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Kawasaki

KLR 650 Nada es imposible

Los límites son mentales, los caminos imposibles son producto de la imaginación, estábamos advertidos acerca de esto pero en ocasiones cuesta trabajo creer sin tener pruebas (como Santo Tomás). ¡Y entonces llega la KLR 650…!

Hasta el día anterior a nuestra partida, la ciudad había sido azotada

constantemente por unas lluvias que nos hicieron esperar lo peor, pero ese día amanecía distinto a los demás, partimos con el favor de Eolo, el dios de los vientos, que por lo visto no tenía mucho más que hacer y se fue delante de nosotros, soplando y disipando las nubes grises, casi negras, que hasta entonces se cernían sobre el firmamento. Nos dirigimos rumbo al sur del país por una de aquellas carreteras retorcidas y virulentas, llena de sorpresas y bordeadas de precipicios, una de esas carreteras que los gringos y europeos apenas pueden creer que existan y a las que últimamente les ha dado por reemplazar con remedos de autopistas 12

(más seguras y rápidas según dicen). Pero cuando de motos se trata, la mayoría de las veces la línea más corta entre dos puntos es también la más aburrida, por eso en lugar de bajar hacia Cartago por la vía nueva (que ya no lo es tanto), preferimos la vieja ruta que nos obliga a subir por la cordillera occidental visitando Supía, Riosucio, Anserma y la Virginia, vamos disfrutando de una marcha plácida y entretenida, de una curva a otra con la moto a tiro de rozar los posa pies en cada inclinación y el monocilíndrico empujando hacia delante cada vez que se aprieta el puño derecho, las montañas se abren ante nuestros ojos, el horizonte está inundado de formas mágicas, de cultivos y de bosques; este viaje promete ser inolvidable.

Para el desayuno les tenemos… Barriga llena corazón contento, nada más cierto que eso, una parada necesaria en Anserma porque así lo exigen las tripas, y luego a desayunar lo que más nos gusta: carretera, paisajes, curvas y moto (nada en contra de la gastronomía). Aunque en realidad lo que sigue no es más que la prolongación de todo lo bueno vivido durante la primera parte de la mañana. Con algo menos de 50 caballos a la rueda, la respuesta del monocilíndrico dista mucho de ser cataclísmica, pero es más que sobrada para mover con soltura los casi 200kg que pesa la moto (con todos sus fluidos) más el peso de quien esto escribe. Lo mejor de este motor es el torque y la manera en

que responde desde abajo, parece un tractor de dos ruedas capaz de halar un arado por la ladera de una montaña. No hay cifras, Kawasaki se reserva el derecho de ponernos a especular al respecto, pero sea cuál sea, su entrega en bajos es suficiente, incluso como para caer en el error inconsciente de abusar de él en más de una ocasión, llevándolo bajo de revoluciones en un cambio más largo de lo aconsejable. Desde las 2.500 hasta las 7.000rpm, este monocilíndrico se mueve con naturalidad, aunque es entre las 4.000 y las 6.500rpm que se siente más a gusto y cuenta con una mejor respuesta, ir más allá de ese régimen 13


es forzar innecesariamente la mecánica. En cambio a las suspensiones si vale la pena apretarlas, es un gusto sentir el aplomo de ambos sistemas, aspecto en el que su predecesora no se destacaba mucho, pero ahora gracias a la horquilla de barras convencionales y recorrido de 200mm (231mm en el modelo anterior) y al mono amortiguador regulable en precarga y rebote, con un recorrido que pasó de 205 a 185mm, la KLR 650 goza de firmeza más que suficiente para enfrentar tramos revirados como este, además, quien lo creyera pero esas llantas Dunlop que parecen más pensadas para pisos de tierra que para cintas asfálticas, se comportan sorprendentemente bien en los cambios de trayectoria sin dar señas de pérdida de adherencia. Los frenos están a la altura de lo que esperas en una moto de turismo, cuentan con una mordida segura y fuerte que es a la vez dosificable y capaz de perdonar errores, sin mencionar la sorprendente capacidad de retención del motor que en los descensos permite que el uso de los frenos sea algo casi opcional. La posición de manejo es todo lo que esperas encontrar en una devoradora de kilómetros, el cuerpo va a su gusto, antojo y acomodo y todos los controles funcionan, como el motor, con suavidad, caso aparte para la caja de cinco velocidades, de tacto algo brusco, sobre todo al pasar de primera a segunda. Lo mismo de siempre, pero distinto Seguimos hacia Popayán, nuestro destino final para la primera jornada. Luego de dejar el municipio de La Virginia, la carretera Panorama es una buena alternativa para aquellos no adictos al reloj ni a quebrar récord de

tiempo entre una ciudad y otra, para ellos está la Panamericana, recta, plana y atestada de camiones. La Panorama se abre camino plácidamente entre coloridos cultivos de cereales y refrescantes viñedos, no es tan retorcida como la vía que dejamos atrás, pero está lejos de ser tan monótona como su colega transcontinental, la KLR sostiene un paso relajado entre 70 y 90 millas por hora, es decir entre 110 y 140km/h, a esta velocidad el motor va trabajando a 5.500 revoluciones en quinta marcha, no se perciben vibraciones molestas, no es que no las haya, solo que no llegan a ser reprochables y el golpe del viento apenas se siente en la parte alta del casco sin turbulencias exageradas gracias a su amplio frontal. Estos aspectos que acabo de mencionar son parte del cambio positivo que ha sufrido esta moto tras el rediseño, no solo estético, al que ha sido sometida y que la ponen un peldaño muy por encima del desempeño de sus predecesoras. Vale la pena que veamos los principales cambios con detenimiento. Empezando por lo obvio, el exterior de la KLR 650 es totalmente distinto, la moto tiene apariencia de ser grande y pesada, y en efecto, es grande pero no tan pesada (si se le compara con otras trail), su volumen exterior está determinado arriba por el tamaño de la doble óptica delantera, y más abajo por la presencia del radiador y del tanque del líquido refrigerante, el resultado combina un frontal voluminoso con un trasero más bien esbelto, incorpora grandes cubre manos, protector de motor y una generosa parrilla que por su tamaño bien serviría para montar un asador. El tablero está bien presentado pero le falta al menos un La KLR 650 se desenvuelve indicador de combustible, culpemos de esto y igualmente bien en asfalto y destapado, los cambios de piso de la falta de las luces de destello a los gringos, no son un reto para esta moto. al fin y al cabo ese es el mercado principal de

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ésta doble propósito y allá estos elementos son vistos más como gadgets (artilugios) que como accesorios verdaderamente útiles. Lo que no se le puede perdonar es la ausencia de un gato central, aunque la pata lateral es bastante segura y confiable en todos los terrenos. En la parte mecánica, el monocilíndrico de 651cc, 4 válvulas DOHC, refrigerado por líquido y doble balanceador (para controlar las vibraciones), ha sufrido considerables cambios a pesar de ser en esencia el mismo propulsor fiable y robusto que tantos seguidores le ha generado. Se varió la forma de la cámara de combustión (aumentando la compresión a 9,8:1), el perfil de los ejes de levas, el sistema de admisión, los anillos, el sistema de escape (que ahora es de una sola pieza) y el sistema de ignición (un encendido digital reemplazó al anterior CDI), todo esto para conseguir que la nueva KLR ofrezca una mejor respuesta en bajo y medio régimen al tiempo que permite estirar más el motor en la parte alta del tacómetro. Más

potencia y más torque sin sacrificar fiabilidad y sencillez de mantenimiento. La KLR sigue siendo alimentada por un carburador asistido por el sistema K-Tric (un sensor de acelerador) pero además de este, la KLR se mantiene lejos de dejarse contagiar por la fiebre de sensores, inyectores y demás “ores” que requieren computadores de diagnóstico y técnicos con master en electrónica, conserva una mecánica al alcance de la mayoría de los mortales en cualquier rincón del planeta, detalle fundamental para sus seguidores. Otro aspecto, no muy útil en el uso diario pero si en los viajes de largo trecho, es la capacidad de su alternador que de 14.5 amperios pasó a 17A (36W), con esto, la KLR tiene capacidad para instalar unos puños térmicos además de otros accesorios, como exploradoras por ejemplo. Las suspensiones también han mejorado, sacrificando un poco de recorrido para mejorar su desempeño en asfalto, adicionalmente toda la parte ciclo ha sido revisada para mejorar la

rigidez del conjunto general. La horquilla pasó de equipar barras de 38mm de diámetro por unas de 41mm, el chasis sigue siendo el mismo de estructura tubular pero ha cambiado el sistema de bieletas y el anclaje del mono amortiguador posterior, además de la estructura de la tijera que adicionalmente a su aporte en rigidez, mejora la tracción de la moto. Incluso los radios de los rines han cambiado, su diámetro se incrementó a 4mm (antes era de 3.5mm) para mejorar la capacidad de torsión de las ruedas. Los nuevos frenos siguen la tendencia, ya hecha norma en Kawasaki, de montar discos lobulados, el delantero de 280mm (antes de 260mm) mordido por una pinza de doble pistón, la misma que equipa el disco trasero de 240mm, que garantizan un mejor funcionamiento, acorde a las nuevas prestaciones del motor y permiten usar las mismas pastillas en ambas ruedas, otro buen detalle si se piensa en viajes largos. Todos estos cambios han sido concebidos para

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Bitácora

En el camino por la Panorama, no podía faltar una visita al museo de Omar Rayo que en esta ocasión nos deparaba una sorpresa especial: el maestro Rayo en persona, un hombre amable, sencillo y conversador que hizo de esta visita algo irrepetible.

Pasando Mondomo nos encontramos con una protesta indígena, camiones quemados en la carretera y policías antimotines, una imagen de violencia para el olvido.

No todo se trata de darle a fondo a la moto, también hay que estar pendiente de detalles como la limpieza, la cadena, que todo esté en orden para poder seguir disfrutando.

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Popayán es la puerta a un mundo distinto y maravilloso, conocido por pocos. La carretera a Totoró es una delicia por sus curvas, sus paisajes y la buena calidad de su pavimento.

mejorar su faceta asfaltera, sin que esto afecte, al menos en teoría, su esencia doble propósito y permitiendo vivir emociones, que según Kawasaki, pedían a gritos sus seguidores, y esta mejora es evidente incluso en las largas y aburridoras rectas que se extienden por el Valle y el Cauca, justo hasta llegar a Santander de Quilichao, donde comienza otra vez “lo bueno” al entrar nuevamente a la cordillera y a una carretera que desde este punto hasta Popayán parece una verdadera montaña rusa con subidas y bajadas constantes, enlazadas por curvas rápidas que no dan tregua a la diversión, hasta que en cercanías a Mondomo, nos vemos obligados a hacer un alto obligatorio en el camino que nos trae de vuelta a la realidad: de improviso nos encontramos en medio de una protesta indígena, con policías antimotines y ejército a lado y lado de la vía, los vestigios humeantes de un par de camiones atravesados, el asfalto tapizado de piedras y personas sacando del trailer la mercancía que no se quemó. Algunas cosas simplemente no cambian. Territorio prohibido Popayán, con sus viejas casonas y sus inconta-

bles iglesias, sus tranquilos cafés y restaurantes exquisitos, símbolo de tradición y de cultura en nuestro país, es también la puerta de entrada a un territorio desconocido, a una Colombia olvidada por la mayoría, recordada ocasionalmente por los titulares amarillistas de noticieros y periódicos. Cerca de esta ciudad nacen tres caminos que atraviesan el macizo colombiano internándose en un mundo prácticamente desconocido, el mundo de campesinos, indígenas y grupos armados al margen de la ley, de páramos gélidos y aún así llenos de vida, de valles cálidos, de vegetación indescriptible, de secretos bien guardados. Al menos así es como lo ve la mayoría. Pero preguntando se llega a Roma, en este caso a Inzá, a Tierradentro, a La Plata… Totoró es un pequeño municipio ubicado a media hora de

Popayán, hasta allí se llega por una carretera serpenteante y deliciosa, bien pavimentada. Una nueva oportunidad para seguir disfrutando en medio de una mañana despejada y radiante, inundada de aire fresco, de las delicias que la KLR tiene para ofrecer sobre el asfalto. Partimos con el depósito lleno, 6.1 galones de combustible que te dan para meterte por los caminos más perdidos sin tener que pasar angustias pensando dónde lo vas a llenar otra vez. Al llegar a este pequeño pueblo preguntamos por las condiciones del

camino, exactamente por la seguridad en la vía, el éxito de los insurgentes reside en el temor que generan con la sola posibilidad de su presencia, ese fantasma que cohíbe a cualquiera de moverse por regiones remotas. Dos señoras, donde improvisamos el desayuno, nos comentan que la noche anterior hubo combates en Belalcázar, en el instante que siguió, Juan Carlos (fotógrafo) y yo (escritor),

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El páramo está tapizado por un musgo que constantemente cambia de colores. La presencia del ejército es permanente aún en caminos recónditos como este. Los derrumbes también hicieron parte del camino.

nos miramos a los ojos y sentimos que todos los planes se nos venían abajo, y cuando la retirada parecía decidida, una camioneta de servicio público se asoma por el otro lado del pueblo, viene de Inzá. Al detenerse le preguntamos al conductor sobre el camino y nos responde con una sonrisa sarcástica, “esta largo y amplio”. ¿Y los muchachos? - le preguntamos - “si los ve me los saluda”, responde con otra sonrisa. Con la noticia del camino despejado tenemos vía libre para continuar, aunque los miedos no se disipan del todo y los primeros kilómetros transcurren en una tensa calma, mientras el hermoso paisaje que se va abriendo frente a nosotros termina opacando nuestros temores. Desde Totoró el camino asciende siguiendo un pequeño río y luego se adentra en lo profundo de la cordillera, muy pronto la tibieza de la mañana deja lugar a un frío intenso, los cultivos de papa se extienden a lado y lado de la vía, atrás queda

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el asfalto y nos recibe el anhelado destapado. Si no es por esa voz interna que suele hacer las veces de policía mental y que me advirtió con un grito al oído que el asfalto ya se había acabado, sigo andando como si nada. No es por chicanear, es porque esta moto va de un piso a otro como si nada. Un poco más arriba dejamos atrás un pequeño caserío llamado Gabriel López y unos kilómetros mas adelante llegamos al páramo, de ahí en adelante el asfalto solo existe en la memoria, ahora sí vamos a ver qué tan verdadera doble propósito es la KLR. Desde el principio se hace

evidente que para esta moto los caminos de tierra no son ningún reto, las suspensiones a pesar de haber perdido algo de recorrido, trabajan muy bien y en ningún momento llega a sentirse que estén al tope de su funcionamiento, el motor va como siempre con esa respuesta que seduce, y los frenos dejan ver que en estos pisos es cuando se agradece realmente su capacidad de dosificar la potencia evitando bloqueos. A medida que avanzamos apretamos un poco más el ritmo, obvio que esta Kawasaki está lejos de comportarse como una enduro, particularmente por su peso, pero tiene como moverse “a todo dar” por caminos difíciles y a la medida de las capacidades de su piloto. La belleza de un paraje como este es difícilmente descriptible, el agua literalmente emana de la tierra cada pocos metros y baja en forma de pequeñas cascadas por las laderas de la montaña, tapizadas a su vez por un manto de musgo que

Un poco de Historia En 1987 Kawasaki lanzó al mercado la KLR 650 serie A, modelo que se mantuvo prácticamente invariable, tanto estética como mecánicamente, a lo largo de 20 años hasta que a mediados del año anterior presentara el modelo 2008. La serie KLR contó con dos variantes además de la serie A, la serie B o Tengai (de la que se ven algunas unidades rodando en nuestro país), y la serie C de ten-

dencia un poco más todo terreno que incorporaba un depósito más pequeño y suspensiones de 41mm. El secreto de la masiva aceptación que ha tenido esta moto a lo largo de sus dos décadas de existencia, reside, de acuerdo a la mayoría de opiniones de sus usuarios, en la incomparable capacidad de esta moto para soportar el uso en las más duras condiciones, su versatilidad para moverse por todo tipo de terrenos que le permite viajar por todo el mundo prácticamente sin límites, la sencillez de su mantenimiento y su capacidad para equiparse con cuanto accesorio exista para los viajes de largo aliento. También por eso, la KLR fue escogida por el ejército de los Estados Unidos para cumplir con labores tácticas y de campaña en sus operativos. De esta iniciativa luego surgió la idea de la compañía HDT, de desarrollar motores diesel para montar a las plataformas de las KLR. 19


En el cauce del río Páez se ven las cicatrices dejadas por la corriente durante las crecidas que tantos estragos han causado a la región.

Bitácora

En el camino nos encontramos con un inmenso derrumbe que había taponado el paso hacia el municipio de Inzá, cuando llegamos las máquinas habían abierto un paso limitado pero aún les quedaba mucho lodo por remover.

Tierradentro es más conocido por extranjeros que por colombianos, en el libro de visitas de 10 firmas solo dos eran colombianas, los demás eran europeos, incluidos uno de Estonia y otro de Nueva Zelanda.

El observatorio astronómico es uno de los lugares más representativos del desierto de la Tatacoa, de más fácil acceso ahora que la vía ha sido pavimentada.

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pasa de un verde intenso, a un amarillo como el sol y luego a un morado oscuro casi como el de la piedra. De repente a la salida de una curva, en medio de un cañón que a primera vista limita cualquier intento de escapatoria, nos topamos con un retén, con las armas al hombro nos hacen señas de detenernos (cuando les pase algo parecido fíjense en los hombros de los camuflados, los militares siempre deben portar sus galones distintivos). ¡Virgen Santísima! pero se trataba de soldados del Batallón Colombia. Luego de una requisa y un saludo seguimos, el camino cada vez se pone más difícil, nos encontramos con derrumbes, pasos de barro, tramos de tierra suelta y otros de tierra asentada, verdaderos pedregales y pasos de agua, y la KLR como si nada. Poco a poco el camino tortuoso y frío, inicia el descenso hacia el valle del río Páez, el clima cambia y con él la vegetación, llegamos a Inzá, más pequeño de lo que su fama hace suponer y seguimos a San Andrés de Pisimbalá, donde esta el parque arqueológico Tierradentro, cuna de los fantásticos hipogeos (tumbas decoradas), patrimonio de la humanidad (vale la pena que lo conozcan), y luego bordeamos el cauce del río Páez por uno de los tramos más difíciles de todo el trayecto por el mal estado en que se encuentra, a pesar de esto el viaje sigue siendo un deleite para los sentidos, tanto por el comportamiento de la Kawasaki, que definitivamente no se amedrenta ante nada, como por la belleza de la región. El municipio de La Plata, ya en el Huila, marca el fin del destapado por este día, de allí en adelante avanzamos por una vía asfaltada y con largas curvas, idóneas para explorar otra faceta de esta moto, su lado sport, si es que a una máquina como esta cabe buscarle el lado deportivo, pero entrados en gastos, y a las puertas del atardecer

La iglesia de San Andrés de Pisimbalá, cerca a Tierradentro, es una de las más bellas y sencillas del país, declarada patrimonio histórico.

y con ganas de buscar un hotel donde descansar, aprovechamos para tirarnos una canita al aire y apretar el monocilíndrico. Aunque no suene muy legal (por aquello de los límites de velocidad), llevar la KLR 650 a más de ciento… y no sé cuantos kilómetros por hora está lejos de ser un acto suicida, inclinada en las curvas la moto es estable y mantiene la trazada, pero dada su naturaleza doble propósito es lógico que su chasis tenga cierta flexibilidad y a un ritmo fuerte la moto se mueve ligeramente, sobretodo en los cambios de dirección, a fondo es capaz de pisar los 160km/h en el velocímetro, pero lo suyo no son definitivamente las altas velocidades, más suave va mejor y llegada la noche no hay excusa para detenerse, gracias a la potencia de su doble faro integrado, que nos provee una luz más que suficiente para viajar tranquilos por los caminos más desolados y oscuros. Ríos y desiertos El día siguiente, a diferencia de los anteriores empezó con una ligera llovizna que nos acompañó desde Garzón hasta Neiva, pero que no pudo opacar, ni el desempeño de la KLR que se mostró muy efectiva y segura en piso mojado, ni la belleza de esta región que nos deleitó con sus paisajes, dominados por el río Magdalena y con el espectacular trazado de la vía, que en algunos tramos (entre Gigante y Hobo) parece como sacado de una película. Luego mientras cruzábamos en plena hora pico la capital del sanjuanero y las achiras, tuvimos tiempo para comprobar que la KLR se mueve bien entre las congestiones 21


La KLR al detalle

El desierto de la Tatacoa ofrece una vista inusualmente verde a sus visitantes durante esta época del año.

- La farola ofrece una óptima iluminación gracias a la doble bombilla y a que la luz de bajas se mantiene encendida al activar las altas, adicionalmente la cúpula ofrece muy buena protección aerodinámica. - El tablero incluye velocímetro, tacómetro e indicador de temperatura. - Los generosos cubremanos son muy útiles a la hora de proteger las manos de la lluvia y el viento, también protegen las levas en caso de caída. - El freno trasero emplea un disco lobulado y pinza de doble pistón, pero no nos convenció el recorrido de la manguera que la deja bastante expuesta. - La tuerca que se aprecia en la parte superior del amortiguador trasero permite ajustar fácilmente la precarga. - El motor refrigerado por líquido emplea un carburador Mikuni para su alimentación, cuenta con una mecánica simple y fiable y está muy bien protegido en la parte baja gracias al cubrecarter. - Adelante la KLR también monta un disco lobulado accionado por pinza doble pistón que brinda un poder de frenado acorde a las prestaciones de la moto. - La parrilla es realmente generosa, el guardabarros protege bien de las salpicaduras y las direccionales y el stop ofrecen una alta visibilidad.

Buenos detalles

- El alternador de gran capacidad permite instalar

puños térmicos, además de exploradoras y otros accesorios. - El gato lateral tiene una base amplia que le permite apoyarse bien incluso en pisos blandos como arena o tierra. - Los espejos grandes aportan muy buena visibilidad. - El tanque tiene capacidad para 6.1 galones que le dan una autonomía aproximada de 370km antes de pedir reserva. - Incluye un sensor para apagar el motor si se engrana un cambio con el gato abajo. 22

- Las pastillas de freno son las mismas en ambas ruedas, algo muy útil a la hora de un viaje largo pues evita tener que llevar más piezas de repuesto. - Los carenajes laterales protegen muy bien las piernas del viento y la lluvia. - En la parte trasera izquierda, justo bajo la parrilla, cuenta con un práctico seguro para dejar amarrado el casco. - Para revisar el nivel de aceite se cuenta con un visor en el costado derecho del motor.

Malos detalles

- El mofle mancha el guardabarros trasero con los

gases que emana y con el tiempo esto puede dañar el plástico. - A pesar de la buena autonomía le hace falta un indicador de combustible para mayor tranquilidad en los desplazamientos largos. - Definitivamente le hace mucha falta el gato central, sobre todo para operaciones de mantenimiento en carretera, como lubricar la cadena o cambiar una llanta. - El puesto de la herramienta, en la base de la parrilla, es poco práctico e inseguro. - El resorte del interruptor del freno trasero, roza contra una platina de metal lo que puede generar un desgaste prematuro.

citadinas, gracias al torque de su motor y a la agilidad con que se desenvuelve a ritmo lento, pero no pasa mucho tiempo en estas condiciones antes de que el calor del monocilíndrico se torne molesto, cosa que no sucede en carretera. Dejamos los límites urbanos en busca de la belleza única del desierto de la Tatacoa, que en esta época de lluvias ofrece una panorámica inusualmente verde a sus visitantes, cruzamos Villavieja y nos adentramos por la carretera… ¡horror de horrores, el entretenido camino de tierra ha sido reemplazado por asfalto! Hay sitios a los que el pavimento no debería llegar. Del observatorio, atestado ese día de turistas, damos media vuelta regresando a Villavieja, para buscar la vía que lleva a la Victoria, que para fortuna nuestra sigue siendo de tierra, con mucha arenilla y piedras sueltas y que en unión

con el desolado paisaje se torna en un deleite para los amantes de estos caminos. Andar en moto debe ser una experiencia divertida, algunos se dejan llevar por las cifras bestiales de potencia, por el pedigrí de la marca, por el exceso de tecnología, por la apariencia, y dejan de lado las sensaciones; en este aspecto la KLR 650, tan básica y sencilla como es, se lleva por delante a muchas de sus rivales por su capacidad para moverse prácticamente sin limitaciones por lugares en los que otras supuestas trail, deben rodar con mucho cuidado (cuando pueden seguirla). Como en el (sigue en la pág. 26)

Hay sitios a los que el asfalto no debería llegar, como a la vía que une a Villavieja (al fondo) con el desierto de la Tatacoa.

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En una mañana bañada por una ligera llovizna, pequeñas nubes cubren el paso del río Magdalena que se abre camino hacia la represa de Betania en el Huila.

Parque Arqueológico Tierradentro Localizado en las inmediaciones de la cordillera central, Tierradentro ha conservado siempre un aura de misterio a su alrededor, determinada por factores no del todo inconexos. En la época de la colonia por la dificultad de acceso a la zona y por la fuerte resistencia que opusieron los indígenas a la llegada de los españoles; últimamente por lo remoto de su ubicación y por la temida presencia de grupos armados al margen de la ley. Sin embargo la zona se encuentra muy recuperada en materia de seguridad y hoy en día es bastante seguro visitar el Parque. No se sabe a ciencia cierta cuál cultura fue la creadora de estas magníficas tumbas, denominadas hipogeos, se sabe que guardan alguna relación con la cultura de San Agustín pero la manera de construir sus tumbas es algo

completamente único. Los hipogeos, considerados por la UNESCO como patrimonio cultural de la humanidad, se dividen en varias clases de acuerdo (según parece) a la estratificación social de la población. Existen cinco hallazgos principales: Alto del Aguacate, Alto de San Andrés, Loma de Segovia, Alto del Duende y el Tablón, y las tumbas más impresionantes son aquellas decoradas con diseños geométricos zoomorfos y antropomorfos. Tierradentro es uno de los tesoros más olvidados de nuestro país, pero uno de los más valiosos y hoy día es seguro visitarlo y vale la pena hacerlo.

Los hipogeos de Tierradentro son únicos en el mundo por su tipo de construción y por la decoración de sus bóvedas.

Saliendo del desierto, el paso a través del Magdalena debe hacerse en barcas como esta, no hay otra manera de cruzar por esa parte del río.

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si con todo y las dificultades los has disfrutado al máximo, ahí es donde esta la gran diferencia. A nosotros nos quedan por delante otros cuatro días de camino, otra aventura, un capítulo aparte, esa es precisamente la esencia de la KLR, una moto pensada para recorrer miles de kilómetros, para vivir un sinfín de historias encima de ella y para disfrutar a fondo cada camino sin preocuparnos si después de la siguiente curva habrá o no asfalto. En fin, en ella no hace falta ir hasta el extremo más recóndito del planeta, basta solo querer vivir de una manera distinta. Sin barreras.

El lecho de un río seco fue el campo de juegos ideal para disfrutar como niños con la KLR.

El segundo a bordo Al pasajero le va bien con la KLR, el asiento es cómodo, no excesivamente amplio pero tiene lo suficiente para que la o él de atrás se sienta a gusto a menos que tenga las piernas largas, caso en el que probablemente los posa pies le parezcan algo estrechos; la espuma es suave y las asas son prácticas de asir, y el mono amortiguador le aísla bien de las irregularidades del camino.

Texto: DVG - Fotos: JCP

Ficha Técnica Motor Cilindrada Rel. compresión Torque Max. Potencia Max. Alimentación Transmisión Embrague Susp. Del. Susp. Tra. Freno Del. Freno Tra. Peso vacío Capacidad Tanque Precio

(viene de la pág. 23)

camino a la Victoria, por el que nos fuimos con la rueda trasera escarbando en la tierra de un lado a otro en las rectas, aprovechando el agarre de las llantas que dan para pasarla a fondo tanto en destapado como en tierra, o como cuando de puros desocupados nos metimos al lecho seco de un río para tentar el equilibrio en las “dunas” (no siempre de manera exitosa) y enterrarnos en la arena

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blanda, como si fuéramos niños chiquitos con una bicicleta. Y luego de ese “tiempo de ocio”, bastante divertido por cierto y que no muchas motos permiten, continuamos hasta el punto donde se cruza el Magdalena en canoa. Definitivamente los límites son mentales. El fin… no necesariamente Carreteras por explorar en Colombia hay miles, tortuosas, cálidas y frías, con o sin precipicios, de tierra o de barro, verdaderas trochas o paraísos de asfalto, en vastas llanuras o perdidas en medio del monte, como la que tomamos el cuarto día de ruta, que sale de Girardot y baja hasta un pequeño pueblo llamado Cambao, una vía en la que los arbustos y la maleza apenas dejan espacio para transitar en algunos tramos, pareciera cuestión de un par de meses para que esta carretera desaparezca de la faz de la tierra y figure solo en los mapas. Llegados a este punto no tengo la menor idea de cuántos kilómetros hemos recorrido hasta ahora, creo que hace un rato largo que pasamos las mil millas desde que arrancamos, pero a la hora del té, con esta moto este tipo de cuentas sobran, con otras no se puede decir lo mismo y menos en el destapado, donde nos encontraremos restando los kilómetros en la mente como si fueran los últimos días de un preso, con la KLR en qué te afecta saber si han sido cien o mil, millas o kilómetros,

1 cilindro, 4T, DOHC 4 válvulas, refrigerado por líquido 651c.c. 11,5 : 1 ------Carburador Keihin 5 velocidades Multidisco en aceite Horquilla convencional de 41mm Mono amortiguador Disco lobulado de 280mm Disco lobulado de 240mm 177 kg. (en seco) 6.1 galones $17.990.000

La vía hacia Cambao, parece estar a punto de desaparecer bajo los arbustos y la maleza que han devorado buena parte del asfalto.

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Kawasaki KLR Aventura  

Kawasaki KLR Aventura

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