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BARROCO


Francisco de Quevedo. Es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente, es un soñado bien, un mal presente, es un breve descanso muy cansado. Es un descuido que nos da cuidado, un cobarde con nombre de valiente, un andar solitario entre la gente, un amar solamente ser amado. Es una libertad encarcelada, que dura hasta el postrero paroxismo; enfermedad que crece si es curada. Éste es el niño Amor, éste es su abismo. ¿Mirad cuál amistad tendrá con nada el que en todo es contrario de sí mismo!

Pedro calderón de la barca Cuentan de un sabio que un día tan pobre y mísero estaba, que sólo se sustentaba de unas hierbas que cogía. ¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo?; y cuando el rostro volvió halló la respuesta, viendo que otro sabio iba cogiendo las hierbas que él arrojó. Quejoso de mi fortuna yo en este mundo vivía, y cuando entre mí decía: ¿habrá otra persona alguna de suerte más importuna? Piadoso me has respondido. Pues, volviendo a mi sentido, hallo que las penas mías, para hacerlas tú alegrías, las hubieras recogido.


Luis de góngora ¡Oh excelso muro, oh torres coronadas De honor, de majestad, de gallardía! ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía, De arenas nobles, ya que no doradas! ¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas, Que privilegia el cielo y dora el día! ¡Oh siempre glorïosa patria mía, Tanto por plumas cuanto por espadas! Si entre aquellas rüinas y despojos Que enriquece Genil y Dauro baña Tu memoria no fue alimento mío, Nunca merezcan mis ausentes ojos Ver tu muro, tus torres y tu río, Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!

LOPE DE VEGA DIANA:

Teodoro

TEODORO: DIANA:

(La misma es.)

Aparte

Escucha.

TEODORO: TRISTÁN:

A tu hechura manda. (Si en averiguarlo anda,

de casa volamos tres.) DIANA:

Hame dicho cierta amiga que desconfía de sí que el papel que traigo aquí le escriba. A hacerlo me obliga la amistad, aunque yo ignoro, Teodoro, cosas de amor; y que le escribas mejor vengo a decirte, Teodoro. Toma y léele.

TEODORO:

Si aquí,

señora, has puesto la mano,

Aparte


igualarle fuera en vano, y fuera soberbia en mí. Sin verle, pedirte quiero que a esa señora le envíes. DIANA:

Léele.

TEODORO:

Que desconfíes

me espanto: aprender espero estilo que yo no sé; que jamás traté de amor. DIANA:

¿Jamás, jamás?

TEODORO:

Con temor

de mis defetos, no amé; que soy muy desconfïado. DIANA:

Y se puede conocer de que no te dejas ver, pues que te vas rebozado.

TEODORO: DIANA:

¡Yo, señora! ¿Cuándo o cómo? Dijéronme que salió

anoche acaso, y te vio rebozado el mayordomo. TEODORO:

Andaríamos burlando

Fabio y yo, como solemos, que mil burlas nos hacemos. DIANA:

Lee, lee.

TEODORO:

Estoy pensando

que tengo algún envidioso. DIANA:

Celoso podría ser. Lee, lee.

TEODORO:

Quiero ver

ese ingenio milagroso.

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