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DOMINGO 8 DE MAYO DE 2011

en domingo

www.lapatria.com

HOMENAJE EN SU DÍA

LA PATRIA cuenta la historia de dos mujeres vinculadas al ICBF, una que hospeda a universitarios y otra que alimenta esperanzas a través de su vocación. Encarnan la maternidad de diferentes formas. Ejemplos. ALEXANDRA SERNA

del vínculo de sangre

LA PATRIA | MANIZALES

Sin límites

A falta de dos, muchos más

Fotos | Diego Rodríguez | LA PATRIA

María Pastora dice que su familia es su equipo de trabajo, pues entre su esposo, sus hijas y su madre se relevan de vez en cuando el cuidado de los niños. Por lo menos 120 niños han dormido en su casa, unos por una sola noche, otros durante seis meses y algunos hasta siete años. María Pastora Herrera es una madre sustituta del ICBF, y aparte de sus cuatro hijas biológicas, comparte su cariño con los menores desprotegidos de otros hogares; hoy son cuatro. De estos, dos tienen discapacidad cognitiva y física. “Los otros niños regresan a sus casas, cuando sus papás biológicos han cambiado, o los adoptan, pero a los niños con discapacidad es muy difícil que los reciban. Siempre he dicho que de mi casa estos salen en ataúd, y de hecho ya he enterrado a cuatro”, narra con la voz entrecortada, y se enjuaga las lágrimas. Su hogar se convirtió en sustituto hace 15 años, cuando al fin encontró ese algo que la haría feliz. “Me siento realizada”, expresa. Su esposo y sus hijas aceptaron la propuesta, y

tres de ellas se motivaron a estudiar enfermería por la realidad que conocieron de cerca de las personas con discapacidad. Su rostro irradia dulzura y vitalidad, pese a las noches seguidas que ha tenido que amanecerse cuidando a uno de sus hijos prestados. “Cuando llegan a la casa, les digo que soy una madre prestadita -dice con una sonrisa-. Si hay verdadero amor, no hay diferencias por no haberlos llevado en el vientre, pues los siento míos”. Cuando hay amor, además, las dificultades de su rol que no compensa el apoyo económico se hacen menos difíciles. Su perseverancia también la atribuye a la compañía del ICBF y a los médicos del centro de Assbasalud de San Cayetano y del Hospital Infantil, que siempre la han recibido. “A Dios siempre le doy gracias, pues ha privilegiado a mi familia. Nuestra salud es su mejor pago”.

Foto | Martha Elena Monroy | LA PATRIA

En el hogar de Gloria Ramírez, los niños aprenden aspectos básicos como el cuidado de la naturaleza, almuerzan y toman la siesta.

Madre de capullos Gloria Ramírez también hace parte de la lista de madres del ICBF, en otra modalidad: hogares comunitarios, adonde llegan grupos de 12 niños de los programas de protección, de lunes a viernes, de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde. Su primera responsabilidad es verificar que sus “capullos”, pues son niños de hasta cinco años, hayan desayunado y no estén golpeados. A veces le toca bañar a algunos, pues en sus casas no lo hacen; secarles las lágrimas cuando se sienten tristes, o abrazarlos si se resisten a usar la vasenilla. “Se parece a una mamá, porque es bonita y educada”, dice una pequeña. Antes de ingresar al programa, hace dos años, Gloria fue asesora comercial en concesionarios de carros. “Me sentía desubicada, más cuando quedé sin trabajo y viviendo solo con un hijo (de tres). Un día una amiga me habló de los hogares comunitarios y me encantó la idea”. De inmediato vendió la sala y el comedor para abrirles espacio a los niños. “Así me ganara la lotería, no dejaría este programa, pues sé que tengo que velar por el bienestar de estos niños”, asegura, mientras se seca el sudor de su rostro. Como dice, los menores de ahora son “más disparados, pues quieren jugar a cada rato”.

En el apar tamento 304 del bloque 5A del Conjunto Habitacional Campohermoso los universitarios foráneos que buscan hospedaje allí, también encuentran un hogar. Desde que la anfitriona, Blanca Marín de Ospina, le entrega las llaves al recién llegado se lo deja claro: “esta es su casa, puede traer a sus amigos a estudiar y no le voy a poner problema cuando salga a rumbear. Eso sí, cuidado ‘mijo’ con las malas amistades y con el traguito”. Por eso, cuando sus inquilinos salen, se los encomienda a Dios. 15 años atrás tomó la decisión de hospedar a universitarios en su casa, pues se sentía sola tras la partida de sus dos hijos para el Ejército y Nueva York, respectivamente. Inició con mujeres y luego reci-

bió hombres, “todos muy juiciosos”; la mayoría estudiantes de medicina. Se aferró más a ellos con la muert e d e sus d o s h i j o s, a s e s i n a dos en momentos diferentes en Manizales, al parecer, por su relación con negocios de prenderías. De sus descendientes, la acompañan con frecuencia sus nietos y el único bisnieto. Cristian Echeverri, que vive en la casa de “Doña Blanca” hace tres años y medio, la siente como una segunda mamá: “si no, ¡ya me habría ido!”, comenta. Cuenta que ella mantiene pendiente de él, al despertarse, en las comidas, en el estudio, en fin. “Nunca los regaño, pero sí les doy consejos”, concluye la mujer.

Los nutre con pan y afecto Desde que los niños salen de almorzar del restaurante El Buen Dios, en

Villamaría, Sor Lilia Ramos ya piensa en el menú del día siguiente, en

qué menor necesita unos zapatos, a quién llevará el bono para que colabo-

Aparte de repartirles el almuerzo a los niños, Sor Lilia les celebró el pasado viernes el Día de la Madre a las mamás de los beneficiaros del restaurante.

re con la celebración de la Navidad... su mente trabaja más rápido de lo que puede mover sus pies. “Uno también hace las veces de mamá, pues a algunos niños los abandonan sus progenitoras o en otros casos, así ellas estén, les hace falta su afecto. Nada más esta semana un niño me dijo que si podía quedarse viviendo en el restaurante”, cuenta. Cuando llegó a la casa de las Hermanas Vicentinas en Villamaría, en el 2006, empezó a jalonar el restaurante, en convenio con la Fundación Nutrir. “Ella es muy buena gente, y nos dice que le hagamos caso a los adultos”, opina una niña. Sor Lilia, que por su vocación renunció a una maternidad b iológica, es mamá espiritual de los 130 niños que van al restaurante, pues pide en oración por ellos, les da cariño y consejos. Encarna la frase bíblica: “ nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno” (Marcos 10, 28-31). Liliana Puerta, mamá de un beneficiario del restaurante, sostiene: “madre no solo es quien engendra, sino la que está pendiente de las necesidades de los niños”.

Blanca Marín de Ospina es la madre anfitriona de más edad que tiene registrada al Coordinadora de Hospedaje Micuarto.com. A su izquierda Cristian Echeverri, que es de Pereira y estudia medicina en la Universidad de Manizales. * Ver nota en la página 2C: Madres canguro, un calor que alimenta.


Informe especial: Madres, más allá del vínculo de sangre