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Catálogo de Emociones Colección 2011 – 2012

Alberto Goytre


El tiempo es viento, y la memoria arena. Grano a grano se desmoronan las pirámides, deconstruídas por el viento. La tierra pertenece al viento, dijo el presidente, y es quizás lo más cierto de todo lo que dijo. Brisa a brisa, gota a gota se disuelven los imperios, y las eras, y todo lo que en el mundo es algo, tocado por el viento. Contra él no hay refugio. Soplará, y soplará, y caerán los muros más altos, y todo lo que era eterno cederá a su poder contínuo, a su silbido suave. Solo una cosa sobrevivirá: el momento en el que el viento se transforma en música, en canto, en alegría. Las emociones son inaccesibles a la erosión. Atesora tesoros en el corazón, a donde el viento no llega. Transforma el tiempo en sonrisas, y vivirás para siempre.

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El día llegará, y mirarás atrás y verás pájaros picando por el suelo, colibríes eléctricos de recuerdo en recuerdo. Verás patios de colegio llenos de charcos marrones y de formas caprichosas, esperando impacientes tu bota, tu caída, tu pedrada. Verás el frío azul en lo más alto de Madrid, presidiendo el consejo de autobuses y de coches, emperador laboral que nadie nunca desacata. Verás la maravilla de los labios de la chica que tanto quisiste y casi siempre casi te quiso quizás un poco pero no supiste darte cuenta. Verás la noche y olerás otra vez los mil y un perfumes de donde procedes, la verdadera leche mamada por tu corazón andaluz al cien por cien. El día llegará, y no tendrás palabras. Solo lágrimas, y el eco de unas risas tan lejanas que no sabrás si estás entre los que las tienen. Tendrás, eso sí, palabras escritas, 3


a miles, eso sí, versos para dar y tomar, y tendrás también una lucecita de duda, de cariño, de quizás es que era esto la vida, día a día, nada más, llegar aquí, mirar atrás, y sonreír.

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De la incertidumbre nace el amor. La claridad lo mata. Es hijo del equívoco y la noche, sobrino de la confusión, fruto del malentendido. Nadie lo busque en contratos. Vive sólo si hay ambigüedad, si la esperanza puede imaginar que es posible. El momento mismo de su declaración lo aniquila. Es imposible en equilibrio: uno debe amar más que otro. Si es exacto, no es. Si es paralelo, desaparece. Odia los espejos, es esquivo como un vampiro, y como el silencio se esfuma si lo pronuncias, como la magia se acaba si explicas el truco, tal una burbuja revienta si la tomas en las manos.

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Es primavera, un día de esos de sol rejuvenecedor e impaciencia; primeras terrazas en madrid capital y en los barrios la gente recupera la atmósfera exterior como si fuéramos osos todos despertando de un largo letargo. Salimos, por tanto, a tomar una caña y a que los críos pedaleen en la bici de reyes que hasta días como hoy no tenía sentido. Uno los ve calle arriba y abajo, veloces como cometas de felicidad en estado puro, pedaleando hacia el futuro. Sus gritos de excitación se sobreponen a cualquier otro sonido: ni coches, camiones o pitos de coches son superiores a su risa. Pero ay, ay, hay caídas ocasionales: uno de ellos derrapa, cae, y durante tres segundos queda en silencio el mundo. Luego, 6


el crío o la cría rompe a llorar: “Mamáaaaaa”, y ella acude, corriendo, le toma en brazos, comprueba que sólo ha sido un susto, interroga, busca el arañazo y cuando lo encuentra lo besa, y entonces pronuncia las palabras mágicas: sana, sana, culito de rana, y todo vuelve a ser perfecto, la criatura deja de llorar, no ha pasado nada, vuelve a coger el manillar de la bici, aún moqueando, pero decidid@.

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Hay fuerzas en la vida, ocultas quizás, pero impresionantes: el vuelo del vencejo, el movimiento del camarero, el sonido del llanto del niño cuya bici cayó al suelo –accidente, desastre, y todos los padres del mundo acuden a remediar y besar y consolar y no pasa nada, sana sana, culito de rana, brujería magnífica y eterna del consuelo. El vuelo del vencejo: piu piu, piuuuuuu rapidísmo, veloz, inimaginable, contra el marco incomparable del cielo de Alberto Alcocer, Costa Rica, Eurobuilding, 12 de Mayo, ¡cuánto espacio abierto a la alegría, vendaval, ven!

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Hoy, alguien me ha sonreído. Casi sin querer, por la calle, accidentalmente. No le guardo rencor. Todo lo contrario. Yo mismo sonrío o amago sonrisa sin razón ni conocimiento de contrari@, a veces. ¡Sí, sí, me pasa! Veo a alguien que me gusta, me interesa o me yo que sé qué, y esbozo una sonrisa. Por eso no me enfado si otr@ lo hace conmigo. La lluvia desborda los barrotes del jardín, es inmensa, poderosa, equilibrante, tenaz, perfecta, contínua, viejísima, clave matemática y clarísima de las noches de Abril, de Mayo, de Marzo, de mi vida.

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Calor en el corazón, disparo de adrenalina en el momento de despegar, una nueva vida tira hacia atrás y empuja la tripa, y cuando el avión se eleva, todo se ve más claro, más alto, más limpio, mejor. En vuelo el mundo es como un libro de texto: definido, perfecto. A veces hay turbulencias, sí, pero son como las pesadillas breves que animan noches demasiado aburridas si no. Si el vuelo es largo, el tiempo pierde algo de sentido, suspendido, sin conexión: paraíso sin conexión, uno mismo a solas en el aire, sin conexión, feliz, y es lo más parecido a la meditación que conocemos en Occidente. Pero nada es eterno, y el trayecto llega a su fin: es de noche, se encienden las luces de cabina y se ven ya diminutas, abajo, otras de urbanizaciones, carreteras, polígonos, entre nubes 10


naranjas y prometedoras. Abr贸chense los cinturones. Comienza una nueva vida, cada d铆a, cada vuelo.

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Trueno de luz, perfume de viento, rosa de madrugada: así son las pistas que me dejas en tu red social favorita, y que yo busco hambriento, robando horas al sueño, desesperado sin llegar a tanto, feliz y contento. Si abro la ventana ruge la brisa imperceptible del olor jardín y medianoche y rumor y risas y lejos alguien se lo está pasando bien y no somos tú y yo. Joder. Poesía 2 punto cero, o más bien la vida 2 mi amor cero, ese sería el marcador real del encuentro que aún no se produjo que nunca? no? si, creo que sí, porque la esperanza es lo último que se pierde y tu sonrisa lo primero que veo si cierro los ojos y me olvido de todo: pc, tablet, smartphone, leches en vinagre, qué cojones, el amor es lo que es.

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No me llamo Simón, pero soy Estilita. Desde lo alto de mi columna permanezco inmune a las mareas sociales, cuyas espumas rompen, furiosas a veces, y otras mansas en el mármol que me sustenta. No soy especialmente alto, pero la columna me deja ver más lejos que al común de los mortales. Ajeno al tráfico de fluídos, chismes y comercios varios que practican mis contemporáneos, yo, estilita, comunico con el cielo de manera directa mi corazón, mi espíritu y mi mente. Vendrá el apocalipsis, tarde o temprano, como un gas dióxido de carbono, y se expandirá la muerte a ras de tierra el día del juicio 13


final. Desde lo alto de mi columna veré un mar de cadáveres, y sus impuras almas descender al Infierno, quizás algunas al Purgatorio, muy pocas al Paraíso. Salvado por mi columna, inasequible al exterminio, sobreviviré. Mi infierno será el peor de todos. Sin nadie sobre quien considerarme superior, sin nadie que se ría de mí, como antes, y me diga "¡eh tú, Estilita, vente a tomar una cañas, capullo!", preferiré mil veces haber muerto asfixiado junto a los prójimos de quienes huí hacia arriba antes que la eterna espera silenciosa sin sentido. El infierno son los demás, dijo JP. El paraíso, también.

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Yo mamé el castellano. Eso sí, con acento andaluz. De aquéllas mamadas vinieron estos poemas, y mi adicción magnética a la sonoridad clamorosa y matemática del idioma español, humilde y grandioso a la vez. El castellano, sus curas y su literatura son la fuente primordial de mis ideas, sin duda. Luego aprendí el inglés. Un idioma eficaz, fantástico, pragmático, puntual, ecológico. Business oriented, sí, pero con espacio suficiente para noches de cerveza, de bruma y de navegación por la historia marítima, natural y exploradora. Un buen idioma, especialmente apto para la canción pop. En la facultad aprendí árabe. Dos años, con la doctora Rubira. Al cabo del segundo, fui capaz de traducir algunos epigramas y una fábula confusa en mi memoria: era de un oso, un cazador y una mujer, y no recuerdo claramente 15


el argumento, pero sí que la traduje en hora y media de examen. El latín, en cambio, no hubo manera. Lo dí en la escuela y en la facultad, y aún hoy soy incapaz de comprender su estructura. El italiano, es una cosa curiosa, estupenda, risible: jamás lo aprendí, y sin embargo lo hablo y entiendo perfectamente. Es como si fuera genético. Me da miedo, casi, me parece brujería: ¿de qué coño hablo yo italiano, si nunca lo he estudiado? En la Edad Media esto me hubiera valido la hoguera. ¿El francés? Ah bon, oui, bien sûr, le français! Je l’ai appris par inmersión, viviendo en Lyon cinco años por razones de trabajo. Parecía fácil, pero no lo era. Y además no tenía ninguna razón para no ser fácil: simplemente era difícil por joder, o eso pensé, entonces. Llegué a hablarlo casi igual que el español, después de cinco años en Lyon. Hoy, doscientos años después, no es que lo haya olvidado, pero no es lo mismo. Para mí, el francés es en realidad, simplemente 16


Cioran. Dí un par de clases de alemán, horrorizado. Parecían clases de gimnasia. Abandoné, me escapé, no quise saber más. ¿Y ahora? ¿Chino? ¿Hindi? ¿Farsi? ¿Drupal? ¿Joomla? Los intentaría todos. No hay ningún juego tan interesante como descifrar un idioma, hacerlo propio. Eso sí, tiene que haber antes un flechazo, una mirada, una razón, una persona, un país, un sueño.

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Todas estas pequeñas cosas de las que hay a millares en cada día cada momento cada minuto cada paso miles de caminos se bifurcan la vida es un fractal de laberintos infinitos, y el tiempo atómico es la energía que mueve la plataforma en todas direcciones, entonces, qué difícil acertar, tener éxito, ser feliz, triunfar si un guiño en un pasillo significa mucho más que toda una biblioteca de libros sapienciales, si el efecto mariposa sólo es real en las emociones, y de hecho es la única causa que explica el destino -qué palabra, amigos, el destino, qué palabra para definir lo que hubiéramos querido ser pero no fuimos!

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La ciudad es mi jardín. En el Metro una chica contiene las lágrimas (metro Goya salida Retiro); principio tardío del Otoño. Ayer dieron las teles uno de sus videos de primera, en el que una niña china era atropellada sin querer en un mercado, pero su cuerpo como un saquito de basura, de ropa o de patatas quedaba en el suelo y nadie se paraba. El sol es de injusticia, se aproxima la fecha del apocalipsis, según la radio: 11 del 11 del 11: nos puede tocar una fortuna, si, si, ¡a tí o a mí! La chica se bajó una estación antes que yo. Quizás lloraba por pérdida de empleo, abusos de un amante, o simplememte mal de amores. La ciudad es mi jardín. 19


AquĂ­ vivo, y morirĂŠ, y mientras tanto paseo.

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Si lo has imaginado, lo has hecho. Vivirlo de verdad, ¿para qué? Si lo has visto en la tele, ya está. Los sueños por los que suspiras, los hoteles que ves en revistas maravillosas, en canales digitales HD, las islas paradisiacas donde crees que pasar unos días sería lo más de lo más de lo mejor de tu vida, hiper mega increíble, y los restaurantes gastronómicos que preparan vapores de sabor de mar de campo de burbujas de ajonjolí al espíritu de uva garnacha revenía, ¿para que ir? ¿No te basta con leer el menú? Si lo has imaginado, lo has hecho, sobre todo si lo has querido con fuerza, apretando los ojos. Es más, te diré más: si lo has imaginado, es mucho mejor que si lo hubieras hecho. 21


Desde una habitación repetida hasta el infinito escribió, bebió y folló, o eso nos hizo creer, y quizás solo escribió los mejores poemas de amor a la humanidad y a Bethoven de todos los tiempos. Bukowsky es eterno, y es el ángel protector de los fracasados y de los borrachos, si es que éstos últimos merecen un ángel. Pero según el Evangelio nadie hay tan malo que no lo merezca. (Aunque este planteamiento es terrible: Hitler desde luego no merece el purgatorio, ni muchos borrachos otra oportunidad).

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Como un pintor de perfumes voy recorriendo los jardines y las calles. Me detengo en los parterres, aspiro cada átomo de esencia de arizónica recién regada, y lo combino con el humo de la barbacoa vecina –parranda de playa, sardinas, arena, jaleo, ¡qué bueno! Pero no me paro. Sigo buscando la excelencia del aire más allá de lo facilón: me cruzo con algunas mujeres de ojos negros y mejores sonrisas, pero no las miro: las aspiro un segundo después de pasar junto a mí, y así las conozco mejor. El aire es mi lienzo, el frío mi pincel, y el calor mi óleo. Mis obras son efímeras, y peor aún, inexplicables. Sólo tú, quizás, que me lees ahora, las entiendes. Que una imagen no, pero un perfume sí que vale más que mil de lo que sea. 23


Olor a cajones viejos llenos de polvo, cristales rotos desparramados, pis de gato, plantas podridas hace siglos, humedad, cal, abandono, poesía. Perfume de verano que se atreve a lanzarme sus redes desde una casa vieja y oscura en un rincón del barrio. Olor de casas viejas, perfume de la infancia. En un solo recuerdo me veo recorriendo la casa abandonada de Pedregalejo, sobrecogido por el misterio, agarrado a la mano dulce de una novia de cuyo nombre quisiera acordarme, pero no puedo. Olor de casas viejas, madera fósil, fotos amarillas, oxígeno detenido, cien años de soledad y un segundo de alegría mucho mayor al recordar lo que ví, lo que viví y lo que quise.

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¿Cómo describirlo? Una mezcla de champú, perfume, felicidad, comida rica y fría, carne, frescura, bikinis, bronceador, crema solar, colonia, música, alegría, facilidad, agua oxigenada, tiempo, tiritas, algodón, sábanas limpias, toallas limpias, cariño. Y moqueta de hotel, aspiradoras, maderas nobles, tapices, aparadores de nogal en largos pasillos, corredores de la vida. Olor a coche nuevo, asientos inflamables, a casa nueva, armarios vírgenes, paredes recién pintadas, estanterías vacías, casa de par en par abierta a una vida nueva, olor a libro nuevo recién comprado, a manual de geografía o ciencias naturales de cuarto de bachillerato, a goma milan 402 de nata, a pegamento imedio también, a cuaderno recién comprado, con todas las páginas blanquísimas, paradigma del nuevo curso, 25


del futuro, de la vida, de la ilusi贸n optimista. Dulc铆simo perfume de las putas: jazmines detergentes de lavabo y farmacia.

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El mundo es injusto. No lo soporto más. Nos oprimen las fuerzas deprimentes del sistema y sus esbirros de mil caras y maneras. Me rebelo, me indigno, acampo en mitad de mi vida, en medio del mundo, junto a leales compañeros de lucha, puño en alto, corazón henchido, decidido, claro que sí, indignado. Hay chicas guapas en el campamento, especialmente una de ojos verdes y acento argentino que se llama Dulce. Espero que la noche dure lo suficiente como para entablar una conversación relevante entre ella y yo, el más allá, las estrellas, la fantasía, la vida que tanto nos indigna, qué puta mierda, nos oprimen cada día más los hijos de puta sí, tantísimos hijos de puta anónimos 27


desconocidos encorbatados eficaces reales hijos de puta por eso estamos aquí! Porque no queremos seguir obedeciendo a los hijos de puta que nos oprimen! Caramba! Era tan simple, era así de simple! Dejar de obedecer, ya está, y todo será bueno! ¡Rebelaos! ¡Indiganos! ¡Incendiad el mundo de poesías hipercursis con bebés bien nutridos, con coches automáticos, indignaos! ¡Vivid al 100%, sed felices, revolucionad cada segundo de vuestras vidas, indignaos! ¡Yo mismo me indigno, claro que sí, la indignación es una marea, un río, una corriente de vida, donde quiero estar, a ver si por casualidad vuelvo a ver tus ojos 28


verdes, negros, azules, rojos, indignados.

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En el jardín, de pequeños, mi hermano y yo acumulábamos riquezas vegetales y minerales: los chinos aplanados y blanquitos eran monedas de peseta, y los grandes y grises, de cincuenta. Las hojas de la acacia, menudas y ligeras, eran billetes de veinte duros, y las del helecho, afiladas como espadas orientales, de mil. Cogíamos nuestra fortuna y la contábamos ordenando cuidadosamente los valores sobre el poyo de la reja, contabilizando meticulosamente nuestro tesoro. Así, hasta que la madre gritaba desde lejos: “¡niños, la meriendaaaa....!”, y salíamos corriendo, dejando las riquezas abandonadas al viento y las hormigas, y quizás a la tormenta vespertina. Muchos años después, cada vez que encuentro un jardín similar a aquél de Villa Pilar, de nuevo me siento rico, 30


rey del mundo, onasis, aristóteles, rockefeller, tío gilito, magnate. No sé qué podría comprar ya con unas cuantas hojas de acacia, ni apenas recuerdo el valor de cambio. ¡Han pasado tantos años, tantas cosas, tantas vidas! ¡Ah, sí, la hoja de la palma, afilada y silenciosa, era la pluma con la que firmábamos talones al portador. Nunca jamás en mi vida, por más dinero que gane volveré a ser dueño de semejante fortuna.

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¿Por qué les gustarán tanto a los niños los globos? ¿Qué oscura ley, que metafísica intuyen en la obstinación del plástico relleno de gas en contradecir la ley de la gravedad? Adivinan, intuyen, ven la maravilla de la excepción: todo cae a tierra, menos ellos, globos de colores, blancos, gratuítos además, que les regalan, y que contra toda ley buscan el cielo abierto para perderse en fuga imposible, soñadora, fatal. ¡Y luego dicen que la culpa fue de Eva!

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Todos los amores son el mismo amor La misma sonrisa todos los gestos amables. Todas las muchachas se llaman igual, de noche, dicen las mismas cosas bajo el peso ligero del abrazo. Todos los ojos miran igual, y todas las bocas saben a lo mismo, después de tanto tiempo y tanto tonteo. Hay un momento especial, que es el mismo siempre, cuando el amor ilumina las expresiones cercanas y todas parecen decir lo mismo. ¿Qué fuerza tan poderosa es capaz de fundir en un sólo rostro todos los posibles, hacer que coincidan los rasgos de cualquier persona en el momento crucial del beso primero? Todas 33


las noches son una sola. Y las ciudades que nos confunden cambiando de nombre y lugar, ยกpero si son la misma!

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¿En dónde estás, Siniestra? ¿Cuándo te mostrarás, descarada? ¿Por qué te escondes una y otra vez como una chiquilla tonta? ¿A qué juegas? ¿Crees que te temo? Todo lo contrario: te deseo. Eres el chinpún final y decisivo que a todo dará sentido; por eso te quiero. Mi amor no es impaciente; puedes tardar todo lo que quieras. No tengo ninguna prisa. Aquí estaré cuando quieras. Ni falta hace que llames antes, o avises con un sms tenebroso y negro, ¿para qué? Tú ven cuando quieras; serás bienvenida. Tengo curiosidad por ver cómo queda mi vida con el contraste final de tu firma irrevocable, en qué momento se detiene la moviola del juego contínuo, qué punto final y qué frases inconclusas quedan en mis versos. Tú ven cuando te dé la gana, que aquí tienes tu casa.

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Oye, Señor, ¡muchas gracias! No te había dicho nada. Pero te agradezco profundamente los años de paseos por Madrid, por playas de Galicia y las noches sobre todo de Málaga y sus perfumes químicamente insobornablemente puros fórmula de la magia piedra filosofal aire filosofal que transforma en oro cada segundo o mejor: cada inspiración, que el aliento es mejor medida del tiempo que el reloj. Gracias también por invitarme a unas cuantas cañas al atardecer en el balcón de Rosales, ¡eso fue un detalle! También te debo una por dejarme pasear en el jardín botánico a todas horas del día y de la noche, sin ser 36


metálico, sino de carne y hueso, sensible a la magia multicolor de las especies variadas según su grupo, orden y suborden, etiquetadas. ¡Y lo de la plaza de San Juan de la Cruz! Dios, ¡eso sí que estuvo bien! Un café con vaso de agua al sol de primavera, leyendo El País o El Mundo, ¡qué gran momento! Gracias, de verdad, no sé cómo podría pagarte ese gesto por tu parte. Si quieres, te invito a una botellita de Luis Cañas reserva 05 en casa cuando tú digas. O te puedo hacer una playlist de mis canciones favoritas de Jobim, Hampton y Metheny. Pero qué tontería. Si las tienes todas. Si eres tú quien las inspira. Si es tu matemática general la que permite ordenar el pentagrama del corazón para que Antonio Carlos, Lionel y Pat hagan tales maravillas. Jolín, entonces ¿qué podría darte a cambio? Me gusta corresponder con mis amigos. No sé... 37


ÂżTe gusta este poema? Es para tĂ­. A lo mejor te vale.

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Relámpagos de tormenta doméstica, en cada casa una luz ultraviolenta desde el salón hacia el exterior emite los destellos azuloides propios del zapping familiar: ella acciona el mando, y él se aburre, se levanta, se va al bar de la esquina o a la nevera en busca de una mítica cerveza y un mínimo de fantasía infantil. Las casas son barcos navegando en el océano tenebroso y urbano sin más luz que la de las pantallas de la tele o del pecé. Barcos grandes, altísimos, 39


a la deriva.

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Principio de verano, en Madrid. El sol blanco y metálico se regodea con las víctimas transeúntes, conductores, peatones, infelices. La Prima de Riesgo supera el millón doscientos mil puntos, y las reformas ahogan mucho más de lo que aprietan dios, el diablo o el cinturón. La asfixia se extiende, y se complica aún más por el calor, y el agobio, y también por el empate ante Italia, y la incertidumbre de quién será el 9 ante Irlanda. Humo, vapor, ruido, rabia, angustia, aburrimiento, gris, jodidos, mierda, atasco, pena, lástima, porquería, egoísmo, doble fila, impuestos, Madrid, y entonces 41


una mujer en bicicleta pasa ante mí silenciosa veloz contenta con coleta rubia ojos azules mirando al frente propulsada por sabe dios qué magia blanca, pasa, y es un flash mob individual de ángeles en la ciudad gurruñosa.

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Hola, verano, ¿por qué has tardado tanto? Otros años venías antes. ¿Ya no me quieres? Te tengo preparadas tus chanclas, tu loción antimosquitos, tu guayabera macarra, todo aquí, en esta bolsita de colores y ligera de llevar. ¿Nos vamos a tomar una cosa?

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Mírame, dijo. Torció su cara, y las lágrimas eran tan gruesas como gotas de tormenta. El dolor se veía en su gesto tan claro como el arcoiris en la noche de luna llena, tan nítido como el sol en la playa de torremolinos, en su spot, su folleto de propaganda. Mírame, repitió, y entonces se calmó un poco. Simplemente la mirada le hizo bien; que alguien viera su dolor fue bueno para ella, para él, para el niño y la niña, para todos, el mejor analgésico contra el dolor es la mirada de alguien que te vé sufrir, y de alguna manera magnética, inexplicable, sobrenatural, cura un poco con el solo hecho de mirar.

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Estamos en el jardín, en julio, en madrí. El aire es suave, pero el cielo empieza a poblarse de manchas blancas, grises, nubes, y un aire sospechoso nos acaricia las nucas como si fuera una amante telepática y fantasma. No pasa nada. Estamos tranquilos, hasta que una ráfaga de viento saca a bailar impulsivamente al fresno, y otro viento macarra agarra por la cintura a los eucaliptos, fuerte, potente, seguro. Llega la tormenta. El mayor espectáculo del mundo, de quien el circo se inspira. Llega la tormenta, con sus fuegos naturales y su despliegue de sensaciones primarias, olfativas, visuales. Llega el momento de confesarse arrodillados en el quiosco de madera: ave maría ozonísima, 45


alabada seas, siempre, tormenta, ven, cae, rompe, desgarra, ruge, estalla, muestra, vibra, triunfa, tormenta deliciosa generadora de vida, madre de todos los perfumes, tormenta, amor, tormenta, amor, estalla, rompe, llueve, cae, inunda, ven.

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Acaba el verano. Despacio vuelven coches, viandantes, comerciantes, vecinos. ¿Qué día empieza el cole? ¿Qué tal lo has pasado, dónde estuviste, había medusas? A ver qué tal se da el año, ay, madre mía la cosa está fatal. Anochece antes, el aire comienza a soplar dulce, da tregua y los turistas mansamente regresan, tolón tolón, a sus corrales. Yo también te quiero, oigo en la mesa de al lado, y entonces sé que este año será bueno.

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Mi vida era una sopa prehistórica. Materia orgánica indefinida flotaba. El tiempo no pasaba, era siempre el mismo día, o la misma noche, no sé. Entonces, ella relampagueó. Sonó su trueno y su rayo golpeó certero el centro del plato de sopa que era mi vida. El carbono se ligó con el oxígeno, el hidrógeno empezó a bailar,

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y se formó la primera ameba. Después, paramecios, batracios, estafilococos, primates, arácnidos, besugos, australopitecus, secuoyas, especímenes varios, diversos, pintorescos, multiplicándose por mil, por cien, yo que sé. Y todo por un rayo. Mi vida comenzó con un relámpago.

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La primera vez que un@ viaja a Vietnam o a Birmania, sorprende la sonrisa. Al cruzarse por la calle, hombres y mujeres sonríen. Sin más, sin razón, simplemente sonríen. A los pocos días de cruzar sonrisa, un@ empieza también a sonreír espontáneamente. Es contagioso. No significa nada, insisto. Sólo es una sonrisa. En cambio, aquí en Europa, en el mundo supuestamente civlizado, vamos con gafas oscuras

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y una cara de mala leche que tira patrás. Voy a hacer una cosa. A partir de ahora cada vez que me cruce con alguien (medianamente interesante), sonreiré sin más. Incluso lo haré en caso de duda. Y dentro de cien años hablamos y vemos si la sonrisa se ha extendido al mundo civilizado, ¿ok?

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La noche, por fin. El día antes del día esperado es dulce como la nariz de un niño pegada al cristal de la tienda de pasteles. El tiempo, que tantas veces es enemigo, hoy muestra su cara más amable: tic, tac, y cada tic es un segundo menos, y cada tac también. Víspera, maravilla del arte de esperar cuando sabes que vendrá, que llegará, que está en camino. Es un tesoro entre la garganta y el pecho, una bola de calor en el estómago, víspera del bien que vendrá, promesa cumplida.

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La alegría de saber no es comparable a ningún otra. Muchas veces, creer es saber. Por eso la fé es tan importante. La fé no es la ceguera, sino la confianza. La fé no es ser autómatas, es ser optimistas, leales, permanecer en el puesto mientras el titanic se hunde, mientras el agua sube, mientras las horas pasan. Creer que el séptimo de caballería llegará, que los amigos llegarán, que la amante vendrá, que los padres vivirán para siempre en algún sitio. La fé es un concepto devaluado por siglos de imposición eclesial y adoctrinamiento integrista, pero es lo más valioso que un ser viviente puede tener: las plantas, 53


por ejemplo, creen a pies juntillas que cada día saldrá el sol, y organizan los girasoles sus escuadras hacia el este en función de aquéllo. Los salmones creen que regresarán a su fuente remontando miles de kilómetros de océanos y ríos imposibles, esquivando las garras del oso, creen que llegarán, y algunos hasta llegan, en efecto. Hay que recuperar la fé. También el valor, la lealtad, la integridad, y otras cuantas actitudes deterioradas por los catecismos y el franquismo, pero en cuyo fondo brilla todavía una luz eterna, genuína, válida, indispensable, real. Lo que pasa es que seguramente no es la Iglesia Católica quien puede hablar a estas alturas de integridad e invocar una fé que secuestraron durante siglos. Pero alguien tiene que hacerlo: tened fé. En vosotr@s mism@s, desde luego, pero sobre todo en l@s otr@s.

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Mujer pa un pobre es mujer pa un rey. Mujer pa un millionario es puta. Mujer pa un funcionario es mujer para toda la vida. Mujer pa una noche es mujer pa olvidar. Mujer pa un dĂ­a es mujer para siempre.

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Septiembre tiene nombre de mujer. Suena a lluvia. Se insinúa el color de las hojas acastañadas, violetas, marrones, crepitosas, quebradizas. Septiembre es la vuelta al cole. Es un montón de libros nuevos, de Geografía, Conocimiento del Medio, Sociales, Matemáticas, Inglés. Es conocer una clase nueva, enterita: ¡qué profunda emoción, recordar el futuro de todo un curso con amig@s y enemig@s nuev@s! Septiembre es el origen de todo. Recuerdo cuando esnifaba los pliegues de los libros nuevos, y prácticamente inyectaba directo a mi cerebro el conocimiento de la asignatura por vía nasal. Septiembre eran estuches, gomas milán, perspectivas de otoño, gente nueva. Pequeña, pero nueva.Desde entonces, Septiembre es para mí la verdadera fiesta de año nuevo, Enero, 56


Septiembre es mi Enero, el año empieza en Septiembre, Otoño es la señal, Septiembre siempre, cada vez que llegas amor con tu nombre de mujer tengo ganas de vivir un año más, y de morir muy muy despacio.

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Poc Poc poc Lluvia Goterones primero Aroma de Ozono Gris brillante Un minuto de silencio Por todas las flores del mundo Lluvia Poc Poc poc Cada vez mĂĄs pocs Crece La marea de la lluvia El olor a aire Gritos Algunos en la calle (“Corre, corre, risas....â€?, la lluvia siempre sorprende a alguien y siempre 58


revela lo mejor de cada cual) Flus Flus Flus Cada vez más flus Un chorro, una manta de agua Flus flus poc poc flus flus flussss pocc pococ poc Golpea como el recuerdo del primer beso o la imaginación del próximo la lluvia en las rejas de la ventana en el adoquín del paseo en las hojas del níspero, en los labios de los hibiscus, en las pestañas de los semáforos, en la pintura reflectante de los pasos de zebra, en las puertas de los taxis al abrirse con urgencia, en los paraguas y los tacones de las mujeres toc toc poc poc flusssss una manta de agua, una tormenta, la lluvia, el ozono, que todo lo interrumpe y todo alimenta, que hace que las plantas se abran de piernas obscenamente sus pétalos sus hojas sus pístilos sus etambres abiertos para recibir la lluvia toc toc pocp poc poc flussshshhs pococ poc 59


y luego poco a poco poc poc poc poc poc poc ... poc ... la lluvia para queda en el aire el olor del agua los gusanos empiezan a buscar tĂşneles bajo la yerba y todo vuelve a empezar

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Olor a limón amargo, podrida delicia, sobaco luminoso, mi amor, suda, por favor, suda, nunca te apliques desodorante. Suda, mi amor. Suda en el metro, suda en el curro, suda en la cama, suda en el bus, suda en el bar, suda donde quieras, suda. Me la suda. Quiero que sudes, quiero oler tu sudor, por favor delicia de limón amargo, de ácido verde, de picante fragancia indescriptible de cuerpo y aventura, de gloria y vergüenza, suda, por favor, súdame en la cara, amor mío, suda.

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Como el agua entre las manos, te me vas sin que pueda hacer nada por guardarte. Como arena entre los dedos, sin que quede nada más que unos granos en las palmas. Me inclino sobre el suelo para besar la tierra donde caen tus gotas, antes de que el calor del desierto las evapore. Como un ángel convocado por el jefe celestial, te veo subir hacia las nubes, como un globo de colores y alegría que dejé suelta la cuerda. Como el día que se acaba sin que nada pueda remediarlo, tu sol se hunde por el oeste de mi alma, y en su despedida regala a la vista rojos, violetas, ocres, y púrpuras violentos. Y luego, la noche, las manos vacías, el niño que llora en medio de la feria, porque no quiere otro globo, sino el que tenía.

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Probablemente el título más bonito jamás escrito para un libro es “Las Maquinarias de la Alegría”, de Ray Bradbury. Suena bonito hasta en inglés: “The Machineries of Joy”. ¡El magnetismo es la explicación de tantas cosas! La ley de Gravedad, tan importante, que permite por ejemplo que las manzanas caigan dócilmente al suelo o sobre la cabeza de Newton, y que los pechos de la mujer suban y bajen mientras cabalga es pura gravedad, es magnetismo. Es magnetismo la atracción a la luz de la polilla que da vueltas todo el rato alrededor de la bombilla o el fuego, en el que a veces (¡ay no, que no pase!) se quema. Magnética la luna, las mareas, magnético 63


el abono transporte, magnética la sonrisa que nos hechiza, magnéticos los ojos de donde pende y depende y queda suspendida nuestra vida cada día, cada hora, cada cosa casi magnético minuto magnético tiempo reloj inservible la atracción es lo único que sirve para explicar las leyes del mundo y por eso Newton, Arquímedes, Cioran o Kafka son grandísimos científicos, y uno un pobre aprendiz de las leyes y campos magnéticos, mi amor, te quiero.

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Catálogo de Emociones (2011-2012)