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Escuela Bella Artes Alejandra Esther Hernández Mercado Tema: Danza de los Voladores totonacos Lic. Interpretación dancística del folclor mexicano


Voladores

El antropólogo Krickeberg, en su libro Los totonacas, dice que los voladores antiguamente usaban disfraz de águila y representaban las almas de guerreros sacrificados en batalla; también menciona la creencia indígena, que los guerreros sacrificados regresaban a la tierra en forma de pájaros y mariposas, cuando era el medio día, para libar el néctar de las flores; agrega que los voladores son estrellas matutinas y miradas candentes del astro del día: el Sol (Chichiní). Cecilia Bretón Fontecilla, en su artículo “Fiesta de Corpus Christi”, anota que un grupo de jóvenes solteros hace una promesa de siete años, durante éstos no pueden tener novia para no manchar la intención de su ofrenda con pensamientos malsanos, años en los cuales cumplirán practicando la danza. Samuel Martí, en Canto, danza y música precortesiana, dice que esta ceremonia de fertilidad tal vez fue disfrazada de juego para conservarla y burlar a los inquisidores cristianos; agrega que es una de las danzas más antiguas que se conocen. Un grupo, dirigido por su Caporal, sale al bosque en busca del árbol más alto y fuerte, piden perdón al dios del monte, Kiwíkgolo, “Viejo del monte”, porque van a sacrificar a un miembro de la comunidad vegetal. Comienza el chapeo donde realizarán la ceremonia, alrededor del árbol escogido; siempre acompañados de la música de la flauta. Al pasar cuatro días, regresan los danzantes y comienza nuevamente la ceremonia y la música; primeramente se dan 12 hachazos comenzando un son llamado “del perdón”, terminada la danza se retiran purificados para luego proceder al corte definitivo. Caído el árbol, más de 200 hombres –pues mide más de 20 metros- lo transportan hasta el lugar donde se enterrará. Antes de enterrar el palo se le viste con bejucos para formar las escalerillas por donde subirán los voladores; se le hacen los arreglos necesarios para realizar el vuelo. El día de la Ceremonia, todos los participantes deben estar en gracia con dios pues el indígena no se ha olvidado de sus deidades protectoras autóctonas, una mezcla de catolicismo y paganismo. Antes de comenzar el ritual, el caporal marca el inicio de la ceremonia con la flauta y el tamborcito. Suben los voladores uno por uno, y estando arriba, se aseguran amarrándose perfectamente en cada lado del cuadro instalado; estas esquinas representan los cuatro puntos cardinales.


Instalados los cuatro hombres, sube Caporal, que lleva la flauta y el tamborcito sujetos a la cintura; al llegar a la manzana (carrete) se sienta y dirige su mirada al oriente, invoca al sol tocando sus instrumentos, después se inclina hacia atrás sobre su espalda mirando de frente al cielo, se dirige a todos los dioses pidiendo protección para quienes realizarán el vuelo. El primer son es dedicado al oriente, el segundo al poniente, el tercero al norte y el cuarto al sur. Cuando termina esta invocación, el danzante se pone de pie en la pequeña plataforma, se endereza y yergue majestuoso en una altura de 25 o 30 metros dirigiéndose al oriente e inicia su baile girando sobre la plataforma hasta quedar nuevamente frente al oriente, siempre acompañado por la música y el “son de los cuatro puntos cardinales”. Una vez terminado el rito, el Caporal se sienta y los cuatro voladores, seguros ya de la protección divina se lanzan al vacío. Esta importante ceremonia ha tenido algunas modificaciones, antiguamente se realizaba con verdadero esplendor, pero en esencia sigue siendo la misma. Cuando llegaron los españoles, al celebrar las festividades de Corpus Christi, la religión católica parece haberse adaptado a las fechas de la gran celebración del sol.

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voladores totonacos  

trabajo

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