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pigmaliĂłn

edicion especial aĂąo

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numero

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Carta editorial. Querido lector, esta revista de modo digital que posees es el fruto de una compilación de lecturas realizadas en un cursi de literaturas argentinas del siglo XX. Dicha compilación proviene de una clase impartida en la honorable universidad de cuyo de la ciudad de Mendoza Argentina. Este servidor tuvo el privilegio de realizar un intercambio académico y así conocer más de la cultura y literatura proveniente de este país tan hermoso. Esta recopilación de lecturas nos da un pequeño paseo por lo que puede ser los mitos desarrollados en las libretas no de los antiguos griegos o romanos si no en las de escritores que buscaron establecer una nueva o diferente versión en la que el lector pudiera ver los valores que tiene el mito en sí y los héroes que se aportan en estos relatos como los pensadores cambiantes o inclusive los antagonistas. Trabajos de novelas, cuentos, poesía e incluso teatro que dieron un aire renovador a los conocidos mitos como lo son el minotauro, Orfeo, Antígona y otros. La catedra recibida en la universidad de la región mendocina brindo estos frutos de los cuales el equipo de profesores estudio y planifico perfectamente cada clase y se distribuyó los temas en los cuales cada uno dominaba para hacer más profunda y esclarecedora la clase. Lo cual hasta el día de hoy y siempre aplaudiré ese esfuerzo pues son personas que aman la literatura y están entregadas a ella y sus ramas que ofrece como profesionales. Que es lo que hace al profesionista que toda carrera debe tener. Pasión por lo que se hace y se tiene. Sin eso, no hay mucho que hacer o aportar. Alberto Figueroa.

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Indice Los Heroes 4 GriegamenteArgentina 6 El Cuerpo Sin Alma 8 La Casa De Asterión 10 Minotauroamor 12 Euridice 14 Orfeo 16 Antigona Velez 18 El Reñidero 20 Los Reyes 22 Eros Y Psique 24 Dioses Contemporaneos 26

Disney

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s o L s e o r Hé

Alberto Figueroa

Pues bien el héroe es quel que en una instancia de la historia es un personaje cualquiera pero En todas las historias que escuchamos siempre existe conforme esta avanza podemos ver una evolucion un personaje que nos llama mas la atencion o que incluso dentro del personaje porque cuenta con un favor o idolatramos, no siempre se trata del villano que es aquel que se una bendicion opordriamos incluso mencionar un lleva los aplausos de la historia y la carga histrionica si no que objeto magico que le ayudara a vencer al villano de la en veces el heroe debe de poner de su parte para presentar historia y así demostrarse a sí mismo que es capaz de este equilibrio dentro de la historia para hacernos creer que lograr más de lo que se le juzgaba en el arco principal e al final de la historia todo esta bien y saldra victorioso . pero incluso quedando en una posicicon social mas alta de lo ¿que hace a un heroe que sea un heroe? que presentaba al inicio de la historia.

Dichos heroes tambien son presentados en la antiguiedad como aquellos que poseen la sangre de los dioses y eso los hace mas que capaces de hacer las tareas que estas divinidades deberian realizar pero en el caso de muchos decidieron tener a sus hijos en dado caso de que tuviesen que cumplir una tarea.

Pero la funcion verdadera del heroe es el mostrar que se debe de tener el valor necesario para que la moral salga siempre a flote y este condzca a lo correcto y así este seaa mas victoreado por crear un camino que va de la justicia y moralidad y presentando una hazaña increible en la que se junta la inteligencia y fuerza fisica en un solo hombre.

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En otros casos los heroes con aquellos que poseen el poderio similar al de los dioses por contar con riquezas o la herencia necesaria para adjudicarse la responsabilidad de gobernar al pueblo y de misma manera solucionarles todos sus pesares.

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Algunos de los requisitos que se necesitan para ser un héroe, a parte del linaje divino, es la moral que debe de ser limpia o no en su totalidad ya que en esta el persoanje demuestra un razocionio necesario para asimilarlo a cualquier hombre y dejar una moraleja con sus historias, no el que todos podemos der un héroe si no que aquellas personas que admiramos o nos ofrecen una proteccion, no son tan doferentes de nosotros como lo tenemos pensado en varios caoss. a esto se le suma la inteligencia necesaria para poder vencer, no solo a los villanos puesto que en combate estos son estrategas que junto con la fuerza bruta se combina para llegar a la victoria.


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Uno de los ejemplos mas notables dentro de la mitologia como un héroe ejemplar es el hijo de Zeus, Heracles o en su forma romana y más conocido, Hercules. puesto que este contaba con la fuerza de su padre o una mas equiparable al titán Atlas. siendo consebido por una de las muchas aventuras que tuvo Zeus con una mortal este crecio como un hombre mortal fuera de lo comun ya que con su fuerza este era considerado como un feneomeno o castigo de los dioses para el pueblo ya que no les daba más que proteccion pero a su conveniencia porque veian la fuerza de esté como un estorbo dentro de la poblacion si no les favorecia. despues de que este consibiera su fama y familia los dioses precisaron de su ayuda la cual el semidios les brindo pero la diosa Hera al ver el poderio del hijo no por su parte con el dios supremo lo castigo dandole locura para deshacerce de lo que más quisiera, en este caso fue su familia. sin más que perder, hercules le pidio un consuelo a los dioses con la sabiduria y fuerza que este manejaba para encontrar una solucion a su pesar en la que se le encomendaron 12 tareas de lo mas dificiles en las que solo un verdadero dios podria cumplir ya que se requeria una fuerza e inteligencia de un divino para cumplirlas. Este realizo las tareas encomendadas y los dioses le propusieron la inmortalidad y un espacio en la sala de los dioeses para que demostrara su poderio aante los mortales que una vez le juzgaron. pero este recordadndo y sanando su alma con el castigoque le habia dado la diosa traicionera de Hera, decidio quedarse en la tierra en donde les serviria de protector a los mortales y así defender la memoria de sus hijos. eso hace a Hercules un héroe verdadero . y aunque Disney lo pinte de manera diferente la idea es la misma.

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GriegamenteArgentina Alberto Figueroa

El hombre de la sociedad tradicional está profundamente convencido de que el carácter obligatorio o indiscutible de los preceptos hereditarios reconoce un origen sobrenatural este es el fenómeno de la tradición clásica que atañe a todo el vasto complejo de áreas culturales, a unas más que a otras, pero a todas en alguna medida. Y así, es evidente a todo ojo atento y conocedor de lo antiguo cómo nuestra teoría y praxis política tiene sus fundamentos en la realidad de Grecia y Roma; cómo el pensamiento filosófico medieval, moderno y contemporáneo es un continuo diálogo y desarrollo de lo que ya reflexionaron los griegos; cómo el Derecho occidental, en casi todas sus ramas, tiene sus raíces en Roma; cómo las bellas artes alternan sus búsquedas y nuevos hallazgos vanguardistas con intermitentes neoclasicismos en los temas y en las formas, o cómo la creación misma se identifica con la síntesis de los elementos novedosos y los tradicionales, estos casi siempre de remoto sello grecolatino. Y así podríamos seguir ponderando indefinida-mente la huella helénica y latina en las diversas caras de nuestra vieja civilización occidental, tanto lo que es resultado de una evolución natural e inconsciente a partir de aquellos orígenes ancestrales como lo que es regreso voluntario y consciente a aquel prestigioso arsenal inagotable de ideas, argumentos y formas. De esta manera se puede pracicar un ejercicio de literatura comparada con lo que es un mito y un cuento, estos cuentos claro realizados con una similitud a las historias de los mitos clásicos. Trabajos realizados por varios escritores argentinos

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Dando a entender que la Literatura comparada se ocupa de las realidades literarias de distintas regiones como manifestaciones análogas de un mismo fenómeno cultural, razón por la cual cabe afirmar que pone de manifiesto el fondo compartido subyacente a las diversas realizaciones así como los vínculos o relaciones que se pueden establecer entre ellas. Pero que se entiende como un mito: Historia verdadera, sagrada y ejemplar, que refiere acontecimientos ocurridos en el tiempo de los orígenes (Mircea Eliade). O, Narración o relato tradicional, memorable y ejemplar, paradigmático, de la actuación de personajes extraordinarios (en el mundo griego, dioses y héroes) en un tiempo prestigioso y lejano (García Gual). Los estudios de las sociedades arcaicas han probado hasta la saciedad la existencia de ese sentimiento de desamparo que el hombre primitivo experimenta frente al decurso del tiempo. Ninguna esperanza en el porvenir histórico y sí la secreta desesperación del deterioro inevitable que el tiempo impone a todo cuanto cae bajo su rueda. La única defensa posible era volver los siempre los ojos al pasado paradigmático y restaurar el orden definitivo impuesto por los dioses de la ciudad […]La ciudad tradicional estaba construida se acuerdo con el plan mítico del cosmos, El tiempo sólo podía alterar la pureza de sus líneas y de sus leyes y por mucho que los ritos consagratorios quisieran recuperar la imagen prístina del orden original, hay un deterioro en la fuerza sagrada que sólo los dioses pueden devolver. En Grecia, la mitología y la literatura estaban muy relacionadas. La épica, la lírica y la tragedia se basan sobre el repertorio mítico. Las grandes epopeyas de Homero son un claro ejemplo. En cuanto a la tragedia, si bien se han conservado sólo 33, se puede suponer la existencia de muchas más, y casi todas se basan en mitos. por esto mismo este ejercico de cuentos, novelas, poesia o inclusive teatro que se desarrolla en argentina respetando estos estandares de literatura como lo es el mito y las figuras que contiene es exitosa y dio nombre a muchos escritores como lo son Cortazar y Borges.

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el cuerpo sin alma

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Tres palabras apuntalan al espejo de los miedos: cuerpo sin alma. Inmortal porque no puede ser muerto.

…no fue de bestia feroz La ayuda más valorada… A la hormiguita discreta ¡acrediten esta palma!

Por una calle y por otra Atacan a sus murallas… Él los contiene diciendo: -Tóquenme otra mediacaña.

El inmortal poderoso Fue vencido, cara a cara -¿Quién lo venció al inmortal? -No se ni como se llama.

La muerte, vivo esqueleto, Quiere afilar su guadaña. Cuerpo sin alma le ayuda bailando una mediacaña

Tan pobre fue el vencedor, Tan poderoso el vencido, Que es de perderse pensando Como fue, que ha sucedido…

el mozo mas medianero llega al pueblo por trabajo, lo mandan contenga el hambre de mil animales flacos

Una fuerza caudalosa Y otra de poca medida, Y a la fuerza del caudal ¡la venció la más rendida!

allí miro secadales lindando con altos pastos y hablo a la niña princesa para un quehacer a su brazo

Ocho ayudas que vinieron En favor del que venció, Pero ocho ayudas contaban El inmortal que murió…


Pero penaba un pueblo, Y este mozo, por amor, Venció, y el agua y el cariño ¡Por calles se derramo! Era un matrimonio muy pobre que trabajaba en las minas de la sierra. Ya eran viejos marido y mujer, pero tenían un hijito donde reposaban todo su encanto y su engaño. Por las mañanas se iba el viejo al pique de la mina y no volvía hasta la noche, y así el niño se la pasaba todo el día con su mamita, y su gusto y embeleso era que ella le contara cuentos de andanzas sin fin. Por la noche volvía su padre y eran tres almas, se acurrucaban en el fogón del ranchito serrano, sus hablitas apenas se oían en los profundos del silencio del Ande… así fueron pasando unos tiempos y otros; y el niño se ganó a mocito y quiso acompañar a su padre al fondo de la mina a ayudarle. Apenas le permitió el viejo una que otra bajada. Pudieran bajarse los socavones y aplastarnos a los dos y entonces ¿Quién cuidaría a su vieja madrecita? Le porfiaba su tatita, pero consintió en que pirquinearía los minerales en el desmonte. Fue pirquinero el mocito y trabo relación con la gente de arria y los carrreteros que llevaban el metal a los llanos. De noche iba al fogón de ellos y se embelesaba con las historias. Oyó hablar de las penurias del marucho y supo del sufrido viajar de los arrieros por las pampas infinitas. Tanto le dijeron del mundo y sus floridas novedades que apenas cumplidos sus dieciséis años quiso salir a rodar tierras y ya pidió el permiso y bendición de sus padres para dejarlos… ¡Mas bien no lo hubiera hecho! Los viejos se volvieron un mar de lagrimas y se le hincaron pidiendo que no los abandonase. Se allano, pues el mocito muy triste a vivir al lado de sus viejos. Lo llamaban el mundo y sus desavenencias, pero es que, siendo un hijo tan amartelado, ahogaba su arresto en triste silencio. En el continuo desear subía al divisadero y desde ahí espiaba las huellas y sendas y hallaba consuelo pensando que llegaría la ocasión de seguir huella y senda hasta perderse en lo lejos de los llanos.

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Francisco Rivero


la casa de asterión Jorge Luis Borges Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)1 están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo, hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera. El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos. Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (a veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: ahora volvemos a la encrucijada anterior o ahora desembocamos en otro patio o bien decía yo que te gustaría la canaleta o ahora verás una cisterna que se llenó de arena o ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos. No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo.

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Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo. Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro cae sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿será un toro o un hombre? ¿será tal vez un toro con cara de hombre? ¿o será como yo? El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre. - ¿lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió

11 Ian Francisco Soriano


minotauroamor Abelardo Arias

El análisis del discurso en Minotauroamor de Abelardo Arias, permite al lector acceder a una serie de conceptos acerca del hombre y de las realidades que le conciernen: el amor, la amistad, la belleza, el arte, el poder, entre otros. Si bien estos planteos alcanzan a todos los personajes, los mismos son focalizados, especialmente, en relación con los dos protagonistas: el Minotauro y Teseo. De hecho, Abelardo Arias ha declarado que lo que le impulsó a escribir esta novela fue, precisamente, un interrogante vital que lo asediaba: cuál era la verdadera condición del hombre moderno. El escritor mendocino parecía advertir, ya en ese entonces, una marcada degradación de los valores que han sido sostén de nuestra cultura e intenta despertar la conciencia de sus coetáneos a través de estas magníficas páginas. Es por ello que, en el presente trabajo, no sólo nos proponemos demostrar el enorme valor literario de la novela abelardariana y la riqueza de su contenido sino también señalar el vínculo que se establece entre los personajes con el concepto subyacente de “hombre normal”. De este modo tratamos de dilucidar de qué modo, en este espacio literario, se proyectan las ideas sustentadas por el reconocido escritor mendocino. Con tal finalidad, se señalan, sucintamente, las coincidencias y modulaciones que se dan entre el mito original y la recreación que de él hace el autor mendocino para centrarnos en el análisis de los fragmentos que tienen como tema sustancial la “diagnosis” del hombre. Para este enfoque tomo en consideración un estudio de Alfonso López Quintás -Diagnosis del hombre actual-, publicado el mismo año de la obra que nos ocupa, y que plantea -desde otro lenguaje-, las mismas inquietudes que advertimos en el autor mendocino. Hace ya algunos años, la novela Minotauroamor de Abelardo Arias, atrajo profundamente por la preocupación vital que motivó su escritura: el interrogante acerca de la condición del hombre moderno cuya posible respuesta despertó, en el autor mendocino, lo que él llama “el desgarramiento metafísico de la conciencia”. Los planteos acerca de la crisis de humanidad que azotaba al hombre ya en ese entonces y que quedan textualizados en estas magníficas páginas, me resultaron -a pesar de los no pocos años transcurridos- tan vigentes para nuestra contemporaneidad. En este sentido, la lectura de la novela me produjo un triple efecto que no puedo asegurar sea el previsto por el autor. En primer lugar me pareció una puesta en “escena” de la degradación de los valores humanos que son sostén de nuestra cultura; en segundo lugar, un llamado al hombre moderno para revertir de alguna manera esta situación, y por último, la sugerencia de lo que para Abelardo Arias sería la gran clave de la recuperación de los valores más profundos del ser humano: la capacidad de donarse al “otro” por amor, un amor ajeno a cualquier interés que relativizara su condición intrínseca de plenitud. El análisis que el autor realiza de la interioridad humana es desgarrador. Parece partir de una visión totalmente inmanentista, en la que la esperanza no tiene lugar.

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El hombre se nos muestra, a través de la mirada del autor mendocino, en un camino de degradación, en el que los valores más sublimes, como el amor, la amistad, la belleza, la verdad, sólo tienen un fin: desaparecer, morir. Con esta finalidad, Arias retoma el mito helénico y lo recrea estéticamente con la intención de explicar el origen de la inhumanidad que caracteriza al hombre moderno puesto que, según Mircea Eliade, todo acto humano tiene su paradigma en el mito. Veamos, ahora, cómo se concretan las variaciones en la línea argumental. La primera diferencia es que el Minotauro en la obra del mendocino, no sólo es el fruto de una pasión desordenada -la de Pasifae con el Toro sagrado-, sino que en su gestación interviene, también, un artefacto fabricado por Dédalo que facilitó, no sólo su gestación, sino también su crecimiento. Este aspecto nos conecta con una de las características de la modernidad señalada por varios autores y que Alfonso López Quintás señala como un efecto de la racionalización: el auge del tecnicismo, cuyas diferentes formas se apoyan, según el filósofo español, en los estratos más superficiales de los seres. Otra diferencia reside en que Asterio no es inmediatamente recluido sino que en su infancia había gozado de total libertad.

13 Georges Frederics Watts


Maldigo el momento en el que no tuve la convicción necesaria. Maldigo el momento en el que me dominaron la debilidad y el miedo. Maldigo el momento en el que me olvidé de seguir confiando en tu amor. Maldigo el momento en el que tuve dudas. Maldigo el momento en el que miré atrás. Ese momento fugaz en el que te perdí… No puedo ya volver por ti allá donde Tú estás. Ahora, de ti nada me queda. Sólo tengo mi lira, que llora sin consuelo tu ausencia, como lloro yo, Orfeo. A la Perséfone que perdí.

14 Camille Corot


euridice Alberto Escobar Fue solo vislumbrarte en las aguas del Estrimón y caer enamorado hasta el arrobo eterno. Me buscaste encarnada en blanco inmaculado a la vista del género femenil rendido a la lira. Me hallé ausente de suspiro desde tu vista. Tuve que encontrarte para poder seguir viviendo. Mi lira solo vibraba ante tu recuerdo, tu belleza. Te alcancé por fin a orillas del río y te hice mía, nos hicimos nuestros para siempre. Aristeo, que te pretendió antaño, no soportó la luz de tanta dicha ajena y te persiguió para hostigarte. Una sierpe ajena a los hechos hundió sus colmillos en tu lechosa carne para darte muerte y yo contigo. Fue un jarro de vitriolo sobre mi gana de vivir. Osé como única escapatoria acercarme al Hades para devolverte a la vida, unos dicen que embelesé al Cancerbero con mis trinos y otros que fue Caronte el que se dejó seducir por mi triste melodía de amor. El caso es que alcancé el Hades tras cruzar la laguna Estigia y te busqué sin éxito hasta que se cruzó en mi camino el mismísimo Hades, que me propuso un trato de confianza. “Volverás al mundo de los vivos precediendo a Eurídice y recuperará su vida si no osas mirarla hasta que sea bañada por el sol desde sus pies a su cabeza” dijo el dios del infierno. Así lo hice a pesar de mis dudas sobre la veracidad de sus palabras. Cuando traspuse el umbral del Hades y entré en mi mundo con el sol como anfitrión, pensando que era el momento de mirar atrás me decidí a hacerlo sin advertir que mi amada tenía un pie todavía oscurecido por la umbría del inframundo. La desgracia se apoderó de mí cuando la vi esfumarse en la nada. Permanecí viviendo sin vivir, mi lira no reía como antes, las mujeres, que celebraban la muerte de su rival, no pudieron recuperarme, exánime, ansiaba la muerte para rencontrarme con ella para siempre. Estas, desesperadas, me dieron muerte a pedradas, me concedieron mi deseo. Por fin juntos para siempre..

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orfeo En la época en que dioses y seres fabulosos poblaban la tierra, vivía en Grecia un joven llamado Orfeo, que solía entonar hermosísimos cantos acompañado por su lira. Su música era tan hermosa que, cuando sonaba, las fieras del bosque se acercaban a lamerle los pies y hasta las turbulentas aguas de los ríos se desviaban de su cauce para poder escuchar aquellos sones maravillosos. Un día en que Orfeo se encontraba en el corazón del bosque tañendo su lira, descubrió entre las ramas de un lejano arbusto a una joven ninfa que, medio oculta, escuchaba embelesada. Orfeo dejó a un lado su lira y se acercó a contemplar a aquel ser cuya hermosura y discreción no eran igualadas por ningún otro. - Hermosa ninfa de los bosques –dijo Orfeo-, si mi música es de tu agrado, abandona tu escondite y acércate a escuchar lo que mi humilde lira tiene que decirte. La joven ninfa, llamada Eurídice, dudó unos segundos, pero finalmente se acercó a Orfeo y se sentó junto a él. Entonces Orfeo compuso para ella la más bella canción de amor que se había oído nunca en aquellos bosques. Y pocos días después se celebraban en aquel mismo lugar las bodas entre Orfeo y Eurídice. La felicidad y el amor llenaron los días de la joven pareja. Pero los hados, que todo lo truecan, vinieron a cruzarse en su camino. Y una mañana en que Eurídice paseaba por un verde prado, una serpiente vino a morder el delicado talón de la ninfa depositando en él la semilla de la muerte. Así fue como Eurídice murió apenas unos meses después de haber celebrado sus bodas. Al enterarse de la muerte de su amada, Orfeo cayó presa de la desesperación. Lleno de dolor decidió descender a las profundidades infernales para suplicar que permitieran a Eurídice volver a la vida. Aunque el camino a los infiernos era largo y estaba lleno de dificultades, Orfeo consiguió llegar hasta el borde de la laguna Estigia, cuyas aguas separan el reino de la luz del reino de las tinieblas. Allí entonó un canto tan triste y tan melodioso que conmovió al mismísimo Carón, el barquero encargado de transportar las almas de los difuntos hasta la otra orilla de la laguna. Orfeo atravesó en la barca de Carón las aguas que ningún ser vivo puede cruzar. Y una vez en el reino de las tinieblas, se presentó ante Plutón, dios de las profundidades infernales y, acompañado de su lira, pronunció estas palabras: - ¡Oh, señor de las tinieblas! Héme aquí, en vuestros dominios, para suplicaros que resucitéis a mi esposa Eurídice y me permitáis llevarla conmigo. Yo os prometo que cuando nuestra vida termine, volveremos para siempre a este lugar.

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La música y las palabras de Orfeo eran tan conmovedoras que consiguieron paralizar las penas de los castigados a sufrir eternamente. Y lograron también ablandar el corazón de Plutón, quien, por un instante, sintió que sus ojos se le humedecían. - Joven Orfeo –dijo Plutón-, hasta aquí habían llegado noticias de la excelencia de tu música; pero nunca hasta tu llegada se habían escuchado en este lugar sones tan turbadores como los que se desprenden de tu lira. Por eso, te concedo el don que solicitas, aunque con una condición. - ¡Oh, poderoso Plutón! –exclamó Orfeo-. Haré cualquier cosa que me pidáis con tal de recuperar a mi amadísima esposa. - Pues bien –continuó Plutón-, tu adorada Eurídice seguirá tus pasos hasta que hayáis abandonado el reino de las tinieblas. Sólo entonces podrás mirarla. Si intentas verla antes de atravesar la laguna Estigia, la perderás para siempre. - Así se hará –aseguró el músico. Y Orfeo inició el camino de vuelta hacia el mundo de la luz. Durante largo tiempo Orfeo caminó por sombríos senderos y oscuros caminos habitados por la penumbra. En sus oídos retumbaba el silencio. Ni el más leve ruido delataba la proximidad de su amada. Y en su cabeza resonaban las palabras de Plutón: “Si intentas verla antes de atravesar la laguna de Estigia, la perderás para siempre”. Por fin, Orfeo divisó la laguna. Allí estaba Carón con su barca y, al otro lado, la vida y la felicidad en compañía de Eurídice. ¿O acaso Eurídice no estaba allí y sólo se trataba de un sueño?. Orfeo dudó por un momento y, lleno de impaciencia, giró la cabeza para comprobar si Eurídice le seguía. Y en ese mismo momento vio como su amada se convertía en una columna de humo que él trató inútilmente de apresar entre sus brazos mientras gritaba preso de la desesperación: Orfeo lloró y suplicó perdón a los dioses por su falta de confianza, pero sólo el silencio respondió a sus súplicas.

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Marechal sitúa la tragedia en el campo argentino en la época de la “Conquista civilizatoria”. En la frontera territorial que va avanzando sobre lo “desconocido”, sobre el otro preexistente, “Don Facundo” defiende la estancia “La Postrera” frente al acecho de “los indios pampas”. La tierra de la que se apropia “Don Facundo” luego de que “Luís Vélez” (padre biológico de “Antígona” y de “Ignacio y Martín Vélez”) muere luchando contra “Los pampas”, es una estaca, una “punta de lanza” en medio del desierto pampeano. En este sentido, es interesante analizar la figura de “Don Facundo” como un “apropiador originario de la tierra”, al decir de Marx, que impone su ley y avanza ganando tierras para luego usufructuar con ellas. Este “propietario originario” que, de alguna forma, Marechal construye podría ser una expresión de nuestros primeros dueños de la tierra que tuvieron un rol central en el desarrollo posterior de la Argentina.

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la mirona artistica


antigona velez Leopoldo Marechal

El trabajo reflexiona acerca de Antígona Vélez de Leopoldo Marechal y de cómo esta obra de arte nos permite repensar la opresión que sufrieron y sufren nuestros cuerpos en Argentina. Se hace un recorrido por la pieza teatral del escritor argentino analizando la rebelión de nuestra Antígona, su suspensión en la instancia negativa del choque de fuerzas dialéctico que propone la obra. El ejercicio de Dialéctica Negativa (Adorno) que lleva adelante la Antígona marechaliana, su carácter revolucionario, nos ayuda a reflexionar críticamente sobre la tragedia de nuestros cuerpos, pasando por la llamada “Conquista del desierto”, en la que se sitúa la pieza y sus resonancias en nuestro presente. A partir de esto, se trabaja sobre cómo la fuerza de Antígona Vélez prevalece en los cuerpos que se resisten a la reproducción de lo idéntico en nuestra historia. Adorno sostiene que el arte de puro entretenimiento y placentero comete una injusticia que va contra los muertos, contra el dolor acumulado y sin palabra. La contundencia de este planteo nos despertó el interés por reflexionar acerca de “Antígona Vélez” de Leopoldo Marechal y de cómo esta obra de arte nos permite repensar la opresión que sufrieron y sufren nuestros cuerpos en la Argentina. El escritor argentino hace una relectura de la tragedia “Antígona” de Sófocles y la sitúa en el campo argentino en la época de la “Conquista del desierto”. La obra de teatro posee una intensidad poética conmovedora, una fuerza que descompone el sentido y revitaliza el teatro. Al decir de Adorno, al leer la obra uno tiene la sensación de que no le queda más opción que desaparecer, desvanecerse en ella. Esto es posible porque Marechal le da, poéticamente, vida a nuestra propia “Antígona” y permite que su rebelión, su carácter revolucionario adquiera una fuerza descomunal para repensar lo argentino. En este sentido, “Antígona Vélez” desata asociaciones interminables al hacer justicia con nuestros muertos y al gritar el dolor acumulado y sin palabra de los cuerpos. Ella toma “conciencia” de su situación viviendo la experiencia de opresión y sufrimiento que le impone su padrastro, “Don Facundo”. De esta forma, evita transitar una experiencia que ya está “instrumentalizada” y escapa a la lógica de “atomización” que impone el dueño de la tierra con su ley. Esto le permite realizar una crítica y una práctica (praxis) revolucionaria que le/nos permite reflexionar sobre el dolor y la tragedia de nuestros cuerpos. volviendo a la obra de Marechal, “Ignacio Vélez” deserta, se pasa a los “indios” y vuelve como enemigo peleando contra su hermano “Martín Vélez”. Este último sigue la ley de “Don Facundo” defendiendo “La postrera” y su gente. Los dos mueren en el combate, “Don Facundo” decreta que “Martín Vélez” sea velado y sepultado mientras que condena al cuerpo de “Ignacio Vélez” a no ser enterrado y, por lo tanto, éste es devorado por los pájaros carniceros. “Antígona Vélez” se rebela y reestablece el límite entre la vida y la muerte enterrando el cuerpo de su hermano para que descanse en paz, él y “lo humano”. Se produce un choque dialéctico entre la praxis de “Antígona Vélez” y la de “Don Facundo”. Entonces la tragedia se desata.

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el reñidero Sergio de Cecco Electra y El reñidero son dos obras distintas para una misma historia trágica. Han cambiado el lugar y el tiempo pero no los personajes. Los dioses o las leyes no escritas le señalas a Orestes que debe tomar venganza contra los asesinos de su padre. Su hermana Electra lo impulsa a cumplir con su destino. Poder, querer y deber son palabras que se entrecruzan alocadamente en las vidas de estos seres, que se debaten entre la razón y el desorden. Movidos por fuerzas irremediablemente ciegas no dejan de ser plenamente humanos. Quizá por eso también atemporales. Ser humano es ser tiempo, es transcurrir, y ser consciente de ello. La conciencia humana; que distingue pasado, presente y futuro, organiza su experiencia de vida y su lengua sobre ese criterio, unido al de las personas gramaticales (primera, segunda, tercera). Esa conciencia de la temporalidad, de la fugacidad del hombre, nos permite distinguirnos en otra tríada: dioshombre-bestia. Los seres divinos son eternos (su falta de límite temporal se equipará con su poder infinito y su ubicuidad, su ser omnipresentes). Los animales no son conscientes de su temporalidad. El hombre organiza ritos sociales alrededor de sus límites temporales, del nacimiento y de la muerte. El reconocimiento de los límites humanos coexiste con el afán de trascendencia, con el deseo de eternidad. Hasta tal punto esto es así que la conciencia occidental, más precisamente, la griega que nos funda imaginó una diosa que intenta seducir a un hombre con la eternidad: Calipso desafía el orden del mundo al ofrecerle a Odiseo no envejecer jamás. Ni Zeus se lo permite, ni por ello deja Odiseo de desear volver a su tierra, a su reino humano, ni a su mujer mortal. El ser humano no ha renegado de serlo. La reafirmación de nuestra humanidad no implica una deposición del deseo de la trascendencia, del ansia de superar nuestra limitación temporal. Pero el hombre busca una manera humana de superar la muerte, la desaparición. Por un lado, se prolonga nuestra carne en los hijos. Por el otro, el ser humano hace supervivir su espíritu a través de la tradición. La literatura intenta superar los límites humanos del tiempo y el espacio. Electra y El Reñidero. Un joven Orestes de allá lejos, de entonces (de Grecia, hace más de 3000 años) reaparece en el barrio de Palermo, en Buenos Aires, en 1905. Una lectura que pueda desplazarse desde el allá y entonces hasta su acá y ahora, reconociendo identidades y diferencias construye la tradición y la novedad que no puede distinguirse sino gracias a esa construcción. Elena.— [...] Yo quiero este mundo, así sea un reñidero, porque fue el suyo. Vicente.— ¿A costa de la sangre y el duelo? Elena.— Al duelo lo traemos prendido como una araña desde que venimos al mundo. Yo, de chica, jugaba aquí, Vicente, entre la sangre de los gallos, de los que aprendí la única ley que conozco [...] (Acto I. Cuadro I)

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Elena.— Orestes... Orestes.— Ya lo sé. Elena.— Vas a matarlo. Orestes.— Sí. Elena.— (Abraza a Orestes.) Vos sos lo único que me queda... Ayer cuando te vi entrar con tus pasos, hubiera querido gritar de alegría. Se me hizo atrás el tiempo y me pareció que vivía papá, que todo había sido solo una pesadilla, que era él quien había entrado por esa puerta, con su estilo que ahora es el tuyo y que todo iba a volver a empezar... Pero eso solo será posible si sos capaz de vengarlo. Orestes.— Seré capaz. Elena.— Y tiene que ser en esta misma noche. El tiempo es nuestro enemigo. Mañana el hielo va a empezar a derretirse, y nos vamos a despertar un día pensando que las cosas no son demasiado graves. Orestes.— Será esta noche. Elena.— Soriano abre a las diez el reñidero, cerca de medianoche se acaban las riñas, él se queda solo... cierra las puertas y se queda solo. Orestes.— Me basta. Elena.— (Honda) Confío en vos. Mi vida, mi mañana, mi paz, todo está en tus manos... (Le toma la mano derecha.) En esta mano que llevará el peso de la daga. (Pausa.) No tengas compasión, ellos no la tuvieron. (Orestes se aleja de ella y antes de salir se vuelve.) Orestes.— Sosegáte, no voy a bandearme... Es al ñudo cuerpear al destino. (Sale.) (Acto I - Cuadro II)

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Julio Cortazar

los reyes

Julio Cortázar presenta los elementos que componen el relato mítico tradicional y desarrolla su texto en el mismo tiempo y espacio que describen los mitólogos clásicos, respetando el enredo y los nombres de los personajes, pero cambiando completamente las características psíquicas de los mismos. Este cambio radical coloca a cada integrante del relato en el polo opuesto al que ostenta en los relatos clásicos. El cambio patente que aparece en la lectura del Los reyes es justamente la inversión de los papeles que cada personaje del mito cretense desempeña. Un protagonista que resulta antagonista, y viceversa, deja al lector en la desconfianza de estar leyendo otra historia.

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Ejemplo de lo supra mencionado es la frase de Teseo cuando comienza el coloquio con palabras que exhiben la decidida intención de quitarle la vida a su interlocutor: “No sé nada de ti: eso da fuerza a mi mano” (Cortázar, 2004: 57), recibiendo como respuesta por parte del Minotauro: “¿Cómo podrías golpear? Sin saber a quién, a qué” (Cortázar, 2004: 57). Se puede observar aquí, en Teseo, un héroe con sed de sangre, cegado por la ambición de poder y mínimamente reflexivo. En Los reyes, la bondad del héroe del mito clásico se transmuta en violencia, el pensamiento en impulso y la reflexión en instinto.


También la respuesta dada por el villano mítico, por el Minotauro, es vista con la misma lente que observa a Teseo en el texto de Cortázar y se opera, así, la misma conversión en sentido contrario: la criatura salvaje, el monstruo sanguinario, el ser cruel y feroz pasa a ser un símbolo de la razón y de la reflexión, un representante de la sensibilidad, un modelo de astucia. Todas características que colisionan con la figura o la imagen que posee un antagonista. Otras características que podrían considerarse amíticas aparecen en Los reyes y exhiben también esa inversión en los papeles centrales del relato clásico. Por ejemplo, cuando Teseo dice: “Todavía somos iguales” (Cortázar, 2004: 58) intentando alcanzar un cierto matiz de paridad entre él y su adversario, comparación que cae rotundamente en la asimetría con cada frase del Minotauro de las cuales se desprenden sabiduría y lenguaje poético; cuando el Minotauro refiere que “no es con los ojos que se enfrenta a los mitos.” (Cortázar, 2004: 58) o cuando dice que: “El hilo está a tus pies como un primer arroyo, una viborilla de agua que señala el mar” (Cortázar, 2004: 59) también está demostrándose en la bestia mitológica una profundidad de pensamiento y sentimiento que lo distancia rotundamente de una criatura salvaje evidenciando, en contrapartida, la carencia de humanidad y racionalidad de su adversario. Esta idea de inversión “protagonista/antagonista” es expresada claramente por el pensamiento de Taylor, quien refiere que “El minotauro no se defiende instintivamente del ataque mortal, como una bestia, porque no lo es esencialmente, a diferencia de los que visten de hombres y son asesinos por completo. Combate con la inteligencia por la inteligencia” (Taylor, 1973: 554). En “Los reyes”, ese juego de papeles invertidos estaría esbozando una imagen de toro-humano que sobrepasa valorativamente la idea que se tiene del hombre-bestia representada, paradójicamente, por el instinto asesino del héroe clásico Teseo.

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eros y psique Alberto Figueroa En la hermosa descripción de un suspiro nace el amor. Hace mucho tiempo en un lugar lejano pero conocido al nuestro. Un lugar donde la tierra es acariciada por el sol y las nubes soplan al ritmo de las voces de los habitantes a la hora del alba. Vivía una familia, en ella todos son muy unidos y felices. La definición de felicidad era fácil: encuentra la razón que al despertar te haga feliz y aférrate a ella, todo lo que hagas destínalo a ello, saca fuerzas de eso. La felicidad es fuerza y esa fuerza es el amor. Esa familia tenía amor y se daba amor. Paso la tragedia un día inesperado, llego. El mal entro a su casa sin previo aviso. Nadie lo noto y llego al joven de la familia. Desapareció. Nadie lo noto por un tiempo pues todos se conocían en tiempos y no sospecharon de la dolorosa ausencia. Pasaron las horas y una llamada agrieto el corazón de la familia. Cautivo, no hay salida, lejanía, soledad y tristeza, eso sentía aquel joven quien acompañado por su mascota encontró luz. Calor, amor. No paso del anochecer en cuanto la familia por el amor que se tenían encontró la fortaleza para recuperar al joven que resguardado y cuidado por las sombras de la muerte logro regresar con vida a su familia. Ya no era lo mismo, el amor seguía, pero él estaba dañado. Su inocencia por el amor, protección, sencillez lo maltrataron, debía de enfriar y endurecer su corazón. La familia le brindo calor, pero el solo se recordaba que los había herido, sentía que el ya no les podía brindar felicidad. Empezó a colmarse de egoísmo y pensar en solo en él para no volver a herir a nadie más. Hasta que un día logro ver una ilusión. Un reto de afrodita ¿Será posible? Ese corazón que había jurado no volver a sentir algo por alguien empezó a latir. Antes de que él se le acercara ella despareció. Podría haber sido solo una visión de los dioses. Otra burla a su destino. Como puede ser posible que el pudiera amar a alguien. Solo causaría daño. Pero no fue así. Los dioses le habían dado la invitación de volver a ser feliz con el amor. Sentir que no solo la familia te proveerá de esa felicidad y fortaleza. Él puede buscarla y obtenerla. Pero como ser digno de ella. Como acercársele a aquella dama que, con su belleza interna y externa, esa hermosura lograba desafiar a la diosa de la belleza. Escucho de ella, era inteligente y gentil con todo el mundo. Era una princesa como las de las historias que se cuentan. Aquel muchacho se preguntó, tragándose aquel egoísmo y egocentrismo si era digno de aquella doncella. Con una pluma de cisne, cual las que engalanan las alas de Eros, escribió una carta que todos los días llegaban a la doncella. Ella ya conocía de su existencia y sentía que entraba poco a poco con sus palabras destinadas con el propósito único de enamorar. Y así llego el día hasta que la volvió a ver. Con una carta con una sola oración declaro su amor. Se mía.

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Palabras simples que enunciaron el principio de un amor. Que conformaba el amor y la razón. El amor y el pensamiento, no había momento en que no pensara en ella. Como su familia le había enseñado él joven había encontrado la felicidad por su cuenta. Había encontrado a aquella persona que le daba fuerza en todo momento y sobre todo amor. Ambos se amaban. Era una sensación de los mil y un cielos que se tienen que tocar para sentir el poder de Gea. Más las envidias y alegrías los rodearon llevando así a la mujer a una duda, ¿será acaso él el verdadero escritor? ¿Aquellas palabras que la conquistaron son de ese joven? Ella dudo de más a cada día hasta que le hizo la pregunta en directo. Él, creyente en que enseñando la pluma que derramo las palabras de amor, sería una fiel y gran prueba, el mostro a sus ojos. No fue prueba suficiente y decepcionada destruyo la pluma. Dejando así a la escucha como mensaje de los dioses, el viento pronuncio toda y cada palabra que había escrito. Orden de Eros. Triste, el mozo guardo sus sentimientos, pero no sentía lo mismo ya, el amor bajo de una tajada y a la primer ventana abierta que vio. Se escapó de esa realidad. La doncella quedo devastada y lo busco por todos lados, pero sin respuesta o pista alguna. Rogo a la diosa del amor por una pista de su amor, quería y rogaba su perdón. Así que la diosa la engaño e hizo pensar que si moría por un segundo y su amor era tan fuerte como ella decía en ese segundo que ella durara muerta tendría la ubicación de su amado. Por lo que la joven, decidió tomar la poción dada por la misma diosa para poder morir por un segundo. Mientras que él joven alertado por el espíritu de la pluma volvió por su amada. Demasiado tarde. La encontró, pero sumida en el sueño profundo de la muerte. Le rogo a los dioses y a todo ser en el que pudiera creer que se la regresara. Mas no hubo respuesta. El atrapado en los recuerdos y bellos momentos, en lo que significaba la joven para él, su fortaleza y felicidad. Logro ver en sus labios un poco de vida. Y así llegaron a la eternidad, del amor y el alma. Consumando su amor en un beso, que expreso lo que es la felicidad, la fortaleza, el amor. Juntos bajaron al Hades y por obra divina del hermoso recuerdo que ambos significan del amor quedaron sus cuerpos convertidos en piedra, abrazados.

Benjamin West

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26 John Rocko


dioses contemporaneos

Percy Jackson y los dioses del Olimpo es una serie de libros de aventuras y fantasía escrita por Rick Riordan. La obra está ambientada en los Estados Unidos en la época actual, pero está basada en un suceso destacado en la mitología griega. Consta de cinco libros, así como tres spin-off. Más de 45 millones de copias de los libros han sido vendidas en más de 32 países. El protagonista es Percy Jackson, un joven hijo de Poseidón, dios griego del mar. Un día descubre que todos los mitos de la antigua Grecia son reales junto con sus respectivos dioses, que moran en el Olimpo, ahora situado en el piso 600 del Empire State Building. En el Campamento Mestizo (un campamento sólo para semidioses, donde ellos cultivan sus habilidades para la lucha y controlan sus poderes) conoce a Annabeth Chase hija de Atenea, y a Grover, un sátiro, quien lo llevó hasta allí y con quienes vivirá interminables aventuras con el objetivo de salvar al mundo de Cronos, el rey de los titanes, que pretende destruir el mundo. Esta revisión de la mitología griega clásica trae a la actualidad antiguos mitos como el de la Medusa, el Inframundo, el Minotauro y Equidna, y los trae a la actualidad como padres de la civilización occidental.

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28 Disney

Pigmalion  

revista de recopilación de cuentos y artículos académicos en los que los mitos son retomados por escritores argentinos

Pigmalion  

revista de recopilación de cuentos y artículos académicos en los que los mitos son retomados por escritores argentinos

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