierais visto en el cuidado exacto de sus domésticos, hasta llorar por los defectos en que ellos incurrían, pedir misericordia para si y para ellos; componer sus ropas y curar las úlceras que ellos tenían, y cifrar sus mayores delicias en la comunicación y amistad con sus parientes pobres; visitarlos en sus casas, comer con ellos y socorrerlos en sus necesidades como una madre verdaderamente cariñosa ... “. Los cónyuges Antonio José de Escalada y Petrona de Salcedo hubieron solo tres hijos: 1) Luisa de Escalada y Salcedo, que falleció niña. 182

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2) Bernabé Antonio de Escalada y Salcedo, nacido el 11-I-1780. Soltero y con importante actuación pública. Murió el 7-V-1857. 3) María Eugenia de Escalada y Salcedo, que nació el 8-IX-1781; contrajo matrimonio el 7-VI-1797 con José Demaría y Camuso; y dejó de existir el 29-X-1822, a los 41 años de edad, reconocida como “Dama Patricia”. Las respectivas biografías y demás antecedentes genealógicos, tanto de Bernabé como de María Eugenia, así como la sucesión de esta 4ª abuela, mía se tratan en los capítulos que dedico a los linajes de Escalada y Demaría, a cuyas constancias me remito.

Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo General de la Nación. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Carranza, Carlos Alberto; Antonio José de Escalada; Primer centenario de su fallecimiento (1821-1921). Bs. As., 1922. Documentos para la Historia Argentina; Padrones de la ciudad y campaña de Buenos Aires (1726-1810). Tomo X. Bs. As. 1955. Y Padrón de la Ciudad de Buenos Aires (1778). Tomo Xi. Bs. As. 1919. Publicados por la Facultad de Filosofía y Letras. García Carraffa, Alberto y Arturo; Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispano-Americana. Editada en Madrid. García de Salazar, Lope; Las Bienandanças e Fortunas, reproducción facsimilar del Código existente en la Real Academia de la Historia de Madrid, por Maximiliano Camarón, y editado por Gabriel Sánchez en 1884. Ybarra y Bergé, Javier de; La Casa de Salcedo de Aranguren. Bilbao, 1944. Ybarra y Bergé, Javier de, y Garmendia, Pedro; Torres de Vizcaya. Madrid, 1946.

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Apéndice Linajes vinculados con la Casa de Salcedo.

AYALA Las armas de tan antiguo e ilustre linaje vasco se pintan así; En campo de plata, dos lobos de sable, uno sobre otro; bordura de gules con ocho aspas de oro. Los Ayala reconocen por tronco fundador de su estirpe a: I — El Infante Don VELA, hijo natural del primer Rey de Aragón, Don Ramiro I, o nieto suyo, sí — como opinan ciertos autores — fue su padre Don Sancho I Ramírez, el segundo Rey aragonés. A mediados del siglo XI, Don Vela pobló el valle de Ayala — cuyo nombre apellida, desde entonces, a su progenie —, situado en la actual provincia de Alava, partido judicial de Amurrio. En uno de los caseríos de dicho valle, el Infante que me ocupa, estableció la ermita de Nuestra Señora de Respaldiza, al tiempo de su casamiento, con la Condesa doña Juliana de Avalos o Iñíguez, Señora de Villanañe y Cárcamo; hija — según Salazar y Castro — de Iñigo López, 6º Señor de Vizcaya. Los Avalos eran oriundos de La Rioja, y su casa solar la fundó un Caballero de la Casa Real de Inglaterra llamado don Guillermo Abalón, quien allá por el año 901 hubo la Sonsierra de Navarra por merced del Rey Sancho Abarca, del cual se dice que un tal inglés era Capitán General. Cuenta la tradición, que el Infante don Vela, además de esforzado guerrero, fue considerado durante su vida, y sobretodo después de su muerte, como un santo. Se asegura que participó en las Cruzadas a Palestina; que luchó en España contra los moros, que reedificó y pobló la ciudad de Salamanca, destruída por los mahometanos; y que su prestigio llegó a ser tan grande que el Rey Alfonso VI de Castilla le nombró — juntamente con otros magnates — árbitro en la causa del Cid Díaz de Vivar, contra sus malvados yernos los Infantes de Carrión, que ultrajaron a sus esposas en el robledal de Corpes. Salcedo

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Al morir nuestro Infante, lo sepultaron en aquella ermita de Respaldiza que él fundara; y parece que su cadáver incorrupto obraba milagros a pedido de los vallistas ayaleses; los cuales abrían su tumba para conjurar las calamidades de la naturaleza. En consecuencia, no bien la momia de don Vela quedaba al descubierto, cesaban las pestes, se aplacaban las tormentas o caía la lluvia sobre las sementeras resecas de Ayala. El momificado dejó a su esposa doña Juliana por tutora de sus hijos. Era la Señora una mujer de armas llevar, y su temple varonil lo demostró cumplidamente en oportunidad de encabezar ella misma un ejército, con el cual derrotó a los sarracenos que merodeaban por tierras de Pancorbo, corriéndolos hasta Dueñas. Don Vela y doña Juliana hubieron los siguientes hijos: 1) Don Lope Velázquez o Lope Avalos, que fue Señor muy principal en tiempos del Rey Fernando I de Castilla. Su nombre figura en varias donaciones y privilegios que dicho monarca y su esposa doña Sancha confirmaron en 1056 y 1057. Casó y dejó sucesión. 2) Don Sancho Velázquez, 2º Señor de Ayala, que sigue en II. 3) Don Vela Velázquez, quien para algunos autores antiguos fue 2º Señor de Ayala, en vez de su hermano Sancho, y le atribuyen asimismo la paternidad de los hijos de éste. 4) Don Galindo Velázquez, que fue Gobernador de Tedejo, en jurisdicción de León y de Castilla la Vieja, según algunos viejos papeles. De este vástago de Ayala proceden los linajes de Barahona, Villanañe y Espejo. 5) Don Juan Ortiz de Zárate. Diversos genealogistas sostienen que este Ortiz de Zárate ayalés sería el tronco de los que llevan dicho ilustre apellido; pero Ybarra y Bergé, entre otros opina mas verosímil que los Zárate vengan de su homónimo, el hijo natural de Fortud Sánchez de Salcedo, 5º Señor de Salcedo y 7º de Ayala, a cuyo respectivo linaje — Salcedo — remitimos al lector. II — Don SANCHO VELAZQUEZ, 2º Señor de Ayala. Se ignora con quien casó, aunque se sabe lo hizo en Mena, de cuyo valle resultó el 1er Señor. Tuvo por hijos — que como dijimos algunos atribuyen a su hermano Vela Velázquez — a:

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1) Lope Sánchez de Ayala, 3er Señor de Ayala, que sigue en III. 2) Diego López de Ayala. III — Don LOPE SANCHEZ DE AYALA, 3er Señor de Ayala, fue uno de los personajes más importantes de la Corte del Rey Don Sancho de Navarra, donde ejerció el cargo de Mayordomo Mayor del Reino. Además descolló junto al Rey de Castilla Alfonso VI, como Ricohombre y Gobernador de Alava. Figura como testigo en varios privilegios que ese Rey castellano concedió en 1070, 1075, 1089, 1094 y 1102, al Monasterio de San Millán, y a otras comunidades religiosas; así consta en los libros de “Becerro” y escrituras respectivas. Su hijo fue: IV — Don GALINDO VELAZQUEZ DE AYALA, 4º Señor de Ayala, Gobernador del lugar de Belchite en el Reino de Aragón. En los años 1114 y 1118 combatió contra los moros y estuvo en la conquista de Zaragoza con el Rey don Alfonso “el Batallador”. Contrajo matrimonio con doña María de Salcedo, 2ª Señora de Salcedo, hija del Conde don Rubio de Aranguti o de Noroña, 1er Señor de Salcedo (ver la prosapia de los Asturias). Con motivo de ese enlace se impuso en el contrato nupcial respectivo, que los hijos de don Galindo de Ayala llevarían el apellido materno de Salcedo; por lo que su descendencia la consignamos en el capítulo referente a esa Casa de Salcedo.

Bibliografía Ybarra y Bergé, Javier de; La Casa de Salcedo de Aranguren, Bilbao, 1944. García Carraffa, Alberto y Arturo; Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispano-Americana. Madrid.

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ASTURIAS, CONDES DE NOROÑA Rancio linaje este de los Asturias, Condes de Noroña, derivados del tronco Real de aquel venerable Principado montañés, pleno de historia. Su blasón lo describió así Gonzalo Argote de Molina en su Nobleza de Andalucía; “Escudo de quince laquelles (jaqueles, escaques, casillas) los ocho roxos y los siete de veros azules y de plata. Armas del Señor de Noroña”. La egregia Casa de los Noroña de Asturias, pues, remonta su antiquísima genealogía hasta: I — La Infanta doña CRISTINA (que de viuda, el año 1024, fundó el Monasterio de San Salvador de Corneliana), y su marido el Infante don Ordoño. Hija aquella del Rey de León Bermudo II “el Gotoso” y de su primera mujer — que luego repudió — doña Velasquita; n.p. del Rey de León Ordoño III y de su segunda esposa doña Elvira; bisnieta del Rey de León Ramiro II y de su cónyuge primera doña Urraca; tataranieta del Rey de Asturias Ordoño II y de su primera esposa doña Elvira; y chozna del Rey asturiano Alfonso III “el Magno” y de su segunda mujer doña Ximena de Navarra. Por su parte, a ese Infante don Ordoño, marido de doña Cristina de León, lo identifican algunos autores como Ordoño “el Ciego”, hijo del Rey de León Don Fruela II, que murió de lepra en 924; empero — como lo señala Salazar y Castro — el aludido “ciego” no pudo ser el consorte de doña Cristina por pertenecer a generaciones cronológicamente imposible de enlazarse. Parece pues mas probable que el susodicho Ordoño fuera hijo del Rey Ramiro III 188

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de León; y nieto del Rey leonés Sancho I “el Grueso” y de Teresa su mujer; y bisnieto del Rey Ramiro II y de su segunda esposa Teresa de Navarra. En tal caso el Infante don Ordoño sería primo segundo de su mujer la Infanta doña Cristina. En su matrimonio los ilustres cónyuges procrearon cinco hijos, entre ellos destaco a: 1) Don Alonso Ordoñez, que sigue en II. 2) Doña Aldonza, que casó con un don Pelayo, hijo de don Fruela, vástago bastardo del Rey leproso Fruela II de Asturias. De aquella doña Aldonza y de don Pelayo proceden los Condes de Carrión; don Pedro, don Ordoño, don Pelayo, don Nuño y doña Teresa. II — Don ALONSO ORDOÑEZ (el primogénito de los dichos Infantes astur-leoneses Ordoño y Cristina) poseyó grandes propiedades en Asturias, especialmente en la montañosa comarca de Liébana — hoy parte de la provincia de Santander, enclavada entre las de Asturias, de León y de Palencia —, donde fundó el Monasterio de Sant Toribio el año 995. Casó con doña Justa, noble señora, a la que hizo madre de: III — Don RODRIGO ALONSO DE ASTURIAS, 1º del apellido. Ricohombre; cuya dignidad, según costumbre de España, equivalía a la que en otros países se daba a Condes o Barones. Los Ricoshombres eran señores de gran linaje y poderosos en haciendas y vasallos, y sus privilegios consistían, entre otros, en anteponer a sus nombres el Don (solo permitido en la alta Edad Media a los Reyes, Infantes y Prelados); en no poder ser encausados sin licencia especial del Rey; en tener derecho a sentarse entre los Jueces y aposentarse en las casas que les pareciere siempre que no fueran esas casas de hijosdalgo; en armar caballeros, en confirmar los reales privilegios y en llevar como insignias el “pendón” y la “caldera”; que significaba; aquel, la facultad de reclutar soldados para llevarlos a la guerra, y esta, que el caudillo era lo suficiente poderoso para sustentar a su mesnada. Al crear mucho después el Emperador Carlos V la “Grandeza de España” se terminaron los Ricoshombres. Era asimismo don Rodrigo Alonso de Asturias, Duque de Asturias y Señor del primitivo solar de esta familia, que radicó en Salcedo

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Nava y en otros lugares como Cangas de Tineo. Fue marido dicho magnate de la Condesa doña Gonia u Onia, en la que hubo a don Fermín Ruiz de Trillo y a su primogénito: IV — Don DIEGO RUIZ o RODRIGUEZ DE ASTURIAS, Ricohombre y Señor Conde de Noroña y de Oviedo y Duque o Gobernador militar de Asturias durante el reinado de Alfonso V de León (999-1027), su suegro, y del de Fernando I “el Magno” de Castilla y León (1028-1065), su cuñado. Casó con la Infanta doña Jimena, hija real de aquel leonés Alfonso V, o — don Ramón Menéndez Pidal lo consigna — con la Infanta Cristina, no hija sino nieta del susodicho Alfonso V. De los ochos hijos que se le conocen al Conde don Diego Rodríguez de Asturias indico a: 1) Don Rodrigo Díaz de Asturias, Ricohombre, Señor de Noroña y de Nava, Conde de Asturias y de Oviedo, que se denominó “el Asturiano” para distinguirse de su cuñado Rodrigo Díaz de Vivar “el Castellano”, más conocido por el Cid Campeador. Casó según algunos documentos con doña María Justes o — dicen otros autores — doña Jimena Gómez (hija de Gómez Díaz y de Teresa Pelaez, Condes de Carrión). Dejó egregia sucesión vinculada a los Señores de Vizcaya y, entre otras a las Casas de Lara, Albuquerque, Velasco, Quiñones, Condes de Nava, Marqueses de Vallecerrato, Duques del Parque, de Niebla, de Braganza y Casa Real de Portugal. 2) El Conde don Rubio Díaz de Asturias, que sigue en V. 3) Don Bernaldo o Bernardo Díaz de Asturias, Ricohombre y Conde, de quien deriva la Casa de Meneses. 4) Doña Jimena Díaz de Asturias que contrajo nupcias en 1074 con Ruy Díaz de Vivar, el histórico y poético Cid Campeador. V — El Conde Don RUBIO DIAZ DE ASTURIAS o Conde Don FLAVIO o RUBIO DE ARANGUTI o de NOROÑA, fue un ilustre Caballero que por discordias con el Rey Bermudo III de León abandonó su nativo solar de Asturias y se radicó en Vizcaya, donde “casó altamente” con una mujer principal de aquellas montañas; doña Constanza. Pobló el valle llamado Junquera y el valle de Salcedo — que ya se conocía con este nombre desde épocas 190

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remotísimas; entre otros documentos, esto lo confirma el privilegio concedido por el Conde de Castilla, Fernán González, al Monasterio de San Millán de la Cogolla el año 934. Establecióse pues don Rubio en el valle de Salcedo, en el lugar llamado Aranguti, Araguti, o Arangoiti, que de las tres maneras fue conocido; y allí construyó el Solar de Salcedo, cuyo primer asiento estuvo precisamente en la Torre de Aranguti. Al morir don Rubio lo enterraron en la ermita de San Juan de Quejana, la cual sería convertida más tarde en Monasterio de religiosas de la Orden de Santo Domingo por su nieto don Garcí Galíndez de Salcedo y su mujer doña Alberta Sanz de Zurbano. Dicho convento monjil, durante muchos años, resultó el enterratorio familiar de los Salcedos y de los Ayalas. Don Rubio Díaz de Asturias, 1er Señor de Salcedo y doña Constanza, su mujer procrearon a: 1) Doña María de Salcedo, que sigue en VI. 2) También — según algunos publicistas — a don Galindo Gastón de Noroña, poblador en el valle de Junquera, y padre, a su vez, de Jimeno de Muñatones, 1º Señor de Muñatones, en cuyo linaje prosigue su sucesión. VI — Doña MARIA DE SALCEDO, 2º Señora de Salcedo. Casó con don Galindo Velázquez de Ayala, 4º Señor de Ayala, bisnieto del cuasi santo Infante don Vela de Aragón, fundador del Señorío de Ayala. Con motivo del enlace de su hija, don Rubio impuso en el contrato nupcial respectivo que los vástagos de doña María y de don Galindo de Ayala, habrían de ostentar el apellido Salcedo, y así se cumplió, dando origen a dicho apelativo toponímico que recuerda a los muchos “salzes” — sauces — que había en lugar donde poblaron aquellos antepasados; como lo consigna uno de sus descendientes, el famoso cronista Lope García de Salazar en sus Bienandanças e Fortunas. Por lo demás, los antecedentes genealógicos de don Galindo Velázquez se tratan en el linaje de Ayala, así como la descendencia que el mismo tuvo con doña María de Salcedo, la hija del Conde de

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Noroña, se enumera prolijamente en el capítulo que dedico a la “Casa de Salcedo”.

Bibliografía Ybarra y Bergé, Javier de; La Casa de Salcedo de Aranguren. Bilbao, 1944. García Carraffa, Alberto y Arturo; Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispano-Americana. Madrid.

SALAZAR Familia antiquísima, oriunda del valle de su nombre en Burgos, una de cuyas ramas más ilustres pasó luego a Vizcaya. Sus armas pintan en campo de gules trece estrellas de oro; ganadas en el siglo XIII por el esforzado justador Lope García de Salazar — tatarabuelo homónimo del célebre cronista —, en la forma que se narrará en el presente trabajo. Refiere en sus famosas Bienandanças e Fortunas (1471) el cronista Lope García de Salazar que : “el linaje de Salazar sucedió de un caballero de los Godos que arribaron a Santoña, que poblaron por la costa e por la costa e por Castilla, según se contiene en el título de sus fechos; que pobló en Salazar, e fizo allí su casa e vivienda e obo dos fijos; e el menor pobló Tobar, donde vienen los de aquella casa; e el mayor quedó allí, en Salazar; sucedió de uno en otro Lope García de Salazar, e multiplicó allí, e valió mucho”. Así pues, esos dos “fijos” del Godo originario, se llamaron: 1) Galindo de Salazar , que sigue en Î. 2) Gastón de Salazar, quien, a su vez, hubo estos vástagos; A) Gastón de Salazar, el cual pasó a Tovar donde fue tronco del linaje de su apellido; B) García de Salazar, que pobló en Peña de Amaya, descendiendo de él los Girones y, por vínculo los Manrique. 192

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I — GALINDO DE SALAZAR, es el 1er Señor del lugar y fundador del linaje que me ocupa. Tuvo entre otros hijos a: II — MARTIN GALINDEZ DE SALAZAR, 2º Señor de Salazar en 844, el cual como no consideró suficiente defensa contra los moros los palacios que heredara de su padre, mandó construir siete casas y torres fuertes a tal fin. Falleció en 898. Su hijo fue: III — GONZALO MARTINEZ DE SALAZAR, 3er Señor de Salazar, quien, al igual que su padre, participó en las luchas contra los mahometanos. Procreó entre otros, estos hijos: 1) Martín, que sigue en IV. 2) Ruy Martínez de Salazar, progenitor de los del apellido Arce, del lugar de Villarías, donde pobló. IV — MARTIN GONZALEZ DE SALAZAR, 4º Señor de Salazar era famoso guerrero. En el año 936 se halló en la batalla de Osma con el Rey Ramiro III de León y con el Conde Fernán González de Castilla. Peleó también en la batalla de Simancas, contra los moros, y fue uno de los combatientes victoriosos en la jornada del Muñón, en la ribera del río Arlanza, en cuyo Monasterio de San Pedro lo enterraron cuando dejó de existir. Tuvo por hijos a: 1) Gonzalo de Salazar, que sigue en V. 2) García de Salazar, menor que su hermano y muerto antes que éste. Don García tuvo un hijo llamado asimismo Gonzalo de Salazar, como su tío, del cual trato en el punto VI. V — GONZALO DE SALAZAR, el hijo mayor de don Martín, fue 5º Señor de Salazar, y murió sin descendencia, dejándolo de heredero del Señorío de su apellido a su sobrino homónimo, hijo de su hermano García: VI — GONZALO DE SALAZAR, sucesor de su tío. Fue el 6º Señor de Salazar. Se lo considera como uno de los más poderosos caballeros de su tiempo. Murió en 1034 y dejó por heredero suyo a su hijo: Salcedo

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VII — GONZALO GARCIA DE SALAZAR o GARCIA GONZALEZ DE SALAZAR, 7º Señor de Salazar, el cual resultó padre de: VIII — GARCIA DE SALAZAR, 8º Señor de Salazar, padre a su vez de: 1) Gonzalo García de Salazar, que sigue en IX, y 2) Gutierre de Salazar, quien estuvo con Alfonso VI de Castilla en la conquista de Toledo, donde trabó amistad con unos caballeros ingleses que, junto con los hispánicos, guerreaban allí contra los moros. Aquellos anglosajones lo convencieron a Gutierre — segundón sin heredamientos en su tierra — que los acompañara a su isla distante a buscar fortuna. Así lo hizo Salazar casándose entre los británicos y dejando esclarecida descendencia tras del canal de la Mancha, a más de 200 leguas de distancia de la Mancha castellana. IX — GONZALO GARCIA DE SALAZAR, fue 9º Señor de Salazar. Algunos autores lo hacen casado con una señora llamada doña Urraca y le atribuyen los siguientes hijos: 1) Lope Gonzalo de Salazar, que sigue en X. 2) Urraca de Salazar, casada con García Sánchez Torres. (De ellos proceden los Torres Soria). 3) Inés de Salazar que casó con Diego Ordoñez de Rosales (descendiente de un Diego Ordoñez que retó a los de Zamora por la muerte del Rey de Castilla Sancho II). De ellos viene el linaje de Rosales. X — LOPE GONZALEZ DE SALAZAR, 10º Señor de Salazar, procreó a: XI — GARCIA LOPEZ DE SALAZAR, 11º Señor de Salazar, quien se casó con su prima hermana Inés Rosales y Salazar (hija de Inés de Salazar y de Diego Ordoñez Díaz de Rosales). Su hijo resultó:

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XII — LOPE GARCIA DE SALAZAR, 12º Señor de Salazar, el cual fue marido de María Díaz de Mendoza (hija de Alvaro Díaz de Mendoza; a quien se le supone vástago de Diego López de Mendoza, casado con doña Hurtado, Señora de Mendivil, aunque en la relación de los hijos de ellos no aparezca Alvaro como tal). El único de sus hijos con descendencia fue: XVIII — Este LOPE GARCIA DE SALAZAR a quien, “seyendo mancebo”, lo dedicó su padre a “deprender ciencia de la Iglesia por alcanzar dignidad en ella” — según nos lo cuenta su descendiente homónimo el cronistas de las Bienandanças e Fortunas. Los estudios religiosos, sin embargo, parece no colmaban la vocación del muchacho, y después de morir el autor de sus días e impulsor de su carrera sacerdotal, “vínose a tener una fiesta de Navidad con sus hermanos, y andando de caza con ellos, llegaron a la Cerca donde vivía don Martín Ruys”. Se trataba de don Martín Ruiz de la Cerca, uno de los solariegos más poderosos de aquella comarca castellana (descendiente de cierto caballero godo o normando desembarcado en Santoña y fundador del solar de la Cerca); cuyo Señor “veyéndose allí aquellos caballeros de Salasar, convidólos a cenar por los facer honra”. Durante el convite — prosiguen las Bienandanças — “una donsella, fija de aquel Caballero, enamoróse de aquel Lope de Salasar, que era de diez y nueve años e mucho lozano e formoso, e así se enamoró él della, ca era moza e fermosa”. En consecuencia, quedó interrumpida la tal excursión de cetrería, aunque sus reglas cinegéticas hubo de aplicarlas Lope sobre otra presa, si menos deportiva, más apasionadamente codiciada. Y fue que, luego de la comida, tras un acoso pugnás, doña Mayor de la Cerca perdió su doncellez, completamente cercada por ese temerario cazador; quien por lo visto, no se especializaba a la caza de almas a la que estaba destinado. Partieron a la mañana siguiente, los tres Salazar de la Casa de la Cerca, más unas criadas advertidas del desliz de doña Mayor informaron a los hermanos bastardos de ella sobre dicha deshonra. Estos salieron al instante en persecución de los viajeros; les dieron alcance; y mataron solamente a don Lope, el único culpable, de la pecaminosa travesura. En cuanto a doña Mayor, — llamada María por algunos tratadistas —, casi le quitan la vida sus hermanos cuando Salcedo

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volvieron de consumar la venganza; pero don Ruys su padre, la defendió, “prometiéndoles de la poner monja; e quisiendola poner en el monasterio, díjoles como era preñada de aquel que ellos habían muerto. E el padre plegó mucho por que no había otro heredero legítimo; e venido su tiempo parió un fijo, e llamáronle Lope García, como su agüelo el de Salasar, e criólo éste don Martín Roys su agüelo”. De esta manera, fruto póstumo de aquella pintoresca y trágica aventura amorosa resultó: XIV — LOPE GARCIA DE SALAZAR, que “salió mucho grande de cuerpo, e valiente e esforzado”; el cual fue 13º Señor de Salazar, por haber muerto sin sucesión sus tíos carnales, don Gonzalo y don García de Salazar; y, asimismo resultó Señor de la Cerca, como heredero de su abuelo Martín Ruiz de la Cerca. Cuentan las Bienandanças e Fortunas que estando dicho Salazar en la ciudad de Toledo, en la Corte del Rey de Castilla (Fernando III “el Santo” — según el autor de esa crónica — ; si hemos de creerle a Argote de Molina), “vino un moro jinete de Ververía, que era mucho corpudo e espantable”, en tren de provocar a cualquier caballero cristiano a una pelea mano a mano. Con la autorización del Rey, trabóse el combate entre el gigantesco berebere y nuestro Lope García de Salazar, quien frisaba entonces los 25 años de edad. El duelo tuvo lugar “a pié fuerte, e Lope García obo ventura de lo matar por fuerza e ardidesa, con la gracia de Dios (a su atlético oponente), e cortóle la cabeza”. Acto seguido, el vencedor a su desgañotada víctima “le defundó de una almesa (manto pequeño) de seda negra que traía, con un escudo colorado en los pechos, con trece estrellas doradas en él, de tres en tres e una debajo”; cuyo trofeo presentó al Rey, pidiéndole la merced de usar en adelante esas 13 estrellas en el campo rojo de su blasón. Y refiere Argote de Molina, en su Nobleza de Andalucía que a dichas armas se les agregó el siguiente lema: “En un campo colorado, de oro ví las treze estrellas, y un gigante denodado que a morir determinado pasó de Africa con ellas 196

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a combatir por su Ley. Y en Toledo, y ante el Rey, lo mató Lope García de Salazar; y aquel día gran corona dió a su grey”. ` Contrajo Lope García Salazar matrimonio con doña Ana Hurtado o Elvira Ortiz Calderón (hija de Fortúd Ortiz Calderón de Nograro, Señor del Castillo de Nograro en Valdegovía, hermano gemelo de Marroquín de Montehermoso 6º Señor de Salcedo; ver el linaje de Salcedo). En el año `1248 murió el 13º Señor de Salazar “que era asás mozo de treinta e cinco años”. Fue sepultado en el Monasterio de Santa María de Herrera, de la Orden del Cister, entre la villa de Haro y Miranda del Ebro. Hijos de su matrimonio resultaron: 1) Lope García de Salazar, que sigue en XV. 2) García López de Salazar, que casó 1º con Navarra de Zamudio (hija de Ochoa Ortiz de Zamudio, 3er Señor de Zamudio y de su mujer Navarra de Gamboa) y en 2as nupcias con una doncella de Tobalina. Del primer matrimonio tuvo dos hijas, una casada con Martín Roys de Vernedo. De sus 2as nupcias nacieron: A) Gonzalo García de Salazar, quien con su mujer María Alonso de Tamayo hubo legítima sucesión; además de la que prolongaron sus hijos bastardos. B) Juan de Salazar, del que derivan los Rodeno, Rosales, Riva Martín, Pedrosa y Tobalina. De los Salazar Tobalina viene, por su directa línea varonil el célebre genealogista Luis de Salazar y Castro (1658-1734). XV — LOPE GARCIA DE SALAZAR, fue el 14º Señor de Salazar. como por línea materna procedía de la Casa de Salcedo, heredó el solar de los Aranguti de Salcedo, originario de esa estirpe, siendo en consecuencia 8º Señor de la Torre de Aranguti de Salcedo. A esto obedeció que sus descendientes legítimo

Salcedo

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antepusieran el apellido Salcedo al de Salazar, que por varonía hubiérales correspondido. Fue Prestamero Mayor de Vizcaya y disfrutó de los beneficios secularizados de la Iglesia en dicho Señorío; y como también los de las Casas heredadas de la Cerca, Bárcena, Nogaro, Gurides, Loza, Meva y Ayala, y de las tierras y bienes de la Casa de Salazar. En la guerra realizó memorables hechos. Luchó contra los Angulo y los Velascos. Sirvió eficazmente durante su vida al Señor de Vizcaya y como Caballero a la vez, firmó en 1332 el acta de unión voluntaria de Alava con Castilla. Murió de enfermedad en 1343, en el sitio de Algeciras con más de 100 años cumplidos, semejante a un bíblico patriarca. Habíase casado en 1264 con doña Berenguela de Agüero y Salcedo (hija de Pedro González de Agüero “el Viejo”, descendiente de los Condes de Retuerto, y de María de Salcedo, hija, ella de Sancho García de Salcedo “el Negro”, 8º Señor de Ayala). Tuvo, el Prestamero y 14º Señor de Salazar, cuatro hijos legítimos; además de 120 bastardos, de alguno de los cuales me ocuparé más adelante. Los vástagos matrimoniales aludidos son: 1) Juan Sánchez de Salcedo, que seguirá más adelante en el punto XVI. 2) Lope García de Agüero, que heredó la Casa de Bárcena. Casó con una hija de Sancho López de Torres “el Viejo”, con la que hubo a López Sánchez de Torres, que dió origen al linaje de Torres de Soria, que son de la Casa de Retortillo. 3) Gonzalo García de Salazar, el cual a mano armada le arrebató a su hermano mayor la Casa de la Cerca y el lugar de Quintana de Martín Galíndez. Casó con María Alfonso Delgadillo. de ambos cónyuges proceden los Salazar de Tobalina, de Zano y de La Rioja. 4) Fernán Hurtado de Salazar, que contrajo nupcias con María de Rojas. De ellos vienen los Salazar de Palencia. Por otra parte, aquella multitud de hijos naturales del 14º Señor de Salazar, según el cronista de las Bienandanças e Fortunas fueron 120, engendrados en doncellas de la tierra de sus Señoríos. De la docena de ellos que ha individualizado la historia, menciono a nueve: 1) Juan López de Salazar que sigue en el punto XVIA.

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2) Juan López de San Pelayo, casado con Paloma de Largacha, fundador del linaje de Largacha, de los que desciende Allendesalazar y los Condes de Montefuerte. 3) Lope García de Salazar, que pobló en Guendre, el cual murió en la lucha de bandos a manos de los Angulos. 4) García López de Salazar, que se estableció en Toledo. Es el progenitor de los Salazar de la Imperial ciudad y de Ocaña. 5) Martín García de Salazar, que residió en Burgos y dejó allí descendencia. 6) Gutierre de Salazar que pasó a Navarra y pobló Marcilla. 7) Una hija que casó con Ruy Fernández de Pinedo. De ellos vienen los Pinedo, los Barrón y los Guinea. 8) Otra hija que casó con Sancho San Martín. Proceden de ellos los San Martín. 9) Teresa García de Salazar, mujer de Martín Sánchez Isasi. Los Isasi, vinculados al linaje de Vedia, vienen de dicha pareja. XVIA — JUAN LOPE DE SALAZAR, el mayor de los bastardos del 14º Señor de Salazar, fue el primero de su linaje que se estableció en Vizcaya, pues heredó el solar de San Cristóbal en Sopuerta, en las Encartaciones, pero no pareciéndole bueno el lugar, “cato manera de poblar en Somorrostro por consejo de su padre, e fizo la casa e solar de Sant Martín”. Fue Prestamero y Merino de Vizcaya y de las Encartaciones. Habíalo engendrado su padre en una moza de Nograro, y se casó con doña Inés de Muñatones (hija de Diego Pérez de Muñatones, 4º Señor de Muñatones, y de su mujer Teresa de la Sierra), con la cual — antes de morir a los 120 años de edad, según dicen — procreó su único hijo legítimo: XVIIA) JUAN SANCHEZ DE SALAZAR, 2º Señor de la Casa de Salazar de Somoza, quien se casó con María Sánchez de Zamudio (hija de Furtado Sánchez de Zamudio, Señor de Susúnuga, y de su mujer María Díaz de Leguisamón). Fue, de hecho Salazar, tutor de su sobrina Teresa de Muñatones, que luego se casaría con el hijo primogénito de su matrimonio, llamado: XVIIIA) OCHOA DE SALAZAR, 3er Señor de Salazar de Somorrostro, el cual casó en 1as nupcias con la dicha Teresa de Salcedo

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Muñatones, su prima 2ª, 7ª Señora de Muñatones (hija de Ochoa de Muñatones y de Juana de Cordilla). En 2as nupcias Ochoa de Salazar se unió a María Sánchez de Zurbarán). De ambos matrimonios hubo varios hijos. Del primer enlace nacieron: 1) Lope García de Salazar, que sigue en XIXA. 2) Ochoa de Salazar, que pobló el solar de Garay y casó con una hija de Pérez del Hoyo, natural de Solórzano. 3) Juan Pérez de Salazar, que casó y pobló Portugalete. XIXA — LOPE GARCIA DE SALAZAR, el insigne cronista, nació en Somorrostro en 1399, y fue 4º Señor de Salazar de Somorrostro y 8º de Muñatones. Antes de cumplir los 17 años de edad vióse enredado en las luchas de bandos que ensangrentaron, por entonces, las tierras de Vizcaya. En su ancianidad tampoco halló sosiego, amargado por los disgustos. Habíase casado en 1425 con Juana de Butrón y Mujica (hija de Gonzalo Gómez de Butrón, 6º Señor de Butrón, y de su mujer María Alonso de Mujica) con cuya consorte hubo varios hijos, el mayor de los cuales, Ochoa, murió peleando en la batalla de Elorrio (1468), donde sucumbieron, además, 44 vástagos del cronista. Quizás a causa de tal desgracia, Lope García de Salazar — que había enviudado en 1469 — juzgó oportuno dejarle los bienes en Mayorazgo a su nieto mayor, hijo de Ochoa, su malogrado primogénito. Pero he aquí que otro hijo suyo, Juan, apodado “el Moro”, que venía codiciando desde tiempo atrás la mayorazguía para sí, secuestró en 1471, al autor de sus días encerrándolo en la Torre de San Martín de Muñatones, a fin de obligarlo por la fuerza, a que cambiara de heredero. El procedimiento extorsivo del “Moro” logró doblegar la voluntad de su desventurado progenitor; quien documentó el referido Mayorazgo a favor del aquel pérfido descastado. Sin embargo, el triste episodio consiguió también, indirectamente, inmortalizar el nombre de Lope García de Salazar, pues, el cautivo, en 1471, para mitigar su tedio tras de la poterna y los espesos muros de Muñatones, escribió las Bienandanças e Fortunas; crónica que comienza con la creación del mundo, pero cuyos 6 últimos libros — de los 25 que componen la obra — tratan minuciosamente de los linajes vizcaínos y de sus guerras banderizas. Así, dichos escritos, resultan los testimonios fundamentales de la 200

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historia de Vizcaya, a través de las Casas nobles de Haro, Lara, Castro, Ayala, Salcedo, Salazar, Avendaño, Butrón, Ibargoen, Muxica, Zamudio y otras, con las que estuvieron enlazados los Salazar. Murió don Lope, antes de 1480. Hubo nueve hijos, de los cuales apunto cinco: 1) Lope de Salazar y Butrón, que falleció en 1462 a consecuencia de un lanzazo que le dieron en el combate de Tordecillas, a las órdenes del Rey Enrique 4º de Castilla y León. Casó con la sucesora de la línea primogénita de Salazar, doña Furtada de Salcedo o Manuela Hurtado de Salcedo, 18 ª Señora de Salazar, heredera del solar de Nograro, cuya descendencia se trata más adelante en los puntos XIX y XX de la presente reseña. 2) Fernando de Salazar y Butrón, quien en 1455 pretendió a la viuda de don Juan de Salcedo, el de la Torre de Salcedo de la Quadra, y al no conseguir su propósito atacó una noche la Torre de referencia con gente armada, y acompañado por un clérigo, ocupó dicha fortaleza y obligó a la viuda a casarse con él. A este atropello lo condenó el célebre cronista de las Bienandanças, pero salió en defensa de su hijo cuando se disponía a castigarlo don Lope Hurtado de Salcedo, 13º Señor de la Torre de Salcedo de la Jara y pariente Mayor de su Casa, a cuyas tropas venció Lope García de Salazar, primeramente en la Quadra y después en Sodupe. 3) Juan Salazar y Butrón “el Moro”, secuestrador de su padre en la Torre de San Martín de Muñatones, con lo cual logró que este le nombrara su heredero. Habíase casado con Catalina de la Puente (hija de Pero de la Puente de Traslaviña). Padres fueron de: A) Ochoa de Salazar, 6º Señor de Salazar de Somorrostro y 10º de Muñatones, casado con Inés, Ginesa o Ginebra de Ayala (hija del 1º Conde de Salvatierra), con la cual procreó a María de Salazar y Ayala que casó, a su vez, con Diego Hurtado de Salcedo, 16º Señor de Salcedo de la Jara, cuya descendencia se continúa en el linaje de Salcedo, al que me remito; y a Luis de Salazar y Ayala, que casó con Sancha de Guevara y Escalante con la que dejó sucesión. 4) Teresa de Salazar y Butrón, casada con Juan Ortiz de Vallejo (hijo de Diego López de Vallejo, y nieto de Pedro Fernández de Vallejo y de su mujer Leonor de Salcedo; hija ella, a su vez, del 15º Señor de Salazar, que se trata en el punto XVI de este trabajo. Salcedo

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5) Juana de Salazar de Muñatones y Butrón, que casó con Juan de Salcedo, 12º Señor de la Torre de Salcedo de Aranguren (hijo de Pedro Fernández de Salcedo y de María de Ugarte; nieto de Sancho de Salcedo; bisnieto de Pedro Fernández de Salcedo y de su mujer María de Salazar — hija de Garci López Salazar, 2º hijo, por su parte, del 13º Señor de Salazar, el justador famoso Lope García, y de su mujer Ana Hurtado Calderón de Nograro —; tataranieto de Ordoño de Zamudio y de Mencía de las Rivas). XVI — JUAN SANCHEZ DE SALCEDO, 15º Señor de Salazar (hijo primogénito de Lope García de Salazar, 14º Señor de su Casa, y de Berenguela de Agüero y Salcedo), abandonó el apellido paterno y usó el de Salcedo, “porque él e los que del sucedieron — comentan las Bienandanças — fueron siempre atrás, e parecieron poco a los de su linaje”. Casó con doña Mayor o Leonor de Mendoza (hija de Gonzalo Ibañez de Mendoza, o de Rodrigo Hurtado de Mendoza; hijo, el primero, de Juan Hurtado de Mendoza “el Viejo”; y el 2º de Juan Hurtado de Mendoza “el Barbudo”). Otros afirman que aquella señora se llamó María de Mendoza, hija de Juan Hurtado de Mendoza, “el Viejo”, Señor de Mendiville. Lo cierto es que con la señora de Mendoza, Juan Sánchez de Salcedo — que murió en 1369 y fue enterrado en el Monasterio de Santa María de Valpuesta — procreó los siguientes hijos: 1) Diego López de Salcedo, que sigue en XVII. 2) Mayor o Leonor de Salcedo, Señora de la Torre de Aranguti de Salcedo, que casó 1º con Fernando Sánchez de las Rivas, y en 2as nupcias con Pedro Fernández de Vallejo; su nieto Juan Ortiz de Vallejo casó con Teresa de Salazar y Butrón, hija del cronista. XVII — DIEGO LOPEZ DE SALCEDO, nació en 1366 y fue 16º Señor de Salazar. Contrajo enlace primero con una hija de Diego López Medrano; y en 2as nupcias con Catalina de Morales. Hijo de su primer matrimonio resultó: 1) Diego López de Salcedo, que sigue en XVIII. En sus segundas nupcias dió vida a:

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2) Iñigo de Salcedo, en quien, al través de sus descendientes, continuó el Señorío de la Torre de Aldea del Señor. 3) Lope de Salcedo, que contrajo matrimonio con Constanza López. De ellos proceden los Marqueses de Fuente Hijar, de Guaro y del Arco y de Vadillo. XVIII — DIEGO LOPEZ DE SALCEDO, homónimo de su padre, fue el 17º Señor de Salazar, y heredó la Casa de Nograro. Habíase casado con María de Torres (hija de Juan Sánchez de Torres, vecino de Soria). hubieron cuatro hijos; entre ellos a: 1) Isabel de Salcedo, que fue desheredada por casarse contra la voluntad de su padre con Ruy Varona. 2) Manuela Hurtado de Salcedo, que sigue en XIX. 3) Ochoa de Salcedo. 4) Lope de Salazar. XIX — MANUELA HURTADO o FURTADA DE SALCEDO Y TORRES, que fue la 18ª Señora de Salazar, por desheredamiento de su hermana Isabel. Poseyó el solar de Nograro y se casó con Lope de Salazar y Butrón, su pariente, hijo del Cronista de las Bienandanças e Fortunas. Hubo por hijos a: 1) María Torres de Salcedo, que sigue en XX. 2) Ochoa de Salazar, que sucedió en el Señorío de Salazar, como 19º Señor, y se casó con María Sáenz de Mena, prolongando con dicha señora su estirpe. 3) Lope de Salazar. XX — MARIA TORRES DE SALCEDO SALAZAR Y BUTRON — nieta del Cronista famoso —, se casó con Diego Hurtado de Salcedo y Sanz de la Puente, 14º Señor de Salcedo de la Jara y Señor de Legarda. La sucesión de ambos cónyuges se continúa y detalla en el capítulo que dedico al linaje de Salcedo. Ambos, por lo demás, resultan 10os abuelos de don José de Salcedo, abuelo a su vez, de doña María Eugenia de Escalada y Salcedo de Demaría, de la cual señora el autor de estos apuntes genealógicos es chozno. Salcedo

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Bibliografía García Carraffa, Alberto y Arturo; Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispano-Americana. García de Salazar, Lope; Las Bienandanças e Fortunas, manuscrito fielmente reproducido y luego impreso del Código existente en la Real Academia de la Historia en Madrid, por Maximiliano Camarón, y editado por Gabriel Sánchez en 1884. Ybarra y Bergé, Javier de; La Casa de Salcedo de Aranguren, Bilbao, 1944. Ybarra, Javier de y Garmendia, Pedro de; Torres de Vizcaya, Madrid, 1946.

LEGUIZAMON La Casa de Leguizamón de Begoña radicó en Vizcaya, en el lugar en que luego se fundó la villa de Bilbao. Sus armas son: En campo de oro tres fajas de azur. Antiguamente parece que dicho escudo ostentaba la siguiente leyenda en verso: “Ninguno diga quien soy ni lo que he hecho en la lid, pues mis armas dirán que yo desciendo del Cid”. En efecto, así refiere Lope García de Salazar, en sus Bienandanças e Fortunas, el origen del susodicho linaje; “De la generación de Albar Sánchez Minaya, primo del Cid de Vivar, sucedió un Caballero que vino a poblar allí donde llaman Legizamo, e fundó aquel Solar que es llamado Legizamo la Vieja, e multiplicando

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allí grandes tiempos antes que Bilbao fuese poblada, e desta generación, de uno en otro, sucedió Diego Pérez de Legizamo”. Por lo demás, “Albar Sánchez Minaya” no es otro que el histórico Alvar Háñez o Alvar Fáñez de Minaya, sobrino del Cid, y continuador de las hazañas de su tío en las denodadas luchas contra los moros, el cual Alvar murió en guerra en 1114, defendiendo los derechos de la Reina castellana doña Urraca contra el Rey de Aragón Alfonso “el Batallador”, su marido. Así pues, aquel Caballero fundador, el patriarca reconocido de la estirpe de los Leguizamón fue: I — DIEGO PEREZ DE LEGUIZAMON, Señor del solar viejo de Leguizamón, que nació por el año 1250, y desde la adolescencia tomó parte en las guerrillas banderizas de Vizcaya; en una de cuyas sorpresas, en 1280, al cruzar a lomo de mula unas montañas, lo degollaron sus enemigos “los de Zariaga e de Martierto”. En 1300, los hijos del asesinado tomaron represalias, y quemaron la casa de Martierto con la mayor parte de los miembros de esta familia adentro. Años mas tarde los Martierto y los zamudianos, a su vez, arrasaron la Torre de Leguizamón y mataron a todos los descendientes de su patriarca solariego; menos un nieto suyo, que logró salvarse escondido “so las haldas de una ama”, aunque estuviera “ferido de dos saetas”. Este único sobreviviente y sucesor de su abuelo resultó: II — SANCHO DIAZ DE LEGUIZAMON, Señor del solar viejo de Leguizamón, que “valió mucho” y prosiguió la carrera de sangrientas venganzas familiares que iniciara su abuelo y continuaran su padre y tíos contra los Martierto, Zamudio, Basurto, Asua, Zurbarán y Guecho. Entre otros “fijos e fijas” hubo don Sancho a: 1) Pedro Diaz de Leguizamon, que sigue en III. 2) Juan de la Guerra de Leguizamón, Pariente Mayor de su linaje por muerte de su hermano primogénito. Casó dos veces, y en su último enlace se vinculó con una señora de familia enemiga; doña Elvira Sánchez de Zamudio, 1º Señor de Susúnaga (de cuyos antecedentes Salcedo

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me ocupo en el apellido Zamudio). En ella tuvo don Juan conocida prosapia: III — PEDRO DIAZ DE LEGUIZAMON, Señor del viejo solar ancestral. Murió en la Vega de Granada y dejó por heredera a su hija: IV — MARIA DIAZ DE LEGUIZAMON, Señora del antedicho solar, que se casó con don Furtado Sánchez de Zamudio, 2º Señor de Susúnaga (hijo de Fortud Sánchez de Zamudio, 1er Señor de Susúnaga; cuyos antecedentes genealógicos se tratan en el linaje de Zamudio). Los esposos Zamudio-Leguizamón, que representaban entonces la paz y la vida entre dos estirpes que se mataban entre sí, procrearon entre cinco hijos a: V — Doña María Sánchez de Zamudio casada con Juan Sánchez de Salazar, Señor de Salazar de Somorrostro. (Su descendencia se apuntó en el apellido Salazar, al que me remito).

Bibliografía García Carraffa, Alberto y Arturo; Encicliopedia Heráldica y Genealógica Hispano-Americana.

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MUÑATONES Las primitivas armas del linaje de Muñatones fueron; escudo de plata con diez panelas de gules puestas en tres palos y una en punta. Según las Bienandanças e Fortunas de Lope García de Salazar, la Casa de Muñatones tuvo su origen en: I — JIMENO DE MUÑATONES, 1er Señor de Muñatones; hijo segundo legítimo de don Galindo Gastón de Noroña, de Asturias y de Oviedo, “que vino airado del Rey de León e pobló en Junquera de Rondio”. Fue este don Galindo hijo del Conde don Flavio o Rubio de Aranguti, Díaz de Asturias o Noroña, el progenitor o genearca de la estirpe de Salcedo, de donde resulta que los Muñatones y los Salcedos vienen de una misma raíz, que es la Casa de Asturias. A ella me remito, pues en los Condes de Noroña se encuentran los remotos antecedentes genealógicos del 1er Señor de Muñatones. Hija y heredera de don Jimeno resultó: II — Doña MARIA SANCHEZ DE MUÑATONES, 2º Señora de Muñatones, la cual se casó con Sancho Ortiz Marroquín de Montehermoso, 6º Señor de Salcedo (Ver este linaje). Ambos procrearon a: III — PEDRO SANCHEZ PORRA DE MUÑATONES, “que tomó este nombre por ésta su madre”, el cual fue 3º Señor de Muñatones. Edificó su vivienda en Galdames, “ca era Abad e Patrón de Sant Pedro de Galdames”. De su mujer doña María Sánchez de Fresnedo (hija de Fortud Sánchez de Fresinedo, quien, a su vez, descendía de los Salcedo por Pedro García de Zorroza) tuvo, además del Palacio y aseña de Fresnedo, los siguientes hijos: 1) Diego Pérez de Muñatones, que sigue en IV. Salcedo

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2) Fernand Sánchez de Muñatones que casó en Sopuerta con una señora de Alcedo. 3) Doña María Sánchez de Muñatones que casó con Juan Iñiguez de Retuerto, hijo de Galindo de Retuerto y de una hija bastarda de Fortud Sánchez de Salcedo. 4) Doña Teresa Sánchez de Muñatones que casó en Bañares con Pedro Gil de Limpias. Antepasados son ellos de los Bañares y los Moroño. 5) Doña Juana Sánchez que se casó en Bordón con un hijo de Zameo “el Moreu”. 6) Y también tuvo el 3º Señor de Muñatones “otras fijas de ganacia donde sucede su generación: IV — DIEGO PEREZ DE MUÑATONES, 4º Señor de Muñatones. Heredó de su tío Diego Sánchez Marroquín de Montehermoso, que no tuvo descendencia, el Mayorazgo de Somorrostro. Habíalo casado el dicho tío a su heredero con doña Teresa de la Sierra, “que era donsella, en mucho lozana e fermosa e entendida” (hija de Pérez Daniel “que era mucho rico” y de su mujer doña Teresa de la Sierra). Tuvieron el 4º Señor de Muñatones y doña Teresa, entre una colección de trece hijos, a: 1) Juan Pérez de Muñatones, que heredó el Mayorazgo a pesar de ser el menor de sus hermanos, pues casó al gusto de sus progenitores con doña Mencía de Loyzaga. Sigue en V. 2) Doña Inés de Muñatones, que heredó de sus mayores la Torre de San Martín de Muñatones. Contrajo matrimonio con Juan López de Salazar (el mayor de los legendarios 120 bastardos que tuvo don Lope García de Salazar y Calderón, habido, aquel, “con una moza de Nograro”). El único hijo legítimo de doña Inés y de don Juan — el marido reconoció otros bastardos — fue: Juan Sánchez de Salazar que con su mujer doña María Sánchez de Zamudio procreó a; Ochoa de Salazar, quien, a su vez, casó con su prima 2ª Teresa de Muñatones, que sigue en VII. V — JUAN PEREZ DE MUÑATONES, 5º Señor de Muñatones, casóse con doña Mencía de Loyzaga — muy al gusto de 208

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los padres de su marido —; hija ella de Ochoa Ortiz de Loyzaga y de su esposa, hija de Juan Ortiz de San Julián de Mena y de su mujer María Sánchez de Salcedo, 7ª Señora de Salcedo de Aranguren. Hijo único de aquellos fue: VI — OCHOA DE MUÑATONES, 6º Señor de Muñatones. Casó con doña Juana (hija de Pero López de Cordillas). “Murió este Ochoa de Muñatones, mozo de veintiocho años, sobre la ciudad de Lisbona de pestilencia” — al decir de su nieto el célebre cronista de las Bienandanças e Fortunas. Su hija y heredera fue: VII — Doña TERESA DE MUÑATONES, 7ª Señora de Muñatones, que se casó con Ochoa de Salazar (hijo primogénito de Juan Sánchez de Salazar, 2º Señor de la Casa de Salazar de Somorrostro y de doña María Sánchez de Zamudio). Doña Teresa de Muñatones, luego de la prematura muerte de su padre, estuvo bajo la tutoría de su pariente Juan Sánchez de Salazar, con cuyo hijo Ochoa — su primo 2º — se casó para procrear entre otros hijos, al insigne cronista Lope García de Salazar, 4º Señor de Salazar de Somorrostro y 8º de Muñatones, de quien trato en el apellido Salazar, donde se explicitó la sucesión de doña Teresa de Muñatones.

Bibliografía Las Bienandanças e Fortunas, manuscritas en el siglo XV por Lope García de Salazar, “en la su Torre de Muñatones”, fielmente reproducidas del Código existente en la Real Academia de la Historia en Madrid, por Maximiliano Camarón, y editadas por Gabriel Sánchez en 1884. Torres de Vizcaya, por Javier de Ybarra y Pedro de Garmendia. Tomo I. Madrid, 1946.

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ZAMUDIO El muy antiguo linaje de Zamudio — como el de Ayala, y al través de este el de Salcedo — proviene de los Reyes de Navarra, cuyos monarcas y los de Aragón, descienden, a su vez, de los Duques de Aquitania y de Vasconia. Las armas que pintaron los Zamudio en su escudo fueron: En campo de oro, cinco panelas de azur puestas en sotuer; en punta, ondas de agua de azur y plata. Como se dijo los Zamudio prolongaban la línea primogénita de los dinastas de Navarra; eran descendientes agnados del primitivo Rey de Pamplona don Iñigo Ximénez, el legendario caudillo conocido también por Iñigo Arista, cuya progenie, de varón en varón, remata en su nieto mayor: I — FORTUN GARCIA o FORTUN GARCES, 4º Rey de Navarra, desde 882 hasta 905, año en que abandonó las glorias, pompas y vanidades del mundo para ingresar de religioso en el Monasterio de Leyre. De tal suerte la corona de Navarra pasó al hermano segundo del renunciante: Don Sancho I García o Garcés, quien como 5º Soberano reinó desde 905 hasta 926; a partir de cuya fecha sucedieron en el trono navarro sus descendientes. Por su parte de los cinco hijos que con alguna de sus dos mujeres legítimas se le atribuyen al Rey Fortún García — doña Leodegunda (hija de Ordoño I de Asturias) o doña Aurea — el primogénito fue: II — IÑIGO FORTUN, quien de su enlace con doña Sancha (hija de Garcí I Ximénez 2º Rey de Pamplona) — la cuál luego de la muerte de su marido contrajo nuevas nupcias con el Conde de Aragón —, hubo por hijo mayor a: III — FORTUN IÑIGUEZ, nacido después de 875 que se casó hacia el año 900, para resultar padre de tres vástagos legítimos, el primero de ellos llamóse:

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IV — GARCIA FORTUN, considerado el genearca de la Casa de Zamudio. Murió por 997 e hijo suyo fue: V — ORDOÑO GARCES, Conde de Gaviria, que fue desterrado de Navarra por banderizo, “anarquista” diríamos hogaño. Fue padre de: VI — GALINDO ORDOÑEZ DE GAVIRIA o GUILLEN ORDOÑEZ que pobló en Zamudio, localidad en tierras de Vizcaya bañada por un afluente del río Nervión, o Ibaizábal como se llama en su parte baja. De ese lugar, su progenie tomó el apellido; por donde don Galindo Ordoñez resulta el 1er Señor de Zamudio. Casó con una hija de don Martín Ruiz de la Junquera (directamente vinculado por la sangre al Conde Don Rubio de Noroña, 1er Señor de Salcedo, que pobló este valle y el de Junquera). Su hijo se llamó: VII — FORTUD GALINDEZ DE ZAMUDIO, 2º Señor de Zamudio, Ricohombre de Castilla. Fue su mujer doña María Ortiz de Basurto (hija de García “el Tuerto” de Basurto; nieta de Garcí Galíndez, 3er Señor de Salcedo y 5º de Ayala, y de su mujer doña Alberta Sanz de Zurbano; cuyos antecedentes genealógicos se mencionan en los respectivos capítulos que dedico a las Casas de Salcedo y de Ayala). El 2º Señor de Zamudio procreó estos hijos: 1) Ochoa de Zamudio, 3er Señor de su Casa, quien casó con doña Nafarra de Gamboa y como “no obo fijos” varones, lo heredó su hermano segundo. Sus “fijas” casaron en los linajes de Murga y Salazar. 2) Ordoño de Zamudio, 4º Señor de Zamudio que sigue en VIII. 3) Fortud Sánchez de Zamudio, 1er Señor de Susúnaga. Peleó en la famosa gresca de Altamira junto a Ibargoen contra Butrón (ver estos dos linajes). Dicho Señor casó en Frías, en tierras de Tobalina, y tuvo por hijo legítimo a Furtado Sánchez de Zamudio, quien se casó con doña María Díaz de Leguizamón (hija de Pero Díaz de Leguizamón); y por hija natural a doña Elvira Sánchez de Zamudio que fue mujer legítima de Juan de la Guerra de Leguizamón. Sobre la sucesión de este Zamudio, Señor de Susúnaga, me ocupo en el capítulo dedicado al linaje de Leguizamón, al que me remito. Salcedo

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4) Iñigo o Sancho Ortiz de Zamudio, que contrajo nupcias con una hija del caballero Loyzaga y prolongó esta familia. 5) María Sánchez de Zamudio, que casó con Ordoño de Güemes. De estos cónyuges proceden los linajes de Terreros y de Güemes. 6) Juana de Zamudio que casó en Villela y, entre su descendencia, se cuentan los Anuncibay, los Guecho y los Asúa. VIII — ORDOÑO o FORTUN DE ZAMUDIO, 4º Señor de Zamudio. Pobló en Olariaga de Zamudio y tuvo por esposa a doña Teresa; hija de Juan Ortiz de San Julián de Mena y de doña María Sánchez de Salcedo, hija, esta, a su vez, de Sancho Ortiz de Marroquín de Montehermoso, el mayor de los bastardos de Fortún Sánchez de Salcedo. (Ver Salcedo). Por su parte Juan Ortiz de San Julián de Mena tenía por padre a Juan Ortiz de Valmaseda, y se le supone descendiente de don Sanz Velázquez de Ayala. (Estos antecedentes se amplían en la genealogía de la Casa de Salcedo). Era doña Teresa, por su parte, 8ª Señora de Salcedo de Aranguren y 4ª Patrona de los Monasterios de San Julián de la Zalla y de Santa María de Güeñes. El 4º Señor de Zamudio, como sus mayores, participó en primera línea en las guerras banderizas de Vizcaya, y — según las viejas crónicas — falleció prematuramente. Su hijo y heredero resultó: IX — ORDOÑO DE ZAMUDIO, 5º Señor de Zamudio, como sucesor de su padre, y Señor de Salcedo de Aranguren, del solar de Aranguren debajo del Castillar y Patrón de los Monasterios de San Miguel de Zalla y de Santa María de Güeñes, por herencia materna; así como también heredó la Torre de Salcedo de la Jara, al fallecer sin sucesión su tío carnal Juan Sánchez de Salcedo, titular de dicho Señorío. Fiel a la tradición gamboina de su Casa, el 5º Señor de Zamudio prosiguió la lucha de sus pasados contra los solariegos de Butrón, que eran oñacinos. Ordoño estuvo casado con Mencía de las Rivas, Señora de esta Casa y de las de Ibargoen y Ochandátegui. La descendencia completa de dichos cónyuges la registro en el “Apéndice” del capítulo dedicado al linaje de Ibarguren, y en las genealogías correspondientes a los Salcedo, Salazar y Butrón.

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Bibliografía García Carrafa, Alberto y Arturo; Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispano-Americana. Edit. en Salamanca y Madrid. Ybarra y Bergé Javier de; La Casa de Salcedo de Aranguren, Bilbao 1944. Ybarra y Bergé Javier y Pedro de Garmendia; Torres de Vizcaya, Madrid 1946

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SAN MARTIN “Armas: Campo de plata y tres fajas de sable que es San Martín”. Así lo afirma el linajista peruano Luis Varela de Orbegoso al tratar esta familia en sus Apuntes para la historia de la sociedad colonial, Tomo II. Por eso, a falta de otro testimonio heráldico más explícito, encabezo la monografía de esta estirpe troncal argentina con el aludido escudo. En Portugalete, municipio de Vizcaya — anteiglesia que fue de San Martín de Zamudio — concretamente un arrabal de Bilbao, nació por 1607 Roque de San Martín; hijo legítimo de Juan de San Martín, Señor de la Casa homónima en dicho barrio, y de María de Sarrazola o Arrazola — según el genealogista Varela Orbegoso. Los investigadores argentinos Raúl A. Molina y Roberto P. Campos, por su parte, en apuntes tomados en el primer legajo de expedientes con información de soltería y libertad para casarse del Archivo de la Curia metropolitana — salvajemente incendiada en 1955 — consignan que Roque de San Martín, natural de Portugalete, era hijo de Ventura de San Martín y de Francisca Montaño, “portugalujos” los dos. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que siendo casi un niño, nuestro Roque, a los 14 años de edad, ingresó en el ejército del Rey; y que, andando el tiempo, luego de prestar servicios en Cádiz, Lisboa, Santander y otras partes, se le hizo merced de una “bandera de infantería española”; vale decir que fue nombrado “Alférez” — abanderado — de una compañía de Tercios, cuyas unidades, en esa época, llamábanse “banderas”, por tener cada cual su insignia especial. Cuando en diciembre de 1621 llegó a Buenos Aires para hacerse cargo de la Gobernación del Río de la Plata Pedro Esteban Dávila (Caballero de Santiago , ex Gobernador de las Islas Terceras y veterano y Maestre de Campo en la guerra de Flandes; hijo bastardo de Pedro Esteban Dávila y Enríquez de Guzmán, 3er Marqués de las Navas, 5º Conde de Risco, Comendador de la Orden de Alcántara y Mayordomo de Felipe III), en la comitiva de tan alto funcionario San Martín

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venía como “Cavo” — cabeza, jefe — el Alférez Roque de San Martín, con 70 soldados a sus órdenes. Once años más tarde — 1632 —, el nombrado militar se casaba con una muchacha perteneciente al núcleo principal del vecindario porteño: María de Humanés Quintero, hija de Juan Rodríguez Quintero y de María de Naharro Humanés (ver estos linajes); nieta materna de Cristóbal Naharro y de Isabel de Humanés Molina. Para dichas esponsales la novia fue dotada por sus padres con 5.650 pesos, en dinero, ropas, alhajas, muebles y esclavos. Esas auspiciosas bodas, empero, resultaron perturbadas algo más tarde: En 1634 al flamante marido lo condenaron a muerte, con pérdida de todos sus bienes, por “haber ocultado a varios soldados del Presidio (Fuerte) para que huyeran la tierra adentro”. El Gobernador Dávila suscribió tan drástica sentencia, pero — vaya uno a saber porque — demoróse la ejecución del reo; y el convicto apañador de desertores, que permanecía preso, solicitó mediante un escrito su indulto, alegando estar “muy enfermo” y no tener comodidad para curarse en el calabozo. Así pues, le fue concedida una liberación bajo fianza, que otorgaron de consuno su mujer y el abuelo de ella, el respetable patriarca Cristóbal Naharro. Con el tiempo, sin embargo, el protagonista de aquel grave delito quedó no solo totalmente rehabilitado, sino con su solvencia moral acrecentada. Pruebas al canto: El 2-I-1647, nuestro Alférez, conjuntamente con el Capitán Pedro Giles, con Cristóbal Cabral de Melo y con Alonso Garro Arechaga, se constituía en fiador, por 4.000 pesos corrientes de a 8 reales, nada menos que del Gobernador entrante Jacinto de Lariz. Tanta responsabilidad debía inspirar la persona de mi lejano antecesor que, el 15-III-1653, el Depositario General de la ciudad, Antonio Bernalte de Linares, pidió al Cabildo aceptase como uno de sus fiadores al Alférez Roque de San Martín; ofrecimiento que los capitulares admitieron sin objeción alguna. También años después, el 10-V-1661, el Alguacil Mayor Juan Pacheco de Santa Cruz, propuso, y el Cabildo aceptó, a Roque de San Martín como garantizador de aquel hasta la cantidad de 2.000 pesos. Y el 30 de diciembre del mismo año, con motivo del viaje que hizo el tal Pacheco de Santa Cruz “a los reynos de España”, enviado de Procurador del Ayuntamiento bonaerense, al alguacilazgo de la ciudad quedó a cargo de Luis de Torres Briceño, quien, asimismo, 218

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designó a don Roque y al Capitán Juan de Cuenca, para que lo afianzaran al entrar en funciones. El 24-III-1664 el alférez San Martín arrendaba por un año los “propios” de la ciudad (es decir, los bienes rentables del Cabildo), luego de un remate o licitación en que nuestro hombre adquirió ese derecho por la suma de 350 pesos, pagaderos por tercios, y con la garantía del Capitán Juan Jofré de Arce. Por los demás, en el Padrón de vecinos de Buenos Aires confeccionado ese año (1664) por el Capitán Alonso Pastor, se lee textualmente bajo el Nº 64: “El alférez Roque de San Martín - Dixo: ser natural de Portugalete en Vizcaia, y casado en esta ciudad con Da. María de Umanés, y nieta de Christóval Naharro, y el susodicho vino a esta ciudad de Cavo de 70 hombres que trajo D. Esteban de Avila, y fue Alférez en la Armada Real”. Finalmente diré que, el 21-XI-1672, Roque de San Martín se presentó ante el Cabildo “asiendo instancia sobre que se le de lisensia para haser corambre”. De ahí en adelante no aparece más su nombre en los acuerdos de la corporación vecinal. Es posible que muriera al poco tiempo pues, en 1678, su viuda “Doña María Quintero”, registró para sí, “en segunda vida”, una encomienda de indios chanás que “por dos vidas” poseyó su consorte el finado “Alférez Roque de San Martín”. De ello dió fé el Escribano Reluz y Huerta, ante quien pasaron “las diligencias obradas sobre encomiendas de indios que hay en este distrito”, efectuadas por los Oficiales Reales porteños, de orden del Tribunal de la Real Hacienda de Lima. I — El Alférez ROQUE DE SAN MARTIN y su mujer María de Humanés Quintero o Rodríguez Quintero Naharro Humanés — que testó el 15-V-1680, hubieron estos hijos: 1) Ana María de San Martín Humanés, baut. el 15-VI-1636. Falleció en la niñez. 2) Juan de San Martín Humanés, que sigue en II. 3) Roque San Martín Humanés, baut. el 27-VIII-1645. Fue presbítero.

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4) Francisco San Martín Humanés, baut. en Buenos Aires el 22-X1645 8. 8 El genealogista Carlos Calvo lo casa a este Francisco con Margarita de Bracamonte y Ximénez de Escobar. En el libro de Matrimonios Nº 3 archivado en la Iglesia de La Merced de Buenos Aires figura “Francisco de San Martín, natural de España” casándose el 23-IX-1680 con Margarita de Bracamonte. Esta señora era hija del Regidor Juan de Bracamonte Cervantes y de Beatriz González Escobar; n.p. de Juan Bracamonte, Alguacil Mayor y Regidor de Bs. As. y de Leonor de Cervantes; n.m. del Capitán Cristóbal Ximénez y de Beatriz González; bisn. p.m. de Juan Hermoso de Graneros y de Beatriz de Cervantes Alarcón, (hija esta de Rodrigo Alguacil Mayor de Esteco, y de Beatriz de Alarcón, y nieta de Cristóbal de Soria y de Leonor Alvarez Cervantes); bisn. m.m. de Francisco Muñoz Bejarano y de Margarita de Escobar (que era hija del capitán Alonso de Escobar, compañero de Garay y 1º Regidor de Bs. As. en 1580, y de su mujer Inés Suárez de Toledo Saavedra, propia hermana de Hernandarias). Hijos del matrimonio San Martín-Bracamonte fueron: 1) Juan Cristóbal San Martín Bracamonte, baut. el 1-V-1685. Casó el 6-III1716 con Petronila Cabral de Melo Gómez de Saravia (hija de Juan Cabral de Melo y de Ana Gómez de Saravia Lobo). El 6-XII-1771, ante Francisco Xavier Conget, Juan Cristóbal dió poder para testar a su esposa y a su hijo “Phelipe”, quienes “con la dirección del R.P. Fray Francisco Xavier San Martín” (mercedario, hijo también del causante), otorgaron el 12-V-1772 el testamento ordenado. Por su parte Petronila Cabral testó el 13-III-1780, ante el mismo Conget, siendo enterrados sus restos en la Iglesia de La Merced. Estos resultaron sus 10 hijos: A) Francisco Xavier San Martín Cabral, fraile mercedario. B) Agueda Dorotea San Martín Cabral, baut. el 18-V-1720. Casó el 4-IV-1751 con Felipe Vázquez Pelayo. Testó ella el 1-IX-1777, dejando posteridad. C) Mateo Javier San Martín Cabral, baut el 26-IX-1720, fraile mercedario. D) María Magdalena San Martín Cabral, baut el 30-X-1723. Casó con Luis Rivero. Con sucesión. E) Felipe Santiago San Martín Cabral, baut el 6-V-1733. Albacea de su padre. Cura párroco en el pago de la Magdalena desde 1774 hasta 1819. F) Pedro José San Martín Cabral, baut el 25-II-1725. Casó con Juana Isabel Troncoso Illescas baut. el 5-XI-1734 (hija de Juan Tomás Troncoso y de Hilaria María Josefa Illescas Pasos Ferreira). Testó Pedro en 1787, Hilaria María Josefa falleció en 1785. Procrearon 9 hijos. 220

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5) Francisca San Martín Humanés, baut. el 11-XI-1645. Casó el 22XI-1660 con el Alférez Pedro de Azocar Hurtado de Mendoza, nac. en Bs. As. (hijo de Juan Francisco de Azocar, vecino de Chile, y de Antonia Hurtado de Mendoza; n.m. de Juan Ortiz de Mendoza y de Inés Avalos Ayala). “Pedro de Azocar Urtado” — que así figura en el censo porteño del año 1664 — testó el 7-XI-1674. Descendía del conquistador Santiago de Azoca o Azocar, nac. en 1512 en Azcoitía, Guipuzcoa, vástago de la Casa de Azcaechea, quien pasó a Chile desde el Perú — adonde llegó en 1534 — y con Valdivia fundó la ciudad de Santiago en 1541. Del matrimonio Azocar-San Martín provienen estos hijos; que nombró Francisca en su testamento del 7XI-1674, a saber: A) Roque Azocar San Martín. B) Juan Azocar San Martín, baut. el 12-VIII-1663. Casó con Jerónima Jofré de Arce. Hija suya fue: a) Jerónima Azocar Jofré de Arce, casada con el Alférez de infantería Pedro Coria. Con descendencia. C) Francisco Azocar San Martín. D) Bernardo Azocar San Martín, baut. el 14-XII-1664. E) Antonia Azocar San Martín, baut. el 27-VIII-1665. Casó 1º el 24-VIII-1684 con Josef Martínez de Aberasturi y Aulestía, nac. en Vitoria, Alava, que testó el 7-X-1701. De viuda ella, pasó a 2as nupcias, el 4-II-1707, con mi antepasado Pascual de Torres Salazar Rodríguez de las Varillas — viudo de Francisca de Gaete Izarra G) Nicolás San Martín Cabral, baut el 10-IX-1735. Casó el 6-X1767 con Bernardina Casco (hija de Melchor Casco y de Gregoria Ramos). H) Ursula San Martín Cabral. Testó el 9-XI-1784 y la sepultaron en La Merced. I) Ana María San Martín Cabral. J) Fernando Tadeo San Martín Cabral, baut el 2-VI-1740. Casó con Paula Ximeno y murió viudo el 11-X-1820. Dejó descendencia. 2) María San Martín Bracamonte, baut. el 12-III-1688. 3) Luis Ventura San Martín Bracamonte, baut. el 2-XII-1691. Casó el 19-X1717 con Petrona Fernández Acosta. No tuvieron hijos. 4) Petrona San Martín Bracamonte, baut. el 19-X-1692. 5) Pantaleón San Martín Bracamonte, baut. el 3-VIII-1695. 6) Francisco Javier San Martín Bracamonte, baut. el 3-VIII-1699. San Martín

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Hurtado de Mendoza Medrano (ver los respectivos apellidos). Testó Antonia de Azocar el 13-X-1709, ante Juan de la Cámara (otro antecesor mío), nombrando tutor para sus hijos menores Aberasturi, a Josef de Arregui, y para su hijo Torres a Miguel de Riblos (mi 7º abuelo). Hijos de su 1er enlace de doña Antonia fueron: a) Josef Aberasturi Azocar San Martín, nac. en 1690 y baut. el 10-IV-1693. Se ordenó franciscano y fue uno de los fundadores del convento de la Recoleta. Testó el 22-IV-1719, ante Francisco de Merlo. Murió siendo Superior de dicho monasterio después de 1735. b) Francisco Aberasturi Azocar San Martín, baut. el 15-X-1691. Casó el 7-XII-1726 con Manuela de Olivares Cabral, baut. el 1-XII-1702 (hija de Pedro de Olivares Rojas, nac. en Santiago de Chile, y de Petronila Cabral de Ayala Tapia de Agüero). Testó Manuela el 3-VII-1728. Hijo de ellos fue José de Aberasturi Olivares, baut. el 20-IX-1727, que murió párvulo. Criaron además dos niñas: Tomasa y María Teresa Aberasturi. c) María de Aberasturi Azocar San Martín, baut. el 10-IV-1693. Casó 1º con Juan Rodríguez Peñalba, y en 2as nupcias con Nicolás Barragán, sin prole con éste. Testó ella el 11-IV-1766. Hija del 1er enlace fue Rosa Rodríguez Aberasturi, nac. en 1725, que casó con Joseph Cano Cortés. Hubo sucesión. d) Juan Aberasturi Azocar San Martín. e) Ana de Aberasturi Azocar San Martín, baut. el 5IX-1695. Murió el 1764. Estuvo casada desde el 28-V-1715 con José Gutiérrez Páez de Clavijo. Testó Ana el 3-I-1763. (Ver su sucesión en el linaje de Gutiérrez). f) Domingo de Aberasturi Azocar San Martín, baut. el 22-IX-1700. Hijo del 2º matrimonio de Antonia Azocar San Martín resultó: g) Pedro de Torres Azocar San Martín. (Ver el apellido Torres de Salazar). F) María Francisca Azocar San Martín, baut. el 14-V-1670, casó el 30-XI-1691 con Andrés Gómez de la Quintana, nac. en Clotillo, valle de Anievas, Burgos (hijo de Andrés Gómez de la Quintana y de Catalina Díaz de la Pedrosa). Andrés fue Capitán de 222

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Caballos Coraza en Buenos Aires, estuvo en la conquista de la Colonia del Sacramento a órdenes de Ceballos y con María Francisca Azocar hubo estos hijos: a) Juan Antonio Gómez de la Quintana Azocar, baut. el 17-IX-1692. b) Andrés Gómez de la Quintana Azocar, baut. el 3-I1694. c) Miguel Gómez de la Quintana Azocar, baut. el 21VI-1695 d) Francisco Gómez de la Quintana Azocar, baut. el 30-XI-1696. Clérigo. e) Mariana Gómez de la Quintana Azocar, baut. el 17-X-1701. f) José Fernán Gómez de la Quintana Azocar, baut. el 25-IV-1703. g) Antonia Gómez de la Quintana Azocar, baut. el 1XII-1705. Fue beata en comunidad. h) Pedro José Gómez de la Quintana Azocar, baut. el 12-IV-1706. Casó con Juana Bautista Unda y Hernández Bazán. Con sucesión. Una de sus hijas, Catalina, se casó con Lorenzo Agustín Ignacio de Rocha Izarra. (Ver el apellido Izarra). i) Jacinto Antonio Gómez de la Quintana Azocar, baut. el 4-XII-1710. j) Gabriel Gómez de la Quintana Azocar, baut. el 10VII-1714. G) Dionisia Azocar San Martín. Casó 1º el 12-XI-1693 con Antonio Pereira, y en 2as nupcias con Pedro Constanza. Testó ella el 28-II-1695. No dejó hijos: H) José Azocar San Martín, baut. el 4-VII-1672. Casó con Juana de Obando. José testó viudo el 21-VIII-1729 ante Francisco de Merlo. Hubo estos hijos: Francisco y Alejo, ambos “dementes”, Roque, María Josefa y Gabriela Azocar Obando, la última “que está para monja en el Conbento de Santa Theresa de la ciudad de Córdoba”. I) Ignacio Azocar San Martín, baut. el 27-III-1681. Casó el 3X-1698 con Beatriz de Lara, en la que hubo hijos. Acaso fueran

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padres de Juana Andrea Azocar, que se casó el 19-III-1749 con Santiago Fernández. J) Leonor Azocar San Martín, baut. el 24-IX-1686, de 11 años de edad. K) Bernarda Azocar San Martín, baut. el 10-XI-1667. 6) Leocadia de San Martín Humanés. Falleció soltera. 7) Ana María de San Martín Humanés, baut. el 3-V-1647, bajo el padrinazgo de los cónyuges Cristóbal de Loyola y Ana Naharro. El 1X-1671 ella se casó con el Capitán Antonio Guerrero, nac. en Portugal, en la villa de Mórtola, a orillas del Guadiana (hijo de Marcos Guerrero y de Juana Méndez). Ana María dejó de existir en 1702, sin prole, dejándole un legado a su marido para levantar un Monasterio de monjas Carmelitas. Antonio Guerrero pasó a 2as nupcias con Juana de la Illosa Gutiérrez (hija de Diego de la Illosa y de María Gutiérrez Carvajal — ver el apellido Gutiérrez). El 6-IX1709, Antonio, “enfermo de cuerpo y sano de voluntad y en mi completa memoria”, testó bajo sobre cerrado. Dispuso sepultaran su cadáver, amortajado con el hábito franciscano, en la Iglesia de Santo Domingo, en una “Capilla que se está construyendo”. Nombró por albaceas a su esposa Juana de la Illosa, al Maestro Juan Gutiérrez (Paez de Clavijo), Comisario de la Inquisición, al Maestro Mateo Lorenzo Guerreros, al Capitán Pedro de Saavedra (Gutiérrez de Paz) y a Ignacio Velázquez. Ese testamento fue protocolizado el 14-IX1709, ante Francisco de Angulo. La viuda Juana de Illosa volvióse a casar con Lucas Manuel Belorado, y no procreó hijos. 8) Inés de San Martín Humanés, baut. el 5-VII-1648. Casó 1º el 6-V1678 con su tío Luis Gutiérrez de Paz, cuya progenie enumero en el linaje de Gutiérrez. De viuda Inés contrajo 2as nupcias el 1-XII1683, con el Capitán Juan Manuel de Ruyloba, nac. en 1656 en Santillana de Burgos, y llegó a Bs. As. en 1674, con la armada de Gómez del Rivero, destinado a la guarnición del Fuerte. El 27-X1689 dió Ruyloba poder para testar a favor de su mujer, quien extendió el testamento de su finado esposo el 31-X-1689. Ella testaría también más adelante el 5-X-1690. De su 2º enlace proviene Ana de Ruyloba San Martín, baut. el 10-IV-1693, sin duda con varios años encima. 9) Magdalena de San Martín Humanés, baut. el 8-XI-1660. Falleció soltera. 224

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II — JUAN DE SAN MARTIN Y HUMANES o “DE SAN MARTIN RODRIGUEZ NAHARRO” — como figura al margen de su partida de bautismo —, calculo que nació en Buenos Aires por el año 1644, y debieron haberlo cristianado de socorro en su casa, ya que lo bautizaron con óleo y crisma en la Catedral el 28-XII-1654. Fueron padrinos de pila suyos el Capitán Pedro de Salazar, nac. en San Julián de Muzquiz, Vizcaya, y la 2º esposa de éste, Elena de Valdivia y Brizuela, nac. en Granada. (Pedro de Salazar tuvo por 1ª consorte a Luisa de Azocar y Mendoza, nac. en Chile, propia hermana del Alférez Pedro de Azocar, marido de Francisca de San Martín Humanés, tía carnal del bautizado). Hijo de vecino importante y vástago — por la rama materna — del influyente clan de los Humanés Naharro, el joven Juan se inicia en la vida pública cuando, el 1-I-1662, lo elije el Cabildo Alcalde de Hermandad: vale decir policía de campaña, cuyas funciones consistían en intervenir — cual lo especifica la “Novísima Recopilación” — en los “robos, hurtos y fuerzas de bienes muebles y semovientes, o robo o fuerza de cualesquier mugeres que no sean mundarias públicas, haciéndose lo susodicho en yermos o en descampado”. Era también su misión perseguir a los salteadores de caminos y prender a los culpables de muertes y heridas, cuyos delitos ocurrieran fuera del área urbana, con facultad de nombrar sus colaboradores inmediatos que se denominaban “cuadrilleros”. Se despierta en el muchacho la vocación militar A partir de esa actividad de jefe de cuadrilla, su probada aptitud para mandar hombres valióle a mi antepasado el ascenso a “Capitán de Caballos”. En aquellos tiempos, las fuerzas permanentes de que disponía la ciudad para defenderse, consistían en una compañía de infantería y un escuadrón de caballería; cada unidad con sus respectivos Capitanes al frente, quienes, a su vez, dependían del Sargento Mayor, y éste directamente del Gobernador o su Lugarteniente. Así las cosas, diré que la guardia o piquete de la tropa montada que comandaba el Capitán San Martín — la “escolta” del Gobernador, para decirlo a la moderna — tuvo su alojamiento en varios viejos edificios de adobe de la Plaza Mayor, que antaño fueron San Martín

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primitiva Capilla y dependencias de los jesuitas. Tales ranchos ubicaríanse actualmente en el espacio comprendido entre el Banco de la Nación y la estatua de Belgrano — o sea al costado N.O. de la Casa Rosada, que se emplaza en el terreno donde se alzó el antiguo Fuerte. De ahí que al lugar aquel se le llamara — durante casi dos siglos — “Piquete de San Martín”, y a la calle frontera del referido sitio (hoy el trecho de la Plaza de Mayo interpuesto entre las calles Reconquista y Defensa) también se le dijese pasaje “de San Martín”, no por cierto en homenaje a dicho antecesor mío, sino en loor del Santo de Tours, Patrono de la ciudad; cuya Iglesia mayor íbase a construir de nuevo, en fuerza de la cual en 1668, con propósito de recaudar fondos, el Obispo Fray Cristóbal de Mancha y Velasco “salió a pedir limosna por el Pueblo”, ocasión en que el “Cap. Juan de San Martín” dió cinquenta pesos”. La guerra al malón Por aquellas fechas 1680, las frecuentes hostilidades de los indios pampas y serranos en los campos bonaerenses del sudoeste, habíanse vuelto intolerables. Sus sangrientos ataques contra estancias indefensas dejaban siempre el saldo trágico de no pocos cristianos muertos, además de la pérdidas de numerosas haciendas, por lo que el Cabildo — defensor de los intereses comunitarios — se hizo eco del clamor de los campesinos afectados. En consecuencia, el Procurador General Juan Bautista Justiniano, pidió al cuerpo del que formaba parte, ocurriera al Gobernador Garro, a fin de que éste tomara medidas inmediatas y enérgicas para castigar a los “yndios Pampas que an comettido muertes y rrobos”. Estos reclamos se concretaron bien pronto; y “el capitán de Caballos” Juan de San Martín recibió la orden de salir a escarmentar a los desaforados araucanos. Así, mi remoto abuelo, al mando de 150 milicos y de algunos indios y mestizos auxiliares, se internó en el desierto. Dejó atrás el río Salado — frontera entonces, y después por mucho tiempo, de la civilización con la barbarie — y logró alcanzar una distancia de más de 150 leguas del punto de su partida; hasta donde actualmente se ubican los campos del Azul. Durante esa incursión, una tras otra, fueron desmanteladas las tolderías de los pampas y serranos por la hueste de San Martín; pues 226

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este jefe, implacable, no se paraba a discriminar si las tribus que tenía por delante eran belicosas o pacíficas, culpables o no de los saqueos y robos que hallábase resuelto a reprimir. De suerte que tal “campaña del desierto” — la primera de ese tipo en la historia argentina — quitó la vida a muchos aborígenes (a más de 40 caciques, por lo pronto), y capturó gran número de prisioneros; a los cuales posteriormente — con el visto bueno del Obispo — se repartieron entre ellos los vencedores blancos, so pretexto de inculcarles la doctrina de Cristo. Andando el tiempo, sin embargo, casi todos esos cautivos lograron fugar y ganar, otra vez, sus reductos en la pampa salvaje. Cuando el Rey, a través de su Consejo de Indias, tuvo conocimiento de dicha batida sangrienta contra los indígenas, cuya puesta en práctica resultó la más flagrante violación de las ordenanzas de Alfaro, su desaprobación a la misma fue categórica, y exigió un castigo ejemplar para el responsable de aquella jornada; mi antepasado Juan de San Martín. Al efecto Carlos II, comisionó en 1681 a Andrés de Robles, ex Gobernador de Buenos Aires (de 1674 a 1678) 9 para que levantara un sumario sobre dicho asunto, y para que, ante Robles, “los delatores de las cartas que se remiten (al Consejo indiano) justifiquen lo que refieren sobre los indios que pasó a cuchillo Juan de San Martín”. El proceso siguió su curso en España, y nuestro Capitán fue condenado a pagar 11.000 pesos de multa, para cuyo cumplimiento tuvo que dar fianza Antonio Guerrero, consorte de Ana María, hermana del multado. Posteriormente, mediante Real Cédula del 8XII-1716, la Corona dispuso que por haber repartido San Martín aquellos indios cautivos sin intervención de los doctrineros y contra

9 Andrés de Robles, nac. en la villa santanderina de Reinoso (hijo de Simón de Robles y Gutiérrez y de Catalina Gómez Fernández), Caballero de Santiago, guerrero en Flandes y en la frontera de Galicia, Corregidor de Zamora y Gobernador de Buenos Aires, resulta 9º abuelo de Fabiola de Mora y Aragón, la actual Reina de los Belgas. (Ver La Reina de los Belgas, descendiente de un Gobernador del Río de la Plata en el siglo XVII, por Fernando M. Madero. Boletín Nº 19 - julio de 1970 — del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas). San Martín

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las ordenanzas de Alfaro, se cobrara otra multa de 50 ducados, a cargo entonces de los herederos del referido Capitán. En el gobierno civil No obstante la investigación antedicha, en 1681 Juan de San Martín resultó electo Alcalde ordinario, Alférez Real y Juez de menores del Cabildo lugareño, y prestó, en cada caso, los juramentos y el pleito homenaje de práctica. Su temperamento activo no solo se ponía de manifiesto en las contingencias de la guerra — donde, como vimos, se le iba frecuentemente la mano —, sino que también deliberaba con aplomo y eficacia desde su cargo capitular, acerca de los asuntos públicos. Así, por lo pronto, embistió contra su sumariante Andrés de Robles, proponiendo a sus colegas cabildeños agregaran un cargo más en el juicio de residencia que a ese ex Gobernador se le sustanciaba a la sazón, debido a que dicho funcionario había denegado, cuatro años atrás, elevar al Consejo de Indias una “súplica y apelazión”, del Ayuntamiento porteño, solicitando se derogara aquella Real Cédula que le desconocía derechos al Cabildo para controlar las negociaciones y fijar los precios de los cueros destinados a la exportación. Ello motivó, el año 1677, un pleito contra el naviero Miguel de Bergara, “sobre el rrepartimiento y pressio de corambre que llevó en sus navíos”. (Ver esta cuestión en la biografía de mi antepasado Fernan Rodríguez Terra). En el aludido negocio — al decir de San Martín — “algunas personas solo an gosado de la carga de dicha corambre, quedándose los más del pueblo, en especial las viudas y pobres, sin provecho, con muy notable destruymiento de esta república”. Propuso también San Martín, en la misma sesión, agregar otro cargo en el juicio residencial a Robles; que este ex Gobernador se negó a facilitar al Cabildo los barcos de Su Majestad, a fin de que trajeran ciertas maderas que el Hospital tenía “cortadas por su quenta en la otra banda del río Paraná”, con destino a levantar el edificio de dicha casa de salud. Robles, en vez de promover el bien común, ocupó esos barcos “en conbenienza propia con los navíos de rexistro del Capitán Miguel Gómez del Rivero”; por lo que las obras de

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enfermería en el establecimiento curativo, quedaron paralizadas durante mucho tiempo. El 1-I-1688, a San Martín lo eligieron Procurador General de la ciudad. Estaba en el campo, en plena tarea “de recoger y acomodar mis cosechas”, y declinó el nombramiento porque — según dijo — “asisto lo más del año en dichas mis haciendas de campo, de donde de estar en ellas personalmente resulta el útil que pretendo para sustentar mi persona y las de mi casa y familia”, y como “dichas mis haciendas están a treinta leguas de esta ciudad ... no puedo yo acudir a dicho oficio en que fui electo”. Además, “se me ofrece de próximo hacer un viaje a la provincia de Tucumán”, a “hacer algunas cobranzas de cantidad de pesos y de otros géneros y bienes que diferentes personas vecinas de dicha provincia me deben”. Tales deudas importaban más de 4.000 pesos, “y de no acudir a su cobranza los perderé totalmente”. Pese a tan poderosos argumentos, los señores del Cabildo expresaron; “que sin embargo de los inconvenientes que representa por escrito”, no podía el nombrado negarse “a la obligación en que esta República le pone para atender a su utilidad y conservación, como vecino e hijo de ella”. Por lo cual San Martín tuvo que asumir esa procuraduría urbana. En el desempeño de su misión, mi diligente antepasado denunció que las tahonas atentaban contra “el vien común”, defraudando a los vecinos en el peso de la harina; y que, asimismo, incurrían en idéntica infracción los regatones, que sacaban sus comestibles para otras ciudades y lugares, a fin de venderlos “por menudo, devajo de posturas del arancel y medidas judiciales”, en perjuicio del consumo local. Tocante al abasto de carne vacuna, el Procurador opinó que no debía de concederse a persona con fuero militar, y que se prohibiera toda matanza de ganado cimarrón, menos aquel que se recoge “delante del Salto que llaman de los Arrecifes”, siempre y cuando dichas reses se trajeran “para acá”; o sea en dirección a la ciudad, a fin de evitar su aprovechamiento por intermediarios y especuladores.

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Testamento, bienes, matrimonio y descendencia de mi remoto antecesor Después de 1688 San Martín deja de desempeñar funciones públicas en el Cabildo. Testó casi veinte años mas tarde, el 17-IV1707. En esa escritura de última voluntad, declaró haber aportado a su matrimonio un capital de 4.000 pesos, y que entre sus bienes poseía; una casa en la ciudad de 7 cuartos, y otra que hacía esquina, comprada en 1685 a José de Molina en 300 pesos; una estancia en Arrecifes, dedicada a la cría de mulas; otro campo en el Baradero, comprado a María Garay, viuda de Juan Godoy, en 80 pesos; amén de varias tierras linderas con esta última propiedad, escrituradas también en 1685. Dijo ser dueño de 7 esclavos y 9 esclavas; y entre el menaje de su morada consignó “diez cuadros de pintura del Perú”. Uno de esos óleos es, sin duda, el que representa al propio San Martín de cuerpo entero (hoy en poder de su 8º nieto Eduardo Miguel García Bosch, cuya imagen reprodujo don Enrique Udaondo en su Diccionario Colonial). El personaje — anota Udaondo — “viste traje de corte, con coleta empolvada y risos, casacón y calzones de paño verde, bordados con chorreras y puños de encaje, chupa de seda de brocado floreada, medias de seda blanca, zapatos con hebillas de plata y espadín al cinto. En el brazo izquierdo sostiene el tricornio, y en la mano muestra un billete dirigido a “Da. Gerónima San Martín”, o sea a su consorte, pues en esa época era costumbre que la mujer casada firmara con el apellido de su esposo”. Instituyó también el testador una Capellanía dotada con capital de 1.000 pesos, y legó, por otra parte, al sacerdote Pedro de Ledesma, 1.000 pesos más para ser aplicados a cierta manda especial. En la escritura referida hay una cláusula redactada en los términos siguientes; “Item: Declaro que María, parda de cuatro años, hija de la dicha Josefa mi esclava, luego que nació se la ofrecí a Nuestra Señora de Luján, por ocasión que su madre no lograba hijo ninguno, y fue Dios servido que después de la oferta naciera y se lograra; y mando que en llegando a los doce años que pueda servir a la Santísima Virgen, se la entreguen por esclava para siempre jamás, y pido a mis hijos y herederos lo tengan a bien; así lo declaro y mando para que conste”.

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El “Capitán Juan de San Martín y Arrazola” (sic) — que con ese segundo apellido de su abuela paterna figura anotado el contrayente en el libro de Matrimonios nº 3, archivado en la Iglesia de La Merced — se casó en la Catedral de Buenos Aires, el 20-II1678, con Jerónima Gutiérrez de Paz (ver su antecedencia genealógica en el linaje de Gutiérrez). Fueron testigos del boda el Capitán Domingo Quintana, el Sargento Mayor Joan Pacheco, el Capitán Juan Guerreros “con otros muchos que se hallaron presentes”. Doña Jerónima aportó a la sociedad conyugal una dote de 8.000 pesos, y recibió además 1.000 pesos en concepto de arras, y como ella resultaba ser tía tercera de su futuro marido, este, un día antes de casarse, tuvo que realizar la acostumbrada información de dispensas por razones de parentesco. Testó doña Jerónima enferma en cama, el 8-IV-1711, ante su confesor el clérigo Pedro de Ledesma, de la Compañía de Jesús, quien fue el autorizante de dicha disposición de última voluntad. Declaró la testadora ser viuda del Capitán Juan de San Martín e hija legítima de Juan Gutiérrez de Humanés y de Ana de Paz Serrano, difuntos. Ordenó que su cadáver fuera amortajado con el hábito y cuerda de San Francisco, y luego recibiera sepultura en la Catedral, en la parte que tiene comunicado, con misa cantada y entierro mayor. Dejó estos bienes; “las casas” de su morada; una estancia en Arrecifes donde se criaban mulas; tres esclavos machos y dos hembras; y numerosos muebles, alhajas y enseres domésticos. Mandó fundar también una Capellanía laica, a fin de que se rezaran misas por su alma, nombrando Patrono de la misma a su hijo el Capitán Juan Ignacio de San Martín. Tres años mas tarde se fue de este mundo la señora, y su testamentaría e inventario de sus bienes inicióse el 15-II1714, por el albacea de la causante Andrés Gómez de la Quintana, ante el Alcalde Pablo González de la Quadra. Hijos de los cónyuges San Martín-Gutiérrez de Paz fueron: 1) Ana de San Martín Gutiérrez de Paz, baut. el 24-VI-1685 por el preste Ignacio de Labayén Tapia de Vargas, bajo el padrinazgo de sus tíos el Capitán Pedro Gutiérrez de Paz y su esposa Leonor Fernández de la Quintana Godoy, y ante los testigos Juan Barrios y Antonio Vergara. Casóse Ana primeramente, el 24-XI-1701, con el Capitán San Martín

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Alonso de Herrera y Guzmán (hijo de Felipe de Herrera Guzmán y Ramírez de Velasco y de Isabel de Tapia y Vargas Cervantes), quien testó el 27-X-1703. Tras dos años de viudez, la señora pasó a 2as nupcias, el 24-IX-1705, con Nicolás Bazán de Pedraza Tejeda (hijo del Capitán y encomendero riojano Juan Gregorio Bazán de Pedraza Gutiérrez de Rivera y de Mariana de Tejeda y Guzmán — ver el apellido Bazán). Fueron testigos de esa boda; el Capitán Baltasar de la Quintana, Pedro de Gaete y el Capitán Juan Ignacio de San Martín (mi antepasado), hermano de la contrayente. Doña Ana no dejó descendencia. Testó el 12-II-1758 bajo sobre cerrado y lacrado, e hizo entrega de su disposición postrera al Escribano Joseph García Echaburu. Expiró cinco años después, el 23-VI-1763, a las once de la mañana. Al referirse a su segundo enlace, la finada había estampado en su testamento: “del qual matrimonio, aunque me hize preñada, no se logró, por haver nacido muerta la criatura”. 2) Juana de San Martín Gutiérrez de Paz, baut. el 24-VI-1685. Profesó de monja y murió antes de 1711. 3) Juan Ignacio de San Martín Gutiérrez de Paz, que sigue en III. 4) José de San Martín Gutiérrez de Paz, mellizo del anterior. Fue baut. el 16-V-1686, en su casa, de un mes y diez días. Casó siendo Capitán, el 7-X-1705, con Elena Rodríguez de Figueroa López Camelo, baut. el 17-VIII-1688 (hija del capitán Diego Rodríguez de Figueroa, sevillano, y de la criolla Petronila López Camelo Cervantes Barragán). José de San Martín Gutiérrez de Paz y Elena Rodríguez Figueroa López Camelo hubieron 5 hijos. (En su testamento de fecha 10-IX-1714, el marido solo nombró a Juan y a Petronila). A) Juan Martín San Martín Rodríguez López Camelo, baut el 2-II-1705. B) Petrona o Petronila San Martín Rodríguez López Camelo, baut el 25-X-1710. Monja en el Convento de Santa Catalina de Córdoba. C) José San Martín Rodríguez López Camelo, baut el 20-III1707. Murió niño. D) Francisca Jerónima San Martín Rodríguez López Camelo, baut el 26-X-1709. Falleció antes de 1714. E) Benito San Martín Rodríguez López Camelo (filiado así por el genealogista Carlos Calvo). Se casó con María Josefa Gauto, en la que hubo a: 232

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a) Manuel San Martín Gauto, quien casóse el 16-I1787 con Isabel Hidalgo (hija de Ventura Hidalgo y de Martina Gómez). Testó Manuel el 15-IV-1833. Declaró estos hijos; 1) Benito, casado con Antonia de Igarzabal; 2) Gervasia, casada con Joaquín Oristondo; 3) Josefa, casada con José Aldecoa; 4) Sor María Isabel, monja catalina; 5) Sor María Dominga, monja catalina también; 6) Luisa, soltera; 7) Crisóstoma, casada con José María Sagari; 8) Gregoria, soltera. 5) Lucía San Martín Gutiérrez de Paz, baut. el 19-XII-1687. Murió después de 1720. 6) Pedro Josef San Martín Gutiérrez de Paz, baut el 27-VI-1694, de 3 años y medio de edad. Fue fraile franciscano y testó el 27-VIII-1707. 7) Catalina San Martín Gutiérrez de Paz (omitida en el testamento de su madre). Casó el 8-VIII-1721 con Luis Bernardo Gómez o González Recio. Fueron testigos de la boda el Capitán Juan de San Martín, hermano de la novia, la esposa de éste María Rosa de Avellaneda (6os abuelos míos). Era Luis Gómez Recio, viudo de Sebastiana Cerruto, con la cual se casó en Santa Fé el 12-IX-1706, e hijo del Capitán Cristóbal González Recio, Procurador del Cabildo santafesino en 1676, y de su 2ª consorte Francisca Romero de Pineda; n.p. de Juan Gómez Recio, nac. en la villa de Portillo, prov de Valladolid, Castilla la Vieja y de su 1ª esposa Bartolina González Vallejos; n.m. del Capitán Romero de Pineda, primer poblador de Rosario, y de Antonia Alvarez de la Vega; bisn. p.p. de Juan Gómez del Arroyo y Caeba y de Isabel Recio Alvarez, vecinos de Portillo. Testó Luis Gómez Recio el 5-VI-1746. Por su parte “Cathalina de San Martín otorgó su última disposición el 9-V-1763, ante el Escribano Francisco Xavier Conget, nombrando albaceas; 1º a su sobrino el clérigo Carlos de San Martín; 2º a su hija Petrona; y 3º a su hijo Simón. A la fecha del testamento de la señora vivían estos hijos suyos: A) Román Gómez San Martín. Fraile franciscano. B) Simón Gómez o González San Martín, Alcalde de Hermandad del pago de los Arroyos — dicho también “Las Hermanas” —. Habíase casado en San Nicolás de los Arroyos el 9XI-1752, con Teresa del Pozo y Naharro, que testó en 1785 (hija del Capitán Bernardino del Pozo y de Teresa Ximénez Naharro; hija sin San Martín

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duda ésta del Capitán Juan Jiménez Figueroa, vecino de Santa Fé, y de Francisca Naharro Chicón Navarrete; hija ésta de Cristóbal Naharro y de Isabel de Humanés Molina). Con descendencia. C) Francisco Antonio Gómez o González San Martín, casado con Claudia Borda. D) Petrona Gómez o González San Martín, casada con Juan Villanueva. Con hijos. E), F) y G) Jose, Sabina y Antonio Gómez o González San Martín, que murieron antes de 1763. 8) Esteban de San Martín, según apunta el genealogista Carlos Calvo, sería hijo de Juan de San Martín y Humanés y de Jerónima Gutiérrez de Paz 10. 10 Sin embargo, de los libros parroquiales de La Merced, surge para Esteban de San Martín una distinta filiación. En efecto: I — Nicolás de San Martín, soldado del Presidio, casó el 23-II-1675 con Lorenza de Zárate. Hubieron por hijos a: 1) Esteban de San Martín y Zárate, baut. el 8-IV-1676. Se casó el 27-III-1701 con Isabel Gómez de Saravia o Lozano. Son los padres de: A) Bernardo de San Martín Lozano, baut. el 27-VIII-1702, que casó con Dominga Canales. Fueron sus hijos: a) José Antonio San Martín Canales, casado con Agustina González — viuda de Creus. Estos resultaron sus hijos: a1) Agustina San Martín González, que casó 1º el 16-VII-1764 con Gabriel Danza, nac. en Padrón, Galicia (hijo de Roque Danza y de Dominga de la Cruz). De viuda Agustina pasó a 2as nupcias el 17-II-1781 con Francisco Mesa (hijo de Bartolo Mesa y de Ana Espinosa), nat. de Huelva. a2) Manuel San Martín González, que casó el 17II-1778 con Petrona Yebros (hija de Bernabé Yebros y de Antonia Pérez). a3) Manuela San Martín González, casada el 19IX-1808 con Narciso García, nac. en Cádiz (hijo de Ignacio García y de Beatriz Alvarrianes). b) Dionisia San Martín Canales. c) Francisco San Martín Canales. d) Catalina San Martín Canales, casada el 21-III-1749 con Francisco Díaz. El 27-XII-1755, Catalina, viuda, casó con Josef de Echabarría — viudo de María del Tránsito Sánchez. 234

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III — JUAN IGNACIO DE SAN MARTIN GUTIERREZ DE PAZ — cuyo segundo nombre nunca usó — fue mellizo de José. Nació pues el 26-IV-1686, y lo bautizaron en su casa el 16 de mayo siguiente. De su infancia y primera juventud nada se sabe. Consta que en 1712, siendo ya hombre hecho y derecho, se inició en la función pública como Alcalde de la Santa Hermandad; es decir como justicia y policía de campaña; cargo con que su padre iniciara su foja de servicios. En oportunidad de esa elección, efectuada el 29 de agosto por el Cabildo, mi antecesor estaba “en campaña”, o sea en el campo; por lo que el 22 de septiembre siguiente se hizo cargo del puesto, previo juramento de estilo que prestó ante sus colega, entre los que se contaba el Regidor Gaspar de Avellaneda quien, poco más tarde, convertiríase en suegro del flamante comisario rural. Prosigue el cursus honorem con el carnis lucrando En 1714, los “curulis” porteños eligen al Capitán San Martín Alcalde de 2º voto, por 5 sufragios contra 4. Votaron a favor suyo el 1º Alcalde Baltasar de la Quintana Godoy y los Regidores Juan Bautista Fernández, Alonso de Berezosa Contreras, Josef Ruiz de Arellano y Pablo Ramila. No apoyaron el nombramiento sus pares Gaspar de Avellaneda (y ello sorprende porque María Rosa, la hija e) Melchora de San Martín Canales, casada con Juan José Cuenca. f) María Catalina de San Martín Canales, casada el 27-XI1755 con Manuel de Sosa Candelaria, nat. de Lisboa (hijo de Cayetano Fernández y de María de la Candelaria). Con sucesión. 2) Miguel de San Martín y Zárate, baut. el 25-XI-1698. Se casó el 30-XII1729 con Bartola Lozano o Gómez de Saravia. Son los padres de: A) José de San Martín Lozano, o Gómez de Saravia, que casó 1º e;l 29-X-1761 con María Sabina Barrios (hija de Domingo Barrios y de Bernarda Rodríguez; y en 2as nupcias con María del Rosario Aguilar.Testó son José el 27-V-1787 “en el pago de la Capilla de San Vicente”. Hubo por hija a: a) Gregoria San Martín, casada con Claudio Sosa. B) Bernabé de San Martín Lozano o Gómez de Saravia, que casó el 29-XII-1760 con Martina Leyva (hija de Francisco de Leyva y de María López) Hubieron a Miguel San Martín Leyva. San Martín

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de él, se casaría 6 meses más tarde con San Martín), Antonio de Larrazabal, José de Narriondo y Juan José Moreno. En noviembre de ese mismo año, a causa de haber muerto el Alférez Real titular José de Arregui, el Alcalde de 2º voto San Martín hízose cargo provisionalmente de tan honrosa función, rindiendo el indispensable pleito homenaje, puestas sus manos entre las del 1º Alcalde Pablo González de la Quadra, “y juró a lei de Cavallero yjodalgo según leyes de Castilla”. Posteriormente, “por vía de arrendamiento”, se recibió de Alférez Real Gregorio de Avellaneda — cuñado de San Martín — previa presentación de su título otorgado por el Gobernador García Ross. A fin de integrar unas “ comisiones” proyectadas “para el buen régimen de esta República”, que el Gobernador Bruno Mauricio de Zabala mandó establecer en “los pagos de la Matanza, la Costa, Las Conchas, La Magdalena, Luján, Areco, Cañada de la Cruz, Arrecifes, Cañada Honda, Hermanas, Hornillos y Espinillos”, el Cabildo resolvió, el 25-I-1717, nombrar miembro de la comisión de “Arrecifes y Cañada onda” al Capitán Juan de San Martín quien, tras el juramento de estilo, aceptó la designación el 3 de febrero. Dos meses antes (2-XII-1716), dicho Capitán, en calidad de simple vecino, había presentado un memorial al Ayuntamiento en el cual pedía, “como accionero al ganado de la otra vanda de este río, licencia para hazer recogida de Veinte mill cavezas”, con el compromiso de “traerlas para el abasto de esta ziudad”; propuesta que los Regidores acordaron “únicamente para el fin que se pide y no para otro, con aperzibimiento de que haciendo lo contrario se le dará toda la tropa por de comiso”. Casi dos años después, el 9-IV-1718, nuestro hombre reiteraba al Cabildo aquella solicitud para vaquear “veynte mill cavesas de ganado en la otra vanda”; solicitud que las autoridades despacharon con informe favorable. Empero según parece, el “accionero” referido no tenía apuro en cumplir con el compromiso pendiente, ya que, el 24-III-1721, los cabildantes entonces encargaron al Alcalde Amador Fernández de Agüero, “pressise a don Juan de San Martín que tiene porción de ganado vacuno (adjudicado), cumpla con la condición conque se le concedió la licencia para la recoxida en la otra vanda, que es la de avastecer esta ciudad, al precio y con las pensiones acostumbradas” (limosnas de carne que, desde la fundación de 236

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Buenos Aires, se daban a los pobres y a la viudas). Mas como la “postura”u oferta que ofreciera San Martín al Municipio, relativa al “avasto de carne de este presente año”, era “exhorbitante”, los ediles porteños acordaron que el abastecedor debía obligarse, “desde la víspera de Pasqua (1721), a faenar al mismo precio y con las obligaciones que lo executó el Capitán Juan de Sosa” — precedente concesionario en suministrar reses para el consumo local. Dicha resolución capitular, “en todo su contenido” le fue notificada al interesado, quien, de no suministrar carne al precio de Sosa, le serían impuestas “las conminaciones y penas que fueren conbenientes”. San Martín, tras esto, respondió por escrito al Cabildo, pidiendo no lo apremiaran “para que abastezca a esta ciudad de carne este presente año”, y que “se le absuelva de las pensiones (a viudas e indigentes) que corren desde la fundación de esta ciudad”. Al cabo de prolongada tramitación, el 9-VIII-1723, mi antepasado “se desiste de la postura hecha a la vaquería que se ha de hazer”, pues otras responsabilidades mucho más importantes que negociar en su exclusivo provecho, se le plantearon de improviso. Expedición contra los chúcaros aborígenes de la orilla vecina Mientras San Martín tramitaba el cárnico negocio referido, el Gobernador Zabala mandó destacar a la otra banda del río un contingente de 50 hombres, “a cargo de una persona de la satisfacción deste Ilustre Cabildo”, a fin de que ese pelotón armado pusiese término a la matanza de reses que “en los campos de San Gabriel”, de las misiones jesuíticas ribereñas del Paraná y del Uruguay, hacían los indios “tapes”, de origen guaraní. En el acuerdo del 16-II-1722, al Cabildo le pareció “corto” el número de “sinquentta hombres para que pasen a dicha otra vanda, donde havitta gran número de Yndios ynfieles”, y estimó que por lo demás debían mandarse allí “cien hombres españoles y los mulatos e yndios que se pudieran, para que vayan a cargo y comando de Don Juan de Sanmartín, persona de la satisfacción de este Ilustre Cavildo”; cuya competencia y valor personal desechaba toda posibilidad de que “las armas de S.M. no sean tratadas con el respeto que se le deve, y desto acaezcan algunas ynconsequencias”. Con San Martín cooperarían también los indios de la reducción de “Santo San Martín

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Domingo Soriano” establecida allá cerca. Y en cuanto al Capitán Juan de Rocha, que en esa banda oriental estaba recogiendo sebo y grasa para el abasto de la ciudad, no debía ser molestado en su faena por los expedicionarios. De los aprestos para tal incursión, ocupóse el Ayuntamiento en sus sesiones del 20 y 29 de febrero y 23 de marzo de aquel año. Através de la lectura de las respectivas actas se desprende el empeño que los Regidores tenían en despachar cuanto antes el bélico conjunto. Por otra parte, las instrucciones y el auto por el cual el Gobernador Zabala comisionó a mi lejano abuelo para dicha empresa, suscriptos el 26-II-1722, en lo fundamental, puntualizaban: “Hago saber a todos los vecinos de esta ciudad que se hallaren en la otra banda de este río en cualquier faena y otras cosas, que a proposición del Cabildo y de mi orden ... el Capitán Don Juan de Sanmartín, comandando la gente que lleva a su cuidado (vá) a diferentes diligencias del bien y utilidad de esta república; por cuya razón ... le den auxilio ... franqueándole los caballos y demás cosas que pidiere” (so pena de 200 pesos de multa). El Capitán, con la fuerza de su mando, estará en el puerto del Riachuelo pronto para embarcarse, luego que lo permita el tiempo ... y repartirá a su gente las armas y municiones que se le entregaron hoy, en estos reales almacenes ... y hará se embarque dicha gente en las lanchas que están allí prevenidas, de Felipe de Zales y de Joaquín de Olazeguise ... dando orden a los Pilotos para que vayan a desembarcar al puerto de las Vacas (Arroyo en la vecina orilla). Luego que llegue frente a las Vacas (San Martín) se desembarcará con toda su gente, formándola y poniéndola según reglas militares y les dará orden para que ninguno se desmande, y seguirá las marchas regulares reconociendo la campaña. Si encontrare en ella algunas tropas de indios tapes que están vaqueando, dará orden a la gente de su comando para que no haga movimiento ni demostración alguna, y estará (se entenderá) con la persona que hiciere cabeza de dichas tropas. Con toda urbanidad y cortesía le requerirá (al cabecilla aborigen) una, dos y tres veces se retire a sus doctrinas, y dejen los indios en aquellas campañas las vacas que hubieran recogido; y si se excusan de ello, los volverá a requerir y mandar se mantengan en los sitios donde los hallaren con las vacas hasta nueva orden mía (de Zabala). Si hallare dichos indios tapes vaqueando, pasará a reconocer dichos campos e informará 238

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cuantos indios ha habido vaqueando, y que número de vacas sacaron. Si encontrase indios minuanes, les dirá como va de mi orden a hacer la diligencia referida, y si los minuanes lo embarazan en el reconocimiento de las campañas, los tratará como a enemigos de la Corona, y procurará castigarlos, de suerte que las armas del Rey queden con el lucimiento que se espera de su prudencia y experiencia”. Nada más conozco acerca de tal operación militar. El 9-VIII1723, como vimos más atrás, se produjo la renuncia de San Martín “a la vaquería que se ha de hazer”; y, en adelante, los acuerdos del Cabildo no aluden para nada a aquella expedición rumbo al otro lado del estuario. En cambio, en septiembre de 1724, en una lista de las personas a quienes se adjudicaron permisos para exportar cueros, aparece San Martín como fiador de Juan de Rocha, que “tiene dos mill cueros”, y al año siguiente (1725), nuestro hombre resultó elegido, por el Cabildo, Alcalde de 1º voto. Vaqueadas en gran escala del personaje de esta historia Como apoderado — socio probablemente — de Juan Rocha, San Martín solicitó al Cabildo, en 1726, no se obligara a su mandante a traer a “la Tablada de Areco” una tropa de 13.000 vacas, que aquel había rejuntado tras dos grandes vaquerías en la Banda Oriental; cuya hacienda pastoreaba, a la sazón, en “los arrecifes”, donde el solicitante tenía sus estancias. Rocha habíase obligado a distribuir dichas reses “en bien de la ciudad”, no solo en el abastecimiento de su población, sino que además debía repartir, con igualdad, cierta cantidad de carne vacuna entre los conventos de Santo Domingo, Sagrada Recolección, Nuestra Señora de la Merced y el Colegio de la Compañía de Jesús. Asimismo, por esas fechas, San Martín presentó al Ayuntamiento otra solicitud a nombre de Andrés López Pintado, “vecino de la ziudad de Santa Fé”, a fin de que las autoridades no pusieran inconvenientes a la vaquería que el mencionado santafesino estaba efectuando en carácter de aparcero de Rocha — y del propio San Martín, se me ocurre. También, el 24-III1730, tuvo entrada en el Cabildo una petición de “dn. Juan de Zamartín, que haze postura al avasto de la carne de vaca”. Los capitulares entonces, “mandaron se escrivan papeles a los criadores San Martín

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de ganado vacuno participándoles dicha postura por si quisieren mexorarla”. No obstante, cinco días más tarde, el Procurador de la ciudad impugnaba dicha postura, debido a que el precio establecido venía alterado, “y por que ai quien mate sin alterar el precio”. En consecuencia, la propuesta de nuestro personaje fue rechazada. Durante el mismo año, en una nómina de vecinos a quienes se repartieron los cueros para la exportación, San Martín figura como fiador del Capitán Cristóbal Cabral (dueño entonces de la futura chacra de Aguirre — hoy Museo Pueyrredón — en “el pago de la Costa”); así como lo fue de Juan de Rocha “para el seguro de la vaquería”. Y respecto a esa actividad tan lucrativa en aquellos tiempos, diré que, el 12-I-1731, San Martín presentó un memorial al Ayuntamiento en el que pedía licencia para llevar a la provincia del Tucumán 8.000 vacas; permiso que los Regidores suspendieron “hasta que se vea el escrutiño mandado hacer el año pasado”, sobre la cantidad de reses para el abasto, que tuvieron los estancieros en los “pagos de Matanza, Magdalena, Conchas y desde Luján en adelante, hasta el confín de esta jurisdicción”. En 1736, don Juan fue nombrado por el Cabildo, junto con José Ruiz de Arellano, para desempeñar una comisión reservada en el “Sitio de la Colonia de Sacramento”; comisión que San Martín “dixo que no obstante de allarse enfermo aceptava el nombramiento, por ser en servicio del Rey”. De igual modo, a tan solícito servidor, dos años después el Cabildo le designó para que levantara el Padrón vecinal y la matrícula de las estancias y estancieros en la campaña bonaerense, que el designado conocía palmo a palmo, no solo por haberla recorrido en varias oportunidades como militar, sino por explotar además, en el pago de Arrecifes, un vasto conjunto territorial de pastoreo, cual se detallará más adelante. Renovada batida y profusa represalia contra los salvajes del desierto La guerra continua que los indios pampas hacían a los españoles venía desde el principio del gobierno de Salcedo — dice el Deán Funes en su Ensayo, inspirado en la Historia del Padre Lozano. Aquel Gobernador, en 1738, mandó arrojar de su toldería al cacique “Mayupilqui”, único capitanejo de los “taluhets” que estaban en paz 240

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con europeos y criollos, y que por defender las poblaciones cristianas no gozaba de la amistad de las otras tribus salvajes. Tal acción impolítica cambió totalmente el panorama, y los caciques “Tseucanatu” y “Carulonco”, al frente de algunas partidas, en son de desquite cayeron sobre los pagos de Areco y Arrecifes, asolándolos por sorpresa. Así las cosas, el Capitán Juan de San Martín, de orden superior, salió a reparar esos agravios a la cabeza de 400 hombres, y se internó 50 leguas hasta las últimas estancias de la frontera, donde halló dos cadáveres cristianos “hechas pedazos las cavezas a alfanxasos”, sin encontrar a los asesinos, no obstante explorar 30 leguas más en pleno desierto. Luego de esta recorrida inicial, San Martín regresó a la ciudad, a dar cuenta de su campaña; y las autoridades, seguidamente, dispusieron que el mencionado militar llevara a cabo una gran entrada punitiva contra los bárbaros, que debía efectuarse por el mes de septiembre, de mancomún con la expedición que periódicamente se despachaba a las Salinas Grandes. La fuerza bajo las órdenes de San Martín — ascendido a Maestre de Campo — se componía de 600 efectivos; 400 soldados de caballería “nativos de la tierra”, 100 portugueses — prisioneros — para la infantería, amén de otro centenar de peones auxiliares. Tanto el personal combatiente como el otro, contaba con su dotación completa de oficiales, y con dos capellanes encargados del servicio espiritual. En cuanto a los pertrechos guerreros; la tropa iba provista con 4 cañones, 150 fusiles, 100 carabinas e igual número de lanzas y espadas anchas, 50 pistolas y pólvora, balas y cartuchos para las armas de fuego. Fuera de la caballada y de los bagajes precisos, marchaba con la hueste un arreo de 2.000 vacas de consumo; y como munición de boca se cargaron en carretas los clásicos “vicios” del milico criollo de todos los tiempos; botijas de vino y aguardiente, tercios de yerba, arrobas de tabaco y quintales de biscocho. Antes de ponerse en camino la bélica columna, el 29-VIII-1739, el Cabildo acordó “era muy conbeniente que se le mande cantar una misa al glorioso Patrón el Señor San Martín (homónimo del Maese de Campo responsable de la jornada) por el buen éxito de la expedición presente”. Al frente de esos 600 hombres, San Martín enfiló hacia el sudoeste, en busca del enemigo que se retiraba presuroso. Al alcanzar los toldos del cacique “Calelián” — que nada tuvo que ver con los San Martín

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recientes malones — mi impetuoso antepasado — tal como su padre en análogas circunstancias —, arrasó la toldería sin contemplaciones, dejando gran cantidad de muertos entre mujeres y niños. Ello desató en todas partes el levantamiento de la indiada enardecida; y el joven “Calelián” — hijo de la víctima —, al frente de sus lanceros, destruyó la villa de Luján, ebrio de venganza. San Martín acudió al auxilio de ese pueblo, pero llegó tarde y no pudo evitar el pillaje feroz. “Este general — escribe el Deán Funes — no acostumbraba a volver su acero a la vaina como de ella salió; con tal que lo ensangrentase, para él le era indiferente que fuese en sangre de amigos o de enemigos”. Un grupo de “huilliches” que vino desarmado a recibirlo, fue exterminado por orden suya. “El odio indiscriminado de San Martín — agrega Funes, con evidente malquerencia hacia mi 6º abuelo — elejía víctimas a su antojo”. Y parece que a orillas del río Salado, de un pistoletazo dado de su propia mano, el nombrado jefe le quitó la vida al cacique “Tolmichi”, que ahí plantara las tiendas de su tribu bajo la garantía del Gobernador Salcedo (tío abuelo de mi 6º abuelo José de Salcedo). Estas reacciones despiadadas de la civilización, exasperaron a los salvajes y, en 1739, los “puelches” y “moluches” unidos a otras parcialidades, devastaron a sangre y fuego muchas poblaciones y estancias en una extensión de más de 100 leguas, desde la frontera de Córdoba y Santa Fé hasta la costa del Río de la Plata. “Cangapol el Bravo”, cacique de los “tehuelches” que moraban en la sierra de “Casuatí” (de la Ventana), abrió también las hostilidades contra los cristianos, con más de mil guerreros, entre “tehuelches”, “huilliches” y “pehuenches. Invadió el pago de la Magdalena, solo distante 4 leguas de Buenos Aires; y sus hordas agilísimas, “en un día y una noche”, pillaron y talaron a los más ricos campos de la zona. muchos pobladores blancos fueron muertos, y sus mujeres y niños llevados cautivos al fondo de la pampa, junto con el abundante botín de 20.000 cabezas de ganado vacuno y gran número de caballos. Pero la ferocidad de esta guerra de mutuas represalias no podía prolongarse indefinidamente. En realidad San Martín — como sus futuros émulos militares hasta la total conquista del desierto, en 1879 por Roca — nunca logró atrapar a la indiada combatiente en campo abierto, a fin de aniquilarla en batalla decisiva. No bien se internaban 242

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los soldados del orden en la llanura, retrocedían los salvajes velozmente para contraatacar con malones repentinos en los lugares más desguarnecidos; en tanto las milicias hispano-criollas alcanzaban apenas a destruir una que otra toldería, donde se rezagaron algunos viejos caciques con la “chusma” indefensa. La expedición que me ocupa habíase puesto en marcha desde Luján, en un viaje directo hasta la “laguna de la Sal” (hoy en la provincia de La Pampa). De ahí rumbeó hacia el Este, fraccionada en partes volantes que se propusieron batir a los levantiscos infieles establecidos, supuestamente, en “Casuatí” y “en el lugar que se dice Tandil”. Al no encontrar enemigo ninguno en tales regiones, volvieron los expedicionarios a Buenos Aires; y al atravesar el río Salado por la “isla llamada del Carbón”, como broche final de la maloca, aplicaron su rigor contra la tribu del curaca llamado “Maximiliano”, acampada en ese punto, la que drásticamente resultó suprimida. El saldo de esta campaña encabezada por mi antepasado no fue del todo negativo, ni se redujo a una serie de crueldades inútiles. Nuestro Maestre de Campo lejos de ser despojado del mando — según lo escribió el jesuita Falkner y repitieron más tarde Lozano y Funes —, fue honrado por el Cabildo, cuya corporación, en acta fechada el 28-XI-1739, protocolizó “que cuanto acaba de llegar de la corrida el Maestre de Campo D. Juan de Samartín con todo su destacamento, con felicidad y buen suceso, se acordó que dichos señores Alcaldes pasaran a darle la bienvenida de parte de la ciudad”. Tras los fierros, el plomo y la sangre, los evangélicos intentos de pacificación El enérgico castigo recibido por algunas agrupaciones “tehuelches” y “huilliches” — o sean pampas serranos —, llenó de terror a los “puelches”, que vivían cerca de los españoles, y los jefezuelos determinaron presentarse a las autoridades de Buenos Aires para pedir la paz. Al efecto — consignaba el Padre Lozano — ocurrieron los indios ante el Gobernador Salcedo “primeramente, y ante el Capitán San Martín después, solicitando que ratificaran la vieja paz y amistad con ellos. Se les dijo que no había inconveniente, pero había de ser con la condición de que se reunieran en una San Martín

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Reducción y se informaran del espíritu y de las leyes cristianas. De lo contrario se los consideraría como enemigos declarados del nombre español”. Los pampas aceptaron esas condiciones, “y prometieron reunirse en pueblo para conocer y practicar la vida de los cristianos”. Salcedo encomendó, por tanto, a los jesuitas la tarea de congregar y adoctrinar a dichos indios; y el Provincial Antonio Machoni, dispuso que los padres Manuel Querini y Matías Strobel — diestro “en el arte de convertir fieras en hombres” — fundaran, en adecuado sitio, la condigna Reducción. El Cabildo, a su vez, en acuerdo del 9-II-1740, destacó que “por interposición espresa del Maestre de Campo Don Juan de Samartín, se ha conseguido la especial gloria de que expontáneamente hallan venido los indios pampas infieles a pedir doctrinantes, para convertirse a nuestra Santa Fé Católica y conocer a nuestro Creador y Redentor Jesucristo”; por lo cual — resolvía el Cabildo — “se le den las gracias al referido Maestre de Campo por el celo con que ha concurrido y concurre a esta dependencia”. El padre Strobel, luego de una exploración preliminar, eligió como mejor asiento para la reducción en cierne, unas tierras en la otra banda del río Salado. En consecuencia, una vez congregada la tribu “puelche” a la vera del Riachuelo — en el puente de Galvez o de Barracas, cree el historiador Furlong —, el 9-V-1740, desde esas afueras urbanas, los doctrineros acordaron partir hacia aquellas tierras distantes del sur, llevando consigo algunos carpinteros y albañiles guaraníes, a fin de establecer allá la misión proyectada. Juan de San Martín, en tal oportunidad presidía la concentración referida, habló a los futuros neófitos pampas “con unas palabras bien cristianas y bien ponderadas” — según Lozano —, explicándoles “la obligación que tenían de obedecer a Cristo y a su Evangelio, y para esto ser fieles a los Padres de la Compañía; solo así — dijo — “serían verdaderos vasallos del Rey Católico”. Acto seguido, el jefe guerrero se puso a disposición de los misioneros, “entregándoles solemnemente los indios”, en tanto los Padres ocuparon “el lugar de honor en que aquel se hallaba”. Al frente de la tropa, sin embargo, viajó San Martín con ellos hasta las márgenes del Samborombón, donde se despidió de Querini y de Strobel, para tornar a la ciudad; mientras los valientes misioneros de Cristo, seguidos por la caravana indígena, entraban en el desierto para 244

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instalarse en él. Y el 26 de mayo, al otro extremo del Salado, en el lugar llamado actualmente “Lomas de Santa Isabel”, en medio de los campos que formaría después la estancia “El Rincón de López”, quedó establecida la Reducción jesuítica “de la Concepción”; cuya existencia, por falta de recursos resultó precaria, ya que doce años más tarde, en 1752, el reducto civilizador de referencia tuvo que ser abandonado por los religiosos. Como se dispuso entretanto la defensa de los campos fronterizos En 1740 el Gobernador Miguel de Salcedo encargó a San Martín organizar un servicio regular de vigilancia para la campaña, en momentos de verdadero riesgo, ya que aquel terrible “Calelián” acababa de convocar a los “aucas” (de origen “araucano”, genéricamente conocidos por “pampas”, venidos de Chile a robar el ganado de las planicies bonaerenses; “auca”, en su lengua, significa “alzado”, “rebelado”), y con ellos preparaba un ataque en gran escala contra los cristianos. Nuestro Maestre de Campo al frente de sus escuadrones salió de recorrida por las estancias del distante confín; en tanto el Capitán Pablo Barragán, con 130 milicos, era enviado a la novísima Reducción jesuítica “de la Concepción”, a efectos de protegerla de algún asalto posible. Por otra parte, los vecinos del pago de la Magdalena ofrecieron sus servicios al Cabildo “para salir con doscientos sinquenta hombres a restaurara los cauthibos y hasiendas robadas en dicho pago”. Mas, a pesar de todo, las cafilas “aucáes”, burlando a las patrullas del gobierno, en el corto espacio de casi dos meses — de fines de agosto a principios de noviembre — llevaron a cabo tres sorpresivos malones: en Fontezuelas, en Luján y en la Matanza; deteniéndose los indios a solo 7 leguas de Buenos Aires, en las proximidades del oratorio de la estancia de “San Antonio del Camino” (futuro pueblo de Merlo). Los estragos cometidos por los bárbaros de “Calelián” resultaron considerables. El Cabildo, consternado, acudió al Gobernador en demanda de “armas, bíberes y peltrechos”, destinados al refuerzo de la defensa territorial que pusiera coto a tales desmanes; pero — cual apunta el historiador Marfany — “las gestiones no tuvieron mejor resultado porque también estaba exhausta la real San Martín

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hacienda, a causa de los excesivos gastos que se habían hecho en el bloqueo de la Colonia del Sacramento, para expulsar a los portugueses que la ocupaban”. A su vez, el 8 de diciembre, el Maestre de Campo San Martín, desde su campamento en la Matanza, donde se encontraba movilizando sus elementos de combate, les daba cuenta a los Regidores porteños, por escrito, como le habían fallado 215 hombres: “los que presentaron el memorial ante el señor Governador”. Se quejaba el remitente porque de la Magdalena no le llegaron más que 35 voluntarios de aquellos 250 milicianos que prometieron enviar sus vecinos. Señalaba también que los hombres venían a pié, atenidos a que el Maestre de Campo les diese los cavallos para la entrada”; y que el infrascripto mandó recoger “quantos cavallos a havido”, pero fueron muy pocos, a causa de la falta de agua y pasto por la gran seca que soportaba la región. Concluía San Martín manifestando que, en tales condiciones de inferioridad militar no podía moverse, ni emprender ninguna acción guerrera. El 11-II-1741, nuestro comandante enviaba al Cabildo otra comunicación por la cual solicitaba se proveyera de carne a los efectivos de su mando, pues “no avían podido conseguir matadero alguno para cómodamente servir a Su Majestad, por la mucha pobresa en que se allan”. Y a fines de ese mismo año, el 17 de diciembre, pedía dicho jefe, por sí y por los demás vezinos de campaña”, licencia para ir en busca de sal a las Salinas Grandes, sin necesidad — puntualizaba — “de escolta ni víveres, sino que cada qual yrá a sus espensas”. Y el Cabildo resolvió dar ese permiso únicamente a “los vezinos, y que dicho Maestre de Campo por aora no salga en persona, sino que remita sus carretas”, donde se cargarían en los yacimientos salineros. En una de las tantas actas cabildeñas, encuentro que el año 1745 se le pidió, a mi antepasado, razón de los pertrechos de guerra que oportunamente recibiera para enfrentar a los infieles; lo que este satisfizo en seguida, exhibiendo 18 comprobantes de recepción de aquellas armas y municiones, en cada caso. También el 13 de diciembre de ese año, el Gobernador Andonaegui le propuso al Ayuntamiento que de los “propios y arbitrios” de la ciudad, se le fijara “alguna ayuda de cozta a Dn. Juan de Samartín ... en quien concurren las circunstancias exensiales para el efecto”, pues dicho 246

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jefe necesitaba “subvenir a los grandes gastoz” para mantenerse en su empleo con la “desensia devida”. Empero los capitulares no hicieron lugar a la propuesta del Gobernador, porque si bien “el Maestre de Campo don Juan de San Martín tiene todas las prendas de experiencia, celo y actividad que Su Señoría propone en su carta ... respecto de que se le consigne alguna costa anual por el trabajo que ha de tener, en este ejercicio ... debe (el Cabildo) hacer presente a Su Señoría que ... los propios de la ciudad no son suficientes para sus gastos precisos ... y no alcanzan para la consignación que Su Señoría se propone”. El 3-III-1746, “Su Señoría” Andonaegui remitió al Cabildo un título de Maestre de Campo despachado a favor de Juan de San Martín, a objeto de que la corporación se lo entregara en propia mano al interesado; cosa que el Cabildo hizo, muy protocolarmente, por intermedio de los Regidores Juan Vicente de Vetolaza y Juan de Eguía, éste último yerno del militar dignificado. Un par de meses después, el 20 de mayo, el Maestre de Campo que me ocupa, pidió al Ayuntamiento le remitiera 100 lanzas, “para acabar de armar a muchos pobres vecinos que no tienen forma de costearlas”. Expresaba el solicitante que él ocurrió con anterioridad al Gobernador, el cual solo le mandó 60 lanzas, “diciendo no haber providencia en los almacenes”. Enterados de esto los Regidores, acordaron que por ser tan preciso lo que se pide, por resultar en vien común, podrá dicho Maestre de Campo mandarlas hacer (a las chuzas) a los maestres herreros o armeros que huvieran en esta ciudad, procurando la mayor equidad en el precio”. Y el 15 de septiembre siguiente, San Martín comunicaba al Cabildo como “por hallarse enfermo e incapaz de poder personalmente hacer entrada a reconocer las campañas y buscar los indios infieles que hostilizan estas fronteras”, dispuso una expedición punitiva de 400 hombres “al mando del Sutheniente Juan José de Islas”, para quien solicitaba 100 pesos “de ayuda de costas”; y además pedía “un capellán y cirujano”, para sobrellevar las contingencias espirituales y temporales que pudieran ocurrir y, de esta suerte, la expedición “vaya con la gente contenta y consolada”.

San Martín

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Los dispendios castrenses pesaban sobre el bolsillo del galoneado veterano En otra oportunidad, el 2 de diciembre, San Martín pidió licencia al Gobernador para “sacar” — es decir exportar — a la provincia de Paraguay, “mill cavezas de ganado bacuno novillaje”, a fin de que con la venta de esas reses aligerar los gastos que le ocasionaba su cargo de Maestre de Campo, pues dijo no tener otros recursos para “alivio de su casa y familia”. Andonaegui remitió esa solicitud al Cabildo, y allí originóse un interesante debate. El Alcalde de 1º voto Juan Martín de Mena Mascarúa manifestó que, en su opinión, se debía otorgar la licencia que pedía San Martín, y que tales 1.000 cabezas no podían perjudicar demasiado a la causa pública, siempre que no se extrajeran otros ganados a espaldas del Cabildo, lo que no era de creer hiciera el interesado, “dado el celo y buen proceder de dicho Maestre de Campo, a quien no se le debe negar lo que pide, por ser cierta la relación que hace en su memorial, y también los servicios al Rey y a la República que actualmente está prestando con afán y dispendio de su sosiego”; pero — precisaba Mena — dicha licencia no ha de “hacer exemplar (crear precedente) para otros en quien no haya los motivos expresados u otros equivalentes que puedan obligar en lo venidero”. A continuación, el Alcalde de 2º voto Gaspar de Bustamante adhirió a los conceptos de su colega; como igualmente lo hicieron el Alguacil Mayor Antonio de la Torre y los Regidores Vicente Vetolaza y Juan de Rivas. En cambio Juan Antonio Giles — fuerte estanciero en Areco y vecino de San Martín — fue “de sentir que no se conceda la dicha licencia, en atención a estar destruídos y consumidos los rodeos del ganado del abasto de la ciudad”; a causa de las crecidas cantidades de vacunos que se sacaron fuera de la jurisdicción bonaerense; del gran desorden con que se efectuaban las matanzas; de las extraordinarias desolladuras que tuvieron que hacerse a fin de completar las porciones de corambre exportadas en los navíos de registro; además de toda la hacienda que los indios se robaron en sus malones recientes. Por cuyos motivos — advertía el cabildante Giles — era necesario “celar la extracción de dicho ganado, para que no llegue a su total exterminio, y hasta que vuelvan a restablecerse los rodeos con las nuevas crías”. 248

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Finalmente el Regidor García de Zúñiga expuso que, “según la experiencia que tiene, el año pasado se juntaron de diezmo 10.000 cabezas de ganado y este año 12.000”, lo que señala un aumento y no una merma en los animales del abasto; en consecuencia votaba de acuerdo con la opinión del Alcalde de 1º voto — o sea de la mayoría — en el sentido de concederle a San Martín la venia para sacar esas “mill cavezas de ganado bacuno novillaje”, de su estancia en Arrecifes, y arrearlas hasta el Paraguay donde serían vendidas. Los campos del protagonista de esta histórica narración La dilatada superficie campera que explotaba Juan de San Martín Gutiérrez de Paz, encerrada entre los ríos Arrecifes, Baradero, Areco y la Cañada Honda, comprendía a cuatro estancias, que con el correr del tiempo se integraron mediante la suma de ocho fracciones originariamente distintas; la mayor parte de ellas compradas o recibidas de merced por los antepasados del titular, quien, a su vez, las heredó; en tanto otras fueron adquiridas por su dueño directamente de terceros. En la manifestación de bienes que este hizo, el 30-VI-1714, en vísperas de casarse con María Rosa de Avellaneda Lavayén Ponce de León, declaró poseer cuatro estancias; una sobre la Cañada Honda con dos leguas de frente a ambos extremos de ella. Otra a la margen del río Paraná (que fue de Ramón Machado), de una legua y media de frente e igual extención de fondo. Otra, con dos leguas de frente al río Paraná, llamada “El Rincón de Baradero”. Y otra más sobre el río Arrecifes. En tan vasto circuito territorial pastoreaban entonces 10.500 yeguas, 850 mulas, 3.500 vacas, 220 burros, 300 caballos y 3.000 ovejas. Aquellas ocho distintas fracciones originarias que conformaron dichas cuatro estancias, vinieron a poder de Juan de San Martín Gutiérrez de Paz en la siguiente forma: 1ª) En 1645 Bartolomé Burgos le vendió a Roque de San Martín (abuelo) 3000 varas de unas tierras frente al río Areco, que Burgos heredó de su mujer Catalina de Encinas. 2ª) En 1681 los cónyuges Antonio Romero y Francisca Bernal de los Cobos transfirieron al Capitán Juan de San Martín (padre) una suerte de estancia en la otra banda del río Areco y sobre el río Baradero; estancia que dichos vendedores hubieron por herencia del San Martín

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padre de Antonio; Juan Romero: el cual, a su turno, había heredado esa tierra de su madre, María de Garay (hija de Juan de Garay “el Mozo” y nieta del Fundador de Buenos Aires), esposa de 1as nupcias de Bartolomé Pintos, y de 2as del Sargento Mayor Diego Romero, abuelo de los enajenantes. 3ª) En 1682, Ambrosio López Camelo vendió a Juan de San Martín (padre) una legua de terreno sobre el río Baradero, que lindaba, “por la parte de arriba” con tierras de Juan Romero (antes de Juan de Garay “el Mozo”), y por “la de abajo” con tierras de Miguel Pintos (que pertenecieran también a Garay “el Mozo”). 4ª) En 1685 María de Garay (tataranieta del Fundador), viuda de Juan de Godoy, le vendió a Juan de San Martín (padre) unas tierras sobre el río Arrecifes, lindantes por el Norte con Gaspar de Godoy (marido de Isabel Gómez de Sarabia), y por el Sur con tierras del comprador San Martín. Correspondieron esas tierras a la vendedora por haberlas heredado de su madre Juana Pintos, esposa de García Espinosa. 5ª) El 30-III-1686, el Gobernador José de Herrera Sotomayor otorgó de merced a Juan de San Martín (padre), una fracción de campo sobre el río Arrecifes, “desde el lindero de Gaspar de Godoy, río arriba, hasta topar con la primera merced que hallare”; y también lo agració dicho Gobernador a San Martín (padre) con “todas las tierras que estén vacantes entre los ríos Arrecifes y Areco, con el arroyo que llaman el Sauce (hoy Cañada del Jugüel), Camino Real que va a la ciudad de Santa Fé”. Tales campos lindaban, por el Oeste con la vieja merced de mi antepasado Rodrigo Ponce de León (que adquiriera en 1729 Nicolás de la Quintana, otro antecesor mío), y por el Este con más campo de San Martín. 6ª) El 14-V-1697, Francisco de Cabrera vendió a Juan de San Martín (padre), 333 varas de unas tierras “en el Rincón del Río Baradero”, las cuales limitaban por el Sur con las del Capitán Ramón Machado y las de Gregoria Cabrera, viuda de Diego Giles; y por el Norte con campos del comprador San Martín. A Cabrera habíanle correspondido esas tierras por herencia de sus padres. 7ª) el 4-X-1714, Juan Giles le vendió a Juan de San Martín Gutiérrez de Paz 333 varas de tierra “frente al Río Paraná en la Cañada Honda”, linderas por el Norte con tierras del comprador, y que el vendedor heredó de su madre Gregoria Giles. 250

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8ª) También ese 4-X-1714 Juan de San Martín y Gutiérrez le compró a Tomás Monsalve, un campo de 3.000 varas de frente por 9.000 de fondo, que se ubicaba “en la otra parte de la Cañada Honda”, y limitaba “por abajo” con tierras pertenecientes al dicho San Martín, y “por arriba” con las de Sebastián Machado. El referido campo fue heredado por Monsalve del Capitán Ramón Machado, quien lo había comprado a Lorenzo Melo. Por lo demás, esa “suerte en la Cañada Honda”, originariamente, fue del General Juan Tapia de Vargas, recibida por éste de merced. Maneras de sosegar al indiaje pampeano, y un festival que hizo época en la ciudad El 15-VII-1747 destacó nuestro personaje, en una de sus habituales notas al Cabildo, el peligro que significaría la posibilidad de que los indios pampas, amigos de los españoles, llegaran a coaligarse con las demás “naciones” salvajes del desierto. Entre los pampas había cundido, en los últimos tiempos, un gran descontento, debido a la intolerancia del Deán y del Cabildo Eclesiástico local, que ordenaron la absoluta supresión del suministro de bebidas alcohólicas para tales indígenas de dudosa mansedumbre, excomulgando a quienes les vendieran aguardiente y vino. Tal prohibición — decía San Martín — “les es a los dichos indios en el todo displicente, por cuia causa podrán quebrantar la paz de que actualmente se está gozando”. El veterano jefe de fronteras pedía, en consecuencia, gestionara el Ayuntamiento ante las jerarquías eclesiales “se sirvieran alzar dicha excomunión en quanto a la bebida, por ser práctica corriente en el Reyno de Chile y demás provincias venderles a los indios bebidas para conseguir su amistad y sosiego”. Este empeño de quien tanta experiencia tenía en la materia, les pareció razonable y oportuno a los cabildantes, por lo que se acordaron ocuparse de que aquella amenaza de excomunión fuese levantada, mientras el Maestre de Campo, “como persona práctica, verá el mejor medio que se halla de tomar, para que a dichos indios se le suministre la dicha bebida, sin que sea perjudicial a esta ciudad”. Y a propósito de ciudad, en noviembre de 1747 celebráronse en Buenos Aires las fiestas por la exaltación al trono del Rey Fernando VI. Durante quince días, se sucedieron los desfiles religiosos y San Martín

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militares, los fuegos de artificio, las comedias, saraos, músicas, toros y cañas. Y no era para menos, ya que tales muestras de regocijo llevábanse a efecto luego de guardar la población entera seis meses de luto, en los que no se interrumpieron los funerales por la muerte de Felipe V, padre y antecesor del nuevo Monarca. Así pues, clausuradas las pompas fúnebres, llegaron las horas alegres y divertidas; las lidias de toros y el “juego de cañas”, que gozaban entonces de gran auspicio popular. Adoptado en la Península materna desde la dominación de los moros, el “juego de cañas” consistía en un torneo de destreza a caballo, en el cual los participantes — señores de viso exclusivamente — simulaban combates agrupados en distintas cuadrillas, provistos de cañas en vez de armas, en cuyas competencias, muy a menudo — igual que en los encuentros deportivos actuales —, asomaba la violencia. Ahora bien, cierto día de aquel noviembre de 1747, a las cuatro de la tarde, esa ardorosa disputa cañera tuvo por escenario nuestra Plaza Mayor bajo la dirección del Maestre de Campo Juan de San Martín, sin duda el veterano equitador de más renombre en estos pagos sureños. Participaron en la justa, fiscalizados por mi antepasado, cuatro bandos o equipos de 12 hombres cada uno: “moros”, “turcos”, “indios” y “españoles”, lujosamente vestidos según a la cuadrilla que pertenecían, en especial los “turcos” y “moros” que ostentaba ropas de brocato guarnecidas con fajas de plata y oro, “que daban en muestra al Oriente”. Los jinetes del torneo emprendían a la carrera audaces evoluciones con sus corceles; figuras de pelea; ataques y esquives; arriesgados virajes, aprontes y pechadas; ya individualmente, ya en armónico conjunto. Iniciábase el juego con la salida a gran galope, desde uno de los ángulos de la Plaza, de un jinete “turco” — por ejemplo. Entonces, del extremo opuesto, irrumpía rápidamente un “indio” que lo perseguía y le lanzaba unas boleadoras rematadas con naranjas. Así, en ristre las cañas y protegidos por adargas, arremetíanse alternativamente los integrantes de los cuatro equipos competidores, en lucido derroche de cabriolas y habilidades ecuestres que encantaban al público de cualquier extracción social; ganando el caballeresco enfrentamiento, el bando que mejor había esgrimido sus cañas y esquivado las contrarias. 252

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Finalizada la ardorosa pugna, el Alférez Real obsequió a los participantes con sendas medallas que llevaban la imagen del Rey de un lado y en el otro el escudo de Buenos Aires. Dada la importancia que antaño tenían dichos festejos públicos, agrego el siguiente detalle pintoresco: Un mes antes de iniciarse las diversiones, San Martín le hacía saber al Alcalde Rodríguez de Vida, que si bien él ya llevaba “alistadas a todas las personas que havían de salir al juego de cañas y acompañamiento del Real estandarte”, con los trajes y caballadas de cada cuadrilla, dichas personas “se excusaban la maior parte”. Enterado el Cabildo de tales negativas que conspiraban contra el éxito del festival, se dirigió al Gobernador Andonaegui, con el pedido de que “atendiendo a que la función es la más clásica de las que puede haber, a la que están todos obligados sin que para ella aya esepción de persona”, Su Señoría mandara pregonar un edicto “ordenando concurran todas las personas que por parte de dicho Maese de Campo han sido alistadas para dicha función de cañas, bajo pena de multa de quinientos pesos”. Más acerca de las actividades de mi ancestral jerarca militar y diligente ganadero Poco tiempo después, el incansable Maestre de Campo dirigió al Gobernador una nota por la que pedía se impusiera una pensión o gravamen “a los vezinos estantes y avitantes de esta ciudad ... que no asen el servisio en las salidas que se ofresen al reparo de ella ... en las inbasionez que le asen los indios enemigos”. Andonaegui, por su parte, dió traslado al cuerpo comunal de dicho pedido; y los Regidores entonces, el 22-I-1748, acordaron que “a este Cavildo no le es facultatibo pensionar ni imponer gabelas, por tocar esto solo al Gobernador; que asta aora se a suministrado al Maese de Campo D. Juan de Sa Martín los avíoz nesesarios en las ocasionez que se an ofresido de salidas de su xente a la campaña”. Acorde a ello, “ni ai motivo, por aora, para dicha imposición, porque (el Ayuntamiento) procurará executarla y contribuir con todas sus fuersas para lo susesibo”. En la primavera de 1748, una sequía tremenda asolaba la llanura circundante y, el Cabildo, se había puesto a analizar tan grave problema, directamente vinculado al abasto de la comunidad urbana; San Martín

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dada “la suma escasez que se experimenta de la carne por la esterilidad de los campos ... y a que algunos suxetos, de los vesinoz de esta ziudad, tienen porsión de ganado, y que éste es de buena calidad”. Entre esos “suxetos” figuraba Juan de San Martín, a quien se le pasó “recado de cortesía, asiéndole manifestación de la urxensia que ai del abasto”, a fin de que “lo execute dando carne en el tiempo que se le asignare”. Acerca de este asunto, el 16 de septiembre del año referido, el Fiel Ejecutor Juan de la Palma, informaba a sus colegas “que aviendo visto al Maestre de Campo Juan de Sa Martín, sobre que diese abasto de carne a la ziudad”, el requerido estanciero le respondió “que por lo presente no podía dar ni traer el dicho ganado, respecto de la esterilidad del tiempo, y que lo daría para enero”; pero que cierto grupo de hacendados del pago de Luján, cuyos “ganados están razonables”, se hallaban en condiciones de suministrar reses de consumo. Y el 1 de octubre siguiente, San Martín, en persona, acudió al Ayuntamiento; y “en carácter de Maese de Campo a cuio cuydado está la defensa de las campañaz por correr a su cuidado las milizias”, dió cuenta de las medidas ordenadas por él para conjurar el alzamiento y dispersión de las haciendas que, a causa de la gran seca, huían de las estancias fronterizas con peligro de ser llevadas por los indios. A fin de hacer el “recoxo” de esas bestias alzadas, y que las “entren para dentro de sus querenzias”, San Martín había destacado a distintos Capitanes al mando de sus compañías en los siguientes pagos; Arrecifes — la caridad empieza por casa —, Areco, Luján, Las Conchas, Matanza y Magdalena; los cuales destacamentos, si bien lograron repuntar a gran parte de los animales arreándolos a sus estancias, hallábanse listos para salir de nuevo, “con la xente de dichos pagos, a recorrer por su uviera quedado algo disperso”. Por lo demás, el Cabildo satisfecho con estas explicaciones, acordó se apartaran y trajeran hacia el pago de Luján 500 o 600 vacunos, “si los huviere de calidad que puedan servir para sacarles algún sevo y grasa para remediar dicha falta”. Sin perjuicio de que el Alcalde de Hermandad, Pedro Leguisamo, examine “las cavezas que huviere de cada vesino hasendado, y de sus yerros haga una nómina expresando con toda claridad las que pertenesen a cada uno, para satisfacer a cada uno lo que le corresponde”. De esta manera, sencilla y ejecutiva, conciliaba el Cabildo los derechos individuales de 254

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propiedad con los intereses colectivos del pueblo, dentro de aquella economía enderezada al bien común, sin sobresaltos sociales, que rigió la vida de Buenos Aires hace más de dos centurias. Siempre diligente en su actividad, nuestro Maestre de Campo solicitaba a las autoridades, en septiembre de 1749, permitieran a su “jente de guerra que mantiene las fronteras de Luján”, saliera a vaquear al campo, “a cojer el ganado que anda disperso”, en procura de la “manutensión de aquella guardia”; sin que dichos milicianos abandonaran su apresto, a la espera de una invasión de “aucáes”denunciada por el padre Matías Strobel, desde la Reducción jesuítica de “Nuestra Señora del Pilar” (en la estancia “la Mar Chiquita”, hoy a escasos kilómetros de Mar del Plata). Asimismo, aquel jefe, un año después, se preparaba “para echar a campaña quatrocientos ombrez al castigo de los yndios serranos que días pasados (agosto de 1750), ostilizaron la guardia del Sanjón” (al margen del río Samborombón, en el ahora partido de Coronel Brandsen). El Cabildo, por su parte, el 23-VIII-1751, le urgía a San Martín tomar las providencias necesarias que permitieran “poner remedio conveniente en las fronteras desta jurisdicción”, recientemente asaltadas por los salvajes en Pergamino, con el triste saldo del asesinato del “theniente de cura y otros más vezinos”. Empero, esta vida azarosa de correrías y de constantes malocas contra los pampas intrusos, debía de terminar alguna vez para mi antepasado. En consecuencia, el 17-VI-1752, San Martín solicitó al Ayuntamiento, “por lo que ase y aser puede al vien público”, ocurriera al Gobernador para que lo relevara de sus funciones militares; puesto que — dijo — “mediante cargado de años y enfermo” (frisaba en los 66 a la sazón), no podía “dar ya espendio a las cosas del cargo de Maestre de Campo de Milicias”. Dicho pedido de baja era por demás razonable, y los Regidores lo resolvieron conforme a los deseos del interesado, promoviendo como reemplazante suyo, al Capitán de Dragones Lázaro Mendinueta. Todavía el 8-VIII-1753, el Cabildo le requirió a San Martín dar cuenta y razón de las armas — “cuarenta vocas de fuego y una porsión de sables” — que éste conservaba en su poder. Tal fue la postrera referencia sobre el veterano “conquistador del desierto”, manuscrita en las actas del municipio porteño.

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Otros datos que complementan la presente biografía Paralelamente a los servicios militares de frontera y a sus labores de estanciero, realizadas en los campos de Arrecifes, Juan de San Martín figura suscribiendo varias escrituras públicas. Ellos consta en distintos protocolos notariales que hemos revisado. Así, por ejemplo, el 28-V-1733, el “Capitán” San Martín otorgó una fianza, ante el Escribano Juan Antonio Carrión, a favor de Alonso García de Zúñiga, demandado en cierto pleito que le entabló Juan Silva de Arce. García de Zúñiga debía ausentarse de Buenos Aires, posiblemente a Montevideo, donde eran notorias sus relaciones comerciales con el empresario Francisco de Alzaybar, el célebre colonizador de la ciudad del cerro. El 9-II-1738, San Martín, ante Joseph Esquivel, daba carta de pago a Juan de Eguía, su yerno, Regidor del Cabildo, por 1.840 pesos que Eguía recibiera en préstamo anteriormente del otorgante. Y el 2VII-1740, también ante Esquivel, San Martín, con poder de Roque Azocar (pasado en el mismo registro el 27-VII-1733), vendió a Bartolomé Blanco una casa en Buenos Aires de propiedad de Azocar, ausente a la sazón en el Perú, primo hermano del apoderado, hijo de la tía de éste Francisca San Martín Humanés. Asi mismo, el 19-VII-1743, ante Esquivel, San Martín como apoderado de Francisco de Merlo, canceló un censo de 200 pesos que el Síndico del Convento de San Francisco, Tomás de Arroyo y Arteaga, en nombre de la comunidad seráfica, había colocado en hipoteca sobre la chacra del expresado Merlo. Y el 25-IX-1747, ahora ante Francisco de Merlo en su registro notarial, Juan de San Martín le compró a Alonso Pastor un mulato esclavo llamado Baltasar. Como el 3-VI-1750, igualmente ante Merlo, nuestro Maestre de Campo hacía donación a Gerónima de San Martín, su hija, mujer de Juan de Eguía, de un “sitio” de 18 varas de frente y 203 de fondo, en la ciudad de Buenos Aires. A propósito de la amistosa relación de San Martín con Francisco de Merlo, aquel, en cierta forma, coadyuvó a la fundación del pueblo bonaerense que hoy lleva el apellido del segundo. Veamos como; por junio de 1738, el respetable Escribano Merlo, presentó al Cabildo una petición tocante a que en su estancia “San Antonio del Camino”, apartada 7 leguas de la ciudad en el “pago de Las 256

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Conchas”, se le permitiera fundar “un pueblo de españoles ... a su costa y sin el menor dispendio del erario”. Merlo había levantado una Capilla en su propiedad, la cual — desde 1731 — servía de parroquia en el lugar; en torno de cuyo campanario mandó plantar un monte de frutales y construir una vivienda y algunos ranchos. Tal casco primitivo, con su templete, quedaba a 300 varas del Camino Real que unía a Buenos Aires con las provincias norteñas y cuyanas. Así las cosas, la solicitud pobladora de Merlo seguía el lento curso burocrático, cuando en 1740 irrumpieron aquellos malones dirigidos por el cacique “Calelián”, que arrasaron a Fontezuelas y a los pagos de la Matanza y Luján, deteniéndose a escasa 7 leguas de Buenos Aires, casi sobre el oratorio de la estancia “San Antonio del Camino”. Ello justificó, pues la urgente necesidad de establecer el proyectado pueblo en ese sitio que serviría de valla a los ataques de la indiada. Por tanto, el 10-XII-1741, el Maestre de Campo Juan de San Martín, Comandante de aquellas fronteras sobresaltadas, destacó en un informe terminante la necesaria instalación de dicho pueblo. Y siete meses más tarde, el 10-VII-1742, allá en “San Antonio del Camino”, el dueño de la tierra repartió entre 15 familias los primeros solares del villorio en cierne urgido por el Maestre de Campo San Martín, cuya indicada fecha, — según el historiador Jose Torre Revello — puede considerarse la fundadora de la actual cabecera del partido bonaerense de Merlo. Acendrado espíritu religioso e inequívoca generosidad de Juan de San Martín Debo destacar ahora que ya en 1721 ese 6º abuelo mío había pedido al Cabildo le proporcionara 6.000 adobes a fin de terminar de construir una Capilla que sirviera de curato evangelizador para los indios capturados en las campañas del desierto. Dicha Capilla llamóse de “San Juan”, por devoción y homenaje al Santo cuyo nombre llevaba el fundador de la misma; quien la levantó en la esquina sudoeste de las actuales calles Alsina y Piedra, donde con posterioridad fue construído el templo parroquial de “San Juan Bautista”. Por 1749 llegaron de Chile unas monjas capuchinas dispuestas a establecer su orden en nuestra ciudad. Una Real Cédula las San Martín

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autorizaba a fundar su hospicio “en la quadra de tierra en que se halla la Yglesia de San Nicolás de Bari”. Empero, antes de instalarse en ese lugar, las religiosas consideraron “aquel sitio en los arrabales y extremo de la ciudad” (hoy yérguese allí triunfal el Obelisco), “terreno sumamente bajo que aún en lo más vigoroso del verano conserva la humedad de la lluvia del invierno, dificultándose, en ambos tiempos, el tránsito por los muchos pantanos de las calles”. Además, el “río único de donde se provee la población”, estaba lejos del convento, lo que requería mantener “dos hombres con dos caballerías que continuamente estuviesen llevando agua para todo el gasto”. A su vez el Gobernador Andonaegui opinó que el barrio de San Nicolás “era de gente común y pobre que se mantiene de la matanza del ganado para las carnicerías”, y ello “causaría el alboroto, malos olores y grave inquietud y perjuicio a las Religiosas”; sobre carecer de “agua para beber, guisar y labar”, pues “los pozos de este país, por lo salobre de ellos, son inútiles para todo”. Planteados los inconvenientes, “sucedió — es la Abadesa capuchina quien lo destaca — que el cavallero Don Juan de San Martín, Maestre de Campo de Milicias, vino a este hospicio y nos ofreció gratuitamente hacernos donazión de la Yglesia del Señor San Juan, que fabricó a su costa, siendo con la condición le mantuviéramos su culto en ella”. Esto complació mucho a la Superiora ya que en contraste con el barrio de San Nicolás, “la mayor parte de la quadra en que está fabricada la Yglesia de San Juan es despoblada y limpia, a excepción de algunas pequeñas casas que, por aora, no se necesitan para la fábrica completa de nuestro Monasterio, y todo el expresado terreno está en paraje elevado”. Tales constancias y pedimentos se elevaron al Rey, y éste el 22-III-1753, previo dictamen de su Consejo de Indias, resolvió aprobar la permuta que le solicitaban las reverendas capuchinas, las cuales se instalaron en la Capilla construida por Juan de San Martín. También mi antepasado tuvo participación en el establecimiento de la Casa y Orden de las monjas catalinas en esta ciudad, cuya iniciativa se debe al presbítero Dioniso de Torres Briceño, quien, en 1717, hizo colectar a ese fin la suma inicial de 40.000 pesos entre su parentela y amigos. Empero, como los trámites y dificultades previas a la materialización de la obra la demoraran más de la cuenta, los administradores de aquellos caudales los 258

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colocaron a réditos entre diferentes personas, con la condición de que los respectivos capitales serían reintegrado oportunamente, no bien pudieran iniciarse las obras del monasterio. En el inventario de los bienes y créditos de la piadosa entidad — practicado por el Escribano Merlo en 1737 — figura en una escritura de fecha 17-X-1733. que Juan Bautista de Sagastiverría y su fiador Juan de San Martín, debían al fondo pro Convento catalino, 2.000 pesos de capital “principal”, que dichos deudores integraron, sin duda, a su tiempo; cuando gracias a la acción posterior de Juan de Narbona y de sus herederos, tras no pocas dificultades, el templo y parte del claustro, se pudieron financiar, construir e inaugurar el 21-XII-1745, en el lugar donde hoy se encuentran; en la intersección noreste de las calles San Martín y Viamonte, que correspondían, en aquella época, al “Barrio del Retiro”. (Trato con más detalles la fundación del Convento de las Catalinas, en el capítulo que dedico al apellido Cabezas). Enlace, últimas disposiciones, deceso y sucesión del histórico personaje Juan de San Martín y Gutiérrez de Paz — siendo Alcalde de 2º voto — fundó su hogar el 17-VII-1714, previa dispensa por consanguinidad en 4º grado, con María Rosa Ana de Avellaneda y Lavayén, (hija del Capitán y Regidor Gaspar de Avellaneda Gaona y de Josefa de Lavayén Ponce de León —ver sus respectivos linajes). Bendijo esa boda, en la Catedral porteña, el Obispo Fray Gabriel de Arregui Gutiérrez de Paz — deudo de ambos contrayentes —, ante los testigos; Antonio de Larrazabal, José de Ibarra, Joaquín de Trebiño Suazo, Pablo de la Cuadra y Baltasar de la Quintana. Como San Martín guardaba riguroso luto por la reciente muerte de su madre, los novios “se casaron, velaron y comulgaron de madrugada”. María Rosa trajo como dote al matrimonio 8.000 pesos, y San Martín, en concepto de arras, aportó un capital de 24.000 pesos; ello fue protocolizado en escritura pasada ante el Notario Domingo Lezcano. En la manifestación de bienes que el marido hizo a raíz de sus esponsales, declaróse dueño de una vivienda en la ciudad, sita en la “calle de San Juan” (ahora Piedras), estimando su valor en 1.600 pesos. El edificio constaba de cuatro aposentos, huerta a la calle y San Martín

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techo de tejas, hallábase amueblado con camas y sillas “de madera del Tucumán y de jacarandá”, y servido por 15 negros esclavos. Treinta años después — de acuerdo al censo y empadronamiento urbano que efectuó el Cabildo en 1744 —, en “casa principal” mi antepasado habitaba con su familia y 16 esclavos domésticos. Hogaño localizamos aquella vivienda en la esquina de las calles Piedras y Moreno, detrás de la Iglesia de San Juan Bautista. Juan de San Martín y Gutiérrez de Paz expiró a los 68 años y 8 meses cumplidos, el 3-XII-1754, “en una de sus haciendas del Arrecifes llamada el Rincón”. Antes había otorgado poder a sus hijos Carlos y Roque y a su yerno Marcos José de Riglos (5º abuelo mío), nombrándolos albaceas para que extendieran su testamento, conforme a las instrucciones que les dió. Dispuso sepultaran su cadáver en la Iglesia del convento de San Francisco, “con mortaja y cuerda del Santo Hábito”. De los hijos que tuvo vivían entonces 5: Jerónima, Roque, Francisca (mi 5ª abuela) y el clérigo Carlos (legítimos estos 4) y Juan Ignacio (natural). Los principales bienes denunciados por el causante fueron: la casa de su morada “en la calle de San Juan” y cuatro estancias “en el Río de los Arrecifes”, con cantidad de ganado — bovino, yeguarizo y mular — casas, corrales y esclavos. Con el 5º del haber hereditario debía fundarse una Capellanía de 4.000 pesos de principal, a fin de que se rezaran 100 misas al año — dotada cada una con 2 pesos —, por el alma del finado y de su mujer, en cualquier Iglesia y altar. De esa fundación debía nombraarse 1er Capellán el clérigo Carlos San Martín; y fallecido este, el cargo recaería en los descendientes legítimos del instituidor, con preferencia de mayor a menor, “sin distinción de líneas varonil o mujer, sino que todos entren en el lugar y grado que les corresponde, atendiendo solamente a la inmediación y mayor edad”. En caso de no haber clérigos entre la posteridad aludida, será Capellán un indeterminado sacerdote. Este testamento extendióse por los albaceas del Maestre de Campo “nuestro padre”, Carlos y Roque San Martín y Marcos José de Riglos, el 21-III-1755, en el Registro del Escribano Francisco Javier Ferrera, y ante los testigos Clemente Cordero, Juan Joseph de Castro, Juan Agustín de Ibarra y Juan Grande. Y la sucesión del difunto tramitó seguidamente en el Juzgado del Alcalde de 1º voto Luis de Escobar y Gutiérrez. En el cuerpo de bienes heredables figuraban estas estancias: “La Cañada Honda” (una legua de frente y 260

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legua y media de fondo); “El Rincón de Arrecifes” (dos y media leguas de frente y una y media de fondo); “El Paso” (2.500 varas de frente y una y media legua de fondo); y “La Cañada Bellaca” (una legua y tres cuartos y de frente y media legua de fondo). Los esposos San Martín Gutiérrez de Paz-Avellaneda Lavayén Ponce de León, procrearon los siguientes hijos: 1) Jerónima Isabel de San Martín Avellaneda, baut. el 1-XII-1716. Casó el 20-III-1736 con Juan de Eguía y Garmendia, nac. en Pamplona, Navarra, Capitán, Regidor y Alcalde de 1º voto del Cabildo porteño (hijo de Martín de Eguía y de María de Garmendia). Juan y Jerónima fueron padres de: A) Juan Martín de Eguía San Martín, baut. el 4-IX-1737. B) María Teresa de Eguía San Martín, baut. el 12-V-1739. Casó el 26-VI-1755 con José Blas de Gainza Leyza, nac. en Alduncín, Navarra (hijo de Pedro de Gainza Zubía y de Teresa de Leyza). Fue José Blas Regidor y Alcalde de Bs. As. Entre sus hijos señalo a: I) Manuela de Gainza Eguía, que casó con José Matías Bernal Betrín, padres de: II) Pedro Bernal Gainza que casó con Martina Lynch y Roo (ver el apellido Lynch). Ellos procrearon a: III) Martina Bernal Lynch, que con su marido José Miguel Torres Agüero hubo a: IV) María Cristina Torres Bernal, casada con Alberto Luis Bosch Peña. Hija de éstos fue: V) María Susana Bosch Torres, desposada con Eduardo García Fernández Elortondo, y madre de: VI) Eduardo Miguel García Bosch, 8º nieto de Juan de San Martín Humanés y actual poseedor del interesante cuadro al óleo de este antepasado. C) Manuel Francisco de Eguía San Martín, baut. el 24-XI1740. D) José Antonio de Eguía San Martín, baut. el 25-V-1747. E) Pedro Pablo de Eguía San Martín, baut. el 1-X-1749. Casó en Santa Fé el 19-V-1774 con María Candioti Cevallos (hija de Antonio Mujica Candioti y de María de Cevallos Monzón). Su descendencia prolonga el apellido Eguía. 2) Juana de San Martín Avellaneda, baut. el 20-I-1718. Falleció niña.

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3) Roque de San Martín Avellaneda, nac. el 14-VIII-1719. Capitán de Caballos Corazas, participó en los dos sitios a la Colonia del Sacramento, en 1762 y 1777. Fue — con su cuñado Marcos Riglos — albacea de su padre. Testó Roque el 11-VIII-1762, ante Joseph García Echaburu, nombrando albacea al Dr. Antonio Aldao, abogado de la Real Audiencia de Charcas. Dispuso ser enterrado en la Iglesia de San Francisco y declaró herederos a 4 hijos naturales suyos. A) Pedro San Martín. B) Agustina Rosa San Martín, nac. en 1749. Casó 1º el 1-V1769 con Pedro Martín Ferré, “natural de la Corte de París” (hijo de Martín Ferré y de Magdalena Carpenter). Viuda ella pasó a 2as nupcias con Benito Dinator y Lauda. Testó Agustina Rosa el 24-VII-1767, ante Joseph García Echaburu y la sepultaron en la Iglesia de San Francisco. Era madre de: Juana María, baut. el 28-V-1779 y de Mariana Francisca Javiera Ferré San Martín. C) Esteban San Martín. D) María San Martín. 4) Carlos de San Martín Avellaneda, baut. el 27-IV-1726, de 7 meses. Fue sacerdote, Doctor, Examinador Sinodal del Obispado, Comisario Calificador del Santo Oficio de Buenos Aires y Canónigo en Chuquisaca desde 1774 hasta 1794. 5) Ana Martina de San Martín Avellaneda, baut. el 16-II-1729. Murió antes de 1755. 6) Francisca Xaviera de San Martín y Avellaneda, nacida por 1728, en Bs. As. Aquí se casó el 22-VIII-1745 con Marcos José Francisco Javier de Riglos Alvarado, en cuyo linaje — Riglos — continúa la sucesión de estos 5os abuelos míos. 7) Juan Ignacio de San Martín, baut. el 30-VI-1721, era hijo natural de Juan de San Martín Gutiérrez de Paz. En efecto: el 30-XII1747, ante el Escribano José Ferrera Feo, compareció él “Maestre de Campo de Milicias Juan de San Martín” y “dixo que teniendo y conociendo por su hijo natural a Juan de San Martín y Portal, haberlo criado y tenido en su poder hasta el citado presente, y el dicho Juan de San Martín, como hijo y bueno, haverle servido con mucho zelo, amor, cuidado y desvelo, desde que tuvo uso de razón ... como al presente se halla con obligación de mujer e hijos, y para que pueda en alguna manera travajar para la manutención de ellos”, le donaba “tres 262

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quartos de legua en tierras de frente para estancia, con legua y media de fondo, en el pago de Arrecifes, río abajo del pueblo de indios de Santiago de Baradero, con frente a dicho río; las que han de empezar a correr desde la punta de los algarrobos, donde vive Mathías Moreno, río arriba, hasta topar cuatrocientas varas antes de llegar al dicho Pueblo de Baradero”. Tales tierras habíalas heredado el donador de su padre Juan de San Martín Humanés, y las poseyó con población y haciendas, y “se hallan Cañada arriba de la parte del Sur, hasta topar con el camino que va a Córdova, y tienen de fondo legua y media ... hasta topar con los fondos de las suertes principales de las Estancias de Areco”. Fue Juan Ignacio de San Martín, Maestre de Campo, y en luchas contra los indios de la pampa prolongó la tradición de sus mayores. Casó primeramente con María Justa del Casal, y luego contrajo 2as nupcias con Bernarda o Bernardina Ceballos Pastor (hija de Felipe Ceballos y de Bernarda Pastor). En la estancia de Arrecifes que le donara su padre, testó José Ignacio el 29-VIII-1778, ante los testigos Miguel Matienzo, Francisco Pereyra y Francisco Nicolás de la Torre, por falta de Escribano. Viuda entonces Bernarda Ceballos, pasó a 2as nupcias con aquel testigo testamentario de su finado esposo: Francisco Nicolás de la Torre. Fallecida dicha señora, hizo el inventario de sus bienes, el 20-V-1784, Francisco Julián de Cañas. Hubo la causante, en su 2º enlace, 3 hijas: I) Eugenia de la Torre Ceballos, casada con Domingo Rivero; II) Francisca Paula y III) Antonia de la Torre Ceballos. Fruto del 1er connubio de Juan Ignacio de San Martín con María Justa del Casal resultó: A) María Josefa San Martín del Casal, nac. en Arrecifes, que casó en Bs. As. en 1754 con Nicolás Brun, nac. en Waterford, Condado de la provincia de Munster, Irlanda (hijo de David Brun y de María Blanco — White?). Fueron testigos de la boda los tíos de la novia Roque y Ana Martina de San Martín Avellaneda. Del 2º matrimonio de Juan Ignacio con Bernarda Ceballos Pastor, provienen: B) José Mariano de San Martín Ceballos — acaso el mayor de los varones —. Sirvió en las milicias como Subteniente, desde 1799, en virtud de un despacho del Virrey Olaguer San Martín

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Feliú. Tras la primera invasión inglesa revistó como Teniente en la 7ª Compañía de tercio de Pardos y Morenos el 23-X-1806. A órdenes del Comandante Azopardo tomó parte en el sangriento ataque a los británicos a la ciudad el 5VII-1807, agregado a la artillería. “Supe sostener con entereza mi puesto — escribió el guerreante —, y hacer un vivo fuego en el Baluarte del Asta de Bandera que se me hizo el honor de confiarme”. Así lo certificó también el “Comandante de la Batería de los Olivos” Juan Bautista Azopardo, encareciendo el “gran celo” del Teniente “Josef Mariano Samartín”. Y el “Coronel de Infantería y Capitán del Real Cuerpo de Artillería” Francisco Agustini declaró asimismo que José Mariano “hallóse en mi presencia en el Baluarte de la Bandera de la Fortaleza de esta Plaza, en la función de ataque que tubimos contra los enemigos el día 5VII-1807, en que cumplió con su obligación en lo que le mandé durante el fuego, hallándome como Comandante de Artillería en aquel tiempo”. En mérito de ello, el 19-VII1809, José Mariano San Martín, graduado ya de Capitán, pidió en una nota al gobierno que por sus continuos servicios, y por la indigencia que padecía su familia, se le abonara el sueldo de su grado, “o el que fuere del agrado de S.M.”. Presumo que nuestro Capitán, antes del 25-V-1810, exhalaría el último suspiro. C) Juan Ignacio de San Martín Ceballos. Casó con María Andrea Cañas (hija del Sargento Mayor Francisco Julián de Cañas y de Juana Lagos y Sosa; n.p. de Juan de Cañas y de Manuela Orillo, casados el 18-VIII-1718). María Andrea era viuda en 1806; Juan Ignacio había fall. en Baradero el 14IX-1796. Ellos hubieron estos hijos: a) Hermenegildo Gerónimo San Martín y Cañas, baut. el 15-IV-1784. Casó con su prima Gabriela San Martín Gelves (hija de Francisco de San Martín Ceballos y de Ignacia Gelves y Zayas). Testó Hermenegildo el 15-I-1842 en Mercedes, Rep. Oriental del Uruguay. Declaró estos hijos: a1) Juan San Martín y San Martín, nac, en Baradero. Se casó el 15-I-1846 con Antonina de la

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Fuente Soler (hija de Victoriano de la Fuente y de Juana Manuela Soler). Con sucesión. a2) Cupertino San Martín y San Martín. a3) María del Pilar San Martín y San Martín, nac. en 1820. Casóse 1º con Juan Pablo Magallanes. De viuda contrajo 2as nupcias el 4-XII-1862 con el General Emilio Conesa, nac. en Bs. As. en 1824, activo militante unitario y guerrero del Paraguay (hijo de José Antonio Conesa y de Estefanía Casas, ambos españoles; él de Cartagena, ella de Burgos). Testó María del Pilar en Bs. As. siendo viuda, el 17II-1880, y fall. en Montevideo el 13-IV-de ese mismo año. Hija de su 1er matrimonio fue: I) Irene Magallanes San Martín que se casó con su tío 2º Nicolás Martínez San Martín Gelvez (hijo de Martín Martínez y de Manuela Carmen San Martín Gelvez), cuya sucesión enumero más adelante. Del 2º enlace de María Pilar provienen; II) Emila Conesa San Martín, esposa de Alejandro Conesa; III) Florencia Conesa San Martín, casada con Lino de la Torre; y IV) María Conesa San Martín, que casó el 2-VI-1880 con el Ingeniero Eduardo Clerici (hijo del Capitán garibaldino y luego Comandante de la legión italiana bonaerense Eduardo Clerici y de la criolla Enriqueta Ropes Grimau). a5) Josefa San Martín y San Martín. a6) Hermenegildo San Martín y San Martín, nac. en 1824 y fall. el 5-IX-1890. Casó con su sobrina Mariana Petrona Salas San Martín (hija de José Gabino Salas de Sar y de su 1ª consorte Petrona San Martín y Gómez). Fueron padres de; I) Hermenegildo; II) Francisco: y III) Vicenta San Martín Salas, que casó el 10-VI-1843 con Faustino Alsina Gómez Recio y prolongaron descendencia. a7) Bernardina San Martín; huérfana criada por Hermenegildo San Martín y Cañas — según declaró éste en su testamento. Se casó Bernardina el 20-IV-1850 con Juan Celestino Otero, nac, en Ferrol, San Martín

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Galicia (hijo de Cayetano Otero y de Tomasa García). Con sucesión. b) Francisca San Martín y Cañas, casada con el Capitán Gabino Anzoategui. Su hija Adeodata Anzoategui San Martín se casó en 1831 con Manuel José de Langenheim nac. en Bs.As. el 1-I-1811 (hijo de Manuel Antonio Langenheim, nac. en Madrid por 1775 y de su 1ª esposa María del Rosario Amores; n.p. de Antonio Langenheim y de Raymunda Birmingham; n.m. de Antonio Amores, nac. en Murcia y de Felipe Pérez Camelo, nac. en Montevideo). Con sucesión. D) Francisco Modesto Bruno de San Martín Ceballos, Capitán de Dragones (peleó en la batalla de Salta el 20-II-1813) y estanciero bonaerense. Casó el 6-VII-1785 con María Ignacia Gelvez y Zayas, nac. en Cañada de la Cruz (hija de Lázaro Gelvez y de Juana Zayas). De viudo Francisco pasó a 2as nupcias con Isabel Moyeros. Fue padre de: a) Gabriela San Martín Gelvez que — como vimos — casó con su primo Hermenegildo San Martín Cañas y con este prolongó descendencia. b) Gerónima San Martín Gelvez, nac. en 1793. Casó en Baradero con José de Alcaráz, nac. en Valencia, España. Testó Alcaráz en Baradero el 15-XII-1853. Jerónima Testó el 18-X-1860, y murió de cólera el 4-II-1868, siendo sepultado su cadáver en la parroquia de Santiago Apóstol de Baradero. No tuvo hijos. c) María Florencia San Martín Gelvez. Murió soltera en Baradero el 6-IX-1861 a los 65 años. d) Juana Josefa San Martín Gelvez, casada con N. Bonorino. Murió también de cólera en Baradero a los 56 años, el 2-II-1868. e) Manuela Carmen San Martín Gelvez. Casó con Martín Martínez, quien la hizo madre de: e1) Rosaura Martínez San Martín. e2) Nicolás Martínez San Martín, que casó con su sobrina 2ª Irene Magallanes San Martín. Fueron padres de; Nicolás, Manuel, Pedro, Irene y Rodolfo Martínez Magallanes. 266

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f) Juan Ignacio San Martín Gelvez, casado con Petrona Gómez. Padres de: f1) Petrona San Martín Gómez, que casó con José Gabino Salas del Sar — quien de viudo pasó a 2as nupcias con Josefa Larrabide. Hijas del 1er enlace fueron las Salas San Martín; I) Mariana Petrona, fall. el 80-V-1905. Casó y hubo sucesión con su tío Hermenegildo San Martín San Martín; II) Bernarda, soltera; y III) María Ignacia, baut. el 8-V1830. Casó con Bernardo Figueroa Acevedo y dejó posteridad. f2) Francisco San Martín Gómez, casado el 30-X-1847 con Matilde Seguí (hija de Pedro Seguí y de Josefa Suso). Con descendencia. E) Dionisio Valentín de San Martín Ceballos. Diputado a la Legislatura porteña en 1825. Casó con una hija del Sargento Mayor Julián de Cañas y fue padre de: Manuela San Martín y Cañas, nac. por 1797. F) Gerónima de San Martín Ceballos. Casó 1º el 19-VII-1777 con el genovés José Buchardo Lavagi. De viuda pasó a 2as nupcias con Francisco de Herrera Morales. En 1810, Gerónima enviudó otra vez. De su 1er matrimonio provienen: a) Dominga Francisca Buchardo San Martín, nac./ el 4-VIII1778 y fall. el 1-I-1853. Habíase casado el 21-I-1807 con el futuro guerrero de la independencia — vencedor en Suipacha — General Antonio González Balcarce y Martínez Fontes (1775-1819). Fueron sus hijos: a1) Mariano Balcarce y Buchardo, nac. el 8XI-1807 y fall. en Paris el 20-II-1885. Diplomático y marido de Mercedes San Martín y Escalada, la hija del Gran Capitán de los Andes, sin parentesco con los San Martín de mi sangre. Mariano Balcarce y Mercedes San Martín hubieron estas dos hijas; I) María Mercedes, nac. en Paris el 14-X-1833 y fall. soltera el 21-V-1860; y II) María Josefa, nac. en Evry sur Seine y fall. en Paris el 20-IV-1924. Habíase casado en Paris el 1-VI-1861 con Fernando Mariano San Martín

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Gutiérrez de Estrada Gómez de la Cortina, nac. en México el 20-IV-1833. Del matrimonio Gutiérrez de Estrada-Balcarce San Martín no quedó posteridad. a2) Lorenzo Balcarce y Buchardo, nac. el 5IX-1810. Falleció niño. a3) María Melitona Balcarce y Buchardo, nac. el 10-III-1813. Murió soltera en París el 7-III1902. a4) Avelino Balcarce y Buchardo, nac. el 4-I1817. Médico. Murió soltero el 14-VII-1851. a5) Florencio Balcarce y Buchardo, nac. el 22-XI-1818. Poeta. autor del verso La Partida; otro Adios Buenos Aires! Amigos, adios!. De aquí partió soltero al otro mundo el 16-III-1839. a6) Máximo Balcarce y Buchardo, nac. el 15IV-1820. Murió en la infancia. b) José Mariano Patricio Buchardo San Martín, nac. el 17-III-1780. Casó el 6-VII-1801 con Manuela Mora de la Cruz (hija de Manuel Mora y de Florencia Cruz). Hubieron estos hijos: a1) María de la Asunción Buchardo Mora, baut. el 16-VIII-1811. Falleció soltera el 15-XI-1868. a2) Antonia Agustina Buchardo Mora, baut. el 18-I-1815. Casó el 15-IX-1841 con Floro de la Quintana Aoiz. Sus hijos se apuntan en el linaje de De la Quintana. a3) Cleto Marcelino Buchardo Mora, baut. el 29-IV-1819. Murió infante. Del 2º enlace de Gerónima de San Martín Ceballos con Ramón de Herrera nacieron: c) Agustín Herrera San Martín. d) Saturnino Herrera San Martín. G) Petrona de San Martín Ceballos. Casó el 6-IX-1786 con el español Manuel Antonio de la Trinidad Gómez Oliva. Hija de ellos fue Mercedes Gómez San Martín, casada con el Teniente paraguayo, edecán del Dictador Francia, Juan José de Céspedes, con el cual procreó descendencia en el Paraguay. 268

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H) Bernabé de San Martín Ceballos, nac. en Baradero el 22-VI1777, Capitán de los “Patriotas de la Unión”, peleó en 1806 contra los invasores ingleses, desalojándolos de la torre de Santo Domingo. Asistió al Cabildo abierto del 22-V-1810. Durante las luchas civiles defendió la política directorial contra Santa Fé. Cuando el “año 20” triunfaron los montoneros federales fue dado de baja. Habíase casado el 28VIII-1807 con Josefa Delfina Campos López Camelo, nac. en 1785 y fall. el 19-VI-1879 (hija del granadino Juan Campos Rodríguez y de Joaquina López Camelo Sánchez de Velasco). No dejó hijos. Bernabé dió poder para testar, ante Tomás Boyso, el 29-X-1824, y murió el 18 de noviembre siguiente. Albaceas suyos fueron su esposa y Alejo Castex. I) Francisca de San Martín Ceballos, que casó el 28-V-1796 con José de Llano e Insúa.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Apolant, Juan Alejandro; Génesis de la familia uruguaya. Montevideo, 1966. Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires. Documentos de la Sala 9, y Sucesiones. Archivo de la Dirección de Geodesia, Catastro y Tierras de la Provincia de Buenos Aires, en La Plata. Archivo de la Iglesia de La Merced de Buenos Aires. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Calvo, Carlos; Los San Martín de Portugalete, en la Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, nº 2, Bs. As. 1943. Calvo, Carlos; Nobiliario del Antiguo Virreinato del Río de la Plata. Cánepa, Luis; Buenos Aires de antaño, Bs. As. 1926. Documentos para la Historia Argentina; Padrones de la ciudad de campaña de Buenos Aires (1726-1810), Tomo X. Facultad de Filosofía y Letras. Bs. As., 1955. Documentos y planos relativos al período edílico Colonial de la Ciudad de Buenos Aires. Bs. As., 1910. Tomo IV. Funes, Gregorio; Ensayo de la Historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán. Furlong, Guillermo S.J.; Entre los Pampas de Buenos Aires, Bs. As., 1938. Gutiérrez, Juan María; De como se celebraba en Buenos Aires a mediados del siglo XVIII la coronación de un Rey católico, en Revista del Río de la Plata, Tomo I, año 1871. Lafuente Machain, Ricardo de; Buenos Aires en el siglo XVII. Bs. As., 1944. Lozano, Pedro; Historia de la conquista de la provincia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán. Publicada por Andrés Lamas en 1873. Molina, Raúl A.; Padrón histórico de los vecinos, estantes y

habitantes de Buenos Aires, Inédito.

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Quesada, Vicente G.; Noticias históricas sobre la fundación y edificio de los conventos de monjas Catalinas y Capuchinas, en Revista de Buenos Aires, Tomo III, año 1864. Taulard, A.; Nuestro antiguo Buenos Aires. Edit. Peuser, año 1927. Torre Revello, José; Los orígenes y la fundación de la villa de San Antonio del Camino, La Plata, 1932. Trelles, Manuel Ricardo; Registro Estadístico de Buenos Aires. Bs. As., 1874. Udaondo, Enrique; Diccionario Biográfico Colonial Argentino, Bs. As., 1945. Varela Orbegoso, Luis; Apuntes para la historia de la sociedad colonial, Tomo II, Lima, 1924.

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SORIA En su origen el apellido Soria es aragonés, y sus armas primordiales pintan; en campo de azur un sol de oro. La genealogía del presente linaje se inicia en España con: I — GASPAR MARTINEZ y su legítima mujer Isabel de Soria, vecinos de la “Villa de los Infantes” según constaba en el expediente seguido ante la curia bonaerense a fin de recabar la indispensable licencia para el casamiento del hijo de aquellos cónyuges; documento que se quemó en el bárbaro incendio de 1955. El genealogista e historiador Ricardo de Lafuente Machain a propósito de estos Soria, dice que como existen en España varias villas con el nombre de Infantes, no es posible determinar a cual de ellas alude el documento curialesco. En realidad, no se conocen en la península más localidades que la de “Villanueva de los Infantes” — hoy “Infantes” —, próxima a la región aragonesa, en el antiguo reino de Castilla la Nueva, ahora provincia de Ciudad Real. De tal lugar, pues, provienen los Soria de que voy a ocuparme; del mismo lugar donde en 1645 murió y fue sepultado el insigne Quevedo. Y si acaso mis antepasados no alcanzaron a conocer con vida al genial literato de las gafas verdes, por lo menos, seguramente, tanto Gaspar como Isabel visitaron, a menudo, el enterratorio de la Capilla Mayor del convento de Santo Domingo, que guardaba entonces los restos mortales de aquella gloria del ingenio español. En cualquier caso — aunque aquí sobre la referencia quevedesca —, lo seguro es que la aludida pareja hubo por hijo a: II — JUAN MARTIN DE SORIA o MARTINEZ DE SORIA — que siempre firmó “Juan de Soria” —, nacido en Villanueva de los Infantes a fines del siglo XVII o primeros años del XVIII. Ignoro los motivos que impulsaron a mi antepasado a venir al Río de la Plata. Se me ocurre que al fallecer su padre, el muchacho se avecindó en Buenos Aires con su madre; la cual vivía aún en 1735, ya que el 9 de julio de ese año, “Ysabel de Soria” recibió del Cabildo

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porteño “dos quadras” en el sitio que ella solicitara de merced, anteriormente en un “memorial”. Juan de Soria, por su parte, con el grado de Capitán de Milicias, habíase casado en 1722 con una niña porteña; Josefa o María Josefa Rodríguez de Estela, (hija de Carlos Rodríguez de Estela y de Catalina de Abascal Benavídez, de cuyas ascendencias trato en los apellidos respectivos). María Josefa no alcanzó a convivir una década con su marido, puesto que antes de 1733 le llegó la muerte, después de nacerle el cuarto hijo. El año 1733 bajó a la sepultura Carlos Rodríguez de Estela, después de haberlo instituído albacea en su testamento a su yerno Soria, conjuntamente con los Capitanes Matías Solana, Fermín de Pessoa y Francisco de Oreyro. Iniciada la sucesión del causante, uno de sus hijos, Pedro José de Estela, el 27-IX-1735 ante el Escribano Juan de Merlo, dió poder a su cuñado Juan de Soria a fin de que le cobrara su parte de la herencia paterna. También el 2-V-1738, “Juan Martín de Soria” compareció ante el Escribano Joseph de Esquivel, a otorgar fianza por sus cuñados menores huérfanos: Luisa, Bernabela y Juan Inocencio de Estela, de quienes el afianzador era curador ad litis. En los autos de inventario y partición de los bienes del suegro, Juan de Soria presentó demanda para cobrar cierta deuda “de campaña”. En efecto; en los años 1724 y 1725 el hombre se había trasladado “a la otra banda del río Paraná” a faenar reses por cuenta de su padre político; cuya corambre luego se vendió a Domingo Acassuso. Fuera de sus actividades esporádicas como Capitán de Milicias, las ocupaciones habituales de mi antepasado consistían en hacer negocios. Así, por ejemplo, el 8-X-1726, presentó al Cabildo un memorial pidiendo licencia “para hazer cinquenta presas de zevo y grasa en la otra Vanda por tres meses”; licencia que el Cabildo le acordó, siempre y cuando el interesado destinara “ambos géneros” al abasto de la ciudad, con intervención del Fiel Ejecutor. Y como además Soria era piadoso de veras, se obligó a entregar “430 fanegas y cuartilla de cal”, no bien se lo pidieran los fundadores del convento de las Catalinas. El 1-VI-1734, ante el Escribano Joseph Esquivel, “Juan Martínez de Soria” les compró unas “tierras para estancia”, en el 276

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pago de la Magdalena, a los hijos herederos del difunto Capitán Bernardo de Lara: Bernardo, Joseph y Juan Joseph de Lara. Dicho campo — 2.000 varas de frente “desde la suerte que llaman del Gato”, y legua y media de fondo, “la tierra adentro” — resultaba el mismo lote que en 1580 Garay lo adjudicó al conquistador Olavarrieta (“la Berrita” en el título de Soria); y lindaba (en 1734), “por la parte de abajo” (el Sur), con tierras que fueron del Capitán Antonio Barragán, entonces de sus herederos; “por la parte que viene a esta ciudad” (el Norte) con tierras que le vendió Bernardo Lara a Carlos Rodríguez de Estela, y por el frente (al Este) daba con “la barranca del Río Grande” (el Plata). Soria adquirió esa estancia “con sus entradas y salida, usos, derechos, costumbres y servidumbres, pastos, montes, cañadas y lagunas, vertientes y manantiales, abrebaderos y cazaderos, por el precio y cuantía de 367 pesos de plata acuñada, moneda columnaria de a 8 reales”. Dos años más tarde mi antepasado Soria les ponía juicio a los “Padres de la Compañía de Jesús”, sobre una medición de tierras en el pago de la Magdalena que, por orden del Alcalde de 2º voto, había efectuado el perito Amador Fernández de Agüero. Solicitaba el demandante, una nueva mensura, y a tal pedimento adhirieron los vecinos del contorno Capitán Amador Roxas e Ignacio Barragán, y posteriormente María de Arroyo Ponce de León, viuda de Luis de Pessoa. A su vez los jesuitas, representados por el Provincial del Colegio bonaerense Padre Diego de Horbegoso, contestaron; que las tierras de Soria correspondían a la suerte principal que empezaba desde la barranca del río; las otras tierras del Colegio no lo podían perjudicar a él — ni tampoco a Barragán ni a Roxas — por ser “suertes de cabezadas, que llaman, y estas se buscan después de las suertes principales ... desde la Laguna del Gato hasta el valle de Santa Ana” — o sea el pago de la Magdalena 11. 11 La fracción de los jesuitas — que partía hacia “la tierra adentro” después de las cabezadas” de las “suertes” originarias llamadas “Panes”, “León” e “Isla del Gato” — habían correspondido a los Padres por legado testamentario que les hizo el Capitán Mateo Sánchez Gatica del Castillo, quien la hubo, en mayor superficie, en razón de una merced que le otorgara el Gobernador Pedro Esteban Dávila, el 11-V-1634. Soria

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Soria y los demás propietarios lugareños desconocieron aquel peritaje judicial demarcatorio de Amador Fernández Agüero, y apelaron al Gobernador Miguel de Salcedo, solicitando su anulación; pero Salcedo confirmó la mensura cuestionada, dando razón a los ignacianos. Habitó Juan Martínez de Soria en la casa que fuera de los antepasados de su mujer, cuyo solar heredáronlo por mitades el suegro Carlos Rodríguez de Estela y la hermana de éste Isabel; a la cual el primero le compró su terreno edificado que, a la sazón, estaba en pleito entre Soria y su vecina María Fernández, viuda de Islas González de la Serna (ver el apellido Rodríguez de Estela). La casa de Soria ubicábase “en el varrio de abajo”, a cuadra y media del Hospital de los frailes Betlemitas, tirando al Poniente, en un sitio de 17 varas y media de frente al Norte (sobre la actual calle México) y con fondo hasta dar con la zanja (que atravesaba la que hoy es calle Chile). La construcción destacaba adelante un cuarto de 3 tirantes con puerta de calle, y el resto del frente cercado de pared. Adentro había otra habitación, dos cuartos de “media agua” y la cocina; todo edificado y circuído por tapiales, techado de tejas, con puertas y ventanas, y en el correspondiente patio no faltaba el horno para cocer pan junto a un pozo de balde sin brocal. Fallecida Josefa Rodríguez de Estela, después de testar el 7XII-1729, su viudo pasó a 2as nupcias, por 1735, con Petrona González, la cual le dió dos hijos varones. En el censo urbano de 1738, levantado por el Cabildo, figura en casa propia; “Juan de Soria, natural de España, donde vive con su mujer Doña Petrona González, cuatro hijos muchachos y dos hijas; y los esclavos son ocho, y dos mozas libres; el sitio de 17 varas de frente y 70 de fondo” — ubicado, entonces, en la calle de “San Bartolomé”, (hoy Méjico al 500, entre Perú y Bolívar). El 27-VII-1744 mi 7º abuelo enfermo en cama en trance de muerte, hizo llamar al Escribano Juan Antonio Carrión y otorgó su testamento. Luego de encomendarse a Dios, a la Virgen y a los Santos, con las fórmulas de rigor, mandó sepultaran sus restos en el convento de Santo Domingo, “de cuia tercera orden soy hermano”. Dijo haber sido casado con “Josepha Rodríguez de Estela”, de la cual tenía 4 hijos; y agregó que de viudo contrajo nuevas nupcias con Petrona González, quien le dió 2 hijos más. Puntualizó que ninguna 278

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de sus esposas trajo dote al matrimonio; Soria, en cambio, aportó 2.000 pesos en oportunidad de su primer enlace, y 10.000 al celebrar el segundo. Declaró por bienes suyos: A la casa de su morada, de 17 1/2 varas de frente y el fondo “hasta la Sanja”, sobre cuya propiedad gravitaba una Capellanía de 610 pesos de principal, a favor “de los Padres de San Francisco”. A la estancia en el pago de la Magdalena, de 3.000 varas de frente y legua y media de fondo, poblado con ganados mayores y menores, donde tenía un “obraje de cal” con sus aperos: A otra estancia en la Magdalena, “más allá del pueblo de los Quilmes”, con 1.000 varas delanteras y legua y media de fondo, y su cuadra y media de monte y huerta arbolada de frutales. A un “obraje de ladrillos, sito con el orno para quemarlos”, y tres tachos y demás implementos “necesarios para el ministerio”. A sus muebles, ropas, y objetos domésticos contenidos en esas viviendas; así como 5 esclavos negros. Declaró también que del solar de su morada “me tienen cojidas dos baras y media” los herederos del Capitán Juan de Arce, por lo que pedía a sus albaceas reclamaran su restitución. Enumeró seguidamente el monto de sus deudas y los nombres de sus acreedores. Dejó constancia que seguía un litigio en representación de los herederos de su suegro — “entre ellos mis hijos del primer matrimonio” — contra María Fernández sobre la devolución de la parte que les tocaba de las casas y terreno lindero que sabemos. Respecto de este pleito, “es mi voluntad se consulte con personas doctas, religiosas, inteligentes en la materia”. Dispuso que de sus bienes se sacaran 200 pesos para que los reciba “Francisco Freire y con ellos ejecute lo que le tengo comunicado”; y otros 200 para que se pongas a censo y, con sus réditos, todos los años el día de Santa Bárbara, se digan “por mi alma en la Iglesia de la Residencia de la Compañía de Jesús, que es en el Alto de San Pedro, dos misas, una cantada y otra resada”. Dejó el quinto de su haber hereditario a su esposa Petrona González, “en atención al pleno cuidado y asistencia que ha tenido con mis hijos de ambos matrimonios” y, de añadidura, la nombró albacea, junto con Francisco Freire y con Pascual de Sorozabal. Pocos días más tarde moría Juan de Soria. En el censo urbano practicado por el Cabildo a fines de 1744, consta que en casa propia de “Doña María Issabel de Estela” (que no es otra que la hija mayor de Soria), vivían la viuda de “Juan Soria”, Petrona González, con Soria

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seis hijos menores, tres esclavos y una agregada; “todos naturales de esta ciudad, que se mantienen de un horno de Calera”. Por lo demás, dicha vivienda de la calle San Bartolomé (hoy México) tenía por contigua a la casa de Francisca Chaparro, viuda del Capitán Francisco de Oreyro, que moraba ahí con sus hijos; Joseph de 8 años, Manuel de 7 y dos hijas mujeres; amén de dos esclavos; cuyos propietarios — registra el censo — “se mantienen de su trabajo personal”. Esa casa de Francisca Sánchez Chaparro de Oreyro (5ª abuela de Estela Schindler Rosa mi mujer) levantábase en el terreno donde se halla la Biblioteca Nacional, calle México 564. (Ver el “Apéndice” del apellido Roo). Juan de Soria con su primera consorte María Josefa Rodríguez de Estela tuvo por hijos a: 1) Isabel María de Soria — mi antepasada — que sigue en VI. 2) Miguel Felipe de Soria, nacido en 1727, quien, después de la muerte de su padre, le vendió la parte hereditaria que le correspondía sobre la casa paterna a su cuñado Juan Javier Dogan, el 18-X-1750. 3) Margarita Josefa de Soria. 4) Juan Miguel de Soria, el cual se avecindó en el pueblo altoperuano de Tarma, donde mediante escritura del 4-III-1766, ante el Escribano de Cabildo, Minas y Registros, José María de Paniagua Cossio, le cedió sus derechos sucesorios sobre la casa paterna de Buenos Aires a su hermana Margarita. En sus segundas nupcias con Petrona González, Juan de Soria procreó a: 5) Agustín de Soria, nacido en 1736. 6) Isidoro de Soria. VI — ISABEL MARIA DE SORIA Y RODRIGUEZ DE ESTELA fue bautizada en Buenos Aires el 7-XII-1726. A su debido tiempo se casó en esta ciudad con Juan Xavier Dogan, en cuyo apellido continúa la descendencia de estos 6os abuelos míos.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Documentos para la Historia Argentina; Padrones de la ciudad y campaña de Buenos Aires (1726-1810). Tomo X. Facultad de Filosofía y Letras. Bs. As. 1955. Lafuente Machain, Ricardo de; Los Sáenz Valiente y Aguirre. Buenos Aires, 1929.

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SOSA Y TERRA Los apellidos del epígrafe, estrechamente ligados entre sí, forman la rama lusitana de mi familia materna. Excluyo como portugués aquel otro apellido Rodríguez de Estela — tratado en capítulo aparte — pues a pesar de haber sido lisboés quien lo trajo y arraigó en nuestro suelo, era su sangre de neto origen sefardí. La presente genealogía comienza con: I — FERNAN RODRIGUEZ TERRA, portugués nativo de Vianna — no sabría precisar si de Vianna do Alentejo o de Vianna do Castello —, hijo legítimo de Pablo González y de Violante Fernández. Nada se sabe sobre la infancia de nuestro personaje en tierras lusitanas. Lo positivo es que en 1617 emigró de su patria para dedicarse al tráfico marítimo — lícito e ilícito — al través de la ruta trasatlántica que va de Africa a Río de Janeiro y a Buenos Aires. Consta que en el mes marzo de 1619, en las cercanías de la isla de San Gabriel — frente a la costa fluvial uruguaya —, fue apresado por elementos fiscales bonaerenses el navío “Nuestra Señora de la Peña de Francia”, cuyo “maestre” era Fernán Rodríguez Terra, quien pretendía introducir de contrabando su cargamento de 61 esclavos africanos; además de cargas de vino, vinagre, dulce de membrillo, arroz, aceitunas, sal, azúcar, tabaco, cuchillos, hachas, azadas y piezas de algodón. Todas esas mercaderías fueron confiscadas y subastadas públicamente en Buenos Aires. Los negros esclavos se vendieron a un promedio de 160 pesos cada uno, o sea en conjunto sumaron 9.760 pesos; y las otras cargas rematáronse en 1.173 pesos; montos que ingresaron en las Reales Cajas. Tras de este encontronazo con el fisco Fernán Rodríguez Terra hincó sus raíces en nuestra “terra”, y puso en la ciudad porteña tienda de mercader. Aquí se casó también, por el mes de mayo de 1626, con Ana de Sosa; hija de un compatriota suyo, el portugués Vicente Simoes y de su mujer la criolla Francisca de Sosa; hija ésta de Silvestre González y de Leonor Fernández. Trajo Ana de Sosa como dote marital 4.000 pesos fuertes; pero el infeliz de su marido habría de morir a los pocos meses de la boda, Sosa y Terra

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bajo disposición testamentaria del 2-XI-1626. En ese documento Rodríguez Terra declaró que, dos años antes de casarse, había tenido en Isabel, cierta “negra horra”, una hija natural; y que la mulatilla fue bautizada con el bello nombre de “Violante” (que era el de su paterna abuela); y el padre la favorecía con un legado de 500 pesos. El cadáver de Fernán, con hábito seráfico por mortaja, recibió sepultura en uno de los nichos que en el convento de San Francisco se destinaban a los hermanos terciarios de la Orden. Ana de Sosa no se resignó a soportar por mucho tiempo la viudez; el 22-IV-1639 pasó a 2as nupcias con Toribio de Peñalba, nacido hacia 1606 en el pueblo de Bioño, valle de Piélagos, montañas de Santander (hijo de Toribio de Peñalba y de Juliana de Cevallos). El contrayente era Capitán y Alcalde de Hermandad, y después fue Procurador General de la ciudad. Testó el 13-VIII-1685. El hijo póstumo legítimo de Fernán Rodríguez Terra habido en Ana de Sosa resultó: 1) Fernando Rodríguez Terra y Sosa, — mi antepasado — que sigue en II. Hijos del 2º enlace de Ana de Sosa con Toribio Peñalba fueron: 2) Lorenza de Peñalba Sosa baut. el 31-VIII-1635. Murió antes de 1664. 3) Felipe de Peñalba Sosa baut. el 24-IV-1637. Falleció sin hijos antes de 1707. 4) Francisca de Peñalba Sosa. Casó el 22-XII-1657 con Bernabé Bustos Pérez Moreno. Con sucesión. 5) Miguel de Peñalba Sosa baut. el 9-X-1639. Casó en Córdoba con Lucía Navarro. Prolongó descendencia. 6) Diego de Peñalba Sosa. Soltero. 7) Gregoria de Peñalba Sosa. Casó con el Alférez Francisco Moreyra Calderón. Sin hijos. 8) María Eusebia de Peñalba Sosa baut. el 17-IV-1645. Casó con Luis Britos Alderete. Sin hijos. 9) Juan de Peñalba Sosa. Casó el 8-VIII-1659 con Ana María de Vera o Rojas. Con descendencia. 10) Ignacio de Peñalba Sosa baut. el 16-VIII-1648. Murió antes de 1707 sin sucesión. 284

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11) Toribio de Peñalba Sosa baut. el 16-VIII-1648. II — FERNANDO RODRIGUEZ TERRA Y SOSA o (como él se ponía) Fernando de Sosa y Terra, nació en Buenos Aires el 20-III-1627, y lo bautizaron de dos meses — el 15 de mayo — en la Catedral porteña. Veintisiete años después, se casaba con Agustina Rodríguez de las Varillas, hija de Francisco Martín Cordovés “el Mozo” y de Catalina Rodríguez de las Varillas. (Ver los respectivos apellidos). Nuestro hombre ingresó por entonces en las milicias urbanas hasta alcanzar el grado de “Theniente”; y el 2-I1664 el Cabildo le designó Procurador General de la ciudad. En el acta de aceptación del cargo, fechada el siguiente día 7, al interesado se le llama “Fernando Terra”. Por su parte, el Padrón vecinal de ese año 64, así registra a “Fernando de Sosa y Terra: Dixo ser de esta ciudad y que es casado de nueve años a esta parte con Da. Agustina Rodríguez de las Varillas; y que tiene dos hijos, y el susodicho es hijo de Fernando Rodríguez y de Ana de Sosa; y la dicha su mujer es hija de Fernando (era Francisco) de Cordovés y de Da. Francisca Rodríguez de las Varillas (y Torremocha), y el susodicho Fernando de Sosa es actualmente Procurador General de la Ciudad”. Controversia acerca del precio de los cueros exportables Trece años más adelante, en 1677, a Sosa y Terra lo eligieron nuevamente Procurador General. Y en tal carácter, el 23 de junio, presentó al Ayuntamiento una “quexa y querella” contra algunos vecinos “accioneros” que, sin autorización expresa del Cabildo, habían convenido el precio de venta de sus cueros con el empresario Miguel de Vergara, que los exportaba en sus navíos de registro, “usurpando la jurisdicción deste Cabildo y en menosprecio della”. El planteo del asunto motivó un debate muy interesante entre los capitulares presente: Regidores Luis Gutiérrrez de Paz, Pero de Vera y Aragón, Luis de Brito y Alderete, Pedro de Roxas Acevedo y Luis Pérez Moreno, a quienes presidía el Teniente y Justicia Mayor Luis Jufré de Arce. La mayoría de dichos señores estuvieron de acuerdo en sostener — en consonancia con el parecer de Sosa y Terra — la preminencia inalineable del Cabildo para fiscalizar e Sosa y Terra

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intervenir en esas transacciones comerciales; por lo que resultaba oportuno elevar aquella “quexa” del Procurador contra los “accioneros”, al Gobernador Robles. Pero el Regidor Pérez Moreno desentonó en absoluto con sus colegas, al argumentar que los vecinos accioneros eran “libres para coxer ganados y benderlos”, sin tener que someterse al contralor del Cabildo. Tal desplante de individualismo económico hecho en pleno recinto capitular del Buenos Aires del siglo XVII, provocó la reacción indignada de la mayoría del cuerpo; la cual, como medida de “buen gobierno y buena administración de justicia”, depuso al discordante campeón de la “libre empresa”, y solicitó y obtuvo del Lugarteniente Jufré y Arce la expulsión de aquel de la sala, por haber incurrido en “prevalicato”, y que — al decir de su principal acusador, Vera y Aragón — “la contradizión que tan sin tiempo hizo, fue nazida de indusión de una persona esenta (extraña al Cabildo), muy familiar y cercana del dicho Rexidor, a quien es público y notorio le revela todo quanto pasa en este Cavildo”. Así, por infidente y “contrario a la utilidad de este pueblo”, fue alejado del gobierno comunal el Regidor Pérez Moreno. Cinco días después de producida la incidencia que se acaba de relatar, Miguel de Vergara — entonces exclusivo comprador de cueros, por ser “dueño de los navíos de rexistro que están en este puerto” — hizo conocer al Cabildo una Real Cédula, despachada el 2-X-1676 a su favor que innovaba totalmente los métodos de comercio de cueros al exterior, contrariando el “estilo, forma, posesión y dominio que por este Cavildo se ha observado de tiempo inmemorial”. Visto el regio papel de los cabildantes porteños — y luego de los consabidos besos al documento que se puso sobre la cabeza de cada uno de los Regidores — los dignos representantes de Buenos Aires acordaron contestarle a su Rey — el “Hechizado” Carlos II —, en síntesis lo siguiente: Que no era cierto — como lo manifestaban los traficantes interesados — que “los Gobernantes y ministros de estas tierras obligaban a los capitanes de las naos de permiso a comprar la corambre a las personas y presios que les parecía”, puesto que “los vezinos benden la corambre sin interbención de sus Cavildos”, cuando se trata de “ganados de rrodeo, en sus estancias y 286

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errados y como bienes propios”. Más el caso era que, a la sazón, “en este puerto ningún vezino tiene ganados errados y de rrodeo como bienes propios en sus estancias pobladas”, por que en la fecha todos los ganados “están retirados en tierras realengas de muchos años a esta parte, y así (dichos vecinos) no tienen propiedad particular de ellos, sino en común; y los capitanes de las naos de permiso que bienen a este puerto proseden con magsimas tan artifisiosas, que bender sus jéneros a precios muy subidos y comprar corambre por dos partes menos de lo que bale, hacen estanco (acaparan) sus mercaderías, que solo quieren que por su mano se bendan, y dan a entender que tienen ya comprada la corambre que necesitan, baliéndose para ese effecto de contratos y precios supuestos, en que algunos vezinos de los con menos derechos a los ganados, yntervienen por su particular interés”. Entre tanto los otros vecinos excluídos del negociado, “nesecitados y sin remedios, como desesperados les benden los cueros (a los traficantes de registro) por las dos partes menos de lo que valen; y lleban la rropa (que esos traficantes les surten) por tan subidos presios, que con lo que les dan por el valor de doscientos cueros apenas hay vesinos que puedan cubrir sus carnes”. En lo referente a Miguel de Vergara — favorecido en sus transacciones mercantiles por la equivocada resolución del Monarca — su influencia corruptora ya se había empezado a experimentar en este puerto, y ello “consta en la causa que ha fulminado contra algunos vezinos de esta ciudad” el Procurador Sosa y Terra. Por lo demás — puntualizaba el Cabildo —, de la campaña bonaerense son “los ganados comunes, y hállanse tan retirados que es menester entrar más de setenta leguas la tierra adentro a buscallos, en cuyas faenas y acarreos son grandísimos los gastos que se hacen”, de manera que resulta “no hay cuero que puesto en el paraxe del rriachuelo, donde los entregan no este costeado por diez y seis reales”. A mérito pues de tales fundamentos, los cabildantes de aquella época, con admirable firmeza (inspirados en la ley del Libro 14 de la “Recopilación”), le decían al Soberano: “Que la dicha Real Cédula deve ser solo ovedesida y no cumplida, por que siendo como es contra derecho, fue despachada sin citación ni audiencia de este Cavildo, ni de los vezinos de esta república, y en perjuicio suyo y de Sosa y Terra

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sus fueros, leyes y derechos”. Y el Real documento no debía cumplirse, dado que sus efectos destruirían “la disposición y fforma que de tiempo ynmemorial a esta parte, ha tenido el Cavildo en distribuir dichos ganados, repartir la corambre y aver presio en ella, mirando siempre a la mayor utilidad y conservasión de esta república”. (Además de ir la Cédula en cuestión contra lo que Su Magestad expresamente tenía dispuesto; “que a ninguna persona se le puede ni deve despoxar de lo que está poseyendo, sin ser para ello primero y ante todas cosas, cittado y oydo, y se pareciese cartta nuestra por donde mandáramos dar la possesión que uno tenga a otro, y la tal cartta fuere sin audiencia, que sea ovedesida y no cumplida”). Y el caso refererido — a criterio de los cabildantes porteños — se ajustaba cabalmente a aquellos sabios preceptos de la “Recopilación”; ya que el Cabildo “ha estado muchos años a esta parte en possesión de la autoridad y dominio de todas las lisensias o actos en que otorgaba permiso para matanzas y recoxidas de ganado, desde que por averse retirado a tierras realengas se hisieron comunes” — facultad que igualmente se extendió a “los repartimientos de los dichos cueros”. La discusión pormenorizada de este asunto de los cueros consta en los respectivos acuerdos capitulares. Réstame agregar que Miguel de Vergara — luego de redactada aquella solicitud del Cabildo al Rey — presentó un escrito de “petisión” al Gobernador Andrés de Robles, que el Procurador Sosa y Terra calificó de “desacato e ynrespeto”, pues el mercader contumaz trataba al Cabildo en esa nota de “monipodio”, y a sus integrantes de “ladrones, desleales al Rey” y otras insolencias por el estilo. Los agraviados Regidores protestaron ante Robles, por no haber éste castigado severamente al autor del “libelo ynffamatorio”, y resolvieron multar a Vergara en 2.000 pesos plata, “por las rasones desacatadas y tan siniestras como se expresa en dicha petisión”. Robles, a su vez, se negó a elevar al Consejo de Indias la súplica fundada del Cabildo, relativa a la Real Cédula, sobre la venta de los cueros; por lo que el Ayuntamiento apeló de ello ante la Audiencia de La Plata. Vergara, entre tanto, ocurrió al Gobernador a fin de que éste le allanara los trámites para embarcar 24.000 cueros “que nesezita para sus naos”. El Cabildo aclaró, entonces, que a causa del pleito pendiente sobre su derecho a fiscalizar el precio de 288

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las exportaciones, se encontraba “lexítimamente ympedido de poder asistir a la repartición de la corambre”; la que a pesar de todo llevóse a efecto por orden de Robles. Finalmente en la sesión del 11-X-1677, nuestro Procurador Sosa y Terra manifestó ante sus colegas un testimonio sacado de los autos del litigio que nos ocupa, contra Miguel de Vergara; expediente que se componía de 208 “foxas”, y cuyos gastos de copia sumaban 192 pesos. Las penurias financieras del municipio eran proverbiales, en esa época. Sin embargo los Regidores dispusieron se pagasen esas copias. Mas como para proseguir la apelación del pleito ante la Audiencia de La Plata no alcanzaba el dinero, Sus Señorías acordaron que con los fondos disponibles en poder del “Mayordomo de propios”, y con el valor que se sacaría del empeño de las mazas de plata del Cabildo, podríanse redondear unos 600 pesos; cantidad suficiente para el despacho de esos autos y demás desembolsos judiciales. Otros datos sobre el antepasado de esta historia El 1-I-1678, ante el Escribano capitular Juan Méndez de Carvajal, Fernando de Sosa y Terra y su padrastro Toribio de Peñalba, otorgaron “fianza de cárcel segura, hasta la cantidad de un mil pesos corrientes de a ocho reales”, a favor del Alguacil Mayor Luis de Brito y Alderete. Después, durante cuatro años, el nombre de mi lejano abuelo desaparece de los documentos públicos, hasta 1681, en que don Fernando vuelve al Cabildo como Alcalde de 1º voto. Y el 20 de marzo de dicho año, Sosa y Terra presenta al Cuerpo una solicitud a fin de que se le concediera el derecho de abastecer de carne a la ciudad en estas condiciones; “dando un quarto de carne por (el precio) de Real y medio; en pié, a ocho Reales; y el cuero, el sebo y las terneras a dos Reales”; montos estos que sus colegas tomaron en cuenta para que fueran pregonados, según costumbre, antes de efectuarse el remate correspondiente a tal servicio público; el que — por lo menos en teoría — se adjudicaba a quien vendiera la carne a más bajo costo. También el 16 de septiembre siguiente, el Alcalde “Fernando de Terra”, se constituyó en la chacra del Monte Grande, propia de Sosa y Terra

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la finada Juana Pazos — chacra que, dos siglos más tarde, sería de mi bisabuelo Manuel Aguirre en San Isidro —, a fin de levantar el inventario judicial de los bienes sucesorios de aquella señora. Sobre el terreno, don Fernando, luego de su obligada inspección, consignó que el inmueble abarcaba “tres series de tierra en que está poblada dicha chacra; el monte, arboleda, frutales, que será de dos quadras en quadro, y que “la casa principal se compone de una sala, dos aposentos con las maderas bien tratadas, puertas y ventanas, serraduras y llaves”. Con posterioridad a su testamento del 9-II-1692, los rastros de mi antepasado se pierden definitivamente en los viejos papeles. Tenía cumplidos entonces 65 años de edad, y acaso muriera al poco tiempo. Fernando de Sosa y Terra y su mujer Agustina Rodríguez de las Varillas y Martín Cordovés, en su matrimonio, procrearon estos hijos: 1) Isabel de Sosa y Terra, bautizada en Buenos Aires el 5-V1659 — de 8 años y 7 meses de edad — bajo el padrinazgo de su tío abuelo Sebastián Cordovés de las Varillas y de Isabel de Santos (de apellido ilegible). El 29-XII-1687 Isabel de Sosa y Terra se casaría con José de Alvarado y Hoz, en cuyo apellido Alvarado continúa su sucesión. 2) Juan de Sosa y Terra, bautizado en Buenos Aires el 26-IV1661. Creo que hija suya fue; Agustina Sosa y Terra que se bautizó el 22-XI-1686. 3) N.N. — ignoro su nombre — nacida después de 1664, que casó con Pedro López de la Portilla. (Podría tal vez ser una “Ana Sosa” — homónima de su abuela — propietaria de un horno de ladrillos, que en 1726 aparece vendiéndole al Cabildo esos materiales para la construcción de su nuevo edificio).

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires. Archivo parroquial de la Iglesia de La Merced de Buenos Aires. Compilación de Referencias Documentales, por la Dirección de Geodesia, Catastro y Mapa de la Provincia de Buenos Aires. Tomos I y II. La Plata, 1933-35. Fandiño, Carlos Eduardo; La descendencia de Toribio Peñalba y de Ana Sosa, en la Revista Genealogía, nº 20. Bs. As., 1982. Lafuente Machain, Ricardo de; Los Portugueses en Buenos Aires — Siglo XVII. Madrid, 1931. Lafuente Machain, Ricardo de; Buenos Aires en el siglo XVII. Bs. As., 1944. Molina, Raúl A.; Padrón histórico de vecinos, estantes y habitantes de Buenos Aires en los siglos XVI y XVII. Inédito. Trelles, Manuel Ricardo; Registro Estadístico de Buenos Aires. Bs. As.

Sosa y Terra

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Suรกrez Maldonado

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SUAREZ MALDONADO Suárez es apellido patronímico derivado del exótico nombre ostrogodo (Godo del Este) Suero, y se dice que la primaria fratría hispánica de los Suárez radicó en las montañas de Santander. En cuanto a Maldonado, todos ellos vienen del linaje de Aldana, de antiquísimo origen. Una leyenda pintoresca remonta el arranque de los Aldana hasta Teodorico, Rey ostrogodo en Italia, cuyos dominios, por el año 507, extendiéronse a la Península Ibérica. Teodorico dejó dos hijos en España; Severiano, Duque de Cartagena y Suero, quien en Galicia fundó la Casa solar de Aldana, “a una jornada de la ciudad de Santiago de Compostela”. Hernán Pérez de Aldana o Nuño Pérez de Aldana, Señor de la Casa de Aldana, en tiempo de los Reyes Alfonso VII “el Emperador”, o Fernando II de León, o Alfonso VIII “el de las Navas” — es decir, aproximadamente entre los años 1150 a 1200 —, fue el primero que se apellidó “Maldonado”. Y ocurrió que por dichos años Pérez de Aldana vino a caer enfermo de gravedad, y encomendándose a Nuestra Señora de Montserrat, prometió visitarla en su santuario si recuperaba la salud. Mejorado de sus dolencias físicas, nuestro hidalgo púsose en camino desde Galicia a Cataluña. Los zangoloteos de ese viaje recrudecieron su padecer, a tal punto que, cuando llegó al famoso monacato benedictino catalán, se hizo necesario ponerlo en camilla, en uno de los ángulos de la Iglesia, a fin de que pudiera ofrendarle a la imagen morena de María Santísima su devoción esperanzada. Aquel día era un 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen, y los peregrinos desbordaban del templo. Uno de ellos, el Duque de Normandía — sobrino del Rey Felipe Augusto de Francia (1165-1223) —, para mejor ver la ceremonia, púsose de pié arriba de las andas en que yacía postrado Hernán Pérez de Aldana. El hidalgo gallego, en el acto, reclama enérgicamente ante desaire semejante; pero, inválido, no recibe sino desdén del orgulloso magnate francés. Suárez Maldonado

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Pasan varios meses; sana el enfermo y cruza los Pirineos, en busca del Duque normando, y lo reta a duelo. El Rey de Francia, enterado de esto, obliga al Duque a pedirle perdón a Aldana. Obedece aquel; Aldana sin embargo — gallego tenía que ser —, exije un desagravio mayor a las simples disculpas, y pretende que el Duque admita que el ofendido le ponga los piés encima. El noble godo, como es lógico, se enfurece ante esa demanda ultrajante del galaico; por lo que el lance caballeresco se hace inevitable. Los adversarios concurren pues, al terreno del honor montados en briosos corceles, con férreas armaduras y provistos de lanzas, porras, espadas y dagas. Felipe Augusto de Francia, rodeado de cortesanos, desde una plataforma se dispone a presenciar el encuentro. Puestos frente a frente en la liza, ambos caballeros a una señal se arremeten con denuedo y rompen sus lanzas; empuñan enseguida las porras, y tras los recios porrazos del gallego, cae el francés al suelo herido en la cabeza. Salta entonces el aporreador del caballo y, enardecido, se precipita sobre el Duque resuelto a destrabarle las hebillas del yelmo para decapitarlo sin más trámite. El Rey, afligidísmo ante el giro dramático del combate, arroja el cetro y manda a sus fieles interponerse a fin de salvar la vida del pariente suyo. Protesta Aldana, mas el Soberano dá por concluída la lucha, alegando que si el Duque moría a consecuencia del aporreo, su contrincante quedaba vengado, y si aquel se salvaba, el propio Rey otorgaríale a Aldana la merced que éste quisiera. Mejoró el maltrecho Duque de la zurra; visto lo cual Aldana le solicitó a Felipe que, por cuanto la Casa reinante de Francia traía como emblema 3 flores de lis, a él se le diera el derecho de poder usar 5 lises en su escudo de armas. Tal pretensión despertó la cólera en el Monarca, quien ofreció al extranjero distintas recompensas, pero Aldana expuso que no había ido a Francia por riquezas sino a vindicar su honra. El Rey, entonces, ante esa terquedad galiciana, no tuvo mas remedio que ceder, y exclamó con fastidio; “Te doy las flores de lis, pero mal donadas te sean; el privilegio está mal donado — c’ est mal donné. Las llevó yo de oro en campo azul; úsalas tú de plata en campo rojo!”. De ahí en adelante, Hernán o Nuño Pérez de Aldana trocó su apellido por el de Maldonado, y comenzó a ostentar el blasón con 5 flores de lis plateadas en campo de gules.

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A más de cuatro siglos de aquella legendaria incidencia que diera origen al apellido Maldonado, he aquí la concreta genealogía de un antecesor mío, oriundo de las Islas Canarias, apellidado precisamente: I — HERNAN SUAREZ MALDONADO, nacido entre 1565 y 1568 en la Isla de Tenerife, al pié del imponente volcán Teide, hijo de Blas Sánchez de Sambrana y de Leonor Suárez Maldonado, su mujer. Hernán arribó a nuestras playas por 1587, y pasó directamente a Córdoba del Tucumán, donde contrajo enlace con Elvira Osorio, hija natural del conquistador Damián Osorio, habida en Ana de Rosales, viuda de Diego de Cáceres (ella pasaría luego a 2as nupcias con Francisco Escobedo) e hija bastarda del conquistador Blas de Rosales. De estos personajes — Osorio, Cáceres y Rosales — he de ocuparme más adelante. A más de lo que acabo de apuntar, la escritura de “Carta de Dote” atinente a Elvira Osorio, otorgada en Córdoba el 26-III-1591, ante el Escribano Juan Nieto y los testigos Alonso de la Cámara y Andrés Mejía (yernos, aquel de Hernán Mexía Mirabal y éste de Jerónimo Luis de Cabrera), expresaba; “que habrá un año se trató el casamiento” de Hernán Suárez Maldonado con Elvira Osorio, “hija legítima (sic) de Damián Osorio y de Ana de Rosales”. El caudal adjudicado a la contrayente por doña Ana, su madre, ascendía a la suma de 7.809 pesos, representados, entre otros bienes; por un solar edificado en la esquina de la plaza de la ciudad de Córdoba, cuyo lote originario fue del fundador Blas Rosales y, que luego de su muerte adquirió Damián Osorio, el 12-VIII-1574 en pública almoneda; además de otro terreno que había sido de Osorio; y dos “cuadras” urbanas, una que perteneció a Osorio y la otra a Rosales; y también una casa “en el ancón (ensenada) de Santa Olalla, río abajo”; y una chacra “camino de Guanasacat”, a media legua de la ciudad, en la “cañada”, de 2.000 piés de frente y fondo (que Osorio recibió de merced del Teniente de Gobernador Lorenzo Suárez de Figueroa, el 3-XII-1574); y 1.300 ovejas grandes y chicas, entre machos y hembras; y 200 cabras, 10 puercas, un “berraco” (chancho padrillo), 300 yeguas con 12 crías, y un caballo castrado “quatralbo” (de manos y patas blancas). Bienes todos estos que tasaron los Capitanes Alonso de la Cámara y Tristán de Tejeda, firmando también la escritura Suárez Maldonado

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Melchor Ramírez Camacho, como “curador” del novio Suárez Maldonado, “menor de veinte y cinco años y mayor de veinte y dos”, a la sazón. Precisas referencias acerca de mis antepasados Damián Osorio y Blas Rosales Mi antepasado (11º abuelo) el conquistador Damián Osorio había nacido en la villa leonesa de Astorga, hijo de Cristóbal Osorio y de Elvira de Quiros. Vino de muchacho al Perú y “entró al Tucumán, a Santiago del Estero con Jerónimo Luis de Cabrera, a quien secundó en la fundación de la ciudad de “Córdoba de la Nueva Andalucía”, en 1573. Ahí desempeñóse como primer Alcalde Mayor. Al año siguiente, el Gobernador Abreu y Figueroa le confirmó en ese cargo, “por que vos, Damián Osorio , sois persona hija dalga y celoso del servicio de su Magestad”. En Córdoba el hombre recibió distintas mercedes; una “quadra para huerta”, que integraba la “octava suerte” que repartiera Cabrera el 12-III-1574; y la “cañada de tierra”; y la chacra “hazia el río”, cuyas propiedades recaerían más tarde en su hija Elvira — la cual desde 1577 (niña de 1 o 2 años) era dueña titular de un terreno urbano, que ahora forma esquina a las calles Deán Funes y Sucre de la capital cordobesa. Además Osorio poseyó el solar en la esquina de las actuales calles Rivadavia y Santa Fé, haciendo cruz con la Plaza Mayor de dicha ciudad. Falleció Damián Osorio, en Santiago del Estero, bajo disposición testamentaria del 1-I-1578, y dejó como heredera universal de su patrimonio a su hija Elvira, nombrando por albacea a Diego de Villarroel (mi antepasado) fundador de San Miguel de Tucumán. En Córdoba Elvira Osorio perpetuaba la hidalga sangre de su padre, concebida en Ana de Rosales; “legítimamente”, estampan los documentos que yo ví, aunque investigadores y genealogistas cordobeses de mucho crédito, como Lazcano Colodrero, Luque Colombres y Moyano Aliaga, apuntan que Elvira nació por la puerta falsa de aquella viuda del encomendero Diego de Cáceres. Fue Cáceres encomendero de “Cavisacate” y de “Chamasacate”, y lo mataron los indios “ongamiras” en 1574, junto con su suegro Blas de Rosales. Con Cáceres, Ana de Rosales echó al 298

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mundo 3 vástagos legítimos; Cristóbal, Gaspar y Francisca de Cáceres, que casó con Melchor Ramírez Camacho. Muy luego la viuda del occiso — madre de yapa de Elvira Osorio — pasó a 2as nupcias con el Capitán Francisco de Escobedo, nacido en España en 1527, ex combatiente en Flandes, llegado a Córdoba desde Buenos Aires con la expedición del Gobernador Alonso de Sotomayor — que siguió rumbo a Chile —, y en la región comechingona obtuvo las encomiendas de “Pocho” y “Guae-guae”. Con Ana Rosales procreó a Magdalena de Escobedo, casada con el Capitán Francisco López Correa y, a María Verdugo o Escobedo, esposa del Capitán Pedro Porres y Portugal; ambos matrimonios prolongaron posteridad. Por su parte el veterano conquistador Blas de Rosales (abuelo materno de Elvira Osorio y 12º abuelo mío) nació en algún lugar de España por 1514. Frisaba en los 35 años cuando, en 1549, “entró” en el Tucumán con la hueste de Juan Núñez de Prado. Hallóse presente en las sucesivas fundaciones de Barco I (1550), Barco II (1551), Barco III (1552) y Santiago del Estero (1553), en ocasión de efectuar el último traslado de la ambulante base conquistadora Francisco de Aguirre (mi antepasado). Formó Rosales parte, como Regidor, del primer Cabildo santiagueño. Un año después era Juez Oficial Real de Hacienda de dicha ciudad; y en 1556 Alcalde de su Ayuntamiento, cuando el 16 de julio testificó en la probanza incoada para protestar acerca de un posible regreso de Núñez de Prado a Santiago del Estero. En ese documento, mi antepasado “dixo era de edad de quarenta y dos años, poco más o menos” (luego nació en 1514). Aseguró que a Núñez de Prado “le conoció por ombre cruel, porque le vió fazer crueldades muchas”; que este pensaba desmantelar el poblacho de Barco III, y por eso lo mandó a Rosales “que fuese al asiento de Taquitingasta, que es treze leguas más abaxo donde estaba asentada dicha cibdad, para que mirase adonde la asentaría bien”. Opinó el testigo que si Aguirre “no entrara en esta cibdad, como entró a socorrella con jente y armas y herrajes y arcabuzes y otras cosas necesarias ... esta cibdad se despoblara, por traerla, como la traya en tan mal gobierno el dicho Juan Núñez de Prado, poblándola y despoblándola tantas veces”, y que Aguirre era “cavallero y buen cristiano temeroso de Dios Nuestro Señor y muy leal servidor de su Magestad”.

Suárez Maldonado

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Un año antes de esta declaración, el Capitán Blas Rosales viajó al “Reyno de Chile”, y trajo socorros de Copiapó para el precario reducto tucumano que bañaba el río Dulce o Salí; desde cuya base operativa partió también con Juan Pérez Moreno, a poblar, sin éxito, el valle de Conando (que se supone sea el de San Fernando o de la Ciénaga, cerca de Hualfin, donde en 1562 el Gobernador Castañeda asentó la segunda ciudad de Londres, en lugar equidistantes de los actuales departamentos catamarqueños de Belén y Andalgalá. Parece segura la participación de Rosales en el motín derrocador de Aguirre, cuando la jornada a los comechingones en 1566, ya que en 1569 el Juez de comisión Diego Pacheco, le condenó a pagar 200 pesos de multa por “dar fabor y ayuda” a los cabecillas del desacato. En 1573 Blas Rosales acompaña a Jerónimo Luis de Cabrera en la fundación de Córdoba y, junto a Hernán Mexía Mirabal, es nombrado Alcalde de su primer Cabildo. El Gobernador Cabrera premió los servicios de su colaborador, otorgándole la encomienda de los indios de “Ongamira”, donde Rosales estableció una estancia con cultivos de viñas y cañaverales dulces, higueras, membrillos y plantaciones de rosas. “Fue — informa Lazcano Colodrero — el primero que cultivó entre nosotros la caña de azúcar, en unos terrenos de su propiedad, sitos en el hoy pueblo de San Vicente”. Y el nombrado investigador asegura que ese remoto abuelo mío “era experto minero, cuyos cateos dieron por resultado el descubrimiento de algunas minas; que encontró polvos de oro a inmediaciones de la primitiva ciudad del Barco; y que en los límites de Córdoba con Santiago del Estero, más allá de Caspichuna, halló minas de plata que las obtuvo de merced y alcanzó a explotarlas”. Además le otorgaron a nuestro hombre en propiedad, cerca del pequeño poblado cordobés, una chacra “río abajo’, en el “ancón” (recodo) llamado entonces “de Blas Rosales” (más tarde “bajo de Ariza”, y ahora pueblo de San Vicente), donde ya vimos que su propietario inicial tuvo sementeras de cañas de azúcar y montes de árboles frutales. Asimismo poseyó Blas una “suerte” de “quadra” para huerta; y en la ciudad tuvo, frente a la plaza, un solar “calle en medio de la Iglesia Mayor”, solar que a su muerte vendióse en pública almoneda, el 12-VIII-1574, adquiriéndolo Damián Osorio, quien al testar en 1578 se lo dejó a su hija Elvira, la nieta de Rosales. 300

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En 1574 se alzaron los indios de “Ongamira” y de “Canumbazacate” y dieron muerte a sus encomenderos Blas Rosales y al yerno suyo Diego Cáceres, cerca de los peñones llamados “Charalqueta” y “Colchiquín”. Poco después, el asesinato fue vengado por los Capitanes Antón Berrú, Tristán de Tejeda y Miguel de Ardiles, los cuales infringieron terrible escarmiento a los salvajes. Murió Rosales soltero, si bien — con indias que desconoce la historia — hubo hijos naturales. Así; Blas “el Mozo”; Mateo; Marcos; Francisco; Ana, esposa de Antonio Ronzón; Isabel, 1ª consorte de Juan de Ludueña; Francisca, casada con Pedro González Carriazo; y la 2ª Ana de Rosales, mi antepasada, viuda de Diego de Cáceres, tiempo después en íntima relación con Damián Osorio, y que contrajo posteriores nupcias con Francisco de Escobedo, cual quedó registrado más atrás. Prosigo con mis 10os abuelos los esposos Suárez MaldonadoOsorio Rosales Por el año 1600 Hernán y Elvira su mujer, se trasladaron de Córdoba a Buenos Aires, y acá instaláronse para siempre. En la ciudad porteña ambos cónyuges descollaron entre los vecinos más caracterizados, y en el nuevo asiento adquirieron casas, campos e importantes bienes. Así dos solares fronteros a la manzana llamada “del Adelantado” (el baldío que en la traza primitiva se señaló para Juan Torres de Vera y Aragón, incluído en la actual Plaza de Mayo). El 24-IV-1606, “Hernán Suárez Maldonado, vecino desta ciudad y doña Elvira Osorio su legítima mujer” — cual reza la escritura pertinente — vendieron a Fernando de Villarroel Becerra dichos dos lotes (en cuyo terreno hoy en día se contiene la mitad del palacio del Ministerio de Bienestar Social y del Banco Hipotecario Nacional). Tales solares unidos lindaban, en aquella época; por el Oeste, “calle de San Francisco en medio (ahora Defensa), con solar y casas del Capitán Antonio Bermúdez” (hogaño el edificio del Banco Ganadero y de otros escritorios); al Sur “con solar que fue del Capitán Tomás Garay” (vendido por éste a Miguel de Rivadeneira — mi antepasado —, y que al presente comprende la otra mitad del Banco Hipotecario); al Norte, calle en medio (hoy Hipólito Yrigoyen), “con cuadra del Gobernador Juan Torres de Vera y Aragón”; y por el Este Suárez Maldonado

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caía la barranca hacia las toscas y playas del río. El precio de la venta fue de 1.200 pesos de plata corriente, que se abonó de antemano a los enajenantes. En seguida, Villarroel Becerra transfirió “a la Señoría del Señor Hernando Arias de Saavedra, Gobernador destas provincias”, el solar lindante “con casas que compré a Hernando Juárez Maldonado”(sic); o sea una de las dos fracciones que conformaban el ángulo Noreste de la manzana (circuída actualmente por las calles Hipólito Yrigoyen, Defensa, Alsina y Balcarce). Otra vivienda poseyó el aludido matrimonio en la manzana denominada “del Poblador”, en la que Juan de Garay había hecho construir su primitivo rancho en 1580. Esa manzana pasó luego a la viuda de Garay. Fraccionado más tarde su terreno por los descendientes de esta señora, los esposos Suárez Maldonado-Osorio compraron “un cuarto de solar” de dicha heredad (hoy ubica su fachada el Banco de la Nación Argentina, frente a la Plaza de Mayo). Y bien; el 17-III-1606 los Suárez Maldonado vendieron, mediante escritura autorizada por el Escribano Francisco Pérez de Burgos (antecesor mío), el “referido cuarto de solar, a vos el hermano Bernardo el Gran Pecador” (o sea Bernardo Sánchez enigmático ermitaño sospechado de espía secreto de la corte), con “casas que habemos y tenemos en esta ciudad, donde al presente vivimos”; cuyo inmueble limitaba “con casas del Capitán Manuel de Frías, y — descampado de Torres de Vera y Aragón en medio — con “casas y solar del Gobernador Hernandarias”. La venta incluía a la vivienda y “sus maderas, tablazones y cañas que en ella hay, y seis sillas de cadera y un bufete de madera”. Todo se transfería al “Hermano Pecador”, junto con “una estancia que habemos y tenemos ... en el río que dicen de Luján, en el pasaje y camino desta ciudad a la de Córdoba, que tiene de frente, por el mismo río, media legua de medir, y la tierra adentro, hacia la ciudad, legua y media; que nos hubimos y compramos del Capitán Ruy Días de Guzmán” (futuro cronista de La Argentina ) — según lo puntualizaron los esposos vendedores. Así como que dicho predio rural “alinda por la parte del río abajo con estancia del Capitán Antón Higueras de Santa Ana”, comprendido el recodo fluvial “Paso de las Carretas” en su perímetro; y la estancia se traspasaba “con todos los ganados mayores y menores, vacas, ovejas, bueyes, carretas, casas, corrales, aderezos, peltrechos, arados y tierras de labor; yugos y canoas, y todo lo demás que allí existe de presente; 302

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caballos, aves, y dos redes de pescar; y ansí mismo con la dicha estancia os vendemos dos esclavos negros llamados Francisco y Diego Congo, de a veinte y un años, poco más o menos cada uno”. La campestre propiedad (al margen del río Luján, al presente entre los pueblos de Pilar y Matheu) y aquella finca urbana (frente a la Plaza Mayor) enajenábanse por el precio de 4.500 pesos de plata contante y sonante de a 8 reales, abonados por el adquirente “Bernardo el Pecador” 12. 12 Bernardo Sánchez, “de otro nombre llamado el carísimo y gran pecador” — como él mismo se identificó en su testamento —, nació en Trujillo, Extremadura, España, en 1546 (hijo de los trujillanos Juan Ruiz de Barragán y María González, que a mediados del siglo XVI se radicaron en la villa de Rio Bamba del Ecuador). Casóse, tal vez, en Riobamba, en 1590, con Catalina Pérez. Testó en Lima en agosto de 1609, ante el Escribano González de Carmona, y dejó de existir a los 64 años en 1610, a bordo de un galeón que iba del Perú al Reino de Chile. Era Bernardo primo de Antonio Gutiérrez o Ruiz Barragán, que casó en Buenos Aires en 1606 con Juana de Escobar y Muñoz, con dilatada descendencia (entre ella Estela Schindler, mi mujer). Hijos del “Gran Pecador” y de Catalina Pérez fueron; 1) María Sánchez, casada con Rafael Vargas, residente en la ecuatoriana localidad de Mocha; y 2) Juan (Ruiz) Barragán, nacido en Riobamba por 1595, avecindado en Buenos Aires en 1607, donde fue Regidor y heredero de los cuantiosos bienes de su padre, el pregonado anacoreta. Contrajo nupcias Juan en la ciudad porteña, el 2-II-1616, con Isabel de Cervantes Alarcón, nativa de Esteco (hija de Rodrigo de Soria Cervantes y de Isabel de Alarcón). Hubo por hija a; I) María de Soria Cervantes Barragán, que en 1639 fue esposa de 3as nupcias de Diego López Camelo, baut. en Azurara, Vila do Conde, Oporto, Portugal, el 10-II-1585 (hijo de Sebastián López y de María de las Nieves Camelo). Testó López Camelo el 6-VI-1661. Hija suya del 3er enlace fue; II) Petronila de Cervantes López Camelo, que casó con Diego Rodríguez de Figueroa. Su hijo; III) Diego Rodríguez de Figueroa López Camelo casó con Bernarda Arias Muñoz. Su hija: IV) Ignacia Rodríguez Figueroa Arias fue esposa de Nicolás de Echeverría y Galardi, con quien procreó a; V) María Ignacia de Echeverría Rodríguez de Figueroa, que casó Januario Fernández López de Neira, con el cual hubo a; VI) Manuela Josefa Fernández Echeverría, que con su marido Francisco Piñeyro Cerqueira dieron vida a: VII) Francisco Piñeyro Fernández que casó con Petrona García Rodríguez, en la que hubo a: VII) Celina Piñeyro y García, casada con Félix Gabino de Alzaga Pérez, con el cual procreó 14 hijos, entre estos a Gregoria Petrona Cayetana (que sigue en IX) y a María Gregoria Celina (que sigue en Suárez Maldonado

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El 24-IV-1605, Hernán Suárez Maldonado le compró al Capitán Antonio Acevedo, vecino de Santa Fé, estante en “la Trinidad puerto de Buenos Ayres ... una suerte de tierras en el término de esta ciudad, río arriba del puerto de los Navíos, como a dos leguas desta ciudad” (¿Matanzas?); que lindaba, por una parte con García de Tamborejo, y por otra con Pedro Bernal. El precio de compra se estipuló en 160 pesos de plata, “que me habeis dado y pagareis el día de Navidad, primero que viene” — al decir de Acevedo; quien hubo el bien de Pedro Bernal en 90 pesos. Poseyó Bernal la “suerte” en virtud de las mercedes con que lo agraciaron los Gobernadores Ramírez de Velasco y Rodríguez Valdes y de la Banda, cuando ese campo se hallaba en medio de las “suertes” originarias de Cristóbal Altamirano y del “General Juan de Garay”. Once meses después (5-III-1606), Suárez Maldonado le vendió a otro antecesor mío, el Capitán Pedro Gutiérrez, “media suerte” de aquella anteriormente comprada, “con más doscientas ovejas buenas de dar y recibir, y ocho carneros para padres, de la misma calidad ... todo por el precio de 54 hanegas de harina de trigo,

IXa). IX) Gregoria Petrona Cayetana de Alzaga Piñeyro con Ignacio Pirovano Allena tuvo por hija a; X) Catalina Pirovano Alzaga, que casó con su primo Aquiles Pirovano Naón. Fueron padres de; XI) Celina Mercedes Pirovano Pirovano la cual en su matrimonio con Luis Francisco Gallardo Cantilo procreó a; XII) Juan Luis Gallardo Pirovano — mi yerno — casado con María Eugenia — Mariquita — Ibarguren Schindler; XII) Sus hijos — mis nietos — Juan María, Milagros, María Eugenia y Catalina Gallardo Ibarguren resultan, por esta línea genealógica, 13os nietos del misterioso “Hermano Pecador”. Por su parte; IXa) María Gregoria Celina de Alzaga Piñeyro casó con Juan Federico del Corazón de Jesús Vivanco Moreno Martínez y Guerrico. De ellos nació; X) Beatriz Vivanco Alzaga, casada con Toribio de Achaval Ryan. Padres de: XI) Delia María de Achaval Vivanco, que con su marido Alejandro Alberto de Estrada Elía, dieron vida a: XII) Delía de Estrada Achaval — mi nuera — casada con Hortensio Ibarguren Schindler; XIII) Sus hijos — mis nietos — Cecilia de las Nieves, Delia María Eugenia, Guadalupe, Carlos Hortensio, Mercedes, Rosario y Alberto Ibarguren Estrada, por la presente cadena sucesoria, vienen a resultar 13os nietos del enigmático Bernardo Sánchez, llamado “Hermano Pecador”. 304

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buenas de dar y recibir, encostaladas y bien acondicionadas”, de las que se habían entregado 34, antes de otorgarse la escritura respectiva. Fue dueño también Suárez Maldonado de una chacra a “la vera del gran Paraná, acia el camino do bienen de la Ciudad de Santa Fé”. Tratábase de la chacra que Garay otorgara a su compañero Pedro Franco, de 400 varas de frente mirando al Río de la Plata (que hoy abarca parte del Hipódromo de Palermo), y la consabida legua de fondo; distante como legua y media al norte de la ciudad, en el vasto paraje costeño que se denominaba “Monte Grande”. Dicho dominio pastoril — según el inventario obrado a la muerte de su titular — tenía “casas de vivienda y una tahona grande que no muele, perchel y árboles frutales, aperos de chacra y un carretón viejo”. Andando el tiempo, la nieta del causante: María de Guzmán y Maldonado; y su marido el Sargento Mayor Manuel de Contreras, donaron (28-IX1689) al Colegio de los Jesuitas el bien de referencia, que vino a acrecentar, con otras seis “suertes” más agregadas, la célebre “Chacarita” de los padres: 2.450 varas fronteras, en conjunto, y la invariable legua de fondo 13. 13 En efecto: a más de la chacra de Maldonado de 400 varas de frente, la chacra lindera por el Norte de 350 varas delanteras, perteneció a Alonso Gómez y, más tarde, el cura Juan de Oramas Filiano, a quien heredó su sobrino Sebastián Agreda de Vergara; posteriormente los herederos de éste vendieron el 10-IV-1709, a los jesuitas el predio señalado. La siguiente chacra, siempre hacia el Norte, de 350 varas, fue de Esteban Alegre, después de Isabel Martel y finalmente de Sebastián Orduña, casado con María de Manzanares y Burgos, quienes donaron el lote a los religiosos ignacianos en 1619. La chacra contigua, de 400 varas, perteneció, en su origen, a mi antepasado Pedro de Izarra, luego fue del Capitán Gonzalo de Carbajal, el cual vendió la fracción a los jesuítas el 18-XII-1629. La chacra vecina de 350 varas que se adjudicara a Juan Fernández de Zárate, pasó luego al Capitán Tomás Garay, quien se la vendió, el 14-III-1605, a mi antepasado Miguel de Rivadeneira. Mas tarde el terreno fue de Gonzalo de Carvajal, y éste lo dió en dote a su hija María, a la cual se lo compraron los jesuitas el 16-IX-1680. La chacra inmediata, de 350 varas, había sido en un principio de Baltasar de Carvajal, luego en 1605 de Bartolomé López, y sucesivamente de Pedro Romero, Juan Manuel Arpide y Cristóbal de León. Los albaceas de este último transfirieron el predio a los jesuitas el 10-XII-1695. La chacra lindante de 400 varas había sido de Antonio Bermúdez, y corridos los años, 250 varas de ella — con su legua de fondo — cayeron bajo el dominio sucesivo de Suárez Maldonado

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A propósito de tales fincas de cultivo, el 2-IV-1612 se leyó en el Cabildo una representación de los vecinos Benito Gómez, Domingo Gribeo y Gil González, la cual expresaba que al “no estar medidas y amoxonadas como deben las chácaras del Monte Grande, hay entre ellas diferencias por no saber cada uno lo que le pertenece, y pidieron se midan y amoxonen las tierras de dicho pago”. El Ayuntamiento encomendó entonces fiscalizar el trabajo al Alcalde Mateo Leal de Ayala y al Alférez Real Pedro Gutiérrez (mi antepasado), cuyos realizadores, sobre el terreno, fueron el Regidor Francisco Bernal y “el piloto Pedro Fernández Pié de Palo”, quienes con “aguxa de marear” se pusieron a medir las “chácaras” con “rumbo norueste sueste”, y al llegar a la que fuera de Pedro Franco, “dixo Hernán Suárez Maldonado que es suya”, y “amoxonóse 400 varas” 14. El “Arroyo Maldonado” El 30-VI-1614 tratóse en el Cabildo “como era nezesario aderezar la puente que estaba echa sobre la azequia del molino de Hernán Suárez Maldonado, que es una legua desta çiudad, por aberla desbaratado y rrobado las aguas, y ser dicho camino muy pasagero”. La corriente que había destrozado dicho puente fue la del arroyo ya conocido en aquel tiempo como “Arroyo Maldonado”, y el “camino muy pasagero” era “el camino por do bienen de la ciudad de Santa Fé”: el que señalara Garay por delante de las chacras que en 1580 repartió a los primeros pobladores. Romero, Arpide y León y de éste último — junto a la chacra antedicha — vino a parar a poder del Colegio de la Compañía de Jesús en 1699. Tal la referencia suscinta del origen de la vasta e histórica “Chacarita de los Colegiales”. 14 Como yerro o grave equivocación planimétrica, es preciso destacar que en el muy posterior mapa presentado por el piloto agrimensor Miguel Ozores a la Junta Municipal de Propios en octubre de 1792, sobre la planta urbana de Buenos Aires, su éjido y el parcelamiento de las chacras fundadoras, ese interesante documento omite la merced de 400 varas de frente recaída en Pedro Franco, que Hernán Suárez Maldonado declaró como suya en 1612. 306

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El frente de la “suerte” de mi remoto progenitor — que ubico con la imaginación sobre la cresta de la barranca — comprendería, hogaño, el pentágono formado por las calles Santa Fé, Luis María Campos, Dorrego y Avenida Intendente Bullrich, donde se levantan los modernos cuarteles de los regimientos 1º y 2º de infantería. Desde estas dependencias militares, con rumbo Oeste Noroeste, extendíase la antigua chacra a través de las cuatro cuadras que flanquean las calles Bompland y Dorrego, prolongadas hasta el barrio “de la Paternal” y la Avenida San Martín, que marcaría el fondo de la legua; y el costado Norte, de dicha parte trasera, apenas rozaría el ahora cementerio popular de la Chacarita. En mi juventud lejana alcancé a conocer los viejos “cuarteles de Maldonado”, con sus torreones y almenas que les daban aspecto de castillete de juguetería. A pocos metros de una de sus murallas, más acá del terraplén del ferrocarril, corría en su lecho barroso el arroyo epónimo; cuyo flujo chirle mandó entubar, en 1929, el Intendente Cantilo. A partir de entonces, dentro de enormes caños enfilados por debajo de la Avenida Bullrich, que a continuación soslayan al Hipódromo Argentino y subterráneamente atraviesa la gran rotonda del Bosque de Palermo (donde ayer estuvieron el pabellón del Tiro Federal y la cancha de fútbol del Club Estudiantes), el “Arroyo Maldonado” — límite cien años atrás del municipio porteño — vuelca su escaso caudal en el Río de la Plata. Prosigo con las propiedades urbanas y rurales de mi antepasado El 12-I-1610, el Gobernador Marín Negrón habíale dado de merced a Hernán Suárez Maldonado una “quadra” en la ciudad, que lindaba, calle en medio, con Diego de Vega (el judío capitalista socio de Juan de Vergara); por “la banda de arriba” con unos hornos de teja “en la quadra por la esquina San Francisco”; y “por la banda de abajo”, calle en medio, “con quadra de Santo Domingo”. A dicha propiedad, Hernán le adicionó otro terreno aledaño que compró el 2 de febrero siguiente a Manuel Méndez y a la mujer de éste María Guerra. Presumo que en ese amplio espacio, mi lejano abuelo estableció su última residencia. El inventario de sus bienes sucesorios consigna que el causante — junto a otras propiedades — poseía “unas casas sobre la barranca del río y traza desta ciudad, con el sitio y Suárez Maldonado

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demás cosas que le pertenecen”. Constaba la tal vivienda de sala, dos aposentos y una despensa, “cocina muy bieja” y “huerta con un pozo, una pila de piedra y baldes de cobre”; además del patio. El 10-XII-1610, Hernán Suárez Maldonado le vendió a Mateo Leal de Ayala un “solar que llaman de la Higuera”, que el enajenante comprara al clérigo Pedro Sarmiento, “en la calle que va de la Plaza a Santo Domingo”. Ese “solar de la Higuera” ubicaríase ahora —creo — en la calle Defensa, entre las de Belgrano y Moreno, en la acera que mira al Este. En aquel entonces lindaba por su frente, calle en medio, con solar de Diego de Vega (más tarde de “Bernardo el Hermano Pecador”); por el Norte con más terreno de Suárez Maldonado (que con el de “la Higuera” había sido originariamente de Pedro Franco); por el Sur con Manuel Avila; y por el Oeste con fondos del lote que perteneció a Pedro Ruiz 15. Poseyó también nuestro personaje en la ciudad, “cuatro tiendas de alquiler”, de las que “solo sirve una de ellas”.El 9-VI-1617, el Gobernador Hernandarias le otorgó de merced a Suárez Maldonado una estancia en el pago de Las Conchas, de 800 varas de frente lindera con la de Miguel Gómez de Saravia. En dichas tierras pastoreaban en 1649 “800 vacas de la una y de la otra parte del Río”. Asimismo el estanciero que me ocupa tenía poblada en 1649 una segunda heredad pampeana sobre el río Paraná de las Palmas, distante 16 leguas de la ciudad (hoy en las proximidades del puerto de Zárate), “con ganado bacuno y más de setenta obejas que se hallaron”. El 25-II-1626, el gobernador Céspedes benefició a los hijos de Suárez Maldonado con unas tierras ubicadas entre los ríos de las Palmas y de Areco, contiguas a otras que habían sido de Francisco Pérez de Burgos (mi antepasado, heredadas luego por su yerno Francisco de Manzanares), y por otro rumbo con “la linde de tierras 15 El historiador Lafuente Machain supone que “el solar de la Higuera” tomó su nombre de un árbol de esa especie o por el vecino fundador Antón Higueras. Me pronunció yo a favor de algún copudo “ficas” arraigado en la parcela, la cual nunca estuvo bajo el dominio de Antón Higueras de Santana; nacido en la villa andaluza de Salteras en 1556; venido al Paraguay en 1572, en la armada de Ortiz de Zárate; fundador con Garay de Buenos Aires en 1580, que murió aquí en 1619, y resulta uno de los antepasados de mi mujer, Estela Schindler. 308

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de Juan Pavón, costeando por el río abajo de Areco hasta la boca del Baradero y río de las Palmas”, y de la desembocadura de este río hasta lindar con tierras de Hernán Suárez Maldonado, vuestro padre” — según expresaba el título de merced correspondiente. En agosto de 1646, la vecina María de los Cobos, viuda de Nicolás Ocampo Saavedra, vendió a Suárez Maldonado sus derechos sobre unas tierras cercanas a las de su marido; y, más tarde, esas fracciones acrecidas pasaron a poder de los jesuitas. En otro orden de cosas, habida cuenta de que “los vezinos de este puerto son muy pobres e no tienen caudal para comprar nabíos en la cantidad de poder navegar”, Hernán Suárez Maldonado le pidió, en 1604, al Gobernador Hernandarias, autorización a fin de exportar las harinas, cecina y cevo de las permisiones”, en los barcos que “entraron en este puerto con negros del contrato, y otros que traxo el Señor Obispo” — fray Martín Ignacio de Loyola, sobrino de San Ignacio. Tal pedido fue resuelto favorablemente por Hernandarias, y “se señalaron seis o siete navíos para dicho efeto”. La actividad pública de mi antepasado En 1611 el Cabildo eligió Regidor a Hernán Suárez Maldonado, a quien (en el mes de agosto) dicha corporación encargó conjuntamente con mi 10º abuelo el Depositario General Pedro Gutiérrez, se le informara sobre los aranceles vigentes de los carpinteros, herreros, zapateros y sastres lugareños. He aquí unas pocas muestras de esos precios: Los carpinteros: “por hacer una casa con sala de tres tirantes con sus dos cámaras de madera los palos rollizos por labrar”, cobraban 25 pesos, “y siendo labradas a hacha y azuela con sus canes (cabeza de viga)”, 50 pesos.- por “unas puertas llanas con sus vergüenzas (listones) siendo para un rancho”, 5 pesos; por “una ventana llana de una vara de alto sin cruçeros”, 4 pesos; por “una caxa de arcabuz”, un peso; por “una silla de sentarse, 3 pesos.Los herreros cobraban: por “un freno con todo su aderezo”, 3 pesos; por “una desjarretadera bien calzada de açero”, 3 pesos; por “unas espuelas llanas bien acabadas”, 2 reales.- Los sastres recibían: por “una capa ropilla y calzones llanos”, 6 pesos; por “un vestido apasamanado de hombre”, 10 pesos; por “un jubón de seda con su molinillo” (guarnición), 4 pesos; por “un vestido de terciopelo, ropa y Suárez Maldonado

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saya, con un pasamano y guarnición ordinaria de basquiña”, 12 pesos.- Los zapateros percibían: por “unas botas de camino enceradas con sus vueltas”, 6 pesos; por “unas chinelas de corcho”, 2 pesos; por unos borceguíes con sus zapatos”, 6 pesos; por “unos zapatones de cordobán”, 2 pesos; por “unas botinas de muger”, 2 pesos ... etc, etc. En 1613 — siendo Gobernador interino Mateo Leal de Ayala — a Hernán Suárez Maldonado lo designaron Alcalde de Hermandad. Ello, sin duda, porque el nombrado mantenía vínculos estrechos con la pandilla de Juan de Vergara, que contrabandeaba esclavos africanos. En el gran proceso de 1615 contra los vergaristas, fautores del comercio ilícito, el Fiscal Nicolás Ocampo Saavedra acusó a Suárez Maldonado “de ser obligado amigo de los confederados, comprador de negros desorejados, a los cuales hacía manifestar (exponer públicamente) Enrique Enríquez Díaz de Guzmán, íntimo amigo de Juan de Vergara. Y el 13-VI-1615 el inculpado depuso contra Simón de Valdés y Mateo Leal de Ayala. En 1616 nuestro hombre ocupa otra vez el cargo de Regidor, con “bara” de Fiel Ejecutor, que (27 de junio) recibe de manos del Gobernador Hernandarias. Y en 1623, por voluntad del Cabildo, asume las responsabilidades de Alcalde de 1º voto. En el ejercicio de estas funciones, cierto día, Suárez Maldonado se topó con mi antepasado Alonso Agreda de Vergara, que en su carácter de Oficial Real inspeccionaba un navío en el puerto, y al discutir ambos acerca de las atribuciones de cada cual en el derecho de visita, “Alonso Vergara le dijo al dicho Alcalde que era borracho y loco y ladrón y otras razones deste tono que dieron escándalo a los oyentes” (según lo testificó Miguel de Rivadeneira en una Información del 2-VIII1628). Por lo demás, Suárez Maldonado fue uno de los testigos “llamados y rogados” en el testamento que otorgó, el 30-III-1634, ante el Escribano Pablo Núñez, Francisca de Valdéz y de la Banda — hija natural del Gobernador don Diego —, mujer legítima que había sido de 1as nupcias de Juan Bautista Justiniano, y de 2as de Francisco de Areco. El 19-VIII-1637, el Gobernador Pedro Esteban Dávila convocó a los moradores porteños más antiguos a “Cabildo abierto”, a fin de tratar sobre las nuevas “primicias” que — amén del diezmo de las habituales ofrendas de trigo, maíz y cebada — pretendía recibir de su grey el Obispo recientemente electo para Buenos Aires, Fray 310

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Cristóbal de Aresti. En dicha asamblea deliberóse acerca de los tributos tradicionales que aquí se daban a la Iglesia; ya que Monseñor Aresti reclamó, so “pena de descomunión”, le pagaran “premissas de ganado, abes y otras cossas que nunca an acostumbrado de dar”. Estuvieron presentes en la reunión 15 calificados vecinos, entre ellos 4 antepasados míos; Gaspar de Gaete, Cristóbal Naharro, Pedro Gutiérrez y Hernán Suárez Maldonado. Este último, cuando le llegó el momento de opinar, “dixo que de quarenta años a esta parte, como labrador que a sido y tiene estancia y chácara, no ha pagado ni bisto pagar más premissas que de trigo, maís y cebada”. Negados así los pollos, lechones y recentales que pretendía cobrar Su Ilustrísima, éste no pudo reprimir su cólera y, en represalia, ordenó el retiro del sitial destinado en la Catedral al Gobernador. Dávila, entonces — según se dijo —, intentó desterrar al diocesano, mediante embarque forzado en cierto navío que le llevaría a España. Lo cierto fue que, al poco tiempo, cuando acá vino el reemplazante de Dávila, Mendo de la Cueva y Benavídez a iniciarle juicio de residencia a su antecesor, Monseñor Aresti pidió a de la Cueva el arresto de Dávila, y al no acceder el nuevo mandatario a tal reclamo, resultó excomulgado por el rencoroso mitrado. Testamento y fin del antepasado de esta historia Hernán Suárez Maldonado pagó tributo a la muerte después de testar el 11-II-1649, “enfermo en cama y sano de juicio y en mi cumplida memoria y entera boluntad”, ante el Escribano Tomás Gómez Gayoso y los testigos llamados y rogados, Capitán Antonio Ramírez Piollino, Juan de Cerqueira, Juan Guerrero y Cristóbal Negrete. En esa escritura de última voluntad el otorgante ordenaba la inhumación de sus restos en la Iglesia Catedral, “en la sepultura que allí tengo y en que están enterrados algunos de mis hijos y otros deudos”. Dijo haber sido “casado y velado con Doña Elvira Osorio, ya difunta, hija del Capitán Damián Osorio y de Doña Ana de Rosales”, y que el llevó a su matrimonio un capital de 4.000 pesos. Enumeró a sus hijos legítimos que vivían en ese momento. Precisó que “las casas de su morada” se levantaban en un solar sobre la barranca del río, a los fondos de la finca de Diego de Vega, con frente a la antigua calle de “la Ronda” (ahora Balcarce). Tal propiedad Suárez Maldonado

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alzábase en la “quadra” que — según dije más atrás — recibió mi antepasado como merced del Gobernador Marín Negrón el 12-I-1610, y que resulta actualmente la manzana comprendida entre las calles Balcarce, Belgrano, Paseo Colón y Moreno. A su hijo Hernán, el causante le donó dos esclavas de servicio nombradas María e Inés, con tres crías; la negrita María y dos mulatillos. Esto porque “nos ha servido a mí y a la dicha doña Elvira Osorio, su madre, desde sus tiernos años, con mucho amor, obediencia y boluntad, gobernando con su asistencia personal y industria y travajos nuestras aciendas de campo y ciudad, y procurándonos sustentar las dichas aciendas y nuestra casa, personas y demás familia, en el tiempo que fue soltero, como después de cassado”. La abnegación filial valióle a Hernando “el Mozo” una mejora consistente en el tercio del quinto de la herencia paterna — aunque ya se le habían anticipado partes de su legítima de padre y madre. Tal mejoramiento de bienes suscitó luego un enojoso pleito entre los hijos del finado. Después de mandar pagar la limosna de 25 pesos a la imagen de Nuestra Señora de Copacabana que se veneraba en el Hospital de San Martín, de cuya institución fuera Mayordomo; el testador nombró albaceas a sus hijos Hernán y Lorenzo; quienes iniciaron la testamentaria, el 17-V-1649, ante el Alcalde Jacinto Vela de Hinojosa; quien dispuso se inventariaran los bienes sucesorios; inmuebles, urbanos y rurales, semovientes, herramientas, enseres, ropas, alhajas y esclavos (15 negros y mulatos de ambos sexos y diferentes edades). En cuanto Elvira Osorio ella había hecho abandono de este mundo en 1643, seis años antes que su marido, y tras de otorgar dos testamentos; el 23-X-1630 y el 8-III-1638, y un codicilo el 15-XII1642. En aquella disposición postrera de 1638, que pasó ante el Escribano Pablo Núñez de Vitoria y los testigos, llamados y rogados, Diego Hernández, Pedro González, Cristóbal Gutiérrez, Gabriel García Pacheco y Manuel de Silva — el cual firmó en nombre de la testadora, que no sabía firmar —, la causante hallándose postrada y “enferma en cama”, declaró estar casada con Hernán Suárez Maldonado, y que era (sic) “hija lexítima de Damián Osorio y de Ana de Rosales, su mujer, mis padres difuntos que Dios alla, vecinos que fueron de la ciudad de Córdoba”. Dijo también ser “hermana (era hermanastra) de Fray Cristóbal de Cáceres”, residente en la ciudad 312

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cordobesa; y mandó se depositaran sus despojos en la Iglesia del convento bonaerense de San Francisco, “en la sepultura que en ella tengo”. Hernán Suárez Maldonado (el Viejo) y su consorte Elvira Osorio hubieron más de una docena de hijos, de ellos sobrevivieron y hemos identificados a los siguientes: 1) Feliciana Suárez Maldonado, baut. el 19-X-1604. Falleció en la infancia. 2) Elvira Suárez Maldonado, que casó con el capitán encomendero Lorenzo de los Cobos García Villamayor. Ella fue dotada por sus padres mediante un capital de 6.090 pesos, que representaba a unas casas para su morada en la ciudad; a una estancia en el río de las Palmas; a varios solares urbanos; y a siete esclavos y varios vestidos, muebles y otros enseres domésticos. Todo ello se legalizó en una escritura pasada el 24-VI-1635, ante Paulo Núñez de Vitoria y los testigos; el General Gonzalo de Carbajal, Lucas Moreno y Gonzalo de Villoldo. Falleció Elvira antes de 1649. Dejó esta hija: A) Francisca Osorio Maldonado García Villamayor, menor de 4 años en 1645, de la cual fue tutor de “su persona y bienes el tío suyo Hernán Suárez Maldonado “el Mozo”. 3) Hernando o Hernán Suárez Maldonado “el Mozo”, — mi antepasado — que sigue en II. 4) Miguel Suárez Maldonado, fraile franciscano, que recibió un legado de su madre de 50 pesos para comprar libros y un hábito. 5) Damián Suárez Maldonado, que murió niño. 6) Ana Suárez Maldonado, muerta soltera. 7) Leonor Suárez Maldonado, baut. el 22-VII-1611. 8) Lorenzo Suárez Maldonado, baut. el 8-VII-1613. Alguacil Mayor; Contador de la Real Hacienda designado por el Gobernador Lariz; Alcalde ordinario en 1652 y Procurador General en 1650. Testó el 2V-1661. Habíase casado con Jerónima Riquelme de Guzmán — hermana de mi antepasado Rodrigo Ponce de León y de Pedro Riquelme de Guzmán. Jerónima testó en tres oportunidades: el 23XII-1642, el 16-IX-1656 y el 11-I-1683. Fue sepultada a la entrada de la Iglesia de San Francisco, a un costado de la puerta principal. Su única hija resultó:

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A) María de Guzmán y Maldonado, baut. el 28-VIII-1645, que se casó primero con el Sargento Manuel de Contreras. Estos cónyuges heredaron del abuelo de ella la chacra del “Arroyo Maldonado”, que ambos donaron, el 28-IX-1689, al Colegio de los Padres Jesuitas. Posteriormente María contrajo 2as nupcias con Alonso Noguer. Prolongó descendencia. 9) Jorge Suárez Maldonado, que fue clérigo jesuita. Su padre le dejó, en 1649, las tierras para estancia “que están en el río de las Conchas”, junto a la estancia del Colegio de la Compañía de Jesús”, con otras tierras y dos cuadras en la ciudad de Córdoba, que pertenecieron a los bienes dotales de la madre del agraciado; Elvira Osorio. II — HERNAN SUAREZ MALDONADO, “el Mozo” nació en Buenos Aires y aquí fue bautizado el 9-X-1609. Veintiocho años más tarde, en 1637, el Cabildo porteño lo eligió Mayordomo de la ciudad, y “el Mozo” ipso facto, ni corto ni perezoso, elevó una nota al Gobernador Pedro Esteban Dávila pidiendo de merced ciertas tierras vacantes. “Hernán Suárez Maldonado — decía la nota —, Mayordomo de la Ciudad ... ha más de veinte años que sirvo en esta ciudad a S.M., con mi persona, armas y caballos, en todo aquello que se ha ofrecido a su real servicio, además de los muchos y calificados servicios que mi padre el Capitán Hernán Suárez Maldonado ha hecho asimismo a S.M, hasta que, por estar como esta hoy tan viejo y no poder manejar las armas los ha dejado, y carga todo género de trabajo sobre mi persona; y para poder sustentar y continuar los dichos reales servicios”, solicitaba el otorgamiento “en el río Luján, de la otra banda, de un pedazo de tierra vaca, que se ha de comenzar desde la de Bernardo León río arriba, hasta las tierras de Pedro de la Poveda” 16. Sin embargo Hernán no estaba tan indigente, pues — cual lo declaró con posterioridad su padre al testar en 1649 — el hijo había 16 Tales tierras se ubicaban precisamente sobre la margen Norte del río Luján, del otro lado de la estancia que fuera de Hernán Suárez Maldonado (padre), que vendió en 1606 a “Bernardo el Hermano Pecador”, y que había heredado el hijo de éste: Juan Barragán; en las proximidades del vado o “Paso de las Carretas”, por donde corría el camino que iba de Buenos Aires a Córdoba (hogaño entre las localidades de Pilar y Matheu). 314

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recibido “como anticipo de su herencia paterna y materna, unas casas que están sobre la barranca del río y traza de esta ciudad, con el sitio demás cosas que les pertenecen; y seis o siete esclavos, entre chico y grande; y unas tierras para estancia que el susodicho (su padre) tienen y le pertenecen por haberlas comprado a Fernando Trejo, con el ganado de vacas lecheras que están en mi estancia, en el dicho río de las Palmas”; y aunque los vacunos eran propios del progenitor, el hijo homónimo los atendía en el referido campo. El 1-I-1638, Suárez Maldonado “el Moço” fue elegido Alcalde ordinario, correspondiéndole ser de 1º voto en los últimos seis meses de ese año, en tanto Juan de Mena ejercería tal cargo durante el primer semestre del período. Votaron por mi antepasado en dicha oportunidad, el Alcalde y Alférez Real saliente Gaspar de Gaete (lejano abuelo mío) y Juan de Tapia y Vargas, respectivamente, y los Regidores perpetuos Juan de Vergara y Juan Barragán, ante el Escribano capitular Pablo Núñez de Vitoria. El 27 de febrero del mismo año, leyóse una carta en el Cabildo del Virrey del Perú, Luis Fernández de Cabrera, Conde de Chinchón, fechada en Lima el 7-VIII-1637, cuyo texto manifestaba que el Rey le había ordenado que para los oficios de Contador y Tesorero de la “Caxa de Buenos Aires” propusiera “personas ricas, de confiança y de toda satisfacción”, por lo cual convenía que se juntase ese Cabildo con los Oficiales Reales y le remitiera al Virrey un nómina de candidatos “en quienes concurran las dichas calidades”, a fin de llenar aquellos importantes cargos. Y el 9 de marzo siguiente, reunido el Cabildo en pleno, con asistencia del Gobernador Mendo de la Cueva y Benavídez y presidido por el Alcalde Juan de Mena, procedió a elegir a ese grupo de calificados individuos, “todos vecinos desta ciudad y asentados en ella, con bienes raíces, ydóneos para los dichos cargos”. He aquí el escrutinio de aquella elección: Encabezaban esa lista para el Conde de Chinchón, el Teniente de Gobernador Gaspar de Gaete (mi 10º abuelo) y el Sargento Mayor Marcos Sequeira con 10 sufragios. Les seguían con 9 votos, el General Juan Tapia de Vargas, el General Sebastián de Orduña, el Capitán Pedro de Rojas y Acevedo, el General Gonzalo de Carvajal, don Manuel de Frías Martel y el Maese de Campo Enrique Enríquez. Con 8 votos, el Alcalde Hernán Suárez Maldonado “el Moço” y el Capitán Juan Gutiérrez de Humanés Suárez Maldonado

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(ambos 9os abuelos míos). Con 7 votos el General Francisco Velázquez Melendez. Con 6 votos el Maese de Campo Rodrigo Ponce de León (también mi 9º abuelo). Con 5 votos el Capitán Pedro Sánchez Garzón y el Regidor Juan de Vergara. Y con 4 sufragios el Maese de Campo Lorenzo Remón. Sin embargo en ninguno de estos caballeros recaería la elección de Oficial Real; oportunamente resultaron designados; Contador Luis de Salcedo (reemplazado en 1644 por mi 8º abuelo Agustín de Labayén, que vino de España), y Tesorero, Juan de Vallejo. Veinticuatro años más tarde, en 1662, Suárez Maldonado “el Mozo” — que ya había dejado de serlo, pues sobrepasaba el medio siglo de edad — volvió al Ayuntamiento porteño como Alcalde de 2º voto; cargo del cual se recibió recién el 9 de enero, “por aber estado aussente el día de la elecsión”. En consecuencia, el Teniente General de la ciudad Pedro de Morales y Mercado “cojió la vara de la Real justiçia en las manos, y de la suya la entregó al Capitán Hernán Zuárez Maldonado, jurando, como juró, y a una cruz según forma de derecho, de ussar bien y fielmente el dicho officio de alcalde hordinario, haçiendo justiçia a las partes y procediendo conforme a derecho, y guardando las ordenanzas y cédulas de su magestad”, según lo dejó escrito en el acta correspondiente, con su caprichosa ortografía, el Escribano público y de Cabildo Baltasar de los Reyes Ayllón. El 22 de marzo siguiente, el Capitán Hernán Suárez Maldonado presentó a la corporación de que formaba parte, un título dado por el Gobernador Alonso de Mercado y Villacorta, por el que era nombrado “Thesorero jues ofiçial de la Real haçienda de esta provincia y la del paraguay”. En seguida, el elegido recibióse del cargo, sin por ello dejar la vara del Alcalde. Fueron fiadores suyos en la ocasión, los Capitanes Juan Ruiz de Ocaña (lejano abuelo mío), Joseph de Sosa, Juan de Cuenca, Carlos Gil Negrete, Juan Muñoz Vejarano y Gregorio de Silbeyra. Por los demás, el personaje de esta referencia habíase casado, aquí en Buenos Aires con Beatriz de Rivadeneyra y Sierra (hija de Miguel de Rivadeneyra y de Catalina de la Sierra; de cuyos antecedentes genealógicos trato en el apellido Rivadeneyra). Doña Beatriz ya era difunta en 1664. En efecto; en el Padrón de Vecinos de la Ciudad de Buenos Aires, cumplido por el “Correxidor” Alonso 316

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Pérez ese año 1664, figura anotado bajo el nº 11; “Hernán Suárez Maldonado, Oficial Real — Dixo; ser natural de esta ciudad, hijo legítimo de Hernán Suárez Maldonado y de Da. Elvira Osorio; que fue casado con Da. Beatriz Revainera (sic), hija de Miguel Revainera; y que ha sido Capitán y Alcalde Ordinario, y al presente Tesorero de estas Reales Caxas”. Hernán Suárez Maldonado “el Mozo” y su consorte Beatriz de Rivadeneira, bautizada en Buenos Aires el 11-VI-1609, que para su matrimonio fue dotada por sus hermanos Francisco y Juan en 1633, hubieron los siguientes hijos: 1) Elena o María Elena Maldonado Rivadeneira, baut. el 16-IV-1636, que casó con Juan Cardoso Pardo. Fueron probablemente sus hijas: A) Francisca Maldonado. B) Beatriz Maldonado, que casó con Fernando Ruiz de Rojas. C) Elena Maldonado. 2) Juan Arias Maldonado — así firmaba —, baut. el 26-IX-1633. Alcalde de 2º voto en 1680, Alférez Real y Juez de Menores. Como “accionero” al ganado cimarrón pidió licencias al Cabildo en 1672 y en 1681 para emprender vaquerías y recogidas en la pampa. Casó el 10-IX-1679 con Polonia de Gaete Izarra (hija de Gaspar de Gaete y de Polonia de Izarra). Padrinos de la boda fueron Alonso Pastor y su mujer María de Izarra Gaete — hermana de la novia —, y testigos del acto el Contador Pedro de Alvarado, el Secretario Bernardo Gayoso y el Capitán Juan de San Martín Humanés (mi antepasado). Polonia era entonces viuda de Cristóbal Guerrero y Escalona y para aquel su 2º enlace con Arias Maldonado fue dotada con 6.000 pesos. Murió éste bajo disposición testamentaria del 28-IV-1685, sin sucesión forzosa. Dejó por herederas de todos sus bienes a sus sobrinas Elena y Francisca Maldonado. 3) Miguel Maldonado Rivadeneira, baut. el 24-IX-1638, que murió en la infancia. 4) María Suáres Maldonado Rivadeneira que contrajo matrimonio con Francisco de Gaete Izarra (hijo de Gaspar de Gaete y de Polonia de Izarra, cuyos antecedentes genealógicos y datos históricos se consignan en los apellidos Izarra y Gaete). Doña María, al morir su abuela Elvira Osorio, recibió un legado de ella de 500 pesos para ayuda de su dote. También el abuelo paterno ordenó Suárez Maldonado

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en su testamento de 1649, “que a María Maldonado, mi nieta”, le entregaran “una esclava negra del servicio de su casa llamada Margarita”. Francisco de Gaete y María Suárez Maldonado son mis 8os abuelos y su descendencia prosigue en los linajes de Gaete y de Fernández de Córdoba, a cuyas respectivas monografías remito al lector. 5) Ursula Suárez Maldonado Rivadeneira, baut. el 16-XII-1645, que casó con José Ruiz Sancho de Bolaños, el 5-V-1679. Testó el 7-V1687. Con sucesión. 6) Francisca Arias Maldonado Rivadeneira, que tuvo por marido a Diego de Gaete Izarra (hermano de Francisco y de Polonia, cuñados, a su vez, de su mujer). No tuvieron hijos. 7) Catalina Maldonado (la creo asimismo hija de Hernán “el Mozo”). Casó el 14-IV-1664 con Sebastián de Ortega. El 18-IX-1685 dichos cónyuges le vendieron al Capitán Juan de Palacios las “cassas de nuestra morada”, que lindaban “por el poniente con solar del Capitán Juan Arias Maldonado”.

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Correspondencia de la Ciudad de Buenos Aires con los Reyes de España; 1588-1615, reunida en el Archivo de Indias de Sevilla y publicada por Roberto Levillier. Buenos Aires, 1915. Documentos del Archivo de Indias; Gobernación del Tucumán; Probanzas de méritos y servicios de los conquistadores. Tomo II (1583-1600). Publicación dirigida por Roberto Levillier. Madrid, 1920. García Carraffa, Alberto y Arturo; Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispano-Americana. Grenón, P. (S.J.); El Libro de Mercedes. Documentos Históricos. Córdoba, 1930. Tomo 19. Lafuente Machain, Ricardo de; Buenos Aires en el siglo XVII. Bs. As., 1944. Lazcano Colodrero, Arturo G.; Cabildantes de Córdoba. Córdoba, 1944. Luque Colombres, Carlos A.; Primeros años de la ciudad de Córdoba. Córdoba, 1968. Martínez, Alberto B.; Estudio Topográfico de Buenos Aires, en el volumen Censo Municipal de Buenos Aires 1887. Molina, Raúl A.; Don Diego Rodríguez Valdez y de la Banda. Bs. As., 1949. Molina, Raúl A.; El primer banquero de Buenos Aires; Diego de Vega. Mendoza, 1958-1959. Molina, Raúl A.; Hernandarias, el Hijo de la Tierra. Bs. As., 1948. Molina, Raúl A.; Padrón histórico de vecinos, estantes y habitantes de Buenos Aires en los siglos XVI y XVII. Inédito. Moyano Aliaga, Alejandro; Hijos y Nietos de Fundadores de Córdoba, publicación del “Centro de Estudios Genealógicos de Córdoba”. Córdoba, 1973. Outes, Félix; Cartas y Planos Inéditos de los siglos XVII y XVIII y del primer decenio del XIX. Publicación del Instituto de Investigaciones Geográficas de la Facultad de Filosofía y Letras. Bs. As., 1930. Pillado, José Antonio; Buenos Aires Colonial, edificios y costumbres. Volumen I. Bs. As., 1910. Trelles, Manuel Ricardo; Registro Estadístico de Buenos Aires. Bs. As., 1874. Ugarteche, Félix de; Hombres del Coloniaje. Bs. As., 1932.

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SUAREZ MEXIA Dicen que el apellido patronímico Suárez — derivado del nombre Suero — tuvo remoto origen en las Montañas de Santander, y que al correr del tiempo, desde allá se fue desparramando por toda la Península Ibérica. Uno de los viejos escudos del linaje pintaba en campo de plata una cruz hueca y floreteada de gules. Los Mexía primitivos, en cambio, fueron gallegos y, tras la Reconquista gran número de ellos pasaron a la Lusitania, a Castilla, a Murcia, a Extremadura. Sus armas primordiales traen en campo de oro tres fajas de azur, (Nobiliario Español de Julio de Atienza). I — ALVARO FERNANDEZ MEXIA y Ana Suárez, fidalgos portugueses, señores de una Casa mayorazga en la villa y plaza fuerte de Campo Mayor, consejo del distrito de Portoalegre — sobre la frontera española de Badajoz, a 20 kilómetros escasos de esta ciudad —, fueron los padres de: II — ANTONIO SUAREZ MEXIA, nacido en 1542 en la villa de Campo Maior y primogénito de aquella Casa solariega. Tres décadas más adelante, el 26-IX-1572, en el puerto de San Lúcar de Barrameda, “don Francisco Tello, Caballero de Santiago, Tesorero y Juez de Su Magestad”, despachó a la armada de Juan Ortiz de Zárate que venía al Río de la Plata, y al “fazer el alarde de la gente de guerra e pobladores de dicho Adelantado”, apuntó a: “Antonio Suárez , natural de Campo maior, de edad de treinta años, mediano de cuerpo, moreno, una señal debaxo del labio baxo, soltero”. La serie de malandanzas ocurrida durante aquella oceánica travesía, téngola narrada en el capítulo correspondiente al conquistador Izarra. En cuanto a Suárez Mexía, diré que al arribar la expedición a tierras costeñas que hoy pertenecen al Brasil, halló una buena cantidad de poblaciones indígenas, “por el cual descubrimiento se proveyó la armada (de Ortiz de Zárate) los bastimentos, en tiempo que perecía de hambre la gente della”. Esto expresan los considerandos de una escritura de encomienda con la que el Suárez Mexía

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Gobernador Lerma agració a mi antepasado portugués, quien en compañía del Capitán Ruy Díaz Melgarejo (otro antecesor mío) y del General Juan de Garay, pasó muchos trabajos buscando bastimentos y otras cosas necesarias para el dicho Adelantado y gente de la dicha armada y en el puerto y ranchería del río San Salvador, que entra en el de la Plata” (o sea el reducto o “ciudad Zaratina de San Salvador”, que en tierra charrúa fundara Ortiz de Zárate, el 30-V1554, con la cooperación de Suárez Mexía, en el actual departamento de Soriano de la República Oriental del Uruguay). Ahí, el protagonista de esta historia, “anduvo tres años con otros tres soldados cazando benados y abestruces para toda la gente de dicho campo, que no comían el más de dicho tiempo otra cosa”. Las arbitrariedades de Diego Ortiz de Mendieta, Gobernador interino en la Asunción, luego del fallecimiento de su tío el Adelantado Ortiz de Zárate, el 26-I-1576, sumadas a las penurias que se sufrían en aquel poblacho “zaratino”, determinaron su desmantelamiento y abandono por los mismos moradores, quienes, en los últimos meses de 1576, resolvieron liberarse de la férula de Ortiz de Mendieta y buscar refugio en Córdoba del Tucumán, adonde fueron recibidos cordialmente y amparados contra una posible venganza de dicho irresponsable mandatario. “Cuarenta y tantos zaratinos” fugitivos cayeron a Córdoba en octubre de 1576; entre ellos el hasta entonces desventurado fidalgo lusitano de esta biografía. Los recién venidos ayudan a mudar la ciudad de Córdoba Llegaban los “zaratinos” en un momento crítico para la incipiente fundación de mi lejano abuelo Jerónimo Luis de Cabrera, cuyo vecindario — como dice el investigador Luque Colombres — “disminuía hasta el punto de que se tornó insuficiente, no solo para realizar el traslado de la ciudad sino también para la defensa del Real”. Así, los desilusionados fundadores primitivos de ese reducto, “vieron arribar hombres, mujeres y niños hambrientos y destrozados por la fatiga, que venían a pié huyendo de la ranchería de San Salvador”. El papel desempeñado por esos fugitivos en el traslado del originario enclave de Cabrera al nuevo y definitivo lugar elegido para Córdoba por Lorenzo Suárez de Figueroa a partir de 324

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1577, resultó harto eficaz. “Aunque el número de los que se incorporaron efectivamente como vecinos (incluído Suárez Mexía) pueda parecernos insignificante e insuficiente para atribuir a su participación el carácter de factor determinante de la mudanza y del establecimiento de la Ciudad, no cabe duda de que fue la presencia de este contingente la que animó a Suárez de Figueroa a dar ese paso. Los del Paraguay, por ende, actuaron como fuerza psicológica, si bien únicamente algunos de ellos cooperarían en la tarea material de cavar los cimientos de la ciudad” — señala Luque Colombres. El título de la encomienda con que lo favoreció el Gobernador Lerma a Antonio Suárez Mexía, consigna que éste “estubo tres años (1577-1580) con mucho trabajo ayudando a sustentar el fuerte que hizo el Gobernador don Jerónimo de Cabrera en la Ciudad de Córdova que pobló, la cual dicha ciudad ayudó a pasar a su asiento y sustentar e conquistar otros cinco años”. El motín santafesino de los “mancebos de la tierra” En 1580 Suárez Mexía se encontraba incidentalmente en Santa Fé de la Vera Cruz. (El historiador Ricardo de la Fuente Machain en su obra Conquistadores del Río de la Plata, errando el apellido registra a; “Suárez Mujica Antonio; vecino poblador de Santa Fé, 1573”, en cuya empresa Suárez Mexía no participó). Allá, en el primitivo asiento que estableciera Garay (hoy ruinas de Cayastá), “las vísperas del Corpus Christi”, le sorprendió a nuestro hombre el llamado “motín de los mancebos” o “mestizos”, cuyo móvil fue incorporar el puerto santafesino al Tucumán, en secreto acuerdo con el Gobernador de esa provincia, Gonzalo de Abreu. En dicha revoltina (1-VI-1580) — que la historia llama también de los “Siete Jefes” —, sus cabecillas Lázaro Benialbo, Antonio Leiva, Pedro Gallegos, Francisco Villalta, Diego Ruiz, Francisco Mosquera y Ruiz Romero, armados todos con arcabuces, cotas y morriones, detuvieron al Teniente de Gobernador Simón Jacques, al Alcalde Olivera, y a otras personas de probada lealtad hacia Garay, como Alonso Arias Montiel, y Alonso de Vera y Aragón “Cara de Perro”. Tras esto, los “mestizos” eligen por Teniente a Cristóbal de Arévalo; pero Arévalo se asusta de la responsabilidad que le echan encima y, en vez de secundar a los conjurados, se une a Hernando de Suárez Mexía

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Santa Cruz, a Pedro Ramírez, a Juan de Aguilera, a Juan Martín, a Leandro Ponce de León, a Antonio Suárez Mexía, y acaudillando al pueblo sofoca el desmán. Esos leales sorprenden en su casa a Benialbo y le dan muerte. Por su parte, Suárez Mexía, “tomando una alabarda del cuerpo de guardia que tenían los tiranos, diciendo biba el Rey, dió con ella heridas de muerte a uno de los tres Capitanes tiranos llamado Diego de Leiva; y luego puso un paño en la alabarda por vandera, y apellidando la boz de Su Magestad, sacó al Teniente (Simón Jaques) que estaba en la prisión, haciéndole dar una bara de justicia y, diciéndole que no tubiese temor le sacó a la plaza, adonde por otro cabo vino el General por ellos nombrados, Cristóbal de Arébalo, y hiriendo y matando a los tiranos se rrestauró la ciudad de Su Magestad, y bolbieron las baras de sus justicias” — cual se lee en los fundamentos de aquella escritura de encomienda que le otorgó Lerma a mi recordado combatiente. Además de Benialbo y Leiva — este ultimado a alabardazos por mi lejano abuelo — los “mancebos” Romero, Gallegos y Ruiz pagaron con sus vidas aquella aventura política. Solo Mosquera y Villalta pudieron escapar a Córdoba y de allí a Santiago del Estero, donde capturados por Hernando de Lerma — sucesor de Abreu — terminaron ahorcados en la plaza de la ciudad. Otras jornadas descubridoras y los servicios públicos de mi antepasado Años atrás, el protagonista de esta historia había acompañado a Abreu en la expedición al fabuloso país de los Césares, cuya fracasada empresa dejó por saldo una desilusión más. Así lo declaró, en la probanza de méritos y servicios de Alonso de la Cámara, el propio “Antonio Xuárez Mexía”, quien dijo que aquel “fue con el dicho Governador Gonzalo de Abreu al descubrimiento de Linlín o de los Césares ... e se bolbieron de quarenta leguas más o menos desta ciudad (Córdoba) ... y esto lo sabe y esto declara porque fue uno de los que fueron a la dicha jornada este testigo”. Y cuando a principios de 1580 Alonso de la Cámara salió de Córdoba para Santa Fé a embarcarse rumbo a España, con poderes del Cabildo cordobés, a fin de solicitar mercedes para su ciudad, Antonio Suárez Mexía acompañó al Procurador viajero. Y como llegados al 326

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puerto el navío había zarpado, “este testigo y otros soldados — dice don Antonio — le llevaron al dicho don Alonso en una balsa por el rrío, a dar alcance al dicho navío”. Tras de esto, ocurrió aquel “motín de los mancebos”; y la presencia de Suárez Mexía entonces, en Santa Fé, se debió a la circunstancia de haberlo acompañado hasta allí a su amigo y futuro consuegro De la Cámara. El 19-I-1583 fondearon en el puerto de Buenos Aires, procedentes de España, los barcos de la flota de Diego Florez Valdés, con Alonso de Sotomayor, nombrado Gobernador y Capitán General de Chile, quien al frente de una fuerza militar se disponía a cruzar las pampas y luego los Andes, en pos de su destino. De esa hueste era Maestre de Campo Luis de Sotomayor — Caballero de Santiago, hermano primogénito de Alonso, que tenía a su cargo directo la traslasión, al país ultracordillerano, de los 600 hombres y 6 piezas de artillería integrantes de la expedición. Una vez desembarcado Alonso de Sotomayor en Buenos Aires, Antonio Suárez Mexía “le escribió una carta (desde Córodba) para que no pasase la gente que traía, de la fortaleza de Gaboto (antiguo Fuerte Sancti Spiritus, ubicado en la margen izquierda del río Carcarañá, en su confluencia con el que hoy se llama Coronda), hasta quél fuese a encaminarla para la ciudad de Mendoza”. Esto se realizó después por Suárez Mexía, “llevando consigo cinco soldados a su costa, e veinte cavallos, e una carreta cargada toda de bastimentos para la dicha gente. Y fue a la dicha fortaleza de Gaboto, donde guió a Don Luis de Sotomayor, hermano de dicho Gobernador, y a toda la gente del dicho campo, hasta donde bino gente de la ciudad de Mendoza, que es de la gobernación de Chile” — como expresa el antedicho título de encomienda de mi antepasado. En la probanza de servicios prestados por la ciudad de Córdoba, que llevó otro antepasado mío, Hernán Mexía Mirabal a la corte madrileña para pedir mercedes al Rey, documento levantado en aquella ciudad el 25-XI-1589, ante el Teniente de Gobernador Antonio Fernández de Velasco y el Escribano Juan Nieto, el testigo Andrés Pajón dijo haber oído decir “a Miguel de Moxica y a Antonio Xuárez Mexía”, como descubrieron desde Córdoba el camino a Chile, “con mucha costa de sus haziendas y rriesgos de sus vidas”. Igualmente en la misma probanza consta que los vecinos cordobeses, “a costa de sus haziendas y vidas”, llegaron a descubrir el Suárez Mexía

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camino “de Córdoba a Chile y de Buenos Aires a la fortaleza que dicen de Gaboto, que está en el Río de la Plata”; y que Sotomayor y los acompañantes que le ayudaron a abrirse camino, en el trayecto hacia Mendoza “pasaron mucho travajo con los naturales, por averles resistido y tenido guaçavaras”. En otra Información anterior sobre los méritos de Alonso de la Cámara, sustanciada el 29-X-1588 ante el Alcalde cordobés Antonio de Alfaro y el Escribano Juan Nieto, el testigo Antonio Suárez Mexía “dixo que es de edad de quartenta e seis años, más o menos” — luego vino al mundo por 1542; y continuó diciendo que él “salió desta ciudad (Córdoba) para la fortaleza de Gaboto con seis soldados, adonde halló a don Luis de Sotomayor con toda la gente que benían de España, y bió las carretas que avían traído de Buenos Ayres hasta allí, y en ellas trajeron armas de artillería y municiones ... las cuales llevaron hasta la ciudad de Mendoça”. Cabe agregar que el personaje que me ocupa fué dirigente vecinal en Córdoba, donde ejerció todos estos “empleos de República”; Regidor en 1584, 86,88,90,93,96 y 1607; Alférez Real en 1586; Procurador General en 1591, 92 y 1602; Alcalde de la Santa Hermandad en 1593 y Alcalde ordinario de 2º voto en 1601. Propiedades inmuebles de mi pretérito ascendiente Además de aquella encomienda con que lo agraciara el Gobernador Lerma sobre los pueblos indios de Tulián y sus anexos — cuyo título protocolizaba los méritos y servicios del “hijodalgo” Antonio Suárez Mexía — el Teniente de Gobernador de Córdoba, Juan de Burgos, a nombre de Su Magestad, le otorgó a aquel las siguientes mercedes territoriales: 1º) El 9-X-1584, “unos pedazos de tierra questán siete leguas desde la ciudad, poco más o menos, Río abajo de Sant Juan, que fueron de los Indios de Suquía, que al presente están despobladas”. Tales tierras comprendían “media legua de la parte del río y otra media a la otra parte ... desde el Estanque y mojón de las tierras que tiene por merced el General Lorenzo Suárez de Figueroa, para abajo, todo lo que estubiere baco, hasta el mojón de los indios de Localino de la encomienda de Miguel de Moxica”.

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2º) El 5-V-1585, unas tierras vacas que pertenecían a los indios del Río Tercero, a ambas partes del río, de la encomienda del General Lorenzo Suárez de Figueroa; “las quales dichas tierras partan por iguales partes”, Figueroa y mi añejo abuelo. 3º) En igual fecha otro pedazo de tierra “en las cabezadas del terzer rrío, por el camino rreal desta ciudad, que va para los rreinos de Chile, donde el rrío haze un salto por unas peñas, donde hizo dormida el Governador Gonzalo de Abreu quando fue a Trapalanda, con una legua a la redonda. 4º) En el mismo día, para don Alonso “e sus herederos y subsesores”, el dominio de “una quadra en la terzera o quarta suerte de las quadras que están rrepartidas a los vecinos desta dicha ciudad”. En la traza “definitiva de 1577” de la ciudad de Córdoba, figura “Antonio Xuárez como adjudicatario de un solar en la esquina N.O. que actualmente forman las calles 25 de Mayo y Rivadavia; cuyo costado Este lindaba con Juan Peralta y el del Sud con Alonso Gómez de la Cámara. Sin embargo, el solar edificado que poesía Suárez Mexía en esa ciudad, entre los años 1577 a 1587, lo ubicó el historiador Carlos Luque Colombres, en la esquina S.E. de las actuales calles de Buenos Aires y Entre Ríos; lindando por el costado N.O. con solar de Lorenzo Suárez de Figueroa y por el S.E. con Miguel de Ardiles. Fin del personaje; su esposa y los numerosos herederos de su fama Antonio Suárez Mexía hizo testamento el 26-X-1603, pero recién la tierra recogió sus despojos después de 1607, año en que aparece como Regidor. Habíase casado con Mariana Chavero — supongo que en Santiago del Estero, probablemente hacia 1579, a la vuelta de su quimérica y fracasada excursión, con el Gobernador Abreu, a la región de los Césares. Era doña Mariana hija del veterano conquistador Alonso Abad y de su mujer Ana de Astudillo y Chavero (ver el apellido Abad). Estos resultaron los hijos y nietos del referido matrimonio: 1) Alvaro Suárez Mexía, seguramente el mayor. Debe ser el mismo “Alvaro Fernández”, llamado como el abuelo paterno Alvaro Suárez Mexía

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Fernández Mexía. El niño, figura con ese nombre en los documentos cordobeses primitivos como hijo de Antonio Suárez Mexía. 2) Antonio Suárez Mexía Chavero, que sigue en III. 3) Francisca Suárez Mexía Abad o Francisca de Astudillo Chavero. Casó con Francisco de la Cámara (hijo de Alonso de la Cámara y de Ana Mexía Mirabal). Su sucesión la doy en los linajes de Mexía Mirabal y de Abad. 4) Alonso Suárez Mexía Abad. 5) Jerónimo Suárez Mexía Abad, fraile dominicano. 6) Salvador Suárez Mexía Abad. 7) Mariana Suárez Mexía Chavero, que sigue en IIIa. 8) Lorenzo Suárez Mexía Abad, fraile franciscano. 9) Ana Suárez Mexía, comúnmente llamada Ana de Astudillo. Esposa 1º, del Capitán Miguel de Vilches y Montoya. De viuda pasó a 2as nupcias con el Capitán Manuel Ferreira de Acevedo y Porcel de Peralta. Su sucesión y antecedentes genealógicos — como lo digo en el linaje de Porcel de Peralta — pueden consultarse en los estudios fundamentales de Carlos Luque Colombres y en la completísima y documentada cadena familiar que eslabonó Martín Ferreira en la obra de Lascano Colodrero. III — ANTONIO SUAREZ MEXIA Y CHAVERO (Suárez Mexía Abad), nació en Córdoba en 1586, y fue allí encomendero, en segunda vida, de Tulián, y dueño de la estancia “Las Peñas”. Celebró su boda en 1604 con María Maldonado de Torres y Cabrera (hija de Pedro Luis de Cabrera y de Catalina de Villarroel Maldonado; y n.p. del Fundador de Córdoba Jerónimo Luis de Cabrera y de Luisa Martel de los Ríos; n.m. del Fundador de San Miguel de Tucumán Diego de Villarroel y de María Maldonado de Torres — ver los linajes de Cabrera y de Villarroel). Testó Antonio Suárez Mexía “el Mozo”, por codicilo del 11-XII-1618, y su esposa doña María lo hizo en igual forma, más de medio siglo después, el 7-X1670, para acabar la vida en edad provecta el 2-II-1678. Estos hijos hubo el connubio Suárez Mexía-Maldonado de Torres y Cabrera: 1) Antonio Suárez Cabrera, Capitán encomendero, marido de Ana Ramírez de Velasco Herrera (hija de Alonso de Herrera y Guzmán, 330

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Caballero de Santiago y de Malta, y de Ana María de Velasco (hija ésta del Gobernador Juan Ramírez de Velasco y de su mujer Catalina de Ugarte). Padres de 16 hijos; 5 de ellos se consagraron a la Iglesia como sacerdotes, frailes y monja: Ignacio, María, Alonso, Cristóbal y Felipe; dos permanecieron solteros; Tomás y Roque; y los nueve restantes estuvieron atados al vínculo conyugal, a saber: A) Juan Suárez de Cabrera y Velasco, Sargento Mayor y Alcalde de Hermandad. Se casó en la estancia de San Antonio de Totoral, en Córdoba, el 27-VI-1678 con María de Argañaraz y Murguía Cabrera y Mendoza (hija de Felipe de Argañaraz y Murguía Vera y Aragón de Antonia Cabrera y Mendoza — ver la genealogía de Argañaraz y Murguía). Con sucesión. B) Francisco Suárez de Cabrera y Velasco. Casó con Catalina de Cabrera y Argüello (hija de Félix de Cabrera Zúñiga y Mendoza y de María de Argüello y Moyano Carranza y Velasco). Con sucesión. C) Antonio Suárez de Cabrera y Velasco. Casó el 17-VIII1676 con Catalina de Liendo y Salguero (hija de Juan de Liendo, nac. en Balmaceda, Vizcaya, y de Petronila de la Cerda Salguero Quintana de los Llanos y Cabrera). Con sucesión. D) Ana Suárez de Cabrera y Velasco, que dió su mano al Capitán Juan de Figueroa y Mendoza (hijo de Lucas de Figueroa y Mendoza y de Andrea de Andrada y Sandoval). Con sucesión. E) Pedro Suárez de Cabrera y Velasco, que se radicó en el Perú donde formó su hogar. F) José Suárez de Cabrera y Velasco. Casó el 18-X-1685 con Antonia Amado (hija del Capitán Fernando Amado y de Catalina Micaela Beaumont y Navarra). Con sucesión. G) Jacinta Suárez de Cabrera y Velasco. Casó el 11-II-1691 con Miguel Luis de Cabrera (hijo de Félix de Cabrera Zúñiga y Mendoza y de María de Argüello y Moyano Carranza Velasco). Con sucesión. H) Andrés Suárez de Cabrera y Velasco. Casó en 1689 con Francisca de Cabrera y Mendoza (hija de Pedro de Cabrera y Mendoza y Jerónima de Oscáriz Beaumont y Navarra). Con sucesión. I) Petronila Suárez de Cabrera y Velasco, que casó en Córdoba el 17-I-1701 con Tomás de Cebreros y Ceballos, nac. en Aranda del Duero, España. Con sucesión.

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2) Mariana Suárez de Cabrera — mejor conocida como Mariana de los Ríos y Cabrera. Casó con Gabriel de Tejeda y Guzmán (hijo de Juan de Tejeda Mirabal y de Ana María de Guzmán y de la Vega; n.p. del célebre Tristán de Tejeda y de Leonor Mexía Mirabal y Mancho). Con sucesión. 3) Inés Suárez de Cabrera — llamada Inés de Cabrera Zúñiga. Casó con Francisco Ramírez Tello en 1630, nac. en Lepe, Marquesado de Ayamonte, provincia de Huelva (hijo de Juan Ramírez Tello y de Inés Tenorio). Con sucesión. 4) Petronila Suárez de Cabrera — o Suárez de la Cerda, como la llamaban. Se casó en Córdoba en 1632 con Sebastián de Carranza y de la Torre. Son mis 8os abuelos y su sucesión y antecedentes genealógicos del marido se tratan en el capítulo que dedico al apellido Carranza. 5) Catalina Suárez de Cabrera, monja catalina; llamada “Catalina de la Encarnación”. 6) Antonia Suárez de Cabrera, monja catalina también; nombrada “Antonia de la Concepción”. IIIa — MARIANA CHAVERO o SUAREZ MEXIA CHAVERO o MARIANA MEXIA, tomó por esposo en Córdoba al capitán Blas de Peralta “el Mozo” (hijo del granadino Blas de Peralta “el Viejo” y de la peruana Catalina de Cabrera, hija natural del conquistador Benito de Cabrera). Para su casamiento Mariana Mexía fue dotada con 5.000 pesos en plata y bienes, según escritura del 30-VI-1667, cuyo recibo protocolizóse el 29-XII-1609. Testó ella en Córdoba, siendo viuda, el 12-IX-1671, y se fue al otro mundo el 30-VII-1674. Los cónyuges Peralta-Suárez Mexía Chavero son mis 8os abuelos. De su sucesión inmediata, así como de los antecedentes genealógicos de Blas “el Mozo”, me ocupo en el apellido Porcel de Peralta, al que remito al lector.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Documentos del Archivo de Indias; Gobernación del Tucumán; Correspondencia de los Cabildos en el siglo XVI. Publicación dirigida por Roberto Levilier. Madrid, 1918. Documentos del Archivo de Indias; Gobernación del Tucumán; Probanzas de méritos y servicios de los conquistadores. Tomo II (1583-1600). Publicación dirigida por Roberto Levilier. Madrid, 1920. Grenón, P. (S.J.); El Libro de Mercedes. Documentos Históricos. Córdoba, 1930. Tomo 19. Lafuente Machain, Ricardo de; Conquistadores del Río de la Plata. Bs. As., 1937. Lazcano Colodrero, Arturo G. de; Linajes de la Gobernación del Tucumán; Los de Córdoba. Córdoba, 1936. Luque Colombres, Carlos A.; Itinerario histórico genealógico alrededor de los Ferreira de Acevedo; Siglos XVi, XVII y XVIII. Córdoba, 1940. Luque Colombres, Carlos A.; Primeros años de la ciudad de Córdoba. Córdoba, 1968. Martínez Villada, Luis G.; Los Cabrera. Imprenta de la Universidad de Córdoba, 1938. Moyano Aliaga, Alejandro; Hijos y Nietos de Fundadores de Córdoba, publicación del “Centro de Estudios Genealógicos de Córdoba”. Córdoba, 1973. Roa y Ursúa, Luis de; El Reyno de Chile (1535-1810). Estudio histórico, genealógico y biográfico. Valladolid, 1945. Sierra, Vicente D.; Historia de la Argentina. Tomo I (1492-1600). Bs. As., 1956. Udaondo, Enrique; Diccionario Biográfico Colonial Argentino. Bs. As. 1945.

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TORRES SALAZAR El apellido Torres es castellano, muy extendido en toda la Península. Probó numerosas veces y en distintas épocas su nobleza, tanto en las Ordenes de Santiago, Calatrava, Alcántara, Montesa, Carlos III y San Juan de Jerusalem, como en la Real Chancillería de Valladolid y la Real Compañía de Guardias Marinas. Salazar, por su parte, pertenece a una antiquísima y egregia familia oriunda del valle de su nombre en Burgos. Armas: De azur con 5 torres puestas en sotuer; es Torres. De gules con 13 estrellas de oro; es Salazar. La presente genealogía arranca con los cónyuges: I — ALONSO DE TORRES, hidalgo de Salamanca, y su mujer Josefa de Salazar, la cual procedía quizás — por aproximación a Salamanca — de los Salazar solariegos de Cáceres, o de Toledo, cuyo patriarca fue aquel García Lope, uno de los tantos bastardos de Lope García de Salazar, 14º Señor de la Casa de su apellido. Hijo legítimo de aquella nombrada pareja resultó: II — FRANCISCO DE TORRES SALAZAR, a su vez casado en Salamanca con María Antonia Rodríguez de las Varillas. Ellos dieron vida a: III — PASCUAL DE TORRES SALAZAR Y RODRIGUEZ DE LAS VARILLAS, quien de su nativa Salamanca pasó al Río de la Plata para avecindarse en Buenos Aires, en las postrimerías del siglo XVII.

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Actuación del hombre en nuestro medio Como persona principal, ostentó Pascual el grado de Capitán, y en 1705, siendo apoderado de los hermanos Francisco y Antonio de Vera y Mendoza — vecinos de Santa Fé, en cuya jurisdicción eran “legítimos accioneros” — solicitó y obtuvo del Ayuntamiento bonaerense permiso para sacar de los campos realengos 11.000 cabezas de ganado cimarrón, destinadas a poblar las estancias de dichos mandantes suyos. El año siguiente (1706) el Capitán Torres Salazar resultó elegido Alcalde de 2º voto en el Cabildo porteño. En tal carácter fue comisionado por dicha corporación a fin de que administrara, junto con su colega el Capitán Pedro de Giles, la percepción de los derechos de alcábalas; como así también, en compañía de mi antepasado Gaspar de Avellaneda, hubo de requerirles a José de Arregui y a Sebastián Agreda de Vergara las sumas que estos adeudaban al municipio por las cobranzas de aquel impuesto a las ventas realizadas en el período anterior; y “atento a acavarse el Libro de Acuerdos”, dispuso el Cabildo que Torres Salazar mandara “hazer y formar otro, a cuio efecto comprará el papel nezessario”, pagándolo con lo recaudado a aquellos deudores Arregui y Agreda, en concepto de “Alcávalas del año pasado”. En sus funciones de Alcalde, Pascual de Torres Salazar intervino preferentemente en las cuestiones referente al campo. Para solucionar los problemas rurales, recurrió tanto a la cooperación divina cuanto a la humana. Por ejemplo, en la sesión del 16-II-1706, presidida por él, y con asistencia de los Regidores Baltazar de Quintana y Godoy, Miguel de Obregón y Diego Pérez Moreno, amén del Escribano Francisco de Angulo, “estando así congregados” — reza el acta respectiva — dijeron y acordaron: “q. por quanto se están experimentando varios efectos en las sementeras y enfermedades nacidas de la continuazión de la seca q. se está padeciendo de algunos años a esta parte, y q. si continúa se esperan muchas calamidades en plantas y cuerpos, y q. respecto de q. el modo mejor de aplacar la justa yra de Dios es ocurrir a su Divina Magestad por medio de oraciones y sacrificios, y por la ynterzessión de los Sanctos ... se haga un Novenario de Misas Cantadas al glorioso Patrón San Martín en la Yglesia chatedral”. Por otra parte, en el acuerdo del 3 de septiembre 336

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siguiente, Torres Salazar manifestó su gratitud al Gobernador Valdés Inclán, por el celo que dicho mandatario había mostrado en reprimir las apropiaciones de vacunos que cometían, sin derecho, en las campañas bonaerenses, los vecinos de la ciudad de Córdoba y de la provincia de Cuyo. A fin de evitar tales latrocinios que provocaban considerables mermas en el ganado cimarrón, Torres Salazar propuso al Gobernador obligara a los vecinos “accioneros” — porteños y santafesinos — “vaian luego de coger las vacas q. pudieran criar en dichas sus estanzias sin permitir la saquen fuera, con ningún pretecto”. Tan eficiente debió considerarse la actuación de mi antepasado en el Cabildo, que el año 1707, los miembros de ese cuerpo, lo designaron Procurador General de la ciudad. Votaron por él, ese 1º de enero, el Alcalde de 1º voto Pedro de Giles, el Alférez Real Joseph de Arregui, el Alcalde de Hermandad Baltasar de Quintana Godoy, y los Regidores Diego Pérez Moreno, Juan Pacheco de Santa Cruz, Fernando de Rivera Mondragón y Gaspar de Avellaneda; 7 votos en suma; Torres Salazar votó por su colega Giles; en tanto el Alguacil Mayor Miguel de Obregón aplicó su sufragio a favor de Martín de Segura. Acto seguido — y luego de confirmada la elección por el Gobernador Alonso Juan de Valdés Inclán — el Cabildo “le rezibió juramento al Cap. Pasqual de Torres y Salazar de que usará bien y fielmente el oficio de Procurador General de la ciudad, con que quedó rezebido”. Mi remoto abuelo pierde el juicio A partir de esa solemne ceremonia mi antepasado no volvió al Ayuntamiento para asistir a sus periódicos acuerdos. Y en la sesión del 2 de mayo siguiente, el Alcalde de 1º voto Luis Pesoa de Figueroa explicó aquella ausencia; “Dijo que respecto de haber más tiempo de tres meses que el Capitán Pasqual de Torres y Salazar, Procurador General de esta ciudad, está enfermo de un accidente melancólico que lo ha reducido al estado de faltarle el juicio natural, de suerte que se le han hecho varios remedios, no tan solamente no se ha experimentado alguna mejoría, sino que totalmente desesperaron los médicos de que la tenga tan apriesa; y porque de continuarse (la ausencia de mi 8º abuelo) se sigue notable perjuicio, por no haber Procurador que atienda a los negocios de la república, es de sentir se Torres Salazar

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de cuenta de todo al Sr. Gobernador y Capitán General, para que Su Señoría, si le parece, se pase a hacer elección en persona que atienda estos ministerios”. Posteriormente, y con el visto bueno del Gobernador Valdés Inclán, el Cabildo nombró Procurador a Baltasar Quintana Godoy, “en ynterín que el dicho Cap. Pasqual de Torres mejore”. Un mes más tarde, el hombre seguía contraído a “atender al miserable estado en que se alla”. Sin embargo de su irremediable locura, el dió poder para testar el 8-VIII-1707, ante Francisco de Angulo, al Regidor y Juez de Menores Fernando de Rivera Mondragón y a su hijo Ignacio de Torres. Murió once días más tarde, y a su cadáver lo sepultaron en la Iglesia del convento de San Francisco. Los apoderados del difunto, el 26 de septiembre, extendieron su testamento ante el mismo Angulo; y en la distribución de los bienes sucesorios, a cada uno de los hijos del causante le correspondió de legítima la cantidad de 3.252 pesos corrientes. Los casamientos de mi antepasado A poco de llegar a Buenos Aires, Pascual de Torres Salazar se unió en matrimonio, el 29-VI-1680, con la porteña Francisca de Gaete, bautizada el 24-II-1649 (hija de Pedro Izarra de Gaete y de Leocadia Hurtado de Mendoza Medrano, de cuyos respectivos linajes y antecedentes biográficos me ocupo en los capítulos que dedico a sus apellidos). Bendijo aquella boda el cura de la Catedral Juan de Oramas Filiano, ante los testigos, General Alonso Pastor y Capitanes Juan Arias Maldonado, Pedro y Joseph Alvarado. Cinco meses atrás, el 9 de enero, la novia había sido dotada por sus padres con distintos bienes, que se valuaron en 6.618 pesos corrientes. Fallecida su esposa, don Pascual, el 4-II-1707 (es decir, al borde de la locura y de la muerte, pues unos meses después le sobrevino el “accidente melancólico que lo redujo al estado de faltarle el juicio natural” que lo llevó a la tumba), contrajo 2as nupcias — pareciera que in articulo mortis — con Antonia de Azocar San Martín, nacida el 27-VIII-1665, que era viuda de José Martínez de Aberastury, e hija de Pedro de Azocar Hurtado y de Francisca de San Martín Humanés Molina. (Ver el apellido San Martín). Había testado el hombre el 8-VIII-1707; en tanto Antonia de Azocar lo hizo 338

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el 13-X-1709, ante Juan de la Cámara, mi ascendiente. La doble viuda nombró por tutor y curador de sus menores hijos Aberastury a Joseph de Arregui, y por tutor de su hijo Pedro Torres a Miguel de Riblos, antepasado mío también y tío político del pupilo. Hijos del primer enlace de Pascual de Torres Salazar con Francisca de Gaete fueron: 1) Joseph Ignacio de Torres Gaete, baut. el 27-XII-1682. Casó con Prudencia Sánchez de Loria y Ortiz Caballero, nativa de Córdoba del Tucumán, la cual, ya viuda, testó el 30-VII1728, ante Domingo Lezcano, declarándose hija del Sargento Mayor Ignacio Sánchez de Loria y Salinas y María Ortiz Caballero, vecinos de Córdoba. No dejó posteridad. 2) Josefa de Torres Gaete, baut. el 27-XII-1683. Murió niña. 3) Ignacio de Torres Gaete, baut. el 4-X-1685. Tres décadas más tarde, el 23-IV-1717, a pedido de “Dn. Ygnacio de Torres” el Cabildo porteño le concedió licencia “de accionero” para hacer recogida de 20.000 reses “en las campañas de San Gabriel”. (Se trataba de capturar los multiplicios salvajes provenientes de las 50 vacas y 4 toros que un siglo atrás, en 1611, echó Hernandarias “en la tierra firme de San Gabriel”, en la Banda Oriental — extendida desde la actual Colonia hasta la boca del Río Negro — cuya vastísima superficie le dió de merced al caudillo criollo el Gobernador Diego Marín Negrón. Doce años después de aquella licencia otorgada al joven Torres, el bisnieto de Hernandarias Fernando Arias de Cabrera, en 1729, inició un pleito contra el Cabildo bonaerense y la Compañía de Jesús sobre los derechos al vacaje cimarrón del actual territorio uruguayo). Fallecido su padre, a Ignacio Torres el Juez de Menores le entregó 984 pesos pertenecientes a su hermanastro Pedro Torres Azocar, a fin de que los “pusiese a réditos pupilares”. Acaso desde antes de 1717, Ignacio Torres Gaete en un viaje al norte por negocios, contrajo matrimonio en Salta con María de Córdoba (hija de Andrés Fernández de Córdoba y de Catalina Pedroso y Sierra; de cuyos antecedentes me ocupo en el linaje de Fernández de Córdoba). En la ciudad de Lerma, pues, Ignacio fue vecino Torres Salazar

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principal, propietario, por su mujer, de la estancia “De las Nieves”, próxima al río Ubierna. En 1735 era Alcalde del Cabildo local junto con su hermano Gabriel, cuando desde el Chaco, una horda de indios enardecidos avanzó sobre Salta. Ignacio y Gabriel Torres Gaete ofreciéronse a parlamentar con los salvajes, y en el lugar de “la Pedrera”, aproximadamente a tres leguas de la ciudad, ambos hermanos fueron degollados por la indiada feroz, el 5-I1735. María de Córdoba, un lustro después de la tragedia, testó el 18-III-1740, ante el Escribano salteño Felipe Páez de Hermosillo. Nombró por albaceas a Pascual Ruiz de Gauna y a su madre Catalina de Pedroso y Sierra. Estos 10 hijos declaró la causante como legítimos suyos (17): A) José Ignacio de Torres Córdoba, Capitán. Casóse en Salta en abril de 1735 con Ignacia Gutiérrez de Ceballos (hija del Sargento Mayor Silvestre Gutiérrez y de María de Ceballos). Con sucesión. B) María Antonia de Torres Córdoba. Casó con Miguel del Castillo, siendo dotada al efecto el 16-IX-1739. Ella dió poder para testar en noviembre de 1751, ante Felipe Páez Hermosilla. Fueron sus hijos; Joseph, Josefa y Manuela del Castillo Torres, casada esta última con Pablo Lesser, el cual testó en 1830, en Salta, ante el Escribano Valda, declarándose “natural de Zinal, República de Génova” (Zinal es un monte de Suiza, en el valle de Anniviers, cantón de Valais, que perteneció “a la república de Ginebra” — no de “Génova”, trocatinta geográfica del tabelión salteño Valda). Aquellos cónyuges hubieron numerosa descendencia.

17 El genealogista Carlos Calvo le agrega 2 hijos más al matrimonio Torres Gaete-Córdoba: 1) Juan Francisco Torres, que se avecindó en San Juan, donde casó en 1758 con María Ignacia Godoy Oro y dejó descendencia. Y II) José Torres, que casó en Salta con Margarita Bahamonde y prolonga sucesión en Jujuy. A ninguno de ellos lo declaró María de Córdoba como hijos suyos en el testamento de 1740. 340

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C) Juan Antonio de Torres Córdoba, nac. en Salta por 1771. Testó allí en 1799, ante Gil Infante. Casó con Rosa Cabanillas Castellanos (hija de Lauro Cabanillas y Ceballos, nac. en Córdoba, y de María Francisca Castellanos Martínez de Iriarte. Ver los apellidos Castellanos y Martínez de Iriarte). Con sucesión. D) Vicente Ramón de Torres Córdoba. E) Pedro Antonio de Torres Córdoba. F) Catalina Victoria de Torres Córdoba, baut. el 25-XI1727. Casó con José García de los Ríos, nativo de las Montañas de Burgos. Con posteridad. G) Fernando Anselmo de Torres Córdoba. Se avecindó en San Juan, donde casó con Isabel Funes y Lemús (hija del Maese de Campo Juan Luis de Funes Ruiz de la Cuesta y de Juana de Lemús Cano de Carbajal). Son entre otros hijos, los padres de Javiera de Torres Funes, que casó, el 5-XI-1772, en Salta, con Pedro Lucas de Allende y Vicentello de la Rosa, Caballero de Carlos III, con quien dejó descendencia. (Ver el linaje de Ibarguren). H) Francisco Antonio de Torres Córdoba. I) María Luisa de Torres Córdoba, que casó en Salta en febrero de 1757 con Filiberto de Mena (hijo de Luis de Mena y de María de Urbina), publicista nativo de Chile y radicado en Salta, donde a partir de 1755 desempeñó diversos cargos. Concurrió en 1764, con el Gobernador Juan Manuel Fernández Campero, a una azarosa expedición al Chaco, sobre la cual Mena dejó escrito un interesante Diario. A su pluma se deben también las Descripciones sobre la provincia del Tucumán, la fundación de Salta y algunas noticias acerca del Chaco Gualamba, obra escrita en 1773 por mandado del Gobernador Miguel Jerónimo Matorras. El año 1800, ante el Escribano Marcelino Miguel de Silva, testó Filiberto de Mena. No dejó hijos.

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J) María Martina de Torres Córdoba, baut. en Salta el 15-XI-1731. Se casó con Bonifacio González de Hoyos (hijo de mis antepasados Nicolás González de Hoyos Díaz de Loria y de Petronila Pérez del Hoyo). Su progenie se consigna en el apellido Hoyos. 4) Gregorio de Torres Gaete, baut. en Bs. As. el 21-II-1688. Tres lustros más tarde, pasó a Córdoba donde se ordenó sacerdote. El “Maestro” Torres Gaete murió muy joven, antes que sus hermanos María Leocadia, José Ignacio y Gabriel, ya que estos heredaron de él un solar entero y un cuarto de solar situados en Buenos Aires, “en la cuadra que cae a la espalda de la Iglesia de San Juan, a la parte del Sur”. (En la actual calle Moreno entre las calles Piedras y Tacuarí). Esos terrenos a su vez, habíalos heredado el susodicho clérigo, en mayor fracción, con su hermana y su tío Pedro de Gaete, de su otro tío Baltasar de Gaete. 5) María Leocadia de Torres Gaete — mi antepasada — que sigue en IV. 6) Santiago de Torres Gaete, muerto niño en vida de sus padres. 7) Gabriel de Torres Gaete, baut. en Bs. As. el 13-X-1692, bajo el padrinazgo del Capitán Baltasar de Gaete y de Polonia de Gaete, sus tíos. Ya muchacho, Gabriel en compañía de su hermano Gregorio viajó a Córdoba a fin de cursar en su Universidad “los estudios que daban entonces tanto y tan alto predicamento social”. Allá, en la docta ciudad, mientras Gregorio tomaba estado religioso, Gabriel se casó con Victoria Agustina Sánchez de Loria, cordobesa ella con interesante genealogía; hija del Sargento Mayor Ignacio Sánchez de Loria Salinas y de María Ortiz Caballero. La hijuela dotal de la niña, fechada en Córdoba el 8-V-1713 — que integró el archivo del historiador salteño Bernardo Frías, según el mismo lo dice en sus Tradiciones Históricas — “contaba con enaguas de seda, prendas dignas de reina en tan remotos tiempos”, amén de otros enseres domésticos por valor de 1.419 pesos. Y poco después de la boda, Gabriel de Torres Gaete y su mujer — “joven, rubia y 342

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hermosa” la supone su descendiente Frías — instalaban el flamante hogar en la ciudad de Salta. Ahí Gabriel alcanzó el rango de Maestre de Campo, formó parte del Cabildo lugareño, tuvo el asiento de sus negocios y, entre diversas actividades que le tocó realizar, fue apoderado de mi ancestral abuela Josefa Rosa de Alvarado, la viuda y tercera consorte de Miguel de Riblos — que había sido cuñado de los Torres Gaete —, la cual señora mediante un poder otorgado en Buenos Aires, el 25-I-1731, ante Joseph de Esquivel, le encargó a Gabriel, cobrarle a Alonso Ruiz de Llanos (otro antepasado mío) y a su hijo “Alexo”, 1.800 pesos que estos adeudaban a la sucesión del finado don Miguel. En los primeros días del año 1735, una invasión de indios mocovíes, salida del Chaco, amenazaba con arrasar la ciudad de Salta. El Gobernador Isasmendi movilizó las milicias locales para la resistencia, en tanto los Alcaldes José Ignacio y Gabriel de Torres Gaete, “vestidos con casacas de terciopelo negro y ceñidas las espadas cual correspondía a su dignidad — refiere Frías —, marcharon a caballo a parlamentar con los salvajes, que habíanse detenido en “la Pedrera”, a más o menos tres leguas de la población. Agitando una bandera blanca, los dos parlamentarios, sin escolta ninguna, se metieron entre los indios enfurecidos y llegaron hasta donde estaban sus caciques, en medio de una gritería infernal que reclamaba el exterminio de ese par de cristianos. Ante el jefe de los bárbaros de nada valieron las proposiciones que ambos emisarios traían; y los valientes hermanos Torres Gaete fueron degollados allí mismo, sobre una gran piedra que sirvió de ara para el sacrificio”. Victoria Sánchez de Loria, la viuda cordobesa de Gabriel, testó en Salta el 5-XI- 1763, ante Francisco López Zevallos. Estos fueron sus hijos: A) Francisca de Torres Sánchez de Loria, que casó en Salta el 30-VIII-1734 con Sebastián de Saavedra Urbina (hijo de Diego de Saavedra y de Bartolina de Urbina y Cabrera. Por 1745 Francisca demandó a su madre seguramente por la herencia paterna, y testó el Torres Salazar

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12-X-1752, ante López Zeballos. Hubo los hijos siguientes: a) María Ramona Saavedra y Torres, casada con José Eduardo Burela. Fueron padres, entre otros hijos, del Coronel guerrillero Luis Burela Saavedra y del Comandante Alejandro Burela Saavedra, combatientes por la independencia, y maridos ambos de las hermanas Teresa y María del Rosario Gauna y Bárcena, respectivamente, hijas ellas de aquel histórico jinete José Calixto Gauna. b) Ignacio Saavedra y Torres. c) Silvestre Saavedra y Torres, sacerdote. d) María del Carmen Saavedra y Torres, baut. el 26-VII-1744. Murió niña. e) María del Milagro Saavedra y Torres. B) Gabriel de Torres Sánchez de Loria, nac. por 1725. Capitán y Regidor de Salta. Ahí casó en septiembre de 1757 con su prima hermana Petronila García Varela y Fernández Sánchez de Loria, baut. el 4-VII1743 (hija de Vicente García Varela y de Antonia Fernández Sánchez de Loria). Falleció Gabriel bajo testamento del 15-IV-1784, otorgado ante Gil Infante. Fueron sus hijos: a) María Agueda de Torres García Varela, casada el 26-XI-1780 con José de Ormaechea (hijo de Juan de Ormaechea y de Josefa de Echeverría Goyena). De ellos vienen los OrmaecheaTorres, Ormaechea Saravia (Apolonio, Juez Federal y legislador salteño), PardoOrmaechea, Araoz-Ormaechea, Martínez de Mollinedo-Ormaechea, Mollinedo-Viola, Fábregas-Mollinedo, Arias-Mollinedo, FríasMollinedo (don Bernardo el historiador), Mollinedo-Gurruchaga (doña Delia, madre de mi amigo el historiador Atilio Cornejo), etc, etc.

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b) María Ignacia de Torres García Varela, casada con Pedro José Otero, nac. en la villa asturiana de Llanes. Padres de los Otero-Torres (Miguel, Gobernador de Salta y colaborador de San Martín en el Perú y de Rosas en Bs. As.), y tronco de los Viola-Otero, Ortiz- Viola (Pancho, Ministro y Senador, enemigo de los Uriburu), Ortiz-Isasmendi, Patrón CostasOrtiz, Gómez Rincón-Ortiz, etc, etc. C) José Gabriel de Torres Sánchez de Loria, Presbítero y Cura de Casabindo y Cochinoca en 1770 y 1776. En 1749 había dado un poder a favor de su madre Victoria Sánchez de Loria. D) Cayetano de Torres Sánchez de Loria, nac. el 8-VII1724. Jesuita. E) Eugenio de Torres Sánchez de Loria, casado en Salta en septiembre de 1758 con María Juana Fernández Sarabia (hija de José Fernández Pedroso y de Teresa Sarabia. Ver el apellido Fernández Pedroso). Tronco de los Torres-Sarabia, Torres-Mejía, TorresVillafañe, Torres-Salguero, Niño-Torres, etc, etc. F) Juana de Torres Sánchez de Loria, casada en 1745, en Salta, con el Sargento Mayor Juan de la Zerda Mirabal (hijo de Bernardo de la Zerda Mirabal y de Luisa Alvarez de Toledo). De ellos vienen los ZerdaTorres, Peñalba-Zerda, Zerda-Urristi, Ovejero-Zerda, (Sixto, Gobernador de Salta), Zerda-Medina (Angel, Gobernador de Salta), Usandivaras-Zerda, Gil-Zerda, Zenarruza-Gil Zerda, etc. etc. G) Basilio de Torres Sánchez de Loria. H) Susana de Torres Sánchez de Loria. I) Rosa de Torres Sánchez de Loria. J) Catalina de Torres Sánchez de Loria. K) Antonia de Torres Sánchez de Loria, baut. el 1-XI1726. 8) Ana de Torres Gaete, hija asimismo de los cónyuges Torres Salazar-Gaete.

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Con su segunda esposa Antonia de Azocar San Martín, Pascual de Torres Gaete hubo a: 9) Pedro de Torres Azocar San Martín, el cual a la muerte de su madre fue tutelado por Miguel de Riblos. Fallecido Riblos, el hermano del muchacho Ignacio de Torres Gaete, por mandado del Juez de Menores Fernando de Rivera Mondragón, le puso “a réditos pupilares” 984 pesos, que a Pedro le habían correspondido por herencia. IV — MARIA LEOCADIA o simplemente LEOCADIA DE TORRES GAETE nació en Buenos Aires el 30-XI-1688 y la bautizaron 8 días más tarde en la Catedral, apadrinada por sus tíos Baltasar y Polonia de Gaete, y ante los testigos el General Alonso Pastor y el Capitán Pedro de Alvarado. Fallecido su padre en 1707, a María Leocadia le correspondió una legítima paterna de 3.252 pesos corrientes, en diversos bienes que se avaluaron en dicha suma. También ella había heredado de su tío carnal Baltasar de Gaete — muerto sin hijos — una “suerte” de chacra en el “Pago de Monte Grande” de 350 varas de frente, sobre la barranca del río, y una legua de fondo. Tal propiedad ubicaríase ahora en una zona totalmente urbanizada de la localidad de Rivadavia, cerca del linde del partido de Vicente López con la Capital Federal, en un terreno que, antes de su loteada general, fue parte de la chacra denominada “Buenas Vistas”, contigua a la quinta que, treinta años atrás, perteneció a don Benito Bosch. Asimismo, heredó mi antepasada de su tío Baltasar de Gaete, un solar entero y un cuarto de solar situados en la ciudad de Buenos Aires, “en la cuadra que cae a la espalda de la Iglesia de San Juan, a la parte del sur” (en la actual calle Moreno entre las de Piedras y Tacuarí). Dichos predios recayeron en María Leocadia, en su hermano el clérigo Gregorio de Torres Gaete y en su tío materno Pedro de Gaete. Extintos estos últimos, sucedieron en el dominio aludido María Leocadia y sus hermanos José Ignacio y Gabriel. (En el apellido De la Quintana señalo el ulterior destino del referido solar). No contaba aún 21 años la muchacha, cuando el poderoso vecino Miguel de Riblos y la Bastida — ya sesentón y viudo de Gregoria de Silveyra Gouvea — la solicitó en matrimonio. Nueve 346

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meses antes de la bendición religiosa, el 3-I-1709, el novio otorgó, ante el Escribano Juan Castaño Becerra, una escritura dotal. En ese documento Riblos calificó de “doncella” a su prometida, y dijo que “como la cantidad que se me ha prometido de dote no es bastante para que (Leocadia) pueda vivir conforme a su calidad, estoy de acuerdo de la dotar de mis propios bienes en diez mil pesos corrientes”. Tales arras las concretó el otorgante con el aporte de 5 negros esclavos, 9 cuadros al óleo y un lote de joyas, tapices y muebles, entre los cuales “una silla de manos (litera) con clavazón de bronce”. El 3-X-1709 consagrábase el matrimonio de mis 7os abuelos Miguel de Riblos y María Leocadia de Torres Gaete, cuyo único fruto; Leocadia Francisca Ignacia Xaviera de Riglos y Torres Gaete, nació 23 días después de la ceremonia religiosa. Este interesante detalle sugestivo y otras circunstancias están explicadas ampliamente en el apellido Riglos, al que remito al lector; así como también al linaje de De la Quintana, donde se continúa la descendencia de la nombrada Leocadia Francisca Ignacia Xaviera que, oportunamente, se casó con Nicolás de la Quintana. En cuanto a la infortunada madre María Leocadia de Torres Gaete, ella enfermó sin remedio al año de dar a luz a su única hija. Testó el 30-X-1710; y en plena juventud, a los 22 años de edad, se le desprendió el alma del cuerpo.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, documentos de la Sala 9 y sucesiones antiguas. Archivo parroquial de la Iglesia de La Merced de Buenos Aires. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Causas instruídas en Buenos Aires durante los siglos XVII y XVIII; Real despacho sobre multas. Cap. IV, pag. 76. Estudios editados por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires en 1913. Cornejo, Atilio; Contribución a la historia de la propiedad inmobiliaria de Salta en la época virreinal. Bs. As., 1945. Frías, Bernardo; Tradiciones Históricas. Segunda Serie. Bs. As., 1924. Jauregui Rueda, Carlos; Introducción al estudio de los Torres Gaete, en la Revista Genealogía, nº 16 del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Bs. As., 1976. Lafuente Machain, Ricardo de; Los Sáenz Valiente y Aguirre. Bs. As., 1929. Molina, Raúl A.; Padrón histórico de vecinos, estantes y habitantes de Buenos Aires en los siglos XVI y XVII. Inédito.

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TRIGUEROS Según apunta Julio de Atienza en su Nobiliario Español, el apellido Trigueros es de origen catalán, y sus armas traen en campo de gules dos chevrones de plata. Diego de Trigueros, sin embargo, nació por 1559 en Carmona, provincia de Sevilla, hijo legítimo de Luis de Trigueros y de Isabel Caro. No sabemos cómo ni cuando vino a la Asunción del Paraguay donde fue vecino principal y contrajo matrimonio. Lo cierto es que de allá pasó a Buenos Aires en la última década del siglo XVI, y que aquí figura estrechamente vinculado a los frailes fundadores del convento de San Francisco. En efecto: el 18-I-1601, Diego Trigueros como Síndico del referido monacato — es decir administrador del dinero y las limosnas que dicha Orden recibía —, se presentó a los Oficiales Reales manifestándoles que “al presente hay en dicho convento diez y ocho religiosos, y tienen necesidad para celebrar el oficio divino, y que el Santísimo Sacramento tenga luz, que Vuestras Mercedes manden que se me dé el vino y aceite que S.M. manda por la real cédula que está en los libros reales”. Poco después, el 13 de marzo siguiente, “Sus Mercedes —que lo eran el Tesorero Hernando de Montalvo y el Contador Miguel Gómez de la Puerta Saravia — le pagaron a Trigueros 114 pesos “por el aceite y el vino que S.M. manda dar”. Actividad vecinal del personaje y el comercio intérlope Asimismo, el nombre de Trigueros aparece en el primer recuento de población que registran los anales demográficos de la ciudad, veintidos años después de ser establecida por Juan de Garay. Me refiero a la llamada “Lista de Armas”, cuya nómina se levantó a raíz de una orden del Teniente de Gobernador Francisco de Salas, cuando éste, el 6-X-1602, mandó a todos los vecinos y moradores de Buenos Aires — amos y criados — “el martes 1º que viene, ocho de este mes a las ocho de la mañana, estén y parezcan ante Su Merced a caballo, puestos a punto de guerra, en la plaza con todas sus armas y municiones que tuvieren, para que se haga reseña, so pena de dos


pesos de multa, para los gastos de guerra, al que lo contrario hiciere”. Y en virtud de tal convocatoria, en el día y sitio y hora indicados, el Jefe pasó revista a 52 vecinos montados y 14 a pié. La “Lista”, además, enumeró a 14 moradores ausentes, por lo que aquel ínfimo censo militar de hombres “aptos para todo servicio”, en el Buenos Aires de 1602, sumaba 81 individuos, entre ellos a “Diego de Trigueros, a caballo, con todas sus armas”. Y un lustro más tarde en 1607, el hombre figura en la colecta propiciada por el Cabildo en beneficio del desbarbador y sacamuelas Jerónimo de Miranda. En ella mi antepasado, “por su persona y cassa” dió once pesos. Por otra parte, Trigueros, ya había iniciado sus quehaceres mercantiles en la ciudad unido a un grupo de poderosos contrabandistas, de suerte que los menesteres del tráfico clandestino resultaron la base de su fortuna. Debido a esas negociaciones ilícitas, Hernandarias lo mandó procesar, calificándolo el fiscal de la pesquisa como “de los mayores interesados en los tratos y contratos de esclavos y mercaderías”; circunstancia agravada por el ejercicio del cargo de “Visitador de carretas” que dicho encausado tenía. Por ello el infractor estuvo preso durante los tres años que duró el gobierno de Hernandarias, hasta que recuperó su libertad no bien este fue sustituído por Góngora. A la Virgen rogando y al fisco contrabandeando Empero no únicamente aprovechado mercader y milico circunstancial fue Diego de Trigueros. Hombre de su tiempo, supo conciliar los negocios de la tierra con los del cielo; por eso, el 1-XI1602, junto con el Teniente de Gobernador Francisco de Salas, con el Capitán y futuro cronista de La Argentina Ruy Díaz de Guzmán y con Antonio Bermúdez, fundó la “Cofradía de Nuestra Señora de la Limpia Concepción”. El acta constitutiva de la misma — que se guardaba en el incendiado archivo de la Curia metropolitana, y que Groussac reprodujo en los Anales de la Biblioteca — decía que, en la fecha arriba mencionada, los cuatro vecinos referidos se reunieron en el convento de San Francisco, ante el Escribano Rodrigo de Guzmán, y expresaron su deseo de establecer una Cofradía y Hermandad de la Limpia Concepción en honor y reverencia de Nuestra Señora, y 350

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beneficio y sufragio de las almas de los instituyentes cuando ellas fueran a expiar sus pecados al Purgatorio. El capital con que dicho organismo religioso iniciaba su cometido espiritual era de 800 pesos corrientes de a 8 reales; cantidad que debía ser aportada por los fundadores de la siguiente manera; “El día de la Pascua de Navidad que viene”, tanto Salas, como Trigueros, Díaz de Guzmán y Bermúdez, depositarían 60 pesos cada uno en la Caja de la Cofradía, a cargo del Mayordomo que se elija oportunamente. El saldo de aquel capital originario, quedaba impuesto a censo — a razón de 140 pesos por barba — sobre los bienes de los respectivos cofrades, a saber; 1) “Sobre las cassas” que posee Francisco de Salas cerca del monasterio de las Mercedes; 2) sobre una “quadra” de Ruy Díaz de Guzmán, “en que tengo puesta una viña, que alinda con la calle que va derecho, desde la plaza, al monasterio de San Francisco” (“cuadra” con un gran zanjón que se ubicaría ahora en el cruce de las calles Bolívar y San Juan); 3) sobre la morada de cierto “cuñado” de Antonio Bermúdez; y 4) sobre “las cassas” de Diego de Trigueros, cuyo solar edificado “alinda con cassas de Felipe Navarro y Juan Méndez”; amén de “dos cuadras que — declaró Diego — tengo hacia el Riachuelo”, vecinas a las de Mateo Sánchez. Cada compareciente, del mismo modo, imponía este censo con un interés anual de 40 pesos sobre el capital aportado; interés que los cuatro cofrades, y en adelante sus herederos y sucesores hasta la consumación de los siglos, debían abonar a la flamante Hermandad; salvo que se redimieran del gravamen los bienes afectados originariamente afectados a ella, en cuyo caso, los futuros Mayordomos y Hermanos Mayores de la pía institución volverían a colocar el capital a réditos en otros “bienes seguros y valiosos”. La Cofradía, por lo demás, sería asistida permanentemente por los religiosos franciscanos de esta ciudad; y en el altar de Nuestra Señora rezaríanse misas y responsos cantados, año tras año, por las ánimas pecadoras de los cofrades y de su parentela difunta. En el acto notarial estuvo presente Fray Sebastián Palla, guardián del convento de San Francisco quien, en nombre de sus seráficos “fratellos”, aceptó la fundación, dejando expresa constancia de que las 4 sepulturas destinadas a Salas, a Díaz de Guzmán, a Bermúdez y a Trigueros — donde irían a desintegrarse “ellos y sus mujeres e hijos y legítimos ascendientes y descendientes” — “han de correr como Trigueros

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corre la Iglesia, pegados a la propia peaña del altar de Nuestra Señora de la Limpia Concepción”. Otros bienes urbanos y campestres de mi lejano abuelo También por esas fechas (2-XI-1602), el Cabildo bonaerense acordó repartir, entre los vecinos principales, terrenos en la traza nueva de la ciudad, “desde la quebradita que está en la otra banda de las cassas que fueron de Francisco Muñoz Bajarano, hacia el Riachuelo de los navíos”. En consecuencia, a Diego de Trigueros se le adjudicó una “cuadra, con la sobra de la barranca”, que por una parte lindaba con cuadras “que quedan en blanco”, y por la otra con Bartolomé Frutos. Mi antepasado recibió además en esa oportunidad, otras dos cuadras sobrantes de la barranca, “hacia la vega del Riachuelo”, ubicadas entre las de Domingo Griveo y las de Manuel del Corro, todo ello sin perjuicio de que un año antes, en 1601, el favorecido con dichas mercedes, había sido condenado por contrabandista a la pérdida de 19 quintales de hierro, avaluado en 9 pesos cada quintal, como consta anotado en los Libros Reales cuando se refieren a “las penas de cámara”. Y lo curioso es que el multado de 1601 aparece en 1602, en esos registros, como “Depositario General de la ciudad”, o sea — de golpe y porrazo — como cobrador de las referidas multas y “penas de cámara”. Por lo demás, poseía Trigueros una “chácara” en la que — haciendo honor a su apellido — cosechaba trigo para el abasto de la ciudad. Tales tierras de sembradura quedaban sobre el río de Las Conchas, en el área donde hoy día se encuentran las localidades de General Pacheco, Don Torcuato, Bella Vista y San Miguel. Ahí, a la vera de aquella corriente de agua, a principio del siglo XVII, se establecieron las primeras tahonas de moler trigo; y en la lista llamada de “Harinas” del año 1611, en la cual figuraban los vecinos que por orden del Gobernador debían de almacenar, como reserva de consumo, aquel polvillo indispensable para fabricar el pan, el nombre de Diego de Trigueros está anotado con 50 fanegas.

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Trayectoria pública del personaje Durante el curso de su vida Trigueros desempeñó los siguientes cargos públicos; Procurador General del Cabildo (en 1608, 1613, 1618 y 1619), Regidor ordinario (en 1615), Alcalde de Hermandad (en 1614 y 1619), Mayordomo del Hospital (en 1617), y Alcalde perpetuo de 2º voto (desde 1619, en que compró ese “rregimiento” en la almoneda de Potosí en 700 pesos, hasta 1623, en que el cabildante dejó de existir). Algunos aspectos y detalles de esa larga actuación oficial han quedado registrado en los acuerdos del extinguido Cabildo porteño. Así, por ejemplo, en 1606 es fiador, “con su persona y bienes avidos y por aver”, de Simón de Valdés — el socio en los turbios negocios de Juan de Vergara —, cuando Valdés asumió las altas funciones de Teniente General. Como Procurador de la ciudad, Trigueros, durante el año 1608, entre las más diversas providencias tomadas para el buen gobierno edilicio, pidió a la corporación de la que formaba parte, que los solares originariamente adjudicados al Adelantado Torres de Vera y Aragón — hoy comprendidos en el espacio de terreno ubicado entre la Pirámide de Mayo y la estatua de Belgrano, frente a la Casa Rosada — se tomen para ampliar la Plaza Mayor; no así los predios que tiene el Cabildo, los cuales han de quedar para “propios”, es decir en calidad de bienes destinados a suministrar, con sus rentas, recursos al municipio. En otra oportunidad sostuvo que para “el vien de los vecinos convenía se asalariase — por un año — a Francisco Bernardo Fixón” (era Xijón, o mejor dicho con Jijón), “médico que rreside en esa çiudad”. El 24-III-1613, el Gobernador Marín Negrón leyó en el Cabildo una carta del Rey Felipe III, fechada el 1-X-1611 en San Ildefonso, en la cual el Monarca hacía saber a sus súbditos rioplatenses que: “Habiendo sido Dios Nuestro Señor servido de alumbrar a la Reina Doña Margarita, mi muy cara y amada mujer, de un Infante, lo que pocos días después de algunos accidentes que le sobrevinieron (se sirvió Dios) de llevarla para Sí ... manifestando en su muerte la gran cristiandad en que vivió ... se debe esperar que Nuestro Señor, de su Divina Misericordia, la tenga en su gloria, y ... confiando (el Rey) se hagan las demostraciones que en semejantes ocasiones se acostumbran, ordenaréis que esa çiudad y los veçinos della, y de las Trigueros

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demás de esa Provincia, se vistan de luto, y con él hagan los obsequios y honras tan solemnes como se requiere, mostrando todo el dolor que como tal leales y buenos vasallos tendréis de este suceso; y de como se hubiese hecho me avisaréis ...”. Conforme a ello, dos días más tarde (26 de marzo), el Procurador Trigueros pidió al Cabildo “se costeen los lutos de los capitulares de los propios (rentas) de esta ciudad”; a lo cual la autoridad colegiada no hizo lugar, resolviendo “que atento a la cantidad de ellos (de los lutos), se costeen por agora por cuenta de dichos capitulares”. Años después, en 1617, en su carácter de Mayordomo del Hospital, Trigueros sugirió se pidiera al Gobernador dejara cargar en los navíos “çient cueros que el Hospital tiene”, a fin de remediar las necesidades de esa institución. Como Regidor, don Diego se opuso en 1621 a que se nombrara Alcalde de Hermandad a Manuel Cabral, por ser el candidato portugués de nacimiento. Meses más adelante, propone a los ediles que a objeto de conjurar la escasez de sal en la ciudad, el Cabildo incautara todas las “pipas de sal” de a bordo de los navíos del puerto, que los comerciantes especuladores no querían vender, y que dicho producto fuera puesto “en una lonxa para que se benda y reparta entre todos los besinos y moradores y demás personas desta república a precios moderados”. Al saberse aquí, en 1622, la noticia de la muerte del Rey Felipe III, el Regidor Trigueros se ocupó otra vez de la negrura de los trajes, y expuso a sus pares que “sería conveniente y necesario que se diese el orden que se ha de tener en los lutos de los regidores”; pero resultaba que no había en plaza suficiente cantidad “de paños y beatas ni otras cossas negras de que poder hacer dichos lutos”, a no ser “unas piesas de paño negro” que tenía depositadas Alonso Guerrero. Entonces el Cabildo acordó que mis antepasados Diego Páez de Clavijo y Diego de Trigueros fueran los encargados de hacer “ber y medir el dicho paño y las otras cosas negras que se hallaren” y, “dando a sus dueños el presio moderado justo en Reales”, tomasen esas telas fúnebres para ser repartidas entre los cabildantes a fin de que éstos se vistieran de riguroso luto. En enero de 1623 Trigueros solicitó al Cabildo licencia “para yr a baquear a las pampas desta ciudad”; y todavía el 24 de marzo de ese año, a solo seis meses de su muerte, nuestro activo Regidor presentó, al cuerpo de que formaba

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parte, los autos y diligencias que hizo con el objeto de que se “aderesase el paso del camino del Riachuelo”. Agrego que el cargo de Alcalde de 2º voto que desempeñaba don Diego, había sido adquirido en Potosí, el 1-XII-1617, en pública almoneda, por Juan de Vergara, que era yerno suyo, mediante el precio de 700 pesos corrientes. El título respectivo, rubricado por el Virrey del Perú Príncipe de Esquilache, lo presentó Vergara dos años más tarde, con otros “officios de Regimiento”, al Cabildo porteño, a efectos de su aceptación. Con tal motivo los enemigos políticos de Vergara protestaron aquel nombramiento de Trigueros, alegando que el pretendiente a la vara de 2º voto — o sea a Juez ordinario de primera instancia —, “no sabía leer y escribir (firmaba no obstante) y no era benemérito para dicho oficio”. En la sesión del 28-I-1619, el Regidor Cristóbal Ximénez dijo al respecto; “que tenía cierta proposiçión de acer que tocava a Diego de Trigueros”, y pidió que el aludido se saliese del recinto de las deliberaciones. Este abandonó la sala, y entonces Ximénez, apoyado por su colega mi antepasado Gerónimo Benavídez, manifestó haber tenido “notiçia” de que Juan de Vergara traía consigo algunos “officios de Regimiento”; uno para sí mismo, otro para Diego de Trigueros, su suegro, otro para Tomás de Rosende, yerno de Trigueros, y otro para Juan Barragán, casado con deuda del dicho Juan de Vergara, y que “el andar entre deudos tiene ynconbenientes”; además de no ajustarse ello a la ley que establecía fueran preferidos para el desempeño de tales cargos los conquistadores y sus hijos, en vez, como en este caso, de aprovechados mercaderes. Por otra parte, Juan de Vergara estaba “yncurso en la causa de la pesquisa sobre los desórdenes deste Puerto” (léase contrabando), debido a lo cual Ximénez y Benavídez “contradicen la venta de los dichos offiçios”. Fin de mi 10º abuelo. Su matrimonio y progenie inmediata No obstante tan fundadas objeciones, Trigueros prosiguió firme en su puesto cabildeño hasta el día de su fallecimiento. Murió en la paz del Señor en octubre de 1623, y sus cenizas han de haber quedado desparramadas bajo las losas del piso de la Iglesia de San Francisco, donde, como sabemos, fundó aquella Capellanía en las

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constituciones de la Hermandad de Nuestra Señora de la Limpia Concepción. Sus herederos, además de “las cassas de morada”, de las “cuadras sobre la barranca del río”, y de esas “tierras de sembradura” en el río de Las Conchas — que anteriormente dimos a conocer — redondearon su acervo con otras extensiones que poseyó el causante en el pago de la Matanza, linderas — en 1637 — con la chacra de Juan de Vergara, la cual, a su vez, limitaba por otro costado con la de Alonso Agreda de Vergara, hermano de Juan y antepasado mío. I — DIEGO DE TRIGUEROS habíase casado, seguramente en la Asunción, con Felipa Hernández o Fernández de Enciso, hija del conquistador fundador de Buenos Aires con Juan de Garay, Capitán Juan Fernández de Enciso y de Ana de Irala, hija ésta del caudillo Domingo Martínez de Irala y de Marina, india guaraní (ver el linaje de Irala). Fallecida doña Felipa el 7-IV-1630, a orillas del Plata, y sus restos recibieron sepultura en la huesa de su marido, en la Iglesia de San Francisco, bajo el altar de Nuestra Señora de la Limpia Concepción. Los referidos cónyuges hubieron estos hijos: 1) María de Trigueros y Enciso, que murió en la infancia. 2) Francisca de Trigueros Enciso — mi antepasada — que sigue en II. 3) Isabel Hernández Enciso, llamada también — ignoro porque — Isabel de la Vega, la cual estuvo por casarse en 1605 con Antonio Gutiérrez Barragán. En efecto: el 21 de mayo de dicho año, ese importante vecino, calificado de “último poblador”, otorgó una escritura en la que hizo constar lo siguiente: “que por cuanto yo estoy concertado por palabra de me casar legítimamente, según orden de la santa madre iglesia, con doña Isabel Hernández de Encizo, hija legítima de Diego de Trigueros y de Felipa Hernández de Encizo, su legítima mujer ... y por que con la ayuda y favor de Nuestro Señor me quiero velar y recibir las bendiciones y admoniciones canónicas: por tanto, en la vía y favor que mejor puedo y el derecho me concede, otorgo y conozco que recibo de los dichos señores mis suegros, en dote y casamiento con la suso dicha, y para ayudar a sustentar las cargas matrimoniales, los bienes y cosas, y a los precios siguientes: Primeramente, una estancia en el río Luján, término de esta ciudad, 356

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que tiene media legua de frente de el dicho río, y legua y media de largo la tierra adentro, y linda por una parte con tierra de el propio Diego de Trigueros, mi suegro, que valen 50 pesos. Item: Una casa donde el dicho mi suegro vivía, con todo lo cercado a la redonda del cerco de tapia, con lo edificado en ella, con sus puertas y ventanas y todo a ella anexo y perteneciente, que linda con casa de el dicho mi suegro, que vale 340 pesos. Item: Dos cuadras de tierra ... junto a los molinos de viento, que valen 140 pesos. Item: La mitad de una suerte de tierra que linda con Catalina de Carmona que vale 100 pesos”. Total de la dote: 630 pesos corrientes. Empero, el aludido novio tuvo que devolver al poco tiempo todos esos bienes, pues rompió su compromiso con la hija de Trigueros; y al año siguiente, el 19-IV-1606, el mismo Antonio Gutiérrez Barragán suscribía otra escritura similar a la antedicha, en la cual manifestaba que había concertado su boda (que realizó 5 días más tarde) con Juana de Escobar, hija legítima del Capitán Francisco Muñoz y de Margarita de Escobar Suárez de Toledo, y reconocía haber recibido de estos sus suegros los siguientes bienes dotales: un pedazo de solar y casa, otro solar y una cuadra, todo valuado respectivamente en 1.000, 150 y 200 pesos. Además se le entregó una estancia “en el camino del Río Luján, que llaman la Isla de Escobar, con toda la tierra que le pertenece conforme al repartimiento en precio de 200 pesos”. Lo que en conjunto representaba un valor dotal de 1.550 pesos. Como se echa de ver, el caudal aportado por los Escobar era casi tres veces mayor que el ofrecido por Trigueros; y esta apreciable diferencia seguramente no se le escapó a Gutiérrez Barragán antes de ajustarse a los lazos del himeneo. (Los esposos Gutiérrez Barragán-Escobar Muñoz resultan 10os abuelos de Estela Schindler de Ibarguren, mi mujer). De todos modos, las frustradas esponsales de Isabel — económicamente, al menos — se compensaron con creces cuando ella se unió en matrimonio, hacia 1608, con el poderoso mercader y contrabandista Juan de Vergara — quien dominaba a su esposa “Isabel de la Bega”, a pesar de ser hija de Trigueros y de una Hernández Enciso. Vergara aportó a la sociedad conyugal la bonita suma de 30.000 pesos, sin recibir él ninguna dote. Al año siguiente del casamiento murió Isabel de parto; y como lo expresó después Vergara al testar, “no hubimos hijos”, ni “uvo Trigueros

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bienes gananciales, y en los que pertenecieron a sus padres, me dexó (Isabel) por heredero en la tercia parte; y así la otra heredera (Francisca) me lo deve. Mando no se la pidan, con cargo que ruegue a Dios por mí y la dicha mi muger, ella y sus herederos (los González Filiano), todos los días de sus vidas”. II — FRANCISCA DE TRIGUEROS ENCISO se casó primeramente en 1617 con Tomás de Rosende o Rosendo y, tras la muerte de este, pasó a 2as nupcias, el 13-I-1622, con Bernabé González Filiano (de cuyos antecedentes y descendencia me ocupo en el capítulo que dedico a su apellido). Para esa boda, la contrayente fue dotada por sus padres con 9.159 pesos corrientes. A raíz de alguno de esos casamientos de Francisca, su cuñado Juan de Vergara puntualizó en su testamento que: “gasté y consumí mucha cantidad de asienda, que a sus padres presté en joyas, preseas y esclavos y otras cosas”. Como todos los miembros de su familia, la señora que me ocupa fue sepultada luego de su muerte en la Iglesia de San Francisco, en uno de los enterratorios excavados debajo de la peaña del altar de la Virgen de la Limpia Concepción. La descendencia de Francisca de Trigueros Enciso se continua en el apellido González Filiano, al cual remito al lector. Ella y su marido resultan 9os abuelos míos.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Apolant, Juan Alejandro; Génesis de la Familia Uruguaya. Montevideo, 1966. Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Molina, Raúl A.; Padrón histórico, de vecinos, estantes y habitantes de Buenos Aires en los siglos XVI y XVII. Inédito. Revista Anales de la Biblioteca dirigida por P. Groussac; Archivo de la Curia Eclesiástica. Acta de fundación de la Cofradía de Nuestra Señora de la Limpia Concepción en San Francisco de Buenos Aires. Tomo 9. Bs. As., 1914. Trelles, Manuel Ricardo; Registro Estadístico de Buenos Aires. Bs. As., 1974. Volumen Censo Municipal de Buenos Aires, 1887; Estudio Topográfico de Buenos Aires, por Alberto B. Martínez.

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URSUA En el lugar de Arizcún del valle de Baztán, en el corazón de Navarra, se levanta todavía con sus muros desmantelados la Torre que en tiempos remotos fuera albergue feudal de los Ursúa, cuyos ascendientes inmemoriales — si nos atenemos a la tradición lugareña — habrían sido los pobladores originarios, dueños y señores de todo el pintoresco valle circundante. Precisamente a esa severa construcción militar de piedra sillería del siglo XIV — remozada dos centurias más tarde — se refiere el gran Pío Baroja en La Leyenda de Jaún de Alzate, cuando hace hablar al caudaloso Bidasoa: “Soy pequeño pero con gracia — dice el río —; paso por valles anchos y soleados y por cañadas estrechas; reflejo las faldas verdes de los montes, los palacios y las chozas de mis orillas, y los pueblos pequeños con casas viejas con escudo que coge media fachada ... ¡Casas fuertes del Baztán! ¡Convento musgoso de Arizcún! ¡Palacio de Reparacea! ¡Torre maciza de Ursúa ...!” Por lo demás, el apellido que nos ocupa deriva de la voz “urzo”, variación de “uso”, que en eúskaro significa paloma, o también urraca. Y así las armas “parlantes” del antiguo escudo de los Ursúa llevan pintadas: “En campo de oro tres urracas de su color — o tres palomas de sable manchadas de plata; bordura dentellada de azur”. (Nobiliario de Navarra, por Huarte y Rújula, y Nobiliario Español de Julio de Atienza). En la confección del presente estudio histórico, genealógico y biográfico, se han tenido en cuenta el Nobiliario y Armería General de Nabarra (1899), del prolijo autor hispano Argamasilla de la Cerda y Bayona; Los Sáenz Valiente y Aguirre (1929), obra del investigador argentino Ricardo de Lafuente Machain; y sobre todo, El Reyno de Chile (1945), en cuyo importante volumen el colega trasandino Luis de Roa y Ursúa incluye su espléndido y documentadísimo trabajo sobre el linaje de sus antepasados. Históricamente, pues, la prosapia de referencia comienza con: I — SANCHO DE URSUA o D’ORSUA o DE URSSUA, Ricohombre de Navarra, que vivió en tiempos del Rey Felipe III de


Evreux (1301-1343). Estuvo casado con María de Rosajaraya y fue padre, entre otros, de: 1) Miguel Sánchez de Ursúa (que sigue en II). 2) Sancho de Ursúa, Caballero y Baile de la localidad de Mixe, en la antigua Baja Navarra, como figura en un documento fechado el 16-IV-1377; y también Maestre de Ballesteros, Capitán de Olite y Mensajero del Rey Carlos “el Malo” en Avignon y otros puntos colindantes. II — MIGUEL SANCHEZ DE URSUA, Señor de Ursúa, Barón de Oticoren y Ricohombre de Navarra, sirvió al Rey Carlos III “el Malo” (1332-1387) en sus muchas guerras, con gente levantada y sostenida a su costa; como lo acreditan en varios documentos que guarda el archivo de la Cámara de Conptos; entre ellos uno muy curioso que se refiere a una merced que le hizo a Ursúa, en 1359, el Monarca, sobre “las hortalizas y herbajes” de Baztán, como premio por haberlo ayudado con sus mesnadas en la contienda de Francia contra el Duque de Normandía, cuñado de aquel Rey navarro. En 1363 le concedió también don Carlos “el Malo” los patrimonios que en la villa de Cortes tenían el Conde de Luna y Martín Jiménez de Lerga; además de él Bailío de Baztán; y, asimismo, mandó se le abonasen las pagas atrasadas que se le debían por sus ayudas belicosas. Jerónimo Zurita, el célebre cronista aragonés, dice que cuando en la villa de Sos los reyes Carlos II de Navarra y Pedro IV de Aragón concretaron ciertos solemnes pactos, en garantía del cumplimiento de los mismos, aquel le entregó a éste, en calidad de rehenes, a algunos miembros de las principales familias de Ricoshombres navarros, entre ellos a los hijos del Miguel Sánchez de Ursúa; el cual, como sujeto de confianza de su Rey era, en 1369, Alcaide y Gobernador de la Villa y Castillo fronterizos de Saint Jean Pied de Port. De su matrimonio desconocido tuvo don Miguel, entre otros, por hijo a: III — BERTRAND DE URSUA, Señor de Ursúa, quien en 1363 quedó en rehenes junto con el Infante Don Luis, hasta que se logró la concordia entre los Reyes de Navarra y de Aragón y el Conde de Trastamara. Casó en 1365 con Juana de Echauz — de la gran 362

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casa vizcondal de Baiguer o Baigorri —, hija de Raimundo Guillermo 11º Conde de Baigorri, con la cual procreó a: 1) Mossen Pedro de Ursúa que, según consta en un pergamino de su época, como Ricohombre de Navarra asistió a la coronación del Rey Carlos III “el Noble” (1387-1425). 2) María, (que sigue en IV). IV — MARIA BERTRAND DE URSUA, Señora de Ursúa. contrajo matrimonio con Mossen (título de nobleza aragonés de 2ª clase) Juan de Uroz, o Muñoz de Urroz, Camarlengo (asistente personal, diríamos) del Rey Carlos “el Noble”. Al celebrar dicha pareja sus esponsales en 1408, se estipuló en el respectivo contrato nupcial que los futuros hijos de ambos contrayentes tomarían el apellido y las armas de la madre. Así lo hizo por lo menos el primogénito de la familia: V — Mossen JUAN DE URSUA, Señor de Ursúa, con su Torre de Arizcún, y de Saint Marie de Gentheyne; cuyo último señorío, situado en el lugar de Ordiap, del distrito souletano de Mauleón en los Bajos Pirineos, había heredado de su parienta — tía quizás — Margarita de Ursúa y de su marido, el titular del dominio, Guillermo Arnaud de Saint Marie, fallecidos sin hijos. El tal señorío y sus tierras aledañas se contaba entre “los 10 Potestas (parientes mayores) de la Soule”, o Zuberoa como dicen los vascos. Su importante Palacio de piedra marmórea negra — construído según se cree en el siglo XIV — levantábase donde se juntan el río Saison con su afluente el Arangorena distante “5 leguas rectas de Ursúa que está en España”. Fue Mosén Juan nada menos que Canciller de la Reina doña Blanca (como tal así firmaba en 1439), y en dicho carácter había asistido en 1429 al acto de coronación y juramento de Juan II de Navarra y Aragón, marido aragonés de su soberana. Ocupó también el cargo de Maestrehostal (ecónomo de la corte) del Infante Príncipe Carlos de Viana, y se desempeñó asimismo como Alcaide del castillo de Maya en 1439. Tanto lo estimaba el Príncipe de Viana, que cuando Juan de Ursúa se casó en 1440 con María de Ezpeleta — de egregia estirpe navarra —, el Príncipe le regaló 100 libras. Por su parte doña María era hija de Mosén Beltrán de Ezpeleta, 1er Vizconde de Villarroel

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Valderro, y de su mujer Leonor de Villaespesa; hija ésta del Canciller Mayor de Navarra Frances de Villa Espesa y de Isabel de Ursúa, parienta de su yerno. Don Frances y su esposa eran dueños y señores de un soberbio enterratorio gótico que se ve en la Capilla de la Catedral de Tudela, con las esculturas yacentes de ambos cónyuges, y tallados a sus flancos en mármol policromado y oro viejo, de mayor a menor, las figuras de sus 10 hijos, entre ellos Leonor de Villaespesa. Mosén Juan de Ursúa y María de Ezpeleta procrearon muchos hijos y entre ellos a: 1) Juan de Ursúa y Ezpeleta, Señor de Ursúa, Barón de Orticoren y Señor del lugar de Gentheyne, en los Bajos Pirineos, que en 1494 asistió por el brazo de la Nobleza a la coronación y jura de los Reyes Juan de Albret y Juana de Navarra. Ya en 1487 estaba casado con Juana Enríquez de Lacarra, descendiente del célebre Alférez Mayor Martín Enríquez de Lacarra, de real cuna. fueron sus hijos: A) Tristán de Ursúa y Lacarra, heredero de los señoríos de sus padres. Casó con Leonor Diez de Armendariz, hija de Jaime Diez Aux de Armendariz, ilustre Señor de Cadreita, y de la noble señora Leonor Veraiz. Tuvo los siguientes hijos: a) Miguel de Ursúa Diez de Armendariz, Señor de su Casa, que murió matando a su rival el Señor de Atienza, en un desafío, dejando un hijo natural habido en María André; Juan de Ursúa André, que se casó con María Vergara Anchorena y dejó sucesión. b) Pedro de Ursúa Diez de Armendariz, que nació en Pamplona hacia 1527. Cuando contaba 18 años de edad pasó a América con su tío Miguel Diez de Armendariz, que iba como Juez Visitador a Cartagena de Indias. En el nuevo mundo Ursúa cumplió una rápida y lucida carrera militar. Estuvo en Panamá a las órdenes de La Gasca, quien había llegado de España para sofocar la rebelión de Gonzalo Pizarro en el Perú. Después, el intrépido navarro puso de manifiesto sus calidades de 364

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conquistador en los territorios de Nueva Granada, hasta que en 1559 se le designó Gobernador y Capitán General de la vastísima e imprecisa región llamada “El Dorado”; cuya comarca, en términos generales, comenzaba del otro lado de los Andes, para terminar en el océano Atlántico. En la afanosa jornada exploratoria de ese enigmático país, al bordear las riberas del Marañón — como entonces se le decía al Amazonas — al desprevenido jefe expedicionario (tan confiado que viajaba con su amante Inés de Atienza, bella mestiza hija de india y capitán español) se le amotinó la hueste soliviantada por Lope de Aguirre — el famoso “Traidor” —, y cobardemente Pedro de Ursúa resultó asesinado a estocadas mientras descansaba tendido en una hamaca. c) Tristán de Ursúa Diez de Armendariz, sucesor de sus hermanos en el señorío de Ursúa y en la baronía de Orticoren. Casó en 1550 con Juana Meharín y Armendariz, su parienta, hija del Vizconde de Meharín. Tuvo Tristán numerosa descendencia, entre ella fue nieto suyo el ilustre marino Pedro de Ursúa y Armendariz, Barón de Orticoren, Caballero de Santiago, Gobernador de Cádiz, Almirante y Consejero de Su Majestad, primer Vizconde de Ursúa y Conde de Gerena, de quien resultó bisnieto nuestro conocido Gobernador del Río de la Plata Francisco de Paula Bucareli y Ursúa — expulsador de los jesuitas en este país y, por su orden, de los ingleses de las islas Malvinas —. Bucareli alcanzó después en la Península las altas jerarquías de Virrey y Capitán General de Navarra y Comendador de Almendralejo en la Orden de Santiago. d) Juan de Ursúa Diez de Armendariz, el cual murió muy joven en un torneo realizado en Valladolid. Estaba casado con Catalina de Gaztelú, de noble familia, llamada antiguamente de Echalar Villarroel

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por ser originaria de este Palacio de Cabo de América. e) María de Ursúa Diez de Armendariz, casada con Luis de Tardets, Señor de Sauguis, Lugarteniente de Mauleón en 1568. f) Graciana de Ursúa Diez de Armendariz, que tuvo por marido al Barón de Beorlegui, Señor de la Torre de Arizcún. B) Catalina de Ursúa y Lacarra, casada con el Barón de Sorhapurú. C) Pedro de Ursúa y Lacarra, que casó con María de Apeztegui, Señora del Palacio de su apellido en Errazú. Tuvo además Mosén Juan de Ursúa dos hijos naturales, a saber: Guillermo — mi antepasado, del que me ocupo a renglón seguido en VI — y Pedro. VI — GUILLERMO DE URSUA — como dije — era vástago ilegítimo del Señor Juan de Ursúa, hijo éste del Camarlengo Juan Muñoz de Urroz y de María Bertrand de Ursúa, de la cual tomó el apellido. La madre de Guillermo, por su parte, fue una doncella de la hidalga casa de Ordoqui y Goyeneche, cuyo solar, edificado en tierras de sembradura, distaba mil metros escasos del Palacio de Ursúa. Esta casa de Ordoqui constaba de cuatro frentes de piedra con el escudo familiar a la vista. Guillermo de Ursúa Ordoqui y Goyeneche establecióse luego en Arráyoz”, donde contrajo nupcias “con la hija heredera del Palacio Viejo de Arráyoz”, más conocido en vascuense por Palacio de “Jaureguizagar”, emplazado junto al puente del río Bidasoa, a la entrada del pueblo, ostentando en su fachada la media luna y el ajedrezado del blasón de Ordoqui. Guillermo de Ursúa, a justo título, sacó a relucir las armas ancestrales de su cepa paterna, con las tres palomas en campo de oro y la orla dentellada de azur. Estos fueron sus hijos: 1) Martín de Ursúa, vecino de Arráyoz, “Honorable Capitán”, según aparece testificando una escritura del año 1521 que autorizó el Escribano Pedro de Elizondo. 2) Johan de Ursúa, Notario autorizante de escrituras en Gaztelú en 1492 y en Arráyoz en 1504. 366

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3) Juan de Ursúa — mi antepasado — que sigue inmediatamente en VII. VII — JUAN DE URSUA nació en Arráyoz y fue Señor del Palacio de Jaureguizar en dicha localidad. Habíase casado con una señora llamada María, en la cual procreó estos tres antepasados míos: 1) Juan de Ursúa “el Mayor”, que sigue en VIII. 2) Martín de Ursúa, que sigue en VIIIa. 3) Juan de Ursúa “el Menor”, que sigue en VIIIb. VIII — JUAN DE URSUA dicho “el Mayor’, heredó el Señorío del Palacio de Jaureguizar, y el año 1545 vendió algunas tierras de esa heredad. Desde antes de 1540 estaba casado con Ana de San Martín, hija de Martín de San Martín, Señor del Palacio homónimo en Labourd, Francia, y de Beatriz de Navarra. Fueron sus hijas: 1) María de Ursúa San Martín, Señora de Jaureguizar, que casó con Juan de Iturbide, el cual en 1573 pidió “Carta de llamamiento a Cortes” como heredero de ese derecho que había pertenecido a su suegro el Señor de Ursúa. Iturbide fue apoderado de los Ursúa que le encomendaron el cobro de 2.000 ducados que estos reclamaban en la Corte en su carácter de herederos del Capitán Pedro de Ursúa, asesinado en Indias a consecuencia de la insurrección de Lope de Aguirre. Cobró Iturbide la suma aludida, pero después de dos años de residir en Madrid, alegó que el costo de la vida en la capital del reino le había consumido todos los ducados. Ello, naturalmente, dió origen a un enojoso pleito sustanciado en Pamplona. Hija del matrimonio Iturbide-Ursúa San Martín de Juareguizar fue: A) Catalina de Iturbide y Juareguizar, Señora de esta última Casa. Se desposó con Pedro de Larralde. Son los padres de: a) María Martínez de Larralde Jaureguizar. que casó el 2-II-1614 con su tío segundo Tristán de Ursúa y Arrosagaray. La Villarroel

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descendencia de estos 9os abuelos míos se consigna más adelante, cuando me ocupo del dicho don Tristán. 2) María de Ursúa Martínez San Martín, que contrajo enlace en Elizondo, en 1580, con Juan de Arrechea, Señor del Palacio de su nombre. Fueron padres de; A) Sancho de Ursúa Arrechea, marido de Catalina de Bertiz Arribillaga. Hubieron por hijo a: a) Juan de Ursúa Bertiz, marido de Catalina de Oroz Echevers. Padres de: a1) Miguel Fermín de Ursúa Oroz nacido en Pamplona en 1685, casado con Catalina de Gorraiz, tronco, desde 1700, de la familia de su apellido en Chile. VIIIa— MARTIN DE URSUA pasó a Santesteban de Lerín a raíz de su casamiento con Margarita de Arano y Aguerre, de la Casa de Arano de Santesteban, cuyo Señor tenía derecho a elegir “Rectores” en la parroquia de esa jurisdicción. Don Martín fue Capitán y Alcalde de Santesteban, y los Reyes de Navarra, el 12-II1501, le hicieron dispensa vitalicia del pago de tributos, considerando “los buenos y agradables servicios que a Nos et a nuestra Corona fechos por el amado Nuestro Martín d’Ursúa”. Sus hijos fueron: 1) Miguel de Ursúa Arano, “Rector” parroquial de Santesteban. Testó el 14-VIII-1566. 2) Pierres de Ursúa Arano, Escribano. Casó con María Juana de Aguerre y tuvo sucesión. 3) Juan de Ursúa Arano, que sigue en IX. 4) Martín de Ursúa Arano. IX — JUAN DE URSUA Y ARANO fue Alcalde de Santesteban de Lerín, Señor del Palacio de Ursúa y de la mitad del lugar de Oiz por su casamiento con María de Oiz. Fueron sus hijos: 1) Martín de Ursúa y Oiz, Señor de Oiz, que litigó su hidalguía en 1547. Casó dos veces: 1º con Magdalena de Casanueva,

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nacida en Fuenterrabía, dotada con 500 ducados de oro y 14 marcos de plata; y 2ª con María Martínez de Sará. Hubo descendencia. 2) Miguel Periz de Ursúa y Oiz, que sigue en X. 3) Felipe de Ursúa y Oiz, que junto con su hermano Martín litigó su limpieza de sangre en 1547 y obtuvo la correspondiente Ejecutoria. 4) Juan Martínez de Ursúa y Oiz, Presbítero, Coadyutor y Rector de la parroquia de Santesteban de Lerín. Testó el 8-XI-1594. X — MIGUEL PERIZ DE URSUA Y OIZ; contrajo matrimonio con María de Aguerre o de Aguirre, Señora de la Casa de su apellido en Donamaría, que testó el 20-XI-1553, ante el Escribano Ezaiz, ordenando sepultaran su cadáver en la tumba familiar de la Iglesia lugareña. Era, María de Aguirre, hija de Juan Martín o Martínez de Aguerre o Aguirre y de su mujer María de Goyeneche Echegoyen, Señores del Palacio armero de Aguirre en Donamaría. La posteridad de los cónyuges Periz de Ursúa-Aguirre se continúa en el capítulo que dedico a mi linaje materno:Aguirre de Donamaría. VIIIb — JUAN DE URSUA “el Menor”, vástago del Señor de Juareguizar, en Arráyoz, figura el año 1545 en un documento como Presbítero y apoderado de su hermano Juan “el Mayor”. Creo muy probable que, antes de enviudar, Juan “el Menor” fuera el mismo Juan de Ursúa que estuvo casado con una Señora del Palacio de Zubiría, y resultan el tronco de los Ursúa de Zubiría solariegos de Arráyoz. De ellos vienen estos hijos: 1) Sancho de Ursúa y Zubiría, que sigue en IX. 2) Domingo de Ursúa y Zubiría, Señor del Palacio de Ospital en Osés. 3) Tristán de Ursúa y Zubiría, casado con Sabadina de San Martín, en la que hubo descendencia. IX — SANCHO DE URSUA Y ZUBIRIA nació en 1525 y heredó el Palacio de Zubiría en Arráyoz, valle de Baztán, con el derecho de tener “asiento en Cortes”. De Sancho arranca la rama genealógica de los Ursúa que, por extinción de su línea varonil Villarroel

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pasará más tarde a la familia de Aguirre, Señores de Palacio de Donamaría. Casó Sancho de Ursúa con María de Arrosagaray y Arrechea de Sara, Señora de la Casa de Arrosagaray establecida en la parroquia de Ossés, en la Baja Navarra, a cuyo linaje solariego la Reina Juana de Albret había concedido merced de nobleza “para siempre jamás”, el 25-XI-1571. Don Sancho y doña María fundaron un Mayorazgo con sus respectivas Casas de Zubiría y Arrosagaray, mediante escritura testamentaria otorgada el 25-IV-1592, ante el Escribano Martín de Elizondo. En dicho instrumento público ambos esposos estipularon que dicho vínculo perpetuo debía de sucederse de hijo mayor en hijo mayor legítimamente concebido, con preferencia de los varones sobre las hembras, y, a falta de posteridad varonil, de hija en hija; pero si algunas de las mujeres favorecidas generara varones, estos serían siempre los preferidos, y en caso de faltar hijos directos, los deudos más cercanos de los fundadores serían los llamados a disfrutar del Mayorazgo. Asimismo los causantes, le acordaron a su hija Graciana una dote a tomarse sobre el Palacio de Zubiría, para cuando ella se casara, “pero nada si en la vida de los otorgantes y del heredero suyo, lo hiciera con persona que no fuera de su calidad”. Por último, los cónyuges Ursúa-Arrosagaray dispusieron ser sepultados en Santa María de Arráyoz o en San Martín de Ossés, en los enterratorios que en ambas parroquias poseían. Subsidiariamente, Florentino Idoate nos cuenta, en uno de los documentos pintorescos de su libro Rincones de la Historia de Navarra que allá por el año 1585 en la localidad baztanesa de Irurita, al celebrarse con una fiesta la Pascua de Resurrección, ocurrió un desorden de proporciones. Con ese motivo habíanse congregado muchas personas de los pueblos vecinos “a holgar, danzar y regocijarse”, mientras corría la sidra abundante refrescando gargantas y corazones, cuando no se trepaba a la cabeza. Como en algazaras semejantes nunca falta algún desaguisado, en lo mejor de la fiesta un tal Juanes de Oryaguen se declaró enemigo de la música y le aplicó una patada al tambor echándolo a rodar. Actitud tan intempestiva desató una trifulca entre los concurrentes; salieron a relucir las navajas, y quien intervino a duras penas para apaciguar los ánimos fue mi antepasado “Sancho de Ursúa, alcalde de los hidalgos”. Como fin de gresca hubo que lamentar un muchacho acuchillado, 370

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quien tuvo que ser atendido por el barbero-cirujano Laxaga; en tanto al provocador Oyarguen lo desterraron por seis meses del lugar. Sancho de Ursúa falleció en 1605 y doña María después de 1620. De su matrimonio quedaron los siguientes hijos: 1) María de Ursúa y Arrosagaray, que tuvo por marido a Martín de Lizarazu, Señor de la Casa homónima. Para su himeneo, María fue dotada con 945 ducados, 2) Martín de Ursúa y Arrosagaray. 3) Antonio de Ursúa y Arrosagaray. 4) Tristán de Ursúa y Arrosagaray, que sigue en X. 5) Domingo de Ursúa y Arrosagaray, que sirvió en la campaña de Flandes a las órdenes del Archiduque Alberto de Austria, sobrino de Felipe II. Ahí, en los Países Bajos, resultó muerto Domingo en acción de guerra el año 1597. 6) Sancho de Ursúa y Arrosagaray, militar asimismo en Flandes, que se distinguió en el sitio de Ostende y resultó herido cuando con otros camaradas restauraba un dique en el pueblo de Breedene. Luego pasó a su patria con las fuerzas encargadas de expulsar a los moriscos, conforme a los edictos de 1609 y 1610 dados por Felipe III. De vuelta a Flandes poco después, a las ordenes del Marqués de Spínola asistió a diversas acciones guerreras, hasta capitanear en 1615 una Compañía de Infantería. Sirvió más tarde en Cataluña y Málaga. Finalmente por mandado del Rey se encargó de la recluta de levas en algunas villas españolas, y en Ecija lo mataron después de haber consagrado su existencia al servicio de las armas. 7) Juan de Ursúa y Arrosagaray, hombre de espada al igual que sus hermanos, peleó durante sus mejores años bajo las banderas del Rey; en Flandes, Italia, Sicilia, Africa, y en la misma España. Don Gonzalo de Córdoba, el “Gran Capitán”, le confirió en Milán el cargo de “Capitán de Picas”; el Duque de Lerma lo hizo Capitán de Infantería; la Infanta Gobernadora de los Países Bajos, doña Clara Eugenia, le nombró el 14-X-1631, Consejero de Guerra; y el propio Monarca, en 1636, lo ascendió a Sargento Mayor. Casóse con Catalina de Oroz, en la que hubo sucesión (Bartolomé, Nina y María Felipa de Ursúa y Oroz, nacidos en 1644, 1646 y 1649 respectivamente).

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8) Pedro de Ursúa y Arrosagaray, combatió también en las guerras de Flandes, Italia, Sicilia, Africa y España, durante 32 años, alcanzando en 1636 el grado de “Capitán de Infantería Española” — los “Tercios” famosos —. En 1631 la Infanta Clara Eugenia le nombró Consejero de Guerra en los Países Bajo, adonde se avecindó definitivamente, muriendo de mucha edad en Cambray, sin hijos, y dejando legados para sus sobrinos. 9) Graciana de Ursúa y Arrosagaray, que se casó con Pedro de Santa María — “persona de calidad”, como lo anhelaron sus padres —, dueño de la Casa hidalga de su apellido. A Graciana para sus esponsales la dotaron con 1.050 ducados. X — TRISTAN DE URSUA Y ARROSAGARAY vino el mundo en Arráyoz en 1558 y resultó heredero del Mayorazgo que instituyeron sus padres sobre los señoríos de Zubiría y Arrosagaray. Como sus hermanos sirvió en los ejércitos de Flandes, integrando sucesivamente las Compañías que comandaban Miguel Maestre y Martín de Aldosoro, en los “Tercios”, a cuyo frente estaban los Maestres de Campo Juan de Bracamonte y Diego de Durango. De regreso a su patria, Tristán tuvo a su cargo la defensa de los valles fronterizos de Bertizarana, Santesteban y Baztán, que asolaban los franceses con reiteración. Tan ello fue así que, más tarde, en 1639, aquellos vecinos enemigos de allende el Bidasoa le quitaron a mi antepasado la casa de Arrosagaray en la Baja Navarra, con todos sus pertenecidos, sin que Ursúa pudiera recuperarla jamás. En 1645 don Tristán, ya viejo, fue elegido Alcalde del valle de Baztán. Testó en dos oportunidades; el 25-IX-1651 y el 21-IV-1664, para morir ese mismo año más que centenario, pues contaba 106 años de edad. Tristán de Ursúa habíase casado en Arráyoz el 2-II-1614 con María Martínez de Larralde y Jaureguizar. Para tales nupcias la contrayente recibió 4.286 “reales”, que le legó su tío el Reverendo Antonio de Larralde. Era doña María — cual se indicó anteriormente — hija de Pedro de Larralde y de Catalina de Iturbide y Jaureguizar, hija éste de Juan de Iturbide — aquel que se gastó los ducados hereditarios del conquistador Pedro de Ursúa — y de María de Ursúa, Señora de Jaureguizar. Los esposos Tristán de Ursúa y María Martínez de Larralde y Jaureguizar procrearon estos hijos:

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1) Juan de Ursúa y Larralde y Jaureguizar, que heredó el Palacio de Zubiría en Arráyoz. Obtuvo por Real Cédula fechada en el “Buen Retiro” el 28-V-1691, el derecho, “para siempre jamás”, de que los dueños de su Palacio solariego serían llamados a las Cortes Generales del Reino por el brazo militar. También por otra Cédula de la misma fecha, el Rey Carlos II “el Hechizado”, le acordó “un acotamiento de rentas que ascendía a 20.000 maravedises”, en recompensa por los servicios a la Corona que hicieran su padre y sus tíos. Casó con María de Aguirre, hija natural de su cuñado Juan Martínez de Aguirre y Bertiz, habida en Mariana de Alzualde. (Ver el linaje de Aguirre de Donamaría). Hijos del matrimonio UrsúaMartínez de Aguirre fueron: A) Francisco de Ursúa y Aguirre, Presbítero. B) Juan Miguel de Ursúa y Aguirre, último Señor con dicho apellido del Palacio de Zubiría. Se casó con Ana Catalina de Jauregui. Testó el 4-I-1722, dejando por heredero a su hermano el clérigo Francisco, hasta que volviera de América su hijo José, y si éste no retornara, el Palacio de Zubiría pasaría a alguna de sus hijas. Esos hijos herederos suyos se llamaron: a) José de Ursúa Jauregui, que pasó a Indias y no regresó a España a reclamar su herencia. b) María Josefa de Ursúa Jauregui, que testó el 24-II-1772. c) María Ignacia de Ursúa Jauregui, consorte de Gerónimo de Irigoyen, con el que procreó a: c1) Juan Francisco de Irigoyen Ursúa, el cual a la muerte de su abuelo heredó el Palacio de Zubiría. Fallecido posteriormente Irigoyen Ursúa sin descendientes, el Mayorazgo de Zubiría, debido a su testamento fechado el 25-X1813, recayó en su deudo lejano José Joaquín de Aguirre Uztariz, primo segundo de mi 4º abuelo Agustín Casimiro de Aguirre Micheo Uztariz, patriarca de su linaje en Buenos Aires. (Ver el apellido Aguirre de Donamaría). Villarroel

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2) Catalina de Ursúa y Larralde de Jaureguizar, casada con Miguel de Oteiza. 3) María Rosa de Ursúa y Larralde Jaureguizar. Se casó el 4-X-1655 con su doble pariente Juan Martínez de Aguirre y Bertiz, “palaciano” de la Casa paterna en Donamaría (hijo de Juan Martínez de Aguirre y Cenoz Ursúa Oiz y Aguirre Gayeneche y de Catalina de Bertiz y Arrechea). Don Juan y doña María Rosa resultan 8os abuelos míos y su sucesión y antecedentes genealógicos del marido se registran en el linaje de Aguirre de Donamaría, al que remito al lector. 4) Beatriz de Ursúa y Larralde de Jaureguizar, que se desposó con Juan de Ezpeleta, Señor del Palacio de Ezpeleta Borda. Murió Beatriz sin sucesión y la sepultaron en el enterratorio del Palacio de Zubiría, situado en la Iglesia de Arráyoz. Había testado el 1-V-1700. 5) Ana Catalina de Ursúa y Larralde de Jaureguizar. Monja en el convento de Santa Catalina de Motrico.

Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Argamasilla de la Cerda y Bayona, J de; Nobiliario y Armería General de Nabarra. Madrid 1899. Lafuente Machain, Ricardo de; Los Sáenz Valiente y Aguirre. Buenos Aires, 1929. Roa y Ursúa, Luis de; El Reyno de Chile —1535-1810. Estudio Histórico, Genealógico y Biográfico. Valladolid, 1945.

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UZTARIZ En Santesteban de Lerín, valle del reino de Navarra, merindad de Pamplona, arraigaba desde tiempo inmemorial el hidalgo linaje de Uztariz, con solariega Casa que lucía en su fachada, labrada en piedra el escudo familiar, cuyas armas pintaban en campo de plata un roble copudo superado por una estrella de gules, y pasante al pié de su tronco un jabalí de sable. Uztariz es apellido toponímico, y podría derivar del vocablo vasco aritz que alude a “roble” (según Luis de Michelena), o de usta, que se traduce por “grama”, “hierba gramínea” como opina Isaac López de Mendizabal). La presente genealogía arranca con: I — ESTEBAN DE UZTARIZ, nacido en Santesteban de Lerín, donde llegó a desempeñarse como Regidor los años 1595, 1599, 1604, 1611 y 1612. Se casó con Ana de Mariorena y Bertiz — o Vertiz que así se escribe ahora —, Señora de Mariorena, en la que hubo los siguientes hijos: 1) Juan de Uztariz y Mariorena, que sigue en II. 2) María de Uztáriz y Mariorena, baut. en 1592 3) Graciana de Uztáriz y Mariorena, baut. el 14-IX-1597. 4) León de Uztáriz y Mariorena, baut. en 1598. II — JUAN DE UZTARIZ Y MARIORENA fue bautizado en Santesteban el 6-X-1591 bajo el padrinazgo de su pariente Lope de Uztáriz y de María de Hualde. Regidor de su villa natal en 1629, Juan había contraído matrimonio en Narvarte, valle de Bertiz-Arana, el 18-V-1617, con María Zavala de Echandía, baut. allá el 27-V1590, Señora de la Casa de Echandía, “que es palacio de piedra de cuatro frentes, con sus armas, sito en el barrio de Tipular” (hija de Pedro de Echandía y de Juana Oarriz). Falleció Juan de Uztáriz Mariorena el 30-VII-1652. Entre sus hijos varios señalo a: 1) Juan de Uztáriz y Echandía, que sigue en III.


2) N.N. de Uztáriz y Echandía, casado con una señora apellidada Aznara. Nietos de ella eran: a) Casimiro de Uztáriz y Aznara Ermiaga y Sasseguín, nac. en Bruselas el 25-V-1699 y fall. el 2-IV-1751. Teniente General de los Reales Ejércitos, Secretario de Guerra, Consejero de Estado, Comendador de Usagra en la Orden de Santiago y Caballero profeso. Estuvo casado con la sevillana Luisa Romero y Gómez Gutiérrez Melgarejo. A Casimiro lo agració el Rey, el 14-V-1739, con el título de 1er Marqués de Ustáriz. De su citado enlace procreó solo una hija, y por agnación le sucedió en el Marquesado su sobrino, Jerónimo de Uztáriz y Tovar, como se dirá más adelante. b) Doña N.N. de Uztáriz y Aznara Ermiaga y Sasseguín, señora que casó con el 4º Marqués de Tamarit, vástago de Francisco Monserrat y Vives, 1er Marqués. c) Luis Jerónimo de Uztáriz y Aznara Ermiaga y Sasseguín, el cual contrajo matrimonio con María Melchora de Tovar y Nijares Monasterios, perteneciente a las casas de los Condes de Tovar y Marqueses de Nijares. Hijo de ellos fue: c1) Jerónimo de Uztáriz y Tovar Aznara y Nijares, quien casó con su parienta Josefa Nijares de Solórzano. Heredó Jerónimo de su tío Casimiro el Marquesado de Uztáriz, pero al no entrar en posesión de la dignidad — vale decir no pagar los impuestos correspondientes — el título se declaró más tarde caduco. Jerónimo de Uztáriz y Tovar — uno de los grandes “ilustrados” de su tiempo — y su mujer, descendían de preclaros linajes venezolanos, caraqueños mejor dicho: los Mijares de Solórzano y Tovar Monasterios. Así se explica que cuando Bolívar llegó a Madrid por primera vez, el Marqués de Uztáriz fuera su tutor y lo alojara en su casa de la calle de las Carretas, frente a la Puerta del Sol. En esa vivienda, el futuro Libertador de América, pudo aprender esgrima, baile y equitación. También en esa casa del Marqués de Uztáriz, el joven Simón conoció a María Teresa Rodríguez de Toro (hija de Bernardo 376

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Rodríguez de Toro — caballero caraqueño avecindado en Madrid y tío carnal del Marqués de Toro — y de Benita Alayza Medrano, oriunda de Valladolid y hermana del Marqués de Inicio). Bolívar y María Teresa se casaron en la capital del reino, en mayo de 1802, e inmediatamente se embarcaron para Caracas. Allí, ocho meses después, la flamante esposa moría en cinco días de fiebre maligna y la enterraron el 23-I-1803. Dijimos que el título de Marqués de Uztáriz caducó más tarde. Sin embargo, posteriormente, Enrique Vaillant y Tordesillas Uztáriz y Fernández Casariego (1895-1920) entró en posesión del referido Marquesado, rehabilitado en 1916, como lo veremos a su turno. d) Jerónimo de Uztáriz, nacido en Santesteban en los primeros años del último tercio del siglo XVII, tiene que ser nieto o sobrino nieto de Juan de Ustáriz y Mariorena, solariego de Santesteban. Se trata del célebre economista — “proteccionista nacionalista” para la terminología actual — autor del libro Teoría y práctica del Comercio, publicado en 1724 y traducido después al inglés y al francés. Fue Jerónimo, además, Encargado de las dependencias de Guerra y Marina, miembro del Consejo de S.M. y de la Real Junta de Comercio y Moneda, Secretario del Rey en el Consejo y Cámara de Indias, y Caballero en la Orden de Santiago. Murió entre 1730 y 1742. III — JUAN DE UZTARIZ Y ECHANDIA (Etxandía = “la casa grande”) recibió el bautismo en Narvarte el 29-VI-1618. Fue Señor de las Casas de Uztariz, Echandía y Mariorena, y Regidor de Narvarte en 1665, 1675 y 1679. Ahí se casó, el 20-V-1651, con Magdalena de Bertizberea, baut. en Narvarte el 22-VII-1628 y fallecida en dicha localidad el 23-VIII-1708. Era ella hija de Martín de Bertizberea, Regidor de aquel lugar en 1613, y de Catalina de Videgui o Bidegui, casados el 27-XII-1608; Martín baut. en Legasa el 23-XI-1571, y Catalina en Narvarte el 27-XII-1588. Nieta paterna y materna — Magdalena — de Pedro de Bertizberea y Quiteria de Martínsancena, y de Miguel de Bidegui y María Miguel de Echeverría, respectivamente. Juan de Uztáriz Echandía abandonó Villarroel

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este mundo en Narvarte el 21-VII-1698, y con su antedicha consorte hubo estos hijos: 1) Miguel de Uztáriz y Bertizberea, que sigue en IV. 2) María de Uztariz y Bertizberea, baut. en 1653. 3) Juan Andrés de Uztariz y Bertizberea, baut. en el barrio de Tipular de Narvarte el 31-III-1656. Caballero de Santiago en 1695, pasó a Indias con licencia el 4-II-1706. fue Gobernador y Capitán General del Reino de Chile, desde 1709 hasta el 19-V-1718, día en que falleció. Habíase casado con Francisca de Hoyos (hija de Martín de Hoyos y de Petronila de Salinas y Valdés), la cual pasó a Chile en 1709, con sus hijos menores, a reunirse con su marido. Vástagos de estos cónyuges fueron los siguientes: A) Fermín Francisco de Uztáriz y Hoyos, baut. en Sevilla. vino a América con su padre y su hermano Pedro en 1706. En Chile peleó en la guerra de Arauco; fue Capitán de caballería en 1712; Comisario General de esa arma en 1713; Corregidor de Concepción en 1717. Murió y lo sepultaron con solemnes exequias en la Iglesia de San Francisco de Santiago, el 10-VIII-1735. B) Pedro de Uztáriz y Hoyos, baut. en Sevilla, de donde vino en 1706 para Chile. Ahí fue Capitán de caballería y encomendero de Chinigüe y Melipilla. Casóse en 1719 con Josefa de Meneses y Rojas, nac. en Santiago (hija del Capitán Alonso de Meneses Bravo de Saravia y de Isabel de Rojas y Puebla; n.p. de Francisco de Meneses Corvalán de Castilla, nac. en Cádiz, General de Artillería, guerrero en las campañas de Nápoles y promovido a Gobernador y Capitán General del Reyno de Chile el 4-II-1663, y de su mujer Catalina Bravo de Saravia y Henestrosa; n.m. de Francisco de Rojas y Puebla y de María de Jaraquemada). C) Martín José de Uztáriz y Hoyos, baut. en Sevilla. D) Eulogio Antonio de Uztáriz y Hoyos, baut. en Sevilla. E) José de Uztáriz y Hoyos, también baut. en Sevilla. 4) Juan de Uztáriz y Bertizberea, baut. en Narvarte el 29-II1660.

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5) Pedro de Uztáriz y Bertizberea, baut. en Narvarte el 12VII-1665. Caballero de Santiago y Regidor de su villa natal en 1689. IV — MIGUEL DE UZTARIZ Y BERTIZBEREA fue bautizado en Narvarte el 12-IV-1652 y, conforme a la hidalga posesión de su familia, obtuvo el empleó de Regidor en el Ayuntamiento de sus patrios lares. Casó el 10-II-1681, en Oyeregui, con María de Bertiz y Berberena (hija de Pedro de Bertiz y de Juana Pérez de Berberena — cuyos antecedentes genealógicos se consignan en el apellido Bertiz). Eran los esposos Uztáriz-Bertiz dueños de la Casa de Echandía, y así lo declaró Miguel en su testamento fechado el 6-VIII-1721. Estos fueron sus hijos: 1) Miguel de Uztáriz y Bertiz, que casó con una señora de apellido Arróyabe, a la que hizo madre de: A) Miguel de Uztáriz y Arróyabe, Caballero de Santiago. 2) José de Uztáriz y Bertiz, baut. en Narvarte, Alcalde y Regidor de Oyeregui. Se desposó con Joaquina de Micheo y Dolarea, nativa de la Casa de Micheorena, en Gaztelú (hija de Miguel de Micheo Elordi y de Dominga de Dolarea; n.p. de Joanes de Micheo Igunin y de María de Elordi; n.m. de Tomás de Dolarea y de María Martina de Uztáriz — ver las referencias de estos antepasados en el linaje de Micheo). José y Joaquina echaron al mundo a: A) Juan Agustín de Uztáriz y Micheo, 1er Marqués de Echandía, por Real Despacho del 13-II-1763, con el Vizcondado previo de Tipular. B) María de Uztáriz y Micheo, que casó con José de Endara y Urdanivia, nac. en Lesaca, Pamplona, Alcalde y Alférez de guerra y Mayorazgo de las casas solares de Juaxederrenea, en Lesaca, y de Urdanivia, en Irún (hijo de Rafael de Endara y Urdanivia, nac. en Lesaca, y de María de Echenique, de la casa de Agramonte, en Vera). Hijos de aquellos fueron: a) José de Endara y Uztáriz , baut. en Lesaca.

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b) Juan de Endara y Uztáriz , baut. en Lesaca en 1761, el cual ingresó como Guardia Marina el 19X-1775. 3) Francisco Antonio de Uztáriz y Bertiz, nac. en Santesteban por 1670. Casó allá con Micaela de Esseverrí y en ésta hubo a: A) Francisca de Uztáriz Esseverrí, que tuvo por marido a Francisco de Azcárate, Señor del Palacio de Azcárate en la villa de Villalba, donde fue Regidor (hijo de Juan de Azcárate y de Francisca Bañares, nac. en Pamplona). Entre los hijos de dichos cónyuges anoto a: a) José Francisco de Azcárate y Uztáriz , nac. en Pamplona en 1726, quien ingresó como Guardia Marina el 29-XI-1741, y fue Caballero de Santiago desde el año 1761. 4) Pedro de Uztáriz y Bertiz, Alcalde y Regidor de Narvarte. Fue posteriormente Comisario naval y en ese carácter estuvo en Buenos Aires donde el 11-IX-1720. ante el Escribano Lezcano, otorgó poder para que, en casó de morir aquí, redactara su testamento en España “don Joseph de la Quintana” (José de la Quintana Igueri, que fuera Secretario Universal de Indias y Marina del Rey Felipe V, y luego, en 1740, Diputado General de Vizcaya — hermanastro de mi 6º abuelo Nicolás de la Quintana). En dicha escritura, el causante se identificó como “Pedro de Ustáriz y Vértiz, natural de Narbarte, en el valle de Bartisarana, reino de navarra, hijo legítimo de Miguel de Ustáriz y de María de Vertiz”. 5) María Catalina de Uztáriz y Bertiz — mi antepasada — que sigue en V. 6) Juan Bautista de Uztáriz y Bertiz, nac. en Narvarte en 1696, Caballero de Santiago desde 1745. Casó con María Francisca de Gaztelú, nac. asimismo en Narvarte el año 1704 (hija de Pascual de Gaztelú y de Graciana de Albirena). Los dichos cónyuges poseyeron el Palacio de Reparacea en Oyeregui, y procrearon a los siguientes hijos: A) Juan Bautista de Uztáriz y Gaztelú, nac. el 1-XI1728, 1er Conde de Reparaz, por Real Despacho del 13-II1763, con el Vizcondado previo de San Pascual; Caballero de Santiago y fuerte armador naval en su tiempo. Casó con Pascuala de Arostegui y no dejó posteridad. El año 1780, 380

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Juan Bautista compareció ante los Tribunales de Navarra y dijo que, como descendiente de la casa de Gaztelú, de la villa de este nombre, en el valle de Santesteban de Lerín, se le diese sobre-carta a la Cédula de asiento en cortes que tenía obtenida. B) Juan Felipe de Uztáriz y Gaztelú, nac. el 19-XI1734. Caballero de Santiago desde 1756. Contrajo nupcias el 10-VI-1772 con María de Valenciano y Aguirre Brun y Sánchez, nac. en 1742 y fall. en Cádiz el 22-VII-1825, cuyos padres se llamaron Manuel Carlos Valenciano y Francisca de Aguirre. Hijo de Juan Felipe y de María resultó: a) Juan Bautista de Uztáriz y Valenciano, Capitán de Navío, nac. en Cádiz en 1776. Casó en 1808 con María de las Angustias Ibarra y Fromista, nac. en la Isla de Santo Domingo. Hijo de ellos fue: a1) Juan Bautista de de Uztáriz Ibarra Valenciano y Fromista, baut. en México el 12-I-1812. Ilustre abogado, Fiscal de la Real Hacienda en Santiago de Cuba, Magistrado y Rector de la Universidad de San Jerónimo de la Habana. Murió el 1-II1879. Habíase casado el 2-V-1842 con Sixta de los Dolores Bravo y Villalón González y Hecheverría Elguezúa, nac. en Santiago de Cuba el 25-III-1824, que murió el 24-VI1903. La hija de ambos se llamó: a2) María de la Caridad de Uztáriz y Bravo Ibarra y Villalón, nac. en Santiago de Cuba el 7-IX-1842. Esta señora rehabilitó, en 1886, el título de 2ª Condesa de Reparaz. Antes de ostentar esa dignidad familiar, doña María de la Caridad estuvo casada dos veces: 1º con Antonio Benito de la Concepción Vaillant y Valiente de las Cuevas, 4º Marqués de la Candelaria de Yarayabo (hijo de José Vaillant de las Cuevas, Caballero de Carlos III y 2º Marqués de la Candelaria de Yarayabo, y de María del Carmen Valiente Villarroel

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de las Cuevas). Antonio Benito, nac. en Cuba el 21-V-1822 y fall. el 31-III-1882. Su viuda entonces paso a 2as nupcias el 4-VI-1884 con Juan de Herraiz y García, que fall. el 2-III1912. El hijo del primer enlace de la señora fue: 1a) José Mariano Teodosio María de los Dolores Vaillant y Uztáriz Valiente y Bravo, nac. en Santiago de Cuba el 11-II-1863; 5º Marqués de la Candelaria de Yarayabo, Caballero de Montesa. Casó con María Josefa de Tordesillas y Fernández Casariego O’Donell y Méndez de Piedra. Son los padres de: a1) María de la Caridad Vaillant y Tordesillas Uztáriz y Fernández Casariego, nac. en Madrid el 5-IX-1891, que heredó el título y fue 3ª Condesa de Reparaz. Casó en Madrid el 14-V-1914 con Ramón de Melgarejo Escario y García de Agüero, nac. el 23-IV-1888 (hijo del 7º Conde del Valle de San Juan, a quien asesinaron los rojos de la república española el 22-X-1936). Prolongan sucesión. a2) Enrique Vaillant y Tordesillas Uztáriz y Fernández Casariego, nac. en 1895, fall. el 8-V-1920. Enrique rehabilitó el título de Marqués de Uztáriz para sí en 1916, siendo el 3er titular. a3) José Ignacio Vaillant y Tordesillas Uztáriz y Fernández Casariego, nac. el 31-VII-1900. Heredero de su hermano Enrique es el actual 4º Marqués de Uztáriz y también 6º Marqués de la Candelaria de Yarayabo. Reside en Madrid y está casado con Elvira González y González Jonte. 382

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C) María Josefa — o simplemente Josefa — de Uztáriz Gaztelú, nac. en Narvarte en 1726. Casó con Joaquín Ventura de Aguirre y Arguinerena, cuyos antecedentes genealógicos y sucesión se registran en el linaje de Aguirre de Donamaría. D) María Josefa de Uztáriz Gaztelú — curiosamente llamada igual que su hermana — nac. en Navarte en 1731. Se casó con Pedro Fermín Martínez de Elizalde, único dueño del lugar de Zuasti, en Navarra, donde nació en 1725 (hijo de Martín Martínez de Elizalde, nac. en Arazuri en 1693, y de Angela de Igal, nac. en 1693 en Lizasoain; n.p. de Juan Martínez de Elizalde y de María Teresa de Ayerra; n.m. de Pedro de Igal, Sargento Mayor del regimiento de Jaen y de María de Olazaguitía; bisn. de Martín Martínez de Elizalde, nac. en Muzquiz y de María Juana Yarnos; tatn. de Sancho Martínez de Elizalde y de María de Arteaga). Fueron padres de: a) Juan Bautista Martínez de Elizalde Uztáriz, nac. en Zuasti en 1757. Ingresó como Guardia Marina el 11-V-1770. b) Juan José Martínez de Elizalde Uztáriz, nac. en Zuasti en 1759, se le tomó asiento como Guardia Marina el 20-VII-1773. c) Juan Felipe Martínez de Elizalde Uztáriz. Fue padrino de bautismo en Buenos Aires, el 13-IV1786, de Manuel Hermenegildo de Aguirre — mi tatarabuelo. Juan Felipe era primo 2º de Agustín Casimiro de Aguirre Micheo Bengoechea y Uztáriz, padre del párvulo cristianado. V — MARIA CATALINA DE UZTARIZ Y BERTIZ fue baut. en Narvarte el 13-VIII-1694. Desposóse el 8-II-1714 con Fernando de Micheo y Dolarea — hermano de su cuñada Joaquina — Señor de Michoerena, en el lugar de Castelú (hijo de Miguel de Micheo Elordi y de Dominga de Dolarea — ver el apellido Micheo). Fernando y María Catalina son los abuelos maternos de Agustín Casimiro de Aguirre y Micheo Bengoechea y Uztáriz, del

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cual yo, el compaginador de estos trabajos, resulto chozno (ver el linaje de Aguirre de Donamaría).

Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Espejo, Juan Luis; Nobiliario de la Capitanía General de Chile. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile, 1967. Lafuente Machain, Ricardo de; Los Sáenz Valiente y Aguirre. Buenos Aires, 1929. Roa y Ursúa, Luis de; El Reyno de Chile (1535-1810). Estudio Histórico, Genealógico y Biográfico. Valladolid, 1945. Válgoma, Dalmiro de la, y Barón de Finestrat; Real Compañía de Guardias Marinas y Colegio Naval; Catálogo de pruebas de Caballeros y Aspirantes. Tomos II y III. Madrid, 1945.

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VERA La Casa de Vera proviene de los Infantes Carlos y Luis de Vera, hijos bastardos del Rey Ramiro I de Aragón, habidos en doña Elvira o Gelvira, Señora del castillo de Vera. Esto lo asevera el linajista español del siglo XVII Alfonso López de Haro en su Nobiliario Genealógico de los Reyes y títulos de España (Madrid 1622), cuyo referido catálogo publicó en lo pertinente, como apéndice de la genealogía de su familia, Nicanor Alurralde, en la Revista del “Instituto de Ciencias Genealógicas”, Nº 4 y 5 del año 1945. Los rastros históricos, sin embargo, de aquellos Infantes espurios Carlos y Luis de Vera, nadie de veras a podido después verificarlos en ningún documento fehaciente, de suerte que debe estimarse fabulosa dicha ascendencia del linaje hidalgo de los Vera, que se desprende del Monarca aragonés. Esta fantástica suposición de López de Haro fue concluyentemente rebatida por el investigador Alejandro Olmos en su artículo Apuntes críticos a la genealogía de Vera y Aragón. publicado en la Revista del Centro de Estudios Genealógicos de Buenos Aires, Nº1 del año 1979. Mitologías aparte, lo verídico es que la descendencia de los Vera se bifurcó y expandió en numerosas ramas, una de las cuales establecióse en Jerez de la Frontera, para fundar allí la Casa de su apellido. Su escudo de armas ostentaba seis órdenes de veros negros y plateados, circuídos por bordura de gules con ocho aspas de oro; todo ello acolado a un águila negra con la divisa; Veritas Vincit. Acerca del origen de estas armas, López de Haro trae a cuenta — o a cuento — la leyenda que los hijos legítimos del Rey Sancho “el Mayor” de Navarra; García, Gonzalo y Fernando, habidos en doña Mayor de Castilla, al no darle la Reina un caballo que el primogénito le pedía, los tres hermanos levantaron la calumnia de que su propia madre era poco fiel al lecho real con un caballero de la corte. Se convino, según costumbre, que la Reina librase su honor a juicio de batalla. No hubo quien tomase su defensa en contra de los Infantes, hasta que Ramiro — hijo bastardo del Rey navarro e hijastro de la ofendida señora castellana — dió la cara por su madrastra, dispuesto a batirse a duelo, llevando sobre las armas una sobreveste bordada de


veros, símbolo de la verdad, y un águila sobre la celada, en lugar de penacho, con la inscripción Veritas Vincit. El asunto se arregló antes del lance, confesando su mentira los hijos, y la Reina entonces prohijó a Ramiro, su alnado, y con la venia del Rey le hizo merced del condado de Aragón, que luego se convirtió en reino. Salvados los reparos antedichos, glosaré la progresión sucesoria de los Vera, expuesta legendariamente, sin respaldo veraz, por López de Haro, el cual, entre mitos y veras, da principio a su cadena genealógica con: Ramiro el primer Rey de Aragón — hijo bastardo de Sancho Garcés “el Mayor”, Rey de Navarra, fruto de los amores ilegítimos de éste con Sancha de Aybar — quien al frente de ese antiguo condado aragonés, separado de Navarra, gobernó ahí hasta el año 1063, en que murió asesinado por un moro de nombre Sadada. Todo esto se estima como vera historia. Ahora bien, se ubican en el campo inverídico de la fábula los dos hijos bastardos Carlos y Luis de Vera, que le adjudica López de Haro a don Ramiro con doña Elvira o Gelvira, Señora de la casa y castillo de Vera. Una crónica legendaria narra que los Infantes Carlos y Luis de Vera, tras la muerte de su progenitor, pasaron a Navarra, y agradecidos por la acogida que les hizo su tío el Rey García, fundaron la villa de Vera del Bidasoa, en el fronterizo valle del Pirineo, rodeado de montes rebozantes de verdor. Menciona López de Haro que el hipotético Infante Carlos de Vera combatió junto al Rey de Navarra, contra el Rey castellano don Fernando, en la fraticida batalla de Atapuerca (1054), donde el navarro quedó muerto en el campo; y al derrotado Infante Carlos lo llevaron prisionero al Alcázar de Soria, donde estuvo hasta que pasó a mejor vida. Allá se casó cautivo con Sancha de Soria (hija de Fortún de Soria, Alcaide de aquella fortaleza). De esta línea genealógica infundada deriva — según López de Haro — ilustre posteridad; entre ella un supuesto chozno de Carlos de Vera y Sancha de Soria llamado: I — DIEGO MARTINEZ DE VERA alias “el Justador”; personaje verdadero nacido en Zafra, municipio de Badajoz, quien se casó con su parienta Blanca de Vera, Ricahembra de Aragón, Señora de Fayos (que López de Haro presenta como 5ª nieta de aquel dudoso 386

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Infante Luis de Vera, hermano de Carlos e hijo de Ramiro I de Aragón). Fue Diego Martínez de Vera, Alcalde de Zafra y protegido del Rey Pedro IV de Aragón (1319-1387). Diego y Blanca procrearon entre otros hijos a: II — DIEGO GARCIA DE VERA, Señor de Fayos, hoy municipio de Zaragoza, en sus límites con Soria. Había nacido en Zafra, fue Alcaide de Molina y Gobernador de ese Condado aragonés. Casó con María González de Pomar Hijar y Romeu. Su hijo mayor resultó: III — MARTIN DE VERA ROMEU, Caballero que sirvió al Rey Alfonso V de Aragón (1396-1458), fue su Embajador en Roma ante el Papa Eugenio IV, y alcanzó del Santo Padre la jurisdicción y dominio del Reino de Nápoles para su Rey aragonés, al que hizo otros grandes servicios. En su esposa Teresa Centellas, de la Casa de los Condes de la Oliva; hubo estos hijos: 1) Ruy Martínez de Vera, quien prolonga la línea de los Vera y Aragón y los Torres de Vera y Aragón, conquistadores y Adelantados del Río de la Plata, cuyo esquema genealógico va como “Apéndice” al final del presente trabajo. 2) Rodrigo de Vera — mi antepasado —, que sigue en IV. 3) Diego de Vera, Caballero de Alcántara, que se halló en la guerra de Castilla contra Portugal en el último tercio del siglo XIV. 4) Pedro de Vera, Alcaide de Rota, municipio de Cádiz. Se avecindó después en la provincia de Alava, donde contrajo nupcias con su parienta María de Vera. Son el tronco de los Señores de Manzanares y Velayos. 5) Gonzalo Díaz de Vera, Comendador de la Alhambra en la Orden de Santiago. 6) Fernán Ruiz de Vera, Comendador de Montemolín de la misma Orden santiaguista. IV — RODRIGO DE VERA Y CENTELLAS, nacido en Zaragoza. Guerreó contra los moros de Granada y se radicó finalmente en Jerez de la Frontera. Ahí se unió en matrimonio con Beatriz de Vargas. Fue Rodrigo Caballero de la Banda. (Orden Villarroel

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militar creada por Alfonso XI y compuesta por los segundones de los nobles que durante diez años habían servido en la Corte o en la guerra. Su Maestre era el Rey. Los caballeros llevaban por insignia una faja — negra, roja o carmesí—, que desde el hombre derecho cruzaba el pecho y espalda, aunándose a la izquierda y dejando los extremos colgantes. Los Reyes Católicos abolieron la Orden y, tres siglos después, la restauró Felipe V por poco tiempo). De Rodrigo y Beatriz descendía: V — GARCIA DE VERA, nativo de Jerez, donde se casó hacia el año 1400 con Aldonza de Zurita (hija de Fernando de Zurita; nieta de Fernán o Fernando de Zurita; bisnieta de Fagut de “Çorita”, uno de los 300 caballeros conquistadores de Jerez en 1264, a los cuales el Rey Alfonso X “el Sabio” repartió solares, casas, viñas y tierras de pan sembrar; tataranieta de Alvaro Fernández de Zurita, Ricohome de Castilla). En la Iglesia jerezana de San Lucas, junto al Sagrario en los altos de la Capilla Mayor, los Vera tenían enterratorio y habían esculpido sus armas; veros de azur y contraveros de plata con un águila acolada. García de Vera y Aldonza de Zurita fueron padres de: VI — MARIA GARCIA DE VERA Y ZURITA, casada con Diego Gómez de Mendoza, Escribano y Alguacil Mayor del Cabildo de Jerez. algunos autores y los genealogistas argentinos Ricardo de Lafuente Machain y Carlos Calvo, inspirados en la Historia General de las Islas Canarias (4 Tomos, Madrid, 1772-83) del sacerdote escritor José de Viera y Clavijo, lo hacen a Diego Gómez de Mendoza hijo de Gonzalo Díaz de Mendoza o Hurtado de Mendoza o Yañez de Mendoza, y de Juana Fernández de Orozco, Señora de Hita y Buitrago. Sea como fuere, lo averiguado y documentado por el investigador Juan Moreno de Guerra y Alonso, en sus dos tomos Bandos de Jerez (Madrid, 1929-1932), es que Diego Gómez de Mendoza y María García de Vera procrearon a: 1) Pedro de Vera y Mendoza — mi antepasado — que sigue en VII. 2) Martín Gómez de Vera, Alcalde de Medina Sidonia y de Jerez en 1454. 388

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3) Elvira García de Vera, que se casó con Cristóbal López de Mendoza (hijo de Alfonso López de Mendoza y de Juana Rodríguez, y nieto de Gonzalo de Mendoza, fundador de la Capilla de los Mendoza en el convento jerezano de San Francisco). Fue Cristóbal Alcaide del Castillo de Tempul desde 1430; Almirante de las naves de Jerez. Elvira testó el 6-X-1482, y la enterraron con su marido en la Capilla propia del convento seráfico, bajo una lápida con las armas de los Mendoza. Prolongaron ambos cónyuges numerosa descendencia. VII — PEDRO DE VERA Y MENDOZA — 15º abuelo mío — vió la luz del mundo en la ciudad de Jerez de la Frontera — llamada así por hallarse en territorio fronterizo con el reino de Granada —, en su “collación” (parroquia) de Saint Matheos”, por el año 1440. Dos décadas más adelante, a partir de 1465, el joven Pedro empieza a figurar como Regidor, y después, sucesivamente, como Jurado y Alguacil de su ciudad natal. Cuando la guerra civil estalla en la Península, durante el reinado de Enrique IV de Castilla, Vera permanece fiel a ese Monarca contra los parciales del Infante don Alfonso; y en las luchas banderizas, que dividieron a la nobleza jerezana por pretender el Corregimiento de Jerez, contraponiendo a los partidarios del Marqués de Cádiz, Rodrigo Ponce de León, con la hueste que acaudillaba el Duque de Medina Sidonia Juan Alonso de Guzmán, Vera había abrazado la causa del primero, ayudándole a ocupar la ciudad en 1461. También combatió mi antepasado con bravura frente a los moros, a órdenes del Marqués de Cádiz, en la expedición sobre Torre-Cardela, en dominios de Granada, y allí fue gravemente herido. A consecuencia de sus hazañas militares obtuvo numerosas mercedes, entre ellas un “juro” perpetuo (pensión vitalicia) de 1.000 maravedíes anuales, que recaían sobre el almojarifazgo (derecho que pagaban las mercaderías al entrar y salir) de Arcos de la Frontera; localidad en la actual provincia de Cádiz, a orillas del río Guadalete, a 40 kilómetros de Jerez. Asimismo fue Alcaide de Arcos y de Ximena, Alférez Mayor de Jerez y Comendador de la Orden de Santiago. En la Relación inédita de los bandos entre la casa de Medina y la de Arcos, publicada por J. Moreno de Guerra en su interesante y fundamental obra titulada Bandos de Jerez, consta que lunes 8-IIIVillarroel

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1473, Pedro de Vera, Alcaide de Arcos, en compañía de Diego Ponce de León — hermanastro del Marqués de Arcos — efectuó una correría por San Lúcar de Barrameda, “e tomaron seis caballos e mucha gente de a pié e muchas bestias, que estavan cavando en sus viñas, e todo lo mandó llevar el Marqués de Arcos, porque San Lúcar era del Duque” (de Medina Sidonia su enemigo: Enrique de Guzmán y Figueroa). Dos años más tarde, don Pedro con su hueste asaltó una Torre llamada de Lopera, en las proximidades de Utrera, perteneciente a los parciales del Duque de Medina Sidonia, Pero “los caballeros que estaban a resguardo della pelearon y desbarataron a Pedro Vera”. Y posteriormente dicho Alcaide de Arcos, con su gente, “entró a correr tierras de moros, e sacaron cerca de novecientas vacas e algunas yeguas, e cerca de cincuenta bueyes, e mataron fartos moros, e trujeron la cabalgada a Arcos, e non la partieron porque la traían por prendas, por que eran paces puestas por los Reyes. Fue esto en el mes de Noviembre, año 1479”. Poco después, en 1480, los Reyes Católicos resolvieron apartarlo a Pedro de Vera y Mendoza, tanto de la guerra contra los infieles de Granada, cuanto de aquellos anárquicos lances entre Ponces y Guzmanes. De consiguiente, con el rango de Gobernador y Capitán General, encomendáronle la conquista definitiva de las Islas Canarias. Y un sábado 1 de julio, partió de Jerez nuestro Caudillo, “para ir a Canarias a tomar la isla por mandado de los reyes, e llevó farta gente a pie e treinta a caballo. Embarcó en el Puerto viernes siete deste mes y año susodicho”. Llegado a Canarias, don Pedro gobernó arbitrariamente, con mano de hierro, concitándose la inquina de los conquistadores que lo acompañaban. Y como además hizo meter en unas carabelas 200 nativos prisioneros de guerra, y los despachó para Sevilla donde, en junio de 1483, fueron vendidos como esclavos, provocó con ello una cruenta sublevación de los isleños vernáculos; los guanches. A pesar de todo, y no sin sufrir un duro contraste en el desfiladero de Tirajuana, Vera pacificó a la Gran Canaria. En la Relación — que publicó el historiador jerezano Moreno de Guerra en 1929 — se lee a propósito de dicha campaña: “Vino Pedro de Vera, Alcaide de Arcos, a Xerez, de Canaria, que estaba por mandado de los Reyes para que tomase la isla e que los tornase cristianos, e peleó 390

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con ellos fasta tanto que los tomó a todos, e quedó la isla por cristianos; e estuvo allá fasta que los Reyes mandaron que se viniese, y él ansí lo fizo. Ganó gran honra, que otros habían tomado la demanda y no los habían podido tomar. Estovo acerca de tres años allá, vino a Xerez segunda semana de septiembre años 1483. Trajo muchos canarios tornados cristianos, que no dejó allá ningunos, e envió otros al Rey”. Tal empresa conquistadora de las Islas Canarias había sido realizada por aquel recio caudillo andaluz, a su exclusiva “costa y minción”, gastando en ellas su cuantioso patrimonio. Y refiere una leyenda que no alcanzándole los fondos, Vera empeño por dineros a dos de sus hijos a un Alcaide moro; si la anécdota non e vera resulta por lo menos ben trovata. A su valor guerrero y buenas dotes administrativas unía, el Gobernador canariense, una dureza y codicia que, bien pronto le malquistaron con el Obispo isleño Juan de Frías, el cual lo acusó ante la Corte de darles trato inhumano a los indígenas. Por eso los Reyes Católicos, en 1488, a raíz de cierta sangrienta represalia llevada a cabo por Vera contra nativos y españoles rebeldes en la Gomera, retiraron al gobernante de la isla, a fin de emplearlo mejor en la acción final de la toma de Granda; en cuya bélica circunstancia don Pedro puso en juego su habitual intrepidez. Nombrado más tarde Adelantado de Canarias — archipiélago que a partir de la conquista de Vera quedó adscripto para siempre a España —, su avanzada edad le obligó a resignar el cargo. Murió en Jerez en 1498, y su cadáver recibió sepultura en el Monasterio de Santo Domingo el Real, de la ciudad donde había nacido, en la Capilla Mayor que compró para enterratorio de su Casa. Pedro de Vera y Mendoza habíase casado con Beatriz de Hinojosa, de añeja estirpe jerezana; descendiente de Miguel Pérez de Hinojosa, uno de aquellos 300 caballeros conquistadores y repobladores de Jerez en 1264, conducidos por Alfonso “El Sabio”. Por lo demás, dos sobrinos nietos de doña Beatriz, Pedro y Damián de Hinojosa, litigaron ejecutorias de hidalguía en 1572 y 1593, respectivamente. Estos hijos nacieron del matrimonio Vera y Mendoza-Hinojosa, a saber:

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1) Diego de Vera Hinojosa, llamado también Diego Gómez de Vera. Fue el primogénito del Gobernador de Canarias. En 1481 era Regidor 24 de Jerez y Caballero de Santiago. Casó con Inés de Villavicencio, hija de Lorenzo Fernández de Villavicencio y de Ana Bernal Dávila; n.p. de Hernando o Fernando de Villavicencio y de Inés de Mirabal (creo que abuelos también de mi antepasado conquistador del Tucumán Hernán Mexía Mirabal); n.m. de Juan Bernal Dávila y de Leonor García de Sigüenza; bisn. p.p. de Lorenzo Fernández Villavicencio y de Juana Fernández Zacarías; bisn. p.m. de Diego de Mirabal y de Leonor Martínez de Trujillo). Los cónyuges Gómez de Vera-Villavicencio prolongaron nutrida posteridad. 2) Francisco de Vera Hinojosa, Caballero Comendador en la Orden de Santiago Jurado en la colación de San Mateo, Regidor de Jerez y uno de los que llevaron el palio en la solemne entrada de los Reyes Católicos en esa ciudad. Casó primeramente con Teresa Cabeza de Vaca Zurita Suárez de Figueroa (hija de Pedro Fernández Cabeza de Vaca Vázquez de Meira y de Catalina Suárez de Figueroa Moscoso). Tras enviudar de Teresa, Francisco pasó a 2as nupcias con Inés de Padilla. Hijos de su primera esposa que usaron el materno apellido fueron: A) Alvar Núñez Cabeza de Vaca, nacido en Jerez hacia el año 1490, Adelantado y Capitán General del Río de la Plata (1541-1544). Murió soltero en 1564 en Sevilla. (Ver el apellido Cabeza de Vaca en el “Apéndice” del linaje de Riquelme). B) María Cabeza de Vaca que casó entre 1522 y 1524, con Ruy Díaz de Guzmán (mi antepasado, viudo, a la sazón de mi 12ª abuela Violante Ponce de León de Vera y Zurita). Su progenie se trata en el capítulo dedicado al linaje de Riquelme. C) Violante Cabeza de Vaca, que casó en 1509 con Juan Riquel de Villavicencio, Fiel Ejecutor de Jerez (hijo de Pedro Riquel de Cuenca y de su 2ª mujer Teresa Amaya de Villavicencio). Falleció Violante sin hijos, y su viudo se volvió a casar con Mariana de Melgarejo y Carrizosa, con la que dejó sucesión. Hijos del 2º enlace de Francisco de Vera nacieron:

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D) Diego de Vera Padilla, Comendador y Caballero santiaguista, que casó con Isabel de Valderrama y con esta dejó posteridad. E) Violante de Vera Padilla, la cual fue consorte de Martín de Hinojosa, que murió en 1535. De ellos deriva conocida descendencia. 3) Fernando de Vera Hinojosa — “hijo tercero del Gobernador Pedro de Vera” —, fue Caballero de Santiago y Regidor de Jerez. Casó con Ana Núñez de Herrera (hija de Juan de Herrera “el Viejo”, Alcalde Mayor de Jerez en 1452, y de Elvira Bernalte Dávila; n.p. del Bachiller Diego Fernández de Herrera, que sacó ejecutoria de hidalguía en 1450, y de Isabel García de Amaya; bisnieta de Juan Fernández de Herrera; tataranieta de Diego Fernández de Herrera, famoso héroe jerezano que dió muerte, a costa de su vida, el 12-XI1301, al Infante Abomelio “el Tuerto”, que tenía sitiada a la ciudad; chozna de Juan Fernández, cautivo de los moros desde 1299 hasta 1301; y nieta de Diego Ferrans, Caballero conquistador y repoblador de Jerez en 1267, junto a los 300 hijosdalgos a quienes repartió solares, campos, viñas y tierras de pan llevar el Rey Alfonso X “el Sabio”. 4) Pedro de Vera Hinojosa “el Bermejo” — mi antepasado — que sigue en VIII. 5) Juan de Vera Hinojosa, Caballero santiaguista. 6) Rodrigo de Vera Hinojosa, Regidor de Tenerife. Casó con María de Zurita. Algunos autores erróneamente le atribuyen a Rodrigo la paternidad de Catalina de Vera y Zurita, mujer de Eutropio Ponce de León, mis 13os abuelos. 7)Francisca de Hinojosa y Vera que, después de 1470, se casó con García Dávila “el de las Juras” — llamado así porque los Reyes se comprometieron a otorgarle las mercedes que había pedido para la ciudad. García era entonces viudo de Leonor Gutiérrez de Padilla, e hijo de Juan Bernalte Dávila y de Leonor García de Sigüenza. Fue García Dávila un personaje muy representativo en Jerez, jefe, en 1469, del bando del Marqués de Cádiz. Cuando los Reyes Católicos entraron en Jerez, el martes 7-X-1477, García Dávila, llevando la voz del vecindario, pidió a la Real pareja jurase y confirmase los privilegios de la ciudad. Después, el hombre sirvió mucho en ocasiones de guerra, y testó el 6-X-1486. Con Francisca de Villarroel

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Vera Hinojosa no tuvo hijos, solo prolongó posteridad destacada de su primer enlace, entre ella los Marqueses de Zafra, de Villamarta y de Miraval, y los Condes de Villafuente Bermeja. 8) Beatriz de Vera Hinojosa, que casó con Gonzalo Pérez Gallego. Su hija: A) María de Vera Gallego se desposó el 30-VII-1492 con Lorenzo de Padilla y Dávila “el de las Juras”, y de su primera esposa Leonor Gutiérrez de Padilla). De Lorenzo y María deriva numerosa descendencia. 9) Martín de Vera Hinojosa, Regidor 24 de Jerez y de Palma en Canarias, Señor de la Torre del Berrueco, por merced del Rey Enrique IV. Casó con María de Gatica. Entre otros hijos estos cónyuges fueron padres de: A) Martín de Vera y Gatica, llamado “el Viejo”. Fue bautizado en Palma de Canarias. Actuó allí como Regidor, Capitán de Milicias, y se casó con Ginebra de Muxica y Guerra de la Vega, canaria de nacimiento (hija de Juan Silverio de Muxica y Lazcano, Regidor de Palma, y de Francisca de Guerra de la Vega). Sus hijos resultan los Vera y Muxica, entre otros: a) Martín Mateo de Vera y Muxica, baut. en Palma el 25-IX-1557, Regidor allá, quien casó con Sebastiana Manrique de Acuña (hija de Rodrigo Manrique de Acuña, Gobernador de las Islas Canarias). Sus dos hijos fueron: a1) Sebastián de Vera y Muxica de Acuña, baut. en Palma el 23-X-1580, que pasó al Río de la Plata en 1607, radicándose en Santa Fé. Ahí fue Maestre de Campo, Encomendero, Regidor y Alférez Real en 1624. Casó con la santafesina María de Esquivel y Nájera. Son los padres de; Antonio de Vera y Muxica Esquivel, nacido en Santa Fé en 1620. Encomendero, Maestre de Campo y Gobernador del Tucumán en 1681 y del Paraguay en 1685. Casó el 28-VI-1659, en Santa Fé, con Melchora Arias Montiel Maldonado, que descendía de fundadores de Santa Fé. Su numerosa descendencia se prolonga en la Argentina y en Chile através de conocidas familias. 394

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Tataranieto de ellos fue Bernardo de Vera y Pintado (1780-1827), Auditor de Guerra del General San Martín, poeta de nota, autor del primer Himno Nacional de Chile. a2) Martín de Vera y Muxica de Acuña, baut. en Palma de Canarias, quien vino a Buenos Aires donde fue Capitán del Presidio porteño. Casóse 1º con Isabel de Monroy y Rivademonte, y en 2as nupcias con Agueda de Valdivia y Brizuela. Hijo de su primer enlace resultó; Pedro de Vera y Monroy, al que llamaban de Vera y Aragón, baut. en Buenos Aires, Mayordomo de la Catedral lugareña, filántropo y hombre de gran fortuna. Habíase casado el 14-III1679 con Beatriz Jufré de Arce (5ª nieta de un hermano del fundador de Mendoza y de San Juan de Cuyo, Capitán Juan Jufré). Los esposos Vera y Aragón-Jufré de Arce fueron tutores a los que heredó mi 6ª abuela Josefa Rosa de Alvarado Sosa y Terra, 3ª consorte del viejo Miguel de Riblos y Labastida — ver el apellido Riglos. VIII — PEDRO DE VERA HINOJOSA “el Bermejo” — llamado así por el color de su piel — vino al mundo en Jerez de la Frontera, donde fue Regidor y Caballero Comendador de Almendralejo, en la Orden de Santiago; vale decir que administraba esa encomienda santiaguista en Mérida, con disfrute de sus rentas y productos de la tierra. Allá en Mérida — actual provincia de Badajoz — aún se conserva muy deteriorado el “Palacio de Vera”, construído en el siglo XIV, que luce sobre uno de los arcos de su galería el escudo de dicha familia. Contrajo matrimonio don Pedro “el Bermejo”, en Jerez de la Frontera, con Juana de Zurita Tolosantos (hija de Francisco Alfonso de Zurita García de Natera y de Juana García de Tolosantos — ver el linaje de Zurita). Vera “el Bermejo” y Juana de Zurita hubieron estos hijos: 1) Diego de Vera y Zurita. 2) Catalina de Vera y Zurita nacida en Jerez de la Frontera. Ahí se casó con Eutropio Ponce de León (hijo del 2º Conde de Villarroel

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Arcos Juan Ponce de León y Cabrera). Eutropio heredó de su suegro Pedro de Vera “el Bermejo”, aquella encomienda de Almendralejo en Mérida, junto con el cargo de Regidor 24 de Jerez. La descendencia de estos cónyuges — mis 13os abuelos — prosigue en el capítulo que dedico al linaje de Ponce de León.

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Apéndice

VERA Y ARAGON Línea genealógica de los Conquistadores y Adelantados en el Río de la Plata de dicho apellido: I — RUY MARTINEZ DE VERA — hijo primogénito de Martín de Vera Romeu y de su mujer Teresa de Centellas, se lo ha considerado presunto 9º nieto natural del Rey Ramiro I de Aragón, “el Alnado”; bastardo, éste, a su vez, de Sancho “el Mayor”, Rey de Navarra y de Castilla —. Nació Ruy en Zaragoza y fue Maestre de Sala del Infante Enrique de Aragón y de Sicilia, quien le concedió, a su camarero, el año 1418 — por intermedio del Rey Juan II su primo hermano — la merced del lugar de Rabanera, en Mérida. Casó Ruy Martínez de Vera, en Mérida, con Mencía Fernández de Villagera Padilla (hija del Comendador de Usagre, en la Orden de Santiago). Fueron padres de: 1) Juan de Vera Villagera, Señor de Rabanera y Caballero de la encomienda del Montijo, en la Orden de Santiago, concedida por Real Cédula del 5-V-1476. Casó con Juana de Sandoval y Mendoza (hija de Alonso de Mendoza, Mayordomo del Infante de Aragón y Comendador de Alenesca, y de Aldonza de Sandoval; hija, a su vez, de Gonzalo Ruiz de Sandoval, Comendador de Mérida y Montanches, y después Comendador Mayor de Castilla). El mayor de los hijos fue: A) Diego de Vera, Capitán General de la Orden de Santiago, Comendador de Calzadilla, quien guerreó bravamente en la batalla de Albufera, cerca de Mérida, donde los castellanos desbarataron al ejército del Rey de Portugal. Con valor y eficacia sirvió a los Reyes Católicos en las Lomas de Málaga, y fue cautivo de los moros, por cuyo rescate su padre vendió una importante deheza de su Mayorazgo. De su matrimonio con María Gómez de Figueroa, de la Casa Ducal de Feria, resultó ilustre sucesión, Villarroel

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representada por los Duques y Condes de la Roca, Grandes de España, y los Marqueses de Peñafuente, Condes del Sacro Romano Imperio y Vizcondes de Sierra Brava. 2) Diego de Vera Villagera, quien casó, en Valencia, con su deuda María de Vera, de la rama de los Señores de Busot. 3) Rodrigo de Vera y Aragón y Villagera, que sigue en II. 4) Alonso de Vera Villagera, Caballero de Alcántara. II — RODRIGO DE VERA Y ARAGON — así con este apellido compuesto le nombra el cronista López de Haro —, nació en Mérida y sirvió en la guerra contra los moros a las órdenes del Maestre Santiago Juan Pacheco. Fue Aposentador Mayor del Rey Juan II de Castilla; Casó en Llerena, y fue padre de: III — ALONSO DE VERA Y ARAGON, natural de Badajoz, que — según López de Haro — casó con Leonor de Morales, hija del Comendador de Peñausende, pero en documentos originales del año 1613, se expresa fue su mujer Beatriz Godinez. En cualquier caso hijo suyo resultó: IV — RODRIGO DE VERA Y ARAGON, natural de Llerena, Andalucía, el cual combatió bajo las órdenes del Maestre Alonso de Cárdenas en las guerras de Portugal y Granada. Casó con Juana Tinoco, natural de Villagarcía (hija del Caballero de Santiago, Rodrigo de Tinoco). Son los padres de: V — ALONSO DE VERA Y ARAGON TINOCO, nacido en Llerena, que hizo la guerra contra los moros y acudió al socorro de Estepa, quedando en dicha localidad por Capitán y Adelantado. Casó ahí, en Estepa, con Luisa de Torres Martínez, estepana de nacimiento; hija de Pedro Díaz de Torres y de Antonia Martínez Cano; n.p. de Miguel Martínez Torres, que se halló con el Marqués de Cádiz, Rodrigo Ponce de León, en la toma de Alhama; n.m. de Martín Cano, hijodalgo gallego de la tierra de Mondoñedo. Y por la línea paterna, bisnieta de Antón Martínez Torres, que pasó a la villa sevillana de Estepa como frontera de moros. Ese Antón Martínez Torres, por su parte, era hijo segundón de la Casa de Villar, y así su 7º abuelo resultaba el Conde Fernando de Portugal, Señor de Villar, 398

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casado con María de Torres Solier; hijo él del Infante Dionís de Portugal y de su mujer Juana de Castilla; n.p. del Rey Pedro I “el Severo” de Portugal (1320-1367) y de su esposa Inés de Castro “Cuello de Garza”; y n.m. del rey Enrique II de Castilla, “el de las mercedes” (1333-1379), quien, de sus amores con Juana Cifuentes de Aragón, hubo a Juana de Castilla. Un hermano de Luisa de Torres Martínez, cuyo nombre desconozco, era el padre de: 1) Juan de Torres Navarrete, el cual nació en Estepa y llegó a Chile en compañía de su primo hermano, el Licenciado y Oidor Juan Torres de Vera y Aragón. Ahí combatió contra los araucanos. Pasó luego a La Plata (Charcas) con su referido pariente. Este — como es sabido — se convirtió en Adelantado del Río de la Plata por su casamiento con Juana de Zárate Yupanqui. A raíz de la trágica muerte de Juan de Garay, dicho Adelantado lo nombró a su primo el 27-VII1583 Teniente General de la Gobernación rioplatense. Bajo el gobierno de Torres Navarrete, se fundaron las ciudades de Concepción del Bermejo y de Vera de las Siete Corrientes, y se abrió la ruta marítima con el Brasil, mediante la expedición del Obispo del Tucumán fray Francisco de Victoria. Renunció, Navarrete, en 1589, y le reemplazó en el Tenientazgo de Buenos Aires el criollo Hernando de Mendoza (hijo de Gonzalo de Mendoza y de Isabel de Irala). Los cónyuges Alonso de Vera y Aragón Tinoco y Luisa de Torres Martínez procrearon estos hijos: 1) Rodrigo de Vera y Aragón, que nació en Estepa y se casó con Catalina de Calderón. Son los padres de: A) Pedro de Vera y Aragón, Colegial Mayor de Bolonia, Presidente del Consejo de Santa Clara de Nápoles y del Consejo Colateral. Casóse en Nápoles con Libia Sinara y fueron tronco de los Condes de San Donato de Nápoles. B) Francisco de Vera y Aragón — según López de Haro — “pasó a Indias y murió en la conquista del Río de la Plata”. Es, sin duda, el Francisco de Vera y Aragón que se encontraba en Santa Fé cuando el “motín de los mancebos”, el 1-VI-1580, y que fue apresado por Benialbo. Pasó posteriormente a Concepción del Bermejo. Lo mataron los Villarroel

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indios hacia 1592. El Padre Lozano, con verdad, lo dice a nuestro hombre propio hermano de Alonso de Vera “Cara de Perro”. En efecto; este conquistador le escribió al Obispo de Tucumán Fray Francisco de Vitoria, desde Concepción del Bermejo el 16-VIII-1585; “despacho a don Francisco, mi hermano, a Socotonio con tres soldados”. C) Alonso de Vera y Aragón “Cara de Perro” — apodado así “por su mal gesto”, al decir del Padre Lozano — nació en Estepa en 1553. Chiquilín aún, en 1565 pasó de España al Perú y a Chile como “criado” de su tío Juan Torres de Vera y Aragón, designado Oidor para la Audiencia chilena de Concepción, a cuya ciudad, tío y sobrino, llegaron en 1567. Después, allá “en el Reyno de Chile”, el muchacho sirvió durante más de una década, a las órdenes del Capitán Rodrigo de Quiroga y del Maestre de Campo Alonso de Alvarado, en la conquista de la tierra trasandina. Viajó luego a Charcas, llamado por su tío Juan, heredero del Adelantazgo rioplatense. Más tarde actuó en el Paraguay y Santa Fé, donde en 1580 le sorprendió el motín “de los mancebos” y estuvo a punto a perder la vida a manos de los revoltosos. (Al declarar el 1-VI-1580 acerca de ese trastorno dijo tener 27 años de edad, así pues nació en 1553). Posteriormente asiste a la fundación de Buenos Aires con Juan de Garay, y pelea en numerosas “guazabaras” contra los indios, tanto en la cuenca platense como en la regiones del norte paraguayo . El 15-IV1585 funda la ciudad de Concepción del Bermejo. Es nombrado en 1587 Teniente de Gobernador de la Asunción del Paraguay, cargo del que fue obligado a renunciar en 1592; pero en 1594 se le designa Contador de la Real Hacienda bonaerense. Nuestro “Cara de Perro” disfrutó de la encomienda de “Matará”, ubicada 30 leguas más arriba de la desembocadura del río Bermejo; hubo solo una hija natural mestiza y más adelante contrajo matrimonio con mi antepasada Isabel de Salazar — viuda de Hernán Mexía Mirabal —. Hacia 1604 el hombre abandonó esta vida — nada “perra” para él, históricamente valorada. 2) Pedro Díaz de Torres — otro hijo de Alonso de Vera y Aragón y de Luisa Torres Martínez — fue conquistador en el Perú, “y 400

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murió en las guerras de Gonzalo Pizarro, sirviendo como honrado caballero siempre de parte del Rey” — según lo registra López de Haro. Pedro había sido esposo legítimo de María Maldonado, aunque fruto de sus amores con Elena — india quichua, sin duda — vástago de su estirpe resultó: A) Alonso de Vera y Aragón “el Tupí”, así denominado más tarde “por su color moreno en demasía”, cual lo indica el Padre Lozano. Parece que Alonso vió la luz del mundo en El Cuzco por 1555. En 1571 pasó a Chile, donde estaba su tío Juan el Oidor — futuro Adelantado del Río de la Plata —, a servir como soldado. Colaboró más tarde en la conquista del Paraguay — y ahí seguramente lo apodarían “Tupí”. Prestó su eficaz concurso a Juan de Garay para la fundación de Buenos Aires, y fue enviado por éste a España en la carabela “San Cristóbal de la Buena Ventura”, retornando de la metrópoli al incipiente puerto bonaerense en 1583, con un importante grupo de pobladores, casados y solteros. Luego, en 1588, asiste a la fundación de Vera de las Siete Corrientes. Su tío el Adelantado le designa allí Teniente General. Al cabo de ocho años tiene que renunciar a tan alta función, con motivo de una Real Orden que impedía el desempeño de cargo alguno gubernamental a los deudos del Adelantado. En 1603 “el Tupí” es elegido Alcalde ordinario de Corrientes — donde además era fuerte encomendero —, pero rechaza el nombramiento, amparándose en la antedicha Real Orden. Estuvo casado y se cree tuvo descendencia con Inés Arias Mansilla, la cual, al enviudar de “el Tupí” pasó a 2as nupcias con Manuel Cabral de Alpoín. Era Inés hija de Francisco Arias Mansilla, nativo de la Asunción, vecino feudatario de Corrientes y de Lucía de Espinosa; n.p. del hidalgo Hernán Arias Mansilla, nacido en Granada, expedicionario con Pedro de Mendoza y probablemente fecundador de una india guaraní. 3) Carlos de Vera y Aragón Torres, que fue bautizado en Estepa, y en esa localidad andaluza celebró su matrimonio con María de Hoces. Al enviudar de dicha señora, Carlos pasó a 2as nupcias con Francisca de Torres y Lasarte. Hijo de su primer enlace fue:

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A) Alonso de Vera y Aragón Hoces, nacido en Estepa en 1558 (al declarar él en Santiago del Estero el 24XI-1598 como testigo en la probanza de servicios de Fernando de Toledo Pimentel, dijo tener 40 años — luego nació en 1558). Este homónimo del “Tupí” y de “Cara de Perro” ha sido confundido con el 2º de esos tres primos hermanos. Al igual que “Cara de Perro” vino nuestro mozo de España al Perú y a Chile en calidad de “criado” de su tío Juan el Oidor y futuro Adelantado rioplatense. Como sus primos pasó después al Paraguay, y de ahí al Tucumán, radicándose en Santiago del Estero; donde fue Alcalde, Teniente de Gobernador General y encomendero. El Gobernador Abreu lo persiguió, y Alonso buscó asilo sagrado en una Iglesia, de la cual el conquistador Pérez Moreno le dejó huir. Habíase casado con Mariana o María de Ardiles, hija del Capitán Miguel del Ardiles “el Viejo” y, probablemente, María de Abalos. Fallecido Alonso de Vera y Aragón, la viuda pasó a 2as nupcias con Diego de Cepeda Villarroel. Y en 1616 aún vivía Mariana de Ardiles. Los hijos de su matrimonio con de Vera y Aragón fueron: a) Francisca de Vera y Aragón, que nació en Santiago del Estero y murió en Córdoba. Casó con el famoso poeta, Maestre de Campo y Alcalde cordobés Luis de Tejeda y Guzmán (nieto del Capitán Tristán de Tejeda y bisnieto del gran conquistador Hernán Mexía Mirabal, mi antepasado — ver su biografía). Luis y Francisca prolongan numerosa posteridad. b) María de Vera y Aragón. Casó primeramente con Gil y Oscaris Beaumont de Navarra, que fue Teniente de Gobernador de Bs. As. y Gobernador del Tucumán (viudo de Juana Pérez de Aguilera e hijo de Sebastián de Oscaris, Señor de la casa infanzona de Oscaris en Navarra). De viuda pasó a 2as nupcias, en 1641, con Jacinto Cajal. c) Juana de Vera y Aragón, que casó en 1631 con Lázaro del Peso (hijo del Licenciado Luis del Peso y de María de Oscaris). Testó el 26-II-1637 y murió sin sucesión. 402

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d) Mariana de Vera y Aragón, casada con Juan Ruiz de la Cuesta, encomendero en Mendoza (hijo del Capitán conquistador Juan Ruiz de la Cuesta). Dejó descendencia. e) Antonia de Vera y Aragón. Casó con Pablo de Argañaraz y Murguía (hijo del Fundador de Jujuy y de Bernardina Mexía Mirabal. Su descendencia se anota en el linaje de Argañaraz y Murguía. Pablo testó en Córdoba el 24-V-1639. f) Alonso de Vera y Aragón, que nació poco antes de 1610 en Santiago del Estero. Casó el 16VIII-1632, en Córdoba, con Francisca Paz de Figueroa (hija del General Sancho de Paz y Figueroa y de Luisa Martel de los Ríos y Cabrera; hija esta de Pedro Luis de Cabrera Martel y nieta del fundador de Córdoba Jerónimo Luis — mis antepasados. Ver el linaje de Cabrera). Alonso enviudó al poco tiempo, y contrajo nuevo enlace con Isabel de Jerez y Garnica (nieta de mi antepasado Nicolás Carrizo). Fue Alonso de Vera y Aragón Teniente de Gobernador de Santiago del Estero y feudatario de “Alagastiné”, de “Anguinán” y de “Iuquiliguala”. Hijo de su primer matrimonio resultó: f1) Alonso de Vera y Aragón Paz y Figueroa, que heredó los repartimientos de “Iuquiliguala” y “Niquindé” que pertenecieron a su padre. Hijos de las segundas nupcias de don Alonso fueron: f2) Carlos de Vera y Aragón Jerez de Garnica, nacido en Santiago del Estero, donde era feudatario de “Guañagasta” y de “Chiquina”. Se Casó con mi antepasada Francisca Martínez de Iriarte Yanci Argañaraz — la cual de viuda volvióse a casar con el Sargento Mayor Francisco Palacios. Falleció Carlos de Vera y Aragón Jerez de Garnica en Jujuy, bajo disposición testamentaria del 7-V-1674, otorgada ante el Alcalde jujeño Martín de Argañaraz y Villarroel

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Murguía, y los testigos “llamados y rogados”; Bachiller Nicolás de Garnica, pariente del testador, y Juan de Ibarguren, Miguel de Ibarguren — mi 6º abuelo — y Joseph de Ibarguren, hermanos los tres, y a su vez primos hermanos — por Argañaraz — de la esposa del causante; muerto sin progenie. f3) Lorenza de Vera y Aragón Jerez de Garnica, que casó primeramente con Luciano de Figueroa y Soria, natural de Córdoba, y en segundo término con Francisco de Villafañe Guzmán (hijo de Manuel de Villafañe y Guzmán y de Petronila de la Cerda Villarroel Avila Barrionuevo). En ambos connubios Lorenza hubo sucesión. Hija del primero fue: 1f) Micaela de Figueroa y Vera, que casó con Felipe de Argañaraz y Murguía (hijo de mis 6os abuelos Felipe de Argañaraz y Murguía Jerez de Garnica y de Juliana de Carranza y Luna. Ver estos respectivos linajes. Del segundo enlace nacieron: 2f) Francisco de Villafañe y Vera, casado en La Rioja con Flora de Agüero. Con sucesión. 3f) Isidro de Villafañe y Vera. Casó con Clara Sánchez de Loria. Con descendencia. 4f) María Rosa de Villafañe y Vera, que casó en Córdoba en 1701, con su primo 2º Antonio de Argañaraz y Murguía (hijo natural de mi 6º abuelo Martín de Argañaraz y Murguía Jerez de Garnica). Su sucesión la consigno en el linaje de Argañaraz. f4) Francisca de Vera y Aragón Jerez de Garnica. Casó con el Maestre de Campo Alvaro de 404

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Luna y Cárdenas, encomendero, Alcalde y Fiel Ejecutor en La Rioja (hijo del Teniente de Gobernador riojano Gregorio de Luna y Cárdenas y de su 2º esposa Juliana de Albornoz Bazán de Pedraza, lejanos abuelos míos). Su descendencia regístrase en el capítulo referente al apellido Luna. f5) Miguel de Vera y Aragón Jerez de Garnica, nacido en Santiago del Estero. Se radicó en San Miguel de Tucumán. donde fue Sargento Mayor, Regidor, Alcalde de 2º voto y de Hermandad, con estancia en Choromoros llamada “La Cabaña” y otras nombradas “Los Hornillos” y “Los Sauces”. Casó con Leonor de Medina Montaldo y Chavero (nieta materna de Alonso Abad y de Ana de Astudillo Chavero, y bisn. p.m. de Juan Ramírez de Montalvo y de Gabriela de Villarroel, todos antepasados míos. Ver sus respectivos linajes). Miguel y Leonor fueron padres de: 1f) Isabel de Vera y Aragón Medina casada con Francisco de Luna Argañaraz (nieto paterno de Gregorio de Luna y Cárdenas y de Juliana de Albornoz Bazán de Pedraza; y nieto materno de Felipe de Argañaraz y Murguía Mexía y Mirabal y de Petronila Jerez de Garnica; todos antepasados míos. Ver sus linajes respectivos). La descendencia de los cónyuges Luna-Vera se registra en el apellido Luna. 2f) María de Vera y Aragón Medina, que casó con Antonio Alurralde (viudo de Ana María Valdés Martínez de Iriarte, e hijo de Juan Bautista de Alurralde y de María de Egusquiza, naturales de Andoaín, en Guipuzcoa). Con sucesión. 3f) Claudia de Vera y Aragón Medina. Casó con el Maestre de Campo Juan Martínez de Iriarte Yanci (hijo de mis Villarroel

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antepasados el Teniente de Gobernador de Esteco Juan Martínez de Iriarte y de su mujer Ana Yanci Argañaraz y Murguía). su posteridad se trata en el apellido Martínez de Iriarte. 4f) Juan Alejo de Vera y Aragón Medina, Capitán y Alcalde de Hermandad. f6) Isabel de Vera y Aragón Jerez de Garnica, que casó con Juan Muñoz. Hijos del segundo matrimonio de Carlos de Vera y AragónTorres habidos en Francisca deTorres y Lasarte, resultaron: B) Francisco de Vera y Aragón Torres Lasarte, Arcediano de Pedroche y Canónigo de la Santa Iglesia de Córdoba, en Andalucía. C) Juan de Vera y Aragón Torres Lasarte, fraile dominico en un convento de Jaén. D) Carlos de Vera y Aragón Torres Lasarte. E) Pedro de Vera y Aragón Torres Lasarte, el cual — según López de Haro — “murió en el asalto de Bricarasco, en el Piamonte, donde peleó heroicamente”. 4) Francisco de Vera y Aragón Torres — hijo también de los cónyuges Alonso de Vera y Aragón Tinoco y Luisa de Torres Martínez —, fue Caballero de Santiago desde el 23-IX-1572, y miembro del Consejo Supremo del Rey. Sirvió en la diplomacia con los Marqueses de las Navas y de Alcañices cerca del Papa Gregorio XIII. Felipe II lo envió después a Francia y a Saboya. Finalmente se desempeñó como Embajador en Venecia, representando al mismo Rey y a Felipe III. Allá murió sin hijos. 5) Juan Torres de Vera y Aragón, del que trato en el punto VII, a renglón seguido. VII — JUAN TORRES DE VERA Y ARAGON — el hijo menor de Alonso de Vera y Aragón Tinoco y de Luisa de Torres Martínez — nació en la villa de Estepa, Andalucía, en 1546. Colegial en Salamanca, recibióse allí de Licenciado y, al instituir Felipe II la Audiencia de Concepción, en Chile, (Real Cédula de 27VIII-1565), Torres de Vera es nombrado Oidor de dicho cuerpo judicial. El flamante ministro togado parte entonces de España hacia 406

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el Perú, el 26-IX-1565; y a los diecisiete meses, en enero de 1567, se embarca de nuevo en el puerto del Callao para Chile, y llega a Concepción el 1º de agosto. En seguida de su arribo, con sus colegas de Tribunal, inaugura en Concepción la Real Audiencia chilena, que se disuelve más adelante. Torres de Vera, después de haber dirigido campañas guerreras contra los araucanos, sobre todo en Angol y en la defensa de Concepción, en que resultó herido de un flechazo, fue trasladado como Oidor a Charcas. Esta función la realizó con el alto tribunal charqueño integrado así: Presidente, el Doctor Lope de Armendáriz; Oidores: Juan Matienzo, Juan Torres de Vera y Aragón, Diego Martínez de Peralta y Manuel Barros de San Martín; y Fiscal, el Licenciado Rabanal. En Charcas, precisamente, nuestro don Juan conoció a Juana de Zárate Yupanqui; hija del Adelantado rioplatense Juan Ortiz de Zárate, quien hubo a la criatura en una “Palla Ynca”, Leonor Yupanqui. Juanita de Zárate, nació en 1561, y fue legitimada por el Rey Felipe II, el 4-VI-1570. Así las cosas, cuando el Adelantado Ortiz de Zárate murió de disenteria en la Asunción del Paraguay, en 1776, la hija suya quedó como su única heredera; mientras en el futuro marido de ella — según lo dispuso el causante en su testamento — habría de recaer el título de Adelantado, Gobernador, Capitán General y Justicia Mayor de las provincias del Río de la Plata, con las responsabilidades, gajes y atribuciones anexas a esa institución prominente. Por ello, al pretender la mano de la codiciada “Ñusta” hispanoincaica, se ambicionaba también la conquista del Adelantazgo rioplatenese, a cuyo logro lanzáronse Francisco Matienzo y Antonio de Meneses, hijo el primero del Odior Juan de Matienzo y ahijado el otro del Virrey Toledo, poderosos amparadores de la porfía de sus respectivos candidatos. Empero un tercer aspirante entró a rivalizar en la aludida competencia marital; y casi sorpresivamente, ni corto ni perezoso, el Oidor Juan Torres de Vera y Aragón celebró, el 2-VII-1577, las bodas esponsales con la huérfana en disputa; antes que se hiciera efectiva cierta orden del Virrey de prender a Juanita, llevarla a Arequipa, y de este punto a Lima, a fin de darle por marido una persona calificada para ejercer el cargo de Adelantado, pues, a juicio del Virrey, no reunía esas condiciones Torres de Vera y Aragón, en razón de estar impedido, por las Leyes de Indias, de casarse en la jurisdicción donde cumplía sus funciones de Oidor; como tampoco Villarroel

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consideraba idóneo al joven Francisco Matienzo por su poca edad. La mala voluntad de don Francisco de Toledo, y el semillero de pleitos que resultó su matrimonio, no permitieron a Torres de Vera actuar personalmente en su gobernación. Retenido en el Alto Perú, confirmó al Capitán Juan de Garay por su Lugarteniente General en el Río de la Plata — como lo fuera dicho Capitán, del anterior Adelantado Juan Ortiz de Zárate. Durante la tenencia de Garay, se fundaron, a nombre del Adelantado, en las provincias de su autoridad, las ciudades de Santiago de Jerez y de Villa Rica, en el Guayrá, y la predestinada “de la Trinidad”, en el “Puerto de Santa María de los Buenos Aires”, el día 11-VI-1580. Asesinado Garay por los indios, sucedióle a éste en el mando Juan Torres Navarrete — primo hermano de Torres de Vera —, y en el lapso que va de 1585 a 1588 nacieron, además, las ciudades de Concepción del Bermejo y de Vera de las Siete Corrientes; cada una de estas poblaciones realizada, prácticamente, por cada uno de los sobrinos del Adelantado: Alonso de Vera y Aragón “Cara de Perro”, que fundó la primera; y Alonso de Vera y Aragón “El Tupí”, ejecutor material de la otra. Entretanto, en Charcas, había fallecido Juanita de Zárate, el 5-I-1584; y Torres de Vera y Aragón, ya viudo, pudo lograr autorización para trasladarse al territorio de su Adelantazgo. Acude, por tanto, a la Asunción del Paraguay; asiste al establecimiento oficial de Vera de las Siete Corrientes, a orillas del Paraná, donde permanece breve tiempo; baja luego a Buenos Aires, y desde este puerto se embarca rumbo a España, en junio de 1588. En la madre patria los numerosos pleitos y embrollos administrativos, suscitados por la herencia zaratina y su pretendido derecho al gobierno rioplatense, lejos de resolverse favorablemente se complican más y más. Desalentado, entonces, Torres de Vera, regresa en 1591 a Charcas, en cuya ciudad muere tras de algunos años. Cabe agregar que la ilustre mestiza, heredera del gobierno del Río de la Plata, Juana de Zárate (1561-1584), por la línea paterna de Juan Ortiz de Zárate resultaba nieta de Lope Ortiz de Mendieta (que provenía de la Casa de los Marroquines de Montehermoso, derivada, a su vez, del gran genearca del siglo XIII Fortud Sánchez de Salcedo) y de Juana Hernández de Zárate; bisnieta de Juan Ortiz de Zárate, Receptor de la Inquisición en Valencia, y de Juana Hernández de Zárate; tataranieta de Martín Ochoa de Zárate y de 408

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María Ortiz de Arberas; y chozna de Martín de Undona de Zárate, cuyo linaje venía también de las Casas de Ayala y de Salcedo. Y por la incásica línea era su madre la Ñusta Leonor Yupanqui, nieta — según se afirma — del Príncipe Lupa Inca; bisnieta del 12º Inca Manco Capac Yupanqui; tataranieta de Huayna Capac; y chozna del Inca Tupac Yupanqui, que mitológicamente descendía de los hijos del sol: Manco Capac y Mama Oello. Por los demás, los cónyuges Torres de Vera y Aragón-Zárate Yupanqui solo hubieron por hijo legítimo a: 1) Juan Alonso de Vera y Zárate que sigue en VIII. Fuera del matrimonio Juan Torres de Vera y Aragón dejó este hijo natural: 2) Gabriel de Vera y Aragón, que fue Teniente de Gobernador del Tucumán, en 1621, y Teniente General de la Asunción en 1632, donde administraba los bienes de su hermano Juan Alonso, el Adelantado. Dejó descendencia en el Paraguay. 3) Otro hijo natural de Juan Alonso de Vera parece, haber sido un tal Alonso de Vera y Aragón, que murió en Flandes, en 1598, en el sitio de “Bomiel” — Bommel, llamado también Boemel y Zait Waal, en la actual provincia de Güeldres. VIII — JUAN ALONSO DE VERA Y ZARATE, nació en Chuquisaca — llamada asimismo La Plata o Charcas — entre los años 1578 y 1580. Como heredero de su padre y de su abuelo Ortiz de Zárate, resultaba 3er Adelantado Gobernador y Capitán General del Río de la Plata. Casóse en 1602, en Charcas, con la chuquisaqueña María de Figueroa (hija de Sancho Gil de Figueroa, oriundo de Cáceres, en Extremadura, y de la criolla Juana de Almendras Holguín; la cual, a su vez, fue hija del conquistador del Perú Martín de Almendras, natural de Plasencia, y de la mestiza peruana Constancia Holguín de Orellana, cuyos padres eran el conquistador Pedro Alvarez Holguín, y la conquistada princesa Beatriz Tupac Yupanqui, hija del Inca Tupac Yupanqui). Al año siguiente de su casamiento Vera y Zárate viajó a España, munido de la información de méritos y probanza de los servicios de sus antepasados, a fin de hacer valer, ante el Rey Felipe III y su Consejo de Indias, su pretensión al gobierno del Río de la Plata, que estaba Villarroel

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vacante, a la sazón, desde 1613, por muerte de Marín Negrón. No conseguiría este nombramiento, que el Monarca otorgó a Hernandarias, pero si, con hábito caballeresco de Santiago, el empleo de Gobernador de las Provincias del Tucumán, por el término de un lustro. Cabe señalar que durante su estada de diez años en la villa y corte de Madrid, a Vera y Zárate, con el título de “Adelantado del Río de la Plata”, le correspondió el gran honor de integrar el brillante séquito del Duque de Pastrana, Ruy Gómez de Silva, quien como Embajador de Su Magestad Católica pasó a París, en 1612, a concluir y ratificar el contrato de doble casamiento del Príncipe heredero Felipe (futuro Felipe IV), con Isabel de Borbón, hija mayor de Enrique IV de Francia, y la boda del sucesor de éste, que empuñaba entonces el cetro francés, Luis XIII, con Ana de Austria, la hija primogénita del hispánico Felipe III. A fines de 1617 embarcóse Vera y Zárate para hacerse cargo del gobierno tucumano. Acompañábanlo en el viaje, entre otros, Lázaro de Zuleta Girón, Diego de Vera, su pariente, y Gabriel de Chagoyán, los cuales serían designados, por el Adelantado y flamante mandatario del Tucumán, Lugarteniente General de dicha jurisdicción, Teniente de Santiago del Estero y Alguacil Mayor de la Gobernación, respectivamente. Gobernó, nuestro personaje, aquellas provincias del norte argentino, por espacio de una década, hasta 1627, en que hizo entrega del mando a su reemplazante Felipe Albornoz. Retirado en Charcas, donde tenía sus haciendas y la mayor parte de sus bienes — además de las minas llamadas “Mendieta” y “el socabón de Ortiz de Zárate” en Potosí; de una estancia en Tarija y otra en Chichas; y de tierras, ganados, molinos, huertas, cuadras y solares en diversos parajes del Alto Perú, y ciudades de Buenos Aires, Vera de las Siete Corrientes y Asunción del Paraguay —, falleció el viernes 1-VII-1633. Sus hijos legítimos habidos en María Figueroa resultaron: 1) Juan Alonso de Vera y Zárate, que sigue en IX. 2) Francisco Sancho de Figueroa y Vera, que nació en Santiago del Estero en 1669; como Capitán de Caballos Coraza peleó contra los indios calchaquíes levantados por el falso Inca Bohorques, en 1658, en cuya campaña resultó herido y con su caballo muerto. 410

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Poco después pasó a España, donde continuó sirviendo militarmente al Rey, de quien obtuvo, en 1680, el Corregimiento de Guaylas. IX — JUAN ALONSO DE VERA Y ZARATE FIGUEROA, nació en Santiago del Estero en 1623. Fue Señor de la hacienda de Corocoro — mayorazgo establecido por su abuelo materno Sancho de Figueroa —, y, con el título paterno de Adelantado, heredó los pleitos pendientes ante el Consejo de Indias acerca de los desembolsos hechos por sus antecesores Juan Ortiz de Zárate y Juan Torres de Vera y Aragón, en la conquista y población del territorio del Río de la Plata. Caballero de Santiago en 1669, pretendió ser agraciado con un título de Conde o Marqués de Corocoro, amén del gobierno de Chucuito o de Buenos Aires. Solo obtuvo cierta encomienda de indios en el Perú y el corregimiento de Canta, cuyos despachos llegaron tres meses después de su muerte, en 1680. Estuvo casado con Leonor de Zúñiga, la cual le dió por única hija y heredera: X — MARIA MICAELA DE VERA Y ZARATE, que casó con Iñigo de Ribera y Ayala, Capitán de Caballos y Alcalde ordinario de Potosí en 1681, quien solicitó y obtuvo, del Consejo de Indias, el corregimiento de Canta en 1683, De la misma Casa de Vera y Aragón procedía: 1) Diego de Vera, el cual se embarcó en España y llegó al Tucumán en 1619, con su pariente cercano el Adelantado Juan Alonso de Vera y Zárate. Era Diego caballero hijodalgo, y habíase desempeñado como Alcalde Ordinario en la villa de “La Tadayra”, en Murcia. En carácter de Comisario expulsador de moriscos de la ciudad murciana de Mula, en 1614 ejerció el comando de tres compañías de infantería. Ya en tierras americanas, su deudo el Adelantado lo designó Lugarteniente y Capitán a Guerra en Santiago del Estero. En 1621 pasó a ejercer dicha función en Córdoba, pero al año siguiente resultó excomulgado, por algo que le había “subcedido con un clérigo”. A raíz de ello regreso a Santiago; y en 1628 fue nombrado Lugarteniente en Buenos Aires por el Gobernador Céspedes, cuyo empleo desempeñó por breves días.

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Nota Como lo ha probado concluyentemente el relevante investigador Carlos Luque Colombres en un “Apéndice” de su notable estudio sobre “Don Juan Alonso de Vera y Zárate — hijo del Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón y de Juana Ortiz de Zárate Yupanqui — publicado en el tomo II de su libro Para la Historia de Córdoba, no descendía de esos Adelantados María de Vera y Aragón Medina, esposa de Antonio de Alurralde, cual lo creyeron de buena fé los vástagos de dichos cónyuges, y aceptaban algunos aficionados a la genealogía. Ello debido a las referencias de tres expedientes dispensadores de encomiendas, despachados en 1705 y 1712 por los gobernantes tucumanos Gaspar Baraona y Esteban de Urizar Arespacochaga, y en 1736 por Matías Anglés; favoreciendo los dos primeros a Antonio de Alurralde, consorte de María de Vera y Aragón Medina, y el tercero a Tomás Gordillo y Luna, nieto de Francisca de Vera y Aragón Jerez de Garnica, que era hermana de Miguel, el padre de María la mujer de Alurralde. En tales documentos Miguel de Vera — el suegro de Alurralde — figuraba como “legítimo sucesor y heredero” del General Alonso de Vera y Zárate, y la hija de aquel como “bisnieta” del Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón. Y en el otro pedido de encomienda que presentó Tomás Gordillo Luna en 1736, éste dijo ser “nieto legítimo”, por parte materna, de Alvaro de Luna y Cárdenas ... y de Francisca de Vera y Aragón “nieta legítima” del “Adelantado Juan Alonso de Vera y Aragón (Zárate)”. Ahora bien. Décadas atrás de los tres documentos expresados, el 22-V-1683, Francisca de Vera y Aragón, viuda de Alvaro de Luna y Cárdenas, inició ante las autoridades de La Rioja, información de los servicios, tanto de sus ascendientes como de su marido, a fin de obtener recompensas y ventajas. El interrogatorio que debía presentarse a los testigos indicados por la señora, entre otras preguntas, expresaba: si saben que doña Francisca “fue hija legítima del General Alonso de Vera y Aragón y de doña Isabel Jerez de Guernica, y que el susodicho fue sobrino en segundo grado del Adelantado don Juan Alonso de Vera

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y Aragón” (Zárate); lo cual ratificaron todos esos testigos en el expediente de referencia. Queda demostrado, por tanto, que don Miguel y doña Francisca de Vera fueron hermanos de padre y madre y “parientes cercanos” del General Alonso de Vera y Zárate. “De esta manera — concluye Luque Colombres — hemos llegado a determinar la falsedad de las afirmaciones contenidas en los autos de encomienda objeto de nuestra impugnación; ni doña María de Vera, esposa de Antonio de Alurralde e hija de don Miguel, ni don Tomás de Gordillo y Luna, nieto de doña Francisca, descendían de Vera y Zárate, único hijo legítimo del Licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón”. Eran, sí, parientes colaterales.

Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Acevedo, Pedro Tadeo y Ernesto J. Colombres; El Arbol Genealógico de don Juan de Torres de Vera y Aragón y Don Juan Alonso de Vera y Zárate. Bs. As. 1935. Archivo Judicial de San salvador de Jujuy. Calvo, Carlos; Nobiliario del Antiguo Virreinato del Río de la Plata. Tomos II y IV. Di Lullo, Orestes; Antecedentes Biográficos Santiagueños. Stgo del Estero, 1948. Garmendia, José Ignacio; El casamiento de doña Juana Ortiz de Zárate. “Crónica Histórica Colonial”. Bs. As. 1916. Lafuente Machain, Ricardo de; Casa de Vera y Aragón, en Los Machain. Bs. As. 1926. Luque Colombres, Carlos; Gaspar de Medina, conquistador y genearca. Córdoba, 1948. Luque Colombres, Carlos; Para la Historia de Córdoba. Tomos I y II. Córdoba 1973. Molina, Raúl A; Los Casco de Mendoza y los Vera y Aragón, en la “Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas”, Nº 8. Bs. As, 1949.

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Moreno de Guerra y Alonso, Juan; Bandos en Jerez; los del Puesto de Abajo. Estudio social y genealógico de la Edad Media en las Fronteras del Reino Moro de Granada. Tomos I y II. Madrid 19291932. Olmos Gaona, Alejandro; Alonso Riquelme de Guzmán — aportes para el conocimiento de su genealogía y descendencia. Revista Genealogía el “Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas”, Nº 17. Bs. As. 1977. Olmos Gaona, Alejandro; Apuntes críticos a la genealogía de los Vera y Aragón, en la “Revista del Centro de Estudios Genealógicos de Buenos Aires”. Tomo I, 1979. “Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas”, Nº 4 y 5. Nobiliario Genealógico de los Reyes y títulos de España, (Madrid 1622) por Alfonso López de Haro, publicado como apéndice de la Genealogía de la familia de Alurralde, por Nicanor Alurralde. Bs. As., 1945.

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VILLARROEL Villarroel — dice Julio de Atienza en su Nobiliario es apellido castellano de las montañas de León. Sus armas pintan en campo de gules seis roeles de plata, puestos en dos palos. Otros traen en campo de azur diez roeles de plata, con bordura de oro. I — DIEGO DE VILLARROEL — conquistador de quien desciendo a través de 6 líneas genealógicas — nació hacia el año 1520 en Villafranca del Puente del Arzobispo, provincia y diócesis de Toledo, distante 37 kilómetros de Talavera de la Reina; hijo de Pedro González de Villarroel — hijodalgo de sangre con ejecutoria dada a su estirpe por la Real Chancillería de Valladolid — y de Isabel de Meneses y Aguirre, propia hermana del Fundador de Santiago del Estero — y ascendiente mío — Francisco de Aguirre, ambos vástagos de Hernando de la Rúa y de Constanza de Meneses Aguirre. (Ver la antecedencia de ellos en el linaje de Aguirre de Talavera de la Reina). Mi antepasado se casa y parte a la conquista de las Indias Posiblemente en la villa de Puente del Arzobispo el joven Diego se unió en matrimonio con María Maldonado de Torres; hija de Rodrigo de Torres y de Beatriz Maldonado; n.p. de Alonso de Ureña y de María Alvarez; y n.m. de Alonso Arias Maldonado y de Violante Chamise. No mucho tiempo después de la boda, Villarroel se trasladó al nuevo mundo. Una Probanza de su descendiente el Capitán Juan de Adaro Arrazola expresa que el susodicho fue “uno de los primeros descubridores de los reinos del Perú y de Chile, y en la rebelión que hubo en el Perú en sus principios, se halló siempre en la parte de Su Magestad, que Dios guarde, con el señor Inquisidor don Pedro de La Gasca, presidente de los Reyes, y en su compañía se halló en la batalla de Guarinas”. (Batalla en realidad librada y perdida por Diego Centeno, y no por La Gasca, frente al rebelde Gonzalo Pizarro en 1547).


Con posterioridad Villarroel se dirigió a Chile a probar fortuna bajo la protección de su tío carnal Francisco de Aguirre, a la sazón Teniente de Gobernador de La Serena. Y en febrero de 1553 — junto con 60 o 70 compañeros —, a las órdenes de Aguirre, Diego cruzó la cordillera de los Andes y entró en el Tucumán. Allí coopera con su tío en el establecimiento de Santiago del Estero, cuyo Cabildo integra en 1554 como Alcalde ordinario, a par de Miguel de Ardiles y con los Regidores Francisco Valdenebros, Rodrigo Palos, Julián Sedeño, Martín de Rentería, Nicolás Carrizo y Luis Gómez; amén de los oficiales Reales Andrés Martín de Zavala y Blas Rosales, y del Escribano Juan Gutiérrez. A fines de marzo de 1554, Villarroel acompañó a Aguirre en su retorno a Chile, luego del asesinato de Valdivia por los araucanos, dispuesto el ambicioso pariente a asumir la gobernación de dicha provincia trasandina, en carácter de heredero de Valdivia. Producido el conflicto entre Villagra y Aguirre, acerca de cuál de ellos tenía derecho al mando del territorio chileno, el segundo lo envió a Villarroel a España, como Procurador suyo, a fin de solicitarle al Rey que la jurisdicción del Tucumán, con La Serena y Coquimbo, se incluyera en la soberanía de Chile, pretendida por Aguirre. La gestión de Diego ante las autoridades de la madre patria no obtuvo el éxito esperado por su mandante, pero el diligente sobrino, en 1555, obtuvo licencia para regresar a América junto a su tío, llevando también al nuevo mundo a su propia esposa e hijita. Iban asimismo con el viajero, en la nao del Maestre Mondragón, la mujer de Francisco de Aguirre, María de Torres — a la que supongo deuda de la consorte de Villarroel, María Maldonado de Torres —, tres hijos de ella, y un grupo de consanguíneos y allegados. El “Catálogo de pasajeros de Indias” registra, ese año 1555, bajo el nº 2410 a: “Diego de Villarroel, vecino y natural de Villafranca, hijo de Pero González de Villarroel y de Isabel de Meneses; María Maldonado, su mujer y una hija, a Chile”. Nuevas diligencias de Villarroel en la metrópoli Poco tiempo permanecería nuestro personaje en tierra americana. Su tío Aguirre había sido eliminado como aspirante al gobierno de “Nueva Extremadura” (Chile), y remitido preso a Lima 416

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por orden del Virrey Marqués de Cañete — quien nombró Gobernador de Chile a su hijo García Hurtado de Mendoza. El apresado caudillo, entonces, desde la capital peruana, decidió enviar otra vez a España a su — diré — nepote predilecto, “con plenos poderes y con barras de oro”, para que, en su nombre, protestara de los agravios que le infirieron los Cañete, obtuviera ciertas mercedes, y enajenara algunos bienes familiares en Talavera de la Reina. Obediente Diego, dejó a su mujer y a su hija al amparo de la prestigiosa parentela, cruzó de vuelta las montañas y el mar, y ya en la Corte de Valladolid, el 22-II-1559 — luego de acompañar unas probanzas sobre los méritos de Aguirre — solicitó por escrito al Rey para su tío la gobernación de La Serena y sus términos, “con lo demás que (Aguirre) ha descubierto y poblado tras las cordilleras (Santiago del Estero y prolongaciones tucumanas), con más lo que poblase y descubriese aguas vertientes a la mar del norte tras las dichas cordilleras (es decir los futuros territorios a poblar de Córdoba, Santa Fé y Buenos Aires), pues es cosa distante y apartada de Chile”. Pedía asimismo el sobrino para el tío, la “merced de una pesquería que es desde la boca del rrio Limari hasta el valle Copiapó, para que ninguno otro pueda pescar atunes dentro de dicho término”, sino el agraciado y sus sucesores. Finalmente solicitaba “un ábito de Santiago” para don Francisco y otro para Hernando el hijo de éste, “pues dados sus servicios, su persona lo merece por ser, como es, caballero hijodalgo”. Aguirre no logró su ambicionado gobierno de Chile, y no sabemos si se le otorgaron las mercedes y hábitos caballerescos que mandó pedir. “En quanto los agravios inferidos por Don García y por el Virrey su padre, la Corte comisionó al Conde de Nájera (sic) para hacer justicia en el Perú” — según transcribe esta frase el historiador Roa y Ursúa en su Reyno de Chile, mal nombrado Nájera por Nieva. De todas maneras, Diego de Villarroel —tras conseguir una liberación de derechos de almojarifazgo por 400 pesos — se embarcó el 26-X-1559 en Sevilla para las Indias, a bordo de la nao del Maestre Marcos de Nápoles. En el “Catálogo de Pasajeros” respectivo figura su nombre anotado bajo el nº 4338, y se le localiza, filia y determina el destino del viaje, y a quien lo acompañaba, así: “natural de Puente del Arzobispo (Toledo), hijo de Pedro González de Villarroel y de

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doña Isabela Meneses, al Perú, con su sobrino Pero Gómez, natural de Valdecasa (Toledo), hijo de Diego Gómez y de María Gómez”. Incursiona Diego tras la cordillera y funda San Miguel de Tucumán Reunido con los suyos en La Serena, en los dominios chilenos de Francisco de Aguirre, el año 1564 Villarroel acompaña desde Copiapó a don Francisco — que había sido nombrado por segunda vez Gobernador del Tucumán — en su jornada por los valles calchaquíes. En tal campaña, los indios comarcanos, lejos de someterse, infligen serias pérdidas a los españoles, y dan muerte a Valeriano de Aguirre, hijo del caudillo, y a “otros quatro soldados muy buenos”, y hieren al propio don Francisco y a dos bastardos de éste; “a cuya causa, por la poca gente que tenía, se retiró al pueblo de Santiago del Estero” —cual se lo hizo saber la Audiencia charqueña al Rey. Después, con el propósito de aumentar los centros poblados de la vasta comarca de su mando — centro defensivos en medio de aborígenes rebeldes —, el Gobernador Aguirre, mediante título expedido el 10-V-1565, ante el Escribano Francisco de Torres, nombró a su sobrino Diego de Villarroel, “persona de confianza e que tenga valor, prudencia y experiencia para bien servir a Su Magestad ... tenido y estimado por caballero e hixodalgo...Teniente de Gobernador y Capitán General de la ciudad de San Miguel de Tucumán y sus términos ... conforme a una instrucción que mía llevais”, a fin de fundar la nombrada población en el mismo paraje donde antaño habíanse levantado la destruída “Cañete” de Pérez de Zorita (1560) y la inestable “Barco I”, de Núñez de Prado (1550). Al día siguiente de ese nombramiento, el Gobernador le otorgaba a su Lugarteniente una “carta poder” complementaria, para actuar como si fuera el propio mandante en la concesión de mercedes territoriales y encomiendas de indios. Y en ese día, o en uno de los inmediatos, a la cabeza de 50 veteranos conquistadores, provistos de bastimentos y de un buen número de caballos, Villarroel partió de Santiago del Estero hacia “el campo que llaman en lengua los naturales Ibatín, ribera del río que sale de la quebrada o el sitio que os pareciese”, con el compromiso de establecer ahí a “San Miguel de 418

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Tucumán” cuyo nombre ya lo había impuesto de antemano su imperativo tío Francisco. En consecuencia, de acuerdo a las instrucciones precisas, Diego de Villarroel fundó, el 31-V-1565, a “San Miguel de Tucumán” — “la vieja” distante 25 leguas al noroeste de Santiago del Estero, en el lugar de “Ibatín”, que hoy se localiza al suroeste del pueblo de Monteros, a la derecha del río Pueblo Viejo —, población que más tarde, en 1685, sería mudada al emplazamiento en que se encuentra actualmente la capital de la provincia homónima. Acompañaban ese histórico día a Diego de Villarroel, en torno al rollo y a la picota de rigor, los componentes del primer Cabildo lugareño, designados por él; Pedro de Villalba y Juan Núñez de Guevara, Alcaldes ordinarios; los Regidores Antonio Berrú, Diego de Saldaña, Bartolomé Hernández, Francisco Díaz Picón, Pedro de Lorique y Diego de Vera; el Procurador Alonso Martín del Arroyo; el “fiador” Juan Bautista Bernío, los testigos Diego de Zabala, Juan Bautista y Pedro López, y el Escribano Cristóbal de Valdés, que son los firmantes de las actas de fundación. Además — según distintos testimonios — estaban presentes en dicho acto mis antepasados Hernán Mexía Mirabal, Juan Gregorio Bazán y Bartolomé Jaimes, y entre aquellos 50 conquistadores, Fernando Quintana de los Llanos, Gonzalo Sánchez Garzón, García y Luis de Medina, Juan de Artaza, Miguel de Ardiles “el Viejo” y Miguel de Ardiles “el Mozo”, Santiago Sánchez, Juan Navarro, Luis de Luna, Alonso de Contreras y Juan Rodríguez Florencio, Últimos datos, muerte y descendencia inmediata de mi remoto abuelo Con posterioridad a la fundación tucumana, la historia pierde las huellas de Diego de Villarroel. Algún tiempo permanecería, sin duda, al frente de la nueva ciudad como Teniente de Gobernador, y repartiría a los primitivos pobladores solares, chacras, estancias y encomiendas de indios. Consta que en 1578 era albacea, en Santiago del Estero, de Damián Osorio (mi antepasado), vecino de Córdoba, el cual falleció en Santiago antes del 27-IV-1579, fecha en que el Escribano Francisco de Torres dijo haber recibido del yerno de Villarroel “Alonso de Cepeda (también ascendiente mío) ... por Villarroel

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muerte del señor Capitán Diego de Villarroel, que fue albacea del dicho Damián Osorio, dos piezas de ropa de algodón ...” etc, etc. Al morir don Diego frisaba, más o menos, en los 58 años de edad. Procreó con su mujer María Maldonado de Torres (propia hermana del Licenciado Alonso de Maldonado de Torres, natural de Salamanca, Oidor en Charcas y Familiar del Santo Oficio) los siguientes hijos: 1) María de Villarroel, que casó con el Capitán Alonso de Cepeda; nacido por 1536 en Villaviciosa, municipio de Solosancho, a tres leguas escasas de Avila (hijo de Alonso de Cepeda — primo hermano de Santa Teresa de Jesús — y de Teresa Pérez su mujer). Alonso de Cepeda “el Mozo”, pasó a Indias, al Perú, en 1555; y luego participó en la conquista del Tucumán, radicándose en Santiago del Estero. Fue fundador de Salta, en 1582, con el Gobernador Lerma, y más tarde se desempeñó como Teniente de Gobernador de Santiago del Estero, (Ver el linaje de Cepeda). Don Alonso y su esposa María de Villarroel resultan mis 11os abuelos. Estos fueron sus hijos: A) Teresa de Cepeda Villarroel que contrajo primeramente matrimonio con el Coronel Gonzalo Duarte de Meneses: resultan mis 10os abuelos. Don Gonzalo nació en 1548 en la villa “Del Cazar de Talavera”; hijo de Juan Duarte de Meneses y de Isabel de Molina. (Ver los datos biográficos de Gonzalo y otras circunstancias referentes a su linaje, en el apellido Meneses). De viuda Teresa pasó a 2as nupcias con Adauto Luis de Cabrera, vecino de La Rioja y Tesorero de la Santa Cruzada; hijo de Antonio Luis de Cabrera y Toledo y de Catalina Dorante de Trejo. (Los antecedentes genealógicos de ambos se tratan en el apellido de Cabrera). Hija del primer matrimonio fue: a) Valeriana Duarte de Meneses y Cepeda Villarroel, que contrajo nupcias con Antonio Luis de Cabrera Manrique de Lara Osorio y Chaves. Son mis 9os abuelos y su descendencia se consigna en el linaje de Cabrera, al que me remito. Unica hija del segundo enlace resultó: a1) Catalina Dorantes de Trejo y Cabrera Cepeda Villarroel, casada con el General Juan de Adaro y Arrázola. 420

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De ellos deriva sucesión conocida. Entre esta; el Capitán Juan de Adaro Arrázola, en cuya probanza de méritos se expresa que su antepasado Diego de Villarroel fue “uno de los primeros descubridores de los reinos del Perú y de Chile”. B) Diego de Cepeda Villarroel, encomendero de Santiago del Estero, que casó con María de Ardiles, mujer que fue del General Alonso de Vera y Aragón (primo hermano de sus homónimos “Cara de Perro” y “El Tupí” ver capítulo referente al linaje de Vera). Testó Diego el 11-IV-1616. Su hija, nacida en febrero de 1615 en Santiago del Estero fue: a) Bernabela de Cepeda y Ardiles. 2) Carolina de Villarroel, casada con Pedro Luis de Cabrera Martel. Pedro y Catalina resultan mis 11os abuelos. Procrearon 11 hijos cuyas referencias se anotan en el linaje de Cabrera. Entre sus vástagos destaco a: A) María Maldonado de Torres — apellidada como su abuela materna. Estuvo casada con Antonio Suárez Mexía y Chavero, hijo del conquistador Antonio Suárez Mexía y de María Chavero Abad, hija éste del conquistador Alonso Abad. La descendencia del matrimonio Suárez Mexía-Maldonado Torres — mis 10os abuelos — se registra en los apellidos Suárez Mexía y Abad. B) Miguel Jerónimo Cabrera Villarroel, casado con María de Sanabria y Saavedra, antepasados de mis nietos Gallardo Ibarguren y Beccar Varela Ibarguren, por cuya pareja ellos descienden de Diego de Villarroel, de Jerónimo Luis de Cabrera, de Juan Ramírez de Velasco, de Hernandarias de Saavedra, de Juan de Garay, de Martín Suárez de Toledo, de Mencía Calderón de Sanabria “la Adelantada”, y de otras relevantes personalidades históricas. 3) Gabriela de Villarroel, desposada con el Capitán Juan Ramírez de Montalvo, natural de Logroño, sobrino del Gobernador del Tucumán Juan Ramírez de Velasco, y fundador, con su tío, de la ciudad de La Rioja en 1591. Falleció Ramírez de Montalvo antes de 1614, año en que su viuda doña Gabriela dotó con 8.000 pesos a su hija Ana María para casarse con el Capitán Juan Martínez de Iriarte, mis 11os abuelos. (Ver los apellidos Ramírez de Montalvo y Ramírez de Iriarte). Villarroel

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4) Pedro o Pero González de Villarroel — llamado como su bisabuelo paterno —, nació por 1564 en Santiago del Estero. A los 17 años de edad partió con el Gobernador Lerma a fundar la ciudad de Salta (1581-82), para cuya jornada llevó los siguientes efectos: “una cota, celada, lanza y adarga; quatro cavallos de guerra, una armado con pecho e yjadas; veinte e cinco cavallos cargados, ciento e cincuenta carneros, quarenta cabras e seis bueyes”. El 16-III-1588 fue testigo en una Información — donde “dixo ser de hedad de veynte e quatro años poco más o menos” — que levantó el Cabildo de la ciudad de Salta, a instancias del Gobernador Ramírez de Velasco, para probar que a esa población no la levantó Hernando de Lerma con dinero propio sino a costa de los vecinos de Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán y Córdoba. Tal documento fue presentado en España por, Hernán Mexía Mirabal, como Procurador del referido Cabildo. Años después Pero González de Villarroel, acompañó al Gobernador Ramírez de Velasco a pacificar el valle Calchaquí y a poblar la ciudad de La Rioja (1591). En 1592 González de Villarroel integraba como Alcalde, junto con Joan Pérez, el Cabildo de Santiago del Estero; compuesto, además, por los Regidores Garcí Sánchez, Juan de Abreu, Pedro de Godoy, don Fernando de Toledo Pimentel y Juan Juárez Babiano y el Notario Jerónimo Vallejo. En 1593, nuestro hombre pasó a Buenos Aires con el Gobernador Fernando de Zárate y un contingente militar para defender ese puerto de un posible ataque de corsarios ingleses. En tal circunstancia se construyó, en la barranca frente al río de la Plata, el histórico fuerte de dicha ciudad. Entre 1595 y 1600, el referido personaje volvió a incursionar por el valle Calchaquí con el Gobernador Mercado de Peñalosa. En 23-XI1598 declaró en la probanza de méritos y servicios de Fernando de Toledo Pimentel, donde el testigo dijo ser de edad de 35 años, más o menos. Falleció en Santiago del Estero a principios de 1615, cuando frisaba en los 52 años. Estuvo casado con Petronila de la Cerda Cabrera (hija de Jerónimo Luis de Cabrera y de Luisa Martel de los Ríos), que usaba en primer término el apellido ilustre de su bisabuela María de la Cerda. Luego de la muerte de su marido, en 1615, Petronila se avecindó en Córdoba. Ahí otorgó un poder para testar a favor de su hermano Pedro Luis de Cabrera, el 23-XI-1630, y, poco más adelante, dejó de existir. Estos fueron sus hijos:

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A) María Maldonado de Torres — homónima de su abuela paterna —, que casó en 1629 con Leandro Ponce de León, nacido en Teba, Andalucía, en 1588 (hijo de Luis Ponce de León y de Catalina de Rivera). Leandro Ponce de León, entre 1628 y 1637 cometió un homicidio, al parecer de carácter pasional. La sentencia en el 5º cargo del juicio de residencia del Gobernador Felipe de Albornoz, se expresa con estos términos textuales acerca de ese punto: “En quanto al 5º cargo de que (el Gobernador) tuvo remisión de prender a don Leandro Ponce de León, sobre el delito que cometió de matar a don Alonso Bique, y en las heridas que dió a doña María de Torres y Maldonado, su muger, habiendo llegado a la ciudad de Salta donde vendió sus carretas y alhajas públicamente, en ocasión que estaba en ella dicho gobernador”, se le absuelve — a éste — “atento a su descargo y poca prueba de la secreta”. Los esposos Ponce de León-Maldonado de Torres hubieron sucesión. Ver el linaje de Bazán. B) Diego de Cabrera y Villarroel, que en 1614 declaró ser “hermano de la Compañía de Jesús, donde tiene hecho sus votos ordinarios”. Con posterioridad figura como clérigo presbítero. C) Pedro de Villarroel Cabrera, nacido en Santiago del Estero. Allí fue muchas veces Alcalde ordinario, también Teniente de Gobernador y encomendero de “Salavina” y “Siquinano”. Como Sargento Mayor guerreó contra los indios calchaquíes. Habíase casado primero con Lorenza de Ugarte y Velasco (hija de Alonso de Herrera Guzmán Castro y Polanco y de Ana Ramírez de Velasco; nieta del Gobernador Juan Ramírez de Velasco), la cual entonces era viuda de Leyva. Fallecida Lorenza, Pedro de Villarroel contrajo 2as nupcias con Francisca de Mendoza — viuda de Félix de Cabrera y Zúñiga — con la que no tuvo hijos. Testó don Pedro en Córdoba el 5IV-1649. Fruto de su primer matrimonio fue: a) Catalina de Villarroel de Ugarte de Velasco que casó con el Capitán Jacinto Maldonado de Saavedra (hijo de Francisco Maldonado de Saavedra, 1er Regidor de La Rioja, y de Catalina de Adaro y Ochoa; sobrino carnal — don Jacinto — del Obispo Melchor Maldonado de Saavedra). El 12-IX-1649 el Gobernador Gutierre de Acosta y Padilla le encomendó al Capitán Maldonado de Saavedra, por dos vidas, los pueblos de “Salavina” y “Siquinano”, vacantes Villarroel

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desde la muerte del suegro del agraciado, quien con Catalina de Villarroel prolongó numerosa posteridad 18. D) Jerónimo Villarroel Cabrera, Capitán de infantería en las guerras contra los calchaquíes. Se casó con Catalina de Ugarte y Velasco Herrera Guzmán —propia hermana de la esposa de su hermano Pedro —. Fueron padres de: a) Josefa de Villarroel y Ugarte de Velasco, casada con José Maldonado de Saavedra — hermano de Jacinto el marido de Catalina de Villarroel, prima hermana de Josefa. José Maldonado de Saavedra era encomendero del pueblo de “Marapa”. E) Juan de los Ríos — usó el segundo apellido de su abuela materna —, Capitán. Se casó con Juana de la Cámara, en la que hubo a: a) María Martel de los Ríos, consorte del Capitán Francisco de Ledesma Valderrama. b) Jacoba Martel de los Ríos, esposa del Capitán Juan de Avila Villavicencio, nativo de Tenerife. Testó Jacoba el 26-VII-1699. 18

Una de las hijas del matrimonio Maldonado de Saavedra Villarroel Ugarte de Velasco resultó: I) Josefa Maldonado de Saavedra y Villarroel, mujer de Juan Sánchez Zambrano, de cuyo enlace nació: II) Magdalena Sánchez Zambrano Maldonado, que con su esposo Joseph López de Velasco hubo a: III) Roque Jacinto de Velasco Zambrano, quien contrajo nupcias con Ignacia de Paz de Figueroa Ibañez del Castrillo, y la hizo madre de: IV) Sabina López de Velasco Paz de Figueroa, la cual con su consorte Vicente Díaz Gallo procreó a: V) Pascuala Bailona Díaz Gallo López de Velasco, mujer de Juan José Iramain Santillán y Luna Cárdenas, cuyo hijo: VI) José Domingo de Iramain Díaz Gallo, casó con Francisca de Borges Urréjola, en la que hubo a: VII) Jacoba de Iramain y Borges, esposa de José Blas de Achaval Castellanos, y madre de: VIII) Toribio Cecilio de Achaval Iramain, marido de Delia Ryan y O’Donell. Su hijo: IX) Toribio Miguel de Achaval Ryan contrajo nupcias con Beatriz Vivanco Alzaga y procreó a: X) Delia María de Achaval Vivanco, que en su matrimonio con Alejandro de Estrada Elía dió vida a: XI Delia de Estrada Achaval — mi nuera — mujer de Hortensio Ibarguren Schindler. Sus hijos — mis nietos — Cecilia, Delia, Guadalupe, Carlos, Mercedes, Rosario y Alberto Ibarguren Estrada, por esta línea genealógica resultan 14os nietos de Diego de Villarroel, de Jerónimo Luis de Cabrera y de Juan Ramírez de Velasco. 424

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c) Pedro de los Ríos y Villarroel, nacido en 1650, Alcalde ordinario de Córdoba en 1690. d) Petronila de la Cerda — apellidada como su abuela — se casó con Ignacio de Bustamante y Soria (hijo de Pedro Arballo de Bustamante Abreu y de Sabina de Soria). Con descendencia. F) Petronila de la Cerda Villarroel Cabrera, esposa del Licenciado Juan de Escobar y Castillo. Con sucesión. G) Luisa Martel de los Ríos Villarroel Cabrera, casada con Pedro Torres de Mendoza. Fueron sus hijos: a) Francisca de Mendoza (sic — según el genealogista chileno Juan Luis Espejo). Casóse el 26-II-1638 con Polo de Ondegardo nacido en La Plata (hijo de Polo Ondegardo y de María Sedano de Ribera; n.p. de Polo de Ondegardo natural de Valladolid, célebre jurista y funcionario de actuación en las guerras civiles del Perú, y de Jerónima de Contreras Peñaloza Arias Dávila; n.m. de Rodrigo Fernán de Contreras y Cáceres y de María de la Hoz Morales. Ver la nota sobre Ondegardo en el linaje de Salcedo). Los cónyuges Ondegardo-Mendoza hubieron a: Margarita de Ondegardo, nacida en La Plata (Charcas), que allí se casó el 6-V-1652 con Pablo de Esquivel Sotomayor y Aldana Vasconcelos, y posteriormente la pareja se estableció en La Serena, Chile. b) Ana Martel de los Ríos, casada con Jacinto Hernández Romero y Moxica, natural de Chile. Sus hijos varones adoptaron el apellido De los Ríos. H) Elena de Zúñiga Villarroel Cabrera, desposada con Rodrigo de Trejo. Sin sucesión. I) Antonio de Villarroel Cabrera, fraile franciscano. J) Felipa de la Cerda Villarroel, mujer del encomendero de La Rioja Baltasar de Avila Barrionuevo y Bazán (hijo del Capitán Baltasar de Avila Barrionuevo y de Juana Bazán de Pedraza). Con descendencia. (Ver el apellido Bazán). K) María de Villarroel fue también hija de Pero González de Villarroel — aunque no de Petronila de la Cerda Cabrera. Casóse esa María con García de Medina Garnica Castro y Orellana. De ambos deriva conocida descendencia. Villarroel

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Actas Capitulares de San Miguel de Tucumán. Volumen I. Prólogo y comentarios de Manuel Lizondo Borda, Director del Instituto de Historia de la Universidad de Tucumán, Tucumán 1946. Atienza, Julio de; Nobiliario Español. Madrid 1948. Calvo, Carlos; Nobiliario del Antiguo Virreinato del Río de la Plata. Tomo IV. Bs.As. 1939. Catálogo de Pasajeros a Indias, publicado bajo la dirección de Cristóbal Bermúdez Plata, Director del Archivo General de Indias. volumen III (1539-1559). Sevilla 1946. Di Lullo, Orestes; Antecedentes Biográficos Santiagueños. Santiago del Estero 1948. Documentos Coloniales relativos a San Miguel de Tucumán y a la Gobernación de Tucumán. Siglo XVI. Introducción y comentarios de Manuel Lizondo Borda. Tucumán 1927. Documentos del Archivo de Indias. Gobernación del Tucumán; Correspondencia de los Cabildos en el siglo XVI. Publicación dirigida por Roberto Levillier. Madrid 1918. Documentos del Archivo de Indias. Gobernación del Tucumán; Papeles de Gobernadores en el siglo XVI 1ª parte. Publicación dirigida por Roberto Levillier. Madrid 1920. Documentos del Archivo de Indias.Gobernación del Tucumán; Probanzas de Méritos y Servicios de los Conquistadores Tomo II (1583-1600). Publicación dirigida por Roberto Levillier. Madrid 1920. Espejo, Juan Luis; Nobiliario de la Capitanía de Chile Santiago de Chile 1969. Figueroa, Andrés A.; Linajes Santiagueños. Córdoba 1927. Levillier, Roberto; Biografía de Conquistadores de la Argentina en el siglo XVI. Madrid 1933. Levillier, Roberto; Nueva Crónica de la Conquista del Tucumán Tomos I y II, Lima y Bs.As. 1926 y 1930, respectivamente. Lizondo Borda, Manuel; Historia del Tucumán (siglo XVI) Tucumán 1942.

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Lozano, Pedro; Historia de la Conquista de la Provincia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán; comentadas con noticias sobre el autor y con notas y suplementos de Andrés Lamas. Bs.As. 1874. Luque Colombres, Carlos A.; Diego de Villarroel. Notas y referencias documentales para su biografía. Tucumán 1966. Razori, Amílcar; Historia de la Ciudad Argentina. Tomo I. Bs. As. 1945. Revista del Archivo de Santiago del Estero. Tomo I. Nº1. Stgo. del; Estero 1924. Roa y Ursúa, Luis de; El Reyno de Chile; 1535-1810; Estudio Histórico, genealógico y biográfico. Valladolid 1945.

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ZAMBRANO Zambrano es familia originaria de la anteigleisa de Santa María de Zambrana, en Guipúzcoa — según apunta el heraldista Julio de Atienza, quien le asigna el siguiente escudo de armas; en campo de plata un castillo de gules almenado de tres piezas, superada la del centro por una rosa de gules, y las otras dos de una estrella de azur cada una; bordura de azur con ocho aspas de oro, alternando, cada una, con letras de la palabra Zambrano, de oro. (Diccionario Heráldico de Apellidos). La rama salteña de los Zambrano, de la que desciendo, tiene por tronco a: I — MIGUEL SANCHEZ ZAMBRANO y su mujer Isabel de Servignon. Miguel (al que presumo hijo del Capitán Diego García Zambrano, que desde Potosí, en 1586 acompañó al Gobernador Ramírez de Velasco en su entrada al Tucumán, desbaratando a los indios que tenían cercado el incipiente rancherío de Salta) fue uno de los primeros vecinos de San Salvador de Jujuy, al cual el fundador Francisco de Argañaraz y Murguía, en 1593 y 1594, concedió una cuadra de tierra junto al pucará de Benavente y hacia el arroyo Sivi Sivi; amén de otra fracción en la opuesta banda de dicho arroyo; y dos chacras, una en Palpalá y en los Zapallos otra. Fue Regidor en el Cabildo jujeño, donde actuaba también como Escribano. Por lo demás, años después, a doce leguas de Salta, los esposos Sánchez Zambrano-Servignon poseían una estancia en la Villa de Madrid de las Juntas, allí donde se juntan los ríos Piedras y Pasaje (en Esteco). Pues bien, el 16-IX-1605, ante el Escribano de Salta Juan de Higueras, realizaron aquellos una operación de trueque con Antonio Morillo y Ana de Orellana, su mujer, mediante la cual cambiaban la referida estancia estequeña por otra de los Morillo, ubicada a cinco leguas de Salta en la “quebrada del Perú” (hoy del Toro); campo; éste, que a su tiempo heredaría la nieta María Zambrano Morillo, casada con Sebastián Diez. Solo dos hijas de Miguel Sánchez Zambrano y de Isabel de Servignon he podido precisar:


1) Paula Zambrano — mi antepasada — que casó con el portugués Pedro Fernández Pedroso. De estos lejanos abuelos míos me ocupo en el capítulo que dedico a los Fernández Pedroso y Fernández Cabezas. 2) Feliciana Zambrano, que casó primeramente con Fabián Morillo (hijo, creo, de Antonio Morillo y de Ana de Orellana); y en 2as nupcias con Juan Fernández Castaño. Feliciana murió viuda de sus dos maridos. Ella había comprado una estancia en el río Siancas (hoy Mojotoro), el 22-IV-1614, a Juana Payán, casada con Martín Pardiñas Ortigoso; tierras que Juana heredara de su padre el primer poblador Pedro Payán, quien las hubo de merced, el 25-VI1584, del Teniente de Gobernador Bartolomé Valero. Hija del primer enlace de Feliciana fue: A) María Zambrano Morillo, esposa del Capitán Sebastián Diez. María heredó de sus abuelos la estancia en la “quebrada del Perú”, donde Sebastián Diez, al decir de su hijo Pascual en 1691, “sembraba muchísimas sementeras, así de maíz como de trigo, y por ser sus cosechas tan grandes, tenía más de 500 burros de trajín, en que despachaba harina a los Lipes, y así que llegaban unas despachaba otras, por ser mucha la cantidad que cogía de comidas”. Hijos de esos cónyuges resultaron: a) Pascual Diez Zambrano Morillo, al que supongo el primogénito. b) Josefa Diez Zambrano Morillo, que casó con el Capitán Andrés Félix de Elizondo y Butrón (hijo del Capitán Miguel de Elizondo, combatiente en la guerra calchaquí y Escribano de Salta, y de — ¿Catalina? — Gómez de Butrón; hija de Pedro Gómez de Butrón y de Isabel de Chaves vecina de Talavera de Madrid, la cual testó viuda en Salta en 1650, ante Juan Castellanos. Se declaró madre de 11 hijos e hija de Antonio Núñez de Chaves y de Beatriz de Ayala Villavicencio, vecinos de 430

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Mérida, España). Josefa Diez de Zambrano, por su parte, testó en “su chácara de Nuestra Señora del Rosario”, a cinco leguas de Salta, el 25-V-1687, ante el Alcalde ordinario de esa ciudad — sobrino 2º suyo y antepasado mío — Bartolomé Fernández Cabezas. La causante declaró por hijos a: b1) Juana Diez de Elizondo Morillo, que estuvo casada con el Sargento Mayor Leonardo Rodríguez Valdéz. b2) Catalina Diez de Elizondo Morillo, mujer — según Carlos Calvo — del Alférez Bernardo o Fructuoso Bernardo Vélez de Alcocer, nac. en Almería (hijo de Alvaro Vélez de Alcocer y de Isidora Juárez). Con sucesión. En 2as nupcias, Catalina casó con mi presunto antepasado el Capitán Francisco de Montoya y Pinedo (hijo de Pedro de Pineda y Montoya y de Juana Velázquez de Ovando y Zárate). La descendencia de dicho Capitán se consigna en el linaje Ibarguren. b3) María Marta de Elizondo Morillo, consorte del Capitán Francisco Ceballos. b4) Juan de Elizondo Morillo, Sargento Mayor en 1702, casado con Inés de Tejeda. Testó Juan el 30-I-1711, declarando por su hija legítima a Juana de Elizondo Tejeda; y a Bernarda (que casó con Antonio Padilla), María (que casó con Nicolás Caso), Juana y Bernardo Elizondo, los 4, hijos naturales. b5) Joseph de Elizondo Morillo, “clérigo de órdenes menores” en 1687. b6) Bernardo de Elizondo Morillo.

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b7) Felipa de Elizondo Morillo, casada con el Alférez Diego González Ferrera. c) Isabel Diez Zambrano Morillo, que el 2-VII1665 recibió de dote la estancia en la “quebrada del Perú”, a raíz de su matrimonio con el Alférez Jorge de Salcedo Poblete (hijo del Capitán Alonso Poblete de Salcedo y de N.N. Godoy Saavedra; n.p. de Francisco Poblete y de Quiteria de Salcedo y Castro; n.m. de Pedro Godoy y de N.N. Saavedra). Después de enviudar Isabel pasó a 2as nupcias con el Capitán Juan Arias Rengel Aguirre — viudo de Francisca Alaba Tello de León (hijo del Capitán Juan Arias Rengel y de Gregoria de Fonseca y Aguirre; n.p. de mis antepasados Pedro Martín Baquero y Francisca Arias Rengel; n.m. de Antonio de Fonseca y de Leonarda de Aguirre; hija ésta de mis ancestros Francisco de Aguirre “el Mozo” y Ana de Bustos Pereira — ver el apellido Aguirre de Talavera de la Reina). Del matrimonio Poblete Salcedo-Diez Zambrano deriva numerosa descendencia. d) Melchor Diez Zambrano, encomendero. Peleó en la guerra calchaquí y sus servicios fueron recomendados a la Corona, el 20-XII-1669, por el Gobernador Mercado y Villacorta. Hubo por hijos, legítimos, a: a1) Sebastián Diez Zambrano, Maestre de Campo, apoderado en 1727 de mi 5ª abuela María de Montoya, viuda de Domingo Ibarguren “el Mozo”. María resultaba sobrina 3ª de Sebastián. a2) Juan Diez Zambrano, que casó en 1702 con Ana Arroyo, hija de Fernando Arroyo. a3) Juana Diez Zambrano — hija natural — que casó en 1703 con Jacinto de 432

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Córdoba, nac. en Santiago del Estero (hijo de Félix de Córdoba y de Lorenza Arias Mansilla). e) Blas Bernardo Diez Zambrano Morillo, casado con Inés Giménez en 1694.

Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo del Arzobispado de Salta. Archivo Histórico de Salta. Archivo Parroquial de la Iglesia de Nuestra Señora de La Merced de Salta. Cornejo, Atilio; Contribución a la historia de la propiedad inmobiliaria de Salta en la época virreinal. Bs.As. 1945.

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ZURITA La casa antiquísima de Zurita se estableció en Jerez de la Frontera, cuando su conquista el año 1264 por el Rey Alfonso X “el Sabio”, como se comprueba por el Libro del Repartimiento, que original existe en el Archivo Municipal de dicha localidad andaluza. Para componer la presente genealogía me he servido exclusivamente de la tan documentada obra Bandos de Jerez; los del Puesto de Abajo, (Madrid 1929-1932), de la que es autor Juan Moreno de Guerra y Alonso. El escudo primitivo de los Zurita era “de sinople con dos lebreles de plata caballando”, pero luego de la victoria del Salado de Tarifa, obtenida contra los moros, el 30-X-1340, por Alfonso XI de Castilla y Alfonso IV de Portugal, y en la que participó Diego Fernández de Zurita, éste fue armado caballero de la Banda por el Rey castellano, de manera que, a partir de entonces, su linaje usó las armas de la aludida Orden; en campo de azur, una banda de oro, engolada de dos dragantes de sinople, linguado de gules; bordura de oro. Aquella distinción de la Banda fue creada por Alfonso XI, y pertenecía a una Orden militar de caballería compuesta por los segundones de las Casas nobles que durante una década, por lo menos, habían servido en la corte o en la guerra. Tal Orden fue abolida más tarde por los Reyes Católicos, y Felipe V la restauró, aunque por muy poco tiempo. El apellido Zurita en vascuense podría significar “muy blanco”, de zuri que es “blanco” y tza “abundancia”; y el primer eslabón conocido de su cadena genealógica resulta: I — ALVARO FERNANDEZ DE ZURITA, Ricohome de Castilla — hermano de un Romeo Martínez de Zurita. De ese Alvaro desciende: II — FAGUT DE ZURITA — “Çorita”, como entonces se escribía — tronco de los Zurita de Jerez de la Frontera, cuya casa solar quedaba en la “collación de San Juan de los Caballeros”, plaza


llamada de Zurita. Fagut fue uno de los conquistadores y repobladores de Jerez, agraciados con casas, viñas, tierras y olivares por el Rey Alfonso X “el Sabio” en 1267. Se casó con doña Juana y murió en 1310. Hijo suyo fue: III — FERNANDO DE ÇORITA, el cual, también como su padre, fue conquistador y repoblador de Jerez. Casó con doña María y hubo por hijo a: IV — FERNANDO ALONSO DE ÇORITA, se ignora con quien se casó, pero se sabe que sus hijos fueron: 1) Diego Fernández de Zurita, que sigue en V. 2) Aldonza de Zurita, que casó con García de Vera. Son mis antepasados (17os abuelos) y de ellos trato en el linaje de Vera. V — DIEGO FERNANDEZ DE ZURITA, fue Regidor de Jerez y caudillo de la ciudad en la batalla del Salado contra los sarracenos (30-X-1340), a raíz de la cual el Rey de Castilla, Alfonso XI, lo armó Caballero de la Orden de la Banda. Casó con Elvira García de Natera (hija de Sancho García de Natera, uno de los 300 conquistadores hijosdalgo de Jerez, Regidor de la ciudad y jefe de su linaje, que testó en 1380). Diego Fernández de Zurita murió antes de 1380, y sus despojos se enterraron en la Capilla de la Concepción de San Francisco, sobre la cual ejercía patronato la Casa de Zurita. Fueron sus hijos: 1) Francisco Alfonso de Zurita, que sigue en VI. 2) Sancho de Zurita, que casó con Inés de Vargas y dejó descendencia. 3) Elvira García de Zurita, desposada con su primo hermano Fernando de Vera y Zurita (hijo de García de Vera y de Aldonza de Zurita). De ellos deriva lucida sucesión. VI — FRANCISCO ALFONSO DE ZURITA, en 1409 fue favorecido por el Rey Juan II con la concesión de una “correduría de paños de Xerez”. Participó en las tomas de Zahara (1407) y luego en la de Antequera (1410), donde escaló los muros de dicha plaza fuerte. 436

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Ello valióle en premio 6.000 maravedises, que le hizo el Infante don Fernando, llamado “el de Antequera”. Combatió también en las luchas banderizas de Zaragoza (1412), y posteriormente estuvo en la toma de Jimena (1431), en cuyos lances guerreros demostró gran arrojo personal, por lo que llegó a recibir sendos donativos monetarios. Puso al servicio del Rey Juan II “dos lanzas (soldados piqueros) que habían sido de su padre, Diego Fernández de Zurita, de las cuales y otras que tenía hizo traspaso a su hijo Diego, el año 1432”. Habíase casado Francisco Alonso con Juana García de Tolosantos, hija de Juan Fernández de Tolosantos y de Leonor López, vecinos de San Lúcar de Barrameda hacia 1402. Doña Juana, antes de tomar estado con Zurita, era viuda de Gómez Benítez con un hijo: Gómez Benítez (futuro padre de Nuño, Juan, Catalina, Juana Leonor e Isabel Gómez Benítez). Testó doña Juana García de Tolosantos en Jerez, el 28-II-1451. Por su parte Francisco Alfonso de Zurita otorgó escritura de última voluntad el 20-VIII-1457. Ambos esposos manifestaron su deseo de ser sepultados en la Capilla de la Concepción del convento franciscano de Jerez, cuyo oratorio, fundado por ellos, era propiedad con patronato de los Zurita. Procrearon estos hijos: 1) Diego Fernández de Zurita Tolosantos, gentilhombre del Infante Fadrique de Castilla, Duque de Arjona y Conde de Trastamara, Lemos y Sarria. Vasallo del Rey, fue uno de los 13 Regidores de Jerez y su embajador en Granada, no obstante haber estado anteriormente, un tiempo, prisionero de los moros, por lo que su padre “gastó en rescate”. Casóse en 1433 con Mencía Suárez de Figueroa Moscoso (hija de Ruy Barba de Moscoso y Suárez de Figueroa — de la Casa de los Señores de Zafra, después Duques de Feria — y de Elvira Quiñones). Testaron: Diego el 22-VII-1433 y Mencía el 25-V-1466; ambos fueron sepultados en la Capilla de la Concepción del convento de San Francisco de Jerez. Hubieron los siguientes hijos: A) Fernando Alfonso de Zurita Suárez de Figueroa. Regidor de Jerez, Alcaide del Real Alcázar por cesión de su futuro suegro el Conde de Arcos Juan Ponce de León y Cabrera — mi antepasado —, fechada en Marchena el 20VIII-1462. Estuvo por casarse — o se casó — con Florentina Zurita

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Ponce de León, hija bastarda de aquel 2º Conde, la cual luego tomó por marido a Juan de Suazo, con quien prolongó sucesión. Fernando de Zurita vivió muy poco y murió en Jerez el 3-VI-1466, bajo testamento otorgado 5 días antes, el 29 de mayo. Lo heredó su madre doña Mencía por no tener descendencia legítima, y a su cadáver lo sepultaron en la Capilla familiar de la Concepción del convento jerezano de San Francisco. B) Francisco de Zurita Suárez de Figueroa. Fue “24 de Jerez”, Guarda y Vasallo del Rey como Maestresala. Señor de los Mayorazgos de Zurita y Capitán de las lanzas jerezanas en la toma de Granada y en la campaña de Portugal. Casó con Teresa de Villavicencio (hija de Bartolomé de Villavicencio y de Beatriz de Melgarejo) y dejó sucesión. A Francisco lo asesinaron, en agosto de 1499, dos nietos de Garcí Dávila “el Viejo”, llamados Gutierre de Padilla y García Dávila. La Real Justicia de Jerez dió sentencia condenando a los criminales a degüello, y autorizando a todos los Zuritas a matar a dichos asesinos donde quiera que se hallasen, menos en lugar sagrado. Prolongaron los cónyuges Francisco de Zurita y Teresa de Villavicencio ilustre sucesión: entre ella — apunta Moreno de Guerra — “los Ortices, Fuentes, Guzmanes, con derecho a las vinculaciones de Fuentes-Castilleja de Talhara, Guillena, Polomares y otros como el título Marqués de Fuentes”, cuya representación por hembra entronca hoy con los Marqueses de Valdehoyos, los Conde de Priego, Duques de Albuquerque, Vizcondes de Huelma, etc, etc. Por lo demás creo que de los esposos Zurita-Villavicencio fue hijo: a) Salvador de Zurita y Villavicencio, baut. en Jerez, quien contrajo nupcias en la villa de Cañete y de las Torres con Beatriz Moyano de Figueroa y Córdoba, baut. allí (“hija natural de Diego Fernández de Córdoba y sobrina del Conde de Priego” (sic) — apunta el genealogista chileno Juan Luis Espejo). (Más precisamente Beatriz sería sobrina de Pedro Fernández de Córdoba Pacheco y Portocarrero, 1er 438

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Marqués de Priego, desde el 9-XII-1501). Hijo de Salvador de Zurita y Villavicencio y de Beatriz Moyano de Figueroa y Córdoba fue: a1) Alonso de Zurita y Moyano de Figueroa, nac. en Cañete de las Torres, Jurado en la ciudad de Córdoba en la “collación” de Santo Domingo de Silos. Casó con su parienta Inés Fernández Valdemolar y Córdoba (hija del caballero Pedro Fernández de Valdemolar, alias “el Toreador” y de Ana de Córdoba, “de la Casa de su apellido” — acota el genealogista Espejo —. Son los padres de: 1a) Alonso de Zurita, Oidor de la Real Audiencia de la “Isla Española de Santo Domingo”, y después de la de México. Prolongó dicho Licenciado Zurita descendencia en México. 2a) Salvador de Zurita. Lo mataron en un duelo y no dejó hijos. 3a) Miguel de Zurita, Regidor en la Córdoba andaluza. Con sucesión. 4a) Elvira de Zurita. Casóse en España 1º con el Capitán Pedro de Arroyo y Valdivia y en 2as nupcias con el Licenciado Mesa. 5a) Juan Pérez de Zurita, nacido en Granada en 1518. Peleó en Argel en 1531 y estuvo en la toma de la ciudad de Tlemecén (Agadir) a órdenes del Conde de Alcaudete, Martín Fernández de Córdoba y Velasco. Viajó a Indias con su hermano el Oidor y, posteriormente, en 1553, llegó el Perú. Cuando García de Mendoza — deudo lejano suyo — gobernaba en Chile (1557) vino a esta Capitanía; siendo luego nombrado por el Virrey Cañete Gobernador del Tucumán. En nuestra tierra Pérez de Zurita — o Zorita — Zurita

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fundó las ciudades de Londres (1558), Córdoba de Calchaquí (1559) y Cañete (1560). Relevado en mala forma por Castañeda volvió preso a Chile. El Virrey Toledo le envió de Corregidor a La Paz y, más tarde (1571-1581), fue Gobernador de Santa Cruz de la Sierra. habíase casado con la charqueña Jerónima de Mena Saldaña (hija del Capitán Antonio de Ulloa y de María de Mena y Saldaña). Falleció Juan Pérez de Zurita en La Plata (Charcas) en 1584. 6a) Lucía de Zurita o Fernández de Zurita, que casó en Cañete de las Torres (Córdoba de Andalucía) con Alonso de Aguilera, nacido en Porcuna (Jaén) en 1514 (hijo de Alonso de Aguilera y de Mariana Fernández Gascón). Con descendencia. 7a) María Fernández de Zurita, que casó en Cañete de las Torres por 1541 con el capitán Pedro Olmos de Aguilera y Fernández Gascón, nacido en Porcuna en 1518 el cual pasó al Perú en 1548 con su hermano y cuñado Alonso de Aguilera, para seguir luego a Chile donde, más tarde, le acompañó su familia. Hubo sucesión. 8a) Inés de Zurita, que profesó de monja en el convento de Santa Inés de Córdoba, en España. 9a) Ana de Zurita, monja asimismo en el convento de Santa Inés, en 1572. C) Catalina de Zurita de Figueroa, que casó con Pedro Fernández Cabeza de Vaca, “24 de Sevilla”. Son los abuelos maternos de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el famoso Adelantado del Río de la Plata, y de Beatriz Cabeza de Vaca y Zurita, mujer de Pedro Estopiñán. (Ver su genealogía en el “Apéndice” del capítulo referente al linaje de Riquelme).

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2) Teresa de Zurita Tolosantos, que casó con Pedro de los Ríos, caballero oriundo de Córdoba de Andalucía. Estos cónyuges fundaron el monasterio de Santa Cruz en Córdoba y no dejaron sucesión. 3) Sancho de Zurita Tolosantos, que contrajo en Jerez dos matrimonios: Primeramente con Isabel de Suazo en 1468; y luego con Catalina Núñez. Sancho dió poder para testar a su yerno Juan López de Mendoza, y éste, el 9-VII-1501, protocolizó la última voluntad de su suegro. Prolongó mucha e ilustre descendencia. 4) Catalina de Zurita Tolosantos, la cual casó con Pedro Nuño de Villavicencio y testó en 1433. Fueron sus hijos: Juan Nuño y Fernando Núñez de Villavicencio y de Zurita. 5) Juan de Zurita Tolosantos, que estuvo casado con Catalina Alonso de Vera. 6) Juana de Zurita Tolosantos — mi antepasada — que sigue inmediatamente en VII. VII — JUANA DE ZURITA TOLOSANTOS vió la luz del mundo en Jerez de la Frontera, y en edad nubil contrajo matrimonio con Pedro de Vera “el Bermejo”, Comendador de Almendralejo en la Orden de Santiago (hijo de Pedro de Vera y Mendoza, conquistador y Gobernador de las Islas Canarias, y de su mujer Beatriz de Hinojosa — ver el linaje Vera). Pedro “el Bermejo” y doña Juana son los padres de: VIII — CATALINA DE VERA Y ZURITA, que a su debido tiempo se desposó con Eutropio Ponce de León, nacido poco después de 1460 y fallecido hacia 1526; Comendador de Almendralejo, al suceder a su suegro (hijo de Juan Ponce de León y Cabrera 2º Conde de Arcos, 1er Marqués de Cádiz, y de Catalina de Oviedo). Mi antepasado Eutropio fue extramaritalmente concebido, y la descendencia legítima suya con Catalina de Vera y Zurita (ellos son mis 13os abuelos) se continúa en los linajes de Ponce de León y de Riquelme.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Espejo, Juan Luis; Nobiliario de la Antigua Capitanía de Chile. Santiago de Chile 1917. Moreno Guerra y Alonso, Juan; Bandos de Jerez; los del Puesto de Abajo ; Estudio social y genealógico de la Edad Media en las Fronteras del Reino Moro de Granada. Tomos I y II. Madrid 19291932. Roa y Ursúa, Luis de; El Reyno de Chile; 1535-1810. Estudio Genealógico y Biográfico. Valladolid 1945.

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Epílogo Como epílogo del presente trabajo, he de enumerar la participación de algunos antepasados míos, quienes a lo largo de cinco centurias, y a poco de haberse descubierto el Nuevo Mundo, fundaron en él precarias instalaciones de conquista, que se convertirían con el tiempo en populosas metrópolis; modestos rancheríos llamados a transformarse en relevantes cabeceras provinciales o en bases geopolíticas de importancia vital; pequeñas poblaciones montañesas que perduran todavía; y reductos circunstanciales borrados del mapa por la fatalidad. Tales emprendimientos, en su mayor parte, los realizaron aquellos antecesores de mi sangre directamente sobre el terreno, o contribuyeron ellos a decidirlos, a la distancia, desde el gobierno. Señalo así, a renglón seguido, cronológicamente tras su condigna fecha liminar, cada una de esas históricas empresas, con los nombres de mis respectivos ascendientes que actuaron en ellas como protagonistas iniciales, o al correr de los siglos les dieron jerarquía lugareña, o decretaron su necesaria vigencia estratégica en previsión del interés nacional. 1536 — En los primeros días de febrero Don Pedro de Mendoza establece el Real o Puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire, probablemente sobre la barranca donde hoy se ubica el Parque Lezama. Acompañaron al Adelantado en dicha circunstancia mis siguientes antepasados: Francisco de Mendoza, Domingo Martínez de Irala, Juan Ruiz, Alonso de Villanueva, Antonio de la Trinidad, Juan Manrique, Joanes de Guerra y Bernardo Centurión. 1537 — Asunción. Posiblemente el 15 de agosto, festividad de Nuestra Señora de la Asunción, Gonzalo de Mendoza (presunto antepasado mío) y Juan Salazar de Espinosa levantaron, a orillas del río Paraguay, la “Casa Fuerte” primitiva, que llevó ese nombre de la Virgen; pero la ciudad propiamente dicha la fundó en 1541 mi lejano abuelo Domingo Martínez de Irala. En efecto: el Gobernador Irala


es quien en 1541 manda derribar la empalizada del fuerte para el trazado de calles y solares que reparte entre los vecinos, y designa entre ellos a los miembros del flamante Cabildo, o sea a las primeras autoridades de la ciudad. 1538 — Chuquisaca, Charcas o La Plata (hoy Sucre). En el año antedicho Gonzalo Pizarro, secundado por 60 bravos conquistadores españoles, — entre ellos mi antepasado Francisco de Aguirre —, se establece en Chuquisaca, población principal de los indios charcas. Allá mismo, poco después, Pedro de Anzures, uno de aquellos Capitanes de Pizarro, funda la ciudad para Carlos V, imponiéndole el nombre de La Plata por sus ricas minas. 1541 — Santiago de Chile. El 12 de febrero, al pie del cerro de San Cristóbal, Pedro de Valdivia — como él escribiera doce días más tarde a Carlos V — “poblé en un valle que se llama Mapocho ... la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo ... formando cabildo y poniendo justicia”. Secundaba a la sazón a Valdivia, con otros Capitanes, mi antepasado Francisco de Aguirre. 1549 — La Serena. El 20 de agosto de ese año, refundó y repobló la ciudad de referencia mi antepasado Francisco de Aguirre, a quien acompañaba otro antecesor mío: Bartolomé Jaimes. En el mes de enero anterior, dicha población chilena fue completamente destruída e incendiada por los indios, luego de haber estos asesinado a su fundador el Capitán Juan Bhon; el cual, seis años atrás (15-XI-1543), había establecido en el valle de Coquimbo, cerca del mar y en la margen meridional del río así nombrado, a La Serena, en honor de la comarca española homónima en Badajoz donde naciera su jefe Pedro de Valdivia. 1550 — Barco I. Se funda en el Tucumán (hoy en el lugar de Monteros) por Juan Núñez de Prado en honor del Presidente de la Audiencia del Perú Licenciado Pedro de La Gasca, nacido en Barco de Avila. Compañeros de Prado en dicha fundación fueron mis antepasados Hernán Mexía Mirabal, Alonso Abad, Bartolomé Mansilla, Alonso Díaz Caballero y Blas Rosales. El conflicto de Núñez Prado con Villagra, acerca de si ese asentamiento habíase 444

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efectuado en jurisdicción peruana o chilena, decide a Prado, al año siguiente, levantar su Barco y trasladarlo más al norte, a la región calchaquí. 1551 — Barco II. Lo levanta Núñez de Prado en el valle Calchaquí (donde ahora se halla el departamento salteño de San Carlos). Acompañaron a Prado en esta segunda fundación mis antepasados Hernán Mexía Mirabal, Alonso Abad, Bartolomé Mansilla, Alonso Díaz Caballero, Blas Rosales, Juan Gregorio Bazán y Nicolás Carrizo. La continua hostilidad de los indios, sin embargo, les hizo la vida imposible allí a los conquistadores, por lo que transcurrido un año mudaron al Barco de nuevo hacia la región sur. 1552 — Barco III. Trasladado por Núñez de Prado el ambulante asiento al actual territorio de Santiago del Estero, le secundan en su instalación mis antepasados Hernán Mexía Mirabal, Alonso Abad, Bartolomé Mansilla, Juan Gregorio Bazán, Alonso Díaz Caballero, Blas Rosales y Nicolás Carrizo. 1553 — Santiago del Estero. Fundóse ese 25 de julio por mi antepasado Francisco de Aguirre de orden de Valdivia, Gobernador de Chile, tras el desalojo y prisión de Núñez de Prado. Aguirre levantó las instalaciones del tercer Barco para trasladarlas media legua más al norte con el nombre de “Santiago del Estero y Nueva Tierra de Promisión”. Ello en presencia de estos antepasados míos que obedecieron al mandato; Diego de Villarroel, Bartolomé Jaimes, Alonso Abad, Hernán Mexía Mirabal, Juan Gregorio Bazán, Bartolomé Mansilla, Alonso Díaz Caballero, Blas Rosales y Nicolás Carrizo. 1554 — Ontiveros. Efímera fundación paraguaya de mí antepasado Garcí Rodríguez de Vergara —natural de la villa de Fontiveros en Avila —, quien, al frente de 60 españoles opositores de Irala, emplazó dicha población al oriente del río Paraná, a una legua al norte de la catarata del Iguazú. 1557 — Ciudad Real (en el Paraguay). Fundada a principio de ese año por mi antepasado Ruy Díaz Melgarejo al mando de 100 Epílogo

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españoles, en la región del Guayrá, sobre la base de la efímera Ontiveros y a tres leguas más al norte de ésta, en la confluencia de los ríos Paraná y Pequirí. Después de haber superado un medio siglo de existencia, en 1631, Ciudad Real fue absorvida por Villa Rica, como se verá más adelante. 1558 — Londres. A mediados de ese año la funda el Gobernador Pérez de Zorita en el valle catamarqueño de “Quinmivil”, al sudoeste del actual pueblo de Belén, como curioso homenaje a la segunda consorte de Felipe II, María Tudor en suelo diaguita; rebautizada también esa comarca por Zorita con el nombre de “Nueva Inglaterra”, en vez de “Nuevo Maestrazgo de Santiago” y “Tierra de Promisión”. Presentes estuvieron en aquel asentamiento mis antepasados Hernán Mexía Mirabal, Juan Gregorio Bazán y Jerónimo García de la Jara. 1559 — Córdoba de Calchaquí. Establecida en febrero o marzo de dicho año por el Gobernador Pérez de Zorita, en el lugar donde antaño Núñez de Prado levantara a Barco II. Secundaban a Zorita en esta refundación mis antepasados Hernán Mexía Mirabal — que allí se desempeñó como Regidor — y Alonso Díaz Caballero. La Córdoba calchaquina fue arrasada por los indios en 1562. 1560 — Cañete. La funda el Gobernador Pérez de Zorita en el antiguo lugar tucumano de Barco I, en homenaje al Virrey del Perú Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete. Secundó a Zorita en la fundación mi antepasado Juan Gregorio Bazán. Tres años más tarde, los indios destruían completamente a Cañete. 1561 — Santa Cruz de la Sierra (en Bolivia). El 20 de abril mi antepasado Ñuflo de Chaves funda la ciudad “al pie de una sierra sobre la ribera de un deleitoso arroyo, el Sutós” — bautizándola con el nombre de la villa española próxima a Trujillo donde él se crió. Muerto Chaves a manos de indios en 1568, veintitres años después (1591) el Capitán Solís de Holguín remueve la población hacia la orilla del río Guapay, y le impone el nombre de “San Lorenzo el Real”; pero antes de un lustro, el 21-V-1595, el Capitán Lorenzo Suárez de Figueroa traslada el caserío, con el repuesto nombre 446

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original de Santa Cruz de la Sierra, al lugar que hoy ocupa como cabeza de departamento, obispado y centro comercial y universitario, en la zona oriental de Bolivia. 1563 — San Jerónimo de Valverde (en el Perú). Fundada en el valle de Ica por mi antepasado Jerónimo Luis de Cabrera. Posteriormente a causa de un terremoto la villa fue trasladada a su actual emplazamiento, donde otros temblores de tierra ocurridos en 1647 y 1664 la destrozaron casi por completo. Reconstruída, pero expuesta a frecuentes sismos, Ica en la actualidad es capital del departamento peruano de su nombre. 1564 — San Agustín (en la Florida). Esta ciudad la primera y más antigua que hoy existe en el territorio de los Estados Unidos, y es capital de Florida en el Condado de Saint John, fue establecida como fuerte el 28 de agosto de aquel año, por el Adelantado español Pedro Menéndez de Avilés, al cual estaba subordinado el Capitán Martín Ochoa de Argañaraz mi 12º abuelo. Dicho emplazamiento de San Agustín, contaba más de cien años cuando los ingleses pisaron el suelo de América del Norte. En cuanto a mi antepasado — según consta en la probanza de méritos y servicios de su hijo Francisco de Argañaraz y Murguía — “sirvió mucho a Su Magestad en la dicha Florida, dando muchas batallas a los yndios de guerra ... donde , y los que con él estaban, pasaron grandes travajos e hambre, donde comieron cortezas de árboles y hasta la suela de los çapatos e mucha suma de rratones; y finalmente en una guaçavara que con los dichos yndios tuvo, el dicho Capitán Martín Ochoa, de un flechazo que le dieron naturalmente murió”. 1565 — San Miguel de Tucumán. La fundó el 31 de mayo — en la misma zona antaño de Barco I y después de Cañete — mi antepasado Diego de Villarroel. Lo acompañaron en la empresa estos antepasados míos; Hernán Maxía Mirabal, Juan Gregorio Bazán y Bartolomé Jaimes. 1567 — Nuestra Señora de Talavera. Fundada con este nombre, el 15 de agosto, por el Gobernador interino del Tucumán Diego Pacheco en el territorio salteño de Esteco, donde los rebeldes derrocadores de Epílogo

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Francisco de Aguirre habían establecido el asiento de “Cáceres”. Acompañaron entonces a Pacheco mis antepasados Juan Gregorio Bazán y Hernán Mexía Mirabal. Tanto Pacheco como Bazán y también el derrocado Aguirre eran naturales de Talavera de la Reina, en España. 1570 — Villa Rica del Espíritu Santo (en el Paraguay). Al frente de 40 castellanos mi antepasado Ruy Díaz Melgarejo llegó, en febrero de aquel año, al pueblo guaranítico de “Caurasyberá” enclavado en región montañosa y tropical, cuyo nombre significaba “sol resplandeciente”, debido a las piedras de brillo deslumbrador que abundaban en su contorno. Esas piedras carecían de valor, pero los españoles las creyeron pletóricas de oro, por lo que el día 1º de Pascua convirtieron al poblacho aborigen en Villa Rica del Espíritu Santo. Pronto, sin embargo, los hispánicos pobladores comprobaron lo ficticio de aquella riqueza y, desengañados, mudaron la ubicación de la villa en distintas oportunidades (en 1631 el errante caserío absorvió a “Ciudad Real”), hasta quedar definitivamente asentada la ciudad en 1680, en el interior del país, donde ahora se encuentra sobre una colina a 180 metros de altura. 1573 — Córdoba de la Nueva Andalucía. Fundada el 6 de julio por mi antepasado Jerónimo Luis de Cabrera, al pie de unas sierras pintorescas de la región comechingona, y entre dos ríos caudales; el “Primero” — llamado “Suquía” por los indios — y el “Segundo”. Acompañaron al Fundador en la histórica jornada de asentar esa ciudad mediterránea, 10 antepasados míos; Pedro Luis de Cabrera Martel, Luis Abreu de Albornoz, Jerónimo García de la Jara, Blas Rosales, Bartolomé Jaimes, Hernán Mexía Mirabal, Pedro de Ludueña, Blas de Peralta, Damián Osorio, Nicolás Carrizo y Juan de Ludueña, hijo de Pedro. 1573 — Santa Fé de la Vera Cruz. La fundó Juan de Garay el domingo 15 de noviembre a orillas del río Paraná, en el lugar de “Cayastá” del territorio de “calchines” y “mocoretas”. A órdenes de Garay vino navegando desde la Asunción, como Maestre de Campo, mi antepasado Francisco de Sierra, el cual avecindóse en el flamante puerto paranaense, donde su jefe le designó Teniente de Gobernador 448

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de la ciudad y “provincia de Nueva Vizcaya”. Otro de los fundadores de Santa Fé fue el 12º abuelo mío Juan de Espinosa elegido, aquel día inaugural, Alcalde del primer Cabildo santafesino. Corrido casi medio siglo, en 1660, al asiento primitivo lo trasladaron al “Rincón de Lensinas”, lugar que actualmente ocupa la capital de dicha provincia litoraleña, sin cambiarle el nombre de “Santa Fé de la Vera Cruz”. 1574 — Ciudad Zaratina de San Salvador. Efímera instalación levantada en territorio “charrúa” de la Banda Oriental del Uruguay, el 30 de mayo de ese año, por el Adelantado Juan Ortiz de Zárate, con la cooperación de mis antepasados Antonio Suárez Mexía, Diego Funes y su hijo Diego. Las tremendas penurias sufridas por los pobladores determinaron el desmantelamiento y abandono de dicha instalación en los últimos meses de 1576. 1574 — San Bernardo de Tarija (en el Alto Perú). Fundada el 4 de agosto por el Capitán Luis de Fuentes y Vargas, en el valle descubierto años atrás por su compatriota el conquistador Francisco de Tarija. En la referida fundación acompañó a Fuentes y Vargas mi antepasado Alonso de Tula Cervín. 1580 — Santiago de Jerez (en el Paraguay). La instala mi antepasado Ruy Díaz Melgarejo a orillas del río “Mbotetey”, pero el poblado se extingue al poco tiempo por falta de minas y de comercio. 1580 — Ciudad de la Santísima Trinidad puerto de Santa María de Buenos Aires. Definitivamente establecida el 11 de junio por Juan de Garay, a quien acompañaban como primeros pobladores los siguientes antepasados míos; Pedro de Izarra, Juan Ruiz de Ocaña, Juan Fernández de Enciso y Pedro de Quiroz. 1582 — Salta. El 16 de abril la funda el Gobernador Hernando de Lerma, ante la presencia de estos antepasados míos; Alonso Abad, Francisco de Aguirre “el mozo”, Bartolomé Mansilla, Jerónimo García de la Jara, Alonso de Cepeda y el Escribano Rodrigo de Pereyra.

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1585 — Concepción del Bermejo. Fundada el 14 de abril a orillas del río homónimo (a 20 kilómetros del actual pueblo chaqueño de Roque Sáenz Peña) por Alonso de Vera y Aragón “Cara de Perro”, a cuyas órdenes estaba mi antepasado Pedro Hurtado de Mendoza. Casi una centuria más tarde, en 1633, dicha población fue abandonada definitivamente por sus moradores, debido a los sangrientos ataques de los indios “guaycurúes”. 1588 — San Juan de Vera de las Siete Corrientes. Oficialmente fundada el 3 de abril por el Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón, en un sitio que antes estableciera su sobrino Alonso de Vera y Aragón “el Tupí”. Presentes estaban en la fundación dos antepasados míos; Juan de Espinosa y el Escribano Nicolás de Villanueva, que levantó el acta respectiva. 1591 — La “Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja”. El 20 de mayo la fundó el Gobernador Juan Ramírez de Velasco, secundado por mis antepasados Gonzalo Duarte de Meneses, Juan Ramírez de Montalvo y Alonso de Tula Cervín. 1593 — Santiago de Jerez (en el Paraguay). La vuelve a fundar en el mes de marzo de ese año, en territorio “naurá”, el Capitán y luego célebre cronista Ruy Díaz de Guzmán, y junto a él se hallaba mi antepasado Pedro Hurtado de Mendoza. 1593 — San Salvador de Jujuy. El 19 de abril queda establecida definitivamente por mi 11º abuelo Francisco de Argañaraz y Murguía. Entre los acompañantes del Fundador se cuentan mis antepasados Miguel Sánchez Zambrano, Gregorio de Castro (presunto ancestro mío) y el Escribano Rodrigo Pereyra, el cual labró el acta correspondiente. 1607 — San Juan Bautista de la Rivera. Con este nombre, el 24 de mayo, refundó precariamente a la extinguida “Londres”, en el actual paraje catamarqueño de Belén, el Lugarteniente de La Rioja Gaspar Doncel, figurando entre sus acompañantes mi antepasado Gonzalo Duarte de Meneses.

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1636 — San Juan Bautista de la Ribera. Refundada de nuevo el 15 de septiembre, en el valle catamarqueño de Pomán, por el Gobernador Jerónimo Luis de Cabrera (nieto). Bajo su mando hallábase mi antepasado Gregorio de Luna y Cárdenas, quien, en carácter de Alcalde de 2º voto, integró el Cabildo inaugural de la inestable población. 1680 — Colonia del Sacramento (en la Banda Oriental). Fundada el 21 de enero por el Gobernador de Río de Janeiro Manuel Lobo. Formó en la expedición portuguesa de ese Lobo, mi antepasado “carioca” José López de Andrada, quien posteriormente cayó prisionero de las fuerzas del Gobernador bonaerense José de Garro. Radicóse después López de Andrada en Santa Fé, y allí contrajo matrimonio con Juana Ferreyra Bracamonte, en la que hubo a María López Ferreyra, esposa de Juan Cabezas, mis 6os abuelos. 1724 — Montevideo. Ese año el Gobernador de Buenos Aires Bruno Mauricio de Zabala, funda el Fuerte de Montevideo, después de haber arrojado del territorio de la Banda Oriental a la expedición portuguesa de Manuel Freitas da Fonseca, que pretendía establecerse en el paraje ya conocido con tal nombre. (“Monte vide eu” aludido así su cerro por un marinero gallego o andaluz de Magallanes). Entre los 110 hombres de guerra que levantaron aquel pequeño fortín y quedaron en él de guarnición, se contaba mi 7º abuelo irlandés Dionisio Dogan de 45 años, soldado de la compañía del Capitán Francisco Lemos. A poco andar Dogan mandó traer a la vecina orilla, desde Buenos Aires, a su familia; su mujer Tomasa Marín, porteña de 30 años, y sus hijos María, Juan Javier (del cual procedo) y Felipe, de 8, 6 y 4 años respectivamente. Y todos se instalaron en el referido baluarte militar. Dos años más tarde, el 24 de diciembre de 1726, la ciudad propiamente dicha quedaba fundada por el Gobernador Zabala bajo el nombre de “San Felipe y Santiago de Montevideo”. 1820 — Las Islas Malvinas. El 6 de noviembre de ese año la fragata “Heroína”, al mando del Capitán norteamericano David Jewett, tomó solemne posesión de las Islas Malvinas, en nombre del superior Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, presidido Epílogo

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entonces por el Director Rondeau. Era esa fragata “Heroína” de propiedad de mi tatarabuelo Patricio Lynch, y la había puesto al servicio del Gobierno con el propósito de reafirmar en aquellas lejanas islas australes nuestra soberanía y, de paso, emprender por los mares la guerra corsaria, reservándose mi antepasado los beneficios de las mercaderías apresadas a los barcos enemigos. Así pues, aquel 6 de noviembre del año 20, en la isla Soledad (en el para nosotros “Puerto Argentino”), los tripulantes de la “Heroína” — entre ellos el Teniente Luciano Castelli Lynch, primo de mi “Tata Patricio” dueño del navío —, en presencia de un numeroso grupo de intrusos, balleneros y cazadores ingleses y norteamericanos, que merodeaban por tales latitudes a su antojo, se enarboló en un mástil, por primera vez, la bandera azul y blanca, mientras, al estilo de saludo, atronaban el espacio 21 cañonazo disparado por la fragata “Heroína” de mi tatarabuelo Patricio Lynch. 1830 — Seclantás. A partir de esta fecha, en el Valle Calchaquí, el poblacho indígena de Seclantás — con nombre de cacique aborigen —, perdido entre montañas enormes, va trocándose y termina por adquirir carácter de localidad civilizada, gracias a la acción de mi bisabuelo Antonino Ibarguren, señor de las fincas aledañas “Puerta de Seclantás” y “Monte de Nieva”, de los potreros “el Brealito” y “la Ollada”, de “los Alfares de Montegrande” y del paraje hoy llamado “San Isidro”, donde según el historiador Pablo Fortuny se ubicó el enigmático pueblo prehispánico de “Chicoana”. Don Antonino, como “Juez Principal del partido”, era allá autoridad suprema de hecho y de derecho. A expensas suyas levantó la preciosa iglesia lugareña; y es fama que las campanas de bronce del templo se fundieron en la propia finca del donador. En razón de ello, la cláusula 21 del testamento de mi bisabuelo reza así: “habiendo edificado a mi costa la iglesia de Seclantás, con muy poca ayuda de los vecinos, la misma que hoy sirve de anexo al Curato de Molinos, y que en una de sus torres se halla un cuarto con puerta, al lado de la iglesia, que lo hice en concepto a que sirviera de panteón exclusivo para mi cadáver, el de mi mujer, el de mis hijos y descendientes, solicité y obtuve de autoridad competente la licencia que deseaba, que se me amplió para que en el mismo panteón pudieran ser sepultados todos los cuerpos que yo designase en cláusula testamentaria. En esta virtud, y usando 452

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de esa autorización, quiero y es mi voluntad que tengan derecho a ser sepultados en el indicado lugar, no solo nuestros legítimos descendientes, sino también los enrolados con ellos, como asimismo mis políticos hermanos de ambos matrimonios, en caso de que allí fallezcan”. Allá pues — como lo digo en su biografía —, a 2120 metros de altura, arrinconado en aquel valle palpitante de historia, residió con su familia, la mayor parte de su vida, mi bisabuelo Ibarguren; a más de 50 leguas — casi una semana de cabalgata — de la capital de la provincia; mientras — al igual que sus mayores — despertaba en torno suyo, en la masa descendiente de los diaguitas primitivos, estímulos civilizadores de solidaridad cristiana. 1863 — Cafayate. El 14 de noviembre Cafayate, en el Valle Calchaquí, fue elevado al rango de Departamento de la provincia de Salta, mediante Ley promulgada por el Gobernador Juan Nepomuceno de Uriburu — mi bisabuelo — y su Ministro Genaro Feijoó. Dicha ley remitida a la Cámara de Representantes por el Poder Ejecutivo, recibió sanción de los legisladores dos días antes. La población de Cafayate surge a partir de 1740, a dos kilómetros de la cabecera actual, en torno a la reducción evangélica del Rosario. En 1808 el párroco de San Carlos Tomás Almonte, con ayuda del vecindario, levantó la capilla originaria. (Ver los Apuntes Históricos sobre Salta de Atilio Cornejo). 1904 — Las Islas Orcadas. Mediante decreto del 2 de enero de ese año, redactado y escrito de puño y letra por mi padre Carlos Ibarguren, entonces Subsecretario de Agricultura de la Nación, el Presidente de la República General Julio Argentino Roca y su Ministro de Agricultura Wenceslao Escalante, resolvieron adquirir y establecer un observatorio meteorológico en las Islas Orcadas del Sur. Dicho decreto se cumplió al pié de la letra; y el 22 de febrero siguiente, una comisión argentina integrada por Luciano Valette, Edgar Szumula, Hugo Acuña y varios ayudantes, tomaron posesión definitiva de nuestra Antártida, en la isla “Laurie” del archipiélago de las Orcadas, antes que ninguna otra potencia del mundo. Desde aquella fecha, en esas latitudes flamea permanentemente el pabellón azul y blanco. Con justicia ahora (¿hasta cuando?) lleva el nombre de Ibarguren el istmo de la isla “Laurie”, entre las bahías “Scotia” y Epílogo

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“Uruguay”, donde funciona la estación meteorológica más antigua del continente helado, y es argentina! Y pongo punto final a esta reseña glosando a Leopoldo Lugones: “Que nuestra América quiera salvarnos del olvido por estos cinco siglos de historia que en ella hemos servido”.

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