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Carlos Ibarguren Aguirre 1983

LOS ANTEPASADOS A lo largo y más allá de la Historia Argentina Genealogía de sus respectivos linajes

“Que nuestra tierra quiera salvarnos del olvido por estos cuatro siglos que en ella hemos servido” Leopoldo Lugones (“Dedicatoria a los Antepasados: 1500 — 1900”)

Los Antepasados

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Esta ediciรณn de Los Antepasados fue editada por Alfonso M. Beccar Varela, que ha puesto a disposiciรณn de todos estos y otros datos genealรณgicos en www.genealogiafamilar.net

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A la memoria de mis padres: Carlos Ibarguren y María Eugenia Aguirre. A mis abuelos: Federico Ibarguren y Margarita Uriburu; Manuel Aguirre y Enriqueta Lynch. A la solidaridad permanente de Estela, mi mujer. A la paz de “El Retoño”, poblada de recuerdos. C.I.

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INTRODUCCIÓN Esta larga Summa genealógica, esta profusa serie de biografías históricas, este enorme “Mamotreto” impublicable elaborado tenazmente durante más de un cuarto de siglo, requiere, o merece por lo menos, una corta introducción. El autor proviene de un hogar tradicional, y prácticamente desde la cuna estuvo familiarizado con la historia. Su padre, historiador eminente, le transmitió, por contagio o misteriosa ley hereditaria, esa curiosidad hacia los hechos del pasado, esa vocación que convoca a las generaciones desvanecidas en el tiempo y revive con amor, en definitiva, las sombras de los muertos. En su juventud lejana el adolescente, en medio de un aluvión de lecturas — ya dejados atrás Dumas y Julio Verne — tropezó con la Historia Argentina del viejo López y la prosa subyugante de Groussac, quienes abrieron para él los horizontes de una animada y colorida narrativa que estimuló su inclinación a borronear papeles. Así se proyecta en el muchacho la tendencia a aprender y luego a escribir historia; y así descubre, más tarde, que su familia tenía raíces históricas; que muchos de sus antepasados habían sido, cuando no actores principales, protagonistas o testigos de los acontecimientos que, a través de cuatro centurias, han ido configurando la patria argentina. Entonces, exultante de entusiasmo, el vástago de aquellos remotos seres que de pronto se instalaron en su magín, dióse a recorrer archivos y a leer y copiar añejos documentos y escrituras; y al cabo de tal pesquisa, quizás, como el caballero de la Mancha, se haya distraído de la realidad; pués lo cierto fué que se pasaba las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio escribiendo — fruto de esas investigaciones — su “Mamotreto” descomunal. De tal suerte, durante el transcurso de tres décadas, quedó concluída dicha tarea. Y terminado el arduo empeño, le asalta la duda al responsable de la empresa de coincidir con Don Quijote cuando dice: “Hay algunos que se cansan en saber y averiguar cosas que, después de sabidas y averiguadas, no importan un ardite al entendimiento ni a la memoria”. Los Antepasados

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Diré sin embargo, en primera persona, que recluído en “El Retoño” cual mi distante antecesor Lope García de Salazar en su “Torre de Muñatones”, me puse yo también a elaborar, con incansable obstinación, mis propias Bienandanças e Fortunas; que contienen, con mucha historia y mucha genealogía, infinidad de nombres, de fechas y precisiones nada entretenidas para un lector corriente, aunque, de cuando en cuando, junto a tanto dato frio, suele aflorar la evocativa calidez de no pocos recuerdos de personas, de cosas y sucesos que alcancé a ver, pude conocer, o se encontraban en la tradición doméstica de mi casa. Confieso que no he gastado lápices para divertir a nadie, sino porque al escribir me divertía a mi mismo en una especie de regodeo solitario. De algún modo pude haber sentido el fervor de aquel monje cronista Johanes Talpa — caricaturizado por Anatole France — que al margen del mundo compuso en su abadía las Gestas Pingüinorum. Afuera, los “marsuinos”, unos guerreros del norte, habían puesto sitio al monasterio; que asaltaron luego destruyéndolo todo; matando y violando a religiosos y moradores sin respetar edad ni sexo. Y mientras los arcos góticos de la capilla se desplomaban con estrépito, y ardían las vigas gigantescas de madera y los gritos y clamores de muerte resonaban entre las llamas, el viejo Talpa, sordo en medio de la horrorosa baraúnda, abstraído en su celda casi derruída, continuaba escribiendo su voluminosa cronología. Devoto de Cervantes, tengo siempre presente su consejo: “Deben ser los historiadores puntales verdaderos y nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición, no les hagan torcer el camino de la verdad, cuya madre es la Historia: émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir”. Al cabo de tan admirables palabras — y de haber cedido, sin vanidad ni petulancia, al impulso natural de rendir homenaje a la trayectoria histórica de mis antepasados, doy fin al prefacio de esta “opera magna”, destinada, seguramente, al anonimato y al olvido. Carlos Ibarguren (h) El Retoño, Domingo 2 de enero de 1983

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DE LA QUINTANA El origen de este linaje hay que buscarlo en las Encartaciones de Vizcaya, en el lugar de Beci del valle de Sopuerta. No obstante la ancestral vizcainía del apellido, la voz “quintana” es latina; proviene de “quintani”, soldado de la quinta legión; llamándose también “quintanas” las puertas, espacios o vías que en los campamentos romanos separaban al quinto del sexto escuadrón o “manípulo”. La hidalga antecedencia de la familia que me ocupa fue probada a lo largo del tiempo en las Ordenes militares de Santiago y Calatrava, en la Audiencia de Avellaneda, en las Chancillerías de Valladolid y de Oviedo, y en la Real Compañía de Guardias Marinas. Sus armas — esculpidas en uno de los cuarteles del escudo de piedra del ahora derruído Palacio de Quintana, en Bilbao — pintan en campo de azur una torre o castillo de oro, de cuya puerta abierta se desprenden llamaradas de fuego. Aunque por razones de método, los trabajos históricogenealógicos que integran la presente obra se circunscriben principalmente a la línea de mis antepasados, creo de interés exponer que de la innumerable progenie de Nicolás de la Quintana y de Leocadia de Riglos — mis 6os abuelos — sobresalen, aquí y en la madre patria, algunas personalidades que vale la pena anticipar. Por lo pronto, dos Jefes de Estado; el Presidente de la Nación Argentina Manuel Quintana y el del Directorio Militar de España, Teniente General Miguel Primo de Rivera, Marqués de Estella. Asimismo próceres civiles y guerreros de nuestra independencia, como Manuel Hermenegildo de Aguirre, Hilarión y Bruno de la Quintana, Manuel y Mariano de Escalada, Matías y Miguel de Irigoyen, Gervasio, Mariano y Antonio de Espinosa. Damas patricias como Remedios de Escalada, “esposa y amiga del General San Martín”. Ministros en los posteriores gobiernos nacionales, como Martín de Gainza, Bernardo de Irigoyen, Enrique Santos Quintana, Federico Pinedo (padre e hijo), Horacio Beccar Varela y José Alfredo Martínez de Hoz. En la marina de guerra el Contralmirante Manuel José García Mansilla. En la jerarquía eclesiástica, el Arzobispo de Buenos Aires Monseñor De la Quintana

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Mariano Antonio Espinosa. También altos magistrados judiciales, como Francisco Ramos Mexía, Benito Nazar Anchorena, Gastón Federico Tobal y Jacinto Malbrán. Embajadores de la República, como Manuel Rafael García, Daniel García Mansilla, Carlos y Federico Quintana. Y en el campo del periodismo y de las letras Emilio Becher, Carlos Obligado, Victoria Ocampo y Carmen Rodríguez Larreta de Gándara. En la Ibérica Península, por otra parte, no pocos descendientes de aquellos cónyuges rioplatenses del siglo XVIII, tuvieron resonante actuación política y militar. Así, los hermanos Manuel y José Gutiérrez de la Concha Irigoyen; aquel primer Marqués del Duero, que murió con gloria en la guerra carlista; éste, Marqués de la Habana, Gobernador de Cuba y de las provincias vascongadas, Presidente del Consejo de Ministros y Senador vitalicio del Reino. Ya nombramos al Marqués de Estella, General Primo de Rivera, supremo gobernante de su patria; y por cierto que no se nos olvida su hijo, el heroico José Antonio, apóstol y mártir de los nacionalistas españoles. Si de enumeración nobiliaria se trata, algunos vástagos directos de Nicolás de la Quintana y de Leocadia Riglos llevaron o actualmente llevan, en España, los siguientes títulos: Duques: de Fernán Núñez, de Del Arco, de Bivona, de Abrantes y de Linares; Marqueses; de la Habana, del Duero, de la Revilla, de Sardoal, de Távara, de Algecilla, de la Mina, de Guadalest, de Alameda, de Almonacid, de Castelnovo, de Miranda, de Auta, de Sobremonte, de Estella y de Fuente Santa; Condes; de Cancelara, de Lences, de Belalcázar, de Torrejón, de Casa Trejo, de Xiquena, de Cervellón, de Anna, de Pezuela de las Torres, de Molina de Herrera, de Montehermoso, de Puertollano, de Frigiliana, de Elda, de Saldueña, de San Fernando de la Unión y de Arzacalle; Vizcondes de Cuba y Señores de la Higuera de Vargas. Asimismo llevan hoy en día la sangre de Quintana y Riglos; en Francia, los Condes de Castellane y los Barones de Lagatinerie; en Italia los Marqueses de Pallavicini, que descienden del Barón de Ossipow, de la nobleza rusa. Y tras este exordio onomástico y honorífico, vengamos a la genealogía del linaje en cuestión, cuyo patriarca inicial, históricamente comprobado resulta:

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I — BALTASAR DE LA QUINTANA, Señor de la Casa solariega de su apellido en Beci, el cual nació en Sopuerta el 15-IX1580, y fue bautizado en la parroquia de San Martín del Carral. En 1633 se desempeñó como Regidor en Beci, y allí contrajo nupcias con María Allende Casanueva y Alcedo, señora que pertenecía a dos tradicionales linajes de Vizcaya. La Torre de Alcedo dominaba en Sopuerta el centro urbano de El Carral, y en dicho barrio aún se conserva la vivienda familiar con el escudo correspondiente arriba de una ventana. Refiere Lope García de Salazar en sus Bienandanças e Fortunas, que el primer poblador de Alcedo era natural de Saldamano, en el barrio de La Balunga del valle de Sopuerta, y que del aludido procedían Iñigo Sánchez de Alcedo, casado con María de Garay, hija ésta de Ochoa Martínez de Avellaneda y de su mujer Juana de Muñatones, deuda del cronista; quien nos cuenta que él mismo, durante una de esas pendencias banderizas, venció a los hermanos Martín y Furtado de Alcedo, en un “recuesto” cerca de su torre, que luego Salazar tomó por asalto. Posteriormente los Alcedo de Sopuerta se vincularon con los Villa, señores de la casa-torre de su nombre, en la misma localidad. Una señora de la estirpe de los Villa habíase casado, a principios del siglo XVII, con un hijodalgo apellidado Martínez de la Quintana, cuyos nietos probaron su nobleza y vizcainía en 1674, ante la Audiencia de Avellaneda — según lo consigna Alfredo Basanta de la Riva en su Nobleza Vizcaína. En la obra Torres de Vizcaya — venero de innumerables datos genealógicos — Javier de Ibarra y Pedro de Garmendia apuntan “que de los Martínez de la Quintana proceden los Primo de Rivera”; pero lo cierto es que ellos descienden directamente de Baltasar de la Quintana y de María de Allende Casanueva y Alcedo, a través de su hijo: II — TOMAS DE LA QUINTANA, 2º Señor de la casa de Quintana en Beci, nacido en Sopuerta el 20-VII-1614. Regidor en dicha localidad, allí se casó por 1633 con Catalina de Mendieta y Basualdo, de suya unión — registra Lafuente Machain — nacieron estos seis hijos: 1) Santos de la Quintana, nacido en 1634. 2) María de la Quintana, nacida en 1640. 3) Josefa de la Quintana, nacida en 1642. De la Quintana

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4) Estefanía de la Quintana, nacida en 1643, que se casó con Pedro de la Sota, vecino de Bilbao. 5) Valerio de la Quintana, nacido el 25-X-1645. 6) Simón de la Quintana, del cual me ocupo a renglón seguido en III. III — SIMON DE LA QUINTANA vió la luz en Sopuerta el 27-XI-1651, y lo bautizaron en la parroquia de San Martín del Carral. Afincóse después en Bilbao, donde se casó dos veces; primero con María de Igueri, y al enviudar de ella con María de Echeverría y Larrea, el 3-II-1683, cuyos padres eran Juan de Echeverría y María de Larrea. Hijo del primer enlace de Simón fue: 1) José de la Quintana e Igueri, nacido en Bilbao el 19-V-1681, quien llegaría a desempeñarse como Secretario Universal de Indias y Marina en tiempos de Felipe V. Fue Diputado General de Vizcaya en 1740, y mandó construir en la anteiglesia de Begoña, junto al viejo convento de San Agustín, en el preciso sitio donde estuvo la Torre de Marquina, el importante Palacio de Quintana, donde vivieron sus herederos hasta 1838, en que dicha mansión se vendió al Ayuntamiento de Bilbao, que la demolió en las postrimerías del siglo pasado. Don José habíase casado, el 9-IX-1725, con María Josefa de Lezama y Larragoiti, y no dejó sucesión legítima, pero fundó un Mayorazgo vinculando su Palacio bilbaíno. Tuvo un hijo natural llamado Juan José de la Quintana, que se dice fue Caballero de Santiago y Teniente de Fragata, lo que sería insólito tratándose de un bastardo; su nombre, precisamente, no se halla registrado en los Catálogos respectivos. Por otra parte los autores de Torres de Vizcaya señalan como descendiente de José de la Quintana, a Blas de la Quintana, Señor del Palacio de su nombre y de la casa de Trauco, quien, en realidad, solo fue heredero del Mayorazgo instituído por aquel Secretario de Indias y Marina, puesto que el tal Blas descendía de Manuel de la Quintana, hermanastro de don José, como veremos en seguida. Hijos del segundo matrimonio de Simón fueron: 2) Manuel de la Quintana y Echeverría, nacido en Bilbao el 14-II1684, Regidor y Síndico Procurador en su ciudad natal. Casó el 23IX-1725 con María Antonia de Echeverría y Elorriaga. De Ambos 14

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cónyuges descienden: Joaquín Antonio de la Quintana, Deán de la Catedral de Toledo, y Gabriel Domingo de la Quintana, en quien recayó el Mayorazgo fundado por su tío José, y del que directamente procedía aquel Blas de la Quintana, marido de Leonor de Salcedo y Jusué, señora de la Torre de Bolumburu, en Zalla, a la que hizo madre de: A) José María de la Quintana y Salcedo, que casó Francisca Suárez de Argundín. Padres de varias hijas, la mayor de las cuales contrajo nupcias con el Marqués de Rozalejo. B) Visitación de la Quintana y Salcedo, casada con Pablo García de Ogara. Padres del Marqués del Barrio Lucio. C) Jesusa de la Quintana y Salcedo, esposa de José Eugenio de Londaiz. Padres, entre otros hijos, del Conde de Fuerteventura. D) Trinidad de la Quintana y Salcedo, que casó con Antonio Murúa., Conde de Lariz. E) Josefa de la Quintana y Salcedo, soltera. F) Carmen de la Quintana y Salcedo, soltera. 3) Agustín de la Quintana y Echeverría, nac. en Bilbao el 10-IX-1685. Sacerdote. 4) María de la Cruz de la Quintana y Echeverría, nac. el 15-IX-1686. Monja. 5) Clara de la Quintana y Echeverría, nac. el 12-IV-1689. Casó con Domingo de Isarduy. 6) Antonio de la Quintana y Echeverría, nac. el 9-IV-1690. 7) Tomás de la Quintana y Echeverría, nac. el 20-V-1691. 8) Nicolás Ventura de la Quintana y Echeverría — mi antepasado —, que firmó siempre “Nicolás de la Quintana”. Sigue en IV. 9) María Jacinta de la Quintana y Echeverría, nac. el 2-X-1695. Casó con Domingo de Goiri y Barúa. 10) María Lorenza de la Quintana y Echeverría, nac. el 10-VIII-1696. 11) Tomás Ventura de la Quintana y Echeverría, nac. el 22-XII-1697. IV — NICOLAS DE LA QUINTANA llegó al mundo el 24IX-1693 en Bilbao, y ahí lo bautizaron en la parroquia de San Antonio Abad, como a todos sus hermanos. De sus primeras andanzas nada se sabe, e ignoro las razones que lo impulsaron a venir desde el país vasco al Río de la Plata, donde a poco de arribar tuvo una hija natural (María Rafaela Narcisa), cuyo sucedido no le impidió unirse en De la Quintana

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matrimonio con Leocadia Riglos y Torres Gaete, niña de solariega cuna porteña, huérfana de padre y madre a la sazón. Efectuóse la boda en la “Capilla de San Isidro”, el 9-I-1729, bendecida por el presbítero Fernando Corredor Rodríguez, ante los testigos Joseph de Esparza y Miguel de Riglos, hermanastro de la novia, aún menor de edad. El flamante jefe de familia, al año y diez meses de su himeneo, el 30I-1730, adquirió en pública almoneda, por 13.666 pesos, la vivienda urbana que fuera de su suegro Miguel de Riblos (sic), frente a la Plaza Mayor (ver la histórica referencia de esa finca en las páginas que dedico a la estirpe de Riglos), y en dicha morada don Nicolás instaló su hogar. El importante caserón — que hoy se ubicaría en la esquina donde convergen las calles Bolívar, Hipólito Irigoyen y la Avenida Diagonal Julio A. Roca, edificado en terreno de 32 3/4 varas de frente y 68 de fondo, constaba entonces de 14 piezas amuebladas con lujo, dispuestas alrededor de un patio interior con parral, en cuyo extremo prolongábase la huerta arbolada de frutales. Como dato histórico complementario, diré que el Cabildo con su edificio propio en construcción — cuya reliquia mutilada hoy veneramos los argentinos — alquilaba, desde 1725, la “sala altta” de aquella particular casa; y que sus Regidores acordaron, el 5-VII-1732, “respecto de haverse pasado todos los papeles del oficio público, que estaban en el quarto de las casas de Don Nicolás de la Quintana, a otro que tiene esta Ciudad en los portales de las casas de su Ayuntamiento”, se le abonen a dicho locador 50 pesos en efectivo, que correspondían a 17 meses atrasados, a razón de 3 pesos mensuales de alquiler, que habían quedado impagos. Así, durante siete años ininterrumpidos — de 1725 a 1732 — el Cabildo de Buenos Aires archivó todos sus libros y papeles y se reunió para celebrar acuerdos, en la “sala altta” de la casa de mis antepasados; cuyo solar poseyeron siete generaciones de una misma familia — desde 1673 a 1937, o sea por más de dos siglos y medio —, hasta que los últimos propietarios de la heredad (mi madre y sus hermanos los Aguirre Lynch, 5os nietos de Nicolás de la Quintana y de Leocadia Riglos) transfirieron su dominio a la Comuna porteña. Agrego acerca de aquella casa, que ella fue también sede del agente inquisidor lugareño. En efecto: el 31-X-1731, Nicolás de la Quintana hizo registrar en el Cabildo sus despachos habilitantes de “Familiar del Santo Oficio” — subordinado al Tribunal de Lima —, 16

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quedando reconocido por tal en nuestra ciudad, con las “ynmunidades que por derecho le tocan”. A la verdad pese al riesgo de que la pureza religiosa y la soberanía española fueran aquí maleadas por tantos portugueses y judíos como pululaban entonces, la acción represiva de la Inquisición resultó prácticamente inoperante en el distrito porteño. A raíz de ello en 1754 — al tiempo de ostentar su cargo De la Quintana — el jesuita Pedro de Logu solicitaba a la superioridad, estableciera un Tribunal Inquisidor en Buenos Aires, ya que en esta ciudad — argüía — “se juntó toda la escoria de Portugal y del Brasil, y no es poca la levadura vieja del judaísmo que viene entre ellos”. Por los demás, en la vivienda de don Nicolás ocupaban sus “quartos” a la calle con tiendas abiertas al público, los siguientes inquilinos, todos solteros según el censo municipal de 1744: Antonio González Uría, “mercader tratante, natural de Ponferrada de Viazo”, de 28 años de edad; Juan Martínez, quien no obstante ser “zirujano”, natural de Navarra, traficaba al pormenor; lo mismo que sus vecinos Francisco Campos, nativo “del Prinzipado de Asturias”, tratante de 42 años, y Joseph Ramos, de 30 años igualmente tendero. En lo que respecta al dueño de casa, éste se albergaba con su esposa, sus hijos y servidumbre, en los amplios departamentos interiores de la espaciosa mansión. A par de sus responsabilidades públicas, mi antepasado asume las de su parentela Cuando Nicolás de la Quintana contrajo nupcias en 1729 con Leocadia Riglos, el hogar de su consorte estaba prácticamente descabezado. El viejo Riblos había muerto una década atrás; por tanto el flamante marido (con sus 35 años cumplidos — 15 más que su mujer y 3 menos que su suegrastra; mientras que sus cuñados Miguel y Marcos apenas contaban los 14 y 10 años), vióse de hecho convertido en director y consejero de aquella familia. En adelante, pues, y hasta que sus hermanos políticos alcanzaran la mayoridad, don Nicolás llevó la primacía en todo lo atinente al patrimonio común de los herederos de Riblos. Antes que nada — la caridad bien entendida empieza por casa —, en 1731 De la Quintana entabló demanda contra los bienes del concurso de su suegro por 20.467 pesos, que correspondían a la dote de doña Leocadia, su cara mitad. Después, el De la Quintana

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4-XI-1735, ante el Escribano Merlo comparecen don Nicolás junto con su mujer y su suegrastra — ésta tutora y curadora de sus hijos menores — a donar a la Compañía de Jesús “unas tierras en esta banda del río Areco que empezaban desde el Paso de las Piedras, corriendo para abajo, hasta encontrarse con la estancia de los reverendos padres jesuitas”. Tratábase de parte del campo “El Bagual”, integrante del patrimonio del difunto Riblos, una de cuyas fracciones se permutó por otras tierras de dichos “reverendos”, situadas en el pago de Las Conchas, que ampliaron así el llamado “Rincón de Riblos”, sobre el río Luján. De ello dejó constancia, al testar en 1768, Josefa Rosa de Alvarado, cuando se refirió a esas tierras “con otras tantas que amplió don Nicolás de la Quintana, como marido y conjunta persona de doña Leocadia de Riglos, mi hijastra, y hacen 900 varas que se recivieron de los Padres de la Compañía de Jesús, en trueque y cambio que hizo don Nicolás por las suertes de estancias de mi marido en esta banda del río Areco” — o sean los campos de “El Bagual”. Los antiguos protocolos revelan que no obstante ser De la Quintana relativamente joven — contaba 44 años — se creyó morir el 2-I-1738, pues “estando enfermo en cama del accidente que Dios se ha servido de me dar”, llamó ese día a su domicilio al Escribano Joseph de Esquivel, ante quien otorgó un poder testamentario a favor de su esposa doña Leocadia, de Juan de Mena y de Fermín de Pesoa, designándolos albaceas en el poder expresado. Al poco tiempo, sin embargo, restablecióse por completo el enfermo del “accidente”; y el 25-IV-1739, ante el Escribano Domingo Lescano, nuestro personaje otorgaba fianza a fin de responder en el juicio de residencia del finado Gobernador Bruno Mauricio de Zabala. Sucedió que en 1717, al recibirse Zabala del mando, salieron de garantes suyos, por 4.000 pesos, Domingo de Acassuso y Tomás de Arroyo y Arteaga; empero, veintidos años mas tarde, el referido mandatario y su amigo Acassuso habían fallecido y Arroyo estaba insolvente, de manera que para reemplazar a tales primitivos fiadores, en los autos residenciales del desaparecido gobernante, su albacea Joseph de Gainza, propuso a don Nicolás de la Quintana (cuya hija natural María Rafaela casaría, más tarde, con un hijo natural del fundador de Montevideo), otorgando la respectiva escritura en 1739.

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El año 1741, don Nicolás fue designado por Su Majestad —no en balde tenía un hermanastro influyente en la Corte de Felipe V — “Veedor del Presidio de Buenos Aires”: empleo militar de jerarquía, que en tales tiempos llenaba las funciones de un oficial de administración: hacer pagos “en buena moneda” a la tropa, con derecho a revistarla en presencia de sus Capitanes; además de tener bajo su custodia los dineros, valores y documentos de los cuerpos armados de la ciudad porteña. Cargo de responsabilidad, como se ve, aunque resultaba incompatible con aquella fianza que De la Quintana tenía dada en los autos del ex Gobernador Zabala; por lo cual, nuestro “Bedor”, suplicó al Cabildo se sirviera “chancelarse o manda chancelar” dicha obligación; que aún se mantuvo pendiente por varios años, debido a un litigio suscitado entre los vástagos naturales del famoso manco “Mano de Plata”, como se le llamó a Zabala cuando reemplazó su brazo tronchado en el sitio de Lérida, por otro de metal que le colgaba a manera de heroica condecoración. Distintas propiedades urbanas y rurales de mi 6º abuelo de la Quintana En otro orden de referencias — aparte de “las casas de su morada”, linderas con el Cabildo, que se compraron al concurso del viejo Riblos — he aquí los bienes que le correspondieron a don Nicolás en su sociedad conyugal. Un solar entero y un cuarto de solar, situados “en la cuadra que cae a la espalda de la Iglesia de San Juan, a la parte del sur” (vale decir, en la actual calle Moreno entre Piedras y Tacuarí); cuyos terrenos recayeron en doña Leocadia por herencia de su madre María Leocadia de Torres Gaete; la cual, a su vez, los heredó en parte con sus hermanos José, Ignacio y Gabriel, de otro hermano de ellos: el presbítero Gregorio de Torres Gaete. Tanto este clérigo como María Leocadia y el tío de ambos, Pedro de Gaete, heredaron anteriormente una fracción mayor indivisa del inmueble en cuestión; fracción que perteneció a Baltasar de Gaete, tío carnal de los dos primeros y hermano del tercer condómino. Mas tarde, las partes convinieron en subdividir el expresado bien, por ante el Escribano Merlo, tocándole a la hija de Riglos el solar entero “que cae a la parte sur, haciendo esquina al poniente” (Moreno y Tacuarí); quedando añadido al cuarto De la Quintana

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de solar antedicho, de 17 varas de frente y 70 de fondo, sobre la actual calle Tacuarí. Con relación a este último inmueble urbano, en una escritura pasada el 11-XII-1730, ante el Escribano Joseph Esquivel, Nicolás de la Quintana dijo; “Que yo y mi mujer tenemos amor y voluntad a Marta Gaete (parda criada en la casa) y a Silvestre y a Josefa Gaete, sus hijos ... y por los buenos servicios que han hecho a la dicha mi mujer ... hago donación (a todos) del dicho cuarto de solar ... para que lo hayan y gocen como suyo propio”. Si Silvestre y Josefa fallecieran sin dejar hijos legítimos, el “cuarto de solar” ha de volver a mí y a mis sucesores”, pero si hubieran hijos legítimos lo han de heredar “para siempre jamás”. Catorce años después — según el censo urbano respectivo — vivían en ese terreno, en “casita propia”, Silvestre Gaete, mulato de 30 años, “Maestro Albañil”, su madre Marta Gaete y dos sobrinas; Inés y Francisca Azevedo (hijas legítimas, sin duda, de Josefa Gaete); todos ellos con descendencia negroide prolongando también el connotado apellido de Gaete. Estos datos marginales ponen de relieve, con rotunda objetividad, los rasgos generosos de muchos de aquellos individuos que, antaño, formaban nuestra auténtica clase dirigente. Poseyeron los cónyuges De la Quintana-Riglos, en el éjido de la ciudad, otro terreno compuesto de “dos cuadras de frente Este y cuatro de fondo al Poniente”, que configuraba una quinta, la cual, hogaño, abarcaría las 8 manzanas que atraviesan a lo ancho las calles Bartolomé Mitre, Cangallo y Sarmiento, y a lo largo, Rodríguez Peña, Callao, Río Bamba, Ayacucho, y Junín. Llamábase la quinta “De los Olivos”, y tenía acceso por la calle recta “de la Piedad”, en dirección al “Hospicio de los franciscanos” — que se ubicaría hoy en las esquinas de Bartolomé Mitre y Azcuénaga —. Los esposos De la Quintana-Riglos dieron esa quinta en dote a su hija María Josefa, a raíz de su casamiento con el Caballero de Alcántara Domingo Alonso de La Jarrota, según consta en la escritura que autorizó el Escribano José Herrera, el 13-II-1757; y como tales “cuadras” las recibió la desposada “por vía de mejoras”, se tasaron en 300 pesos. Dichas “cuadras” pertenecieron a Miguel de Riblos — padre de doña Leocadia — “en virtud de merced que anteriormente le tenían hecha los señores Governadores y posesión que de ellos tuvo ynmemorial”. Empero, por habérsele confundido los papeles de dicha 20

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merced, se la volvió a hazer — a De la Quintana y a su mujer don Miguel de Salcedo, cuando era Gobernador de esta Plaza, según consta en el decreto (14-VI-1735) cuyos originales se hallan en la oficina del Escribano de folio don Francisco de Merlo”, cual lo expresa el título respectivo del terreno. En el “Pago de Monte Grande”, Leocadia Riglos fue dueña de una “suerte” de chacra de 350 varas de frente mirando al río y su habitual legua de fondo. La propiedad ubicaríase hogaño en una zona totalmente urbanizada de Vicente López, cerca del linde de dicho Partido con la Capital Federal, en un terreno que años antes de su loteada general, fue parte de la chacra denominada “Buenas Vistas”, contigua a la quinta que perteneciera, hasta no hace mucho tiempo, a don Benito Bosch. La historia del bien de referencia, antes de llegar a poder de la consorte de Quintana, puede sintetizarse así: En 1580 Garay adjudicó esa chacra a uno de sus compañeros: Pedro Isbrán, marido de Ana Díaz, la única mujer en la expedición fundadora de Buenos Aires. Posteriormente el albacea testamentario de los herederos de Isbrán, Cristóbal Luque, le vendió esa propiedad a mi antepasado Pedro de Izarra Gaete, de quien, por su parte, la heredó su hijo Baltasar de Gaete. Muerto Baltasar, el dominio de la chacra recayó en la sobrina carnal de éste: María Leocadia de Torres Gaete, de la cual resultó heredera universal su única hija: Leocadia de Riglos y Torres Gaete, luego esposa de Nicolás de la Quintana. Este personaje, por lo demás, explotaba las tierras involucradas anteriormente en el llamado “Rincón de Riglos”; vasta propiedad que se remató en 1720, luego de la muerte de su suegro (ver la biografía de Riblos), siendo adquirido, parte del “Rincón”, por de la Quintana y, en parte, por Fermín de Pesoa. El 12-XI-1746, mediante escritura otorgada ante Francisco de Merlo, Pesoa le transfirió a Quintana un contorno cuya ubicación y medidas eran — según título — “seis mil varas de frente en el Río de Luján, a nueve leguas, poco más o menos, de esta ciudad; en las sobras de tierra que empiezan a correr desde la Isla de Escobar, en dicho Rincón, corriendo la tierra adentro por entre los dos ríos de Conchas y de Luján” (dentro del perímetro que hoy encierra a las localidades de Benavidez, José C. Paz, del Viso, Maschwitz, Escobar, Villa Rosa, etcetera); y lindaba “por la parte de abajo”, con estancias del propio don Nicolás; 15.200 varas de frente y De la Quintana

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legua y media de fondo, que el yerno de Riblos poseía en la Cañada de Escobar. A propósito de tales tierras en el “Valle de Corpus Christi, que por otro nombre se llama el Río Luxán”, Nicolás de la Quintana había solicitado y obtenido, el 4-XI-1733, del Gobernador Bruno Mauricio de Zabala, la merced de “los Bañados” anegadizos confinantes con dicho río, y “que sirven para que los ganados que tengo en dichas estancias baxen a beber, y por tiempo de seca a pastar en ellos”. Esa gran aguada — según dijo mi antepasado — servía a las “quatro suertes de estancia”, de media legua de frente cada una, que “el Gral. Dn. Miguel de Riblos, mi suegro”, poseyó, y que eran “la primera, segunda, tercera y quarta del primer repartimiento que se hizo en el Río Luján”; vale decir que se trata de la “suerte” que se reservó para sí el propio Juan de Garay y de las linderas que correspondieron, respectivamente, a Pedro Sayas Espeluca, a Hernando de Mendoza y a Juan de Garay “el Mozo”, hijo del Fundador. En cuanto a los campos sobre el río Areco y la Cañada Honda, en los que don Nicolás pobló estancias “con crecidas haciendas y esclavos”, diré que en 1729 el presbítero Jerónimo de Avellaneda, en su carácter de albacea de su abuela materna María Ponce de León Naharro Humanés, (mi antepasada, ver sus apellidos) cedió, por el precio de 500 pesos, a favor de Quintana, los derechos de la testamentaría de su bisabuelo Rodrigo Ponce de León. Años atrás, Miguel de Riblos había adquirido los antedichos campos — o fracción de ellos — a Gaspar de Avellaneda (padre de Jerónimo y marido de Juana de Lavayen, nieta ésta de Rodrigo Ponce de León), y a raíz de esa transferencia, habíase suscitado un litigio sobre los limites del descampado referido. (Ver el linaje de Ponce de León). Con relación a las actividades ganaderas de De la Quintana, éste presentó, el 3-X-1750, un memorial al Cabildo pidiendo licencia de matanza a favor de Joseph Cordero, a quien había vendido “todos los toros y novillos que tiene en sus estancias de Areco”. Así mismo, el 21-VIII-1752, mi antepasado elevó otra solicitud de faena al Gobernador Andonaegui, el cual al requerirle opinión al Cabildo sobre el asunto, los Regidores manifestaron “que por lo que mira a los toros no encuentra este Cavildo ynconveniente en que Su Señoría conceda la lisensia ... cumpliendo don Nicolás con lo que ofrece de 22

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traer a la Plaza los cueros, cevo y grasa que fabricare ... y por lo que mira a los novillos, allándose esta ciudad tan escasa de abasto de la carne, que en muchas ocasiones no se encuentra, podrá (el Gobernador) mandar se reserven para el abasto”. Otra vez, el 11-III-1757, De la Quintana solicitó la venia del Gobernador Ceballos para llevar a cabo matanzas, porque — dijo el postulante — “todo el ganado que tiene en el río Areco le es perjudicial (por cimarrón) y nunca ha podido suxetarlo, y le a causado muchos costos”. Reclamaba el estanciero licencia “para matar todos aquellos novillos, bacas y toros que no pudiere suxetar a corral”. El Cabildo no opuso reparo a esto, salvo en lo prescripto por una Real Cédula que acababa de recibirse, “que proíve la matanza de bacas embraz”; excepción que solo “a su Señoría (el Gobernador Ceballos) le es facultativo disponer”. En orden a sus intereses rurales, Nicolás de la Quintana otorgó, el 25-IV-1758, ante el Escribano José Ferrera, un poder al procurador Pedro Berbel, a fin de que siga, medre y fenezca el pleito que le va a iniciar a Juan Ignacio San Martín — jefe de fronteras entonces —, sobre los excesos que esta cometiendo en los Partidos de Areco y Arrecifes, en los ganados vacunos orejanos y señalados”. (Juan Ignacio era hijo natural de mi antepasado el Maestre de Campo Juan de San Martín Gutiérrez de Paz, de quien me ocupo en el linaje respectivo). El 13-XI-1762, ante el Escribano Francisco Xavier Conget, Nicolás de la Quintana y su esposa Leocadia de Riglos, le vendieron a su yerno Francisco de Espinosa “tres mil varas de tierra para estancia, de las que tenemos y poseemos en el pago de Areco y cañada Onda, las que tienen por fondo el río Areco y a su frente el camino Real; y se empezarán a medir desde el paso que llaman de la Cruz, tirando para Areco, con el fondo y cavesadas que les corresponde, y los linderos que de ellas constaren al tiempo de la medición que se hiciere y de los instrumentos que se hallen en poder de don Marcos José de Riglos, que al presente está ausente ... Las dichas tierras las tuvimos — agregaban los vendedores — por fin y muerte el General don Miguel de Riblos, padre de la otorgante, por cuyos títulos nos pertenecen; y vendemos por el precio de dos pesos la vara, que importan setecientos cincuenta pesos corrientes de a ocho reales”.

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Con esa suma o capital los expresados cónyuges, en el mismo acto, fundaron una Capellanía a favor, en primer término,de Nicolás, un hijo de ellos seminarista que “se halla en el Colegio de Córdoba”; y hasta tanto este neófito se ordenase y celebrase su primera misa, el mencionado “capital” habría de quedar en poder de Espinosa, sin interés. En caso de morir dicho candidato a Capellán (que en vez de abrazar el sacerdocio se desposó luego con su sobrina Francisca Espinosa), le sucederían los hijos de Francisco Xavier de la Quintana que fueran clérigos, o sino los nietos de él, por orden de varón. (No tuvo Francisco Xavier más que una hija natural que casó con Pedro Núñez Chavarría). Finalmente, al aceptar Espinosa aquella venta subordinada a la Capellanía, obligábase a no enajenar esas tierras mientras “no estén libres de pensión”. Lazos indestructibles de mi antepasado con su país natal Pese a su arraigamiento rioplatense, nuestro bilbaíno nunca perdió contacto con su familia peninsular, en cuyos patrios lares, como sabemos, en 1738 su hermano mayor José de la Quintana fue nada menos que Secretario de Estado en el ramo de Indias y Marina. Y bien, acerca de su parentela solariega vizcaína, en una escritura fechada en Buenos Aires el 10-VII-1753, que autorizó Francisco de Merlo, don Nicolás por sí y sus hijos varones; Manuel José, José Ignacio, Nicolás y Francisco Xavier, otorgó todo su poder a Manuel de la Quintana, hermano suyo, a Nicolás Zubiriche y Zabala y a Francisco Antonio de Suasso, los tres vecinos de Bilbao, “para que en su nombre y en el de sus hijos, puedan ellos tomar y tomen posesión del vínculo y mayorazgo que dejó fundado en la villa de Bilbao (sobre el Palacio de Quintana) mi hermano el señor don Joseph de la Quintana, del Consejo de la Cámara de Su Majestad, en caso del fallecimiento de don Gabriel de la Quintana mi sobrino, actual poseedor del referido mayorazgo”. A tal fin, el otorgante facultaba a aquellos mandatarios para que realizaran todas las diligencias que fuesen necesarias. También en distintas oportunidades, los años 1755 y 1761, don Nicolás, que mantenía sus vínculos con la madre patria, suscribió sendos poderes, ante los Escribanos García Echaburu y Conget, a favor de Nicolás de Sagarmínaga y de Manuel Díaz Saravia, vecinos 24

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de Madrid y de Cádiz, respectivamente, con el objeto de que ambos, en su nombre, comparecieran ante el Rey, su Consejo de Indias y demás Tribunales competentes, a solicitar las gracias y mercedes a las que el Veedor del Presidio de Buenos Aires se creía con derecho, en mérito de los servicios que había prestado. Posteriormente, tras la muerte del solicitante, su viuda Leocadia Riglos y demás albaceas testamentarios; José Ignacio de la Quintana y Francisco Espinosa, ante el Escribano Conget el 3-II-1772, dieron poder a Nicolás de Zubiriche, vecino de Bilbao, para que los representara ante cualquier Justicias y Jueces de ambos fueros, e hicieran “informaciones de testigos condecorados y personas de establecida prosapia”, que dejaran constancia de la “Hidalguía y esclarecido nacimiento del citado don Nicolás de la Quintana”. A ruego de la señora otorgante, que no sabía escribir, firmó el instrumento notarial Ignacio de Irigoyen, uno de sus yernos. La hija extramatrimonial de don Nicolás. Testamento y deceso de éste Dije al comienzo de la presente monografía que, poco antes de casarse el 20-I-1729 con Leocadia Riglos, mi 6º abuelo había tenido una hija natural llamada María Rafaela Narcisa, y voy a probarlo. El hecho de que la criatura fuera bautizada el 3-XI-1729, es decir 9 meses después del matrimonio de su padre, indujo a los genealogistas que se ocuparon del linaje de Quintana a considerarla a María Rafaela, hija legítima primogénita de don Nicolás y la señora de Riglos. Así lo creyeron Lafuente Machain, Calvo y el peruano Varela Orbegoso, como después Hubertina de Gomensoro en un estudio sobre el fundador de Montevideo. Sin embargo la verdad a ese respecto es distinta. En efecto: el 17-VII-1754 Nicolás de la Quintana, ya con 69 años encima, juzgó prudente, para el caso de su muerte, dejar establecido que los deudos suyos de mayor confianza redactaran su testamento. Con tal motivo compareció ante el Escribano Merlo y otorgó poder a su esposa, a su cuñado Marcos José de Riglos (mi ascendiente), y a sus dos yernos, Marcos José de Larrazabal y Francisco de Espinosa. Luego de ordenar sepultasen su cadáver en el convento de San Francisco, amortajado con hábito seráfico, declaró el De la Quintana

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compareciente tener una hija natural, que alimentó, crió y casó con el Alférez José Ignacio de Zavala (hijo bastardo, asimismo, del Fundador de Montevideo); a la cual hija — puntualizaba don Nicolás — “le dí todo lo que pude dar, por lo que no tiene acción ni derecho a cosa alguna”. Era cierto que María Rafaela había sido alimentada, criada y casada, sin hacer diferencias con sus demás hermanos legítimamente nacidos; y no solo fue su padre quien le prodigó atenciones y cariños, sino que Leocadia Riglos también la trató siempre como si hubiera sido fruto de sus entrañas. Y así, el 15-I-1750, por escritura pasada ante Francisco de Merlo, dicha señora le donó a Rafaela de la Quintana su hija” (sic), un esclavito llamado “Bisente”; cuya donación firmó a ruego de la donante — que no sabía escribir — su marido Nicolás de la Quintana. Y quince años más tarde, el 5-IX1761,en el Registro del Escribano Felipe Vazquez Pelayo, los cónyuges de la Quintana-Riglos manifestaron el “mucho amor que tienen a Rafaela de la Quintana, hija natural del otorgante y mujer legítima de Joseph Ignacio de Zabala”; y le hicieron “gracia y donación” de un “solar de tierra que hace esquina al Sur y Poniente, en el barrio de San Juan Bautista (hoy la esquina de las calles Moreno y Tacuarí), de 70 varas en cuadro”. (Solar al que nos referimos más atrás, con el mismo origen que aquel otro terreno, dado en propiedad por los dichos señores, en 1730, a sus antiguos esclavos cuarterones). En aquellos pasados tiempos, nuestros mayores creían en la excelencia de las instituciones sociales dentro de las cuales vivían, y jamas se les hubiera ocurrido poner en tela de juicio, por ejemplo, el derecho de propiedad del régimen de familia. No en vano las “partidas” de Alfonso el Sabio prescribían; “poder y sseñoría han los padres sobre los fijos, segund razón e segund derecho. Lo uno porque nascen dellos, lo al porque han de heredar lo suyo”. En virtud de tales normas, que jurídicamente regían entonces la vida civil de los españoles, europeos y americanos, era preocupación corriente de toda persona afincada — vale decir, con patrimonio propio y herederos a él — testar, a fin de darles destino a sus bienes después de haber desaparecido del mundo. Y Nicolás de la Quintana no fue excepción a tal costumbre. Este, en consecuencia, otorgó escrituras de última voluntad en cuatro oportunidades. En 1738 — ya lo apuntamos —, cuando creyó 26

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morir “de un accidente que Dios se ha servido de me dar”. En 1754 — también lo sabemos —, en cuyo testamento reconoció tener una hija natural. Mas tarde, el 3-XII-1761, ante Félix Xavier Conget, en que don Nicolás declaró que “estando como estoy en pié, aunque achacoso de salud por mi abanzada edad (68 años), pero en mi sano y entero juicio”, daba poder a su esposa, a sus hijos Manuel y José Ignacio y a su yerno Francisco Espinosa, para que ellos extendieran su testamento después de su muerte. Dispuso ser sepultado en la Iglesia de San Francisco, de cuya orden era hermano terciario; instituyó por únicos herederos a sus vástagos legítimos; y encomendó a Espinosa se hiciera cargo “de la hacienda que tiene en sus estancias”. El 13-VII1765, finalmente, “estando en las casas de su morada”, el veterano Veedor de la guarnición porteña suscribió ante José Zenzano, un “codicilo” por el cual añadía a sus anteriores manifestaciones, el nombramiento de su consorte, doña Leocadia, como tutora y curadora de sus hijos menores; disposición que “antes no la había hecho por olvido”. Nicolás de la Quintana dejó de existir el 8 ó 9-III-1767 a los 74 años de edad. A raíz de su muerte el Cabildo “en atención a que se debe considerar al expresado difunto Bedor con el mismo derecho que tienen los Oficiales Reales”, resolvió asistir al entierro en corporación. Las “onrras” fúnebres tuvieron lugar el día 10 del antedicho mes en la Iglesia de San Francisco, con la presencia — a más de los deudos y amigos del finado — de los cabildantes en pleno, encabezados por el Alcalde de 1º voto Vicente de Azcuénaga; amén del par de “Mazeros” cabildeños a quienes, como es sabido, se les abonaba un peso por barba luego de sus servicios protocolares. Algunos datos acerca de la señora de Quintana. Su viudez, muerte y descendencia Leocadia de Riglos sobrevivió más de una década a su marido; hasta 1778, en que ella expiró a los 70 años cumplidos. De la intimidad de su vida — fuera del cargo de Abadesa de la tercera orden franciscana — nada he podido saber. Unicamente en los protocolos notariales — que nunca supo firmar — pueden encontrarse vestigios de su persistencia en el tiempo a través de compraventas de algunos

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esclavos y de otras escrituras que hizo suscribir por gentes de su confianza, antes y después de la muerte de su marido. Así, verbigracia, el 17-V-1758, ante Juan Antonio Carrión, la señora le compró a Ignacia Gari, viuda de Antonio Martínez, en 350 pesos, una negra nombrada Rita de 18 años. Y el 29-V-1759, ante el mismo Carrión, ella manifestó; “que por que tengo por mío propio un negro mi esclavo nombrado Francisco, oficial peluquero, como de 30 años, que compré de los bienes de la testamentaría de don Roberto Yunget, médico que fue de esta plaza, y (el fígaro motudo) me ha pedido le otorgue Carta de Libertad por la compensación de 300 pesos”, declarábalo “por libre de captiberio y servidumbre, para que desde el día de la fecha en adelante goze de toda livertad”. Posteriormente, el 26-III-1767, como albacea de su marido, doña Leocadia dió fianza, ante el Escribano Conget, para ser designada tutora de sus hijos por el Alcalde de 2º voto y Juez de Menores Manuel de Basabilbaso. Y cuatro años más adelante, en 1771, en oportunidad de casarse su hija María Rosa con el Coronel de Dragones Juan Antonio Marín (mis antepasados), la viuda de Quintana dotó a la contrayente con dineros, vestidos y alhajas por valor de 7.092 pesos y 4 reales. (Ver los detalles de esta Carta Dotal en el apellido Marín). Fallecidos don Nicolás y doña Leocadia, sus hijos herederos legítimos, por escritura del 25-IX-1779 ante el Escribano Conget, convinieron la manera de “dividir entre ellos amistosamente sin pleito, el residuo del precio de la casa que quedó de nuestros padres” (morada que compró el heredero Lajarrota para su yerno Agustín Casimiro de Aguirre); de cuyo precio — (22.000 pesos) “se ha de sacar el quinto de la mitad del caudal perteneciente a nuestra madre doña Leocadia de Riglos, quien mejoró en él a su hija doña Narcisa (de Espinosa) nuestra hermana”. El documento expresaba también “que por parte de unos de los herederos se han suxcitado dificultades y reparos, que no solo destruirán la buena armonía de la familia, si también demoraran el negocio de que se trata, con grave perjuicio de los interesados. Los hermanos Quintana Riglos acordaron, uniformemente, nombrar al Coronel Marcos José de Larrazabal — su cuñado —, “por la satisfacción que tenemos de su buen juicio y talentos”, liquidador de las sucesiones paterna y materna, junto con el contador Custodio Braga. 28

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El heredero suscitador de dificultades a que se refiere la escritura anterior fue Ignacio de Irigoyen, marido de Francisca de la Quintana, el cual estamparía en su testamento ológrafo, fechado el 22II-1784: “Prebengo a mis albaceas que algunos albaceas de las testamentarías de los finados mi suegro y mi suegra, sin la menor formalidad de inbentario, tasación de alajas y demás vienes, muebles, hizieron partición y dibición así del valor de dichos bienes muebles como del producto de la venta de la casa a don Agustín Casimiro de Aguirre, a cuya venta asentimos mi Muger y yo sin proceder el preciso consentimiento”. Según Irigoyen, los liquidadores de los bienes sucesorios de sus suegros, “entre ellos se partieron la parte que a la citada mi Muger lexítimamente le tocaba, bajo pretexto de haserse pago, en parte, de lo que yo debo a dichas testamentarías por cesión hecha de un pagaré mío de tres mil pesos, por mi cuñado Don Xavier de la Quintana, que solo le devía dos mil y quinientos pesos”. Como se echa de ver, en tratándose de repartir dineros la codicia sale a campear por sus apetitos en cualquier época de la historia. Piñuflerías aparte, la hidalga condición del linaje de Quintana, había merecido un categórico reconocimiento por parte del Cabildo en su acuerdo del 19-XII-1762. En tal circunstancia leyose un informe del Procurador de la ciudad Manuel Vicente de la Colina Prado, quien, al opinar sobre una “Información de nobleza y genealogía” presentada al cuerpo por Francisco Xavier de la Quintana, manifestó que la aceptaba totalmente “por constarle de público y notorio ser cierto quanto en ella se expresa”. Sus colegas, entonces, declararon por unanimidad que a todos ellos les constaba “lo distinguido de la familia De la Quintana”, y que los antepasados del susodicho Francisco Xavier habían ocupado, “en esta República”, “los primeros empleos en los estados eclesiásticos, políticos y militares”. Nicolás de la Quintana y Leocadia de Riglos y Torres Gaete fueron padres de: 1) Josefa Leocadia de la Quintana y Riglos, que seguirá en V. 2) Manuel José de la Quintana y Riglos, baut. el 25-XII-1731 y fall. el 22-II-1794. Coronel de Granaderos de Infantería, peleó contra los portugueses en las fronteras del Brasil. Casóse el 4-VI-1768 con Escolástica de Aldao y Rendón, baut. el 13-II-1741 (hija de Jacinto de Aldao Sánchez de Pazos y Rodríguez Carracedo, n. en Galicia, De la Quintana

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y de la porteña María Teresa Rendón y Lariz, bisnieta del Gobernador del Río de la Plata, Jacinto de Lariz). Su descendencia se extinguió tras estos 5 hijos solteros: A) Celedonia Manuela de la Quintana Aldao, baut. el 13-III-1769. B) María Teresa de la Quintana Aldao, baut. el 2-III-1770. C) Manuel José de la Quintana Aldao, baut. el 27-III-1773. D) Gregorio José de la Quintana Aldao, baut. el 13-III-1775. E) Vicenta María Bibiana de la Quintana Aldao, baut. el 2-XII1779. 3) José Joaquín Carlos de la Quintana y Riglos, baut. el 4-XI-1732. Debió morir antes de 1753, pues su padre no lo nombre en un poder otorgado ese año, ni mas tarde en sus testamentos. 4) Francisca de la Quintana y Riglos, que sigue en Va. 5) José Ignacio de la Quintana y Riglos, que sigue en Vb. 6) María Josefa Cecilia de la Quintana y Riglos, baut. el 24-XI1737; testó el 12-XII-1796 y murió el 5-V-1806. Contrajo matrimonio el 12-V-1752 con el Caballero de Alcántara Domingo José Alonso de Lajarrota Ortiz de Rozas. La sucesión de estos 5os abuelos míos prosiguen en el apellido Alonso de Lajarrota, al que me remito. 7) Narcisa Javiera de la Quintana y Riglos, que sigue en Vc. 8) Nicolás de la Quintana y Riglos, baut. el 9-IX-1744. Empezó su carrera militar como cadete de Dragones para terminarla con el grado de Brigadier. A órdenes del Gobernador Vértiz salió a campaña en 1763 contra los portugueses. Siendo Teniente Coronel, Vértiz, ya Virrey, le nombró primer Comandante de los Blandengues. Con la jerarquía de Coronel participó en la expedición de Félix de Azara a las regiones fronterizas del Brasil. En 1806 trató de impedir a tiros con sus Blandengues el desembarco de los ingleses en Quilmes. Retiróse del ejército en 1809 y falleció de 84 años el 29-X-1828. Habíase casado el 31-X1782 con su sobrina Francisca de Espinosa de la Quintana. Poseyó en la ciudad dos casas adquiridas el 30-I-1795, por ante José Luis Cabral, de Melchora Durán, viuda de Alonso Sánchez de Sotoca. Una de esa viviendas se ubicaba en el barrio de La Merced, calle Real (hogaño Reconquista), en la acera de dicho convento; y la otra “en el barrio que llaman Recio, calle de San Nicolás, en la 30

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primera cuadra inmediata al río” — en la barranca donde ahora se levante el “Jousten Hotel”, calles Corrientes y 25 de Mayo, hacia el bajo. Nicolás y Francisca hubieron estos hijos: A) María Casimira Javiera de la Quintana Espinosa, baut. el 4-III1782. Murió soltera. B) Nicolás José de la Quintana Espinosa, baut. el 8-VII-1783. Falleció soltero. C) María Escolástica de la Quintana Espinosa, baut. el 11-II-1785. D) Pablo Nicolás Francisco Antonio de la Quintana Espinosa, baut. el 25-I-1792. E) María Mercedes Pascuala de Santa Catalina de la Quintana Espinosa, baut. el 23-IV-1799. Falleció el 23 de mayo siguiente en Mercedes, prov. de Bs. As. 9) Rosa Jacoba de la Quintana y Riglos, baut. el 4-IX-1748. Murió el 27-X-1814. Estuvo casada con el Coronel de Dragones Juan Antonio Marín Cáceres Salgado. La sucesión de estos mis 5os abuelos prosiguen en el apellido Marín. 10) Francisco Javier de la Quintana y Riglos, que sigue en Vd. Como sabemos don Nicolás de la Quintana hubo una hija natural: 11) María Rafaela Narcisa de la Quintana, que seguirá en Ve. V — Josefa Leocadia de la Quintana y Riglos, baut. en Bs. As. el 8-XI-1730 y fall. bajo testamento otorgado en Córdoba el 16-VII1794. Casóse el 29-X-1750 con Marcos José de Larrazabal y Avellaneda, baut. en Bs. As. el 1-I-1710 y fall. en Córdoba el 15-X1790 (hijo de Antonio de Larrazabal Basualdo Ibarguren Moreno de Tejada, n. en Portugalete, Vizcaya, y de la porteña Agustina de Avellaneda Lavayén — ver sus apellidos). Marcos José fue Caballero de Santiago (1742), Regidor del Cabildo bonaerense, Coronel de Infantería y por último Gobernador del Paraguay. Estos resultaron sus hijos: 1) Ana María de Larrazabal de la Quintana, baut. el 31-VII-1751. 2) Mariano de Larrazabal de la Quintana, baut. en 1755. Casó el 12-II1783 con María Trinidad de Aspiazu de la Palma Lobatón ( hija del Coronel José de Aspiazu y de Isabel de la Palma Lobatón y De la Quintana

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Gaete Bazán — ver estos dos apellidos).Fue Mariano militar. En el regimiento de Dragones peleó contra los invasores ingleses, cayendo herido en el asalto y toma de Montevideo en 1807. Con el grado de Teniente Coronel asistió al Cabildo abierto del 22-V1810, y ahí apoyó el “dictamen de don Cornelio de Saavedra” (marido de su sobrina 2ª Saturnina de Otárola del Rivero Larrazabal). Gravemente enfermo obtuvo cédula de retiro el 14-XI1810. Testó postrado en cama el 23-XII siguiente, ante Narciso Iranzuaga, para rendir el último aliento enseguida. Hijos suyos fueron: A) Manuela Margarita de Larrazabal Aspiazu, baut. el 14-XI-1787. B) Ambrosio Mariano o Mariano Ambrosio de Larrazabal Aspiazu, baut. el 9-XII-1789 y fall. en Lima el 9-III-1822. Coronel, guerreó por la independencia, hizo las campañas del norte argentino y de Chile y Perú. Casó en Bs. As el 17-VI-1811 con María Josefa de Grimau Gálvez (hija de Cayetano Grimau Salinas y de Esperanza Gutiérrez Gálvez y Balbastro). María Josefa, viuda de Larrazabal, pasó a 2as nupcias con Manuel José de Pinedo Montufar y Arce Baez de Alpoin. De su primer enlace nacieron: a) Genara de Larrazabal Grimau, casada con Vicente Amadeo Croce, n. en Génova, con quien hubo descendencia. b) Juana María de Larrazabal Grimau. Casó con Juan Ceballos Alarcón. C) María Josefa de Larrazabal Aspiazu. Casóse el 1-V-1813 con Francisco Ramón de Udaeta y Urquijo. Descienden de ellos los Udaeta Larrazabal y Udaeta Castro. D) María de la Trinidad de Larrazabal Aspiazu. Casó el 19-V-1813 con el Coronel Mariano de Gainza y Ascó (hijo de Martín de Gainza y Sánchez de Junco Cueli Lozano y de María de los Dolores Ascó y Merlo; n.p. de José Antonio de Gainza Leyza Zubía Mendizabal y Mendía, n. en Anduncín, Guipuzcoa, y de la criolla Rosa Sánchez de Junco Cueli y Lozano; n.m. de Juan de Ascó Garvalena, n. en Arizcún, Navarra, y de María Luis de Merlos y Saz). Los antedichos cónyuges son los padres del General Martín de Gainza Larrazabal, guerrero del Paraguay, Ministro de Guerra y Marina durante la presidencia de Sarmiento. Casó con Ana Lynch Zavaleta Roo y Riglos. De 32

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ellos derivan, entre otros, los Gainza-Lynch, Gainza-Thwaites, Rodríguez Egaña-Gainza, Gainza-Castañeda Lynch, GainzaPaz, Sánchez Elía-Gainza Paz, Gainza-Castro, GainzaAvellaneda, etc, etc. E) Juan Manuel de Larrazabal Aspiazu, baut. el 1-V-1796. Fue edecán del Gobernado Rosas, Diputado a la Legislatura porteña, federal “apostólico” y, como tal, presidió la Sociedad Popular Restauradora, “La Mazorca”. Casó con Paula Garretón Maciel (hija de Juan Antonio Garretón Polioni, n. en Concepción, Chile, en 1796, que en 1811 llegó a Bs. As. formando parte de una fuerza que el gobierno chileno envió en auxilio de los patriotas argentinos. En 1812 se incorporó al ejército nuestro como artillero. Peleó más tarde en la guerra contra el Brasil, prolongando su actuación militar hasta alcanzar los entorchados de Coronel. Ardiente partidario de Rosas ocupó una banca en la Legislatura federal en 1851, y era edecán del Gobernador en 1852. Después de Caseros fue borrado del ejército. finalmente en 1866 el Vice Presidente Marcos Paz lo incorporó al Cuerpo de Inválidos. Murió el 26-IV-1867. Habíase casado, siendo Capitán, el 28-IV-1819 con Silvana Dorotea Maciel). Juan Manuel de Larrazabal Aspiazu falleció en el incendio y naufragio del vapor “América”, el 24-XII-1871. Hubo estos hijos : a) Josefa de Larrazabal Garretón, baut. el 29-X-1831; fall. el 2VI-1929. Casó con Augusto Fauvety. De ellos vienen los Fauvety-Larrazabal, Peña-Fauvety, Raybaud Roca-Fauvety, etc, etc. b) Juan Manuel de Larrazabal Garretón, baut. el 5-I-1833. Solterón, hombre de mundo en los salones porteños de su tiempo. Le conocí en mi infancia, pues frecuentaba la casa de mi abuelo Aguirre en la calle Cerrito. Era cariñosísimo conmigo, y siempre sacaba de una pastillera de oro caramelos de miel para convidarme. Murió de 94 años de edad el 7-IV-1927. c) Mariano Agustín de Larrazabal Garretón, baut. el 7-X-1835, radicóse en Córdoba y allí se casó y dejó descendencia. d) Juan Antonio de Larrazabal Garretón, baut. el 21-IX-1837. Casó el 31-VIII-1869 con Josefa Villar Fernández (hija de De la Quintana

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Francisco Villar y de María Fernández). Con su mujer y su padre pereció en el incendio del vapor “América”, la noche de Navidad de 1871. No tuvo hijos. e) Julia Silvana de Larrazabal Garretón, baut. el 5-IX-1839; fall. el 4-XII-1924. Casó con Manuel de Acevedo Aldecoa. De ellos vienen los Acevedo-Larrazabal, Martínez de HozAcevedo, Martínez de Hoz-Cárcano, Martínez de HozZuberbühler, Acevedo-Felberg, etc, etc. f) Trinidad de Larrazabal Garretón, baut. el 19-IV-1841; fall. el 21-II-1935. g) Carlos Pedro de Larrazabal Garretón, baut. el 6-II-1846. Murió soltero el 31-VII-1909. F) Isabel de Larrazabal Aspiazu, baut. el 9-VII-1797; fall. el 11-IX1885. Fue casada con Mariano de Gainza Ascó, viudo de su hermana María de la Trinidad. G) Gregorio de Larrazabal Aspiazu, nac. en 1800 y fall. el 22-IV1816. H) Cayetano de Larrazabal Aspiazu, baut. el 14-XI-1801. I) María del Carmen Tomasa de Larrazabal Aspiazu, baut. el 20XII-1802; fall. el 16-V-1862. Casó con Pablo de Santillán Medina. De ellos vienen los Santillán-Larrazabal, SaavedraLarrazabal, Saavedra-Lynch, Santillán-Carreras Lezica, Santillán-Ebbeke, etc, etc. 3) Juan Manuel Javier de Larrazabal de la Quintana, baut. el 3-II1759. 4) Antonio Javier de Larrazabal de la Quintana, baut. el 15-II-1763. 5) Juana María de Larrazabal de la Quintana, baut. el 15-II-1763. Se casó el 25-IV-1782 con Fernando Rafael de Sobremonte, 3er Marqués de Sobremonte, Brigadier de Infantería, Secretario Virreynal, después Gobernador de Córdoba, y finalmente Virrey y Capitán General del Río de la Plata. Bendijo esa boda el Canónigo Miguel José de Riglos, tío de la novia. Era el contrayente hijo de Raymundo de Sobremonte Castillo y Bullón, 2º Marqués de Sobremonte, Caballero de la Orden de Carlos III. y Oidor de la Audiencia de Sevilla, y de María Angela Núñez de Angulo Ramírez de Arellano, n. en Sevilla el 27-XI-1745. (Raymundo heredó el título de su hermano José de Sobremonte, Gobernador de 34

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Cartagena de Indias, creado 1er Marqués de Sobremonte con el vizcondado previo de del Valle, el 6-III-1761). El 7-X-1873, en Buenos Aires, el Marqués Rafael de Sobremonte, ante el Escribano Joseph Zenzano, dió poder a Antonio de Sobremonte, Caballero Comendador de la Orden de Calatrava, vecino de Burgos (hermano del Marqués?), para que corriera con el Mayorazgo que el otorgante poseía en la villa de Aguilar de Campos, montañas burgalesas, y administrara esas tierras con las más amplias facultades. Veintitres años después, tras su desafortunada actuación en la primera invasión inglesa y su derrocamiento posterior, el ex Virrey Sobremonte permaneció en Buenos Aires hasta 1809. Llegado a España en 1810, el hombre se puso a la tarea de vindicar su conducta en el proceso que se le había iniciado a raíz de los sucesos rioplatenses. Y el 12-XI-1813, un Consejo de Guerra le absolvió de culpa y cargo, siendo ascendido a Mariscal de Campo, al mismo tiempo que se le abonaban los sueldos devengados. Murió en Sevilla el 27-I-1827. Viudo de Juana de Larrazabal (fallecida en Río de Janeiro el 21-V-1817), el anciano Marqués con 75 años encima, volvióse a casar, en 1820, con María Teresa Millán y Merlos, nacida en 1780 en Buenos Aires, y viuda también del Oficial de Marina Pedro Rato Hidalgo de Cisneros — sobrino carnal del Virrey Baltazar Hidalgo de Cisneros. Era María Teresa hija del Teniente de fragata Francisco Millán y de Micaela de Merlos Saz y Martínez Guerrero, nativa de Buenos Aires. Tal reblandecido connubio de Sobremonte tenía que resultar estéril. De sus fecundas primeras nupcias con Juana de Larrazabal de la Quintana, echó don Rafael al mundo una docena de hijos: A) Rafael de Sobremonte y Larrazabal, nacido probablemente en Buenos Aires por 1783. Alcanzó el grado de Teniente Coronel, al finalizar la guerra contra Napoleón en España, donde resultó herido en la acción de Tudela. B) Marcos José de Sobremonte y Larrazabal, baut. en Córdoba el 28-VIII-1785. En 1804 revistaba como Alférez en el regimiento de Dragones de Bs. As. Y el 23-Vi-1814, con el grado de Ayudante Mayor de dicho cuerpo, figura en la lista de los jefes

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y oficiales prisioneros rendidos en la plaza de Montevideo a las fuerzas patriotas del General Alvear. C) Ramón María Agustín de Sobremonte y Larrazabal, baut. en Córdoba el 9-X-1786. D) José María de Sobremonte y Larrazabal, baut. en Córdoba el 4I-1790. Falleció en la infancia. E) Manuel de Sobremonte y Larrazabal, baut. en Córdoba el 11VIII-1792. Subteniente de artillería. Murió a los 18 años de edad en el Castillo de Puntales de la bahía de Cádiz, alcanzado por un casco de granada francesa. F) María de las Mercedes de Sobremonte y Larrazabal, que casó el 31-XII-1793 con Francisco López de Omaña. Padres fueron de: Francisco y Felipe López de Omaña Sobremonte, éste último fallecido en 1834. G) María del Carmen Josefa Juana Nepomucena — Mariquita — de Sobremonte y Larrazabal, baut. en Córdoba el 24-IV-1795; fall. en 1838. Casóse en 1806 en Bs. As. con el Ayudante mayor de Dragones — tío 2º suyo — Juan Manuel Marín y de la Quintana, con quien no dejo sucesión. (Ver el Apellido Marín). H) José María Ramón Canuto de Sobremonte y Larrazabal, baut. en Bs. As. el 19-I-1798. I) José María Agustín de Sobremonte y Larrazabal, baut. en Bs. As. el 20-IV-1799. J) Ramón Agustín José de Sobremonte y Larrazabal, nac. en Montevideo en 1801. K) José Agustín María de Sobremonte y Larrazabal, baut. en Bs. As. el 19-III-1803. L) Juana Nepomucena María de Sobremonte y Larrazabal, baut. en Córdoba del Tucumán el 19-VIII-1796. Casó a los 13 años de edad en Bs. As., en el oratorio privado de su padre el ex Virrey, el 11-XI-1809, con el Capitán de Fragata José Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo. Bendijo la boda, con misa nupcial, Fray Vicente Carrera, ex Prior de la Orden de Predicadores. Era el contrayente hijo de Joaquín José Primo de Rivera y Pérez de Acal (1) y de Antonia Ortiz de Pinedo y Muñoz Anuncibay, 1 Joaquín José Primo de Rivera Pérez de Acal había nacido en Veracruz en 1734, y abrazo la carrera militar. En 1783 sirvió en Buenos Aires como Capitán y 36

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nacida en Algeciras en 1749; nieto paterno del Capitán Pedro Primo de Rivera Horruytinel, nacido en La Habana en 1680, y de Juana Pérez de Acal González Florencia y Uriz; nieto materno de Juan Bautista Ortiz de Pinedo Anuncibay de la Peña y Eguiluz, nacido en Ormijana en 1699, y de María Bernarda Muñoz, nacida en Tarifa en 1711; bisnieto del Sargento Mayor Enrique Primo de Rivera nacido en Bruselas, que sirvió en América del Norte, en la Florida, y se casó en La Habana con la cubana Manuela Horruytinel. José Primo de Rivera Ortiz de Pinedo había venido al mundo en Algeciras, en 1777. Sentó plaza de Guardia marina el 28-IV1792. Siendo Alférez de Fragata abordo del bergantín “Alerta”, Teniente Coronel de Artillería. Aquí, el 20 de Mayo de aquel año, ante José García Echaburu, vendió a Mariana Baquijano un negro esclavo llamado Manuel, de 12 a 14 años, en 150 pesos. Tres meses después (27-VIII), a su solicitud, una “Comunicación Real” le concedió permiso para regresar a España con el grado de Coronel. Y el 23 de octubre, otra “Comunicación” análoga aprobaba la entrega de dinero de varios comerciantes de la “Bahía de Todos los Santos” al “comandante de la expedición al golfo de Guinea Don Joaquín Primo de Rivera”. Tratábase de una empresa de importación de negros, financiada por mercaderes brasileros de Bahía. A nuestro Coronel le reconoció el Rey “el particular mérito que habeis contraído en los establecimientos de la costa de Guinea”; y en 1786 le nombró gobernador de Maracaibo, Venezuela. Hijos de este militar — además del antedicho José — fueron: María del Pilar primo de Rivera y Ortiz de Pinedo, que casó y hubo sucesión con Bernardo de la Puente Adaro, baut. el 16-X-1754 en San Vicente de Abando,Vizcaya (hijo de Matías de la Puente Udiorolo y de María Antonia Adaro); y Juan Bautista, Manuel y Joaquín Primo de Rivera Ortiz de Pinedo, los dos primeros, y el homónimo de su padre militar, Comandante en el Perú de los regimientos “Burgos” y “San Carlos”. Como Coronel — este Joaquín cuñado de Juana de Sobremonte y Larrazabal — pasó a Chile en calidad de Jefe del Estado Mayor. Sorprendió a los patriotas en “Cancha Rayada” y mandó el ala izquierda realista en la batalla de “Maipú” (5-VI1818). Prisionero tras la derrota, se le confinó del otro lado de los Andes, en la cuyana ciudad de San Luis, con sus camaradas el Brigadier Ordoñez, los Coroneles Morgado y Berganza, los Tenientes Coroneles Morla y Arrasa, los Capitanes Carretero, Cova, Butrón, Salvador, Lamadrid y Fontealba, los Oficiales subalternos Burguillos, Sierra, Riesco, Arriolo, Vidurriza, Ruiz de Ordoñez y un buen número de clases y soldados. Todos ellos se sublevaron el 8-II-1819, tratando de apoderarse del Gobernador criollo Dupuy. Fracasada la intentona, Joaquín Primo de Rivera se pegó un tiro de carabina falleciendo en el acto. Sus camaradas en tanto, murieron en la refriega o se les fusiló por orden de Monteagudo; salvo el Teniente Juan Ruiz de Ordoñez, novio de la niña puntana Melchora Pringles, a quien indultó San Martín, casándose los jovenes poco después del tremendo drama. De la Quintana

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navegó en misión científica por las regiones marítimas antillanas. Después, partícipe fue, en agua y tierra, de numerosos combates, tanto contra Gran Bretaña como contra los franceses de Napoleón que invadieron España. Con el grado de Capitán de Fragata, al mando de la corbeta “Mercurio”, en septiembre de 1809, llegó nuestro marino a Montevideo. Apenas 60 días mas tarde casábase en Buenos Aires con Juana de Sobremonte, la hija del ex Virrey. En marzo de 1810 regresó a Cádiz, para volver enseguida a Montevideo con la Real orden que anunciaba la instalación del Consejo de Regencia en aquella gaditana ciudad. El Gobernador montevideano Francisco Javier de Elío le confió una división naval, con la que sostuvo el bloqueo a Buenos Aires y, en varias ocasiones, se desempeñó como parlamentario de las autoridades de aquella plaza realista ante los gobiernos revolucionarios bonaerenses. Rendido Montevideo, Primo de Rivera cayó prisionero y logró fugar, alejándose para siempre del Río de la Plata. Intensa fue su actuación posterior — de 1815 a 1849 — en el mar, en las guerras civiles y en la política de la madre patria. Culminó su carrera con los cargos y honores de Caballero de la Orden de San Fernando, Gran Cruz Carlos III, Ministro de Marina, Teniente General de la Armada, Presidente de la Junta del Almirantazgo, Ministro del Supremo Tribunal de Guerra y Marina, Comandante General de la Habana y Capitán General de Cádiz. Falleció en Sevilla en 1853. Con Juana de Sobremonte Larrazabal hubo numerosos hijos, entre ellos: a) José Primo de Rivera Sobremonte,nac. en Montevideo. De acuerdo con la tradición militar de su familia fue militar. b) Rafael Primo de Rivera Sobremonte, nac. en Montevideo. Militar asimismo. c) Juana María Primo de Rivera Sobremonte, nac. en Buenos Aires el 11-II-1815. d) Miguel Primo de Rivera Sobremonte, nac. en Sevilla el 13V-1827 y fall. en Jerez de la Frontera el 7-VIII-1898. Alcanzó el grado de Coronel, y en la política llegó hasta Senador del Reino. Casó en Jerez, el 14-IX-1862, con Inés de Orbaneja Pérez de Grandalla. Entre sus hijos consigno a:

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d1) Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, nac. en Cádiz el l8I-1870 y fall. en Paris, desterrado. el 16-III-1930. Era abanderado del regimiento de “Extremadura”, cuando en 1893 marchó a la guerra de Melilla, destacándose por su denuedo en los combates. Esto le valió ascender rápidamente y ganar la Cruz de San Fernando de primera clase. Pelea más tarde en Cuba y Filipinas, donde su bravura obtiene la Cruz de María Luisa. Desenvuelve la mayor parte de su carrera en los campos de batalla marroquíes, hasta culminar luciendo los entorchados de Teniente General. Era Capitán General de Barcelona el 13-IX-1923, y a raíz de un pronunciamiento militar sin sangre, asume la jefatura política de España; en medio de un sistema de partidos liberales caducos, cuyos dirigentes mostrábanse incapaces de darle solución a la guerra con los moros, ni encarrilar el país minado por el separatismo — catalanista en primer término — y por las luchas facciosas. El Dictador liquidó victoriosamente el pleito africano (tras del desembarco de Alhucemas, en septiembre de 1925), pero en política interna su dictadura, sin programa ni normas definidas de estilo revolucionario, fracasó por completo. Los errores y omisiones de Primo de Rivera concitaron su impopularidad — sobre todo entre los intelectuales y literatos —, a tal punto que, después de siete años, el Rey le pidió bruscamente la renuncia el 30-I-1930. Cuarenta y cinco días más tarde, el General moría en la capital de Francia mientras que España se encaminaba hacia el caos. Miguel Primo de Rivera fue 2º Marqués de Estella, por haber heredado ese título de su tío el General don Fernando en 1923. Habíase casado el 16-VII-1902, en Madrid, con Casilda Sáenz de Heredia, nac. en San Sebastián (hija de Gregorio Sáenz de Heredia y de Angeles Suárez de Argundín, de los Marqueses de Casa Argundín). Fueron sus hijos: 1d) José Antonio Primo de Rivera y Sáenz Heredia, nacido el 24-IV-1903. Fue 3er Marqués de Estella De la Quintana

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a la muerte de su padre. Es el creador de Falange Española, héroe y mártir del nacionalismo de su patria. “Nuestro movimiento no es solo una manera de pensar; es una manera de ser” — proclamó cierta vez —. “Yo quisiera llevar mi voz hasta los últimos rincones de los hogares obreros para decirles: sí, nosotros llevamos corbatas; sí, de nosotros podeis decir que somos señoritos. Pero traemos el espíritu de lucha precisamente por aquello que no nos interesa como señoritos; venimos a luchar por que a muchos de nuestras clases se le impongan sacrificios duros y justos, y venimos a luchar por que un Estado totalitario alcance con sus bienes lo mismo a los poderosos que a los humildes. Y así somos, por que así lo fueron siempre en la historia los señoritos de España. Así lograron alcanzar la jerarquía verdadera de señores, porque en tierras lejanas, y en nuestra Patria misma, supieron arrostrar la muerte y cargar con las misiones más duras, por aquello que precisamente, como tales señoritos, no les importaba nada”. Este muchacho extraordinario falleció soltero, a los 33 años de edad, fusilado por los republicanos marxistas en la cárcel de Alicante el 20-X-1936. Sus restos, después de la guerra civil, descansan en el Escorial junto con las cenizas de los Reyes de España. Por decreto de 17-VII-1948, el Jefe del Estado Español, Generalísimo Francisco Franco, le concedió al ilustre muerto el título de Duque de

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Primo de Rivera, con Grandeza de España y derecho de transmisión a sus legítimos herederos. 2d) Miguel Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, 4º Marqués de Estella. Murió en 1964. Era casado con Margarita de Lario; Fernández de Villavicencio. 3d) María del Carmen Primo de Rivera y Sáenz de Heredia. 4d) Fernando Primo de Rivera y Sáenz de Heredia. d2) Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, n. en Jerez de la Frontera el 30-VIII-1889. Fue militar. Con el grado de Capitán de caballería distinguióse por su valor en Melilla, en la campaña de 1912. Once años más tarde en esa interminable guerra marroquí, siendo Teniente Coronel y Jefe del regimiento “Alcántara”, participó en la toma de Haman y de las posiciones de Uestia, Dar-Druis y Tomasutin Norte. En Monte-Arruit, frente a sus soldados en una carga de caballería, lo alcanzó una bala de cañón, de cuya herida murió pocos días después, en agosto de 1921. d3) María Jesús Primo de Rivera y Orbaneja, “cuya maternal abnegación y afectuosa entereza en los veintisiete años que lleva a nuestro cargo no podremos pagar con tesoros de agradecimiento” — como estampó su sobrino José Antonio en su testamento, las vísperas de ser fusilado en la prisión de Alicante, el 18-XI-1936. e) Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, n. en Sevilla el 24VII-1831; fall. en Madrid el 23-V-1921. Después de combatir en las luchas civiles de su patria, de actuar en el gobierno y en la guerra de Cuba y Filipinas, culminó su carrera como Teniente General, 1er Marqués de Estella y Conde de San Fernando de la Unión, con grandeza de España. Casado con Pilar Arias de Quiroga y Escalera, procreó a: e1) María de los Dolores Primo de Rivera Arias de Quiroga, que casó con José María O’Shea Osorio de Moscoso, de la Casa de los Condes de Arzacollar (hijo de Guillermo O’Shea Montgomery y de María Cristina Osorio De la Quintana

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Moscoso Carvajal — de los Duques de Sanlúcar la Mayor). Con sucesión. e2) Fernando Primo de Rivera Arias de Quiroga, 2º Conde de San Fernando de la Unión. Casó con una señora Cobo de Guzmán. Fueron padres de; I) Miguel Primo de Rivera Cobo de Guzmán, Conde de San Fernando de la Unión, marido de María Antonia Urquijo de Federico; y II) Fernando Primo de Rivera Cobo de Guzmán. Va — Francisca de la Quintana y Riglos, baut. en Bs. As. el 26IX-1734; fall. el 14-VI-1815. Casóse aquí, el 24-IX-1759, con Ignacio de Irigoyen Echenique, baut. el 11-III-1728 en Azpilcueta, valle de Baztán, Reino de Navarra (hijo de los primos Juan Martín de Irigoyen Istevenirena y Josefa de Echenique Irigoyen; n.p. de Martín de Irigoyen Garaicochea y de Catalina de Istevenirena Estevarena; n.m. de Juan de Echenique y de María de Irigoyen Garaicochea; bisn. de Manuel de Irigoyen y de María Garaicochea. Ignacio fue Alcalde ordinario de Bs. As, donde fall. el 17-II-1787. Por su parte Francisca de la Quintana testó tres años antes de morir, el 18-II-1812, en el registro del Escribano Ignacio Inocencio Agrelo. Dispuso ella se enterrara su cadáver “en el Campo Santo del Convento de la Recolección”, y declaró por sus hijos herederos a los 8 que vivían en ese entonces; Juan Antonio; Manuel; Miguel; Basilio; Matías; Mercedes; Petrona y Josefa. He aquí su descendencia completa” 1) Juan Antonio Mariano Francisco de Irigoyen de la Quintana, baut. de 2 días el 9-VI-1761, bajo el padrinazgo de sus tíos el Alcalde Domingo de La Jarrota Ortiz de Rozas y su mujer Josefa de la Quintana (mis 4os abuelos). Juan Antonio falleció loco y soltero el 7-V-1815. 2) Manuel Mariano de Irigoyen de la Quintana, baut. el 15-IX-1762. Abogado de la Real Audiencia. Casó con Paula Calderón y Velasco (hija de Sebastián Calderón Santibañez y de Juana Teresa Martínez de Velasco Jaimes). Fueron sus hijos: A) Juana Guillermina Manuela de Irigoyen Calderón, baut. el 25VI-1792, fall. el 23-X-1869. Casó el 19-VI-1811 con el General Agustín de Pinedo Albizuri (hijo del Coronel Agustín de Pinedo y Arce y de Juana de Albizuri Echaurri; n.p. de Agustín 42

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Fernando de Pinedo Fernández Valdivieso, n. en Burgos, Maestre de Campo y Gobernador del Paraguay, de 1772 a 1778, y de María Bartolina de Arce Baez de Alpoin Labayén Tapia de Vargas; n.m. de José de Albizuri Sagasti, n. en Bermeo, Vizcaya, y de Dionisia de Echaurri Larrazabal y Avellaneda — ver este último apellido). El General Pinedo perdió la vida el 3II- 1852 después de la batalla de Caseros, en la que combatió a favor de Rosas; no las balas; una insolación lo precipitó a la tumba. Hubo por hijos a: a) Pedro Agustín Pinedo Irigoyen, baut. el 27-II-1814; fall. el 11-VIII-1845. Casó el 23-VIII-1844 con Justina de Quesada Dolz, baut. el 25-X-1821; fall. el 22-IV-1898 (hija del Coronel Dionisio de Quesada Herrera y de Carmen Dolz Guzmán). Su única hija resultó: a1) Carmen Adela Pinedo Quesada, baut. el 23-VIII-1845; fall. el 11-XI-1915. Cuando el incendio del vapor “América” (24-XII-1871) Carmen pudo salvarse debido al heroico sacrificio de Luis Viale que le dió su salvavidas. Su esposo Augusto Ventura Marcó del Pont Reyna se ahogó en ese naufragio. Había nacido él en Bs. As. el 10VI-1845 (hijo de Antonio José Vicente Marcó del Pont Díaz de Vivar y de Feliciana Reyna Correa Pizarro y Silva). Los cónyuges Marcó del Pont-Pinedo dejaron estos dos hijos: 1a) Augusto Carlos Marcó del Pont Pinedo, que casó con María Elvira de la Torre Urizar Fragueiro, peruana (hija de Andrés de la Torre Urizar Carrasco y Bernales, n. en Lima, y de María Fragueiro Zavalía Frías Iramain, de ascendencia tucumana). De ellos vienen, entre otros, los Bosch Gramajo-Marcó del Pont, Díaz de Osa-Marcó del Pont Piñeyro Pearson- Bosch Marcó del Pont, Padilla de Bary Bosch, etc, etc. 2a) Carmen Agustina Marcó del Pont Pinedo (izq.), n. el 8-VII-1872. (Gracias a Viale salvóse la criatura en las entrañas de su madre cuando el naufragio del “América”). Se casó Carmen 28-VI-1892 con Carlos Rodríguez Larreta, que sería De la Quintana

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Ministro de Relaciones Exteriores del Presidente Manuel Quintana (hijo de Carlos Rodríguez Larreta y de Adela Maza y Oribe; n.p. de Francisco Antonio Rodríguez y de Manuela Larreta y Torres; n.m. del Coronel rosista mariano Maza y de María Dolores Oribe y Silva; bisn. p.m. de Manuel Oribe, Presidente de Uruguay, caudillo de los “blancos” orientales y General de los “federales” argentinos, y de su sobrina Agustina Silva Tellez Contucci y Oribe Viana — hija del famoso agente de la Infanta Carlota; Felipe Tellez Contucci y de Josefa de Oribe y Viana —. Por su parte el General Manuel Ciriaco Oribe, n. el 26-VIII-1792 en Montevideo y ahí falleció el 12-XI-1857, era hijo de Francisco de Oribe y de María Francisca de Viana Alzaibar; n.p. de Francisco de Oribe y de María de las Casas; n.m. del Mariscal y Caballero de Calatrava José Joaquín de Viana Sáenz de Villaverde, n. en Lagrán, Alava, 1er Gobernador de Montevideo, y de María Francisca de Alzaibar, n. en Lemona, Vizcaya; bisn. de Juan de Alzaibar Arteta — hermano de Francisco, el colonizador de Montevideo —, y de María Calo Guesala). Los hijos del matrimonio Rodríguez LarretaMarcó del Pont fueron: 1) Carlos — mi recordado “Carlitos” — fall. soltero; 2) Augusto, casado con Adela Leloir Unzué; 3) Carmen — “Carmen Gándara” — casada con Jorge Gándara Santamarina; y 4) Agustina casada con Rodolfo de Alzaga Unzué. De estos vástagos vienen los Rodríguez Larreta-Leloir; Alzaga Unzué-Rodríguez Larreta; Balcarce-Alzaga Unzué, Peralta Ramos-Alzaga Unzué, Vela-Alzaga Unzué, Rodríguez Larreta-Elizalde, etc, etc. b) Agustín Mariano Rufino Pinedo Irigoyen. baut. el 19-VI1821, bajo el padrinazgo del Coronel Mariano Benito Rolón. c) Federico Agustín Pinedo Irigoyen, baut. el 9-IX-1822; fall. el 14-VI-1875. Abogado, Decano de la Facultad de Derecho. Casó el 24-X-1846 con Julia Rubio Molina, baut. el 9-III-1825; fall. el 23-II-1899 (hija de José Antonio 44

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Rubio de Velasco del Ribero y de María de Molina Duarte). Los Pinedo-Rubio fueron: c1) Julia Pinedo Rubio, baut. el 24-X-1847; fall. el 4-XI1922. Casó el 14-III-1867 con Francisco Carlos Halbach Bolaños (hijo de Francisco Halbach Schmidt, n. en Remscheid, Alemania, en 1801, Cónsul del Reino de Prusia y de las ciudades libre de Hamburgo y Bremen en Bs. As. y de la criolla oriental Gregoria Manuela Bolaños Alagón. “Herr” Halbach tenía por antepasado remoto a Peter Vormann auf der Halbach, señor del fundo de Halbach en el siglo XVI, y aquí, en la Argentina, fue el primer propietario que alambró todo el perímetro de su estancia; “Los Remedios”, en Cañuelas). Del matrimonio Halbach Bolaño-Pinedo Rubio vienen; los Halbach-Pinedo, Pujol-Halbach, Zemborain-Halbach, etc, etc. c2) Guillermina Gumersinda Pinedo Rubio, baut. el 10-II1849; fall. el 5-II-1916. Casó el 17-VII-1869 con Alejandro Paz Cueto (hijo del tucumano Ezequiel Paz Mariño y de la porteña Jacoba Manuela de Cueto Cernadas). De ellos vienen los Paz-Pinedo, OcampoPaz, Robirosa Demaría-Ocampo Paz, Costa MéndezRobirosa Ocampo, Cibils Cobo-Robirosa Ocampo, Ocampo Paz-Quesada Martínez Chaz, Castaño Urdinarrain-Ocampo Quesada, González GuerricoOcampo Paz, Padrós-Ocampo Paz, etc, etc. c3) Agustín Pinedo Rubio, baut. el 17-I-1853; fall. el 31-V1885. Casó en el Azul el 17-VIII-1878 con Justina Francisca Cornille Dhers (hija de Luis Cornille, n. en Francia y de María Dhers). Con sucesión. Entre sus hijos; Federico Pinedo Cornille, n. en Azul el 2-XI1879, Director Gral. de la Aduana porteña. c4) Mercedes Avelina Pinedo Rubio, baut. el 26-IV-1854. Soltera. c5) Federico Guillermo Pinedo Rubio, baut. el 24-X-1855; fall. el 1-I-1929. Abogado, Diputado Nacional, Intendente de Bs. As. y Ministro de Justicia e Instrucción Pública del Presidente Figueroa Alcorta. Se De la Quintana

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casó el 1-VII-1890 con Magdalena Hilaria Saavedra Obejero, baut. el 30-V-1870 (hija de Diego Saavedra Medrano y de Magdalena Obejero de la Iglesia). Fueron padres de: 1c) Magdalena Pinedo Saavedra, baut. el 1-VII-1892; fall. en 1936. Casó el 27-IV-1916 con Ricardo Bracht Ibarguren, Médico (hijo de Enrique Luis Alberto Bracht Zurstrassen, n. en Darmstadt, Westfalia, Alemania, y de Julia Ibarguren Ruiz). De ellos vienen los Bracht-Pinedo, Bracht-Benegas, Bracht-Larguía, etc, etc. 2c) Julia Pinedo Saavedra, nac. el 19-VIII-1893. Casó el 17-V-1916 con Eduardo López O’Gorman (hijo de Alberto López Lozano, pintor marinista de nota, y de Susana O’Gorman; n.p. de Vicente Fidel López, Ministro de Estado y célebre historiador y de la cordobesa Carmen Lozano Zamalloa; bisn. de Vicente López y Planes, el poeta del “Himno Nacional”, y de Lucía Petrona Riera y Merlo). De ellos vienen los López-Pinedo, Jauregui-López, Bullrich-López, López Pinedo-Frías Ayerza, etc, etc. 3c) Elisa Pinedo Saavedra, nac. el 7-IX-1894; fall. el 16X-1916. Soltera. 4c) Federico Pinedo Saavedra, nac. el 24-IV-1895. Ministro de Hacienda tres veces, en las presidencias de Justo, Castillo y Guido; Diputado Nacional. Fuera de la política nos unió una gran amistad. Casó el 29X-1923 con María Teresa Obarrio Hammer, n. el 14X-1897 (hija de Enrique Francisco Eliseo Obarrio Langdon y de Juana Hammer Bischoff). Padres de; Federico y de Enrique Pinedo Obarrio, casado con Sofía Sara de Laferrere Madero (hijo de Alfonso de Laferrere Leguineche Ezcurra y de Sofia Sara Madero Pérez. Prolongan descendencia. 5c) Jorge Pinedo Saavedra, nac. el 29-IX-1896. Casó el 18-XII-1924 con Cora Acevedo Cabrera (hija de Leoncio Acevedo Ponce y de Corina Rosa Cabrera Bustos). Con sucesión. 46

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6c) Carlos Pinedo Saavedra, nac. el 16-III-1898. Médico. Casó el 12-XI-1931 con María Rosa Gondra del Campo, nac. el 21-V-1901 (hija de Manuel Augusto Gondra Urdapilleta y de María Luisa del Campo Botet). Con sucesión. c6) Avelina Pinedo Rubio, baut. el 7-XI-1856. Casó el 10VIII-1889 con Juan Bautista Miguens Basavilbaso (hijo de José Eulogio Miguens Balderas y de Rafaela de Basavilbaso Ferrín). Unica hija; Avelina Inés Miguens Pinedo, que casó el 6-IV-1921 con Juan Alberto Beyrne Murray. c7) María del Tránsito Pinedo Rubio, nac. el 15-VIII-1858. Soltera. c8) Amalia Juana Pinedo Rubio, nac. el 29-VIII-1860. Casó el 15-V-1891 con Esteban Chassaing Martínez. c9) Eduardo Pinedo Rubio, nac. el 5-I-1862; fall. el 4-I-1915. Casó el 10-IX-1898 con Carmen Sara Udaondo Peña (hija de Guillermo Manuel Udaondo Ortiz Basualdo y de Isabel Peña Zelaya). Sin sucesión. c10) Adelina Hipólita Mercedes Pinedo Rubio, nac. el 22VIII-1866. Casó el 27-IV-1892 con Joaquín Aguilar Corominas. De ellos vienen los Aguilar-Pinedo, MasseyAguilar, Hoevel-Aguilar, Aguilar-Massey, etc, etc. c11) Marta Pinedo Rubio. Casó el 1-IV-1899 con Joaquín Lemoin Jordán. Con hijos. d) Matías Tomás Pinedo Irigoyen, baut. el 10-XI-1840; fall. el 5-IV-1899. Casó el 8-V-1869 con Nicanora Ignacia Oliver García Echaburu, baut. el 30-VIII-1845; fall. el 9-IV-1930 (hija de Laureano José Oliver Montaner y de María Nicanora García Echaburu Banegas; n.m. del Escribano Mariano García Echaburu y de Micaela Banegas Lobo, casados el 23-III-1818; bisn. p. del Escribano Joseph García Echaburu, n. en Sevilla en 1728, y de la porteña María Josefa Molas y Colet, casados el 17-VII-1779; bisn. m. de Juan Andrés Banegas y de Justa Lobo). Fueron sus hijos: d1) Mariano Alejandro Pinedo Oliver, nac. el 3-V-1870; fall. el 21-IV-1916. Casó el 25-XI-1909 con Blanca Madero Buján, viuda de José Luis Acosta Oromí (hija de Eduardo De la Quintana

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Madero Varela y de Marcelina Buján Ellauri). Unica hija; Blanca Mariana Pinedo Madro, nac. el 2-IX-1911. d2) Matías Nicanor María Pinedo Oliver, nac. el 27-V-1874. Casó el 31-VIII-1930 con Sara Moreno da Rocha (hija de Rodolfo Moreno Montes de Oca y de Rosalinda da Rocha Miró). Sin hijos. B) Juana Manuela Guillermina de Irigoyen Calderón, baut. el 28-V-1793. Casó con Máximo Castellanos Arroyo. C) Manuel Mariano de Irigoyen Calderón, nac. el 28-III-1794. Casó el 3-VIII-1818 con Ana María de Sala Echaurri, uruguaya (hija de José Antonio Sala Jofré, n. en Hijar, Tarragona, Aragón, y de Trinidad de Echaurri Chavarría). Hubieron estos hijos: a) Manuel Bernardo de Irigoyen Sala, baut. el 23-VIII-1819. b) Fermín de Irigoyen Sala, baut. el 6-III-1821; fall. el 11XI-1890. Casó el 13-IX-1849 con Mercedes Juana Adela Sáenz Valiente Lavalle (hija de Juan Pablo Sáenz Valiente Pueyrredón y de Josefa de Lavalle González Bordallo). Sin sucesión. c) José María de Irigoyen Sala, baut. el 12-IV-1822; fall. el 29-VII-1877. Casó el 24-XI-1849 con Isabel Francisca de Quesada Dolz (hija del Coronel Dionisio de Quesada y Herrera y de Carmen Dolz Guzmán). Procrearon a: c1) Edelmira de Irigoyen Quesada, nac. el 20-IX-1850. Casó el 21-II-1876 con Francisco de la Paz Ramos Mejía (hijo de Matías Ramos Mejía Segurola y de Francisca Madero Viana). Francisco y Edelmira dieron vida a: 1c) Francisco José Matías Ramos Mejía Irigoyen, nac. el 27-IV-1877, Ministro de la Suprema Corte de Justicia. Casó el 15-VI-1907 con Arminda Thwaites Lastra (hija de Enrique Thwaites Insiarte y de Máxima Lastra Olivera). De ellos vienen los Ramos Mejía-Thwaites, Ramos Mejía-Jorba, Ramos Mejía-Moy Gelly, etc, etc. 2c) Edelmira Mercedes Ramos Mejía Irigoyen, nac. el 28-VII-1879. Falleció en la niñez.

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3c) María Mercedes Ramos Mejía Irigoyen, nac. en 1880. Falleció de corta edad. 4c) Edelmira Ramos Mejía Irigoyen, nac. en 1881. Casó el 29-X-1906 con Antonio León Lanusse Justo (hijo de Antonio Lanusse Fernández y de Virginia Justo Rolón). Con sucesión. 5c) Matías José María Ramos Mejía Irigoyen, nac. el 9-II-1882. Casó el 27-VI-1906 con María Elena García Herrera (hija de Ramón García Mieres y de Carmen Herrera Cano). Con descendencia. 6c) Carlos Víctor Ramos Mejía Irigoyen, nac. el 13IX-1885. 7c) Héctor Gregorio — “Goyo” — Ramos Mejía Irigoyen, nac. el 14-IX-1886. Secretario de nuestra embajada en Chile. 8c) María Elena Ramos Mejía Irigoyen, nac. el 9-VI1888. 9c) Ezequiel Matías Ramos Mejía Irigoyen, nac. el 23-VIII-1891. c2) Ana Micaela de Irigoyen Quesada, nac. el 27-IX-1851. Soltera. c3) Isabel María de Irigoyen Quesada, baut. el 5-III-1853. Casó con Gabriel Vayo Albarellos (hijo de Francisco Vayo y de Emilia Albarellos Pueyrredón). De ellos vienen los Vayo-Irigoyen, Vayo-Lastra Cranwell, Hume-Vayo, Urdapilleta-Vayo, etc, etc. c4) José María de Irigoyen Quesada, nac. el 18-VI-1859. Fall. el 5-X-1922. Casó el 24-II-1883 con Clara Ribeiro Lamas. Sin hijos. c5) Marcelina Guillerma de Irigoyen Quesada, nac. el 12VI-1863. Casó el 17-IX-1887 con Eduardo Madero Buján (hijo de Eduardo Madero Varela, historiador y constructor del puerto de Bs. As., y de Marcelina Buján Ellauri). Fueron padres de: 1c) Eduardo José Madero Irigoyen, nac. el 12-VII-1888. Casó el 23-I-1920 con Celina Lanusse Justo (hija de Antonio Lanusse Fernández y de Virginia Justo Rolón). Con posteridad. De la Quintana

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2c) Guillermo Madero Irigoyen, nac. el 12-VII-1890. Médico. Casó el 22-X-1913 con María Angélica Fernández Guerrico (hija de Ricardo Donato Fernández Torres y de Angélica Guerrico Aguirre). Con sucesión. 3c) Isabel Madero Irigoyen, nac. el 21-VII-1891. Soltera. 4c) Miguel Alejandro Madero Irigoyen, baut. el 22-IV1896. Arquitecto, Intendente de la Capital Federal. Soltero. 5c) Juan Manuel Madero Irigoyen, nac. el 12-VII-1898. Médico. Casó el 17-VII-1926 con Celia Consuelo Peralta Martínez Lynch (hija de Jacinto Peralta Martínez Oliden y de Mercedes Lynch Moreno). Con sucesión. c6) Carmen Lucía de Irigoyen Quesada, nac. el 8-I1865. Soltera. c7) Mercedes Nicasia de Irigoyen Quesada, nac. el 11V-1868. c8) María de Irigoyen Quesada. Soltera. c9) Sara de Irigoyen Quesada. Soltera. d) Guillermo Braulio de Irigoyen Sala, baut. el 3-XII-1823. Soltero. e) Emilio de Irigoyen Sala, baut. el 3-XII-1823; fall. el 15I-1893. Casó el 17-III-1855 con Carolina Antonini Pueyrredón (hija de Antonio Antonini y de María Pueyrredón, hija natural del General Juan Martín de Pueyrredón y Dogan). Resultaron sus hijos: e1) Matilde Ana de Irigoyen Antonini, baut. el 10-I1856; fall. el 7-IX-1908. Casó con Enrique Carlos Becher Muller, nac. en Buenos Aires, destacado pianista. Hijo de ellos fue: Emilio Becher Irigoyen, nac. en 1882, notable escritor, crítico y periodista. Murió soltero el 25-II-1921. e2) Carolina María de Irigoyen Antonini, nac. el 23-I1859; fall. el 27-II-1888. Casó el 3-VI-1874 con Alejandro Halbach Bolaños. Su única Carolina falleció soltera el 25-III-1884. 50

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f) Edelmira de Irigoyen Sala, baut. el 27-I-1827. Falleció en la infancia. g) Mariano de Irigoyen Sala, baut. en 1829. Murió párvulo. h) Mariano de Irigoyen Sala, baut. el 8-X-1830. Casó el 12-VIII-1861 con Rosario Fernández Cherif (hija de Juan Fernández y de Magdalena Cherif). Sin descendencia. i) Miguel Bernardo de Irigoyen Sala, baut. el 15-II-1833. Soltero. D) Fermín Francisco de Irigoyen Calderón el menor de los 4 hijos de Manuel Mariano de Irigoyen de la Quintana y de Paula Calderón Velasco, fue baut. el 8-VII-1795. Casó el 15III-1819 con María Loreto de Bustamante y de la Colina (hija de Manuel de Bustamante Ceballos, nac. en Tarazona, Zaragoza, y de la porteña Justa Ventura de la Colina Oro Escudero Bustamante Cossio y Terán). Fueron padre de: a) Gregorio Julián de Irigoyen Bustamante, baut. el 15-III1820. Soltero. b) Fermín de Irigoyen Bustamante, baut. el 22-II-1821. Murió en la niñez. c) Bernardo Fermín Matías José María de los Dolores de Irigoyen Bustamante, nac. el 18-XII-1822, baut. el 4-I-1823 en la Iglesia de san Nicolás de Bari por el Canónigo Bernardo de la Colina, bajo el padrinazgo del Coronel Matías Irigoyen y de su esposa Carmen de las Cagigas Aguirre, tíos abuelos del párvulo. Caso “don Bernardo” — gran señor, prohombre en la vida pública argentina de actuación archisabida — el 12-X-1850 con Carmen de Olascoaga n. en Mendoza en 1831 (hija de Manuel de Olascoaga y de Micaela Giadas). Fallecieron en Bs. As.; doña Carmen el 5-VI-1893, y don Bernardo el 27-XII-1906. Estos fueron sus hijos: De la Quintana

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c1) María del Carmen de Irigoyen Olascoaga, baut. el 12XI-1851; fall. el 25-XI-1894. Casó el 9-V-1879 con Juan Nepomuceno Fernández Coronel (hijo de Juan Nepomuceno Fernández Chaves y de Josefa Coronel Guerreros). Padres de; Bernardo y Luis Fernández Irigoyen. c2) Bernardo de Irigoyen Olascoaga, baut. el 3-III-1854; fall. el 30-X-1930. Casó con Clorinda Vicenta de Iriondo Zavalla, nac. en Santa Fé (hija de Simón Tadeo de Iriondo Candioti, Gobernador de Santa Fé y Ministro del Interior de Avellaneda, y de Mercedes Tomasa Perpetua Zavalla Comas). Con sucesión. De ellos vienen los Irigoyen Iriondo-Despouy Zavaleta, Irigoyen Iriondo-Buitrago Sánchez, Irigoyen IriondoMichot, Echepareborda Goyeneche- Irigoyen Iriondo, Irigoyen Iriondo-Iriondo Lagos, etc, etc. c3) Elena Juana de Irigoyen Olascoaga, baut. el 6-IV1857; fall. el 18-X-1927. Casó el 21-I-1892 con Julio Buenaventura Velar Solveyra Casas, Abogado. Son los padres de: 1c) Adela Velar de Irigoyen, nac. el 5-IV-1893. Casó el 16-IX-1918 con Miguel Angel Martínez Gálvez, n. en Santa Fé el 29-IX-1890. Presidente del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Falleció el 3-VII-1967 (hijo de Zenón Martínez Cabanillas Carranza Pinto Toledo Pimentel y de su 2ª esposa Margarita Gálvez Siburu). De ellos vienen los Martínez Gálvez Velar-Portela Pico, Estevez Gándara-Martínez Gálvez Velar, etc, etc. 2c) Carmen Velar de Irigoyen. Casó con Carlos Maschwitz (hijo de Paul Maschwitz Horne, n. en 52

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Alemania, y de María Mercedes de la Barra Achaval Madariaga). Sin sucesión. 3c) Julio Velar de Irigoyen. Abogado, Juez de Paz. Murió soltero. 4c) Bernardo Velar de Irigoyen, nac. el 7-X-1896; fall. en 1964. Abogado Procurador del Tesoro de la Nación. Casó con Estela Landivar Elía (hija de Julio Landivar Monet y de Estela de Elía). Hijos; Bernardo y Carlos Velar de Irigoyen Landivar. 5c) Guillermo René Velar de Irigoyen, nació en 1898, Abogado y Escribano. Falleció soltero en 1966. A raíz de su muerte escribí a su cuñada Estela Landivar las siguientes líneas; “El Retoño”, 4 de marzo de 1966. “Querida Estelita: Entristecido, con esa resignación melancólica de quien al sobrepasar los 60 otoños ha perdido no pocos seres queridos en el camino, escribo estos renglones. Ahora René es el que se va, aunque quede adscripto al mundo inmaterial de mis recuerdos. Tu parentesco con mi desaparecido socio — socio en las afinidades generosas más que en los intereses pecuniarios — me impulsa a evocar el cariño que él tenía por todos Uds.; por sus padres y hermanos, de los que tantas veces me habló durante esa veintena de años convividos en la escribanía. Penetré yo así, al través suyo, en la intimidad de los Velar, y no me fue extraña la historia de su familia; los principios morales inculcados desde la infancia con el ejemplo; la alegre juventud transcurrida en Berlín y en la casa de la calle Cerrito; los camaradas de los muchachos, con Pototo Rey a la cabeza; el malhadado lavadero de lanas y su secuela de deudas que tornaron la prosperidad en estrechez; y tantos otros aspectos personalísimos de la vida de mi confidente, con sus días de optimismo y de tristeza. Ni que decir que René vivió pendiente de Bernardo, tu marido. Se enorgullecía con la carrera De la Quintana

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administrativa de éste; con sus éxitos como Procurador del Tesoro; en especial aquel pleito resonante del Puerto de Rosario, que cubrió su nombre de prestigio. Igual solidaridad de fondo adoptaría más tarde ante la actuación pública de su hermano, hasta su muerte, que lo impresionó profundamente, pues nunca creyó que Bernardo se le adelantara en el viaje definitivo. Adoraba a tus hijos, sus sobrinos, herederos de su apellido y — según me anticipó — de sus economías. Te escribo para que compartas conmigo la pena de haber perdido a un amigo entrañable de tantos años; dignísimo nieto de Don Bernardo; sordo y solterón a pesar suyo; algo a la antigua, con su modo caballeresco y galante; leal a sus convicciones y a las personas de su afecto; pícaro sin malicia; lleno de gracia, de delicadeza, de manías y de corazonadas! Haz que no lo olviden tus chicos Velar de Irigoyen! Recibe un abrazo”. 6c) María Elena Velar de Irigoyen, nac. en 1900; fall. en 1984. Casó con Francisco Chas y Lauga. Sin descendencia. c4) Manuel José Fermín de Irigoyen Olascoaga, nac. el 11-V-1859; fall. el 10-XII-1925. Casó el 22-I-1882 con Elena Fernández Blanco Frías (hija de Francisco Fernández Blanco Lemos, n. en Mendoza, y de Cesárea Frías Avila, n. en Santiago del Estero). Padres de; Bernardo Luis Manuel de Irigoyen Fernández Blanco, nac. en 1883. Soltero. c5) Fermín Francisco de Irigoyen Olascoaga, nac. en 17-IX-1861; fall. el 14-VI-1912. Soltero. c6) Mercedes Adela de Irigoyen Olascoaga, nac. el 10IX-1864; fall. el 26-II-1891. Soltera. c7) Carlos Alfredo Doroteo de Irigoyen Olascoaga, nac. el 9-IX-1868. Casó con Amalia Saavedra Casullo (hija de Carlos Inocencio Federico Saavedra Medrano y de Carmen Casullo). Su única hija: Amalia Concepción de Irigoyen Saavedra, nac. el 54

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22-X-1911. Casó con Gastón Clement Toranzos Torino nac. en Salta, Contralmirante y Ministro de Marina (hijo de Enrique Clement, nac. en Orsennes, en el Loire, Francia, y de la salteña Juana Toranzos Torino Castillo Castellanos Plazaola López Moro Díaz). Sin posteridad. c8) Irene Alcira de Irigoyen Olascoaga, nac. el 20-IV1872. Casó 1º con Simón de Iriondo Zavalla, y en 2as nupcias con Juan Bautista de Estrada Gondra (hijo de Juan Bautista de Estrada Perichón Barquín Liniers y Sarratea y de Augusta Gondra Alcorta). Recordado Juez de Comercio. Irene no dejó sucesión en ninguno de sus enlaces. d) Fermín Nicolás de Irigoyen Bustamante, baut. el 6-I1825. Falleció niño. e) Fermín Mariano de Irigoyen Bustamante, baut. el 30-X1832. Murió en la infancia. f) Mariano José de Irigoyen Bustamante, baut. el 16-XII1836. Murió soltero. g) Fermín Mariano de Irigoyen Bustamante, baut. el 10XII-1838; fall. el 1-IV-1869. Casó el 9-VI-1865 con Carolina Peralta Alvear (hija de Vicente Porcel de Peralta Suárez y Merlo y de Carlota de Alvear y Quintanilla). Padres de María Ruperta de Irigoyen Peralta Alvear, nac. el 27-III-1868. Murió soltera. h) Luis María Fermín de Irigoyen Bustamante, baut. el 9XI-1841; fall. el 10-V-1888. Casó el 28-VII-1870 con Carmen Tomkinson Alvear (hija de Enrique Tomkinson, nac. en Londres, y de Virginia de Alvear y Quintanilla). Sus hijos fueron: h1) Carolina de Irigoyen Tomkinson, que casó con Pío Trelles Peralta Alvear (hijo de Carolina Peralta Alvear — viuda de Fermín Mariano de Irigoyen — y de su 2º marido Pío Trelles Graña). Con sucesión. h2) Luis María de Irigoyen Tomkinson, baut. el 19-XII1881. Casó el 22-X-1921 con Estela Basavilbaso López (hija de Carlos Rufino Basavilbaso Quirno y de Rosa López Rodríguez Anaya). De la Quintana

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3) Ignacio Mariano de Irigoyen de la Quintana, baut. en Bs As. el 26IX-1763; fall. infante. 4) Miguel Remigio de Irigoyen de la Quintana, baut. en Bs. As. el 2X-1764. Peleó en las Invasiones Inglesas, y su trayectoria militar se prolonga desde el grado de Portagión de Dragones hasta el de Teniente Coronel Graduado. Fue Caballero de la Orden de Alcántara a partir de 1794. El 22-V-1810 asistió al Cabildo abierto, adhiriendo al voto de Cornelio Saavedra. En 1812 ejerció el cargo de Intendente de Policía y miembro de una Comisión de Justicia, junto con Pedro José Agrelo y Vicente Anastasio Echevarría, en cuyo carácter — La Gaceta de Buenos Ayres del 11-V-1812 trae la pintoresca noticia —, Irigoyen y sus colegas condenaron al soldado Julián Perón (sic), de la 5ª Compañía del Regimiento de Dragones, por haber robado a su Capitán Francisco Montes Larrea, un baúl con ropa y dinero. Perón fue sentenciado a la pena de 6 carreras de baqueta y 10 años de presidio en el Rosario y al pulpero Pedro Pérez, que recibió los efectos robados, a 100 azotes por las calles públicas de la ciudad, y 5 años de prisión. En 1816 Irigoyen, con Francisco Antonio de Escalada, es nombrado Gobernador Intendente interino del distrito bonaerense. Por esa época un documento anónimo de procedencia realista, así define a nuestro personaje; “Cavallero de Alcántara antes de la Revolución y en el día Miembro de la Junta de Observación; fue Director de la Comisión Gubernativa en compañía del Alcalde Escalada. Es sujeto juicioso, pero engreído de su mérito. Está persuadido de que es un Demóstenes y no oye más opinión política que la suya, ni cree que hombre alguno se exprese con más persuasión. Sus ideas públicas son Republicanas, pero no es furioso ni sanguinario”. Al margen dice el papel; “Confirmado, pero algo sanguinario”. En 1820 era Jefe de Policía y Comandante del Regimiento del Orden. Estaba casado, desde el 56

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22-XII-1809, con Ana Estefanía Dominga de Riglos y Lezica, la cual no le dió hijos. Don Miguel extendió su testamento ológrafo el 13-IV-1821. Mandó que sus restos se sepultaran “en el Sementerio de la Santa Iglesia de los Recoletos” (el Pilar). dijo que su hermano Manuel le debía más de 14.000 pesos que le prestó en distintas oportunidades para alimento de sus hijos, el tiempo que estuvo en la Península. Estableció diversos legados; para su esposa Ana de Riglos; para su hermano Matías y su prole; para Josefina, su hermana soltera; para sus sobrinos los Gutiérrez de la Concha. Impuso que el resto de su caudal — pagadas las deudas y satisfechos sus legados — se invirtiera en fondos municipales, con cuyas rentas se pensionaran a sus parientes y a otras personas en escasez. Declaró por bienes a su morada urbana, a sus muebles, plata labrada, alhajas y sus coches; a su “casa de la costa de San Isidro”; a una tienda con sus mercaderías que había vendido a su sobrino Fermín, y éste se la debía. También mi antepasado Antonio José de Escalada le debía 50.000 pesos, el Estado 4.000 y otros deudores como 7.000, “de difícil cobro”. Era dueño, además, de un almacén con carnicería junto a la Aduana, en cuyo negocio “el mozo Ochoa” tomaba el 3% de la venta de carnes. Otorgó libertad a sus esclavos: Catalina, y a los hijos de ésta y a Antonio “mi cocinero y cochero”. Por albaceas nombró a su esposa y a su hermano Matías, y dejó de existir el 11-VI-1822; fecha en que el Escribano Marcos Leonardo Agrelo certificó haber visto el cuerpo de Miguel de Irigoyen, “que estaba dentro de un cajón forrado con un pañete negro, en el segundo patio de su casa habitación, vestido con una chaqueta de lanilla azul turquí, y unos calzones de piel blanca y zapatos de orillo ... el que se halla naturalmente muerto, y no contextó a las tres veces que le llamé”. 5) María Mercedes Martina de Irigoyen de la Quintana, baut. el 9-XI1765; fall. soltera. Fue “el paño de lágrimas” de su hermana Petrona, a la cual acompañó a España, después del fusilamiento del marido de ésta Juan Gutiérrez de la Concha. 6) José Joaquín de Irigoyen de la Quintana, baut. el 19-V-1767. Murió en la infancia. 7) María Martina de Irigoyen de la Quintana, baut. el 23-II-1768; fall. en tierna edad.

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8) Josefa Juliana de Irigoyen de la Quintana, baut, el 23-II-1768; Soltera. Su hermano Miguel le dejó al morir un legado de 2.000 pesos. 9) Basilio Ignacio de Irigoyen de la Quintana, baut. el 14-VI-1772. Se radicó en España, donde 1815 estuvo agregado a un regimiento, y el 15-X-1833 dejó de existir. Habíase casado en Bs. As. con Florencia Prudant Lajarrota (hija de José Prudant, francés, y de Isidora Lajarrota; hija natural del Caballero de Alcántara Domingo José Alonso de Lajarrota — ver el linaje respectivo). Su único vástago resultó; Ignacio Bernardo de Irigoyen Prudant, que casó con Gregoria Cortina Zubiaurre, sin dejar sucesión. 10) María Antonia Francisca de Irigoyen de la Quintana, baut. el 24IX-1774. Soltera. 11) Mariano José de Irigoyen de la Quintana, baut. el 15-IX-1775. Abogado. En el Cabildo abierto del 22-V-1810 adhirió al voto de Martín Rodríguez. Después la Junta revolucionaria porteña lo comisionó a Córdoba a mediar, sin éxito, ante Liniers y Gutiérrez de la Concha, su cuñado. Falleció soltero el 18-XII-1811. 12) María Petrona o Petronila de Irigoyen de la Quintana, baut. el 19X-1778. Se casó en la Catedral porteña el 28-VII-1805, con el entonces Capitán de Fragata de la Real Armada, Juan Gutiérrez de la Concha y Mazos. En vísperas de su enlace (9-VII-), mediante escritura pública que pasó ante el Escribano Juan de la Lastra, la novia fue dotada por su madre Francisca de la Quintana y Riglos y por su hermano Miguel. El contrayente, por su parte, había nacido y lo baut. el 3-X-1760, en Esles, partido judicial de Villacarriedo, valle de Cayón, en las montañas de Santander. Hijo de Jacinto Gutiérrez de la Concha, baut. en Esles el 16-VIII-1719, Alcalde lugareño, y de María Mazos Güemes de la Sierra, baut. en Esles el 2-VIII-1729, casados allá el 16-I-1744. Nieto paterno de Juan Gutiérrez de la Concha, nac. en 1671 en Esles, y de Magdalena Montero del Castillo, nac. en Esles en 1686. Nieto materno de Lorenzo Mazos Güemes y de María de la Sierra y Sierra, oriundos de Güemes. Bisnieto de los primos Marcos Gutiérrez de la Concha y María de la Concha (hija de Pedro de la Concha Güemes y de Isabel Güemes). Tataranieto de Francisco Gutiérrez de la Concha y de María de la Concha y Güemes. Las armas del linaje traen en campo de azur 5 conchas de plata puestas en sotuer; bordura de 58

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gules con 8 aspas de oro. Después se le agregarían al escudo dos leones como soportes y el lema “Un buen morir dura toda la vida”. Juan Gutiérrez de la Concha y Mazos ingresó como Guardia Marina el 15-IX-1775, y al egresar, ya oficial, navegó mucho por el océano y Mar Mediterráneo. Tomó parte en las campañas de Argel, a órdenes del General Barceló. Estuvo luego en las Antillas, colaborando en la famosa expedición científica de Alejandro Malaspina, que éste llevó a cabo más tarde en el Río de la Plata y mares del sur, en las corbetas “Descubierta” y “Atrevida”, que habrían de dar la vuelta al mundo. Gutiérrez de la Concha quedóse en Bs. As., sin embargo, destinado a integrar la comisión demarcadora de los límites fronterizos de las posesiones españolas con el Brasil. Regresó a España en 1802, y allí preparó una edición del Curso de Matemáticas de su camarada Gabriel de Ciscar. Vuelto a nuestras playas, en 1805 encontrábase de Comandante en el apostadero de la Ensenada de Barragán. En 1806 fue segundo de Liniers en la expedición venida de Montevideo para reconquistar Buenos Aires; y en 1807 se batió heroicamente contra los atacantes ingleses, cayendo herido en “la batería del Retiro”. Ascendido a Brigadier de la Real Armada, ocupó luego el cargo de Gobernador Intendente de Córdoba del Tucumán. Opositor de la Junta bonaerense, cayó prisionero de los revolucionarios, y, en “Cabeza de Tigre”, en el “Monte de los Papagayos”, lo fusilaron junto con Liniers, Allende, Moreno y Rodríguez, el 26-VIII-1810. Antes de morir, le dijo en voz baja al capellán del Obispo Orellana: “Decid a mi esposa que haga educar a nuestros hijos en España. Yo rogaré a Dios por su suerte”. Sus restos se llevaron a la madre patria en 1864, y reposan en el Panteón de los marinos ilustres en la isla de San Fernando de Cádiz. Habíase casado primeramente en Bs. As. el 17-VII-1801, con Rosa de la Quintana Aoiz Larrazabal (hija del Brigadier José Ignacio de la Quintana y Riglos y de Petronila Aoiz Larrazabal). Al enviudar de esa señora, sin sucesión, Juan Gutiérrez de la Concha contrajo 2as nupcias (28-VII-1805) con María Petrona de Irigoyen de la Quintana — prima hermana de su finada consorte. Doña María Petrona, fusilado su marido, vino de Córdoba a Buenos Aires con sus niños, y se recluyó en una quinta de San Isidro. En febrero de 1814 trasladose a Montevideo en un buque de De la Quintana

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guerra inglés, y el 7 de julio siguiente se embarcó con los suyos en la fragata “Nancy” rumbo a España. Viajaban también a bordo de la misma nave, el General Gaspar de Vigodet, derrotado Gobernador realista de Montevideo, que acababa de entregar esa plaza a las tropas patriotas del General Alvear. Antes de salir de su patria, doña Petrona dejó por apoderados: en Córdoba a Narciso Lozano (casado con Teresa de Zamalloa), y en Buenos Aires a Antonio de las Cagigas (marido de su sobrina Martina de Aguirre Lajarrota de la Quintana). Posteriormente reuniéronse con Petrona en la península, su hermana Merceditas Irigoyen y su amiga y compañera de desgracia María Rafaela de León, viuda del Contador de la Real Hacienda Joaquín Moreno, también pasado por las armas en el “Monte de los Papagayos” cordobés. Falleció misia Petrona en Madrid en 1829. “La que murió de resultas de una pulmonía fue mi tía Petrona Irigoyen, no sé si mi tío Matías lo sabrá; está traspasada Carmencita, la pobre conocerá lo que es perder una madre” — le escribió desde Badajoz a Buenos Aires, a Manuela Aguirre Lajarrota de García, su sobrina carnal la Marquesa de Fuente Santa, Dolores Laguna Aguirre Lajarrota de Vaca Brito. Estos fueron los hijos de Juan Gutiérrez de la Concha y de María Petrona de Irigoyen de la Quintana: A) Juan José María del Corazón de Jesús Gutiérrez de la Concha Irigoyen — el primogénito — nativo de Bs. As. que recibió las aguas bautismales en la Catedral el 24-IV-1806, apadrinado por mi 5º abuelo Antonio José Escalada y por su tía Mercedes de Irigoyen. Andando el tiempo, Juan José siguió en España la carrera diplomática, llegando a ocupar ministerios y embajadas ante distintas cortes europeas. Fue Caballero de Carlos III, Gran Cruz de Isabel la Católica y de San Hermenegildo. Murió soltero sin hijos. B) Carmen Gutiérrez de la Concha Irigoyen — la menor, tenía 3 meses cuando ejecutaron a su padre —, nac. en Córdoba del Tucumán el 17-V-1810. Casó con José Gispert y falleció sin descendencia.

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C) Manuel Gutiérrez de la Concha Irigoyen, nac. en Córdoba del Tucumán el 15-IV-1808. Intrépido General en las guerras civiles españolas, Senador vitalicio del reino, Presidente del Senado y Embajador en Francia. La Reina Isabel II lo hizo Marqués del Duero, con Grandeza de primera clase, por despacho del 5-VII1847. En la acción de Monte-Muro, el 20VI-1874, una bala carlista le quitó la vida. Ganó nueve veces la Cruz de San Fernando y era Caballero del Toisón de Oro, Gran Cruz de Carlos III y de San Hermenegildo, y del gran Cordón de la Legión de Honor francesa. Su estatua ecuestre se levanta en el paseo madrileño de la Castellana. Habíase casado con Francisca de Paula de la Gasca y Tovar, Marquesa de la Revilla, Condesa de Cancelada y de Lences, Dama de la Orden de María Luisa. Su única hija fue: a) Petra Gutiérrez de la Concha La Gasca y Tovar, 2ª Marquesa del Duero, con Grandeza de España, Marquesa de la Revilla, Condesa de Cancelada y de Lences. Casó con Angel de Carvajal Fernández de Córdoba, 10º Duque de Abrantes y Marqués de Sardoal. Fueron padres de: a1) Angel de Carvajal y Gutiérrez de la Concha. Murió soltero. a2) Manuel de Carvajal y Gutiérrez de la Concha, nac. en Munguía, Vizcaya, el 19-IX-1868; fall en Madrid el 24-IV-1910; Duque de Abrantes, 13º Duque de Linares, 3er Marqués del Duero, Marqués de Sardoal y Grande de España. Casó en Madrid el 2-VII-1900 con María del Carmen del Alcázar y Roca de Togores (hija de Diego del Alcázar y Guzmán, Marqués de Peñafuerte, y de María del Carmen Roca de Togores y Aguirre Solarte). Su única hija fue:

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1a) María del Carmen de Carvajal y del Alcázar, nac. en Munguía el 14-IX-1901; 12ª Duquesa de Abrantes y 14ª Duquesa de Linares, 4ª Marquesa del Duero y de Sardoal y de la Revilla, Condesa de Cancelada y Lences, 3 veces Grande de España. Casó con Francisco de Zuleta y Queipo de Llano Fernández de Córdoba, Conde de Belalcázar (hijo de Diego Zuleta y Zuleta, y de María de la Soledad Queipo de Llano Fernández de Córdoba, Condesa de Casares). Fueron sus hijos: I) José Manuel de Zuleta Carvajal de Llano y del Alcázar, 14º Duque de Abrantes, 15º Duque de Linares, 5º Marqués del Duero, 3 veces Grande de España, 10º Marqués de Revilla, 14º Marqués de Sardoal, 10º Conde de Cancelada, 14º Conde de Lences y 6º nieto de Nicolás de la Quintana y de Leocadia de Riglos y Torres Gaete. II) Alvaro de Zuleta Carvajal. III) Soledad de Zuleta Carvajal, casada con Joaquín María Otero Goyanés Barcena de la Concha y Cedrón. D) José Gutiérrez de la Concha Irigoyen, baut. en Córdoba del Tucumán el 10-VI-1809; fall. en Madrid el 5-XI-1895. Fue Capitán General de los Ejércitos, Presidente del Consejo de Ministros, Presidente del Senado, 3 veces Gobernador y Capitán General de Cuba, Embajador de Isabel II en Francia ante Napoleón III, Caballero del Toisón de Oro, de la Orden de Santiago, Gran Cruz de Carlos III, de San Fernando, San Hermenegildo, Legión de Honor de Francia, etc, etc. Por real despacho del 8-X-1857 se le hizo Marqués de la Habana, otorgándosele las Grandezas de España de primera clase el 12-XI-1864. El diplomático argentino Mariano Balcarce (marido de Mercedes de San Martín y Escalada de la Quintana, hija del Gran Capitán de los Andes y de doña Remedios) en su correspondencia con el Presidente Mitre se refiere al Marqués de la Habana (desde “Jorquay” Inglaterra, 23-IX1862) en los siguientes párrafos: “Por una feliz coincidencia me ligan relaciones de amistad y parentesco, por parte de mi 62

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señora, con el actual embajador de España en París, el general Concha, Marqués de la Habana, quien me ha manifestado las mejores simpatías por Buenos Aires, país de su nacimiento, y cuyo influjo y apoyo, si lo obtenemos, puede sernos útil” — para sellar un tratado de reconocimiento y paz definitiva con España. (París 8-II1863). “El General Concha, que hoy tiene mucho influjo en España, es pariente de mi señora y le he debido muchas atenciones en esta corte”. (Madrid 8-IX-1863). “A mi regreso a La Granja ví al Marqués de la Habana de quien he merecido mil atenciones”. (Turín 8-X-1864). “El General Concha, nacido en la República Argentina y pariente mío, ha sido nombrado ministro de la guerra”. Casó José Gutiérrez de la Concha Irigoyen, el 3-V-1841, en Logroño, con Vicenta Fernández de Luco y Santa Cruz, nac. en Logroño el 18-XII-1815; fall. en San Sebastián el 1-X-1882; Dama de María Luisa (hija de Vicente Fernández de Luco y de Anacleta de Santa Cruz, mujer del General Espartero, Duque de la Victoria). Estos resultaron los hijos del matrimonio Gutiérrez de la Concha Irigoyen-Fernández de Luco Santa Cruz: a) María del Carmen Gutiérrez de la Concha y Fernández de Luco, nac. el 5-III-1842, en Logroño; fall. en Madrid el 15-XII-1914; 2ª Marquesa de la Habana, Grande de España, Vizcondesa de Cuba, Dama de la Banda de María Luisa. Casó en Madrid el 15-X-1864 con Fernando de Arteaga y Silva Carvajal Tellez Girón, nac. en Madrid el 19-V-1836; fall. el 21-X-1908; 13º Marqués de Tavara con Grandeza de España, 14º Marqués de Guadalest y Algecillas, Caballero de Santiago (hijo de Andrés Avelino María de Arteaga Lazcano Carvajal, Conde de Correa y de Santa Eufemia, Senador del Reino, Gran Cruz de Carlos III, Señor de la Casa solar y Palacio de Lazcano, en Guipuzcoa, y de Fernanda de Silva Tellez Girón Waldstein y Pimentel, Dama de la Reina y de la Banda de María Luisa, de la Casa de Santa Cruz de Mudela). Fueron sus hijos:

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a1) José de Arteaga y Gutiérrez de la Concha, nac. en Madrid el 23-VIII-1866. a2) María de la Concepción de Arteaga y Gutiérrez de la Concha, nac. en Madrid el 15-XII-1867; 3ª Marquesa de la Habana, 14ª Marquesa de Távara, 15ª Marquesa de Guadalest y 15ª de Algecillas. Casó en Madrid el 20-X-1894 con José Luis de la Torre Coloma, nac. en Córdoba (andaluza) el 14-XI-1867 (hijo de José de la Torre y Angulo y de Dolores Coloma y Urruela). Unico vástago de ellos fue: José Luis de la Torre Arteaga, nac. en Madrid el 20-VII-1898; 4º Marqués de la Habana y 15º Marqués de Távara. a3) Inés de Arteaga y Gutiérrez de la Concha, nac. en San Sebastián en 7-VIII-1869. En 1940 era ella 5ª Marquesa de la Habana, 16ª de Távara, 16ª de Guadalest y 16ª de Algecillas. a4) Elena de Arteaga y Gutiérrez de la Concha, nac. en San Sebastián el 18-XIII-1872. Casó el 12-VII-1893 con Alfonso de Nájera y Balanzat, nac. en Madrid el 13-X-1870, 2º Marqués de Nájera (hijo de la Marquesa de Nájera que acompaño a la Infanta Isabel en su visita a Bs. As. en 1910, para las fiestas del Centenario de nuestra revolución de Mayo). a5) Isabel María de Arteaga y Gutiérrez de la Concha, nac. en 27-XII-1879, 3ª Vizcondesa de Cuba. Casó el 9-III-1916 con Roberto Sánchez de Ocaña y Algara. b) Vicenta Gutiérrez de la Concha y Fernández de Luco, nac. el 8-II-1844. Casóse en Madrid el 5-IV-1861, con Adolfo de Samaniego y Lassus, 12º Conde de Torrejón y de Casa Trejo, Marqués de Valverde de la Sierra, y de Monte Real; Grande de España de primera clase (hijo de Joaquín de la Cruz Samaniego y Godoy, 11º Conde de Torrejón, y de Juana Lassus y Vallés). Sin sucesión. c) Jacinta Gutiérrez de la Concha y Fernández de Luco, nac. en Madrid el 21-VIII-1848. Casó en San Sebastián el 21VIII-1864 con José Alvarez de Toledo Vázquez de Acuña, nac. en París el 6-VIII-1838; fall. en Madrid el 31-VIII1898; 15º Duque de Bivona, conde de Xiquena, Ministro 64

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diplomático en Constantinopla y Bruselas, Senador por las Islas Canarias, etc, etc. Fueron sus hijos: c1) Tristán Alvarez de Toledo y Gutiérrez de la Concha, nac. en Nápoles el 9-II-1869; 16º Duque de Bivona, Conde de Xiquena, Grande de España, Gran Cruz de Carlos III, Senador vitalicio del Reino. c2) Silvia Alvarez de Toledo y Gutiérrez de la Concha, nac. en Nápoles el 13-VI-1875; Dama de la Banda de María Luisa y 17ª Duquesa de Bivona y Condesa de Xiquena. Casó en Madrid el 25-VI-1896, con Manuel Felipe María Falcó y Osorio Gutiérrez de los Ríos, nac. en el Castillo de Dave (Bélgica) el 30-IX-1856; 4º Duque de Fernán Núñez, titular del 6 marquesados, 8 condados, amén del Señorío de la Higuera de Vargas; Caballero del Toisón de Oro, Gran Collar de Carlos III, Senador del Reino, etc, etc. (hijo de Manuel Pascual Luis Falcó D’Adda, Marqués de Almonacid, etc, y de María del Pilar Loreto Osorio y Gutiérrez de los Ríos Solís Manrique de Lara Fuenmayor y Cervellón, 3ª Duquesa de Fernán Núñez, etc, etc.). Manuel Felipe María Falcó y Osorio Gutiérrez de los Ríos y Silvia Alvarez de Toledo Gutiérrez de la Concha, procrearon estos hijos: 1c) Manuel Falcó y Alvarez de Toledo, (izq.) nac. en Madrid el 5-IV-1897, y murió en la guerra civil española, a consecuencia de un balazo en la cabeza, en el frente de Casa de Campo, cerca de Toledo. Fue 5º Duque de Fernán Núñez, Grande de España, Duque del Arco y de Bivona, etc, etc. Casó en París, el 24-VI-1931, con Mercedes de Anchorena Uriburu, nac. en Bs. As. el 1-I-1908 (hija de Emilio Anchorena Castellanos y de Leonor Uriburu Tezanos Pinto — ver los apellidos Anchorena y Uriburu). Son sus hijos: I) Mercedes Falcó Anchorena Alvarez de Toledo y Uriburu, nac. en Madrid el 27-III-1932, Ahí se casó el 12-VI-1954, con Fernando Soto y Carvajal, Conde de Puerto Hermoso. Con sucesión. II) Manuel Falcó De la Quintana

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Anchorena Alvarez de Toledo Uriburu, nac, el 18X-1936. Es, desde 1940: 6º Duque de Fernán Núñez, 5º Duque del Arco, 19º Duque de Bivona, 10º Marqués de la Mina, 16º Conde de Barajas, 21º Conde de Cervellón, 6 veces Grande de España, 11º Marqués de la Alameda, 27 Marqués de Almonacid, 11º Marqués de Castelnovo, 26º Marqués de Miranda de Auta, 27º Conde de Anna, 25º Conde de la Pezuela de las Torres, 25º Conde de Molina de Herrera,6º Conde de Montehermoso, 10º Conde de Puertollano, 9º Conde de Saldueña, 5º Conde de Xiquena, 24º Señor de la Higuera de Vargas, y 6º nieto, por la rama paterna de Nicolás de la Quintana y de Leocadia de Riglos y Torres Gaete. 2c) José Falcó y Alvarez de Toledo, nac. en Madrid el 4-V-1898; 16º Conde de Elda, Grande de España, Caballero de Calatrava. Casó con Emilia Carrión y Santa María. 3c) Cristina Falcó y Alvarez de Toledo, nac. en Bélgica el 27-IX-1900; 9ª Condesa de Frigiliana. Casó con Leopoldo Sainz de la Maza Gutiérrez de Solana, Conde de Maza, proveniente de linajes del Valle de Soba, antiguamente vinculados a los Ortiz de Rosas, Sainz de los Terreros y Alonso de Lajarrota. 4c) Livia Falcó y Alvarez de Toledo, nac. en Bélgica el 22-X-1902; 8ª Marquesa de Villatorcas. Casó con Pablo Martín y Alonso. 5c) Pilar Falcó y Alvarez de Toledo, nac. en Madrid el 25-III-1906; 10º Marquesa de Nules. Casó con Luis Morenes y Carvajal, Conde de la Peña del Moro. 6c) Beltrán Falcó y Alvarez de Toledo, nac. en Madrid el 28-IV-1907. 7c) Tristán Falcó y Alvarez de Toledo, nac. en Bélgica el 12-IX-1912.

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13) Matías Ramón de Irigoyen de la Quintana, nac. el 25-II-1781. En España sentó plaza de Guardia Marina el 31-XII-1798. Una difundida versión tradicional repite que, a bordo del navío “Santa Ana”, el muchacho tomó parte en la batalla de Trafalgar, el 21-X1805, No parece ser así. El Capitán de Fragata argentino Laurio Hedelvio Destéfani, en un artículo titulado Leyenda e historia sobre los criollos del Río de la Plata en Trafalgar, que publicó en 1964 la revista Historia, demuestra que Matías, como Alférez de Fragata, en 1805 estaba a bordo del “San Fulgencio” en el Ferrol, formando parte de la escuadra que comandaba Gravina. El “San Fulgencio” zarpó para Cádiz el 13-VIII-1805 lentamente, a consecuencia del “estado del forro del casco”. El 15 de septiembre, el barco entró en el Arsenal de la Carraca para su reconocimiento. Así, pues, no se halló Matías de Irigoyen en el encuentro memorable contra los ingleses; pero — anota Destéfani — “como el viaje del Ferrol a Cádiz es un preliminar de la acción de Trafalgar, puede aceptarse que Matías de Irigoyen participó en la campaña de Trafalgar, aunque no combatiera su navío ... Podrá suponerse que el joven oficial pudiera haberse incorporado a algún otro navío, pero el hecho de que no fue ascendido después del combate, como lo fueron todos los oficiales participantes, descarta su presencia en la batalla famosa”. En 1809, siendo Matías Alférez de Navío, se lo trasladó al apostadero del Río de la Plata. Participó en el Cabildo abierto el 22-V-1810, en cuya asamblea votó contra el Virrey Cisneros. La Junta revolucionaria le confió luego una misión diplomática a Inglaterra, y en Londres tuvo entrevistas con el Ministro Marqués de Wellesley, en las que solicitó, en vano, ayuda británica para el gobierno autónomo de Buenos Aires. Posteriormente, en 1812, como Teniente Coronel de artillería volante, asiste a la campaña de Montevideo. Promovido a Coronel, tras la batalla del Cerrito, prosigue la lucha contra los montoneros de Artigas, al mando de una escuadrilla que operaba en los ríos litorales. En 1817 el Director Pueyrredón le nombra Ministro de Guerra. Después ejerce las funciones de Comandante General de Marina. Cierto anónimo documento contemporáneo escrito por un misterioso informante realista, trae esta referencia acerca de nuestro Irigoyen; “Oficial de Marina antes de la Revolución y en el día Coronel y Comandante de Marina. Es joben de regulares luces De la Quintana

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y con más amigos que enemigos en España. Parece uno de aquellos a quienes el temor detiene en sus estravíos”. Al margen de esto se anota; “Confirmado y esta de Ministro de Marina”. Más adelante el hombre fue miembro del Senado Consultivo y Diputado a la Legislatura porteña en 1835 por el partido federal doctrinario, “lomo negro”. Falleció el 20-IX-1839. Desde el 20-VIII-1814 era casado con su sobrina 2ª Carmen de las Cagigas Aguirre (hija de Antonio de las Cagigas del Castillo y de Martina de Aguirre Lajarrota de la Quintana — ver el linaje de Aguirre). Otorgó Matías poder para testar a favor de Manuel José García — tío político de su mujer — y de Manuel de Irigoyen, su hermano, ante el Escribano Luis López. Dichos albaceas protocolizaron sus últimas disposiciones el 23-IX-1839, ante el mismo Escribano. En su matrimonio Matías y Carmen procrearon estos hijos: A) Antonio de Irigoyen de las Cagigas Aguirre, baut. el 18-VI1815. Casó con Hersilia Varela López Rubio (hija de Juan Cruz Varela Sanxinés, poeta y publicista unitario, y de Juana López Rubio y García). El 13-IV-1821 el tío Miguel de Irigoyen de la Quintana — de quien Miguel Antonio era ahijado de bautismo — le dejó como legado 4.000 pesos en su testamento ológrafo. Dos décadas más tarde, el 22-VIII-1843, en Río de Janeiro — ante el Escribano Joaquín José de Castro y los testigos Mariano Sarratea y Narciso José de Silva — Miguel Antonio otorgó un poder amplio a favor de Manuel José García, de Bs. As. — su tío político —, a fin de que interviniera en todas sus causas y demandas. Estos fueron los hijos de los cónyuges IrigoyenVarela: a) Martina de Irigoyen Varela, que murió en la infancia. b) Matías Juan Cruz de Irigoyen Varela, baut. el 21-X-1845. Falleció soltero. B) Martina de Irigoyen de las Cagigas Aguirre, baut. el 3-XIII1817. Falleció soltera el 18-X-1846. C) Antonio Manuel de Irigoyen de las Cagigas Aguirre, baut. el 27-XI-1818. D) María Casimira de Irigoyen de las Cagigas Aguirre, baut. el 21I-1-1820. E) Sara Manuela de Irigoyen de las Cagigas Aguirre, baut. el 31-V1821. Murió niña. 68

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F) Sofía del Carmen de Irigoyen de las Cagigas Aguirre. Vb — José Ignacio de la Quintana y Riglos, baut. en Bs. As. el 17-III-1736; fall. bajo testamento el 15-V-1820, ante Mariano García Echaburu. Cadete del cuerpo de Dragones en 1745; Teniente en 1755; Capitán en 1764. Bajo el mando de los Gobernadores Andonaegui y Cevallos guerreó contra los portugueses en los combates de Caybaté, del Monte Grande, Arroyo Ibaguyú, Chumuví y Angostura del Camino. En 1776 participó en el sitio y toma de la Colonia del Sacramento, y en su defensa contra el ataque británico a esa plaza. Sargento Mayor en 1787 y Teniente Coronel en 1789. Nombrado Comisario Superintendente de Patagones, allí contuvo los embates de la indiada del sur. Cuando la primera Invasión Inglesa, en su carácter de Gobernador militar de la ciudad, por ausencia de su sobrino político el Virrey Sobremonte, asumió De la Quintana el triste papel de ajustar con Beresford, bajo ciertas condiciones, la capitulación de Buenos Aires. En el Cabildo abierto del 22-V-1810, votó por la continuación del Virrey Cisneros en el mando; y producida la revolución de los criollos la Junta patriota le concedió retiro militar. Habíase casado el 9-IV-1766 con Petrona Nolasca de Aoiz Larrazabal (hija de Pablo de Aoiz de la Torre, nac. en Madrid y de Tomasa de Larrazabal y Avellaneda — ver el linaje de Avellaneda). En su matrimonio José Ignacio y Petrona hubieron estos hijos: 1) Fermina Josefa Vitala de la Quintana Aoiz, baut. el 20-IV-1767. Casó el 16-II-1789 con el Administrador principal del Correo de Lima, Félix de la Rosa y Sande, nac. en Lima (hijo del Brigadier Agustín de la Ros y de María Sande, nativos de Gerona). Fueron padres de: A) Félix de la Rosa y de la Quintana, nac. en Bs. As. Era oficial de artillería del ejército realista que nos atacaba por el norte, bajo el comando de La Serna. Murió en el combate de Humahuaca en 1817. Su biografía se inserta en el “Apéndice” del apellido Castro. B) Simeón de la Rosa y de la Quintana.

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2) Tomasa Francisca de la Quintana Aoiz (der.), baut. en Bs. As. el 1-X-1768. Casó en 14-IV-1788 con Antonio José de Escalada, que era viudo de Petrona Salcedo y padre de María Eugenia Escalada Salcedo Demaría — mi 4ª abuela. Por su parte don Antonio José y doña Tomasa Francisca, entre otros hijos, procrearon a Remedios de Escalada de la Quintana de San Martín. En el linaje de Escalada consigno la genealogía y descendencia completa de don Antonio José. 3) Rosa Ramona de la Quintana Aoiz, baut. el 1-IV-1770. Casó 1º el 19-V-1792 con el Coronel José de Moscoso Pérez Ablitas, y en 2as nupcias, el 17-VII-1801 con el entonces Capitán de Fragata Juan Gutiérrez de la Concha. Rosa Ramona no tuvo hijos en ninguno de sus matrimonios. El 18-IX-1796, ante García Echaburu, ella había otorgado escritura de recibo a favor de Miguel Navarro, vecino de Madrid, el cual le entregó 6.000 reales que le legara su tío Tomás Francisco Aoiz, fallecido soltero en España. Muerta Rosa Ramona, su viudo Gutiérrez de la Concha se casó con la prima hermana de la finada: María Petrona de Irigoyen de la Quintana, cuya descendencia registré anteriormente. 4) Francisco Bruno de la Quintana Aoiz, baut. el 9-X-1769; fall. el 20XII-1841. Durante las Invasiones Inglesas actuó en el regimiento de Voluntarios de Caballería, y fué edecán de su primo político el Virrey Sobremonte. Producida la revolución de 1810, se retiró del ejército con el grado de Capitán. Habíase casado el 23-V-1805 con Micaela de Uzín, en la que hubo estos hijos:. A) Eladio de la Quintana Uzín, baut. el 23-X-1806; fall. el 22-III1874. Casó el 21-XII-1834 con Manuela Sáenz de Gaona, baut. en Bs. As. el 22-V-1811; fall. el 28-VII-1890 (hija de Manuel Sáenz de Gaona, baut. en San Román de Cameros, Castilla la 70

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Vieja, y de la porteña Ana Francisca Pantaleona de Alzaga y de la Carrera; n.p. de Diego Sáenz Iñigez y de María de Gaona; n.m. del famoso Alcalde Martín de Alzaga y de María Magdalena de la Carrera Indá Forgue y Tirado). Los cónyuges Quintana Uzín-Saenz de Gaona Alzaga fueron padres de: a) Manuel Pedro Quintana Sáenz de Gaona, nac. en Bs. As. el 19-X-1835. Jurisconsulto; Diputado, Senador, Diplomático, Rector de la Universidad, Decano de la Facultad de Derecho, Ministro de Interior y Presidente de la República Argentina, desde el 12-X1904 hasta el 12-III-1906, en que falleció. Habíase casado el 14-XII-1861 con Susana Rodríguez Viana, nac. en Asunción del Paraguay y fall. en Bs. As. el 5-V-1930 (hija de Ramón de la Paz Rodríguez y de Francisca Carlota Viana; n.m. de Mariano Viana y de Rosa Isabel de la Mora; hija ésta de Fernando de la Mora y de Ana Cazal; hija de José Cazal y de Rosa Fernández de Valenzuela; hija de Salvador Fernández de Valenzuela y de Clara Avendaño Guzmán; la cual tenía por padres a Francisco de Avendaño y a Mariana Rojas Guzmán; cuyos padres fueron García Venegas Hoces y Blanca Riquelme de Guzmán; hija del Capitán conquistador Alonso Riquelme de Guzmán y de Ursula de Irala; hija del famoso Caudillo Domingo Martínez de Irala y de la india Leonor). Los cónyuges Quintana-Rodríguez Viana procrearon a: a1) Manuel Mariano Quintana Rodríguez, nac. el 27-X1862; fall. el 30-XI-1863. a2) Manuel Carlos Quintana Rodríguez, nac. el 21-V-1864. Casó el 19-VIII-1887 con María de las Mercedes Margarita Unzué Baudrix, nac, el 22-II-1869 (hija de Mariano Unzué Rey y de Mercedes Baudrix Barros De la Quintana

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Arana). Con sucesión. De ellos vienen los QuintanaUnzué, Santamarina Irazusta-Quintana Unzué, Santamarina Quintana-Rodríguez Alcorta, Castro SotoSantamarina Quintana, Riglos Elía-Santamarina Quintana, Quintana Unzué- Sánchez Elía, Barón Supervielle-Quintana Sánchez Elía, Sáenz BrionesQuintana Sánchez Elía, etc, etc. a3) Eduardo Quintana Rodríguez, nac. el 9-X-1865. Murió soltero. a4) Ana María Luisa Quintana Rodríguez, baut. 8-IV-1869. Casó con Alberto Rodríguez Larreta y Maza (hijo de Carlos Rodríguez Larreta y de Adela Agustina Maza y Oribe). Con sucesión. De ellos vienen los LarretaQuintana, Larreta Quintana-D’Alkaein, Pradere- Larreta Quintana, etc, etc. a5) María Susana Quintana Rodríguez, nac. en 1871; fall. en 8-VIII-1894. Casó el 24-VIII-1892 con Diego de Alvear y Fernández; fall. el 5-VIII-1923 (hijo de Diego de Alvear y Sáenz de Quintanilla y de Teodelina Fernández Coronel). Hubo un solo hijo, Diego, muerto de corta edad. a6) Julia Elena Quintana Rodríguez, baut. el 14-VII1873; fall. el 7-VII-1910. Casó el 4-VIII-1892 con Camilo de Alvear y Fernández (hijo de Emilio de Alvear y Sáenz de Quintanilla y de Adela Fernández Coronel). Con sucesión. De ellos vienen los Alvear-Quintana, Santamarina Irazusta-Alvear Quintana, Alvear Quintana-Santamarina Castañaga, Alvear SantamarinaCapdevila, etc, etc. a7) Adela Mercedes Quintana Rodríguez (der.), baut. el 19-IV1875. Casó el 14-XII-1897 con 72

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Hilarión Moreno Montes de Oca, Abogado, Diplomático y compositor de valses bajo el seudónimo de “Ramenti” (hijo de Hilarión María Moreno Arandía Ruiz de Arellano, y de Dominga Montes de Oca y Araujo). Con sucesión. De ellos vienen los Moreno- Quintana, Moreno Quintana-Maschwitz Barra, Moreno Quintana Maschwitz-Oromí Frers, Moreno Quintana MaschwitzPizarro, etc, etc. a8) Alfredo Luis Quintana Rodríguez, nac. el 25-III-1880. Murió soltero. a9) María Eugenia Quintana Rodríguez, nac. el 29-VI-1881; y fall. en 1962. Casó el 30-X-1905 con Enrique Casiano Uriburu Uriburu, n. en Bs. As. el 20-XII-1876; y fall. 17VI-1936. Ministro de Hacienda durante el gobierno de su primo el General José Félix Uriburu. Profesor Universitario (hijo de Francisco Uriburu Patrón y de Dolores Uriburu y Castro). Con descendencia. De ellos vienen los Uriburu-Quintana, Uriburu Quintana-Wilson Nevares, Uriburu Quintana-Llavallol Bowers, Lavalle Cobo-Uriburu Quintana, Uriburu Llavallol-Lloveras Albarracín, Lavalle Uriburu-Alzaga Lubary, Videla Méndez Gonçalves-Uriburu Quintana, Uriburu QuintanaRitzer,etc, etc. (Ver el linaje de Uriburu). b) Eladio Erasmo Quintana Sáenz Gaona, baut. el 16-IV-1838; fall. soltero sin sucesión. c) Mariano Nereo Quintana Sáenz Gaona, baut. el 2-VIII-1839; fall. en 1842. d) Federico Fortunato Quintana Sáenz Gaona, baut. el 31-V1841; fall. párvulo. e) Julio Avelino Quintana Sáenz Gaona, baut. el 26-III-1843. Soltero. f) Juan Quintana Sáenz Gaona, baut. el 26-XI-1845; fall. al día siguiente. g) Mercedes Quintana Sáenz Gaona, baut. el 2-XII-1848; fall. el 7-III-1904. Casó el 25-II-1879 con su primo hermano Enrique Quintana Espinosa. Sin hijos. B) María Nicolasa de la Quintana Uzín, baut. en 1801. Murió soltera. De la Quintana

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C) María Remedios de la Quintana Uzín, baut. en 1808. Casó el 1IV-1826 con Santiago Méndez Padrón (hijo de Pedro José Méndez Tapia y de Manuela Padrón Monsalve). Hijo de ellos fue Mariano Méndez Quintana, que casó con Marta Palau; padres de Clementina Méndez Palau, casada con su tío 2º Enrique Santos Quintana Berro, cuya descendencia se apunta más adelante. D) Francisco Bruno de la Quintana Uzín, baut. el 2-III-1810. Coronel de caballería. En sus mocedades luchó contra los indios en la frontera del sur a las órdenes de Rauch. Los vaivenes de la guerra civil lo llevaron a combatir primero con Lavalle, después a favor de Rosas y de los federales. En seguida de Caseros intervino en la revolución porteña del 11 de septiembre. Edecán del Gobernador Pastor Obligado, fue luego uno de los jefes del “Ejército del Sur” destinado a contener los malones de los pampas salvajes. Comandante militar de San Nicolás, participó en la batalla de Cepeda en las filas de Mitre. Al estallar la guerra del Paraguay, le nombraron intendente de Concordia, a fin de organizar los servicios de retaguardia. Falleció el 15-III1870. Habíase casado el 9-X-1834 con su sobrina 2ª Josefa Espinosa Arredondo (hija del General de la independencia Gervasio Espinosa y Suárez de Hortiguera y de Simona Arredondo y Murillo). Estos hijos hubieron Francisco Bruno y Josefa: a) Lucía Carmen Quintana Espinosa, baut. el 11-V-1835. Murió soltera. b) Bruno Vicente Quintana Espinosa, baut. el 12-X-1837; fall. el 14-VIII-1896. Casó con Deidamia Rom y López, fall. el 25-III-1915 (hija de Joaquín Rom y Gibestría, nac. en Barcelona y de su 3ª esposa María Bernarda López Acevedo). Fueron padres de: b1) Bruno Inocencio Quintana Rom, baut. el 19-I-1869. Casó con Margarita Piñeyro Velázquez. Con sucesión. b2) Edelmira Quintana Rom. Casó 1º el 2-III-1891 con Raymond Archambeaut y Bisset, nac. en Francia, y en 2as nupcias, el 21-I-1921, con Bartolomé Vasallo. Sin descendencia. 74

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b3) María Teresa Quintana Rom. Casó el 5-V-1892 con Samuel Ezequiel Hale Pearson, baut. en Bs. As. (hijo de John Fish Pearson, nac. en Filadelfia, Norteamérica, y de Isabel Hale de Diego Bidondo). Fueron sus hijos: 1b) María Teresa Pearson Quintana, casada el 19-X1918 con Martín de Alzaga Pérez. Con sucesión. 2b) Isabel Pearson Quintana, casada el 6-V-1925 con Juan Manuel Paz Anchorena (hijo de Arturo Zacarías Paz Portugués y de Estanislada de Anchorena y Aguirre). Con sucesión. b4) Federico Quintana Rom, nac. en 1876; fall el 30-VIII1941. Diplomático, Embajador en Chile y autor del precioso libro En torno a lo argentino. Casó el 16-III1908 con Clementina de Achaval Rodríguez, nac. el 31VII-1873 (hija de Tristán de Achaval Rodríguez y de Clementina Martínez Collera). Con sucesión. b5) María Elena Quintana Rom, nac. en 1877. Murió soltera. b6) Juan Carlos Quintana Rom, nac. en 1878. falleció soltero c) Enrique Quintana Espinosa, nac. en 1840; fall. el 27-XI1905. Casó el 25-II-1870 con su prima hermana Mercedes Quintana Sáenz Gaona. No tuvieron hijos. d) Malvina Quintana Espinosa, nac. en 1841. Casó el 8-I-1863 con Pedro Máximo Espinosa Campos (hijo del Coronel Antonio Suárez de Hortiguera y de Manuela Campos Ochagavía). Su sucesión se consigna más adelante. e) Simona Quintana Espinosa, baut. el 5-VI-1842.Casó el 20-II1886 con Ricardo Sánchez García. f) Josefa Quintana Espinosa, baut. el 4-XI-1846. Falleció soltera. g) Gervasio Benito Quintana Espinosa, baut. el 17-VII-1848. Murió soltera el 17-V-1888. h) Rosaura Victoria Quintana Espinosa, baut. el 19-V-1851. Falleció soltera. i) María Mariana Quintana Espinosa, baut. el el 3-IV-1852. Murió soltera. j) Julia Ventura Quintana Espinosa, baut. el 28-II-1857. Murió soltera. De la Quintana

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k) Esteban Carmelo Quintana Espinosa, baut. el 13-II-1862. Murió soltera. E) Petrona Sebastiana de la Quintana Uzín, baut. el 20-I-1813. Falleció soltera. F) Juana Paula de la Quintana Uzín, baut. el 29-VI-1814. Murió soltera. G) Ponciano de la Quintana Uzín, baut. el 20-XII-1815; fall. el 12V-1888. Casó 1º el 12-V-1850 con María Rita Berro González de Noriega (viuda de Gregorio Anzó González de Noriega, e hija de Pedro Berro Echevarren, nac. en Betanzos, Coruña y de María Mercedes González de Noriega Gómez Cueli). El 23-V1856 Ponciano pasó a 2as nupcias con Carmen Baez; y a 3as, el 5-X-1872, con su sobrina carnal Micaela Flor de la Quintana (viuda de Guillermo Anzó Berro, e hija de Basilio Flor y de Andrea de la Quintana Uzín). Fueron hijos de los dos primeros matrimonios apuntados: a) Enrique Santos Quintana Berro, baut. el 27-III-1851; fall. el 11-V-1897. Legislador, Ministro de Hacienda de la Prov. de Bs. As. durante el gobierno del Dr. Guillermo Udaondo. Casó 1º el 5-I-1872 con Carmen Hernández Salinas (hija de Sebastián Hernández Centurión y de María Nieves Salinas Rosas); y en 2as nupcias, el 26-X-1886, con Clementina Méndez Palau (hija de Mariano Méndez Quintana y de Marta Palau). Fueron sus hijas: a1) Carolina Quintana Hernández, que casó el 18-V-1893 con Luis Baibiene Mohando. Con sucesión. a2) Amalia Quintana Hernández, que casó el 11-V-1911 con Roberto Hernández Moral. Con sucesión. Hijas del 2º matrimonio: a3) Angélica Rita, nac. en 1889, María Mercedes, nac. en 1890; Clementina, nac. en 1892; y Susana Quintana Méndez Palau, nac. en 1894. Todas solteras y sin sucesión. b) Rita Quintana Berro, baut. el 8-V-1853. Murió soltera. c) Paula Carmen Quintana Baez, baut. el 7-IX-1858. Casó el 1III-1879 con Arturo Alais Ortega (hijo de Manuel Alais Bedoya y de Dolores Ortega González. Con descendencia. 76

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H) Andrea de la Quintana Uzín, que casó con Basilio Flor; padres de Micaela Flor de la Quintana, casada 1º con Guillermo Anzó Berro, y en 2as nupcias con su tío Ponciano de la Quintana Uzín. I) Luciano de la Quintana Uzín. Murió soltero. J) José de la Quintana Uzín, quien en 1823 fue tomado como rehén por los indios, “en el paraje que llaman San Simón, más al campo de la Guardia de Caquél” (hoy estancia de Alzaga, partido de Maipú), cual lo relata Juan Manuel Beruti en sus Memorias Curiosas. 5) Martín José Bartolomé de la Quintana Aoiz, baut. el 25-VIII-1772. El 15-I-1791, junto con su hermano HIlarión, sentó plaza de Guardia Marina en la Compañía de Cartagena en España. Murió soltero. 6) María de la Concepción Buenaventura de la Quintana Aoiz, baut. el 27-IX-1773. Falleció soltera. 7) María de los Angeles de la Quintana Aoiz, baut. el 3-VIII-1783; fall. el 31-I-1807. Casó el 1-XII-1805 con José María Escobar y Merlos. 8) Hilarión José de la Quintana Aoiz, baut. el 22-X-1774 en San Fernando de Maldonado de la Banda Oriental del Uruguay. Hijo de un Brigadier y nieto de un Veedor Real del Fuerte de Buenos Aires, Hilarión de niño, aún no cumplidos sus 10 años, quiso ser militar, y el 23-III-1784, en calidad de “cadete” inicióse en la carrera de las armas. Estos “cadetes” — según exigían las Ordenanzas de Carlos III, publicadas en 1768 — debían de ser hijosdalgos conforme a las leyes del Reino, y asistidos y mantenidos por la Corona con honorable decencia. Viajó luego a España, con su hermano Martín, y el 15-I-1791 ambos muchachos ingresaron como Guardias Marinas, en la Compañía de Cartagena. Empero, el 28-X-1794, Hilarión obtuvo licencia absoluta para retirarse del servicio, lo cual cumplió el 10 de noviembre siguiente. Abandonada la marina y vuelto a Buenos Aires, el mozo se incorpora al ejército como Sub Teniente de Dragones y, con posterioridad, siendo Teniente se le destinó al servicio de fronteras. Revistaba como Capitán del regimiento Fijo de Infantería cuando se produjo la invasión inglesa de 1806. Desde Montevideo marchó con la columna reconquistadora y, tras los De la Quintana

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encarnizados combates callejeros de Buenos Aires, en su carácter de edecán de Liniers, fue comisionado por éste en dos oportunidades, para intimarle a Beresford la rendición — actuando de intérprete en esas tratativas el armador y mercader bostoniano Guillermo White. Beresford, oportunamente, agradecido por el caballeresco comportamiento de Hilarión, le regaló su sable y una hermosa silla de montar con su mandil y riendaje completo. Los Quintana podían sentirse satisfechos, desagraviados: pues si el padre don José Ignacio había entregado las llaves y rendido la ciudad porteña al General invasor, este mismo jefe inglés — 46 días mas tarde — rendía su sable al joven Hilarión, hijo de aquel viejo Brigadier, y Buenos Aires quedaba reconquistada. En 1807 vuelve nuestro intrépido Capitán a combatir contra los británicos, oponiéndose al ataque de Achmuty en Montevideo; tal como cinco meses después, a las órdenes de Juan Gutiérrez de la Concha — su primo político — y de Francisco Javier de Elío, defiende a Buenos Aires de la arremetida de Whitelocke. Viaja luego a España llevando pliegos del Cabildo referentes a las desavenencias de Liniers con Goyeneche, destinadas a las autoridades del reino. Mas como Madrid se halla ocupada por los franceses, no pasa el viajero de Sevilla, y de ahí se dirige a San Lúcar de Barrameda, donde embarca de vuelta para el Río de la Plata. Producida la revolución de 1810, nuestro hombre la apoya decididamente. En 1811-12, ya Sargento Mayor actúa en la formación de Pardos y Morenos que pasan a la Banda Oriental a reforzar los efectivos de Artigas. Toma parte en el sitio de Montevideo y pelea en la batalla del Cerrito. El Triunvirato lo asciende a Teniente Coronel; y con el Regimiento 6º de Infantería se opone en la provincia de Entre Ríos a las incursiones de los realistas enemigos y de los “anarquistas” de Artigas. En 1814, con el grado de Coronel, asume la jefatura de la unidad de Cazadores del Ejército del Norte, y en Tucumán se le nombra Gobernador Intendente de esa provincia. Es, a continuación, Gobernador interino de Salta, y después ejerce la presidencia del Tribunal de Recaudación de Potosí. Incorporado a las fuerzas de Rondeau que operaban en el Alto Perú, participa en la acción de Venta y Media y en el desastre de Sipe Sipe, donde casi pierde la vida y salva la de Necochea. Con posterioridad lo destinan a Mendoza, al ejército de San Martín — su sobrino 78

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político. Cruza éste la cordillera y se bate en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú. El 22-IV-1817 es designado Director interino de Chile, en ausencia de O’Higgins, el cual salió a campaña a las regiones chilenas del sur; pero Quintana renuncia a los tres meses, no sin antes haber declarado la independencia del país trasandino, creado su bandera y acuñado moneda nacional. En 1819 pide la baja del ejército de los Andes con los entorchados de General. Regresa a Buenos Aires que se debate en la anarquía del “año 20”. Aquí alcanza, por instantes, el cargo de Gobernador delegado, a raíz del motín de los cívicos el 1 de octubre, en el que participa con el Coronel Pagola, Agrelo, Soler y Sarratea, para derrocar a Martín Rodríguez; motín que sofocó Juan Manuel de Rosas con sus “Colorados del Sur”. Hilarión, desbaratado, huye a Montevideo salvándose así del fusilamiento. Su hermana María Concepción comparte su destierro en la vecina orilla. A poco retorna el fugitivo a Buenos Aires, y en 1828 el Gobernador Dorrego lo envía a Misiones a cooperar militarmente con Fructuoso Rivera. Vuelto de esta comisión, estalla en la ciudad porteña la revuelta del 1º de diciembre encabezada por Lavalle, quien fusila a Dorrego y desata la guerra civil. El General Hilarión de la Quintana, a partir de entonces, se aleja por completo de la vida pública, y fallece, pobre y olvidado, el año 1843 en el Hospital de Hombres. Con su prima hermana soltera, María del Tránsito Aoiz y Lajarrota (hija de Manuel José de Aoiz Larrazabal y de María Josefa Alonso de Lajarrota Avellaneda), hubo Hilarión los siguientes hijos: A) Martín Alvaro de la Quintana Aoiz, baut. el 25-II-1809. Casó 1º con María Santander, y en 2as nupcias, el 14-VIII1841, con Isidora Crespo Maldonado (hija de Manuel Rufino Crespo y de Isidora Maldonado). Hubo dos hijos, uno de cada enlace: a) Floro de la Quintana Santander, baut. el 30-VIII-1836. Falleció soltero. b) Rufino de la Quintana Crespo, baut. el 22-IX-1842. Murió también soltero. B) María del Carmen de la Quintana Aoiz, baut. el 23-X-1810. Casó 1º con Santiago Tobal Costa (viudo de Teresa Genela, e hijo de Ramón Tobal Casavalle y de María Estanislada De la Quintana

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Costa Núñez, casados el 22-VI-1795; n.p. de Francisco Tobal, baut. en Alamo, Granada, y de María Josefa Casavalle; n.m. de Gabriel Costa Bolain, baut. en Colonego, Limousin, Francia, y de Juana María Núñez de la Torre, casados el 10-X-1772; bisn. m.p. de Jean Costa Ecuyer y de Jeanne de Bolain; bisn.m.m. de Bartolomé Núñez y de María de la Torre). Pasó María del Carmen a 2as nupcias el 18-XI1842, con Telémaco González Funes (hijo de Antonio González y de Josefa Funes). Estos resultaron su hijo y nietos del primer matrimonio: a) Federico Tobal de la Quintana, casado con su prima hermana Amalia Guién de la Quintana (hija de Luis Guién y de Dolores de la Quintana Aoiz). Padres de: a1) Raquel Tobal Guién de la Quintana. Casó el 18-I1896 con Arturo Beruti Quiroga, nac. en San Juan, músico argentino de nota, (hijo de Antonio Luis Beruti Ortiz y de Mercedes Quiroga de la Rosa; n.p. del porteño Antonio Luis Beruti y González Alderete, el famoso distribuidor de escarapelas el 25-V-1810 junto con French y de la mendocina Mercedes Ortiz Correas Gamboa y Corvalán; m.m. de Juan Crisóstomo Quiroga del Carril Oro y Salinas y de Martina Vicentela de la Rosa de la Torre Oro y Torres — ver el apellido Ibarguren). Con sucesión. a2) Gastón Federico Tobal Guién de la Quintana, nac. el 26-VII-1886. Abogado y Magistrado Judicial. Casó el 20-II-1914 con Clara Figueroa Alcorta (hija de José Figueroa Alcorta, Presidente de la Nación desde 1906 hasta 1910, y de Josefa Bouquet Roldán). Sin descendencia. a3) Miguel Angel Tobal Guién de la Quintana. a4) Esther Tobal Guién de la Quintana. a5) Graciela Tobal Guién de la Quintana. C) Floro de la Quintana Aoiz, baut. el 9-VI-1816. Casó el 15IX-1841 con Antonia Agustina Buchardo Mora, baut. el 18I-1815 (hija del Coronel José Mariano Buchardo San Martín y de Manuela Mora y de la Cruz — ver el apellido San Martín). Antonia fall. el 7-XII-1849. Fueron sus hijos: 80

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a) Hipólito Hilarión de la Quintana Buchardo, nac. el 22VIII-1841. Coronel guerrero del Paraguay, casado con Carmen Loyola. Hipólito fall. el 22-IV-1919. Fue padre de: a1) Pedro de la Quintana Loyola, que casó con Hortensia Chiappe Maciel. Con sucesión. a2) Florentina de la Quintana Loyola. Soltera. a3) Irene de la Quintana Loyola, que casó con Santiago Parwell. Con hijos. a4) Amanda de la Quintana Loyola, nac. el 23-V-1884. Falleció el 21-II-1890. a5) Juliana Flora de la Quintana Loyola, nac. el 9-I-1889. Murió el 9-II-1890. a6) Mónica Catalina de la Quintana Loyola, nac. el 30IV-1890. Murió 5 meses después. b) Flora de la Quintana Buchardo. Soltera, aún vivía en 1868. D) Dolores de la Quintana Aoiz, fall. el 22-IX-1904. Se casó 1º con Luis Thorndicke, con sucesión. Y pasó a 2as nupcias el 12-IV-1856 con Luis Guién. Hija suya fue Amalia Guién de la Quintana, que casó con su primo hermano Federico Tobal de la Quintana. E) Pedro de la Quintana Aoiz. Soltero. F) Hortensia Estefanía de la Quintana Aoiz, baut. el 5-X-1830. Soltera. Tuvo además el Guerrero de la Independencia Hilarión de la Quintana otros hijos con Encarnación Alvarez, a saber: G) Sulpicia de la Quintana, que casó el 29-III-1860 con Pedro Ibañez Vigo. H) Hortensia de la Quintana, que casó el 10-X-1870 con Cayetano Piaggio. Vc — Narcisa Javiera de la Quintana y Riglos, baut. el 23-X1741. Se casó en la Catedral porteña, el 16-VII-1754, con Francisco Espinosa de la Cueva Mujica, nac. en La Laguna, Isla Canaria de Tenerife, quien se avecindó en Bs. As. donde fue Regidor y Alcalde de 1º voto. Bendijo la boda el Canónigo Miguel de Riglos — tío de la De la Quintana

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novia —, estando presentes el Gobernador Joseph de Andonaegui y su esposa María Nicolasa de la Barrera, Marcos José de Riglos — mi antepasado — “y otras muchas personas ilustres”. Era, el desposado, hijo de Pedro Nicolás Espinosa de la Cueva y de Ambrosia de Mujica; n.p. de Francisco Espinosa de la Cueva y de Petronila Golfos; n.m. de Juan de Mujica Lazcano y de María Antonia Mores del Castillo; bisn. p.p. de Luis Espinosa de la Cueva y de Isabel de la Cruz Cabral; bisn. p.m. de Pedro Golfos y de María de la Puerta, Señores del Mayorazgo de la Puerta; tatn. p.p. de Luis Espinosa de la Cueva y de Beatriz García. Todos ellos vecinos de La Laguna en Tenerife. Estos resultaron los hijos de los cónyuges Espinosa-de la Quintana: 1) María Francisca Espinosa de la Quintana, baut. el 16-III-1757, bajo el padrinazgo de Francisco Alvarez Campana. Casó con su tío carnal Nicolás de la Quintana y Riglos, el 27-VII-1779. Murió ella el 12-VI-1837. Su sucesión registróse anteriormente. 2) Juana Tomasa Espinosa de la Quintana, baut. el 10-III-1759. Falleció soltera. 3) Vicente Miguel Espinosa de la Quintana, baut. el 7-IV-1760. Heredó de su tío carnal Juan Espinosa de la Cueva Mujica, el Mayorazgo de la Puerta en La Laguna, se estableció, por tanto, en Tenerife y se casó el 8-IV-1788 con María Nicolasa de Tabares y Roo. Su única hija: Josefa Espinosa y Tabares fue Señora de la Puerta, y contrajo nupcias con su pariente Rafael Tabares Franco de Castilla. 4) María Josefa Espinosa de la Quintana, baut. el 9-IV-1761. Casó el 24-XII-1777 con Francisco de Rodrigo Pérez, Comandante de Milicias de Caballería en Maldonado, de la Banda Oriental. Fueron padres de: A) Juana Rodrigo Espinosa, monja en el Convento de las Catalinas de Bs. As. B) María Narcisa Rodrigo Espinosa, que casó en 1793 con Angel Manuel Fernández Blanco y Aguirre, nac. en Bs. As. el 2-VIII1769. Se radicó en Corrientes donde fue Teniente de Gobernador en 1811 y 1814 (hijo de José Fernández Blanco, nac. en Hornillos, Logroño, y de la porteña Catalina de Aguirre Avendaño Salcez y Maciel del Aguila). Hubieron estos hijos: 82

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a) Carmen Angela Fernández Blanco y Rodrigo, casada con Eduardo Vega Calvento. De ellos vienen los VegaFernández Blanco, Vega-Ibañez, Vega-Olmos, Vega OlmosBunge Carvaho, etc, etc. b) Vicente Fernández Blanco y Rodrigo, que casó con Rosa Pillado Centurión. Sin descendencia. c) Catalina Fernández Blanco y Rodrigo. Murió soltera. d) Isaac Fernández Blanco y Rodrigo, nac. el 3-VI-1818; fall. el 19-XI-1867. Casó con Leoncia Suárez de la Casa. Tronco de los Fernández Blanco Suárez (Isaac, donó a la Municipalidad de Bs. As. sus colecciones de antigüedades que hoy son base del Museo de su nombre). Fernández Blanco-Reyna Roballos, Castro Ramírez-Fernández Blanco, Gowland-Fernández Blanco, Jurado-Fernández Blanco, Gowland-Mitre del Campillo, etc, etc. e) Máximo Fernández Blanco y Rodrigo, que casó con Carlota Roballos Ballejo. Antecesores de los Fernández BlancoRoballos, Fernández Blanco-Bravo, Fernández Blanco-Cutó, Fernández Blanco-Migoya, etc, etc. f) Valentín Fernández Blanco y Rodrigo, que casó con Máxima Castro. De ellos derivan los Fernández Blanco-Castro, SanzFernández Blanco, etc, etc. g) Genara Fernández Blanco y Rodrigo, casada con Celestino Fernández Aguirre. Tronco de los Fernández AguirreFernández Blanco, Castilla Aguiar-Fernández Blanco, Fernández Blanco-Munguert, Castilla Fernández-Casares Bullrich, Fernández Munguert-Cantón Carman, etc, etc. 5) Antonio Vicente Espinosa de la Quintana, baut. el 2-X-1764. Clérigo presbítero. 6) Tomás Antonio Espinosa de la Quintana, baut. el 9-III-1765. 7) Pedro Antonio Espinosa de la Quintana, baut. el 14-V-1768. Testó el 7-XI-1821, y fall. el 9-XII siguiente. Fue Capitán de Blandengues desde 1801, y al producirse la revolución de los patriotas en 1810, emigró a Montevideo a luchar en las filas realistas contra Buenos Aires. En 1814, cayó prisionero al rendirse aquella plaza a las fuerzas que comandaba Alvear. Habíase casado el 20-III-1794 con Antonia Suárez de Hortiguera (hija de Domingo

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Suárez de Hortiguera, nac. en Oviedo, España, y de la porteña María Navarro Flores). Pedro Antonio y Antonia procrearon a: A) Gervasio Espinosa Hortiguera, baut. en Bs. As. el 19-VI-1796. Ingresó como cadete del regimiento de Blandengues de la frontera — del cuál era Capitán su padre. Producida la revolución de 1810, adhirió a ella con entusiasmo. En 1811 formó parte de las tropas que, a órdenes de Rondeau, pasaron a la Banda Oriental para sitiar a Montevideo — plaza fuerte que defendía su padre, como Capitán, bajo el mando de Vigodet; fatalidades de esa guerra civil que nos dió la independencia!. Así, pues, Gervasio participa en las acciones bélicas de la vecina orilla; ora contra los realista, ora contra los portugueses, ora contra los “anarquistas” de Artigas. Dos años después retorna a Bs. As. y actúa en Santa Fé, subordinado a Juan Ramón Balcarce. El “año 20” combate contra los caudillos Ramírez y López en apoyo del gobierno directorial. Posteriormente, con el grado de Teniente Coronel, presta servicios en la frontera a las órdenes inmediatas del Comandante de Campaña Juan Manuel de Rosas. Frente al levantamiento de Lavalle, el 1-XII-1828, Gervasio permanece leal a Dorrego y a Rosas. El gobierno de Viamonte lo asciende a Coronel de Caballería. Lucha con esta jerarquía entre las huestes federales contra José María Paz; sin embargo, en 1835, sospechado de “lomo negro” lo borran del escalafón militar y emigra a la Banda Oriental. Allí se suma a las fuerzas “coloradas” de Rivera contra el presidente “blanco” Oribe; pero cuando los unitarios argentinos se alían a los extranjeros ingleses y franceses, para derrocar al jefe de la Confederación, Gervasio Espinosa considera vulnerados el honor y la independencia de su patria y, desde el destierro, ofrece sus servicios a Rosas. Don Juan Manuel acepta el ofrecimiento y lo incorpora al ejército que opone a la invasión de Lavalle. Doce años más tarde, la derrota de Caseros no causa la separación de nuestro Coronel de las filas porteñas. En 1854 fue constituyente para elaborar la Constitución de Bs. As., y falleció en esta ciudad el 16-XII-1866. Habíase casado 1º, el 8-XII-1820, con Simona Arredondo Murillo (hija de Luis de Arredondo Ascasubi y de Petrona Murillo); y en 2as nupcias, el 2-IV-1841, 84

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con Ciriaca Almeyra Díaz (hija de Juan Agustín de Almeyra Iturriaga y de Petrona Díaz Vega). Estos hijos nacieron de ambos matrimonios: a) Josefa Espinosa Arredondo, que casó con su tío 2º el Coronel Bruno de la Quintana Uzín, cuya sucesión ya conocemos. b) Gervasio Espinosa Arredondo, baut. el 23-III-1822, Alférez de Carabineros. Sin sucesión. c) Luis Bartolo Espinosa Arredondo, nac. el 5-IX-1828. Casó el 17-VI-1856 con Amelia Silvia Sánchez. Padres de: Carmelo, Mercedes y Florentina Espinosa Sánchez. d) Agustín Espinosa Arredondo. Casó con Antonia Vazquez. Padres de; Demófila, casada con Fermín Espinosa Zadano; y Agustina, casada con Juan Francisco Duarte Fernández; ambas con descendencia. e) Agustina Espinosa Arredondo. Casó con Francisco Zaldarriaga y Almeyra (hijo de Rafael Buenaventura Estanislao Zaldarriaga Castelli y de Josefa Francisca María Almeyra, casados el 18-XI-1815). Con sucesión. f) Manuela Simona Espinosa Arredondo. Soltera. g) Pedro Antonio Espinosa Almeyra, baut. el 5-X-1841, periodista y poeta. Casó el 12-VIII-1872 con Luisa Jerónima Parada Franco. Su hijo fue: g1) Pedro Gervasio Espinosa Parada, baut. el 29-VI-1873. Casó el 30-IX-1895 con Eudocia Moreno. Son los padres de; Pedro Antonio, Pedro Hilario, Gervasio Victoriano, Tomás Eleuterio, Luis Francisco y Eudocia Espinosa Moreno. B) Antonio Espinosa Hortiguera, nac, el 14-III-1801; fall. el 23VII-1859. En 1813 se incorporó al regimiento de Dragones de la Patria, y después al de Granaderos a caballo, con cuya unidad se halló en Chile en la sorpresa de Cancha Rayada y en las batallas de Maipú, Bio Bio y Chillán, donde lo hirieron gravemente. En la guerra contra el Brasil combatió en Bacacay, Ituzaingó y Camacuá; y en las posteriores contiendas civiles argentinas su militancia armada siempre estuvo de parte de los federales. En 1835, sin embargo, lo dieron de baja del ejército por considerarlo poco grato a los “restauradores apostólicos”. De la Quintana

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Rosas, empero, lo reincorporó en 1839 con el grado de Teniente Coronel, junto con su hermano el Coronel Gervasio Espinosa. Habíase casado en Chile con Manuela Campos Ochagavía; en 2as nupcias en Bs. As., el 15-II-1853, con su prima la porteña Mercedes Sanginés, nac. en 1809 (hija de León Sanginés Fernández y de Narcisa Hortiguera Navarro). Falleció Mercedes de fiebre amarilla en su ciudad natal el 2-IV-1871. Estos hijos hubo Antonio en su primer enlace: a) Augusto Espinosa Campos, baut. en Bs. As. el 12-VIII-1826; fall. el 3-XI-1890. Casó el 12-VII-1858 con Ubalda Guiadas Canova, en la que procreó a: a1) Rufino Antonio Espinosa Guiadas, baut. el 16-XI-1859. Casó el 15-VIII-1885 con María Herrera Palacios. Padres de: María Dolores Espinosa Herrera, baut. el 4-VI-1886. a2) Manuel Ubaldo Espinosa Guiadas, nac. el 16-V-1864. a3) María Luisa Espinosa Guiadas, baut. el 14-XII-1866. a4) Dolores Espinosa Guiadas, baut. el 5-VI-1871. Casó el 14-IV-1906 con su primo hermano Pedro Alberto Espinosa Quintana (hijo de Pedro Máximo Espinosa Campos y de Malvina Quintana Espinosa — hija esta del Coronel Francisco Bruno de la Quintana Uzín y de Josefa Espinosa Arredondo). Su descendencia se consigna más abajo. a5) Raúl Augusto Espinosa Guiadas, baut. el 12-III-1874; fall. el 1-II-1902. Soltero. a6) Sara Espinosa Guiadas, baut. el 5-XI-1875; fall. el 6-II1925. Soltera. a7) Rodolfo Pablo Espinosa Guiadas, baut. el 15-I-1878. Casó el 23-X-1913 con Susana Miguens Crisol (hija de Luciano Miguens Basavilbaso y de Petrona Crisol Guiadas). b) Olaya Espinosa Campos. Murió soltera. c) Eulogio Espinosa Campos. Murió soltero. d) Pedro Máximo Espinosa Campos, fall. el 10-IX-1915, el cual, como vimos, casó con su prima hermana Malvina Quintana Espinosa, en la que hubo a: d1) Arturo Víctor Espinosa Quintana, baut. el 23-XII-1863; fall. el 28-III-1900, soltero. 86

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d2) Pedro Alberto Espinosa Quintana, baut. el 29-X-1869, marido de su prima Dolores Espinosa Guiadas. Padres de; Malvina y Alberto. e) Teresa Espinosa Campos, baut. el 23-X-1830. Soltera. f) Gregoria Espinosa Campos, baut. el 15-IV-1834. Casó con Vicente Corzón. g) Carmen Espinosa Campos, baut. el 22-XII-1840. Murió soltera el 27-VII-1921. h) Domingo Espinosa Campos. C) Mariano Espinosa Hortiguera, nac. en Bs. As. en 1802. A los 10 años de edad ingresó como Cadete en el regimiento “Dragones de la Patria” que comandaba su tío el Coronel Rafael Hortiguera. Adolescente aún participó en el sitio de Montevideo, y en 1816 incorporóse al Ejército del Norte bajo la responsabilidad suprema del General Rondeau. Actúa luego en la campaña sobre Santa Fé a órdenes de Belgrano. En 1820, con su Dragones se subleva en Arequito, siguiendo la inspiración de Bustos. Con posterioridad vuelve a la frontera norteña y combate contra los realistas que operan en Jujuy, donde fue herido en la mano izquierda que le quedó inutilizada. Retorna a Bs .As. y, mas adelante, marcha en las expediciones de Martín Rodríguez al Tandil (Fuerte Independencia) y en la Sierra de la Ventana, contra los indios, como oficial del cuerpo de Blandengues de la Frontera. Después, incorporado a las fuerzas de Rauch, sigue luchando contra los pampas salvajes. Cuando el motín de Lavalle (1-XII-1828), Mariano Espinosa mandó el único escuadrón de línea que acompañó a Dorrego en el combate de Navarro. Rosas lo borró de la lista militar por considerarlo “lomo negro”, en el decreto del 16-IV-1835; pero el 5-X-1838 el mismo Rosas le dió nuevamente de alta en el ejército de la Provincia. Luego de Caseros, lo asciende Urquiza a Coronel, y con este grado se retira Espinosa del servicio activo. Falleció en Buenos Aires el 9-V-1867. Habíase casado primeramente con Brígida Echauri Tirado, y en 2as nupcias in articulo mortis con Josefa Zedano Alvarez (hija de José María Zedano, nac. en Andalucía y de la porteña Faustina Alvarez). Según el genealogista peruano Luis Varela Orbegoso, el De la Quintana

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Coronel Mariano Espinosa Hortiguera casó con Gabriela Rocha, en la que hubo a: a) Mariano Espinosa Rocha, quien con su esposa Domitila Avila no dejó descendencia; pero fue padre del Ilustrísimo Señor Doctor Mariano Antonio Espinosa (nac. el 2-VII1844; fall. el 8-IV-1923), 1er Obispo de La Plata y 4º Arzobispo de Buenos Aires. 8) María Narcisa Antonia Espinosa de la Quintana (der.), baut. el 7-VIII1769. Casó el 10-XI-1788 con Cosme Beccar Febrer, nac. en la villa de Vinaroz, Valencia (hijo de Nicolás de Beccar y de Francisca Febrer). Fueron sus hijos: A) Pablo Beccar Espinosa, baut. el 15-I-1797. Fué militar, empezó a servir a los 12 años de edad como cadete de Dragones el 14VI-1808. Posteriormente se radicó en España, y allá alcanzó el grado de Coronel el 10-X1852. Allá también se casó con Amelia Storach, nac. en Pamplona el 24-VI-1819 (hija de José Storach, médico cirujano militar, y de María Casals y Pons). B) María Angela Dominga del Corazón de Jesús Beccar Espinosa, baut. el 3-VIII-1806. C) Juan José Beccar Espinosa, casado con Marcelina del Pino Saraza (hija del Coronel José María del Pino Rameri y de María Mercedes de Saraza Tirado — viuda de Francisco Casimiro Necochea y Borando, y madre del futuro General Mariano — casados el 9-XII-1805). Los cónyuges Beccar Espinosa-del Pino Saraza procrearon estos hijos: a) José Bernardino de los Dolores Beccar del Pino, baut. el 20V-1824. b) Juan Carlos Beccar del Pino, baut. el 4-X-1828. 88

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D) Miguel Beccar Espinosa, nac. el 8-V-1811. Casó el 3-IX-1834 con Carolina Mansilla y Obella, baut. el 12-XII-1815 (hija de Manuel Mansilla García Posse y de Asunción Obella Ruiz de Ocaña; n.p. de Miguel Sebastián Mansilla Martín Ruiz, nac. en Cádiz y de la porteña Margarita Carcía Posse Cabezas (ver el apellido Cabezas); n.m. de Manuel Santiago Obella Franco, nac. en Galicia, y de Leocadia Ruiz de Ocaña Home de Pessoa (ver el apellido Ruiz de Ocaña). Resultaron sus hijos: a) Cosme de la Asunción Beccar Mansilla, nac. el 15-VIII1890. Casó con María Varela Cané, nac. en 1837 (hija de Florencio Varela Sanginés Rodríguez de Vida y de Justa Cané Andrade). Ellos dieron vida a: a1) María Carolina Beccar Varela, nac. el 10-VIII-1865. Murió soltera. a2) Miguel María Beccar Varela, nac. el 16-XII-1866. Murió el 23-IX-1915. Casóse el 28-X-1911 con Elena Gross, rusa, nac. en Wulckomiz en 1876 (hija de Simón Gross y de Juana Elías). Miguel no tuvo hijos en su matrimonio; pero dejó descendencia natural con Jeanne Trombeur, nac. en Bélgica (hija de Charles Trombeur y de Ernestine Dalle Faile). Esa criatura fue: María Elena Beccar Varela, la cual con un señor Esteguy prolongó posteridad: los Esteguy-Beccar Varela. a3) Cosme Florencio Beccar Varela, nac. el 5III-1868. Casó el 29-V-1897 con Victoria Nazar Miguens. Sin hijos. a4) Justa Rufina Beccar Varela, baut. el 15VIII-1869. a5) Carlos María del Corazón de Jesús Beccar Varela, baut. el 31-VII-1870. a6) Sara Natalia María del Corazón de Jesús Beccar Varela, baut. el 30-VII-1873. a7) Horacio María del Corazón de Jesús Beccar Varela (izq.), nac. el 3-XII-1875 y fall. el 4-VI-1949. Abogado, Ministro de Agricultura de la Nación en 1930. Casó con María Cristina Castro Videla su “sobrinastra” (hija de Damián Castro Benavidez y de Sara De la Quintana

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Videla Varela; n.p. de José María Castro Ramos Mexía y de Segunda Benavidez Costa). Entre los 12 hijos de Horacio y de María Cristina anoto a Cosme Beccar Varela Castro Videla, casado con Julia Elena Sundblad Amadeo (hija de Ricardo Sundblad Ramos Mexía y de Julia Amadeo Rezabal; n.p. de Enrique Sundblad Sáenz y de Atalía Ramos Mexía Madero; n.m. de José Luis Amadeo Cáceres Carranza y de Julia Rezabal Bustillo). Hijo de ellos es Alfonso Beccar Varela Sundblad, marido de Estela Ibarguren Schindler — ésta asimismo 7ª nieta de Nicolás de la Quintana y de Leocadia Riglos. Los hijos de ambos se registran en el linaje Ibarguren. a8) Florencia María del Corazón de Jesús Beccar Varela, nac, el 6-IX-1878. a9) Adrián María del Corazón de Jesús Beccar Varela, nac. el 4-II-1880 y fall. el 9-VI-1929. Abogado, historiador y Presidente de la Asociación Argentina de Futbol y de otros centro deportivos. Casó el 27-X-1904 con Remedios Obarrio Langdon, baut. el 30-IV-1876 y fall. el 30-V-1968 (hija de Manuel José Obarrio Luzuriaga, Decano de la Facultad de Derecho y de Remedios Langdon Sáenz Valiente; n.p. de Francisco Sotero Obarrio Lezica y de Margarita de Luzuriaga Zapiola, n.m. de Juan Langdon Enstis y de Remedios Sáenz Valiente Pueyrredón (ver el apellido Pueyrredón). Entre los cinco hijos de Adrián y de Remedios anoto a Remedios Beccar Varela Obarrio, casada con Federico López Saubidet Castro Videla. Hija de ellos es Margarita López Saubidet Beccar Varela, 90

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mujer de mi hijo Miguel Dámaso Ibarguren Schindler — el asimismo 7º nieto de Nicolás de la Quintana y de Leocadia Riglos. Los hijos de Miguel y Margarita se registran en el linaje de Ibarguren. a10) Alfredo María del Corazón de Jesús Beccar Varela, nac. el 30-X-1883. b) Pedro Beccar Mansilla, que casó con María Eladia González, nac. en 1842. Padres de: Juan Antonio, Juan Martín e Higinia Beccar González, baut. el 10-VIII-1864, el 11-I-1868 y el 7-II-1869, respectivamente. c) Miguel Eustaquio Beccar Mansilla, nac. en 1838. Casó el 8XII-1877 con María Rume Brocksopp de la cual no tuvo hijos. Dejó descendencia natural con Ascensión Arias: Miguel Rodolfo Beccar Arias, nac. 1866 y fall. soltero el 22IX-1922; y Enrique Felipe Beccar Arias, nac. en 1868 y fall. el 4-X-1941, que casó con Carolina Luisa Torriceli, el 30III-1903 y no dejó posteridad. d) Manuel Galacio Beccar Mansilla, nac. en 1839. Murió soltero el 16-VII-1902. e) Victoria Narcisa Beccar Mansilla, nac. el 19-XII-1840; fall. el 8-V-1896. Casó con Jorge Juan Antonio Tornquist Camuso, nac. en Montevideo el 22-IX-1830 y fall. en Bs. As. el 13-VIII-1855 (hijo de Jorge Pedro Ernesto Tornquist Elkins, nac. en Baltimore, U.S.A. en 1801 y de Adelaida Rosa Camuso Alsina y Ambroa, casados en Bs. As. el 6-IV1828). De ellos vienen los Tornquist Beccar, Urdinarrain Irigoyen Tornquist, Pérez Tornquist, Tornquist Campos, Pueyrredón Tornquist, Nazar Tornquist, etc, etc. f) Darío Beccar Mansilla, nac. el 25-X-1843. Escribano. Pudo salvarse con su hijita en el naufragio del vapor “América” en 1871, en cuya catástrofe se ahogó su esposa Catalina Fiorini, nac. en 1847. El 20-XII-1880 Darío pasó a 2as nupcias con la salteña Carlota Leguizamón (hija de Juan Galo Leguizamón y de Carlota Cobo). De su 1º enlace nació Carolina Matilde Beccar Fiorini, baut. el 11-VIII-1870. Del 2º connubio vienen los Beccar Leguizamón, Beccar Graciani, y Noel Beccar. Tuvo además Darío descendencia De la Quintana

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natural con María Ibañez: Darío y Rafael Beccar Ibañez, muertos solteros sin prole los dos. g) Asunción Beccar Mansilla. h) Carolina Beccar Mansilla. i) Aurelia Beccar Mansilla. j) Narcisa Beccar Mansilla. k) Carlos Beccar Mansilla, nac. el 3-VII-1855. Marino, expedicionario al desierto en 1878. Tuvo a su cargo la instalación del faro en la Isla de los Estados, que inspiró la novela de Julio Verne El Faro del Fin del Mundo; dirigió la ocupación de Tierra del Fuego, adonde volvió en 1891 como interventor, con encargo de investigar las denuncias contra el aventurero Poppet. Murió en San Isidro, soltero, el 12-XI1926. Vd — Francisco Javier de la Quintana y Riglos, baut. en Bs. As. el 18-II-1752; fall. el 25-VIII-1820. Fue militar como sus hermanos: Portaguión del regimiento de Dragones en 1764; Alférez en 1768; culminó su carrera con el grado de Coronel de los Reales Ejércitos. Era soltero y tuvo una hija natural — María del Rosario — con Ana María López Zamora. El 2-II-1792 hizo levantar una “Información de limpieza de sangre y pública nobleza”, en cuyo expediente declararon como testigos: Benito Vial, Capitán de Granaderos; José de Zumelzú, Coronel de Granaderos; Nicolás de Aizpurúa; José de Gainza; Eugenio Lerdo de Tejada; Francisco de Alzaybar, Caballero de Santiago; Ramón Palacios; y Manuel de Escalada. Testó el 7-VI-1820, ante Juan José Rocha. Dispuso ser enterrado “en el Cementerio de la Iglesia de los Recoletos”; se declaró tutor de sus nietas y herederas “Petrona y Feliciana Núñez”; y nombró por albaceas a Nicolás de la Quintana, su hermano y a Josefa de Lajarrota, su sobrina (4ª abuela mía). Esta señora resultaba acreedora de la respectiva sucesión por 500 pesos, a pagar al año con interés del 5%, en cuya garantía el finado hipotecó su casa el 14-IX-1812. A su vez eran deudores de dicha testamentaría: Antonio José de Escalada (mi 5º abuelo) por 200 pesos; Manuel Hermenegildo de Aguirre (mi tatarabuelo) por 604 pesos; y Miguel de Irigoyen por 300 pesos. La hija natural del solterón Francisco Javier, habida en Ana María López Zamora fue: 92

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1) María del Rosario de la Quintana, nac. el 26-VI-1880 y baut. dos días más tarde como “hija de padres no conocidos” en la Iglesia de San Nicolás de Bari, siendo su madrina María Isidora Ruiz. Casó María del Rosario con Pedro Ramón Núñez Chavarría, y murió viuda el 8-VI-1814 a las 8 de la mañana. Su esposo Juan Ramón era hijo del Escribano Pedro Núñez Alonso y de Isabel Chavarría y del Castillo, casados en Bs. As. el 15-III-1762, ella hija de Ventura Chavarría y de Ignacia del Castillo, porteños de nacimiento. Pedro Núñez Alonso había nacido en Madrid el 19-IX-1734, y se radicó en Bs. As. en 1760. El 9-X-1773 presentó su título notarial en el Cabildo lugareño. Más tarde el 23-VII-1793 obtuvo Real Ejecutoria de nobleza y certificación de blasones despachada por el Rey de Armas de Carlos IV, Antonio Zazo y Ortega. Falleció en Bs. As. el 15-VIII-1801. Tuvo 5 hijos: I) Justo José Núñez Chavarría, nac. en 1767, Escribano del Cabildo, que se casó 1º con Catalina Conde, y de viudo con María Nemesia Somalo y Arroyo. Dejó sucesión conocida con ambas señoras. Hijo suyo fue Ignacio Benito Núñez Conde, periodista político y escritor, casado con Ignacia Echenagucía Barroso. Su obra más perdurable resultó el libro Noticias Históricas, editado en Londres en 1825, y reeditado muchas veces posteriormente. II) Clara Núñez Chavarría, nac. en 1771, que casó con Domingo de Azcuénaga Basavilbaso, poeta y fabulista. Con sucesión. III) Tiburcia Núñez Chavarría, nac. en 1774, que casó con Francisco Mansilla y García Posse Cabezas. (Ver el apellido Cabezas). IV) Gregorio Núñez Chavarría, nac. en 1776. Peleó en las Invasiones Inglesas, y se retiró en 1813 con el grado de Capitán. Y V) Pedro Ramón Núñez Chavarría — el marido de María del Rosario de la Quintana —, quien nació en 1707 y durante las Invasiones Inglesas peleó como Teniente Coronel Graduado a cargo del 3er escuadrón de los “Húsares de Pueyrredón”. Después de los combates de la Reconquista, el 14VIII-1806 asistió a la “Junta General y Cavildo”, cuya resolución subversiva obligó al Virrey Sobremonte a nombrar a Liniers Comandante militar de la plaza. Testó Pedro Ramón Núñez “enfermo en cama”, el 17-II-1811, ante Inocencio Antonio Agrelo. Dispuso enterraran su cadáver “en el campo santo del Convento de las Mercedes”, y con el hábito de la Orden; declaró ser casado con De la Quintana

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María del Rosario de la Quintana, y padre de tres hijas: “Petrona, Feliciana y Nicolasa”. He aquí la descendencia de estas tres muchachas: A) Petrona Núñez de la Quintana. Se casó el 7-IX-1834 con Juan Manuel Correa Morales y de la Rosa, nac. en Bs. As. en 1794, y aquí se suicidó el 6-VII-1842. Fue Coronel y combatió en las guerras por la independencia y contra el Brasil (hijo de Manuel Correa Morales, nac. en Guimaráez, Portugal, y de Nicolasa de la Rosa y Viera, casados el 23-XI-1773; n.p. de Manuel Correa Morales y de Manuela Pereyra; n.m. de Juan de la Rosa y de María Antonia Viera). Fueron los cónyuges Correa MoralesNúñez de la Quintana padres de: a) Magdalena Correa Morales Núñez, que casó el 30-XI-1860 con Domingo Narciso Murga Saraza (hijo de Julián de Murga Subarrán, nac. en Bilbao, Vizcaya, y de Carlota de Saraza Herrero, casados en Bs. As. el 12-II-1824; n.p. de Miguel de Murga y de Josefa Subarrán; m.m. de Saturnino José Lorenza de Saraza Tirado Madoz y Vargas de Agüero, nac. en Bs. As. en 1760, y de su 1ª esposa María de Herrero Cossio y Terán, casados en Bs. As. el 5-IV-1790). Hijos del matrimonio Murga-Correa Morales resultaron: a1) Domingo Murga Correa Morales, que casó el 11-II-1889 con María Aurelia Concepción Lynch Videla Dorna, nac. el 8-XII-1865 (hija de Justiniano Lynch Zavaleta y de Carmen Videla Dorna Muñoz Cabrera), — ver el apellido Lynch. Con sucesión. De ellos vienen los Murga-Lynch, Frers Lynch-Murga Lynch, Paunero-Murga Lynch, Frers Murga-Guerrero Schlipper, etc, etc. a2) Magdalena Murga Correa Morales, baut. el 1-X-1867. Casó el 23-V-1888 con Julio Peña Blaye, baut. el 31-III1860 (hijo de Juan Gregorio Bautista Peña Zelaya Lezica y Aramburu, y de Adela Blaye Villarasa, casados el 29IV-1859). Con sucesión: De ellos vienen los Peña Murga, Peña Murga Salas Martínez, Peña Salas-Gainza Castro, Mihanovich-Peña Salas, Galíndez Peña Salas, Peña Murga-Ayerza Jacobé, Pereyra Iraola-Peña Ayerza, Estrada-Peña Ayerza, Aldao Freyre-Peña Murga, Lavalle Cobo-Aldao Peña, Achaval-Aldao Peña, Montero-Aldao 94

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Peña, Aldao Peña-Ribero Haedo, Peña MurgaPueyrredón Meyans, Peña Murga-Casares García Victorica, Dowling Muller-Peña Murga, Peña MurgaRamos Mejía, etc, etc. a3) Elena Murga Correa Morales. Casó el 21-III-1888 con Pedro Acebal Ochoa, nac. en 1859 (hijo de Juan Acebal de la Calera, nac. en Burgos, y de Emilia Ochoa Moyano). Elena y Pedro, fall. el 19-III-1892, hubieron 6 hijos solteros y uno solo casado, Juan Carlos Acebal Murga, marido de Estela Zuberbühler Saavedra Lamas. Todos ellos murieron sin dejar posteridad. b) Manuel Ladislao Correa Morales Núñez, nac. el 27-VI-1835. Casó el 4-VII-1867 con María Somellera Martínez (hija de Antonio Somellera Pinazo, y de Brígida Martínez, casados el 6-I-1839; n.p. de Pedro Antonio Somellera Gutiérrez y de Telésfora Pinazo López Escobar Funes y García). Fueron padres de: b1) María Correa Morales Somellera, que casó con Fernando Saguier Pereyra, nac. el 20-VIII-1866 y fall. el 18-III-1939, Senador Nacional (hijo de Fernando Saguier Viana y de Irene Pereyra). De ellos vienen los Saguier Correa Morales, Paz Mariño-Saguier Correa Morales, Saguier Correa Morales-Gómez Aguirre, Saguier Correa Morales-Elía Costa Paz, etc, etc. b2) Delia Correa Morales Somellera. Casó con Rafael Augusto Cobo Halbach (hijo de Rafael Augusto Cobo Lavalle Saez y González Bordallo y de Celestina Halbach Bolaños y Alagón, casados el 22-VI-1863). De ellos vienen los Cobo Correa Morales, Rosas Echagüe-Cobo Correa Morales, Ramos Mejía-Cobo Correa Morales, Cibils Avellaneda-Cobo Correa Morales, etc, etc. b3) Petrona Correa Morales Somellera, que casó con José Rafael Mur. b4) Manuel Correa Morales Somellera, marido de Margarita Díaz. Padres fueron de María Ester y Amalia Correa Morales Díaz. B) María Josefa Feliciana Núñez de la Quintana. Casó con José Joaquín de Vedoya y Lagraña (hijo de Manuel de Vedoya De la Quintana

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García de Cossio y de Margarita de Lagraña Zamudio Maciel Cabral de Melo Alpoin, vecinos de Corrientes, casados allá el 4VIII-1775; n.p. de Francisco de Vedoya y de María García de Cossio, oriundos de Santander, cuya sucesión se radicó en Corrientes). Hubieron estos hijos: a) Juan José Vedoya Núñez, que casó con Nemesia Sierra, de honorable familia de estancieros del Salto argentino, hoy partido de Marcelino Ugarte (hija de Francisco Sierra y de Raymunda Ulloa, padres también del mentado curandero espiritista “Pancho” Sierra, nac. el 21-IV-1831). Hijos del matrimonio Vedoya-Sierra fueron: a1) Josefina Vedoya Sierra. Casó el 10-VII-1890 con Martín Ocampo y Ocampo Lozano y Regueyra. Padres de: 1a) Faustino Martín Ocampo Vedoya, nac. el 29-VII1891; fall. el 21-XII-1906. 2a) Roberto Silvano Ocampo Vedoya, nac. el 12-IX1892. Casó con Vicenta Cabo y dejó sucesión. 3a) Adela María Francisca Ocampo Vedoya, nac. el 10X-1894. Casó el 3-XI-1916 con Julián Aguirre Lynch, nac. el 19-III-1884. De ellos vienen los Rubio Eguzquiza-Aguirre Ocampo, Aguirre Ocampo-Madero Estevez, (ver el linaje de Aguirre). 4a) Martín Manuel Ocampo Vedoya, nac. el 1-I-1897; fall. soltero el 27-XI-1931. 5a) María Josefina Pía Ocampo Vedoya, nac. el 11-VII1901. Casó el 22-XI-1919 con Saturnino de Alzaga Unzué. De viuda pasó a 2as nupcias con el alemán Herbert Kirchhoff. Ella solo tuvo hijos del 1er matrimonio: los Alzaga-Ocampo. 6a) Elena Ocampo Vedoya, baut. el 6-V-1904; fall. el 7VI-1927. Casó el 10-VII-1926 con Pedro Lobos Mayer. Con sucesión. 7a) José Luis Ocampo Vedoya, baut. el 1-VIII-1905; fall. en 1944. Arquitecto. Querido amigo mío y uno de los fundadores de la agrupación nacionalista “Liga Republicana”. Casó con “seine deutsche” Liselote. Murieron ambos sin hijos. 96

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8a) Jorge Francisco Ocampo Vedoya, nac. el 21-X1910. Casó el 11-V-1929 con Susana Martina Naón Cabral Hunter. Con descendencia. a2) José Marcelino Vedoya Sierra. Casó con Laura Leonora Zimmermann Mackinlay. Unica hija de ellos fué: María Laura Vedoya Zimmermann, nac. el 19-I-1901; que casó el 9-VII-1919 con Alberto Eduardo Uriburu Madero, nac. el 6-IX-1895; fall. el 19-VI-1954, Embajador en el Perú, profesor universitario, comediógrafo y publicista (hijo del General José Félix Uriburu, Presidente de la Nación, y de Aurelia Madero Buján — ver el apellido Uriburu). Con sucesión. a3) Juan Antonio Vedoya Sierra. Casó con Dolores Montes Chavetón. Con descendencia. a4) María Laura Vedoya Sierra, nac. el 12-III-1880. Casó el 5-VI-1901 con Florencio Martínez de Hoz Stegmann, nac. el 10-III-1867 (hijo de Narciso Miguel Martínez de Hoz Fernández de Agüero y de Matilde Leonor Stegmann Pérez Millán). Con sucesión. a5) Joaquín Vedoya Sierra. Casó con Emma Green Napp. Con descendencia. a6) Ricardo Vedoya Sierra. Casó el 3-V-1902 con Marta Isabel de Bary Mackinlay, nac. el 23-VI-1880 (hija de Teodoro de Bary Wittenstein, nac. en Barmen, Alemania, y de María Fidela Mackinlay Casati). Sin hijos. b) Manuel Vedoya Núñez. Casó con Carmen Cossio Cateura. De ellos vienen los Vedoya-Cossio, Vedoya-Mayobre, Vedoya Cossio-Malbrán Vedoya. etc, etc. c) Juana Vedoya Núñez, casada con Jacinto Malbrán Carranza. Tronco de los Malbrán-Vedoya, Malbrán-Cranwell Rúa, Malbrán-Drysdale, Malbrán-Peña Vedoya, Bidart-Malbrán, Malbrán-Balcarce, Vedoya Cossio-Malbrán, MalbránJiménez Bustamante, Malbrán-Hoeval Ebbeke, MalbránMadero, etc, etc. d) Joaquín Vedoya Núñez. Casó con Susana Beristayn Vivanco (hija de José Beristayn y de Susana Vivanco Martínez Ortiz y Campelo). Con sucesión.

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e) Elisa Vedoya Núñez, casada con Juan Pedro de la Peña Castañón. Con posteridad. C) María del Rosario Nicolasa Núñez de la Quintana. Casó el 16VIII-1829 con Hilario Almeyra Díaz, baut. el 2-II-1799; fall. el 19-VII-1885. Médico cirujano del ejército, Coronel de la independencia y de la guerra contra el Brasil (hijo de Juan Agustín de Almeyra Iturriaga Elorza y de su 2ª esposa Petrona Núñez de la Vega). De los Almeyra Núñez deriva numerosa sucesión. Nicolás de la Quintana, el viejo patriarca, antes de casarse tuvo — como se dijo más atrás — una hija natural: Ve — María Rafaela Narcisa de la Quintana, baut. en Bs. As. el 3-XI-1729, a la que su padre y esposa de éste criaron, alimentaron y casaron, el 10-X-1747, con el Alférez José Ignacio de Zavala (uno de los tres hijos naturales del Caballero de Calatrava, Mariscal de Campo, Gobernador del Río de la Plata y fundador de Montevideo, Bruno Mauricio de Zavala, baut. en Durango, Vizcaya, el 6-X-1682; y fall. el 31-I-1736 en un viaje por el río Paraná. Era don Bruno hijo de Nicolás Ibañez de Zavala, Caballero de Calatrava y Gobernador en el Perú, y de Catalina de Cortázar; n.p. de Bruno Martín de Zavala y de Agueda de Churruca y Olano; n.m. de Martín López de Cortázar y de Ana Esterte Echea). En 1760 María Rafaela Narcisa de la Quintana, ya viuda, murió bajo disposición testamentaria otorgada el 2-III-1785, ante el Escribano José García Echaburu. Estos fueron sus hijos: 1) Juan Manuel de Zavala de la Quintana, nac. en Bs. As. el 9-I-1752. Clérigo presbítero. 2) Blas José de Zavala de la Quintana, nac. en Las Víboras, Colonia del Sacramento, y fue baut. el 1-II-1754. Siendo Alférez de Dragones se casó con Rafaela Write, a la que hizo madre de: A) María Adriana Zavala Write, nac. en Bs. As. en 1801. Casó 1º con N. Paz, y en 2as nupcias con Joaquín Hornos. No dejó posteridad. B) Eloisa Zavala Write, nac. en Bs. As. en 1803. Casó con Miguel Rivero, nac. en Catamarca. Fueron padres de: 98

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a) Augusto Rivero Zavala, que casó 1º con Ana Hornos Romero, y en 2º término con Vicenta Herrera Warlet. Hijos de ambas nupcias resultaron: a1) Manuel Rivero Hornos, que casó con María Morsaline en 1ª nupcias; y en 2as nupcias con Margarita Cibils. De ambos enlaces vienen los Rivero-Morsaline, RiveroCibils, Spedalieri-Rivero, Argüello-Rivero, LozanoRivero, Ure-Rivero, etc, etc. a2) Cecilia Rivero Hornos, casada con Agustín Simonpietri. De ellos vienen los Simonpietri - Rivero, Mabragaña Simonpietri, Fernández Damianovich -Simonpietri, Simonpietri Rivero-Escalada, Simonpietri -Verdier, etc, etc. a3) Miguel Rivero Hornos, que casó con Lucila Acebal. Con descendencia. a4) Juan Carlos Rivero Herrera. Casó con Julia Escalada. Con sucesión. a5) María Rivero Herrera. Casó con Joaquín Llambías. Médico e Intendente de Bs. As. durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen. De ellos vienen los Llambías Rivero-Vieyra, Llambías Rivero-Fernández Goyeneche, Llambías Rivero-Moyano Llerena, etc, etc. a6) Blas Rivero Herrera, casado con Amalia Singer. Sin hijos. a7) Augusto Rivero Herrera, casado con Dolores Toledo. Sin posteridad. a8) Nicolás Rivero Herrera, casado con Carmen Vazquez. Con sucesión. b) Blas Rivero Zavala. Casó con Victoriana Justo Rolón (hija de Agustín Pedro Justo, nac. en Gibraltar y de Victoria Rolón Ocantos, nac. en Corrientes). Fueron padres de: b1) Virginia Rivero Justo, nac. el 10-III-1872. Casó, el 16VII-1900, con su primo hermano Agustín Pedro Belaustegui Justo, nac. el 14-XII-1869; fall. el 26-X-1932 (hijo de Luis Vicente Belaustegui Cueto y de Elvira Justo Rolón). Con sucesión.

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b2) Blas Agustín Rivero Justo. Casó el 5-IX-1904 con su prima hermana Sara Belaustegui Justo, nac. el 9-X-1878. Con descendencia. b3) Victoriana Rivero Justo, nac. el 14-XII-1869. Casó con su primo hermano Luis José Belaustegui Justo, nac. el 15-V-1868. Con sucesión. b4) Clara Rivero Justo, fall. el 28-II-1912. Casó el 31-X1905 con su primo hermano Ricardo Belaustegui Justo, nac. el 12-V-1876. Con posteridad. c) Mercedes Rivero Zavala, nac. en 1830; fall. el 14-II-1908. Casó el 15-VIII-1850 con José María Zapiola Alvarez Baragaña, nac. en Bs. As. el 21-III-1817; fall. el 29-VII-1901 (viudo de Josefa Graciela Obarrio Lezica e hijo del General José Matías Zapiola y Lezica, guerrero de la independencia y de Belén Alvarez de Baragaña y Núñez de Aspillaga). Vástagos de ese 2º matrimonio fueron: c1) José Matías Zapiola Rivero, nac. el 22-IV-1853, Abogado, Vocal de la Cámara Civil de Bs. As. Casó el 31-V-1882 con Dolores Cándida Benoit Vazquez, nac. el 12-I-1861 (hija de Pedro Benoit Silva y de Dolores Vazquez Silva). De ellos vienen los Zapiola-Benoit, Zapiola-Bence Pieres, Zapiola-Schek, Zapiola- del Valle Bancalari, Zapiola-Ahumada Sotomayor, RomeroZapiola, Pons Lezica-Zapiola, Dhers-Zapiola, etc, etc. c2) Enrique Angel Zapiola Rivero, baut. el 15-XII-1854; fall. el 28-IV-1916. Soltero. c3) Carmen Belén Zapiola Rivero, baut. el 13-II-1856. c4) Mercedes Belén Zapiola Rivero, baut. el 13-II-1856; fall. el 9-V-1933. Soltera. c5) Belén Petrona Zapiola Rivero, nac. el 1-VIII-1858; fall. el 4-III-1910. Soltera. c6) Victoria Cesarea Zapiola Rivero, nac. el 1-XI-1862. Soltera. c7) María Belén Zapiola Rivero, nac, en 1865; fall. el 7VIII-1931. Casó el 28-V-1904 con José Francisco Merro Burzaco (viudo de Vicenta Cabrera Michelena, con sucesión, e hijo de Emeterio Merro y Merro, nac. en

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España, y de Delfina Burzaco Coll Diez de Andino). Con María Belén no tuvo prole. d) Adela Rivero Zavala. Casó con Pedro Díaz Ramos con el cual procreó a: d1) Miguel Díaz Rivero, marido de Rosa Gardeazabal. De ellos vienen los Díaz-Gardeazabal, Mendoza-Díaz Gardeazabal, Belaustegui Rivero-Díaz Gardeazabal, etc, etc. d2) Adela Díaz Rivero, que murió soltera. d3) Eloisa Díaz Rivero, también murió soltera. C) Rafaela Zavala Write, esposa sin hijos de Pedro de Tellechea (hijo de Francisco de Tellechea Echanis, ahorcado cuando la conspiración de Alzaga en 1812, y de su 1ª consorte Matea Caviedes). El 3-X-1870, Prilidiano Pueyrredón — el pintor — le dejó un legado de 100 pesos a Rafaela Zavala de Tellechea, viuda de Pedro, tío carnal materno del testador. 3) María Josefa Antonia de Zavala de la Quintana, baut. el 24-II-1761, bajo el padrinazgo de Ignacio de Irigoyen y de su mujer Francisca de la Quintana y Riglos; ésta media hermana de María Rafaela Narcisa de la Quintana, madre de la párvula.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, y Sucesiones antiguas. Archivo parroquial de la Iglesia de La Merced de Buenos Aires. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Calvo, Carlos; Nobiliario del Antiguo Virreynato del Río de la Plata. Tomos IV y V, Bs. As., 1939 y 1941. Documentos para la Historia Argentina; Padrones de la Ciudad y Campaña de Buenos Aires (1726-1810). Tomo X, año 1955; y Padrón de la Ciudad de Buenos Aires, Tomo XI, año 1919. Facultad de Filosofía y Letras. Gomensoro Moyano, Hubertina de; Descendencia del Fundador de Montevideo Don Bruno Mauricio de Zavala, en la Revista “Genealogía” del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, Nº 12. Bs. As., 1957. Lafuente Machain, Ricardo de; Los Sáenz Valiente y Aguirre. Bs. As., 1929. Lope García de Salazar; Las Bienandaças e Fortunas, reproducidas del Código original existente en la Real Academia de la Historia, en Madrid, por Maximiliano Camarón, y editadas por Gabriel Sánchez en 1884, con prólogo del escritor Antonio Trueba. Torres de Vizcaya, por Javier de Ybarra y Pedro de Garmendia, Tomo I. Madrid, 1946. Trelles, Manuel Ricardo; Registro Estadístico de Buenos Aires. Bs. As., 1874. Varela Orbegoso, Luis; Apuntes para la Historia de la Sociedad Colonial, Tomo II. Lima, 1924.

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PUEYRREDON Según referencias del College Heraldic de France — traídas por Adrián Beccar Varela en su libro sobre el prócer argentino de esa familia — el apellido Pueyrredón se remonta al siglo XIII; y en la región francesa del Languedoc Perigord fue conocido con aquella ortografía, o con sus distintas variantes Puyrredón, Puigredón, Puechredón, Puitredón, Poyredón, etc; cuyo común sentido etimológico se desprende de la palabra latina podium (balcón, plataforma eminente) y de las voces equivalentes celtas y bearnesas puich, puech, puy o puoy, que significan “lugar elevado”, “eminencia”, “colina”; todas ellas seguidas del adjetivo “redón” (“redoun” en bearnés) que quiere decir “redondo”. Por lo que Pueyrredón o Poeyrredón o Pucihredón, en su traducción toponímica, resulta “colina redonda”. Dice el historiador Lafuente Machain — a quien se debe el estudio mas completo sobre el presente linaje — que, desde antiguo, existía en la región del Perigord una familia nombrada Fayolle de Puyrredón, con feudo en la jurisdicción de Cahuzac, cuya rama primogéntia fue agraciada en 1724 con el título de Marqués de Fayolle de Puyrredón. En cuanto a la patricia estirpe argentina de Pueyrredón, en el siglo XVI sus antepasados estaban establecidos con casas y tierras en la localida de Issor, Bajos Pirineos; precisamente en el país del Bearne — la vieja Aquitania — situado al Norte del territorio de Aragón y al Este de las comarcas vascas de la Soule y Benabarre. Allí pues, en Issor, radicaron por espacio de muchos años las pretéritas generaciones de nuestros Pueyrredones (indistintamente llamados también en el pasado Pouredón, Peyrotón, Poyredón, etc. etc.); hugonotes acérrimos y beligerantes (como su caudillo y paisano Enrique de Navarra, futuro Rey de Francia, sin que sepamos, a fecha cierta, que causa “valió para ellos la misa” que los convirtiera a la fé católica. Por otra parte, una Ejecutoria dada en la villa de Madrid el 4VIII-1807, por el Rey de Armas, Antonio Zazo y Ortega, a favor de “Juan Martín de Pueirredón y O’Dogan” (sic), trae pintado un Pueyrredon

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escudo cuyas armas son las propias que corresponden al linaje del interesado, a saber: “En campo de oro una colina de sinople superada en jefe de una flor de lis de azur”. Al tratar la progenie que me ocupa, Ricardo de Lafuente Machain, en su libro Los Sáenz Valiente y Aguirre, comienza su genealogía con: I — CATALINA DE POEYREDON, posiblemente hija de Augerot de Poeyredon y de Catalina, su mujer, la cual con su marido Andreu de Peyronne otorgó, el 7-XII-1597, una escritura pública a título de Señora de la Casa de Poeyredón. Según usos y costumbres vigentes en el Bearne hasta la revolución francesa, los bienes propios de cada cónyuge pasaban a ser comunes de ambos, por lo que — cual en este caso — era frecuente que el marido se apellidara con el nombre de la Casa de su mujer. Así, a Andreu de Peyronne se le conoció en Issor también como Andreu de Poeyredón. Vástagos de estos Peyronne-Poeyredón resultaron: 1) Jacques Poeyredón — otras veces llamado Arnaud de Peyronne — que se casó en la iglesia reformada de Issor, como calvinista que era, el 2-II-1631, con Jeanne de Casamayor; y el 2-III-1656, pasó a 2as nupcias con Susanne de Mirasour. Dejó sucesión. 2) Pierris de Poeyredón, casado también en Issor bajo el rito hugonote, el 14-X-1647, con Graciana de Castanner; y el 25-VI1656, en 2as nupcias, con Catalina Pacheu. Dejó descendencia. 3) Daniel, al que trato a renglón seguido en II. II — DANIEL DE POEYREDON, quien el 5-I-1648, en Issor, contrajo matrimonio bajo los preceptos de Calvino con Catalina de Lexartigaut, hija de Fortet de Lesponne, al que llamaban Lexartigaut. De dichos esposos nació: III — DAVID DE POIREDON, que celebró nupcias en Issor, el 2-V-1683, a través del credo reformista de sus antepasados, con Sara de Cataigner-Plou, hija de Jean de Castaigner, fallecida ella en Issor el 28-XI-1737, a los 74 años de edad, más o menos. Fueron sus hijos.

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1) Daniel de Poeiredón, quien le arrendó a “Pierre”, su hermano, en 1743, por 4 años, una casa con sus dependencias en Issor. 2) Jacob de Poeiredón, el cual se instaló en Aramits, donde se casó el 24-I-1735 con Margarita de Arripe Lannerethonna. Jacob tuvo desahogada situación financiera, y haciendo honor a su nombre de pila, prestaba dinero en hipotecas en condiciones sin duda muy ventajosas, cual lo consigna el historiador bearnés Olivier Baulny en uno de sus trabajos. 3) Juan Pedro, o simplemente “Pierre”, que sigue a continuación en IV. IV — JUAN PEDRO o mejor JEAN PIERRE DE POEIREDON, nació en 1692 en Issor, y allí verificó su contrato marital, el 8-III-1730, luego de haber celebrado su boda con María de Labrucherie, hija de Jean de Labrucherie, vecino de Issor, quien le donó a la desposada una parcela de tierra como complemento del acervo dotal. Presume Lafuente Machain, que al suprimirse a partir de 1738 mi antepasado “Jean Pierre” el “Jean” (nombre de Calvino) para figurar en adelante como “Pierre de Poyredon” en los documentos, esto fuera debido a su conversión al catolicismo. Sea de ello que fuere, lo cierto es que nuestro “Pierre” falleció en Issor, el 10-VIII-1758, después de recibir los Santos Sacramentos de la Iglesia Católica; lo mismo que su viuda, María de Labrucherie, que se fue de este mundo el 18-III-1772, con la Extremaunción del rito romano. Sus hijos resultaron los siguientes: 1) Diego de Poirredon y Labrucherie — dicho también “Jacques de Poeirredon” — nacido en Issor por 1728. (El nombre Diego viene de Diago o Iago, formas corruptas de Jacob, o sea Jacques). A su esposa la llamaban “Mairolou”: “Maman Mairolou ... la thia cada vez más fea pero buena señora” — según escribió, en 1802, su sobrino y yerno Juan Martín de Pueyrredón, futuro prócer argentino. La tal señora aportó a su matrimonio 15.000 francos de dote. El jefe de la familia emigró luego del Bearne a Cádiz por negocios en 1753 — junto con su hermano Juan Martín, mi antepasado, que diez años después vendría a Buenos Aires —, y en 1794, a raíz del decreto jacobino del 25 Brumario, por orden de la comuna de Issor, secuestráronse ahí: “une maison et jardin et Pueyrredon

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quelque lopin de terre”, perteneciente a “Jacques Poeyredon ... emigré ou sujet du tyran d’Espagne”. Más adelante el hombre se convirtió en acérrimo bonapartista, y en carta del 25-III-1808 a su sobrino y yerno Juan Martín de Pueyrredón — que estaba en Madrid — celebra alborozado “la mort civile du monstrueux calife” (el Ministro Godoy), y no recata su alegría ante la “prochaine venue de notre invincible empereur”. De aquel enlace de “Jacques” con “Mairolou”, provienen estos hijos: A) Dolores de Pueyrredón, que después de 1796 se casó con su primo hermano Juan Martín de Pueyrredón, joven bonaerense de 20 años que se hallaba en el puerto gaditano completando su educación comercial. Este y su esposa se embarcaron en 1804 para Buenos Aires; acá — luego de un mal parto ocurrido durante la travesía marítima — la desventurada Dolores falleció el 27-V-1805, y sus restos recibieron sepultura en el Templo del Pilar, anexo a la Recoleta. B) Pepita de Pueyrredón. C) Pedro Liborio de Pueyrredón, residente en Lima en 1807. D) Rafael Andrés de Pueyrredón, que acaso viniera de Cádiz a Buenos Aires en 1804, con los cónyuges Juan Martín y Dolores. Cayó muerto, traspasado de dos balazos, uno en el vientre y otro en la clavícula derecha, durante el combate de la Reconquista contra los ingleses, el 12-VIII-1806, a la entrada de la Plaza Mayor. Lo sepultaron al día siguiente en la Iglesia de los Betlemitas. 2) Pierre de Poeirredon y Labrucherie, el cual nació en Issor hacia 1730. 3) María de Poierredon y Labrucherie, nacida por 1735, que casó en Issor, el 14-II-1757, con su primo Juan de Lexartigaut, previa dispensa del obispo de Olorón. Esa misma “seur’ de los “Poeirredon Labrucherie”, figura casada después con Juan Cherticat o Chadicán de Soria, apoderado y fiador, en Issor, el año 1794, de su “beaufrere Jacques”. Hijo suyo resultó: A) Pablo Chadicá de Soria Pueyrredón, nacido en Olorón, Bearne, avecindado en Jujuy desde antes de 1810, año en que hizo donativos para costear la expedición patriota al Alto Perú. Seguramente — opina el historiador jujeño Teófilo Sánchez de Bustamante — por ser pariente (era primo hermano) de Diego 108

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de Pueyrredón y Dogan. Poseyó Pablo en Jujuy las fincas “Reducción”, “Quemado” y “Rio Negro”, en la actual estación “Chalicán” — que mal rememora su apellido. Tomó parte en la guerra de guerrillas; conspiró contra el Gobernador Güemes, aliado a Dámaso Uriburu, Facundo Zuviría y Eduardo Arias; y fue íntimo amigo del Gobernador Agustín Dávila (1822-1824). Más tarde exploró el Río Bermejo, tratando de comprobar su navegabilidad. Así llegó al Paraguay, donde el dictador Gaspar Francia le confiscó el navío, amén de mantenerlo preso durante cinco años. Vuelto a Jujuy tuvo intensa actuación política: Diputado de la Legislatura, Constituyente provincial, jefe político de Río Negro y Ministro General del Gobernador López Villar en 1851. Chadicán de Soria Pueyrredón murió soltero en su finca del “Río Negro” — hoy “Chalicán” — el 26XII-1851, siendo su cadáver inhumado en la capilla de dicho establecimiento dedicado al cultivo de la caña de azúcar. Dos hijas naturales dejó el personaje: Candelaria Soria, educacionista, esposa de David Apatic y Trinidad Soria. 4) Juan Martín de Pueyrredón y Labrucherie — mi antepasado — que sigue en V. 5) Juana de Poeirredon y Labrucherie, nacida en Issor el 15-VIII1740, y muerta allá al año siguiente. V — JUAN MARTIN DE PUEYRREDON Y LABRUCHERIE nació en Issor el 26-X-1738. Nada se sabe de su infancia. En 1753, el “cadet Jean Martín”, a la sazón de 15 años cumplidos, con su hermano “Jacques” emigró a Cádiz. Poco después sentó plaza como soldado en un regimiento del Rey de España, probablemente en la “guardia walona” — conjetura el historiador Baulny; y en 1759, nuestro Bearnes le escribía a su primo hermano Paul de Labrucherie — casado con Jeanne Casenave d’Asasp — acerca de sus gestiones en conseguir para ese pariente la incorporación en el ejército español. En 1763 — en recompensa de sus servicios — obtuvo Juan Martín licencia a fin de instalarse en Indias; y con destino a Buenos Aires vino ese año embarcado en un navío “Príncipe de San Lorenzo” quedando desde entonces radicado definitivamente en nuestra ciudad. Aquí abrió él una casa de exportación y sus negocios prosperaron; y en la Catedral porteña Pueyrredon

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tomó estado de matrimonio, el 22-VI-1766, con la criolla Rita Damasia Dogan y Soria, que acababa de cumplir — real y no metafóricamente — sus 19 “abriles”. Era la niña hija de Juan Javier Dogan y de su mujer Isabel Soria y Rodríguez de Estela, en cuyos respectivos apellidos trato sus antecedentes familiares. Bendijo aquella boda el Maestro Felipe de Ortega, “corridas las proclamas y estando examinados (los contrayentes), y haviendo comulgado en la Misa nupcial”, ante los testigos Josef León Ortega y Josefa Dogan, tía de la novia, viuda de Silvestre Torres. En la ciudad de su trasplante el francés “Juan Martín de Puirredon” se entregó de entrada a los negocios 2, y corridas dos décadas, el 5-IV-1785, el hombre presentó al Cabildo, a efectos de su toma de razón en el libro respectivo, una Real Cédula dada en San Ildefonso, el 15-IX-1784, por la cual se le concedía “Carta de 2 Los protocolos notariales lugareños dan fé que; El 22-VIII-1768, ante el Escribano Zenzano, Pueyrredón se declaró deudor de José Luis Faduche por la cantidad de 9.000 pesos, que éste le había prestado. El 2-XI-1769, ante García Echaburu, vendió Pueyrredón a Antonio Alberti — padre del futuro cura prócer de Mayo — un negro esclavo como de 20 años, llamado Daniel, en 200 pesos de plata acuñada. El 20-IV1773, ante Echaburu, Pueyrredón dió poder al antedicho Faduche que partía para “los Reynos de Castilla”. El 17-I-1774, ante Conget, Pueyrredón es nombrado, por Diego de Pro, apoderado administrador de los bienes de éste. El 8-V-1776, ante Echaburu, declara Pueyrredón deberle al aragonés Isidro José Balbastro — patriarca de esa familia en la Argentina — 1.969 pesos de plata acuñada. Cinco días después, ante el mismo Escribano, sale mi antepasado de fiador de Rafael Salomón, que se casaba con Teresa Ramírez. El 3-III-1783, ante Martín de Rocha, Pueyrredón en su carácter de apoderado de Bartolomé Cuenca, vecino de la Capilla del Rosario, se obliga a pagarle al “Maestro” Juan Crisóstomo Antonio Suero 670 pesos pertenecientes a una Capellanía de 4.000 pesos fundada por Josefa Bazurco, de la que era capellán acreedor el clérigo Suero. El 17-III-1783, ante Echaburu, Pueyrredón declara deberle 1.844 pesos de plata acuñada a Francisco Ignacio Ugarte, rico comerciante guipuzcoano afincado en Buenos Aires, donde casó con Vicenta de Uriarte y Azcuénaga. El 18-II-1785, ante Rocha, Pueyrredón en nombre de Escolástica Tapia, viuda de Lázaro Vázquez, vecina de Arrecifes, otorgó escritura de “patrimonio” a favor del hijo de aquella, Martín Joseph Vázquez de la Barreda, que al ordenarse sacerdote recibió la “congrua” respectiva. El 6-II-1789, ante Rocha, Pueyrredón le dió poder general a Francisco Antonio Maciel, vecino de Montevideo y famoso industrial filántropo que allá fundó el Hospital, y murió heroicamente en 1807 en defensa de su ciudad atacada por los ingleses. Y tres meses mas tarde, ante el mismo Rocha, Pueyrredón otorgó mandato a favor de Lorenzo Ulibarri, comerciante asimismo de Montevideo, donde representaba al Consulado bonaerense. 110

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Naturaleza” para poder libremente contratar en todos los dominios del Rey de España. “Don Carlos, por la gracia de Dios (expresa el documento) ... Por parte de vos Don Juan Martín Puyrredón, se me presentó ser natural de la villa de Isor, Obispado de Olorón, en el Reyno de Francia; aver recidido en estos de España desde el año de 1753 hasta el de 1763, que pasasteis a la ciudad de Buenos Aires. Que en el siguiente os alistasteis en aquellas Milicias en las que havias servido a vuestra costa. Que estabais casado allí con Doña Rita Dogan, natural de la misma ciudad, de cuyo matrimonio teníais tres hijos. Que eraís dueños de una casa de valor de 5.550 pesos, que comprasteis tres años avia, y suplicasteis ... para el cumplimiento de lo que previenen la Ley ..., me dignase concederos Carta de Naturaleza de estos mis Reynos en la forma ordinaria para vivir y comerciar en América. Y visto en mi Consejo y Cámara de Indias ... he venido a concederos la Carta de Naturaleza que solicitais. Por tanto quiero es mi voluntad que podais residir y comerciar quieta y pacíficamente en mis Reynos de las Indias y ser reputado como uno de mis vasallos ... sin diferencia alguna ... gozando a este fin de todos los honores, gracias y mercedes ... que gozan y pueden gozar los que son naturales de los Reynos de Castilla. Y encargo al Serenísimo Príncipe de Asturias, mi mui caro y amado hijo; y mando a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses, Condes, Ricoshombres, Priores de las Ordenes, Comendadores y Subcomendadores, Alcaydes de los Castillos y casas fuertes y llanas, y a los de mi Consejo: Virreyes, Presidentes, Oidores de mis Reales Audiencias, Gobernadores, Coregidores, Alcaldes, Cavalleros, escuderos, oficiales y hombres buenos de estos Reynos de Castilla y León y de todas las ciudades, villas y lugares de las referidas Indias, Islas y Tierra Firme del mar océano, y a todas las demás personas de qualquier estado y calidad que sean, guarden, cumplan y executen y hagan guardar y cumplir esto mi Real Cédula, y que os hayan y tengan a vos, el referido don Juan Martín de Puyrredón, por natural de estos Reynbos de Castilla ...”. Firmaban el documento “Yo el Rey”, y Miguel de Sanmartín Cueto, Secretario de Carlos IV.

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Negocios, transacciones, compraventas y propiedades inmuebles del personaje de esta historia Aún antes de convertirse en súbdito castellano, mi antepasado bearnés, por intereses mercantiles y amistad personal se hallaba estrechamente vinculado a los hermanos Pedro y Juan de la Grava — o Lagrava —, con quienes había constituído una sociedad comercial. Aquel Pedro, en Oruro, desempeñábase como factor de la empresa, y durante la insurrección de Tupac Amarú fue despachado al otro mundo por las turbas indígenas desenfrenadas. La muerte le sobrevino sin haber rendido cuenta de los intereses que administraba en el Alto Perú; y como al practicarse después, en Buenos Aires, el balance de la sociedad se comprobara que un saldo de 2.000 pesos había quedado a favor del asesinado mercader, su hermano Juan y el socio Pueyrredón resolvieron, “en descargo de sus conciencias”, fundar con esa suma una Capellanía en pro del alma del difunto. Al efecto, el 21-X-1786, ante el Escribano Juan José Rocha, Juan de Lagrava y Juan Martín de Pueyrredón otorgaron la escritura pertinenete, colocando aquel capital de 2.000 pesos sobre “un suelo y edificios” que Pueyrredón poseía “entre la Iglesia de Santo Domingo y Nuestra Señora de Belén, nombrada el Hospital”; para que con las rentas de tal finca, el “clérigo de primera tonsura” Feliciano Pueyrredón — primogénito del dueño del inmueble gravado —, como Capellán de la piadosa fundación, celebrase, “en el altar días y horas que fuesen de su agrado”, doce misas rezadas al año por la eterna salvación de Pedro Lagrava 3. Eran los Lagrava paisanos de Pueyrredón, habían nacido, como éste, en “Issor, valle de Baretoux, Obispado de Olorón”; hijos legítimos de Pedro de Lagrava y de Ana de Sarlangue. El 29-I-1816, Juan de Lagrava “hallándose acometido de reumatismo en las piernas y brazos, aunque con robusta salud”, testó ante el Alcalde de Hermandad del partido de San isidro Andrés Rolón. Declaró ser 3 Aquella finca gravada para sostén de dicha Capellanía, habíala comprado Juan Xavier Dogan y Marín — suegro de Pueyrredón — a sus primos hermanos los herederos de Juan Mosqueyra, el 2-XII-1774 ante el Escribano Pedro Núñez. Su edificio constaba de tres cuartos que daban a la calle, mirando al Oeste (hoy calle Defensa al 500, entre México y Venezuela), y su terreno medía 25 varas de frente por 45 de fondo. 112

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soltero, sin herederos forzosos, y dispuso que su caudal se invertiera “en sufragios por mi alma la mitad, y la otra se distribuíra en limosnas al arbitrio de mis albaceas, prefiriendo siempre a las niñas huérfanas y pobres, especialmente a las de este partido de San Isidro”. Ordenó que su cuerpo fuera sepultado en la Iglesia de San Francisco, con hábito seráfico, y nombró por albacea; 1º a Ruperto Albarellos; 2º a Manuel Muñoz Casabal; 3º a Miguel Fernández de Agüero y 4º a Juan Pablo Sáenz Valiente. Al tiempo de su casamiento, Pueyrredón recibió en propiedad de su suegro Juan Javier Dogan — por la suma de 5.665 pesos que éste dijo deberle — una casa para alquilar, cita en el barrio del “Alto de San Pedro, en la otra banda de la Zanja” (hoy calle Chile), “detrás del Hospital”; edificada en terreno de 18 varas de frente y 70 de fondo; cuya casa esquina constaba de tienda, trastienda y otros aposentos, cual lo expresa la respectiva escritura que autorizó el Escribano Martín de Rocha el 1-VIII-1771. Y ocho años más tarde, el 28-II-1779, ante el Escribano Conget, desprendióse Pueyrredón de esa tienda esquina, enagenándola por 1.000 pesos a Antonio Llago de Verard. Según se ve, un precio cinco veces inferior al monto de aquella deuda por cuya suma el suegro le transfiriera la propiedad al vendedor. Además, el 30-VII-1779, Pueyrredón y Rita Dogan adquirieron la vivienda que fuera del abuelo de Rita; Juan Martínez de Soria, “en el barrio del Real Hospital Betlemítico”, que se remató en 1.102 pesos. Dicha morada — que se hubicaría hogaño en la calle México al 500, y lindaba entonces por su costado Oeste con la casa y tahona de Sebastián Rodríguez, en terreno donde ahora se levanta la Biblioteca Nacional — fue transferida en 1791, por Rita Dogan y Soria a Francisco Buela, marido de la tía carnal de ella, Luisa o Lucía Dogan Marín. También en pública almoneda el francés Pueyrredón había comprado el 11-VI-1776, por 3.651 pesos corrientes, la finca de los Arozarena — el presbítero Francisco y su hermano Juan Antonio — que heredaron de su padre. Su terreno “frente al Hospital” de los Betlemitas, medía 35 varas fronteras y 70 de fondo. Ahí, en mitad de cuadra de la antigua calle “de San Bartolomé” (hoy México entre Defensa y Bolívar), en la acera que mira al Norte, se instaló don Juan

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Martín definitivamente con su familia, desde 1776 hasta 1791, en que pasó a mejor vida. Esa casa, que mi antepasado había reedificado y “puéstola en estado de estimarse”, componíase de 4 piezas de alquiler a la calle, y un zaguán con pasadizo. Adentro, daban al patio principal un par de grandes salas, 2 alcobas de dormir, una recámara y otra habitación anexa con ventana de reja hacia la calle. Flanqueaban el traspatio, 4 cuartos nuevos de media agua para la servidumbre y la espaciosa cocina; y al fondo seguía el corral cercado con pared, y “los lugares comunes”. En el patio y traspatio florecían, durante la estación propicia, 11 plantas de limón, un árbol de toronja, 3 naranjos chinos y varios frutales, junto a un profundo pozo de balde. Todo el caserón fue tasado, en 10.225 pesos. Y en el censo de 1778 figura dicha vivienda habitada por su referido dueño, su mujer, su cuñada María Isabel Dogan — aún soltera — sus hijos “Pheliciano”, “Diego”, “Juana” y”Juan”, y los negros esclavos Tadeo y su mujer Rita, Juan y la suya Juliana, Domingo, Roque, Pascuala y la mulatilla Anastasia. Así pues, en uno de los aposentos de aquel amplio albergue de los limoneros, del toronjil y los naranjos chinos, vió la luz del mundo el prócer Juan Martín de Pueyrredón y Dogan, el 18-XII-1777. El censo de 1778 cataloga a “Juan” (que es Juan Martín) “de 05 años”; o sea que apenas el párvulo contaba entonces 5 meses de vida. Salvo Lafuente Machain, que lo presume, la posteridad no ha localizado hasta ahora el rincón natal del creador de los “Húsares” y futuro Director Supremo; por eso, dicho sitio queda determinado aquí, para que algún día — si es que la casualidad me depara algún lector influyente — una placa colocada en el solar ubicado en la mitad de la cuadra que mira al Norte de la calle México entre Defensa y Bolívar, recuerde aquel natalicio a las generaciones venideras. El 7-IX-1781 Juan Javier Dogan, el suegro de Pueyrredón, en trance de muerte, otorgó poder para testar, ante el Escribano García Echaburu, a favor de su yerno; y, dos días mas tarde, se apagaba la vida del moribundo. Tras ello, el 20 de diciembre siguiente, ante el mismo Notario, compareció “Martín Pui Redón” como albacea del finado Dogan, a fin de escriturar el ordenado testamento de éste, fallecido de “enfermedad natural”, y sepultado el 10 de septiembre en la iglesia de San Francisco con hábito seráfico por mortaja, de acuerdo a su póstumo deseo. (Las restantes 114

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constancias de esa escritura testamentaria las puntualizo en el capítulo dedicado al apellido Dogan). Posteriormente, el 2-XII-1784, ante el Escribano Pedro Núñez, Pueyrredón adquirió de la sucesión de Teodora Marín, viuda de Juan Mosqueyra — tío de su suegro Juan Javier Dogan —, la casa ubicada en la actual calle Defensa, entre Venezuela y México, con su terreno de 28 varas de frente al Oeste y 70 de fondo. Ello después de un convenio celbrado el 26-I-1784, ante Ambrosio Ignacio Cameros, por don Juan Martín con “Antonio Alverto” (Antonio Alberti, el marido piamontés de Juana Agustina Marín y padre del futuro miembro de la Primera Junta, presbítero Manuel Alberti) y demás herederos de doña Teodora. Aquella vivienda, a su debido tiempo, integraría la hijuela hereditaria del clérigo Feliciano Pueyrredón. Desde los años 1785 y 1786 Juan Martín de Pueyrredón y Labrucherie era propietario de una chacra en la costa de San Isidro, de 160 varas de frente, sobre la barranca que mira al río, con la clásica legua de fondo, cuya superficie había integrado el dueño, mediante sucesivas compras que hizo a los hermanos Ursula y Domingo Herrera. Tan amplio terreno se localiza al presente en la localidad de Martínez, subdividido por completo y prácticamente urbanizado. La cabecera de aquella chacra ocupaba el ancho de las tres actuales cuadras de la calle Juan Díaz de Solís, de cuyos dos extremos arrancaban sus costados Norte y Sur, que ahora prolongan las calles General Pueyrredón y Domingo Repetto, respectivamente, hasta alcanzar el cruce con el “Camino del Fondo de la Legua”, demarcador del confín de la vieja “suerte” por el Oeste. Entre los miles y miles de pequeños lotes en que se desintegró la chacra del 5º abuelo Pueyrredón, hay uno bajo el dominio de mi hermano Federico Ibarguren, en la calle Domingo Repetto que lleva el nº 799 4. 4 De Úrsula Herrera adquirió Pueyrredón 54 varas de tierra sobre el filo de la barranca, con su legua de fondo, heredadas por ella de sus padres Francisco Herrera y Lucía Suero; fracción lindante entonces por el Sur con la chacra del Escribano Facundo Prieto y Pulido, y por el Norte con los hermanos de la vendedora Fernando y Domingo Herrera. A este último lindero, el 3-XI-1785, Pueyrredón, al precio de 106 pesos al contado, le compró 53 varas delanteras de su predio con la legua trasera correspondiente; cuyo lote confinaba por el Sur con la chacra de Prieto y Pulido, y por el Norte con la del finado Ignacio Cañete. Puntualizaba Domingo Herrera, en la escritura respectiva, que vendía esa propiedad “con la condición de que me queda Pueyrredon

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Un episodio policial ocurrido en el predio de mi antepasado “En el paraje nombrado Costa de San Isidro tengo y poseo una chacra mía propia, con casa poblada, cuio destino prinicipal es para que mi familia, en las estaciones proporcionadas del año, baya a recrearse y tomar los aires puros del campo”, escribió el bearnés Pueyrredón. Y sucedió que a fines de julio de 1790, el Teniente Reformado de Dragones Manuel Serrato tuvo noticias de que el mulato Juan Manuel, esclavo y capataz de la chacra de don Juan Martín, “había llevado desde su Barco del río unos cuantos barriles, los cuales pudieran ser de contrabando”. En consecuencia, el referido Teniente despachó al cabo Antonio García con los soldados Juan López y Joseph Gumier, a fin de que reconocieran dicha chacra, donde ellos encontraron solo al negro esclavo Joseph pues el mulato capataz Juan Manuel hacía 3 días que se había marchado a la ciudad con las llaves de la casa. Los tres dragones, entonces, espiaron por los reservado el derecho de poder vivir en dichas tierras, con tal de que dicha habitación ha de ser desde el camino que se encuentra desde el Río Paraná arriba, en la parte que mejor me acomode; sembrando en dichas tierras quanto fuese mi voluntad, interín los días de mi vida, sin pagar a dicho comprador cosa alguna”. Tal disposición extraordinaria era solo vitalicia y personal, ya que después de la muerte de Domingo Herrera ningún heredero suyo podría reclamar derechos sobre las tierras que compraba Pueyrredón. Al año siguiente, el mismo Herrera, el 27-IX-1786, le transfería también a don Juan Martín 26 varas más frente a la barranca, al precio de 50 pesos redondos. Y por último, el 18 de noviembre siguiente, Herrera, a título de venta, le transfirió a mi antepasado otras 26 varas, previo pago de 53 pesos corrientes. Todas estas operaciones constan protocolizadas en el registro del Escribano Juan José Rocha, autorizante de las transferencias. Originariamente esas tierras adquiridas por Pueyrredón formaron parte de la “suerte” de chacra (350 varas de frente y una legua de fondo) que Juan de Garay adjudicó, en 1580, a Sebastián Fernández o Hernández, en el “Pago del Monte Grande”. Ochenta años mas tarde dicha fracción pertenecía a Lucas Machado, cuya mujer llamábase Isabel Herrera. Luego la propiedad recayó en el hijo de ellos Matías Machado Herrera; y ya en 1726 — según el Padrón mandado levantar por el Gobernador Zavala — era dueño y vivía en una extensión pequeña de la “suerte” originaria, “Francisco Herrera” . Y, en el plano de la chacras costeras levantado por el Brigadier Saa y Faría en 1781, figura el lote de Herrera, con un rancho señalado al frente de la barranca, que medía 300 varas de largo — 160 de las cuales, como vimos, adquirió Pueyrredón un lustro después de los hijos de Francisco de Herrera. De ahí en mas, tras la muerte de mi 5º abuelo francés, su yerno Anselmo Sáenz Valiente, aumentó aquella superficie con nuevas adquisiciones, llegando a posser una chacra de legua y media de fondo con 1.000 varas extendidas a la orilla del río. 116

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agujeros de las cerraduras de las puertas cerradas, y en una pieza alcanzaron a ver depositados unos barriles sospechosos. Hízose preciso descerrajar la puerta, y al irrumpir en el cuarto se comprobó que los barriles contenían “Tavaco negro torcido del Brasil”. Cargáronse enseguida los envases del polvillo brasilero en una carreta tirada por bueyes de la chacra, y el negro Joseph con escolta dragoneante, fue obligado a llevar el contrabando a la ciudad, donde se lo descargó en los Reales Almacenes de la Administración de Tabacos, “a los fines que conbengan”. (Esos Almacenes se ubicarían hoy en la esquina Este de las calles 25 de Mayo y Bartolomé Mitre, donde el Banco de la Nación se levanta). Entretanto, conocido el decomiso, el dueño de la chacra protestó ante el Virrey Arredondo, porque — decía — al concurrir al lugar del hecho “encontré que la dicha partida havía violentado y rompido la puerta de un quarto en que también se dice que estaban los referidos barriles, que no solo se condujeron en una carreta mía propia con bueyes de mi casa, sino que igualmente trajeron quanto havia en dicho quarto, sin reservar un Breviario que allí estava, y a un negro que servía a las órdenes del capataz, el qual (negro) se halla en la Real Cárcel”. Quejábase Pueyrredón de que lo creyeran culpable de introducir mercaderías ilícitamente, y del procedimiento empleado, puesto que no se debió violentar la casa, y los soldados debieron ir acompañados de un Escribano que actuara en la diligencia, “dando fé de la imbención del Tavaco u otro género prohibido”. Por su parte, el Teniente Serrato y los dragones dijeron que — fuera de los barriles con tabaco del Brasil ilegalmente introducido en el país — en aquella pieza allanada no había más que un cajón de hojalata con porotos y “un Breviario desquadernado, sin principio ni fin” de suerte que ningún perjuicio sufrieron los bienes del señor Pueyrredón. El proceso siguió adelante, y el mulato prófugo Juan Manuel, capataz de la chacra, cargó con la responsabilidad del contrabando. Declarósele “reo defraudador de la Real Renta de Tavaco”, y el Virrey Arredondo lo conminó a 5 años de presidio, aunque no se le halló en parte alguna. Tal vez, en la ocasión, el hilo volvió a cortarse por lo más delgado.

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Distintas actividades de mi antepasado A partir de 1784 — o de algo más tarde — don Juan Martín tuvo negocios en común con Anselmo Sáenz Valiente, un despejado joven logroñés que eligió el Río de la Plata como ámbito para sus emprendimientos comerciales, y que en Buenos Aires fundaría después su hogar con Juana de Pueyrredón y Dogan, la hija mayor de quien fuera uno de sus primeros socios en las especulaciones mercantiles de esta plaza. Así, el 13-IX-1786, Pueyrredón le otorgó, ante el Escribano Juan José Rocha, un poder general a Sáenz Valiente, quien se había trasladado a Potosí a fin de cobrar ciertos créditos del poderdante. También el 3-III-1789, ante el mismo Rocha, mi antepasado dijo conferirle otro poder a Sáenz Valiente, próximo a viajar a España, “con destino a negocios del comercio de mi cuenta y suia por mitad”. Seguramente don Anselmo ya se encontraba comprometido para casarse con doña Juana, puesto que, a la vuelta de ese viaje, ellos realizaron su boda en la Catedral porteña el 12-IV1790. Por otra parte, el 16-V-1788, en Potosí, el Capitán Pedro de Zamudio vecino y azoguero potosino, había dado poder a Juan Martín de Pueyrredón a efectos de que éste gestionase, ante el Virrey y demás autoridades, la confirmación del arrendamiento de los ingenios denominados “Agua de Castilla”, que a Zamudio le tenían hecho los herederos del finado Conde de la Casa Real de Moneda, Juan de Lizarazu Beaumont de Navarra. Y el 26 de junio siguiente, ante José Luis Cabral, Escribano porteño, Pueyrredón sustituyó dicho poder en el Procurador de la Audiencia Pretorial, Andrés de Ibieta. Años atrás, el 7-VII-1785, ante Pablo Beruti, junto con los más importantes mercaderes porteños, “Juan Martín de Puirredón” susucribió un poder a favor de Manuel Rodríguez de la Vega, de Bernardo Sancho de Larrea y de Martín de Sarratea, para que dichos colegas ocurrieran al Rey y demás funcionarios competentes a objeto de que se dispusiese la instalación de un “Consulado y Tribunal de Comercio” en la capital del Virreinato, “como le hay en estas Indias en la ciudades de Lima y México”. Por Real Cédula del 30-I-1794, Carlos IV satisfizo ese anhelo de sus diligentes vasallos bonaerenses, los cuales, desde entonces, pudieron ventilar, ante un Consulado 118

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local, sus litigios, tratos y contratos, para “maior aumento, seguridad y arreglo de nuestros giros y negociaciones”. Testamentos de mi ascendiente y su esposa, la vasta progenie de ambos Finalmente, que el 14-X-1791, don Juan Martín se encontraba postrado en cama, enfermo sin remedio. La evidencia de una cercana muerte le hizo llamar a su morada, “frente al Hospital”, al Escribano Joseph García Echaburu, a quien dictó su testamento. En primer término, declaróse el causante natural de “Ayso” (sic, por Issor), en “el Reino de Francia, baja Navarra, Provincia del Bearne”; hijo legítimo de “Pedro de Poeyrredón y de doña María de Labrucherie, difuntos”. Mandó sepultasen su cadáver en la iglesia y convento de los Padres Bethlemitas (San Telmo), “amortajado de su sagrada religión, como hermano della” (desde 1787 fue Hermano Mayor de la cofradía de San José de las Animas). Afirmó ser casado con doña Rita Dogan, en la que hubo ocho hijos, que son sus lexítimos herederos”. Hizo constar que cuando contrajo matrimonio llevó un caudal propio de 2.500 pesos a la sociedad conyugal, en tanto su consorte doña Rita Damasia, “únicamente entró entonces la decencia de su persona”; aunque después de muertos sus padres ella recibió 800 pesos de legítima. Entre los bienes, que redondeaban una buena fortuna, el testador señaló; “Las casas de su morada en el Barrio del Hospital”; las “casas” que fueron de su suegro Dogan, “que se hallan en la cuadra que va del Hospital a Santo Domingo, frente a las casas de Francisco Castañón, calle en medio”; y “una chacra con sus correspondientes tierras y casas, que está en la Costa que llaman de San Isidro, lindera con la hoy de Francisco Escalada (antes de Prieto y Pulido), cuya finca esta gravada con algunas pensiones”. Asimismo “las casas frente a lo de Castañón” soportaban una Capellanía de 3.150 pesos de principal, que gozaba su hijo Feliciano Pueyrredón, “y deve gozar entre tanto no la necesite alguno de sus hermanos”. También incluyó el causante como bienes suyos a un lote de esclavos y de muebles, y a los capitales que en España y el Alto Perú tenía en giro, en sociedad con su yerno Anselmo Sáenz Valiente, “en crecida cantidad de miles de pesos”.

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El monto exacto de esos dineros no podía ser precisado hasta tanto no finiquitaran las negociaciones en que estaban invertidos. Al respecto Pueyrredón expresó su deseo de que luego de su muerte siguiera Sáenz Valiente al frente de aquellos negocios, a fin de proceder a su liquidación ventajosa. Dijo además poseer en exclusiva propiedad una fragata llamada “El Aguila”, fondeada a la sazón en Montevideo; y que debía por compostura de ella a los maestros, calafates y carpinteros de la otra banda, cierta suma monetaria. Su “abogado” y consejero en la vecina orilla era Tomás Antonio Valle. Fue voluntad del testador que no intervinieran en su sucesión “Jueces ni Regidores, ni se hagan inventarios oficiales”, pues sus herederos “todos mayores” — dijo — (aunque Juan Martín tuviera 15 años, José Cipriano 12, Magdalena 9, Juan Andrés 7 e Isabel 4), podían repartirse privadamente sus bienes. A tal efecto nombró por sus albaceas; 1º a su esposa doña Rita Damasia; 2º, a Sáenz Valiente, su socio y yerno; 3º, a Andrés del Rincón, concuñado suyo y marido de María Isabel Dogan; y 4º a Juan de Lagrava, el viejo compañero de negocios y entrañable amigo. En tal estado de gravedad se hallaba el enfermo, que no pudo firmar la escritura pertinente. A ruego suyo lo hizo entonces Domingo Belgrano Peri — el padre de quien sería creador de nuestra bandera —, junto con lo demás testigos; Juan Francisco Castañón y Juan Antonio Albarracín, vecinos de barrio del moribundo; el cual 20 días más tarde, el 3 de noviembre, dejó de existir, relativamente joven pues frisaba en los 53 años de edad. Del trámite sucesorio de los bienes del difunto solo sé que su viuda y albacea, el 22-III-1792, ante el Escribano José García Echaburu, vendió a Juan Bautista Dargain una mulatilla llamada Margarita con su cría, Paula, al pié — de 35 años la madre y de 10 la chica —, esclavas que fueron de su marido, por el precio de 500 pesos. Y que el 15-IX-1796, ante Mariano García Echaburu (hijo de José, el Notario antes nombrado), doña Rita Damasia otorgó un poder a Miguel González Bayo, para que éste cobrara un deuda que Nicolás Velázquez tenía pendiente con la testamentaría de referencia, en virtud de dos contratos, celebrados en 1789 y 1792, relativos a cierto negocio de “estancia poblada de aparcería en la Guardia de Lobos”; en cuyo campo debían de pastorear hasta 1.500 cabezas de ganado vacuno y de varias otras clases. Más tarde, en 1797, doña 120

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Rita demandó a Velazquez, ante el Juzgado a cargo del Alcalde de 1º voto Josef Martínez de Hoz, a fin de que dicho aparcero rindiera cuentas de esa explotación. Representó a la actora en el pleito Martín José de Segovia. Once años después, el 24-V-1808, Rita Damasia Dogan dió poder “a mi hijo el Doctor Don Feliciano Pueyrredón, Cura propio del Rincón de San Pedro, de esta jurisdicción, con mi otro hijo Don Juan Martín, que al presente se halla en España”, y asimismo a favor de sus hijos políticos Anselmo Sáenz Valiente, Juan Bautista de Ituarte y Ruperto Albarellos, para que extendieran su testamento luego de haberse muerto. Dispuso se enterrara su cadáver en “el Hospital Betlemítico, en virtud de Carta de Hermandad que tengo con la religión, y con mortaja de la misma”; todo por escritura otorgada ante el Escribano Mariano García Echaburu, los testigos José Pereyra Lucena, Juan Balla y Luis de Castañaga, que firmó a ruego de la señora; la cual tres días después, el 27 de mayo, confortada con los Santos Sacramentos, falleció dulcemente a consecuencia de la diabetis; siendo inhumado su cuerpo en la Iglesia del Hospital. Los cónyuges Juan Martín de Pueyrredón y Labrucherie y Rita Damasia Dogan y Soria procrearon estos once hijos: 1) Feliciano José de Pueyrredón y Dogan, baut. el 22-X-1767 de dos días en Bs.As. Fue sacerdote y Doctor en Teología. Titular de aquella Capellanía que sabemos, instituída por su padre en 1786. Cura y vicario del Baradero (1789) y del Rincón de San Pedro (1802). Capellán militar de Infantería (1809), de Granaderos de Fernando VII (1810), y posteriormente del Regimiento Fijo de Buenos Aires. Donó un lote de libros a la Biblioteca Pública fundada por la Primera Junta, y su último destino religioso fue el de Cura de la parroquia de Jesús Amoroso en el actual pueblo bonaerense de San Martín. Poseyó dicho clérigo unas “tierras y casa correspondiente” cuyo predio medía 400 varas de frente al Río de la Plata sobre la barranca, “y fondo hasta el camino que bá a San Isidro, esto es el primero que se encuentra” — vale decir la actual avenida Centenario; limitando el terreno en aquel tiempo, por el Este por el río; por el Norte con la chacra de María Calixta Tellechea de Pueyrredón (después quintas de los Aguirre, que se subdividieron Pueyrredon

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más tarde en numerosos lotes, conservándose hogaño solo la parcela correspondiente al Museo Pueyrredón, cuya referencia histórica se trata en el “Apéndice” del capítulo dedicado al linaje de Aguirre); por su fondo, al Oeste, con el camino general antedicho; y por el Sur con tierras “que se dicen de María Lucía Cerbantes”. Hubo don Feliciano ese bien campestre por compra que hizo a Juan de Lagrava — el amigo íntimo, paisano y socio de su padre —, quien lo vendió en su carácter de albacea de la sucesión de María del Rosario Hornos, viuda de Francisco Omar, el 10-VI-1817, al precio de 1.441 pesos, por ante el Escribano Narciso Iranzuaga. En 1820 Feliciano le transfirió la mitad de esa chacra a su hermano Juan Martín, lindero suyo por la parte del Norte, mediante el adelanto de 630 pesos, sin haber documentado la enagenación; y la fracción restante del Sur, la compró después también el General Pueyrredón, el 1-V-1825, en 5.000 pesos que completaban el valor de toda la chacra; extendiéndose la escritura traslativa del dominio respectivo el 6-V-1826, ante el Escribano Manuel Llames. Cinco meses más tarde, aquella segunda fracción del Sur — de 200 varas fronteras — se las cedió, “por donación graciosa”, el General Pueyrredón a su hermana Magdalena Pueyrredón de Ituarte — mi 4ª abuela — y a sus hijas Juana y Damasia, firmándose la escritura pública el 2-X-1826. En tanto la fracción del Norte — 200 varas de frente — don Juan Martín enagenó su propiedad a favor de su sobrino Casto Sáenz Valiente Pueyrredón. Medio siglo adelante, tras de varias transferencias y sucesiones, las tierras referidas que pertenecieron a Feliciano Pueyrredón, configuraron las quintas de Vivot, de Becú, de Nelson y de Uribelarrea, que tanto conocí en los felices tiempos de mi niñez y privilegiada mocedad. El clérigo Feliciano otorgó, el 11-XI-1826, ante el Escribano Manuel Llames, un poder para testar a favor de sus hermanos Juan Martín y Magdalena, y de su ahijado y sobrino Casto Sáenz Valiente, los cuales debían protocolizar, después de su muerte, las últimas disposiciones redactadas por él el 23 de octubre de aquel año. En ellas, instituía por herederos suyos a Manuela López y a sus hijas María del Pilar y Petrona Paula López, quienes por largo 122

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tiempo lo habían servido, y dejó también mandas para sus sobrinas Victoria, Rita e Isabel Pueyrredón Caamaño. Finalmente, el 29 de noviembre ulterior, el precavido tonsurado, se fue de la vida terrena a rendirle cuentas al Creador. 2) Diego José de Pueyrredón y Dogan, que sigue en VI. 3) José Luis de Pueyrredón y Dogan, baut. en Bs.As. el 16-II-1771. Murió en tierna edad. 4) Josefa Catalina de Pueyrredón y Dogan, baut. en Bs.As. el 14-VI1772. Murió niña. 5) Juana María de Pueyrredón y Dogan, que sigue en VIa. 6) Juan Martín de Pueyrredón y Dogan, que sigue en VIb. 7) Jose Cipriano de Pueyrredón y Dogan, que sigue en VIc. 8) Petrona Ventura de Pueyrredón y Dogan, baut. el 21-I-1780 en Bs.As. Muerta párvula. 9) Magdalena de Pueyrredón y Dogan — mi antepasada — que sigue en VId. 10) Juan Andrés de Pueyrredón y Dogan, que sigue en VIe. 11) Isabel María de Pueyrredón y Dogan, que sigue en VIf. VI — Diego José de Pueyrredón y Dogan, nació y lo bautizaron en Buenos Aires el 26-VI-1769. Fue militar, Subdelegado de Hacienda y Comandante de Armas de Jujuy en las postrimerías del siglo XVIII. El año 1794 opera en la fundación de la ciudad de Orán, a cuyo establecimiento concurre al frente de un escuadrón de milicias jujeñas. Expedicionario al Chaco y Jefe del Fuerte de Ledesma en 1799, tuvo en 1807 el privilegio de encontrarse en Buenos Aires y actuar en la heroica defensa de la capital del Virreinato contra los invasores ingleses. A partir del 25 de mayo de 1810, Diego se define por la causa revolucionaria, incorporándose al ejército auxiliar del Perú con el grado de Coronel. Luego es nombrado Gobernador Intendente de Córdoba, y en esta ciudad muere en 1812. Habíase casado previamente en Jujuy, el 7-I-1792, con Juana Francisca Zegada, y los esposos fueron velados después, el 8-VI1793, en la parroquia de Río Blanco. Era ella hija del Coronel Gregoria Zegada y Velloso, nativo de Grananda, España, y de la jujeña, María Mercedes Rubianez y Liendo; n.p. de los granadinos Juan de Zegada y Francisca Velloso; n.m. de Sebastián Rubianez Moure y de Teodora de Liendo Argañaraz, hija del Maestre de Pueyrredon

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Campo de Jujuy Martín de Liendo y de María de Argañaraz y Murguía Rodríguez de Armas. (Ver el linaje de Argañaraz y Murguía). Gregorio Zegada había sido Alcalde de 1º voto y Comandante de Armas de Jujuy en 1779. Defendió a la ciudad del ataque de los indios del Chaco, cuando la gran sublevación altoperuana de Tupac Amarú, derrotando y apresando a los rebeldes en 1781, tras los combates de Zapla (31 de marzo) y del Río Negro (3 de abril). Alcanzaría el cargo de Teniente de Gobernador de Jujuy, y murió el 15-II-1794; año de la fundación de Orán en terrenos donados por su esposa Mercedes Rubianez, a cuya empresa secundó eficazmente el yerno suyo Diego de Pueyrredón. El matrimonio Pueyrredón-Zegada procreó 13 hijos, a saber: 1) María Clemencia Pueyrredón Zegada, baut. en Jujuy el 26-XI1792. Casóse ahí el 15-II-1812 con José Antonio Garrón y Barragán. Dejaron ellos sucesión. 2) Fortunato Pueyrredón Zegada, nac. en Jujuy el 26-X-1794. Capitán de las huestes unitarias de La Madrid, cayó prisionero de Facundo Quiroga en la batalla de la Ciudadela, librada en Tucumán el 4-XI1831. Falleció soltero y cautivo en La Rioja en 1837. 3) Diego José Andrés Pueyrredón Zegada, baut. en Jujuy el 4-II-1796. Ingresó en el ejército del norte cuando el éxodo jujeño, el 22-IX1812. Como Subteniente del regimiento de Pardos y Morenos combatió en las batallas de Tucumán y Salta, siendo luego ascendido a Teniente. Pelea en Vilcapugio y, el 14-XI-1813 muere por la Patria en Ayohuma, a los 17 años de edad. 4) Manuel José Pueyrredón Zegada, baut. en Jujuy el 15-VI-1797. Falleció el 12-III-1802. 5) Diego Domingo Pueyrredón Zegada, baut. en Jujuy el 28-XII-1798. Murió soltero. 6) Martín José Domingo Pueyrredón Zegada, nació en Río Negro — Calilegua — el 21-XII-1799, y allá murió el 19-IV-1802. 7) José Miguel Pueyrredón Zegada, baut. en Jujuy el 19-I-1802. Falleció infante. 8) Juan Luis Pueyrredón Zegada, baut. en Jujuy el 10-II-1803. Murió el 20-IV-1807.

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9) Rita Celedonia Pueyrredón Zegada, baut en Jujuy el 4-III-1804. Casó ahí con Gabriel Millán. Hijas de ellos fueron; Juliana Millán Pueyrredón, casada el 11-I-1858, en Jujuy, con José Ignacio Carrillo Bárcena, sin posteridad; y Clemencia Millán Pueyrredón, dueña de la finca jujeña “El Ceibal”. 10) Mariano José Pueyrredón Zegada, baut. en Jujuy el 2-VII-1805. Radicóse en Bs.As. donde casó, el 5-VIII-1828, con su prima hermana Victoria Pueyrredón Caamaño (hija de José Cipriano Pueyrredón Dogan y de Manuela Caamaño González). En 1831 Mariano y Victoria adquirieron la chacra llamada “de Perdriel” — en la actual localidad de San Martín —, campo en el combatió su tío Juan Martín contra los ingleses en 1806, y donde en 1834 vino al mundo su sobrino José Hernández Pueyrredón, el poeta del Martín Fierro. Los susodichos cónyuges resultaron padres de: A) Juana Florencia Pueyrredón Pueyrredón, nac. en Bs.As. el 11VII-1829, casada con Anastasio Castro. Entre sus 15 hijos anoto a: a) Petrona Castro Pueyrredón, que casó con Patricio Lynch Pueyrredón, su primo hermano (hijo de Enrique Lynch Zavaleta y de Victoria Pueyrredón Pueyrredón Zegada y Caamaño). Su sucesión se registra en el apellido Lynch. b) Rita Castro Pueyrredón, nac. en 1861. Casóse el 8-VII-1881 con el Coronel Rodolfo Mom, nac. en 1859 y fall. en 1918 (hijo de Policarpo Mom y de Aurora Pelliza). Con descendencia; los Mom Castro, Elordy Mom, Mom Hurell, Albarracín Mom, Labat Mom, etc, etc. c) Diego Castro Pueyrredón, casado con Irene Martínez. d) Nicasia Castro Pueyrredón, esposa de Rodolfo Martínez. B) José Manuel Pueyrredón Pueyrredón, nac. el 16-IX-1830. Falleció soltero. C) Elena Nicasia Pueyrredón Pueyrredón, baut. el 22-XI-1831. Murió en tierna edad. D) Victoria Pueyrredón Pueyrredón, nac. el 10-V-1831 y fall. el 29-VII-1910. Casó el 16-V-1850 con Enrique Lynch Zavaleta. (Ver el apellido Lynch). 11) Jaime Angel Pueyrredón Zegada, baut. en Jujuy el 3-X-1807. Ahí murió el 14-VIII-1809.

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12) María Nicasia Eusebia Pueyrredón Zegada, baut. en Jujuy el 15XII-1808. Falleción en la infancia. 13) María Manuela Pueyrredón Zegada, baut. en Jujuy el 14-IX-1810. Testó en Bs.As. el 13-V-1863, ante Laureano Carballeda. Declaró en dicha escritura ser soltera y tener cuatro hijos naturales habidos con Gerónimo Dellepiane, italiano de 52 años de edad (hijo legítimo de los itálicos José y María Dellepiane). Al día siguiente de otorgar su testamento María Manuela Pueyrredón casóse “enferma en cama”, in articulo mortis, con Gerónimo Dellepiane, y se fue de este mundo horas después (14-V-1863). Aquellos cuatro hijos de la causante eran: A) Deidamia Dellepiane Pueyrredón, que casó con José Andrés Genoa. Con sucesión. B) Manuel Dellepiane Pueyrredón. C) Hortensia Dellepiane Pueyrredón. D) Genoveva Dellepiane Pueyrredón. VIa — Juana María de Pueyrredón y Dogan, nació en Buenos Aires el 24-XI-1773. Aquí contrajo nupcias el 12-IV-1755 con Anselmo Sáenz Valiente, nativo de Nieva de Cameros, España, y baut. allá el 29-IX-1755 (hijo de Francisco Sáenz y de María Valiente de Tejada). Fue don Anselmo Alcalde de 2º voto del Cabildo porteño en 1806, y por su eficaz desempeño durante las invasiones inglesas, se consideró merecedor de un título de Conde, que no llegó a concretarse a causa de la revolución bonaerense de 1810. Su mujer Juana Pueyrredón era de temple valeroso. En 1809, a raíz de la detención de su hermano Juan Martín, sospechado de conspirar contra el Virrey Cisneros, ella se presentó en la guardia del cuartel de Patricios, donde estaba arrestado aquel y — Tomás Guido lo recuerda en su Reseña de los sucesos de Mayo — reprendió a los oficiales y soldados con estas palabras “¿Consentireis que sea sacrificado vuestro compatriota y amigo por la cruel injusticia de un gobernante? ... No Patricios!, dejad que huya mi hermano si no quereis haceros cómplices de una iniquidad que amenguaría vuestra fama”. Dos horas después, ante la inoperancia de los centinelas, Juan Martín de Pueyrredón se evadía sin dificultad por una ventana. Heredó doña Juana la chacra de sus padres en la costa de San Isidro: 160 varas de frente y una legua de fondo, con casa y oratorio 126

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en el casco poblado de árboles y rodeado de plantíos servidos por esclavos y animales de trabajo. Los cuatro terrenos que formaban esa chacra fueron comprados a los hermanos Domingo y Ursula Herrera, entre los años 1785 y 1786. Falleció doña Juana el 14-VI-1812, y sus restos yacen en la Iglesia de Santo Domingo. Por su parte don Pueyrredon

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Anselmo — que heredó la chacra de San Isidro — murió repentinamente el 13-XI-1815, en su casa “en la Plaza Chica”, enfrente de Santo Domingo, en la actual calle Belgrano. Estos fueron sus hijos y descendientes: 1) Juan Pablo Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. en Bs.As el 3-VII1792 y fall. el 8-I-1827. Casó el 6-VIII-1821 con Josefa — “Chepa” — de Lavalle González Bordallo, baut. en Stgo. de Chile el 13-X-1804 y fall. en Bs.As. el 18-XI-1890 (hija de Manuel José de Lavalle y Cortés y de Mercedes González Bordallo y Ross). Hubieron estos hijos: A) Anselmo Sáenz Valiente Lavalle, baut. el 15-VI-1822. Murió dos días después. B) Mercedes Juana Adela Sáenz Valiente Lavalle, baut. el 30-VI1823. Se casó el 13-IX-1849 con Fermín de Irigoyen Sala (hijo de Manuel Mariano Irigoyen Calderón y de Ana de Sala Echauri — ver el linaje De la Quintana). Sin posteridad. C) Matilde Josefa Sáenz Valiente Lavalle, baut. el 17-V-1825. Casó con Ladislao Martínez Castro Ximénez, baut. el 18-XII1826 (hijo de Ladislao Martínez Castro y de Bernarda Ximénez Gómez y Elías Rodríguez y Colleras). Fueron sus hijas: a) Albertina Martínez Sáenz Valiente, fall. el 28-VII-1905. Casó el 6-II-1875 con Emilio Lamarca, baut. en Stgo. de Chile el 13-X-1844 y fall. en Bs.As. el 4-VII-1922 (hijo de Carlos Lamarca Fernández Blanco y de Petrona Coronel Fernández). Estos fueron sus hijos: a1) Emilio Lamarca Martínez. Casó el 21-X-1901 con María Salomé Guerrico Güiraldes, baut. el 17-III-1881 (hija de José Prudencio de Guerrico y Maza y de María Leonor Güiraldes Guerrico). De ellos vienen los Lamarca Guerrico, Lamarca Concha Sobercaseaux, González Moreno Lamarca, Saavedra Lamarca, Lamarca Ledesma, Lynch Lamarca, etc, etc. a2) Carlos Lamarca Martínez. Casó el 29-X-1902 con María Esther Francisca Martínez de Hoz Lavallol, baut. el 6-XII1880 (hija de Emilio Ramón Alonso Martínez de Hoz Fernández de Agüero y de Mercedes Catalina Lavallol Monasterio Merlo y Ugarte). De ellos vienen los Lamarca 128

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Martínez de Hoz, Canale Demaría Lamarca, Rodríguez Alcorta Lamarca, Ortiz Basualdo Canale Lamarca, Lamarca Cossio Barruti, etc, etc. a3) Luis Lamarca Martínez. Casó el 3-X-1903 con María Luisa Patricia de Elía Casares, baut. el 17-III-1887 (hija de Ezequiel de Elía Ramos Mexía Segurola y de Josefina Vicenta Casares Martínez de Hoz). De ellos vienen los Lamarca Elía, Lamarca Zalabarda, Lamarca Bunge, Múscari Lamarca, Terán Lamarca, etc, etc. a4) María Teresa Adela Lamarca Martínez, nac. el 11-XI1878. Casó el 28-X-1896 con Leonardo Rafael Manuel Pereyra Iraola, nac. el 24-XII-1867 (hijo de los primos Leonardo Higinio Pereyra Iraola y María Antonia Magdalena de Iraola Pereyra). De ellos vienen los Pereyra Iraola Lamarca, Pereyra Iraola Alzaga Unzué, Pereyra Iraola Victorica Acosta, Pereyra Iraola Santamarina Acosta, Pereyra Iraola Mitre del Campillo, Pereyra Iraola Robertson Lavalle, Pereyra Iraola Anchorena Pizarro, etc, etc. a5) Adela Lamarca Martínez, nac. en 1880. Casó el 5-IV1905 con su pariente Jorge Francisco Lavalle Cobo, baut. el 9-VIII-1876 (hijo de los primos hermanos Ricardo Cipriano Lavalle Darregueyra y Ernestina Cobo Lavalle). De ellos vienen los Lavalle Cobo Lamarca, Lavalle Cobo Uriburu Quintana, Lavalle Cobo Aldao Peña, etc, etc. b) Matilde Martínez Sáenz Valiente, nac. el 5-XI-1851 t fall. el 17-III-1938. Casó el 15-X-1879 con José A. Ayerza Zabala, Médico nac. el 5-II-1852 y fall. el 15-X-1920 (hijo de José Toribio Ayerza Urruti Mendizabal, nac. el 16-IV-1815 en Zubieta, Guipuzcoa; Médico carlista que emigró en 1842 a causa de esa guerra, y casó en Paraná el 10-V-1851 con Adelaida Zabala Macazaga, nac. en San Sebastián el 1-XI1832 y fall. en Bs.As. el 11-VII-1911). Estos resultaron los hijos del matrimonio Ayerza-Martínez: b1) María Adela Ayerza Martínez, nac. el 25-VIII-1880. Casó el 15-IX-1902 con Carlos María Agote García, Ingeniero, nac. el 2-VIII-1866 y fall. el 23-X-1950 (hijo de Pedro Francisco Agote Cubas Pando Patiño y Salas Nieva Pueyrredon

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Castilla, nac. en Catamarca el 2-IV-1816 y fall. en Bs.As. el 22-VIII-1909, y de Quiteria García Sedano Villacorta de la Torre y Villafañe, nac. en Valparaiso de familia riojana, fall. en Bs.As. el 23-VI-1913, que casaron en Copiapó el 13-V-1859). De ellos vienen los Agote Ayerza, Agote Orue Belaustegui, Agote Lanusse Sastre, Agote Ayerza Zuberbhüler, Nougués Agote, Olivera Casares Agote, Agote Lanusse Blaquier Nelson, Agote Lanusse Freytes, etc, etc. b2) María del Carmen Matilde Ayerza Martínez, nac. el 14XII-1881 y fall. el 24-VIII-1946. Casó el 3-III-1904 con Jorge Hipólito Frías Molina, Abogado, nac. el 30-I-1879 y fall. en 1967 (hijo de Domingo Frías García Avila y García Rodríguez de familia santiagueña, baut. en Montevideo el 3-II-1843 y fall. en Bs.As. el 27-VIII-1903, y de la porteña Emilia Molina Pinto González de Noriega Lobo y García González, baut. el 9-X-1852 y fall. el 18VI-1891, que se casaron en Bs.As. el 24-III-1870). De ellos vienen los Frías Ayerza, Born Frías, Quirno Grondona Frías, De la Serna Frías, Frías Vela Salas, Frías Giménez Melo, Gyselynck Frías, López Pinedo Frías, Frías Bazterrica Vidal Molina, etc, etc. b3) Josefina Ayerza Martínez, nac. el 24-VI-1883. Casó el 2X-1902 con Eliseo Víctor Segura Castellano, Médico, nac. el 21-VII-1870 en Yacanto, Córdoba, y fall. en Bs.As. el 14-IX-1946 (hijo de Agustín Segura Guiñazu Correas y Olmos de Aguilera, nac. en Mendoza por 1834, y de Josefa Castellano Moreno Barbosa y Arias, que se casaron el 7-XI-1859). De ellos vienen los Segura Ayerza, Segura Olivera Martínez, Reynolds Segura Olivera, Hutter Segura Olivera, Varela Keen Segura Olivera, Montaña Cruz Segura Olivera, Padilla Fox Segura Olivera, etc, etc. b4) Toribio Ayerza Martínez, nac. el 20-XII-1885. Casó el 16-XI-1917 con María Luisa Zuberbühler Alzaga, nac. el 2-I-1896 (hija de Carlos Evaristo Zuberbühler Machain Von Herissau y Decoud, nac. el 23-VIII-1863 y fall. el 23V-1916, y de Felipa María Amelia de Alzaga Piñeyro Pérez y García, nac. el 23-VIII-1870 y fall. el 22-VI-1904, 130

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que se casaron el 9-XI-1891). De ellos vienen los Ayerza Zuberbühler, Ayerza Demaría Madero, Agote Ayerza, Ayerza Pando Estrugamou, etc, etc. b5) Iván Ayerza Martínez, nac. el 10-V-1886 y fall. el 3-IX1945. Casó el 14-V-1910 con Elvira Gómez Molina, nac. el 28-III-1886 (hija de Federico Gómez Molina y de Elvira Urioste). De ellos vienen los Ayerza Gómez Molina, Reynal Ayerza, Ayerza Rosas Cobo, Ayerza Domínguez Cossio, Ayerza Mc. Leod, Gándara Villanueva Ayerza, Ayerza Schang, etc, etc. b6) María Ayerza Martínez, nac. el 8-XII-1887. Casó el 10VII-1915 con Belisario Peró Fernández (hijo de José Peró, nac. el 16-VIII-1861 y fall. el 27-IX-1923 y de Jacoba Fernández, nac. el 2-X-1869 y fall. el 29-XII-1941). De ellos vienen los Peró Ayerza, Peró Panelo Giménez Bustamante, etc, etc. b7) Susana Ayerza Martínez, nac. el 12-VI-1889. Casó el 6V-1918 con Pedro César Cichero, nac. el 29-VI-1888 (hijo de Pedro Cichero, nac. el 29-VI-1858 y de Margarita Begueristain, casados el 19-VII-1879). De ellos vienen los Cichero Ayerza, Castro Videla Cichero, etc, etc. b8) José Ayerza Martínez, nac. el 12-XI-1892 y fall. el 9-IV1944, en Francia. Habíase casado en Cannes, Alpes Marítimos, el 14-V-1940 con Elisa González Moreno Casal (hija de Alberto González Moreno Halbach de la Cuesta Bolaños y de Elisa Casal Beltrán Bergés y Sánchez). De ellos vienen los Ayerza González Moreno. b9) Jorge Ayerza Martínez, baut. el 10-IX-1898. Murió soltero el 2-II-1934. D) Juana Elena Sáenz Valiente Lavalle, baut. el 12-XII-1826. Fall. al día siguiente. 2) Francisco de Borja Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. el 11-X1793. Casó el 25-V-1831 con Josefa Torrens Castellanos (hija de Buenaventura Torrens y Torrens, anc. en Villanueva de Geltrú, Cataluña, y de Isabel Castellanos Arroyo). Padres de: A) Bernabé Anselmo Sáenz Valiente Torrens, baut. el 1-VIII1832.

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B) Francisco Sáenz Valiente Torrens, baut. el 12-VIII-1833. Casó el 8-VIII-1860 con Joaquina Campos Gómez de la Vega, baut. el 22-VI-1826 (hija de Juan Martín de Campos López Camelo y de Micaela Gómez de la Vega Gaytán). Padres de: a) Juan Pablo Sáenz Valiente Campos, baut. el 8-VIII-1861 y fall. el 7-VI-1925. Almirante, Ministro de Marina de 1910 a 1916. Casó el 13-V-1901 con Teresa de Urquiza y Costa (hija legítima del General Justo José de Urquiza y de Dolores Costa). Son sus hijos: a1) Justo José Sáenz Valiente Urquiza, nac. en 1903. a2) Juan Pablo Sáenz Valiente Urquiza, baut. el 6-VIII1906. a3) Francisco José Sáenz Valiente Urquiza, nac. el 19-XI1906. Casó con María Luisa Lanusse Sastre (hija de Juan Rómulo Lanusse Justo y de María Luisa Sastre Núñez). Con sucesión. a4) Marcelo Tito Sáenz Valiente Urquiza, nac. el 29-XI1908. b) Francisco Sáenz Valiente Campos. Falleció soltero. c) Rosalía Sáenz Valiente Campos, baut. el 10-X-1864. Casó el 2-VII-1888 con Silvio Amadeo Cáceres, baut. el 19-I-1857 (hijo de Luis Amadeo Croce y de Genoveva Cáceres Carranza Toledo Pimentel y Velez). De ellos vienen los Amadeo Sáenz Valiente, Hidalgo Amadeo, Amadeo Danuzzio, Amadeo Carranza Amadeo, Pillado Amadeo, Oliver Gómez Amadeo, etc, etc. d) Joaquina Sáenz Valiente Campos, casada con Joaquín Durán, sin hijos. e) Josefina Sáenz Valiente Campos, soltera. f) Martín Sáenz Valiente Campos, también soltero. C) Josefa Bernarda Sáenz Valiente Torrens, baut. el 24-VII-1835. Murió párvula. D) Isabel Josefa Teodora Sáenz Valiente Torrens, baut. el 5-XII1836 y fall. en 1905. Casó en 1861 con Luciano López Moscoso. Con sucesión. E) Josefa Arminda Sáenz Valiente Torrens, baut. el 24-VI-1839 y fall. el 14-II-1918. Casó el 23-VIII-1862 con el Coronel guerrero del Paraguay Pedro Celestino Díaz Espinosa, nac. en 132

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el Salto, Prov. de Bs. As. el 19-V-1831 y fall. el 15-XII-1906 (hijo de Pedro José Díaz Gómez Cueli y de Ana Josefa Espinosa). De ellos vienen los Díaz Sáenz Valiente, Díaz Sáenz Valiente Baschman, Bernasconi Díaz Sáenz Valiente, etc, etc. F) María del Tránsito Sáenz Valiente Torrens, baut. el 1-X-1841 y fall. el 19-XII-1888. Casó el 11-IV-1865 con su primo Alejandro Leloir Sáenz Valiente (hijo de Antonio Leloir Capdepont y de María Sebastiana Sáenz Valiente Pueyrredón). Su sucesión se consigna más adelante. G) Emilio Sáenz Valiente Torrens. Murió soltero. H) Alberto Sáenz Valiente Torrens. Falleció asimismo soltero. Otro hijo de Francisco de Borja Sáenz Valiente Pueyrredón habido extramatrimonialmente fue: I) José Manuel Sáenz Valiente, baut. el 11-VII-1828. Casó el 4-X1851 con Manuela Costas Rosales (hija de Rodolfo Costas y de Dominga Rosales). Fueron padres de: a) José Manuel Sáenz Valiente Costas, baut. el 29-XII-1853. Murió soltero el 11-XI-1903. b) Rodolfo Sáenz Valiente Costas, nac. en 1856. Casó el 23-V1887 con María Luisa Galup Miguens (hija de José María Galup Casá y de Dionisia Miguens Basavilbaso Balderas y Ferrín). De ellos vienen los Sáenz Valiente Galup, Casares Sienra Sáenz Valiente, Echeverri Boneo Sáenz Valiente, Tissone Souza Martínez Sáenz Valiente, Casares Giménez Zapiola, etc, etc. 3) Casto José Sáenz Valiente Pueyrredón, nació el 30-VI-1796 y fue baut. al día siguiente, en la Catedral Metropolitana, por su tío el presbítero Feliciano Pueyrredón. Casóse el 7-II-1827 con Juana Magdalena de Ituarte Pueyrredón, su prima hermana (hija de Juan Bautista de Ituarte y de Magdalena de Pueyrredón y Dogan — ver el apellido Ituarte). Don Casto José, lejos de emular a su tocayo, el candoroso hijo de Jacob, engendró abundante posteridad. El fin de su vida se produjo el 17-XII-1870. Esta resultó la casta de don Casto: A) Juana María Sáenz Valiente Ituarte, baut. el 25-XII-1827 y fall. el 23-VII-1878. Casó el 20-VI-1859 con Emilio Esteban Castro Rocha, baut. el 13-I-1821 y fall. el 22-IV-1899; Gobernador de la Provincia de Bs. As. (hijo de Félix Castro, nac. en 1787 y Pueyrredon

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fall. en 1842, combatiente de las Invasiones Inglesas, asistente al Cabildo abierto de 1810, diputado provincial, fundador del Banco de Descuentos, etc, etc. y de Luisa de Rocha y Esparza — casados el 3-VI-1817; n.p. de Juan José de Castro, nac. en Córdoba del Tucumán y de la porteña Dionisia del Castillo; n.m. de Juan Romualdo Rocha y de Camila de Esparza González de Alderete; bisn. p.p. de Pedro de Castro y de Ana Santillán, vecinos de Córdoba; bisn. p.m. de Benito del Castillo y de María Antonia Yergas Rodríguez; bisn. m.p. de Martín de Rocha y Melo y de María Pascuala de la Torre y Mena; bisn.m.m, de Miguel de Esparza y de María Josefa González de Alderete). Don Emilio Castro y doña Juana María Sáenz Valiente Ituarte procrearon estos hijos: a) Emilio Castro Sáenz Valiente Ituarte, nac. en 1860. Murió soltero. b) Alejandro Castro Sáenz Valiente, nac. el 15-V-1861 y fall. el 11-IX-1902. Médico cirujano. Casó el 4-IX-1891 con Ana Segunda Quirno Lugones, nac. el 1-VI-1874 (hija de Norberto Quirno Pizarro y de Ana Vicenta Lugones Carranza; n.p. de Miguel Quirno González de Noriega Echandía Gómez Cueli y de Felisa Pizarro Monje; hija de Juan Martín Pizarro Grimau Coronel de la Independencia, y de Teresa Monje Bello y Lafore). Padres de: b1) Juana Ana Castro Quirno, nac. el 13-V-1895. Casó con su tío segundo Francisco Barreto Sáenz Valiente (hijo de Yarbas Alves Munis Barreto de Magalhaes y de Damasia Sáenz Valiente Ituarte). Su descendencia se consigna mas adelante. b2) Magdalena Castro Quirno, nac. el 15-VI-1896. Casó el 16-VI-1917 con Samuel Angel Ortiz Basualdo Elía, nac. el 14-VIII-1891 (hijo de Manuel Florencia Ortiz Basualdo Dorrego Segurola e Indarte y de Ana Edelmira Eusebia de Elía Illa Alzaga y Viamonte). De ellos vienen los Ortiz Basualdo Castro, Ortiz Basualdo Canale Lamarca, Canale Lamarca Martínez Udaondo, Canale Lamarca Pando Moreno, Santamarina Ortiz Basualdo, etc, etc. c) Máximo Pablo Castro Sáenz Valiente, nac. en 1867 y fall. el 2-I-1924. Médico cirujano. Casó con Elvira Soto Martínez 134

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(hija de Héctor Soto y Calvo y de Joaquina Martínez Fernández; n.p. de Juan José Soto Villegas y de Etelvina Calvo y Díaz). Estos fueron sus hijos: c1) Elvira Castro Soto, baut. el 30-III-1900. Casó el 17-VI1922 con Alberto José Gainza Paz, nac. el 16-III-1899, director del diario La Prensa (hijo de Alberto de Gainza Lynch y de Zelmira Rosa Paz Díaz; n.p. del General guerrero del Paraguay y Ministro de Guerra, Martín de Gainza Larrazabal y de Ana Lynch Zavaleta Roo y Riglos; n.m. de José Camilo Paz Cueto, fundador de “La Prensa”, y de Zelmira Díaz Gallardo). De ellos vienen los Gainza Castro, Gainza Bemberg Bengolea, Peña Salas Gainza, Bengolea Ocampo Gainza, Bosch Luro Gainza, Gainza Lamarca, Gainza Jorge Olivera, etc, etc. c2) Máximo Castro Soto, nac. en 1901 y fall en 1929. Casó en 1926 con Julieta Luro Sahores (hija de Adolfo Luro Pradere y de Celia Sahores; n.p. de Pedro Luro nac. en Saint Just, Bearne, Francia, por 1820, y de María Pradera Etcheto, nac. en Nerac, Gascuña — casados en Bs. As. el 5-II-1844; n.m. de José Sahores Prat y de Luisa Seeber Faust). Con sucesión. c3) Emilio Castro Soto, nac. en 1903. Casó 1º con Gloria Demaría de González Guerrico, y en 2as nupcias con Blidah Newton. Sin descendencia. c4) Damasia Castro Soto, nac. en 1904. Casó con Teodoro Becú García Lagos, nac. el 1-XII-1890 y fall el 1-IX1946 (hijo de Carlos Teodoro Becú Cavassal y de Sara García Lagos; n.p. de Carlos Becú nac. en Alemania y de Teodosia Cavassal; n.m. de Doroteo García Argibel y de Carolina Lagos Villarino; bisn.m.p. de Ildefonso García Fernández y de Teresa de Argibel López de Cossio). Con sucesión. c5) Héctor Castro Soto, nac. 1907. Casó con Mercedes Santamarina Quintana (hija de Arturo Santamarina Irasusta y de Mercedes Quintana Unzué — ver el linaje De la Quintana). Héctor — “Churún” — murió en 1928 a consecuencia de una rodada en un partido de polo. Dejó

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una hija. Su viuda pasó a 2as nupcias con Miguel Riglos Elía. c6) Elena Castro Soto, nac. en 1908. Casó con Lucio Antonio Robirosa Demaría nac. el 18-IV-1900 (hijo de Antonio Robirosa Campdesuñe nac. el 2-VIII-1870 en Gualeguay y fall. en Bs. As. el 18-IV-1952, y de Sara Demaría Arana; hija ésta de Mariano Demaría y Demaría y de Dolores Macedonia Arana Obariro Beláustegui y Lezica). De ellos vienen los Robirosa Castro, Robirosa Helguera Torres Duggan, Achával Robirosa, etc, etc. c7) Josefina Castro Soto, nac. el 14-IV-1911. Casó 1º el 12IV-1931 con su tío 3º Guillermo Leloir Aguirre, nac. el 11-XII-1904 y fall. el 7-XI-1952 (hijo de Federico R. Leloir Bernal Sáenz Valiente Lynch y de Hortensia Aguirre Herrera Ituarte Díaz Herrera — ver el linaje de Aguirre). De viuda Josefina pasó a 2as nupcias con Máximo Etchecopar Paz (hijo de Máximo Etchecopar Molina y de Dolores Paz Colombres; n.p. de Máximo Etchecopar Sebas, vasco-francés, y de la tucumana Lastenia Molina Cossio; n.m. de Fernando Paz Colombres Terán Ruiz Huidobro y de Corinda Colombres Garmendia). Con sucesión de ambas nupcias. (Los Leloir Castro se anotan más adelante). c8) Alejandro Castro Soto, nac. en 1916. Casó con Myrtha Seré y hubo descendencia. d) Fernando Castro Sáenz Valiente, el cual falleció soltero. B) Florentina Clara Sáenz Valiente Ituarte, baut. el 11-IX-1829 y fall. el 29-IX-1928. Casó el 27-XII-1855 con el Coronel guerrero del Paraguay, Juan Francisco Vivot y Farrán nac. en 1833 y fall. el 28-IX-1907 (hijo de Juan Vandrel y Vivot nac. en Palma de Mallorca y de Mariana Farrán; n.p. de Juan Vandrel y de María Vivot; n.m. de Francisco Farrán y de Mariana Flaye). Fueron sus hijos: a) María del Socorro Vivot Sáenz Valiente, baut. el 21-XII1856. Casó el 21-IX-1879 con Josué Nemesio Moreno Thwaites, baut. el 22-I-1854 (hijo de Francisco Moreno Visillac y de Juana Thwaites Rubio; n.p. de Francisco Moreno y de María Antonia Visillac y Lara; n.m. de Josué 136

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Thwaites Gibson, nac. en Londres y de la criolla Juana Rubia del Ribero; bisn. p.m. de Mateo Visillac, nac. en Mallorca que testó en Bs. As. el 27-I-1813, ante Juan Cortés — declarándose hijo de los mallorquinos Guillermo Visillac y María Ferrer — y casado con María Luisa Lara; bisn. m.p. de Henry Thwaites y de Jane Gibson, nativos de Londres; bisn. m.m. de José Rubio de Velasco García de Velasco, nac. en Arcos de la Frontera y de la porteña Juana del Ribero Cueli de los Santos Escobar). Don Josué y doña María fueron padres de: a1) María Florentina Moreno Vivot, nac. en 1880 y fall. en mayo de 1967. Casó el 3-XII-1908 con Emilio Dionisio de Alzaga Piñeyro, nac. el 24-III-1877 y fall. en 1963 (hijo de Félix Gabino de Alzaga y de Celina Piñeyro; n.p. de Félix Felipe Alejandro de Alzaga Carrera y de Cayetana Pérez Fernández; bisn. p.p. del famoso Alcalde Martín de Alzaga Olavarría, nac. en San Martín de Ibarra de Aramayona, en Alaba, y de la porteña Magdalena de la Carrera Indá Forgue y Tirado; bisn. p.m. de Juan Pérez Llorente y de María Asunción Fernández; bisn. m.p. de Francisco Piñeyro Fernández y de Petrona García). De ellos vienen los Alzaga Moreno, Alzaga Elía, Leloir Alzaga, Alzaga Barreto, Alzaga del Carril, Alzaga Marino, Alzaga Santamarina, etc. a2) Mercedes Moreno Vivot, nac. en 1882, muerta en la infancia. a3) Josué Florentín Moreno Vivot, nac. el 20-VI-1884. Falleció soltero el 3-VI-1952. a4) María Isabel Moreno Vivot nac. en 1885 y fall. el 11VIII-1947. Casó el 29-VIII-1906 con Carlos María Diego de Alvear Elortondo, baut. el 13-VII-1883 (hijo de Carlos Juan María de Alvear Fernández y de Mercedes Elortondo Armstrong; n.p. de Diego de Alvear Sáenz de Quintanilla y de Teodelina Fernández Coronel; n.m. de Federico Elortondo y de Isabel Francisca Armstrong Villanueva; bisn. p.p. del General Carlos de Alvear y Ponce de León, prócer de nuestra historia, y de María del Cármen Sáenz de la Quintanilla Camacho; bisn. m.p. de Pueyrredon

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Juan Nepomuceno Fernández Chavez y de Josefa Coronel y Guerreros Obarrio; bisn. m.m. del inglés Tomás Armstron Gary Castle y de la porteña Justa de Villanueva López Camelo Martínez Sáez y Cheves). De ellos vienen los Alvear Moreno, Alvear Castells Roca, Socas Jorge Alvear Moreno, Robirosa Demaría Alvear Moreno, Ocampo Alvear Alvear Moreno, etc, etc. a5) Josefina Moreno Vivot, nac. en 1890 y fall. en 1965. Casó con Marciano Hunter Cano (hijo de Juan Hunter Arriola Pacheco y de Susana Cano Díaz Vélez). De ellos vienen los Hunter Moreno, Ezeiza Hunter Moreno, Hunter Zalabardo, etc, etc. a6) Carlos Justiniano Moreno Vivot, nac. el 5-IX-1895. Falleció soltero el 13-X-1920 debido a un accidente automovilístico. a7) Alejandro Moreno Vivot, mellizo de anterior. Casó el 30-X-1935 con Noemí Lanús Novaro nac. el 12-I-1910 (hija de Augusto Carlos Lanús Alurralde Fernández Castro Alurralde Lanús y de Noemí Novaro Carozzi). Son los padres de: Alejandro Moreno Vivot Lanús, casado con María Casabal Gándara, con suc.; de Carlos Augusto Moreno Vivot Lanús, casado con Josefina Enriqueta Ibarguren Udaondo, con suc. — ver el linaje de Ibarguren; y de María Moreno Vivot Lanús, casada con Arturo Diehl, con suc. b) Florencia Vivot Sáenz Valiente, nac. el 6-III-1863. Casó el 29-XII-1883 con Antonio Francisco Crespo Arigos nac. en Paraná y fall. en Bs. As. el 7-XII-1893 (hijo de Manuel Crespo Candioti Zavala y de Tomasa Arigós Candioti Larramendi). Padres de: b1) Manuel Antonio Crespo Vivot, nac. en Paraná el 13-X1884. Casó en Bs. As. el 27-IX-1908 con Clara Victorica Roca (hija de Benjamín Victorica Urquiza y de Elena Roca Schoo). De ellos vienen los Crespo Victorica, Gutiérrez Martínez de Hoz Crespo Victorica, Estrada Elía Crespo Victorica, Mujica Garmendia Crespo Victorica, Pasman Crespo Victorica, Crespo Giménez Castro Almeyra, etc, etc. 138

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b2) Florencia Crespo Vivot nac. en Bs. As. el 16-IX-1886. Casó el 22-IV-1907 con Guillermo White Frías nac. en 1881 y fall. en 1945 (hijo de Guillermo White Brunevald y de María Elena Frías Piñeyro Molina y García). De ellos vienen los Etchepareborda White, Frederking White, etc, etc. b3) Julio Antonio Crespo Vivot, nac. en Bs. As. el 2-VI1888. Casó con Celina Raybaud Coningham y Schoo). Con sucesión. b4) Rafael Antonio Crespo Vivot nac. en Bs. As. el 16-III1890. Casó el 28-VI-1937 con María Luisa Bollini Roca (hija de Enrique Bollini Cicca y de Zelmira Roca Schoo). Son los padres de Rafael Crespo Bollini, casado con Marie Luise van der Straten Ponthoz. c) Juan Francisco Vivot Sáenz Valiente. Falleció soltero. C) Carlos Gervasio Sáenz Valiente Ituarte, baut. el 4-IV-1832. Murió en la niñez. D) Carlos María Sáenz Valiente Ituarte, baut. el 5-IV-1834. Falleció soltero en 1880. E) Magdalena Augusta Sáenz Valiente Ituarte, baut. el 11-II-1842. Murió el 23-VIII-1845. F) Damasia Sáenz Valiente Ituarte, baut. el 17-VI-1843 y fall. en 1926. Casó el 19-I-1870 con Yarbas Alves Munis Barreto Magalhaes, nac. en Río de Janeiro en 1836 y fall. en Bs. As. el 14-XII-1899 (hijo de Joaquín Francisco Alves Branco Munis Barreto de la Cruz, nac. en Bahía, Brasil, en 1801 y de la carioca Josefa Ribero de Magalhaes Duque de Estrada). Hubieron estos hijos: a) Magdalena Barreto Sáenz Valiente, nac. en 1871 y fall. en 16-VI-1925. Casó el 12-IV-1907 con Francisco Beazley Lynch, fall. el 6-VII-1924 (hijo de Francisco Beazley Oyuela y de Otilia Lynch Espinosa — ver el apellido Lynch). Sin descendencia. b) Yarbas Ventura Barreto Sáenz Valiente, nac. el 14-VII-1972. Murió soltero. c) Gustavo Barreto Sáenz Valiente. Falleció también soltero. d) Benjamín Barreto Sáenz Valiente, nac. el 10-XI-1876. Casó con María Luisa Tornquist Altgelt nac. el 5-VIII-1880 (hija Pueyrredon

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de los parientes Ernesto Carlos Tornquist Camusso, banquero, y de Rosa Laura María Altgelt Tornquist; n.p. de Jorge Pedro Ernesto Tornquist nac. en Baltimore, E.U. y de Adelaida Rosa Camusso; n.m. de Adam Carlos Altgelt Scheuten y de Laura Micaela Tornquist Camusso; bisn. p.p. de Jorge Tornquist Rosenschoon, nac. en Hamburgo que pasó a los E.U. y de Ana Elkins; bisn. p.m. de Carlos Camusso Morando y de Francisca de Alsina y Ambroa). Hijo de ellos es: d1) Benjamín Juan Barreto Tornquist, nac. el 22-VI-1912, casado con Florencia del Valle Bosch (hija de Delfor del Valle Lacasa y de Florencia Carlota Bosch Arana). De ellos vienen los Barreto del Valle, Ferreyra Barreto, Tormey Calderón Barreto, etc, etc. e) Juana Barreto Sáenz Valiente, nac. en 1880. Casó el 5-VI1907 con Eduardo Zuberbühler Machain (hijo de Carlos Zuberbühler von Harissau, nac. en Appenzell, Suiza, y de la paraguaya Josefa Petrona Machain Decoud). Sin descendencia. f) Antonio Zacarías Barreto Sáenz Valiente, nac. el 5-XI-1882 y fall. en 1969. Casó el 6-V-1929 con Jacoba Delia Bunge Achaval, nac. el 19-V-1901 y fall. en 1968 (hija de Emilio Vicente Bunge Chas y de Jacoba Juana de Achaval Ryan Iramain y O’Donell). De ellos vienen los Barreto Bunge, Duggan Barreto, Barreto Escalante Duhau, Barreto García Oliver, etc, etc. g) Francisco Barreto Sáenz Valiente, fall. en 1961. Casó con su sobrina Juana Ana Castro Quirno Sáenz Valiente y Lugones. De ellos vienen los Barreto Castro, Alzaga Castro, Alzaga Moreno Barreto, Santamarina Barreto, Casal Barreto, etc, etc. G) Hortensio Antonio Sáenz Valiente Ituarte, nac. el 13-VI-1850 y fall. el 14-V-1881. Casó el 1-VI-1876 con María Gervasia Casares Martínez de Hoz Rojo y Fernández de Agüero, baut. el 25-VIII-1856 y fall. el 27-II-1879. Hija de ellos fue María, fall. al poco de nacer en 1879. H) Benjamín Antonio Sáenz Valiente Ituarte, mellizo de Hortensio, que fall. el 13-VII-1910. Casó el 26-XII-1882 con 140

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Clemencia Ramona Aguirre Herrera, nac. el 14-XI-1862 y fall. el 7-XI-1900 (hija de Emiliano Camilo Aguirre Ituarte y de Ramona Dolores Herrera Díaz de Herrera — ver el linaje de Aguirre). Fueron padres de: a) Benjamín Remigio Sáenz Valiente Aguirre, nac. el 1-X-1883 y fall. en 1970. Casó el 9-V-1919 con Rosa María Gache Reduellos Solveyra y Panelo, baut. el 8-VII-1899. Con sucesión; los Sáenz Valiente Gache, Sáenz Valiente Blaquier Carabassa, etc, etc. b) Casto María Sáenz Valiente Aguirre, nac. el 16-II-1885 y fall. el 23-IX-1948. Casó el 2-V-1925 con Manuela Zoila Paz Velez Sarsfield nac. el 15-VIII-1894 (hija de Benjamín Paz Colombres y de Manuela Celina Velez Sarsfield Aggnese). Sin sucesión. c) Clemencia María Delfina Sáenz Valiente Aguirre, nac. el 24XII-1886. Casóse el 5-VIII-1912 con Ricardo Gregorio de Lafuente Machain — historiador y genealogista — nac. el 4I-1882 y fall. el 9-III-1960 (hijo de Francisco Félix de Lafuente Matos y de su 2ª esposa María Estela Machain Decoud; n.p. de Pedro Eleuterio de Lafuente Pérez y de Marcelina Matos Gómez de Camaleño; n.m. de José Gregorio Machain Zavala y de Cándida Decoud Berazategui). De ellos vienen los Lafuente Sáenz Valiente, Lafuente Lacroze, Amoedo Lafuente, Lafuente Castaño Urdinarrain, López Saubidet Lafuente, Bengolea Madero Lafuente, etc, etc. d) Emiliano María Melitón Sáenz Valiente Aguirre, nac. el 10III-1888. Murió soltero el 13-VI-1949. e) Antonio María Sáenz Valiente Aguirre, nac. 10-V-1890. Falleció en 1891. f) Virginia María Sáenz Valiente Aguirre, nac. el 24-VIII-1892. Falleció en 1893. g) Guillermo Sáenz Valiente Aguirre, nac. el 7-IV-1894 y fall. el 11-VII-1961. Casóse 1º el 19-IV-1922 con Clara Bullrich Cantilo nac. el 8-III-1902 y fall. el 16-XI-1929 (hija de Arturo Rodolfo Bullrich Robbio y de Magdalena Cantilo Ortiz Basualdo). Guillermo, viudo, pasó a 2as nupcias, el 28-IV-1932 con Marta Rufina Robirosa y Demaría Pueyrredon

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Campdesuñe y Arana, nac. el 1-VII-1903 y fall. en 1983. De ambos matrimonios vienen los Sáenz Valiente Bullrich y Sáenz Valiente Robirosa; Sáenz Valiente Marcó Bonorino, Sáenz Valiente Gómez Seeber, Jimenez Fitte Sáenz Valiente, Sáenz Valiente Ochoa Delger, Delger Sáenz Valiente, Elía Costa Paz Sáenz Valiente, etc, etc. h) Juana Sáenz Valiente Aguirre, nac. el 11-VI-1896. Casó el 4IX-1919 con Miguel Florencio Casares Lynch (hijo de Vicente Casares Martínez de Hoz y de Hercilia Lynch Videla Dorno). Su descendencia se registra en el apellido Lynch. i) Valentina Andrea Sáenz Valiente Aguirre, nac. el 5-I-1898 y fall. el 11-VIII-1925. Casó el 6-XII-1924 con Ernesto Alejandro Gonzalez Gowland nac. el 25-VI-1889 y fall. el 6IX-1959 (hijo de Dimas Gonzalez Piriz y de Victoria Gowland de la Peña). Sin sucesión. 4) María Sebastiana Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. el 20-I-1798, bajo el padrinazgo de Martín de Alzaga y de su esposa Magdalena de la Carrera (cuatro años más tarde Alzaga sería ejecutado por orden del Primer Triunvirato, que integraba Pueyrredón, tío de su ahijada). Casó María Sebastiana primeramente, el 18-VI-1817, con Antonio Francisco Leloir Capdepont, baut. el 8-V-1786 en Santa María de Olorón, Bearne, Francia, (hijo de José Leloir y de Juana María Capdepont, bearneses vecinos de la villa de Santa María en los Bajos Pirineos), siendo testigos de aquella boda Francisco Belgrano (hermano del General) y Magdalena Pueyrredón de Ituarte (tía carnal de la novia y 4ª abuela mía). En 1818 Antonio Francisco Leloir fué designado representante de los comerciantes franceses en Buenos Aires, como un primer paso para establecer luego el consulado de Francia. Se lo sindicó a nuestro hombre — junto con el Coronel Le Moyne — agente secreto del gobierno de Luis XVIII a fin de negociar acá la coronación del Duque de Orleans (futuro Luis Felipe “Rey de los franceses”) cuando el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón (tío carnal de la esposa de Leloir) proyectaba erigir en el país una monarquía constitucional y parlamantaria, que preservase a la nación del republicanismo montaraz de los caudillos. Murió Francisco Antonio Leloir en 1822, ahogado en el Rio Negro. Viuda doña 142

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Sebastiana, pasó a 2as nupcias, el 29-XII-1829, con su cuñado Bartolomé Leloir Capdepont, bearnés asimismo, baut. el 8-III1800 y fall. el 19-II-1864 en Buenos Aires. Un lustro más tarde, el 28-X-1869, se extinguió la vida de doña Sebastiana de pulmonía. Hijos de su primer enlace fueron: A) Federico Leloir Sáenz Valiente, nac. el 1819 y fall. el 29-XI1886 de “escarlatina”. Casó en la Iglesia porteña de San Ignacio, el 29-VII-1854, con Carmen Bernal Lynch, nac. en 1830 y fall. el 9-IV-1858 (hija de Pedro Pablo Bernal Gainza nac. en 1796 y fall. en 1866, y de Martina Josefa Lynch y Roo, nac. en 1806 y fall. en 1879 — casados el 16-VIII-1823 — ver el linaje de Lynch. Vástago único de Federico y Carmen fué: a) Federico Augusto Rufino Eusebio Leloir Bernal, nac. el 11VIII-1856 y baut. el 7 de septiembre siguiente, apadrinado por su tío Alejandro Leloir Sáenz Valiente y su abuela Martina Lynch de Bernal. El 21- XII-1882 Federico contrajo matrimonio con Mercedes Florentina Martínez de Hoz Lavallol Fernández de Agüero y Monasterio, nac. el 20-V1861 y fall. el 12-III-1895. Viudo el hombre, pasó a 2as nupcias, el 26-IX-1898, con Hortensia Mercedes Aguirre Herrera Ituarte y Díaz Herrera, nac. el 17-II-1868 y fall. el 17-II-1939 —ver el linaje de Aguirre. Federico Leloir Bernal murió en París el 27- VIII-1906. Hijos de su 1er matrimonio fueron: a1) Federico Gerónimo Leloir Martínez de Hoz, nac. en 1885. Falleció soltero el 23-II-1973. a2) Mercedes Josefina Leloir Martínez de Hoz, nac. el 14IX-1886. Casó el 5-V-1909 con Rafael Ocampo Belaustegui, nac. el 24-IX-1883 (hijo de José Eusebio León Ocampo Lozano y de Melchora Belaustegui Cueto; n. p. de Manuel José Ocampo González de Navia Acosta Quiroga Arias Cabrera Ceballos, y de Clara Carmen Lozano Zamalloa Goyechea Ordoñez Argañaraz; n. m. de Luis Belaustegui Rodriguez Sacristán y de Rafaela Cueto Du Puy de la Mata y Patrón). De ellos vienen los Ocampo Leloir, Ocampo Pereda Lastra, Ocampo Orphe Segura., Lezica Santamarina Ocampo, Llavallol Ocampo, etc, etc.

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a3) Carmen Leloir Martínez de Hoz, casada con Pablo Acosta Castelli (hijo de Eliseo Pablo Acosta y de Angela Castelli). Murió Carmen viuda y sin hijos el 18-VII-1972. a4) Alejandro Leloir Martínez de Hoz. Casó el 18-X-1924 con Sara Josefina Anchorena Madero, nac. el 24-X-1904 (hija de Joaquín Samuel de Anchorena Riglos y de su 1ª esposa Sara Madero Arteaga — ver los apellidos Anchorena y Riglos). De ellos vienen los Leloir Anchorena, Leloir Dietrichstein Dose, García Balcarce Leloir, García Balcarce Güiraldes Bustillo, Ham Leloir, etc,etc. a5) Antonio Leloir Martínez de Hoz, fall. en la niñez. Hijos del 2º matrimonio de Federico R. Leloir Bernal fueron: a6) Marta María Silvia Leloir Aguirre, nac. 3-XI-1899. Casó el 3-XI-1919 con su primo Guillermo Alejandro Udaondo Leloir, nac. el 18-I-1890 y fall. el 12-IV-1936, a raíz de un accidente de aviación (hijo de Guillermo Asencio Udaonde Peña, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, y de Josefina Francisca Leloir Sáenz Valiente). De ellos vienen los Lalor Udaondo Leloir, Ham Udaondo, etc, etc. a7) Magdalena María Francisca Leloir Aguirre, nac. el 10X-1901. Casó en París, el 2-VIII-1923, con Alberto Celedonio Fernández Górgolas, nac. el 3-III-1891 (hijo de Emilio R. Fernández y de Carmen Górgolas). De ellos vienen los Fernández Górgolas Leloir, Juarez Araoz Fernández Leloir, etc,etc. a8) Susana María Ana Leloir Aguirre, nac. el 26-VII-1903. Casó 1º, el 3-XII-1925, con Sergio Piñero nac. el 11-XI1894 y fall. el 27-VI-1928 (hijo de Sergio M. Piñero y de Adriana Olivares). De viuda pasó a 2as nupcias el 5-I1934, con Marcial Ignacio Quiroga. Médico, nac. el 12VI-1899 (hijo de Marcial Vicente Quiroga y de Mercedes Corradi). De ellos vienen los Quiroga Leloir, Quiroga Vela Alzaga, Quiroga Santamarina Achaval, Quiroga Dalle Nogare, etc,etc.

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a9) Guillermo Emiliano Federico Leloir Aguirre, nac. en París el 11-XII-1904 y fall. el 7-XI-1952, de un accidente automovilístico. Casó el 12-IV-1932 con su parienta Josefina Castro Soto, nac. el 14-IV-1911 (hija de Máximo Castro Sáenz Valiente y de Elvira Soto Martínez). De ellos Vienen los Leloir Castro, Leloir Ahumada Benedit, Leloir Blaquier Riglos, Leloir Williams Travers, Nelson Leloir, etc, etc. a10) Luis Federico Leloir Aguirre, Médico, nac. en París el 6-IX-1906. Casó el 26-XI-1943 con Amelia Zuberbühler Ortiz Basualdo nac. el 5-VII-1920 (hija de Enrique Carlos Zuberbühler Alzaga y de Matilde Inés Ortiz Basualdo Anchorena; n. p. de Carlos Evaristo Zuberbühler Machain y de Felipa María Amelia de Alzaga Piñeyro; n. m. de Carlos Ortiz Basualdo Dorrego y de Matilde Lidia de Anchorena Castellanos — ver el linaje de Anchorena). Luis Federico Leloir Aguirre, en 1970 fué agraciado con el Premio Nobel de Química. Es hija suya; Amelia Leloir Zuberbühler, nac. el 12-II-1948 y casada con Carlos Eduardo Lanús Caballero (hijo de Carlos Eduardo Lanús Mariño y de Celia Caballero Rivero). El matrimonio Lanús-Leloir prolonga descendencia. B) Felipa Sofía Leloir Sáenz Valiente nac. el 1-V-1820. Casó el 24-V-1845 con su primo Alejandro Lamarque Leloir, nac. en 1816 en el Bearne, Francia (hijo de los bearneses Bernardo Lamarque y Victoria Leloir Capdepont). Bendijo la boda el Obispo Mariano Medrano en la Iglesia porteña del Socorro, y fueron padrinos Pedro Sáenz Valiente y Avelina Sáenz González Cortina, tíos de la desposada. Falleció doña Sofía — que nunca usó el nombre de Felipa — el 15-VIII-1881. Hubo estos hijos. a) Sebastiana Rudecinda Lamarque Leloir, baut. el 13-VII1846, bajo el padrinazgo de sus tíos Lorenzo Torres y Clara Sáenz Valiente. Casó el 19-I-1876 con Manuel Moreno Ryan, nac. en 1854 (hijo de Manuel Salustiano Moreno Rodríguez nac. en 1827 y de Ana María Ryan y Nolan nac. en 1826 en Inglaterra; n. p. de Manuel Moreno y Valle, nac. en Bs. As. el 31-I-1782 y fall. el 28-XII-1857, Médico y Pueyrredon

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diplomático, político y publicista, autor de la Vida y Memorias del doctor Mariano Moreno — su famoso hermano — y de Josefa Baldomera Rodríguez; n. m. de los Ingleses Miguel Ryan y Elena Nolan; bisn. p. p. de Manuel Moreno y Argumosa, nac. en Santander en 1746, y fall. en Bs. As. el 20-XII-1805, y de Ana María Valle Ramos). Del matrimonio Moreno-Lamarque Leloir vienen los Moreno Lamarque, Moreno Olazabal Velar, Moreno Benchetrit, Devoto Vacarezza Moreno, Moreno Lamarque Viejobueno, Gimenez Zapiola Moreno, Estrada Elia Moreno, etc, etc. b) Antonio Alejandro Lamarque Leloir, nac. el 11-IV-1853. Casó con Francisca Viejobueno Muñoz (hija del general Joaquín Viejobueno y de Francisca Muñoz). Con sucesión; los Lamarque Viejobueno. c) Sofía Modesta Lamarque Leloir, baut. el 12-VIII-1857, apadrinada por Mateo García de Zúñiga y Rosalía Elía, ausentes, representados por Pedro Nolasco Lecuona y Clara Sáenz Valiente. C) Alejandro Leloir Sáenz Valiente, baut. el 21-II-1822. Fueron sus padrinos; Ruperto Albarellos y Feliciana Sáenz Valiente, y fall. el 23-VIII-1888, “de reblandeciminto cerebral”. Casó el 11-IV-1865, en la Iglesia de Montserrat, con su prima María del Tránsito Sáenz Valiente Torres, baut. el 1-X-1841 y fall. el 19XII-1888 (hija de Francisco de Borja Sáenz Valiente Pueyrredón y de Josefa Torrens Castellanos). Son sus hijos: a) Clara Marta Leloir Sáenz Valiente nac. el 19-I-1866. Casó el 26-II-1885 con Alfredo Demarchi Quiroga, nac. en Bs. As. en 1857 y fall. el 16-VIII-1937. Fué Ministro de Agricultura de la Nación en tiempos de la 1ª Presidencia de Hipólito Yrigoyen (hijo de Antonio Demarchi nac. en Tecino, cantón meridional de la Suiza italiana, farmacéutico en Bs. As., y de la criolla Mercedes Quiroga, nac. en 1827 y fall. en 1868 — hija del General Juan Facundo Quiroga, “el Tigre de los Llanos”, y de Dolores Fernández). De Clara y Alfredo vienen los Demarchi Leloir, Demarchi Cranwell Pérez, Gallardo Cantilo Demarchi, Demarchi Catelín, Demarchi Lagos López, etc, etc.

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b) Josefina Francisca Leloir Sáenz Valiente, nac. el 4-VI-1868 y fall. el 29-I-1921. Casó el 28-II-1889 con Guillermo Asensio Udaondo Peña, nac. el 14-XII-1859 y fall. el 4-VIII1922, Gobernador de la Provincia de Bs. As. (hijo de Guillermo Manuel Udaondo Ortiz Basualdo y de Isabel Peña Zelaya; n.p. de Juan Bautista Udaondo y Luja, nac. en Munguía, Vizcaya, y de la porteña Carmen Ortiz Basualdo Segurola y Lezica; n.m. de Juan Bautista Peña Lezica y de Isabel Zelaya Aramburu). Estos fueron sus hijos: b1) Guillermo Alejandro Udaondo Leloir nac. el 18-I-1890 y fall. el 12-IX-1936 de un accidente de aviación. Como vimos más atrás, casó el 3-IX-1919 con su prima Marta María Leloir Aguirre. Prolongan la descendencia antes anotada. b2) Alejandro Guillermo Udaondo Leloir nac. el 16-III-1891 y fall. el 26-VI-1934. Casó el 23-IV-1923 con su prima María Luisa Clara Leloir Martínez Chas nac. el 23-IV1903 (hija de Alberto Pedro Leloir Sáenz Valiente y de María Luisa Martínez Chas). De ellos vienen los Udaondo Leloir Martínez Chas, Udaondo Magnanini Ayerza, Flores Pirán Leloir, etc, etc. b3) Josefina del Tránsito Udaondo Leloir nac. el 29-XII1892. Casó el 3-IV-1919 con Carlos del Campillo Zapiola (hijo de Carlos del Campillo Mallea y de Juana Adela Zapiola Eastman; n.p. de Cleto del Campillo del Signo y de Francisca de Mallea; n.m. de Benjamín Domingo Zapiola Alvarez Baragaña y de Julia Ana Eastman Isla). Sin sucesión. b4) Elvira Udaondo Leloir. Casó el 17-VII-1922 con José Heriberto Martínez Carranza nac. en Cordona el 28-IV1895 y fall. en 1985. Diputado Nacional. (Hijo de Heriberto Martínez Garzón y de Manuela Carranza Yofre Achaval y Serrano). De ellos vienen los Martínez Udaondo, Berthet Martínez, Alvarez Prado Martínez, Canale Demaría Martínez, etc, etc. b5) Alberto Guillermo — “Tito”— Udaondo Leloir baut, el 9-I-1897. Casó el 7-V-1923 con Magdalena Bosch Marín. Murió sin sucesión. Pueyrredon

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b6) Cecilia Isabel Udaondo Leloir nac. el 1-VII-1898. Murió soltera el 12-XI-1922. b7) Jorge Guillermo — “Coco” — Udaondo Leloir nac. el 25-IX-1902. Era soltero y corredor aficionado automovilista cuando se mató el 12-XI-1922, en Córdoba, durante una competencia de turismo de carretera. b8) Guillermina Carmen — “Mina”— Udaondo Leloir nac. el 23-XI-1903. Casó el 4-VII-1925 con Rodolfo — “Rolo” — Zuberbühler Pirovano, nac. el 3-V-1900 (hijo de Adolfo Conrado Zuberbühler Machain y de Celina Pirovano Alzaga). De ellos vienen los Zuberbühler Udaondo, Zuberbühler Martínez Castro, etc, etc. b9) Elena Clara Udaondo Leloir nac. el 3-XII-1906. Casó el 29-XI-1926 con Carlos Pereyra Iraloa Lamarca. Sin sucesión. c) Alejandro Juan Leloir Sáenz Valiente, nac. el 6-V-1871 y baut. el 20-II-1872 en la Iglesia de Montserrat bajo el padrinazgo de su primo Federico Rufino Leloir Bernal y de su tía Sofía Leloir de Lamarque. Alejandro Juan murió a los 14 años, el 23-I-1886. d) Alberto Pedro Leloir Sáenz Valiente, nac. el 19-X-1874 y fall. el 21-VII-1954. Casó con María Luisa Martínez Chas (hija de Enrique Martínez Domínguez y de Rosa Chas Salas). De ellos vienen los Leloir Martínez Chas, Leloir Alzaga Moreno, Zubiaurre Leloir Alzaga, Udaondo Leloir Leloir Martínez Chas, etc, etc. e) Antonio Leloir Sáenz Valiente, nac. el 21-I-1877 y baut. el 9 de marzo siguiente en la Iglesia de Montserrat, con los nombres de César Antonio siendo padrinos suyos los parientes Federico Leloir Bernal y Arminda Sáenz Valiente Torrens de Díaz. Casóse Antonio, el 20-VIII-1900 con Adela Marta Unzué y Baudrix, baut. el 16-II-1881 (hija de Mariano Unzué Rey y de Mercedes Dominga Baudrix Barros Arana; n.p. de Saturnino Unzué Reinoso y de María Jacinta Rey Uzal; n.m. de Mariano Francisco Baudrix Amoedo y de Martina Juana Nepomucena Barros Arana Fernández de Leiva y Andonaegui). De ellos vienen los Leloir Unzué,

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Leloir Winwfred Berberck, Rodríguez Larreta Leloir, Rodríguez Larreta Elizalde, etc, etc. En sus 2as nupcias con Bartolomé Leloir Capdepont, hubo Sebastiana Sáenz Valiente Pueyrredón a: D) Clara Leloir Sáenz Valiente, que falleció soltera. E) Juana Leloir Sáenz Valiente, fall. el 17-IV-1904. Casó el 20-I1891 con Agustín Molina Arrotea (hijo de Manuel Isidro Molina Rivera y de Amalia Arrotea Iranzuaga; n.p. de Ramón Molina Villafañe y de Isabel Rivera Ponce de León; n.m. de Manuel Arrotea y de Saturnina Iranzuaga; bisn. p.p. de José Agustín Molina y de Josefa Villafañe; bisn. p.m. de Manuel Rivera y de Isabel Ponce de León; bisn. m.p. de Manuel Arrotea Monteagudo y de Bernarda de la Torre Larrondo; bisn.m.m. de Narciso Iranzuaga Arrazola y de Gregoria Saraza Martínez Tirado). De ellos vienen los Molina Leloir, Bustamante Molina, De la Serna bustamante, Paz Anchorena Bustamante, Bustamante Saguier, etc, etc. 5) María Benita Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. el 3-IV-1799. Murió en la niñez. 6) Bernabé Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. el 11-VI-1800. Casó el 23-XII-1846 con su prima Victoria Albarellos Pueyrredón, baut. el 3-I-1800. El único hijo de ellos; Juan Pablo Sáenz Valiente Albarellos, baut. el 11-XII-1847. falleció en tierna edad. 7) María Manuela Sáenz Valiente Pueyrreedón, baut. el 17-VI-1801. Caséo el 20-IV-1824 con Juan Simón de Larrea y Careaga (hijo de Domingo de Larrea y de Antonia de Careaga). Fueron sus hijos; Juana, Ramón y Emilio de Larrea Sáenz Valiente, fallecidos sin descendencia. 8) María Juliana Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. el 28-VI-1802 y fall. el 9-IX-1881. Casó el 9-IV-1825 con Antonio María Lynch y Roo (hijo de Justo Pastor Lynch y Galayn y de Ana María de Roo y Cabezas). Su descendencia se registra en el capítulo dedicado al apellido Lynch. 9) Anselmo Nicolás Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. el 10-IX-1804. Casó el 5-VIII-1843 con Ana Higuimbothon Medrano, baut. el 21X-1820 y fall. el 25-VII-1911 (hija de John Higuimbothon Hope, Pueyrredon

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nac. en Baltimore, E.U., y de Ana Medrano Iraola; n.p. de John Higuimbothon y de Mary Hope; n.m. de Martín Medrano Cabrera Plaza Saavedra Palma Lobatón y de Pascuala de Iraola Esnaola). Fueron padres de: A) Anselmo Aureliano Sáenz Valiente Higuimbothon, nac. el 23X-1844 y fall. el 18-IV-1906. Casó el 1-IV-1880 con Candelaria Rufino Rebollo, fall. el 19-IX-1916 (hija de Felipe Rufino Real y de Candelaria Rebollo Soria; n.p. de Laureano Rufino de Guardiola y de Josefa Real y Díaz Vélez; n.m. de Francisco Rebollo Ramírez y de Trinidad Soria; bisn. p.p. de Francisco Rufino y de María de los Angeles Guardiola; bisn. p.m. de Lorenzo Real Otaño y de Amalia Díaz Vélez Araoz; bisn. m.p. de León Rebollo y de Manuela Francisca Ramírez). Hijo de los cónyuges Sáenz Valiente-Rufino fue: a) Anselmo Eugenio Sáenz Valiente Rufino, baut. el 7-XII1881 y fall. el 16-VIII-1923. Casó, el 12-VIII-1908, con su prima Consuelo Bosch Sáenz Valiente Higuimbothon (hija del General Francisco Basiliano Bosch Cascallares y de María Laura Dominga Sáenz Valiente Higuimbothon). Hijo de Anselmo y de Consuelo fue; Anselmo Francisco Sáenz Valiente Bosch, nac. el 9-V-1909 que casó con Alcira Ibarra Fernández. B) Samuel Pedro Sáenz Valiente Higuimbothon, baut. el 10-XII1846. Casó el 9-VIII-1873 con Dolores de Urquiza Costa (hija legítima del General don Justo, Presidente de la Confederación Argentina, etc, etc. y de Dolores Costa). De ellos vienen los Sáenz Valiente Urquiza, Sáenz Valiente Curlenzoli, etc, etc. C) Ana Paula Sáenz Valiente Higuimbothon, baut. el 2-V-1850 y fall. el 28-XII-1930. Casó 1º el 17-IV-1869 con Juan Manuel Emparanza Sáenz de la Quintanilla, baut. en Cádiz, Diplomático español (hijo de José Pablo de Emparanza y de Mercedes Sáenz de la Quintanilla — hermana ésta de María del Carmen, la mujer del General Carlos de Alvear). Ana Paula Sáenz Valiente, siendo viuda, paso a 2as nupcias el 6-XII-1879, con Enrique de Salterain Raimbaud, nac. en el Bearne, Francia (hijo de Patrice de Salterain y de Elise de Raimbaud). Con sucesión de ambos maridos; los Emparanza Sáenz Valiente y Salterain Sáenz Valiente. 150

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D) Eduardo Martiniano Sáenz Valiente Higuimbothon, baut. el 15IX-1853 y fall. el 8-XI-1890. Casó el 15-VII-1881 con María Adela Gowland Freyer nac. el 26-II-1864 y fall. el 3-XII-1891 (hija de Jorge Juan Gowland Rubio y de María Freyer Sánchez; n.p. de Daniel Santiago Gowland Phillips Mallet, nac. en Londres, y de María del Rosario Rubio del Ribero Velasco y Cueli; n.m. de Jorge Freyer y de Natividad Sánchez). Hubieron estos hijos: a) Eduardo Sáenz Valiente Gowland, que casó el 14-X-1907 con Sara Coulter. b) Adela Sáenz Valiente Gowland, que casó el 22-VI-1903 con su primo hermano Carlos Grondona Gowland (hijo de Carlos Grondona Salvarezza nac. en Génova, y de su 2ª esposa María del Rosario Gowland Freyer; n.m. de los genoveses Santiago Grondona y Luisa Salvarezza). Son los padres de: b1) Rosario Grondona Sáenz Valiente, nac. en 1904 que casó con Andrés Wilson. Sin hijos. b2) Carlos Grondona Sáenz Valiente, nac. en 1906. Casó el 31-XI-1931 con María Antonia Pereyra Iraola Ayerza nac. el 21-XI-1908 (hija de Martín José Ramón Pereyra Iraola y de Esther Mercedes Silvia Ayerza Jacobé; np. de los primos hermanos Leonardo Higinio Pereyra Iraola y de María Antonia Magdalena Iraola Pereyra; n.m. de Rómulo Joaquín Ayerza Zabala y de María Antonia Genoveva Jacobé Iraola). De ellos vienen los Grondona Pereyra Iraola, Santamarina Grondona Sáenz, Grondona Balcarce Alzaga, etc, etc. b3) Mariana Grondona Sáenz Valiente, nac. en 1907. Casó con Eduardo Legarreta Lynch (hijo de Eduardo Legarreta Mosquera y de Sara Carmen Lynch Videla Dorna — ver el apellido Lynch). Sin hijos. b4) Adela Grondona Sáenz Valiente, nac. en 1911. Soltera. E) Luisa Liberata Sáenz Valiente Higuimbothon, baut. el 19-XII1855. Casó el 4-I-1874 con Cornelio Ernesto Saavedra Zavaleta (hijo de Mariano Eusebio de Saavedra Otárola, Gobernador de la Provincia de Bs.As., y de Carmen Zavaleta Chavarría; n.p. del Brigadier Cornelio de Saavedra Presidente de la Primera Pueyrredon

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Junta en 1810, y de Saturnina de Otárola del Ribero Larrazabal y Cossio; n.m. de Ventura Ignacio de Zavaleta y Riglos y de Encarnación de Chavarría González del Pozo — ver el linaje de Zavaleta). De ellos vienen los Saavedra Sáenz Valiente, Mota del Campillo Saavedra, Gaetani Saavedra, Saavedra Pietranera, Saavedra Rodríguez Lubary, etc, etc. F) María Laura Dominga Sáenz Valiente Higuimbothon, nac. el 4VII-1858. Casó el 13-V-1878 con el General Francisco Basiliano Bosch Cascallares, guerrero del paraguay, baut. el 11II-1843 y fall. el 4-VIII-1901 (hijo de Francisco Bosch Tort nac. en Mataró, Cataluña, y de la criolla Dominga Cascallares Chaves; n.m. de los catalanes Francisco Bosch Alvareda Comas y Clivilles y de Ana Tort y Morea; n.m. de Francisco Cascallares Chaves y de Carmen Chaves y Casas). De ellos vienen los Bosch Sáenz Valiente, Rodríguez Egaña Bosch, Bosch Gómez Smith Cranwell, Bosch Quesada Urquiza, Bosch Bellomo, Shaw Bosch, etc, etc. 10) Pedro Pablo Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. el 30-VI-1805. Casó el 3-IV-1836 con María Avelina Sáenz González Cortina, baut. el 1-I-1817 (hija de Miguel Marcelo Antonio Abad Sáenz Saraza, Capitán guerrero de la Independencia, y de María Antonia González Cortina Gómez Cueli; n.p. de Miguel Sáenz de Baño Cambón Herce y Piñas, nac. en la Coruña, y de la porteña Francisca Javiera de Saraza y Tirado). Son los padres de: A) Clara Josefa Sáenz Valiente Sáenz, baut. el 12-VIII-1838. Casó el 29-IX-1864 con Nemesio Rojo Valenzuela nac. en San Juan y fall. en Bs. As. el 12-IX-1912. Abogado (hijo de Marcelino Rojo Frías, sanjuanino, y de Nemesia Valenzuela, nac. en Mendoza; n.p. de Tadeo Rojo Maurín y de Gertrudis Frías). Con sucesión. B) Julia Sáenz Valiente Sáenz, fall. el 15-VII-1924. Casó el 24-IX1872 con su pariente José María Gutiérrez, periodista, director de La Nación; dos veces Ministro de Justicia e Instrucción Pública en tiempos de Avellaneda y de Pellegrini (hermano de Ricardo, médico y poeta, y de Eduardo, el folletinista de Juan Moreira; los 3 hijos de Juan Francisco Gutiérrez Hidalgo y de María Josefa Sáenz González Cortina). De José María y Julia vienen los Gutiérrez Sáenz Valiente: Ricardo, nac. el 11-XI152

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1877, poeta y crítico de arte; José María; Lucía; María Elena; María Julia; Ana Rosa (que sigue más abajo en a.); y los Granillo Gutiérrez Haedo; Gutiérrez Guerrieri, Piñeyro Gutiérrez, etc, etc. a) Ana Rosa Gutiérrez Sáenz Valiente casó el 6-III-1907 con Jesús Hipólito Paz Campero, Abogado y Catedrático de Derecho Civil, nac. en Tucumán el 20-I-1880 y fall. en Bs. As. el 22-VI-1955 (hijo de José Gabriel Paz Alcaraz y de Tránsito Campero Villegas). Los cónyuges Paz-Gutiérrez Sáenz Valiente hubieron estos hijos: a1) Jesús Hipólito Paz Gutiérrez nac. el 6-IV-1908. Casó con María Mercedes Luzuriaga Ledesma. Con sucesión. a2) Ana Rosa Paz Gutiérrez, que casó el 28-VI-1938 con Rodolfo Ferré. a3) Julia Elena Paz Gutiérrez. a4) Susana Florencia Paz Gutiérrez, nac. el 27-XII-1913. a5) Hipólito Jesús Paz Gutiérrez, nac. el 9-I-1917. Ministro de Relaciones Exteriores y Embajador en Washington en tiempos de Perón. Estuvo casado con Carmen Gómez Errazuriz, baut. el 29-IX-1923 (hija de Jaime Indalecio Gómez Tezanos Pinto y de Josefina Errazuriz Alvear Ortúzar y Fernández). C) Pedro Sáenz Valiente Sáenz. D) Avelina Sáenz Valiente Sáenz, fall. el 16-I-1871. Casó con José Joaquín Arana y Demaría (hijo de José Joaquín Arana Andonaegui y de su 2ª esposa María Petrona Demaría Escalada). Sin hijos. De viudo José Joaquín Arana Demaría pasó a 2as nupcias con María Dorotea Haymes Necochea y prolongó descendencia con ésta. E) Carlos Sáenz Valiente Sáenz, baut. el 21-X-1853. Murió soltero. 11) José Francisco Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. el 9-III-1807. Murió párvulo. 12) María Macedonia Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. el 13-IX1808. Falleció niña. 13) Clara Teodora Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. el 23-IV-1810 y fall. el 18-XII-1880. Casó el 15-VI-1832 con Lorenzo Torres Agüero, baut. el 9-VIII-1803 y fall. el 15-VII-1880. Abogado, Pueyrredon

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Diputado a la Legislatura, rosista fervoroso y porteño localista (hijo de Sebastián Torres Villarejo, nac. en Villa de la Guardia, Alava, y de la criolla Feliciana Andrea de Agüero; n.p. de Francisco Torres y de María Villarejo; n.m. de Diego de Agüero y de Petrona de Gregorio y Espinosa). Fueron sus hijos: A) Lorenzo Manuel Torres Sáenz Valiente, nac. el 17-VIU-1833. Casó con Susana Arrientort. Hijo de ambos fue; Juan Lorenzo Torres Arrientort, casado el 30-X-1889 con María Delia de Olazabal Velar, nac. el 4-IX-1866 (hija de Pedro de Olazabal de las Cagigas y de Luisa Velar Solveyra; n.p. del General Félix de Olazábal y San Pedro Llorente y de Manuela de las Cagigas Martínez del Castillo y Zamudio; n.m. de José Antonio Velar Zuncarregui nac. en Córdoba y de María Luisa Solveyra y Costa). B) José Ricardo Torres Sáenz Valiente, fall. antes de 1880. Había casado con María Luisa Castro. Hijo de ellos fue; Trener Ricardo Torres Castro. C) Gregorio Torres Sáenz Valiente, nac. el 9-V-1835 y fall. el 21III-1901. Casó el 3-IX-1859 con Joaquina Severa Arana Demaría, baut. el 16-XII-1840 (hija de José Joaquín de Arana y Andonaegui y de su 2ª consorte María Petrona Demaría Escalada; n.p. de José Joaquín de Arana Goyne, nac. en Santo Domingo de Olavarrieta, Vizcaya, y de la porteña Mercedes de Andonaegui Herrera; n.m. de José Antonio Demaría y Camuso baut. en Cádiz, y de la criolla María Eugenia de Escalada y Salcedo — ver los linajes de Demaría, Escalada y Salcedo). Don Gregorio y “Mama Torres” — que fall. el 26-II1940 —, procrearon a: a) Gregorio José Torres Arana, que murió soltero. b) Juan Lorenzo Torres Arana, fallecido en la infancia. c) Emilio Silvestre Torres Arana, muerto también en tierna edad. d) Susana Petrona Rita Torres Arana, que casó con Mariano Jesús Castex Salisbury (hijo de Mariano Castex Alcaraz y de Enriqueta Salisbury Fabre; n.p. de Vicente Castex Delgado y de Máxima Alcaraz; n.m. de Sir Georges Salisbury, nac. en Londres y de Ignacia Fabre del Rivero; bisn. p.p. de Francisco Castex, nac. en España de ascendencia francesa y 154

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de la porteña Paula Delgado; bisn. p.m. de Miguel Alcaraz y de Basilia Pinto y Lobo; bisn. m.p. de Sir Henry Salisbury y de Lady Henriette Prestilly; bisn. m.m. de Agustín Eusebio Fabre Almirón, nac. en España, Médico y asistente al Cabildo abierto de 1810 y de la criolla María Antonia del Rivero y Cueli). De los esposos Castex-Torres nacieron: d1) Susana Gregoria Florencia Castex Torres, que casó con Antonio de Apellaniz Andraca. De ellos vienen los Apellaniz Castex, Apellaniz Sauze Pizarro, Apellaniz O’Farrell Hoppe, Apellaniz García Piñeyro, etc. etc. d2) Mariano R. Castex Torres, nac. el 10-VI-1886 y fall. en 1968, Médico y Profesor Universitario de renombre. Casó el 18-IX-1926 con Clara Ocampo Alvear (hija de Narciso marcelo Ocampo Beláustegui, y de Delia Isabel de Alvear Fernández; n.p. de José Eusebio León Ocampo Lozano y de Melchora Beláustegui Cueto; n.m. de Emilio Marcelo de Alvear Sáenz de la Quintanilla, Ministro de Hacienda y Legislador, y de Adela Fernández Coronel). De ellos vienen los Castex Ocampo, Donoso de la Nue Castex, Sosa Reboyas Castex, Castex Saguier de Elía Costa Paz, etc. etc. d3) Jorge Feliciano Castex Torres, que casó con Florencia Tornquist Altgelt y no prolongó descendencia. d4) Enriqueta Castex Torres. Casó primeramente con Juan Antonio Adán Pradere Esteverena, y en 2as nupcias con José Joaquín Ibáñez de Taveray Cerdán. Con sucesión del 1º marido; los Pradere Castex, Figueroa Giraldes Pradere Castex, Pradere Castex Sastre Estrugamou, Moreno Bunge Pradere Castex, Moreno Bunge Casado Sastre, etc. etc.. d5) Elena María Castex Torres. Casó el 22-XI-1923 con Luis Figueroa Alcorta Bouquet (hijo de José Figueroa Alcorta, Gobernador de Córdoba, Senador Nacional, Presidente de la República y de la Suprema Corte de Justicia y de Josefa Bouquet Roldán Luque y Osorio). Con sucesión. e) Joaquina Juliana Torres Arana.

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f) Lorenzo Augusto Torres Arana. Casó el 7-XI-1898 con Marcela Duggan Casey, nac. en Bs. As. el 15-V-1878 y fall aquí el 28-X-1933 (hija de Thomas Duggan Kelly baut. el 18-XI-1838 en el Condado de Longford, Irlanda y fall. en Bs. As. el 8-VI-1913, y de Marcela Casey — casados en Bs. As. el 26-VI-1869; n.p. de los irlandeses Hugh Duggan y Jane Kelly; n.m. de Lawrence Casey y de Mary O’Neill, irlandeses también, estancieros en el partido bonaerense de Navarro). Don Lorenzo y doña Marcela hubieron estos hijos: f1) Gregorio Tomás Torres Duggan, nac. el 30-VIII-1900 y fall. el 18-II-1952. Casó el 3-VI-1928 con Matilde Juárez Celman Amadeo, fall. el 17-VI-1984 (hija de Miguel Angel Juárez Celman Funes y de Matilde Amadeo Casares; n.p. de Miguel Angel Juárez Celman, Gobernador de Córdoba, Senador Nacional y Presidente de la República, y de Elisa Funes y Díaz; n.m. de Juan Carlos Amadeo Artayeta y de Matilde Casares Urioste). Sin descendencia. f2) Marcela Joaquina Torres Duggan, nac. el 26-X-1901 y fall. el 13-XII-1962. Casó el 28-IV-1926 con Roberto Helguera Padilla, nac. en Tucumán en 1896 y fall. en Bs. As. el 13-V-1975 (hijo de Federico Helguera Molina y de María Luisa Padilla Nougués; n.p. de Federico Helguera Garmendia y de Elvira Molina Cossio; n.m. de José Padilla de la Puente y de Josefa Nougués Romero). De ellos vienen los Helguera Torres Duggan, O’Farrel Helguera Torres, Robirosa Castro Helguera Torres, Robirosa Helguera Jacovella, Aliaga Robirosa Helguera, Helguera Torres Duggan Pereira Lucena, etc. etc.. f3) Luisa Torres Duggan, nac. el 22-V-1903 y fall. el 6-XII1961. Casó con Felipe de Lariviere Dose (hijo de Mauricio Renuard de Lariviere Le Roger, nac. en Francia y de la argentina María Luisa Dose Armstrong Lacy y Villanueva López Camelo). De ellos vienen los Lariviere Torres Duggan, Lariviere Torres Villegas Aldao, González Alzaga Lariviere Villegas, Segura Lariviere Vilegas, Lariviere Torres Adrogué, Condes de Luynes

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Lariviere Adrogué, Blaquier Arrieta Lariviere Adrogué, etc. etc.. f4) Susana Isabel Torres Duggan, nac. el 21-IX-1904 y fall. el 25-II-1963. Casó el 10-V-1932 con Diego Cavanagh. Fallecieron sin hijos. f5) Lorenzo Carlos Torres Duggan, nac. el 6-I-1907 y fall. el 13-IV-1973. Casó primeramente el 13-XI-1928 con Magdalena Tornquist nac. el 11-I-1911 (hija de Martín Carlos Eduardo Tornquist Altgelt y de Verónica Bernal). De viudo Lorenzo pasó a 2as nupcias el 14-IX-1968 con Sara Pando Moreno (hija de Miguel Pando Carabassa y de Sara Moreno Bunge. Hubo sólo hijos del 1º matrimonio. Los Torres Duggan Tornquist. De ellos vienen los Torres Duggan Caminos Braun, Torres Duggan Tornquist González Alzaga, etc. etc.. f6) Eduardo Alejandro Torres Duggan, nac. el 1908. Casó el 5-XII-1932 con María Esther Zemborain Dose (hija de Alfredo Zemborain Videla Dorna y de Justa Dose Obligado). Eduardo fall. el 29-IX-1965. De su matrimonio derivan los Torres Duggan Zemborain, Achaval Torres Zemborain, Duggan Kenny Torres Zemborain, Pidal Torres Zemborain, etc. etc.. f7) Clara Torres Duggan, nac. el 3-V-1911. Casó el 18-XI1929 con José Tomás Sojo Bonorino, nac. el 16-IX-1903 y fall. el 17-IX-1966 (hijo de José Tomás Sojo y de Elvira Bonorino Udaondo). De ellos vienen los Sojo Torres, Vázquez Mansilla Sojo Torres, Amadeo Sojo Torres, Sojo Torres Dodero, Sojo Torres Payá, Blaquier Ezcurra Pradere Sojo Torres, etc. etc.. f8) Marta Torres Duggan, nac. el 18-VII-1918 y fall. el 2-VI1977. Casó el 27-V-1949 con Ricardo Luis Seeber Demaría nac. el 1-IV-1903 y fall. el 29-II-1958 (hijo de Ricardo Seeber Agrelo y de Susana Demaría Arana). De ellos vienen los Seeber Torres Montes, Seeber Torres Pollitzer, etc. etc.. D) Encarnación Elena Torres Sáenz Valiente, nac. el 11-V-1842. Casó 1º con Antonio Benguria, y en 2as nupcias con José María Muñiz. Prolongó descendencia. Pueyrredon

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E) Rosalía Germana Torres Sáenz Valiente. Casó con Federico Coelho de Meyrelles Costa (hijo de José Coelho de Meyrelles, portugués, y de María de Costa, argentina; n.p. de Antonio Coelho de Meyrelles, Capitán de navío y Gobernador militar de las islas del Cabo Verde, casado con Florinda de Burgos). José Coelho de Meyrelles y Burgos — el suegro de Rosalía Torres Sáenz Valiente — había nacido en la Isla Brava del Cabo Verde el 3-XI-1814. Estudió en Coimbra, y vino a Bs. As. de Cónsul de Portugal en tiempos de Rosas. Luego fue socio del banquero brasileño Barón de Mahuá, y en 1856-57 fundó — donde ahora resplandece Mar del Plata — un saladero y barraca de ramos generales, junto a un muelle en el puerto llamado entonces “Laguna de los Padres”; y para el desenvolvimiento de su negocio saladeril, proveyóse de una flotilla de barcos a vela. En la pampa contigua, además, pobló tres estancias; “Laguna de los Padres”, “San Julián de Vivoratá” y “La Armonía”. Todas esas propiedades, con sus respectivas instalaciones y mejoreas, las vendió nuestro portugués más tarde a Patricio Peralta Ramos y a los socios de éste; José Martínez de Hoz, Benigno Barbosa, Anacarsis Lanús y Eusebio Zubiaurre; quienes, posteriormente, le transfirieron a Peralta Ramos el saladero y los terrenos anexos. Murió José Coelho de Meyrelles el 18-V1865. Su hijo Federico, marido de Rosalía Torres Sáenz Valiente — fallecida en 1903 — prolongó con ella abundante posteridad; los Meyrelles Torres, Bullrich Ruano Meyrelles Torres (la escritora Sylvina Bullrich), Palenque Carrera Bullrich Meyrelles, Pereda Girado Bullrich Meyrelles, Pueyrredón López Bullrich Meyrelles, Meyrelles Torres Barreyro, Meyrelles Torres Williams, Toscano Meyrelles, Olivera Meyrelles, Nicolini Meyrelles, Ayarragaray Meyrelles, etc. etc.. 14) María Remedios Sáenz Valiente Pueyrredón, baut. en Bs. As. el 26-XII-1811, y fall. el 4-IV-1884 aquí, de “hepatitis”. Casó “en la capilla episcopal de la Catedral”, el 15-VI-1833, con Juan Langdon, n. en Portsmouth, New Hampshire, Estados Unidos, el 20-V-1805 (hijo de Enrique S. Langdon y de Ana Enstis). Bendijo la boda el cura José Reyna, siendo testigos Francisco y Juliana Sáenz Valiente, hermanos de la desposada. Falleció Juan Langdon 158

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el 18-VIII-1876, de morbus cordis, según testimonio de Francisco Obarrio y de Eduardo H. Escola. Su testamentaría inicióse el 26VIII-1878 en el Juzgado Civil de 1ª Instancia a cargo del Dr. José María Rosa, Secretaría de Mariano Cabral. Estos resultaron los hijos del causante: A) Remedios Manuela Benigna Langdon Sáenz Valiente, baut. el 10-V-1837 en la iglesia de San Pedro Telmo, bajo el padrinazgo de sus tíos Francisco Sáenz Valiente y Manuela Sáenz Valiente de Larrea. Falleció el 16-XII-1903. Habíase casado el 19-XII-1861 con Manuel José Obarrio Luzuriaga, nac. en Bs. As. el 27-III-1836; Abogado, Decano y Profesor de la Facultad de Derecho, Diputado y Senador Nacional, fall. en San Isidro el 27-XII-1918 (hijo de Francisco Sotero Obarrio Lezica y de Margarita de Luzuriaga Zapiola; n.p. de Manuel de Obarrio y Fernández, nac. en Madrid; Contador y Secretario de Guerra del Virreinato del Rio de la Plata, y de María Josefa de las Nieves de Lezica y Reyna; n.m. de Manuel José de Luzuriaga y Mexía, nac. en Lima en 1779; asistente al Cabildo abierto porteño de 1810 y Diputado al Congreso de 1825, y de María Francisca Dolores de Zapiola y Lezica; bisn. p.p. de Ramón de Obarrio Texeiro, nac. en Lugo, Galicia, y de la madrileña Bernarda Fernández; bisn. p. m. de Francisco de las Llagas Juan José de Lezica y Alquiza Torrezuri y Peñaranda, Alcalde de Bs. As. y de María de las Nieves Reyna y Cáceres; bisn. m.p. de Manuel de Luzuriaga Elgarresta nac. el la guipuzcoana Tolosa, y de María Josefa Mexía de Estrada y Villavicencio, nac. en el Perú; bisn. m.m. de Manuel Agustín de Zapiola y Oyamburu, nac. en Orio, Guipúzcoa, en 1730, y de Encarnación de Lezica Alquiza Torrezuri y Peñaranda, nac. en Bs. As.). Estos fueron los hijos del matrimonio ObarrioLangdon Sáenz Valiente: a) Manuel Máximo Obarrio Langdon, baut. el 2-IX-1862. Murió en la infancia. b) María Margarita Eulalia Obarrio Langdon, nac. el 12-II1865. Falleció niña. c) Tomás Manuel Augusto Obarrio Langdon, nac. el 2-XII1866. Murió infante.

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d) Enrique Francisco Eliseo Obarrio Langdon, nac. el 14-VI1868 y fall. el 12-V-1905. Casó el 25-VI-1892 con Juana María Hammer Bischoff, fall. el 29-V-1924 (hija de Eduardo Hammer y de Cleofé Bischoff). Fueron padres de: d1) Manuel Eduardo Obarrio Hammer, nac. el 5-V-1893. Casó con su prima hermana María Francisca Obarrio Goenaga (hija de Francisco David Obarrio Langdon y de Josefa Goenaga). d2) Margarita Remedios Obarrio Hammer, nac. el 25-VII1894 y fall. en 1980 víctima de una bomba terrorista. Habíase casado el 13-VI-1917 con Eduardo Vila Lara de quien enviudó años atrás. Hijo de ellos es Luis E. Vila Obarrio, marido de Ana María Torralva. d3) Juana María Obarrio Hammer, nac el 9-III-1896. Soltera. d4) María Teresa Obarrio Hammer, nac. el 14-X-1897 y fall. en 1985. Casó el 29 -X-1923 con Federico Pinedo Saavedra, nac. el 24-IV-1895 y fall. el 10-IX-1954; relevante hombre público, Legislador y tres veces Ministro de Hacienda de la Nación (hijo de Federico Guillermo Pinedo Rubio, Intendente de Buenos Aires y Ministro de Instrucción Pública y Justicia de la Nación, y de Magdalena Hilaria María Saavedra Ovejero; n.p. de Federico Agustín Pinedo Irigoyen y de Julia Rubio Molina; n.m. de Diego Saavedra Medrano y de Magdalena Ovejero y de la Iglesia). de ellos vienen los Pinedo Obarrio, Pinedo Obarrio Laferrere Madero, Pinedo Laferrere Patrón Costas Gimenez Zapiola, Bustillo Pereyra Iraola Pinedo Laferrere, Pinedo Laferrere Ordoñez Gallardo, etc,etc. d5) Enrique Manuel Obarrio Hammer, nac. el 4-VI-1899. Casó el 15-XI-1922 con Margarita Bell Kelly, nac. el 12III-1899 (hija de Jorge Arturo Bell Pollock y de Juana Kelly Adam). Con sucesión. d6) Ana Lía Obarrio Hammer, nac. el 27-VIII-1902. Casó el 8-VI-1922 con Luis Marcelino Aguirre Bilbao, baut el 13-VII-1901 (hijo de Eduardo Marcelino Aguirre Errasquin y de Elena Bilbao Arana; n.p. de Marcelino Aguirre Isasi y de Matilde de Errasquin; n.m. de Luis 160

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Bilbao y Barquín y de Pascuala de Arana Belaustegui; bisn. p. p. de Juan Pedro Aguirre López Anaya, el célebre Alcalde porteño del año 1820 y de Rosa de Isasi Pereyra — ver el apellido Lopez Anaya). Su único hijo Eduardo Aguirre Obarrio estuvo casado con Diana Braceras Santamarina y prolonga descendencia. e) Mariano Francisco David Obarrio Langdon, nac. el 25-XI1869. Falleció en la niñez. f) Manuel Agusto Francisco Juan Obarrio Langdon, nac. el 25V-1873. Casó el 6-VII-1903 con María Isabel Delia Damiana Miguens Muñiz, nac. el 12-IV-1875 (hija de Vicente Rafael Miguens Basavilbaso y de Bernardina Muñiz Bastarte). De ellos vienen los Obarrio Miguens, Obarrio Zemborain, Martínez Basabe Obarrio, Obarrio Crotto Posse, Cichero Tezanos Pinto Obarrio, etc, etc. g) Francisco David Obarrio Langdon, nac. el 5-IX-1874 y fall. el 21-II-1914. Hubo descendencia con Josefina Goenaga y con Sara Vallejos Viana; los Obarrio Goenaga y Obario Vallejos, de aquellos y de estos vienen los Obarrio Obarrio, Escalada Durañona Obarrio, Obarrio Barrenechea, Peirano Obarrio, Obarrio Ferrando Campos, Obarrio Corvalán Olmos, etc,etc. h) Remedios Obarrio Langdon, baut. el 30-IV-1876 y fall. el 30-V-1968. Casó el 27-X-1904 con Adrián Beccar Varela, nac. el 4-II-1880 y fall. el 9-VI-1929 (hijo de Cosme de la Asunción Beccar Mansilla y de María Varela Cané Sanginés y Andrade). Don Adrián y Doña Remedios procrearon estos hijos: h1) Adrián Beccar Varela Obarrio, nac. el 21-III-1909 y fall. el 19-III-1981. Casó con María Eugenia Moy Peña (hija de Juan Eugenio Moy Pociello y de Cecilia Peña Martínez; n.p. de Juan Eugenio Moy y Frisia, nac. en Barcelona y de Encarnación Pociello Telbar; n.m. de Carlos Peña Torrens y de Clotilde Martínez Grondona; bisn. n.p. de José María Peña Lezica Fernandez y Vera Pintado y de Cecilia Torrens Castellanos y Arroyo; bisn. n.m. de Enriquie Martínez del Rio Zamudio y Torres y de Raquel Grondona Salvarezza). De ellos vienen los Pueyrredon

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Beccar Varela Moy, Belaustegui Beccar Varela, Beccar Varela Estevez, Prebisch Lerena Beccar Varela, Obarrio Corvalán Olmos Beccar Varela, Beccar Varela Silveyra, Beccar Varela Barneix, Barreto Beccar Varela, Beccar Varela Araujo Moller, etc, etc. h2) María Remedios Beccar Varela Obarrio, nac. el 9-IV1911. Casó el 20-V-1935 con Federico López Saubidet, nac. el 30-IV-1908 y fall. el 28-III-1981 (hijo de Rafael López Saubidet y de Sara Castro Videla; n.p. de Manuel Eustaquio López y de Ana Saubidet Islas Patrón; n.m. de Damián Castro Benavídez Ramos Mexía y Costa y de Sara Videla Varela González Videla Cané). De ellos vienen los López Saubidet Beccar Varela, Ramallo Alvarado López Saubidet, López Saubidet Firpo Devoto, López Saubidet Lynch Senesi, Mayol Magnasco López Saubidet, López Saubidet de Lafuente Castaño, Lawson Cirio Gamboa López Saubidet, Aubone Ibarguren López Saubidet, López Saubidet Zamboni Martínez, Passerieu López Saubidet, y Margarita López Saubidet Beccar Varela, nac. el 26-XII-1944, que se casó el 4-VIII-1967 con Miguel Damaso Ibarguren Schindler, padres de mis nietos Miguel, Matías, Margarita, Damasia y Francisca Ibarguren Lopez Saubidet (ver el linaje de Ibarguren). h3) Manuel María Beccar Varela Obarrio, nac. el 1-VI1913. Casó con Sara Elena Arjol Barón (hija de Juan Arjol Barón, nac. en España y de Felisa de Mateo). de ellos vienen los Beccar Varela Amaya, Beccar Varela Barneix, Beccar Varela Bourdieu, Fernández Alonso Beccar Varela, etc, etc. h4) Enrique David Beccar Varela Obarrio, nac. el 15-I1915. Casó con Julia Elena Sackmann Sala (hija de Eduardo Sackmann Sala y de Susana Castro Videla). De ellos vienen los Beccar Varela Sackmann, Beccar Varela Vinardell, Beccar Varela Lestani, Biedma Beccar Varela, Zavalía Cullen Beccar Varela, Gregorini Beccar Varela, Guillón Beccar Varela, Beccar Varela Oromí Escalada, etc, etc. 162

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h5) Susana Beccar Varela Obarrio, nac. el 30-IV-1917. Casó el 17-VI-1940 con Ernesto Olivera Astigueta (hijo de Ernesto Antonio Olivera Benguria y de Angélica Astigueta Posse; n.p. de Ernesto Olivera Piriz y de Mercedes Benguria Dozal; n.m. de José Mariano Astigueta Heredia y de Angélica Posse Silva; bisn. p.p. de Domingo Olivera Barahona y de Dolores Piriz Olaguer Feliú Heredia; bisn. p.m. de Bernardino Bengunia y de Casimira Zemborain). De ellos vienen los Olivera Beccar Varela, Olivera Estevez, Oyhanarte Olivera, Pell Olivera, etc, etc. i) Juan María Obarrio Langdon, nac. el 18-V-1878, Médico, Director de la Asistencia Pública. Casó el 24-XI-1906 con María Mercedes Gelly Cantilo, baut. el 20-I-1886 y fall. el 30-X-1941 (hija de Alberto Gelly Obes Alvarez y de Luisa Cantilo Muñoz). De ellos vienen los Obarrio Gelly Cantilo, Isla Casares Obarrio, Obarrio Señorans, Señorans Obarrio, Obarrio Zemborain, etc, etc. B) Ana Cipriana Langdon Sáenz Valiente, baut el 17-XI-1838. Casó 1º con Juan Bautista Quevedo, y en 2as nupcias el 30-I1892, con Bernardo Bruzzone nac. en Italia en 1854, viudo de Luisa Doglia y fall en su patria (hijo de los italianos Juan Bautista Bruzzone y de Anunciata Oberti). Murió Doña Ana en Bs. As. el 3-VII-1898, sin hijos de sus dos enlaces. C) Juan Langdon Sáenz Valiente. Falleció soltero sin sucesión. D) Samuel Juan Nepomuceno del Corazón de Jesús Langdon Sáenz Valiente, baut. el 12-VIII-1848. Falleció también soltero, el 9-I-1898, sin descendencia. E) Ildefonso Enrique Langdon Sáenz Valiente, baut. en Bs. As. en la Iglesia del Socorro el 16-XI-1851, siendo sus padrinos Policarpo Jimenez y Remedios Langdon de Obarrio, su hermana mayor. Casó con Josefa Brabo Calderón (hija de Francisco Javier Brabo Franco nac. en Pontevedra, Galicia, el 1-X-1825, y fall. en Bs. As. el 25-VIII-1913, y de Francisca Constanza Calderón Arroyo, nac. en Bs. As. en 1826 — casados aquí el 25-IX-1844). Hijos de Ildefonso Enrique y de Josefa fueron; Enrique, Roberto, Samuel, solteros, Juan Carlos

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Fortunato, casado con sucesión, Alberto Fortunato y Josefina Ramona Constanza Langdon Brabo. VIb — Juan Martín de Pueyrredón y Dogan nació en Buenos Aires el 18-XII-1777, en la casa paterna a mitad de cuadra de la acera que mira al Norte de la antigua calle “de San Bartolomé, frente al Hospital” — hoy barrio de San Telmo, calle México entre Defensa y Bolívar. Fue el párvulo bautizado al día siguiente, con los nombres de Juan Martín Mariano, por el presbítero Diego Valdivia, siendo su padrino el bearnés Juan de la Grava. El 13-III-1850, a los 73 años, el término fatal de la vida de nuestro personaje se produjo en el caserón de su chacra en San Isidro, erigido sobre la barranca frente al río. De la trayectoria histórica del General y Director Supremo del Estado no voy a ocuparme aquí. Solo documentaré a renglón seguido, los dos matrimonios y la descendencia — legítima y natural — del ilustre prohombre. A fines del siglo XVIII, el joven Juan Martín hallábase en Europa, enviado por su padre a fin de atender ahí asuntos de negocios y completar su educación. Conoció entonces en Cádiz a una prima hermana suya: Dolores Pueyrredón — “Naná” de sobrenombre —, hija de Diego de Pueyrredón y Labrucherie y de “Maman Mairoluo”, bearneses de nacimiento todos ellos, radicados de tiempo atrás en dicho puerto andaluz. El muchacho americano se enamoró de “Naná” y la hizo su mujer, calculo que después de 1796. “En seis años que he vivido con ella, jamás he visto sino mucha amabilidad y juicio” — le escribió Juan Martín, el 26-IX-1802, a su hermano Diego José, residente en Jujuy, cuando regresó por corto tiempo a la capital de virreinato, cargado de mercaderías vendibles, para tornar luego a Cádiz en 1803, con gran acopio de frutos del país. De allá volviose a embarcar con destino a Buenos Aires el 26-I-1804, ahora en compañía de su amable y juiciosa consorte, llegando a término ese viaje el 4 de abril. Durante la navegación oceánica de 58 días en la fragata “Humildad”, Dolores sufrió un aborto, de cuyas consecuencias no se repuso nunca; y el 27-V-1805 la frustrada madre falleció en la ciudad porteña, y aquí sepultaron su cadáver en el templo de la Recoleta.

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Al año siguiente, el viudo de “Naná” anduvo por casarse con María Ventura Marcó del Pont, niña de apenas 15 primaveras a la sazón, hija de Ventura Marcó del Pont y de Francisca Díaz de Vivar. Con ese propósito, Juan Martín compareció, el 18-IX-1806, ante el Escribano Juan José Echaverría, y después de manifestar que estaba tratando su matrimonio con la referida “doncella”, a dicho efecto otorgó un poder a favor de su cuñado Ruperto Albarellos, para que Pueyrredon

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éste, en representación suya, pudiera celebrar la proyectada boda; pues el novio debía ausentarse a España, diputado por el Cabildo ante la Corte de Madrid, a fin de informar allá, a Carlos IV, sobre los sucesos ocurridos en Buenos Aires con motivo de la reciente invasión inglesa. Y el 4 de noviembre partió Pueyrredón hacia la madre patria, y como el viaje marítimo resultaba peligroso debido al bloqueo de la escuadra británica en torno del estuario rioplatense, el diputado porteño se dirigió por vía terrestre a Río Grande en el Brasil, embarcándose luego en Bahía rumbo al viejo mundo. Sabido es que el antedicho casorio no se realizó y la juvenil Ventura, el 17-XI-1813, dió principio a un fecundo himeneo con Manuel Muñoz Casabal; en tanto — valga el retruécano — el “desventurado” personaje de esta historia, quedaba completamente absorvido por la política, sin que el arte de gobernar a los hombres le impidiera conquistar mujeres. Esto último lo patentizaron sus cuatro criaturas naturales: Juan O’Dogan, Virginia, María de los Angeles y Elena, estas apellidadas Pueyrredón, cuarteto del que he de ocuparme más adelante. Casamiento de nuestro prócer y culminación de su carrera política En vísperas de resultar elegido Director Supremo de las Provincias Unidas por el Congreso de Tucumán, don Juan Martín pasó a segundas nupcias, el 14-V-1815 en Buenos Aires con Mariquita de Tellechea (niña de 13 años de edad, 25 menor que el desposado, el cual entonces frisaba en los 38); hija de Francisco de Tellechea Echanis y de Matea Caviedes. Consagró esa boda el tío de la novia, presbítero doctor Domingo José Caviedes, con misa nupcial en la que comulgaron los contrayentes, ante los testigos Manuel Martínez García y su esposa Damasia Caviedes, asimismo tíos de ella. Resultaba por cierto, una ironía del destino el casamiento de Mariquita Tellechea con quien, tres años atrás — triunviro con Rivadavia y Chiclana — mandó colgar en la horca, levantada en la Plaza de la Victoria, al padre de la novia, acusado de conspirar, junto a Martín de Alzaga, “contra los hijos del país y su gobierno”. De seguro a la huérfana la casaron sus tutores, porque ni en aquel tiempo, 166

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ni ahora mismo, ninguna chica de 13 años goza de capacidad para obrar legalmente como le venga en gana; carente del permiso de sus padres o de autoridad competente. Así pues, sin mentar para nada la soga en casa del ahorcador, los deudos del difunto Tellechea (el cura Caviedes y Manuel Martínez García) sabedores, por dolorosa experiencia, a lo que conduce el no tener amigos en el gobierno, gestionaron las nupcias de su sobrina Mariquita con Pueyrredón. Este — a vuelta de su confinamiento en la provincia de San Luis — reaparecía en la escena pública con su prestigio renovado, listo para escalar posiciones inmediatas y brillantes, que habrían de convertirlo en “sol calentador” de familiares y allegados. Y no calcularon mal los parientes de la prometida acerca del futuro inmediato de Pueyrredón; en septiembre de 1815 — a los 120 días de bendecido su enlace — el hombre aceptaba ser diputado por San Luis ante el Congreso de Tucumán, y cuatro meses después, el 3-V-1816, en la ciudad de San Miguel, fue nuestro prócer elegido Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Don Juan Martín, a decir verdad, estaba satisfecho de aquella decisión nupcial que había tomado con el beneplácito de los Caviedes. Así se lo comunicó a su amigo Dupuy, Gobernador de San Luis, con estas palabras: “Ví una niña, me agradó, nos comprometimos, y hoy hacen ocho días que me casé con doña Mariquita Tellechea y Caviedes, joven que aún no cuenta catorce años, educada en los mismos principios de nuestras familias, y acostumbrada al recogimiento y a la virtud”. Sobre la exaltación de Pueyrredón al poder supremo, el historiador francés Olivier Baulny — en su folleto Vues sur l’emigration des pyrenees au Rio de la Plata au XVIII Siecle — transcribe algunos párrafos de la correspondencia mantenida entre el Barón de Wirsen, funcionario del Ministerio de Asuntos Extranjeros del Príncipe Real Juan Buatista Bernadotte (antiguo mariscal de Francia y, a partir de 1818, Rey de Suecia con el nombre de Carlos XIV), y el agente observador del gobierno sueco Adam Graaner, enviado a las provincias rioplatenses en 1816, cuyos documentos se conservan en los Archivos del Estado de aquella nación escandinava. Graaner, desde Buenos Aires, informó oportunamente a las autoridades de su país acerca de la declaración de la independencia de las Provincias Unidas del Sud, y que en ellas “el poder ejecutivo ha Pueyrredon

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sido confiado a un Director Supremo, Don Juan Martín de Pueyrredón, compatriota de nuestro querido príncipe heredero, y originario del Bearne”. Y el 3-V-1817, el Barón de Wirsen le respondía a su informante; “El Bearnés dirigente en Tucumán es bien conocido del Príncipe Real. El debe haber hecho su servicio en el ejército francés durante la Revolución. Ud. está encargado de decirle que su Alteza Real se acuerda de él, como de su familia en su país natal. El Príncipe se complace mucho de su encumbramiento y del éxito de sus empresas”. Bernadotte, en efecto, era nativo de Pau, la antiuga capital del Bearne, hoy del departamento de los Bajos Pirineos, distante 20 kilómetros de Olorón y 30 de Issor. Cuando en 1970, en Estocolmo, el Rey Gustavo V de Suecia, bisnieto de Bernadotte, le entregó el premio Nobel de química al argentino Luis Leloir, tataranieto de una Pueyrredón, y bisnieto de otro bearnés de Olorón, a ninguno de los dos protagonistas de la solemne ceremonia se les ocurrió sospechar, por cierto, el ancestral vínculo pirenaico que había solidarizado antaño a sus mayores. Por lo demás, un anónimo escrito realista del año 1817, titulado Idea de los Yndibiduos que figuran o tienen alguna influencia en el estado actual de Buenos Aires, así define la personalidad de don Juan Martín; “Pueyrredón: Acérrimo partidario de la independencia al principio de la revolución, después inclinado a las prentesiones de la Corte del Brasil durante la cautividad del Rey, más adelante independiente otra vez. Es Brigadier, cuyo grado militar es el primero en aquel Estado. En el día es Directo Supremo. Ha estado en España. Su carácter es urbano, amigo del mando e inclinado al Despotismo, pero el temor de ser desposeído del gobierno lo refrena; trata de satisfacer a sus poderosos enemigos y atraerlos a sí dándoles empleos, al mismo tiempo que descuida a sus amigos. Se le nota interesado. Se casó con una joven hija y heredera de un Español Europeo, a cuya execución contribuyó como Magistrado. No se le cree tan enemigo de España como aparenta por no esponerse con los ecsaltados”. (Documento que publicó Ricardo R. Caillet Bois en el Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras. Tomo XXIII, Buenos Aires, 1939).

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Algunas referencias acerca del suegro de Pueyrredón El fantasma de Tellechea no parece haber perturbado nunca la armonía matrimonial antedicha. Del enjuiciado aquel, consigno que había nacido en el municipio de Cigoitía, en el valle alavés de Olano, hijo de Francisco de Tellechea y de Ignacia Echanis; y que aquí en Buenos Aires fue rico mercader, dos veces Regidor (1797 y 1809) y Alcalde de 2º voto (1805) en el Cabildo. Un episodio sugestivo en la actuación pública de Francisco de Tellechea merece recordarse. El 25-VII-1809 siendo este Regidor, el y sus compañeros de capítulo acordaron advertir al Gobernador interino Vicente Nieto, la conveniencia de trasladar preso, con segura custodia al cuartel de Veteranos, a Juan Martín de Pueyrredón, quien se hallaba arrestado como conspirador en el cuartel de los Patricios, donde, con los oficiales de ese cuerpo, había “celebrado varios conciliábulos, para alucinar y seducir al Pueblo, imbuiéndole ideas contrarias a la Soberanía y a la independencia de este Continente de la Metrópoli”. Al ponerse en ejecución el traslado del preso, “se personaron en dicho quartel un hermano y hermana de Puirredon (José Cipriano y Juana), implorando el auxilio de los Patricios, y el Comandante de ellos Don Cornelio Saavedra y un oficial de Voluntarios Don Domingo French, gritaron que no permitirían fuese trasladado Puirredon, para lo qual se pusieron las Tropas sobre Armas”; y esa misma madrugada fugó Juan Martín con la complicidad de esos milicianos “de plumero blanco en la galera”. Junto con el Regidor Tellechea recomendaban la captura del fugitivo, los Alcaldes Luis de Gardeazabal y Manuel Obligado, y los demás miembros del Ayuntamiento; Manuel Mansilla, Gabriel Real de Azúa, Antonio Cornet y Prat, Juan Bautista Castro y Agustín Orta y Azamor. Opositor del “nuevo sistema” inaugurado en 1810, Tellechea sufrió un destierro en La Rioja, donde testó en 1811 bajo sobre cerrado. En vísperas de subir al patíbulo (11-VII-1812) otorgó nuevamente sus disposiciones postreras ante el Escribano Marcelino Calleja y Sanz y los testigos “llamados y rogados”, José Cordero, José Manuel Godoy y Pedro Callexa. El testador nombró por albaceas; 1º a su esposa Mariana Ballesteros, 2º a su yerno Luis de Rañal y 3º a Mariano San Juan. Entre sus bienes y numerosos Pueyrredon

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esclavos negros, el causante poseía; “Casa principal en la calle de Liniers, manzana 13” (hoy Defensa, flanqueada por Venezuela y México, atrás de Santo Domingo); una amplia barraca donde acopiaba mercaderías y frutos del país; y la chacra en la costa de San Isidro, cuyos antecedentes históricos corren como “Apéndice” del capítulo que dedico al linaje de Aguirre. El infortunado realista había contraído matrimonio en tres oportunidades. Primeramente en 1792 con Matea Jerónima Caviedes (hija de Manuel Caviedes n. por 1734 en “las Montañas de Burgos”, y de la porteña María Catalina Pizarro, n. en 1751, casados el 8-I-1770; n.p. de Francisco Caviedes y de María Antonia Riaño; n.m. de Jerónimo Pizarro y de María Elena Rubio). Doña Matea procreó 6 vástagos: 1) Pastor de Tellechea y Caviedes,curador de sus 4 hermanos menores a la muerte de su madre. 2) Ildefonsa de Tellechea y Caviedes, que casó el 4-VIII-1808 con Luis Rañal, nac. en Ferrol, Galicia (hijo de Antonio de Rañal y de Magdalena Rodríguez Montero). Hijo de aquellos fue Francisco Rañal Tellechea, casado el 5-XII-1854 con Emilia Lima (hija de Felipe Lima y de Eugenia Lima). 3) Benita o Benedicta de Tellechea y Caviedes, desposada con el Capitán de artillería Benito Antonio Lynch y Roo. Sin sucesión. (Ver el apellido Lynch). 4) María Calixta de Tellechea y Caviedes — Mariquita — baut. el 24-IV-1802 y fall. el 30-VI-1869. Casó — como sabemos— con Juan Martín de Pueyrredón. 5) Pedro de Tellechea y Caviedes, marido, sin hijos, de Rafaela Zavala Write (bisnieta natural del Gobernador Bruno Mauricio de Zavala y del Veedor del Presidio de Buenos Aires, mi antepasado Nicolás de la Quintana — ver este apellido). 6) Catalina de Tellechea y Caviedes, fallecida en 1804. Al enviudar de Matea Caviedes, Tellechea pasó a 2as nupcias, el 13-VI-1805, con María Manuela de Lezica y Vera, baut. el 29-VI1789 y fall. el 9-IV-1808 (hija de Juan José de Lezica y Alquiza y de Petrona Antonia de Vera y Muxica), en la cual hubo a:

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7) Robustiana del Corazón de Jesús de Tellechea y Lezica, baut. el 25-V-1806. Casó el 22-V-1821 con José Faustino del Corazón de Jesús de Lezica y Vera, su tío carnal materno. Testó ella el 27-XI1827, ante Marcos Agrelo, muriendo sin prole poco después. Lezica contrajo 2as nupcias el 2-XII-1833 con Florencia Thompson Sánchez de Velasco (hija de Martín Thompson López Escribano y de Mariquita Sánchez de Velasco y Trillo). De ellos deriva conocida descendencia. 8) Luisa del Corazón de Jesús de Tellechea y Lezica, baut. el 21-VI1807. Murió en la infancia. Viudo por segunda vez don Francisco, acometió un 3er enlace el 8-VIII-1809, con Mariana Ballesteros (hija de Pedro José Ballesteros, Contador Mayor del Virreinato e Intendente honorario del Ejército, y de Francisca Teresa Formosel). Doña Mariana lo hizo padre de 3 hijos, a saber: 9) Antonio de Tellechea Ballesteros, nac. en 1810. 10) María del Rosario de Tellechea Ballesteros, nac. en 1811. Casó el 16-XII-1827 con Manuel Carrera, nac. en 1798 en Galicia (hijo de José Carrera y de María Borja). 11) María Antonia de Tellechea Ballesteros, nac. en 1812. Casó también el 16-XII-1827 con Celestino Carrera, nac. en 1802 en Galicia (hermano del anterior). Tras estas referencias sobre la posteridad de Francisco de Tellechea, es tiempo de anotar que su hija Mariquita en su connubio con el General Pueyrredón, le deparó a éste el único vástago legítimo de su sangre: 1) Prilidiano Pueyrredón y Tellechea — “Dianito”, para el cariño de los suyos — nacido en Buenos Aires el 24-I-1823 — día del santo de tan exótico nombre, martirizado en Antioquía en el siglo II de nuestra era. Al niño lo bautizó el Dr. Domingo Caviedes el 7 de febrero siguiente, y fueron sus padrinos de pila los tíos Manuel Martínez García y Damasia Concepción Caviedes. Prilidiano — es sabido — estudió pintura e ingeniería en Francia, Italia y España; y falleció soltero en Buenos Aires, a los 47 años, el 3-XI-1870, a Pueyrredon

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causa de la “diabetis”, en su quinta “Santa Calixta”, sobre la “barranca del Socorro”, con vista al río y entrada en las adyacencias de “Las Cinco Esquinas”, por la calle Libertad.

Un mes antes de morir (3 de octubre), “hallándome algo enfermo en pié”, otorgó Pridiliano testamento ante José Victoriano Cabral; ampliado nueve días más tarde mediante codicilo. Instituyó el testador en dichas escrituras por “únicos y universales herederos, a mis parientes más propincuos, en el grado y orden que designan las leyes”, favoreciendo con legados a distintas personas. A Romualda Lisboa de Cané, su ama de llaves mulata, le dejó la casa 172

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de la calle Libertad, con los terrenos sin vender en las barrancas inmediatas a la calle Juncal, “por los servicios que ha rendido en un largo período de años a su madre”. A Eloísa Waltal, domiciliada en París o a los descendientes legítimos de ella, les dejaba dos mil pesos fuertes, por encargo de su padre, el General, en pago de una deuda. Las donaciones de diferentes sumas de dinero alcanzaban a sus tías carnales Ildefonsa y Benita Tellechea; a la tía política Rafaela Zavala de Tellechea; a Virginia Pueyrredón de Pelliza, su hermana natural; a María Magdalena Urbana Alejandra, una hija natural suya, habida en Alejandra de Heredia, y no aludida como tal en el testamento; a los hijos y nietos de Victoria Pueyrredón, viuda de Enrique Lynch Zavaleta; a Adolfo Pueyrredón y sus hijos; a Juan Langdon, su primo; a Nicanor Albarellos — “el Rengo” — otro primo; a Concepción y Carmen de Villar; a Rosario, niña huérfana criada por las señoras de Villar; a Magdalena Monjean; a Olegario Lisboa; a Elvira Pueyrredón, hija adoptiva del Coronel Manuel Pueyrredón; a Florencia Pueyrredón esposa de Anastasio Castro; a José Prilidiano Pueyrredón Carneiro; a Oscar Liliedal Pueyrredón; y a Virginia Pueyrredón de Jorge. Nombró, el causante, por albaceas a Francisco Rodríguez Toledo y a Cipriano Zelada. Amén de distintos cuadros y pinturas, de caballetes, pinceles, paletas, armas, ropas, alhajas, un cohe, varios caballos y dos vacas lecheras que pastoreaban en la chacra de Leonardo Pereyra y algunas acciones de cierta Compañía exploradora del río Bermejo, entre los bienes raices del otorgante anoto su quinta situada en la barranca del Socorro, la casa paterna en la intersección de las calles Piedad y Reconquista, dos estancias colindantes pobladas en la provincia de San Luis; “La Aguada” y “La Aguadita” o “Del Rincón”, que compró su padre en 1814 a Máximo Gatica y a Cayetano Doval, respectivamente, y el puente de Barracas, sobre el Riachuelo, en construcción — futuro Puente Pueyrredón —, de cuya propiedad, según contrato, cinco séptimas partes correspondían al testador, en condominio con el Gobierno de la Provincia y con el ingeniero Otto Arming, a cargo de la administración del viaducto. Hubo el personaje que me ocupa esta hija natural: A) Urbana o María Magdalena Urbana Alejandra Pueyrredón Heredia, nacida en Cádiz el 25-V-1853, cuya madre era la Pueyrredon

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gaditana Alejandra de Heredia. En su testamento de 1870 Prilidiano, sin declarar su paternidad, le legó 50.000 pesos. María Magdalena Urbana Alejandra estaba casada con Federico Giménez. Por su parte — según dijimos — al General Juan Martín de Pueyrredón se le atribuyen cuatro hijos naturales — dos suficientemente comprobados — nacidos antes de su matrimonio con Mariquita Tellechea, a saber: 1) Virginia Pueyrredón, la cual se hizo presente en la testamentaría de su hermano Prilidiano y dijo; “Soy hija natural del Sr. Brigadier Don Juan Martín de Pueyrredón. Tenida como tal por él mismo, no menos que por todos los parientes y antiguas relaciones de mi padre”. De la unión del Brigadier con Juana Sánchez nací yo hacia el año 1813” — declaró Virginia. Así como que Juana Sánchez había servido a Don Juan Martín en la estancia de San Luis, y Virginia crióse hasta la edad de 4 años en casa y con la familia de José Cipriano Pueyrredón, hermano del autor de sus días. Después el padre llevó a la niña a Buenos Aires, “entregándome a su hermana Magdalena Pueyrredón de Ituarte (4ª abuela de quien escribe estas monografías), para que me educase en unión con mis parientes. Así se hizo durante 7 años. Cumplidos los 11, mi padre me llevó a la chacra de José Cipriano Pueyrredón, quien vivía con su familia en la chacra del Sr. Sáenz Valiente”. Luego de casado don Juan Martín con Mariquita Tellechea, “después de consultar a su esposa mi origen, me llevó a vivir con ellos en familia. Con ellos permanecí hasta que contraje matrimonio con mi actual esposo”. Estas declaraciones de Virginia fueron confirmadas por los testigos Gregorio Gómez, Lorenzo Torres, José M. González y Eduardo Costa, calificados parientes y amigos que fueron del General Pueyrredón. Casó Virginia el 19-XI-1827, en el oratorio de la chacra familiar sanisidrense, con José María Pelliza, y bendijo la boda el clérigo Domingo José Caviedes, siendo testigos de la misma los cónyuges Juan Martín de Pueyrredón y su mujer María Calixta de Tellechea Caviedes.

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José María Pelliza, el contrayente, había nacido en 1806 en Entre Ríos, hijo de Mariano Pelliza Videla y de Florentina Gómez; nieto de Raymundo Pelliza Morales y de María Josefa Videla Correa de Saa; bisnieto del genovés Domingo Pellizari, que españolizó su apellido materno como Pelliza, venido a Bs. As. hacia 1720, y de su 2ª esposa Tomasa Morales Gil Negrete; tataranieto de los “zeneixis” Jorge Brignole y Tomasa Pellizari. José María Pelliza, se incorporó en 1840 al ejército unitario de Lavalle. Combatió contra las fuerzas federales de Rosas en San Cristóbal, Arroyo Pelado, Sauce Grande, El Tala, Cañada de la Paja, toma de la ciudad de Santa Fé, Quebracho Herrado y Famaillá, y fue uno de los que acompañaron los restos de su jefe hasta Bolivia. Después, por vía marítima desde Chile, se trasladó a Montevideo, donde actuó en defensa de esa plaza a órdenes del General Paz. Posteriormente, con Urquiza asistió a la campaña que tuvo su culminación en Caseros, alcanzando los galones de Coronel. Prestó también servicios auxiliares en la guerra del Paraguay, y falleció en Buenos Aires durante la peste de fiebre amarilla, el 7-IV-1871. Su viuda Virginia Pueyrredón sobreviviole apenas 5 meses, para morir el 17 de septiembre siguiente de “aplopejía”. De su matrimonio quedaron estos hijos: A) Antonio Pelliza Pueyrredón, baut. en Bs. As. el 13-VIII-1838, en la iglesia del Socorro, apadrinado por Francisco Castañón y Manuela Albarellos. B) Virginia Pelliza Pueyrredón, que casó con su lejano deudo Mariano Aurelio Pelliza y Burgos Molina Acasuso y Pessoa, nacido en Bs. As. el 29-III-1837 y fall. el 11-VIII-1902, autor de muchos trabajos relativos a nuestro pasado, entre ellos una Biografía del General Pueyrredón, su Historia Argentina y La Dictadura de Rosas. Dicho matrimonio prolongó abundante posteridad. C) Juan Martín María Pelliza Pueyrredón, n. en Montevideo el 29VIII-1842. Peleó en la guerra del Paraguay, y herido de gravedad se le dió de baja del ejército en 1865, con el grado de Teniente 1º de caballería. En 1871 lo representó en la testamentaría de Prilidiano Pueyrredón su pariente Rafael Hernández. Ocupó el cargo de Subprefecto del golfo de San Jorge, en las proximidades de Comodoro Rivadavia. Murió en Pueyrredon

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Bs. As. el 8-I-1913. Habíase casado con Natalia Sánchez Saragote, en la cual hubo descendencia. D) Adhel Pelliza Pueyrredón, quien en 1871 se hizo representar en la sucesión de Prilidiano, su primo, por el procurador Juan Sagasta. E) Josefina Pelliza Pueyrredón, nació en Concordia, Entre Ríos, el 4-IV-1848. El 28-II-1867 se casó en la parroquia porteña de San Nicolás de Bari con Félix Sagasta, nacido en 1839 y fall. el 15VI-1913 (hijo de Félix Sagasta y de Francisca Guerreros). Testigos nominales del casamiento fueron “el General Justo José de Urquiza, de 67 años, y Dolores C. de Urquiza, de 50 años”, representados por José Gregorio Lezama y Virginia Pueyrredón. Poetiza y escritora, Josefina Pelliza murió en Bs. As. dejando versos y sucesión. F) Aurora Pelliza Pueyrredón. Casó con su pariente Policarpo Mom Pelliza (hijo del francés Pedro Mom, oficial de la armada del Almirante Brown, y de Juana del Corazón de Jesús Pelliza Molina). Con dilatada posteridad. G) Amalia Pelliza Pueyrredón, nacida en 1852. Casó el 11-IX1869 con Carlos Gustavo Durand, nacido en Salta el 11-II1826. Médico, generoso donador del porteño Hospital Durand” (hijo del médico francés Juan Andrés Carlos Durand y de María Josefa del Rosario Chavarría). Durand murió en Bs. As. sin hijos, el 8-VIII-1904. 2) Juan O’Dogan, nacido entre 1810 y 1812, resulta otro indiscutido hijo por la mano izquierda del General Pueyrredón. En efecto: el 31-X-1850 “Juan O’Dogan” se presentó con un escrito al Juez de 1ª Instancia Manuel Mansilla, Secretaría de Marcos Leonardo Agrelo, diciendo: “que mi finado Señor padre natural, el Señor Brigadier Gral. D. Juan Martín de Pueyrredón me ha dejado un legado en su testamentaría de dos mil pesos fuertes, según me lo ha participado su Sra. viuda y su hijo D. Prilidiano, exigiéndose que para entregármelos ocurra a V. S. como lo hago”. El personaje acusaba de 38 a 40 años de edad, y era enfermo mental: padecía de “flaqueza intelectual”, “aberración incompleta del juicio”, “manía crónica” y “delirios parciales” — cual lo diagnosticó el médico poeta Claudio Mamerto Cuenca. El Juez hizo lugar al pedido de O’Dogan, sin la menor oposición de Mariquita Tellechea y de 176

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Prilidiano, y le nombró al bastardo por curador a Antonio Lynch, marido de Juliana Sáenz Valiente Pueyrredón, sobrina carnal de don Juan Martín. 3) María o María de los Angeles Pueyrredón, “otra hija” del prócer don Juan Martín — según la registra el genealogista Carlos Calvo en su difundido Nobiliario. María aparece en los documentos como “huérfana de padres no conocidos”. Fue criada, desde su tierna edad, por la tía de Pueyrredón, Isabel Dogan, esposa de del Rincón y, tras la muerta de esta, por la hermana del prohombre: Magdalena Pueyrredón de Ituarte (mi 4ª abuela), hasta que la niña se casó con Antonio Antonini, en 1815. (Ver los antecedentes de María y de Antonini en el linaje de Dogan). 4) Elena Pueyrredón, desposada con Gil Domínguez era — según el genealogista Calvo — también hija natural del Brigadier Don Juan Martín. VIc — José Cipriano Andrés de Pueyrredón y Dogan, nac. en Bs. As. el 29IX-1779 y fue baut. el 27-I-1780. Murió el 20VIII-1827. De muchacho peleó en las invasiones inglesas y sería luego leal colaborador político del General don Juan Martín: “A mi hermano Pepe — le escribiría éste a Chiclana en 1811 — no le falta valor, pero le sobra mala cabeza, y necesita que yo le tenga a corta rienda”. Alcanzó Pepe el grado de Capitán del regimiento “América”, Pueyrredon

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retirándose del servicio activo el 3-IX-1812, por razones de salud. Matrimoniose el 20-II-1800, en Baradero, con Manuela Caamaño y González (hija de Manuel Caamaño y de Josefa González). Estos fueron sus hijos: 1) Rita Pueyrredón Caamaño, baut. el 25-III-1801 y fall. el 25-V1880. Casó 1º en Bs.As. el 18-VII-1817, con Francisco Lynch Arandía, Coronel guerrero contra el Brasil y Capitán del puerto de Bs.As. (hijo de Domingo Esteban Lynch Kil Kelly y de Juana de Arandía Ruiz de Arellano). De viuda pasó Rita a 2as nupcias, en Montevideo con Miguel de Magariños Serrato. Hubo sucesión; los Lynch Pueyrredón Arandía Caamaño (ver el apellido Lynch) y Octavia y Nicasia Magariños Pueyrredón, radicadas en el Brasil. 2) Manuel Alejandro Pueyrredón Caamaño, baut. el 3-V-1802 y fall. el 10-XI-1865. Guerrero de la independencia y contra el Brasil luego en las luchas civiles argentinas. Autor de un interesante libro de Memorias. Casó 1º en Stgo. de Chile, el 27-VIII-1823 con María del Rosario Rioseco (hija de Manuel Rioseco y de Clara Silva) y en 2as nupcias en Montevideo, el 9-I-1844, con Sebastiana Bauzá (hija de Rafael Bauzá y de Petrona Tristán). Sin hijos legítimos, adoptó una niña llamada Elvira Pueyrredón. 3) Victoria Pueyrredón Caamaño — “Mamá Totó” —, que contrajo enlace en Bs.As., el 5-VIII-1828, con su primo hermano jujeño Mariano Pueyrredón Zegada. De su posteridad me ocupé más atrás. 4) Isabel Pueyrredón Caamaño. Celebró casamiento el 13-XII-1832, en la iglesia de “Flores Amoroso” del pueblo bonaerense San Martín. con Pedro Pascual Rafael Hernández — dicho solo Rafael — nac. en Bs.As. en 1814 (hijo del español José Gregorio Hernández Sánchez Plata, nac. el 17-XI-1760 en Jerez de los Caballeros, prov. de Badajoz, comerciante venido al país en 1790, 178

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Regidor en la ciudad porteña, que el 22-V-1810 asistió al Cabildo Abierto, y de su mujer Antonia Venancia de los Santos Rubio, nac. en Asunción del Paraguay). Estos resultaron los frutos de su matrimonio: A) José Hernández Pueyrredón — “Pepe” Hernández, el poeta del Martín Fierro —, nacido el 10-XI-1834 en la antigua chacra “de Perdriel”, entonces de sus tíos Mariano y Victoria Pueyrredón — hogaño en el vecino partido de San Martín. Lo bautizaron el 27-VII-1835, en la parroquia porteña de la Catedral al Norte, con los nombres de José Rafael, y bajo el padrinazgo de su abuelo paterno, el extremeño don José Gregorio. Falleció “Pepe” — apodado también “Matraca” por el vozarrón que tenía — el 21-X-1886, a la una de la tarde de “miocarditis”, en su casa de la calle Santa Fé 468, en Belgrano. Habíase atado a los dulces lazos de Venus el 8-VII-1863, en Paraná, Entre Ríos, con Carolina González del Solar (hija de Andrés González del Solar y de Margarita Fuentes Cevallos), y fueron testigos de la boda el Dr. Eusebio Ocampo y Margarita Fuentes, madre de la desposada. De esa fértil coyunda nacieron los siguientes hijos: a) Isabel Carolina Hernández González del Solar, nac. en Paraná el 16-V-1865. Casó con su pariente Melitón González del Solar Urdinarrain (hijo de José González del Solar y de Manuela de Urdinarrain Lassaga). De ellos vienen los González del Solar Hernández, González del Solar Carranza Sibthport, etc, etc. b) Manuel Alejandro Hernández González del Solar, nac. en Paraná el 6-XI-1866. Casó con su prima hermana Rosa Castro Hernández (hija de Gregorio Castro y de Eduarda Magdalena Hernández Pueyrredón). Sin hijos. c) María Mercedes Hernández González del Solar, nac. en Paraná el 24-IX-1867. Casó con su pariente Andrés González del Solar Moreno (hijo de Andrés González del Solar y de Clodomira Moreno). Padres de los González del Solar Hernández, González del Solar Vázquez Millán, González del Solar Videla Arroyo, etc, etc. d) Margarita Teresa Hernández González del Solar, nac. en San Martín el 28-V-1871. Casó con Antonio Cigorraga García. Pueyrredon

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De ellos vienen los Cigorraga Hernández, Revol Cabrera Cigorraga, Cuestas Garzón Cigorraga, Cigorraga Hernández Zamudio, etc, etc. e) Juan José Hernández González del Solar. Falleció joven, soltero. f) María Josefa Hernández González del Solar, nac. en Bs. As. el 20-VI-1876. Casó con Alberto Jackson Muñoz. Son los padres de Alberto Jackson Hernández, casado con Malvina Cilley. Con sucesión. g) María Teresa Hernández González del Solar, nac. en San Martín el 24-X-1877. Casó con Carlos Lucio Marenco Díaz. Con descendencia. h) Carolina Hernández González del Solar, nac. en Bs. As. el 7IV-1879. Casó con Mariano Guillermo Marenco Randle (hijo de Mariano Feliciano Marenco y de Urbana Randle Bengolea — hija ésta de Guillermo P. Randle, nac. en Inglaterra y de María de la Paz Bengolea Acosta Garay y Vélez Carranza). Con sucesión. B) Eduarda Magdalena Hernández Pueyrredón, nac. en San Isidro el 4-I-1833. Casó con Gregorio Castro y Castro. De ellos vienen los Castro Hernández, Lanhozo O’Donell Castro Hernández, Castro Hernández Iriart, Máspero Alonso del Arca Castro Hernández (entre estos el Dr. Andrés Máspero Castro, nac. el 8VI-1890, Jurisconsulto y Profesor de Economía Política), Máspero Castro Allende Zavalía, Ydaberry Máspero Castro, Hernández Castro Hernández, Gómez Gorlero Castro Hernández, etc, etc. C) Rafael José del Corazón de Jesús Hernández Pueyrredón, nac. en Bs. As. barrio de San Telmo el 1-VI-1840 y fall. el 21-IV1903. Ingeniero, político, legislador y publicista. Combatió en Cepeda y en Pavón y, más tarde, fue uno de los heroicos defensores de Paysandú contra los brasileros, actuando como Capitán ayudante del Coronel Leandro Gómez. Casó en 1870 con Anselma Valentina Serantes Pita, fall. el 21-XII-1881 (hija de Teodoro Anselmo Serantes y Aristegui Martínez de Carmona y de Nicolasa Pita y Bellido). Procrearon estos hijos: a) Carmen Hernández Serantes, casada con Ricardo Bustamante Zavalía (hijo de Ricardo Bustamante, 180

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diplomático y poeta boliviano, y de Lastenia de Zavalía y Arias). De ellos vienen los Bustamante Hernández, Frías Padilla Bustamante Hernández, Hernández Frías Bustamante, Bustamante Hernández Pourtalé Viel Temperley, etc, etc. b) Magdalena Hernández Serantes, casada con Carlos Mansilla Godoy (hijo de Carlos Mansilla Ortiz de Rosas y de Celina Godoy Romera Quiroga). Sin sucesión. c) Anselma Sara Hernández Serantes, casada con Luis Prince Cilley. De ellos vienen los Cilley Hernández, Cilley Sackmann Sala, Cilley Belaustegui Mihánovich, Jurado Lynch Cilley Hernández, etc, etc. d) Rafael Hernández Serantes. Padre de Roberto Fabián Hernández, el cual casóse con su prima hermana Carmen Inés Frías Bustamante (hija de David Frías Padilla y de Carmen Bustamante Hernández). e) Pastora Hernández Serantes, desposada con N. Gilmour. Sin hijos. f) Inés Hernández Serantes, esposa de Alejandro Lanusse Paunero (hijo de Juan José Lanusse Fernández y de Leonor Paunero Ibarrrea — hija del General Wenceslao Paunero y de Petrona Ibarrea Segurola). Sin sucesión. g) Celina Hernández Serantes. Casó con su primo 2º Federico Spraggon Hernández (hijo de Alfredo Spraggon y de Manuela Hernández Reyna — hija del Coronel Juan Luciano Hernández Rubio y de María Ignacia Reyna Correa de Silva). De ellos vienen los Spraggon Hernández, Martínez del Olmo Spraggon Hernández, Spraggon Hernández Beccar Varela, Basavilbaso Marcó del Pont Spraggon Hernández, etc, etc. 5) Adolfo Feliciano Pueyrredón Caamaño, nac. el 9-VI-1825, “en la chacra que fue de los Sáenz Valiente en la costa de San Isidro”, y en la iglesia local fue baut. el 30 de ese mismo mes, bajo el padrinazgo de su tío el General Juan Martín y la esposa de éste María Calixta Tellechea. De muchacho Adolfo emigró al Brasil por razones políticas. Allá contrajo nupcias, el 25-X-1850, en la localidad de “Caçapava”, Río Grande del Sur, con Idalina Carneiro de Fontoura, que fall. en Bs. As. el 10-IX-1895 (hija del brasileño Pueyrredon

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José María Carneiro de Fontoura y de la correntina Margarita López Pinazo). El 5-X-1880, en Bs. As. don Adolfo extendió su testamento ológrafo, nombrándolo albacea a su hijo Julio. Falleció de “asistolia” el 18-IV-1892, en el partido de “Las Conchas”, cuando iba a cumplir 67 años de edad. Estos hijos dejó: A) Mariano Pueyrredón Carneiro, casado con Laurinda Martínez y padre de: a) Idalina Pueyrredón Martínez, baut. el 9-XII-1876. Soltera. b) Laurinda Pueyrredón Martínez. c) Adolfo Aníbal Pueyrredón Martínez, nac. el 7-III-1883 y fall. el 8-V-1923. Casó en París el 28-XI-1910, con Ema Bonorino Ezeyza, nac. el 12-XI-1883 (hija de Adolfo Bonorino García y de Magdalena Ezeyza Halliburthon). De ellos vienen los Pueyrredón Bonorino Ezeyza, Idoyaga Molina Torres Agüero Pueyrredón, Idoyaga Pueyrredón Ortiz Lanús, Pueyrredón Sauze, etc, etc. d) Luisa Pueyrredón Martínez. e) Victoria Pueyrredón Martínez. Soltera. B) Julio Pueyrredón Carneiro, nac. en San Pedro, prov. de Bs. As. el 24-I-1855 y fall. en la capital, el 17-X-1917. Hacendado, Presidente de la Sociedad Rural. Casó el 17-VII-1886 con Victoria Lynch García, baut. el 30-III-1865 (hija de Carlos María Lynch Zavaleta y de Emilia Josefa García Zedano — ver el apellido Lynch). Estos fueron sus hijos: a) Carlos Alberto Pueyrredón Lynch, nac. en Bs. As. el 18-VII1887 y fall. el 16-VI-1962. Diputado Nacional, Intendente capitalino, historiador y Presidente de la Academia Nacional de la Historia. Casó el 3-VI-1915 con Silvia María Saavedra Lamas, nac. el 8-IV-1892 (hija de Mariano Abraham Saavedra Zavaleta y de Luisa Lamas Somellera; n.p. de Mariano de Saavedra Otárola — hijo de don Cornelio — y de Carmen de Zavaleta Chavarría; n.m. de Andrés Lamas, político, diplomático y publicista uruguayo, y de Telésfora Somellera Pinazo). De ellos vienen los Pueyrredón Saavedra, Pueyrredón Regules Beherens, Elizalde Sansisena Pueyrredón, White Pueyrredón, Amadeo Trejo Pueyrredón, etc, etc.

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b) María Isabel Pueyrredón Lynch, nac. el 2-V-1889. Casó el 27-XI-1920 con Clemente Zavaleta Zavalía, nac. en Tucumán en 1891 (hijo de Lucas María Zavaleta y Zavaleta y de Emilia de Zavalía López Rodríguez del Fresno; bisn. m.m. del General caudillo santafesino Estanislao López y de Inés Rodríguez del Fresno). Con sucesión: los Zavaleta Pueyrredón, Zavaleta Terán Nougués, etc, etc. c) Julieta Pueyrredón Lynch, nac. en 1891. Casó el 1-XII-1924 con Alberto Areco Fernández. Hijo único de ambos es Marcos Alberto Areco Pueyrredón, casado con Magdalena Pasquini Nougués, con sucesión. d) Enrique Mariano Pueyrredón Lynch, nac. el 22-VI-1893. Casó el 18-IX-1920 con Carmen Sastre Núñez (hija de Angel Sastre Aramburu y de Concepción Núñez; n.p. de Marcos Sastre Rodríguez, nac. en Montevideo el 2-X-1808 y fall. en su quinta de Belgrano el 15-II-1887, educacionista, librero, fundador del “Salón Literario” y autor del Temple Argentino, y de Jenara de las Mercedes Aramburu Sotomayor, nac. el 19-IX-1810 y baut. al día siguiente en La Rioja — hija de Francisco Calixto de Aramburu, nac. en Córdoba, y de Estefanía de Sotomayor, casados en 1799 en La Rioja). Con sucesión; los Pueyrredón Sastre, Campos Menéndez Pueyrredón, Thibaud Serge Basset Pueyrredón, Pueyrredón Nougués Hardy, etc, etc. e) Gustavo Adolfo Pueyrredón Lynch nac. el 7-IX-1895 y fall. el 3-I-1973. Casó el 11-XII-1922 con Carmen Carballido Guerrico (hija de Juan Carballido Gutiérrez, Ministro de Instrucción Pública y Justicia de Pellegrini, y de Ernestina Guerrico Aguirre). Con sucesión. f) Ernesto Pueyrredón Lynch, baut. el 25-XII-1898. Casó con Beatriz Fernández Almanza. Con sucesión. g) Elena Victoria Pueyrredón Lynch, baut. el 3-I-1902. Fallecida en la infancia. h) Sara Victoria Pueyrredón Lynch, nac. el 31-VII-1905. Casó el 21-VI-1928 con Alejandro Vicente López O’Gorman nac. el 20-IX-1900 (hijo de Alberto Vicente López Lozano y de Susana O’Gorman). Con descendencia.

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C) José Prilidiano Pueyrredón Carneiro. Falleció el 21-II-1894 sin posteridad. D) Adolfo Jacinto Pueyrredón Carneiro, nac. en 1587 y fall. el 15II-1905. Escribano. Casó el 9-IV-1887 con Luisa Puch Vernengo (hija de Luis Puch y de Catalina Vernengo). Con sucesión; los Pueyrredón Puch, Pueyrredón Grieben Kern, etc, etc. E) Margarita Pueyrredón Carneiro. Casó el 26-IV-1917 con Nicolás de Urquía Mugiro, titulado Marqués de la Redecilla. Sin hijos. F) Carolina Pueyrredón Carneiro, fall. el 24-IV-1918. Casó el 22XI-1897 con Pedro Antonio Ceballos Frías. Sin sucesión. G) Manuel Alejandro Pueyrredón Carneiro. Casó el 25-I-1897 con Carlota Crispina Etcheverry (hija de Juan Etcheverry y de Carlota Oliva). Sin descendencia. H) Victoria Pueyrredón Carneiro, nac. en 1868. Casó el 28-IV1897 con Eduardo Rodolfo Pallete Lewis. De ellos vienen los Pallete Pueyrredón, Pallete de la Torre Urdinarrain, Pallete Pueyrredón Gaviña Alvarado, etc, etc. I) Honorio Pueyrredón Carneiro, nac. en San Pedro, prov. de Bs. As. el 9-VII-1876 y fall. en la capital el 23-IX-1945. Abogado, Ministro de Agricultura y de Relaciones Exteriores de Hipólito Irigoyen, Embajador en Washington. Casó el 20-VII-1897 con Julieta Meyans Argerich, nac. el 29-XII-1872 y fall. en 1942 (hija de Francisco Santiago Meyans y Bodega, nac. en Lima, Perú, y de Justa Argerich Castellote; n.m. de Justo Argerich López Camelo y de su 1ª esposa Fortunata Castellote Palacios; bisn. m.p. de Cosme Mariano Argerich y del Castillo, Médico, asistente al Cabildo abierto de 1810, y de su 2ª esposa Juana López Camelo y Cheves; bisn. m.m. del Escribano Francisco Inocencio Castellote Espeley y de su 2ª consorte Antonia Epifanía Palacios y López Osornio). Fueron padres de: a) María Justa Pueyrredón Meyans, baut. el 30-VII-1898. Casó el 2-VIII-1923 con Eduardo Centeno del Campo (hijo de Angel Centeno Lozano y de Flora del Campo Botet Oyuela y Alvarez Thomas). Unica hija de ellos: Inés Centeno Pueyrredón casada con Jaime Luis Ayerza Bosch (hijo de

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Luis Ayerza Jacobé y de Silvia Bosch Gramajo). Con sucesión. b) Esther Pueyrredón Meyans, baut. el 21-VII-1901. Casó con Juan Carlos Luro Livingston (hijo de Carlos Luro Pradere y de Estela Livingston; n.p. de Pedro Luro Oficialdegui, nac. en Saint Just, Bearne, Francia, y de María Pradere, nac. en Nerac, Gascuña; n.m. de Francisco Livingston Land, nac. en Philadelphia E.U. y de Elisa Gómez, nac. en Montevideo — hija de Juan Carlos Gómez, político y poeta uruguayo: “el último gentil hombre”, al decir de Raúl Montero Bustamante). De ellos vienen los Luro Pueyrredón, Luro Hansen Molina, Bullrich Luro Pueyrredón, Cantilo Luro Pueyrredón, Paz Luro Pueyrredón, etc, etc. c) Julia Elena Pueyrredón Meyans, baut. el 28-XI-1903. Casó el 28-XI-1928 con César Peña Murga (hijo de Juan Gregorio Bautista Peña Zelaya y de Magdalena Murga Correa Morales — ver el linaje De la Quintana). Con sucesión: los Peña Pueyrredón, Peña Pueyrredón Mihanovich, etc, etc. d) Raquel Pueyrredón Meyans, nac. el 20-II-1904. Casó el 5-I1927 con Alejandro Lastra Cranwell nac. en 1899 y fall. en 1985. Interventor en Salta y Embajador en Rusia y en Gran Bretaña (hijo de José Rufino Angeles Lastra Olivera y de Amalia Cranwell Rúa; n.p. de José Rufino Lastra López Barrios Chiclana y de Genoveva Olivera García Migoya; n.m. de Ricardo Cranwell Arenillas y de Sara Rúa Espora). Con sucesión: los Lastra Pueyrredón, Becker Gómez Rincón Lastra Pueyrredón, Lastra Pueyrredón Boyce, Lastra Pueyrredón Caminos Braun, etc, etc. e) Horacio Honorio Pueyrredón Meyans, nac. el 29-VII-1906. Casó el 24-II-1929 con Dolores Larguía Berrenechea, nac. el 23-III-1900 (hija de Facundo Tiburcio Larguía Soria y de Dolores Berrenechea Rodríguez; n.m. de Ezequiel Barrenechea y Rivero Dorrego y Fernández y de Clorinda Rodríguez Rosetti). Con sucesión: los Pueyrredón Larguía, Pueyrredón Larguía Pareto, Barruti Lanús, etc, etc. f) Angélica Pueyrredón Meyans, nac. el 15-V-1908. Casó el 14VI-1933 con Félix Leborgne Fossemalen, Médico radiólogo

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uruguayo fallecido en 1969. Con sucesión: los Leborgne Pueyrredón, nativos y vecinos de Montevideo. g) Ricardo Horacio Pueyrredón Meyans, nac. el 7-X-1910. Casó el 24-XI-1937 con Elena Tornquist Campos (hija del Coronel Gustavo Miguel Tornquist Beccar y de Mercedes Elena Campos Plot; n.p. de Jorge Antonio Tornquist Camuso y de Narcisa Beccar Mansilla Espinosa y Obella — ver el apellido De la Quintana; n.m. del General Manuel José Campos López Camelo y de Carolina Plot Martínez). Con sucesión: los Pueyrredón Tornquist, Pueyrredón Figueroa Robbio, Pueyrredón Lezica Miguens, etc, etc. h) Marta Pueyrredón Meyans, nac. el 15-XII-1912. Casó con Florencio Noceti Frías (hijo de Florencio Noceti Cadelago y de Isabel Bernabela Frías Illa; n.p. de Francisco Noceti Felipani, nac. en Génova, y de Emilia Cadelago Parody; n.m. de Ernesto Pedro Frías Nin Avila y Reyes y de María Illa Castro Brit Viamonte y González). Con sucesión; los Noceti Pueyrredón. VId — MAGDALENA DE PUEYRREDON Y DOGAN, nació en Buenos Aires y aquí la bautizaron con los nombres de “Petrona María Magdalena Ventura” en la Catedral, el 22-VII-1782. Aún no había cumplido los 17 años de edad cuando, el 17-XII-1798, contrajo nupcias con el hidalgo vizcaíno y futuro Regidor porteño Juan Bautista de Ituarte y Aguirre, nac. en “Bilbao la Vieja”. Los casó el Padre Francisco Tuban, ante los testigos Anselmo Sáenz Valiente y Rita Dogan, madre de la novia. Tres meses después del casamiento, el 19-IV-1799, el flamante marido compareció ante el Escribano Juan José Rocha, y en escritura pública declaró que “para servir a Dios Nuestro Señor y a su Madre Santísima, el diecisiete de Diciembre de mil setecientos noventa y ocho contraté matrimonio con Doña Magdalena Pueyrredón, hija legítima de Don Juan Martín de Pueyrredón y de doña Rita Dogan”. Que “mi suegra ... para ayuda de las cargas matrimoniales” le ofreció en Dote, y como parte de pago de lo que pudiera corresponderle a Magdalena de los bienes hereditarios de su padre, la suma de 3.000 pesos, de los 521 pesos y 33 “quartillos” en ropas, alhajas, y enseres de ajuar conyugal “para la mejor decencia de la 186

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precitada mi consorte”; y 2.478 pesos y 4”quartillos” en dinero efectivo, a cuenta de la legítima paterna de ella. A esta cantidad debíanse agregar 1.000 pesos que “graciosamente y por afecto y cariño, y por la relación de amistad que tenía con su padre, le ha dado también para sí y en dote a la mencionada mi consorte don Juan de la Grava de su propio caudal, y con el justo fin de que por este aumento, que no debe entrar en lo que es la parte hereditaria, se consulte su mejor comodidad”. E. Ituarte terminaba diciendo: “Confieso y declaro que tengo recibida en mi poder de manos de dicha mi suegra, los expresados 3.000 pesos a buena cuenta de la herencia paterna de lo que pueda corresponderle a mi mujer, y los 1.000 pesos restantes de manos de don Juan de la Grava, una y otra cantidad como propias y pertenecientes a la mencionada doña Magdalena”. Narra la tradición — y esto merece pasar a la historia — que mi 4ª abuela, la señora de Ituarte, entre 1803 y 1805, tuvo la feliz idea de apuntar una receta que bien pronto llegó a ser famosa. Se trataba de un postre cuyo origen es atribuído a cierta negra esclava suya muy golosa, la cual, por olvido, dejó sobre el fuego un tacho lleno de leche azucarada. La cocción convirtió aquella mezcla en crema consistente, y tal golosina vino a resultar nuestro popularísimo “dulce de leche”. Magdalena Pueyrredón de Ituarte epilogó su vida en Buenos Aires el 18-V-1834, a los 52 años de edad. Sus restos descansan en el cementerio de la Recoleta. De su progenie inmediata y de los antecedentes familiares y biográficos de su marido — éste y aquella 4os abuelos míos —, me ocupo en el apellido Ituarte, a cuyo respectivo capítulo remito a quien le interese continuar esa trayectoria hereditaria.

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VIe — Juan Andrés de Pueyrredón y Dogan nació en Buenos Aires el 24-V-1785. Peleó en la segunda invasión inglesa como Capitán de los Húsares pueyrredónicos. Mas tarde secundaría las andanzas conspirativas de su hermano Juan Martín en Río de Janeiro, y en las posteriores jornadas revolucionarias alcanzó el grado de Coronel y Comandante de Dragones. Radicado en Córdoba, en 1817 el Cabildo lugareño lo eligió Gobernador de la Provincia — cuyo cargo apenas pudo ejercer durante una semana — tras el motín que encabezó Juan Pablo Bulnes contra Ambrosio Funes. Habíase casado en la ciudad cordobesa en 1810 con Angela Arredondo y de la Corte, nac. en Salta y fall. en Bs. As. en 1854 (hija de Antonio Arredondo Ascasubi, Alcalde y Comisario Mayor de Guerra en Córdoba, y de María Ventura de la Corte y Juárez — casados en Salta en 1795; n.p. de del andaluz Manuel de Arredondo Puerta, nac. en Granada, y de Polonia Ascasubi Las Casas y Ponce de León — que casaron en Córdoba en 1753; n.m. de Fermín de la Corte Palacios y de su 2ª esposa Rosa Juárez Baviano — desposados en Salta). En 1843 a Juan Andrés Pueyrredón lo asesinaron y robaron cerca del pueblo entrerriano de Mandosivi. Allá había ido a vivir desde Montevideo, después de abandonar Buenos Aires por motivos políticos. Su viuda testó en Buenos Aires el 19-IX-1854, enferma en cama, ante el Escribano Ignacio Caballero, para morir dos meses más tarde. Estos fueron sus hijos y la descendencia de ellos: 1) Juan Andrés Pueyrredón Arredondo, nac. en Córdoba. Murió niño en Bs. As. 2) Elvira Magdalena Pueyrredón Arredondo, nac. en Córdoba. Murió chiquilla en Bs. As.

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3) Heraclio Macedonio Pueyrredón Arredondo, nac. en Córdoba. Murió infante en Bs. As. 4) Juan Martín Tiburcio Pueyrredón Arredondo, baut de 2 días en Bs. As. el 17-IV-1813. Lo cristianizó su tío Feliciano, apadrinado por Agustín Dávila y su tía Magdalena Pueyrredón de Ituarte (mi antepasada). Siendo Sargento Mayor el hombre se avecindó en Córdoba, donde casó el 6-VII-1851 con la cordobesa Pía Martínez Carranza (hija de Nicolás Martínez Betancur y Millán y de María de la Concepción Carranza Cáceres Toledo Pimentel). Juan Martín fue el albacea de su madre en 1854. Hubo estos hijos: A) Juan Martín Pueyrredón Martínez Carranza, nac. en Córdoba. Casó allí en 1881 con Teresa Centeno Escuti, nac. el 20-IX1856 (hija de Dionisio Centeno y Centeno Bazán y Carranza y de Josefa Avelina Escuti y Bravo). Fueron padres de: a) María Teresa Pueyrredón Centeno, casada con su primo hermano Alfredo Aliaga Pueyrredón (hijo de Simeón Segundo de Aliaga Carranza y de María Angela Pueyrredón Martínez Carranza). De ellos vienen los Aliaga Pueyrredón, Aliaga Fernández Valdez, Aliaga Alippi, Martínez Zuviría Aliaga, Reyna Lazcano Aliaga, Aliaga Luque Ferreyra, Torres Bas Aliaga, Sarsfield Otero Aliaga, etc, etc. b) Juan Martín Pueyrredón Centeno, casado con su prima hermana Laura Trinidad Aliaga Pueyrredón. De ellos vienen los Pueyrredón Aliaga, Altamira Sánchez de Bustamante Pueyrredón, Echeverría Lazcano Pueyrredón, etc, etc. c) Jorge Silvio Pueyrredón Centeno, casado con María Laura Novillo Martínez (hija de Wenceslao Novillo Aliaga Agüero y Carranza y de Serena Martínez de Betancur Chaves y Carranza). d) Gustavo Pueyrredón Centeno, casado con María Catalina del Corazón de Jesús Moyano Navarro (hija de Belzor Moyano Mendoza y de María Navarro Ocampo). Con sucesión. e) Oscar Pueyrredón Centeno, sacerdote. f) Juan Carlos Pueyrredón Centeno, casado con Benjamina Rosa Olmos Gordillo (hija de José Severo de Olmos Aguilera y de Aida Gordillo Funes). B) María Angela Pueyrredón Martínez Carranza, casada con Simeón Segundo de Aliaga Carranza, nac. el 9-V-1847 y fall. el Pueyrredon

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20-II-1909. Magistrado Judicial (hijo de Simeón de Aliaga Etchegoyen Toledo Pimentel Carranza Avila y de Rufina Carranza Cáceres Cabrera Avila Villagomez Toledo Pimentel). De ellos vienen los Aliaga Pueyrredón, Martínez Aliaga, Lanza Castelli, Aliaga Pueyrredón Orortegui Aliaga, Aliaga Achaval Paz, Aliaga Luque Ferreyra, etc, etc. C) Carlos Pueyrredón Martínez Carranza, casado con María Isabel Argüello. Padres entre otros, de: a) Raúl Francisco Pueyrredón Argüello, casado con Laura Piattini Altamira. b) Carlos Pueyrredón Argüello, casado con Carolina Malbrán Avellaneda. c) Julio Pueyrredón Argüello, casado con Margarita Carrioni. d) Roberto Pueyrredón Argüello, casado con Raquel Almagro Paz. e) Lydia Pueyrredón Argüello, casada con Justiniano Gómez Medina. f) Hortensia Pueyrredón Argüello, casada con Miguel Angel Posse. g) María Isabel Pueyrredón Argüello, casada con Enrique Echenique Echenique (hijo de Ricardo Echenique Altamira Tejada y Sánchez Carrillo y de Matilde Echenique Echenique Arias y Becerra). De ellos vienen los Echenique Pueyrredón, Azpitarte Echenique, etc, etc. h) María Celia Pueyrredón Argüello, casada con Guillermo de la Fuente. D) Daniel Pueyrredón Martínez Carranza. Médico. Casó con su prima María Martínez Chaves (hija de Nicolás Martínez Carranza y de María Chaves). Padres de: a) Daniel Horacio Pueyrredón Martínez, casado con Rosa Rodríguez Gaete. b) Ernesto Pueyrredón Martínez, casado con su prima María Martínez. c) Adolfo Pueyrredón Martínez. d) Enrique Pueyrredón Martínez, casado con Adela Maggi. e) Luis Pueyrredón Martínez.

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f) Alfredo Pueyrredón Martínez, casado con Rosario Cafferata (hija de Juan Cafferata Garzón, Médico, Diputado Nacional, y de María Ignacia Piñero). g) María Estela Pueyrredón Martínez. h) Elena Pueyrredón Martínez. i) Genoveva Pueyrredón Martínez, casada con su primo José María Martínez Carreras (hijo de Luis Martínez Chaves y de Delia Carreras). j) Guillermina Pueyrredón Martínez, casada con Enrique Lavadie. E) Rosa Pueyrredón Martínez Carranza. Casó el 27-I-1875 con Julián Gil Moyano nac. el 30-X-1843 (hijo de Julián Gil Mercado y de Rosa Moyano Loza). De ellos vienen los Gil Pueyrredón, Gil Pueyrredón Martínez, Gil Pueyrredón Cordeiro, etc, etc. F) Angel Rafael Pueyrredón, fue hijo extramatrimonial de Juan Martín Tiburcio Pueyrredón Arredondo. Nació en Córdoba en 1844 y se casó en Bs. As. el 29-VIII-1872, en la Iglesia de la Concepción, con Juana María López Moscoso, nac, en 1847 y fall. en Bs. As. el 7-X-1900 (hija de Felipe Domingo López, Coronel de la guerra de la independencia, nac. en Bs. As. el 13IX-1797 y fall. en Luján en 1858, y de Ana Sánchez Moscoso Cuenca, nac, en el Cuzco, Perú; n.p. de Luciano López Camelo y de Clara González; n.m. de Miguel Sánchez Moscoso y de Josefa Cuenca). Falleció Angel Rafael Pueyrredón el 13-VII1885, en la estancia “La Aurora”, en el departamento Unión de Córdoba; la hacienda que pastoreaba en dicho campo pertenecía, por mitades, a Pueyrredón y a Manuel M. Lynch, casado éste con Manuela Simona Pereyra Pueyrredón, prima hermana de aquel socio. Del matrimonio Pueyrredón-López nacieron estos hijos: a) Luis María Pueyrredón López, nac. en Bs. As. el 5-VI-1873 y baut. en la parroquia de la Concepción el 25 de agosto siguiente, bajo el padrinazgo de Luciano López y de Ana M. de López “nativa del Perú”, abuelos paterno y materna del párvulo, respectivamente. Luis María fue Médico y fall. en Bs. As. el 5-VIII-1930. Habíase casado el 29-VI-1898 con Laurentina Arquidamia López Peluffo, nac. en Goya, Pueyrredon

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Corrientes, en 1880 y fall. en Bs. As. el 21-VIII-1954 (hija de Pedro Celestino López y de Encarnación Peluffo). Hubieron estos hijos: a1) Luis María Rafael Pueyrredón López, nac. el 21-VI1899 y fall. en 1968. Casó el 27-IV-1931 con Lía Encarnación Cilley Vieyra, baut. el 29-V-1907 (hija de José Cilley Vernet y de María Encarnación Vieyra Benavides). De ellos vienen los Pueyrredón Cilley, Pueyrredón Santamarina Barreto, Lanús Maschwitz Pueyrredón, etc, etc. a2) Raúl César Pueyrredón López, nac. el 13-VII-1900. Murió soltero. a3) Juana Pueyrredón López. Fallecida soltera. a4) Juan Martín Pueyrredón López. Falleció soltero. a5) Alberto Daniel Pueyrredón López, nac. el 19-IX-1903. Murió soltero el 9-XI-1930. a6) Horacio Angel Pueyrredón López, nac. en 1905 y fall. en 1985. Casó el 29-IV-1937 con Marta Bullrich Meyrelles (hija de Rafael Bullrich Ruano, Médico, Decano de la Facultad de Medicina y de María Laura Meyrelles Torres). Con sucesión. a7) Héctor Guillermo Pueyrredón López, nac. el 1-IX-1808. b) Celestina María Dolores Pueyrredón López, nac. el 16-IV1880 y fall. ocho meses después. 5) Juana Estanislada Pueyrredón Arredondo, baut. el 7-V-1814. Murió en la niñez. 6) Aurora Pueyrredón Arredondo, nac, en 1816. Testó en Bs. As. el 15-IX-1883, ante el Escribano Adolfo Pueyrredón — su sobrino 2º — y fall. al día siguiente de “cáncer al estómago”. Declaró por herederas universales a sus tres hijas habidas con Simón Pereyra Arguibel, a saber: A) Luisa o María Luisa Pereyra Pueyrredón, baut. el 30-V-1845 y fall. el 28-VI-1917. Casó con Luis Sebastián Benguria Dozal, el 31-V-1879. No tuvo hijos. B) Josefa Pereyra Pueyrredón, baut. el 25-VIII-1846 y fall. el 28XI-1932. Casó con Daniel Mac Phail Brandoy. Su hija Luisa Mac Phail Pereyra casóse con Carlos White Frías y prolonga

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descendencia: los White Mac Phail, Elizalde White, Mayer White, etc, etc. C) Manuela Simona Pereyra Pueyrredón, baut. el 7-VI-1849 y fall. el 20-V-1926. Casó el 22-IX-1868 con Manuel Modesto Lynch Sáenz Valiente, baut. el 5-VIII-1840 y fall. el 26-I-1896 (hijo de Antonio María Lynch y Roo y de Juliana Sáenz Valiente Pueyrredón — ver el apellido Lynch). De ellos vienen los Lynch Pereyra, Lynch Grondona, Frers Lynch, Lynch Quirno, Zorraquín Lynch, Lynch Gainza Thwaites, Lynch Uribelarrea, etc, etc. 7) Cesáreo o José Cesáreo Pueyrredón Arredondo, nac. en Córdoba y fall. en Bs. As. Casó y hubo hijos con Rudecinda Fernández, la cual de viuda pasó a 2as nupcias con Bernardo Bernardez. Aquellos hijos resultaron: A) Cesáreo Rómulo Pueyrredón Fernández, que casó con Ernestina Farías. Padres de: a) María Elena Pueyrredón Farías, que casó el 8-V-1890 en Bs. As. con Orestes de Olazabal Domínguez, baut. en Bs. As. el 28-VII-1869 (hijo de Orestes de Olazabal Ferrari y de Amelia Saturnina Domínguez Zaraza). Con descendencia. B) Angela Pueyrredón Fernández, nac. en 1868. Casó el 24-III1887, en la parroquia “del Pilar de la villa Independencia”, con Adolfo Waldemar Kirkerup, nac. en 1864 en Alemania (hijo de los teutones Andrés Guillermo Kirkerup y Luisa Kienig). Murió Angela en Bs. As. el 1-XII-1925 y dejó posteridad. 8) Eulogia o Josefa Eulogia Pueyrredón Arredondo, nac. en 1820 y fall. el 13-III-1907. Casó el 11-IV-1849 con Augusto Liliedal, nac. en Suecia, “Subteniente de línea del 3º Batallón de Patricios” — dice su partida matrimonial — “hijo legítimo de Carlos y de Ma. Lilgidahal” (sic). Testigos de la boda fueron Victoriano Aguilar, Ayudante del 3º Batallón antedicho, y Angela Arredondo, madre de la desposada. Hubieron por hijos a: A) Oscar Liliedal Pueyrredón, nac. en 1851. Periodista y político revolucionario radical. Casó 1º, el 30-XI-1876, en la Iglesia porteña de La Piedad, con Rudecinda Posse nac. en 1858 (hija de Daniel Tomás Posse y de Emilia Posse). Falleció Rudecinda en Buenos Aires el 15-XI-1891 de “peritonitis”; y Oscar

Pueyrredon

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contrajo 2as nupcias con María Ascasubi. Murió en La Plata el 13-VI-1901. Del 1er enlace nació: a) Sara o Sara Mercedes Martina Liliedal Posse, baut. en Bs. As. el 27-XI-1877 en la Iglesia de San Miguel. Ella fall. en 1969. Habíase casado con Rafael Castillo, Abogado, Diputado Nacional y Ministro del Interior del Presidente Quintana, nac. en Ancasti, Catamarca, en 1862 y fall. en Bs. As. el 31-X-1918 (hijo de Rafael Castillo y de Grimanesa Barrionuevo). De ellos nació Sara Castillo Liliedal. Del 2º matrimonio de Oscar Liliedal Pueyrredón provienen: b) Oscar Augusto Liliedal Ascasubi. c) Augusto Mario Liliedal Ascasubi, nac. el 1-VIII-1896, diplomático, que casó con Martha Haydée Isard. Con sucesión: los Liliedal Isard, Liliedal Sandstedt, etc, etc. d) María Nelly Liliedal Ascasubi. 9) Virginia o Catalina Virginia Pueyrredón Arredondo. Casó el 26-II1850 con el Coronel Cipriano Jorge. Ambos procrearon a los Jorge Pueyrredón: Cipriano; Eduardo, casado con Rosa Conesa; Elena; y Luis. VIf — Isabel María de los Angeles Pueyrredón y Dogan baut. en Bs. As. el 2-VIII-1787. Casó en la Iglesia porteña de La Merced, el 30-IX-1864, con Ruperto Albarellos, nac. en 1779 en la villa de Vigueras, Castilla la Vieja, provincia de Logroño (hijo de Juan Albarellos y de Paula Sáenz de Tejada). Fueron testigos de la boda Anselmo Sáenz Valiente y Juana Pueyrredón. Don Ruperto habíase radicado en Bs. As. por el año 1800. Colaboró en la reconquista y defensa de la ciudad cuando las invasiones inglesas. Asistió, mas tarde, el 22-V-1810, al Cabildo abierto, pero su voto no se registra en el Acta respectiva, lo que hace suponer que abandonó el recinto de las deliberaciones antes de los pronunciamientos finales. Los esposos Albarellos-Pueyrredón fallecieron en su morada de la calle “de la Universidad” — hoy Bolívar — 152 de la antigua numeración: doña Isabel a los 51 años cumplidos, el 2-III-1838, y su viudo a los 74 el 27-VII-1853. Procrearon los siguientes hijos: 1) Florencia Albarellos Pueyrredón, nac. el 10-II-1807 y fall. de parto el 28-X-1826. Habíase casado el 25-VIII-1825 con José Joaquín de 194

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Arana Andonaegui, baut. el 21-III-1795 y fall. el 4-II-1854 (hijo de José Joaquín de Arana Goyne nac. en Santo Tomás de Olavarrieta, Vizcaya, el 23-III-1750, Regidor de Bs. As., donde falleció el 30-I1810, y de Mercedes de Andonaegui Herrera Aguirre y Sotomayor, nac. el 5-X-1765 y fall. el 30-IX-1834 — casados en Bs. As. el 17-IX-1782). De viudo Arana Andonaegui pasó a 2as nupcias el 19-XII-1827 y hubo sucesión con María Petrona Demaría Escalada. Hijo de su 1er enlace resultó: A) Juan Bautista de Arana Alabarellos, nac. el 28-X-1826. Casó 1º el 21-V-1855 con Claudia Matea Díaz de Vivar y Rodríguez Pita (hija de Mariano Díaz de Vivar y Alzaga y de Carlota Rodríguez Pita Villanueva); y de viudo Arana pasó a 2as nupcias el 22-VII-1865, con Trinidad Obligado Tejedor, sin sucesión. Hijos del primer matrimonio fueron: a) Florencia Arana Díaz de Vivar, nac. el 19-VIII-1856. Falleció soltera. b) Carlota Juliana Arana Díaz de Vivar, nac. el 17-II-1858. Casó el 16-IV-1879 con Aureliano Domingo Bosch Cascallares, baut. el 10-IX-1838 y fall. el 31-VIII-1908 (hijo de Francisco Bosch Tort, nac. en Mataró, Cataluña, y de la criolla Dominga Cascallares Chaves). Son los padres de: b1) Aureliano Bosch Arana, nac. en 1882. Casó el 8-V-1909 con María Laura Escalante Reto, baut. el 21-XI-1886 (hija de Wenceslao Escalante, Ministro de Hacienda y de Agricultura del General Roca, y de Javiera Reto). De ellos vienen los Bosch Escalante, Bosch Somoza Peralta Ramos, etc. etc. b2) Carlos Francisco Bosch Arana, baut. el 26-IV-1884. Casó el 6-X-1923 con Emilia Ancell Barboza (hija de Carlos Federico Ancell y de Sara Barboza Zamudio). Con descendencia. b3) Guillermo Santos Mariano Bosch Arana, baut. el 13-I1886. Médico. Casó el 3-VI-1912 con Susana Mayol Zapiola, nac. el 26-V-1887 (hija de Ernesto Ventura Mayol Senillosa y de Lucila Zapiola Stegmann). De ellos vienen los Bosch Mayol, Bracht Bosch Mayol, etc, etc. b4) Florencia Carlota Bosch Arana, nac. el 23-VI-1887. Casó el 30-XII-1911 con Delfor del Valle Lazaza, Pueyrredon

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Médico. De ellos vienen los Barreto Tornquist del Valle Bosch, Barreto Ferreyra, Barreto Tormey Calderón, etc, etc. b5) Eduardo Bosch Arana, nac. el 18-XI-1896. Falleció soltero. c) Claudia Dolores Arana Díaz de Vivar, nac. el 16-VI-1859. Murió soltera. 2) Nicanor Albarellos Pueyrredón, nac. en San Isidro el 10-I-1810, y en esa parroquia, dos días después, lo bautizaron con los nombres de Nicanor Benito, apadrinado por Juan de la Grava — el paisano socio y amigo de su abuelo, el bearnés Pueyrredón — y por Juana Pueyrredón, su tía carnal. El hombre fue Médico afamado, socialmente ingenioso, mundano y lucido tocador de guitarra: “el rengo Albarellos” — según lo recuerda con afecto su concuñado Santiago Calzavilla en Las Beldades de mi Tiempo. Se casó 1º el 29-I-1842, en Montevideo con Adelina Lavalleja, nac. en 1826 (hija del jefe de los 33 Orientales, Brigadier Juan Antonio Lavalleja y de su mujer Ana Monterroso). Falleció Adelina en Bs. As. el 26-VIII1864, y mas tarde Nicanor pasó a 2as nupcias el 10-XI-1877, con Rosa Passo González (hija de Benito Passo Barreiro y de Rosa González Rosales). Hijo único de aquel 1º matrimonio resultó: A) Nicanor Benito Albarellos Lavalleja, nac. en París, que murió soltero. 3) Celestina Albarellos Pueyrredón. Casó con José Jerónimo Venzano Eslaguer, nac. en Génova. Fueron sus hijas; Isabel Venzano Albarellos, nac, en 1841 y Celestina Venzano Albarellos, nac. en 1849, casadas respectivamente con los hermanos Justo Pastor y 196

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Leandro Mamerto Lynch Sáenz Valiente. La descendencia de ambas y los antecedentes genealógicos de sus maridos se registran en el apellido Lynch. Manuela Albarellos Pueyrredón, casada con Juan Clímaco Rodríguez. Son los padres de Florencia Rodríguez Albarellos, baut. el 11-VIII-1842, y fall. el 13-X-1886, que casó con Juan Pablo Lynch Sáenz Valiente. Su sucesión se prosigue en el apellido Lynch. Victoria Albarellos Pueyrredón. Casó 1º con Rafael Ferreyra y en 2as nupcias con su primo Bernabé Sáenz Valiente Pueyrredón. De su 1er enlace provino Rafael Ferreyra Albarellos, marido de Policarpa Giménez; padres de Rafael Ferreyra Giménez casado con Vicenta Castro; y de María Ferreyra Giménez, casada con Carlos Llambí. Fruto de su 2º matrimonio fue Juan Pablo Sáenz Valiente Albarellos, muerto en la infancia. Carmen Albarellos Pueyrredón. Casó con Alberto Larroque, nac. en Bayona, Bajos Pirineos (hijo del Barón Marcelino Larroque, oriundo del pueblo de Larroque, en el Languedoc). Recibido en su patria de Doctor en Jurisprudencia, Larroque llegó a Bs. As. en 1841. Acá fundó establecimientos educativos y centros pedagógicos. En 1854 se le designó Rector del Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, fundado por Urquiza — donde fue alumno sobresaliente mi abuelo Federico Ibarguren. Poco antes de morir, el maestro ocupó una vocalía en el Consejo Nacional de Educación. Viudo de Carmen Albarellos pasó a 2as nupcias con Elena Prat. Falleció de un ataque apoplético el 8-VII-1881. Hubo de su 1er enlace a: A) Alberto M. Larroque Albarellos, nac. el 8-VIII-1848 y fall. el 28-X-1907. Abogado, Magistrado Judicial y literato. Enrique Albarellos Pueyrredón, nac. en 1818. Testó el 10-I-1873, ante el Escribano Adolfo Conde. Declaró ser soltero sin hijos, y haber criado y educado, desde su tierna infancia, una niña llamada Sara que llevaba su apellido, a la cual adoptó “a pesar de no unirme a ella vínculo ninguno de parentesco”. Al morir el causante, el 6-II-1873, única y universal heredera fue: A) Sara María Albarellos, nac. en 1856, que casó a los 17 años de edad, en la parroquia de la Catedral al Norte, el 25-X-1873, con Juan Battaglini, nac. en 1845, suizo, comerciante (hijo de los

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helvéticos Juan Battaglini y María Guidici). Fueron testigos de la boda; el Dr. Nicanor Albarellos, tutor de la contrayente, y Concepción P. de Basso. 8) Rafael Albarellos Pueyrredón. Falleció soltero. 9) Emilia Albarellos Pueyrredón, que casó con Francisco Vayo, y hubo este único hijo: A) Gabriel Vayo Albarellos, el cual se casó con Isabel María de Irigoyen Quesada, baut. el 5-III-1853 (hija de José de Irigoyen Sala y de Francisca Quesada Dolz — ver el apellido De la Quintana). Son los padres de: Gabriel; Francisco; Emilia; María Isabel, casada con Hume; Alejandrina, casada con Urdapilleta; Miguel; y Enrique Vayo Irigoyen Albarellos y Quesada. 10) Ruperto Albarellos Pueyrredón, que murió soltero.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, y Documentos y legajos de la Sala 9. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Archivo Parroquial de la Iglesia de La Merced. Baulnig, Olivier; Juan Martín de Pueyrredón, un fils de béarnais artisan de l’Independance Argentine, en el Bulletín de la Societe des Sciences Lettres et Arts de Pau, Tomo XXVI, año 1966. Y Bernadotte et l’Independance de l’Amerique méridionale, en el Bulletín du Musée Bernadotte. Nº 11, Diciembre de 1966. Y también Vues sur l’emigration des pyreneens au Rio de la Plata au XVIII siecle, Pau-Marrimpouey Jeune, 1970. Beccar Varela, Adrián; Juan Martín de Pueyrredón. Bs. As., 1924. Calvo, Carlos; Nobiliario del Antiguo Virreinato del Río de la Plata. Tomo VI. 1943. Compilación de Referencias Documentales, publicadas por la Dirección de Geodesia, Catastro y Mapa de la Provincia de Buenos Aires. Tomos I y II. La Plata, 1933-35. Documentos para la Historia Argentina; Padrones de la ciudad y campaña de Buenos Aires (1726-1810). Tomo X, año 1955; y Padrón de la Ciudad de Buenos Aires (1778), Tomo XI, año 1919. Facultad de Filosofía y Letras. D’Onofrio, Arminda; La época y el arte de Prilidiano Pueyrredón. Bs. As. 1944. Gammalsson Hialmar, Edmundo; Juan Martín de Pueyrredón. Bs. As., 1968. Guido, Tomás; Reseña Histórica de los sucesos de Mayo, Tomo I de Memorias y Autobiografías, publicado por el Museo Histórico Nacional. Bs. As. 1910. Lafuente Machain, Ricardo de; Los Sáenz Valiente y Aguirre. Bs. As. 1929. Lafuente Machain, Ricardo de; Pueyrredón visto a través de un copiador de cartas; 1802-1806. Separata del Anuario de Historia Argentina, 1939, editado por la Sociedad de Historia Argentina. Bs. As. 1940. Pueyrredon

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Lafuente Machain, Ricardo de; El Barrio de Santo Domingo, en Cuadernos de Buenos Aires, Nº X. Bs. As., 1956. Lazcano Colodrero, Arturo G. de; Linajes de la Gobernación del Tucumán. Tomos I, II y III. Córdoba, 1936, 1968 y 1969. Martínez Galvez, Miguel Angel; Los Pueyrredón, en la Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Tomo III. Bs. As, 1944. Sánchez de Bustamante, Teófilo; Biografías Históricas de Jujuy. Imprenta de la Universidad del Tucumán. San Miguel del Tucumán, 1957.

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Apéndice

Crónica de la Histórica Chacra de Aguirre en San Isidro (Hoy Museo Brig. Gral. Juan Martín de Pueyrredón) Pueyrredon

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Arrancan los antecedentes jurídicos — diré así — de la histórica chacra de mi bisabuelo Aguirre en San Isidro, del primer reparto de “tierras y cavallerías y huertas en la ribera del norte”, efectuado por Juan de Garay el 24-X-1580, a fin de premiar los servicios de sus esforzados compañeros de conquista, los cuales, trocados en pobladores — según expresó su Jefe —, “como cosa suya propia puedan en esas tierras edificar, así casas como corrales, y poner cualesquier ganados y hacer cualesquier labranzas que quisieren y por bien tubieren, y poner cualesquiera plantas y árboles, sin que nadie se lo pueda perturbar, como si lo hubieran heredado del propio patrimonio”, ya que esos hombres metidos debajo del estandarte real, “vinieron y están conmigo sustentando dicha población, (Buenos Aires) para cuyo asentamiento realizaron muchos gastos de sus haciendas y pasaron muchos trabajos de cosas que se han ofrecido”. La superficie de la chacra de que me ocuparé en esta reseña, en aquel deslinde inicial de nuestra costa salvaje, abarcaba tres fracciones sucesivas (de 400, 300 y 350 varas de frente, cada cual, por la clásica legua de fondo) que determinadas de norte a sur, el Fundador adjudicó a sus colaboradores Antón Roberto, Pablo Cimbrón y Rodrigo Gómez, respectivamente. (En términos generales, la antigua chacra que fuera vivienda campestre de mi bisabuelo — con la casa llamada de Pueyrredón y el algarrobo inmemorial — correspondió originalmente a la merced otorgada a Roberto; las siguientes quintas que pertenecieron a sus hijas Rosa Aguirre de Balcarce y Susana Aguirre de Gómez, derivaban de la “suerte” que recayó en Cimbrón; y la otra quinta lindera que fue de mi abuelo Manuel J. Aguirre, traía su origen en la fracción conferida a Rodrigo Gómez). En la nómina de aquellos repartimentos territoriales que hizo Garay, las tres chacras colindantes aludidas medían, en conjunto, 1.050 varas frente al río, por la invariable legua que se internaba en la pampa. Más tarde, la mayor precisión de los “pilotos” agrimensores rectificó la latitud primitiva de la línea de la barranca, que quedó reducida, exactamente, a 1.000 varas de anchura. Agregaré, a mayor abundamiento, que Antón Roberto — hijo de otro Antonio Roberto — fue un veterano conquistador llegado desde España al Paraguay con Alvar Núñez Cabeza de Vaca en 1541; que en la Asunción se convirtió en marido de una tal “doña Catalina”, 202

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y de allí salió con mis antepasados Ñuflo de Chaves y Gonzalo Casco a la conquista de los “Xarayes”. Después, con casi cuatro décadas de arraigo americano, el hombre se vino a nuestras playas con la gente de Garay; tal como los otros dos seguidores del caudillo: Pablo Cimbrón — Zimbrón o Simbrón — y Rodrigo Gómez, ambos paraguayos de nacimiento, “hijos de la tierra”, mestizos de capitán español e india guaraní. Esos tres camaradas de aventura — además de las chacras referidas y de campos para estancias que les adjudicó Garay al sud del Riachuelo — recibieron en la traza de la ciudad, que acababan de fundar, las siguientes demarcaciones: Antón Roberto, el solar que hoy forma la esquina S.E. a las calles Reconquista y Cangallo, frente mismo de la iglesia de La Merced, más una manzana para “quinta” encuadrada por las actuales calles Esmeralda, Lavalle, Suipacha y Tucumán; Pablo Cimbrón se vió dueño del solar que ahora hace esquina N.O. de las calles Sarmiento y San Martín, y de la manzana limitada por Cerrito, Lavalle, Tucumán y Libertad; y a Rodrigo Gómez le tocó el solar de la esquina N.E. a las calles Defensa y Venezuela, y la manzana que enmarcan las calles Lima, Méjico, Salta y Chile. Tiempo adelante, el “miércoles” 28-V-1582, al instituir Garay a sus hombres como encomenderos, puso en cabeza de Antón Roberto al cacique “Sallvanquén” con sus indios de nación “cabuxe”; y en la de Pablo Cimbrón al cacique “Yaguarec” con su tribu guaraní. Añado que este poblador fue padre de Pedro Cimbrón, maestre carpintero de oficio, designado por el Cabildo en 1616, junto con Mateo Domínguez y Domingo Herrera, para informar sobre el estado de la techumbre de la Iglesia Mayor de Buenos Aires; y los tres peritos, luego de prolija inspección, dejaron constancia que el templo podía venirse abajo en cualquier momento. Individualizados así los propietarios originales de aquellas chacras de la costa norteña, diré que, años más tarde, al terreno de Antón Roberto lo heredó un hijo suyo llamado igual que su padre. Dicho joven Roberto vino al Plata desde la Asunción, con su mujer María Barba, y aquí, en Buenos Aires, poseyó el viejo solar que hace hoy esquina al N.E. con las calles Sarmiento y Reconquista. Testó el 25-X-1605 y de esa disposición de última voluntad surge que el causante era — tal como el hijo del vecino Cimbrón — carpintero de oficio, ya que mandaba a sus herederos cobraran unos trabajos en Pueyrredon

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madera que había hecho, con dos mozos ayudantes suyos, en la chacra de Bermúdez, en el Río de las Conchas. Igualmente trabajó Roberto en las obras de la Iglesia Mayor de la ciudad, “hasta el punto en que está agora”, en puertas, ventanas y tiranterías y quizás en el labrado de algún altar. En cuanto a las dos fracciones contiguas a la de Roberto, que pertenecieron a Cimbrón y a Gómez, fueron a dar: la primera a poder de Leonor Rodríguez, en concepto de dote, al casarse con Pedro de Frías. Era éste, vecino de Buenos Aires desde principios del siglo XVII, o fines del anterior, en que llegó del pueblo de Alcocer, en Extremadura, donde había nacido (hijo legítimo de Juan Frías y de Beatriz Fernández de Valverde; hermano entero, por tanto, de Manuel de Frías, Teniente Gobernador del Paraguay). Fue Pedro Frías Regidor en el Cabildo porteño en 1608 y 1615 y Alcalde Ordinario en 1616; estuvo casado primeramente con Isabel de Sotomayor y, en segundas nupcias, con la antedicha Leonor Rodríguez. La otra fracción que fuera de Rodrigo Gómez, pasó después al dominio de Andrés Lozano, natural de Zurita de la Frontera, que vino a Buenos Aires con el Gobernador Valdés y de la Banda, y aquí casó con María Gómez de Saravia y Luis de Figueroa. El 16-IV-1604, Lozano intercambió su “suerte” (350 varas de frente y una legua de fondo, “que es en la Punta Gorda” y lindaba por una parte con “Pablo Simbrón” y por otra con tierras que fueron de Ambrosio Acosta) con Francisco Muñoz, quien a su vez, le entregó unas tierras que poseía en ambas bandas del río de Las Conchas. Era Francisco Muñoz, hijo de Francisco Muñoz Vejarano y de Ana Rodríguez, y consorte de Margarita de Escobar; y el mismo día que adquirió, por trueque, la chacra de Lozano, se la cambió a Manuel Dávila por “dos suertes” de éste, con la añadidura de 50 pesos. Así a partir del 26-IV-1604, quedó como dueño del viejo terreno de Rodrigo Gómez, Manuel Dávila, o de Avila Villavicencio (que testó el 5-IX-1645), hijo de Juan de Avila y de Blanca Luis, nativo de la Isla Terceira en las Azores, que llegara al Paraguay en 1595, casándose en la Asunción con Inés de Payva — acaso prima suya — hija del conquistador Pedro Luis y de Elena Fernández. Con posterioridad, las tres primitivas “suertes” “en la punta gorda, qués a tres leguas desta Ciudad”, pasaron al dominio de Gonzalo de Acosta, unificadas en un solo patrimonio, por haberlas 204

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comprado respectivamente a Pedro de Frías, el 22-X-1606, mediante el desembolso de 70 pesos, ante el Escribano Francisco Pérez de Burgos, cuya venta aceptó, el siguiente 4 de noviembre ante el mismo actuario, Leonor Rodríguez, esposa del vendedor, por ser el bien enajenado el que “a ella le dieron en dote y casamiento”; a Antón Roberto (hijo) y su mujer, el 9-XII-1609, por la suma de 100 pesos de plata corriente de a 8 reales, ante Martín de Marechaga; y a Manuel Dávila e Inés de Payva, el 3-XI-1629, ante Alonso Agreda de Vergara, por el precio de 100 pesos, a más de 80 fanegas de trigo en grano. Gonzalo de Acosta era portugués, nacido en 1570 en Lisboa, “hixo lexitimo” de Esteban de Acosta y de María González. Llegó a esta tierra con la comitiva del Gobernador Valdés y de la Banda en 1599. Aquí contrajo matrimonio el 30-IV-1605, con Mariana Bermúdez y cuando enviudó de ella pasó a segundas nupcias con Francisca de Melgarejo, viuda de Blas de Mora e hija del famoso conquistador Ruy Díaz Melgarejo y de una “doña Clara”. El 9-VI1608, registró Acosta en el Cabildo porteño su hierro de marcar ganado, que tenía forma de una X. Fue comerciante en todos los ramos, importador de mercaderías, acaso contrabandista. Figura su nombre entre los “últimos pobladores” en la lista de “permisiones” de 1615, otorgadas a los vecinos de categoría, para exportar frutos del país: harinas, cueros, grasa, sebo, tasajo. Cuando murió, suscitóse un pleito en su testamentaría entre su hijo y los hijos del primer enlace de su mujer — pleito que fue estudiado por el historiador Raúl A. Molina —, donde uno de los testigos declaró que Gonzalo “era hombre pobre que se sustentaba de su trabajo con un rancho y una chacarilla en Monte Grande, sin otros bienes, y que con los bienes que trajo su segunda mujer se enriqueció”. La “chacarilla” tenía “una atahona y (Acosta) se sustentaba yendo en persona al monte para hacer madera y carbón para establecer una viña”. Después de casarse con la Melgarejo, el hombre se hizo rico y, más tarde, compró una estancia en la Cañada de Escobar, lo que le permitió acrecentar su fortuna, para luego disiparla, en gran parte, en el juego. Cuando la aplicación del edicto contra los portugueses, a causa de haberse levantado éstos en su patria para separarse de España, nuestro personaje resultó desterrado de Buenos Aires. El registro de los expulsos que levantó el 6-I-1643 el Gobernador bonaerense Jerónimo Luis de Cabrera (nieto), incluye a “Gonzalo de Acosta, Pueyrredon

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natural de Lisboa, de setenta y tres años, labrador; está casado con doña Francisca Melgarejo, hija y nieta de conquistadores y pobladores de estas provincias; tiene unas casas de su morada en esta ciudad, chácara y estancia poblada con mil cabezas de vacas y quinientas ovejas, seis esclavos chicos y grandes; que todo ello y el demás caudal que tiene valdrá cinco mil pesos; y le dieron en dote los mill dellos; y tiene un hijo de trece años; ha cuarenta y cinco que entró en este puerto con el gobernador don Diego de Valdés y de la Banda”. Por lo demás se le incautaron estas armas: “una espada negra vieja y una punta”. Seguidamente el lusitano en desgracia, con un grupo de paisanos suyos, fue despachado a Santa Fe, para internarlo luego en la ciudad de Córdoba del Tucumán. Ahí, nueve años más tarde, Gonzalo de Acosta enfermo en trance de muerte, dispuso su testamento el 24-VIII-1652, por ante el Escribano Público y de Cabildo Juan Albarracín Pereyra. En dicha escritura, el causante declaró poseer “una chacra poblada con casas y arboleda en el Pago del Monte Grande, que tiene tres suertes de tierra y ochocientas obejas, y quatro Esclavos negros y negras, otras alajas de casa y cosas del servicio de dicha chácara”. Declaró, asimismo, el testador, no haber tenido más que “un hijo lexítimo mio y de la dicha mi muger Doña Francisca Melgarejo”, llamado Esteban de Acosta, al que instituyó por universal heredero. Una vez fallecidos sus padres, quedó como legítimo dueño de las tres fracciones unidas en el pago “del Monte Grande”, Esteban de Acosta; mozo de 25 años de edad (lo bautizaron el 1-XI-1628), quien no llegaría a disfrutar los bienes de su hijuela, ya que a los pocos meses, “enfermo de cuerpo”, moriría él también, previo dejar firmado ante el Alcalde Ordinario Fernando Nuño del Aguila, el 12-XI-1652, su testamento; por el cual dejaba, entre otras propiedades, la “chácara que está en el Pago del Monte Grande, poblada de Casa y arboleda, viñas y olivares”, a su hija Clara Melgarejo — apellidada como su abuela —, niña de 5 años, habida en su matrimonio con Isabel de Pasos. Y apenas transcurridos siete días del deceso de Esteban, la chiquilla dejaba de existir, por lo que el dominio de los tres terrenos limítrofes que interesan a esta historia recayó en la viuda y madre de ambos difuntos: Isabel de Pasos (hija legítima del Capitán Cristóbal Rodríguez y de María de Sosa), quien no demoró mucho en contraer segundas nupcias con el Sargento Mayor Manuel Ferreyra de Aguiar. 206

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Fue Ferreyra de Aguiar un personaje distinguido entre el vecindario porteño de su tiempo. Nativo de Córdoba del Tucumán, hijo de Manuel Ferreyra de Aguiar y de Inés Caballero (bisnieta del conquistador Alonso Díaz Caballero, que “entró” desde el Perú en 1549 con Núñez de Prado), nuestro Manuel habíase radicado, en ejercicio de su profesión castrense, en la ciudad de La Plata, hasta alcanzar el grado de jefe, vale decir de Sargento Mayor. En Buenos Aires, ocupó en distintas épocas los cargos de Regidor, Alcalde Ordinario, Alférez Real, Fiel Ejecutor y Juez de Menores en el Cabildo; sin perjuicio de haber sido también, un tiempo, el abastecedor de carne de la población urbana, servicio público que se practicaba previo remate (licitación) capitular y donde el concesionario siempre hacía su buen negocio. Por lo demás, el 2-IX1664 presentó Ferreyra de Aguiar, al Ayuntamiento, una petición para que se le declarase “accionero”, a fin de poder “baquear dos mill bacas” que se habían alzado “de la estanzia que llaman de Escobar, que fué de Esteban de Acosta”, en el río Luján, licencia que despachó favorablemente la corporación municipal. Y más tarde, en 1668, Ferreyra solicitaba de nuevo “licencia para poder ir al campo a hacer grasa y sebo y matar para ello cantidad de quinientas vacas de ganado simarrón”, bajo constancia de que su derecho a la “acción” lo compartía con “Doña Isabel de Pasos”, su mujer. Cerca de treinta años disfrutaron Ferreyra de Aguiar e Isabel de Pasos aquella heredad pastoril, desde cuyas barrancas se divisaba el río. Y al testar la señora, el 16-VII-1681, ante el Escribano Juan Mendes de Carvajal, resolvió dejarle a su marido esa “chácara que cáe a tres o quatro leguas de esta ciudad en el Pago del Monte Grande, con todos sus aperos, y como hasta oy la hemos posehido, para que la posea y goze por los días de su vida, sin poderla vender, ni enagenar”; y después de muerto Ferreyra, “mando pase la dicha posesión y uso a las hijas de mi hermana Doña Juana de Pasos (casada con Diego Ferreyra hermano, a su vez, de su marido) … y que mis sobrinas (Isabel, María y Ana) dividan su propiedad por iguales partes”. Tras esto no bien acabó la vida de Isabel de Pasos, decretóse el inventario de sus bienes, y al constituirse el Alcalde Fernando de Sosa y Terra para efectuar esa diligencia en las “tres series de tierra en que está poblada la chacra con monte, arboleda, frutales, que será de dos quadras en quadro”, encontró allí “la casa principal que se compone Pueyrredon

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de una sala, dos aposentos con las maderas bien tratadas, puertas y ventanas, serraduras y llaves”. Así pues, al haber encaminado la causante sus pasos hacia el otro mundo, la nuda propiedad de las tres “series” de chacra en el Monte Grande, se adjudicó a Manuel Ferreyra de Aguiar, “para todos los días de su vida”. Y cuando el fallecimiento de ese Sargento Mayor se produjo, las sobrinas de su esposa, y suyas, heredaron aquellas tierras fraccionadas en esta forma: a Isabel de Pasos Ferreyra, casada con el Capitán Juan de Illescas, le tocó la primitiva merced que fue de Antón Roberto; a María Pasos Ferreyra, la que perteneció a Cimbrón; y a Ana Pasos Ferreyra aquella inicialmente otorgada a Rodrigo Gómez. Esta división, sin embargo, no se prolongaría por mucho tiempo, ya que los cónyuges Illescas-Pasos reunieron de nuevo las partes originales de aquella finca en una sola unidad. En efecto: el 22II-1703, ante el Escribano Francisco de Angulo, Juan de Illescas — que poseía la “suerte” de Roberto — adquirió, de cada una de sus cuñadas, las otras dos fracciones que habían pertenecido en 1580 a Cimbrón y a Gómez. Juan de Illescas y Nieto Agüero — tal el nombre completo del propietario de toda la chacra en 1703 —, fue hijo de Jerónimo de Illescas, natural de Granada, y de Petronila de Agüero, oriunda de Buenos Aires; nieto paterno de Alonso de Illescas y de Ana Nieto. Habíase casado con Isabel de Pasos Ferreyra el 19-VII-1693, y era, sin duda, un hombre caracterizado en el ambiente porteño de su época. En 1718 el Cabildo le adjudicó 3.000 cueros de toro, en la distribución hecha entre un grupo de vecinos participantes de la cuota destinada al “Asiento” negrero de Inglaterra; compañía, esta, que trocaba los pellejos y untos de nuestra hacienda cimarrona por esclavos africanos importados directamente de Angola. Por eso, durante años, Illescas no cesó de presentar al Cabildo memoriales y solicitudes de licencias para hacer sus recolecciones de grasa y sebo en “la otra Vanda del Rio”: las famosas vaquerías en el hoy territorio uruguayo, a fin de completar aquella partida de corambre que se llevarían los monopolistas ingleses de la “trata”. El 17-X-1725, ante el Escribano Joseph de Esquivel, Juan de Illescas y su mujer Isabel de Pasos Ferreyra, vendían a su yerno el Capitán Cristóbal Cabral — marido de Juana, hija de ellos — la 208

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“chacra que tienen y poseen en el pago de el Montegrande, tres o quatro leguas de esta ciudad, y se compone de Casa, Cosina y Montes de Árboles frutales … con mil varas de tierras de frente, y el fondo que les corresponde”. Incluíanse en la venta “una piedra de taona con su herraje, un carretón con diez bueyes, una mesa y una caja”, que se encontraban en la finca. Evidentemente, el Capitán y futuro Maestre de Campo Cristóbal Cabral — hijo de Juan Cabral de Melo y de Ana de Saravia — cumplió durante su vida militar una actuación importante al servicio de su Rey y de sus paisanos rioplatenses. Nativo de Buenos Aires, se casó primero, en 1717, con Juana Maciel del Aguila, y fallecida ésta, contrajo segundas nupcias, el 5-III-1720, con Juana de Illescas Pasos. Fuera de sus actividades marciales rutinarias, don Cristóbal participó desde 1724 — al igual que su padre y su suegro — en las vaquerías de la Banda Oriental, con una asignación de 3.000 cueros que debían cubrir la cuota del Asiento de Inglaterra. Estas faenas ganaderas y aquellas disciplinas castrenses no lo alejaron de su chacra ni de los intereses “del Monte Grande”: El 5-II-1737, “Xptoval Cabral”, por sí y demás vecinos “del pago de la Costa”, reclamó ante el Cabildo porque el Gobernador Salcedo — a fin de cortar el contrabando con los portugueses — había dado orden “al cabo de la Guardia de Las Conchas”, mandara “aserrar” todas las canoas que fondeaban allí; con grave daño — según Cabral — “para los vecinos que trafican las Yslas del Paraná para abastezer esta ziudad de leña, carbón y todo género de maderas, para la fábrica de todo género de casas, corrales de campaña y cercos de las sementeras”. Tanto afectaba esa drástica medida a los moradores de la ciudad, que se hacía imperioso dejar sin efecto dicha serruchada general de canoas, “dexando libres al traxin las de aquellos vecinos conocidos y arraigados, para que estos respondan por los cargos que se les hicieren”. El razonable petitorio de Cabral determinó al Ayuntamiento resolver, equitativamente, el problema de marras, tan perjudicial a la economía de los ribereños del “Monte Grande” y Las Conchas. En 1741, el estado de la campaña bonaerense era lamentable. Continuos malones de indios asolaban las estancias para robar miles de cabezas de ganado, matar a los valientes pobladores de aquellos reductos civilizados, y llevarse, cautivos, hasta el fondo del desierto, a Pueyrredon

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las mujeres y los niños cristianos que sobrevivían a los saqueos. Hacíase indispensable, por tanto, aplicarles a los infieles un escarmiento ejemplar; sobretodo después de las audaces incursiones que estos efectuaron, ese año, por los campos de Luján y la Magdalena, y por la noticia que se tuvo en la ciudad de que gran número de salvajes había pasado la frontera de Chile, dispuestos “a matar a todos los que encontraren, y robar de todas partes”. Así, al mando del Maestre de Campo Cristóbal Cabral, se movilizó con rapidez un contingente de más de 500 hombres, “armados y prebenidos”, los cuales, como suplemento de su equipo habitual, llevaban carabinas, fusiles, bayonetas, pistolas, espadas y otros implementos guerreros, prestados por el jefe de la escuadra española surta en la Ensenada de Barragán; a más de dos cañones, seis “pedreros” de acompañamiento y las caballadas y bagajes necesarios. Con esa tropa — que acaso el comandante concentrara en su chacra “del Monte Grande”, antes de correrse para el sur — partió Cabral en los últimos días de septiembre, internándose en la pampa hasta las sierras de Cairú (Sierra Chica) y de Casuatí (de la Ventana), “donde nunca havían llegado los españoles”. Y ahí, en plena guarida de los puelches, selló las paces — que resultaron precarias — con el cacique “Cangapol el Grande” — dicho también “Bravo” — y demás jefezuelos de las tolderías de Tandil y de Cairú. En 1745 — por encargo del Cabildo que monopolizaba esos yacimientos — el Maestre de Campo Cabral dirigió una expedición a las Salinas Grandes (ahora en el departamento pampeano de Atreucó), integrada por numeroso personal de peones y milicianos en una caravana de 155 carretas que volvieron abarrotadas de sal para abastecer a la ciudad. Nueve años más tarde, en 1754, dicho Comandante estaba otra vez en la frontera: el 1º de noviembre sostuvo un combate con los indios en el que murieron 16, amén de 2 prisioneros, “los cuales dixeron que los demaz yndios están en las Salinas”. Ello hizo que Cabral despachara una partida de soldados en defensa de los convoyes del gobierno que se aventuraban por esos andurriales. Poco después — 1756 — nuestro hombre, que tendría sus 60 años cumplidos, renunciaba al empleo de Maestre de Campo, poniendo así término a su vida militar. Al seguirlo a Cabral en sus andanzas por el desierto, me alejé de su chacra predestinada para la historia, que en un censo de 1726, 210

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practicado por el Teniente José Jacinto Valdivia y Vergara, de orden del Gobernador Bruno Mauricio de Zabala, figura como “chacra del Cap. Xptobal Cabral, en el Pago de la Costa”, y con la anotación de que el censista sólo encontró en ella “a sus esclavos, quienes dijeron estaba su amo en el Pueblo, y no supieron dar rasón de los españoles que tenía (el amo) en la otra banda”, parando inmensos rodeos y desjarretando reses en profusas vaquerías. Y en el Padrón posterior de 1744, que mandó levantar el Cabildo, la finca de referencia aparece como: “Estancia poblada en tierras propias del Maestre de Campo Cristóbal Cabral, en la costa del monte grande”, en cuya casa vivían, entonces, el capataz Miguel, indio que frisaba en los 50 años, y un mulato esclavo llamado Juan Castro, de 60, viudo con cinco hijos: Domingo de 20 años, Francisco de 16, Valentín de 10, Agustina de 8 y Clara de 18, respectivamente. Testó Cristóbal Cabral el 23-II-1762, ante el Escribano Francisco Xavier Conget, en el Registro de su colega Juan Antonio Carrión. En dicha escritura, el infrascripto declaró ser casado con Juana de Illescas, en la que hubo por hija legítima a Antonia Cabral Illescas, a la sazón monja en el convento porteño de Santa Catalina de Siena. También el testador reconoció a un hijo bastardo: Juan Cabral de Melo; y entre sus bienes dijo poseer aquella “chacra en el Pago de la Costa, con mil varas de frente y una legua de fondo, la que compré a mi suegro don Juan de Illescas”. Ocurrida la muerte del causante, esa chacra y demás propiedades de su sucesión, por orden del Juzgado Eclesiástico se remataron el 10-XII-1770, resultando adquirente del predio “en el Pago de la costa de San Isidro, cuio terreno se compone de mill baras de frente y una legua de fondo”, el Doctor José Luis Cabral, pariente muy lejano de don Cristóbal, ya que éste resultaba primo segundo del abuelo de aquél. A diferencia de su remoto tío, el Doctor José Luis Cabral no empuñó nunca la espada, pero como Abogado de la Real Audiencia que era, solía revestirse con ancha capa negra y la clásica golilla almidonada de los legistas. Sus actividades fueron, así, eminentemente civiles. Ocupó, en 1788, la Asesoría de Guerra en forma interina; en 1790 fue Alcalde de 2º Voto del Cabildo, y volvió a integrar ese cuerpo como Regidor en 1794.

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En una relación documental publicada por Antonino Salvadores (Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras, nº 47-48), bajo el título de Los caminos de la Costa de San Isidro, encuentro que el 16-X-1779, los pobladores del Pago de Monte Grande — entre ellos José Luis Cabral — presentaron un escrito al Virrey Vertiz, con motivo de los perjuicios que les traían los varios caminos, huellas y sendas que atravesaban, en todos sentidos, a las chacras de la costa. Esto había movido a dichos pobladores a solicitar un pronunciamiento de la autoridad sobre si los caminos señalados en el viejo padrón “eran suficientes para el cómodo tránsito y transporte entre San Isidro y las Conchas, o si era necesario abrir otro camino, y, en tal caso, que se indicase el rumbo y distancia a que debía pasar de la barranca”. Considerada la petición en el Cabildo, sus miembros requirieron el dictámen del Síndico Procurador Marcos José de Riglos, quien en su informe estampó el siguiente juicio acerca de San Isidro, que vale la pena transcribir: “El pago de la costa de San Isidro es la despensa de esta ciudad, porque es sin duda el que provee no sólo de trigo, miniestras y berduras, más que otro alguno, sino de pescado y de la fruta primera de durasnos, sandías y melones; leña, carvón y toda la madera y demás frutos que se conduzen de Santa Fé, Corrientes y toda la provincia del Paraguay. Es asimismo, por su amenidad y ermosura, la conbalecencia de los enfermos y la diversión de los sanos que de esta ciudad ban a gozarla en los tiempos buenos”. Y en otro dictamen posterior, agregaba Riglos: “los dueños de tierras de la costa de San Isidro (entre los que se contaba él, propietario de los terrenos que cien años después serían de Angel Pacheco, en Martínez) han edificado sus casas y poblaciones sobre la misma barranca del Río de la Plata, donde tienen su frente las suertes de Chacra de aquel Partido, con el objeto, sin duda, de disfrutar del saludable temperamento de los aires húmedos del Río, junto al recreo de la vista y de la comodidad de tener a la mano quanta agua es menester, assí para el uso de la gente y ganados de labor, como para la fábrica de casas y tapiales”. Debido a esto, “abrieron los vezinos, de tiempo inmemorial, un camino dirigido sobre la misma barranca … por el que logran la proporción de proveerse, dentro del día, de quanto necesitan … Por el contrario — sigue Riglos — se retardarían estos recursos … si huviera de alejarse azia el fondo de las suertes de 212

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tierras el camino que oi corre sobre la barranca del Río. Por estas consideraciones se hace forzoso reparar el camino antiguo sobre la barranca, por donde han biaxado siempre hasta la Capilla de San Isidro … para que no sientan el perjuicio de tener que dar bueltas perjudiciales al comercio y tráfico de los frutos que produse aquel Partido y se recogen en las casas pobladas sobre la barranca”. Tales gestiones y argumentos dieron lugar a que el Virrey Vertiz ordenara reconocer las tierras de la costa y levantar un plano — que confeccionó el brigadier Joseph Custodio de Saa y Faría, en julio de 1781 — en el que resultaron trazados, tal cual corren ahora, los dos caminos reales “que se dirigen de la quinta de Don Pedro Medrano (hoy cortada por la Avenida General Paz dentro del linde de la Capital Federal con Vicente López) hasta la Capilla de San Isidro”; tanto el que “va por arriba de las lomas”, cuanto “el del bajo que pasa por la Punta de los Olivos”. En 1794, el vecino “de la costa” Doctor José Luis Cabral, en su carácter de Regidor, hizo conocer al Cabildo un informe acerca de las dificultades que se oponían al desarrollo de la agricultura en aquellas chacras, cuyas conclusiones resultaban el fruto de su experiencia en los laboreos que efectuaba en su predio sanisidrense. “No sólo se deben tener por Labradores los que empuñan la mancera — dijo Cabral — sino también los que labran las tierras por sus criados y familias como el exponente” … “Motivan la decadencia de los Labradores … el haverse convertido en estancias las tierras que, desde la fundación de esta ciudad, se han dedicado para la labranza, manteniéndose más animales que los que son necesarios”. Los chacareros “tienen tal inclinación y apego a estas haciendas que, por no desprenderse de ellas, miran con indiferencia aún el daño que diariamente experimentan sus propias sementeras … Las tierras de labranza están inundadas de gente ociosa y mal entretenida … Lo que más contribuye a la general decadencia de este gremio, son los excesibos salarios que reportan los peones al tiempo de la cosecha de trigo, ganando cinco o seis reales al día, no mereciendo, muchos de ellos, la mitad, dejando como dejan lo más del trigo en el rastrojo por su mucha decidia, sin que los Labradores puedan remediarlo, viéndose, como se ven, en la dura necesidad de disimular y contemplarlos, por que no los abandonen (los peones) como lo hacen por qualesquier leve motibo”. Y el documento proponía finalmente al Pueyrredon

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Cabildo una serie de medidas concretas, conducentes a resolver los problemas de siembra, cultivo, cosecha, almacenaje y colocación de los productos de la tierra. Tres años más tarde, en 1797, a los 64 de su edad, moría José Luis Cabral, después de haber disfrutado de la chacra “del Pago de la Costa de San Isidro” durante casi tres décadas. En esa lapso — 1770 a 1797 — creo yo que mandó construir (en el mismo sitio arbolado con frutales, sobre la barranca, donde se alzó primero un “rancho” y luego “casas” y luego una “casa principal con sala y dos aposentos con las maderas bien tratadas y cocina y taona”) el amplio caserón cuya planta fundamental experimentaría, en posteriores épocas, las sucesivas reformas y modernizaciones introducidas por Tellechea, Pueyrredón y Manuel Aguirre. Por los demás, el Doctor Cabral tuvo morada propia en Buenos Aires, en “la calle de la Merced”, “en la acera Norte de la bajada del rio”. Allí vivió con su mujer, María Josefa Baygorri, con sus hijo y una docena de esclavos, negros y mulatos de ambos sexos y distintas edades. En 1806, durante cuatro días — del 5 al 9 de agosto —, la chacra de los herederos de Cabral se convirtió en escenario de la historia grande. A sus tierras empapadas y azotadas por los chabuscos de un persistente aguacero que traía el viento del río, llegó Liniers desde Las Conchas, donde desembarcara la víspera, al frente de aquella división de 1.300 hombres que organizó en la vecina orilla para desalojar a los ingleses invasores de Buenos Aires. En el lugar donde hoy se encuentra el Club Atlético San Isidro, a la vera del camino real, instaló su vivac; en tanto el jefe y la plana mayor buscarían cobijo, probablemente, en la casona de la finca, asentada en la cresta de la barranca. Aquellos milicianos fatigados, cubiertos de barro, se detuvieron en la chacra de los Cabral para tomar aliento, encontrar reparo contra la lluvia, abastecerse de carne fresca, y desensillar los caballos “hasta que aclare”. Ahí, en el campamento sanisidrense, Liniers tomó importantes disposiciones de carácter militar: tales como nombrar a Gutiérrez de la Concha segundo jefe de la expedición; a Juan Martín de Pueyrredón — que empezó a conocer la fama en el mismo sitio en que moriría cuarenta y cuatro años más tarde — comandante de los voluntarios de caballería; y a Martín Rodríguez encargado de las patrullas exploradoras. Por fin, no bien amainaron los chaparrones y 214

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se disipó la tormenta, el 9 de agosto — luego de haberse incorporado unos 200 paisanos y otros dispersos que combatieron en Perdriel —, Liniers y su hueste reanudan la marcha rumbo a la Chacarita, por donde penetran en la ciudad para dar comienzo al ataque reconquistador. He aquí el honroso nombramiento de Comandante General de Caballería a favor de Pueyrredón, que redactó y firmó Liniers en el “campamento de San Isidro” el 6-VIII-1806: “Don Santiago de Liniers y Bremond, Capitán de Navio de la Real Armada, Caballero de la Orden de San Juan, Comandante General de Mar y Tierra del Ejército nombrado en Montevideo para la reconquista de Buenos Aires. Por cuanto don Juan Martín de Pueyrredón natural y vecino de Buenos Aires, desde la ocupación de esta ciudad por los ingleses se propuso y comprometío á poner todos los medios que su amor al rey, su patriotismo y acreditado valor le sugiriesen, para logra reunir á su costa y minsión, fuerzas y arbitrios con que hacer una vigorosa repulsa á los enemigos de la corona; lo que conseguido, sostuvo en el campo llamado de Perdriel la acción con un muy corto número de voluntarios el día 1º de agosto del presente año; en que logró destrozar en parte al enemigo; en número de seiscientos setenta y dos hombres, y quitarle un carro de sus municiones de en medio de su artillería, y que retirados estos, tratando siempre de reunirse con su gente al cuerpo de mi ejército, pasó inmediatamente en persona á la Colonia, después de dejar á la espera de nuestra expedición sus partidarios con las prevenciones y preparativos que debían facilitar el desembarco del ejército, que en efecto se verificó, disfrutando los auxilios de un tan buen patriota: vengo por todos estos hechos, que acreditan su celo, pericia y valor, en nombrarlo Comandante General de todos los voluntarios de caballería ligera, que tenía reunida y trajo á mi campamento de San Isidro, y mando á todos los individuos de mi ejército, lo reconozcan y le guarden como a tal todas las prerrogativas y exenciones que le corresponden por razón de este nombramiento que le hice extender firmado de mi mano y sellado con el de mis armas. Santiago Liniers”. Dos años más tarde, en trámite todavía la sucesión de José Luis Cabral, en el Juzgado de 2º Voto a cargo del Alcalde y Juez de Menores José Ramón de Ugarteche, la viuda del causante, María Josefa Baygorri, albacea, tutora y curadora de sus hijos, el 31-V-1808, Pueyrredon

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por ante el Escribano Mariano García Echaburu, vendió a Francisco de Tellechea, “del comercio de esta ciudad”, todo el frente de la chacra que quedó por muerte del marido, situada en la costa de San Isidro, cuyo frente se compone de mil varas, con todo lo edificado en ella y comprendido bajo sus cercos hasta el río”. Vale decir, que en tal oportunidad Tellechea adquiría únicamente las 1.000 varas delanteras de la chacra, con vista al río, y su fondo que llegaba solo hasta “el camino que va a San Isidro” — o sea hasta la que después fue Avenida Manuel Aguirre, hoy día del Libertado General San Martín —, antiguo camino real flanqueado de cercos vivos, claramente demarcado, en el plano del Brigadier Saa y Faría del año 1781, donde el inmueble referido figura como del “Doctor Cabral”. La venta a Tellechea se efectuaba por el precio de 3.000 pesos de plata corriente, “siendo a cargo del comprador el pago de los derechos de alcábala y escritura, y también darle a la vendedora una Carreta con cuatro Bueyes para el servicio, sin interés alguno”. El 2-V-1810, fallecida María Josefa Baygorri, sus hijos mayores de edad, presbítero Manuel y Francisco Cabral, y los otros herederos menore, Pablo, María Eulalia, María Josefa y María Antonia Cabral y Baygorri, representados por el Regidor y Defensor de Menores Santiago Gutierrez, vendieron al mismo Francisco de Tellechea, por ante Tomás Boyso, el resto de la chacra antedicha — que ahora arrancaría desde el ángulo N.E. del Club Atlético San Isidro, y, en el extremo opuesto, la esquina S.E. de las calles Libertador General San Martín y Perú, hasta dar con la línea terminal del campo del Jockey Club, o sea en el camino que se llamó “del fondo de la legua”. En lo esencial dice aquella escritura: “que en virtud de la providencia expedida en el Juzgado de 2º Voto, por la que se aprueba esta venta de la Chacra, tratada con don Francisco de Tellechea, por el valor de su justa tasación (3.000 pesos plata), vienen (los herederos de Cabral) a venderle (a Tellechea) unos terrenos para chacra situados en la costa de San Isidro, y se componen de 1.000 varas de frente por 5.800 de fondo que deben contarse desde el camino real que va a San Isidro por los cercos de la Quinta de dichos finados, bajo los mojones que con anterioridad estan fijados … Este terreno lo hubo el finado Doctor José Luis Cabral por compra que hizo por pública almoneda, el 10 de diciembre de 1770, ante el Juzgado Eclesiástico de los bienes de don Cristóbal Cabral y doña 216

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Juan Illescas, y es el título por donde le corresponde a dicho finado y a sus herederos vendedores”. Así, en el memorable mes de mayo de 1810, el rico mercader vascuence transplantado en Buenos Aires, Francisco de Tellechea, unificaba para su dominio la heredad más importante de San Isidro. Del valle de Olano, municipio de Cigoitía, en Alava, provenía este Tellechea (teilla: “teja”; etxea: “la casa”), de solariega “casa de teja” (hijo de Francisco e Ignacia Echaniz); y acá, entre nosotros — después de atesorar una fortuna en el comercio —, formó su hogar casandosé en tres oportunidades: primero con Matea Gerónima Caviedes y Pizarro, en segundas núpcias con María Manuela de Lezica y Vera, y en tercer término con Mariana Ballesteros Formosel; procreando con dichas señoras once vástagos. Seis hijos hubo el prolífico vasco con Matea Caviedes, entre estos María Calixta (Mariquita), futura esposa del General Pueyrredón; dos con María Manuela de Lezica, y tres con Mariana Ballesteros Formosel. A más de afortunado negociante, Francisco de Tellechea Echániz, fue Regidor del Cabildo porteño en 1777 y 1809, y Alcalde de 2º Voto en 1805. Empero, producidos los sucesos de 1810, el hombre se retrajo disconforme a la vida privada, reticente con aquellos que trataban de implantar aquí “el nuevo sistema”. A fines de junio de 1812, el gobierno aseguró haber desbaratado un complot que intentaba derribarlo para torcer el rumbo de la revolución. Gran número de españoles de positivo ascendiente entre el vecindario y algunos criollos de escasa categoría — como aquel pintoresco Atanasio Duarte, el del brindis a Saavedra que exasperó a Moreno — fueron detenidos. Martín de Alzaga, Alcalde famoso en históricas jornadas; Fray José de las Animas, prefecto de los Bethlemitas; Felipe Sentenach, el bravo catalán de las invasiones inglesas; nuestro Francisco de Tellechea, Matías de la Cámara, yerno de Alzaga, los clérigos Salas y Sopeña y muchos individuos más, aparecian complicados en el proceso. En medio de un verdadero aluvión de delaciones irresponsables, traidas y llevadas por esclavos y sirvientes, no pocos habitantes de la ciudad, a merced de cualquier venganza, vivieron momentos de terror. Los negros esclavos de su chacra y un indio capataz de la barraca donde acopiaba cueros, fueron quienes perdieron a Francisco

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de Tellechea, en aquel escarmiento tremendo que pasó a la historia como “conspiración de Alzaga”. Detenido don Francisco como notorio realista, el 8 de julio declaró Juan José Diaz, el capataz correntino de su barraca, ante Hipólito Vieytes, comisionado investigador en el proceso de marras. Ese testigo dijo que su patrón había manifestado a Antonio, uno de sus esclavos “que en breve serían libres, pues los necesitaba para soldados”; “que lo que dijo a los esclavos fue en su chacra de la costa de San Isidro”. Agregó Diaz que su señor era “enemigo declarado de nuestro sistema”, y que tenía todas sus esperanzas puestas en el ejército de Goyeneche y en las tropas portuguesas que invadieron la Banda Oriental. Aquel esclavo Antonio, por su parte, a pesar de ser “vosalón”, se explayó de lo lindo, declarando que Tellechea, en presencia de los demás africanos que trabajaban en la chacra, le había dicho: “Antonio, ahora han de ser todos libres para ser soldados y hacer tum tum a los de Buenos Aires”; y que también en la propia chacra quemó su amo una carta venida de Montevideo. A continuación, el sumariante dispuso el interrogatorio de los negros Joaquín, Benito, Valerio y Marcelino, esclavos todos de la chacra de don Francisco; los tres primeros corroboraron las afirmaciones de Antonio. En cuanto a Marcelino — y así consta en autos textualmente — “dijo una geringonza tan confusa que nada más se le entendía que soldados, y otras palabras como que indicaban les había solicitado para que lo fuesen”. Por fin Vieytes ordenó compareciera el reo. Tellechea afirmó ignorar la causa de su encarcelamiento. “Preguntado: Cuando ha sabido de la presente conspiracón por quién y en qué términos, dijo: Que el día pasado, y estando en su chacra en San Isidro, supo porque se lo dijo el comisionado Riestra, que había llegado a la noche antes de la ciudad”. Negó terminantemente haber hecho manifestaciones a favor de Goyeneche y de los portugueses, así como tener cualquier connivencia con los realistas de Montevideo. Con respecto a Alzaga expresó: “Que cree hace tres años que no lo vé, y que lejos de haber tenido amistad con él lo ha detestado públicamente, con especialidad desde los sucesos del primero de Enero (de 1809), en que por sus operaciones se le hizo enteramente odioso”. Luego, siempre ante Vieytes, se llevó a efecto el humillante careo del señor en desgracia con sus subalternos acusadores. Aquél sostuvo que sus esclavos 218

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mentían; éstos insistieron en sus declaraciones “bozales”, pueriles chismes de negros, que acaso por imprecisas se prestaban mejor a ser utilizadas contra los adversarios políticos. No hubo más testigos, ni diligencias, ni otros elementos de prueba. El Triunvirato, con sólo aquellas imputaciones, con sólo el testimonio de seis negros analfabetos e irresponsables, se dió por convencido. Y el 10-VII-1812 dictó esta sentencia terrible: “Vistos: Por lo que resulta sobre seducción hecha a sus esclavos por el reo Francisco de Telechea, y medidas tomadas por este orden para la conjuración descubierta contra los hijos del país y su Gobierno, se condena a dicho reo a la pena ordinaria de muerte de horca y se ejecute”. Firman: Feliciano Antonio Chiclana, Juan Martín de Pueyrredón y Bernardino Rivadavia. Horas después — 11 de julio — “siendo como las once de la mañana, fue ejecutada la pena de muerte en la persona de don Francisco de Telechea en la plaza de la Victoria, cuyo cadáver quedó pendiente de la horca”. De ello dió fe, en autos, el Escribano Juan Pablo de Merlo. Muy luego de esta tragedia, iniciose la testamentaría del ajusticiado, y la chacra en San Isidro — valuada en 17.491 pesos — pasaría a integrar la hijuela de María Calixta de Tellechea y Caviedes. Para darnos una idea aproximada del terreno, cercos y montes de aquella heredad, a cuyo reparo se levantó la casona principal con vista al río, basta con hojear la tasación efectuada para los sucesores del Dr. Cabral en 1799. Ahí — además del área total de la chacra: 1.000 varas de frente y una legua de fondo — están consignados los cercos de tuna que encuadraban a la quinta propiamente dicha, y dividían a los potreros internos; los grandes montes de duraznos y de sauces; los “talas y espinillos en la barranca” (donde sobrevive todavía el algarrobo) y otra tupida arboleda allá en el extremo de la legua. No sé si puede llamarse una ironía del acontecer humano el que un 14-V-1815, casaran a Mariquita Tellechea con quien había mandado balancear a su padre en la horca. Y digo que casaron a la huérfana sus tutores, porque ni en aquel tiempo, ni ahora mismo, ninguna chica de 13 años goza de capacidad para obrar legalmente como le venga en gana; es decir, sin permiso de sus padres o de autoridad competente. El ilustre novio era viudo, veintiséis años mayor que su prometida, y sus antecedentes militares, diplomáticos y políticos pertenecían ya al dominio de la historia sudamericana. Por lo Pueyrredon

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demás, la diferencia de edad de los contrayentes poco parece haber influido en tales circunstancias, como tampoco el fantasma de Tellechea, pues si existieron escrúpulos familiares a este respecto, nadie mentó la soga en casa del ahorcador. Ello debido, por supuesto, a que la sólida figura de Pueyrredón — de retorno de un confinamiento en San Luis — reaparecía en los vaivenes de la vida pública con su prestigio renovado, a punto de asumir posiciones inmediatas y brillantes, que convertirían al candidato en “sol” que iba a calentar a sus nepotes y allegados. Por eso el razonable presbítero Domingo Caviedes y su cuñado Manuel Martínez — marido de Dámasa Caviedes —, tíos de Mariquita, huérfana de padre y madre, fueron sin duda los gestores de su boda con Pueyrredón. Y no calcularon mal esos deudos de la novia acerca del egregio destino que le estaba reservado a su pariente político: en septiembre de 1815 — a los 120 días de bendecida la boda — Pueyrredón aceptaba ser diputado por San Luis ante el Congreso de Tucumán, y se despedía de Mariquita para trasladarse a dicho punto. Cuatro meses después, el 3V-1816, fue nuestro prócer elegido Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Don Juan Martín, a decir verdad, estaba satisfecho de aquella decisión nupcial que había tomado con el beneplácito de los Cavides. Así se lo comunicó a su amigo Dupuy, Gobernador de San Luis, con estas palabras: “Vi una niña, me agradó, nos comprometimos, y hoy hacen ocho días que me casé con doña Mariquita Tellechea y Caviedes, joven que aún no cuenta catorce años, educada en los mismos principios de nuestras familias, y acostumbrada al recogimiento y a la virtud”. La chacra de San Isidro, entretanto, se transformó en residencia del Director Supremo. El viejo caserón y la rústica arboleda circundante fueron puestos a tono con el rango que correspondía al dueño de casa. Durante el tiempo en que poseyó la finca el General Pueyrredón, la fachada del edificio principal, con su amplia galería que mira al río, fue remozada; así como se construyeron de ladrillo las caballerizas y demás dependencias del servicio, antiguamente ranchos de paja y barro. Calles arboladas (tal vez la de pacaráes, que arrancaba del portón y corría paralela a la verja de entrada) y el trazado de un pequeño jardín sobre el filo de la barranca, destacaron su clásica simetría entre añosos durazneros y el ríspido follaje de los 220

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espinillos y del algarrobo secular. También, a cierta distancia de la casa, en un alto recodo del terreno, debió de construirse entonces una especie de templete griego que conocí en ruinas, con el nombre de “casino: suerte de belvedere a cuyos pies se extendía el ancho panorama de la costa, con su “Bosque Alegre” y sus islas lejanas, verdes festones en la inmensidad de un río al que pareciera quedarle chico el horizonte. Cuando Pueyrredón se instalaba en San Isidro, traía consigo a la chacra la actividad política y administrativa del gobierno, a par del ambiente amable de cortesanía que nunca falta en torno de quien ejerce el poder supremo. Ello, claro está, si el gobernante es una persona culta, y don Juan Martín por sus antecedentes de familia, por su educación, su don de gentes y su experiencia del mundo, lo era en alto grado. De manera, que desde el momento en que la chacra se convertía en sede temporaria del primer magistrado — y a la tertulia de éste le daban gracia y encanto su Mariquita, sus hermanas y sobrinas — llegaban allí, por asuntos de estado y exigencias de la política, los más conspicuos personajes de la vida oficial de entonces. Por de pronto, los sucesivos ministros: Vicente López y Planes y Gregorio Tagle, de gobierno; Manuel Obligado y Esteban Gazcón, de hacienda; Beruti, Terrada y Matías Irigoyen, de guerra; los cuales alternaría sus audiencias con los miembros del partido “congresista” — cofrades todos de la segunda Logia Lautaro, que acababa de reorganizar en Buenos Aires Tomás Guido —, monárquicos en su gran mayoría, adictos al sistema directorial que consideraban como una regencia transitoria. El Director Supremo, a su vez — sin megua de su fidelidad al país —, propiciaba el plan de establecer aquí una monarquía constitucional y parlamentaria, que preservase a la nación del republicanismo montaraz de los caudillos. Referente a las aspiraciones de quienes trabajaban por incorporar los pueblos argentinos a la corona de Don Juan VI de Portugal, Pueyrredón, el 3III-1817, le escribía a San Martín, monarquista como él, estos patrióticos conceptos: “Yo deseo un soberano para nuestro Estado, pero lo quiero capaz de corresponder a la honra que recibirá en mandarnos; es decir, quiero alguno que sea más grande que Don Juan, y lo quiero para sólo nosotros”. Por eso negoció — entre otras tentativas utópicas — con el agente de Francia, coronel Le Moyne, Pueyrredon

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secundado acaso por Antonio Francisco Leloir, aquella traída del duque de Orleans — futuro Luis Felipe, “Rey de los franceses” — como posible dinasta “para sólo nosotros”. Y no es aventurado imaginar, en la chacra, alguna entrevista de Pueyrredón con Leloir a dicho propósito, sin perjuicio de que el extranjero pusiera asimismo sus esperanzas personales, y pasionales, en Sebastiana Sáenz Valiente, sobrina del Director Supremo, con la cual se casó al poco tiempo. Otro episodio vinculado a Pueyrredón y quizá a la chacra de San Isidro, en que la política anduvo mezclada con el amor, tuvo por protagonista a otra sobrina de don Juan Martín. Cuenta el coronel Manuel Pueyrredón en sus Memorias, que el mendocino Tomás Godoy Cruz — delegado de San Martín ante las autoridades centrales — “anduvo por casarse con una prima mía, Victoria Ituarte Pueyrredón, y creía que yo era su rival y el obstáculo a sus amores. Si aquella señorita no lo quiso, fué porque estaba ya comprometida con don Manuel Aguirre, a quien el Director Supremo mandó en comisión a Norte América para alejarlo de Buenos Aires, porque protegía las pretensiones de Godoy. Diré que es cierto que yo estaba enamorado de mi prima, pero enamorado como un loco. Aquel fué mi primer amor, y el recuerdo de esa mujer ejerció sobre mi espíritu un poder tan grande, que ha fijado la suerte de mi vida durante mis primeros y mejores años. Pero nunca pasó de un puro platonismo. Godoy me odiaba, tanto como yo lo detestaba. Varias veces dije a ella: no tengo celos del otro (Aguirre), pero más quisiera verte muerta que casado con éste (Godoy)”. Por su parte el General Pueyrredón en carta a San Martín se refiere a Godoy Cruz en estos términos: “Debe Vd. saber que este jóven, de mi amigo íntimo se ha convertido en enemigo mio. Solicitó casarse con una sobrina mia, le introduje en la casa, me interesé en su enlace, hice los oficios de un hermano, pero la niña comprometida anteriormente con Aguirre, se resistió a toda persuasión y consejo. Desde que él vió destruída su esperanza se retiró de golpe de la casa y empezó a dejarme ver un semblante de desagrado”. En los primeros días de abril de 1817, llegó de huésped a la chacra de San Isidro, el flamante “Capitán de los Andes”, a fin de conferenciar con Pueyrredón. Venía el Libertador de Chile a exponerle al Director Supremo el plan y los ulteriores detalles de su 222

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proyectada expedición al Perú. Traía también entre sus papeles, las credenciales dadas por O'Higgins, que resultaron a favor de Manuel Hermenegildo de Aguirre, designándo un emisario, con amplios poderes, ante el Presidente de los Estados Unidos James Monroe. Y para que allá en el norte, quien iba asimismo a representar diplomáticamente al gobierno argentino, llevara a cabo “cuantas negociaciones sean relativas a la compra de buques de guerra, de fragatas inclusive para abajo, equipadas con toda clase de armamentos, municiones y demás pertrechos útiles al ejército”, que se destinarían a surcar el Pacífico. La tradición repite que San Martín y Pueyrredón entablaban sus diálogos en la barranca, frente al río, a la sombra del algarrobo famoso; y especifica que mientras aquél exponía su tésis estratégica sobre la manera de consolidarse Chile y aniquilar militarmente a las fuerzas virreinales de Lima, éste lo escuchaba absorto, haciendo tajos con un cortaplumas en el respaldo del rústico banco de madera en que estaban sentados. A propósito de la visita del Libertador a San Isidro, una conseja bastante difundida afirma que cierto día, dentro del campo de Pueyrredón, bajo el tronco de uno de esos gigantes vegetales que soportan el nombre de “Picurnia Phytolacca Dioica” — pero que todo el mundo conoce por ombú —, San Martín, Pueyrredón y Guido interrumpieron su cacería de perdices y, poseídos de súbito patetismo, juraron a trio llevar a efecto la libertad de América del Sud. En consecuencia, la planta del cuento quedó consagrada como “Ombú de la Esperanza”. 5 5 Aunque de pueriles fantasías que nadie cree se halle plagada la historia argentina, no resulta falso que el tal ombú — que nosotros alcanzamos a ver en los terrenos de Vivot — arraigara por muchos años en los campos de Pueyrredón. En efecto: el 6-V-1826, don Juan Martín — para ampliar su chacra — compró a su hermano Feliciano "unas tierras y casa correspondiente", linderas con las suyas, que dicho reverendo poseía por haberlas adquirido de la viuda de Omar, el 10-VI-1817. Posteriormente, el 21-VII-1848, el General enajenó a favor de Casto Sáenz Valiente, su sobrino, el dominio de las aludidas tierras; parte de las cuales — con "la casa correspondiente" — fueron transferidas por el nuevo dueño, en 1853, a su hermano Pedro Sáenz Valiente. De tal modo el inmueble que me ocupa quedó dividido en dos fracciones: la primera de don Casto — en cuyos fondos estaba el "Ombú de la Esperanza" — resultó luego heredada por la hija de éste, Florentina Sáenz Valiente de Vivot; y el otro lote de don Pedro — en rápida referencia — lo compró (1853) Rufina Herrero de Ramírez, y después (1854) Dorotea Martínez de Ochagavía, para pasar Pueyrredon

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Terminadas sus conferencias con el Director Supremo, abandonó San Martín la chacra a mediados de abril de 1817, para seguir la trayectoria de su destino. Pueyrredón, entretanto, continuó aferrado al timón del gobierno con mano dura, como lo requerían aquellos tiempos tormentosos. Sin embargo el caos se expandía incontenible en el país, y la política directorial — interna y externa — mal enfocada por sus mentores de la Logia Lautaro, acercábase a su crisis definitiva. Pueyrredón apreció la magnitud del desastre, así como su impotencia para conjurar la disolución nacional. Por eso, reiteradamente, ofreció sus renuncias al Congreso que al fin, el 19VII-1819, lo relevó del mando. Después de su salida, al grito de “¡Federación!”, el ejército del norte se subleva en Arequito; San Martín se niega a repasar los Andes para apuntalar el régimen tambaleante; y, el 1-II-1820, en la Cañada de Cepeda, al primer embate de las montoneras de Pancho Ramírez y de Estanislao López, el Directorio, prácticamente inerme, deja de existir. La chacra de San Isidro, a todo esto, quedó privada de su dueño, el cual, el 1-II-1820 — el día mismo de Cepeda —, se alejaba del país instado por el Congreso, embarcándose para Montevideo y Río de Janeiro. Un año más tarde — 1821 — con autorización del gobierno de Martín Rodríguez, retornó Pueyrredón a Buenos Aires, y ya sin posibilidad ninguna de actuar en política, fue a refugiarse en su chacra de la costa. Allí, lejos del estrépido de las pasiones, sobre las barrancas silvestres enfrentadas a la vista pintoresca del río, don Juan Martín buscó la paz de la naturaleza. Mas como su carácter distaba de ser contemplativo, dedicóse a la horticultura. Hombre refinado y entusiasta, emprendió la tarea de plantar árboles y cultivar flores, llegando a poseer una magnífica colección de rosales, cuyos primitivos ejemplares le fueron proporcionados por su amigo Tomás Grigera (el antiguo “alcalde de quintas”, caudillo visible en aquella luego a su hermano Diego Martínez, quien lo vendió (1865) a Juan Anchorena, el cual lo traspasó igualmente (1872) a Francisco Bosch, de cuya viuda Rosario Peña de Bosch lo hubo Carlos Becú después de 1894. Otra fracción de aquellas "tierras" que adquiriera de su hermano Feliciano la donó don Juan Martín (2-X-1826) a su hermana Magdalena Pueyrredón de Ituarte, mi 4a abuela. De ella heredaría esa propiedad su hija Florentina Ituarte de Costa, y, al cabo de varias transferencias, parcelamientos y sucesiones, la referida fracción configuró las quintas que, media centuria atrás, fueron de Nelson y "El Cortijo" de Uribelarrea. 224

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insurrección popular “del 5 y 6 de abril” contra los correligionarios de Mariano Moreno), quien, retirado en su chacra de Lomas de Zamora, no sólo había escrito un Manual de agricultura, resúmen práctico para cada uno de los doce meses del año, sinó que, en concreto, sus almácigos de hortalizas, flores y tubérculos no tenían par, a la sazón, entre nosotros. Quince años permaneció Pueyrredón en Buenos Aires, alternando sus estadas en la ciudad y el campo, hasta fijar su residencia habitual en su casa de la calle Piedad y Reconquista. El 23I-1823, nació —vástago de la madurez — Prilidiano, su único hijo legítimo. (Antes había tenido cuatro hijos naturales: Juan O'Doghan, un débil mental, y Virginia, María de los Angeles y Elena Pueyrredón, casadas éstas con José María Pelliza, Antonio Antonini y Gil Domínguez respectivamente). Cuando Prilidiano hubo cumplido los 13 años, don Juan Martín dispuso llevárselo a Europa, a fin de que se educara allá, al igual que hizo con él, en sus mocedades, su propio padre. Por lo tanto zarpó para el viejo mundo el General, con doña Mariquita y el muchacho, en 1836. Esta fue (mal que les pese a algunos biógrafos suyos), la causa del extrañamiento voluntario de Pueyrredón, y no su oposición a Rosas, con cuya familia y partidarios, al fin de cuentas, mantuvo siempre cordiales relaciones. Oficialmente, por esas fechas, de orden del gobierno, se levantó el censo ideológico — por decirlo así — de los individuos, tanto federales como “salvajes unitarios”, con bienes en el partido de San Isidro. Dicho documento, en la parte que interesa, dice literalmente: “Don Juan Martín de Pueyrredón: tiene casa en las inmediaciones de este Pueblo, compuesta de mil cien varas de frente y una legua de fondo, con casa de material y dos potreros y sauzal en la costa del Rio. Su patria Bs. As. — Hace años se retiró de este destino para la Capital, y últimamente salió con licencia de este país y se alla ausente en país extranjero — tiene en la ciudad varias fincas y una quinta. Por la razón antedicha no se save cual pueda ser su opinión, y por este motivo se le coloca como que se ignora su opinión”. En 1850 — en pleno auge de don Juan Manuel que triunfaba diplomáticamente sobre Francia e Inglaterra — regresó el viejo Director Supremo con los suyos a la patria, y fue a instalarse en su chacra de San Isidro. Estaba enfermo y no viviría mucho tiempo. El miércoles 13 de marzo, a la una y media de la tarde, en la sala frontera Pueyrredon

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a la barranca, don Juan Martín exhalaba su último suspiro. Los biógrafos del prócer relatan que Prilidiano dispuso el transporte del cadáver de su padre, hasta la Recoleta, en un coche particular, pero que el jefe lugareño del distrito se opuso a ello, alegando que las ordenanzas municipales sobre entierros, sólo autorizaban el uso del consabido carrito fúnebre colorado. La época que podríamos llamar “prilidiánica” de la chacra — aunque el término resulta trabalenguas —, es relativamente breve: de 1850 a 1855, con el paréntesis de un viaje a Europa del pintor y el “interregno” en que la finca estuvo arrendada al coronel Nicolás Granada, cuando éste era jefe militar de la ribera 6. De cualquier modo, a pesar de haberla poseído como dueño durante un lustro escaso, la atmósfera imponderable, el alma de la quinta que nosotros conocimos, quedó reflejada para siempre en las figuras y paisajes que animan los lienzos de Prilidiano Pueyrredón. Rincones de vegetación exuberante; tunas y espinillos de la barranca; atardeceres luminosos en la playa del río; fresca espesura de los sauces del Bosque Alegre; retazos de pampa y ombúes corpulentos rebosantes de verdor; todo ese contorno agreste y familiar que Prilidiano llevó a sus telas, permaneció, por mucho tiempo todavía, sugestivamente retenido en el ámbito de la chacra de San Isidro. En cuanto al antiguo edificio colonial — que Nicolás Granada (hijo) recordó en un artículo haber visto “abandonado y casi en ruinas” —, Prilidiano, arquitecto como era, lo refaccionó, 6 Nicolás Granada, el comediógrafo — hijo del coronel — publicó, a principios de este siglo, un artículo periodístico donde decía que "esa casa (de Pueyrredón) que representaría un castillo feudal de nuestros tiempos coloniales, abandonada y casi en ruinas, fué arrendada allá por el año 1856 por mi padre, a la sazón comandante militar de las milicias costeras y antiguo subalterno en las guerras de la independencia del general Pueyrredón". Está errada la fecha. Fue antes de 1856 cuando su progenitor ocupó la chacra y el propio articulista, niño, conoció allí a doña Mariquita y a Prilidiano. El 9-I-1856, precisamente, la aludida propiedad — como se verá más adelante — pasó a manos de mi bisabuelo Manuel Alejandro Aguirre; mientras que, por aquellos meses, el coronel Granada, muy lejos de San Isidro, desempeñaba la jefatura del estado mayor de la frontera del Oeste; y, al año siguiente, expedicionaba en busca de Calfucurá por los campos de Pigüé. Cabe señalar, por otra parte, que en la obra teatral de Nicolás Granada (hijo) "La Gaviota", cuya acción transcurre en la playa del "Bosque Alegre", el autor — según dicen — llevó a la escena muchos recuerdos de su niñez en San Isidro. 226

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modernizándolo — sin alterar su planta originaria —, tanto en sus habitaciones y dependencias internas, cuanto en la ornamentación de la fachada principal. También se deben a iniciativas del joven pintor Pueyrredón, el dormitorio del piso de arriba, y su chato mirador anexo: terraza de vidrio, encima de la azotea, donde el artista instaló su taller. Una pequeña acuarela suya — hoy en poder de Federico Ibarguren, mi hermano — nos muestra, a la luz de un día de sol, a la chacra vista desde los bajíos del Bosque Alegre: Sobre la altiplanicie verde de la costa — suerte de acrópolis, si cabe la contradicción —, flanqueada por el algarrobo y otros árboles de follaje tupido, la blanca mole cuadrada de la casa en la punta de la barranca, destaca su flamante clasicismo en las columnas toscanas que sostienen su galería; mientras que por el callejón de abajo, al nivel del río y del pintor, un gaucho, montado el caballo en pelo, pasa arriando su tropilla. Ahora, con el descolorido y monocorde estilo que usaba Marcos Agrelo para redactar las escrituras en su Registro nº 6, digamos que, al folio 8 del mismo protocolo, consta que en Buenos Aires, a 9-I-1856, ante el susodicho notario, Prilidiano Pueyrredón vendió a Manuel Alejandro Aguirre aquella chacra de su propiedad, situada en el Partido de San Isidro, cuya área total de terreno lindaba en ese entonces: al Norte con el Río de la Plata; por el costado Oeste con Patricio Brown, Cándido Arnón y Antonio Rodríguez; al Sud con Bernabé Márquez y al Este con Dolores Omar de Martín y Casto Sáenz Valiente; cuyo inmueble — 1.000 varas de frente y una legua de fondo — lo compró Francisco de Tellechea, abuelo del otorgante, en la forma que se dijo más atrás; y a Prilidiano le fue adjudicado en virtud de la división que hicieron de los bienes de su padre, él y su madre María Calixta Tellechea, como consta en la escritura pertinente que éstos otorgaron el 6-VI-1851, ante Manuel José Zeballos. La venta de referencia al señor Aguirre se realizaba por la suma de 2.500 onzas de oro sellado, bajo las condiciones y demás circunstancias que en la respectiva escritura se mencionan. ¿Qué diré yo de mi bisabuelo don Manuel — Tata, por antonomasia — sin desentonar con su modestia y con la rigidez de su carácter austero?: simplemente que era un señor, como lo fueron aquí, en nuestra tierra, y allá en la ancestral Donamaría, los viejos hidalgos Aguirre de su raza. Hijo de don Manuel Hermenegildo — prócer de la Pueyrredon

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emancipación argentina — y de Victoria Ituarte Pueyrredón, el nuevo dueño de la chacra, en definitiva, adquiría la antigua heredad sin que su dominio saliera de la familia. Así, durante cincuenta y cinco años, hasta su muerte, Manuel Alejandro Aguirre impregnó a aquella finca — ya tan cargada de recuerdos — con su personalidad de hombre progresista y culto — muy de su siglo —para quien el confort y los adelantos de la técnica no estaban reñidos con la belleza. De modo que la síntesis feliz entre la utilidad y el arte pudo lograrse, en ese rincón de San Isidro, gracias al impulso de quien sería, preponderantemente, el último patrón de aquella chacra. Ya en 1868 (durante la presidencia de Mitre, en plena guerra del Paraguay), entre los bienes de la sucesión de Mercedes Anchorena de Aguirre — mujer de don Manuel, fallecida dos años antes — se incluye a la chacra denominada “del Bosque Alegre”. En el inventario agregado a esas actuaciones (que tramitaron ante el Juzgado Civil del Doctor Miguel García Fernández, bajo el patrocinio del abogado Dalmacio Vélez Sársfield) figuran la mansión principal, el edificio contiguo para el capataz y los peones, las caballerizas y demás dependencias del establecimiento. De la lectura de dicho minucioso inventario judicial surge que, en torno de la casa, sobre el frente de la barranca, el primitivo monte se había transformado, a la sazón, en parque, para prolongarse más atrás en quinta, hasta encontrar el perímetro del camino real. Es de destacar que en ese documento consta la instalación de “una máquina para elevar agua desde el bajo del río, con sus bitoques y depósitos”, lo cual permitía regar el césped y las flores y dar salida a los chorros de la fuente de mármol (que compró en Italia Manuel Rafael García Aguirre, primo hermano de Tata), ubicada en medio de un jardincito romántico, sombreado por cuatro magnolias que emergían entre cercos de boj. Además, estaban ya dispuestos, delante del corredor que mira al río, los pinos parasol — con varios coníferos desparramados por el parque, que se combinaban con tres araucarias (una del Brasil y dos exelsas), once árboles del cielo, diecisiete nogales y gran número de paraísos y sauces sin contar el algarrobo, los espinillos autóctonos, los pacaráes de la entrada y los naranjos del patio interior. 7 7 En cuanto a los eucaliptus, todavía en 1868 no se exhibían en la chacra. Poco después, según oí decir, Doroteo García — el abuelo materno de los Becú — le 228

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Aquella nómina de 1868 agrega: treintinueve plantas de camelias, dos de jazmines del Cabo, dos de diamelas y varios arbustos surtidos; así como una colección de rosales y otra de claveles, cuatrocientas cabezas de tulipanes, mil setecientas de jacintos, cien de dalias, doscientas patas de marimoñas, cien anémonas, ciento veintiún gladiolos finos, cuarenta tulipanes punzóes y diversidad de otras flores. Respecto a los frutales de la quinta propiamente dicha, el inventario consigna — además del parral pegado a la casa — ciento sesenticuatro cepas de viña sobre estacas de ñandubay, como más o menos seiscientos árboles de duraznos, damascos y peras, cincuenta y ocho manzanos, dieciséis nísperos y doscientas cuarenta varas de cercos de membrillos. A propósito de cercos, subrayo que en seguida de adquirir don Manuel la chacra en 1856, es decir a los diez años de haber Newton importado los primeros rollos de alambre con destino a preservar las verduras de su estancia “Santa María” en Chascomús, y prácticamente al mismo tiempo en que Halbach — 1856 — alambrara todo el perímetro de su establecimiento “Los Remedios” en Cañuelas, el señor Aguirre, en San Isidro, utilizó también los hilos de acero para deslindar con ellos su propiedad. Por eso, cuando la historia recuerda a los precursores que adoptaron en sus campos aquel sistema de cercado y seguridad, a partir del cual comienza la era moderna de nuestras explotaciones rurales, el nombre de Manuel Aguirre no debe ser omitido. Y para probar nuestro aserto, nada más elocuente que esta enérgica nota dirigida por Mercedes Anchorena de Aguirre, el 5-X1858, a los munícipes del pago de la costa, cuyo texto es el siguiente: “Acabo de saber con sorpresa, que por orden de la Municipalidad de San Isidro ha ido una fuerza armada a mi chacra, y sin citarme ni oirme, ha procedido a arrancar todo el cerco de alambrado que por proporcionó a mi bisabuelo las semillas de los vigorosos "globulus" australianos. A ese respecto don Manuel le escribía desde Londres, el 25-XI-1873, a su hijo mayor: "Te incluyo un recorte del Times para que lo muestres a Manuel Ibáñez, como a Don Doroteo, que son tan partidarios de los Eucaliptus — y cuando veas a Giraud (el quintero vasco-francés de la chacra, antiguo puestero en el "Chajá) recomiéndale los plantados, y los que siembre en almácigo para plantar después, cuando yo vaya por allá, que Dios sabe cuando podrá ser". Tampoco figuran en aquel inventario los dos aguaribays, que según es fama plantaron, uno Vélez Sársfield y el otro Sarmiento, ni el enorme cedro del Líbano que hoy se levanta frente al pozo de agua. Pueyrredon

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consentimiento de esa Municipalidad, y previa delineación que ella misma mandó hacer, puso mi marido D. Manuel Aguirre. Este ataque a mi propiedad y el modo de hacerlo sin guardar una sóla de las formas que las Leyes han establecido en garantía de los derechos del ciudadano — continúa el escrito, posiblemente redactado por Vélez Sársfield, que era abogado de mis bisabuelos —, me fuerzan a dirigirme a la Municipalidad protestando, como solemnemente protesto, contra aquella medida, y contra el modo vejatorio de ejecutarla, suplicando a los Señores Municipales que, en razón de hallarse mi Esposo ausente en sus estancias, se servirán admitirme esta protesta por todos los daños y perjuicios que mi Esposo reclamará ante Autoridad competente, y contra esa corporación colectivamente y contra sus miembros individualmente, porque cuando los procedimientos son del carácter del que se ha ejecutado en mi casa, la Ley dá esta acción al ciudadano. Dios guarde Uds. muchos años”. Firma: Mercedes Anchorena de Aguirre. Ya en 1868 — según consta en el inventario de la sucesión de doña Mercedes —, la chacra en su fracción delantera, contaba con casi 1.500 varas alambradas con líneas de tres hilos, sujetos con grampas a postes de ñandubay y ñapinday, entre dos filas de cercos de cina cina. Y en esos potreros del casco pastoreaban los caballos de tiro y silla, los bueyes de labor y “siete vacas lecheras inglesas”: las Guernesey, de cuya raza don Manuel fue el introductor en el país. Fuera de este parcelamiento del terreno comprendido entre el ex camino real y la barranca, el resto de la vasta heredad, hasta el fondo de la legua, incluía a tres puestos o poblaciones: “los Olivos” — más tarde quinta de Gómez Aguirre (“la casa chica”) — con su monte venerable de “setenta y seis olivos viejos”; “la Noria”, con su pozo y aparato correspondiente, instalados en el bajo que pertenecería después a los Balcarce; y “el Quintón”, aquella añeja casa de posta colonial, sobre el camino del alto, cuyo edificio con azotea, altillo y corredores, constituía una reliquia histórica que sacrificaron, imperdonablemente, ciertos dirigentes del Jockey Club para no torcer un poco la entrada del hipódromo. Todas esas realidades, así como tantas cosas que desaparecieron o se dispersaron para siempre, están detalladas con prolijidad en aquellos autos testamentarios: los muebles, los libros, los cuadros, los grabados ingleses y principales objetos que poblaban 230

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esa casa. La mesa de caoba “para diecisiete cubiertos”; los juegos finos de porcelana — uno “dorado de colores” y otro de “orilla azul” —; las sillas “de paja de la india”, del corredor; la “tina de mármol” y el “calentador con caño y bitoques” en el cuarto de baño; los candelabros, el “espejo convexo”, el “relox”, el pluviómetro, la caña de pescar; las monturas y los carruajes en la cochera; las herramientas de jardinería y labranza en lo del capataz. Y al repasar de nuevo tales constancias muertas, se me ocurre imaginar una de esas “veladas de la quinta”, en un invierno del año 1867. Naturalmente hace frio, y el viento que afuera estremece los árboles, no logra colarse a través de las espesas cortinas y “alfombras de tripe” que abrigan el confortable escritorio de la chacra. Tata — mi bisabuelo — en un sillón de cuero, ante los ardientes leños de la chimenea, mira abstraído las mudanzas y chisporroteos del fuego, cuyas luces cambiantes brillan también en sus ojos obscuros. Susana, la mayor de sus hijas, en la sala contigua, arranca a la sordina del piano “Pleyel” alguna romanza saturada de melancolía. En este o aquel distinto cuarto, delante de un tablero que alumbra el “quinqué de bronce”, Manuelito — mi futuro abuelo — y el tío Agustín, mueven alternativamente, entre pausas prolongadas, las piezas del “ajedrez de marfil”; pero el muchacho ha de perder la partida, pues su pensamiento, inquieto e imaginativo, está en otro asunto; absorbido, quizás por una de esas inevitables experiencias sentimentales que se viven a los 17 años; o acaso con ganas de repetir la fiesta en el bullicioso mundo nocturno de las bailarinas francesas del can can, que acababan de hacer su estreno en el teatro “Alcázar”, recientemente inaugurado. Victoria, por su parte, reclinada en el sofá, hojea, una a una, las ilustraciones del Correo de Ultramar, y emprende un viaje de fantasía por los cinco continentes. Una niñera, solícita, esmérase en mostrarle a la pequeña Rosa cómo se bordan, a fuerza de paciencia, las flores de un mantel; mientras Hortensio, en el rincón contra la ventana, se ha puesto a leer, en un libro de Julio Verne, las aventuras del Capitán Nemo, a quien espera emular cuando sea más grande… El 14-VIII-1867, Manuel Aguirre le escribía a su primo Manuel García, entonces secretario de nuestra legación en París: “Estoy en una idea y quiero tu juicio sobre ella. ¿Qué te parece que yo le haga su sepulcro a Mercedes en la Chacra? Podría en tal caso destinar un terreno bastante extenso, donde se formaría, haciendo una plantación Pueyrredon

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de árboles, un sitio aislado. De esto solo he hablado con el Ingeniero Arnim y con nuestro buen amigo el Dr. Bosch y mis hijos. Espero que me digas tu opinión”. Y más adelante (10-IV-1868) volvía don Manuel sobre el tema, comentándole a su primo: “El asunto del cementerio en la Chacra, desgraciadamente me ofrece algunas consideraciones que me hacen temer mucho que no pueda realizarlo como lo deseo. He hablado con Vélez (Vélez Sársfield) y con Juan (Anchorena) sobre eso. El primero me ha ofrecido el medio de conseguirse haciendo una Capilla donde se diga misa, y no es esto lo que quiero; el segundo, sin atacar mi pensamiento, ha influido en que no me resuelva todavía. Aquí me tienes, pués, pensando, más bien luchando mi deseo presente con las consideraciones del futuro, que no puedo armonizar”. Demás está decir que el referido sepulcro, en la Chacra de San Isidro, quedó sólo en proyecto. Corren los años, y el 25-X-1881 el Juez de la Capital Dr. Salustiano J. Zavalía, en los autos testamentarios de Mercedes Anchorena de Aguirre, aprueba el plano practicado por el Ingeniero Fernando Moog, de acuerdo al cual la vieja chacra familiar se dividía entre los herederos de dicha señora, La histórica casa-quinta que fuera de Pueyrredón, quedaba en poder del viudo de la causante, como bien ganancial, junto con muchos otros terrenos extendidos más allá de los caminos del bajo y del alto, tras las vías del ferrocarril, hasta el fondo de la legua. Por su parte, los hijos de doña Mercedes recibían también amplísimos espacios sobre la barranca, que ellos transformaron en quintas con espléndidos parques. Mi abuelo Manuel J. Aguirre — como lo digo en su biografía — se vió dueño de 14 hectáreas de tierra frente al río, cuya latitud había configurado, tres siglos atrás, la parte delantera de la “suerte” del primer poblador Rodrigo Gómez. Sigue dando vueltas la rueda del tiempo, y a principios de 1902 algunos jóvenes del pueblo de San Isidro — los Becco, Jacinto y Ricardo Malbrán, Rafael Giménez, Julio César Urien, los Sackmann Sala, Horacio Vernet Lavalle y sus hermanos, Juan Goodfelow, los Boggio, los Guppy, Raúl de Martino, los French, los Tiscornia, los Meira, José Bincaz, Eduardo Yanón y otros — apadrinados por el conspicuo vecino Avelino Rolón —, entrevistaron al señor Aguirre. Esos muchachoshabía descubierto y practicaban un apasionante juego inglés llamado “foot-ball”, y le pedían a mi bisabuelo les prestase un terreno descampado de su extensa chacra, para hacer ahí cancha 232

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adecuada y organizar partidos donde dos equipos, frente a frente, luchan con tesón y habilidad a fin de introducir la pelota de cuero en el arco contrario, y defender denodadamente el propio, mediante patadas, corridas, cabezasos, pases y gambetas. Don Manuel acogió con simpatía aquel pedido juvenil, y les cedió en préstamo, sin plazo a los entusiastas futbolistas, el terreno solicitado. Así nació el Club Atlético San Isidro: el acreditado C.A.S.I., y dos décadas más tarde, el 31-I-1923, Victoria Aguirre a instancias de Rafael Cullen, presidente del C.A.S.I., cedió las 80.000 varas de terreno — cerca de 11 hectáreas — que el Club venía ocupando desde 1902, cuya fracción doña Victoria heredara de su padre. La generosidad de la señora, por cierto, constituía un estupendo regalo de año nuevo; si bien con la expresa condición — cual consta en la respectiva escritura traslativa del dominio, cuyo borrador redactó, a pedido de la donante, su sobrino político Carlos Ibarguren — de que el Club, bajo ningún concepto podía transferir ni hipotecar dicho terreno, pues en caso contrario el bien habría de pasar a los herederos de la munífica benefactora. El 12-I-1911, a los 92 años de edad, epilogó su vida mi bisabuelo Aguirre. El pueblo de San Isidro honró su memoria, bautizó el tramo del “camino del bajo” que atravesaba las tierras de su antigua chacra, con el nombre de Avenida Manuel Aguirre. En los autos sucesorios del causante, sus hijos Manuel José y Victoria, por razones afectivas y en mérito al valor histórico de la finca, pidieron y lograron se les adjudicara, a ambos en condominio, el casco de la chacra, con el único propósito de preservarlo, y evitar que llegara a venderse a personas que pudieran demoler el venerable caserón y dividir en lotes su contorno. Nosotros los Ibarguren, durante el invierno y la primavera de 1911, fuimos los últimos descendientes de los Aguirre, de los Ituarte y los Pueyrredón, que habitamos la vieja casona colonial, hoy transformada en museo. Veníamos de Alta Gracia, en Córdoba, donde después de pasar largos meses acababa de morir nuestro hermano Manolito, de 3 años, llevado allá enfermo, en busca de un clima propicio que no lo mejoró. Acá en Buenos Aires, en ese momento, carecíamos de vivienda, y mis padres resolvieron instalarse en la chacra de San Isidro (la primitiva “suerte” de Antón Roberto), mucho más cerca del pueblo y de la estación del ferrocarril que la quinta Pueyrredon

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(inicialmente repartida a Rodrigo Gómez); pues el jefe de la familia estaba obligado a viajar todos los días a la capital, donde se desempeñaba como secretario de la Suprema Corte de Justicia, y tenía a su cargo, además, la cátedra de Derecho Romano en la Facultad. Con mi hermano Federico dormíamos en un cuarto cuya ventana daba, tras la reja de hierro, al jardín de la fuente de mármol y las magnolias circunscriptas por cercos de boj; y recuerdo que en las heladas mañanas de julio y agosto, a través de los vidrios húmedos y empañados por la escarcha, vislumbrábamos, tiritando de frío, aquel romántico lugar melancólico, que un poco sobrecogía nuestra imaginación infantil. Pero llegaron pronto los días luminosos de septiembre y octubre, y la chacra ya no tuvo misterios para nosotros: la conocimos palmo a palmo, al aire libre, desde su Bosque Alegre a la orilla del río, donde pescábamos mojarritas entre las toscas, hasta los caminitos y vericuetos de la barranca poblada de lagartijas; desde el tambo en que tomábamos leche recién ordeñada de las vacas “Guernesey”, hasta la frontera de alambre tejido sobre la Avenida Manuel Aguirre. Ahí, trepados en un rústico banco que nos servía de atalaya, mirábamos jugar al fútbol a los muchachos del Club Atlético, que lucían vistosas camisetas a rayas coloradas y verdes. (Posteriormente, este equipo adoptó la camiseta celeste, y nosotros, domingo a domingo, a lo largo de varios años, ya fuera en su propia cancha, o en Avellaneda, Palermo, Almagro, Belgrano o Tigre, seguíamos la campaña de aquel cuadro, en la primera división del campeonato argentino; que invariablemente ganaba Racing, llegando San Isidro segundo o tercero; aunque contara con jugadores de prestigio internacional — rioplatense, se entiende —, como Wilson, el “goal keeper”; Sayanes, el “back”; Badaracco, el “half” izquierdo; Elías Fernández el “wing”). A comienzos de 1912, el Presidente Roque Sáenz Peña, por intermedio del Intendente de San Isidro, le propuso a Manuel J. Aguirre alquilarle la chacra con el fin de pasar los meses de verano cerca de la capital. Mi abuelo, que rechazó la idea de lucrar con esa “reliquia que deseaba conservar intacta”, ofreció la heredad en forma gratuita para su ilustre amigo, pidiendo no se hiciera ninguna modificación en la estructura de la casa; y como la delicadeza de don Roque desechara el disfrute gratis de la finca, don Manuel convino se entregase el alquiler que se deseaba pagar al intendente Andrés 234

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Rolón, quien destinaría los importes de esa locación al Hospital de San Isidro. A ello accedió Sáenz Peña: y dicho centro asistencial lugareño recibió 500 pesos mensuales, durante los dos años que fue inquilino de la chacra el Presidente de la República. He aquí la carta que recibió mi abuelo Aguirre, de puño y letra del Primer Magistrado de la Nación, el 13-IV-1912: “Mi estimado amigo: Mil gracias por sus deferencias y bondades caballerescas. Comprendo perfectamente el motivo filial que motiva su carta al Sr. Rolón y su voluntad de que los alquileres pasen, por intermedio de este señor como Intendente, al Hospital de San Isidro. Todo se hará como Ud. lo ha dispuesto, y la casa será conservada como Ud. lo desea. Otra vez mis agradecimientos. Me dicen que su salud no ha estado bien. Lo siento mucho y le deseo un pronto restablecimiento. Yo parto mañana para la Estancia y por eso no voy a verlo. Tendré el gusto de hacerlo a mi regreso. Con toda mi consideración y reconocimiento me reitero su amigo y condiscípulo: Roque Sáenz Peña”. En seguida, mi abuelo le escribió a su hermana Victoria, que estaba en España, las siguientes líneas, las últimas trazadas por su mano, pues falleció dos meses después: “San Isidro, Abril 1912 Querida Vic: Recién ayer y hoy he salido de mi cuarto después de sesenta días. hace tiempo que deseaba escribirte lo que ya sabrás por las cartas que habrás leído, que he cedido a Sáenz Peña la chacra. Las cosas se han presentado de tal modo, que no he podido, por falta de tiempo, consultarlo con vos. No sé si he hecho bien o mal, pero yo lo he resuelto porque creía no poder excusarme, y creo que mi padre me lo aprobaría. Por supuesto que allí no se hará ningún cambio en la casa. La leche, etc., eso queda para nosotros. Siento que por carta no pueda darte todos los pormenores, cuando nos veamos te contaré todo. Veo por tus cartas que estás encantada con España, es una suerte que empieces tu viaje por allí. También es cierto que en ninguna parte serás tan agasajada … Hasta pronto querida Vic, que siga siendo tu viaje tan feliz como hasta ahora. Me cuesta escribir. Recibe un abrazo de tu hermano: Manuel”. El Presidente Sáenz Peña — pese a estar con la salud quebrantada —llevó a la chacra el boato y la pompa con que gustaba revestir a la primera magistratura de la Nación. Rodeado de granaderos, recibía espléndidamente, con mesa puesta y servicio de Pueyrredon

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alto estilo para la atención de las visitas. Al caer la tarde, focos eléctricos iluminaban el jardín, y de noche, en el corredor de adelante refrescado por la brisa del río, sobre una pantalla blanca, proyectábanse las imágenes animadas de esa maravilla — entonces novísima — denominada cinematógrafo. La “presidenta” doña Rosa González, a su vez, un día por semana, ofrecía el consabido té de recibo a las señoras del mundo oficial, y a las de ese pequeño círculo titulado “gran mundo”, de cuyas dos categorías formaba parte la joven y bonita “ministra” María Eugenia Aguirre de Ibarguren. En su fuero interno, Maruja debía admitir, con tristeza, que la voluntad de su padre, respecto a que la casa de la chacra permaneciera intacta, del todo no se había cumplido. Así, en el comedor, en el dormitorio que fuera de Pueyrredón — luego escritorio de su abuelo Aguirre — y también en la sala, se empapelaron las paredes y se introdujeron cielorasos de yeso; el pasadizo que comunicaba la galería externa con la interior fue tapiado en ambos frentes, para convertirlo en bar. A más de estos y otros detalles, la escolta de granaderos instaló su vivac en el monte de eucaliptus, cercano a la casa principal y detrás de la caballeriza, y cierto día — o noche — se produjo allí un voraz incendio que quemó numerosas plantas. Producido el deceso de Manuel J. Aguirre (23-VI-1912), la chacra quedó en condominio entre Victoria, mi abuela Enriqueta Lynch de Aguirre y sus hijos (Maruja, mi madre y sus hermanos). Más adelante (20-I-1920), Victoria donó a mi abuela la mitad indivisa que le correspondía sobre la chacra, y en posterior escritura de división de condominio entre doña Enriqueta y sus hijos, éstos le adjudicaron a su madre la fracción que encerraba a la histórica vivienda colonial y a su jardín circundante. A todo esto, por aquellos años, las poblaciones de San Isidro y Martínez habíanse extendido considerablemente, los terrenos baldíos iban desapareciendo y la valorización de la tierra era constante. Tal expansión, sin embargo, tropezaba con un obstáculo infranqueable: entre dichas localidades se oponía, como valla a ese fraccionamiento progresivo, la vasta finca de los herederos de Manuel Alejandro Aguirre. Entonces estos herederos — los Aguirre, los Balcarce y los Gómez — se dispusieron a dividir una buena parte de dicha propiedad, y formar, en la zona delimitada por las Avenidas Manuel Aguirre y Eduardo Costa y las actuales calles Sáenz Peña y Perú, un 236

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amplio Barrio-Parque. Al efecto, en 1913, la Intendencia Municipal de San Isidro sancionó una ordenanza aprobando el trazado del gran loteo, con la disposición expresa que obligaba a los futuros dueños de las nuevas parcelas, a trazar frente a todas ellas un jardín, y que cada lote no debía tener menos de 15 metros de anchura. Así cobró realidad el hermoso Barrio-Parque que aún lleva el olvidado nombre de “Manuel Aguirre”. El 26-X-1924, se inaguró allí, en acto solemne, la estatua del General Pueyrredón, ante el Presidente de la República Marcelo T. de Alvear, el Gobernador de Buenos Aires José Luis Cantilo, altas autoridades y numeroso público. Descubierto el monumento, obra del escultor Hernán Cullen Ayerza, el presidente de la Comisión organizadora del homenaje Adrián Beccar Varela, pronunció un discurso, y al referirse a la política internacional cumplida por el Director Supremo, trajo a colación que, a iniciativa del prócer: “en Norte América el patriota servidor del país Manuel Hermenegildo Aguirre — antecesor del respetable ciudadano don Manuel A. Aguirre, benefactor de este pueblo, cuyo nombre lleva esta plaza — proclamó, sin duda antes que Monroe, los principios de su célebre doctrina, como ya lo hiciera también Pueyrredón en las instrucciones a San Martín”. Más allá del Barrio-Parque Aguirre, tras las vías del ferrocarril y la Avenida Centenario, prolongábanse hacia el Oeste, hasta dar con el camino de afuera o de la Loma, extensas fracciones del terreno que había configurado la parte trasera de la histórica chacra que me ocupa. Ese terreno se componía, aproximadamente, de 316 hectáreas: 71, pertenecientes a los herederos de Susana Aguirre de Gómez (que abarcaban 4 fracciones, con el “Quintón” colonial sobre la Avenida Centenario); 68 (distribuidas en 3 fracciones) correspondían a los sucesores de Manuel J. Aguirre, o sea a mi madre y sus hermanos los Aguirre Lynch; 77 eran del dominio de mi abuela Enriqueta Lynch de Aguirre, por donación que le hizo Victoria Aguirre, su cuñada; y 98, redondeaban la propiedad de Rosa Aguirre de Balcarce. Durante mi adolescencia, casi todas esas fracciones estaban arrendadas a verduleros italianos; salvo unas 40 hectáreas que los herederos de mi abuelos Aguirre alquilaron a cierto nonato “Polo Club Argentino”, proyectado por Alfredo Peña Unzué y Miguel Alfredo Martínez de Hoz; y la fracción de los Balcarce que, por mitades, arrendaban el San Pueyrredon

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Isidro Golf Club y la Compañía Rioplatense de Aviación, que allí instaló sus hangares y el aeródromo. Un camino de tierra orillaba las lomas hasta Boulogne, y para llegar a su cancha desde la estación del ferrocarril, el Golf Club hacía correr, sobre rieles, un tranvía chiquitito tirado por un caballo. Así las cosas, el año 1924, la Comisión Directiva del Jockey Club de Buenos Aires — presidida por Miguel Alfredo Martínez de Hoz y de la que era vocal mi padre — encaró las gestiones para adquirir un terreno propio, destinado a Campo de Carreras, de Entrenamiento y Deportes, ya que — huelga recordarlo — el Hipódromo de Palermo, con sus dependencias anexas, pertenecía a la Municipalidad capitalina, y el Jockey lo administraba mediante una concesión del Estado, cuya ley periodicamente se renovaba. Tres, entre varias, fueron las propiedades que se tuvieron en vista para concretar aquella finalidad: los terrenos de Aguirre — 316 hectáreas en las lomas de San Isidro; el campo de Dámasa Zelaya de Saavedra — 215 hectáreas, parte en la Capital Federal y parte en Vicente López; y la estanzuela de Ana Lugones de Quirna — 823 hectáreas en Morón, cerca de la estación de Hurlingham. Luego de laboriosos estudios y trámites, que llevaron a cabo distintas comisiones especiales designadas por el Club, la Comisión Directiva del mismo — a la cual, por delicadeza, había renunciado Carlos Ibarguren — optó por el campo de los herederos de Manuel Alejandro Aguirre, en San Isidro. En consecuencia — previa aprobación de los socios en Asamblea General Extraordinaria (5-XI1925) del boleto de compra venta ad-referendum, firmado por el Presidente de la entidad Adolfo G. Luro con Julián Aguirre Lynch, Lorenzo M. Gómez Aguirre y Manuel G. Balcarce, apoderados de las distintas ramas transmitentes —, el Jockey Club de Buenos Aires, el 6-IV-1926, ante el Escribano Alfredo Darmandrail adquiría aquellas 316 hectáreas en las lomas de San Isidro, que formaron parte de la histórica chacra familiar. El precio total de la operación fue de cuatro millones quinientos mil pesos, que los vendedores se repartieron en la siguiente proporción: dos millones de pesos para los herederos de Susana Aguirre de Gómez; un millón ciento treinta mil pesos para la sucesión de Manuel J. Aguirre; quinientos setenta mil pesos para Enriqueta Lynch de Aguirre; y ochocientos mil pesos para Rosa Aguirre de Balcarce. 238

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Después, una comisión especial del Jockey Club, integrada por Benito Villanueva, Saturnino J. Unzué, Miguel Alfredo Martínez de Hoz, Joaquín S. de Anchorena, Adolfo Luro, Ignacio Correas y Miguel Angel Juárez Celman, se encargó de acelerar los trabajos para la construcción de tribunas, pistas, parques, jardines y demás instalaciones del Hipódromo, que, reconocido como uno de los mejores del mundo, se inaguró el 8-XII-1935. Entretanto en el golf se modernizaba la cancha, y más adelante (1945) concluíase la espléndida casa, sede del Club en el Campo de Deportes que proyectaron los arquitectos Miguel y Guillermo Madero. Con esas principales y muchas otras realizaciones, la gigantesca obra quedó terminada para prestigio del país, y, pese a los contratiempos del destino, aún perdura en San Isidro como expresión de belleza y de enérgica voluntad de cultura. Con anterioridad a esta adquisición del Jockey Club, tanto las quintas de Balcarce y de Gómez Aguirre, sobre la barranca (que constituyeron en 1580 el frente de la merced de Pablo Cimbrón), cuanto la parcela del “Bosque Alegre” (que había sido el bajo de la “suerte” de Antón Roberto), y, a partir de 1939, la quinta de los hijos de mi abuelo Manuel J. Aguirre (originalmente parte delantera del terreno amojonado para Rodrigo Gómez), se fraccionaron en múltiples lotes que dieron vida a un nuevo barrio-parque, extendido a ambos costados de la Avenida “Manuel Aguirre”, trayecto lugareño, éste, al que en 1950 le borraron el nombre, para llamarlo uniformemente — como a todo el camino desde la Capital Federal hasta el Tigre —, Avenida “Libertador General San Martín”. Tras distintos fraccionamientos y paulatinas subdivisiones en gran escala de la antigua chacra familiar, sólo sobrevivía en un rincón de la barranca, contrapuesto al grandioso panorama del río, el viejo habitáculo histórico de próceres y cabildantes, cual reliquia milagrosamente salvada de aquella colosal atomización. He de recordar que, el 5-VIII-1925, en el Congreso Nacional, los senadores Leopoldo Melo y Carlos Zabala presentaron un proyecto de ley autorizando al Poder Ejecutivo “para expropiar la casa histórica que fue del General don Juan Martín de Pueyrredón” cuya iniciativa cinco días después, previo despacho de la Comisión de Negocios Constitucionales, sancionó el alto Cuerpo. Empero, como el asunto no se tratara por la Cámara de Diputados, la patriótica Pueyrredon

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determinación del Senado hubo de morir en el archivo. El senador Zabala al fundar dicho proyecto expropiador, consignó los fastos memorables de la chacra — sin duda con datos proporcionados por el historiador Adrián Beccar Varela — y puso fin a su discurso con las siguientes palabras: “Estos hechos históricos que rápidamente quedan expuestos, nos convencieron de la necesidad de expropiar esa quinta, para completar la obra del pueblo de San Isidro al levantar la estatua del General Pueyrredón en parte de dicha quinta; es decir, en la Plaza Manuel A. Aguirre, ciudadano de exelsas virtudes, descendiente del no menos patriota y servidor del país don Manuel Hermenegildo Aguirre, siendo el primero uno de los benefactores de San Isidro, y quien — como hemos dicho — ha conservado esa reliquia histórica”. El 27-VI-1934, en la sesión de la Cámara de Diputados, el representante conservador José Arce, presentó un proyecto de ley declarando monumento nacional sujeto a expropiación, a la casaquinta que fuera del Director Supremo Pueyrredón. Y el 28-IX-1935, el diputado Roberto Noble, en nombre del bloque “de la concordancia”, leyó en el recinto los asuntos que merecían preferencia para ser despachados, y entre ellos figuró la “Expropiación de la quinta de Pueyrredón en San Isidro”. Asimismo, ese año 35, el Poder Ejecutivo incluyó como asunto para tratarse en las sesiones extraordinarias, por ser de interés público, “la expropiación de la quinta de Pueyrredón”. Mientras tanto, la familia de Aguirre seguía a la espera de que el gobierno expropiara la chacra, cuyo mantenimiento, en esos años de agudísima crisis, resultábale económicamente un “elefante blanco”. A causa de ello se alquiló la finca, por los meses del verano, a la señora Angela Noemí López de Lastra; y más adelante (19351938) dióse la casona en locación para sede temporaria del San Isidro Club — el S.I.C. —, entidad formada por un grupo de socios escindidos del Club Atlético San Isidro, disconformes con ciertas medidas, tomadas por las autoridades del C.A.S.I., que afectaban a sus jugadores de rugby. A fines de 1937, debido a gestiones de centros sociales sanisidrenses, tramitóse en la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, la compra por la Nación del bien de referencia. Hortensio Aguirre, administrador de la sucesión de su madre Enriqueta Lynch de Aguirre, en un escrito al Director de aquel 240

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organismo oficial, decía: “Que siendo necesario liquidar esta sucesión y no pudiendo esperar la eventual resolución del Congreso, que podría demorarse por un tiempo que no es posible precisar, se ha dispuesto por los herederos la venta en lotes del referido inmueble, la que probablemente traería aparejada la demolición de la casa histórica. Pero si el Poder Ejecutivo estuviera dispuesto a comprar en remate judicial el referido inmueble en un solo lote, la sucesión que administro no tendría inconveniente en convenir con el Poder Ejecutivo la venta en esas condiciones, por el precio de $460.000 m/n”. A partir de ahí, tres años más siguieron esperando los herederos de la señora de Aguirre un pronunciamiento del gobierno acerca de la chacra. Habían corrido dieciséis anualidades desde aquella primera ley expropiadora con media sanción del Senado. Entonces a comienzos de 1941, Carlos Alberto Pueyrredón — Pueyrredón Lynch, primo segundo de los Aguirre Lynch —, a la sazón Intendente Municipal de Buenos Aires, con gran influencia en las esferas oficiales, aconsejó a sus parientes la estratagema de llevar adelante el remate judicial de la finca, colocando, frente al histórico solar llamativos cartelones anunciadores de la subasta. Esta grave alternativa obligaría a las autoridades a impedir la amenazante posibilidad de que fuera demolido el venerable edificio. Así, como se esperaba, ocurrió. El hecho vino a conmover al pueblo de San Isidro. En el Club Atlético, un calificado grupo de vecinos reunióse — en cabildo abierto, diré — a fin de encontrar la forma de salvar la casa de Pueyrredón. Y cuando muchos desesperaban sin hallarle solución al asunto, tercieron, en última instancia, el Intendente capitalino Carlos Alberto Pueyrredón y Rodolfo Giménez Bustamante, Interventor en la Municipalidad sanisidrense; y éste, alentado por aquél, firmó con Hortensio Aguirre el boleto de compra-venta de la chacra, a favor de la Comuna de San Isidro. Al 30-XI-1941, en presencia del Vicepresidente en ejercicio del Poder Ejecutivo Ramón S. Castillo, del Interventor Nacional en la Provincia de Buenos Aires Coronel Enrique J. Rottjer, del Intendente de la Capital Carlos Alberto Pueyrredón y demás autoridades, el Comisionado Municipal de San Isidro Joaquín Sorondo, procedió a recibir de los herederos de Manuel J. Aguirre y Enriqueta Lynch de Aguirre — representados por Hortensio Aguirre — la posesión de “la Pueyrredon

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Chacra donde vivió y murió el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Gral. Juan Martín de Pueyrredón. Chacra — consigna el acta respectiva — que a través de más de un siglo, ha sido conservada intacta como una reliquia, para que los argentinos puedan evocar muchos de los episodios que forjaron su historia, y que será destinada a Museo General Juan Martín de Pueyrredón”. La casa, sus dependencias cercanas y el parque — de dos hectáreas — fueron declarados “Monumento Histórico Nacional”, por Decreto Nº 104.180 del 28-X-1941. Con posterioridad, el 16-IX-1944, el Comisionado Municipal de San Isidro, David E. Jessen, decretaba la creación del Museo y Archivo Histórico Regional Juan Martín de Pueyrredón. Desde esa fecha, la historia — propiamente tal — cesa de fluir en aquella última parcela de la chacra convertida en templo evocativo; y a su conjuro, por cierto, han revivido estos recuerdos que estimularon mis modestas aptitudes de historiador.

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RAMÍREZ DE SAGÜES El linaje de Sagües es originario de Navarra. Su escudo de armas era cuartelado; 1º y 4º en campo de gules dos castillos de plata puestos en palo; 2º y 3º en campo de azur cuatro bezantes de oro, puestos también en palo. (Nobiliario Español de Julio de Atienza). Surge de los autos obrados en 1709 por muerte de Bernardino Ramírez de Sagües, que este lejano abuelo mío fue oriundo del “Reyno de Navarra”, de la villa de San Martín de Unx — hogaño en el partido judicial de Tafalla —, hijo legítimo de “Fermín Ramírez de Zagüez” y de “Catalina de Gea” — según declaración testamentaria del causante; n.p. de Martín Ramírez de Sagües y de su mujer María Bermuda. Manifestó asimismo Bernardino que de su nativo caserío “me llevaron, antes de saber hablar, a la ciudad de Pamplona, donde me crió Don Martín de Monreal, mi tío, por cuya razón no pude tener parte en las haciendas de mis padres, si bien algunas escapadas que hice (a San Martín) apercibí tenían viña, olivar y tierra de pan llevar que los beneficiaba, de que se mantenían con la decencia de unos hidalgos honrados”. Ignoro los motivos que trajeron a Bernardino al Río de la Plata. Supongo que en cierto trance, allá en Pamplona el tío Monreal le echó la bendición y el muchacho se vino hasta Buenos Aires. Lo concreto es que aquí, el 23-VI-1680, contrajo ventajoso matrimonio con Francisca de Trigueros Páez de Clavijo y Vergara, perteneciente a arraigada familia porteña, hija de Diego Páez de Clavijo y Agreda de Vergara y de Basilia González Filiano y Trigueros Fernández Enciso; y que el susodicho navarro, por esas fechas se desempeñaba como “Alférez del Presidio” o plaza militar bonaerense. Bendijo su boda el Maestro Juan de Oramas Filiano, tío de la novia y cura de la Catedral, siendo testigos la madre y el tío político de la contrayente; “Basilia de Oramas” González Filiano y Pedro Gutiérrez Garcés, además de un Cristóbal Gutiérrez. Años más tarde, el 5-II-1696, el Gobernador Agustín de Robles designó a Ramírez de Sagües

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Ramírez de Sagües “Promotor Fiscal y Defensor de la Real Hacienda”; cargo que el Cabildo hubo de reconocer en su acuerdo del día 24 de aquel mismo mes. Desde entonces hasta su muerte, mi remoto ascendiente ejerció dicha función, denominada también de “Oficial Mayor de Libros de las Reales Caxas”. Francisca de Trigueros había recibido como dote de su madre los siguientes bienes; “Una estancia en el Río Luján de esta banda” (valuada en 200 pesos), que lindaba por una parte con estancia de su tía paterna Catalina Páez de Clavijo, y por otra con la de Diego García; media “suerte de chacra” de 200 varas de frente en al pago de “Monte Grande”, a una legua de la ciudad, lindante con el Convento de Nuestra Señora de la Merced, y por el opuesto costado con, “tierras que llaman de Gatica” (valuada en 100 pesos); una negra criolla (al valor de 500 pesos), una fuente, un salero, dos platos de plata, un tarro y unos zarcillos de oro “que no me acuerdo quanto fue su presio”; un “vestido de tafetán doble; una pollero sempiterna”; cuatro camisas y dos pares de enaguas”; que “de todo esto no se hizo baluación ni instrumento jurídico”. Además doña Basilia le dió a su hija un cuarto de solar (tasado en 400 pesos) que lindaba con Catalina Paez de Clavijo, y en el otro extremo con terreno baldío de los herederos del Maestro Juan de Oramas Filiano (tío materno de la desposada), en cuyo solar se edificó “un cuarto de tirante, cubierto”. Ultimas disposiciones de mis antepasados Francisca Trigueros Paez de Clavijo testó el 6-XI-1706 y murió al poco tiempo. Por su parte Bernardino Ramírez de Sagües, siendo “un Capitán reformado” — en situación de retiro, diríamos hoy — extendió su testamento ológrafo el 4-XII-1708. Mandó sepultaran sus restos en la Iglesia de Santo Domingo “donde los militares tenemos nuestra Cofradía”. Declaró ser viudo e instituyó herederos a los hijos habidos en su matrimonio con Francisca de Trigueros. Dijo haber sido albacea de la testamentaria de su suegra Basilia González Filiano Trigueros, junto con su cuñado el cura Juan de Oramas Filiano. Manifestó que su tío el presbítero Maestro Martín de Monreal, fallecido en España, por escritura pasada el año 1704 ante Blas de Ciga, Escribano de Su Magestad, vecino de la ciudad de Olite, en Navarra, “hizo cesión en mí” de 300 ducados de 246

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plata de un derecho que tenía de 700 sobre la casa y bienes familiares que poseía el tío Monreal en condominio con sus hermanos Juan Gea y “Catalina de Gea” — madre del testado — el cual puntualizó que “aunque he dado poder para esa cobranza no ha habido resulta, y mis herederos harán las diligencias para su cobro. Agregaba el otorgante que “por carta del dicho don Martín (su tío), escripta al margen de la de mi padre, me dicen tenía dispuesto que don Juan de Gea, mi tío, clérigo presbítero, con mi hermana Catalina Ramírez, viuda (de Francisco Pérez Herrada) y sus hijitos”, disfrutarán los referidos bienes, “para que se pudieran mantener en aquella villa” (de San Martín de Unx). Nombró don Bernardino albaceas al Capitán Justo de Ramila y a sus hijos Ventura, Juana y Catalina Ramírez de Sagües, y, a principios de 1709, el causante dejaba de alentar en este mundo. Concluída su testamentaría, a cada uno de los herederos le tocó una legítima de 423 pesos de a 8 reales. Estos resultaron los bienes sucesorios más importantes de mi antepasado — que en realidad habían sido de su mujer Francisca de Trigueros, fallecida a fines de 1706 — tasados por los Capitanes Sebastián Delgado y Bartolomé de Aramburu (otro de mis lejanos abuelos), a saber: Las “cassas de su morada”, compuestas de sala de 4 tirantes, y 2 aposentos a la calle, con dormitorio y recámara, cubiertos de tejas; patio con pozo de brocal y huerta al fondo, toda cercada de tapias. El edificio levantábase “a espaldas de la Catedral”, en la hoy calle Bartolomé Mitre entre las de San Martín y Reconquista. Era el solar repartido por Garay en 1580 a un impreciso “don Lorenzo”. En la actualidad parte de tal predio urbano se encuentra ocupado por los edificios del “Banco Río” y del “Banco de Italia y Río de la Plata”. Una media chacra en el camino hacia “Monte Grande” (ahora San Isidro). El terreno retaciado perteneció en su origen a la “suerte” de 400 varas de frente por la legua de fondo que Garay, en 1580, le adjudicó a Víctor Casco de Mendoza. Posteriormente su dominio vacante pasó a Lucas Medrano, por merced que le hizo el Gobernador Pedro Esteban Dávila, el 13-VII-1639. Un mes después, el 21 de agosto, Medrano vendió la chacra a Bernabé González Filiano; de quien a su vez, la heredaría su hija: Basilia Trigueros Filiano. A principios de 1666, el “Capitán Bernardino Ramírez de Sagües”, pidió la posesión de dichas tierras que habían sido de su suegra, en los autos sucesorios de esta señora, que se ventilaban ante el Alcalde Ramírez de Sagües

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de 1º voto Ignacio Fernández de Agüero; posesión que le fue dada el 23 de febrero de aquel año, por intermedio de Ambrosio de Vergara. Confinaba la media chacra en 1708, por un lado con tierras del Convento mercedario, y por otro con “tierras que llaman de Gatica”. A su debido tiempo, esa fracción de chacra integró el patrimonio de la hija de los esposos Ramírez de Sagües-Trigueros Paez de Clavijo: Petrona, mujer de Claudio Rospigliosi. Hogaño dicho terreno esta ocupado por 40 manzanas edificadas, cuyo frente arranca, más o menos, del trecho que marcan las calles Avenida Libertador San Martín, entre Malabia y Avenida Sarmiento, para prolongarse hacia el Oeste, abarcando en esta trayectoria a fracciones arboladas de Palermo, del Zoológico y del Jardín Botánico; y más allá, en el fondo de su legua — cortada por la calle Díaz Vélez y la Avenida San Martín — el Parque Centenario. Integraba asimismo el conjunto hereditario, una “suerte de estancia”, en “el río Luján de esta banda”, la cual lindaba “por parte de abajo” con tierras pobladas del Teniente Diego García, y por “la de arriba”, con las de Catalina Paez de Clavijo Trigueros — casada con Pedro Gutiérrez de Molina Garcés. El campo había pertenecido también a Bernabé González Filiano, bisabuelo de la mujer de Ramírez de Sagües, quien lo adquirió de Juan Vázquez, marido de María Rojas de Acevedo. En ese preciso lugar — como lo expongo en el capítulo que dedico a González Filiano — se empacaron los bueyes del carretón con la imagen de la Virgen de la Limpia Concepción, hoy Nuestra Señora de Luján. Entre los otros bienes inventariados en la testamentaría de referencia, señalo a: “una negra que no es cristiana, puesta por nombre Josepha”, de 17 o 18 años; un bufete de jacarandá con 4 llaves, y con otros muebles y la ropa del causante, “una imagen de bulto de Nuestra Señora de las Mercedes con su Niño y coronas de plata”. Según parece, el difunto marido de Francisca Trigueros no había sido del todo “trigo limpio”. En efecto: en marzo de 1712 llegó de improviso a Buenos Aires el Licenciado Juan José de Mutiloa y Andueza, Alcalde de Casa y Corte de S.M., Oidor de la Audiencia de Sevilla, enviado por el Rey como “Juez privativo” a efectos de investigar los contrabandos introducidos en nuestro territorio por naves francesas, y las conductas observadas al respecto por el 248

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Gobernador Manuel de Velasco y Tejada y demás funcionarios de la administración porteña. Como primera medida Mutiloa y Andueza puso preso al Gobernador, sorprendido in fraganti, a horas de la noche, en un desembarco clandestino de mercaderías prohibidas. Al día siguiente (28 de marzo), el “Comisionado real” se hace reconocer por el Cabildo como Primer Mandatario de la provincia; y en tal carácter da comienzo a una pesquisa en las Cajas Reales, remontada hasta el año 1692 — época del Gobernador Agustín de Robles. Dicho procedimiento descubre que el extinto Bernardino Ramírez de Sagües, “Oficial Mayor que fue de dichas Reales Caxas”, dejó sin asentar en los libros respectivos, 60 partidas de “penas de Cámara” (multas pecuniarias a favor del Tesoro de S.M.), y también que mi antepasado había estado “rremedando las firmas y rúbricas” del finado Tesorero Pedro Fernández Castro. Comprobada la irregularidad, Mutiloa y Andueza les impuso una multa a los hijos del exactor desaparecido. Estos, entonces, representados por el sacerdote Dr. Juan Diego Gutiérrez de Paz Paez de Clavijo — su primo hermano — alegaron y demostraron que no tenían obligación de pagar las multas de su padre — el cual no poseyó bienes propios en el país — y que las propiedades heredadas por ellos les venían directamente de su madre: Francisca de Trigueros Paez de Clavijo. La “vaquería” o caza de vacunos silvestres A propósito de aquella estancia y de las actividades pecuarias de sus dueños, diré que, el 21-X-1719, el Cabildo de Buenos Aires requirió a los hijos de “Bernardo Sagües” justificasen sus derechos de “accioneros y por cual línea sucesoria pretendían ellos los privilegios de acción” sobre el ganado montaraz de las llanuras bonaerenses. La “acción” o permiso de “vaquería” era una suerte de licencia de caza que el Cabildo otorgaba a los antiguos vecinos de la ciudad, quienes, bajo ciertas condiciones, podían salir campo afuera a matar en tierras realengas determinado número de vacas cimarronas, para beneficiarse con sus cueros, grasas y cebo; o a recoger reses vivas, a fin de poblar o aumentar los rodeos de sus estancias. Tales incursiones por la pampa salvaje realizábanse durante largos meses, con participación de numerosos peones, caballos y carretas, y su Ramírez de Sagües

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equipamiento requería fuertes desembolsos de dinero. Un libro especial del Cabildo registraba a los “accioneros” inscriptos. El derecho a la “acción” — lo mismo que cualquier otro derecho de propiedad — se transmitía por herencia, donación o venta. Nadie ignoraba entonces que el ganado cimarrón provenía de las primeras bestias traídas por los fundadores de la ciudad, cuyos descendientes eran considerados dueños legítimos de aquellas haciendas alzadas. En consecuencia, los herederos de Bernardino Ramírez de Sagües — casado con una Trigueros Paez de Clavijo, tataranieta del Capitán Juan Fernández Enciso, fundador de Buenos Aires con Garay, y chozna de Irala, expedicionario con Pedro de Mendoza — bien podían justificar, ante el Cabildo, sus pretensiones al beneficio de “vaquería”, para repoblar, sin duda, aquella estancia de sus mayores en el pago de Luján. El fraile franciscano aragonés Pedro José Parras, recorrió la vasta y desierta planicie pampeana a mediados del siglo XVIII, y en su diario viajero dejó escrito un vívido relato de esas “vaquerías” o enormes desolladuras de ganados cimarrones en aquel ilimitado mar de pastos. “Vi — anotó Fray Pedro — en diversos días matar dos mil toros y novillos para quitarles el cuero, sebo y grasa, quedando la carne por los campos. El modo de matarlos es este: montan seis o más hombres a caballo y, dispuestos en semicírculo, cogen por delante doscientos o más toros. En medio del semicírculo que forma la gente, se pone el vaquero que ha de matarlos; éste tiene en la mano un asta de cuatro varas de largo, en cuya punta esta una media luna de acero de buen corte. Dispuestos todos en tal forma, dan a los caballos carrera abierta en alcance de aquel ganado. El vaquero va hiriendo con la media luna a la última res que queda en la tropa; más no la hiere como quiera, sino que al tiempo que el toro va a sentar pié en tierra, le toca con grandísima suavidad con la media luna en el corvejón del pié, por sobre el codillo, y luego que el animal se siente herido, cae en tierra, y sin que haya novedad en la carrera, pasa a herir a otro con la misma destreza, y así los va pasando a todos, mientras el caballo aguanta; de modo que yo he visto, en sola una carrera (sin notar en el caballo detención alguna), matar un solo hombre ciento veinte y siete toros. Luego, más despacio, deshacen el camino y cada peón queda a deshollar el suyo, a los que le pertenecen, quitando y estaqueando los cueros, que es la carga que de 250

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este puerto llevan los navíos a España. Aprovechan, como se ha dicho, el sebo, la grasa y las lenguas, y queda lo demás por la campaña”. I — BERNARDINO RAMIREZ DE SAGUES — como se dijo — habíase casado el 25-V-1680 con Francisca de Trigueros Paez de Clavijo. Ambos cónyuges, según declaración del marido en su testamento de 1708, procrearon 14 hijos, de los cuales 6 murieron en su menor edad, “y hoy son vivos” 8 de aquellos. He aquí la nómina de esos 14 vástagos: 1) Catalina Ramírez de Sagües Trigueros, baut. el 25-II-1685. Padrinos: Sebastián Delgado y Lucía Velázquez Meléndez. Vivía Catalina en 1712. 2) Gregoria Ramírez de Sagües Trigueros, baut. el 12-III-1687 de 14 meses. Murió en la infancia. 3) Joseph Ventura Ramírez de Sagües Trigueros, baut. el 20-II-1689 de 1 año, 7 meses y 7 días. José Ventura de radicó en Potosí, y al morir le dejó a su sobrino Claudio Rospigliosi Ramírez de Sagües, una casa “a espaldas del convento de La Merced”, en esa Villa Imperial. 4) Teresa Ramírez de Sagües Trigueros, baut. el 22-X-1689. falleció niña. 5) Isidora Ramírez de Sagües Trigueros, baut. el 3-VI-1693 de 26 meses. Murió también en tierna edad. 6) Juan Ramírez de Sagües Trigueros, baut. el 3-VI-1693 de 7 días. En 1708 hallábase en España. 7) Ana Ramírez de Sagües Trigueros, baut. el 12-V-1695. Muerta en la niñez. 8) Antonia María Ramírez de Sagües Trigueros, baut. el 28-III-1699. El 12-VII-1752, ante el Escribano Francisco de Merlo, Antonia, junto con su hermana Juana, le donaron a su sobrina carnal Francisca Rospigliosi, las respectivas partes de la herencia paterna y materna de ellas, con la condición de que hasta el fin de sus días las donadoras habrían de usufructuar aquel patrimonio. 9) Miguel Ramírez de Sagües Trigueros, baut. el 30-VII-1699. Murió infante.

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10) Juana Ramírez de Sagües Trigueros. Nacida en 1700. Ella y su hermana Antonia hicieron la donación que dijimos más arriba a su sobrina Francisca Rospigliosi en 1752. El 9-VIII-1754 doña Juana otorgó su testamento ante el Escribano Francisco de Merlo. Falleció soltera. 11) Agueda Josefa Ramírez de Sagües Trigueros, baut. el 18-II-1703. Casó en 1722 con Manuel Alberti. 12) Francisca Ramírez de Sagües Trigueros. Murió párvula. 13) María Ramírez de Sagües Trigueros. Casó el 24-XI-1718, con Antonio García de Sosa, Capitán de artillería. Era viuda en 1738. Testó el 15-VII-1762, ante Joseph García Echaburu. 14) Petrona Ramírez de Sagües Trigueros Paez de Clavijos — mi antepasada — nació en Bs. As. por 1701 y seguramente fue bautizada de socorro en su casa. Cuatro años más tarde, el 20-IV1705, le pusieron los óleos y crisma en la Catedral porteña. Cumplidos sus 24 abriles, es decir después de 1725, se casó con el capitán de infantería Claudio Julio Rospigliosi, y aportó como dote a la sociedad conyugal el valor de la casa que heredó de sus padres, “a las espaldas de la Catedral”, que su hermano José Ventura le donó en parte, y poseía en condominio con sus hermanas Juana y Antonia María; y también el capital de 542 pesos y 8 reales, que representaban una negra vieja llamada Josepha y otra esclavita homónima del mismo color. Murió Petrona luego de testar el 8-X-1747, y en sus funerales su esposo gastó “trescientos y tantos pesos”. Como la extinta dejara algunas deudas por valor de “mil y tantos pesos”, el marido hízose cargo de ellas, abonándolas con dinero de sus sueldos de Capitán. La sucesión de estos mis 6os abuelos, así como los antecedentes genealógicos de don Claudio, se tratan en el capítulo que dedico al apellido Rospigliosi.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Apolant Juan Alejandro:Génesis de la Familia Uruguaya, Montevideo 1966. Archivo General de la Nación: Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires ; sucesiones antiguas y documentos de la Sala 9. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Archivo parroquial de la Iglesia de La Merced de Buenos Aires. Compilación de Referencias Documentales — Dirección de Geodesia, Catastro y Mapa de la Provincia de Buenos aires. Tomo I y II, La Plata 1933-35. Diario y derrotero de los viajes que ha hecho el P. Fray Pedro Parras en Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, dirigida por Manuel Ricardo Trelles. Tomo IV. Bs. As. 1882. Martínez, Alberto B. : Estudio Topográfico de Buenos Aires, incluído en el volumen Censo Municipal de Buenos Aires, año 1887. Molina Raúl A.: Padrón histórico de vecinos, estantes y habitantes de Buenos Aires en los siglos XVI y XVII. Inédito. Trelles Manuel Ricardo: Registro Estadístico de Buenos Aires, año 1874.

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RAMÍREZ DE VELASCO y RAMÍREZ DE MONTALVO “La ilustre Casa de Ramírez” — para calificarla con el título de la gran novela de Eça de Queiroz, y como su autor bien dice “más antigua en España que el Condado Portucalense” —, tuvo, según tradición mayoritariamente aceptada, origen en el Infante navarro Ramiro Sánchez, yerno del Cid campeador; hijo — afirman algunos autores — del Rey Sancho IV de Navarra (1054-1076), el cual murió mientras cazaba en los bosques de “Peñalén”, asesinado por su hermano bastardo Ramón, quien lo despeñó desde lo alto de una roca. Otros tratadistas lo hacen al Infante Ramiro hijo de un distinto Sancho, hermano del desbarrancado monarca en “Peñalén”, habido aquel fuera del matrimonio por el Rey de Navarra García Sánchez, llamado “el de Nájera”, quien fue muerto en 1054 por los castellanos en la batalla de Atapuerca. Ese Sancho de la real mano izquierda, dado a luz por doña Constanza o Blanca, sería progenitor del Infante Ramiro Sánchez; o sino otro Infante Ramiro, hijo también del Soberano navarro caído en Atapuerca. Versión esta última admitida por don Ramón Menéndez Pidal, en La España del Cid; el cual ahí estampa que la hija mayor del Cid, Cristina Rodríguez casó con Ramiro, Infante de Navarra, nieto del Rey García de Atapuerca, hijo de otro Infante Ramiro muerto traidoramente en el desastre de Rueda”. En cualquier caso, después del fratricidio regio de “Peñalén” a nuestro Infante Ramiro, envuelto en disputas de familia, lo despojaron del trono de Navarra. Huyó entonces de su patria, y unido Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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a las mesnadas aguerridas del Cid Rodrigo Díaz de Vivar, participa con éste, en la toma y defensa de Valencia contra los moros (10881092), para casarse seguidamente con una de las hijas del famoso campeador; Cristina o Elvira — que al respecto se contradicen los historiadores eruditos con los romanceros legendarios. Narran asimismo añejas crónicas que, al cabo de un tiempo, el Infante Ramiro salió de Valencia, en compañía de varios caballeros navarros, a tomar parte en la primera Cruzada a Jerusalém (10961099); cuya santa guerra predicó el Papa Urbano II en el Concilio de Clermont; la hizo popular a voz en cuello Pedro el Ermitaño a través de la cristiandad; y fue militarmente dirigida por Godofredo de Buillón, Duque de Lorena, a fin de rescatar el Sepulcro de Cristo de manos islamitas. Entre los principales jefes que marcharon a los Santos Lugares, contábase Raymundo de Saint-Gilles, Conde de Tolosa; y directamente subordinado a él iba el Infante Ramiro de Navarra, quien encabezaba una lúcida falange de navarros, gascones y aquitanos, algunos de cuyos componentes a recogido la historia; Aznar Fortunez de Etalar, que murió en Palestina, Juan y Pedro Cruzat, Don Guevara — tío del Infante Ramiro, luego llamado por sus hazañas “Pedro el Cruzado” —, Fortuño y Sancho Iñiguez, Aznar Garcés, el Conde Gastón de Bearne, Enrique de Baztán o Bazán, el Capitán Saturnino de Lasterra (que son los que cita el publicista A. de Lizarra en su obra Los Vascos y las Cruzadas, edit. “Ekin”, Bs. As. 1946). Dicha antiquísima tradición de la campaña del Infante Ramiro a Tierra Santa es respetada por la mayoría de los autores, uno de los cuales, Diego Ramírez de la Piscina — alias “Abalos” —, la recogió en su Crónica de los Reyes de Navarra, manuscrita en latín en 1534, y después comentada en castellano por Esteban de Garibay. Sin embargo, J. Argamasilla de la Cerda y Bayona — en su Nobiliario y Armería General de Nabarra, Madrid, 1906 — sostiene que lo aseverado por Abalos de la Piscina, de que el Infante navarro Ramiro asistió a la primera Cruzada, es pura fábula, ya que en esa época ningún Infante navarro o aragonés llamado Ramiro, pudo alistarse en la empresa, puesto que, por aquellas fechas, solo existían dos Príncipes que llevaban el nombre de referencia; un Ramiro vástago del Rey García Sánchez “el de Nájera” (de éste precisamente dice 258

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Menéndez Pidal que era hijo Ramiro, el yerno del Cid), y otro Infante Ramiro que fue tercer hijo del Rey de Aragón, Sancho Ramírez, el cual en 1093 solo contaba 9 años, siendo de esa edad monje, hasta que en 1136, a pedido de las Cortes de Aragón, subió al trono de sus mayores. Sea de ello lo que fuere, los cierto es que la tradición afirma que volvió el Infante Ramiro a España del Medio Oriente, decidido a conmemorar la gesta de la toma de Jerusalén; en cuya jornada puso tanto valor “que mereció que Dios le premiase deparándole la fortuna de encontrar en la probática piscina un pedazo de la verdadera cruz, en que el Señor consumó nuestra redención” — apunta la Crónica —, y que con propósito recordatorio fundó la Real Divisa de Santa María de la Piscina, suerte de cofradía caballeresca. Tras ello, retirado en el monacato de San Pedro de Cardeña — donde yacían los restos del Cid y de doña Ximena, sus suegros y los de su consorte doña Elvira o Cristina — Ramiro otorgó testamento el 13-XI-1110. Ordenó en él a su pariente y albacea Pedro de Virila — Abad del referido convento — que con sus bienes hiciera levantar en las heredades suyas una iglesia dedicada a la Santísima Virgen, en la que se rindiese culto al trozo de cruz que había traído de Jerusalén. Muchos autores — verbigracia el clérigo José de Moret en el siglo XVII, y el benedictino Francisco de Berganza en el siglo XVIII — consideran falso el testamento de Ramiro. Empero, lo cierto es que el año 1136, el Abad Virila — con mandato del Infante o sin él — acabó de construir, en San Vicente de la Sosierra — villa que entonces pertenecía a Navarra, y en la actualidad al partido judicial de Haro, en La Rioja —, la Casa Divisa e Iglesia de Santa María de la Piscina, templo consagrado en 1137 por el Obispo de Calahorra, Sancho Funes. Una de las cláusulas del discutido testamento de Ramiro expresaba: “Mando que después de edificada la Iglesia de Santa María de la Piscina, pongas en ella, hijo mío García, la casa y Divisa que ha de llamarse de la Piscina Sagrada de Jerusalén, para que seas el Señor y Patrono de ella, tú y tus sucesores por derecho perpetuo. Nadie entrará en mi Divisa que proceda de Moros, ni de judíos, ni tampoco se admitirán los hijos espúreos, bordes ni villanos ... debiendo ser hidalgos todos los caballeros de la Divisa ...”.

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No es inoportuno señalar, que aquella aludida milagrosa “Piscina” — en hebreo denominada “Betsaida” (“lugar de pesca”)— se encontraba en Jerusalén junto a la puerta “Probática” (que en griego significa “del ganado” o “de las ovejas”), y que su descripción la hace el Evangelio de San Juan, con sus cinco pórticos, donde — textualmente dice — “yacía gran multitud de enfermos, ciegos, cojos, tullidos, que aguardaban el movimiento del agua. Porque un ángel del Señor descendía de tiempo en tiempo a la piscina y se agitaba el agua; el primero, pues, que descendía después de la agitación del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que le aquejase”. En la probática piscina fue donde Jesús le dijo a un hombre que hacía 38 años que estaba enfermo: “¿Quieres ser curado? Señor, respondió el doliente, no tengo nadie que me meta en la piscina así que el agua está agitada: por lo cual, mientras yo voy, ya otro ha bajado antes. Dícele Jesús: Levántate, toma tu camilla y anda. De repente se halló sano este hombre, tomó su camilla e iba caminando”. Debo añadir que el antiguo monasterio de Santa María de la Piscina, hoy se conserva en el municipio logroñés de San Vicente de la Sosierra. “El templo es románico, de una sola nave, con bóveda de medio cañón y con cascarones. Tuvo pinturas murales que representaban la toma de Jerusalén, de las que solo se ven restos”. (Enciclopedia Universal Espasa-Calpe). En cuanto al primer Patrono de la Divisa o Cofradía de Caballeros de “la Piscina Sagrada de Jerusalén”, fue el hijo segundo de Ramiro que adoptó el apellido Ramírez de la Piscina, y que era además Señor de Torres, Peñacerrada, Montoria y Solana. Casó con Elvira o Teresa Gómez Sarmiento (hija del Conde Gómez Camp de Espina). Al fallecer dichos cónyuges, en 1142, sus despojos quedaron sepultados en la vieja iglesia de Urizarra, jurisdicción de Peñacerrada, del partido judicial de Laguardia, en la provincia de Alava. Carlos Calvo, en su Nobiliario, encabeza el linaje de Ramírez de la Piscina con un escudo partido por un palo de azur cargado de 5 lises de oro, cuyo lado diestro de oro trae 3 bandas de gules, y el siniestro también de oro con una encina de sinople y un león de púrpura empinado al tronco. Bordura de gules con 5 sotueres de oro intercalados con 5 veneras de plata. El blasón que ostentaba la fachada de la iglesia de Santa María de la Piscina y de la Casa de la Divisa de San Vicente de la Sosierra 260

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— según los García Carraffa — era terciado en palo: 1º de sinople, con una banda de oro cargada de una cotiza (banda estrecha) de gules; 2º de azur, con 3 flores de lis puestas en triángulo; 3º de plata, con un árbol de sobrarbe (encina), sumada a su copa una cruz de gules, y un león de gules empinado al tronco. Bordura general de oro, con las cadenas de Navarra de sable, y entre los espacios de las cadenas, 4 sotueres, 4 veneras y 4 cruces de San Juan de Jerusalén de gules. Otras prosapias del mismo apellido — precisan los García Carraffa — modificaron el blasón, pintando en su primer cuartel de oro 3 bandas de azur, y poniendo en el centro de la parte alta de la bordura una jarra de plata, con 5 azucenas. Otros ponen esa jarra con las azucenas sobre una corona real antigua que timbra el escudo. Por su parte, la primitiva Casa de Montalvo, que radicó en Alava en la villa de Arévalo del Rey, pintaba sus armas en campo de azur, con un águila bifronte explayada de plata. La presente genealogía comienza con: I — MARTIN RAMIREZ DE LA PISCINA, vecino de la villa de Jubera — actual provincia de Logroño, diócesis de Calahorra — en el valle de San Millán de la Cogolla, quien provenía por directa línea varonil del Solar Casa Divisa Real de la Piscina. Estuvo casado con su parienta Juana Ramírez de la Piscina en la que hubo estos hijos: 1) Pedro Ramírez de la Piscina, que sigue en II. 2) Juan Ramírez Valenciano, vecino de Santo Domingo de la Calzada, cuyos hijos legítimos fueron: A) Pelayo Ramírez, uno de los testigos en la probanza de hidalguía que su sobrino 2º Juan Ramírez de Velasco substanció, el 12XII-1583, ante la Real Chancillería de Valladolid, cual se referirá mas adelante. B) Damián Ramírez, que ganó igualmente ejecutoria en Valladolid. II — PEDRO RAMIREZ DE LA PISCINA, vecino de la villa de Ocón, asimismo en el valle de San Millán de la Cogolla,

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próxima a la villa paterna de Jubera. Casó con María Abalos y la hizo madre de: III— JUAN RAMIREZ DE LA PISCINA Y ABALOS, vecino de la villa de Estollo en al valle de San Millán de la Cogolla, marido de María de Velasco de la Calle; hija ésta— según algunos autores (Lafuente Machain y después Calvo y Allende Navarro) — de Pedro de Velasco y de Isabel Manrique; n.m. del 2º Conde de Castañeda Juan Fernández Manrique y de Catalina Enriquez de Rivera; y n.p. de Hernando de Velasco y de Leonor Lasso de la Vega y Hurtado de Mendoza; bisn. de Juan de Velasco, Señor de Briviesca y de Medina Pomar, y de María Solier de Siruela y Villalpando. Juan Ramírez de la Piscina y Abalos y María de Velasco procrearon a: IV — Juan Ramírez de Velasco, el cual, el 12-XII-1583, probó ante la Real Chancillería de Valladolid pertenecer por varonía a la Casa de los Ramírez de la Piscina. En las respectivas actuaciones contenidas en el Legajo 1377, Nº 16, del Archivo y Sala de Hijosdalgo del Tribunal vallisoletano (que el genealogista Martín Ferreyra, al referirse a la familia epónima, transcribe en el volumen III Linajes de la Gobernación del Tucumán de Arturo G. de Lazcano Colodrero), fueron interrogados 12 testigos, y todos ellos concuerdan, en síntesis, “que — como afirma el testigo Antón Lorencio de Herrera — ha tenido e tuvo e tiene al dicho Capitán Juan Ramírez de la Piscina e Velasco, que litiga, por descendiente legítimo, por la línea de varón, de la casa e solar de la Piscina, e lo ha tenido e tuvo e tiene por tal, por que ha visto que ha traído las armas e apellido de los de la dicha casa e solar de la Piscina, e por que los diviseros e señores e descendientes del dicho solar le han reconocido e reconocen por su deudo e pariente ... e por que oyó decir a los dichos viejos y ancianos que tiene declarados ... que Juan Ramírez padre del que litiga, e Pedro Ramírez, abuelo del que litiga, e Martín Ramírez su bisabuelo del que litiga, e los otros antecesores, que eran e fueron descendientes, por la línea de varón de la dicha casa e solar de la Piscina; e como tales hijosdalgo descendientes de ella decía, fueron e habían sido reconocidos por los dueños e patronos e mayorazgos de la dicha casa, e descendientes diviseros de ella”. Cual lo reconoció 262

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Marcelo Ramírez de la Piscina, 12º Patrono de la Real Divisa en 1585 — que derivaba directamente del Cid, del Infante Ramiro y de los Reyes de Navarra — aprobando tal información de nobleza de su pariente Juan Ramírez de Velasco, y recibiéndole como divisero de la Piscina. De Juan Ramírez de Velasco, y de su descendencia inmediata, he de ocuparme detalladamente más adelante. Ahora, a renglón seguido voy a referirme a un “sobrino lexítimo” de aquel y duodécimo abuelo mío llamado: V — JUAN RAMIREZ DE MONTALVO, vástago solariego del linaje de la Piscina, el cual, por así decirlo, emergió a la existencia en el valle de San Miguel de la Cogolla en Logroño, antiguo territorio de La Rioja, limítrofe entre Castilla y Navarra, comarca regida desde el siglo XI por los famosos fueros logroñeses, otorgados en 1095 por Alfonso VI, y extensivos asimismo a los países vascos. La condición de pariente de ese mi antepasado Juan Ramírez de Montalvo con el Gobernador Juan Ramírez de Velasco, la consignaría más tarde su bisnieto y ascendiente mío Agustín Martínez de Iriarte, en un escrito solicitando mercedes. Ahí se precisa que Ramírez de Montalvo era (sic) “sobrino lexítimo del Señor Juan Ramírez de Velasco, Gobernador y Capitán General destas tres provincias (Salta, Jujuy y Esteco) y conquistador y poblador dellas, y Divisero de la Casa y solar de la Piscina, que fundó el christianísimo Sr. Don Ramiro de Navarra” (ver el linaje de Martínez de Iriarte). Además dicho parentesco también se encuentra acreditado en el legajo “Temporalidades de Jujuy, años 1767 a 1807; Tierras a espaldas del cerro de Zapla”, que guarda el Archivo General de la Nación (Sala 9, Nº 22/6/1), uno de cuyos documentos, fechado en Salta el 29-IV-1710, expresa que Catalina de Salcedo y Poblete — bisnieta legítima de Juan Ramírez de Montalvo — “manifiesta que el Gobernador don Juan Ramírez de Velasco su tío bisabuelo materno (sic), le hizo merced de la estancia del cerro de Sapla al Ilustrísimo Señor Doctor don Francisco de Salzedo Poblete, del Consejo de su Magestad, Obispo que fue de la Catedral de Santiago de Chile, su tío asimismo bisabuelo paterno”; cuyas tierras del cerro de Zapla — alegaba Catalina de Salcedo — le correspondían a ella Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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como heredera de su tío bisabuelo, aquel mitrado santiaguino. Parece que la estancia en cuestión había sido dada de merced, el 29-VII-1592 por el Gobernador del Tucumán Ramírez de Velasco (obsérvese que 9 meses antes de que Argañaraz fundara San Salvador de Jujuy) en cabeza de Francisco de Salcedo, entonces Deán y vicario general en Santiago del Estero. Años después, ya promovido a Obispo, Francisco hízose cargo de la diócesis de Santiago de Chile en 1624, para fallecer allí, previo testamento otorgado el 21-I-1634, ante el Escribano Baltasar de Araube y la Torre. En otro documento del legajo de referencia, Francisco Salcedo Fernández Albernas ratificó en Salta, el 7-V-1722, aquella declaración hecha en 1710 por su madre doña Catalina, pidiendo un amparo para las tierras de ella, tras manifestar textualmente: “Que don Juan Ramírez de Velasco fue su tío bisabuelo materno” ( de doña Catalina), y que el Obispo fue también tío bisabuelo paterno de su madre, así como era bisabuelo del solicitante Alonso de Salcedo Poblete, sobrino, a su vez, del Obispo Salcedo, por ser hijo de Quiteria de Salcedo — hermana del prelado —, “vecino naturales de la Ciudad Real en los Reynos de España”, Ignoro en que circunstancias vino don Juan Ramírez de Montalvo de su terruño logroñés al mirífico Perú, y cuando “entró” en el apenas explorado Tucumán; si fue con su pariente Juan Ramírez de Velasco, o después de llegar éste allí para ejercer las altas funciones de Gobernador y Capitán General. Lo cierto es que el hombre, en Santiago del Estero se unió en matrimonio con Gabriela de Villarroel, hija del fundador de San Miguel de Tucumán Diego de Villarroel Meneses Aguirre y de su mujer María Maldonado de Torres. (Ver los apellidos Villarroel y Aguirre). Antes, o tal vez luego de algunos años de ese desposorio, el “hijodalgo” que me ocupa, en familiar compañía con el jefe de la provincia tucumana, intervino con éste, el 20-V-1591, en el establecimiento de la ciudad de “Todos los Santos de la Nueva Rioja” y firmó el acta fundacional respectiva. Y en ese frágil enclave asentado en región salvaje — con promisorio destino histórico por delante — a mi antepasado se le dió de merced “una cuadra de tierra ... hacia las puertas de la ciudad, de la parte de abajo”, que lindaba con la de Francisco Garzón.

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En 1614, el Capitán Juan Ramírez de Montalvo ya había franqueado los confines de la existencia, puesto que ese año su viuda, Gabriela de Villarroel, dotó a su hija Ana María, con 8.000 pesos, para el casamiento de ella con Juan Martínez de Iriarte. Los cónyuges Ramírez de Montalvo-Villarroel — duodécimos abuelos míos — hubieron los siguientes hijos: 1) Ana María Ramírez de Montalvo Villarroel, que se ató al vínculo conyugal — y para ello fue dotada con 8.000 pesos por su madre en 1614 — con el Capitán Juan Martínez de Iriarte, señor de la Casa Solar de Iriarte en Guipuzcoa, y luego encomendero y Teniente de Gobernador de Santiago del Estero y de Córdoba. La sucesión de dichos antepasados — fallecidos; don Juan en 1634, batallando contra los indios y en 1625 Ana María — prosigue en el linaje de Martínez de Iriarte. 2) Pedro Ramírez de Montalvo Villarroel, Alcalde ordinario de Esteco, casado con Isabel de Tapia. Testó don Pedro el 23-IX1662 en “Talavera de Madrid”, ante el Alcalde Luis Velázquez de Valderrama, y declaró a 5 hijos varones y 2 mujeres, a saber: A) Pedro Ramírez de Montalvo Tapia. B) Diego Ramírez de Montalvo Tapia. Capitán, concurrente a cierto Cabildo abierto en Jujuy el 30-XII-1687. Habíase casado con María de Ochoa y Zárate de Ovando, o de Ovando y Zárate (hija del Capitán Juan Ochoa de Ovando y Zárate y de María Martínez de Tejada del Campo; n.p. de Gutierre Velazquez de Ovando y de Juana de Zárate; n.m. de Pedro Martínez de Tejada y de Dorotea del Campo; bisn. p.p. del Capitán conquistador Pedro de Zárate y de Petronila de Castro, encomendera de Humahuaca). Falleció María de Ovando y Zárate el 21-XII-1718, y su cadáver fue sepultado en la Iglesia parroquial de Jujuy. Por su parte el “Comandante” Diego Ramírez de Montalvo, dejó de existir el 20-III-1720, y lo enterraron en el convento jujeño de La Merced, cual lo dispuso Ana, su hija y albacea. Estos fueron sus hijos: a) María Ramírez de Montalvo y Zárate, que casó con el Maestre de Campo Francisco de Salcedo Poblete Godoy (hijo del Capitán Alonso de Poblete Salcedo y de N.N. Godoy Saavedra; n.p. de Francisco de Poblete y de Quiteria Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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de Salcedo — propia hermana del Obispo de Santiago de Chile Francisco de Salcedo —; n.m. del conquistador Pedro de Godoy, Alcalde fundador de San Salvador de Jujuy, y de una señora de Saavedra; bisn. m. de Francisco González de Salcedo y de Catalina de Castro, vecinos de Ciudad Real, en España). Francisco de Salcedo Poblete murió el 11-XII1691, y su viuda doña María el 22-VII-1694, siendos ambos sepultados en el convento de San Francisco de Jujuy. Hija de ellos fue: a1) Catalina de Salcedo Poblete Ramírez de Montalvo, baut. en Jujuy el 30-VI-1680, bajo el padrinazgo de Juan Martínez de Iriarte y de Ana de Yanci (10os abuelos míos). Desposóse Catalina con el Capitán Marcos Fernández Albernas (hijo de Domingo Fernández Albernas y de María Vera Duarte de Silva; n.p. de Marcos Fernández Albernas y de Ana González Valero; bisn. de Marcos González Valero y de N.N.; tatn. del Capitán Marcos González y de Catalina Valero; Chozno de Antón Valero, hijo natural del conquistador Bartolomé Valero). Al enviudar Catalina de Salcedo, pasó a 2as nupcias con Joseph Palacio Martínez de Iriarte, cuyo matrimonio se anuló. Tuvo ella cita con la muerte el 26V-1726, siendo sepultada en el convento San Francisco de Jujuy, y se le rezaron 40 misas, por disposición de sus hijos albaceas Francisco y Antonio Salcedo Fernández Albernas. Fue Catalina quien, el 29-IV-1710, declaró era “el Gobernador don Juan Ramírez de Velasco su tío bisabuelo materno”. Hubo con su 1er marido a: 1a) Francisco Fernández Albernas Salcedo o Salcedo Fernández Albernas. Casó en Jujuy el 15-VIII-1728 con María Casilda Fernández Campero Araoz (hija de Diego Fernández Campero, nac. en Abionzo, Santander, España, y de Francisca de Araoz, nac. en Tucumán). Con sucesión. 2a) Antonio Fernández Albernas Salcedo, marido de la cordobesa María Casilda Moyano Cornejo Carranza (hija de Francisco Moyano Cornejo Diez Cortés y de María de Carranza y Cabrera). Padres de: Catalina 266

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Fernández Albernas Moyano, que casó con Antonio de Mena; y de Isabel Fernández Albernas Moyano consorte de Nicolás de Argañaraz y Murguía Pineda. (Ver el linaje de Argañaraz y Murguía). 3a) José Fernández Albernas Salcedo, “fatuo”. Sin sucesión. b) Isabel o María Isabel Ramírez de Montalvo y Zárate, que casó el 19-VIII-1659 con el Maestre de Campo Antonio Rodríguez de Armas, siendo testigos de la boda Martín Argañaraz de Murguía y su esposa Antonia Rodríguez de Armas y de la Mota, hermana del contrayente. Más de medio siglo después, el 20-X-1719, falleció en Jujuy Isabel Ramírez de Montalvo, “mujer del Alcalde de 1º voto Antonio Rodríguez de Armas”; y éste la acompañó a la otra vida el 10-XI-1720, previo testamento en el que designó por albaceas a sus hijos el presbítero Antonio e Isabel, señora de Baena. Los susodichos cónyuges procrearon 6 hijos, a saber: b1) Agustín Rodríguez de Armas Ramírez de Montalvo, baut. el 13-XI-1662, en Jujuy, bajo el padrinazgo de sus abuelos Domingo Rodríguez de Armas e Isabel de la Mota. b2) Antonio Rodríguez de Armas Ramírez de Montalvo, confirmado en Jujuy el 10-IX-1699, siendo padrino suyo Pedro de Armas Garro. Antonio era cura y vicario en Salta el año 1720. b3) Juan Crisóstomo Rodríguez de Armas Ramírez de Montalvo, también confirmado en Jujuy el 10-IX-1699; fue su padrino Bernardo Baquedano. El niño falleció dos meses después (8-XI-1699) y lo sepultaron en la Iglesia de San Francisco. b4) Diego Gerónimo Rodríguez de Armas Ramírez de Montalvo, baut. en Jujuy el 9-XII-1692, apadrinado por sus tíos Diego Ramírez de Montalvo y su mujer : “María de Tejada” (sic, por María de Obando y Zárate Martínez de Tejada). A Diego Gerónimo lo confirmaron también en Jujuy el 10-IX-1699, y lo apadrinó por segunda vez su tío Diego Ramírez de Montalvo. Casó Diego Gerónimo el 11-X-1718, en Jujuy, con Petronila de Lorta (hija de Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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Domingo y de Mariana Pinedo). Le llegó el último trance siendo viudo, el 7-X-1762, y sus restos se depositaron en la Iglesia jujeña de San Roque, que entonces servía de matriz. b5) Isabel Rodríguez de Armas Ramírez de Montalvo, que casó el 17-I-1719, en Jujuy, con Juan de Baena, nat. de Lima (hijo de Pedro de Baena y Cortez y de Lorenza Antepara). Murió el Capitán Juan de Baena en Jujuy el 23-XII-1725. b6) María Josefa Rodríguez de Armas Ramírez de Montalvo, que casó en Jujuy el 4-X-1728 con el Capitán José de Mora, nat. de Oporto, Portugal (hijo de Manuel Mora y de Paula N.N.). José de Mora, tras enviudar, la muerte no se demoró en llevarlo al otro mundo el 2-VII1770. c) Ana Ramírez de Montalvo y Zárate, que casó con Martín Martínez de Iriarte Aranibar — viudo de la jujeña Isabel Pérez de Espinosa — nat. de Navarra (hijo de Miguel de Iriarte y de María de Irurita Aranibar). Ana había enviudado ya antes de 1735. d) Francisco Ramírez de Montalvo — lo supongo hermano de los anteriores. Estuvo avecindado en Arequipa. Casó con Magdalena de Pinedo, la cual falleció en Jujuy el 26-I-1707. Francisco murió también en Jujuy, el 23-X-1725, y su cadáver fue sepultado en la Iglesia matriz. Había designado albaceas suyos, al hijo Andrés Ramírez de Montalvo, a su yerno Lorenzo Ferreyra y a la esposa de éste N.N. Ramírez de Montalvo. C) Bartolomé Ramírez de Montalvo Tapia, casado con Paula de Frías Sandoval, cuyos antecedentes genealógicos se registran en el linaje de Frías Sandoval. D) Antonio Ramírez de Montalvo Tapia. E) Francisco Ramírez de Montalvo Tapia. F) María Ramírez de Montalvo Tapia. Casó con el Capitán Cristóbal de Luyando (hijo de Cristóbal de Luyando Ortiz de Zárate y de Dorotea del Campo Carrizo de Garnica). Fueron padres de:

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a) Cristóbal de Luyando Ramírez de Montalvo, baut. en Jujuy el 23-VIII-1665. Lo apadrinaron Juan Martínez de Iriarte Ramírez de Montalvo y su mujer Ana de Yanci Argañaraz de Murguía, mis décimos abuelos. G) Gabriela Ramírez de Montalvo Tapia, casada con el Capitán Domingo Pérez de Quintana. Este falleció en Jujuy, “de más de 90 años”, el 28-X-1722. Hubo estos hijos: a) Juana Pérez de Quintana Ramírez de Montalvo, baut. en Jujuy el 8-V-1762 bajo el padrinazgo de mis antepasados Juan Martínez de Iriarte y Ana de Yanci Argañaraz y Murguía. Casó Juana el 20-IV-1687 con Pablo de Argañaraz y Murguía Jerez de Garnica y dejó sucesión. (Ver el linaje de Argañaraz y Murguía). b) Otra niña Pérez de Quintana Ramírez de Montalvo, que murió el 22-II-1688. 3) Catalina Ramírez de Montalvo Villarroel, casada con el Capitán Juan Antonio del Mazo y Zevallos. Murió viuda el 9-II-1621, y quedó sepultada en el Templo matriz de Jujuy. 4) Claudia Ramírez de Montalvo Villarroel. Casó 1º con Francisco Núñez, nac. en Ayamonte, España, por 1570 (viudo de Ana de Torreblanca e hijo de Hernán Sánchez y de Beatriz Rodríguez), Regidor y Teniente de Tesorero de la Real Hacienda de Córdoba, que murió en Esteco bajo disposición testamentaria del 30-X1621. Claudia entonces pasó a 2as nupcias con Diego de Medina y Castro (viudo de Violante de Godoy e hijo del conquistador Gaspar de Medina y de Catalina de Castro; hija ésta del Capitán García Díaz de Castro, Tesorero de la Real Hacienda en Chile, y de Bárbola, coya “sobrina del rey Inga del Pirú”). Fallecido Diego de Medina, contrajo Claudia 3er matrimonio con el Sargento Mayor Bernardo Ordóñez de Villa Quirán Costilla de Rojas, nac. en San Miguel del Tucumán en 1604, de una familia oriunda de Zamora en España, el cual peleó en la guerra calchaquí, y fue Alcalde ordinario de San Miguel, encomendero de “Vejeyapa” y “Callegasta”, falleciendo bajo testamento otorgado el 15-VIII1662, mas dos codicilos del 1 y del 6 de noviembre de ese año. Claudia Ramírez de Montalvo en sus tres enlaces hubo los siguientes hijos: A) Juan Núñez Ramírez de Montalvo. Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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B) Juan Medina Montalvo, Alcalde y Regidor de San Miguel de Tucumán. Casó con Ana Chavero Ceballos (hija del Capitán Diego Abad Chavero y de Leonor de Ceballos; n.p. del conquistador Alonso de Abad y de Ana de Astudillo Chavero — 10os abuelos míos —; n.m. del Capitán Diego de Ceballos Morales). La descendencia de los cónyuges Medina MontalvoChavero Ceballos se registra en el apellido Abad. C) Catalina de Medina Montalvo, que casó en San Miguel del Tucumán con el Capitán Diego García Valdés y de la Banda, Alcalde de 1º voto de San Miguel en 1653 y 1666 (hijo del Capitán Diego García de Valdés, Teniente de Gobernador en Talavera de Madrid en 1619 y de Jerónima de Ovando; n.p. del conquistador Bernabé García de Valdés y de Magdalena Vázquez de Tapia, nativos de España y vecinos de Esteco). Con sucesión. D) Bartolomé Ordóñez Villaquirán Ramírez de Montalvo, sacerdote. E) Claudia Costilla y Montalvo, casada con Pedro de Avila y Zárate. F) Gabriela (Ordóñez de Villaquirán y Montalvo) apellidada Villarroel como su abuela materna. 5) Francisco Ramírez de Montalvo Villarroel, cuyas exequias tuvieron lugar en la Iglesia parroquial de Jujuy el 16-XI-1694, pagando los derechos respectivos su sobrina carnal Francisca Martínez de Iriarte de Palacios, 9ª abuela mía. IV — JUAN RAMIREZ DE VELASCO — mi ilustre y remoto “tío” — vió la luz del mundo en el lugar de Estollo, valle de San Millán de la Cogolla — hoy provincia de Logroño, partido judicial de Nájera, diócesis de Calahorra, antiguo territorio de La Rioja. “Nació en Castilla, provincia de La Rioja — escribe en su Historia el Padre Lozano —, de nobilísima y antiquísima prosapia, como que según se ve, ejecutoriado por diversas sentencias de la Real Chancillería de Valladolid, descendía de los Reyes de Navarra, y se mantenía esta rama todavía en tal esplendor, que el tío nuestro Juan Ramírez, don Luis de Velasco fue Virrey de Méjico muy aplaudido, y su primo, hijo de éste, el ínclito don Luis de Velasco el segundo, ejerció el mismo empleo una vez en el Perú y dos en Nueva España, 270

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de donde pasó a Presidente del Supremo Consejo de Indias, y fue el primer marqués de Salinas”. (No serían dichos Virreyes tío y primo, respectivamente, de nuestro personaje — como lo demostró el genealogista cordobés Martín Ferreyra —, pero, a no dudarlo, Juan y los otros Luises pertenecían al mismo linaje). En carta al Virrey del Perú, Conde del Villar, fechada el 6-IV1587, Ramírez de Velasco, al referirse a cierta proyectada expedición al quimérico andurrial de los Césares, expresa: “me hallo con entera salud y en hedad de quarenta y ocho años, y los treynta y dos gastados en la milicia”. Vale decir que nació en 1539, y que empezó a servir al Rey desde sus 17 años, aproximadamente. Entre guerra y guerra el personaje se casa Italia resultó escenario de sus primeras experiencias bélicas. Allí participó en los combates que culminaron con la rendición de Siena a las fuerzas españolas (17-IV-1555), cuya población habíase amotinado contra el Capitán General de la región toscana, Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco. Luego sirvió Ramírez de Velasco en Milán, cuando ese ducado era provincia de España y, más tarde, fue a luchar a Flandes. Doce años empleó en aquellas campañas, para cooperar posteriormente en la sofocación del alzamiento de los moriscos de Granada (1566-70). Por esa época contrajo matrimonio en Sevilla con la andaluza Catalina de Ugarte y Velasco — sin duda parienta suya — hija del Licenciado Pedro Santiago de Ugarte y de Ana de Velasco y Valderrama; n.p. de Francisco Santiago de Ugarte y de Catalina de Ugarte; n.m. de Diego de Valderrama y de María de Arce y Velasco; todos estos antecesores nativos de Utrera. Doña Catalina — antes de zarpar para América con su esposo — hizo información de legitimidad y nobleza desde el 21 de enero hasta el 4 de febrero de 1584, ante el Alcalde del Crimen de la Real Audiencia sevillana, Diego López de Zúñiga, rubricada por el Notario Francisco García. Los testigos declararon en esos autos — consigna Lafuente Machain — que la abuela materna de la interesada “era señora conocida”, y que el Rey le había agraciado con un hábito de Santiago, debido a lo cual se la llamaba “la Comendadora”, siendo en aquel tiempo solo dicha señora y la Duquesa de Medina Sidonia las únicas mujeres que ostentaban el referido privilegio. Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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Así pues, Juan Ramírez de Velasco fundó su hogar en la ciudad que orilla al Guadalquivir, punto de partida entonces hacia las remotas posesiones ultramarinas hispanas; desde cuyo embarcadero nuestro hombre cruzaría el mar en seis oportunidades de ida y vuelta a Indias, como Alférez y Capitán de la Real Armada, a bordo de navíos cañoneros que escoltaban los convoyes de galeones cargados de oro y plata del Perú y México. Más adente, en la guerra contra Portugal (1580-83), Ramírez de Velasco vuelve a pelear en tierra firme; y a las órdenes del Duque de Alba asiste a las batallas de Setúbal, Cascáes, Alcántara y Oporto, que jalonaron la conquista de ese reino para la Corona de España. Jefe superior del Tucumán y accidentado viaje a ese destino Terminada la incursión militar lusitana, el protagonista de esta monografía resultó nombrado Gobernador y Capitán General del Tucumán por cinco años. El título pertinente, suscripto en Madrid el 20-III-1584 por Felipe II, llevaba la refrendata de Antonio Eraso, Secretario de su Magestad. Otro decreto anexo encargaba el funcionario tomar residencia a su antecesor Hernando de Lerma, y que hiciese pesquisa secreta de los excesos imputados a éste, en calidad de Juez privativo de esas causas hasta sustanciarlas. El 30 de noviembre siguiente, el Gobernador se hizo a la vela rumbo a su destino americano desde la barra de San Lúcar de Barrameda. “Me embarque con mi muger e hijos, cassa e familia, e vine a dichas provincias” — consignó posteriormente el protagonista. En el viaje “gaste” 14.000 ducados, “e me fue forzoso vender mi patrimonio e docte de mi muger”. Hacia las Islas Canarias internóse la flotilla en el Atlántico, pero la nave en que venía el nuevo mandatario tucumano, sacudida por continuos temporales, se separó del convoy desviando su trayectoria. Más adelante, el velero topa a barlovento con un navío inglés. Ramírez de Velasco, entonces, debido a su pericia guerrera y naval, asume la capitanía de la embarcación y enfrenta al corsario atacante. “Nos fue forzoso pelear tres días, por que no nos rindiese y llevase, y mediante yo benir en ella, y de experiencia por aver fecho seis biajes a las Yndias por Alférez Real y Capitán de vuestras armadas” — le informaría con posterioridad el bravo comandante a 272

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su Monarca. Trabado el combate fue adquiriendo por momentos desesperada furia hasta que huyeron los piratas ingleses, “después de haberles muerto mucha gente y maltratádoles la artillería y arcabuzería con mucho riesgo de mi persona, por estar siempre llevando la delantera, sin que se me pusiese delante el amor a mi muger e hijos que benían en la dicha nao arriesgando la vida”; y agregaba el informante no haber rendido al enemigo por encontrarse su barco solitario y fuera de ruta, “y benir el dicho ynglés tan artillado y boiante”. Seguidamente, tras recorrer un año “tres mill leguas en dos mares, de norte y sur, y las setecientas leguas por tierra que ay de distancia desde los reinos de Castilla hasta las provincias del Tucumán”, arribó Ramírez de Velasco a Charcas el 30-XI-1585. En dicha ciudad mediterránea hallábase preso el relevado Lerma, de cuya persona dispuso el recién venido para conducirla a Santiago del Estero, donde habría de iniciarle el juicio de residencia. Tres meses se demoró en Charcas nuestro hombre, al cabo de los cuales dirigióse a Potosí, al frente de 40 soldados y 32 “personas de mi casa”, amén de 150 indios amigos, entre flecheros y conductores de la impedimenta. En la villa del metalífero cerro “estube combalesciendo de cierta enfermedad” — apunta el expedicionario —. Allá unos mensajeros le avisan que la ciudad de Salta corría gran riesgo cercada por calchaquíes, humahuacas, casabindos y cochinocas, aunados todos para arrasarla. Esa precaria base civilizada “estava falta de munición y de pólvora, plomo y otras cossas”. Por tanto, “a la ligera”, Ramírez de Velasco despacha para allá al Capitán Diego García Zambrano con 24 o 30 combatientes, armas, caballos y pertrechos; y Zambrano en 8 días está en Salta con lo que evita que “los indios desbarataran la dicha ciudad y mataran toda la gente que avía en ella” (16 hombres o 30 según otros testimonios) que se disponían a abandonarla y retirarse a Talavera. La entrada del nuevo Gobernador al norte argentino Al tiempo que el peligro salteño se conjuraba, Ramírez de Velasco deja atrás a Potosí el 5-V-1586, y reanuda la marcha camino a su gobernación tucumana. Atraviesa los poblachos aborígenes de Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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Talina, Cochinoca y Casavindo, y como los naturales de esas comarcas “andaban alçados y revelados, matando y salteando”, encarga a su Maestre de Campo Hernán Mexía Mirabal (décimo abuelo mío) correr la tierra al mando de un pelotón armado y castigar a los salvajes insurrectos. Mexía y sus hombres realizaron la misión encomendada contra esos rebeldes, “y presóles sus hijos y mugeres y quitádoles mucho ganado, dieron paz y hasta oy día sirven y están seguros los pasos y caminos reales que bienen de las dichas provincias del Tucumán a estas” (de Charcas) — cual se lee en la Información de servicios del gobernante que me ocupa, sustanciada en 1594. Llega Ramírez de Velasco a Salta, y nombra ahí por Teniente de Gobernador al Capitán Bartolomé Valero, “persona de mucha confiança y plática en el arte militar, y dejó proveída de munición e otras cosas necesarias para la defensa y sustento de la dicha ciudad”. Prosigue luego aquel su viaje, y tras recorrer 100 leguas, el 17 de julio sienta sus reales en Santiago del Estero; “con mucho contento de toda la tierra. Sacáronme bajo palio, y aunque no quise entrar en él, recibíle para una iglesia pobre que ay en esta tierra” — le escribió el funcionario a su Rey —. “Traxe conmigo — sigue el caudillo — siete o ocho cavalleros conocidos como son don Pablo de Guzmán, hijo de Luis de Guzmán, Gobernador que fue de Popayán, con su muger e hijos; e don Fernando de Toledo Pimentel, sobrino de don Francisco de Toledo; e don Yñigo Ramírez, mi sobrino; e a don Francisco de Argañaraz (del cual procedo); e a tres hijos míos, con otros hidalgos muy onrrados. A don Pablo tengo ocupado en la plaça de Teniente General; e a don Iñigo daré la de Maese de Campo, por ser soldado; e a don Fernando de Toledo la de Alguacil Mayor; e a don Juan Ramírez de Velasco, mi hijo mayor, la de Alférez General; todos sirven sin salario, la comida yo se la doy y se la daré hasta que Vuestra Magestad sea servido mandarme licencia para que les pueda encomendar yndios”. Estado de la región y primeras medidas de gobierno La provincia tucumana, a la sazón, contaba con cinco ciudades pobladas; Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán, Nuestra 274

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Señora de Talavera, Córdoba y Salta, “aunque ésta no tiene más que el nombre y un fuerte en que están 40 soldados con título de vezinos, sin que les sirviesen yndios de sus rrepartimientos hasta agora” — acotó Ramírez de Velasco en otro informe a Felipe II. Hay en toda la gobernación 200 vecinos encomenderos de indios — señala el informante — “toda gente pobre y umillde; ay pocos de los que las ganaron (a las encomiendas); vino luego gente del Perú y, por falta de otra gente, los Gobernadores pasados les repartieron los feudos que habían vacado”. En aquellas ciudades “encontré más de sesenta doncellas pobres, hijas de conquistadores ... He casado hasta diez, y algunas con dos o tres repartimientos ... En Salta pienso cassar con los soldados que allí están dos docenas de ellas, y las demás en la primera ciudad que poblase. Cassé en el tiempo de mi govierno, que fuera ocho años, más de veinte donzellas guérfanas hijas de conquistadores, y les dí a algunas de ellas de mi hazienda” — estamparía Velasco en 1594 en su probanza de servicios. “Anse hallado algunos españoles culpados en el pecado nefando” — le comunicaba el Gobernador al Rey. “Vase procediendo contra ellos conforme a derecho; entre ellos uno de grados y corona (o sea clérigo de tonsura) a confesado el delito; pídelo la iglesia; no se lo he entregado ni entregaré hasta que lo mande a la Audiencia, adonde está remitida la determinación. En estas ciudades avía número de españoles amancebados a los cuales he desterrado dellas; algunos vienen a tomar estado ... al Obispo le ha dado poco de esto, e como conocen la cobdicia del Obispo, con dádivas le han tenido grato”. Ese Obispo era Fray Francisco de Victoria, de la orden dominicana, “mal quisto en toda la tierra por su áspera condición”. “Hallé — proseguía el Gobernador — gran falta de doctrina entre estos pobres naturales”, y falta de sacerdotes “por los malos tratamientos del perlado”. Había en Santiago dos conventos; el de La Merced, con solo un par de frailes y el de San Francisco con 6, entre ellos “Joan de Rivadeneyra, persona muy compuesta y de Buena vida y costumbres, amado de toda la tierra por el buen exemplo que ha dado a ella”. “Tuve aviso que en los pueblos indios avía gran cantidad de hechizeros” — continúa el informe —. En consecuencia mandóse castigar a más de 40 idólatras superticiosos; mientras, por otra parte, Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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el Gobernador promovía a la conversión y adoctrinamiento de los bárbaros mediante sacerdotes elegidos por él. También mandó a mi antepasado Mexía Mirabal sofocar cierta insurrección de indios en los cerros que rodean a San Miguel de Tucumán, soliviantados por un Juan Bautista Muñoz, descastado sujeto, el cual efectuó “el disparate” por que hacía “seis años que estaba amancebado con tres o cuatro yndias de los pueblos de su padre, e no hazía vida con su muger, e como entendió que yo avía mandado hazer ynformación de esto, e que a nadie perdonaba, e visto que le avía de quitar sus mancevas, acordó subirse al monte con ellas. A este hombre a bandeado (sacado coima) el Obispo desde que entró en esta tierra, e me dizen que le a dado su padre y él más ocho mill pesos (a Su Ilustrísima), que fuera mejor averle rrehprendido sus vicios y castigádole”. “Esta governación tiene grandíssima necessidad de puerto a la mar” — le decía Ramírez de Velasco al Rey en 1586 — “e suplico ... de hazelle merced del puerto ... de Santa Fée del Río de la Plata (que “pobló Joan de Garay”), dende no, suplico ... se le de en la Torre de Gaboto, 25 leguas más adelante de Sancta Fée, e cincuenta más arriba de Buenos Ayres. Así mesmo están poblados en jurisdicción de esta governación dos ciudades por los governadores de Chille, como Sant Joan de la Frontera e la Mendoça, suplico ... mandarles den la obediencia a este govierno, pues están de la cordillera para acá, la qual divide las governaciones”, requería con profética visión el funcionario. A los cinco meses de asumir el mando, Ramírez de Velasco le pide al Rey ordene el pago de sus salarios y le conceda los beneficios de las encomiendas de Soconcho y Manogasta; así como el servicio personal de los indios de dichos pueblos, tal cual lo disfrutaron los Gobernadores Pérez de Zorita, Cabrera, Abreu y Lerma. Esos asientos carecían de minas de plata y oro,pero en sus tierras pastoreaban algunos ganados y había chacras de trigo y maíz para dar sustento holgado y decoroso. Y en apoyo del mismo pedido el Cabildo santiagueño hizo levantar dos Informaciones (el 21-XI-y 2XII-1586), en las que declararon los siguientes conquistadores; Bartolomé Sandoval, Juan Cano, Luis de Luna, Andrés de Herrera, Bartolomé Valero, Francisco de Carvajal y mis antepasados Alonso de Tula Cervín y Alonso de Cepeda.

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“A Dios rogando y patacones cobrando”, buen lema sería para el Obispo Desde el primer momento de su gestión, Ramírez de Velasco en Santiago del Estero inició el juicio de residencia a su antecesor Hernando de Lerma y a sus oficiales. En esto estaba, cuando “un becino de Córdova” le trajo la noticia que “unos mensajeros de Buenos Ayres, que es puerto de mar”, habíanle informado la peripecia ocurrida a dos barcos del Obispo Francisco de Victoria, abordados y robados a la entrada del Río de la Plata, por tres navíos corsarios ingleses. Ante este suceso, el Gobernador con presteza y a costa de su bolsillo, envió un hombre para dar cuenta del hecho a la Real Audiencia de Charcas y al Virrey en Lima, a fin de que “pusieran el remedio conveniente”. Del Obispo Victoria — según opinión de Ramírez de Velasco en su correspondencia con el Rey — “su vida y exemplo no es de perlado sino de mercader”, pues, dado de lleno a los negocios, tenía a sus feligreses “amedrentados con continuas excomuniones y malos tratamientos”. Es que el afán de lucro y las empresas comerciales para su provecho exclusivo, caracterizaron la actividad de este poco evangélico mitrado, nacido en Portugal y de sangre judía. Consistían sus especulaciones exportar ganado y frutos de la tierra tucumana al Perú, cuyos lucros convertidos en barras de plata luego remitía al Brasil, por la vía de Buenos Aires, para de retorno importar negros esclavos y mercaderías; mientras, de paso, introducía al Tucumán, desde puertos brasileros, algunos padres jesuitas. A ese propósito, mandó el Obispo construir en Buenos Aires una fragata valuada en 4.000 pesos, que puso bajo el comando del capitán Diego Palma Carrillo, vecino de Córdoba. Llamábase el velero “San Antonio”, que se alejó del fondeadero bonaerense el 20X-1585 con destino al Brasil; a bordo su piloto y diez marineros, amén del Deán Francisco de Salcedo que conducía 30.000 pesos en barras de plata. Allá, en los dominios portugueses, los náuticos personeros episcopales compraron otra embarcación — siempre puesta bajo el amparo de San Antonio, desdeñador de riquezas y de tentaciones carnales —; y, después de permutar el argentino metal “por cosas de la tierra que eran menester; yerros, azero, calderas de cobre, bazías, peroles para hacer azúcar y negros” — 80 o 90 “piezas” Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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—, “150 mil pesos de su Señoría y de particulares y muchos barriles de agengibre en conserva”; acomodáronse además seis pasajeros jesuitas con el correspondiente lote de ornamentos, libros, imágenes, estampas y vestuarios religiosos. Así rellenas, ambas naves zarparon para Buenos Aires. El 20-I-1587, día de San Sebastián, en la desembocadura del Río de ;la Plata, los vasos flotantes del Obispo — poco sagrados, por cierto — se topan con tres fragatas inglesas fuertemente artilladas. En menos que dura un credo, los herejes anglicanos — comandados, anota el historiador Ramón J. Cárcano, “por el famoso Tomás Candish” (sic, por Cavendish) — apresan y saquean a los barcos obispales, y después de echar mano a todo lo que traían — menos un poco de arroz podrido y otro poco de harina de mandioca — hiciéronse a la vela en dirección al sur, llevando consigo a las embarcaciones cautiva que abandonaron cerca del estrecho de Magallanes, con su carga humana a bordo. Según las referencias recibidas por el Gobernador Ramírez de Velasco, el Capitán de los corsarios ingleses llamábase “Roberto, y venían despachados por un Conde de Ynglaterra a la mar del sur en demanda de Baldivia, y con propósito de llegar hasta Panamá y quemar todos los navíos que encontrasen”. Dicho Conde tenía “licencia dada por don Antonio, que se nombraba Rey de Portugal”, cuya patente de corso estaba firmada en Londres y sellada con las armas portuguesas. (El tal Antonio, llamado “prior de Crato”, aspiraba al trono lusitano y era hijo ilegítimo del Infante Luis, habido en una judía, Violante Gómez, alias “La Pelicana”). A todo esto, los infortunados jesuítas (también impropiamente nombrados “teatinos”), junto a los agentes comerciales del mitrado Victoria, boyando a la deriva, “sin pilotos y sin velas y áncoras y cables”, únicamente con “un poco de lastre y una poca de harina y cinco pipas de agua para ciento veinte personas” (los atacantes dejaron unos 60 o 70 negros que no pudieron llevar); “sin traer más que las camisas rotas sobre sus cuerpos”, recalaron milagrosamente “con muchas lágrimas”, en Buenos Aires. Y como final de aventura, el Obispo tucumano — incansable mercachifle — condujo el mismo al Perú aquellos 60 negros esclavos recibidos del Brasil, que desecharon los filibusteros britanos; al mismo tiempo que enviaba al norte 1.500 vacas, sacadas del Tucumán con permiso de la Audiencia. 278

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Su Ilustrísima encargó tal arreo a Fray Francisco de Cejas, que, en vez de pastor de almas, desempeñábase como excelente capataz de reseros; secundado por 24 indios y 12 o 15 frailes, que por movilizar dicha tropa vacuna dejaron cinco pueblos sin doctrina; con el agregado de que ese ganado lo sacó el Obispo Victoria haciendo falsificar la licencia correspondiente por un soldado de su servicio. Acerca de la conducta del nombrado pontífice, le escribió Ramírez de Velasco al Rey; “Después que estoy en esta governación, que a diez y nueve meses, no le he visto dolerse de las almas que abitan en estas pobres provincias, ni tratar la salvación dellas, ni de la suya, sino de sus yntereses y aprovechamientos. Como un mercader ha salido al Perú con sesenta negros que le traxeron del Brasil, y com mill y quinientas bacas que sacó de esta governación, con carta y sobre carta de Vuestra Real Audiencia de La Plata, y por no aversela querido dexar sacar sin ella, me tuvo muchas vezes descomulgado”. La gran batida a lo largo del Valle Calchaquí Los indios diaguitas — calchaquíes, humahuacas, casabindos — constituían una amenaza permanente para la ciudad de Salta. Desde los tiempos iniciales de la conquista del Tucumán, la recalcitrante hostilidad de esos salvajes, según los casos, estallaba o permanecía latente. Núñez de Prado, Aguirre, Bazán, Mexía Mirabal, Zárate, Cabrera, — para citar solo a seis conquistadores de viso — esperimentaron la fiereza de los bárbaros, algunos en carne propia. Más de 200 españoles habían caído asesinados en las últimas tres décadas, por los flechazos, garrotazos y pedreas de aquellos aborígenes. Tras mortíferos alzamientos, cinco ciudades fueron arrasadas; Cañete, Londres, Córdoba Calchaquí, Nieva y San Francisco de Alava; sin contar los asentamientos que se despoblaron a causa de la rebeldía circundante; Barco II y las dos “San Clemente de la Nueva Sevilla”, una en el valle Calchaquí y la otra en el de Salta. Frente a esta tremenda realidad, Ramírez de Velasco — esperanzado en resolver de una vez por todas esa cuestión de vital importancia — se dispuso a propinar a aquellos diaguitas indómitos un escarmiento ejemplar. Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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Con tal designio, el Gobernador rompió la marcha desde Santiago del Estero el 16-I-1588, “con campo formado de españoles y estandarte Real”, a la cabeza de 70 soldados y 200 indios, que “a mi costa — escribió el jefe — les dí póllvora y plomo e muchos cavallos, herraxe y armas”. El 5 de marzo, llegó ese conjunto armado a Salta, donde hizo escala. Agregáronsele allí veintitantos vecinos y 400 indios amigos; de manera que “el exército” quedó completo con 100 o 95 combatientes españoles “bien adereçados”, 800 caballos — 200 de guerra, “los demás de bagaxe y mantenimientos”—, 40 carretas y 600 indios auxiliares; con cuya fuerza Ramírez de Velasco dió comienzo a su campaña en el “balle belicoso”. Iba, el Gobernador, en nombre del Rey, a enfrentarse con aquellos feroces vallistas, aunque dispuesto a “perdonarles lo pasado, conque vinieran en servidumbre y conocimiento de la Santa Madre Iglesia, con apercibimiento de que no lo haciendo se les hará guerra a fuego y sangre”. En misión apostólica sumábase a la bélica empresa un soldado de Cristo: “llevo en mi compañía y por vicario de este campo — dijo Velasco — al Maestro Barzana, de la Compañía de Jhesús, ombre muy docto y de muy buena vida”. Este virtuoso sacerdote — según el historiador jesuita Lozano — no pudo predicarles el Evangelio a los indios “porque entre el estruendo de las armas se dejan oír mal, de ánimos agrestes y salvajes, las verdades católicas”. El primer “rrenquentro” con los calchaquíes tuvo lugar el 4 de abril en “Chicoana, qués el principio deste valle”. Ahí Ramírez de Velasco prendió como 80 indios, sin necesidad de matar mas de 2 o 3; y los puso en paz. Luego, “valle arriba”, se le sometieron muchos naturales, trayendo “maíz e yerva”. En “Angastaco, donde está un fuerte del ynga”, sus defensores también, tras corta resistencia, se rindieron a los cristianos; que seguidamente avanzaron hasta “Tolombones”. Aquí recibió el Gobernador la sumisión del cacique Juan Calchaquí, por intermedio de un hijo y heredero suyo, que dijo llamarse “Silpitocle”; el cual prometió servir y obedecer a los españoles; pero Ramírez de Velasco, para mayor seguridad, lo conservó como rehén, llevándolo posteriormente a Santiago del Estero. Los expedicionarios continuaron la marcha por las serranías del sur, atravesando, entre otros, los dominios y asientos de “Anginahos”, 280

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“Angirachao”, “Añagay” y “Yucahas” (Yocavil ?), todos en el territorio de la actual Catamarca, siempre sofocando rebeldías y logrando someter a muchas parcialidades y caciques. Terminada la campaña, Velasco y sus efectivos volvieron a Salta, después de haber recorrido, durante 50 días, 35 leguas — 175 kilómetros —, a lo largo de los vericuetos orográficos del valle Calchaquí; desde Chicoana hasta Quiri Quiri (mas allá de Cafayate), “valle arriba y valle abaxo”, incluyendo a Tolombones y Pulares. El Gobernador dejó puestas “en los pueblos de dichos yndios, cruces altas, y enseñó, hincado de rodillas besándolas, como de aquella manera avían de adorar”. Esa batida en las montañas, refugio hasta entonces inexpugnable de 4.000 “guerreros muy belicosos”, resultó un modelo de organización militar. Iniciada en pleno verano, “en la mayor fuerça de las aguas”, se padecieron muchos travajos por los grandes rrios y pasos peligrosos que avía, a riesgo de vida, hasta llegar al dicho valle, caminando por ciénagas y cerros y tierras fragosas, y haciendo caminos nuevos”; ello “sin muerte de español ni yndio amigo”. Y los expedicionarios, en su dilatada trayectoria de mas de 400 leguas — además de neutralizar por largo tiempo cualquier turbulencia diaguita de gran envargadura —, descubrieron minas de plata y rescataron cautivos como Alonso Ximénez, hijo de Juan Ximénez, vecino de Nuestra Señora de Talavera, que los salvajes retenían desde hacía 32 años; “y — apunta Velasco — dí a su padre que le tenía ya por muerto y andava en hábito de gentil” (es decir vestido de indio). Ximénez había sido robado de niño, “de suerte que era menester mostrarle a hablar la lengua española” — testificó el Capitán Hermoso Graneros. En la referida jornada, el jefe responsable, “travajó mucho haziendo oficio de Capitán y soldado y travajador, acudiendo a pié, y rrompiendo con sus propias manos los caminos para que los soldados le ymitasen y se animasen a la dicha conquista” — según declaración de Juan de Abreu, joven de 22 años, hijo natural del infortunado ex Gobernador don Gonzalo, que “se halló a todo esto presente”. Seis meses había durado esa operación combativa, exploratoria y de allanamiento de aquellas quebradas rocosas, cuyas comarcas, después de todo, quedaron relativamente pacificadas, y con muchos de sus pueblos indígenas repartidos entre distintos encomenderos. Ramírez de Velasco dejó en la guarnición de Salta parte de su tropa, Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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a las órdenes del Capitán Miguel García de Roxas, a fin de que prosiguiera la correría por ese distrito y el de Humahuaca y Casabindo; y con el resto de su hueste retornó victorioso a Santiago del Estero. Para que los levantiscos calchaquíes “estubiesen de ordinario en paz y ubiese seguridad de que no se bolbiesen a rebelar” — manifestó Juan de Abreu en la probanza de servicios de Ramírez de Velasco), “llevó consigo el dicho Governador al cacique principal de dicho pueblo Calchaquí, y le tiene consigo en la ciudad de Santiago del Estero, y le cristianó, siendo el dicho Governador y su mujer doña Catalina de Ugarte, compadres”. El aludido curaca, que tomó el nombre “Juan” de su padrino, no era otro que el hijo del famoso Juan Calchaquí, llamado “Silpitocle” o ‘Silpitorle” —; el Escribano Luis de Hoyos le menciona como “Sinipitopas”. Ramírez de Velasco, por su parte, escribióle al Rey: “Al cacique principal del dicho valle traje conmigo a la ciudad de Santiago del Estero, donde gasté en bestirle de paño y seda más de quinientos pesos, hasta bolberle a su tierra muy contento”. Los encausamientos del ex Gobernador Lerma y de mi antepasado García de la Jara Entre tanto finiquitaba Ramírez de Velasco con “la larga y fastidiosa residencia del Licenciado Hernando de Lerma”, su antecesor. Este fue condenado y despachado preso a España, donde apeló de la sentencia ante el Consejo de Indias. “Al Licenciado Lerma — comenta Fray Reginaldo de Lizarraga — unos le alaban, otros le vituperan; en cosa de justicia le tenía por buen juez; en otras, como desmandarse con palabras muy afrentosas contra los vecinos en presencia dellos, era demasiado. En seguimiento de su causa fue a España y miserabilísimamente y paupérrimamente murió en la cárcel de Madrid, sin tener con que se le dijese una misa, y por amor de Dios pidieron a la puerta de la cárcel, allí puesto su cuerpo para enterrarlo, a lo cual acertando a pasar por allí un religioso nuestro (dominico) de estos reinos llamado el presentado Fray Francisco de Vega, que le conocía ... ayudó bastantemente para que lo enterraran”. Otros ruidosos procesos en los que Ramírez de Velasco tuvo que intervenir como Juez, fueron los incoados contra mi antepasado 282

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Jerónimo García de Jara, por sanguinario criminal, y contra un Antonio de Heredia, por traidor al Rey. Ambos resultaron condenados a muerte. García de la Jara (mi 12º abuelo) había asesinado a muchos indios y se le probaron “ocho estupros con yndias de su rrepartimiento y otros excesos y malos tratamientos”. Su pena, firmada por su juzgador, lleva fecha 10-XII-1588. (Ver el el linaje del homicida, donde se transcriben íntegramente los documentos del proceso terrible y escandaloso). Empero, García de la Jara y Heredia lograron escapar de la justicia recluídos en sagrado bajo el amparo del Obispo Victoria, quien les salvó la vida, llevando después a los dos reos con él a Europa. El prelado, como le escribiría más tarde Ramírez de Velasco al Rey: “en diez días que estuvo en esta ciudad hizo mill agravios a todo género de gente por llevarse sus haziendas”; y los antedichos criminales “anse faborecido por el Obispo ... con el cual tengo aviso van a España”. Otra era la opinión de Fray Reginaldo de Lizarraga, visitador de los dominicos, respecto a Monseñor Victoria: “de nación portuguesa — escribió —, fuimos novicios juntos; varón docto y agudo; fuese a España donde murió en corte e hizo heredero a la Magestad del Rey Felipe Segundo de mucha hacienda que llevó, y loablemente lo hizo asi”. De tal suerte las afortunadas especulaciones mercantiles del diocesano de Tucumán vinieron, a la postre, a favorecer al Rey de España. Quejas, exploraciones, descubrimientos y fundación de “Todos los Santos de la Nueva Rioja” y de “Madrid de las Juntas” El 15-XII-1588 Ramírez de Velasco le formulaba a su Monarca esta queja: “La Audiencia de La Plata acude tan mal a mis negocios que me ha sido forsoso el enbiar a ella a mi muger e dar quenta de las cosas desta tierra, y de la nescesidad que padesco a causa de no tener yndios de servicio, y averme quitado a Soconcho y Mano gasta que ha 40 años sirben a mis antecesores, y no averme pagado mi salario en la caxa de Potosí”. Las aludidas encomiendas distaban; Manogasta a unas 6 u 8 leguas de Santiago del Estero, río por medio después de Taumagasta, y Soconcho no muy lejos, a la vera del río Dulce.

Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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El Gobernador — según declaración de Hernán Mexía Mirabal en la probanza de servicios de aquel — “tuvo nueba que avía unas minas de plata que labraba el ynga en un cerro muy alto, que está sobre el valle de Salta, para lo cual, dende la dormida que está doze leguas del dicho pueblo de Salta, envió personas entendidas de minas para que le traxesen metal dellas”. Y otro testigo, el vasco Andrés de Iragorre, dice que no solo se descubrieron minas argentíferas en jurisdicción salteña, sino también en “Pacina”, término del valle de Londres, y en otras partes halláronse minerales de oro. En ese tiempo, ya vencido el plazo de cinco años que establecía su nombramiento, el mandatario tucumano llegó a enterarse que Felipe II había designado para reemplazarle a Agustín de Ahumada — hermano de Santa Teresa, el cual murió antes de hacerse cargo del puesto. La inminencia de su relevo, impulsó entonces a Ramírez de Velasco a acelerar los preparativos destinados a emprender otra importante y peligrosa jornada, cuyo resultado dotaría a la provincia de su mando con una nueva población en los confines diaguitas, que aumentaría la fama de su gestión gubernativa. Al efecto, en 1590, organizó la expedición a los valles de “Sanagasta y Yacampis”, tierras jamás holladas por cristianos. Púsose el Gobernador al frente de “60 hombres españoles y muchos naturales amigos, y más de 500 caballos y 22 carretas cargadas de mantenimientos y municiones” (84 caballos y 8 carros “a mi costa”, precisa el Caudillo), y de un arreo de “más de 4.000 cabezas de carneros, cabras, ovejas y bueyes”; con cuyos elementos, “a fuerza de brazos, talando montes y abriendo caminos”, el Jefe sujetó primero a servidumbre a más de 20.000 indios circunvecinos, para rematar la hazaña en dicho valle, “con acuerdo e parecer de los Capitanes e soldados”, fundando la ciudad de “Todos los Santos de la Nueva Rioja”, el 20-V-1591, como lejano homenaje a su Rioja natal. Se hallaban ese día en torno del Fundador, el Maestre de Campo Blas Ponce, el hijo de aquel Juan Ramírez de Velasco, que iba como Alférez Mayor de la tropa y — entre otros Capitanes — mis antepasados Juan Ramírez de Montalvo sobrino del Gobernador, Gonzalo Duarte de Meneses y Alonso de Tula Cervín. De ello dió fé el Escribano Luis de Hoyos en el acta correspondiente; y de que el Caudillo de dicha hueste “alçó el rollo e árbol de justicia, e nombró 284

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alcaldes e corregidores, cavildo e justicia e rregimiento, e señaló e dió solares e quadras a los pobladores, e mandó hacer un fuerte alto, con sus cubos en dos esquinas”. Así, dentro de ese ámbito solitario, quedaron instalados 50 vecinos encomenderos a las órdenes de Blas Ponce, a quien se le confió el sostenimiento de la población, con rango de Teniente de Gobernador. Ya de vuelta en Santiago del Estero, Ramírez de Velasco en uno de sus periódicos informes le comunica al Rey que “abiendo acontinuado y entendido en las continuas muertes y rrobos que los indios lules hazían, entre la ciudad de Nuestra Señora de Talavera y Salta, poblé en medio del camino, a 22 leguas de cada ciudad, la Nueva Madrid, en la cual hay 36 vecinos”, y mediante tal población se aseguró toda la tierra. Efectivamente, se trataba de la fundación de la “Villa de Nueva Madrid” o “Madrid de las Juntas”, denominada así por ubicarse “ en las juntas de dichos caminos, entre Salta y Talavera de Esteco”. Tal asiento lo estableció, por orden de Velasco, el 2-II-1592, “día de la Purificación”, el Capitán Jerónimo Rodríguez Macedo; donde el río las Piedras desagua — “se junta” — sobre el Salado; allí — precisa el Padre Lozano — “se encontraban (“juntaban”) los dos caminos que de Esteco y San Miguel de Tucumán iban a Salta”. Años más tarde, refundiéronse las ciudades de Nuestra Señora de Talavera de Esteco y de “Madrid de las Juntas”, en un nuevo emplazamiento distante 3 leguas de esta última villa. Ramírez de Velasco, luego de establecida “Madrid de las Juntas”, resolvió volver, desde Santiago del Estero, a aquella “Nueva Rioja” que dejara poblada, “a conquistar e allanar los indios que no habían dado la paz, e al descubrimiento de la gran noticia que había de que en los cerros llamados Famatina, había mucha cantidad de minerales de plata, e que se labraban en tiempo del Inga, e así mesmo que había minas de oro e azogue” — según lo consignaba por escrito el Notario Luis de Hoyos. El 18-II-1592, pues, salió el Gobernador a conquistar Famatina al mando de 40 o 50 españoles, un nutrido conjunto de indios amigos, 230 caballos y 20 carretas — 8 de estos vehiculos y 40 caballos “míos” —, dijo Velasco. Y, luego de hacer estación en La Rioja, “descubrí las minas de plata que en el dicho de Famatina ay, que son muy rricas, e para enterarme de su riqueza envié a la villa de Potosí Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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250 leguas, por azogue, e hize ensayes que prometen grandíssima riqueza” — le informó el propio descubridor a su Soberano Felipe II. Después de descubierto ese socavón metalífero, el 23 de abril, “salió su señoría del dicho lugar” — la referencia es del Escribano Hoyos — en busca de “la entrada al Valle de los Capayanes” (hoy la localidad de Vinchina), y desde allí, rumbeando al sur, recorrió la tierra hasta los límites con Chile; y pasó por San Juan y Mendoza, para retornar más tarde a La Rioja, haciendo la guerra a los naturales de los llanos”. (Sierra de los Llanos, en la parte meridional del actual territorio de esa última provincia). En tales jornadas acompañó siempre al Gobernador su hijo Juan Ramírez de Velasco, de veintitantos años, con el cargo de Alférez Mayor; “el qual — son palabras de su padre — asistió a todo lo suso dicho, y por el mucho trabajo en cien guaçabaras, debido al pesso de las armas, vino a morir molidas las entrañas”. El testigo Baltasar de los Reyes declaró, a propósito del muchacho, que “cansado y molido de los trabajos de las dichas jornadas se le rrecreció una enfermedad, de que murió”. Y el Capitán Hermoso Granero lamenta la muerte de un “mancebo de tan buenas esperanças que era de todos muy querido”. El espejismo fascinante de “los Césares”, “Trapalanda” o “Linlín” Ramírez de Velasco, a poco de llegar a su gobernación, quedó obsesionado por la idea de descubrir la fabulosa ciudad de “los Césares”, “Trapalanda” o “Linlín”, y las regiones — “Talán” y “Zuraca” — que se interponían a aquellos anchos espacios perdidos de la Patagonia, donde la leyenda narraba que el soldado César y varios compañeros, desde el Fuerte, Sancti Spiritus de Gaboto, en el río Paraná, alcanzaron el otro lado de las montañas tucumanas y, contra la cordillera de Chile, descubrieron una provincia muy poblada opulenta de oro y plata. Nuestro gobernante — menos fantaseoso que su antecesor Abreu —, en vez de precipitarse al sur, en pos de la anhelada quimera, mandó recoger noticias acerca de una supuesta comarca que, a 70 u 80 leguas de Córdoba, “se llama el valle de Talán y Çuraca, en que dizen ay yndios vestidos y bien tratados y tienen oro y plata y 286

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otras muchas cosas y ganados, y para que su Magestad Real sea informado de ello, mando que los testigos que se recibieren juren y declaren por lo suso contenido ...”. En consecuencia, el 18-II-1587, se llevó a cabo dicha Información en Santiago del Estero, ante el Escribano Alonso de Tula Cervín — mi antecesor —, con el siguiente resultado: El testigo Cristóbal Hernández, natural de Coimbra, reino de Portugal — que poco antes había llegado de Chile —, dijo que ahí “se tiene gran noticia de la dicha tierra”, y que cuando el testigo descubrió con Alonso de Sotomayor el camino de Buenos Aires a Mendoza, llevó un despacho para el hermano de éste, Luis de Sotomayor, y “llegó a un rrío que se dice rrío quarto, que es en términos de Córdova”, donde “tomó yndios e yndias de la dicha provincia de Talán, que le dieron relaçión de la dicha tierra, gente y trato”. Juana, “yndia de su servicio deste testigo”, y otro indio llamado “Pelán”, le dijeron que en “Talán y Çuraca ay gran suma de yndios poblados en pueblos grandes, junto a una laguna y un rrío; que todos andan vestidos, es gente de rrazón, y que tratan con oro y plata, y hazen sementeras y cojen mucha comida, y tienen muchos carneros de la tierra, de los que en el Pirú sirven de llevar cargas (llamas?), y que también se sirven de otros animales ... que tienen los cuernos bueltos las puntas para atrás, por lo qual colige este testigo que deben ser búfanos, y que dizen que son los machos negros y las hembras blancas, y que tienen lana blanda de que haçen muy fina ropa ... y hay un cacique muy grande a quien todos obedecen ... y tienen minas de oro y plata”. Entiende el declarante “son yndios de los yngas del Pirú, que se huyeron y se fueron allí”; y como oyó decir es gente belicosa “serán menester quatrocientos o quinientos hombres armados para conquistallos”. Que tales indios “tienen jarros de plata y de oro con que beben, de hechura de qubiletes, y otras pieças de plata, y que las labran entre ellos ... y que también dizen que tienen esmeraldas ... que traen las mugeres por çarcillos engastonadas en oro y plata”. Hernández oyó comentar a la india Juana “que más allá desta buena tierra que se dice Çuraca, están una gente que son españoles, y que andan por allí perdidos, y que son muchos ... que andan ya bestidos de yndios con camiseta y çaragüel, y que tienen unas espadas biejas de yerro sin bayna, que tienen barbas largas y están rrebueltos con los naturales y casados con yndias ... y tienen hijos y las cassas muy Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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grandes”. Decíase que esos cristianos perdidos “an salido algunas veçes a buscar a otros españoles”, pero, “enllegando a Çuraca ... los yngas les hazen guerra y les matan gente, y se buelben a sus pueblos, por que no tienen fuerça para pasar adelante”. Hernández en Chile oyó decir “a personas españolas de las antiguas, que en tiempos pasados el Obispo de Plasençia enbió una armada al estrecho, y que della se avía quedado o perdido un navío con mucha gente en la costa, y que estaba perdida, y que el Capitán de la dicha gente se llamaba Quiróz, y era muy biejo”. El testigo “quiso benir a dar aviso al ... Governador Jhoan Ramírez de Velasco ... para que por estar más çercana esta governación de la dicha tierra, haga ... descubrimiento y poblaçón ... y aquella pobre gente española perdida sea consolada, y ellos, y los naturales yndios, sean ynstruídos en nuestra santa fee cathólica”. La india “Juana Upina” que parecía de 17 años, más o menos, por intermedio del intérprete de su lengua, Julián Fernández, natural de San Juan de la Frontera, “dixo que es natural de un pueblo que se dize Omora junto a Talán”; que su amo Cristóbal Hernández “la hizo abautizar y tornar xrisptiana’; que en Talán “ay muchos yndios ... y cerca del dicho valle está otra poblazón de Çuraca, donde ay muchos más yndios ... que laban oro en bateas y lo sacan de unas cordilleras coloradas, y les a visto esta testigo, traer oro y plata labrada en vasos ... y cucharas de plata ... y sortijas de oro ... y tijeras y cuchillos de plata ... y el cacique ... trae una corona de oro en la cabeça, con una borla en ella que cae en medio de la frente”. Los indios de Talán le dijeron a Juana que los de Zuraca “bieron unos xripstianos que andan por allí perdidos y questán lejos de allí poblados ... que tienen zaragüelles y camisetas de yndios ... y son barbados, y que esto que dicho tiene le a dicho a Xristoval Hernandez, su amo”. El indio “Pelán”, “ynfiel”, dijo — a través de intérprete — ser del pueblo de “Tocote”, junto a “Talán”, y declaró lo mismo que su amo y la india Juana, acerca del oro y la plata de los naturales de Zuraca, y que oyó decir “lo de los españoles perdidos entre los yndios”. Y oídas esas informaciones, Ramírez de Velasco mandó sacaran traslado de ellas para enviarlas al Consejo de Indias, y le advertía (19-II-1587) a ese organismo, “que estas provincias de Indias son las que tienen mas fama de oro y plata y esmeraldas y otras 288

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rriquezas ... y que son las provincias de Indias que, por otros nombres de esta governación y Reyno del Pirú y Chille, llaman las provincias de Trapananda, y otro nombre la provincias de Linlín, y por otro nombre la de Çésar, y que esta es la que fue a buscar el Governador Gonçalo de Abrego, su antecesor; y llaman de Çésar, porque un soldado llamado Çésar, con veynte o treynta soldados, yendo por caudillo del Capitán Gaboto, la descubrió por el rrío que llaman de Talamochita, que entra en el rrio de la Plata, y della sacó una esmeralda, como media lima, que dize la vendió después en Cartagena por cinco mill pesos”. Todo esto mostraba la conveniencia de mandar una expedición de 400 soldados, “con sus arcabuzes y cotas”, al comando del propio Gobernador informante, a fin de “cobrar y rrestaurar aquellos españoles ... perdidos que quedaron por allí del armada que el Obispo de Plasençia (Gutierre de Cárdenas) envió al estrecho” (de Magallanes). Dos años mas tarde, el 13-VII-1589, se mandó levantar otra Información a los mismos efectos, en la que declararon: El “muy Reverendo padre fray Reginaldo de Liçiarra” (Lizárraga, de 51 años de edad), quien dijo, que estando él de Vicario en el Reino de Chile, “abrá çinco años”, oyó decir a soldados que fueron con el General Lorenzo Bernal al descubrimiento de unas minas de plata en la cordillera “nebada”, que hallaron “yndios algarroberos”, y uno de ellos “que avía estado en Chille, en la ciudad de Angol”, y sabía hablar castellano, les dijo que “como treynta jornadas de allí estavan, a la rrivera de un rrio, poblados otros hombres como nosotros, a los quales avía visto”. Y Lorenzo Bernal le dió al indio una carta a fin de que se la llevara a esos cristianos españoles. También el fraile Lizárraga había oído decir a un soldado llamado Juan de Miranda, que fue en la armada del General Diego Flores Valdés y de Pedro Sarmiento de Gamboa, destinada a poblar el estrecho de Magallanes, que este último, al saltar a tierra con 70 hombres, antes de entrar en la boca del estrecho, le salieron al encuentro “onze o treçe yndios de grandes estaturas, como medio gigantes, y el capitán que benía delante bestido de blanco, todos con sus arcos y flechas”, y llegando al dicho Sarmiento les hablaron “en nuestra lengua” española estas palabras: paz, paz Jhesús, María, capitán, capitán; y quando dezían estas palabras, capitán, capitán, señalaban con los dedos la tierra adentro, dando a entender que los Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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que les enseñaron aquellas palabras estavan la tierra adentro”. En cuanto al informante de fray Reginaldo, el dicho Juan de Miranda, residía, a la sazón, en el Perú, y le suministró a aquel estas noticias a tres leguas de Talina, cuando el visitador de los dominicos venía al Tucumán. Tres días después compareció a declarar en la probanza el reverendo padre jesuita Alonso Barzana, de 59 años de edad, y dijo: que estando “avrá dos años en la çiudad de Córdova ... oyó allí contar, según cree, al Capitán Gaspar de Medina, vezino de la çiudad de San Miguel de Tucumán, que hera allí Teniente de españoles”, que en aquellas tierras del sur había compatriotas cristianos “como encarçelados”, que deseaban abrirse paso hacia el norte. Al efecto Medina salió en una expedición “buscando xrisptianos”, y “después de aver andado mucho tiempo hallaron en el camino muy grandes lagunas de agua e de muchas leguas, las quales aunque probaron a bençellas no pudieron”. Y oyó decir el padre Barzana “que por aquellas tierras, donde estaban los dichos xrisptiano ... avían grande suma de yngas de los del Cuzco, que se avían rretirado allí, o de Chille o de otra parte donde estaban, y que hablaban la lengua del Cuzco”. Esto lo decían diversas personas en el Perú, así religiosos como seglares, y hacíanse lenguas “de la ynnumerable gente y rriquezas que hay en Linlín, y que están pobladas en una laguna a usança de México, y que es grandísimo rrey aquel de Linlín, y que es Ynga, y que trae en campo hordinariamente, quarenta mil combatientes”. Instaba el jesuita Barzana llevar a cabo la conquista de esa comarca, para dar sacramentos y asistencia religiosa a aquellos españoles perdidos de tantos años atrás, y a sus hijos, y convertir los referidos “yngas” al catolicismo. Después compareció a prestar testimonio, ante Ramírez de Velasco, mi antepasado Alonso de Tula Cervín, de más de 48 años de edad (nació por 1541). Manifestó que cuando estaba de Escribano entre los indios de “Chuquioma”, en la frontera de los chiriguanos, era cura de aquel valle el clérigo Francisco Hidalgo, el cual había sido Vicario general en la provincia del Tucumán, y le oyó comentar a éste que los españoles “de la armada del Obispo de Plasençia, don Gutierre de Cárdenas Carvajal, avían quedado arrinconados en la costa que dize el auto”; que pretendieron correrse a la ciudad de Córdoba en busca de españoles; y el padre Hidalgo le oyó decir, en 290

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Santiago del Estero, al conquistador Blas Ponce, “que los dichos españoles andaban de una parte a la otra, caminando para topar con xrisptiano, y que llevaban cruçes en las manos y traían espadas de hierro negro”. También algunos indios reducidos en Córdoba le contaron a Tula Cervín que “a distancia de çien leguas, poco mas o menos de su tierra, está una gran poblazón de yndios yngas poblados en una gran laguna ... y que son muy rricos, porque sirven en bajilla e piezas de plata y oro ... y a estos yndios llaman çésares, por un soldado llamado Çésar, que por orden del Capitán Gaboto llegó a ellos con veynte hombres por un rrio llamado Calamochita, que entra en el rrío de la Plata ... y que los naturales de esta tierra la llaman Linlín y por otro nombre la Trapananda ... e a oydo dezir (el declarante) al Capitán Blas Ponze y a otras personas que eran los que estavan poblados en Londres, desta governación de Tucumán”, que los Incas de Linlín “cobraban en oro y plata sus tributos ... sacados de las minas deste Londres” (Famatina?); y que los “Yngas”, pletóricos de riquezas, “se retiraron a lo que agora llaman Çésares o Linlín”. Tales referencias las recogió en su tiempo Almagro, cuando fue a Chile, y las repetía Pedro Sotelo de Narváez en Santiago del Estero, relatando una expedición que envió Valdivia al mando de Jerónimo de Alderete, hacia aquellas regiones de la cordillera nevada. Y “abrá quinze años oy dezir en los Charcas al Liçenciado Matienço — concluye mi antepasado Tula Cervín —, que con mill hombres que enbiase Su Magestad ... podría fáçilmente acavar la guerra de Arauco” y descubrir y conquistar esa incógnita “parte de la cordillera”. El 19 siguiente declara Gaspar Medina, de 59 años de edad, y expone “que abrá once años, más o menos, oyó dezir ... en la ciudad de La Serena de Chille y en la de Santiago, por público y notorio, que por noticia de yndios se dezía que avía españoles poblados, en mucha cantidad, a las espaldas de la çiudad de la Villarica y Baldivia”; que esos pobladores debían de ser los de la armada del Obispo de Plasencia; y que también había “yndios bien bestidos y peinados, y que los llaman Yngas, y que era mucha gente que están poblados deste lado de la cordillera grande, que está entre esta governación de Tucumán y la de Chille, hazia las dichas sierras, y que avía allí una laguna muy grande”.

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Pedro Sotelo de Narváez, a su vez, declaró que estando el en el Perú, se topó con un soldado veterano de la conquista de Chile, llamado “Banda de Aguilar”, y le dijo que Jerónimo de Alderete había hecho una entrada con 80 soldados escogidos a caballo, y pasando la cordillera, se encontraron unos valles muy grandes, poblados de mucha gente, que tenían vasijas de oro y plata; y Aguilar se internó con uno de los escuadrones a pelear con los indios, y después de cruentas batallas, se retiró sin poder seguir adelante, hacia esas provincias de Linlín o de Trapalanda. También Sotelo de Narváez le oyó decir a Lorenzo Suárez de Figueroa, que cuando era Teniente de Gobernador de Córdoba tuvo noticias por indios comarcanos “de aquella tierra, que avía muchos españoles biejos abeçindados, y que tenían hijos y mugeres, y que se servían de animales de muy grandes orexas y poco cuerpo, figurando por la señas estos animales asnos ... y que avían intentado tres veces pasar al reyno de Chille, y no avían podido por la cordillera, y que aora quince años avían yntentado benir a estas provincias, y que se avían buelto por aver topado con unas grandes lagunas o rrios. La propia noticia le dió a este testigo el Gobernador Gonzalo de Abreu, quando volvió de la jornada e descubrimiento de Linlín, que intentó hazer, y que se avía buelto por hazer demasiado frío y aver tenido noticia de que le benían a tomar rresidencia; que allí estaba escondido un pedaço de tierra muy rrica, así de gente como de metales”, y la gente era española, sin duda de la armada del Obispo de Plasencia. Seguidamente se le tomó declaración a Gabriel Moya, de 40 años de edad, quien oyó hablar en Chile “que de la otra parte de la cordillera avía gente barbuda (los indios eran lampiños) que dezía ser españoles”, etc, etc. Luego (6-VIII-1589) fray Reginaldo Lizarraga amplió su anterior testimonio, señalando como a uno de sus informantes, a Juan de Espinosa, vecino de San Miguel de Tucumán, que vió en Santiago de Chile, en casa de un fulano de Escobar,un indio “puelche”, el cual le dijo que “siendo muchachón, avía pasado la cordillera hazia la mar del norte, y avía llegado a un rrío grande, de la rrivera del qual estavan poblados españoles, que andaban bestidos como andan los españoles, y entre ellos avía dos frailes de la horden de San Francisco”; y — opinaba el puelche — “que si quería el dicho fulano Escobar yr allá, quél le llebaría, pero que avía menester muchos españoles, porque en el camino avía gran cantidad de yndios 292

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... y tenían los españoles (aislados) dos capitanes que se llamaban Juan de Quirós y Pedro de Quirós”, etc, etc. y sin duda eran los náufragos de la armada del Obispo de Plasencia. El 24-VIII-1589 depuso en autos el venerable Escribano Jerónimo Vallejo (de más de 70 años) y dijo: que tres décadas atrás le oyó decir a Jerónimo de Alderete, que venía de Adelantado para Chile (a quien acompañaba Vallejo en el viaje en que aquél murió en el Caribe), que “a la otra parte de la cordillera de Chille, corriendo a la mar del norte ... avía gente española que se avía quedado allí, que benía en la armada del Obispo de Plasençia”. Esto se lo repitieron a Vallejo en Lima, así como la leyenda fabulosa de la “jornada de la sal y Trapananda y notiçias de Çésar”. Ello lo determinó a acompañar al Gobernador Juan Pérez de Zorita al Tucumán, “abrá veinte años”; y salido del Perú llegó hasta las provincias de Chile y las ciudades de La Serena y Coquinbo, donde un soldado, “fulano Alvarez de Luna contó mucho bien de aquella jornada”. Y muchos soldados pensaban acompañarlo a Zorita trás la cordillera, para después rumbear de allí para los Césares. Y vió Vallejo a un Alonso Torres, vecino de Coquimbo, que le propuso a Zorita emprender dicha expedición, ofreciendo gran cantidad de ganados y otros bastimentos. El 5 de abril anterior se le había tomado testimonio al Capitán Blas Ponce, el cual dijo que en tiempos del Gobernador Castañeda un indio llamado “Jofre”, que “avía venido del Río de la Plata, de un pueblo que llaman Coronday (Coronda), le dió al Gobernador la noticia de los muchos españoles que, varias jornadas arriba del Río de la Plata, se avían emparentado con los naturales de la tierra, que les havían dado muchas mugeres, en las quales avían avido muchos hijos, y que tenían gran suma de meztizos y meztiças, y que tenían muchos cavallos y arcabuzes”. El indio aquel decía que su padre “le avía contado avían estado en su pueblo de Coronday un Capitán llamado Sebastián Gaboto, el qual avía hecho un fuerte, donde se recogía él y su gente, y que este Capitán avía enviado otro con gente la tierra adentro, hazia Buenos Ayres, al qual llamaba fulano Çésar”; que César se internó en la tierra hacia la cordillera de Chile, donde vió las maravillas y fantasías que sugestionaban a tantos conquistadores entonces; con aquellas opulencias y esos hispánicos náufragos del Capitán Quirós desamparados. El Gobernador Castañeda intentó reclutar hombres para acometer tan atrevida exploración. En adelante Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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— seguía recordando el deponente — en el tiempo en que vino a mandar Francisco de Aguirre (ancestro mío) tuvo noticia de aquellos “españoles perdidos y de grandes poblaçiones de naturales y rriquezas que descubrió Çésar”; y en pos de ellas quiso proyectarse, más — como es sabido — se amotinaron sus soldados a 50 leguas de Santiago del Estero, y el jefe fue prendido y llevado al Perú a que lo juzgara el Santo Oficio. Jerónimo Luis de Cabrera (otro genearca de mi sangre) tuvo asimismo deseos de hacer esa conquista alucinante, y por eso — según Ponce — fundó la ciudad de Córdoba como punto de arranque. Parece que a Cabrera lo animaba mucho a realizar la empresa un vasco francés, “Ybaceta”, de 85 años, que murió en Córdoba, el cual decía haber navegado por el estrecho de Magallanes en un navío de Francia que se dirigía a las Molucas, y allá en los mares del sur se encontró con la armada del Obispo de Plasencia “desvalijada”, y supo que un barco del mitrado habíase destruído, dejando a su numerosa tripulación en tierra. Recordó Ponce, que Gonzalo de Abreu, más tarde, transitó distancias con 50 hombres en busca de Trapalanda, pero su hueste, desalentada por los sufrimientos y combates con los indios, no quiso seguir adelante. Conoció Ponce también un soldado que entró al Tucumán con Diego de Rojas, llamado Pedro Clavijo, “que descubrió la gran noticia de la mucha gente de naturales y gran rriqueza que avía en la dicha jornada de los Çésares”. Rojas pensó lanzarse a la aventura, pero le mataron los indios desbaratando a sus soldados. Afirmaba dicho Clavijo — andaluz sería — haber conocido a un tal “Quiterio”, vizcaíno, compañero del Capitán César, quien, “en secreto”, le habló de las extraordinarias riquezas en medio de las cuales vivían los habitantes legendarios del país de referencia, poblado por los “Yngas” del Perú en la cordillera nevada; y el mismo relato lo oyó Ponce en boca de cierta india Isabel, “agüela de un hijo de este testigo”. Por otra parte, el 29-VIII-1589, en San Miguel de Tucumán, el Capitán Gaspar de Medina, Teniente de Gobernador de esa ciudad, le tomó declaración al vecino Juan de Espinosa, de 60 años de edad, quien dijo que él había entrado al Reino de Chile con el Gobernador García Hurtado de Mendoza; que en tierra chilena estuvo diez años, en cuyo lapso el Gobernador Mendoza envió a un fulano “Ladrillero”, con alguna gente, en navíos al estrecho de Magallanes. Que “Ladrillero”, al volver atravesó el valle de Arauco, donde se hallaba 294

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el Gobernador en campaña, y los soldados que venían con aquel contaron que junto al estrecho había gente que tenían cruces y nombraban a Jesús — según lo escuchó el propio Espinosa de un tal Roberto y del Capitán Peñalosa y de Diego Pérez y otras personas principales; y algunos indios prisioneros les informaron acerca de aquellos “xrisptianos” aislados, etc, etc. Asimismo en tiempos del gobierno chileno de Rodrigo de Quiroga, unos indios puelches de Alonso de Escobar le hablaron a Espinosa del “Ynga” que llamaban “el Rey Juan”, y del Capitán de los españoles Quirós, y de un fulano Enriquez, que era de los que se perdieron en la armada del Obispo en las proximidades del estrecho magallánico, “que se avía benido en un barco a otro navío que bino a parar a Los Reyes” (Lima), y allí con “las tablas del dicho navío se hicieron las puertas de las cassas rreales y lo que dicho tiene es público y notorio”. En San Miguel de Tucumán declaró además Juan Artaza, de 55 años, quien manifestó que estando en Chile, veintitres años había, poco más o menos, “en la posada del General Juan Jofre, los Capitanes Alonso de Córdoba, Alonso de Reynoso, Miguel de Velasco y otras personas, le mostraron una espada que decían era de los indios puelches, que la habían rescatado, antes de venir de mano en mano, y que fue de “los xrisptianos de la armada del Obispo de Plasencia”. Tal el tenor de las declaraciones que resumimos de la caratulada, en 1589, “Probanza de la gente española que vino en la armada del Obispo de Plasençia, abrá sesenta años, al rrescate de los yndios malucos por el estrecho de Magallanes, fecha por mandado de Su Señoría el Governador Juan Ramírez de Velasco, Capitán General y Justicia Mayor de la provincia de Tucumán; trata de mucha suma de yndios y riqueças de oro y plata y esmeraldas y de otras muchas cosas; ba çerrada y sellada” — al Consejo de Indias. “Tengo gran noticia de una provincia que llaman los Çéssares, corre de norte a sur desde Córdova hasta el estrecho de Magallanes — le había escrito Ramírez de Velasco al Rey el 10-XII-1586 —, e así mesmo la tengo de que ay gran suma de gente, e que ay grandes rriquezas de oro; es entre Chille e la mar del norte, e a las espaldas de Arauco ... sin que a Vuestra Magestad le cueste un pesso me ofrezco a hazer esta jornada, siendo servido darme título de Adelantado della,

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e la dézima parte de los yndios que se ganaren, e dos ábitos de Santiago, uno para mí e otro para mi hijo mayor”. Empero, otras urgencias — que no la ilusoria jornada al país de los Césares — reclamaron sucesivamente, según vimos, la acción del Gobernador del Tucumán; la conquista de los valles Calchaquíes, Sanagasta y Acampis; el asentamiento de la ciudad de La Rioja, en este último punto; el de “Madrid de las Juntas” en el camino a Salta; y la exploración del cerro de Famatina. Ultimas disposiciones tomadas por el Gobernador de esta historia Después, desde Santiago del Estero, Ramírez de Velasco despachó al Capitán Pedro de Lasarte con más de 70 hombres a conjurar una rebelión de los indios del Chaco Gualamba que querían aliarse con los chiriguanos; dándole encargo a ese jefe de poblar allá una ciudad que debía llamarse “Nueva Logroño”. Más Lasarte no lo pudo hacer “por el rigor del invierno”; y el proyectado reducto a levantarse en la chaqueña selva quedó en nada al ser relevado nuestro Gobernador. También el 19-IV-1593, por mandado de Ramírez de Velasco, mi lejano abuelo el Capitán Francisco de Argañaraz y Murguía, con 40 soldados, fundó la ciudad de San Salvador en el valle de Jujuy, “donde al presente — escribió el mandante en 1594 — hay cinquenta hombres”. (Los detalles de esa histórica empresa se consignan en el capítulo que dedico al linaje de Argañaraz de Murgía). Otra población se aprestaba a establecer Ramírez de Velasco, por intermedio del Capitán Gaspar de Medina; “Nueva Sevilla”, a 50 leguas de Córdoba, en el Río Quinto, con miras a ir descubriendo el camino para llegar hasta el estrecho de Magallanes, y conquistar la ciudad de los Césares y tomar contacto con los cristianos que se suponía sobrevivientes, en las misteriosas regiones del sur, de la armada del Obispo de Plasencia. Estos preparativos ocupaban al Gobernador, cuando recibió aviso de su reemplazo; “y ansí se dexó de conseguir esta jornada tan ymportante”. Ocho años había durado el fructífero gobierno de Ramírez de Velasco. Durante ese lapso — además de las ciudades que fundó, o mandó fundar, de las campañas emprendidas a fin de poner a los 296

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indios en paz y de las disposiciones progresistas de bien común y de moralidad pública que tomó — se instalaron en el Tucumán esos extraordinarios evangelizadores que fueron los jesuítas; así como llegó de Lima, a pié, al territorio de su mando, San Francisco Solano, apóstol franciscano, dechado de bondad, visitador de enfermos, consolador de afligidos y catequizador de infieles con sus milagros y su violín maravilloso. Dijo verdad el Cabildo santiagueño en 1586, cuando le pidió al Rey no remover al Gobernador y concederle el disfrute de las encomiendas de Soconcho y Manogasta, pues Ramírez de Velasco “está governando con vida onesta, vedando lo contrario, y usando de yntérprete de ygualdad va desarraigando los viçyos y ordenando buenas costumbre en bien propio y utilidad de los vezinos y moradores”. En mayo de 1593 nuestro Gobernador entregó el mando a su sucesor Fernando de Zárate. Y catorce meses más tarde (23-IX-1594) nuestro personaje presentaba a la Audiencia de Charcas una solicitud a fin de que se diera curso a la Información sobre sus servicios, en méritos de los cuales pedía “se me haga merced, por todos los días de mi vida e de mis subcesores, del Adelantamiento de Tucumán e Nueva Rioja, que yo descubrí, poblé y conquisté e pacifiqué, con diez mill ducados de rrenta”. Comparecieron como testigos de esa probanza: Baltasar de los Reyes, Diego Camacho, Luis de Hoyos, Alvaro de Abreu de Figueroa, Gabriel Panyagua de Loaisa, Cristóbal Barba de Alvarado, Félix López, Juan de Alvarado y Velasco, Antonio Fernández de Velasco, Juan Hermoso Granero y Pedro Cores de Ulloa. Ramírez de Velasco, después de todo, se había quedado muy pobre; gastó en la conquista tucumana íntegro su caudal, y aún debía más de 30.000 pesos, “por cuia causa no pude ni puedo sacar de las dichas provincias a doña Catalina de Ugarte, mi mujer, y tres hijas y un hijo, y quedan y están en casa de un vezino comiendo de limosna, por no avérseme pagado el salario que e de aver”.

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Se le encarga al protagonista de esta biografía el gobierno rioplatense. Su muerte y su descendencia prolongada hasta mis nietos. El hombre proponíase regresar a España, cuando en 1596 recibió el nombramiento de Gobernador interino del Río de la Plata. Dispuesto a ejercer sus funciones, emprendió viaje a estas tierras litorales. Nombró a Hernando de Mendoza Teniente General de Buenos Aires, y a Iñigo Ramírez de Velasco — su sobrino y yerno — Teniente General de la provincia. Con posterioridad suscribió el nombramiento de Lugarteniente y Capitán a Guerra de la Asunción, a favor de Hernandarias de Saavedra. El estreno del mandatario en el gobierno rioplatense no fue feliz. el 30-I-1600 Hernandarias le escribiría al Rey: “Entró aquí Juan Ramírez de Velasco mi antecesor, y aunque con buen zelo con poca experiencia, y ansí le mataron a su yerno don Iñigo de Velasco y al General Sandoval con otros Capitanes y soldados, y se puso en armas toda la tierra”. El ínclito varón, tras enfermarse, sucumbió cierto día de 1597 en la ciudad de Santa Fé, adonde llegara de paso hacia Buenos Aires; frisaba en los 58 años de edad. Según carta suya dirigida al Rey en 1594, declaraba, entonces tener “tres hijas y un hijo en el Tucumán” — puesto que el primogénito Juan “el Mozo” ya había muerto. Así pues, con su mujer Catalina de Ugarte, don Juan procreó 5 vástagos legítimos, todos nacidos en Sevilla, a saber: 1) Juan Ramírez de Velasco y Ugarte — “el Mozo” —, Alférez Mayor y compañero de su padre en distintas expediciones y conquistas. Falleció “molidas sus entrañas” por el peso de las armas — como se apuntó más atrás — después de la jornada de Famatina. Estaba casado con Ana Gutiérrez de Rivera y Peñaloza (hija de Diego Gutiérrez Gallegos, conquistador del Tucumán y vecino de La Rioja, y de Jerónima Tineo Peñazola y Quevedo; n.p. de Juan Gutiérrez Gallegos y de Inés de Rivera; n.m. de Lope de Quevedo, conquistador del Tucumán y uno de los fundadores de Salta y de Jerónima de Tineo Peñazola). Dejó sucesión. Creo que hija suya fue:

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A) Catalina de Ugarte y Velasco, la cual se casó con Diego Méndez de Carvajal, con el que hubo a: a) Antonia de Carvajal y Velasco, nac. en Potosí, desposada con Jerónimo Luis de Cabrera y Arias de Saavedra (hijo de Jerónimo Luis de Cabrera Garay y de Isabel de Saavedra Becerra; n.p. de Gonzalo Martel de Cabrera y de María de Garay; n.m. de Hernandarias de Saavedra y de Jerónima de Contreras y Garay; bisn. p. de Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba; bisn. m. de Juan de Garay, fundador de Santa Fé y Buenos Aires). Su descendencia se anota en el linaje de Cabrera. 2) Pedro Ramírez de Velasco y Ugarte, Teniente de Gobernador de La Rioja y Maestre de Campo en Chile. Casó con María de Villagra Osorio y Olmos de Aguilera (hija de Juan de Villagra y de Mariana Olmos de Aguilera Fernández Zurita Villavicencio Valdemolar). Fueron sus hijos: A) Juan de Velasco, fallecido antes de 1648. B) Inés de Velasco, muerta soltera antes de 1648. C) Catalina de Velasco. Casó 1º con el Capitán Diego Graneros de Alarcón, y en 2as nupcias con el Almirante Salvador de Saa y Benavidez. Con sucesión. El mayor de los hijos del 2º enlace, Martín Correa de Saa y Velasco, fue creado Vizconde de Asseca, en 1666 por el Rey de Portugal. D) Mariana de Velasco, esposa del Maestre de Campo Santos de Toledo Pimentel (hijo de Fernando de Toledo Pimentel, bisn. del 1er Duque de Alba, y de Clara Blásquez, hija del conquistador Santos Blásquez y de Isabel de Torres). De ellos nacieron, entre otros: a) María o Mariana de Toledo y Velasco que casó con el Maestre de Campo Baltasar de Villafañe y Guzmán (hijo de Manuel de Villafañe y Guzmán y de Petronila de la Cerda Villarroel Avila Barrionuevo y Bazán de Pedraza). Su hija Clara de Villafañe Toledo y Velasco casó con Francisco Javier Dávila Salazar, cuyos descendientes, por extinción de la varonía, fueron señores de “Sañogasta” en las familias de Brizuela Doria y de Baigorri.

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b) Luis de Toledo y Ramírez de Velasco, Capitán y encomendero de los pueblos indios de “Paquilingasta” y “Lechini”. c) Juan Ramón de Toledo y Ramírez de Velasco. d) Fray Francisco de Toledo y Ramírez de Velasco. e) Sebastián de Toledo y Ramírez de Velasco. f) Fadrique de Toledo y Ramírez de Velasco, Tesorero Oficial Real en Santiago del Estero, que después pasó al Alto Perú. g) Pedro de Toledo y Ramírez de Velasco. 3) Isabel Ramírez de Velasco y Ugarte, de la que no encontré dato alguno. 4) Lorenza de Ugarte y Velasco, a la que presumo consorte del factor Alonso Patiño, vecino de Potosí. En efecto: en un contrato sobre fletamento de 500 vacas y novillos para conducir al Perú, celebrado entre el factor dueño de la hacienda Alonso Patiño — por intermedio de su apoderado Francisco de Acosta Caballero — con Juan de Mena, en San Miguel de Tucumán el 2-I-1609, ante el Escribano Francisco Romano, se transcribe el poder que Patiño otorgó en 1608 en Potosí, ante el Notario Sancho Martínez. En tal documento Patiño expresa: “doy este poder al dicho Francisco de Acosta Caballero, para que en el dicho mi nombre pida, reciba y cobre todo el ganado vacuno o la parte que pudiere y le pareciere, del que está en la estancia del Gobernador Juan Ramírez de Velasco, mi suegro”. 5) Ana María Velasco o Ramírez de Velasco Ugarte, baut. el 26-VIII-1584 en Sevilla. Casó 1º con su primo Iñigo de Velasco, a quien mataron los indios mientras el tío y suegro de éste Ramírez de Velasco, gobernaba la provincia del Paraguay y Río de la Plata. Luego, Ana María pasó a 2as nupcias con el General Alonso de Herrera y Guzmán Castro y Polanco, baut. en Sevilla el 10-VI-1578; Caballero de la Orden de San Juan (Malta), Alcalde y Regidor de Santiago del Estero, y encomendero allí de “Tatingasta” y de “Socotoma”. Era don Alonso hijo de Antonio Herrera y Guzmán, nac. en Salamanca, vecino de Sevilla y emparentado con el Marqués de San Vicente, y de María de Castro y Polanco; n.p. de Juan de Ovalle de Herrera y de Luisa de Guzmán, de la Casa de Medina Sidonia, vecinos de 300

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Salamanca; n.m. de Alonso Fernández de Castro, Caballero 24 de Sevilla, y de Isabel García de Castro; bisn. p.p. de Gonzalo de Ovalle o Yañez de Ovalle, Alcalde Mayor de Valladolid, Caballero de Santiago (hijo de Juan de Urrea “el Viejo” nac. en Vizcaya, y de la salmantina Leonor de Ovalle y Rodríguez); bisn. m.m. de los burgaleses Juan de Castro y María de Polanco. Juan de Castro, a su vez, era hijo de Fernando de Castro, vasallo del Rey Enrique IV, relevante vecino de Burgos, casado con Juana García de Castro, y 8º nieto legítimo de Gutierre Ruiz de Castro “el Descalabrado”, Ricohombre y Señor de Lemos y Sarria, y de su esposa Elvira de Osorez (Al egregio linaje de Castro lo trato en el “Apéndice” del capítulo dedicado a los Cabrera). Del primer matrimonio de doña Ana María con su primo Iñigo Ramírez de Velasco no quedó descendencia. Del segundo enlace suyo con el General Alonso de Herrera y Guzmán Castro y Polanco nacieron: A) Ana María de Herrera y Velasco, que casó con el Capitán Antonio Suárez de Cabrera (hijo de mis antepasados Antonio Suárez Mexía Chavero o Suárez Mexía Abad y de María Maldonado de Torres y Cabrera; n.p. del portugués Antonio Suárez Mexía y de Mariana Chavero; n.m. de Pedro Luis de Cabrera y Martel y de Catalina de Villarroel Maldonado). Antonio Suárez de Cabrera, ya viudo “enfermo de una grave enfermedad echado en cama”, dió poder para testar en Córdoba, a favor de sus hijos Juan, Antonio, Alonso y Francisco, el 6-IX1678, ante el Escribano Francisco de Olea. Hubo con su esposa los 16 hijos que se apuntan en el linaje de Suárez Mexía. B) Sebastiana de Velasco o Ramírez de Velasco Herrera se casó dos veces. Primeramente con mi 10º abuelo el General Diego Gómez de Pedraza, Regidor y encomendero en La Rioja y Teniente de Gobernador de Salta (viudo con descendencia de Jerónima de Abreu de Albornoz y Bustos, e hijo de Alonso de Tula Cervín y de Francisca Bazán de Pedraza — ver los linajes de Bazán y Albornoz). Al enviudar Sebastiana pasó a 2as nupcias con el Sargento Mayor Diego Navarro, venido desde el “Nuevo Reino de Granada” (Colombia) al Perú, y de

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ahí a Santiago del Estero. Hijos del 1er matrimonio de Sebastiana resultaron: a) Pedro Bazán Ramírez de Velasco, nac. en Santiago del Estero, Maestre de Campo, vecino y feudatario de San Miguel de Tucumán. Peleó en la guerra calchaquí promovida por el falso Inca Bohorques, en la que fue mal herido de un flechazo en la garganta; lo que no le impidió más tarde seguir enfrentando a los indios levantiscos del contorno. En 1683 el hombre acompaña al Gobernador Fernando de Mendoza Mate de Luna a fundar la ciudad de “San Fernando del Valle de Catamarca”, de la que llegaría a ser Teniente Gobernador. Habíase casado con Laurencia de Figueroa y Mendoza (hija del antiguo Gobernador tucumano Lucas de Figueroa y Mendoza y de Andrea de Andrade y Sandoval). Falleció en Catamarca el 8-V-1685. Hijo suyo fue: a1) Diego Bazán de Figueroa, marido de Ana Avila Rivera, en la que hubo a Pedro Bazán Ramírez de Velasco, casado con Teresa Arias Velazquez. b) Diego Gómez de Pedraza Velasco, que casó con Juana de Vera. c) Ana Bazán Ramírez de Velasco, esposa de Gaspar Díaz Caballero. Hijos del 2º enlace de Sabastiana fueron: d) Diego Navarro de Velasco, Teniente de Gobernador de Catamarca (1685-1686). Casó con Mariana de Tula Bazán (hija de Alonso de Tula Cervín Albornoz y de Mariana Ramírez de Sandoval; n.p. de Diego Gómez de Pedraza y de su 1ª consorte Jerónima de Abreu Albornoz y Bustos). Esos cónyuges son el tronco de los Navarro Velasco. e) Sebastiana Navarro de Velasco, que casó con el Capitán Francisco López de Melo, nativo de las Islas Canarias, y la hizo madre de: e1) Joseph López de Velasco, Sargento Mayor y encomendero del pueblo indígena de Tauma en jurisdicción santiagueña. Casó con su sobrina 3ª Magdalena Sánchez Zambrano (hija de Juan Sánchez Zambrano y de Josefa Maldonado de Saavedra Villarroel 302

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Ugarte y Velasco). Entre la nutrida descendencia que le dió Magdalena a su marido anoto a: I) Roque Jacinto López de Velasco Zambrano, casado con Ignacia de Paz y Figueroa Ibañez del Castrillo, progenitores de: II) Sabina López de Velasco Paz de Figueroa consorte del Maestre de Campo y Alcalde de Santiago del Estero, Vicente Díaz Gallo, nativo de la villa de Cantabrana, en Castilla la Vieja. Son los padres de: III) Pascuala Bailona Díaz Gallo López de Velasco, esposa de 2as nupcias de Juan José de Iramain Santillán Luna Cárdenas, Gobernador de Armas de Santiago del Estero en 1786. Hijo de ellos fue: IV) José Domingo de Iramain Díaz Gallo, Coronel y Teniente de Gobernador de Santiago en 1816, que casó con Francisca de Borges Urréjola, a la que hizo madre de: V) Jacoba de Iramain y Borges, que contrajo nupcias con José Blas de Achaval Castellanos, y dieron vida a: VI) Toribio Cecilio de Achaval Iramain, quien caso el 17-XI1875 con la irlandesa Delia Ryan O’Donell, cuyo hijo: VII) Toribio Miguel de Achaval Ryan casó, el 14-IX1907, con Beatriz Vivanco Alzaga. Son los padres de: VIII) Delia María de Achaval Vivanco, casada el 2-VII1936 con Alejandro Alberto de Estrada Elía, cuya hija: IX) Delia de Estrada Achaval casó el 21-V-1965, con Hortensio Manuel Hermenegildo Ibarguren Schindler; sus hijos — mis nietos — Cecilia María de las Nieves, Delia María Eugenia, Guadalupe, Carlos Hortensio, Mercedes, Rosario y Alberto Ibarguren Estrada resultan por esta línea genealógica decimoterceros nietos del Gobernador Juan Ramírez de Velasco. C) Alonso de Herrera y Guzmán Ramírez de Velasco — el primogénito de los varones — nació por 1611 en Santiago del Estero. En 1630, con el grado de Capitán, acompaño a su padre — y tocayo — en una campaña contra los indios calchaquíes. Más tarde ocupó el cargo de Teniente de Gobernador de la ciudad de Nuestra Señora de Talavera (Esteco), y murió siendo Maestre de Campo. A ciencia cierta no se sabe si fue casado y si dejó descendencia. Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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D) Juan Ramírez de Velasco y Herrera. Con fecha 23-X-1619, el Gobernador de Vera le concedió al menor “Juan Ramírez de Velasco” la encomienda de “Chicoana”, como lo había solicitado el padre del niño, “General Alonso de Herrera y Guzmán Castro y Polanco”. E) Francisco de Castro y Guzmán o de Herrera y Guzmán Ramírez de Velasco, quien el 9-V-1656, en la ciudad de Santiago del Estero donde era Alcalde ordinario, inició, a favor suyo y de su hermano Fernando, una información probatoria “de como somos Hijos lexítimos ... del general Don Alonso de Herrera Gusmán, Cavallero de la Horden de san Juan, y de doña Ana de Velasco, ntros. padres. Y nietos del Capitán Juan Ramírez de Velasco govor. y Capitán General que fue desta Provincia y rrío de la platta ...”. F) Catalina de Ugarte y Velasco Herrera y Guzmán, casada con el Capitán Jerónimo de Villarroel y Cabrera (hijo de Pero González de Villarroel y de Petronila de la Cerda Cabrera; n.p. de Diego de Villarroel, fundador de San Miguel de Tucumán, y de María Maldonado de Torres; n.m. de Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba, y de Luisa Martel de los Ríos). La sucesión del matrimonio Villarroel-Ugarte Velasco Herrera la trato en el linaje de Villarroel. G) Pedro de Herrera y Velasco o Ramírez de Velasco, nac. en Santiago del Estero entre los años 1616 y 1617, y luego se avecindó en Córdoba. Allá se casó el 25-V-1643 con Juana de Cabrera y Saavedra (hija de Miguel Jerónimo de Cabrera Villarroel y de María de Sanabria y Saavedra; n.p. de Pedro Luis de Cabrera Martel y de Catalina de Villarroel; n.m. del Gobernador Hernandarias de Saavedra y de Jerónima de Contreras; bisn. p.p. de Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba, y de Luisa Martel de los Ríos; bisn. p.m. de Diego de Villarroel, fundador de San Miguel de Tucumán, y de María Maldonado Torres; bisn. m.p. de Martín Suárez de Toledo, Gobernador del Paraguay, y de María de Sanabria — hija ésta de Mencía Calderón de Sanabria “la Adelantada”; bisn. m.m. de Juan de Garay, fundador de Santa Fé y Buenos Aires, y de Isabel de Becerra y Mendoza). Pedro de Herrera y Velasco, murió en Córdoba el 21-XI-1660. Hubo entre los hijos 304

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de su matrimonio a: I) Ana de Herrera Velasco y Cabrera, que casó con José de Carranza Suárez de Cabrera y Cabrera (tataranieto como su consorte, del Fundador don Jerónimo Luis). Su hijo: II) Francisco Xavier de Carranza y Herrera contrajo nupcias con Josefa de Cabrera y Jijena (tataranieta asimismo de Jerónimo Luis), con la cual procreó a: III) Juan José de Carranza y Cabrera, quien con su esposa Claudia de Avila Molina Navarrete Ferreyra Abad, dió vida a: IV) Juan Inocencio de Carranza y Avila, casado con Juana Vélez Carranza, siendo su hija: V) Mercedes Carranza Vélez, consorte de Estanislao Cáceres y Toledo Pimentel (hijo de Ignacio Domingo de Cáceres y de Ursula de Toledo Pimentel y Ladrón de Guevara). Padres fueron de VI) Genoveva Cáceres Carranza, esposa del genovés Luis Amadeo Croce (hijo de Luis Amadeo Viale y de Antonieta Croce). Su hijo: VII) José Luis Amadeo Cáceres se desposo con Julia de Rezabal Bustillo Ugarte y Prudant, en la que hubo a: VIII) Julia Amadeo Rezabal Bustillo que casó con Ricardo Sundblad Ramos Mejía Sáenz y Madero. Hija de ellos fue: IX) Julia Elena Sundblad Amadeo, casada con Cosme Beccar Varela Castro Videla. Uno de sus hijos: X) Alfonso María Beccar Varela Sundblad casó con Estela Milagros Ibarguren Schindler, sus hijos — mis nietos — Alfonso María, Carlos María, Estela Milagros y Luis María Beccar Varela Ibarguren resultan, por la presente serie genealógica, decimoterceros nietos del Gobernador Juan Ramírez de Velasco. H) Hernando o Fernando de Castro y Guzmán, baut. en Santiago del Estero el 21-V-1618. Corridas tres décadas el hombre se avecindó en el pueblo de Santiago de Cotagayta, valle de Tupiza, provincia de Chichas en el Alto Perú. Allá, en 1651, el Gobernador de Tarija, Luis de Andrade Sotomayor, le confirmó su grado de Capitán. En 1658, el susodicho diligencia una probanza acerca de su limpieza de sangre. Posteriormente, el 14-I-1673 “Hernando de Castro y Guzmán” es admitido como Caballero de Santiago. En los archivos de esa Orden el abuelo materno suyo así figura anotado: “Capitán D. Juan Ramírez de Velasco y Avalos, nac. en San Millán de la Cogolla, que pasó en 1584 proveído Gobernador de Tucumán”. En la respectiva Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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información de nobleza declararon: el santiaguista Francisco Sancho de Vera y Figueroa, nac. en Santiago del Estero, de 44 años de edad; Carlos Victorino de Lizarazu y Beaumont, nac. en La Plata, de 34 años; Juan de Zárate y Murguía, nac. en San Salvador de Jujuy de 27 años; Alonso de Mercado y Villacorta, santiaguista y ex Gobernador del Tucumán; el padre jesuita Hernando de Lavayén; el Visitador de la provincia peruana de los jesuitas, padre Andrés Rada; el Licenciado Antonio de Castro, Consejero de Indias; el Abogado de los Reales Consejos Juan de Castro y Gallegos; el calatravo Diego Antonio González de Contreras; Pedro Matías Sainz Ortiz; Andrés Alvarez Varela; y Pedro Balleguera de Mardones. Tiempo más adelante, el Caballero Hernando o Fernando de Castro y Guzmán abandonó este mundo siendo soltero. I) María de Castro y Polanco Herrera y Velasco. Casó con Sancho de Paz y Figueroa Martel de los Ríos Cabrera (hijo de Sancho de Paz y Figueroa, nac. en Lima y casado en Córdoba, el 28-XI1603, con Luisa Martel de los Ríos Cabrera y Villarroel; hija ésta de Pedro Luis de Cabrera y Martel de los Ríos y de Catalina de Villarroel Maldonado de Torres; ver los apellidos Cabrera y Villarroel). Uno de los hijos de Sancho y de María fue: I) Juan de Paz de Figueroa Castro y Polanco Herrera y Guzmán, que casó con Catalina de Figueroa y Mendoza (hija del Gobernador del Tucumán Lucas de Figueroa y Mendoza y de Andrea de Andrade Sandoval). Son los padres de: II) Josefa de Paz de Figueroa y Figueroa, nac. en Santiago del Estero y casada allí, el 29-VIII-1679, con Alonso de Frías y Robles, nac. en Haro, España. Hijo de ellos resultó; III) Domingo de Frías y Paz de Figueroa, que casaría con Josefa de Alfaro y Alba (hija de Alfonso de Alfaro y de Manuela de Alba y Bravo de Zamora), engendrando a: IV) Catalina Rosa de Frías Alfaro, la cual contrajo nupcias con el Maestre de Campo Francisco de Luna y Cárdenas (viudo de Isabel de Vera y Aragón e hijo de Francisco de Luna y Cárdenas y de Lorenza de Argañaraz y Murguía Jerez de Garnica — ver el linaje de Argañaraz y Murguía). Entre los hijos del matrimonio LunaFrías apunto a: V) Petronila de Luna y Cárdenas Frías, que casó con el Maestre de Campo Juan de Santillán (hijo del Capitán 306

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Eugenio de Santillán y de María Suárez Cordero del Peso Figueroa Juárez Baviano). Hija de Juan y de Petronila fue: VI) Josefa de Santillán y Luna, esposa de Agustín de Iramain y madre de: VII) Juan José de Iramain Santillán, éste, con su 2ª consorte Pascuala Bailona Díaz Gallo López de Velasco, dió vida: VIII) José Domingo de Iramain Díaz Gallo, quien con su esposa Francisca de Borges Urréjola, resultan quintos abuelos de mis nietos Cecilia María de las Nieves, Delia María Eugenia, Guadalupe, Carlos Hortensio, Mercedes, Rosario y Alberto Ibarguren Estrada, los cuales, a través de esta cadena sucesoria, pasan a ser decimocuartos nietos del Gobernador Juan Ramírez de Velasco. J) Lorenza de Ugarte y Velasco Herrera y Guzmán. Casó primeramente con Juan Bautista Martínez de Leiva, y en 2as nupcias con Pedro de Villarroel y Cabrera, nac. en Santiago del Estero, donde fue Regidor, Alcalde, Teniente de Gobernador y encomendero de “Salavina” y “Siquinano” (hijo de Pedro González de Villarroel y de Petronila de la Cerda Cabrera; n.p. de Diego de Villarroel, fundador de San Miguel de Tucumán, y de María Maldonado de Torres; n.m. de Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba, y de Luisa Martel de los Ríos). Fruto del enlace de Lorenza con Pedro de Villarroel resultó; I) Catalina de Villarroel y Ugarte de Velasco, casada con el Capitán Jacinto Maldonado de Saavedra (hijo de Francisco Maldonado de Saavedra y de Catalina de Adaro y Ochoa). Catalina y su marido heredaron las encomiendas de “Salavina” y “Siquinano”. Una de sus hijas fue: II) Josefa de Maldonado de Saavedra y Villarroel, mujer de Juan Sánchez Zambrano, de cuyo connubio nació: III) Magdalena Sánchez Zambrano Maldonado, que con su esposo el Sargento Mayor Joseph López de Velasco — tío 3º suyo — son novenos abuelos de mis nietos Cecilia María de las Nieves, Delia María Eugenia, Guadalupe, Carlos Hortensio, Mercedes, Rosario y Alberto Ibarguren Estrada, los cuales, por este encadenamiento generacional, resultan asimismo decimocuartos nietos del Gobernador Juan Ramírez de Velasco.

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K) Diego de Herrera y Velasco — dicho también de Ovalle Herrera y Guzmán — nac. en Santiago del Estero y se avecindó en La Rioja, casándose allí con Francisca Bazán de Pedraza y Gutiérrez de Rivera (hija de Juan Gregorio Bazán de Pedraza Tula Cervín y de María Inés Gutiérrez de Rivera Gallardo y Tineo). Don Diego murió en enero de 1698. Su sucesión inmediata se registra en el linaje de Bazán. L) Felipe de Herrera y Guzmán, nac. en Santiago del Estero entre los años 1621 y 1622. Se radicó en Buenos Aires y aquí contrajo matrimonio con Isabel Matías de Tapia y Rangel, dotada por el contrayente mediante Carta que se otorgó en Bs. As. el 24-VII-1640. Isabel era porteña, nac. hacia 1625 y fall. previo testamento cerrado que protocolizó el Escribano Manuel Marcianes el 5-IX-1699. Ella tuvo por padres al Maestre de Campo Juan de Tapia de Vargas Rangel, nac. en Granada, Teniente de Gobernador de Bs. As. (ver el apellido Lavayén) y a la primera esposa de éste Leonor de Cervantes — viuda del Capitán Juan de Bracamonte; por abuelos paternos a Pedro Mexía de Tapia y Rangel y a Isabel de Soria Salazar; por abuelos maternos a Juan Hermoso de Graneros y a Beatriz de Cervantes Alarcón — viuda del Capitán García Avilés —, la cual al fallecer su 2º marido Hermoso de Graneros, casó por 3ª vez con Juan de Vergara. En el padrón vecinal de Bs. As. del año 1664, bajo el nº 23 se lo registra a: “Phelipe de Herrera Guzmán. Dixo que es natural de Santiago del Estero, y que es casado de 22 años a esta parte con Da. Isabel de Tapia, y que tiene doce hijos, y el susodicho es hijo del General Alonso de Herrera y Guzmán y de Da. Ana María de Velasco, naturales de la ciudad de Sevilla, y nieto de D. Juan Ramírez de Velasco, Governador que fue de estas Provincias y de Da. Catalina de Ugarte; y la dicha su mujer es hija del General Juan de Tapia de Vargas, natural de Granada, y de Da. Leonor de Cervantes, de la ciudad de Esteco, Provincia del Tucumán”. Entre la quincena de hijos del matrimonio Herrera-Tapia, consigno a: I) Leonor de Tapia Herrera y Guzmán, casada con Miguel Jerónimo Luis de Cabrera y Carranza, nac. en Córdoba el 1-XI-1663 (hijo de Pedro Luis de Cabrera Arias y de su 308

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sobrina Teresa Engracia de Carranza y Cabrera; n.p. de Miguel Jerónimo de Cabrera Villarroel y de María de Saavedra Sanabria y Garay; n.m. de Sebastián de Carranza de la Torre y de Petronila Suárez Mejía de la Cerda Cabrera — ver los apellidos Cabrera, Carranza y Suárez Mexía). Hija fue de los esposos Cabrera Carranza-Tapia Herrera: II) Isabel de Cabrera de Herrera y Guzmán, que casó con Ignacio Justo de Gibaja y Saavedra (hijo de Antonio de Gibaja, nac. en Puñat de Maja, valle de Laredo, montañas de Burgos, y de María de Saavedra Giles Remón — ver el apellido Naharro). Son los padres de: III) Josefa de Gibaja y Cabrera de Herrera y Guzmán, consorte del vizcaíno Roque de Izaguirre, con el que hubo a: IV) María Isabel de Izaguirre Gibaja, que casó el 20-VIII-1762 con Antonio de Herrera Caballero Falcon y Grande de Herrera, nac. en Cádiz el 14-V-1731 y fall. en Bs. As. en 1790. Su hija: V) María Vicenta de Herrera e Izaguirre fue esposa de 2as nupcias, el 5-XI-1792, de Alonso de Quesada Bernabeu, nac. en Alicante en 1744. Uno de sus hijos fue: VI) El Coronel Sixto de Quesada y Herrera, baut. en Bs. As. el 19-X-1800, y asesinado el 3-X-1840; habíase casado el 27-VIII-1826 con Juana Bedriñana y Robles, en la que hubo a: VII) Dalmira de Quesada Bedriñana baut. en Bs. As. el 15-VIII-1828 y fall, el 26-III1915. Se casó el 26-XI-1842, con Valentín Eusebio Ortiz Basualdo y Segurola, nac. en Bs. As. el 17-XII-1806 (hijo de Manuel Ortiz Basualdo Ruiz y de María de la Cruz Segurola y Lezica Oliden y Alquiza Torrezuri). Hija de ellos resultó: VIII) Magdalena Ortiz Basualdo Quesada, que se casó el 23-IV-1879 con José María Cantilo y Muñoz (hijo de José María Cantilo Acevedo y de Luisa Muñoz Marcó del Pont Díaz de Vivar). De ellos nació: IX) Dalmira Cantilo Ortiz Basualdo, que casó en Bs. As. el 12-IX-1892 con Angel Pedro Gallardo Lebrero (hijo de León Gallardo Esnaola Planchón y Picazarri y de Angela Lebrero Castaño López Caballero), cuyo hijo: X) Luis Francisco Gallardo Cantilo con su mujer Celina Mercedes Pirovano y Pirovano (hija de Aquiles Pirovano Naón y de Catalina Pirovano Alzaga), dieron vida a: XI) Juan Luis de la Cruz Gallardo Pirovano, marido de María Eugenia — Mariquita — Ibarguren Schinlder. Sus hijos — mis nietos — Ramírez de Velasco y Ramírez de Montalvo

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Juan María, Milagros, María Eugenia y Catalina Gallardo Ibarguren, al final de esta cadena genealógica resultan decimocuartos nietos del Gobernador Juan Ramírez de Velasco. LL) Isabel de Herrera y Velasco. Casó el 14-II-1648 con Pedro Luis de Navarrete y Cabrera (hijo del General y Familiar del Santo Oficio Luis de Navarrete o Francia de Navarrete y de Petronila de la Cerda Cabrera Villarroel Maldonado — ver el linaje de Cabrera). Entre los hijos de matrimonio NavarreteHerrera Velasco señalo a: I) Petronila de Navarrete de la Cerda Velasco, que casó con Damián de Villafañe y Guzmán (hijo de Manuel de Villafañe y Guzmán y de Petronila de Avila de la Cerda Villarroel). Una de sus hijas: II) Petronila de Villafañe Navarrete y Guzmán, casó con el Capitán José de Carranza y Luna (ver el apellido Carranza). Su hijo: III) Bartolomé de Carranza Villafañe se desposó con Josefa de Arce y Cabrera (hija de Francisco de Arce y de María de Cabrera, vecinos de La Rioja). Hubieron entre sus hijas a: IV) Catalina de Carranza y Arce, esposa del cordobés Ignacio Dalmacio Vélez y Baigorri, nac. en 1731 (hijo del Maestre de Campo Bernardo Vélez de Herrera y Mendoza de la Cruz y de María de Baigorri y Tejeda; hija ésta del General Juan Clemente de Baigorri Brizuela y Doria, “Señor de Sañogasta” y encomendero de “Calamuchita” y “Macha” y de Gabriela de Tejeda Garay Cárdenas y Figueroa — descendiente de Juan de Garay, de Tristán de Tejeda y de Hernán Mexía Mirabal). De viudo Ignacio Dalmacio Vélez pasó a 2as nupcias con Rosa Sarsfield, en la procreó al célebre jurista y hombre de gobierno Dalmacio Vélez Sarsfield. Entre los 10 hijos de su 1er enlace con Catalina de Carranza, Ignacio Dalmacio Vélez dió vida a: V) Juana Vélez y Carranza, que casó con Juan Inocencio de Carranza y Avila (hijo de Juan José de Carranza y Cabrera y de Claudia de Avila Ferreyra Abad). De ese casamiento fue hija: VI) Mercedes Carranza Vélez, que tuvo por marido a José Estanislao Cáceres Toledo Pimentel (hijo de Ignacio Domingo de Cáceres y Villagómez y de Ursula de Toledo Pimentel Ladrón de Guevara). Padres fueron ellos de: VII) Genoveva Cáceres Carranza, que casó con Luis Amadeo Croce, nac. en 310

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Génova (hijo de los genoveses Luis Amadeo Viale y Antonieta Croce). Su hijo: VIII) José Luis Amadeo Cáceres se desposó con Julia de Rezabal Bustillo Ugarte y Prudant, y con esta engendró a: IX) Julia Amadeo Rezabal Bustillo que casaría con Ricardo Sundblad Ramos Mejía Sáenz y Madero. Hija de ellos fue: X) Julia Elena Sundblad Amadeo, esposa de Cosme Beccar Varela Castro Videla. El hijo de ambos: XI) Alfonso María Beccar Varela Sundblad está casado con Estela Milagros Ibarguren Schindler, sus hijos — mis nietos — Alfonso María, Carlos María, Estela Milagros y Luis María Beccar Varela Ibarguren, por la presente línea genealógica, resultan decimosegundos nietos del Gobernador Juan Ramírez de Velasco.

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RIGLOS Fiel a la inveterada costumbre de los Reyes de Armas, don Félix de Rújula puso, en una de sus certificaciones nobiliarias, esta serie de datos remotos, sin entronques precisos ni vínculos sucesorios, acerca del linaje de Riglos: En el tomo III folio 25, del Nobiliario manuscrito de Jerónimo de Villa y Aguirre, se dice que los caballeros hijosdalgo de ese apellido descienden de Don García de Riglos, a quien el Rey Juan de Aragón armó caballero, y provenía del lugar de Uncastillo, donde tenía su solar. En el Nobiliario de los linajes nobles de Aragón, tomo II, don Matías Esteban consigna que don Ximen López de Riglos era de la Casa de Don Pedro Ahonés, ricohombre que en 1236 peleó en la guerra contra los moros de Valencia, bajo el mando del Rey Don Jaime. Otro caballero llamado don Matheo de Riglos estuvo con el Infante aragonés Don Alfonso, hijo del Rey Jaime III en la conquista de la isla de Cerdeña, el año 1323. Asimismo, en análogas referencias ilustres, tan desconectadas como añejas, don Francisco de Zazo y Rosillo, al folio 205 del tomo XXX de la Biblioteca Alfabética de Nobles, asegura que muy antigua prosapia catalana procedía don Juan de Riglos, al que el Rey Don Juan II de Aragón, por sus muchos servicios y los de su hermano el Arzopispo de Tarragona, les concedió, mediante un “Privilegio” dado en Zaragoza el 28-XI-1475, la facultad de usar las armas reales en aumento de las suyas propias. Ahora bien; en lo que se refiere concretamente al linaje que me interesa, en el expediente de pruebas presentado en 1794 para el ingreso de Miguel de Irigoyen de la Quintana y Riglos a la Orden militar de Alcántara, consta que en el enterratorio de la Iglesia de Tudela, de cuya ciudad eran oriundos los Riglos de su familia, existían pintadas en uina tabla las armas que les correspondían a esos antepasados suyos: Escudo cuartelado; 1º y 4º, sobre campo de gules una cruz de oro acompañada de dos bezantes de los mismo; 2º y 3º, sobre oro cuatro ondas de azur. (Armas que exornaban también la losa del Arcediano Miguel José de Riglos Alvarado, en la Catedral

Riglos

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de Buenos Aires, al pié del altar dedicado a San Zacarías, Santa Isabel y San Juan Bautista. Miguel de Riglos — “Riblos” firmaba él, y así le nombraré a lo largo de este trabajo —, en la historia genealógica de la que se ha dado en llamar “oligarquía de Buenos Aires” encabeza como patriarca a un grupo caracterizado de viejas estirpes de hondo arraigo, parentesco mutuo y conocida figuración social. Un amigo mío, porteño chapado a la antigua, solía decir: “Quien no desciende de Riglos es advenedizo en nuestra ciudad”. Tan rotundo dictamen no debe, desde luego, ser tomado al pié de la letra; aunque habrá que reconocer, sin embargo, que en dicho apellido convergen los linajes fundadores y precursores de Irala, Riquelme de Guzmán, Ponce de León, Lavayén y Avellaneda; Melgarejo, Hurtado de Mendoza y Medrano; López Tarifa, Humanés Molina, Naharro, Gutiérrez y San Martín; Izarra, Gaete y Torres Salazar; Martín Cordovés, Hernández Torremocha, Rodríguez de Varillas, Sosa y Terra y Alvarado; y que de ese tronco robusto de Riglos derivan, a su vez, en esta tierra, por línea femenina, las familias de De la Quintana, Larrazabal, Irigoyen, La Jarrota, Espinosa, Marín, Aguirre, Zavaleta, Lynch, Anchorena, Pirán, para no destacar sino a las principales ramas, que se prolongan en gajos intrincados de tupido follaje y profusas nomenclaturas. Sobre la estirpe de los Riglos — extendida en nuestra patria y en el Perú — se han ocupado los genealogistas Luis Varela Orbegoso, peruano, y los argentinos Pérez Valiente de Moctezuma, Ricardo de Lafuente Machain y Carlos Calvo. En cuanto a la interesante personalidad histórica de Miguel de Riblos — 7º abuelo mío por la rama de Aguirre y 6º a través de la de Lynch —, ella ha sido tratada solamente — que yo sepa — por dos hombres estudiosos: Miguel Sorondo y Raúl A. Molina. Con los datos publicados por estos investigadores en sus respectivas monografías, y con más que bastantes de mi cosecha personal, escribo el presente trabajo. Llegada al país El 14-XI-1669 anclaban frente a la costa de Buenos Aires el navío “San Hermenegildo” y el patache de guerra “San Miguel de las Animas” (veleros pertenecientes al empresario naval Miguel de 318

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Vergara) trayendo de España un contingente de soldados que debían reforzar la dotación del Presidio o Fuerte de la ciudad porteña. Esos barcos salidos el 4 de junio anterior de San Lúcar de Barrameda, llegaron a destino luego de un viaje de 5 meses y 10 días. A bordo del “San Miguel de las Animas” (era su Capitán Martín de Mendoza) venía un animoso muchacho navarro de 20 años de edad, llamado Miguel de Riblos. (Acaso la sugestión del nombre influyó para que el personaje emprendiera la travesía en dicha embarcación). Nacido el viajero en Tudela, lo bautizaron en su iglesia de Santa María el 5-V-1649; hijo legítimo de Juan de Riglos (cristianado en Tudela el 26-XI-1613) y de Fermina de la Bastida y Mauleón, que se casaron el 25-X-1647; nieto paterno de Juan de Riglos y de Ana Mauch, tudelanos asimismo; nieto materno de Juan de la Bastida, nativo de San Vicente de la Sosierra en La Rioja, y de Magdalena Thomas de Mauleón; y bisnieto de Miguel Fermín de Riglos, Señor de la Casa y solar de su apellido en Tudela, y de su mujer Juana de Ilaurita. Por lo demás, uno de los hermanos menores del aludido viajero, Pedro Fermín de Riglos y la Bastida, ejecutorio de su nobleza en Aragón según lo apunta el linajista peruano Varela Orbegoso. El ambiente que encontró el recién venido al desembarcar en Buenos Aires, no resultaba muy alentador para el europeo criado en un centro culturalmente maduro como Tudela. Gobernaba a la sazón esta remota provincia del Río de la Plata Juan Martínez de Salazar, y la ciudad ribereña, sede de su mando, contaba entonces — calculan los modernos estadígrafos — con una población total de alrededor de 4.200 almas. La vida urbana en ese centro reducido — sin atisbos de lujo, ni aún siquiera de pautas confortables para la generalidad de sus moradores — dejaba mucho que desear; y tanto su traza de aglomerado rancherío, como los usos y costumbres del corto vecindario, dedicado al quehacer mercantil o a las faenas en campo abierto, resultaban por demás incipientes y rudimentales. Lejos del mundo civilizado, el núcleo de españoles trasplantados y de nativos criollos que el destino no desamparó en el viejo asentamiento de Garay, fue domeñando el contorno salvaje que lo estrechaba, a fuerza de trabajo y de tesón; mientras, poco a poco, íbanse dando ahí las condiciones que permitían una más segura convivencia, un mayor progreso y consiguiente prosperidad material. Ese desarrollo se Riglos

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estaba operando en esta tierra — precisamente en su tránsito del siglo XII al XVIII — cuando apareció Riblos a participar de él y a convertirse en uno de sus impulsores más señalados. Sin embargo, al momento de tomar mi antepasado por primera vez contacto con la realidad del país, ésta no pudo ofrecerle sino un panorama calamitoso y hostil. En Buenos Aires una peste terrible de viruela asolaba a sus habitantes — en especial hacía estragos entre los negros advenedizos de la esclavitud —, al tiempo que las vastas pampas circundantes se conmovían con “muertes, robos y hurtos” llevados a cabo por “indios serranos”, en perjuicio de los pobladores de la campaña; quienes, por falta de garantías, abandonaban sus establecimientos pastoriles. Y aunque las licencias de faenamiento al vacaje cimarrón disperso en las llanuras realengas, estuviera a la orden del día — entre vecinos privilegiados que se beneficiaban con los cueros, la grasa y el sebo de aquellos animales —, a causa de los malones de las tribus del desierto — que ahora utilizaban el caballo para sus correrías — muchos campos de la frontera cercana, cuyos rodeos abastecían de carne a la ciudad, veníanse despoblando en forma alarmante; por lo que el Procurador, en el Cabildo, solicitó que la corporación dispusiera que los vecinos accioneros “hagan recogidas de ganado y se partan y se pueblen estanzias, como se azía en su antigüedad”. “Audaces fortuna júvat” Miguel de Riblos, a todo esto, llegó a Buenos Aires, como quien dice, con una mano atrás y otra adelante. No sabemos si integró efectivamente, en sus comienzos militares, la guarnición del Fuerte. Lo perentorio, lo urgente para él era tomar arraigo de vecino en la ciudad; disfrutar cuanto antes de aquellos permisos de recoger vacas en la pampa a fin de poblar estancias; y disponer, asimismo, de un capital en dinero que le permitiera importar mercaderías ultra marinas. Las jornadas heroicas de descubrimiento y conquista pertenecían ya al pasado en esta tierra; de suerte que solo aquellas actividades lucrativas prometían transformar al modesto soldado en ganadero y empresario mercantil, acaso en magnate capitalista. Y el primer paso que Riblos dió en ese sentido, fue casarse con una viuda rica, veintidos años mayor que él; Gregoria de Silveyra y Gouvea. 320

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Raúl Molina, que tanto sabe de aquel mundo porteño del siglo XVII, dice que esa señora (hija única y heredera del Capitán portugués Antonio de Gouvea y Silveyra y de Isabel de Melo Báez de Alpoin), antes de sus nupcias con Riblos, estuvo casada dos veces. Primeramente con el General Amador Roxas Acevedo, cuyo vínculo marital se anuló por vicios de consentimiento, luego de un pleito escandaloso y de una puñalada que, don Amador le aplicó a su consorte, sospechada — falsamente al parecer — de infidelidad amorosa hacia su marido. Después, repuesta de su herida, Gregoria le otorgó su mano — y “ainda mais” — al fidalgo portugués Gaspar de Freyre y Rosa, en 1670; el cual falleció a los dos años del desposorio. Finalmente la casi cincuentona viuda y acaudalada estanciera, con vastas heredades y haciendas en los pagos de Areco y Luján, un 30IX-1673, fue conducida al altar por aquel mozo navarro de 23 años, sin parientes ni valedores en el país, que se llamaba Miguel de Riblos; quien, como era obligatorio en ese tiempo, las vísperas de la ceremonia nupcial, tuvo que probar su soltería y libertad para casarse ante la Curia lugareña. Consagró la boda el Provisor y Deán del Obispado, Maestro Valentín Escobar Bezerra, actuando como testigos los Capitanes Francisco Maciel del Aguila Cabral y Pedro de Pesoa con su mujer Juana Maciel del Aguila Cabral, todos ellos deudos de la contrayente. Un poco antes de realizar ese su más ventajoso negocio — me refiero al enlace suyo con la viuda — Riblos, ignoro si con capital propio o ajeno, habíase iniciado en los ejercicios crematísticos. El 10I-1673 su nombre aparece por primera vez en el libro del Cabildo a raíz de un escrito que presentó el Procurador de la ciudad Alonso Muñoz Gadea, en el cual este funcionario manifestaba que habiendo comprado aquel “dos cajones de loza de grenove” (Grenoble) — seguramente contrabando francés — se le impida vender tales piezas de barro cocido por estar ello vedado en las cédulas del permiso que regían, a la sazón, el comercio local. Empero, luego de su casamiento, el activo comerciante de esta historia se convirtió además en estanciero, ya que su mujer le trajo al matrimonio dos grandes fracciones de campo, a saber: Una sobre la margen izquierda del río Areco, dentro de cuyos límites se hallaba el paso denominado “El Bagual”; fracción que compró en 1617 Antonio de Silveyra y Gouvea — padre de la esposa Riglos

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de Riblos — al Capitán Juan Pavón 8. A principios del siglo XVII existió allí una Reducción de indios del cacique Bagual, con su capilla a cargo de un fraile franciscano. Media centuria después, en 1660, ya no quedaban en el paraje sino ruinas del antiguo establecimiento religioso, y en tales condiciones pasó la estancia a poder de Riblos. El otro campo que recayó en mi antepasado por su casamiento, fue conocido luego como “Rincón de Riglos”, y se situaba aproximadamente a ocho leguas al Nordeste de la ciudad, con un frente de 15.500 varas sobre la “Cañada de Escobar” por legua y media de fondo contra el río Luján. Tan vasta estancia ubicaríase ahora en la margen Sudoeste de dicho río, en tierras donde hoy se encuentran las localidades de Benavídez, José C. Paz, del Viso, Garín, Ingeniero Maschwitz, Escobar, Matheu y Villa Rosa 9. 8 Esos campos de Juan Pavón lindaban, “por la parte de abajo”, con unos sobrantes de tierra, hacia esta banda del río Areco, que le dió el Gobernador Céspedes de merced a Hernán Arias Mansilla, y que, después, el 21-X-1629, compró Rodrigo Ponce de León. Por otro de sus costados limitaba con unas tierras que el Gobernador Dávila le adjudicó, el 16-II-1637, a Antonio Gómez de Saravia, cuyos Herederos se las vendieron a Riblos en 1701. 9 En su origen “El Rincón de Riglos” — como a 8 leguas de la ciudad, en el camino que iba a Santa Fé (actual partido de Pilar) — integró las 4 primitivas “suertes” que repartiera Garay en el “Valle de Corpus Christi” o “tierra firme del río Luxan”. Una de esas parcelas las reservó para sí el propio Fundador, y las otras linderas correspondieron al hijo de éste Juan de Garay “el Mozo”, a Pedro Sayas Espeluca y a Hernando de Mendoza respectivamente. También el mencionado “Rincón” incluyó, en su área total, a parte de la fracción llamada “Isla de Escobar”, situada al Sur de las antedichas “suertes”. La tal “Isla” (monte de talas) — una legua de frente por una y media de longitud — fue dada de merced por Garay, el 7-II-1582, al Capitán Alonso de Escobar, nativo y vecino de la Asunción — casado con Inés Suárez de Toledo y Sanabria — que le acompañó a fundar Buenos Aires. El dominio de la “Isla” fue confirmado más tarde, el 9-XI-1601, por el Gobernador Beamount de Navarra, a favor del yerno de Escobar, Francisco Muñoz “el Mozo”, marido de Margarita de Escobar Toledo (hijo de Francisco Muñoz Vejarano y de Ana Rodríguez). Posteriormente la parte Norte de esa “Isla”, sita hacia el río Luján, pasó a Tomás de Escobar — hijo de don Alonso —, quien la donó a su sobrina carnal Ana de Escobar, maridada con Antonio de Azpeitía — y el resto del terreno, que caía en dirección del río de las Conchas, lo vendió Tomás a Gonzalo de Acosta. Por su cuenta los Azpeitía vendieron la propiedad, en 1626 a Antonio de Gouvea y Silveyra, que fue quien reunió todas aquellas “suertes” en un solo dominio, que heredó su hija, la primera esposa de Riblos. Este llegó a poseer en esa región una estancia que tenía más de 30.000 varas de frente; y cuando se concursó, en la almoneda de sus bienes la “Isla de 322

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En esos dos campos, pues, hizo su estreno Riblos como ganadero; y gaje inicial de su flamante actividad pecuaria resultaron 500 cueros de toro, al precio de 11 reales cada uno, que — sumados a un gran conjunto vendido por los vecinos porteños al empresario naval Miguel Gómez del Rivero — se cargaron en 1674 a bordo de los navíos “Roble”, “Lubequesa” y “San Joseph”. Otro testimonio acerca de los negocios camperos de Riblos, resulta la solicitud de éste presentada al Cabildo, en 1675, a fin de que el cuerpo municipal le concediera el derecho exclusivo de abastecer de carne a la ciudad. En dicha propuesta nuestro hombre se comprometía a vender al público la res en pié a 8 reales, y a poner en orden el matadero donde, según parece, imperaba un desquicio completo. Durante el curso del año 1678, el Cabildo trató también varias proposiciones que se presentaron en la licitación pública para cubrir aquel abasto de la población urbana. Entre los aspirantes a monopolizar las carneadas, cuyas ofertas resultaban más baratas y ventajosas, destacábanse Miguel de Riblos y Ana Mattos Encinas, viuda de Marcos Sequeira; ambos con tierras en Luján; esta señora, por entonces, custodia de la imagen de la Virgen epónima que hoy venera la Argentina como su máxima Patrona. Así las cosas, el Cabildo comisionó a Domingo Moreno de Santana y a Francisco de Baitos a fin de que inspeccionaran la cantidad y calidad de los ganados ofrecidos para la faena, en las estancias de los referidos pretendientes. Y al dar cuenta dichos inspectores de su encargo, consignaron que Riblos era dueño de alrededor de 2.500 cabezas vacunas, “todo de calidad buena para poderse matar, de grasa y sebo con distinción”; y que entre esos animales había 300 “de ganado menudo de dos años para bajo”. No obstante el excelente rodeo de mi antepasado, la oferta de Ana Mattos — no en vano devota de la Virgen que sabemos — resultó aceptada por el Ayuntamiento, en perjuicio de su rival; determinación que saco de quicio a Riblos, quien, mal perdedor, el 26-IV-1678 les endilgó a los capitulares una nota insolente, que estos devolvieran al firmante

Escobar” correspondió a los vecinos Nicolás de la Quintana — marido de la hija de Riblos — y Fermín Pessoa. Riglos

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“por no estar en forma, y apersibieron a que hablase con el respeto que se deve y deçencia”. Don Miguel se inicia en la vida pública Esta pequeña contrariedad sufrida por el orgulloso Riblos en sus relaciones con el Cabildo, viose compensada en 1681, cuando el Gobernador Joseph de Garro le nombró Capitán de “Cavallos Corazas lanzas” — su guardia personal —, lo cual significaba, para el agraciado, un primer paso en la carrera de los honores, tan ambicionada por él. Y el 1º de enero del año siguiente, los miembros del Cabildo le abrieron las puertas de dicha institución, eligiéndolo Alcalde de 2º voto y Juez de Menores por un período completo. En el desempeño de su gestión, Riblos se lució ante sus colegas, proponiendo, el 7 de febrero, un plan económico destinado a obtener fondos para el Cabildo, cuyas rentas eran por demás escasas. El plan consistía en comprar el municipio al precio de 8 reales el cuero, toda la corambre que había de cargarse en el patache del capitán Cristóbal Aguirre — que con Real licencia traficaba en este puerto —, y prescindiendo de los exportadores particulares, hacer el negocio el Cabildo directamente. La operación propuesta por Riblos ya contaba con el visto bueno del Gobernador Garro; por lo que los Regidores aprobaron su puesta en práctica sin mayores trámites. También el 21 de noviembre de ese año, los Alcaldes Riblos y Pedro Gutiérrez de Paz, en nombre de la corporación de que formaban parte, recibieron en préstamo de Gaspar de Avellaneda (antepasado mío) 300 pesos, destinados a costearle el viaje a España al Procurador Bernardo Gayoso. Don Gaspar, como acreedor, en garantía de la suma adelantada, se quedó con las mazas de plata cabildeñas hasta el pago total de la deuda, que se hizo efectivo en 1685, fecha en que el Ayuntamiento rescató del empeño sus garrotes honoríficos. En 1687 Miguel de Riblos “con motivo de haverse levantado en la Ciudad de Santa Fé de la Vera Cruz diferentes disturbios entre sus vecinos y moradores, de que se originó dividirse en Bandos dicha Ciudad”, pasó a ese punto de orden del Gobernador Joseph de Herrera Sotomayor, en carácter de su Lugarteniente. Allá pacificó los

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alborotos y gobernó como es debido, “todo a costa de su propio caudal”. Vuelto a Buenos Aires, el hombre continuó su Real Servicio, en las filas del cuerpo de “Reformados de la Guardia del Capitán General”. El Gobernador Agustín de Robles lo puso luego al frente de una compañía de “Caballos Corazas”, ascendiéndolo a “Cabo Gobernador de la Caballería del Presidio”; en tanto, bajo cuerda, el favorecido vincula sus actividades lucrativas con el poderoso favorecedor suyo; y a partir de entonces — lo veremos más adelante — al calor de la complicidad oficial, la estrella mercantil de Riblos se levanta de golpe, como astro de primera magnitud, en el firmamento porteño. Ganadero y mercader en gran escala A más de aquellas dos primeras estancias en Luján y Areco, don Miguel llegó a poblar otros tres extensos campos, entre este último río y la Cañada del Doblado; campos dentro de cuyos límites naturales pastoreaban miles de yeguas, potros, mulas, burros y vacas herradas con su marca. Dos de esas nuevas propiedades campestres fueron adquiridas por Riblos el año 1680, mediante compra a Luis Fernández de Enciso, quien, a su vez, las hubo por merced del Gobernador Jerónimo Luis de Cabrera (nieto), el 4-VII-1643. La tercera fracción la compró don Miguel en 1701 a Ana Gómez de Saravia, hija y heredera de Antonio Gómez de Saravia, el cual, el 16-II-1637, recibiera del Gobernador Pedro Esteban Dávila, la merced de dicho terreno vacante. Cada una de esas extensiones de pampa se ubicaba “corriente arriba” del “Paso del Bagual”, a la margen del río Areco; confinantes, por tanto, con la estancia que fuera de Juan Pavón, entonces, como sabemos, de Riblos 10.

10 La primera estancia comprada a Fernández Enciso componíase de media legua de frente por otro tanto de largo “la tierra adentro, hasta topar con la boca de la Cañada Honda, adonde se topa con otra Cañada que baja de la Reducción del Caguané”. El segundo campo del mismo origen se deslindaba como “un pedazo de tierra sobre el dicho río Areco, en la otra parte., yendo de esta ciudad, que ha de comenzar desde el linde de las tierras de Antonio Gómez (de Saravia, o sea la fracción tercera que Riglos

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Frente a un plano catastral relativamente moderno de San Antonio de Areco, compruebo que tales campos, en su mayor parte, corresponden en la actualidad a la familia de Castex; y que todos ellos se contenían en el amplio bolsón que forma el río Areco y la Cañada del Doblado 11. Entre los bienes raíces que trajo la primera esposa de Riblos al matrimonio se incluía una amplia chacra en el pago “del Monte Grande” cuya precisa ubicación actual corresponde a la moderna localidad de Martínez, en el partido de San Isidro, exactamente en el paraje que — antes de su completa transformación en conglomerado de pequeñas propiedades — abarcaba las vastas extensiones que fueron después de Francisco de Escalada, de Ladislao Martínez y de Angel Pacheco; cuyo frente, sobre la barranca, sobrepasaba los 1.000 metros (contados a partir de un poco más allá de la quinta de Williams Alzaga, hasta un poco más acá de la propiedad de mi tía Rosa Ibarguren de Zorraquín), con su invariable legua de fondo 12.

adquiriera después Riblos), hasta dar con las tierras que fueron de Juan Pavón”, internándose una legua y media la tierra adentro”. 11 A principios del siglo XVIII el conjunto de campos sujetos al dominio de Riblos limitaba: por su costado S.O. “Cañada de la Cruz” — en medio — con tierras de Pedro Giles (más tarde de María Roda Giles y su marido José Ruiz de Arellano; luego de Celiz y finalmente de Guerrico, Güiraldes, Carballido, etc, etc. “La Invernada”, “La Porteña”, “La Merced”, “La Florida”, “La Santa María”, “La Carolina”); los costados S.E. y N.E. de la extensa propiedad territorial de Riblos — que demarcaba la gran curva del río Areco — incluía los antiguos “pasos” vadeables de “Las Piedra”, (hoy de Sosa), “Flamenco” y “Bagual”, y a la confluencia del río Areco con el arroyo “Quintana”: y por el costado N.O. dicho dominio limitaba con la “Cañada del Doblado”, y más abajo con campos extendidos hasta la “Cañada Honda”. Parte de estos campos, tras pertenecer a los herederos de Riblos, en 1813 recayeron en mi tatarabuelo Patricio Lynch, marido de Isabel Zavaleta y Riglos. 12 La historia notarial — digamos — de esa chacra de Riblos, arranca de las cuatro “suertes” fundadoras contiguas, de 350 varas de frente, cada una, que, en 1580, Garay adjudicó respectivamente, de Norte a Sur, a sus compañeros Andrés Méndez, Esteban Ruiz, Juan Martín y Pedro de Medina. La fracción que fuera de Méndez pasó luego, por herencia a su hijo Juan Méndez y a la mujer de éste, María Guerra, quienes, el 13XI-1610, vendieron su propiedad a Amador Báez de Alpoin. Fallecido este acaudalado vecino portugués, después de 1617, el bien aludido pasó a poder de su viuda, Margarita Cabral de Melo, la cual, el 22-IX-1620, lo transfirió con otras propiedades dotales a su hija, Isabel Cabral de Melo y Alpoin; en ocasión del casamiento de ella con Antonio de Gouvea y Silveyra. De estos cónyuges la hubo su 326

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Si bien las actividades rurales ocuparon un importante lugar en los negocios de Riblos, éste, sobre todo, fue importador y banquero. Los navíos de registro de los capitanes Francisco de Retana, Carlos Gallo Serna, Manuel de Ibarbade y Andrés de Iparraguirre, venían y tornaban a través del océano cargados con mercaderías españolas y frutos americanos que traficaba Riblos. El impulso de su giro comercial trascendió las fronteras bonaerenses, para llegar al Tucumán, al Alto y Bajo Perú, a Chile y al Paraguay. Factores y apoderados suyos eran: el Sargento Mayor Pedro de Izea y Araníbar, en Santa Fé; el Maestre de Campo Juan de Perochena, en Córdoba; en Salta Alonso Ruiz de Llanos, Pedro Díaz de Loria (antepasados míos), Manuel Troncoso Sotomayor y Pedro Sánchez de Madrid; en Charcas, Tomás Dávila Enríquez; en Chile el Capitán Pedro de Miranda; en Lima Juan Robles y Lorenzana, Secretario de la Inquisición; y en la Asunción del Paraguay el propio Gobernador de esa provincia, Pedro de Mendiola. Y durante más de veinte años, por hija única: Gregoria de Silveyra y Gouvea Melo Báez de Alpoin, la primera mujer de Miguel de Riblos. Las fracciones de Estaban Ruiz y de Juan Martín, unificadas en un solo lote, fueron adquiridas asimismo por Báez de Alpolin y siguieron idéntica evolución en su dominio que la suerte lindera, anteriormente referida. En cuanto al otro lote — inicialmente de Pedro Medina y que lindaba por su costado Norte con los terrenos antedichos — solo se que luego de corresponder a Francisca Machado, pasó a poder de un tal Juan Sánchez, soldado del Presidio local, que lo vendió al Capitán Juan Miguel de Arpide. Este, por su parte, le transfirió el predio, el 16-XII-1657, ante Lorenzo Flores de Santa Cruz, a Isabel Cabral de Melo, la suegra de Riblos, de quien lo hubo este personaje a través de su esposa doña Gregoria. Del posterior destino de tan amplio territorio (calculo alcanzó a medir, en conjunto, 1.500 varas de frente y la consabida legua de fondo), diré que su primer fraccionamiento tuvo lugar el 27-IV-1695, cuando Riblos ante el Escribano Juan Castaño Becerra, le hizo donación de 400 varas (la antigua “suerte” de Medina) al Capitán Francisco de Angulo. El resto de la chacra — o sean 1.152 varas, según mensura de entonces, con el fondo que sabemos —, producida la quiebra económica de Riblos, fue adquirido en pública almoneda por Fermín de Pesoa, quien de la superficie comprada le transfirió 600 varas de frente a la viuda y tercera mujer de don Miguel, Josefa Rosa de Alvarado; según ella lo recordó en su testamento ológrafo del año 1768, en este párrafo “aunque la escritura que me hizo (Pesoa) fue de donación inter vivos, declaró haberle pagado”. Un siglo después los terrenos de esa vieja chacra pertenecían al General Angel Pacheco, y ahora se localizan en Martínez, partido de San Isidro. Riglos

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las rutas del país trajinaron incesantemente, de ida y vuelta, convoyes transportando los más variados efectos vendibles propios de Riblos; lo mismo que innumerables arreos de mulas y vacunos suyos, a cargo de capataces, peones y reseros; hasta que sobrevino la bancarrota del propietario, ocurrida — como se dirá a su turno — en 1713. Tanto esas recuas de animales que se criaban en las estancias porteñas, cuanto el tráfico de mercaderías venidas de ultramar para enajenarse en las plazas del interior, constituían los renglones más importantes de la actividad mercantil en Buenos Aires. Anualmente, las mulas de los campos litorales removidas hacia las provincias norteñas, depararon sólidas fortunas a “troperos, quienes por lo general eran, a la vez, comerciantes en trapos” — al decir del historiador Bernardo Frías. En las feraces pasturas de Salta, concentrábanse las tropas mulares llegadas del sur, que luego reanudaban el viaje “por la larga y estéril quebrada de Humahuaca, garganta precisa y paso forzoso al Perú”. En el gran mercado salteño efectuábanse abundantes transacciones; y así figuran algunas que realizaron los agentes de Riblos, asentadas en escrituras públicas, que autorizó el Teniente de Gobernador Diego Diez Gómez (otro de mis lejanos abuelos) durante el año 1698 13.

13 Así, por ejemplo el presbítero José Díaz de Loria recibió, en nombre de su sobrino el Capitán Pedro Ruiz de Villegas, 500 mulas del Capitán Manuel Troncoso, poderitario del “General Miguel de Riblos”. Y el Capitán Juan de Vergara obligóse a satisfacer “al General Riblos” una deuda de 4.875 pesos, por venta de 600 mulas que le hizo el Capitán Manuel Troncoso. Y el Maestre de Campo Pascual Elizondo se comprometió al reembolso de la suma de 2.624 pesos y 3 reales que le debía a Miguel de Riblos por mulas que le vendió el Capitán Pedro Sánchez de Madrid. Y el Capitán Gaspar de Medina Pomar y su esposa Teresa de Solórzano pactaron reintegrarle a Riblos 565 pesos que les prestó el dicho Capitán Sánchez de Madrid. Y Manuel Troncoso, en nombre de Riblos, aceptó una escritura por la cual Gaspar Troncoso y Pedro Ruiz de Villegas debían abonarle 21.921 pesos en concepto de una transferencia de 2.502 mulas. Y siete años más tarde en 1705, el mismo Manuel Troncoso, representante de Riblos, ante el Escribano Pedro Pérez del Hoyo (antecesor mío) formalizó un contrato de fletamento de mulas con Miguel de Gaete (otro de mis antepasados). 328

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La chacra de “El Retiro” El 26-VIII-1692 — cuando aún su vuelo financiero no había alcanzado el apogeo — Miguel de Riblos solicitó al Cabildo le vendiera (todo hace suponer que en secreta combinación con el Gobernador Robles) una fracción de tierra en el égido de la ciudad, pues — manifestó el peticionante —, a mí se me ofrece aver menester trescientas baras en quadro de dicho éxido, empesando a medirse desde el mojón de la chacra de Linares hacia la ciudad, cojiendo por el frente la barranca que mira al río”. Ante tal requerimiento, el Cabildo se avino a desprenderse de ese descampado suburbano en beneficio de Riblos. Y así, previa tasación del mismo, pactóse su venta en 150 pesos corrientes, tomados a censo a razón del 5% de interés anual; según consta en la respectiva escritura traslativa del dominio, que pasó el 6-XII-1692, ante el Escribano Juan Castaño Becerra. (Hoy en día, esas 300 varas cuadradas de terreno, vendidas por el Cabildo a Riblos, conforman la Plaza San Martín, propiamente dicha). Por otra parte, aquella “chacra de Linares” 14, lindante con el baldío municipal adquirido por Riblos, situábase al Norte de la 14 La primera de las “suertes” componentes de la que fuera “chacra de Linares”, lindante con la “Ermita de San Sebastián”, tuvo por dueño inicial a Luis Gaytán: medía 500 varas de frente, y la hubo Bernalte de Linares por merced que le hizo el Gobernador Céspedes, el 29-XI-1630. La segunda “suerte” de 350 varas de frente, la adquirió el mismo Linares de Juan Rodríguez Quintero (en cuya biografía completo la historia del referido inmueble). Y la tercera parcela, igualmente de 350 varas fronteras, al quedar vacante su dominio por el alejamiento de su titular, el nieto de Irala, fuele otorgada de merced, el 30-VIII-1618, por el Gobernador Hernandarias, a Bernardo de León, para pasar mas tarde a poder del susodicho Bernalte de Linares. Imaginariamente — ahora — localizamos aquella “chacra de Linares” dentro de un triángulo cuyo vértice se ubica en un punto saliente de la barranca, contigua a la Plaza San Martín; frente al edificio Cavanagh; allí donde no hace mucho estuvo emplazado el “Pabellón Argentino”. De dicho extremo Sur, hacemos partir el lado Oeste de nuestro triángulo, para que corra por la calle Arenales hasta dar con la esquina de las calles Uruguay y Juncal. De esta intersección, sesgando el rumbo en ángulo agudo, partía el lado Noroeste del terreno, que llegaba al desemboque de la calle Libertad en la Avenida Libertador. Aquí, al Este, el frente de la antigua chacra prolongaba 1.200 varas sobre la barranca, hoy día paralela a la dicha Avenida; cerrando luego su circuito, hacia el Sudeste, en aquel punto saliente de la Plaza San Martín, de donde arrancó la figura. Riglos

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llamada “Ermita de San Sebastián”, cuya cruz servía de mojón o límite entre los terrenos del éjido urbano y la primera chacra de la serie originaria que repartió Garay en 1580 (a la altura del cruce de las actuales calles Maipú y Arenales, donde se levantó la residencia de doña Matilde de Anchorena). Esa primera “suerte” que le tocara a Luis Gaytán, sumada a las dos siguientes recaídas en Pedro Alvarez Gaytán y en Domingo de Irala (nieto) — unificadas luego en un solo título — pertenecieron desde 1665 a Catalina de Avila Villavicencio o Bernalte de Linares, viuda de Gil Negrete, por haberlas heredado ella de su padre Antonio Bernalte de Linares. Ahora bien, a fin de ampliar la antedicha superficie de 300 varas cuadradas que compró al municipio, Riblos adquirió posteriormente, el 12-II-1704, de la sucesión de la nombrada doña Catalina la referida “chacra de Linares”. Y una vez el predio así integrado mediante aquellas parcelas, sobre la punta más saliente de la barranca, dominando el panorama del río, el Gobernador Robles — con el beneplácito del dueño del terreno — edificó el famoso caserón que llamaría “El Retiro”. Miguel Sorondo, en su notable estudio Procedencia del nombre de El Retiro, considera difícil afirmar cuales fueron los propósitos de Riblos cuando compró aquellas tierras, situadas “lejos y al mismo tiempo cerca de la ciudad”; en un lugar cómodo para desembarcar negros y mercaderías de contrabando. No resulta claro el motivo que tuvo Robles para edificar en suelo ajeno, ni de que carácter fue su vinculación con el protagonista de esta biografía. Sabido es que Robles, en tanto Gobernador, de acuerdo con las Leyes de Indias, no podía adquirir propiedades raíces en la jurisdicción de su mando. De ahí que — previa licencia que obtuvo del Virrey de Lima, Conde de Monclova — el aludido mandatario bonaerense se hizo fabricar para descanso suyo y de su familia — como él lo dijera —: “una casa de retiro”, en las tierras de Riblos. Dicha vivienda campestre, la más importante y suntuosa de la gobernación, contaba con 39 cuartos o piezas, entre grandes y pequeñas. De esos departamentos, 4 eran enormes, capaces de Como se echa de ver, el perímetro del fantástico triángulo contiene a toda la densa red de manzanas del Barrio Norte, configuradas a través de las calles Arenales, Juncal, Arroyo y Libertador, en sus respectivos cruces con las de Maipú, Basavilbaso, Esmeralda, Suipacha, Carlos Pellegrini, Cerrito, Libertad y un trecho de Talcahuano. 330

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contener cada uno más de 200 personas. Tenía la morada, asimismo, 3 salas con techos labrados de cedro de talla; 51 puertas con cerraduras y llaves y 7 sin ellas; 25 ventanas de todo tamaño, tras las rejas de fierro; 12 escaleras firmes, con barandilla y barrotes torneados, y un sótano con bodega. Rodeaba la casa una extensa huerta cultivada, pródiga de hortalizas y árboles frutales; en cuya cercanía habíanse construído dos atahonas para moler trigo, un horno de hacer pan, una noria sacadora de agua, y la cochera para el servicio del señor Gobernador. Por lo demás, 50 yeguarizos y 500 ovejas pastaban en los espacios anexos de la chacra. Y bien: a casi tres siglos de distancia, los historiadores desconfiamos de que no solo pastoriles habían sido las intenciones del Gobernador y de su amigo Riblos, cuando de consuno poblaron aquel ámbito ribereño, tan discretamente a mano para desembarcar mercaderías sospechosas y almacenarlas ahí hasta que pudieran enajenarse con ventaja. Todo hace presumir que Robles y Riblos fueron socios. No es posible suponer que el primero edificara en tierras del otro un caserón con “cuartos capaces de contener más de doscientas personas”, únicamente para satisfacer desinteresados antojos de esteta barroco. Y nada confirma más la sospecha del vínculo mercantil de entrambos, que el hecho de que seis años después de adquirido “El Retiro”, al cesar el Gobernador y marcharse rumbo a España, su aparcero recóndito, el aprovechado negociante de la presente historia, se hiciera cargo de todas las deudas de quien se alejaba definitivamente de estas playas. Tales deudas, sin lugar a dudas, eran de la sociedad que los personajes habían constituído en secreto. Por eso, en compensación por el pago de su parte en esas obligaciones, la amplísima casona de “El Retiro”, con su mobiliario, útiles, enseres y dependencias adjuntas, fue transferida por Agustín de Robles a favor de mi antepasado, según escritura de fecha del 5-X1703, ante el Escribano Francisco de Angulo; aunque, en rigor de verdad, el terreno donde hundía sus cimientos dicha construcción, jamás saliera del dominio de don Miguel, desde que éste lo adquirió del municipio en 1692 15. 15 Agustín de Robles y Lorenzana, del hábito de Santiago, Gentilhombre de Cámara de Su Magestad y de su Consejo Supremo, que fuera guerrero en Flandes y Gobernador de Buenos Aires, falleció en San Sebastián, Guipuzcoa, en el Palacio del Riglos

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La vivienda familiar de Riblos Antes de ser concursado por sus acreedores, don Miguel vivió espléndidamente en Buenos Aires. Su suntuosa mansión urbana (que no debe confundirse con la campestre de “El Retiro”), las “casas de su morada” (como se pluralizaba entonces, no obstante ofrecer el conjunto unidad arquitectónica completa) se enclavaba en el corazón de la ciudad, frente a la Plaza Mayor, en la esquina hoy formada por las calles Bolívar e Hipólito Yrigoyen, allí donde arranca hacia el sudeste la avenida diagonal Julio A. Roca, en solar originariamente adjudicado por Garay a su compañero de fundación Luis Gaytán, lindero, calle en medio, con el edificio del Cabildo. Ese terreno, en el cual Riblos levantó su morada, es el mismo en cuyo recinto, ya corrida la segunda mitad del siglo XVIII, mis antepasados Aguirre instalaron su alojamiento familiar; el mismo sobre el cual en 1880 mi bisabuelo Manuel Alejandro Aguirre, hizo construir su “casa de la calle Bolívar”: magnífica residencia que alcancé yo a conocer en mi infancia. Por eso, la tradición de ese inmueble resulta venerable para mí, y debido a ello, con afanoso interés me puse a rastrear los distintos antecedentes y transferencias de su dominio; desde su primer titular en 1580, hasta que el bien llegó a poder de Riblos y después a mis ascendientes Nicolás de la Quintana (yerno de Riblos), Domingo Alonso de Lajarrota (yerno de De la Quintana, y Agustín Casimiro de Aguirre (yerno de Lajarrota); a cuyos hijos, nieto, bisnieta y tataranietos Aguirre, el viejo solar siguió perteneciendo; de suerte que desde 1673 — año en Duque de Ciudad Real, entre las 2 y 3 de la mañana del 18-X-1713. Había dispuesto su testamento bajo sobre cerrado el 1-IX anterior . Fue marido de María de Monforte y Arteaga y padre de Francisco de Robles, Capitán de Caballos y de Pedro de Robles, Capitán de Infantería, que murieron en servicio del Rey heredándolos su padre; y de Gregorio, Sebastián y Agustina de Robles. El 29-I-1717, en Madrid, ante el Escribano Pedro del Campillo, Agustina de Robles Lorenzana Monforte y Arteaga — hija y única heredera del ex Gobernador rioplatense — y el esposo de ella, Mariscal de Campo y Jefe de Escuadra Fernando Chacón Medina Treviño y Salazar, Caballero de Santiago, otorgaron poder a favor de Martín de Condirema, de Matías de Goyeorría y de Adrián de Urreta, “vecinos de Madrid, que han de hacer el viaje a Buenos Aires”, para que en sus nombres “pidan y tomen cuentas” a Miguel de Riblos de los negocios que este tuvo con Robles en la ciudad porteña. 332

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que Riblos se casó con la dueña del terreno — hasta 1938, en que la Municipalidad porteña lo compró a los condóminos Aguirre Lynch, por espacio de tres centurias —con una temporaria interrupción — tal parcela solariega fue patrimonio de una sola familia. La referencia histórica de dicha propiedad, a través de sus sucesivos traspasos en tan dilatado espacio de tiempo, corre expuesta sintéticamente en un “Apéndice” al final de esta monografía. De los distintos inventarios efectuados durante el mes de febrero de 1713, por el Capitán y Alcalde de1º voto Alonso de Berezosa Contreras, en los autos del concurso de Riblos, se desprende que aquella importante vivienda se componía de 14 piezas o cuartos con techos labrados de cedro, en los que sus puertas y ventanas enrejadas se disponían alrededor de un patio interior con parral, en cuyo fondo prolongábase la huerta arbolada de frutales. Adornaban la casona — junto a distintos muebles y objetos de valor — un crucifijo de marfil de una vara de altura y 17 cuadros al óleo. Entre ellos el retrato del Rey Felipe V, y la efigie del Arcángel protector del dueño de casa: San Miguel, triunfante “sobre todos los diablos”; amén de otras telas religiosas y de varias pinturas de “príncipes austríacos y otomanos”. También veíanse en aquellas habitaciones varias sillas de nogal claveteadas de bronce, alfombras, tapices, cortinas y doseles de tafetán; mesas, escritorios, y un biombo de estrado con balustres de jacarandá y perillas de metal. Y junto al profuso moblaje, llamaba la atención el ostentoso lecho nupcial, digno de un sultán: “cuja torneada a lo salomónico, de madera granadilla, con más sus colgaduras de damasco carmesí, guarnecida con pasamanos, alamares y flecos de oro”, según lo precisó el inventario judicial respectivo. Empero, si la enumeración completa de los bienes del causante evidencia el lujo con que Riblos gustaba de rodearse cuando le sonreía la fortuna, sorprende realmente que un traficante como era él, absorbido por sus negocios de surtir al país y a sus comarcas aledañas con toda clase de efectos, géneros y esclavos; de abastecer con millares de mulas y reses, criadas en sus 5 estancias, a los mercados del Alto Perú; de organizar al mismo tiempos vaquerías en la pampa salvaje a fin de despachar para Cádiz navíos repletos de cueros; sorprende — decía — encontrar en casa del aludido empresario capitalista, una selecta biblioteca llena de libros, y no de comercio Riglos

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precisamente. Tal colección impresa constaba de 131 volúmenes — cuya nómina dió a conocer Raúl A. Molina en la revista Historia, con un estudio bibliográfico pertinente —, figurando, en medio del escogido conjunto de textos históricos, religiosos y profanos, dos tomos reveladores de las aficiones nobiliarias de don Miguel: Reglas y establecimiento de la Orden de Santiago, y Definiciones de la Orden de Calatrava. Así, en la intimidad de ese ambiente refinado, vivió nuestro personaje con los suyos muchos años: rodeado de esclavos que servían en la mansión colonial 16. Las prendas y adornos costosos — de que dan cuenta los viejos papeles, y que serían pasto de sus acreedores — recatábanse tras la solidez de aquellos muros hogareños. Fuera del recinto, en la puerta principal de la vivienda, como signo manifiesto de riqueza: “un coche encerado con tachuelas doradas, vidriado por dentro y forrado el cielo con damasco carmesí” (que había sido del Obispo Azcona), con la yunta en los tiros y el auriga al pescante, esperaba el momento de conducir por las calles desparejas de entonces al poderoso mercader. Junto a lo indicado agrego que, don Miguel compró — no sé a quien ni cuando — un solar pegado al flanco que miraba al sur de la antedicha vivienda; solar que originariamente, en 1580, Garay adjudicó a mi antepasado el conquistador Juan Fernández Enciso y, tres décadas más tarde, perteneció edificado a la sobrina política de éste y remota abuela mía, Catalina de Vera y Guzmán, viuda de Jerónimo López de Alanis. Ese terreno (36 3/4 varas de frente y 66 16 El inventario de los bienes de mi antepasado Riblos especifica como de propiedad suya 37 esclavos, a saber; Francisco, mulato, “maestro de herrería”, de 30 años de edad; Juan, mulato, herrero, de 29; Thomás, mulato, “oficial de lima”, de 35; Ignacio, negro, de 30; Bernardo, negro, de 30; Vicente, negro, de 30; Bernardino, mulato, de 24; Josefa, mulata, de 24, con dos hijos; Gregoria de 3 y Sebastián de 2 meses; Marta, mulata, de 40; María, mulata de 30; Magdalena, mulata, de 40; María, mulata, de 15; Ana, mulata, de 12; Miguel, mulato, de 16; Juan Manuel, mulato, de 13; Inés, negra, de 30, con su cría Tomás, de 5; María, mulata, de 15, con hijo de pechos, Lorenzo; Juana, negra, de 30; Juana, negra, mayor de 50; Leonor, mulata, de 30, con dos niños, Joseph e Isabel; Ana, mulata, de 20, con su crío de 5 meses; Marcela, mulata, mayor de 17, con dos hijos, uno de pecho; Juan Bautista, mulato, de 40, “quien dijo ser libre por carta de libertad”; Josepha, mulata, de 20, “con carta de libertad”; Josepha, negra, mayor de 15; Juana Gómez, “cuarterona”; Francisco, negro, de 30; y Silvestre, mulato, de 33 años. 334

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3/4 de fondo) ubicaríase hoy en la calle Bolívar, enfrente del City Hotel. Otros aspectos de la actividad de nuestro personaje En 1695 el Obispo Azcona e Imberto llevó adelante una campaña — como ahora se dice — entre los fieles de su diócesis a fin de reedificar la Catedral lugareña (en el mismo sitio que ocupara la primitiva iglesia, y sobre la demolición de su siguiente fábrica, mal construída en 1671, que se había derrumbado). Miguel de Riblos cooperó con Su Ilustrísima afanosamente. Puso tal empeño en lograr la materialización de la obra, que, a la cabeza de un numeroso grupo de vecinos “accioneros”, rejuntó 33.600 vacas cimarronas en la pampa, que se enviaron a vender al Alto Perú en beneficio del futuro templo mayor de la ciudad. De esa importante contribución dejó constancia el Gobernador Robles, el 25-I-1696, al expresar como todos los vecinos “habían concurrido con general beneplácito y con especial fomento del Capitán Miguel de Riglos ... siendo su generoso y ardiente celo, al servicio de ambas Majestades, quien facilitó su buen efecto, no solo en las disposiciones previas, que con incansable fatiga ministró su operación, sino también en haber suplido los gastos que se hicieron y se han de hacer en la conducción de las vacas a las provincias de arriba”. En mérito de tales servicios, el representante del Rey en el Río de la Plata, el 22-VI-1697, lo ascendía a don Miguel a “Cavo y Gobernador de la Caballería del Presidio”, cargo que estaba vacante por fallecimiento de su titular Francisco Duque Navarro. Alejado de Buenos Aires el antedicho Gobernador, cómplice, socio y amigo de Riblos, las relaciones de éste con el sucesor de aquel Manuel del Prado Maldonado, dejaron mucho que desear; al punto de que don Miguel se lanzó, sin recatarse en lo más mínimo a despotricar contra el nuevo mandatario. Esa malevolencia pública de mi atávico genitor respecto del primer magistrado local, culminaría en un ruidoso desacato cometido el 15-II-1702, durante las fiestas celebradas con motivo de la coronación de Felipe V. Riblos, según parece, desobedeció ciertas órdenes terminantes del jefe supremo de la provincia. La falta debió ser grave y ciertamente escandalosa, ya que a causa de ella Prado Maldonado Riglos

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condenó al culpable a destierro que debía cumplir en la isla Martín García, para de ahí deportarlo a España en el primer navío que zarpase con ese destino. Arrestado, entretanto, en la cárcel del Fuerte, Riblos logró huir, y en busca de “sagrado” se introdujo en las construcciones de la Catedral — que en buena parte debíanse a su munificencia —, y tras la capa protectora del Obispo — “solicitando siempre conmover los ánimos de los vecinos y rebelarse contra dicho Governador” — se estuvo allí cinco meses hasta después del 3-VII1702, día en que Prado Maldonado entregó el mando a su reemplazante Alonso de Valdés Inclán. Por dos veces — el 2 de abril y el 11 de mayo de aquel año 1702 —, mientras su marido permanecía “retraydo en la santa Yglesia Cathedral”, Gregoria de Silveryra y Gouvea — personalmente primero y luego através de su pariente y padrino nupcial Francisco Maciel del Aguila — se presentó al Cabildo solicitando testimonios del acta de elección de Riblos como Alcalde en 1682, y de cierta Real Cédula que instruía a los Gobernadores como habían de proceder “en las priçiones de los vezinos y rexidores desta Ciudad”. En estos trámites de mover cielo y tierra que la señora hacía para sacar a su consorte del difícil trance en que se hallaba, también ella se dispuso impugnar al asesor legal del Gobernador, Licenciado Esteban Guerrero Barrientos, el cual, sin duda, fue quien aconsejó la prisión y destierro del insubordinado don Miguel. En tal propósito doña Gregoria le mandó pedir al Cabildo una constancia escrita de los despachos por cuya virtud usaba su oficio el letrado aludido. Y aquí la personería del abogado audiencial, consejero de Prado Maldonado, no quedó muy firmemente establecida, ya que los Regidores porteños tuvieron que responderle a la esposa de Riblos, que el título de dicho leguleyo no había sido presentado nunca a ese Cabildo, por lo que la interesada debía de reclamarlo en Charcas; y para salvar la responsabilidad de Guerrero Barrientos, los cabildantes lugareños deshicieronse en elogios de su “literatura, celo, desinterés y limpieza conque se ha portado en cuantas materias se han ofrecido”. Rehabilitado de su desacato, luego del alejamiento del Gobernador Prado Maldonado, Miguel de Riblos compareció, el 22XI-1703, a dar su parecer en una “Información” levantada por el Alcalde Juan Bautista Fernández, a fin de requerirle al Rey su venia para instalar en Buenos Aires un monasterio de monjas. Riblos opinó 336

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que “es cossa muy lastimosa el que no aya ningún combento de monjas en que poder recoger las hijas de las personas ilustres que componen esta ciudad, que con ansia desean semejante perfección”; ello en perjuicio de “la calificada virtud que concurre en la piedad devota de muchas donzellas nobles”, las cuales resueltas a dedicar su vida al servicio de Dios renuncian del todo “a la pompa y fausto del mundo de su expontánea voluntad”, y en sus propios domicilios “se reduzen a vivir en el estado de Beatas devajo del voto perpetuo de castidad”; ya que no todas pueden ser conducidas “a uno de los dos Monasterios que hay en la ciudad de Córdoba, que dista de esta ciudad más de ciento veinte leguas”. Por tanto, resultaba impostergable fundar un convento para las muchachas porteñas con vocación claustral. Las cambiantes relaciones de nuestro personaje con el Cabildo Atento siempre a sus intereses, Riblos, el año 1706, pidió al Cabildo “licencia de accionero legítimo de los ganados cimarrones”, pues pretendía recoger 1.000 cabezas vacunas para sus estancias de Areco, “por mano de Pedro Izea Aranibar, vecino de Santa Fé” — uno de sus agentes en el litoral del país. Y dos años más tarde, en 1708, el hombre integró de nuevo el cuerpo capitular como Alcalde de 2º voto. Su perseverancia en desempeñar esta función pública se frustró en gran medida; y en la sesión del 20 de octubre leyóse un petitorio suyo de permiso para no concurrir a los acuerdos: “por hallarse falto de salud y padecer unos desbanesimientos de caveza que no puede asistir, así a los cavildos como a las demás cossas que son de su obligación”; con el compromiso de que la ausencia durará “hasta que Dios Nuestro Señor fuere servido de darle mejoría en el achaque que padece”. Excusado resulta decir que sus colegas hicieron lugar, sin objeción ninguna, a demanda tan justificada. Al año siguiente, Riblos emprende la tarea de suministrarle al Cabildo 30.600 “adoves cocidos” que esa institución necesitaba para construir su nueva casa. Al efecto el contratista quedó encargado de acumular los materiales; algunos de los cuales, casi medio siglo después, utilizarían los arquitectos jesuitas Juan Bautista Prímoli y Andrés Blanqui, para la erección definitiva de la “Casa del Cabildo y Cárcel de Buenos Aires”. Riglos

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Entretanto, a mi antepasado el municipio le adelantó 2.400 pesos plata, de cuya suma — según rendición de cuentas del 28-V1709 — Riblos dispuso, hasta esa fecha, 920 con 5 reales en la compra de aquel montón de adobes y de dos carretas nuevas para el acarreo de los mismos. Al aprobar tales gastos, los cabildantes acordaron en el acta respectiva: que esperaban “de un ciudadano de tan conocidas prendas como las que se compone el dicho Don Miguel de Riblos, y de su celo al mejor lustre de este Cabildo”, consiguiera en adelante los elementos restantes para empezar la edificación proyectada, “con el fervor que le ministra su gran talento y galantería, en una obra que tubo principio en tiempo en que regentó (don Miguel) la bara de Alcalde”. Pocos meses después de expresados estos ditirámbicos conceptos, los ediles porteños, lejos de repetir tales elogios, emplazaron a Riblos para que entregara de una vez, los 30.000 adobes del compromiso; pues no obstante el tiempo transcurrido, solo se habían acumulado “20.000 enteros y algunos medios que no son de ningún provecho”. También el Procurador Amador Fernández de Agüero le requirió a Riblos la “entrega del dinero que tenía en su poder, con otras particularidades que de él constan”, dentro del término de tres días. Don Miguel, a todo esto, anduvo con vueltas y chicanas pidiendo testimonios a fin de demorar el asunto. En vista de ello, el 11-VII-1710, el Cabildo acordó que “dentro de un día natural”, el emplazado rindiera cuentas de su gestión. El terco de Riblos, entonces, para no satisfacer directamente las justas exigencias del municipio que reclamaba lo suyo, depositó el saldo de 1.479 y 2 1/2 reales, que le quedaban de la suma recibida, en manos del Gobernador Manuel Velasco de Tejada; cuyo numerario, al fin de cuentas, sirvió para “componer los dos calabozos que tiene esta cárcel para seguro de los delincuentes que se ponen en ellos”. El 29-XII-1710, Miguel de Riblos compró, en 1.600 pesos, el empleo de Depositario General, por lo que el Gobernador ordenó al Cabildo lo pusiera en posesión del cargo. Prestado el juramento de rigor, al distribuirse entre los capitulares la ubicación de cada cual en la formación del cuerpo colegiado, el flamante Depositario protestó porque el lugar que se le señalaba no le correspondía, a su juicio, por no estar inmediato al de uno de los Alcaldes. El Cabildo, a su vez, se 338

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negó a complacer al reclamante, aduciendo que todos los Depositarios habíanse sentado allí donde Riblos no quería permanecer. Resentido por ello don Miguel resolvió dejar de concurrir al Ayuntamiento, so pretexto de que “estava yndispuesto”. Más viendo el Cabildo que “desde que se recibió el dicho don Miguel de Riblos da la mesma respuesta y escusa, siendo así que se halla bueno y sano, y que en las ocurrencias de los actos públicos y fiestas de tablas de la obligación, bá a ellas y se asienta en el coro y en otros asientos a vista del Cavildo, faltando a lo dispuesto por reales ordenanzas, se acordó se le embíe recado con el Escribano amonestándole ocurra en cumplimiento de su obligación a los ayuntamientos”. Riblos, empero, lejos de someterse a la disciplina del cuerpo, el 11-V-1711 presentó un escrito reclamando el asiento contiguo al del Alférez Real; pretensión que sus colegas deshecharon, pues no se “deve dar otro lugar que el que le toca por su antigüedad y el que han tenido sus antecesores”. Por lo demás, los fiadores del Depositario, “hasta la cantidad de 4.000 pesos”, fueron los Capitanes Pedro de Saavedra, Juan Maciel del Aguila y Miguel de Esparza, quienes suscribieron la respectiva escritura casi tres años más tarde. Sic trancis gloria mundi El 11-II-1713, el Alcalde Alonso de Berezosa Contreras planteó el caso, en el Cabildo, por que el Depositario Riblos — custodio público de caudales menores, de censos retenidos y de otros depósitos en efectivo — “se avía refugiado” en el Colegio de los padres jesuitas en razón de “hallarse ejecutado por diferentes cantidades de dinero”; circunstancia que obligó al Cabildo a mandar a su Procurador ante el Gobernador, a fin de pedirle ordenara a los Escribanos de su ministerio se hicieran cargo de todas las sumas que Riblos retenía en su poder. Es que, de tiempo atrás, la solidez económica de mi antepasado empezaba a desmoronarse. Entre otras obligaciones financieras que se le vinieron encima, don Miguel había dejado pendiente una deuda de 4.400 pesos, en concepto de ciertas alhajas que Juan Goicochea le remitió de España en 1698, en los navíos del “Maestre” Carlos Gallo. Y sucedió que al no poder pagársela al apoderado de Goicochea — Manuel de Ibarbals —, que con otros acreedores lo asediaban Riglos

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constantemente, Riblos optó por “refugiarse” en el Colegio de la Compañía de Jesús. Su actitud dió motivo para una demanda judicial en contra suya, ante el Alcalde González de la Quadra; y defensor del demandado, en dicho pleito, fue Antonio de Larrazabal. Las fuertes deudas dejadas por el Gobernador Robles que, como dijimos más atrás, tuvo que soportar aquí su implícito socio Riblos; los quebrantos sufridos por muchos capitalistas metropolitanos vinculados al tráfico con el Río de la Plata; la paz de Utrech que, si bien puso término a la guerra llamada “de sucesión” en España, benefició a Inglaterra en perjuicio del comercio español; estos y otros factores acarrearon el desastre económico de don Miguel; cuyo concurso de bienes, a partir de 1714, se ventiló ante la justicia bonaerense — inicialmente ante el Juez Juan José de Mutiloa y Andueza,siendo en adelante administrada la fortuna por un Síndico que nombraron sus acreedores: el Capitán Pedro de Saavedra, que fuera uno de los fiadores del ejecutado. Y llovieron las demandas contra el concurso de Riblos: Francisco de Ribera, vecino de Madrid, por una fuerte suma; Francisco de Salinas, por 3.000 pesos que el causante se había obligado a pagar a Martina de Castro con domicilio en Cádiz; Francisco Díaz Cubas y sus hijos, por 2.000 pesos; Francisco Antonio Justiniano, residente de Sevilla, por 40 mil y tantos pesos; el Gobernador Zabala, sobre entrega a las Reales Cajas de 2.000 pesos, que dejó en poder de Riblos su antecesor José Garro; el convento de San Francisco, mediante su Síndico el Capitán Tomás de Arroyo, por bienes obligados a censo; el Convento de los frailes mercedarios, asimismo por contribuciones censatarias semejantes. También el Canónigo Juan Fernández de Agüero tenía dinero que cobrar; y, entre numerosos acreedores, Bartolomé Chavarrí, Felipe Alcayaga, Fray Leandro Alvarez Almirón, Isabel Castaño Becerra — esposa del Capitán Juan Rojas —, María Matos Encinas, y la propia Compañía de Jesús, donde el insolvente había buscado asilo, se lanzaron sobre sus bienes. Sic trancis gloria mundi, pudo repetirse el otrora poderoso Riblos al abandonar arruinado los claustros jesuíticos a fin de hacer entrega de las propiedades suyas a quienes lo apremiaban a saldar créditos y cuentas atrasadas. Empero, nuestro infatigable hombre de empresa, magüer su bancarrota y el haber abandonado en manos de 340

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un Síndico la administración de sus intereses, todavía, el 17-III-1716, le pidió al Cabildo licencia para recoger ganado vacuno “en la otra banda del río”; licencia que los Regidores acordaron: “sin embargo de ser el susodicho uno de los principales que han disfrutado estas campañas de dicho ganado, y tenido más utilidad que otro ninguno, atento ser notoria la falta que hay de dicho ganado para el abasto de la ciudad”. Por ello el permiso se dió, aunque “so pena de perdimiento de la tropa y aperos”, en caso de no llevar el interesado los animales a sus estancias; como asimismo sino designase, para ejecutar el trabajo, a una persona recomendable, “asignando el tiempo en que ha de hacer la recogida”. Los tres desposorios de Riblos y su paso al otro mundo Don Miguel — según oportunamente se dijo — casóse de muchacho al comenzar su carrera, el 30-IX-1673, con Gregoria de Silveyra y Gouvea, la cual falleció el 30-VII-1707, sin haberle dejado descendencia. Ante esta doble desgracia, el cónyuge supérstite, no obstante su edad requete madura, de ningún modo se resignaría a quedar sin progenie, tal como aparentemente lo condenaba el destino. Por eso el 3-X-1709, ya sesentón cumplido, resolvió maridarse de nuevo con una jovencita de apenas 21 primaveras: María Leocadia de Torres Gaete. (Ver sus antecedentes genealógicos en los apellidos Torres Salazar, Gaete, Izarra, Hurtado de Mendoza, etc, etc.). Nueve meses antes de dar por cumplida religiosamente esa alianza, en una escritura dotal, autorizada el 3-I-1709 por el Notario Juan Castaño Becerra, el sexagenario novio expresó respecto a su tierna apalabrada (“doncella, la califica el documento), “que como la cantidad que se me ha prometido de dote no es bastante para que pueda — María Leocadia — vivir conforme a su calidad, estoy de acuerdo de la dotar de mis propios bienes en diez mil pesos corrientes de a ocho reales”. Estas arras las concretó Riblos con el aporte de 5 esclavos negros, 9 cuadros al óleo y distintas alhajas, muebles, alfombras, ropas, enseres y una silla de manos con clavazón de bronce. Y bien, a propósito de esa pareja tan despareja de antepasados míos — si las fechas documentales no mienten —, pondré de relieve que el 3-X-1709 se consagraba el matrimonio de entrambos, y que a Riglos

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los 8 meses y 26 días del suceso, el 29-VI-1710, el único fruto de la unión de dichos cónyuges, la niñita Leocadia Francisca Xaviera de Riglos y Torres Gaete, fue llevada a la pila de la Iglesia Catedral por sus padrinos Antonio de Anuncibay y la hija de éste; y que el nacimiento de la párvula se había producido “ocho meses y tres días” antes de la aludida cristianización; vale decir que la criatura vino al mundo el 26-X-1709, exactamente 23 días después de la boda religiosa de sus padres. Esto comprueba que “la doncella” — como calificara Riblos 9 meses atrás a su prometida — había dejado de ser tal inmediatamente después de firmado aquél contrato de dote, el 3-I1709. De cualquier manera la suerte se mostró nefasta con la precoz madre de familia. María Leocadia de Torres Gaete enfermó gravemente a los dos meses de su alumbramiento primerizo, para morir enseguida el 30-X-1710, bajo testamento otorgado un año antes, el 24-X-1709. Después de todo,si con la muerte de su compañera el viejo Riblos no quedó definitivamente abatido, fue porque su vitalidad asombrosa era capaz de reverdecer cada vez que una mujer joven se cruzaba en su camino, y como esta circunstancia se presentó precisamente con Josefa Rosa de Alvarado y Sosa, aquél resolvió casarse con ella. La muchacha procedía de excelente cuna. Bautizada el 10-II1690, de recién nacida perdió a su madre y, a poco andar, a su padre; Isabel de Sosa y Terra y José de Alvarado y Hoz, respectivamente; por cuya causa quedó la huérfana bajo la adopción solícita de Pedro de Vera y Aragón y de su cónyuge Beatriz Jufré de Arce; quienes al morir le dejaron a su ahijada una sólida fortuna, con la esperanza de que la niña se consagrara de por vida a la Iglesia. En tales piadosas vísperas de ingreso al convento hallábase la inminente monja, cuando Miguel de Riblos la requirió de amores; y luego de corrido un año de otorgada la pertinente escritura del contrato esponsalicio (13-III1711) — seguido el compromiso por condigna posesión fisica —, el enlace se santificó el 4-III-1712 en la Catedral porteña por oficio del Deán Provisor y Vicario del Obispado, Domingo Rodríguez de Armas, en presencia, “fuera de otros muchos”, de Diego de Sorarte, de Pedro González y de Antonio de Avellaneda. Y justo al mes y diez

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días de la ceremonia, el 14-IV-1712, la consorte de Riblos echaba al mundo un varón que recibió los nombre de José Ignacio Xavier. Según se ve, las ansias del protagonista de esta historia por convertirse en patriarca, se anticiparon a las bendiciones sacramentales, una y otra vez, con aquellas dos mozas distinguidas que supo escoger para madres de su estirpe. Esto, desde luego, no sin previamente suscribir sendos contratos maritales protocolizados ante Escribano Público y testigos, en cuyos documentos el otorgante llama “esposa” en legal forma, a la mujer elegida para compañera de su vida. Sabido es, por lo demás, que, en estricta teología, los verdaderos ministros del sacramento matrimonial resultan los propios contrayentes, siendo el párroco solo un testigo autorizado que bendice la alianza y aprueba como buena la decisión del hombre y la mujer de unirse religiosamente para tener hijos, hasta que la muerte los separe. El matrimonio con la dignidad de sacramento es pues, el mismo contrato, si este se celebró con el consentimiento formal de los esposos, en presencia de testigos y conforme a derecho. En verdad no hace falta recalcar que la dogmática católica se sabía y se practicaba en la sociedad bonaerense de hace tres centurias, profundamente religiosa y circunspecta, donde todos los vecinos se conocían, y donde el culto por la honra femenina se guardaba con inflexible rigor. Dentro de esa costumbre se ató y reató a los lazos nupciales mi antepasado Riblos, en el dilatado curso de su existencia familiar. Y todavía, a la edad de 70 años (límite excepcional para ciertos hombres de las funciones generativas, según opinan respetables fisiólogos), tuvo la satisfacción de verla alumbrar a su tercera consorte, en mayo de 1719, el último vástago de su sangre. Sin embargo, dos meses después, el 31 de julio, “enfermo en la cama de la enfermedad que Dios Nuestro Señor se ha servido de me dar”, don Miguel hizo llamar a su casa al Escribano Domingo Lazcano, ante quien otorgó las disposiciones que sus albaceas habrían de cumplir luego de su muerte. Ordenó fuera sepultado su cuerpo en la Capilla de San Pedro de nuestra Catedral, “de cuya cofradía soy hermano”. Declaró por legítimos herederos a su mujer y a sus hijos de ambas nupcias, los que quedarían bajo la tutela de ella. Por último dió poder al Vicario del Obispado Doctor Francisco Reina, y a los Capitanes Antonio de Merlo y Antonio Gallegos, los cuales con su Riglos

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mujer doña Josefa Rosa, de acuerdo a lo que les había requerido verbalmente, y a lo que hallarían en sus libros y papeles, ordenaran su testamento. Y una semana más tarde, el 6-VIII-1719, el causante dejaba de existir. Así lo hicieron constar dichos albaceas al protocolizar, el 6 de diciembre siguiente, aquella disposición testamentaria. Miguel de Riblos y la Bastida, en sus 2as nupcias con María Leocadia de Torres Gaete solo hubo por hija a: 1) Leocadia Francisca Xaviera Ignacia de Riglos y Torres Gaete, la cual nació el 26-X-1709 y fue bautizada “de socorro” por el Padre Pedro de Ledesma, de la Compañía de Jesús. Después, el 29-VI-1710, en la Catedral porteña, el Deán Domingo Rodríguez de Armas le impuso óleo y crisma a la criatura, llevada a la pila por sus padrinos el Tesorero Antonio de Anuncibay y su hija Constantina de Anuncibay. El 29-I-1729 Leocadia se casó con Nicolás de la Quintana, en cuyo apellido prosigue la sucesión de estos 6os abuelos míos. Con su 3ª esposa Josefa Rosa de Alvarado Sosa don Miguel procreó a: 2) José Ignacio Xavier de Riglos Alvarado, nacido el 14-IV-1712, a quien bautizaron de 6 días apadrinado por el Tesorero Alonso de Arce y Arcos y de su mujer María Báez de Alpoin Labayén. José Ignacio murió infante. 3) Miguel José Fermín Martiniano de Riglos Alvarado, quien a los dos días de nacer fue bautizado el 14-II-1715 por el presbítero Justo Ramela, siendo su padrino el Capitán Antonio Joseph de Herrera de los Ríos. Miguel José siguió la carrera sacerdotal y, entre otros cargos y dignidades, llegó a ser Doctor y cura del partido de San Isidro en 1754, Administrador eclesiástico en sede vacante en 1578, Arcediano examinador sinodal Providor y Vicario General de 1761 hasta el 29-IV-1794, en que dejó de existir. El 13-VII-1792, el Deán Riglos, mediante testamento ológrafo, ordenó sepultaran su cadáver en la Iglesia Catedral, en la capilla de “San Zacharías y Santa Isabel, con las vestiduras correspondientes y como hermano que soy de la venerable Hermandad de N.P. San Pedro”. Después de instituir capellanías, legados, donaciones y limosnas; de dar libertad a algunos de sus 344

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18 esclavos y de repartir los restantes entre sus sobrinos; de declarar “que tengo dado a mi sobrina doña María Jacinta de Riglos (4ª abuela mía) dos mil pesos para ayuda de llevar las cargas del Matrimonio (con Mariano Francisco de Zavaleta); después de todo ello, nombró albacea y “único y universal heredero del remanente de mis bienes, muebles, raíces, derechos y acciones a mi sobrino don Miguel Fermín de Riglos, Caballero en al Abito de Santiago”. Este testamento a los ocho días de la muerte del causante, fue protocolizado el 7-V-1794, en el Registro del Escribano Juan José de Rocha. 4) Francisca Xaviera Eulalia Agustina de Riglos Alvarado, baut. el 19-XII-2726 por el padre Ignacio Arteaga, bajo el padrinazgo del Sargento Mayor Josef Bermúdez y de Lorenza de Astudillo, su mujer. La niña falleció de tierna edad. 5) Marcos José Francisco Xavier de Riglos Alvarado — mi antepasado — nacido el 25-IV-1719, del que me ocupo en el punto II de esta genealogía. Liquidación de la testamentaría del viejo Riblos Con la muerte de don Miguel no habrían de interrumpirse los trámites de su concurso de acreedores, ni cesarían los empeños de sus herederos por hacer efectivos los créditos que al causante le debían. Así, por ejemplo, el 30-X-1727, el albacea sucesorio Antonio Gallegos — a pedido de la viuda del difunto — otorgó, ante el Escribano Francisco de Merlo, un poder a los vecinos salteños Maestre de Campo Juan Bautista de Ibarguren y Vicente Pérez de Albernas, para que ellos demandaran, en la ciudad de Lerma, a todos los deudores de Riblos; en especial a Alonso Ruiz de Llanos (mi antepasado), quien habíase obligado a pagar al extinto una suma de dinero por escritura que pasó ante el Escribano salteño Francisco López Fuenteseca. Asimismo, el poderdante, facultó a Ibarguren y a Albernas para que pudieran vender un esclavo mulato nombrado Joseph, como de 25 años, de propiedad de Riblos, que andaba fugitivo por esos pagos del norte, y del cual daría razón Sebastián de Londoño. Los bienes del concursado, entretanto, habíanse ido liquidando. Ya en vida del fallido, uno de los primeros en venderse fue aquella Riglos

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finca de “El Retiro”, cuya propiedad se transfirió en 1718 a la Real Compañía de la Gran Bretaña: “South Sea Company” 17. Y doce años después de la muerte de Riblos, su casa particular se vendió también en público remate, por cuenta de sus acreedores, adquiriéndola el yerno Nicolás de la Quintana 18. 17 El 19-I-1718, ante el Escribano Domingo Lescano, comparecieron Miguel de Riblos y el Capitán Pedro de Saavedra, administrador de los bienes de aquel que se hallaba en concurso de acreedores. (Saavedra fue nombrado administrador el 22-III1714 por el Juez “de este negocio” Juan José de Mutiloa y Andueza). Y ambos comparecientes dijeron: “que ha mucho tiempo tienen ajustado trato de venta con don Thomás Douex Presidente de la Real Compañía de la Gran Bretaña de la Trata de Negros”, respecto de la casa de campo “El Retiro”, “distante de esta ciudad a un cuarto de legua, poco mas o menos, con lo que en ella havía edificado, en que se incluyen la huerta con serco de árboles frutales y la noria, en la forma que está”. En virtud de ello, otorgábase dicha transferencia de dominio en presencia de Juan Trupe, otrora Presidente de la institución negrera inglesa de referencia, quien, años atrás (4VII-1714), había adquirido, de mi antepasado Silvestre Sarria, las tres “suertes” de tierra contiguas al “Retiro”, “que corren por la costa de arriba de este Gran Río de la Plata”, y medían 1.212 varas de frente y una legua de fondo. La casa de “El Retiro” — como ya se dijo — se la había transferido a Riblos el Gobernador Robles el 5-X1703. A su vez, las tierras de chacra que circundaban la casa del “Retiro”, fueron adquiridas por Riblos — como sabemos — de la sucesión de Catalina de Avila Bernalte de Linares, el 12-II-1704; de modo que los títulos respectivos de ambos inmuebles — 34 fojas — entregáronse al Presidente de la empresa compradora de ellos, “con sus usos y costumbres, entradas y salidas, pescaderos y servidumbre, para siempre jamás”, mediante el precio y cuantía de 3.000 pesos en plata corriente. La compañía relacionada, a raíz del Tratado de Utrecht, ejercía el privilegio de introducir esclavos africanos en los dominios del Rey de España; y en la otrora lujosa construcción del Gobernador Robles y de su encubierto socio Riblos, vinieron a concentrarse los sucesivos lotes de negros desembarcados de los navíos de “la trata”. Mas tarde, en 1740, al confiscárseles los bienes a los ingleses en este país, “El Retiro” — si bien continuó arrendado a otras empresas del asiento negrero — pasó a ser propiedad municipal. 18 El 26-X-1730, el Alcalde de 1º voto Juan Bautista de Sagastiverría, ante los “Portales de la Plaza pública, lugar destinado a las Almonedas”, dispuso se efectuaran las subastas de dos viviendas: La que perteneció a Miguel de Riblos y otra que había sido del finado Pedro de Vera y Aragón. Presentes el Defensor de Menores, Capitán Matías Solana, y Juan de la Cámara “defensor de los bienes del dicho don Miguel”; y ante la gente reunida alrededor de una mesa con recado de escribir, y un buen número de sillas, hízose oír el vozarrón de mulato Francisco, el pregonero, que se desgañitó gritando: “Ea cavalleros, lléguense a la almoneda que se está haciendo de las casas que fueron de don Miguel de Riblos, que están inmediatas a la Plaza, y hacen esquina a ella”; 13.666 pesos “dan por las casas que fueron del 346

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En cuanto a la chacra de Riblos en el “Monte Grande” (San Isidro), de la cual con anterioridad me ocupé, fue adquirida en pública subasta por Fermín Pessoa, el cual, a su turno, le transfirió a la viuda de Riblos, Rosa de Alvarado, seiscientas varas frente al río y una legua de fondo, de la superficie total que había comprado; conservando Pessoa, para su propio dominio, la fracción restante; 550 varas con la pertinente legua contrapuesta. Las tierras del “Rincón de Riglos”, sobre el río Luján, fueron asimismo rematadas; y Fermín de Pessoa adquirió parte de ellas en la “Cañada de Escobar”; pues la mayor área del campo — 15.200 varas fronteras y legua y media de fondo — la compró Nicolás de la Quintana, hijo político del causante. Las otras estancias en el río Areco, “con crezidas haziendas y esclavos”, correspondieron a la esposa e hijos herederos de don Miguel. Algo sobre la viuda de Riblos Doña Josefa Rosa de Alvarado sobrevivió más de medio siglo a su marido — ella, adviértase, era 41 años menor que él. Y aquí cabe apuntar que justo un año antes de consagrarse su matrimonio con Riblos, el 13-III-1711, cuando apenas habíanse cumplido cuatro meses del entierro de la segunda esposa del acelerado reincidente, éste compareció ante el Escribano Francisco de Angulo y los testigos Alférez Miguel González Pacheco, Teniente Juan Ponce, Capitán Juan de la Torre y Licenciado Francisco José Verois, y dijo; Que “por quanto tengo tratado de contraer Matrimonio con Doña Josepha de Albarado, según orden de nuestra Santa Madre Iglesia, a honrra y gloria de Dios nuestro señor, y porque antes que se efectúe el vínculo he venido a otorgarle Recibo y carta de dote a la susodicha, de todos los vienes muebles y rayces que la susodicha tiene suyos y heredados del Capitán Joseph de Alvarado, su padre, y de Doña Beatriz Jofré de Arce, muger legítima del Capitán Don Pedro de Vera y Aragón, General Miguel de Riblos”, y 5.500 por las que fueron de don Pedro de Vera!. Y al no concretarse mejores posturas, resultó comprador de ambas propiedades el Capitán Fermín de Pesoa, quien, al día siguiente, 27 de octubre, ante el Escribano Francisco de Merlo, declaró haber adquirido la casa de Riblos para Nicolás de la Quintana, y la de Vera y Aragón para Josefa Rosa de Alvarado, yerno aquel y viuda esta del susodicho Miguel de Riblos. Riglos

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difuntos; para que se sepa con toda claridad y distinción”. Riblos nombraba tasador de dichos bienes al Alguacil Mayor Miguel de Obregón y, por su parte “Doña Josepha de la Rossa y Albarado” (sic) nombró al Capitán Nicolás de Torres, quienes evaluaron ese conjunto dotal en 24.447 pesos y 2 reales 19. 19 En esa escritura de reconocimiento de dote que se otorgó el 13-III-1711 ante el Escribano Francisco de Angulo, tanto Riblos como su futura consorte Josefa Rosa de Alvarado, mandaron a sus criados “fueran sacando las alhajas y demás cosas en presencia de los Tasadores (Miguel de Obregón y Nicolás de Torres) para que hicieran la tassación, a un quarto y sala principal de las cassas de su morada, y dieron principio para ello cossa por cossa, en la forma siguiente, de que dicho Don Miguel de Riblos se fue recibiendo”: “Primeramente, las cassas de la morada de la dicha Doña Rosa, que se componen de diez y seis piesas o quartos con su patio, con su zaguán y puerta principal, huerta de arboledas, todo cubierto de teja y enladrillado; que lindaban por la parte del norte, calle Real de por medio, con un sittio despoblado del collegio de la Compañía de Jesús (una década mas adelante levantóse ahí el templo de San Ignacio, planeado y comenzado en 1710 por el Hermano arquitecto jesuita Juan Kraus, natural de Pilsen, en Bohemia, a cuya fábrica, muerto Kraus, dió fin en 1722 el Hermano arquitecto Juan Bautista Prímoli, nativo de Milán; y por el sur con sittio y cassas a Doña Antonia de Salazar, viuda del Capitán Juan Bautista de Aguirre; y por el este con sittio y cassas de Doña María Jufré de Arze; y por el poniente con sittio y cassas del Capitán Luis de Torres Briceño; las quales se tassaron en Diez mill pesos”. Este solar ubicaríase hoy a mitad de cuadra de la calle Moreno, en la vereda que da frente al Colegio Nacional Central, entre las calles Bolívar y Perú. “Item: Se dió por resivido de quatro mill pesos, que la dicha Doña Rosa dijo tenía suyos a Réditos Pupilares en diferentes personas, como consta de las escripturas que estaban otorgadas ante el presente Escrivano”. Y seguidamente los tasadores procedieron a dar valor al ajuar de la novia, a saber: Cuatro vestidos: Uno con “casaca, pollera y monillo (jubón feminil sin faldillas ni mangas) de tisú, campo rosado con flores de oro y plata”; otro “de tisú, casaca, monillo y pollera, campo de oro, flores de plata, aforrado de seda verde”; otro “de damasco azul, flores de oro, casaca y pollera, aforrada en tafetán (tela de seda) tornasoleado”; otro “negro de tafetán doble, casaca y pollera”. Nueve polleras: una “de tafetán doble carmesí con encaje blanco fino”; otra “Muzga” (verde?) de gurbión, llana (gurvión: tejido de seda)”; otra “con jubón de raso azul con flores de lo mismo”; otra “de zempiterna (tela muy sólida de lana), con guarniciones de plata”; otra, “de camellón encarnado (camelote: tejido de seda), con encaje de plata”; otra “de calamaco” (tela de lana delgada); otra “de sempiterna azul”; otra, “negra de bayeta de Castilla (de lana) con monillo y mantellina (mantilla) negra con faxas de tafetán negro”; y otra “de vayeta de Quito, negra”. Cinco “mantellinas: Una de tisú, campo blanco, flores de oro, aforrada de tafetán carmesí”; otra “de raso liso carmesí aforrada de tafetán azul, guarnecida con encaje blanco asentado al buelo”; otra “con tres encajes blancos”; y otra “de bayeta 348

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blanca de Castilla con faxas de tafetán carmesí”. “Dos revocillos (rebozos) de clarín” (hilo delgado). “Una casaca fondo muzgo y flores de oro; y otra de fondo carmesí y flores de oro y plata”. Tres “apretadores” (jubones): uno “de damasco carmesí”, otro de “tisú, campo blanco y flores de oro”, y el otro “guarnecido con encaje fino de oro”. “Una pieza de Bretaña angosta” (lienzo fino), y “un luto de Castilla, pollera y casaca”. “Seis pares de enaguas: una de tafetán doble carmesí, otra de Bretaña ancha con encaje fino; otra de Cambray (lienzo muy delgado) con puntas (puntillas) finas; otro de Bretaña y encaje ordinario; y otro de Bretaña, ancha, desilada”. Seis “gregorillos” (prendas de lienzo conque las mujeres se cubrían el cuello, los pechos y espalda): dos “de olán (de Holanda), guarnecido con encaje fino”; otro “de Cambray guarnecido de encaje fino mediano”; otro “de Cambray guarnecido de cribos (agujeritos) y encajes”; otro “de Cambray llano con encaje apolillado”; y otro “de Cambray con encaje fino grande”. “Tres mantos de Maestro, los dos llanos y el otro con puntas (puntillas), y un hábito de lanilla, pollera, escapulario (paño con cintas sobre el pecho y la espalda) y monillo”. Un par de “sabanas de Roan florete (tela de algodón estampada), con cuatro almohadas, las dos bordadas de seda azul y encarnada, y las otras dos llanas”. Y otro par de “sabanas” también de “Roan”. Diez camisas: una “cuerpo de Bretaña ancha, mangas de Cambray, asiento bobillo (encaje alrededor del escote) y puños de encajes finos”; otra “cuerpo de Bretaña y mangas de Cambray, asiento bobillo y puños de encaje pitiflor (?)”; otra “cuerpo de Bretaña y mangas de Cambray, asiento y puños de cribos (con aberturas), guarnecidos de encajes finos”; otra “de Bretaña ancha, asiento de flores”; otra “de Bretaña ancha con encajes finos”; cuatro “en corte de Bretaña y mangas de Cambray”; y una más, “en oja”, cuerpo, mangas y asientos de lo mismo. “Cinco Monillos (jubones femeninos)”; cuatro “blancos llanos de Bretaña y ozca” (de color hosca, moreno oscuro); y otro “bordado de seda carmesí mangas de Bretaña, cuerpo de ozca”. “Una alfombra turquesca nueva” y “doce coxines de terciopelo carmesí, por ambas partes, guarnecidos de sevillanita (franjita, ribete o adorno semejante) de oro fino, con borlas de oro y seda carmesí”. “Cuatro cintas de trenzas de oro y plata, de tres baras cada una”; y “catorce pedazos de cintas de trenzas de diferentes colores”, cinco de ellas “de oro y plata y las demás ordinarias”. “Cuatro tocados” (gorros); uno “de cinta de plata, guarnecido de puntas de plata”; otro “de cinta blanca con flores y encajes de oro”; otro “de cintas de plata”; y otro “de cinta carmesí bordado de ylo de oro con fleco carmesí”. Una “montera (sombrero cónico) de plumas de tisú”, y dos “peynes de carey, uno grande y otro mediano”. Nueve pañuelos; uno “de red para la caveza, guarnecido de encaje fino”; otro “de vicuña con fleco de seda azul y plata”; otro “de vicuña muzgo con encaje de seda verde y hilo de oro”; cinco “con seda de diferentes colores”, y “un paño de manos de Cambray guarnecido con encaje fino” Riglos

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“Un delantal de lino con soles labrados” y “dos pares de evillas de plata de zapatos”. Tres pares de guantes; uno “de seda naranjada y oro”; otros dos “ordinarios”. Seis pares de medias; tres “de seda” y tres “de su usso”. Y tres pares de “calzetas nuebas”. Tres abanicos y dos espejos pequeños. Un “cofrezito de carey con espejo en la tapa, aforrado de Christal, con un dezenario de bufado” (rosario pequeño de vidrio soplado; bufado); y otro “cofrezito de guardar joyas, aforrado de baqueta (vaqueta; cuero de buey o vaca curtido) con su zerradura y llave”. “Un cruzifixo de oro con cruz de lo mesmo y remates de perlas”; otro “con cruz de oro esmaltadas de esmeraldas y tres perlas por remate”; y otra “cruz de oro con un cruzifixo de lo mesmo por un lado, y por otro una imagen de Nuestra Señora”. Tres pares de “zarzillos” (pendientes); dos “de oro guarnecido de perlas con almendras de christal”; otro también de oro; y otro “de oro con pequeñas ygas (higas; dijes en figura de puño), guarnecidos de perlas”. Tres “boquinganas” (?) de oro esmaltadas con diamantes”. Veintiuna sortijas; dos “de oro con piedras blancas guarnecidas de perlas”; otra “de oro con siete puntas de esmeraldas”; otra “de oro con piedra azul ordinaria”; otra “de oro piedra ordinaria”; otra “de oro bien obrada con una esmeralda grande”; otra “de diamantes a los lados y la piedra del medio, rubí”; otras siete “de oro de diferentes piedras”; “tres sortijas llamadas tunbagas (liga de cobre y oro)”; y, de yapa, dos anillos “de oro con quatro esmeraldas cada uno”. Cinco pares más de “zarzillos”; unos “de oro con siete esmeraldas guarnecidos de perlas con ygas de coral”; otros “de oro esmaltado de perlas con canastilla de lo mesmo”; y otros dos “guarnecidos de perlas con almendras de christal”. “Un zintillo de esmeraldas”. “Una gargantilla de dos sartas de perlas con ygas berdes y negras”. “Dos onzas y diez adarmes” era el valor de otra gargantilla de perlas de buen oriente”. Seguían “una Rosa de oro con una esmeralda en el medio guarnecida de perlas con su punzón de plata”; unas “manillas” (pulseras) “de perlas que pesaron seis onzas”; y “dos onzas y media de perlas en unas manillas, lo más aljófar” (es decir perlitas surtidas); “seis pares de botones de filigrana de oro para puños” y “seis onzas se sevillaneta (?) fina de oro”. “Dos rosarios; el uno de azabache labrado, ensartado en seda con borlas al remate de ylo de plata y seda negra”; y el otro “de vidrio engarzado”. “Un dezenario engarzado” (rosario pequeño de 10 cuentas); otro “rozario de coral engarzado en plata y guarnecido de filigrana de plata, con cruz de lo mesmo”; y otros dos “rosarios de ámbar en cordón de seda”; amén de otro “de coco ensartado en seda verde y oro”. Cuatro “cajetas”; una “de carey embutida”; otra “guarnezida de oro, de carey”; otra “de amatista guarnezida de oro”; y otra también “de carey”. Asimismo dos “cajas de la (H) abana vien tratadas, con zerraduras y llaves”; otra “del Brasil”; “una cajita de costura”; y una “caja ordinaria”. “Un pabellón de quijos (vidrios) con sobrecama (colcha) y rodapiés (friso)”. “Una sobrecama blanca de motilla (nudillos)”; otra “de cordonzillo de Santiago”. “Una frazada de Lima” y “dos colchones ordinarios”, a par de otra “sobrecama de badanilla colorada” (piel de oveja curtida). “Una silla de manos”; 200 “tachuelas 350

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Por lo demás, luego de enviudar la señora, solo encontré algunos datos que más se relacionan con sus intereses y propiedades que con su persona. Así en 1720 ella demandó al Capitán Pedro de Bengolea a causa de unos esclavos que el hombre retenía en su poder. Y el 26-I-1731 se leyó en el Cabildo un memorial de doña Josefa Rosa, donde la viuda de Riblos reclamaba el pago de 42 pesos que dicha corporación le debía en concepto de 14 meses de alquileres atrasados sobre “la sala altta de las cassas de Riblos”. (Ver al final de este capítulo la referencia histórica de dicha vivienda familiar). Doña Josefa Rosa en ese tiempo habitaba la mansión pegada por el costado sur con la que fuera morada de su marido — que ya sabemos compró su yerno Nicolás de la Quintana en 1730. El padrón vecinal de Buenos Aires, mandado levantar, en 1744, por el Gobernador Ortiz de Rozas, nos confirman que en la mencionada casa vivían su propietaria “Doña Rosa Alvarado” con sus hijos, “uno clérigo (Miguel) y el otro don Marcos de 23 años (25 precisamente)”; y que bajo el mismo techo de los amos cobijábanse once esclavos de ambos sexos y una agregada; “María Josepha Ribas, soltera”. grandes doradas” y 500 “pequeñas sin dorar”; además de “cinco libras de clavos y pimienta” (cera vegetal; pimientilla?). “Una tabla de manteles alemaniscos (labrados al estilo alemán) con doze servilletas”. Y estas piezas de metal; 18 “platillos”; 5 fuentes, 4 candeleros con sus arandelas; 16 cucharas” 2 saleros”; 8 “tembladeras” (vasos anchos); 2 jarros; una palangana; un cucharón; 2 “salvillas” (bandejas); 6 cucharas; una “flamenquilla” (especie de navaja); dos “bernegales” (tazas anchas); 7 tenedores; una olla; 4 “mates guarnecidos de plata, el uno con su apartador de lo mesmo”; un “calix de plata sobre dorada, esmaltada en coral, y un platillo y vinajeras de lo mesmo”. Inventariáronse igualmente algunos libros, cuyos títulos eran; “Oficio de la Virgen”; “Relox dormido”; “Tratado de la Oración”; “De Kempis” (La Imitación de Cristo); “Ramillete de divinas flores”; “Meditación de San Agustín”; “Eussebio de Borssibarso” (sic); “La vida de la Bienaventurada Angela Margarita” (Angela de Mérici, santa italiana que fundó las ursulinas en 1537?); “Las obras de Falcón” (Cristóbal Falcao, poeta portugués, 1518-1557); “Representación de la Verdad”; “Avisos para la muerte”; “Laberinto sin salida”; y 11 volúmenes pequeños diversamenbte rotulados. Por último, menciono los esclavos que consigna el documento, con sus precios entre paréntesis: Una negra de 13 a 14 años nombrada Josepha ($ 450); un negrito de pecho de nombre Juan ($100); y el moreno llamado Francisco de 18 a 20 años ($450). Y todo aquel importante conjunto dotal que acabo de detallar, monto traducido a dinero: $ 24.447 y 2 reales, valor que Miguel de Riblos dió por recibido como perteneciente a los bienes propios de su esposa Josefa Rosa Alvarado. Riglos

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Asimismo la dueña del inmueble alquilaba un cuarto a la calle, para “tendejón”, al “maestro peluquero” Joseph de Piña, soltero de 23 años, natural de Morón en España. En la misma calle, una cuadra más hacia el sur, poseía la señora otra finca que fuera de sus padres adoptivos, los esposos Vera Aragón-Jufré de Arce, adquirida en la almoneda judicial de 1730 20. Los instrumentos notariales dan fé que, el 25-I-1731, la viuda de Riblos ante José Esquivel, otorgó poder, por si y sus hijos menores, a favor de Miguel de Olaso, vecino de Jujuy, y de Gabriel de Torres Gaete, radicado en Salta (hermano de la segunda esposa de Riblos), y en ausencia de ambos a Martín de Gamboa, para que le cobraran a Alonso Ruiz de Llanos (mi antepasado) y a su hijo “Alexo”, 1.800 pesos que estos le debían al finado don Miguel. En otra escritura que autorizó Juan Antonio Zabala, el 27-XI-1732, doña Josefa Rosa y su yernastro, Nicolás de la Quintana, compulsados por Antonio de Igarzabal, cancelaron una fianza dada años atrás por Miguel de Revilla (suegro fallecido de Igarzabal) en favor de Riblos. También la referida viuda, el 4-XI-1733, ante Juan de Merlo, como tutora y curadora de sus hijos menores, y con su hijastra Leocadia de Riglos y el marido de ésta Nicolás de la Quintana, donaron a la Compañía de Jesús “unas tierras de esta banda del río Areco, que empezaban desde el Paso de las Piedras, corriendo para abajo, hasta encontrarse con la estancia de los reverendos padres jesuitas”. Dichas tierras pertenecían al campo “El Bagual”, que, como sabemos, fue del viejo Riblos. Y ya que de donativos se trata, consigno que, desde 1720, doña Josefa Rosa pagaba en concepto de censo a favor del Real Hospital de San Martín, 50 pesos anuales. 20 Aquella finca comprada en 1730 por la viuda de Riblos — hoy terreno que hace esquina a las calles Bolívar y Moreno, frente, por Moreno, al costado sur del Colegio Nacional Central —, resultaba el solar que originariamente Garay había adjudicado, en 1580, al poblador Antonio Bermúdez. Cuando la viudas de Riblos adquirió ese terreno edificado de la sucesión de sus padres adoptivos, sobre él pesaba una Capellanía laical, que fundaron, al estilo de Mayorazgo, los cónyuges de Pedro de Vera y Aragón y Beatriz Jufré de Arce, con un capital de 3.000 pesos metálicos, puestos a censo; a fin de que con sus réditos se hiciera una novena y fiestas periódicas en loor de San Francisco Xavier. Por su parte, doña Josefa Rosa designo Patrono de esta institución a su hijo menor Marcos José de Riglos, y a los descendientes de éste. 352

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El 12-XII-1737, ante Francisco de Merlo, la matrona referida expuso; “Que porque su hijo Miguel de Riblos se halla en estado y con edad suficiente para recibir las ordenes sacras hasta la de sacerdote”, le donaba, a cuenta de su legítima y en concepto de congrua, 3.000 pesos corrientes puestos a censo sobre las casas de su morada. Más adelante, el 7-XII-1741, ante el Notario Esquivel, misia Josefa Rosa dió libertad a Raimundo, un pardo esclavo suyo, mediante el pago de 400 pesos de plata acuñada, que el manumitido “me ha dado antes de este otorgamiento a mi contento y satisfacción” — según hacía constar el ama. Testamento y muerte de la señora El 3-IX-1768, Josefa Rosa de Alvarado entregó al Escribano José Zenzano un sobre cerrado y lacrado con siete “negmas”, que contenían las disposiciones ológrafas de su última voluntad. Diecisiete meses después, en los primeros días de febrero de 1770, mi remota abuela dejaba de existir a los 80 años de edad. Su muerte constituyó un duelo público en la ciudad porteña. El Cabildo se hizo presente en el entierro, y destacó como escolta del cortejo mortuorio, a su par de “mazeros”, con sus ropones morados y mazas de plata al hombro; los cuales, luego de ese servicio, cobraron dos pesos, uno por barba. Cumplidas las pompas fúnebres, el testamento de la viuda de Riblos fue conocido y protocolizado en el registro de Zenzano. He aquí el extracto de sus partes fundamentales: Tras el párrafo inicial: “Yo Josefa Rosa de Alvarado y Terra, hija única legítima del capitán Joseph de Alvarado y de doña Isabel Terra, y mujer legítima del General Miguel de Riblos y Vastida”, la causante disponía se enterrara su cuerpo, amortajado con hábito franciscano, donde lo determinaran sus hijos albaceas, Miguel y Marcos Riglos, a quienes encargó sacaran “bulas de difuntos” por su alma, la de su esposo, la de sus padres y las de sus prohijadores: Pedro de Vera y Aragón y Beatriz Jufré de Arce. Precisó a continuación que a la muerte de Riblos habíanle correspondido, por herencia de éste, 440 varas de tierra y una legua de fondo en el Pago de las Conchas, “que están arrendadas a Miguel Joseph, mi hijo” (el Arcediano). Dichas tierras, “con otras tantas que amplió don Nicolás de la Quintana, como marido y conjunta persona de doña Leocadia Riglos

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de Riglos, mi hijastra, hacen novecientas varas que se recivieron de los Padres de la Compañía de Jesús en trueque y cambio que hizo, don Nicolás, por las suertes de estancias de mi marido en esta banda del río Areco” (o sea la estancia “El Bagual”). Agregó la testadora, que de las cuatro estancias de que poseyera su marido en Areco, “hasta la Cañada Onda”, “dos me señalaron por quinta de mi dote”: “La Invernada”, y “El Bagual”, con las haciendas y esclavos que contenían. Manifestó también poseer “la chacra en la Costa del Monte Grande, con casa” (600 varas de frente y una legua de fondo), que le transfirió Fermín de Pessoa de los bienes comprados por éste en la almoneda efectuada sobre las propiedades de su esposo; “y aunque la escritura que me hizo (Pessoa) fue de donación inter vivos, declaro habérsela pagado”. Hizo constar más adelante, que las estancias antes nombradas “quedaron despobladas y desiertas las tierras, hasta que mi hijo Marcos José las pobló para sí con mi expreso consentimiento, y así defendió las tierras en un pleito que se suscitó por parte de los herederos de Sosa”. Ello costo a Marcos “dinero, industria y trabajo”. Seguidamente consignó la señora que, como en “la casa que habito tienen hecho muchos gastos en refacción y mejoras mis hijos”, estos debían repartírsela “hermanablemente, como espero de la mucha unión en que siempre han vivido, para grande satisfacción y consuelo mío”. Doña Josefa Rosa dejó también aclarado “no deber nada a nadie”. “Es mi voluntad — estampó luego — que del remanente de mis bienes se instituya una Capellanía a favor de mi nieto Fermín Mariano Riglos, para que se ordene a título de ella, sin más pensión que las trece misas rezadas que hará cada año por mi alma, en los doce días de cada uno de los Apóstoles, y en el día de San Francisco Xavier, mi devoto intercesor”. (Miguel Fermín, que entonces contaba 16 años, lejos de vestir los hábitos sagrados se casó, en 1782, con Mercedes Lasala). En caso de que el nombrado muchacho no se ordenase clérigo, el titular de la Capellanía habría de ser el hermano menor de él, Rafael José (de 11 años, a la sazón que a su tiempo sería tronco del linaje peruano de Riglos). Si tampoco Rafael José se consagrara a la Iglesia, la abuela señaló en tercer lugar al mayor de sus nietos: Francisco Javier Rudecindo, “a quien no prefiero puesto que lo educa su tío y piensa despacharlo a España a que estudie allí”.(Francisco no llegó a sacerdote, a pesar de la protección de su tío el Arcediano: se casó con Juana de Lezica en 354

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1783). Si ninguno de los descendientes de Marcos Riglos Alvarado tomara estado eclesial, algún vástago de Leocadia Riglos y de Nicolás de la Quintana destinado a vestir casulla quedaría a cargo de dicha pía institución; “porque mi voluntad — indicó la viuda de Riblos — que la Capellanía no salga de la familia”. De no ser ello posible, el Obispo de Buenos Aires, como patrono de la carga espiritual establecida, tendrá facultad para designar el Capellán respectivo. En seguida, la testadora recomendó a sus hijos continuar con aquella otra Capellanía que pesaba sobre la vieja casa de los Vera y Aragón, e hizo público “su mucho amor por Josefa de la Quintana (nietastra suya y antepasada mía), por haberla educado a mi lado con el mayor esmero, manteniéndola hasta que se casó con Lajarrota”; y como la causante habíale regalado antes una mulatilla que murió, “ahora le dejo una alfombre buena”. Tales las partes más importantes — a mi juicio — del testamento ológrafo de Josefa Rosa de Alvarado de Riblos, fechado el 3-IX-1768, y protocolizado el 12-II-1770, al folio 31 del registro del Escribano Joseph Zenzano, el mismo día que Marcos Riglos, hijo y albacea de la finada, iniciara la sucesión de ella ante el Alcalde de 1º voto Bernardo Sánchez de Larrea. II — MARCOS JOSEPH FRANCISCO DE RIGLOS Y ALVARADO —tales sus nombres completos —fue el fruto de la senectud de Miguel de Riblos, habido con su juvenil tercera esposa. Nació el 25-IV-1719 y lo bautizaron el 10 de mayo siguiente en la Catedral de Buenos Aires, bajo el padrinazgo del Tesorero Alonso de Arce y Arcos y de la madre de éste, Claudia García de Arias. Durante su infancia y mocedad recibió el muchacho educación a lo rico,en la casa materna, ya que los quebrantos económicos del padre en nada afectaron el patrimonio de su consorte, antes bien el caudal de Josefa Rosa de Alvarado resultó acrecido en los siete años que duró su matrimonio con Riblos. Cuando Marcos José cumplió sus 26 años, resolvió casarse con una niña de 17: Francisca Javiera de San Martín y Avellaneda, que pertenecía a añeja familia porteña. (Ver sus antecedentes genealógicos donde corresponde). La boda se consagró el 21-VIII-1745, “en secreto”: cual lo dijera el propio Riglos, siete Riglos

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años más tarde, en ocasión de otorgarse la escritura de “Carta de Dote” pertinente. Y fue “secreto” el casamiento, “por tener yo biaje emprendido para el reino del Perú, al Moxo (a Mojos) y demás dependencias, el que se atrasaría en caso de hacerse público, como por hallarse mi señor suegro en sus estancias de Arrecifes, y no poder dejar las faenas que tenía emprendidas”. Debido a todo ello, no recibió, en aquel entonces, el contrayente, la dote respectiva; ni tampoco después de volver del confín altoperuano, ya que “enfermé de sarampión, de cuyas resultas salí indispuesto a un segundo biaje al Moxo”, a recoger los efectos “que dejé en el antecedente biaje desparramados”. En tal oportunidad, “dicho señor mi suegro” — el Maestre de Campo Juan de San Martín y Gutiérrez de Paz — también estaba ausente en la campaña al servicio del Rey, “por cuyos motivos no efectuó dote hasta el presente, que ha ofrecido a la referida mi esposa, de 8.058 pesos y 7 y medio reales, por cuenta de su legítima paterna y materna, en plata sellada y varias alhajas”. De común acuerdo, pues, un 22-V-1752, ante el Escribano Francisco de Merlo, suegro y yerno resolvieron nombrar tasador a Carlos de Narváes,quien justipreció así los distintos bienes dotales: Los esclavos Baltazar, Juan Joseph, Juana, María y Juana María, conjuntamente con un relicario de plata de la Virgen de Copacabana, una cruz de oro y diamantes, un aro de 20 perlas finas, un par de zarcillos de oro con chispas de diamantes, una caja de la Habana, varios espejos y sus marcos de cristal, y una mesa de jacarandá con dos gavetas; todo este lote de piezas — inclusive los negros — se avaluó en 3.558 pesos. A ello se agregaban 560 pesos más, que “suplió”, de orden del Maese de Campo San Martín, Juan de Eguía, — yerno de aquél —, en géneros y plata, a fin de completar el ajuar de Francisca Javiera; y 4.000 pesos de “moneda sencilla” que San Martín le entregara oportunamente a Riglos en efectivo. Tales cantidades, sumadas a aquellos otros bienes, completaron la dote de 8058 pesos prometidos por el padre de la desposada. El marido, a su vez, efectuó un aporte de 2.289 pesos al contado a la sociedad conyugal en concepto de arras. Los casados casa quieren ... y tenerla pueden

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Cinco meses después, el 10-X-1752, por ante el Escribano Francisco de Merlo, don Marcos José adquirió de Ana de San Martín, tía carnal de su mujer, la casa que fuera de Jerónima Gutiérrez de Paz — madre de la vendedora y abuela de la esposa del comprador. Era, doña Ana, dos veces viuda, y no había logrado procrear descendencia con ninguno de sus sucesivos maridos: Alonso de Herrera Guzmán y Nicolás Bazán de Pedraza; “del qual matrimonio, aunque me hize preñada, no se logró, por haver nacida muerta la criatura”; como la propia interesada apuntó, el 12-II-1758, en su testamento bajo sobre cerrado, que después protocolizaría el Escribano Juan García Echabur en 1763. La vivienda de referencia estaba edificada en un terreno de 35 varas por 70, y hacía esquina hacia las calles llamadas entonces “del Cabildo” y de “San Joseph” (ahora Hipólito Yrigoyen y Perú). Lindando por su frente al Sur, calle “del Cabildo” en medio, Francisco Bracho, por su otro frente al Este, calle de “San Joseph” en medio, con Jacinto Aldao; por el costado “del Poniente”, con Juan de Lezica y Torrezuri (calle hoy Hipólito Yrigoyen hacia Chacabuco); y por el costado Norte (Perú hacía la avenida de Mayo) con los herederos de Pablo Barragán. El precio de la compra fue de 4.200 pesos en plata sellada, con hipoteca (censo) de 2.426 pesos, al 5% de interés anual, cuyos réditos debían de costear una Capellanía de misas, que Ana de San Martín dejaba establecida sobre la finca; gravamen que se canceló 26 años más tarde 21. 21 En 1781, por ante el Escribano Joseph García Echaburu, Marcos Riglos hipotecó esa finca para costear otra Capellanía que fundara Martín de Picavea, por la suma de 2.000 pesos de capital, y los intereses de 100 pesos anuales se emplearían en celebrar misas por el alma de Picavea, todos los domingos y fiestas del año a que obliga el precepto, de 10 a 10 y 1/2 de la mañana, en la Iglesia del Colegio Real de San Carlos; San Ignacio. La aludida escritura individualizó al inmueble sujeto a dicho gravamen así; “Un sitio que posee — Riglos — en la ciudad, calle que llaman del Cabildo, tirando al Oeste; y linda al Sur, calle en medio, con casas de Esteban Sánchez Abandero (pariente sin duda, de Melchor Abandro, casado con María Bracho); por el Este, también calle en medio, con casas que fueron de Jacinto Aldao; por el Oeste con casas de Juan de Lezica y Torrezuri; y por el Norte, que es su fondo con casas de Benito Gómez de la Fuente”. Y el terreno medía 33 3/4 varas al Sur por 69 de fondo, “poco más o menos”. Señalemos, asimismo, que la dicha casa y sitio hallábanse cargados todavía por aquella primera Capellanía que había mandado establecer la finada Ana de San Martín Gutiérrez de Paz; y que no obstante ello, el valor de la finca era mayor al monto de ambos “principales”, cuyos réditos costeaban a las pías Riglos

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Otra propiedad hubo posteriormente Marcos Riglos “en el barrio de San Juan Bautista, a tres cuadras distante de la Plaza Mayor” con frente al Norte de 40 varas, y al Este de 70. En tal “territorio” había edificada una vivienda grande, de alquiler, a la calle; a más de una esquina con sus tiendas de 3 tirantes y altillo, una cochera con 4 cuartos y 3 piezas “con sus corrales y oficinas”; siendo toda la casa de paredes y techos renovados, con tejas y maderas incorruptibles del Paraguay. A ciencia cierta no puedo indicar donde estuvo instalado con los suyos mi antecesor Riglos en 1778: si en la casa de la calle “del Cabildo” o en el barrio de San Juan — después de la calle Piedras 57 de la antigua numeración. (La finca que fuera de su padre, posteriormente en la calle Bolívar, aún pertenecía a los herederos de Nicolás de la Quintana, su cuñado; y la contigua de ésta, que habitó su madre, también sobre la misma calle, hacia la esquina de la que hoy resulta Alsina, era, a la sazón, el domicilio de su hermano el Deán Miguel de Riglos). El censo de 1778 registra a “D. Marcos Riglos, de 60 años, casado, español” (de raza blanca), habitando su propia morada junto con “Dña. Francisca San Martín” de 52 años, su mujer, y parte de sus hijos: Rafael, María (María Ignacia) y otra María (María Jacinta, mi antepasada), de 20, 10 y 7 años de edad, respectivamente; y la añadidura de un nutrido lote de esclavos domésticos: 14, entre negros y mulatos de ambos sexos y distintas edades. Tocante a los otros bienes heredados o adquiridos por don Marcos a lo largo de su vida; así como lo referente a sus actividades públicas y privadas — funcionario, mercader, estanciero — ello se irá consignando al correr de este trabajo. Por lo pronto el año 1755 a nuestro personaje lo eligieron Alcalde de 2º voto y Alférez Real del Cabildo porteño, en unánime votación. Desempeño judicial y edilicio de mi 5º abuelo Con la alcaldesca vara en el puño, a mi antepasado le tocó instruir un proceso criminal cuya inmediata diligencia consistía en la fundaciones de doña Ana y de Picavea; por lo que el aludido inmueble de Riblos valía bastante más de 4.500 pesos. 358

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exhumación del cadáver de un sujeto que murió en el hospital de los Betlemitas, a consecuencia de una herida. El celoso juez pretendió desenterrar al muerto, más el “Padre Presidente” de la monástica enfermería — según se lee en el acta del Ayuntamiento — “dezpués de aver vurlado las diligenzias de dicho asumto”, presentó “un escrito injurioso y ofensivo a la autoridad de la Real Juzticia”. Naturalmente, Riglos reclamó ante sus pares por tales vituperios. De ahí que los Regidores acordaran; “que siendo presiso el que este Cavildo mire por el onor de suz individuos y por la autoridad de los Juezes, no correspondiendo el Padre Presidente a laz atenziones con que siempre se a tratado a todos los Relijiosos y Comunidad, no asista el cavildo a las funcionez religiosas (de los Betlemitas) en adelante, y se rrepresente a Su Majestad, así de esto como de lo demás que convenga al vien público”. En 1756, otra vez nuestro hombre formó parte del Cabildo como Regidor; y cuando ese año el municipio se dispuso a efectuar el empadronamiento urbano, Marcos Riglos resultó designado miembro de una comisión que integraban también sus colegas Juan de la Palma Lobatón, José Iturriaga y José de Arroyo; cuya tarea consistía en registrar a los vecinos, estantes y habitantes que vivían en el sector norte de la ciudad; “desde la Plaza y esquina de este Cavildo hacia el Barrio Recio”; vale decir, en torno del templo y convento de La Merced. En ese entonces, don Marcos hallábase empeñado en la repoblación de las tierras familiares en el pago de Areco. Por tanto, nuestro Regidor, solicitó y obtuvo, el 15-IX-1756, licencia del Cabildo “para pasar a suz asiendaz de campo”, con el compromiso de que los papeles que obraran en su poder, los entregaría enseguida al Alcalde de 1º voto. Empero como Riglos se demoró en hacer llegar al Ayuntamiento tal documentación, dicho cuerpo dispuso, el 4-III1757, que por intermedio del Escribano Ferrera, “se reconvenga a don Marcos Joseph de Riglos, Rexidor que fue el año próximo pasado diputado para escrivir a España, entregue todos los papeles, así originales como vorradorez y teztimonios que tuviere en su poder”. Lo que el requerido se allanó a poner en manos del Notario municipal sin inconveniente alguno. La explotación ganadera de mi antepasado Riglos

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El 4-X-1759, ante el Escribano Juan Javier de Herrera, don Marcos y Ventura Sosa otorgaron un contrato destinado a poblar la estancia de Riglos “en la otra banda del Río Areco, en el paraje llamado del Monte Viejo”, comprometiéndose su dueño a costear allá la instalación de corrales, casa y un pozo de balde”, y poner en el campo 1.000 “yeguas bagualas y todos los pollinos que se puedan sacar de las burras que tiene”, y pagar también “dos peones en el primer año”. A su vez Sosa se obligaba a contribuir con 450 yeguas, distribuídas en dos manadas, con 6 “hechores” (garañones) y 30 caballos; además de “una manada de mansas”. En suma, ambos socios aportaban al negocio alrededor de 2.000 cuadrúpedos, base no pequeña para iniciar allí la cría de mulas y potros en gran escala. Sosa trabajaría en beneficio de dicho campo, incorporándole “todas las utilidades y aumentos, así de mulas como de hechores, caballos, potros y yeguas”. En cuanto al ganado bovino, Marcos Riglos contribuía con 100 vacas y Ventura con 25, “para que sus multiplicios sean la mitad de cada uno”. El plazo del convenio de medianería era de 12 años, al final de los cuales partirían ambos socios las ganancias. Si Riglos quisiera quedarse con toda la hacienda del “Monte Viejo”, habría de pagar a Sosa 4 pesos por las yeguas, 2 por los caballos, 6 por los “hechores” y 2 reales por cada potrillo o potranca. En el rodeo vacuno, los novillos y vacas se tasaban en 2 pesos, y “los de año” — el “chicaje”, para decirlo a la criolla — en 1. Ventura Sosa viviría permanentemente en el “Monte Viejo”, tomando a su cargo todos los gastos corrientes de esa explotación; sin perjuicio de “estar a la mira” — vigilar — la otra estancia lindera de Riglos. (Tratábase de “una legua de frente del otro lado del Río Areco”, que 20 años atrás los Riglos le habían comprado a Juan Jufré de Arce — el padre de la madrina de Josefa Rosa Alvarado —, a quien le correspondió por merced que le hizo, el 19-XI-1640, el Gobernador interino Francisco de Avendaño y Valdivia). La interpretación del contrato que acabo de resumir, suscitó, posteriormente, un pleito entre Marcos Riglos y los herederos de Sosa. En aquél litigio — según lo estampó la viuda de Riblos en su testamento — su hijo Marcos “defendió las tierras”. Con todo, no debieron de ser tan tirantes las relaciones de Riglos con los Sosa, porque, el 18-IV-1766, ante el Escribano Joseph García Echaburu, el 360

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demandante no tuvo inconveniente en comprarle a Juan Miguel Sosa un esclavo llamado Matheo, como de 24 años de edad, en 220 pesos. La corporación de estancieros. Antecedente olvidado por las actuales sociedades rurales En el Archivo de los Tribunales de la Capital encontré un documento interesante para la historia de nuestra ganadería. Trátase de una escritura que, el 2-V-1770 ante el Escribano Joseph García Echaburu, otorgó un calificado grupo de hacendado — exactamente 23 — reunido en corporación para defender sus intereses. En tal escritura, aquellos pobladores de la pampa, entre los que se contaba Marcos Riglos, dieron un poder especial a Francisco López García (5º abuelo de Estela mi mujer) y a Felipe de Arguibel, a fin de que en sus nombres “pongan en práctica las convenientes diligencias judiciales y extra judiciales hasta conseguir que se aclare que todo el ganado cavallar y bacuno, y demás especie que se hallare en las campañas de esta jurisdicción y sus contornos, es perteneciente a nosotros y demás hacendados de ella, aunque se halle sin marca conocida, y no a otra persona alguna, pues es constante que todo él procede de nuestras haciendas”. Firmaban el mandato en el siguiente orden; Francisco Pereyra Lucena, Juan de Lezica y Torrezuri, Joseph de Gainza, Marcos Riglos, Doctor José González, Domingo Belgrano Pérez, Francisco Espinosa, Januario Fernández, Ramón Rodríguez, Ignacio Alvarez, Antonio Ibarra, Manuel Joaquín de Roca, María Cavesas, Isidro Morales, Francisco Díaz Perafán, Pedro Cheves, Marcos Miguens, Bernardo Ramírez, Pedro Juan Alberdi, Pedro Sotelo, Manuel Basavilbaso, Maestro Vicente Pereda, y Pascual Martínez 22. 22 He aquí algunos datos sobre dichos 23 estancieros: Francisco Pereyra Lucena. Era portugués nacido por 1704, y casado con Lorenza de Viera y Matos, desde el 4-X-1732; hija ella del lusitano Francisco de Viera, nac. en 1684 y de María Ana de Mato y Flores, baut. el 8-X-1684, casados el 27-V-1705; n.m. de Juan Bautista de Matos, nac. en Portugal, y de María Flores de Acevedo, desposados el 3-IX-1680. Fue Francisco Pereyra Lucena Alcalde de Buenos Aires, y tenía sus campos en la “Cañada de la Cruz”, hacia la costa del río Paraná. Hubo los siguientes hijos; Martina, que casó con Juan de Silva Ríos Domínguez; José, marido de María Inés Pelliza; y otra hija casada con un señor Cazón; Riglos

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Juan de Lezica y Torrezuri. Sus antecedentes genealógicos son archiconocidos, así como su biografía y descendencia. Poseía campos en Luján. Joseph de Gainza, era guipuzcoano, hijo de Martín Julián de Gainza Zubía Mendizabal y Mendía, y de María Ana Leyza. Casóse en Buenos Aires el 8-XII-1749 con Rosa Sánchez Junco y Cueli. Son el tronco de la familia argentina de Gainza. Don Joseph poblaba campos en el pago de Areco. Dr. José González, nació en Santiago del Estero en 1728, hijo de Juan Alonso González (baut. en Cádiz en 1687) y de Lucía Islas y Alva, casados en aquella ciudad norteña el 16-IX-1713. Al quedar viudo don Juan Alonso tomó los hábitos sacerdotales y fundó, en Buenos Aires, la Iglesia de San Miguel y el Colegio de Huérfanas. Su mujer, por su parte, era hija de José Islas, nativo de Génova, y de la santiagueña Juliana Alva y Bravo de Zamora, descendiente de conquistadores. En cuanto al hijo de ellos, José González Islas, profesó en religión como su padre, llegó a Doctor y Presbítero y se desempeñó como Capellán de San Miguel y del Colegio de Huérfanas que fundara el autor de sus días. Ello no le impidió tener estancias en la pampa y figurar como hacendado. Los futuros próceres Belgrano y Castelli eran carnales sobrinos suyos. Marcos Riglos — mi antepasado — poblaba estancias en ambas márgenes del río Areco y cerca del río Luján, más allá de la Cañada de Escobar, en campos que ya conocemos. Domingo Belgrano (Pérez) Peri, nació en Oneglia, Génova, el 15-VII-1730, y pasó a Buenos Aires donde fue Regidor. Aquí se casó el 4-XI-1757 con María Josefa González Casero Islas y Salazar, con la cual, entre otros hijos, procreó al General Manuel Belgrano. Francisco Espinosa, nació en La Laguna, Islas Canarias. En Buenos Aires, donde se afincó, llegó a ser Alcalde de 1º voto, y contrajo nupcias con Narcisa Javiera de la Quintana y Riglos, el 16-VI-1754. Poblaba en 1770 los campos heredados por su mujer, en el pago de Areco, que pertenecieron al abuelo materno de ella; don Miguel de Riblos. El matrimonio Espinosa-De la Quintana dejó sucesión numerosa. (Ver el apellido De la Quintana). Januario Fernández, nació el 19-IX-1720 en la villa de Santiago de Foz, Obispado de Mondoñedo, provincia de Lugo, Galicia; hijo de Manuel Fernández do Eijo y de Vicenta López y Neyra, casados el 19-IV-1700. En 1739 Januario pasó a Buenos Aires donde casó con la porteña María Ignacia de Echavarría Galardi y Rodríguez de Figueroa, el 17-V-1746. Los campos que don Januario poblaba en el pago de la Magdalena, habíalos heredado de su suegro el Capitán Nicolás de Echavarría Galardi, y configuraban el famoso “Rincón de Todos los Santos”, que perteneció a Juan del Pozo y Silva en 1665, y que antes de junio de 1636 el Gobernador Pedro Esteban Dávila dió de merced a Francisco Velázquez Meléndez. Posteriormente esas tierras formaron otros “Rincones”; el de “Noario” (por Januario), el de “Viedma” y de “Villoldo”, algunas de cuyas heredades pertenecían aún a los descendientes de don Januario. Sus hijos fueron; María Basilia, que casó con Gregorio Timoteo Rodríguez de Castro; Juan y Luciano, que casó con Rita de Valdera y Buidé; y Manuela, casada con Francisco Piñeyro Cerqueiro. 362

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Ramón Rodríguez Mauriño, nació en 1718. Estaba casado con María Jiménez de Paz Parejas, nacida en 1730. Era poblador de campos en Matanzas y la Magdalena, en cuyos pagos se desempeñó como Alcalde de Hermandad. Dejó sucesión. (Ver el apellido Benavídez). Ignacio Alvarez, nació en 1726. Fue marido de Ana Ocampo, nacida en 1733. Tenía hijos. Ignoro donde pastoreaban sus haciendas. Antonio Ibarra, nació en 1734, hijo de Juan Ibarra y de Juana Gutiérrez. Poblaba campos en el pago de la Magdalena. Manuel Joaquín Roca, con estancia en tierras de indios, próxima a la laguna de Ranchos, hoy partido de General Paz. María Josefa Cabezas, nació en Buenos Aires en 1714, hija del gaditano Juan Cabezas y de la criolla santafesina María López Ferreyra Bracamonte. En 1770 era ya viuda de Pedro García Posse, con numerosa sucesión de este señor. Testó el 19-VIII-1789, ante el Escribano Juan José Rocha. Desconozco cuales fueron sus campos.(Ver el apellido Cabezas). Isidro Morales, con campos en Matanzas. El arroyo Morales perpetúa su apellido en aquel pago. Francisco Díaz de Perafán,, nació en 1718. Era fuerte vendedor de mulas con campos en Arrecifes. En el Cabildo porteño se desempeñó como Regidor y Mayordomo de la ciudad. Estaba casado con María Martínez: hija suya fue Tadea Díaz de Perafán. Pedro Cheves, estanciero y Capitán de Milicias; casado con María Rodríguez. Tenía estancia en “las cavezadas del río Luján”. Su familia se vinculó por parentesco con los López Camelo. Marcos Miguens, nació en 1732 en Tuy, Galicia, hijo de Ignacio Miguens y de María Mariño. Aquí en Buenos Aires se casó, por 1752, con Juana María Reynoso Barragán (hija de José Reynoso de los Santos y de María Engracia Barragán de la Cruz). Fue alcalde de Hermandad “de los extremos de la ciudad”. Tenía su estancia en el pago de la Magdalena: 2.140 varas “de frente al mar” situado sobre el arroyo que le llaman Las Flores. En 1786 poseía 800 cabezas de ganado vacuno y 300 yeguas de rodeo. Don Marcos resulta el progenitor de la familia Miguens. Bernardo Ramírez, nació en 1714 y era su mujer Paula López. No otro dato tengo sobre este estanciero. Pedro Juan Alberdi, por esas fechas vivía con su esposa y un hijastro y una hijastra, en su estancia de la Ensenada de Barragán. Fue Alcalde de Hermandad del pago de la Magdalena. Estuvo casado con Tomasa López de Osornio, hermana de don Clemente y viuda de Ramón Sosa y Olano. Pedro Juan Alberdi no hubo sucesión. (Ver el apellido Gamiz). Pedro Sotelo, vivía con su esposa y un hijo en su estancia cerca de la ensenada de Barragán. Manuel de Basavilbaso, nació en Buenos Aires en 1739, hijo de Domingo de Basavilbaso y de la Presa, fundador y 1º Director de Correos y Postas del Virreinato, y de María Ignacia de Iturbía y Toledo. Casóse dos veces: 1º con Rosa Maciel de la Cozqueta Cabral de Melo y Martínez Monje; y 2º con Francisca de Garfías Gallén Giles y Fernández de Agüero. Poblaba campos heredados por su esposa de segundas Riglos

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Dichos 23 vaqueros y criadores de mulas, no eran los únicos hacendados establecidos en los campos bonaerenses, pero ese prestigioso conjunto podía arrogarse el derecho de representar a todos los patrones rurales de la provincia que no firman el poder. Por ejemplo; Clemente López Osornio (el abuelo de Rosas), Pedro Nolasco Arroyo (antepasado de Estela, mi mujer), Juan José Flores, Fermín Rodríguez (padre del General don Martín), los López Camelo, Santiago de Saavedra (padre de don Cornelio), Juan Ignacio San Martín (cuñado de Riglos), los Zárate, el filántropo Francisco Alvarez Campana, los Giles, los Barragán, los Casco, Manuel Pinazo, Pedro Ignacio Merlo, Pedro Villamayor, Antonio Magallanes, José Andújar, Bernardo Lalinde, Joaquín Cabot, Bernardo Lara, Julián de nupcias — “campos que fueron de Giles” — en el pago de Areco. El año 1788 ingresó como Caballero de la Orden de Carlos III. Las aspiraciones nobiliarias de don Manuel, a justo título satisfechas, no impidieron que (dos años antes de lucir la cruz de ocho puntas cantonadas de oro con cuatro flores de lis; en su anverso la Purísima Concepción y en el reverso la cifra de Carlos III, con el mote Virtut et mérito), no le impidieron —digo —a don Manuel, que solicitara permiso al Virrey para establecer un reñidero de gallos; cuya pública diversión sería en beneficio de la Casa de los Niños Expósitos. Hija única de dicho caballero, habida en sus 2as nupcias, resultó: Justa Rufina de Basavilbaso y Garfías, que casó, a su debido tiempo, con el prócer de la independencia Brigadier Miguel de Azcuénaga. Maestro Vicente Pereda. No he podido identificarlo a este clérigo estanciero. Pascual Martínez, nació en 1728 y a su debido tiempo contrajo matrimonio con Angela Corro, veinte años menor que él. Poblaba campos en Areco. En cuanto a los Apoderados de los antedichos 23 ganaderos, en virtud de aquel mandato del 2-V-1770, diré que: Francisco López García era natural de Arguedas, Navarra (hijo de Lucas López García y de María Josefa Malón Iñannes). Había sido Alcalde de Hermandad y Regidor en Buenos Aires, donde casó el 16-VI-1761 con María Ventura Morales (hija de Antonio Morales y de María Antonia Toscano). Falleció en 1777, y fue padre de María Ramona y de María Petrona López García, esposas de 1º y 2as nupcias, respectivamente, de José María Hermenegildo de Roo y Cabezas. (Ver el apellido Roo). De Francisco López García y de María Ventura Morales resulta chozna mi mujer Estela Schindler de Ibarguren. Felipe de Arguibel era vasco francés de San Juan de Luz (hijo de Laurente de Arguibel y de María Martínez de Larragui). Casó en Bs. As. en 1762 con Andréa López de Cossio (hija de Narciso López de Cossio y de Ana Margarita de Cossio Terán Rodríguez de Figueroa López Camelo y Cervantes). Dedicado a las tareas rurales, Felipe Arguibel poblaba una estancia en el pago de la Matanza. Sus hijos fueron: Teodora que casó con Juan Ignacio de Ezcurra y Atierra; Faustina; María Teresa; María Mauricia; Andrés; Rafaela; María Josefa; Juana que casó con Lorenzo Fuentes; y Petrona, soltera. 364

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Cañas y tantos otros mas modestos, afincados en los pagos de Matanzas, la Magdalena, las Conchas, Luján, Areco, Arrecifes y los Arroyos. Así pues, el 26 de mayo, el “apoderado López García — a nombre de sus 23 comitentes, y tácitamente de los demás ganaderos de Buenos Aires — se presentó al Cabildo a iniciar sus gestiones. Una seca horrorosa mantenía entonces yermos a los campos circundantes. Millares de animales habían muerto en las estancias, y el resto de la hacienda, enloquecida por el hambre y la sed, se dispersó de sus querencias marchitas para internarse en el desierto — donde merodeaban los indios — en procura de pastos y aguadas. Frente a tal calamidad, el representante de los estancieros propuso al gobierno realizar una “recogida y entrada de los ganados que andan dispersos en la campaña”; cuya expedición contó, desde el primer momento, con el apoyo decidido del Cabildo, del Teniente de Gobernador Salas y luego del propio Gobernador Vértiz. Las actas capitulares de los años 1770 a 1774, dan cuenta de los preparativos tomados para esa “entrada general”. En todos los partidos se convocó por bando a los criadores propietarios de ganado, los cuales debían presentarse con armas y caballos a cooperar, junto a los jefes de milicias, en el gran rescate bovino y yeguarizo. Cada ganadero contribuiría con un peón por cada 500 “cavesas” de su rodeo; y las distintas cuadrillas incursionistas, una vez constituídas, no podrían salir ni entrar con sus arreos al través de la frontera, sin pasar por las guardias del Zanjón, Luján y Salto; cuyos respectivo comandantes fiscalizarían el cumplimiento de esas disposiciones. La empresa llevóse a cabo en varias etapas alternadas. El Sargento Mayor de milicias Clemente López de Osornio abrió la marcha, con los paisanos del pago de la Magdalena a sus órdenes. Luego, por sucesivas tandas, pusiéronse en movimiento los contingentes vaqueros de los otros partidos; hasta que, finalizada la tarea, el ganado recogido se distribuyó entre los interesados, con intervención de los Alcaldes de Hermandad. Cada animal herrado se lo llevó su dueño; mientras que el orejano, “de dos años para arriva”, resultó prorrateado entre los organizadores de las expediciones. Las reses “de marcas no conocidas”, quedaron para el abasto de la ciudad; como así también el Riglos

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vacaje orejano necesario para la faena inmediata, que fue tasado, ingresando su importe a un fondo común cuyo reparto, posteriormente, lo realizaron los estancieros. Un buen número de esa hacienda fugitiva se encontraba “hacia la punta de los Sauces”, con riesgo de que se la llevaran “los Cordoveses u otros personas de las Provincias de arriva”. Por tanto, los vecinos de los Arroyos y de Arrecifes, sus legítimos dueños, hubieron de recogerla y conducirla a la estancia y corrales de los Padres Bethlemitas, en “Pontesuelas”, donde se efectuaron los apartes y adjudicaciones pertinentes. Y como, a su vez, “los indios Rancacheles” se iban arreando gran cantidad de vacunos rumbo a “la Cordillera de Chile” — según avisó el cacique amigo “Napal Pan”, hijo de “Lincón” —, el Sargento Mayor Manuel de Pinazo, con su hueste lujanera, salió a terminar con semejantes latrocinios. Por esas fechas, los hacendados porteños a instancias del Gobernador Vértiz, se agruparon en corporación o junta; y el 30-V1775 reuniéronse con las autoridades a fin de buscar remedio a “los muchos dessordenes que se experimentavan en las campañas, en la matanza de ganados, principalmente bacas”; y concluir, de una buena vez, con las extracciones de hacienda que se cometían desde las provincias de Cuyo y de Tucumán. Concurrieron a dicha reunión; el Teniente de Gobernador Diego de Salas, el Procurador de la Ciudad Francisco Antonio de Basabilbaso, los Alcaldes del Cabildo Manuel Antonio Warnes y Francisco de Segurola, los Regidores Juan Manuel de Labardén, Bernardo Delgado y Diego Mantillos de los Ríos, el Apoderado de los estancieros — a la sazón Diego Pereyra — y los dueños de campos y haciendas; Juan Ignacio San Martín, Marcos José de Riglos, Clemente López Osornio, Bernardino de Lalinde, Vicente Arzac y Goyeneche, Juan Antonio Hernández, Joseph Vague, Juan Mier, Domingo (Belgrano) Pérez (Peri), Santiago de Saavedra, Francisco Díaz Perafán, Pedro José de Acevedo, Pedro Díaz Chabes, Pablo López, Januario Fernández, Pedro Nolasco Arroyo, Ramón Rodríguez, Hipólito García Posse y Juan Ximénez de Paz. Se hicieron representar por sus colegas; Pedro Morales, Vicente Canales, Pablo Cepeda, Juan Antonio Castro y Agustín Rodríguez. El plan de fomento ganadero

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Fruto de esa asamblea resultó un plan que regulaba la explotación y demás actividades de la ganadería, así como la defensa de los intereses del productor pecuario, cuyas conclusiones fueron las siguientes: 1º) Prohibición a los hacendados de vender o matar animales ajenos que no sean de sus propias marcas. Si por razones de convenio, donación o compra, algún estanciero hubiese de matar, vender o beneficiar de su cuenta ganado de otro, debía de hacer constar el principio de su facultad al Apoderado de los Hacendados. 2º) Que el Fiel Ejecutor no debía otorgar licencia para traer ganado para el abasto de la ciudad sin el visto bueno del Apoderado de los Hacendados. 3º) Que se manden quitar los corrales del “Monte de Cueli” (hoy Santa Fé y Canning), y los que están “detrás de la quinta de Balente”; y que el Cabildo, lo más pronto posible, ponga en planta los encerramientos de ganado proyectados en la ciudad por el Regidor Manuel de Basabilbaso; pues ello facilitará la identificación de las reses y se impedirán los robos y matanzas ocultas, “que en los corrales distantes y estraviados suelen hazerse”. Cuatro de aquellos nuevos corrales se estaban construyendo a inmediaciones de la Recoleta, en tierras de Facundo Prieto y Pulido (después se instaló ahí el “Matadero del Norte”); otros cuatro “junto a los hornos de Carcaburu, camino a la quinta de Balente”, vale decir hacia el oeste (en terrenos que hoy se sitúan entre la Plaza del Congreso y la de Miserere; y otros cuatro serían construídos en la parte del Sur de la ciudad, en la “Convalecencia” (ahora se levanta allí el Hospital Rawson). 4º) Se manden “retirar a todos los Mercachifles particularmente estranjeros, que andan en las campañas”, y “que no se consientan Pulperos fixos, sino en el resinto de la población de la Parroquia o Capilla de cada partido”; ello debido a la libertad con que estos y aquellos “cambalachan sus efectos por cueros, grasa y sevo, con personas que no son capazes de manejar estas espezies, porque no tienen haziendas que se las produzcan”. Todas las ventas de los bolicheros debían hacerse por dinero y no en especies; y se prohibía a los cargadores para Mendoza y San Juan, de sacar el charqui, grasa y sebo, sino justificaban haber adquirido dichos productos de hacendados conocidos. Riglos

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5º) Que no se debía permitir se hicieran chacras en los terrenos propios de las estancias, y que se notificara a los chacareros, que ocupan tales terrenos, los desalojen desde “el presente mes de Junio hasta Febrero del año entrante(1776), y se trasladen a hacer labranzas a las tierras de chacras que la ciudad trae destinadas desde el repartimiento de Garay”. 6º — 7º) (He aquí dos interesantes cláusulas destinadas a evitar el minifundio, considerado nefasto para la producción ganadera y, en consecuencia, atentatario a los intereses económicos del país): Que como muchas personas “sin poseer terreno competente para estancia se han hecho de crecido número de ganados, y que estos, como que el campo de su respectivo dueño es muy limitado, salen de él y se extienden por los circunvecinos, en perjuicio de los amos de ellos y sus haciendas; se declara que ninguno puede tener estancia, ni tenerse por criador, que no posea tres mil varas de terreno por frente y legua y media de fondo, conforme el repartimiento primitivo de la fundación de la ciudad, y sea obligado a venderlo a los circunvecinos que quieran comprárselo. Que en consecuencia, se prohiba que las tierras, o suertes completas de estancia, puedan dividirse en partes, ni por título de herencia, venta u otro modo alguno de enagenación; y que cuando por razón de ser muchos los herederos de una sola suerte de estancia sea preciso repartirla entre ellos, no se divida, sino que se adjudique a uno solo, con cargo de que este subsane a los demás, en dinero u otras especies, la parte que le corresponda. Bien entendido que cuando así no pueda ser, por pobreza u otro algún motivo bastante que concurra en el heredero a quien se adjudique, se ha de vender precisamente a un solo sujeto, y hacerse la división en plata”. 8º) Que como el ganado “a la más breve incomodidad pierde su querencia y se retira a los campos remotos del descuido de los hacendados en sujetarlos, se obligue con penas graves a que todos los criadores llamen a rodeos sus ganados, que es el modo que la práctica tiene autorizada por muy útil y a propósito para sujetarlos y aquerenciarlos; de modo que solo una grave seca los necesite salir”. 9º) Que en el término de seis meses todos los hacendados estaban obligados a presentar al Cabildo la marca y señal de su ganado, para que ellas quedaran anotadas en el Libro “que de ellas deve llevar dicho Cavildo”.

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10º) Que se retiren las provisiones dirigidas a que no se saquen ganados y caballadas de la jurisdicción de esta ciudad y su provincia para las de afuera. 11º) Que se prohiba, so graves penas, se maten vacas y terneraje para el abasto y otros usos, “a excepción de aquellas que sea inútiles para el procreo”. 12º) Que para impedir que los indios maten las terneras, como acostumbran para su comercio, se prohiba que los Pulperos, o cualquiera otra persona, les compren “Botas, Guasipicuas (lonjas de cuero crudo?) o Pellejos, que dichos indios traen a vender de ese tipo de ganado”. 13º) Que se mande expresamente a los Hacendados hagan capar los toros, así por el perjuicio que en los rodeos causa su abundancia, como por el beneficio que redunda al público la abundancia de novillos. 14º) “Que siendo cierto que los perros cimarrones de que están inundadas estas campañas, son en gran parte la causa de la destrucción de los ganados, por que se comen las crías, se mande que los Sargentos Mayores, cada uno en su respectivo Partido, cuiden de que los hacendados por sí, o dando un peón con caballo y arma necesaria, se junten en los tiempos más apropiados del año y salgan a hacer correrías y matanzas de perros”. 15º) “Que respecto de ser tiempo oportuno el presente, se disponga que el Apoderado dé el aviso correspondiente para que los hacendados emprendan la matanza de los perros cimarrones en el modo establecido”. 16º) Que el dinero producido por ganados que hayan entrado en poder de los Fieles Ejecutores y del Apoderado (López García), “se entregue” a quien lo reemplazó (Diego Pereyra), “vajo el correspondiente recivo”. En este estado — concluye el acta respectiva — “teniendo por bastante los puntos acordados para impedir la destrucción de los ganados y aumentar los procreos, suplicaban — los Hacendados a Su Señoría — se sirviese aprobarlos con su autoridad y mandar se lleven a devido efecto ... y firmó Su Señoría con los Señores del Ilustre Cavildo y Hazendados de que doy fée”. Así lo certificó “el Escrivano real, público y de Govierno, Joseph Zenzano”.

Riglos

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También en aquel tiempo (2-XII-1775), convocados en la Real Fortaleza por el Teniente de Gobernador Salas, los estancieros bonaerense — entre ellos Marcos Riglos — deliberaron sobre “las materias conducentes al útil y pró de los mismos Hazendados y aumento de sus haziendas”, para llegar, en síntesis, a estas disposiciones: La Función del Apoderado fue reglamentada; éste debía de ser un estanciero “de buena conciencia y ciencia práctica en las materias”, a la vez que Tesorero y encargado del Libro de marcas y señales de los ganaderos. Se resolvió designar en cada partido o jurisdicción de la campaña, dos diputados que representaran al gremio en las respectivas localidades. Se convino “que haiga reconocedores del ganado que benga para el abasto, y de los cueros que se aduzcan en esta Ciudad”, quienes “deveran ser hombres notoriamente onrrados y de un grande conocimientos de las marcas y señales de toda la jurisdicción”. Se pidió a los Fieles Ejecutores “no den licencia a ninguno para que vaya a traer ganado sin el visto bueno del Apoderado de los Hazendados”. Y se designaron a los siguientes diputados o representantes : por la Magdalena, a Pedro Díaz Chaves y Antonio Romero; por Matanza y las Conchas, a Felipe Arguibel y Pedro Ignacio Merlo; por Luján, a Juan José de Lezica Torrezuri y Joaquín Cabot; por Areco, a Marcos José de Riglos y Joseph de Gainza; y por Arrecifes a Francisco Díaz Perafán y Santiago de Saavedra. Finalmente hubo acuerdo en celebrar nueva Junta el día 20 del corriente diciembre “en Casa de Dn. Marcos Joseph de Riglos”, más “no aviendo podido ser respecto del Temporal de Aguas que a avido hicieron Junta el día veinte y dos — en lo de Riglos, supongo — y de unánimes consentimientos ratificaron todo lo dispuesto”. Tal algunas referencias concretas sobre la corporación de los Hacendados que, a semejanza de la “Hermandad de la Mesta de Castilla”, se trató de organizar en Buenos Aires, sin que aquí prosperara la iniciativa. Uno de los impulsores — según vimos — fue mi antepasado Marcos Riglos. Tres lustros más adelante, en tiempos del Virrey Arredondo, el Cabildo porteño proyectó reconstruir el gremio de la “Mesta” para todos los poseedores de hacienda vacuna y caballar en tierras rioplatenses, pero la idea no llegó a concretarse nunca. Como es sabido, esa antiquísima institución castellana, colmada de privilegios ya en la época de Alfonso “el Sabio”, atendía a la conservación y 370

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fomento de la ganadería contra los avances de la agricultura, y a la defensa de los intereses de los pastores y dueños de animales hermanados a tal fin. Otro negocio de mi 5º abuelo Como su padre, aunque en menor escala, Marcos José de Riglos practicó el comercio. Compraba y vendía cosas por dinero o permutaba unas mercaderías por otras: esclavos, tejidos y toda clase de efectos manufacturados que recibía de España, para colocarlos en el interior del país; junto con las mulas y reses que criaba en sus campos; en tanto los cueros, grasas y sebos de dichos animales se exportaban en los navíos de registro a la madre patria. Fueron apoderados suyos en el Alto Perú, Manuel de Arriaga, Matías de Landaburu y el Caballero santiaguista Andrés del Hoyo y Treviño, a los cuales otorgó poder el 14-VIII-1752, ante el Escribano Merlo, a fin de que los tres intervinieran en los pleitos que tenían pendiente en “las provincias de arriba”. Seis años mas tarde, el 31-I-1758, Riglos suscribió otro poder ante Francisco Ferrera, a favor de Antonio José de Urquizu, de Francisco Cueto y de Juan Bautista de Alquizalate Goyenta, para que ellos lo representaran en ciertos asuntos a sustanciarse judicialmente en la Villa Imperial de Potosí. Y aquí, en Buenos Aires, mantuvo mi antepasado relaciones comerciales con Santiago Castilla — el marido de Juana Cabezas —, y por escritura del 1-VIII-1767, ante José Gorordo, aquel se obligó a pagarle a Castilla 25.065 pesos en plata sellada, en concepto de ciertas mercaderías importadas que Riglos había recibido de éste a su entera satisfacción. Por otra parte diré que el giro mercantil que Riglos contaba en Salta con los siguientes representantes: Sinforoso José de Rioja y Cayetano Viniegra, a quienes había otorgado poder ante el Escribano Ferrera, el 4-V-1767. La chacra en el pago de la costa frente al río Heredó don Marcos de su madre la chacra en “el pago de Monte Grande”, que, en mayor área, había sido del autor de sus días. Emplazábase en el terreno la “casa de teja de buenas maderas con cinco viviendas y un corredor al Norte y parte del Este”, además de Riglos

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unos galpones de 40 varas y un cercado de tapias “vardado” de tunas rodeando el monte de 40.000 árboles “fructíferos” 23. El pago de “Monte Grande”!: He aquí la opinión manifestada al respecto por Marcos Riglos, en su carácter de Síndico Procurador del Ayuntamiento, a raíz de una petición de los pobladores de ese paraje presentada el 16-X-1799 al Virrey Vértiz exponiendo los perjuicios que les causaban los caminos, huellas y sendas que, hacia los cuatro rumbos, atravesaban las chacras de la costa. Dicha petición la giró el Virrey al Cabildo, a fin de que este organismo se pronunciara sobre si los accesos consignados en el viejo Padrón eran suficientes como para el cómodo tránsito entre San Isidro y Las Conchas, o si era necesario abrir otros caminos, y en tal caso que se indicase el rumbo y distancia a que debían pasar de la barranca 24. Riglos redactó el correspondiente dictamen, del que transcribo el párrafo siguiente: “El pago de la costa de San Isidro es la despensa de esta ciudad, por que es sin duda el que la provee no solo de trigo, miniestras y berduras, más que otro alguno, sino de pescado y de la fruta primera de durasnos, sandías, melones, leña, carvón y toda la madera y demás frutos que se conduzen de Santa Fé, Corrientes y de toda la provincia del Paraguay. Es, asimismo, por su amenidad y ermosura, la combalecencia de los enfermos y la diversión de los sanos, que de esta ciudad ban a gozarla en los tiempos buenos”. Y en otro informe posterior sobre el mismo asunto, nuestro Procurador manifestaría: “Que los dueños de tierras en la costa de San Isidro — entre los que él se contaba — han edificado sus casas y poblaciones sobre la barranca ... con objeto sin duda de disfrutar del saludable temperamento de los aires húmedos del Río, junto al recreo de la vista, y de la comodidad de tener a mano quanta agua es menester, assi para el uso de la gente y ganados de labor, como para la fábrica de casas y tapiales”. Por ello, hacíase forzoso reparar el 23 Ello consta en una escritura otorgada el 25-IX-1783, ante el Escribano Zenzano, por don Marcos, el cual le daba poder a su hijo Francisco Xavier para que, en la ciudad de Cádiz, se obligara por la cantidad de 20.000 pesos, dando como garantía en hipoteca su casa “en el barrio de San Juan Bautista” Y su chacra “a tres leguas distante de la ciudad, en la costa del Río de la Plata”. 24 Ver la Relación documental publicada por Antonino Salvadores en el Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras, Nº 47-48, bajo el título de Los Caminos de la costa de San Isidro. 372

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“camino dirigido sobre la misma barranca”, por donde los vecinos “han biaxado siempre hasta la Capilla de San Isidro ... para no tener que dar bueltas perjudiciales al comercio y tráfico de los frutos que produse aquel Partido, y se recogen en las casas pobladas sobre la barranca”. Aquellas gestiones vecinales y estos argumentos del Procurador Riglos, dieron lugar a que el Virrey Vértiz ordenara reconocer esas tierras costeras, y que se levantara un plano (que confeccionó el Brigadier Joseph Custodio de Saa y Feria en julio de 1781), en cuya tela se encuentran precisamente trazados, tal cual corren ahora, los dos caminos Reales que comunicaban la ciudad con el pago del Santo Labrador: el que “vá por arriva de la lomas” y “el del bajo que pasa por la Punta de los Olivos”. La actividad de nuestro personaje en el Cabildo Al ocuparme de las funciones capitulares desarrolladas por Riglos, debo agregar que éste, además de formar parte de aquella corporación durante los años 1755 y 1756, la integró también posteriormente en tres oportunidades: en 1766, 1777 y 1779. En 1776, como Alcalde ordinario 25, a don Marcos le tocó recibir al nuevo Gobernador Bucarelli y Ursúa, quien llegó a Buenos Aires el 15 de agosto de ese año. Al atracar, a la orilla del Riachuelo, la embarcación en que venía el inminente expulsador de los jesuitas, éste fue cumplimentado, a nombre de la ciudad y de su Ayuntamiento, por Riglos y su colega Lerdo de Tejada, los cuales acompañaron al recién venido en el trayecto hasta “las casas reales”; donde lo esperaba Ceballos — Gobernador saliente — y el cuerpo 25 La votación respectiva realizóse, según costumbre el 1º de enero; y al proponer el Alcalde saliente, Eugenio Lerdo de Tejada, a Juan de Lezica Torrezuri y a Marcos Riglos para nuevos Alcaldes de 1º y 2º voto, respectivamente dijo: que “porque hay experiencia en que quando se elixen suxetos igualmente beneméritos suele haver reparos de sentimiento en aquel en quien ha de recaer la bara de segundo boto ... para quitar este embarazo, le parece que se establezca en esta ciudad lo que en la capital de La Plata y otras del Perú: en que cada tres meses alternan los Alcaldes, haciendo oficio de primer boto el de segundo, en los tres meses que le tocan, alternativamente”. De más esta decir que una vez puesto en consideración ese expeditivo arbitrio del señor Lerdo, rápidamente quedó aprobado por todos sus colegas. Riglos

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municipal en pleno. En la sala grande del Fuerte los dos representantes del Rey tomaron asiento bajo dosel, y, enseguida, con el ceremonial de estilo, efectuóse la trasmisión del mando. La gestión anual (1766) del Cabildo integrado por Riglos — fuera de un ruidoso conflicto de etiqueta entre el Gobernador Cevallos y los cabildantes, por un lado y el Obispo Manuel Antonio de la Torre por otro — se destaca en primer término debido a las medidas adoptadas de arreglo y limpieza de las calles y veredas de la ciudad, a cuyo fin se establecieron “comisarios”, cada cuatro cuadras, encargados de hacer cumplir los bandos sobre aseo y recolección de basuras, o en su defecto aplicar las multas correspondientes. Los propios Alcaldes Riglos y Lezica dieron el ejemplo, al tomar a su cargo la inspección del cuartel “que empieza desde la esquina del Cabildo, caminando al Oeste por uno y otro lado de la calle, hasta el extremo de la que ay poblado, y desde la misma esquina del Norte”. También se mandaron tapar las zanjas y suprimir los pantanos en los caminos de acceso a las quintas En materia penitenciaria, el Cabildo designó a su Capellán “para que los días de las fiestas digan misa a los presos que se hallan sin este beneficio cristiano”. Acerca de las condenas a muerte, Riglos y sus colegas dispusieron que los reos debían ser custodiados por tropa al entrar en capilla, y que “las execuciones que haga el Berdugo de los sentenciados a horca, sean en realidad, y no con el instrumento con que primero se le dá garrote y después se suspenden en la horca”. A fin de que el ejecutante no perdiera la mano en las faenas del cadalso debía de adiestrarse en “una horca que se ponga dentro del corral de la cárcel, y con el extafermo de paja, para que de este modo cause más orror al pueblo, y escarmiento”. Y se acordó que dicho verdugo — “que lo es Joseph de Acosta, mulato portuguez” — se ponga en el sombrero y en la capa, “en paraje bicible”, las insignias del oficio: “que son una escalera”. El Cabildo que presidía Riglos, como Alcalde de 1º voto, en la sesión del 12-V-1766, acordó establecer en Buenos Aires lo que en la legislación moderna se llama Registro de las Hipotecas 26. A ese

26 Dado que nunca — que yo sepa — se ha reproducido o mencionado a ese interesante acuerdo precursor, y que la Historia del Notariado Argentino del señor 374

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efecto todos lo acreedores hipotecarios o censuarios así como los Escribanos autorizantes de tales hipotecas y censos, debían de concurrir dentro del término de un mes a manifestar esas escrituras al Escribano del Cabildo, quien, por su parte, estaba encargado de registrar aquellos créditos en un “Libro Becerro”. Los Notarios emplazados alegaron, por escrito, ser “mui corto el tiempo que se les señaló para rexistrar” los antedichos contratos, “con especial Ipoteca para formarse el Libro Becerro”; por lo que pedían “se les conceda el término de quatro meses más”. Los señores cabildantes, entonces “acordaron se les conceda el término perentorio de mes y medio, con apercibimiento de que de no executarlo dentro dél, sin más recombención, se declararán sus oficios por bacos”. Encargado de llevar el pertinente “Libro Bezerro de Ipotecas” fue, más tarde, el Regidor Eusebio Cires. El aludido mamotreto era de papel común, con todas su fojas rubricadas por los Alcaldes y el Escribano José A. Negri lo ignora, voy a transcribirlo en su parte pertinente — aunque con ortografía moderna para ser menos engorrosa su lectura. Dice así: “Propúsose asimismo que de no haber en esta ciudad Libro de Censos e Hipotecas como esta mandado por Su Magestad en la ley 3ª, título 15, libro 5º de las Recopilaciones de Castilla; siendo este tan útil y necesario en esta ciudad, cabeza de provincia y de crecido comercio; experimentándose por su falta todos los daños que la ley llegó a precaver con haber mandado que lo hubiese para que cesen — tales daños —acordaron — Sus Señorías —: Se dé noticia por bando a todo el pueblo para que todos los acreedores que tengan hipotecas o algunos censo sobre fincas o haciendas de esta jurisdicción, ocurran dentro del término de un mes a manifestarlas ante el Escribano del Cabildo; y que asimismo los Escribanos del número, dentro del propio término, manifiesten a dicho Escribano todas las escrituras de censos e hipotecas que ante ellos hayan pasado o estén en los protocolos a su cargo, para que se registren en el Libro Becerro, pena, a los Escribanos que cumplido este término no lo hubiesen hecho, de perdimiento de sus oficios: y de que dichos Escribanos cuantas escrituras de esta naturaleza que pasaren ante ellos, las hayan de registrar en este Libro, dentro del término de seis días, después que fuesen hechas; y que no registrándose dentro de este término no hagan fe, ni se juzgue conforme a ellas, ni sea obligado a cosa alguna ningún tercer poseedor, aunque tenga causa del vendedor, conforme está ordenado en la citada Ley; y para que llegue a noticia de todos y no pueda alegarse por ninguno ignorancia, o que la citada ley no a estado en uso, se pase al Excelentísimo Señor Gobernador copia de este acuerdo, para que se sirva ordenar se promulgue por bando y se ponga por cabeza en el Libro Becerro, por lo mucho que interesa al bien público su ejecución”.- Marcos José de Riglos, Juan de Lezica y Torrezuri, Alonso García de Zúñiga, Eugenio Lerdo de Tejada, Miguel de Rocha y Rodríguez, Manuel Alonso de San Ginés, Ante mí: Francisco Javier Ferrara, Esc. Pub.”. Riglos

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capitular, para que en ellas se fueran anotando las hipotecas. Recordemos que la tradición llamaba “Libros de Becerro” a los Registros antiguos de los monasterios e iglesias de la Edad Media. Allí se copiaban sus privilegios, pertenencias y otros valiosos testimonios. Recibieron tal denominación, a causa de estar forrados con piel de becerro. Andando el tiempo, por extensión, a cualquier libro de Registro se le llamó “Becerro”, en recuerdo de aquellos cartularios medioevales. El sonado incidente de los capitulares porteños con el Rey El 19-XII-1766, el Cabildo de Buenos Aires elevó a Su Magestad una denuncia contra el Gobernador Bucarelli, alegando que este había establecido arbitrarias imposiciones a los comerciantes exportadores de cueros, negándoles también el permiso de sacar mulas. Así las cosas don Carlos III, mediante Real Cédula fechada el 19-X-1769 y remitida a Bucarelli, estampó que aquello no era exacto, “que la ciudad (Cabildo) no ha tenido más fin en esto que manifestar su resentimiento contra vos (el Gobernador), informando unos hechos tan contrarios a la buena fée y sinceridad que debe profesar. Y visto todo en mí Consejo de Indias — seguía el regio documento — he resuelto manifesteis a Dn. Marcos Joseph de Riglos, Dn. Eugenio Lerdo de Texada, Dn. Miguel de Rocha y Rodríguez, Dn. Manuel de Escalada (mi 6º abuelo), Dn. Manuel Alfonso de San Ginés y Dn. Juan Joseph Moreno (firmante de la antedicha denuncia), el desagrado que han merecido sus expresiones en orden a los dos citados puntos, y se les prevenga que en los sucesivo aprendan no solo la realidad, candor y buena fée con que deben hacer sus Representaciones e Informes, sino el tiempo y pulso con que han de caminar en las quejas que propongan contra sus Governantes, absteniéndose de usurpar el respetable nombre de la Ciudad para dar más cuerpo a sus calumnias, y encubrir de este modo sus particulares pasiones; y he multado en cien pesos a cada uno de los referidos seis capitulares, mancomunados para su pago, y aplicados para los gastos de la Fortificación de Montevideo”. Semejante “filípica” — “carolina” más precisamente — que dejaba a mi antepasado Riglos y a sus compañeros de república como unos mentirosos, debió recibirse y publicarse en Buenos Aires en 376

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enero o febrero de 1770. Todavía — hasta septiembre de ese año — gobernaba el país Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa, inspirador del “denigratibo” documento para los Regidores contrarios a su política económica. Más cuando este discutido Gobernador resignó definitivamente el mando en su reemplazante Juan José de Vértiz y Salcedo, los ex Regidores Marcos Riglos y Eugenio Lerdo de Tejada, por sí y en representación de sus antiguos colegas agraviados, movieron cielo y tierra — o sea sus influencias en la corte madrileña — a fin de conseguir que Carlos III emitiese otra Real declaración anulativa de aquella cuyos severos términos conocemos. Y así fue como el Monarca, poco después, restableció el buen nombre y honor de sus seis atribulados vasallos, con su firma puesta al pié de otro solemne despacho. Tal “Zédula de Vindicación” llególe oportunamente desde Madrid a Lerdo de Tejada, el cual el 31-XII-1776 — ni lerdo ni perezoso —, la puso en mano del Alcalde de 1º voto Ignacio de Irigoyen, quien, enseguida, la hizo conocer al Gobernador Vértiz y a los ediles salientes del cuerpo comunal. Y sucedió que el 1 de enero siguiente, en la votación para designar a los miembros que integrarían el Ayuntamiento por el período de 1777, el Alcalde Irigoyen sufragó por Marcos Riglos para que le sucediera en el cargo, y — entre otros cabildantes — votó por Lerdo de Tejada. Ello motivó la protesta de Alcalde de 2º voto Joseph Antonio Otárola, que impugnó los nombres de Riglos y de Lerdo, pues sobre ambos candidatos pesaba — según dijo — la Real declaración “denigratiba” que los tachaba de “falsos informantes”; y aunque posteriormente Su Magestad había querido rehabilitarlos mediante otra Real Cédula, ésta fue traída apresuradamente por el Alcalde Irigoyen, sin la previa presentación al Gobierno para su debido obedecimiento; “no siendo al mismo tiempo de menos consideración que dicho Don Marcos Riglos es tío Carnal de la Mujer del Señor Alcalde, en cuia virtud (Otárola) dezía de nulidad de su votación, la qual en las actuales circunstancias devía de estimarse por ningún balor” Irigoyen explicó entonces como a fin de evitar objeciones a sus candidatos, solicitó de Lerdo la Real Cédula aludida, desechando los dilatorios trámites acostumbrados. Y que si bien su mujer — Francisca de la Quintana y Riglos — era sobrina “de parte de Madre” Riglos

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del dicho don Marcos, “protesta una y mil vezes que no llebado más fin que solizitar el servicio de Dios, del Rey y de la Causa pública; maiormente quando en dos diferentes ocasiones — Riglos —, que ha sido Alcalde de primero y segundo voto, tiene dadas pruebas de su arreglada conducta, como no se oculta a este Ilustre Ayuntamiento y es notorio a la mayor parte del pueblo”. Tales razones de quien presidía a los Regidores salientes, disiparon la oposición referida. Por tanto, además del Alcalde Irigoyen — y salvo el Alcalde Otárola —, votaron por Riglos y por Lerdo, que resultaron elegidos cabildantes para 1777; el Alguacil Mayor Miguel Mansilla, y los Regidores Manuel Joaquín de Tocornal, Francisco Cabrera, Joseph Blas de Gainza (que puntualizó no encontrar impedimento al sufragar por Riglos aunque su mujer — María Teresa de Eguía y San Martín — fuera sobrina de don Marcos), Manuel Rodríguez de la Vega, Matías de Avaroa Barrena y Miguel de Tagle. Riglos, a todo esto, se encontraba en el campo, probablemente en su chacra de la costa en el “Monte Grande”, reponiéndose de una enfermedad (frisaba ya en los 58 años); estimulado allí, sin duda, por el “saludable temperamento de los aires húmedos del río”. En esa circunstancia resolvió solicitar por escrito al Cabildo, el 8 de enero, que “en atención a la dolencia que padece” lo relevase de desempeñar las funciones de Alcalde de 1º voto. Tal excusa, sin embargo, quedó rechazada por el Ayuntamiento en los siguientes términos honrosos para el solicitante: “Que haviéndose propuesto este Ilustre cuerpo ... de que las varas de Justicia las obtengan sujetos de distinción, providad y justificación, calidades que reconocía en el referido señor don Marcos, y no conzeptuando por lo mismo pribar al público de que las experimentase en su veneficio”, acordó dispensarle “de la diaria asistencia, franqueándole el tiempo que para ello estime oportuno” y “ exijiese la reparación de su salud”, siendo “Su Señoría (el Gobernador Vértiz) del mismo conzepto”. El convaleciente recibió la visita del Escribano Pedro Núñez, quien le notificó aquella resolución capitular y, poco después, no tuvo más remedio que recibirse de la vara y prestar el juramento de estilo ante el Regidor Manuel Joaquín de Tocornal.

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La llegada y recepción del Virrey Cevallos Conforme a sus funciones de pretor lugareño, Marcos Riglos tuvo que organizar el aparatoso recibimiento a Pedro de Cevallos, quien arribaba a Buenos Aires triunfante de los portugueses para hacerse cargo — como primer titular — del flamante Virreinato del Río de la Plata; creado por Carlos III mediante Real Cédula del 22IV-1776. Anticipándose a la bienvenida del invicto General, y de sus tropas aguerridas, el Cabildo encabezado por Riglos dispuso “implorar el auxilio divino por la felicidad de las armas del Rey, quien con amor paternal nos defiende vigorosamente de nuestros enemigos”. Al efecto encargó al Deán y Vicario del Obispado Joseph de Andújar 27, la realización de “un Novenario de Misas cantadas con el Señor de manifiesto y la imagen de nuestro Patrón San Martín”. En sucesivos acuerdos presididos por mi antepasado, el Cabildo se abocó a preparar la recepción en honor de aquel primer Virrey. Un día trató acerca del “Palio y correspondiente Dozel y adorno del Palacio en que ha de residir S.E.”; otro se encargó de organizar la colecta a llevarse a cabo entre los estancieros, a fin de conseguir “el dinero que fueze precizo para los gastos que se pudieran ofrezer en el recivimiento que se aproxima” (Riglos “ofrezió graziosamente todo el dinero que le correspondiese como principal Hazendado”, sobre 12.000 pesos del fondo común depositados en la caja de la Corporación respectiva que conocemos). Y así se concertaron las

27 El Deán Joseph de Andújar no murió “por los años 1771”, según lo repite el Diccionario Colonial de don Enrique Udaondo, quien toma por buena la referencia del padre Salvaire en su Historia de Nuestra Señora de Luján. El Deán Andújar falleció el 13-X-1785, previo testamento ológrafo de fecha 2-VIII-1772, que protocolizó, un mes después de morir el causante, el 15-XI-1785, el Escribano Rocha. Joseph de Andújar había sido bautizado en la Catedral de Bs. As. el 8-VI1699, hijo de Francisco Vicente Rincón y Andújar y de María Rosa Flores de Santa Cruz, casados también en Bs. As. el 24-XI-1697. María Rosa Flores testó, viuda, el 18-IV-1760, ante Joseph Gorordo, y fue enterrada en la Capilla de Nuestra Señora del Carmen de la Catedral porteña, amortajado su cadáver con hábito franciscano. Declaró por sus hijos a Joseph — el Deán, a quien nombró albacea — y a María Josepha Andújar, casada con el Capitán de Artillería Joseph de Echaurri Larrazabal. Padres estos, a su vez, de Inés y Antonia Echaurri Andújar. Riglos

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distintas ceremonias civiles, militares y religiosas; estas últimas “en la Capilla Real de San Carlos, que haze de Catedral”. (San Ignacio). Entretanto, el 22 de abril el Gobernador Vértiz hízole entrega del mando al Virrey Cevallos en la vecina orilla y, al día siguiente, el Cabildo de Buenos Aires resolvió “se nombren Diputados que fuesen al dicho puerto de Montevideo a felizitar a S.E. en vienvenida ... y para que dicha Diputación sea mas condecorada”, fueron designados “tres indibiduos de este Cuerpo, a saber; el Señor Alcalde de primer voto don Marcos Jph. de Riglos, el Sr. Rexidor Dr. Don Joseph Pablo Conti, y el Sr. Don Manuel Joaquín de Sapiola, Síndico Procurador General”. A “cumplimentar al Visorrey”, pues, viajó nuestro Alcalde a la Banda Oriental. Su ausencia no se prolongaría demasiado, y el 6 de junio, de nuevo al frente del Ayuntamiento porteño, don Marcos presidió la larga disposición de agasajos en “onor y gratitud” hacia el vencedor de los lusitanos enemigos, quien se aprestaba a hacer su entrada triunfal en la ciudad cabecera del flamante virreinato. Solemnes Tedeums, iluminación urbana con “achones y candilejas en los balcones, regosijos de toros en la Plaza Mayor y tres combites de mesa”, cuyos comensales serían “aquellos que haian obtenido las Judicaturas y reximientos de este Ilustre Cavildo, y demás personas de distinción”. Por fin el 15 de octubre prodújose el recibimiento del esperado Cevallos y, como anticipo de las reverencias que se le iban a prodigar, vibró la “orazión gratulatoria” con que el Mandatario del Rey fue saludado por el Alcalde Marcos Riglos. Tal ditirámbico discurso, plagado de citas clásicas, no se elaboró sin duda en el práctico magín del lego juzgador capitular y diestro negociante que ese día jubiloso se estrenaba como orador. En trance de buscarle paternidad al retórico engendro, lo sospecho escrito por la pluma del joven paraguayo Pedro Vicente Cañete, docto universitario recibido en Chile, promisoria lumbrera que, a la sazón, se desempeñaba en el Cabildo como Defensor de Pobres, y aconsejaba a don Marcos y a sus colegas en materias jurídicoliterarias 28. 28 Pedro Vicente Cañete había nacido en la Asunción por 1750. Fueron sus padres José Cañete y Juana Catalina Domínguez; y uno de sus bisabuelos el famoso Ruy Díaz de Guzmán — cronista criollo de La Argentina —, quien era nieto del 380

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El Alcalde Riglos en su perorata, le llamó al invicto Cevallos “nuestro Alcides”, el cual “donde quiera estampa con denuedo sus generosas huellas, todo lo llena de palmas y de triunfos, y sus pisadas hacen producir laureles”. La toma de la Colonia del Sacramento, conquistador caudillo Irala —. Luego de cursar, Cañete, filosofía en el colegio de Monserrat de Córdoba — en cuyas aulas selló perdurable amistad con el futuro Deán Funes, su condiscípulo —, se graduó de abogado en la Universidad de San Felipe de Chile. Llegado a Buenos Aires en 1777, fue designado Defensor de Pobres, por el Cabildo; y el Virrey Cevallos lo nombró Auditor de guerra, sin perjuicio de desempeñarse también, en 1781, como Síndico Procurador del Ayuntamiento porteño. Casóse en Buenos Aires con Catalina Durán de Zebicos, y fue destinado más tarde a la Capitanía paraguaya como Auditor militar. En 1791 lo promovieron al cargo de Oidor honorario de la Audiencia de Charcas, cuyas altas funciones le dieron oportunidad de convertirse en 1804, en consejero del Gobernador Ramón García de León Pizarro, para los actos de su gestión gubernativa y judicial. Cuando en 1808, al influjo de Elío, instalóse en Montevideo aquella “Junta como en España”, rebelada contra el Virrey Liniers, Cañete, desde el Alto Perú, vaticinó que tales subversiones municipales, con Cabildos abiertos, rematarían en la independencia de estos países. Las insurrecciones de 1809 en Chuquisaca y La Paz — también contra el Virrey Liniers — le reforzaron en esa opinión. Por eso, las vísperas de la Revolución de Mayo, advirtió a los Virreyes del Perú y del Río de la Plata — Abascal y Cisneros — que a ellos les correspondía la iniciativa de proclamar la libre determinación de sus Virreinatos respecto a las anárquicas Juntas de España, a fin de resguardar intactos esos territorios americanos para Fernando VII. A Cisneros le pronosticó que los buques ingleses le traerían la noticia del avasallamiento de la Metrópoli; y le sugirió también que — ante la amenaza de conquista napoleónica o de una independencia prohijada por Inglaterra para estos dominios — como mal menor, podía aceptarse la Regencia de la Infanta Carlota; siempre que dicha princesa del Brasil jurara no innovar en el sistema institucional de nuestras patrias, ni gobernarlas con tropas o ministros extranjeros. Tales interesantes reflecciones llegaron a Buenos Aires en Junio de 1810, cuando ya su destinatario el Virrey Cisneros había sido derrocado, y Mariano Moreno se inspiraba en el “Contrato Social” de Rousseau. Desatada la guerra que nos llevaría a la independencia, el antiguo consejero de Riglos actuó como secretario de Goyeneche, hasta que el futuro Conde de Guaqui fue separado de la jefatura del ejercito Real. Falleció Pedro Vicente Cañete en Potosí, el 13-I-1816, a los 66 años de edad. Tuvo varias hijas: una casada con el Coronel paraguayo Báez, y otra con un vizcaíno radicado en Potosí: Juan Mariano Ybargüen, a quien Moreno recomendó prender —juntamente con su suegro y otras personas altoperuanas de categoría — en las instrucciones que el Secretario de la Junta dió a Castelli, el 12-IX1810, firmadas por todos sus miembros. Ibargüen participó más adelante, en 1821, con el vicario Mariano de la Torre y Vera y el Oidor José María de Lara, en una negociación pacificadora que, por intermedio de ellos, intentaron los realistas ante el Gobernador de Salta José Antonio Fernández Cornejo; misión que fracasó totalmente. Riglos

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“trasciende los extremos de esta América meridional ... y no cabe en el mundo el valiente soplo de su gloria. La Fortuna, deidad tutelar de los héroes, le ha hecho a V.E. su familiar máximo, por su talento y su grande corazón: con aquel piensa y con este ejecuta ... Mejor que César puede decir V.E.: Vine, ví y vencí; pues a su voz imperiosa se rinden los esforzados escuadrones y caen las cerraduras de bronce y los inaccesibles terraplenes, y si aquel romano profirió esta fanfarronada en los campos de Farsalia, atribuyendo así toda la gloria del vencimiento, V.E., con moderación que pasma y una religión que edifica, consagra al Dios de los Ejércitos todos los triunfos ... el Ser Supremo, cuyos juicios son inaveriguables, nos ha juntado hoy en esta famosa asamblea, compuesta de valientes argonautas españoles e invencibles campeones ... Pero basta ya de fatigar la moderación de V.E., asegurándole que el Cabildo de esta Ciudad y sus vecinos, no teniendo mas que ofrecerle, se ofrecen a sí mismos ... “. Mas datos para la historia de mi 5º abuelo Por esas fechas figura el nombre de Marcos Riglos en una “Nómina de vecinos que contribuyen para la obra del muelle”. Y en orden a sus actividades particulares, Riglos y el Doctor Juan Cayetano Fernández de Agüero (el benemérito cura de la Catedral que descifró y anotó los primitivos libros parroquiales, salvando esos testimonios históricos que conservan las filiaciones de los primeros habitantes de Buenos Aires) fundaron, como albaceas de Juana Acosta Ruiz de Robles (que testó el 27-XII-1776), una Capellanía de misas por escritura del 24-II-1779, ante el Escribano Conget. Y el 20III-1780, ante Tomás Boyso, don Marcos dió poder general al Procurador de número Pedro José Berbel, para que lo representara en toda clase de pleitos civiles y criminales. Mi antepasado poseyó numerosos esclavos (el Censo de 1778 registra 14 en su mansión urbana, entre negros y mulatos: Juan, María, Joseph, Marzelino, Santiago, Jorge, María, Dionisio, María, Isabel, Bitoria, María, Ignacia y Josepha). El 8-III-1752, ante Francisco de Merlo, Marcos Riglos manumitió a una negra, Juana Paula, declarándola “persona libre y no sujeta a esclavitud”, debido a que el negro Miguel, su marido, la había comprado en 350 pesos. El 5-IV-1755, ante Francisco Ferrera, Riglos adquirió de Pedro Lozano, 382

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al negro Francisco, de 24 años, en 325 pesos. Y el 5-X-1757, también ante Ferrera, don Marcos le confirió mandato especial a Juan Martínez González, vecino de Córdoba, a fin de que demandara a quien tuviera en su poder a la negra esclava suya María, que, en 1755, “me la substrajeron de esta ciudad” y “he llegado a saber que se halla en Córdoba y vendida allí”. Apunté, más atrás, que a partir de sus 58 años la salud de mi lejano abuelo empezaba a flaquear. Así, ya sesentón, quedó completamente sordo. En tales circunstancias, y desempeñándose como Procurador de la ciudad, elevó una representación al Virrey Vértiz — que este mandatario hizo conocer al Cabildo el 15-IX-1779 —, en la cual don Marcos decía; “allarse imposibilitado por sus avituales enfermedades de poder continuar su Ministerio”. El Cabildo, confirmó, los achaques de su colega, y que “de la falta de hoydo que padece no le queda duda”. A mi vez, con los debidos respetos a la otorrinolaringología, formulo el siguiente diagnóstico histórico: aquel sarampión que padeció Riglos de recién casado — tan fuerte que no se olvidó de declararlo en una escritura pública — hubo de complicarse en otitis crónica de flujo purulento, que remató en sordera bilateral y progresiva. Con todo, a fines de aquel año 1779, el paciente “estava ya restablezido a su salud, y acto (apto) para exerzer sus funciones”. He de recordar, además, que en julio de 1779, el Síndico Marcos José de Riglos pidió el Virrey Vértiz la instalación en la ciudad de una “Casa de Niños Expósitos”, a fin — alegó el suscripto — de recoger y educar a los “muchos niños arrojados a las puertas y ventanas de los vecinos, los cuales perecen por la intemperie de la noche, o expuestos en las veredas son pisados, cuando no comidos por perros y por cerdos”. Vértiz acogió ese pedido con entusiasmo y diligencia, y al mes siguiente (7-VIII) la “Casa de Niños Expósitos — debida a la iniciativa de mi 5º abuelo Riglos” — quedó instalada en el antiguo edificio de la “Casa de Ejercicios de mujeres”; otrora de la Compañía de Jesús, entonces de “las Temporalidades” (sita en la esquina de las actuales calles Perú y Alsina). Aquella Casa Cuna se costeaba, bajo la administración de Martín de Sarratea, con los alquileres que producían 9 viviendas que fueron de los jesuitas expulsos, algunas con frente a la Plaza Mayor, mirando al Norte, “empezando desde la casa de doña Petrona y doña Catalina de Riglos

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Sorarte, y el resto mirando al Poniente, frente a las casas de don Agustín Casimiro de Aguirre y del señor Arcediano de esta Santa Iglesia don Miguel de Riglos, hasta encontrar con la de don Eugenio Lerdo”. El 2-VII-1785 el Virrey Vértiz a fin de “establecer en esta Ciudad el aseo, y limpieza y Policía que tanto conduce a la salud pública”, nombró sendas comisiones de vecinos a las que encomendó la vigilancia de los distintos cuarteles en que estaba dividida la Capital del Virreinato. Marcos Riglos y Melchor Abandero resultaron encargados del cuartel 7º, así deslindado; “Desde la esquina de don Francisco Gendra hasta la de la casa de don Pedro Medrano, y de la de don Melchor Abandero a la casa de Santiago Pino”. Meses después, en febrero de 1786, presentó Riglos al Cabildo un “Memorial”, acompañando varios documentos, en virtud de los cuales solicitaba una “Información” sobre “sus méritos y servicios”, así como los que “sus ascendientes han contraído” en los distintos cargos desempeñados en el gobierno de la ciudad. Y los Regidores acordaron que por intermedio del Escribano del cuerpo, Tomás Joseph Boyso, se diesen los testimonios y certificaciones “relativas a los empleos de D. Marcos José y de sus causantes, según él designase”. El 1-VII-1787 el Teniente Coronel de Dragones Juan Antonio Marín (5º abuelo mío), marido de Rosa de la Quintana y Riglos, sobrina de don Marcos José, le prestó a éste la suma de 3.300 pesos dobles. Como la deuda permaneciera impaga, nueve años más tarde, en 1797, doña Rosa, viuda y albacea de Marín, demandó a los herederos del fallecido deudor en procura de su cobro. Representante de los demandados en el pleito fue Juan José de Lezica y Alquiza — viudo entonces de María Rosa de Riglos y San Martín —; y los demás deudores llevados a juicio — cuñados de Lezica — eran; Francisco Javier de Riglos y Miguel Fermín de Riglos, y Francisco Mata Bustamante y Mariano de Zavaleta (mi 4º abuelo) por sus respectivas consortes; María Ignacia y María Jacinta de Riglos de San Martín. El 7-V-1789, dos años antes de su muerte, don Marcos José, ante el Escribano Juan José Rocha, les compró a los herederos de Nicolás de la Quintana y de su hermanastra Leocadia Riglos, por la 384

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suma de 5.217 pesos, dos estancias “en la otra banda del río Areco”, llamadas “El Sauce, sobre la Cañada Honda y El Rincón, sobre el río, con todos los ganados, caballos, yeguas, burros, burras, toros, novillos, vacas, terneras y crías; con sus corrales, Ranchos, yerros de errar y cuantas herramientas sean conducentes a las faenas de dichas estancias; exceptuando únicamente 35 mulas de la yerra pasada”. Incluíanse en la transferencia el derecho a la “acción a todos los ganados que, con yerro o sin él, hubieren dispersos en ellas”; comprendiendo esta venta dos negros, que son pertenecientes a dichas estancias, nombrados Antonio y Andrés, ambos casados con dos mulatas libres, como de 50 años cada uno, que hubieron los vendedores por herencia. La venta comprendía además a “toda la acción que poseyó Miguel de Riblos (el abuelo de los transmitentes y padre del comprador); exceptuando media legua de frente y una de fondo que posee Francisco de Espinosa; y también 450 varas de tierras que tenemos de este lado de las Conchas” — que antes le había vendido Marcos Riglos a los Quintana, y provenían de las 900 que heredaron aquel, y su hermano el Arcediano, de don Miguel su padre. Hasta el fin de sus días la principal actividad económica de mi 5º abuelo Riglos se concentró en el campo; fue Estanciero, y de los más importantes de Buenos Aires en su época. Así quedará establecido cuando se escriba, como se debe, la historia de la ganadería argentina. Disposiciones testamentarias y muerte de Marcos José de Riglos El 6-VII-1790, ante el Escribano Blas Zamorano, “estando enfermo en cama de una enfermedad que Nuestro Señor se ha servido de darme, pero con mis cinco sentidos y potencias cumplidas”, testó mi antepasado. Mandó sepultaran su cadáver “en la Santa Iglesia Catedral, junto al altar de San Zacarías y Santa Isabel, amortajado con el hábito de San Francisco, como hermano 3º que soy; asistiendo a mi entierro con cruz alta el cura y doce sacerdotes con sobrepelliz, doce religiosos de cada una de las comunidades de esta ciudad, que hubieren ido a cantar antes el responso que se acostumbra, haciéndome las correspondientes posas, encargando como encargo a mis albaceas y herederos, en los gastos con moderación, sin fausto ni obstentación, porque es mi voluntad que lo que se hubiere de gastar Riglos

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en profanidad lo conmuten en Misas y limosnas”. Dispuso “que el día de mi fallecimiento si fuere hora competente, y sino al día siguiente inmediato, a más de la Misa de cuerpo presente se manden decir cinquenta Misas resadas por mi Alma”, y en el día “de las onrras y cabo de año ... se dirán otras cinquenta Misas ... en la Catedral ... Y mando luego que acaezca mi fallecimiento se saquen seis Bulas de Difuntos de a peso ensayado por las almas de mis Padres, la de mi Esposa, la mía y las de mis finadas hijas Petrona y María Rosa”. Declaróse “casado infacie Eclesiae con doña Francisca Xaviera de San Martín, de cuyo legítimo Matrimonio hemos procreado y nos viven por nuestros hijos, a saber; el Doctor D. Francisco Xavier, Abogado de la Real Audiencia de Charcas, ausente en el Perú; D. Miguel Fermín, Capitán del Regimiento de Dragones Fixo de esta Provincia; D. Rafael José, ausente en la villa de Potosí; Doña Ignacia Xaviera y Doña María Jacinta; de las cuales los cuatro primeros se hallan casados y la última soltera”. Puntualizó luego “que traje de Dote 20.000 pesos en dinero efectivo y géneros de mercaderías; después heredé, por fallecimiento de mi Madre Doña Josefa Rosa de Alvarado, las casas que havita el Señor Arcediano Doctor Don Miguel José de Riglos, mi hermano; un terreno en la otra banda del río Areco, cuyo terreno le he poblado yo con tres estancias; otro de chácara en el pago del Monte Grande, el cual después he poblado y plantado monte; unas tierras en esta Banda del Río las Conchas, compuesta de 450 varas de frente y una legua de fondo, con otros varios bienes, en los que se halla la parte que corresponde a mi referido hermano el Señor Arcediano, por no haber hecho división de ellos antes ambos, respecto de la unión y buena armonía que hemos conserbado y conserbamos hasta ahora, cuyos bienes hereditarios constan en autos y en el Testamento de mi Madre, y los bienes que llevé al matrimonio, como también el capital de ellos, que hize el año 1751 o 52 ante el finado don Francisco de Merlo”. “Mi esposa — proseguía el testador — trajo 8.000 pesos en plata, fincas, alhajas y esclavos, según constará en la Carta de Dote que se otorgó ante el mismo Escribano Merlo ... Declaro que a mi hija Doña María Jacinta Martina no le he dado cosa alguna, más que las Alhajas siguientes para adorno de su persona: un par de manillas de perlas menudas, un collar de tres hilos de dichas perlas, dos anillos de diamantes, un aderezo pequeño de brillantes compuesto de cruz y 386

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zarcillos y un vestido de brocato rosado, las cuales dichas alhajas es mi voluntad no se las carguen en cuenta”. Y (como a su otra hija María Ignacia Xaviera, mujer de Francisco de Mata Bustamante), “a mi hija Doña María Jacinta se le den el quinto mil pesos, en cuya cantidad también la mejoro”. Nombró finalmente el otorgante por sus albaceas: 1º) “a mi esposa” Francisca Xaviera de San Martín; 2º) “a mi hermano” el Arcediano Miguel José de Riglos; 3º) “a mi hijo” Francisco Xavier; y 4º) “a mi yerno” Francisco de Mata Bustamante. Y firmó la escritura con los testigos: José Pertus, Timoteo Campana y Juan Francisco Pérez de Arce, según dió fé de ello el “Escribano de Su Magestad” Blas Zamorano. Doce días mas tarde, ante el mismo Notario, don Marcos otorgó un Codicilo en el que establecía el “valor de las alhajas y vestidos de María Ignacia” — su hija — cuya suma “deberá salir del remanente del quinto de mis bienes”. Ambas declaraciones testamentarias, en sus originales, quedaron en el Registro a cargo del Escribano Pedro Núñez, que dió testimonio de ellas el 26-I-1791. Marcos José de Riglos arribó al término de su vida el 13 de junio siguiente a los 72 años de edad, y su sucesión ventilose, sin pérdida de tiempo, ante el Alcalde de 2º voto José Martínez de Hoz, con la intervención del Defensor de Menores Manuel de Gardeazabal 29. 29 En 1791, la viuda y el hermano del causante, Francisca Xaviera de San Martín y el Arcediano Miguel José de Riglos — representado en autos, aquella por Martín José de Segovia y éste por su sobrino Fermín de Riglos — iniciaron judicialmente la división del condominio familiar. Las partes acordaron se procediese al inventario y avalúo de estos bienes. La casa y sitio que le servía de morada al Arcediano (la cual a mediados del siglo XVII perteneciera a Catalina de Vera y Guzmán, viuda de López de Alanis). Dicho solar, distante media cuadra de la Plaza Mayor, medía 36 3/4 varas de frente al Este y 66 3/4 de fondo al Oeste; lindaba por el Norte, con la casa de mi 4º abuelo Agustín Casimiro de Aguirre, y por el Sur con sitio de Isidoro Enrique de la Peña, ya difunto. La vivienda del Arcediano poseía oratorio, sala, comedor, dormitorios, distintas habitaciones, escalera y altillo, patio principal con pozo de balde, traspatio, cocina, recámara, caballerizas, corrales y una huerta, al fondo, con 4 naranjos chinos, 6 limoneros y 2 “parras moscateles”. Y la chacra de la costa de San Isidro, que había sido de don Marcos — y antes de su madre Rosa Alvarado —, con sus edificios, cercos, monte y plantíos, y un horno de cocer ladrillos. Excluíanse de la tasación, la: Estanzuela de Las Conchas” de 450 varas de frente y una legua de fondo; y otra Riglos

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Testamentos y deceso de la viuda de don Marcos Por su parte, Francisca Xaviera de San Martín por cuatro veces dejó establecidas las últimas disposiciones de su última voluntad, en sendas escrituras públicas: El 17-II-1791, ante Joseph García Echaburu, donde la señora dijo estar casada con Marcos Riglos — quien moriría cuatro meses después — y haber procreado con éste los siguientes hijos, vivos a la sazón: Francisco Javier, Abogado de la Real Audiencia de Charcas, ausente en el Perú; Miguel Fermín, Sargento Mayor de esta Paza; Rafael José, también ausente en el Perú; María Ignacia Javiera; y María Jacinta de Riglos; “de los cuales solo la última soltera”. Mandó se sepultara su cadáver en la Iglesia de San Francisco con los funerales que dispusieran sus albaceas. Declaró que en oportunidad de su casamiento con don Marcos ella llevó de Dote 8.000 pesos, “en plata, alhajas, fincas y esclavos”. Dispuso que el 5º de sus bienes fuera para sus hijas, y que con los réditos anuales de 1.000 pesos “de principal”, al 5% de interés, se fundara una Capellanía a fin de que se rezara 50 misa al año por su alma; “y cuando no necesite de este sufragio, por la de mi marido y mis padres”. Por Patronos de la pía entidad nombró a sus hijos, en este orden: Francisco Javier, Rafael José, María Ignacia y Jacinta, “y cuando todos falten” al Síndico del Convento de San Francisco. Finalmente designó albaceas suyos: a su marido, a sus hijos Francisco Javier y Rafael José, y a su yerno Francisco Mata Bustamante. Apenas once días más tarde también ante García Echaburu, Doña Francisca Xaviera otorgaba un Codicilo a guisa de enmienda de su anterior testamento; en el sentido de nombrar en 3er lugar por su albacea a su hijo Miguel Fermín de Riglos, “a quien por olvido le dejó de poner”, el hijo Rafael retrocedió al 4º lugar de cumplidor de estancia en Areco de 2 1/2 leguas de frente y su correspondiente fondo, que “la pobló don Marcos a su costa”, con “ganados de todas especies, monte, casas, ranchos, esclavos, utensilios y cercados”. (Fuera del acervo familiar, el Arcediano había adquirido otra chacra en el “Monte Grande”, comprada el 31-I-1775, ante el Escribano Martín Rocha, a María Márquez, viuda de Esteban de la Torre, que medía 80 varas de frente y la consabida legua de fondo; y lindaba al N.E. y S.E. con “el camino que llaman de Bergara” y con las tierras de Marcos Riglos, respectivamente. La vendedora había heredado el bien de sus padres, los Márquez). 388

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la póstuma voluntad materna, y al 5º el yerno Francisco Mata. A ruego de la causante firmó la escritura Manuel López. Nueve meses después (25-XI), ante el mismo García Echaburu, la reciente viuda de Riglos suscribió otro Codicilo, en el cual completaba sus disposiciones postreras. Agregó deberle a Manuel López — “que va a profesar de religioso” — 20 pesos corrientes, “en remuneración de cierto beneficio que le hizo”; y mandó asimismo se le diera a su “tía Petrona Agüero” 100 pesos, por “vía de legado”. Y cuarenta y ocho horas más tarde (27-XI), también autorizado por García Echaburu, la causante otorgó un tercer Codicilo manifestando: Que en su testamento había nombrado 1er albacea a su marido Marcos Riglos, que entonces estaba vivo; que habiendo muerto éste nombraba albaceas en el siguiente orden; 1º) su hijo Francisco Xavier; 2º) su hijo Rafael José; y 3º) su yerno Francisco Mata Bustamante. Que tal nominación no debía afectar a su hijo Miguel Fermín, que había sido nombrado antes albacea, “dejándolo como lo deja en su buena opinión, crédito y fama, pues otra revocatoria la hace sin ánimo de injuriarlo, sino porque con los otros tres últimamente nombrados son bastantes”. Firmó el tercer Codicilo, a ruego de la señora, Fray Hipólito Joseph Soler, “del Convento Grande de San Francisco”, adonde finalmente los despojos de aquella fueron a dormir el sueño eterno. Marcos José Francisco Javier de Riglos y Alvarado y Francisca Javiera de San Martín y Avellaneda hubieron los siguientes hijos: 1) Francisco Xavier Rudecindo de Riglos y San Martín, baut de 6 meses y 20 días, en la Catedral de Buenos Aires, el 20-IX-1748, por su tío el Doctor Miguel de Riglos, cura de San Isidro entonces, siendo sus padrinos el abuelo materno, Maestre de Campo Juan de San Martín, y la abuela paterna Josefa Rosa de Alvarado. Lo educó a Francisco Xavier, el Canónigo Riglos quien pensó mandarlo a España, a fin de que completara sus estudios y se ordenara sacerdote; mas lejos de vestir los hábitos sagrados, el pupilo se recibió de jurista en la Universidad de “San Francisco Xavier de la Capital de los Charcas”, en 1781, cuando frisaba en los 33 años. En Buenos Aires, antes de viajar para Chuquisaca, el 23-I-1776, otorgó, ante el Escribano Conget, un poder a favor de Riglos

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su padre Marcos José de Riglos y de Juan José Lezica (primo hermano de su futura mujer), para que ambos lo representara judicial y extra judicialmente en toda clase de pleitos y negocios.Vuelto a la ciudad porteña, en ella se casó, el 2-II-1783, con Juana Nepomucena de Lezica y Ortega (hija de José de Lezica y Torrezuri y de Ana de Ortega y Carvajal). En 1784 — de regreso de un fugaz viaje a Cádiz — lo eligieron Regidor y Alférez Real en el Ayuntamiento bonaerense; a cuya corporación presentó, en 1786, un título librado a su favor, de Familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Lima. Veinticuatro años más tarde, asiste al histórico Cabildo Abierto del 22-V-1810, y en tal oportunidad vota por la cesación del Virrey y porque la autoridad sea reasumida por el Cabildo interinamente. También su nombre figura en la Gazeta de Buenos Ayres del 26-VII-1810, oblando 100 pesos fuertes para costear la expedición militar a las provincias del interior. En 1812, el Cabildo lo designó Alcalde de 1º voto. Finalmente, el 23-VIII1825, a los 77 años de edad, y a los dos de haberse quedado viudo, murió Francisco Xavier en su casa de la calle Potosí 105, de la vieja numeración (ahora Alsina). Sus hijos fueron: A) Juan Crisóstomo de Riglos y Lezica, baut. el 28-I-1786. En 1799 asistía a la “Academia de Dibuxo. Murió joven, al poco tiempo sin dejar sucesión. B) Ana Estefanía de Riglos y Lezica, baut. el 4-VIII-1788; fall. el 14-VII-1869. Se casó primeramente, el 22-XII-1809, con su primo Miguel Remigio de Irigoyen de la Quintana y Riglos, Alférez de Dragones y Caballero de Alcántara (1794); quien asistió al Cabildo Abierto del 22-V-1810, donde prestó su adhesión al voto de Saavedra. En tiempos de la independencia fue Jefe de Policía y Gobernador Intendente de Buenos Aires. Murió sin sucesión. Por su parte, en la 390

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lista de “donativos para la expedición de unión de las provincias”, publicada por la Gazeta de Buenos Ayres el 5-VII1810, figura “Doña Ana de Riglos y Irigoyen”, la cual “se compromete a sostener 2 hombres durante la expedición, con todas las alhajas de su decencia en caso de necesidad”. De viuda, la señora contrajo segundas nupcias, el 21-IX-18124, con Antonio María Pirán y Balbastro Sebastiani Dávila y Fernández de Agüero. De esta unión provienen, entre otros, los Pirán Riglos, Madariaga Pirán, Madariaga Anchorena, Madariaga Peña, Bustos Morón Madariaga, Pirán Ortiz Basualdo, Muñoz Pirán, Villar Pirán, Blancas Villar, etc, etc. C) María Concepción Vicenta de Riglos y Lezica, baut. el 28-X1797. Casó el 19-X-1815 con Tomás O’Gorman Perichon de Vandeuil (hijo del irlandés Edmundo O’Gorman y de la francoisleña de Mauricio, Archipiélago de Mascareñas en el Océano Indico, Ana Perichon de Vandeuil, la célebre “Perichona” favorita del Virrey Liniers). En sus Memorias Curiosas, ese periodista histórico que resultó ser Juan Manuel Beruti, refiere que en agosto de 1820, cuando Carrera y Alvear con hordas indias y foragidos chilenos estaban sobre Buenos Aires, las mujeres aterradas durmieron algunas noches en los templos. Una de las que se asiló en la Iglesia de San Francisco y se hallaba en la sacristía fue “Da. Concepción Riglos, hija de don Francisco Xavier Riglos y mujer de don Tomás Ogorma, que estaba en días de parir; cuyo parto, con el susto que tenía se le abrevió en términos de no haber más recursos que facilitarle, en el Convento el Padre Guardián, una celda, que siendo la más próxima a dicha sacristía le tocó la del Padre Fray Francisco Castañeda, quien la desocupó, y en la que parió felizmente, habiendo sido asistida en la referida celda hasta quedar restablecida, que se fue a su casa”. La prolífica doña Concepción — haciendo honor a su nombre — procreó 7 hijos durante su matrimonio, entre estos el Coronel Tomas O’Gorman Riglos, que casó con Carolina Martínez. D) José María Jacinto de Riglos y Lezica, baut. el 15-II-1802. Murió soltero. 2) Petrona Catalina de Riglos y San Martín, baut. en Buenos Aires el 20-IV-1753. Falleció niña. Riglos

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3) Miguel Fermín Mariano de Riglos y San Martín, quien recibió las aguas bautismales el 14-X-1754. En sus mocedades abrazó la carrera de las armas, y luego de sucesivos ascensos, en 1778 alcanzó el grado de Capitán en el regimiento “fijo” de Dragones de Buenos Aires. Dos años después, el Virrey Vértiz, por carta del 24-X-1780, se dirigió al Marqués de Sonora, José Galvez, Ministro universal de Indias, informándole que “don Miguel de Riglos, capitán de dragones” solicitaba la merced de un hábito militar. A ese objeto el interesado se trasladó luego a la corte madrileña, a fin de ingresar como Caballero de Santiago, en cuya Orden fue admitido en 1790. La Corona le nombró posteriormente Gobernador político y militar de Mojos y Chiquitos (1798). Desempeñaba este cargo cuando le sorprendió la muerte: no en el Alto Perú, sino en Buenos Aires el 16-V-1808. Habíase casado el 13-IV-1782 con la porteña María Mercedes de Lasala y Fernández de Larrazabal (hija del noble caballero francés Juan Bautista de Lasalle — homónimo de su tío bisabuelo San Juan Bautista de Lasalle — quien al radicarse en nuestra tierra, castellanizó su apellido y tomó por esposa a Agustina Fernández de Larrazabal de la Cruz y Basualdo Avellaneda Lavayén Gaona y Ponce de León). Misia Mercedes de Lasala de Riglos (1764-1837), fue socia fundadora de la Sociedad de Beneficencia y su primera Presidenta. Con motivo de su casamiento, Miguel Fermín declaró, el 9-V1782, ante el Escribano Tomás Boyso, haber recibido de su padre don Marcos, en concepto de su legítima paterna, 5.100 pesos corrientes de a 8 reales: parte en plata sellada y labrada, y el resto “en un matrimonio de esclavos ladinos”, aptos para todo servicio, llamados Juan Joseph y Luisa; por todo lo cual otorgó el correspondiente recibo en escritura pública. Mas adelante, Miguel Fermín instaló su hogar en aquella casa que fue de su abuela Josefa Rosa Alvarado — calle de la Universidad 27, de la antigua numeración (hogaño Bolívar) —, gravada con una Capellanía a estilo de Mayorazgo, que fundaron los tutores de su abuela: Pedro de Vera y Aragón y su mujer Beatriz Jufré de Arce, con un capital de 3.900 pesos metálicos, a fin de que con sus réditos se hiciera una novena anual el día de San Francisco Xavier.

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Al heredar nuestro hombre esa vivienda de su tío el Arcediano Riglos, se convirtió en Patrono de la referida Capellanía. Miguel Fermín de Riglos y María Mercedes de Lasala procrearon estos hijos: A) Miguel Francisco Javier Julián de Riglos y Lasala, baut. el 17-II-1783. Falleció en la infancia. B) Josefa Rosa Mercedes Dionisia de Riglos y Lasala, baut. el 2-III-1784 y fall. el 5-I-1873. Se casó el 28-III-1815 con el Capitán Santiago Cavenago Patrón, el cual desde 1807 había revistado con el grado de Alférez, y como abanderado en el escuadrón de los Húsares, hasta llegar a “Edecán del Superior Gobierno” en 1812, para retirarse al año siguiente. Era hijo de Lorenzo Cadenago y Mendoza, baut. en el Puerto de Santa María, Andalucía, y de la criolla Ana Patrón Díaz de Pimienta (se casaron en Bs. As. el 10-VIII-1785); n.p. de Pedro Cadenago y de María Manuela de Mendoza; n.m. de Lorenzo Patrón y de María Díaz de Pimienta. Resultaba, por tanto, Santiago Cadenago, primo hermano del poeta Esteban de Luca y Patrón. El matrimonio Cadenago-Riglos prolongó descendencia. C) Miguel José Sabelio de Riglos y Lasala, baut. el 9-IX-1790. Contrajo nupcias el 4-III-1822 con Dolores de Villanueva López Camelo, baut. el 12-VI-1804 y fall. bajo testamento el 7-II-1878, ante Nicolás Raggio; hija de Pedro Esteban de Villanueva Martínez Sáenz (nac. en la Villa de Nieva de Cameros, Castilla la Vieja; Alcalde de Buenos Aires y vocal del Consulado que testó el 18-X-1824 ante Manuel de Llames) y de Dionisia Josefa López Camelo y Cheves; n.p. de Francisco de Villanueva y de Isabel Martínez Sáenz; n.m. de Juan Pablo López Camelo, estanciero en el pago del Pilar, y de Juana Paula Cheves; bisn. del Capitán José López Camelo y de Gracia Díaz Paredes, ambos con lejana ascendencia en Buenos Aires y Santa Fé. Fue Miguel José Sabelio de Riglos uno de los señores porteños más característicos de su tiempo. Regidor del Cabildo en 1817 y 1819, y después Fiscal de Estado y Defensor de Menores nombrado por Rosas. Con sus demás hermanos vendió aquella casa de la calle de la Universidad Riglos

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que los Riglos Lasala poseían en condominio; y como sobre la cual pesaba la Capellanía que sabemos, don Miguel consiguió de autoridad eclesiástica, el traslado del gravamen a otra propiedad suya: los famosos “Altos de Riglos”, sitos en la calle entonces Victoria (ahora Bolívar) y edificados en un terreno de 21 varas de frente al Este y 66 de fondo al Oeste; que lindaba por su frente con la “Plaza Mayor”, por el Norte con la casa del finado Lorenzo López (conocido estanciero), por el Sur con el Departamento de Policía, y por el Oeste con Ignacio Freire. Esa mansión llamada “los Altos o el Balcón de Riglos” — centro de alta cultura social en su época — había pertenecido años atrás a un francés de apellido Duval. Con posterioridad el caserón resultó adquirido por el gobierno, cuyo Director Supremo se lo donó mas tarde al General San Martín, en premio de su campaña de los Andes, por título librado el 16-VIII-1819, a consecuencia de la resolución del Soberano Congreso en sesión del 4-V-1818. Años después, el 11-II-1825, ante el Escribano Marcos Agrelo, Manuel de Escalada, como apoderado de su hermano político José de San Martín, vendió a Miguel de Riglos y Lasala la vivienda de referencia. “situada — expresa la escritura original — en la plaza de la Victoria, al embocar la calle de la Plata, y lindera por su frente con dicha plaza, al Oeste con Ignacio Freire, al Sud con casa que fue del Seminario Conciliar, a la sazón Departamento de Policía, y al Norte, calle de la Plata de por medio, con N.P. Porras y otra casa de Freire”. El precio de la venta fue de 20.000 pesos, pero el edificio estaba entonces “en perfecta ruina, como que sirvió de cuartel al Gral San Martín’, por lo que hubo de ser refaccionado por Riglos, refacción concluída en 1827 con un gasto “como de 60.000 pesos. Poseyó nuestro hombre, también, la “casaquinta de Riglos”, en el barrio y frente a la Capilla del Socorro (que hoy se ubicaría en la cuadra de la calle Juncal flanqueada por las de Suipacha y Esmeralda), sobre la barranca con vista al río. Tal quinta fue ocupada para cuartel general por los ingleses cuando asaltaron a Buenos Aires en 1807. Por esas fechas 394

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lindaba, callejones de por medio, al Norte con la quinta de Zuluaga, al Oeste con la Capilla del Socorro y terrenos de Romarate, y al Sur con la quinta de Azcuénaga. Según el plano de Cristóbal Barrientos de 1772, en ese tiempo el predio suburbano que me ocupa dividíase en dos fracciones, pertenecientes a Alejandro del Valle y a Miguel Giménez (titulares de su dominio antes de Riglos), y lindaba por el Norte con tierras de Antonio “el Confitero”, por el Oeste con unos lotes de del Valle y el “sitio” del difunto Terán, por el Sud con Juan José Castilla y la jabonería de Domingo Basabilbaso (después quinta de su yerno Azcuénaga), y por el Este con el Río de la Plata. Murió Miguel José Sabelio de Riglos en Buenos Aires el 20XI-1863. De sus nupcias con Dolores Villanueva provienen estos hijos: a) Miguel José Esteban Vicente Francisco Javier de Riglos y Villanueva, baut. de 11 días el 5-III-1823 y fall. el 17-VI1879. Casó el 6-XII-1848 con Demófila Carranza Viamonte, baut. el 14-II-1828 (hija de Marcelino Carranza y de Martina Viamonte Chavarría). De ellos vienen los Riglos Carranza, Riglos Bergallo Sila, Riglos Capdevila Durao, Casal Carranza Riglos, Rodríguez Copmartín Riglos, Riglos Baizán, Dorr Mansilla Riglos, Rosa Fernández Ramos Riglos, etc, etc. b) José María Eduardo de Riglos y Villanueva, baut. de 4 días el 6-II-1824. Fueron sus padrinos el General José de San Martín y María Eusebia de Lasala, prima hermana soltera del padre del párvulo. José María Eduardo murió en la niñez. c) Ramón Federico de Riglos y Villanueva, baut.el 13-IX1826, fall. el 5-XI-1898. Casó 1º con Isabel Balbín del Caño Gómez Cueli y Cabrera; y 2º con Francisca de Saavedra Ferrás. No dejó descendientes. d) Máximo Aurelio Manuel de Riglos y Villanueva, baut. el 19-VI-1828, fall. en la infancia. e) Marcos Dionisio Javier de Riglos y Villanueva, baut. el 19-IV-1833, fall. el 27-VII-1919. Casó el 12-III-1864 con María Nieves de Oromí Escalada, baut. el 17-X-1841, y Riglos

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fall. el 15-XII-1899 (hija de José Ramón Guillermo de Oromí y Lasala y de María Nieves de Escalada y de la Quintana — ver los apellidos Escalada, Avellaneda, y De la Quintana). Estos fueron sus hijos: e1)Marcos José Andrés de Riglos Oromí, nac. el 30-XI1864. Casó el 30-VII-1894 con María Isabel de Alzaga Piñeyro, baut. el 9-IX-1872 y fall. el 16-V-1913 (hija de Félix de Alzaga Pérez y de Celina Piñeyro García). De ellos vienen los Riglos Alzaga; Riglos Pacheco Santamarina; Blaquier Casares Riglos; Aldao Ocampo Riglos; Leloir Castro Riglos; Riglos Quirno Costa Villate; Riglos Videla Méndez Gonçalves; etc, etc. e2) Dolores Nieves de Riglos Oromí, nac. el 6-II-1866. Casó el 4-III-1883 con José María de Achaval Rufino, nac. el 23-III-1857 y fall. el 1-IX-1929 (hijo de Domingo Antonio de Achaval Madariaga y de su 2ª consorte Hilaria Josefa Rufino Leal Guardiola y Díaz Vélez). De ellos vienen los Achaval Riglos; Achaval Riglos Labougle Basabilbaso; Ayerza Jacobé Achaval Riglos, Ayerza Achaval Landívar Aguirre; etc, etc. e3) José Gregorio Germán de Riglos Oromí, baut. el 27III-1867 y fall. el 30-IV-1886, soltero. e4) Juan Carlos de Riglos Oromí, baut. el 24-III-1870, fall. infante. e5) María Nieves de Riglos Oromí, baut. el 25-III-1872. Casó el 21-IV-1890 con Raúl Juan Cruz Videla Dorna Muñoz Cabrera, baut. el 28-VI-1859 (hijo de Zenón Tiburcio del Rosario Videla Dorna y de Elena Muñoz Cabrera). De ellos vienen los Videla Dorna Riglos; Martínez Videla Dorna; Zemborain Videla Dorna; Aguirre Legarreta Videla Dorna; etc, etc. e6) Esteban María de Riglos Oromí, baut. el 16-X-1879. Casó el 3-VI-1905 con Angélica Magdalena de Elía y Ocampo, nac. el 13-XII-1886 (hija de Agustín Justo de Elía Ramos Mexía y de Rosa Angélica Ocampo y Ocampo). De ellos vienen los Riglos Elía; Becú Riglos; Riglos Santamarina Quintana; Riglos Gutiérrez Martínez de Hoz; etc, etc. 396

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f) Mercedes Francisca de Riglos y Villanueva, baut. el 30XII-1836, fall. el 11-VIII-1925. Casó el 10-X-1866 con Tomás Severino de Anchorena García de Zúñiga, nac. el 8-XI-1827, fall. el 29-VIII-1899, Ministro de Relaciones Exteriores en la presidencia de don Luis Sáenz Peña (hijo de Tomás Manuel de Anchorena López Anaya y de Clara García de Zúñiga). Su descendencia y antecedentes genealógicos se registran en el apellido Anchorena. g) Esteban José de Riglos y Villanueva, baut. el 30-XII1836, fall. soltero. h) Dolores Eusebia Simona de Riglos y Villanueva, baut. el 4-XI-1843, fall. el 26-VII-1875, soltera. D) José Ramón Francisco de Riglos y Lasala, baut. el 1-IV-1791. Fall. en la infancia. E) Martín Marcos José de Riglos Lasala, baut. el 12-XI-1793. Fall. asimismo en la niñez. F) Ramón Doroteo Ignacio de Riglos Lasala, baut. el 6-II-1795. También falleció infante. G) José Martín Ramón Buenaventura Marcos Miguel Francisco Javier Antonio Abad Margarita de Riglos Lasala, a quien con esa ristra onomástica lo cristianaron el 30-I-1797, en la Catedral porteña. En 1810 dejó las aulas del Colegio de San Carlos, donde se educaba, para tomar parte en las luchas de la revolución. Revistó como Subteniente de infantería en el ejército sitiador de Montevideo, a las órdenes de Rondeau. En la Banda Oriental se desempeñó después como edecán del General Alvear, y le cupo el honor de traer a Buenos Aires las banderas tomadas al enemigo. Era Ayudante Mayor en el regimiento 2 de infantería cuando obtuvo su retiro militar absoluto en 1816, con medalla de plata — cinta azul y blanca — de la rendición de Montevideo que lo declaraba “Benemérito en grado heroico y eminente”. Dedicado más tarde al comercio se instaló en Chile, y con su dinero ayudó a promover la expedición de San Martín al Perú. Una vez ocupada Lima por los patriotas, radicóse ahí y fue Cónsul General de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Murió en la capital peruana el 22-II-1839, condecorado con la Legión de Honor Nacional, en el grado de Comendador. Riglos

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José Martín Marcos — que redujo a tres su colección de apelativos — casó en la ciudad del Rimac, el 8-IX-1825, con la encopetada dama limeña Manuela de Asunción Venancia Josefa Simona Díaz de Rábago Abella Fuertes (nac. el 18-V1809; fall. el 16-X-1842). Hija del Brigadier Simón Díaz de Rábago Gutiérrez Morante, Caballero de Santiago (destacado marino español nacido en Hoz de Abiada en 1758), y de la peruana Manuela de Abella Fuertes Querejazu, Condesa de San Pascual; n.p. de Santiago Díaz de Rábago Mier y de Antonia Gutiérrez de Morante y Gutiérrez de Coz; y n.m. de los Condes de San Pascual; José de Abella Fuertes y Francisca de Querejazu y Santiago-Concha Errazquin (nieta ésta del Marqués de Casa-Concha). Del matrimonio Riglos-Díaz de Rábago provienen, entre otras, las conocidas familias peruanas de: Orbegoso Riglos, Riglos Varela y Valle, Moreyra Abella Fuertes Riglos, De la Riva Agüero Riglos, etc, etc. El ilustre hombre de letras y de mundo don José de la Riva Agüero, Osma, Riglos, y Sancho Dávila, Marqués de Montealegre de Aulestía, gran amigo de mis padres, trataba de “parienta” a doña María Eugenia Aguirre Lynch de Ibarguren; eran, precisamente, primos en cuarto grado. H) Francisca Javiera de Riglos y Lasala, falleció soltera. Fue con su hermano Miguel José Sabelio, “Patrona” de aquella Capellanía fundada a estilo de Mayorazgo por los esposos Pedro de Vera y Aragón y Beatriz Jufré de Arce — tutores de la abuela de ellos, Josefa Rosa Alvarado de Riglos —, que gravaba la finca de la calle de la Universidad, que sabemos. 4) Marcos José Hilario de Riglos y San Martín, baut. el 3-X-1755. Murió en la infancia. 5) María Rosa Anselma de Riglos y San Martín, que fue baut. el 23IV-1757. Se casó el 21-IV-1773 con Juan José de Lezica y Alquiza, Torrezuri y Peñaranda Rengifo, linajudo caballero nacido en Sica-Sica, Alto Perú, y radicado en Buenos Aires. A raíz de esta boda con Lezica, Marcos José de Riglos, en una escritura otorgada el 14-IX-1774, ante el Escribano García Echaburu, doto a su hija María Rosa con dinero y bienes por un valor de 12.000 pesos. Murió dicha señora sin sucesión antes de 1779, año en que

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su viudo contrajo segundas nupcias con Petrona Antonia Vera Mujica y Pintado, con la que procreó numerosa descendencia. 6) Rafael José de Riglos y San Martín, que fue bautizado de 4 días en la Catedral bonaerense, el 27-X-1758, por su tío el Arcediano Miguel José de Riglos y Alvarado y bajo el padrinazgo de Marcos de Larrazabal y de su mujer Josefa de la Quintana y Riglos Torres Gaete, prima hermanastra del párvulo. En 1780 — frisaba en los 22 años — pasó Rafael al Perú como Capitán de las tropas enviadas allí por el Virrey Vértiz, a fin de aplastar la rebelión de Tupac Amarú. Con motivo de este alejamiento, su padre Marcos Riglos, el 16-VIII-1784, compareció ante el Alcalde ordinario y Juez de Menores José Antonio Ibañez y dijo; “que su hijo Rafael José tiene edad cumplida de 25 años y le ha pedido le dé la emancipación de la patria potestad”; en consecuencia “le hago Señor de sus acciones para que con más desembarazo y libertad pueda obligarse por sí, contratar y administrar sus bienes”. El Capitán Rafael José de Riglos se casó en Arequipa con Bernardina Cáceres Rodríguez (hija de José Manuel de Cáceres y de Bernarda Rodríguez). Fallecida esta señora sin haberle dejado descendencia, don Rafael contrajo segundas nupcias en Arequipa con María de Aranibar y Fernández Cornejo, el 15-IV-1791; hija ella del Coronel José Joaquín de Aranibar Fernández Cornejo y de Cipriana Fernández Cornejo y Rendón (propia hermana de Adrián, quien con Clara de la Corte y Rosas son el tronco de los Cornejo salteños).(Ver su genealogía completa en Los Fernández Cornejo del Perú por Atilio Cornejo en el Boletín de San Felipe y Santiago de Salta, Nº 21-22). De los esposos Riglos-Aranibar Fernández Cornejo, provienen los Riglos arequipeños y los de otra rama peruana; entre muchos, los; Vásquez Riglos, Riglos Benavente, Guerola Riglos, Lastres Riglos, (doña Valentina Camacho Lastres Riglos, 1ª Marquesa de Casas-Novas), Larrabure Solar Lastres, etc, etc. 7) María Josefa Victoria de Riglos y San Martín, baut. el 20-IV-1761. Murió niña. 8) María Ignacia Petrona Xaviera de Riglos y San Martín, baut. el 3IX-1768. Se casó el 16-III-1787 con Francisco de Mata Bustamante, natural de Buenos Aires (hijo de Pedro Mata y de Valeriana Bustamante). Fallecido Francisco Mata, pasó María Riglos

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Ignacia a 2as nupcias, el 4-VIII-1807, con Domingo José de Reinoso y Roldán, nacido en 1766 en “la ciudad del Puerto de Santa María de Sevilla”. Producida la Revolución de Mayo, en la lista de donativos destinada a costear la expedición a las provincias interiores, que publicó La Gazeta el 19-VII-1810, aparece el nombre de “Doña María Ignacia de Riglos, (que) obló 25 pesos fuertes, con calidad de por ahora”. Su segundo consorte, el sevillano Domingo José de Reinoso y Roldán era hijo del Capitán de Infantería de Jerez de la Frontera, Manuel José de Reinoso, Caballero de la Orden de Santiago y Regidor Decano perpetuo del Puerto de Santa María, y de su esposa Elvira María Roldán y Baeza de los Olivos, nativa de Cádiz; n.p. de los primos Juan José de Reinoso Mendoza y Luyando, Caballero de Calatrava y Señor de Marotera, y de Sebastiana de Reinoso y Mendoza Ordoñez de Romana; n.m. de Salvador Roldán y Villalta, Brigadier de los Reales Ejércitos y Gobernador de San Lúcar la Mayor, y de Elena de Baeza y Nasau; bisn. del Alférez Mayor y Caballero de Santiago Pedro de Reinoso y Mendoza, Señor de Marotera, y de Catalina de Luyando y Bornes. Por su parte el descendiente de todos estos personajes, y 2º marido de María Ignacia de Riglos; Domingo José de Reinoso y Roldán era Caballero de Calatrava e Intendente de los Reales Ejércitos en Buenos Aires. Había ingresado en 1784 en la marina española y alcanzó el grado de Teniente de Fragata. Contrajo un primer enlace con Agueda Mas y Barriera, natural de La Habana en la isla de Cuba, con la que tuvo 4 hijos; Manuel José María de Reinoso y Mas; María de los Dolores de Reinoso y Mas, casada con el General Angel Pacheco y Concha (con conocida descendencia); Elvira Juana de Reinoso y Mas, que casó con el Teniente Coronel Mariano de Escalada y de la Quintana (con sucesión — ver el linaje de Escalada); y Juana de Reinoso y Mas, fallecida menor de edad. Con María Ignacia de Riglos, Reinoso no tuvo hijos, y murió en Génova, el 9-I-1832. La noticia de esta muerte le fue comunicada a su viuda — que vivía en Buenos Aires en su casa de la calle “de las Piedras, Nº 57” — por el amigo José Paradís, residente en Génova, y “por mi sobrina doña Petrona Irigoyen Concha, desde Madrid, y por mi hermana política doña María del Rosario Reinoso, esposa del Teniente General de la Real Armada 400

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Domingo de Grandalla, desde Cádiz” — según lo puntualizó en su testamento María Ignacia de Riglos. (Domingo Pérez de Grandalla nacido en Jerez de la Frontera, fue famoso marino; llegó a Ministro de Marina y a Consejero de Estado, era Caballero de Santiago, Gran Cruz de Carlos III y Teniente General de la Armada. Falleció en Madrid en 1807). Doña María Ignacia heredó la vieja chacra familiar en el “Monte Grande” o “Costa de San Isidro” (hoy localidad de Martínez), y fue también universal heredera de su cuñada Serapia de Mata Bustamante, la cual había testado el 5-X-1810, ante el Escribano Inocencio Antonio Agrelo. Un cuarto de siglo mas adelante, el 21IV-1835, testó la señora de Riglos ante el Notario José Marcelino Jardón. Como ella no tuvo prole, herederos legatarios suyos resultaron los vástagos del 1er enlace de su 2º marido; los Reinoso y Mas, Pacheco Reinoso y Escalada Reinoso. Recibieron asimismo legados; Irene Vázquez de Riglos, su sobrina nieta; Inés de Gea Martínez, “que me la había recomendado su madre al tiempo de su fallecimiento en el hospital, cuando tenía 5 o 6 años”; su cuñada María de Aranibar Cornejo de Riglos; y su prima Gerónima de San Martín (casada 1º con el genovés José Buchardo Lavagi y en 2as nupcias con Francisco Herrera Morales; madre, Gerónima, de Dominga Francisca Buchardo San Martín, esposa del General Antonio González Balcarce). Otorgó la causante libertad a todos sus esclavos de ambos sexos, nacidos, por cierto, antes de 1813; y nombró albacea al General Angel Pacheco. Los bienes principales dejados por la testadora a los Pacheco y a los Escalada fueron; la chacra “de la costa de San Isidro”, su casa de la calle Piedras nº 57, y otras casas en la calle Victoria nº 238 y 240. 9) María Jacinta Martina de Riglos y San Martín — la menor de sus hermanos — recibió las aguas bautismales el 17-VIII-1769, en Buenos Aires. Aquí mismo contrajo matrimonio, antes de cumplir sus 23 años, el 26-VII-1792, con el Abogado Mariano Francisco de Zavaleta y Aramburu. Estos cónyuges son mis 4os abuelos. Fallecida María Jacinta en 1798, a su cadáver lo sepultaron en la Iglesia porteña de La Merced. Viudo su marido, se ordenó de sacerdote y fue Canónigo de la Catedral, Provisor y Gobernador Eclesiástico en Sede Vacante del Obispado bonaerense. De los Zavaleta Riglos y de los antecedentes genealógicos y biográficos Riglos

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del Dr. Mariano Francisco, me ocupo en el capĂ­tulo dedicado al linaje de Zavaleta.

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Riglos

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Apéndice Referencia histórica del antiguo solar de la calle Bolívar, cuyo dominio recayó en mi familia materna en 1673 a partir del antepasado Miguel de Riblos y la Bastida, y más de dos siglos después, en 1938, fue transferido a manos extrañas por los 5os nietos de Riblos; María Eugenia Aguirre de Ibarguren y sus hermanos, últimos poseedores, en condominio, de dicha heredad familiar. Y ... aquí me pongo a contar: I — Luis Gaytán, “mancebo de la tierra”, nacido en Asunción del Paraguay por 1546 (hijo de Francisco Alvarez, soldado expedicionario con don Pedro de Mendoza, y de una india guaraní), acompañó a Juan de Garay en la repoblación de Buenos Aires. Integró luego como Regidor el primer Cabildo porteño, y en su calidad de vecino inaugural, — con otras mercedes — Garay le adjudicó, el 17-X-1580, el solar urbano lindero, calle en medio, con el terreno destinado al Cabildo, frente a la Plaza Mayor; en la esquina que hoy forman la calle Bolívar e Hipólito Yrigoyen, allí donde arranca hacia el Sudoeste la Avenida Julio A. Roca. Dicho solar medía 70 varas de frente por 70 de fondo, y lindaba entonces, por su frente al Este, calle en medio, con Pedro de Quiróz (lejano ascendiente mío); al Norte, calle en medio, con “el Cabildo y cárcel de la ciudad”; al Oeste, con fondos del lote de Pedro Alvarez Gaytán, sobrino del agraciado; y al Sur con el Capitán Juan Fernández de Enciso (remoto abuelo mío también), II — Fallecido Luis Gaytán — que fue casado en Asunción con Elena Espíndola — heredó el solar paterno en Buenos Aires su hijo Francisco Alvarez Gaytán, quien, por su parte, era marido de Isabel de Castro, en la que hubo tres criaturas: Juan, Luis y Mencía Alvarez Gaytán. Evidentemente, la especie de que dicho terreno con su construcción elemental fue el primero que se vendió en 1584, por el precio de “un caballo blanco y una guitarra” resulta pura fantasía, sostenedora de una repetida y pintoresca leyenda.

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III — El año 1590, el Cabildo, en su acuerdo del 9 de julio, mandó a Francisco Alvarez Gaytán “adereçe y adobe” (hermosee y componga) parte de su casa, a fin de que pudiera instalarse ahí — en algunos de los aposentos de esa vivienda — el primer Hospital de la ciudad, llamado “de San Martyn”. Como se echa de ver, la primera enfermería o modestísima “asistencia pública” de Buenos Aires funcionó en el solar de esta referencia; digno motivo para ser recordado sobre el terreno con una placa alusiva. IV — A todo esto, el 1-IX-1603, Francisco Alvarez Gaytán — a la sazón Alcalde ordinario de Buenos Aires — en su carácter de apoderado de su pariente Pedro Alvarez Gaytán — quien había mudado su vecindad porteña para radicarse definitivamente en la ciudad de “Vera de las Siete Corrientes” —, le vendía el terreno lindante con los fondos del suyo, a uno de mis ancestrales abuelos; el Capitán Pedro Gutiérrez. En la pertinente escritura Francisco manifestó; “que por cuanto dicho mi primo me ha escrito por sus cartas venda un solar que tiene en la calle que llaman de Córdova (ahora Perú) y linda con solar mío, y con solar de Juan Nieto de Umanés Molina”; en cumplimiento de ese mandato, el otorgante daba en venta al mencionado Gutiérrez aquel lote de la calle “Córdova” por 100 pesos. Más sucedió que al tiempo de realizarse esa transferencia en Buenos Aires, Pedro Alvarez Gaytán, en Corrientes, también ante Escribano público, enajenaba todas sus propiedades bonaerenses a favor de Martín Alonso. Así, con posterioridad, dicho Alonso, mediante otra escritura, de fecha 17-XII-1605, le confirmó a Pedro Gutiérrez la compra que dijimos; la cual no involucraba el solar entero que fuera del poblador originario, sino, probablemente, solo la mitad de ese predio, ya que, tres días más tarde, el 20-XII1605, el mismo Alonso le confirmó de igual manera a Amador Báez de Alpoin (abuelo de la futura primera esposa de Riblos) todas las tierras que tal acaudalado portugués le había comprado anteriormente a Pedro Alvarez Gaytán, “difunto que Dios haya”. Entre esas inmuebles Báez de Alpolin adquirió “la cuadra que en la traza desta ciudad se señaló al dicho Pedro Alvarez Gaytán”, donde edificó “las casas principales de su vivienda, con seis aposentos, cocina y caballerizas”; vivienda que luego, el 22-V-1617, se dió a su hijo Matías Cabral de Alpoin; “que al presente reside en sus estudios en la Riglos

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ciudad de Todos los Santos, puerto de Bahía del Brasil”, a punto de ordenarse sacerdote. Tal donación fue reiterada por don Amador cuatro días más tarde, el 26 de mayo en su testamento. Me he detenido en estos antecedentes que corresponden al lote limítrofe por el costado Oeste con el solar objeto de la presente reseña, por haber recaído su propiedad en el jefe de la familia de la primera mujer de Miguel de Riblos; Amador Báez de Alpoin, con parte de cuyos bienes aquel antepasado mío levantaría su fortuna medio siglo después. V — Entretanto, en las construcciones del solar objeto de este trabajo — donde aún funcionaba el Hospital — habitaban los hijos menores del finado Francisco Alvarez Gaytán con su madre; la cual, a poco de enviudar, habíase casado en 2as nupcias con Andrés Jiménez, “privado de la vista”. VI — Precisamente en el año 1605 los aposentos del Hospital se repararon de nuevo por mano del “maestro Ruy Gómez de Avila”. A este “alarife” el Cabildo le reclamó una imagen “de bulto” del Patrono San Martín de Tours, que sería entronizada en el precario local donde curaba y sangraba enfermos — sino los remitía al otro mundo — el “surujano” Manuel Alvarez, primer médico estable en Buenos Aires. Después de 1611, el “Hospital de San Martín” fue trasladado a la manzana que recuadran, en la actualidad, las calles Defensa, Chile, Balcarce y México. VII — El 2-VIII-1617, los herederos de Francisco Alvarez Gaytán; Luis Gaytán, por sí, e Isabel de Castro como madre, tutora y curadora del menor Juan Rodríguez Gaytán — previa licencia concedida por el Alcalde y Juez de Menores, Cristóbal Naharro (mi antepasado) —, vendieron a Manuel Cabral de Melo (tío carnal de la futura mujer de Riblos) “medio solar que han y tienen y hubieron y heredaron del dicho su padre, con una casilla vieja poblada en el, que se está cayendo, que es en la esquina de la Plaza Pública de esta ciudad”; cuyo sitio lindaba “por un lado con casas de Amador Váez, difunto, padre de dicho comprador, y por otro lado, con solar del Capitán Rafael Maldonado que fue de los herederos de García Hernández, calle en medio, y por delante la dicha calle real y las Casas del 406

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Cabildo, y por detrás linda con solar y casas de doña Catalina de Vera y Guzmán” (antepasada mía, cuya parcela fuera originariamente del Capitán Fernández Enciso). El “precio y cuantía” de la venta fue de 380 pesos reales al contado. VIII — Entre 1620 y 1624 la futura suegra de Riblos, Isabel de Melo y Báez de Alpoin, se casó con el fidalgo lusitano Antonio de Gouvea y Silveyra. Después ella sucedió a sus hermanos el clérigo Matías Cabral de Alpoin y el Capitán Manuel Cabral de Melo y Alpoin — que se avecindó en Corrientes — en el dominio de aquellas dos fracciones que ya vimos como correspondieron a cada cual de ellos. IX — Y en 1673, esos dos lotes urbanos unicados en un solo título integraron la dote de Gregoria de Silveyra y Gouvea Cabral de Melo Báez de Alpoin, la primera mujer de Miguel de Riblos y la Bastida, quien en dicho terreno — entonces de 32 3/4 varas de frente por 68 de fondo (recuérdese que Luis Gaytán recibió de Garay 70 varas por 70) — levantó su lujosa vivienda familiar; la cual se componía de 14 piezas o cuartos y una “sala altta”, con sus puertas y ventanas enrejadas y techos labrados con madera de cedro, todo distribuído alrededor un amplio patio interior con parral, en cuyo fondo prolongábase la huerta arbolada de frutales. X — Casi media centuria (1673-1719), hasta su muerte, poseyó Riblos la finca que me ocupa. Aunque luego de la bancarrota de éste, en 1714, aquella vivienda — como todos los bienes del fallido — pasó a ser administrada por el Síndico del concurso de acreedores; el Capitán Pedro de Saavedra. XI — En 1725, cuando el Cabildo resolvió levantar un nuevo edificio y demoler su antiguo local, designó a los Regidores Lucas Belorado y Matías Solana a fin de que ellos buscaran un recinto provisional donde pudiera el cuerpo celebrar sus acuerdos, en tanto se edificaba su sede futura. Dichos señores entendiéronse con el Administrador de los bienes sucesorios de mi antepasado, quien les alquiló “la sala altta de las cassas de Don Miguel de Riblos, difunto”. Concertada la locación mediante el pago de 3 pesos mensuales, la viuda y tercera esposa del causante, Josefa Rosa de Alvarado, moradora de la Riglos

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vivienda, se “avía escuzado de dar entrada franca por la puerta de calle ... y la ofreció dar por otra puerta pequeña que avía de poner al propósito” — según lo expresa el acta capitular del 16-IV-1725. De tal suerte — y que conste para la historia — el Cabildo porteño y celebró sus sesiones, desde 1725 hasta 1732 — ininterrumpidamente durante 7 años, hasta su mudanza hasta otro aposento de su inconcluso caserón — en la “sal altta” de la casa de mis antepasados, lo que, sin duda, aumenta el prestigio de aquel viejo solar de la calle Bolívar. XII — El 26-X-1730, en los “Portales de la Plaza Pública, lugar destinado a las Almonedas”, el Alcalde de 1º voto Juan Bautista de Sagastiverría ordenó se subastara la vivienda perteneciente al concurso del finado Riblos. Estaban allí presentes, además de un numeroso grupo de vecinos, el Defensor de Menores Matías Solanas y Juan de la Cámara defensor de los bienes del dicho don Miguel”. Dispuestas así las cosas, hízose oír el vozarrón del mulato Francisco, el pregonero; “Ea cavalleros, lléguense a la almoneda que se esta haciendo de las casas que fueron de don Miguel de Riblos, que están inmediatas a la Plaza y hacen esquina a ella”; 13.666 pesos “dan por las casas que fueron del General Miguel de Riblos”. Y al no concretarse mejor oferta resultó comprador de la propiedad el Capitán Fermín de Pesoa, quien, al día siguiente, 27 de octubre, ante el Escribano Francisco de Merlo, declaró haber adquirido la casa para Nicolás de la Quintana (mi 6º abuelo). XIII — Nicolás de la Quintana había contraído nupcias el año anterior (29-I-1729) con Leocadia de Riglos y Torres Gaete, hija primogénita del concursado Riblos, y en la rematada mansión de ese difunto suegro suyo el nuevo dueño fundó su hogar, en el que nacieron todos sus hijos. XIV — El año 1731, Nicolás de la Quintana fue designado “Familiar del Santo Oficio, subordinado al Tribunal de Lima”. Así, en algunas de las dependencias de aquella casa, frente a la Plaza Mayor, tuvo asiento la inoperante Inquisición entre nosotros.

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XV — El Padrón urbano porteño levantado por el Ayuntamiento en 1744, registra que en la vivienda de don Nicolás ocupaban “quartos” a la calle con tenducha abierta, los siguientes inquilinos, todos solteros; Antonio González Uría, “mercader tratante, natural de Ponferrada de Viazo; Juan Martínez, el cual no obstante ser “zirujano natural de Navarra” traficaba asimismo al por menor; y Francisco Joseph Ramos, mercero. En lo que respecta al dueño de casa “Familiar inquisitorial”, él, su esposa, hijos y servidumbre de esclavos, albergábanse en los amplios departamentos interiores de la morada referida. XVI —Nicolás de la Quintana y su mujer Leocadia de Riglos fallecieron en 1769 y 1778, a los 74 y 69 años de edad respectivamente. Y el 18-XI-1778, ante el Escribano José Zenzano en su registro nº 2, los herederos — hijos y yernos — de dichos cónyuges; Francisco de Espinosa y su mujer Narcisa de la Quintana y Riglos; el Coronel y Caballero de Santiago Marcos José de Larrazabal y su mujer Leocadia de la Quintana y Riglos; El Capitán de Granaderos del Regimiento “Fijo” de Infantería Manuel de la Quintana y Riglos; el Capitán de Dragones José Ignacio de la Quintana y Riglos; el Alférez del mismo regimiento Nicolás de la Quintana y Riglos; Ignacio de Irigoyen y su mujer Francisca de la Quintana y Riglos; el Teniente Coronel Juan Antonio Marín y su mujer Rosa de la Quintana y Riglos; (5os abuelos míos); Josefa de la Quintana y Riglos esposa del Caballero de Alcántara Domingo Alonso de Lajarrota (también mis 5os abuelos); y el Cadete de Dragones Javier de la Quintana y Riglos; comparecieron y dijeron; que vendían al coheredero Domingo Alonso de Lajarrota “las casas principales altas y bajas que fueron de sus difuntos padres, sitas en la traza de esta ciudad y hacen esquina de la Plaza Mayor de ella; y lindan; por el Levante, que es su frente, calle real de por medio, con otras del Secuestro de las Temporalidades que se ocuparon a los jesuitas; por el Norte, calle real de por medio, con las casas de la Ciudad (el Cabildo) y otras de don Manuel de Bustamante; por el Sur con las de Señor Arcediano de esta Santa Iglesia, don Miguel de Riglos; y por el Oeste, que es su fondo, con la de los herederos de don Pedro García Pose”. Dicha finca solariega se traspasaba a favor de Lajarrota con el “derecho de echar las aguas altas”, por la parte del Riglos

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Sur, a lo del Deán Riglos, y de “vertir las aguas altas y bajas del segundo patio” a la casa vecina de los García Posse. Y — dentro de sus medidas; 32 3/4 varas de frente al Este “donde están las puertas principales” y 68 varas en sus costados “de Oriente a Poniente” — la casona se vendía “con sus entradas y salidas, usos y costumbres, derechos y servidumbre, vertientes y lumbreras”, por el precio de 20.000 pesos — verdadero “record” para las operaciones inmobiliarias de aquel tiempo. Por último, agregaba la escritura, que los títulos respectivos se entregarían en testimonio, “siempre que lo pida el comprador”, por estar los originales “en poder de don Miguel José de Riglos (el Arcediano), que los ha puesto de manifiesto, por que su casa contigua y expresada en la parte del Sur, fue también de don Miguel de Riblos (padre) y allí constan las compras de una y otra posesión”. XVII — Cuatro meses después (8-III-1779), ante el mismo Zenzano, Domingo Alonso de Lajarrota declaraba haber comprado la finca que fuera de Riblos y luego de De la Quintana, para su yerno Agustín Casimiro de Aguirre; pues la referida transferencia solo había sido “una mera confianza”, y si por ello tenía adquirido algún derecho lo cedía a don Agustín Casimiro. XVIII — Agustín Casimiro de Aguirre Micheo Bengoechea y Uztariz, habíase casado el 17-III-1777 con María Josefa Alonso de Lajarrota de la Quintana Ortiz de Rozas y Riglos. Hasta el fin de sus días — vale decir durante 11 años — habitó él con su familia la mansión de esta referencia. Salvo su primogénita María Josefa (fallecida niña), en dicho hogar nacieron sus demás hijos: Martina (futura mujer de Cagigas), Casimira (de Laguna), Manuela (de García), José Agustín Xavier, y Manuel Hermenegildo; y allí el padre exhaló su último suspiro, después del 12 y antes del 30 de abril de 1790. XIX — El año 1783, el Teniente de Navío Juan Francisco de Aguirre Uztariz (tío por Aguirre y primo 2º por Uztariz de don Agustín Casimiro, aunque 14 años menor que este) llegó a Buenos Aires a reunirse con sus camaradas y hombres de ciencia Félix de Azara, Diego de Alvear, José Varela y Ulloa, Bernardo Lecocq, José Cabrer, 410

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Andrés Oyarbide, Pedro Cerviño, Pablo Zizur, Sourrier de Soullac, Martín Boneo, Rosendo Rico, Antonio Alvarez de Sotomayor e Ignacio Pasos: geógrafos, ingenieros, matemáticos, cosmógrafos, agrimensores y naturalistas; integrantes todos de las Comisiones de Límites que, conforme al Tratado de San Ildefonso, debían trazar las fronteras entre las posesiones sudamericanas de España y Portugal. “Para reconocer los útiles que se habían acopiado en esta Capital” — al decir de Oyarbide —; o sea probar los instrumentos astronómicos de que venían bien provistos los peritos demarcadores, instalóse “un Observatorio” en lo alto de la casa de Agustín Casimiro de Aguirre, donde — “desde el 23 de febrero de 1783 hasta septiembre de ese mismo año” — hiciéronse numeroso estudios acerca del movimiento de los cuerpos celestes. Por su parte Groussac en su Noticia Biográfica sobre Juan Francisco de Aguirre (Anales de la Biblioteca, Tomo IV) apunta que “por ciertos pasajes de la Memoria de Oyarbide, geógrafo de la segunda partida, que concuerdan con vagas tradiciones domésticas, se presume que Aguirre — tal vez con algunos compañeros — hubiese recibido hospitalidad en la familia de su linaje y apellido, que ya entonces ocupaba su casa solariega en la esquina sudoeste de la Plaza Mayor. Desde ese balcón de don Agustín Casimiro de Aguirre se hicieron todas las observaciones astronómicas que en los cuadernos de dichos oficiales se consignan, y en particular la del eclipse de luna del 18 de marzo”. “Ese día — recuerda Oyarbide — al salir la luna, que aún estaba claro, había ya mediado el eclipse, y fuera de esto el edificio de la Catedral nueva ocultaba el horizonte oriental desde la casa de D. Agustín Casimiro de Aguirre, esquina S.O. de la Plaza Mayor, en que se hacían las observaciones”. De tal manera, el primer observatorio astronómico de Buenos Aires funcionó en 1783, en el recinto solariego que fue de mis antepasados maternos. XX — El 13-IV-1786, en algunos de los dormitorios de aquella mansión, exhaló sus vagidos y vió la luz del mundo mi tatarabuelo Manuel Hermenegildo de Aguirre y Lajarrota, prócer civil de la independencia argentina, primer comisionado diplomático de las Provincias Unidas del Río de la Plata ante el Presidente de los Riglos

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Estados Unidos de Norte América, James Monroe, legislador y ministro de hacienda bonaerense. XXI — El año 1789, luego de los lutos y solemnes funerales cumplidos por la muerte de Carlos III, tuvo lugar en Buenos Aires la clásica y aparatosa proclamación del nuevo Rey Carlos IV. Con dicho motivo, la morada del Alférez Real Agustín Casimiro de Aguirre, contigua al Cabildo y frente a la Plaza Mayor, fue iluminada profusamente durante “los tres días (noches, más bien) que duró la función”; sus balcones, en los que se colocó el Pendón Real, se engalanaron con colgaduras vistosas y lucidas”, y, como fin de fiesta, el nombrado Alférez Real dió en su propio domicilio, “un expléndido refresco al numeroso concurso en la tarde y noche de la Proclamación”. Así, la tradicional vivienda de esta reseña sirvió de brillante marco a los regocijos celebrados en la “Reina del Plata” con motivo del advenimiento al trono de Carlos IV. XXII — Fallecido en 1790 Agustín Casimiro de Aguirre, le fue adjudicada la finca de que trato a su viuda María Josefa Alonso de Lajarrota, según hijuela corriente a fojas 74 vuelta del expediente testamentario que quedó archivado en la Escribanía de Manuel Cabral. La aludida “casa habitación esquina a la Plaza”, estaba libre de censo e hipoteca, y en el testamento de su dueño se “regulaba su valor por las muchas mejoras que hizo”, en 35.000 pesos. XXIII — Treinta y dos años más tarde, María Josefa Alonso de Lajarrota, viuda de don Agustín Casimiro, fallecía, en la vieja casa de sus antepasados, luego de otorgar testamento el 31-XII-1821, ante el escribano Narciso Iranzuaga; cuya copia fiel se archivó en la Escribanía Montaño, en el legajo 108 y a fojas 8 del “Expediente obrado para acreditar la pérdida hecha por el Escribano Narciso Iranzuaga del testamento de la finada doña Josefa de Lajarrota, y subsanación de él”. En la cláusula 3ª de dicha escritura, la testadora declaró haber sido casada con Agustín Casimiro de Aguirre, con quien había procreado seis hijos: María, Martina, Casimira, José Agustín y Manuel, de los cuales murieron sin descendencia María y José Agustín, falleciendo también Martina, casada con Antonio de las 412

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Cajigas, con quien dejó dos hijas: Carmen, mujer de Matías de Irigoyen, y Martina muerta soltera. En la cláusula 8ª de aquel documento, la causante nombró por albaceas en primer término a sus hijos Manuel y Manuela (la esposa de Manuel José García); en segundo lugar a Casimira, residente en España (esposa de José de Laguna y Calderón de la Barca); y en tercer término a Antonio de las Cajigas. finalmente la otorgante instituyó por sus universales herederos a sus hijos Casimira, Manuela, y Manuel Aguirre y Lajarrota, y su nieta Carmen de las Cajigas Aguirre de Irigoyen. XXIV — Trece meses después, el 21-I-1823, Manuel Hermenegildo de Aguirre y Lajarrota, como albacea de su finada madre, daba en alquiler toda la casa mortuoria de ésta a la firma “Félix Castro y Cia” sociedad constituída por Castro y por el propio Aguirre como capitalistas, para explotar la casa de Café que llamaron “de la Victoria”, frente a la Plaza epónima. Y cuatro años más tarde, el 24IX-1827, ante Manuel Cabral, Manuel Hermenegildo vendió su parte accionaria a León Monguillot, el cual, junto con Félix Castro, prosiguió con el expuesto negocio, hasta convertirlo en relevante confitería. Tocante a ese “Café de la Victoria”, diré que han quedado célebres los festejos que tuvieron lugar allí el 21-I-1825, cuando en Buenos Aires se supo la noticia del triunfo de Ayacucho. En el alegre recinto, desbordante de concurrencia, sucediéronse los brindis y las exclamaciones de regocijo, mientras un grupo de músicos, durante varias noches, amenizó la algazara con melodías populares. Y también es digna de recordación una famosa baraúnda, ocurrida en el Café el 9-XI-1827, entre el redactor del periódico La Atalaya Republicana, José María Márquez, que ocupaba una mesa con varios amigos federales dorreguistas, y los unitarios opositores de la mesa de Juan Cruz Varela y sus acólitos, que plumeaban en El Granizo, ridiculizando al gobierno. Pulla va, insulto viene; vuelan pocillos y botellas; y salen bastones a propinar contundencias, por si no fueran bastantes las trompadas y silletazos. Juan Cruz Varela saca de sus bolsillos un par de pistolas y hace fuego, sin herir felizmente a nadie, aunque un espejo cae hecho añicos. De más está decir que al comienza de la gresca los desprevenidos parroquianos salieron huyendo del Café. En tanto a los combatientes de ambos bandos eran Riglos

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arrestados por el Jefe de Policía, Juan del Pino. Un año más tarde (8XI-1828) La Gaceta Mercantil recordaba en versos festivos aquel fenomenal batifondo, donde; “Con gran valor y energía / salieron llenos de gloria / del Café de la Victoria / los federales tal día”. XXV — Por aquellas fechas, y hasta mucho más adelante, el edificio de que trato, por lo menos en su aspecto externo, permaneció sin variación alguna. Podemos contemplar su sencilla fachada en todas las estampas y vistas del Cabildo, de la pirámide de Mayo y de la Plaza de la Victoria. realizadas durante casi medio siglo; tanto en las ilustraciones de Vidal (1816-1819); en las acuarelas de Pellegrini (1829) y en las litografías de Ibarra (1839); como posteriormente en un daguerrotipo de 1852 y otra fotografía del año 1869; en los grabados de Smeeton Tilli (1873) y en los de Album de Burmeister (1874-79). En todos esos testimonios gráficos, junto al Ayuntamiento, en la esquina de siempre dando frente a la Plaza, aparece la vivienda de altos que me ocupa, en forma de cuadrilátero blanqueado a la cal y con techos de rojas tejas españolas. Pueden verse en el piso de abajo las distintas puertas de los negocios a la calle, y en la plata superior, las ventanas y puertas y un balcón esquinado de hierro que prolonga sus barandillas sobre las calles “de la Universidad” (después Bolívar) y “de la Victoria” (Hipólito Yrigoyen, en esta actualidad). XXVI — El 5-V-1834, ante el Escribano Marcos Leonardo Agrelo, “Don Manuel Hermenegildo Aguirre, don Manuel José García y don Matías Irigoyen, el primero por sí, el segundo como esposo de doña Manuela Aguirre, y el tercero como viudo de doña Carmen de las Caxijas y Aguirre, legítima y única heredera de la finada doña Martina Aguirre, esposa que fue de primeras nupcias de don Antonio de las Caxijas; dichos tres comparecientes prestando voz y caución de que habría por rato et grato todo cuanto ellos hicieren doña Dolores Laguna, residente en Badajoz, Reyno de España, esposa del Señor Baca y Brito, Marqués de Fuente Santa, como hija única y heredera de la finada doña Casimira Aguirre de Laguna”, vendieron a José de Iturriaga la más que sesquicentenaria mansión de sus mayores, convertida entonces en casa de alquilar locales. El precio de la transferencia fue de 37.500 pesos moneda corriente, “pagadero en dos plazos de 6% mensual”, en cuya garantía Iturriaga hipotecó la 414

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propiedad a favor de los vendedores por el saldo de precio que quedaba adeudando. XXVII — Cuatro días más tarde (9 de mayo), ante el mismo Escribano Agrelo, Manuel Hermenegildo Aguirre, Manuel José García y Matías de Irigoyen, declaraban; “Que la cuarta parte del total del precio de la casa vendida a don José de Iturriaga, correspondía a los herederos de doña Carmen de las Caxijas y Aguirre, autorizando por lo tanto, al Señor Iturriaga, para retener su importe a nombre de don Matías de Irigoyen” (el viudo de ella). XXVIII — Y a los cuatro años de esas escrituras, el 2-V-1838, en el protocolo del Escribano Agrelo, Manuel Hermenegildo Aguirre, por sí, y Manuel José García como esposo de Manuela Aguirre y en representación de José Laguna, viudo de Casimira Aguirre Lajarrota, y de la hija de ambos, Dolores Laguna y Aguirre, esposa de Rodrigo Baca y Brito, Marqués de Fuente Santa, en virtud del poder que ellos otorgaron en Badajoz, el 25-XI-1830, ante José Vázquez, “Escribano de número de Su Majestad el Rey de las Españas”, suscribieron la respectiva “chancelación” a favor de José de Iturriaga, de las tres cuartas partes del precio de la casa de las calles Bolívar y Victoria, que le habían vendido el 5-V-1834. XXIX — Asimismo, el 21-X-1839, ante el propio Agrelo, Manuel José García y Manuel de Irigoyen, éste último en su carácter de albacea de Matías de Irigoyen ( en mérito del poder otorgado el 18IX-1839, ante el Escribano Luis López, en el Registro de Núñez, y de conformidad con lo dispuesto por el Juez de Primera Instancia Cayetano Campana, en auto del 16 de octubre sobre depósito de onzas de oro en el juicio que siguió don Matías contra su cuñado Manuel Hermenegildo de Aguirre), los antedichos comparecientes declararon; “que habiendo recibido en metálico la parte que le cupo a los herederos de don Matías Irigoyen y de doña Carmen de las Caxigas, Chancelaba en su virtud la hipoteca que constituyó Iturriaga sobre dicha propiedad (que sabemos) para garantizar el precio de ella”.

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XXX — Así, luego de más de siglo y medio de posesión ininterrumpida, salió aquel famosos inmueble del poder de mis antepasados maternos, para pasar al dominio transitorio de José de Iturriaga. Era este comerciante, natural de la Banda Oriental, hijo de Alejandro de Iturriaga, un guipuzcoano avecindado en Montevideo, y de María Antonia de Espinosa y Urizandi. De muchacho había pasado al Perú, donde revistó en las milicias limeñas como Teniente, desempeñándose además, a fuer de mercader, como diputado del comercio de Pasco. A poco andar, la guerra de la independencia lo trajo a Buenos Aires, y aquí se casó con Paula Josefa Ortiz Basualdo y Segurola. Al igual que Elortondo, Crisol, Cueto, Nevares y Blaquier, establecióse con tienda y mercería abierta al público, instalando precisamente su negocio en la calle Victoria, en uno de los locales de la vieja casa de Aguirre que acababa de adquirir. A propósito de esos tenderos de antaño, Lucio Mansilla recuerda, en sus Memorias, que “muchas de las familias que ahora figuran con mas viso, cuentan entre sus fundadores caballeros de lo más decente que manejaron la vara de medir con integridad, o vendieron agujas y alfileres, o palanganas y algo más, o cacerolas y estoperoles”. José de Iturriaga falleció el 27-VI-1864, y tuvo mucha descendencia — 17 hijos —, pero el apellido se extinguió en su rama varonil. Hoy creo solo provienen de él las familias de Vela y de Lynch Garay. XXI — La sucesión de José de Iturriaga tramitó por ante el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil a cargo del Doctor José María Rosa. Con respecto al bien urbano de esta referencia, los herederos del causante acordaron en autos saliera a pública subasta bajo la responsabilidad de los martilleros Elizalde y Cía. En el primer remate la casa no se vendió por falta de licitadores; empero, modificada la base, pudo venderse la finca a Enrique Lezica, como mejor postor, en la suma de 4.574.000 pesos moneda corriente, siendo aprobado ese remate por el Juez. Con posterioridad, Lezica manifestó haber adquirido el inmueble en su carácter de corredor y por encargo del señor Manuel Alejandro Aguirre, quien depositó el precio referido a la orden del Juzgado.

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En consecuencia, el 17-VIII-1878, por ante el Escribano Manuel Garay, Su Señoría el Dr. José María Rosa, en nombre de María Paula Ortiz Basualdo, viuda, y demás hijos herederos de José de Iturriaga, vendió a Manuel Alejandro Aguirre, por el precio de 4.574.000 pesos corrientes, la casa de la calle Bolívar nº 39 al 49, formando esquina a la de la Victoria nº 112 al 140, con frente al Este y Norte, compuesto su terreno de 32 1/2 varas “al primero de los vientos indicados”, o sean 28 metros y 155 milímetros, por 67 1/2 varas de fondo hacia el Oeste, equivalentes a 58 metros y 455 milímetros; siendo las paredes del costado Sud y fondo, medianeras. Y lindaba por su frente Este, calle Bolívar en medio, con los herederos de Juan Crisol; por el fondo al Oeste con Carlos Lastra; por el costado Norte, calle Victoria en medio, con “la casa de Justicia llamada Cabildo y otros”; y por el Sud con José Gregorio Lezama. Así vino a quedar aquella vivienda tradicional bajo el dominio de Manuel Alejandro Aguirre Ituarte Lajarrota y Pueyrredón, chozno del viejo Riblos (propietario del inmueble allá por 1673) y bisabuelo mío, el cual dicen que decía, entre serio y risueño, aludiendo a la tienda y mercería de Iturriaga: “He conseguido recuperar el solar de mi familia que estuvo profanado por manos extrañas durante 44 años”. XXXII — Manuel Alejandro Aguirre - Tata, como le llamábamos sus descendientes — hizo demoler la antigua fábrica colonial que se estaba cayendo de vieja, y mandó construir en el venerable terreno su severa residencia, de acuerdo a los planos del ingeniero Otto Krausse, el futuro precursor de la enseñanza industrial en el país. Recuerdo todavía la fachada gris del caserón de altos con azotea de mi bisabuelo Aguirre, enclavado en la misma esquina de Bolívar y Victoria. En su piso bajo, a la calle, había varios locales de negocios alquilados, entre los cuales estaban también los escritorios para la administración de las estancias y propiedades del dueño del edificio. Sobre Bolívar, se abría la gran puerta de entrada, desde cuyo zaguán elevábase la escalera de mármol alfombrada de rojo, con un enorme espejo de marco dorado en su rellano que reflejaba, de cuerpo entero, la imagen del visitante. La planta alta — mansión familiar propiamente dicha —, con su vestíbulo, sus salas de recepción decoradas, sus dormitorios y demás aposentos interiores, constituía Riglos

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una muestra cabal del confort y la suntuosidad de las casas ricas de aquella época: techos artesonados con complicadas arañas colgantes del tiempo de la iluminación a gas; mullidas alfombras, pesados cortinajes que amortiguaban los ruidos externos; sólidos muebles ingleses, acuden a mi memoria; sobre todo la mesa puesta del comedor, donde nos hartábamos de bombas de crema y chocolate todos los 25 de Mayo, después de ver el desfile militar asomados a los balcones que daban a la Plaza; balcones accesibles a través de una serie de puertas iguales con molduras griegas en la parte de afuera, coronadas por la amplia plataforma de la azotea. XXXIII — A manera de disgresión, apunto que probablemente desde principios del siglo XVIII, existía al fondo de los cimientos de la casa de mi bisabuelo, un misterioso subterráneo de bóveda cónica, como de más de metro y medio de altura y dos de ancho. Ese túnel — que con el tiempo se tapió — unía, según parece, el Colegio de San Carlos y el templo jesuítico de San Ignacio con la Catedral, pasando por las profundidades de lo de Aguirre. Otro largo pasadizo soterrado comunicaba el Convento de las Capuchinas y la Iglesia de San Juan (ahora en Alsina entre Piedras y Moreno) con San Ignacio (Alsina entre Bolívar y Perú), y un ramal de esa secreta catacumba empalmaba en su hondura con la galería dirigida hacia la Catedral por debajo de lo de Aguirre; en tanto la excavación que venía del monacato Capuchino, proseguía rectamente para concluir en San Francisco (Alsina entre Defensa y Balcarce), en el subsuelo de la cripta y capilla de San Lorenzo, donde se conservaban, momificados, los cadáveres de la “Virreina Vieja” (Rafaela de Vera y Pintado de del Pino) y del General chileno Mackena, muerto en un duelo a pistola por su compatriota el Coronel Luis Carrera. Pues bien, en el tenebroso escondrijo tapiado que dije, anexo al sótano de la casa de Aguirre, se hallaba un enorme arcón repleto de papeles y documentos históricos de los Anchorena, de Rosas y de los Aguirre, cuyo mueble y su contenido, andando el tiempo, pertenecieron a mi padre, Carlos Ibarguren, como él lo refiere en su libro La Historia que he vivido. XXXIV — Manuel Alejandro Aguirre falleció el 13-I-1911, a los 92 años de edad, en su domicilio de la calle Bolívar 107. Primogénito 418

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del prócer Manuel Hermenegildo de Aguirre Lajarrota y de su primera mujer Victoria Ituarte Pueyrredón, fue bautizado el 2-X1819; y el 1-VIII-1849 se casó con Mercedes de Anchorena Ibañez. Don Manuel Alejandro y su consorte doña Mercedes resultaban tataranietos de Nicolás de la Quintana y de su esposa Leocadia de Riglos y Torres Gaete, por lo tanto choznos del viejo Miguel de Riblos. Tanto de don Manuel como de doña Mercedes me ocupo detenidamente en los capítulos que dedico a los respectivos linajes de Aguirre y Anchorena. Aquí solo diré que la señora falleció el 16-X1866, y que al morir 45 años más tarde el marido de ella, a éste lo heredaron sus hijos que vivían en ese momento: Manuel Juan José (mi abuelo), Susana (señora de Gómez), Victoria (soltera) y Nicolasa Rosa (señora de Balcarce). Y que Victoria Aguirre Anchorena fue quien se quedó con la morada paterna de la calle Bolívar esquina a la de Victoria. XXXV — Por esas fechas (1910-1914), el dinámico Intendente Municipal Joaquín S. de Anchorena logró hacer sancionar por el Congreso la ley de la avenidas diagonales, que habrían de arrancar de Plaza de Mayo hacia el N.O. y el S.O. de la ciudad. A tal fin la casa de Aguirre, en la calle Bolívar, resultó expropiada, y su edificio demolido para dar paso a la Diagonal Sur. Y en el sobrante de terreno que conservó mi tía Victoria Aguirre, ella mandó levantar una construcción de siete pisos con torre — rascacielos en 1913 — concebido por el arquitecto inglés Basset Smith. El moderno inmueble llevó los números 523 al 537, frente a la Avenida Presidente Julio A. Roca, y 502 al 536 sobre la calle Victoria. Su terreno medía y mide 39 metros 75 centímetros de frente al S.E., sobre la Diagonal Sur; 30 metros 21 centímetros en su otro frente al Norte, sobre la calle Victoria; y en dirección Sur, 27 metros 94 centímetros, y desde el extremo Oeste de la línea del frente sobre la Diagonal Roca, 5 metros 29 centímetros, cuya línea confina con propiedad de la Municipalidad (actual Palacio del Consejo Deliberante); todo lo cual encierra una superficie de 630 metros 77 centímetros. XXXVI — “La residencia de la señorita de Aguirre — expresa Antonio Pérez Valiente de Moctezuma en el prefacio del volumen Riglos

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Colección de Arte; Museo Victoria Aguirre, Bs. As. 1927 — mostraba en su interior los más deleitables atractivos. No era el valor de los objetos lo que despertaba estupor, con ser todos de un extraordinario mérito por el arte, la antigüedad o la riqueza de su forma; lo que realmente producía el espontáneo elogio del visitante era la perfecta armonización de cada cuadro, de cada mueble, de cada uno de los objetos que forman el precioso conjunto contenido en el recinto de la casa. No era propiamente un museo, en sentido genérico, era mansión habitable y habitada. Todo estaba formado para el bienestar, para la meditación silenciosa, para el recreo y delectación de los sentidos. Su dueña no tenía la pasión del anticuario o coleccionista metódico; gustaba solamente el placer estético de rodearse de un ambiente propicio a las sutilezas del espíritu”. Y todo ese tesoro que alhajaba los salones de “Tía Tó” — como le decíamos sus sobrinos — hubo de dispersarse luego de la muerte de ella; las pinturas primitivas y cuadros de famosos maestros (Rembrandt, Turner, Storck, Reaburn, Gainsborough, Constable, Lancret, Corot, Jacques, Sánchez Barbudo, Lucas, Sorolla, Zuloaga, nuestro Prilidiano Pueyrredón); las miniaturas, peinetones de carey y abanicos; los muebles ingleses y franceses firmados; los cristales de roca y piezas chinas y japonesas de porcelana. laca. jade y lapizlázuli; los objetos de oro y plata; relojes y esmaltes; las esculturas, marfiles, bronces y terracotas; las ánforas romanas de vidrio y figulinas griegas; los tapices, gobelinos y alfombras persas; las antigüedades cuzqueñas e hispano lusitanas coloniales; huacos, platería, mates, sahumadores, espejos, ebanistería, telas, almohadones y ponchos. Conjunto valiosísimo todo él, que quedó catalogado, pieza por pieza en el citado volumen de su museo. También los libros, folletos, papeles impresos y documentos manuscritos, constituían una riquísima muestra bibliográfica, cuyos ejemplares salieron a venderse por cuenta de los herederos de mi tía abuela, en el forzoso desmantelamiento legal de aquella artística vivienda. XXXVII — Victoria Aguirre Anchorena vió la luz del mundo en Buenos Aires el 6-VI-1858, y falleció también aquí el 16-III-1927. Sus autos sucesorios tramitaron por ante el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil de la Capital, a cargo del doctor Carlos A. 420

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Varangot, Secretaría de Juan Agustín García. La causante había otorgado testamento ológrafo el 23-XII-1924, cuyo documento fue protocolizado, por mandato judicial, el 30-III-1927, ante el Escribano Alberto Hoeffner. En tal disposición de última voluntad, doña Victoria le legó a su cuñada Enriqueta Lynch de Aguirre, la propiedad y casa y solar que fuera de sus mayores, sito en la esquina de la Avenida Diagonal Julio A. Roca y calle Victoria, frente a la Plaza de Mayo, al costado del histórico Cabildo. XXXVIII — Así, la casa vacía y libre de ocupantes pasó a poder de mi abuela Aguirre, hasta su muerte el 30-VII-1936. A partir de aquel nuevo cambio de dominio y durante los once años que el referido bien perteneció a dicha legataria y luego a sus herederos, todas las habitaciones y dependencias del inmuebles se transformaron en escritorios y locales para alquilar. Por tanto, en el segundo piso que daba a la Plaza de Mayo, mi padre, como inquilino, trasladó su estudio de abogado. Debido, pues, a esta circunstancia, asomado a una ventana del despacho de Carlos Ibarguren, pude presenciar yo, la luminosa tarde del 8-IX-1930, el juramento que, desde los balcones de la Casa Rosada, prestó el General Uriburu en carácter de Presidente provisional del gobierno revolucionario, ante una enorme multitud que desbordaba la histórica plaza y sus calles adyacentes, para adherir al nuevo orden de cosas, y — aunque ello sistemáticamente se oculte — ovacionar a las tropas que desfilaron entre el consenso popular. XXXIX — Aquel observatorio familiar en lo de Aguirre me había proporcionado, mucho antes de 1930, el privilegio de ver, año tras año los desfiles de nuestras fuerzas armadas en los días jubilosos de la Patria; comenzando por la gran parada del Centenario, el 25-V1910, cuyo espectáculo impresionó para siempre mi memoria infantil. Una inmensa muchedumbre colmaba la antigua Plaza de la Victoria; hasta en los árboles negreaba la gente arracimada en ellos; y en cada balcón, ventana o azotea de los edificios embanderados, bullían enjambres de espectadores pletóricos de entusiasmo. Ante la Casa Rosada habíase levantado un gran palco, tapizado de terciopelo rojo. Sobre esa fastuosa plataforma, los Presidentes de la Argentina y de Chile — José Figueroa Alcorta y Pedro Montt — y la Infanta Isabel Riglos

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de España, en compañía de embajadores, de funcionarios y del mundo oficial, presenciaban aquella disciplinada y vistosa procesión militar de uniformes, de armas y cabalgaduras, al retumbante son de bandas y charangas. Abría esa marcha la Escuela Militar de Chile, proseguida por formaciones marineras yanquis, uruguayas, españolas, japonesas, italianas, francesas, alemanas y portuguesas. Desfilaron después nuestros efectivos navales con sus Almirantes a caballo. Tras las náuticas legiones, vinieron los cadetes del Colegio Militar, sus quepis empenachados con plumas celestes y blancas. Apareció en seguida el batallón de Patricios, de galera y frac, diríase surgido del fondo de la historia. Al trote de sus montados, erectas las lanzas por sobre los napoleónicos morriones, pasaron los Granaderos de San Martín. Y luego los coraceros de metálicos petos que espejeaban al sol; y la vieja infantería, verde el pompón en las gorras y en las charreteras del uniforme azul; y los artilleros — grana el distintivo — con sus bocas de fuego arriba de cureñas, impulsadas por vigorosos frisones. Y encima de sus bicicletas, pedalearon los archivistas, anticipando a futuras unidades mecanizadas. Sin olvidarme de los bomberos con hachas y broncíneos cascos; y de la caracoleante caballería de la Guardia de Seguridad — los “cosacos” —, que dieron fin a aquel inolvidable alarde marcial de una joven y pujante nación, creída entonces estar predestinada a la grandeza. XL — Después de 1910, muchos desfiles militares se sucedieron en torno de la Plaza de Mayo, y yo los ví pasar desde la casa de Aguirre. Nuestro ejército adoptó los cánones germanos — el quepi trocóse en casco, y luego en gorra de vicera — que le dieron apostura y prestancia casi perfectas en su organización burocrática de paz. Mas los vientos del siglo desataron guerras y convulsiones revolucionarias, y la República no habría de quedar al margen de esos trastornos universales. Un populismo demagógico, la corrupción política, la venalidad administrativa y la lucha de clases, azuzada por la prédica izquierdista, contaminaron nuestro ambiente hasta ayer desprevenido. El empeño por conjurar esas realidades disolventes — no el capricho de un jefe o de una camarilla ambiciosa — determinó que los soldados argentinos dejaran un día de dar vueltas alrededor de la Plaza y, tras del General Uriburu, subir a la Casa Rosada para hacerse cargo del poder que se encontraba prácticamente vacante, 422

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jurando ante el país y ante la historia cumplir con patriotismo su cometido — cual lo presencié yo en aquella primavera de 1930, desde el mirador solariego que recuerdo; sin imaginar que los desbarajustes políticos, económicos y sociales del mundo acababan de llegar también para nosotros ... XLI — La sucesión de doña Enriqueta Lynch de Aguirre tramitó ante el Juzgado en lo Civil de Primera Instancia a cargo del Dr. Horacio H. Dobranich, Secretaría del Dr. Juan Bernabé Molina, en cuyos autos fueron declarados herederos de la causante sus legítimos hijos Aguirre Lynch; Mercedes Teresa (señora de Agote), María Eugenia (señora de Ibarguren), Julián Juan Jose, Adriana Trinidad (señora de Huergo), Hortensio Nicanor, Eduardo María, Elena (señora de Villegas), Rafael Ricardo y Victoria Sofía (señora de Landívar), y sus nietos Roberto Juan, María Matilde y María Elena Aguirre Méndez en representación de su padre premuerto Roberto Juan Aguirre Lynch. Estos herederos solicitaron en el expediente se subastara la finca de la Avenida Julio A. Roca esquina a la calle Victoria; a lo que el Juzgado proveyó de conformidad, por auto del 2VII-1937. Los martilleros designados, “Casal, Manfredi, Pérego y Cia.” llevaron a efecto el remate correspondiente, en el que resultó compradora del inmueble la Municipalidad de Buenos Aires, mediante la suma de 705.000 pesos moneda nacional, en cuyo acto dicha Comuna abonó como seña y a cuenta de precio, la cantidad de 56.400 pesos. Cumplidos posteriormente los demás trámites de estilo, — aprobación del remate, depósito de la totalidad del precio, designación de Escribano y toma de posesión de la compradora —, el 29-XII-1938, Hortensio Nicanor Aguirre, como Administrador Judicial y en nombre de los herederos de la señora Enriqueta Lynch de Aguirre — 5os nietos de Miguel de Riblos —, por ante el Escribano José Antonio Basso, al folio 1751 del registro de su cargo, vendió a la Municipalidad de Buenos Aires, representada en la escritura por su Intendente don Arturo Goyeneche, por el precio de 705.000 pesos nacionales, la finca sita en la zona Sud de esta Capital, barrio centro Este, parroquia de Monserrat, circunscripción 13, Avenida Presidente Julio A. Roca con frente también a la calle Victoria, cuyo terreno encerraba una superficie total de 630 metros 77 centímetros, con las medidas, linderos y demás circunstancias conocidas. Riglos

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Así, el 29-XII-1938, dejó de pertenecer a mi familia aquel solar venerable cargado de historia, objeto de la presente reseña.

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Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Archivo General de la Nación: Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires. Archivo de la Dirección de Geodesia, Catastro y Tierras de la Provincia de Buenos Aires. Archivo de los Tribunales de la Capital Federal. Archivo parroquial de la Iglesia de La Merced de Buenos Aires. Besio Moreno, Nicolás; Buenos Aires, Puerto del Río de la Plata, Capital de la Argentina; estudio crítico de su población (1536-1936). Bs. As., 1939. Calvo, Carlos; Nobiliario del Antiguo Virreynato del Río de la Plata, Tomos I, II, III, IV, V, y VI. Compilación de referencias documentales por la Dirección de Geodesia, Catastro y Mapa de la Provincia de Buenos Aires. Tomos I y II, La Plata, 1933-35. Documentos para la Historia Argentina; Abastos de la Ciudad y Campaña de Buenos Aires (1773-1809). Tomo IV - 1914; Administración Edilicia de la Ciudad de Buenos Aires (1776-1805). Tomo IX - 1918; Padrones de la Ciudad y Campaña de Buenos Aires (1726-1810). Tomo X - 1955; Padrón de la Ciudad de Buenos Aires. Tomo XI - 1919. Facultad de Filosofía y Letras de Bs. As. Ibarguren, Carlos (h); A propósito de la Casa de Riglos, en revista “Historia”,Nº 10, Bs. As., 1957. La Casa de Miguel de Riglos; Un palacio porteño en el siglo XVII, en la Revista “Historia” Nº 2. Bs. As. 1955. Lafuente Machain, Ricardo de: Los Portugueses en Buenos Aires, siglo XVII. Madrid, 1931. Lafuente Machain, Ricardo de; Los Sáenz Valiente y Aguirre. Bs. As. 1929. Molina Raúl, A.; El curso de los Ríos Paraná y Luján en la Cartografía primitiva. Revista “Historia” Nº 4, Bs. As. 1956. Molina Raúl, A.; Miguel de Riglos. El hombre que llenó medio siglo de Buenos Aires y su biblioteca histórica. En Revista “Historia” Nº 11, Bs. As.,1958.

Riglos

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Molina Raúl, A.; Padrón histórico de vecinos, estantes y habitantes de Buenos Aires. Inédito. Munzón, Eduardo I.; Historia del Partido de General Sarmiento. Publicación del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires. La Plata, 1944. Papeles de la familia Riglos en poder de su descendiente el Dr. Bernabé Ferrer Pirán Basualdo. Planos y Documentos relativos al período edilicio colonial de Buenos Aires. Tomo II, Bs. As. 1910. Real Despacho de Hidalguía y Blasones del Señor Manuel de Aguirre, otorgador por el cronista de armas Don Félix de Rújula en Madrid, el 10-XII-1901. Sorondo, Miguel; Procedencia del nombre de El Retiro. Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras. Tomo XXVII, nº 93 a 96. Bs. As. 1943. Trelles, Manuel Ricardo; Registro Estadístico de Buenos Aires. Bs. As. 1874. Varela Orbegoso, Luis; Apuntes para la historia de la sociedad colonial. Tomo II. Lima, 1924.

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RIQUELME El historiador y genealogista argentino Ricardo de Lafuente Machain, en su libro Los Machain (Bs. As. 1926), apuntó que la familia de Riquelme tuvo su origen en Francia, desde donde fue a Vizcaya el fundador del apellido, estableciendo su Casa Solar en Maderuelo, “Valle Rico Yelmo”, lugar llamado Riquelme, y de ahí pasaron muchos de sus vástagos más tarde a Cataluña, a Murcia y a Jerez. Juan Moreno de Guerra y Alonso, investigador español, en su importante obra Bandos en Jerez; Los del Puesto de Abajo (Madrid 1932), inclínase a creer que los Riquelme jerezanos derivan de los catalanes Riquer, que mudaron este nombre por el de Riquel y después Riquelme, suponiendo su origen en alguna casta montañesa o de Murcia. Por último los hermanos Alberto y Arturo García Carraffa, en su monumental Enciclopedia Heráldica y Genealógica, opinan: “No encontramos fundamento alguno a la versión que atribuye origen francés al apellido Riquelme. Tampoco aceptamos proceda de Vizcaya. Pudiera ser más acertada la afirmación de que su primitivo solar estuviera cerca del Castillo de la Villa de Maderuelo (partido judicial de Riaza, provincia de Segovia) en el valle de Rico Yelmo, donde había un lugar llamado Riquelme. Lo cierto es que cuando la ciudad de Jerez de la Frontera fue ganada a los moros por segunda vez, la pobló el Rey Alfonso el Sabio con 300 caballeros hijosdalgo, entre los que figuraban Beltrán Riquelme con su mujer doña Polonia y su hermano Bernal Riquelme, quienes tuvieron repartimiento en dicha población, dejando allí descendencia”. Su antiguo escudo pinta en campo de gules un brazo armado sosteniendo un yelmo de plata por las plumas. Juan Moreno de Guerra y Alonso, en su notable trabajo Bandos en Jerez, incluye una documentadísima tabla familiar relativa a los Riquelme de Jerez de la Frontera. Tal minuciosa investigación sírveme de base para la presente genealogía, que comienza con:


I — Juan Riquel, tronco de la 1ª rama del linaje jerezano, a quien el sábado 8-IX-1419 los moros de Granada mataron en Fojalmeida, según noticia del libro capitular de Jerez. Este Juan resulta decimoquinto abuelo mío, y hermano de Garci Hernández Riquel, casado con Isabel Dávalos — asimismo antepasados míos — , los cuales, con su numerosa descendencia, conforman la 2ª rama de los Riquelme, que se unirá con la 1ª como se expresa en el punto IIIA. En cuanto a Juan, se le considera padre de: II — PEDRO RIQUEL, a quien el Cabildo de Jerez nombró en 1431 “cabalgador para gobernar la gente de guerra de la ciudad”; gente destinada al socorro de la villa fronteriza de Jimena. De él fueron hijos: 1) Juan Riquel, “el Viejo”, que sigue en III. 2) Francisco Riquel, “el Bachiller” — mi antepasado —, que sigue en IIIA. A) García Riquel — si no nieto, sobrino, o pariente cercano de los susodichos Riqueles o Riquelmes —, que fue Regidor “Veinticuatro” en el Cabildo de Jerez. III — Juan Riquel “el Viejo”, llamado también “el de la Puerta de Rota” por vivir junto a ese portal pueblerino. Algunos linajistas le adjudican como segundo apellido el de Villavicencio; pero todos le consideran hijo de Pedro “el cabalgador”. Fue Juan “el Viejo” cabecilla muy popular, en 1454, del bando jerezano de los Ponce de León — es decir adicto al Marqués de Cádiz y en contra de los Guzmanes, cuyo jefe resultaba el Duque de Medina Sidonia. En 1464 Riquel integró la corporación de “Caballeros Veinticuatro”, cuando estos Regidores del Ayuntamiento de Jerez quedaron establecidos allí por el Rey Enrique IV. Y en 1468, el hombre figura como uno de los Alcaldes mayores de aquella ciudad. Prestó grandes servicios a los Reyes cada vez que “hubo rebato de moros”; y “personalmente con sus hijos, deudos, escuderos y criados”, en la guerra de Granada; junto con los Dávilas, Veras, Cabezas de Vaca y demás partidarios del Marqués de Cádiz. Fue, de añadidura, uno de los ganaderos mas ricos de Andalucía y, previo testamento del 18-IX-1490, murió el año 1500. Habíase casado en 1454 — o antes — con Elvira García de 428

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Cuenca, la cual era hija de Hernando de Cuenca, en la que procreó estos hijos: 1) Manuel Riquel, llamado “el Alcaide”, encargado de la fortaleza de Jerez y Regidor 24 de su Cabildo. Habíase casado en 1as nupcias en 1469 con Aldonza Ponce de León, parienta suya (hija de Pedro Ponce de León y de Lucía Sánchez, y nieta de mi antepasado Juan Ponce de León y Cabrera, 2º Conde de Arcos — ver su linaje). En 2as nupcias, Manuel Rique se unió con Beatriz de Ordiales. Testó el 3-IV-1509, y prolongó descendencia de sus dos matrimonios. 2) Pedro Riquel, llamado como su padre “el de la Puerta Rota”, por vivir en dicho sitio. Fue Fiel Ejecutor en el Cabildo de Jerez, y cabecilla ahí del bando del Marqués de Cádiz. Acompañó a su padre en la guerra contra los moros, y casóse con Inés Martínez de Herrera, otras veces llamada Inés Núñez (hija de Juan de Herrera, 24 de Jerez y de Elvira Bernalte Dávila). De viudo pasó Pedro Riquel a 2as nupcias con Teresa Amaya de Villavicencio (hija de Nuño Fernández de Villavicencio, 24 de Jerez). Ambas esposas procrearon sucesión. Fruto del 2º enlace señalo a Juan Riquel de Villavicencio, quien casó hacia 1509 con Violante Cabeza de Vaca, propia hermana del Adelantado del Río de la Plata Alvar Núñez Cabeza de Vaca (hijos ambos de Francisco de Vera y de Teresa Cabeza de Vaca, y nietos de mi célebre antepasado Pedro de Vera, conquistador y Adelantado en las Islas Canarias — ver su linaje). 3) Juan Riquel “el Comendador”, que con esta dignidad figuró en la Orden de Santiago. Casó 1º con Francisca de Anaya (hija de Gonzalo Román Anaya, Escribano del Ayuntamiento jerezano). En 2as nupcias Juan Riquel se unió Guiomar Núñez (viuda de Cristóbal López de Mendoza e hija de Pedro González de Amaya y de Isabel de Mirabal). Hubo sucesión en los dos enlaces. 4) Hernando o Fernando Riquel, Jurado de Jerez en 1471. Casó con una señora de Villavicencia, con la cual procreó descendencia. 5) María Riquel, que casó con Juan Bernalte Dávila, 24 de Jerez, el cual resultó muerto en la derrota de la Ajarquía de Málaga, 1483. Dejó hijos numerosos.

Riquelme

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6) Doña N.N. Riquel, Priora del Monasterio del Espíritu Santo de Jerez. IIIA — FRANCISCO RIQUEL “el Bachiller”. Fue procurador y mandadero de la ciudad de Jerez ante los Reyes Católicos en 1492. Se le presume hermano de Juan Riquel “el Viejo”. Un nieto de este, Pedro Riquelme de Villavicencio, litigó y obtuvo ejecutoria de hidalguía en la Chancillería de Granada el 10-XI-1570, y en tal documento figura como “sobrino” de Juan “el Viejo”, Francisco Riquel, “el Bachiller”, quien estaba casado con Blanca Riquel, prima segunda suya (hija de Hernando Riquel, Fiel Ejecutor de Jerez en 1468, fallecido en 1498, y de su mujer Beatriz de Jaina Urrea; n.p. de Garci Hernández Riquel y de Isabel Dávalos, tronco de la 2ª rama de los Riquelmes). Los hijos del “Bachiller” Francisco y de Blanca Riquel fueron: 1) Alonso Riquel, que sigue en IV. 2) Francisco Riquel, casado con Mencía García (hija de Diego García Picazo y de Juana García de Medina). Padres de: A) Francisco Riquel “el Licenciado”, que debió morir en 1543 o antes, el cual con su mujer doña Beatriz hubo a: a) Juan Riquel, nacido en 1527, que murió niño. b) Blanca Riquel, baut. el 26-VII-1531, fallecida párvula. c) Pedro Riquel. Este digno bisnieto de Pedro “el cabalgador”, cierto día galopaba acompañado de Pedro Núñez Villavicencio, cuando ambos jinetes se toparon con dos moros muy valerosos de Granada, los cuales, previo caballeresco desafío, resultaron muertos por los cristianos. Ello les valió a Pedro y a su compañero ganar mucha honra y mercedes de los Reyes Católicos. IV — ALONSO RIQUEL o RIQUELME, vecino de la colación (barrio parroquial) de San Mateo, en Jerez de la Frontera, fue Alcaide del castillo o fortaleza de Tempul, electo por el Cabildo en 1496. El 19-I-1494, mediante escritura, había comprado unas casas linderas con las poseídas ya por él en la colación de San Mateo. Casó primeramente con María Rodríguez (hija de Gonzalo Rodríguez y de Isabel García), la cual llevó al matrimonio una dote de 300.000 430

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maravedíes, en tierras, viña, casas, yeguas y ajuar. Luego de morir esta señora, el viudo pasó a 2as nupcias con Brianda de Guzmán (hija de Ruy Díaz de Guzmán, vecino de Jerez de la Frontera y antiguo servidor de la Casa del 2º Duque de Medina Sidonia, Enrique de Guzmán el Bueno y Figueroa, de quien se me ocurre podría ser hijo natural). Alonso Riquelme otorgó testamento el 20-VIII-1519, y a su cadáver los sepultaron en el sagrario de la Capilla que, en 1490, fundó su tío Juan Riquel “el Viejo” en la Iglesia de San Mateo. La lápida respectiva lleva labrado sobre piedra el escudo de los Riquelme (armas parlantes derivadas de “Riq-elme”), que usara ya “Bernardo Riquer”, quien tuvo heredamientos en Jerez en 1264, a los nueve años de haber sido conquistada la ciudad por el Rey Alfonso el Sabio. Los cuarteles 1º y 4º del referido blasón se encuentran picados, y abren — discurre el historiador Lafuente Machain — “un interrogante que solo podría contestarse si se hallara los autos donde se ordenó tal medida, pues todo induce a suponer que se llevó a cabo por orden de autoridad, y probablemente como consecuencia de las luchas de bandos que tantas veces enlutaron a Jerez”. Con su primera esposa Alonso hubo a: 1) Mayor Riquelme que casó, hacia el año 1500, con su tío 3º Fernando Riquelma, Fiel Ejecutor de Jerez (hijo de Pedro Riquel, dicho “el Chiquito”, Alcalde de Hermandad, y de su 1ª mujer Inés García de la Yna; nieta del Jurado y Fiel Ejecutor Hernando Riquel y de Beatriz de Jaina; bisn. de Garci Hernández Riquel y de Isabel Dávalos, que encabezaban la 2ª rama de los Riquelme y resultan quinceavos abuelos míos). De las segundas nupcias de Alonso con Brianda de Guzmán nacieron: 2) Ruy Díaz de Guzmán, que sigue en V. 3) Blanca de Guzmán, llamada también Blanca Riquelme Enríquez, nacida hacia 1505, que casó con Diego González Gallegos, vecino de la colación de San Mateo. Testó ella siendo viuda en 1578. Aquel apellido patronímico Enríquez, ¿no sería en recuerdo de Enrique de Guzmán, 2º Duque de Medina Sidonia, presunto padre natural de Ruy Díaz de Guzmán, el abuelo materno de doña Blanca? Riquelme

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4) Elvira de Guzmán, que murió antes de 1543. Habíase casado con García de Villanueva. Fueron padres de; Pedro Díaz Villanueva y de Brianda Villanueva Guzmán, nacida en 1529. 5) Inés de Padilla — ¿por donde le venía el apellido?—, la cual figura como madrina de un bautismo en 1511, y su filiación consigna el historiador Juan Moreno de Guerra y Alonso. V — RUY DIAZ DE GUZMAN — llamémosle “el Mozo” para no confundirlo con su abuelo materno — se casó en primeras nupcias con Violante Ponce de León (la hija menor de Eutropio o Estropio Ponce de León, Comendador de Almendralejo, 24 de Jerez, y de su 1ª mujer Catalina de Vera y Zurita; n.p. de Juan Ponce de León y Cabrera, 2º Conde de Arcos y 1er Marqués de Cádiz, y de Catalina González de Oviedo; n.m. del Comendador de Almendralejo Pedro de Vera “el Bermejo” y de Juana de Zurita García de Tolosantos; bisn. de Pedro de Vera y Mendoza, Gobernador de las Islas Canarias y de Beatriz de Hinojosa — de cuyos respectivos linajes me ocupo en los capítulos correspondientes). El 28-VIII-1519 testó Violante Ponce de León. Ella nombró entonces albacea a su suegra Brianda de Guzmán, dejó cierto legado para su esposo e instituyó heredero principal a su padre don Eutropio. Meses después, la causante otorgaba un codicilo por el que perdonaba a su cónyuge 1.000 doblas que éste se había comprometido a pagar en arras al tiempo de su matrimonio; y parece que la señora dejó de existir en 1521. Ruy entonces pasó a 2as nupcias con María de Vera (hija de Francisco de Vera Hinojosa y de Teresa Cabeza de Vaca; n.p. de mi antepasado Pedro de Vera y Mendoza, el conquistador de las Canarias y de Beatriz de Hinojosa). María de Vera aportó un capital de 200.000 maravedises a la sociedad conyugal, en tanto el contrayente ofreció en arras 1.000 doblas. Por lo demás doña María resultaba lejana tía de Violante Ponce de León y Vera, la 1ª mujer de Ruy su consorte. Era, además María, sobrina carnal de Alvar Núñez Cabeza de Vaca — el futuro Adelantado del Río de la Plata — por ser éste primo hermano de la madre de ella: Teresa Cabeza de Vaca, como lo expongo al final del presente trabajo en un “Apéndice” genealógico sobre su apellido. Ruy Díaz de Guzmán “el Mozo” figura en muchos documentos. Así el 14-III-1521, ante el Escribano Alonso Hernández 432

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Gaitán, su suegro Estropo Ponce de León declaró que de la dote de su hija Violante quedó debiendo a Ruy Díaz 130.000 maravedíes, y a fin de solventar esa deuda se comprometía a entregarle a éste seis “cahices” (medida de capacidad) de la harina cosechada en su “donadío del Cuervo” — finca de pan llevar. Posteriormente, tras la muerte de su suegro, Ruy pleiteó con sus cuñados menores de edad; Pedro y Eutropio Ponce de León, y con Juan de Medina Villavicencio, supongo que tutor de aquellos, sobre las rentas de la antedicha finca “del Cuervo”, y el litigante obtuvo “ejecuthoria” favorable de la Chancillería de Granada, el 24-I-1548, que dió por buena la escritura de su padre político. El 13-VIII-1528 nuestro hombre otorgó poder a un procurador de Sevilla en nombre de su hijo Alonso Riquelme de Guzmán, menor de edad, para litigar sobre los derechos de su madre Violante Ponce de León. Y el 30-IX-1545, figura Ruy Díaz en una información que se hizo en Jerez a objeto de identificar algunas cartas de Alonso Riquelme de Guzmán, su hijo, y de un conquistador Pedro de Fuentes, quienes estaban en el Paraguay con el Adelantado Cabeza de Vaca. Y en distinto orden de cosas, el 29-VIII-1544, Ruy Díaz y su 2ª esposa María de Vera, vendieron unas tierras al Monasterio del Espíritu Santo; como asimismo ambos cónyuges, el 24-VIII-1553, enajenaron cierto senso o pensión. En las dos escrituras firmó por doña María, que no sabía escribir, Hernando de Vera, hijo de la otorgante. En 1545 se desempeñaba como Juez de Residencia en Jerez de la Frontera, “el magnífico señor licenciado don Iñigo Ortiz de Ibarguren”, y actuaba en su nombre el Alcalde ordinario de dicha ciudad Bartolomé Valeto de Morla. Ante los nombrados funcionarios judiciales y el Escribano Simón García Copín, los días 2 de septiembre y 7 de octubre de aquel año, compareció Ruy Díaz de Guzmán con un par de escritos de su cuñado el depuesto Adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien entablaba proceso contra los Oficiales Reales Alonso de Cabrera y Garcí Venegas, promotores del motín que lo derribó del gobierno paraguayo, la noche del 25-IV1544. También en Madrid, el 3-III-1546 y 21-II-1552, el ex Adelantado Cabeza de Vaca otorgó sendos poderes para pleitear a favor de varios vecinos de Jerez, entre ellos Ruy Díaz de Guzmán, su cuñado. Aún vivía en 1562 este lejano abuelo mío. Riquelme

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Los hijos habidos por Ruy Díaz de Guzmán “el Mozo” en sus dos matrimonios fueron los siguientes: Del primer himeneo con Violante Ponce de León estos dos varones: 1) Alonso Riquelme de Guzmán, que sigue en VI. 2) Estropo Ponce de León y Guzmán, baut. el 19-XII-1521, quien murió niño, antes de 1528. Del segundo enlace de Ruy con María de Vera Cabeza de Vaca provienen tres varones y tres mujeres, a saber: 3) Francisco Riquel, baut. el 18-VIII-1525, el cual falleció en tierna edad. 4) Jerónimo Riquel, baut. en octubre de 1526. Muerto también en la infancia. 5) Hernando de Vera y Guzmán, baut. en la Iglesia de San Mateo de Jerez el 20-VII-1528. Mas tarde vino a la conquista del Perú y se radicó en Potosí, donde encontró la muerte. Habíase casado hacia 1548 con Inés Díaz (hija del Regidor Alonso Díaz), con la cual procreó dos hijas, que en 1567 moraban en San Lúcar de Barrameda. Esas hijas se llamaban: A) Inés de Vera Cabeza de Vaca — nombrada también Isabel Cabeza de Vaca —, quien, huérfana de madre en 1567, quedó con su hermana bajo la tutela de su materna abuela María de Vera Cabeza de Vaca. B) Brianda de Guzmán Cabeza de Vaca, que casó con Diego de Fuentes Pabón (24 de Jerez, que era viudo de Teresa Riquelme Hinojosa). Testó Brianda, siendo viuda, el 25-III-1596. Hijo suyo resultó Fernando de Fuentes Pabón y Guzmán, de quien descienden los Marqueses de Casa Pavón, título concedido el 10-XI-1704 a Miguel Pavón de Fuentes y González de Rojas, Caballero de Santiago y Coronel de Dragones. 6) Teresa de Guzmán, que casó con Manuel de Ayala, quien testó el 9-XI-1578. Fueron sus hijos: A) Rodrigo de Guzmán de Ayala. B) Manuel de Ayala. C) Alonso de Ayala. D) Beatriz de Ayala. E) María de Vera Ayala. 434

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F) Marina de Ayala. 7) Brianda de Guzmán, religiosa que tomó el velo monjil. VI — ALONSO RIQUELME DE GUZMAN Y PONCE DE LEON — undécimo abuelo mío — nació en Jerez de la Frontera por 1519. Ruy Díaz de Guzmán — su padre — le declaró hijo suyo y de Violante Ponce de León, el 13-VIII-1528, en una escritura de poder general a favor de Juan de Xerez, procurador de Sevilla, a fin de que éste lo representara en ciertos pleitos motivados por la herencia de aquella señora difunta. Desde su infancia y hasta su primera juventud, el muchacho sirvió de paje y luego como secretario de sus presuntos deudos los Duques de Medina Sidonia, Juan Alonso de Guzmán, y su relevante pareja Ana de Aragón. Tenía más o menos el mozo 21 años de edad, cuando dejando los bienes que poseía en Jerez (entre ellos unas casas que le donó su abuela Brianda de Guzmán, el 8-VI-1534) se alistó en la armada de su pariente Alvar Núñez Cabeza de Vaca (tío carnal de su madrastra y del mismo linaje de su abuela Catalina de Zurita), dispuesto a correr la aventura de la conquista en el Río de la Plata. Y la historia comienza de esta manera La expedición — alrededor de 400 hombres embarcados en dos navíos y una carabela, además del personal marinante — zarpó de Cádiz el 2-XII-1540. Después de recalar en las islas Canarias — conquistadas antaño por Pedro de Vera y Mendoza, tatarabuelo del bisoño aventurero — y en el Cabo Verde — donde se repusieron bastimientos y repararon averías — las naves de Cabeza de Vaca internáronse a impulsos de vientos favorables en el océano, para arribar, con relativa felicidad, a las costas brasileñas, al “punto que se llama Cananea”. De ahí la flotilla navegó hasta la isla de Santa Catalina donde fondeó el 29-III-1541. En ese lugar, Cabeza de Vaca divide en dos a su facción: una parte de ella seguiría al Paraguay navegando en los barcos, de cuya guía se hace cargo Pero Estopiñán, primo del Jefe supremo; en tanto la gente desembarcada en tierra firme, emprende la marcha hacia el mismo destino paraguayo con Alvar Núñez al frente de 250 arcabuceros y ballesteros “muy diestros en las armas”; y de un selecto grupo de Capitanes — entre estos Riquelme

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Riquelme de Guzmán —, jinetes en los 26 caballos sobrevivientes de los 46 que se cargaron en España. Esa hueste atravesó entonces selvas, esteros y serranías, “haciendo grandes talas y cortes en los montes y bosques” — se lee en los Comentarios de Alvar Núñez —, “abriendo caminos por donde la gente y caballos pudieran pasar, por que toda la tierra era despoblada”. Más tarde dieron los trajinantes con pueblos de indios “que se llamaban guaraníes”, y el Gobernador tomó posesión de la comarca que intituló “Provincia de Vera”, en honor de su linaje paterno; ello mediante acta que labró el Escribano Juan de Araoz. Camino andando, el 1 de diciembre, se alcanza el río Iguazú — “que quiere decir agua grande” —, y tras de unos recodos del trayecto, aparece las imponentes cataratas que, dentro del marco de una vegetación lujuriante, precipitan con estrépito el torrente de su acuático caudal. “Da el río un salto por unas peñas abajo muy altas — relatan los Comentarios —, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe, que de muy lejos se oye, y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza sube en alto dos lanzas y más, de manera que fue necesario de salir de las canoas y sacallas del agua y llevallas por tierra hasta pasar el salto”. El 11-III-1542, al cabo de muchas peripecias y trabajos, llegaron los expedicionarios a la Asunción. El viaje había sido muy penoso; varias veces faltaron víveres y el hambre obligó a los conquistadores a alimentarse con gusanos. Quiméricas ilusiones y la realidad circundante Ya instalado en el reducto paraguayo, el joven Riquelme hizo su estreno militar en esos contornos a las órdenes inmediatas de Irala, cuando este Capitán — con los elementos que tenía dispuestos — salió comisionado por Cabeza de Vaca a explorar los ignotos terrenos del norte,como anticipo de una futura “gran entrada” hacia aquella quimérica “Sierra de la Plata” que, en la imaginación de ese puñado de aventureros, resplandecía cual espejismo maravilloso. Noventa y tres españoles y un nutrido cortejo de indios amigos partieron de la incipiente base operativa asuncena, el 20-X-1542, a bordo de una flotilla de tres navíos; uno bajo el comando de Riquelme de Guzmán. Otra columna, a poco andar, se internó para descubrir “el camino del los mayáes”. La encabezaban los Capitanes 436

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Rodrigo Gómez, Juan Fustes y Alvaro Chaves y, en plena selva, dicho destacamento descubridor fue abandonado por los indios auxiliares que lo guiaban. Sabedor Alvar Núñez de esta artería — que dejó a aquellos europeos en muy crítica situación — le remitió sus instrucciones a Irala para que el cacique Aracaré, considerado responsable de la deserción, fuese ajusticiado sin más trámite; e Irala, puntualmente, puso en práctica la sentencia. Esa ejecución de Aracaré provocó el levantamiento general de las tribus lugareñas; y refiere en La Argentina Ruy Díaz de Guzmán como su padre en tal ocasión derrochó valentía. “Sabido por el Adelantado este atrevimiento y libertad de aquellos indios — dice el cronista —, despachó al castigo de ellos a su sobrino Alonso Riquelme con trescientos soldados y más de mil (guaraníes) amigos”. Trabados en batalla contra una “manga” de 8.000 infieles, los cristianos y sus aliados fueron conducidos a la pelea por el Capitán Riquelme de Guzmán, quien “con cota y celada, espada y rodela, iba delante rodeado de soldados, matando a cuantos encontraba”. Corridos y acorralados los enemigos por el empuje castellano, trataron de resistir en un gran fuerte de maderas, pero los atacantes resueltos al arrasamiento del reducto, se ingeniaron en armar “dos castilletes sobre ruedas, de modo que excediera en alto a la palizada; estaban tejidos de varas y cañas con sus troneras, por donde pudiesen disparar los arcabuces” — leemos en la crónica citada. Así, merced a estos verdaderos tanques de guerra primitivos, se tomó aquella fortificación con gran mortandad de salvajes y sometimiento a los que sobrevivieron de la carnicería. En 1543-44 Alonso tomó parte en la expedición que Cabeza de Vaca llevó personalmente al norte, hasta el asiento llamado de los Reyes. Y a la vuelta de tan infructuosa como desmoralizadora jornada, fue cuando los Oficiales Reales y los conquistadores viejos realizaron el motín que dió por tierra el poder del Adelantado. El primer golpe insurreccional en esta región sureña A propósito de la conspiración previa a aquella revuelta política, el historiador jesuita Pedro Lozano, en su Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, escribe lo siguiente; “El principal motor de todo era el Contador Felipe de Riquelme

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Cáceres, hombre altivo y bullicioso y amigo de novedades, quien principalmente se hallaba más sentido de Alvar Núñez por que en cierta consulta por ponerle en razón, le trató mal de palabra, y aún su sobrino Alonso Riquelme viendo que dicho Cáceres se desmandaba contra su tío, le dió una puñalada”. El incidente aludido por Lozano — en el que no corrió sangre — se produjo cierta tarde, luego de un violento altercado entre Alvar Núñez y el contador Cáceres. Cabeza de Vaca como toro enfurecido trató de embestirlo al Contador que casi no cuenta el cuento; pero al Adelantado lo sujetaron a tiempo mi lejano abuelo Francisco de Mendoza y Hernán Arias Mansilla. En ese instante apareció Alonso Riquelme de Guzmán con la mano crispada en el mango del puñal, y retó al oponente de su tío con estas palabras; “mal criado sois señor Contador con su Señoría”; a lo que Cáceres respondió; “Acá nos entendemos señor Alonso Riquelme, no os metais entre nosotros”. Y se hubieran acuchillado los dos, si Arias Mansilla no se interpone apartando a ambos antagonistas. El día de la asonada que derrocó a su pariente, protector y jefe, Riquelme — según le escribió a su padre a Jerez de la Frontera — se encontraba indispuesto en su vivienda, y al sentir el alboroto intentó salir a la calle con Pedro Méndez, empuñando una ballesta. Al trasponer la puerta del alojamiento, sin embargo, 10 hombres armados le cerraron el paso; “y viendome solo que más no podía, me torné a mi casa”. Ese viernes, “a las dos horas de la noche, día del señor San Marcos” — prosigo con la transcripción de la carta de Riquelme, aunque con ortografía moderna —, “fueron los cuatro Oficiales del Rey llevando espadas seguras, y consigo amigos y engañados; y en fin, con mano armada de arcabuces y ballestas así entraron y lo prendieron (a Alvar Núñez), que estaba echado malo (enfermo en cama) con una mujer que lo curaba, que todos sus criados estaban malos, salvo uno que lo vendió ... Lo sacaron de su casa a rempuxones y lo llevaron y metieron en la de uno de ellos, que fue el Tesorero (Garci Venegas); y así lo han tenido preso con sus prisiones diez meses, sin que nadie lo haya visto ni oído sino sus enemigos”.

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Y las conjuras y represiones cobran cuerpo día tras día Como acontece siempre en la historia, después de una revolución triunfante los partidarios del régimen depuesto — en este caso los amigos de Alvar Núñez — son vijilados, perseguidos y hostilizados por sus ocasionales vencedores; ya que, generalmente, aquellos vencidos, en seguida de su caída se dedican a conspirar, empeñosos en reinstalarse en el poder mediante otro golpe de mano. Por eso, no sin razón, Diego de Abreu, Ruy Díaz Melgarejo, Alonso Riquelme de Guzmán y Juan Pavón fueron sospechados de contrarevolucionarios. Y cuando la noche del 1-V-1544 ardió la vivienda de Luis Ramírez, Irala y los Oficiales Reales que detentaban el gobierno de “facto”, atribuyeron el siniestro a los “alvaristas” desalojados; los cuales pretendían, con actos terroríficos, crear un clima de espanto que les permitiera liberar al Adelantado cautivo, validos del desconcierto consiguiente. A raíz, pues, del incendio de la casa de Ramírez, ordenóse por las autoridades una investigación en la que depusieron muchas personas, al tiempo que se tomaron medidas de seguridad para reprimir cualquier conato subversivo. El nombre de Riquelme de Guzmán, como es de suponer, aparece citado en el proceso aludido. Y el testigo Hernando de Castañeda declaró que al salir de misa en el templo de Guadalupe, había encontrado a Riquelme quien le dijo en secreto; “Dígale al señor Diego de Abrego que yo le enviaré una firma o anillo del Gobernador” (credencial del recluso Cabeza de Vaca); a lo que Castañeda asustado contestó “que fuese con Dios ... que no quería meterse en esas cosas”. Tal equívoco testimonio bastó para que los Alguaciles, Bartolomé de la Marilla y Sancho de Salinas, prendieran a Riquelme en su propia casa, cargándolo de grillos. A poco fue soltado, mas sería bien corta su libertad: los corchetes no tardaron en buscarle en casa de García de Villalobos, donde le echaron cadenas nuevamente. Se lo acusaba de urdir, con otros conspicuos “alvaristas”, un traslado importante de vecinos opositores a la costa del Brasil, a fin de poblar allí otra ciudad a nombre de Cabeza de Vaca, desconociendo al gobierno de la Asunción. Ante los jueces, Riquelme de Guzmán negó todas esas imputaciones. Declaró frisar en los 21 año, “más o menos”, por lo que en su calidad de menor hubo de nombrársele un curador ad litem para Riquelme

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seguir el juicio; curador que, a pedido suyo, resultó Silvestre de Sandoval. Cuatro meses después, el Alcalde que entendía en la causa autorizó salir al reo en libertad bajo fianza — que dió Pedro Méndez Guerrero —, con la condición de no comunicarse, ni pública ni privadamente, bajo pena de 2.000 maravedíes de multa, con los cabecillas partidarios del Gobernador depuesto. Pese a las enérgicas precauciones que tomaba Irala contra los “alvaristas”, estos no perdían la esperanza de retomar el mando. Despachado Cabeza de Vaca mas o menos subrepticiamente a España, pudo saberse en la Asunción que el ex gobernante había otorgado, a escondidas, un poder a favor de Juan de Salazar de Espinosa, al cual dejaba por sustituto suyo. Irala, entonces, ordenó la captura del clandestino apoderado — que cuando lo prendieron estaba en compañía de Riquelme de Guzmán y de Díaz Melgarejo —, y el sorprendido Salazar, puesto sobre un batel, salió desterrado al encuentro de la carabela en que viajaba su infeliz amigo Alvar Núñez, con quien prosiguió el forzado derrotero hasta la madre patria. Tiempo después, en los sucesos que tuvieron lugar en la Asunción provocados por los leales de Cabeza de Vaca a fin de derrocar a Francisco de Mendoza, so pretexto de que Irala, cuando marchó al Perú, carecía de facultades para delegar el mando en dicho caballero, nuestro biografiado tomó parte muy activa. Fueron precisamente el clérigo Luis de Miranda y los Capitanes Hernando de Rivera y Alonso Riquelme de Guzmán, quienes presionaron sobre el ánimo vacilante de don Francisco, impugnando su tenientazgo, y exigiéndole la convocatoria de esas elecciones que epilogaron con su decapitación. Y luego cuando Abreu resolvió enviar a España emisarios para que en la corte abogaran por su reconocimiento como Gobernador del Paraguay, entre aquellos delegados despachó a Riquelme de Guzmán. Pero estaba de Dios que mi antepasado no volvería a sus lares: la carabela en que viajaba naufragó al salir del Río de la Plata — en el hoy llamado “Banco Inglés”, salvándose tripulantes y pasaje en la costa oriental, donde fueron recogidos por otra nave piloteada por Hernando de Rivera, quien tornó a la Asunción con los frustrados mensajeros de Abreu. Entretanto Irala había vuelto de su incursión altoperuana; y una vez en la ciudad paraguaya, puso preso a Abreu, a Melgarejo y a otros cabecillas “alvaristas” responsables de la muerte de Mendoza; 440

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los cuales — parece que ayudados por Riquelme de Guzmán —, en junio de 1549, consiguieron limar sus cadenas y huir del encierro para ocultarse en las espesuras del monte aledaño. Irala, sin embargo, estaba resuelto a imponer la paz a todo trance entre los conquistadores insumisos y someter el bando rebelde a su autoridad. Y si en los momentos necesarios sabía actuar con mano dura, también era capaz de mostrarse conciliador si las circunstancias lo aconsejaban. Por eso, en 1552, a raíz de los buenos oficios de un cura Andrada, que hizo de intermediario, el gran Caudillo aceptó pactar con dos de sus más enconados enemigos: Alonso Riquelme de Guzmán y Francisco Ortiz de Vergara, quienes estando presos y condenados a muerte, se avinieron — sino, la horca! — a casarse cada cual con dos de las hijas de Irala: Ursula y Marina, respectivamente. De suerte que ligados así por la sangre, convertidos en yernos de Irala, ambos capitanes de peligroso arrastre entre los opositores de aquel, hubieron de pasarse a su partido, o, por lo menos, acallar la antigua solidaridad política con sus compañeros insurgentes de la víspera. Ulterior trayectoria pública del antepasado que me ocupa A partir de su enlace con Ursula, los arrebatos subversivos de Riquelme de Guzmán cesan por completo: no le iba a hacer una revolución al padre de su mujer, al abuelo de sus hijos! En consecuencia, en 1553, muy juiciosamente, ocupó el cargo de Regidor en el Cabildo asunceno, bajo la mirada benévola del suegro poderoso. También en 1556 se desempeñó como Alguacil Mayor hasta después del fallecimiento de Irala (ocurrido el 3-X-1556), ya que su concuñado Ortiz de Vergara, que sucedió en el mando al gran Caudillo, le confirmó en dicho puesto el 2-XI-1557. De la actividad militar de nuestro Capitán, diré que en 1557 combate a los indios agaces en compañía de Díaz Melgarejo; y que, al año siguiente, con su concuñado el Teniente de Gobernador Ortiz de Vergara, fue a pacificar la comarca llamada Carayba, donde libró sangrientas guaçavaras contra las tribus levantiscas. Posteriormente Ortiz de Vergara lo envió a Ciudad Real en el Guayrá, a fin de que socorriese a Ruy Díaz Melgarejo, que cercado por una multitud de indios enardecidos estaba a punto de sucumbir. Riquelme cumplió Riquelme

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con éxito su cometido, y logró liberar a aquel conquistador en apuros. Poco después, el hombre fue nombrado Lugarteniente General del Guayrá, en reemplazo de Melgarejo, que se aprestaba a viajar a España. Durante su lugartenientazgo, en 1567, cerca de Ciudad Real, descubriéronse unas piedras colorinches que los pobladores tomaron por preciosas. Para apoderarse del supuesto tesoro y huir al Brasil se sublevó esa gente contra Riquelme. Vista la desairada situación en que este se hallaba a causa de tal motín, el Gobernador interino Juan de Ortega dispuso su cesantía. A ese efecto envió a Ruy Díaz Melgarejo con el encargo de tomar aquel gobierno: por lo que el 7XI-1567 Riquelme entregó la vara de justicia a su reemplazante. Mas tarde, sin embargo, el yerno de Irala volvió a Guayrá repuesto en el mando de esa provincia. Empero Melgarejo — antiguo camarada de Alvar Núñez y de Abreu, que no le perdonaba a Alonso el haberse casado con la hija de su mayor enemigo — lo desconoció como jefe, y lo metió preso en una mazmorra de Ciudad Real. Catorce mese permaneció el cautivo en dicho encierro; para ser luego confinado a un fortín próximo — Guaracyberá, futuro Villa Rica — donde hubo de pasarse dos años más; hasta que el rencoroso Melgarejo fuera llamado por las autoridades de la Asunción. Liberado entonces Riquelme de Guzmán por los vecinos de Ciudad Real, reasumió el cargo de Teniente de Gobernador de esa localidad; cargo que llegó a ejercer hasta el día de su muerte, en 1573, a los 54 años de edad. Alonso Riquelme de Guzmán y Ponce de León — como sabemos — contrajo matrimonio en 1552 con Ursula de Irala, hija de Domingo Martínez de Irala (ver su biografía, y de Leonor, india guaraní — de la estirpe del Cacique Mokirasé —, “mi criada”, como la llamó el famoso conquistador y caudillo en su testamento. Del vínculo de aquel jerezano de noble cepa con la mestiza paraguaya resultaron estos hijos: 1) Ruy Díaz de Guzmán (que llevó el nombre y apellido de su abuelo paterno), fue conquistador en Guayrá, el Tucumán y el Alto Perú. Célebre autor, sobre todo, de La Argentina, la primera historia nuestra escrita por un “hijo de la tierra”. Ruy Díaz de Guzmán terminó su manuscrito en 1612, en la ciudad de La Plata (Charcas), y lo dedicó al Duque de Medina Sidonia, tan vinculada su Casa a 442

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los antepasados del cronista. Ruy estuvo casado con Juana de Oviedo, con la cual procreó descendencia. (Ver el linaje de Ponce de León). 2) Diego Ponce de León (que llevó el apellido de su abuela paterna). Conquistador también del Paraguay; fundador y primer Alcalde de la ciudad de Vera de las Siete Corrientes. Casó con Beatriz de Espínola y tuvo sucesión. (Ver el apellido Ponce de León, en su “Apéndice”). 3) Gabriel de Guzmán (que llevó el apellido de su bisabuela paterna). Fue fraile franciscano con el nombre de Gabriel de la Anunciación y acompaño a Fray Alonso de San Buenaventura y a Fray Luis Bolaños en sus campañas misioneras. Guardián del Convento de su orden en Buenos Aires el año 1621; estuvo más tarde en Concepción del Bermejo, desempeñando el cargo de Definidor y Prelado de la casa seráfica en dicha localidad. Había nacido en 1569. 4) Catalina de Vera y Guzmán — mi antepasada —, que sigue en VII. 5) Otra hija cuyo nombre se desconoce, casada con Martín de Contreras, poblador de Santa Fé de la Vera Cruz. 6) Brianda de Guzmán (que llevó el nombre y apellido de su bisabuela paterna). Fue mujer del Escribano Juan de Valderas, nativo de la Villa de Almodovar del Campo, en España. Entre sus hijos hubieron a: A) María de Valderas, nacida en la Asunción, que casó allí con Diego Martínez de la Orta, Regidor y Alcalde de Corrientes, a cuya fundación concurrió el 3-IV-1588. Hija de ellos resultó Leonor de Valderas, casada en la Asunción en 1587 con Diego Pérez de Centurión (hijo de los esposos Bernardo Centurión y María Pérez Rapallo, ambos genoveses; aquel expedicionario venido al río de la Plata con don Pedro de Mendoza y antiguo “cuatralbo de las galeras del príncipe Andrea Doria”). De ellos deriva numerosa sucesión. 7) Blanca Riquelme de Guzmán (con el mismo apellido de su padre). Estuvo casada con el Capitán Garcí Venegas y Hoces (nieto del Tesorero Real Garcí Venegas, uno de los promotores del motín que derrocó a Cabeza de Vaca). Blanca y Garcí Venegas prolongan hasta nuestros días conocida posteridad. Riquelme

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VII — CATALINA DE VERA Y GUZMAN (con el nombre y primer apellido de su bisabuela materna materna) se casó con Jerónimo López de Alanis, natural de Zaragoza en España, el cual creo sea el mismo Jerónimo López que el 5-V-1595 se hallaba por negocios en la ciudad de Santa Fé de la Vera Cruz, junto con varios mercaderes que pretendían — según nos entera un acta del Cabildo local — llevarse “fuera de ella” estos comestibles; “bino, myel, asucar, vinagre y otras cozas”; a lo que el cuerpo comunal se opuso, obligando a esos comerciantes a vender dichos productos al vecindario santafecino. Mas tarde López de Alanis fue Procurador en el Guayrá; y, en 1600, resultó mensajero de las cartas que destinaba Ruy Díaz de Guzmán, a la sazón vecino de la paraguaya villa de Jerez, al Licenciado Cepeda y a Juan Torres de Vera y Aragón, ambos residentes en La Plata (Charcas), con motivo de tramitarse allá la Información de servicios de aquel conquistador, cuñado suyo. Antes de promediar el siglo XVII, Catalina de Vera y Guzmán poseía casa propia en la ciudad de Buenos Aires, edificada en un solar situado frente a las hoy calles Bolívar y Alsina; cuyo terreno lo adjudicó, originariamente Garay, a Juan Fernández de Enciso — otro de mis antepasados. En esa propiedad urbana vivió la señora junto con su hija Ursula, separada esta de su marido el Capitán Diego de Mendoza, vecino de Corrientes. En 1615, el nombre de “Catalina de Gusman” aparece en la lista de “permisiones”, entre los vecinos bonaerenses calificados como “últimos pobladores”. Y en 1618, en la colecta que se hizo entre los moradores porteños para pagarle al carpintero Ramírez sus trabajos en la Iglesia Mayor, mi 10ª abuela doña Catalina contribuyó con 2 pesos corrientes, de la moneda de aquella época. Los cónyuges López de Alanis-Vera y Guzmán, en su matrimonio, procrearon los hijos siguientes: 1) Ursula Riquelme de Guzmán, que casó con el Capitán Diego de Mendoza, vecino de Vera de las Siete Corrientes, del que luego se separó. Testó Ursula en Buenos Aires el 21-XI-1621, ante Roxas de Acevedo, dejando por heredera a su madre, entonces viuda, “Catalina de Guzmán”. 2) Jerónima Riquelme de Guzmán, esposa de Lorenzo Maldonado Osorio o Suárez Maldonado (hijo de Hernán Suárez Maldonado 444

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“el Viejo” y de Elvira Osorio). Con sucesión. (Ver el apellido Suárez Maldonado). 3) Pedro Riquelme de Guzmán. 4) Rodrigo Ponce de León — el primogénito — se apellidó como su bisabuela paterna; como el 2º Conde de Arcos, de quien el tocayo americano era chozno; y también resultaba tocayo de su tío lejano el 2º Marqués de Cádiz. Habíase casado en 1635 con Isabel de Naharro Humanés (hija de Cristóbal Naharro y de Isabel de Humanés Molina — ver estos apellidos y el de López Tarifa). La biografía y descendencia de nuestro Rodrigo — 9º abuelo mío y de Estela mi mujer — prosigue en el linaje de Ponce de León, en cuyo capítulo remonto además la histórica cadena genealógica de muchas egregias generaciones españolas.

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Apéndice

Los Cabeza de Vaca Este interesante linaje viene de antiquísima data. Su legendario genearca resulta cierto pastor de vacas, Martín de Alhaja o Halaja — que la fé popular identificó con San Isidro Labrador —, el cual indicó al Rey de Castilla Alfonso VIII y al Señor de Vizcaya Diego López de Haro, una senda escondida que llevó a los ejércitos cristianos al triunfo sobre los moros, concretado en la célebre batalla de las Navas de Tolosa, el 16-VII-1212. Se dice que Alfonso VIII, a raíz de esa victoria, le concedió al referido pastor, en premio de su servicio, la siguientes armas: escudo jaquelado de oro y gules de 15 piezas, con bordura de azur, cargada de 6 cabezas de vaca de plata; armas que usaron después los Cabeza de Vaca. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que el primer personaje que se denominó con el apellido Cabeza de Vaca, fue Fernán Ruiz Cabeza de Vaca, del que históricamente se sabe acudió en 1235, con el Rey Fernando III “el Santo”, en socorro de unos caballeros que habían ocupado los arrabales de Córdoba. No obstante el progenitor indiscutido de la rama de los Cabeza de Vaca establecida en Jerez de la Frontera, que se emparentó con los Vera, los Zurita, los Ponce de León y los Riquelme de Guzmán, fue: I — NUÑO ALFONSO CABEZA DE VACA, llamado Nuño Vaca, quien estaba establecido en Jerez en la segunda mitad del siglo XIV; (hijo de Pedro Fernández Cabeza de Vaca, Maestre de la Orden de Santiago, y de Constanza Alfonso; n.p. de Juan Fernández Cabeza de Vaca, Señor de Vallecilla, y de Mencía de Rojas o Valvcárcel; n.m. de Martín Alfonso Cabeza de Vaca, Señor de Arenillas; bisn. p.p. de Pedro Fernández Cabeza de Vaca y de Elvira Ruis; tatn. de Nuño Vázquez de Braganza y de Sanchica; hija ésta de Pedro Sánchez “el Braganzón” y de Frole Guillén de Barboza). Nuño Alfonso Cabeza de Vaca en una señora de Alvarez Escobar hubo a: 446

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II —ALVAR NUÑEZ CABEZA DE VACA. Valeroso caballero en tiempos del Rey Juan II. Fue uno de los 13 Regidores de Jerez el año 1407, y Capitán de una galera de la armada castellana que ganó famosa victoria contra los moros que habían llegado a Gibraltar — según cuenta el cronista Fernán Pérez de Guzmán. Casó don Alvar con Teresa Vázquez de Meira, señora de esta Casa y heredamientos (hija de Pedro Vázquez de Meira, Alcaide de Jerez, y de Beatriz González de Gallegos; y nieta de Vasco Pérez de Meira, Alcaide de Gibraltar en 1331, y de su mujer Isabel de Leyva). Testó doña Teresa el 7-I-1422, mandando la enterraran en la Iglesia Mayor de Jerez, junto con su marido Alvar Núñez. Fueron sus hijos: 1) Fernán Ruiz Cabeza de Vaca, que sigue en III. 2) Pedro Fernández Cabeza de Vaca, Obispo de León, desde 1440 hasta el 2-XI-1471 en que falleció. El 5-II-1456 otorgó una escritura de Mayorazgo sobre las casas de su morada en Jerez cerca de la Puerta de Rota, en la collación del Salvador; además de vincular también, a dicho Mayorazgo, “10 caballerías de tierra en Espartinas y 3 1/2 en la Torre que dicen de Pedro Vázquez” — su abuelo materno. El Mayorazgo quedaba establecido en cabeza de su sobrino carnal Alvar Núñez — hijo de Fernán Ruiz, su hermano mayor —, a condición de llevar el apellido y las armas de los Cabeza de Vaca. 3) Beatriz Cabeza de Vaca, la que ya en 1422 — según el testamento de su madre —estaba casada y tenía sucesión con Juan Barba, 24 de Sevilla. Descendiente de ellos tiene que ser, sin duda, el Capitán Cristóbal Barba Cabeza de Vaca, conquistador americano, quien en 1561 y 1575, respectivamente, estuvo entre los fundadores de la ciudades de Nieva y San Francisco Alava, en el valle tucumano de Jujuy. Otro vástago de la misma familia sería Diego Barba, expedicionario al Río de la Plata en la armada de su pariente el Adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en 1541. Tuvo actuación destacada en el Paraguay y regresó a España en 1556. Asimismo podría ser hija de los Barba Cabeza de Vaca, Beatriz Barba Cabeza de Vaca, casada con García de Villarroel, vecinos de Baza, en Granada.

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III — FERNAN RUIZ CABEZA DE VACA, desempeño los cargos de Regidor — 13 de Jerez, en 1409, y 24 de Sevilla; y fue Capitán de 150 jinetes y 24 “almogábares” (soldados escogidos) el año 1429, como Vasallo del Rey Juan II. Casó con Beatriz González de Medina, de la Casa de su apellido en Sevilla, y tuvo por hijos a: 1) Alvar Núñez Cabeza de Vaca González de Medina, que sigue en IV. 2) Pedro Fernández Cabeza de Vaca, que sigue en IVa. 3) Leonor Núñez Cabeza de Vaca, de quien deriva sucesión. IV — Alvar Núñez Cabeza de Vaca González de Medina, sucedió a su padre como Jefe de su Casa, y resultó titular en el Mayorazgo que su tío, el Obispo de León, fundó para él. Gozó asimismo del título de Vasallo del Rey, y fue uno de los primeros 24 de Jerez, puesto que, en su tiempo, cambió dicha ciudad el número de sus Regidores; de 13 a 24. Testó en Jerez el 19-XI-1467, y fundó el Mayorazgo de la Torre de Gigonza y su dehesa, en tierras jerezanas. Con su mujer María Alvarez Osorio hubo los siguientes hijos: 1) Fernán Ruiz Cabeza de Vaca Alvarez Osorio, poseedor de dos Mayorazgos; el de la Torre de Gigonza y el fundado por el Obispo de León,su tío abuelo. Fue 24 de Jerez, y testó el 20-VIII-1509, estableciendo un vínculo hereditario en cabeza de su sobrino Pedro Fernández Cabeza de Vaca, hijo de su hermana Leonor. Don Fernán con su esposa Brianda de Villavicencio no dejó hijos. 2) Pedro Cabeza de Vaca Alvarez Osorio. 3) Leonor Núñez Cabeza de Vaca Alvarez Osorio, que casó con Antón de Trujillo, y con este procreó a: A) Pedro Cabeza de Vaca Trujillo, heredero del vínculo fundado por su tío Fernán Ruiz. Debió morir soltero pues el aludido Mayorazgo pasó a su hermana Inés. B) Inés Cabeza de Vaca que casó con Juan Velázquez. Son los padres de: a) Marina Cabeza de Vaca Trujillo, heredera de los Mayorazgos de su tío. Casó con Diego Dávila y Vera (hijo de Juan Riquel Dávila y de Beatriz de Vera Morillo). Testó don Diego el 13-VI-1563. Fueron sus hijos: 448

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a1) Alvar Núñez Cabeza de Vaca Dávila, emancipado por su padre el 10-X-1546, en una escritura pública de esa fecha. Señor del Mayorazgo que fundó el Obispo de León. Adoptó, por tanto, el apellido Cabeza de Vaca, impuesto por dicho vínculo. Contrajo matrimonio con Beatriz de Argumedo (hija de Francisco de Argumedo y de Leonor Martínez de Saravia). Sus descendientes poseedores del Mayorazgo de Cabeza de Vaca mediante sucesivas herencias, son los actuales Marqueses de Villamarta y los Condes de Villafuente Bermeja. a2) Sebastián Dávila Cabeza de Vaca, quien renunció a la herencia materna, y a quien su padre, por escritura del 8Ix-1560, le hizo donación, a cuenta de su legítima, de “una caballería de tierra” en Jerez, con otros bienes. 4) Aldara Núñez Cabeza de Vaca y Alvarez Osorio, la cual se casó con su primo Arias de Teves. De su prole se trata más adelante. 5) Beatriz Núñez Cabeza de Vaca (la hija menor de Alvar Núñez y de María Alvarez Osorio), fue la 3ª esposa del Comendador de Almendralejo — hermano del Marqués de Cádiz — Eutropio Ponce de León (mi antepasado con su 1ª consorte: Catalina de Vera y Zurita). Doña Beatriz parece no dejó prole. IV — PEDRO FERNANDEZ CABEZA DE VACA — hijo 2º de Fernán Ruiz y de Beatriz González de Medina — fue Regidor de los 13 de Jerez, por cédula del 26-VI-1433. Casó primeramente, en Portugal, con Violante de Tebes; y en 2as nupcias en Jerez, hacia 1450, con Catalina de Zurita y Suárez de Figueroa Moscoso (hija de Diego Fernández de Zurita y de Mencía Suárez de Figueroa Moscoso; hija esta última, de Ruy Barba de Moscoso Suárez de Figueroa — de la Casa de los Señores de Zafra, después Duques de Feria —, Comendador de Montemolín, en la Orden de Santiago y de su mujer Elvira de Quiñones). Hijo del primer matrimonio de Pedro resultó: 1) Arias de Teves Cabeza de Vaca, 24 de Jerez, quien — como ya se dijo — casó con su prima hermana Aldara Núñez Cabeza de Vaca. Son los padres de:

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A) Pedro Fernández Cabeza de Vaca — llamado también Vázquez de Meira, como su bisabuelo —, el cual heredó el Mayorazgo de la Torre de Gigonza. Casó con Francisca Riquelme Dávila (hija de Juan Bernalte Dávila y de María Riquelme; hija esta, a su vez, de Juan Riquel “el Viejo” — hermano de mi antepasado Francisco Riquel “el Bachiller” — y de Elvira García de Cuenca). Testó doña Francisca el 16-I-1539 y declaró por sus hijos a: a) Fernán Ruiz Cabeza de Vaca, 24 de Jerez. Al servicio de su Monarca, Fernán Ruiz cayó cautivo de los mahometanos en Argel, donde testó el 6-X-1559. Habíase casado con Leonor Ponce de León (hija de Pedro Zurita Portocarrero y de Elvira Riquelme Ponce de León, hija de Manuel Riquelme “el Alcaide” — hijo este de Juan Riquel “el Viejo” — y de Aldonza Ponce de León; nieta esta última del 2º Conde de Arcos). Hubieron descendencia. b) Juan Bernalte Dávila. c) Aldara Núñez. d) María Cabeza de Vaca, que casó con Pedro de Sierra Granado. Hijos del 2º matrimonio de Pedro Fernández Cabeza de Vaca con Catalina de Zurita Suárez de Figueroa Moscoso fueron: 2) Teresa Cabeza de Vaca Suárez de Figueroa, la cual se casó con Francisco de Vera Hinojosa, Comendador y Caballero de Santiago, Regidor 24 de Jerez (hijo del famoso Caudillo conquistador y Gobernador de las Canarias Pedro de Vera y Mendoza y de Beatriz de Hinojosa — mis décimoquintos abuelos). Estos hijos hubieron los cónyuges Vera-Cabeza de Vaca: A) Alvar Núñez Cabeza de Vaca — que adoptó el apellido materno —, nacido en Jerez de la Frontera en 1507 — o en 1490, según otras referencias. Al quedar huérfano en su primera juventud, lo crió su tía materna Beatriz Cabeza de Vaca, mujer de Pero Estopiñán, conquistador de Melilla y Mayordomo del Duque de Medina Sidonia. Bajo el amparo de su influyente tío, el muchacho se inició en la carrera de las armas, actuando en 450

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las campañas de Italia y en los conflictos banderizos de su ciudad natal. Más tarde obtuvo el cargo de Mayordomo en la casa ducal de Medina Sidonia en reemplazo del tío Estopiñán, para trasladarse posteriormente, en 1527, a Indias, en calidad de Tesorero y Alguacil Mayor de la expedición de Pánfilo de Narváez; la que desembarcó en “La Florida”, donde nuestro hidalgo afrontó una serie de aventuras y desventuras que realzaron su prestigio; sobre todo, cuando el protagonista publicó, una Relación de aquellas peripecias, en 1542, cuyo escrito se difundió por toda Europa, traducido a varios idiomas. Alvar Núñez Cabeza de Vaca fue nombrado luego Gobernador, Capitán General y Adelantado del Río de la Plata (1541-1544); y sus tribulaciones en estas alejadas comarcas sudamericanas registráronse, con posterioridad, en los Comentarios de su Escribano Pero Hernández. En la noche de San Marcos (25-IV-1544), los Oficiales Reales y conquistadores viejos de la Asunción se sublevaron contra el Adelantado Cabeza de Vaca. Lo sacaron de la cama a empellones, y en una silla de mano lo llevaron preso a la casa de García Venegas. “Su albergue — dice el padre Lozano — fue una oscura mazmorra ... Embarcáronlo por fin secretamente una noche, y acordaron fuesen con él dos Oficiales Reales, Alonso de Cabrera, Veedor, y García Venegas, Tesorero, para que con los autos obrados diesen cuenta al Real Consejo de los motivos que justificaban aquella resolución, que abultarían mucho las calumnias ... Siguió el Fiscal del Consejo la causa contra el Adelantado, y aunque en vista fue sentenciado en privación de oficio y desterrado a Orán con 6 lanzas a su costa, en revista le absolvió el Real Consejo, declarándolo inocente de cuanto se le imputaba; bien que por vía de buen gobierno se tomó el expediente de que no volviese al Río de la Plata, por no resucitar ofensas y pasados escándalos. Se le señaló renta vitalicia de dos mil ducados cada año sobre las aduanas de Sevilla, donde falleció con quietud y honra, siendo Prior de aquel convento”, en 1564. B) María Cabeza de Vaca, que casó — entre 1522 y 1524 — con Ruy Díaz de Guzmán (mi antepasado, viudo de mi decimosegunda abuela Violante Ponce de León de Vera y Riquelme

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Zurita). La sucesión de doña María quedó consignada anteriormente en el linaje de Riquelme. C) Violante Cabeza de Vaca, la cual casó en 1509 con Juan Riquel de Villavicencio, Fiel Ejecutor de Jerez (hijo mayor de Pedro Riquel de Cuenca, y de su 2ª mujer Teresa de Amaya Villavicencio). Doña Violante fue dotada por su tía Beatriz Cabeza de Vaca — viuda del Comendador Pero Estopiñán — como consta en la escritura respectiva de fecha 27-II-1509. Murió Violante sin descendencia y su marido contrajo nuevas nupcias con Marina de Melgarejo Carrizosa, con la cual dejó sucesión. 3) Beatriz Cabeza de Vaca — la hija menor de Pedro Fernández Cabeza de Vaca y de su 2ª esposa Catalina de Zurita Suárez de Figueroa Moscoso —, se casó con el Comendador Pero Estopiñán, famoso conquistador de Melilla y Mayordomo del Duque de Medina Sidonia, muerto antes de 1509. Doña Beatriz crió a su sobrino Alvar Núñez Cabeza de Vaca y a las demás hijas de su hermana Teresa, cuando aquel y estas quedaron huérfanos de madre. A su vez, hijos de doña Beatriz fueron: A) Pero Estopiñán Cabeza de Vaca, nacido por 1496 en Jerez de la Frontera. Expedicionario en 1540 al Río de la Plata, en la armada de su primo Alvar Núñez, siguió el destino político de éste, y a consecuencia del motín que derrocó y desterró al Adelantado, Estopiñán resultó también apresado y se le embarcó para España, junto con Juan de Salazar de Espinosa. Sobrino suyo — y nieto de doña Beatriz — era Francisco Estopiñán, quien tuvo actuación asimismo en el Paraguay, adonde vino a las órdenes de su pariente Alvar Núñez Cabeza de Vaca. B) Francisco Estopiñán Cabeza de Vaca, quien casó con su parienta Catalina Cabeza de Vaca. Son los padres de: a) Fernando Estopiñán Cabeza de Vaca, el cual con su mujer María Monroy Moscoso procrearon a: a1) Cristóbal de Monroy Estopiñán Cabeza de Vaca, quien litigó su hidalguía en Jerez, en 1589

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Fronteras del Reino Moro de Granada. Tomos I y II. Madrid, 1929 y 1932. Olmos Gaona, Alejandro; Alonso Riquelme de Guzmán — Aportes para el conocimiento de su genealogía y descendencia. Revista Genealogía, Nº 17 del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Bs. As. 1977. Ugarteche, Félix de; Hombres del Coloniaje. Bs. As. 1932.

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RIVADENEIRA Rivadeneira — consigna el Nobiliario de Julio de Atienza — es apellido gallego, y una de sus ramas pasó a Toledo. Probó repetidamente su nobleza en las órdenes de Santiago, de Alcántara y de San Juan de Jerusalén, así como en la Real Chancillería de Valladolid. Sus armas pintan en campo de oro una cruz floreteada de gules con cinco veneras de plata, y en punta, tres fajas ondeadas de azur. Precisamente vástago de aquella rama toledana era: I — MIGUEL RIVADENEIRA, nacido en “la tierra de Toledo” por el año 1583. Pasó en sus mocedades al Perú, y de ahí vino al Río de la Plata a la ciudad de Santa Fé de la Vera Cruz, donde se avecindó y casó con Catalina de Sierra, hija o nieta del Teniente de Gobernador lugareño Francisco de Sierra y de su mujer María Prieto. Francisco de Sierra había arribado a la Asunción del Paraguay en 1556, en las naves de Martín de Orúe, una de las cuales trajo al Obispo fray Pedro Fernández de la Torre. Allá, en tierra guaraní fue propietario de un barco a medias con el Capitán Antonio Tomás. En 1573, en la expedición pobladora de Santa Fé, se desempeñó como Maestre de Campo de Juan de Garay. Instalado en ese fondeadero paranaense, Garay lo designó Teniente de Gobernador de la cabecera y “provincia de Nueva Vizcaya” — así llamada entonces la región santafesina. En 1577, desempeñándose como Alcalde, contribuyó al derrocamiento del Gobernador Diego de Mendieta — sobrino del Adelantado Ortiz de Zárate —, embarcándolo a la fuerza para España. Tal desacato le valió a Sierra ser conducido preso a la Asunción, a fin de que las autoridades juzgaran su conducta. Luego volvió a Santa Fé, y en 1592 un solar suyo le fue expropiado mediante 15 pesos y cambiado por otro, para levantar “la casa del Cabildo y cárcel”. Ello contra la voluntad de don Francisco, que en 1595 solicitó la restitución de su terreno, juzgándolo inconveniente para edificar el Ayuntamiento, por hallarse “apartado de la ygleçia mayor”. Los Regidores no hicieron lugar a la petición, pero aumentaron el precio Rivadeneira

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efectivo del solar en 5 pesos más; o sea 20, amén del lote que lo reemplazaba; este sí “junto a la yglesia Mayor”. Casó Francisco Sierra con María Prieto, en la que hubo a Pedro, a María y a Francisco — precisa el historiador Ricardo de la Fuente Machain, sin nombrar a Catalina, a la cual Raúl Molina, en su Padrón inédito, filia como hija del susodicho Teniente de Gobernador santafesino; quien pereció asesinado por los indios “naurás” después de 1600. Pero como aquel hijo homónimo del primer Teniente de Gobernador de Santa Fé desempeñó, allá también, esas mismas funciones gubernamentales, podría resultar, Francisco hijo, el progenitor de mi lejana abuela Catalina 30. Miguel de Rivadeneira y Catalina de Sierra, su mujer, los últimos años del siglo XVI o a más tardar en 1601, trasladáronse con su familia de Santa Fé a Buenos Aires, y aquí se radicaron definitivamente. En efecto; en la ciudad porteña el hombre figura por la primera vez en la llamada “Lista de Armas”; aquella convocatoria de vecinos y moradores bonaerenses aptos para el servicio militar, que el martes siguiente el 6-X-1602 fueron revistados por el Lugarteniente Francisco de Salas; “puestos en punto de guerra, en la plaza, con todas sus armas y municiones que tuvieren”. En el documento aparece anotado “Miguel de Rivadeneira, a caballo, armada la persona”. Después, distintas “Listas” incluyen el nombre de nuestro personaje; en 1603 la de “Harinas”; en 1697 la del “Barbero Miranda”, cuya colecta mandó hacer el Cabildo “a Johan de Bracamonte, Alcalde Hordinario y a Miguel de Ribadeneyra, su acompañante”, contribuyendo este “boluntariamente” con 8 pesos “por su persona y cassa”; y la “Lista de Cueros’ del año 1622. 30 En una información de los servicios prestados por Juan Caballero Bazán, levantada en la Asunción del Paraguay, el 4-XI-1617, ante el Teniente de Gobernador de esa ciudad Pedro Hurtado de la Puente — más conocido como Hurtado de Mendoza (antepasado mío) —, consta que, el interesado, era hijo legítimo de su homónimo Juan Caballero Bazán y de María Sierra; esta señora que tuvo por padres legítimos al Capitán Francisco de Sierra y a su mujer María Prieto, habiendo sido Francisco uno de los fundadores de Santa Fé y su primer Teniente de Gobernador; el cual dejó 4 hijos; 1) Juan Prieto, sacerdote; 2) Francisco Sierra, poblador de Santa Fé (acaso progenitor de mi antepasada Catalina, la consorte de Rivadeneira); 3) Pedro Sierra, Tesorero y previsor eclesiástico del Obispado; y 4) María Sierra, la antedicha cónyuge de Juan Caballero Bazán. 458

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Referente a la carrera de los honores, diré que mi antepasado, en 1607, fue Regidor de “quinto boto” en el Cabildo porteño, donde, con buena letra, trasladaba al papel notas y memoriales. Así, el 3 de septiembre de aquel año, al tratar el Ayuntamiento cierta sugestión acerca de los Alcaldes de Hermandad, que debía comunicarse a la Real Audiencia, “se comete el escrebirla a Miguel de Ribadeneyra, Regidor”; al cual, el 8 de octubre siguiente, el Cabildo le “traspasa” la vara de Fiel Ejecutor, “para que la uze por tiempo de quarenta días que le caben, y para ello le fue reçevido juramento en forma”. Al año siguiente (1608) Miguel de Ribadeneyra resultó elegido Alcalde de la Santa Hermandad, y reelegido en 1610 cuando, además, era Familiar del Santo Oficio. En 1611 ejerce los cargos de Alcalde de 2º voto y de Fiel Ejecutor; y en la nómina donde los vecinos chacareros declararon en que parajes sembraban y recogían trigo, Rivadeneira figura anotado con “chácara” en el pago de la Matanza. Esa “suerte de tierra” habíala comprado el susodicho a Alonso de Espíndola el 25-VI-1606 en 120 pesos; medía 600 varas de frente por una legua de fondo; y lindaba con tierras de Juan Nieto Humanés, por uno de sus costados, y por el otro con Pedro Bernal. Dos meses después, don Miguel agrandó su fracción con una “media suerte” aledaña, adquirida en 50 pesos en la almoneda de los bienes sucesorios de Pedro Bernal, cuyos albaceas Pedro de Izarra (mi antepasado) y el Capitán Francisco de Salas, luego del remate, escrituraron el predio a favor del adquirente el 21-VIII-1606. Dicho lote lindaba entonces por un costado con otra “media suerte” de Manuel Ravelo y por el opuesto con Alonso de Escobar. Asimismo Rivadeneira había adquirido, el 14-=III-1605, del Capitán Tomás Garay — hijo del fundador de Buenos Aires —, mediante la paga de 360 pesos, un “sitio” en la ciudad y un terreno en la campaña. El solar urbano lindaba, calle en medio “con el convento del Señor San Francisco”, por otro lado con “cassas” de Hernán Suárez Maldonado (antecesor mío), por otro con Antonio Bermúdez, y por otro, calle en medio, con Francisco Muñoz. O sea que dicha finca localizaríase hogaño en la calle Alsina, mirando al Sur, entre las de Defensa y Balcarce; cuyo “sitio y solar” Rivadeneira revendió un año más tarde (28-III-1606) a Martín de Avila, y éste lo transfirió ipso facto al sastre Sebastián de la Vega. En cuanto al mencionado predio Rivadeneira

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campestre, distaba una legua de la ciudad y originariamente perteneció a Juan Hernández de Zárate, luego al Capitán Tomás Garay, el cual lo vendió en 1605 a Rivadeneira. Por esa fecha la chacra de referencia lindaba por el Sur con la de mi antepasado Pedro de Izarra, y por el Norte con la de Bartolomé López. Tratábase de un “suerte” en el “Monte Grande”, y cuyo frente de 350 varas, ahora abarcaría parte de las barrancas de Belgrano, y el fondo de su legua alcanzaría el amplio terreno de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, sobrepasando la Avenida de los Constituyentes. Más tarde dicha chacra perteneció a Gonzalo de Carbajal, quien la dió de dote a su hija María; y a ella se la compraron, el 16-IX-1680, los jesuitas, a fin de ampliar su histórica “Chacarita”. También Rivadeneira compró el 30-IX-1605 a Alonso de Espíndola, por el precio de 42 pesos, “un sitio y solar” lindante con otro de su propiedad, y por el costado opuesto con Francisco Hernández. Tal terreno, que vino a sumarse al solar donde el adquirente había edificado su vivienda, no he podido localizarlo precisamente, aunque sospecho integraba la manzana que hoy recuadran las calle Belgrano, Balcarce, Venezuela y Defensa, donde se levanta la Iglesia de Santo Domingo, pues allí poseían terrenos los Espíndola Palomino — Alonso, casado con María del Castillo, y la hermana de él Juana, mujer de Juan de Garay “el mozo”. Por lo demás en esa manzana compró posteriormente un solar Francisco de Rivadeneira — hijo de Miguel — a Francisco Ximénez; y en la cuadra vecina — Balcarce, entre Belgrano y Moreno —, habitaban los Suárez Maldonado, padre de hijo, consuegro el primero y yerno el mozo de Miguel Rivadeneira. Era, don Miguel, accionero del ganado cimarrón disperso por la pampa, y poseyó una estancia sobre el río Luján, en el llamado “Valle de Corpus Christi. Ese campo lo constituían dos fracciones unidas de media legua de ancho cada una, lo que redondeaba una legua de frente al Norte, contra el curso fluvial lujanero, por legua y media de largo hacia la actual ciudad; lindando por dicho frente, río por medio, con campos de Pedro de la Poveda; por el costado Oeste con estancia de Juan Sánchez Pompas, al que sucedió Bartolomé López y luego Antonio Rocha y Lobo; por el costado Este con tierras que pretendían Juan Jufré de Arce y Juan de Vergara; y por su fondo al Sud, con “cabezadas” de campos de Blas Mora y Juan de Azocar. 460

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La referida estancia de don Miguel, vino a heredarla la hija de éste: Beatriz, casada con Hernán Suárez Maldonado “el mozo” (remotos genitores míos), quienes vendieron después dicha heredad rural a Marcos Sequeira. Fue Miguel de Rivadeneira socio de los hermanos Mondragón 31, desempeñándose como Maestre de Navíos entre los años 1612 y 1613, lapso en el que efectuó un viaje a Angola, a fin de traer un numeroso contingente de esclavos negros. Dedicado al contrabando, resultó perseguido por el Gobernado Hernandarias; lo cual le decidió a huir de la justicia y refugiarse en el Alto Perú. Allá, en la villa Imperial de Potosí, compró el oficio de “Receptor de Penas de Cámara”, con voz y voto en el Cabildo de Buenos Aires. Tenía por misión tal funcionario, percibir las multas impuestas por la Justicia ordinaria a los vecinos y moradores porteños en las causas civiles y criminales. Cabe señalar que dentro de los delitos multables encontrábase el contrabando, violatorio de las disposiciones del Real Fisco o Cámara del Rey; de ahí que las aludidas condenas pecuniarias se llamaran “Penas de Cámara”, y su monto se repartía por mitades para el Erario y los gastos y honorarios de Justicia; y en habiendo denunciador, un porcentaje para éste. No deja, pues, de ser paradójico en grado mayúsculo, que quien estuviera acusado de contrabandista y fugado en el Perú para eludir las “Penas de Cámara”, volviese a Buenos Aires investido con la facultad de hacer efectivas todas las multas fiscales, menos precisamente — cual lo expresa su título — aquellas derivadas del contrabando. Ese título de “Receptor” — firmado por el Virrey Marqués de Montesclaros, con la posterior “provisión rreal” de la Audiencia de la Plata — lo adquirió Rivadeneira el 1-IV-1615, mediante 5.000 pesos, en una almoneda potosina; con la condición de que entraría a su poder cuanta plata condenasen a pagar cualesquiera jueces tocante a “Penas de Cámara”, y que el 10% de tales multas 31 Los hermanos Sebastián Orduña Mondragón y Hernando de Ribera Mondragón

eran hijos de Pedro Orduña Mondragón, nativo de Alcalá de Henares, y de la criolla paraguaya María Ortiz de Ribera. Esta antepasada mía, nieta del conquistador Ruy Díaz Melgarejo, siendo viuda de Pedro Orduña Mondragón, hubo una hija natural con el Capitán Pedro Hurtado de Mendoza: Francisca Hurtado de Mendoza y Ribera — mi 10ª abuela — que casó con el Escribano Jerónimo de Medrano. (Ver los apellidos Melgarejo, Hurtado de Mendoza y Medrano). Rivadeneira

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sería para el, “en mucha o poca cantidad”; excluídas — como dijimos — las “condenaciones de contrabando”, ya que tales cobranzas ingresaban directamente en la Real Caja. Y porque en mi antepasado — según los considerandos del referido título — “concurren las partes y calidades y demás requisitos nessesarios para dicho ministerio ... en Nombre de Su Magestad (Felipe III) ... nombro, elixo y proveo en vos el dicho Miguel de Rivadeneira por rressetor de penas de cámara y gastos de justicia ... de la ciudad de la Trinidad puerto de Buenos Ayres y su distrito y jurisdicción, para que como tal, por todos los días de vuestra vida ... lo podais usar al dicho officio y usseis en todas las cosas y cassos a él anesos y conssernientes, trayendo bara de la rreal justicia y con voz, assiento y voto en el Cabildo de la dicha ciudad ...”. Nuestro “Receptor”, en consecuencia, previa acreditación de su personería y fianza que por el dieron más adelante Juan Mena, Pedro Gutiérrez (mi antepasado), Felipe Navarro y Juan Nieto Humanés, recibióse del cargo el 26-XI-1615 en el Cabildo porteño, sin perjuicio de que al año siguiente dicha corporación le nombrara “Fiel Executor”, función que ejercería también en 1618; así como en 1617 y 1618 fue Mayordomo de la ciudad, o de “Propios”, no impidiéndole este menester recaudar — junto a las rentas propias del Ayuntamiento — las “Penas de Cámara”, de cuyo monto total cobraba el 10% para su propio bolsillo. No bien Hernandarias, el incorruptible, fue reemplazado en el mando, nuestro “Receptor” se hizo reconocer como tal por el Cabildo, y empezó a colectar multas. Al fin de cuentas, sin embargo, dicho publicano en versión porteña resultó acusado de contrabandear, y el Gobernador Góngora — entre bueyes había cornadas, según parece — lo redujo a prisión. Ello trajo el desastre económico de mi antepasado, quien renunció a la “Receptoría” en 1619. Un año antes de su bancarrota (23-VI-1618), “el procolector general de Penas de Cámara desta Ciudad”, le vendió a Pascual Ruiz “unas casas que he y tengo, que son una sala, un aposento y cocina, con cerca y el medio solar en que esta edificada, que linda por una parte con casas y solar del contador Hernando de Vargas, difunto ... por el precio y cuantía de 600 pesos”. Pese a sus apremios de insolvente, el Cabildo, con posterioridad, designó a mi remoto abuelo “Procurador a Cortes”; y 462

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en el curso de su viaje a España, frente a las costas del Brasil, le sorprendió la muerte en alta mar. El acuerdo cabildeño bonaerense del 30-V-1629 registra lo siguiente; “Y el Señor Governador (Francisco de Céspedes) dixo que ya la ciudad save como Miguel de Ribadeneyra, que llevaba su poder para los negocios que se tratan en la Corte del Rey nuestro Señor, en Sevilla, en que se suplica a su Magestad haga merced a esta Ciudad de dolerse della, y de sus vecinos, por las nesesidades que passa; murió en la mar, y se entiende que los papeles se quedaron en el Brasil, siendo de tanta importancia, pues en ellos, demás de pedir lo dicho en razón del vien público, se tratava de otras cosas para la quietud de la tierra ...”. Sagaz, sin mayores escrúpulos y, se me ocurre, dotado de atracción personal para llevar a cabo aquella misión diplomática, Miguel de Rivadeneira se fue de la vida en forma imprevista. Con su criolla mujer Catalina de Sierra, hubo estos hijos: 1) Francisca Rivadeneira Sierra, baut. en Bs. As. el 19-XI-1603. Murió párvula. 2) Francisco Rivadeneira Sierra, baut. en Bs. As. en 1605. Fue Alférez de la Compañía de Caballería porteña que comandaba el Capitán Alonso Gamiz de Vergara. En 1635 le compró un solar a Francisco Giménez — que éste heredó de su padre Andrés Ximénez —, “en la cuarta cuadra de la plaza para abajo”, que lindaba con solares de Andrés Giménez y Juan Matías Balcazar, hermano y cuñado del vendedor, respectivamente; y calle en medio con Juan Gaytán y Antonio Gutiérrez Barragán. El 21-III1637, Francisco Rivadeneira le pidió al Gobernador Pedro Esteban Dávila la merced de unas tierras en “la laguna de las Varillas”. En el escrito de petición estampó el infrascripto que su padre había servido en la ciudad más de 30 años “como hombre noble y principal y de habilidad y suficiencia”, y que cuando lo enviaron como Procurador a Cortes; “en el decurso del viaje murió sin le haber gratificado sus servicios”. En el Padrón de Vecinos de la Ciudad de Buenos Aires de 1664, aparece nuestro sujeto registrado bajo el Nº 89; y en la llamada lista de Corambre de 1674, figura “el Capitán Francisco Rivadeneyra” aportando 400 cueros cueros para embarcarlos en los navíos “Lubequesa”, “Roble” y “San Joseph”. Testó el 6-VII-1652, pero moriría mucho después. Rivadeneira

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Habíase casado en 1632 con Petrona Muñoz de Escobar (hija del Capitán “segundo poblador” bonaerense, Francisco Muñoz “el Mozo”, y de Margarita de Escobar Toledo; n.p. de Francisco Muñoz Vejarano, Regidor acá en 1589 y de Ana Rodríguez; n.m. de Alonso de Escobar, fundador de la ciudad con Garay en 1580, y de Inés Suárez de Toledo — que fuera esposa de 1as nupcias de Hernando de Trejo —; hija ella de Martín Suárez de Toledo, Gobernador del Paraguay, y de María de Sanabria, la cual tenía por padres al nominal Adelantado Juan de Sanabria y a Mencía Calderón, animosa consorte de éste que vino en 1505 al Paraguay con sus hijas). Petrona Muñoz fue dotada el 5-II-1632, las vísperas de casarse con Francisco Rivadeneira, con bienes y dinero que alcanzaban la suma de 3.412 pesos. Sus hijos fueron: A) Esteban Rivadeneira Muñoz, baut. el 26-XI-1640. Falleció en la infancia. B) Miguel Rivadeneira Muñoz. Murió soltera. C) Luis Rivadeneira Muñoz. Casó primeramente el 10-VIII-1659 con Justina de Aguilar y Leal de Ayala (hija de Cristóbal Jiménez y de Justina Aguilar de Ayala, cuyos padres eran Mateo Aguilar de Ayala y María Magdalena de Aguilar). Testigos de la boda fueron Tomás Gayoso, Gabriel de Tejeda, Bernardo Gayoso y otros. De viudo pasó a 2as nupcias, el 16-I1676, con Isabel Ponce de León Humanés (viuda de Juan de Montemayor, e hija de mis antepasados Rodrigo Ponce de León e Isabel Naharro Humanés). Testigos de la boda resultaron; Bernardo Gayoso, Francisco de Arroyo, el Capitán Domingo de Quintana, y el Teniente Pedro de Saavedra. En 1659 fue Luis de Rivadeneira Regidor, y en 1664 solicitó al Gobernador Jerónimo Luis de Cabrera (nieto) la merced de unos campos sitos en torno de la laguna de “Cascomús”, lindantes con los de Alvarez Gaytán y con los de su suegro Rodrigo Ponce de León. Asimismo ese año Luis figura registrado en el Padrón de la ciudad bajo el Nº 90. Testó el 4X-1685, aunque fenecería más adelante. Por su parte Isabel Ponce de León dejó de existir viuda, bajo disposición testamentaria del 20-XI-1710, que autorizó mi antepasado el Escribano Juan de la Cámara. Sepultóse su cadáver en la tumba familiar de la Iglesia de San Francisco. 464

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Hijos de aquellas 1as nupcias de Luis resultaron: a) Francisco Rivadeneira Ayala, baut. el 8-VI-1664. Siendo soldado del Presidio o Fuerte, casó el 18-VIII-1687, María Avalos de Mendoza y Murillo (hija de Rodrigo de Mendoza y Avalos Rodríguez de Oramas y de Juana de Murillo y Farfán). Testificaron su matrimonio los Capitanes Antonio de Balmaceda, Bernardino de Avendaño, Joaquín de Zuaza y otros. Francisco y María dieron vida a 4 vástagos: a1) Francisco Rivadeneira Avalos de Mendoza, que casó con Ignacia González, en la cual hubo a; Nolasco, Santiago y a una hija cuyo nombre ignoro. a2) Pedro Rivadeneira Avalos de Mendoza. a3) Ignacio Rivadeneira Avalos de Mendoza. a4) Vicente Rivadeneira Avalos de Mendoza, depositario de la ciudad desde 1735. Casó con María Domínguez de Basurto y de las Varillas, con la cual dejó descendencia. Uno de sus hijos presumo sea José “Riva de Neira” quien casó el 23-IX-1750, en la Iglesia porteña de San Nicolás de Bari, con Juana Sueldo, viuda con 3 hijos del Capitán cordobés Jerónimo de Gaete. Testigos del enlace fueron el entonces Capitán Juan Ignacio San Martín (hijo natural de mi antepasado el Maestre de Campo Juan de San Martín y Gutiérrez de Paz) y Lorenza Basquez. b) Cristóbal Rivadeneira Ayala. c) Vicente Rivadeneira Ayala, baut. de 4 días el 9-V-1672. Fue Licenciado y cura del pueblo reducción de Santa Cruz de los Quilmes y, más tarde, párroco de la Catedral de Buenos Aires. En 1734 había fallecido, y por albacea en su testamento otorgado el 4-IV-1705, nombró al sobrino carnal suyo Luis Narciso de Giles Rivadeneira. El Licenciado Vicente Rivadeneira Ayala cometió sin licencia, un desliz en su vida. Con la mujer soltera Ana de Agüero, “cuarterona” ella (hija natural del General Ignacio Fernández de Agüero y de Antonia, esclava parda de éste): tuvo por hija a Jacinta Agüero — “Jacintilla” —, con tortuosa trayectoria posterior. d) María Rosa Rivadeneira Ayala, baut. el 28-XI-1673. Casó el 12-VIII-1693 con Juan Antonio de Giles Remón, baut. el Rivadeneira

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7-XI-1655 (hijo de Pedro de Giles “el Viejo”, nac. en España, y de Paula Remón Naharro — ver los apellido López Tarifa y Naharro). Juan Antonio era viudo de Ignacia Saavedra Mena Santa Cruz, y testigos de aquella 2ª boda suya fueron; el Capitán Gaspar de Avellaneda y su mujer (lejanos abuelos míos ), el Alférez Juan de Masmela, el Capitán Tomás de Arroyo y Enrique del Aguila. Entre los 12 hijos echados al mundo por los cónyuges GilesRivadeneira, destaco a: d1) Fray Alejo Giles Rivadeneira, nac. el 16-VII-1694, que fue “Definidor y Guardián” del convento porteño de San Francisco. d2) Luis Narciso Giles Rivadeneira, baut. el 5-XI-1695, Tesorero de la Santa Cruzada, albacea de su tío Vicente Rivadeneira Ayala en 1735, y Regidor en 1751. Habíase casado con Petrona de Cossio y Terán, dotada en 1727 (hija del Capitán Mateo de Cossio y Terán, nac. en Cervera del Río Pisuerga, y de María Rodríguez de Figueroa). Con descendencia. d3) Antonia Giles Rivadeneira, baut. el 14-VII-1714 que casó con Agustín de Garfías. Con sucesión. Son los abuelos de Rufina de Garfías, esposa del prócer Miguel de Azcuénaga con el que dejó posteridad. Del segundo matrimonio de Luis Rivadeneira Muñoz con Isabel Ponce de León Humanés nacieron: e) Lorenzo Rivadeneira Ponce de León, el cual se casó con Juana Torrillas (hija de Julián Torrillas Ballesteros y de María Hernández de Velasco y Carbajal). Padres de: e1) Polonia Rivadeneira Torrillas, baut. el 8-IV-1709. e2) Gregorio Javier Rivadeneira Torrillas, baut. el 6-I-1714. Don Luis y su esposa Isabel Ponce de León criaron además una “huérfana”, que llevó sus apellidos: f) Gregoria Rivadeneira Ponce de León, que casó con Juan Cordovés de Melo y Molina (hijo de Juan Cordovés Bermúdez Melo y de Francisca de Molina y Payba). Testó Juan Cordovés de Melo Molina el 7-IV-1715. Hubo sucesión numerosa.

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3) Miguel Rivadeneira Sierra, fue marido de Juana de la Roca o Loyola, la cual de viuda pasó a 2as nupcias con Agustín Pérez “el Mozo”. Del primer enlace de la señora con Miguel Rivadeneira proceden: A) María Rivadeneira Loyola — así se apellidó —, baut. el 3-III1628. B) Magdalena de Céspedes de la Roca Rivadeneira — apellidada así —, la cual se desposó en mayo de 1641 con Ambrosio Agreda de Vergara, nac. en Esteco, Salta (hijo del andaluz Gerónimo de Vergara y de Polonia Butrón y Moxica; n.p. de los sevillanos Francisco de Vergara y Catalina de Yusedo y Mal Lara — mis antepasados; ver el apellido Agreda de Vergara). Ambrosio dotó a su consorte, el 13-XI-1642, con una estancia de 3.000 varas de frente, valuada en 400 pesos, lindante con tierras del Maestre de Campo Pedro Home de Pesoa; y cuatro décadas después, siendo viudo, testó el 2-XI-1682. Hubo estos hijos: a) Juan de Rivadeneira Vergara, baut. el 29-XI-1653. b) Francisca de Rivadeneira Vergara, baut. el 9-V-1661. c) Antonia de Rivadeneira Vergara, baut. el 30-IV-1663. d) Antonio de Rivadeneira Vergara, baut. el 13-X-1664. Fue clérigo y testó el 2-IX-1718. e) Cristóbal de Vergara, fraile dominico que así firmaba. Se radicó en Chile. 4) Juan Rivadeneira Sierra, baut. el 3-VI-1607, quien en una petición elevada el 20-IX-1640, al Teniente de Gobernador Juan de la Cueva Benavídez, dejaba constancia de haber peleado en la guerra calchaquí durante un año, y solicitaba — junto con su hermano Francisco — tierras en la “laguna de las Varillas”. 5) Beatriz Rivadeneira Sierra, baut. el 11-VI-1609. Casó con Hernán Suárez Maldonado “el Mozo” (hijo de Hernán Suárez Maldonado “el Viejo”, nac. en la Isla de Tenerife entre 1565 y 1568, y de la cordobesa Elvira Osorio, hija natural del conquistador Damián Osorio, habida en Ana Rosales, hija natural también del conquistador Blas Rosales). Hernán “el Mozo” fue baut. en Bs. As. el 29-X-1609, y Beatriz fue dotada en 1633 para su boda por sus hermanos Juan y Francisco. Dichos cónyuges resultan 9os abuelos míos, y de su descendencia,

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antecedentes y actuación del marido, me ocupo la monografía sobre el linaje de Suárez Maldonado.

Fuentes Documentales y Bibliografía Principal Actas del Cabildo de Santa Fé; Primera Serie; Tomo II, Años 15901595. Santa Fé, 1944. Archivo General de Indias; Colección de Gaspar García Viñas; 230 Tomos que se guardan en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, con documentos autenticados en copia de aquel Archivo sevillano. Archivo General de la Nación; Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires. Atienza, Julio de; Nobiliario Español. Madrid, 1948. Crespo Naón, Juan Carlos; Giles, en la “Revista” Genealogía, Nº 17, del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Bs. As., 1977. Lafuente Machain, Ricardo de; Buenos Aires en el Siglo XVII. Bs. As., 1944. Lafuente Machain, Ricardo de; Conquistadores del Río de la Plata. Bs. As., 1937. Martínez, Alberto B.; Estudio Topográfico de Buenos Aires, en el volumen Censo Municipal de Buenos Aires 1887. Molina, Raúl A.; Hernandarias; el Hijo de la Tierra. Bs. As., 1948. Molina, Raúl A.; Las Penas de Cámara de los Libros Reales. Bs. As., 1950. Molina, Raúl A.; Padrón Histórico de vecinos, estantes y habitantes de Buenos Aires en los siglos XVI y XVII. Inédito. Trelles, Manuel Ricardo; Registro Estadístico de Buenos Aires. Bs. As., 1874. Ugarteche, Félix de; Hombres del Coloniaje. Bs. As., 1932.

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RODRÍGUEZ DE ESTELA Por lo que se verá a continuación, y falta de escudo familiar concreto, podría colocarse a la cabeza y como blasón del linaje Rodríguez de Estela la estrella de David, antiguo y venerado símbolo para los israelitas de todos los tiempos en cualquier parte de la tierra. A pesar de la Leyes de Indias, y de las terminantes prohibiciones contenidas en las cédulas complementarias que decían, por ejemplo: “Mandamos que ningún reconciliado, ni hijo ni nieto del que públicamente hubiese traído sambenito, ni hijo ni nieto de quemado o condenado por la herética parvedad y apostasía, por línea masculina ni femenina, pueda pasar ni pase a nuestras Indias, o Islas adyacentes, pena de perdimiento de todos sus bienes para nuestra Cámara y Fisco, y sus personas a nuestra merced; y si no tuviera bienes les dén cien azotes públicamente”. O: “El Governador del Río de la Plata y sus Tenientes no permitan que por los puertos de aquella Governación passen al Perú ni a otra parte extranjeros ni naturales sin particular licencia nuestra, pena de nuestra indignación, y de que mandaremos hacer exemplar castigo a los que huvieran entrado sin la dicha licencia, sin disimulación con ninguna persona ni causa”. A pesar de todas estas restricciones amenazantes, la afluencia de portugueses que continuamente venía filtrándose a través de las fronteras rioplatenses para internarse en el país, era cada vez mayor; al punto que, en 1636, el Fiscal de la Real Audiencia de Charcas, Sebastián de Alarcón, creyó de su deber denunciar, muy alarmado, al Soberano de España, el peligro que acá entrañaban “tantos innumerables hebreos que han entrado y de nuevo entran, por mayor crecimiento, por aquellas partes”. Acorde a esto, en 1634 atracó a la costa de Buenos Aires cierto navío con negros y pasajeros portugueses, pretextando una arribada forzosa, El cargamento de esclavos, desde luego, sería decomisado ipso facto por las autoridades y vendido en remate a vil precio a Rodríguez de Estela

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Diego de Vera, socio del célebre traficante porteño y Regidor perpetuo Juan de Vergara; cuya camarilla mercantil era la única que conseguía permiso gubernamental para introducir y negociar africanos en el Alto Perú. En cuanto a los viajeros portugueses, entre ellos venía un muchacho de 20 años de edad, sefardita de raza, que se llamaba Juan Rodríguez de Estela. Al pisar las “argentinas playas”, el errante judío quien sabe que pasado lleno de angustias acababa de dejar del otro lado del mar! Aquí, seguramente, al igual que tantos marranos de la estirpe de David, él acudía en busca de una tierra prometida donde vivir y prosperar, liberado del miedo y de las humillaciones que ensombrecieron su infancia en la Lisboa natal. No cuesta creer, entonces, que el arribado “sin licencia” fuera, en los primeros tiempos, encubierto y socorrido por algún sionista converso, rico mercader ya aclimatado y con influjo vecinal — como el banquero Diego de Vera —, cuyo protector regularizaría la situación de nuestro personaje ante las autoridades; mientras seguramente le facilitó la oportunidad inicial para encarar el porvenir en esta tierra, donde, a semejanza de la de Abraham, la descendencia del recién venido multiplicaríase cual las estrellas del cielo. El joven luso-hebreo, por lo demás, era un perfecto buscavida. Concentró todo su empeño en labrarse rápidamente una sólida posición en el lugar que le prodigara el destino. Y el 24-V-1641 — con 27 años de edad y 7 de residencia porteña — resolvía su matrimonio con una señora acaudalada y de antiguo arraigo en la ciudad: Catalina de Aguilar y Burgos —llamada también — de Aguilar y Salvatierra — hija legítima del que fuera calificado vecino y “segundo poblador”, escribano Francisco Pérez de Burgos, y de su consorte Juana de Aguilar. Era doña Catalina, a la sazón, viuda de Francisco de Vargas Machuca, quien le dejó una niña: Juana de Aguilar, que casaría a su debido tiempo con Antonio Pereyra de la Cerda. Tras su nuevo connubio, la referida viuda otorgó (13-VI-1641) “Carta de Dote”, aportando a la sociedad conyugal 4.421 pesos en objetos, esclavos y propiedades raíces. Merced a esta alianza ventajosa, y a su certera habilidad de negociante, Juan Rodríguez de Estela acopió respetable fortuna. Vióse dueño de casas, solares, dos “suertes” campestres y seis esclavos; y sus hijos, como se dirá más 472

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adelante, entremezclaron la paterna sangre sefardí con la muy rancia de “cristianos viejos”, que se preciaban de conservar, en buena medida, los descendientes de conquistadores de estas comarcas. A raíz de la sublevación de Portugal (1-XII-1640) y adhesión a ella del Brasil contra la corona de España, el Virrey del Perú, Marqués de Mancera ordenó al Gobernador del Río de la Plata, Jerónimo Luis de Cabrera (nieto), el desarme y expulsión de todos los lusitanos que se encontraban en Buenos Aires, Santa Fé y Corrientes. En consecuencia, el nombre de mi antepasado encabezó la “Lista” de aquellos presuntos enemigos, moradores en el primero de dichos puertos, fechada el 6-I-16443. Su referencia es como sigue: “Pareció Juan Rodríguez de Estela, y dijo: es natural de la ciudad de Lisboa, de edad de treinta años, y que siempre se ha ocupado en servir a S.M.; y que está casado con doña Catalina Salvatierra, hija y nieta de conquistadores desta provincia; y que tiene unas casas de su vivienda y un solar en la traza desta ciudad, y dos suertes de tierras para estancia, despobladas, y seis esclavos; los cuatro dellos con las dichas heredades le dieron en dote con la dicha su mujer; todo lo cual y el demás caudal que tiene valdrá, al parecer, tres mil pesos poco más o menos; y tiene tres hijos varones, el mayor de seis años, y que ha diez años, poco más o menos, que entró en este puerto, y vino a él de arribada”. Por otra parte, en el “Registro y manifestación de armas” que se hizo durante la incautación respectiva, aparece en primer término: “Juan Rodríguez de Estela”, quien “manifestó un arcabús vizcaíno con sus frascos, y espada y daga negra, y una cota de malla vieja, pequeña y sin mangas”. Compelido mi antepasado al ostracismo, doña Catalina, su esposa, apeló la medida, alegando estar avecindado su cónyuge en Buenos Aires y no tener otro delito que su calidad de portugués. El reclamo de la hija de Pérez de Burgos fue atendido en esa circunstancia; y la atribulada señora pudo retener, junto a sí, al sospechoso consorte; a quien, posteriormente, debido a una provisión de la Real Audiencia, se le devolvió la espada. El 14-I-1641, al año de su casamiento, aparece “Joan Rodríguez de Estela” firmando como testigo, junto a Pedro de Morales, ante mi ascendiente el Escribano Alonso Agreda de Vergara, cierta constancia que hizo protocolarizar en el Libro del Rodríguez de Estela

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Cabildo el Alcalde Pedro de Pedraza Centellas. Y un par de décadas más adelante, en el “Padrón” de los vecinos de Buenos Aires que se levantó en 1664, figura inscripto Rodríguez de Estela, el cual: “Dixo ser de Lisboa, casado en esta con Da. Catalina de Aguilar, hija de Francisco Pérez de Burgos y de Da. Juana de Aguilar”. tal inclusión comprueba su definitivo apego al país, al ser admitido, gracias a su matrimonio, en el núcleo familiar de viejo cuño lugareño. Catalina de Aguilar murió probablemente a fines de 1666, después de 25 años de convivencia con Rodríguez de Estela. Ella testó en dos oportunidades: el 19-II-1664 y el 18-X-1666. En esta última disposición, otorgada ante el Escribano Juan de Reluz y Huerta, la compareciente declaróse “mujer lexítima del Alférez Juan Rodríguez Estela” (como se ve ya ostentaba nuestro judaico por esas fechas grado militar), e “hixa lexítima de Francisco Pérez de Burgos y de Da. Juana de Aguilar, difuntos”. Mandó se sepultara su cadáver, amortajado con el hábito y cordón de la orden en la Iglesia del convento de San Francisco, en la sepultura de Hernando Rivera Mondragón (hijo de su sobrina carnal Juana de Manzanares y Burgos). Declaró, a renglón seguido, los hijos que tuvo en sus nupcias, a fin de que se hiciera la distribución de sus bienes entre sus herederos. Enumeró, al efecto, a 11 esclavos negros de ambos sexos y distintas edades, originarios de Angola, Arda, “los ríos” y nativos del país; a las casas de su morada, edificada en dos solares que lindaban, calle en medio, con las de Luis de Torres, antes de Manuel Piño, y por la otra parte con las de Andrés González Malagueño; y a los diversos muebles, alhajas, ropas y enseres domésticos que contenía la expresada vivienda. En dicho inventario figuran “ocho paises de flandes y otros cuadros al temple”; es decir ocho paisajes flamencos y otras pinturas coloreadas con barniz. Por último doña Catalina instituyó albaceas “al dicho mi marido” y luego al Regidor Hernando de Ribera Mondragón “mi sobrino” y a Diego Serrano “mi cuñado”. Y dado que la causante no pudo firmar la escritura “por temblarle mucho la mano”, lo hizo a ruego suyo el Regidor Luis de Rivadeneyra, además de los testigos; Gregorio Gómez, Pablo de Aranda, Juan Dunda y Lázaro de Zárate, “vecinos de esta ciudad y soldados del Presidio de ella”. La muerte de su esposa significó un desastre para Juan Rodríguez de Estela. No pasaría mucho tiempo y ya se comprobó 474

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todo lo que esa “cristiana vieja”, descendiente de conquistadores, había representado como amparo y garantía en la existencia del advenedizo marido. En efecto; siete años después del fallecimiento de doña Catalina, al llegar el viudo al filo de sus 60 otoños, un día de febrero de 1673, él resultó detenido en su domicilio, y sus bienes secuestrados por orden de la Inquisición. Rodríguez Estela había sido testificado como judaizante, y el celoso Tribunal dispuso su arrestoy traslado a las cárceles de Lima, a donde ingresó el 30-I-1674. Las indagaciones de los censores limeños de la Fé Las constancias del proceso contra mi antepasado se conservan en el Archivo Histórico de Madrid, Sección Inquisición, Libro 1032, folio 195. El investigador chileno José Toribio Medina publicó, hace ya bastante tiempo, una referencia sobre esa causa en su obra La Inquisición en el Río de la Plata. Y Raúl A. Molina — generoso y erudito amigo — me facilitó una copia fiel, que hizo sacar en el repositorio madrileño, del testimonio caratulado Relación de las causas de Fee que están pendientes en esta Inquisición del Perú por los fines del mes de henero de 1675, que la haze el Señor Inquisidor Fiscal Presbto. Don. Juan Queipo de Llano y Valdes, a su Alteza en el Consejo Supremo de la General Santa Inquisición, en la Armada que sale del Puerto del Callao por junio de 1675 años. Con tan signific