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DETECTIVES VERDES Los bosques tropicales cubren tan solo el 10% de la superficie total del planeta, sin embargo, cerca del 90% de la biodiversidad mundial se encuentra en ellos. Es por esto que al llegar José Celestino Mutis a América, se sorprendió enormemente con las plantas que encontró, todas ellas muy diferentes a las que estaba acostumbrado a ver y a estudiar en los bosques templados de España; además observó también que al variar la altitud sobre el nivel del mar y la humedad

DESCUBRIENDO AMÉRICA

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Entrega 11/12 de las páginas informativas que complementan al Herbario de Mi Tierra.

En relación al conocimiento de la flora del continente americano, fue trascendental la visita de diferentes científicos europeos, los cuales generalmente fueron apoyados por los gobiernos europeos o la corona española, donde se tenía por meta conocer y explorar la naturaleza del Nuevo Mundo, aplicar los últimos avances de la ciencia y descubrir nuevos recursos naturales útiles en la industria y la medicina, principalmente, con el fin de aumentar los ingresos económicos en cada país. El francés, Charles Marie de la Condamine, fue el primer científico europeo en viajar a través de la Amazonia, enviado en 1.735 por la Academia Francesa de Ciencias para calcular el diámetro de la Tierra en el ecuador. En el marco de esta misión, escribió muchas notas acerca de plantas extrañas y una gran cantidad de drogas derivadas de ellas; además, también describió numerosos animales y los comportamientos de los indígenas. Pehr Löfling o Pedro Loefling, fue un científico sueco nacido en 1729 y el discípulo preferido de Carlos de Linneo. Aunque poco reconocido, fue el primero en realizar una expedición por la Orinoquía venezolana. Realizó estudios y descripciones serias sobre la flora y fauna de la región oriental de Venezuela y la guyanesa de dicho país, donde murió víctima de la malaria, a la corta edad de 27 años. Sus estudios se encuentran preservados en el Jardín Botánico de Madrid. El primer sabio naturalista de renombre mundial que pisó tierra colombiana fue el botánico y médico holandés Nicolai Joseph Jacquin, quién por encargo del gobierno Austríaco viajó por América desde 1755 - 1759 reuniendo plantas raras y exóticas para adornar con ellas los parques imperiales de Viena y de Schonbrunn (Austria). En su obra Selectarum Stirpium Americanarum, este botánico describió plantas nativas de La Martinica, Cuba, Jamaica, Santo Domingo y del litoral Caribe en las regiones cercanas a Cartagena de Indias. Textos: Carolina Robles

del lugar, las especies y los mismos bosques variaban en gran manera. Tanta diversidad lo inquietó a conocer y nombrar todas las especies de plantas con las que se topaba; luchando por casi 20 años hasta conseguir financiación para empezar lo que hemos conocido como la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. Así como Mutis, otros grandes naturalistas y científicos a lo largo de la historia han trabajado arduamente para descubrir, nombrar y caracterizar las miles de plantas que se encuentran sobre el planeta, y sin embargo, la labor aún no termina, llegando incluso a afirmarse que muchas de ellas podrían extinguirse antes de ser descubiertas.

LAS GRANDES EXPEDICIONES Durante la época de la ilustración o siglo de las luces (siglo XVIII), la corona española patrocino varias expediciones a Hispanoamérica. Los Reyes de España, pretendían obtener un mayor dominio político a través de la adecuada utilización de los recursos de las colonias. La expedición botánica de los reinos de Perú y Chile (1777 - 1788) Viajó por buena parte de Chile, Perú y sur de Ecuador, estuvo a cargo de Hipólito Ruiz, Joseph Pavón y Joseph Dombey. Se originó por iniciativa de botánicos franceses que buscaban recuperar el herbario que formó Joseph Jussieu décadas atrás en Perú. Entre sus objetivos estaba buscar quinas y otras especies útiles. Sus resultados muestran sus esfuerzos en la búsqueda de plantas medicinales. Producto de este trabajo se enviaron a España 53 cajones con material botánico, desafortunadamente el barco que las transportaba se hundió y todo se perdió. El resto del material fue vendido a diversas instituciones debido a problemas burocráticos. “Flora Peruviana y Chilensis”, publicada por Ruiz & Pavón entre 1798 y 1807, fue la obra que mayor aporte hizo a la taxonomía vegetal sobre las plantas americanas. La expedición botánica de Nueva España (1787 – 1803): Recorrió México, parte de Centro América y algunas islas del Caribe, estuvo a cargo de Martín Sessé y José Mariano Mociño. Esta expedición contemplaba el levantamiento de un inventario florístico del territorio novohispano, el establecimiento de un jardín botánico y una cátedra de botánica, además se ilustró la obra de Francisco Hernández. Otro resultado fue La flora de Cuba en 1.797, publicada por Estévez y Boldo. En el 2010, la Uuniversidad Nacional Autónoma de México y Siglo XXI Editores, presentaron una reedición complementada de los hallazgos originales, en 12 tomos.

La expedición botánica del Nuevo Reino de Granada (1783 -1808) A cargo de José Celestino Mutis, por gran parte del actual territorio de Colombia, fue la expedición real que más duro, contó con mayores recursos económicos, tuvo escuela de dibujo y dispuso de más herbolarios (botánicos). La expedición Homenaje a Mutis en los doscientos años de la expedición, por la Revista comenzó en Mariquita (Tolima) y Diners después de 8 años fue trasladada a Santa Fe. Algunos de los comisionados más importantes fueron Francisco José de Caldas quien recolectó plantas durante 4 años en territorio ecuatoriano, el sacerdote Eloy Valenzuela, Francisco Antonio Zea, Jorge Tadeo Lozano, Sinforoso Mutis, Pedro Fermín de Vargas, Salvador Rizo, Francisco Javier Matiz y Fray Diego García. Los pintores también fueron de vital importancia durante la expedición, pues cada planta era copiada del natural, representada con sus propios colores y dimensiones. Esta expedición dio como resultado una colección de 6.000 láminas de plantas, una colección de unos 20.000 pliegos de herbario y una gran cantidad de manuscritos. En 1.816 toda la obra fue llevada a Madrid, debido a la guerra de independencia. Desde 1.952 gracias a un convenio entre los gobiernos de Colombia y España, las láminas de la Expedición se han estado publicando. Se espera que muy pronto se terminen de editar los tomos restantes con el total de la flora explorada por Mutis. La expedición también sirvió para el estudio e investigación de diferentes plantas medicinales como la quina (Cinchona pubescens), el guaco (Aristolochia anguicida), el árbol del bálsamo del tolú (Myroxylon balsamum), el té de Bogotá (Symplocos theiformis), la yerba cuzparia (Angostura trifoliata), la ipecacuana (CaraMutisia clematis, una de las especies pichea ipecacuana), el bálsamo nombradas en honor a Mutis, por Carlos de rubio, el aceite de maría (Cade Linneo. En la ilustración de Salvador Ruiz, el bejuco de la planta forma la M lophyllum mariae) y el canelo de de Mutis. Santa Fe (Drymis sp.).

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OTRAS EXPEDICIONES Por otra parte, en 1.801 Alejandro Humboldt y Amadeo Bonpland, realizaron exploraciones científicas en América. En estos viajes recogieron información muy variada e importante sobre aspectos sociales, geográficos, agrícolas y económicos, proporcionando a la corona española información valiosa sobre la explotación de los recursos. Durante todo el viaje por el Nuevo Continente, Bonpland y Humboldt recolectaron numerosas plantas y estudiaron más de un millar de especies. Humboldt también se interesó mucho en la distribución geográfica y altitudinal de las plantas (fitogeografía), esquematizando perfiles de mapas sobre la distribución de diversas asociaciones vegetales.

En el siglo XIX, el Estado colombiano auspició la Comisión Corográfica liderada por Agustín Codazzi (18501856), en cuyo contexto se realizaron, entre otros, la obra botánica de José Jerónimo Triana, quien coleccionó cerca de 60.000 ejemplares de 8.000 especies naturales, el legado de Triana y la continuidad de una tradición fue prolongada por el sacerdote jesuita y científico Enrique Pérez Arbeláez, quien fundó en el siglo XX el Jardín Botánico de Bogotá. Expedición Antioquia (EA) 2013: con el apoyo de la Gobernación de Antioquia y 11 instituciones académicas de la región las cuales han conformado un comité académico, se viene adelantando desde el 2006 el Programa Expedición Antioquia 2013, que pretende inventariar, georreferenciar, buscar la protección jurídica y valorar la riqueza que en sus distintas modalidades contiene el territorio antioqueño. Dicho proyecto tiene como meta de terminación el año 2013, año en el que se conmemoran los 200 años de la independencia de Antioquia. El proyecto contempla cuatro ejes temáticos: Biodiversidad y recursos naturales; ingeniería, recursos y desarrollo; economía, sociedad y cultura, y cambio global. Dentro de estos ejes temáticos se desarrollan actualmente diferentes proyectos. En el ámbito botánico, sobresale el proyecto Diversidad, dinámica y productividad de los bosques de Antioquia, en el que se realiza un aporte al conocimiento de la flora del departamento, junto con un estudio de distribución de las especies; además, se estima la tasa de deforestación en los bosques de Antioquia en el periodo 2000 – 2007 y el carbono almacenado en los mismos.

EXPEDICIONES BOTÁNICAS EN ANTIOQUIA

Durante el siglo XIX y XX, numerosas colecciones realizadas tanto por botánicos locales, como extranjeros, contribuyeron al conocimiento de la flora del departamento antioqueño. Francisco Antonio Zea y José Manuel Restrepo habían sido discípulos de Mutis y se dedicaron a estudios científicos en Antioquia. Para destacar es la obra de Joaquín Antonio Uribe Villegas (Sonsón 1858-Medellín 1935) sabio y gran investigador y docente, con una calidad humana tan reconocida como su capacidad intelectual y en cuyo honor el Jardín botánico de Medellín lleva su nombre. Su obra “La Flora de Antioquia” fue reeditada en 1940, corregida y ampliada por uno de sus hijos, el jesuíta Lorenzo Uribe Uribe. Esta obra posteriormente fue enriquecida con las colecciones y referencias de W. Hodge & Gutiérrez. Desde finales del siglo XX un sinnúmero de botánicos antioqueños se han formado en el estudio taxonómico con el fin de develar las especies de plantas de Antioquia. En este proceso se destaca la participación activa que han realizado las CARs (Corporaciones Autónomas Regionales), las universidades públicas y el Jardín Botánico de Medellín, en la formulación y apoyo financiero de programas para la investigación en zonas antes inexploradas y el desarrollo de programas de conservación de las especies nativas. Flora de Antioquia: este programa inició formalmente en 1.986 como un proyecto en convenio entre la Universidad de Antioquia y el Jardín Botánico de Missouri (EE. UU.), y en su momento contó con el respaldo de Colciencias y el Jardín Botánico de New York. El proyecto desarrollado por cerca de 25 años, entrega a los antioqueños la lista anotada de las especies del departamento, las cuales corresponden a un poco más de 8.300. La Expedición Antioq u i a 2013, por otra parte, se ha propuesto respaldar la publicación de diversas obras bajo la serie de biodiversidad, entre estos, el producto resultante de Flora de Antioquia, que comprende el Catálogo de las Plantas del departamento. Así mismo, EA 2013, ha promovido y gestionado la idea de tener un Museo de Historia Natural para el departamento de Antioquia, con el fin de proveer un espacio adecuado, dotado con alta tecnología, útil para albergar las colecciones de la diversidad biótica de Antioquia, en aras de la investigación y la educación de toda la sociedad antioqueña en lo referente a este tema.

El hombre que plantaba árboles

Corresponde a una novela del francés Jean Giono, escrita en 1953. La historia ha sido ampliamente difundida en el mundo entero y ha sido traducida a trece idiomas e incluso llevada a cortometraje. Cuenta la historia de Eleazar Bouffier, un pastor generoso que vivía en la vieja región de los Alpes, por las planicies de Comtant Venaissin y al pie del monte de Mont-Ventoux, en un paisaje dominado por tierras baldías y desérticas. Lo único que allí crecía eran lavandas silvestres. Sin embargo, el pastor tenía una treintena de corderos que yacían reposando cerca de él. Vivía en una casa de piedra y tenía un ideal: plantar árboles. Luego que su familia murió, encontró que al plantar árboles trabajaba para dar vida a la tierra donde vivía, la cual, estaba muriendo por la falta de estos. Entonces, sentado a la mesa, examinaba una a una las semillas de encino, separando las buenas de las malas, contándolas y organizándolas en montoncitos de diez. De esta manera iba haciendo una selección más exhaustiva, eliminando aquellas bellotas que eran muy pequeñas o aquellas que tenían ligeras grietas y al terminar, una vez más las examinaba detalladamente, hasta seleccionar las mejores cien. Su tarea al día siguiente, consistía en sembrar cuidadosamente estas semillas en la tierra desértica que le rodeaba, la cual ni siquiera era de su propiedad. A tres años de haber comenzado, él continuaba plantando árboles para un total de cien mil. De estos cien mil, estimaba que veinte mil habían germinado. De estos veinte mil, él consideraba que todavía se perderían la mitad, por causa de los roedores o por cualquier otro designio de la Providencia. Aun así, nunca se detuvo en su tarea. Además de los encinos, sembró hayas como cercos para sus corderos y unos pocos abedules. Cuenta el narrador, que luego de la I Guerra Mundial la lenta labor del pastor comenzaba a dar sus primeros frutos, observándose hermosos árboles jóvenes, llenos de vigor que se extendían por lo que antes era un yermo desolado. Las hayas, los encinos y los abedules que cubrían la superficie, habían ahora motivado que se designara a tres guardabosques para que los protegieran. La creación estaba en el aire, por doquiera que la mirada volteara, se veía como la sucesión había tomado su propio camino. El Pastor continuaba obstinadamente su objetivo. Realmente la transformación había tenido lugar de manera tan paulatina que había penetrado y se había instalado en la costumbre sin provocar ningún sobresalto o sorpresa. Y luego de la II Guerra Mundial, se podía presenciar un extenso bosque denso con arroyos, donde antes solo había esterilidad. Y cuando el agua corrió, volvieron los hombres y trabajaron las tierras, levantando huertos y jardines en ellas. Un solo hombre hizo la diferencia, sin mayores recursos decidió cambiar el destino de una tierra, solo confiando en su disciplina, constancia y en la fuerza creadora de Dios. Eleazar Bouffier murió apaciblemente en 1947 en el asilo de Banon.

Entrega 11a Herbario  

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