Los Antepasados, a lo largo y más allá de la historia Argentina. #5 (a)

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Carlos F. Ibarguren Aguirre

LOS ANTEPASADOS A lo largo y más allá de la Historia Argentina Genealogía de sus respectivos linajes

“Que nuestra tierra quiera salvarnos del olvido por estos cuatro siglos que en ella hemos servido” Leopoldo Lugones (“Dedicatoria a los Antepasados: 1500 — 1900”)

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Esta ediciรณn de Los Antepasados fue editada por Alfonso M. Beccar Varela, que ha puesto a disposiciรณn de todos estos y otros datos genealรณgicos en www.genealogiafamiliar.net Visite la pรกgina para encargar otras copias de este libro Diciembre 2007

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A la memoria de mis padres: Carlos Ibarguren y María Eugenia Aguirre. A mis abuelos: Federico Ibarguren y Margarita Uriburu; Manuel Aguirre y Enriqueta Lynch. A la solidaridad permanente de Estela, mi mujer. A la paz de “El Retoño”, poblada de recuerdos.

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INTRODUCCION Esta larga Summa genealógica, esta profusa serie de biografías históricas, este enorme “Mamotreto” impublicable elaborado tenazmente durante más de un cuarto de siglo, requiere, o merece por lo menos, una corta introducción. El autor proviene de un hogar tradicional, y prácticamente desde la cuna estuvo familiarizado con la historia. Su padre, historiador eminente, le transmitió, por contagio o misteriosa ley hereditaria, esa curiosidad hacia los hechos del pasado, esa vocación que convoca a las generaciones desvanecidas en el tiempo y revive con amor, en definitiva, las sombras de los muertos. En su juventud lejana el adolescente, en medio de un aluvión de lecturas — ya dejados atrás Dumas y Julio Verne — tropezó con la Historia Argentina del viejo López y la prosa subyugante de Groussac, quienes abrieron para él los horizontes de una animada y colorida narrativa que estimuló su inclinación a borronear papeles. Así se proyecta en el muchacho la tendencia a aprender y luego a escribir historia; y así descubre, más tarde, que su familia tenía raíces históricas; que muchos de sus antepasados habían sido, cuando no actores principales, protagonistas o testigos de los acontecimientos que, a través de cuatro centurias, han ido configurando la patria argentina. Entonces, exultante de entusiasmo, el vástago de aquellos remotos seres que de pronto se instalaron en su magín, dióse a recorrer archivos y a leer y copiar añejos documentos y escrituras; y al cabo de tal pesquisa, quizás, como el caballero de la Mancha, se haya distraído de la realidad; pués lo cierto fué que se pasaba las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio escribiendo — fruto de esas investigaciones — su “Mamotreto” descomunal. De tal suerte, durante el transcurso de tres décadas, quedó concluída dicha tarea. Y terminado el arduo empeño, le asalta la duda al responsable de la empresa de coincidir con Don Quijote cuando dice: “Hay algunos que se cansan en saber y averiguar cosas que, después de sabidas y averiguadas, no importan un ardite al entendimiento ni a la memoria”.

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Diré sin embargo, en primera persona, que recluído en “El Retoño” cual mi distante antecesor Lope García de Salazar en su “Torre de Muñatones”, me puse yo también a elaborar, con incansable obstinación, mis propias Bienandanças e Fortunas; que contienen, con mucha historia y mucha genealogía, infinidad de nombres, de fechas y precisiones nada entretenidas para un lector corriente, aunque, de cuando en cuando, junto a tanto dato frio, suele aflorar la evocativa calidez de no pocos recuerdos de personas, de cosas y sucesos que alcancé a ver, pude conocer, o se encontraban en la tradición doméstica de mi casa. Confieso que no he gastado lápices para divertir a nadie, sino porque al escribir me divertía a mi mismo en una especie de regodeo solitario. De algún modo pude haber sentido el fervor de aquel monje cronista Johanes Talpa — caricaturizado por Anatole France — que al margen del mundo compuso en su abadía las Gestas Pingüinorum. Afuera, los “marsuinos”, unos guerreros del norte, habían puesto sitio al monasterio; que asaltaron luego destruyéndolo todo; matando y violando a religiosos y moradores sin respetar edad ni sexo. Y mientras los arcos góticos de la capilla se desplomaban con estrépito, y ardían las vigas gigantescas de madera y los gritos y clamores de muerte resonaban entre las llamas, el viejo Talpa, sordo en medio de la horrorosa baraúnda, abstraído en su celda casi derruída, continuaba escribiendo su voluminosa cronología. Devoto de Cervantes, tengo siempre presente su consejo: “Deben ser los historiadores puntales verdaderos y nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición, no les hagan torcer el camino de la verdad, cuya madre es la Historia: émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir”. Al cabo de tan admirables palabras — y de haber cedido, sin vanidad ni petulancia, al impulso natural de rendir homenaje a la trayectoria histórica de mis antepasados, doy fin al prefacio de esta “opera magna”, destinada, seguramente, al anonimato y al olvido. Carlos F. Ibarguren Aguirre Domingo 2 de enero de 1983

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ANCHORENA El 12-III-1921, en la “muy Heroica Villa y Corte de Madrid”, el Rey de Armas José de Rújula y Ochotorena del Escobal y Laborda — actual Marqués de Ciadoncha — despachó una “Certificación de Genealogía, Nobleza y Armas” a favor de doña Matilde de Anchorena y Castellanos. En esa ejecutoria consta que la Casa solariega de Anchorena, “que hoy se conserva a pesar de su gran antigüedad, existe en Berroeta, uno de los lugares del noble Valle del Baztán, en Navarra, con el escudo de armas en la fachada”. “Dicho Valle — prosigue el referido cronista — se halla situado en la vertiente de los montes Pirineos, y por su situación en la frontera ha hecho que sus moradores se hayan distinguido en multitud de hechos gloriosos en defensa de su patria. El escudo de armas de la tierra de Baztán y de cada una de las nobles y primitivas familias, entre ellas la de Anchorena del lugar de Berroeta, es ajedrezado de plata y negro, armas que les concedió el Rey Sancho Abarca, en testimonio de que su valor tenía por juego la guerra, y que su lealtad exponía las vidas al tablero en defensa de su rey. Dice la tradición que teniendo noticia los baztaneses de que su citado Monarca se hallaba en grave peligro en la guerra que sostenía contra los franceses, acudieron a su defensa, y acometieron con tanto esfuerzo a los enemigos que libraron a su Rey del peligro y ganaron gloriosa victoria”. “La nobleza que de inmemorial gozaban las familias primitivas de los pobladores del Valle — nos ilustra Rújula — fue declarada y confirmada en la sentencia del pleito iniciado el año 1412 por el Fiscal de Navarra sobre dominio de veinte leguas en lo más ameno y fragoso de los Pirineos, y que terminó por resolución de la Cámara de Comptos, el 15 Anchorena

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de Abril de 1440, confirmada por el Príncipe Don Carlos de Viana, por su Real Cédula firmada en el Monasterio de Santa María de Irache, el 6 de Octubre de 1441, diciendo: “Según derecho fuero y probanza judicial, declaramos ser los dichos Vecinos y Moradores de la dicha tierra de Baztán, así Clérigos como Legos, Hijosdalgo francos e indemnes de todo pecho e servitud”. De la casa de Anchorena (cuyo apellido, según los etimologistas vascos, significa “la casa de Sancho, Anso o Ancho”) que gozó de los antedichos privilegios de hidalguía, junto con el escudo jaquelado que acreditaba su remotísima antigüedad, procedía: I — JOANES o JUAN DE ANCHORENA, dueño, a fines del siglo XVI,de aquella vivienda en el lugar de Berroeta, del valle baztanés, al norte del que fuera reino de Navarra, pequeño caserío encerrado entre los Pirineos, distante 25 kilómetros de Pamplona y unos 20 de la frontera con Francia. Sus tierras son regadas por el Bidasoa, y a su través se extiende la carretera — pretérito camino real — de Pamplona a Bayona. Abundan en las estribaciones y colinas del contorno gran variedad de árboles, en especial, hayas, castaños, y robles. Como hijo de esos valles “bidasotarras”, nuestro Joanes era considerado hijodalgo de solar conocido. Se casó con María o Mariana de Aycinena, de rancio linaje lugareño, en la que hubo a: II — PEDRO DE ANCHORENA AYCINENA, bautizado en Berroeta el 5-III-1622 por el Cura Rector de Almandoz, bajo el padrinazgo de Pedro de Echenique. Contrajo nupcias en Pamplona con Catalina de Tajonar, de pura cepa pamplonesa. Fueron sus hijos: 1) FRANCISCO DE ANCHORENA Y TAJONAR, que sigue en III. 2) Domingo de Anchorena y Tajonar, nacido en Pamplona. Casose en la Villa de Corella con Francisca de Ezpeleta y Alcoz (hija de Francisco de Ezpeleta y de Agustina de Al12

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coz). Ambos contrayentes otorgaron contrato matrimonial el 4-II-1693, ante el Escribano de Pamplona Pedro de Urróz. Resultaron padres de: A) Josefa de Anchorena y Ezpeleta, nativa de Corella y casada ahí, en la parroquia del Rosario, con Juan Fermín Virto y Azpilcueta, Regidor de Corella (hijo de Martín Virto y Azpilcueta, del Consejo de S.M. y Tesorero general de Navarra, y de María Josefa de Larreta; n.p. de Julián Virto y Azpilcueta y de Graciosa Veramendi y Santesteban; n.m. de Martín de Larreta y Veraza y de María de Navas y Velzunze; bisn. p. p. de Agustín Virto de Vera, nacido en Zaragoza, dueño de la Casa de su apellido en Piña, y de María Azpilcueta; bisn.p.p de Ignacio de Veramendi y de Magdalena de Santesteban; chozno de Luis Virto de Vera, natural de Zaragoza, y de María Fernández de Mutiloa). En 1734 Josefa de Anchorena Ezpeleta, en su propio nombre y en el de sus hijos, litigó ante la Corte y Consejo Real de Navarra sobre el uso de escudos de armas e hidalguía, y obtuvo sentencias favorables, que le concedían “facultad para, como segunda nieta de Juan de Anchorena y de María Aycinena, dueños de la casa de Anchorena del lugar de Berroeta, en el Valle y Universidad de Baztán, pudiese usar el escudo de armas correspondientes a los originarios de dicho valle, que se hallaba en su frontispicio, cuyas divisas son un ajedrez, según lo expresan las mismas citadas sentencias”. Firmaron la última de ellas, Francisco de Leoz Asían y Echalaz, Joaquín de Elizondo y Andrés de Valcarcel Dato. Asimismo el Consejo Real del Reino, en audiencia celebrada el sábado 19-VI-1734, confirmó en todo dicho pronunciamiento, que rubricó el Secretario Francisco Ignacio Ayerra, en presencia de los Procuradores de la causa. Hijos del matrimonio Virto de Vera — Anchorena Ezpeleta fueron: a) Joaquín Virto de Vera y Anchorena, marido de Bernarda de Sesma e Imblusqueta, cuya descendencia masculina se extinguió en Corella en el siglo XIX. Anchorena

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b) Martín Joseph Virto de Vera y Anchorena, casado en Pamplona con Josefa de Alday y Ramírez, en la que hubo posteridad. c) Juan José Virto de Vera y Anchorena, nació en Corella en 1723. Se le formó asiento en la Real Compañía de Caballeros Guardiamarinas el 21-X-1741, y el 12-XII siguiente pasó a ser Capitán del Regimiento de Infantería de España. d) María Teresa Virto de Vera y Anchorena, nacida en Corella en 1725. Casó con Joaquín de Uzqueta y Eslaba. Ellos procrearon a Francisco de Uzqueta y Virto de Vera, nacido en Villafranca en 1746 que ingresó como Guardiamarina el 11-VIII-1762. e) Juan Javier Virto de Vera y Anchorena, nacido en Corella en 1727. III — FRANCISCO DE ANCHORENA Y TAJONAR, recibió el bautismo el 19-X-1659 en la parroquial de San Juan Bautista de Pamplona. Contrajo matrimonio en la misma iglesia, el 1-VIII-1688 con Josefa de Elía, pamplonesa de nacimiento, que pertenecía a la hidalga Casa de Elía de Navarra. De ellos nació: IV — DOMINGO DE ANCHORENA Y ELIA, bautizado en la Iglesia de San Nicolás de Pamplona el 19-IX1689. Casó el 1-VIII-1717, en la mencionada parroquia de San Juan Bautista, con Juana Fermina de Zundueta y Alloqui (hija de Juan de Zundueta y de Juana de Alloqui). Del citado enlace provienen: 1) Juan José de Anchorena y Zundueta, bautizado en Pamplona el 31-XII-1718, en la iglesia lugareña de San Nicolás. Se casó el 8-IX-1743 con María Francisca de Udri, en la que hubo a Juan Domingo de Anchorena y Udri, cuyos herederos aún poseen la casa solariega de Anchorena. 2) Domingo Ramón de Anchorena y Zundueta, nacido el 20II-1727, que falleció soltero, sin sucesión. 3) Juan Esteban de Anchorena y Zundueta, del que me ocupo a reglón seguido en V. 14

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V — JUAN ESTEBAN DE ANCHORENA Y ZUNDUETA, vio la luz del mundo en Pamplona, y fue cristianado el 15-II-1734 en la iglesia de San Nicolás. En 1751 — frisando en los 17 años — el mozo llegó a Buenos Aires, y en la ciudad porteña dedicóse al comercio y no tardó en levantar considerable fortuna. La próspera carrera comercial de don Juan Esteban, podría llenar todo un volumen relativo a la vida económica rioplatense durante la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX. Desde Cádiz a Montevideo, cruzaban el Atlántico los navíos de registro repletos de efectos y manufacturas consignadas a Anchorena, y en la vecina orilla se producía el trasbordo de sus cargas a veleros de menor calado, que las desembarcaban en la rada bonaerense. También desde las costas africanas de Angola, la trata negrera recorría parecido intinerario hasta el riachuelo de Barracas; y, de ahí, los esclavos eran conducidos a las dependencias de la Real Compañía de Filipinas o a la Compañía Real Inglesa instalada en el bajo del Retiro, en cuyos galpones se clasificaban las “piezas” antes de ofrecerlas al mercado, donde Anchorena y otros traficantes locales adquirían esos negros para internarlos y revenderlos en el alto y bajo Perú y el Reino de Chile. Por vía fluvial, nuestro negociante recibía zurrones y tercios de yerba mate del Paraguay; y por vía terrestre el tráfico mercantil lo efectuaba en grandes caravanas de carretas, a lo largo y ancho del país; cuyos viajes por temor al asalto de los indios, requerían una escolta de gente armada para cada convoy. Al llegar las tropas con las mercaderías de Anchorena a Jujuy o a Mendoza, sus agentes en dichas plazas despachaban las cargas a lomo de mula; en el primer caso hacia Chuquisaca, Cochabamba, Potosí, Tarija, Chichas, Oruro, El Cuzco y La Paz; o, las que trajinaron la ruta mendocina desde Buenos Aires, atravesaban los Andes con destino a Santiago de Chile y demás poblaciones transcordilleranas. De esas alejadas regiones interiores, don Juan Esteban hacía traer de retorno los productos naturales y elaboraAnchorena

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dos de las respectivas industrias lugareñas — maderas, cueros, frutas secas, panes de azúcar, petacas de tabaco, botijas de vino y vinagre, pipas de aguardiente, odres de miel, fardos de algodón en rama, ponchos, pellones, tejidos de la tierra — para venderlos en la ciudad porteña o colocarlos en el exterior. De tal modo, gracias a su formidable espíritu de empresa, mi cuarto abuelo Anchorena acumuló enormes ganancias en dinero y bienes de capital, que acrecentarían después, en mayúsculas proporciones, sus tres hijos, y, más tarde, recayeron por herencia en los numerosos descendietes de ellos. Alguien ha dicho que así como la historia de Alemania está íntimamente ligada a los Krupp, la de Estados Unidos a los Rockefeller y los Morgan, la de Francia e Inglaterra a los Rotschild, la historia argentina — en muchos aspectos — se liga a los Anchorena y al conjunto de viejas familias tradicionales vinculadas con éstos por matrimonio, amistad o interés. Precisamente el apellido Anchorena vino a resultar, en pasados años, para nuestro pueblo, símbolo de dinero, de poderío y prestigio social. Estanislao del Campo en su Fausto gauchesco, impreso en 1866, pone en boca del Diablo esta cuarteta destinada a tentar al personaje de Goethe, llevado a la ópera por Gounod: “Si quiere plata tendrá: mi bolsa siempre está llena, y más rico que Anchorena con decir quiero, será”. Y casi media centuria después, en 1915, “Yacaré” (Felipe H. Fernández), vate precursor del actual lunfardo literario, expresó en una de las estrofas de su soneto Batiendo el justo: “Mi cuna, mi laburo y mi apellido baten el justo de un pasao florido que ni Anchorena con su vento emparda ... ”

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La monografía de Carretero En 1970, Andrés M. Carretero publicó un libro titulado Los Anchorena; política y negocios en el siglo XIX. Para elaborar su monografía, el autor se dió a rebuscar en los legajos existentes en el Archivo General de la Nación: cartas, borradores y papeles, entre éstos — aunque lo calle el pesquisante — la copiosa correspondencia mercantil de don Juan Esteban, que donara Carlos Ibarguren, mi padre, a dicha institución estatal. De entrada, en su libro, el prejuiciado y malevolente buscón de referencia, si bien no apostrofa a lo carretero contra los miembros de la estirpe argentina de que trata, con inocultable obstinación resentida, cree haber descubierto un documento importantísimo, que atañe a la actividad comercial del fundador del linaje entre nosotros, y estampa alborozado: “Muchos biógrafos e historiadores insisten en darle prosapia de alta alcurnia, rastreando en los árboles genealógicos de viejas familias españolas, pero la verdad concreta es que este Anchorena se dedicó, en la pobrísima ciudad que era Buenos Aires en aquel entonces, a una actividad desprovista de fastos hidalgos y bien acorde con el medio circundante, pués aparece como pulpero en 1767”. (Lista de Pulperías, Tiendas y Tendejones, en A.G.N. Libro de Bandos nº 3, folios 136-140, correspondiente a los años 1742-1767). Quien lea ese párrafo contundente, se lo imaginará al vasco Anchorena en mangas de camisa, detrás del mostrador con reja de fierro de su pulpería, despachando caña y ginebra cual el tano Sardetti en el folletón “Juan Moreira”; mientras los parroquianos, más o menos temulentos, juegan a la baraja, gritan, se enojan, blanden los facones y se cosen a puñaladas. La pulpería — propiamente tal — fue mirada por las autoridades, desde los tiempos coloniales, como fuente de delitos, de vicios y de embriaguez, y las ordenanzas y resoluciones gubernativas las calificaron, a menudo, de “centros de perdición”, de escándalo y de inmoralidad; por eso sus locales fueron constante objeto de vigilancia. De yapa, la actividad de “Pulpero”, en el concepto social, resultaba entonces Anchorena

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menospreciada por poco digna, a diferencia de la de comerciante, tendero u otra de igual categoría, que era respetable. La voz “pulpería” (que según los lexicógrafos deriva de “pulque” — aguardiente —, bebida esperitosa de los araucanos hecha de frutas silvestres fermentadas) es definida así — en forma asaz equívoca — por la Real Academia Española: “Tienda en América, donde se venden diferentes géneros para el abasto, como son vinos, aguardiente o licores y géneros pertenecientes a droguería, buhonería, mercería, etc”. Y bien, entre los propietarios de Pulperías, Tiendas y Tendejones” de Buenos Aires, que aparecen en la “Lista” encontrada por Carretero, figura Juan Esteban Anchorena; mas tal quehacer — en el mostrador del boliche o mercería — era cumplido por un dependiente, personero o habilitado de dicho capitalista, el cual, eso sí, adelantaba fondos y proveía mercaderías para la marcha del negocio. Precisamente, en el año 1767, que señala “la verdad concreta” descubierta por Carretero acerca del oficio de don Juan Esteban, éste se encontraba en Potosí, a 442 leguas de distancia de su “pulpería” bonaerense, ocupado allá en transacciones de mayor cuantía. En efecto, el 26-I-1767 en Buenos Aires, ante el Escribano Francisco Xavier Conget, compareció Cristóbal de Aguirre “de este comercio” (fuerte mercader y conspicuo vecino que sería, a partir de 1778, concuñado de Anchorena — ver el apellido López Anaya), quien sustituyó un poder que les tenía dado, el 15-II-1765, a Manuel Acuña Nievas y a Manuel Francisco Acevedo para pleitos y cobranzas. Ese mandato lo sustituía Aguirre en Juan Esteban de Anchorena, en primer término, en segundo en Ignacio Barañano y en tercero en Francisco Gorriti, los tres “residentes en la Villa Imperial de Potosí”. Arremete el marxista Sebrelli Apogeo y ocaso de los Anchorena titúlase otro libro aparecido en 1972, bajo la firma de Juan José Sebrelli. Este deslenguado comunista, nacido por casualidad en nuestra tierra generosa, lejos de haber sido oprimido por el 18

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ambiente burgués que lo rodeaba, alcanzó, gracias a la tolerancia de nuestro liberalismo, el título de Maestro Normal — vale decir, de educador y guía ideológico de la juventud argentina. La Facultad de Filosofía y Letras le abrió, de par en par, sus puertas; y la revista Sur, de Victoria Ocampo, en 1952, le daba al joven desconocido espaldarazo literario, acogiendo en sus páginas las miasmas sociológicas desprendidas de Marx, de Sartre, de Simone de Beauvoir, de Marcuse, con las que Sebrelli — ácrata en el papel impreso y de pluma fácil — cargaba sus colaboraciones “históricopoliticas”. Lo mismo que la de Carretero, esa publicación sobre los Anchorena repite que don Juan Esteban “comenzó desde muy abajo con una pulpería instalada en 1767”; y seguidamente, tomando como pretexto el linaje de referencia, arremete el autor contra “la familia típica de la alta burguesía argentina”. “La familia — discurre Sebrelli — no es una entidad inmutable y eterna con características inscriptas en un cielo platónico, como sostiene el pensamiento de derecha; no es una célula de la sociedad humana. Más que un hecho natural, biológico, es un producto histórico y social”. “La familia — insiste el subversivo didacta — es el elemento fundamental de la sociedad de clases, sobre todo porque ella es el receptáculo de la propiedad privada”. “Los tatarabuelos son un lujo de la gran burguesía; el proletariado y la clase media rara vez pasan de los abuelos”. “En la sociedad moderna — continua Sebrelli — la familia sigue basándose en los lazos sanguíneos, conservando leyes de tipo arcaico, lazos patriarcales, relaciones jerárquicas de subordinación y obediencia; sigue siendo el receptáculo de tabúes ancestrales. Más que por la educación conscientemente reaccionaria que los padres pueden inculcar a sus hijos, es por esa estructura seudofeudal, propia de la familia, por lo que el individuo es educado en el seno del hogar para amoldarse a la sociedad autoritaria, formándose una concepción conservadora del mundo”. “Indisolublemente ligada a la sociedad de clases, la familia está destinada a desaparecer, como antes desaparecieron las tribus y los clanes, con la desaparición de las bases materiales de su Anchorena

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existencia”. “La familia sólo será superada históricamente — concluye rotundo el normalista de marras — cuando sus lazos sanguíneos e irracionales, su característica opresión de los viejos sobre los jóvenes, los padres sobre los hijos, los varones sobre las mujeres, y los amos sobre los criados, sea sustituída por una forma de camaradería igualitaria y fraternal, en una comunidad universal y racional de hombres libres y responsables de sus propios destinos”. He aquí expuesto, en inequívocos párrafos, el meollo ideológico de ese sociólogo putativo, paradigma de algunos normalistas con vara alta en el magisterio de la nación. Por otro lado el libro de Sebrelli es ágil y divertido. El hombre tiene sentido del humor y de la caricatura, que alterna con calumnias y explosiones de bajo resentimiento. En dicha seuda monografía, los Anchorena y sus parientes o allegados con relevancia histórica: Juan Manuel de Rosas, los Uriburu, los Aguirre y demás colaterales de alguna figuración son puestos como chupa de dómine. Cita también a los Ibarguren, prodigándoles sarcasmos venenosos a mi padre — de igual modo que a Enrique Larreta — a lo largo de todo un capítulo titulado “Dos intelectuales en el clan Anchorena”. De tal suerte, al final del libelo, uno acaba por comprobar, no sin pizca de orgullo, la importancia y el renombre que aún mantienen las familias patricias en la Argentina; y queda convencido, firmemente, que nadie escribirá jamás un volumen de 348 páginas dedicado al “Apogeo y ocaso de los Sebrelli”. Tras de esta digresión bibliográfica, y frente al desenfreno del susodicho publicador, antes de volver a ocuparme del acaudalado cuatriabuelo Anchorena, vienen como de molde a coincidir con mi pensamiento, los siguientes conceptos de Spengler: “La riqueza no es sólo una premisa, sino, y ante todo la consecuencia y la manifestación de la superioridad, y no sólo por la manera en que fue adquirida, sino también por el talento necesario para informarla y emplearla como elemento de cultura auténtica. Hay que decirlo ya abiertamente aunque sea un bofetón para la ordinariez: Poseer no es un vicio, sino un talento del cual son capaces los menos. 20

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Es también el resultado de una larga crianza por estirpes elevadas; alguna vez resulta adquirido (aquel talento) mediante una autoeducación basada en vigorosas cualidades raciales por fundadores de familias que se elevan, y casi nunca aparece dado por genialidad original, sin la premisa de un ambiente educador y un pasado ejemplar.” La gran empresa de Anchorena Juan Esteban de Anchorena organizó su vasta empresa mercantil con corresponsales residentes en las poblaciones del interior, a quienes consignaba, en gran escala — como se dijo —, toda clase de géneros y mercaderías, a fin de que cada uno de ellos, en sus cabeceras territoriales, procediera al almacenaje y venta de esos efectos, según los casos, contratos e instrucciones respectivas; en tanto, de retorno, el empresario recibía de dichos representantes suyos, un número crecido de productos regionales, que colocaba en Buenos Aires o eran destinados a la exportación. Ya en 1764 (o sea tres años antes “de comenzar desde muy abajo con una pulpería instalada en 1767”, como afirman Carretero y Sebrelli) eran agentes de Anchorena en “la ciudad de San Felipe de Montevideo”, Francisco Sáenz de Riaño y Gabriel Velazco. Y en 1765 don Juan Esteban, en carácter de apoderado de su paisano Miguel de Learte — que fuera en el Tucumán administrador de los jesuitas expulsos — prestó declaración en un pleito sobre calumnias levantadas contra éste por la venta de ciertos géneros. (1) 1 Miguel de Learte y Ladrón de Zegama (hijo de Martín de Learte y Salvo y de Manuela Ladrón de Zegama y Gil) había nacido en la Villa de Sanguesa, diócesis de Pamplona, Reino de Navarra — distante 60 kilómetros de Berroeta, el solar de los Anchorena. Sobre su hidalga estirpe y posteriores andanzas en España y el nuevo mundo, el hombre dejó escrita una divertidísima autobiografía, que editó en 1927, en Córdoba, el Padre Pedro Grenón S.J.., en su “Colección de Documentos Históricos” Sección Literaria, Tomo IV, bajo el título de “Las aventuras de Learte”. Contrajo matrimonio el personaje el 13-IV-1776, en la catedral cordobesa, con María Ignacia Isasi — viuda del Maestre de Campo Esteban Montenegro, e hija de los Anchorena

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El viejo Anchorena (ese Don Nadie para los archivistas deletéreos que se ocuparon de él) estableció en España — transcribo textualmente a Carretero — “conexiones comerciales por medio de sus parientes, que lo relacionaron con varias firmas acreditadas, especialmente Genesy y Cia”. Tuvo, es cierto, don Juan Esteban — y así surge de su correspondencia — negocios en la madre patria con importantes compañías y personas que nombraré más adelante. La solidez de su giro le abrió horizontes internacionales, y por vía de aquellos agentes españoles extendió su tráfico lucrativo a Francia, a los Países Bajos, a los Estados Alemanes, a Inglaterra y a las colonias hispanas de América Central. En todos estos destinos colocaba cueros vacunos, tucuyos (lienzos de algodón), partidas de lana, yerba mate, azúcar, pasas y tabaco. A las provincias del Río de la Plata, al Perú y al “Reino de Chile”, don Juan Esteban introducía toda clase de artículos, de mercería, ropas y paños: géneros de Segovia, de San Fernando, de Guadalajara y de Murcia; sedas de Valencia; listonería de Granada y gorros sevillanos; clarines de Francia; ruanes, bretañas, pontivies, chanetones y telas de Sedán: bramantes y holanes; serafinas inglesas; brocadillos italianos y birretes de Génova; felpas, tripes, sempiternas, sargas, bayetas, estopillas, camisas, pañuelos, medias de hombre y de mujer, plumeros, forros, retobos, hilos, peinetas, cuchillos, tijeras, alfileres, botones y menudencias a granel. Pintoresca resulta la especificación de los múltiples colores de las piezas que, en constantes remesas, nuestro fuerte pañero derramó en los centros poblados del antiguo virreinato rioplatense, y que con prolijísimo detalle fueron asentados en borradores y libros de contabilidad. Figuran ahí largas listas de tejidos oscuros o de abigarrados tonos: negros, verdigrises, atigrados, sangre de toro, rosa seca, nácar, aurora, verde mar, esmeralda, turquí, flor de granada, guinda, parientes Juan Bautista Isasi Molina Navarrete Argañaraz y Juana María Luisa de Echenique Molina Navarrete. Falleció Learte en Córdoba, el 23-II1795, sin posteridad. 22

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cáscara de almendra, perla, lacre, verde caña, sajón subido ... y paro de contar. El foliculario Sebrelli escribe muy suelto de cuerpo: “Detrás del tendejón, Juan Esteban Anchorena hizo sus primeros contratos con los grandes señores que lo ayudarían en su ascensión”. La verdad es que a lo largo de casi medio siglo fueron socios, representantes o mandatarios de Anchorena, muchos individuos calificados por su fortuna y rango social. Sin ir más lejos, Joseph de la Cuadra, en San Salvador de Jujuy, con quien Don Juan Esteban mantuvo el interesante y regular intercambio epistolar que en parte publiqué yo en la Revista Historia (Nro. 49/año 1967) bajo el título de La rebelión de Tupac Amarú através de las cartas de José de la Cuadra a Juan Esteban Anchorena. (2) Tal correspondencia va nombrando a distintas personas casi todas ellas vinculadas al trámite mercantil de circunstancias: Juan Antonio Fernández, consignatario de Anchorena en Charcas, que allá recibe las arrias de mulas cargadas de mercaderías . Era Fernández nativo de Asturias; en 1816 llegó a desempeñarse como Gobernador de Charcas, y en 1825 fue Teniente de Gobernador de Jujuy. Habíase casado en Salta, el 12-5-1785, con Aurelia González de Hoyos y Torres, de cuyo consorcio deriva conocida sucesión, entre ella la familia de Fernández Anchorena. (Ver mi monografía sobre los Hoyos). 2 Joseph de la Cuadra se desempeñaba, a fines del siglo XVIII como representante y factor de Anchorena en Jujuy. Había nacido en Buenos Aires en 1729, hijo de Pablo de la Cuadra y González Zabala, natural de San Julián de Musques - Vizcaya- que se radicó en nuestra ciudad, donde fue Alcalde, Teniente de Gobernador, Intendente de la Real Hacienda, cónyuge de la porteña Isabel Fernández Ponce de León de la Parra y Naharro Humanés. Era Joseph propio hermano de Catalina de la Cuadra, primera consorte de Domingo Ortiz de Rozas y Rodillo; resultaba, por tanto, Joseph, tío carnal de León Ortiz de Rozas y de La Cuadra, el futuro padre de don Juan Manuel. Pasó mas tarde Joseph como Corregidor a Chichas, y después se radicó en Jujuy con el cargo de Subdelegado de la Real Hacienda. Ahí contrajo matrimonio con Rosa de Goyechea y Argañaraz. (Ver el apellido Argañaraz de Murguía, donde consigno la sucesión del connubio De la Cuadra- Goyechea Argañaraz). Anchorena

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En Salta representaban a Anchorena, José de Ormaechea y su socio Manuel Francisco Costas (aquel casado con María Agueda Torres García Varela, y este con María Ignacia Ruiz de Gauna, de cuyos matrimonios provienen conocidas familias salteñas y bolivianas). También los papeles comerciales antedichos nombran a los salteños Francisco Arias Rengel (Maestre de Campo y marido de Petrona de Escobar Castellanos, con la cual dejó numerosa posteridad); a José Velarde, Isidoro de la Peña y José Royo Carrillo. En Jujuy al Tesorero Gabriel Güemes Montero (padre del futuro paladín de la guerra gaucha); al Contador Nicolás de Villacorta y Ocaña; al Fiscal Joseph de Zamalloa (oriundo de Oñate, en Guipuzcoa, y casado con la Jujeña Catalina Clemencia de Olaso Liendo Argañaraz: tronco de muchas estirpes de Jujuy, Córdoba y Buenos Aires. Zamalloa exhaló el último suspiro en Cádiz, el 3-X-1778, de “un tabardillo de los soles que trajo del camino”). A Andrés Eguren, Teniente de Gobernador de Jujuy, consorte de Gregoria del Portal Urrutia, en cuya “chacarilla” alojábanse los negros que Anchorena remitía al Alto Perú (Eguren “murió como un apóstol en 1780; con su esposa Gregoria del Portal resulta el patriarca de los Eguren argentinos. Dos de sus hijas se casaron con los hermanos José Prudencio y José Ignacio de Guerrico,fundadores de esta tradicional familia); a José de Alvarado, con importante tienda (Regidor y Alcalde de Jujuy, donde casó con Segunda Sánchez de Bustamante y González Araujo Ortiz de Zárate, en la que hubo calificada descendencia); y al Coronel Zegada (Gregorio Zegada y Velloso, nativo de Granada, casado en Jujuy con María Mercedes Rubianes Liendo Argañaraz. (ver su sucesión en el linaje de Argañaraz y Murguía). Del vecindario de Buenos Aires se indican; al fuerte comerciante Martín de Sarratea (futuro suegro del Virrey Liniers); a Cristóbal de Aguirre (concuñado de Anchorena); a Juan Bautista Elorriaga, a Francisco Antonio Beláustegui, a Antonio de las Cagigas, tras de los cuales podría seguir un largo catálogo de empresarios porteños que, por sobre abundante, dejo en el tintero. En Potosí fueron apoderados o mantuvieron relación comercial con nuestro personaje, José Escobedo, Intendente 24

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de la Imperial Villa; José Vicente Calleja, miembro del Cabildo potosino; el Teniente Coronel, Caballero de Montesa, Indalecio Gómez de Socasa; y José de Zavala Esquivel (que fuera “dueño” del oficio de “ensayador fundidor de las Reales Cajas”). Resultan asimismo factores, corredores o auxiliares de mi antepasado, Juan Hurtado de Mendoza, en Tarija, y en Charcas el Fiscal de la Audiencia Fernando Márquez de la Plata y José Antonio Ruiz de Tagle. Y agrego, en otro plano, a Domingo Villafañe (patrón de tropa de carretas), a Tomás Fernández (llevador de negros a Potosí) y a Victoriano Romero y Juan Luis Ibirí, fleteros, “situadistas” los dos. Entonces y posteriormente representaron o tuvieron negocios con Anchorena y sus hijos; en Barcelona, Joseph Olivero y Mantells, Jaime Manent Vidal y Cía, y Bruno Llobet y Zeliuj, con sucursal en Málaga; en Valencia los tratantes Mariano Espinosa e hijos, Llanguer Roura y Cía, y Juan Alsina y Ambroa; y en Cádiz Francisco de Paula Ugarte, Antonio de Arribillaga, su hijo Agustín, Juan José de Garay, y la firma Genesy y Cía que vinculó a Anchorena con la casa Hullet Brothers de Londres; la cual, a su vez, conectaría al activo traficante bonaerense con banqueros, proveedores y comisionistas de Francia y otros países europeos. Viajante con poder de Anchorena, a fin de ajustar contratos en las distintas plazas del norte virreinal, era Juan Crisóstomo de Ezcurra; en tanto se desempeñaba como gerente contador de la casa central respectiva en Buenos Aires, Marcelino Carranza, asistido por su ayudante Marcelino Vega. Como agentes negociadores o socios en muchas operaciones que los Anchorena emprendían en las provincias arribeñas, figuran más tarde Manuel Salvador Fernández, Tomás de Arregúnaga y Archondo, Ramón Saravia, Andrés de Córdoba y Pedro José Ibazeta, en Salta. En Tucumán, José María Orueta y Roque Pondal; en Jujuy, Manuel de la Quintana y los cuñados de éste Francisco Gabriel y José Antonio del Portal; en Charcas, Sebastián Toribio Cabiedes; y en Potosí, entre otros, Joaquín Obregón Zevallos y Juan Mariano Ibar-

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güen, del cual me ocupo más detenidamente en un “Apéndice” al final de mi trabajo sobre los Ibarguren. Andando los años, Felipe Santiago del Solar y Juan de Santiago y Barros atendían los asuntos de los hermanos Anchorena en la capital de Chile; y agrego que en 1804 traía cargamentos a Buenos Aires, consignados a mi 4º abuelo, Pedro Antonio Olañeta, después célebre Brigadier del Rey contra los ejércitos y huestes irregulares de la Patria, que luchaban por su independencia política. Don Juan Esteban se casa. Es nombrado Alférez. Su hogar en la calle de la Merced El año 1773, como era costumbre entre hidalgos acreditar limpieza de sangre al formalizar sus bodas ( y ello invalida las afirmaciones plebeyas de Carretero y Sebrelli), Juan Esteban de Anchorena y Zundueta, su hermano Juan José — residente en España — y el hijo de este Juan Domingo de Anchorena y Udri, pidieron a la Corte Mayor de Navarra traslado fehaciente de las sentencias pronunciadas en la causa que litigó, en 1734, la tía segunda de ellos Josefa de Anchorena Ezpeleta (por sí y en nombre de sus hijos los Virto Anchorena). Reclamaban, los solicitantes, que “se les diese facultad de poder usar el escudo de armas de la casa de Anchorena, en los sitios y parajes que les pareciese, y que se les guardasen todas las exenciones y prerrogativas que les correspondían como hijodalgos”. Y Don Juan Esteban y sus parientes obtuvieron la condigna autorización que terminaba textualmente así; “Nos, condescendiendo con lo que se nos suplica, acordamos dar y dimos las presentes nuestras Letras Testimoniales por patente, en la forma que se nos pide y contiene la sentencia arriba inserta, firmadas por el ilustre Visorrey de este nuestro Reyno de Navarra, y de los Alcaldes de la dicha nuestra Corte, selladas con el sello mayor de nuestra Real Chancillería, y refrendadas por Don Juan Ramón de Esparza, escribano infrascripto y de la causa. Dada en nuestra ciudad de Pamplona a veinte de Diciembre de mil setecientos setenta y tres años”. Firman: Por mandado de S.M., en su real 26

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nombre, su Virrey “Francisco Bucarelli y Ursúa, y los Alcaldes de su Casa y Corte Mayor, Julián Antonio de Oscariz y Arce, Juan Marino, Ramón Iñiguez de Beortegui y Joachin Josef de Nabascués; todos ante el Escribano autorizante Juan Ramón de Esparza. El 4-IX-1773 (según consta en el acta respectiva del libro 5 de Matrimonios archivado en la Iglesia de la Merced), Juan Esteban de Anchorena, natural de Pamplona, hijo legítimo de Domingo de Anchorena y de Juana Fermina de Zundueta, se casó por poder y representado por Cristóbal de Aguirre (pues el novio hallábase ausente en el Alto Perú), con Romana López de Anaya, natural de Buenos Aires, hija legítima de Manuel López Anaya y de Juana Ruiz de Gamiz. Fueron testigos; Manuel Prado y Juana María Gamiz, tía abuela de la contrayente. Con posterioridad, el 18-IV-1776, los referidos cónyuges celebraron velación solemne “en la Parroquia que fué de los Jesuitas” (San Ignacio), a cargo del teniente cura Jacinto Ruiz. Poco antes, el 12-VIII-1775, en el registro del Escribano Eufrasio Josef Boyso, la suegra de Anchorena, Juana Josefa Ruiz de Gamiz, viuda de López Anaya, y Narcisa Ruiz de Gamiz, su hermana, dieron poder a Juan Antonio Fernández y a Juan de Ayzinena (este sin duda pariente de Anchorena), residentes en Potosí, a fin de que ambos mandatarios, en esa Villa Imperial — donde 25 años atrás había fallecido López Anaya con sus bienes embargados, junto con los dotales de su mujer y algunos de su cuñada — trataran de recuperar dichas pertenencias judicialmente retenidas. Y el 28 de noviembre siguiente, también ante Boyso, Don Juan Esteban — en vísperas de emprender un breve viaje al Alto Perú — otorgó escritura de “capital y dote”, aportando al matrimonio un caudal líquido de 78.098 pesos y 4 reales, ya que su esposa, doña Romana, no había traído dotación ninguna. Cinco meses después (25-IV-1776), el gobernador Vertiz nombró a Juan Esteban de Anchorena — “persona benemérita, de valor, conducta y aplicación” — Alférez de Caballería. Era bien maduro el insólito Alférez con sus 42 años cumplidos, la mitad de ellos fructuosamente aplicados a Anchorena

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mercar con efectos al por mayor y recibir y descargar cargas de pañetería: nada comparables estas cargas — que duda cabe! — con aquellas de jugarse la vida, sable en mano, sobre el lomo de un noble bruto a toda furia. Por tanto — se me ocurre- que el marcial nombramiento sería puramente honorífico. Sin embargo, el 26-VI-1781, el mismo Vértiz — Virrey a la sazón — ascendió al afortunado cultor de Mercurio a “Theniente” (teniente asaz rancio con 47 otoños encima), y — créase o no — en Febrero de 1784, mi galoneado 4º abuelo — ya cincuentón neto — tuvo bajo su comando al escuadrón de Caballería de Milicias locales, por retiro del Capitán Josef Antonio Ibáñez, marido de Catalina de Narbona. De cualquier modo, si Anchorena como miliciano ni por asomo asistió a la más mínima batalla, como mercader le tocaría enfrentar sobradas contiendas judiciales y administrativas. En 1778, por ejemplo, la Contaduría de la Real Hacienda le promovió un “reñido expediente sobre si debía pagar el derecho de alcávala a las Cajas Reales de La Plata, por los efectos que allí introdujo”. Carretero y Sebrelli — en sus respectivos libros — afirman de consuno que Don Juan Esteban “en 1779 compró su primera propiedad; una casa en el cuartel 3ro., manzana 42, casa en que nacieron sus hijos”. Ello no es del todo exacto. En el “Padrón” urbano llevado a efecto por el “Rexidor” Cecilio Sánchez de Velazco, en Diciembre de 1778, figura ya con casa propia; “d. Jun. Estev. de Anchorena” de “40 años” (tenía 44), viviendo con “da. Ramona Jpha. lopz, su Mugr” de “24 años”; con la hija primeriza de ambos, María Manuela de “6 meses”; con su suegra viuda “Doña Juana de Ruiz” de “50 años”; con María Manuela López Anaya, de “25 años” (cuñada de Anchorena, que acababa de casarse, el 5-IV-1778, con el próspero comerciante Cristóbal de Aguirre); con dos mujeres solteras (domésticas quizás), Petronila Mañoso y María Josepha Moldes, de 25 y 12 años; y con estos ocho esclavos negros que habitaban bajo el mismo techo: Ignacio (de 14 años soltero), Ignacio Antonio (de 34, casado), Antonio (de 73, soltero), Rita (de 50, viuda), Dominga (de 28

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20, soltera), Cándido (de 4 meses), Josepha (de 20 años, soltera) y Theresa (de 21, soltera). (3) Levantábase la referida vivienda frente a la iglesia y Convento de la Merced, en la calle entonces “de San Martín” — hogaño Reconquista —, sobre la acera que mira al Este, entre la actuales calles Cangallo y Sarmiento. Oficiosa Gestión de mi antepasado y su posterior partida a España En 1780, Don Juan Esteban, en representación del altoperuano Dionisio Larrazabal (posible deudo de la familia porteña de su apellido) pidió al Virrey licencia para construir cuatro paradas de molino en las haciendas de aquel, “Quepupampa y Viro Viro”, situadas en la provincia de Yamparáes, jurisdicción de Chuquisaca. Seis años después, Anchorena emprendía viaje a España, “a fin de ponerse en cura”, pues estaba enfermo y, además, por negocios. El pasaporte, con el permiso para ausentarse de Buenos Aires, le fue concedido por dos años prorrogables y firmado por el Virrey Marqués de Loreto, el 29-III-1786. Antes de liar sus bártulos, el viajero suscribió (8-II1786), en el registro del Escribano Boyso, un poder general a favor, primeramente, de su concuñado Cristóbal de Aguirre, 3 A propósito de esclavos, anoto que, a principios de 1779, don Juan Esteban se hizo mandar, por su amigo José Vicente Calleja de Potosí,"un negro aventajado”, el cual al pasar por Jujuy, robó un caballo y emprendió la fuga. El 19 de Febrero, sin embargo, al prófugo lo “cogió” un paisano llamado “Manuco Pajarito”, resero de cierta tropa de José Joaquín Palacios, que se encaminaba a Santiago del Estero. El “apremiado” negro quedó preso en la cárcel jujeña, asegurado con un par de grillos hasta tanto lo remitieran a Buenos Aires. Agrego que nuestro país declararía la “libertad de vientres” tres décadas más adelante: el año 1813; y que las naciones civilizadas del orbe habían venido suprimiendo la inhumana “trata": Dinamarca en 1802, Inglaterra en 1807, Suiza en 1813, Holanda en 1814, España y Portugal en 1817, Francia en 1818... El Presidente Lincoln recién el primero de enero de 1863 eliminó la esclavitud en todo el territorio de los Estados Unidos; y en el Brasil, el Emperador Pedro II decretaría esa medida — con asombroso retardo — el 13 de Mayo de 1888! Anchorena

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señalando en segundo y tercer lugar a su esposa Romana López Anaya y a Juan de Gurruchaga. (4) Y en la misma fecha ante el mismo Notario, el compareciente otorgó otro poder para que — si muriese — extendieran su testamento dichos tres apoderados, siendo nombrada primera albacea doña Romana, su consorte. Dispuso luego Anchorena que a su cadáver lo amortajaran “con el hábito que fuere del arbitrio de sus albaceas” y que éstos lo enterraran en el sitio que eligiesen. Y — excusado es decir — el causante declaró que, a la sazón, solo vivían sus tres hijos Juan José, Tomás Manuel y Mariano Nicolás, quienes, con la madre y tutora de ellos, resultaban únicos y universales herederos suyos. Con sus papeles en regla nuestro personaje atravesó el mar hasta la Coruña, y de ahí pasó a Madrid. Los médicos y cirujanos de la Villa del Oso y el Madroño lo examinaron, muy prolijamente, diagnosticando, al cabo , que padecía de una úlcera antigua en la pierna — “de 13 años a esta parte” —, que le producía una hinchazón edematosa de resultas de unas tercianas, lo cual configuraba un principio de hidropesía: “enfermedad crónica que no admite curación, en atención a que los sólidos (de la pierna) han adquirido tal flojedad y pérdida de resorte, que no es fácil vuelvan a su antiguo estado”. A causa de ello, Anchorena solicitó y obtuvo del Rey la gracia de ser exeptuado de los cargos concejiles, por tres años; y el posterior pase a retiro como “Theniente” de las milicias de caballería bonaerense, debido “a su avanzada edad (52 años) y achaques”. Esto le fue comunicado, por el Ministro Antonio Porlier, al Marqués de Loreto, mediante la real orden del 17-X-1787; cuya disposición dicho Virrey hizo saber al Cabildo porteño el 15 de marzo siguiente.

4 Juan de Gurruchaga era hermano de Pedro Antonio de Gurruchaga y Aizaga, nativos ambos de Zumárraga, Guipuzcoa, Pedro Antonio se radicó en Salta, y allí se casó con la salteña Manuela Fernández Pedroso y Aguirre a quien hizo madre de Francisco de Gurruchaga, prócer argentino, organizador de nuestra primera escuadrilla naval de guerra de 1811.

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Luego de prolongar un año en la madre patria su estada, don Juan Esteban se embarcó para Montevideo, el 17-X1787, con permiso del Consejo de Indias fechado el 23 de julio anterior. Junto con él viajó como su “criado” Juan Crisóstomo de Ezcurra, y el barco que lo trajo al Río de la Plata fue la fragata “Nuestra Señora de los Dolores”, de la Compañía de Filipinas. El Consulado Casi un año antes de haber efectuado ese viaje a España, Juan Esteban de Anchorena, como uno de “los individuos del Comercio de esta muy noble y leal Ciudad de la Santísima Trinidad Puerto de Sta. María de Buenos Ayres” (entre los cuales figuraban otros dos antepasados míos: el navarro Agustín Casimiro de Aguirre y el bearnés Juan Martín de Pueyrredón Labrucherie), suscribió, 7-VII1785, ante Pablo Beruti, un poder a favor de Manuel Rodríguez de la Vega, de Bernardo Sancho de Larrea y de Martín de Sarratea, para que estos colegas gestionaran, ante el Rey y demás funcionarios competentes, la instalación de un “Consulado y Tribunal de Comercio” en la capital del Virreynato, “como le hay en estas Indias en las ciudades de Lima y México”. Y fue así como, por Real Cédula de 30-I-1794, Carlos IV satisfizo ese anhelo de sus vasallos porteños quienes, desde entonces pudieron ventilar en un Consulado local, sus litigios, tratos y contratos, para “maior aumento, seguridad y arreglo de nuestros giros y negociaciones”. El 2-VI-1794 el Consulado quedó dispuesto en Buenos Aires y celebró su primera sesión — después de haber concurrido al Cabildo, cuatro días antes, todos sus miembros a prestar juramento y tomar posesión de sus respectivos cargos. Los componentes del flamante organismo nombrados por el Rey — según real orden que refrendó el Ministro Gordoqui —, fueron estos: Prior Joseph Blas de Gainza (en reemplazo de Manuel Rodríguez de la Vega, que se excusó por sus “notorias enfermedades , avanzada edad de setenta y tres años, y falta de vista”); Primer Cónsul, Juan Esteban de Anchorena Anchorena

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(era su Teniente Luis de Gardeazabal); Segundo Cónsul, Juan Antonio de Lezica (su Teniente, Gaspar de Santa Coloma); Consiliarios: Antonio García López, Francisco Ignacio Ugarte, Saturnino Saraza, Isidro José Balbastro, Manuel del Cerro Sáenz, Pedro Díaz de Vivar, Joaquín de Arana, Diego de Agüero y Francisco de Escalada. Síndico Cristóbal de Aguirre: Secretario Manuel Belgrano; Contador José María del Castillo; y Tesorero, Antonio de Larrazabal. Innumerables asuntos trató esa corporación económica durante los años de 1794 a 1798, en que integró su junta el Cónsul Anchorena. Así, por ejemplo, en la sesión del 29-X1796, los señores consulares debatieron acerca de un oficio enviado por el Ministro Gordoqui, el 24 de julio anterior desde la real residencia de San Ildefonso, el cual comunicaba que el Secretario de aquella entidad, “Dr. Manuel Belgrano, ha hecho presente al Rey, con certificación de tres Médicos, el deplorable estado en que se halla su salud desde el año 94, y la necesidad de tomar otros ayres para recuperarla; en cuyo fin, solicita se le conceda licencia por un año, con todo el sueldo, para venir a estos Reynos”; pedido que el Monarca había despachado favorablemente, disponiendo que entretanto durara la licencia de Belgrano, sirviera en el empleo de éste Juan José Castelli. Puesta la real orden de Carlos IV a consideración del Consulado, la gran mayoría de sus miembros acordaron que debía de cumplirse “en la conformidad que se manda”, y, en consecuencia, se colocará interinamente para servir la Secretaría a Juan José Castelli, “pero sin perjuicio de las prerrogativas y privilegios de esta Junta de representar a S.M.”, en el sentido de que el servicio de Castelli “no deberá reportar premio ni extipendio alguno”, atendiendo a que el primo suyo, Belgrano, “marcha disfrutando el sueldo entero”. El Primer Cónsul Anchorena y el Consiliario Francisco Ugarte votaron en contra de sus colegas. Aquel dijo “que al presente poseía salud el señor Secretario, según su aspecto exterior”; que las certificaciones de los médicos exhibidas

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por éste “no están juradas” (5): pese a ello no se oponía a que la Junta accediera a la solicitud de Belgrano para pasar a España. En cuanto a la real orden que mandaba nombrar como Secretario reemplazante a Castelli manifestó don Juan Esteban que “se suplique a S. M., con el debido respeto , se digne su bondad de reponerla (revocarla, cambiarla) haciéndole presente que el Lizenciado Castelli actualmente exerce el Oficio de Abogado público, con Estudio avierto en esta ciudad, cuia facultad repugna el instituto del Consulado”, y que “el Oficio de Secretario es de mucha atención e intervención, no siendo (Castelli) jurado ni de responsabilidad; extra de ser pariente inmediato del Sr. Secretario y tutor de los bienes de su herencia, como apoderado general de los albaceas de su padre, Dn. Domingo Belgrano Pérez, como es constante por varios pleitos que ha defendido y actualmente defiende en el Tribunal de este Consulado”. Por tanto la Junta —en opinión del Primer Cónsul — debía suspender el nombramiento de Castelli, y disponer que su puesto lo ocupe, interinamente, “Juan Roxo, que sirve de oficial de la Secretaría por 25 pesos mensuales”.

5 Los médicos Miguel O'Gorman, Miguel García de Rojas y Josef Ignacio de Aroche, certificaron: “que en el mes de Marzo del presente año, en virtud de superior Decreto de V. E., reconocimos el estado de salud de dn. Manuel Belgrano González, Secretario de S. M. del Real Consulado de esta Capital, el que según acordamos, padecía varias dolencias contraídas por un vicio scifilítico, y con otras originadas del influjo del País, cuya reunión ha sido causa de no poder conseguir alivios con el méthodo más arreglado; por lo que sentamos la necesidad de mudar de País a otro más adequado y análogo a su naturaleza, en cuya virtud nos consta que pasó a Montevideo y Maldonado, donde residió algún tiempo, como igualmente en la costa de San Isidro, sin lograr más beneficio que una moderada nutrición; y habiendo hecho otro nuevo reconocimiento, en virtud del Superior Decreto de V. E. que antecede con fecha del 14 que corre, para certificar del estado actual de su salud, hallamos que subsisten, por la mayor parte, los citados achaques, los que no dejan duda de la existencia de sus causas y, por consiguiente, la necesidad de poner en práctica los medios anunciados en la antecedente certificación, a la que nos referimos. -Buenos Ays. Nobe. 16 de 1796.- Firman “Dr. Miguel Gorman - Licdo. Miguel García de Rojas - José Ignacio de Aroche”. Anchorena

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Librecambismo y Proteccionismo sobre el tapete El 18-XI-1797 el gobierno de Carlos IV dictó una real cédula autorizando a buques nacionales y extranjeros, salidos de puertos neutrales o españoles, a expedir mercaderías no prohibidas a América, pero, eso sí, con obligación de retornar a puertos de la metrópoli. “De hecho — destaca Vicente D. Sierra en su erudita Historia de la Argentina — importaba autorizar la intervención extranjera en el comercio de Indias, si bien la obligación de retornar a puertos españoles hacía inoperante la franquicia, ya que estos se encontraban bloqueados por las naves de guerra británicas. Entretanto en Buenos Aires, el estancamiento de los frutos del país y la carencia de géneros europeos constituía motivo de honda preocupación”. “Ni en esta se hallan géneros de Europa, más que retazos, ni hay esperanzas de que vengan, porque a cuatro registros que con bandera neutral salieron por mayo de Cádiz en tres fragatas y un bergantín, vaciando las alacenas de aquella plaza, los apresaron los ingleses” — le escribía (24-VIII1798) el viejo Anchorena desde Buenos Aires a su hijo Juan José, que estaba en Chuquisaca. “La guerra y enredos de las potencias de la Europa está cada día más intrincada y por consiguiente no hay preludios de paz ... Cádiz está aniquilada de abastos, y solo el respeto, celo y disposición del Sr. Mazarredo (Jefe de la escuadra española) la tiene libre de ataque”. Acá en la capital bonaerense, frente a tal situación apremiante, el Administrador de la Aduana Angel Izquierdo, consultado por el Virrey Olaguer Feliú, opinó “que conviene abrir y ensanchar el comercio de América, para que pueda hacerse por medio de buques neutrales concurrentes, extrayendo los frutos y producciones de estas colonias para las restantes naciones o para los puertos extranjeros a donde elija el comerciante”. Izquierdo, practicamente, como se echa a ver, abogaba por la total libertad de comercio. El Cabildo por su parte (18 y 31-VII-1798), acordó “suplicar al exmo. Sr. Virrey permita la extracción de frutos e importación de géneros para surtimiento de estas Provin34

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cias,en embarcaciones extranjeras neutrales, sin que ello se comprenda la plata y oro en pasta, ni amonedado, ni géneros ingleses”. Así las cosas, el Virrey dió traslado de dichas apreciaciones — “pasadas en expediente” — al Consulado, a fin de conocer también el criterio de este organismo representativo de los comerciantes porteños. El 3 de noviembre debatiose el caso en dicha corporación mercantil, y la mayoría de sus miembros, conformes con el parecer del consiliario José González Volaños, convinieron en síntesis, “que se admita la carga de los navíos extranjeros,siempre que el saldo de sus importaciones lo dedicaran a retornar cargados de frutos del país”. El conciliario Anchorena, sin embargo, opuesto a sus colegas, se singularizó por su voto, fundamentándolo así: Dijo: que habiéndose enterado del expediente con los pedidos que el Administrador de la Aduana y el Cabildo habían hecho llegar al Virrey “para que franquee a todo extranjero neutral introducir los efectos de comercio no prohividos de qualquiera de sus puertos, y retornar sus productos a ellos” — y no directamente a los puertos de España — consideraba “ser ese asunto de mucha gravedad”. Refirióse enseguida al tratado de Utrecht, que en 1713 aniquiló el incremento natural del país “por los permisos que S.M. concedió a los ingleses y portugueses para introducir en esta ciudad y puertos sus negociaciones, que trascendieron al Perú, con las tolerancias y ocurrencias más recientes, no desconocidas en este país tan avierto al acomodo”. Sostuvo luego que si el Rey obliga a los barcos neutrales extranjeros a dirigirse con sus productos a España, y no les había ampliado el permiso para dirigirse a sus puertos de origen, fue “porque S.M. no lo ha tenido por conveniente, sabedor que por los bloqueos de los enemigos está interrumpida la navegación de los puertos de España a las Américas”. Que “aún los legos ... no desconocen que si se franquease a los extranjeros conducir y regresar de su cuenta mercaderías para comerciar con la América Española, y regresar a su voluntad los productos”, no se arruinaría solamente el comercio de los Reinos de Castilla, Anchorena

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“sino que reduciría estos países a la constitución más miserable y desamparada ... despojando a estas provincias de sus intereses, constiuyéndolas a la maior devilidad con la lleva de caudales y frutos, que fortificarían a los neutrales para cuando quisieran enemistarse con la Corona de España”. Que no era desatino pensar que “los ingleses nuestros enemigos”, fomentarán y ayudarán a esos neutrales para contribuir a “a la decadencia Española”. Que en el país nada faltaba, salvo los artículos de lujo, “pues para la gente de poco caudal y servicio, no solamente no escasea la ropa de la tierra de colores (que ha baxado de precio en estos meses: lienzos razonables de algodón del Perú se han vendido y vienen muchos miles de piezas del Valle de Catamarca, Paraguay y Misiones, fuera de los que aquí se fabrican), sino que sobran para abrigar a las gentes de travajo que visten sin aparato, siendo constante la abundancia de algodón barato en rama, lana de la especie que se quiera ... al paso que los alimentos de carne, pan y verduras, se hallan abundantísimos en esta plaza, y para los que los compren a cortos valores. Por lo que siendo constante quanto llevo referido, repito por mi voto al informe de Su Exma.: soy de sentir que debe observarse puntualmente, sin interrupción, lo que S.M. ordena”. “Tenía razón Juan Esteban de Anchorena — discurre el historiador Vicente D. Sierra — al decir que si el Rey no había ampliado los alcances de la debatida real cédula era porque no lo había creído conveniente, y no estaba equivocado al afirmar que la población no sufría miseria. Su opinión, sin embargo, no podía tener mucho eco, dado que todo el asunto era fruto de una confabulación, en la que actuaban algunos comerciantes y muchos altos funcionarios vinculados a sus negocios, los cuales lograron que Buenos Aires, por su sola cuenta, impusiera la vigencia de un régimen comercial con el extranjero y con barcos extranjeros. Cuando se supo de ello en la Corte, se dictó la cédula de 20 de Abril de 1799, retrotrayendo la situación a su estado anterior”. En todo lo que acabo de transcribir resalta, con meridiana claridad, el decidido patriotismo del negociante Anchorena, quien en la referida emergencia, antepuso los inter36

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eses “de los Reinos de Castilla” y de “estas Provincias” a su propia actividad lucrativa — de importador de géneros y efectos de Europa y exportador de frutos vernáculos para allá —, lo cual no se ajusta al terminante “marxista dixit” de Sebrelli: “la actividad política fué para los Anchorena solo un medio para asegurar sus privilegios económicos”. Instrucción Testamentaria El año (5-VII-1793), ante el Escribano Gregorio Ramón de Merlo, los cónyuges Juan Esteban de Anchorena y Romana López Anaya se dieron poder recíproco para testar, nombrándose Albaceas al que sobreviviese de los dos. Y el 8XII-1794, “día de la Concepción de N. Sa. la Virgen María, Madre de Cristo quien (sea) salvada y ensalzada”, don Juan Esteban dejó escrita de puño y letra, su “Instrucción Testamentaria”. Luego de proclamar su fé católica y la “obediencia a cuanto manda y publica la Santa Iglesia Apostólica Romana y el Sumo Pontífice como Vicario de Jesucristo, nuestro Redentor y Salvador”, el causante declaró haber nacido “en Pamplona, Reino de Navarra, hijo legítimo de D. Domingo de Anchorena y de Da. María Fermina de Zundueta”; como así también ser casado con “Doña Romana Josepha López de Anaya, hija legítima de Don Manuel López de Anaya, natural de Polán en el Ayuntamiento de Toledo, y de Doña María Josepha Ruiz y Gamiz, de esta ciudad ... de cuyo matrimonio, habiendo tenido nueve hijos que constan, además de sus fés de bautismo, en el principio de mi libro de caja, solo viven tres que son: Juan Joseph, Tomás Manuel y Mariano Nicolás”. Declara más adelante su aporte dotal — que ya conocemos —, y que su mujer no trajo “dote alguno sino algunas prendas de su servicio, las que ella dirá, y se apartarán del cuerpo de bienes, con su ajuar y cama de uso, como propios”. Afirma “que en el día a ninguno debo nada”, y que sus bienes eran: “la casa en que vivo, muebles, esclavos, y fuera de ella consta en mi libro de cuentas y cartas originales y copiador de mi correspondencia ...”. Declara “que Anchorena

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no me ocurre nada que tenga cargo de conciencia, ni motivo de restituir a ninguno por fraude o yerro de cuenta, en todo tiempo que he comerciado durante mi vida, por haber procedido siempre con la legalidad debida ...”. Consigna “que unos 800 pesos dobles que dejé mandados, cuando en mi ida a España en el año 86, se separasen de mis bienes, a fin de que si fallecía los destinase mi mujer en lo que le tenía comunicado, quedará revocada... por haberlos ya distribuido en los fines que lo eran dedicados; y lo mismo otros 345 pesos de la cobranza de una deuda, que por no conocer su lexítima pertenencia, en Cádiz los entregue al tesoro del Hospital de Pobres de aquella ciudad, a beneficio de sus alimentos”. Declara “que no me acuerdo ni pensado halla quitado a ninguno honra ni fama pública ni secreta ... y si alguna vez hubiera dicho expresiones, o dado apariencias que se me tiene entendido por agraviar contra alguna persona, protesto que no ha sido mi intensión malévola de dañificar a nadie ... y siempre que en mi vida lo llegase a saber, pediré perdón público retractándome ... Es mi voluntad que mi cuerpo sea amortajado y enterrado en donde y como mi albacea dispusiese; y considerando la humildad de mi modo de tratarme en vida, le hago presente, si quiere, haga enterrarme en el campo santo del Hospital de Betlemitas de esta ciudad, si muriese en ella, contribuyendo a beneficio de los pobres enfermos de él con cien pesos; y la ceremonia de entierro y sufragios de los funerales, que le encargo sean moderados, los pueda hacer en la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced ... siempre sin aparato ni vanidad, lo que le ruego no olvide ni desatienda. Mando procure no seguir el abuso que hacen en esta ciudad, de la distribución con título de limosna pública y privada en los que tratándose de pobres, se valen de este título y viven sin más atensión que siguiendo la ociosidad en este ejercicio; haciendo reflección que, en pago tan abundante de alimentos y terrenos como Buenos Aires, solo puede ser pobre el totalmente impedido y accidentado hasta su curación, por lo que le encargo que solo certificando sin ligereza, y en urgente necesidad de alguno, pueda socorrer con lo que le parezca; sobre que le repito tenga mucho cuidado, por que somos res38

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ponsables de los pecados que fomentamos, siendo obligados a evitarlos ... Nombro por mi universal y única Albacea, si me sobrevive ... a mi esposa doña Romana Josepha López de Anaya ... y la nombro ... tutora y curadora de mis tres hijos expresados ... y es mi voluntad que si alguno de los dichos mis hijos, en cualquier estado que estubiesen, solicitare, por si o por otra persona a su nombre, la liquidación de su pertenencia hasta su recurso por demanda judicial; por este mismo hecho lo desheredo de la parte del tercio y quinto de todos mis bienes que le pueda tocar, y los dispenso a los otros, u otro, que se conformen con lo que su madre le señale; y si todos usaren del medio judicial referido contra su madre, los desheredo de todo lo que corresponda a mi grueso durante la viudez de su madre; la que podra retenerlo con poder para hacer uso de sus intereses, de que no será obligada a adelantarles nada; y si muriese en el estado de viuda podrá disponer de ese grueso como suyo, sin que nadie pueda prohibirle, y sólo en caso de que contraiga matrimonio les corresponderá a mis hijos como herederos míos, el principal con los demás bienes respectivamente. Declaro por universales herederos de todos mis bienes, derechos y acciones, presentes y futuras... a los referidos mis tres hijos Juan Joseph, Thomás Manuel y Mariano Nicolás ... con lo cual queda concluída, por ahora, esta disposición testamentaria, que pido y encargo a mi esposa, como Albacea, la ponga en efecto ... y le ruego me perdone si en algo la hubiere ofendido ..., y así mismo suplico a todos mis prójimos me perdonen por todo lo que les hubiere agraviado y faltado a mi obligación en ayudarles para su bien espiritual y temporal, como lo expreso para salvarme ...”. Las noticiosas cartas del padre a su hijo Juan José Cristóbal (1798-1806) Ahora penetremos en la intimidad del viejo Anchorena, oigamos sus confidencias estampadas en las cartas que dirigió a sus hijos, dando rienda suelta a sus pasiones, prejuicios, antipatías y favoritismos, a sus temores y esperanzas Anchorena

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respecto a la marcha de los intereses y negocios de su empresa mercantil. Dicho epistolario confidencial, escrito al correr de la pluma, pone de relieve su voluntad tenaz para el trabajo, sus hábitos de economía, su espíritu conservador sobremanera utilitario — no fue precisamente don Juan Esteban un Quijote, y el historiador Saldías bien lo definió al decir que era “tan rígido en sus costumbres como honorable en sus procederes e inflexible en sus resoluciones”. Veamos como contempla ese cuarto abuelo mío el mundo que lo rodea; trasladémonos a su época, y leyendo sus misivas íntimas, salpicadas de noticias, de avisos, de comentarios, revivamos los acontecimientos históricos que venían sucediéndose en Europa y en el Virreinato del Río de la Plata. En tales gacetillas particulares, destinadas regularmente a sus hijos (anexas, desde luego, a las directivas y encargos que requería el desenvolvimiento de un cuantioso intercambio lucrativo con las provincias y la metrópoli distantes), el corresponsal nunca pensó escribir para la historia, pero ese montón de cartas suyas resultan, hogaño, fuente de datos inéditos que dan a conocer no solo el carácter del epistológrafo, sino también el medio ambiente dentro del cual al conspicuo personaje le tocó vivir. El año 1798 don Juan Esteban envió hacia el Alto Perú, como agente de negocios, al mayor de sus hijos, mi tatarabuelo. El correo para Potosí tardaba alrededor de 30 días en llegar a destino desde Buenos Aires de donde partía todos los 26 de cada mes. He aquí los párrafos resumidos de la serie de cartas, hasta 1802, dirigidas por Anchorena a su primogénito, cuyas respectivas fechas van puestas por mí entre paréntesis. Así reza el sobrescrito de la primera misiva; “a don Juan Joseph de Anchorena que guarde Dios muchos años. En camino a su llegada a San Miguel de Tucumán”. En efecto, el joven Juan José emprendio la marcha a principios de abril a Potosí . En esa primera carta, del día 26 de dicho mes, el padre le requería y aconsejaba al viajero; “si tienes lugar escribirás como te ha ido por el camino de Córdoba, Santiago y esa, procurando no ser peresozo para no demorarse y sentir menos las incidencias del viaje, en el que no escu40

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ses observar, ver lo decente, oir y callar, sin disputar ni manifestar inclinación a la hojarasca y lisonja, ni a hombres vanos, sino a las buenas obras y a las que mantienen honra sin aparato...”. • (Mayo 26) “... Al ver tu carta que cerraste en Tucumán ... se me representó te preocupaba el turbillón de tu caminata, la que, enterminando espero te repongas, acordándote de ir practicando las cosas bien, aunque con espacio, sin pereza ... Considero al recibo de ésta te halles en Potosí ... La guerra sigue cada vez más enconada (entre España y Francia contra Inglaterra) ... Las noticias del día aquí son las siguientes ... el día cuatro de este asaltaron ocho ingleses y un negro de los prisioneros que estaban en la Residencia (San Telomo) a un falucho que tenía fletado Necochea (Francisco Casimiro, padre de Mariano el futuro General), que debía salir cargado de cacao al día siguiente desde las balizas (hacia Cabeiro, en la Coruña) ... y habiendo echado en el bote tres hombres que estaban a su bordo, se largaron con el falucho, y al día siguiente salió una lancha y otro falucho armado con 50 hombres y remos, y como calmó el viento, los abordaron y trajeron presos ... Llegó de la Coruña el aviso ‘La Alcudia’, habiendo arrojado al mar la correspondencia, al ver a dos fragatas francesas que le parecieron inglesas y le hablaron en inglés ... Se ha dicho que el Directorio francés ordenaría a su Embajador en Madrid, que los encargos tratáse solo avocándose con el Rey, y no con los Ministros ... al Conde de Cabarrús, despachado de Embajador por la Corona de España a Paris, dicen lo rechazó la Junta francesa por ser francés; y digo, no había españoles a quienes despachar?; por lo que luego fué de Embajador el Ministro de Gracia y Justicia don Gaspar Melchor de Jovellanos ... El Emperador de Alemania y el Turco han anunciado la guerra a la Viena, lo que siendo así, esto parece promovido por los franceses para que no ayuden a Inglaterra, según mi concepto. La guerra en Europa cada día está más enredada sin viso de término, y es temible que por Octubre se nos vienen los ingleses, si por allá no los atajan con algún ataque, desembarco o arbitrio ... Llegó a Montevideo “Buen Jardín” con 200 negras y negros que diAnchorena

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cen son de la compañía de la mujer de don Manuel Cipriano Melo ... Llegó el correo de Chile que llevó el despacho del Sr. Virrey: dijo que a principio de éste (mes), al pasar la cordillera, cayó una nevada y los negros de don Vicente Murrieta y su compañía murieron 28, y con otros antes pasarían de 50...”. • (Junio 26) Se queja don Juan Esteban de los primeros frios y da cuenta que “Echuburu” (el Escribano Joseph García Echuburu) y “don Facundo” (Prieto y Pulido) y “el Oidor Caveza” (José Caveza Enríquez) murieron, “éste a lo pobre y los otros a lo grande y mundano”. Lo entera a su hijo que el 23 de Julio último salió un comunicado del Príncipe de la Paz permitiendo abrir y establecer talleres y fábricas a todo “ereje americano (norteamericano), sin impedirlo ni incomodarlo por su religión, con lo que hallo dificultosa la observación del Evangelio y el Capítulo 6 de la 2ª Epístola de San Pablo a los Corintios; y si se agregan las licencias que ahora se dan a los Marroquíes y Turcos para venir con sus barcos a la América ... no sólo se nos aproximará la peste (espiritual) que dice San Pablo, sino que puede nos traigan la corporal, por que aquí no hacen cuarentena ... Las cosas andan muy trastornadas y la guerra sin término. Han divulgado que la escuadra francesa del Atlántico se incorporó con la de Mazarredo, y que el ejército francés ya caminaría a la raya de Portugal, y también el español de 20 o 25 mil hombres ... En el estado romano parece han dejado al Pontífice, como sucesor de San Pedro, con todo respeto y autoridad eclesiástica y gobierno espiritual de la Iglesia, (aunque) le separaron el temporal, reduciendo éste a gobierno republicano, cuyo sistema parece se va apoyando mucho entre las gentes, aún de otras partes. Aquí se han hecho rogativas pidiendo por las concordias, y yo espero de la Divina Misericordia nos quiera conservar justamente ... Este mes vino una zumaca portuguesa a balisas de arribada, con pretexto que hacía agua, y como el Sr Virrey nuevo (Marqués de Avilés) no viene todavía, se descargó mercaderías disimulando la desverguenza de su confiado atrevimiento ... Aquí sigo vendiendo mis efectos decentemente, solo me han quedado el renglón de lencería, braman42

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tes floreros, algunos de los crudos de bretaña lisos, algunas muestras de tisú que ya corren, algunos ternos y pocas cintas chinescas. El asunto presente es aprovechar las ventas favorables, aunque la guerra no tiene término, pero deseo salir con tiempo. Lo único que no vendrá serán bayetas y efectos ingleses; aquí no han dejado sino algunos retazos de bayeta en las tiendas...”. • (Agosto 26) “Aquí estamos sin la llegada del nuevo Virrey, y gracias a Dios que no vienen enemigos por ahora, que quiera Dios no hacer novedad en el verano ... De aquí en adelante han de ser más penosas nuestras miserias, según corren las cosas. Mi quebranto sigue, y haciendo fuerza paso...”. • (Septiembre 26) “... Las noticias públicas son las de haberse arrimado a la República francesa, Génova Cisalpina, República de Milán, Ginebra, Roma, los Cantones Suizos y la isla de Malta, y dicen que la Irlanda también lo solicita, oponiéndose y resistiendo con las armas a Inglaterra ... La expedición de Tolón en el Mediterráneo, a las órdenes de Buenaparte, general de mar y tierra, con más de 400 barcos de transporte, se hallaría reunida en Córcega, y aunque no se expresa públicamente su destino, no tengo duda, para mi creencia, es a la costa de Turquía, con permiso del Sultán y protección para hacer el desembarco por la boca del Nilo, a la Persia, al otro lado de Egipto o Alejandría, para seguir por la costa del Mar Rojo y salir al Mar de Asia y Costa de Cantón de los Holandeses y otros Príncipes de la China que la desean, para sacudirse de los ingleses; y, de paso, es regular se apoderen de las Plazas de Goa y demás de las portuguesas; ayuden a las españolas filipinas y repongan las suyas, cuyo proyecto he visto bastante examinado desde el año 88 ... Yo te aseguro que no pienso llegue a ver la paz en estos años, y por consiguiente que no han de venir, por registro ni por contrabando, mercaderías de Europa ... Nicolás (su hijo menor) si hay examen para Octubre (en el Colegio de San Carlos) pasará a mayores, como que dicen es de los mejores...”. • (Octubre 26) “... Me hallo repuesto y mejorado de las piernas con una disposición o cura que me hizo don Joseph Anchorena

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Cabdevila (médico militar), con lo que ayer 22 pude ir a San Francisco a las honras (funeral) de don Joseph Romero Uvillas, vecino de la esquina de Osorio ... el Virrey de esta no sabemos cuando viene... todo anda trastornado, y la hipocresía comprendo que es la capa o traje de moda entre los españoles ... Todos están en casa buenos. El tiempo corre muy favorable, y los devotos de la holgazanería se aumentan, del modo que el día del Pilar asombraron obsenamente, en el campo de la Recoleta, los trajes en talle de las Madámas y los de algunos que parecen hermafroditos en esta corte sin puerta, viviendo el bando que dicen publicó con repetición en la de Madrid, en tiempos del Sr. Príncipe de la Paz, para que usasen todas las personas del traje que quisieren. Si se te ofrece hacer alguna ropa de color, no te la escuso, pero acuérdate que aunque eres español, yo soy tu padre por destino de la Divina Providencia, y que no me acomodan las ridículas modas deshonestas. Para que te mantengas con la honra que te deseo, pido a Dios te auxilie y conserve con salud por muchos años... ”. • (Noviembre 26) “... Me hallo algo repuesto de salud corporal aunque adelantada la senectud ... Las noticias que se escriben de ésta, por lo que hacen a asuntos de comercio, no hagas caso ninguno, y solo sigue las que yo te comunico, con la certidumbre que sabes yo no uso mentir ... especialmente sobre comercio, valores y escasez de efectos de Europa y guerra interminable; como de la dificultad de venir mercaderías ; aunque aquí, a lo fatuo o para solapas, se han inventado unas solicitudes para que franquee el Virrey, vengan y traigan sin distinción los extrangeros géneros de su cuenta, para vender en ésta; cuando los ingleses y franceses apresan a todos los neutrales.” (Ya vimos anteriormente como Anchorena se opuso a esa medida en el Consulado). “El 15 de éste vino de Burdeos un corsario, “El Buonaparte”, con dos presas; una el correo portugués de Lisboa al Janeiro, y otra, dicen, con negros; y aunque días antes entró un danés o dinamarqués de la parte del norte con poquísimos efectos y fierro, que no pasaron de Montevideo porque allí se consumen … También entraron dos bergantines de Málaga, neutrales, con 44

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caldos y como mil resmas de papel ... Los efectos de Europa cada día, como escasean sin esperanzas de reemplazo, están a mayores precios...”. • (Marzo 26) “... Llegó el Marqués de Avilés, Virrey de ésta, el 14, y me parece que no he equivocado mi concepto en su cristiandad íntegra, justa y desinteresada, y otras buenas calidades ... y aunque no he tenido motivo y ocasión de acercarme, solo lo he hecho por ceremonia ... Con la llegada de S. Exelencia ... se halla esta plaza en un aspecto muy diferente, y los comerciantes del bodoque ( contrabando) algo desvelados...”. • (Abril 26) “... Llegó el correo de Europa con las noticias más melancólicas que son decibles ... Hásta el fin de la expedición de Buenaparte no se podrá tratar (la paz), siendo lo peor que cada día están más enredadas las potencias de Europa, Africa y Berbería, y ya el Rey de Nápoles huyó de su corte a los franceses, y se duda si pasó a la isla de Sicilia. Los turcos, en la parte del Egipto, Mar Rojo, Cairo, etc. se inquietan algunos contra Buonaparte, (pero éste) a todos parece los ha sentado y derrotado, dominándolos. En la Italia ha sucedido lo mismo por otros generales, y al Emperador de Alemania le hablan claro: que cualquier variación de los tratados se tendrá por guerra declarada. Los ingleses tomaron al puerto Mahón, isla de Menorca de los españoles en el Mediterráneo, lo que no es extraño, por que la España está muy irregular en su gobierno, mudando Ministros continuamente...”. • (Mayo 26) Cambia el ánimo de don Juan Esteban por completo con la llegada de mercaderías de ultramar. “... Los frutos y efectos que han llegado de las colonias y España se compendian en gasa, negros, aguardiente de caña, azúcar, diez y seis a veinte mil resmas de papel, bastantes tejidos y sedas, cintería lisa, lencería, linos, ruanes, bretañas, brocadillos, zarazas, angaripolas, pañuelos, etc. etc, poca ferretería, y mercería y otras frioleras. Habían llegado de Cádiz, esa semana, en barcos de Beláustegui (Francisco Antonio), de la Compañía de Ostende y en la polacra ‘La Fama’; ésta con efectos y unas pocas bayetas y franelas azules, negras, rosas, celestes, amarillas y verdes. Otra goleta de la Coruña trajo Anchorena

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géneros ingleses y mucha carga de ropa, linos, papel, sombreros, etc. Ya no vienen del Brasil tantos barcos con negros ... Con todo lo referido y alguna charanguita más no hagais novedad en baratear los efectos buenos, ni afligiros para salir de ellos, aunque os digan lo que quieran todos los traficantes tramoyeros, de ésta y esa, no diciéndolo yo, pués cuanto yo afirmo no es dudable de cierto”. “Con las cuatro o cinco tropas que han caminado para Jujuy y esa (Potosí), han ido géneros pocos de encomienda, y sí negros, papel, yerba, paños, lanas, gasas y frioleras ... Después que te vayas desocupando, si proyectas antes de venir pasar por la La Paz, Cochabamba, etc, para formar algunas ideas del ejercicio en que te has de ocupar, me avisarás lo que se te ocurriere y meditares útil, no olvidándote de la lectura y ejercicios de tus estudios de latinidad y aritmética, que es lo que te ha de adelantar propiamente, con lo que penetrarás los pensamientos de Peruleros y demás prójimos...”. • (Junio 26) “... Con particular sosiego y salud recibo tu carta, hallándome con la complacencia de haberme concedido la Divina Providencia la libertad de la opresión del Consulado ... Los efectos que salen de aquí, respecto de los precios de esta plaza, han de ser caros, por lo que el bodoque (contrabando) se ha atajado, aunque creo que el Sr. Virrey ha disimulado, por no arruinar a la mayor parte de este vecindario ... pero desde este mes hizo venir la zumaca de rentas armada con gente, y poniéndole comandante en ella, ha dispuesto que registre en la navegación a todo barco que entre en este río, toda lancha de Montevideo a ésta y las que salieren, despachando a la costa del sur, para su resguardo, gente armada ... Las notas de géneros de lujo, consumo de esta plaza y otras, procuro recoger para cuando vengas, pués de la variedad nacional seguiran las modas, como ahora que los masculinos o currutacos a lo hermafrodita quieren usar los trajes subilles (?) como pollera, y los femeninos con iguales subilles, gastan sombreros con plumaje y otras deshonestidades ... Aquí se han difundido, con extensión, varias falsedades:que me habían robado telegas de oro y plata, y había yo herido a los ladrones; que se había presentado un sirviente al 46

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Sr. Virrey contra mí, y otras cosas. Todo ha sido mentira; y te aviso es falsedad. Ya conceptuarás es envidia a mis intereses. Lo que te digo por si alguno lo hubiese escrito, le digas que miente, que yo digo lo expresado. Quedó hoy en cama Nicolás, parece con sarampión, no con mala pinta...”. • (Julio 26) “... Los muchachos siguen sin novedad, aunque han pasado Tomás y Nicolás la epidemia que es cuasi general en ésta: el Sarampión ... Me dicen que un catalán ha comprado cuantos negros vosales ha podido hallar, con pocas negras, a precios algo caros, y que cargará para este lado a principios del que viene más de 200. Todo es caro menos el viento sudoeste que corre...”. • (Septiembre 9 y 29 ) En dos cartas, tras hablar largamente acerca de la guerra y sucesos de Europa y del mundo revuelto por la Francia de “Buonaparte”, don Juan Esteban lo entera a su hijo haber estado “al extremo de mi vida por haberme acometido la enfermedad de tirisia” (ictericia). • (Octubre 26) “... A tí no te faltará Dios, siempre que correspondas como debes al cuidado, esmero y empeño con que he mirado tu educación espiritual y temporal — le dice el padre a su hijo primogénito —, y para su logro te he repetido mi deseo de que juntes los intereses que tengo en esa y que vengas inter yo viva, para esclarecerte en el manejo futuro, para tí, tu madre y hermanos, con que podais lícitamente girar para manteneros sin atrasos, y pueda ser con adelantamiento...”. • (Noviembre 26) “... No estoy para fatigarme por dinero en llevar cuentas y escribir — le comunica el viejo Anchorena a su distante vástago —, y por esto te he repetido que no excuses concluir ahí (en Potosí) las ventas y recojo de mis interese, para venirte y instruirte si hubieras de seguir la carrera de comercio de Europa y América ... Se permite aquí públicamente el contrabando, desatendido de las funestas resultas que contemplo en el próximo año ... Ahí le digo a Saravia me remiten por don Manuel Salvador Fernández de Salta, tres sacas de lana de vicuña y cuatro de guanaco para su venta...”.

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• (Diciembre 26) “... Los muchachos salieron bien de su exámen filosófico y a Tomás lo aplaudieron por su desempeño, según me dijo su lector (José Valentín Gómez), y seguirá ahora un poco de aritmética, que gusta mucho a los maestros, y me han pedido le haga este singular beneficio...”. Año 1800 • (Enero 26) Don Juan Esteban le expresa al hijo ausente su pesadumbre por una carta que fraguó el joven Ramón Saravia (hijo de Don Ramón, amigo y socio de Anchorena en Potosí), y que el muchacho entregó al Cancelario del Colegio de San Carlos, Padre Carlos Joseph Montero: “carta anónima, fingida, compuesta de falsedades viciosas de los estudiantes, promovida por él, poniendo a Tomás de su alcahuete, todo con el designio de que lo exceptuara el Sr Cancelario de la clase”. La letra era de Saravia, como la cotejó dicho Sr. (Montero); y para evitar lo castigaran públicamente, y que sobre echarlo de esta ciudad le quedase este borrón, que serviría a sus padres de un arruinable sentimiento, conseguí de dicho Sr. Cancelario que no se publicara el delito, dejándome encargado lo despachase de ésta y le diese cuentas a su padre para que lo castigase y contuviere; y para esto le digo lo preciso en este correo (a Don Ramón padre), sin explicarle todo lo ocurrido, de que tú no le dirás nada, y solo si te tocase, porque ya no estoy yo para escribir dilatadamente, ni para estos asuntos de sigilos hallo de quien valerme con seguridad... Sin novedades de España, aunque estamos bastante ligados a los franceses, “. • (Febrero 26) “...Después de referirte mi salud quebrantada de resultas de la maldad que Juan Ramón había hecho con entregar al Sr. Cancelario una carta anónima de mentiras y infamias, y lo que me costó para que no se publicase ni procediera sobre ella por evitar el borrón que le quedaría y la pesadumbre a su padre Saravia , lo que hasta ahora sigue sin novedad. He tenido que prestar, a su consecuencia, al dicho Cancelario, el Sr. Montero, 1.500 pesos a réditos por dos años, de que me ha pasado el documento y cartas de 48

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agradecimiento, pues parece le hagan falta para comprar una casita, con lo que se manifestó propenso...”. • (Marzo 26) “Si tratas con algún instruído en las descomposiciones de Europa y dificultades de paz, le oirás la llegada de Buonaparte desde Egipto a Frejús el 9 de Octubre, y a París el 16, en tiempo en que estaba infestado el gobierno francés, y cuasi por esto a su ruina y trastorno la nación; y que quiso asesinarlo y lo hirió en la cara, en la sala de los Quinientos, Mr. Arena.” (En verdad fué el gigantesco jacobino Destrem quien le asestó un puñetazo feroz en el hombro a Napoleón, el 18 Brumario). A raíz de ello “se han seguido trastornos y deshacer los tribunales del gobierno, habiéndose puesto de presidente de la Sala al hermano Mr. Luciano Buonaparte, y en la que era Directorio ejecutivo se ha colocado Consulado, y uno de los tres cónsules, el primero, es el general de los ejércitos y armas,dicho Buonaparte... cuyos ejércitos han derrotado a los rusos, austríacos, ingleses en Holanda, napolitanos, turcos en Egipto y sus aliados, y por esto, dicen, querrán estos países lo que sólo considero feliz: alguna suspensión de armas por armisticio, en todo este año, con los Emperadores, si estos ceden mucho, pero nunca con los ingleses...”. • (Abril 26) “... Tu no necesitas compañía con ningún extraño, pues tu mejor negocio es recoger mis intereses, y reducidos a dinero, conducirlos a esta, o donde yo te diga conveniente”. Si cierta rebelión de indios estallada en Tarija “se extendiera y fuera tomando cuerpo, tomarás tus armas, aunque no sea más que para espantajo, y bájate a Jujuy con el dinero, echándome adelante, si puedes, repetidos avisos para que yo pueda disponer quien te lo resguarde o reciba para traerlo, y puedas volver al expendio y reparo de lo que dejes pendiente, porque si consideras que pueden seguirse malas resultas por esos parajes, y si te pareciera conveniente trasladar a Jujuy o a Tucumán el dinero, puedes resolverlo después de mediados de Junio ...”. • (Mayo 26) “... Esteban (Juan Esteban de Ezcurra) saldrá por la posta para esa los últimos de éste (mes), y con él irá Juan Ramón (Saravia), con lo que cesará lo mucho que le Anchorena

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he sufrido y disimulado en silencio, que es increíble lo que padecí por la atención de su padre, que no se viera públicamente abochornado ... y si se ha sabido algo fuera, ha sido porque él mismo lo ha promulgado ... En fin, Dios le conceda su gracia para arrepentirse...”. • (Junio 26) “... Ya tendrás presente que en la fecha de ésta cumples veinte años de haber nacido (Juan José nació el 26-VI-1780) y puedes refleccionar, pués ya estás en edad en que debieras manifestar despacio para en las comunicaciones, diferenciar según las circunstancias y los sujetos...”. • (Setiembre 6) “... Siempre medito lo que dije en mis cartas hace tiempo; que pensaba duraría la guerra más que mi vida. Soy de sentir y deseo no escuses de aprovechar con estimación, sin aflicción, las ventas de los efectos que tengas, expecialmente los rezagos antiguos, para que puedas venir a verme y oirme lo que pueda decirte, y te sea comunicado para tu sucesiva utilidad, en atención a que estoy muy aniquilado, y que yo no estimo el dinero ni intereses para mi vida, y si procedo con el empeño y cuidado de no disminuirlo, es por vuestro auxilio, y para que podais manejaros con juicio, sin decadencia, que para eso estudias...”. • (Setiembre 26) Don Juan Esteban contesta a su primogénito una carta en la que éste, ofendido por algún reto o advertencia paterna, le reprochó falta de confianza hacia él. “Nunca pensé que mi suerte en el Perú fuese tal que llegase vuestra merced a desconfiar de mi fidelidad” — apunta con retintin el viejo Anchorena — “... Con el monto de las últimas remisiones de efectos y pagos de libranzas de dinero, que pasarán de 50 mil pesos, dirigidos a tí solo, sin particular remesa ni restricción, basta esto para que veas que tenía confianza; lo demás queda escrito para que no te olvides la desatención con tu padre. En fin, Dios N.S. te conceda su gracia para que sufras con humildad si te he tratado mal ... Según el lúgubre aspecto de las cosas de ésta, soy de sentir que no omitas aprovechar la venta cuanto antes de nuestros efectos, con preferencia los rezagos, como te tengo dicho ... pués temo haya aquí tragedia, porque con sol claro y en tropas de carretas entra el contrabando. En día claro, en la Puerta de 50

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Sarratea, el 22, atajaron cuatro carretas cargadas; y de noche hasta los extranjeros, me dicen, descargan en sus botes ... la noche del 22 asaltaron unos disfrazados al Fuerte, para sorprender las armas de la guardia y no lo consiguieron, aunque otros dicen estaban en el foso y solo hirieron al capitán Masa. Se han doblado las guardias, patrullas y ordenes singulares; han pasado por esta calle al Fuerte municiones y pertrechos, pero no hallo orden formal. Ayer, me dijeron, cascotearon por las Monjas Catalinas a una patrulla y han herido a varios particulares, sin que se diga a quien ... Al Virrey (Avilés) no le observo se comunique con sujetos regulares del vecindario, ni militares. Ibañez, el Brigadier (Don Pascual 5º abuelo mío), está retirado en casa como yo, puede ser de pesadumbre...”. • (Otra de Setiembre 26) “... Todas estas noches han andado por trastornarme la puerta de la tienda, y aunque yo pudiera atajarlos (a los ladrones), aún con mi vejez, lo que se apreciaría fuera hicieran alguna avería para tomar dinero, que es aquí lo que se busca más que a Dios ... Tu madre está en cama, y yo por necesidad ruedo hasta el destino de la Divina Providencia...”. • (Octubre 26) “... Está franca la entrada del contrabando, extremadamente, y todo lo que traen los extranjeros para llevar cuanto dinero, víveres y efectos del país puedan; y aunque se han presentado aquí bastantes barcos vacíos, se les ha disimulado, y por la costa han echado sin duda su carga, la que aunque no ha sido poca, pues me dicen pasa de un millón de pesos, ha tenido mucha salida por Chile para Lima, y a unos precios superiores a los antiguos, de modo que ya no se hallan efectos buenos...”. • (Noviembre 26) “... El contrabando está aquí franco y asqueroso que no se repara, especialmente de los extranjeros, de los que han entrado en este mes a Montevideo, a la Ensenada y a balizas, muchísimas embarcaciones”. Como personajes beneficiados por esas entradas ilícitas de mercaderías foráneas, don Juan Esteban nombra en esa carta al francés Pedro Duval, al portugués Manuel Cayetano Pacheco, a Martín de Sarratea, a Esteban Romero, a José Riera, a Francisco Anchorena

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Ignacio Ugarte, a Buenaventura Marcó del Pont, a Antonio de las Cagigas y “a otros muchísimos”... “Ayer en el entierro de Viamonte (Jaime, padre del futuro general Juan José), me dijeron que recién había llegado a la Ensenada un barco con carga para el portugués Pacheco, en el que venía su mujer del Janeiro, y que por haberse enfermado se desembarcó en una isla de aquella costa, pero el bodoque que vendrá con título de sus equipajes, no dudo halla llegado ... por que a éste (a Pacheco) la piedad lo libertará de males temporales de la Justicia al uso. Así corre aquí, y el pueblo de la Ensenada de Barragán es el refugio y amparo general” (de los contrabandistas). • (Otra de Noviembre 26) “... A ninguna de las noticias (sobre la guerra de Europa) que aquí corren las tengo por ciertas porque han dado en figurar mentiras para encubrir los bodoques y contrabandos, y como estos son continuos, lo mismo son las exposiciones falsas ... Corre el pampero tan frío que parece invierno ... Es tan feliz el bodoque que llega a la Ensenada con mal tiempo, y de España ni con vientos favorables a llegado ninguno lícito ni usual...”. • (Diciembre 5) “... Llegó a ésta una chalupa con el parte al gobierno de haverse presentado, como a legua y media de Montevideo, el navío de guerra inglés Diómedes, de 54 cañones con bandera española, y echó una lancha con dos oficiales y bandera parlamentaria ... y se cree fué porque estaba varado y no lo batieran. El Comandante de las cañoneras don Santiago Liniers aprontó, aunque sin total aviso, 6 cañoneras ... Salió a encontrarlos, y … siguieron los ingleses al Cerro, donde está la Casa de la Pólvora”. Liniers entonces les disparó un cañonazo, y enseguida vino a su barco un oficial inglés diciendo que deseaba hablar con el Gobernador de la plaza. “Aquí le respondió Liniers, en su lengua francesa, que no había lugar”. El britano le entregó un pliego para el Gobernador Bustamante y Guerra “quien previno a dicho Liniers que al canje de prisioneros que expresaba (ese pliego) contestase y dijese no había lugar”. Liniers opinó que convenía echar a los ingleses de la costa como lo hiciera días atrás con los corsarios del “Buen Jardín”, frente a la playa de Cas52

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tillos (en el actual departamento uruguayo de Rocha), e intimó al emisario enemigo a que dentro de tres horas se hiciese a la vela el navío. Reconoció el inglés las contestaciones de Liniers, y le dijo le era sensible haverlo incomodado con el armamento (haberlo obligado a hacer fuego), a lo que respondió (Liniers) que aquel armamento y mucho más había ... con lo que se retiró (el parlamentario), y salió al día siguiente (el “Diómedes”), que fué el 5 al amanecer, y desapareció como a las 11 de la mañana. Esta venida del inglés a hablar con el Gobernador, con las circunstancias anteriores de entradas de muchos barcos extranjeros, se tiene por sospechoza ... el comandante de Artillería Mariscal Bervesé (Francisco Betbezé) y Liniers quisieron batirlo (al “Diómedes”) y no se les permitió, y receloso el inglés cortó los cables para su marcha, por cuyo disgusto dice haverse enfermado el Sr. Bervesé, por haver impedido batirlo...”. • (Diciembre 12) “... Dicen que a este Virrey (Avilés) le vendrá a sucederle luego el Sr. Miguel del Pino, Presidente de Chile ... se dice también que ... el Sr. Inspector Sobremonte va a Chuquisaca; y aunque publican que éste Sr. Virrey (Avilés) irá a Lima, hay en esto creencia que habría diferencias ... y el impedimento de ser casado allí (con Mercedes del Risco) y no haberse residenciado ... Ha venido una papeleta con noticias de Europa ... que al armisticio los austriacos no lo seguirán, y que Buonaparte los había derrotado con su ejército en extremo, con lo que ya se indicarían forzados a admitir la paz con los franceses. Que el general Ms. Berthier, que ha sido el de más confianza de Buonaparte cuando fué a Egipto ... había pasado a España, y que en Madrid le puso casa su Embajador y no la quiso admitir, ni en Aranjuez la dispuesta por orden del Rey, y se mantendrá en fonda, comunicando unicamente con su S.M...”. • (Diciembre 18) “... Dicen dió orden el Sr. Virrey para que se cerrase este puerto y el de Montevideo para todo español, privando el tránsito por mar de uno a otro, y solo por la Colonia ... y el 17 se abrió pero no fué comprendido para los extranjeros, que entraron y salieron muchos sin reparo alguno. Se dice que ha representado el Cónsul administrador Anchorena

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de la Aduana (Justo Pastor Lynch, mi antepasado), que sin embargo de que la zumaca de rentas avisa continuamente vienen cargados los barcos, nada entra en la Aduana, y corre la voz de que se ha dado orden a las patrullas apresen lo que hallen de noche, y no obstante que debe ser prohibida la descarga, entran en día claro (aquellos barcos extranjeros), cuya disposición y tolerancia no es explicable ... Así corren las cosas ... Hay muchos asuntos muy perversos que visiblemente se notan pero no se pueden escribir por vergonzosos. Se esperan en breve barcos de España, y es presumible que con la pasada del General Berthier a Madrid, que es de consideración muy singular, ocurran muchas novedades, cuyos efectos podrán ser temibles ... Avisan se había extendido en la parte de Málaga y en Cádiz una pestilencia que acababa a mucha gente, y puede ser se extienda, según el desorden corriente ... Aquí ha apuntado contagio de enfermedades algo asqueroso, con la entrada de negros sin contener el hospedarlos en el centro del pueblo y cuartos de alquiler. Se ha entablado aquí logrería y falacía con tanto aplauso, que el que no la usa debe excluirse de la comunicación que corre con el título de Política, y no con menos extensión se ha arraigado la vanidad y el lujo, cuyas circunstancias son inevitables causen epidémico progreso y ruina a ésta plaza...”. Año 1801 • (Marzo 26) “... En estos días se han cogido unos contrabandos considerables, los más de géneros de China y sujetos que traían pliegos de correspondencia con los ingleses, etc. y están presos ... Esto está que asombran las maldades y vicios”. • (Abril 26) “... La guerra sigue cada día más enredada, pués con la llegada de Ochoteco, yerno de Lezica, se han esparramado muchas noticias ... Los robos y fraudes se deben pagar con penas temporales ... para salvar las espirituales. Esto parece por aquí estar desconocido, y hasta a muchos limeños los seguirá la fundición, por su clase de negocios y

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tramoyas, especialmente los que han ido de aquí. Dios te libre de semejantes pensamientos y obras...”. Al mes siguiente, don Juan Esteban remite a Potosí destinado a su hijo, el movimiento marítimo del puerto de Buenos Aires, en una titulada “Relación de algunas noticias que han venido sucediendo desde la salida del Correo de Mayo 26/1801”. En tal extensa lista, se apuntan las fechas de entradas y partidas de los navíos mercantes y de guerra; fragatas, bergantines, corbetas, goletas y urcas ultramarinas; falúas, chalupas, lanchas y pequeñas embarcaciones de cabotaje; así españolas y de comerciantes armadores locales, como francesas y un solo barco norteamericano; cuyos veleros, en su mayoría, llegaban trayendo noticias del revuelto mundo en pliegos oficiales y correspondencia particular; casi todos cargados con importantes remesas de efectos vendibles, con negros esclavos, armas y municiones, y también con presas corsarias capturadas al enemigo. Y como a la sazón España — aliada de Francia — encontrábase en guerra contra la Gran Bretaña y Portugal, don Juan Esteban poníalo al corriente a su hijo de que, entre distintas vicisitudes, “los portugueses han asegurado (apresado) en sus puertos los barcos de ésta, de Maciel, Ugarte, Beláustegui, Cagigas y otros, y a sus intereses los han puesto en clase de prisioneros del Brasil”. En tanto eso ocurría en los vecinos dominios lusitanos, en la capital del Plata no se descartaba la posiblidad de una invasión por parte de Inglaterra. En consecuencia, nuestro gobierno tomaba sus precauciones; “En Buenos Aires, el 21 de Junio — escribía Anchorena — se pasaron revista de las milicias de Infantería y Caballería. Dicen se ha pasado orden para que todos los Blandengues de Santa Fé y de algunas milicias vengan. No se si también vendrán de Córdoba ... Las de estas fronteras parece se embarcarán para la otra banda en esta semana o la siguiente ... Asimismo parece se trata de pasar a la otra banda como 100 carretas, para movimiento de municiones y artillería. Se retiran los de la línea divisoria (con el Brasil), y a don Félix de Azara le ordenan pase a España; él que está arreglando las poblaciones de Santa Tecla, Anchorena

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en las cercanías de Río Pardo! El comandante de los corsarios franceses ha venido a proponer al Cabildo que si se le permite vender aquí las presas que haga para los gastos … correrá y protegerá, en lo que pueda a los españoles, desde este rio hasta la costa del Brasil. Se han cogido varios contrabandos, pero el 20 acabaron de descargar en el puerto más de 280 fardos y cajones que trajeron del lado de la Colonia, y sobre la averiguación de sus introductores se sigue y puede salir alguna tragedia...”. • (Noviembre 26) “... Te expuse las ocurrencias de la guerra con los ingleses y te incluí los capítulos de la paz con los portugueses ... Muchos barcos con título de americanos, han entrado en Montevideo, en la Ensenada y balizas de los puertos; ingleses, portugueses, y otros extranjeros, a los que han procesado ... la mayor parte de los efectos era carga perteneciente a los enemigos de la guerra, sobre que he oído hay unos expedientes que son temibles, como que se ha de dar cuenta con ellos al Rey. Están comprendidos Romero, Beláustegui, Necochea, Ugarte y su yerno Monasterio, Riera y su yerno Sar, Viola, Dubal, Almagro y otros muchísimos que no estoy para explicarte ... todo está embargado en la Aduana, en el puerto y Temporalidades, y los barcos retenidos. De que infiero muchas tragedias, como desde muy anteriormente hice pronóstico ... Contemplo resultarán infinidad de cosas y puede ser la reacción de muchos males que ha habido en esta infeliz población del Río de la Plata, y de que por la Misericordia de Dios, estoy libre y resguardado judicialmente ... Han entrado porción de presas, que se han vendido, y están por venderse porción de negros, efectos y demás de ellas, etc. También remataron aquí, en la semana pasada, como 200 mil pesos de efectos de los contrabandos, aunque no les arrendaré la ganancia. Por varias ocurrencias, y mi quebranto, deseo que vengas para imponerte en el fundamento de la peste que está aquí extendida por la codicia, para que oigas mis discursos fundados en justicia, observes y experimentes lo benéfico y dañoso para que no te contagies, con lo que puedas precaverte de caer en la infinidad de maldades que fraguan al presente los comerciantes de la Moda, para conseguir sus inso56

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lentes y depravados negocios y rapiar cuanto puedan para obtenerlos ... Dios N.S. te conceda su gracia y te aproveche para salvarte, en el interín le suplico y ruego te sostenga y conserve por muchos años...”. Año 1802 • (Febrero 26) “... Lo que aquí ocurre con título de comercio con la entrada y salida de la multitud continuada de barcos extranjeros con título de americanos y portugueses consignados a españoles ... me es vergonzoso escribirlo ... Espero hagas cuantos empeños puedas para salir de esa en breve, sin más detención en el camino que la precisa, para conducir a tu presencia mis intereses, pués encargarlos a situadistas y otros es exponerlos a su desaparecimento ... El día que consideres salir de esa, de Jujuy, de Tucumán, etc., avisarás por noticia adelantada ... En Córdoba parece ha habido peste, según me dijo Joseph Javier Díaz (futuro Gobernador federalista por su provincia), que vino de retirada de la otra banda de teniente Coronel con las Tropas de Córdoba, y va a asistir a su padre don Francisco Antonio, a cuya pasada, sin ladearte le dirás B.A.V.S.M. (beso a Vuesencia su mano), sin detención ni otra explicación, salvo que te sea precisa...”. Esta carta final de don Juan Esteban para su hijo dirigida a Potosí, se despachó por mensajería el 26-III-1802. En ella, una vez más, el padre repite su indignada queja opuesta al contrabando: “...Entran diariamente multitud de barcos extranjeros que dicen en lastre y traen lo que Dios sabe”. Varias semanas después, durante el mes de Abril o principios de Mayo, Juan José Cristobal retornó a Buenos Aires, trayendo de las provincias de arriba, “los intereses” paternos. Y, a mediados de octubre del año siguiente (1803), el jóven Anchorena se embarcó para España, como lo consigno y detalló más adelante en su biografía, al transcribir la correspondencia suya con sus padres y hermanos desde la península.

Anchorena

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Postreras y espaciadas epístolas del viejo Anchorena a su hijo mayor A la metrópoli española, pués, le dirigió, el 28-IV1804, don Juan Esteban una carta a su primogénito, en la cual, entre otros acontecimientos, lo enteraba de “la salida de tu hermano Tomás para el Perú o Chuquisaca”. Le sugería también “noticiar a Pamplona a mi hermano don Joseph de Anchorena” el arribo del sobrino a la madre patria. “Las cosas de la Aduana (bonaerense) — añadía esa carta — no se hacen con fundamento y ahora con haber muerto el Sr. Virrey don Joaquín del Pino el 11, y haber salido para Virrey interino el Sr. Marqués de Sobremonte, que es vecino de aquí y estaba en Montevideo, no sé cómo correrán las cosas ... pero ... contemplo que si no se ataja el proceso de ratonerías y ratoneros que se ha arraigado, se arruinarán estos países, como lo reconocerás si Dios te concede vida y sentido...”. Mas adelante, el corresponsal inserta estas fúnebres nuevas lugareñas: “Ha fallecido don Cecilio Sánchez de Velazco (progenitor de Mariquita Sánchez); la hija de Ugarte (Vicenta), esposa de don Manuel Joseph de Ocampo; la esposa de don Ramón Ugarteche (María Josefa Herrera), y también el Teniente Coronel de Milicias Uriarte ... y otros muchos”. Y tras la necrológica lista, termina el informante con alivio evidente: “Mariano Nicolás sigue la Teología ... y todos en casa están con salud...”. Y dos años más tarde, el 19-II-1806, don Juan Esteban le escribió a Juan José, que se hallaba en Barcelona, acaso su última misiva: “...He estado algo enfermo de una pierna. Yo estoy quebrantado, y poco ocupo a nadie en comunicaciones, por que está muy variado Buenos Aires de vicios ... Tomás en La Plata, y considero que vendrá este año... no estoy para decirte la corrupción por vicios protegidos en ésta (alude al eterno tema suyo de los contrabandos) y por esto estoy separado y no ocupo a ninguno, por lo que deseo vengas en mi vida, para cuidar los intereses...”. Estas cartas íntimas de don Juan Esteban, escritas casi todas mes a mes durante un lapso de ocho años, en las cuales 58

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el remitente habla a “calzón quitado” con su hijo sobre negocios, y apunta las ocurrencias que en torno suyo se desenvuelven — vinculadas o nó a sus intereses —, mientras, con creciente angustia, opina acerca de los grandes acontecimientos de la historia europea, bajo cuyo acelerado impulso revolucionario íbanse transformando el equilibrio político y la estructura social del mundo; esa documentación confidencial, sincera y espontánea es, por cierto, la que el ideólogo marxista Sebrelli, metido a historiador, presume como necesariamente siniestra, “que permanece oculta en archivos secretos, en gavetas familiares, en viejos arcones,” y — concluye tajante el fantasioso caradura —, “la mayor parte ha sido destruída”. A través de las puntuales informaciones y comentarios de mi antepasado, uno descubre a Buenos Aires y Montevideo desveladas de la “siesta colonial”; sometidas a pertinaz bloqueo por las naves guerreras de Britania, que daban unicamente franquía a barcos titulados neutrales, introductores de contrabandos; visitadas por embarcaciones corsarias de Francia que traían a vender las presas cobradas en alta mar; sobresaltadas con las noticias de la metrópoli, de Europa y del universo entero, que en gacetas, correspondencias y pliegos oficiales, llegaban en fragatas españolas de combate; mientras las dos orillas rioplatenses, se planteaba la urgencia de fortificar los sitios estratégicos costeros y poner en aprestos sus milicias, a la espera de un probable desembarco enemigo. Coincidentemente en esas cartas, el viejo Anchorena — sin proponérselo — se autorretrata de cuerpo entero. Hombre de orden, de rígidos principios, honesto, discreto, previsor, metódico, lleno de buen sentido dentro de su lógica prosaica. Respetuoso de la tradición y de las leyes, abomina del contrabando y de los procederes ilícitos; del propio modo que se opone, con iracundia rigorista, a toda alteración en las costumbres, y se horroriza ante los trastornos político — sociales de su época. Es católico a macha martillo, ciertamente, aunque como buen mercader podríasele aplicar este aforismo: “a Dios rogando y las talegas llenando”. No era, sin embargo, Anchorena

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un vulgar registrero de toma y daca, pero sí traficante empresario de tomo y lomo: vale decir de mucho peso — y muchísimos pesos — que gozaba de gran predicamento y consideración en el ambiente porteño. Años finales y respectivas muertes de los esposos Anchorena El 7-X-1803, don Juan Esteban ingresó como “hermano” en la cofradía de Nuestra Señora de la Merced. Después con el correr inexorable del tiempo llegaron los achaques y se agudizó su mala salud. Entonces, la dirección de los negocios pasaría poco a poco a manos de sus hijos; y el viejo pater familias resignóse a vivir los últimos años recluído en su morada, frente al templo mercedario, confiado en la protección del Cielo — tanto más cuando, alrededor suyo, el absolutismo monárquico venerado por él, y al amparo de cuyas instituciones pudo atesorar su fortuna, empezaba a venirse abajo. (Acá, en Buenos Aires, los ingleses atacaron en dos oportunidades y fueron rechazados a sangre y fuego, y una asamblea vecinal destituyó revolucionariamente al Virrey Sobremonte, colocando a Liniers en su lugar. Allá, en la metrópoli, un motín populachero en Aranjuez, daba al traste con Carlos IV para instalar en el trono a su hijo Fernando; mientras Napoleón, amenazante, desparramaba sus tropas a lo largo de España). “En pleno siglo XIX y en plena ciudad plebeya, Juan Esteban Anchorena era un altivo caballero español del siglo XVI, preocupado por los preceptos de la religión y por la honorablidad de su hogar”. Valga este párrafo de Sebrelli, incompatible con la idiosincracia de un advenedizo pulpero venido a más, según lo presentó el mismo Sebrelli a nuestro personaje en la primeras páginas de su malévolo “Apogeo y ocaso de los Anchorena”. Cierto documento del Archivo General de la Nación nos entera que el 6-IV-1807, al declinar la tarde, nuestro patriarca regresaba a su casa luego de orar “la Salve a Nuestra Señora de la Merced”. En eso, fingiéndose portador de una 60

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esquela, alguien, vestido de militar, fué recibido por don Juan Esteban, y al comprobar el sujeto que el dueño de casa se hallaba sólo, lo amenazó con un cuchillo; mientras irrumpían otros seis cómplices del asaltante que, precipitadamente, se robaron varias piezas de plata. En verdad, no era vana la obsesión permanente del personaje por los ladrones de cualquier calibre... El 29-II-1808, al borde ya de la tumba, el viejo Anchorena otorgó sus disposiciones de última voluntad ante el Escribano Mariano García Echaburu; cuyo texto resultaba similar a aquella “Instrucción Testamentaria” que él dejara escrita en 1793 para después de su muerte. Y el 8 de marzo siguiente cumplidos los 74 años, le llegó el término fatal. En cuanto a Doña Romana López Anaya, ella sobrevivió casi tres lustros a su marido. Producida en 1810 la Revolución de Mayo, la Gazeta de Buenos Ayres registra que; “La Señora viuda de Anchorena e hijos han oblado 400 fuertes para la defensa y conservación de estos dominios de su legítimo soberano el Sr. Don Fernando VII”. Y el 8-IV-1815, ante el Escribano García Echaburu, otorgó doña Romana su testamento. Dispuso ahí la enterraran en el Convento de Nuestra Señora de las Mercedes, como tercera que soy de su venerable orden, y amortajada con el Abito de la religión”. Declaró haber sido casada con “don Juan Esteban de Anchorena, difunto”, y que su marido trajo al matrimonio el capital propio declarado por éste en su disposición del 29-II1808, en tanto ella no había aportado dote alguna. Dijo no deber nada a nadie, y que sus bienes eran: “la casa en que vivo, con los cuartos a la calle que le son anexos, muebles y esclavos y alhajas”, así como “otra casita y sitio inmediato al Retiro”. Finalmente dejó nombrados Albaceas,sucesivamente a sus hijos Juan José, Tomás Manuel y Mariano Nicolás, únicos y universales herederos suyos. La existencia de la testadora, sin embargo, prolongaríase hasta Octubre de 1822. Un año antes de su muerte había quedado paralítica. Su hijo mayor Juan José le escribió el 9VIII-1821, al hermano Tomás Manuel que estaba en Montevideo: “Madre dice que cuando te vengas mandará hacer el Anchorena

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carrito. Ella goza de una alegría admirable, pero para subirla a la cama se necesitan dos: a la Iglesia se la lleva en silla; el invierno lo pasa en su aposento y muchos días en cama. Me dejan una bela cuando se está acabando!, y me dicen cuidado, no la apague! No tengo yo mal entripado!” Por fin el 30-X-1822, dieron sus deudos sepultura al cadáver de la señora en la Iglesia de la Merced, conforme a su expresa voluntad. El libro Parroquial de defunciones consigna que la extinta era de “74 años”, aunque, en rigor, fueron 68 los vividos por ella. El 30-X-1826, el Albacea Juan José Cristóbal de Anchorena realizó el inventario de los bienes de la finada; los cuales, en resumen, resultaban los siguientes: La casa frente al convento de La Merced, con su moblaje y demás accesorios domésticos, un par de esclavos negros de ambos sexos; una chacra en “la Punta de los Olivos, de 400 varas de frente y 6.000 de fondo, con sus respectivos edificios; un montón de cuentas a cobrar, y dinero efectivo en plata y oro.Todo ese haber se valuó en 92.267 pesos de la moneda de entonces. Juan Esteban de Anchorena, en su matrimonio con Romana Josefa López Anaya hubo nueve hijos, como él lo declaró en su testamento. De ese conjunto he individualizado a ocho: 1) Juan Fernando Cristóbal, nac. el 3-V-1776, y baut. de 11 días. Falleció antes de 1778. 2) María Manuela, baut. el 8-VI-1778. Falleció niña. 3) Juan José Cristóbal — mi tatarabuelo —, que sigue en VI. 4) Martín, baut. el 27-II-1781. Murió infante. 5) Gregorio Cristóbal, baut. el 25-V-1782. Falleció párvulo. 6) Tomás Manuel, que seguirá en VIa. 7) Mariano Nicolás, que sigue después en VIb. 8) Pedro Antonio Esteban, baut.el 20-XI-1788 de un día. Muerto en tierna edad. VI — JUAN JOSE CRISTOBAL DE ANCHORENA Y LOPEZ ANAYA surgió a la vida el 2662

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VI-1780, en la casa paterna que sabemos, situada frente a la Iglesia de La Merced. Cuatro días más tarde, recibió las aguas bautismales apadrinado por el tío político Cristóbal de Aguirre (debido a lo cual llevó su tercer nombre) y por su abuela materna Juana Josefa Ruiz y Gamiz. (Archivo parroquial de La Merced, libro de Bautismos nº 16). Corridos un par de lustros, el niño — como la mayoría de los niños del vecindario principal — terminó sus estudios elementales en la Escuela pública, para iniciar luego los secundarios en el Colegio de San Carlos; donde el año 1792 cursó Gramática hasta 1794; Filosofía durante los años 1795, 96 y 97; y Teología en 1798. Según certificado de la Secretaría de los Reales Estudios de Buenos Aires, el Joven Juan José aprobó Lógica el 7-XII-1795; el segundo bachillerato de Filosofía el 6-XII-1796, y un último examen de esta materia el 7-XII1797. En tales pruebas anuales examinaron al muchacho los doctores — todos sacerdotes — Carlos José Montero, Matías Camacho, Melchor Fernández y Diego Estanislao Zavaleta. Como se dijo anteriormente, en 1798 el padre envió a Juan José al Alto Perú, a fin de que atendiera allá los negocios comerciales de su casa, tomando contacto directo con los representantes y clientes de la firma familiar, para lo cual el mozo estableció su centro de operaciones en la villa de Potosí. La nutrida. periódica e inédita correspondencia del viejo Anchorena con su hijo distante, ha sido extractada más atrás en el presente trabajo, pero las cartas que el hijo envió a su progenitor desde las provincias arribeñas a partir de 1798 hasta 1802, año en que aquel regresó a Buenos Aires, no se encuentran entre los papeles que conservamos sus descendientes Ibarguren. Casi todo ese epistolario trataba de asuntos mercantiles, y mi padre lo donó, con otros testimonios equivalentes, al Archivo General de la Nación. Alguna carta de aquellas, sin embargo, quedó entre los documentos de nuestro repositorio particular: como ésta, de fecha 26-XI1801, en la que Juan José da cuenta a “Mi muy estimado Padre”, de la muerte de uno de sus corresponsales, Juan Vicente Zavala, “que nos hace bastante falta para el cuidado de Anchorena

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la casa, pues por su avanzada edad no salía de ella jamás; murió cuando menos lo creía, amaneciendo duro como un pedernal...” Después, el jóven Anchorena pasa a referirse a la situación económica de Manuel Salvador Fernández, mercader de Salta; “Fernández esta fundidísimo — advierte en cuatro líneas —, y tiene una mujer que es capaz de gastar en un año todo el oro que hasta ahora se ha sacado del Tipuano (aurífero rio del Alto Perú). Este hombre no tiene ni quien le asegure ni quien le haga favor, y todo es pobreza” (6). Viaje a España Al cabo de un año de haber llegado Juan José Cristóbal de las provincias del norte a Buenos Aires, emprendió viaje a España para ampliar los negocios de su casa, ajustar cuentas y cobranzas, cerrar contratos con acreditadas firmas comerciales metropolitanas, y establecer nuevos agentes quienes, allá, debían comprar mercaderías destinadas a revenderse en estas regiones ultramarinas del centro y el sur, y, a su vez, recibir y colocar ventajosamente los productos americanos en la madre patria. Así, pués, mi tatarabuelo Anchorena partió a mediados de octubre de 1803 de la rada bonaerense en una balandra que lo transportó a la vecina orilla, arribando a Montevideo el 21 de aquel mes, para embarcarse el 7 de noviembre en la fragata “Espik” — a cargo del maestre Miguel Pascual —, cuya nave desplegó velas tres días más tarde, y después de surcar los procelosos dominios de Neptuno, fondeó en

6 Manuel Salvador Fernández, nativo de “los Reynos de España”, era hijo de Marcos Fernández y de Catalina Casso, y habíase radicado en Salta, donde fué rico comerciante, Alcalde de 1º y 2º voto. Allí contrajo nupcias con la salteña Cecilia Cuello Fernández Argañaraz, sobrina carnal de mi 4ª abuela paterna, Luisa Fernández Argañaraz de Ibarguren. Tuvo don Manuel Salvador muchos negocios con los Anchorena. Andando el tiempo perdió su fortuna y quedó deudor moroso de estos por más de 3.000 pesos incobrables. (En el apellido Fernández Cabezas me refiero a esa deuda con algún detalle). 64

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Cádiz el 15-II-1804. El derrotero, desde Buenos Aires, había durado más de 110 días. Juan José pisó tierra gaditana el 17 de febrero “a las cinco de la tarde” (según las puntuales manecillas de su “relox Eardley Norton de London”, consultado a cada momento); descargó el equipaje a la mañana siguiente “a las diez”; y a las oraciones del mismo día fué a alojarse en casa de Antonio Arribillaga, representante y socio de su padre, donde estuvo viviendo hasta el tres de marzo, fecha en que salió a rodar para Madrid en calesa, “a las ocho de la mañana”. En tal itinerario por polvorientos caminos, el joven indiano hizo escalas para almorzar, comer o dormir, en estas villas y localidades que él apuntó en su libreta viajera: Puerto de Santa María, Jerez de la Frontera, Cuervo, Utrera, Alcalá de Guadaira, Carmona, La Luisiana, Ecija, La Carlota, Córdoba, El Carpio, Aldea del Río, Andujar, Bailén, La Carolina; y atravesada la Sierra Morena descansó en la venta de Cárdenas, para proseguir a Santa Cruz, Valdepeñas, Manzanares, Villalta, Madrilejos, Tembleque, Ocaña, Aranjuez, Valdemoro y hacer su entrada en la Real Villa del Oso y el Madroño el 19 de marzo — tras 16 jornadas de intenso traqueteo — alojándose en una fonda llamada “La Fontana de Oro”, en la “Plazuela de Santo Domingo”. Estuvo el recién venido un par de meses en la “alegre y confiada “ capital del Reino. Ahí — sus cartas lo dicen — no dejó de asistir reloj en mano, “a la comedia”, como también “a los toros” y “a la casa de las fieras”. El 18 de junio, “a las cinco de la mañana”, mi tatarabuelo partió hacia Valencia, a donde llegó el 24, “a las seis de la tarde”, hospedándose en casa de Mariano Espinosa, uno de los factores comerciales de su padre. El 12 de octubre en horas matinales, Anchorena abandonó Valencia rumbo a Barcelona, en la doble compañía de “don Pedro Sierra y de Bosch”. (Francisco Bosch Alvareda, hermano de Gerardo, quien era marido en Buenos Aires de Juana Josefa Aguirre López Anaya, prima hermana de nuestro viajero). A la Ciudad Condal arribó el 17 de octubre “a las cinco de la tarde”, e hizo alto en una posada de nombre — como la madrileña — “ La Fontana de Oro”, en la calle Anchorena

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“de los Escudilleros” (Escudellers). En ese albergue permaneció desde su llegada hasta el 4-I-1805, en que, “a las ocho de la mañana” se transladó a la calle “Del Perrito”, hasta el día 24, en que mudose “a lo de Camiot”; hostal ubicado en la esquina “a la calle de la Trinidad”. Y en Barcelona, el escrupuloso muchacho se abocó a la tarea de regentear los lucrativos intereses paternos, cuya actividad fué interrumpida por la invasión de los franceses, en febrero de 1806. Todo lo cual surge de sus cartas y prolijísimos apuntes. Repercusión en Europa de los triunfos de Buenos Aires sobre los ingleses. Juan José se militariza en Cataluña “Mi muy estimado Padre” (escribía desde Barcelona, el 21-II-1807, mi tatarabuelo, con referencia a la primera invasión de Beresford y Popham a Buenos Aires”: “No puedo significar a Vmd. cuanta ha sido mi aflicción de espíritu que he tenido desde el 2 de Octubre, al saber la toma de esa plaza por los ingleses: la capitulación; los refuerzos que se mandaron; el plan de combate que se arregló, y, después, la reconquista, siendo la acción general en esa calle de La Merced. En toda hora estaba mi imaginación ocupada en considerar a Vmds. en el estado de mayor aflicción, con el sentimiento de no poderlos acompañar, ni aliviar en tantos trabajos como han padecido. La imposibilidad de tener noticias algunas por haberse perdido toda la correspondencia, a pesar de inquirirlas por todos medios, me ha sido una grandísima pena hasta ayer, que recibí, en contestación, una de don Manuel Ruiz de Gaona (7) en que me expresa que ni Vmd. ni su familia, como ni tampoco Aguirre, Elorriaga (8) y Pombo, habían tenido 7 A este Manuel lo presumo hermano de Pablo Ruiz de Gaona de Larrea, oriundo de Alava, marido de la porteña María Elena de Lezica y Alquiza, y suegro de José Santos Inchaurregui, viudo de primeras nupcias de María Josefa Ruiz de Gaona y Lezica. 8 Juan Bautista Elorriaga nació en Abadiano, Vizcaya, hijo de José de Elorriaga y de Josefa de Urizar. Era fuerte comerciante en Buenos Aires, y estaba casado con Leocadia de Segurola y Lezica, en la cual dejó descen66

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novedad mayor en la salud; y sigue que le consta ningún menoscabo han experimentado en sus interese y reputación, antes sí grande honor por estas noticias, que me han sido de extraordinaria complacencia. Considero la falta que les habrá hecho Tomás, y creo lo tengan ya a su lado, al mismo tiempo que habrán pensado en poner sus personas en el sitio más libre de todo insulto. Espero con mucha ansia la hora en que reciba carta de Vmd. para saber el estado de su salud, y si les falta alguna cosa para disponer el remedio”. Después de hablar de libranzas, recibos y negocios, añade, incorregible, el mercader: “en caso de sacar intereses de Buenos Aires, que sea a la Plata o Tucumán, por que los parajes inmediatos a la mar, como Chile, Lima, etc., corren mucho riesgo, por que los Ingleses tienen ahora ociosos sus navíos y sus soldados, y todo lo emplean en expediciones de 4 a 6 mil hombres”. En otra carta barcelonesa del mes de marzo de ese año, dirigida a su hermano Tomás Manuel, mi tatarabuelo relata que ha sido movilizado para la guerra, y en los comentarios acerca de su improvisada iniciación marcial, mezcla, alegremente — pañero experto como era —, los casimires de los uniformes con los quehaceres y disciplinas del recluta. “Se acercó la tormenta — dice — y mucho ha habido que sufrir. Por lo que a mí toca, me han obsequiado con un fusil que tengo que limpiar una o dos veces al día, por que, sobre ser el aire salaroso, se les ha antojado que se le quite el empavonado. Hasta ahora todo eran comodidades, pero llega el momento en que llueve y es preciso hacer las horas de centinela; es preciso presentarse a las horas que ordenan; es preciso presentar ejercicios y evoluciones, aunque se quejen los pies, los huesos, las manos; aunque la ropa se seque en el cuerpo, etc. etc.. En cuarteles y cuerpos de guardia, al instante debe uno estar más limpio que tienda de buen mercader; pero a todo se hace uno. Yo creía que jamás saldría de la levita azul, y ahora me hallo con una casaca de cien colores en que hay paño a dos costados, casimir idem, troplo, sarga de seda, chamelón, dencia. (Ver su biografía, confeccionada por mí, en Hombres de Mayo, revista Genealogía, del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, Bs. As. 1961). Anchorena

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etc., con visos y forros. La espada que me parecía enemiga de toda filosofía, ahora me exige algunos ratos para que la limpie y la haga aparecer bien. Correajes relumbrantes, negros y que no manchen la casimira blanca, la color de ante, el troplo verde, el color grana y el café. El pantalón de casimira blanca un día, otro de percala, otro de mahón y otro de paño café; valiéndose solamente en el invierno de cotín negro bajo, y alto en los días de gala, y poncho de paño café con cuello color de ante, cuando llueve, demuestran que ya muchas gaditanas se quejan del trabajo que les dan los vestidos de sus maridos. todos huyen de España y nos quedamos solos unos pocos, para que el malhumor nos acabe y consuma. La fortuna es que a pesar que los solteros tienen que ser soldados, muy raro es se arrepientan de serlo, por que en estas ocurrencias se ha conocido cuanto vale la libertad de un soltero...”. A su madre Juan José le pone el 8 de agosto al enterarse de la expedición de Whitelocke al Rio de la Plata: “Señora ... Duró poco el contento de la Reconquista, y a los dos días se supo de los que habían ido a Maldonado, y, sucesivamente, la desgracia de Montevideo. Dios nos quiere purificar en esta vida por los trabajos y desgracias; espero nos asista por la resignación...”. Cinco meses después (9 de enero) el primogénito se dirige alborozado a su padre con estas noticias: “... En grande sentimiento consideraba la fatalidad que causaría en esa un ejército tan numeroso como el que reunían los ingleses para el ataque, cuyo resultado supe en 30 de Setiembre había sido tan favorable a todo español y de tanta gloria a los habitantes de esa capital. La Gaceta extraordinaria de Madrid de dicho día, copió el oficio del general Witelok a su gobierno, el que por su mejor estilo refiere del modo brillante la defensa de esa capital, acción que ha sido la admiración de toda Europa, y que ha merecido que el hermano de la Emperatriz de Francia (el Marqués Francisco de Beauharnais, cuñado de Josefina y embajador de Madrid), el 14 de Octubre en El Escorial, participáse a S.M. lo mucho que ha celebrado su Soberano (Napoleón) los buenos sucesos de Buenos Aires y la gloria que han adquirido los españoles en América. El 17 de No68

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viembre llegó a Cádiz en el bergantín portugués “La Felicidad”, procedente en 10 dias de la Madera, don León Altolaguirre, en compañía de un hijo de Sarratea (9) y otro de Perichón (10), los que conducían pliegos y oficios de ese general Liniers, cuya copia publicó la Gaceta extraordinaria de Madrid del 26 del mismo mes...”. Napoleón invade España Hay en nuestro archivo familiar, entre los papeles de Anchorena, una carta muy informativa, de tono diría casi periodístico, enviada desde Barcelona por un señor “Joseph de Anaya”, “afectísimo hermano” — según él expresa — de “Josefa de Anaya” vecina de Buenos Aires, a quien va dirigida tal misiva. Esta señora, indudablemente, no puede ser sino Romana Josefa López Anaya de Anchorena, aunque en ninguna forma haya podido yo ubicar al susodicho “hermano” Joseph, que vivía en España. En el testamento de Juana Josefa Ruiz y Gamiz — madre de Romana —, otorgado el 29VI-1782, ante el escribano porteño Pedro Núñez, la causante sólo declaró por sus hijos a estos tres: Lucas Francisco Javier López Anaya y Ruiz, fraile mercedario; María Manuela López Anaya y Ruiz, desposada con Cristóbal de Aguirre y Hordeñana; y Romana Josefa, mujer de Juan Esteban de Anchorena. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que nuestro desconocido “Joseph de Anaya” proporcionó entonces a su parienta americana, una vívida crónica de la ocupación barcelonesa por las tropas napoleónicas. Hela aquí en su parte sustancial: “Sra. doña Josefa de Anaya”, Barcelona 5-III-1808. “Mui señora Mía: En enero escribí dos y en febrero otras dos, 9 Manuel de Sarratea y Altolaguirre, cuñado de Liniers, futuro triunviro, Gobernador e inquieto diplomático porteño. 10 Juan Bautista Perichón de Vandeuil, yerno de Liniers, el cual con su mujer Carmen de Liniers y Sarratea resultan 6os abuelos de mis nietos los Ibarguren-Estrada. Anchorena

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y esta (última) misiva decía que el 13 de febrero entraron en ésta tropas de la Francia, las más de napolitanos, italianos y suizos; y en 10 mil hombres sólo 500 franceses. Dificultades al entrar, por que no había orden para recibirlos, pero la prudencia de Espeleta (José de Ezpeleta y Veire de Galdeano, Capitán General de Cataluña, a la sazón) lo venció todo: entraron, se alojaron y todo aprobó la Corte. Entretanto algunas puñaladas, y el Domingo 21 hasta pistolas. Por fin volvió la tranquilidad. El lunes de carnaval, 22 de febrero a la 1 1/4 del día, a tiempo que iban a hacer la revista, se entraron en la ciudadela e intiman que toman posesión en nombre de S.M.I. y R. Al mismo tiempo marchaban muchos y (traspasaban) las murallas; otros entraban por la puerta del mar; otros por la puerta nueva; otros corrían por los paseos en patrullas y piquetes. Los guardias dobles, que ellos tenían, no permitían salir a nadie. Todo era tambor y clarín. Momento terrible. Al mismo tiempo después de tomada dicha ciudadela, mandaron tropas al Castillo de Montjuit; su Gobernador no quiso entregarlo. En estas 10 horas el pueblo estaba en conmoción, pero todo era susto. Conociendo la prudencia de nuestros jefes, en ese instante fijaron edictos para la tranquilidad. Patrulla por todos puntos la caballería francesa. En un día quedaron dueños de todas las baterías y fortalezas... En Pamplona entraron el 9 de febrero... El 26 ha llegado a Bayona el duque de Berg (Murat) ... Estamos en la mayor aflicción de aflicciones, sin saber qué sera de nosotros ... Portugal en todo a disposición de Francia ... En Castilla hay 9 mil hombres franceses repartidos entre Logroño, Valladolid, Burgos, etc.; y con arrimos de Madrid a 3 y 6 leguas. Pienso hacer que mi hijo mayor, que nació el 26 de junio de 1780, esté listo para marchar de ésta para otro punto, por que los franceses, en donde entran, levantan tropas para retirar aquellas fuerzas, y con ellas hacer nuevas conquistas... Procuren conservarse Vmd. buena y rogar a Dios me asista con su misericordia en tantas congojas que se padecen, y mande Vmd. a su afectísimo hermano: Joseph de Anaya”.

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Tribulaciones de Juan José Por su parte Juan José Cristóbal de Anchorena, en su correspondencia, relata a sus padres cómo fué ocupada Barcelona por las fuerzas de Napoleón, entre ellas un contingente napolitano, “que es la peor canalla”, sin que se pudiera impedir el que “saqueen, maten, deshonren, desfloren, asesinen y roben sin excepción los vasos sagrados, quemen templos y casas, pisen formas consagradas, rompan y destruyan imágenes”. “No era prudente permanecer más tiempo en Barcelona con tanto riesgo de mi vida, expuesta a cada instante en las calles, expuesta a una falsa delación de los espías, y no pudiendo sufrir por más tiempo la opresión con que aflijen aquella ciudad, no permitiendo con un calor de 25 y 26 grados se abran los balcones y ventanas; registrando conventos y parroquias y casa particulares y cobrando contribuciones”. Por eso Juan José huyó el 24 de julio a Sitges, en un bote, pués era imposible viajar por tierra, ya que “los paisanos armados mataban y asaltaban a los que presumían no ser de los suyos”. Además era riesgoso “el tener que estar a 8 leguas de Barcelona, errante, sin determinarme a pasar a adelante, por que cada provincia y cada partido tiene su Junta Suprema, que dicta disposiciones como le agrada, por lo que es absolutamente imposible viajar por tierra”. En trance tal, el fugitivo encontró en Sitges un barco de pescadores, “en el que me embarqué para Cádiz, después de tener que pasar el día y la noche sobre cubierta, mal sentado, mojado de los golpes de mar y remojado de tres días de lluvia, siendo ésta menos incómoda, a pesar de falta de ropa aparente,que la fortaleza del sol que me ha hecho mudar de pieles causando bastante ardentía e incomodidad”. Así, la lancha pesquera arribó a cierta ensenada donde a punto estuvo de caer cautiva de una escuadrilla de veleros moros, que apresaban las embarcaciones españolas carentes de “contraseña” para navegar. Seguidamente, a duras penas, el forzado argonauta alcanzó los puertos de Motril y Málaga. Aquí, después de esperar cinco días “por tiempos contrarios, me embarqué con otro pescador que tenía contraseña y venía cargaAnchorena

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do de almejas”; pero el día 16 de agosto a las tres de la mañana, el barquito varó hasta las cinco, y “haciendo esfuerzos tres hombres y un muchacho safamos de un banco a que la obscuridad nos había conducido”. “Esto escribo a Vmd. — decíale Juan José a su madre en carta del 26-IX-1808, fechada en Cádiz — “por que no diga que no le escribo ocurrencia alguna. De lo que he visto y sucedido en la Cataluña, conviene que no tenga Vmd. noticia, pués algunos sucesos que medio he referido a hombres que tienen motivo para ser algo insensibles, les han hecho saltar las lagrimas, por que las historias de los Moros no cuentan cosa igual... Si Bosch (Gerardo) no tuviera noticias de su hermano — seguía Juan José — , puede Vmd. decirle que por un sujeto que le conoce he sabido existía hasta el 20 de Agosto; que cuando la tragedia de Mataró huyó a la montaña en compañía de don José Vilardebó (éste nativo de Montevideo). (A Mataró llegaron los invasores y, ante la resistencia de los mataroneses, saquearon la villa, degollando a muchos vecinos y violando a sus mujeres). En medio de tantos horrores — continúa el relato de mi antepasado — “hasta el presente no tengo nada perdido, aunque casi todo sin poder hacer uso, que pocos contaron igual suerte. Pero anoche me ha quitado el sueño la precisión en que me hallo de ser soldado, por ser soltero y no poder salir de España. Ningún Rey ha tenido soldados más ricos, pues los hay de más de 300 y 400 mil pesos: don Francisco Lisaur, es soldado; Ugarte id.; Genesy id.; los hijos de Veramurguía id.; el de Arribillaga id.. Los casados sin hijos y todo soltero deben marchar, sin que haiga remedio, para lo que tocare, y ¡cuidado el Médico que se descuide con certificaciones!”. Aconseja luego el corresponsal a sus hermanos “que no piensen salir de América; que se acuerden de mis cálculos y proyectos antiguos, aunque parecían rancios y melancólicos; y por fin escarmienten en cabeza ajena; que a los de Buenos Aires que no han muerto de peste o hipocondría, después de cuatro años de días negros, unos por falta de dinero y otros por demasiado, después de haber sufrido mil iniquidades, majaderías y hablillas, ahora les coronará la fiesta 72

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un fusil, una fatiga diaria y tener que gastar lo que no se gana. No puedo escribir más porque en todo tiempo hay que callar ... Desde Mayo en que se interceptó la correspondencia con Navarra, no tengo noticia alguna de los parientes, lo que me es bastante terrible, porque si no han padecido lo que en Cataluña, sé lo malo que son los huéspedes...”. El 26 de setiembre Juan José, sin saber que su padre había muerto el 5 de marzo anterior en Buenos Aires, le comenta como salió de Barcelona para Sitges, y, de allí, embarcado para Cádiz; y cómo a pesar del caos y de tantos trastornos “tengo como especial favor de Dios no haber sufrido hasta ahora pérdida en los intereses, aunque mi salud ha decaído”. Y refiere en la forma que resguardó dichos intereses: Partidas de “gros de seda” y “tercios de medias y gorros de algodón”, depositados, indistintamente, en las casas de Arribillaga e Hijo y de la viuda de Mariano Granja, en Cádiz; como en Valencia en lo de Mariano Espinosa e Hijos. En Barcelona, nuestro mozo, dejó en poder de Bruno Llobet, “un cofre de suela negro con secreto”, que “contiene unas docenas de medias de algodón, ropa de mi uso, y todos los papeles y cartas de correspondencia interesante: libros de caja, copiador de carta, etc., con más una carta reservada para el Padre Baltasar, del Oratorio de San Felipe Neri”; que Llobet debía entregar al religioso “en caso de mi fallecimiento, para que dicho Padre dirija copias de su contenido”. También le dejó a Llobet “800 pesos fuertes en confianza, que quedaron sepultados con intervención de su socio y apoderado Sebastián Mareca”. Enumera luego Anchorena unos documentos y efectos que dejó en manos de Juan de Alsina y Ambroa, y otros que custodiaban Olivero y Mantells. Y finalmente agrega el hijo errante, que al llegar a Cádiz, “me he alojado en una posada a pesar de las instancias de don Antonio Arribillaga, que se haya impedido de aire perlático, quien se empeñó fuera a vivir a su casa”. El 19 de octubre, desde Cádiz, se lamenta Juan José con su madre del fallecimiento de su padre, y dice que por no abandonar “los intereses” quedó en España y se hizo soldado, revistando en la 4ª compañía del 1º batallón del Regimiento Anchorena

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de Voluntarios Distinguidos, donde se alistaron también Juan Alsina y Ambroa y, después, “el hijo de Alzaga” (11). Dicho regimiento no salía de la ciudad y estaba formado por comerciantes solteros y casados. Su Coronel era el Gobernador de Cádiz, “y mi Capitán el Conde de Rio Molinos, el hombre más amable de todos”. La unidad se componía de 2.000 milicianos que guarnecían la plaza, y , salvo los días de guardia, pernoctaban en sus domicilios, conservando sus armas y el equipo, que “es fino y a costa propia”. Un brulote patriótico contra Murat; y siguen las cartas de Juan José Junto con sus noticias personales y minuciosas apuntaciones sobre los negocios de la común empresa mercantil, mi tatarabuelo Anchorena solía remitir de España a su familia, papeles sueltos y documentos copiados de su propia mano, como el siguiente histórico y pintoresco desafío titulado Carta escrita por los Murcianos a Murat, que dice así: “Murat: La leal y valerosa nación española armada en masa, no tumultuariamente y si bien organizada, que tiene prontos 300.000 hombres combatientes listos y preparados a cebarse en tí y en tus ejércitos, te intima respetes las vidas de sus conciudadanos, así en la corte como en los demás puestos que con alevosía ocupas. Esta moderación es la que puede salvarte. Como leones defenderemos nuestro Soberano y hogares. Te has engañado en creernos bárbaros, sólo lo seremos en la venganza que pensamos tomar de tí, si cometes la alevosía de derramar sangre de los que sin causa se han dejado desarmar. Nuestras victorias de San Quintín y Pavia tenlas presentes: los mismos somos que eramos entonces; la posteridad hará honrosa conmemoración de nuestros esfuerzos. 11 Cecilio — hijo del Alcalde Don Martín, que se hallaba a la sazón en la península. Durante toda su inquieta existencia fué leal súbdito del Rey de España. Conspiró posteriormente contra la revolución emancipadora americana, tanto en Buenos Aires como en Montevideo. Falleció en Cádiz, después de 1836. Estuvo casado con la santafesina Francisca Antonia Martínez. 74

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Recuperaremos nuestro antiguo esplendor. La nación española romperá las indignas cadenas que le tienes preparadas. Diez y seis millones de almas no se conquistan con proclamas: a la victoria corremos. Hespaña llá está libre” (12) Siempre desde Cádiz (23-I-1809) Juan José le expone a su madre que la casa y los negocios de la familia deben continuar a pesar de la muerte del padre y bajo el rubro de “Sra. Viuda de Anchorena e Hijos”. Y cinco días más tarde, toma de nuevo la pluma para contarle a doña Romana que “el 25 hemos estado de formación por las exequias al Presidente de la Junta Central, Florida Blanca, que murió el mes pasado en Sevilla. Hoy voy de guardia al Castillo de Santa Catalina — agrega -, en donde están (prisioneros) los comandantes franceses y genoveses”. Al mes siguiente (12 de febrero) insiste el mayor de los Anchorena con su madre sobre un tema que le preocupa: “por mis anteriores habrá Vmd. conocido mi modo de pensar ... Mi opinión es que siga la casa unida y que los bienes se mantengan indivisos; me parece que a todos nos conviene, por que a la separación de bienes suele generalmente seguirse el que uno u otro de los hijos, ya por falta de inteligencia, ya por otros acasos, se arruina”. Y a un pedido que le hiciera anteriormente misia Romana, contesta; “Ahora no se puede comprar ni el brocato, ni el galón, por que no lo hay a ningún precio, ni de donde venga, pero cuente Vmd. que, como Juan José viva, N.S. de Mercedes no se quedará sin el vestido”. (El culto y devoción a la Virgen de la Merced — cual lo ten12 El horrendo lapsus calami de la última frase manuscrita por Juan José haría, sin duda, perder la calma al cura gallego Pedro Fernández, su viejo profesor de Gramática en el Colegio bonaerense de San Carlos. No desdeñaba el alumno, por cierto, el arte de manejar la pluma ni las bellas letras, aunque su especialidad fincara en las letras de cambio, y en los números, sobre todo! En cuanto a Murcia, podría añadir que allí entraron los franceses en 1810 a órdenes del General Sebastiani, y tras un saqueo y robo de todo el dinero de los establecimientos públicos, y de la plata, oro y alhajas de las Iglesias y Conventos, dicho Jefe impuso a los vecinos fuertes contribuciones por que la ciudad no lo recibiera con repiques de campana y salvas de artillería. Anchorena

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go dicho en el capítulo que dedico a los López Anaya — era tradicional y se mantenía y prolongaba, a través de las generaciones, en las familias de Gamiz, Ruiz, López Anaya, Anchorena y demás linajes entroncados con ellos). Leamos esta otra carta gaditana (20 de abril) de Juan José a “Mis hermanos Tomás y Nicolás”: “Aquí — les dice — nos ha resultado la conveniencia de aumentarse la fatiga y guardar el Parque de Artillería ... se nos ha dado a Fernando 7º por Coronel (honorífico), fuero militar castrense y unos galones por distintivo, a lo que hay alguna oposición por nuestra parte, por oponerse al sistema fundacional del cuerpo y a la libertad, que es preciso defender, de no considerar a los jefes sino cuando se está de servicio ... Las noticias venidas por una fragata mercante inglesa que salió de Montevideo en diciembre, han sido poco satisfactorias, lo que agrava nuestros malos ratos. Os encargo como hermano que os mantengais separados de toda ocurrencia, que no os mezcléis ni de palabra, ni con la firma, en ninguna novedad. Cuando el gobierno legítimo os ocupe, procurad cumplir con vuestro deber, huyendo de hacer papel visible. La experiencia está cada día demostrando lo arriesgado que es un empleo u ocupación visible. Cuidado con dejarse seducir del empleo y de la amistad; mirad que los que os conducen al precipicio son los primeros en abandonaros y publicar vuestra caída. Oir, ver, callar y escusarse en todo, debe ser el sistema. En la fragata ‘Proserpina’ va el Virrey don Baltasar Hidalgo de Cisneros. Es hombre de poco lujo y muy llano. Todos me han dado buenos informes de su proceder, y se espera que él arreglará ese gobierno. Aquí ha pedido a todo el mundo cartas de recomendación para esa, y las lleva a centenares, para toda clase de personas. Yo me he hecho el sordo por que no quiero mezclaros en nada, ni menos en relaciones que no son con comerciantes. Si tubiereis necesidad, o lo juzgais conveniente, podéis apersonaros con él, pretextando mi insinuación”. Cisneros — según Juan José — “es sujeto de buenos sentimientos, y de los que han presenciado que los hombres más grandes son los que tienen mayor necesidad de los más pequeños”. Cádiz — reseña mi antepasado — “se ha vuelto el 76

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refugio de los grandes que han venido huyendo de la quema . En Madrid ocupaban palacios y aquí en un piso se colocan tres, para que conozcan que su cuerpo no es mayor que el de los demás. A mi batallón se han agregado algunos hijos de Marqueses y Condes para aprender lo que es ser soldado y pasar malos ratos. Bonaparte, el facineroso, nos dijo que venía a regenerar la España, y efectivamente por él han conocido muchos lo que ellos eran y la necesidad les obliga a mudar de conducta; otros han conocido la falsedad de los hombres; otros la vanidad de las riquezas; otros la de los empleos. Entretanto, para frustrar los proyectos de los inicuos, a permitido S.M. Divina la guerra de la Austria, con lo que este verano van a morir cuantos se nos han acercado, y me parece que antes de 50 años se ha de ver la Francia desolada”. Reflexiones acerca de esta carta de Juan José Tal carta de mi tatarabuelo no tiene desperdicio y me lleva a exponer algunas reflexiones marginales. Por lo pronto el acento familiar, espontáneo de su correspondencia, descubre a las claras los impulsos íntimos del remitente, y pone de manifiesto — diré así — su genio y figura: firme temperamento conservador, amante de las instituciones sociales permanentes, cimentadas en la religión, la propiedad, el ordenamiento jerárquico y la disciplina. Odiaba y temía, en consecuencia, las revoluciones y trastornos políticos, cuyas malandanzas, en carne propia, estaba padeciendo en la madre patria desde el motín de Aranjuez. El caótico y sangriento espectáculo que ofrecía España, y los riesgos que corrió para salvar su vida, escarmentaron definitivamente a Juan José en punto a turbulencias y luchas civiles, que si derivan en guerras, suelen ocasionar la intervención armada del extranjero. Por tanto, las noticias que trajo a Cádiz aquella fragata inglesa salida de Montevideo, en diciembre de 1808, debieron producirle honda preocupación. En efecto: el Virrey Liniers, por nativo de Francia y haber recibido al Marqués de Sassenay, emisario de Napoleón — no obstante su posterior jura de lealtad a Fernando Anchorena

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VII, ya despojado del cetro — había sido desconocido por Elío, Gobernador de Montevideo, provocando la primera fractura del Virreinato, que se contagiaba del mismo desbarajuste que Anchorena veía con sus propios ojos extenderse en la península. Asimismo el arribo de Goyeneche a Buenos Aires, enviado por la Junta de Sevilla, “a instalar en América — a su decir — juntas de gobierno semejantes a las creadas en la metrópoli”; y por otra parte las intrigas, más o menos secretas, de la Infanta Carlota Joaquina de Borbón — hermana de Fernando VII y consorte del Príncipe regente portugués —, la cual desde Río de Janeiro postulaba su candidatura para coronarse en el Plata como Reina, alegando derechos eventuales al trono español, complicaban sobremanera el panorama. A ese juego tan ambicioso como confuso de Carlota — alentado por el Almirante Sidney Smith y otros agentes de Inglaterra a través de su zaguero Saturnino Rodríguez Peña y de algunos correveidiles de la Princesa — se habían prestado muchas figuras que luego ocuparían el primer plano de la revolución argentina: Belgrano, Castelli, el deán Funes, Saavedra, Passo, Chiclana, Azcuénaga, Vieytes y varios más, a quienes se sumarán después Pueyrredón y Sarratea. Frente a tal conjura “carlotista”, Liniers permanecía vacilante, mientras el Alcalde Alzaga y sus amigos del Cabildo maquinaban un golpe de mano, de total acuerdo con Elío, para derrocar al Virrey francés. Juan José Anchorena, entonces, desorientado en Cádiz por las noticias contradictorias que le llegaban del Río de la Plata, aconsejó a sus hermanos Tomás y Nicolás mantenerse “separados de toda ocurrencia”, no mezclarse “ni de palabra, ni con la firma, en ninguna novedad”. “Cuando el gobierno legítimo os ocupe — agregaba — procurad cumplir con vuestro deber, huyendo de hacer papel visible ... Oir, ver, callar y escusarse de todo debe ser el sistema”. En aquellas circunstancias inciertas lo sensato, sin duda, era dar un paso al costado, “desensillar hasta que aclare”: despejado el horizonte llegaría más adelante, para los Anchorena — enemi-

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gos de las reformas violentas, apegados a las leyes destinadas a mantener el orden social — el momento de actuar. Los conceptos de esa carta revelan tino, juicio, cordura — instinto político, diría. De haberlos conocido Sebrelli los hubiera aprovechado para reforzar el argumento capital, que repite como estribillo en su libelo: “A los Anchorena no les interesa la publicidad, no les conviene que se recuerde el origen poco prestigioso de su dinero, y tampoco les interesa que las demás clases los vean como los verdaderos responsables del poder político y social del país. Siempre han ejercido un poder oculto e ilimitado que les permite pasar inadvertidamente ante la opinión pública, quien distraídamente ejerce su crítica en otros poderes o en otros personajes más aparentes y superficiales”. “La necesidad de secreto de sus negocios particulares, llevó a los Anchorena a desinteresarse de los puestos preponderantes ... ellos prefirieron siempre permanecer en las sombras, de una actividad silenciosa y secreta que no dejara huellas”. “La actividad política fué para los Anchorena solo un medio para asegurar sus privilegios económicos”. También Carretero estampó en su publicación: “Los Anchorena fueron comerciantes y financistas, no interesados en la política de manera directa, sino como medio para favorecer el acrecentamiento de su fortuna. No tuvieron política sino economía y la utilizaron para defensa y fomento de sus actividades, pero nunca para provocar actos jurídicos que redundaran en beneficio general”. Cierto que los Anchorena fueron comerciantes y financistas, pero es falsa, temeraria y maligna, la afirmación — hecha sin concretar ni el vestigio de una prueba — que aquellos solo incursionaron en la política para acrecentar su fortuna. Es de igual modo pura mistificación facciosa afirmar que ellos siempre ejercieron “un poder oculto e ilimitado” que les permitió “pasar inadvertidamente ante la opinión pública”, “en las sombras”, “sin ocupar puestos preponderantes”, y que — según conjetura la lógica viperina de Sebrelli — “probablemente quemaron los papeles secretos para no dejar huellas”, de sus negocios, usuras, coimas y chanchullos.

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Muy otra cosa, en verdad, ocurrió con los Anchorena, los cuales nunca pasaron inadvertidos en su tiempo ante la gente, y siempre destacaron su relieve en los cargos que les tocó desempeñar, dando en todo momento la cara para defender — a veces contra predominantes mayorías — sus ideas y convicciones políticas y económicas : en el Consulado y en el Cabildo, en el Congreso de Tucumán, en la Junta de Observación, en la Legislatura y en el Ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores durante la administración de Rosas. Y si Tomás y Nicolás no aceptaron ser Gobernadores de Buenos Aires en 1832, después de la revuelta que tumbó a Balcarce, fue porque ambos estimaban — con razón — que sólo su primo Juan Manuel era el caudillo capaz de “restaurar las leyes” en circunstancias tan críticas. Opositores de Rivadavia y fundadores del partido federal, los Anchorena sufrieron apresamiento y destierro, precisamente por no haber actuado “en las sombras, en una actividad silenciosa y secreta”. En cuanto a la calumnia verbal — que nadie se atrevió a poner en letras de molde — que los Anchorena adquirieron dolosamente sus estancias al amparo de los gobiernos de Rosas, se destruye con las respectivas escrituras de dominio sobre aquellas grandes fracciones territoriales, cual se consignará más adelante: el campo en la Matanza se compró en 1821; “El Tala” o “Las dos Islas”, en el Tuyú, en 1822; los campos de las lagunas “del Sermón” e “Hinojales”, en Pila, en 1825; en 1826 “La Dulce”, en la banda exterior del Salado, hoy partido de Lobos; “Arroyo Grande” y “Carralauquén” en 1827: como asimismo la estancia santafesina de “San Lorenzo”, en el “Rincón de Gorondona”. Como es sabido, Rosas asumió el Poder, por primera vez, el 8-XII-1829. Con posterioridad en 1837 acogidos los Anchorena a la ley del 10-V1836, mediante la cual la Junta de Representantes autorizó al Gobierno de la Provincia a vender 1.500 leguas cuadradas de las tierras ocupadas por los enfiteutas desde el tiempo de Rivadavia, don Nicolás y los herederos de su finado hermano Juan José, en calidad de tales, adquirieron, al precio de 5.000 pesos la legua 23 1/2 leguas cuadradas, que comprendían los campos “Lafquelufú”, “Lafquenpulquí”, “Espadaña 80

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Grande”, “Espadaña Chica”, “Laguna del Hinojal” y “Toldos Viejos”, todos en Pila. Respecto a la publicidad, que según sus novísimos detractores aterraba a los Anchorena en su carácter de “eminencias grises”, ellos en cierto sentido, fueron populares, ya que nunca los ignoró la opinión pública; y menos sus opositores unitarios, que los zaherían en sus pasquines con chistes y sangrientas caricaturas, y con los motes, que aún se recuerdan, de “Plata Blanca” (a Nicolás), “Macuquino”, “Torquemada” y “Mahmud Foedoris” (a Tomás Manuel). El autor de estas monografías histórico-genealógicas no tiene predilección especial por los hombres de cifras, devotos de Mercurio que, habitualmente, se rascan para adentro. Quien esto escribe admira a los seres que sueñan con ideales desinteresados, y a los que bien despiertos, jugándose la vida o el prestigio emprenden aventuras que culminan, a veces, en hazañas estupendas. Por eso, antes de conocerlos a fondo, no le atraían demasiado sus ascendientes Anchorena, repletos de pesos fuertes. Con alguna suspicacia — a qué negarlo — el autor de este trabajo resolvió cierto día examinar los documentos públicos y la correspondencia particular y mercantil — inédita — de dichos personajes, depositada en un arcón familiar. Confrontó más tarde escrituras en antiguos protocolos, acuerdos capitulares y actas de sesiones legislativas. A la pesca de mayores sugerencias hizo repaso de biografías, releyó el ensayó de Julio Irazusta sobre don Tomás Manuel, y, tras todo eso, se puso a apostillar el descolorido libro de Carretero y la desfachatada alegación marxistoide de Sebrelli. Puestos así en orden los elementos que conforman la presente historia, pudo el autor darse a la tarea de humanizar a los Anchorena, bajándolos del pedestal laudatorio erigido por panegiristas complacientes, y de la picota en que los colocó el odium plebis de dos escribidores resentidos. Y cerrado este largo paréntesis digresivo, corresponde retroceder al año 1809.

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Ultimos meses de Juan José en Europa Desde de su refugio gaditano, el 26 de agosto, mi tatarabuelo Anchorena le escribió a “Mi mui amada Madre”, lo siguiente: “Por la de Tomás he sabido que Vmd. había pasado a San Nicolás a tomar las aguas del Paraná, lo que he celebrado, como el que haga Vmd. algún ejercicio que me parece le convendrá mucho, y sobre todo el cuidarse y algunas veces salir al campo. Sigo practicando diligencias para el recojo de los interese, en lo que se experimentarán algunas demoras, por lo cual, y hallándome cerca de los 30 años de edad, y bastante disgustado con las dificultades que sufre todo transeunte, he resuelto tomar estado con una jóven de buen nacimiento y educación. Para esto pido a Vmd. su licencia y bendición, y el que me remita la fé de bautismo y una información de limpieza de sangre en la que se exprese que soy soltero. Cuando se verifique (la proyectad boda) una de las condiciones será que (la desposada) me deberá seguir a donde me convenga”. Y el 17 de octubre, Juan José les decía a su madre y hermanos: “... En una guardia de la semana pasada estube mojado y me resultó una cerrazón de pecho que me tiene incomodado por no haber tenido lugar para estar recogido”. La aludida niña con quien Juan José pensó en casarse era tarraconense y hermana de su socio catalán Juan Alsina y Ambroa. Este desde Tarragona el 13-XII-1809, en una carta le hablaba a aquel — que permanecía en Cádiz — de negocios, de paños, balletas, gorros y algodones, y agregaba a continuación: “Los asuntos políticos van bien. Ya se han recogido los 2 millones de duros en la Provincia y se van levantando 72 mil hombres de Somatén (a toque de rebato) que se arreglan para legiones. A cada corregimiento le han tocado 6 mil hombres. El día que yo me hallé en Sitges se sortearon los 158 de su contingente. Los del corregimiento de Figueras y Gerona ya están en sus puestos señalados: qué heroismo! esta ciudad que está escasa de víveres con el sitio, pero no tardará en ser socorrida y libre. Una amigo que hace 14 días salió de allí herido, me ha dicho que las gallinas valen a 12 82

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duros, un gallo 26 reales, y en fin de este tenor lo demás. Hay muchos amigos nuestros que por Navidad quieren comer el gallo en Barcelona, y puede ser muy bien, mediante que hay inteligencia con muchos de sus buenos habitantes que aún conservan armas y municiones. Hace dos días pasaron continuamente — y en este mismo instante por la rambla frente a nuestra casa — somatenes armados. Te repito que esto tiene buen semblante, y me parece que tendré el gusto de ver Barcelona antes de partir para esa, que será a últimas de Febrero. Una visita en casa Indart, y dispón del afecto de tu futuro Hermano: Alsina”. La última carta de Juan José a su madre está fechada en Cádiz a 19-XII-1809. Doña Romana se hallaba en San Nicolás, y el hijo le dice que “desde el 17 de Octubre he prevenido no me remitan intereses algunos”. “Puede ser que por las futuras ocurrencias convenga permanezca Vmd. en San Nicolás de los Arroyos, y que Mariano Nicolás le acompañe a fin de que disfrute Vmd. la mejor comodidad”. Cuatro meses más tarde, Anchorena solicitó y obtuvo la certificación que literalmente transcribo: “Don Antonio de Artecona, Marqués de Casa Ravago, Caballero del orden de Santiago, Coronel de Infantería, Sargento Mayor, tercer Jefe del Cuerpo de voluntarios Distinguidos de Cádiz, del que es Coronel el Rey N.S. Don Fernando Séptimo Q.D.G. — Certifico: que Dn. Juan José Cristoval de Anchorena se alistó en este Cuerpo el 2 de Julio del año próximo pasado de 1808, y fue destinado a la 4ª Compañía del primer Batallón de Linea, de voluntario Distinguido de ella, en la que ha servido las fatigas que le han correspondido con la mayor actividad y Celo, portándose con una Conducta irreprensible; y a su pedimento, para los efectos que le convengan, le doy la presente en Cádiz a onze de Abril de mil ochocientos diez” — Firma: “El Marqs. de Casa Ravago”, con rúbrica característica. Al promediar ese lluvioso abril andaluz, mi tatarabuelo Juan José — según licencia de embarque — zarpó de Cádiz para el Rio de la Plata, a bordo de la fragata “Vigarreña”. Después de navegar aproximadamente 70 días, el velero ancló en Montevideo, el 21-VI-1810. Casi en seguida, un lanAnchorena

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chón de cabotaje depositó al peregrino en Buenos Aires, justo al mes de producidos en la ciudad los memorables sucesos de Mayo. (Olvidaba indicar que la novia catalana no acompañó al viajero a sus distantes lares. Es probable que la niña le diera calabazas en vísperas de partir). Juan Jose se inicia en la vida pública de su patria. De aquellos sucesos “mayos” me ocupé con amplitud en el trabajo dedicado al linaje de Aguirre, donde trato la actuación de mi tatarabuelo Manuel Hermenegildo; como más adelante he de seguir con tales acontecimientos en la biografía de Tomás Manuel de Anchorena. En cuanto a la primera actividad cívica de Juan José en el patrio foro — por decirlo así -, ella se produjo el 19-IX-1811, cuando la Junta Provisional Gubernativa — contra la opinión del Cabildo que propugnaba voto secreto — citó por “cartel fixado en los parajes públicos” a “todos los vecinos Americanos” a la plaza mayor, a fin de que, desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde, mediante voto personal responsable, eligieran diputados para un futuro Congreso general; como asimismo a “sujetos de conocida providad y talentos que deverían ser nombrados por el Pueblo para consultar con el govierno los medios de asegurar nuestra común felicidad”. Juan José Anchorena, en consecuencia, allegóse a la plaza de la Victoria, y votó para diputados a Feliciano Antonio Chiclana y a Juan José Paso, “por sólo un año”; quienes finalmente resultaron electos, al cosechar la mayoría de los sufragios: 783 el primero, y el otro 743. Nuestro Anchorena, a su vez, quedó elegido miembro consultor de aquella Junta de “Apoderados particulares del Pueblo”, asesora del Gobierno, cuyos integrantes fueron los siguientes vecinos más votados: Manuel de Sarratea (610 votos), el cura Marcos Salcedo (546), fray Ignacio Grela (545), José Francisco Ugarteche (538), Martín de Arandía (536), Juan José de Anchorena (532), Esteban Romero (513), fray Francisco Castañeda (463), Tomás de Rocamora (432), el presbítero José León Planchón (383), Bernardino Rivadavia (360), Victorino La84

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fuente (306), fray Nicolás Herrera (225), el clérigo Antonio Sáenz (209), el cura Joaquín Ruiz (163) y Vicente López y Planes (161). A tres días de este procedimiento comicial, la Junta Grande — achicada y en minoría — acordó instalar un Triunvirato ejecutivo de gobierno compuesto por los diputados recientemente electos — Paso y Chiclana — y por el miembro de la comisión consultiva con mayor número de votos, es decir Sarratea . Esos triunviros estaban acompañados por tres secretarios sin voto: José Julián Pérez, de Gobierno; Bernardino Rivadavia, de Guerra; y Vicente López de Hacienda. A par de dicho organismo creóse una “Junta Conservadora” de los derechos de Fernando VII, formada por los diputados de las provincias y dos de la capital. Mas esta Junta apenas se conservaría dos meses en el candelero: un efímero “Reglamento Orgánico” redactado por ella, desagradó al Triunvirato, el cual el 7-XI-1811 de un plumazo disolvió el flamante engendro. La “Junta Protectora de la Libertad de Imprenta” y el “Estatuto Provisional” El 26 de octubre, decretó el Triunvirato la libre publicación de ideas por la prensa sin censura previa, agregando que el abuso de esa libertad era un crimen si ofendía derechos particulares o atentaba contra la religión católica, la tranquilidad pública y la constitución del Estado; en cuyo caso las autoridades impondrían el castigo según las leyes. A fin de evitar abusos a este respecto, se estableció la “Junta Protectora de la Libertad de Imprenta”, compuesta por 9 miembros a elegirse por el Gobierno dentro de una lista confeccionada por el Cabildo de 50 “ciudadanos honrados”, que no fueran empleados públicos. Dentro de ese medio centenar de vecinos espectables, el Ayuntamiento incluyó a Juan José de Anchorena, como también a mis antepasados Antonio José de Escalada, y con posteridad, a Patricio Lynch. Igualmente el Triunvirato dictó, el 22 de mayo, el Estatuto Provisional del Gobierno de las Provincias Unidas del Anchorena

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Rio de la Plata a nombre del Sr. D. Fernando VII (sic). El organismo de marras — que había sido amañado entre el Triunvirato, la Junta Grande en minoría y el Cabildo, dejando de lado el parecer de las provincias — quedaba como depositario de la soberanía hasta que se convocara una “Asamblea General”, formada por el Ayuntamiento local, por los representantes del interior que nombrasen sus respectivos Cabildos, y por un considerable número de ciudadanos bonaerenses y algunos provincianos residentes en Buenos Aires, elegidos por el vecindario porteño. El Estatuto disponía la renovación alternativa de los Triunviros cada seis meses, empezando por el más antiguo, y la elección se haría por la antedicha “Asamblea General”, no pudiendo el Triunvirato resolver las grandes cuestiones del Estado sin acuerdo de la Asamblea. El Estatuto se juró el 1º de diciembre bajo los arcos del Cabildo, donde — narra Juan Manuel Beruti en su Diario — “se puso un dosel con el real busto del Soberano”, y la formula del juramento fué: “Jura el Superior Gobierno Provisional de las Provincias del Rio de la Plata, a nombre del Sr. Fernando VII, de esta Capital y demás Pueblos Unidos por Dios Nuestro Señor y sobre estos Santos Evangelios, observar y hacer cumplir involablemente el Estatuto y Decreto que le entregan y acaba de leerse”. Y juraron solemnemente así, con sus manos derechas puestas sobre los Sagrados Libros, Paso, Chiclana y Sarratea! Nuestros historiadores liberales, sin embargo, insisten en aquello de la “máscara de Fernando VII”. Tal interpretación falaz, carnavalesca de la realidad pretérita argentina, sirve de base a toda una escuela ideológica enquistada en la enseñanza oficial, en los grandes órganos periodísticos, y en los medios masivos de propaganda radial y televisiva. Regidor del Cabildo El 1-I-1812 Juan José Cristóbal de Anchorena fué elegido Regidor quinto del Cabildo. Votaron por él los cabildantes salientes: Domingo de Igarzabal, Martín Grandoli, 86

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Manuel Mansilla, Manuel Hermenegildo de Aguirre, Ildefonso Paso, Eugenio José Balbastro, Pedro Capdevila y Juan Francisco Seguí; 8 sufragios sobre 9: Unico voto en contra el de Francisco Ramos Mejía, que votó por Agustín de la Lastra. Así pués, en aquel año 12 el Cabildo quedó integrado de esta manera: Alcaldes de 1º y 2º voto, Francisco Xavier de Riglos y José Pereyra Lucena: Regidores: Manuel de Lezica, Manuel José García, Mariano Sarratea, Fermín de Tocornal, Juan José de Anchorena (que se recibió del cargo el 4 de enero), José María Yevenes, Carlos José Gómez, Antonio Alvarez Jonte y Manuel de Andrés de Pinedo y Arroyo; y como Síndico Procurador, Gervasio Antonio Posadas. Durante ese agitado año 12, La Gaceta registra en las listas de donaciones de los vecinos patriotas la modesta contribución de don Juan José con una docena de pesos fuertes, destinados a la compra de caballos para el ejército. Y en el campo político institucional, recordaré que para aquella “Asamblea General”, proyectada a fin de renovar alternativamente a los triunviros y prestar acuerdo a las resoluciones del Poder Ejecutivo, quedó establecido un reglamento encaminado a verificar la elección de sus componentes: hombres de Buenos Aires y provincianos de paso por la capital. El Cabildo en unión con 8 electores votados por el vecindario, formaría una nómina de 100 ciudadanos, de los cuales sortearíanse 33 para integrar la Asamblea. Conforme a ello, producida esa votación, el Ayuntamiento designó a los Regidores Juan José de Anchorena, Francisco Tocornal, Manuel Arroyo y Manuel José García, para recolectar los sufragios. Y los días 31 de marzo y 2 y 3 de abril, se congregaron en la sala capitular los miembros titulares del cuerpo — entre ellos el Regidor Anchorena — y procedieron al escrutinio de las cédulas con los nombres para electores de asambleístas cuyos 8 candidatos más votados fueron: Juan Nepomuceno Solá, Alejo Castex, Marcos Salcedo, José Joaquín Ruiz, José Miguel Díaz Vélez y Vicente López. Estos electores y el Cabildo sortearon luego a los 33 miembros bonaerenses de la Asamblea, y, por su parte, las provincias quedaron represen-

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tadas por 12 ciudadanos del interior estantes en el municipio porteño. El 4 de abril la “Asamblea General” fué convocada por primera vez a fin de llenar la vacante que dejaba el Triunviro Paso. El organismo deliberante, presidido por el Alcalde de 1º voto Francisco Xavier de Riglos, eligió, en lugar de Paso, a Juan Martín de Pueyrredón, y en ausencia de éste, como suplente, al Dr. José Miguel Díaz Vélez. Tal designación resultó observada por el Triunvirato, que desconoció a Díaz Vélez y , en vez, designó a su Secretario Rivadavia hasta la llegada de Pueyrredón. Luego del encontronazo, la Asamblea declaróse “Suprema” de todas las demás autoridades de las Provincias Unidas. Esto provocó un fulminante decreto del Triunvirato disolviendo la Asamblea, por entender que su declaración de Suprema era nula, ilegal y atentatoria contra los derechos soberanos de los pueblos, la autoridad del Gobierno y del Estatuto Provisional. Fiestas Mayas Juan José de Anchorena y sus colegas de capítulo procedieron a organizar “la solemnización del veinte y cinco de Mayo” en su segundo aniversario, y, en verdad, los festejos adquirieron espectacular relevancia y patriótico fervor. A ese objeto se dispuso la suma de 9.000 pesos a distribuirse de la siguiente manera: 1.000 pesos destinados a la “función de Iglesia, música e iluminación de cera en las Casas Consistoriales, Recoba y Pirámide”, durante las noches del 24, 25 y 26; 3.000 pesos se aplicaron para dotar a seis “niñas honradas, pobres y decentes”; 1.000 “para socorro de viudas, madres y hermanas infelices de los que han muerto en la defensa de nuestra Santa Libertad”; 1.600, en diez “suertes” de 100 pesos, “para socorro de familias notoriamente honradas e indigentes” (en esta categoría entraron y fueron beneficiadas por la suerte dos remotas “tías” solteronas mías: Máxima y Catalina Lynch Galain, cuñadas de Juan José Castelli — ya atacado por el cáncer en la lengua que lo llevó a la muerte cinco meses después — ; 1.200 pesos en cuatro “suertes” de 88

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300, a fin de libertar cuatro esclavos, dos de cada sexo; y 1.200 pesos, en “suertes” de 100, “para socorro de doce soldados que hayan perdido algún miembro o quedado inútiles de resultas de alguna acción en defensa de la Patria”. Estos sorteos lleváronse a la práctica los días 24 y 25 en la Plaza Mayor, cerca de las Casas Consistoriales. Allí se levantó un magnífico tablado, sobre el cual tomaron asiento los representantes de las instituciones públicas: el Gobierno (Triunvirato), el Cabildo (mi tatarabuelo Anchorena y sus pares), la Cámara de Apelaciones, el Consulado, los Jefes militares y el Cabildo Eclesiástico. Desde esa tarima, el Regidor Antonio Alvarez Jonte lanzó un discurso exaltando el “augusto aniversario”, cuyos “honorables y dulces recuerdos harán las delicias de las generaciones siguientes; y la posteridad tocada de la más intima impulsión de gratitud y respeto, leerá con asombro y entusiasmo la serie de estos hechos que fixarán el Reynado de los principios liverales”. Tras la edulcorada perorata, hubo en la Fortaleza un “primoroso refresco general”, con dulces de verdad que hicieron las delicias de los asistentes; entre ellos Anchorena, quien luego encaminóse con sus colegas a la sala capitular donde se ejecutaron “varias clases de danzas que representaban al vivo el traje, baile y carácter de los naturales Americanos"; mientras afuera, en la plaza estallaban triquitraques y fuegos de artificio. Horas más tarde, culminó la fiesta con una velada de gala en la Casa de Teatro, frente a la Iglesia de la Merced — en la misma vereda de la mansión de los Anchorena -, y en dicho coliseo rudimentario se estrenó el “Melo-drama” titulado “el beinte y cinco de Mayo”, “compuesto por el Cómico Morantes”. Dicho magno 25 tuvieron lugar, al aire libre, los consabidos sorteos para socorro de viudas, inválidos y familias indigentes. No se saco a relucir el Real Estandarte, pués el gobierno consideró su paseo “una ceremonia humillante introducida por la tiranía”, y tal protocolo quedó suspendido hasta que las autoridades decidieran “una demostración más digna y análoga con nuestra regeneración civil”. En cambio la noche del 26, al pie de la pequeña pirámide, tres niños: Anchorena

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Gervasio Arzac, José Antonio y José María Rodríguez de Vida, entonaron la “Canción patriótica”, cuya música compuso Blas Parera, para unos versos de Saturnino de la Rosa. Revolución del 8 de octubre del año 12 Al clarear la madrugada de ese día primaveral, la Plaza de la Victoria fue ocupada por el regimiento de Granaderos a Caballo, al mando de su jefe Coronel José de San Martín y de su segundo el Sargento Mayor Carlos de Alvear; por el cuerpo de Artillería a órdenes de su Comandante Manuel Guillermo Pinto, y por los batallones del 2 de Infantería con su Coronel Francisco Antonio Ortiz de Ocampo; toda esta fuerza acompañada por un nutrido grupo de civiles: los muchachos de la “Sociedad Patriótica”, acaudillados por Bernardo Monteagudo y Julián Alvarez, y también algunos partidarios de Juan José Paso. ¿Que motivaba el bélico despliegue? En síntesis lo siguiente: Tres días atrás debió cubrirse el cargo de Triunviro en reemplazo de Sarratea, y resultó elegido Pedro Medrano, hechura entonces de Rivadavia, frente a Monteagudo, candidato de la “Logia Lautaro” y caudillo de la “Sociedad Patriótica”. Estas dos organizaciones — una pública la otra secreta — consideraron fraudulenta la elección de Medrano, y debido a ello — aunque ciertamente gravitaron causas políticas más profundas — salieron las tropas a la calle, en apoyo de una petición popular dirigida al Cabildo — firmada por Monteagudo con 400 firmas detrás — que exigía la destitución del Triunvirato y que el Cabildo reasumiera la autoridad a fin de establecer otro gobierno “que mereciera la confianza del pueblo” y, en seguida convocara una nueva “Asamblea Constituyente”. Impúsose de tal suerte — contra Rivadavia y su círculo — el golpe urdido por la logia militar y el club de antiguos prosélitos morenistas. Pero he aquí que pasaban las horas y las discusiones entre el cotarro civil y los señores del Cabildo, llevaban miras de nunca acabar, hasta que los militares, drásticamente, suprimieron el charloteo populista, conminando al Ayuntamiento a que eligiese un Segundo Triunvirato 90

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formado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Alvarez Jonte; trio que, en definitiva, consagró la mayoría de los sufragios capitulares. El Regidor Juan José Cristóbal de Anchorena, en la agitada emergencia, dió su voto por Juan José Paso, José de San Martín y Antonio Alvarez Jonte. Tribunal de Concordia Una semana después, el Regidor Anchorena y su colega José María Yevenes fueron nombrados conjueces del Tribunal de Concordia. Esta institución original había sido creada por el Reglamento de Administración de Justicia el 23 de enero anterior, y estaba compuesta por el Síndico Procurador del Cabildo — a la sazón Vicente López — y dos Regidores. El tribunal de referencia trataba de llegar siempre a un acuerdo que evitase el litigio judicial entre las partes, y de no conseguir un avenimiento entre ellas, decidía acerca del mérito de la cuestión para ir o no a pleito; instancia que ningún Juez admitía sin el previo visto bueno del Tribunal de Concordia. Tal magistratura perduró hasta 1815, en que fue suprimida por el Estatuto Provisional. Casamiento de Juan José El 5-VII-1813 Juan José Cristóbal de Anchorena se casó con Bonifacia de Lezica y Vera. Bendijo la boda el presbítero José León Planchón y fueron testigos de la misma Nicolás de Anchorena, hermano del contrayente, y Petrona de Vera, madre de la novia. Esta había sido bautizada en Buenos Aires el 16-X-1792 y era hija de Juan José de Lezica y Alquiza, nativo de Coropata, Sica Sica, Alto Perú, y de su 2ª esposa la santafesina Petrona Antonia de Vera y Muxica; nieta paterna de Juan José de Lezica y Torrezuri, natural de Lezica, en la Merindad vizcaína de Busturia, y de Elena de Alquiza y Peñaranda, oriunda de la Paz, Alto Perú; nieta materna de Francisco Antonio de Vera y Muxica y Torres, nacido en Santa Fé, donde fué Teniente de Gobernador, y de la sanAnchorena

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tafesina Juana Ventura López Pintado Marcos de Mendoza. La linajuda doña Bonifacia murió en 1818 sin darle posteridad a su marido, después de testar el 2 de septiembre ante Narciso Iranzuaga. Luego de muerta la Señora, su viudo — el 16 de septiembre — abonó una factura de 32 pesos y 4 reales al “Café de Marco” por servicio de ambigú — durante “los días de entierro y honrras” — consistente en el suministro de “12 limetas de licores, 8 libras de biscotelas, 8 de viscochos, 8 de plantillas, 4 de panales y 4 de amargos”. En el Consulado El año 1814 Juan José de Anchorena se desempeñó como consiliario en el Consulado porteño. En tal carácter presentó el 30 de septiembre un notable memorial acerca de la situación del país, abogando por un régimen aduanero proteccionista que gravara la importación de productos extranjeros a fin de favorecer la agricultura y la industria vernácula. Mi antepasado — según apunta Vicente Sierra en su Historia de la Argentina — se refirió a la ruina del comercio nacional como consecuencia de las introducciones británicas, diciendo que por ellas holgaban los mercaderes y artesanos del país, pués los comerciantes británicos manejaban hasta la moneda y el crédito. Destacó Anchorena cómo el proteccionismo era practicado por la Gran Bretaña y por los Estados Unidos, y constituía un régimen cuya implantación señaló como imprescindible en el Rio de la Plata. Si se trata de la prosperidad del Estado — expuso don Juan José —, es necesario proteger la industria y comercio del país, no despreciar los clamores de nuestros comerciantes y artesanos como se ha hecho hasta ahora; no dejarse llevar por apariencias y superficialidades ... y proscribir para siempre las ideas de esos políticos que encantados con las voces Libertad e Igualdad no se detienen en reducirlas en la práctica”. Sucedía que una junta de mercaderes ingleses habíase dirigido al jefe de la escuadrilla de su nación, comodoro Bowles, para que procurara fueran liberados de abonar un impuesto sobre el comercio bonaerense; impuesto del que, al 92

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principio, estuvieron excluídos los extranjeros, pero que en 1814 se les comenzó a exigir el pago. Esto lo consideró Bowles, tras de sus cañones, “un atentado violento”, “opuesto a las naciones cultas”. El gobierno respondió al oficio del comodoro que si dicho gravamen se aplicara únicamente a los comerciantes del país, estos no podrían competir con los extranjeros en el mercado; que si los ingleses menudeaban en las tiendas y almacenes y emprendían negociaciones en la provincias interiores, era debido a una gracia reciente del gobierno, por lo cual era justo que pagaran las contribuciones impuestas al comercio interior. Pero los marchantes de la rubia Albión no cejaron en demandar privilegios, y el 19-XII1815 consiguieron que el comandante de la fragata de guerra “Orfeo”, Mantagu Fabián, suscribiera una solicitud al gobierno para que sus compatriotas fueran exonerados de cierta contribución mensual que se había impuesto al comercio con las provincias arribeñas, pués — en opinión del comandante — ello implicaba “poner restricciones al comercio de Europa en favor de la capital y a expensas de los pueblos y habitantes del interior”. “Quiere decir — comenta el historiador Sierra — que se trataba al interior vendiéndole más barato la mercadería importada, arruinando con esto sus posibilidades de producirla”. Anchorena, que vivía del comercio de importación y exportación, al haberse cortado por la guerra el intercambio con España, bien pudo acomodarse — como tantos aprovechados colegas suyos — con los ingleses. Sin embargo, atenido a un indudable patriotismo, abogó en favor de los intereses del país, convirtiéndose en paladín de las industrias artesanales de nuestras provincias interiores. Ello, desde luego no será óbice para que el corrosivo Sebrelli estampe impunemente que “la actividad política fué para los Anchorena solo un medio para asegurar sus privilegios económicos”; y para que el archivista Carretero afirme con olímpica prosopopeya: “los Anchorena fueron comerciantes y financistas, no interesados en la política de manera directa, sino como medio para favorecer el acrecentamiento de su fortuna. No tuvieron política sino economía y la utilizaron para defensa y Anchorena

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fomento de sus actividades, pero nunca para provocar actos jurídicos que redundaran en beneficio general”. Caída de Alvear. Comisión de Secuestro y Junta de Observación El 3-IV-1815 se subleva en Fontezuelas la tropa que, al mando del Coronel Ignacio Alvarez Thomas, había destinado el Director Supremo Alvear para combatir a Artigas. Seguidamente Alvear, trasládase a Olivos, dispuesto a movilizar las fuerzas acampadas allí y enfrentar a los rebeldes, pero sus soldados se desbandan; en la capital se produce un alzamiento popular acaudillado por Soler y, ante esa situación, el Director renuncia el 16 de abril, toma un barco en el amarradero de las Conchas y fuga a Rio de Janeiro, en una fragata inglesa. Caído el Directorio el Cabildo asume el mando. La revolución triunfante encarcela y procesa a los alvearistas. Para ello establece tres comisiones; una de Justicia militar, otra civil y la tercera “de Secuestros”, encargada de “la indagación y hallazgos de los bienes e intereses de todos los que resulten reos”. Como integrantes de esta “Comisión de Secuestros” fueron nombrados Felipe Arana y mis tatarabuelos Juan José Cristóbal de Anchorena y Manuel Hermenegildo Aguirre. El Cabildo, por su parte, abocado a constituir un nuevo gobierno, convoca el 18 de abril a elecciones al vecindario porteño, por serle “imposible consultar en el momento el sufragio universal de las Provincias”, y no poder “sostener el Estado acéfalo y sin aquel centro de unidad que conserbe relaciones exteriores, facilite los recursos de nuestra fuerza contra los enemigos de la causa Americana, cautele la entera disolución de ese nudo precioso que infelizmente había afloxado la tiranía entre unos Pueblos que , sin ley constitucional, facilmente correrían al caos de una nulidad política en medio de disensiones domésticas y exclusivas; siendo por último, absolutamente necesario, presentarles el remedio provisorio al lado de la crisis terrible de que acabamos de 94

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salvarnos por los esfuerzos de la Capital y de sus hermanos del Benemérito Exército Libertador”. Lenguaje, éste, aplicable a todos los tiempos, cuando se produce una intervención militar contra la arbitrariedad de un mandón o de la demagogia populista. A fin de proceder a la antedicha votación, el Cabildo dividió a la ciudad en cuatro departamentos, y al siguiente día, a cada uno de esos sectores concurrió un Regidor acompañado de Escribano, para recoger los sufragios. Realizado el escrutinio la noche de aquel día 19, fueron designados Electores del Gobierno Provisional, junto con el Cabildo — que delegó su representación en el Regidor Manuel de Oliden — los once individuos mas votados en la referida jornada, a saber: Ramón Anchoriz, Diego Estanislao Zavaleta, Mariano Serrano, Nicolás Laguna, Pedro Medrano, Esteban Gascón, Marcos Salcedo, Manuel Obligado, Tomás Manuel de Anchorena, Juan José de Anchorena y Juan Martín de Pueyrredón. Veinticuatro horas más tarde, los hermanos Anchorena pidieron audiencia al Cabildo, y siendo recibidos en la Sala de acuerdos expusieron: “Que habiéndosele hecho saber que a pluralidad de votos habían sido nombrados por el Pueblo para Electores de Govierno, debían hacer presente al Exmo. Ayuntamiento que, aunque el parentesco no se considera un impedimento legal en las elecciones generales, en unas circunstancias era necesario no solo obrar con la mayor pureza, sino también alejar de la vista de los Pueblos toda sombra que pudiese en algún modo induzirlos a desconfianza y recelo, o que pudiese dar así (motivo) a los facciosos para desfigurar la buena fé con que se procede, creían de necesidad, el que uno de los hermanos al menos fuese excluído”. El Ayuntamiento, sin demora, contestó a los Anchorena “que habiendo sido hecha la elección de los hermanos por el Pueblo, no estaba en sus facultades el revocarla ni variarla; que el público estaba muy satisfecho de la pureza conque se havía procedido en dicha elección, y que con esto debía aquietar a los exponentes, pues dexaba bien cubierta su delicadeza”. Enseguida, entraron los 12 electores a la Sala, y tras unos Anchorena

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párrafos de Oliden contra el “desenfrenado Tirano abatido”, y que “la Patria no debe ser presa de ningún partido pués es heredad de todos”, y “cuidado con poner el puñal en las manos de los resentidos”, exortó a los presentes a elegir “un govierno firme y permanente, cuyos funcionarios se mudaran magestuosamente y plácidamente, como los astros por leyes inmutables se cambian en el firmamento al imperio de las Estaciones”. Organizada tras esto la asamblea electoral, quedó nombrado Director Supremo del Estado el General José Rondeau, Jefe del Ejército del Norte, y en ausencia de éste, como suplente suyo, al Coronel Alvarez Thomas. Después, los electores establecieron una “Junta de Observación”, compuesta de 5 miembros: Estaban Gastón, Pedro Medrano, Antonio Sáenz, Mariano Serrano y Tomás Manuel de Anchorena, a cuyo organismo se le encargó dictar una constitución provisoria: el Estatuto Provisional, que más adelante sería rechazado por las Provincias, salvo un punto aceptado por todas — menos por el recalcitrante Artigas — que trataba la convocatoria de un Congreso a reunirse en Tucumán. Posteriormente la “Junta de Observación” renovó sus titulares, quedando integrada por mis antepasados Juan José Cristóbal de Anchorena y Antonio José de Escalada y por José Miguel Díaz Vélez, Pedro Fabián Pérez, Ramón Eduardo Anchoríz y José Joaquín Ruiz. Elección de Diputados Bonaerenses al Congreso de Tucumán El 16-VIII-1815, el Cabildo verificó el recuento “de los sufragios prestados por los Ciudadanos para electores de los siete Diputados que debe nombrar ésta Provincia en el Congreso General con arreglo al Bando publicado el doce del corriente”. Por mayoría de votos resultaron electos los siguientes 12 electores por la ciudad: Diego Estanislao Zavaleta (177 votos), José Darregueira (117), el Cabildo (88 votos — que sería representado por el Alcalde Francisco Belgrano), Ramón Eduardo Anchoríz (80), Pedro Medrano (79), Felipe Arana (74), Luis José Chorroarín (71), Esteban Agus96

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tín Gascón (67), Mariano Tagle (64), Juan José de Anchorena (63), Luciano Montes de Oca (62), y empataron (con 59 votos) Juan Cossio, Domingo Achega, Luis Dorrego y Antonio Sáenz, quedando finalmente éste último elegido por sorteo como elector. Y el siguiente día 22, reunidos aquellos electores con los de la campaña para designar los 7 representantes de Buenos Aires al Congreso de Tucumán, mi tatarabuelo Anchorena votó por Luis Chorroarín, Esteban Gascón, Diego Estanislao Zavaleta, Pedro Medrano, Antonio Sáenz, Juan José Paso y Alejo Castex. Hecho luego el escrutinio, resultaron electos los siguientes Diputados: Pedro Medrano (17 votos), Juan José Paso (17), Antonio Sáenz (11), Fray Cayetano Rodríguez (11), José Darregueira (11), Tomás M. de Anchorena (10) y Esteban Agustín Gascón (10). A fin de ese año, el Gobierno dió cuenta de la “recaudación de un préstamo voluntario” realizado entre un grupo de vecinos para alivio de sus finanzas: en la lista respectiva, que publicó La Gaceta, figuran Juan José de Anchorena con el aporte de 500 pesos fuertes. Don Juan José preside la Junta de Observación En tanto realizábase en Tucumán el Congreso memorable que declaró la Independencia, en Buenos Aires el Director interino Alvarez Thomas mantenía continuos choques con la Junta de Observación, celosa de sus prerrogativas, que presidía Juan José de Anchorena. Por lo demás, la gestión administrativa y política de Alvarez Thomas le fue restando prestigio — muchos le apodaban “Capón”, por el tono aflautado de su voz. La Junta de Observación y el Cabildo, de consuno, procuraban en vano que el mandatario abandonase el poder, mas sólo cuando las tropas que él enviara a Santa Fé se le dieron vuelta, conducidas por Eustoquio Díaz Vélez, el hombre renunció a su cargo, tras ejercerlo durante 11 meses y 25 días. El Cabildo y la Junta de Observación, entonces, nombraron Director interino al Brigadier Antonio González Balcarce. Anchorena

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Así las cosas, al elegir el Congreso de Tucumán Director Supremo efectivo a Juan Martín de Pueyrredón, presentó Balcarce su renuncia como interino ante el Cabildo y la Junta de Observación, pero ambos organismos adujeron no tener facultades para considerarla. Ello en medio de una gran agitación popular, que se originó al presentarse a las autoridades locales dos petitorios firmados por 207 personas que planteaban la conveniencia de que Buenos Aires se trocara en provincia — como las demás del interior — y dejara de ser capital: asiento de los poderes nacionales y del Congreso, donde la diputación porteña era minoría para contrarrestar a los representantes arribeños. Este delicado asunto — ruidosa manifestación de localismo — enfrentó a Balcarce con el Cabildo y la Junta de Observación. Aquel pretendía convocar al vecindario en cabildo abierto, para decidir acerca de la antedicha federalización; en cambio el Ayuntamiento y la Junta, con Juan José de Anchorena a la cabeza, querían que se consultara a la opinión pública por medio de representantes tranquilamente elegidos. Balcarce impulsado por Soler — caudillo de los “cívicos” — por Dorrego, Pinto y otros camaradas, convocó “al pueblo soberano” en la Iglesia de San Ignacio — sin la concurrencia del Ayuntamiento ni de la Junta Observadora -, y el acto resultó tumultuoso. Balcarce y sus parciales localistas, con todo, fueron derrotados, ya que 1.020 individuos votaron en favor de que el pueblo fuera oído a través de sus representantes, contra 86 en favor de resolver la cuestión mediante una cabildada demagógica. Pocos días más adelante, llegó a Buenos Aires la noticia de que los portugueses habían invadido la Banda Oriental. El Ayuntamiento y la Junta de Observación, ante la gravedad del trance, acusaron a Balcarce de pasividad, de “introducir la desunión” al “promover un provincialismo extemporáneo”, y lo declararon cesante — tras gobernar 2 meses y 26 días -, nombrando en su reemplazo una “Comisión Gubernativa Provisoria”, integrada por un miembro del Cabildo y otro de la Junta: Francisco Antonio de Escalada y Manuel de Irigoyen, respectivamente. 98

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Relación de don Juan José con el General Arenales El 6-X-1815, desde Jujuy, Tomás Manuel de Anchorena le escribía a su hermano Juan José; “Te acompaño en copia la recomendación que me ha dirigido don Juan Antonio Alvarez de Arenales en favor de sus dos hijos don Valentín (sic, por Florentín) y don José dadores de ésta; pués no pudiendo satisfacer yo personalmente a ella por mi ausencia en esta ciudad, y deseando servir a dicho Señor por ser un sujeto apreciable de todas circunstancias, y digno de la mayor consideración, es necesario que tu, sin embargo de tus muchas ocupaciones, lo hagas en mi nombre, bien sea solicitándoles acomodo con algún comerciante, para que se instruyan debidamente en esta carrera, o bien dirigiéndolos en cuanto puedas para el empleo que intenten hacer con destino a estas plazas o las del Perú. Hasta el logro de uno u otro objeto, desearé que los hospedes en casa, y si hubiese una vivienda desocupada y cómoda en donde puedas recibirlos, y sinó, les procurarás un cuarto de alquiles en que se acomoden a su satisfacción. Mi madre tendrá ésta por suya, quedando a su cargo el cuidado y obsequio de estos dos jovenes, para quienes me asiste un interés muy especial; con lo que he dicho lo necesario, y omito todo otro encarecimiento. Tu affmo. hermano Thomás”. La carta que Arenales había dirigido desde Cochabamba, el 30 del pasado junio de aquel año 15, al “Sr. Doctor Don Tomás Ml. de Anchorena”, decía lo siguiente: “Amado amigo y muy Señor mío: Ha llegado el caso de tener que disponer sobre la carrera o destino que hayan de emprender, sin perder más tiempo, mis hijos Florentín y José, criados de Vmd. Con este único designio se separan de mi lado y emprenden la marcha para esa capital. Ellos, si llegan a merecer el honor de saludar a Vmd., le significarán las consideraciones sobre que hemos meditado para esa determinación, y manifestándole las dificultades o imposibilidades para seguir los estudios; ambos, o el uno y el otro le dirán a qué se inclinan; y no habiendo arbitrios para otras miras que las de instruirse y ensayarse en el comercio, ocurren por mi dirección al favor Anchorena

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que, en otra ocasión, ofreciéndose hablar de esto, indique a Vmd. Llevarán algunos reales de casa, con el fin de emplearlos, pero aún para esto son totalmente bisoños, sin conocimiento ni experiencia, por lo que ruego a Vmd. muy encarecidamente, tome parte en su interés y los dirija bien, sea para hacer algún negocio ayudándoles con lo que tenga a bien fiarles, por sí o por otro, con la responsabilidad de mis bienes; o bien para que ambos, o el uno, se pongan en casa y a cargo de un comerciante que los emplee en la versación del giro, y sepa conducirlos por la aplicación, hombría de bien y buena conducta. En fin Vmd., como que tiene a la vista las cosas y su talento y conocimientos son sin comparación muy aventajados a los míos, hágame el gran favor de determinar en el asunto como cosa propia; advirtiendo, para su gobierno, que si al José se le pudiese proporcionar como seguir con sus estudios, es más aparente para este designio, y él mismo manifestará a Vmd. su inclinación, quedando siempre la mía ansiosísima de corresponderle estos favores, y emplear en su obsequio la verdadera buena voluntad y reconocimiento de su invariable amantísimo atento amigo. Q.S.M.B. Jn. Anto. Alvarez de Arenales”. Poco después de recibir, en propia mano de los jóvenes Arenales — Florentín Antonio de 18 años y José Ildefonso de 17 — las misivas transcriptas, a Juan José de Anchorena le llegó otra carta jujeña de Tomás, donde entre distintas noticias y comentarios, expresaba: “... Con fecha de 6 del corriente te he dirigido una recomendación a favor de don Valentín (sic, por Florentín) y don José Arenales, acompañándote copia de la que me remitió su Padre el Gobernador de Cochabamba. En ella te digo que los hospedes en casa, si hubiera una vivienda desocupada y cómoda donde puedas recibirlos, y sinó les procurarás un cuarto de alquiler en que se acomoden a su satisfacción, pero tu harás lo que te parezca mejor, pués aunque me aseguran que son buenos muchachos, te los he recomendado por que no he podido prescindir de hacerlo; ya ves las circustancias de las cosas, y al menos proporcionarles el que vayan a comer cuando gusten o todos los días, hasta que logren el objeto de su viaje...”. 100

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Aconteció entonces que don Juan José tuvo a los hijos del General Arenales alojados en su casa, y por cierto que el hospitalario anfitrión les dispensó a los muchachos un trato afectuoso y paternal. Ello se comprueba por el texto de esta carta agradecida del heroico guerrero a mi tatarabuelo Anchorena, despachada en Jujuy el 16-VI-1816, cuyos párrafos más significativos transcribo. “Señor mío y de todo mi aprecio: Su estimable de Mayo último acaba de ratificarme el concepto en que estube de serle deudor de fabores que yo no seré capaz de corresponder muy a pesar de los positivos deseos que tengo de ello. Estoy demasiado satisfecho del hospedaje que Vmd. se ha servido dispensar a esos sus criados, mis hijos ... Yo no debo dar consejo en materia de comercio, por que me son ya desconocidos, pero por una razón natural reflexionaba y había escrito a Florentín ... que en todo y para todo se sujete al dictámen y dirección de Vmd. ... que si pudiera lograr que ese niño se acomode en una casa de comercio, semejantemente que lo ha hecho José, sería lo más seguro...Por fin repito que se sujete en todo a su consejo y dirección, en que reciviré la maior satisfacción y muchos fabores del honor que Vmd. me dispensa.“Reservado.- Hace cinco días que por disposición del nuebo Sr. Director Pueirredón se celebró una Junta de Guerra de los Jefes de este Exército, presidida del mismo Superior, en que después de haverse discurrido varios puntos sobre medidas y planes de seguridad, unión y enlaze de las Provincias, y adelantamiento para intentar algún progreso, se acordó deverse retirar estas tropas veteranas al Tucumán o sus inmediaciones, hasta poder ponerlas en estado de abrir nueva campaña, quedando inter el Marqués de Yabi con su Batallón como avanzada a la inmediación de los enemigos que se hallan en la maior parte de sus fuerzas desde Santiago (de Cotagaita) a Suipacha y puntos paralelos inmediatos, y el Gobernador Güemes, con la contraporción de veteranos que tiene y la gauchada, está a la mira y sobre estos parajes como de banguardia. En consecuencia se empieza a mober este exército en retirada, que acabará de salir en toda esta semana entrante. Dios quiera que produzca buenos efectos esta deAnchorena

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terminación, como me sería fácil presumir si el Exército tuviese a su cabeza otro jefe de las cualidades que son necesarísimas, y sin las quales es imposible progresar. Mucho pudiera expresar acerca de un punto tan interesante como éste, pero creo no es cordura darlo a la pluma quando las comunicaciones padecen lo que nos hace ver la experiencia...” Firma: “Juan Ant. Alvz. de Arenales”. Tres años más tarde, el 8-VI-1819, el General Arenales le escribía desde Córdoba a Juan José de Anchorena: “Señor mío de todo aprecio: Justamente había notado Vmd. mi falta, y justo será por lo mismo que yo le satisfaga. Cuando Florentín me remitió las charreteras que había encargado a la bondad de Vmd., no me avisó su precio, ni hasta hoy lo sé. Como a la sazón obtuvo el pase para el Exército de los Andes, creí que viniese muy pronto y me dijese el valor de aquellas para despachar a Vmd. el dinero sin dilación; mas obstáculos impensados para mi, que han entorpecido la salida de ese muchacho, muy a pesar mío, me han hecho incurrir en la indicada falta. En este concepto suplico a Vmd. sírvase dispensarme y tomarse la molestia de advertirme dicho importe para remitirlo en la brevedad posible...La demora de Florentín me tiene ya desazonado, y más por las bochornosas circunstancias que la han motivado”. (Arenales alude, sin duda, a la guerra civil en que participaba Florentín como Capitán de las tropas porteñas contra las montoneras santafesinas de Estanislao López, guerra que dificultaba las comunicaciones normales entre Buenos Aires y Córdoba). Más sobre la actividad mercantil de los Anchorena A partir de la muerte de su padre, los hermanos Anchorena acrecieron y diversificaron los negocios de su Casa en el país y en el extranjero. A este respecto el libro de Carretero proporciona abundantes informes sacados de documentos existentes en el Archivo General de la Nación: cartas comerciales intercambiadas entre aquellos — en especial Juan José Cristóbal, dinámico conductor de la empresa — con algunos socios o agentes suyos acreditados en distintos 102

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lugares o plazas donde realizaban sus transacciones: cuyos párrafos — a veces no exentos de referencias políticas de interés — fragmenta y transcribe, desordenadamente, dicho publicista a lo largo de su trabajo. Los Anchorena mantenían un activo comercio, por vía fluvial, con toda la zona litoraleña argentina y con el Paraguay. Los rubros más importantes que ellos colocaban ahí eran paños, lienzos, sombreros de pelo de lana, cotonías, ferretería surtida, efectos de hojalata, y hasta remesas de cerveza embotellada. A cambio de esto, personeros de los Anchorena adquirían en aquellas regiones y mandaban a Buenos Aires, fuertes partidas de yerba mate — que se vendía luego en Mendoza y Chile —, cueros vacunos y caballares — para exportar a Europa —, y sebo, maní, tabaco, tiranterías de madera, entre otros cargamentos. En Santa Fe y su vasta área de influencia — extendida a Entre Ríos, Corrientes y al ámbito paraguayo — trabajan asociados con los Anchorena, cada uno por su cuenta, Francisco Alzogaray y Francisco Antonio de la Torre. Aquel — a quien frecuentemente veremos figurar en la correspondencia de mi antepasado Juan José — estaba casado con la santafesina Mercedes Echagüe y Andía (13), la cual, entre otros hijos dió vida a Alvaro José de Alzogaray, “digno de renombre de intrépido y sereno guerrero”, según lo expresó el parte de combate de la Vuelta de Obligado, donde él se destacó al mando de la batería “Restaurador”.

13 Mercedes Echagüe y Andía era hija de Juan Francisco de Echagüe Maciel y de Rosa Maciel y Valdivieso; nieta paterna de Melchor de Echagüe y Andía y Gaete Casal (ver el apellido Gaete), Teniente de Gobernador de Santa Fe, y de Isabel Maciel de la Coizqueta; nieta materna de Joaquín Maciel de la Coizqueta y de Isidora Fernández de Valdivieso y Herrera. A su vez Francisco Alzogaray, el marido de doña Mercedes, era nieto de Ambrosio de Alzogaray y Azpilcueta, natural de Narbarte, en Navarra, Alguacil Mayor después en Santa Fé, el cual murió en un malón a comienzos del siglo XVIII, y de la criolla Bartolina Gómez Recio, nieta ella de Luis Romero de Pineda, dueño de la estancia donde hogaño se levanta la ciudad de Rosario. Anchorena

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Por su parte Francisco Antonio de la Torre resultaba sobrino de la mujer de Juan José de Anchorena, Bonifacia de Lezica y Vera Muxica, pues era nieto de una tía carnal de ella: Teodora de Vera y Muxica, consorte de Francisco Javier de la Torre. Un cuñado de don Juan José: Sebastián de Lezica y Vera, establecido de momento en Rio de Janeiro, fue agente suyo en la capital carioca. Lezica adquiría azúcar, tabaco, aguardiente y café en el Brasil, y conectaba a los Anchorena con mercaderes europeos, compradores de cueros, lanas, sebo y quesos. A propósito de quesos, la suspicacia malevolente de Carretero hacia los capitalistas argentinos en su libro, salta de pronto, presentándolos — sin prueba ninguna — como llevando a cabo una subrepticia fuga de capitales, poco menos que en perjuicio del interés nacional: ello a raíz de ocho renglones sacados de una carta de don Juan José, enviada en 1814, al fuerte comerciante gaditano José Genesy: “Están por salir con destino al norte dos cargamentos de quesos — escribe Anchorena —, estimaría a Ud. remita en letras a Londres a los señores Hullet y Cía. todo el efectivo que le sea posible. Este negocio (de exportar quesos) he emprendido (para) resarcir las muchas pérdidas que por distintos modos he experimentado en ésta época, que tan ventajosa a sido a los pícaros” (ingleses). Tras reproducir estos párrafos claros, de sentido intergiversable, Carretero afirma muy suelto de cuerpo “que los quesos de referencia eran envolturas de dinero en metálico que se enviaban afuera del país (?), y que la técnica de hacerlo envuelto en sebo se había cambiado por la del queso. También la misma carta expresa que Juan José Cristóbal mandaba sus dineros a Londres, consignados a Hullet Hnos..., tal vez porque estimaba que estos ingleses eran más honestos que los que operaban en Buenos Aires”. Linda manera de escribir historia la del archivero de marras! Porque a él se le ocurre, hace aparecer a mi tatarabuelo dándoselas con queso a los capitanes de navíos mercantes británicos a fin de eludir el pago de fletes sobre unos supuestos lingotes, que, en la neblinosa ciudad del Támesis, los hermanos Hullet extraerían de entre aquellas pastas cua104

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jadas, saladas y consistentes, de rudimental elaboración en las chacras de los alrededores de Buenos Aires! Grandes partidas de cuero colocaba don Juan José en Londres, por intermedio de sus representantes Vicente Casares y Juan Nowell, relacionados con la firma Hullet Brothers, Brown Watson, Hill Huildhin, entre otras; y tales remesas de corambre — aseguradas en la compañía Stervast Mac Gall — transportábase invariablemente en naves inglesas que se llamaban: “George Canning”, “Warpe”, “Bellona”, “Friad”, “Lovely Anne”, “Wellington”, “Lusitania”, para no nombrar sinó unas cuantas. Asimismo frutos del país remitidos por Anchorena se desembarcaban en distintos puertos del viejo mundo, como Hamburgo, Amberes (consignados a la Casa de Norberto Luis José de Weil, por intermedio de Eduardo Verschaesen), el Havre y Burdeos (dirigidos a Changeirny y Cia.). En Chile atendían los negocios de los hermanos Anchorena: Felipe del Solar y Juan de Santiago Barros. En la Habana trocaban los empresarios Anchorena cantidad de pellejos curtidos por azúcar de caña dulce; y hasta llegaron a vender cueros en Calcuta, de donde a su vez trajeron para el Rio de la Plata géneros bengalíes, rasos, “madrases” y gasas blancas y azules. Don Juan José visto por un biógrafo empeñado en sacarle el cuero Aparentando objetividad, Carretero lo pinta así a don Juan José Cristóbal: “Hombre firme, de conceptos claros, conciso en las palabras, concreto en los negocios, detallista hasta la fatiga, de una memoria asombrosa sobre los hechos y sobre los hombres ... Pulcro en la conducción de los negocios, aceptó como medio la realización de operaciones al margen de la ley, pero siempre se mostró remiso a utilizarla, cuando quedara en evidencia ante la consideración de sus contemporáneos, pues siempre se impuso como limpio y respetuosos de las leyes (?). Ferviente católico, se negó siempre a admitir que la fuerza de los hombres pudiera cambiar el destino señalado por Dios, y siempre reiteró su creencia en el Anchorena

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triunfo de la justicia divina sobre los devaneos y desmanes humanos. Su formación política lo inclinó hacia los gobiernos fuertes, centralistas, pero ampliamente liberales en materia económica ... Se negó a intervenir en algunos negocios no claros, previendo que ello lo colocaba a la misma altura de quienes detestaba, pero no tuvo inconveniente en hacerlo, y con largueza, cuando tenía la certeza de la impunidad...”. Las inferencias antojadizas de Carretero presentan a mi antepasado como un personaje contradictorio, frio, ávido por ganar dinero, mezcla de Tartufo y católico ardoroso; urdidor, en secreta impunidad, de operaciones al margen de la ley para lograr su propio ascenso; inclinado en política hacia los gobiernos fuertes, centralistas. Por cierto que en aquel tiempo, como hoy — y lo mismo mañana —, todo gobierno débil — acá y en cualquier parte del mundo — está condenado a ser barrido de la escena. Mas el biógrafo, en su afán de restarle simpatías al primogénito de los Anchorena, omite, en su libro, consignar que don Juan José votó favorablemente, en la Legislatura, el tratado del Pilar — pacto interprovincial preexistente a la Constitución nacional —, y que, con posterioridad, el hombre fue uno de los fundadores del partido federal, opositor acérrimo del centralismo unitario. Veamos ahora las únicas pruebas que aporta Carretero para sostener, en su libro, que don Juan José Cristóbal se reveló “fríamente concentrado a la marcha de los negocios ... sin desdeñar en ningún momento los caminos al margen de la ley, si con ellos obtenía beneficios financieros”: El 1-VI1816, Francisco Antonio de la Torre, que había huído de Santa Fé a causa de la guerra civil, le escribe a Anchorena desde Córdoba: “... No dudo sabrá Ud. el completo saqueo que sufrió nuestra casa en Santa Fé; sin embargo de lo cual puedo asegurar el principal que a Ud le adeudo; si no es que hay ya otra revoltija, y den con el contrabando, tengo hecha la resolución de esperar en ésta (Córdoba) a que calmen un poco las desavenencias para regresar (a Santa Fé), y entre tanto cobraré aquí algunos reales que me deben...”. “Esta carta — sentencia Carretero — sirve para demostrar que en las negociaciones de Juan José Cristóbal de 106

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Anchorena el contrabando era una manera de comerciar, confirmando lo que se aseguró antes, sobre su compleja personalidad”. Y bien, las cosas ocurrieron así; En Santa Fé, el 1-III1816 el Teniente Estanislao López, con una compañía de Dragones y gente de la campaña, se subleva en Añapiré a favor de Artigas, contra el gobierno de Juan Francisco de Tarragona, considerado títere de Buenos Aires. López obra en combinación con Mariano Vera, jefe de un numeroso grupo de vecinos y alma de la insurrección. Ambos caudillos se disponen a expulsar del territorio santafesino a las tropas porteñas que, a órdenes de Viamonte, ocupan la ciudad. En Santo Tomé (8 de marzo) y Estanzuela (20 de marzo) los contingentes federales lugareños inflingen reveses a las fuerzas de Viamonte; quien finalmente (31 de marzo) se ve obligado a capitular en la ciudad, quedando prisionero de Vera. Allá, entretanto, la casa de negocios de Anchorena es saqueada por las turbas o la soldadesca, pero el corresponsal suyo de la Torre logra sacar “el principal” — o sea el dinero contante y sonante que de la Torre adeudaba a Anchorena —, y llevarlo de “contrabando” a Córdoba, desde donde (1 de abril) le comunica a don Juan José, que puede asegurar ese “principal”, sino se produce, en la docta ciudad, “otra revoltija”. La torcida interpretación de la carta antedicha revela, mas que mala fé, el razonamiento insipiente del acusador de Anchorena. Segunda prueba tremenda de Carretero para tachar a don Juan José Cristóbal de contrabandista. El 19-II-1817, desde Buenos Aires, Anchorena le manda una carta a su asociado Francisco Alzogaray que estaba en Santa Fé, y , entre otros asuntos relativos a sus negocios, le dice: “... Estoy por embarcar en la goleta de aquel francés Mervó, 39 piezas de lienzo portuguesas y 3 fardos con 90 piezas de paño de la Estrella: si se verifica irán con el despacho por puertos extranjeros y usted, tratará de desembarcarlos en Santa Fé o Paraná, en donde más convenga, si sobre el puerto del Rosario hubiera dificultad...”. El francés Mervó — nos ilustra Carretero — fué un viejo contrabandista que tuvo varios procesos, pero siempre Anchorena

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pudo evitar los castigos por las amistades que tenía en los tratos comerciales. La indicación de puertos extranjeros constituye una argucia para poder introducir mercaderías sin pagar derechos aduaneros en los puertos de destino, pués ya habían sido pagados al ser introducidos en Buenos Aires. De allí la recomendación de allanar las dificultades que se pudiesen presentar”. Y bien; todo el litoral argentino estaba revuelto entonces por la guerra civil. Cinco meses atrás de aquella carta de Anchorena a Alzogaray, la escuadrilla porteña al mando de Brown varó en el Paso de Santo Tomé, y Estanislao López, con las milicias santafesinas, se había apoderado de ella; mientras, por tierra, marchaba contra Santa Fé un ejército bonaerense comandado por Eustoquio Díaz Vélez, quien tomó la ciudad, derrotando a López y a su montonera. Por cierto que el puerto de Buenos Aires manteníase cerrado para “los pueblos libres” que acaudillaba Artigas y, a la recíproca, los embarcaderos de esas provincias artiguistas no admitían efectos originarios de Buenos Aires, aunque sí, despachados por puertos extranjeros. En consecuencia, la única alternativa que le quedaba a Anchorena para sostener su intercambio comercial con el litoral argentino, era facturar el envío de mercaderías como procedentes de “puertos extranjeros”, y así introducirlos en el Rosario, en Santa Fé o en Paraná, interdictos a causa de la guerra civil. Tal la razón de aquel falso despacho: recurso empleado no para burlar el impuesto aduanero, ni para introducir géneros prohibidos en aquellas zonas del país convertidas en campo de Agramante, sino con el fin de mantener un tráfico mercantil momentáneamente trastornado por situaciones políticas de hecho. Atento a ello, la actitud de Anchorena en esa emergencia nadie, de buena fé, podría calificarla como delito económico. Por lo demás, uno de los transportistas de las mercancías de Anchorena a lo largo de nuestros ríos interiores en sus embarcaciones de cabotaje, era José Pons, alias “Pepe de Mahonés” (tatarabuelo de Estela mi mujer — ver la biografía de Pons en el Apéndice del capítulo que dedico al apellido Roo). Sobre el particular, el 20-VII-1818, Juan José Cristó108

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bal le comunicaba a su socio santafesino Francisco Alzogaray: “... El Mahonés tubo aventura; el barco se vino a la plaia y fué preciso descargar 690 cueros en lo de Soler” (la barraca de Soler). Y el 29-VIII-1821, Juan José lo instruía por carta a su hermano Nicolás que estaba en Montevideo: “... En esa se halla un barco del Mahonés que pasa a Santa Fé, y deben salir correos; embarca, como te dije, yerva y algunos rollos de tabaco...”. Juan José y su hermano Tomás Manuel vistos por anónimo informante realista Por el año 1817, un documento anónimo de procedencia realista, titulado “Idea de Yndibiduos que figuran o tienen influencia en el estado actual de Buenos Aires”, así define a mi antepasado: “Don Juan José Anchorena: Comerciante de gran crédito e influjo público, con facilidad hace una revolución: ha figurado en ellas pero siempre con miras pacíficas, destruyendo los embates e intentonas fraccionarias y sugiriendo la concordia. Quiere bien a los Españoles Europeos: ha desempeñado empleos de consecuencia y despreciado otros muchos. Hombre de juicio e integridad y se le considera capaz de un acomodamiento con España”. Debajo de su nombre va escrito: “Confirmado”. A renglón seguido el documento prosigue con: “Doctor Don Tomás Anchorena: Diputado en el último Congreso y hermano del anterior: no de tanto crédito pero sí de ideas semejantes”. Debajo del nombre también se escribe: “Confirmado”. (Documento publicado por Ricardo R. Caillet Bois en el Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras. Tomo XXIII. Buenos Aires 1939). Don Juan José a lo largo de la administración de Pueyrredón En 1817 Juan José Cristóbal de Anchorena, Felipe Arana y Pedro Fabián Pérez renunciaron a la Junta de ObserAnchorena

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vación, cuyo organismo dejó de existir, en adelante, al ejercer el Poder Legislativo el Congreso reunido en Tucumán con carácter nacional. Al año siguiente a mi antepasado lo designó el gobierno miembro de la Junta para el establecimiento de la Caja de Descuentos, entidad que tenía por objeto cambiar los vales del Estado por numerario, mediante el descuento de un determinado porcentaje — creo que el 6%. A fines de 1819 el Director Pueyrredón encargó oficialmente a don Juan José Cristóbal y a Vicente Anastasio Echevarría para que, juntos con Juan Manuel de Rosas, organizaran el establecimiento de fortines en la campaña, a fin de transladar a estos centros de resistencia el gobierno y alguna población urbana, en caso de que la ciudad fuera atacada por aquella expedición española de 21.000 hombres que tenía reunida en Andalucía, con destino al Rio de la Plata, el General O'Donnell, Conde de la Bisbal. (Ejército expedicionario que amotinó Riego, en 1-I-1820, con el propósito de restaurar en España la Constitución de 1812). Con ese motivo Rosas, a la sazón muchacho de 26 años, elevó al gobierno su primer documento público: una Memoria notable, que más allá de un plan de emergencia proponía la colonización militar, pacífica y definitiva, de la pampa salvaje: “La paz — escribió convencido el futuro “Héroe del Desierto” — es la que conviene a la Provincia. Unos tratados que la afianzasen, traerían la civilización, la población y el comercio; serían el bálsamo que curase las heridas a la vida, honor y propiedades de los habitantes de la campaña y a centenares de familias. Los indios hasta llegarían a suplir la presente escazes de brazos ... En mis estancias “Los Cerrillos” y “ San Martín” tengo algunos peones indios pampas que me son fieles y son de los mejores: lo que he conseguido de ellos, podrían conseguir otros hacendados, poniendo los medios. Los tiempos actuales no son los de quietud y de tranquilidad que precedieron al 25 de mayo. Entonces se hacían entradas a los indios por que eran éstos los únicos enemigos de las provincias; por que la subordinación estaba bien puesta; por que las guardias protegían la línea; por que sobraban recursos; por que el fuego devorador de las 110

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guerras civiles no nos abrasaba; por que había unión ... Poner por lo tanto las fronteras en un pie brillante de defensiva, es hoy lo que nesecita la campaña. Una gran población o ciudad cuartel en el centro, en Kaquel Huincul, la laguna del Sermón o la de Hinojales, u otro lugar apropiado, sería la plaza fuerte ... Luego, los fortines menores desde Lobos a Viboratá o Cabo Corrientes, que se convertirían en otros tantos pueblos, a una distancia de veinte leguas de la sierra...”. Un impuesto indirecto, de cuya cobranza y administración se encargaría una “Sociedad de labradores y hacendados”, nombrada por el gobierno, costearía los gastos del referido plan de fomento y defensa de la campaña. “Algo quiso hacerse entonces — estampó Rosas mucho después, superando con su iniciativa a sus compañeros Anchorena y Echevarría —, pero al fin nada se hizo”. Actuación pública de don Juan José durante el caótico año 20 Después de gobernar 7 meses y 11 días (del 10 de junio de 1819 al 31 de enero de 1820) el Director Supremo Rondeau delegó el mando en el Alcalde de 1º voto Juan Pedro Aguirre — primo hermano de los Anchorena —, y al frente de las tropas porteñas salió a campaña para concluir derrotado al día siguiente, en la Cañada de Cepeda, por las fuerzas montoneras federales de los caudillos de Santa Fé y Entre Ríos, Estanislao López y Francisco Ramírez — ambos prosélitos aún de Artigas, máximo “Protector de los Pueblos Libres”. Tras ese descalabro militar, cayó para siempre el régimen directorial, centralista y monarquizante instalado en Buenos Aires, asumiendo, en lo sucesivo, cada provincia su propia autonomía. He aquí la versión de Juan José de Anchorena sobre el encuentro de Cepeda y sus derivaciones, contenida en una carta del 14 de febrero a su socio Francisco Alzogaray, que en el Brasil adquiría grandes partidas de yerba mate, que luego embarcaba para Montevideo y Buenos Aires, de donde Anchorena

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poníanlas en camino hasta Mendoza y traspasaban la cordillera con destino a Chile: “... El 1º de éste fue atacado Rondeau en las inmediaciones de Pergamino por 800 hombres que mandaba Ramírez. Las fuerzas nuestras eran 500 hombres de infantería y 280 de caballería y negros montados. La caballería corrió y envolvió a la infantería (atacante), pero finalmente siguió aquella hasta esta ciudad; y la infantería con toda la artillería (porteña) siguió a San Nicolás, en donde se halla. Nuestra pérdida sería como de 30 a 40 hombres, entre ellos 5 oficiales: Castellanos, Beláustegui, Hurtado y otros dos. Los cobardes vinieron diciendo que todos los demás habían sido acuchillados, que había en el campo de batalla 700 hombres, pero después todo ha salido falso. El 7 se recibieron oficios de Artigas y Ramírez convidándonos con la paz, de cuyas resultas se aumentaron las jaranas. Ha cesado el Congreso y Rondeau entregó el mando al Cabildo, y para el despacho de lo militar ha puesto a Soler, y de lo político a Miguel Irigoyen. Entretanto se negocia con los santafesinos, se convoca a elecciones de Gobernador provincial, quedando esta provincia dispuesta a la federación. Estas novedades debe Ud. considerarlas de mucha consecuencia, porque el partido que prepondere podrá continuar la amistad con ese Gobierno (portugués) o declararle la guerra, que siempre será nominal. Hasta el día carecemos de toda correspondencia del interior. Las comunicaciones entre Santa Fé y Córdoba se han franqueado. No hay noticia que se haya franqueado con Mendoza, y en caso de verificarse me parece que podrá internarse tanta yerba que pase a Chile en esta cordillera ... A consecuencia de la paz con Santa Fé vendrán algunas partidas que están en Goya, Corrientes y el Paraná...”. El Cabildo bonaerense, a todo ésto, había quedado en pie como única institución legal, y con el nombre de “Cabildo Gobernador” reasumió el gobierno de la ciudad y su campaña. Apremiado por las circunstancias, convoca entonces a votar a la parte “sana y principal “ del vecindario por electores, los cuales, a su vez, debían elegir a los futuros Representantes del nuevo Estado federativo. Ramírez y López, junto al general Miguel Estanislao Soler — jefe del ejército veterano 112

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y de las milicias cívicas, que acababa de firmar un armisticio con esos caudillos —, rechazan la personería del “Cabildo Gobernador”; cuyo organismo, no obstante ello, reúne el 16 de febrero a 182 “honorables vecinos” que, en “cabildo abierto”, consagran por pluralidad de sufragios (cada asistente votaba por dos nombres) a los siguientes doce miembros de la Junta de Representantes, flamante entidad depositaria de la soberanía provincial; Vicente Anastasio de Echevarría (que obtuvo 50 votos), Juan Pedro Aguirre (43), Victorio García de Zúñiga (35), Tomás Manuel de Anchorena (31), Juan José de Anchorena (30), Antonio José de Escalada (24), Sebastián Lezica (15), Vicente López y Manuel de Sarratea (14, cada cual,) Manuel Luis de Oliden (11), Juan José Passo (10) y Manuel Obligado (9). Veinticuatro horas más tarde, dichos Representantes designaron Gobernador de la Provincia a Manuel de Sarratea. Y una semana después (24 de febrero) los referidos legisladores — entre ellos Tomás Manuel y Juan José de Anchorena y mi quinto abuelo Antonio José de Escalada — aprobaron y ratificaron el tratado del Pilar, firmado el día anterior por Sarratea, Ramírez y López (14). El 20 de febrero Juan José Anchorena despachó para su socio Alzogaray, que aún permanecía en tierras tropicales, estas noticias frescas: “Han sobrevenido grandes convulsiones en medio de las cuales se firmó el 17 un armisiticio en Luxan. Se ha formado una Junta de Representantes en que estamos Tomás y yo; las muchas ocupaciones no han dado 14 Ese tratado — el primero de los “pactos preexistentes” aludidos en el preámbulo de la Constitución Nacional de 1853 — estipulaba, en síntesis, el cese de hostilidades y las condiciones para la paz entre Buenos Aires y Entre Ríos y Santa Fe; con devolución mutua de prisioneros; juzgamiento de los dirigientes del régimen anterior vencido; compromiso de reunir a todas las Provincias en un Congreso, en la localidad santafesina de San Lorenzo, a fin de organizar la Nación bajo el sistema federal; y alianza común ante la invasión portuguesa a la Banda Oriental. De todo ello debíase dar cuenta a Artigas, “para que entable, desde luego, las relaciones que puedan convenir a esa Provincia a su mando, cuya incorporación a las demás federales se vería como un dichoso acontecimiento”. Anchorena

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lugar a conversar los tratados, pero están indicadas las bases y creo se verificará la paz en breve. Hoy se ha podido prorrogar el armisticio por el Gobernador de esta Provincia Sarratea. En esta inteligencia suspenda Ud. las compras y espere mi segundo aviso, pués yo creo se hará la paz”. Y el 4 de marzo otra carta de Anchorena le expresa a Alzogaray: “Por el adjunto impreso verá Ud. la paz que se firmó el 24 de dicho febrero. Los generales Ramírez y López han estado en esta ciudad paseando, y varias divisiones se han retirado, pero con la llegada de Balcarce de San Nicolás y de Alvear de Montevideo, hay agitaciones y no sabemos si la paz durará. Por todo esto suspenda Ud. la compra y solamente siendo muy barata continúe comprando y remita a Chile”. Mientras tanto, la ciudad porteña convertida en pandemonium se debatía en el caos. Una seguidilla de sublevaciones militares, de estrepitosas asambleas demagógicas y de intrigas políticas confusas, amañadas por Sarratea, Soler, Balcarce, Alvear y el chileno José Miguel Carrera — para mentar sólo a los actores de mayor fuste — levanta y voltea personajes y trastorna situaciones de un día para el otro. De todo esto Alzogaray se va enterando por don Juan José quien (20 de marzo) le escribe: “El 6 fué nombrado popularmente Balcarce por Gobernador y Capitán General de la Provincia; Soler y Sarratea, que no pudieron oponerse a este golpe militar, salieron al campo y reuniendo gente, asociados del General Ramírez, se situaron en Caseros. El vecindario y tropas que conocieron el engaño que habían padecido con Balcarce, empezaron a salir y reunirse con Soler; los primeros los cívicos, después los veteranos. Entretanto se declaró la guerra, con repiques de campanas y salvas de artillería por haber sido declaraciones populares por aclamaciones. Todos los días había Cabildos abiertos y reuniones populares, pero se iban quedando solos. Cada hora una proclama, bandos, decretos, penas, etc. etc.; todo el pueblo creía que Balcarce y sus secuaces — entre los que estaba el Dr. Chabarría y el Dr. Medrano, quien arengando por la guerra hizo llorar al auditorio — estaban locos. Ultimamente, el 11 a la noche, los aguerridos, los argentinos y los cívicos pasados, que se hallaban 114

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concentrados en la Fortaleza, se abrieron camino a balazos; hubo algunas averías y muerto el Mayor Francisco Bausá; fugaron Balcarce, Viamonte, Rolón, los dos Irigoyen, Ambrosio Lezica y otros muchos, quedando la Fortaleza por más de dos horas sin centinela...”. Y (24 de marzo) prosigue el mismo remitente: “Huídos Balcarce y sus secuaces, Viamonte, Díaz Vélez, J. Alvarez, Baldovinos, Galup, Ambrosio Lezica, Dr. Medrano, Dr. Chabarría, los dos Irigoyen, Rolón y otros fogosos, entró Sarratea, con lo que queda subsistente el tratado de paz del 24 de febrero. Esperamos que se franqueará el comercio con el Paraguay; ya han salido los buques que había en San Nicolás. La yerba está aquí a 19 pesos. En Chile a 20. En Santa Fé no hay sino unos pocos tercios. En cuya virtud repito mi opinión de que toda la yerba que haya comprado la remita a Chile, en el modo que he prevenido en mis anotaciones. Los chilenos han tomado todos los puertos de Bolivia. Sabemos la revolución de España por la Constitución. El Gobernador Ramírez, en su estada en esta, ha dado patentes de corso contra los Portugueses...”. El desquicio persiste y se complica En Buenos Aires el desbarajuste político era mayúsculo. El 25 de febrero, los porteños tuvieron que soportar la humillación de ver recorridas sus calles desguarnecidas por Ramírez, López y el chileno Carrera, a la cabeza de sus “vándalos anarquistas”, que ocuparon la Plaza de la Victoria atando los caballos en las cadenas y postes de la pirámide de Mayo. Recordemos que solo 10 días estuvo Sarratea encima del sillón gubernativo, cuando su situación se complicó con aquel arribo de Juan Ramón Balcarce desde San Nicolás, al frente de la infantería que saliera intacta del combate de Cepeda. Alterada entonces la escena política, Sarratea en apuros tomó las de Villadiego — las de la villa de Pilar, mejor dicho —, donde se asila en el campamento de los caudillos federales.

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Imputábanle a Sarratea haber entregado a los montoneros gran cantidad de fusiles, sables, tercerolas, municiones y hasta artillería, sin anuencia del pueblo y de la Junta de Representantes; y también se le atribuía haberlo hecho venir a Alvear de Montevideo, en complicidad con José Miguel Carrera. Acéfalo el gobierno, Balcarce asumió el mando, tras una cabildada reunida a pedido de 165 ciudadanos. De ahí a poco, Soler perpetra su cuartelazo y se lleva la tropa a dos leguas de la ciudad, a Caseros, donde se pronuncia contra Balcarce; quien huérfano de apoyo militar hace mutis por el foro. Aparece después Alvear y con apoyo de algunos oficiales pretende birlarle el mando a Soler; pero una pueblada enfurecida — adicta sin duda a este jefe — casi lincha al recién venido, el cual termina preso en la cárcel del Cabildo “bien estropeado”. Reinstalado Sarratea en la silla ejecutiva por Ramírez y López, decreta en seguida la liberación de los presos para beneficiar a Alvear; más como el Cabildo tenía las llaves del calabozo, el Gobernador tuvo que negociar con los cabildantes la entrega del detenido, que fué soltado a condición de embarcarlo inmediatamente para Montevideo. El diplomático chileno Miguel Zañartu le refirió a O'Higgins que resuelto el embarque de Alvear, “lo llevaron un Regidor y un oficial al muelle, hasta cuyo punto los persiguió un hombre desconocido con resolución de matarlo, y tan enfurecido que quería seguirlo aún al barco”. Y Zañartu cerraba su misiva con esta reflexión: “Mientras el heroico pueblo de Chile y su digno gobierno sostiene el crédito de la revolución del Sud, evita la ruina total de estas Provincias y se prepara sus últimos laureles dando un golpe decisivo sobre el Perú (San Martín mediante, desde luego), Buenos Aires, en contradicción con sus intereses y la más beneficiada en aquellos sacrificios dispone en su mismo seno una expedición (la de Carrera fomentada por Sarratea) que llebe el exterminio y la desolación a ese Estado virtuoso” (Chile). Zañartu, en definitiva, resultó declarado persona non grata por el gobierno porteño, y obligado a alejarse de la ciu-

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dad. Así que, desde Montevideo, el 21 de Abril, envió a Santiago el detallado informe que transcribo a renglón seguido: "Exmo. Sor. Supremo Director del Estado de Chile: La desgraciada provincia de Buenos Ayres, cuya sociedad y administración embuelve todos los elementos del desorden, recoge ya los tristes frutos de su desorganización. Los sugetos respetables del país, todos los individuos capaces de poner un dique a la anarquía, desesperando del remedio, se han trasladado a este pueblo. Y se apresuran también a separar sus familias de un suelo que no ofrece al ciudadano ni al habitante la protección de ningún derecho. Tal es el resultado horrible de una federación que sólo servía de pretexto a unos aspirantes viciosos, que jamas podían figurar baxo otro orden. Ellos profanando aquel santo nombre, creyeron llegar a ser bastante fuertes para darse recíproco auxilio contra los mismo pueblos que oprimían. Pero ha sucedido lo que era inevitable en el órden de la sociedades. La hez de ellas, enseñada en la escuela de aquellos integrantes inmorales, vende su protección al que sabe negociarla, y amenaza tomar pronto las redes del Gobierno, con ruina absoluta de todas las fortunas y con sacrificio de los ciudadanos virtuosos. En estos días se ha sofocado afortunadamente una explosión que preparaban los argentinos cuerpos compuestos en su mayor parte de negros y mulatos. El Gobierno actual, que no subsiste por el voto de los hombres de bien, tendrá que disimular los crímenes de los que lo apoyan. Esto es por lo respectivo a Buenos Ayres. El Entrerios está igualmente presa de la anarquía. Un tal Correa, llamado el cojo, se ha apoderado de los principales puntos de la Provincia, formándose partido con la concesión del saqueo y del robo. Ramírez ha tenido que volver a su socorro; pero todos opinan que llega tarde, porque su competidor es ya más fuerte. Santa Fé sufre igual desgracia. Los indios capitaneados por un Aldao tienen muy apurado a López el menos malo acaso de los coaligados. De manera que la federación sólo está en los tres individuos que la promovieron, y en Carrera que se afana también en buscar medios para llevarla a ese país” (Chile).

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A todo esto Alvear, lejos de haber partido para la vecina orilla, permaneció oculto, en medio del río, en la goleta “Heroina”. Sorpresivamente baja a tierra; y la noche del 26 de marzo trama un audaz golpe en el cuartel de “Aguerridos”, a fin de suplantar a Soler en el mando general de las armas. Sobre ello Juan José de Anchorena, en carta fechada el 20 de abril, le pone a Alzogaray que estaba en Paranaguá: “... El 26 de marzo, de acuerdo con los militares, se apoderó Alvear del mando militar, habiendo preso a varios y extendido su órden a nosotros, que con disputas evitamos el golpe. A la tarde ocupó el Retiro con todas las tropas. En la noche se reunieron los cívicos, sus vecinos, y se vió obligado el 27 a retirarse a la Chacarita, en donde lo abandonaron los soldados y algunos oficiales. Ramírez y Carrera pidieron su amnistía, que no se le concedió, y ultimamente quedó sólo con 18 oficiales en lo de don Tiburcio Venegas ”. En efecto: Aquella madrugada del 26, eufórico el incoercible revoltoso, creyéndose triunfante, le escribió a José Miguel Carrera: “Mi amigo: El Exército me ha proclamado General; todo está concluído sin desorden y con dignidad. Soler, French y Beruti han sido embarcados; Manuel y José María Escalada han fugado al campo; Vedia y Rojas escondidos; se va a arrestar a los Anchorena. Pagola está con nosotros. Ud. puede tener cuidado por lo que pueda suceder”. Empero, horas después, al no conseguir respaldo popular y desertársele la tropa, Alvear huye a buscar protección en el campamento de Carrera — otro que tal! — establecido en la Chacarita, desde donde ambos se encaminan a sumarse a los caudillos enemigos de Buenos Aires, acampados en las márgenes del Arroyo del Medio. “El Indio (Ramírez) — proseguía la carta de Anchorena a Alzogaray — aspiraba 1º a la Comandancía de esta campaña, y, después de destronarlo Alvear, al gobierno de Santa Fé, por que el Entre Rios esta invadido por Correa y los portugueses ... Entre tanto siguen los pueblos en confusión. En Córdoba fusilaron el Sábado Santo 17 cabos y soldados por una conspiración descubierta el jueves. Tucumán se ha declarado república. En Santiago los del campo ataca118

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ron y destrozaron al partido sostenido por tropas de Tucumán. En la Rioja (atacaron) los del campo a los del pueblo, y hubo 60 muertos. En San Luis y Mendoza siguen las jaranas. En San Juan mandan dos sargentos y han impuesto al vecindario 12 mil pesos por impuesto mensuales, para gastos de los mil hombres que mandan. Lo más tranquilo es Santa Fé, mi Señora doña Mercedes (Echagüe y Andía, esposa de Alzogaray) tuvo sus sustos el 26 y 27 por la jarana de los cívicos que andaban en esas calle a balazos. Toda su familia está sin novedad”. Cada vez se revuelve más el avispero político Por otra parte los caudillos federales victoriosos habían impugnado a los Representantes Echevarría, Paso y Juan Pedro Aguirre, tachados de directoriales. Y como Sarratea ocupaba la gobernación secundado por Oliden en calidad de ministro, y los Anchorena y Vicente López resolvieron dimitir a su representación legislativa, la Junta quedó desintegrada, reducida a 5 miembros. Entonces, el 22 de marzo, ambos Anchorena, Victorio García de Zúñiga, Vicente López, Sebastián Lezica y Antonio José de Escalada, sin investidura pública, como simples ciudadanos, elevaron un oficio al Gobernador Sarratea, instándole a que llame a elecciones al vecindario de la ciudad y campaña, a efectos de recomponer la Junta. De tal modo, electores urbanos y rurales designarían, por mayoría de sufragios (votando cada vecino por 3 candidatos) a 12 y 11 diputados en sus respectivos distritos. Realizados los comicios, el escrutinio consagró, el 27 de abril, a estos Representantes capitalinos para dicha segunda Legislatura: Tomás Manuel de Anchorena (con 212 votos), Ildefonso Ramos Mejía (con 180), Manuel Obligado (con 153), Juan José de Anchorena (con 136), Victorio García de Zúñiga (con 127), Juan Pedro Aguirre (con 119), Vicente López (con 105), Antonio José de Escalada (con 95), Francisco Antonio de Escalada (con 89), Miguel de Riglos (con 79), Juan José Paso (con 71) y Juan Alagón (con 70). Anchorena

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Mas ocurrió que el Gobernador Sarratea impuso un veto acusando de directoriales y monarquistas a Tomás Manuel de Anchorena, a Vicente López, a Paso y a Juan Pedro Aguirre, y los procesa, además, como traidores aliados a Portugal. El Cabildo, sin embargo, desconoce ese veto, y sostiene que sólo a la Junta de Representantes corresponde juzgar a sus miembros. Sarratea, con todo, hace arrestar a Paso, a López y a Aguirre. Mientras la Junta, el 2 de mayo, resuelve dejar cesante a Sarratea del cargo de Gobernador, ordenándole, bajo palabra de caballero, que debía guardar arresto en su domicilio. Y aquel mismo día es elegido Ildefonso Ramos Mejía Gobernador Interino de la Provincia. Dos semanas más adelante, el cuerpo encomienda a Juan José de Anchorena y a Victorio García de Zúñiga, la redacción de un proyecto de instrucciones para Matías Patrón, a quien se pensaba enviar al Congreso de San Lorenzo en carácter de delegado de la Provincia, conforme a lo prescrito en el tratado del Pilar. Ello infunde optimismo a don Juan José, por lo que toma la pluma y escribe a su socio Alzogaray: “Aquí se van poco a poco aquietando los ánimos, y después de mi última del 20 ppdo. no ha ocurrido novedad. En Santa Fé algunas intenciones contra López, pero se ha situado con 400 hombres en lo de Larrechea, y con esta medida será lo bastante para imponerse”. Y con fecha 23 de mayo amplía Anchorena estas noticias que, ansioso, debe haber devorado Alzogaray allá en los yerbatales brasileños: “Artigas se halla en hostilidades contra Ramírez, que está unido a Correa. Aquel ocupa la provincia de Corrientes, y estos defienden el Entre Ríos. No habiendo querido Ereñú unirse a Ramírez, lo prendió Correa y destinó la gente. Los buques bajan del Paraguay permaneciendo en Goya y no sabemos que hayan pasado. Por esto conviene permanesca Ud. en donde se halle, hasta ver qué semblante toman estas jaranas, por si conviene continuar la negociación de yerba ... Artigas detiene hoy buques del Paraguay. Siempre se vende en Chile la yerba con estiamción, y ya está prevenido Solar”. (Felipe Santiago del Solar, factor comercial trasandino de Anchorena). 120

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Respecto de la caída en desgracia de Sarratea, el chileno Zañartu, temporariamente en Montevideo, le comentaba a su Ministro Joaquín de Echegaray: “El puerto de Buenos Ayres se ha mantenido cerrado en éste intervalo con el fin de aprehender al malvado Sarratea, que ha fugado de la reclusión que guardaba en su casa bajo su palabra de honor. Tarde han conocido aquellos ciudadanos que el vínculo de la palabra no liga a los malvados, y que en este rol debía considerarse al que traicionó su país desde los primeros momentos que ocupó indignamente la silla del gobierno. Sus primeros pasos fueron disolver los cuerpos veteranos, armar abundantemente a los enemigos del orden, cooperar con el infame Carrera en la destrucción de Chile, llamar a Alvear para apoyarse en su partido, libertar todos los prisioneros, y embolver al país en la anarquía. Seguramente no hace honor a Buenos Ayres el silencio vergonzoso que guardaba a la presencia de estos males, ni haber creído estúpidamente que era posible comprar la paz de los anarquistas en estas condiciones humillantes. El desengaño lo reciben cuando las salas de armas se hallan ya vacías, cuando los anarquistas han extraído del pueblo toda clase de auxilios, y cuando han descontentado a los pocos militares virtuosos que pudieron salvar al país ... La ruta de Sarratea es, según opinión general, a unirse con Alvear y Carrera que se hallan en Santa Fé negociando la cooperación con López y esperando a Ramírez que fué a pacificar Entrerios. Aquel triunvirato prepara un nuevo ataque a Buenos Ayres, y entretanto el pueblo se halla en el sueño de la muerte, y no se atreve ni aún a disponer los ánimos a una justa defensa. Carrera, Alvear, Sarratea y Ramírez, son unos malvados, unos traidores en la boca de todos cuando hablan en las cocinas de sus casas, pero cuando es preciso tomar una medida pública y enérgica, todos se encogen de hombros...”. Pero mi antepasado don Juan José ante ningún reto insolente se encogería de hombros ni menos achicaría su ánimo: El 27 de mayo hizo presente a sus pares de la Junta que, por noticias recibidas de Santa Fé y Entre Ríos, consideraba urgente “tomar medidas activas capaces de oponer vigoroza resistencia a los insultos y amenazas en que se ve proAnchorena

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vocada esta Provincia”. Propuso, en consecuencia, “se nombre un Gobernador por ocho meses, con todas las facultades civiles y militares que les piden las ocurrencias”, y que “se nombre igualmente un Consejo cerca de éste Xefe, compuesto de cinco individuos, suspendiendo las sesiones esta Corporación por quatro meses”. Tal moción dió lugar a “muchos debates y discursos encontrados”, mas al fin los Representantes “quasi por unanimidad”, resolvieron que Ildefonso Ramos Mejía continuara al frente de la Provincia. Sólo el diputado Manuel Hermenegildo Aguirre (como lo consigno en el estudio dedicado a ese tatarabuelo mío) no estuvo de acuerdo con la antedicha resolución, y dió su voto a favor de su colega Juan José de Anchorena. En la sesión posterior del 29 de mayo, otra vez don Juan José alertó a los Representantes acerca de “que no debe considerarse distante de ser atacada esta Provincia”, y ante ese cuadro de cosas estimaba preciso “se le franquearan al Sr. Governador omnímodas y absolutas facultades, con algunas restricciones que fuesen como trabas a la arvitrariedad y despotismo”. Sin tardanza pués, el 6 de junio, la Junta designó Gobernador titular y Capitán General de la Provincia, por ocho meses, a Ramos Mejía, al cual debía asesorar un “Consejo Consultivo” integrado por tres vocales titulares y dos suplentes. A poco andar (16 de junio), Estanislao López — aliado con Carrera y Alvear — declara la guerra e invade territorio bonaerense, a pretexto de que los porteños no habían cumplido los tratados de paz. Cuatro días después (20 de junio) el General Soler, al frente de sus milicias acantonadas en Luján se pronuncia contra el gobierno. Ramos Mejía, “hombre de orden pero pusilánime” — al decir de Zañartu —, presenta su renuncia a la Junta de Representantes; cuya corporación la acepta y, acto seguido se declara disuelta por unanimidad. Tras esto, don Ildefonso encamínase acompañado por los ex representantes Juan José de Anchorena y Pedro Sebastiani, al Ayuntamiento local, donde deposita el bastón de mando en manos del Alcalde de 1º voto Juan Norberto Dolz. Entretanto 122

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en Luján, Soler exige que el Ayuntamiento capitalino legalice su status faccioso; y dicho organismo comunal — al que se suman como meros ciudadanos los miembros de la disuelta Junta: Juan José de Anchorena, Manuel Obligado, Manuel Hermenegildo de Aguirre, Juan Alagón, Francisco de Escalada y Victorio García de Zúñiga —, en razón de que sus componentes “jamás habían tenido otro objeto delante de los ojos que el bien y la tranquilidad de sus Conciudadanos, a cuyo fin se habían dispuesto a hacer toda clase de sacrificios, acuerdan oficiar a Soler para que acuda a prestar el juramento de ley en esta Sala Capitular”. El anárquico proceso de referencia había llegado a su culminación aquel 20 de junio, llamado “día de los tres Gobernadores”; Ramos Mejía (que hasta esa fecha gobernó por espacio de 1 mes y 18 días), el Alcalde Dolz (depositario del bastón por unas pocas horas), y el General Soler (que gobernaría 10 días — 5 de facto y 5 de jure, por así decir —, hasta su derrota en la Cañada de la Cruz por los montoneros de Estanislao López). Recrudece la guerra civil Soler antes de ponerse en marcha para rechazar la invasión de la montonera de López — reforzada con indios del Chaco, parciales de Alvear y chilenos de Carrera —, deja como Gobernador interino al Coronel Manuel Dorrego; pero tras su descalabro en la Cañada de la Cruz, cerca de Morón (28 de junio), concluye abandonando la jefatura de la Provincia y retirándose a la Colonia, en la vecina orilla. El 7 de julio Juan José de Anchorena, “calamo currente”, le informa a Alzogaray, que se hallaba en el Janeiro, acerca de los conflictos que aquejaban al país: “Habiendo sido dispersada la gente que mandaba Soler y embarcándose éste, nos hallamos desde el 29 último sobre las armas. López, Carrera y Alvear están en Santos Lugares, y desde allí hacen correrias hasta el Miserere (hoy Plaza Once) y Cueli (terrenos actualmente comprendidos entre las avenidas Santa Fé y Las Heras lindantes con el Jardín Botánico), pués no se animan a atacar a los cívicos que están con mucho calor en medio de unas Anchorena

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heladas de las que no hay ejemplo...”. Y en la siguiente carta (19 de julio), después de hablarle como siempre de negocios a su corresponsal, don Juan José lo entera de estos acontecimientos. “...Continúan las incursiones, robos, saqueos, etc, por Alvear, Carrera y López: están en San Isidro en breve habrá acción ... Sabemos que han llegado al Paraná 4 buques con yerba, y Ramírez continúa deteniéndolos ... Créase Ud. feliz en estar en esa (el Janeiro). Nicolás (Anchorena) en 22 días, solamente 3 días se ha desnudado por que manda el 1º tercio Cívico. Juan Pedro (Aguirre, su primo) manda el 2º y trabajan mucho, como que les vá el cuello. Creo que a la larga hemos de vencer a los ladrones. Tomás (Anchorena) tuvo que huir a Montevideo, por que Soler lo quería entregar por precio de los tratados (que exigían procesar a los directoriales), y habiendo corrido éste, a los 5 días tuvo que ir a Montevideo a ver los que él había hecho huir, que son muchos. Ahora es Gobernador político y militar don Manuel Dorrego...”. Ocurrió que Dorrego se había dirigido a los pagos del sur, a fin de oponer resistencia, con las milicias campesinas, a los montoneros intrusos. El Cabildo, seguidamente, eliminado Soler, reasume el mando como “Gobernador Provisorio”, y sin anuencia de Dorrego nombra comandante de los cuerpos cívicos urbanos a Marcos Balcarce. Pero he aquí que de improviso el Coronel Pagola, con alguna tropa salvada de la derrota, ha penetrado en la ciudad, y, por cuenta propia se adueña de la Fortaleza; mientras Alvear, en Luján, con el visto bueno de López, consigue hacerse pregonar Gobernador por unos diputados adictos, reunidos por él a todo galope en los “pueblos libres de la campaña”. Pagola, por su lado, no transa con el “Cabildo Gobernador”, cuya corporación de un día para el otro logra convocar una Junta Electoral (doce vecinos, entre ellos Nicolás Anchorena) destinada a elegir un gobernante que preserve al pueblo de la anarquía. Empero Pagola se niega a reconocer tal organismo, irrumpe en la sala de las deliberaciones, y la Junta electoral suspende su cometido por falta de garantías.

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Dorrego, entre tanto, ha reunido a las milicias sureras, y con los blandengues subordinados a Martín Rodríguez — al cual secundan Lamadrid y el comandante Juan Manuel de Rosas, jefe de los escuadrones colorados — entra en la ciudad amenazada, resuelto a defenderla a cualquier costa. Debido a este vuelco de situación, Pagola queda fuera de la escena; al propio tiempo que los ediles y electores de la Junta vuelven a sesionar y eligen Gobernador a Martín Rodríguez, quien no acepta su nominación. López, Alvear y Carrera, en el interín, se alejan hacia el norte, sin atreverse a atacar la capital de los porteños. Entonces el Ayuntamiento y la Junta, por unanimidad, proclaman Gobernador interino a Dorrego, salvador momentáneo de Buenos Aires; quedando Marcos Balcarce como Gobernador sustituto, ya que “por lo crítico de las circunstancias”, la presencia del primer mandatario podría ser indispensable en “algunos puntos donde debe hacerse la defensa de la Ciudad”. Sin demora, pués, Dorrego sale a campaña en persecución de los invasores, y en San Nicolás (2 de agosto) sorprende el campamento de Alvear y Carrera, derrotando a su gente tras feroz carnicería. Tanto el chileno como su inescrupuloso aparcero no cayeron en la volteada por hallarse fuera del pueblo — “único sentimiento que tenemos de habérsenos escapado estas cabezas, que tantos males han originado a la Patria”, anotó, con pesadumbre, el porteñísimo Juan Manuel Beruti, en sus Memorias Curiosas. Diez días más tarde — luego de fracasada una tentativa de paz entre los beligerantes (“Dorrego ha firmado un armisticio que no sé que resultados tenga”, le escribió Juan José a su hermano Tomás) —, las fuerzas que acaudilla López sufren un nuevo revés en las márgenes del arroyo Pavón. Sobre esos episodios lo entera don Juan José a su socio Alzogaray que aún permanecía en el Brasil: (26 de agosto) “...Habiendo marchado cívicos y campestres contra los federales, los obligan a salir de esas inmediaciones; los persiguen; en San Nicolás el 2 de éste atacaron a los chilenos y milicia: 600 hombres muertos y prisioneros toda la criollada, Anchorena

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3 mil caballos, más de 50 oficiales, incluídos los proscriptos, y todos los diputados (que proclamaron Gobernador a Alvear). El 6 se hizo un armisticio, y el 11 cuando estaba todo convenido, al ratificarlo salió Cosme Maciel (secretario de López) pidiendo disparates; entre otros la indemnización de todos los perjuicios durante la guerra; otro fue dar lugar a hacerse de gente a los de Santa Fé. El 12 atacó López con 700 hombres; en el Arroyo de Pavón fue derrotado y perseguido 42 leguas; muertos 120 hombres y 50 prisioneros; se le disparó la gente hacia Córdoba; él pasó el Carcarañal con 60 hombres; se le propuso la paz; no la quiere hasta volver por su honor. Dorrego se halla en lo de Andino el 18 del corriente, y temo le dé la locura de entrar en Santa Fé, si no quitan a López. Se dice que éste a fusilado a Alvear por no haber cumplido sus órdenes, pero no lo creo. Entretanto Ramírez es dueño de Entre Ríos y se ha convenido con Correa, etc., de Corrientes, pero es de temer lo ataquen los paraguayos ...Toda su familia (de Alzogaray) está sin novedad, excepto Martincito que está bastante agravado de llagas en la garganta...”. Tenía razón Juan José Anchorena en temer que le diera la locura de internarse en Santa Fé a Dorrego. Este, en verdad, procuró entenderse con López para poner fin a la guerra. Mas el santafesino dilata su respuesta. Impaciente Dorrego ordena a sus soldados avanzar sobre Santa Fé, convencido de batir a su astuto rival. Rosas y Martín Rodríguez — que buscaban la paz — al discrepar con aquella determinación de reanudar pelea, obtienen a su solicitud, licenciamiento por parte de Dorrego; quien el 2 de septiembre, con su hueste mermada, resultó completamente vencido en el Gamonal. Ese desastre ya lo había supuesto mi tatarabuelo Anchorena, cuando el 26 de agosto le participaba a su hermano Tomás, de momento en Montevideo: “No ocurre novedad sino el tejido de intrigas que gobiernan: ha llegado Quintana (Hilarión) y Martín Rodríguez. Dorrego iba sobre el Carcarañal. Se le han venido los más, y le quedan solamente 600 hombres...”. 126

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Respecto del mismo infausto lance guerrero, el agente de Chile en Buenos Aires, Miguel Zañartu, le daba cuenta (8 de septiembre) a su gobierno: “Han obtenido ventajas muy considerables sobre el General Dorrego, López y Carrera en calidad de segundo. Después de la jornada de Pavón el jefe de Buenos Aires despreciando más de lo que debiera al enemigo, licenció la mayor parte de sus tropas, y quedó solamente con número de 500 a 600 soldados, que no tenían ni aún la dotación completa de oficiales. El enemigo noticioso de la confianza indiscreta del jefe de esta provincia ... logró juntar en su campaña como 700 hombres, que le dieron la victoria por una fuga inesperada que hizo nuestra ala izquierda sin haber entrado en acción, en circunstancias de estar ya arrollada la derecha del enemigo ... El señor Dorrego ha conseguido replegar a unos 300 hombres que iban a reemplazar la fuerza licenciada, con lo cual ha formado ya una división capaz de reparar el quebranto sufrido. Nuestra campaña también se ha movido en masa, y con estas disposiciones para oponerse a los invasores nada debe temerse de ellos”. Se elige nueva Junta de Representantes Mientras suceden los referidos enfrentamientos campales, en Buenos Aires el Cabildo convoca a elecciones a los ciudadanos con “arraigo y vecindad”, para restablecer la Junta de Representantes — la tercera en seis meses —, cuyo escrutinio, efectuado el 31 de agosto, consagró diputados a los 12 individuos con mayor cantidad de sufragios, a saber: Vicente López (con 109 votos), Juan Pedro Aguirre (104), Manuel Pinto (103), Félix Alzaga (93), Ildefonso Ramos Mejía (75), Nicolás de Anchorena (74), Juan José Cristóbal de Anchorena (73), Juan José Passo (69), Esteban Gascón y Victorio García de Zúñiga (ambos 65), Joaquín Suárez (50) y Francisco Escalada (48). Veinticuatro horas después de su nominación, don Juan José le escribía a su hermano Tomás que se hallaba en Montevideo: “...No ocurre novedad sino que ha desembarcado Soler y otros, lo que causará agitaciones. Son representanAnchorena

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tes por la ciudad (nombra junto con él a los 12 diputados antedichos) ... Dudo resucitar (a la Junta), porque yo no he de ser y otros no han de servir, porque el infiernillo sigue...”. Efectivamente, mi antepasado Anchorena si bien prestó juramento, dejó de concurrir a las sesiones de la Junta. Y dieciocho días más tarde, el renuente diputado — entre los sempiternos temas mercantiles —, vuelve a proporcionarle noticias políticas a Tomás: “... Hoy marchan las divisiones para Dorrego … Los xefes, excepto Pico, van descontentos porque Rodríguez y sus amigos pretenden el gobierno en propiedad, pero este y los representantes están en continuar de interinos. Dorrego porque es peleador, y con las circunstancias se recibirá. Habrás sabido que fué derrotado en Pabón (sic., por Gamonal) el dos de ésta, por haber atacado con mermadas fuerzas sin oficiales, y flaquearon los veteranos, conque los cívicos y la milicia fué envuelta. Me hicieron concurrir el 8 con engaño (a la Junta), y por evitar escándalos presté juramento con protesta, etc., y no he asistido ni asistiré. Entretanto la Junta se ha quejado de haber admitido a Soler, y no se acuerda que es de necesidad hacerlo salir. Yo soy de oposición...”. El 26 de septiembre, llena la Junta el requisito de elegir Gobernador y Capitán General interino de la Provincia: y a dicha alta función resulta promovido el Brigadier Martín Rodríguez, quien alcanzó la suma de 11 votos: Dorrego, con su prestigio disminuido tras la derrota de Gamonal, sólo obtuvo 4 sufragios; Francisco Fernández de la Cruz 3, y Marcos Balcarce y Manuel Obligado 1 cada cual. Por Fernández de la Cruz votaron Juan Pedro Aguirre, Victorio García de Zúñiga y Juan José de Anchorena. Este último, como había dejado de concurrir a las reuniones de la Junta — con el anticipo de su renuncia —, mandó por escrito el voto en los siguientes términos: “Habiéndome indispuesto para asistir a las Sesiones de esa Honorable Junta, y previniéndome en este momento el Sr. Presidente (Francisco Antonio de Escalada), por medio del Edecán, mande mi voto por escrito para Governador de la Provincia. Hago presente a Vuestra Honorabilidad que tengo hecha mi renuncia del car128

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go de Diputado por esta Ciudad, pero para no ser responsable de los males que ocurriría la demora, nombro para Governador y Capitán General de la Provincia al Sr. Dn. Francisco de la Cruz Fernández, Mayor General que fué del Exército del Sr. Belgrano, y para desempeñar este cargo durante su ausencia al Sr. Brigadier D. Martín Rodríguez; y si éste Señor después de posesionado del mando tubiese que salir a Campaña, para sustituto al Sr. Coronel mayor D. Marcos Balcarce, para que mientras permanesca en Campaña el Sr. Rodríguez, desempeñe el cargo del Governador en lo relativo al Govierno, Hacienda y Marina, quedando los asuntos del Departamento de la guerra a la resolución del Sr. Rodríguez”. Don Juan José decepcionado de la política, se alejaba así momentáneamente de ese “infiernillo” al que nadie era capaz de ponerle fin. El crédito de Dorrego había disminuido, sin duda, luego de su acometida contra Santa Fé desbaratada en el Gamonal. Anchorena — como Rosas, su primo y amigo — temió, con razón, que al emprender Dorrego aquella ofensiva tras el Arroyo del Medio, el tiro le saliera por la culata. A partir de ese momento, los hechos van a convertirlo a don Juan José — políticamente hablando — en un federal porteño que reclama orden y paz para su patria chica, mediante un gobierno fuerte, celoso defensor de la autonomía lugareña, aunque dispuesto a establecer honorables y sólidos vínculos de convivencia con los caudillos de las provincias hermanas. Esta tendencia pragmática de enérgico federalismo discordaba, por cierto, con la opinión de la mayoría de sus colegas de la Junta, simpatizantes con las anteriores administraciones directoriales centralistas, de cuya misma raigambre ideológica brotaría, a poco andar, el partido unitario impulsado por Rivadavia, Ministro y mentor de Martín Rodríguez en su gestión gubernamental.

Anchorena

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El manifiesto de Fernando VII con la carta del Conde de Casa Florez. Sus antecedentes y posterior derivación aquí Una semana atrás de la exaltación de Martín Rodríguez al poder por la Junta de Representantes, en la sesión del 20 de septiembre, los señores legisladores abrieron un pliego enviado por sus colegas ausentes Nicolás y Juan José de Anchorena, fechado el día anterior, en cuyo papel ambos hermanos avisaban “que la noche antes un hombre desconocido había entregado al negro Portero de su casa la carta que adjuntan del Conde de Casa Florez, acompañando al manifiesto de Fernando 7º que ya ha sido impreso en esta Ciudad, lo que participaban a esta Honorable Junta para que tomando en consideración los males que trahe a nuestra libertad e Independencia el descaro conque la atacan sus enemigos de toda especie, prevalidos de la impunidad, se digne dictar medidas que contengan y escarmienten su audacia, y garantizen a los buenos Ciudadanos de ser insultados por sugestiones ridículas”. El Representante Ramos Mejía manifestó luego que otra carta igual “se había dejado en su casa del mismo modo a una criada por persona desconocida"; y otra idéntica remitió, a la Junta, el Secretario de Gobierno Manuel Obligado. “Tomada en consideración esta materia — prosigue el acta parlamentaria que me ocupa — y hechas al efecto, por algunos Representantes, las reflexiones convenientes sobre el rastrero e indecente manejo del Conde de Casa Florez, insultando por este modo insidioso y sugestivo la libertad, dignidad y decoro de este Paiz, y de sus buenos honrados Ciudadanos”, los Diputados resolvieron pasar “dichos comunicados al Sr. Governador sustituto (Marcos Balcarce), para que reunidos a otros de igual clase, “que según noticias se habían esparcido en la propia forma”, las enviara “inmediatamente al Ministerio fiscal (a cargo de Matías Patrón), a fin de que continúe la instancia que sobre el mismo manifiesto de Fernando 7º, tenía entablada y pendiente”. Y se le encarecía a Marcos Balcarce, “actividad, zelo y patriotismo en este importante negocio, en que se considera insultada la dignidad y libertad 130

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de esta Provincia, comprometiendo la tranquilidad y buen orden público, no deviendo el Govierno sostituto omitir la averiguación del conducto y manos por donde se hayan difundido las cartas de dicho Conde”. Por los demás, el Vicepresidente del cuerpo Juan José Passo, sugirió la conveniencia de “hacer un manifiesto con la energía y razones que exige y presenta esta ocurrencia, para manifestar y poner en ridículo el indecente e insultante manejo del enviado de España en la Corte del Brazil, incapaz de producir en esta Provincia, libre y patriota hasta el sumo grado, la corrupción que se proponía”; moción de Passo que “aunque fué apoyada por algunos Señores,” no pasó. Mas a santo de que circulaban en Buenos Aires esos papeles que alborotaron a “nuestros gigantes padres?”: Producida el anterior 1º de enero la sublevación masónica-liberal de las tropas españolas, que en la villa andaluza de Cabezas de San Juan encabezó el Comandante Rafael Riego — tropas destinadas a la reconquista de los dominios hispanoamericanos para el trono de Fernando VII —, y triunfante luego aquella insurrección en toda la Península, sus ejecutores obligaron al Monarca a restablecer la Constitución que se promulgara en 1812 en Cádiz, el 19 de marzo día de San José. (Que por eso fué llamada “la Pepa”; y de ahí viene el “Viva la Pepa!”, mote trasparente con que los liberales vitoreaban a esa Carta Magna cuando, en 1814, el absolutismo borbónico la derogó). Y bien: restablecida allá “la Pepa”, el nuevo gobierno liberal de España impone a Fernando VII la firma de un “Manifiesto a los habitantes de Ultramar”, en cuyo texto el Rey, después de anunciar a sus díscolos vasallos americanos que había jurado — de nuevo — la Constitución de 1812, “por la cual suspirabais”, les exhortaba a deponer su rebeldía mediante el envío a la Metrópoli de delegados, a fin de tratar en las Cortes sus problemas con la vuelta de los hijos pródigos al viejo redil, ahora liberalizado. “Pero — advertía el tornadizo Monarca — si desoís los sanos consejos que salen de lo íntimo de mi corazón, y si no cogéis y estrecháis la fiel amiga mano que la cariñosa Patria os presenta ... temed todos los Anchorena

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males que producen los furores de una guerra civil ... y los terribles efectos de la indignación nacional al ver ofendido su Gobierno, este Gobierno ya fuerte y poderoso por que se apoya en el pueblo, que dirige y vá acorde con sus principios”. Seguidamente Fernando designó comisionados con destino a la Guayra y Puerto Cabello (Venezuela), a Nueva Granada (Colombia), a Lima y Buenos Aires. Para entablar negociaciones en la antigua capital del virreinato rioplatense, fueron despachados el Coronel Manuel Herrera, Tomás Comyn y el Capitán de Fragata Manuel Martín de Matheu. Estos regios emisarios, a bordo del bergantín “Aquiles" llegaron a Rio de Janeiro el 16 de septiembre, donde los recibió el ministro español ante la Corte de los Braganza, José Florez Pereyra, Conde de Casa Florez; el cual se encargó de remitir a Buenos Aires, anexo a una carta suya, aquel “Manifiesto” de Fernando VII, que, entre otra gente de pró, recibieron clandestinamente Juan José de Anchorena y su hermano Nicolás, quienes — como se dijo — pusieron tales documentos a la consideración de la Junta de Representantes. Entre tanto los antedichos comisionados realistas parten del Brasil y reanudan su navegación en el “Aquiles” rumbo a Buenos Aires. Las autoridades bonaerenses, que en principio habían resuelto recibir a los viajeros y alojarlos en el Fuerte, previa aceptación de sus credenciales para negociar con ellos una paz decorosa, cambian de idea y no los dejan desembarcar. A este respecto Juan Manuel Beruti anotó, puntual, en sus Memorias Curiosas: “4 de diciembre de 1820. Fondeó en estas balizas un buque de guerra español con bandera parlamentaria, y a su bordo varios sujetos de rango mandados por el rey Fernando VII de diputados a nuestro gobierno; y como de sus credenciales no se veía traer condiciones amplias para poder reconocer nuestra independencia, no quiso la Junta de Representantes permitirlos bajar a tierra (lo que solicitaron) por lo que el 7 del mismo izaron velas y se fueron sin haber tratado cosa alguna, ni decir qué asunto traían, ni contestado el oficio de la referida Junta; por lo que

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se cree que su misión sería el que jurásemos la constitución española”. El cuartelazo de octubre y la restauración del orden por Rosas La “jarana” — como diría Juan José de Anchorena — culminó el 1º de octubre de aquel año 20, a la madrugada, cuando algunos oficiales y el Coronel Pagola provocaron la sublevación del 2º tercio de cívicos — dependiente del Cabildo — y del regimiento fijo de infantería veterana, alojado en el cuartel del Retiro. El desmán iba contra el Gobernador Martín Rodríguez, que apenas cumplía cuatro días al frente de la Provincia. Tomando como bandera el nombre de Dorrego, encabezaban la revuelta los siempre desapacibles Manuel Pagola e Hilarión de la Quintana (dorreguista aquel y conmilitón de Soler el otro), unidos al Capitán “solerista” Epitasio del Campo, al Comandante “alvearista" Genaro González Salomón, y al no menos díscolo doctor Pedro José Agrelo (en la cárcel por amigo de Sarratea, que sería liberado después); en tanto en el Cabildo eran cómplices del levantamiento el Alcalde Juan Norberto Dolz y los Regidores Ventura Ignacio Zavaleta, José Tomás Isasi, Zenón Videla y Ramón Villanueva (todos partidarios de Dorrego, aunque los cuatro últimos, después, trataron de lavarse las manos). En la Plaza Mayor se produce un vivo tiroteo entre los insurrectos y alguna poca tropa de cazadores que manda el Coronel Celestino Vidal; más los cazadores no resultan presa difícil para Pagola y los suyos que, tras breve lucha se apoderan de la Fortaleza. Martín Rodríguez de antemano había abandonado la ciudad y dirigídose rápidamente, por la costa del río, a Barracas. Allí se le incorporan algunos oficiales adictos con un pequeño resto de cazadores fugitivos. Desde allí también el Gobernador requiere el concurso de Rosas, que con sus milicianos del sud hallábase acampado en Santa Catalina (ahora Lomas de Zamora) a una legua del río Matanzas y a dos de Barracas Anchorena

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Los jefes rebeldes, mientras tanto, adueñados del Fuerte y del Cabildo, han puesto en libertad a sus amigos políticos detenidos: “antes que a otros a Agrelo — le informaba el agente chileno Zañartu a su ministro trasandino —, que inmediatamente comenzó a trabajar para sacar partido del tumulto y colocar a Sarratea en el Gobierno. Pero afortunadamente estaba tan desacreditado este caudillo, aún entre los malvados, que la proposición fué desatendida, resolviendo citar al pueblo para el día siguiente para la elección de gobernante”. “En efecto — prosigue Zañartu — luego que amaneció hicieron señal de convocación: es decir, tocaron la campana del Cabildo y tiraron en el Fuerte tres cañonazos, pero el pueblo no concurría. Repitieron la señal ese día, el siguiente y subsiguiente siempre sin suceso. Los tumultuarios empezaron a temer ... llaman en su auxilio al Gral. (sic) Dorrego, que estaba en las fronteras de la Provincia defendiéndola de los montoneros”. El Cabildo a su vez, se reune en acuerdo extraordinario bajo la presidencia del Alcalde Dolz y con los Regidores Videla, Zavaleta, Isasi y Villanueva; únicos cuatro que acudieron a la cita. En eso — expresa el acta capitular respectiva — “se presentaron el la sala una porción de hombres” que impugnaban la elección de Gobernador realizada por la Junta en la persona de Martín Rodríguez, “por ser de la facción destruída del Congreso y Directorio, enemiga de la libertad de los Pueblos y de los Patriotas, contra quienes había desplegado, desde su ingreso al mando la misma sanguinaria persecución que ha marcado los pasos de aquella”. Pedían esos intrusos “que el Cavildo reasumiera provisoriamente el mando, y se procediese a la creación de un nuevo Govierno”. Y los cinco munícipes presentes, ni lerdos ni perezosos, revocan entonces el nombramiento de Rodríguez, declaran nulos los poderes de la Junta de Representantes, y asumen el mando como “Cabildo Gobernador”, hasta las resultas de una asamblea popular a realizarse en la Iglesia de San Ignacio, al día siguiente; y para mantener el orden — el desorden dijérase mejor — nombran Comandante de Armas y Jefe de los caza134

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dores a Hilarión de la Quintana, y Coronel de la brigada cívica a Manuel Pagola; de todo lo cual se dá aviso a Dorrego, quien en su campamento de San Antonio de Areco — previo acuerdo con sus oficiales — acata la autoridad del Cabildo. (Dorrego, disconforme con la elección de Rodríguez como Gobernador — despechado acaso por ello — había remitido dos días antes su renuncia de jefe del ejército provincial, renuncia que se cruzó con la nota de su destitución y la orden, firmada por Rodríguez, de entregar sus efectivos al Coronel Blas José Pico). Por otra parte Rosas, en su vivac, recibe instrucciones del Cabildo de subordinarse a Dorrego; más don Juan Manuel — tras escuchar la opinión de sus cinco jefes de escuadrón en junta de guerra — decide restablecer a la autoridad legal derrocada, y marcha con sus “colorados" hacía Barracas en apoyo de Rodríguez. A todo esto (3 de octubre) los amotinados creyéndose triunfantes convocan al vecindario a cabildo abierto en la Iglesia de San Ignacio, a fin de nombrar Gobernador. Pedro Agrelo, en fogosa perorata, indica el nombre de Dorrego. Nicolás de Anchorena le replica, solicita el concurso de los hombres de orden y en medio de infernal griterío saca un par de pistolas para hacerse respetar y defender su integridad física. La asamblea — copio a Manuel Beruti — “resultó una gangolina, insultos y bullicio, que al fin se fué el día y no se resolvió cosa alguna” — salvo que el Ayuntamiento ejerciera la autoridad suprema de la Provincia hasta la elección de nuevo Gobernador. “Desgraciado pueblo — estampa Beruti en sus Memorias — que no hay gobierno que se ponga que los malvados no traten de quitarlo porque no es de su facción, de manera que no hay orden, subordinación ni respeto a las autoridades, cada uno hace lo que quiere, los delitos quedan impunes y la patria se ve en una verdadera anarquía, llena de partidos y expuesta a ser víctima de la ínfima plebe, que se halla armada, insolente y deseosa de abatir la gente decente, arruinarlos e igualarlos a su calidad y miseria”. Todos los jefes del estado mayor fugaron para reunirse con Rodríguez, Anchorena

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que se hallaba algunas leguas distantes de la ciudad. “El 4 de octubre — sigue Beruti — amaneció la plaza sola, por que la noche antes se fueron los cívicos aburridos de su propio desorden, y ya pesarosos de lo que habían hecho, como otros temerosos de ver que el plan se iba deshaciendo, pués no tenían fuerza que los sostuviera, a no ser la poca del fijo”. A la mañana siguiente (5 de octubre) Martín Rodríguez penetra con sus efectivos en la ciudad. Rosas marcha a la vanguardia seguido de los “Colorados del Monte” — cerca de 1.000 paisanos reclutados tanto en su estancia “Los Cerrillos”, ubicada en Monte, como en los pagos de Cañuelas, Ranchos, San Vicente, Quilmes, Lobos, Chascomús y campos de Pila, del otro lado del Salado —, todos armados, montados, instruidos para la guerra y mantenidos a costa de don Juan Manuel. Sin embargo Rodríguez, antes de ordenar el ataque, deseoso de evitar derramamientos de sangre, hace reunir a la Junta de Representantes en el convento de las monjas capuchinas (anexo al templo de San Juan a cuatro cuadras de la plaza mayor, hoy en la manzana comprendida entre las calles Alsina, Piedras, Moreno y Tacuarí); y aquellos Representantes, al amparo de los “Colorados” de Rosas, reeligen Gobernador a don Martín. Este, entonces, intima rendición a los sublevados, con apercibimiento de romper el fuego en caso contrario. He aquí la crónica del combate y triunfo de los restauradores del orden, que despachó Zañartu para su ministro en Chile, Joaquín de Echeverría: “...El Coronel Quintana, hecho jefe de los bandidos por aquella inconsecuencia de su carácter que siempre lo arrastra a la parte que más lisonjea su amor propio, despreció la intimación y en consecuencia se empeñó el ataque más vigoroso que jamás he visto. A las cuatro horas de un fuego vivísimo, en que los cívicos del primer y tercer tercio habían ganado a fuerza de sangre los puntos más dominantes, y la caballería de Rosas, con un denuedo sin ejemplo, había reducido a los enemigos al estrecho recinto de la plaza; ponen éstos bandera de parlamento, encargando de la capitulación al coronel Lamadrid, a quien tenían prisionero en su poder. La negociación no pudo sellarse porque los re136

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volucionarios exigían condiciones que no correspondían a su situación. Salió también Quintana en calidad de parlamentario, y se le ofreció perdón como desarmase a los sediciosos. Volvió a la plaza con este encargo, pero no pudo llenarlo; así fué preciso tocar a la carga que desempeñaron los sitiadores de un modo que haría honor a las tropas de Napoleón. Ví entonces con asombre tomar una plaza fuerte con caballería que jamás había oído el zumbido de las balas. Los colorados (ésta denominación tiene el cuerpo de Rosas) se avanzan sobre la artillería despreciando la muerte que por todas partes le presentaban los fuegos de las azoteas, se apoderaron de la plaza, hechan pie a tierra sable en mano, desalojan sitiados de sus puntos fuerte, y todo se concluye. Los resultados de esta grande acción son más felices — prosigue Zañartu —, y ya puedo lisonjearme de anunciar a V.S. el restablecimiento del orden. El 2º tercio cívico que siempre lo turbaba queda desarmado. Las cabezas de la anarquía presas o prófugas, y sentado sobre firmes bases un gobernante del cual debe esperarse todo. Antes de ayer nos había puesto en nuevos cuidados el Gral. Dorrego que venía en auxilio de los tumultuosos. Pero se le esperaba con firmeza, y él sabía lo que debía temer de un pueblo decidido en masa por la causa del orden; así es que se detuvo en sus marchas, asegurando que venía con la mejor fé y llamado por el Cabildo. Efectivamente, el Alcalde de primer voto Dolz ha resultado cómplise y queda incomunicado con un par de grillos, y se ha abierto también causa a 5 más de los cabildantes que parecen haber contribuído a la sedición. Dorrego perderá sin duda el mando del ejército, porque su comportamiento en este negocio no ha sido muy satisfactorio al Pueblo. Quintana ha obtenido pasaporte para Montevideo en desempeño del indulto que el Sr. Gobernador le ofreció. Todo se viene presentando a nosotros favorable para el establecimiento del antiguo régimen — estima el diplomático chileno —, claman por él las provincias interiores cansadas ya de anarquía. Este Pueblo lo desea: el ejemplo de Chile lo estimula y lo hacen necesario dos comisiones que están en el Janeiro, según noticias ayer de Montevideo: una con diputados de España y otra con la embajada de Norte Anchorena

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América (15). Tendré el honor de expresar a V.S., en primer oportunidad, los objetos y resultados de ambas”. Rosas, el 7 de octubre ascendido a Coronel, proclamó así a sus milicias campesinas: “Los insubordinados, los seductores, los diseminados del funesto gérmen de la rivalidad, alucinando a unos pocos, imprimiendo en los mismos el furor del encono que, os juro, no hubo en nosotros, mandaron a las armas el éxito que se decidió por la autoridad constituída. La división del sud, así como fue brava para sostenerla, la habeis visto humilde, subordinada y ejemplar después de vencedora. Vino a protejer, no ha ofender. La representación de la Provincia queda ya en el libre ejercicio de sus funciones: el gobierno legítimo reconocido y sostenido ... Ojalá que la sangre vertida sirva para restituirnos el bien que nos han arrebatado las pasiones ... Sed precavidos, mis compatriotas, pero más que todo sedlo con los innovadores tumultuarios y enemigos de la autoridad ... Odio eterno a los tumultos! Amor al orden! Obediencia a las autoridades constituídas!” Juan José de Anchorena, durante esas cinco jornadas sangrientas; viudo aún y solitario acompañante de su madre en el caserón familiar, a dos cuadras de la Plaza Mayor; bloqueado en ocasiones a causa de la lucha callejera; ensordecido a cada rato por el retumbo insistente de las armas, sin saber como ni cuando ni a favor de quien se inclinaría la suerte del combate; debió de recordar seguramente aquellas escenas de horror que viviera en Barcelona, invadida por las tropas de Napoleón. Entonces él le escribió a su madre: “de lo que he visto y sucedido en Cataluña conviene no tenga Vmd. noticia, pués algunos sucesos que medio he referido a hombres que tienen motivo para ser insensibles, les han hecho saltar las lágrimas”. Y con el ánimo extenuado después de la tensa incertidumbre, al recibir la información de que su primo Juan Manuel de Rosas había puesto término al zafarrancho político fratricida y a los desbordes demagógicos que siempre de15 Zañartu se refiere a John Murray Forbes, nombrado por el gobierno de Estados Unidos agente de su comercio en Buenos Aires, donde el norteamericano llegó el 24-X-1820. 138

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testó, alguna lágrima se desprendería sin duda de sus ojos, velados por la emoción. Don Juan José pasa a segundas nupcias El acta respectiva dice que el 4 de noviembre de 1820 el presbítero Doctor Manuel Villegas “casó privadamente, según forma de nuestra Santa Madre Iglesia, a don Juan José Cristoval de Anchorena — hijo legítimo de don Juan Esteban de Anchorena y de Romana Josefa López de Anaya —, viudo de doñ Bonifacia Lezica, con doña Andrea Ibáñez, hija legítima del Coronel Pedro Ibáñez y de doña Rosa Marín. Testigos: don Sebastián Lezica (hermano de la primera esposa del contrayente) y doña Rosa Marín y Quintana (madre de la novia)”. (Libro 7 de Matrimonios de la Catedral, folio 210). La desposada, en vísperas de cumplir el día 29 sus 17 “noviembres”, era 23 años menor que su consorte cuarentón; nieta paterna del Brigadier y ex Sargento Mayor de la Plaza Pascual Ibáñez García de la Roca y de Francisca de Rospigliosi y Ramírez de Sagüez, y nieta materna del Coronel de los Reales Ejércitos Juan Antonio Marín Cáceres Salgado y de Rosa Estefania Jacoba de la Quintana y Riglos — de cuyas respectivas personalidades me ocupo en las monografías correspondientes a sus apellidos. El 21 de noviembre, Juan José de Anchorena, en plena luna de miel, le escribió a su hermano Nicolás, quien para acompañar al otro hermano Tomás momentáneamente enfermo, habíase trasladado a Montevideo; y entre el habitual cúmulo de referencias y directivas mercantiles, le puso estas noticias: “En los asuntos políticos de ésta, aunque los logistas tienen influjo, no resuelven absolutamente. En la Junta camAnchorena

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pea Rivadavia (Don Santiago, padre del Ministro Bernardino). En breve debe resolverse la causa de Dolz, que ha estado 28 días incomunicado sufriendo insultos ... El 4, a la noche, verifiqué mi casamiento, siendo testigo Sebastián (de Lezica, su cuñado). Reciban expresiones de la nueva hermana...”. El tratado de Benegas y sucedidos posteriores en los comentarios de Anchorena Vencida la cuartelada de Pagola y Quintana y repuesto con firmeza Martín Rodríguez en el mando, era llegado el momento de poner término a la guerra entre Buenos Aires y Santa Fé que llevaba más de un año de duración. El Gobernador de Córdoba, Juan Bautista Bustos se adelantó a ofrecer sus buenos oficios para ello. A tal fin destacó ante las autoridades de las provincias beligerantes, en carácter de amigables componedores, al presbítero José Saturnino de Allende y a Lorenzo Villegas. Enseguida Estanislao López invita a Rodríguez a negociar la paz, y éste, sin hacerse de rogar, acepta la invitación. Por tanto (11 de noviembre) ambos gobernantes se entrevistan cerca de San Nicolás, en la estancia de Insaurralde, “sobre los pellones en el verde” — como lo propusiera epistolarmente el jefe porteño —; y allí, “de paisano a paisano”, don Martín y don Estanislao se estrechan en un abrazo. Poco después los dos mandatarios, con los delegados santafesinos Pedro Tomás de Larrechea y Juan Francisco Seguí, y bonaerenses Matías Patrón y Mariano Andrade, vuélvense a reunir en la estancia del finado Tiburcio Benegas, en las márgenes fronterizas del Arroyo del Medio, donde, el 24 de noviembre — en presencia de los mediadores cordobeses — ajustan el tratado de “paz, armonía y buena correspondencia” entre Santa Fé y Buenos Aires; tratado de 7 artículos, el 2º de los cuales obligaba a los firmantes a promover, en el término de dos meses, la convocatoria de un Congreso general de todas las provincias a realizarse en Córdoba, con el propósito de organizar la Nación bajo el sistema federal, como meses atrás lo estableciera el incumplido tratado del Pilar, sin llevarse a cabo en San Lorenzo. Por el artículo 4º, las partes 140

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contratantes acordaron poner en libertad, recíprocamente, a todos los prisioneros existentes en sus respectivos territorios. Al comienzo de estas gestiones pacificadoras, surgió un escollo que a punto estuvo de malograrlas: la exigencia de Estanislao López de recibir una indemnización por los daños y perjuicios que — según él — habían causado las tropas porteñas en sus últimas invasiones a los dominios santafesinos. La Junta de Representantes bonaerense se negaba a pagar tal tributo, y Martín Rodríguez no quería que dicha deuda de guerra figurara en el tratado de paz. Y fué Rosas quien salvó la dificultad, obligándose, “por mí y prestando voz por todos los ciudadanos y hacendados amantes de la paz”, a ofrecer a Santa Fé un donativo de 25.000 cabezas de ganado vacuno — “de todas edades de un año para arriba” — puestas en el Arroyo del Medio en el plazo de tres meses. Este documento — que garantizaron además los mediadores cordobeses — lo firmó don Juan Manuel en San Nicolás de los Arroyos la mañana del 24 de noviembre, como complemento del acuerdo de Benegas, concluído esa misma tarde; manteniéndose el compromiso fuera del texto oficial para no afectar el amor propio del gobierno porteño, que consideraba humillante dicho pago obligatorio. Acababa de celebrar Buenos Aires la paz con Santa Fé, cuando recibió con espanto la tremenda noticia de haber sido saqueado el Salto por la caterva insurgente que acaudillaba José Miguel Carrera. “El perverso Carrera — le enteraba Miguel Zañartu a su gobierno trasandino — persuadido de no poder hallar cooperadores entre los hombres que discurren, se ha mezclado con las tribus salvajes de los indios como último recurso reservado a su zaña”. En su travesía hacia la provincia chilena de Concepción, “se ha detenido en el Salto, donde con 40 indios y unos 100 chilenos, que aún lo acompañan, ha hecho atrocidades que las fieras mismas no executan. Después del robo, su pasión favorita, siguió la degollación, el rapto de mujeres y toda especie de exesos cometidos en personas inermes e indefensas. Las furias infernales deberían ser en fin retratadas tomando como modelo a Carrera ... No dudo que con semejante conducta los pueblos del tránsito Anchorena

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se alarmen y cruzen los designios de aquel Nerón abominable”. Y el jefe del Fortín de Areco comunicaba a sus superiores de Buenos Aires que los indios bárbaros impulsados por Carrera “han llevado trescientas personas, entre mujeres, criaturas, etc, sacándolas de la iglesia, robando todos los vasos sagrados, sin respetar el copón con las formas consagradas, ni dejar como pitar un cigarro en todo el pueblo, incendiando muchas casas”. Martín Rodríguez sale al punto (4 de diciembre) a batir a la indiada y a Carrera, y para ello requiere la colaboración de Rosas; el cual — apunta Carlos Ibarguren en su libro sobre don Juan Manuel — “sentíase incómodo y molesto con el Gobernador Rodríguez por la reserva que este guardaba respecto del plan de campaña. En todo momento Rosas había manifestado su enérgica oposición a que se atacaran a los indios pampas ... y había solicitado reiteradamente al gobierno, sin éxito, que se pusieran en práctica los proyectos que para el arreglo de la campaña había presentado, tiempo atrás, al Ministerio. La indiferencia de las autoridades a ese respecto lo tenía mortificado”. Del epistolario de mi tatarabuelo Anchorena con su hermano Nicolás, que aún permanecía en Montevideo (21 y 29 de noviembre), extraigo las siguientes ocurrencias políticas que salpican el asiduo tema comercial: “... Ya están en libertad todos los oficiales y soldados (de Carrera y Alvear) tomados en San Nicolás, se ignoran los motivos políticos ... Rosas se disgustó (con el Gobernador Rodríguez) pero lo hemos compuesto y sigue hasta cumplir esta campaña ... Rosas intervino en la paz y es de opinión que durará, porque van de acuerdo en separar a Carrera. Este ha fugado a los indios con 120 chilenos, y se dice que López marchó a Melincué a deshacerlo. Si permanece en esta Provincia a robar causará males, pero temo que robando algunos pueblos o carretas se vaya a Concepción a revolver a Chile. De Ramírez se dice que va al Paraguay; todo esto alarmará a Francia (el autócrata paraguayo) ... He recogido 50 tercerolas, escopetas las más, 2 ponchos, 10 monturas y un sable, como tuyas, del cuartel (de los cívicos) ... En el Cabildo no pagan ... todo está parado ... 142

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Tratado secreto es darle 25 mil cabezas de ganado (a Santa Fé) que creo Rosas trata de proporcionarlas de los Hacendados. Piensa si en lugar de estar en esa (Montevideo) te sería mejor dar un paseo a Chile y estar allí hasta el 25 de Marzo ... que si estás aquí en Enero te han de poner en Cabildo, que no tienen a quien nombrar. Yo me he de sostener en no ser nada. A Rosas, era hora, le nombraron Coronel Graduado de Caballería en atención a sus servicios. Este ha marchado a defender su pago de los Indios, muy desengañado de lo que sucede...”. El 19 de diciembre Juan José le escribe a Nicolás: “...Sigue la farsa, Rodríguez, después de mil ofertas, no ha querido verse con Rosas y se ha ido al Sud, y esto lleva mal semblante...”. Y en otra carta de Anchorena le pone a Juan Santiago Barros, uno de sus apoderados en Chile ; “...Nicolás se halla en Montevideo acompañando a Tomás que ha estado en agonías ... Las calamidades continúan. Los Indios han robado las estancias del Sud y hecho bastante mortandad”. Por su parte el 21-II-1821, Martín Rodríguez remitió a la Junta de Representantes un mensaje encomiástico acerca de la gestión del “Coronel Don Juan Manuel de Rozas”: “Nada más digno — indicaba el Gobernador — ni más propio de las primeras autoridades de esta Provincia, que el proteger y auxiliar eficazmente a éste benemérito ciudadano en este compromiso a que solo lo condujo aquel interés sagrado que solo ha desplegado por el bien y prosperidad de toda ella; y aún cuando es verdad que el gobierno no tomó una parte oficial en él, que pueda obligarlo en manera alguna a su cumplimiento, no obstante no debe ni puede ser indiferente a la ruina de un ciudadano tan recomendable, mucho menos a las fatalidades que puedan sobrevenir sobre este territorio en el desgraciado caso de no llenarse un compromiso tan sagrado ... Considere V.H. la influencia que ha tenido el rasgo del Coronel Rozas, y la que puede tener para la consolidación de la paz, el cumplimiento de sus empeños ... porque aquellos habitantes (de Santa Fé) ... formaran con nosotros, en vez de un cuadro de llantos y ruinas, una cadena hermosa de deliciosas y recíprocas satisfacciones. Todo esto tuvo presente, sin duda, el benemérito Coronel Rozas cuando suscribió el comAnchorena

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promiso. El creyó fundadamente que sería fácil llenarlo, más hay acasos que en el orden humano no pueden preverse ni pueden evitarse. El creyó, lisonjeado, que ocurrida la paz todos los habitantes de la campaña secundarían sus miras en donar a Santa Fé las 25.000 cabezas de ganado sin reparar en sacrificios ... pero las terribles irrupciones de los salvajes del Sud, los estragos y pérdidas que han sufrido en sus propiedades los hacendados, y los trastornos que el mismo Coronel Rozas ha experimentado en su fortuna, dificultan esa medida. Por ello es que ocurre este gobierno pidiendo se arbitre un medio que a él lo ponga a cubierto y también a la provincia. No dudo que V.H. mirara con el mayor interés este asunto ... y apurara sus esfuerzos a fin de que produzca resultados lisonjeros al jefe comprometido, al país y a vuestra misma Honorabilidad”. Los honorables Representantes, a su vez, calificaron en sus deliberaciones al “Coronel Juan Manuel de Rozas,como iris de la tormenta”, y resolvieron no solo prestarle auxilios para hacer efectiva la promesa de completar aquellas 25.000 reses para Santa Fé, sino también dirigir una circular a fin de que todos los ganaderos “se empeñen en suscribirse al propio intento”, y facultaron al Gobernador Rodríguez a prestar a Rosas hasta la suma de 20 ó 25 mil pesos para los gastos de arreo de la tropas vacunas hasta el Arroyo del Medio. De tal suerte Rosas llegó a entregar a Estanislao López 30.146 animales, o sean los 25.000 prometidos más una yapa de 5.146. Y como de propina las autoridades porteñas habían quedado con un remanente de mil novillos en su poder, pusieron ese saldo en venta, a fin de resarcirse de aquellos auxilios prestados a Rosas para conducción y transporte de las reses convenidas hasta la frontera santafesina. A propósito de ese saldo vacuno que el gobierno tenía resuelto enagenar, Juan José de Anchorena, el 13-XII-1821, “invitado por el departamento de Hacienda”, le propuso oficialmente al Ministro Manuel José García, la compra de 949 novillos, “donados por los hacendados del norte”, al precio de 26 pesos por cabeza, pagaderos dos mil pesos de contado 144

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y el resto a los 90 días”, corridos desde la fecha de su entrega “a mi socio don Juan Manuel de Rosas”. Y una semana después (20 de diciembre) el Ministro resolvió: “Admítase la propuesta que hace el sujeto por la compra del ganado que expresa, girándose las órdenes correspondientes en los términos acordados, por lo que deberá hacerse entero de la cantidad que se ofrece al contado”. Firma : “García”. Agregaré que los novillos de referencia los adquirió Anchorena, en sociedad con Rosas, para pastorearlos en su campo en Matanzas. Así se lo había anticipado Juan José, el 13 de Junio anterior a Nicolás: “...Esta surtiéndose la Estancia de la Matanza, y en breve tendrá 4 mil cabezas. Benito (Sosa, el capataz) asiste allí, y Rosas la protege (la administra), vendiendo (las reses) en (la estancia) que compró a Pino, adonde ha concentrado todo lo de los Cerrillos...”. (Ese campo llamado “El Pino” o “San Martín” acababa de comprarlo la razón social “Rosas y Terrero” a José María del Pino, hijo del ex Virrey don Joaquín. En cuanto a la “Estancia de La Matanza”, habíala adquirido Anchorena, el 17-VII-1821, del Coronel Manuel de Escalada, como se vera más adelante). Otros acontecimientos y alusiones políticas en las cartas privadas de don Juan José Mientras Estanislao López arreglaba su querella con Buenos Aires, el entrerriano Pancho Ramírez había roto con Artigas, el cual le reprochó haber firmado el pacto del Pilar a espaldas suyas, sin exigir que los porteños declararan la guerra a los portugueses, invasores de la Banda Oriental. Tras de varios combates en Entre Rios y Corrientes, el ex Protector de los Pueblos Libres, derrotado por Ramírez, huye al Paraguay a buscar la protección del tirano Francia, quien lo interna lejos de la Asunción, en Curuguatí, donde la cabo de 30 años de cautiverio, la vida del caudillo uruguayo se apagó, octogenaria, en la indigencia y el olvido. Ramírez, vencedor de Artigas, funda como “Jefe Supremo”, el 29-IX-1820, la “República Federal Entrerriana” Anchorena

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(con Entre Ríos, Corrientes y Misiones) y proyecta medir armas con el Paraguay, e incorporar esa provincia recalcitrante a su federación litoraleña, como también aspira a la liberación de la Banda Oriental, arrojando de su territorio a los portugueses. El 1-II-1821 mi tatarabuelo Anchorena le escribió a Nicolás, su hermano, aún en la vecina orilla al cuidado del convaleciente Tomás: “... En casa me dicen que para pujos de sangre es eficasísimo remedio la cascara de granada hervida en leche y tomarla ésta. No dejes a Tomás enfermo: es preciso sacrificarlo todo para consolarlo con tu presencia y acompañarlo hasta que sea tiempo que venga, que creo se podra verificar a principios de Marzo, allanadas las cuentas de Ramírez ... Hace días que tengo no sé que aprensión de que hemos de tener guerra con el Paraguay, sea por medio de Ramírez y Cía., sea por el Congreso futuro, sea porque confiados en los cuentos de insurrecciones en el Brasil, victorias en Lima, lo consideren más conveniente. Al fin ésta es una aprensión de aquellas que suelo padecer y temo porque suelen salir. Por el contrario no temo a Ramírez, veo sus preparativos etc.: para mi fuero íntimo no se conforma. Sé que si viene a de atar el caballo en la plaza. Todo lo que Vmd. me dice es cierto, excepto el no poderme embarcar en cualquiera hora antes de que él entre. Pero cómo abandono yo la casa prematuramente! Si la hubiera dejado en octubre (cuando el motín de Pagola) Qué perjuicios? Parece que no hago nada, pero lo cierto es que yo no he podido ir a pasar un día en la chacara (en Olivos), y si no lo creen vengan a verlo”. Corrida una semana (8 de febrero) don Juan José le vuelve a escribir a Nicolás: “Ya considero lo de Ramírez en nada. Este amainó luego que las demás Provincias no se prestaban. Y en la siguiente carta (17 de febrero) Juan José le pone a su hermano: “... Las muestras de papel irán mañana por certificado si sale el correo que han anunciado, pués no salen correos para Salta de Corrientes, y estos van hacia Córdoba por ahora, que están dos mil santiagueños en campaña con Araoz del Tucumán, éste en alianza con Catamarca, y aquellos con Güemes. Del Paraguay vienen 4 buques con 146

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yerva, y Juan Pedro (Aguirre, su primo) reservadamente me ha asegurado que venderán en el Paraná la mayor parte, y podra ir a Chile por tierra ... Por carta propuse que viniera Tomás por dos o tres meses, así lo quiere Madre, y así lo aconseja Capdevila” (José Alberto, el terapeuta). Fracaso del Congreso General en Córdoba y varios apuntes epistolares de Anchorena Cambiando el tema diré que la Junta de Representantes porteña, “después de maduras reflexiones”, resolvió nombrar cuatro Diputados para aquel Congreso general a reunirse en Córdoba, prescrito en el tratado de Benegas, a fin de que las provincias sellaran la unidad nacional. Esos Diputados fueron el cura Julián Segundo de Agüero, Matías Patrón, Mariano Andrade y Tomás Manuel de Anchorena; pero los cuatro, sin demora, se excusaron de aceptar el cargo. Admitió la Junta las renuncias de Anchorena y Andrade, reemplazando a estos por Pedro Medrano y Manuel Vicente Maza, ninguno de los cuales quiso agarrar viaje, por lo que los Representantes creyeron solucionar el caso nombrando Diputados a dos residentes en Córdoba: el canónigo Gregorio Gómez y Teodore Sánchez de Bustamante, a quienes se unirían, desde Buenos Aires, Juan Cruz Varela y el fraile dominico Valentín de San Martín. Mas este cuarteto tampoco aceptó el cometido. Entonces, el 20 de febrero, los señores de la Junta apelaron a la suerte. A presencia del público que asistía a la barra, se pusieron cedulillas “en una xarra” con los nombres de los renuentes candidatos, y “un niño de la escuela de pilotaje” sacó dos papelitos que correspondían a Justo García Valdés y a Matías Patrón; y ambos, junto con Juan Cruz Varela, fueron despachados a Córdoba a principios de marzo. “Dile a Tomás — escribía el 21 de febrero, entre otras cosas, Juan José de Anchorena a su hermano Nicolás — que le escribí y le mandé unos remedios, que no sé si recibió de unas mujeres ... Acaban de decirme que no han encontrado quienes vayan al Congreso, han puesto en un cántaro a los

Anchorena

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anteriormente nombrados y les ha tocado a Patrón y Justo García...”. Ese Congreso cordobés estaba destinado a fracasar. El alzamiento de Ramírez y la guerra que envolvía a Santiago del Estero y Salta contra Tucumán y Catamarca, convencieron al Ministro Rivadavia de que el país no se hallaba en condiciones de organizarse, por lo que el gobierno bonaerense retiró sus Diputados. Las provincias — en opinión de Rivadavia — necesitaban primero desenvolverse por sí mismas, unirse de hecho, antes que pretender imponerles una Constitución Nacional. Tal criterio realista — contrariado poco después por el mismo Rivadavia — fue el que Rosas llevó a la práctica más tarde, durante su larga dictadura, para dominar ante todo la anarquía, imponer el orden y dar unidad perdurable a la Confederación Argentina. El 19 de mayo Juan José le expresaba a Nicolás: “... Estos días los he perdido con Rosas y Maza, y no me han dejado desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche. El gobierno quiere que tome el mando (Rosas, de Comandante de Campaña), yo se lo aconsejo, pero él se resiste, y concurre el que se le han acercado algunos como Pedro Capdevila y Luis Dorrego”. Y como Nicolás le pedía que se fuera a Montevideo, porque en Buenos Aires acaso pudiera correr peligro su vida ante una invasión montonera, el hermano mayor respondía: “Con respecto a mi vida, créeme que me iré, pero ahora no es posible; hay diferencia en irse Vmd. quedando yo; y al irme yo quién queda? ¿Que perjuicios no tendrías en un mes que estuviera yo ausente? Sabes que todo corre por mi mano ... No tengas cuidado, López ha dado pruebas de su buena fé. En la ciudad no han de entrar (Alvear y Carrera, compinches de Ramírez). Estos están vigilados. El gobierno tiene algunos fugados de espías...”. A su hermano Tomás — después de interesarse por la enfermedad que lo aqueja, y de hablar de los achaques de su madre doña Romana — Juan José le hace el siguiente comentario: (28 de julio) “... Las provincias las considero en tan mal estado que calculo muchos Güemes, muchos Ramírez, y me parece que salen como hormigas. Antes era uno en 148

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cada provincia, ahora calcula tantos cuantos jefes han aparecido. No quiero nada de Luján en adelante. Han reventado esos hormigueros y todo han devorado; los bárbaros han de ser los amos; los que hasta ahora usaban corbata han de tener que huir. Para mi nunca, nunca han estado las Provincias como ahora. Todo eso de Diputados es una farsa, ¿los obedecerán? Sí, en lo que decreten contra las cajas de Buenos Aires y los ricos; y Buenos Aires, ¿obedecerá al Congreso?; lo quiero ver...”. Y el 9 de agosto Juan José le agrega a Tomás, anticipándole el fracaso de la asamblea cordobesa: “Por los impresos verás el estado de las Provincias, y que aquí no se espera en el Congreso...”. Entretanto, el 9-VIII-1821, el gobierno nombra una comisión de 12 ciudadanos (6 comerciantes y 6 hacendados) a fin de que asesore al poder público en los asuntos de la agricultura, comercio e industria. El Ministro Rivadavia designó como expertos en temas económicos a los negociantes Juan José de Anchorena, José María Roxas y Patrón, Julián Panelo, Manuel H. de Aguirre, Juan Alsina y Patricio Lynch, y como peritos en prácticas rurales, a los estancieros Juan Miguens, Joaquín Suárez, Lorenzo López, Agustín Lastra, José Domínguez y Mauricio Pizarro. Demás esta decir que, cual tantas otras, esa iniciativa rivadaviana sólo entintó el pliego del decreto respectivo. Don Juan José integra una vez más la Junta de Representantes Pese a aquella afirmación suya: “Yo me he de sostener en no ser nada”, mi tatarabuelo Anchorena aceptó integrarse a la Junta de Representantes el 29-VIII-1821 — junto con Diego Estanislao Zavaleta, José Joaquín Ruiz y Manuel de Luca — y fué nombrado presidente de la comisión de Presupuesto. Tras ello, en la sesión del 31 de agosto, presentó por escrito una moción del siguiente tenor: “Que atendiendo a los males que han experimentado los habitantes de las Provincias hermanas, tanto en repeler a los ejércitos realistas como en las últimas guerras civiles, se sancione : I) Que todo indiviAnchorena

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duo de dichas Provincias que desde la fecha hasta el fin de 1823 se haya ocupado en labores de campo, sea exento por cinco años de ser alistado en los cuerpos veteranos y en los regimientos de milicias de campaña. II) Que esta gracia sea extensiva a los que hayan sido desertores de los Ejércitos Nacionales, pues por este motivo, ni por sus opiniones políticas, jamás podrán ser de modo alguno incomodados. III) Que todos los que vengan con sus familias a establecerse en esta Provincia, sean atendidos por las poblaciones que se formen sobre las nuevas fronteras”. “Y habiendo sido esta moción suficientemente apoyada — expresa el acta respectiva — se reservó tratar de ella en oportunidad”. Al leer dicha proposición de mi tatarabuelo, no puedo menos que señalar la pertinaz maledicencia del publicista Carretero, cuando rotundamente afirma en su libro que los Anchorena “utilizaron la política para defensa y fomento de sus actividades, pero nunca para provocar actos jurídicos que redundaran en beneficio general”. Con fecha 1 de noviembre, Juan José recibió, desde Montevideo, un pedido de su hermano menor interesado en que no se opusiera con su voto al retorno de Alvear, refugiado allá tras las malandanzas políticas suyas conocidas: “Hace tiempo — escribía Nicolás — que Alvear anda o nos anda moliendo a mí y a Tomás con que puede suceder que su restitución al país se ponga a votación de esa Junta y que, para este caso, cuenta no solo con que no te opongas a ella sino que la apoyes, y al efecto hace mil protestas de arrepentimiento y de que lo compadezcan; que seis años de padecimientos son bastantes para juzgar cuanto mal hizo; que su última jornada fué obra de su desesperación y a esfuerzo de los llamamientos que le hicieron de ésa: que a mi me consta que fue invitado a las últimas empresas del año y uno, y que lejos de entrar, él retrajo a muchos, finalmente, que vuelven otros más criminales que él, y que nunca han hecho servicio alguno al país; de lo que tiene razón, y que porqué no se le ha permitido a él? Yo por mi parte te digo que, supuesto que vaya el asunto a votación, ya ha de ser acordada en el consejo de los barbudos, y que tu voto nada influirá; que en un país 150

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de puros pícaros, poco importa uno más; que él para nosotros no es de los peores, porque siempre nos respetará a los casacas; y finalmente que la experiencia nos ha enseñado que el partido que hay que sacar de la revolución es no hacerse de enemigos; mientras no se comprometa el honor de uno, no te opongas. Después tengo entendido que en la Administración hay empeño en absolverlo...”. El caso del Padre Castañeda El 19 de septiembre, don Juan José le había manifestado en una de sus cartas al hermano Nicolás: “... Estamos trabajando mucho en asuntos políticos, mientras Vmds. pasean ... El Padre Castañeda ha sido juzgado y sancionado por la Sala por haber atacado sus fundamentos. Sale a Chascomús...”. ¿Que ocurría con dicho franciscano?: El valiente fraile, transformado en feroz panfletario, no cesaba de arremeter contra el liberalismo extranjerizante que sustentaban, en el gobierno y la Junta, el Ministro Rivadavia y sus acólitos intelectuales señalando, por ejemplo, sin pelos en la lengua, en su Despertador Gauchi- Político, el desarraigo de todos ellos: “Nos hemos ido alejando — decía — de la verdadera virtud castellana que era nuestra virtud nacional y formaba nuestro apreciable y saludable carácter ... Pero los demagogos, los aventureros, los sicofantes, los tinterillos, los Zoilos (16) indecentes, impregnándose en las máximas revolucionarias de tantos libros jacobinos, cuantos abortó en el pasado y presente siglo la falsa filosofía, empezando a revestir un carácter absolutamente antiespañol; ya vistiéndose de indios para no ser ni indios ni españoles, ya aprendiendo el francés, para ser parisienses de la noche a la mañana; o inglés, para ser místeres recién desembarcados de Plymouth. Estos despreciables entes avanzaban al teatro para, desde las tablas, propinar al pueblo, ya el espíritu británico, ya el espíritu gáli16 Zoilo, crítico de Homero (siglo IV antes de Cristo), ridículamente célebre por sus censuras injustas. Anchorena

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co, ya el espíritu británico-gálico; pero lo que resultó fué lo que no podía menos de resultar, esto es una tercera entidad: el espíritu triple gauchi-británico-gálico, pero nunca el espíritu castellano o el hispano-americano e ibero-colombiano, que es todo nuestro honor, y forma nuestro carácter, pués por Castilla somos gente”. Y bien; estos tremendos ataques y mil más del furibundo fraile, le valieron un proceso iniciado por el Agente Fiscal, quien consultó a la Junta y al gobierno sobre si a Castañeda, el Provincial de los franciscanos, Fray Lorenzo Santos, “podría prohibirle, con arreglo a las leyes de la orden, el que escriba sin previa licencia y visto bueno”, ya que el tal prelado aseguró “no haber concedido licencia al Padre Castañeda, por escrito ni de palabra, para que pudiese escribir”. A su vez, la Junta Protectora de la libertad de Imprenta había determinado que era “indispensable detener en sus marchas espantosas a algunos escritores públicos, ordenándoles suspendan absolutamente la exhibición de sus escritos hasta tanto se provee lo conveniente sobre los abusos de la libertad de escribir y censurar”. Así las cosas, en la sesión del 3-III-1821 — aún no integraba Anchorena la Junta de Representantes — el Presidente del cuerpo Manuel Pinto expuso: “Que eran ya demasiado públicos los insultos que le hacía y acababa de hacerle recientemente en el último periódico de los que escribe el Padre Francisco Castañeda ... que insolentado el escritor, con impunidad repetía cada día sus golpes que lastimaban altamente su honor y buenos servicios al país”; que debido a ello “venía a esta Honorable Junta, como autoridad suprema de la Provincia, a implorar el remedio de aquel mal y su desagravio por una competente providencia, para no verse en el triste caso de usar de sus derechos naturales en defensa de su honor y persona ultrajada”. Los Representantes entonces empezaron a discutir sobre “los escándalos y abusos conque se ha conducido la libertad de la prensa, especialmente en los papeles y periódicos del Padre Castañeda, ofendiendo la decencia pública, violando los más sagrados respetos, burlando las autoridades, pre152

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sentando en ridículo la conducta de Magistrados del país, y atropellando de modo nunca visto a las personas de carácter y opinión bien establecida, con imputaciones indecentes, groseras y calumniosas, hasta el extremos de penetrar en los secretos recónditos de la vida privada de los ciudadanos”. Por tanto, el cuerpo votó se le acordaran facultades al Gobernador interino, Marcos Balcarce, para que reprimiera los abusos de ese libertinaje periodístico, y en especial al Padre Castañeda por sus panfletos. Sin embargo el gobierno — mejor dicho el Ministro Rivadavia — sugirió que en el asunto de reprimir las demasías de la prensa, fuera la Junta de Representantes quien le sacase del fuego esas castañas: del ardiente Castañeda precisamente: el cual, por lo demás, seguía publicando, bajo su firma, artículos y versos atroces — verdaderos castañazos — contra las autoridades de la Provincia. Los Representantes, en consecuencia, resolvieron encargar que el “edecán de la Sala” citase al seráfico energúmeno al recinto de las deliberaciones, a fin de entablarle un juicio público. A todo esto, el foliculario de marras no comparecía ante sus juzgadores, a pretexto de “que la fatalidad de hallarse con una llaga en un pié le impide el asistir a la barra como se le había prevenido”, y, para colmo de complicaciones, el insumiso recoleto resultó elegido Diputado por la ciudad, nombramiento que, desde luego, anularon los colegas de la Junta, alegando vicios de procedimiento en la elección respectiva. Y en la nota que Castañeda pasó a esos Representantes, puntualizaba “que nada tenía que contestar a la Honorable Junta (sobre su elección de Diputado), y decir al pueblo que no reconocía su soberanía, es para que se abstenga de votar por él, y le deje de Padre, que es el dictamen único que apetece; y que en esta virtud dispusiese la Honorable Junta de aquel Padre que desea servir a la Patria según el todo de sus limitadísimas facultades”. Como no se podía esperar otra cosa, en la sesión del 15 de septiembre, los miembros de la Junta debatieron acerca de si el “escrito que aparece suscripto por el Padre Castañeda ataca la primera prerrogativa de la representación Provincial, Anchorena

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su base y fundamento”. Y “habiéndose determinado que la votación se hiciese nominal, se practicó así, resultando por mayoría absoluta sancionada la afirmativa de dicha proposición” — con el voto de Juan José de Anchorena inclusive. Después, el Representante Pinto hizo moción, “suficientemente apoyada”, de que “se tomase en consideración la indicación del Señor Ministro de Govierno — Rivadavia — para que desde luego se mandase en reclusión la persona del Padre Castañeda”. A lo que la Junta, por 18 sufragios contra 11 (supongo que entre los votos negativos se contaría el de don Juan José), resolvió aplicarle al fraile la siguiente pena: “que se le prohiva escribir por quatro años, y se recomiende al Govierno para que aperciviéndole, seria y formalmente, le separe de esta ciudad a alguna distancia, por el tiempo que el mismo Govierno considere conveniente, con prevención de que no haya de ser su viaje por mar, ni para fuera de la Provincia”. De acuerdo a ello, el Gobierno inspirado por Rivadavia — el “Sapo del Diluvio”, como le apodaría más tarde el irreverente Castañeda — confinó ipso facto a nuestro fraile en el Fortín de Kaquel-Huincul, más allá de Chascomús, en tierra de indios al sur del rio Salado, dentro de los campos que poblaba Francisco Ramos Mexía (hoy, en el casco de la estancia de la tataranieta de éste: doña Estela Landívar Elía de Velar Irigoyen, en el partido de Maipú). Supresión del Cabildo Dentro de las finalidades del Ministro Rivadavia dirigidas a establecer “una economía comercial de tipo liberal, apoyada en instituciones del mismo carácter, respondiendo a una concepción de los valores espirituales de raiz iluminista y orientación utilitaria — para decirlo con palabras del historiador Vicente Sierra —, era de fundamental importancia barrer con cuanto respondiera al pasado o tuviera tinte tradicionalista, y en tal sentido una institución condenada a morir era el Cabildo secular”. Para llevar adelante tal proyecto, el Ministro movilizó a algunos vecinos de la villa de Luján, quienes el 19-XI-1821, le presentaron un petitorio a efectos de 154

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que suprimiese el Cabildo local, con el argumento de que “las rencillas, enemistades y pleitos no los causaban los díscolos acostumbrados a vivir de la discordia y enredos”, sino “un Cabildo tan innecesario como gravoso y perjudicial al vecindario”. El asunto lo giró Rivadavia a la Junta de Representantes, y el 5 de diciembre el Ministro, en un discurso sostenedor del decreto que suprimía aquel Ayuntamiento lujanero — antecedente del que en seguida eliminaría al de la ciudad capital — “puso en consideración de la Sala la historia de los Cavildos ... fixándola en el nacimiento y funestos progresos del Govierno feudal”. Don Bernardino peroró que en los reinados absolutos de España necesarios fueron “los Cavildos en aquel orden, como innecesarios al presente”, donde, “este establecimiento era incompatible con un Govierno Representativo, en que esa autoridad suprema ha retrovertido a la sociedad y se exerse con toda plenitud de un sistema liberal, por medio de autoridades que tienen la viva representación de los Pueblos, con funciones reales que les ha circunscripto la naturaleza del Govierno actual y los pactos sociales. Que en este estado aparecen los Cavildos sin una atribución real y útil al Público”, pués “la administración de justicia en 1ª instancia, que han tenido hasta ahora, no puede ser más viciosa”, por cuya razón “ya tenía el Govierno un modo de ocurrir a su mejora por medio de un Reglamento provisorio de administración de Justicia y por otro de la Policía”. En la sesión del 6 de diciembre, el Diputado Juan José de Anchorena pidió la palabra y - según el acta respectiva dijo: “que sin oponerse a la extinción de los Cavildos de la Provincia fue de opinión se exceptuase el de esta Capital, por los recomendables servicios que particularmente tenía prestados al Público, antes y después de nuestra gloriosa revolución, tanto en la guerra exterior de la independencia quanto en las oscilaciones políticas de las que desgraciadamente había sido teatro este Pueblo, siendo en todas ellas su Municipalidad el iris de Paz y conciliación. También dedujo las ventajas que proporcionaba al Público la administración de Justicia y Policía en el orden actual, que era desempeñada Anchorena

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por sujetos de fortuna que devían ser relevados cada año, y concluyó pidiendo la conservación del Cavildo de esta Ciudad, sin perjuicio de qualquiera resolución que se tomase con respecto a los demás”. A ello el Ministro Rivadavia “repuso sosteniendo la necesidad de la supresión de los Cavildos baxo de la amplitud que antes se había considerado de incluir aún el de la Capital ... funestos fragmentos del Govierno Peninsular”; y terminó abogando por la supresión de esos cuerpos municipales. El 28 de diciembre don Juan José le comentaba a su hermano Nicolás esta resolución que prohijó Rivadavia y votaron sus epígonos de la Junta detrás del clérigo Julián Segundo de Agüero: “Es el disgusto general por la supresión del Cabildo, esto no es de corregirse, lo que resultara es que el Gobierno no tendrá en sus deliberaciones tanto apoyo como antes...”. Y en otra carta, mi antepasado le ponía a su hermano Tomás: “Por Nicolás avisé que el 20 expiró el Cabildo a manos del tuerto Agüero y otros 12 bobines del ministerio. Yo no podía asistir por estar pendiente mi renuncia de Representante y de Administrador de las Amortizaciones. La noche fué tempestuosa y faltaron 5 ó 6 votos de oposición”. En efecto: el 15 de diciembre don Juan José había sido nombrado Presidente de la Caja de Amortización, que acababa de establecer la Junta, pero he aquí que, 48 horas después, el hombre renunciaba al cargo, como asimismo a “la Representación que exercía por esta Ciudad”. Tal actitud se la insinuó el 1º de diciembre Juan José a Tomás en una frase de su correspondencia: “Son tantas las ocupaciones que no tengo cinco horas para dormir, pero esto a de durar poco...”. A fines de ese año 21, mi tatarabuelo Manuel Hermenegildo de Aguirre se aprestaba a trasladarse a Chile, con intención de cobrar lo que las autoridades chilenas le debían por haber pagado, armado y equipado, de su bolsillo, dos fragatas de guerra en los Estados Unidos a cuenta del gobierno trasandino, el cual ni un céntimo le reembolsaría jamas por tamaño servicio. (Ver el capítulo acerca del linaje de Aguirre, donde me ocupo detalladamente de ese asunto). Consigno aquí que el 22 de noviembre, mi tatarabuelo Anchorena 156

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le escribió a su agente comercial en Santiago, Felipe Santiago del Solar, a propósito del antedicho viaje: “En esta fecha he dado una carta de introducción a don Manuel H. Aguirre, enviado que fué de ese gobierno cerca del de Norteamérica, y pasa a esa a asuntos de su comisión. Puede necesitar de Ud., para conseguirle algunos intereses o personas que le faciliten relaciones entre esos Señores, a fin de que sea bien despachado, pues la tal empresa lo ha perjudicado sobremanera. Compadecido de que tenga que abandonar su familia para ir a cobrar de los que gobiernan, suplico a Ud. lo atienda en lo que sea posible”. Y el 1º de diciembre don Juan José le reiteraba a del Solar: “El 22 de noviembre escribí por Don Manuel Aguirre, y habiendo quedado este enfermo, llevó las cartas Mr. Watson...”. Trágicos finales de Ramírez y Carrera En tanto se habían ido desarrollando gran parte de los acontecimientos referidos en el ámbito bonaerense, la figura de Ramírez alzábase amenazante en el litoral argentino. “Las noticias contextes del Entrerrios, la Bajada y Santa Fé — le transmitía el 3 de marzo de 1821 Zañartu al gobierno chileno — no dejan ya una duda de que Ramírez emprende contra Buenos Aires, sugerido y halagado por las magníficas promesas que le han hecho Sarratea, Agrelo y otros anarquistas refugiados en aquel territorio. Se cree que Carrera, a quien se supone entre los indios obrando en connivencia con aquellos, aparezca al mismo tiempo, hostilizando por el Sud con los infieles. El Gobernador Rodríguez ha desplegado en estas circunstancias una energía extraordinaria, y hace preparativos que deben alejar todo recelo, aun cuando fueren los enemigos más poderosos. La escuadrilla compuesta por tres fuertes bergantines y otros tantos buques menores, saldrá dentro de 15 días a situarse en San Nicolás, para estar en observación y guardar toda la costa, impidiendo que Ramírez desembarque en ella y para obligarle a que lo haga por la parte de Santa Fé, en donde lo espera el Gobernador López que está, según parece indudable, de buena fé con Buenos Aires. La necesidad Anchorena

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y el odio casi general contra Sarratea, que se considera el corifeo de esta malvada empresa, hace reunir todos los partidos a formar una causa común. Sin embargo el Gobierno se vera en la necesidad de asegurar a muchos individuos, cuya sola aspiración es la anarquía, curzando con este fin todas las medidas dictadas para afirmar el orden”. Con todo, el “Supremo Entrerriano”, cual se titulaba Ramírez, resuelve hollar los dominios de su antiguo aliado Estanislao López para abrirse paso y rendir finalmente a Buenos Aires. Con ese propósito desembarca su hueste montonera en Coronda. Tres ejércitos se oponen al invasor: el santafesino de López, el porteño al mando de La Madrid, y el cordobés que obedece a Bustos. Luego de dos combates favorables sobre La Madrid, sufre Ramírez un serio descalabro en las proximidades de Coronda. El 10 de mayo Juan José de Anchorena le había escrito a su hermano Nicolás: “Yo veo como necesario que permanezcas en esa (Montevideo). Es preciso sacar fondos de ésta porque a La Madrid lo ha corrido Ramírez. Aquí todo es pavor. Si (Ramírez) trastornase o desbancase a López, borrasca tenemos”. Pero ocurrió lo contrario, Ramírez con la pequeña fuerza que le resta, escapa al territorio cordobés, y logra juntarse con Carrera; pero Bustos, el 13 de junio, da al traste con ambos en Cruz Alta. Entonces el chileno y el entrerriano se separan: aquel toma el rumbo de Cuyo con ánimo de pasar a Chile; éste emprende el camino de regreso a su provincia por el Chaco. El destino, no obstante, frustra las intenciones de cada cual: Pancho Ramírez alcanza una muerte romancesca, el 10 de julio en el Rio Seco, al encarar casi solo una partida de López que le había capturado su barragana, la “China Delfina”; y José Miguel Carrera, vencido en Punta del Médano, termina pasado por las armas, el 4 de septiembre, en la Plaza Mayor de Mendoza, donde, tres años atrás, un pelotón de fusilamiento dió cuenta de sus hermanos Juan José y Luis. El 12-VII-1821, desde Córdoba, Francisco de la Torre le escribió a su empresario y deudo lejano Juan José de Anchorena esta posdata en una carta comercial: “A las 8.30 hs de este día ha venido un chasque con noticias de que Ramírez 158

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es muerto por la banguardia de López a 5 leguas del Rio Seco, y destrozada su gente que piensa organizar el Padre Monterroso, su segundo — y creo no tendrá efecto — para hacer nueba tentativa”. La ley del olvido Dejemos, de momento, las luchas sangrientas para volver al recinto de las leyes, donde nuestro antepasado Anchorena ocupaba en 1822, a justo título, su banca — no precisamente para la tramitación de cobros, giros, cambios, recibir depósitos en cuentas corrientes y otorgar préstamos en dinero, como podría confundirnos la homonimia del escaño. Así pues, el 27 de septiembre del año anterior, el Ministro Rivadavia, en nombre del Poder Ejecutivo, presentó a la Junta de Representantes un proyecto de ley de amnistía política, como homenaje “a la noticia plausible de los faustos sucesos de las armas de la Patria sobre Lima”, que el 9 de julio pasado cayera en poder de las fuerzas de San Martín. Dicha ley llamada “del Olvido”, establecía que las causas suscitadas por opiniones políticas anteriores a la fecha de su promulgación no embarazaran a ningún individuo en el pleno goce de la seguridad que la ley concede en la Provincia de Buenos Aires a las personas y a la propiedad. Debatido en varias sesiones el asunto, el cuerpo legislativo resolvió: 1º) Que tal ley de Olvido sería considerada más adelante, dentro de 4 meses a partir del 6 de octubre de aquel año 21. 2º) Que, entretanto, debían restituirse al país las personas que fueron detenidas sin forma de causa por orden del Gobierno. 3º) Que podían volver a la Provincia los que voluntariamente se ausentaron de ella para ponerse a cubierto de los riesgos de las agitaciones particulares. Y 4º) Que lo dispuesto en los artículos precedentes no favorecerá a quienes durante su ausencia hayan adoptado medidas o formado proyectos de conspiración contra el Gobierno y tranquilidad de la Provincia, o a los oficiales que hayan desertado de sus banderas.

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Dentro de esos lineamientos, la ley del Olvido fué traída de nuevo al debate el 3-V-1822, y tres días más tarde el diputado Juan José Anchorena expuso que la Honorable Junta carecía de conocimiento de los sujetos aludidos en dicho proyecto, como también cuales resultaban sus delitos, y si alguno de aquellos sujetos delinquió contra la Provincia durante su expatriación. Que durante el debate se había propuesto que la amnistía fuera resuelta mediante juicio: “en cuyo caso, de nombrarse un Consejo de Guerra, no habían Jueces, testigos ni acusadores; y en caso de haberlos, saldrían complicados una porción de hombres que al fin, por sus relaciones, harían sancionar el indulto o la ley del olvido”. Opinaba Anchorena que atendiendo al interés que manifestaba el Gobierno por dicha ley, ésta se sancionase “facultando al Gobierno para que suspenda sus efectos respecto de aquellas personas cuya restitución a esta Provincia no convenga a la tranquilidad pública, con la obligación de dar cuenta a la Sala, a los dos meses, de los sujetos respecto de los cuales haya suspendido los efectos de la ley y las causales, para que tomando todo en consideración resuelva la Sala”. Estas atinadas observaciones se perdieron en el aire, y la “Ley del Olvido” se sancionó — con el voto favorable de Anchorena — tal como breve y genéricamente la redactara el Gobierno: “Las causas suscitadas por opiniones anteriores a este día, no embarazan el pleno goce de la seguridad que la ley concede en la Provincia de Buenos Aires a las personas y a la propiedad”. A raíz de tan generosa decisión, doce días más tarde (15 de mayo) se sometió al criterio de la Sala una solicitud del presbítero Antonio Romero “tío del Padre Castañeda”, pidiendo declarara la Honorable Junta si su sobrino se hallaba o no comprendido en la “Ley del Olvido”. El diputado Valentín Gómez estimó inválida la personería del tío para promover la mencionada solicitud, por no tener poder expreso del interesado. Apoyó el argumento de Gómez el Ministro Rivadavia, agregando que “no habiéndose comprehendido en el beneficio de la ley de olvido a los juzgados y sentenciados, por ningún motibo debía serlo el Pa. Castañeda”, pues su sen160

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tencia derivó de autoridad soberana por el “alto crimen” de haber atacado la propia existencia de esa autoridad; que en este caso no correspondía la indulgencia del Gobierno, y “no debía hacerse lugar a la presente solicitud sino repelerla, como arto merecía”. El representante Somellera, en cambio, consideró valida jurídicamente la personería del tío carnal del fraile penalizado y, en definitiva la Sala, luego de dos días de amplio y movido debate entre varios legisladores, por 16 votos contra 15 — supongo que Anchorena votó con los primeros —, resolvió que “habiéndose promulgado la ley de olvido sin limitación alguna no parecía motivo que se excluyese al Pa. Castañeda”. Ley de reclutamiento de las fuerzas armadas En la sesión del 10 de mayo el Ministro de Guerra, General Francisco Fernández de la Cruz, abogó por el alistamiento voluntario en el ejército, y, en caso de insuficiencia, por la conscripción mediante sorteo. Planteó, ademas, la necesidad de contar con una fuerza de 1.222 hombres de caballería, incluso cabos y sargentos; y tres batallones de infantería: uno con 320 artilleros; otro de 500 plaza de fusileros de raza blanca; y otro de medio millar de “cazadores”, integrado por “castas” (negros y mulatos); recalcando “que la Caballería era la arma principal de nuestra situación topográfica, y de las aptitudes personales para hacerla ventajosa”. El diputado Juan José de Anchorena, tras la palabra del Ministro, pidió al Gobierno informara acerca del número de oficiales necesarios para el ejército y para las milicias urbanas y de la campaña. Después, distintos colegas suyos debatieron sobre la conveniencia o desventaja de la conscripción militar por sorteo; o si el cumplimiento de dicho servicio debía efectuarse por medio de alistamiento voluntario o por el de “contingentes”. (El contingente era el cupo o número de mozos aptos que cada zona, pueblo o provincia podía aportar anualmente como soldados al ejércitos). Mi antepasado Anchorena — antaño “voluntario distinguido” en la 4ª compañía del 1º batallón de línea de Cádiz, Anchorena

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organizado para oponerse a la invasión napoleónica — se opuso al proyecto de conscripción por sorteo, aduciendo “que el exemplo de los funestos efectos que habían experimentado los Reynos de España, donde se habían admitido las quintas, que corresponden al sorteo propuesto; al paso que habían prosperado los que en su lugar subrogaron el contingente”; y el acta respectiva consigna que Anchorena fué de opinión que en lugar de sorteo se sustituyese el contingente, bajo las mismas formas y modos que se trataba de reglamentar el sorteo para evitar arbitrariedades”. Usaron después de la palabra el Ministro Rivadavia y los diputados Pascual Rivas, Pedro Somellera, Alejo Castex y Juan José Paso; éste último sugirió que se agregara al proyecto que el Gobierno destinara también al servicio de las armas “a los vagos, ociosos y aún delicuentes que no tengan la nota de infamia”; pero tal sugerencia de Paso no pasó. Puesto a votación el proyecto quedó sancionado en el sentido propuesto por Anchorena: “el ejército sera reclutado por alistamientos voluntarios, y, en caso de insuficiencia, por contingentes. Queda a disposición del Gobierno admitir o no a los individuos que no sean oriundos de América. Por ningún título podra recibirse en el ejército individuo alguno que haya cometido un crimen que castiga la ley con pena infamante”. Al mes siguiente (7 de junio), al tratarse en particular los artículos de la referida de reclutamiento, Anchorena “pidió se tomara en consideración la misión que tenía hecha (el 31-VIII-1821) para que se exceptuaran del Servicio Militar por el término de cinco años a los individuos de las provincias que vengan a ocuparse en las labores del campo”, siendo la principal razón, el proveer de brazos a nuestra decadente agricultura, que se hallaba en lamentable estado, en el que se ve por haberse ausentado varios forasteros sobre quienes principalmente había recaído el reclutamiento por levas, y que sancionado el artículo como proponía, se conseguiría su vuelta por las proporciones que ofrecía la Provincia a los trabajos de utilidad”. Votada esta moción de Anchorena resultó rechazada. 162

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Distintas intervenciones parlamentarias de don Juan José en ese año 22 El 13 de septiembre la Legislatura discutió un proyecto de decreto concebido por los diputados Diego Estanislao Zavaleta, Valentín Gómez y Julián Segundo de Agüero, que “contenía una medida provisoria para precaver los abusos de la libertad de prensa que al presente se notaban en los periódicos, entre tanto se sancione la ley sobre el particular”. Al respecto Anchorena intervino en el debate pidiendo se suspendiera la sanción de dicho proyecto, el cual antes debía imprimirse y repartir sus ejemplares a cada uno de los miembros de la Sala “para que estuvieran en actitud mejor sobre esta grave materia”; agregando que, por lo pronto, rechazaba que una Comisión de Censura fuera nombrada por el Gobierno, como proponía dicho proyecto, pues era presumible que el Gobierno “no permitiese publicar alguno que no fuese conforme a las ideas de éste”. El 15 de octubre, durante las discuciones acerca de la Reforma Eclesiástica, el diputado Anchorena presentó una moción “para que los individuos del Clero Secular fueran adscriptos a las Parroquias para el mejor desempeño de su Ministerio”. El 4 de noviembre Anchorena sometió a consideración del cuerpo un proyecto de decreto para que las tahonas de panaderías giradas por mula o caballo pudieran continuar y restablecerse dentro del recinto de la ciudad. El asunto se trato el 20 de diciembre siguiente, y luego de confrontarse opuestas opiniones, la moción de Anchorena quedó sin resolverse. Finalmente el 22 de noviembre, nuestro legislador, en nombre de la Comisión de Hacienda, presentó a la Sala, una minuta de ley que declaraba libre de todos los derechos de puerto, e incluso de patente, a los buques nacionales que naveguen por la costa patagónica. Tras breve análisis de sus colegas, la ley quedó sancionada en los términos propuestos por Anchorena.

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El Banco de Descuentos Conforme a una ley aprobada el 20-VI-1822 por la Honorable Junta de Representantes, esa institución financiera — promovida por el Ministro de Hacienda Manuel José García — nació con el monopolio, por espacio de 20 años, de emitir billetes al portador y con facultad hipotecaria sobre sus acreedores. El Banco de Descuentos se abrió al público con un capital nominal de un millón de pesos fuertes, que sería aportado por sus accionistas particulares, ingleses y argentinos; los cuales, después de preparar su reglamento interno, formalizaron el directorio con las siguientes personas: William Cartwright, Juan José de Anchorena, James Brittain, Félix Castro, Robert Montgomery, Sebastián de Lezica, Rafael Riglos y Juan Pedro Aguirre, quien actuó como presidente. Menos de dos años figuraría mi tatarabuelo Anchorena como director del Banco de Descuentos, que cayó luego en descrédito, y su activo y pasivo tomaría a cargo, en 1826, el denominado Banco Nacional, establecido para sucederle durante la administración del Gobernador Las Heras. En 1836, Rosas transformó dicha entidad en Banco del Estado, con el nombre que actualmente lleva de Banco de la Provincia de Buenos Aires. Un debate económico memorable Bajo el título del epígrafe, el analista Carlos Alberto Pintos publicó, en 1972, un artículo en el tomo XIII de Investigaciones y Ensayos de la Academia Nacional de la Historia. Se trataba de una glosa del debate que tuvo lugar el 20-X1823, al considerarse la ley de aduana para 1825, cuyos conspicuos protagonistas fueron los diputados Julián Segundo de Agüero y Juan José Cristóbal de Anchorena, quien seguía ocupando su escaño en la Sala de Representantes. Ya don Juan José hubo manifestado antaño por escrito — en 1814, cuando era Conciliario en el Consulado — sus puntos de vista antiliberales y proteccionistas en materia eco164

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nómica. En dicha oportunidad afirmó que las naciones más importantes protegían a sus ciudadanos, concediéndoles franquicias comerciales exclusivas, como lo demostraban las ordenanzas de Inglaterra, Holanda y los Estados Unidos, “realizando — acota Pintos — un estudio de legislación comparada de una información sorprendente”. En 1823, Anchorena da comienzo al debate legislativo de referencia. Advierte que la ley de aduana, proyectada por el Poder Ejecutivo, permitía introducir calzado y ropa hecha con el recargo del 25%; manifiesta interés en conocer qué medidas había tomado el gobierno para evitar el contrabando de dichas mercaderías, “por que en este caso sería de desear que se prohibiese absolutamente su introducción” y concluye preguntando si las autoridades estaban dispuestas a fomentar la artesanía del país sobre la extranjera. A ese discurso replicó el clérigo Agüero, y trajo a colación un pedido de los carpinteros, “cuyo objeto — dijo — era que se recargase los muebles extranjeros”, lo cual equivalía a conceder un monopolio a esos artesanos de la madera, “obligando a los consumidores de sus obras a comprarlas, bien o mal hechas, por el precio que impusiera. ¿Sera justo que unos cuantos hombres sean exclusivamente vendedores de un artículo y tengan los consumidores que comprarlo a ellos precisamente?”, preguntaba el orador; para quien nuestra mano de obra era cara, debido a la escasez de población y a los pocos trabajadores con oficio. En cuanto los zapateros criollos — que Anchorena acababa de defender — el fantástico optimismo del replicante vislumbraba para estos un panorama promisorio con el correr de los años, siempre que se multiplicara ese gremio, y así podría tener la posibilidad de surtir de calzado “a la misma Europa” nada menos! Para alcanzar tales bellezas futuras, Agüero aconsejaba “que nuestros artesanos se hagan buenos artistas, y entonces las manufacturas extranjeras perderían nuestro mercado. Respecto del contrabando, entendía que la política prohibicionista lo fomentaba, ante la imposibilidad de vigilar “una costa tan dilatada y extensa”.

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Anchorena retoma entonces la palabra. Precisa que no sólo había abogado por dar protección con impuestos aduaneros a los trabajadores lugareños de la ropa y el calzado, sino también a los fabricantes de toda clase de muebles. Agrega después que confía en la eliminación del contrabando en el término de dos años; y sostiene que con un número suficiente de artesanos en el país, el monopolio se desdibujaría, haciendo presente que en ciertos ramos de la industria así sucedía; y reclama se le informe qué medidas había tomado el gobierno para satisfacer estas necesidades y “poner al país en independencia del estranjero, al menos en el calzado y ropas hechas”. Seguidamente Agüero vuelve a la carga: “en un país tan abierto como el nuestro — dice — no se podía responder si habría o dejaría de haber contrabando”, y declara que su improbable eliminación no favorecería sino a los monopolistas: que los artesanos nativos debían realizar obras “tan buenas y tan baratas” como las que venían de afuera, y eso, de momento, no ocurría. Exaltando el libre cambismo, criticó lo dicho por Anchorena, acerca de que la llegada de extranjeros con oficio desplazaría a la mano de obra local. “¿Se ha de impedir que vengan buenos artesanos que hagan muebles y casacas?”, clamaba como desde un púlpito el preste legislador. Según él, si algún daño temporal causasen esos extranjeros a sus rivales criollos, eso se compensaría, a la larga, con la calificada mano de obra de aquellos, que “servirá de dechado a la del país para perfeccionarse”. Tal argumentación fué rechazada por Anchorena, quien — como lo señala Pintos — descartó la idea de monopolio formulando esta pregunta: “¿Será establecer monopolio el que en Inglaterra se prohiba en su mercado interior la concurrencia de la industria extranjera con la nacional?”; y aplaudiendo la política que en su propio país aplicaban los ingleses, consideró que su adopción en el nuestro sería por cierto beneficiosa. A esto contestó Agüero que si Inglaterra era proteccionista, debíase a la suficiencia de su mano de obra, y a que la industria suya estaba en un grado de perfección que no le dejaba lugar a apetecer como necesaria “ninguna obra extraña”, mientras que en nuestra tierra no sucedía 166

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ni lo uno ni lo otro, ni podía asegurarse que para el año 1825 estuviese ni cerca de conseguirlo. De tal suerte se clausuró la discusión, y la mayoría de los representantes votaron a favor de la ley aduanera proyectada por el Poder Ejecutivo. “Nadie habrá de negar — comenta Pintos al finalizar su artículo — que el tema tratado en esta ocasión por los diputados Anchorena y Agüero tiene tras si un largo y quizá no terminado debate, sobre el cual el juicio de la historiografía debe apoyarse necesariamente en las lecciones de la ciencia económica. Aún hoy, dentro de un marco de mayores proporciones, podría sostenerse, con algunas variantes, uno u otro punto de vista, discurriéndose como aquellos legisladores”. Y cerrando los ojos a la guerra de la independencia que continuaba indecisa en las fronteras de Salta y Jujuy; a la Banda Oriental que acaba de ser anexada como provincia Cisplatina al Imperio del Brasil; a la cruenta revolución que encabezó Tagle contra la reforma eclesiástica rivadaviana; a los malones indios que arrasaban pueblos y estancias en la campaña; a los violentos sucesos políticos de la Rioja y Tucumán; todo ello ocurrido aquel año 1823, el publicista Pintos nos sorprende, al final de su opúsculo, con estas líneas idílicas y laudatorias dedicadas al régimen porteño que, de espaldas a la convulsa realidad del país, impulsaba el Ministro Rivadavia: “el valor más alto de este debate reside en que deja traslucir que ya en 1823, el juicioso cambio de ideas entre los hombres públicos y un sistema representativo atendiendo a las distintas orientaciones políticas, eran virtudes cívicas muy arraigadas en la floreciente república del Plata”. Aquella preocupación por lograr la independencia económica de su patria, la mantuvo Juan José de Anchorena hasta el fin de su vida. En 1824 el cónsul Inglés Woodbine Parish exploró ante el Ministro de Hacienda Manuel José García la posibilidad de solicitar “para los súbditos británicos que podían establecerse en Buenos Aires, el goce de ciertos privilegios; tanto como ciertas inmunidades con respecto a la religión; que serían ... necesarios para los súbditos de un Estado amigo que vivían en los territorios de otro”. Esa gestión Anchorena

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del funcionario inglés concretaríase más tarde en un tratado comercial anglo-argentino. Entretanto, en carta del 25-XI1824, el cónsul norteamericano John Murray Forbes, sabedor de que se estaba negociando dicho convenio, le adelantó al Secretario de Estado John Quincy Adams lo siguiente: “Hace dos semanas tuve noticias de que ese tratado sería condición previa, sine qua non, para el reconocimiento de la Independencia. A consecuencia de esta noticia, el señor Anchorena (Juan José Cristóbal) presentó a la Junta un proyecto de resolución prohibiendo al Gobierno negociar un tratado de comercio con potencia alguna extranjera, hasta que se halla concertado un sistema general de comercio entre todos los Estados independientes que fueron antes miembros de la América española. La resolución fué adoptada y la restricción existe, por lo menos en lo que respecta a la provincia de Buenos Aires”. Negocios camperos; correspondencia de Juan José con Rosas; contribución de ambos para la hazaña de los 33 Orientales Juan José de Anchorena y su hermano Nicolás habían emprendido negocios de campo en sociedad con su pariente Juan Manuel de Rosas, quien personalmente quedó encargado de administrar esas explotaciones rurales, de las que participaba en una cuarta parte de las utilidades, sin soportar las pérdidas. Rosas — apunta Carlos Ibarguren en su libro sobre dicho personaje — aprovechó todas las circunstancias para negociar eficazmente, especulando en rebaños y tierras cuyo valor sufría considerables alternativas y bajas por la amenaza de las incursiones de los indios. “Creo — escribía Rosas a don Juan José — que habrá en la campaña mucho miedo de indios; por tanto Ud. vea si algunos tímidos dan ganados baratos y compre tres o cuatro mil cabezas para nuestras estancias. Quien no arriesga no gana, y ya ve, ¿si podemos hacernos de ganados baratos, porqué no hemos de arriesgar?”.

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El Gobernador Martín Rodríguez, al propio tiempo, procuraba atraer a Rosas y le había ofrecido el cargo de inspector de campaña que éste no quiso aceptar. Según apunta Ibarguren, las reflecciones, la perspicacia y el criterio sanchopancesco de don Juan José de Anchorena, decidido opositor de la política de Rivadavia en el gobierno de Rodríguez, coincidian en absoluto con la opinión de su socio y primo Rosas. “He sabido — decíale Anchorena a Juan Manuel — que se preparan a darle a Ud. la comisión de visitar y conocer los terrenos de la campaña. No tengo más noticia que ésta, salida del gobierno; calculo que el objeto no será para arreglar la policía, sino para que Ud., después de mucho trabajo y bastantes disgustos, les suministre conocimiento de los terrenos baldíos que hay, de los que conviene declararlos tales, y de la buena calidad de los campos. De esta comisión me resultarían ventajas y, si consultase mi bolsillo, le diría que la aceptara; pero no, mi amigo, le digo que no la admita. No se todos los efectos que ella comprende, pues los resultados deben ser, aunque en el Gobernador y el Ministro haya la mejor intención, mucho trabajo para Ud., gastos, abandono de sus estancias, hacerse de muchos enemigos, por que la justicia desagrada, y de pocos amigos que suelen durar como la fortuna; serán amigos mientras se hagan de tierras. El fruto de sus fatigas será para que los militares, empleados y gente del círculo se haga de las mejores e incomoden a Ud. un sinnúmero de infelices desalojados. Después de todo, tendrá Ud. que estar cuatro o seis años ocupado en dar informes sobre cuanto enredo se suscite. Se hallará Ud. día y noche ocupado en papeles, que es lo que Ud. debe alejar de sí para vivir sano, tener ánimo tranquilo y no experimentar los males que padecen los literatos y papelistas. No se vaya a alucinar con esperanzas del bien que puede hacer, por que lo que Ud. proponga para bien, lo han de emplear otros para mal, y para que no aparezca lo que Ud. proponga, se ha de desfigurar de tal modo que aparezca obra de los que quieren ser genios creadores y soles”. Don Juan José aquí, ciertamente, alude al Ministro Rivadavia.

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En 1823 — como consigna Ibarguren — Rosas se va a Santa Fé por negocios ganaderos, a revisar campos para los Anchorena y a seguir cultivando la amistad con Estanislao López. Ahí recibe, en el mes de marzo, estas noticias de Buenos Aires que le trasmite su primo, confidente y socio don Juan José: “Las cosas no mejoran después de tantos discursos en la Junta. Ha mandado (Rivadavia) que los dominicos y franciscanos dentro de ocho días salgan o se secularicen. ¿Para qué leyes? ¿Para qué discuciones? ¿Para qué Junta?. El Ministro de Hacienda (Manuel José García) del modo más indecente se ha portado conmigo, por proponerle, como comisionado del Banco, que el gobierno no emita papel moneda, por que éste va hacer huir de la provincia a la moneda que circula y nos vamos a ver con solo papel, perdiendo aquella riqueza real. Nada se ha conseguido! Es preciso que admitamos el papel y seamos acreedores del gobierno y dependamos de él y de su suerte”. Y concluía don Juan José con este consejo a Rosas: “Para que quede Ud. bien con López, es preciso que ni se explique contra el gobierno (porteño) ni a favor de él, por que no sabemos el rumbo que seguirán estas tropelías. Las consecuencias de tanto mal que cálculo, me tienen enfermo”. A las veces mi tatarabuelo lo ponía al tanto, a su primo y amigo, de una colecta reservadísima que se estaba realizando en Buenos Aires, destinada a reunir fondos para Lavalleja y sus bravos compañeros, que preparaban el audaz desembarco en la Banda Oriental, a fin de liberarla de la dominación brasilera: “La suscrición es secreta — le advertía don Juan José a Rosas — y para auxiliarlo (a Lavalleja) en el compromiso en que se halla; mañana lo suscribire con 300 pesos. En general se han suscrito con 200 pesos. Los comisionados son Trapani, Costa y Platero”. Además de estos comisionados, ayudaron a juntar o dieron dinero para la causa de Lavalleja, varios señores porteños; los Anchorena, Miguel José de Riglos, Ramón Larrea, Pedro de Lezica, los Terrero y Rosas. Otro emparentado y socio de Anchorena, Francisco Antonio de la Torre, desarrollaba, a la sazón, actividades 170

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campestres en Santa Fé, desde donde, el 12-II-1823, le ponía en una carta a don Juan José: “Estos días pasados se me han entregado las Estancias, pero en tan deplorable estado que, en una, ni casa he encontrado: apenas rastros de que la hubo; la otra, en tal deterioro, que solo han quedado las paredes y el enmaderado: hacienda, nada otra cosa que 5 caballos, una yegua, y como unas mil mulas,que a la vista de ojos computo existan huyendo en el campo, de más de dos mil que dejé; pero aún a éstas le ha tocado el turno, por que con la escacez de ganados, no se detienen (los paisanos) a matar las que pueden para comerlas. Esto me ha motivado a resolverme el caminar con ellas a los Portugueses o Pueblos de Misiones, en solicitud de venderlas, pero toco la dificultad de la falta de dinero para su conducción. Si Ud. me permite que el que tengo de su pertenencia lo emplee en los gastos que son precisos para el arreo, se lo agradeceré como es debido. Yo procuraré cuanto antes reponerlo, y para el efecto remito a Eira, una criada que conduce don Francisco Vivas, compañero de don Pepe el Mahonés, (17) para su venta, cuyo dinero se lo entregara a Ud. así que se verifique...”. Un mes después (20 de marzo), el santafesino de la Torre expresabale a Anchorena: “Su primo Don Juan Manuel de Rosas sale para San Xavier con el Gobernador (López) el mismo día que sera el 22 del corriente. Nuebamente me le ofrecí ayer en su nombre, y no ha querido ocuparme, supongo no me necesitó. He tenido la complacencia de tratar a este señor, y ciertamente me ha parecido que esta revestido de un alma grande y distinta de la que poseen otros de su edad; nos ha dejado generalmente muy prendados. Sirva a Ud. esto de satisfacción...”. A fines de ese año 23 los malones feroces de la indiada asolaron los campos sureros de los Anchorena y de Rosas. 17 Apodo de Don José Pons, tatarabuelo de Estela Schindler Rosa, mi mujer, patrón de una importante flotilla de cabotaje. (Ver su biografía en el Apéndice del capítulo que dedico al apellido Roo). En cuanto a “Eira”, se trataba de una negra esclava, cuyo exótico nombre guaraní es el de un gato de especie americana con pelaje oscuro. Anchorena

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Este marchó al frente de sus fieles “colorados” en ayuda de la división del Coronel Arévalo, que se encontraba peligrosamente hostigada por los salvajes; y el 1º de noviembre, esos bárbaros fueron derrotados en el combate de Pila. “No se nos ocultan los riesgos a que Ud. se expuso — escribíale a Rosas, el 13 de noviembre, Juan José de Anchorena — y vemos que siempre iba Ud. a vanguardia. El objeto de esta es rogarle se retire Ud. sobre “Los Cerrillos”, saque de allí sus ganados y los repliegue adentro, por que la campaña es perdida; es preciso no alucinarse con esperanzas; ella podrá salvarse y los bárbaros ser escarmentados, pero el gobierno va errado, el gobierno no depone la desconfianza, los pasos que se dan son en falso, nada se ha de hacer sino sacrificar algunos hombres: nos interesamos en que Ud. no sea de estos, no hay que condescender, puede Ud. ser sacrificado tristemente como pudo serlo en el combate del día 1º ... Donde no hay plan, ni combinación, ni ejecución con consulta, nada hay sino aventuras”. Y refiriéndose a las estancias de la sociedad de ellos, don Juan José le agregaba: “No se detenga Ud., ni por un momento, por lo que respecta a El Tala y Los Camarones, déjelas Ud. que se pierdan, en el supuesto que siempre se han de perder, y que si el tiempo mejorase se volverán a fomentar”. Rosas — transcribo a Ibarguren — respondía que la internación de las haciendas era imposible y, en lo que se relacionaba a su persona, no admitía, ni le cuadraba la fuga y el retiro a lugar seguro; que era menester desafiar con honor todos los riesgos para defender la campaña; a lo que el prudente don Juan José le replicaba que su objeto, al darle sus consejos y expresarle sus reflexiones, había “sido persuadirle a Ud. que no veo plan, ni sistema, ni combinación, y que faltando todo esto es preciso no exponerse a ser víctima de la ocasión de tener que prestarse, por honor, a tomar las armas; por que, primo, yo no desapruebo lo que hizo Ud. el día 1º: Ud. se hallaba en los Camarones y el honor exigía que auxiliase con gente, consejos, etc. a Arévalo y, efectivamente hizo Ud. más de lo que él y la Provincia podían exigir y espe-

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rar; pero deseo que Ud. se conserve para prestar servicios cuando haya plan, y no se exponga tristemente...”. Durante la presidencia de Rivadavia Un año, 4 meses y 29 días duró la llamada por el historiador Vicente López, “aventura presidencial de Rivadavia”. El 8-II-1826 asume don Bernardino la presidencia unitaria de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, exaltado a esa magistratura el día anterior por el Congreso General, y designa los siguientes ministros: de Gobierno, Julián Segundo de Agüero; de Negocios Extranjeros, Manuel José García (18); de Guerra y Marina, Carlos de Alvear; y de Hacienda Salvador María del Carril. Antes de corrido un mes, el 4 de marzo, el Congreso sanciona la capitalización de Buenos Aires y, dos días después, tras la protesta del Gobernador legal Juan Gregorio de Las Heras, éste es destituido por decreto, al mismo tiempo que se declara caduca a la Legislatura bonaerense. Contra esa absorvente política rivadaviana se unen entonces los caudillos federales del interior, mientras que en la ciudad y campaña porteñas nace el partido federal, como opositor de Rivadavia y su círculo, encabezado por el fogoso Coronel Manuel Dorrego, y con Rosas, los Anchorena, Manuel Hermenegildo de Aguirre, Felipe Arana, Manuel Vicente Maza, Juan N. Terrero, Victorio García de Zúñiga, Juan Ramón Balcarce, Sebastián de Lezica, José María de Ezcurra, Manuel de Escalada, Andrés Arguibel, Pedro Medrano, Manuel Alejandro Obligado, y otros dirigentes de pro. Dicha ley de “capitalidad” para Buenos Aires — que obtuvo sanción parlamentaria luego de apasionados debates — había sido elaborada por el Poder Ejecutivo y remitida al Congreso con las firmas de Rivadavia y su ministro Agüero. Mediante sus disposiciones, la ciudad y parte de su campaña convertíanse en capital de la República y sede de las autoridades nacionales, quedando también nacionalizados todos los 18 Al no aceptar García la cartera, le sucedió el General Francisco Fernández de la Cruz. Anchorena

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establecimientos provinciales, sus fuerzas militares y las obligaciones, deudas y empeños contraídos por la Provincia. De tal suerte, junto al recinto propiamente urbano, se “capitalizaba” la zona comprendida, de Norte a Sur, entre el puerto de las Conchas (el Tigre) y la ensenada de Barragan (hoy Rio Santiago), y de Este a Oeste, desde la costa del Río de la Plata y del río las Conchas, hasta el puente de Márquez (que une ahora el partido de Morón con el de Moreno); debiendo el resto del territorio bonaerense organizarse como Provincia. Así, aquellos políticos y congresistas unitarios — como lo digo en la biografía de mi tatarabuelo Aguirre — le arrebataban a la histórica Buenos Aires su ciudad y su inalienable soberanía, con el propósito de convertir a las Provincias en simples entidades administrativas subordinadas al poder central. Pero no pararon ahí los estrafalarios designios reformistas de don Bernardino, quien seis meses después (12 de septiembre) elevó al Congreso un plan encaminado a partir en dos el territorio bonaerense, e improvisar un par de nuevas juridicciones: una al Norte, que se denominaría “Provincia del Paraná”, con capital en San Nicolás de los Arroyos; y otra al Sud, nombrada “Provincia del Salado”, con capital en el pueblo de Chascomús. Este intento peregrino (“salado” y que no serviría “para na”) conmueve a la opinión pública porteña. “Ayer — escribíale Juan José de Anchorena a Rosas — ha sido tal el discurso de Paso pintando la ingratitud del Congreso con Buenos Aires, que a hecho esto para todas las provincias, y después de haberla capitalizado, postrándola a sus pies y dejándola sin ser político, y todavía no contentos quieren meterle el puñal y descuartizarla ... Cuatro de los asistentes (a la sesión del Congreso) entraron en casa llorando, entre ellos Capdevila, quejándose del engaño en que lo habían precipitado Rivadavia, Agüero y Valentín (Gómez)”. El gobierno moviliza enseguida a grupos de vecinos de la campaña, quienes en sendos memoriales, con 420 firmas, adhieren al extravagante intento divisionista oficial. Frente a esa colección de nombres sin relieve mayor (fuera de Joaquín 174

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Campana, Manuel Ruiz Moreno, Juan Ignacio San Martín y algunos mas), Nicolás de Anchorena se encarga de hacer firmar listas de protesta dirigidas al Congreso: Una con el pedido de los más calificados terratenientes del partido de la Matanza, del “Durazno” (hoy Las Heras), de Lobos y Navarro, “para que no se sancione el proyecto de división del territorio de Buenos Aires en dos provincias”. Y poco después remite don Nicolás al Congreso otra súplica de “un crecido número de propietarios residentes en la campaña”; todo en 5 legajos que, sumados a la primera presentación, contenían un total de 650 firmas, aproximadamente. (Sobre esto ver más detalles en la biografía de mi tatarabuelo Aguirre). Por su parte Rosas también se mueve contra la política unitaria presidencial. Recorre todo el sur recogiendo firmas para aquel memorial que se presentaría al Congreso, y organiza en Chascomús una pueblada tumultuosa, que le vale ser detenido; más el pueblo le aclama pidiendo su libertad, la que es decretada directamente por Rivadavia. “Hoy — le escribe el 1º de diciembre Juan José de Anchorena a Rosas — ha llegado la representación de Chascomús con ciento y tantas firmas, en las que hay algunas de portugueses. Lo que conviene es que Ud. continúe recogiendo muchas firmas, muchas, por donde quiera que sea, y para que el día 14 sin falta estén aquí todas las representaciones”. Meses atrás (8 de junio), “se procedió al escrutinio general de los sufragios prestados para el nombramiento de siete Representantes, por esta capital, al Soberano Congreso Nacional Constituyente”. Entre 70 ciudadanos votados, resultaron electos: José María Roxas y Patrón (con 3.163 votos), Miguel José de Riglos (con 3.138), Ildefonso Ramos Mexía (con 3.137), Cornelio Zelaya (con 3.132), Valentín San Martín (3.121), Juan Alagón (con 3.117) y Joaquín Belgrano (con 3.064). En esa elección, dos de mis tatarabuelos obtuvieron: Juan José Cristóbal de Anchorena, 222 votos y Manuel Hermenegildo de Aguirre, apenas 3; adelante de Cornelio de Saavedra y de Juan Manuel de Rosas que solo cosecharon un voto por barba, aunque pulcramente anduvieran siempre afeitados los dos. Anchorena

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La decantada — y desencantada — enfiteusis, y la nacionalización de las minas Una experiencia jurídica — asimismo peregrina — que estructuró Rivadavia durante su presidencia, fué la enfiteusis, o sea la cesión por largo tiempo de la tierra pública, mediante un canon anual que pagarían los cesionarios al Estado, titular del dominio sobre esas tierras fiscales inmovilizadas desde 1821 debido a la ley de consolidación de la deuda provincial, y que en 1824 se hipotecaron en garantía del empréstito inglés de un millón de libras esterlinas. Así, en abril de 1826 el Presidente Rivadavia envió al Congreso un proyecto actualizador de la ley de enfiteusis, que — “sin discusión doctrinaria de ninguna especie”, al decir de Emilio Coni — resultó sancionado el 18 de mayo siguiente, prolongando el anterior plazo de dar terrenos realengos a particulares en vez de por 10 años, por 20. Cabe indicar que la imprevisión y el desorden caracterizaron a la traída y llevada ley de tierras públicas — como lo demostró Emilio A. Coni en su irrefutable estudio La verdad sobre la enfiteusis de Rivadavia. Un documento existente en el Archivo General de la Nación, titulado “Relación de los terrenos concedidos en enfiteusis desde el 27 de septiembre de 1824 hasta el 1º de mayo 1827”, registra como enfiteutas a los “Señores Anchorena”, con un conjunto de 37 leguas cuadradas y fracciones, en el “Partido de Monsalvo” — vale decir al sur del río Salado, en la nueva línea de frontera. (Son los campos en el actual partido de Pila, que especificaré más adelante). Y en otra nómina archivada bajo el rubro: “Extractos de expedientes de tierras en enfiteusis”, se lee: “Junio 26 de 1826. — N. (Nicolás) y J.J.A. (Juan José Anchorena) solicitan en enfiteusis las estancias “Las Averías” y “Las Achiras” sobre el río Salado, en Monsalvo”. (Una en Chascomús y otra en Pila, como se vera luego). Y: “Noviembre 24 de 1826. — Se concede a J.J.A. (Juan José Anchorena) un terreno en Cañada de las Saladas, partido de Navarro, que estaba ocupado por J.L.” (?).

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Posteriormente, en la época de Rosas, por ley del 10V-1836, la Legislatura autorizó al Gobierno a vender muchísimas leguas de tierras dadas en enfiteusis, otorgando a los enfiteutas ocupantes la preferencia en la compra de sus respectivos campos. Acogidos a esa ley, adquirieron los Anchorena varias de sus estancias en Pila, cual lo veremos en su oportunidad. Tocante a las actividades financieras de mi tatarabuelo Anchorena, cabe indicar que años atrás participó como accionista en un infortunado consorcio minero. Fué en la llamada originariamente “Sociedad de Comercio de Buenos Aires”, cuyo directorio integraban sus promotores Braulio Costa, Ventura Vázquez y William Parish Robertson, en representación de los siguientes accionistas fundadores: Juan José Cristóbal y Nicolás de Anchorena, Ruperto Albarellos, Juan Fernández Molina, Juan Pedro Aguirre, José María Roxas, Marcelino Carranza, Juan Pablo Sáenz Valiente, Sebastián Lezica y Hnos., Ramón Larrea, Mariano Fragueiro, Juan José Larramendi, Mariano Sarratea, Manuel Arroyo y Pinedo, Félix de Alzaga, Miguel José de Riglos, Pedro Capdevila, Manuel Ambrosio Gutiérrez, Julián Panelo, Juan Martín de Pueyrredón, Lucas González, Pedro Trapani, Félix Urioste, Pedro Berro, Juan Nowell, Manuel Pomar, Pedro Lázaro Beruti, Pascual Costa y Alejandro Molina. Este grupo de comerciantes y estancieros porteños, que encabezaban Braulio Costa y Parish Robertson, había firmado el 13-X-1824, por intermedio de Ventura Vázquez, con el gobierno de La Rioja — hechura de Facundo Quiroga — un contrato para explotar en beneficio propio todas las riquezas minerales — oro y plata — de Famatina, menos 100 socavones que se le reservaban al distrito minero de la provincia. Lograda dicha concesión, establecióse la empresa con un capital nominal de 250.000 libras, con el nombre de “Famatina Minning Co.”, y comenzó a vender sus acciones en Londres, bajo el patrocinio financiero de la Casa Baring Brothers. Pero entretanto Rivadavia, entonces ministro plenipotenciario en Inglaterra y Francia, impulsó a los reputados

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banqueros londinenses Hullet Brothers (19) a constituir una sociedad minera semejante a la de Costa, Robertson, Anchorena y demás concesionarios de los filones riojanos. Tal entidad rotulóse “River Plate Minning Asociation”, y también se lanzó a vender en la City sus acciones: pese a que su funcionamiento en nuestro país sería solo posible si las provincias argentinas se organizaran bajo un régimen unitario, lo que en efecto sucedió poco después. En esa circunstancia, en noviembre de 1825, el Congreso General Constituyente votó la ley que establecía como propiedad de la Nación, las tierras que hasta entonces eran de dominio provincial. Ello implicó la anulación del privilegio otorgado por el gobierno de La Rioja a la “Sociedad de Comercio de Buenos Aires”, que giraba en Inglaterra como “Famatina Minning Co.”. Y así Braulio Costa, Parish Robertson y demás socios “famatinos” — que en vano procuraron llegar a un acuerdo con Hullet Brothers y su personero Rivadavia, elevado luego a Presidente de la República - quedaron despojados del derecho sobre aquellas míticas vetas auríferas. Firme en sus malignas intenciones el bragadense Carretero (20), al ocuparse del asunto minero empleando siempre perifrasis y medios términos, se empeña en presentar a los Anchorena cual inescrupulosos traficantes, agiotistas de guante blanco afanados en lucrar constantemente a costillas del país, tras una máscara de honorabilidad personal. Y cuando el citado autor menciona a los grupos que pugnaban para explotar las presuntas abundancias miríficas de nuestras provincias norteñas, se muestra benevolente con el grupo de Rivadavia, en tanto no escatima equívocas insinuaciones co19 Uno de esos “brothers”, John Hullet, había sido nombrado por Rivadavia, el 7-IV-1824, nada menos que cónsul general del Estado de Buenos Aires en Gran Bretaña. Después, el 6-VIII-1825, le fueron extendidos al banquero los despachos de cónsul general de las Provincias Unidas del Río de la Plata en Gran Bretaña e Irlanda. 20 Andrés Carretero nació en Bragado (Prov .de Bs.As.) el 17-VI1927 “BRAGADO (Etim — de braga) adj ... Fig.: Se aplica a la persona de malas intenciones, aludiendo a las mulas bragadas, que por lo común son falsas” (Enciclopedia Universal ESPASA). 178

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ntra el grupo de Braulio Costa, donde figuran los Anchorena, obseso por despertar la antipatía del lector hacia la clase social adinerada a que estos pertenecían “El llamado grupo Rivadavia — transcribo al susodicho publicista — contaba con el peso y apoyo oficial, pues en sus manos estaban todos los recursos de la Provincia”. Los componentes de la aludida unión — según Carretero — “tomados individual y personalmente, carecían de grandes fortunas, casi ninguno de ellos era propietario de campos ni de vacas, no intervenían en el comercio exterior con notoriedad. Eran los ilustrados de la clase media, con muchas grandes ideas, pero desprovistos de fortunas importantes ... Este grupo alentaba la esperanza de que los capitales ingleses fueran suficientemente poderosos como para poder realizar una buena operación al estilo de la que había realizado Bolívar en las minas del Perú, o la que concretó Sucre con las de Bolivia”. De lo que acabamos de leer se desprende que los responsables, con don Bernardino, de aquel negociado metalífero, serían los cofrades ideológicos allegados a él, cuyos nombres conocidos Carretero prefirió omitir. Y bastante significativo resulta que el bragado publicista de marras, aparte de no identificar a esa pléyade (sic) “de ilustrados de la clase media”, sin fortuna, estancias ni vacas, deja en el tintero a los banqueros Hullet, al ingeniero Francis Bond Head — llegado a nuestras playas con los técnicos mineros Evans, Williams, Charon, Toots, Bunster, Fregoning y Nichols — y a la masa de pequeños ahorristas que, allá en Londres, adquirían las acciones de la “River Plate Minning Association”, aludidos, al pasar, como “capitales ingleses”. Y prosigue el plumista recargando ahora la tinta: “El grupo Costa estaba dispuesto a apoderarse de la mayor cantidad posible de distritos mineros conocidos, realizando una operación muy parecida a la que realizaron posteriormente con la propiedad inmobiliaria de la Provincia de Buenos Aires, al amparo de la ley de enfiteusis; es decir, comprar u obtener privilegios sobre las minas conocidas y en condiciones de ser trabajadas sin discriminación de calidades, obsesionados por la cantidad, como lo prueban numerosos documentos. Anchorena

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Sus miembros eran comerciantes de Buenos Aires, que controlaban practicamente todo el comercio exterior; también se caracterizaban por ser ganaderos de muchas leguas y poseedores de cuantiosas fortunas personales. Además estaban interconexionados económicamente...”. Respecto de Juan José de Anchorena, Carretero deduce que aquel no fué integrante real de la sociedad de Braulio Costa, pues solo “accedió a dar su nombre y estampar su firma en calidad de personero de Faustino Lezica”. Ello parece probable a través de una carta que el hurgador de marras pescó en el Archivo (en uno de los legajos donados por Carlos Ibarguren, mi padre, hecho que silencía Carretero). En esa misiva don Juan José decíale a su cuñado — por su 1ª mujer — Faustino del Corazón de Jesús de Lezica y Vera: “... De la conferencia en que nos dejaste con Braulio Costa y Vázquez resulta que pretenden que yo firme el acta que Uds. han celebrado — la que no sé qué contendrá — porque así conviene para La Rioja; quiere decir que conviene a los empresarios mi apellido. Tu me dirás 1º si estas conforme con lo acordado; 2º en que yo firme por tu conveniencia; 3º si tu, como quedas obligado a las resultas de lo que yo firme, estas dispuesto a cumplir con todo. Soy tu affmo. hermano Juan José Cristóbal de Anchorena”. Y en el mismo papel corre la respuesta pertinente: “Octubre 20 de 1824. Por contestación a la carta de Ud. que precede, debo prevenirle que me conformo a que Ud. suscriba por mí lo acordado en la Junta de hoy con relación a las minas de Famatina, y que por consiguiente quedo yo obligado a lo que Ud, suscriba. De Ud. affmo. Faustino Lezica”. A todo lo expuesto comenta Carretero sin probar nunca sus afirmaciones malignas: “La presencia del nombre de Anchorena en la lista de accionistas respondió, posiblemente, a la amistad y al parentesco existente, pero indudablemente representó otra maniobra de Lezica (?), pues en esos momentos era el representante en Buenos Aires de los capitales alemanes que intervenían en el comercio y las finanzas”. Ya vimos el tiro de gracia dado por el gobierno rivadaviano a la Compañía minera de Famatina. Dos años más tar180

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de, al propagarse por casi todo el país la guerra civil, la “River Plate Minning Association” arruinose también, y los liquidadores de su quiebra demandaron al gobierno bonaerense por la suma de 52.520 libras esterlinas, en concepto de los daños y perjuicios sufridos. A su vez, la “aventura presidencial” rivadaviana cerró su trayectoria a consecuencia de un desdichado intento de paz con el Brasil. Buenos Aires, dueña nuevamente de su soberanía, eligió entonces Gobernador al jefe del partido federal porteño, Coronel Manuel Dorrego, irreductible enemigo político de Rivadavia y del grupo dirigente unitario que había colaborado con éste. El golpe de Lavalle En la extensa biografía dedicada a mi tatarabuelo Aguirre, reseño brevemente el motín de Lavalle, y a ese somero comentario me remito. Aquí solo he de añadir unas expresivas cuartetas anónimas del cancionero popular que, en aquel tiempo, entonaban los payadores en las pulperías suburbanas de Buenos Aires: “- Dígame señor Lavalle, le pregunta un forastero ¿Cuales fueron los motivos que lo fusiló a Dorrego?. - Yo lo fusilé por mi orden, a mi nadie me gobierna, yo soy dueño de las vidas. y también de las haciendas”. El 15-XII-1828 Juan Cruz Varela, cuando supo la ejecución de Dorrego, le escribió a Lavalle: “Aquí corre que Rosas está en Rosario, donde llegó con dos hombres, habiendo despedido a los que los acompañaron hasta Luján en la derrota del 9 (sufrida en Navarro por Dorrego), pero diciéndoles que pronto volvería con fuerzas, y que estuvieran prevenidos para la primero citación. Otros dicen que está en Anchorena

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nuestra campaña, donde indudablemente hay en diversos puntos algunas reuniones pequeñas de sus parciales ... Me parece ridículo que Rosas pueda ya nada, después de la lección terrible que ha recibido en la cabeza de Dorrego. Es preciso que Ud. sepa, sin embargo, que la muerte del último no ha destruído las esperanzas y combinaciones de los Anchorena, resortes únicos que mueven a aquel autómata: hay aquí quienes aseguran que éstos tenían el proyecto de derrocar ellos mismos a Dorrego, para colocar en su lugar a aquel cacique feroz, y la insistencia de éste quita a esta idea aquel viso que tiene de pueril...”. “Juan Cruz Varela — comenta el historiador Vicente Sierra — se refiere a una acción revolucionaria dirigida por los Anchorena para sustituir a Dorrego por Rosas. Muchos autores se han hecho eco de ella, y hasta se cita una carta atribuída a Rosas, y dirigida a Lavalleja, que lo confirmaría. El carácter y las ideas de Rosas no permiten admitir la veracidad de tal carta, cuyo original se desconoce. Cierto es que no consideró a Dorrego el hombre que las circunstancias exigían, pero también lo es que la legitimidad de sus poderes era título suficiente para que los atacara, a pesar de que, cuando fué elegido Dorrego, la lógica señalaba a Rosas como el federal de más prestigio. En carta de noviembre de 1823, el cónsul Forbes decía: “El ídolo de la gente de campo es el coronel Manuel Rosas ... Se decía hace tres días que se estaban recogiendo firmas para levantar la candidatura de Rosas a la Gobernación.” Por lo demás, el vituperante Iriarte en sus famosas Memorias expresa: “Desde que Dorrego subió al gobierno, Rosas y su círculo, al que pertenecían los hermanos Anchorena — don Juan José, Tomás y Nicolás — manifestaron sin rebozo sus pretensiones de dirigir la marcha de los negocios públicos; pero Dorrego no era hombre para soportar semejante dependencia: invitó a don Tomás de Anchorena para que aceptase el ministerio de gobierno, pero Anchorena lo rehusó, por que la pretensión de éste hombre, de ideas rancias y antisociales, era mandar desde su casa, sin revestir carácter público, para evitar toda responsabilidad. Dorrego se condujo 182

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con dignidad señalando a los Anchorena el lugar que les correspondía: el de no tomar parte directa en la marcha de la administración; de modo que esto produjo, como era consiguiente, una división en el partido federal, que no hizo su exploción entonces por el interés común a las dos fracciones de luchar contra la oposición del partido unitario”. Sea de ello lo que fuere, lo concreto es que Rosas pasó a Santa Fé, a fin de movilizar con Estanislao López los efectivos necesarios para una reconquista por las armas del gobierno de su provincia usurpado por Lavalle; determinación ésta que implicaba ponerse a la cabeza del partido federal porteño, acéfalo tras la muerte de Dorrego. Al conocerse en Buenos Aires el viaje de Rosas, Juan José de Anchorena se lo comunicó a uno de sus capataces, José Vera, en estos términos: “... nuestro Juan Manuel, según noticias, ha tirado para Santa Fé, a quien pienso escribir mañana, no debiendo volver en mucho tiempo a la Provincia”. Es que los Anchorena en ese instante dramático, imbuídos de pesimismo, barruntando negras perspectivas, aconsejaron a su primo, amigo y socio, abandonara la lucha partidaria, se fuera momentaneamente al extranjero. Don Nicolás por su exclusiva cuenta, hizo gestiones ante el Ministro José Miguel Díaz Vélez, en el sentido de que el gobierno le garantizase la vida a a Rosas a cambio de renunciar éste, públicamente a toda actividad política. A tal respecto, el 25-VII-1869, el desterrado de Southampton le escribió a su vieja amiga Pepita Gómez: “No son ciertas las cartas que dice (Manuel Bilbao en su Historia de Rosas) que dirigió Rosas a Buenos Aires para que sus parientes consiguieran del gobierno su regreso a la Provincia, prometiendo no tomar parte en la política, y en último caso se le permitiera retirarse al Brasil por el tiempo que se creyera necesario. Por el contrario mi primo el Sr. Don Nicolás Anchorena, ofreciéndome recursos para que fuera al Brasil, agregaba: ‘Considere primo el largo y escabroso camino que se propone seguir, y los ningunos y efímeros recursos que cuenta’. A continuación de esta carta y firma — sigue don Juan Manuel —, había una nota de la letra y también

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firma el Señor Dn. Juan José, que decía: — Primo, reproduzco lo que dice Nicolás...”. Con relación a ese asunto, la pluma venenosa de Iriarte apunta en sus Memorias tardías: “El gaucho Rosas se había refugiado en Santa Fé, y desde allí esperaba el momento favorable para lanzarse sobre su apetecida presa: la provincia de Buenos Aires, cuyo dominio codiciaba desde mucho tiempo. Pero era cobarde, sin corazón de hombre, temía los lances de guerra y estuvo a punto de emigrar a la República Oriental: lo habría hecho; al mismo he oído decir que estuvo decidido, que se lo aconsejó así don Juan José de Anchorena, cuyos consejos eran para Rosas de gran peso; pero lo disuadieron algunos amigos interesados en rechazar la inicua agresión unitaria, que veían en el hombre de la Pampa el único caudillo, el más indicado, al menos, para insurreccionar la campaña contra Lavalle...”. Entretanto el gobierno unitario acomete a sus adversarios políticos que se han levantado en la campaña. El 2-II1829, el Coronel Isidoro Suárez, en el combate de “Las Palmitas” — cerca la laguna del Potroso y del fuerte Federación (actual partido de Junín) — desbarata y captura al jefe federal Mayor Manuel Mesa, quien, 14 días más tarde, es degradado y fusilado en la Plaza de la Victoria. Antes de morir, Mesa escribió a Nicolás de Anchorena y a Faustino Lezica: “Para los que se han propuesto nuestra regeneración bañando al país en sangre, vale muy poco el hombre de bien y de mérito. No es extraño que nada haya seguro y que no se respete la propiedad cuando no se respetan las vidas, ni aún los sentimientos más sagrados de la humanidad. En fin, Dios quiera poner término a tantos males, que yo por mi parte perdono a sus autores”. A su vez el propio Iriarte reconoce en sus Memorias: “Después de la ejecución de Dorrego, Lavalle asolaba la campaña. Del terror se valieron muchos subalternos. Se violaba el derecho de propiedad. No era posible que los gauchos soportaran tal yugo por largo tiempo ... ”. Y más adelante añade: “... como bestias feroces trataban a los desgraciados que caían en sus manos”.

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En la ciudad, el 18 de febrero, son sacados de sus casas, puestos bajo arresto y finalmente conducidos al bergantín “Rondeau”, prestigiosos ciudadanos, civiles y militares, simpatizantes del partido federal: Juan José de Anchorena y su hermano Tomás Manuel, Manuel Hermenegildo de Aguirre, Juan Ramón Balcarce, Enrique Martínez, Tomás de Iriarte, Felipe Arana, Manuel Vicente Maza, Juan Antonio Martínez Fontes, Victorio García de Zúñiga, Francisco Agustín Wright y Epitacio del Campo. En circunstancias en que el “Rondeau” echó el ancla en la rada exterior, lejos de Buenos Aires, Iriarte afirma que él, con Balcarce y Enrique Martínez, idearon apoderarse del barco, operación relativamente fácil, por ser su tripulación muy reducida, casi toda norteamericana y proclive al soborno. “Era indispensable — escribe en sus divertidas Memorias el perdonavidas post mortem de referencia — “comunicar nuestro proyecto a todos los deportados para que concurriesen y nos ayudasen en el momento de la exploción. Empezamos por los hermanos Anchorena, que por su carácter dominante y posición social tenían gran ascendiente sobre sus otros compañeros de destierro; pero encontramos la más fuerte resistencia; no quisieron adherir a la empresa, y hasta sospechamos que eran capaces de denunciarnos al Comandante Toll, tal era la vehemencia de su fanatismo por el triunfo de su opinión, que aquellos hombres altivos y esencialmente intolerantes, creían la más acertada. La vanidad, por la importancia que les daba su riqueza, hacía su carácter insoportable. Tuvimos pués que desistir de nuestras miras por falta de cooperación, porque tampoco teníamos un verdadero interés en llevarlas a cabo, desde que sabíamos que una vez desembarcados en la República Oriental, gozaríamos una completa libertad y la más positiva garantía. No nos había estimulado otro interés que el de los desgraciados — de cuyo número eran los Anchorena — que ignoraban el lugar y término de su destierro”. El 28 de febrero el “Rondeau”, a órdenes del comandante Juan Antonio Toll, zarpa de la rada con su carga de selectos proscriptos, y al día siguiente atraca en el puerto de Anchorena

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Colonia, donde Toll hace desembarcar a Aguirre junto con Balcarce, Iriarte y Enrique Martínez. Seguidamente, con los otros prisioneros abordo, vira el barco y se dirige a Patagones. Ahí descarga a algunos confinados y, con el resto de los cautivos — incluídos los Anchorena — torna el bergantín a Buenos Aires y fondea en las balizas exteriores del puerto. El Ministro Del Carril, mentor de Lavalle, al comentarle el 8 de mayo — “a Mi querido General” — un plan de transacción con Estanislao López, intercala esta referencia y un consejo típico de los suyos: “... De los Anchorena no dispuso Ud. finalmente nada: tómese la molestia de decirme qué haré de ellos ... es conveniente apartarlos de la vista del Pueblo y no dejarle motivo a la compasión en favor de ellos ... ”. La agresión de Venancourt El 1º de abril de ese año 29, el gobierno de Lavalle decretó la forzosa convocatoria de los extranjeros con dos años de residencia, para que defendieran militarmente a la ciudad, conforme a la ley del 10-IV-1821, dictada por la administración de Martín Rodríguez. A tal fin se creó el batallón “Amigos del Orden”, donde — seguramente de pésima gana — quedaron enrolados muchos franceses, algunos ingleses y varios norteamericanos. Tras sendas reclamaciones de los cónsules de Estados Unidos, Inglaterra y Francia: Forbes, Parish y Mendeville; éste último (marido de Mariquita Sánchez) en términos airados, sin atribuciones diplomáticas para formular demandas de esa naturaleza, opuso un veto al enganche militar de sus connacionales; recurso improcedente que el ministro Díaz Vélez rechazó, por contener protestas “contrarias a los respetos de la autoridad”, ya que, por lo demás, “los súbditos de Su Magestad Cristianísima (Carlos X) gozan de la protección de las leyes del país, y están sujetos, sin reserva, a las obligaciones que aquellas imponen, mientras residan en el territorio de la provincia”. Así las cosas, el comandante de la Estación Naval Francesa en el Plata, capitán de navío vizconde Cornette de Venancourt, en apoyo de las exigencias de Mendeville y de 186

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supuestos agravios a dicho cónsul y al pabellón gálico, que el marino achacaba al ministro Díaz Vélez, ordenó a los jefes de las corbetas guerreras de su mando, “Isis”, “Iris”, “Magicienne”, apoderarse a viva fuerza de las naves argentinas “Rio Bamba”, “Rondeau”, “Cacique”, “Once de Junio”, “La Argentina” y “General Belgrano”, surtas en la rada porteña, con el fin de liberar a más de 200 prisioneros franceses que, por renuentes a prestar el servicio de armas, se encontraban hacinados en el bergantín “Rondeau” y el pontón “Cacique”, junto a los hermanos Anchorena y demás correligionarios federales, opositores del partido gobernante. En consecuencia, el 21 de mayo a medianoche, la flotilla del impetuoso vizconde atacó, abordó y capturó a aquellas naves de nuestra bandera, cuyas tripulaciones dormían desprevenidas. De esta suerte, los prisioneros políticos de Lavalle fueron liberados, al día siguiente, por Venancourt. Por su parte Rosas — que tras el revés inflingido al jefe unitario en el combate de Puente de Márquez, asediaba a la ciudad —, escribió a Venancourt, en su carácter de delegado del gobierno soberano, una extensa nota en la que expresaba, “en su nombre y en el de todos los ciudadanos de la Nación Argentina, el más sincero y justo homenaje por los sucesos que han tenido lugar los últimos días, con respecto a la escuadra nacional, que había caído, como consecuencia de la insubordinación del 1º de diciembre, en poder de dichos insurrectos”; liberando los franceses a “los prisioneros a bordo, y otros hechos que muestran claramente que los agentes públicos de la Nación Francesa han sabido reconocer al gobierno legítimo de la República Argentina, y tomar en conformidad las relaciones de estrecha amistad que la República Argentina conservaba hasta el 1º de diciembre con la Nación Francesa”. Por tanto, encontrándose Rosas “suficientemente autorizado por el poder soberano de la Nación”, requería de Venancourt, “que la escuadra nacional tomada a los insurrectos no sea devuelta, pero sí guardada cerca y en seguridad; que se tomen los buques nacionales que se encuentren en el Paraná, y se permita al infrascripto una entrevista que podra tener lugar en la Ensenada ... en donde el infrascripto pondrá Anchorena

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a disposición del comandante francés la carne fresca que necesite diariamente para los barcos y navíos que quisiere proveer, o pudiera desear el susodicho comandante”. A propósito de este caso, Roberto de Laférrere comenta en su luminoso estudio acerca de El Nacionalismo de Rosas: “Es evidente que en 1829 el comodoro Venancourt, conforme a su pensamiento de que los desórdenes americanos debían ser resueltos algún día por los europeos, aprovecha la oportunidad brillante que le brinda la anarquía unitaria para iniciar una política que satisfaga las ambiciones francesas en el Río de la Plata. Su propósito es claro en el conflicto. Busca la alianza de una de las facciones contra la otra, como la buscara más tarde Leblanc con éxito no discutible. Se trata de las mismas aspiraciones imperialistas ... Ese apoyo lo busca en Rosas. Lo busca y no lo encuentra. Rosas no es un caudillo de ambiciones vulgares que pacte alianzas desdorosas con el extranjero para resolver pleitos partidarios”. El documento de Rosas a Venancourt “no solo no abre una negociación de carácter político, sino que también la hace absolutamente imposible, reduciéndolo al comodoro a la situación de un auxiliar de las autoridades nacionales que han sido desconocidas por una montonera militar sublevada. Es un deber dirigirse al almirante como delegado de la autoridad nacional, y lo hace conforme a su carácter de tal. Hubiera sido inadmisible que permaneciera silencioso. Rosas habla en su nota en nombre de la ‘Nación Argentina’, no como jefe de una facción. Es, en efecto, el Comandante General de la Campaña que ha sido delegado por Estanislao López al frente del ejército nacional para restablecer el órden y la autoridad provinciales ... delegado de esta autoridad, Rosas se dirige oficialmente al comodoro Venancourt, y en tono de gobernante, pero bajo las formas más amables y corteses del estilo protocolar, le reclama la entrega de los barcos argentinos, dilatando el momento en que esta entrega habrá de realizarse, porque naturalmente carece de los medios materiales para hacerse cargo de los barcos ... Le da instrucciones en suma (a Venancourt), y le agradece en nombre de la Nación que representa su cooperación en el restablecimiento de la autoridad, cosa que interpre188

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ta como prueba de que la Nación Francesa ha sabido reconocer al gobierno legítimo que la República Argentina conservaba hasta el 1º de diciembre con la Nación Francesa”. Por su parte el comodoro francés “comprendió que con el Comandante de Campaña no había posibilidad alguna de acuerdo ... Prefirió, pués, presionar más enérgicamente sobre el titulado gobierno de Lavalle, como lo hizo, hasta imponerle la humillación contenida en la convención firmada por Juan Andrés Gelly, como delegado de los sediciosos”. Tal convención establecía que los navíos serían entregados por Venancourt al gobierno de Lavalle en el estado que se hallaban; que los franceses que se negaran a enrolarse no serían perseguidos; y que se daba como hecho cumplido la liberación de los prisioneros de dicho país encontrados en el “Rondeau” y el “Cacique”, con el grupo de políticos argentinos que incluía a los hermanos Anchorena, los cuales pidieron ser trasladados al buque inglés “Cadmus”, a lo que se había accedido. Cabe destacar — así lo subraya Levene — “la actitud patriótica de los hermanos Anchorena, que libres de resentimientos rehusaron la libertad que les ofreció el vizconde Venancourt, a pedido de Rosas, y se trasladaron a un buque inglés, pero siempre a disposición del gobierno”. “La actitud de los grandes hacendados Juan José y Tomás Anchorena, en esta delicada emergencia — recuerda también Levene —, fue destacada en términos honrosos por Lavalle. Desde el cuartel general en los Tapiales, el 26 de mayo, le escríbe al Gobernador Delegado (Martín Rodríguez) afirmando: que la conducta de los Anchorena, en el apresamiento de nuestros buques, es digna de unos Argentinos distinguidos. Ellos desprecian la libertad que les ofreción el que a la sazón hacía insulto atroz al pabellón de la República, contestando que querían quedar en dependencia de su gobierno”. En consecuancia, Martín Rodríguez ordenó que los Anchorena — cuando ya estaban libres en el barco inglés — “fueran puestos en libertad y restituídos al goce de sus derechos”. Tal amnistía revelaba, sin duda, que la paz entre Lavalle y Rosas estaba a punto de concretarse. Anchorena

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Entretanto Juan José y Tomás Manuel habían sido llevados a la Colonia por el navío británico “Cadmus”. Antes de arribar a ese puerto, ambos hermanos le enviaron al cónsul inglés Woodbine Parish estas líneas: “Los infrascriptos debiendo pasar mañana para la Colonia del Sacramento, nos consideramos en el deber de manifestar nuestra gratitud y reconocimiento al Honorable Sr. W. Parish, encargado de negocios de S.M.B. en Buenos Aires, por el decidido interés con que ha propendido a nuestra libertad y seguridad; y aunque inútiles para corresponder a los muy importantes favores que nos ha dispensado, le ofrecemos nuestros más sinceros deseos, saludándole con toda consideración y respeto”. Seguidamente ambos hermanos, despachan el 26 de mayo esta carta que transcribo en su integridad: “Nuestro muy estimado primo don Juan Manuel de Rosas: Hallándonos instruídos de que la Provincia ha querido favorecerlo en la muy justa y noble empresa en que se halla comprometido, y que dentro de poco las tropas de su mando entrarán a ocupar la ciudad; sin embargo de estar bien persuadidos de que Ud. no es capaz de permitir el menor desorden, creemos que es un deber nuestro recomendarle con especialidad que procure tomar cuantas medidas de precaución crea convenientes en favor de las casas de los Ingleses, y muy particularmente la del Sr. D. Tomás Armstrong, concuñado de Riglos, por el decidido interés que todos los de esta nación han tomado por el buen éxito de su campaña, y por los servicios con que dicho Señor nos ha prestado antes y después que nos hemos librado de los tiranos y opresores del país, por ese inesperado acontecimiento de que tendrá Ud. noticias”. (Aquí aluden los Anchorena a la actitud de Venancourt). “También recomendamos a Ud. la casa de los Lezica, cuñados de Juan José, que está de Santo Domingo media cuadra al Poniente, con frente al Norte, y es conocida por la casa que fué de Romero. Deseamos a Ud. (roto) y felicidad, y que mande cuanto guste a sus affmos. parientes y amigos”. Y dos días más tarde (28 de mayo), desde la Colonia, Tomás Manuel se comunicaba en estos términos con su cuñada doña Estanislada Arana, que estaba en Buenos Aires 190

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pués su marido don Nicolás habíase refugiado en Montevideo: “Mi muy estimada hermana. En su apreciable fechada el 26 del corriente, nos dice Vmd. que el Señor ... (?) se empeñaba a fin de que no saliéramos de aquí o al menos esperásemos tres días. Ya debimos haber salido, y no lo hemos hecho por los vientos contrarios, pero mediante esta prevención de Vmd. esperaremos quando menos hasta el domingo próximo. A don F.A. (Felipe Arana) que habló con nosotros el sábado p.pdp. y después visitó a Vmd., se servirá decirle que si estuviese próximo a salir dentro de pocos días algún paquete inglés, proceda con previo aviso del Señor ... (?) a ajustarnos viaje hasta Montevideo, pués acercándonos aquí, facilmente nos trasbordaremos en bote con nuestro criado y equipajes; y, entretanto, no deje Vmd. de enviarnos con tiempo lo que resulta (roto) diligencia. Por lo demás, suplicamos a Vmd. que no nos escriba sino quando sea necesario, y quando reciba cartas nuestras lo reserve, avisando en nuestras casas del estado de nuestra salud, y dándonos igual aviso de ellas quando nos escriba, ya que no conviene que se sepa en el pueblo de nuestra correspondencia. Juan José, a cuyo nombre escribo ésta, saluda a Vmd. y a toda su familia, del mismo modo que yo, su affmo.hermano Q.S.P.B.”. Algunas propiedades urbanas y rurales de los Anchorena En primer término señalo la casa particular de mi tatarabuelo en la calle “del Perú” número 68, entre las de Victoria y Potosí. Ese caserón fue la primitiva Casa de Correos perteneciente a la Provincia, que don Juan José adquirió, el 29-X-1821, en pública almoneda, por la suma de 17.000 pesos, firmando el recibo del importe Juan Manuel de Luca, secretario interino de Hacienda. El gobierno de Martín Rodríguez escrituró el inmueble a favor de Anchorena el 4 de diciembre siguiente, por ante el Escribano de la gobernación Joseph Ramón de Basavilbaso. Dicha Casa de Correos había sido cedida al Estado en 1794 por Justa Rufina de Basavilbaso de Azcuénaga, hija de don Manuel de Basavilbaso y Urtubía, Director de Correos y Postas del Virreinato y Caballero Anchorena

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de Carlos III, de conformidad con los otros herederos de la finca; situada en la calle “que llaman del empedrado”, y edificada en un terreno de 18 varas de frente al Oeste por 46 varas de fondo al Este, formando dos martillos. La casa era enorme y con tres patios. Otra casa compró don Juan José a Benito Lynch Galayn, el 16-IV-1816, ante Antonio Llames, la cual formaba esquina al Norte y Oeste, y medía 39 varas al Norte y 33 y 1/2 de fondo. Años después, Anchorena vendió esa casa al sobrino de su 1ª esposa Juan Bautista Peña Lezica, por el precio de 9.000 pesos, en escritura que autorizó Narziso Iranzuaga el 17-VI-1828, cuando la finca lindaba al Norte, calle de Venezuela en medio, con Antonio Cornet y Pratt; al Oeste, calle de las Piedras en medio, con José Chanteiro; al Este con Juana Castañón; y al Sud, o fondo, con Manuela Illescas. Un terreno el gobierno de Martín Rodríguez les vendió, por 8.950 pesos, a Juan José y Nicolás Anchorena, el 6-VI-1822, ante el Escribano Joseph Ramón Basavilbaso; terreno contiguo al Colegio de la Unión del Sud, compuesto de dos frentes que correspondían a las calles de dicho Colegio (ahora Bolívar) y a la de la Biblioteca (al presente Moreno), con una superficie total de 1.847 y 1/2 varas. Dos casas mas: una hacía esquina a las calles Maipú y la Plata (hoy Rivadavia); y la otra en la calle de Potosí (hogaño Alsina) que compró Juan Nepomuceno Terrero para don Juan José con dinero que éste le había dado al efecto; cuyo solar lindaba por su costado Este con la morada de dicho Terrero. Seis casas chicas y dos grandes, situadas “en el barrio del Hospital General de Hombres”, cuyo conjunto formaba esquina con 27 varas de frente a la calle Balcarce y 70 de fondo sobre la calle Brasil. Este cuerpo de edificios lo compró Juan José de Anchorena, por el precio de 51.000 pesos moneda corriente, a William Parish Robertson (el de las Letters on Paraguay, con su hermano John), al cual representó en la escritura su apoderado Enrique Höker, comerciante de esta plaza, por ante el Escribano Manuel Cabral el 22-II-

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1827. Robertson hubo dichas casas por compra a Tomás Fair, el 19 de ese mismo mes y año. Los hermanos Juan José y Nicolás Anchorena poseyeron, en condominio, un solar “situado en los suburbios de esta ciudad, en el hueco llamado de los Sauces”. (hoy en día la Plaza Garay, en el barrio de Constitución, cuya plaza actualmente delimita con las calles Garay, Luis Sáenz Peña, Solís y Pavón). En cuanto a las primeras posesiones campestres de los Anchorena, ellas abarcaron como 60 leguas cuadradas en el actual partido bonaerense de Pila. Esos grandes espacios fiscales desiertos — convertidos luego en estancias por Rosas para sus primos — pertenecen hogaño, en su mayoría, a los descendientes de don Juan José y don Nicolás. En el Archivo de Geodesia y Catastro de la provincia de Buenos Aires, en La Plata, figuran las correspondientes mediciones que el agrimensor Francisco Mesura practicó sobre tales terrenos, concedidos originariamente en enfiteusis, cuyos dominios se adquirieron, casi dos décadas más tarde, conforme a las leyes vigentes: a saber: 20-XII-1818: Varios campos baldíos en la otra margen del rio Salado, llamados como sus lagunas: “del Sermón”, “Carancho Blanco”, “Tortuga”, “El Sartén”, “Pila” y “Las Chilcas”, que fueron cedidos primero al enfiteuta Venceslao Ramírez, y luego pasaron a poder de los Anchorena. 20-XII-1818: Campos contiguos a los de la sociedad “Rosas y Terrero”, en la otra banda del Salado, cedidos a José Miguel Drago, y posteriormente explotados por los hermanos Anchorena. Contenían dichos campos estas cinco lagunas: “Hinojal Grande”, “Hinojal Chico”, “Sartén”, “La Espadaña” y “La Espadaña Chica”. 23-XII-1818: Campo también en la otra margen del Salado, paraje denominado “Camarones Chicos”, concedido en enfiteusis a Laureano Alemán y después poseído por los Anchorena. Figuran dentro de su perímetro cinco lagunas: “Camarones Chicos”, “La Salada del Cardal”, “Los Toldos”, “El Cardal” y “La Pila”.

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Linderos a este último campo se mensuraron, de nuevo, el 15-I-1819, los terrenos de “La Laguna del Carancho Blanco”, “de la Pila” y “del Sermón”, “situados al sur de la Guardia de Chascomús”, que se otorgaron a la sociedad “Rosas y Terrero”, y después pasarían a los Anchorena .Su area encuadrábase en un rectángulo cuyos costados N.O. y S.E. medían 24.000 varas, y los del N.E. y S.O. 36.000. El 17-VII-1821 Juan José de Anchorena compró al “Coronel de los Ejércitos de la Patria” Manuel Escalada (cuñado de San Martín), por el precio de 3.700 pesos, ante el Escribano Mariano García Echaburu, una estancia llamada “de la Amistad” (21) — de 3.200 varas de frente y una legua y media de fondo — ubicada en el partido de Matanzas, que se vendió con “las caballadas y yeguadas, marcas, caserío, monte, corrales y los esclavos Mariano y Pablo que se encontraban en ella”. Manuel Escalada, a su vez, hubo dicha estancia de Francisco Ramírez y Pedro Miguel Lomés, según escritura del 1-XII-1819, ante el mismo García Echaburu, dentro de los siguientes linderos: al frente el arroyo de la Paja y terrenos de Vicente Francisco de los Pinos; al fondo con tierras del Estado, (antes de las Temporalidades, otrora de los jesuitas); en su costado Sur los terrenos del finado Villamayor; y al Norte el arroyo Pantanoso y terrenos de “Berois” (Verois, mejor dicho). Por su parte Ramírez y Lomés hubieron el predio mediante compra a Juan Miguens y José Ignacio González, el 26-III-1819, y estos últimos habían adquirido el campo también por compra, efectuada a Bonifacio Zapiola, ante García Echaburu. Otra “suerte de estancia” denominada “Cañada de los Pozos”, en el mismo partido de Matanzas, adquirió don Juan José de Pedro Salguero y Juan Ahumada; quienes la hubieron de Francisco Ramírez y Pedro Miguel Lomés; los cuales se la habían comprado el 26-III-1819, a Juan Banegas y Felipe 21 El 4-X-1820 La Gazeta de Buenos Ayres había publicado este aviso: “Se vende una estancia llena de comodidad en el partido de la Matanza, el que quiera comprar véase con don Manuel de Escalada que dará razón de su terreno y demás, etcétera”. 194

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González. Dicha “suerte” ( 5.086 y 1/2 varas de frente y dos leguas de fondo) lindaba por el N.E. con más campo de Anchorena; al N.O. con “los Salomones”; al S.E. con el Estado (antes de las Temporalidades); y al S.O. con la “suerte de los Pinos” y el arroyo Morales. El 21-IV-1828, Juan José de Anchorena vendió la “Cañada de los Pozos” a Dionisio Zamudio, por ante el Escribano Narciso Iranzuaga. El 8-VII-1822, los hermanos Juan José y Nicolás compraron a Lorenzo López el campo denominado “Las dos Islas” — luego “El Tala” —, cuya referencia detallada hago más adelante, por derivar de dicha considerable extensión primitiva, la vasta estancia “El Chajá”, subdividida, a su vez, en los actuales establecimientos ganaderos de varios descendientes de Juan José de Anchorena, en el partido de General Madariaga. El 7-XII-1825, el gobierno de Las Heras vendió, ante el Escribano Basabilbaso, a Juan José y Nicolás de Anchorena, un campo que ellos ocupaban denominado “de Drago” o “del Sermón”, con una superficie de dos leguas (en el actual partido de Pila), donde se halla la laguna de “Hinojales” y (sic) “un puesto de don Juan Manuel de Rosas”, administrador de aquellos sus primos, que estaban en posesión del campo. En 1826, Juan José y su hermano Nicolás explotaban las estancias: “Achiras”, con el nombre de su laguna — que fuera de Antonio Obligado —, ubicada en un recodo del rio Salado, actual partido de Pila; y “Averías”, sita en el partido de Chascomús, cuya denominación recordaba a una partida de blandengues “averiada” en cierto entrevero con los indios, a orillas de la laguna respectiva. El 5-II-1826, ambos hermanos Anchorena compraron a Andrés Noriega, por ante el Escribano Manuel Llanes, un campo denominado “La Dulce” o “San José de la Dulce”, situado en la banda exterior del rio Salado (partido que fue de Navarro, después Mulitas, después 25 de Mayo), cuya fracción medía dos leguas de frente sobre el Salado y dos de fondo “campo afuera”, “donde desagua la laguna del Pescado en el Salado”. En esta estancia tenía una tercera parte — ademas Anchorena

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de las cuatro leguas compradas a Noriega — el capataz de los Anchorena, Juan Benito Sosa, a quien aquellos permitieron que hiciera una demanda, como enfiteuta, al gobierno, sobre tres leguas linderas, que después obtuvieron en propiedad particular los Anchorena para Sosa, anticipándole el importe del campo. Es así como la explotación de la referida posesión rural se realizó sobre una superficie de siete leguas cuadradas. El 3-XI-1827, ante el Escribano Miguel Mogrovejo, Félix Castro vendió a Juan José Cristóbal de Anchorena, por la suma de 8.500 pesos de plata sellada, una estancia sita en la provincia de Santa Fé, comunmente llamada “San Lorenzo” o “Rincón de Gorondona”, que lindaba al Este con el rio Paraná, al Oeste con el Carcaraña, formando al Norte “un rincón” entre estos dos rios, y limitando al sur con el campo de los herederos de Andino. A aquella estancia, que adquiría Anchorena, la atravesaba el arroyo San Lorenzo, a inmediaciones de la antigua aldea de este nombre y del convento franciscano, frente al cual San Martín libró su primer combate en tierra americana. Le correspondió la estancia a Félix Castro por haberla comprado en sociedad con William Parish Robertson, al gobierno de Santa Fé, el 17-IX-1825, en escritura que les otorgó Domingo Cullen — secretario del Gobernador López —, como representante de dicha provincia, ante el Escribano José Gregorio Bracamonte. Posteriormente Robertson cedió a Castro la parte que tenía en esos terrenos por liquidación de cuentas, haciéndose representar por su apoderado Henrique Höker. Fallecido don Juan José, “el Rincón de Gorondona” o “San Lorenzo” — que estuvo arrendado a José Freyre — pasó a los hijos herederos del causante: Pedro de Anchorena, Mercedes A. de Aguirre y Rosa A. de Ibáñez; a quienes, en enero de 1862, mi bisabuelo Manuel Alejandro Aguirre, marido de Mercedes Anchorena, pidió acuerdo, como condómino, para vender a José María Cullen aquel campo “por el mismo precio que costó”. (José María Cullen era el hijo mayor del canario Domingo Cullen Ferráz — Ministro y Gobernador de Santa Fé, fusilado por Rosas el 22-VI-1839 en 196

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Arroyo del Medio — y de la santafesina Joaquina Rodríguez del Fresno). El origen del campo “Arroyo Grande”, en el actual partido de Coronel Vidal (Mar Chiquita, antes “Arbolito”), es como sigue: Nicolás y Juan José de Anchorena eran acreedores hipotecarios de Pascual Costa (hermano de don Braulio y marido de María Trapani Castellanos), quien, el 3-X-1827, según escritura que pasó ante el Escribano Juan Francisco Castellote, recibió de aquellos 2.941 onzas de oro sellado, en garantía de cuya suma hipotecó 18 leguas de tierra de la estancia “Arroyo Grande”, y todo lo que a dicho campo pertenecía. Un año después — 1828 — Costa recibió de los Anchorena otro préstamo de 19.850 pesos y 7 y 1/2 reales, que el deudor garantizó también con hipoteca sobre su “Estancia de Cañuelas”, compuesta de una legua y media de frente y otro tanto de fondo. Así las cosas, el 9-VI-1832, ante el Escribano Luis López, Nicolás de Anchorena y los herederos de su finado hermano Juan José, celebraron con Pascual Costa un convenio mediante el cual, “por consideraciones que no es del caso referir”, Costa otorgaba una nueva hipoteca sobre la estancia de Cañuelas, y transfería en propiedad a los Anchorena las 18 leguas cuadradas del “Arroyo Grande”. Este campo limitaba con otras dos vastas extensiones de Anchorena: “Carralauquén” (“Laguna Verde”, en araucano) — 5 leguas de frente y seis de fondo —, y los campos del “Arroyo Chico” — 48 leguas cuadradas, “cerca de la Guardia de Kaquel” (hoy en torno del pueblo de General Pirán, a 6 leguas en línea recta del antiguo fortín) — comprados por Juan José y Nicolás a Pablo José Ezeyza en 1824, en 8.000 pesos, ante Juan Francisco Castellote. El 23-X-1837, la Provincia de Buenos Aires por intermedio de su Gobernador Juan Manuel de Rosas, ante el Notario gubernamental Joseph Ramón Basabilbaso, de acuerdo con las facultades que le concedía la ley del 10-V-1836 (dictada por la Legislatura estableciendo los trámites para la venta de 1.500 leguas cuadradas de tierra que se habían dado en enfiteusis) transfirió en propiedad a Nicolás de Anchorena y a los herederos de su finado hermano Juan José, el terreno Anchorena

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ubicado en la “Sección Independencia” (dependiente del fuerte de Tandil, hoy partido de Pila), que se concedió en enfiteusis a Juan Barrenechea, con una superficie de 15 leguas cuadradas, más 577 milésimos de otra legua, por el precio de 62.300 pesos, pagaderos al contado en billetes de Tesorería. Se trataba de los campos denominados “Espadaña Grande”, “Lafquenpulquín” y “Lafquenlufú”; linderos con otros campos de los Anchorena: “La Estancia de los Toldos Viejos”, “Camarones” y “Laguna de Corbalán”. El 15-XII-1837, asimismo la Provincia, Gobernador Rosas mediante, en el registro del Escribano Basabilbaso, conforme a la ley del 10-V-1836, vendió a Nicolás de Anchorena y a los herederos de su hermano Juan José, dos campos que ocupaban ellos como enfiteutas, en la “Sección Independencia” (ahora Pila): uno llamado “Laguna del Hinojal”, y el otro “Los Toldos Viejos”, medidos en 1818 por José Miguel Drago, cuya superficie era de 8 y 1/3 leguas cuadradas. El precio de la venta fué de 33.339 pesos Origen de “El Tala” o “Las dos islas” El antecedente más lejano que encontré sobre ese campo — del que deriva la estancia “El Chajá” de mi abuelo materno Manuel Juan José Aguirre Anchorena — es una vieja mensura existente en el Archivo de la Dirección de Geodesia y Catastro de la Provincia de Buenos Aires, en La Plata. Dicha medición fue practicada el 30-X-1815, por el Agrimensor José de la Villa, “en un terreno nombrado Las dos Islas (de talas: la “Isla Larga”, y la “Isla Redonda”), situado al otro lado del rio Salado y partido de Chascomús, dado de merced a don Lorenzo López, por decreto de 27 de julio de 1819”. En efecto: en 1813 Lorenzo López había resuelto poblar más allá de fronteras, en la banda opuesta del Salado, en tierra de indios. Así, a 40 leguas de distancia de la Guardia de Chascomús, con rumbo sur, en un paraje contiguo a los “Montes Grandes” (de talas) y a la costa oceánica, López hizo amojonar, por el referido perito, la llanura abierta de la 198

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cual había tomado posesión dos años antes, no sin convenir — supongo — algún trato pampa con algunos caciques (Pichiloncoy, Negro, Iretrúa, Pichimán, Ancafilú?) que mantenían sus toldos establecidos en distintos puntos de la zona que vá de Vivoratá hasta las actuales sierras de Balcarce, Volcán y Tandil. El Agrimensor de la Villa realizó entonces la mensura y amojonamiento de referencia, que luego trasladaría a un plano, donde el terreno de López aparece dibujado como un rectángulo, compuesto de 3 y 1/4 leguas de frente y seis de fondo; cuyos lados Norte y Sur medían 36.000 varas, y los del Este y Oeste 19.500. Limitaba su costado Norte con tierras de Francisco Piñeyro y de su yerno Pedro Blas Escribano — marido de Bibiana Piñeyro Fernández; el costado Este corría aledaño a las tierras de Joaquín Suárez prolongadas hasta el mar; el flanco Sur confinaba con terrenos del Estado (hogaño “Macedo” y “La Argentina”) y con los “Cerros de Bacaloncoy”, fiscales en aquella época; y tras el extremo Oeste dilatábase un ancho espacio de pampa vacía, tierra pública, repartida más tarde, y, actualmente, “La Merced”, “La Fé”, “El Retoño”, “La Loma de Elso”, “La Constancia”,"Santa Marta”, “San Enrique” y “El Espartillar”, que en 1815 las áreas de estas tres últimas estancias — derivadas de “Marí Huincul” —, no aparecen aún bajo el dominio de Ramos Mexía sino del Gobierno. Referencias acerca de los vecinos fronterizos del campo “Las Dos Islas”, de Lorenzo López El vasto espacio aledaño por el Norte con dicho campo, incluye hoy día a “San Simón”, parte de “El Yeruá”, “El Chamico”, “La Loma Verde”, “La Porteña”, “La Esperanza” con otras fracciones, y al ángulo noreste el pueblo de General Madariaga. El 21-XII-1814, el Agrimensor de la Villa mensuró “La Laguna de los Inojales” (ahora en el “Yeruá”), terreno que le vendió el Estado a Francisco Piñeyro el 3-IV-1814. En el plano levantado por dicho Agrimensor, figura ese terreno como un rectángulo, cuyos lados Norte y Sur miden 18.000 Anchorena

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varas, y los del Este y Oeste, 12.000. Y lindaba, por el Este con Pedro Blas Escribano (hijo del Capitán Nicolás Escribano, fundador de Chascomús); y por los rumbos Sud, Norte y Oeste, con tierras del Estado (más tarde de Lorenzo López y de Francisco Ramos Mexía, respectivamente). Francisco Piñeyro y Cerqueira (tatarabuelo de los Alzaga Piñeyro y 7º abuelo de mis nietos Ibarguren Estrada Achaval y Gallardo Pirovano Ibarguren) nació en Galicia y casó en Bs. As. en 1778 con Manuela Josefa Fernández Echeverría; hija del gallego Januario Fernández do Eijo López de Neyra, n. en Santiago de Foz, Obispado de Mondoñedo, en 1720, que casó en Bs. As. en 1746 con María Ignacia de Echeverría Rodríguez de Figueroa; hija del Capitán Nicolás de Echeverría Galardi, nativo de Hernani, Guipúzcoa, y de la porteña, Ignacia Rodríguez de Figueroa; n.p. de los guipuzcoanos Domingo de Echeverría Arrillaga Izaguirre e Irigoyen, y de Antonia Galardi; n.m. de Diego Rodríguez de Figueroa y de Petronila de Cervantes López Camelo; bisn. m.m. de Diego Arias Velasco y de Andrea Núñez Leal Escobar; chozna del portugués Diego López Camelo y de María de Soria Cervantes y Barragán. A su vez Diego López Camelo era hijo de Sebastián López y de María de las Nieves Camelo. En cuanto a María de Soria Cervantes, fueron sus padres Juan Barragán e Isabel de Soria Cervantes; sus abuelos paternos, Bernardo Sánchez, alias “el Hermano Pecador”, y Catalina Pérez; y sus maternos abuelos Rodrigo de Soria Cervantes y Beatriz de Alarcón. Intermedias entre el campo de López y el mar, encontrábanse las tierras de Joaquín Suárez, nacido en la ciudad de Bs. As. en 1775 (hijo de José Suárez Guzmán y de Ana de Araujo). Casóse el 23-XII-1802 con María Gregoria Lastra baut. en 1784 (hija de Juan Agustín Lastra Solla y de Clara Muñoz García). Era Joaquín hacendado y patriota de la primera hora. En 1810 obló 10 pesos fuertes con destino a costear la expedición militar a las provincias arribeñas, y ponía su persona a disposición de la Junta. En 1819 resultó electo alcalde de Hermandad del pago de la Magdalena, pero el nombramiento lo dejó sin efecto el Cabildo “a causa de la 200

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distancia en que reside”, que pasaba las 50 leguas de aquel destino, al Sur del rio Salado, donde el hombre ya poblaba extensas superficies. En 1822, él integró la Legislatura, y en 1825 solicitó en enfiteusis el campo de 20 y 1/2 leguas cuadradas denominado “Laguna de Juancho”. Un lustro más tarde — 1830 — los hijos herederos de Suárez, Martín Diego y Jorge Pascual Suárez Lastra, vendieron la concesión enfitéutica paterna a Martín de Alzaga; y éste, en 1836, le compró al estado dicho vasto territorio. En 1872, los hermanos de la viuda de Alzaga, Felicitas Guerrero — que murió asesinada — heredaron aquel amplísimo contorno hoy subdividido en un montón de estancias: “Juancho Viejo”, “La Providencia”, “San Cayetano,” “Charles”, “Dos Montes”, “Las Lomas”, “El Rosario”, “La Invernada”, “La Selva”, etc. etc. que encierran a las lagunas de “Juancho”, “Los Horcones”, “El Rosario”, “La Colorada”, “Ponce”, “El Durazno”, “La Barrancosa”, “Martín García” y “Las Sepulturas”, y originaron los balnearios de “Ostende”, “Villa Valeria”, “Pinamar” y “Cariló”. Y por su extremo Sur, el campo de Lorenzo López, en aquellos tiempos iniciales, colindaba con despobladas tierras fiscales, donde más tarde asentaríanse “Macedo” y “La Argentina”, y también “Loncoy” o “Bacaloncoy”, cuyo nombre viene de “Lonco”, “cabeza” en araucano. (“Bacaloncoy”, por tanto, significa “Cabeza de Vaca”). Con fecha 7-VIII-1834, el gobierno del General Viamonte dió en enfiteusis a los herederos de Juan Bautista Segismundo un terreno, mensurado por Felipe Senillosa el 3-XI-1826, que ocupaba dicho Segismundo, el cual había disputado su posesión con Pablo José Ezeyza. Se trataba de 8 leguas de frente y 12 de fondo, conocidas por “Loncoy”, que formaban parte del campo “Marí Huincul” (“Diez Lomas”: “Mari” diez, “Huincul” lomas). Ezeyza alegó que tal terreno se lo dió, en 1815, el Cabildo Gobernador por “vía de terminación”, y que él lo pobló “para sí, su socio e hijos varones, todos hombres de campo”. El terreno — según Ezeyza — no tanto le correspondía por titulo de gracia, sino por rigurosa justicia, de acuerdo a la declaración del 18-II-1819, publicado en La Gazeta. Por lo demás, los indios le robaron toda la hacienda vacuna y caballar y Anchorena

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destruyeron la estancia el año 1818. Ezeyza, con posterioridad, llegó a un acuerdo con Segismundo sobre los derechos a ese campo, que mensurado abarcaba 3 leguas de frente, desde “la Laguna del Maestro Eusevio”, por 4 leguas de fondo; encerrando su deslinde las lagunas de “Bacaloncoy” y otra “inmediata a la población del Paraguay Basilio”. El terreno irregular, de hexagonal conformación, limitaba por su primer costado al Oeste con aquel puesto del paraguayo Basilio y “la esquina de Macedo”; el segundo costado confinaba al S.O. con Hidalgo (hoy Trelles) y con la mitad de la laguna “Dulce”, para rematar en la de “Los Talitas”; el tercer costado, también al S.O tenía contiguas las tierras de Ezeyza (próximas actualmente al pueblo de General Pirán); su cuarto costado al N.O bordeaba el territorio de Pita (después “La Merced”); tangente al quinto costado hallábase el campo de Lorenzo López (con posterioridad “El Tala” de los Anchorena, y ahora “El Lucero” y “La Verde”); y el sexto costado hacía un martillo en torno al mismo campo (hogaño “La Florida” y “Las Mostazas”). La antigua superficie de “Loncoy” — según posterior mensura — era de 11 leguas cuadradas y 996 milésimos de legua. El 29-V-1836, el Gobernador Rosas, ante el Escribano Basabilvaso, les transfirió su dominio, conforme a la ley del 10-V-1836, a los herederos de Juan Bautista Segismundo. Fue éste personaje “Maestro de Obras” en la ciudad, y bajo su superintendencia quedó concluído en 1803 el gran arco central de la Recova en la Plaza Mayor. También hizo Segismundo importantes mejoras en el Teatro de Comedias y refaccionó la vieja cárcel del Cabildo. En 1807 tuvo a su cargo las obras realizadas en los cuarteles de la Ranchería y de Patricios, como asimismo en 1817 se solicitó su dictámen para la construcción de galerías y recovas en torno a la Plaza de Mayo. Era don Juan Bautista hijo de Santiago Segismundo y de Rosa de Arévalo; n.p. de “Juan Guillermo Segismundo, natural de la isla de Sirbon (?) en la Gran Bretaña”, que casó el 27-VI-1759, en la iglesia de San Nicolás, con la porteña Juana María Mansilla (hija de Pablo Mansilla “albañil” y de María Antonia López); bisn. p.p. de “Guillermo Segismundo” (Williams Sigmund?) y de “Catalina Guiller202

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mo” (Catherin Williams?). Juan Bautista Segismundo Arévalo testó el 12-X-1822, “enfermo en cama” y otorgó un codicilo el 29-VIII-1823, ante el Escribano Luis M. Castañaga. En dichos documentos de última voluntad, el causante declaró ser casado con Victoria Luengo, quien le había dado tres hijos: María Felipa, Victoria y José Gregorio. Crió, además, a un niño “llamado José María Pinedo”, y nombró albaceas a su yerno Manuel Laprida y a su esposa Victoria Luengo. Cuarenta años después de la muerte del testador, el 6-XI1863, su hija Felipa — viuda de Manuel Laprida — vendió “Loncoy” a José Cruz Herrera, alguno de cuyos descendientes conservan todavía partes del campo originario, pero el casco de la vieja estancia, con 5.965 hectáreas circundantes, pertenece en los días en que escribo estas líneas, a los hermanos Carlos y Héctor Martínez de Hoz. Lorenzo López ¿Quien era Lorenzo López? Había nacido en octubre de 1773, en el entonces pago de Pilar, a 8 leguas de Buenos Aires; era hijo de Ventura López Camelo n. en 1742, y de Cayetana Ramírez; nieto paterno del Capitán Joseph López Camelo n. en 1684, y de Gracia Díaz Paredes n. en 1694; bisnieto —supongo — de Ambrosio López Camelo, baut. el 21-IX-1655, y de su 1ª consorte Agustina Cardoso Pardo, casados el 14-IX-1682; tataranieto del portugués Diego López Camelo, baut. el 10-II-1585 en Azurara, Villa do Conde, Oporto, quien llego a nuestras playas en 1611 de arribada forzosa, y de su 3ª mujer, la porteña María de Cervantes Barragán; chozno de los lusitanos Sebastián López y María de las Nieves Camelo, y de Juan Barragán n. en Río Bamba en 1603, y de Isabel de Cervantes Alarcón n. en Esteco, Salta del Tucumán. Juan Barragán, a su vez, era hijo del enigmático personaje Bernardo Sánchez, alias “el Hermano Pecador”, n. en 1546 en Trujillo, Extremadura, y de Catalina Pérez, casados en 1590. Por su parte Isabel de Cervantes Alarcón vino al mundo de estos padres: el Capitán Rodrigo de Soria Cervantes e Isabel de Alarcón. Anchorena

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Desde su edad temprana Lorenzo López estuvo dedicado a las faenas rurales en la estancia de su padre allá en Pilar. Cuando en 1806 los ingleses invadieron a Buenos Aires, nuestro hombre con el contingente de paisanos que reclutara Pueyrredón, tomó parte en el combate de Pedriel, donde realizó la hazaña de salvar a su jefe, al que le habían muerto el caballo, y en momentos en que iba a caer prisionero del enemigo, apareció Lorenzo López, quien montando a Pueyrredón en ancas de su pingo logró sacarlo del peligroso apuro. Más tarde Lorenzo se desempeño como administrador de los corrales del abasto de Santo Domingo. En 1810 obló una onza de oro para costear la expedición a las Provincias del interior; en 1813 donó 50 caballos de su propiedad al regimiento de Granaderos creado por San Martín; en 1815 hizo al gobierno un donativo de 20 pesos fuertes y 100 cabezas de ganado, y en 1819 otras 50 reses y 16 caballos para el ejército que operaba sobre Santa Fé; hechos que revelan su generoso patriotismo. También en 1819 fué designado en comisión “para recibirse de las existencias de Kaquel huincul, y recaudar fondos destinados a la realización del proyecto de hacendados”, sobre defensa de fronteras. Elegido Regidor en 1821, renunció a su cargo el 16 de mayo de ese año, por habersele encargado integrar una comisión, junto con Joaquín Suárez, Pedro Blas Escribano y otros estancieros del sud, para organizar y costar un escuadrón de “Blandengues Veteranos”. Con posterioridad, López se opuso a los proyectos de capitalización y división de la provincia ideados por Rivadavia, y en 1832, incorporado como Representante de la ciudad en la Legislatura, también se opuso a concederle facultades extraordinarias a Rosas. Heredó la estancia paterna en Pilar, donde transcurrieron los últimos años de su vida, la cual se apagó, octogenaria, el 25-X-1853. Había realizado un fecundo matrimonio con Ubalda Rodríguez, a la que hizo madre de 14 vástagos.

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Sigo con el origen de “El Tala” o “Las Dos Islas” El 13-V-1817 el Director Supremo Pueyrredón se dirigió al Congreso pidiendo facultades para hacer donación de tierras a fin “de extender la línea de nuestras fronteras”, que “en la actualidad se encuentra en disposición de ser llevada a su término”. “Uno de los medios de realizarla — decía don Juan Martín — debe ser interesar a los Pobladores de la nueba demarcación, adjudicándoles la propiedad de los terrenos en que se sitúen; pero careciendo de facultades para tales comisiones, ocurro a Vuestra Soberanía para que, si lo tiene a bien, se sirva a autorizarme al efecto”. El pedido de Pueyrredón fué satisfecho en tres días por el Congreso. Y al año siguiente, el 18-XII-1818, el Ministro de Gobierno Gregorio Tagle, en nombre del Director, cursó al Soberano Poder Legislativo una nota concebida en estos términos interesantes: “Por orden augusta del 16 de mayo del año próximo pasado, autorizó Vuestra Soberanía a este Director para que adjudicase tierras en propiedad a los que quisieran establecerse en la nueva línea de nuestra frontera. La sierra del Tandil estaba entonces indicada para que se estendiese hasta ella la nueva demarcación; pero mejores conocimientos hicieron ver que no podía avanzarse más allá de la laguna de Kaquel-huincul. De su resulta se designó este lugar para construir en él el fuerte de San Martín, que debe de garantir la seguridad de dicha línea. Más allá de esta laguna, están avanzados algunos pobladores con establecimientos ya formados. Por fruto de las relaciones que han savido cultivar con los infieles, han recogido el de no ser incomodados por éstos. Semejantes establecimientos constituyen, en rigor, la verdadera línea, ya por inmediación en que se hallan al lugar del fuerte, y ya por la proporsión y necesidad en que están sus dueños en proteger a éste y ser protegidos por él. Por estas consideraciones, y por otras de igual conveniencia pública, que omito analizar aquí por ser demasiado ovias, considero que estos pobladores tienen igual título a la generosidad que desplegó Vuestra Soberanía en obsequio de los que nuevamente tratasen de establecerse en aquella demarcación. En resultas de ello, consulAnchorena

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to a Vuestra Soberanía si la adjudicación de tierras en propiedad declarada a favor de estos últimos, debe igualmente ser extensiba a los que la soliciten entre los primeros.Dios guarde a Vuestra Soberanía muchos años”. Dos meses más tarde, el 12-II-1819, el Congrese contestó al Director Pueyrredón que examinada la consulta “hecha por el Supremo Poder sobre si la adjudicación de tierras declarada en propiedad a favor de los individuos que se estableciesen dentro de la nueva línea de demarcación de las fronteras, en virtud de la resolución Soberana del trece de Mayo, debía ser extensiva a los que se han abanzado más allá de la indicada línea, y a los que en adelante fixen en este punto sus establecimientos; considerando la Comisión (parlamentaria) que el Estado nada les ha dado a los que antes de ahora se han establecido afuera de la línea de demarcación de nuestras fronteras, y nada les ofrece a los que al presente quieren hacer otro tanto; que como el Supremo Director supone en su expresada nota, a costa de mil sacrificios y peligros y haciendo expensas quantiosas para tener gratos a los Indios, han sostenido los unos, y tendrán que sostener los otros, su establecimientos, cuyas ventajas para el país exceden todo cálculo; por motivos de tanto peso y gravedad, declaró unánimemente (el Congreso) que a unos y otros pobladores, no tanto por título de gracia quanto de rigurosa justicia,les corresponden el de propietarios de unos terrenos que han sabido adquirir y tendrán que conservar sin participar de la protección y salvaguardia que dispensa el Estado a las demás propiedades que están comprehendidas dentro de la línea de demarcación de las fronteras; siendo por lo mismo muy dignos también de la beneficencia del Exmo. Supremo Director; además de franquearle los títulos de los terrenos que así adquieran o hayan adquirido antes de ahora; manifestarle también sus gratitud por las ventajas que en el país refluyen de sus trabajos y fatigas; sin que por eso deban considerarse del mismo modo beneméritos los que de nuevo vayan a poblarse dentre los limites de las fronteras establecidas y, por consiguiente, baxo los auspicios y salvaguardia que no han disfrutado ni disfrutaran los otros; aunque por otra parte está 206

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en las facultades del Supremo Poder repartirles los terrenos valdíos conforme el decreto de trece de Mayo de mil ochocientos dies y siete”. Firman dicha nota los miembros de la Comisión creada para el despacho de los asuntos del Congreso: Dr. Antonio Sáenz, Dr. José Miguel Díaz Vélez, Dr. Domingo Guzmán y el secretario Ignacio Núñez. El 27 de julio siguiente, en virtud de la “soberana declaración” legislativa expuesta, el Gobierno del nuevo Director Rondeau, otorgó de merced a Lorenzo López la propiedad del campo que había éste poblado en 1813, “más allá de la Laguna de Kaquel-huincul”. Y un par de años después de legalizada su pertenencia, la estancia “Las Dos Islas” fué transferida por López a los hermanos Anchorena. Veamos como: La operación consta en tres documentos.Dos recibos firmados por Lorenzo López, donde éste reconoce haber recibido la totalidad del precio de venta, y, posteriormente la respectiva escritura traslativa del dominio.Dice el primer recibo: “He recibido del Sr. D. Juan José Anchorena la cantidad de quinientas onzas de oro (que equivalían a 8.500 pesos) por cuenta de su estancia dos Islas, que tengo vendida, y le doi este recivo provicional hasta que se estienda la escritura de propiedad a favor de dicho Señor; y para que conste lo firmo en Buenos Ayres a 9 de Junio de 1821 - Lorenzo López”. El segundo recibo expresaba: “He resevido del Sr. Juan José Anchorena tres mil quinientos pesos, último resto de doce mil, en cuya contidad le tengo vendida mi estancia de Las dos Islas, que ya tengo entregada, restando solamente extender la Escritura de venta, que se hará en el momento que dicho Señor lo exija. Y para su resguardo, mientras se verifica ésta, le doy el presente en Buenos Ayres a 30 de Julio de 1821 -Lorenzo López”. Un poco antes (13 de junio) don Juan José le había escrito a Nicolás que estaba en Montevideo: “... Piensa a cuyo nombre pondré las Dos Islas ... Piensa si las Dos Islas las pondré a nombre de Madre ... ”. No fué así, a fin de cuentas, y el 8-VII-1822 se protocolizó la compraventa en el Registro No 2 del Escribano José Cabral. Dicha escritura deja consAnchorena

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tancia que “Lorenzo López vende a los hermanos Juan José y Nicolás Anchorena, la estancia de su propiedad conocida con el nombre de Las Dos Islas, sita a cien leguas al Sud de esta ciudad, con tres y cuarta leguas de frente al Este y seis leguas de fondo al Oeste; que lindaba al Norte tres leguas con tierras de don Francisco Piñeiro y otras tres con las de Pedro Escribano; por el Este tres y cuarta leguas con tierras de Joaquín Suárez; siendo los demás linderos devisorios con terrenos propios del Estado, al tiempo de su mensura ... y el área de superficie igual a diecinueve leguas cuadradas, y un quebranto de media legua ... cuyo valor es el de la mitad de una legua cuadrada; incluyendo en dicha venta, además de la estancia, también una lonja de tierra de un cuarto de legua de frente y seis leguas de fondo, lindera por el costado Sur con la división de dos terrenos de José Lastra ...; todo lo que corresponde y pertenece en virtud de denuncia que hizo Lorenzo López ante el Sr. Intendente de esta Provincia, Brigadier General Miguel de Azcuénaga, que fué decretada el 13-III1813, y de que seguidos y formalizados todos los trámites legales ... la merced de dicha estancia y lonja ante el Exmo. Señor Director Supremo del Estado, se la otorgaron por auto del 27-VII-1819, como consta en los títulos librados a favor de López”. (22)

22 Existe en el Archivo de Geodesia y Catastro de la Provincia de Buenos Aires un interesante plano de los “Montes Grandes”, levantado en 1824 por José Matías Gutiérrez (padre de don Juan María) y firmado también por el ingeniero topógrafo Felipe Senillosa. En dicha representación gráfica bastante detallada de las tierras de Joaquín Suárez, figura como lindero de éstas, en su costado Oeste, una franja baldía de terreno, en cuya esquina S.O. se colocó “el mojón de Rosas”, adelante de “los Montes de Lorenzo López”; y en el opuesto lado de esa franja, al N.O., se señala otro “mojón” esquinero de D. Agustín Lastra, D. Pedro Escribano y tierras de “Lorenzo López”. Tal franja baldía no es otra que “la lonja de tierra” de un cuarto de legua de frente y 6 de fondo intermedia entre la estancia de López y los terrenos de José Lastra (hoy “Macedo” y los de su cuñado Joaquín Suárez; lonja que, con el área total de “Las Dos Islas”, fué incluída en la escritura a favor de los hermanos Anchorena en 1822. 208

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La Frontera del Sur ¿Como se resguardaba esa vasta frontera de la costa del Salado?: Desde fines del siglo XVIII con el cuerpo de Blandengues, establecido en la Guardia de Chascomús, cuya línea defensiva se prolongaba hacía el Oeste Noroeste de la Provincia, pasando por los puntos fortificados de Monte, Lobos, Navarro, Luján, Areco, Salto, Rojas, Mercedes y Melincué (ya tras la raya de Santa Fé). Entre 1804 y 1816 vanse poblando estancias más allá del Salado. Así, para no citar sinó algunas: “Dos Talas” de Julián Martínez de Carmona;los terrenos vecinos de Miguel González Salomón y “Las Víboras” de Marcos Miguens (hoy contiguas a la ciudad de Dolores); “Miraflores” y “Kaquel” de Francisco Ramos Mexía; “Las Dos Islas” de Lorenzo López; los campos de Lastra y de Joaquín Suárez, de Francisco Piñeyro y de Pablo José Ezeyza; todos entonces en la región imprecisa del Tuyú, al sur de los montes del Tordillo, a poca distancia del mar. El 21-VIII-1817 se firma el acta de fundación del pueblo de Dolores, y se levantan luego las viviendas alrededor de la capilla inicial, en paraje próximo a “Las Bruscas”, donde poco antes habíase instalado un campo de concentración de prisioneros españoles. Pero cabe destacar que diez leguas más abajo ya existía, como fortín, el puesto de “Kaquelhuincul”, establecido a principio de 1815, junto a la laguna de su nombre, (al presente en el partido de Maipú). Kaquel, en lengua puelche, significa “cortado”, “aislado”, “solitario” y Huincul es “colina”, “cerro”, “loma”; por lo que “Kaquelhuincul” puede traducirse como Loma Solitaria” (23). 23 El campo de “Kaquel-huincul” fué dado de merced por gobierno, el 9-V-1819, a Francisco Ramos Mexía, y había sido mensurado años atrás, el 28-XI-1815, por el agrimensor Miguel Ignacio Aldaz, quien, en el respectivo plano trazó un cuadrilátero cuyos lados Noreste y Sudoeste medían 46.500 varas y los del Noroeste y Sureste 36.000, incluyendo en su perímetro, además de la laguna de “Kaquel”, a la laguna “De los Difuntos” (ahora un sector del pueblo de Maipú). La vasta superficie de referencia — cerca de 70 leguas cuadradas — encerrarían en la actualidad, con el pueblo lugareño, a las siguientes estancias: “Kaquel” — propiamente dicha — “Yamahuida”, Anchorena

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Aquel año 1815, el Brigadier Francisco Javier de Viana, Ministro de Guerra del Director Alvear, mandó instalar en “Kaquel” un destacamento armado. Al año siguiente (13 de julio), Juan Ramón Balcarce, Comandante de las milicias de campaña, tuvo intención de emplazar allí un parque de artillería bajo la denominación de “Fuerte San Martín” (en homenaje sin duda, al Santo de Tours, patrono de Buenos Aires). Mas no serían artilleros sino 53 blandengues de caballería, a órdenes del Capitán Ramón Lara, quienes ocuparon dicho fortín — avanzada que aconsejó erigir el Coronel Pedro Andrés García en el año de referencia.

“Miraflores”, “Santo Domingo”, “Los Altos Verdes”, “Pichimán”, “San Carlos”, “Santa Elena”, “San Francisco”, “Chacabuco”, “La Magdalena”, “El Yerúa” (antes “La Atalia”), “Mari Huincul”, “Santa Marta”, “El Espartillar” y algunas fracciones más pequeñas. Al tiempo que Ramos Mexía se posesionaba de tan extensa área pampeana, resolvió tratar con los indios de la Sierra del Volcán y de Tandil para que lo dejaran en paz. Con ese propósito envió allí a su mayordomo Domingo Díaz de Souza a entenderse con los caciques Negro, Ancafilú, Neuquipán y Maicá; pero si bien éstos respetaron en adelante las propiedades de Ramos Mexía, una feroz matanza de milicianos efectuada por los bárbaros cerca de la que desde entonces llamóse “Laguna de la Perfidia”, en el camino hacía Tandil, hizo que la lucha contra los cristianos se prolongara por años y años. Francisco Hermógenes Ramos Mexía y Ross — estanciero y evangelizador heterodoxo de indios, mediante una personal interpretación de la Biblia, y 5º abuelo tanto de mis nietos Ibarguren Cané y Bustillo Madero Ramos Mexía, como de los Beccar Varela Ibarguren y Sundblad Amadeo Ramos Mexía — fué bautizado en Bs. As. el 20-XI-1773. Se casó en la ciudad la La Paz, Alto Perú, el 15-X-1805, con la criolla María Ursula de Segurola y Rojas, y murió en 1825 en su estancia porteña “Los Tapiales”. Era “don Pancho” hijo de Gregorio Pedro José Ramos Mexía y Márques de Velasco, baut. en Sevilla el 25-XI-1725, y de su 2ª esposa María Cristina Ross del Pozo y Silva. Respecto a doña María Antonia Ursula, ella fué bautizada en La Paz el 22-V-1788 y murió en Bs. As. el 4-II-1860. Viuda de su primer marido, aquí pasó a 2as nupcias, el 30-IX-1830, con su cuñado Ildefonso Ramos Mexía y Ross. Era la señora hija de Sabastián de Segurola y Oliden, baut. en Azpeitía el 26—I-1740 y fall. en La Paz el 1-X-1789, Caballero de Calatrava, Comandante Militar y Gobernador Intendente de La Paz, que en 1781 defendió ésta ciudad sitiada por 40.000 indios cuando el alzamiento de Tupac Amarú, y de la esposa de dicho personaje: María Josefa Ursula de Rojas y Foronda. 210

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Tal modesto enclave militar tenía bajo su responsabilidad una amplia zona a defender, que abarcaba el rancherío de “Las Bruscas” (núcleo asentado en las cercanías del futuro pueblo de Dolores), los montes del Tordillo (en la actualidad Ajó, Conesa y Lavalle), Monsalvo y los Montes Grandes (hoy en día Maipú, General Madariaga y Coronel Vidal). En 1818 —lo documentó Pablo José de Ezeyza en cierto escrito administrativo — un crecido tropel de indios le robó toda su hacienda vacuna y caballar, arrasando luego las instalaciones que había levantado en la loma de “Vacaloncoy”. Ese malón incursionó también por “Las Dos Islas” de Lorenzo López, y por las vecinas tierras de “Marí Huincul”. El caso fué que la indiada en su ataque, no sólo se apropió del ganado de aquellos sufridos pobladores — cuyas reses venderían más tarde los salvajes, a vil precio, en las provincias del sur de Chile — sinó que, como de costumbre, tras de matar algunos hombres blancos, se llevaron en cautividad a las mujeres y los niños de sus víctimas, que no habían podido huir o encontrar escondite seguro. Así, los esforzados fundadores de nuestras estancias sureñas conservaron indeleble, en su memoria, aquellas dramáticas circunstancias que Hilario Ascasubi, en coplas gauchescas, evocaría a través del payador Santos Vega: “Siempre al ponerse en camino a dar un malón la indiada se junta de madrugada al redor de su adivino; Quien el más feliz destino a todos les asigura, y los anima y apura a que marchen persuadidos de que no serán vencidos y harán la buena ventura. Pero al invadir la indiada se siente, porque a la fija del campo la sabandija juye adelante asustada, Anchorena

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....................... Vienen perros cimarrones, zorros, avestruces, liones, gamas, liebres y venaus, y cruzan atribulaos por entre las poblaciones. ........................... Y tambien revolotean gritando los teruterus, pero, eso sí, los primeros que anuncian la novedá, con toda seguridad, cuando los indios avanzan, son los chajases que lanzan volando: chajá! chajá!. Y atrás de esas madrigueras que los salvajes espantan, campo ajuera se levantan, como nubes, polvaredas, preñadas todas enteras de pampas desmenelaos, que al trote largo apuraos, sobre sus potros tendidos, cargan pegando alaridos y en media luna formaos. La guerra inevitable entre la civilización y la barbarie Aquel malón lo habíalo encabezado el cacique Negro, quien luego de pillajes impunes a las estancias antedichas, se retiraba “de la Mar Chiquita” hacía el Oeste, arreando gran cantidad de hacienda. Entonces el Capitán Lara, al enterarse de tales latrocionios, se pone en marcha desde el fuerte de “Kaquel” en persecución de los asaltantes, con 50 blandengues y 200 milicianos a sus órdenes; y, le da alcance a la horda en las faldas de la Sierra de la Tinta (en Tandil: “Piedra que se mueve”, en puelche). Sin embargo lo derrotan los indios en el entrevero, y herido de lanza en el brazo izquier212

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do, consigue salvar su pellejo, “a uña de buen caballo pangaré que corrió como guanaco en campo llano, con dos pares de boleadoras que llevaba atadas en las patas” — según lo recuerda en sus Memorias el Sargento Mayor Juan Cornell. De cualquier modo, a esas sangrientas tropelías había que intentar ponerles término. Y así fué cómo, el 7-III-1820, don Pancho Ramos Mexía en su estancia “Miraflores”, y los caciques Ancafilú, Tucumán y Trirnín, estos por sí y trayendo la representación de 13 jefes con tolderías sobre el Arroyo Chapaleufú (“Río Pantanoso”): Curranaquel, Anquepán, Suán, Trintiloncó, Albuné, Lincón, Uletrú, Chañaá, Calfuiyán, Tretuc, Pichiloncoy, Cachul y Luiay, celebraron un convenio de recíproca seguridad con el General Martín Rodríguez, comandante entonces de las milicias del sur, quién representó al gobierno provincial. Tal convenio, a través de 10 artículos, pretendía acabar con las desavenencias surgidas y establecer bases de fraternidad para el porvenir, fijando la línea divisoria de las respectivas jurisdicciones, y reconociendo la propiedad territorial de cada parte contratante. El acuerdo de paz, solemnemente leído y traducido a los caciques, lo firmaron Martín Rodríguez, por la Provincia, Francisco Ramos Mexía, por los indios, y Juan Ramón Ezeyza por los estancieros, y a ruego, como testigos, José Manuel Vidal y Domingo Lastra. Las paces, no obstante, resultaron precarias y se rompieron antes de los 10 meses, al ser soliviantadas las tribus por las incitaciones políticas de José Miguel Carrera — chileno como los infieles a quienes azuzó al saqueo de los establecimientos y poblaciones rurales bonaerense. De ahí que Martín Rodríguez — ahora Gobernador — se pusiera en campaña, el 4-XII-1820, contra los bárbaros maloqueadores del sur. Y al pasar por las tolderías cercanas a la estancia “Miraflores”, a la cual su propietario había convertido en algo así como una reducción de indios pampas, Rodríguez ordenó la detención de Ramos Mexía, y dispuso el confinamiento del filantrópico poblador heterodoxo en otra de sus estancias: “Los Tapiales”, a las puertas de Buenos Aires (hoy

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en el partido de Matanza). Y en “Los Tapiales” permanecería recluído, don Pancho, hasta su muerte. He aquí la comunicación que a ese respecto envió el 23-I-1821, a su sustituto Marcos Balcarce el Gobernador Rodríguez desde su campamento en Kakel: “un número no muy corto de indios establecidos con sus tolderías y familias en la hacienda de Don Francisco Ramos Mejía, origina males indecibles en la campaña. De allí reciben los demás indios las noticias que les favorecen a sus asaltos repentinos; por ellos saben cuando se les va a perseguir, y en fin en ésta estancia es donde se proyectan los planes de hostilidad contra nuestra provincia. Por esto destaqué una partida que conduzca al cuartel general, a mi disposición, cuantos indios y familias suyas existan en aquel establecimiento, no sólo en castigo de la conducta que han observado contra nosotros, sino para privar a los demás ese apoyo de sus maldades. Del mismo modo he intimado a Ramos que con toda su familia baje a esa Capital, en el perentorio término de seis días, y a su llegada se presente a V.S. El ha dado pruebas de una amistad tan estrecha con los salvajes, que prefiere a la de sus propios conciudadanos, contra quienes en ésta vez a procedido escandalosamente, al paso que trabaja con tezón en hacer desaparecer de éste distrito la religión, y lo ha conseguido entre la mayor parte de sus habitantes. Dios guarde a V.S.mc. as. Martín Rodríguez”. (24) 24 Acerca de los estragos que producían las prédicas heréticas de don Pancho, el padre Castañeda — que conoció de cerca al apóstol y a sus prosélitos cuando estuvo confinado en Kaquel — lo sintetizó así: “Don Francisco Ramos Mexía se ha erigido en hereciarca; blasfemo y no contento con haber quemado las imágenes, con haber regalado una alba a su capataz Molina para enaguas de su mujer, el cíngulo para atarse el chiripá, ha erigido seis cátedras de teología en la campaña del sur a vista y paciencia de los comandantes y del gobierno actual, que estuvo allí varias veces de ida y vuelta, con toda la plana mayor, en su expedición a los indios. Don José de la Peña Zurueta, comandante de la Guardia de Kaquel, habiendo estado cinco días de convite en lo de don Francisco Ramos, volvió tan convertido que instituyó la religión nueva de Ramos en la Guardia y en la estancia de la Patria, la cual ley de Ramos se observó en ambos distritos el tiempo que estuvo de comandante, sin haber una sola alma que le replicase, sino fué el 214

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No carecía de fundamento la enérgica medida del Gobernador Rodríguez, como prontamente se vió: José Luis Molina, el capataz de “Miraflores”, a raiz de la detención de su patrón, corrióse a las tolderías de Ancafilú, Pichimán, Antonio Grande y Anepán, y unido a estos caciques, al frente de 1.500 lanzas, con furia vengativa embistió en la oscuridad de la noche al fuerte de “Kaquel”, mientras la guarnición desprevenida dormía. Del fuerte quedaron sólo escombros; y, liberados los prisioneros pampas que allí concentrara Rodríguez, el malón enderezó hacía Dolores, cuyo incipiente poblacho, en la madrugada del 30 de abril de aquel año 21, fué tomado por asalto y reducido a cenizas, sin que se salvase ni capataz de la estancia el tucumano Manuel Gramajo, el cual le dijo que él quería condenarse en su religión”. Y terminaba Castañeda lamentándose de que durante siete años, el gobierno no hubiera puesto coto a las predicaciones del falso dogmatizante, y que a causa de ello en las “pulperías y fandangos del mismo Kaquel se dice muchas veces: ‘Viva la Ley de Ramos!’ ”. (Citado por José Pacífico Otero en El Padre Castañeda. Su obra ante la posteridad y en la historia. Bs. As. 1907; por Clemente Ricci en Un puritano argentino. Francisco Ramos Mejía. Bs. As. 1913; y por Rómulo D. Carbia en La Revolución de Mayo y la Iglesia Bs. As. 1945). Por lo demás, el 11-XII-1821, un clérigo de “manga ancha” como José Valentín Gómez, le informaba al Ministro Rivadavia que el cura de Dolores, “en comisión acordada por S.E. (el Gobernador Rodríguez) para indagar si eran efectivos los casamientos que se decía haber sido hechos por D. Francisco Ramos en las inmediaciones de Kaquel, como asimismo si por su pernicioso influxo y falsas doctrinas, se había introducido en aquel distrito la Santificación del Sábado, me avisa , por oficio del 3 del corriente, que nada ha encontrado de efectivo en orden a lo primero, y que con respecto a los segundo, sólo en la estancia se guarda esta observancia judaica. Esta noticia coinciden con las denuncias que tengo de que ese hombre farsático hace guardar conducta en la chacra conocida con el nombre de D. Martín Josef de Altolaguirre (“Los Tapiales”), con escándalo de todo su vecindario. Como a un Govierno que se distingue por su savias medidas para establecer la moral y el orden en el País no puede ser indiferente un abuso público de esta naturaleza, lo pongo en noticia de V.E. para que se sirva elevarlo en conocimiento de S.E. y propender a que se consiga el modo más conveniente...”. En la misma fecha Rivadavia — no obstante haber puesto en marcha la reforma eclesiástica ad modus propius — dictó esta drástica providencia ortodoxa: “Intímese a D. Francisco Ramos se abstenga de promover prácticas contrarias a la religión del País, y al de producir escándalos contrarios al buen orden público, al de su casa y familia, y a su reputación personal...”. Anchorena

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la capilla. Al cabo de varios días de saqueos y borracheras, los salvajes se llevaron un arreo de 150.000 cabezas de ganado y, de yapa, a algunas familias cristianas, entre ellas la de Lara, en número de 17 personas, incluso una pobre ciega y la esposa de dicho Capitán, María Navarro. Estos cautivos, a Dios gracias, serían rescatados meses más tarde. A propósito de las anteriores expediciones punitivas de Martín Rodríguez contra los indios pampas, Rosas las había desaprobado, advirtiendo al Gobernador: “He hecho seguir muy lejos el rastro de los indios, y por los rumbos que conozco me afirmo que no son Pampas y sí Ranqueles los que han invadido y robado estas fronteras”. Por lo demás, aquellas puniciones lejos de amedrentar a la indiada, la enardeció, incitándola a cometer nuevas depredaciones en Navarro, Luján, Salto, Areco y Arrecifes. Ello a pesar de haberse establecido el fuerte “Independencia”, el 4-IV-1823, en la falda de la Sierra sobre el arroyo Tandil: asiento que después originó a la ciudad homónima. Entretanto, el gobierno tuvo noticias ciertas desde Patagones que 4.000 indios chilenos se habían incorporado a los ranqueles y marchaban en dirección de las fronteras de la provincia de Buenos Aires. El Comandante de dicha localidad sureña informaba también que era mucho el comercio de cueros y carne con extranjeros de Valdivia, en Chile, y de otros lugares de la costa del Pacífico, y que además de los habituales compradores trasandinos, estaba esperando a los indios: “Un tal señor Cotapos, hombre blanco con muchas onzas de oro, que llevaba adquirida la mayor parte de la hacienda que ellos habían arrebatado en la última invasión”. A la espera de un malón inminente, los blandengues de Chascomús, a órdenes del Coronel Domingo Soriano de Arévalo, y el cuerpo de húsares acantonado en Luján, con su jefe el Comandante Antonio Saubidet, se hallaban sobreaviso. Y sucedió que al llegar la primavera, 5.000 indios invadieron simultáneamente en tres grandes columnas: una por el Norte, sobre el Arroyo del Medio, que fué desbaratada por el Gobernador de Santa Fé Estanislao López; otra por el Centro, rumbo a Luján, donde el Comandante Saubidet, el 26-X216

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1823, sufrió un rudo contraste, al resultar envuelta la unidad que mandaba, dispersándosele la tropa. “Nuestra pérdida ha sido bastante sensible — dijo en su parte el Comandante —, pués fueron muertos en la carga el mayor Castañer y el Capitán Navarro, y heridos el Capitán Rauch y el Alférez Gala, a más de 28 soldados y milicianos muertos y 18 heridos. La cobardía de la tropa, inesperada por su engreimiento y valor ya conocido, ha puesto en ridículo el crédito del regimiento y de sus oficiales, el que tratamos de cubrir a toda costa”. Así lo hizo Saubidet: reorganizó a los húsares, y marchando luego con éstos tras de la indiada, le quitó 6.000 vacunos y yeguarizos que arreaba hacia sus toldos (25). 25 El Coronel Antonio María José Jonás Saubidet — de él resultan sobrinos choznos mis nietos Ibarguren López Saubidet — nació en Bs. As. el 13-VI-1794. Tuvo por padres a Francisco de Paula de Jesús María de San Hilarión Saubidet, (que, sin economía de nombres, así lo bautizaron en Osuna, obispado de Sevilla, el 21-X-1754), y a su esposa porteña María Gertrudis Patrón, n. 1761. Al andaluz Saubidet el gobierno patrio le otorgó, el 14VIII-1812, junto con otros europeos, el título de “ciudadanos americanos de las provincias unidas, por los relevantes servicios contraídos en la causa de la libertad que defienden”; y, más tarde, el hombre ejerció, sucesivamente, los cargos de Administrador de la Renta de Tabacos, Contador del Tribunal de Cuentas y Jefe del primer Archivo de la Provincia, hasta que murió el 30IX-1828. Abuelos paternos de nuestro Coronel fueron Marcos José Saubidet, n. en Francia y María Conde Núñez, n. en la Villa de Fuentes, España; y sus abuelos maternos, los criollos Juan Bautista Patrón n. en 1719 y Antonia Díaz de Pimienta n. 1729 (hija ésta de Joseph Pimienta y Juana Morales). Agrego que la biografía de Antonio Saubidet puede sintetizarse así: Producida la revolución emancipadora, en las filas del ejército patriota hizo la campaña de la Banda Oriental, asistiendo a la batalla del Cerrito y al posterior sitio de Montevideo, hasta la caída de ésta Plaza. Por ello fué condecorado con medalla de plata, acordada por el Director Posadas. Como Capitán luchó enseguida contra Artigas, y ascendido a Sargento Mayor se incorporó al ejército del Norte. Después de cursar estudios en la “Academia de Matemáticas”, marchó con las tropas porteñas a operar en Santa Fé contra Estanislao López. En 1820 tomó parte en la desastrosa batalla de Cepeda; enfrentó luego a las huestes de Pancho Ramírez; y ya Teniente Coronel fué jefe de los húsares acantonados en Luján, y a la cabeza de ese cuerpo, mantuvo distintos entreveros con los indios. Se retiró como Coronel en 1829, y falleció el 19-VII-1846. Habíase casado el 13-IV-1830 con Josefa Toribia González Bermúdez, en la que hubo 7 hijos. Era propio hermano suyo Manuel María José Nemesio Saubidet, baut. el 1-V-1798, quien con su esposa JacoAnchorena

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La tercera columna salvaje — tras un vano intento de rendir el fuerte “Independencia” de Tandil — enfiló en dirección a Chascomús. De allí púsose en marcha al encuentro de los indios el Coronel Arévalo con el cuerpo de blandengues; y a él se unió Juan Manuel de Rosas, el cuál, al frente de sus “colorados”, persiguió a los bárbaros hasta alcanzarlos y derrotarlos, el 1-XI-1832, en el laguna “Arazá” (en el actual partido de Castelli, a 5 leguas escasas de las lagunas “Pila” y “Camarones”). “En la laguna del Arazá — precisa Dionisio Schoo Lastra en su excelente libro El Indio del Desierto — el Coronel Rozas, cargando y escopeteando bizarramente a los invasores, hasta muy entrada la noche, tuvo una actuación principal en el rescate de 150.000 cabezas vacunas que llevaban los tehuelches ... Eran de distintas marcas, notándose cantidades de don Juan Miguens, de don León Rozas, de don Lorenzo López (aunque ya “El Tala” pertenecía a los Anchorena con marca propia) y de la Estancia “Las Mulas”. Con motivo de dicho combate, transcribí más atrás los párrafos que Juan José de Anchorena le escribió a Juan Manuel de Rosas : “No se nos ocultan los riesgos a que Ud. se expuso — expresábale aquel a su primo, amigo y socio — y vemos que siempre iba Ud. a la vanguardia. El objeto de ésta es rogarle se retire Ud. sobre ‘Los Cerrillos’, saque de allí los ganados y los repliegue adentro, porque la campaña es perdida ... No se detenga Ud. ni por un momento por lo que respecta a ‘El Tala’ y ‘Los Camarones’, déjalas Ud que se pierdan, en el supuesto que siempre se volverán a fomentar ... Yo no desapruebo lo que Ud. hizo el día 1º: Ud. se hallaba en ‘Los Camarones’ y el honor exigía que auxiliase con su gente, consejos, etc., a Arévalo y , efectivamente, hizo Ud, más ba Isla dió vida — entre 4 vástagos — a Ana Saubidet Isla, n. en 1837 y fall. en 1926, la cual casó el 14-IV-1855 con Manuel López Figueroa. Son los padres de Rafael López Saubidet, que casó con Sara Castro Videla Benavídez y Cané, cuyo hijo: Federico López Sabuidet Castro Videla, en su fecundo matrimonio con Remedios Beccar Varela Obarrio, procreó a mi nuera: Margarita López Saubidet Beccar Varela, la cual con mi hijo Miguel Dámaso Ibarguren Schindler, dió vida a mis nietos: Miguel, Matías, Margarita, Damasia y Francisca Ibarguren López Saubidet. 218

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de lo que él y la Provincia podían exigir y esperar; pero deseo que Ud se conserve para prestar servicios cuando haya plan, y no se exponga tristemente... ”. Por cierto que las estancias de Anchorena en Pila, como también “El Tala” y sus campos aledaños en los Montes Grandes del Tuyú, quedaron desvastados tras el malón. A este respecto Juan Manuel Beruti, en sus Memorias Curiosas, apuntó (transcribo con ortografía correcta): “El 28 de octubre llegó a esta ciudad la noticia de haber los indios infieles hecho en nuestra campaña, por varios puntos, una entrada general en la que saquearon, robaron, mataron y se llevaron una porción de hombres y mujeres cautivas, sin poder remediarlo ni las tropas de la frontera, ni los vecinos de la campaña, aunque hicieron lo que pudieron y estuvo de su parte, pues siempre libraron algunos cautivos que llevaban, el ganado que robaron y los contuvieron en su irrupción ... En uno de los puntos de la campaña — sigue Beruti —, en el rastro de la indiada que marchaba en retirada se encontró un papel escrito en un paraje que se llama San Simón (lindero con el puesto que 40 años después se transformaría en casco de “El Chajá”), más hacia el campo de la guardia Kaquél, el que se escribió por uno de los cautivos llamado don José de la Quintana, mandado hacer por los caciques que se nombran; cuyo original mandado al gobierno — del que saqué copia que me franqueó su padre don Bruno de la Quintana — es el siguiente:” (Y aquí van los 3 mensajes de los caciques y la nota del cautivo Quintana): 1) “Señor Gobernador: En nombre de los caciques que abajo firmamos le decimos a usted que porqué ha poblado la guardia del Tandil sin licencia nuestra, y ha hecho usted otras tantas de las que sabe hacer; por eso lo desafiamos a pelear cuando quiera. Nosotros tenemos ocho naciones juntas y con bastante fuerza para hacer lo que se nos antoje, sin que usted con toda su tropa lo pueda estorbar. — Cacique Iretruá. — Cacique Negro”. 2) “Yo hasta ahora, Martín, he sido tu hermano, y me has engañado cuanto has querido con las paces; ya estamos aburridos de adularte; si en el término de un mes no mandas Anchorena

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chasquis a sacar los cautivos y a tratar las paces, hemos de venir a degollar a grandes y chicos, ninguno tiene la culpa de que padezcan. — Cayupulqui”. 3) “Hacendados y toda la campaña: vino Rodríguez, conque así, degüellenlo. — Capitán Acunaban. — Señor Alcalde Juan Baton Cornel: cualquiera que encuentre este papel llévelo a la guardia”. 4) “Amigo don Juan (le escribió el susodicho cautivo al Alcalde Cornell): Mándale decir a mi padre que Pancho está vivo, y yo, el capataz y Polonia ; si llega a sus manos este panfleto se lo lea y mande decir que en toda esta luna que viene pueden mandar chasquis para que nos cambien. A mí me tiene el cacique Iretruá. Su amigo bien jo. y ao y ago. (jodido, aojado y agotado?). José de la Quintana”. Otras cautivas del referido malón fueron Justa Márquez, Polonia Ibarra (aludida por Quintana en su aviso a Cornell) y Flora Gatica, las cuales fugaron después — según lo consigna Guillermo Gallardo en su interesante trabajo Aspectos del cautiverio entre los infieles. Justa Márquez huyó de los toldos de Ancafilú, cerca de la Sierra de la Ventana. Aprovechando un baile orgiástico de los indios, cuando la temulencia de éstos alcanzó su punto culminante, amparadas por la oscuridad de la noche, Justa y una compañera se apoderaron de un caballo y un freno “sin poder sacar provisión alguna de bastimento para el camino”. Tras ambular llenas de sobresalto, pués veíanse a lo lejos las columnas de humo con que los salvajes avisaban su fuga a las demás tolderías, las valerosas prófugas recorrieron noche y día leguas y leguas durante varias semanas, hasta avistar los médanos y la costa del mar, donde unos cristianos cazadores estaban acampados, en procura de pieles de lobos marinos. Allí permanecieron las mujeres tres días, para emprender de nuevo la marcha, y al cabo de otras tres jornadas, llegar a la estancia “Bacaloncoy”, de Juan Bautista Segismundo, según lo declaró Justa Márquez ante el Juez de Paz de Monsalvo, Esteban Faramiñán

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Gestiones de paz, nuevo trazado fronterizo y ulterior continuación de la guerra En 1825 el Gobernador Las Heras, y su Ministro Manuel José García, encargaron a Rosas ajustar la paz con los indios, en momentos en que se temía que un ataque brasileño a Patagones pudiera incitar a las tribus a una rebelión general, con los consiguientes asaltos y saqueamientos a estancias y poblaciones del sur de Buenos Aires. Rosas, diligente siempre, parte a las tolderías; consigue reunir a los caciques y capitanejos pampas, ranqueles y puelches en Tandil, y, al término de largos parlamentos, logra concertar un pacto de amistad con ellos, ofreciéndose como garante. Regresa entonces el mediador a la capital, a dar cuenta del éxito alcanzado a las autoridades; pero, enseguida, torna al desierto a demarcar la nueva línea de frontera, ahora como miembro de una comisión designada al efecto por el gobierno, junto con el Ingeniero Felipe Senillosa y el Coronel de coraceros Juan Lavalle. La mayoría de esta comisión salió a cumplir su cometido en octubre de aquel año 25, escoltada por dos escuadrones de coraceros. Rosas se demoró poco tiempo más en la ciudad, a fin de activar los aprestos finales relativos al transporte del personal conchabado, impedimenta y víveres necesarios para el recorrido previsto. Y, a principios de noviembre, partió para Monsalvo y los Montes Grandes del Tuyú, en compañía de un cirujano con su botiquín, y 85 personas — entre ayudantes de confianza, peones, un baqueano y su capataz —, dos carretas, 800 caballos (200 de la marca suya), 80 vacas y 36 bueyes. El Diario de Felipe Senillosa registra, meticuloso, que el 28 de noviembre dicho ingeniero y el topógrafo Juan Saubidet (hermano del Comandante Antonio) “se hallaron en la estancia de los Anchorena llamada del Tala”, a inmediaciones de los Montes Grandes, donde practicaron algunas mensuras que servirían de punto de arranque para la fijación correcta de la nueva línea fronteriza. Acota Senillosa que el Coronel Lavalle vino ese mismo día desde “Kaquel”, y manAnchorena

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tuvo una conferencia acerca del desplazamiento de sus soldados. Que el día 30 retornó Lavalle a “Kaquel”, y poco después llegó “al Tala el señor Coronel Don Juan Manuel de Rosas”. Que el 1º de diciembre se dispuso que la tropa habría de situarse en “Vacaloncoy”, mientras las carretas y los peones destinados a emplearse en la mensura se dirigirían a “Los Talitas”, antigua población de Ezeyza. Que el 4 salieron los escuadrones de “Kaquel” y pasaron a “Vacaloncoy”; y el 9 arribaron Rosas y Senillosa con sus acompañantes, carretas y peonada, a la estancia “El Durazno”, “de los Ezeyza”, donde encontraron a Lavalle, salido de “Vacaloncoy” para reunirse con ellos. Quedó, en consecuencia, integrada toda la comitiva, la cual dividióse luego en varias partidas, a fin de hacer prolijo reconocimiento del terreno. Y desde el 11 de diciembre hasta el 16 de enero siguiente, esas partidas recorrieron e inspeccionaron — determinando matemáticamente niveles, rumbos y distancias, con instrumentos topográficos y planimétricos — las lagunas de “Nahuel Rucá” y “de la Mar Chiquita”, pasado el “Arroyo Grande” (hoy Coronel Vidal), para marchar — salvados los arroyos “Vivoratá” y “Los Cueros"— por el borde de la costa atlántica — “la muy galana costa”, que dijera Garay en 1582 —, explorando “la punta de los Lobos” (ahora Punta Mogotes en Mar del Plata) y el “cabo Corrientes”. Después, en dirección noroeste, los expedicionarios alcanzaron la zona de las lagunas “de los Padres” y “Brava”, del “Arroyo Dulce” y las “Sierras del Volcán” (Balcarce), para entrar en la región de Tandil; donde Rosas, tras parlamentar de nuevo con los indios, continuó la gira hasta “Tapalqué”; regresando la expedición a Buenos Aires por el arroyo de “Las Flores”, el río “Salado” y “la Guardia del Monte”. Concluído el viaje, quedaron planeadas dos líneas de fortines: una desde el “Volcán al Cabo Corrientes”, con puestos intermedios en las lagunas “Brava”, de “Los Padres” y el “Arroyo Grande o Negro”; y la otra desde “Tandil” a “Tapalqué”, prolongada después hasta “El Potroso” (Junín), con puntos de apoyo escalonados en los arroyos “Chapaleofú”, “Los Huesos” y “Dulce”.

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Mas adelante, al fijar el Presidente Rivadavia un nuevo confín divisorio con tres fuertes principales a situarse en las lagunas del “Potroso”, “Cruz de Guerra” y “Curalauquén”, “arrebatando al indio más tierras que con la línea defensiva proyectada por Rosas, Lavalle y Senillosa — cual lo señala el historiador Marfany — , algunas partidas de pampas, confederadas con los ranqueles y araucanos, se prepararon para atacar la provincia por el sur y el norte. Rosas — sigue Marfany — tuvo noticias de la destructora invasión que se planeaba, y así lo denunció al gobierno. Rivadavia prefirió dejar que los bárbaros asolaran el territorio, antes que seguir las indicaciones de un enemigo político. El feroz malón que entró por el sur puso en dispersión las escasas fuerzas que le hicieron frente, se llevó muchos cautivos y miles de cabezas de ganado, después de haber muerto a numerosos campesinos. Tres ricos establecimientos de los que Rosas administraba (campos de los Anchorena), quedaron asolados”. Efectivamente: el 9-IX-1826 un tropel como de 300 indios, reforzados por desertores chilenos, cuya cabecilla era “un tenientes del Rey que se apellida Morón, de la gente de Pincheira” — vanguardia de otros invasores que maloneaban más al sur —, irrumpe, arrasa y saquea la estancia “El Sauce” de Manuel Arroyo, a cinco leguas al oeste del pueblo de Dolores. Al conocerse el pillaje, dos escuadrones de coraceros salen del fuerte de Kaquel tras el rastro de los asaltantes, que, arreando gran cantidad de hacienda robada, se retiraban hacia los campos de Anchorena, en el actual partido de Pila, para juntarse con el grueso de la horda. Por su parte los coraceros y milicianos — según el relato de uno de estos últimos, Silveiro Vidal — , después de atravesar “más de diez u once leguas de campos inundados en agua y guadales, que no había caballos que nos bastasen para seguir más adelante”, alcanzaron a la indiada como a legua y media de la estancia de Anchorena “Los Toldos Viejos”; y trabado el combate contra 200 y tantos bárbaros que se tenían a la vista, aparecieron de pronto 500 más que, al cabo de arrolladoras cargas, diezmaron y dispersaron a chuzazos a los cristianos, que sólo salvaron de la carnicería 46 soldados y su Anchorena

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Comandante Andrés Morel; único oficial que quedó en pié — según se desprende del parte elevado por el jefe de la Guardia del Tordillo, Juan Cornell, a la superioridad. Superfluo es agregar que tres estancias de los Anchorena quedaron asoladas: “Toldos Viejos”, “El Sermón” y “Camarones”. A raíz de tal desastre, el gobierno ordenó al Coronel Federico Rauch emprender una gran batida contra los salvajes. El 25 de octubre, dicho aguerrido militar teutón, rompe la marcha al frente de 740 hombres — dos tercios de línea y el resto de milicias —, precisamente desde aquella estancia de Anchorena en que resultaron aniquilados los coraceros de Kaquel. Dirígese Rauch a la Sierra de la Ventana, donde ataca a las tribus de los caciques Malato, Petey, Maicá, Llanquinel, Canhuihuir y Columacúm, haciendo tremenda matanza; y luego regresa al Tandil con numeroso cautivos rescatados y muchísima cantidad de ganado. Y después vuelve a las Sierras, para destruir completamente a las parcialidades de Lincón, Cayupilqué, Nahuel-huequé y varias más. Poseo una esquela dirigida, el 12-II-1827 desde los Montes del Tordillo, por el Capitán Juan Cornell al “Sr. Comandante General de Milicia Don Juan Manuel de Rosas”, que expresa: “Muy Señor mío y mi paisano: Don Manuel Sánchez tiene en Kaquel, como ochenta cavesas de ganado bacuno de la marca de Ud.. Estas según él dice, fueron compradas a un tal Acosta residente en Tandil, quien las obtuvo del Coronel Raucho a la vuelta de la expedición. Creo que con este aviso Ud. se impondrá más inmediatamente. El sargento Julián me entregó verbal el contesto de Ud. y sobre esto se repite agradeciéndole doblemente sus atenciones. Su seguro servidor y amigo, Q.B.S.M. Juan Cornel”. Correspondencia de los mayordomos de Anchorena Desde 1818 Rosas se dió a la tarea de poblar, fomentar y administrar los campos de sus primos Anchorena, hasta el 8-XII-1829 en que asumió el gobierno de la Provincia de Buenos Aires.

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La gran experiencia de don Juan Manuel acerca del manejo práctico, ordenado e integral que entonces requerían las explotaciones pastoriles en la pampa, se halla condensada en sus notables Instrucciones para ayudantes recorredores de las estancias. A lo largo de ese “Reglamento”, escrito en 1825 con sencillez y precisión a fin de que fuera entendido por la gente de campo, se destaca el carácter ejecutivo, la innata aptitud de mando del futuro Restaurador de las Leyes Tales órdenes, enseñanzas y consejos de Rosas, destinados a sus inmediatos colaboradores en “Los Cerrillos”, “San Martín”, “San Genaro” y “Chacabuco”, propiedades que explotaba con su socio Juan Nepomuceno Terrero, iban asimismo dirigidos a los mayordomos y capataces de los establecimientos rurales de Anchorena. Conservo la correspondencia mantenida por éstos “ayudantes” con mi tatarabuelo don Juan José Cristóbal, durante los años 1828, 29, 30 y 31. Dichas cartas traducen, con rústica y espontánea llaneza, el cotidiano vivir, las habituales o inopinadas ocurrencias que debían afrontar y resolver aquellos criollos civilizadores del desierto en los lejanos feudos ganaderos del sur, expuestos al malón de los salvajes. Sentado lo que antecede, he de glosar o transcribir algunas de esas cartas, corrigiendo, en parte sus revesadas ortografías. Así el 29-XII-1828 el mayordomo de “El Tala” José Manuel Saavedra, le comunicaba a su patrón las distintas tropas de novillos entregadas a los reseros de Juan Cuestas, con el cual Anchorena había celebrado un contrato de venta hasta el número de 3.000 animales para arriba, a sacar de los rodeos de “El Tala”, “Dos Islas”, “Achiras”, “Averías”, “Villanueva”, “Chapalafquen”, “Camarones” e “Hinojales”. “He tenido mucho gusto — finalizaba esa carta de Saavedra — por la notycia que me dá del Sr. don Juan Manuel; le deseo toda felisidad y dios quiera que desconosca a algunos unitarios para que lo dejen descansar”. (Rosas, a la sazón, estaba en Santa Fé reuniendo fuerzas para batir a Lavalle, que había fusilado a Dorrego y detentaba el gobierno porteño; y a Anchorena, los unitarios no lo dejarían “descansar”; pués, como sabemos, dos meses más tarde estos lo meAnchorena

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tieron preso en el bergantín “Rondeau”). Por lo demás, de noviembre de 1828 a diciembre de 1829, solamente de los rodeos de “El Tala” y “Las Dos Islas” se entregaron, para Cuestas, 2.194 novillos, incluídos 222 animales de los “ayudantes” y capataces de don Juan José; de quienes él, de tanto en tanto, recibía minutas con los “frutos” que se le enviaban en carretas, de sus establecimientos camperos, para que fueran vendidos en Buenos Aires: cueros vacunos y de potro, aspas, barricas llena de sebo, “cuarterolas”, bolsas con grasa y “pelotas de cerda”. El 20-II-1829 el “ayudante José Antonio Bera” (Vera), desde la estancia “Camarones”, pone en conocimiento de don Juan José que allí “ha estado el Coronel Estomba con su división; que ha tomado algunas cosas de las que habían en la casa, con moderación, y ha dejado apunte de todo lo que ha tomado; y en seguida vinieron peones de la casa y sacaron cuanto había”. (El Coronel Ramón Estomba, a quien Lavalle nombrara Comandante de la Frontera Sud, habíase dedicado a practicar correrías punitivas en las estancias de los partidarios de Rosas). Vera, según le informaba a su patrón hizo denuncia de tales atropellos: “pero no han tomado medida alguna para que se castiguen ... Yo soy de parecer que este hecho no debe quedar impune porque, de nó, se nos falta el respeto ... En los puestos, afuera andan algunos gauchos que no se van a procesar, y estos causan algunos males. Ud. me dirá lo que se debe hacer sobre esto”. El 29 de marzo siguiente, el mismo Vera,desde Buenos Aires, escribíales a José Astorga, mayordomo de los Anchorena en el campo “Averías”: “... Nos debíamos ver en Chascomús el día 1º que entra, y no pudiendo verificarlo por hallarme enfermo se servirá decirle a don Juan Arista (mayordomo de “Achiras”) que en el momento mande a su hermano Pedro, y en caso de no estar el dicho, mandará a cualquier otro que considere capaz, a las Víboras, a ver el estado de aquella estancia, que según dicen al Mayordomo Tomás Segura lo han fusilado ...” (26). 26 La estancia “Las Víboras”, contigua al pueblo de Dolores, perte226

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Entretanto Rosas al frente de las tropas federales había vencido a Lavalle en el Puente de Márquez, y al negociarse la paz entre ambos antagonistas, quedó designado el General Juan José Viamonte Gobernador provisorio de la Provincia, con el respaldo armado de las fuerzas triunfantes. Se hizo preciso entonces atender al diario sustento de esos hombres movilizados; y Rosas, como Comandante de ellos, solucionó dicho abastecimiento recurriendo a las estancias de sus partidarios ganaderos. Así, el 26-VIII-1829, Juan Arista, mayordomo del campo “Achiras” de los hermanos Anchorena recibió una orden del Juez de Paz de Ranchos, Luis Andrés Recalde, concebida en estos términos: “... Vista la presente, franqueará los rodeos de ganados que están a su cargo al Sargento Isidoro Montes, conductor de ésta, para que en clase de auxilio aparte las reses que encuentre, según las ordenes que lleva, para el consumo del Exército al mando del Sr. Gral. en Jefe Don Juan Manuel de Rosas, sirviéndose ud. mandar a una persona de su confianza para extenderle los recibos competentes, tanto de lo que se sacase, cuanto de lo que de antemano se ha suministrado de las haciendas a su cargo”. Posteriormente, Juan José Anchorena se dirigió a la “Comisión Clasificadora y Liquidadora de las Acciones conecía entonces a Tomás Manuel de Anchorena, quien la hubo de Lorenzo López, el cual, a su vez, se la compró, ante el Escribano Juan Cortés, a Juan Miguens, que la había heredado de su padre Marcos Miguens. El campo medía 4 leguas de frente por 4 de fondo, y Miguens lo vendió por el precio de 12.000 pesos — 7.000 al contado y 5.000 a un año de plazo —, con sus corrales, caballos, crías de vacas y yeguas, dos puestos, dos carretas y sus respectivos bueyes, los esclavos Antonio y José y demás existencias y accesorios, con excepción de los ganados pertenecientes a la testamentaría de sus padres. En cuanto a Tomás Segura, el mayordomo de Anchorena en “Las Víboras”, el Coronel Estomba, poseído de súbita vesanía, tildándolo de rosista, lo hizo atar a la boca de un cañón y, trás el cañonazo, el pobre paisano murió hecho trizas. Estomba siguió ordenando marchas y contramarchas a sus soldados por los campos aledaños, y en la plaza de Dolores mandó colocar un cartel con esta leyenda escrita de su puño y letra: “Desde ahora para siempre, hasta la muerte y más allá de la muerte, dejo el insignificante nombre de Ramón y me llamaré Demóstenes Estomba”. Remitido al Hospital de Hombres de Buenos Aires completamente loco, el 27-V-1829, el delirante Coronel unitario alcanzó la eterna quietud. Anchorena

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ntra el Estado”, expresando que su estancia “Chapalafquén” desde el 18 de abril de 1828 hasta el 16 de enero de 1829, había proporcionado para el consumo del ejército restaurador de las leyes, 52 novillos, 161 vacas, la carne de 15 novillos y 83 yeguas. Y al presentar los respectivos comprobantes a los miembros de esa Comisión, Anchorena añadía de “Chapalafquén” y de sus establecimientos “conocidos por los nombres de Averías, Achiras, Villanueva, Camarones e Inojales ... se han sacado mayores y más repetidas partidas de ganado vacuno y caballar, muchos con recibos y algunos sin ellos, que no ha podido obtener hasta ahora el exponente, acaso por el trastorno que es consiguiente de habérsele alzado el mayordomo don José Vera, y conspirado contra él sirviendo a las inmediatas órdenes de don Juan Lavalle, y a la ausencia y separación de algunos capataces”. He aquí diversos fragmentos de una carta noticiosa sobre las actividades y problemas concernientes a la explotación de “El Tala”, despachada por su mayordomo el 22-X1829, para don Juan José Cristóbal: “Mi estimado señor. — Voy a hacerle presente lo que ocurre para que Ud. determine, como dueño, lo que le parezca en razón al dinero que le digo me mande con Videla, que es el portador que va con carretas ... Le pedí mil pesos. Me parece no alcanza para hacer la yerra … Hay que pagarle a la gente más de un año y la yerra, que se han tratado los peones a cuatro pesos, que es como se está pagando a todo el que se conchaba por día. En esto me dirá lo que le parece; y también le advierto, si le parece, que me haga cargo de Las Víboras, y se me dén sólo a mí las órdenes, por que cuando una obra tiene muchos maestros no se sabe quien la echa a perder ... Puede a ordenarle a Morillo (mayordomo de “Camarones”) que mande al Tala dos carretas a buscar los frutos ... Acá no hay ninguno a quien mandar por ninguna paga ... yo de acá no me puedo alejar, porque de repente se forman disparadas de indios, de modo que no estando se abandona todo, por que en disparada todos se van. Este año pensaba poblar dos puestos más acá, más no se encuentra a quien poner en ellos ... es campo lindo y capaz de admitir bastante hacienda ... Hay gente, pero el papel (mone228

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da) tiene poco valor, y a los haraganes no los persiguen ni los arreglan; es la causa de no haber peones. Cuando sienten que los persiguen, al instante se conchaban. Señor, le encargo tenga la bondad de hacerme comprar un par de pistolas que cargan balas de onza, con pistolera para correr el campo y para los continuos viajes que se ofrecen, con una canana de diez cartuchos. Esto está malo, es necesario andar en guardia, se ha viciado mucho la gente a no respetar propiedades ... Señor, acá estamos aislados. Al patrón se le pedía lo que hacía falta; ahora es imprudente decirle nada, viéndolo, como se halla, que no tiene descanso”. (Clara alusión a Rosas, que administraba la estancia y estaba a punto de asumir el gobierno de la Provincia”. Transcribo párrafos de otra larga carta del mayordomo de “El Tala” Jose Manuel Saavedra con interesantes informaciones —incluso históricas — para Juan José de Anchorena, fechada el 27-I-1830: “Estimado Señor ... En la razón que me dice le mandara noticia de los recibos del ganado que se ha dado de auxilio, y caballos, le diré lo siguiente: El primer auxilio que se dió, lo pidió el Sr. Don Juan Manuel (Rosas), que fué en los meses de septiembre o noviembre. Fueron dos tropas de 204 o 5 (novillos) cada una, que yo mismo conducí y las entregue a dicho Señor ... Desde diciembre, hasta el 24 de junio del presente, sacó 77 caballos la gente de Lavalle, que los tomaron ellos por su órden del modo siguiente: Del puesto de Sanestevan (ahora “El Chajá”), junto a San Simón, sacaron 21 caballos y 2 reses; 11 caballos de la hacienda y 10 del capataz de dicho puesto. En mi puesto, junto a la hacienda de Vacaloncoy (hogaño la laguna de Saavedra, en “Cerrillos”), sacaron 11 caballos de mi propiedad; y del Tala sacaron 66. Del mismo modo ellos los recogieron y los tomaron; mandando recoger al capataz, y de temor no volvió. Los de la hacienda son 77, y míos y del capataz 21, y 2 vacas; que son por todo 98 caballos y 2 vacas. Estos caballos los sacó el Capitán Correa, un mendocino que vive por las Monjas (barrio de las Catalinas), tirando al Retiro, que andaba haciendo de Comandante de partida por orden el Comandante Anacleto Medina. Acá no han dado recibo, por lo Anchorena

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contrario huyó. El portador de ésta es don Manuel Videla: él conoce al Capitán Correa, sabe donde vive. Y con 5 caballos que yo le dí a Vicente Rojas, vecino de ésta, para que se reuniera en las reuniones de los federales, y 4 sables y 2 tercerolas, es lo que se ha dado de auxilio en este tiempo. Lo que se ha entregado para el consumo del ejército del mando del General Juan Manuel Rosas, cuyo recibo vá incluso dentro de ésta, es la cantidad de 250 cabezas, todos novillos. En lo que me dice que no repare en lo alto de los jornales, en eso esté seguro que yo le he de mirar sus intereses ... Yo le pedí criados: fué porque conozco que si acá no los hay se sufre un desparramo bastante gravoso ... Sino se repunta la hacienda es lo mismo que si no se apartara ... Las haciendas vecinas se mesturan por todos costados, y cuando pasa esto se para rodeo, unas veces se hallan y otras no ... La hacienda tiene cuatro frentes que guardar, de modo que son los repuntes cada cuatro días ... Los que me acompañan son dos criados y un peón, que le pago 60 pesos por mes, y no está contento siquiera para recoger las mansas y hacer algunos mandados. De peones por mes no tengo esperanza ni me diga más de ver. Gente hoy no se conchaba por mes, ¿como se han de conchabar?, ¿solo que sean locos, viendo que por día les pagan 5 o 6 pesos?. Esta es la causa. Sólo de un modo pudiera que alguno se conchabara: si un Comisionado viera de qué viven por acá los haraganes. Los más andan con papeletas del General (Rosas?), que nadie se mete con ellos. Pero hay muchos que no la tienen ... Estos que andan trabajando por día no tienen más oficio que robar caballos, de modo que no nos podemos descuidar ... Con esta escases de peones, lo que más siento es que el capataz de Dos Islas (Asencio Jaime) se me va a salir de aburrido. Hace un año y meses que está sólo, de modo que se pasa quince días o más sin carne, con bichos del campo. Ya ha venido en cuatro ocasiones a salirse ... Si vuelve no tendré más que pagarle y que se vaya. Veo que demasiado a aguantado solo. Es el que más me ayuda de los puesteros, y está en el punto de más mestura ... Ha llegado día de írsele el caballo y venir al Tala a pie, a que le auxilie. Esto no lo hacen muchos por servir, y si no le doy peón se va, que lo 230

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siento más que si fueran dos de los otros puesteros ... Apartes no hago hasta el 15 de febrero, por que no puedo, por que los demás no dan rodeos, por que no tengo gente, y está el campo muy seco para pastorear, y no tengo más que un peón. Los por día no pastorean por que hace mucho sol. Los peones del día son de comodidad ... Pienso poner dos puestos este año en dos lugares de este campo, que es campo sólo, y que lo están logrando (aprovechando) otros con hacienda. El uno es en los Talas de Gabino (al fondo de “Las Mostazas”, lindando con “La Argentina” que fuera de Barreto), que allí tiene un puesto don Joaquín Suárez, que ese ganado (de Suárez) pasta dentro de ese campo, y sólo poblando yo lo sacará, y lo he de poblar con terneras de esta yerra ... El otro punto (puesto) es por Vacaloncoy (ahora se ubicaría en el costado sur de “El Lucero”) ... Es lo que puedo decirle ... De Ud. José Manuel Saavedra”. Tres días más tarde Saavedra le comunica a don Juan José: “... El portador de ésta es Juan Cisneros que está tratado para entrar de capataz de un puesto que pienso poblar. Conduce la noticia de la yerra de este año 29 (27) ... También le mando noticias de Las Víboras ... que deben al Tala 100 pesos que se le dieron a Liberato Pinto para que fuera capataz de dicha hacienda, y estuvo como dos meses y días allí durmiendo. El servicio que hizo fué entregar a la gente de Lava27 Esta fué la cantidad de hacienda vacuna que se herró, aquel año 1829, en los rodeos de “El Tala”, “Las Dos Islas” (ahora “El Amanecer), “La Isla Larga”, “Rodeo Chico”, “Rodeo de Tamberas” y “Puesto San Estevan” (futuro “Chajá”): Toros capados y descornados, 428. Toros dejados enteros para padres, de 2 y 2 1/2 años, 1.170. Toritos que quedaron enteros de 1 año y 1/2, 1.070. Terneros capados, 4.053. Terneras, 4.532. Terneros capados de los ayudantes y capataces, 582. TOTAL de vacunos herrados, 11.835 Si se calcula, dada la vasta extensión de los campos, un 30% de pariciones anuales, el número de vacas de cría de “El Tala” y en sus antedichas dependencias, alcanzaría, más o menos, a 40.000 vientres. En cuanto a la suma de yeguarizos herrados en “El Tala”, “Puesto de San Estevan” y manadas “del zayno de Vaygorria”, “de Las Dos Islas” y de las “oscuras” y “lovunas”, resultó como sigue: Potrillos enteros para padres, 14. Potrillos capados, 163. Potrancas, 161. Potrillos de los ayudantes y capataces, 8. Mulas y burros, 106. TOTAL de yeguarizos herrados, 452. Anchorena

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lle toda la caballada, teniendo orden de Segura (el pobre mayordomo despedazado por el cañón de Estomba) para ocultarla ... Pinto ... tenía una manada y no le llevaron ninguno, porque quedó de amigo con el Comisionado, y de acuerdo de hacerse cargo de dicha hacienda, de cuenta del Estado unitario. Lo que supe esto lo eché. Es un mulato muy pícaro; sé que está en la estancia de Videla (Don Zenón). Hágale presente al Gobernador ... Pinto ha de estar con Videla, cuando más no sea para enredar ... ”. Y siguen las cartas de el mayordomo de “El Tala” (1º de marzo de 1830); “... Necesito dinero para la marcación de hacienda y pago de peones. He conchabado 16 peones por día ... el trabajo de hierra y apartes debe durar 40 y tantos días ... Lo que me hace mucha falta es quien persiga a los haraganes. Las partidas de santiagueños todos se han metido a nutrieros, de modo, como no hay quien les diga nada, son dueños del campo. Ellos nutrean nutrias y lo que hallan: vacas y caballos. Acá no me dan alivio, porque de repente se entran a escondidas y andan maliciando ...” (8 de marzo): “... Hay novedad de indios. Cuando Ud. sepa algo que allá se sabe primero, avíseme por las estancias, para guardar siquiera la caballada y las vidas de los que acá viven ... ”. A propósito de indios, el 6 de Junio de ese año 30, Manuel Morillo mayordomo de “Camarones”, le escribía don Juan José: “... Los indios pegan sus petardos de yeguas (extorsionan pidiendo yeguas), y me es doloroso el darles de unos animales entablados y aquerenciados ... Me faltan dos manadas de yeguas que se cree, con algún fundamento, que se las han llevado los indios ... Pudiera escribir Ud. a don José Díaz, para que él que tiene intervención con los indios, les hiciese decir algo para que tengan más miramiento ... ”. Desde “El Tala” y por medio del mayordomo Saavedra, los hermanos Anchorena poblaron los campos “Arroyo Grande” y “Carralauqén”, (al presente en jurisdicción de Coronel Vidal). Los preparativos y disposiciones para dicha empresa, se pueden seguir através de las cartas de Saavedra a don Juan José.

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Noviembre 2 de aquel año 30: “... A los dos capataces que van afuera, uno para Carralauquén con el ganado de apartes, y el otro para los Arbolitos, a la costa del Arroyo Grande, con terneraje que se marque este año, los he tratado. El uno gana 60 pesos mensuales y 50 terneros al año, y el otro gana 60 pesos mensuales y una manada de yeguas, con 30 piezas que le voy a dar a su entrada. Sólo por este interés han hecho partido ambos ... Hacía un año que andaba buscando, y los pude conseguir con mucha voluntad. A Carralauquén le debo poblar este mes ... ”. Diciembre 12: “... Yo ya tengo la madera en Carralauquén ... Ya debía haber marchado con la hacienda ... Mañana pienso caminar ... Lo que pueble avisaré lo que ocurre ...”. “Posdata: Los impresos que se tomen en casa después de que allí los repasen, mándemelos, que les gusta mucho a los gauchos y les sirve de más entusiasmo. Se alegran mucho de oír cosas del Estado. Enero 12 de 1831: “... Aviso a Ud. que el 20 de diciembre he poblado Carralauquén con 3.112 cabezas de ganado vacuno bajo marca. Debo llevar 900 cabezas más, hasta completar 4.000 bajo marca, y las debo herrar dentro de un mes ... La población se ha hecho en la costa de la laguna Carralauquén, hacia el naciente, con dos ranchos, uno armado de 12 varas y uno quinchado de 6 varas, y un corral como para encerrar 300 o 400 cabezas de hacienda, y un buen palenque para atar potros ... Se han mesturado las haciendas (de “El Tala”) en dos lluvias oscuras de noche como 1.000 cabezas las arreó el agua ... El negro Antonio que me mandó llegó muy enfermo, con un gómito (sic) de sangre. Hace más de un mes que lo mandé a Dolores, encargado al Comandante don Francisco Sosa, para que lo mandara a Buenos Aires; mas no sé si ha muerto. Estaba muy enfermo, no ha servido para nada, de diario estaba con el gómito de sangre que no lo dejaba, y en mucha cantidad. Estoy haciendo acarrear la madera para la laguna de los Arbolitos (28), en el Arroyo Grande, para 28 El 18-VIII-1887, el Gobierno de la Provincia adquirió dos leguas de la estancia “El Sol” de Pedro Anchorena, en el antiguo paraje de “ArboliAnchorena

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poblarla con las terneras que se marquen este año, que debo dar principio en marzo”. El 18 de enero de ese año 31, mi tatarabuelo Anchorena recibe de su mayordomo Saavedra una suerte de crónica policial: “... El conductor de esta es Asensio Jaime, capataz de Las Dos Islas, va en seguimiento de una tropa de caballos que le han robado de dicha Dos Islas. Le doy ésta (información) para que Ud. le haga presente al Sr. don Juan Manuel de Larosa (sic). Dicen que en San José (estancia a media legua de Loncoy) los han quitado y han preso a los que le han robado”. Este episodio — creía Saavedra — se debía avisar a Rosas, para que nombrara un Comisionado a fin de que “se le entreguen los caballos y haga que castiguen a los ladrones, por el escándalo que han hecho y están haciendo por acá. Estos (ladrones) han hecho un corral adentro de Las Dos Islas, y se llevaron todos los caballos que había en una manada, y se sacaron un cencerro de otra para llevar los caballos. Esto interesa para bien de la casa y de la campaña, porque si no ven ejemplar no podremos tener nada”. También sugería Saavedra que le informara al “patrón” (Rosas), que iban a enrolarse en la milicia dos fascinerosos, “para con este resguardo pasearse por donde les parece”. “Uno de los que decía, no lo conocen por su nombre (sinó) por Cocorita. Es muy ladino, todo este vecindario le teme. Cuando no roba les dá a otros que roben. Hace dos años que mató a un peón de ésta (“El Tala”). En tiempos pasados le robó a un pobre, que paraba en casa de don Leonardo Piedrabuena, unos caballos, y se los fué a cobrar (el pobre) y lo hizo pedazos a puñaladas, que de eso murió. Del ejército llebó unos caballos, y los cobró su dueño, y a su vista los degolló. Creo que tiene un papel de to”, a fin de establecer un pueblo cabeza del Partido de Mar Chiquita. Esa estancia “El Sol” había pertenecido al viejo campo del “Arroyo Grande”, que luego de la muerte de don Juan José se dividió entre sus hijos: Mercedes Anchorena de Aguirre — que conservó la parte del primitivo casco del “Arroyo Grande” —, Pedro de Anchorena, dueño de “El Sol”, y Rosa Anchorena de Ibáñez, cuya fracción se llamaría “Los Potreros”. Por lo demás, el Gobierno no conservó el nombre tradicional de “Arbolito” para el nuevo pueblo; le impuso el de “Coronel Vidal” (de don Celestino, guerrero de la independencia). 234

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resguardo. A alguno habrá engañado que no lo conoce. No merece andar vivo el resertor (sic). Y el otro, Mariano ñato, es resertor; pára en el Durazno, (estancia de Ezeyza), donde estará ... ”. Un mes después, el 12 de febrero, Saavedra le expresaba a don Juan José: “... Me dirá si los capataces de ésta (“El Tala”) son comprendidos en el enrolamiento ... Es de necesidad que vea de mandar dos o tres criados para esta. Con peones no podemos contar; por día hay cuantos quiera, pero por mes no quieren trabajar, y ahora van menos con el motivo de enrolarlos. Los que andaban matreros se alistan, y están seguros. No ha quedado vago ni ladrón que no se ha alistado en compañía entre los vecinos”. Pasada una semana (20 de febrero) Saavedra vuelve a escribir: “... Dentro de ocho días me voy con la hacienda que tengo en pastoreo para Carralauquén, después daré cuenta de la hacienda que en dicha población quede bajo marca, y paso a la laguna Los Arbolitos, en el Arroyo Grande, a hacer el rancho y el corral, y así que vuelva dar principio a la marcación de ésta (“El Tala”) y empezar a llevar todas las terneras que se marquen este año, con los toros que se necesitan para padres. La seca va con fuerza, todavía estamos bien, las lagunas se adelgazan, pero hay suficiente agua hasta hoy. Los campos bastante secos, pero hay pasto ...” Y el 9 de mayo entre otros informes, el encargado de “El Tala” transmitíale a Anchorena: “Estoy en la marcación de la hacienda, me faltan como cinco días de yerra, y de aquí a cinco días camino con lo que se ha herrado a colocarlo al Arroyo Grande, que ya está la población hecha ... ”. Por su parte el mayordomo de “Camarones”, Manuel Morillo, le informaba el 4 de agosto a don Juan José que había efectuado apartes en los campos vecinos, y que las haciendas de la estancia “no hace más que andar a los vientos ... Necesito un puesto en el Albardón de los Huesos, porque el ganado sale por el claro que hay en el puesto del Carancho y Chapalafquén. Se va afuera, recibiendo daños por los camperos y los indios, que continuamente caminan. En Chapalafquén se está mudando la población, adonde debía de estar, Anchorena

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como a tres cuartos de legua al sudeste, que el Sr. don Juan Manuel (Rosas), cuando estuvo el año pasado, me dijo que podía mudarlo ... Chapalafquén es un punto tan importante, no sólo por las haciendas, sino porque es el descanso de todas las partidas de indios que bajan a comerciar ...”. Y veinticinco días más adelante, Morillo continuaba proporcionando informes a mi tatarabuelo, acerca de la tremenda seca en aquellos campos de Pila: “... Dentro de cuatro días, si no llueve, sacamos el ganado de Chapalafquén, a la Laguna de la Quinita. No hay remedio, no hay más cerca agua que la que dá enfrente de la Laguna Corvalán. En los Toldos se acabó la poca agua que estaba manteniendo a aquel ganado después de la lluvia, y para que beba este ganado es preciso recomponer las bebidas, hacerle una estacada a todo el cajón, bastante retirado, y para ello se está cortando alguna madera del monte de Camarones. Este ganado no se puede traer al Sermón, está muy parido y queda mucha guachada, y ésta laguna ya no puede recibir ganado ... Acaba de llegar un peón que fué llevando yeguas a Villanueva, y me dice que el rodeo chico no tienen donde beber, que es preciso llevarlo a San José, (laguna cercana a Villanueva)... Señor: Juan Décima (“ayudante” en aquellas estancias de Pila) me dice diga a Ud. que necesita un sombrero de la fábrica de Barangot, de la clase de los que valían 40, que están a 25 pesos ... el importe tendrá la bondad de avisarle al Sr. Don Juan Terrero, para que le abone por cuenta particular de éste ...”. Ultimas actuaciones públicas de Juan José Cristóbal de Anchorena A continuación de las anteriores noticias campesinas — largas y un tanto marginales, desde el punto de vista estrictamente biográfico — vengamos a la ciudad, donde nuestro antepasado ocupaba una banca en la Cámara de Representantes, cuya corporación le nombró, el 25-I-1830, para que en compañía de Francisco Piñeyro y Manuel Luzuriaga, redactara el Reglamento de Policía de Campaña. Cuatro meses después el 6 de mayo, se trata en sala el mensaje remitido — tres 236

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días atrás —por el Poder Ejecutivo, rindiendo cuenta de la marcha general administrativa, y señalando la necesidad de ratificar las facultades extraordinarias, otorgadas al Gobernador, aún antes de ser elegido Rosas. El diputado Juan José Anchorena entonces, presenta una minuta tendiente a que se llamara a los ministros a fin de que dieran las explicaciones respecto del empleo de dichas facultades excepcionales. Suscítase, trás ello, un vivo debate, y los representantes se preguntan si deben acudir a informar los ministros (Rosas hallábase en San Nicolás, conferenciando con los Gobernadores de Santa Fé y Corrientes, López y Ferré) y si la sesión debía ser pública o secreta. Ocho días más tarde concurren los ministros (Tomás Manuel de Anchorena, de Gobierno y Relaciones Exteriores, Juan Ramón Balcarce, de Guerra y Marina, y Manuel José García, de Hacienda) a informar, en sesión secreta acerca de las respectivas tareas gubernamentales y del “uso odioso de las facultades extraordinarias”, con que el Poder Ejecutivo fuera investido por ley. El 7 de junio resuelve la Legislatura hacer público lo tratado a puertas cerradas y conferir al gobierno el ejercicio de aquel mandato extraordinario,"estimando justas sus razones”; mandato que acepta el Poder Ejecutivo el 11 de agosto, ya que por ahora es “sobre manera necesaria al país una autoridad vigorosa que, con mano fuerte, sepa sostener el orden social que tanto tiempo ha vacilado”. (En la monografía que dedico a mi tatarabuelo Manuel Hermenegildo de Aguirre, estudio con amplitud los debates relativos a las facultades extraordinarias otorgadas a Rosas, durante los años 30, 31 y 32). Por último, en 1831 Juan José Cristóbal Anchorena volvió a ser elegido diputado a la Legislatura, junto con Miguel de Azcuénaga, Manuel Hermenegildo Aguirre, Juan José Viamonte, Felipe Arana, Félix de Alzaga, Santiago Figueredo, Vicente Maza, Manuel Insiarte, Carlos Casal, Celestino Vidal, Felipe E. Palacios, Paulino Gari, Mariano Lozano, José Fuentes, Luciano Montes de Oca, Fabián Cascallares, Tomás Isasi, Manuel Rivero, Vicente Martínez y José María González Pérez.

Anchorena

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Testamento y muerte de mi tatarabuelo Anchorena El 14-XII-1831, “Don Juan José Cristóbal de Anchorena, natural y vecino de esta ciudad (Buenos Aires) e hijo legítimo de los finados Don Juan Estevan de Anchorena y de Doña Romana Josefa López de Anaya, hallándome enfermo pero por la infinita misericordia de Dios en mis cinco sentidos y potencias cumplidas, temeroso de la muerte natural y precisa a toda criatura humana”, otorgó su testamento ante el Escribano Marcos Leonardo Agrelo. Después de las solemnes invocaciones religiosas de rigor, el causante dispuso que su cadáver fuera sepultado “en el Cementerio del Norte de esta Ciudad” (La Recoleta) y que sus funerales “se hagan en la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes, dejando a disposición de mis Albaceas la mortaja, modo y forma de dicho funeral”. Declaró el testador más adelante, que en julio del año 1813 había contraído matrimonio con “la Señora Bonifacia Lezica” que murió en 1818 sin dejar sucesión, “nombrándome su único Albacea, bajo cuyo carácter cumplí todas sus disposiciones, y trancé con la Señora, su madre, Doña Petrona Vera, por escritura pública, todo lo relativo a las ganancias y pérdidas que hubieron durante nuestro matrimonio”. Luego declaró don Juan José que en 1820 se casó, en segundas nupcias, “con mi actual esposa la Señora Doña Andrea Ibáñez, de cuyo matrimonio tenemos cuatro hijos llamados Don Juan José, Don Pedro, Doña Mercedes y Doña Rosa de Anchorena e Ibáñez, los que reconozco por tales mis hijos”. Declaró también “que cuando contrajo este segundo matrimonio, no pudiendo entonces determinar mi capital, así por el estado político en que se hallaba el país como por la disposición en que estaban mis intereses en varios puntos de Europa y América, celebré un convenio, que se encontrará entre mis papeles, con mi Señora Suegra, para fijarlo a cierto tiempo, pero no habiendo podido tener efecto por iguales causas que las expresadas, calculé después que mi capital, cuando contraje este segundo matrimonio, era de doscientos diez mil pesos moneda de plata, única que corría en aquel entonces en esta Ciudad”. Se enumeran posterior238

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mente los bienes urbanos de mi antepasado y las estancias propias suyas y en sociedad, por mitades, con su hermano Nicolás; sus respectivas enfiteusis, ganados, poblaciones, esclavos, útiles de servicios y demás que en ellas se encontrasen (bienes todos que especifiqué en páginas anteriores de esta monografía); así como, a la vez, se puntualizaron los diferentes negocios particulares realizados desde 1810 con sus hermanos y otras personas. Más adelante, el compareciente recomendaba “a mi hermano Señor Don Nicolás, que continúe con mis herederos por espacio de diez años, si fuese posible, la sociedad que tiene conmigo, en todas las Estancias”, concediéndole las más amplias facultades para la administración y la venta, enagenación y permuta de cualesquiera terrenos, ganados y esclavos, sin que, para estas cosas, necesite de la intervención Judicial ni del Defensor General de Menores, pues quiero que con respecto a dichas Estancias, se conduzca con la misma libertad y confianza con que cada uno de los dos nos hemos conducido hasta ahora, disponiendo con respecto a ellas, tan libremente como su fuesen exclusivamente suyas”. Se refiere luego el testador a sus créditos — documentados o nó — y a las deudas que figuran en sus papeles. Dá libertad a Joaquín y Evaristo, dos negros esclavos suyos; y manda a sus Albaceas “que del quinto de mis bienes dispongan de una suma a aplicarse al objeto que les tengo comunicado”. Estos Albaceas que nombra son sus dos hermanos Tomás Manuel y Nicolás, quienes, mancomunadamente, intervendrán en la testamentaría y harán cumplir la voluntad del difunto. Y en caso que para ello dichos Albaceas tuvieran cualquier duda o discordancia en sus opiniones, deberán llamar, en primer término, a don Juan Nepomuceno Terrero, y, en defecto de éste, a Don Faustino Lezica, los cuales habrán de suceder como Albaceas, si los primeros falleciesen. Declara, a renglón seguido, don Juan José, por únicos y universales herederos a su esposa e hijos referidos, “y en atención de que estos últimos se hallan en la menor edad”, nombra tutores y curadores de ellos “a mis Señores hermanos”, o, en su defecto, a Terrero y a Lezica. “Es mi voluntad — agrega el otorgante — que mis dos niñas se conAnchorena

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serven y eduquen al lado de su Señora Madre, o de su Señora Abuela” (Rosa Marín de la Quintana Ibáñez), y les recomienda a los Albaceas que “procuren adjudicar o situar en fincas urbanas la parte que corresponda a mi Esposa, y favorecerla con su administración, atendiendo a la debilidad de su salud y ninguna versación en el manejo de intereses”. Asimismo añadió el causante que todo lo que heredaran de él sus hijas en moneda corriente o metálica, se invirtiese en fincas urbanas, que “no podrán sus dichas hijas enajenarlas durante los días de su vida, aún cuando se casen; y si lo hacen por si solas estando solteras, o sus respectivos maridos hallándose casadas, en todo o en parte, contraviniendo esta disposición, perderán la tercera parte del valor de lo a enajenado, a beneficio de los dos coherederos varones y también de la otra coheredera, si no hubiese enajenado ella, ni su marido, finca alguna de las expresadas”. Finalmente declaró el testador que su actual esposa Andrea Ibáñez, “introdujo al matrimonio, por legítima paterna, dos solares; un sitio en el bañado de Palermo y otro junto al Hueco de Cavesitas, habiendo otorgado, el señor otorgante, a su señora suegra — Rosa Marín —, en moneda corriente, la diferencia de exceso de su valor al de la legítima paterna de su Esposa”. Así, don Juan José Cristóbal de Anchorena otorgó y firmó esa escritura de postrera voluntad, junto con los testigos Manuel de Escuti, José Juan de Larramendi y Francisco de Alzogaray, por ante Marcos Leonardo Agrelo, Escribano público y de número. Transcurridos seis días de esta última disposición, el 20-XII-1831, mi tatarabuelo Anchorena moría tranquilamente en su cama, en el domicilio de la calle Perú 68. Había vivido, exactamente, 51 años, 5 meses y 11 días. Para despedir sus restos, en la Recoleta, el amigo de las musas doctor Vicente López y Planes — autor del Himno Nacional, entonces Vocal de la Cámara de Justicia — compuso un elogioso discurso que, “por accidente”, no pudo leer en el cementerio, pero su texto fué publicado en dos periódicos: El Clasificador y La Gaceta Mercantil, el 5 y 7 de enero de 1832, respectivamente.

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Andrea Mercedes Cármen Ibáñez Marín sobrevivió más de tres décadas a su marido, llegándole el término fatal el 11-VII-1862, a los 59 años de edad. Las referencias acerca de algunas circunstancias de su vida, así como los antecedentes biográficos y genealógicos de los padres, abuelos y bisabuelos suyos, los trato en los respectivos linajes de Ibáñez, Marín, Rospigliosi, De la Quintana y Riglos, a cuyas monografías me remito. Destino ulterior de “El Tala” Tras la muerte de Juan José de Anchorena, “El Tala” y las otras estancias que él poseía en condominio con su hermano Nicolás, pasaron a ser administradas por éste, de acuerdo a la voluntad expresa del difunto; de suerte que, en adelante, la antigua sociedad fraterna continuó desenvolviéndose entre el tío sobreviviente y sus sobrinos los Anchorena Ibáñez. En 1856 a don Nicolás le llegó el reposo eterno, por tanto, a través de un cuarto de siglo “El Tala” estuvo atendido desde Buenos Aires — bajo control remoto, diré — por dicho caballero y los empleados de su escritorio, quienes en los libros de contabilidad, con exactitud prolija, asentaban la marcha económica del establecimiento. Pero sobre el terreno, al frente de la estancia, el que realmente dirigió durante aquel tiempo “El Tala” como mayordomo conocedor de todas las faenas rurales, y hombre de prestigio respetado por capataces, puesteros y peones, fué, sin duda, Roque Jacinto Baudrix. Era don Roque (nacido en Buenos Aires el 16-VII1806) hijo de Manuel Baudrix y Bach, natural del lugar de Chiclana en la provincia de Cádiz, y de Manuela Amoedo y Perea, desposados el 19-IV-1798: nieto paterno de Juan Baudrix y de María Bach; nieto materno de Gregorio Amoedo Rodríguez, gallego de Vigo y de Cármen Pérez Vázquez, que se casaron el 22-III-1773; y bisnieto materno paterno de Andrés Amoedo y de Juana Rodríguez. En 1820, adolescente aún, Roque Baudrix peleó a las órdenes de Rosas en defensa del Gobernador Martín Rodríguez contra la anárquica revuelAnchorena

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ta de Pagola e Hilarión de la Quintana. Más tarde contrajo enlace con Rosalía Figueroa, en que procreó sucesión, falleciendo en Buenos Aires, a los 87 años, el 5-V-1893. Consecuencia inmediata del fracasado levantamiento unitario llamado “de los Libres del Sur”, resultó el decreto de 25-XII-1839, dado por el gobierno de Rosas, que aumentaba las secciones de campaña, desde el Salado hasta el río Quequén, desdoblando el partido de Tandil en dos, al de Dolores en tres, y al de Monsalvo en cuatro. Esta subdivisiones dieron origen al partido de Tuyú — hogaño General Madariaga —, el cual, sin más cambios fundamentales que su nombre, se ufana ahora de tener casi siglo y medio de existencia. Su primer Juez de Paz, precisamente, fué Roque Baudrix: federal de divisa y tercerola quien, por eso mismo, encarnaba la autoridad desde el “El Tala” de los Anchorena. Así el casco de la estancia vino a convertirse en cabeza de partido. A todo esto, con fecha 16-IX-1840, el gobierno de la provincia, tiró un decreto mediante el cual “se declaraba especialmente responsables los bienes muebles e inmuebles, derechos y acciones de cualquier clase que sean, en la ciudad y campaña, pertenecientes a los traidores salvajes unitarios, a la reparación de los quebrantos causados por la hordas del desnaturalizado traidor Juan Lavalle”. A este respecto, el escritor Manuel Gálvez, en su libro Vida de don Juan Manuel de Rosas, discurre con verdad: “Rosas no confisca las casas ni las estancias de sus enemigos: las embarga. Sólo confisca sus rentas o productos. Pero embarga en gran escala, aunque administra las propiedades embargadas con puntual honradez. Puede afirmarse que el Restaurador, al embargar las estancias de sus enemigos, les hace un servicio. No embargadas, ellos habrían tenido que venderlas para la guerra. Padecieron unos años, es cierto, pero al terminarse las guerras promovidas por Lavalle y por la Coalición del Norte, cuando Rosas comienza a autorizar los desembargos, se encontrarán sus propiedades intactas ... El decreto de Rosas, aunque haya perjudicado a muchos y se haya realizado con algunas injusticias e imperfecciones, a tenido una máxima virtud: permitir al Gobierno luchar contra el ex242

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tranjero y contra los malos argentinos que se le han aliado, y defender la soberanía y la nacionalidad”. Revisando viejos legajos con documentos que se guardaron antaño en “El Tala” — papeles hoy depositados en el Juzgado de Paz de General Madariaga — encuentro la nómina de estancias embargadas a “los salvajes unitarios” en el partido del Tuyú; a saber: “Marigüincul” y “Puesto Atalía” de Matías Ramos Mejía; “Miraflores”, “Llamoydá” y “Achiras” de María Antonia Segurola; “San José” y “Santa María” de José Lastra; Estancia de Juan Antonio Areco; “El Cármen” de Agustín Acosta; “La Espadaña”, “El Medio” y “Puesto la Huertita” de Agustín Lastra; y estancias de Ildefonso Lagos, de Hermógenes Barragán, de Jacinto Machado, de Juan Antonio López, de José Quintana, de Manuel Cobo, de Leonardo Piedrabuena. Mantenía Roque Baudrix asidua correspondencia, desde “El Tala” de los Anchorena, con Antonino Reyes, secretario del Gobernador; y esas cartas las remitía al campamento militar de “los Santos Lugares de Rosas”. Ejemplos al caso: el 8-IV-1841, — “año 32 de la libertad, 26 de la Independencia y 12 de la Confederación Argentina” — Reyes se dirigió a Baudrix — “por ausencia del Sr. General 1º Edecán, don Manuel Corvalán y por orden y autorización de S.E.” — dándose por enterado de que el día 20 del mes anterior se habían hecho presentes, en el Juzgado del Tuyú, los mayordomos, capataces y peones de las estancias embargadas de los “Salvajes traidores unitarios” de dicho partido, “pidiendo algunos de ellos algunos socorros para sostén de sus familias y sus urgencias personales”; y a quienes Baudrix vióse en la necesidad de adelantarles algunos sueldos que tenían vencidos, de los meses de enero y febrero del presente año, todo esto sin orden expresa de S.E. De consiguiente, S.E. le mandaba decir a Baudrix, por intermedio de Reyes, que podía efectuar esos pagos en adelante, cada dos meses, según lo propusiera el mismo Baudrix, y que para ello “benda lo que fuese preciso” de las haciendas o frutos de los referidos establecimientos. A partir del 5 de enero del año 42, fuéronse despachando regularmente, cada quince días, desde “El Tala”, troAnchorena

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pas de 210 reses vacunas (6 debían consumir los reseros durante el viaje) para abastecer al ejército federal acantonado en Santos Lugares (actual partido de San Martín). Esos animales, sacado de las estancias de los “salvajes unitarios” que apuntamos más atrás, eran conducido bajo la responsabilidad de distintos capataces: Donato Coria, Francisco Ruiz, Juan Lara y Ramón Romero. Casi toda la hacienda llegaba a destino flaca, sufrida, tras el largo arreo — 80 y tantas leguas, por lo menos —, y no pocos animales se ahogaban en el Salado, llevados por la corriente, cuando el río venía crecido. El 28 de junio Baudrix le comunica a Reyes “la gran epidemia de seca que se experimenta en el Partido”, que “se está muriendo mucho ganado vacuno, y no podrá continuar mandando las 200 reses que debe mandar cada 15 días, por lo cual pide instrucciones de cómo debe proceder en adelante, o si podrá sacarlas de las estancias no embargadas, donde hubiere mejor carne”. No obstante ello, Reyes, en Santos Lugares, sigue recibiendo, como antes, a las tropas quincenales que parten de “El Tala”. Pero el 10 de noviembre Baudrix manda, para las fuerzas rosistas, junto al vacaje de los unitarios, ganado de algún estanciero federal como Casto Sáenz Valiente. Y andando el tiempo, dicho Juez de Paz envía al “Fuerte Azul” 200 yeguas de los campos embargados de Agustín Lastra y de Agustín Acosta. También a lo largo de todo el año 41 hasta febrero del 42, remite Baudrix, en diversas partidas para la Caja del Estado, la suma de 26.431 pesos moneda corriente, producto de las ventas de corambre bovina, sebo, grasa y cerda de colas, “de las Estancias de los Salvajes traidores unitarios”. Y el 4X-1846, una relación dá cuenta que, desde el 1º de enero hasta fin de setiembre de ese año, el Juez de Paz del Tuyú hizo vender aquellos frutos en remate, y del monto recaudado descontó los pagos verificados por él a los capataces y peones de aquellas querencias politicamente retenidas. Por esas fechas, bajo el lema consabido de: “Viva ... y mueran ... !”, encuentro entre los viejos papeles referidos, una suscripción para el hospital de mujeres, levantada en el 244

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Juzgado de Paz tuyuense. Figuran ahí donativos en dinero y especie. Varios son los contribuyentes de la lista, y en primer término: “El Tala” de los Anchorena, “Macedo” de Casto Sáenz Valiente, el Juez Roque Baudrix, Rosalía Figueroa de Baudrix, Lorena Contreras de Baudrix, el doctor Ricardo Guibens, la estancia “Loncoy” de los herederos de Segismundo, etc. etc.. El 8-II-1852 — a los seis días de caer Rosas — es nombrado Juez de Paz del Tuyú “el ciudadano don Matías Ramos, por ese año”. Firman dicho nombramiento el Gobernador interino de la Provincia Vicente López y Planes y su Ministro José Benjamín Gorostiaga. Matías Ramos Mejía traslada entonces el Juzgado y el archivo correspondiente a su estancia “Marí Huincul”; como con posterioridad harían idénticas mudanzas, a sus respectivos dominios campestres, los funcionarios sucesores de aquél: en 1856 Apolinario Bellido a “La Felicidad”, en 1859 Nicolás Lastra a “Los Zorzales”, en 1860 Alejandro Leloir a “Macedo”, en 1863 Emiliano Aguirre a “El Chajá”, y en 1864 Enrique Sundblad de nuevo a “Marí Huincul”. En aquellos documentos del Juzgado lugareño, palpita toda la vida del Partido. Esos antiguos papeles se ocupan de peleas a cuchillo en las pulperías con su saldo trágico de muertos y heridos; del peoncito inglés que se perdió un día de neblina en la estancia de Gibson, en Ajó; de cuatro soldados que desvalijaron a cierto señor “Coulón” extranjero; del asesinato de Lagos, el capataz de “San Cimón”, por un tal Navarro, muchacho de 20 años; de censos ganaderos; de conflictos de jurisdicción por que una partida de milicos de Mar Chiquita efectuó un procedimiento policial en el Tuyú; de itinerarios de las galeras; de escuelas rurales; de proyectos fracasados para levantar el pueblo ... En 1856 — a raíz de la guerra del Estado de Buenos Aires contra la Confederación, y del desembarco insurreccional rosista de Jerónimo Costa — el Comandante militar del regimiento 13 de Guardias Nacionales, Sargento Mayor Pedro J. Barragán, se dirige al Juez de Paz del Tuyú, Apolinario Bellido — con asiento en su estancia “La Felicidad” — y le Anchorena

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ordena que el “7 de este mes (enero?) haga citar para el Tala, establecimiento de los Sres. Anchorenas, a todas las milicias de su dependencia, sin distinciones, y los que no estén enrolados en ellas, eleven de aserlo”. Asimismo advierte, el nombrado Comandante, “que los que tengan su servicio de tropas para el Estado, deben seguir sus trabajos”. El 24-V-1856 fallecía en Buenos Aires Nicolás de Anchorena y el prolongado condominio sobre tantas estancias que él mantenía con sus sobrinos, los hijos de su hermano Juan José, siguió vigente entre éstos y sus primos los herederos de aquel, presidiendo la sociedad doña Estanislada Arana de Anchorena, viuda del desaparecido potentado. Dos años más tarde, el Juez de Primera instancia Dr. Juan Agustín García, comisionó al Ingeniero Raimundo Prat para medir y dividir el campo de los sucesores de Juan José Cristóbal y de su hermano Nicolás, en “las inmediaciones de la laguna del Tala y lugar denominado también Las Dos Islas, Partido del Tuyú”. Dicho perito sobre el terreno, el 17-I1859, comenzó a medir “la parte que ha correspondido a Doña Mercedes Anchorena de Aguirre, hija de don Juan José Cristóbal”, y, aguja en mano, junto al “denominado mojón del Chajá”, efectuó la mensura del costado Norte, lindante con “San Simón” de Alzaga; luego fue medido el costado Oeste, lindero con “Marí Huincul” de María Antonia Segurola de Ramos Mexía y con campo del Gobierno (reclamado, a la sazón, por los herederos de Jacinto Machado, del cual, corridos cincuentitantos años, surgirá “El Retoño”); seguidamente midiose el costado Sur, que tenía por límite a “Loncoy” de Segismundo y Herrera; y por último el flanco orientado al Este, divisorio con “El Tala”, propiamente dicho, condominio entonces de los primos hermanos de mi bisabuela, Juan y Nicolás de Anchorena Arana. “La figura del terreno medido para doña Mercedes Anchorena de Aguirre — se lee en el informe del Agrimensor Prat — es la de un trapecio, y su área de once leguas cuadradas, más de dos décimas de legua cuadrada ... Resulta de esta división, que correspondiendo a doña Mercedes Anchorena de Aguirre diez y media leguas cuadradas en propiedad, se halla en posesión de un 246

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terreno del Estado, contenido dentro de los límites que le asignan sus mojones, compuesto de media legua cuadrada, más dos décimos de legua cuadrada”. Concluída la medición expuesta, mi bisabuelo Manuel Alejandro Aguirre se trasladó a la estancia de su consorte (que ya poblaba en sociedad con su hermano Emiliano Aguirre desde 1858), y visitó luego los campos en Pila de los hermanos y primos de doña Mercedes. Terminada esa gira, Aguirre le da cuenta, en carta del 29-VIII-1863, a doña Estanislada Arana de Anchorena de la liquidación de varias casas de negocio, en distintos puntos de la campaña, que ella le encargó efectuar al fallecimiento de don Nicolás. (Téngase presente que el pueblo más cercano de los establecimientos de Anchorena en el Tuyú y en Pila era Dolores, de suerte que los paisanos que vivían en aquellos campos, sólo tenían a mano unos rústicos almacenes o pulperías, anexos a sus lugares de trabajo, para la adquisición de los clásicos “vicios” — yerba, tabaco y azúcar —, bebidas y otras provisiones, ropas y artículos al por menor). Las casas que Aguirre había vendido fueron cinco: Dos dentro del perímetro de “El Tala” (una a cargo del habilitado Juan Caudevilla, la otra denominada “del Divisadero”, que dependía de Eliseo Valdéz). Los efectos de ambos boliches se inventariaron y tasaron — en presencia del señor Aguirre — por dos personas nombradas ex profeso: Justo Linch (debe ser Justiniano Lynch Zavaleta, marido de Cármen Videla Dorna) y Nicasio Sueldo; habiendo concurrido también al acto los habilitados antedichos y el mayordomo de “El Tala”, Florentino Gómez, con un escribiente, Prudencio Niquilson. No dejaron utilidades aquellas pulperías de “El Tala”, sino cargos contra los habilitados (Caudevilla debía 13.740 pesos y Valdéz 12.967); deudas de difícil cobro, según opinión de Aguirre. La venta de sus existencias — escribió mi bisabuelo — fué dificultosa, “por la pequeñez del negocio, la distancia de un centro de población y, sobre todo, la mala calidad y condiciones en que se hallaban todos los artículos, que consistían en rezagos, y estos muy malos: deteriorados Anchorena

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por las aguas que penetraron por el techo de paja de la pieza en que estaban depositado, por los ratones que minaron todo, y la polilla que se había apoderado de los artículos de lana”. Esas mercaderías se compraron a doce meses de plazo, que vencidos fué necesario renovar varias veces, hasta que quedó cobrado todo. Justo Lynch adquirió los efectos de la pulpería “del Divisadero”, y Caudevilla los de la de “El Tala”. Las otras casas de negocios se hallaban dentro de las estancias en Pila y eran tres: una en “Camarones”, a cargo del habilitado Pedro Carballo y luego de sus herederos; la segunda en la laguna “del Sartén”; y la otra en el campo o puesto “23 de Mayo”. Pero vuelvo a “El Tala” de Anchorena, del cual — como es sabido — deriva “El Chajá” de Aguirre, cuyo nombre pintoresco vino a predominar sobre el de “San Esteban”, que así se llamó el puesto primigenio, enclavado en el linde de la estancia madre con “San Simón” de Alzaga. La subsiguiente trayectoria evolutiva de “El Chajá”, la continúo, con más detalles, en el capítulo referido al linaje de Aguirre. A esta vasta historia familiar documentada remito al paciente lector, si es que conserva, todavía, algún interés en el asunto. Posteridad de mis tatarabuelos Anchorena Juan José Cristóbal de Anchorena López Anaya y su esposa Andrea Mercedes Cármen Ibáñez Marín hubieron los siguientes hijos: 1) Juan José Sebastián Martiniano del Corazón de Jesús de Anchorena Ibáñez, nacido el 16-X-1821 y fallecido de 17 años el 29-IX-1838. 2) Pedro Tomás Estanislao de Anchorena Ibáñez, que nació el 17-XII1823 y falleció el 28-VII-1908. Contrajo matrimonio el 20-XII-1849 con su prima hermana Mercedes de Aguirre Ibáñez (hija de Manuel 248

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Hermenegildo de Aguirre Lajarrota y de su 2a consorte Mercedes Ibáñez Marín — ver los apellidos Aguirre e Ibáñez). Fueron Padres de : A) Andrea Rita de Anchorena Aguirre, baut. el 23-VI1851 y fall. soltera el 15-IX-1913. B) Mercedes de Anchorena Aguirre, baut. el 20-XI-1853. Casó el 25-X-1875 con José Benjamín Nazar Yaniz, baut. el 27-X-1838 y fall. el 2-IV-1927 (hijo del General Benito José Nazar de la Palma y de Dorotea Yaniz Zemborain). Sus hijos resultaron: a) Benjamín Felipe Nazar Anchorena, n. el 23-VIII1876. Industrial vinicultor. Casó 1º) el 10-XII-1907 con María Salud Arana Marcó, fall. el 7-IX-1920; y pasó a 2as nupcias, el 28-V-1927, con Sara María del Cármen Bretón Lahitte nac. el 15-IX-1895. Don Benjamín prolongó sucesión de ambas nupcias. b) Mercedes Nazar Anchorena, baut. el 11-VI-1878. Casó el 2-VI-1906 con Carlos Bellocq Larramendi. Con sucesión. c) Martín Eusebio Nazar Anchorena, baut. el 11-IX1880. Casó con Juana Leoncia Duhau Feullerac n. el 12-IX-1883 (hija de Urbano Duhau Bertomar y de María Candelario Feullerac Carriuzac, ambos nativos de Pau Francia). Con sucesión. d) María Cristina Nazar Anchorena n. el 23-VII-1883. Casó el 6-IX-1912 con Jacinto Miguel Peralta Ramos Martínez n. el 5-VII-1887 (hijo de Jacinto Peralta Ramos Robles y de Matilde Martínez Bayá). Sin hijos. e) Benito Alberto Nazar Anchorena, n. el 21-XI-1884. Vocal de la Suprema Corte de la Nación. Casó el 1-X-1910 con Cármen Peña Zemborain, baut. el 18-X-1892 (hija de Anchorena

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Ricardo Peña Lezica y de Adela Zemborain Unzué). Con sucesión. f) Rafael Nazar Anchorena n. en 1885. Casó el 3-VI1907 con Aminta Pietranera Hernández (hija de José Pietranera Ravena y de Dolores Hernández Prudant) Con sucesión. g) Pedro Nazar Anchorena, n. en 1888. Soltero. h) Sofía Nazar Anchorena, n. en 1890. Casó el 27-XI1927 con Rafael Peacan del Sar (hijo de Lucas Peacan Tiffle y de Delfina del Sar Ocampo). Con dos hijos. i) Rómulo Pedro Nazar Anchorena, n. el 23-X-1892. Casó el 4-XI-1921 con Elina Yaniz Olivero (hija de Juan Martín Yaniz Terrero y María Olivero Ramírez). j) María Luisa Rufina Nazar Anchorena, n. el 7-IV1895. Casó el 21-V-1917 con Carlos Alberto Obligado Gómez n. el 21-V-1889. Poeta y Académico de Letras. (hijo del célebre poeta Rafael Obligado Ortiz y de Isabel Gómez Langenhein). Con sucesión. C) Juan José de Anchorena Aguirre, baut. el 24-VII-1854. Falleció soltero el 24-XII-1929. D) Josefa de Anchorena Aguirre, baut. el 3-IX-1855. Soltera. E) María Nemesia de Anchorena Aguirre, baut. el 29-I1857. Soltera F) Juana de Anchorena Aguirre, n. el 30-III-1859. Falleció soltera el 1-XI-1936. G) Pedro Patricio de Anchorena Aguirre, n. el 17-III-1861. Murió soltero el 23-VII-1908. H) José María Toribio de Anchorena Aguirre, n. el 22-IV1863. Soltero. I) Rita Victoria de Anchorena Aguirre, n. el 23-III-1865. Soltera. J) Norberto de Anchorena Aguirre, n. el VI-1867. Casó el 6-VI-1893 con María Luisa Pico Gómez, n. el 11-V-

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1875 (hija de Angel Pico y Fuentes y de Manuela Gómez Ibáñez) Son los padres de: a) Rosa de Anchorena Pico, n. el 10-IV-1894. Casó el 10-XI-1931 con León Nicolás Calvo Mackinlay, n. el 26-XI-1898 (hijo de Nicolás Antonio Calvo González y de Adela Belén Mackinlay Zapiola). Con sucesión. b) Norberto León de Anchorena Pico, n. el 28-VI1895. Casó el 12-VII-1924 con Ema Arrotea (hija de Manuel de Arrotea Vivot y de Ramona Castro Carranza). Con sucesión. Hijo de ellos es Manuel Norberto de Anchorena Arrotea, Embajador en Londres, dirigente de una fracción del partido peronista de tendencia rosista nacionalista. Casó en 1as nupcias con Elvira Peralta Martínez y en 2as con Anne Clifford. Prolonga descendencia. c) Federico de Anchorena Pico. d) María Luisa de Anchorena Pico, n. el 15-IV-1898. Casó con Jorge Beristayn Schultz, n. el 20-VIII1894. Artista pintor (hijo de Justiniano Beristayn Vivanco y de Dolores Schultz Vivanco). Con sucesión. e) Mercedes de Anchorena Pico, n. el 15-IX-1899. Fallecida el 18-VII-1902. f) Alfredo Germán de Anchorena Pico, n. el 25-X1901. Casó el 22-X-1926 con María Delia Maschwitz Barra n. el 11-XII-1906 (hija de Paul Maschwitz y de Mercedes Barra Achaval). Con sucesión. g) Eduardo Julián de Anchorena Pico, n. el 5-I-1903, casado con Silvia Romero Carranza. h) Benjamín Ernesto de Anchorena Pico, casado con Delia Machain. i) Marta de Anchorena Pico, casada con Lucio Saibene Etchegaray. j) Raúl Marcelo de Anchorena Pico. Casó el 6-VI-1935 con Estela Villar Sáenz Peña, baut. el 23-VI-1913 (hija de Carlos Luis Villar Sáenz Peña y de Estela Anchorena

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Suárez Castro). Fall. Raúl el 29-VII-1979, dejando numerosos descendientes. K) Benjamín Floro de Anchorena Aguirre, n. el 22-XII1868. Casó el 14-IX-1897 con Flora Amelia Villate Ximénez (hija de Eduardo Villate Olner y de Flora Ximénez Pinto). Sin hijos. 3) María de las Mercedes de Anchorena Ibáñez — mi bisabuela — fué bautizada con esos nombres el 3-II-1826, en la Iglesia de San Ignacio, por el presbítero Félix Pérez. Apadrinaron a la párvula su tío Nicolás de Anchorena y Clara García de Zúñiga de Anchorena mujer de su otro tío Tomás Manuel. (Ello constaba al folio 227 vuelto del Libro 26 de Bautismos del archivo de dicho templo, que fué saqueado y quemado en 1955 por las turbas autodenominadas peronistas). El 1-VIII-1849, Mercedes de Anchorena contrajo nupcias, en la misma Iglesia, con Manuel Alejandro Aguirre Ituarte. Bendijo la boda el Canónigo Felipe Elortondo Palacios, y fueron testigos de ella: Nicolás de Anchorena, Andrea Ibáñez y Rosa Marín, respectivamente tío carnal, madre y abuela materna de la desposada. Doña Mercedes dejó de existir el 16-X-1866. La descendencia del matrimonio Aguirre-Anchorena — mis bisabuelos maternos paternos — se registra en el capítulo de dedico al linaje Aguirre. 4) Rosa de Anchorena Ibáñez, la bautizaron el 23-I-1827 y falleció el 5V-1893. Contrajo matrimonio el 20VIII-1849, en la Iglesia del pueblo de San Fernando con su tío carnal Manuel José del Corazón de Jesús Ibáñez Marín, bautizado el 8-VI-1810. Fallecieron: don Manuel el 15-II-1883, y doña Rosa el 5-V-1893. La sucesión de ellos se consigna en el capítulo referente a Ibáñez.

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VIa. — Tomás Manuel de Anchorena López Anaya abrió los ojos a la vida en Buenos Aires, y le bautizaron el 29-VII-1783 en la Catedral. Después de aprendidas las primeras letras, cursó en el Real Colegio de San Carlos los estudios — que llamaré secundarios: Gramática de 1796 a 1798; Filosofía de 1798 a 1801; y Teología de 1802 a 1803. El 26-VII1799 el viejo Juan Esteban de Anchorena le escribía a su hijo mayor Juan José Cristóbal — mi tatarabuelo — que estaba en España: “... Los muchachos salieron bien de su examen filosófico, y a Tomás lo aplaudieron por su desempeño, según me dijo su Lector (el clérigo José Valentín Gómez), y seguirá ahora un poco de aritmética que gusta mucho a los maestros, y me han pedido le haga este singular beneficio ... ”. El viaje a Chuquisaca A principio de noviembre de 1803, Tomás Manuel salió, por la ruta de Córdoba, con destino al Alto Perú, a fin de ingresar en la Universidad de Chuquisaca, y, de paso, familiarizarse con las operaciones mercantiles que su padre mantenía en aquellas provincias norteñas. Acompañaban al mozo los hermanos Tomás y Ramón Saravia; éste último apoderado del viejo Anchorena en Potosí, y con negocios comunes con él. He aquí algunas precisiones sobre el itinerario y duración de ese viaje, extraídas de la correspondencia de Tomás Manuel: El día 9 de noviembre, éste y sus compañeros llegan — en “el carricoche” de Ramón Saravia, a “la estancia de los Velermos” (Fontezuelas, de los frailes Bethlemitas) distante una legua “del Arrecife”, donde hubo que reparar el vehículo que había sufrido averías. Tras una demora bastante prolongada se sigue camino adelante, y el 10 de diciembre, a las dos de la mañana, alcanzan los viajeros la posta de “Impira” (hoy localidad en Río Segundo); luego otra parada en la “Punta del Monte”, en mitad del trayecto hacia la ciudad de Córdoba, adonde hacen su entrada el 17 de diciembre. Allí descansan los trajinantes unos días, y el 2 de enero (1804) pasan por la Anchorena

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ciudad de Santiago del Estero; el 6 por San Miguel de Tucumán; y el 24 ya están en Salta, en la que permanecen hasta después de “la semana de cuasimodo” — o sea la semana posterior al domingo de la Pascua de Resurrección. Puesto de nuevo en camino, el 24 de abril llega Tomás Manuel a Jujuy. Allí el vizcaíno Manuel de la Quintana — que tenía negocios con el viejo Anchorena — lo aloja en su casa; y el viajero es atendido a cuerpo de rey por la esposa del anfitrión doña Rosa del Portal Frías Castellanos. Sólo una semana disfrutaría el joven porteño esa solícita hospitalidad: el lunes 30 se despide de sus amigos y reanuda la marcha rumbo a Potosí. De la Quintana, por su parte, el 3 de mayo se presura a escribirle a don Juan Esteban que su andante muchacho “se halla robusto, rosado y ermoso”. El 15 de mayo Tomás Manuel estaba ya en Potosí, y de ahí sigue para Chuquisaca, adonde arriba trece días mas tarde, alojándose en casa de Sebastián Toribio Caviedes. Este le escribió entonces el 30 de mayo a Joaquín de Obregón Zevallos — factor de la empresa mercantil de los Anchorena en Potosí — unas líneas que decían: “Estimado Paysano: Recibí la de Vmd. de 29 del corriente que me entregó su recomendado D. Thomas Manuel de Anchorena, hijo de su amigo el Sr. D. Juan Estevan de Anchorena, y viendo su recomendación, le he dicho que en caso de no entrar en colegio, le daré vivienda en mi casa, y comida, y por lo tocante a la ropa le buscaré una labandera que le cuide bien. Estoy pronto a franquearle la plata que necesite y los demás gastos que sean necesarios, y lo miraré como a hijo mío, pués aprecio mucho la recomendación de Vmd.”. Cartas chuquisaqueñas de Tomás Manuel a su padre. Su paso por la Universidad Después de una primera misiva del hijo ausente a su progenitor, la segunda carta (datada en “La Plata” el 26 de junio) es larga y por ella nos enteramos, al detalle, como en Chuquisaca vivía y tramitaba su ingreso a los claustros universitarios un escrupuloso estudiante de Buenos Aires. Esa 254

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carta dice así: “Mi muy estimado Padre: Estamos ya a 26 a las once del día y aún no aparece correo. Celebraré con Vmd., mi Madre y demás de esa se hallen al recibir esta disfrutando de salud. El 28 del pasado llegué a ésta en compañía de don Ramón (Saravia), y por recomendación del Sr. don Joaquín (Obregón) el Sr. don Sebastián Toribio Cabiedes me ha facilitado en su casa un cuarto bastante cómodo, me franquea su mesa y me suministra el dinero que necesito. Es un sujeto muy llano y de muy buenas prendas, según estoy informado, de modo que en la casa todos me tienen hasta el presente grande estimación, y él y su Señora (Agustina Ruiz Llanos Bereja) me miran como hijo propio. Sin embargo que la disposición del Sr. don Joaquín (Obregón) era que se me diese todo el dinero que necesitase, que con mi recibo sería bien entregado, enterado de que la mesada que regularmente se les pasa a los que estudian en ésta es de 25 o 30 pesos, dándoles por separado la ropa, libros y otras cosas de este tenor, he pensado recibir solamente a razón de 25 pesos por mes, pues con ellos me parece que podré sostener los gastos que se me ofrezcan, en atención a que me dan casa y mesa sin interés, y aunque ahora he gastado algo más, por tener que comprar algunas cosas que necesitaré mientras esté en ésta, no ha sido mucho ... En el correo pasado le escribí a Vmd. las advertencias siguientes: Para ingresar en la Academia de practicar, es necesario que Vmd. saque del cura mi fé de Bautismo y la partida de su casamiento, y que la firma de éste la haga Vmd. autorizar con tres escribanos, como se hizo con mi certificado de estudios. Después debe Vmd. presentarse al Cabildo, ante alguno de los Alcaldes, pidiendo declare judicialmente, el Cabildo, ser Vmd. conocido y tenido por hijo legítimo de don Fulano de tal y de doña Fulana de tal, nobles, y que como tal a obtenido Vmd. estos y otros empleos concejiles. Si Vmd. tiene los documentos que comprueban su noble descendencia, puede Vmd. pedir entonces que declare el Cabildo saber positivamente, por documentos que Vmd. presenta, que es hijo legítimo de don Fulano de tal y de doña Fulana de tal, nobles, y que declare también ser mi Madre conocida y tenida por hija legítima de don Fulano de tal y de doña FuAnchorena

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lana de tal, también nobles. Evacuadas estas diligencias, me remitirá Vmd. todos los papeles, para poder acreditar todo esto al tiempo de ingresar. Por no hallar en esta la obra de Vinio — castigado por Salas, expositor de Justiniano (29) — sino por 25 pesos, y no poder venir de esa para el tiempo en que lo necesito (al libro de Vinio), suplico al Sr. don Joaquín (Obregón), en esta fecha en la que le he de escribir, que me haga el favor de comprarlo en Potosí, si lo hallan por un precio más cómodo. Pero Vmd. siempre que pueda no deje de mandármelo, pues es tal la escases de libros que hay acá que tal vez no se halle ... Por recomendación del Sr. de Elorriaga, vecino de esa (marido de Leocadia de Segurola y Lezica), a don Domingo Anivaro y a don Francisco Ortiz Verea, y del señor de Arana (José Joaquín), a su sobrino don Sebastián de Arana, se me han brindado estos sujetos, ofreciéndose a servirme en todo lo que se me ofrezca, y así no deje Vmd. de darles mil gracias aún de mi parte. Quedo rogando a Dios por la salud de Vmd. y de mi Madre venerada, y que me conceda volverlos a ver. Su affmo. hijo Thomas Manuel de Anchorena.(30) 29 Arnaldo Vinnius o Vinnen (1588-1657), fué tratadista holandés de Derecho Romano, profesor de la Universidad de Leiden. En cuanto a Ramón de Salas, era un catedrático español de fines del siglo XVIII y primer tercio del XIX, profesor de Jurisprudencia en Salamanca, volteriano, descreído, procesado por el Santo Oficio en 1796, traductor de Destutt de Tracy y de Jeremías Bentham. 30 A esta carta adjuntaba el muchacho una reseña con los títulos “de los libros que he de necesitar”. (La identificación y referencia de cada uno de los autores se consignan por nosotros entre paréntesis). Dicha nómina era la siguiente: La Instituta de Castilla; La Nueva Recopilación y autos acordados; Las Leyes de Partidas (comentadas por Gregorio López, publicista español del siglo XVIII); De labyrintus creditorum, De suplicatione y De regia protectione (obras de Francisco Salgado de Somoza, jurista español del siglo XVII); De Jusicus (de Tomás Carleval, jurisconsulto y filósofo español tambien del siglo XVII); Curia Filípica; Variarum resolutionum y Ad legia tauri (de Antonio Gómez, legista español del siglo XVI); In recopilationem (de Acevedo); Recursos de Fuerza (de Diego Covarubias teólogo y jurista hispano del siglo XVI); Librería de Jueces y Adiciones (de Martínez); Recopilación de Leyes de Indias (por Francisco Elizondo, erudito español del siglo XVIII); Febrero reformado; Práctica criminal (de Herrera) y 256

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Por su parte el 16 de julio en Buenos Aires, el padre del estudiante presentó al Administrador de la Real Aduana virreinal Justo Pastor Lynch (mi 4º abuelo) la siguiente nota: “D. Juan Esteban de Anchorena, vecino de esta ciudad, con la correspondiente atención, hago presente a V. que por la Administración de Correos de aquí, tengo que remitir, en el corriente mes, a mi hijo Tomás Manuel de Anchorena, que ha pasado a Chuquisaca a concluir sus estudios de Teología y demás, y graduarse en aquella Universidad, cinco libros o tomos usados que contienen la obra latina del R.P. Antonio Castel, y para poderlo ejecutar, suplico a V. se sirva darme permiso con el pase correspondiente”. Un mes después, en un verdadero veni, vidi, vincit, el alumno aprobaba el curso de Teología. Así se lo comunicó el 20 de agosto a don Juan Esteban, su representante en Potosí, Joaquín Obregón Zeballos: “... El Sr. D. Thomas Manuel dió su exámenes en la Universidad con lucimiento en Sagrada Theología y recibió el grado de Doctor en 15 del presente mes, como me lo comunica dicho Sr. y don Sebastián Caviedes, de lo que le he dado parabien, como igualmente se lo doy a Vmd. ...”. Mientras tanto el viejo Anchorena — a los fines requeridos por la Universidad altoperuana — gestionaba ante el Cabildo bonaerense la certificación de su conducta y calidad, la de su mujer doña Romana López de Anaya, y la filiación de su hijo Tomás Manuel”. Y el 19 de septiembre el Ayuntamiento, conforme al dictámen del Síndico Procurador General Ignacio Rezábal, despachó favorablemente el pedido de don Juan Esteban, “por la notoriedad de los hechos, sin embargo de que los documentos no están revestidos de los requisitos necesarios.

Práctica civil (de Paz). Pedía asimismo Tomás Manuel “mis cuadernos de cuentas que los tiene mi Madre en un vorde” (pliegue o doblez de alguna prenda flexible). Anchorena

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La célebre institución educativa charqueña La universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca (en quichua “Chuqui Chaca” significa “Puente de Oro”), había sido fundada en la capital de Charcas en 1624 por la acción civilizadora de la Compañía de Jesús. Ocurrida la expulsión de los jesuitas en 1767, quedaron abolidos los estatutos y constituciones de dicha casa de altos estudios, que fué regida interinamente en adelante por su similar, la de San Marcos de Lima; hasta el 10IV-1798, en que en una Real Cédula de Carlos IV le concedió privilegios iguales a los de Salamanca. Desde casi dos siglos antes del ingreso de Anchorena, concurrían a aquellas aulas altoperuanas jóvenes del conjunto de ciudades escalonadas entre Arequipa y Buenos Aires. El historiador boliviano Gabriel René Moreno — en su libro Ultimos días coloniales en el Alto Perú — apunta que “la juventud argentina concurría a la Universidad de Chuquisaca, porque en la de Córdoba no se cursaba entonces jurisprudencia, ni se daban grados en esta facultad seglar ...; lo que atraía mayor número de estudiantes era la existencia en Chuquisaca de una escuela importante en jurisprudencia teórica y práctica. El auge que alcanzó la academia Carolina, es por eso comparable en la América meridional al de la de Lima. En Buenos Aires hubo a lo último Audiencia, más no Universidad”. Dos opciones se presentaban para doctorarse en Chuquisaca en Teología y leyes: o en la Universidad o en el Colegio San Cristóbal, que era el seminario charqueño. Respecto de este instituto religioso, Tomás Manuel, en carta sin fecha, posiblemente escrita desde Salta, le había expuesto a su padre, con su habitual respeto, las siguientes atinadas razones ... “Tres conocidos que bajaban recién graduados ... me dicen ... que ir al Colegio no me sirve sino para pensionarme en más estudio, y de consiguiente en mayor dilación, porque me pedirán un examen literal, o como se dice ad pedem lettere, que es mucho más oneroso, y nada mayormente útil ... Que además de esto, en el Colegio es casi imposible aprovechar el tiempo, pues en lugar del buen orden, recogimiento y suje258

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ción, reinan el desorden y la libertad, impidiendo unos y otros el desempeño de sus tareas ... Me significaron, al mismo tiempo, que si en cualquiera de los Colegios necesitaban un año para graduarse, en la Universidad me bastaban cuatro meses, y que era una locura lo que iba a hacer ... Si es verdad el desorden en que se halla el Colegio que es lo que especialmente me han ponderado, se me presenta un obstáculo insuperable para la accesión de los fines que Vmd. y yo nos hemos propuesto, como son el aprovechamiento y el abrevio del tiempo. Yo lo que le puedo prometer, he prometido y prometo a Vmd. es el poner de mi parte todos los medios que me sean posibles para conseguir una y otra cosa. En cuanto a lo que a Vmd. pertenece, yo no me meto en sí ni en nó, sino será lo que Vmd. dispusiese; y así le hago ésta advertencia porque la he considerado necesaria para el arreglo de sus ideas y conducente a mi propia utilidad ... Yo no pretendo que Vmd. se arregle por mis deseos ... haré aquello que fuese su voluntad ...”. Por cierto que don Juan Esteban dispuso que su hijo entrara directamente a la Universidad. El 26-IX-1804, Tomás Manuel le manifiesta al autor de sus días: “... Vmd. puede tener conmigo la satisfacción que nadie dirá que me ve botar ni botaré a Vmd. un medio real en enamorar, jugar y fandanguear, que es lo que por aquí reina, o en cualquier otro vicio semejante; y cuando no fuese así, Vmd. por mi parte es libre, no digo para cortarme las asistencias, sino aún para negármelas del todo, en su mano está el que yo con tales gastos desordenados no perjudique en algún modo a mis hermanos. No debe Vmd. extrañar estas expresiones, porque uso solamente de ellas para dar pruebas de mi conducta, y por apaciguar la ingratitud de ánimo que ocasionan los deseos que un padre amoroso, como Vmd. debe tener del logro de sus hijos ... ”. En la misiva siguiente del 2 de octubre, el estudiante le participaba a su padre “que estando esta Academia de practicantes a dirección de la Audiencia, y habiendo venido el Doctor Cañete (el Oidor Pedro Vicente) a ésta, y promovido la reforma del estudio de leyes”, esto “me ocasionará precisamente una notable demora; pero si se retardan dos meses Anchorena

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(en implantarse dichas reformas), me parece que podré libertarme de cursar, por lo que haré todo lo posible a fin de graduarme en dos exámenes ... ”. De Temis a Mercurio En carta del 25 de noviembre el jurista en cierne, doctorado ya de teólogo, casi desaparece para dar paso al activo mercader propio del ambiente en que se había criado: “Mi muy estimado Padre” — escribía Tomás Manuel — “Le adjunto el empaque de los cinco cajones de sedas ... La fé de su casamiento, de mi bautismo y confirmación y la certificación de ese Ilustre Cabildo sobre la legitimidad de nacimiento y noble descendencia la recibí en el correo pasado ... Sin embargo que no me considero capaz de dar consejo alguno en materia de comercio, por carecer de motivos para ello, no pudiendo prescindir de lo que estoy oyendo y palpando en esta ... se me hace preciso el manifestarle a Vmd. de vender todo cuanto pueda en esa (Bs.As.) ... y que Ezcurra (Juan Esteban Crisóstomo, agente de Anchorena para ajustar contratos en el norte virreinal ) haga esto mismo con los efectos que Vmd. le remite, porque además de que está Potosí y ésto, lleno de efectos, a excepción de las lanas, se hallan también en una gran inopia. En las tiendas se vende poco más que nada, y de esto lo más al fiado. Muchos comerciantes están debiendo a cuenta de lo que compran, y no hay forma de que sus deudores les paguen, de lo que nace que ni pueden ellos cumplir los plazos, ni se animan a comprar efectos, aunque sea con comodidad, porque la escasez de dinero no lo permite, y aunque los compraran serían al fiado para nunca pagarles. Escasean los víveres, abunda la gente y prevalece el robo. En varias partes se han sublevado los indios, y aunque pudieran guardarse los efectos para el tiempo oportuno, de aquí a allá desmerecen en sí mucho y descaecen de la estimación de los hombres ... Los medios listones no tienen estimación en ésta, pues don Sebastián (Caviedes) de una partida que le compró a don Joaquín Obregón, todos buenos colores, los dá a elegir al costo por no poderlos absolutamente vender ... He 260

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recibido en este mes 120 pesos, porque el día 22 obtuve el grado de Bachiller en Cánones y Leyes, con lo que tengo conseguido lo principal de mis intentos, y considero que mucho antes que lleguen los libros habré ingresado en la práctica ...”. (En las listas de graduados en la Universidad chuquisaqueña, publicadas por los historiadores bolivianos Samuel Velasco Flor y Valentín Abesia — que unificó el argentino Vicente Osvaldo Cutolo en su libro Argentinos Graduados en Chuquisaca — figura anotado Tomás Manuel de Anchorena como recibido de Bachiller en Cánones y Leyes, nó el 22 de noviembre, sino el 2 de diciembre de 1804; y de Doctor en Teología el 15 de agosto anterior). Diciembre 25 lleva por fecha la última carta de Tomás Manuel del año 1804, que así pinta el estado comercial y social altoperuano: “Mi muy estimado Padre: ... En el correo pasado le insinué a Vmd. el estado lamentable en que se hallaba esto ... Se dice que no hay azogues porque el que se repartió entre los azogueros de Potosí lo habían vendido. Se sabe que en esa Villa amanece diariamente mucha gente muerta de hambre. Cincuenta leguas de aquí, por un lugar que llaman la Laguna, se han sublevado los indios, han robado mucho ganado, y se trata de contenerlos. Las ventas están muy paradas en todos estos lugares. En los pueblos interiores se encuentran los efectos más baratos que en el mismo Potosí ... De Cochabamba ... se han pasado quince días sin vender un medio real. Potosí y esto (Chuquisaca) se hallan infestados de efectos, de modo que ya no se trata más de sacar plata aunque no se saque utilidad. Nos esperan unos tiempos aún más lastimosos que los antepasados, porque la escasez de dinero y alimentos, la abundancia de efectos, la pobreza y la multitud de males que se experimentan en muchas partes, dejan a todos en tal inacción que vendremos tal vez a ser testigos del espectáculo más lúgubre que se haya visto en estos siglos. Le hago a Vmd. presente esto, para que, como cierto, arregle Vmd. sus ideas, y que por falta de noticias, o por juicios temerarios, no vengamos nosotros a ser víctimas de esta tragedia. El 12 comencé a oír práctica en esta Academia, en Anchorena

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calidad de Académico honorario, en el inter que voy estudiando para el ingreso, el que verificaré en breve ...”. Prosiguen las noticias y apreciaciones del jóven estudiante El 25-II-1805, Tomás Manuel le pone a su padre: “... En el correo pasado le avisé a Vmd. que ya había ingresado en la Academia, y que me hallaba absolutamente sin un libro en que estudiar; por lo que si acaso no pueden pasar a Jujuy los que Vmd. me remite, por las muchas aguas, disponga que cuando menos me remitan a ‘Martínez, Librería de Jueces’, del modo que sea posible, pero no por la Administración (de Correos) sino más bien que se le dé algo al chasquero para que lo conduzca hasta Potosí, y de allí me lo remitan a ésta; y si así no se puede remitir por un costo moderado que no arriesguen éste ni los demás (libros) a las aguas y los ríos, pués en tal caso será mejor esperar. Juan José me dice que por España abundan las calamidades, que había escrito a Madrid para que le comprasen los libros que nosotros necesitamos, de los cuales no tiene Vmd. que remitirme ninguno, por que tengo de sobra con los que me vienen. Pero como los dos hermanos que vamos siguiendo estudios (Tomás y Nicolás) no sabemos si alguno seguirá por la Iglesia (posibilidad que no se cumplió, y ningún biógrafo de ellos llego a sospechar), puede Vmd. retener las mejores obras de Filosofía, Teología y exposición de las escrituras, supuesto que en esto nada se pierde”. El 25 de marzo Tomás Manuel le expresa a don Juan Esteban: “... No le he dicho a Vmd. hasta ahora de qué sujetos me hallo favorecido, por que son ninguno. De aquellos a quienes estoy recomendado, solamente al Sr. Canónigo Areta y a don Domingo Anivarro les he merecido cariño, he ido a verlos, pero jamás los he ocupado. Todos los pasos y diligencias que han sido necesarias para llegar al estado en que estoy, los he hecho a costa de mi trabajo sin tener que merecerle a nadie el más leve favor; máxima que abracé desde el principio y que seguiré en lo sucesivo hasta el fin. Yo no re262

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conozco aquí otro Padre ni otro favorecedor que a don Sebastián (Caviedes), a la Sra. y a toda su casa. Con sólo ellos, sin necesitar de otros, lo paso bien, por que me dispensan todo el obsequio y favor que puede apetecer un extraño. Me persuado que no hicieran más aprecio a un hijo propio, que el que hacen de mí, y cualquier cosa que le dijera a Vmd. en orden a lo que me estiman, nada tendrá de exageración ... Le aseguro no me será fácil con el tiempo recompensarles el mérito que tienen contraído para conmigo, pués el amor y buena voluntad que continuamente me están manifestando, y los efectos de su sinceridad”. Y lo mismo habla el 26 de junio de su aprendizaje abogadil en este párrafo: “... En la actualidad estoy asistiendo diariamente al estudio de un buen Abogado para imponerme mejor en los trámites judiciales y posesionarme del estilo forense ... ”. “Los libros han llegado bien — escribe el muchacho a su padre el 26 de julio —, algo torcidos y maltratadas las pastas, sin duda de venir en el almofrej (funda de viaje de la cama), y por si acaso remite Vmd. algunos a ésta, le prevengo a Vmd. el que los acomoden con mucho cuidado, pues por ponerlos muy ajustado suelen rozarse y doblarse los forros, y por acá ponen en eso especial reparo para comprarlos ... ”. De ocurrencias alarmantes da cuenta la carta del 26 de agosto: “... Aquí corren noticias muy importantes que indican sublevación de indios, pues afirman que en el Cuzco han preso veinte y tantos cabecillas de motín, que con tiempo fueron descubiertos; que varios pueblos se han conmovidos aunque los han procurado contener; que de Lima han enviado 500 hombres de tropa auxiliares; que en la Paz se va experimentando esta novedad; que se hallan los víveres muy escasos y que por el gobierno se estaba acopiando en los conventos todos los que podían ... Si Dios no lo remedia no sé como nos irá ...”. De donde los libros también resultan negocio El 26 de setiembre comunica el corresponsal a su padre: “No obstante que los libros no se podrán vender por junAnchorena

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to por estar esto muy pobre, soy del parecer que tantos estos como cualesquiera otros que vengan los remita Vmd. a ésta, por que al menudeo, aunque con alguna demora, proporcionarán más utilidad que en esa ... y en el interín que sigo mis estudios puedo también ir procurando su venta ... Además de la nota de los precios a que los he de vender, me pondrá Vmd. ... el costo hasta ésta, para que pueda formar yo una idea completa de esta naturaleza de negocio; pues sin embargo de ser en algún modo incompatible con mi carrera, deseo tener ocasión de tomar alguna idea en estas materias de comercio, y voy llegando a aquella en que, o no podré sujetarme a la dirección de nadie, o que en caso de sujetarme será exponiéndome a los peligros del engaño y de la intriga, y si por algo quisiera que llegara Juan José (su hermano mayor) es para que si viniese por acá pudiera en su compañía adquirir algunas luces, mediante la unión amigable de fieles hermanos ... ”. Cabe apuntar que los Anchorena — como luz para cualquier negocio — vislumbraron enseguida que en la universitaria Chuquisaca, sinó faltaban, escaseaban los libros de texto y las obras clásicas de Teología, Religión, Filosofía, Jurisprudencia y Literatura, necesarias a profesores y estudiantes; quienes, por su cuenta, debían encargar dichas publicaciones a algún librero de Lima o de Buenos Aires; lo cual encarecía enormemente el costo de cada volumen, debido al flete que cobraban los chasques o el correo. Entonces, a Tomás Manuel se le ocurrió importar libros en gran escala, y ponerlos a precios más baratos al alcance de los estudiosos lugareños. Para esto tenían los Anchorena perfectamente organizado su tráfico importador al Alto Perú: Así, junto a los efectos y mercaderías habituales que introducían de ultramar para enviarlos en distintos convoyes desde el puerto de Buenos Aires al norte virreynal, se agregaron remesas de libros que Juan José Cristóbal compraba a España — con dinero de su padre, el capitalistas del asunto — para que Tomás Manuel los revendiera en Chuquisaca (31). 31 He aquí la colección de libros recibida en Chiquisaca por Tomás 264

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Manuel durante los meses de julio y septiembre de 1805. La enumeración de dicha remesa no es precisamente amena, pero, quizás, a algún bibliófilo podría interesarle conocer ese conjunto de obras que circulaban en los centros culturales de aquel tiempo. Por disposición del hermano Juan José, desde Cádiz, despacháronse los volúmenes en 10 cajones, el 18-VIII-1804, en la fragata “Espik”. Las siguientes fueron aquellas obras: Artes de Nebrija, 215 ejemplares en pasta y 19 en pergamino (presumiblemente tratábase de la Gramática Castellana de Antonio Nebrija 1444-1532); Arte Explicado de Medina, 25 ejem. en pasta (es el Arte de navegar de Pedro Medina, cosmógrafo español del siglo XVI); Calepino de Salas, 25 ejem. (es la traducción por Salas del diccionario latino de Ambrosio Calepino, 1440-1510, sabio italiano); Rubricas de la Iglesia, 5 ejem.; Oraciones y Meditación de Fray Luis de Granada, 10 ejem. (del célebre dominico español, 15041588); Semanas Santas en Castellano, 40 ejem.; Ramilletes de Divinas Flores, 60 ejem. (de Ambrosio de Salazar, pedagogo español del siglo XVII?); Robinson, Descubrimiento de América, 2 ejem. (la novela Robinson Crusoe de Daniel Defoe, aparecida en Londres en 1719 y traducida al castellano?).; Misales, constitucionales de San Francisco, 6 ejem.; Misales generales con las Misas de Indias, 6 ejem.; Semanas Santas en latín y de las chicas, 20 ejem.; Breviarios diurnos 10 ejem.; Oficios de Párroco, en latín 10 ejem.; Sumas de Santo Tomás 10 ejem.; Institutas de Justiniano 119 ejem.; Manual de la Iglesia; Cornelio Alapide (Cornelio A. Lapide o Cornelis Cornelissen van den Steen, exégeta belga 1567-1637); Recopilación de Castilla, 44 tomos en pasta; Garcilaso de la Vega 2 ejem. (o es el poeta español renacentista o el “Inca” homónimo, historiador y cronista peruano autor de los Comentarios Reales que tratan el origen de los Incas, publicados en 1616); El Orador Perfecto 2 ejem.; Instituta de Castilla 10 ejem.; Mártires; librería de piezas con adición 2 ejem.; Espejo que no adula 2 ejem.; Obras Selectas de Quevedo; Camino para el Cielo 3 ejem.; Muerte prevenida o Practica para ayudar a disponer a bien morir (del monje Juan de Salazar, que escribió Arte de ayudar a disponer a bien morir a todo género de personas en 1608); Gonet, con el manual (?); Murillo: Canonista 2 ejem. (se trata de Pedro Manuel Murillo Velarde, teologo jesuita español y jurisconsulto, 1696-1753); Ligorio Moralista 2 ejem. (es Alonso María de Ligorio, santo napolitano, 1696-1787); Teología de Billerest 5 ejem; Curia Phillipica, 3 ejem.; Leyes de Indias 2 ejem.; Biblioteca Canónica; Reglas para entender las Sagradas Escrituras 3 ejem.; Almanaque de chanzas y veras, en verso 3 ejem.; Despertador Eucarístico 20 ejem.; Guía de comerciantes 3 ejem.- Catecismo de Astete 898 ejem. (es la divulgadísima Doctrina Cristiana del jesuita español Gaspar Astete 1537-1601); Feijóo: Teatro Criterio Universal 2 ejem. (Fray Benito Feijóo, insigne benedictino gallego 1676-1764); Evangelio en triunfo, sin latín, en láminas; Obras de Melchor Cano (dominico y teologo español 1509-1560); Iraizos: Ceremonias de la Iglesia; Santander Sermones panegíricos (Miguel de Santander 1744-1831, prelado y escritor español); Retiro de Sacerdotes o DoctriAnchorena

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Continúan las noticias desde la norteña sede universitaria El 26 de diciembre el joven cursante esribíale a su padre: “... Hemos tenido noticias de que han ahorcado al asesor del Cuzco (Manuel Ugalde) y a otro que era profesor de Matemáticas (José Gabriel Aguilar) por cómplices en la sublevación que se intentaba; que han desterrado a varios eclesiásticos y a otros europeos bajo partida de registro...”. (Dicha nales; Historia Eclesiástica; Diccionario de la Lengua Castellana; Via Crucis 6 ejem.; Un estilo de cartas 2 ejem. (ha de ser Forma de escribir cartas de Ambrosio de Salazar, pedagogo español del siglo XVII); Retiro de Damas 3 ejem.; Fábulas de Samaniego en verso 5 ejem.; Fábulas de Iriarte en verso, 5 ejem.; Confesiones de San Agustín 4 ejem.; Meditaciones para todos los días del año; Epístolas de San Pablo 6 ejem.; El Kempis en castellano 2 ejem.; una Obra sobre Colón; El Ecleseástico Perfecto 2 ejem.; David perseguido; Gaudin Philosofía (Antonio Gaudin, filósofo francés 1639-1695); Jacquier; Sología 8 ejem. (Francisco Jacquier, religioso francés 1711-1788); Binios; castigado (?) (es Arnoldo Vinnius 1588-1657, jurisconsulto holandés); Cartas personales de don Valera 2 ejem. (ha de ser Bernardo María Valera, capuchino italiano y orador sagrado, de origen español, 1711-1783); Delicias de la religión, 3 ejem.; Enio Cartas a Andrido (es el poeta italiano Quinto Ennio, 239 a. de J.C.); Castel, dos obras (Antonio Castell, teólogo franciscano español 1655-1713); Vida de Santa Teresa de Jesús; Salazar, Catecismo, Pastorales (debe ser el fraile predicador del siglo XVI Esteban de Salazar); Izaguirre, Philosofía; La Unica Religión 2 ejem.; Sueños morales de Santo Tomás; Almeida: Cartas y Reflexiones (Teodoro Almeida, 1722-1803, erudito sacerdote portugués que escribió Reflexiones filosóficas o diálogo sobre la filosofía natural); Abad Nollet: Física (Juan Antonio Nollet, físico francés 1700-1770); El porqué de las ceremonias de la Iglesia; El Martirologio Romano; Buchan: Medicina Doméstica (Guillermo Buchan 1729-1805, médico inglés famoso por su Domestic Medicine edit. en 1769); Guia de Forasteros; Concilio de Trento; Aguirre: Reales Resoluciones (de Domingo Aguirre, jurisconsulto español del siglo XVII); Armaña; Sermones (Francisco de Armanyá y Font, 17181803, Obispo de Lugo y Arzobispo de Tarragona); Paz: Praxis (Práctica Civil); Gómez: Leyes de Toro; (Antonio Gómez jurista español del siglo XVI); Comentarios, por Cedilla (?); Masdeu: Arte Poético (Juan Francisco Masdeu, jesuita historiador español 1744-1817, publicó en 1801 Arte poético fácil); Nepen, reflexiones cristianas; Oficios para niños en castellano; Fundamentos históricos; Divina Filomena; Chantarus: Gramática francesa (Pedro Nicolás Chantreau, filologo francés, 1741-1808); Cormis: Diccionario (Francisco de Cormis, jurisconsulto francés 1639-1734); Sentimientos del alma; Vida de Ramón Nonato; Novenas 8 ejem. y 92 Catecismos. 266

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conspiración — secuela del alzamiento de Tupac Amarú — tuvo el propósito de establecer una monarquía independiente peruana. El mineralogista Aguilar, el asesor de la Intendencia Ugalde, el Regidor Manuel Valdeverde Ampuero, el fraile recoleto Diego Barrancos, el abogado Marcos Dongo, el capellán del Hospital Bernardino Gutiérrez y el comisario de indios nobles Casiguamán, fueron denunciados por un tal Mariano Lechuga. Aguilar y Ugalde murieron ejecutados en la plaza Mayor cuzqueña el 5-XII-1805; a algunos conjurados se los desterró a España; otros resultaron condenados a presidio; y Casiguamán, remitido a Lima, siguió propagando allí sus ideas revoltosas). Seguidamente transcribo los párrafos que considero de alguna significación contenidos en las cartas chuquisaqueñas que Tomás Manuel dirigió a su progenitor durante los años 1806 a 1807. A saber: • Enero 16: “... Por lo que hace a resarcir las pérdidas experimentadas en la guerra (europea) no tiene Vmd. que fatigarse, pues que no debe Vmd. pensar sinó en gozar de sus días con quietud, porque ni a Vmd., ni a nosotros nos hace falta nada de lo perdido, y aunque nos hiciera, aún no se ha acabado la Divina Providencia y, sobre todo, los intereses se deben procurar adquirir para usar y disfrutar de ellos a proporción de su cantidad, y no para sentir su pérdida, y mucho menos cuando, como he dicho, no hacen ninguna falta, en cuyo caso no debemos anhelar por tenerlos y poseerlos. Aquí parece que tendremos un año abundante, según dicen hallarse las huertas y sembradíos: quiera Dios que así sea, porque sino no sé como les irá a tantos pobres que hay en el día. Yo lo paso sin novedad, prosiguiendo como siempre mis estudios ...”. • Febrero 26: “... Recibí la apreciable de Vmd. del 26 del pasado con el adjunto empaque de libros y copia de la guía conque vienen los cajones, los que ha hecho Vmd. muy bien de procurar remitirlos en el mejor tiempo, sin apurarse ... He mostrado la factura a algunos y no le han puesto reparos, aún que han reprochado algunas obras, pero les he dicho que aún no sé los precios, para dejarlos perplejos ...”. Anchorena

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• Marzo 26: “... Hasta el día, a las nueve y media de la mañana, no ha llegado la correspondencia de esa, acaso por la multitud de aguas, por las grandes crecientes de los ríos y por los dos días menos del mes pasado ... Hoy me hallo de tornapurga de resultas de una gran calentura que me acometió ahora seis días con gran aparato, proveniente de un resfrío y asiento en el estómago, que dió que temer un tabardillo (fiebre tifoidea), pero ya estoy muy mejorado y fuera de cuidado, aunque muy débil de la cabeza, pues con bastante dificultad escribo esta ...”. • Abril 26: “... He celebrado infinito el que haya Vmd. tenido carta de Juan José, y deseara ciertamente que se hicieran cuanto antes las paces (en España) para verlo ya libre de todo peligro ... En orden a mi regreso no le puedo a Vmd. decir cosa cierta, pues aunque el diecinueve de Enero se cumplen los dos años de práctica, tengo que reemplazar algunas faltas, aunque pocas, que he hecho con motivo de mis continuas enfermedades, y como después he de dar cuatro exámenes, y en estos suelen demorarnos por varias ocurrencias que intervienen, de aquí es que no puedo designarle a Vmd. cuando he de regresar. Juan Ramón Saravia (redomado pillo, hijo del apoderado del viejo Anchorena), ahora cosa de 18 días, se huyó habiendo robádole al Rector de su colegio mil trescientos y tantos pesos, con motivo que dicho Rector le tenía en su casa, dándole la mesa y algunos reales para el bolsillo, a fin de que corriese con el gobierno mecánico de ella ...”. • Mayo 26: “... En el correo pasado se me olvidó avisarle a Vmd. que el Jueves Santo, a las 2 de la noche, hubo aquí un terremoto que duraría casi un minuto; pero por un momento se conmovió con tal ímpetu la tierra, que si dura el minuto hubiera experimentado esta ciudad unos estragos muy considerables ...”. • Junio 26: “... Debo avisarle haber recibido ayer los seis cajones de libros ... He propuesto la venta de ellos con arreglo a los precios que Vmd. me designa y con aumento de 10% según me lo previene Vmd. ... las Artes de Nebrija se venden al menudeo a lo mismo más o menos de lo que Vmd. 268

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los pone. Las Instituciones de Justiniano son muchas, y a un precio bastante excesivo. Los misales no tienen mayor consumo, pues los antiguos suplen con el auxilio de los cuadernillos ... Los calepinos de Salas se usan poco por aquí. Del Ligorio, que está puesto a catorce pesos, se ha vendido, ahora poco, en diez ... Habiéndome franqueado don Sebastián (Caviedes) el que los ponga, si quiero, en su tienda, he determinado menudearlos allí, procurando resarcir en las obras generales el desmerecimiento de las otras ... “. • Julio 26: La caída de Buenos Aires en poder de los invasores ingleses motiva esta líneas angustiosas de Tomás Manuel a su padre: “Triste y confuso tomo la pluma, no tanto para contestar la apreciable de Vmd. de 26 del pasado, como para participarle que por cartas del 28 del mismo mes hemos tenido noticias que esa Capital se halla en poder de los Ingleses y el Virrey fuga para Córdoba. En vano sería quererle expresar cuanto es el sentimiento conque me hallo, pudiendo dejarlo a la mediatación de Vmd. Pero la esperanza grande que siempre he tenido de la misericordia de Dios, me hace creer que tal vez no haya dejado de protegerlos en este lance apurado El interés de la sangre es el que más me aflige, y así sabiendo la permanencia de Vmds., todo lo demás no me será de tanta consideración, pues siempre lo he mirado como una cosa muy perecedera. No me extiendo más porque hay orden para que este correo no pase de Córdoba hasta nueva disposición. Dios Nuestro Señor le conserve a Vmd. la vida por muchos años en compañía de mi Madre, hermano y demás de esa. Su affmo. hijo Tomás Manuel de Anchorena”. Con letra de don Juan Esteban se lee arriba de la carta: “Recibida esta en 30 de agosto de 1806”. El 26 de octubre, el joven Anchorena le encarece a su progenitor, entre otros temas, la bondadosa solicitud de Caviedes para con él, merecedora de un importante regalo: “He sabido que en estos tiempos pasados han estado los negros bozales baratos, y contemplando que esta es ocasión oportuna para manifestarle a don Sebastián el reconocimiento que corresponde por haberme tenido en su casa tanto tiempo — fuera del que he de permanecer — dispensándome los más disAnchorena

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tinguidos favores, proporcionándome las mayores comodidades, y ahorrándome de unos crecidos gastos, que me hubieran sido indispensables, y que por grandes que fueran jamás me hubiera facilitado el descanso, tranquilidad y reposo de que he disfrutado en su casa, como se deja de ver, tanto por la necesidad de vivir solo, como por las continuas enfermedades e indisposiciones que he experimentado; me parece que será conveniente, y en cierto modo necesario, el que en la actualidad que tiene en venta dos esclavos, porque no lo acomoda su servicio, le mande Vmd. de regalo dos negras bozales de trece a dieciseis años, a fin de recompensarle los beneficios que tengo recibidos; pues además de que esto no le es a Vmd. muy gravoso, y de ser una futeza respecto del bien que puede resultar, parece ser debido por ley de gratitud y mutua correspondencia … y sobre todo el servicio se me ha hecho a mí, y por este medio a Vmd. y a toda la Casa … Omitiendo un paso de esta naturaleza, en primer lugar me veré abochornado al salir de esta, considerando que no ha habido suficiente insinuación de agradecimiento, y habrá sobrado motivo para que de aquí a mañana digan que siendo Vmd. de superabundantes capacidades y caudal conocido, vine yo a pasarlo aquí de gorrón, y mucho más si se considera el odio mortal que nos tienen, todos los de por aquí, a los de abajo, especialmente a los nativos y habitantes de esa, y la fama que Vmd. tiene de rico y poderoso. Estas razones que bien examinadas no son de poco momento, me han movido a hacerle a Vmd. esta prevención ...”. • Noviembre 26: “... Debo participar a Vmd. que en la actualidad me hallo estudiando los exámenes: pues para el 19 de Enero se me cumplen dos años de práctica y pienso hacer toda diligencia a fin de evacuar los cuatro exámenes en todo el mes de febrero, de los que espero en Dios salir con felicidad mediante su favor y los esfuerzos que hago de mi parte ...”. Aquella aludidas prácticas forenses — con estudio de las leyes reales y procesales que aplicaban los juzgados y la Audiencia — realizábalos en la Real Academia Carolina (creada en 1776) los estudiantes de Chuquisaca. En 1806, 270

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nuestro Tomás Manuel integró la comisión directiva de esa corporación de practicantes juristas, venidos a estudiar los más — como él — de diferentes y lejanas ciudades del Virreinato. Las autoridades de dicha Academia fueron, durante el año 1806, las siguientes: Director, el Ministro de la Real Audiencia José Agustín de Ussoz y Mozi; Presidente: Mariano Navarro Fariña: Vice: José Agustín Ossa, reemplazado más tarde por el jujeño Teodoro Sánchez de Bustamante; Secretario: el santafesino Pedro Aldao; Censores: Baltazar Alquiza y el salteño Manuel Antonio de Castro (tío tatarabuelo mío); Celador Fiscal: Francisco Remigio Castellanos, salteño también; Procurador y Tesorero, el porteño Tomás Manuel de Anchorena; y Prosecretario: Crispín de Santos Diez de Medina. • Diciembre 26: Tomás Manuel discurre acerca de las graves consecuencias que traerá para su familia la segunda invasión inglesa que acababa de apoderarse de la boca del Río de la Plata, en la Banda Oriental. La madurez de ese muchacho de 23 años se revela en esta carta, a su padre, donde elevadas reflexiones morales se entremezclan al cotidiano pane lucrando del mercader: “... Por la apreciable de 26 del pasado veo la suma alteración con que prosiguen todos en esa; la toma que han hecho los Ingleses del puerto de Maldonado; las continuas incomodidades que experimenta Vmd., tanto por su edad como por el estado confuso en que se halla todo, y el detrimento que padecerán sus intereses; pero de todos estos puntos, el último es el de menos consideración, pues habiendo bienes bastantes para subsistir, todos los demás son superfluos. Por mucho que se disminuyan, jamás le faltarán a Vmd. los necesarios para la vida, y por lo que hace a nosotros, estamos ya en una posesión inalterable de la mayor y más interesante de la herencia, que son los cortos conocimientos que Vmd. nos ha proporcionado; así lo que importa es que Vmd. deseche todas estas tristes ideas de la imaginación, y procure dilatar los días de su vida, pasándolos con todo el desahogo que le sea posible. Quedo impuesto del motivo que ha impedido la compra de las negras. No le digo a Vmd. nada de los libros porque está muy pesada su venta; Anchorena

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para principios del que viene entrará aquí el Sr. Arzobispo, con cuyo motivo vendrán algunos curas, y se proporcionará tal vez el salir algo ...”. • Febrero 26 de 1807: “... No omitiré sacar la licencia para mi regreso a esa en la forma que Vmd. me dice. También cumpliré con lo que me ordena Vmd. acerca de los libros, cuya venta prosigue con la misma lentitud que siempre, no obstante la venida del Sr. Arzobispo, porque no deja pasar por acá a ningún cura, sino que a todos los hace ir con cajas destempladas a sus curatos. Dicho Sr. Arzobispo es el mismo don Benito Moxó, mozo de muy buena presencia. Las gentes están algo descontentas con él, porque además de estar muy unido con el Sr. Presidente y el Sr. Cañete (Oidor y oráculo jurídico local), a quien no lo pueden ver, por ser hombre caviloso, caprichudo y revoltoso, según el concepto de todos; no ha dado hasta ahora (el Arzobispo) una limosna ascendiendo su renta y entrada a más de sesenta mil pesos”. • Marzo 26: “ ... He recibido su muy apreciable de 26 del pasado en que me participa Vmd. la toma de Montevideo por los Ingleses, y me repite con instancia en que procure regresar cuanto antes dándole a Vmd. aviso con anticipación, lo cual si hubiera consistido en mí solo ya lo hubiera verificado en este correo, pero como, según le he dicho a Vmd., tengo que rendir cuentas de la Procuraduría, habiendo presentado un escrito pidiendo una certificación del Secretario de la Academia (Casimiro Escudero, a la sazón), para poner el Sr. Director (Ussoz y Mozi) una providencia de cajón, me ha tenido cerca de veinte días, y todavía nada he conseguido. Vmd. no ignora lo que es lidiar con jueces y superiores, y más con estos magnates de aldea, o por mejor decir mendrugos, que ponen especial cuidado en molestar a los pretendientes, para que con eso quieren hacer ver su autoridad, y encarecer por favor y gracia lo que es justicia ... ”. • Mayo 26: “... Sin embargo que pensaba dar en este mes el segundo (examen) no lo he podido verificar, pues por más que me insinúo con el Secretario (Escudero) que es el que más me demora, nada puedo conseguir, porque me sale con que no puede, que hay otras cosas que atender y otros 272

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primeros que despachar, y como es correchepillo y adulón de la casa del Sr. Director, no se le puede decir nada, porque sería empeorar la cosa. Cuando me he insinuado con el Sr. Director (Ussoz y Mozi), me ha salido con el mismo emblema, de modo que casi no hallo medio que tomar ... He sentido mucho la novedad que tuvieron Vmds., en casa con los ladrones, y he dado mil gracias a Dios de que hubiese Vmd. escapado con felicidad, que solo a un especial favor suyo debe atribuirse el que no hubiesen hecho daño alguno de consideración ... “. • Julio 26: “... El diez del (mes) que viene pienso ya estar recibido de Abogado mediante el favor de Dios. Si Vmd. me necesita en esa iré con mucho gusto ... me será mucha fortuna el acompañarlos a Vmd. y a mi Madre, y si me fuese posible aliviarlos en unas incomodidades que según el aspecto de las cosas les han de ser indispensables ... “. • Agosto 26: Desborda en esta carta el alborozo de Tomás Manuel por el “Triunfo Argentino sobre los ingleses, y por haberse, al fin, doctorado en abogacía ... Es inexplicable el gusto que he tenido al saber la victoria que han conseguido los nuestros, y que en medio de tantos riesgos y de tantas atrocidades, que ha cometido el enemigo, hayan salido con toda felicidad los de casa. Aquí no acaban de admirar el éxito tan favorable de una empresa que nunca se imaginó, y debemos confesar que Dios, en esta ocasión, nos ha dispensado una protección especial … El 20 del corriente me recibí de Abogado, y sin duda como estos Señores no han podido tener en mí, como en muchos de los Practicantes, un criado de balde, algunos han procurado molestarme y demorarme, hasta el extremo de obligarme el Señor Regente a hacer traje de Abogado (birrete o capirote azul con borla y la clásica garnacha, o sea el ropón de paño negro de los togados), que me ha costado buenos pesos, y esto fue el día mismo en que me recibí, sabiendo que no he de permanecer aquí; de modo que recién hoy día de la fecha voy a posesionarme ... “. • Septiembre 26: “... El primero del mes que viene pienso dirigirme por Potosí a Salta, y de allí a esa Ciudad. Cumpliré exactamente lo Vmd. me previene sobre el asunto Anchorena

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de Fernández (el finado Manuel Salvador, deudor moroso de Anchorena), y procuraré abreviar mi viaje en todo lo posible. Sin embargo de la recomendación para Archondo, como es una casa que yo no conozco, y en lo poco que he estado fuera de la propia he visto los varios inconvenientes que se siguen de hospedarse en las ajenas, después de quedar reconocido y obligado por el favor con que se me recibe, he escrito a un amigo de Salta que me busque un cuarto de alquiler para los pocos días que he de estar allí ...”. La última carta norteña de Tomás Manuel a su padre, fechada en Salta el 4-XI-1807, expresa: “... Habiendo salido de Chuquisaca el seis del pasado y entrado en Potosí, estuve a ver al Sr. don Joaquín de Obregón y le entregué una razón de todos los libros existentes, con los precios que Vmd. me designó y con distinción de los de venta y de mi uso ... Seguí a Jujuy el 23, y por instancias repetidas del Sr. don Manuel de la Quintana, me fué preciso detenerme hasta el 28, cuyo día arribé a esta ciudad, donde lo paso sin novedad, y pienso permanecer hasta que llegue el correo de esa, para ver si entretanto se proporciona un compañero para camino, porque de lo contrario me retiraré solo ... ”. Cabildante en 1810 las vísperas y durante los días revolucionarios de Mayo De vuelta en la capital del Virreinato con su flamante título de Abogado bajo el brazo, Tomás Manuel tiene la desgracia de perder a su padre en 1808, y dos años después, el joven doctor, se inicia en la carrera de los honores al ser nombrado Regidor y Defensor de Pobres en el Cabildo bonaerense. En efecto: el 1-I-1810 el Ayuntamiento porteño, para todo el transcurso del año, quedó integrado por 5 criollos y 5 europeos, así: Alcaldes de 1º y 2º voto Juan José de Lezica (criollo) y Martín Gregorio Yaniz (navarro); Regidor Alférez Real, Manuel José de Ocampo (criollo); Alguacil Mayor, Manuel Mansilla (criollo); Regidores, Juan de Llano (guipuzcoano), Jaime Nadal y Guardia (catalán), Andrés Domín274

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guez (gallego), Tomás Manuel de Anchorena (criollo), Santiago Gutiérrez (cántabro); y Síndico Procurador general, Julián de Leiva (criollo). En la sesión capitular del 25 de Abril el Regidor Anchorena leyó un discurso “sobre el peligroso estado en la Metrópoli”, instando al Virrey Cisneros adoptar “con anticipación los medios que conduzcan al sostén de los Derechos Soberanos, defensa, conservación y tranquilidad de la Patria, para el caso desgraciado en que aquella sucumbiese por los triunfos y ocupación enemiga”. He aquí las partes sustanciales de esa alocución premonitoria: “Voy a hablar a V.E. sobre un asunto que no puedo recordar sin gran dolor ... pero no puedo prescindir de él porque se interesa nuestra seguridad. Nos hallamos en la situación de un hombre que es amenazado de un accidente mortal ... y el deseo de precaverlo lo hace adoptar un remedio que mira con horror, pero que a él solo le lisonjea la esperanza de su conservación. La Suprema Junta Central en su manifiesto de 28 de octubre próximo pasado, nos previene ... que la creación, reparación y subsistencia de los Ejércitos, han absorvido, y con exceso, los fondos considerables que han ido de las Américas; que el egoísmo de los unos y la ambición de los otros debilitan y entorpecen la acción del Gobierno, por su oposición he indiferencia; que se aspira a destruir por sus cimientos el principio esencial de la Monarquía, que es la unidad; que la hidra del federalismo, acallada tan felizmente el año anterior con la creación del poder central, osa otra vez levantar sus cabezas ponzoñosas, y pretende arrebatar la nación a la disolución de la anarquía; y finalmente que la astucia de nuestros enemigos está acechando el momento de romper las divisiones para arrojarse a destruir el Estado, y sentar su solio sobre la cima del oprobio que le proporcionen los debates ... Sabemos con la mayor certeza que los Enemigos ultimamente se han apoderado de Gerona, plaza en que fundábamos gran parte de nuestras esperanzas, e igualmente han ocupado a Almadén. Estos son unos datos muy suficientes no para desesperar de la empresa, pero sí para graduar de inminente el peligro ... Considere V.E. el momento en que sepamos que el poder del Enemigo, Anchorena

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ayudado de la suerte y de las intrigas de los facciosos, ha eludido los efectos de nuestra constancia. Cuál será nuestro dolor! y cuál nuestra consternación!. El hombre justo vería, todo lleno de confusión, desaparecer en un momento la autoridad del Magistrado y el respeto a las Leyes. El malévolo no querrá perder ocasión tan oportuna de cometer impunemente toda clase de delitos. Todos querrán mandar, ninguno obedecer, y la ley del más fuerte se subrrogará a la razón y a la justicia. Nos hallamos, sin saber como, envueltos en la confusión y el desorden; y el horror de nuestras propias miserias y calamidades nos hará ceder a las asechanzas de cualquier Tirano déspota que nos quiera esclavizar. Y ¿será posible que previendo desde ahora todo este conjunto de desgracias, no procuremos fabricar con tiempo un muro inexpugnable que llegado el caso contenga la osadía de los malvados, imponga respeto a cualquier Tirano, sea el apoyo de nuestra seguridad y el sostén de nuestra libertad? No Señor Exmo. V.E., no podría dar un comprobante cierto de su lealtad a nuestro Soberano, y del amor que profesa a la Patria ... si en circunstancias tan críticas no tratara de preservarla de los riesgos que la amenazan ... V.E. debe observar al presente la conducta del experto piloto que navegando en alta mar ve de repente que se prepara una terrible tempestad. Yo, aunque individuo de este Exmo. Ayuntamiento, no me atrevería por ahora indicar a V.E. lo que debe hacer en particular; pero suplico encarecidamente se sirva V.E. fijar por un momento toda su atención y meditación sobre nuestra situación actual, y la que nos espera, y ... se servirá acordar las medidas que su notoria justificación y prudencia considere más adecuadas y oportunas para nuestra conservación y seguridad. Los pasos de V.E. deben ser, sí, muy sigilosos, muy medidos y muy pensados, para lograr el acierto y precaver las intrigas de los hombres malos, que por desgracia nunca faltan en las sociedades, y que se valen de los peligros para eludir el remedio de los males, causar el desorden y cimentar su suerte en la ruina de los Pueblos ... Yo he considerado propio de mi deber hacer esta exposición a V.E., a la que solo me han animado los sentimientos más puros de lealtad y patriotismo; y para que exista 276

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un testimonio público con el que pueda yo responder de mi conducta en cualquier tiempo, pido a V.E. se sirva mandar se inserte literalmente en el Acuerdo de este día”. A las pocas semanas de haber hablado así Anchorena, las gacetas y cartas traídas desde la Península en buques llegados a nuestro puerto, daban cuenta de la verdadera situación de España; de la toma de Andalucía por los ejércitos napoleónicos, de la disolución de la Suprema Junta Central en Sevilla; del establecimiento de un Consejo de Regencia que se hallaba acorralado en la isla gaditana de León. Todo ello — como es sabido — provocó en Buenos Aires el sacudón revolucionario de Mayo, a partir del cual se extiende y desarrolla a lo largo de todo el Virreinato, un cruento y anárquico proceso político - guerrero que, después de nuestra independencia, seguirá fluctuante para culminar — aventuro una fecha — en 1860; en que comienzan otros bailes con distintas músicas. Más volvamos a aquella cabildada abierta de 1810 donde la asamblea, mediante pluralidad de votos, se pronunció por la cesación del Virrey Cisneros en el mando, con encargo al Ayuntamiento porteño de designar una Junta gubernativa en reemplazo del mandatario depuesto, hasta tanto un futuro Congreso de Diputados de las Provincias, resolviera, en definitiva, la forma del gobierno virreinal. Y al día siguiente del pronunciamiento antedicho, el Ayuntamiento designó una Junta ejecutiva provisoria con el propio Cisneros como Presidente, acompañado por Saavedra, Castelli, Solá e Incháurregui, como Vocales. Y fueron los Regidores criollos Tomás Manuel de Anchorena y Manuel José de Ocampo, los encargados de informar a Cisneros de su designación. Empero dicho gobierno provisional apenas duraría 24 horas. Enterado el Cabildo del alboroto producido en el cuartel de Patricios, destacó a los Regidores Anchorena y Mansilla para notificar a la Junta en la Fortaleza: “que era de necesidad para la salud del pueblo, que el Excelentísimo Señor Presidente se separe del mando, y que en caso de avenirse, sea sin protesta alguna para no exasperar los ánimos”. A lo que Cisneros se avino a más no poder.

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“Tomás Manuel de Anchorena — consigna Julio Irazusta en su ensayo sobre el prócer — era tan partidario como el que más de emancipar a su país de la sujeción a España, y de que en él se creara una nueva nación. Pero sus móviles no eran de un ambicioso resentido, ni de un ideólogo extraviado por el espíritu del siglo. No podía tener agravios personales contra el régimen colonial, que a edad tan temprana le diera acceso a encumbradas posiciones directiva; y su rectitud moral le impediría fingirlas, a posteriori, como instrumentos de una lucha emancipadora que siempre debió considerar justa, desde que fué uno de los primeros promotores. No se asimiló jamás ninguna de esas ideas abstractas acerca de las formas de gobierno, que tanto perturbaron a sus mejores contemporáneos del mundo entero, sobretodo a sus compatriotas criollos haciéndoles malograr una empresa política viable”. Pocos meses antes de morir, Tomás Manuel escribió a su primo Juan Manuel de Rosas los siguientes conceptos acerca de los móviles que animaron a la mayoría de los protagonistas de las jornadas de mayo del año 10: “El 25 de mayo de 1810, o por mejor decir el 24, se estableció por nosotros el primer gobierno patrio a nombre de Fernando VII, y que bajo esta denominación, reconociendo por nuestro rey al que lo era de España, nos poníamos sin embargo en independencia de esta nación, que consideraba a todas las Américas como colonia suya; para preservarnos de que los españoles, apurados por Napoleón, negociasen con él su bienestar a costa nuestra, haciéndonos pavo de la boda. También lo exigimos, a fin de aprovechar la oportunidad de crear un nuevo título para don Fernando VII, y sus legítimos sucesores, conqué poder obtener nuestra emancipación de la España; y que considerándosenos una nación distinta de ésta, aunque gobernada por un mismo rey, no se sacrificasen nuestros intereses a beneficio de la península española; pues a todo eso nos daba derecho no solo el habernos defendido de los ingleses sin auxilio alguno de España, manteniéndonos siempre fieles y leales al soberano que lo era de la España, sino también al nuevo sacrificio y esfuerzo de lealtad que emprendíamos hacer, erigiendo un gobierno a nombre del rey cautivo que 278

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conservase bajo su obediencia todas estas provincias durante su cautiverio, para continuar después prestando el debido homenaje, luego que recobrase su libertad. De este modo era como yo oía discurrir entonces a los patriotas de primera figura en nuestro país; y todos los papeles oficiales no respiraban sino entusiasmo por la obediencia a Fernando VII, pero con tal sinceridad a juicio de los patriotas de buena fé, que el Dr. Zavaleta (Diego Estanislao) en el sermón que predicó en presencia de la Primera Junta en celebridad de su instalación, hablando de la imputación que nos hacían nuestros enemigos, quienes decían que todas esas protestas de obediencia y sumisión a Fernando eran fingidas, y que nuestra intención era sublevarnos contra su autoridad, les contestó con un esforzado, mienten! ... Por todas partes resonaban en boca de los patriotas Viva Fernando!, y esta aclamación duró hasta que reunida la Asamblea General de todas la provincias se erigió un supremo Director del Estado, y se encomendó este elevado cargo al notario de nuestra curia eclesiástica don Gervasio Posadas”. Remoción de los Señores del Cabildo Después que la Junta revolucionaria bonaerense expulsara y remitiera a España al ex Virrey y a los Oidores de la Real Audiencia (22 de junio), los Señores del Cabildo, en acuerdo “reservado” del 14 de julio (Tomás Manuel de Anchorena no asistió a esa sesión), juraron secretamente reconocer como gobierno legítimo de la Monarquía al Consejo de Regencia de Cádiz. La Junta porteña se enteró del hecho (que fué comunicado por el Ayuntamiento a su equivalente de Montevideo y a la Regencia gaditana) guardando un silencio reticente en el curso de tres meses, hasta que las autoridades patrias reaccionaron por sorpresa, mediante un decreto fechado el 17 de octubre, que removía, desterraba y sometía a proceso a los capitulares, con expresa declaratoria que jamás pudieran ejercer cargo consejil en la ciudad, ni en parte alguna de su distrito.

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Cornelio Saavedra apunta en sus Memorias que: “... cuando se trató de sentenciar la causa de los capitulares del año 1810 por el reconocimiento que hicieron secretamente del Consejo de Regencia”, Moreno propuso a la Junta la “decapitación” inmediata de los ediles recalcitrantes. “Yo que conocía el influjo de este individuo y partido — prosigue don Cornelio —, que ya venía horrorizándome de los fatales resultados que podrían originarse por la muerte de diez individuos relacionados y emparentados con parte muy considerable de la sociedad, tomé la palabra, y dirigiéndome con entereza a Moreno le dije: Eso sí, doctor, eche Ud. y trate de derramar sangre; pero esté usted cierto que si esto se acuerda no se hará. Yo tengo el mando de las armas, y para tan perjudicial ejecución protesto desde ahora no prestar auxilio”. El hábil cronista que resultó ser Juan Manuel Beruti, nos refiere en sus Memorias Curiosas: “Como a la medianoche — del 16 de octubre — de orden de la exelentísima Junta, fueron presos, cada uno en sus casas, los Señores Alcaldes y Regidores del exelentísimo Cabildo de esta capital, cuyos individuos a esa misma hora, bajo una buena escolta de húsares, fueron sacados en coches de esta ciudad, y conducidos al interior del reino, confinando a los Señores Alcaldes (Lezica y Yaniz) a la Villa de Luján; al Síndico (Leiva, con Santiago Gutiérrez) a las minas de Famatina en Córdoba; y los demás repartidos a diversos lugares (Llano, Ocampo y Anchorena al Salto; y Domínguez y Nadal a Ranchos). El motivo que han dado para ello — continúa Beruti — no se sabe, pero la voz del público es, que tenían correspondencia con Montevideo, que se halla actualmente sin obedecer a la Junta, y de haber privadamente jurado al Consejo de Regencia de España. Lo cierto es que, cuando la excelentísima Junta los ha expatriado tendrá suficientes probados motivos para haberlo hecho: solo sí quedaron dos que no han ido, y se cree no habrán entrado en ello, que son el Alguacil Mayor (Manuel Mansilla) y el Escribano (Justo José Núñez)”. Aquel mismo día 17, la Junta nombró por decreto a estos cabildantes partidarios del “nuevo sistema”; Alcaldes de 1º y 2º voto, Domingo Igarzábal y Atanasio Gutiérrez; Re280

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gidor Alférez Real, Manuel Hermenegildo de Aguirre (ver mi monografía sobre este tatarabuelo); Regidores: Francisco Ramos Mexía, Ildefonso Paso,Eugenio Balbastro, Juan Pedro Aguirre, Pedro Capdevila, Matías Grandoli y Juan Francisco Seguí; Síndico Procurador, doctor Miguel Villegas. Cartas del confinado Anchorena a los de su casa No ofrece por cierto, esta correspondencia, una importancia histórica trascendental, pero como el presente trabajo abarca también la vida de una familia argentina muy representativa en su tiempo, creo que sus intimidades, sus pequeñas cuestiones y ocurrencias adjetivas despiertan interés, exteriorizan estados de ánimo, ventilan episodios ignorados y evocan un ambiente. Por ello no vacilo en transcribir algunos párrafos de estas cartas de Tomás Manuel a su madre y hermano mayor, cuyos originales guardamos sus descendientes. “Luján y Octubre 17 de 1810, a las doce del día. Estimado hermano Juan José: Desde la puerta de casa nos han conducido directamente a esta Villa en un coche, a don Manuel Ocampo, a Llano y a mí; en otro han venido los dos Alcaldes (Lezica y Yaniz), y en otro el Síndico Procurador (Leiva), don Santiago Gutiérrez y el clérigo Colina. Nos dicen que los primeros vamos al Salto, que los segundos quedan aquí, y que los últimos serán conducidos a Córdoba. Todos vamos sin novedad, aunque destituídos de ropa; pero el marido de la Francisca me ha prestado para que lleve en el camino un poncho, una fresada y un cuero de carnero para los pies. Me ha franqueado sábanas, almohada y otras cosas, pero no he querido admitirlas por no tener donde llevarlas y no ser mayormente necesarias ... Mi Madre que no tenga cuidado que en la primera oportunidad me mande ropa y con abundancia de la blanca ...”. Luego la misiva trata de negocios; de deudas y deudores; de asuntos comerciales con Europa y América; de las cuentas corrientes de la testamentaría paterna. “Repito — termina el forzado turista — que vamos sin novedad, que no hay cuidado, y que aquí me he provisto de cuanto puedo necesitar de pronto. Don Antonio José de Anchorena

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Escalada nos ha obsequiado para comer y para lo que hemos necesitado de él ... es cuanto ocurre y que mandes a tu affmo. hermano: Thomás.” (32) “Posta de las chacras de Ayala — Octubre 18/1810 — a las dos de la tarde. Mi muy estimada Madre: desde Luján escribí a Vmd. ayer avisándole que veníamos sin novedad los compañeros y yo; que nuestro destino es la guardia del Salto; que en Luján, con motivo de hallarse ultimamente confinado allí don Antonio José de Escalada y hospedado en la casa de doña María Mercedes Lamadrid y de don Gaspar Contreras, recibimos muy buen hospedaje y mucho obsequio de uno y otros Señores, y así deberá Vmd. mandarle un recado a la mujer de Escalada (Tomasa de la Quintana y Aoíz), dándole por su parte las gracias. También le escribí a Vmd. avisándole lo mucho que me sirvió Francisca y su marido, franqueándome sin interés un poncho y una fresada que me van sirviendo para dormir, con otras frioleras, y haciéndome las diligencias y mandados que fueren necesarios. Cuando me remita mi equipaje mándeme chocolate bastante, chocolatera, molinillo y posillo, aujas de todos números, sedas de los colores más necesarios, como el negro, hilo de número para la ropa blanca y de algodón ingles. Mándeme los dos pares de zapatos con las evillas de oro y charreteras, todas las medias de seda y los calzones de casimira cortos, con todos los pantalones de verano. Mándeme también las botas de una costura que me solían servir para montar a caballo, haciéndolas estirar primero muy bien del ancho, con el maestro Tomás, pues me estaban ya muy angostas; lo mismo hará con el par de zapatos que estaban sin estrenar. Proseguimos hasta ahora sin novedad. Vmd. no tenga cuidado por mí, que la vida del campo es más apetecible que la de la ciudad. No haga caso de cuanto digan o escriban, que la sinceridad y la inocencia 32 Antonio José de Escalada — mi 5º abuelo y futuro suegro de San Martín — que fuera Canciller de la Real Audiencia, había sido confinado, poco antes, a Luján, sospechado de conspirar “por sus ideas exaltadas”, junto con Miguel de Irigoyen, en fuerza de una orden del Presidente de la Junta. 282

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quedan entonces más satisfechas, y deje Vmd. correr las cosas, que este mundo es una pura comedia, que al fin ha de quedar en nada. Muchas expresiones a mis hermanos, que tendrán esta por suya, a todos mis primos y primas, a Antonina y al Dr. Echevarría (don Vicente Anastasio y ella su esposa), y demás amigos. Mandará Vmd. la adjunta a la casa del doctor Leyba; y siendo cuanto por ahora ocurre, le desea la más perfecta salud su affmo. hijo Thomás”. Posdata: “La pobre doña Benedicta me sirvió también en cuanto pudo, y al fin me ofreció un sinnúmero de padrenuestros, salves, misas, etc.etc.etc. Procuren remitirme los impresos de noticias que salgan, especialmente los que hablan sobre nuestra confinación”. “Guardia del Salto, Oct 19/1810. Mi muy estimada Madre: hoy a las doce del día hemos llegado a este nuestro destino, y hemos hallado un pueblo muy regular, el mejor de todas las guardias, y abundante de todo lo necesario para una mediana comodidad. El comandante es un hombre amable, y esta cualidad les asiste a todos los vecinos. En todo el camino hemos recibido obsequios de las gentes que nos han hospedado y esperamos pasarlo aquí como unos príncipes ... En la primera oportunidad mándeme Vmd. el Chorntrow (?), y los diccionarios franceses, los rudimentos históricos, el Delicias de la Religión, que está en poder del doctor Echevarría, a quien le volverán el tomo de la medicina legal de Foderé, que está en el estantito del escritorio. Mándeme también paños para barba, y un peine como el que yo usaba; unos anzuelos de pescar para peces medianos, como bagres y dorados, empezando por los más pequeños en su especie, pues tenemos río en donde divertirnos; platos y fuentes de loza y dos o tres cubiertos, de modo que tengamos servicio de mesa si se ofrece convidar algunos amigos, y obsequiar algunos que vengan de esa; y a proporción un buen mantel con media docena de servilletas, unos vasos de agua, otro tanto de vino, dos posillos o tres, y dos limetas, y todo lo demás que Vmd. considere que pueda serme útil. Mándeme Vmd. hacer unos pantalones bien anchos de mahón, y una chupa de lo mismo también ancha, y mándemela luego que haya ocasión ... Ya le he esAnchorena

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crito a Vmd. que no tenga cuidado por mí, esperamos pasarnos una gran vida en este lugarsito, libres de los bullicios de la corte; Llac (Gerardo Esteve y Llac, el terrorista catalán de las invasiones inglesas) es uno de los compañeros, y todos de un famoso humor ... “. La cubierta de la siguiente carta trae esta, nombre y dirección: “Don Juan José de Anchorena, vive enfrente del convento de la Merced en la calle de Liniers en Bs. Ays.” y expresa: “Guardia del Salto y Noviembre 2 de 1810. Estimado hermano: Recibí tu muy apreciable del 30 p.pdo. y quedo impuesto de cuanto en ella me previenes. Por más convencidos que estén todos de la rectitud de mis procedimientos, creo que no volveré a esa hasta el año 811. No sé que motivo haya para suponer que por haber oficiado el Cabildo a la Junta sobre el Fiel Ejecutor hayamos sido confinado”. (Tomás Manuel, según surge de esta carta íntima, ignoraba que sus colegas habían reconocido en secreto al Consejo de Regencia; creía que el Cabildo al contestar “un suplemento” de la Junta contra el Fiel Ejecutor Santiago Gutiérrez, había provocado la drástica reacción de ésta). Agregaba el desterrado que el Cabildo “lo hizo con toda moderación y respeto ... exponiéndole (a la Junta) la conducta del Fiel Ejecutor, haciéndole ver la ilegalidad con que procedía en aquel caso, y cuán perjudicial era usar de tan poca consideración con un Juez … Si aquel oficio hubiera sido insultante — añadía Anchorena —, no hubiera rehusado la Junta publicarlo, pues su tenor hubiera ministrado una prueba decisiva del delito que se atribuye al Cabildo. Si pues no lo ha querido publicar, seguramente es porque no comprende ningún delito, ni lo considera conveniente”. Mas adelante el corresponsal se refiere a una deuda, “en plata fuerte” del tío Juan de Anchorena y Zundueta, residente en España, a quien parece que los sobrinos americanos le vendieron “un sitio” de la heredad familiar en el país vasco. “Solo una partida ha entregado el tío en pago de lo que debe, y esta fué de seis onzas, según me parece, pues yo la apunté pero no me acuerdo donde. Aquí lo paso sin novedad con los demás compañeros, gozando de una perfecta tranquilidad y completa salud. Mi madre y Nicolás que ten284

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gan esta por suya. Mis presentes a todos los primos, mientras ruego al Señor les conceda la mejor Salud. Tu affmo. hermano: Thomas.” Rehabilitación del Regidor Anchorena El 30 de octubre, doña Romana López Anaya se había dirigido a la Junta gubernativa a efectos de acreditar la lealtad y el patriotismo de su hijo, demostrando que este no asistió al acuerdo capitular secreto del 14 de julio, y que ignoraba que allí se hubiera jurado reconocer al Consejo de Regencia como autoridad soberana de estas provincias rioplatenses. Aclarada entonces la conducta y situación de Tomás Manuel, la Junta se dirigió por oficio al nuevo Cabildo el 30 de noviembre, transcribiéndole el auto pertinente que decía así: “Visto este expediente con lo que resulta de las actuaciones y demás documentos que se han traído a la vista, se declara que el Regidor Tomás Anchorena ha llenado todos los deveres de su empleo, manejándose con el celo de un verdadero patriota; en su consecuencia se le restituye a su empleo, en que deverá continuar hasta la conclusión de este año, reponiéndolo en todos sus honores, buena opinión y fama a que justamente es acrehedor, y se le reserva su derecho contra los demás Capitulares por los daños y perjuicios que se le han ocasionado. A los demás Capitulares, incluso el Síndico Procurador general, se les declara malos patriotas, e incapaces de obtener ningún empleo público en estas Provincias; y aunque el crimen de Estado de reconocer furtivamente y sin representación competente una autoridad Soberana exigía otros exemplares castigos, por equidad y contemplación a sus familias, sobreséase en la prosecución de la causa, multándose a cada uno en mil pesos, que deverán entregarse dentro de tercero día, vajo apercivimiento de embargo con destino a los gastos de la Expedición, sin que en el término de seis años puedan pisar en esta Ciudad, ni en doce leguas alrededor, deviendo residir el Síndico Leyva, por todo este tiempo, en la Ciudad de Catamarca”. Y los capitulares del nuevo sistema — entre ellos Manuel Hermenegildo de Aguirre — acordaAnchorena

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ron se tenga presente para quando regrese el Doctor Don Tomás Manuel de Anchorena, y mandaron se copie el oficio y archive el original”. Corridos 45 días, el 14 de diciembre, se apersonó a la Sala del Cabildo Tomás Manuel, y conforme a la transcripta resolución de la Junta gubernativa, los munícipes porteños le dieron “posesión de su empleo de Regidor defensor de Pobres; y mandaron los S.S. se dé cuenta por oficio a la Excelentísima Junta de haverse así ejecutado”. Las cartas arribeñas de Tomás Manuel a sus hermanos Por el mes de junio de 1811 Tomás Manuel emprende desde Buenos Aires otro viaje al norte del país. Los fuertes intereses económicos que la empresa familiar mantenía con las provincias de arriba, el propósito de dar fin a varios negocios, entre los que se contaba la cobranza de algunas deudas de la testamentaría paterna, lo llevaron de nuevo al Alto Perú. Las situación político-militar se había tornado catastrófica en esas regiones para las fuerzas expedicionarias bonaerenses. Al pronunciamiento revolucionario cochabambino solidario con la Junta porteña; a las iniciales victorias de Suipacha y Aroma; al avance y entrada triunfal de las fuerzas de Castelli y Balcarce a Potosí; sucedió (20 de junio) el desastre de Huaqui, con la pérdida casi total del Ejército del Norte, y el abandono de las provincias altoperuanas a su propia suerte. El 10 de agosto — a menos de tres meses de dicho descalabro bélico — Tomás Manuel de Anchorena en Chuquisaca le escribe a su hermano Juan José: “... sobre el odio general que todas estas gentes han concebido contra los Porteños ... lo que a mí más me desconcierta es el odio manifiesto de que se han poseído contra nosotros. Ellas no desconocen la santidad y justicia que hemos proclamado (en las jornadas de Mayo de 1810), pero maldicen la conducta de nuestras tropas culpando sobremanera a los oficiales y jefes”. (el terrorismo sacrílego a la jacobina, demagógicamente fomentado por Castelli y Monteagudo) ... “Entretanto voy haciendo aquí diligencias de vender al contado lo que tengo en Potosí, pues 286

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no me determino a pasar a aquella villa. Si consigo hacerlo por junto sin quemar los géneros, lograré cualquier ocasión favorable que se presente para conducir el dinero a Jujuy, pues aunque para esto hay en el día mucho riesgo por los soldados prófugos y desertores que andan por los caminos, en todo evento me dejaré estar allí, o bien para expender si puedo los efectos restantes, o esperar un tiempo más sereno y menos peligroso ...”. Quince días más tarde (25 de agosto) vuelve Tomás a escribir a Juan José: “... Desde el día que llegué a esta (Chuquisaca) todo ha estado en una continua agitación, por lo que no habiendo podido vender junto los efectos que tengo en Potosí, no me ha sido posible moverlos de allí, porque no se han encontrado mulas, y los caminos han estado intransitables a causa de los desertores y prófugos que se han dispersado por todas partes, y que ni los templos han respetado. Agrega a esto que no me he atrevido a pasar a Potosí, pues ya sabrás que el seis del corriente hubo una conmoción de la plebe contra las tropas abajeñas, en que después de un choque el más sangriento, aseguran haber muerto de ambas partes ciento y tantos, siendo los más abajeños. Al día siguiente continuó el tumulto, y fueron de casa en casa en busca de los que estaban escondidos, y a sangre fría quitaron la vida a los siguientes oficiales: Palavecino, Laredo, Escalante y Domínguez, que se hallaban ocultos en distintas partes, sin que les contuviesen los ruegos y súplicas de aquellos infelices. Aquí también hubo a los pocos días una novedad algo parecida contra unos soldados abajeños que quisieron quitar unas mulas de una casa y atropellaron, según dicen, al Alcalde ordinario, de cuyas resultas murieron dos de ellos. El Señor Goyeneche entró en Cochabamba sin resistencia, y Ribero (Francisco del, ex Gobernador realista) se le ha declarado adicto. Viene ofreciendo la paz y la tranquilidad, y en los pueblos que ha ocupado se dice que ha obrado con mucha bondad y consideración. Aquí se ha publicado un bando porque se reconozca y jure al Consejo de Regencia y no se obedezca a esa Junta. En Potosí no hay modo de resistir. Temeroso de que en breve se cierre la comunicación para las ProAnchorena

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vincias de abajo, me retiro mañana a Jujuy, dejando lo que tengo en Potosí a la Providencia, y tomando camino extraviado. Espero en Dios, que conforme se sirvió dirigirme sin novedad a esta ciudad, me llevará del mismo modo a aquella, de donde podrás disponer de la buena voluntad que te profeso ...”. Poco después (12 de setiembre) en marcha hacia Jujuy, desde Mojo le expresa el trajinante a su hermano Nicolás: “... He llegado a este pueblo esta tarde y me he hallado sin mulas en la posta, y aunque me fletan hasta Humauaca, me aseguran no haber en el camino alimento que comprar para los animales, por que en el regreso de las tropas ha quedado destruído de cabalgaduras y víveres ... el 25 ppdo. salió el señor Pueyrredón de Potosí llevando para abajo sobre $ 600.000 que tomó en Sinti, y me dicen que se halla en Tarija ... ”. En San Salvador de Jujuy Desde esa ciudad Tomás Manuel le comunica el 17 de octubre a Juan José: “Goyeneche entró en Potosí el 16 p.pdo. Lo más cierto de cuanto se dice de su fuerza, es que tiene consigo tres mil y tantos hombres, y en Chiquisaca de quinientos a seiscientos, según relaciones de sujetos que han venido de allí. No ha hecho el menor castigo en ninguno de los pueblos, y solo exigió en Potosí el que se presentasen todos los que habían sido empleados por nuestro gobierno, bajo la pena de ser desterrados a Chincha en caso de contravención. Los indios de la Paz están sublevados, y se dice que han muerto a Tristán (Domingo Tristán y Moscoso, que no murió entonces sino en 1847 en la cama; era hermano de Pio, el rival futuro de Belgrano, y tío lejano — no primo, como se dice — de Goyeneche). “Salió Lombera (Jerónimo, Coronel realista) con mil hombres a sujetarlos, y triunfó contra algunas divisiones, a quienes obligó a capitular, con calidad precisa que habían de entregar a los cabecillas; pero los de Sicasica se sostienen ... Hasta ahora (no) he podido averiguar si el saqueo de Potosí les tocaría a los efectos que tengo allí. A Nicolás le mando una nota de varios renglones de mercería, 288

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para que me la remitas cuanto antes a fin de que esté aquí antes de Marzo ... ”. Temporariamente Tomás Manuel quedó instalado en el asentamiento jujeño, entre sus amigos partícipes en algunos negocios suyos; Manuel de la Quintana y los cuñados de este Francisco Gabriel y José Antonio del Portal. Abundaban entonces en dicho pequeño caserío los jefes y oficiales de Buenos Aires, enrolados en el Ejército del Norte, que acudían y salían de allí con sus regimientos, sujetos a las alternativas de la guerra. Entre ellos el Capitán Manuel Dorrego, a quien Anchorena facilitó 200 pesos por intermedio de de la Quintana, y así se lo hizo saber a su hermano Nicolás el 4 de diciembre, dándole también informaciones acerca de hechos militares ocurridos en su contorno: “... Te dejo cargado en cuenta los doscientos pesos que recibió el Capitán Dorrego de Quintana, bajo recibo de continuación a tu libranza. Dicho Capitán continuó ahora días para Tupiza, de ayudante de Díaz Vélez que salió para aquel punto con 400 hombres armados y tres piezas de artillería volante de calibre menor, a reunirse con otros doscientos que andaban por Yavi. La gente marcha a pie, y se dice que anda en el mayor orden; pues habiéndose descubierto el día que salió una conspiración de soldados contra los jefes y esta ciudad, esta tarde pasaron a dos por las armas en esta plaza, y a la mañana siguiente hicieron lo mismo con otros cinco, a dos leguas de distancia, con cuyo ejemplo y el de otros cinco desertores que habían corrido igual suerte, y las medidas que toma constantemente el General Pueyrredón, tiene en un puño a los soldados y va sujetando a los oficiales, de cuya anterior corrupción y desorden han provenido todas las desgracias ...”. El 18 de diciembre Tomás Manuel le ponía a Juan José: “... Debo suponer que con Nicolás habrás ya concluído la cuenta de partición de los bienes testamentarios existentes (de la sucesión paterna), no puedo menos que encargarte que no te ausentes de esa sin dejarlo todo claro y documentado, no solo en cuanto a la negociación de España, sino también en orden a todo lo demás, pues según las nuevas ocurrencias

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que experimentamos cada día, quien sabe si nos volveremos a ver ... ”. En medio de esas viscisitudes, el hombre no paralizó en ningún momento su actividad comercial, y así en una carta le decía a su hermano Nicolás, el 18 de enero de 1812: “... Procuraré vender según me ordenas, y aunque es difícil salir de todo en este curato con el nombre de ciudad (Jujuy), venderé lo que pueda y lo demás lo llevaré al Perú si se franquea la comunicación ...”. El 4 de febrero siguiente, Tomás Manuel lo enteraba a Nicolás que en la segunda acción de Suipacha (12-I-1812), desfavorable para las tropas que comandaba Díaz Vélez — donde, entre otros, murieron los oficiales Francisco y Lucas Balcarce frente a la vanguardia de Pezuela —; “Dorrego se ha portado en esta ocasión con el mayor valor. Se halla gravemente herido en la garganta, pues se le salía por la herida el alimento que tomaba; en otro choque anterior (Nazareno) estaba herido levemente en el brazo ...”. Pero pronto mejoraría el valiente muchacho; y quince días mas tarde el corresponsal escribe: “Dorrego se pasea ya por esta ciudad libre de todo riesgo, y aunque está algo ronco, puede ser por no habérsele cerrado aún la herida ...”. Con fecha 10 de marzo le llega de Jujuy a Nicolás la información por su hermano de que el ejército patriota “se va retirando al Tucumán. La división de Díaz Vélez que compone el todo o principal de él, está del Volcán para acá. El enemigo se halla en La Quiaca, en número de 1.800, y se dice que trae hasta 3.000 hombres. Antes de 15 días estarán aquí todos. No sé en que pararán estas misas, veo, sí, que si no se trata de una amigable composición, en que solo se contemple el interés del Estado, todo se va a perder ... ”. Poco después, (31 de marzo) Juan José recibe carta jujeña de su hermano, quien le expresa: “... Ya les avisé a Vmds. en otra por duplicado, que el ejército nuestro se retiró el 8 de corriente para Tucumán. Posteriormente llegaron chasques de arriba avisando que los cochabambinos cargaban sobre Potosí por tres puntos, por cuyo motivo replegaban las tropas enemigas que estaban en La Quiaca a Suipacha, hasta 290

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donde unicamente habían avanzado, pues al fin se dió por falso el que algunas partidas, como se decía, estaban en Tilcara, y se sabe que tan solamente llegaron a la Cueva en busca de ganado. Ello es que hasta ahora no han dado un paso adelante, sino que por el contrario Tristán (Pio), que estaba en La Quiaca, retrocedió a Suipacha. Por todo esto se ha dicho que nuestro cuartel general se pondría en el pueblo del Rosario, y han venido como doscientos hombres a guarnecer estas dos ciudades. Actualmente corre que vuelve nuestro ejército a Salta, no sé si será cierto ...”. El 18 de Abril Tomás desde Jujuy le refiere a Nicolás: “... Belgrano se ha recibido del mando del ejército. En días pasados estuvo a reconocer el punto de Pugmamarca (sic), más allá del Volcán, y por correo se dice que regresa a Salta ... “. Y en una posdata agrega Anchorena: “ Si no estuviera López (Vicente) en esa, abre la adjunta para él y la que va inclusa para Rivadavia, ciérrala y entrégala en propia mano” (López y Rivadavia eran, a la sazón, secretarios del Triunvirato). Corrido un mes (19 de mayo) Tomás Manuel le habla de negocios a Juan José: “Aquí (en Jujuy) tengo puestos en venta por mayor algunos efectos, pero no hay quien compre ni de a una pieza, a excepción de los elefantes o gasas, que los he vendido todos al contado. Si acaso no se vendiera nada pienso pasar a Salta con algunos renglones ... Continuamente estoy sobresaltado y lleno de temores a la llegada de cada correo, al contemplarte en Cabildo, en una circunstancia tan peligrosa, deseando el momento en que se concluya el año. Quiera Dios que salgas con felicidad, y que no se multipliquen también por este medio tantos perjuicios como estamos padeciendo”. Y añade Tomás en una posdata: “Por noticias que he recibido posteriormente, considero perdido lo que tenía en Potosí y Chuquisaca ...”. El 3 de junio — aún en Jujuy — Tomás le escribe a Nicolás: “Ya van acabando de sanar los enfermos del ejército (de fiebres tercianas). Este tendrá en el día como 800 o 900 hombres de fusil y no más, y de estos muchos reclutas nuevos. Belgrano lo ha puesto todo en muy buen orden, y se ha Anchorena

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merecido mucho respeto por su actividad, celo y sigilo, y generalmente por el arreglo de su vida pública y privada. Algunos lo consideran un déspota, pero yo no puedo decir nada sobre este particular. Ojalá sus antecesores hubieran observado su conducta ! Nuestra situación en el día sería muy diferente; no hubiéramos perdido muchos amigos y tendríamos ya convertidos a muchos enemigos. Nuestra fuerza sería respetable y de recursos abundantes ...”. Como Nicolás había sido nombrado candidato para asesorar al Gobierno, junto con Tomás, este le advierte a su hermano; “Cuidado con el nuevo empleo. Es preciso obrar con mucha detención, juicio y delicadeza en los casos que podrán ocurrir. Nuestra causa y ese pueblo (porteño) se han desacreditado por la veleidad, ligereza y precipitación con que se ha procedido en muchas cosas. De ahí ha provenido que hasta ahora nada ha habido de estable y permanente, y todo se ha vuelto innovación, correcciones y modificaciones, que han ocasionado mil facciones y partidos, y en el que todos se hayan complicado de diferentes modos, porque antes de hacer las cosas no han meditado como debían, reflexionando sobre su trascendencia, y aunque esto no ha sido verdaderamente culpa del pueblo, a él se le atribuye todo, y los enemigos se aprovechan de estos desórdenes, como que a ellos y no a sus fuerzas, pericia ni valor deben su victoria ...”. Secretario de Belgrano A principio de agosto — tras la derrota de los cochabambinos por Goyeneche, con el consiguiente saqueo de la población y la retirada de Belgrano con su ejército hasta Tucumán — Tomás decide también abandonar Jujuy, pero “no se hallan transportes, porque todos, o los más, están de cuenta del ejército, y la gente que arrienda, o anda en fuga o en el servicio de las armas, de modo que esta dificultad es la más insuperable”. Entonces (el 18 de aquel mes) le escribe a su hermano Nicolás: “Belgrano me ha instado ayer porque sea su auditor privado, o al menos su secretario, y aunque le he merecido mucha confianza, no me considero con suficiente 292

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capacidad, porque esto me perjudicaría mucho en mis atenciones particulares; y porque creo que las cosas no van como debieran ir me he excusado, diciéndole que no me contemplo a los talentos para el cargo de tanta importancia en estos paises y en circunstancias tan delicadas ...”. Lograda la estupenda victoria de Tucumán el 24 de septiembre, Tomás Manuel (que había sido partidario de no librar batalla y continuar la retirada hacia el sur, porque “no sé como será esto, cuando sobra gente y faltan armas”), le escribe lleno de entusiasmo a su familia, el 11 de octubre, desde la ciudad triunfante, que el enemigo se alejaba perseguido por 500 hombres al mando de Díaz Vélez. A todo esto Belgrano, el 31 de octubre, cursó al Gobierno de Buenos Aires la siguiente comunicación: “Exmo. Sr. — Hallándome enteramente recargado y sin serme posible atender a los objetos que me rodean, he solicitado al Doctor Don Tomás Manuel de Anchorena para que me ayude con sus conocimientos, y nombrarle Secretario. Sin embargo de sus intereses y de sus particulares atenciones, su patriotismo le ha decidido y se ha prestado a este servicio. No me parece preciso recomendar a V.E. sus conocimientos y virtudes, pues es notorio el concepto que merece, y por lo tanto al mismo tiempo que espero su superior aprobación, espero también que V.E. se digne expedirle el título correspondiente de tal Secretario con los privilegios que tuviere a bien”. Y justo al mes siguiente, el flamante Secretario les anuncia a los suyos desde Tucumán: “... Ya he dejado el comercio y he tomado otro oficio, aunque eventual, en que no sé si me irá tan mal como aquel. Luego que regresé a esta, tomó Belgrano el empeño de que debía ser su secretario: en vano me le resistí por todos modos, porque fué tanto lo que me instó y aún suplicó, que yo me vi en la precisión de acceder. El cargo me es demasiado molesto y casi insoportable, pero lo que me ha expresado Belgrano, y yo he reflexionado, creo que en él hago un servicio a la Patria, que no lo haría en otro alguno, y que lo hago sin comprometer el honor, aunque con algún riesgo para con el enemigo. Conozco el perjuicio a que me expongo y voy a experimentar, pero es necesario pasar por el Anchorena

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sacrificio para evitar otro mayor. Mi intención ha sido sana y desinteresada, y esto me hace esperar que Dios me ha de favorecer ... transitando estos caminos con Belgrano hasta Salta y Jujuy, y con el favor de Dios esperamos la victoria ... ”. En carta tucumana posterior, el 24 de diciembre, Tomás Manuel, tras asumir sus funciones junto a Belgrano, le explicita al primogénito de la familia su opinión acerca de los políticos de la facción “alvearista” y de no pocos demagogos que darían vida a la Asamblea del año XIII: “Estimado Juan José: la tuya de 27 pp. es una prueba del afecto que me profesas como hermano, pero nada de cuanto me dices me toma de nuevo. Todos sabemos que la Patria es juguete de las pasiones y la máscara para cometer toda clase delitos. Esto sucede siempre en las revoluciones de los Estados. La política de los cortesanos del día en esa (Buenos Aires) es demasiado grosera para que pueda ser imperceptible aún a los más advertidos, y tanto más cuanto creen que los habitantes de los demás pueblos ni piensan, ni tiene luces para conocer sus patrañas. Pero desengáñate, que ni en estos lugares se encuentra ya la sencillez de las aldeas. En estos lugares se solicitan las individuales noticias de los sujetos, de sus ideas, de sus conexiones, de sus rivalidades y de su conducta; en estos lugares se saben por cartas y avisos verbales, los partidos que prevalecen en el pueblo y en el mismo Gobierno y sus autores; en estos lugares es donde se observa, se discurre constantemente, y se combinan las miras y operaciones de esos políticos que han aparecido de repente en nuestro suelo, o que semejantes a los apóstoles y discípulos de Cristo, luego que les envió el Espíritu Santo en lenguas de fuego, han experimentado una transformación admirable, convirtiéndose, con la revolución, de hombres vagos, jugadores, ignorantes y corrompidos, en virtuosos patriotas y políticos profundos. Cuando me he propuesto servir, no ha sido por sencillez, ni por desconocer nuestra situación política y militar, ni sin preveer lo que tu me anuncias para el fin de seis meses, desde la fecha de la tuya, — pues como seis días antes de recibirla, había estado yo opinando lo mismo en una conversación con Belgrano —, sino porque creí que podía ser útil y porque ... 294

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algún día, si Dios quiere, hablaremos de silla a silla. No es capaz ninguna de Vmds. de poderse figurar, sin verlo, el estado de las cosas por acá. Aquí solo se sabe lo que son los militares y mandones en revolución, y en donde se sienten, casi en su lleno, los efectos de esta. Ojalá los trabajos que sufren miles de habitantes por acá recayese en los indecentes políticos que no hacen ni han hecho más que entorpecer los progresos del sistema!. Teniendo en consideración esto, y muchísimas cosas que no es dable compendiar en una carta, he admitido el cargo, con calidad de renunciable a mi voluntad, para zafar de él cuando me de gana, cuya calidad ha sido admitida. Pasarlo bien, y manda a tu affmo. hermano” Preliminares de la batalla de Salta El 11-XI-1973 Mariano de Echazú Lezica publicó en el diario La Gaceta de Tucumán, varios interesantes fragmentos de cartas de Tomás Manuel a su hermano Nicolás, en un artículo que tituló La victoria de Salta: una predicción del Dr. Anchorena desde la tierra tucumana. En la primera de esas misivas — dadas a conocer por Echazú — Tomás, el 24XI-1812 desde Tucumán, le informaba a Nicolás: “Se cree que el enemigo se halla en muy mala situación, y por varios emigrados y prófugos de aquellas dos ciudades se sabe corría la voz que Chuquisaca y Cochabamba se habían conmovido, y que Goyeneche estaba en Oruro ... el regimiento de patricios llego ayer. Le dirás al doctor Echevarría que no se queje porque no le escribo, pues con el nuevo cargo en los días de correo no tengo tiempo ni para mear”. En el correo siguiente Tomás le escribe a su hermano: se “prepara a toda prisa la marcha de nuestro ejército hacía Salta. Se va poniendo bajo pie respetable, y creo que pisando aquel territorio no retrocederá más estando a las órdenes de Belgrano”, y (20-I-1813) le amplía Tomás sus noticias a Nicolás: “Ya han salido todos los cuerpos del ejército a excepción del de dragones y milicia patriótica de esta ciudad, que integrarán la caballería. A fines de este mes o principios del que viene, marcharé con el General ... se cree que el enemigo Anchorena

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nos espera, y es lo que deseo, con el favor de Dios triunfaremos”. Desde “la banda del sur del río Pasaje”, el 10 de febrero, Nicolás recibe una larga carta de su hermano en campaña, quien le dice: “Han pasado ya el río los regimientos No 1 y 6, los cazadores pardos y artilleros, toda la artillería y municiones: solo faltan los dragones y los milicianos del Tucumán. La Providencia nos favorece visiblemente; no ha llovido, de consiguiente, no ha habido casi enfermos, y han marchado a pie las tropas precaviendo la deserción, que se puede decir ha sido ninguna. Los enemigos no tienen avanzadas ningunas: una partida de treinta hombres anduvo por Cobos, y unos cuatro individuos llegaron hasta la Ciénaga, e inmediatamente retrocedieron. Nuestras partidas exploradoras han ido hasta la Cabeza del Buey, y por las noticias uniformes que se tienen se sabe que los enemigos no creen en nuestra marcha, y que nuestros movimientos son tan solamente de partidas reforzadas para impedirles la extracción de ganados de esta frontera. El ejército marcha en el mejor orden, los vecinos del tránsito se hacen lenguas aplaudiendo la conducta de la tropa, pues nadie ha recibido la menor extorsión de los soldados. La subordinación está en todo su rigor, y los hombres llenos de gusto y entusiasmo. Yo creo que esta es una de las veces en que se puede, con algún fundamento y seguridad, presagiar la victoria, y tanto más cuanto que el enemigo tiene bastante desorganizado su ejército, y sus soldados no están en el mejor pie de subordinación. Pasado mañana acabará de pasar todo, y nos pondremos ya en marcha en disposición de atacar y de esperar el ser atacados. Si triunfamos en la acción el Perú será nuestro sin duda alguna, pero si el enemigo se retira, habrá que vencer aún algunas dificultades; pero creo que Dios quiere que triunfemos perfectamente, porque después de nuestros esfuerzos, son muchos los prodigios que Dios ha obrado y está obrando en favor nuestro, y que considerados todos en complejo, deben inspirar mucha confianza a cualquiera que tenga un grano de religión”. Tres días más tarde, ya salvado el río Pasaje, vuelve Tomás a comunicar a su hermano estas novedades optimistas: 296

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“El enemigo no hace movimiento alguno; se mantiene encerrado en Salta. Nuestras partidas exploradoras que han avanzado hasta Cobos, avisan que no hay partida alguna enemiga y creen algunos que sean por no saber que estamos ya aquí, pero yo no paso por esto, y juzgo más bien que será porque sus partidas no sean cortadas por las nuestras, o porque estando escasos de caballadas no querrán fatigarlas por si se les pone sitio, o se les ofrece algún apuro. Lo cierto es que nos esperan; pero todo va bien. Buenas bayonetas, bastantes municiones y víveres, entusiasmo en la tropa, mucho orden, y sobre todo la protección manifiesta del Cielo que en todo, todo nos favorece visiblemente. Creo que saldremos con felicidad, pues Dios quiere que volvamos a desagraviar a la Divinidad en otro tiempo despreciada con los ultrajes inferidos a la religión”. Por fin el 20 de febrero Belgrano alcanza la rotunda victoria de Salta. Al día siguiente de la lucha, Tomás Manuel le envía a su hermano estas líneas exultantes: “Estimado Nicolás: Hemos vencido. Ayer tuvimos en este campo una reñida batalla de tres horas a medio tiro de fusil que no conoce otra igual en la América, y se decidió avanzando los nuestro a la bayoneta y haciendo huir en desorden al enemigo, y con la mayor precipitación a sus trincheras que tenían en las bocacalles de la Plaza; enseguida se apoderó parte de nuestras tropas del convento de La Merced y casa de Larramendí, y el final ha sido la capitulación que hará publicar el Gobierno y no incluyo por falta de tiempo y papel. Expresiones a los parientes y amigos. Tu afectísimo hermano: Thomás”. Después del hecho de armas A consecuencia del triunfo salteño quedaba abierto para los patriotas el camino del Alto Perú. Ello le trajo a Tomás Manuel un problema personal muy comprensible. Allá en Potosí — como en distintos centros arribeños — él tuvo que dejar muchas remesas de artículos comerciales al cuidado de sus agentes, y el mercado altoperuano de intercambio, que con tanto provecho habían organizado los Anchorena Anchorena

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durante años encontrábase expedito de nuevo para estos. Aquello cuantiosos intereses particulares eran — que duda cabe — perfectamente legítimos, y Tomás Manuel tenía la obligación de atenderlos, a riesgo de que se perdiera todo el capital invertido en ellos. Empero abrigaba escrúpulos en plantearle a Belgrano su renuncia de secretario. Entonces, el 27 de febrero, le escribió a su madre doña Romana, a fin de que ella le sirviera de pretexto para motivar su alejamiento de aquel cargo, si las circunstancias lo hicieron necesario. Dice esa misiva: “Mi estimada Madre: Deseo estar a disposición de poder renunciar con causales el empleo que obtengo, si me conviene. Para este efecto le estimaré a Vdm. me escriba una carta con fecha 1º del corriente, exigiéndome que procure redondear por acá mi negocio y regresar cuanto antes a esa para concluir las cuentas de la testamentaría de mi padre; y como si yo le hubiese contestado que tuviese paciencia, me escribe Vmd. otra, con fecha del 1º que viene, estrechándome a que me apure a regresar a esa con dicho objeto, y renuncie mi empleo, pues que Vmd. se halla ya en edad avanzada, achacosa, que puede de un día a otro fallecer, y supuesto que es preciso allanar varias cosas que no pueden hacerse por medio de apoderado, pase yo personalmente a conducirlas de mi parte con Vmd. y los hermanos, porque no quiere Vmd. dejarnos enredos, sino que todo quede claro después de sus días; a lo que puede Vmd. agregar otras razones, manifestando el mayor interés en que obedezca sus órdenes, para que yo me vea obligado a renunciar...”. Esta carta — que se halla en el Archivo de la Nación — para Andrés Carretero, y lo mismo para mí “no tiene desperdicio”. “Revela — transcribo al citado archivista — las intenciones de Tomás Manuel para dejar la secretaría de Belgrano y dedicarse por completo a los negocios — pese a sus palabras sobre los servicios a la Patria (recalca malicioso Carretero), pues en esos momentos las perspectivas comerciales eran muy buenas, ya que después de Salta el ejército español se retiró desorganizado y desmoralizado, dejando entrever el camino al norte de manera fácil”.

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Lo cierto fué, por de pronto, que nuestro hombre no renunció a aquella Secretaría, como tampoco echó al abandono sus intereses particulares, ocupándose, diligente, en reanudar sin tapujos el desenvolvimiento mercantil de otrora en las ciudades norteñas, con el visto bueno del General en Jefe del ejército patriota. Así el 2 de abril, desde Jujuy, Tomás Manuel le comunicaba a Juan José: “... En este correo se piden vestuarios al gobierno para la tropa, no sé si los mandarán … Los reglones que puedes mandar, son: paños azules de segunda, verdes como para cazadores, y medios colores; de los primeros hasta doscientas piezas, pues el ejército, que es de tres mil hombres, consumirá cada año como seis mil chupas y otros tantos pantalones; y aunque él no los tome, sin embargo de que se le den más baratos que ningún otro, no faltaría quien los compre siendo buenos ... Después de este renglón debes mandar muchas pieles blancas, lisas, rayadas y colchadas, algunas de color, pero de buen gusto; cotonías finas sencillas; zarazas, cuantas quieras, angostas, campo blanco, pinta algo grande y colores vivos, y también algunas de campo obscuro, que se venden siendo de buena pinta, todas deben ser de buena calidad. Cocos para camisas, pañuelos de narices, medias de algodón finas y regulares, pero no muchas. Panas azules y negras y algunos colores obscuros como verde botella, etc. Balletas, según el adjunto presupuesto, hasta doscientos cabos, que me dicen están escasas. Cuchillería de todas marcas y clases, es decir, flamencos y de las demás especies. Paños finos de colores consabidos, y una partida de yerba, que está escasa. Las sedas y papel han decaído, habiendo internado estos renglones en abundancia para la costa. En el correo que viene, o antes si hubiere ocasión, te instruiré con más individualidad sobre esta materia, y si consigo zafar de la Secretaría, cuyo peso me es ya insoportable, con la apertura del Perú yo mismo daré expendio a los efectos en Potosí”. Poco después (16 de abril) Anchorena le escribió a Juan Gualberto Echeverría, quien, luego de la batalla de Salta, había sido liberado, pues lo tuvieron prisionero los realistas, y se encaminaba a incorporarse a las fuerzas patriotas de Anchorena

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Oruro: “... Ya Ud. habrá visto como quedó nuestro ejército de resultas de la acción del 20 … por la multitud inmensa de enfermos de terciana que cayeron enseguida de la acción, a causa de las continuas mojaduras, malas noches y demás trabajos que sufrieron en una estación la más penosa en estos paises. Los recursos de estos pueblos están agotados; la arriería está destruída; el tránsito al Perú asolado y desierto; los ríos crecidos, y la gente solo puede ir a pie; el invierno está encima y los soldados se hallan escasos de ropa. Debemos llevar todos los víveres desde aquí, y estos ni están prontos ni han podido estarlo para más de tres mil hombres”. Dos días más adelante (18 de abril), asimismo desde Jujuy, Tomás le pone a Nicolás: “... He tenido carta del Dr. Salinas, Gobernador de Potosí, que vió a Obregón por mis efectos, y me dice que el enemigo echó manos a una parte (paños y lanas) pero que existen los más y no se perderán; que aunque Obregón esta en cama hidrópico, a cargo de una zamba (esclava), y se teme que de la noche a la mañana aparezca muerto, no tenga que tener cuidado, que estará a la mira de ellos ... ”. Al mes siguiente (7 de mayo) llega Tomás a Potosí con la vanguardia de las tropas de Belgrano, mandadas por Eustoquio Díaz Vélez; y lo entera a Nicolás que la ciudad ha quedado arruinada. Se han ido — dice — una porción de comerciantes principales con el enemigo, temerosos que sucediese lo que con Castelli, y de un saqueo de esta chusma, que no desea otra cosa. Los indios de mita no trabajan; los comerciantes que han quedado no giran, unos por estar atrasados y otros porque no ven decidida la cosa; de modo que a mi entender no se puede pensar en negocio crecido ... Esto se ha de poner muy malo en lo sucesivo a mi parecer, yo no pienso permanecer mucho tiempo por acá, y no creo que en día haya sujeto a quien se le pueda confiar intereses para venta ...”. Carta confidencial a Manuel José García He aquí una carta interesante, que despachó Anchorena el 27 de mayo desde Potosí para su amigo Manuel José 300

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García, que acababa de ser nombrado Secretario de Hacienda por el Segundo Triunvirato. Esa larga epístola privada, que pinta entero al corresponsal explayando su sensato pragmatismo, dice así: “Mi amado Manuel: En el instante mismo de montar a mula para esta, supe en Jujuy el nombramiento de Secretario que había hecho en tí el Gobierno. Sea en hora buena: no te felicito porque los empleos en el día, a más de ser unos cargos muy pesados, hacen estremecer al hombre de bien, que conoce lo difícil que es desempeñarlos como corresponde. Con este motivo te hablaré algo de asuntos públicos. Es menester gran cuidado en la elección de Gobernadores de estas Provincias y demás empleos. El de esta Villa (Dr. José Manuel Salinas) y el Presidente de Chuquisaca (José Antonio Ocampo) son buenos sujetos, y se están portando muy bien; lo mismo dicen algunos sujetos del de Cochabamba (el Coronel Arenales); pero sirva de máxima que ningún empleado sea comerciante, como el Administrador de correos de Jujuy y el Tesorero del Tucumán; ni emparentado por consanguinidad o afinidad con la familia del pueblo en que ejerza el empleo; ni el Gobernador en la Provincia de su gobierno; pues la experiencia nos ha hecho ver demasiado los males que traen estas relaciones, y que las razones que se alegan por la opinión contraria no tienen la misma fuerza. Sobre todo importa que los Magistrados sean hombres de bien y conocidos. En los pueblos que he transitado, es muy común la queja de que se ponen a la cabeza de los negocios personas desconocidas, o a aquellos que sonaron desde el principio de nuestra revolución, y de cuya conducta están ya aburridos. No hay que hacer caso de cuentos, no de los informes privados de muchos que se titulan patriotas en estos paises. Por acá está en todo su punto la envidia, la venganza y la intriga; es muy raro el hombre de alguna providad, y todos generalmente no tratan sino de sorprender al gobierno y sus jefes para derribar a su contrario, y ven como han de lograr un empleo para hacer de las suyas a nombre de la Patria. No es esto exageración, tu has conocido la corrupción de estos pueblos y la degradación a que estaban reducidos. Las virtudes morales y políticas no se adquieren con llamarse Anchorena

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patriotas, son obra de la educación y del tiempo. Los hombres tampoco obran a beneficio del Estado por solo el conocimiento del interés público, sino por la inclinación de obrar bien que produce la educación que han tenido. En el hombre sin virtudes los talentos solo sirven para lisongear sus pasiones particulares, y así algunos que por sus conocimientos parece debían ser los más útiles, son generalmente los más temibles. He leído el discurso del Redactor (de la Asamblea a cargo de fray Cayetano Rodríguez) sobre el trabajo de las minas. Todo está bueno; pero mientras quitada la mita no se arbitren medios para que los indios abandonando sus casas o vecindad y vengan a trabajar a este cerro, pagándoles el jornal justo, todos los proyectos serán al aire con respecto a estas minas. El indio voluntariamente no lo hará, según entiendo,por ningún jornal, porque ama mucho su vecindario, en donde jamás le falta como subsistir; y no aspira a más que a lo muy preciso para la vida en la miseria a que esta acostumbrado, y de que no desea salir, porque no le es molesta. Si por ahora en atención a las graves urgencias que nos rodean es necesario para la conservación del Estado el trabajo de este cerro, si no hay un medio para facilitar la concurrencia de brazos suficientes para el beneficio de las minas — que hasta ahora no lo veo — que supla el defecto de la mita, digo que esta es necesaria, y que desterrando los abusos que se cometen, y modificando algunas cosas, no es contraria a los principios de nuestro sistema. Según estos, todo hombre debe sacrificar hasta su vida, si es necesario, por la conservación de la nación, y el interés particular jamás puede estar en oposición con el interés público. Al soldado se le obliga por fuerza a derramar su sangre por la salud de la Patria, y ¿porqué no se le obligaría al indio a que trabaje por un jornal justo en estas minas, siendo el solo quien puede hacerlo, y siendo esto tan necesario para la salvación de la Patria como el peligro o sacrificio a que se expone el soldado?. No entiendas por esto que opino absolutamente que no debe extinguirse la mita (o sea obligar a trabajar por turno a los indios en las minas). Lo que deseo es que no se dejen arrastrar en esa (Buenos Aires) del prurito de reformarlo todo, y que todo lo des302

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hagan, sin hacer otras cosas que las subrroguen. Sería muy conveniente que para cualquiera reforma se pidiesen informes a cuantos sujetos de más conocimientos y práctica en las materias, porque lo contrario es proceder a ciegas, y exponernos a trastornarlo todo sin hacer cosa de provecho. Para dictar leyes no bastan las reglas generales, es necesario instruirse del pormenor, de la circunstancia, tanto como del tiempo, lugar, personas y cosas que se tratan de arreglar. Una de las que de pronto deben Vmds. consultar, es el fomento de ciertas manifestaciones del País para adelantar el comercio interior y evitar la excesiva exportación de dinero. Entre ellas creo son de primera atención los sombreros, tucuyos (géneros burdos) y bayetones del País; y creo se conseguiría (aquello) al prohibirse la introducción de sombreros de ultramar, la de lienzos gruesos de algodón, y las bayetas y paños de 2ª y 3ª; o al menos recargando con exceso de derechos estos renglones, o prohibiendo que se introduzcan de esa ciudad a las Provincias interiores. Basta por ahora, no te rías de mis ideas si te parecen malas, que cada uno tiene su librito, y manda en cuanto gustes a tu affmo. condiscípulo: Thomás”. Cartas que hablan de personas, de política, de guerra, de negocios Belgrano, de tanto en tanto, mandaba a Potosí cortos renglones a su Secretario. El 29 de mayo, desde Jujuy, entre otras cosas le decía: “Mi amigo: celebro el feliz arribo, el buen recibimiento y las demostraciones religiosas más que todo. Con estas ganamos con Dios, con la Generala (la Virgen de la Merced), con los pueblos y con el mundo todo: ojalá que jamás nos desviemos de ellas! Ud. me hizo formar concepto de Salinas, y lo tengo tan bien cimentado que no me harán separar de el ... Deje Ud. que hablen del Marqués (del Valle del Tojo), de Valenzuela (Eduardo, Teniente mendocino) y de todos; oiré y procederé conforme a justicia: no veo más que odios, rivalidades, y grandes deseos de vivir a expensas del público, que es lo que me parece han buscado en

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la revolución ...”. Y el General firma sencillamente: “Manuel”. El 9 de junio, también desde Jujuy, le decía Belgrano a Anchorena: “... He mandado que baje Dorrego y bajará hasta Buenos Aires; lo mismo le ha de suceder a Arauz (el Coronel Miguel); se han creído algunos que son Don Preciso y se equivocan; si quieren ser gentes que vayan a pretender mi puesto, que lo celebraré infinito se lo dén ... Escríbale Ud. a Gabriel (Palacios, Camarista en Charcas) que yo también lo haré, para que lo releve de la Secretaría; pero ha ser luego que yo vaya a esa (Potosí). A Bustamante (Teodoro Sánchez de) le he hablado; me dice que en concluyendo su testamento me acompañará (como reemplazante de Anchorena en la Secretaría); me ha servido mucho y ha sido mi consuelo en algunas cosillas con que me han incomodado de abajo (Bs As) ... He prohibido la salida de los efectos de comercio porque no hay mulas para el ejército; veremos si se remedia esto que tanto me cuesta, y alzaré la prohibición ...”. En ese mes de junio, Tomás le escribió a su antiguo amigo en Chuquisaca Sebastián Toribio Caviedes: “ ... No sé si sabe Vmd. que en el Tucumán fuí nombrado de Secretario a propuesta del General, para que como dice el refrán: a falta de pan buenas son tortas. Sucede ya que los negocios se multiplican cada día y son de mayor gravedad, que por lo mismo mis luces no alcanzan a desempeñar este empleo como yo quisiera, también me lo impiden las atenciones de mi casa e intereses que tengo repartidos, por cuyo motivo le he insinuado al General mi renuncia privadamente, proponiéndole a nuestro paisano para el ejercicio, Dr. Dn. Gabriel Palacios (del Tribunal de Justicia de Charcas) por su providad y talentos, pero vacilamos en la duda de que quiera admitirlo. En esta virtud, le he de estimar a Vmd. que mediante la estrecha amistad que tiene con dicho Sr. le hable sobre el particular, y lo mueva a que admita el empleo, en la inteligencia que el General esta dispuesto a abonarle dos mil pesos anuales de renta. Espero me dispense Vmd. este favor con toda eficacia, pues en mi concepto hace Vmd. un servicio al Estado, al General y a mí”. 304

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El 11 de julio expresábale Tomás a Juan José: “... Celebro la determinación que has tomado de contraer matrimonio con doña Bonifacia Lezica, pues por la elección de la persona creo que habrás meditado el asunto con serenidad. El estado es, como dices, de pacientes (y el corresponsal le endilga enseguida, al novio, esta homilía puritana bastante poco alentadora); pero cuando consultando el hombre con Dios y su corazón ve que este camino escabroso y lleno de espinas es el que le está designado para llegar al término de su salvación, debe seguirlo con valor, y resolviéndose a sufrir todos los constrastes que puedan sobrevenirle; teniendo siempre presente que estamos en un valle de lágrimas; que nuestra vida es una triste peregrinación que da Dios al hombre; que pone toda su confianza en El con resignación; que por medio de los más grandes trabajos le prepara su mayor felicidad; que El solo puede ser objeto de esta; y que después de El nada hay capaz de llenar nuestros deseos. Quiera el cielo hacerte feliz y manda a tu affmo. hermano Tomás”. Igualmente despacha de Potosí Tomás Manuel, el 27 de agosto, una larga carta para Nicolás, informándole sobre la personalidad de Moldes y sus manejos políticos; “... Dicho M. (Moldes) — dice — es un sujeto a quien devora la envidia, la soberbia, la ambición y la venganza. La envidia lo hace hablar de todos los que merecen alguna opinión u ocupan algún puesto de distinción. La ambición le hace aspirar a los primeros cargos; pero la soberbia, que lo hace insoportable a todos, suponiendo que el solo es el hombre capaz para cualquier encargo, no le permite hacerse lugar entre los hombres, y por lo mismo huyen de él, y lo consideran inepto para todo. Cuando le han conferido algún cargo, ha sido tanto su orgullo y el empeño de extender sus facultades, que siempre ha salido descalabrado. De aquí le han nacido resentimientos, y por tomar de ellos venganza ha sido tan gruesa su mordacidad, que ya los que le conocen le oyen con desprecio. Cuando la Junta de diputados le mandó salir de esa parte para Salta dentro de 24 horas, vino hablando con tal furor y desenfreno contra el gobierno en todas las postas y demás puntos del tránsito, que aún aquellos que conociera la indignidad de los Anchorena

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diputados, no le hacían caso. Por este mismo resentimiento cuando ocurrió la derrota del Desaguadero, luego que se tuvo aquí la noticia, subió al Perú con el objeto de seducir a Cochabamba a que se declarase contra el gobierno de esa capital, suponiendo que nuestro ejército estaba ya aniquilado; pero llegó tarde y no pudo lograr su intento ... Cuando le nombró el Gobierno 2º Jefe de este ejército, fué tanto el orgullo de que se revistió y el despotismo con que obró, que disgusto no solo a los oficiales malos, sino también a los buenos, pues ofendían el honor de estos para contener a aquellos; y Pueyrredón a pesar de su general condescendenciao por carácter o por estudio, tuvo al fin que echarlo en mala hora porque ya no lo podía sufrir. Agraviado de esto, cuando se retiraba para el Tucumán, suponiendo que nuestro ejército no era más que para tiranizar a los pueblos, propuso en Salta que él, con 400 hombres que le diesen del vecindario, se prometía destruirlo y presentar preso a Pueyrredón. Después de la última derrota de Cochabamba, lo comisionó B. (Belgrano) para que alistase a tomar las armas al vecindario de Salta ... y vió tanto de su genio, que la mitad de sus paisanos tiraban piedras contra él. Pasada la acción del Tucumán lo nombró inspector y los oficiales comandantes de los cuerpos, como lo conocían y temían que quisiese vengar los resentimientos que conservaba del disgusto con Pueyrredón ,resistieron su nombramiento con razón, porque veían su suerte expuestas a las persecuciones y caprichos que le sugirieron sus pasiones. Con este motivo se vió obligado a renunciar el empleo, y de aquí ha nacido el propalar que en este ejército no hay subordinación ... Creo que para decir todo del tal M. (Moldes) no me asiste pasión alguna, pues jamás me ha hecho mal, ni le he merecido bien, como que no lo he comunicado; pero estoy en sus milagros, y por voz general sé también que detesta a muerte a todo porteño ... Es de advertir que antes de la derrota del Desaguadero, se fraguaba una combinación entre las cuatro Provincias del Perú a la que fué incitado el gobierno de Salta, para establecerse un gobierno independiente de esa Capital, y exigirle que el Congreso se formase fuera de Buenos Aires ... Te he hecho toda esta relación, aunque de prisa, 306

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para que conozcas al tal pichón, y lo hagas conocer a los amigos ... Teniendo en consideración el mucho trabajo de la Secretaría, los perjuicios que he experimentado y experimento aún en desentender a mis negocios, pedí a B. (Belgrano) me hiciese la asignación del sueldo que debía gozar, y me ha asignado dos mil pesos al año, que deben correrme desde el día en que fuí nombrado. Antes de esto ya le había manifestado que entrando al Perú no podía continuar, expresándole los motivos que le hacen bastante fuerza; pero él se empeña en que siga, y acaso con este objeto me ha hecho dicha asignación. Ello es que me ha de costar el zafar, pero yo he de procurar hacerlo ...”. Vilcapujio y Ayohuma. La retirada apremiante luego de esos contrastes El 1º de octubre se produce la derrota de Vilcapujio, y veinte días después Belgrano desde su cuartel general en Macha,le escribe a Anchorena: “Mi amigo: ... no puedo creer que Uds. (en Potosí) sean atacados, pues me constan las fuerzas que tienen los héroes Castro (mi tío tatarabuelo Saturnino) y Olañeta; todas son pinturas; y es de presumirlo así, pues no era regular que los mandasen a ellos a esa empresa, a menos que no crea Pezuela que nos hemos vuelto humo ... Los enemigos no quedaron para atacar; los ví hasta los últimos instantes; y si hubiese habido quien me acompañase no se quedan en el campo de batalla, en el que nunca juntaron, créalo Ud., 600 hombres. Todo el refuerzo que han tenido son las ridículas guarniciones que tenían en Oruro y otros puntos, que todas ellas han hecho poco más de 100 hombres. Sus atenciones con el movimiento de la costa y por la Provincia de La Paz (arisca también) ... son muchas, y espero que ellas les distraigan de nosotros, más de lo que pensamos. En seis u ocho días puedo tener todo el ejército reunido, según las distancias que ocupamos, y el país permite que sin que nos incomoden hagamos esta operación, y entretanto damos que pensar al enemigo que debe temer nuestros movimientos. Por lo que hace a este punto, puedo decir a Ud. Anchorena

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que tiene entradas terribles, y no es tan fácil atacarlo; mucho menos si sigo los diferentes caminos que se presentan para reunirme con Uds., y que Zelaya haga otro tanto. Y aún creo que el enemigo ignora mi existencia en este punto, pues los prisioneros que se le han hecho en estos días así lo dicen. Disponga Ud. de mi voluntad y escríbame más a menudo: Belgrano”. Unos días más tarde, acompañando copia de este carta de Belgrano, Tomás Manuel expresábale a Nicolás: “... El Cuartel General del enemigo está en Condo, la totalidad de su ejército, según el cálculo más crecido, es de mil y quinientos hombres por la mortalidad y dispersión que sufrió. La fuerza que amenaza esta villa apenas llegará a cuatrocientos, según los mejores partes, y en el día se halla en Yocalla, ocho leguas distante de aquí. Nuestro General nos aviso de oficio, hace unos días, que tenía más de dos mil hombres reunidos, que estaba perfectamente municionado y que abundaba de víveres. A esta hora ya tiene siete cañones de a dos y uno. El Coronel Zelaya está en Chayanta con tres mil cochabambinos bien ordenados y subordinados, de los cuales mil quinientos se han separado para engrosar las fuerzas de línea. Toda la provincia está en movimiento, y lo mismo Tacna, Arica, Arequipa y La Paz. No tiene duda que el enemigo se ve como aislado y lleno de atenciones, y por lo mismo es de creer que, si se mueve primero que nuestro ejército, dirigirá el golpe contra Belgrano antes de venir aquí; pero éste sé que está en buen punto, y me lo asegura en sus cartas, por lo que no hay ahora que temer, sino uno de aquellos contrastes de fortuna que son demasiado comunes en la guerra, cual fué el de Vilcapujio, en que habiendo nuestro centro y ala derecha dispersado el centro y ala izquierda del enemigo, y ganarle toda la artillería, flaqueó nuestra ala izquierda y cuerpo de reserva, por temer nuestros reclutas no haberlos protegidos oportunamente la caballería, y haberle muerto al número 8 sus dos jefes (Coronel Benito Alvarez y Mayor Patricio Beldón), y al cuerpo de reserva el Sargento Mayor (José Laureano Villegas); de que resultó que habiéndose tocado a reunión — no se sabe por quien ni por cuya orden — retrocedieron los 308

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nuestros que habían avanzado en su auxilio, y entonces rehaciéndose los enemigos que habían huído, cargaron con su cuerpo de reserva sobre los nuestros y causaron su dispersión. Belgrano, sin embargo, pudo reunir algunos y recobró nuestro campo perdido, pero como la gente estuviese ya cansada y escasa de cartuchos, a cosa de las tres de la tarde se vió en la necesidad de retirarse a Macha, tres leguas distante de Vilcapujio, habiendo ido Díaz Vélez a reunir los dispersos ...”. También a su hermano Juan José habíale escrito Tomás Manuel el 27 de octubre: “... Con motivo del suceso de Vilcapujio, por el riesgo que corren aquí (en Potosí) los intereses particulares, he dado contraorden a Jujuy para que no me manden tu papel, y lo que tengo mío en aquella ciudad ... Con lo ocurrido en Vilcapujio y amagos del enemigo en esta Villa, todo ha sido cuidado y afanes, que hasta no me dejan casi descansar, porque hago de todos oficios en la milicia ...”. Y al mes siguiente (11 de noviembre) el corresponsal potosino le informaba a Juan José; “... Ya te escribí en el correo anterior de los riesgos que corren aquí los intereses particulares con motivo de la acción de Vilcapujio ... El ejército enemigo que no pasa de dos mil hombres, con todos los auxilios y reclutas que ha recibido después de la acción del 1º ppdo., se halla a seis leguas del nuestro. Este tiene ya nueve cañones, más de dos mil hombres de tropa vieja de línea, fuera de los cochabambinos y caballería del valle grande, cuya gente se parece a los tucumanos en lo jinetes, y se halla en el pie que manifiesta la adjunta carta en copia que me escribió Belgrano. Este iba a salirles al encuentro a dos leguas de distancia de Macha, en una pampa, y por el estado de nuestras tropas, yo espero con más probabilidad que antes la victoria ...”. Aquella copia adjunta de la carta de Belgrano, fechada en Macha el 3 de noviembre, decía así: “Mi amigo: ya he mandado que se dejen 150 o 200 soldados en esa, y creo que se haya verificado acaso desde Tarapaya, donde supongo alcanzarían mi expresa. El archivo de la Secretaría está seguro en esa por ahora, y respecto a que viene Bustamante puede quedarse con él (el archivo), y Ud. venirse como más fuerte Anchorena

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para los trabajos: no puedo ya solo con el peso, y necesito también tener con quien desahogarme. Mandé a Díaz Vélez que se viniera a Actasa, y según sepa del enemigo lo mandaré que se me reúna: el enemigo se movió de Condo, y fué a Challapata, y dicen que antes de ayer había campado en Molino Pampa, y Castro y Olañeta en Ancacato, de retirada. No sé cuales sean sus ideas: pero me presumo que no viene a este punto. Yo, según sus marchas, he de retroceder y he de ir a atacarlo en ellas, a cuyo efecto he mandado que venga Zelaya a reunirse. Se decía que venía a Chayanta, pero también lo dudo. Sicasica lo creo en nuestro poder desde el 26 del pasado, y toda la Provincia de La Paz conmovida. La costa, si sigue, les ha de llamar la atención, conque me presumo que deban estar perplejos. Su intención debe ser la de concluir conmigo; pero yo me creo en mejor estado que él: lo ví en la acción; sé la gran deserción que ha tenido y tiene, hasta de oficiales, y ¿no se hace Ud. cargo que si hubiera estado en situación de batirme, no me hubiera dejado 15 días sin municiones, y después reponerme como estoy?. Aquí estamos llenos de víveres, sin que nada nos falte. No sé como ponderar a la Provincia de Chayanta: se ha manifestado cual la mejor, y si yo la hubiera dejado, ya todo, todo lo habríamos perdido. Dios me dió el pensamiento y fortaleza para sostenerla. Deje Ud. sus intereses asegurados y los papeles al Gobernador para que los entregue a Bustamante, y véngase cuanto antes para que hablemos, y que me ayude Ud. como lo deseo. He abierto el comercio de Mojos y Chiquitos, atropellando por todo para dar contento a aquellas gentes: en esta Provincia he mandado se forme una razón de las tierras comunes para repartirlas entre los que han sido perjudicados por el enemigo y los fieles servidores de la Patria. Téngame Ud. lástima y crea que soy su: Manuel Belgrano”. Cuatro días atrás (30 de octubre) el Secretario había recibido desde Macha, esta esquela de su General: “Mi amigo: No conozco la melancolía como Ud.: confianza en Dios y trabajar largo que hemos de salir avante; ya le escribo a Bustamante que a Ud. o a él los necesito, pues ya no puedo con tanto. Los enemigos van de guerra a reunirse, según todos los 310

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partes, y los espero más positivos para tomar mi determinación. El ejército está ya en pie respetable, y todos al parecer con espíritu. No crea Ud. que se quede sin castigo nadie: he de hacer cuanto pueda para que el ejército se mantenga, aunque no tenga más que a un hombre, con orden y disciplina. Estoy contento con los que hay aquí. Adiós que no puedo más: Belgrano”. El 11 de noviembre Tomás Manuel le ponía a su hermano Nicolás: “... Estoy preparándome para ir donde se halla el General que me llama, y allí escribiré por los conductos de la correspondencia oficial del Gobierno”. Tres días después (14 de noviembre) se produce el desastre de Ayohuma. Anchorena corrido por el avance enemigo abandona Potosí, y desde la Posta de Actasa, varias leguas abajo de la Imperial Villa, el 18 de diciembre, escribe indignado contra el Ejército del Norte a Nicolás: “ ... Ha sido un escándalo la cobardía y atolondramiento de estos indecentes que solo sirven para intrigar, visitar estrados, robar y lucir las personas a costa del Estado. Se han perdido las dos acciones de Vilcapujio y Ayohuma por la cobardía de los jefes y oficiales ...”. Convencido Belgrano que no podría sostenerse en Potosí, ni frenar el avance de las columnas enemigas que lo perseguían, “aceptó — según el historiador Vicente F. López — las indicaciones de su secretario D. Tomás Manuel de Anchorena, joven de carácter soberbio, de claro talento pero inspirado siempre por pasiones rencorosas y recalcitrantes. De común acuerdo con él, dió orden de hacer volar la espléndida y majestuosa casa de Moneda. Afortunadamente la tentativa se frustró, por la traición del Capitán Anglada, intendente militar de la casa, que cortó la mecha y se pasó a los realistas”. Anchorena, entretanto, se apea en Jujuy, y allí encuentra estas líneas de Belgrano, fechadas el 15 de diciembre en Humahuaca: “Mi querido amigo: Creo que jamás podremos contener los abusos si no andamos a palos con todos; en este caso me he de poner: venga sobre mí lo que viniere. No veo más que pícaros y cobardes por todas partes, y lo peor es que no vislumbro todavía el remedio de este mal. Ya tiene Ud. en Anchorena

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Cangrejos (dos leguas al sur de Yavi) a la caballería, y hoy no se si habrá venido más para acá. Su Comandante me dice que no hará frente a diez hombres con cuantos tiene porque todos están acobardados; ¿que tal para la sorpresa?. Lo peor es que solo sé que Araoz (Miguel) ha debido salir el 10 de Tarija, e ignoro donde está; y si el enemigo baja con cualesquier gente no hay con quien hacerle frente. Este llegó a Tupiza y Suipacha; mas ignoro conque fuerza ... me dicen que Castro mandaba la caballería. Hago en camino a los Partidarios y Decididos de Salta. Tal vez con estos, como que entran de refresco y tienen otro interés que los malditos que solo quieren lucir en los estrados, y vivir a costa de la sangre agena, se porten mejor, e impongan a los enemigos hasta que llegue el tal Araoz con cuanto tráe. Téngame Ud. lástima, y mande como pueda a su invariable: Belgrano”. Ultimas misivas norteñas en dicho período Ya en Tucumán, para Tomás Manuel pasaron rápidos los postreros día de aquel aleatorio año 13 y los iniciales meses del 14, que se inauguraban llenos de dificultades. Y el 10 de marzo le escribe a su hermano Juan José: “... Tengo tus prevenciones presentes y la carta, sin firma, en que me dices estabas un poco tétrico. El hecho es que me reconvienes de no haberle querido vender papel al ejército estando en esta. Es cierto, porque siempre cuidé de no dar el menor motivo a la mordacidad, para que se dijese que hacía negocios a la sombra de mi empleo, previendo que podríamos ser desgraciados, y que en tal caso casi todos serían enemigos. Esto me vale ahora para que no me traten de ladrón y, sino me engaño, para que no me tomen en boca, pues con el favor del cielo he procurado medir muy bien todos mis pasos. Mi viaje se retardará algo por que ha enfermado Sarratea (Juan Crisóstomo José, hermano del inquieto Manuel), que es uno de los compañeros con quienes iré en coche. Este punto (Tucumán) no corre riesgo probable de perderse, y por lo mismo dejaré aquí todos tus intereses, los de Nicolás y los míos en poder de don José Orueta, previniéndole no pierda venta de ellos, si 312

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se proporciona. Sabemos que los enemigos que se hallaban en Salta y Jujuy, en número de mil novecientos hombres, se retiraban de Jujuy dejando solo como cuatrocientos, y que Pezuela, que dicen había venido hasta Mojo con una gruesa de escolta de caballería, regresaba a Potosí. Se atribuye este movimiento a haber sido derrotado Lombera por Arenales, Gobernador de Cochabamba, calculándose que la división de dicho Lombera sería lo menos de seicientos hombres. Nada se sabe de oficio acerca de esta derrota, pero avisan algunos individuos de Salta que se habló de ella en el ejército enemigo; que un chasque que venía con pliegos fué aprendido en aquella ciudad, y que habiéndolo puesto en capilla salvó la vida por mediación de Castro. Este chasque transmitió verbalmente la noticia, que se corrobora por otros antecedentes, y parece que el hecho no tiene duda. También lo atribuyen algunos a que puede haber sucedido algún movimiento en Lima, con motivo de la elección de Cabildo, que conforme a la constitución española no puede ser más odiosa para aquel pueblo ...”. El 31 de marzo, aún en Tucumán, nuestro hombre le ponía a su hermano mayor: “Nuestro viaje se ha demorado por la enfermedad de Sarratea, y ahora sabemos que el río de Santiago está crecido, y la travesía llena de agua, por lo que creo que no saldremos hasta después de Pascua ...”. Y por fin, el 16 de mayo, Tomas Manuel avisábale a Juan José: “... Hoy mismo salimos de esta (Tucumán) y por la multitud de los que vamos, tardaremos un mes en llegar a esa ... Se han recibido hace tres días noticias del Perú, por unos pasados que confirman las anteriores. Parece que no tiene duda la resistencia de Cochabamba, la derrota de Lombera por dos ocasiones: la 1º con 500 hombres; la revolución de los indios y la convulsión del Cuzco. Por otra parte los gauchos de Salta apuran al enemigo que está allí, aislándolo, y no permitiéndole sacar ni el ganado preciso para la subsistencia, sino con escasez; de modo que ya la carne se vende por cuenta del Rey. Mi Madre que tenga por suya; expresiones a los amigos, y manda a tu affmo. hermano: Thomás”.

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Anchorena en Buenos Aires. El sentimiento monárquico de entonces El 21 de junio de aquel año 14 —como lo recordaría más tarde Tomás Manuel en su carta a Rosas — él llegó a su ciudad natal, “habiendo hecho el viaje desde Santiago del Estero en compañía con otros y con el General Belgrano, que por orden del gobierno fué detenido en Luján y después confinado en la chacra de su cuñado Lizaur en la costa”. (Chacra frente al río, cuyas tierras pertenecieron un siglo atrás a Miguel de Riblos y luego a sus herederos; que después de Lizaur pasaron al dominio de Ladislao Martínez; y hogaño se ubican en la localidad suburbana apellidada como este último) (33). Belgrano — separado del mando del ejército por la autoridad directorial, que ordenó entregara aquella jefatura a San Martín, — regresaba a Buenos Aires donde se le había levantado un proceso. Venía — consigna Mitre en su historia sobre el prócer — “enfermo de cuerpo y de espíritu”, y, a su arribo a Luján, “el gobierno le intimó se detuviera. Agravándose su enfermedad en este punto, pidió y obtuvo permiso para pasar en calidad de arrestado a una quinta inmediata a la capital, y en aquel retiro empezó a escribir sus Memorias para consolarse de sus recientes desgracias. Al mismo tiempo su proceso continuaba ... Al fin el gobierno mandó sobreseer la causa, de la que por otra parte no resultaba ningún cargo serio contra él”. Desde el 1º de febrero, presidía el Poder Ejecutivo, como Director Supremo, Gervasio Posadas, nombrado por la Asamblea General Constituyente (que no dictaría ninguna constitución). “Don Gervasio Posadas — apuntó Juan Manuel Beruti en sus “Memorias Curiosas” —, de un mero nota33 José Agustín de Lizaur, n. en el pueblo de Cerain, Guipuzcoa, (hijo de Miguel de Lizaur y de Anastasia Oñatibi) se casó en Bs. As. el 25IX-1809 con Marí Antonia D-Argain Belgrano (hija de Juan Bautista DArgain y de María del Rosario Belgrano González). José Agustín de Lizaur no era “cuñado” sino sobrino político del Gral. Belgrano. 314

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rio eclesiástico de este obispado, salió de diputado de la ciudad de Córdoba, y de esto a primer Director Supremo de este Estado, que disfrutó de todos los honores y preminencias debidas a la primera autoridad; ¡cuando se creería él pasar de notario a Director!, pero la suerte le vino, e hizo bien no despreciarla”. En aquel tiempo — y es Tomás Manuel de Anchorena quien se lo recordó a Rosas — muchas personas espectables anhelaban el gobierno monárquico constitucional, que según oía yo discurrir entonces generalmente se deseaba que el monarca fuese algún vástago de la familia de Borbón reinante en España. Nadie, nadie se ocupaba del sistema republicano federal, porque todas las provincias estaban en tal estado de atraso, de pobreza, de ignorancia y desunión entre sí, y todas juntas profesaban tal odio a Buenos Aires, que era como hablar de una quimera el discurrir sobre el establecimiento de un sistema federal; y el de una monarquía llamando a alguno de los Borbones se creía que podría desbaratar los pretextos con que nos hacían la guerra los españoles, y ensayar un ejemplo que podrían seguir los demás pueblos de este continente, y con él afianzar todos su libertad e independencia de un modo constitucional, porque educados todos bajo el sistema monárquico, los hombres de más saber opinaban que en estos paises de América era imposible formar gobiernos estables y bien ordenados bajo puras formas democráticas, y que siendo insoportable y ruinoso a todo Estado el gobierno absoluto, debía ser el nuestro monárquico constitucional”. Estando allí en la ciudad — prosigue Tomas Manuel — “don Manuel José García, que me parece era entonces miembro de un consejo de gobierno, me habló para ir a una misión a Europa, dirigida por nuestro gobierno para arreglar nuestros asuntos políticos. Me le escusé, y entonces me preguntó si querría aceptarla Belgrano, a lo que le contesté que no sabía, pero que, si quería, yo le escribiría preguntándoselo. Me dijo que si, y yo entonces escribí a Belgrano todo lo ocurrido sobre el particular, y fuí a hablar con él para aconsejarle, como le aconsejé, que si la comisión era honorable la admitiese, para tapar con ella la boca de sus enemigos que no Anchorena

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eran pocos. La admitió con efecto, en compañía de don Bernardino Rivadavia, y salieron ambos para Europa ... pero yo nunca supe determinadamente el objeto de la misión, sino en los términos generales que llevo expresados. Después se dijo públicamente que habían ido a tratar con los reyes padres, es decir Carlos IV y su esposa María Luisa, sobre la coronación en estos países de uno de los príncipes de la familia, bajo la forma constitucional que se les propondría, y no me acuerdo haber oído reprochar esta idea como antipatriótica, porque entonces, aunque no dejaría de tener opositores, no era mirada como opuesta a los votos de los pueblos que habían integrado el virreynato del Río de la Plata”. “Así fué — continúa el informe de Anchorena a Rosas — que en la revolución del 15 de abril de 1815, en que fué depuesto Alvear del mando de supremo Director y obligado por capitulación a emigrar de la República, y en que disuelta la Asamblea sus diputados fueron procesados y algunos de ellos espelidos del país, se les formaron cargos por actos de arbitrariedad y tiranía que habían cometido; pero no se les dijo cosa alguna por la misión de Belgrano, Rivadavia y Sarratea, no obstante que se había hablado y hablaba mucho del objeto de ella en los términos que recuerdo y he dicho ...”. El 18-XII-1814 se embarcaron en el “Zephir” rumbo a Río de Janeiro, para de allá dirigirse a Londres y después al continente, los emisarios Belgrano y Rivadavia. Aquel, desde la capital carioca, le escribió (30-I-1815) una cariñosa carta a su ex Secretario Anchorena, en la que, entre otras cosas, le decía: Mi querido amigo: si Ud. verificase su viaje proyectado debe venir a ver los progresos de este pueblo: aquí se pulsa cuanto puede la libertad del comercio, y que todo lo hace un gobierno cuando no lo quiere disponer y manejar todo por si mismo ... deseo con ansia el arribo de “La Inconstante” para que sigamos nuestro viaje, habiendo aquí concluído lo que teníamos por encargo; asimismo deseo saber el estado de nuestras cosas, por que salí bastante alarmado de esa, y no han dejado de amargarme más de un rato de los que me han dejado libre mis males habituales, que me han acosado terriblemente, pues la estación es penosa, y la habitación que 316

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hemos tenido la han hecho todavía más cruel ... ¿tiene Ud. noticias de nuestro Jujuy, o como está esa correspondencia? No nos vimos antes de salir, porque el embarco fué repentino, y cuando yo menos lo pensaba. ¿Cesarán nuestras calamidades?. Confieso a Ud. que jamás nos sería tan útil la unión como al presente: nuestra posición es la más hermosa, y nos valdría mucho si ella pudiera aparecer sin las sombras que a mi salida la obscurecían. Sabe Ud. que me intereso por su felicidad y la de sus hermanos, como igualmente de su Sra. Madre; de mi Don Cristóbal Aguirre, su Sra. (María Manuela López de Anaya), de Don Juan Pedro (Aguirre) y de todos deme Ud. las noticias con las suyas, con lo demás que quisiere a su siempre fiel amigo: Ml. Belgrano”. Breve actuación pública de Anchorena en 1815 A partir del pronunciamiento “federal” de Alvarez Thomas — derrocador de Alvear y del régimen asambleísta — no todos “los cortesanos del día” serán para don Tomás Manuel “hombres vagos, jugadores, ignorantes y corrompidos”: ahora él y Esteban Agustín Gascón, Pedro Medrano, Antonio Sáenz y José Mariano Serrano — los 5 doctorados en Chuquisaca — son promovidos (19 de abril) a miembros de la Junta de Observación; cuyos integrantes promulgan (5 de mayo) un Estatuto Provisional — redactado por Gascón — para la regencia y administración del Estado, que firman ellos en conjunto, aunque Antonio Sáenz, dado su carácter sacerdotal, se abstuvo de votar por la pena de muerte. También Tomás Manuel, su hermano Juan José Cristóbal y nueve ciudadanos más habían sido elegidos “Electores del Gobierno Provincial”, función de la cual (ver la biografía de Juan José) los Anchorena solicitaron al Cabildo que uno de los dos fuera excluído por los vínculos de parentesco que los unía. Además, muchos amigos y allegados de Tomás Manuel gravitaban entonces en la política porteña: su hermano Juan José con Manuel Hermenegildo de Aguirre y Felipe Arana en la Comisión de Secuestros; Manuel Vicente Maza y Anchorena

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Manuel Obligado como jueces de un Tribunal Civil Investigador; José Darragueyra en una vocalía de la Cámara de Apelaciones; y el Coronel Juan Ramón Balcarce en la jefatura de las milicias cívicas locales. Ninguno de estos caballeros, por cierto, proclives al “Pacto Social de Rousseau, traducido al castellano por el famoso señor don Mariano Moreno, cuya obra solo puede servir para disolver los pueblos y formarse de ellos grandes conjuntos de locos furiosos y de bribones!” — según juicio tajante de nuestro Anchorena en su conocida carta a Rosas del 4-XII-1846. Viaje tierra adentro y se reanuda la correspondencia arribeña de Anchorena Urgido por sus negocios, Tomás Manuel presenta la renuncia a la Junta de Observación, y a principios de junio de 1815, emprende otra de sus giras por norte del país. Llega a Córdoba en la tarde del 28 de dicho mes sin más novedad que la descompostura del coche, “que había sido un cascajo viejo”, y desde allí le escribe a su hermano Juan José el 4 de julio: “...El gobernador Díaz (José Javier) nos recibió con mucho agasajo, y nos dijo que de pronto mandaba quinientos hombres de auxilio … Para formar la 1ª división andan apestillando a cuanto peón encuentran por la calle, de modo que a la 2ª jornada se desertarán la mitad, y a Luján llegaría el comandante llevando la historia de los que salieron. Algunos temen vengan de esa (Bs. As.) alguna fuerza a obligarlos a reconocer el gobierno (las provincias no habían reconocido a Alvarez Thomas); yo creo que no se piensa tal cosa ... pero sí le reclamaría con instancia a este gobierno, que esta provincia mantuviera efectivos en esa; quinientos o seiscientos hombres a su costa, hasta rechazar la expedición española, o lograr la recuperación de Chile, porque de este modo tocasen su desengaño y viesen que los ejércitos no se forman y se sostienen sino a costa de gente, ni comen, visten y se arman con bendiciones ...”. Y el 9 de julio siguiente Tomás Manuel en otra carta de Córdoba a Juan José, le narra estos pormenores: “... La 318

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composición de los carruajes nos ha detenido hasta el día, y salimos mañana. Te dirijo esta por prevenirte que antes de ayer pasaron para arriba los ingleses don Ricardo y don Roberto Hons, que salieron de esa ocho días después que nosotros, y llevan el pasaporte de ese gobierno con la expresión de que van a cobrar y recoger intereses que anteriormente habían repartido en el Perú, y bajo al precisa condición de que no puedan introducir negocio alguno ni manifestarlo en su nombre o de su cuenta. Esta es seguramente alguna fraguadura de T. (Tagle, sin duda, Secretario de Relaciones Exteriores). Ningún inglés tenía intereses en el interior, y es necesario que el consulado represente, en virtud de lo que acordó la Junta de Observación, que bajo ningún pretexto se les permita internarse, porque si los pretextos valen, todo quedará eludido, y abierta la puerta de la Secretaría para el soborno. Este es un punto en que creo, por lo que he oído, que los pueblos están concordes, porque conocen cuanto perjudican los señores ingleses a las costumbres de los provincianos, a su unión, y que sofocan la industria y comercio de sus habitantes ... según se dice, parece que este pueblo se une con esa ciudad, reconociendo el gobierno; no sé la verdad; pero sí, que ya ha calmado el fuego que se desplegó por algunos contra los porteños, y más después que han conocido las miras ambiciosas de Artigas ... “. Nueve días más tarde, Anchorena ha salvado las 90 largas leguas que separan a Córdoba de Tucumán, y desde aquí le expresa, el 25 de julio a su hermano Juan José: “... El 19 del corriente llegamos a esta, y no saldremos hasta el 21, porque no habiendo postas desde el Arenal en adelante, ni como mover los carruajes, ha sido necesario fletar arriero que nos conduzca juntos para prevenir los riesgos del camino, por los muchos desertores y ladrones que hay en el ... Deja que vuelva del Perú, que creo será pronto, o que veamos como se pone nuestra campaña y todos estos pueblos en la guerra contra Artigas, y resolveré. El entrar antes en proyectos es muy arriesgado, no puedes figurarte el estado de disolución en que veo todo, no hay pueblo en que no este dividido en bandos y en rivalidades con el pueblo vecino. Todos ellos tan llenos de Anchorena

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soberanía y de vicios, como cargados de miseria y pobreza; y así es que ni el orden podrá restablecerse en mucho tiempo, ni habrá seguridad en las personas y propiedades ... Los ingleses están vendiendo en esta pertrechos y cajones. Este comercio (tucumano) representó al Gobernador de la Provincia (Bernabe Araoz) sobre la ruina que debía resultar al país si se les permitía abrir almacenes y tiendas, pidiendo se les prohibiera; pero solo ha conseguido que se de cuenta de su representación a ese gobierno (de Bs.As.) ... Tengo noticias positivas que Cabiedes ha emigrado siguiendo la suerte del enemigo. Si eso es verdad, vaya esa polayna más ... Ha llegado ya el correo de arriba, y estamos con cuidado por el de esa que debe llegar el 23. Se dice que Güemes ha puesto un piquete en Cobos para no dejar pasar a los ingleses; pero creo que pasarán y venderán por donde quieran ... Corre que los diputados de Artigas han llegado a esa, y que se decía que sus tropas se habían batido con las portuguesas, quedando estas victoriosas: no dejes de avisarme lo que haya sobre el particular ... ”. Por fin llega Tomás Manuel a Jujuy, alojándose en casa de su viejo amigo Manuel de la Quintana, consignatario y socio en algunos negocios de los Anchorena en pareja con su cuñado Francisco Gabriel del Portal. Desde Jujuy, pues, el viajero le informa a su hermano con fecha 18 de agosto: “Llegué a esta el 14 del corriente: no hay arrieros; y aunque se encuentran mulas para comprar, no hay un aparejo, ni quien lo haga, y después escasean los forrajes por todo el camino. Según noticias, no se encuentra pasto en el campo hasta la Cueva, único recurso en todo este trecho. Se dice que el enemigo ha sido reforzado, y se halla con cuatro mil hombres; que nuestro ejército asciende a cerca de cinco mil; que Arenales ha pasado a Chayanta con mil hombres de fusil y otros mil de a caballo; y obra en concierto en aquella Provincia con Camargo; y que no se piensa en dar acción que será lo más acertado ... Yo pasaré al Perú, y don Francisco Gabriel del Portal quedaría aquí al cargo de los intereses que has remitido para su venta, y que aún no han llegado, a excepción de la yerba ... aunque yo lleve algo de lo mío al Perú, no lo 320

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haría así con lo tuyo, porque yo llevaré poco, en cosas de poco valor, pronto expendió y en mulas propias, que las conservaré para retornarlo si ocurriese alguna desgracia ...”. Tomás Manuel es elegido Diputado al Congreso de Tucumán A todo esto en Buenos Aires, el 22 de agosto, 12 electores, votados días atrás por el vecindario, eligen estos 7 Diputados para que representen a la Provincia en el Congreso de Tucumán: Pedro Medrano, Juan José Paso, Antonio Sáenz, fray Cayetano Rodríguez, José Darregueira, Tomás Manuel de Anchorena y Esteban Agustín Gascón. Desde Jujuy, el 26 de septiembre, Tomás Manuel que acababa de regresar de “Los Zanjones”, en Salta, cerca de Rosario de la Frontera, adonde había bajado a despachar con una tropa de “diez mil pesos en plata míos”, para su agente en Tucumán, José María Orueta, le comenta a su hermano Juan José: “... Orueta me escribió a los Zanjones avisándome el nombramiento de diputado para el Congreso, y yo me reí mucho de la ocurrencia de los Señores Electores, pues no sé como, reconocida por el Estatuto Provisorio la libertad e independencia de las Provincias, y estando yo ausente de esa ciudad y de todos su distrito, no siendo vecino de ella, no teniendo en ella domicilio desde la edad de 25 años, finca, ni aún comercio, que siempre lo he hecho sobre estos países y el Perú, me pueden obligar a admitir la diputación, siendo este nombramiento un acto no nacional, sino peculiar de esa Provincia, fuera de cuyos límites no puede extenderse la autoridad de la Junta electoral; y ya que esos Señores no han tenido consideración alguna sobre mi situación, después de lo mucho que he servido con indecibles sacrificios de mi persona, quietud e intereses, yo les aseguro que les ha de costar arrastrarme al Congreso, que no dudo parar en lo mismo que todos los anteriores, aunque se componga de puros Washintones, cosa imposible en el mundo, y mucho más entre nosotros. Vamos a otra cosa. Me incomoda el que te metas a dar consejos y disposiciones a distancia de 400 leguas sobre asuntos Anchorena

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que giran en unos países cuyas circunstancias por menor no pueden estar a tus alcances, y de cuyo deplorable estado aún parece no te has convencido ... La situación política de estas Provincias es fatal, y esta particularmente ofrece a mi ver, dentro de algunos meses, un porvenir muy funesto, sin embargo de que por ahora se han cortado en algún modo las diferencias entre este pueblo y el Gobernador de Salta, Güemes. Yo trato de pasar al Perú, y no lo haré pronto porque se han aniquilado mis mulas, y necesito unas trece más gordas, que no encuentro, como tampoco aparejos para conducir las latas y zarazas. Allí debo demorarme algún tiempo, porque me parece, según me han escrito de Potosí y Chuquisaca, que encontraré mis asuntos algo torcidos ...”. Y de una posdata rescato este párrafo: “Acabo de ver oficio circular de Rondeau, de 18 del corriente desde Ayouma, comunicando la retirada que ha hecho el enemigo a Oruro con gran deserción de su tropa, escasez de víveres y agitado de divisiones internas en su ejército”. Latas y zarazas; ferretería, paños y cueros; manufacturas ultramarinas — que enviaba desde el Janeiro el hermano Nicolás —; yerbas del Paraguay; cobros y pagos de cuentas; salidas e ingresos de efectos; acarreos; tropas de mulas; cálculos para negocios futuros y liquidación de los presentes; constituyen el tema central de este epistolario íntimo, absolutamente privado, no escrito con entonación solemne para la posteridad. Sin embargo, con la misma llaneza con que al hermano y socio se le habla de una colocación de bayetas en Potosí, en dicha correspondencia, al correr de la pluma, insértanse noticias políticas y opiniones de Tomás Manuel sobre los acontecimientos civiles y militares que se desarrollaban en torno suyo, y de los cuales, frecuentemente, el corresponsal resulta protagonista. Jujuy 4 de octubre: “Me vino el oficio del Presidente Dr. Medrano no incluyéndome la acta de elecciones de Diputado para el Congreso. Me hallo enfermo, y por esto no acuso el recibo de este correo, lo haré en el siguiente acompañando la excusación. De arriba escriben que el enemigo se ha retirado a Sicasica: ambos ejércitos han sufrido unas nevadas 322

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que hacía 30 años no se habían experimentado iguales. El Marqués (de Yavi) me escribe que continúa la revolución del Cuzco, y que si no nos metemos a Quijotes concluiremos con el enemigo; sin embargo él no ha querido pasar de Tojo, bien que no tiene necesidad. En la reforma del comercio extranjero es necesario no permitir a ninguno que se interne al interior, porque de lo contrario todos lo eludirán, y con el dinero allanarán cualquier dificultad. Todos estos pueblos están gritando contra la libertad de internarse porque preveen los males que les amenazan; así pues no hay que aflojar ...”. Jujuy 10 de octubre: “En este correo contesto al Presidente de la Junta Electoral, incluyéndole el pedimento de mi excusación. A Echevarría no le escribo porque no tengo tiempo: velo en mi nombre para que le pida a Medrano que le muestre la representación, y lo hable a él, a Gascón, a Darragueira y a otros amigos suyos a fin de que apoyen mi solicitud ...”. Jujuy 18 de octubre: “... Hazme comprar con Juan Pedro (Aguirre) u otro, dos o tres botes de rapé de diferentes clases, y mándamelos con cualquiera que se proporcione. Al lado de la casa del finado don Juan Antonio Lezica, en lo de Cálsena de Echavarría, lo había bueno. En este correo ha llegado aquí un pliego certificado que me remite el presidente de la Junta Electoral de esa, sellado con las armas de la ciudad, y no he querido sacarlo porque no habiendo admitido el cargo, no me he considerado con facultad para abrirlo y tomar conocimiento de su contenido, que tal vez será sobre artículos reservados. Dile esto a Arana para que lo haga presente a la Junta, y tú mismo si acaso le hiciere novedad ...”. Entre tanto Pedro Medrano, Presidente de dicha Junta Electoral, había recibido en Buenos Aires, la carta con el pedido de Tomás Manuel para que se lo eximiera del cargo del Diputado. Medrano, entonces, el 7 de noviembre, presenta esa carta al Cabildo; cuya corporación pasa el escrito a la Junta de Observación, la cual considera no ser de su facultad tratar acerca de tal renuncia. Finalmente (12-I-1816) la Junta de electores no hace lugar a la dimisión de Anchorena.

Anchorena

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Sigue la correspondencia norteña de nuestro personaje Mientras aquello ocurría, han seguido y seguirán llegando las cartas para Juan José de Tomás Manuel. A fines de noviembre, éste se interna por negocios hasta Chuquisaca. Allí “enfermé y recogí lo que tenía, salí enfermo el 8 de diciembre, arribe a Potosí el 11, regresé a retornar las cargas que estaban retenidas por mi en Suipacha, y con ellas entré en esta (Jujuy) el 1º del corriente”. Y el 3 de enero le escribe a su hermano: “trato que tus efectos y los míos vayan a Tucumán, pero no hay arrieros; las carretas que hay aquí están embargadas por French, no obstante tengo alguna esperanza de que todo se vencerá, porque el enemigo ha de dar tiempo aún en el caso de que baje hasta aquí; que por ahora creo no lo haga sino hasta Cotagaita ...”. Así en carta tras carta, van las informaciones de que Rondeau (derrotado el 29-XI-1815 en Suipacha) se halla en Mojo con 800 hombres, muchos sin fusiles; que la división de French experimenta tremendas deserciones, pues de 1.500 soldados se redujo a 500; que Olañeta entró en Potosí y Ramírez en Chuquisaca; que posteriormente Rondeau ha corrido su campamento a Guacalera, mientras el enemigo permanece en Suipacha, impedido de avanzar por la creciente de los ríos; que mandarle al ejército patriota “como he oido”, 2.500 hombres de auxilio me parece que es al chancho gordo untarle el rabo”, pues desertarían más de la mitad; igual que le sucedió a French ...”. Una misiva datada en Jujuy el 17 de enero de aquel año 16, trae estos párrafos interesantes: “No dudo que los indios y tropa dispersa que ha quedado en el Perú le darán mucho que hacer a Pezuela, porque el entusiasmo de los naturales y su comprometimiento es demasiado grande, así como concentrado su enfado y descontento general contra nuestras tropas, por su indecencia y cobardía; pues nada hay más común entre todas las clases que creer que (los porteños) sólo van a robar y exprimir los pueblos; y que a pesar de lo que han hecho, y de la capacidad que han demostrado, se les niegan las armas (a dichos aborigenes) por pura desconfianza que tienen en ellos. Yo creo que tienen razón, siempre que la 324

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desconfianza no la atribuyan a ningún pueblo, sino a los que han hecho de la Patria un patrimonio exclusivo suyo a pretexto de defenderla ...”. El 26 de enero Tomás Manuel, en Jujuy, lo pone en antecedentes al hermano Juan José de su enfermedad: “... Antes de ahora no te he querido decir, para no ponerlos en cuidado en esa, que a los pocos días de haber llegado a Chuquisaca enfermé de una irritación apoplética. Salí de allí en este estado para Potosí, y después seguí a esta algo aliviado, pero con bastante trabajo y cuidado; pues en veinte días no probé carne, caldo, ni aún papas; y seis días me mantuve de yuyos cocidos, y los restantes con solo pan y frutillas, que traía al efecto. A los pocos días de haber llegado a ésta comenzó otra vez a insinuarse la enfermedad, y he estado así hasta que con baños me siento bastante aliviado, aunque no sano del todo”. Ante la ineficacia de Rondeau, Anchorena destaca los méritos de Belgrano: (Jujuy 18 de Febrero). “Ahora han concido en Tucumán, en todo el Perú y en el ejército, lo que éste (Belgrano) valía: que entendía más de lo que se pensaba en el arte de la guerra, sin haber estado en ninguna escuela ni al lado de grandes generales; que sus pérdidas fueron casuales, y por falta de hombres que lo ayudasen; y que la energía con que obraba, a que llaman despotismo, era necesaria para sostener el orden en los pueblos y en el ejército. Claman por él aún sus mayores enemigos; lo desean por instantes, pero creo que ya es tarde ...”. Y en una posdata agregaba: “Anoche se ha recibido oficio del General (Rondeau) comunicando que Camargo y Lamadrid han derrotado en Cinti una división enemiga de 500 hombres, al mando del Coronel Alvarez, hermano del Director Supremo, después de una acción sangrienta, Lamadrid es un buen oficial de nuestro ejército, mandado por el General para acaudillar gente en el interior de Perú. Este suceso prueba lo que he dicho antes; los indios están muy comprometidos y con mucho entusiasmo, y si no hacen más de lo que han hecho hasta ahora, es porque no tienen armas. El General conoce muy bien lo que pueden, y de lo que son capaces; pero se reciente demasiado el amor proAnchorena

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pio de un jefe militar de que los paisanos y naturales hagan lo que él no ha podido hacer, y se empeña a veces imprudentemente en que la victoria se consigna por mano de sus soldados, o al menos que ellos se lleven la gloria”. Siempre en Jujuy, asimismo el 18 de febrero, Tomas Manuel le hace este comentario a Juan José sobre el intento de algunos dirigentes porteños de suprimir el Estatuto Provicional — que dictaron él y sus pares de la Junta de Observación —, cuyo mérito indiscutible fué el haber promovido y dado las normas para la constitución del Congreso de Tucumán: “... El objeto de revocar el Estatuto no es otro que el de desbaratar la fuerza cívica (la milicia voluntaria ciudadana) para que la fuerza militar, origen de todos nuestros males, disponga de su arbitrio del gobierno, como ha hecho hasta la revolución del 16 de Abril, y el gobierno tiranice libremente a los pueblos, y en un apuro los venda a trueque de su seguridad y de su elevación. No hay que entrar por semejante infamia ...”. Respecto del próximo Congreso y de sus malestares físicos, agrega el corresponsal: “Los diputados que se hallan en el Tucumán han circulado oficios invitando a los demás ausentes para que se reúnan cuanto antes. Medrano, de orden de ese gobierno, nos ha invitado a Gascón — que vino a encontrar a su familia — y a mí, para que bajemos con prontitud; y yo de mi parte he contestado que aún esta pendiente mi renuncia, que me hallo sin instrucciones, que estoy enfermo en curación, y que las aguas y ríos crecidos no me permiten ponerme en camino. En efecto: me hallo atacado de unas convulsiones interiores que me principiaron en el Perú, que hasta ahora sé si proceden de la exaltación de la bilis o de lesión de los nervios. El médico me ha ordenado tome los sueros con nitro hasta ver el efecto que producen para fijar el juicio sobre las causas. El mal es verdaderamente extraño, porque al parecer estoy bueno, y tengo muy buena digestión; pero cual un hombre colérico que tiene cualquier entripado y se pone pálido, que tiembla interiormente y siente en el pecho una agitación, que no puede hablar en su tono natural, ni pasar cosa de alimento, porque parece que se le atraca, y la naturaleza lo resiste, estos mismos efectos siento en el acci326

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dente; que aunque hasta (ahora) no me ha llegado a privar de los sentidos, temo que tome cuerpo con el tiempo. Al principio se creyó que fuera efecto de robustez y abundancia o irritación de la sangre, pero me he bañado y tomado frescos hasta ponerme tan delgado, casi como cuando baje a esa, y el mal siempre sigue, particularmente en los días frescos, en los que sudando me alivio”. A todo esto, allá en el norte, las desinteligencias entre Güemes y Rondeau se precipitan hacía la crisis; y desde su observatorio jujeño Tomás Manuel le anticipa a su hermano: (Marzo 10). “Rondeau va con su ejército a Salta: esta noche dormirá en la Cabaña o más adelante”. Y seis días más tarde, Anchorena se ocupa de aquel conflicto histórico. He aquí la versión suya, equivalente a una animada crónica periodística: “Los excesos de Güemes obligaron al General Rondeau a marchar con su ejército a Salta. Al pasar por El Molino vino a ésta (Jujuy) con su escolta, en donde pasó un día, y se decidieron por el ejército varios comandantes gauchos de ésta. En La Calera le hizo fuego una partida de Güemes, que fué rechazada; los mismo había hecho otra en las Tres Cruces, a la que no se le contestó. Entró en Salta en 18 del corriente, y Güemes se retiró a Guachipas, desde donde disponía todos los medios de hostilizarlo. Sobre 40 partidas tenía desde aquí hasta la frontera, para impedir la saca de caballos y de ganados de las Estancias, e interceptar toda correspondencia con esta ciudad y la del Tucumán. Rondeau se vió aislado de toda comunicación, a pie y escaso de víveres. Los gauchos en correrías por todos los contornos de la ciudad impedían hasta tomar agua del río Arias, y se destacaban los hombres de los arrabales, sin que lo pudieran evitar nuestras partidas armadas, y algunas de ellas montadas. El 20 fué sorprendida en el Campo Santo la 2ª división de Ortiguera, muerta y prisionada toda ella, perdiendo cuanto traía, y escapado su comandante a uña de caballo. Salió al fin el General de Salta el 20 o 21 con el ejército a los Cerrillos, y en dos días no tuvieron más que comer que un chancho que les costó 25 pesos, después de haber perdido algunos equipajes que tomaron los gauchos que los hostilizaron por los costados y retaguardia; pero Anchorena

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habiéndose presentado Güemes con su división, antes de batirse se logro una transacción el 23, cuyos capítulos generales dicen que son: reconocer el Estatuto y gobierno de esa ciudad (Bs. As.); auxiliar el ejército en todo lo que pueda la provincia; entregar de contado 300 reclutas; y con desertores del ejército que tenía abrigados (el caudillo salteño) y demás gente que reclute, formar un regimiento hasta el número de fusiles que se había tomado, del que (Güemes) será Coronel, y ponerlo a las órdenes del General Rondeau, devolviendo todo lo que tomó a Ortiguera y las correspondencias interceptadas”. Otra carta jujeña contiene estos vaticinios y rumores políticos: (18 de abril). “El gobierno ha caído en descrédito personal, y por más que intente Alvarez conservarse en el mando no lo conseguirá, o al fin saldrá descalabrado. Aquí corre que el empeño de mandar a Belgrano de General de éste ejército, es porque temen Soler, Dorrego, etc. que entre (Belgrano) de Director”. Regularmente prosigue la correspondencia con el hermano Juan José, a quien encarga, por ejemplo: (3 de mayo): “En la Prensa he visto que se vende en la vereda ancha de la Plaza la historia de la revolución Norteamericana en castellano: cómprame dos ejemplares, y si se hubiera acabado, trata de conseguirlos en otra parte, aunque sea a más precio”. También el 3 de mayo Tomás Manuel le remite al Cabildo de Buenos Aires la siguiente nota: “Habiendo dirigido desde ésta (Jujuy) la renuncia que hice del empleo de diputado por esa Provincia para el próximo Congreso General de las de la Unión a la Honorable Junta Electoral, que tuvo a bien nombrarme ... hasta ahora no he sabido de oficio la resolución que se haya tomado; pero teniendo avisos particulares de no habérseme admitido, he resulto salir dentro de tres días para el Tucumán. No lo he hecho antes porque desde el 1º de Enero, en que arribé a ésta de regreso del Perú, me lo han impedido algunas veces las constantes y extraordinarias crecidas de los ríos, otra los riesgos de los caminos por las ocurrencias políticas de esta Provincia, y sobre todo el haber estado enfermo desde entonces hasta el día, pues habiendo 328

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hecho la tentativa de pasar a Salta, en un corto alivio que experimente, toqué el desengaño de mi absoluta imposibilidad, y solo el deseo de corresponder al honor y confianza que me ha dispensado ese heroico pueblo, me obliga a emprender este viaje, exponiéndome manifiestamente mi salud mal restablecida. Espero que V.E. se sirva tener en consideración estos poderosos motivos para no extrañar mi demora, y mandar que el haber que me corresponda, en razón del viático y asignación que se haya hecho a cada uno de los siete diputados, que se entregue a mi hermano don Juan José Cristóbal Anchorena, a quien le escribo con esta fecha, facultándolo para recibirlo”. Tres días después, nuestro hombre le pone a su hermano mayor, que cualquier cosa que ocurra “me avisarás al Tucumán,pues mañana salgo para aquel destino. Llevo una certificación del médico que me ha asistido (el cochabambino Pedro Buenaventura Carrasco), expresando la enfermedad de que adolezco, y su incompatibilidad con la contracción a asuntos literarios y de seria meditación, para insistir en mi renuncia ante el Congreso”. Con todo, el 17 de mayo incorporó el Congreso al diputado Anchorena, y — dice El Redactor de la Asamblea — “llamado a la barra, habiendo comparecido, expuso el estado doliente de su persona insistiendo que se tomase en consideración. Fué resuelto, sin embargo de lo expuesto, se le incorporase”. Tomás Manuel comenta el Congreso tucumano y los sucesos políticos de 1816 Ya instalado en Tucumán, Anchorena toma la pluma y (29 de mayo) le manifiesta a su hermano Juan José: “Ayer tarde he recibido la tuya con la adjunta de Belgrano. El hecho de Díaz Vélez (Teniente Gobernador de Santa Fé, derrocado por las fuerzas artiguistas de Hereñú) generalmente ha sido muy mal recibido en ésta, y, a pesar de todo, se desea y piensa que venga el General Belgrano, a quien no le contesto en este correo porque no hay tiempo. A los dos días de mi arribo de Jujuy me incorporé al Congreso, pero estoy exonerado de Anchorena

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toda asistencia hasta ver si sano de una enfermedad nerviosa que me impide toda tarea literaria, o sobre asuntos que exijan meditación, y creo que al fin tendré que reiterar mi renuncia porque será muy larga la curación y tendré tal vez que variar de clima”. En una posdata le anticipa Tomás a su hermano: “Me ha dicho hoy Medrano que Pueyrredón está en el pensamiento de poner a Obligado en la Secretaría de Gobierno y a tí en la de Hacienda. Yo le expuse tu imposibilidad por tu falta de vista, no tener más conocimientos que los de un comerciante particular, carecer de lo que se necesita para el manejo de papeles, y principalmente de una oficina que abraza todas las del Estado en este ramo. Pero me salió con que era menester que yo tomara interés en que admitieras el cargo, porque no había absolutamente quien reuniera tu honradez, tu aptitud para un proyecto, la dirección de un cálculo y tu tesón; y como insistiera yo en mis razones, agregando otras, me dijo que era preciso que hicieras este sacrificio, que Pueyrredón a su vuelta hablaría conmigo, y por último que si había algún otro sujeto que lo apuntase, pues ellos no lo hallaban. Para si llega del caso de que me hablen, o para antes de que llegue, es necesario me instruyas tú de alguno o algunos, aunque sean comerciantes, hombres de bien y de un mediano talento que puedan desempeñar dicho cargo, pues Obligado es muy necesario para la de Gobierno. Vale”. Y no se interrumpen las noticias y reflexiones políticas de Tomás Manuel a su confidente Juan José: (Tucumán 7 de junio): “Sobre la lección de Pueyrredón, luego que la supe en el camino para ésta, preví lo que había de suceder en esa (debido a la renuncia de Alvarez Thomas y designación de Antonio González Balcarce como Director interino por la Junta de Observación); pero entiendo que en estos pueblos ha sido mejor recibida, sin embargo no faltarán algunos descontentos. El gran interés que la motivó fué la composición de las cosas de Salta, para cuyo objeto se consideró (a Pueyrredón) el único a propósito por sus circunstancias y relaciones personales con el principal autor de aquella danza (Güemes). Yo contemplo todas nuestras cosas en tan mal estado, que en 330

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parte me alegro de estar enfermo e imposibilitado de asistir al Congreso, para que en ningún tiempo se me encuentre entre los autores de las desgracias que nos esperan, y que podrían precaverse nombrando un hombre de fibra y otras cualidades, con plenitud de facultades, al menos por cuatro o seis meses, según se lo he indicado a algunos de los congresales; pero falta la justicia, la energía y los conocimientos que se requieren para obrar con tino en estas circunstancias. A pesar de cuanto hayan trabajado los pícaros contra el crédito de la Junta de Observación, ella lo conserva en estos pueblos, igualmente que el Estatuto; pues él está sirviendo de base y norte al que se forma provisoriamente para disposición del Congreso ... Manda cuanto antes, aunque sea por una tropa, la alfombra de la Sra. Quintana (Rosa del Portal Frías Castellanos), a entregar a Orueta para que éste la dirija a Jujuy. Remíteme también por una tropa, dos o tres tarros de betún para botas, media arroba de munición patera; un polvorín; seis palillos de lacre negro y dos onzas de azafrán de Marte, que se vende en las boticas. Remíteme también un corte de sarga negra de buen color, calidad etc. — la mejor que se encuentre sin parar en precio — para basquiña o saya de iglesia y manta, proporcionando el número de varas como si fuese para Bonifacia (Lezica, esposa de Juan José), de modo que más bien sobre que falte, pues es para la mujer de Quintana, y acompañándole la blonda o cinta, que según el uso de esa, corresponde a la guarnición de una y otra pieza, y también un pañuelo de seda para debajo de la manta, que sea bueno ... ”. (Tucumán 11 de junio). “Te pedí varias cosas que necesito, y se olvido entre ellas una botella de rapé, como el que me remitiste antes, que no sea del Portugués don Príncipe, y dos o tres cepillos para los dientes, que uno y otro pueden venir con la munición. Pero el azafrán de Marte, en cantidad de tres onzas, es preciso que lo mandes por el correo, pues este es remedio para mi enfermedad, que me apura aquí más que en Jujuy, y lo necesito pronto. Pueyrredón llegó a Jujuy y ha tenido que admirarse del desorden de nuestro ejército; pero ha conseguido que Rondeau se preste llanamente a Anchorena

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que venga Belgrano a tomar el mando en jefe. Se ha tenido noticia en esta de los tratados que han celebrado los diputados de esa con los santafesinos, y del modo poco airoso con que les contesto Artigas al oficio que le pasaron ,manifestándoles el objeto de misión; pero aún los Provincianos más enemigos de los Porteños creo que han conocido lo ignominioso que son a esa ciudad (el pacto de Santo Tomé y el posterior convenio del santafesino Vera con los comisionados del gobernante de Bs. As. Antonio G. Balcarce); fuera de que muchos no consideran facultados a ninguno de los contratantes para haberlos celebrado. A mi me han repugnado en tal manera que tendré siempre por hombres execrables a los que consienten en ellos ... Si llegan a ser ratificados legitimamente, creere que ese infeliz pueblo se halla en la situación más lamentable y propio a tocar ya el último término de su degradación. ¿Con que nos es insoportable sucumbir a una Nación, y no lo es humillarnos a un Artigas, a un Santa Fé? Primero quisiera ver todo el pueblo reducido a cenizas que a tal punto de degradación ...”. (Tucumán 18 de junio): “A Belgrano le escribo que te muestre el contenido de unas copias que le remito. Aquí han escrito de esa que tu estabas por los tratados de Santa Fé: yo no lo he creído, y me he empeñado en probar lo contrario ... Con la retirada del ejército me parece que el Congreso habrá de mudar de lugar; no se adonde podrá ir; ojalá fuera a esa; tal vez de este modo se tranquilizarían los revoltosos; pero dificilmente convendrán en esto los Señores Provincianos. Me dicen que vienen tropas para este ejército, mejor sería que fueran a Mendoza, así no se desertarían tantos, y pronto podríamos tener un suceso favorable, pues el Perú no podrá recobrarse en mucho tiempo, sino sobreviene algún acontecimiento extraordinario ... “ (Tucumán 26 de junio): “El ejército se retira por ahora hasta la Frontera del Rosario y Yatasto, aprovechando la estación favorable. Cruz (Francisco Fernández de la Cruz) va a tomar el mando en jefe interinamente, y Pueyrredón saldrá dentro de algunos días para abajo. En Córdoba debe tener una entrevista con San Martín. De aquella ciudad vienen dos 332

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diputados con el pretexto de representar y pedir por los Riojanos, pero escriben que es fomentar la idea de federación. Todo es tramoya y picardía. Estamos con el asunto de Santa Fé y no sabemos que hacer: unos quieren que antes de entrar a conocer en él, se le exiga a Santa Fé el reconocimiento del Congreso y Director Supremo, y que remita su diputado; otros que no. En orden a lo principal no sé como saldremos. Vemos todos que si se aprueban que no habrá pueblo, ni aldea, que no pida otro tanto, y que la disolución será general; pero como unos lo desean, y aspiran otros al orden y a la unión, de aquí procederá la divergencia de opiniones”. Y en un arranque de mal humor, Tomás Manuel le agrega a Juan José este exabrupto: “Yo veo las cosas muy malas; trato de insistir en mi renuncia: entre tanto no te descuides en sacarle una buena cuenta de mi asignación y viático al Cabildo, que no me entrampen, además de incomodarme”. (Tucumán 6 de julio): “Ahora mismo nos vamos a reunir en Congreso en que se traen a la vista las comunicaciones de esa Junta, y se le oirá a Belgrano, que llegó a esta antes de anoche a las 10, y ayer fué prevenido para que concurriese hoy a hacer algunas exposiciones al Congreso ... Temo que los movimientos de las tropas portuguesas preparen un rompimiento de aquella corte con nosotros. En tal caso Nicolás y nuestros intereses deben ser perseguidos; y por lo mismo se hace necesario que no descuides sobre esto, y que si te parece conveniente transpongas los que tengo en el Janeiro a Inglaterra, bien sea encargando a Nicolás, o de cualquier otro modo que parezca suficiente para su seguridad ... “. Posdata: “En el Congreso no se ha podido discutir, y menos resolver sobre las ocurrencias en esa”. (Enfrentamiento del Director interino Balcarce con la Junta de Observación y el Cabildo a propósito de la “provincialización” de Buenos Aires). “Las ocurrencias de esa han entristecido a los hombres de bien y juicio, pero entiendo que han sido celebradas por los Señores Cordobeses, que son tan ignorantes como malos”.

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“Noticias reservadas” Bajo el título del epígrafe (6 de julio), en vísperas de la declaración solemne de nuestra independencia, Anchorena despacha para su hermano mayor un largo informe: crudo panorama del Congreso, con sus antagonismos, intrigas y pequeñeces: “El Congreso es una vergüenza. Casi la mayor parte de los diputados no tienen una corta idea del derecho público, esto es, de sus principios. Hasta ahora no han hecho más que nombrar de Director a Pueyrredón, y una comisión para que arregle el Estatuto Provisorio que deba regir, que tardará cuando menos quince días en concluirse. Todo el tiempo se le ha ido y se le va en fruslerías y particularidades, en que los cordobeses y varios diputados de las Provincias, formando un partido preponderante, no desplegan más que envidia, rivalidad y pretensiones indecorosas contra ese pueblo (Bs.As.), dando a cada paso un testimonio público de su ignorancia y bajeza. Habiéndose declarado nulo el nombramiento de dos diputados por esta Provincia (Tucumán: a Pedro Miguel Araoz y a Juan Bautista Paz), se procedió a nueva elección, comisionando el Congreso a Gascón para que presidiera el acto, y habiendo salido electo uno de los mismos anteriores, es decir el Cura Perico Araoz, hermano del Gobernador (eran parientes lejanos), y el actual asesor de Gobierno (Serapión José de Arteaga), me dicen que el partido cordobés y dos de nuestros diputados (Medrano y Paso) se han empeñado en que no sean: Los primeros (los de Córdoba), sin más motivo que el suponer, como lo dicen públicamente, que el Gobernador (Bernabé Araoz) es un esclavo de los Porteños — acaso porque no ha entrado en la liga de los orientales, cordobeses y salteños —, y los segundos (Paso y Medrano), por sugestión del partido del Doctor García (Manuel José) y porque creen que el Gobernador quiere ponerle el pie al Congreso; que lo 1º me parece poca firmeza, y lo 2º puerilidad. Pero no teniendo como anular la elección, quieren fundar su resistencia en cualidades personales, y demoran la decisión causando un gran descontento en toda la Provincia, que temo, si sigue la obstinación, que de repente se reduzca a 334

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montoneras. Habiendo el Congreso a pluralidad de votos nombrado a Medrano de Presidente, al momento descubrieron sus celos los cordobeses (Salguero, Pérez Bulnes, Cabrera y Corro), e hicieron moción para que la presidencia se turnara por las Provincias mensualmente, echando, en cántaro, no los diputados, sino los nombres de ellas, sin atender a la mayor representación que tienen unas respecto de otras. Se opusieron los de Buenos Aires, diciendo que los diputados, no las Provincias, serían los que debían entrar en cántaro, y quedó pendiente la moción. Entretanto creo que se hace la elección turnando por meses a las Provincias. Cuando se le nombró a Pueyrredón de Director, viendo que no tenían como hacer oposición por la generalidad de los sufragios, hicieron moción para que en el acto de incorporarse los diputados orientales cesase en el mando: creo que no fué admitido. Han tomado grande empeño en que los orientales y paraguayos nombren diputados, sin duda alguna para aumentar el partido, y al efecto a ido Corro enviado por el Congreso. Con el mismo objeto formaron capítulo, y lo han ganado, a pesar de los más fuertes conocimientos, para que los emigrados de Potosí, que no llegan a ciento, nombren los diputados de aquella Villa y su distrito en proporción de su población, pagando uno el Estado y sirviendo los demás a su costa. Es regular que este ejemplar (ejemplo) se haga valer después para los de Chuquisaca, Cochabamba y La Paz. Se trató de nombrar un comandante de la milicia cívica de esta ciudad, y estando convenidos los más en que fuese un militar llamado Benito Martínez, casado aquí (con Carmen Lemoine), por ser de conocimientos, conducta, etc. ; preguntó un diputado de Salta de donde era nativo, y cuando se dijo de Buenos Aires, ya saltó la oposición del partido, y sin más motivo excluyeron a este, y por equivocado informe nombraron, sin conocerlo, a un chuquisaqueño de que tengo noticias es un bribón, y el vecindario no lo quiere por indecente; bien que me dice un congresal que no es en calidad de comandante sino encargado para la instrucción; pero ni aún para esto lo quieren los tucumanos. Cuando se propuso a este, el mismo que hizo la pregunta sobre el país de Martínez, dijo al instante, sin saber Anchorena

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más, que era chuquisaqueño: desde ahora me conformo, y señalando para abajo (hacia Bs.As.) prosiguió, de allá nada. Hablando de los asuntos de la Banda Oriental, dijo que uno de los diputados de esa (Bs.As.): al hidrópico sediento, por más agua que se le dé, siempre muere de sed; y tomando la voz uno de Córdoba, contestó: no se que quiere decir Ud. Señor diputado con ese refrán, pero si vamos de refranes, también diré yo que al ruin por más que se le golpee el codo, jamás extiende la mano. Habiéndose retardado los dos correos anteriores, recién llegaron ayer tarde, se creía que estuviese interceptada la correspondencia por los de Artigas y Santa Fé: todo el partido cordobés rebosaba de contento, y el Congreso, a pesar de las insinuaciones que se hacían de afuera, no se movía a mandar un chasque para cerciorarse del motivo de esta novedad. Al fin ayer de mañana se hizo moción para que se mandase hasta esa (Bs.As.), y los cordobeses se opusieron, diciendo que debía ser hasta Córdoba solamente, para que de allí lo hiciese, si tenía a bien el Gobernador (José Javier Díaz), pero perdieron capítulo, porque sin duda no han perdido del todo la vergüenza sus secuaces. En esta misma sesión se leyó un oficio de dicho Gobernador, en el que llenaba de invectivas y calumnias a ese pueblo (porteño) y su gobierno. Hizo moción Gascón para que se le reprendiese una conducta tan criminal, pero se opusieron los cordobeses, queriéndolo disculpar e interpretando los conceptos de un modo el más ridículo y violento; y conociendo los demás de las Provincias la justicia que reclamaba Gascón, adhirieron al disimulo que solicitaban los cordobeses, porque el que no está con ellos, al menos está tocado de la prevención y envidia contra ese pueblo (bonaerense). Con ese motivo dijeron que Buenos Aires había apropiádose el dinero de las Provincias o del Estado, para comprar fusiles y guardárselos con el objeto de sostener miras particulares, a los que le contestó Paso, dándoles una zamarreada que no sabían ya para donde salir. Esta relación va a toda prisa y por eso y no es más circunstanciada, pero te diré por conclusión que es tal el desenfreno y furor de estos hombres, que los particulares de este pueblo (tucumano), que es regular tengan muchos de ellos 336

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algún resentimiento contra nosotros, se escandalizan de verlo. Es necesario que ese pueblo (porteño) vuelva sobre sí, y vaya pensando lo que le conviene en estas circunstancias, bajo el firme concepto de que en este estado de cosas serán perdidos todos sus esfuerzos contra los enemigos exteriores, y particularmente contra el de el Perú, y que en mi concepto la unión no se restablecer sino asegurándose con una fuerza respetable de las invasiones de Artigas, y haciéndoles tocar a los pueblos la necesidad de ella, no con proclamas, sino prácticamente, porque el bien no se conoce hasta que se pierde. Esto resérvalo: cuando más léelo a algunos amigos, y de modo que si se hace correr no se sepa el origen. Rondeau anunció repetidamente la aproximación del enemigo a Jujuy, y aún publicó bando el 18 en aquella ciudad, para que emigrasen todas las familias, pues trataba de hacer resisitencia en Tumbaya. No han faltado quienes opinasen que todo era pintura para ver si el Congreso le mandaba todos los refuerzos que podían salir de esta Provincia, y el solicitaba con fines que se resaltan pero no se descubren aún. Ello es que por las últimas cartas de particulares, parece que se falsifica la venida del enemigo ... !”. El monarquismo y la declaración de la independencia Al evocar en 1846 aquellas jornadas tucumanas, Tomás Manuel le recordaba a su primo el Gobernador Rosas: “Cuando en septiembre de 1815 se procedió a nombrar diputados para el Congreso de Tucumán, el poder conferido a cada uno de ellos, dice, que es para que determinasen el lugar en donde deben continuar las sesiones y proceder inmediatamente a fijar las suerte del Estado, y formar y dar constitución que deba regirlo. En las instrucciones se les encarga la división y deslinde claro de los tres poderes, legislastivo, ejecutivo y judicial, que dejen bien garantidos los derechos individuales de los ciudadanos, y fijen período para la revisión y enmienda de la constitución que sancionen, según el tiempo y las circunstancias. Nada, nada se les dice de la forma de Gobierno, sino esto solo, y de consiguiente no se excluye, al Anchorena

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menos expresamente el monárquico constitucional. Los diputados pues que formaban el Congreso de Tucumán estaban en la creencia de que si juzgaban conveniente a fijar la suerte del país el proclamar y establecer una monarquía constitucional, ... podían hacerlo en cumplimiento de su deber. Por esto fué que habiendo llamado al general Belgrano a la sala de sesiones para que informase cual era el juicio que él había traslucido en su viaje a Europa, y tuviesen formados los gabinetes europeos sobre la clase de gobierno que más conviniera a los nuevos Estados de América, contestó que estaban, a su vez, decididos por la forma monárquica constitucional. Y habiéndole respuesto que con respecto a nosotros ¿en quién cría él que a juicio de esos gobiernos podríamos fijarnos?: contestó que, a su juicio particular, debíamos proclamar la monarquía de un vástago del Inca que sabía existía en el Cuzco”. “Al oir esto —prosigue Anchorena — los diputados de Buenos Aires y algunos otros más nos quedamos atónitos con lo ridículo y extravagante de la idea, pero viendo que el general insistía en ella, sin embargo de varias observaciones que se le hicieron de pronto, aunque con medida, porque vimos brillar el contento en los diputados cuicos (o sea los altoperuanos), en los de su país asistentes a la barra y también en otros representantes de las provincias; tuvimos por entonces que callar y disimular el sumo desprecio con que mirábamos tal pensamiento, quedando al mismo tiempo admirados de que hubiese salido de boca del general Belgrano. El resultado de esto fué que al instante se entusiasmó toda la cuicada, y una multitud considerable de provincianos congresales y no congresales; pero con tal calor, que los diputados de Buenos Aires tuvimos que manifestarnos tocados de igual entusiasmo, por evitar una dislocación general en toda la República; y bien persuadidos que conducido el negocio con sagacidad y prudencia, al fin quedaría en nada, nos adelantamos a proponer, en atención a ser un acto serio que seguramente iba a decidir la suerte el país, era necesario tratarlo con toda circunspección, discutiendo públicamente en sesiones extraordinarias que se fijaron a la noche, para que todo el mundo 338

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pudiese asistir a la barra. Así se acordó y se practicó, y por este medio logramos nuestro objeto, que pasado aquel primer calor, por medio de la discución, de la prensa y de las correspondencias particulares, se hiciese sentir lo despreciable que era el tal pensamiento. Más esto no fué rechazado ni ridiculizado en el público, porque hubiésemos proclamado, o que nos hubiésemos ocupado de discutir si debíamos proclamar un gobierno monárquico constitucional, pero porque poníamos la mira en un monarca de la casta de los chocolates, cuya persona, si existía, probablemente tendríamos que sacarla borracha y cubierta de andrajos de alguna chichería, para colocarla en el elevado trono de un monarca que deberíamos tenerle preparado. Reconviniendo yo privadamente al general Belgrano por una ocurrencia tan exótica con que nos había expuesto a peligro de un trastorno general en toda la república, me contestó que él lo había hecho con ánimo de que corriendo la voz, y penetrando en el Perú, se entusiasmasen los indios y se esforzasen en hostilizar al enemigo, con lo que distraído este, tendría el general Belgrano tiempo de engrosar su ejército para atacarlo llegada la oportunidad. He hecho a Ud. esta narración — concluía Anchorena — para manifestarle que la idea de monarca y de monarquía en nuestro país no fué siempre mirada con mal ojo, antes por el contrario, tuvo mucho tiempo la mejor acogida en el concepto de que la forma monárquica constitucional era la que más convenía. Esto era en el concepto de las gentes que discurrían, porque en el común del pueblo, más que odio a Buenos Aires, había espíritu de desunión”. Así y todo declaróse nuestra independencia aquel 9 de julio de 1916. Y el día 12 siguiente — a menos de 62 horas de la proclamación memorable — Tomás Manuel de Anchorena le escribió s su hermano Juan José, a manera de colofón de una rutinaria carta mercantil, estos párrafos con su acostumbrada espontaneidad familiar, cuyo autor jamás supuso pudieran alcanzar categoría documental para la historia. Textualmente dicen: “Recibo muchas expresiones de Belgrano que llegó a esta hace días. Ayer a marchado Pueyrredón que debe verse con San Martín en Córdoba. Le ha dejado a BelAnchorena

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grano el despacho de General, pero este representa pidiendo se le fijen las reglas bajo las cuales a de mandar, y que se le proporcionen fondos para el sostén de la tropa suya. Ya sabrás que se acordó publicar nuestra independencia por medio de un manifiesto que se ha encargado a Bustamante, Medrano y Serrano. Se trata de la forma de gobierno, y esta muy bien recibida en el Congreso y pueblo, la Monarquía constitucional, restituyendo la casa de los Yncas. Las tres ideas han sido sugeridas y agitadas por Belgrano, y los que están impuestos de las relaciones exteriores las consideran muy importantes. Lo que no tiene duda es que, si se realiza el pensamiento, todo el Perú se conmueve, y la grandeza de Lima tomará partido en nuestra causa, libre ya de los temores que le infundía el atolondramiento democrático”. No solo “en el Congreso y pueblo” tucumanos la propuesta de monarquía incaica fué — como dice Anchorena — “muy bien recibida”. San Martín en cuanto tuvo noticia del asunto, le escribió desde Mendoza el 22 de julio, a Pueyrredón: “ Ya digo a Laprida lo admirable que me parece el plan de un Inca a la cabeza, las ventajas son geométricas, pero por la patria les suplico no nos metan en una regencia de personas; en el momento que pase de una, todos se paraliza y nos lleva el diablo; al efecto no hay más que variar de nombre a nuestro Director y queda un Regente: esto es lo seguro para que salgamos a puerto de salvación”. Y a Godoy Cruz le puso San Martín el 12 de agosto estas líneas en una carta: “He visto el oficio que V. pasa al Cabildo sobre la dinastía de los Incas. Todos los juiciosos entran gustosos en el plan. Las razones que V. apunta son las más convenientes”. Por su parte Güemes el 6 de agosto, en una proclama de rimbombante factura, aunque lo suficientemente inteligible para sus gauchos decía: “ ... En todos los ángulos no se oye más que el grito unísono de la venganza y exterminio de nuestros liberticidas. Si estos son los sentimientos generales que nos animan ¿con cuanta razón lo serán cuando restablecida muy en breve la dinastía de los Incas, veamos sentado en el trono y antigua corte del Cuzco al legítimo sucesor de la

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Corona?. Pelead pues, guerreros intrépidos, animados de tan santo principio, etc. etc.”. Ese mismo 6 de agosto, en la sesión del Congreso de la Independencia — sesión que a posteriori extractó y glosó libremente fray Cayetano Rodríguez o José Agustín Molina — el diputado Anchorena aparece en El Redactor de la Asamblea: “Exponiendo los inconvenientes del gobierno monárquico, haciendo observar las diferencias que caracterizaban los llanos y altos del territorio, y el genio, habitudes y costumbres de unos y otros habitantes, decidiéndose por la mayor resistencia de los llanos a la forma monárquica de gobierno, y por imposibilidad moral de conformar a unos y otros baxo la misma forma de gobierno que se adoptase para los de las montañas; concluyendo con que a vista de dificultades que estas diferencias ofrecen, el único medio capaz de conciliar era, en su concepto, el de la federación de las provincias”. Esta exposición del diputado Anchorena, —escribí yo en un artículo sobre el papel protagónico de Tomás Manuel en el Congreso de Tucumán, que publicó en 1966 la revista Historia, dirigida por Raúl A. Molina — no concuerda desde luego, con aquel categórico juicio suyo acerca de la importancia política del proyecto de monarquía incaica, estampado el 12 de junio confidencialmente para su hermano Juan José. Y lo más curioso del caso es que, a los cuatro días de haber tenido lugar el debate público que glosara El Redactor, el propio Anchorena les pasó una nota “Reservada” al “Señor Coronel y Comandantes de cuerpos cívicos de Buenos Aires” —contestando otra remitida a él por estos militares —, sin mentar en ningún momento, el suscripto aquella peroración, ni ocuparse de “los inconvenientes del gobierno monárquico” para “los habitantes de los llanos”. Los destinatarios de la aludida nota eran el Coronel Juan Ramón Balcarce y los jefes de los 6 regimientos de caballería de la milicia porteña — “factores de poder”, que diríamos hogaño — que respaldaban al Cabildo, a la Junta de Observación y a los diputados bonaerenses en el Congreso de Tucumán.

Anchorena

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He aquí los razonamientos políticos de Anchorena en aquella circunstancia, y el bosquejo de un plan suyo “de contribuciones y arbitrios” que intentaba hacer sancionar por el Congreso. Del significativo documento inédito — hoy en poder de los herederos de Carlos Ibarguren” — se transcriben a continuación los párrafos sustanciales. Nota “Reservada” “Tucumán y Agosto 10/816. — Sres. de toda mi consideración y aprecio: “Con su favorecida de 18 pp. he recibido la del Señor J.R.B. que se sirven Vmds. incluirme ratificando sus nobles sentimientos y protestando que nada ser capaz de desviarlos de los principios de ella”. “Es verdad de que no puede dudarse lo que asientan Vmds., que los intereses generales del país son como identificados con la existencia y autoridad del soberano Congreso, y esto debe empeñarnos a sostenerla y respetarla, aunque sea a costa de algún sacrificio. Pero también lo es, que la integridad de esa Provincia (Bs. As.), su poder y crédito, será el único sostén de nuestra causa contra los enemigos de la libertad y de los perturbadores del orden y de la unión. Si ella es dividida en partes que por el mismo hecho se rivalizan, si es debilitada, agotando sus recursos en obsequio de las demás, si su demasiada moderación en no reclamar y recuperar de pronto sus derechos violentamente usurpados llega a atribuirse a debilidad, crean Vmds. que todo está perdido, porque ella será víctima de esa ingratitud y perfidia que han desplegado los más de los pueblos, a quienes ha favorecido y está favoreciendo a costa de generosos sacrificios que hasta ahora no han sufrido todos ellos juntos, para que después, devorándose los unos a los otros, o se reduzcan a la nada o sean del primero que quisiera dominarlos”. “Hago a Vmds. esta observación, porque sin embargo de ser bien notoria la rivalidad que hay contra ese pueblo, temo que Vmds. no se hallen penetrados del grado a que llega, de la idea que se forma ya de su debilidad, y del empeño 342

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que hay en que cada día sea mayor. Sobre el principio pues que, a excepción de la Provincia de Cuyo — y esta por sus vecindades y relaciones — todas las demás se olvidan de los españoles por odiar a los porteños. En necesario que nosotros sin desatender a los peligros exteriores de la parte que nos corresponde, fijemos la consideración en los interiores, dejemos de ser extremadamente generosos, y tratemos de nuestra seguridad y defensa. Si los españoles o extranjeros nos atacan, no hemos de tener quien nos favorezca; si los vencemos o arrojamos fuera del país, seremos cruelmente atacados por aquellos a quienes dimos libertad; y entretanto mantengamos esta lucha no faltarán quienes se aprovechen de nuestro conflictos y empeños para hostilizarnos, clavarnos el puñal alevemente y arrebatándonos a traición y de sorpresa el fruto de nuestros trabajos y de la sangre de nuestros hermanos, como lo ha hecho y está haciendo Artigas”. “Actualmente se trata en el Congreso un plan general de contribuciones y arbitrios para todos los pueblos, que debe llenar el déficit de los gastos públicos. Yo he representado por escrito pidiendo que estos sean sufragados por todos los pueblos a proporción de su población, según se observa en Norte América, dando gente el que no tenga dinero ... Mi objeto ha sido el que por este medio se les obligue a todos a contribuir en la parte que puedan, o con dinero o con reclutas a falta de esto, y que a pretexto de pobres no le echen toda la carga a esa Provincia (Bs. As.); el que vean la necesidad que tienen de unirse a ella, y dispensarle toda consideración y aprecio; y que los diputados de los pueblos rivales que componen la mayor parte del Congreso, no tengan la libertad de disponer de los fondos y arbitrios de ese pueblo, de su armamento, municiones, etc. y reducirlo insensiblemente a un estado de nulidad, para que después sea ultraje y vilipendio de los demás. Pero ellos (los diputados provincianos) han resistido mi solicitud, y, de tal modo, Buenos Aires se llevará todo el peso ... y se pasará mucho tiempo para que (los aportes en dinero) se realicen en los demás, por los embarazos que ha de poner este Gobierno (tucumano), el de Córdoba y Salta, interesados en no gravar su Provincias para conservar ascenAnchorena

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diente en ella, y que jamás puedan ser removidos … Establecido el prorrateo, sabrá cada Provincia lo que debe dar para su defensa y seguridad; y no esperándolo ya de Buenos Aires lo sacará precisamente del modo que pueda de sus habitantes, y sino, dará reclutas para que se le abone a cuenta un tanto por año por cada hombre. Esa Provincia (Bs. As.) no tendrá que desprenderse de un hombre, porque esta obligación la descarga con dinero, tendrá sobrantes considerables de sus ingresos, y podrá destinarlos para su seguridad y defensa …”. “Esta idea a nadie debe escandalizar, ella es justa en todo orden y en todo sistema; pero particularmente cuando las demás provincias creen que cada una en particular está en posesión de sus derechos soberanos, y miran a esa (Bs. As.) con rivalidad y como enemiga, desconociendo que deben a ella su existencia y conservación. Yo juzgo preciso que Vmds. piensen sobre este particular, y que ese pueblo sin pérdida de tiempo fije la atención en un punto tan importante, para no verse en el caso, alguna vez, de obrar con inconsecuencia, no pudiendo evitar de otra manera el mal que sobreviniese”. “Para esto y otras particularidades que deben ofrecerse, es muy necesario consultar la unión de ese pueblo, y procurarla por todos los medios posibles. La desunión es el mayor de los males que experimenta …”. “Aquí hemos tenido el sentimiento de saber que varios bribones, enemigos del orden, trataban de alarmar a los incautos con la especie que el Congreso intrigaba para entregarlos al Portugal. Todo es falso: cuantos documentos había aquí de relaciones exteriores se han leído en sesión secreta, no hay tal intriga ni puede haberla; porque aunque se pudiese pensar en ella, sería imposible el sigilo en todos los individuos, mucho más el reducir a los pueblos a entrar por ella, y, sobre todo, el que colocado en el centro del país (el Congreso) pudiera escapar a la venganza a que se haría justamente acreedor”. “Ya Vmds. habrán oído que se discute sobre la forma de gobierno. Según parece se inclinan al monárquico constitucional o moderado, llamando la casa de los Incas, y acor344

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dando la corte en el Cuzco. Cualquiera sea la opinión que prevalezca, estén Vmds. seguros que mis compañeros y yo no nos separaremos de nuestros poderes e instrucciones”. “Esto es cuanto me ocurre exponer por ahora a Vmds. Espero me comuniquen Vmds. de esa (Bs. As.) cuanto crean conveniente, y se sirvan tener siempre presente la consideración y afecto conque soy su más atento y seguro servidor Q.S.M.B': Tomás Manuel de Anchorena”. Más acerca de la forma de gobierno que se debatía en el Congreso Nuestro Anchorena — al igual que Belgrano y San Martín—apreció desde el primer momento el efecto propicio que la entronización de la dinastía incaica iba a suscitar en el Perú; si bien nunca dejó él, como buen porteño, de contemplar, sobre todo, los intereses y anhelos históricos de grandeza de Buenos Aires. El pensamiento favorable de Tomás Manuel hacia la monarquía constitucional no ofrece, desde luego, ninguna duda, y fué expresado categóricamente a Rosas por escrito en 1845. A lo que Anchorena y demás diputados bonaerenses se opusieron en los debates tucumanos de 1816, fué al, — para ellos — exótico y regresivo proyecto de coronación de un Inca, con residencia capitalina en el Cuzco, a cuya metrópoli imperial quedarían subordinadas Buenos Aires y las antiguas provincias del virreinato platense. Y se explica así el discurso de Anchorena en aquella sesión del 6 de agosto, refiriéndose a “la mayor resistencia de los llanos (léase pueblos de las llanuras del sur) a la forma monárquica de gobierno (entiéndase con dinastía cuzqueña) que se adaptase para los de las montañas” (o sean los “cuicos”, como motejaba en sus cartas privadas Tomás Manuel a los peruanos). El historiador Dardo Pérez Guilhou, en su ponderable ensayo El Monarquismo en el Congreso de Tucumán, ha escrito que de los documentos del Congreso “se desprende fehacientemente que, debido a la acción inteligente de los diputados de Buenos Aires, fracasa el proyecto del Inca a pesar de contar con mayoría, poniendo aquellos en juego toda su diAnchorena

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plomacia para tal efecto. No otro significado tiene el discurso público de Anchorena del 6 de agosto exponiendo los inconvenientes del gobierno monárquico, con sede en el Cuzco”. En consecuencia, difícil resulta encontrar en el Congreso de Tucumán ese “grupo de diputados republicanos” que a veces se empeñan en descubrir algunos “cuenteros de la historia” — que diría Groussac. En efecto: ¿quienes integraban dicho incógnito “grupo” republicano? ¿Anchorena acaso?; ¿Serrano? — contrario a la dinastía incásica, pero que en la sesión del 19 de julio se pronunció a favor de “la monarquía temperada”?; ¿el fraile Oro? — que en la sesión secreta del 4 de septiembre adhirió a las instrucciones “reservadas y reservadísimas” dadas por el Congreso a Miguel de Irigoyen y a Florencio Terrada, donde se manifestaba a la corte del Janeiro y al general portugués Lecor, invasor de la Banda Oriental, “que la parte más sana e ilustrada de los Pueblos y aún el común de estos están dispuestos a un sistema monárquico constitucional o moderado”; a cuyo texto fray Justo hizo salvedad de que ello “podrá hacerse cuando el país esté en perfecta seguridad y tranquilidad” y “que se omita la exclusión de los infantes de España”? Dejemos ese “grupo” amañado por el sectarismo ideológico actual en mengua de la verdad histórica, y vayamos a las referencias apuntadas por Tomás Manuel en su importante carta a Rosas, acerca de la realidad política del país existente al tiempo del Congreso de Tucumán; realidad que tornaba imposible establecer un régimen federalista nacional; cuya idea tomaría cuerpo en las provincias después de 1820. En 1816 — lo recordó Anchorena — “más que odio a Buenos Aires había espíritu de desunión en cada pueblo respecto de los demás, con egoísmo el más completo para no contribuir a la guerra y sostén de nuestra independencia que todos, todos querían se hiciese a costa de Buenos Aires; y el efecto era que todos pedían Congreso General que también debía costearlo solo Buenos Aires; porque el solo era, o debía ser — como dijo un diputado en el Congreso de Tucumán, que creo fué el Dr. Araoz — la vaca lechera de toda la República; entretanto otro diputado cuico de Chuquisaca dijo, en Con346

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greso, que era (Bs.As.) un andrajo sucio con el que ningún pueblo se quería vestir. Entonces el que un porteño hablase de federación era un crimen. A mi me miraban algunos de los diputados cuicos y provincianos con gran prevención, porque algunas veces les llegué a indicar que sería el partido que tendría al fin que tomar Buenos Aires para preservarse de las funestas consecuencias a que lo exponía esa enemistad que manifestaban contra él. El grito de federación empezó a resonar en las provincias interiores a consecuencia de la reforma luterana que emprendió don Bernardino Rivadavia, en la administración de Rodríguez, y el establecimiento del Banco Nacional hizo que fuese más reforzado; porque al ver lo que pasaba en Buenos Aires no querían (las provincias) ni reforma ni Banco; y porque ya entonces cada pueblo tenía su corifeo; que aspiraba a ser un reyezuelo de por vida en el país que gobernaba. Después se fué sazonando la cosa, hasta que quedó decidida por el tratado litoral celebrado en Santa Fé el 4 de Enero de 1831 ... ”. Prosigue el carteo de Tomás Manuel con su hermano Juan José desde Tucumán Julio 26/816: “He recibido las tuyas de tres, cuatro y diez del corriente. En la 1ª advierto expresiones que debías excusar cuando ves el peligro que corren las correspondencias. A mi me interceptaron la que me escribiste con fecha 20 de mayo último, y anduvo aquí en manos de un oficial; y a Belgrano la que yo le escribí, y tu sabes han mostrado a varios individuos. Con esta poco deben haber adelantado si la muestran íntegra, porque ella no está en manera alguna por el desorden que se ha intentado (en la cabildada demagógica convocada por el Director interino Balcarce en la Iglesia porteña de San Ignacio el 18 de junio, sin duda), y solo indica precauciones para poner esa ciudad (Bs. As.) a cubierto de los tristes efectos que pudiera producir el desconcierto de los demás pueblos. Entretanto es necesario sostener al Congreso, y guardar consecuencia en los principios y medios que se han adoptado para fijar la suerte del país; y los agravios que se Anchorena

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experimenten reclamarlos en el orden debido, valiéndose de los diputados que cada pueblo tiene nombrados...”. Agosto 2. Con tal fecha Tomás Manuel, por intermedio de su hermano Juan José, le remite una interesantísima e inédita carta “reservada” a la Junta de Observación, que este presidía, en cuyo escrito el corresponsal se explaya acerca de la situación de Buenos Aires frente a las provincias que le eran hostiles, y a la necesidad de cambiarlo al Director interino Balcarce. A más de su Presidente, la Junta de Observación estaba integrada entonces por Antonio José de Escalada (otro antepasado mío), José Miguel Díaz Vélez, Pedro Fabián Pérez y Ramón Eduardo Anchoris: “Es necesario — decía la carta — que tengan Vmds. un poco de paciencia, y que todos nos sacrifiquemos en obsequio del orden. Para que este exista, o al menos para que no se pierdan las esperanzas de restablecerlo, debe haber un Congreso Nacional; y todo Congreso de esta clase presentar en sí los mismos o mayores defectos e inconvenientes que el actual. Sin una autoridad firme y fuerte cual era necesaria en un tiempo de tanta agitación, compuesto de hijos de diferentes madres, algunos de ellos escasos de talentos, otros ilusos y preocupados, y todos con pasión de hombres, colocado, porque no puede ser de otro modo, a la distancia del centro de los negocios, etc. etc. etc. ¿que quiere que haga? (el Congreso). Cualquier asunto que se presenta le ofrece mil dificultades en su resolución, y rara vez puede darla sin aventurar el acierto. En tal caso no se hace poco en suspender la acción que seguramente perjudicaría más que queriendo ponerla en movimiento. Para el negocio de Santa Fé se han ofrecido mil dificultades; el desorden tiene muchos protectores, y ese pueblo (Bs. As.) muchos enemigos, que aunque injustos causan mayor mal tal vez que si lo fuesen con justicia. Vmds., a mi entender, no han debido perder tiempo: el despojado violentamente de su propiedad tiene derecho a la recuperación por sí solo, usando de la misma violencia mientras no hay quien lo proteja en sus derechos, ni un juez que pueda decidir la cuestión; y siendo este el caso presente, supuesto que Santa Fé no ha querido reconocer al Congreso, ni enviar al diputado nombrado, ni nom348

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brar otro nuevo. La fuerza, apoyada en la justicia que le asiste a esa Provincia (Bs.As.) para conservar su integridad, mientras una constitución legítimamente sancionada no haga alteración alguna, debe terminar la contienda. Esperar que el Congreso lo haga, a mi ver, es desesperar, y aunque pudiera hacerlo, no obstaría esta operación, pues el derecho autoriza en un orden establecido a cualquiera para que, en el acto y sin recurrir a juez, recupere por la fuerza la capa que le acaban de arrebatar en la calle, o le hacen entregar poniéndolo un puñal al pecho “. “Los miramientos que Vmds. han observado en este particular, acaso han perjudicado sobremanera, porque se habrán reputado efectos de una impotencia. Lo juzgo así porque no ha faltado bribón, de los muchos que hay, que a nuestras barbas nos han dicho en sala pública, y con la mayor insolencia, que ese pueblo (porteño) es absolutamente impotente e incapaz de resistir a los esfuerzos de Santa Fé, y ha sido preciso tolerarlo en homenaje a la unión y estabilidad del Congreso, absolutamente necesaria. Pero es preciso desengañarnos, todos los pueblos son enemigos de Buenos Aires, unos más que otros, y de los que yo conozco este (Tucumán) menos que todos. Hay sola una diferencia, que algunos de sus diputados obran con descaro y furor porque son menos prudentes que otros, que por ahora creen deben disimular su enemiga porque nos necesitan, hasta que libres ellos de los peligros, y débil esa ciudad por los sacrificios hechos en su obsequio, puedan imponerle la ley. Así es que ese pueblo (Bs. As.) en todo lo que no ataque la existencia del Congreso, debe aprovechar los momentos y circunstancias favorables, y resistir lo que perjudique a su seguridad con respecto a los enemigos exteriores y demás pueblos rivales, usando el recurso legal de obedecer, no cumplir, y representar, conservándose siempre en aptitud de imponer, que es lo que vale más aún que la justicia misma en el orden político. Yo sé las consecuencias de cierto diputado corifeo que dice que, recuperado el Perú, los pueblos unidos con los orientales para nada necesitan de Buenos Aires. En tal caso siempre se ve que serían sus enemigos y tratarían de destruirlo, y, si les fueAnchorena

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ra posible, arrasarlo. Esto es necesario no perder jamás de vista, y obrar bajo del principio que no es faltar al respeto debido al Congreso el reclamar que los auxilios que se le exijan (a Bs. As.) para la defensa general del país ... sea en proporción de los demás pueblos con respecto a su población ... Ese pueblo (bonaerense) se ha sacrificado en auxiliar a todos, y nadie en auxiliarlo a él. Ha sido atacado por los santafesinos y orientales y nadie se ha movido, antes casi todos lo han celebrado. Es amenazado actualmente de los portugueses y ninguno le ofrece siquiera un hombre. ¿que es esto?. No es otra cosa sino que el solo debe mirar por si, precaverse de los que le rodean, que para chuparle la sangre le llaman hermano, con el fin de corresponderle después con una puñalada a traición ... Procuren Vmds. hacerme de documentos justificatorios de la necesidad de deponer a Balcarce, porque este ha de ocurrir al Congreso, y si Vmds. no se previenen con tiempo puede darles incomodidades, pues no faltarían hombres que para acreditar al pueblo de Buenos Aires de revoltoso e inconsecuente, protegiesen la causa de dicho Balcarce. Todos los días tenemos sesión: ayer duró hasta las cuatro de la tarde. Los asuntos se agolpan, y es gran trabajo conciliar las diferentes ideas de los representantes de las Provincias Unidas de Sud América ... “. Agosto 18 — El siguiente correo trae para Juan José otra carta en la que se lee: “... Por lo que me dices veo el singular regocijo que ha causado en esa la entrada de Pueyrredón. Aquí lo hemos celebrado sobremanera; quiera Dios darle tino para que obre con acierto en circunstancias tan críticas y peligrosas. Yo veo que si el no varía la conducta paliativa con que se ha manejado en otras ocasiones, va a perderse y perder tal vez el Estado; y para que esto no suceda, es necesario que se le acerquen los hombres de bien y del mejor temple, le muestren el rumbo que debe tomar, y lo estrechen a tomarlo ... “. Agosto 26 — Tomás le hace a Juan José algunas consideraciones y lo pone al tanto de sugestivos detalles: “... Mañana entrará en esta el ejército. Desde que fué reconocido Belgrano por General principia a mejorarse la subordinación, 350

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disciplina y orden, pero difícilmente podrá mejorar bajo otros respectos. No tiene dinero, y esta Provincia (Tucumán) que se dice la más patriota, y que al menos es la que más propende a la unión y conserva más orden, no le franquea el menor auxilio sino por el dinero. Esta especie no la suministra sino Buenos Aires, y si lo ha de hacer en la cantidad suficiente, será preciso que se reduzca a la nada, y aún así no lo conseguirá. De modo que según veo que va esto, sino se muda de plan, ese triste pueblo (porteño) va a ser sacrificado, y lo peor es que inutilmente, porque destruído él no son capaces los demás de sostener la causa. Por otra parte es imposible restablecer la unión: los que debían trabajar por ella son tal vez los que no la fomentan y hacen que los pueblos se olviden de los españoles para odiar a los porteños. Yo estoy casi desengañado que lo que Buenos Aires no haga por sí, nadie lo ha de hacer, y que ella con su resolución decidirá de la suerte de las demás provincias. Asómbrate de lo que voy a referirte, para que veas el estado en que ha puesto a los hombres la desunión y rivalidad producida por la envidia. Tratándose de que número de reclutas podría sacar el Director de las Provincias, con proporción a las atenciones que nos rodean, asentó en sesión pública un diputado de Córdoba, y lo apoyo otro, que solo debía pensarse en reforzar el ejército del Perú, que el de Mendoza no era necesario engrosarlo, pues solo debía obrar a la defensiva, y menos el de esa ciudad (Bs. As.), cuando no había peligro alguno de enemigos, porque esos rumores de venida de Portugueses eran muy despreciables para que llamen la atención del Congreso. Esto sucedió ahora cuatro días; ¿y sabes a mi entender porque? Porque en medio del peligro quisieran que Buenos Aires no tuviese ni un palo para defenderse, para que Artigas y Santa Fé pudieran entrar libremente a degüello en el, también sacar a sus habitantes para ir a venderlos a otras partes, aunque la patria se perdiera y todo se lo llevase el demonio ...!”

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Y se suceden puntualmente las cartas noticiosas de Anchorena, cada una de ellas con su correlativa apreciación Septiembre 18 — “Con motivo de las tribulaciones de Córdoba, habiendo Pueyrredón separado a Díaz del gobierno — sin duda por la incapacidad que el mismo representaba, y por evitar, que recibiera más ultrajes —, y mandado quedar interinamente al Cabildo, ha sido desobedecido por dicho Gobernador, quien dirije al Congreso una representación la más insolente contra Pueyrredón; y como tuviera pendiente, ante el mismo Congreso, 2ª renuncia del Gobierno, la anula, y después de decirle que va a poner en alarma a toda la Provincia contra la disposición del Director si trata de llevarla adelante, pide que no se tenga por hecha dicha renuncia, y que no se le separe del mando sin oírsele ... El viejo Don Manuel de la Quintana murió a ahora tres días. La Sra. viuda dirige expresiones a Madre y le suplica lo encomiende a Dios en sus oraciones ...”. Septiembre 26 — “Por 28 votos se acordó ayer que el Congreso se trasladase a esa ciudad (Bs. As.) ... Se recibieron partes de Güemes de que el enemigo estaba en Tilcara, y del Marqués de Yavi, desde Moreno, quebrada del Tojo, que habían salido dos divisiones desde Yavi, una en dirección a la Rinconada y otra a la Quebrada ... Yo, por mi juicio, creo que aunque atacasen estas dos Provincias con cinco mil hombres, serían rechazados y derrotados, empeñándose los habitantes del país sin más guerra que la de recursos, y así no tengo cuidado a este respecto; pero sí, por el empeño de muchos en fomentar el desorden, siguiendo las ideas de A. (Artigas) y sus secuaces”. Octubre 3 — “Tenemos más noticias sobre los horrorosos atentados que ha cometido desde San Nicolás hasta Santa Fé, y en aquella ciudad, el ejército al mando de Díaz Vélez. Creo que se hace injusticia a los diputados que dicen han escrito más de lo justo contra aquel pueblo. Ellos bien saben y conocen que sus movimientos no han sido causados por el vecindario principal, sino por una caterva de bribones acaudillados por Vera. Conocen que los que han autorizado, 352

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ocasionado y ejecutado los males que han sufrido los habitantes de aquel territorio y el nuestro, deben ser fusilados; pero jamás podrán convenir por esto en la independencia que solicita Vera, desmembrando esa Provincia, dejando bajo la opresión y tiranía de un calavera bribón aquel infeliz pueblo, y exponiendo esa ciudad (Bs. As.) a las acechanzas de Artigas. Tu cree firmemente que hay una combinación entre orientales, santafesinos y cordobeses, sino de palabra de intención, para acabar con ese pueblo, y que abierta la puerta de Santa Fé lo han de conseguir, conmoviendo la campaña y sitiando las ciudad, que les es muy fácil. Buenos Aires perdió el Entrerríos, ahora pierde Santa Fé, dentro de breve se verá él perdido, y entonces yo les preguntaré a algunos si creyeron con emplastos apagar el fuego de una revolución y con actos de humillación contener las pretenciones de los facinerosos ...”. Noviembre 3 — “El Congreso ha dispuesto que mi renuncia se pase a la Junta Electoral que debe nombrarse para la prórroga de poderes a nueva elección de diputados, y que hasta su resolución no me corre el término de la traslación, que es hasta el 15 de Marzo, en el que (el Congreso) deba reunirse en esa (Bs. As.) ... El enemigo creo que se mantendrá en Jujuy y Salta hasta saber el resultado de Chile ...”. Y por ahí la carta incluye este párrafo enteramente pedestre: “Avísame del paradero de Nicolás y su salud, si ha sanado o no de la hinchazón de pies. Me dicen que este mal es incurable en el Janeiro, y en tal caso debería mudar de residencia, pero no venir a esa ...”. Noviembre 26 — “... En el correo que viene tal vez dirigiré mi renuncia a ese Cabildo (de Bs. As.), y hasta que se me admita no me muevo de aquí, pues creo que el bajar a esa de Diputado me expone a comprometer mi opinión envuelta con los demás ... “. Efectivamente: el 10 de diciembre Tomás Manuel de Anchorena, desde Tucumán, solicitó al Cabildo porteño se le admitiera la renuncia de Diputado, acompañando un certificado médico “en justificación de su achacosa y quebrantada salud”. A lo que la referida corporación — el 23 de dicho mes — acordó no estar facultada para resolver sobre Anchorena

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esa renuncia, cuya decisión correspondía al Soberano Congreso. Entretanto el 18 de diciembre nuestro personaje le comunicaba a su hermano Juan José: “En Santiago del Estero ha habido una nueva revolución en que prendieron al Teniente de Gobernador (Gabino Ibáñez) ... No ha habido más motivo para ello que el espíritu del día, no obedecer, pues el Teniente de Gobernador se desempeñaba muy bien, y así el pueblo esta contra los revolucionarios. Se dice que el principal autor es un tal Borges, por mal nombre Mandinga. Estando siguiendo la causa de Moldes, para la cual soy uno de los comisionados, sobre haber interceptado y publicado una correspondencia secreta de San Martín, ha fugado a Salta; no se que milagros irá a hacer a aquella Provincia!. Que tal va el cuento!; y después quieren que el Congreso fije la suerte del Estado y le dé constitución!. Seis revoluciones ha habido desde que se instaló el Congreso, sin contar con el estado de la Provincia de Salta y sus ocurrencias!”. Para colmo de males el Marqués del Valle del Tojo — comunmente llamado de Yavi —, amigo de Tomás Manuel, cae prisionero de los realistas con todos sus efectivos y así recibe en Buenos Aires la noticia Juan José de Anchorena: Diciembre 21 — “ ... Güemes había prometido sorprender una división enemiga en Yavi, o cortar la que estaba en Tarija, por lo menos perseguirla hasta recuperar Potosí y Charcas; ¿Con que fundamento?, no lo se. Lo cierto es que combinado con el Marqués, se puso en marcha con todos sus infernales — que son soldados de línea pero mal subordinados y olvidados de la disciplina que aprendieron — y con todos los gauchos que pudo sacar de Jujuy. Mientras se hallaba en Humauaca — porque este insigne campeón no quiere morir a bala de vanguardia —, el Marqués fué sorprendido en el Tojo perdiendo más de mil fusiles y más de mil caballos y mulas. El Marqués escapaba montado en pelo por un camino extraviado con varios, y a las cuatro leguas de Yavi lo hicieron prisionero, por habérsele empacado el caballo al pasar una zanja y haberlo arrojado a ella. Dicen que el 25 del pp. a él. a Quesada (Juan José) y demás oficiales pri354

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sioneros los llevan a Cotagaita con una escolta de 50 hombres”. Ha dado comienzo el año 1817, y el 3 de enero Tomás Manuel vuelve a escribirle a Juan José “El enemigo con fuerza de dos mil hombres, según cálculo de los bomberos, se halla en Humauaca. No creo que baje a Jujuy, sino que intente con estos amagos arruinar la Provincia, pues ellos ocasionan emigración, trastorno de las familias y propiedades, destrozo y arreos de ganados y caballadas, quemas de cercos y sembrados, mangas y corrales ... la revolución de Santiago ha sido completamente sofocada. Aquellos caudillos huyen solos sin saber para donde, dos agentes muy federales han sido fusilados, y a esta fecha lo estará el cabeza federal Borges, por mal nombre Mandinga ... Aquí la mayor parte de los hombres no gustan de la guerra con el Portugal mientras el no hostilice esta Banda, y opinan que debe procurarse sacar partido de un mal que no hay como remediarlo, que es la separación de la Banda Oriental. Pero algunos montoneros, que no tienen nada que perder, están siempre a ganar y no han de tomar las armas, se empeñan en la guerra porque ven que Buenos Aires solo la ha de costear y sufrir, y que por este medio, o es arruinado por el Portugués, o debilitado de tal manera que puedan ultimarlo después las montoneras. Es preciso esforzarse en este particular, predicar mucho con firmeza y energía, para hacer ver a ese pueblo la perfidia con que proceden los proclamadores de la guerra ... Pueyrredón después de haberse opuesto a la traslación del Congreso a esa, y mandado al efecto la comisión de Funes y Castro (el Deán y mi tío tatarabuelo Manuel Antonio, que gestionaron establecerlo en Córdoba), nos ha venido apresurando la traslación ... Todos los diputados, excepto nosotros, piden ser costeados por el Estado, y ellos lo resolverán así. Se necesitarán once mil pesos, porque nadie se contenta con menos de quinientos que se librarán contra estas cajas; esto es fuera del aumento de sueldo que solicitan los que lo perciben sobre las cajas del Estado. Desde el in nomine patris de Anchorena

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la traslación, empieza ya el saqueo de ese desgraciado pueblo. Temo que este sea el preludio de su disolución ...”. Seguidamente van comentados estos acontecimientos importantes Enero 11 — “... El seis salió de esta una comisión del Congreso compuesta de Carrasco, Darragueira y el doctor Castro (Barros) para que le dé (asesoramiento?) directamente al Director en algunos asuntos, y le sirva de apoyo mientras se traslada el Congreso ... De la buena fé de orientales y santafesinos no hay que esperar, porque no la tienen. Ellos no quieren sino desorden, anarquía y ver si es posible a ese pueblo reducirlo a cenizas. La política conciliadora de P. (Pueyrredón) nos ha perjudicado sobre manera. Si cuando entró Díaz Vélez a Santa Fé hubiera llevado adelante la empresa, y después de darle en la cabeza a Vera, hubiese castigado los excesos del 1º (Díaz Vélez) y de Dorrego de un modo ejemplar y pronto, dejando asegurado aquel punto, otro gallo nos cantara; pero está creído el hombre que con cortesías y miramientos se contiene a los bribones y facinerosos, y esto es un error ... El enemigo a ésta fecha estará en Jujuy; dicen unos que cargaba con cerca de 4 mil hombres, otros de 5 mil. Lo cierto es que la cosa parece seria y dirigida a este punto (Tucumán). Aquí no se le presentará acción porque sería expuesto todo a un tiro de dado, y se les hará la guerra de recursos en consorcio con los gauchos, montando el ejército, que es sin duda alguna el medio más seguro, y decidirá la victoria, sino me engaño, a nuestro favor, aunque vengan con seis mil hombres. Al efecto creo que en un bando o proclama publicado ayer a la tarde, ha mandado el General Belgrano que todos los estantes y habitantes de ambos sexos y de toda edad y condición, se preparen a emigrar (de Jujuy), y situarse a retaguardia del ejército, hasta 40 leguas de distancia, llevando consigo o quemando cuanto tengan. Que los hombres de 16 años hasta 55 se alisten al servicio de las armas, y los de esta edad para arriba, para otros objetos del servicios. Que se retiren los ganados y caballadas, con otros artículos relativos 356

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al cumplimiento de los referidos; en que se imponga generalmente la pena de muerte y de traidores a la Patria a los contradictores, y que todo deberá quedar cumplido y ejecutado a las 24 horas de otro bando que se publicará ... Acabo de saber por boca de B. (Belgrano) que Artigas le prevenía a Vera que con su gente, la que le remitía, la del Rosario y Coronda y los indios que estaban al mando de N. (?), se situase en el Arroyo del Medio y hostilizase esa campaña hasta obligar a esa ciudad y gobierno a declarar la guerra a Portugal. Esto es después de no haber querido admitir auxilios, recibidos con desprecio los que se le mandaron, e insultado al enviado Zapiola (el presbítero Domingo), cuando ha hecho sacrificar su gente contra las tropas del Brasil inutilmente, empeñando acciones que él sabía muy bien debía escusar. Mucho me temo que obre con infidencia. Tengo para esta otros antecedentes: que los indios están revueltos es positivo; dos veces han cercado ya el territorio de Córdoba. No hay que descuidarse ni que aflojar, cuidado con las confianzas, pues ellos se van haciendo de armas y útiles de guerra, unas que roban por falta de precaución, y otras que se las dan en auxilio, y al fin pueden darnos que sentir”. La siguiente carta despachada el 26 de enero, trae esta posdata: “En Yala, adelante de Jujuy, cayó prisionero un Capitán del enemigo; este ha dado una razón muy circunstanciada de la fuerza enemiga que carga sobre Jujuy, y está ya existente: Resulta de ella que en dicha ciudad hay 1.750 hombres; que en Humauaca, donde se halla el General en Jefe Cerna (La Serna), hay 1.470, y de Chuquisaca marchan 1.800 al cuartel general. Corre que la victoria de Warnes es falsa, y que por el contrario ha sido derrotado y decapitado. No se la verdad. (La verdad fué que los realistas vencedores entraron en Santa Cruz de la Sierra con la cabeza de Warnes clavada en la punta de una lanza). “El diputado por Córdoba Isasa (José de) se halla preso en esta de orden de Belgrano facultado plenamente por el Congreso para sofocar la revolución de aquella Provincia (cometida por el artiguista Juan Pablo Bulnes contra el Gobernador José Javier Díaz, a quien el Cabildo local reemplazó por Ambrosio Funes) ... ”. Anchorena

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Febrero 3 — “Ya te dije que mi renuncia fué remitida por el “Congreso (el 18 de enero anterior) a la Junta Electoral que debe nombrarse ... Se sabe que el enemigo cargaba con todo el grueso del ejército a Salta, en dos divisiones. Una por el camino de la Cabaña, que el 31 estaba en la Caldera, y otra por el Carril; pero que la gente de la Provincia seguía con el mayor entusiasmo hostilizándolo. Por declaración del prisionero Sierra (dependiente que fué de Obregón antiguo agente de los Anchorena en Potosí), oficial del regimiento de Gerona, y de un sargento nuestro que se les pasó, se sabe que debían reunir hasta 6.000 hombres para venir aquí (a Tucumán). No sé si lo verificarán: ello tiene sus dificultades, no atrayéndose a la gente de la Provincia de Salta. Se han interceptado comunicaciones de Marcó (del Pont) a Serna (La Serna) en que el 1º manifiesta temores de la expedición de San Martín; poca confianza en su tropa, y recelos del pueblo a quien considera sometido por la fuerza. Yo celebraré que baje ahora Serna, porque será tal vez el único medio de recuperar el Perú, a pesar de que no cuento segura la victoria; pero que si esta no se consigue aquí, larga será la historia! ...”. Por fin, la última carta del epistolario que me ocupa se refiere a la circunstancia siguiente Mayo 3 — “Mi salida de esta no se ha verificado cuando te dije porque con motivo de haber cargado el enemigo sobre Salta, tuvo que salir don Fermín Quintana gravemente herido en un muslo y le presté a su Madre (doña Rosa del Portal Frías) el carricoche para que don Gabriel (del Portal, tío de Quintana) fuese a traerlo desde Rosario (de la Frontera), hasta cuyo punto debía ser probablemente conducido en angarilla por el camino de las cuestas. Hasta ahora no ha llegado a esta: lo esperamos en todo el día de mañana, y en tal caso saldré el ocho o nueve del corriente”. A mediados de febrero de aquel año 1817, empezó el desmantelamiento y mudanza del Congreso en San Miguel de Tucumán. Por abril ya la mayoría de los diputados se encontraban en Buenos Aires. Tomás Manuel de Anchorena — 358

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según vimos — hubo de permanecer aún hasta el 8 o 9 de mayo en la mediterránea ciudad de la Independencia, hasta dejar en regla sus intereses particulares y poner a salvo a su amigo Fermín de la Quintana, herido en la guerra salteña. El carteo habitual con el hermano Juan José no lo interrumpe sino cinco días antes de su partida. Las informaciones transmitidas por esa correspondencia — salvo un lacónico; “ya sabrás que en esa la toma del Reino de Chile por San Martín” — no pueden ser más desalentadoras; La Serna se ha lanzado a fondo por la quebrada de Humauaca con 5 o 6 mil hombres a la conquista de Jujuy, Salta y Tucumán; la Banda Oriental está en gran parte invadida, con Montevideo en manos del portugués; mientras el litoral y centro del país — Corrientes, Entre Ríos, Santa Fé, Córdoba, Santiago del Estero y La Rioja —, revueltos por Artigas y sus émulos, se debaten en una anarquía localista que amenaza desmoronar el precario andamiaje nacional. Tomás Manuel de Anchorena es hombre de leyes, comerciante en gran escala y con fortuna que perder; sin embargo su temperamento no reacciona en la emergencia a lo mercachifle, sino como férvido patriota, munido del sentido común indispensable al talento de un estadista. Encarnaba al porteño orgulloso y enérgico de antaño, seguro de si mismo, que no se abate cuando todos a su alrededor flaquean. Empero, solitario y lejos de Buenos Aires allá en Tucumán, ante el espectáculo caótico extendido en torno suyo y la inquina generalizada contra su provincia natal, el espíritu entristecido de nuestro personaje experimentó una sensación de fracaso, de impotencia. Y a su hermano Juan José,con profunda sinceridad, ha de confesarle, muy en reserva, su pesimismo respecto al destino histórico de su patria. He aquí ese amargo testimonio — fechado el 26 de febrero de 1817 — que me vale para despedirlo como Diputado del Congreso de Tucumán: “... En cuanto a nuestro estado político, hace mucho tiempo que estoy bien desengañado, y cada día más me penetro del desengaño. Mis conatos y esperanzas solo se limitan a que los Españoles no salgan con la suya. Por lo demás es tanta la corrupción de nuestro país, y son tantas las raíces que Anchorena

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hecha cada día, que no puede mi imaginación lisonjearme un solo momento con la idea de un buen resultado en orden a cimentar nuestra libertad. ¿Cuál será?, no lo sé; pero me parece que con evidencia se puede asegurar que no ha de ser el que hemos deseado desde el principio de la revolución”. El caótico año 20 Como se registró al pormenor en las respectivas biografías de mis tatarabuelos Juan José de Anchorena y Manuel Hermenegildo de Aguirre, tras la batalla de Cepeda (31-I-1820) cae definitivamente el régimen directorial centralista y monarquizante (Supremo Director y Congreso) y Buenos Aires, convertida de hecho en provincia, asume la propia autonomía, con su Ayuntamiento como única institución lugareña en pie. Apremiado por las circunstancias, ese “Cabildo Gobernador” convoca, el 16 de febrero, a 182 “honorables vecinos” en cabildo abierto, los cuales eligen a los 12 miembros de su primera Junta de Representantes, entre estos a los hermanos Juan José y Tomás Manuel de Anchorena. Dicha Junta, al día siguiente de su instalación, designa Gobernador de la Provincia al representante Manuel de Sarratea. Y una semana más tarde (24 de febrero), la referida corporación legislativa — bajo la presidencia de nuestro Tomás Manuel — aprueba y ratifica el Tratado del Pilar, impuesto por los caudillos victoriosos de Entre Ríos y Santa Fé, Pancho Ramírez y Estanislao López. Precipitadamente el panorama político se complica. Desde San Nicolás arriba a la ciudad Juan Ramón Balcarce, al frente de más de 1.200 hombres de infantería de línea salvados de la derrota de Cepeda, y es aclamado por el pueblo. Sin orden ni concierto, el proceso anarquizante prosigue incontenible, y Sarratea opta por huir del Fuerte para buscar asilo en el campamento de los caudillos federales. Acéfalo el gobierno, Balcarce — luego de otra cabildada abierta — recoge el mando, pero Soler se pronuncia contra Balcarce, quien hace mutis por el foro. Así — tras un fallido intento de 360

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Alvear para apoderarse del gobierno — Sarratea, por imperio de Ramírez y López, vuelve a quedar instalado en la silla gubernamental. Entretanto la Junta de Representantes hallábase desmembrada. Sarratea y Obligado pasaron a ocupar los cargos de Gobernador y Ministro, respectivamente; Tomás Manuel de Anchorena, Vicente López y Juan Pedro Aguirre hicieron renuncia de sus bancas; y Juan José Paso y Vicente Anastacio Echeverría fueron eliminados del cuerpo por exigencias de los cabecillas victoriosos. Entonces se llamó a elecciones para constituir una nueva Junta — ahora con representantes de la ciudad y también de la campaña bonaerense — resultando elegidos diputados capitalinos; Tomás Manuel de Anchorena (con 212 votos), Ildefonso Ramos Mexía (con 180), Manuel Obligado (con 153),Juan José de Anchorena (con 136), Victorio García de Zúñiga (con 127), Juan Pedro Aguirre (con 119), Vicente López y Planes (con 105), Antonio José de Escalada (con 95), Francisco Antonio de Escalada (con 89), Miguel de Riglos (con 79), Juan José Paso (con 71) y Juan Alagón (con 70). Pero ocurre que Sarratea, fundado en el artículo 7º del Tratado del Pilar — verdadera imposición de guerra — resuelve procesar a los ex congresistas y funcionarios de la administración depuesta, metiendo presos a los ex diputados José Miguel Díaz Vélez, Benito Lazcano, Teodoro Sánchez de Bustamante, Manuel Antonio Acevedo, Pedro León Gallo, José Andrés Pacheco de Melo, Gregorio Funes, Luis José Chorroarín, José Severo Malabia y Juan Marcos Salomé Zorrilla. Por lo demás, como en aquellas elecciones para la Junta de Representantes los adversarios del Gobernador habían obtenido un holgado triunfo, Sarratea veta a Juan Pedro de Aguirre (porque facilitó la huída de Pueyrredón y de Tagle), a Vicente López (por haber sido Ministro de Pueyrredón), y a Juan José Paso y Tomás Manuel de Anchorena, tachándolos de querer entregar la Patria al “imperio ominoso de tiranías extranjeras”; vale decir a la corona de Portugal. El Cabildo, a todo esto, rehusa pronunciarse sobre tales vetos —”delicada y espinosa materia”—, pues sostiene Anchorena

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que solo a la Junta de Representantes, que “reúne el poder soberano del país”, correspondía determinar acerca del particular. Así las cosas, Anchorena, por cuenta propia, le sale al cruce a Sarratea en defensa de su honra, y, en forma contundente, desenmascara al calumniador. Excusación de D. Tomás Manuel de Anchorena del empleo de Representante, y Satisfacción que da al público D. Tomás Manuel de Anchorena sobre las falsas imputaciones que le hace D. Manuel de Sarratea Bajo este largo título, nuestro biografiado presentó su renuncia al cargo de Representante — que luego hizo imprimir y dió a publicidad —, fundándola en el veto impuesto por Sarratea, mediante el cuál “la dignidad de la Provincia había sido ultrajada y los derechos del pueblo violados”. “No sé de donde nos ha salido un Gobernador de Provincia — estampaba el firmante con mordacidad lapidaria —, que habiendo jurado desempeñar fiel y legalmente su empleo conforme a las leyes que rigen el país, y no reuniendo en sí otra autoridad ni funciones que las que corresponden a su título, hace de Gobernador, de magistrado ordinario, de Justicia de Residencia, de legislador, atropella todas las leyes judiciales, pone en prisiones a los ciudadanos y los detiene en ellas largo tiempo, sin hacerles saber la causa; y aún se extiende a declarar como delitos los hechos que se han ejecutado sin faltar a la ley; en una palabra; se presenta con más autoridad que el mismo Ser Supremo, al paso que a todas horas se le oye propalar liberalidades, justicia, etc., aunque con la desgracia de que nadie lo cree, y de que son muy miserables los que afectan creerle”. “Yo bien advierto — seguía el documento — que S.S. no tendría tal vez embarazo en decir, a voz en cuello, que había recibido la autoridad del cielo o de los pueblos, con la misma desfachatez con que dice haber procedido a formar la causa que está siguiendo contra el Congreso, de acuerdo con la Sala de Representantes ...”. A continuación Tomás Manuel — transcribo a Mitre — “tomó virilmente la defensa de sus antiguos colegas per362

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seguidos, sin hacerse solidario con sus errores, y prueba con documentos a Sarratea, que no había tenido el derecho de procesarlos; que había mentido al aseverar, en el auto cabeza del proceso de alta traición, que procedía con autorización de la Junta de Representantes”. Y Anchorena aplasta a su antagonista, mostrándolo como el promotor inicial de los turbios intentos destinados a entronizar un Monarca enemigo en el Río de la Plata, cuando seguidamente expresa: “El es quien encargado de las relaciones exteriores de estas provincias con las cortes de Europa, trató de restablecer en ellas la dinastía de los Borbones, ingiriendo al Conde de Cabarrús en este negocio, y que habiendo consumido al Estado ingentes miles de aquella comisión, jamás hizo cosa alguna que mereciese nuestra atención ... El tema en que funda S.S. sus procedimientos contra los diputados en Congreso, mejor que las relaciones del Brasil, deberían publicarse las del señor de Sarratea relativas a la misión del Conde de Cabarrús cerca de la persona de nuestro viejo Rey D. Carlos IV ... Por más que S.S. pinte Santos, o aparente pintarlos, jamás merecerá otro concepto en el mundo que el que le da la incomparable infamia y criminalidad de sus procedimientos en este negocio ... Sin delicadeza ni pudor el se ha erigido, contra todo derecho, en Juez de los Representantes de los pueblos en Congreso, siendo público su enconado resentimiento contra ellos ... y siendo él el primero, y acaso el único verdadero delincuente por haber tratado nada menos que con el mismo Rey D. Carlos IV, por medio del Conde de Cabarrús, sin poderes ni representación legítima de estas Provincias, ni aún del Gobierno, para coronar en ellas a uno de los Infantes de la casa de Borbón, reinante en España. Ha tenido, no obstante, bastante descaro e impudencia para hacer un crimen a los Representantes de los pueblos, de unas relaciones que según los sujetos, las circunstancias y los términos en que las condujeron harán siempre honor a los Diputados del Congreso ... Con una insolencia sin ejemplo él aseguró en su proclama, que habíamos jurado, por un honor que no teníamos, que no había tratado existente con la corte del Brasil. Comprometido de un modo tan solemne a convencernos del perjuicio, aunque se Anchorena

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arrojó sobre los archivos del Congreso, y se apoderó de sus más secretas comunicaciones, no ha podido presentar hasta ahora, ni presentará jamás, ese documento diplomático con que debe desmentirnos, quedando de este modo confundida su atroz calumnia ...”. Y prosigue Anchorena implacable “Se queja del estilo que yo uso para con él, pero yo pregunto ¿el ardor y acrimonia con que Cicerón increpaba a Catilina era impropio de sus luces ni del amor propio que profesaba a la justicia? ... El Sr. Sarratea ha procedido peor que Catilina, no solamente atacando a la República, sino traicionando la confianza que se le había hecho. Y siendo un segundo Catilina más perverso que el primero ¿que extraño es que yo usase de toda la acrimonia y vehemencia que pueda imaginarse en reproche de sus crimenes? ... Para disimular su perfidia se presenta este malvado en su contestación muy ufano, con toda la impavidez y descaro de un hombre acostumbrado al crimen, echándome en rostro de que él no fué acusado de traidor al país, de aliado con los portugueses, de ladrón ni de asesino de sus compatriotas; como si estas acusaciones en su boca, sin probarlas, constituyéndose al mismo tiempo en juez de ellas, importasen algo en ninguna parte del mundo; y como si las reclamaciones de palabra y por la prensa que se han hecho en esta ciudad sobre su pérfida conducta, y a los arbitrios que formó al Estado, y demás gastos hechos en su misión a Londres, no fuesen las más solemnes acusaciones de traidor, de ladrón y de asesino de sus conciudadanos; a los que no ha satisfecho, ni satisfará jamás, porque cabalmente el mismo pueblo ha sido testigo presencial de su conducta. Usando de ese mismo tono insolente y atrevido pregunta si pertenezco a los que firmaban y pasaban por todo en el Congreso sin saber cuidar las relaciones exteriores ... y aunque el desprecio sería la verdadera contestación que debería darle, le diré por si lo ignora, que todos los pueblos saben a que parte pertenezco ... y que cuando se explique con más claridad y no con la falacia que acostumbra, le contestaré si 364

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estuviese en humor para ello. Supone también que yo juzgo que nada han tenido de malo los tratados con los portugueses; que es nada que en virtud de ellos se haya ocupado en sustancia la llave de todo este continente, y una de las más interesantes porciones del territorio, por las armas de aquella nación ... Todo esto supone con toda mala fé y la charlatanería que le caracteriza ... Niego y negaré siempre, porque es falso, que haya celebrado el Congreso, mientras yo fuí diputado, tratados con los portugueses; que a virtud de ellos hayan ocupado la Banda Oriental, ni la más pequeña parte de nuestro territorio; que entonces haya cooperado de algún modo el Congreso a mantener la usurpación; que haya cometido o autorizado violencia contra ninguna persona opuesta a estos proyectos ... pero como su primer conato es promover la división, la discordia y la anarquía en todos los pueblos de las provincias, y principalmente en los que forman la puerta de este gran territorio ... y como no encuentra bastante material en la verdad de los hechos, se vale de la impostura, de la acriminación, de suposiciones falsas, y de cuanta clase de embrollos es imaginable, para hacer odiosas a todas las personas que no son de su amaño ... Según su opinión no hay en esta ciudad un hombre de talento, imparcial, justo, desinteresado, de honor y patriota, sino Catilina y los pocos que, por demasiada estupidez o corrupción, le forman su corta pandilla. Más es tal la desgracia de este hombre, que todos le tienen por un trapalón, embustero, y nadie le cree, ni aún cuando por descuido dice alguna verdad”. Y continúa Tomás Manuel echando venablos ... Al manifestar Sarratea “que el imputarle yo crímenes, no me vindica de la nota con que ha vetado mi elección” (como Representante en la Legislatura). “En esto dice verdad, pero una verdad que no hace al caso, ni satisface a mis reflexiones. Las indicaciones que yo he hecho de su conducta pública cuando fué gobernante, cuando general en la Banda Oriental, y cuando enviado cerca de las cortes de Europa, no son para vindicarme de sus acriminaciones, sino para demosAnchorena

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trar que no ha podido ser destinado a residenciar las anteriores administraciones, como principió a hacerlo con la de don Ignacio Alvarez (Thomas), porque sería el primero que debería quedar sujeto a este juicio. Pero el embrollón, que solo trata de embrollar, se desentiende del asunto, y todo lo llama a embrollo. Cotéjense pués, ahora estos hechos con relación de Catilina, y se verá hasta que grado de insolencia lleva este bribón sus embustes”. “En cuanto a las relaciones con Carlos IV, en que trató de traer uno de los Infantes y coronarlo en estas provincias elevadas al rango de Nación, no libres, sino independientes, trata de vindicarse con decir que fué incitándolo (a Carlos IV) a que hiciese una declaración pública de la usurpación del hijo (Fernando VII); y que hizo entretanto dos remesas de armas y municiones sin estar provisto de fondos para su compra. Yo celebro oir esta confesión, aunque no muy ingenua, en boca de Catilina, porque me presenta la oportunidad de examinarle la conciencia a este trapacero embrollón. ¿Con que, según eso, el llamar secretamente y sin suficientes poderes, cuando no existía representación alguna en el país, a un Infante de la familia más enemiga nuestra, para coronarlo Rey en estas Provincias, sin Constitución, y sin más rango que el de Nación independiente?, ¿no es una intriga, una traición?; ¿no es poner en subasta el país?; ¿no es vender a los americanos como negros?; ¿no es buscar y llamar Príncipes clandestinamente?; ¿y porque lo será el haber propuesto con suficientes poderes la coronación de un Infante de otra familia real establecida en América, vecina nuestra, enemiga de aquella, bajo la Constitución que estas provincias le diesen, y quedando por lo mismo elevadas al rango de Nación libre e independiente?”. “Coronar a un Infante sin asegurar la libertad del país por medio de una Constitución liberal, y por ello formar cargo al Gobierno de ingentes miles, fuera de los que llevó Catilina, esto sí que es traicionar; jugar con nosotros y vendernos como negros; pues es bien sabido que el primero y principal objeto de nuestra revolución ha sido restablecer nuestra libertad política y civil. Coronar un Infante de la familia real que 366

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ha desplegado el mayor furor y más negro encono contra nosotros, ya por desaire que hemos hecho a su autoridad despótica, y ya por el desprecio con que se le ha tratado en nuestros papeles públicos, esto sí que es más que perfidia, más que traición y más que venta como de negros!: es entregarnos por nuestro dinero a la ira de un hombre agraviado y resentido hasta el último punto — que jamás podrá olvidar las injurias que considerase hechas a su familia —, para cebar en nosotros el fuego de su venganza. Y a la verdad ¿quien podrá dudar un solo momento que este es el concepto en que están todos los pueblos?”. “Pero Catilina dice que esto no es traición, por haber hecho entretanto dos remesas de armas y municiones, sin expresar que clase de armas, ni el número, ni quien las trajo; remesas a la verdad milagrosas, porque se hicieron venciendo grandísimas dificultades, sin tener fondos — menos crédito, que jamás lo tuvo —, sin ajustar precios, sino a la contingencia de lo que quisiese convenir el gobierno con los armadores. Y aunque los que creemos en milagros sabemos exigir para ello pruebas evidentes, ésto es preciso creerlo bajo la simple palabra de Catilina, que es tan segura como el honor que suele dar, y como los juramentos que hace, de que tenemos larga experiencia”. Anchorena se refiere a la diplomacia del Congreso con el Brasil y al empecinado localismo antiporteño de Artigas Sostiene Tomás Manuel que no es traicionar “el proponer la coronación de un Infante del Brasil bajo de una Constitución, que elevando estas provincias al rango de Nación afianzase su libertad e independencia ... ¿Como pudo — señor Catilina — ser traición, cuando por el oficio de Enero de 1817 — que Ud. no ha querido publicar maliciosamente — constan los interesantes fines y justos motivos que tuvo el Congreso para acordar esta proposición, y que en ella estaban tan distante los diputados de contravenir a sus poderes e instrucciones, ni al voto de los pueblos, que muchos de ellos sostenían públicamente en Congreso que una monarquía Anchorena

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constitucional era lo que más convenía al país, sin que por esto los pueblos los mirase como traidores?”. “Pero ¿como pudo haber intriga con los portugueses, cuando el Congreso circulaba órdenes al mismo tiempo a todos los jefes de provincia para que alarmasen los pueblos y los pusiesen en el mejor pié de defensa; se ordenaba el reclutamiento de gente al cinco por ciento de la población; se proyectaban medios de engrosar los fondos públicos para el sostén de los ejércitos, que debían aumentarse; y se protestase a los mismos portugueses sobre la ocupación de la Banda Oriental, según aparece de las comunicaciones oficiales dirigidas al Director del Estado?”. “Es un hecho notorio y público que el Congreso hizo los mayores esfuerzos por la unión con Artigas, mandándole una diputación de su mismo seno, por la que lo invitaba al nombramiento de diputados por la Banda Oriental, para tomar parte en la representación de aquel cuerpo; que el General don Antonio Balcarce, siendo Director interino, remitió auxilios a dicho General (Artigas), que fueron recibidos con desdén, y que, a pesar de eso, el Congreso ordenó repetidas veces se le auxiliase del modo posible por el supremo gobierno del Estado!”. “¿No recuerda Ud. que jamás estuvieron en peor estado que entonces las provincias para declarar la guerra a ninguna potencia? ¿No tiene Ud. presente la completa derrota que había sufrido nuestro ejército en el Perú? ¿Que el General La Serna marchaba a ocupar a Salta y Tucumán? ¿que se interceptaron comunicaciones al enemigo en que dicho General y Marcó del Pont trataban de obrar en combinación para batir los restos de nuestro ejército, que se habían replegado al Tucumán? ¿que el de Mendoza ocupaba toda la atención del gobierno y Congreso por el indispensable empeño en que nos hallábamos de recuperar la libertad de Chile? ¿Que entretanto retocados aún los pueblos de la disolución del año 15, se estaban a cada paso convulsionando? ¿Que hubo una revolución en La Rioja, que tardó en sofocarse, otra en Santiago del Estero y dos en Córdoba? ¿Que Santa Fé estaba en guerra abierta con Buenos Aires, y que en esta ciudad hubo varias 368

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convulsiones y mutaciones de gobierno?. En una palabra, ¿que todo el Estado ardía en disensiones y rivalidades, y que era imposible acallar de pronto las pasiones, reconciliar los ánimos, y concentrar la fuerza moral y física de las provincias?”. “¿No recuerda Ud. que el General Artigas no quería que pasase un solo hombre de nuestras tropas en la Banda Oriental, ni en Entre Ríos, en clase de auxiliar ni de aliado, y que, por lo mismo, nosotros, declarando la guerra a Portugal, no podíamos hostilizarlo por agua ni por tierra, y menos defender el territorio Oriental?; ¿para que los portugueses se uniesen con la España, y cooperasen a nuestra subyugación?; ¿para que empeñados en una empresa superior a nuestros recursos olvidásemos las atenciones sobre el Perú y Chile, y estrechado por los españoles y portugueses pereciese la causa del país y recibiésemos la ley que nos quisiesen imponer?”. Y con estos párrafos remata Anchorena su fogoso alegato “Pero señor Catilina ¿no ve Ud. que discurriendo así, cuantos le oigan han de mirarlo como a un trapalón despreciable?, ¿que si Ud. no se tuvo por pérfido ni por ente cuando trataba de someternos a la familia real de España en la negociación con Carlos IV, menos debe mirar bajo ese concepto a los que le proponían la coronación del Infante del Brasil? ¿no advierte Ud. que el gobierno lusitano habiendo trasladado su corte al Brasil y radicándola en el Janeiro, ha pasado de ser de una potencia europea a una potencia americana, que conforme estreche sus relaciones con estos pueblos debe aflojar las que tiene con Europa? ¿que la coronación de un Infante sería un modo de ligar los intereses de la corte del Brasil con la de estas Provincias y aumentar en uno y otro Estado el peso de su poder contra las aspiraciones del viejo mundo? ¿que por consiguiente sujetando al Príncipe a una constitución liberal, no solo se salvaba la libertad e independencia del Estado, conforme a los votos de los pueblos, sino que acomodándonos a nuestra primera educación, a las costumbres y espíritu del siglo, dábamos más respetabilidad y Anchorena

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crédito a nuestra Nación, poniéndola también a cubierto de los peligros de una vecindad absolutamente extranjera y de cualquiera otra pretensión particular? ¿no considera Ud. por otra parte, que estas proposiciones pudieron ser hechas con el objeto de ocultar las miras ulteriores del Congreso, o de explorar las intenciones del Brasil, o de desviarlo de alguna combinación con España, o de entretener aquel ministerio con esperanzas lisonjeras interín las provincias mejoraban de situación; o por tratar con la Inglaterra y demás potencias de Europa para comprometerlas a una resolución favorable? ... ¿y no cree Ud. que si el Congreso obró animado de estas ideas, tan lejos de merecer la nota de traidor, es digno de la gratitud de los pueblos ... ?” A esta violenta “Excusación” pública de Anchorena contesto Sarratea intentando refutar los cargos expuestos en su contra, pero ante los hechos ilevantables de que él había sido el promotor de la coronación del Infante Francisco de Paula — hijo de Carlos IV —, además de haber manejado inescrupulosamente, con Cabarrús, los dineros del Estado, la Junta de Representantes resolvió dejarlo cesante como Gobernador, y elegir en su reemplazo a Ildefonso Ramos Mexía. Entonces Sarratea anticipa la renuncia alegando “decadencia de su salud” y, poco después, huye a Entre Ríos en busca de refugio. Respecto a los ex diputados del Congreso de Tucumán procesados por monarquistas, la avalancha cambiante de los acontecimientos políticos y la acelerada mudanzas de hombres y situaciones, determinaron que aquel ruidoso juicio de “Alta Traición” quedara en la nada. El monarquismo y la política externa e interna de las Provincias Unidas examinados a través de los escritos de Tomás Manuel de Anchorena Del largo documento de Anchorena que acabo de transcribir, más allá de su virulenta disputa con Sarratea, se desprende, con total evidencia, que dentro de la realidad política de entonces, al gobierno de Buenos Aires le resultaba 370

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imposible emprender una guerra a fondo contra Portugal, cuyas tropas, desde el Brasil, habían invadido la Banda Oriental. ”La política es el arte de lo posible”, según definición de Aristóteles que parece de Perogrullo; sus medios hállanse condicionados a las circunstancias variables de cada proceso histórico peculiar; y, cual lo señaló con exactitud tantas veces la correspondencia de don Tomás Manuel durante el lapso de su desempeño como Diputado en el Congreso de Tucumán, “a excepción de la provincia de Cuyo, todas las demás se olvidan de los españoles por odio a los porteños”. “Si los españoles o extranjeros (léase portugueses) nos atacan, no hemos de tener quien nos favorezca ... y entretanto mantengamos esta lucha no faltarán quienes se aprovechen de nuestros conflictos y empeños para hostilizarnos, clavarnos el puñal alevemente, y arrebatándonos a traición y de sorpresa el fruto de nuestros trabajos y de la sangre de nuestros hermanos, como lo ha hecho y está haciendo Artigas”. “Aquí hemos tenido el sentimiento — les informó Anchorena el 10-VIII-1816 al Coronel Juan Ramón Balcarce y demás jefes de los cuerpos cívicos bonaerenses — de saber que varios bribones, enemigos del orden, trataban de alarmar a los incautos con la especie que el Congreso intrigaba para entregarlos al Portugal. Todo es falso; cuantos documentos había aquí de relaciones exteriores se han leído en sesión secreta, no hay tal intriga ni puede haberla; porque aunque se pudiese pensar en ella sería imposible el sigilo en todos los individuos, mucho más el reducir a los pueblos a entrar en ella, y, sobre todo, el que colocado en el centro del país (el Congreso) pudiera escapar de la venganza a que se haría justamente acreedor. Ya Vmds. habrán oído que se discuten sobre la forma de gobierno.Según parece se inclinan muchos al monárquico constitucional o moderado, llamando la casa de los Incas, y acordando la corte en el Cuzco. Cualquiera sea la opinión que prevalezca, estén Vmds. seguros que mis compañeros y yo no nos separaremos de nuestros poderes e instrucciones”.

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Para destruir aquellos rumores entreguistas, presisamente, fué que el Congreso de Tucumán declaró nuestra Independencia el 9 de julio; a cuya asamblea Artigas no quiso mandar diputados que representaran a la Banda Oriental. Y cuando el Director Pueyrredón le comunico a aquel que las Provincias Unidas habían declarado su independencia, el díscolo caudillo contestó con arrogante desparpajo; “Ha más de un año que la Banda Oriental enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva. Lo hará V.E. presente al Soberano Congreso para su superior conocimiento”. Tal petulante acuse de recibo del “Protector de los pueblos libres” — libres en contra de Buenos Aires — venía después de que Pueyrredón le remitiera — por intermedio del mensajero de buena voluntad Domingo Zapiola — pólvora y monturas en previsión del inminente avance portugués; auxilios que Artigas transfirió a los caudillos del litoral argentinos para que ellos intensificaran su resistencia a la autoridad del Director Supremo de las Provincias Unidas. “Entretanto —como discurre libre de prejuicios ideológicos el historiador Vicente de Sierra —, lo único cierto era que la independencia no se afianzaba con declaraciones unilaterales lanzadas por caudillos localista, que las habían podido formular bajo el amparo de aquello mismo que más odiaban, que era Buenos Aires. La independencia requería el sacrificio de los principios para, unidos todos, conquistarla con las armas. Esto no lo había comprendido Francia (el paraguayo), ni lo comprendía Artigas ... Artigas consideraba la situación general desde el punto de vista de la provincia a su mando, mientras Pueyrredón tenía ante sí un panorama más ambicioso. No se le escapa la gravedad de la invasión portuguesa a la Banda Oriental, pero tampoco la imposibilidad de contenerla con las armas cuando todas las disponibles las requería el Ejército de los Andes, y era notorio que solo eliminando el peligro que significaba el flanco chileno en poder de los españoles podía jerarquizarse la declaración de independencia hecha por el Congreso de Tucumán. Reconquistado Chile, podía pensarse en encarar el problema portugués 372

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con elementos de fuerza. Antes no. Por el momento no quedaba otro camino que auxiliar a Artigas para que con sus hombres dificultara el avance lusitano, pero mal podía abundarse en tales auxilios sin correr el riesgo de que se volvieran contra quien los prestaba, pues, como Pueyrredón dijo a San Martín en carta del 24 de diciembre; “los orientales se resisten a unirse a nosotros, y yo me resisto a enviarles auxilios, que solo han de servir para caer en manos de los portugueses o que se convertirán contra nosotros”. “Más que odio a Buenos Aires — le recordaría Anchorena a Rosas años después — había espíritu de desunión en cada pueblo respecto a los demás, con egoismo el más completo para no contribuir a la guerra y sostén de nuestra independencia, que todos querían se hiciese en contra de Buenos Aires; y al efecto era que todos pedían Congreso que también debía costearlo solo Buenos Aires, porque él solo era, o debía ser — como lo dijo un diputado en el Congreso de Tucumán — la vaca lechera de toda la República”. “Acabo de saber por boca de Belgrano —le transmitió Tomas Manuel a Juan José su hermano — que Artigas le prevenía a Vera que con su gente, la que le remitía, la del Rosario y Coronda y los indios que restaban, se situase en el Arroyo del Medio y hostilizase esa campaña hasta obligar a esa ciudad y gobierno a declarar la guerra a Portugal. Esto es después de no haber querido admitir auxilios, recibido con desprecio los que se le mandaron, e insultando al enviado Zapiola, y cuando a hecho sacrificar su gente contra las tropas del Brasil inutilmente, empeñando acciones que él sabía muy bien debía escusar. Mucho me temo que obre con infidencia”. “Niego y negaré siempre — le contesto Anchorena a Sarratea —, porque es falso, que haya celebrado el Congreso, mientras yo fuí diputado, tratados con los portugueses”. Lo cierto fué que el Congreso puntualizó en las instrucciones “resevadísimas” dadas a Juan Francisco Terrada y a Miguel de Irigoyen para negociar, uno con el General Lecor y el otro con el gabinete de Río de Janeiro, que: “si se le exigiera al comisionado que estas provincias se incorporen a las del BraAnchorena

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sil se opondrá abiertamente, manifestando que sus instrucciones no se extienden a este caso ... pero si después de operados todos los recursos de la política y del convencimiento insistiesen (los funcionarios lusitanos) en el empeño, les indicará (el comisionado) — como una cosa que sale de él, y que es la más a que tal vez podrían prestarse estas Provincias — que formando un Estado distinto del Brasil, reconocerían por su Monarca al de aquel (Estado), mientras mantenga su Corte en este Continente, pero bajo una Constitución que le prestará el Congreso”; cuya monarquía acaso pudiera concretarse “restabeciéndose la Casa del Inca enlazada con la de Braganza, o coronándose en estas Provincias, un Infante de Portugal u otro extranjero que no sea de España”. Por lo demás, el Congreso dejó bien en claro “que toda negociación o tratado debía girar sobre la base precisa de la independencia del País”. Para concluir con el discutido tema, reproduzco los párrafos finales que publicó Emilio Becher en La Nación en 1906, a propósito del libro de Adolfo Saldías La evolución republicana. La delicadeza espiritual de Emilio Becher, escritor y crítico tan admirable como modesto, contrasta — en la hora actual — con la chabacanería publicitaria y el vanidoso autobombo literario. “Es también Saldías — escribe Becher — un poco injusto, como todos los entusiastas. El entusiasmo es una forma impersonal del amor, y por eso nos incita al odio y nos aparta de la indulgencia filosófica. La monarquía ¿es tan siniestra como la imagina el republicanismo sincero del historiador? Tiene sin duda sus enormes defectos, pero los compensa con inapreciables ventajas, y su inferioridad está muy lejos de ser evidente. Lo era aún menos en 1815, cuando el régimen republicano fracasaba ruidosamente en Europa. La Santa Alianza promovía en todas partes reinos poderosos. El liberalismo solo ambicionaba la monarquía constitucional y parlamentaria ... La falla de esos utopistas (los monarquistas criollos de aquel revuelto período) fué no concebir la imposibilidad de un gobierno tradicional por definición en un país sin tradiciones. Como todos los doctrinarios, no vieron la realidad circundante, abstraídos en la con374

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templación de su teorema. Mientras ellos deliberaban en su espíritu sobre la forma preferible de nación, el pueblo irrumpía, fuerza ciega y terrible, de cuyo desorden magnífico habría de salir la imagen de la república, como el escudo de la fragua de Hefestos. Forjada a fuego vivo en un siglo de guerras, nuestra democracia tiene, sin duda, una solidez que no hubiera alcanzado ninguna de esas monarquías borbónicas o portuguesas, soñadas por nuestros primeros diplomáticos. Pero sería injusto el reproche que le hiciéramos de no haber sabido prever en aquella hora turbia e incierta. Después de todo, el crimen de los monarquistas es el de no haber vencido. Su ideal era absurdo, pero era un ideal, y supieron batirse por él con desinterés y valor. ¿Podríamos nosotros decir otro tanto?”. Las viscisitudes de Anchorena desde mediados del año 20 hasta gran parte del 21 Desplazado Sarratea y elegido Gobernador Ildefonso Ramos Mexía, por resolución de la Junta de Representantes se crea el 6-VI-1820 un Consejo Consultivo, compuesto por tres titulares; Tomás Manuel de Anchorena, Juan José Paso y Mariano Andrade, y dos suplentes, el Brigadier Miguel de Azcuénaga y Manuel Hermenegildo de Aguirre Lajarrota, quienes debían asesorar al nuevo mandatario. Pero he aquí que diez días después, Estanislao López — aliado con Carrera y Alvear — declara la guerra a Buenos Aires e invade su territorio, alegando que los porteños no habían cumplido el Tratado de Pilar. Y transcurridos apenas cuatro días, el General Miguel Estanislao Soler, en su campamento de Luján, se pronuncia contra el gobierno; Ramos Mexía resigna su mandato ante la Junta de Representantes, que también se declara disuelta; y entonces el Cabildo, por intermedio de su Alcalde Juan Norberto Dolz, empuña el bastón gubernativo. Todo lo dicho ocurrió el 20 de junio, fecha que la historia recuerda como “día de los tres Gobernadores”. Soler, en definitiva, presta juramento (23 de junio), y sin tardanza sale a frenarle el avance a la montonera de LóAnchorena

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pez, tras delegar el mando en el Coronel Dorrego. No obstante ello, en Buenos Aires había corrido la voz de que Soler hallábase dispuesto a cumplir con el artículo 7º del Tratado del Pilar, que prescribía la entrega a los caudillos federales de los ex diputados y funcionarios adictos al partido directorial, a fin de someterlos a proceso; y como Tomás Manuel de Anchorena se contaba entre las probables víctimas, juzgó prudente marcharse a Montevideo. Allá en la otra banda del río, en la ciudad del Cerro quedó instalado nuestro hombre, mientras acá en las márgenes occidentales del Plata, recrudecía la anarquía y la guerra civil. Y tanto Dorrego y Estanislao López (que desbaratara a Soler en la Cañada de la Cruz) se enfrentaban para darse batalla, Tomás Manuel recibía en Montevideo las cartas de Buenos Aires enviadas por su hermano Juan José, con frescas noticias políticas y cuestiones de negocios; cuando no simples chácharas de entre casa. Restablecida una nueva Junta de Representantes en Buenos Aires, de la que formaban parte los hermanos Nicolás y Juan José de Anchorena, el cuerpo eligió Gobernador interino al Brigadier Martín Rodríguez, pero como “el infiernillo sigue” — que así calificaba Juan José al desquicio imperante, en carta a Tomás Manuel — el corresponsal renunció a su escaño legislativo. Y sofocado luego, el 5 de octubre, el cruento motín del Coronel Pagola, y repuesto en el cargo Martín Rodríguez por la acción decisiva de Juan Manuel de Rosas y sus escuadrones “colorados”, la Junta de Representantes, el 21 de noviembre, resuelve designar diputados al Congreso General de los Pueblos”, que proyectaba reunir en Córdoba el Gobernador de dicha Provincia Juan Bautista Bustos. Al efecto fueron electos Tomás Manuel de Anchorena, Julián Segundo de Agüero, Matías Patrón y Mariano Andrade. Empero Anchorena había caído gravemente enfermo en Montevideo, lo cual justificó de sobra su renuncia. El 1-IV-1821 el tatarabuelo Juan Jose le escribía a Felipe Santiago del Solar, agente mercantil suyo en Chile: “El 1º tuvo Nicolás que embarcarse precipitadamente para Montevideo por hallarse allí enfermo gravemente el otro 376

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hermano Tomás”. Y en otra carta a Juan Santiago Barros, también apoderado trasandino de Juan José, este le informaba; “Nicolás se halla en Montevideo acompañando a Tomás, que ha estado en agonías”. y el 5 de junio Juan José le hacía las siguientes recomendaciones a Nicolás; “... Con Tomás es preciso mucho cuidado para que no resfrie, y que la habitación sea seca, y dile que escriba cuatro letras a Madre que me muele a cada hora. Tu debes permanecer en esa a la vista de Tomás. No tengas cuidado por lo del Gobierno, ni te conviene ahora ir (venir a Buenos Aires) ...”. Después de todo Tomás salió rápidamente del mal trance para quedar fuera de peligro. Al respecto, el 30 de junio, Juan José le envía estas líneas; “No puedo significarte el gusto que he tenido en la tuya del 17. Aunque Nicolás me aseguraba tu restablecimiento, te consideraba abatido por consecuencia de la gran trinquetada, Ahora es preciso que te cuides para recobrar fuerza; no pienses en asuntos mercantiles hasta que te veas totalmente repuesto ... ”. Tres años más tarde Tomás Manuel elije mujer y contrae matrimonio El 5-VIII-1824 nuestro hombre, ya cuarentón corrido, llevó al altar a la joven porteña Clara García de Zúñiga y García de Zúñiga — 24 años menor que él — bautizada el 18-VIII-1807 (hija de los primos hermanos Victorio García de Zúñiga Warnes —diputado varias veces a la Legislatura y futuro Ministro de Rosas — y de María Carmen García de Zúñiga Moxlins; nieta paterna de Juan Francisco García de Zúñiga y Lizola — Brigadier de los Reales Ejércitos y Gobernador de Montevideo — y de María Francisca de Warnes y Arraez; nieta materna de Esteban García de Zúñiga y Lizola y de María Agustina Moxlins Crespo; bisnieta p. p. y p.m. de Alonso García de Zúñiga — natural de Alcalá del Río, en Sevilla, Alférez Real y Regidor en Buenos Aires — y de la porteña Juana de Lizola Escobar; bisnieta m.p. de Manuel Antonio José Gervasio de Warnes y Durango, n. en Cartajena de Indias — Regidor y Alcalde de Buenos Aires — y de su Anchorena

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primera consorte María Josefa de Arraez y Larrazábal Avellaneda Lavayén; bisnieta m.m. del Capitán Mateo Moxlins y de la santafesina María del Carmen Crespo Carballo). Consagrado el vínculo nupcial, la nueva pareja fuese a vivir a una casa propia del marido, en la calle Cangallo 91 de esta ciudad de Buenos Aires. Nuestro personaje durante la presidencia de Rivadavia, la gobernación de Dorrego y el lapso subversivo de Lavalle A lo largo de “la aventura presidencial” de Rivadavia, Tomás Manuel de Anchorena, junto con sus hermanos Juan José y Nicolás, su suegro Victorio García de Zúñiga, su primo Juan Manuel de Rosas, mi tatarabuelo Aguirre, y Juan N. Terrero, Felipe Arana, Manuel Vicente Maza, Juan Ramón Balcarce, José María Roxas y Patrón, Pedro Medrano, Manuel de Escalada, Andrés Arguibel, Sebastián Lezica, Angel Pacheco, José María de Ezcurra, Felipe Senillosa, Manuel Alejandro Obligado y otros conspicuos caballeros porteños, dan vida al partido federal, que encabeza el Coronel Manuel Dorrego en franca y ardorosa oposición al utópico reformismo europeizante y centralista del Presidente y del círculo unitario que lo secundaba. Caído del sillón presidencial don Bernardino, tras el rotundo fracaso de su política casera e internacional, asume la presidencia provisoria, nombrado por el Congreso, Vicente López y Planes, quien, el 11-VII-1827, designo ministros a Julián Segundo de Agüero de Gobierno, y a Tomás Manuel de Anchorena de Hacienda, a Manuel Dorrego de Relaciones Exteriores, y a Marcos Balcarce de Guerra y Marina. Y transcurrido apenas un mes y tres días, Dorrego elegido por la Cámara de Representantes, presta juramento y se instala en el Fuerte como Gobernador de Buenos Aires y encargado de los Negocios Extranjeros y de la paz y la guerra del país. En el decurso de la gestión ejecutiva de Dorrego, abruptamente cortada por su fusilamiento, Tomás Manuel de Anchorena integró la Legislatura como Diputado, y con sus colegas Manuel Hermenegildo de Aguirre y Mariano Sa378

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rratea formó parte de una comisión, nombrada por el Gobernador y su Ministro de Relaciones Exteriores Tomás Guido, el 4-XI-1828, a efectos de atender los reclamos y liquidar las cuentas que se presentaran contra los armadores de corsarios por actos ilegales cometidos durante sus cruceros. Y 7 días más tarde a Tomás Manuel, al mismo Aguirre y a Marcos Riglos y Victorio García de Zúñiga, se les encomendó examinar el estado del Banco Nacional y sugerir a la autoridad las reformas pertinentes. Producido el motín de Lavalle en la madrugada del 1XIII-1828, y fusilado el Gobernador Dorrego doce días más tarde, por mandato imperativo del jefe rebelde, los dirigentes del partido unitario, adueñados del poder, arremeten contra sus adversarios políticos con fiera saña. Y, como lo consigno in extenso en las respectivas biografías de mis antepasados Manuel Hermenegildo de Aguirre y Juan José de Anchorena, aquel, este y su hermano Tomás Manuel, con otros relevantes personajes federales, civiles y militares, fueron detenidos y seguidamente hacinados como reses en el bergantín “Rondeau”, en el que ambos Anchorena, tras sufrir un cautiverio humillante, que duró cerca de cuatro meses, lograron asilarse en el pueblo de Colonia, en la vecina orilla. Todo esto se relató al detalle en la biografía del hermano de Juan José, a la cual remito al lector. Vencidos los regimientos de Lavalle por las milicias federales el 26-IV-1829 en los campos de Alvarez, próximos al puente de Márquez (hoy partido de Moreno), al general unitario no le quedó otro recurso que parlamentar con Rosas; lo cual vino a concretarse en el pacto de Cañuelas, ajustado el 24 de junio en la estancia “Nueva Caledonia” del escocés John Miller. Rosas y Lavalle acordaron ahí dar por terminadas las hostilidades, y llamar a elecciones conforme a las leyes vigentes. Junto con dicho tratado público, los negociadores estipularon un acuerdo secreto, en el que ambos se comprometían a influir para que los candidatos a diputados a la Legislatura — tanto unitarios como federales —,entreverados en una sola lista, una vez votados por el pueblo, eligieran a Félix de Alzaga Gobernador. En la proyectada lista figuraAnchorena

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ban, entre otros, Tomás Manuel de Anchorena y su hermano Nicolás, Manuel Hermenegildo de Aguirre, Juan José Paso, Diego Estanislao Zavaleta, León Rosas, Marcelo Gamboa, Juan Ramón y Marcos Balcarce, Felipe Arana, Manuel Vicente Maza, Justo García Valdéz, Juan N. Terrero, Matías de Irigoyen, Juan José Viamonte, Gregorio Tagle, Victorio García de Zúñiga, Pedro Medrano, José María de Escalada, Juan Bautista Peña, Faustino Lezica, Miguel Marín, Braulio Costa y Lorenzo López. Mas ocurrió que los empeños de Lavalle por cumplir lo pactado en Cañuelas viéronse frustrados, debido a la oposición tenaz de sus correligionarios, quienes amañaron en la ciudad una elección con lista propia, que Lavalle, exasperado, tuvo que anular. Entonces el jefe unitario concertó un nuevo encuentro con Rosas en el saladero de Francisco Piñeiro en Barracas, donde, el 24 de agosto, se convino otro pacto adicional al de Cañuelas, por el que se nombraba Gobernador provisorio al general Juan José Viamonte, “con las facultades extraordinarias que se consideren necesarias para la conservación de la tranquilidad pública”, y asistido por un “Senado Consultivo” — que presidió mi tatarabuelo Manuel Hermenegildo de Aguirre, y entre los senadores incluía a Tomás Manuel de Anchorena. (Ver la biografía de Aguirre). Empero como Anchorena y otros dirigentes del partido dorreguista — que habían sufrido vejaciones y destierro — se negaron a mezclarse con los unitarios en una lista común a fin de integrar la Cámara de Representantes — cual habíase establecido en los arreglos de Cañuelas y Barracas —,los senadores consultivos de tendencia federal resolvieron presentar sus renuncias individualmente a dicho Senado. Don Tomás Manuel, en su dimisión, estampó que le parecía imposible “organizar el país con asesinos y parricidas, que desde el 1º de diciembre se arrojaron a cometer toda clase de crímenes, y con honrados ciudadanos que han sabido defender, a todo trance, la autoridad de las leyes”. En consecuencia — como lo digo en la monografía de mi tatarabuelo Aguirre — la suerte del Senado Consultivo estaba echada, lo mismo que la de las elecciones legislativas 380

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que acordaron Lavalle y Rosas. Este hizo todo lo posible por cumplir aquellos compromisos apaciguadores, mas no pudo torcer la oposición mayoritaria de su partido, que se consideraba vencedor, ni quiso provocar un cisma entre sus amigos. Se plegó pues a la realidad; como tuvo que plegarse el gobierno provisorio de Viamonte; no se llevaron a cabo las nuevas elecciones de Representantes convenidas en Cañuelas y Barracas, y la Legislatura derrocada con Dorrego el 1º de diciembre, la legítima, quedó restablecida por decreto. Las facultades extraordinarias. Rosas Gobernador El 1-XII-1829 — aniversario del motín de Lavalle — Viamonte convoca y reinstala a la Legislatura disuelta tras la caída de Dorrego, entre cuyos Representantes está Tomás Manuel de Anchorena, el cuál, en la sesión del día 5, toma la palabra y pide se le conceda al Gobernador legal — a elegirse — las mismas “facultades extraordinarias” de que estaba investido Viamonte, por la “necesidad de prevenir los ataques que intentan los anarquistas y afianzar el orden y la tranquilidad pública, hasta la reunión de la próxima Legislatura, a la que (el futuro Gobernador) dará cuenta del uso que haga de esta especial autorización” (pues el período que completaban los Representantes en ejercicio, caducaba el venidero mes de abril). Estamos — decía Anchorena — frente a “un partido oculto y secreto que no pelea con armas, pero que mueve todos los elementos que están a su alcance”. A continuación intervino el diputado Aguirre, y planteó sus escrúpulos legalistas; y, al día siguiente, Anchorena volvió a la carga; “Estamos — insistió — en un estado de hostilidad, sin más diferencia que el que antes estábamos frente a un ejército, y ahora estamos frente a un partido oculto y secreto”; las facultades extraordinarias eran “un mal necesario, por cuanto no hay otro medio de evitar la conspiración que amenaza al país, y que producirá el mayor de todos los males, a saber; la pérdida de la patria”. Finalmente, ese 6 de diciembre los Representantes votaron la ley que otorgaba poderes extraordinarios al futuro Anchorena

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Gobernador. En seguida, la Sala con los sufragios de Anchorena y de Aguirre — entre 33 favorables — eligió Gobernador a Juan Manuel de Rosas, quien solo tuvo un voto en contra; el de su fraternal amigo y socio Juan Nepomuceno Terrero, que se pronunció por Viamonte. El Ministro de Rosas Al asumir Rosas el mando el 8 de diciembre, en su primer decreto confirmó como Ministros a los mismos que acompañaron a Viamonte; a saber, Tomás Guido de Gobierno y Relaciones Exteriores, Manuel José García de Hacienda, y Manuel de Escalada de Guerra y Marina; mas como el último dimitiera en seguida, fué reemplazado por Juan Ramón Balcarce. Tres meses más tarde (9-III-1830), el general Guido abandonó el Ministerio para desempeñarse como diplomático ante la corte del Brasil, confiando entonces Rosas las carteras de Gobierno y de Relaciones Exteriores a Tomás Manuel de Anchorena. Poco antes (18-IX-1829), durante la administración de Viamonte, Buenos Aires había celebrado un pacto con Santa Fé, mediante el cual ambos gobiernos convinieron “invitar a las demás provincias a la convención y reunión de un Congreso Nacional para organizar y constituir (al país) luego de terminada la guerra intestina”; comprometiéndose, las partes, “a recabar el accesit de las provincias de Entre Ríos y Corrientes, no solo para tener representación exterior a favor de Buenos Aires, sino también para que se estrechen por pactos expresos, y formar una sola causa con ella, unificándose en marcha política y principios constitucionales”. En virtud de tal convenio, el 23-III-1830, Tomás Manuel de Anchorena, flamante Ministro de Relaciones Exteriores de Rosas, en nombre de Buenos Aires, firmó con Pedro Ferré, delegado del gobernador de Corrientes Pedro Dionisio Cabral, un acuerdo preliminar a la concreción de la alianza ofensiva y defensiva entre las cuatro provincias litorales,

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adscriptas al sistema federal, “conservando cada una su libertad e independencia”. Convenios de lineamientos análogos celebraron, ese año 30, Santa Fé y Corrientes, el 2 de febrero; Corrientes y Entre Ríos, el 3 de marzo; y el 13 de agosto Buenos Aires y Santa Fé, a través del Ministro Anchorena y de Domingo Cullen, este con poderes de Estanislao López. Asimismo Rosas, López y Ferré, consideraron de vital urgencia contrarrestar las persistentes intrigas de los unitarios refugiados en Montevideo, y, sobre todo, el efectivo y amenazante predominio del general Paz, quien, consolidado en Córdoba después de su triunfo contra Facundo Quiroga, extendía desde allí su imperio militar a las provincias del norte y cuyanas; mientras procuraba dividir a las federales litoraleñas, agitando los antiguos recelos de estas hacia los porteños. Por eso Rosas, López y Ferré se entrevistaron, el 12-IV-1830, en San Nicolás de los Arroyos; y allá don Juan Manuel parece que le dijo al correntino Ferré; “mi primo don Tomás Anchorena es para mí un oráculo”; en tanto negociaba concretar, con Santa Fé, Entre Ríos y Corrientes, un tratado de unión, abierto a las otras provincias que quisieran adherirse, siempre que su voto fuese “por el sistema federal que es por el que se han pronunciado inequívocamente”. Tanto Rosas como Anchorena estaban convencidos de que el país no se hallaba aún maduro para reunir nuevas asambleas constituyentes, ni regirse por un poder unitario centralista, cuyos conatos, sin excepción, habían fracasado desatando la anarquía y la guerra civil. “La experiencia — discurre lúcidamente Julio Irazusta — aconsejaba atenerse al método de unificar al país por el ensayo de las relaciones exteriores, que había resultado viable — cuando las provincias delegaron esas relaciones a los gobernantes porteños Las Heras y Dorrego. Por ello — aconsejado por su “oráculo” Anchorena — Rosas acudió a San Nicolás, en procura de entablar un diálogo preliminar con López y Ferré, a fin de darle vida a la Liga del Litoral, y también gestionar se le encargara la representación exterior de dicha Liga sin condiciones; en divergencia Anchorena

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con el criterio de Ferré, de otorgar esa representación exterior a cambio de una reforma económica y de un futuro congreso constituyente. Aquellos acuerdos y estos debates y negociaciones — en los que Anchorena tuvo parte activa — culminaron con el Pacto Federal, firmado en Santa Fé el 4-I-1831 por las provincias de Buenos Aires, Santa Fé y Entre Ríos, representadas por José María Roxas y Patrón, Domingo Cullen y Antonio Crespo, respectivamente; el más importante de los “pactos preexistentes” aludidos en el preámbulo de la Constitución de 1853. Por el antedicho tratado se creaba una “Comisión Representativa” de los gobiernos de las provincias litorales, uno de cuyos atributos (artículo 16 inciso 5º) era el de invitar a todas las demás provincias a reunirse en federación con las firmantes, a efectos de que “por medio de un Congreso General Federativo, se arregle la administración general del país bajo el sistema federal”. (Con posterioridad, fueron adhiriendo al Pacto, respectivamente; Mendoza, Corrientes, Córdoba y Santiago del Estero, el 9, 19, 20 y 20 de agosto de 1831; y San Juan, Tucumán, San Luis, Catamarca y La Rioja, el 25 de febrero, 8 y 12 de julio y 12 de octubre de 1832). Finalmente, al disolverse más tarde la “Comisión Representativa”, el Gobernador de Buenos Aires asumió las facultades que aquella tenía, y “el encargo de las relaciones exteriores — al decir acertado de Irazusta — se convertía así en la magistratura suprema del país”. El orden interno y las facultades extraordinarias El 3-V-1830 los Ministros del Poder Ejecutivo, Anchorena, Balcarce y García — en quienes Rosas había delegado el poder, “en todos sus ramos, plenitud y extensión de facultades”, antes de trasladarse a San Nicolás para entrevistarse con Estanislao López y Ferré —, concurren a la Junta de Representantes a fin de dar cuenta de sus tareas gubernamentales y del “uso odioso de las facultades extraordinarias con que el P.E. fué investido por ley”. Y poco después, el Ministro Anchorena remite un informe a la Legislatura acer384

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ca del arresto de cierto foliculario español, José Jardón, redactor del periódico “La Aurora”, que aparecía en Córdoba — feudo militar del General Paz —. Los escritos de Jardón azuzaban — al decir de Anchorena — “la espantosa división entre federales y unitarios”, incitando “el furor e insaciable sed de sangre que devora a los que se dicen partidarios de la unidad”. Los extranjeros, como Jardín — agregaba el Ministro —, “advenedizos con el distintivo de liberales, que tienen más influjo en nuestra sociedad que los mismos hijos del país”, eran agentes de un vasto plan revolucionario organizado por las sociedades secretas, “de funestos efectos, que no hay gobierno que no las tema, cuando no está establecido por ellas”. Refiriéndose a las garantías individuales, el colaborador de Rosas expresaba; “si a esas garantías hubiésemos de librar nuestra seguridad, sería bien lamentable la suerte de un verdadero federal. Esas garantías que tanto se decantan, no son sino el escudo del crimen, y la espada de los malvados contra el hombre de bien”. Y a más del peligro subversivo interno, el informe ministerial denunciaba la amenaza de una recolonización europea en Sud América; “la causa de nuestra independencia — argüía —, es causa de casi todas las naciones de Europa, todas tienen interés en ella, y tal vez no habrá una que no procure sacar partido de nuestra debilidad. El gobierno ha recibido avisos oficiales, (de Manuel Moreno, representante en Londres) que confirman estos asertos”. Al debatirse en la Legislatura las facultades extraordinarias y el caso Jardón, aprobaron finalmente los diputados el dictámen previo de la comisión constitucional en el sentido de que el cuerpo debía autorizar al gobierno para que con “la plenitud de las facultades extraordinarias ... adoptara todas las medidas que creyere conducentes a salvar la Provincia de los peligros que amagan su existencia política y libertad civil”, y “que el uso de las facultades extraordinarias cesaría después que el P.E. anunciara a la Sala haber pasado la crisis peligrosa, o desde que la Honorable Representación, con conocimientos exactos, y previo informe del gobierno, declarara ser ya innecesaria la continuidad de ellas”. (Ver la biografía de Manuel H. de Aguirre). Anchorena

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En tales condiciones el Poder Ejecutivo aceptó las facultades extraordinarias, ya que, a su criterio, resultaba “sobre manera necesaria en el país una seguridad vigorosa, que con mano fuerte sepa sostener el orden social, que tanto tiempo ha vacilado”. El caso de los franceses residentes y el servicio militar El Ministro Anchorena tuvo que encarar, más adelante, la protesta del cónsul francés Mendeville — apoyada por el encargado de negocios Vins de Peyssac, que aún no había presentado credenciales — acerca del estatuto de los residentes extranjeros. Francia pretendía que sus súbditos gozaran de los mismos privilegios que los ingleses, quienes, por el tratado de 1825, obtuvieron la franquicia de no ser convocados para servir en las milicias, como lo establecía la ley vigente del 10-IV-1821, dictada durante la administración de Martín Rodríguez. Y sucedió que en octubre de 1830, el gobierno de Rosas decretó una nueva convocatoria que obligaba a los extranjeros, “domiciliados”, a cuidar el orden en la ciudad, medida objetada por el diplomático galo, quien alegaba que sus connacionales debían quedar exceptuados del servicio militar, en virtud de la capitulación de 1829 que suscribieron Lavalle y Venancourt. Ante ese reclamo del impertinente cónsul, el Ministro Anchorena puntualizo, en síntesis; Que tanto el rebelde Lavalle cuanto el comodoro Venancourt — que actuó por sí en aquella emergencia — carecían de investidura legal para firmar tratados. Que acá, en esta provincia, los residentes extranjeros quedaban sujetos a las leyes locales, y fuera de la protección de los agentes diplomáticos de sus naciones de origen. Que era proverbial la liberalidad con que Buenos Aires acogía a los inmigrantes de cualquier procedencia, acordándoles, como a los hijos del país, todos los derechos civiles; de adquirir propiedades, ejercer el comercio y la industria, etc. etc. Que a los extranjeros les estaba vedado reclamar privilegios, que los colocarían en situación de ventaja frente a los nativos. Y que, finalmente, solo al Estado soberano in386

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cumbía conceder franquicias a los extranjeros (cual ocurría con los ingleses por el tratado de 1825), y podía negárselos a otros (en este caso a los franceses), sin atentar por ello contra el derecho de gentes. Dentro de esta tónica, el entredicho internacional con Francia quedó, de momento, latente. Las relaciones con la Silla Apostólica Romana Intervino también el Ministro Anchorena en el restablecimiento de relaciones del país con la Santa Sede, interrumpidas desde la muerte del obispo Lue y el triunfo de la revolución separatista, con la caducidad del Patronato de los Reyes de España, en torno al cual habíase desenvuelto la vida de la Iglesia en América. El 8-X-1829, a fin de llenar la vacante y restablecer el episcopado en su patria, el Gobernador Viamonte escribió el Papa pidiéndole un Obispo efectivo, o por lo menos in partibus, a lo cual accedió Pío VIII, nombrando auxiliar, in partibus de Aulón a par que Vicario Apostólico bonaerense, a Monseñor Mariano Medrano; quien se trasladó a Río de Janeiro donde fué consagrado por el delegado papal Monseñor Ostini. Sin embargo en Buenos Aires el fiscal de la Cámara de Justicia, Pedro José Agrelo, negóse admitir las bulas que el diocesano traía del Sumo Pontífice, porque el interesado no quiso exhibir las instrucciones reservadas del Vaticano, y haber sido nombrado a espaldas del Patronato. Entonces el Ministro Anchorena tomó cartas en el asunto, dando orden de que, previo juramento, se le diese posesión del cargo al flamante mitrado, ya que al caducar el Patronato de Indias, junto con el dominio español, las relaciones entre Roma y los Estados Hispanoamericanos debían regirse por nuevos acuerdos. Pero el Senado Eclesiástico porteño, presidido por el Deán Diego Estanislao Zavaleta, se rehusó acatar a Medrano como prelado, por entender que sus poderes eran puramente espirituales, sin jurisdicción efectiva sobre esta diócesis metropolitana. Ante tal estado de cosas, el 23-III- 1831, el Gobernador Rosas y su Ministro Anchorena establecieron en un deAnchorena

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creto; “que siendo absolutamente necesario poner de una vez término a este negocio, y evitar dudas y consultas que puedan suscitar discordias perjudiciales entre los Ministros del Altar, el Gobierno acuerda que se tenga y reconozca en toda la Provincia al Ilustrísimo Señor M. Mariano Medrano, Obispo de Aulón, por Vicario Apostólico de esta diócesis de Buenos Aires”, y al mismo tiempo mandaba que cesase en sus funciones el Vicario electo por el Senado eclesial, Canónigo José María Terrero. El historiador benedictino Julián Alameda, en su obra Argentina Católica, da cuenta que una nueva dificultad para el Reverendo Medrano “se suscitó al tratar del ceremonial con que había de ser recibido en su cargo, oponiéndose el Cabildo eclesiástico a que usase báculo, palio ni dosel, dificultad que resolvió Anchorena, concediéndole todo menos palio. Un año después, el Papa nombraba motu propio Obispo de Buenos Aires a Medrano, y a Monseñor Escalada Obispo auxiliar del mismo, quedando así definitivamente rota la incomunicación con la Santa Sede”. “Don Tomás era ultramontano, clerical — acota Julio Irazusta —. Durante su ministerio había hecho que el Gobierno renunciara a vigilar el pase de las bulas papales, referentes al fuero interno, aunque conservando el tradicional derecho de proponer a la Santa Seda candidatos para las sillas episcopales, y el de exigir a los designados para ocuparlas un juramento de fidelidad a las autoridades nacionales; y había tirado decreto prohibiendo la circulación de libros perniciosos”. De ahí que los liberales unitarios le aplicaran el mote de “Torquemada”, equiparándolo al célebre inquisidor español de quien se dice achicharró a miles de herejes en el siglo XV. Y a propósito de motes, agrego que a nuestro Anchorena, también el periódico unitario El Pampero (1829), dirigido por Manuel Bonifacio Gallardo, le apodó “Macuquino”, para destacarlo como ricachón platudo, pues “macuquina” era una moneda de plata toscamente acuñada en la ceca de Potosí. Asimismo El Pampero llamábalo a don Tomás Manuel, “Mahmud Foedoris”. Lo primero para compararlo con 388

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el sultán Mahmud Khan II, un turco arbitrario que reinó desde 1808 hasta 1839, y “foedoris” a objeto de precisar, en latín, la militancia federal del personaje. El entredicho con los Estados Unidos de Norteamérica en torno de nuestra soberanía sobre las islas Malvinas y los mares adyacentes A mediados de 1830, el hamburgués Luis Vernet, Gobernador político y militar de las Malvinas, y concesionario para la colonización y pesca en dichas islas (cuya colonia éste había inaugurado, solemnemente, el 30-VIII-1829, enarbolando allí la bandera argentina), envió una nota a la superioridad, en la cual, luego de dar cuenta del estado de la novísima población, solicitaba el auxilio de un buque de guerra y de diez o doce soldados de infantería y otros tantos de caballería, a fin de hacer efectiva la ley de pesca de anfibios e impulsar el progreso de los colonos: la propia familia Vernet y cerca de un centenar de pobladores, entre ingleses, alemanes, peones criollos, negros esclavos y cinco indios de la pampa nuestra. A esa nota de Vernet dió respuesta el Ministro Anchorena el 25-X-1830, expresando el beneplácito conque el gobierno de Rosas recibía las noticias consignadas, con la promesa de proporcionarle, más adelante, “los auxilios pedidos y cuantos sean necesarios para el fomento de la Colonia”, pues, al pronto, “no pueden remitirse por las difíciles circunstancias en que el país se encuentra”. Poco después, en la isla Soledad, Vernet apresó a tres goletas yanquis — las “Harriet”, “Breakwater” y “Superior” — que no solo cazaban lobos y ballenas en aguas australes sin permiso de nadie, sino que también habían desembarcado su gente en tierra firme para matar pingüinos y jabalíes. Tras dicho apresamiento, la “Breakwater” logró fugar de su apostadero, y — como lo dice Groussac en su obra Las Malvinas — de golpe apareció el inconveniente del doble oficio de Vernet; “bajo el funcionario despertó el comerciante; colgó su uniforme y entró en arreglos con los capitanes de los barAnchorena

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cos capturados”. Así, mientras se convino que la “Superior” quedara allá pescando focas en aparcería con el gobernador malvinero, éste, con su familia, zarpó rumbo a Buenos Aires en la goleta “Harriet”, cuyo capitán Davison habíase mostrado dispuesto a someterse a la administración bonaerense para que instruyese el sumario del caso. Empero, una vez en Buenos Aires Davison recurre al cónsul norteamericano George W. Slacum, quien enseguida le plantea una reclamación al gobierno por la captura y sumario incoado a la antedicha goleta, pues — a criterio de Slacum — el gobierno de Buenos Aires carecía de derecho soberano, tanto en las Malvinas como en la Tierra del Fuego y sus dependencias, de suerte que aquellas detenciones, efectuadas por Vernet, constituían actos de piratería. Entonces el Ministro de Relaciones Exteriores Anchorena — después de pasar el asunto a resolución de su colega de Guerra y Marina — contestó a Slacum el 3-XII-1831, rechazando su nota “porque además de intempestiva no manifiesta el señor Cónsul hallarse autorizado para este acto, y considera S.E. (Rosas) que no lo está por solo la investidura de Cónsul, pero mucho menos cuando es indudable que el Gobierno de los Estados Unidos no tiene derecho alguno a las precitadas islas y costas, ni a ejercer en ellas la pesca, al paso que es incuestionable el que asiste a esta República; que bajo de este concepto, S.E. podría formar queja de protesta al señor Cónsul; y, bien penetrado de la sabiduría y justicia que preside a su Gobierno, desea evitar todo paso estrepitoso; y espera que cualquiera duda que se suscite por el Gobierno de los Estados Unidos, será resuelta amigablemente, entendiéndose ambos Gobiernos entre sí”. A todo esto, la corbeta de guerra norteamericana “Lexington” había entrado a nuestro puerto, y su capitán, Silas Duncan vino resuelto a apoyar a su Cónsul, acusando a Vernet de transgresor del derecho de gentes — “los derechos humanos”, tan traídos y llevados hogaño por políticos y gobernantes yanquis —, y reclamaba la entrega del reo para conducirlo a los Estados Unidos, donde sería juzgado; no sin antes, el prepotente Silas, notificar a las autoridades argenti390

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nas que iba a zarpar con su barco hacia las Malvinas, a objeto de protejer allá el comercio estadounidense. Ante tal situación, el 9 de diciembre, Tomás Manuel de Anchorena le pasó una nota al Cónsul Slacum en la cual manifestaba que “prescindiendo de los motivos que tenga dicho comandante (de la “Lexington”) para pasar a las expresadas islas Malvinas, esto no da derecho al Sr. Cónsul para ingerirse ante la autoridad pública de esta Provincia en la secuela de un asunto particular contencioso ... más como (el Gobierno de Buenos Aires) desea conservar ilesas las relaciones de amistad que felizmente conserva con el de los Estados Unidos, y está persuadido de que hasta ahora no ha dado por su parte el menor motivo que pueda alterarlas en manera alguna, ha ordenado al infrascripto manifieste al Sr. Cónsul que si, el Sr. Comandante de la “Lexington”, o cualquiera otra persona dependiente del expresado Gobierno, cometiese algún acto, o usase algún procedimiento que tienda a desconocer el derecho que esta República tiene a las Islas Malvinas y demás costas adyacentes hasta el Cabo de Hornos, y para impedir la pesca de lobos que quiera hacerse en ella, y con especialidad en las primeras, el Gobierno de esta Provincia dirigirá su queja formal al de los Estados Unidos, bajo la firme confianza de que será atendida como corresponde en justicia; y procurará hacer valer y respetar sus derechos por todos los medios que estime conveniente; porque está bien persuadido que el Gobierno de los Estados Unidos no ha puesto ni pondrá en duda tales derechos, y en caso de suscitar alguna cuestión que tenga relación con ellas, no tratará de resolverlas llevando a efecto sus pretensiones por la fuerza, y despojando a este Gobierno de la posesión en que se halla. Por lo demás el Sr. Cónsul padece de una equivocación muy remarcable en creer que este Gobierno lo ha considerado y tratado como Representante de los Estados Unidos después de la muerte del Sr. Forbes, Encargado de Negocios de esa República, y ha debido tener presente que no ha podido considerarlo con otra investidura que la de Cónsul particular de dichos Estados en esta República. Bajo de este concepto, y siendo bien conocidos los límites de sus funciones consulaAnchorena

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res, entre las cuales es muy principal la de propender a que sus conciudadanos respeten las leyes y autoridades del país en que reside, espera este Gobierno que en adelante se circunscriba el Sr. Cónsul a los expresados límites, y cese de persistir en la protesta que ha hecho contra unos derechos en que ha estado y está este Gobierno, y que hasta ahora nadie ha desconocido”. A los diecinueve días de esta digna nota de Anchorena al agente consular norteamericano, arribaba, enarbolando alevosamente pabellón francés, la corbeta “Lexington” a puerto Soledad, donde, sin escrúpulo alguno, desembarcó su marinería para destruir a cañonazos las instalaciones de la colonia, y arrestó a varios pobladores en represalia por la captura de aquellas goletas balleneras de su nación. Cuando el 8-II-1832 ese incalificable atropello fué conocido en Buenos Aires, ya Anchorena — como veremos más adelante — había renunciado a su cargo de Ministro por razones particulares. El Gobierno argentino — excusado es decir — planteó sin demora al Departamento de Estado de Washington enérgicas protestas por el ultrajante ataque a mansalva de la “Lexington”, mientras reafirmaba sus derechos sobre las islas Malvinas y exigía un desagravio a la bandera azul y blanca. Estas reclamaciones crearon al Cónsul Slacum una situación insostenible entre nosotros; lo mismo que al reemplazante suyo, el Encargado de Negocios Francis Bayles, tan insolente como él, al cual se le rechazaron de plano sus impertinencias, y tuvo que pedir sus pasaportes. Groussac, al recordar la fugaz actuación de Bayles, comenta: “ con esta diplomacia de comité electoral y estas andanzas de bisonte de las praderas, el digno enviado del Presidente Jackson se proponía arreglar un negocio en que la mayor parte de los errores, por no decir todos, se hallaban, como de costumbre, del lado del más fuerte”. En 1833, la fragata “Clío”, de su Majestad Británica, se apoderó de las islas Malvinas. Los argentinos, después de casi siglo y medio, estamos ya cansados de escuchar la misma historia, declamada con encendida retórica en los discursos de entrecasa y en los foros internacionales, ante la flema 392

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inalterable del usurpador inglés. Tengo, a la vista, la reproducción de un mapa geográfico de la isla Soledad, levantado por Vernet durante los años 1826, 27 y 28; ahí se señalan muchos accidentes del terreno y de la costa con las siguientes denominaciones criollas, hoy en día desaparecidas y muy poco recordadas por nuestros diplomáticos, historiadores y folkloristas; “Rincón del Alazán”, “Bahía del Laberinto”, “Rincón del Centauro”, “Rincón Oculto”, “Rincón del Fuego”, “Rincón del Quemado”, “Golfo y Rincón de las Dos Bocas”, “Golfos del Zorro”, “Golfos de la Polaca”, “Golfos del Medanal”, “Rincón de la Nevada”, “Punta del Asilo”, “Rincón del Descanso”, “Rincón del Acierto”, “Ensenada de la Paja”, “Punta de los Arenales”, “Golfo Hermoso”, “Bahía de las Maravillas”, “Isla de los Pájaros”, “Cabo Delfín”, “Ensenada de los Leones”, “Golfos del Engaño”, “Rocas del Voluntario”, “Rincón de San Martín”, “Estancia de Rosas”, “Estancia de Dorrego”, etc.etc. Hogaño la isla Soledfad llámase “East Falkland” y de su actual nomenclatura destaco estos nombres: “Port Stanley”, “Port Fitz Roy”, “Mac Bridge Head”, “Berkeley Sound”, “Cape Pembroke”, “Cape Dolphin”, “Wickham Heights”, “Bay of Harbours”, “Adventure Sound”, “Eagle Passage”, “Low Bay”, “Volonteer Point”, “Mount Logdon”, “Goose Green”, “Bluff Cove”, “Mount Tumbledown”, “Two Sisters”... y para que seguir. (Esto fué escrito en 1979). Anchorena se retira del Ministerio y vuelve a la vida privada El 25-I-1832 por su mala salud y por haber sufrido, un mes atrás, la desgracia de perder a su hermano Juan José Cristóbal — mi tatarabuelo, que en materia de negocios era el eje de la poderosa empresa comercial del la familia —, Tomás Manuel presentó su renuncia de Ministro en términos grandilocuentes: “He corrido peligros inminentes durante la larga prisión que sufrí en un buque del Estado, que calando 11 pies fué destinado por entonces a navegar sobre las costas y barras de los puertos del Sur hasta Patagones, en el equiAnchorena

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nocción de marzo de 1829; de haber llorado la horfandad de mi familia durante mi ausencia; y sobrellevado con indecible tormento el cruel vilipendio con que me trató el gobierno intruso, en aquella espantosa época, desde el momento mismo de mi prisión, y el saqueo y dispersión que hicieron nuestros enemigos de la mayor parte de mi fortuna, consistente en una estancia que acababa de comprar al Sur del Río Salado (34); de no haber podido reparar estos quebrantos, sino en muy pequeña parte y a costa de grandes sacrificios. Acepté gustoso el expresado Ministerio en la época más difícil y de mayor peligro, porque creí que debía prestar este nuevo tributo a mi país, a fin de obtener la paz y seguridad de toda la República. En 21 meses, de incesante tarea, sino he llenado mis deseos, he hecho cuanto me ha sido posible para llenarlos, sobreponiéndome a la debilidad de mi salud, cerrando los oídos a la voz de mi propia conservación, luchando contra intereses y pasiones mal dirigidas, atrayendo sobre mí odios y prevenciones inevitables, aunque injustos, y sometiéndome a cuantas molestias han sido necesarias para proveer, por mi parte, a la inmensidad de atenciones que han rodeado al gobierno”. Durante el transcurso del año 1833, Tomás Manuel de Anchorena formó parte de la Junta de Teólogos, Canonistas y Juristas que debían dictaminar acerca del Derecho de Patronato, pronunciándose contrario, en esta materia, a las doctrinas regalistas que consideraban ese Derecho atributo inherente a la soberanía nacional. Contra la opinión del Fiscal Pedro José Agrelo y de muchos dignatarios eclesiásticos que se habían opuesto al nombramiento del Obispo de Aulón, Mariano Medrano, como jefe espiritual de Buenos Aires, Anchorena sostuvo — en la publicación de aquellas actuaciones, 34 Se Trata del campo “Las Víboras”, en el actual partido de Dolores, adquirido de Lorenzo López. Allí en 1829, el coronel unitario Ramón Estomba, nombrado comandante militar de la Frantera Sur por el General Lavalle, después de saquear la estancia y llevarse los caballos, mandó atar al mayordomo de don Tomás Manuel, Tomás Segura, a la boca de un cañón, y, tras el consiguiente disparo, murió el infeliz paisano hecho pedazos. (En la biografía de Juan José Anchorena relato, con más detalle el horroroso episodio). 394

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llamada Memorial Ajustado — que al ser la Iglesia Católica una institución divina, los Papas, Obispos de Roma,sucesores de San Pedro, ejercían jurisdicción sobre todas las Iglesias de la catolicidad, de modo que el Derecho de Patronato no debía considerarse atributo de la soberanía nacional, sino tan solo una concesión graciable del Sumo Pontífice, mediante la celebración de un Concordato con la autoridad civil. De como llegó a ofrecérsele la Gobernación a don Tomás Manuel en 1834 y éste no aceptó Al devolver Rosas el 7-V-1832 a la Legislatura los poderes extraordinarios con que estaba investido, expresó que había “llegado a convencerse de que la parte que tiene el concepto de más ilustrada, y que sin embargo de ser poco numerosa es la más influyente en la marcha de los negocios públicos, esta por la devolución. Pero el Gobernador, respetando como respeta el buen juicio de tan distinguidos ciudadanos, teme que, reducido el Poder Ejecutivo a los estrechos límites que le estaban señalados antes del motín del 1º de Diciembre, se desaten sordamente las pasiones, recobre su fruto el imperio de la inmoralidad, y se preparen de un modo progresivo nuevos elementos de combustión que hagan repetir aquella terrible escena. Si juzga necesaria la devolución, es tan solo por respeto a la opinión de las personas que sostienen debe hacerse”. “Tal actitud del Gobernador significaba, dada su forma disimulada de obrar, un requerimiento a que se mantengan los poderes ilimitados” — dice Carlos Ibarguren en su difundido libro sobre don Juan Manuel. “Las opiniones en el partido federal — agrega el mismo historiador —, ante esta cuestión tan delicada y tan largamente discutida, se dividieron. Un grupo selecto y reducidos de federales doctrinarios y principistas, que Rosas llamaba ironicamente “los hombres de las luces y de los principios”, “los botarates”, devotos a las normas liberales, constituyeron una minoría frente a la gran masa que seguía ciegamente las miras y los deseos de su jefe”. Anchorena

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El 18 de setiembre, la Comisión parlamentaria aconsejó a la Junta de Representantes que se volvieran a otorgar facultades extraordinarias al Poder Ejecutivo. Debatido apasionadamente el asunto por los legisladores, el grupo de los federales principistas alcanzó un triunfo completo, al resolverse, el 29 de noviembre, “que la Comisión de Negocios Constitucionales presentara a la próxima Legislatura un proyecto de ley que señale y determine las atribuciones ordinarias que debe tener el Poder Ejecutivo”. Y seis días más tarde, la Junta reelige Gobernador a Juan Manuel de Rosas, aunque sin acordarle las facultades extraordinarias; pero este — habido cuenta de ello — rechaza el nombramiento por tres veces con fútiles circunloquios; visto lo cual, se aceptan esas renuncias evasivas y es designado Gobernador el General Juan Ramón Balcarce. Balcarce gobernó 10 meses y 17 días, hasta que la tumultuosa “revolución de los restauradores” impuso su exoneración a la Sala de Representantes, que nombró Gobernador al General Viamonte. Este ocuparía la silla gubernamental 10 meses y 27 días, tras cuyo lapso se fué voluntariamente a su casa, designando la Legislatura de nuevo a Rosas, el cual, obstinadamente, se excusó de aceptar el cargo, cuatro veces. Entonces la Cámara elige Gobernador a Tomás Manuel de Anchorena, quien (31-VIII-1834), pese a las insistentes gestiones hechas para que admitiera la conducción del Estado, declina el cometido, no sin recordar sus servicios a la patria en términos poco modestos; ”Hace 24 años que el infrascripto empezó a servir al país, siempre en puestos los más importante y delicados, siempre corriendo grande peligros en su persona y bienes, y con la fortuna de haber llenado siempre los objetos de su misión a satisfacción del público y de las respectivas autoridades que han presidido el país. Ha prestado estos servicios abandonando unas veces su principal profesión y privándose de la quietud y comodidades que le proporcionaban una fortuna adquirida por sus padres con honestidad, y conservada después con honradez; dejando otras sus intereses en total desamparo, y exponiéndolos a las represalias del gobierno 396

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español; exponiendo también su vida al frente del enemigo, y sufriendo con entusiasmo los rigores de largas y penosas campañas en la guerra de nuestra independencia y libertad. Los ha prestado manifestándose impasible a procedimientos arbitrarios que, por dos veces, ejerció el gobierno general contra sus bienes en cantidades considerables, al mismo tiempo que hacía tan penosos sacrificios en obsequio del país. Los ha prestado haciéndose superior a los indecibles males y padecimientos que le han causado las reiteradas persecuciones de estos hombres injustos, y a tres destierros ejecutados estrepitosamente del modo más inhumano, con amagos de quitarle la vida y apoderarse de sus bienes, sin anterior proceso, sin motivos y sin imputarle cargo alguno para encubrir su injusticia y ferocidad. Los ha prestado, en fin, dando siempre pruebas a esos mismos hombres de olvido y generosidad, sin exigir de ellos jamás, ni del Estado, la menor indemnización, sin valerse de su posición en ningún caso para ejercer reclamación alguna, y sin ocuparse de otra aspiración que la de propender a la felicidad de su patria y participar en ella en la clase a que pertenece un simple ciudadano”. Después, su hermano Nicolás, tampoco quiere ser Gobernador, y tras de él, desechan sucesivamente esa nominación Juan Nepomuceno Terrero y el general Pacheco; por lo que la Legislatura resuelve entregar el bastón de mando a su Presidente, Manuel Vicente Maza. Maza gobierna, en forma interina, 6 meses y 12 días — del 1º de octubre del 34 al 13 de abril del 35 —, y como durante su interinato — el 16 de febrero — es asesinado Facundo Quiroga en Barranca Yaco, la Sala de Representantes promueve, mediante una ley especial, Gobernador efectivo, por el término de 5 años, con “toda la suma del poder público”, a Juan Manuel de Rosas. El restaurado Restaurador, empero, exige que esa ley sea ratificada popularmente: “que todos y cada uno de los ciudadanos habituales de la ciudad, de cualquier clase y condición que fuese, expresen su voto precisa y categóricamente sobre el particular, quedando este consignado de modo que, en todos tiempos y circunstancias, se pueda hacer constar el Anchorena

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libre pronunciamiento de la opinión general”. Y el plebiscito se hizo efectivo los días 26, 27 y 28 de marzo, con este resultado: 9.320 ciudadanos votaron a favor de “toda la suma del poder público” para Rosas, y solo 4 pronunciáronse en contra. La permanente adhesión a la causa federal de Anchorena y su inalterable amistad con Rosas Por encargo de los descendientes de don Tomás Manuel, cierto panegirista anónimo, pendiente del “que dirán” los voceros de la historia oficial, publicó, a raíz del centenario de la muerte del prócer, una corta biografía de este, en cuyo folleto se lee: “El Dr. Anchorena no tuvo la suerte de ver realizados los anhelos y aspiraciones que le inspiraron el Pacto Federal, pues los procederes del tirano en esta época, imposibilitaron su cumplimiento, sufriendo la patria días de profunda tristeza. El Dr. Anchorena se mantuvo alejado del gobierno en este período turbulento de nuestra historia, sin dejar por ello de hacer saber su indignada protesta por los atentados que se cometían, lo que motivó se viera también amenazado su propio hogar, haciendo que toda su familia tuviera que abandonar, durante las noches, la vieja casa de la calle Cangallo, quedando tan solo el Dr. Anchorena en compañía de su viejo servidor Mariano, con sus armas prontas para la defensa, dispuesto a resistir los ataques nocturnos de los mazorqueros, lo que afortunadamente no sucedió, tal vez por el respeto que imponía un vencedor de las batallas de Tucumán y Salta. Y en medio de este ambiente desgraciado transcurrieron los últimos años de este Prócer de la Independencia”. Lo transcripto resulta una engañifa mayúscula, como se verá más adelante. Al márgen de la función pública, Anchorena colaboró desinteresadamente con Rosas; volvió a ser, en momentos difíciles, el “oráculo del Tirano”; y si en otras circunstancias no estuvo de acuerdo con los procedimientos rigurosos de la política oficial, así se lo manifestó con franqueza al Gobernador en cartas íntimas, sin que di398

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chas críticas provocaran nunca un distanciamiento con su “querido primo” don Juan Manuel. En septiembre de 1835 el gobierno de Rosas, para aliviar los atrasos de la Tesorería, lanzó un empréstito por 1.440.000 pesos que cubrieron 172 vecinos capitalistas, entre ellos el propio Rosas y sus primos Tomás Manuel y Nicolás de Anchorena, a la razón de 20.000 pesos cada uno; vale decir que aportaron los tres al régimen “mazorquero” la respetable suma de 60.000 pesos. Valga, entre otras, esta mínima referencia. Frente al bloqueo francés Cuando en 1838 el gobierno de Rosas fué sometido a un riguroso bloqueo fluvial por los barcos de guerra de Francia a cargo del almirante Leblanc, quien exigía se suspendiera la aplicación de las leyes del servicio militar para los súbditos del rey Luis Felipe, Tomás Manuel de Anchorena, le remitió a su primo el Gobernador una carta con consejos inspirados en el más alto amor a la patria, cuyos argumentos en resguardo de su soberanía amenazada por el imperialismo de las grandes potencias foráneas son, y deberán continuar siendo, norma irreductible para cualquier colectividad nacional que se respete. “Pocas veces — dice Julio Irazusta — habló el oráculo de Rosas tan admirablemente”. He aquí los párrafos más significativos de esa misiva: “Buenos Aires, Octubre 13 de 1838. Querido primo: ... Habiéndoseme dicho — no sé si será cierto — que ha venido un francés a tierra con investidura diplomática para tratar con el Gobierno del enredo que ellos han causado, creo ofrecerme a Vmd. para lo que me considere útil, en la inteligencia que para cosa de redacción no me hallo en estado de poder hacerlo ni medianamente en asunto tan delicado y de tanto bulto como este, pero tal vez podré ayudarlo con algunas indicaciones verbales para no desviarme del fondo y punto cardinal de la cuestión, y para llevarla del modo más conveniente a los intereses de la República”.

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“Es preciso no perder de vista, primero, que todo empeño de los franceses ha sido celebrar tratados con nosotros para tener después pretextos de suscitar a cada paso, prevaliéndose de su poder marítimo y de nuestra debilidad en la mar, como lo han hecho siempre en Europa con los estados menos poderosos y lo están haciendo en América con los nuevos estados, para abrirse la puerta a la subyugación de estos estados bajo esos pretextos”. “Segundo, que no habiendo podido hacernos entrar en tratados, nos han metido la camorra en que estamos, para obligarnos a terminarla por un tratado, y lograr de este modo el primer paso que ha de abrir la puerta a sus inicuas aspiraciones”. “Tercero, que no atinando como armar camorra, la iniciaron por pedir a nombre del derecho de gentes la derogación de una ley, que dejando en libertad a todos los extranjeros para que se establezcan en el país, y concediéndoles, por solo la notoriedad de este hecho, el que goce de todas las libertades civiles ... (y que) sean considerados como domiciliados y súbditos de él, sujetos a todas las cargas civiles, entre las cuales es una el servicio de la milicia, si el Gobierno tiene a bien llamarlos ... como lo hace con los demás ciudadanos, incluso los procedentes o nativos de las provincias de la República, y como se observa en cada una de esas provincias respecto de los nativos de las demás ... ”. “Cuarto, que no habiendo tenido que replicar a la contestación de nuestro Gobierno a esta injusta y atrevida demanda (el cónsul Roger y el almirante Leblanc) se han desentendido de ella ... y se han ocupado en gritar violencias y extorsiones (que atribuyen a las autoridades argentinas) contra los ciudadanos franceses, sin distinguir los domiciliados de los transeuntes, y mintiendo, en cuanto a unos y otros, con su imprudente y fascineroso descaro en orden de esas fingidas violencias”. “Quinto, que de consiguiente nuestro Gobierno no debe perder de vista ni abandonar esa distinción entre franceses domiciliados en el país, según nuestras leyes, y franceses transeúntes, porque si pierde esta clave todo lo pierde, en 400

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razón de que un Ministro o cónsul francés tendrá derecho para reclamar, en oportunidad que corresponda, de una infracción manifiesta de la ley contra un francés transeúnte ... pero no por la que se comete un nativo de Francia domiciliado en este país ... Si el Gobierno no se fija y sostiene en esta distinción, que es en un todo conforme al derecho de gentes y al orden de las sociedades, sucederá que cada cónsul extranjero será un reyezuelo en nuestro país, y nuestro Gobierno su corchete o criado, a quien podrá abofetear impunemente cualquier extranjero,desde que cuenta para ello con la protección de su cónsul ... Sexto, que por igual consecuencia toda transacción o mediación que haya de adoptar, a de ser sobre la base de ser reconocidas y respetadas nuestras leyes, como también los principios que ha sostenido el Gobierno con respecto a los derechos y deberes de los extranjeros establecidos y transeúntes en el país, porque sobre esto no cabe la menor transacción ... También se ha de establecer ... que la República ha de quedar plenamente libre para administrar o suspender, conforme crea conveniente a sus intereses, el convenio con la Francia; admitir o no sus buques en nuestros puertos y la introducción de sus frutos y manufacturas; admitir o no a los franceses que quieran venir a ella; permitirles o no establecerse dentro de su territorio; y dictar las condiciones con que quiera admitirlos, y permitir su establecimiento, quedando la Francia por la recíproca, en libertad de hacer otro tanto con respecto al comercio con ella de esta República, a sus buques, frutos, manufacturas y súbditos argentinos ... Esta cuestión, primo, en que estamos con los tales franceses, es muy vital para nuestro país, y defendiendo todos, todos y cada uno de los principios que a vertido el Gobierno en sus comunicaciones oficiales y particulares con el Cónsul y el Contraalmirante, hasta con el último aliento de la vida de todos y cada uno de los argentinos, jamás podrá perder tanto como perdería, cediendo en lo más mínimo de nuestros principios, y haciéndoles el gusto a los franceses de celebrar tratados de comercio y navegación con ellos”. “Vmd. no tema que el principio del domicilio y a las obligaciones de los extranjeros establecidos en el país retraiAnchorena

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ga a los ingleses de hacer fuego en favor de nuestra causa ... Ellos (los ingleses) es verdad que gustarían, como todos los demás extranjeros, de que cediéramos a las pretensiones de los franceses, porque entrando entonces, como deberían entrar a la par de estos, sería lo mismo que entregarles todo el territorio de la República, y entregarnos todos los argentinos a su disposición, para que cada uno de ellos, es decir de los estados extranjeros, hiciese de nosotros lo que quisiese y pudiese hacer. Pero emperrándonos nosotros en sostener, como debemos hacerlo, nuestros derechos todos, sin ceder ninguno, aunque sea quedando el país convertido en un desierto de cadáveres y cenizas de sus habitantes, fuera del espíritu nacional que esto ha de producir entre nosotros y del crédito y respetabilidad exterior que nos ha de dar, hemos de ver que los ingleses y angloamericanos, más tarde o más temprano, por su propio interés, han de oponerse activamente a las pretensiones francesas. Para esto no se necesita más que fortaleza y constancia de nuestra parte, cosa que ellos nada tengan que temer ni esperar de nuestra debilidad. Y para que se uniformen y consoliden la opinión y los esfuerzos de los argentinos en defensa de su causa, basta conducir las cosas de modo que todos y cada uno de ellos, sea federal, sea unitario, sea lomo negro, sea lo que fuese, tenga muchísimo que temer del triunfo de los franceses ...”. “Dispense Vmd. de la distracción que le haré causar con esta larga carta, escrita tan toscamente como se ve, porque no me da la cabeza para cosa mejor y de pronto, y, por otra parte, no puedo prescindir de la perversidad y felonía conque se está conduciendo la canalla de los monsieures. Entretanto, deseando el alivio de la señora doña Encarnación, ruego a Dios le asista con todos sus divinos auxilios de que tanto necesita Vmd. en su penosa situación; Thomás Manuel Anchorena”. Ante el trágico fin de Lavalle En 1841, al llegar al conocimiento de Rosas, la muerte de Lavalle, aquel le comunicó la noticia a Tomás Manuel de 402

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Anchorena, felicitándose de verse libre de tan importante enemigo, que lo fuera también personal de los Anchorena, a quienes había apresado, vejado y confinado en un pontón en 1829. La respuesta de don Tomás a la carta de Rosas (transcripta por Vicente D. Sierra en el tomo X de su “Historia de la Argentina”) dice textualmente así; “Noviembre 9/ 1841. Mi querido primo; He agradecido sobre manera y leído con el mayor contento la carta de felicitación que se ha servido Vmd. dirigirme hoy por haber recibido el parte oficial que confirma la muerte del salvaje Unitario Juan Lavalle en el modo como lo ha dispuesto la Divina Majestad, y lleno de placer retorno a Vmd. las mismas felicitaciones con toda la intensidad del afecto particular que profeso a Vmd. y del que tengo a mi Patria. ¡Cuando se convencerán los pérfidos y salvajes unitarios a cara descubierta, y los demás impíos y sacrílegos, de los que muchos se titulan federales, que hay un Dios omnipotente e infinitamente próvido, que todo lo gobierna y de cuya justicia nadie, nadie puede escapar! Yo noto en este gran suceso una circunstancia que debe llamar mucho vuestra atención, y es que aunque Lavalle había logrado burlar los esfuerzos de un poder inmenso destinado a su exterminio, entonces el Ser Supremo le hizo pagar sus enormísimos crímenes por unos medios que nadie podía imaginar, disponiendo las cosas de tal modo que, a pesar de su gran y fiel escolta de doscientos hombres, cuyo poder no había como resistir en Jujuy, ocho o diez hombres insignificantes le quitasen allí la vida sin intención, y sin saber que él estuviera en la casa cuando dispararon los tiros que causaron su muerte. Parece que en esto nos ha querido hacer ver que de nada vale el poder de los hombre, por grande que sea, sin su cooperación; que no hay precaución que valga contra el poder de su divina justicia, ni sirve la voluntad de ningún hombre para ejercerlo, cuando nos hallamos en el preciso caso de reconocer que el vernos libres de ese monstruo, lo debemos exclusivamente a su infinita bondad y misericordia. Concluyo, pues, reiterando del modo más afectuoso el retorno de felicitaciones que hago a Vmd. y rogando al Todopoderoso quiera iluminar el entendimiento y mover el Anchorena

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corazón de los obsecados unitarios, y alejar, de los verdaderos federales el espeso y fétido humo de las pasiones que ofuscan tanto y sofocan a la razón, conservándonos en la senda de la verdad y de la justicia, para que no nos hagamos indignos de su omnipotencia y necesaria protección. Su muy apasionado primo; Tomás Manuel de Anchorena”. Se concibe que el autor de esta carta, en respuesta de otra de Rosas que lo felicitaba por la muerte de Lavalle, haya hecho salir de noche a su familia de la casa de la calle Cangallo — en esos años llamados “del terror”, precisamente — temeroso de que resultaran degollados, él y los suyos, por la Mazorca?. Así suele difundirse nuestra historia, impunemente, con el concurso de poderosas “tribunas de doctrinas” y el aval de solemnes aparceros académicos!. Terminante apreciación de la realidad socio-política hispano americana y argentina En un “borrador de cartas” de don Tomás Manuel — hoy en poder de su tataranieto Tomás Joaquín de Anchorena — figura una muy extensa e interesantísima dirigida a Rosas, con fecha 12-IV-1842, en la cual — a propósito del tratado de paz y amistad que acababa de ajustar el Ecuador con España — el corresponsal hace todo el proceso y formula un severo juicio crítico acerca de nuestra revolución emancipadora, del lamentable estado en que, a la sazón, se encontraban las nuevas repúblicas hispano americanas y desde luego, la Argentina en especial, lacerada por la guerra civil, mientras la ingerencia del imperialismo extranjero infundía mayor exasperación a la lucha fratricida para convertirse en árbitro fatal de nuestro destino. Como consecuencia de su apasionada exposición, Anchorena, generosamente inspirado, lo insta a Rosas a respetar los derechos naturales del hombre, en procura de la unidad y reconciliación del pueblo argentino, dividido en bandos iracundos que se desangraban. De la referida carta — publicada entera por el historiador Vicente D. Sierra — transcribo, a renglón seguido, largos pasajes importantes. Dicho escrito comienza familiarmente así: 404

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“Mi querido primo; Cuando escribí a Vmd. el treinta del pasado ... se me olvidó darle las debidas gracias, como lo hago al presente, de la palma que se sirvió mandarme, que Clara y mis chicos me aseguran ser la mejor que han visto este año en la función del Domingo de Ramos, a la que no pude asistir, como tampoco a las demás de Semana Santa, porque me lo impidió el mal estado de mi pecho, del que gracias a Dios me siento algo aliviado”. Después de comentarle a Rosas el tratado de paz y amistad que en ese entonces habían suscripto la República del Ecuador y la Corona de España, “asunto demasiado ingrato”, Anchorena manifiesta que “cuando pienso en nuestra malograda libertad e independencia me enfermo, o pongo de muy mal temple y necesito prepararme interiormente con mil reflexiones políticas, y cristianamente, para reconocer con alguna serenidad lo que nos ha sucedido y sucederá a este respecto”. “Yo presumo — agrega enseguida — que los ecuatorianos se han apurado a celebrar este tratado aterrados con lo que ha sucedido a todos los nuevos Estados de América, y con lo que ven que está sucediendo a cada paso, hoy en unos, mañana en otros, sin que ninguno en más de treinta años de guerra haya podido afianzar su existencia política, ni gozar de tranquilidad. Ellos, a mi juicio, pueden haber considerado que la guerra civil en cada uno de los Estados va tomando día a día un carácter más y más feroz e inhumano ... Que sublevada y puesta en armas la muchedumbre ignorante, grosera y soez, inclinada siempre a toda clase de licencia y desorden, no hay americano alguno que pueda contar en su país con la seguridad de su persona y bienes ... que la independencia política de los americanos se ha convertido en una vergonzoza esclavitud a favor de todos los estados de Europa y de la República Norteamericana ... que este triste estado de cosas promovido y atizado por todos los agentes públicos extranjeros y demás individuos de sus respectivas naciones, no cesará, ni hay en América poder para hacerlo cesar hasta que quede anonadada la antigua descendencia española, y los extranjeros se hayan hecho o tengan una muy grande facilidad Anchorena

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de hacerse dueños de todas sus propiedades, en cuyo caso establecerán la autoridad y las leyes y harán la división de los Estados que más se acomode a sus intereses, tomando por pretexto para justificar sus usurpaciones, los desórdenes y actos de inhumanidad que hayan cometido los americanos. Que bajo de este concepto, no pudiendo a la larga los americanos pudientes estar seguros en sus respectivos paises, ni gozar de sus bienes conservándolos en su nombre ni tampoco poniéndoles el nombre de padrinos extranjeros que se lo usurparán seguramente más tarde o más temprano, tendrán que emigrar a Europa, trasladando allí lo que puedan de su fortuna, por cuyo caso lo mismo que por permanecer en su país, les es más conveniente ponerse bajo la protección o clientela de los españoles que de los otros extranjeros, ya por ser aquellos generalmente más honrados y de más buena fé que éstos, ya por los antiguos enlaces de amistad y sangre, ya por la identidad de idioma, religión y costumbres, ya en fin porque la España, después de la Italia, es más barata para vivir que cualquier país de Europa”. “Me inclino a sospechar que estos hayan sido los motivos que ha tenido la República del Ecuador para celebrar dicho tratado ... si en esto ha hecho bien o mal el gobierno del Ecuador no me atrevo a resolverlo ... porque a la verdad ¿que otra cosa hemos debido esperar de ese espíritu de impiedad e irreligión que junto con las revoluciones de ochocientos nueve y ochocientos diez se procuró derramar y derramó por todos los nuevos Estados de América? ¿Que hemos debido esperar de esa espantosa inmoralidad con que los encargados de la autoridad pública se esforzaban en sublevar a los hijos contra sus padres, a los esclavos contra sus amos? ¿Que hemos debido esperar de esa sacrílega imprudencia con que juramos obediencia a Fernando VII y cooperar con nuestros esfuerzos y sacrificios a la salvación de la España de la infame dominación de los pérfidos franceses?. Nuestros necios y asquerosos mandones, sacados de entre el polvo y lodo de los vicios en que habían estado encenagados toda su vida, incitaban a los pueblos a la rebelión, tratando de palabra y por ese tiempo a los Reyes de tiranos, llenando de imprope406

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rios a nuestros propios padres para concitar contra ellos el odio y después de nosotros sus hijos y el de nuestros propios esclavos, encendiendo por estos inicuos medios, y con lisonjeras esperanzas de ambición, las pasiones de los ministros del altar y valiéndose de ellos para profanar los púlpitos con injustas acriminaciones contra los que nos habían dado el ser, contra los Reyes de España y contra los Papas? ¿Que hemos podido esperar de esa crueldad y villanía con que centenares de españoles, siendo unos vecinos y honrados y pacíficos, eran confinados bajo el fingido pretexto de ser enemigos de la felicidad de nuestra patria, pero sin otro motivo real que el no presentar buena cara a la más asquerosa disolución de los que se proclamaban decididos patriotas y entusiastas por nuestra libertad? ... ¿Que hemos debido esperar de tanta sangre y de tantas lágrimas inocentes que se ha hecho derramar por no querer esos malvados someterse a ley ninguna, y muchas veces por satisfacer pasiones brutales? ¿Que hemos debido esperar de esa porción de asesinatos que se han cometido por crímenes que figuró la venganza y que hizo aparecer por medios siniestros y con falsos testigos comprados al efecto? ¿Que hemos debido esperar de esas guerras civiles de la Banda Oriental, Entre Ríos y Santa Fé, sostenidas con un furor bestial en que se cometieron tantos robos, tantos saqueos, tantos incendios y tantos y tan crueles asesinatos, degollando a los hombres como perros, y otros mil atentados de los cuales hay raros ejemplos en la historia de las naciones gentiles? ¿Que hemos debido esperar de este gran cúmulo de crímenes y de otros, en mucho infinitos, sino que Dios irritado convertiese nuestra patria en un teatro de padecimientos, y una libertad e independencia en una vergonzoza esclavitud como la que estamos sufriendo bajo la influencia tiránica de los extranjeros? ... ”. “Yo pertenecí siempre y hasta ahora pertenezco a la causa de la patria, y pertenecí no para mejorar mi suerte, como lo hacían casi todos los americanos, con muy pocas excepciones, sino al contrario, conociendo el gran peligro que corría de perder en la revolución la muy feliz que me había deparado la Providencia. Tampoco pertenecí por ligereza de Anchorena

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la edad, sino por el deseo de que mi patria prosperase todo lo que debía prosperar, pues aunque entonces era todavía muy joven, no sería por esto de cascos ligeros cuando el año 1810 fuí elegido para formar el Cabildo junto con otros tres americanos, los más respetables de la clase de vecinos que tenía esta ciudad ... y en el año 1812, habiéndome dedicado a la profesión de comerciante, después de haber hecho una completa carrera de estudios, graduándome de Doctor en Teología y recibiéndome a los tres años de Abogado, viendo el gran peligro en que estaba la causa de nuestra patria y los apuros del general Belgrano en Jujuy, movido de sus muchas y muy esforzadas instancias, dejé todos mis intereses y otras particularidades a un lado, y corriendo el riesgo evidente de que el general Goyeneche me secuestrase el valor en efectos de cerca de 40.000 pesetas que tenía en Potosí, me resolví a servirle de Auditor y Secretario de Guerra en toda la campaña al Perú, que duró hasta fines de 813, sometiéndome a todas las penalidades de ella, que solo puede valorarlas el que las ha sufrido, y arrostrando todos los peligros de los combates y demás que ofrece esa clase de guerra, unas veces a su lado, otras separado de él, expidiéndome en este caso por mi solo en virtud de comisiones que tenía a bien darme, como sucedió cuando, al marchar para Vilcapujio, me dejó encargado de mantener en su seguridad y orden la villa de Potosí, en donde había una gran madriguera de enemigos nuestros y teníamos los grandes repuestos de armas, municiones, víveres, etc. También los serví con mi dinero y con mi crédito y relaciones para que le prestase sin ningún premio ni interés veinte y tantos mil pesos fuertes en Tucumán, para mover de allí a Salta el ejército nuestro, contra el general Tristán, siendo así que todos sabíamos que no se nos había de pagar en esta ciudad, para donde recibimos libranzas, sino cuando el Gobierno se le antojase, como así sucedió al cabo de mucho tiempo. Pero en medio de esta decisión tan firme y manifiesta, jamás rompí ninguna de mis antiguas amistades españolas, que eran muchas, y menos con mis apoderados, que en todos los pueblos del interior y Bolivia eran españoles. Ellos eran mirados como godos enemigos de nuestra patria, y yo como 408

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patriota enemigo de los godos ... Ellos, como todos los españoles juiciosos, no detestaban nuestra causa, detestaban la conducta criminal que a nombre de la patria desplegaban contra ellos los que habían arrebatado la autoridad pública, y de quienes todo se debía temer y nada bueno se podía esperar. Detestaban las miras perversas de esos hombres de quienes descienden la maldita raza de los unitarios, porque siendo impíos sin religión alguna, sin amor a su patria y sin ningún sentimiento de humanidad ni justicia, invocaban los nombres de la libertad e independencia para apoderarse de todo, y devorarlo todo en vicios y maldades ... Esto es lo que hicieron los famosos patriotas del diez, que el 25 de mayo se alzaron con el santo y la limosna de un modo el más insolente y descarado, y esto es lo que estamos pagando, pues para con Dios no valen disfraces ni tramoyas, como se ve por el fin trágico y miserable que cada uno de ellos ha tenido, y que debe servirnos a todos de ejemplo”. “Dice Vmd., y dice con razón, que hemos hecho inmensos sacrificios por una independencia, pero ha sido de nuestra independencia de la España; mas por nuestra independencia de los malos extranjeros de Europa hemos hecho todo lo contrario ... lo primero que empezamos a hacer fué aplaudir su irreligiosidad, manifestándonos descontentos con nuestra religión; abandonamos nuestros antiguos usos y costumbres para tomar la de los extranjeros, entregándonos a un extraordinario lujo en comer y en vestir, como en todo lo demás, y creamos una porción de necesidades ficticias para las que ellos exclusivamente debían ser los proveedores. Al momento que se encendió entre españoles y americanos y empezó a asomar la guerra civil entre nosotros, en cuyas dos clases de guerra no morían sino puros americanos, porque eran americanos casi todos los soldados y oficiales de los ejércitos españoles ... por una y otra parte se desplegaba un furor bestial, pero muy principalmente en la guerra civil ... entonces fué que empezaron a agotarse las intenciones de la generosidad para respetar a los extranjeros más de lo que debíamos en sus personas y bienes, y dispensarles todos los goces imaginables que podían desear; libertad completa de Anchorena

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industria y comercio, en todos los ramos ... y puntos de la República. Libertad de toda carga militar y aún civil. Libertad para mentir, censurar, chismear, acriminar ocultamente, seducir y aún minar los principios de una causa y crédito de nuestras autoridades, y también sugerir pretensiones injustas a los pueblos, aumentar las discordias interiores y perjudiciales a la seguridad e independencia de la República en toda la extensión del Estado. Libertad para comprar y ser dueños de toda clase de propiedades raíces, rústicas y urbanas. Libertad para establecer casas propias de comercio bajo el nombre de compañías formadas sin manifestar capital ni guardando ninguna de las demás formalidades que, junto con estas, exigen nuestras leyes de comercio para preservar al pueblo de grandes fraudes. Libertad para contraer cuantiosos créditos en la Aduana bajo su firma, del mismo modo que podían hacerlo los argentinos más ricos y más bien arraigados con bienes en el país. Libertad para tener cada nación sala de comercio separada de las demás y estafeta pública separada de la del gobierno. Libertad para que bajando a tierra los comandantes de los buques de guerra destinados a asustarnos con su poder, tuviesen telégrafo en la casa de su habitación. Libertad para que los cónsules pusiesen a la puerta de calle de sus casas las armas de su nación. Libertad para que todo extranjero que quisiera penetrase por todo el interior de nuestro país. Libertad para visitar nuestros archivos públicos, y sacar de ellos todos los documentos que quisieren. Libertad, en fin, para asilar criminales en sus casas, facilitar la fuga a personas detenidas legitimamente por las autoridades del país, y aún a los prisioneros de guerra, y para hacerlo con tal poderío que si alguna vez llega a ser descubierto algún extranjero de haber hecho alguna de estas cosas en complicidad con algún otro vecino del país, sin advertir éste el objeto a que se le hacía servir, la conducta pérfida del extranjero fué clasificada por un acto de filantropía, y la inocencia del vecino por una traición a la Patria”. “Omito otro sinnúmero de libertades, que el referirlas sería nunca acabar, como también innumerables procedimientos, tan infames como ruinosos al país, que solo tuvieron 410

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por objeto lisonjear la ambición y los deseos de los extranjeros. Tales fueron, por ejemplo, la erección del Banco Nacional, dándoles a ellos una parte igual, en su administración y manejo, a la que tenían los vecinos del país, sobre quienes únicamente debían recaer todos los males que produjese; la extinción de las comunidades reguladas; el proyecto de empréstito sobre Inglaterra, para disiparlo en otros proyectos locos que solo sirvieron para engordar a ingleses y franceses etc. ... Mas si en medio de esto y la ilimitada liberalidad con los extranjeros, Vmd., yo, o algunos otros, que no pasaran así de una docena de hombres en esta ciudad, indicara la necesidad de poner límites a tantas franquicias, en precaución de que no sucediese lo que está sucediendo, al momento le daban a uno la espalda esos famosos patriotas, tratándonos, entre los de su camada, de hombres egoístas, mezquinos, fanáticos, preocupados con las antiguallas españolas, amoldados con las toscas ideas del tiempo de la ignorancia, etc., por manera que nos veíamos obligados a callar para no ser burlados y cargados de improperios por esa turbamulta de botarates y bribones ...”. “Además de esto (los extranjeros) se han investido del carácter de personas sagradas entre nosotros, y con esta investidura se han hecho más patrones y protectores, viéndonos a cada paso obligados a implorar su favor para salvar nuestras vidas y propiedades de las persecuciones de nuestros enemigos personales ... hoy mismo hay aquí dos casas inglesas que hacen el negocio de facilitar la salida ocultamente, con toda seguridad a muy buen precio, a todo el que quiera emigrar de esta ciudad por temor a que lo asesinen o hagan alguna otra tropelía. Don de defensa en que los tales caballeros ingleses cuidarán muy bien de tener agentes secretos que aumenten las clasificaciones de unitarios y promuevan persecuciones y que inspiren grandes temores, pues que de este modo crezca el número de emigrados y estos les engorden la bolsa ”. “En tan triste estado, por nuestra molicie y crudas divisiones, dilapidando la riqueza del país, persiguiéndonos, humillándonos recíprocamente hasta el punto de tratarnos Anchorena

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unos a otros como pícaros y no como hombres, creo ya imposible quitarles a los extranjeros europeos y norteamericanos el predominio que han adquirido en todos los nuevos estados de este continente y en México, y que el único camino que nos queda para aliviar nuestra desgraciada situación, es trabajar con el sincero esmero de restablecer la unión entre nosotros bajo unos mismos principios, un mismo dogma político y un mismo sistema, que debe ser el de la federación, porque es el que los pueblos quieren y han querido siempre, porque es el único que puede producirnos grandes bienes y preservarnos de infinitos males a que estaríamos expuestos, sin duda alguna, en el sistema de la unidad. Pero para esto es necesario no perder de vista lo que es el corazón humano ... es preciso que la causa de la federación no sirva de máscara para cometer atentados y licencias que irritan a todo hombre de bien y de familia y no pueden producir otra cosa que males ... es preciso respetar los derechos naturales del hombre y respetar proporcionalmente a cada uno en particular según su clase, edad, estado, condiciones y sexo, porque donde no hay respeto todo es despreciable, y donde no se conoce verdadera unión social, ni moralidad ni virtud alguna ... En una una palabra, es preciso dictar buenas leyes, es decir justas y acomodadas a las circunstancias del país, y observarlas con escrupulosidad y que los negocios sean administrados del modo y por personas dignas, establecidas legalmente al efecto y no por todos los que quieran revestirse de autoridad y ultrajar a los demás ...”. “Si a Vmd. le parece, como a mí, demasiado larga esta carta, debe Vmd. hacerse cargo que siendo sobre un asunto que no puede menos de afectar sobremanera a todo americano de honor, es preciso o guardar un pequeño silencio procurando alejarlo totalmente de nuestra imaginación y recuerdo, o, en caso de hablar de él, hacerlo con su condigno sentido cuando podemos, en el seno de la amistad, con toda la extensión y desahogo necesarios para aliviar el gran disgusto interior que le causa su recuerdo, concluiré, pues, rogándole quiera admitir las expresiones de fina e invariable amistad conque

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lo saluda su apasionado primo, T.M. de A. 12 de abril de 1842”. Rotunda condena a la fratricida violencia partidaria por el amigo y confidente de Rosas El borrador epistolar de Anchorena contiene otra carta de este escrita una semana más tarde, el 19-IV-1842, en la que se reiteran, con mucho énfasis, las instancias a Rosas para que hiciera cesar las tremendas persecuciones y asesinatos que cometían bandas de foragidos, titulándose federales, contra muchas personas sospechadas de pertenecer al partido unitario. Un fragmento de esa carta — el que se consideró más desfavorable para Rosas — fué seleccionado por Marcos Estrada, y dado a conocer en su libro “Belgrano y Anchorena, en su correspondencia”. Don Tomás Manuel, con total libertad y franqueza, le declara a su “querido primo” (invariable tratamiento cariñoso que se omite en el trozo escogido) su preocupación y repudio por “las cosas que pasan en nuestro país, nunca vistas, ni oídas en alguna parte del mundo, que me atraen tantos disgustos y molestias, que no solo me atormentan incesantemente de día, sino también de noche me privan del sueño, en tal grado que ha habido noche de no poder pegar los ojos desde que me acosté hasta la hora en que empezó a despuntar la familia. Todo el día se me va en contestar cartas y recibir visitas de personas que bañados en lágrimas, y llenos de angustia, horror y espanto, vienen a suplicarme les de algún consuelo o consejo para salvar sus vidas, porque han sido avisados, por diversos conductos, de que cierta e indudablemente intentan matarlos. En vano conociéndolas yo, y sabiendo su modo de obrar, les aconsejo que estando como ellas se creen inocentes de todo delito, se tranquilicen, se aquieten, y no teman nada, pues que esas voces deben ser, como sucede en semejantes casos, artificiosas y malignas, o para obligarlas a comprar su seguridad a algunos tunantes, como varios la han comprado y la están comprando en el día; o por atormentarlas y mortificarlas en venganza de algún resentimiento personal; o para incitarlas a que se esAnchorena

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condan o emigren del país, y apoyarse en cualquiera de estos hechos para dar coloridos de verdad a las falsas notas conque se empeñan en difamarlos; y también porque los extranjeros, oculta y mañosamente, sustentan y propagan estos temores, facilitando a los asustados la ocultación y la emigración en fuga con toda seguridad, para que ellos, sus familias y amigos, se pongan bajo la protección por un noble sentimiento de gratitud, o, porque muchos de esos extranjeros especulan en esto exigiendo grandes sumas de dinero a los no fugados, en pago de la seguridad que ellos les proporcionan, a virtud de las garantías de que gozan por respeto a su nación. En vano les hago ver, que esto mismo me ha pasado a mí, que he sido perseguido por los bárbaros unitarios”. “En vano discurro ... y me valgo de cuantas reflexiones me vienen a la imaginación, mas nada los tranquiliza por según la consideración y dignidad de conductos por donde se les ha comunicado el peligro en que están ellos; dos presiones a cuál más fatales, o emigran o son degollados ...”. “Estos clamores, primo, vienen acompañados de los ruegos y súplicas de todos los parientes, amigos y relacionados, que tienen las personas amagadas, de modo que abrumado y atormentado con tantos llantos, ruegos y lamentos, tengo de tal modo oprimido el corazón, que llega la noche y no puedo dormir. Consiguientemente a este desvelo son las cavilaciones en toda ella, considerando la triste y vergonzosa situación de nuestra patria, por la que he hecho en mi clase y posición social sacrificios que no he hecho por otra cosa alguna, y que si los hubiera hecho por Dios estoy cierto que me iría derecho al cielo. Considerando también los numerosos males que causando y deben causar a esta misma patria infeliz y desgraciada eso que se dice por ahí: castigo a los unitarios; que más bien debe llamarse asolación de la provincia de Buenos Aires, y exterminio de la raza hispano - americana. En primer lugar porque, hablando a Vmd. con la verdad y franqueza que debo, como buen amigo y como cristiano, es totalmente ilícita, impía e inhumana, y por lo tanto contra todo derecho natural y divino esa matanza que se está haciendo de hombres en la misma forma que si fuese de pe414

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rros. En segundo lugar, porque el tal castigo de los unitarios solo comprende a los españoles y sus hijos (es decir a los criollos blancos), respetando a todos los otros extranjeros, que son los principales y más funestos unitarios, y a los negros, mulatos e indios, que no sé que gracia tengan para ser todos federales, o que privilegios para que no sean perseguidos los que son unitarios entre ellos. En tercer lugar, porque para un unitario que degüellan, absolutamente insignificante y nulo, degüellan a algunos federales, y a muchos hombres útiles a la sociedad, que aunque no se prestan a ciertas bullangas que se forman invocando la federación, y que no le son honrosas, no consta por ningún racional que sean unitarios, y cometen estos atentados dejando correr como a federales a hombres, que unos no pueden dejar de ser unitarios, por lo que han sido siempre, y otros por su brutal inmoralidad y corrupción. Porque para un unitario que degüellan, tienen en consternación cientos de familias enteras, que arruinan y destruyen, y ponen bajo la clientela de los extranjeros, obligando con amagos y amenazas a esconderse o emigrar del país ... (estos perseguidos) si no son federales, es por no adocenarse con hombres que, especialmente el año 33, tomando de máscaras la federación para sus licencias, atentados y crímenes, han deshonrado esta causa, la han ensuciado, y la han desnaturalizado de tal modo, que ya no parece causa de la patria, sino causa de pretexto o ráfaga de disfraz de cuanto facineroso quiera cometer impunemente crímenes en este país ...” De la misma carta de Anchorena a Rosas, el historiador Vicente D. Sierra transcribe un párrafo — que Marcos Estrada pasó por alto — dedicado a los extranjeros “que ven acelerarse el día de su dominio y ser dueños de nuestras propiedades. Así es que se afanan en forjar noticias de degüellos, que no se han cometido, para acrecentar el sobresalto en las familias, para que más y más asustados los hombres se presten a sus instancias a que se escondan y emigren, aterrándolos con clasificaciones que hacen a Vmd. las más indignas que se puedan hacer de un malvado, y facilitándoles los medios de emigrar ocultamente con seguridad, a trueque

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de que sean sus esclavos prosélitos por gratitud o por grandes sumas de dinero ...”. La indignación de nuestro prócer hacia esos extranjeros era tanta, que años más tarde (17-XI-1847) Pedro de Angelis se la recordaba al general Tomás Guido en una carta (que incluye Julio Irazusta en su “Vida política de Juan Manuel de Rosas); “Don Tomás Anchorena — escribe Angelis — aconsejaba un día al señor gobernador, hacer prender a todos los extranjeros que vivían en Buenos Aires, marcarlos a fuego en los dos carrillos, y mandarlos después, con esta recomendación, a las provincias interiores. Excepto la hierra, y sobre todo en los dos carrillos, me conformaría con todo lo demás”. Y el publicista napolitano, al referirse a los austríacos — que dominaban el Milanesado, Venecia y otros estadillos de Italia, ya empeñada en lograr su unidad —, añadía; “Yo agradezco al Papa (Pío IX) su carbonarismo, como italiano y como argentino; a los dos nos hace bien. Dios quiera que no se arredre. Mi corazón está con él, y mis brazos y mi vida lo estarán también si fuese preciso. Ojalá pudiera hacer yo con los Austríacos lo que no pudo conseguir don Tomás Anchorena del señor Rosas. ¡Con que gusto vería marcar como novillos a un Regimiento de Transilvanos!”. Cabe consignar que, con fecha “6 del mes de América (Mayo) de 1842”, Tomás Manuel de Anchorena (quién según Marcos Estrada no podía “tolerar el pensamiento absolutista y tiránico y las disposiciones penosas del Gobernador, que imponía arbitrariamente a todo el país, permitiendo y alentando toda clase de licencias, atentados y persecuciones criminales que deshonraban y desvirtuaban la doctrina federalista”), Anchorena — decíamos — recibió respuesta del “sanguinario tirano” Rosas a uno de sus escritos, cuyo documento, publicado también por Julio Irazusta, expresa lo siguiente; “Mi querido primo; Hoy por la tarde he recibido su apreciable de ayer, en que me dirige sus felicitaciones por las disposiciones para hacer cesar los horrores que se cometieron ha poco; y por los triunfos contra los salvajes, asquerosos inmundos unitarios, bárbaros enemigos feroces de Dios, de su patria, de la América, de los hombres y de la civilización 416

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del mundo. Reconocido vivamente, se las retorno con la intensa expresión de mi fina amistad. Cuando leí su anterior no había llegado a mis manos la de su referencia. Interrogado entonces el general Corvalán la buscó y encontró entre la entrada atrasada. Debe Vmd. hacerse cargo que, en cuanto a mí, ninguna dificultad puede haber en que don Tomás Martínez vaya a Montevideo al objeto que indica. El es quien debe pensar lo que más le convenga. Yo, primo, advierto ahora una grande irritación contra los salvajes unitarios, y sobre todo contra los extranjeros. ¿Quien sabe que será de este país, de todos sus hijos y habitantes, buenos y malos, si Dios lleva adelante su castigo? Entiendo que todos estamos en el preciso deber de no dispensar sacrificios para prevenir unas circunstancias tremendas. Los paisanos que se van a Montevideo son señalados como salvajes unitarios; y aunque no haya razón para pensar así respecto de don Tomás Martínez ¿podré yo remediarlo? Mas como debe serle muy gravoso no ir, yo por mi parte, a vista del relato de Vmd., entiendo que le es de precisa necesidad hacerlo, y que puede decidirse por esto, con la esperanza de que cuando regrese, si las circunstancias de la tierra no han variado y aún no he cesado en el gobierno, veremos si algo puede hacerse para que no se le considere sospechoso. Reitero a Vmd. mis votos por que Dios le conceda la mejor salud; y quedo suyo affmo. Primo; J.M.R.” (Archivo de la Nación, Sec. de Rosas, s.V. c. 30, A. 3 No 5). Y la estrechísima amistad de Rosas con su “querido primo” se mantendrá inalterable hasta el final de la vida de este. El 4-XII-1846, cuatro meses antes de morir, don Tomás le escribió a su pariente el Gobernador aquella famosa epístola política — cuyas partes sustanciales transcribí oportunamente más atrás —, en la cual el remitente discurría acerca del verdadero carácter que tuvo la revolución de Mayo, del ideario monárquico imperante en la mayoría de sus protagonistas, y de las ocurrencias del Congreso de Tucumán, donde se trató el exótico proyecto de coronar a un “monarca de la casta de los chocolates”. Y esa larga comunicación postrera cerrábase así, plena de afecto; “Por Santillán he sabido que Anchorena

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además de la desgracia de haber fallecido la señora mayor doña Teodora (Arguibel de Ezcurra, suegra de Rosas), que hemos sentido todos en casa, está Vmd. sufriendo nuevamente los ataques a los riñones, que tanto le han mortificado antes de ahora. Celebraré que no sea cosa de mayor cuidado, y que cuanto antes logre Vmd. una total reparación, pues deseo a Vmd. una completa salud, y se la pido a Dios todos los días, como que sinceramente soy su afectísimo primo: Tomás Manuel de Anchorena ”. Deceso de Anchorena, honores póstumos y su descendencia directa A don Tomás Manuel le llegó el sueño final el 29-IV1847, a los 63 años de edad. Rosas le decretó altos honores fúnebres y el Ministro Felipe Arana remitió copia autorizada del decreto a la familia. La Gaceta Mercantil, órgano oficialista a ultranza, publicó la respectiva necrología — debida a la pluma de Pedro de Angelis — encabezada con las siguientes palabras: “Nos es profundamente sensible anunciar que a las 2.30 de la mañana del 29 de abril, falleció el venerable patriota Dr. D. Tomás Manuel Anchorena, ilustre fundador de la independencia de la República, ardiente y sabio sostenedor de la causa nacional de la Confederación Argentina y uno de los más eminentes y virtuosos argentinos que ha producido nuestra patria. El Sr. D. Tomás Manuel Anchorena era primo e íntimo amigo del general Rosas”. Y al bosquejar “el cuadro glorioso de su vida pública”, el periódico recordaba que el benemérito muerto “alzó su voz en el Congreso de Tucumán en 1816 para proclamar la independencia de la República Argentina, y firmó con mano firme el acta de nuestros derechos soberanos; concurrió con virtud y saber a la fundación de la Confederación Argentina, siendo uno de los ilustres colaboradores del general Rosas que sostuvo, dignamente en todo tiempo y ocasiones, los sacrosantos derechos de la República, su honor e independencia, así contra la rebelión de los salvajes unitarios, como contra las crueles agresiones de poderosos enemigos extranjeros, abogando siempre 418

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en la tribuna, en el consejo, en su condición privada, en todo caso y circunstancia, por la noble y justa causa de América, con el mismo firme y concienzudo valor con que en los campos de Tucumán se presentó al lado del ínclito Belgrano a sellar con su sangre el sagrado juramento de la independencia nacional”. Ante su tumba, en el cementerio de la Recoleta, pronunció entonces un sentido discurso el doctor Vicente López y Planes; y hogaño, justicieramente, una calle de Buenos Aires perpetúa su nombre. Tomás Manuel de Anchorena y Clara García de Zúñiga — fallecida el 3-XI-1887 — hubieron 15 hijos, de los cuales solo 3 prolongaron sucesión hasta nuestros días: 1) Mercedes de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 17VIII-1825 que murió en la misma fecha. 2) María Isabel de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 19XI-1826, la cual murió soltera el 13-I-1905. 3) Tomás Severino de Anchorena García de Zúñiga, nacido el 8-XI1827; fall. el 29-VIII-1899. Abogado, Diputado a la Legislatura porteña (1855), Ministro de Relaciones Exteriores del Presidente Luis Sáenz Peña (del 12-X-1892 al 1-IV-1893). Habíase casado el 10X-1866 con Mercedes Francisca de Riglos y Villanueva, n. el 30-XII1836 y fall. el 11-VIII-1925 (hija de Miguel Sabelio de Riglos y La Sala y de Dolores Villanueva López Camelo - ver el linaje de Riglos). Fueron padres de: A) Tomás Esteban de Anchorena Riglos, n. el 3-VIII1867. Abogado y Diputado Nacional. Fall. el 16-IX1916. Casó el 17-VI-1895 con Clara Josefina Cobo y Ocampo n. en 1875 (hija de Manuel José Cobo Lavalle y de Clara Victoria Fortunata Ocampo Lozano). Procrearon estas hijas: Anchorena

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a) Clara Mercedes de Anchorena Cobo n. el 5-V-1898, soltera. b) Mercedes Clara Nieves de Anchorena Cobo, n. el 5VIII-1900. Casó 1º el 20-XII-1921 con Santiago Rey Basadre y Mattos, y en 2as nups. con Eliseo Segura Ayerza. Sin dejar posteridad. c) Dolores Clara de Anchorena Cobo, n. el 24-VIII-1903. Casó el 12-VII-1923 con Carlos Marcelo Ugarte Tomkinson (hijo de Marcelino Ugarte y Lavalle, Gobernador de Buenos Aires, Diputado y Senador Nacional, y de Carolina Tomkinson Alvear). Con sucesión: los Ugarte Anchorena, Anchorena Salas Ugarte Anchorena, Ugarte Anchorena Morea, Segura Ugarte Anchorena, etc. etc. d) Rosa Clara de Anchorena Cobo, n.el 13-V-1905. Falleció soltera. B) Dolores Petrona de Anchorena Riglos, n. el 1-VIII1868. Casó el 2-V-1891 con Lázaro de Elortondo Armstrong, n. el 15-V-1868 (hijo de Federico de Elortondo y de Isabel Francisca Armstrong Villanueva). Con sucesión: Los Elortondo Ayerza, Labougle Elortondo, Achaval Elortondo, Zorraquín Elortondo, Ayerza Achaval Elortondo, etc. etc. C) Victorio María Hilario de Anchorena Riglos, n. el 14I-1870, fall. el 4-V-1911. Casó el 22-V-1901 con María Luisa Quesada Piñeyro n. el 12-VII-1869 y fall. el 4-VI-1912 (hija de Cipriano Máximo Quesada del Sar y de Isabel Piñeyro García). Unica hija: a) Mercedes Isable del Anchorena Quesada, n. el 11VII-1909. Casó con Carlos Alfredo Hunter Soler, (hijo de Eduardo Hunter Arriola y de Julia Soler). Con sucesión.

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D) Juan Miguel Crisóstomo de Anchorena Riglos, baut. El 13-III-1871 y fall. el 25-12-1879. E) Manuel Baldomero de Anchorena Riglos, n. el 27-II1872 y fall. el 12-VI-1953. Abogado, catedrático, Juez y Camarista Federal. Casó 1º el 9-V-1903 con Inés María Cobo Salas, n. el 22-IV-1883 y fall. el 31-V1914 (hija de Juan Francisco Cobo Lavalle y de Inés Salas Escuti). Pasó a 2ª nupcias el 20-XI-1918 con Marta Cantilo Ortiz Basualdo (hija de José María Cantilo Muñoz y de Magdalena Ortiz Basualdo Quesada). Hija del 1º enlace fue: a) Inés Mercedes de Anchorena Cobo, n. el 8-V-1904. Casó el 28-X-1925 con Juan Manuel Acevedo Chevalier n. el 2-XI-1893 (hijo de Manuel D. Acevedo y de Estela Chevalier). Con sucesión. Hijo del 2º matrimonio resultó: b) Tomás Manuel de Anchorena Cantilo, casado con María Teresa Biaus Lamas (hija de Jorge Biaus y de María Antonieta Lamas). Con sucesión. F) Esteban Patricio de Anchorena Riglos, n. el 17-III1874 y fall. el 2-IX-1888. G) Joaquín Manuel de Anchorena Riglos, n. el 20-VIII-1876 y fall. el 19-VII-1961. Abogado, Diputado Nacional, Intendente Municipal durante la Presidencia de Roque Sáenz Peña, Presidente de la Asociación Nacional del Trabajo, de la Sociedad Rural, del Jockey Club, Decano de la Facultad de Agronomía, etc.etc. Casó 1º, el 19-IX-1900, con Sara Justa Madero Arteaga, baut. el 28-I-1878 y fall. el 18-IV-1911 (hija de Ernesto Francisco Madero Ramos Mexía y de Sara de Arteaga Sánchez). El 3-I-1916 pasó a 2as nups. con María Enriqueta Salas Martínez, n. el 19-IV-1887 (hija de Carlos Salas Larravide y de María Martínez Domínguez). Hijos del primer matrimonio fueron:

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a) Tomás Joaquín de Anchorena Madero, n. el 23-VI1901. Fall. 1984. Casó 1º el 10-VIII-1922 con Dolores Isabel Pacheco Santamarina, n. el 8-VI-1898 (hija de Angel Eduardo Pacheco Bunge y de Dolores Santamarina Irasusta). Pasó a 2as nups. con Clara Lucrecia Yaniz viuda de Luis Santillán. Hijo del primer matrimonio es: Tomás Joaquín de Anchorena Pacheco, n. el 24-I-1927, Embajador en París, casado con Susana Balcarce Estrada (hija de José G. Balcarce Aguirre y de Susana Estrada Estrada). Con sucesión. b) Sara Josefina de Anchorena Madero, n. en 1904. Casó el 18-X-1924 con Alejandro Leloir Martínez de Hoz (hijo de Federico R. Leloir Bernal y de su 1ª esposa Mercedes Florentina Martínez de Hoz Lavallol). Con sucesión: los Leloir Anchorena, Leloir Dietrichstein, García Balcarce Leloir, Ham Leloir, etc. etc. c) Esteban Joaquín de Anchorena Madero, n. el 29-III-1906, fall. 1978. Casó el 28-VIII-1929 con María Luisa Martínez de Hoz Lacroze, baut. el 23-V-1908, de la que se separó más tarde (hija de Federico Lorenzo Martínez de Hoz Stegmann, Gobernador de Buenos Aires, y de Sara Lacroze Gowland). Sin descendencia. Del 2º matrimonio de don Joaquín vienen estos hijos: d) Carlos Joaquín de Anchorena Salas, n. el 15-III-1917. Fall. soltero en 1979. e) Miguel Joaquín de Anchorena Salas, n. el 13-IX1918. Casó con María Teresa Hume Vayo. Con sucesión. f) Alejandro Joaquín de Anchorena Salas, n. el 22VIII-1919. Fall. en 1978. Casó con su prima Dolores Ugarte Anchorena. Con sucesión. 422

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g) María Enriqueta de Anchorena Salas, n. el 8-X1922. Casó con José María Alvarez de Toledo Gowland, diplomático (hijo de Federico Alvarez de Toledo Faix y de Delia Gowland Buttner). Con sucesión. H) Mercedes Máxima de Anchorena Riglos, n. el 8-IV1879. Casó el 6-VI-1906 con Luis Bernabé Molina Marenco, baut. el 14-II-1864, fall. el 18-I-1952, Embajador en Berlín (hijo de Luis María Pantaleón Molina Pinto y de Rita Marenco Bengolea). Fueron padres de: a) Luis Tomás Molina Anchorena, baut. el 21-IV1907, que casó con Franca Sebasti. Prolongan descendencia. b) Mercedes Molina Anchorena, baut. el 21-X-1908, soltera. c) Josefina Molina Anchorena, soltera. I) Miguel Juan Crisóstomo de Anchorena Riglos, n. el 29IX-1882. Fall. 1978. Casó el 11-V-1928 con María Esther de Olazabal Pueyrredón, n. el 24-XI-1893 (hija de Orestes Manuel de Olazabal Domínguez y de María Elena Pueyrredón Farías). Sin descendencia. 4) María del Carmen Rufina de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 26-XI-1828. Murió párvula. 5) Otra María del Carmen de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 16-VI-1830, que murió soltera el 18-VI-1914. 6) María Gregoria de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 9-V-1831. Falleció dos días más tarde. 7) Santiago Victorio de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 14-I-1833. Murió cuatro meses después. 8) Mariano Cecilio de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 10-II-1834. Falleció de dos meses. 9) María Petrona Agustina de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 29-IV-1835. Murió a los dos meses. 10) María del Tránsito Asunción de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 20-VII-1836. Fall. soltera el 20-V-1883. 11) Clara de Anchorena García de Zúñiga, n. el 26-XI-1837 y fall. el 28-XI-1929. Casó el 3-II-1874 con Manuel Isidoro de Uribelarrea y Fernández Dozal. Padres fueron de: Anchorena

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A) Manuel de Uribelarrea Anchorena, baut. el 5-III-1876 y fall. el 28-IX-1919. Casó el 30-V-1904 con Elisa Magdalena Peña Ortiz Basualdo, baut. el 24-III-1878 y fall. el 8-XI-1943. Hubieron estos hijos: a) Elisa Magdalena Antonia Uribelarrea Peña, n. el 27III-1905. Casó el 23-X-1924 con Antonio María Lynch Grondona, n. el 17-III-1901 (hijo de Antonio María Lynch Pereyra y de Adela Grondona Domínguez). Con sucesión. b) Clara Josefina Antonia Uribelarrea Peña, n. el 18VII-1906 y fall. el 9-III-1940. Casó el 1-V-1925 con Francisco Estanislao White Frías (hijo de Guillermo White Brunevald y María Elena Frías Piñeyro). Con sucesión. c) Inés Josefa Antonia Uribelarrea Peña, n. el 27-VIII1907. Casó el 30-IV-1927 con Manuel Modesto Lynch Grondona, n. el 16-VIII-1899 (propio hermano de Antonio, anotado más arriba). Con sucesión. d) Manuel Antonio Uribelarrea Peña, n. el 8-XII-1908. Casó el 15-X-1939 con Juana Duhau Ham (hija de Luis Duhau Fouillerac y de Lucía Ham). Con sucesión. e) Magdalena Uribelarrea Peña, n. el 1-I-1910. Casó el 2-IX-1934 con Marcelo Frías Arabehety (hijo de Eduardo Esteban Frías Piñeyro y de su 2ª esposa Marcelina Arabehety Garaycoechea). Con sucesión. f) Estanislao Antonio Uribelarrea Peña, n. el 28-II1911. Casó el 28-IV-1936 con Marta Acevedo Larguía (hija de Arturo Acevedo y de Marta Larguía Barrenechea). Con sucesión. g) Miguel Antonio Uribelarrea Peña, n. el 29-III-1912. Casó el 10-VI-1937 con Susana O'Farrel Racedo (hija de Miguel Zacarías O'Farrel y de María Isabel Racedo). Con sucesión. h) María Isabel Uribelarrea Peña, n. el 19-X-1913. Casó el 15-XI-1941 con Samuel J. Milberg Alvarez

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Reynolds (hijo de Samuel Milberg y de Dorila Alvarez Reynolds). Con sucesión. i) Antonio Manuel Uribelarrea Peña, n. el 21-IX-1915. Casó el 18-IX-1940 con Elena Pirovano Martel (hija de José Manuel Pirovano Naón y de Elena Pirovano Martel). Con sucesión; entre sus hijos, Antonio Uribelarrea Pirovano, marido de María Magdalena Aubone Ibarguren — ver el apellido Ibarguren. j) Carmen Uribelarrea Peña, n. el 18-IX-1917. Casó el 12-IV-1947 con Juan Carlos Amorín. B) María Antonia de Uribelarrea Anchorena, baut. el 3-II-1880, fall. el 27-VIII-1922. Casó el 5-X-1905 con Ricardo Juan Cabral Hunter, n. el 25-IV-1876 (hijo de Lauro Cabral Pérez Pardo y de su 2ª esposa Martina Hunter Arriola). Procrearon estos hijos. a) María Antonia Cabral Hunter Uribelarrea, n. el 16-VIII-1906. Casó el 27-VII-1933 con Alberto Ayarragaray Piñeyro, n. el 24-VI-1896 (hijo de Lucas Ayarragary Viera y de Sofía Piñeyro Ruiz Huidobro). Con sucesión. b) Ricardo Manuel Cabral Hunter Uribelarrea, baut. el 7-XI-1907. c) Clara Martina Cabral Hunter Uribelarrea, baut. el 23-XII-1908, fall. el 5-V-1912. d) Mercedes Isabel Cabral Hunter Uribelarrea, baut. el 4-XI-1910; fall. el 28-I-1929, soltera. e) Elisa Cabral Hunter Uribelarrea, n. el 2-VIII-1912. Casó con Jorge A. Black (hijo de Neil Black y de Vilna R. de Black). Con Sucesión. f) Carlos Alfredo Cabral Hunter Uribelarrea, n. el 1VI-1914. g) José Luis Cabral Hunter Uribelarrea, n. el 27-I1916. Casó con María Isabel Dihel. Anchorena

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h) Inés Cabral Hunter Uribelarrea, n. el 18-IX-1917. 12) Agustina de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 26-V1839, fall. el 25-X-1888. Casó el 9-VIII-1865, con José Felipe Ignacio Pacheco Reinoso, baut. el 19-II-1825, fall. el 23-IV-1894 (hijo del General Angel Pacheco Concha y de María Dolores Reinoso Más de Sexar). Fueron padres de: A) José Pacheco y Anchorena, n. el 16-XI-1878 y fall. el 17-I-1921. Casó el 28-III-1911 con María Elvira de Alvear González Moreno, baut. el 30-X-1889 (hija de Carlos Torcuato Diego de Alvear Pacheco y de María Elina González Moreno Halbach). Fué su hijo: a) José Carlos Pacheco Alvear, n. el 19-X-1912, casado con Petrona Angélica Pirovano Pirovano (hija de Aquiles Pirovano Naón y de Catalina Pirovano Alzaga). Con sucesión. 13) Juana Mercedes de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 24-IX-1840, fall. el 22-VII-1841. 14) María Ramona de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 19-IX-1841. Fall. niña. 15) Manuel Esteban de Anchorena García de Zúñiga, baut. el 7-IX-1842, muerto párvulo 17 días después. VIb. — Mariano Nicolás de Anchorena López Anaya — llamado siempre Nicolás de Anchorena — nació en Buenos Aires el 8-VIII-1785, y fué cristianado dos días más tarde. No había aún cumplido los 13 años, cuando ingresó al Colegio de San Carlos para seguir el curso de Gramática durante el trienio 1798-1800; pasando luego a estudiar Filosofía y Teología en 1802. Tres años después trasladose a Chuquisaca — en cuya Universidad cursaba leyes su hermano Tomás Manuel — y en los claustros educativos altoperuanos Nicolás egresó de Bachiller el 15-XII-1808, y de Doctor en Cánones el 1-I-1809. Condiscípulos universitarios suyos fueron estos argentinos; los porteños Julián Alvarez, Bernardo Pereda, Vicente López y Planes y Manuel Moreno; el jujeño Ignacio Bárcena; los salteños Juan José Castellanos y Miguel Otero; el tucumano José Manuel Pérez; y, podría añadir, el 426

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oriental José Ellauri, el chuquisaqueño José Severo Malabia y el potosino José Patricio Puch. Con fecha 26-I-1809, nuestro muchacho, practicante de jurista, a punto de ser admitido en la Academia Carolina — que allá dirigía el Oidor José Agustín de Ussoz y Mozi — recibió una carta de su hermano Tomás Manuel — ya instalado en Buenos Aires —, cuyo escrito traía asimismo un agregado de su madre doña Romana. He aquí los párrafos más jugosos de dicha misiva: “Querido hermano Nicolás: Por lo que me expones en tu muy apreciable del 25 p.p. acerca de Ussoz (el Oidor dirigente), creo irás conociendo los motivos que tenía yo para aconsejarte que no practicases en esas Academias, lo que nunca te quise expresar porque entonces te parecería tal vez ideas imaginarias. Yo tuve, para con él, concepto de engreído y orgulloso, porque jamás pude avenirme a sumisiones, y este pecado supuesto debe ser trascendental. ¿Si ahora que estas para regresar te ha querido tratar de ese modo, que sería después que estuvieres bajo su parlamento?. Solo el que ha cursado la carrera puede hacer alguna graduación del engreimiento, despotismo y bajeza de ese salvaje. El Oidor más moderno debe ser el Director de la Academia, pero el no ha querido dejarla para disfrutar de los oficios serviles de esa chusma de cholos y mestizos que componen ese cuerpo, digno por cierto de mejor suerte. Ningún mozo honrado, de buen nacimiento, de talento y pensamientos nobles, debe entrar en ese cuerpo, mucho más que no necesita contraerse a los Abogados, y tiene proposiciones de practicar en otra parte, porque va expuesto a interrumpir al mejor tiempo su carrera ... Tu affmo. hermano Tomás. Fecha ut supra: “Estimado hijo Mariano Nicolás: He celebrado infinito te halles graduado de Bachiller ... mientras pasan las aguas procura graduarte de Doctor y venirte cuanto antes, pues por acá haces falta; ya puedes considerar para que, si has meditado bien sobre las ocurrencias presentes. Tus primas dicen que le pega muy mal al Señor Bachiller una boca tan embadurnada, y que en otra ocasión se lave bien el hocico para hablar con personas decentes. Juan José ha escrito con fecha 4 de noviembre; se hallaba en Cádiz, sin novedad, sirviendo de solAnchorena

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dado en el regimiento de voluntarios de aquella ciudad, que no deben salir de ella, pues son destinados para su defensa. Avisa haber tenido noticia de la muerte de tu Padre porque se lo comunicó el hijo de Alsina, y porque Gómez le había escrito sobre el particular, pues de casa no ha recibido carta alguna. Juana (Aguirre López Anaya de Bosch) salió con felicidad del parto; Tomás y yo fuimos los padrinos, pero murióse la criatura (llamada Isidoro) del mal de los siete días ... No olvides lo que te prevengo en orden a tu pronto regreso, y entretanto te deseo la mejor salud y toda felicidad. Tu affma. Madre: Romana Jpha. López de Anaya. P.D. Marcelino (Carranza) dice que no hay noticia más que las que te repito, que no seas palangana y que te vengas a tomar un fusil que ya tiene preparado para cuando llegues a casa”. Nicolás participa en las jornadas electorales de 1811, 12 y 13 Vuelto a Buenos Aires, el joven Anchorena se integra a la poderosa empresa mercantil de la familia que — luego de la muerte del padre — dirigían sus hermanos Juan José Cristóbal y Tomás Manuel. En eso, en la capital del Virreinato, los acontecimientos de Mayo de 1810 desencadenan el proceso histórico revolucionario que, al correr de los años, levantaría “a la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación”. Y el 19-IX-1811, convocada por la Junta Grande Provisional, llevóse a efecto, en la ciudad, la primera consulta electoral, con el concurso “de multitud de pueblo, tanto en la Plaza Mayor como en las aceras de las Casas Consistoriales”. Y en dicho referendum toma parte como elector Nicolás de Anchorena, el cual en votación pública — contra la opinión del Cabildo que había abogado en favor del “voto secreto” —, sufraga por Feliciano Chiclana y Juan José Paso para diputados de un futuro Congreso, “añadiendo que solo devían ser (esos diputados) por un año, el que concluído se combocaría al Pueblo en Cavildo avierto para elegir otros o re-elegir los mismos si tuviere a bien”. Ambos candidatos referidos alcanzaron finalmente amplia mayoría. 428

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En la misma fecha procedióse también a elegir una Junta Consultiva destinada a asesorar al Gobierno, y Nicolás Anchorena votó al efecto por los siguientes ciudadanos; Manuel de Sarratea, Bernardino Rivadavia, Victorino de la Fuente, fray Ignacio Grela, Francisco Paso, León Planchón, Tomás de Rocamora, fray Francisco de Paula Castañeda, Marcos Salcedo, José Francisco de Ugarteche, Esteban Romero, Martín de Arandía y Vicente López y Planes; todos los cuales — menos Francisco Paso al que no le alcanzaron los votos — quedaron electos tras el escrutinio; en tanto nuestro personaje apenas obtuvo 4 votos para consultivo; los de José Arangoitía, Santiago Martínez, Matías Gutiérrez y Lorenzo Catolar' El 31-III-1812 hubo asimismo comicios de electores a fin de consagrar diputados para aquella frustrada Asamblea del año XII. En tal ocasión Nicolás de Anchorena votó por Pedro de Lezica y Valentín Gómez. A su vez Hilario José y Diego Sosa, José Hernández (abuelo del autor de Martín Fierro), Félix Castro, Bernabé Larrea, Pedro Osandivaras, José León Banegas, Antonio y Pedro de Lezica, José Paulino Gari, Pedro Serantes, Manuel Garayo y Francisco de Escalada, sufragaron por nuestro Nicolás — junto a distintos laderos — cosechando éste 13 votos en dicha elección intrascendente. Y el 24-II-1813, en otra votación de electores para subrogar al diputado José Julián Pérez, Nicolás, como elector del cuartel 13, votó por Antonio Sáenz; mientras el Regidor José Ignacio de la Roza y el elector Manuel de Luzuriaga votaron por Anchorena, quien sumó así un par de votos; saliendo electo diputado, en definitiva, Manuel de Luzuriaga con 27. En ese tiempo el menor de los Anchorena formaba parte del Tribunal de Comercio del Consulado, presidido por Juan José de Larramendi. Y al leer las numerosas listas de donativos personales que publica “La Gaceta de Buenos Aires”, destinados a finalidades patrióticas diversas, encuentro que Nicolás donó una onza para la compra de armamentos; que — figurando como “Capitán del Cuerpo Cívico” — contribuyó con 50 pesos fuertes al sostén de la naciente Biblioteca Pública; como también aportaría 8 pesos para la adquisiAnchorena

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ción de caballos al regimiento de Granaderos, cuyos fondos recaudaba el Coronel José de San Martín, en casa de su flamante suegro Antonio José de Escalada. Nicolás viaja a Chile En abril de 1814, concluídas ya sus funciones en el Tribunal del Consulado, Nicolás de Anchorena resuelve trasladarse a Chile, para incrementar allá los negocios de la sociedad familiar, vinculada, a la sazón, con el fuerte comerciante vizcaíno, avecindado en Santiago, Tomás Ignacio Urmeneta. Con tal propósito el viajero había hecho despachar anteriormente hacía el país trasandino una gran partida de tercios de yerba, junto con pañería de distintas calidades: bretañas, sarazas, bayetas, pontivies y panas. La venta de yerba y azúcar — le escribirá Nicolás a su hermano Juan José más adelante — era escasa allende los Andes, dada la revuelta situación política y militar imperante que dificultaba el comercio; señalando, el corresponsal, que los chilenos tomaban casi exclusivamente mate dulce, y que la falta de azúcar retardaba el expendio de yerba, mientras el clásico edulcorante se sustituía por miel de arrope o por “cualquier porquería que tengan a mano”. ¿Cual era en ese momento el panorama político de Chile? El Virrey Abascal había enviado desde el Perú una expedición guerrera a ordenes de Antonio Pareja, que reforzó después con otros efectivos mandados por Gabino Gainza, a fin de someter a los chilenos acaudillados por José Miguel Carrera; el cual, al cabo de una campaña de sangrientas alternativas, cayó prisionero de Gainza y no pudo impedir que el enemigo se apoderara de Talca. Esto precipitó un golpe militar en Santiago que derrocó a Carrera, llevando a la primera magistratura del gobierno a Francisco De la Lastra y a Bernardo O'Higgins como jefe del ejército rebelde. Tras algunos triunfos realistas y algunas victorias patriotas (entre estas las de Cucha Cucha y Membrillar, alcanzadas por Las Heras y su segundo Marcos Balcarce al frente de los “Auxiliares Argentinos”), fué firmado — en virtud de 430

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una mediación oficiosa del comodoro británico James Hillyar — el tratado de Lircay (3-V-1814), por el que Chile reconocía como soberano a Fernando VII y las fuerzas limeñas de Gainza aceptaban, transitoriamente, el gobierno de Lastra. Esto provocó la reacción de los parciales de Carrera, quienes depusieron a Lastra, quedando de nuevo dicho caudillo a la cabeza de Chile. O'Higgins, entonces, desconoce la autoridad de Carrera y marcha sobre Santiago. Desde su asiento santiaguino, el 26-VIII-1814, Nicolás de Anchorena le escribe a su hermano Juan José: “Contesto la tuya del 1º del corriente en los momentos de mayor consternación en que se halla esta ciudad. Hacen cuatro días que con un próximo encuentro que deben tener el ejército del gobierno (carrerista) y el de (textualmente pone siempre Nicolás) “Hoigens”, que está a seis leguas de ésta, se está temiendo un saqueo general por estar la ciudad sin un soldado, entregada su custodia a las partidas de un Arcos que dicen es un facineroso. No se abren las tiendas, ni almacenes, todos se ocupan en el día de ocultar sus intereses”. Y dos días más tarde, nuestro hombre le da cuenta a su hermano del resultado de aquel choque; “La acción del 26 fué decidida por el gobierno, perdiendo Hoinges doce oficiales, como 300 prisioneros y 4 cañones y hasta su equipaje. Se ha derramado sangre pero sin objeto. Vino el que yo había anunciado que les había de poner paz. Anoche llegó un capitán del ejército limeño con una intimación de su general, que es un D. Mariano Osorio que ha relevado a Gainza, y su contexto, que he leído, es que habiendo sido desaprobados los tratados del 3 de Mayo por el Virrey, por ser contrarios a las instrucciones que tenía Gainza, por no tener facultades para ellos y ser opuestos a los derechos de la Nación y honor de sus armas, y hecho cargo de ellas, les previene que en el término de diez días entreguen las armas, juren a Fernando, obedezcan la Regencia durante su cautiverio, y admitan las autoridades que se les dieren”. En efecto: al desconocer en Lima el Virrey Abascal aquel tratado pacificador de Lircay y enviar a Chile el famoso batallón Talavera al mando de Mariano Osorio, O'Higgins Anchorena

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y Carrera, ante el peligro inminente, suspenden su querella e inician negociaciones. Las ciudad de Santiago, mientras tanto, vive en continuo sobresalto. Así se lo apunta Anchorena, el 3 de septiembre, a su hermano Juan José: “El 30 se retiran las tropas; el 31 a media noche hubo alarma en todos los cuarteles; el primero volvieron a salir, habiéndose aproximado Hoigens al Maipo y hecho varios parlamentos; ayer dos, de mañana, otra vez empezaron a entrar tropas de retirada, quedando, según dicen, las cosas transadas; por ayer tarde se tocó generala en el campamento por que Hoigens pasaba el río; no sé lo que será hoy; de modo que a la mañana se habla de paz y a la tarde de guerra. Entre tanto el enemigo viene, y se cree esté en Talca, y según las voces que corrían allí se esperaba también por la costa”. Nicolás, para precaverse de las depredaciones que cometían los realistas en medio de ese desorden espantoso, abandona Santiago y se refugia en casa de José Molina, al sur de la capital, en el pueblo de Acúleo, departamento de Maipo, y de ahí le remite cartas cifradas en clave a su hermano Juan José, cuyo contenido tradujo César Pillado Ford y dió a conocer en su artículo “Nicolás Anchorena, su vida en Chile en los trágicos momentos de Rancagua”, publicado en el boletín del Instituto de Investigaciones Históricas el año 1947. He aquí algunos párrafos de la referida correspondencia de Nicolás; “Cada soldado Talavera (del batallón de Osorio) es dueño de vidas y haciendas y nada de lo que decían los papeles revolucionarios es exagerado. Unas veces se arrebatan los hombres y se confinan solo por echarse sobre sus intereses; otros se da orden para que uno entregue doce, veinte o treinta mil pesos, y si no los entrega le ponen en su casa una partida de soldados para que los mantengan; y orden a estos para que saqueen. Así se han cometido mil desórdenes, haciéndose servir a la mesa hasta de los dueños de casa, y se han violado los tálamos de las señoritas más principales de esta ciudad”. A propósito de su recíproco carteo indicaba Nicolás a Juan José; “debes explicarte más, o haciendo uso de la clave, porque sino no nos entenderemos en el laberinto de com432

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binaciones que se nos presentan ...”. Y visto el estado anárquico de Chile, pensando en los peligros que sus hermanos pudieran sufrir si Buenos Aires y las provincias norteñas cayeran envueltas en un caos semejante, nuestro personaje, lleno de angustia le aconsejaba a Juan José alejarse de esto países convulsionados: “Esta cifra no me permite — señala en su criptograma — el pormenor detalle de conducta atroz de este gobierno como yo lo deseo, para haceros ver, a vos y a Tomás (que se hallaba con el ejército en el Alto Perú de secretario de Belgrano), la necesidad que tienen de abandonar la América, si conocen que eso ha de sucumbir. Yo me he librado hasta ahora, después de infinitas pesquisas que se han hecho contra mí, primero porque no han podido averiguar en donde están mis fondos, y después por mi conducta delicada, y porque algunos amigos, principalmente don Silvestre Ochagavía (navarro, casado en Chile con Manuela Errázuriz), me han favorecido. Cada oficial de los que han servido en el ejército del Perú (realista) que me veía, era una persecución y una nueva pesquisa. Esto hará ver a Tomás cuanto riesgo corre. Cada día me he visto más perseguido, hasta que viendo que ya amenazaban a mi persona me he retirado a la campaña, en donde estoy viviendo de incógnito dos meses. Me han buscado con empeño y han indagado el paradero de mis intereses y de los tuyos, pero nada han conseguido. Estos están seguros y espero que no darán con el resto que me ha quedado de ellos”. Su mayor deseo, por lo pronto, era alejarse de Chile en un barco de guerra inglés; “Dentro de poco — escribe — llegará la Infatigable para hacer viaje al Janeiro, y entonces trataré de embarcar en pesos fuertes dieciseismil y más que me quedan, pasaré a Valparaiso oculto a ver si el Comandante inglés me admite a su bordo; lo que creo no conseguiré por lo demasiado escrupuloso que es éste ... Y en este caso, luego que se deshaga un poco la nieve, probaré si puedo pasar la cordillera, aunque hay pena de la vida para este delito, pero yo ya estoy desesperado”. Con tal estado de ánimo se arriesga Nicolás a entrar sigilosamente en Santiago, donde se entrevista con su amigo Anchorena

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Paulino Campbell, quien se encarga de poner sus fondos — pesos fuertes y plata en barras — a bordo de la “Infatigable”, sin llenar el nombre del destinatario, aunque seguro de poderlos retirar Anchorena oportunamente. “En esta inestabilidad de cosas y conflictos — expresaba Nicolás — no se hace nada; solo piensan en ocultar lo que tienen y muchas gentes se han ido afuera ... ”. En eso el 2 de octubre O'Higgins y los insurrectos chilenos a sus ordenes — secundados debilmente por Carrera — sufren la tremenda derrota de Rancagua, que obliga a los vencidos a atravesar en masa los Andes para refugiarse en Mendoza. Anchorena, que simpatizaba con los patriotas, permanece en Santiago, donde le toca presenciar “los grandes conflictos en que la tuvieron las partidas de los patriotas a su retirada con los diferentes saqueos”. Y renglones más abajo añade; “hasta ahora se ha respetado la seguridad individual y propia, a pesar que no faltan perversos que incapaces de gobernar sus calzones pretenden imponer leyes a los que están encargados por la Providencia de la suerte de los Estados, por el principio práctico que los nombres Rey y Patria son generalmente profanados y usurpados con el objeto de dar pábulos los inicuos a sus indecentes pasiones”. Pero el desquicio va en aumento; se empieza a perseguir con saña, se confiscan propiedades y se encarcela a innumerables personas tildadas de rebeldes. Entonces Nicolás, fuerte comerciante identificado como patriota, es buscado por los realistas y huye de la capital, asilándose en un fundo de su amigo Felipe del Solar, en el cual permanece oculto durante siete meses. Finalmente — como él mismo lo relató con posterioridad —, “Campbell no solo se hizo fiel depositario de nuestros intereses, sino también superó cuantas dificultades se le ofrecían para su embarque, transportándolas personalmente. Pero no paró aquí su generosidad; cuando por un gobierno más arbitrario era prohibido con pena de muerte transitar sin licencia, él personalmente me trajo a Valparaíso, en clase de criado, y me puso a bordo de la Infatigable ... ”. Acogido en el navío inglés, tras una navegación de 49 días, Anchorena arribó al puerto de Río de Janeiro el 12-III434

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1816. Ya en tierra segura nuestro conturbado trajinante le puso en una carta a su hermano; “No quiero por ahora detenerme en la narración de los perjuicios, insultos, persecuciones, ultrajes y trabajos que ha acumulado sobre mí el odio y envidia de los malvados, porque estos recuerdos renuevan en mi corazón las llagas que, recién cicatrizadas pocos momentos antes, le atormentaban y llevaban a la desesperación ... Seis meses y veinte y tantos días he andado huyendo como un facineroso, teniendo que renunciar mi apellido, y que han conseguido mis enemigos al menos destruir mi salud; pero he tenido la satisfacción que, al mismo tiempo, estos infortunios me han descubierto hasta donde llega la ingratitud de algunos hombres que engañaron mi confianza y fueron colmados de beneficios, y me han hecho conocer que en otros abundan las virtudes y la beneficencia. Unos me persiguieron y buscaron mi ruina, otros que me debían su existencia, olvidaron su deber, miraron con indiferencia mis desgracias y se hicieron sordos a mis reclamos, pero otros compadecieron mi suerte, tomaron sobre sí mis cuidados, y sacrificaron, puedo decirlo, su existencia a mi libertad”. Nicolás en Río de Janeiro Al tiempo que Anchorena desembarcaba en la bahía de Guanabara, el gobierno lusitano disponíase de nuevo a invadir militarmente la Banda Oriental del Uruguay, a fin de anexar esa provincia argentina al territorio del Brasil e imponer el dominio definitivo de la Corona de Braganza en la cuenca del Plata. Este viejo designio portugués lo conjeturó de entrada Nicolás, y así se lo hizo presente a su hermano Juan José en carta del 30-IV-1816; “ ... Aquí están embargando transportes para llevar las tropas que vinieron en el convoy (de Lisboa) al Río Grande; no se sabe el objeto, pero creo muy bien no es el que creen algunos españoles con título de fidelísimos” (?). Y más adelante, cambiando de tema, expresaba la carta; “Los ministros que dirigen esta corte son verdaderamente sabios, y han puesto en ejecución muchas máximas liberales. Los oriundos de esa disfrutamos de espeAnchorena

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cial consideración, cuyo valor puede ponderar solamente el que acaba de escapar su cerviz del duro y opresor yugo de los gobernantes españoles ... en el día se disfruta en este país de bastante tranquilidad, las relaciones comerciales están expeditas con todo el mundo mercantil, hay pequeña concurrencia de las mercaderías de Inglaterra, Holanda, España, Asia, Africa y Norte América; y acaso hay franquicias por parte del gobierno que acaso no habrá en ningún puerto de Europa, y estas subsistirán mientras este aquí la familia real ... ”. Como se ve, las perspectivas de intercambio comercial y de fructuosos negocios eran tentadoras en Río de Janeiro, por lo que Nicolás — después de haber experimentado en carne propia las zozobras de la anarquía revolucionaria —, y dando libre impulso a su imaginación cartaginesa, aconsejaba a sus hermanos; “... Es preciso olvidar las Provincias Unidas del Río de la Plata por algún tiempo, porque todo negocio que se pueda hacer allí ofrece poca o ninguna ventaja, si se presentan grandes riesgos y pocos progresos, no siendo este el mal menor ... las provincias están exhaustas de numerario, y casi incomunicadas, cuyas dos cosas, entorpeciendo el giro, forman las escasés de recursos del Estado, y así es preciso que se repitan las contribuciones, y cuando estas ya no puedan realizarse, se adoptarán medidas violentas para sacar los recursos de donde se crea que haya, y esta enfermedad puede prevenirse pero no curarse ... ”. Entretanto llegábanle al expatriado noticias de su tierra que él comentaba en otra carta del 13 de mayo a su hermano Juan José; “... Por los papeles que han venido ultimamente de esa, compruebo el miserable estado de división en que se hallan esas provincias. Ah! si por un solo momento considerasen cuán amargo les será verse otra vez bajo el yugo español, creo que olvidarían las rivalidades, y conocieran que ya para los americanos es mejor ser gobernados por los africanos que volver a sus antiguos señores ... A los tres (hermanos) sería muy útil juntarnos por aquí, porque entonces podríamos arbitrar cualquier negocio con toda libertad, como dije en mi anterior. Yo, repito, no veré a mi país mientras no lo considere seguro del poder hispano ...”. Y agrega Nicolás 436

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saber de buena fuente la decisión tomada por la corte lusitana de que salieran las “tropas que vinieran de Lisboa a ocupar Maldonado; los transportes están mandados aprontar para el 20 ...”. Y corridos diez días de este anticipo, ratificaría el corresponsal la noticia mediante preciosos detalles; ”... Dentro de cuatro días deben salir para Maldonado el convoy guardado: en el navío buque de guerra y dos o tres buques menores de guerra. Las tropas que lleva son como 3.600 hombres venidos de Lisboa, a los que se le reunirán 1.800 que están en Santa Catalina y Río Grande de la misma clase, y algunas tropas del país cuyo número ignoro. Lleva artillería de batir y escaleras de asalto ...”. Así las cosas, a comienzos de septiembre de ese año 16, materializóse a fondo la invasión portuguesa que Anchorena le venía anticipando a su hermano. Un poderoso ejército conducido por el Teniente General Carlos Federico Lecor, a pretexto de resguardar al Brasil del levantisco federalismo republicano que Artigas propagaba en las provincias rioplatenses limítrofes, irrumpe en territorio uruguayo, ante la tibia expectativa — sino secreta complacencia — del gobierno directorial de Buenos Aires, acérrimo contrincante del irreductible caudillo oriental. De consiguiente, Montevideo será ocupada por el enemigo portugués; Artigas, después de guerrear heroica y desesperadamente en la campaña, habrá de caer derrotado por completo; y un Congreso de nativos, adictos al procónsul invasor, declarará, el 18-VII-1821, la incorporación de la Banda Oriental — con el nombre de Provincia Cisplatina — al entonces Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarbes; en tanto Lecor, relevante estratego de esa conquista, quedará titulado Barón de La Laguna. Pero volvamos a Río de Janeiro, donde Nicolás de Anchorena, de 1816 a 1818, habíase entregado de lleno a realizar grandes negocios. Tomó parte en intercambios comerciales con Macao, la colonia portuguesa en la costa meridional de China; con Calcuta, la factoría más importante de la India Inglesa, adonde despachó 76 fardos de cueros vacunos remitidos desde Buenos Aires, para traer de retorno remesas de gasa bengalí. En el Brasil también colocaba Nicolás coramAnchorena

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bre argentina a trueque de géneros, azúcar y café, destinados a Montevideo y Buenos Aires. Asimismo desde Río, embarcó paños y 4.000 arrobas de azúcar con destino a Chile, consignados a Campbell y del Solar, a cambio de 4.000 fanegas de trigo chileno. A propósito de estas especulaciones, que Nicolás ponía siempre en conocimiento de Juan José, el 24-IX1817 le escribió a su hermano en demanda de dinero, “después de haber encallado 6 veces en el estrecho de Malaca la (nave) Gran Cruz de Asís, y de consiguiente debo contar dentro de tres meses con estos fondos, a cuya fecha viene la zafra del azúcar, que entonces estará muy barata ...”. En noviembre de 1818 el menor de los Anchorena se aleja definitivamente de la capital carioca con rumbo a Buenos Aires, dejando allá como representante de sus negocios al galaico Juan Santiago Barros — futuro abuelo del Coronel argentino Alvaro Barros —, quien se había nacionalizado portugués y estaba casado con la porteña Manuela Josefa de la Cuadra. Nicolás en Buenos Aires Vuelto a sus lares, Nicolás es designado por el Cabildo, junto con Pedro Lezica, el 5-V-1819, para que ambos “recojan del Pueblo pudiente lo que buenamente quiera contribuir ... en obsequio de aquellos que, aunque felices por el honroso título de Defensores de la Patria que poseen, llevan sobre sí el sello de la miseria y de la consternación”. Esta colecta llevábase a cabo a instancias del Director Supremo Pueyrredón, y el Cabildo había resuelto encabezarla con 500 pesos. Al recibir Anchorena su nombramiento, le dirigió un oficio al Alcalde de primer voto Manuel de Luzuriaga, haciéndole saber “que hallándose sin esperanzas de restablecerse en muchos días, está moralmente imposibilitado para desempeñar esa Comisión, y que espera de su bondad se sirva hacerlo presente al Exmo. Cavildo”. En consecuencia, los señores Regidores acordaron designar, en lugar de Anchorena, a mi tatarabuelo Patricio Lynch.

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El 17-I-1820, entre el medio centenar de ciudadanos escogidos por el Cabildo para elegir a los 9 miembros que habían de componer la Junta Protectora de la libertad de prensa, figura Nicolás de Anchorena, junto a sus hermanos Juan José y Tomás Manuel, y a mis tatarabuelos Manuel Hermenegildo de Aguirre y Patricio Lynch. Veinticuatro días más tarde, sobreviene el desquicio que ha de propagarse incontenible a lo largo de todo esa año 20. El 31 de enero el Director Rondeau sale a campaña dispuesto a batir a los caudillos federales Ramírez y López, delega el mando en Juan Pedro Aguirre, y es derrotado el día siguiente en la Cañada de Cepeda, derrumbándose con él el régimen directorial. Juan Pedro Aguirre — primo hermano de los Anchorena — gobierna 12 días. Lo sustituye Miguel de Irigoyen, a quien el Ayuntamiento designó Gobernador interino en tanto se eligiera al titular. Irigoyen ocupa el cargo solo 5 días, pues un Cabildo Abierto elige Gobernador titular a Manuel de Sarratea. No había cumplido este tres semanas como jefe de la Provincia, cuando lo desplaza Juan Ramón Balcarce, quien durante 6 días se instala en el Fuerte. Pero los caudillos Ramírez y López reponen a Sarratea, el cual gobernará 1 mes y 21 días, del 12 de marzo al 2 de mayo, en que la Junta de Representantes lo obliga a renunciar. A todo esto, el 11 de abril, el Cabildo le había propuesto al Gobernador el nombramiento de Nicolás Anchorena para Comandante del primer tercio Cívico de Infantería — del que este fuera Capitán en 1813 —, y Sarratea, enseguida, otorgó los despachos correspondientes. Anchorena, sin embargo, le remite un oficio al Cabildo “haciendo presentes las causales que tenía para no admitir dicho encargo”. Mas los munícipes acordaron rechazar esa dimisión, “haciéndole entender que en las presentes circunstancias no puede admitirse la excusa que pone, mediante los perjuicios que de ella resultarían a la causa pública”. Y (27 de mayo) el Cabildo hace efectivos los nombramientos de Coronel de la Brigada Cívica a Blas José Pico; de Teniente Coronel a Juan José Salces; de Comandante del primer tercio a Nicolás de Anchorena; del

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segundo al primo suyo Juan Pedro Aguirre; del tercero a Miguel Marín; y para la caballería a Santiago Montaña. Con posterioridad, el Comandante Anchorena dirigió una representación al Ayuntamiento en la que manifestaba “que entre los diferentes arbitrios con que muchos ciudadanos eluden el servicio, es la facilidad con que algunos Alcaldes de Barrio dan nombramientos de Tenientes (Tenientes Alcaldes) a oficiales cívicos, con cuyo motivo se excusan de prestar el servicio”. En razón de ello, el infrascripto pedía al Cabildo resolviera prohibir a los Alcaldes de Barrio hicieran tales designaciones, sin conocimiento de la Brigada o de los jefes; lo que fué acordado de conformidad por los Regidores. También, en distintas oportunidades, Nicolás remitió al Cabildo las cuentas de lo gastado durante el acantonamiento del primer tercio Cívico a su cargo, en la Plaza Montserrat; como asimismo dió cuenta de los donativos en dinero hechos por los propios milicianos de su mando, para contribuir a dichos gastos. Luego de llevar poco más de un mes de funcionamiento aquella primera Junta de Representantes, quedó desintegrada debido a las impugnaciones planteadas por los caudillos federales Ramírez y López (ver las anteriores monografías de Juan José Cristóbal de Anchorena y de su hermano Tomás Manuel). Realizáronse por tanto nuevas votaciones en la ciudad y campaña, consagrando el escrutinio — llevado a cabo en el Cabildo el 27 de abril — a una docena de Diputados por la capital que encabezó Tomás Manuel de Anchorena con 212 sufragios, adelante de mis tatarabuelos Juan José de Anchorena con 136 y de Antonio José de Escalada con 95. A Nicolás de Anchorena no le alcanzaron 52 votos para salir electo; como tampoco a mis tatarabuelos Manuel Hermenegildo de Aguirre con 68 votos y Patricio Lynch con 10, superando a Manuel Belgrano que obtuvo 8 y mi pretérito tío salteño Manuel Antonio Castro que sumó 3, entre un montón de personajes conocidos. Pero el Gobernador Sarratea — en cumplimiento del tratado del Pilar impuesto por los caudillos López y Ramírez — resuelve vetar a los Representantes Tomás Manuel de Anchorena, Vicente López, Juan José Paso y 440

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Juan Pedro Aguirre, tildándolos de directoriales traidores y monarquistas; por lo que la Junta (el 8 de mayo) incorpora, en reemplazo de los interdictos a Manuel Hermenegildo de Aguirre, a Manuel Pinto, a Nicolás de Anchorena y a Joaquín Belgrano, quienes habían sido los más votados inmediatamente después de aquellos doce Representantes titulares. Durante su inicial y breve actuación legislativa, nuestro Nicolás señaló repetidas veces, en distintas sesiones, la imperiosa necesidad de aumentar la milicia cívica y presentó un proyecto en ese sentido. Asimismo propuso a sus colegas un Reglamento, cuyos 7 artículos fijaban las facultades y limitaciones a la autoridad del Gobernador; “antecedente poco estudiado — según el historiador Levene — de esa primera Carta escrita de la Provincia de Buenos Aires”. Entretanto, el día 20 de junio, producíase aquí el anárquico embrollo de coexistir tres Gobernadores, terminando Soler por apoderarse del timón gubernativo; aunque solo fué por 10 días, ya que cayó derrotado por Estanislao López en la Cañada de la Cruz. Le sustituye Dorrego en el mando que detenta 6 días. Luego el Cabildo ocupa el primer plano por varias horas; y después Marcos Balcarce por 5 días. Alvear también echa su cuarto a espadas y logra hacerse proclamar Gobernador en Luján, mas dura 4 días; mientras Balcarce entrega la dirección de la Provincia otra vez a Dorrego, el cual gobierna 2 meses y 10 días, hasta su derrota en el Gamonal por la montonera santafesina de López. En medio de esa confusión espantosa, el 2 de julio Nicolás de Anchorena, Juan Pedro Aguirre, Francisco Antonio de Escalada, Ambrosio Lezica, Esteban Romero, Juan Alagón, Francisco del Sar, Manuel Obligado, Félix Castro, Francisco Delgado, Manuel Antonio Castro y Juan Norberto Dolz, fueron votados para integrar una Junta Electoral destinada a elegir un Gobernador interino, “por convenir a la mejor defensa y tranquilidad de la Ciudad”. Tales electores, reunidos al día siguiente en la sala capitular, con los miembros del Cabildo presididos por el Alcalde Dolz, no pudieron elegir a dicho gobernante de emergencia “que preserve al Pueblo de la anarquía”, porque el Coronel Pagola — a quien se Anchorena

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había nombrado Comandante de Armas por renuncia de Marcos Balcarce — irrumpió en el recinto de las deliberaciones al frente de 25 hombres de caballería, vociferando contra los asambleístas apostrofados de traidores, por lo que estos, de consuno, viéronse obligados a suspender su cometido al faltarles garantías. El 31 de agosto, en el Cabildo “se dió principio al cotejo de los sufragios que prestaron en los días anteriores los Ciudadanos en los treinta y dos Quarteles de la Ciudad ... y se procedió al escrutinio con la devida escrupulosidad, resultando de él haber obtenido para Representantes, por mayoría de votos, los doce Individuos siguientes, a saber: Vicente López con 109 sufragios, Juan Pedro Aguirre con 104, Manuel Pinto con 103, Félix Alzaga con 93, Ildefonso Ramos Mexía con 75, Nicolás Anchorena con 74, Juan José Anchorena con 73, Juan José Paso con 69, Esteban Agustín Gascón con 65, Victorio García de Zúñiga con 65, Joaquín Suárez con 50 y Francisco de Escalada con 48 ”. Al instalarse esta Junta de Representantes renovada, Nicolás de Anchorena tomó la palabra y dijo: “Que solo por evitar la anarquía admitía la representación que le confería la mayoría de sufragios, porque no considerándose en el desempeño de este cargo bastante seguro por la sola garantía que dan aquellos (sufragios), mediante a que con ella otras veces esta misma representación ha sido hollada y ultrajada, quedando los autores de estos atentados impunes por el Pueblo y por las autoridades, que la debían hacer respetar, se proponía promover los intereses generales de la Provincia, solamente mientras viese una cooperación decidida de sus conciudadanos a sostener, a todo trance, su libertad y dignidad, y a examinar de raíz las causas que impedían sus progresos, y que por un abandono tácito o expreso suyo, la discreción (discrecionalidad) de los malvados, cualquiera sea su causa, no era comprometida su seguridad individual y propia; y que pedía que se asentara esta exposición en el acta y se le diera testimonio de ella”. Este mismo voto lo reprodujo el primo de Nicolás, Juan Pedro Aguirre.

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Nadie ignoraba, excusado es señalarlo, que la Legislatura se constituía sobre un volcán. Otra vez más, cual con harta frecuencia lo evidencia la Historia, los sufragios de una consulta popular no ofrecieron ninguna garantía para evitar que la situación política fuera “hollada y ultrajada”. En efecto: El revés infligido a Dorrego por las fuerzas santafesinas de López en la batalla de Gamonal (2 de septiembre) precipita su caída del gobierno, que ejercerá Marcos Balcarce hasta el 28 de septiembre, en cuya fecha resultó Martín Rodríguez proclamado Gobernador por la Junta de Representantes, con toda la suma del poder y facultades extraordinarias. Pero he aquí que tres días más tarde, el 1º de octubre, estalla la revuelta del Coronel Pagola, apoyada por Soler, Sarratea, Hilarión de la Quintana, Pedro José Agrelo, el Alcalde Dolz y varios Regidores del Cabildo. El Gobernador Rodríguez abandona precipitadamente el Fuerte, y se dirige en busca de Rosas que está acantonado en Santa Catalina (ahora Lomas de Zamora) con sus “colorados”, a una legua del río Matanzas y dos de Barracas. En la ciudad, a todo esto, los amotinados se creen vencedores. Convocan a un Cabildo Abierto en la Iglesia de San Ignacio, donde asisten “algunos hombres de puñal, algunos federales de buena fé, extranjeros mirones y entrometidos, alguna gente decente en minoría y bastante chusma”. Pedro José Agrelo, en exaltada arenga, indica el nombre de Dorrego para jefe de la Provincia; le replica violentamente Nicolás de Anchorena, quien “sacó de los bolsillos un par de pistolas invocando con enérgicas voces el apoyo de todos los hombres de orden”; interviene enseguida un charlatán italiano medio loco, Vicente Virgil, elemento bufonesco de Rosas, el cual con su desvergonzada jerigonza italo-española, dicha desde el púlpito, provoca un barullo fenomenal, y la reunión se disuelve entre insultos y risas. Después, Rosas en primer término con sus “colorados” restablece la autoridad de Martín Rodríguez, tras rápidos y sangrientos combates callejeros y en la Plaza Mayor (ver la biografía de Juan José de Anchorena). Y a esas victoriosas

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huestes rosistas, fray Cayetano Rodríguez les dedicó este soneto merecido: Milicianos del sud, bravos campeones vestidos de carmín, púrpura y grana, honorable legión americana, ordenados, valientes escuadrones. A la voz de la Ley vuestros pendones triunfar hicisteis con heroica hazaña, llenándoos de glorias en campaña y dando de virtud grandes lecciones. Grabad por siempre en vuestros corazones de Rosas la memoria y la grandeza, pues restaurando el orden os avisa que la Provincia y sus instituciones salvas serán: la Ley es vuestra empresa, la bella Libertad vuestra divisa. Nicolás en la vecina orilla A raíz de haber advertido Soler — después de jurar como Gobernador el pasado 23 de junio — hallarse dispuesto a cumplir con el artículo 7º del convenio del Pilar, que prescribía la entrega a los caudillos federales de los ex legisladores y funcionarios del régimen directorial, a fin de someterlos a proceso, Tomás Manuel de Anchorena — que fuera diputado porteño al Congreso de Tucumán (ver su biografía) — por las dudas de correr ese riesgo puso el río de por medio y buscó asilo en Montevideo. Cuatro meses más tarde, Nicolás de Anchorena también juzgó prudente trasladarse a la otra orilla del Plata, mientras en su ciudad natal se resolvía la suerte del cuartelazo de Pagola, jaqueado, este y sus seguidores, por las fuerzas de Martín Rodríguez y de Juan Manuel de Rosas. Así las cosas, el 10 de octubre — a los cinco días de triunfar acá las armas legales — dicho prófugo le escribió, desde Colonia del Sacramento, a Juan José su hermano mayor que permanecía en Buenos Aires: “... En este momento acaba de desembarcar 444

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don Hilarión de la Quintana (compinche de Pagola), quien me ha dado una ligera idea de los desastres sucedidos en esa y de los que se esperan con la aproximación de Dorrego. Yo llegué a esta el jueves pasado habiendo salido de esas balizas a las ocho y media de la mañana, con muy buen tiempo ...”. Corridos cuatro días, aún en la Colonia, el viajero despachó otra carta para el primogénito de la familia en la que decía: “ ... Al fin llegué a esta tierresita, en donde no hay nada para vivir, y a la que accede la población más infeliz de nuestra campaña. La carne es de toro y algunos días falta, no hay carnero ni para remedio, una gallina vale un peso, un pollo dos reales, una libra de grasa dos reales, la de mantequilla seis, dos velas chiquitas por medio, y a este tenor todo; por embetunar una de las botas me llevaron cuatro reales; no hay ninguna especie de minestra conque suplir la mesa; no se come asado sino chancho; las habitaciones no son casas sino unas tristes chozas de piedras muy reducidas, y muy escasas ... Yo pienso quedarme dos meses por Montevideo hasta que se serene y vea provista la maldita comandancia (del primer tercio Cívico del cual Nicolás era titular) y pasen las elecciones de Cabildo, pero esto no conviene que salga de nosotros ... ”. El 19 de octubre nuestro hombre escribe ya de Montevideo: “... Ayer he desembarcado en esta y he encontrado a Tomás bueno ...”. Y desde la ciudad del Cerro, tres días después, el mismo le reitera a Juan José: ”... yo volveré a esa luego que vea provista la Comandancia cívica, y pasadas las elecciones del Cabildo. Entretanto conviene decir que sí, que no, para que de este modo se olviden de uno tanto pícaro y cobarde que desgraciadamente alimenta ese país ...”. Luego de varios días (28 de octubre) Nicolás le consigna a Juan José sus apreciaciones sobre algunas viscisitudes políticas ocurridas tras la definitiva derrota de Artigas por Ramírez: “... Cullen (Domingo), portador de esta, me ha dicho que ha visto una carta de persona respetable del Arroyo de la China, repitiendo que Artigas ha caído prisionero de Francia (José Gaspar, dictador del Paraguay), habiendo querido refugiarse en la Candelaria; que Ramírez se lo ha pedido, y que Francia le pedía en cambio a Campbel y a Méndez, Anchorena

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cuyo cambio cree el autor de la carta se verificaría (Pedro Campbel, jefe de la flotilla artiguista, y Juan Bautista Méndez, Gobernador de Corrientes, aliado de Artigas, hallábanse, a la sazón, prisioneros de Ramírez). Deduce Cullen que Ramírez y Francia se han de componer, y de consiguiente que hemos de tener mucha yerba, por lo que él (Cullen) va a activar la venta (de paso, yerbazo!). Yo no estoy conforme con esta política, porque aunque Francia este por el cambio, este no será por disposición de convenirse con Ramírez, sino por las ganas que tiene de Campbel y de Méndez, para que le paguen los azotes que dieron a los paraguayos, porque para Francia el mismo papel hacen Ramírez y Campbel, y tan ladrón considera al primero como al segundo, porque ninguno de su cuna, educación y fibra puede conformarse con que un domador (alusión a Ramírez), solo por ser atrevido y osado, sea el árbitro de tres Provincias vecinas, y que reconocido por él, mañana podrá verlo en la suya, u otro como él. Además Ramírez ha de querer continuar con el estanco de la yerba, para hacer su fortuna y la de sus ahijados: hemos visto que él ambiciona dinero y prosélitos, y que se ha propuesto adquirirlos por ese recurso. Aquí esta su ayudante (Manuel Antonio Urdinarrain) ... que ha venido habilitado por él con un corto número de tercios!. Francia, pues, no ha de entrar por estas trabas, por lo mismo que Ramírez trata de ganar con ellas ... ”. En otra de sus cartas montevideanas (5-I-1821) Nicolás le informaba a su hermano: “... Ha llegado a esta el famoso Martínez Nieto (Francisco, célebre saladerista en la Banda Oriental andando el tiempo), comisario de don José Miguel Carrera: viene desde Corrientes y ha estado en la Bajada. Por lo que les he sacado a los de su camada, parece indudable que Ramírez pase a esa Provincia con 1.000 o 1.500 hombres. Que es combinación con Santa Fé y Carrera. Este plan era muy viejo, y los que creíamos conocer a este canalla lo hemos anunciado constantemente, desde el mes de septiembre, y por eso hemos sentido el engaño que sufrió esa provincia (Buenos Aires), en los tratados de San Nicolás (ajustados con Santa Fé en la estancia de Benegas el 24-XI-1820). Aho446

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ra pues contraigámonos a examinar lo que debemos hacer ... Yo no temo a Ramírez, ni a López: temo al Señor Sarratea, a Agrelo, a Oliden, a esos cobardes malvados que viene con él”. Para Anchorena los gobernantes porteños del día eran “gente muy vil y collona; los hemos visto con grandes ejércitos ser arrollados por cuatro tristes gauchos. Además a Ramírez se le han de unir todos los desgraciados de las jornadas de octubre, los amigos de Dorrego, los de Alvear, los vencidos y muchos de los mismos vencedores de San Nicolás y Pavón. Ha de ver Vmd. la gente de su barrio desfilar para afuera, y la Legión del Orden desaparecerá en los días del conflicto. Yo creo que debes moverte tu solamente, y que no debes esperar el último caso, porque Ramírez trae su escuadrilla y bloqueará el río; no hay que andar confiado con los buques ingleses, porque en este caso faltan la mitad de los con que se cuenta. Ahora días salió de esta el ayudante de Ramírez (Urdinarrain) que estaba en ésta en clase de comerciante, y a llevado provisión de caballería para buques. Juan José, de nada nos habrán servido las medidas de mover consideraciones con anticipación si tu no tratas de poner a salvamento tu persona; salvada ésta podrás salvar tu familia en cualquier tiempo, y hay ocasión en que la presencia personal deja de favorecer a los intereses y es perjudicial ... ”. Receloso Nicolás de la invasión de Ramírez a Buenos Aires, en carta posterior del 25 de enero, aconseja a Juan José: “ ... tu debes hacer un viaje a esta, y no te expongas a ser víctima de la ineptitud de unos y de la ferocidad de otros; es preciso deponer la vana confianza fundada en que hasta ahora nadie se ha metido contigo. La revolución cada día cambia de carácter y los comprometimientos son mayores. Yo se que si esa provincia quiere hacer un pequeño esfuerzo no debe imponerle el gaucho Ramírez, pero veo que se va colocando gente muy gallina a la cabeza de los negocios, y hay alguno de ellos que mandan fuerzas que ya están pensando en volver a esa con la sola noticia de que vienen los montoneros. Sobre todo soy de opinión que no se debe correr riesgo inútilmente, y un viaje por pocos días no puede perjudicar mayormente nuestros intereses, y al contrario, si tu perAnchorena

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sona es atropellada, como que tú solo estás en los principales negocios, sufriremos un trastorno muy grande ... ”. Cuando Nicolás tuvo conocimiento de que Rosas se había distanciado del Gobernador Martín Rodríguez por que éste desoyó sus consejos y atacó a los indios pampas — y no a los ranqueles — en una campaña desastrosa, que provocó enseguida feroces malones a estancias y poblados, con muertes y cautiverios de cristianos y robos considerables de vacunos, le escribió el 9 de marzo a Juan José: “ ... He sentido mucho las desgracias de Rosas, es preciso fomentarlo, con cuyo objeto debes contar conmigo en todo. Yo supongo que, por sus pérdidas y quebrantos, le atormenta el desengaño que ha tocado la perfidia de los hombres (Martín Rodríguez y su círculo). Yo veo con sentimiento de corazón, que he sido un profeta, y que cuando aconsejaba que debía retirarse a su estancia y prepararse para repeler el golpe que acaba de sufrir, no me equivocaba ... Por las noticias que comunicas en la del 7, veo verificados los anuncios de nuestros patriotas sobre la próxima parada de Ramírez; temo también mucho se verifiquen sobre el engaño que ha estado padeciendo Rosas ... ”. Entre tanto el hermano Tomás Manuel ha enfermado muy gravemente en Montevideo: “Ha estado en agonías”, como le puso Juan José a su corresponsal en Chile Juan Santiago Barros, el 5 de mayo. “Nicolás cuida al enfermo y no se aparta de su lado hasta que va mejorando, y ya no toma casi medicina, sino un fomento exterior al estómago de Agua de Colonia, y la leche de burra ...”. El 23 de julio Nicolás aún se encontraba en la otra orilla del Plata. Con esa fecha le escribió a su hermano Juan José comentando la trágica muerte de Ramírez, producida en el Río Seco cordobés, trece días atrás, en ocasión de aquel famoso enfrentamiento con fuerzas santafesinas de Estanislao López: “Los amigos del difuntito todavía no pueden volver del pavor que les ha causado esta noticia, y andan con cara larga, pero son muy miserables; dentro de pocos días se han de alimentar con algún cuentecito, y volviéndose sebastianistas, han de creer que su jefe, montado en alguna petisa de la

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manada del barrio de Santo Domingo, se ha de remontar a los mundos planetarios a traer ejércitos para conquistarnos ... ”. A propósito de estas palabras alusivas de Nicolás, el archivista Carretero interpreta que “encierran el desprecio que Mariano Nicolás tenía por los pobladores del populoso barrio, y la referencia a la petisa es una alusión a las mujeres de vida nocturna que en él habitaban”. Todo esto es pura imaginación, más precisamente macanazo. Carretero ignora que la vivienda frontera a Santo Domingo, en la calle de la Universidad (hoy Bolívar), era la de los Sarratea; así, las alusiones de Anchorena resultan bastante claras; o sea que, tal como los “sebastianistas” de la vieja leyenda portuguesa creían que el rey Sebastián no había muerto y volvería para hacer triunfar a los cristianos, “los amigos del difuntito” Ramírez hacíanse ilusiones de que, al conjuro de un milagro, el extinto jefe “montado en alguna petisa de la manada del barrio de Santo Domingo” — vale decir de la manada política de Sarratea —, encabezaría de nuevo montoneras para conquistar a Buenos Aires ... , a cuyo Gobierno, no obstante sus anteriores reparos, Nicolás había contribuído a reforzar económicamente, el 13 de junio, aportando 400 pesos fuertes como “suplemento a la regulación del empréstito exigido a los americanos”. Nicolás contrae matrimonio El 13-X-1822, en la Iglesia Matriz de Buenos Aires, Nicolás de Anchorena se casó con María Estanislada Mauricia de Arana y Andonaegui, a quien bautizaron en dicha parroquia el 23-IX-1799. Era ella hija de José Joaquín de Arana Goyne, nacido el 29-III-1750 en Santo Tomás de Olavarrieta, Obispado de Calahorra, Señorío de Vizcaya, y de Mercedes de Andonaegui y Herrera, nacida en Buenos Aires el 15-X1768; ambos casados en esta ciudad el 17-IX-1782. Testaron; don José Joaquín el 30-I-1810 y doña Mercedes el 30-IX1834.

Anchorena

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Resultaban abuelos paternos de la desposada; Juan de Arana, n. 1720 y Magdalena de Goyne, vecinos de Santo Tomás de Olavarrieta, en Vizcaya. Abuelos maternos; José de Andonaegui y Aguirre, n. en Santiago de Chile (primo hermano de su homónimo José de Andonaegui, que fuera Gobernador y Capitán General del Río de la Plata), y de María Catalina de Herrera Sotomayor y Morón. Bisabuelos maternos paternos; José de Andonaegui y de la Barrera, y Bernarda de Aguirre Barrenechea. Esta doña Bernarda era, a su vez, hija de Nicolás de Aguirre Illaradi y de Juana de Barrenechea Díaz de Pimienta; n.p. de Pedro de Aguirre y de María Bernarda de Illaradi Amezqueta; n.m. de Juan Bautista de Barrenechea y de Juana Díaz de Pimienta. Bisabuelos maternos maternos de la mujer de Nicolás de Anchorena fueron; Cipriano de Herrera Sotomayor y Loizaga y Ana Inés de Morón y Torres Briceño, casados en Bs. As. el 12-VIII-1714. Don Cipriano había sido baut. en Sevilla el 16-IX-1695, y fué Tesorero de la Santa Cruzada en Buenos Aires y Presidente de la Audiencia de Charcas (1728-1736). Era hijo de Antonio José de Herrera Sotomayor y de los Ríos, b. en Utrera, Arzobispado de Sevilla, Capitán de caballería en Bs. As., y de Mariana de Loizaga, b. en Cádiz el 3-VIII-1680, quienes se casaron en Cádiz el 15-XI-1694; n.p. de José Antonio de Herrera Sotomayor, b. en Madrid el 7-VII-1625, Gobernador y Capitán Gral. del Río de la Plata de 1682 a 1691, y de María Josefa de los Ríos; n.m. del Caballero de Santiago Martín de Loizaga, b. en Galdames, Encartaciones de Vizcaya, y de Agustina Rodríguez del Castillo, b. en Cádiz el 1-XI1654, casados en Cádiz el 18-XII-1674; bisn. p.p. de Juan de Herrera Sotomayor (hijo de Miguel de Herrera y de Beatriz de Sotomayor), b. en Madrid el 6-III-1594 y de María de Rivadeneyra; bisn. m.m. de Roque Rodríguez del Castillo (hijo de Juan Rodríguez de la Torre y de Casilda López), b. en Almiñe, Valle de Valdivieso el 19-VIII-1618, y de Isabel Díaz (hija de Sebastián Díaz y de Angela García), b. en el lugar de la Quintana de Valdivieso el 4-VI-1623.

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Tomo V


Por otra parte los padres de la esposa del antedicho Cipriano de Herrera, Ana Inés de Morón y Torres Briceño, b. en Buenos Aires el 2-XII-1695, se llamaron; Diego de Morón e Isabel de Torres Briceño y Leal; siendo ésta última hija de Luis de Torres Briceño y de Isabel Leal, bis. m.m. de Antonio del Pino y de María Leal, de los primeros pobladores de Buenos Aires. En cuanto a Luis de Torres Briceño, prominente vecino porteño, aquí fué b