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El 5-J tú decides cómo quieres vivir los próximos cinco años Alejandro Narváez Liceras (*) E.mail: narvaez1002@gmail.com El próximo 5-J decidimos los peruanos cómo queremos vivir los próximos cinco años, “con más corrupción o con menos”, “con más democracia o con menos”, “con más prosperidad para todos, o sólo para unos pocos”. “Estamos en un momento clave de decidir la dirección de nuestro voto”. Nuestra débil democracia ha sido contaminada de desconfianza por la propia sociedad. Desconfianza alimentada en parte por el rol manipulador y mediocre de algunos medios de comunicación. Según Barómetro de las Américas 2010, vivimos en un país donde la democracia goza apenas de un 60,1% de apoyo de sus ciudadanos. Hay varias razones que explican este bajo nivel de simpatía: la corrupción generalizada, la creciente desigualdad social, la inseguridad ciudadana, la exclusión social. Por lo tanto, las elecciones pueden terminar siendo como una simple operación legitimadora de algunos grupos económicos que no quieren una democracia real y sólida. Los picos más altos de corrupción se dieron en el Perú en la década de los noventa, en el marco de una dictadura feroz, que duró diez años. En ese mismo periodo surgieron nuevos ricos con fortunas incalculables, en cambio, el 50 % de peruanos vivían con ingresos inferiores a dos dólares por día. Lo grave de la situación es que la corrupción persiste actualmente y se extiende a todos los niveles de nuestra sociedad. Por supuesto, hay sectores especialmente sensibles a este flagelo: la administración de la justicia, las administraciones públicas, los partidos políticos, los organismos del Ministerio de Economía y Finanzas, el Congreso, las empresas del Estado, y para qué seguir. Las turbiedades públicas están en todas partes. En la sociedad actual sólo vale ganar dinero no importa cómo, tener poder, a cualquier precio, a golpe de lo que sea, engaños, faenones, trampas, turbiedades públicas etc. Estamos en un país del chanchullo, de las maniobras, del tejemaneje, del enredo, de la confabulación, de la intriga, en la que nadie se fía de nadie, en la que nada se da por bueno, donde existe el tópico de que “todos son iguales”, donde los medios de comunicación manipulan a la gente a su real gana. Este clima hostil de recelo y suspicacia generalizada en lo social y cotidiano se agrava sobremanera en lo político y pone en riesgo permanente la propia democracia. Teóricamente en democracia, la corrupción se puede combatir a través de distintos medios y controles existentes. Pero cuando la corrupción avanza peligrosamente, porque no se tiene una acción fulminante y porque los mecanismos democráticos del que se dispone no se emplean, no funcionan o simplemente hacen de la vista gorda quienes deben combatir, puede presentarse una situación límite, es decir, los casos aislados terminan siendo una pandemia que invade y pervierte todo y la gente termina decepcionado de la democracia.


La alicaída democracia peruana recuperada a puro pulso, puede morir de frustración, de apatía, de hipermediatización publicitaria, de adicción al poder. Por su puesto, los que creemos en la democracia, no tenemos otra opción que defenderla, pero enraizándola en los mismos principios y valores, que John Rawls (1999) ha resumido en una expresión feliz: “El ejercicio de la razón pública”. Ejercicio, según Vidal–Beneyto (2007), que tiene en la deliberación y el debate el verdadero baremo de la vida democrática, del que la práctica del voto es sólo una consecuencia. Quiero creer que hay una inmensa mayoría de peruanos, que se niegan aceptar que una sociedad más decente y sin corrupción sea inalcanzable. No estoy de acuerdo con quienes dicen, no importa que robe, pero que haga obras. No quiero que mis hijos vivan en una sociedad donde prime la cultura del facilismo, por eso no comulgo con quienes predican que el dinero viene solo. Aspiro vivir en una sociedad, más humana, más solidaria, abierta al mundo, con mejor democracia y de más calidad, donde prevalezca los valores de Ama Swa, Ama Quella y Ama Llulla y ¿Tú…?.

(*) Es profesor en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Pontificia Universidad Católica del Perú , Ex Presidente de Petroperú y Ex Director Ejecutivo de Foncodes. (Lima/21/5/11).

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