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REFLEXIONANDO SOBRE UN PAISAJE PECULIAR: EL BOSQUE SECO Entre los intempestivos cambios de clima de febrero y marzo me encuentro observando un paisaje peculiar de la estación (seca), mientras florecen los guayacanes y la demás arboleda se despoja de su vestidura. Veo las flores purpúreas que marcan la época cuaresmal adornar los grises y amarillentos cerros bajo el ardiente astro; el vuelo solitario del ave en la búsqueda de alimento y a las leñadoras hurgar entre matorrales el combustible para alimentar el fuego. Un ecosistema tan vulnerable, lleno de vida que sustenta especies animales y por ende a la especie humana que habita en sus derredores. Cientos de semillas son expulsadas de sus receptáculos y van esparciéndose en la distancia para anclarse al suelo cuando las primeras gotas de lluvia se asomen. Mientras ese momento llega, el árbol de las maracas secará sus frutos, el árbol de fuego abrirá sus vainas para luego vestirse de fiesta con los rojos colores robados al atardecer y el rocío mañanero alimentará los zarzales para brindarle al camino sus níveas flores.

Pero, este paisaje peculiar cada vez se deteriora por la constante extracción de sus recursos, por no valorar el aporte que a diario nos brinda su especial vegetación. Instemos a las personas que hacen uso extensivo de estas áreas a buscar estrategias para su conservación, como establecer bancos de árboles para leña para satisfacer las demandas de tantos pobladores que se han asentado en sus cercanías. Apreciemos también su belleza cuando al caer la tarde dibujan sobre el lienzo del camino un juego de sombras espectaculares movidas por el viento, donde se resguardan alados seres que brindarán su canto mañanero. No veamos


con desprecio o indiferencia al arbusto seco que duerme, su savia vive y se llenará de color con el correr de los meses, abrigará en sus ramas a las plantas rastreras que sonarán sus campanillas anunciando la humedad del suelo que nos regala el cielo. Por: Licda. Mirna Lissett Carranza Archila Docente de Zootecnia CUNORI – USAC

DESCONOCIMIENTO SOBRE BIODIVERSIDAD EN COLOMBIA: MOTOR DE SU DETERIORO El deterioro de las condiciones ambientales y el cambio climático son, de acuerdo con las conclusiones de los científicos más renombrados de mundo, causados por el ser humano. Sin embargo, es quizás la falta de conocimiento y una adecuada capacitación sobre las lecciones aprendidas sobre el desarrollo de procesos sostenibles la principal causa de estos desaciertos, que conducen en el futuro a una pérdida significativa de los recursos naturales con los que actualmente cuenta el país. “La biodiversidad está en peligro, pues durante los últimos 50 años los humanos han transformado los ecosistemas a un ritmo y con un alcance superiores a ningún otro periodo de la historia de la humanidad. Un tercio de los manglares, por ejemplo, han desaparecido sólo en las últimas dos décadas. Además, según los cálculos, los humanos son responsables de haber provocado extinciones de especies a un ritmo hasta mil veces superior al natural en los últimos siglos. La pérdida de biodiversidad tiene grandes impactos para los humanos. Quince de los 24 servicios de los ecosistemas que contribuyen directamente al bienestar humano están en declive” afirma Brigitte Baptiste, directora del Instituto Alexander von Humboldt. Por todo lo anterior el Instituto de Investigaciones de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, la Pontificia Universidad Javeriana y Econat decidieron unir esfuerzos en la primera alianza académico-público-privada que se hace en Colombia, para realizar la segunda versión del Diplomado en gestión Integral de la Biodiversidad, pensado como generador de cambios, orientado a la preservación y conservación del medio ambiente, y dotación de herramientas conceptuales para lograr una mayor asertividad de nuestras acciones en búsqueda del bienestar de la sociedad.


Los propósitos son contribuir a la gestión del crecimiento del país y ayudar al mejoramiento de las condiciones de vida del ser humano; crear sensibilización en el desarrollo de actividades en pro de la biodiversidad, y brindar elementos básicos y fundamentales para tomadores de decisiones del sector. Henry Garay, gerente de Econat señala que: “La radicalización de conflictos sociales a partir de diferencias de percepción de lo que es o debería ser el uso de nuestra biodiversidad, se explica en gran parte por el desconocimiento y el uso de conceptos propios de cada enfoque, que no propician un espacio de discusión constructivo, sino más bien excluyente, además, hoy en día la Biodiversidad se reconoce como pilar fundamental de la sostenibilidad de los procesos productivos en los que el país está basando su estrategia de desarrollo y prosperidad, así como también, en la fuente de los servicios requeridos para garantizar las condiciones de calidad de vida de una sociedad en crecimiento demográfico y socioeconómico. A través del diplomado que iniciaremos el próximo 28 de octubre, buscamos generar un pensamiento crítico, enriqueciendo y que contribuya al mejoramiento aplicado a casos reales”. Con el ingreso de Colombia a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), se generó el compromiso en relación con la conservación y la adecuada gestión de la biodiversidad en Colombia, contribuyendo a los esfuerzos de los países más desarrollados en disminuir los factores que alimentan el cambio climático al que se viene enfrentando el mundo. Es por ello que los empresarios colombianos, los gobiernos nacional y locales, y los actores involucrados en el tema ambiental y de sostenibilidad, deben estar adecuadamente capacitados de informados de los avances en investigaciones aplicadas sobre el tema. Por: Liliana Vélez Medellín 16 de octubre de 2013

LAS MAGNOLIAS ESTÁN EN PELIGRO Fósiles vivientes que andan a nuestro lado sin que lo sepamos, vestigios de la vida hace casi 100 millones de años. Y ahora están amenazadas. La que conocemos es fácil de identificar: de unos 8 o 10 metros de altura, flores blancas grandes, perfumadas, follaje tupido y hojas grandes de un verde oscuro.


Esa es la referencia más cercana a las magnolias, de la familia de las Magnoliaceae, plantas de la cual Colombia es segunda en número de especies (33), casi todas endémicas, tras de Asia donde quedaron más de 150 cuando los continentes se partieron, recuerda Álvaro Cogollo, botánico, director científico del Jardín Botánico de Medellín, uno de los más reconocidos en el continente. Antioquia es rica en ellas. Son 17 especies en la región, muchas en peligro de extinción. "De todas las conocidas en el planeta, 50 por ciento están amenazadas y al menos 25 están en estado crítico", dijo a El Colombiano Joachim Gratzfeld, director de Conservación Internacional de Jardines Botánicos (BGCI). Acá la situación no es más prometedora. El Libro Rojo de Plantas de Colombia cita que de las 33, están amenazadas 32 con la sola excepción de M. neillii, especie del noroccidente de la Amazonia. De todas, 11 está en peligro crítico. Cundinamarca y el rincón noroccidental, Antioquia y Chocó, poseen la mayor variedad, pero falta explorar. ¿Pero por qué preocuparse por la suerte de esta familia? La respuesta es contundente: "perderlas no solo es perder un organismo vivo, sino la información contenida en esas especies antiguas sobre la transformación de la Tierra en el curso de millones de años", considera Gratzfeld. En Antioquia El estudio de las magnolias en el país es impulsado desde el Jardín Botánico. Cogollo recuerda que en 2001 el Instituto von Humboldt lanzó la Estrategia Nacional de Conservación de Plantas y para estudiar si funcionaba los botánicos acordaron trabajar con un género y una familia: catleya y magnolias. El esfuerzo se enredó, pero el Jardín Botánico continuó. En 2009 el simposio mundial en China declaró la conservación de las magnoliaceae como prioridad. Allí se presentó la experiencia local y se obtuvo apoyo.


Gratzfeld reconoce que "el Jardín de Medellín está a la cabeza de la conservación de la diversidad de plantas en Colombia", donde promueve "una estrategia de conservación ex e in situ para varias de las especies de magnolias". El BGCI apoya el trabajo. Cogollo cuenta que en la revisión de herbarios se encontraron dos especies nuevas y hay posiblemente una tercera en estudio. Varias tienen nombre de la región donde fueron encontradas. M. yarumalensis, M. jardinensis, M. guatapensis. La jardinensis no la conocían en el municipio del que deriva su nombre. Tras la socialización por Cogollo y colaboradores hoy es el emblema municipal por Acuerdo y un ejemplar fue sembrado en el parque. Conservación Fuera del Jardín, instituciones como Corantioquia y el Inciva en el Valle, y la Tecnológica de Pereira trabajan en la conservación. A un congreso en agosto sobre las magnolias en el Jardín, llegaron cerca de 50 instituciones del país que trabajan o están interesadas en estas plantas. Una prioridad era crear una reserva para conservación in situ, en su ecosistema, dice Cogollo, lográndose el apoyo de Nutresa para adquirir 146 hectáreas en Jardín, un laboratorio vivo donde hay varias especies aunque falta completar el inventario. En Yolombó trabajan en una finca con la BGCI, en donde se realiza conservación y se avanza en la propagación. Sí, el mundo de las magnolias va más allá de la tradicional blanca. Una familia exótica, con flores llamativas y madera apreciada que podría ser de mayor interés... si se conserva. Por: RAMIRO VELÁSQUEZ GÓMEZ 1 de octubre de 2013

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