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A- INTRODUCCIÓN

LA COMUNIDAD

Ezequiel Ander-Egg, en su conocido texto Metodología y práctica del desarrollo de la comunidad (2005), habla a fondo sobre ¿Qué es el desarrollo de la comunidad? Señala que el ámbito operativo del desarrollo de la comunidad –como lo indica la misma expresión- es la comunidad. No cualquier comunidad, sino aquella o aquellas sobre las cuales y con las cuales se quiere llevar a cabo un programa con el fin de atender a sus necesidades y problemas, lograr su desarrollo y mejorar su calidad de vida (p.25). Así, detengámonos en este polémico concepto de comunidad. Al respecto, Ander-Egg comenta: El término “comunidad” es uno de los conceptos más utilizados en las ciencias sociales. Pero, como ocurre con otras palabras que tienen amplio uso dentro de estas disciplinas, se trata de un vocablo dotado de extensa polisemia, es decir, hace referencia a realidades muy diversas. Esta multiplicidad de significados no se da sólo en el lenguaje científico, sino también en el lenguaje corriente. En su acepción originaria, el término “comunidad” hace referencia a un ámbito espacial de dimensiones relativamente reducidas, en el que existía una compenetración y relación particular entre territorio y colectividad. En un sentido lato, la palabra denota la cualidad de “común”, o bien la posesión de alguna cosa en común. Alude, pues, a lo que no es privativo de uno solo, sino que pertenece o se extiende a varios. A veces, el término se utiliza para designar un pequeño grupo de personas que viven juntas con algún propósito común; también se puede hablar de comunidad aludiendo a un barrio, pueblo, aldea, o municipio. En otras ocasiones se aplica a un área más amplia: comarca, provincia, región, nación, continente…, hasta llegar al conjunto de la humanidad. La palabra sirve para designar algún aspecto de esas realidades, que son muy diferentes en cuanto a la amplitud espacial de “aquello” que designan. Sin embargo, hay que suponer que en todas esas realidades deben existir algunos rasgos o características, por las que se las puede denominar con este vocablo. (Ander-Egg, 2005:26). El autor constata esa diversidad a través de una revisión de los diferentes aspectos que suele destacarse: ● A veces, cuando se habla de comunidad, se designa “algo” que se inscribe en un espacio o territorio delimitado. Se trata de la utilización del término para designar a las personas y relaciones que se establecen entre los que viven en un determinado espacio o territorio: barrio, pueblo, aldea, etc., que constituye una entidad identificable e individualizable por límites geográficos precisos. ● También se habla de comunidad para designar al conjunto de personas que comparten una herencia social común: tradiciones, costumbres, lengua o pertenencia a una misma etnia. Esto connota, en la misma noción de comunidad, un reconocimiento de una historia, una identidad y un destino comunes. ● Otras conceptualizaciones destacan la dimensión psicológica de la comunidad, considerando como aspectos sustanciales de la misma el sentimiento o conciencia de similitud y pertenencia. Es lo que hace que la gente se perciba como parte de una red de relaciones y lazos comunes que la identifican psicológicamente con la comunidad de la que forma parte. ● En ciertos casos, con el concepto se alude a las relaciones sociales que existen en un conjunto de personas que comparten intereses afines y están ligadas por aspiraciones, valores y objetivos igualmente comunes. Existe otra utilización de la palabra; es cuando se la emplea para hacer referencia a una entidad funcional autónoma, aunque inserta en otras unidades funcionales más amplios. Esta funcionalidad social de una comunidad se expresa en: l​ as actividades económicas de producción, distribución y consumo; la disponibilidad de determinados recursos, bienes y servicio; las instituciones, roles, status y clases sociales que se dan en su interior. (Ander-Egg, 2005:27). De ahí la importancia –señala el autor- de delimitar el alcance que se da en el campo de los métodos de intervención social, aunque este sea tributario de los que se le da en los campos de la sociología,

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antropología y psicología social. “De todo ello, y seleccionando aquellos aspectos o factores que interesan ​a un método de acción social con el significado y alcance del desarrollo de la comunidad, diremos que los elementos estructurales más importantes son”: ● el territorio (localización geográfica), ● la población (que habita en este territorio), ● los recursos/servicios (perfil de la actividad productiva y de servicios disponibles) y ● las formas de intervención, relaciones y lazos comunes dan una identificación colectiva (sentido o conciencia de pertenencia). (Ander-Egg, 2005:29-30). Robertis y Pascal (2007) expresan que según la definición de diccionario el término comunidad se refiere al carácter de lo que es común…similitud, identidad…reunión de personas que viven juntas, que tienen intereses comunes. En otras palabras, comunidad = común unidad. El concepto de “comunidad” ha sido utilizado con dos significaciones: una es la definición de un espacio delimitado donde existe una organización de vida social parcial (barrio, aldea); la otra hace referencia a la calidad de las relaciones que se entretejen entre las personas y los grupos---esta significación espacial y cualitativa vuelve impreciso el término comunidad. –de ahí que usaremos el término colectivo. (Robertis y Pascal, 2007:31). Maritza Montero (2007) expresa que como muchas de las palabras clave en el campo de lo social, “comunidad” es un término polisémico, complejo y confuso. Así, en muchas definiciones (Chavis y Newbrough, 1986; Giuliani, García y Wiesenfeld, 1994; Sánchez, 2000) se indica que la comunidad supone relaciones, interacciones tanto de hacer y conocer como de sentir, por el hecho de compartir esos aspectos comunes. Y esas relaciones no son a distancia, se dan en un ámbito social en el cual se han desarrollado histórica y culturalmente determinados intereses o ciertas necesidades; un ámbito determinado por circunstancias específicas que, para bien o para mal, afectan en mayor o menor grado a un conjunto de personas que se reconocen como partícipes, que desarrollan una forma de identidad social debido a esa historia compartida y que construyen un sentido de comunidad (SdeC), igualmente definido en mayor o menor grado entre los componentes de ese grupo social, pero identificable en el pronombre personal de la primera persona del plural: nosotros. Es importante, en este sentido, recordar algo que advirtió Heller en 1988: la necesidad de enfocar la comunidad como “sentimiento” y no la comunidad como “escena o lugar”. Al trabajo comunitario no le interesa el sitio donde está la comunidad en tanto tal, sino los procesos psicosociales de opresión, de transformación y de liberación que se dan en las personas que por convivir en un cierto contexto, con características y condiciones específicas, han desarrollado formas de adaptación o de resistencia y desean hacer cambios. Esta posición ha sido calificada en la literatura especializada como “relacional” o “de la relación”. Entonces, si bien se trabaja para facilitar y catalizar esa transformación y liberación, no se puede ignorar el contexto en el cual se da y que puede ser parte del problema. (Montero, 2007: 198 -199). Señala Montero que igualmente es necesario destacar el aspecto dinámico, en constante transformación, de las comunidades. Una comunidad, como todo fenómeno social, no es un ente fijo y estático, dado bajo una forma y una estructura. Una comunidad es un ente en movimiento, que es porque está siempre en el proceso de ser, así como ocurre con las personas que la integran. Lo que permite definirla es la identidad social y el sentido de comunidad que construyen sus miembros y la historia social que igualmente se va construyendo en ese proceso, que trasciende las fronteras interactivas de la comunidad y le otorga a veces un nombre y un lugar en los sistemas de nomenclatura oficial e informales de la sociedad. Este aspecto identificador ha sido ligado al de sentido de común y se ha llegado a hablar de una identidad de sentido de comunidad. En su análisis, Montero se refiere a la locación y relación en la definición de comunidad, donde se define la comunidad como “el conjunto de relaciones sociales que se encuentran vinculadas por un sentido de

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comunidad”. Se comparten expectativas socialmente construidas, necesidades o problemas que crean un sentido de grupo más o menos grande según circunstancias compartidas, y de esa interacción surge un sentido de comunidad que está íntimamente ligado a una identidad social comunitaria (p.203). La autora toca otro problema: la relación entre comunidad y sentido de comunidad. “Lo que ocurre es que quizás se ha puesto demasiado énfasis en la noción de territorio, y en tal caso es necesario advertir que el sólo compartir un espacio, un lugar, no necesariamente genera una comunidad”. Expresa que en definiciones dadas desde dentro de las comunidades se deben resaltar los siguientes aspectos que marcan el concepto de comunidad: ● La comunidad como punto de encuentro. Ese punto es buscado por algún grupo de personas. Y en ese punto está la coincidencia, el juntarse, el encuentro. Es decir, la relación. ● Integrarse con el vecino. El encuentro no es con cualquier persona, sino con los vecinos, lo cual señala implícita, pero claramente, tanto un ámbito espacial como una relación cotidiana dada por la mera cercanía espacial. Y remite, igualmente de manera implícita, a un espacio específico en el cual se ha forjado una historia, un devenir: el vecindario en estos casos. ● El sentimiento vocalizado de ser un nosotros. En la conjunción del encuentro de vecinos surge la conciencia del nosotros. ● Relaciones sociales estrechas que suponen solidaridad, ayuda, la seguridad derivada de la confianza en los otros, la unión, el compartir lo bueno y lo malo. ● La creación de un espacio o ámbito tanto físico como psicológico de seguridad, de pertenencia, donde los sonidos y las miradas establecen una suerte de intimidad socializada. (pp. 205-206). Una comunidad, entonces, -señala la autora- está hecha de relaciones, pero no sólo entre personas, sino entre personas y un lugar que, junto con las acciones compartidas, con los miedos y las alegrías, con los fracasos y los triunfos sentidos y vividos otorga un asiento al recuerdo, un nicho a la memoria colectiva e individual. Un lugar construido física y emocionalmente del cual nos apropiamos y que nos apropia, para bien y para mal. Todo lo anterior muestra que a pesar de la dificultad para definir lo que es una comunidad, hay un cierto número de coincidencias en cuanto a lo que constituye el núcleo fundamental que la caracteriza. Montero agrega que la comunidad es, además, un grupo social histórico, que refleja una cultura preexistente al investigador; que posee una cierta organización, cuyos grados varían según el caso, con intereses y necesidades compartidos; que tiene su propia vida, en la cual concurre una pluralidad de vidas provenientes de sus miembros; que desarrolla formas de interrelación frecuentes marcadas por la acción, la afectividad, el conocimiento y la información. No debe olvidarse que, como parte de su dinámica, en esas relaciones internas puede también llegar a situaciones conflictivas conducentes a su división, su disgregación y a la pérdida de identidad. Mireya Zárate (2007), dice que para hablar de desarrollo comunitario es necesario definir los conceptos que forman parte de la construcción teórica. Con base en esto, ¿cómo se define comunidad? Zarate señala que infinidad de definiciones al respecto se encuentran en la literatura; sin embargo, todas coinciden en puntos esenciales que a continuación se enumeran: ● Es un conjunto de personas ● Comparten algún interés, rasgo o elemento ● Se ubican en una determinada área geográfica ● Tienen conciencia de pertenencia ● Se da una interacción intensa entre los miembros ● Constituye una unidad social Así, concluye que comunidad “es un conjunto de personas que se ubican en un espacio geográfico determinado, que se concibe como unidad social, donde la interacción se da de manera intensa a partir de la atención a intereses comunes, lo que propicia la idea de crear conciencia de pertenencia entre sus

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miembros” (p.194). Añade que comunidad es integralidad, totalidad, heterogeneidad, a veces conflicto, pero en definitiva: vida cotidiana y relaciones directas en un escenario geográfico determinado, donde los sujetos en esa vida social encuentra, reciben y toman lo necesario para desarrollarse. Y que un concepto que es inherente a comunidad y sin el cual no se habla de ella es el sentido de comunidad, elemento indispensable para la interacción de los sujetos. En el sentido de comunidad se encuentran implicados intereses, afectos y sentimientos entre los miembros integrantes del grupo y hacia la comunidad como contexto. Para Zygmunt Bauman, palabras como comunidad inspiran sensaciones agradables. Es un “lugar cálido, un lugar cómodo y acogedor. Es como un techo bajo el cual nos abrigamos de la lluvia pesada, como un hogar delante del cual calentamos las manos en un día helado”. Sabemos que la comunidad, sus lazos, sus relaciones, no existen por sí solos. Hay que construirlos colectivamente.

B- En torno al concepto de Comunidad A los fines de este trabajo, adoptamos el concepto de comunidad de base territorial, para detenernos en aquellas de alcance micro; más concretamente, el barrio, que opera como contexto comunitario inmediato de la escuela. Y en segundo lugar, sostenemos la perspectiva constitutiva de la comunidad. Y entonces sí, podríamos ir aproximándonos a una conceptualización de la comunidad, en el sentido que hemos propuesto, aunque todavía tengamos que resolver algunos problemas conceptuales. Ezequiel AnderEgg (1981) define a la comunidad como ​"una unidad social cuyos miembros participan de algún rasgo, interés, elemento o función común, con conciencia de pertenencia, situados en una determinada área geográfica en la cual la pluralidad de personas interaccionan más intensamente entre sí que en otro contexto". Esta definición, de alguna manera, sintetiza los componentes que diversos autores adjudican al concepto de comunidad. Sin embargo, nos permitimos plantear que las distintas definiciones vigentes no permiten dar cuenta de la conflictiva heterogeneidad que hoy muestran las comunidades barriales. Digamos, entonces, que una comunidad no debería pensarse como un todo armónico, que trabaja colectivamente en pos de un ideario común, sino que por el contrario, las comunidades -en cualquiera de sus niveles, y por lo tanto también en el barrial- se definen más por el conflicto que por la armonía: ● Conflictos derivados de la heterogeneidad socio-cultural de sus habitantes. ●

Conflictos que se producen como consecuencia de interacciones y comunicaciones cotidianas, sean éstas elegidas -plasmadas en vínculos estables- o no elegidas -y que surgen como producto de la convivencia pocas veces elegida en un mismo espacio territorial.

Conflictos derivados de las diferentes percepciones que tienen los sujetos acerca de problemas comunes.

Conflictos derivados de la distribución de satisfactores y recursos casi siempre escasos, para necesidades y demandas crecientes.

La comunidad barrial se torna, así, en una realidad conflictiva. ¿Es esto algo negativo? Creemos que no, en tanto el conflicto es una realidad empírica que existe en los diversos niveles de integración social, por lo tanto no es una anormalidad o una patología, sino que por el contrario, se presenta como oportunidad de creación y recreación de los modos habituales de vida de una comunidad, y como la posibilidad de proponer nuevos catalizadores de las acciones positivas de sus distintos miembros. Pero al mismo tiempo que reconocemos que en su interior alberga conflictos, hay dos hechos que han captado la atención de sociólogos y antropólogos; hoy, decir "yo vivo en tal barrio" tiene para la mayoría de las personas un contenido significativo muy concreto y distinto al que podríamos haber pensado hace unos años atrás; hoy implica un nombre identificatorio, ciertos aspectos físicos, e inclusive permite intuir la pertenencia de su población a un cierto nivel social. Por eso se dice, en este sentido, que el barrio es un atributo de identidad. Al respecto, es interesante lo que plantea Castells (1998:102​):“Cuando el mundo se vuelve demasiado grande para ser controlado, los actores sociales pretenden reducirlo de nuevo a su tamaño y alcance. Cuando las redes disuelven el tiempo y el espacio, la gente se ancla más en los lugares y recuerda su memoria histórica”​.

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La comunidad barrial es, entonces, una población que ocupa un cierto espacio físico, pero es también un espacio vivencial, experiencial, en el cual se desarrolla nuestra vida cotidiana concreta. Este atributo es lo que lleva a algunos autores a hablar de lugar antropológico (Marc Augé, 1992). El lugar antropológico puede considerarse opuesto a lo que el mismo autor llama "no lugares" (un hipermercado, un shopping, una autopista, un aeropuerto), y es opuesto, porque a diferencia de estos últimos, el lugar antropológico supone tres aspectos importantes: en primer lugar, construcción de identidades, en segundo lugar, relaciones e interacciones entre los sujetos, y en tercer lugar, una trayectoria histórica, en tanto hay un pasado común. Así, el barrio, como lugar antropológico ya no se definiría solamente por sus aspectos materiales (tiene o no tiene asfalto, sus casas son de barro o de ladrillos, cuenta o no con luz eléctrica, etc.) sino también por sus códigos comunes, por la producción yel consumo de pautas culturales, por las vivencias de los vecinos en sus procesos de comunicación. Por eso decimos que el barrio es un espacio vivido, es un modo de estar juntos, marcado por sus habitantes, pero que también los marca. Estas marcas se derivan tanto de la proximidad espacial como del intercambio -más o menos intensivo- de ayuda en momentos de crisis y necesidad. A veces, sólo se trata de formas de sociabilidad poco estructuradas, espontáneas. Pero cuando una comunidad emprende intencionalmente acciones conjuntas para mejorar las condiciones de su vida cotidiana, ha emprendido el camino de constituir un "nosotros unificador", una personalidad colectiva a través de la integración de sus miembros en la vida colectiva y en sus instituciones. Pero cualquiera sea la intensidad de los vínculos, y cualquiera sea el grado de reciprocidad frente a problemas, la comunidad barrial siempre aglutina significados sostenidos históricamente por distintos sujetos sociales, sujetos que referencian una parte de su vida social en el barrio. Y, particularmente para los sectores de pobreza, la comunidad, además de ser potencialmente un "nosotros unificador", es, casi siempre, un contexto de necesidades, de cuya satisfacción dependen en mucho las condiciones de aprendizaje y de vida de los alumnos en la escuela. De las instituciones del barrio, la escuela es central, no sólo atendiendo a su misión sino al lugar que ocupa en el imaginario de la gente. Distintas investigaciones, demuestran que las familias toman como primer indicador para decidir dónde residir - dentro de los límites de sus posibilidades- la existencia o no de escuela en la zona, y el prestigio de que ésta goza. Digamos, finalmente, que una comunidad no es un hecho natural y dado de antemano, sino un proceso de construcción y su resultado. No todo barrio es una comunidad, pero puede encaminarse a serlo, si aceptamos que la comunidad y lo comunitario es el resultado de múltiples procesos, en los cuales los sujetos que participan de ellos producen significados, comunican, negocian y toman decisiones en cuya base están las relaciones sociales como parte de estos fenómenos. De allí la necesidad de recurrir al concepto de acción conjunta. ¿Y es que la escuela podría estar ausente o al margen de la acción conjunta de una comunidad? ¿Alguna vez lo ha estado?

La comunidad barrial es al mismo tiempo​ ​una unidad colectiva de base territorial y un lugar antropológico. En ella los seres humanos nos​ ​vinculamos con otros para construir nuestras identidades, y a lo largo de toda nuestra vida​ ​vamos necesitando recuperar cuestiones​ ​pendientes y resolver dificultades heredadas de​ ​nuestras primeras etapas de socialización, que​ ​hunden sus raíces en la relación que tuvimos con​ ​nuestros primeros cuidadores. En este sentido se​ ​hace necesario lo comunitario como clave del​ ​desarrollo no solo económico y social, sino absolutamente inseparable del desarrollo afectivo​ ​de los seres humanos. Es, ni más ni menos, un espacio de desarrollo de la vida cotidiana,​ ​intermedia entre el hogar y la sociedad. 5


C) En torno a los actores comunitarios. Definimos a los actores comunitarios, siguiendo a Robirosa, Cardarelli y Lapalma (1990) como cualquier sujeto social -individuo, grupo, clase de individuos, organización, institución- con intereses, recursos y/o capacidades de acción diferenciados, efectivos o potenciales, respecto de procesos que pretenden ser articulados. A modo de ejemplo, son actores de la comunidad barrial los docentes, los padres, dirigentes de centros vecinales, el cura párroco, el personal del dispensario, el personal de la posta policial, los comerciantes, los representantes de las organizaciones no gubernamentales que allí trabajan, etc. etc. etc. En cualquier espacio social -también en la comunidad barrial-, los actores tienen poderes relativos y diferenciados, conforme al núcleo central que da origen a la articulación. Tal poder varía según la trayectoria, la experiencia, el saber de los actores, sus recursos y capacidades (capital cultural), también según las relaciones sociales que ha acumulado en su trayectoria (capital social) y no es estático, sino que se va modificando. La variación ocurre en tanto también participan otros actores, que también tienen recursos, capacidad crítica, peso relativo y eficacia mayor o menor, en comparación con otros. Podríamos decir, entonces, que en la comunidad barrial encontramos una trama de actores de distinta naturaleza: 1- De la esfera estatal, de la esfera público-societal o de la esfera privada. 2- Dispuestos o no a la participación. 3- Poseedores de mayor o menor capital cultural y social necesario para participar. 4- Principales o secundarios, según el problema que dé lugar a actividades de articulación escuela-comunidad. A modo de ejemplo: si el problema centrales la violencia escolar, la escuela será actor principal y la parroquia actor secundario. Si se enfoca el problema de saneamiento ambiental, es posible que el centro vecinal sea actor principal y la escuela actor secundario. Pero afirmamos que la familia es, en todos los casos, independientemente del capital que posea, un actor principal e ineludible. En la complejidad de nuestros tiempos, ya no hay actores que puedan imponer su lógica de manera unívoca, sino que es necesaria la concertación, en cuanto a qué parte de responsabilidad y

compromiso puede adoptar cada sector (el público, el privado, el comunitario) en la definición de las necesidades y en sus modalidades de resolución. "Preguntarse por el valor de la concertación es interrogarse acerca de las ventajas de contar con un motor efectivo de impulso a la resolución de determinadas problemáticas con la participación de actores portadores de distintas expectativas, diferentes capitales económico, cultural y simbólico...Se trata de un mecanismo de opciones de política caracterizado por la participación de los actores involucrados entorno a intereses divergentes..." (​ Aquín y González, 1998: 29). Reconocer intereses divergentes de los actores supone el reconocimiento de que la disposición a la participación en proyectos comunitarios que, para nuestro caso, vinculen escuela y comunidad, siempre está ligada a la obtención de satisfacciones individuales. Los actores no renuncian a su particularidad para trabajar colectivamente, sino que su participación también estará dependiendo de las posibilidades de satisfacción de intereses individuales que tal participación pudiera brindarles. Por otra parte, los actores participantes en procesos de articulación escuela-comunidad, no lo hacen a título individual, sino en representación de alguna organización o instancia institucional, lo cual plantea el problema de la representación. Finalmente, hay distintas modalidades de interacción entre la escuela y la comunidad; entre otras, mencionamos las siguientes: * de desconocimiento; * de conocimiento; * de reconocimiento; * conflictivas; * puede que se hayan desarrollado acciones conjuntas eventuales; * puede que haya una asociación ya instalada; * o que haya una articulación sólida. Cada una de estas modalidades de interacción entre actores imprimirá modificaciones a las estrategias de articulación entre escuela y comunidad.

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LA SOLIDARIDAD Etimología de la Solidaridad Etimológicamente, la palabra solidaridad tiene su raíz en el latín, si bien su procedencia no es directamente de la lengua latina, sino a través del francés, que parece ser el primer idioma en utilizarla. La raíz latina está en la familia de las palabras de ​solidas,​ con el significado de "sólido", "compacto", "entero".

Filosofía de la solidaridad Fue la teología cristiana quien lo adoptó por primera vez al referirse a la sociedad de todos los seres humanos, iguales entre sí por ser hijos de Dios y unidos en los vínculos de una sociedad. La primera comunidad cristiana se basaba en este concepto y en ella la fraternidad era fundamental, impulsando a buscar el bien de todos los que formaban parte del grupo. Desde el punto de vista filosófico de la concepción cristiana de una sociedad, la solidaridad es la forma en la que debe organizarse política y socialmente un grupo, donde el fin principal es el bienestar de todos y cada uno de los individuos que lo conforman. La solidaridad es el elemento fundamental para conseguir un desarrollo de la sociedad sana. Hoy en día, a su vez, el término ha cobrado una dimensión social globalista. La posibilidad de comprender lo que ocurre en todos los rincones del planeta y las relaciones entre los diferentes países, ha llevado a crear una conciencia social colectiva donde las personas solidarias son aquellas que luchan contra las injusticias sociales en cualquier aspecto (la pobreza, el hambre, la discriminación, etc) en pos de un mundo más unido y pacífico. Pero es necesario aclarar que la solidaridad hoy en día no está comprendida como un término religioso, sino que tiene que ver con la naturaleza misma de la especie humana porque en él se refleja la concepción de vida social, de hermandad y el sentido de comunidad. La solidaridad no es un accionar reservado a los virtuosos, es una tarea para todos los seres humanos en cualquiera sea la sociedad que habiten. Para que este término se haga real es estrictamente necesario que existan tres componentes: ● ● ●

la compasión (necesaria para acercarse a la realidad humana y social y ​empatizar con los dolores y carencias de los otros), el reconocimiento (sólo reconociendo la ​dignidad humana en los otros la compasión cobra un tinte solidario) y la universalidad (la indefensión y la indigencia son las cualidades que pueden permitir reconocer la condición fundamental de todo ser humano que adquiere universalidad en la vida en sociedad).

Por último, cabe mencionar otros dos significados del concepto de solidaridad, los cuales han sido de primordial importancia en la historia de las sociedades.

Antropología de la solidaridad La solidaridad es un gesto típicamente humano porque pone en juego la razón y el corazón. Por lo tanto, se entiende que uno es, como individuo y como parte de una colectividad, aquello que uno quiere ser. El concepto de solidaridad hace referencia a una antropología que tiene como punto de partida la idea de que el ser humano es relación y no simplemente que está en relación. Se puede pensar, de manera completa, en el yo solamente cuando se logra pensar este en relación con un tú. Ello significa capacidad de distinguir entre relación de intercambio y de don. En las relaciones genuinamente solidarias siempre se da un intercambio, pero se diferencia de la anterior porque quien da primero debe poner al otro que la recibe en condiciones de reciprocidad, es decir, de donarse él también en la libertad y la fraternidad so pena de caer en la humillación. La solidaridad existe cuando las personas alcanzan la conciencia de su diversidad y entran en relación como sujetos portadores de una dignidad igual. En esta relación hay un dar y un recibir fluidos, hay un intercambio con sentido. Percibida así la solidaridad, se trata de una condición irrenunciable merced a la cual la humanidad puede

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aspirar a realizar lo mejor de sí en cuanto tal humanidad, que dicho de otra manera significa la posibilidad de acceso a las cotas más altas de racionalidad, responsabilidad, reciprocidad y capacidad de argumentación. La persona es un ​ser con otros y eso quiere decir abierta al mundo y a las demás personas. Sobre todo, estas últimas le ayudan a definirse, porque el yo se perfila cuando hay un tú que se lo facilita. De esta interacción surge igualmente el nosotros. La persona se realiza en la comunicación, que no es nada distinto a una relación con sentido, una relación humana, una relación social, una relación solidaria. La solidaridad, pues, no puede escapar a las contingencias humanas cruzadas por lo afectivo, lo político, lo social y lo cultural, para alcanzar su real dimensión de gran activador de la vida asociada. Los hombres no hubieran sobrevivido si no se hubieran juntado con otros para responder a los desafíos planteados por la naturaleza y venciendo, transformarla y construir la cultura y la sociedad.

El concepto de Solidaridad “Por ​solidaridad entendemos un modo de ser y de comprendernos como seres humanos, consistente en ser los unos para los otros para llegar a estar los unos con los otros, abiertos a dar y recibir unos a otros y unos de otros”. “Solidaridad no es ​ayuda ​, ni ​en su forma tradicional de limosna, ni en su forma actual de cooperación al desarrollo. La diferencia fundamental está en que la ayuda ignora elementos esenciales de la solidaridad. A ésta le es esencial el compromiso humano integral, personal y de instituciones, no sólo la ayuda material; la decisión duradera, no sólo el alivio coyuntural; la apertura a recibir no sólo a dar.” ​(2002:355) Jon Sobrino.

“L ​ a solidaridad es la ternura de los pueblos.” Pedro Casaldáliga

Modelos de Solidaridad En nuestras actuales sociedades la solidaridad se ha ido desplegando de diversas maneras, es así como podemos apreciar la existencia de varios modelos de solidaridad. Intentaremos describirlos a continuación. La Solidaridad como espectáculo Este modelo concibe la solidaridad más que como un principio ético, como una cuestión estética. Surgida de la cultura postmoderna, la solidaridad se entiende como un artículo de compra y venta, que no exige ningún análisis, ni transformación sino sólo un ejercicio de consumo, indoloro. No requiere ningún tipo de sacrificio, ni esfuerzo, ni confrontación personal, pero nos hace sentir bien, estar más a gusto. Se trata de la concepción más epidérmica de la solidaridad, que se da en un contexto de postmodernidad con un abuso del papel de los medios de comunicación y de las leyes del mercado. La Solidaridad como campaña Vinculada con la anterior, este concepto de solidaridad destaca la reacción urgente y puntual antes las tragedias humanitarias. Se promueve una solidaridad puntual, reactiva, que no se prolonga hacia un compromiso duradero. En este modelo los medios de comunicación juegan un papel fundamental, pues no solo actúan como canales de difusión de las tragedias y los reclamos de ayuda (normalmente descontextualizados), sino como selectores de aquellas crisis que se publican y de las que no constituyen noticia. Por tanto no son objeto de nuestra solidaridad. El problema fundamental de este modelo es que el dolor por el sufrimiento ajeno, la compasión, no es motor de un proceso de cambio personal, sino que se utiliza como reclamo de ayuda a cambio de la tranquilidad de conciencia. Se reclama una colaboración económica que se vende como “lo que tienes que hacer para olvidarte del problema y poder dormir tranquilo”. Así la ayuda económica lejos de convertirse en un signo de solidaridad auténtica, pasa a ser expresión de un modelo de solidaridad superficial. La Solidaridad como cooperación

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Este modelo de solidaridad, supone una notable evolución con relación a los anteriores. La solidaridad se entiende aquí no ya como simple bien de consumo o como ejercicio de ayuda puntual, sino como propuesta de cooperación y como estrategia de desarrollo. Al menos formalmente, la mayoría de las ONG se sitúan en este modelo. La solidaridad es una apuesta que pretende promover el desarrollo de los grupos de población más vulnerables, mediante los proyectos de desarrollo o de intervención social. Las principales limitaciones de este modelo aparecen relacionadas con su praxis: su inspiración es fundamentalmente economicista; se produce una relación de dependencia excesiva por parte de los beneficiarios; y suele existir un predominio excesivo de la organización sobre los individuos. Además, la toma de conciencia y revisión de la propia vida es muy limitada, como también lo es la implicación y participación de los propios beneficiarios. Se trata, en definitiva, de un modelo de solidaridad que profundiza y mantiene una vinculación de medio y largo plazo, pero que no es capaz de transformar la propia vida de los sujetos (tanto agentes como beneficiarios). La Solidaridad como encuentro Los dos rasgos más característicos de este modelo de solidaridad son: la solidaridad surge "de la experiencia de encontrarse con el mundo del dolor y no quedarse indiferente", sino iniciar todo un proceso pedagógico; y la solidaridad se concibe como un principio ético capaz de provocar "cambios en la manera de pensar y de vivir", capaz de alterar mi proyecto de vida personal, en la medida en que adquiera un valor significativo en mi propia escala de valores. En este modelo de solidaridad la relación con los beneficiarios se basa, sobre todo, en el acompañamiento de procesos individuales y colectivos. Es un modelo de solidaridad, que desde la experiencia concreta de encuentro con el sufrimiento, es capaz de incorporar el análisis de las causas y los contextos, ejercer una acción, transformar y convertirse en criterio de revisión del proyecto personal, afectando por tanto a todas las dimensiones de la vida.

​Temáticas más frecuentes de las experiencias solidarias y de servicio…

Algunas temáticas emergen como las más frecuentes, señalando preocupaciones comunes en las instituciones educativas.

● Mejorar las oportunidades de ​educación en sus comunidades. Un clásico son los proyectos de apoyo

escolar, brindados en centros comunitarios, instituciones religiosas o en la propia escuela. Un número creciente de Institutos de Formación Docente están incorporando actividades de apoyo escolar a poblaciones desfavorecidas como parte de las tradicionales “prácticas”. También aumentaron en cantidad y calidad las actividades de promoción de la lectura. Numerosas instituciones educativas ofrecen capacitación en informática y en nuevas tecnologías, o desarrollan campañas de alfabetización.

● Muchas escuelas se orientan a atender graves problemas vinculados a la ​situación socio-económica de

sus comunidades. Un gran número se consagró a atender la crisis alimentaria, contribuyendo con comedores comunitarios, desarrollando huertas, promoviendo la educación alimentaria o desarrollando proyectos de atención a la desnutrición infantil. Estudiantes de escuelas técnicas e incluso de EGB3 diseñaron y contribuyeron a construir viviendas o a mejorarlas. Un número significativo se preocupó por desarrollar proyectos para mejorar la integración de personas con capacidades diferentes en sus comunidades, y algunos desarrollaron proyectos para mejorar la calidad de vida de comunidades aborígenes.

● Experiencias de ​promoción y preservación del patrimonio histórico y cultural​, en muchos casos

vinculados al interés por preservar o generar centros de interés turístico que contribuyan al desarrollo local. Tanto en las grandes ciudades como en localidades sin recursos culturales, numerosas instituciones desarrollan ​actividades artísticas, culturales y recreativas al servicio de la comunidad​.

● Otras se orientan a atender problemáticas sanitarias, ya sea a través de campañas de educación para la salud y de prevención de enfermedades como el Mal de Chagas o el SIDA, prevención de problemas odontológicos vinculados con la pobreza o la falta de higiene. Muchas instituciones desarrollan campañas para concientizar a sus comunidades sobre la importancia de la donación de sangre y de órganos.

● La temática del ​ambiente está representada por campañas para promover el manejo racional de

recursos naturales como el agua, fomentar el reciclado de la basura, mejorar el ambiente urbano y prevenir diversas fuentes de contaminación.

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Apunte FVT-FR Primera parte  
Apunte FVT-FR Primera parte  
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