Issuu on Google+

ESCENA 42

Junto al portón del patio. Dentro, la boda.

Juan.- Se ha mareado. Paciano.- Si es que es un animal. Juan.- Pobre chaval. Han sido los nervios. Paciano.- Y la bebida, que no tiene costumbre. Juan.- Y la comida, que tampoco. Paciano.- Va a sobrar comida. Juan.- Yo creo que no. Paciano.- Bebida sí que va a sobrar. Juan.- Pues por mí que no quede. Paciano.- Ni por mí. Juan.- Gloria in excelsis Deo. Paciano.- ¿Qué? Juan.- Ahora que te veo y no te veo, gloria in excelsis Deo. Adentro. Paciano.- Adentro. Nos va a sentar mal. Juan.- Morirnos, no creo que nos vayamos a morir. Paciano.- Ahí tienes razón. (Saca la botella que tiene a su espalda y llena los vasos. Beben) Juan.- Pues de bodas se hacen bodas. Paciano.- Pues eso dicen. Juan,- Pues a ver. Paciano.- ¿Y tú? Juan.- ¿Yo? Paciano.- ¿Qué piensas hacer? Juan.- ¿Con qué? Paciano.- Si me caso. Juan.- Quieres decir, si te atreves a decirle algo a mi hermana. Paciano.- Hombre…


Juan.- Hombre, no le digas. Aunque no te digo que no; yo creo que aunque le dijeras “Ahí te pudras”, te metía de cabeza en la iglesia. Paciano.- La verdad es que hay veces que me creo que ya estamos casados. Juan.- Ya quisieras tú. Y librarte de la que ha pasado éste. Paciano.- No. Si no digo eso. Juan.- Es que con tanto vino al final no dices nada. Paciano.- No, que no. Que lo que quiero decir es que parece que nos casamos hace años, que parece que nunca hemos pensado que pueda ser de otra manera. Juan.- Ni nadie. Vosotros sois vosotros, o sea Lidia y Paciano. Paciano.- ¿Y si nos hemos equivocado? Juan.- ¡Qué te vas a equivocar! Mira que estás hablando de mi hermana, que es lo mejor del mundo. A ver si te doy dos hostias. Paciano.- Si no lo digo por ella. Lo digo por mí. Juan.- Tú lo que tienes que hacer es ser menos sieso. Y bailar cuando se baila y beber cuando se bebe. Pero ahora no te pongas a bailar. Paciano.- Si no bailo. Juan.- Pues no te muevas. Paciano.- Si no me muevo. Juan.- Nos bebemos ésta y te vas a sacar a bailar a mi hermana. Paciano.- Y tú a Berta. Juan.- No me jodas. Paciano.- ¿No? Pues yo no te voy a tener de carabina. Juan.- Si ya sé que cuando os caséis no voy a tener sitio en el pueblo. Paciano.- Eso que dices es una cabronada. Juan.- Ya me dirás. A dormir al raso, porque si te atrevieras a decirle “ahí te pudras” a mi hermana, al que no le dices las verdades es al falangista ese, al “Remolacha”. Paciano.- ¿Y qué quieres que haga? Juan.- Pues no hacerle el trabajo sucio, que al final eres tú el que da la cara con la gente y un día te la van a partir. Paciano.- Es mi trabajo. Juan.-. Eso es. Es tu trabajo. Pero eres un peón, no eres el dueño de la estancia, que pareces el dueño. Vamos, casi pareces la marquesa viuda. Paciano.- Lo peor que tienes es el beber, Juan. Tienes el vino amargo.


Juan.- Es para tenerlo. Paciano.- Podías ir a sacar a Berta que bailase un pasodoble, que bien que le gusta bailar. Juan.- Pues a ti no te digo nada. Paciano.- Yo guardo el luto. Juan.- Pues por lo menos cuéntale un chiste. Aunque yo creo que tú… Juan coge a Paciano y éste se suelta, y quitándose la chaqueta comienza a bailar. Todos le jalean.


Escena 42