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COLEGIO SAN JUAN BAUTISTA

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Buenos días del 9 mayo 2013, Día de Europa Comenzamos nuestra oración de la mañana del día 9 de mayo de 2013 (Día de Europa) recitando el poema de Blas de Otero: CRECIDA “Sobre Europa no hay más que sangre”.

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Crecida con la sangre hasta la cintura, algunas veces con la sangre hasta el borde de la boca, voy avanzando lentamente, con la sangre hasta el borde de los labios algunas veces, voy avanzando sobre este viejo suelo, sobre la tierra hundida en sangre, voy avanzando lentamente, hundiendo los brazos en sangre, algunas veces tragando sangre, voy sobre Europa como en la proa de un barco desmantelado que hace sangre, voy mirando, algunas veces, al cielo bajo, que refleja la luz de la sangre roja derramada, avanzo muy

penosamente, hundidos los brazos en espesa sangre, es como una esperma roja represada, mis pies pisan sangre de hombres vivos muertos, cortados de repente, heridos súbitos, niños con el pequeño corazón volcado, voy sumido en sangre salida, algunas veces sube hasta los ojos y no me deja ver, no veo más que sangre, siempre sangre, sobre Europa no hay más que sangre. Traigo una rosa en sangre entre las manos ensangrentadas. Porque es que no hay más que sangre, y una horrorosa sed dando gritos en medio de la sangre

Blas de Otero escribe este poema acusando el impacto que en él origina la visión de una Europa en ruinas tras la Segunda Guerra Mundial. Del horror y de la desolación producida por la guerra brota el anhelo de paz y reconciliación. El atroz sufrimiento de la Segunda Guerra Mundial demostró al mundo la necesidad de una nueva Europa. Poemas como el escrito por Blas de Otero deben recordarnos a los europeos la trágica experiencia que para nuestro continente han supuesto los nacionalismos exacerbados, las guerras y la Shoah, encarnación suprema de la maldad, y animarnos a superar “los viejos intereses y rencores, persiguiendo una Europa que sea fuente de paz, progreso y desarrollo en nuestro mundo. El primer paso hacia la construcción de “esa nueva Europa” se dio el 9 de Mayo de 1950 cuando el ministro francés de Exteriores, Robert Schuman, hizo la célebre declaración que impulsó la creación de la primera Comunidad Europea: la del Carbón y el Acero. La “Declaración Schuman” es considerada el germen de la creación de la actual UE y el día 9 de Mayo se ha convertido en unos de los símbolos europeos (Día de Europa) que, junto con la bandera, el himno, el lema y la monedad única (el euro) identifican la entidad política de la Unión Europea.


Junto a ese 9 de mayo de 1950 los Europeos siempre recordaremos el 10 de diciembre del 2012, fecha en que la UE recibió el Nobel de la Paz “por su contribución al avance de la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa”. Hoy, 9 de mayo de este 2013, es, sin duda, un día adecuado para invitar a los cristianos europeos a orar por los marginados, los desheredados, los abandonados por causa de la crisis. A pesar del resurgir del miedo, de la desesperanza y de las tendencias xenófobas y racistas, nuestra « vieja Europa » debe continuar apostando por el diálogo y la resolución pacífica de los conflictos, debe ensanchar sus fronteras, ser tierra de acogida para los inmigrantes, los refugiados y atender a todos cuantos en su seno sufren la miseria y el abandono. Dios nos envíe los líderes adecuados que nos guíen por caminos que transiten hacia el triunfo de la paz, el desarrollo y la solidaridad; que comprendan que el progreso y el desarrollo tienen por objeto hacer más felices a los hombres y no satisfacer a los mercados y a las multinacionales. Dios nos ayude a comprender a los europeos que juntos, dejando a un lado particularismos y mezquinos intereses nacionales, conseguiremos superar la crisis, retornar a tiempos de progreso y desarrollo, volver a vivir con alegría, ilusión y confianza. Y presentamos a Dios estas peticiones, estas ilusiones y deseos, rezando un Padrenuestro. PADRE NUESTRO…… Buenos días nos de Dios.

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LA APARICIÓN DE UNA IDENTIDAD EUROPEA El concepto de identidad europeo es, cuanto menos, problemático. La mayor parte de los habitantes de nuestro continente nos sentimos, en mayor o menor grado, "europeos", pero la mayoría de los ciudadanos siente de manera más clara y fuerte su pertenencia a Francia, España o Alemania, o, también, a Cataluña, Escocia, Bretaña o Flandes. Es cierto que todas esas identidades son difícilmente separables y que, a menudo, se entremezclan con otros sentimientos de pertenencia (género, grupo étnico o racial, ideario político, afinidades culturales...) 4

La unificación europea requiere la construcción de una identidad europea, pero esta no existe. No hay una homogeneidad lingüística, ni cultural. No se puede construir sobre elementos como el cristianismo, ni la democracia, ni la identidad económica, ni, mucho menos, sobre una identidad étnica. Son muchos los estudiosos que últimamente han tratado de desentrañar qué significa eso de ser europeo. Samuel Huntington, célebre teórico norteamericano, afirma que Europa termina donde empieza la Cristiandad oriental ortodoxa y el Islam. ¿Grecia, miembro de la UE, no es entonces un país europeo? Los musulmanes que llevan décadas viviendo en cualquier barrio de Londres, París o Düsseldorf ¿no son europeos?. Desde otra perspectiva, el francés Henry Mondrasse ha afirmado que existe una identidad cultural común que podría servir de base para una unidad política. Esta identidad estaría basado en la idea individualista, la idea de nación desarrollada en los últimos siglos, una cierta forma de combinar ciencia y tecnología en el desarrollo capitalista, y una cierta idea de democracia representativa y parlamentaria. Partiendo de esta definición ¿podrían ser europeos un habitante de EE.UU. o de Australia? ¿y un ruso o un búlgaro? Lo que es evidente es que la identidad europea no podrá surgir de una uniformización cultural imposible, ni deberá construirse contra el "otro" (el Islam sería el más posible candidato a personificar ese otro). Una de las propuestas más sugestivas ha sido popularizada por el pensador alemán Jurgen Habermas. En una democracia liberal, los ciudadanos deben de ser leales y sentirse identificados no con una identidad cultural común, sino con unos principios constitucionales que garanticen plenamente sus derechos y libertades. Esta propuesta es especialmente sugestiva, entronca con lo mejor de la tradición liberal y tolerante de Europa, y huye y combate al nacionalismo étnico, el gran enemigo de la paz y la libertad en la Europa que se adentra en el siglo XXI.


Símbolos de la Unión Europea Bandera europea Las doce estrellas en círculo simbolizan los ideales de unidad, solidaridad y armonía entre los pueblos de Europa.

Himno europeo La melodía utilizada para representar a la UE forma parte de la Novena Sinfonía, compuesta en 1823 por Ludwig van Beethoven.

Día de Europa Las ideas en las que se asienta la Unión Europea se expusieron por primera vez el 9 de mayo de 1950, en un discurso pronunciado por el entonces Ministro de Asuntos Exteriores francés Robert Schuman. Esta es la razón por la que el 9 de mayo se celebra como una fecha clave para la UE.

Lema El lema de la Unión Europea es "Unida en la diversidad". Se refiere a la manera en que los europeos se han unido, formando la UE, para trabajar a favor de la paz y la prosperidad, beneficiándose al mismo tiempo de la gran diversidad de culturas, tradiciones y lenguas del continente.

Padres de Europa Konrad Adenauer. Konrad Adenauer (1876 - 1967) fue el primer canciller de la República Federal de Alemania (RFA) de 1949 a 1963. Mantuvo una política destinada a incorporar a la RFA plenamente al bloque occidental, asegurando la reconciliación de Alemania con Francia.

Robert Schuman Es considerado como uno de los "padres de Europa" en referencia a su determinante participación en la creación de las Comunidades Europeas. Su cargo como ministro de Asuntos Exteriores (1948-1952), lo llevó a ser el principal negociador francés de los tratados firmados.

Gasperi Dirigió en Italia, entre 1945 y 1953, ocho gobiernos sucesivos. También fue ministro de asuntos exteriores. Consiguió que Italia se adhiriera a la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) y apoyó activamente el proyecto de la Comunidad Europea de Defensa. Poco antes de su muerte, se convirtió en el primer presidente la Asamblea parlamentaria de la CECA.

Jean Monnet Fue quien concibió la estrategia de comenzar por la integración económica de Europa para fomentar así una solidaridad material que contrarrestara los particularismos nacionales y fuera la base para una futura unión política. Participó en 1948 en la creación del Consejo de Europa en La Haya y en la elaboración de la Declaración Schuman.

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Churchill Político y hombre de estado británico, conocido por su liderazgo del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial. Es considerado uno de los grandes líderes de tiempos de guerra y fue Primer Ministro del Reino Unido en dos períodos (1940-45 y 1951-55).

HISTORIA DEL PROCESO DE INTEGRACIÓN EUROPEA

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¿Qué es el europeísmo? Es un movimiento político y social que persigue la creación de un Estado europeo de modelo federal. Se inicia a finales del siglo XIX. Tiene como objetivos la aceptación de un derecho común europeo y la convocatoria de Congresos Universales por la paz. Antecedentes 1918-1939 Para muchos la Primera Guerra Mundial significó el comienzo del fin de la civilización europea. Pero otros, intentaron adoptar el ideal de una Europa unida y pacífica como proyecto común. Ya en 1923, el austriaco Conde Coudenhove Kalergi fundó el Movimiento Pan-Europa. En 1926 consiguió reunir en Viena a diversas figuras políticas en el Primer Congreso Paneuropeo. El movimiento paneuropeo vivió su época dorada en la segunda mitad de los años 20. En 1929, Aristide Briand, primer ministro francés, pronunció un célebre discurso ante la asamblea de la Sociedad de Naciones en el que defendió la idea de una federación de naciones europeas basada en la solidaridad y en busca de la prosperidad económica y la cooperación política y social. El discurso tuvo una gran acogida en el gobierno alemán y entre muchos economistas, especialmente, británicos. Entre ellos se hallaba John M. Keynes. La Sociedad de Naciones le encargó a Briand la presentación de un memorando con un proyecto concreto. El político francés presentó un "Memorando sobre la organización de un


sistema de Unión Federal Europea" en 1930. Pero el estallido de la depresión económica ya había empezado a barrer las ideas de solidaridad y de cooperación del panorama internacional. Las gentes que siguieron propugnando la unidad europea, tales como el político francés Edouard Herriot quién publicó en 1931 "Los Estados Unidos de Europa", quedaron en franca minoría. El acceso de Adolfo Hitler a la cancillería alemana en 1933 supuso el fin definitivo de la concordia europea y el renacimiento del monstruo del nacionalismo en su peor versión. Europa, y con ella el mundo, se encaminaba a una nueva catástrofe.

Introducción. Precedentes de la UE. La historia de nuestro continente ha sido una historia de avances y retrocesos, siempre en busca de los criterios fundamentales de libertad, igualdad y solidaridad entre personas. Pero también ha sido una historia de enfrentamientos violentos entre europeos, de guerras y catástrofes, de plagas y hambrunas… La segunda guerra mundial supuso el fin del equilibrio entre las potencias europeas. En su lugar apareció un nuevo sistema que confrontaba en dos modelos políticos y económicos radicalmente diferentes, el de las democracias con economías de mercado lideradas por Estados Unidos y el de las dictaduras socialistas controlado por la URSS. Estados Unidos decidió ayudar a Europa con el objetivo de frenar el expansionismo soviético Entre 1942 y 1946 se firmaron una serie de acuerdos internacionales destinados a poner en marcha el entramado institucional de cooperación internacional en el ámbito comercial: El Fondo Monetario Internacional, El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (Banco Mundial), y el Acuerdo General entre Aranceles Aduaneros y el Comercio. El 24 de octubre de 1945 nace oficialmente la ONU, Organismo Internacional cuya finalidad es mantener la paz. El 5 de mayo de 1949 se creó el Consejo de Europa con la idea de potenciar un espacio democrático y de respeto a los derechos fundamentales en Europa. Paralelamente, Estados Unidos ofreció el plan Marshall que preveía ayudas económicas para la reconstrucción de Europa por valor de 13000 millones de dólares, obteniendo en Gran Bretaña el 24%, Francia el 20%, Italia el 11%, Alemania occidental el 10% y los Países Bajos el 8%. En 1949 se creó la OTAN para defender a los aliados europeos en caso de agresión soviética.

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Inicios El 9 de mayo de 1950 se produce la declaración Schuman, en la que se propuso llevar a cabo una integración progresiva de los recursos de carbón y acero de Alemania y Francia bajo una autoridad internacional común.

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El primer paso importante en el camino de la integración se consiguió el día 18 de abril de 1951 en París. Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos, firmaron la Constitución de una Comunidad Europea del Carbón y del Acero, la CECA. En el fondo, la CECA significó que los antiguos enemigos empezaban a trabajar juntos para mantener la paz y asegurar el progreso. El siguiente paso importante se produjo en Roma, el 25 de marzo de 1957. Los mismo países suscribieron un nuevo convenio internacional para poner en marcha la Comunidad Económica Europea, la CEE, con el objetivo de crear un mercado común con la supresión de los derechos aduaneros, la creación de una política comercial común, la libre circulación de personas, servicios y capitales, la creación de un Fondo Social Europea y la creación de un Fondo Europeo de Desarrollo. Ese mismo día, los mismos países crearon la Comunidad Europea de la Energía Atómica, la CEEA o EURATON. Tras la creación de estas tres Comunidades, se plantearon unos nuevos objetivos como: la posibilidad de establecerse en cualquiera de esos países para residir y trabajar en ellos, facilitar la inversión en otros países y la implantación de políticas económicas monetarias y financieras comunes. Esto ha derivado en un mercado único, un impuesto económico común, el IVA, una moneda para casi todos, el Euro, la creación y potenciación de instituciones comunes y la implantación de un sistema jurídico capaz de garantizar los derechos humanos. Esto fue realizándose por pasos, como por ejemplo la política agraria común, que había empezado en la Conferencia de Stresa en julio de 1958 y a partir de 1962 contó con el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola, FEOGA, y las Organizaciones Comunes de Mercado, OCM. Así quedaba garantizado el suministro de alimentos y unos ingresos dignos para los agricultores. Así se llega hasta 1973, año en el que se produce la primera ampliación de las comunidades europeas con la adhesión del Reino Unido, Irlanda y Dinamarca. El atractivo de la idea comunitaria provocó nuevos socios, Grecia en el 1981 y Portugal y España en el 1986. En Luxemburgo y en la Haya, el 17 y 28 de febrero de 1986 se firma el acta única europea, tratado internacional muy importante política y económicamente. Políticamente, ya que incorporó medidas racionalizadoras del funcionamiento del Consejo de Minsitros y dotó al Parlamento de un mayor protagonismo institucional. Económicamente, porque el Acta Única supuso avances como la creación del Mercado Único, lo que llevó al Tratado de Maastricht en 1992, en el cual se creó la Unión Europea, y donde se buscó nuevos objetivos en materias como educación, sanidad y cultura.


La inquietud de los avances políticos en las futuras adhesiones llevó a la firma del Tratado de Ámsterdam en 1997, que posibilita la Unión Económica y Monetaria. Y en 1999 la creación del Euro como moneda única y como inicio de la UEM. EN EL 2000 se produce el Tratado de Niza, en el cual los 15 países de la UE acordaron reformas necesarias para dar el salto a 27.

Instituciones 1. El Consejo Europeo marca la dirección política general de la UE, pero no tiene poder para aprobar leyes. Se reúne durante dos o tres días cada seis meses como mínimo, con su Presidente a la cabeza y está compuesto por los Jefes de Estado o de Gobierno nacionales, además del Presidente de la Comisión. 2. El Parlamento Europeo, que representa a los ciudadanos de la UE y es elegido directamente por ellos. 3. El Consejo de la Unión Europea, que representa a los gobiernos de cada uno de los Estados miembros; los Estados miembros comparten la Presidencia del Consejo con carácter rotatorio. 4. La Comisión Europea, representa los intereses de la Unión en su conjunto. 5. El Tribunal de Justicia vela por el cumplimiento de la legislación europea 6. El Tribunal de Cuentas controla la financiación de las actividades de la UE.

Actualmente La UE es mucho más que una Organización Internacional de libre comercio dado que posee instituciones propias comunes para los Estados, un ordenamiento jurídico propio, políticas y monedas comunes y convenios internacionales.

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Los 27, aprobaron el tratado de Lisboa en 2007, con el que la Unión Europea pretende salir de la crisis institucional. Ahora está en fase de gratificación a parte de crearse una constitución europea con los derechos básicos de cada persona, que es hija de Dios y por tanto captador de deberes. La Unión Europea tiene nuevos objetivos en la calidad democrática de sus políticas, en la protección medioambiental, en el apoyo a sectores sociales más vulnerables, en la investigación científica y en la profundización en relaciones internacionales orientadas a la paz y el progreso. Como decía Monnet “No se trata de unificar Estados, si no de unir personas”.

Conclusión: 10

Lo que empezó como un acuerdo de carácter económico, a lo largo de los años ha ido derivando hasta lo que nos encontramos hoy, donde la Unión Europea está por encima de sus Estados, los cuales les ceden autonomía. Esta política va hacia la formación de unos Estados Unidos de Europa, como bien predijeron algunos pensadores. Todo ello con el objetivo de crear un país que pueda hacer frente a los nuevos países económicamente más fuertes como China o Japón. Algunos predicen que esto no bastará y que en un futuro más lejano llegará a formarse dos bloques: occidente y oriente. Croacia va a entrar próximamente mientras que cabe la posibilidad de que el Reino Unido de la Gran Bretaña con capital en Londres se salga de esta nuestra comunidad. Esta es una aventura que no espera a nadie, hay que decidir si formar esos Estados Unidos de Europa o salirse de esta aventura y esta es la decisión de nuestra generación.


Textos integración europea Schuman, Robert
Declaración del 9 de Mayo de 1950 (Extractos) "La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que le amenazan. 
Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho.
La agrupación de las naciones europeas exige que la oposición secular entre Francia y Alemania quede superada, por lo que la acción emprendida debe afectar en primer lugar a Francia y a Alemania. 
Con este fin, el Gobierno francés propone actuar de inmediato sobre un punto limitado, pero decisivo:
El Gobierno francés propone que se someta el conjunto de la producción franco-alemana de carbón y de acero a una alta autoridad común, en una organización abierta a los demás países de Europa. 
La puesta en común de las producciones de carbón y de acero garantizará inmediatamente la creación de bases comunes de desarrollo económico, primera etapa de la federación europea, y cambiará el destino de las regiones, que durante tanto tiempo se han dedicado a la fabricación de armas, de las que ellas mismas han sido las primeras víctimas.
La solidaridad de producción que así se cree pondrá de manifiesto que cualquier guerra entre Francia y Alemania no sólo resulta impensable, sino materialmente imposible..."

Adenauer, Konrad
El fin del nacionalismo "Es un pensamiento a menudo repetido que la humanidad es incapaz de aprender de la historia, es no es totalmente correcto si juzgamos nuestra experiencia en Alemania. Como resultado del desastre que las dos guerras mundiales trajeron a Alemania, la gran mayoría de nuestro pueblo se ha dado cuenta consciente o intuitivamente que las naciones no pueden continuar viviendo según sus propios deseos e inclinaciones, sino que deben aunar sus intereses con los de los otros pueblos de la tierra. Ya no hay ningún problema importante que sea exclusivamente alemán o incluso exclusivamente europeo. Debemos aprender a pensar y a actuar en un marco más amplio. 
La expresión "¡Todos somos hermanos! no es una frase vacía y no debemos permitir nunca que llegue a serlo. No debemos pensar en ciertos países como lejanos y, por consecuencia, carentes de interés para nosotros. Cualquier país nos concierne porque la paz es indivisible, y solamente cuando todos los países, en sus decisiones y actos, tengan en cuenta el estado del mundo en su conjunto, conseguiremos que llegue la paz".

Versión consolidada del Tratado de la Unión Europea
Amsterdam, 1997
 Artículo 2 (antiguo artículo B en el Tratado de Maastricht) La Unión tendrá los siguientes objetivos: • Promover el progreso económico y social y un alto nivel de empleo y conseguir un desarrollo equilibrado y sostenible, principalmente mediante la creación de un espacio sin fronteras interiores, el fortalecimiento de la cohesión económica y social y el establecimiento de una unión económica y monetaria que implicará, en su momento, una moneda única (...) • Afirmar su identidad en el ámbito internacional, en particular mediante la realización de una política exterior y de seguridad común que incluya la definición progresiva de una política de defensa común (...) • Reforzar la protección de los derechos e intereses de los nacionales de sus Estados miembros, mediante la creación de una ciudadanía de la Unión; • mantener y desarrollar la Unión como un espacio de libertad, seguridad y justicia, en el que esté garantizada la libre circulación de personas conjuntamente con medidas adecuadas respecto al control de las fronteras exteriores, el asilo, la inmigración y la prevención y la lucha contra la delincuencia (...)

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Entrevista con Catherine Wihtol de Wenden, autora del libro "La citoyenneté européenne" • ¿Continúa siendo usted optimista respecto al porvenir de la ciudadanía europea? “Si, porque la ciudadanía nacional es un punto de referencia que tiene menos importancia que en otros tiempos. Cada día más, las gentes trabajan en un contexto europeo, incluso mundial. Económica y culturalmente, se vive ya fuera del marco nacional. Además, los progresos realizados en los últimos cincuenta años son enormes: la superación del conflicto franco-alemán, el fin de la división entre la Europa occidental y la oriental… Hoy se esta empezando a debatir sobre el tema: ¿Se puede ser europeo sin pertenecer a las culturas históricas dominantes en Europa? En mi opinión, es un avance considerable". 12

Castells, Manuel
La Era de la Información. Economía, Sociedad y Cultura. Vol. 3 Fin de Milenio, p. 366
Alianza Ed., Madrid, 1998 "Sin embargo, la noción de identidad europea es problemática en el mejor de los casos. Debido a la separación de Iglesia y Estado, y a la tibia religiosidad de la mayoría de los europeos, no puede construirse en torno al cristianismo, como ocurrió en el pasado, aun cuando la reacción antiislámica generalizada señala la persistencia histórica del espíritu de cruzada. No puede construirse en torno a la democracia: en primer lugar, porque muchos otros países del mundo comparten los ideales democráticos (...) Sería difícil, y dramático, construirla en torno a la etnicidad en un momento en que Europa se está volviendo cada vez más diversa. Es imposible por definición construirla sobre una identidad nacional, si bien la conservación de la identidad nacional será necesaria para que avance la unificación europea. Y no será fácil defender una identidad económica de Europa (...) a medida que se globalizan las actividades económicas (...) La mayoría de las personas se sienten europeas -además de sentirse francesas, españolas o catalanas- según las encuestas de opinión de los años noventa? Sí. ¿Saben lo que ello significa? En su mayoría, no. ¿Lo sabe usted?"

Dahl, Robert. A.
Democracia: una guía para los ciudadanos
Ed. Taurus. Madrid, 1999 "... el desafío no consiste en detener el despliegue de la internacionalización -algo que es imposible-, sino en democratizar las organizaciones internacionales.
Por atractiva que parezca esta visión a cualquiera que valore la democracia, siento verme en la obligación de concluir que es excesivamente optimista. Incluso en aquellos países en los que las instituciones y prácticas democráticas han existido desde hace tiempo y están bien establecidas, es extremadamente difícil para sus ciudadanos ejercitar un control efectivo sobre muchas decisiones clave en asuntos internacionales. Es mucho más complicado que lo puedan hacer en las organizaciones internacionales.
La Unión Europea ofrece una evidencia reveladora. En ella se dan estructuras nominalmente democráticas, como elecciones populares y un parlamento. Pero, en la práctica, todos los observadores están de acuerdo en que sigue habiendo un "déficit democrático". Las decisiones cruciales se adoptan principalmente a través de negociaciones entre elites políticas y burocráticas. Los límites no se establecen por procesos democráticos, sino por lo que los negociadores son capaces de conseguir que otros acepten y por la ponderación de las posibles consecuencias de cada decisión en los mercados nacional e internacional. Regateo, jerarquía y mercados determinan los resultados. Los procesos democráticos apenas juegan un papel excepto para ratificar los resultados.
Si las instituciones democráticas son en gran medida ineficaces en el gobierno de la Unión Europea, las perspectivas para democratizar otros sistemas internacionales parecen aún más remotas".


ESCRITOS SOBRE UNA EUROPA EN CRISIS VISIONES E IDEAS SOBRE EUROPA Europa, una idea a redefinir (José Manuel Martínez González)

Se denomina Europa al continente que se ubica entre los paralelos 26˚ y 70˚ correspondientes a la latitud norte. En realidad la consideración de continente es una convención que se debe a motivos históricos. Europa forma con Asia un gran bloque denominado Eurasia. Los límites convencionales que se han establecido entre las dos entidades son la cordillera del Cáucaso, el mar Caspio, el rió Ural y los montes Urales. Europa también limita con el océano Atlántico al Oeste, con el mar Mediterráneo al Sur y con el océano. Suele decirse que este continente es la cuna de la cultura propia de occidente1. Durante mucho tiempo sus naciones fueron las más adelantadas de todo el orbe y todavía hoy tienen enorme influencia. Europa, que ha sido una comunidad de culturas desde tiempo inmemorial, es la síntesis de la cultura griega -la razón-, del Derecho romano -e1 orden- y del cristianismo -la dignidad de la persona humana-. Decimos que Europa se caracteriza esencialmente por la aportación de las ideas de hombre y libertad . Tradiciones humanísticas, literarias, pensamientos comunes han ido conformando a lo largo de la historia un heterogéneo y complejo continente. Durante más de medio siglo, Europa ha garantizado a sus Estados y pueblos la paz, la democracia, la prosperidad económica, el respeto de las minorías y un bienestar social sin igual en el resto del mundo. Europa ha sido sinónimo de cuna de la cultura occidental, de la democracia como régimen político, de la ciencia como método racional de conocimiento, del capitalismo como modo dominante de producción económica y de la libertad individual como derecho universal. La supresión de la guerra como mecanismo de resolución de conflictos y el proceso de integración regional basado en la transferencia voluntaria de soberanía constituyen la más reciente contribución europea a la civilización mundial. Ahora, este patrimonio corre el riesgo de saltar en pedazos. Cuando hoy hablamos de Europa, es únicamente en términos de crisis y de miseria. A causa de la crisis y de la falta de crecimiento en la zona euro, "Europa ha descendido hasta el último lugar de una economía mundial a tres velocidades. Lejos detrás de los países emergentes como China, Brasil y la India, pero también a una importante distancia de los Estados Unidos".En sus previsiones sobre la economía mundial en 2013, el Fondo Monetario Internacional considera que la zona euro continuará situada en el "epicentro" de la crisis, con un descenso del 2% del PIB. Según el filósofo polaco Marcin Król “el viejo continente sufre al mismo tiempo una crisis económica moderada, una grave crisis política, una dramática crisis de civilización y una crisis espiritual quizás mortal”. Si alguna vez llegó a existir la visión emergente de una Europa unida, se está desvaneciendo por la falta de apoyo de sus diferentes pueblos. Cada uno tiene sus propios resentimientos o sospechas acerca de sus socios. Pero todos carecen de lo mismo: muy pocos de sus habitantes se consideran en primer lugar europeos. El político social-demócrata sueco Carl Tham recientemente afirmó en un 1

A la cuna de la civilización occidental, se le llama así en recuerdo de una ninfa de gran belleza que despertó el amor de Zeus -el padre de todos los dioses del Olimpo-, quien se metamorfoseó en toro para poder raptarla y llevársela consigo a Creta. En un principio se aplicó el nombre de Europa sólo a la parte continental de Grecia, en oposición al Peloponeso y a las islas.

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artículo de prensa: “una unión política democrática y viva sólo se puede crear cuando los europeos tengan un sentimiento de pertenencia y solidaridad hacia los demás, cuando se consideren parte de un pueblo europeo y confíen en las instituciones políticas”. El euroescepticismo, que adopta múltiples formas, como el populismo, el nacionalismo, la desconfianza, el resentimiento o la revuelta, se ha extendido por toda Europa. Hace tiempo era algo exclusivo de los británicos. Pero ahora se encuentra en el origen de la revuelta griega, del caos político italiano, de la decepción francesa, de la frustración de los alemanes, en los que se concentra la hostilidad en este momento.

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El pasado se refleja en el presente. Nuestro continente, tan abundante en distintas culturas, hoy en día se enfrenta al reto de consolidarse. Nosotros, ciudadanos europeos, tenemos que concienciarnos sobre la necesidad de definir nuestra identidad colectiva, conocer bien las raíces y etapas de la evolución del continente. Es el exclusivo hacia la Unión. Un paso adelante hacia la unidad en la diversidad. Lo inteligente, en el caso de Europa, es recuperar la propia identidad creando una auténtica democracia, basada en la cohesión social y en la ayuda mutua. Europa debe encontrar una nueva idea, una nueva visión, una argamasa para el futuro. No bastará con los principios nobles que todos conocemos (los derechos humanos, el pluralismo, la libertad de pensamiento, la democracia social del mercado libre), quizás la clave esté en concebir una Europa de carne y hueso, con colores, aromas, folclore, fuerza poética. Y variedad. El objetivo no se compone de los principios conocidos, un idioma, una historia o linajes comunes, sino de lo contrario: una comprensión y un punto de referencia cultural supranacional y fundamentalmente continental. Kundera habla de la “máxima diversidad en el mínimo espacio" de Europa, una noción quizás tan poderosa como la de “liberté, egalité, fraternité”, o la de “todos los hombres han sido creados iguales”.

Las raíces cristianas de Europa (José Manuel Martínez González)

Europa nació cristiana y tiene raíces cristianas viejas de muchos siglos. Negarlo sería cerrar los ojos a la evidencia y desfigurar la realidad histórica. Europa es el resultado de un dilatado proceso a lo largo del cual una multitud de pueblos de diversas etnias y procedencias abrazaron la fe de Cristo, y al hacerse cristianos se hicieron también europeos. La concepción filosófica y jurídica greco-romana, el patrimonio religioso judío y el legado del cristianismo, centrado en el Nuevo Testamento y en la figura de Jesús de Nazaret, son innegables fuentes de la cultura europea. “La cultura europea surge –ha afirmado el Papa Benedicto XVI- del encuentro de Jerusalén, Atenas y Roma, del encuentro entre la fe de Dios, la filosofía racional de los griegos y el derecho romano”. Konrad Adenauer, Robert Schumann y Alcide de Gasperi, tres de los creadores de la nueva Europa democrática después de la II Guerra mundial, fueron grandes católicos, que se inspiraron en las enseñanzas sociales de Pío XII. Una de las grandes diferencias entre los padres de Europa y sus constructores actuales es la ausencia de las raíces cristianas, que han ido vertebrando la historia, la sociedad y la cultura europeas desde sus inicios, en los documentos angulares de la Europa unida. Robert Schumann el 19 de marzo de 1958, en un discurso sobre el proceso de unificación europeo llegó a afirmar que “todos los países de Europa están impregnados por la civilización cristiana. Ella es el alma de Europa y hemos de devolvérsela”. El “padre de Europa” en su obra Pour lÉurope escribe que “este conjunto de pueblos no puede y no debe quedarse en una empresa económica y técnica. Hay que darle una alma. Europa vivirá y se salvará en la medida en que tenga conciencia de si misma y de sus responsabilidades, cuando vuelva a los principios cristianos de solidaridad y fraternidad”. Como elemento cohesionador de todo el continente, y para lograr el fin último de la paz, Adenauer afirmaba que es “ridículo ocuparse de la civilización europea sin reconocer la centralidad del cristianismo, al ser el cristianismo el garante de la paz y de un sistema de valores que estructuraba a la sociedad en su conjunto”


La elección de Roma, la Ciudad Eterna, como ciudad para firma de dos (Tratados CEE y EURATOM) de dos de los tres Tratados fundacionales de la actual UE fue realizada “para que los europeos tomasen conciencia de lo que les une. La elección de Roma tenía un significado. Se pretendía reconstruir una unidad que existió ya en tiempos de la Roma primero pagana y luego cristiana. Roma simboliza el “derecho” de la persona, la épica conquistadora y la organización política, junto al papado, centro religioso de la cristiandad. Arséne Heitz, autor de la bandera europea, afirmó que para su diseño se había inspirado en la Inmaculada Concepción de María. “Una gran señal apareció en el cielo: Una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza…” (Apocalipsis 12, 1). La bandera fue aprobada el 8 de diciembre de 1955, fiesta de la Inmaculada concepción de María. En Le drapeau de lÉurope, Robert Biche, político democristiano y vicepresidente del Consejo de Europa en 1955, reconoció implícitamente el simbolismo de la corona estrellada citando a cierto Gaetano G. Di Sales “es el símbolo de la perfección y plenitud –escribió- como los 12 apóstoles, los 12 hijos de Jacob, las 12 horas del días, los 12 meses del años, los 12 signos del Zodiaco. El domingo 11 de diciembre de 1955, tres días después de que fuera aprobada la bandera azul por el Consejo de Europa, este organismo inauguró un vitral en la catedral de Estrasburgo con la Virgen coronada por la corona stellaum duodecim del Apocalipsis. Nuestros líderes europeos actuales pretenden olvidar (ignorar) voluntariamente las raíces cristianas de Europa, como si nunca hubieran existido. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han denunciado en varias ocasiones que los valores sobre los que se ha querido construir la nueva Europa la hacen olvidar sus orígenes. Según ambos Sumos Pontífices quien renuncia a la razón de su nacimiento pierde su alma. “ Una Europa que renuncia a su pasado, que niega el hecho religioso y que no tuviera dimensión espiritual alguna, quedaría desgraciadamente mutilada ante el ambicioso proyecto que moviliza sus energías: Construir la Europa de todos” (Juan Pablo II (2002) Vaticano. Osservatore Romano, pág. 45). “La marginación de las religione s, que han contribuido y siguen contribuyendo a la cultura y al humanismo de los que Europa se siente legítimamente orgullosa, me parece que es al mismo tiempo una injusticia y un error de perspectiva. (Juan Pablo II, Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Sante Sede, 10 de enero de 2002, nº 2.. L´Osservatore Romano) Juan Pablo II afirmaba en su Exhortatión Apostólica Postsinodal “Ecclesia en Europa “ (28 de junio del 2003): ” La cultura europea da la impresión de ser una aportación silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera. En esta perspectiva surgen los intentos, repetidos también últimamente, de presentar la cultura europea prescindiendo de la aportación del cristianismo , que ha marcado su desarrollo histórico y su difusión universal. Asistimos al nacimiento de una nueva cultura, influenciada en gran parte por los medios de comunicación social, con características y contenidos que a menudo contrastan con el evangelio y con la dignidad de la persona humana. De esta cultura forma parte también un agnosticismo religioso cada vez más difuso, vinculado a un relativismo moral y jurídico más profundo […] una cultura de muerte”. Algunos intelectuales, frente a la crisis actual, que consideran una crisis de valores, de ética y de fe, apelan a reflexionar sobre las raíces cristianas de Europa. Europa no es geográficamente un continente aprehensible con claridad, más bien es un concepto cultural e histórico. Más aún, es un concepto espiritual. Europa es impensable sin Pablo de Tarso, Agustín de Hipona, Santo Tomás de Aquino, Lutero, … Los valores de los que se enorgullece la cultura occidental (igualdad, libertad, fraternidad) son inexplicables sin la tradición judeocristiana. Si Europa ignora sus raíces cristianas dejará de ser una civilización para ser sólo un mercado. La construcción europea no puede consistir solo en la liberalización de un mercado único ni en la creación de un entramado político y jurídico, sino que necesita asentarse sobre valores culturales compartidos.

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La bandera de Europa, origen y significado (José Miguel Guzmán)

La Unión Europea ha adoptado una serie de símbolos: bandera, himno, día, sello… De algunos de ellos ya sabéis cosas. Yo voy a dedicar este espacio para hablar de la bandera. Muchos de vosotros la habéis visto, sobre todo en la tele. Pero, a lo mejor, lo que no sabéis es que tiene una historia cargada de un fortísimo significado religioso. Corría el año 1950, cuando el Consejo Europeo convocó un concurso de ideas para realizar una bandera. Se presentaron 101 proyectos entre los cuales se eligió el del diseñador Arsène Heitz: 12 estrellas amarillas sobre un fondo azul. El 8 de diciembre de 1955 fue aprobada oficialmente por los miembros del Consejo. Hasta el 7 de junio de 1988 no fue elegida de manera oficial por todos los miembros del Parlamento.

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Os preguntaréis ¿dónde se encuentra en toda esta historia el significado religioso? Pues muy sencillo. De los responsables de la elección en 1955, dos eran católicos convencidos (Robert Schuman, Honrad Adenauer); el autor de la bandera, Arsène Heitz, era un profundo creyente. Tanto es así, que en su obra hizo todo un canto a la Virgen María inspirándose en la iconografía de la Inmaculada de Rue du Bac, popularmente conocida como la Virgen de la Medalla Milagrosa, vestida con un manto azul y coronada con doce estrellas (sí, parecida a Mª Auxiliadora). Es una iconografía que se inspira en la cita de Apocalipsis 12, 1: «Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza.» La Iglesia siempre ha relacionado esta visión del Apocalipsis con la Virgen. Pero la cosa no queda aquí, porque hay otros detalles que destacan todavía más el carácter religioso de esta bandera: Robert Schuman y Honrad Adenauer rezaron en la catedral de Estrasburgo antes de presentar ante el Consejo Europeo la idea de hacer una bandera. Aunque sin tenerlo en cuenta, la bandera fue aprobada el 8 de diciembre de 1955. Este día la Iglesia celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Para conmemorar la elección de la bandera, tres días después se inauguró una vidriera de la Virgen, coronada con las doce estrellas, en la catedral de Estrasburgo. Y, por si no fuera poco, el edificio en el que la bandera ondeó por primera vez con carácter oficial fue en esta catedral. Cuando la bandera fue elegida oficialmente en 1988 como símbolo de la Unión, ni se pensó en todo esto ni se cayó en la cuenta, entre otras cosas porque los responsables de turno lo desconocían. En treinta años la mentalidad laicista se había adueñado de la sociedad europea. Para terminar, un breve comentario al hilo de lo anterior. Recuerdo toda la polvareda que se levantó con motivo de la redacción del Preámbulo de la Constitución Europea. Era el mes de junio de 2004. Se debatió muchísimo Si había que incluir en este apartado alguna referencia a la importancia del cristianismo como elemento esencial de la identidad de los europeos junto con las culturas griega y romana. Al final, por miedo a las presiones internas y externas no se hizo ninguna mención. Mantuvieron el símbolo cristiano para una sociedad marcadamente descristianizada. Toda una incoherencia. Claro exponente del desconocimiento es que, cuando Paul M. G. Lévy, primer director del servicio de Prensa e información del Consejo de Europa y de tradición judía, tuvo que explicar el sentido de la bandera, dio una interpretación laica (o más cerca de la Cábala) del número 12 para referirse a él como “guarismo de plenitud”: simboliza lo completo, la perfección, la unidad. Y finalizo expresando un deseo: que, al menos, a nosotros conocer nos sirva para valorar.


Ortega y Europa (José Manuel Martínez González)

Según Ortega “fue Carlomagno quien, al crear su imperio e inspirar lo que se ha llamado “el renacimiento carolingio”, constituye por primera vez el espacio y el alma de nuestra civilización.” Europa y su relación con España son constante objeto de meditación para este español universal quien, según autores como J.L. Abellán o L.A. Moratinos “fue un pionero en la actual construcción de la Europa Unida”. Para entender el pensamiento de Ortega y Gasset sobre las relaciones entre España y Europa, tenemos que remontarnos a sus primeros escritos de 1908-1909 2 . Eran los años en que los intelectuales españoles, después de la pérdida de las últimas colonias de ultramar, se preguntaban por el papel de España en el mundo. Según Ortega, España, un país que colgaba de un extremos del continente europeo, no sólo geográficamente, sino también política, cultural y espiritualmente, era un problema que sólo puede solucionarse a través de Europa3. En la publicación Nueva Revista del 27 de abril de 1910, nos transmite su concepto de Europa. Para él, Europa es la negación de la España de su tiempo. Europa es decirles a los organismos universitarios españoles que son troglodíticos; es también denunciar el sistema parlamentario español, con sus compras de votos, sus caciques, y es asimismo contemplar nuestra cultura y nuestro arte y disfrutarlos con respeto. Para Ortega, Europa constituye un método casi científico para atacar la chabacanería española, constituye el espíritu renovador que logrará una nueva España. Asimismo, Europa es símbolo de colaboración. 4 La europeidad orteguiana es el método para “hacer España” despojándola de todo exotismo e imitación afro-oriental

La rebelión de las masas En la rebelión de las masas (1929), Ortega hacia un análisis preciso de la sociedad europea de aquel momento y constataba la falta de aliento espiritual de Europa, su pérdida de liderazgo en el mundo y la amenaza de graves convulsiones sociales de las que serían protagonistas unas masas despersonalizadas, carentes de verdaderas ideas y huérfanas de líderes a la altura de los tiempos. En la segunda parte del libro se dedicaba a reflexionar sobre lo que él denomina el mando europeo. Ortega se pregunta si Europa manda en el mundo y si lo hará en un futuro. Reflexiona sobre la decadencia europea que tantos autores habían proclamado en esos años. 5 Escribe sobre la desmoralización de Europa. Para Ortega, la nación significa una empresa, un quehacer común, una unidad de destino. Critica el nacimiento de los nacionalismos, que, en contra de una empresa y una nación europea, crean naciones diminutas y sin importancia y que sólo logran que las atmósferas de las naciones se conviertan, según sus palabras, en atmósferas provincianas que dificultan todo proceso cultural, moral y técnico. La solución a esta decadencia de Europa, causada por la renegación de los mismos europeos a su cultura por medio del comunismo, de los nacionalismos o de otras teorías políticas, sólo puede superarse, según Ortega, por medio de una gran empresa que instaure una nueva moral europea, un nuevo programa de vida.6 Para Ortega, esa empresa es la unidad Europea. Sólo 2

Esta atención de Ortega hacia “circunstancia europea” se refleja en la fundación y dirección de la revista Europa en 1910 y en la fundación y dirección de Revista de Occidente en 1923. En la década de los años veinte, Ortega se adhirió además al movimiento Paneuropa impulsado por R.N. Coudenhove-Kalergi, que intentaba revitalizar la idea de Europa durante el período de entreguerras, y que fue apoyado por otros intelectuales europeos de la época como Rainer María Rilke, Sigmund Freud, Albert Einstein, Thomas Mann, Selma Lagerlöf, Miguel de Unamuno, Benedetto Croce, Paul Valéry y Paul Claudel.

“Regeneración es inseparable de europeización. Regeneración es el deseo, europeización es el medio de satisfacerlo. ” Verdaderamente, España era el problema y Europa la solución. 3

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“ Europa, señores, es ciencia antes que nada: ¡amigos de mi tiempo, estudiad! Europa es también sensibilidad moral, pero no de la vieja moral cristiana de las intenciones, sino de esta otra moral de la acción, menos mística, más precisa, más clara que antepone las virtudes políticas a las personales, porque ha aprendido que es más fecundo mejorar la ciudad que el individuo. (...)Puesto que no podemos aprender estas virtudes en español, estamos obligados a buscarlas dondequiera que se hallen. Tomando el bastón de hacer camino echémonos por el mundo y peregrinemos en busca de los santos de la tierra. Y luego, a nuestra vuelta, encendamos la pura alma del pueblo con las palabras de idealismo que aquellos hombres de Europa nos hayan enseñado.” 5

“Sufre hoy el mundo una grave desmoralización, que entre otros síntomas se manifiesta por una desaforada rebelión de las masas, y tiene su origen en la desmoralización de Europa.” 6

“Los europeos no saben vivir si no van lanzados en una gran empresa unitiva. Cuando ésta falta, se envilecen, se aflojan, se les descoyunta

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mediante una misión como ésta, los europeos podrán sentirse unidos, realizando una tarea digna y restaurando la moral de Occidente. Esta gran obra se manifestaría en la creación de unos Estados Unidos de Europa, creando así una sola gran nación con el grupo de los pueblos continentales europeos, con la cual Europa volvería a creer en sí misma, se disciplinaría y seguiría avanzando hacia el futuro y el progreso. Compara el proyecto con un gran enjambre de abejas en el que todas vuelan en la misma dirección. Para Ortega la creación de esta supranación no significaría acabar con la pluralidad de las diversas naciones. Estas diferencias se conservarían, por ser positivas, pero son más las cosas que unen a las naciones europeas que aquellas que las diferencian y en las que los distintos nacionalismos hacen hincapié. Mientras los antiguos estados se encaminan a la aniquilación de lo diferencial , como erróneo fundamento de una fuerza coactiva, la idea de una super-Nación europea exige –según Ortega- como condición permanente y activa una reivindicación a ultranza de todo lo plural. Sin la idea-pluralidad, la idea-europa no es posible.7

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Meditación sobre Europa Tras la guerra, Ortega seguía creyendo en la unidad europea. En 1949, Ortega acudió al Berlín dividido de posguerra para pronunciar la conferencia titulada De Europa meditatio quaedam, en la que, veinticinco años después de La rebelión de las masas y, después de la II Guerra Mundial, vuelve a proponer la necesidad de la creación de unos Estados Unidos de Europa; incluso justificó la necesidad de la creación de un mercado común europeo. Estos pensamientos fueron defendidos mediante el análisis de la historia de la sociedad europea y del concepto de nación. Para él, Europa no es algo que halla que construir, sino que está ahí con anterioridad a las diferentes naciones. Este proyecto no surge de la nada, sino que hunde sus raíces en una herencia secular de ideas, valores y tradiciones comunes (el derecho, el amor por las libertades, las instituciones democráticas). Es evidente, afirma Ortega, que la unidad europea expresa también la voluntad de seguir desempeñando en el mundo un papel relevante (“mandar en el mundo”, dirá) y no por un arrogante afán de dominio, sino por el legítimo orgullo asociado a la convicción de que los europeos tenemos algo importante y valioso que decir, por sentirnos depositarios y guardianes de instituciones y valores que merece la pena que sean defendidos, en los que reconocemos vocación de universalidad. Para Ortega Europa no es el producto sintético del capricho de un grupo de políticos y diplomáticos ilustrados sino la respuesta a una necesidad insoslayable, la necesidad de dar un golpe de timón a la trágica tendencia histórica que nos encauzaba por la senda de la confrontación y el desastre. La obra de José Ortega y Gasset es un valioso ejemplo de cómo en un tiempo histórico marcado por dos guerras entre europeos y desde una nación excéntrica del continente, una inteligencia brillante supo ver que del Atlántico a los Urales es posible y necesario construir la unidad europea sobre valores e ideales comunes. Europa es empresa y tradición. Empresa posible y necesaria por ser portadora desde hace varios siglos una tradición común. el alma. Un comienzo de esto se ofrece hoy a nuestros ojos. Los círculos que hasta ahora se han llamado naciones llegaron hace un siglo, o poco menos, a su máxima expansión. Ya no puede hacerse nada con ellos si no es trascenderlos. Ya no son sino pasado que se acumula en torno y bajo lo europeo, aprisionándolo, lastrándolo. Con más libertad vital que nunca, sentimos todos que el aire es irrespirable dentro de cada pueblo, porque es un aire confinado (...) Sólo la decisión de construir una gran nación con el grupo de los pueblos continentales volvería a entonar la pulsación de Europa. Volvería ésta a creer en sí misma, y automáticamente a exigirse mucho, a disciplinarse.”

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“Este enjambre de pueblos occidentales que partió a volar sobre la historia desde las ruinas del mundo antiguo se ha caracterizado siempre por una forma dual de vida. Pues ha acontecido que conforme cada uno iba poco a poco formando su genio particular; entre ellos o sobre ellos se iba creando un repertorio común de ideas, maneras y entusiasmos” (J. Ortega y Gasset, Meditación de Europa)


EUROPA Lars Von Trier

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Ficha técnica Director (es) : Lars Von Trier Año : 1991 País (es) : DIN-ALE-SUD-FRA Género : Thriller-Drama Compañía productora : Alicéléo/Det Danske Filminstitut/Eurimages/Fund of the Council of Europe/Gérard Mital Productions/Institut suisse du film/Nordisk Film/Sofinergie 1/Sofinergie 2/Svenska Filminstitutet (SFI)/UGC Images/WMG Film Productor (es) : Peter Aalbafk Jensen, Bo Christensen Guionista (s) : Lars Von Trier, Niels Vörsel Fotografía : Henning Bendtsen, Jean Paul Meurisse, Edward Klosinsky Diseño de producción : Henning Bahs Decorados : Henning Bahs Vestuario : Manon Rasmussen Música : Joachim Holbek Montaje : Herve Schneid Montaje de sonido : Julien Naudin, Carl Aage Hansen, Pierre Excoffier Sonido : Perstreit Jensen, Per Streit Duración : 112 mn

SINOPSIS Tras la Segunda Guerra Mundial, Leo Kessler, un joven americano de origen alemán, llega a Alemania para trabajar. Colabora con su tío en una compañía de ferrocarriles y viaja, fascinado, en un país destruido por la guerra: sin embargo, se enfrenta poco a poco a los horrores de la barbarie nazi.


Ficha artística Jean-Marc Barr Barbara Sukowa Ernest-Hugo Järegard Frik Mork Jorgen Reenberg Henning Jensen Eddie Constantine Max Von Sydow Lars Von Trier 20

Premios 1991: Cannes: Gran Premio del Jurado 1991: Sitges: Mejor película, mejor fotografía

Lars von Trier es el director que más ha contribuido al nacimiento del nuevo cine danés; su influencia en la generación de los años 90 ha sido enorme. Su obra abarca tanto películas vanguardistas como exploraciones innovadoras de géneros clásicos. Sus primeros cortometrajes son exploraciones en el plano estilístico que giran alrededor de temas y símbolos que acabarían por tener un papel principal en sus largometrajes. Lars von Trier ha llegado a desarrollar una expresión cinematográfica cargada de simbolismo y de emoción. Ha asentado su reputación en Dinamarca y en el mundo con la “Trilogía europea”. Esta trilogía saca a la luz los traumatismos de Europa en el futuro y se caracteriza por un estilo muy personal y experimental. 1984 “El elemento del crimen”. 1987 “Epidemic”. 1991 “Europa”, Premio del Jurado en Cannes. Después de rodar “Europa”, Lars von Trier funda, con su productor Peter Aalbaek Jensen, la productora Zentropa Entertainment que se convertiría en un referente de la producción cinematográfica escandinava. Lars von Trier ha rodado dos películas para televisión, “Medea” en 1998, “El reino I” (1994) y “El reino II” (1997), esta última codirigida con Morten Arnfred. En estas dos series crea un estilo técnico que permite concentrarse más en la historia y los actores, el primer paso hacia el concepto de Dogma. Rueda con la cámara al hombro e ignora las reglas de la iluminación, de la continuidad y del montaje, consiguiendo imágenes con mucho grano y colores desnaturalizados. La serie fue todo un éxito de público. Gracias al interés suscitado por “El reino”, tanto en Dinamarca como en el extranjero, Lars von Trier y sus dos productores, Peter Aalbaek Jensen y Vibeka Windelov consiguen la financiación para el siguiente gran proyecto. La siguiente trilogía, “La trilogía del corazón de oro”, está inspirada en una novela sentimental para niños que leyó entonces, cuya heroína siempre dispuesta a sacrificarse por los demás. La trilogía comprende: 1996 “Rompiendo las olas”, Gran Premio del Festival de Cannes. 1997 “Los idiotas”. 2000 “Bailar en la oscuridad”, Palma de Oro del Festival de Cannes.


En 1995, Lars von Trier presenta el manifiesto Dogma 95 y su famoso “Voto de castidad” con sus diez reglas para la realización cinematográfica. El manifiesto está firmado por Lars von Trier y Thomas Vinterberg. Todas las películas de Lars von Trier han sido seleccionadas por el festival de Cannes para la competición oficial. En total, se han llevado siete premios, entre los que destacaremos el Gran Premio del Jurado (ROMPIENDO LAS OLAS) y la Palma de Oro (BAILAR EN LA OSCURIDAD). Lars von Trier ha empezado una tercera trilogía, “América, país de las oportunidades”. “Dogville” es la primera y “Manderlay” la segunda. La tercera tendrá por título Washington. Lars von Trier también se dedica a la pintura, y uno de sus cuadros se exhibe en la última planta del castillo de Hillerod, en Dinamarca. Refleja un universo casi monocromático y angustiante, como en sus películas. La película Europa ha recibido muy distintas críticas. Entre ellas: "Von Trier sorprende con una engolada, hipnótica (aquí la voz de Von Sydow) y brillante reflexión sobre lo divino, lo extradivino y, por supuesto, Europa" (Luis Martínez: Diario El País) . "Desmitificador retrato de nuestro continente durante la posguerra, es "Europa" la primera obra maestra de Lars Von Trier." Europa es el cierre de una trilogía iniciada por el cineasta con El elemento del crimen y continuada tres años después con Epidemic. Tres films cuyas relaciones son meramente parciales y de los cuales Europa se convierte en el verdadero epítome intencional. Europa es un largometraje realizado por Lars Von Trier en el año 1991. El estreno de esta película fue apenas dos años después de la caída del muro de Berlín. El continente se muestra exclusivamente como un factor circunstancial en el que Von Trier indaga buscando una identidad que contenga una realidad adecuada alejada de irracionalidades y fanatismos. La postura del cineasta se encuentra, en el fondo, teñida de pesimismo. El tren que avanza, ya desde los créditos iniciales, muestra el discurrir inmisericorde de un fatum que se cierne sobre una civilización perdida en una noche eterna (casi no hay secuencias diurnas en el film) y sobre unos personajes determinados que se han visto arrastrados por unas circunstancias indeseables y de todo punto incontrolables Ante ello, la voz del narrador (en el fondo, el mismo Von Trier convertido en demiurgo) se sirve del mesmerismo para provocar una meditación de todo punto necesaria. La película nos sumerge en un ambiente kafkiano, tenebroso, revuelto, no decadente sino en crisis, en un cambio que ya empieza a notarse en la destruida Alemania. Un cambio tutelado por las naciones vencedoras, EEUU entre ellas, y en el que se nota el proceso que se está haciendo a Alemania, a todos los que, individual o colectivamente, ayudaron o colaboraron con los nazis. Entre las empresas a examen está Zentropa, donde trabaja el protagonista de la historia. La Alemania que nos sugiere Trier es un país explorado por los ojos de un extranjero, Leopold, quien se adentra en ese ambiente de odio, rencor y traición con la inocente mirada de quien quiere ayudar pero que acaba por sucumbir ante la locura y desesperación circundantes, volviéndose él mismo un ser completamente condenado a la perdición. Kessler realiza mediante los viajes en tren con Zentropa, la compañía ferroviaria para la que trabaja, un trayecto que le lleva al mismo epicentro del infierno, a una segura autodestrucción provocada por el influjo del deshecho humano que reside en un país rendido a la desgracia. Es inevitable que este viaje hipnótico sobre esas vías por las que el tren se desliza veloz, remita a todos aquellos otros trayectos sin retorno, los de los judíos que eran transportados como animales hacia una muerte segura en los campos de concentración nazis.

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Von Trier trata el dolor y la desgracia de este país hundido, de esta Europa destrozada por la guerra, sin necesidad de aludir al dramatismo, dejando a la imaginación del espectador la reconstrucción de los escenarios reales que todos conservamos desgraciadamente en nuestra memoria colectiva. La Europa de von Trier es una Europa de cartón-piedra, un continente que deja vislumbrar su propia destrucción a través de las almas rotas de los personajes (¿seres humanos?) que en él se dejan llevar por la inercia de sus vidas: empresarios antiguamente enriquecidos por su afiliación al partido nazi que se encuentran ahora perseguidos y acorralados, llevados a la desesperación y el horror ante su destino; familias rotas por la desgracia, odios que llevan al asesinato y a la mutilación de la infancia en favor de la inútil lucha por aquello que ya está irremediablemente perdido; traiciones y amores interesados, pasiones contaminadas por la triste pérdida de fe en un futuro del que ya no se cree que pueda llegar a ser un poco mejor... Todo conduce a la ausencia total de esperanza, al abandono ante una realidad que ha acabado por derribar cualquier tipo de sueño, pasado o futuro, posible o imaginado.

Europa es, sin duda, el filme de toda la filmografía de von Trier en el que se hace más evidente su presencia como deidad creadora en su propio universo. Lars von Trier se asoma a todas sus películas dejando evidente el poder y control que ejerce sobre cada uno de los elementos que las configuran. Pero es en Europa donde esto se lleva a su máxima expresión, puesto que el director/Dios se materializa en forma de narrador omnisciente que controla toda la diégesis, el particular mundo en el que se mueven las agitadas vidas de sus personajes. El verdadero poder de este narrador consiste en su caprichosa elección de hacerse visible o invisible, presente o ausente a su voluntad. En Europa, Lars von Trier hace ostensible su presencia a través de la hipnótica voz del actor Max von Sydow. Trier ejecuta un control mental sobre personajes y espectador que se realiza desde el mismo inicio del filme, no sólo mediante la profunda y pausada voz del actor sueco, sino a través también del monótono recorrido de la luz de la locomotora sobre las vías y del acompañamiento sonoro, obra de Joachim Holbeck. El personaje protagonista de Leo Kessler (Jean-Marc Barr) y el espectador se funden en un solo ser, a quien el director hipnotiza literalmente desde el inicio del filme y a quien dicta en todo momento lo que debe hacer, qué debe decir y cómo se debe sentir.


Aunque Von Trier recrea en su filme esa Alemania de 1945, un país completamente arrasado y vencido por la guerra, lo más interesante de esta recreación es que la realidad, ni siquiera su reflejo en forma de representación, es apenas esbozada de manera explícita. El rodaje de Europa se realizó íntegramente en plató, recreando con maquetas o decorados lo que el realizador quería que se mostrase de este país derruido y fustigado por la guerra. En Europa, los decorados existen, es cierto, pero no esconden en ningún momento su calidad de obras artesanales, de fondos recreados o proyectados artificialmente para construir una ciudad fantasma, las ruinas parciales de lo que un día fue una poderosa nación. Europa encuentra su verdadero valor más en lo que sugiere que en lo que realmente muestra. El concepto de realidad es inexistente en una cinta que juega constantemente a romper las leyes de la verosimilitud para entrar en un terreno mucho más árido y misterioso, el que se encuentra en la mente del narrador y que el mismo trata de transmitirnos con su viaje hipnotizador. La visión que de esta Alemania ofrece Trier es más desgarradora cuanto menos realista parece. El aparente distanciamiento a través del artilugio y la forma esconde tras de sí una realidad mucho más cruda de lo que a priori pueda parecer. La utilización experimental, casi alquimista, de los recursos formales que le ofrece el medio cinematográfico, no consigue ocultar el drama de unos personajes más castigados por su situación de lo que aparentan. Lars Von Trier utiliza grandes planos, como son los planos teatrales y primerísimos primeros planos utilizados en las acciones de cada uno de los personajes. En vez de cortar y cambiar de localización, Trier desde un mismo espacio nos lleva a otro. Utiliza transiciones en las que cambiamos de lugar y de espacio sin corte, casi con continuidad. Son transiciones lentas, pausadas y armónicas. Mezcla blanco y negro con el color, que es utilizado para destacar un centro de interés, secuencias más importantes, para resaltar, anticipar algunos elementos. La iluminación (en clave baja, es decir, menos natural) realza la profundidad usando tonos contrastados de altas luces y sombras. Solo hay bien iluminadas unas pocas zonas, dando como resultado más zonas de sombras. Todos los recursos técnicos que utiliza Lars Von Trier tienen un ritmo lento y pausado, nos lleva a una sensación de hipnosis, sueño, o más bien de pesadilla. En resumen, en esta película de profunda y bien estructurada complejidad argumental podemos descubrir al menos tres niveles de análisis: 

El Sicológico. La película puede ser leída como un viaje al interior de una -o varias, tal vez- consciencias. En ese sentido Europa seria un viaje al interior del hombre europeo, sea lo que sea el concepto de “Hombre Europeo.

El Histórico. Aunque parezca el mas simple de todos, no debe ser despreciada la visión de “Europa” como un thriller/drama de ambientación histórica.

El Sociológico: El filme nos lleva a preguntarnos ¿Que es Europa? ¿Existe? ¿Quien la ve “de verdad”? Y si existe ¿Hacia donde va? Desde este nivel la obra de Trier se nos presenta como una metáfora sobre Europa que, a fin de cuentas, no existío como un ente en relación con el resto del mundo hasta el final de la Segunda Guerra, cuando la constatación de la hegemonía norteamericana en Occidente (“la mirada del otro”) anima (permite) a Europa descubrirse a si misma.

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Cuadeno Día Europa Salesianos Estrecho  

Cuaderno para la celebración del día de Europa

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