Page 1

El libro negro Érase una vez, una profesora, ésta daba clase en un colegio de un barrio de Madrid. Sus alumnos la adoraban, era la clase de profesora con la que no aprendes las normas ortográficas, o las excepciones del español, pero si que aprendes a comunicarte, a hablar, a escribir y a leer (a lo importante). Hay profesoras que llaman “Fomento a la lectura” a una aburrida clase en la que se lee en alto un libro que no interesa a nadie, y luego, para el colmo se les obliga a copiar preguntas sobre el libro que luego tienen que contestar; ella no decía que fomentaba la lectura, ella la fomentaba, y ya está. Ella pensaba que estudiar es como cualquier otra profesión, haces el trabajo durante el tiempo de clase, y luego vas a tu casa y te relajas, vamos, lo lógico, y lo que (desgraciadamente y misteriosamente) nadie hace. Pero lo mas importante es que era buena persona, nuca insultó (otros sí), nunca faltó al respeto a nadie(otros sí) nunca castigó a alguien porque dijese lo que pensaba(otros sí), o porque no le cayese bien(otros sí); NUNCA. Esa profesora daba clase al grupo del que ningún profesor quería hacerse cargo, del grupo que le tocaba a los que acababan de llegar, pero ella lo eligió aposta. Un día decidió dejar a sus alumnos escribir un cuento en sus clases, dijo 10 palabras que tenían que aparecer, y dejó libertad para escribir lo que quisiesen. La palabras eran: Misterio. Enano. Libro. Ornitorrinco. Edificio. Viaje. Amistad. Alegría. Bosque. Frío. Ella se olvidó de la unidad que estaban dando, o del tiempo que les faltaría para acabar el libro de lengua y les dejó escribir. Meses más tarde, un niño, le dio su cuento acabado. Era un libro muy bonito, encuadernado a mano. Un libro negro escrito con letras blancas. La profesora lo pasó a ordenador y lo llevó para que lo imprimieran de una manera parecida a como lo encuadernó el niño.


Una semana más tarde, el niño tenía en sus manos un libro, escrito por él. Nunca se olvidaría del momento en el que su profesora se lo dio, nunca se olvidaría de ella. Los años pasaron, y los niños, aunque la profesora ya no les enseñaba, no se olvidaban de ella. Un mal día de octubre, la profesora no fue al colegio, la habían diagnosticado cáncer. Era viernes a última hora, los niños estaban jugando a pelota sentada en educación física, diez minutos antes de acabar la clase llegó el director. Les dijo que la profesora, que se llamaba Aída, se había muerto. Me gustaría decir que está feliz en el cielo, pero no puedo, porque no creo en esas cosas.

El libro negro  
El libro negro  
Advertisement