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MI PALO SECO MI PALO SECO Un frío día de enero, cuando yo tenía cinco años recién cumplidos, fui con mi padre y con mi hermana a un vivero de plantas a comprar un pequeño árbol. Mi padre me dijo que el árbol que compramos era un peral. a mi me parecía que era solo un palo seco metido en una bolsa de plástico, pero por no llevar la contraria a mi padre no dije nada, aunque me seguía pareciendo un “palo seco”. Al día siguiente, que era domingo y aunque hacia frío lucia un poco el sol, fuimos a la huerta de mi padre a plantar el dichoso árbol. Con una pala y una azada hicimos un agujero en el suelo y ¡claro! Nos llenamos los zapatos y las manos de barro. Metimos el famoso “palo seco” en el agujero y le tapamos las raíces con tierra y ¡claro! mas nos manchamos de barro, ahora también la ropa, con la consiguiente regañina de mi madre. Después de unos pocos meses, mi padre un día nos llamó

a mi hermana y a mí para

que viéramos como el árbol o el “palo seco” más bien, estaba echando hojas y unas bolitas pequeñas, que mi padre nos dijo, que era de donde iban a salir las flores. No me lo creía del todo porque para mi aquel “palo seco” estaba completamente seco, pero cuando le vi como estaba brotando ¡aluciné en colores! Poco a poco en unos días se lleno de hojas y las pequeñas bolitas se convirtieron en unas preciosas floreritas blancas sobre las que revoloteaban dos abejas. Yo me puse muy contento al ver aquello que a mi me pareció un milagro. Mi padre me contó que era el milagro de la primavera otro día que volvimos a la huerta ya no estaban las flores, aunque tenia muchas hojas y mi padre nos enseño que donde estaban las flores había dos peritas, o eso, decía él porque yo las peras que había visto en las fruterías y las que comía eran bastante distintas a ellas.

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MI PALO SECO Pero un día, ya en verano, mi padre nos dijo que íbamos a coger las peras del famoso “palo seco”, que había resucitado y se había convertido en un arbolito precioso. Nos comimos las peras, que estaban riquísimas, y más ricas que nos supieron, porque eran de nuestro árbol. Pero unos meses más tarde volvimos a ir a ver el árbol y me puse muy triste, porque otra vez me parecía un palo seco, pero seco, seco. Pero mi padre nos contó, que no estaba seco, lo que ocurría era que en otoño a los árboles se les caen las hojas, pero que al año siguiente volvería a ocurrir el milagro de la primavera. Así fue, y año tras año se repitió ese milagro de la primavera, después el milagro de las riquísimas peras y después la sorpresa del otoño, que le dejaba totalmente pelado. Esta primavera, que yo ya tenia diez años, y mi querido “palo seco” ya había cumplido cinco y era un árbol bastante mas grande que mi padre, nos dimos cuenta que en una de las ramas estaban haciendo un nido una pareja de jilgueros. Fue alucinante ver como aquellos pajarillos habían construido un nido tan perfecto. Unos días mas tarde con mucho cuidado nos subimos en una escalera y vimos que en el nido había cuatro huevos. Después de unas dos semanas vimos que habían nacido los pajaritos y como sus padres los daban de comer. Entonces me di cuenta, que cuando plantas un árbol, no solo sirve para ver que bonito es y las peras tan ricas que te comes, sino que también sirve para que algunos pájaros como los jilgueros hagan en el su nido y críen a sus pajarillos. Desde entonces me aficioné a plantar árboles y a cuidarlos, a podarlos y a disfrutar viendo como crecían y sobre todo a respetarlos y no estropearlos. Pero este curso en “cono”, he estudiado la fotosíntesis y me he enterado de lo importante que son las plantas y sobre todo los árboles porque son verdaderas fábricas de producir oxigeno y de eliminar dióxido de carbono y mas aluciné cuando el profe nos

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MI PALO SECO dijo que era una de las mejores formas de luchar contra el cambio climático, que según he oído influirá negativamente en la vida de los animales que viven en la tierra y entre los que estamos los seres humanos. Así que ahora que ya tengo once años, me doy cuenta de la importancia que tuvo el ir con mi padre y con mi hermana aquel frío día de enero a comprar aquel pequeño árbol, para mí entonces “palo seco”y que además de lo bien que nos lo hemos pasado plantándolo, aunque con barro y bronca de mi madre incluidos, cuidándolo y comiendo sus peras, pero sobre todo y lo que yo no me imaginaba era que un árbol tenía tanta importancia para la salud de nuestro planeta. Desde aquel día ya lejano, cuando tenía solo cinco años recién cumplidos hasta ahora, hemos repetido esta operación varias veces. Pero hoy me ha dicho mi padre, que todos incluido yo, en nuestra vida tenemos que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Esto ya me ha hecho pensar que las dos últimas cosas son más complicadas, pero yo voy a ver si con este cuento ya he cumplido y si en lugar de un hijo con tener un canario y una tortuga ya me vale. Yo creo que si, pero mi padre y mi profesora seguro que piensan otra cosa. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

FIN

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Mi palo seco  

Concurso literario

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