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sociedad editor: Alejandro Amaya

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©Vagabunda sociedad © Alejandro Amaya

Todos los derechos reservados. Alejandro Amaya Diseñador | ilustrador | realizador intellectual ISBN: 978 958 42 3350 9

Queda prohibida, salvo excepción prevista de la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionado puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual.


A todas aquellas que en algĂşn momento han sido agredidas por los comentarios, las burlas, los rechazos y las crĂ­ticas de nuestra inhumana sociedad. A las mujeres inseguras por culpa de las masas que seĂąalan y no ayudan, a cada una de las mujeres que se identifiquen con los textos de este libro, a cualquiera que desee buscar entendimiento y un refugio de sus errores tachados por la gente.


perseguidas

Inasistidas

10 tercer capĂ­tulo

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CONTE -NIDO 9 primer capĂ­tulo Dar a luz o apagar el foco

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50 2 pesados prejuicios

acosadas

sin apetito

Interrupciones

segundo capĂ­tulo desĂłrdenes alimenticios

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alsa sociedad que las condena por sus decisiones, falsa la moral que les aplaude si cumplen con sus retorcidas expectativas, falsa la ignorancia de este pueblo que las perdona solo si acceden a postrarse ante la tradición. Obligadas a pagar la sucia penitencia de la exclusión y el menosprecio por sus experiencias, sus hábitos y sus errores. Las mujeres cargan con el peso de los prejuicios y el rechazo por el hecho de actuar con autonomía. Esta es la problemática de la que todos quieren alimentar el ojo, meter mano, pero sin dar la cara, porque es más fácil ayudar a pecar que ayudar a la “pecadora”.

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Dar a o apagar el pr im er

c ap Ă­ t u l o


Inasistidas ¿Quiénes dan la cara por las madres solteras?

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a ausencia paternal se fecunda, al igual que el embrión en el vientre de la futura madre, una mujer con el temor de asumir una vida que nueve meses más tarde estará en sus manos. Un sin fin de preguntas la invaden, pero solo los años le responderán sus dudas, pues son preguntas de crianza, de mantener a un hijo sin el apoyo de quien debería responder, pero no lo hará, mientras que ella protagoniza la escena cotidiana, con la cabeza llena de interrogantes y la barriga llena de huesos. Y en el momento en que por parto natural o por cesárea, la vida la bautiza como “madre”, en ese preciso mo-

mento la sociedad la apadrina y la clasifica como “vagabunda”, porque el peso que suman las pocas libras del recién nacido en sus brazos y las responsabilidades que implicaY en el momento en que por parto natural o por cesárea, la vida la bautiza como “madre”, en ese preciso momento la sociedad la apadrina y la clasifica como “vagabunda”, porque el peso que suman las pocas libras del recién nacido en sus brazos y las responsabilidades que implica tener un hijo siendo madre soltera no son suficiente carga, aún puede soportar los chismes y los comentarios de traer a un niño al mundo sin ni siquiera

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haberse casado o protegerse al menos. A la larga, se le resta el mérito de asumir con los cojones que le faltaron al progenitor de hacerse cargo de una vida, porque así son las masas, expertas en tachar y desechar los actos de coraje y amor solo por no cumplir los requisitos de aceptación, como si se tratará de un club exclusivo donde solo pueden entrar quienes no cometen errores, como intentado imitar las reglas de un paraíso que nadie ha visto, como jugando a ser San Pedro cuando la verdad es que solo son verdugos de las mujeres que no cargan una cruz, pero amamantan a un “pecado”. En Colombia, el 84% de las mujeres que tienen hijos son madres solteras, si, son bastantes las pecadoras, las errantes, las desprestigiadas féminas que tienen que aguantar las opiniones imprudentes y las preguntas ofensivas, como si un “búsquele un papá” ayudara en


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algo la situación por la que están pasando. La pregunta es: ¿Por qué recaen en ellas las críticas? Lo correcto sería reprochar y cuestionar el comportamiento de quien abandona y renuncia a sus responsabilidades como padre, pero claro, el machismo está inculcado en las cabezas y no es tan grave irse como lo es criar a un hijo haciendo el rol paterno a la vez. Indignante es ver que tan estúpido e ignorante es el pensamiento colectivo guiado por la influencia machista que parece nunca pasar de moda en este país.


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Las experiencias varían, La vida de cada madre soltera es una historia, un mundo que encierra experiencias, motivos y consecuencias. Pero no todas, como el caso excepcional de María Eugenia Dávila, aceptan contar la historia y se enorgullecen públicamente de su maternidad. La mayoría, protegidas o refugiadas en el anonimato, prefieren, por miedo o por vergüenza, guardar silencio. Son unejército de mujeres de todas las edades y clases sociales con un común denominador: el de ser madre solteras.


madre soltera

Inasistidas

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obre el “madresolterismo” en Colombia, que es algo así como el nombre científico del fenómeno, no existen datos oficiales. Pero se sabe que cada día aumentan las mujeres que acuden a los hospitales a tener un hijo por el cual no existe un padre que responda. Las madres solteras han estado tradicionalmente relegadas a chismorreos o consideraciones despectivas. O, en el mejor de los casos, a la lástima de la sociedad. Pero casi nunca a investigaciones tendientes a identificar el fenómeno de la madre soltera, y que planteen alternativas, para integrarla a la sociedad y otorgarle la protección legal a la que tiene derecho su hijo, y ella misma, como madre.


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Tradicionalmente, en nuestro constexto ha sido aceptado como condición de hecho en los sectores populares, pero tratado en la intimidad de los hogares de clase media y alta casi siempre como un atentado contra la honra familiar. No hace mucho, las madres solteras recluían a sus hijos en hospicios y ellas mismas se refugiaban de por vida en conventos, “con la mancha indeleble de su pecado”. Las cosas han cambiado un poco. Pero sólo un poco. Porque el “madresolterismo” continúa representando para la mayoría de las mujeres que lo experimentan, una cadena de sufrimientos y uno de los mayores traumas que puede sufrir una madre y su respectiva familia. La investigación de la socióloga Ana Rico indica que en ciudades como

Bogotá, Medellín y Cali, 13 de cada mil jóvenes entre los 12 y los 19 años de edad tienen un embarazo siendo solteras. De estas trece, ocho conservan el hijo y las cinco restantes lo entregan en adopción, o experimentan abortos espontáneos o inducidos. La legislación colombiana define a las madres solteras como “toda mujer que no ha contraído un vínculo matrimonial de tipo civil o religioso y tiene un hijo, independiente del tipo y estabilidad de su vínculo marital”.Hasta hace pocos años ambos, madre soltera e hijo, eran ignorados por las leyes y estaban desterrados del derecho de familia. Pero hace algún tiempo el fenómeno de la madre soltera comenzó a ser reivindicado por la otra punta: la del hijo natural.


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A partir de 1982, la ley borró las diferencias entre los hijos legítimos y los naturales, con lo que desapareció una de las más tradicionales injusticias jurídicas. Pero en lo que a las madres solteras respecta, su atención corre a cargo del Instituto de Bienestar


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Familiar, donde no existe para ellas ningĂşn programa particular. Los casos se atienden dentro del programa de ProtecciĂłn al Menor Abandonado que cobija bĂĄsicamente a la clase baja, que es la que con mayor frecuencia lo solicita.


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Las mujeres de estratos superiores buscan otros recursos distintos al del ICBF, y por regla general, las de clase más alta se van del país. La ayuda que brinda el ICBF consiste en pagar cupos en instituciones privadas que prestan orientación médica, psicológica y social. Por lo general, estas instituciones son atendidas por religiosas, y hay 16 en el país: seis en Bogotá, tres en Cali, tres en Medellín y una en Buga, Cartago, Bucaramanga y Manizales, sin contar aquellas donde los niños se entregan en adopción. Cada institución tiene un promedio de 70 cupos, y recibe dos turnos anuales. Eso da una cobertura de 2.240 casos atendidos cada año, cifra que resulta irrisoria frente al creciente número de casos de madres solteras en el país. Esta atención no se presta a nivel ambulatorio, y la existencia de estas instituciones no corresponde a una política estatal de asistencia, sino a prácticas caritativas de la Iglesia, tendientes a prevenir la práctica del aborto.


Inasistidas


Inasistidas

Los pocos que se han propuesto avanzar un poco en la investigación del fenómeno del “madresolterismo” indican que hay que diferenciar entre dos grupos de mujeres: las que han buscado el embarazo, o sea, que conscientemente optaron por la maternidad. Es el caso de Elisa, una mujer soltera de 40 años, ejecutiva capaz y dinámica, quien contó a SEMANA que tomó la decisión de ser madre hace 7 años. “Quería tener un hijo, y me asustaba la idea de llegar a los 35 años sin haber cumplido mi deseo, porque a esta edad la maternidad comienza a presentar ciertos riesgos para la madre y el hijo. Establecí una relación con un hombre ya maduro, casado y sin hijos, de muy buena posición social. La relación se acabó cuando tuve el niño, pero nunca ha dejado de apoyarme”. Podría decirse que esta categoría de madres solteras obedece a un


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fenómeno cultural que tiene sus raíces más directas en los movimientos de liberación femenina. Uno de los más conocidos antecedentes proviene de la década de los setenta, cuando mujeres matriculadas en movimientos feministas norteamericanos y europeos asumieron como una de sus reivindicaciones el hecho de tener hijos sin estar casadas. Por ello se agruparon bajo el lema de “Mujeres deliberadamente solteras”. Pero no hay duda de que el factor que más incide en una madre soltera voluntaria ha sido el fenómeno de incorporación masiva de las mujeres a la fuerza laboral: en la mayoría de los países industrializados más del 40 No de la fuerza laboral es femenina, lo que brinda a las mujeres razones de autonomía para decidir que no casarse no tiene que significar la frustración del instinto maternal a futuro.


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En el segundo grupo están las madres solteras que quedan embarazadas involuntariamente, bien porque fueron forzadas a tener relaciones sexuales, o porque no tuvieron en cuenta sus consecuencias. En este grupo está Martha, soltera y estudiante universitaria. Entrevistada por SEMANA, contó que cursaba 5 año de bachillerato, a los 17 años, cuando quedó embarazada. "Mi novio huyó de la situación. Me echaron

de la casa. No sé de dónde saqué fuerzas para tener el niño-tal vez me daba más miedo abortar-y cuando lo tuve, mi mamá decidió ayudarme y me volvió a recibir en la casa".


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Es necesario mirar desde otra perspectiva, mirar como humanos y no como seres indiferentes que perciben de manera superficial sin tener conocimiento profundo de la problemática y de lo que significa cada palabra que sale de la boca, sin calcular la magnitud de daño que provoca, puesto que cada persona es un medio de difusión se producirían cambios importantes si se dejara de propagar la intolerancia y las costumbres cancerígenas para una sociedad que se encuentra enferma y que requiere de mejoras, dichas mejoras comienzan a darse por usted, ¡si usted! Es respetable que no apruebe, pero respete al menos.


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El aborto es una realidad en nuestra sociedad, que se haga el ciego es otra cosa

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uchas son las razones que impulsan a miles de mujeres a realizarse abortos y muchas más son las críticas que se desatan cuando se hace pública esta decisión tan personal. Se les tilda de “asesinas” como si la sociedad no se encargara de matar pública y moralmente a la mujer que opta por terminar con su embarazo. Aunque hay toda una serie de discursos en torno al aborto, opiniones divididas y posturas a favor y en contra, es en la mujer en quien recae toda la presión por su decisión de interrumpir su estado de gestación. Si bien la decisión se cree que debería ser mutua


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entre la pareja, hay que tener claro que la mujer posee completa autonomía de su cuerpo. Tampoco se está respaldando la decisión de abortar por un simple capricho, como ya se dijo, el tema es bastante extenso y el objetivo no es abordarlos a fondo, sino dar un punto de vista intentando mostrar a la mujer que lo hace y las consecuencias sociales y éticas que la invaden por esta decisión. Vivir el problema en silencio y soledad: La vergüenza, la culpa, la falta de confianza y el hecho de que este tema sea tabú dentro de una familia y de la sociedad, puede ocasionar que se vivan los problemas en silencio y en soledad; desde


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una infección hasta una duda recurrente sobre algún aspecto sexual como la propia identidad sexual, puede llevar a vivir estas experiencias con mucho miedo, estrés, ansiedad, angustia, sentimientos de culpa, tristeza… por lo que puede ser más fácil que se produzcan pensamientos, emociones y sensaciones que acaben ocasionando otros problemas físicos, psicológicos y psiquiátricos más graves. Tanto el aborto como el tener un hijo no deseado puede ocasionar graves problemas de autoestima y hasta lo que llamamos el “Síndrome del fracaso” que se trata en interiorizar que se ha de ser un fracasado por algo que se hizo en el pasado “Ya he acabado así, no tengo solución” y por tanto la persona deja de proponerse metas retadoras y se auto boicotean para protegerse de la


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frustración de cometer nuevos errores por lo que simplemente se quedan paralizados y carentes de posibilidades para superar la situación; especialmente si sufren rechazo social, lo que es muy normal especialmente si son jóvenes se deben de acostumbrar a que les señalen con el dedo y les juzguen por el embarazo o el aborto; en otras ocasiones todavía suele ocurrir que los padres son forzados al matrimonio, que deben de abandonar sus estudios, suelen sufrir problemas económicos graves, además de en muchas ocasiones problemas familiares y sentimientos de haberse defraudado a sí mismos y a sus familiares. En la mayoría de los casos a la mujer nunca le dijeron todo lo que le podía pasar. Muchas veces, se explica el aborto como un procedimiento quirúrgico clínicamente


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seguro. Pero los aspectos del llamado procedimiento “seguro” pueden dejar un deterioro físico permanente, sin mencionar el potencial de problemas psicológicos crónico. Además de las complicaciones físicas, las mujeres sufren emocional y espiritualmente de lo que ya se ha identificado como el “Síndrome post-aborto.” Estos efectos del aborto incluyen sentimientos de culpa, angustia, ansiedad, depresión, baja autoestima, insomnio, diversos tipos de neurosis y de enfermedades psicopáticas, tendencia al suicidio, pesadillas en las que aparecen los restos del bebé abortado, recuerdos dolorosos en la fecha en que hubiera nacido, etc.


de abortar

Sin duda el aborto tiene muchos efectos secundarios, el procedimiento no es un camino de rosas para la madre y puede en si ser traumĂĄtico, por ello se recomiendainformarse bien de cĂłmo va a ser y que se va a sentir, asegurarse de aclarar las dudas con el mĂŠdico.

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Conse cuen cia s


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l procedimiento para el aborto (inducido) y sobretodo sus consecuencias pueden crear inseguridades y dudas en la mujer que pueden desembocar en ansiedades y miedos, por ejemplo: Si hay riesgo de más abortos después, si puede afectar a la fertilidad, alteraciones menstruales, infecciones, dolor… Yo recomiendo que la mujer se informe pues el saber que esperar puede evitar preocupaciones posteriores al saber si un dolor “es normal” o no. Además, es muy importante que el aborto sea realizado en centros sanitarios preparados, se dan casos de

mujeres que por vergüenza acaban en sitios menos “decentes” y ello pone en peligro sus vidas. El aborto tiene consecuencias negativas (como muchos otros procedimientos médicos) y la mujer debe poder conocerlas de antemano y prepararse para ellas. Además, la mujer debe estar segura de su decisiónEn abortos naturales o espontáneos las ilusiones, los planes, el amor… Todo se desvanece. Supone un golpe muy duro para la mujer y para la pareja. Es algo no buscado, no esperado e imprevisto que trunca todos los planes futuros de familia.


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La mujer pasara por un periodo de luto. SentirĂĄ pena, miedo y ansiedad. TambiĂŠn puede aparecer la culpa pues se suele pensar (aunque no sea cierto) que igual podrĂ­a haber hecho algo para evitarlo, que es culpa suya porque es su cuerpo. Muchas mujeres se cierran en banda con su dolor y deciden no hablar sobre lo que sienten, aislarse. Se distancian de su familia, de sus amigos. A veces incluso pueden sentir que han fracasado o que le han fallado a su pareja e incluso al propio hijo que llevaban


dentro. Aparecerá también irritabilidad. El dolor y el sufrimiento serán mayores cuanto más avanzado sea el embarazo. Pero incluso en el primer trimestre aparece un gran sufrimiento. La mujer puede incluso acabar con una depresión. Además, a una mujer que ha vivido un aborto le puede resultar muy difícil estar o ver a otras mujeres embarazadas o con sus hijos. Si hay amigos o familiares embarazados en su entorno puede sentirse traicionada por ellos o por la vida misma.

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En los abortos puede haber casos en los que se sientan arrepentimiento, problemas de sueño, sentimientos de vacío. Por lo general a todo esto se añade que entre un 30 y un 50% de las mujeres que han sufrido un aborto presentan disfunciones sexuales. Muchas mujeres experimentan síntomas de ansiedad, sobre activación, pesadillas recurrentes, etc… lo cual se

conoce como el síndrome post-aborto. Este sería una versión similar al estrés postraumático enfocada específicamente a casos de aborto. Hoy en día la mayoría de manuales no reconocen este síndrome, por lo que se agruparían estos síntomas en otra categoría, pero es una forma fácil de comprender el grado de afectación que puede llegar a tener para una madre.


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Las opiniones negativas no construyen, solo se anidan en las mentes y es justo desprenderse de los prejuicios si desea adquirir una postura frente al problema de las madres inasistidas. Es preciso ser parte de la soluciĂłn y no seguir demacrando la imagen de mujeres que solo han sido vĂ­ctimas de los colectivos excluyentes de esta sociedad.


alimenticios s e g undo

ca pĂ­ tul o


sin apetito víctimas de la anorexia y la sociedad

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simple viste se ven muy delgadas, extremadamente delicadas, débiles y agotadas por ser víctimas, en parte por la belleza prototípica que los medios han impuesto y que después de pasar estos límites estéticos se convierten en enfermas ante los ojos de una sociedad que posee tantos males como ellas y que se encarga de causar más inseguridades a quienes solo quieren aceptación.

Los llamados comúnmente trastornos de la alimentación son de hecho trastornos de la conducta que se tienen en relación con la alimentación y que se conocen también como desórdenes o trastornos del comer, de la ingesta, alimenticios, de la conducta alimentaria, etc. Entre dichos trastornos los más importantes, por la gravedad que conllevan, son la anorexia y la bulimia nerviosas, conocidos médicamente como trastornos alimentarios no específicos.

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Sin apetito


Sin apetito

La palabra anorexia se ha conocido desde siempre como sinónimo de falta de apetito, aunque posteriormente se ha demostrado que en la enfermedad conocida como anorexia nerviosa no existe dicha carestía, sino que es una negación a comer con el único objetivo de no engordar. Por tanto, se trata de un trastorno socio-psico-biológico de creciente trascendencia sanitaria, cuyo estudio reviste un indudable valor formativo. Podríamos añadir la progresiva trascendencia sociológica tras la alarma social que ha despertado durante la década de los noventa, por lo que nos encontramos ante conductas que afectan directamente al cuerpo, reflejan un cierto tipo de vulnerabilidad individual en cuanto

CAU SAS

¿qué factores originan este trastorno?

a personalidad y maduración, y ocurren en una familia con determinadas características previas a la aparición del trastorno, aunque no siempre es así y suceden predominantemente en una sociedad en particular, marcada por una ética y una estética determinadas, la de priorizar la imagen externa por encima de cualquier otro valor. Las causas de la anorexia son múltiples y resultan de la interacción de fac-


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tores propios del individuo, de su familia y de la sociedad, no obstante, cada caso debe ser examinado de forma individual. La causa fundamental desencadenante de la anorexia es la falta de autoestima personal y plantea como condición básica para lograr la recuperación de una anoréxica nerviosa el conseguir desarrollar en ella un saludable sentido de auto apreciación con el que pueda superar el vacío. Por otro lado, una gran mayoría de trastornos simples o complejos conllevan, por parte de quienes los padecen, dificultades para interaccionar adecuadamente con otras personas, por lo que es frecuente considerar los déficits en habilidades sociales como un elemento concurrente, cuando no causal, en problemas tan variados como las fobias, la depresión o los trastornos esquizofrénicos, entre otros.


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a potencial enferma se encuentra en el conjunto de mujeres púberes de países desarrollados como el mayor grupo de riesgo tras el detonante que enciende la enfermedad, como pueden ser las risas de los compañeros, los comentarios de alguien sobre su figura, sus deseos de independencia o simplemente que no le gusta alguna parte o la forma de su cuerpo. Por tales motivos comienza a dejar de comer, al principio sólo ciertos alimentos, después proteínas, más tarde vitaminas y minerales, hasta caer en un círculo infernal, del que no podrá salir sin ayuda. Negando la evidencia de su delgadez se imagina estar


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obesa, angustia que debe evitar dedicando a ello todos los actos de su vida. La fobia se ha establecido no sólo con el hecho real de estar obesa, sino con su imagen mental de estarlo. Algunos psiquiatras han hablado de una alteración psicótica del esquema corporal, otros afirman que en las anoréxicas no hay nada que indique la existencia de una psicosis, aunque si es comprensible una alteración de la percepción de sí mismas producida ante la necesidad de seguir practicando, lo que se ha convertido en su arma favorita contra la angustia, la delgadez.


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a anoréxica deifica la delgadez de tal forma, que la enfermedad adquiere un carácter religioso, en el mismo sentido que lo son las sectas. Estos conceptos abren una nueva dimensión al abordaje teórico y terapéutico, que puede servir como eficaz ayuda a la solución de este difícil problema. La persona que está padeciendo una Anorexia Nerviosa sufre una insoportable sensación de soledad e incomprensión y, a menudo, deseos de que su vida termine. Dentro de la Anorexia Nerviosa, existen algunos cuadros peculiares:

• Restrictiva: No aparecen vómitos ni diarreas provocadas, sólo disminución drástica de la ingesta de alimentos y ejercicio físico. • Purgativa y/o purgo bulímico: Las afectados pierden peso y se provocan el vómito con suma facilidad. Lo hacen a escondidas y mienten sobre su situación, lo que hace menos visible y controlable la enfermedad. A menudo la práctica del vómito suele ser contagiada por amigas o por imágenes de series televisivas.


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• Cuadro parcial: Es mucho más frecuente en la adolescencia encontrar cuadros parciales de Anorexia que cuadros totales. Presentan los mismos síntomas que los anteriores, pero con menos intensidad; no obstante, el paso a cuadros totales es muy frecuente, por lo que también requiere tratamiento médico inmediato. • Cuadros atípicos: Son anorexias involuntarias. La pérdida de peso no se asocia a una necesidad de adelgazar y no hay causa médica que lo justifique. En muchas ocasiones aparecen vómitos asociados a una situación que para la persona que la sufre resulta incomprensible. Suelen ser cuadros complejos y potencialmente graves.


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Aproximadamente un 40% de las jóvenes de 15 años se consideran gordas y un porcentaje similar están a disgusto con su propio cuerpo, pero, en realidad, la población con riesgo de padecer anorexia nerviosa o algún Trastorno de la Conducta Alimentaria es del 10% de las chicas. En cuanto a los grupos de riesgo, destacan aquellos en los que las profesiones de las o los jóvenes recomiendan pesos bajos, incluso por debajo de lo aconsejable para la salud: artistas, modelos, deportistas, etc. Igualmente tendrán más riesgo aquellas/os jóvenes que ya han presentado algún trastorno de la conducta alimentaria con anterioridad o cuyas madres o hermanas lo han padecido en algún momento.


odos podemos intervenir en mayor o menor proporción a cambiar la frecuencia en que se desarrollan estos trastornos, ya que la adolescente anoréxica se siente sola, incomprendida, y a menudo, desea que su vida termine. Por este motivo es importante apoyar a la anoréxica, brindándole un total y completo apoyo, para que la voluntad de comer de la paciente regrese por sí sola y no por el control de personas externas a ella. Luego de conocer un poco más sobre este trastorno, puede hacer un examen de conciencia frente a su postura, su comportamiento y su punto

de vista acerca de lo que es la belleza, en parte eso es lo que detona el desorden alimenticio de una mujer, la falta de confianza en sí misma por culpa de los prejuicios estéticos que se tienen en la sociedad. No sea parte del desorden, haga parte de la cura, respete las diferencias físicas que tiene cada persona, apoye a quien padezca de este trastorno y, por último, difunda ideas de tolerancia y comprensión en las personas excluidas por la comunidad, no promueva la exclusividad de ciertos cánones de belleza, porque esta es amplia y diversa.

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esados

prejuicios

El rechazo por tener unos kilos de más iniciarse en la infancia y adolescencia, y que tiene su origen en una interacción genética y ambiental, siendo más importante la parte ambiental o conductual, que se establece por un desequilibrio entre la ingesta y el gasto energético. La obesidad en sí misma es un factor de riesgo para la salud de la población, que influye en el desarrollo y en la progresión de diversas enfermedades contribuyendo a reducir la esperanza de vida en los individuos obesos, que empeora su calidad de vida, que limita en gran medida su

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a obesidad se define como un aumento de composición de grasa corporal. Este aumento se traduce en un incremento del peso y aunque no todo incremento del peso corporal es debido a un aumento del tejido adiposo, en la práctica médica el concepto de obesidad está relacionado con el peso corporal. La obesidad debe ser entendida como una enfermedad crónica, de forma semejante que lo es la diabetes mellitus o la hipertensión arterial. Es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, que suele 50


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actividad y que provoca ademรกs problemas de autoestima, movilidad, relaciรณn social, laboral y sexual. Tres factores influyen directamente en este proceso: el grado de obesidad, el tiempo de evoluciรณn de la misma, y la edad de los individuos obesos. la discriminaciรณn sufrida por obesidad


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es muy distinta en función del género, puesto que “para que un hombre sea considerado gordo ha de tener mucho más sobrepeso que para que lo sea considerada una mujer”. Dicho de otro modo, la obesidad es un elemento más que se añade a la lista de discriminaciones que suma una mujer, sometida a una mayor presión de imagen que el hombre. Las motivaciones estéticas o de salud como las principales en las que se apoyan quienes discriminan a otros por una cuestión de kilos, al tiempo que lamenta que ni “siquiera nos respetan cuando denunciamos esta situación, no nos tienen en cuenta”. Los traumas que pueden llegar a suponer esta discriminación terminan siendo más perjudiciales para la salud que el propio sobrepeso.


pesados prejuicios

El resultado es que los complejos, los traumas que pueden llegar a suponer esta discriminación terminan siendo más perjudiciales para la salud que el propio sobrepeso. Tanto es así, que situaciones como hacer deporte para, precisamente cuidarse, se hacen imposibles por la vergüenza que se tiene ser víctimas de burlas.


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La baja autoestima es un rasgo muy común que podemos encontrar en las mujeres con sobrepeso porque en la mayoría de los casos, manifiestan no sentirse en sintonía con su cuerpo. Las causas de la baja autoestima son distintas y se producen por el cúmulo de situaciones con las que conviven día a día como por ejemplo notar que no pueden comprar la ropa que les gustaría porque en los comercios no disponen de tallas para su peso,

Tra uma Unos kilos de más pueden no ser tan pesados como las burlas y el rechazo.


a eventos en los que está presente la comida, como cenas o comidas de empresa, etc., puesto que creen que no van a ser capaces de controlar lo que comen y que pueden llegar a ser el hazmerreír de sus amigos y compañeros. Además de situaciones donde está presente la comida, las mujeres con obesidad o sobrepeso que tienen baja autoestima y que se sienten muy acomplejadas, también evitan situaciones sociales en las que tengan que exponer su cuerpo de forma clara o que requieran ciertas habilidades físicas, por ejemplo, ir a la playa, a una excursión, a bailes, ciertos deportes, etc.

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la imposibilidad de realizar ciertas tareas o distintos tipos de deportes, las mofas por parte de compañeros, familiares o amigos respecto a su tamaño, y así múltiples situaciones que la mujer que sufre de sobrepeso va guardando en su personalidad. Si una persona no se valora y cree que no sirve para nada, o que no da la talla en determinadas situaciones, difícilmente va a sentirse pleno o plena en compañía de otras personas, este hecho no sucede en todas las mujeres obesas por igual, pero es notable que muchas de ellas evitan salir con amigos o compañeros, sobre todo


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Se sabe que la idealización del cuerpo extremadamente esbelto está muy arraigada en gran parte del mundo desarrollado. En la nueva investigación, la doctora Alexandra Brewis, experta en antropología biológica, y su equipo querían investigar si esta idealización se había extendido a otras regiones del planeta, incluidas aquellas donde el cuerpo más redondo y "relleno" era el preferido culturalmente. En esta lucha desesperada por alcanzar el peso más bajo posible, la obesa es vista como aquello a lo que se tiene miedo y no se quiere llegar a ser. Las mujeres obesas sufren constantemente la humillación


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y la discriminación de una sociedad que no está adaptada para ellas, que las excluye y las rechaza. A pesar de que la obesidad es una enfermedad que necesita tratamiento, no se puede excluir a la obesa hasta que tome la decisión de recuperar su salud. La sociedad debe aceptar y respetar a la persona excedida de peso y brindarle las mismas posibilidades que al resto de los individuos.

Las personas tienden a pensar ‘que está así porque quiere’, ‘no tiene voluntad’ o ‘no quiere adelgazar’. Se ve a la obesa como alguien carente de voluntad y compromiso, un prejuicio incierto e infundado.


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pesados prejuicios

Que los estigmas implantados en su cabeza no lo limiten a creer que una mujer obesa es una persona defectuosa, no es un objeto, posee habilidades y cualidades que pueden sobresalir mรกs que su peso si se deja de lado la ignorancia y la indiferencia a una problemรกtica que se encuentra presente en nuestro entorno.


las miradas hablan mĂĄs que mil palabras, pero en ocasiones agreden y bastante.

te rce r

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Perseguidas

Acosadas La sociedad no parece tener problema con que se les diga o se les mire de cierta manera, pero esto puede llegar a ser el abrebocas para algo peor...

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ildar como “perra” a una mujer por cómo se viste es lo que convierte a la sociedad en una organización que manipula y luego señala con doble moral y machismo, factores que no pueden faltar y que se ha mencionado en este libro. Se habla de doble moral porque mientras muchos critican y juzgan a la hora de hablar, a su vez, disfrutan y “alimentan el ojo” al ver a una mujer que viste de tal manera.

Las miradas depravadas y los piropos vulgares que tienen que soportar las mujeres es el día a día en medios de transporte, centros comerciales, bares, etc. El acoso parece ser algo normal, pero el problema es más grave de lo que parece ya que puede ser la antesala de violaciones y agresiones a la mujer. La cultura machista ha llevado el pensamiento retrogrado e ignorante a tal punto que las culpables de


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sufrir acosos sean las mismas mujeres, como eximiendo de la culpabilidad al hombre que agrede verbal o físicamente. El acoso callejero es un tipo de violencia particular, tanto física como verbal, ya que por lo general no implica una relación entre la víctima y su agresor. Esta violencia incluye prácticas como silbidos, comentarios sexualmente explícitos, miradas fijas, masturbación pública, seguimiento, tocamientos (“metida de mano”), exhibicionismo (mostrar los genitales), entre otros, del que son víctima las

mujeres cotidianamente en la calle o en el transporte público. Decimos que es violencia pues, además de ser no deseada, ocasiona en las mujeres impactos negativos como temor a transitar solas por las calles, demoras innecesarias al evitar ciertas zonas consideradas inseguras, gastos extra para poder costear transporte privado, dependencia de otros hombres (padres, hermanos, parejas, entre otros) a quienes piden compañía y protección en las calles, abandono de centros de trabajo, entre otros.


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Acoso calle jero


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l acoso callejero es una forma de violencia que diariamente sufren millones de niñas y mujeres en todo el mundo. Existe miedo y, a la vez, enojo generalizado por ser blanco de silbidos, masturbaciones, exhibicionismo, manoseos e insinuaciones sexuales en lugares públicos. Lamentablemente, esta situación es culturalmente aceptada y muchos hombres consideran que sólo buscan halagar a la mujer o que su conducta es el resultado de una ‘provocación’ femenina por su forma de vestir. Las víctimas de acoso callejero no saben cómo defenderse y permanecen en silencio. La falta de acción de las autoridades también las desalienta a denunciar ya que, en muchas ocasiones, se encuentran con mofas y falta de sensibilidad.


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Todas las mujeres tienen derecho a transitar libremente y con la confianza de no ser violentadas, independiente del contexto, la edad, la hora del día o el vestuario que ocupa la persona agredida, los derechos humanos no dependen ni se suspenden por detalles del entorno. No hay excusas ni justificaciones para el acoso sexual callejero. Es violencia de género, pues refleja en el espacio público la desigualdad de poder entre hombres y mujeres, a través del abuso sexual. En la actualidad, la violencia sexual es penada y no tolerada en otras situaciones y contextos (acoso laboral, estupro, violación), pero está pendiente sancionarla cuando ocurre en los espacios públicos.


Perseguidas

Algunas manifestaciones de acoso sexual callejero son aceptadas como “folclóricas” o “tradicionales”, lo que tampoco debe ser argumento para tolerar esta vulneración. La violencia no puede ser patrocinada con orgullo por ningún pueblo o nación. A la vez, el acoso callejero se vincula a la “coquetería” y sexualidad. Cada cual tiene derecho a experimentar su sexualidad como estime conveniente, siempre que no atropelle las libertades del resto. Quienes manifiestan su incomodidad y rechazo tienen derecho a mostrar su incomodidad. Asimismo, quienes acostumbran a acosar, deben comprender que han confundido la coquetería y galantería con violencia sexual.


Perseguidas

A la vez, el acoso callejero se vincula a la “coquetería” y sexualidad. Cada cual tiene derecho a experimentar su sexualidad como estime conveniente, siempre que no atropelle las libertades del resto.Quienes manifiestan su incomodidad y rechazo tienen derecho a mostrar su incomodidad. Asimismo, quienes acostumbran a acosar, deben comprender que han confundido la coquetería y galantería con violencia sexual.


Por todo lo anterior, las víctimas no deben sentir culpa o vergüenza por sufrir acoso sexual callejero, puesto que NUNCA ES SU CULPA. Lo importante es reflexionar de manera crítica y consciente, teniendo en cuenta que esta problemática afecta a personas particulares, pero responde a un fenómeno social complejo


re speta


Recursos bibliográficos 20minutos.es. (2017). La mujer, en el foco de la actual epidemia de obesidad - 20minutos.es. [online] Available at: http://www.20minutos.es/ noticia/1644382/0/mujer-foco/epidemia-obesidad/crisis/ ALIMENTACIÓN, A. (2017). ARTICULO ANOREXIA EN ADOLESCENTES: TRASTORNO DE LA ALIMENTACIÓN. [online] blogspot.com.co. Available at: http://amatu-vida.blogspot.com.co/2012/05/v-behaviorurldefaultvmlo.html Bogota.ihollaback.org. (2017). Reportaje sobre acoso callejero – Bogotá ¡Atrévete!. [online] Available at: https://bogota.ihollaback.org/174-2/ País, E. (2017). Cartas al director | El aborto como problema social. [online] EL PAÍS. Available at: https://elpais.com/diario/1983/10/15/opinion/435020405_850215.html Revista semana. (2017). las madres solteras en Colombia. [online] Available at: http://www.semana.com/especiales/articulo/el-madresolterismo/7968-3


A las 96 horas de empezarse en Bogotá, el día 7 de septiembre de 2017 en horas de la tarde se imprime este libro en Zarate impresiones. Para su composición se utilizaron las fuentes tipográficas Open Sans y Dry Brush. He aquí el resultado del insomnio, el café y el cigarrillo.

Vagabunda Sociedad  

Crítica social

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