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COLECCIÓN DE HISTORIADORES I DE

DOCUMENTOS RELATIVOS A I.A

INDEPENDENCIA DE CHILE TOHVCO

X I V

DON BERNARDO O'HIGGINS APUNTES HISTÓRICOS SOBRE L A REVOLUCIÓN S E CHILE POR

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

SANTIAGO DE CHILE

&wwE<%mm№® B. №$m.&m®&

t

51, CHUMADA, 51 1905

editor


JMPRENTA CERVANTES-J3AHD ERA,

50


ADVERTENCIA

Hemos reunido en este volumen los artículos qu.'í con el título de " D o n

Bernardo O ' H i g g i n s ,

Apuntes Históricos de la Revolución

de Chileu

publicó don Manuel J o s é Gandarillas en El

Arau-

cano, periódico oficial del Gobierno de Chile, desde el número 1 7 o de 24 de E n e r o de

1 8 3 4 hasta el

número 199 ('e 4 de Julio siguiente. L o s artículos de Gandarillas fueron provocados por la publicación de la obra del doctor Ascencio, que insertamos en el volumen precedente de esta colección, i'Escritos, dice el señor Barros Arana, con regulares formas literarias, i en cierto modo con alguna moderación en su parte esterna, esos artículos son la condensación vigorosa de todos los c a r o s que formularon contra O'Higgins sus mas 0


VI

ADVERTENCIA

encarnizados enemigos; lo que no quita que en la relación i sobre todo en los numerosos documentos que la acompañan, se encuentren muchos datos importantes para la historia. E s o s artículos no han sido reimpresos nunca, i a esta circunstancia, así como a su carácter de escritos de polémica, se debe ti que sean mui poco conocidosn. (Historia ral de Chile, vol. 9, páj. 648.) E L EDITOR.

fene-


PRÓLOGO DEL AUTOR

Solo ahora hemos podido ver el cuaderno de la Acusación pronunciada

por el doctor don Juan

As-

cencio contra un papel denunciado por el Gran

Ma-

riscal del Per tí don Bernardo

O'Higgins

a que se

refiere el comunicado de don D i e g o J . Benavente de nuestro número 170, i el del presente del coronel don J o s é Santiago Luco i, a nuestro parecer, no tiene este folleto compañero que le iguale entre las producciones que ha hecho abortar a las imprentas hispano-americanas, bien sea el espíritu de partido o el deseo de dominar, o la influencia de la venganza mas sublimada. E n él se trata de vindicar al Gran Mariscal del Perú de los excesos que se le atribuyen por el alcance al Mercurio

Peruano

durante el tiempo que fué Director de esta Repúbli-


2

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

ca, i los medios de que se valió el autor de la acusa, cion, lejos de favorecer a su patrocinado, le causan el gran perjuicio de despertarle enemigos que habían sofocado sus resentimientos. Puede decirse que los obliga a escabar el foso profundo en que la jenerosidad, la prudencia i el tiempo habían sepultado para siempre hasta la memoria de los hechos ignominiosos que se le atribuyen, i que todos los días se oyen en boca de la mayor parte de los habitantes de Chile. Nadie se acordaba ya del nombre de O'Higgins, pero la aparición del papel publicado con el nombre del doctor Ascencio ha renovado heridas, revivido rencores e incendiado ánimos. N o se encuentra en todo él una línea que corresponda al objeto que se propuso su autor, cual es el de colocar a su patrocinado al lado de los héroes i en medio de los hombres grandes. Para conseguir este fin se elijió por teatro el juri de imprenta de Lima, i se presentó a don Bernardo O ' H i g g i n s como el inventor del sistema de gobierno representativo en Chile, el autor de su independencia i el fundador de la República. S e le atribuyen innumerables triunfos en la guerra, se le prodigan elojios; mas al lado de todo esto, no deja en pié mas que la reputación de un solo chileno. E l doctor A s cencio, o el verdadero autor del papel, presentó una multitud de documentos que interpretó como quiso, i en ellos no hai mas que lisonjas de ami-


DON BERNARDO O'HIGGINS

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gos, correspondencia de compañeros, esperanzas de hombres buenos i producciones de partidarios. Casi todos se refieren a tiempos en que el Gran Mariscal del Perú no habia dado motivos para formar el concepto que espresó el autor del alcance acusado. Pueden servirle de comprobantes de la reputación en que en un tiempo se le tuvo, mas no de instrumento con que sofocar la opinión que le formó su Gobierno. E l doctor Ascencio, o su director, erijió al juri de imprenta de Lima en calificador de los hechos que pertenecen a la historia de la revolución de Chile, sin conocer las personas, el pais ni sus circunstancias. E n unapalabra, con rasgos de pluma lo arruinó todo i señaló con el dedo una planta solitaria que la casualidad hizo nacer sobre los escombros, para que el juri la calificase de estraordinaria entre la de su especie, sin que este cuerpo reparase en la calidad del juicio que se habia sujetado a su conocimiento, pues los hechos en que debía afianzarse no han sucedido en su territorio, ni sabe si son ciertos o falsos los documentos que se le presentaron; ni está en el número desús atribuciones autorizar los insultos que se han hecho a la R e pública de Chile, dando asenso a las aserciones del pronunciador de la acusación. L o s chilenos amantes del decoro de su pais a quienes haya llegado la acusación pronunciada por el doctor Ascencio, contengan la indignación que


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MANUEL JOSÉ G AND AR ILLAS

precisamente debe haberles causado su lectura, i esperen la refutación que nos proponemos dar en los números siguientes de este periódico. Consideramos ofendido el honor nacional i, por lo tanto, como escritores nos creemos obligados a vindicarlo; í prevenimos que aunque uno de nosotros se encuentra injuriado en el folleto que vamos a impugnar, la naturaleza de la injuria, que no es mas que un solemne embuste, es incapaz de alterar la imparcialidad que siempre ha guiado nuestra pluma ( i ) . L a refutación, que ofrecimos en el número anterior, del panejírico del Gran Mariscal del Perú don Bernardo O'Higgins,

publicado bajo el título de

Acusación propuesta por el doctor don Juan

As-

cencio, no es una contradicción directa a cuanto asienta este señor.

Emprenderíamos un trabajo

molesto e infructuoso para el público, sin conseguir mas que llenar papel con desvergüenzas, ocupar ociosos i satisfacer la malignidad. Son mas altas las miras que nos guian. Poco nos importa la averiguación de ciertos hechos aislados que en el curso de una larga administración pueden

compararse

con las pequeñas heridas que por casualidad suele sufrir el cuerpo humano. Nuestra empresa es p r e ( i ) Publicado en El Araucano

de 1 7 de Enero de 1 8 3 4 .


DON BERNARDO o'HISGlNS

5

sentar en su verdadero aspecto al héroe del doctor Ascencio, i ofrecer a los imparciales que sepan leer la historia, un lijero bosquejo de lo que ha pasado en Chile, que al mismo tiempo que dé a conocer la vida política de don Bernardo O'Higgins, les haga mirar con desprecio la multitud de volúmenes que ha producido la manía de escribir viajes por relaciones de virlocheros i maestros de postas, o por afecciones particulares, o con el objeto de adquirir sus autores un concepto cuya verdad solo puede saberse comparando sus narraciones con la exactitud de los sucesos. Para llegar a nuestro fin, nos parece conveniente hacer un breve diseño de la revolución de Chile, desde 1 8 1 0 en que empieza la época gloriosa de que el doctor Ascencio hace autor esclusivo a don Bernardo O'Higgins. N o nos es preciso entrar en descripciones de batallas, porque solo el valor natural de los chilenos sin dirección i sin táctica, es bastante título para que se reconozca su gloria militar, pues, muchas veces la que se adquiere por los triunfos es efecto de la casualidad, i no obra de aquel talento que hace resultar los sucesos de las combinaciones i conocimientos. Estamos convencidos de que el camino por donde el héroe es conducido a recibir la corona, es el mismo por donde muchas veces marcha el desgraciado al patíbulo» habiendo quizas prestado éste mas servicios a sus


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MANUEL JOSÉ G ANDAR ILLAS

verdugos i ocasionádoles aquél mas daños. L a casualidad en sus efectos es tan ciega como la justicia en sus actos, pero mas activa i ostentosa. Estando ligada la vida pública de don Bernardo O ' H i g g i n s con la historia de la revolución de Chile, no podemos menos que volver los ojos al célebre año de 1 8 1 0 en que se conmovió toda la América, mas bien por instinto o por influencia de las circunstancias que por una combinación meditada; i recorrer los principales pasajes que forman los anales de nuestros tiempos, descubren nuestro carácter i dan a conocer los principales personajes que el doctor Ascencio eleva i abate a su antojo. Manifestaremos el modo con que se hizo la revolución, sin dar razón de las causas, porque, como hemos dicho antes, ella fué una inspiración a toda la A m é rica; daremos una idea de las opiniones que dominaban entonces, que aunque insignificantes para el objeto de alcanzar la independencia, influyeron demasiado en los desastres que sufrió Chile en el año de 1 8 1 4 . Haremos conocer los efectos que produjo la dominación española, el modo de destruirla, i describiremos el gobierno de don Bernardo O ' H i g gins, concluyendo con una breve esposicion de lo que es Chile actualmente. Con este objeto dividiremos nuestra obra en cuatro épocas: i . hasta 1

0

a

Desde

n

de Julio de

1810

de Octubre de 1 8 1 4 ; 2 . Desde esta fecha a


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

J

hasta 12 de Febrero de 1 8 1 7 ; 3 . Desde ésta hasta a

28 de E n e r o de 1 8 2 3 ; i 4 . Desde ésta hasta el dia. a

E n las tres divisiones primeras nos proponemos referir los hechos que dan a conocer al Gran Mariscal del Perú, i en la última comparar el gobierno <de este héroe con el de los hombres comunes que han rejido nuestros destinos desde su caída, venturosa para Chile. L a s cenizas de los Carreras honradas por la nación, i la sangre de Rodríguez, llorado por todos los patriotas, serán vengadas de los insultos que les ha prodigado el doctor A s c e n dió, porque es imposible que los hombres de raciocinio entre los cuales solo debe buscarse la verdadera reputación, dejen de convencerse de nuestras reflexiones, i de los documentos que presentaremos aunque no con la abundancia empalagosa que lo ha hecho don Bernardo ( 1 ) . ' 1) Publicado en El Araucano

de 24 de Enero de 1 8 3 4 .


P E I M E H A

É P O C A


CAPÍTULO PRIMEROS

PRIMERO

MOVIMIENTOS

POPULARES

E l espíritu de libertad que desde fines del siglo pasado se habia difundido por toda la Europa, pasando a América trasmitió a Chile unas cuantas centellas de fuego patriótico, que prendiendo en unos pocos individuos abrió el camino a la revolución. E n t r e éstos deben señalarse los respetables ancianos don J o s é Antonio de Rojas, don Juan Antonio Ovalle i el doctor don

Bernardo Vera

que, por sus conversaciones liberales, provocaron la ira de don Francisco Antonio García Carrasco que gobernaba a Chile; quien los hizo arrancar de sus casas en la noche del 25 de M a y o de 1 8 1 0 i remitirlos a Valparaiso escoltados. U n a providencia repentina, tomada contra personas tan respetables i


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MANUEL JOSÉ G \NDARILLAS

por un jefe que durante su gobierno no habia descubierto mas cualidad que la de hacerse odioso i despreciable, alarmó al pacífico vencidario de Santiago hasta el estremo de hacerle reunirse tumultuariamente a pedir la vuelta de los tres individuos que habían sido separados de esta ciudad. E l Presidente prometió que se cumplirían sus peticiones, a cuyo efecto partieron para Valparaíso dos ciudadanos respetables; mas, habiendo sido burlados, porque dos de los individuos desterrados, los ancianos, habían sido embarcados para Lima, en virtud de órdenes anticipadas, se conmovió de nuevo el ve> cindario, i después de varios pasos infructuosos para hacer cumplir al Presidente Carrasco con los deberes de gobernante i con las promesas que habia hecho, recurrió al Tribunal de la Real Audiencia, en donde fué depuesto del mando, i se subrogó en su lugar al conde de la Conquista don Mateo T o r o . E s t a variación proporcionó a los patriotas un campo libre para propagar las ideas liberales i puso en sus manos los medios de hacer efectivo el proyecto de sustraer a Chile de la dominación española; i así es que al poco tiempo lograron

constituir

un gobierno, el 18 de Setiembre del mismo año, que, aunque disfrazado con las apariencias de obe-, diencia i amor a Fernando V I I , no fué otra cosa que el plantel del sistema republicano en Chile i un sacudimiento completo de las cadenas coloniales.


DON BERNARDO O'HIGGINS

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N o estaban los chilenos educados para pasar repentinamente del estado de vasallos de un monarca al de ciudadanos de un pueblo libre, i todas las anomalías que se advierten en las providencias de aquel primer gobierno, en que se nota una mezcla de pro pósitos de obediencia al rei de España i de actos que indicaban espresamente intenciones de sustraerse de ella, fueron sin duda ocasionadas por la necesidad de llevar adelante la empresa contra todos los obstáculos queoponian la escasez de luces, la igno rancia de los principios políticos i el ningún conocí miento de los derechos del hombre. L a obediencia al rei era entonces poco menos que un dogma de relijion i creyendo faltar a ésta muchos no querían escuchar ni siquiera la esplicacion de lo que es el hombre en sociedad. El hábito de respetar al rei se habia hecho objeto de conciencia, i ésta no dej a b a obrar a la razón. N o se conocían los buenos libros, ni siquiera se tenia idea del instrumento maravilloso de la imprenta; apenas habia jurisconsultos rancios, teólogos fanáticos i practicantes de confesonario, de modo que fué preciso casi como engañar a la multitud, porque si se procuraba instruirla de repente, se corría el riefgo de que el resplandor de una luz repentina la deslumhrase e hiciese malograr la empresa en su oríjen. Bien fuese, la prudencia que naturalmente acompaña a los hombres pensadores, o bien la casuali-


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

dad, lo cierto es que, mediante esta conducta, Iospueblos de Chile reconocieron la Junta establecida en 18 de Setiembre que empezó su gobierno creando cuerpos para la defensa del país, N o se sabe q u e hubiese habido alguna oposición en ningún punto del territorio. S e convocó un Congreso lejislativo

r

i el mismo dia que se habían de elejir los diputadosde Santiago en la casa del consulado, se presentaron por la primera vez síntomas de diferencia d e opiniones en cuanto al gobierno establecido. Don T o m a s Figueroa intentó aprovecharse d e la reunión que hubo de haber aquel dia para d e s truir con un golpe de mano todo lo que se habia trabajado. L o s que se han encargado de recojer datos para la historia darán cuantas ideas hayan adquirido sobre un suceso tan secreto en sus preparativos, tan misterioso en sus relaciones i tan feliz para sus autores como para la causa de Chile porque la muerte de este caudillo ostensible dejólibre el curso a ésta, i estorbó que aquellos siguiesen su mismo camino. Baste decir que inmediatamente que se supo que don T o m a s Figueroa, a la cabeza de algunos dragones de la frontera, i del escuadrón de húsares que consiguió seducir, intentaba atropellar la reunión en que los vecinos iban por la primera vez a ejercer los derechos de los hombres libres, se preparó el batallón de granaderos para una acción de guerra, por la actividad del


DON BERNARDO o'HIGGINS

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mayor don Juan J o s é de Carrera, i a este cuerpo se debe el que no se hubiera estinguido la llama de la libertad que habia prendido en Chile poco mas de 6 meses antes. A p a g a d a la fermentación que habia hecho nacer este suceso continuó la junta gubernativa librando las providencias necesarias para la elección de diputados e instalación del Congreso, que al fin se reunió i en él obtuvo asiento don Bernardo O ' H i g gins, elejido por uno de los partidos secundarios de

la provincia de

Concepción, menos por la

voluntad de los habitantes que por el favor de algunos amigos. E n t r e las providencias que tomó este cuerpo a que asistió el héroe incomparable del doctor Ascencio, solo hai tres notables, porque lo demás de sus operaciones se redujo casi al despacho de un juzgado ordinario. Aquellas fueron, una a favor de la libertad que honrará siempre la memoria de su autor; otra contra los principios de economía política que manifiesta la ignorancia de esta ciencia en aquel tiempo, i la última que ha sido burlada porque pugna con las costumbres, a saber: la libertad de los hijos de las esclavas, la imposición de derechos exorbitantes de la yerba mate i la estincion de los lutos; en las que el Gran Mariscal del P erú no tuvo mas cooperación que el sí o el nó de su sufrajio. Nada hai de grande


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

en este hombre en su primera aparición a !a vida pública. Después de una revolución, como la que se había efectuado, por la cual se había erijido un gobierno popular, compuesto de una junta revestida del Poder Ejecutivo i de un Congreso

Lejislativo debía

haberse cambiado el rumbo de los negocios í a d o p tado un sistema que correspondiese a la innovación que se habia hecho. Y a se habia variado el curso de las ideas i se habian disipado los temores que al principio hicieron dar pasos que, aunque disimulados, en realidad eran ciertos i firmes, no obstante que parecían estraviados i vacilantes. E r a , pues, llegado el tiempo de decidirse por la causa de la libertad o por la de continuar sometidos al reí de España. Mas, no todos los que obtuvieron sufrajios para representar a la nación pensaban del mismo modo. Pugnaban entre sí los temores de la m a y o r parte i los esfuerzos de unos pocos, i solo el 4 de Setiembre de 1 8 1 1 se pudo entablar una marcha recta mediante la revolución que hizo don J o s é Miguel

Carrera, purgando el Congreso de los

miembros que, viviendo en Chile, no pensaban mas que en España. E l plan de este ciudadano fué muí grande, no lo describimos porque una

relación

nuestra se atribuiría a espíritu de partido. N o pudo ejecutarlo completamente porque, el jenío de la discordia empezó a separar a los patriotas unos de


DON

BERNARDO

o'HIGGINS

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otros; la envidia se manifestó en toda su fealdad; la ambición abrió una gran brecha, i empezó entonces la táctica de las conjuraciones, únicos m e dios con que pueden saciarse estas detestables pasiones, crueles perseguidoras délos hombres, cuyas aptitudes no están en consonancia con sus aspiraciones. A

pesar del impulso que se habia dado a los

negocios públicos, poco o nada avanzó el patriotismo, porque la sucesión de conjuraciones enervaba su enerjía. Cualquiera medida

gubernativa

era atribuida a interés personal: se hizo creer que el levantamiento de tropas i construcción de cuar. teles para la seguridad del pais eran medidas opresoras, i se llegó a conseguir que la provincia de Concepción armase soldados contra la de Santiago. N o se crea que esto procedia por diferencia

de

principios o por diversidad de objetos. S e deseaba jeneralmente la independencia; pero la silla del Gobierno se hizo el objeto de la ambición particular, i abrió torrentes de calumnias, murmuraciones i embustes que dividieron al pueblo en dos partidos, los cuales se trataban unos a otros de criminales.

S e imputaban mutuamente defectos

que

procedían de una ignorancia común: se elevaban a la clase de crímenes consecuencias de los errores que se nos habían infundido desde la infancia, i hasta las puerilidades nacidas de nuestros antiguos TOMO XIV

2


l8

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

hábitos eran representadas como acciones reprensibles. Carrera i sus hermanos trabajaban por la patria: sus enemigos deseaban hacerlo por sí mismos: había contrariedad en cuanto a los modos de proceder i deseo por ambas partes de que el pais fuese independiente. Podremos lisonjearnos d e q u e esta contienda fué a cara descubierta hasta el último término de encarnizamiento a que llegó

No

hubo clubs ni lójias, ni ninguna especie de asociación secreta en donde se decretase el esterminio de alguno o algunos individuos, i aunque se notaron algunas medidas fuertes, todos saben que fueron por cumplir con la tramitación de los juicios que la seguridad pública obliga a mandar

formar

a cualquiera que se halle a la cabeza de un gobierno. Cuanto pueda decirse en contra de las providencias gubernativas que se libraron desde el 4 de Setiembre de 1 8 1 1

hasta el i.° de Abril de

1813

no tendrá otro objeto que el de descubrir el estado en que nos hallábamos i las pasiones que nos dominaban; mas, en esta época no se encontrará el nombre de don Bernardo O'Higgins.


CAPÍTULO SITUACIÓN TOLÍTICA D E L PAÍS EN INVASIÓN D E

II ABRIL DE

1813

E

PAREJA ( l )

Cuidadosamente hemos omitido el hacer una re( 1 ) La imparcialidad con que nos hemos propuesto escribir, nos obliga a hacer una confesión que servirá a! público de testimonio de la pureza de nuestras intenciones. L o que escribimos en el número anterior, fué sin tener a la vista todos los documentos necesarios que felizmente hemos podido reunir al tiempo de continuar esta parte. Entre éstos hemos conseguido el manuscrito de un ilustre patriota, que ya ha pasado a la nada de los seres, i está colocado entre los grandes chilenos. N o teníamos apunte de los diputados que habían sido separados del Congreso en el año de i 8 i i , i s o l o sabíamos en jeneral que aquella operación fué ocasionada porque los tales señores eran contrarios al sistema de libertad. E n el manuscrito hemos hallado inscritos los nombres de los patriotas don J o s é Miguel Infante i don Juan Antonio Ovalle, con la honrosa nota de que el habtr sido arrojados del Congreso, fué debido a su carácter inflexible que no condescendía con las miras siniestras de los autores ocultos de aquel movimiento ejecutado por los Carreras.


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

lacion prolija de las conjuraciones que hemos Indicado, porque ellas no manifiestan mas que inesperiencia, errores e ignorancia. L o s patriotas chocaban unos con otros sin que para ello hubiese habido una causa racional; bien es que la ceguedad en que nos hallábamos no dejaba conocer los resortes secretos con que las pasiones

estraviaban las mas

puras intenciones del patriotismo. Don J o s é M i guel Carrera i sus hermanos trabajaron cuanto pudieron en favor de la causa americana,

formando

tropas, arreglando cuarteles, dando bases para que se mejorase la educación

pública i preparando,

finalmente, lo que parecía preciso para asegurar la defensa del pais en todos sus ramos. Mas, como ninguna providencia de éstas puede llevarse a cabo si no es auxiliada por la irresistible fuerza

de la

opinión popular, casi todas ellas quedaron en em • brion por las divisiones suscitadas por las ideas que ya hemos espuesto. Rotos los lazos que nos ligaban al rei de España, perdió el Gobierno el prestigio con que se hacia respetar, i parece que se le despreciaba porque sus órdenes no tenían una emanación del monarca. Todos se creían gobernantes i ninguno quería ser gobernado. L a

palabra demo-

cracia destruyó la cadena de dependencias que la buena política establece desde el primer jefe hasta el último subalterno. N o había superiores mas que en el nombre, porque se creyó que la voz

libertad


DON BERNARDO o'HIGGINS

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no daba ningún jénero de entrada a la obediencia. Del mas ínfimo grado de sumisión se pasó al mas elevado de altivez; así es que ninguna de las providencias emprendidas pudieron perfeccionarse. E n estos momentos fué invadida la provincia de Concepción por el jeneral Pareja con un cuerpo de tro-pas, formidable para el estado en que nos hallábamos. Apenas se anunció en Santiago el desembarco de las tropas de Pareja cuando se difundió por todo el pueblo una consternación que parecia presajiar una próxima ruina. T o d o era conflictos, amargura, i temores: en el desmayo

jeneral no se divisaban

mas que peligros inminentes; i en medio de esta situación tan azarosa, don José Miguel de Carrera, que se hallaba a la cabeza del Gobierno, dio muestras del jenio sobresaliente por el cual la envidia le condujo años después al patíbulo. Con unas pocas providencias que es inútil referir ahora, reanimó la confianza pública, alentó el patriotismo e impuso silencio a la discordia que en meses anteriores había atentado contra sus dias. E n pocas horas desaparecieron las divisiones, i los patriotas de todas clases no pensaban mas que en auxiliar al ciu dadano que tan ardientemente se habia ofrecido a ir a castigar a los invasores de su patria. E l espíritu nacional se enardece al recordar la largueza con que los vecinos se suscribieron entonces con gran-


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

des sumas para pagar soldados i demás elementos de guerra. Con solo la oferta i sin esperar la recaudación ni los aprestos precisos, partió Carrera para Talca, nombrado por el Gobierno con anuencia del Senado, jeneral en jefe del ejército restaurador, acompañado solo de catorce húsares, i allí con su infatigable actividad reunió cerca de 3,000

hom-

bres de caballería antes que el ejército invasor ocupase la orilla austral del rio Itata. Mientras tanto, el jefe de éste aumentaba sus fuerzas con las milicias de Concepción valiéndose de un traidor; i esta circunstancia no puede pasarse en silencio. E l 29 de Marzo de 1 8 1 3 apareció la espedicion de Pareja en la rada de San Vicente, i luego que. llegó el aviso al intendente de la provincia don Pedro J o s é Benavente empezó a tomar todas las medidas de defensa que le proporcionaba aquel punto i sus recursos: mandó poner sobre las armas la fuerza disponible, salvar los caudales, reforzar el puerto de Talcahuano i dirijir partidas de observación sobré el campo en que parecía que debería obrar el enemigo, dejando una división de 400 hombres en los suburbios de Concepción para destinarla al punto que indicasen lascircunstancias. E n la tarde del mismo día envió Pareja un

parlamen-

tario al intendente intimándole rendición, i este le contestó del modo que debia esperarse de un

pa-

triota entusiasta. S e retiró el parlamentario al día


DON BERNARDO o'HICGINS

23

siguiente, i al momento dispuso su jefe atacar al puerto de Tacahuano. E l intendente ordenó al teniente-coronel Jiménez Navia que marchase a defenderlo, mas éste se demoró estudiosamente en el camino i proporcionó al enemigo su ocupación. Sin embargo de este contraste, aun habia habido tiempo para desalojar al enemigo, pero el traidor Jiménez se resistió a ejecutarlo diciendo que ya las circunstancias habían se reunió una junta

variado. E n esta

estrechez

de guerra, i conociendo que

400 hombres no eran bastantes para hacer frente a 1,800 de que constaba

la

espedicion

invasora,

acordó que la división se retirase al interior a reunir milicias i esperar ausilios de Santiago; mas cuando se tomaban las medidas para ejecutar este acuerdo, Jiménez N a v i a sublevó la tropa, le hizo arrojar la cucarda nacional i gritar: ¡viva

el

rei!

dejando burladas todas las determinaciones de los patriotas. Mas, no por esto se entregaron aquellos habitantes a la dominación que se trataba de imponerles, sino que hicieron los esfuerzos

posibles.

Hablará por nosotros el documento número i. Cuando Carrera llegó a Talca (el 5 de Abril) se encontró con varios oficiales emigrados, entre ellos don Bernardo O'Higgins virtud

de la cirmiar

Benavente, marcha para

reunió

quien

del intendente los rejimientos,

ausiliar

le dijo que en don Pedro i estando ya

la ciudad, recibió la

fosó en

noticia


24

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

de que ya estaba rendida.

Carrera dio órdenes para

reunir las milicias de la provincia de Concepción, i habiendo sabido que en Linares existia una partida enemiga compuesta de 23 dragones mandados por un subteniente, dispuso que O'Higgins,

acompa-

ñado de 8 oficiales, fuese a sorprenderla con 12 soldados de la Gran Guardia, 17 dragones i 50 milicianos. L a partida enemiga no pudo resistir el ataque de una fuerza tan superior, i al

amanecer

del 7 cayó toda prisionera en poder de don

Ber-

nardo, (véase el documento número 2 en que anuncia este brillante triunfo.) Después de esto avanzó sobre el Maule el ejército enemigo, i destinó una partida de 400 hombres a reconocer la posición de nuestro ejército, i se presentó don Estanislao V á rela como parlamentario de Pareja intimando rendición i ofreciendo a Carrera grandes

ventajas

a

nombre del virrei del Perú. Mientras se leia la comunicación que habia conducido, la partida enemiga mató dos centinelas de los patriotas, i con tan ruin procedimiento se destinó una fuerza de 600 hombres que, creyendo atacar a la de observación, se precipitó sobre el campo enemigo,

haciendo

destrozos en él i habría concluido con el último soldado si los individuos que la formaban hubiesen visto antes siquiera una acción bélica. E n la oscuridad de la noche introdujo la confusión i el espanto, hizo rendir las armas a la mayor


DON BERNARDO O'HIGGINS

25

parte de la infantería, tomó la artillería, cree concluida la guerra, vencido el enemigo i vengada la patria, i en medio de los trasportes de esta primera victoria de la libertad, los soldados, inespertos aun, i con poca disciplina, se entregan al saqueo de los vencidos. L l e g a el dia, los sorprende en el desorden i hace volver a los enemigos de su aturdimiento, que corriendo a las armas atacan

la división

i

hacen retirarse a los vencedores sin dejarles mas reliquia de su triunfo que 35 prisioneros que pudieron conservar (documento número 3). Después de esto, cuando ya se reunió todo el ejército, se dio una acción jeneralen los campos de San Carlos, en la cual los patriotas en número de 2,800, porque no entraron todas las milicias, atacaron a los españoles con tal denuedo que los obligaron a ponerse

en

fuga, dejando mas de 300 prisioneros, 5 cañones i 30 carros de pertrechos. El enemigo se encerró en Chillan, i el ejército nuestro se dirijió a ocupar Concepción i Talcahuano, dejando a aquél a sus espaldas. Inmediatamente que llegó a las cercanías de aquella ciudad, se. mandó intimar rendición al jefe que la ocupaba i se entregó al instante como se verá menudamente en el documento número 4. N o surtió el mismo efecto la intimación que se hizo a

Talcahuano,

porque el coronel Tejeiro, que mandaba aquel puerto, respondió al parlamentario que para capitu-


26

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

lar necesitaba ver la fuerza que le atacaba, i fué preciso hacerlo rendirse por medio de un asalto sangriento. Desde este suceso hasta el sitio de Chillan no hai ninguno que sea necesario

referir

para el objeto que nos hemos propuesto i solo diremos que en este tiempo estuvo don

Bernardo

O'Higgins ocupado en comisiones mui subalternas. DOCUMENTOS NÚM. i E l valiente patriota don Rafael de la Sotta, con 150 hombres, sostuvo por cerca de 3 horas el fuego del ejército de Chiloé, i después de clavar la artillería cedió a la fuerza infinitamente superior, i se salvó para volver a pelear en unión de sus conciudadanos, a quienes inflama con sus palabras i ejemplo. E l traidor Jiménez Navia, olvidando cuanto se debe al reconocimiento i a la confianza, vendió a Concepción: no pudo sorprender a los virtuosos. Don Pedro J o s é Eléizegui, capellán de dragones, apenas oyó la voz de rendirse, á\')o:yo no sucumbo a iniquidades, si hai quien me siga, hágalo, i se retiró seguido de un sarjento, 7 dragones i 1 tambor: hizo batir marcha, la que verificó alcanzando los caudales que se habían salvado, apresurándolos para que no fuesen alcanzados del infame Carvajal, que por orden de sus nuevos amos los perseguía. A l pasar por Chillan, tomó 100 i tantos fusiles i con ellos ha llegado a Cuneó, acompañado de Jiménez Tendillo, tan fiel como hábil, el que se ha destinado a la comisaría del ejército. Se han reunido a é! los ilustres don Enrique Lasale, un hijo de Benavente, otro de Manzano, el guapo Serrano, Vásquez de Novoa; i se aguardan otros muchos i a todos se socorre. Los militares de aquella desgraciada ciudad i los vecinos principales reúnen sus fuerzas i aguardan al jeneral i sus órde-


DON BERNARDO O'HIGGINS

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nes, llenos de entusiasmo por reconquistar su patria, como lo esperan en breve. Y a han marchado los cuerpos de gran guardia nacional; Tejimientos de príncipe i princesa: sigue la artillería; granaderos i milicias de Maipo.—(Monitor núm. 1 . ) N��M. 2 E x c m o . Señor: Tengo el honor de decir a V . E. que he cumplido con lo que en el dia de ayer me ordenó i quedan en nuestro poder todas las armas de 2 1 dragones, incluso cabo, sarjento i el oficial don José Ribera. Los prisioneros los conduce a ese cuartel jeneral el ayudante de órdenes don Bartolomé Araoz; i al oficial, el capitán de granaderos de milicias disciplinadas don Pedro Barnachea. N o hallo como ponderar a V. E . el ardor con que toda la oficialidad, los famosos nacionales i valientes promaucaes atacaron en columna a media rienda al enemigo que inmediatamente se rindió, no obstante, que se hallaban formados en batalla con bala en boca, pues se aterraron al horrendo grito de la libertad. Este pequeño ensayo hará ver a los tiranos lo que puede un pueblo que quiere ser libre. E l capitán don Pedro Barnachea les distribuyó mas de $ 200 i gran cantidad de pueblo se juntó a abrazar a sus libertadores. M e hallo en este momento juntando el rejimiento de este partido, que lo ha puesto a mi disposición el coronel don Santiago A m a g a d a i demás plana mayor. Dios guarde a V. E . muchos años.—Linares, 6 de Abril de 1813, a las ocho de la mañana.—Bernardo O'Higgins.-Y.xcmo. señor jeneral en jefe del ejército restaurador don J o s é Miguel Carrera. NÚM. 3 E x c m o . Señor: Todos saben que las principales armas de la impotencia de los tiranos son la intriga, la perfidia i la mas negra alevosía. Por hoi tenemos una de las infinitas pruebas de esta verdad.


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MANUEL J O S É GANDARILLAS

Cuando nos hallábamos con el parlamentario de Pareja don Estanislao Várela, llegaron sus avanzadas en número de 400 hombres i empezaron a tirotear nuestros centinelas que estabau al otro lado del rio Maule. E n consecuencia de este atentado, quise volverles la mano, i para ello dispuse que después de oraciones saliesen 200 granaderos, 100 nacionales i 300 milicianos de caballería a atacar su primera fuerza que estaba en las Yerbas Buenas. Llegaron al campo enemigo a l a s 3 de la mañana sin ser sentidos hasta el "quién viven de los centinelas. Contestó el alférez Rencoret la patria i muera el reí, con una descarga cerrada. Avanzaron los granaderos mandados por el teniente retirado don Santiago Bueras, por el espresado Rencoret, i por el americano don Enrique R o s s que sirve de aventurero del ejército. También lo hizo el capitán de la guardia don J o s é María Benavente, i parte de los soldados que mandaba. E l denuedo de la tropa fué imponderable. Hicieron huir al enemigo, le tomaron toda su artillería, que se componía de 7 piezas, le mataron 300 hombres i muchos oficiales. Según las señas i papeles que les sacaron de los bolsillos, se creen muertos el jeneral de la segunda división don J o s é Berganza, el intendente Vergara, el comandante de los dragones, el mayor jeneral, i entre otros muchos algunos afirman que el jeneral en jefe. ¿Quien podría persuadirse de que el ejército enemigo estaba todo reunido? Constaba de 2,000 hombres de fusil i de 4,000 de caballería. Los pocos soldados nuestros fueron suficientes para destrozarlos, temarles el campo i llegar al estremo de que habiéndoles intimado rendición el capitán Benavente, contentaron estar rendidos i que no les hiciesen mas fuego. Los incomparables granaderos llevaban la muerte por cualquiera parte donde querían, burlaban al enemigo hasta el estremo de tomarlos por los cabellos, tirarlos al suelo i allí acabarlos a bayonetazos. Se dispersaron por el campo a matar i saquear piratas i otros tiraban las piezas para retirarlas del peligro que esperaban cuando el enemigo conociese la poca fuerza que le atropellaba. L a muerte del tambor, que imposibilitó el reunidos, fué la


DON BERNARDO o'HIGGINS

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causa de que no acabasen con t o J o el ejército del gran P a r e j a , en el que solo se oia el muero, el rei, de los valientes defensores de nuestra patria i el perdón i ayes de los aventureros. Habian ya arrastrado a brazos los cañones casi hasta el punto de salvarlos; cuando despertando el enemigo cargó sobre los nuestros haciendo fuego de fusil i cañón que los obligó a retirarse con los despojos i algunos fusiles. U n solo granadero trajo 5, i he dado orden de que se le paguen a $ 1 6 , siendo completos, i a 1 2 si no lo están. Otros han sacado onzas de oro, relojes, sables i vestuarios completos: hasta las botas les quitaron de los pies. Por esto conocerá V . E . los serenos que ocupaban nuestros soldados el campo que acababan de ganar. Quiero ser injénuo para hacer a éstos el honor que justamente se merecen i para que esta lección sirva de ejemplo. Si no se divierten en el saqueo i obran unidos, ellos solos acaban con el ejército real, i ya estaría el nuestro en marcha para la Mocha sin el menor obstáculo. Sin embargo, espero que así suceda en el momento que reciba el refuerzo. Viva V. E . seguro que no tenemos que envidiar el valor de las mejores tropas del mundo i no olvide jamas el mérito que han contraído el capitán don J o s é María Benavente, el teniente Bueras, el alférez don Manuel Rencoret i el americano don Enrique R o s s . No se ha portado con menos bizarría el teniente coronel don Manuel Serrano, el teniente don J u a n Nicolás Carrera i el coronel del rejimiento de lanceros don J u a n de Dios Puga, que comandaba 300 milicianos. Todos los oficiales, sarjentos, cabos i soldados han hecho prodijios de valor. Cuando haya tomado mejores informes i el nombre de otros oficiales que no tengo presentes con las demás noticias necesarias, entonces mandaré un exacto detalle de todo. Entre tanto, reciba V . E . 3 1 prisioneros, i la gloria de saber que tiene la patria brazos esforzados i patriotas decididos, que la pondrán a cubierto de las tentativas de los tíranos.


MANUEL JOSÉ GANDAR1LLAS

Por último, i en consecuencia de todo, incluyo a V. E . el parte del comandante de la vanguardia, don Luis Carrera, para que V. E . confiíme el concepto de honor i gloria que debe tributarse en obsequio de los valientes defensores i restauradores invictos de los imprescriptibles derechos de la patria. Dios guarde a V.

E.

muchos años.—Cuartel jeneral de

Talca, Abril 29 de 1 8 1 3 . — E x c m o . Señor.—José Miguel de Carrera.—Excmo.

Superior Gobierno del R e i n o . NÚM. 4

Anteayer se intimó desde este punto la rendición a Concepción por medio de un oficio que condujo don J u a n Esteban Manzano

que se me ha presentado: el resultado ha sido entre-

gar la plaza i depositar el mando en manos del Cabildo que habia cuando la invadieron, Al amanecer llegó Manzano con la respuesta que incluyo i ya quedaban tomando providencias para asegurarla. Mandé a mi ayudante don Antonio Mendiburu para que tomase el mando político i militar i le acompaña un oficial de artillería con algunos soldados para fortificarse en la plaza mientras llegamos.

Desde ayer mandé a la ciudad una

guerrilla de 60 nacionales que ya habrá llegado i voi a mandarle a la lijera mas refuerzos.

Ayer interceptamos un pliego para

Pareja que incluyo i en el camino hicimos prisionero por el racionero Eléizegui i una partida al alférez de artillería don Bruno Bazan que iba para Concepción, i a un fraile de Chillan. Ahora acaba de presentárseme el alférez de infantería de Concepción, don Gregorio Sandoval, que ha andado con el enemigo i se fugó de Talcahuano. M e asegura que anoche venían de aquel puerto de 60 a 80 hombres entre chilotes i europeos, con el ánimo de atacar la plaza para sacar 4 cañones volantes, pólvora, armas, pertrechos, las banderas del batallón i otras cosas que ya iban en camino, e hizo detener al parlamentario, porque hizo responsable a! gobernador Marquina. Saiuioval vio muchas guardias i centinelas en las boca-calles de la

Concep-

ción, i asegura que cuando venian en camino oyó algunos caño-


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

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nazos. Y o creo que los de Talcahuatio siguieron la empresa i la ciudad se defendió; ya lo sabré todo i lo avisaré. Ahora misino he intimado la rendición al puerto, i oficio al obispo que estaba ya embarcado para que evite los desastres que harán mis soldados si ven una injusta resistencia. Espero la respuesta que no dudo sea favorable, porque ellos han destrozado ya el cureñaje de todas las baterías i me dicen han clavado la artillería. L a batería de Penco ya la han abandonado. Dicen que defienden el pueblo i, según han situado sus cañones, no harán mas que sellar su ruina. E l mando lo tienen todos los indecentes b o d e goneros i demas]canalla del puerto, i así es que no se ve mas que una completa anarquía. Según la noticia de los que emigran, la fragata Essex i otro buque pequeño bloquea el puerto, i esta es seguramente la causa porque aun no se ha ido el obispo, i una porción de buques i entre ellos dos de Montevideo. L a s señas de la Essex, i un recado que por medio de un americano mandó a los patriotas para que se refujiasen a su buque los que gustasen, no deja duda que el Potrillo se le ha unido. L o s de T a l cahuano dicen que son buques suyos, pero se acercan, tiran cañonazos i ni por los fuertes norte entrarán en Bahía: si así sucede hasta los buques pillamos. Ayer intimé al ejército enemigo para que rinda i entregue las armas dejándole retirarse a su pais, porque si no admiten partido tan ventajoso, perecerán. Aun no ha contestado. Nuestro parlamentario fué recibido con mucha sorpresa porque el gallego Sánchez que no permitió viese al jeneral, i se agarró mi oficio, ofreciendo contestación, no le dio ni asiento, i es de presumir i asegurar sea por la muerte de Pareja que ayer estaba agonizando de un fuerte dolor de puntada que le pasó a tabardillo. Bazan dijo que cuando salió, quedaba en las últimas. Resta, pues, E x c m o . Señor, que el refuerzo venga sobre Talca para sitiar a Chillan, si es tan tenaz el enemigo que viéndose derrotado, encerrado, sin recursos i sin jeneral, con el mayor descontento de su tropa, se atreve a resistir. E n tal situación, será víctima del encono de mis sóida-dos que le juran pasarlos a cuchillo como lo hicieron la tarde del 1 5 con muchísimos de ellos.


32

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

Pueden venir todos los artilleros, granaderos, nacionales i los de Buenos Aires que a los dos dias de llegar pueden volverse. E s t o es preciso si hemos de cubrirnos de gloria pronto, sin saciificar a nuestros valientes soldados, sin perder el tiempo que tanto necesitados para la mayor prosperidad de Chile. Dios guarde á V. E . muchos años.—Campamento de C o yanco, 22 de Mayo de 1 8 1 3 , dos de la tarde.—Excmo. Señor. — José Miguel de Carfera.—Excmo. Gobierno del Reino,


CAPITULO S I T I O D E C H I L L A N I SUS DEPOSICIÓN

III

NINGUNOS

DEL JENERAL

RESULTADOS.—

CARRERA

I

NOMBRA-

MIENTO EN SU LUGAR D E L CORONEL o ' n i G G I N S . — C A U S A D E L A E N E M I S T A D CONTRA ÉSTOS.

Posesionado el jeneral Carrera de los puntos de Concepción i Talcahuano, dio las órdenes necesarias para asegurar la provincia, dejando a los españoles encerrados en Chillan, a donde se habían refujiado a las órdenes del español d o n j u á n F r a n cisco Sánchez, que habia tomado el mando por la muerte del jeneral Pareja, ocasionada, según se dijo entonces, por la pesadumbre que le causó la derrota en Y e r b a s

Buenas. L a inobediencia del

jefe de la división ausiliar que permanecía en T a l ca, i otros varios inconvenientes, debidos sin duda a la poca disciplina militar, hicieron inútiles sus TOMO XIV

2


34

MANUEL J O S É

GANDARILLAS

medidas, i le fué preciso trasladarse a T a l c a a hacerlas cumplir por sí mismo. Desde el 25 de M a y o en que se tomó a Concepción (documento núm. 5) no hubo mas que escaramuzas i pequeños encuentros con las partidas sueltas que cruzaban la provincia; pero se dictaban providencias para concluir la guerra definitivamente en la próxima primavera. E n ese tiempo pasó un buque por el Huasco í le amenazó a nombre de un Ossorio, i dio, ademas, la noticia de que Valparaiso seria invadido mui pronto por una espedicion mandada por don J o a quin de la Pezuela. Con este motivo, el Gobierno encargó al jeneral

del ejército restaurador

que

concluyese cuanto antes con los refujiados en Chillan, para ocurrir con las tropas a ausiliar a los pueblos del norte; i por este lance, que no tuvo ningún resultado, precipitó el jeneral sus operaciones i puso el sitio a Chillan en la mitad de un invierno de los mas rigurosos, con fuerzas inferiores a las enemigas i casi sin los elementos precisos para lograr un éxito favorable. E n el mismo dia mandó un parlamentario a intimar al cabildo de Chillan que cooperase a que el ejército real desocupase la población, porque si permanecía en ella, la arruinaría. E l 28 contestaron el cabildo i Sánchez, jefe de los realistas, por medio del parlamentario don Antonio Adriasola, que no se rendían.

Fué

despedido éste sin contestación, i al poco tiempo


DON

BERNARDO O ' H I G G I N S

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se rompió el fuego que continuó sin causar graves daños al enemigo, i sin mas provecho que contener sus salidas. E n la noche del 3 1 fueron mandados a incendiar esta ciudad el coronel don Bernardo O'Higgins con 300 hombres i dos piezas volantes de artillería, i el capitán don J o s é María Benavente con 80 fusileros. A m b o s consiguieron

prender

fuego a algunas casas; mas, al tiempo de retirarse O'Higgins, fué atacado por el enemigo i trabó con él un tiroteo mui mal dirijido. S e avisó a Carrera que peligraba i al momento mandó tropas en su ausilio. Salió a examinar por sí mismo la verdad, i halló que mientras la tropa se defendía en una parte, su jefe la miraba desde otra en una completa inacción, sin hacer siquiera que los oficiales se colocasen en los puntos que correspondía. E l 5 de Agosto hicieron los españoles una salida con toda la fuerza, i hubo una acción sangrienta de cerca de 4 horas, en que fueron rechazados i obligados a encerrarse de nuevo (documentos núms. 6 i 7.) E l ejército restaurador

perdió

toda la pólvora que

tenia de repuesto por haberse incendiado, i hallándose los soldados desprovistos hasta de víveres i atormentados con lo riguroso de la estación, i no habiendo una probable esperanza de conseguir un triunfo decisivo, acordó el jeneral hacer retirar la tropa a varios puntos d é l a provincia, como lo hizo el 1 0 del mismo A g o s t o con 3,000 cartuchos de


36

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

fusil i 60 de cañón, dejando sobre el Itata una división que observase los movimientos délas tropas de Chillan. Creyendo el jefe de éstas que las nuestras cederían a la fatiga i a la escasez, considerándolas sin municiones, inmediatamente que vio levantar el sitio, dirijió al jeneral una atrevida intimación para que se rindiese, i éste, no obstante que conocía el mal estado de sus fuerzas i la superioridad de las enemigas, le dio una contestación que solo pudo haber sido inspirada por el amor a la libertad i la confianza en el valor de sus soldados. Despidió al emisario don J o s é Hurtado con una salva de los 60 cartuchos de cañón que le habían quedado; i asustado el enemigo a la vista de este aparato, porque con él seguramente se persuadió que nuestras divisiones no estaban

desprovis-

tas como se habia figurado, volvió a sus trincheras i dejó a ésta dirijirse tranquilamente a los puntos que se les habian designado (documentos números 8 i 9.) Inmediatamente que se supo en Concepción el incendio de la pólvora del ejército sitiador, se le mandó un ausilio escoltado por 60 hombres. Dispersados éstos en el camino i creyendo los enemigos de la revolución que se habian concluido todos nuestros recursos, intentaron levantarse en aquella ciudad. Con el aviso que tuvo el jeneral Carrera se dirijió a ella precipitadamente, i con sus provi-


D O N BERNARDO O ' H I G G I N S

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dencias activas consiguió contenerlos. Allí emprendió nuevos preparativos para continuar la campaña en Octubre siguiente, i al tiempo de reunir las divisiones a las orillas del Roble, fué sorprendido por una de los enemigos que, sin embargo, fueron rechazados por nuestras tropas i obligados a retirarse con gran pérdida (documento núm. 10.)

El

jeneral Carrera salió herido en esta acción i se vio en la necesidad de pasar a Concepción a curarse. Sin embargo del valor con que se

portaron

nuestros soldados en los diferentes encuentros con los enemigos, pocos progresos hacían nuestras armas i aquéllos lograban grandes conquistas en la opinión.

Los

contrarios

a

Carrera

atribuyeron

estos resultados a mal manejo; empezaron a desacreditarle, imputándole crímenes i difundiendo especies que al fin destruyeron su concepto, i obligaron a la Junta Gubernativa a trasladarse a la ciudad de Talca a tomar providencias que diesen mejor dirección a la guerra. E m p e z ó por negar les ausilios a Carrera, i concluyó con destituirlo del mando del ejército, subrogando en él al coronel don Bernardo O'Higgins, a petición de aquél (documentos núms. I I , 1 2 , cesario

hacer

13 i 14.) Aquí nos es ne-

una breve digresión para dar

a

conocer el oríjen d é l a enemistad de don Bernardo O ' H i g g i n s con el jeneral

Carrera, después que,

según los documentos que se han copiado, la insi-


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MANUEL JUSÉ GANDARILLAS

nuacion o recomendación de éste al Gobierno fué la causa de que se le hubiese elevado a aquel destino. Desde el mes de Abril, en que se abrió la campaña contra los realistas, hasta Noviembre de 1 8 1 3 en que el brigadier Carrera fué subrogado en el mando del ejército restaurador por el

coronel

O'Higgins, no se advirtió la mas pequeña diferencia entre ambos, ni se traslujo un motivo que pudiera producirla. Carrera que le habia colocado al frente del ejército, aunque adornado de cualidades eminentes, carecia de la táctica de Augusto, Constantino i Gustavo i dejó en Santiago un partido de oposición que, no obstante de haberle impuesto silencio, como dijimos antes, al tiempo de salir a encontrar al enemigo, se prevalió de sus

pocos

sucesos en la guerra, para hacerle aborrecible. N o sabemos que O'Higgins tuviese conocimiento alguno de los resortes secretos que movia aquel partido para arruinar a Carrera, i sí tenemos noticia de que los dos se profesaban amistad. Por dos meses resistió O'Higgins recibirse del mando del ejército, (documento núm. 1 5 ) como avergonzándose de una elevación que no correspondía a la humildad de un campesino sin otro mérito que el valor para pelear, tan común en los chilenos, que nadie

lo califica

de cualidad sobresaliente. Desempeñó durante el mando de Carrera con alguna regularidad las co-


DON BERNARDO o'HISGINS

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misiones que se le encargaron; manifestó ser patriota, i seguramente a esto debió la recomendación ó insinuación que aquél hizo a la junta para que le nombrase jeneral. Apenas fué conocido por su silencio en el desastroso Congreso de 1 8 1 1 sin dejar el menor motivo para ser erijido en jefe de partido. Seguramente recibió O'Higgins algunas comunicaciones reservadas que le redujeron a hacerse cargo del jeneralato que habia rehusado i, al mismo tiempo le hicieron descubrir un sentimiento de ambición que antes no habia manifestado. Después de la indiferencia que mostró en la guerra que hacia contra el brigadier Carrera i sus hermanos el partido de oposición, tomó una parte activa i degradó el puesto que ocupaba. Unos cuantos oficiales le pidieron que hiciera salir a Carrera de Concepción, porque sus sirvientes los molestaban; i sin examinar la verdad, sin averiguar la justicia i sin guardar siquiera aquel decoro que correspondía a su alto carácter, pasó a don J o s é Miguel una nota en que, no se sabe, si le avisa o le ordena que conviene se aleje de aquel lugar (documento núm. 16). N o era estraño que O ' H i g g i n s participase del contajio que desde la capital se diseminaba por el partido contrario a los Carreras. Asertó éste con el medio poderoso de despertar sus pasiones o de creárselas, si antes no las tenia, i formó de él un caudillo armado de que carecía. E l tal partido consiguió para


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

sí un triunfo muí aclamado; mas, la patria recibió daños que por entonces no se percibieron i cuyas consecuencias no han podido resarcirse hasta ahora. Mas, no era estraño que don Bernardo O ' H i g g i n s fuese seducido; hombre de campo i sencillo, sin la menor instrucción en política (porque aunque fué, i volvió, a Inglaterra, í estuvo, de paso, en Cádiz a manteles de don Florencio Terrada i don Juan Pablo Fretes que se dirijian a Madrid a comprar empleos, no adquirió ninguna) no pudo menos que rendirse a las lisonjeras instigaciones de los enemigos de Carrera, i envolverse en el humo de una vanidad, descubierta a manera de una repentina esplosion volcánica; pero que el Gobierno Supremo particípase de la seducción, cuando la discreción i la prudencia, el conocimiento de las cosas i su misma comportacion

debían haberle hecho mas

circunspecto, es lo que debe causar admiración. Sin ningún objeto de interés público, i solo por fomentar el odio contra los Carreras, espidió un decreto anulando las sentencias

pronunciadas en varias

causas de conjuraciones formadas contra ellos (documento núm. 1 7 ) . Quizá de esta providencia parte el principio de autorización con que los facciosos se creen apoyados

para semejantes empresas, í no

consideran en los gobiernos mas lejitimidad que el halago de sus intereses particulares. Del mismo modo que en el año de 1826 se supuso a la compa*


DON BERNARDO O'HIGGINS

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nía empresaria del estanco una facción política que intentaba apoderarse de la administración pública, así en 1 8 1 3 i 1 8 1 4 se pintó a los Carreras como enemigos de la libertad americana, salteadores i cobardes. E n las dos épocas la gritería i falsas imputaciones enloquecieron a los hombres que, revestidos de la suprema autoridad, debieron haberlas contenido. En la última perdieron todos los empresarios sin que el pais ni los facciosos ganasen algo; pero en aquélla se quedaron los chilenos sin patria i sin hogar, esclavos i reducidos a la nada entre los pueblos americanos. N o se sabe, pues, que hubiese motivo alguno de. diferencia entre Carrera i O'Higgins, hasta fines de 1 8 1 3 . L a enemistad que apareció después, fué fomentada i aun forzada

desde Santiago; de ella

resultaron pérdidas en el ejército restaurador, que ocasionaron la del pais entero, como se verá mas adelante. L a s calumnias contra los Carreras i las adulaciones a O ' H i g g i n s hicieron formarse dos partidos entre los ciudadanos sin causa ni motivo público. S e injuriaban mutuamente sin pensar en el oríjen de sus disensiones, i los odios llegaron hasta el término de regar con sangre los llanos de Maipú. Mas la digresión nos

ha distraído.

Volveremos

después al punto de que partimos al comenzarla, i no anticiparemos sucesos que deben recordarse a mejor tiempo.


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

DOCUMENTOS NÚM.

5

Santiago i Junio 2 de 1 8 1 3 . — E n este instante acaba el Gobierno de recibir el parte del jeneral del ejército restaurador con fecha 25 de Mayo último cuyo tenor es el siguiente: E x c m o . Señor: Hoi he tomado posesión del mando de esta ciudad con singular complacencia de los amantes a la sagrada causa que d e fienden las armas de la patria de que estoi encargado; en ella he hallado muchos fusiles, pólvora, municiones, algunas piezas de artillería i cantidad de vestuarios que el terror de las cercanías de mis tropas hizo olvidar al enemigo en estos almacenes; la intemperie no me permitió mi ingreso i, por este motivo, los tristes restos de las tropas invasoras, bajo el pretesto de venir de Talcahuno a llevarse 4 cañones de menos calibre, cometieron el atentado de saquear las casas de algunos vecinos, cuyo procedimiento ha llenado de indignación a todos i han puesto el sello a su temeraria empresa de subyugar el reino, habiendo ya caido en mis manos el autor de este criminal exceso. Los soldados abandonan al enemigo i vienen apresuradamente a alistarse bajo las banderas de la patria; dentro de dos dias atacaré al puerto de Talcahuano; no dudo tomarlo sin efusión de sangre que procuro evitar por todos los medios posibles: vencido este punto me dirijiréa Chillan donde se abrigan otros restos consternados por la muerte de su jeneral Pareja. L u e g o que me halle debidamente apoyado tomaré las providencias de seguridad que son consiguientes i, entre tanto, debe V. E . descansar tranquilo en la enerjía i entusiasmo de mis valerosas tropas. Nuestro Señor guarde a V . E . muchos años. — Concepcio n, 25 de Mayo de 1 8 1 3 . — M i g u e l de

Carrera.


DON BERNARDO O'HIGGINS

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NÚM. 6

Tranquilícese V. E . Sigo en la misma posición, i he adelantado la batería que ya está sobre el mismo pueblo, i fortificada de modo que ni triples fuerzas del enemigo podrán penetrarnos. Este está mui consternado, porque se le han escapado casi toda la milicia de caballería, la mayor parte de la recluta, i muchos de los vecinos en quienes fundaba sus principales esperanzas, a lo que se agrega la gran pérdida que esperimentaron en la acción del 3. M e aseguran tuvieron mas de 1 2 0 hombres entre muertos i heridos, con 3 oficiales de los primeros i 2 de los segundos. Con el incendio tuve el sentimiento de ver quemado al digno comandante segundo de granaderos don Carlos Spano, quien en la acción mandó la batería, i se portó con un acierto i valor propio de su honor i decidido patriotismo. También hubo desgracias de esta naturaleza en dos oficiales, entre los que se cuenta el valiente Rencoret, oficial de granaderos, i en algunos soldados; pero todos creo no peligrarán. Spano i Rencoret se restablecerán mui luego. Y o querría tener tiempo para dar a V . E . el parte exacto de la memorable acción del 3 i alabar en él el estraordinario mérito que han contraído muchos de sus individuos. L o haré en el jeneral, i entonces conocerá V. E . lo que valen los soldados de la patria cuando pelean por su libertad. Viva V. E . seguro de que no tarda el momento feliz de nuestra tranquilidad. Dios guarde a V . E . muchos años. Campamento jeneral, 5 de Agosto de 1 8 1 3 . A las 1 0 de la m a ñ a n a . — E x c m o . señor.—José Miguel de Carrera.—Excmo. Superior Gobierno de Chile. NÚM. 7

Cuando acababa de cerrar el oficio para V . E . , tuve que detener el correo i montar a caballo porque el enemigo hacia nueva salida. L a verificó con toda su caballería, i con casi toda la


MANUEL JOSE GANDARILLAS

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infantería. Unos i otros fueron rechazados en poco tiempo con grandes pérdidas, porque la artillería gruesa a metralla barría sus columnas. Corrieron vergonzosamente i tras de ellos nuestros soldados que los siguieron hasta las inmediaciones de la plaza, de donde los hice retirar porque tienen fortificadas las casas, i habrían recibido mucho mal. Nuestra pérdida es de poca consideración. N o pasan de 30 los heridos i casi todos de poco cuidado; entre éstos se cuentan los tres bizarros oficiales Molina, Zorrilla i Laforest. Los muertos serán 10 o 1 2 . L a deserción del ejército enemigo se aumenta con el escarmiento. Ayer han perdido muchos oficiales i, según se me asegura, uno de ellos es don Lúeas Molina, primer apoyo de sus esperanzas. E l hospital lo tienen lleno de heridos i enfermos, i es ya tanta su turbación, que están trayendo indios de Guambali con lanzas i a pié para abultar su fuerza. Sin embargo, su desesperación les da valor, i atacan con entusiasmo i mejor cuando traen en su cuerpo vino con pólvora. H o i les voi a hacer la ultimación. L a acción duró 4 horas, una en el campo i 3 dentro del pueblo. Dios guarde a V. E. muchos años. —Campamento jeneral, arrabales de Chillan, 6 de Agosto de 1 8 1 3 . — 9 de la mañana.— Excmo. Señor—José Miguel de Carrera.—Excmo. Superior G o bierno del Estado. NT)M. 8

Intimación

del jeneral

español al jeneral

Carrera

Aunque pudiera sin esta formalidad destruir las miserables reliquias del ejército del mando de V. S. por la protervidad con que se ha negado a un partido ventajosísimo, respecto al estado de abatimiento en que se hallaba al tiempo de mi propuesta, no es conforme a mi humanidad ni a las piadosas intenciones del jefe que espedicionó el que está a mis órdenes. Con todo, es in-


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

4S

dispensable que V . S. se entregue a discreción porque, de lo contrario, seré inexorable en hacerle sentir a V . S. todo el rigor de las leyes militares dentro de tan pocos minutos, como son los que necesito para vencer la corta distancia que nos separa. Ahora es cuando V. S. debe acreditar la humanidad de su corazón, evitando su muerte i la de todos los infelices que le acompañan, como inevitable efecto del superior número i valor de mis tropas que solo aguardan la señal de atacar para darla. Dios guarde a V . S. muchos años.—Campamento del ejército real, Agosto i o de 1 8 1 3 . — J u a n Francisco Sánchez —Señor don José Miguel Carrera. NÚM. 9

Contestación Las miserables reliquias del ejército de la patria esperan con la mayor impaciencia el formidable ejército del mando de V . S. ¡Ojalá hubiera V. S. escusado la formalidad del parlamentario para que hubiese llegado cuanto antes el momento mil veces deseado! Y a que V. S. me desafia a sangre i fuego, admito la proposición, i así lo he hecho saber al ejército, i lo haré también al Gobierno para que pueda obrar arreglado a los principios adaptados por la gran rejencia española. Tenemos precision de escarmentar a los malvados con el terror; es contra nuestro carácter, pero es indispensable. Solo siento que V. S. se quede encerrado en la desgraciada Chillan i no venga a participar de las glorias que hoi le adquirirá su resuelto ejército, pero su alma es sensible i no podrá ver la asolación de mis desgraciados soldados. Dios guarde a V . S. muchos años. — C a m p o jeneral de Coyanco, Agosto 10 de 1 8 1 3 . — J o s é Miguel de Carrera.—Señor don J u a n Francisco Sánchez.


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MANTJEI; JOSÉ GANDARILLAS

NrÍM. 10 Parte oficial del Jeneral

a la Enema. Junta

Guber-

nativa, comunicado a este Gobierno en oficio de 2 5 del

del Ejército

corriente.

E c x m o . señoi: Empeñada la Providencia en dar nuevas glorias al ejército restaurador,

dispuso el movimiento, que hice el 1 4 del corriente

a efecto de amparar i protejer el tránsito del centro, según tuve el honor de impartir a Y . E. en mi oficio número 18 de 12 del mismo.

Para ello fué preciso reunirme con la división que en

mi primera salida saqué de este punto, i a mi regreso quedó en la Florida, no menos que con la del invicto coronel O'Higgins, que en seguimiento i persecuciou del enemigo en la retirada que este hizo de la hacienda de Rere ya se hallaba situado en el Cerro Negro i campé en las alturas de las Lagunas de Avendaño, frente del vado del Roble. E l 1 6 se trasladó el centro fotmando su situación como a 3 leguas de distancia del punto en que me hallaba. Así situadas ambas divisiones, sobrevino en la de mi mando que el día siguiente por un punto enteramente incógnito nos asaltó tan de improviso el enemigo en

número

como de 1,200 combatientes a la misma hora en que se rompió la diana; de calidad que solo fué sentido aquél cuando se difundió en todo el campo la armonía infernal de las balas. Pero Señor Excmo., no alcanzo a distinguir, ni decidir con certeza si la intrepidez i denodado valor de 800 de uuestros soldados con quienes en mui cortos momentos se incorporaron otros i o o , i mas con su respectiva oficialidad brillante i esforzada se sintió primero que su estraordinaria amovilidad i prontitud en presentarse ya formados al frente del enemigo. L a acción ha sido de las mas terribles i de un fuego el mas vivo i tenaz de artillería i fusil, de una i otra parte, que no tuvo intermisión en el espacio de tres horas i media. Con esta pequeña fuerza que era la única

que debió reunirse por estar empleada la restante en

guerrillas, \ otros puntos, quedó por nuestro el campo de batalla


DON BERNARDO O'HIGGINS

47

dejando el enemigo a la vista 8o hombres muertos, incluso 4 de sus oficiales, i 17 prisioneros, sin contar con otros muchos que perecieron en algunos bosques i quebradas, en donde sucesivamente se fueron encontrando: abandonó también todas sus municiones, 1 3 0 i tantos fusiles, 2 piezas de artillería de a 4, a mas de la que se le reventó en medio del fuego activo que se hizo, i otra que se dice haber perdido en el precipitado tránsito del rio, en el cual se ahogaron igualmente algunos de sus soldados con un oficial apellidado Vargas, i otros arrojaron sus fusiles al agua a impulso del terror i consternación inesplicable que infundió en sus ánimos la sangrienta, vigorosa i heroica defensa de nuestras tropas que le siguieron hasta la misma ribera del Itata. De nuestra parte murieron 20, i fueron heridos mui levemente, el benemérito, el intrépido, el digno coronel O'Higgins i el valiente capitán de la Gran Guardia Nacional i comandante interino de la jeneral, don Diego Benavente: de alguna gravedad el capitán de milicias don Martin Prats, i el alférez agregado a la Guardia Nacional don Alfonso Benítez; i puramente contuso el capitán de artillería don J u a n Moría, cuya bizarría se ha acreditado en todas las acciones en que ha tenido parte este oficial. Seria, Señor Excmo., un proceder infinito si hubiese de ceñirme a individualizar todos i cada uno de los hechos que han distinguido la gallardía i brillantez del mérito de todos los jefes, oficiales i tropa de nuestra división. Por ahora, me es imposible dar a V. E . este rato de satisfacción i el mayor placer por hallarme un poco indispuesto: lo reservo sí para el parte jeneral en que especificaré a V. E . el todo de las acciones con que se han distinguido el valor i esfuerzo de dichos oficiales i soldados. Sin embargo, no puedo dejar en silencio el justo elojio que tan dignamente se merece el citado O'Higgins, a quien debe contar V . E . por el primer soldado capaz en sí solo de reconcentrar i unir heroicamente el mérito de las glorias i triunfos del Estado chileno. Por último, el centro de nuestro ejército ya se haya situado i ventajosamente atrincherado en Buyuquin;


4

8

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

pero sucede, Señor Excmo., que con diferencia de un cuarto de hora i por la distancia de 3 leguas de nuestro acampamento, no tuvieron parte en el dia de gloria que acabo de comunicar a V. E . 200 de nuestros intrépidos granaderos que marcharon de dicho centro en socorro de la división que se estaba batiendo con el enemigo a virtud del aviso que a este efecto inmediatamente se comunicó, para que hubiésemos enteramente acabado i tal vez concluido la campaña con la total ruina de este pirata.—{Monitor araucano núm. 87 del jo de Octubre de 1813.) NÚM. 1 1

Talca i Noviembre 27 de 1 8 1 3 . — S i e n d o necesario poner a la frente del ejército que debe decidir la suerte de la patria, i for mar su futura felicidad, un oficial de valor, conocimientos, decidido patriotismo i mérito, i hallándose todas estas cualida des reunidas en el coronel de los ejércitos nacionales, don Bernardo O'Higgins, ha venido el Gobierno en nombrarle jeneral del ejército restaurador i divisiones que deben reunírsele, para que subrogue al brigadier don J o s é Miguel de Carrera que se retira del mando. E n cuya virtud, todos los jefes, comandantes, oficiales i demás individuos de que conste el espresado ejército, sean de la clase que fueren, tendrán, obedecerán i respetarán al espresado coronel por jeneral en jefe, lo mismo que verificarán todas las demás autoridades políticas i eclesiásticas del Estado en la parte que les tocare.—Infante.— Eyzaguirre.—Cienfuegos.—Egaña, secretario. NÚM. 12

Como es tan evidente que cada momento que pasa sin comenzar las operaciones activas de la guerra, es un nuevo mal que padece la patria, quisimos que V. E . contestase a nuestro oficio reservado de 9 del corriente dentro del término que le señalamos, que era suficiente respecto a que no habia necesidad de trámites. Hemos dejado pasar mas de un doble término i apurando las circunstancias, hemos, por último, resuelto lo que


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

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aparece en los adjuntos decretos, habiendo concurrido a esta resolución el habernos espresado el comandante de artillería don Luis de Carrera, que V . E . quería separarse, deseando solo que el mando del ejército se pusiese en el coronel O'Híggins, i el del batallón de granaderos en el coronel Spano, como lo hemos decretado. Estamos persuadidos de que se agraviaría V. E . si se creyese que esta resolución, tan frecuente en todos los países, i mucho mas en un estado libre, fuese dolorosa para V . E . , principalmente no fundándose en delitos o defectos personales, sino en la necesidad de que todas las armas no se hallen en una familia, i V . E . no haría justicia a nuestra dignidad i buena fé, si temiese pasar al punto de Chile que mas le acomodase. E n cualquier lugar del Estado debe V. E . estar seguro de que lejos de inferírsele daño alguno, se le mirará con el aprecio que merece su graduación i sus servicios. Dios guarde a V . E . muchos años.—Talca i Noviembre 27 de 1 8 1 3 . — J o s é Miguel I?ifante.—Agustín Eyzaguirre.— José Ignacio Cienfuegos, — E x c m o , señor jeneral en jefe don J o s é Miguel de Carrera.

NÚM.

13

Al comunicar a V . S. que se le ha nombrado jeneral en jefe del ejército restaurador en los términos que anuncia el adjunto decreto; al poner en manos de V. S. la defensa i salvación de la patria i la suerte feliz o infeliz de 1.000,000 de habitantes, tenemos la satisfacción de que elevamos al destino mas grande i mas respetable al hombre que arrastra tras sí los votos i admiración de sus conciudadanos, i cuyo honor, virtudes i conocimientos aseguran de que responderá a la patria dignamente de esta confianza, i que después de haber tenido la gloria de restaurar su libertad, volverá al seno de la paz a recibir los tiernos aplausos de sus compatriotas, i a gozar de los laureles con que le ha coronado su mérito. Dios guarde a V. E . muchos años.—Talca i Noviembre 27 de TOMO XIV 4


MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

1 8 1 3 . — José Miguel Infante.—Agustín cio Cien/ueqos.—Mariano

Egaña,

Eyzaguirre.—José

Igna-

secretario.—Al coronel don

Bernardo O'Higgins.

NÚM. 14

N o pudiendo ser indiferentes al clamor jeneral de los pueblos ni despreciar la oportunidad de restituirles su libertad,

hace

muchos dias que el Gobierno tenia meditada la separación del jeneral en jefe don J o s é Miguel de Carrera, i para esta resolución habíamos querido oir el respetable dictamen de V. S., según se lo insinuamos en oficio reservado de 22 del corriente. Varias circunstancias i la consideración de que es un nuevo mal cada momento que se pierde sin continuar las operaciones activas de la guerra, nos ha obligado a anticipar esta determinación, en que no pueden menos de complacerse todos los hombres de bien; nuestro ánimo desde el momento en que se meditó la separación del anterior jeneral, ha sido nombrar a V. S. para ponerle a la frente del ejército: a este efecto hemos espedido los adjuntos decretos, que todos pasamos a manos de V . S. para que les dé la dirección conveniente. A l tomar todas estas providencias, no hemos tenido otro objeto que el bien de la patria i la pronta libertad i felicidad de este pais. Dios guarde a V. S. muchos años.—Talca i Noviembre 28 de 1 8 1 3 . — J o s é Miguel cio Cienfuegos.—Señor

Infante.—Agustín

Eyzaguirre—José

Igna-

coronel don Bernardo O'Higgins.

NÚM. 15

Concepción, 29 de Enero, 7 d é l a mañana.—Mi buen amigo: H a llegado al estremo nuestra lamentable situación. L a llegada de este señor plenipotenciario dio nuevas esperanzas a los facciosos i las cosas se divisan de un modo tristísimo si U d . no viene con la velocidad del rayo. E l amigo Uribe dirá a U d , cuanto


DON

BERNARDO O HIGGINS

SI

pasa i va con el solo objeto de venirse con U d . para pasado mañana. Disponga U d . de su invariable i apasionado Miguel de Carrera.—Señor

amigo.—José

don Bernardo O'Higgins.

Oficio de O'Higgins

a

Carrera

E n este instante que acabo de llegar a esta plaza, recibo el oficio de V. S. del dia de ayer con la orden del mismo día, en que me da a reconocer por jeneral del ejército restaurador por disposición del Supremo Gobierno del Estado de Chile. D e b e serle a V . S. reconocido por haberle sostenido sus armas con honor i ventaja. H e tomado el peso del mando del ejército porque las diferentes circunstancias así lo exijeu. Dios guarde a V. S. muchos años.—Penco, 2 de Febrero de 1814 ( 1 ) . — B e r n a r d o

O'Higgins. — Señor brigadier don J o s é

Miguel de Carrera. NÓM. 16

Señor don J o s é Miguel de Carrera—Concepción, Marzo

i.°

de 1 8 1 4 . — M U Í señor mió i amigo de todo mi aprecio. H e trabajado cuanto está a mis alcances por contener la mayor parte de la oficialidad que se halla en esta ciudad a fin de que cesen la variedad de contiendas que diariamente ocurren; bien conozco que U d . no tendrá parte en ellas, pero hai algunos díscolos que las promueven. E n este instante acaba de presentarse un cuerpo de oficiales i jefes representando no serles ya soportables innumerables insultos que reciben por dependientes de U d . i que si en esta noche permanecen en este pueblo, no se podrán contener, i tomarán medidas en contra de U d . i ellos, que los pongan a cubierto de su seguridad i tranquilidad. Sé que se halla U d . con su equipaje fuera i en punto de verificar (1) Compárese esta fecha con la del documento número 1 1 .


MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

52

su viaje, haga U d . el último sacrificio. Evite un lance que debe comprometerme i causar a U d . , a la patria i a mí males que se divisan próximos, i admita el consejo de quien desea su tranquilidad i es su apasionado a m i g o . — B e r n a r d o

(JHiggins.

Señor don Bernardo O'Higgins.—Concepción, i.° de Marzo de 1 8 1 4 . — M U Í señor mió i amigo de mi mayor estimación. N o es poca la admiración que me ha causado la apreciable de U d . cuando veo por ella la reunión de oficiales i jefes para pedir mi salida

fijándome

poco menos que la hora con amenazas terri-

bles si no accedo; ¿dónde estamos, amigo mió? ¿Es posible que hayamos llegado al tiempo en que cuatro miserables facciosos ignorantes, puedan a salvo, saciar sus pasiones? Amigo, me voi a los infiernos para no presenciar las desgracias que espera el pais en que nací; voi a buscar jentes mas racionales para ser menos infeliz, voi en fin, a separarme de hombres ingratos que, lejos de conocer los beneficios, pagan con bajezas. N o han llegado a mi noticia los insultos que han hecho mis dependientes a esos dignos oficiales, i no dude U d . que habrian sido sorprendidos, si se hubiesen servido avisármelo, ya que les faltó enerjía para contenerlos, o mas acertado tenían jefe a quien reclamar por la justicia; pero distan de este orden tan necesario para nuestra tranquilidad i tienen la osadía de avanzarse a hablar a U d . en términos que merecían una mordaza; paciencia, el tiempo así lo requiere. Valdes, V e g a i otros que dicen haber sido insultados, i que seguramente serán unos de los del complot, han repetido sus tropelías llenos de aquella infamia mui propia de sus almas, i cuando apuraron mi sufrimiento hube de contestarles como diré a U d . cuando tenga el gusto de verle. E s verdad que mi equipaje está al cargarse, i que esta tarde sale. Ojalá hubiese podido verificarlo días antes. Mi marcha, i la de todos los que nos acompañamos está acordada para mañana, i a pesar de que me habia propuesto no privar al ejército del menor ausilio, me veo en la necesidad de suplicar a U d . por seis caballos para mis criados. Esta noche pueden estar los


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

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señores suplicantes tan seguros de nuestros insultos, como quedamos nosotros de los suyos, en la firme intelijencia que mientras ellos gastan el tiempo en intrigas i en conversaciones odiosas, nosotros lo empleamos en diversiones que a nadie ofenden, i cuando andan cargados de armas i con escoltas para asustar, nos encuentran sin un palo. Conozco, mi amigo, que U d . se interesa en mi seguridad, no puedo menos que serle reconocido; prometo a U d . no comprometerle, ni ser autor de los males que se divisan, i que procuraré evitar por cuantos medios estén a mi alcance. Viva U d . seguro del afecto que le profesa su apasionado amigo Q. B. S. M.—Jos'e Miguel de Carrera. En este momento se me acaba de pasar una representación firmada por los comandantes, oficialidad de los cuerpos i pueblo exijiendo el arresto de V . S S . para asegurar la tranquilidad i seguridad de esta ciudad. Con este objeto se han reunido en el parque de artillería: he contestado que V. S S . mañana antes de las 10 del dia me han asegurado su separación de esta ciudad. Deseando, pues, evitar toda clase de movimientos ruidosos i riesgosos, hallo de suma necesidad que V . S S . se retiren, si es posible, antes de venir el dia afuera de la ciudad: ya no es posible contener oficialidad i pueblo. Dios guarde a V. S. muchos años.—Concepción, i.° de Marzo de 1 8 1 4 , a las 9 de la n o c h e . — B e r n a r d o O'Higgins.—Señores don José Miguel i don Luis de Carrera. Excmo. Señor:—Los comandantes, oficiales i vecinos de esta ciudad, comprometidos por la seguridad i felicidad de la patria contra la dominación de la casa destructora de nuestros sagrados derechos, ponemos en la sabia consideración de V. E . que habiendo llegado ya nuestros justos enojos (contra los dos Carreras i sus protervos satélites) hasta el grado de una necesaria exasperación en mérito de los repetidos insultos con que cada momento se burlan de la suprema autoridad de nuestro G o bierno, de la de V . E. i la de todo ciudadano que ha manifes-


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MANUEL JOSÉ GANDAR1LLAS

tado su fidelidad i amor a tan sagrados deberes: consultando nuestra seguridad i la del Estado no hemos podido menos que acojernos en este momento bajo el sagrado de las tropas i cuarteles, desde donde

imploramos sin pérdida de instantes

la

presencia de V . E., a efecto de que en el primer lugar haga que estos individuos se retiren al momento de esta ciudad bajo la escolta de mayor confianza; en segundo, que se recojan i pongan en buen depósito todas las cargas que tienen prontas para marchar por contenerse en ellas efectos conocidos peculiares al erario público, i hasta útiles de guerra de que tanto necesitamos: V. E . no debe ni puede en estos momentos despreciar la voluntad de este pueblo fiel i patriota. Sabemos positivamente que si se evitan estos pasos es vacilante nuestra seguridad i la del reino, i antes de que lloremos nuestra inacción perezosa queremos sacrificarnos gustosos por nuestra tranquilidad deseada. Nuestro Señor guarde a V . E . muchos años. Concepción, Marzo i . ° d e 1 8 1 4 . — Excmo. señor jeneral en jefe.—Fernando Urízar.—José Domingo V a l d e s . — J u a n de L u n a . — A n t o n i o Urrutia.—Manuel J o s é de Astorga.—Rafael A n g u i t a . — N o firma el pueblo por no aglomerar firmas, i por lo urjente de la mater i a . — E x c m o . señor jeneral en jefe del ejército restaurador. Habiendo quedado en emprender su marcha precisamente mañana a las 1 1 del día los dos sujetos cuya separación solicitan V . SS. por su oficio de esta noche, no hai necesidad de tomar medida alguna violenta. Si a la hora prefijada no verifican su salida, queda a mi arbitrio hacer uso de la fuerza si fuese necesario. Por lo que respecta a las cargas que conducen, el Supremo Gobierno del Estado hará se reconozcan en Talca, i determinará según crea mas conveniente, procurando siempre evitar escándalos a la tropa, que ha sido hasta aquí la causa de nuestro mayores padecimientos. Dios guarde a V. S S . muchos años. Cuartel jeneral de C o n cepción, i.° de Marzo de 1 8 1 4 . — S e ñ o r e s comandantes de las divisiones de esta ciudad.


DON BERNARDO O'tUGGlNS

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E x c m o . señor: Desde anoche sabia que el correo Elgueta volvía a Concepción, porque el enemigo habia cubierto con bastante fuerza las riberas del Itata hasta la boca: mandó un espía que llegó hasta Rafael, i confirma la noticia, añadiendo que no ignora mi marcha un solo individuo de la campaña. A la una de hoi, se presenta Andrade i otro que aseguran ser cierto todo lo espuesto, i que el enemigo ha emboscado una fuerza como de 50 hombres en el camino de la costa, con el objeto de sorprenderme. A las 2 de esta tarde ha salido otro espía sobre C o e l e mu i boca del Itata para estar de vuelta al amanecer de mañana. Están a mis alcances todas las precauciones i disposiciones que he de tomar para evitar el ser sorprendido, i debe V . E . quedar en la intelijencia de que le noticiaré de cuanto juzgue serle útil. L a guerrilla del alférez Manzano apenas cuenta 23 hombres mal montados i municionados. Somos muchos los ciudadanos que marchamos espuestos a ser víctimas por los avisos que dan los muchos traidores que se pasean en Concepción, i no permitiré continuar el camino hasta que sea de un modo que nos asegure no caer en manos de nuestros opresores. Dios guarde a V. E . muchos años.—Penco, 3 de Marzo de 1814.—José Miguel de Carrera.—Excmo. señor don Bernardo O'Higgins, jeneral en jefe del ejército restaurador.

NÚM. 17

Decreto.—Talca, 1 8 de Febrero de 1 8 1 4 . — E l Supremo G o bierno del Estado,teniendo en consideración el mérito i circunstancias de las conspiraciones que se dijeron intentadas en 27 de Noviembre de 1 8 1 1 , i." de Abril de 1 8 1 2 , i 28 de Enero de 1 8 1 3 , contra la prepotencia militar del brigadier don J o s é M i guel, don J u a n J o s é i don Luis Carrera, viene en anular las sentencias que se pronunciaron en las causas seguidas con motivo de dichas conspiraciones, no obstante que conoce que nunca es el camino lejítimo para evitar los males de esta naturaleza, un


¡6

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

desorden, i que los ciudadanos que aman su libertad, i nada miran superior a ella, deben producirse descubiertamente, i con la enerjía i carácter de hombres — González, secretario.

libres.—Eyzaguírre.—Infante.


CAPÍTULO S U C E S O S D U R A N T E E L MANDO D E DIDA D E

IV O'HIGGINS.—PÉR-

TALCA I CONCEPCIÓN. — D E P O S I C I Ó N D E

LA J U N T A I CREACIÓN

TUMULTUARIA

DEL DIREC *

T O R I O . — D I S P E R S I Ó N D E LA TERCERA

DIVISIÓN.—

TRATADO

DE

LIRCAI

I OPOSICIÓN

P Ú B L I C A A SU

CUMPLIMIENTO.

Desde que tomó el mando del ejército el nuevo jeneral O'Higgins nada hubo de importante para la patria. L o s soldados chilenos vencieron a los españoles en el Membrillar, Cuchacucha i otros puntos, pero se perdió Concepción, fué tomada la ciudad de Talca i el patriotismo empezó a entibiarse hasta el término de celebrarse los

vergonzosos

tratados de Lircai en que fueron reducidos a dependientes de Fernando los mismos guerreros que,


MANUEL JOSÉ GANDAR1LLAS

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según las espresiones del doctor don Juan Ascencio, se habian ceñido con los laureles de la victoria. N o es necesario repetir que para el objeto que nos hemos propuesto, es inútil describir menudamente las campañas que hubo i que, ademas, nos es repugnante referir los motivos que las hicieron desastrosas. N o s basta señalar por toda causa los siguientes párrafos del diario de un oficial, íntimo amigo de don Bernardo: » 1 8 1 4 . — M a r z o 26.—Alcanzó el ejército a acamparse en el portezuelo de Duran. Supimos de positivo que el enemigo reunia fuerzas en San Carlos en cuyo pueblo tenia 700 hombres. Muchos ofi cíales eran de opinión que se atacase aquella fuerza porque

consideraban

que derrotada

seria

fácil

acabar con los enemigos i echarlos del pais; pero el jeneral en jefe (O'Higgins), accedió a los pareceres de los coroneles Mackenna i Balcarce, que eran de opinión de retirarnos hacia el Maule. parece fuera

No

de propósito notar que aunque ¿a natu-

raleza hace a todos los hombres iguales en derechos, con todo parece que ella destina a cada uno al empleo que deba tener aquellos

en la sociedad, i que pasando de

límites de que es capaz su desempeño,

de ser útil, es perjudicial hace favor,

si no mucho agravio

bien colocándole nociones

a sí i a la patria.

en un alto

sttperiores

lejos No se

a un hombre de

empleo

que

a sus conocimientos

demanda o

talento


DON BERNARDO O'HIGGINS

porque

es afrentarle

esponiendo

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sus faltas

a

la

espectacion pública, u " Marzo 3 0 . — P a s a m o s Perquilauquen i nos acampamos como una legua al norte de este rio. E l ejército enemigo se situó como tres leguas de nosotros hacia la cordillera. S e supo después que Elorriaga se habia venido de T a l c a

acompañado

de dos hombres por el camino de Linares. este tiempo se hadan ya intolerables

las

Por

eslorsiones

de nuestra tropa: no solo se tomaba todo el ganado que encontraba, sino que saqueaba las casas de los miserables sin dejarles ni aun lo necesario para su subsistencia. Varios oficiales hicieron presente al jeneral remediase aquellos daños; pero éste, insensible ( O ' H i g g i n s ) a los estímulos

de

humanidad,

nunca pliso remedio, i aun parece

que se

complacía

SÍI corazón con los padecimientos

de aquellos

infe-

lices. 11 Parece que estas observaciones escritas en la misma campaña, a presencia

de las operaciones

del héroe del doctor Ascencio, harán concebir a cualquiera que las confronte con los resultados, que las desgracias de Chile provinieron de haberse encargado su defensa a un hombre inepto, insensible i mal aconsejado. N o tenia entonces un mentor astuto i sagaz, o mas bien un artífice diestro i hábil como el que lé condujo desde Mendoza hasta la silla del Gobierno de Chile para que le sirviera


6o

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

de instrumento de acciones brillantes i ejecutor de crímenes horrendos. Tampoco habia descubierto la ambición que todavía no puede sofocar, sin embargo de haberla satisfecho a sus anchas i, si se ha de decir la verdad, menos habia manifestado el amor patrio que le supone el doctor Ascencio, por que después de haber peleado heroicamente, como se dice, contra los españoles, se ofreció espontáneamente para ir de diputado a E s p a ñ a o, en el caso de no ser aceptada esta oferta, pasar a L i m a en rehenes a disposición del virrei Abascal, para asegurar con su persona la obediencia al rei de España por los tratados. N o negaremos que hubo acciones gloriosas después que O'Higgins se recibió del mando, mas éstas fueron del ejército i no de él, porque no dirijió ninguna, i habiendo asentado que la causa de la patria no hizo ningún progreso por su falta de disposición, pasemos a la pérdida de Talca de donde parten los

hechos

notables de nuestra revolución i que dio oríjen a los célebres tratados de Lircai. Sin embargo, no podemos dejar de decir que la pérdida de Talca provino de haberla dejado guarnecida por una fuerza

mui pequeña. E l docu-

mento número 18 que copiamos, dará a los curiosos alguna idea de aquel desgraciado suceso. L a junta gubernativa, que se habia trasladado a T a l c a a acelerar los movimientos de la guerra i darles una


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

nueva dirección, dispuso que saliese de aquella ciudad un convoi de víveres i caudales para ausiliar la división situada en el Membrillar, escoltada por 90 fusileros i, con este motivo, quedó reducida la guarnición a 20 infantes, 70 artilleros con 3 cañones i 30 lanceros. E l coronel don Carlos Spano, gobernador de la plaza, aunque bien conoció la situación en que quedaba, no pudo sujetar la remesa de los 90 hombres, porque el coronel Mackenna clamaba por los ausilios, sin los cuales, aseguraba que se perdía la división de su mando. Sabedor el enemigo de la poca guarnición de Talca, la invadió casi por sorpresa, a pesar de las precauciones del valiente Spano, porque fueron frustradas por la neglijencia de sus encargados. N o pudo hacer mas que defenderse heroicamente, i morir cubierto de heridas al pié del pabellón tricolor. Durante esta ocurrencia desgraciada se retiraba el Gobierno para esta capital; la traslució el pueblo cuando aquél aun venia en camino i se preparó para deponerle inmediatamente que llegase. Decimos pueblo, porque en aquellos tiempos se atribuía a éste todo movimiento tumultuario, pero en realidad creemos que los diversos sacudimientos que hubo no fueron mas que la obra de unos cuantos individuos. P o dríamos asegurar, sin temor de equivocarnos, un oríjen común a todos los que sucedieron desde el 4 de Setiembre de 1 8 1 1

hasta el 7 de Marzo de


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

1 8 1 4 ; mas, nohai necesidad de remover rencores, i de recordar hechos de que quizá sus propios autores se confiesen verdaderamente arrepentidos, e injenuamente avergonzados. F u é , pues, depuesta la J u n t a d e G o b i e r n o : s e nombró director supremo a don Francisco de la Lastra, i por hallarse de gobernador de Valparaíso se confió interinamente el mando a don Antonio J o s é de Irisarri. E n tiempo de éste se formó un cuerpo de tropas compuesto de 600 infantes, 70 artilleros con 4 piezas i 1,600 tiros de dotación i un cuerpo escojido de caballería i se puso a las órdenes del tenien. te-coronel de artillería, don Manuel Blanco E n c a lada. Marchó en buen orden hasta los arrabales de T a l c a donde trabó acción con los enemigos sin conseguir mas fruto que dejar 400 prisioneros i volver a esta ciudad con los que pudieron escapar. N o tuvo el jefe la culpa de este desastre; pues todo fué orijinado de la falta de unidad en la táctica, de la indisciplina i de la licencia incorrejible que se habia apoderado de nuestros militares en el curso de la campaña i al amparo de la discordia que agriaba los ánimos. N o se pensó jamas en arreglar positivamente un sistema de guerra. L a ruina de los Carreras era el objeto primario, i todo lo demás se miraba como accesorio e insignificante. A s í fué que el patriotismo empezó a desfallecer en el Gobierno, sin que bastasen a reanimarlo el valiente pasaje del


DON BERNARDO o'HIGGINS

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Maule, facilitado por la intrepidez del capitán de granaderos don Enrique Campino i la ventajosa colocación de nuestro ejército en Quechereguas, al norte de Talca. Quizá se acobardaron nuestros primeros políticos al contemplar totalmente ocupada por los realistas la provincia de Concepción, i no concibiendo que el pais tenia recurso para restau rarla, adoptaron el proyecto de capitular con aquéllos. Si no fuera que se ha escrito tanto sobre este lance tan deshonroso para los chilenos, arrojaríamos la pluma para no describirlo; pero siendo conocido de todo el mundo, nos es necesario hacer sobre él algunas observaciones, para manifestar que la defensa que se hace de los que intervinieron en él no puede fundarse mas que en falta de principios políticos o en combinaciones

equivocadas, o en

cálculos de una política siniestra. Después de un año de batallas, sangre i sacrificios por separarse de la denominación del rei de España, cuando se ha bia abjurado su nombre i castigado a los orijinarios de aquella nación por enemigos de la causa americana ¿cómo pudo darse el paso retrógrado de pre tender incorporarnos a aquella familia que, si antes nos miró como colonos sumisos, debian considerarnos después como atrevidos rebeldes? N o sabemos

como pueda calificarse en estos

tiempos, según lo hace el señor Ascencio, de tratado honorífico una pieza que con sus agregados presen


64

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

ta una negra mancha en los anales de la revolución chilena. Desde la forma hasta la sustancia es un testimonio irrefragable de la ignorancia que dominaba cuando se hizo, i de la versatilidad de los pa* triotas que se propusieron remediar los males del pais, que se decian ocasionados por la conducta de los Carreras. N o se observaron siquiera las fórmulas de la diplomacia. S e presentó el comodoro H y lliar como encargado del virrei Abascal, para promover un tratado o convenio entre aquel jefe i este Gobierno i, sin examinar la autorización que traia, se procedió a autorizar a los brigadieres don Bernardo O'Higgins i don Juan Mackenna para que celebrasen un ajuste. Estos, sin examinar los poderes del jeneral Gainza i sin que procediese el canje de poderes que se acostumbra en estos casos, compusieron ese famoso documento en que se hace aparecer a Chile arrepentido de su heroica empresa i sometido de nuevo al dominio de Fernando. E l doctor Ascencio intenta hacerla valer ahora como un reconocimiento de la independencia nacional, pero los documentos que existen en nuestros archivos acreditan que, si no fué un acto sumiso para pedir perdón, no podrá a lo menos negarse que se dirijió a consentir en una nueva subyugación, recibida voluntariamente, i no por la fuerza. Ratificada la capitulación por el Gobierno i el Senado, en el modo i forma que lo permitía aquel tiempo, sin considerar


DON

BERNARDO

Ü'HIC.GINS

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para nada la voluntad pública, se mandó observar por bando, imponiendo la pena de estrañamiento a los que manifestasen la diferencia de opiniones, que debia ser consecuencia necesaria de una guerra encarnizada. S e mandó por el Gobierno Supremo arrancar el pabellón bajo el cual los patriotas habian hecho frente a los españoles i alzado el grito de muera el rei; el mismo pabellón a cuya vista don Bernardo O ' H i g g i n s obtuvo los triunfos que tanto pondera el doctor Ascencio i que se enarbolase el de España, símbolo de nuestra antigua dependencia colonial. Nuestros lectores, o la mayor parte de ellos, no estarán al alcance de estos hechos i aunque sentimos publicar testimonios de nuestro oprobio, nos es indispensable instruirlos, para que no atribuyan a ficción lo que decimos. L o s documentos que se agregan bajo el número 19 les darán una idea exacta del modo de proceder de aquellos tiempos, que, si ahora se usara por alguno, seria bastante motivo para declararle enemigo de la independencia americana. Sin embargo de estas órdenes emanadas de la autoridad suprema, el patriotismo no desfalleció en el pueblo ni en el ejército. Unos cuantos ciudadanos compraron todos los ejemplares de los Monitores en que se publicaron i les pegaron fuego en la plaza pública, cerca de la puerta del p a lacio directorial. E l actual Presidente de la R e p ú blica, subalterno entonces, TOMO XIV

quemó en Talca las S


66

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

cucardas españolas remitidas por un comerciante, i colocó una en la cola de su caballo. L o s oficiales del batallón de voluntarios se presentaron en la plaza de esta ciudad, de regreso del ejército, con gorras tricolores, mofando el tratado ratificado por el Gobierno. Sentimos no recordar sus nombres para publicarlos. L a jeneralidad aplaudía estos hechos con un alborozo público, i mientras tanto el jefe supremo del pais sometido a Fernando i el jeneral del ejército con su compañero el plenipotenciario guardaron silencio. Los patriotas despreciaron el bando; los enemigos de la causa no recobraron su antigua altanería, i todo quedó en el estado de la mas completa inercia. S e disminuyó el ejército, se agotó el erario, i nada se hizo de notable hasta que no fué aprehendido don Luis de Carrera, i se inició con este motivo una pomposa causa para castigar a él i sus hermanos por los crímenes que se les imputaban. N o nos permiten por ahora mas lugar las pajinas de este periódico.

DOCUMENTOS NÚM.

18

E x c m o . Señor: Para llenar los deseos de V. E . , ¡ mientras

que

la suerte

quiera reunirme a los demás individuos que constituían el gobierno de Concepción al tiempo de su última invasión, daré a


DON BERNARDO o'HlGGINS

V. E , una noticia de lo acaecido en ella, aunque inexacta por no tener a la vístalos documentos que son necesarios. E l n del pasado Abril, a las 9 de la mañana, se dio parte por la avanzada de Palomares, que unadivision enemiga ocupaba los altos de la chacra llamada de las Monjas. E n el momento se destacó una partida de 40 fusileros montados, al mando del teniente de granaderos don Juan Manuel Correa, para observar mas de cerca la fuerza i situación del enemigo; como a media legua tenia éste su vanguardia con la que hubo un pequeño tiroteo; pero algunos cobardes que les intimida la multitud, sin otro examen, se pasaron a él, cuyo accidente le obligó a replegarse a la Agua Negra, donde fué reforzada por otra de igual número i una pieza de artillería comandada por mí. Después de tomada la situación mas ventajosa, me avancé con 12 hombres de los mejor montados a reconocer sus partidas que ya ocupaban el Puchacai. Conociendo su crecido número i brillante caballería, dispuse retirarme al cuadro de la plaza, dejando solo una pequeña avanzada, la que fué atacada a las 2 de la madrugada de) 12 i forzada a retirarse. E n el instante cubrieron las alturas de Chepe, Puntil'a i Caracol las divisiones de San Pedro i R e r e , quedando la principal en la Agua Negra, casa de Lucares. Desde esta hora se rompió el fuego de cañón i fusil, i aunque tentaron entrar a lo interior de la ciudad, fueron rechazados por varias salidas que se hicieron. E l resto de este dia i la noche pasó en un pausado tiroteo, con el fin solo de incomodar la guarnición i robar las casas que no guardaban los fuegos de la trinchera. E l siguiente dia 1 3 , a las 8, se mandó salir una guerrilla a dar agua a la poca caballada que teníamos. Advertido este movimiento por el enemigo, cargó con bastante fuerza sobre ella, i al cabo de una vigorosa resistencia, lograron hacernos prisioneros al cadete de infantería don Francisco del R i o , dos soldados i algunos caballos, un herido i tres muertos. Su pérdida fué mucho mayor. Seguidamente se empeñó la acción jeneial, posesionándose de todas las manzanas del pueblo i batiendo la plaza desde los techos con tal vigor que solo se oia el silvido de las balas. S e sostuvo el ataque obstinadamen-


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MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

te por seis horas, i a una distancia en parte de veinte pasos, hasta que intimaron la rendición por un parlamentario, ofreciendo a l gunas ventajas (que ellos llamaban) garantidas por todo el honor de la nación española. Corrieron oficios que por casualidad notengo'i que, en mejor oportunidad, verá V . E . Convinieron al fin en rendir la plaza i en que jamas sufrida la guarnición ni pueblo una vida degtadaníe; ya bien augurábamos que se violarían estas convenciones, pero nuestra situación bastante lastimera nos obligó a hacerlas. L a fuerza que rindió las armas fué de 1 3 0 fusileros i 60 lanceros con sus respectivos oficiales, i como 1 0 o 1 2 vecinos. L a enemiga seria de 600 fusileros i 1,000 milicianos de lanza. L a ciudad en los dos días d e ataque sufrió el mas terrible saqueo, i todas las tropelías que acostumbra nuestro bajo enemigo, cuya enumeración no me es fácil por ahora, bastándome el decir que las propiedades de todo hombre que creian afecto a la sagrada causa, fueron enteramente destrozadas i aun las personas de aquellos que no quisieron refujiarse en el cuadro. Nuestra total pérdida consistió en habernos muerto a los bravos tenientes de infantería de milicias, don J u a n Manuel Vidaurre, i el de infantería de la patria don Ramón Jil, 1 sarjento i 1 0 soldados de diferentes cuerpos; heridos el valiente alférez de asamblea don J o s é Santiago Gómez i 19 soldados. L a del enemigo, según he podido averiguar, no baja de 80 muertos, entre ellos tres oficiales, a proporción los heridos. E n la defensa de Concepción hubieron héroes, E x c m o . Señor, que V. E . conocerá en el parte que el Gobierno entero le dé. Se habilitaron calabozos horribles e inmundos, para encerrar no solo a aquellos de quienes podían temer algún daño, sino también a jóvenes de 8 a 10 años de edad, i a otros cuyo patriotismo aun era problemático, empleando todos los grillos que tenian, i mandando construir cien barras mas. Se reprodujeron todos los horrores de la antigua conquista i los últimos de Caracas, Quito i otros pueblos que han tenido la desgracia de sucumbir a sus fuerzas. Nuestro Señor guarde a V. E . muchos años.—Talca, i.° de J u n i o de 1 8 1 4 . — E x c m o . Señor.—Diego /osé Benaveníe.


DON

BERNARDO

NÚM.

Acta

O'HIGGINS

19

del Gobierno

i

Senado

E n la ciudad de Santiago de Chile, a 5 de M a y o de 1 8 1 4 . — E l señor don Francisco Antonio de la Lastra, supremo director del Estado, mandó convocar a su sala de despacho al distinguido cuerpo del M . I. Senado e hizo leer a su presencia los pliegos de tratados hechos a consecuencia del acuerdo del 1 9

del

anterior por el jeneral del ejército nacional, brigadier don Gavino Gainza, i el jeneral en jefe del de Chile brigadier don Bernardo O'Higgins, i cuartel maestre brigadier don J u a n M a c kenna, plenipotenciarios nombrados

para este efecto en dicho

acuerdo, i el contesto de aquellos pliegos es como sigue: Convenio

celebrado entre

losjenerales

de los ejércitos

titulados

nacional i del Gobierno de Chile ARTÍCULO PRIMERO. S e ofrece Ctiile a remitir diputados con plenos poderes e instrucciones, usando de los derechos imprescriptibles que le competen como parte integrante de la monarquía española, para sancionar en

las cortes la Constitución que

ébtan han formado, después que las mismas cortes oigan a sus representantes; i se compromete a obedecer lo que se determinase, reconociendo, como

entonces

ha reconocido, por su

monarca al señor don Fernando V I I , i la autoridad de la rejencia por quien se aprobó la junta de Chile, manteniéndose entre tanto el gobierno interior con todo su poder i facultades, i el libre comercio con

las naciones

aliadas i neutrales, especial-

mente con la Gran Bretaña, a la que debe la España, después del favor de Dios, i su valor

i constancia, su existencia po-

lítica. ART. 2.

0

Cesarán

inmediatamente

las hostilidades

entre

ambos ejércitos: la evacuación de T a l c a se ejecutará a las 30 horas de ser comunicada la aprobación del Gobierno de Santia-


MANUEL J O S É GANDARILLAS

7o

go sobre este tratado, i la de toda la provincia de Concepción, esto es, las tropas de Lima, Valdivia i Chiloé, en el término de un mes de recibida dicha aprobación, flanqueándoseles ausilios que estuviesen al alcance de Chile, i dicte ¡a

los

regulari-

dad i prudencia, i quedando esta última plaza de Chiloé sujeta como antes al virreinato de Lima: así como se licenciarán todos los soldados de la provincia de Concepción i sus partidos, si lo pidieren. A R T . 3 . Se restituirán recíprocamente i sin demora 0

todos

los prisioneros que se han hecho por ambas partes sin escepcion alguna, quedando enteramente olvidadas las causas que hasta aquí hayan dado los individuos de las provincias del reino, comprometidos por las armas con motivo de la presente guerra, sin que en ningún tiempo pueda hacerse mérito de ellas por una ni otra parte. I se recomienda recíprocamente el mas relijioso cumplimiento de este artículo. A R T . 4. Continuarán las relaciones mercantiles con todas las 0

demás partes que componen la monarquía española, con la misma libertad i buena armonía que antes de la guerra. A R T . 5 . Chile dará a la España todos los ausilios que estén 0

a su alcance conforme al actual deterioro en que ha quedado por la guerra que se ha hecho en su territorio. A R T . 6.° Los oficiales veteranos de los cuerpos de infantería i dragones de Concepción que quisiesen continuar su servicio en el país, gozarán el empleo i sueldo que disfrutaban antes de las hostilidades; i los que no, se sujetarán al destino que el E x c m o . Señor Virn i les señalare. ART. 7 . Quedarán la ciudad de la Concepción i puerto de 0

Talcahuano con todas las piezas de artillería que tenían antes de las hostilidades; i no siendo posible al señor brigadier don Gavino Gainza dejar todos los fusiles de ambas plazas, se conviene en restituir hasta el número de 400 para su servicio i resguardo. A R T . 8.° Desde el momento que se firme este tratado estará obligado el Ejército de Chile a conservar la posición que hoi tiene, observando relijiosamente el no aproximarse mas a T a l c a ;


DON BERNARDO o'HlGGINS

71

i caso que, entre tanto llega su ratificación del E x c m o , Gobierno de Chile, sobreviniere algún temporal, que pueda perjudicarle, será de su arbitrio acamparse en alguna hacienda en igual 0 mas distancia de dicha ciudad; bien entendido que para el inesperado caso de volverse a romper las hostilidades, que será con previa noticia i acuerdo de ambos ejércitos, no podrá cometer agresiones el nacional sin haberle dado lugar de restituirse a la posición que tiene en esta fecha. A R T . 9 . Se restituirán recíprocamente a todos los moradores 1 vecinos las propiedades que tenian antes del 18 de Febrero ( 1 ) de 1 8 1 0 , declarándose nulas cualesquiera enajenaciones que no hayan precedido de contrato particular de sus dueños. 0

A R T . 1 0 . E l E x c m o . Gobierno de Chile satisfará con oportunidad de su tesoro público $ 30,000 como en parte del pago que debe hacerse a algunos vecinos de la provincia de Concepción de los gastos que ha hecho el ejército que hoi manda el señor jeneral brigadier don Gavino Gainza, quien visará los libramientos que espida la intendencia. A R T . 1 1 . Para el cumplimiento i observancia de cuanto se ofrece de buena fé en los artículos anteriores, dará Chile por rehenes tres personas de distinguida clase o carácter, entre quienes se acepta como a mas recomendables, i por haberse ofrecido espontáneamente en honor de su patria, al señor brigadier don Bernardo O'Higgins, a menos que el E x c m o . Gobierno de Chile lo elija de diputado para las Cortes: en cuyo caso se sustituirá su persona con otra de carácter i representación del pais. A R T . 1 2 . Hasta que se verifique la total evacuación del territorio de Chile, se darán en rehenes por parte del ejército nacional, luego que esté ratificado el tratado, dos jefes de la clase de coroneles, así como para evacuar a Talca, que deberá ser el inmediato, se darán por el ejército de Chile otros dos de igual carácter, quedando todo el resto del mes para que vengan a la inmediación del señor jeneral del ejército nacional los rehenes (,1) Debe ser Setiembre.


MANUEL JOSÉ GANDARlLLAS

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de que habla el artículo anterior, o un documento de constancia de haberse embarcado para L i m a . A R T . 1 3 . Luego que sea firmado este tratado, se espedirán órdenes por los señores jenerales de ambos ejércitos para que suspendan su marcha cualesquiera tropas que desde otros puntos se dirijan a ellos; i que solo puedan acojerse para librarse de la intemperie, a las haciendas o pueblos mas vecinos donde les llegaren dichas órdenes, hasta esperar allí las que tengan a bien dirijirles, sin que, de ningún modo, puedan las ausiliares del ejército nacional pasar el Maule, o entrar en Talca, ni las del ejército de Chile el rio de Lontué. A R T . 14. Si llegare el caso, que no se espera, de no merecer aprobación este tratado, será obligado el señor jeneral del ejército de Chile a esperar la contestación de esta noticia, que ha de comunicar al del nacional, quien deberá darla al cuarto de hora de recibida. A R T . 1 5 . Reconociendo las partes contratantes que la suspensión de las hostilidades, la restitución de la paz, buena armonía e íntima amistad entre los gobiernos de L i m a i Chile son debidos en gran parte al relijioso i eficaz empeño del señor comodoro i comandante de la Pktebe, don Santiago Hillyar, quien propuso su respetable mediación al Gobierno de Chile, manifestándole los sentimientos del señor virrei, ¡ no ha reparado en sacrificios de toda clase hasta presenciar a tanta distancia de su destino todas las conferencias que han precedido a este convenio; lt tributamos las mas espresivas gracias, como a mediador i principal instrumento de tan interesante obra. A R T . 16. Se declara que la devolución de solo 400 fusiles a las plazas de Concepción i Talcahuano, a que se refiere el artículo 7. , es porque el señor jeneral don Gavino Gainza no tiene completo el armamento que el ejército de su mando introdujo al reino. 0

I después de haber convenido en los artículos anteriores, Nos, el jeneral en jefe del ejército nacional, brigadier don Gavino Gainza, i el jeneral en jefe, i el cuartel maestre jeneral del


DON BERNARDO o'fíIGGlNS

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Ejército de Chile don Bernardo O'Higgins, i don J u a n M a c kenna, plenipotenciarios nombrados, firmamos dos ejemplares de un mismo tenor, para su constancia, en las orillas del rio Lircai, a dos leguas de la ciudad de Talca, cuartel jeneral del ejército nacional, e igual distancia del de Chile, en 3 de M a y o de 1 8 1 4 . - Gavino Gainza.—Bernardo O'Higgins, — Juan Mackenna. Leído, se discutió sobre el contenido de todos sus artículos con la escrupulosidad i detención que escitó tan importante asunto i, de unánime consentimiento, acordaron sancionarlos i ratificarlos a la letra de su contenido, a escepcion del artículo 1 1 , en cuyo lugar resolvieron se pusiese el siguiente. A R T . 1 1 . E l reino de Chile, para garantir con la buena fé q u e le es característica el verificativo de los tratados acordados, resiste alejar de si la persona del jeneral en jefe, brigadier don Bernardo O'Higgins. Después que su presencia, sagacidad i mas circunstancias destruyeron la perturbación interior, i ha repuesto el reino en su anterior tranquilidad, su ausencia puede esponerlo a que contra la opinión del Gobierno sufra los sensibles anteriores desastres; por tanto, aquella presencia, a mas de precaver éstos, será la mejor garantía del cumplimiento de los tratados: en su lugar, i para que tenga preciso efecto el c i tado artículo, dará el Gobierno tres personas de distinción, o con grado de coronel, i solo permitirá salga del reino aquel j e neral si se nombrase diputado para las cortes. Con este requisito i adición, se concluyó el acuerdo que antecede, i lo firmaron los señores que lo personaron con el infrascrito secretario.—Francisco de la Lastra, Director Supremo del E s t a d o . — D r . [osé Antonio Errázuriz, Presidente del S e nado.— Camilo Henriquez.—Dr. Gabriel /osé de Tocornal.— Francisco Ramón Vicuña.—Dr. Juan José Echeverría, secretario. En la capital se anunció la paz con repique jeneral de campanas i salva de artillería; en la tarde del mismo dia 9 del corriente se cantó Te Deum en la Catedral, con asistencia del


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MANUEL JOSÉ G \ND \R ILLAS

Gobierno, i en la mañana del dia 10 se publicó por bando a usanza de guerra con gran solemnidad, manifestando el Director en dicho bando que sus ansiosos deseos, desde que estuvo a la frente de los negocios públicos, fueron por la paz, i exhortando al pueblo a la quietud i a la unión; el dia 1 1 se publicó el bando i orden que sigue: BANDO DON FRANCISCO DE LA LASTRA, DIRECTOR SUPREMO DEL ESTADO DE CHILE, ETC.

Por cuanto, he visto con el mayor dolor que en un tiempo en que todos los ciudadanos de Chile debian entregarse al justo placer que nos ha traído la paz honrosa celebrada con el jeneral del ejército de Lima, no faltan espíritus turbulentos

que

comprometen con sus desafueros la tranquilidad pública; ordeno i mando que ningún habitante de Chile, sea de la clase que fuere, orden i dignidad, insulte a otro, recordándole sus opiniones pasadas con dicterios. I para que esta orden tenga su efecto conveniente, nadie, so pena de estrañamiento, insultará a otro llamándole sarraceno o insurjente, ni fijará, leerá, ni hará conversación de pasquines alusivos a estas materias. I para que llegue a noticia de todos, publíquese por bando, fíjese e imprímase. Dado en Santiago de Chile, a 1 1 de M a y o de 1 8 1 4 . — L a s t r a . —Agustín

Díaz, escribano de Gobierno. Orden del dia, u

de Marzo

de

1814

Por cuanto un abuso de la autoridad de un Gobierno arbitrario ha causado la guerra de estos países por haber ordenado caprichosamente mudar la bandera i cucarda nacional reconocida por todas las naciones del orbe, comprometiendo la seguridad pública con unos signos que nada podían significar en aquellas circunstancias; ordeno i mando que desde hoi en ade-


DON BERNARDO O'HIGGINS

75

lante no se use en los ejércitos, plazas fuertes, castillos i buques del pais de otra bandera que la española; ni que las tropas puedan llevar otra cucarda que la que anteriormente acostumbraban. I para que esta orden tenga su debido cumplimiento, circúlese e imprímase. Dado en el Palacio de Gobierno, a n de Mayo de i 8 r 4 . — Lastra. El señor don Santiago Hylliar, comandante de la fragata de 5. M. B. Phcebe, i a sus órdenes la corbeta

Cherub, que pasa a

Valparaíso, por pura bondad de su corazón amante de la humanidad, me ha ofrecido

practicar con la junta de Chile los

oficios mas eficaces para reducirla a entrar en una composición justa i razonable, decorosa a este Gobierno; i que concilie los intereses del reino con los de Fernando V I I i nuestra nación española, de que es i no puede dejar de ser parte. Este pensamiento benéfico del señor Hylliar coincide perfectamente con mi modo de pensar opuesto a la discordia i al derramamiento de sangre, según V. S. está enterado por los artículos 18 i 19 de la instrucción que le he dado. N o hai ocasiun mas noble i digna del corazón sensible de un jefe dispuesto a perdonar el estravío i agresión de sus subditos, que cuando se ve preponderante, que es justamente el caso en que me hallo. En esta intelijencia, si acaso pudiere V. S. recibir este oficio caminará de acuerdo con el señor Hylliar, ceñido a lo dispuesto en dicho artículo 18. Dios guarde a V. S. muchos años. — L i m a , 1 1 1 8 1 4 . — E l Marques de la Concordia.—Señor vino Gainza.

de E n e r o de

brigadier don Ga-


CAPÍTULO PRISIÓN

V

D E LOS C A R R E R A S I SU E V A S I Ó N

L L A N . — S u PERSECUSION.

REVOLUCIÓN

DE DEL

CHI23

DE J U L I O I J O R N A D A D E MAIPÚ D E 2 6 D E AGOSTO.

Para continuar esta relación conforme al objeto que nos hemos propuesto, es indispensable volver un poco atrás, a efecto de dar noticias de ciertos acontecimientos que empezaron a manifestarse en la ejecución de los tratados, i al fin produjeron lances desastrosos. E n la mañana de) 4 de Marzo de 1 8 1 4 , fueron sorprendidos por una partida enemiga a las órdenes de don Clemente

Lantaño,

don J o s é Miguel i don Luis de Carrera con varios ciudadanos i oficiales que se retiraban para Santiago. El jeneral O ' H i g g i n s supo mui pronto este acontecimiento, pero demoró una hora el dar órdenes para que fuesen ausiliados, i éstas fueron tan lentas que se hicieron completamente inútiles. L o s


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MANUEL JOí-É GANDAR1LLAS

prisioneros fueron conducidos a Chillan i allí recibieron el trato mas duro que puede imajinarse. Una parte de sus equipajes fué saqueada en Penco a pretesto de depositarla en la tesorería jeneral, i la otra fué rematada en Chillan, de orden de Gainza, haciéndoles reservar solamente cinco camisas i una muda de color. L o s vencedores de Y e r b a s Buenas i San Carlos sufrieron en el rigor de una prisión todos los tormentos del hambre i de la desnudez, i cuando debió tratarse de aliviarlos, ya que no hubiese sido por consideración a los destinos que habían desempeñado, a lo menos por cumplir la palabra que les dio el Gobierno que los depuso, la de cuidar de su seguridad en cualquier punto de la República, según manifiesta el documento número 1 2 , se procuró poner en el tratado de Lircai una escepcion espresa al artículo 3 . , en que se estipuló el 0

canje de prisioneros para que fuesen escluidos los Carreras i remitidos a Lima a disposición de Abasca . L a justicia i la imparcialidad nos obligan a decir 1

que O'Higgins

no asintió a esta propuesta de su

compañero i, aunque no fué desaprobada, quedó sin efecto porque no faltó un sujeto i, lo que es mas admirable, que perteneciendo al ejército real, hizo ver a sus autores que con semejante artículo iban a dar un testimonio público de su innoble modo de proceder. Sin embargo, se acordó entre los pleni potencíanos el que quedase convenido privada-


DON BERNARDO O H1GGINS

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mente el no dar libertad a los Carreras hasta no recibir órdenes del Gobierno, i que en el entretanto fuesen remitidos a Valparaíso. Este hecho parecerá increíble, pero por los documentos que copiamos bajo los números 20, 2 1 , 22, 23 i 24, los lectores mas severos para exijír pruebas se convencerán fácilmente que no puede ser absolutamente falso. L a persecución que se hacia a los Carreras era la mas encarnizada que podia esperimentarse i, partiendo de este principio, no debe estrañarse que se hubiesen adoptado cualesquiera medio para esterminarlos. Por el documento número 22 del 9 de Mayo, el jeneral O'Higgins pide al director Lastra órdenes para proceder acerca de la libertad de los Carreras, i dice: "que ha convenido con el jeneral Gainza en que los remita a Valparaíso a disposición del espresado directoni. Por la nota número 23 del

1 3 de Mayo, avisa

Gainza haber dado orden a don Luis Urrejola para poner en libertad a los prisioneros, previniéndole que los Carreras debían embarcarse en Talcahuano para Valparaíso, de lo que debía cuidar,

i al fin

por el conjunto de la correspondencia se verá que ya no se pensaba en salvar la patria, sino en reconciliarse los realistas con los patriotas, i en arruinar a los Carreras. Mas, éstos, o porque traslucieron la intriga o, mas claramente porque no faltó un hombre honrado i sensible que se las descubrie-


8o

MANUEL J O S É GANDARILLAS

se, apuraron sus recursos i empeñaron las pocas relaciones que se habían adquirido durante su prisión, i se pusieron a salvo, teniendo la grandeza de alma de presentarse personalmente al mismo brigadier O'Higgins, el 14 de Mayo. E s t e no los recibió mal, pero no tuvo enerjía para contener la insolencia de algunos oficiales que intentaron insultarlos, i al fin los dejó partir para Santiago el 16 del mismo. A esto alude, seguramente, la condescendencia porque Lastra reconvino a O'Higgins en el documento número 24. Llegsron a l a hacienda de su padre, que lo encontraron

convaleciendo

de una g r a v e enfermedad i a su hermana casi espirando. Sin perder momentos, dieron parte al director Lastra de su llegada, pidiendo un término para presentarse por el estado de desnudez en que se encontraban i no tuvieron mas contestación que la siguiente carta evasiva: "Señor don J o s é

Miguel Carrera. —Santiago,

M a y o 20 de 1 8 1 4 . — M u i señor mió i amigo:—Mil atenciones que me rodean, han dilatado la respuesta al oficio i carta de Ud., fecha de ayer. M e son mui sensibles

los padecimientos i malos ratos de

U d . i en realidad han obligado mi

consideración

que ofrezco a U d . para todo aquello en que no se comprometa la autoridad

que e j e r z o . — B . S. M.

su amigo i servidor.—Francisco de la

Lastra.»

T r a s de ella se apareció a la hacienda de San


DON BERNARDO O'HIGGINS

81

Miguel una partida de fusileros mandada por el oficial don Pablo Vargas, en busca de don J o s é Miguel i don Luis de Carrera, pero como la persecución se habia hecho tan odiosa a las jentes por el modo indecoroso con que se ejecutaba, i porque también no se conocia un mérito efectivo para ella, tuvieron muchos avisos anticipados, mediante los cuales pudieron salvarse en una hacienda vecina. Tan distantes estaban de pensar en revolución, que era el pretesto que se daba para perseguirlos, que con este suceso solo determinaron trasladarse al otro lado de los Andes, i se pusieron en marcha el 23 de Mayo, cinco días después de haber llegado a su casa, sin llevar aun la ropa precisa para atravesar unos caminos tan fragosos en una estación la mas incómoda. E l director supremo supo su partida, i le avisó al jeneral O'Higgins, insinuándole que temia se dirijiesen al ejército de su mando, i éste, para precaverse, hizo publicar en Talca, Curicó i San Fernando, un bando en que

ofrecía

premio al que los delatase o entregase, e imponía castigos a los que

los ocultasen. S e decía en el

bando que trataban de hacer una revolución tan sangrienta, que, horrorizado su propio padre, los habia delatado. L l e g ó uno de los orijinales a manos de este respetable anciano, i trató de publicar un manifiesto contra el impostor; mas el tiempo no se lo permitió. Aunque no presentamos un testimonio TOMO XIV

6


82

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

de este hecho, nos hemos atrevido a publicarlo, seguros de que existen muchas personas que lo presenciaron i que están prontas a apoyarlo en caso que se nos contradiga. L a s nevadas que sobrevinieron no dejaron a los Carreras pasar la cordillera i volvieron a refujiarse a la hacienda de su padre, a donde llegaron el 3 de Junio.

L l e g ó a noticia del director Lastra, i

empezó de nuevo a remitir partidas de jente armada que los aprehendiese i, no pudiendo conseguirlo, se puso en arresto a don Ignacio de Carrera, en su casa sí, pero bajo una fuerte guarnición pagada a su costa, i con un escribiente que apuntase los nombres de las personas que entrasen a visitarlo. La

inquietud i la zozobra reinaban por todas

partes; el ejército se disolvía a gran prisa; nada se hacia por la patria, porque no habia mas ocupación que perseguir a los Carreras. E n este estado

era

imposible que el Gobierno tuviese opinión, ni elementos para establecer el orden que él mismo habia destruido, ni medios para hacerse respetar. L a desorganización

progresaba

en

todos los

ramos,

porque toda la actividad se habia embebido en perseguir a los Carreras.

S e echaba la culpa a éstos

del estado ignominioso a que habia llegado el pais, 1 mui pocos advertían que unos prisioneros recien fugados de Chillan, perseguidos en los momentos


DON BERNARDO o'HIGGINS

83

de llegar al asilo de su casa, i que desesperados intentaron abandonar su patria, carecían de todo recurso para efectuar un trastorno tan

horrible

como el que se observó entonces. ¿A qué Gobierno que obra legalmente pueden unos criminales, como se consideraba entonces a los Carreras, cruzar

su

marcha, reducirlo a una situación tan vergonzosa i tan nula como a la que llegó el de aquel

tiempo?

E s preciso reconocer que si en los Carreras hubo defectos de que no está libre ningún gobernante americano, por parte de sus perseguidores rebozó la injusticia, se presentó la parcialidad con todo descaro, i se procuró apagar el sagrado

fuego del

patriotismo. E n estas circunstancias no era estraño que los Carreras emprendiesen un movimiento revolucio nario, tanto para salvarse a sí mismos, como para satisfacer los deseos de muchos patriotas verdade ros, que no se conformaban con el estado de consunción a que veian reducida su patria. E r a preciso oponer la fuerza a la fuerza i la violencia a la violencia, porque los perseguidores no disminuían su saña, i los perseguidos tenían derecho para resistir sus furores. E n una causa en que uno se empeña en destruir a otro, i éste procura salvarse, parece muí natural que la razón se incline ;-! favor del último. Seguramente, don Luis Carrera había venido a


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

Santiago con el objeto de ejecutar algunas disposiciones de su hermano, conducentes a la revolución que se efectuó i de que hablaremos después. Bien fuese por la vijilancia que habia sobre ellos; o por algún descuido que éste ttivo, lo cierto es que fué sorprendido en la noche del 9 de Julio i conducido preso a un cuartel. Inmediatamente se nombró una comisión (usanza acostumbrada desde el principio de la revolución don Bernardo

hasta la ¿poca gloriosa

O'Higgins)

de

que le formase causa,

compuesta de los señores don Juan de Dios Vial del Rio, don Lorenzo J o s é de Villalon i doctordon J o s é Silvestre Lazo. Antes que estos señores hubiesen podido avanzar sus trabajos, empezaron las maquinaciones para vestir el proceso. L é a s e la carta que copiamos íntegra, i con ella la

admiración

que deben haber causado los hechos que hemos referido anteriormente, subirá de punto. Santiago, Julio 1 1 de 1 8 1 4 . — M i amado jeneral: se me acaba de avisar que un propio va a salir para el ejército con la plausible noticia de hallarse ya el ejército de Buenos Aires en Montevideo, i con la prisión de Luis Carrera que se verificó la noche del 9 en esta capital, a la que vino con su hermano J o s é Miguel con la conspiración ya fraguada de destruir el Estado. L a causa de toda esa execrable familia se va a principiar: el Gobierno ha pedido mi informe, i creo que con esta fecha pide el de


DON BERNARDO o'HIGGINS

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Ud.; yo espondré un catálogo de crímenes desconocidos en los países civilizados i detallaré toda la serie de sus iniquidades; es preciso que U d . haga lo mismo cargando la mano en los últimos atentados de Concepción, de que resultó casi la total destrucción del ejército i la victoria de los enemigos. Como mucha parte del pueblo no está impuesta de las infames intrigas que impidieron o entorpecieron la salida de U d . de Concepción, cree que si los Carreras estaban en el mando, los enemigos no hubieran pasado el Maule: así el honor de U d . i el mió están interesados que salga a luz la directa sublevación de los Carreras contra el gobierno de Concepción

i todo lo demás de sus intrigas

sostenerse en

el mando i destruir el

para

Estado.

Desde la separación del indecente gallego, L a s tra está distinto i parece que está penetrado que solo debe unirse con los hombres de bien i verdaderos patriotas, que solo desean la tranquilidad del gobierno i felicidad del Estado. N o hai mas novedad que las referidas; ahora mismo voi a las cajas i al Gobierno a ver i suplicar que a toda costa se le remitan a U d . por ahora $ 30,000.

Adiós

mi amado jeneral: ¿cuándo tendré el gusto de ver a Ud. por acá?

Este su apasionado amigo i paisa-

n o. — / u a n Mackenna, n Por este documento se verá que su mismo autor dice que va a principiarse la causa contra la exe-


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

crablefamilia,

i asegura que y a se le ha pedido

informe i que cree se le pedirá el misino a su corresponsal a quien le aconseja cargue la mano. Cuando el hombre justo acusa al verdadero criminal, observa hasta en el lenguaje una cierta nobleza que, por sí misma, indica que procede en el c o n flicto de llenar los deberes de la rectitud í satisfacer los sentimientos de la compasión; mas, el tono de la antecedente carta es un testimonio positivo de la maquinación que se tramó, porque, si eran ciertos los crímenes de los Carreras, debió el Gobierno dejar obrar libremente a la comisión nombrada, i no pedir anticipadamente un informe que previniese su juicio, i el informante usar de la moderación que inspira la justicia. L a falta de ésta se comprueba con la recapitulación del informe que espidió el 20 de Julio, reducida a los siguientes puntos: 7.

la insubordinación

0

superioridad;

2.

de la pública

seguridad,

lejüimas jente

0

reconocen

el ser revolucionarios,

autoridades

mala,

i que no

alentadores

i conspiradores

del Estado;

sediciosa i viciosa;

contra

las

j>.° abrigadores

de

4.

0

que no conocen

otra lei que la de su antojo i que solo propenden una aristocracia para

tan contraria

su prosperidad;

e intrigas,

¿.°]qtie su jénio,

nunca concillarán

respetable nuestra

a nuestro sus

la unión para

a

sistema modales, hacer

opinión.

E n estos cinco puntos, en que el enemigo mas


DON BERNARDO o'HIGGINS

87

formidable de los Carreras desahoga todo su odiosidad, está demostrada la injusticia de la persecución, i la futilidad de las acusaciones con que se formó entonces tanto bullicio, i que hasta ahora sirve para remover sus cenizas, honradas justamente por la nación chilena. E l

i.

e r

punto es una frase

vaga, insustancial.que puede aplicarse a cualquiera soldado i que seguramente fué dictada por el orgullo de las canas ofendidas por una intrepidez juvenil; el 2 . es un argumento que justamente se puede 0

hacer contra los mismos que forjaron la formación de causa, porque ellos derrocaron la junta de gobierno para establecer el directorio que decretó la persecusion de los Carreras; el 3 . parece inven0

tado para llenar el lugar que ocupa, porque en todos los ejércitos del mundo hai de toda clase de jente, i esto no debía ignorarlo un militarviejocomo el informante; el 4 .

0

es una contradicción del que

firmó los tratados de Lircai, porque después de este paso su sistema no podía ser opuesto a la aristocracia, i el 5. es quizás el único que dice algo de 0

verdad, porque efectivamente, el jénie i modales de los Carreras no dejarían jamas subsistir una unión que hiciera respetable la opinión realista que el informante acreditó en las capitulaciones. Quizá en otra ocasión tengamos oportunidad para hablar mas extensamente de esta célebre causa, i volvamos a la relación.


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

D e resultas del proceso que la comisión formó a don Luis Carrera, se fijaron edictos citando i emplazando a don J o s é Miguel, su hermano, para que compareciese en el término de tres dias a responder a los cargos que habia que formarle.

Mas, la

revolución estaba mui avanzaba, pues a las

14

horas en que apareció en la plaza don J o s é Miguel con unos cuantos ciudadanos i oficiales, a los que se agregaron las pocas tropas que habia de guarnición, entre las que se encontraba el batallón de voluntarios que habia custodiado a don Luis en el calabozo en que estaba arrestado i se puso a sus órdenes por una insinuación muí pequeña. Por este suceso puede inferirse la opinión que gozaba el Gobierno entre los soldados i la mayor parte de los oficiales, 1 el convencimiento público que habia de los crímenes porque se perseguía a los Carreras.

Los

hechos notorios hablan i persuaden mas que un raciocinio rectamente formado. F u é depuesto el Director Supremo el 23 de J u lio i se subrogó en su lugar una junta compuesta del brigadier don J o s é Miguel Carrera, de don Manuel Muñoz Urzúa i de don Julián Uribe. Este Gobierno no encontró mas elementos con que empezar sus nuevas operaciones, que 600 hombres de todas armas, 200 fusiles i $ 1,000 en las arcas públicas. E n el mismo estado, poco mas o menos, se hallaba el ejército del S u r encargado al brigadier


DON BERNARDO O'HIGGINS

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O'Higgins, según lo manifiesta la nota que dirijió al director Lastra, el 26 del mismo mes, sin saber todavía el trastorno que habia sucedido en Santiago, (documento núm, 25). Por ella vino el Gobierno en conocimiento de que Gainza procedía de mala fé, que O'Higgins lo sabia, i trató de prepararse para una nueva guerra. Mas, la discordia habia echado tan profundas raices, que sofocó los sagrados derechos de. la patria, sopló el fuego devorador de la ambición, e hizo que no se pensase mas que en venganzas. E l Gobierno intentó apagar el incendio i convertir los ánimos a la defensa común i, con este fin, comisionó a don Diego Bena vente para que condujese pliegos

a los jenerales

O'Higgins

i

Gainza; a éste para que elijiese entre la pronta evacuación del pais o la mas sangrienta guerra; i a aquél ofreciéndole refuerzos para empezar las hostilidades en el caso que Gainza no se retirase inmediatamente.

El

brigadier

Carrera dirijió a

O'Higgins una carta privada en que le ofrecía su unión i amistad, i le invitaba a seguir trabajando por la causa pública; (documento núm. 26). Pero esto fué en vano, porque entregados los pliegos a O'Higgins por Benavente se formó una junta de guerra de todos los jefes i capitanes del ejército, i en ella se determinó no reconocer al Gobierno í se obligó a Benavente por la fuerza a entregar las comunicaciones que llevaba para Gainza. S e le dijo


90

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

que podia volverse libremente, pero, al tiempo de salir, se le presentó un oficial a intimarle orden de arresto i lo puso en un cuarto de la casa de O'Higgins con centinela de vista, porque se temió que en algún cuartel pudiese causar a'borotos. E n la tarde del 29 de Julio hubo en Talca otra junta de guerra en que se determinó que el ejército se pusiese en marcha para Santiago, como se verificó i, deseando el Gobierno contenerlo, citó al pueblo a su sala para acordar un medio que pudiese evitar la efusión de sangre; i aunque jeneralmente se convinieron los ciudadanos en que se nombrase una comisión que fuera a manifestar al jeneral el estado del pais i que reuniese sus pocas fuerzas contra el enemigo común, se dividieron acerca de las personas que debían componerla. Unos querían que fuesen don Juan J o s é Echeverría i don Silvestre Lazo, i otros don Antonio Hermida i don A m brosio Rodríguez. Para evitar confusiones se dispuso que se formasen dos suscriciones que mostrasen la mayoría de los sufrajios;i resultando mayor la que se hizo por los segundos, se pusieron inmediatamente en camino. D e b e advertirse que las actas de estas suscriciones se hicieron una en el Gobierno i otra en el Cabildo: en étta votaron por los señores Echeverría i Lazo, quienes mandaron una copia al jeneral O ' H i g g i n s para que acelerase sus marchas sobre Santiago i, por esto, al presen-


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társeles los diputados Hermida i Rodríguez en R a n cagua, los recibió malamente i solo les franqueó audiencia como a simples particulares, dándoles por toda respuesta a su comisión que el Gobierno debia rendirse a sus órdenes o morir. N o siendo posible contenerlo, ni aun reducirlo a una capitulación honrosa que salvase a la patria de los nuevos i grandes peligros que la amenazaban, fué preciso esperarle con fuerza armada. El tenia a su disposi cion !a mayor parte del ejército i seguramente esta circunstancia le infundió la perjudicial tenacidad con que se resistió a transijir unas desavenencias de que después fué víctima el pais entero. N o le fué bastante, para desconfiar del éxito de la batalla, el recelo que tenia de la gran guardia, batallón

de

granaderos i parte de la artillería que tuvo precia íion de dejar en Rancagua, porque estaba cierto de que no habían de entrar en pelea con tropas mandadas por los Carreras, i se avanzó con solo una división que, aunque mayor en número que la que se le opuso, fué destrozada en la tarde del 26 de Agosto, quedando en el campo de Maipú mas de 400 prisioneros, entre ellos 1 3 oficiales, 400 fusiles, 2 piezas de artillería, 37 heridos, 26 muertos i todos los equipajes. E s t e desastre indecoroso para el pais habría sido disimulable, si sus consecuencias no hubiesen sido el total esterminio de la patria. ¡Cuánto se equivocaron los que creyeron ver en él


9

2

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

el término de los males públicos, porque se figuraron que ya se habían satisfecho las venganzas i disipado las disensiones!... M a s adelante diremos cuan diversas fueron las resultas. DOCUMENTOS NÚM.

20

Amigo i señor: vamos a hablar i entendernos privadamente para que todo se allane. A Pinuer lo distingue alguna actividad sobre lo demás i por el destino que ha servido tiempo há de mayor jeneral, es mas capaz que todos los demás sin escepcion para mover esta máquina en su viaje harto penoso. Montoya tiene sobre sí todo el cargo i cuentas embrolladas de su cuerpo desde que salió de Chiloé i por su bondad también sus chilotes le oyen, etc., ambos seria mui perjudicial que se detuviesen por razón de rehenes, así espero que francamente se contente U d . i el buen Mackenna, a quien dirijo la misma esposicion, con Lantaño, Hurtado, Oíate, Vargas i Díaz; dígame U d . confidencialmente quién de los dichos le acomoda: pero esceptúeme aquellos dos i aquí no hai otros de la clase de coronel. Compadézcame U d . del viaje ya que conoce todo lo que me anunció en su apreciable i mande a su amigo i servidor que sus M . B . — T a l c a , 7 de M a y o de 1 8 1 4 . — Gavino

Gainza.—Se-

ñor don Bernardo O'Higgins. CONTESTACIÓN A m i g o i tenor: quedo lleno de gusto cuando considero que hemos sido los autores del mayor de los bienes que acabamos de sancionar en beneficio de la humanidad i del pacífico reino de Chile. N o perderé de vista cuanto esté a mis alcances para facilitar la empresa. Estoi tan satisfecho de su buena fé que dejo a su elección el elejir los rehenes que U d . me relaciona. Igual-


DON BERNARDO o'HIGGINS

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mente estarán prontos los bueyes, muías i los hombres montados que solicita para repasar con prontitud el Maule, sirviéndose usted avisarme luego que

fuese tiempo. Siento las inco-

modidades que se le preparan, pero aun el tiempo se conserva regular. Celebraré se conserve U d . bueno i disponga con toda confianza de su servidor que sus M . B . — L i r c a i , M a y o 7 de 1 8 1 4 . —Bernardo

O' Hi%gins. - Señor don Gavino Gainza. NÚM. 2 1

Reservada.—-Señor

don Bernardo

O'Higgins.—Estimado

amigo: a pesar nuestro, en Chile hai varios jénios díscolos que, por no aventurar la justicia, ha sido p r e c i o sufrirlos, aun esponiéndonos a males incalculables. Según se dice, tienen parte en cuantos movimientos se anuncian i éstos no cesan. Los maestros primeros de esta gran doctrina son los de aquella familia devoradora que U d . conoce mui de cerca: de ellos el que vino a ésta dio bastante que hacer: los dos que quedan en Chillan son mas cavilosos i deben estar con las entrañas mui quemadas: si pisan nuestro suelo es indudable que no solo volveremos a las antiguas, sino que nos haremos de peor condición i seremos víctimas de su furor: estamos en tiempo de poner remedio i no debemos escusarlo por miramientos o consideraciones que deben desestimarse por la salud pública. U d . es en todo presencial testigo, i como tal cortará este cáncer a que antes menos prevenido pudo ocurrir con tanta oportunidad. E n verá lo que parezca mas conveniente.

Tenga U d .

fin,

Ud.

paciencia

que se acerca el iris de paz que ha de tranquilizarnos. Dios, etc., B . S. M . de U d . su afectísimo amigo S. S . — S a n tiago, Mayo 9 de 1 8 1 4 . — F r a n c i s c o de la

Lastra.

NÚM. 22

Entre los tratados celebrados con el jeneral Gainza se acordó que los prisioneros de una i otra parte debían restituirse a sus destinos; entre los nuestros se hallan los caballeros Carreras


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

que también deben

ser comprendidos i para éstos he tratado

con el espresado jeneral Gainza, sean conducidos al puerto de Valparaíso a dísposic ion de V. E . debiendo costearse su trasporte de cuenta del Estado. V . E . podrá ordenarme en este particular lo que mejor convenga a la mayor seguridad del reino, diciéndome lo mas que debo obrar en este particular, para hacer a dicho señor Gainza las prevenciones que V. E . tenga a bien dictarme. Por mi parte, ninguna otra cosa puedo determinar con respecto a carecer de las instrucciones de V . E . ; i para que yo pueda en todo tiempo quedar a cubierto i el pais libre de recelos, deseo se tomen en tiempo oportuno las medidas de seguridad que parezcan justas i sean del agrado de V. E . Dios, etc.—Talca, Mayo 9 de 1 8 1 4 . — Bernardo

O'Higgins.

— E x c m o . Supremo Director del Estado de Chile. PRISIONEROS A QUE SE R E F I E R E LA NOTA ANTERIOR

Señores: Estanislao Portales, Luis Carrera, Manuel Serrano, Pedro Trujillo, Esteban Manzano, J o s é Rivera, Servando Jordán, Paulino Cisternas, Dionisio Soto, Enrique Lasale, Lúeas Meló, J u d a s Contreras, J o s é del Carmen Almanche, Francisco Campos, Cecilio R a m o s , J o s é Miguel Carrera, Joaquín Aguirre i Domingo Mujica. N Ú M . 23

Celoso de cumplir exacta i relijiosamenie,'en cuanto alcance, nuestro convenio o tratados, dirijí prontamente la orden para poner en libertad los prisioneros de Concepción i Chillan, previniendo al comandante de este segundo punto, que lo es don Luis Urrejola, que los Carreras debían embarcarse en Talca huano para Valparaíso, de lo que debía cuidar. Ahora que son las 9 de la noche, recibo carta de dicho Urrejola, dándome parte de que, habiéndole pedido licencia dichos Carreras para hacer una visita a la señora intendenta, se las concedió bajo palabra de honor; pero a las 1 0 de la noche (ayer) le dieron parte de que se habian escapado, después de haberlo dicho o


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

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pedido permiso para ocurrir a mí en solicitud de licencia para efectuar su viaje por tierra a Santiago. Avisólo a V . E . sin pérdida de instante para su noticia i gobierno. Dios, etc.—Trancas, 1 3 de Mayo de 1 8 1 4 . —Gavino —Señor jeneral don Bernardo O'Higgins.

Gainza.

Acompañaba a este oficio laesqicela cuya copia sigue:—Mi amigo: H e sentido infinito ese incidente desagradable. ¿Pero a dónde irán que no se les eche mano? A buena jente se iban con palabra de honor. Ai amigo ¡qué trabajos i cuánto majadero! Voi hecho un pregonero a favor de la buena fé, i ojalá que U d . dijese algo con una proclama a los pueblos. Y o mismo la publicaría i sostendría de cuantos modos fuese posible. De Ud.—Gainza. N Ü M . 24

R e s e r v a d o . — H a salvado V. E . la patria por su valor i enerjía, i ha consumado tan heroica obra, proporcionándola la paz que disfrutamos; pero al mismo tiempo olvidado de los enemigos de ésta i sus crueles tiros, teniendo a la vista su conducta anterior i mis repetidas prevenciones para no concederles paso a la capital, permite V . E . su venida a los que con ella solo tratan de envolverla en horror i sangre. H a sido este paso el mas doloroso para un pueblo que recien comenzaba a disfrutar los deliciosos frutos de la paz, i queda en una fermentación cuyo resultado no es fácil atinar, pudiendo haber evitado tales compromisos la mano de la providencia que a V , E . se le habia comunicado. E n lo sucesivo, es preciso que V . E . abandonando esa parte de bondad que es característica, sostenga con entereza las determinaciones del Gobierno que todas son dirijidas * la conservación de las glorias que V. E . le ha adquirido. Dios, etc.—Santiago, 18 de Mayo de 1 8 1 4 . — Francisco de la Lastra,—Excmo. señor jeneral en jefe.


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N Ú M . 25

E x c m o . señor: E l dia de esta fecha ha llegado a esta ciudad el licenciado don Miguel Zañartu; mañana entrará el cura don Isidro Pineda; por la correspondencia que estos señores han tenido con el jeneral Gainza i que acompaño en testimonio, quedaiá V. E . cierto hasta la evidencia que los recelos que desde el principio tuvimos de la poca fé de dicho jeneral, se hallan hoi realizados a pretestos fiítiles, ridículos i despreciables, queriendo solo ganar tiempo para saber del virei de Lima, si ha de dar cumplimiento a los tratados, o si ha de seguir en el propósito de la desolación del reino único objeto de estos tiranos insaciables de la envidia de los virtuosos americanos: V. E. verá cuan claramente solo espongo en contestación al oficio de anoche que separadamente he recibido de Gainza, i que

acompaño

igualmente en testimonio: desentendiéndome de la llegada de Zañartu por esperar la de Pineda que trae un oficio de aquel jeneral que contestaré igualmente tan claro como deseo, i de todo noticiaré a V . E . inmediatamente. Con lo dicho, solo habría un suficiente motivo para que V. E . inmediatamente hiciese la formal declaración de guerra; pero aun hai mas que, como aquel jeneral ha tenido siempre dobles intenciones, ha procurado en tiempo hacer cuantas hostilidades le ha dictado su tiranía en perjuicio de los patriotas de la provincia que ocupa: la casa de Mendiburu ha sido obligada por este pirata a contribuir con $ 10,000, la de Benaventecon $ 5,000, i así sucesivamente hasta que haya dejado los campos sin ganado, i sus habitantes sin socorro alguno de la mantención necesaria para sus familias, pues, a pretesto de las necesidades de su ejército, ha hecho un saqueo jeneral; con el que es de inferirse quiere sostener la guerra, o cuando menos aprovecharse de todo como buen ministro del señor i rei de L i m a ; i supuesto, pues, que ya Chile en línea de condescendiente toca los límites de humillación indecorosa que le denigrará a la presencia de los pueblos


DON EERNARDO o'HIGGINS

97

que sostienen i han sostenido a toda costa su libertad sagrada, es de necesidad, es preciso i no hai ctro medio sino que V. E . , a la posible brevedad, haga que se acopie en cajas públicas de esa ciudad hasta medio millón de pesos, exhibidos los infinitos enemigos de nuestra causa, a quien inmediatamente se les deberá poner en la mas estrecha captura, hasta consumirlos i esterminarlos al todo, pues es el único medio de que la patria se salve; yo al par el dia de hoi, i por medida de precaución, le echaré mano a cuanto en esta ciudad sé, i me consta deben pagar con sus bienes i la vida, las perfidias i traiciones que han fomentado i fomentan contra su suelo, contra la humanidad i contra la quietud pública. Defendido asf, Señor E x c m o . , i tomando V. E . inmediatamente las mas serias providencias para surtir al ejército de armeros, cureñas, obuses, fusiles, i cuantos útiles de guerra sean en abundancia bastantes para una guerra decisiva; con el apresto de cuantas tropas hai en esa capital para que caminen a primera noticia mia, afirme desde ahora V. E . , que yo lo hago con mi vida; que no solo haremos cumplir a Gainza con lo estipulado, sino que obligándole cuando menos a dejar el armamento, i sin necesidad de mandar mártires a Lima, daremos mui en breve un ejemplo al mundo, i recojeremos todas las glorias, que habíamos sacrificado a las aras de la humanidad, con asombro eterno de los tiranos del mundo i bajo el presupuesto que las naciones cultas con

la Inglaterra bendecirán las huestes de

Chile que así saben hacer respetar el orden sagrado de los pactos. No es hora ya, E x c m o . Señor, de trepidar un momento en esta materia, ni V. E . crea en protestas, simulaciones i cuantos mas arbitrios quieran dictar los tiranos de esta capital. Tenga V. E . entendido, que aquellos son la causa de todo, i que cuantos males se les irrogue en sus bienes i personas, sin respetar casados, ni solteros, son otros tantos grados de honor i gloria, que adquirirá Chile en su sistema, i obligará a las jeneraciones posteriores a bendecir con alegría las sabias manos que fabricaron el firme edificio de su felicidad. TOMO xiv

7


MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

Bien sabe V . E . que nuestros mayores apuros en la guerra pasada, han sido solo por defecto de fusiles; i suponiendo en el dia, que a nuestros hermanos los de Buenos Aires les sobra demasiadamente armamento de toda clase, soi de parecer que V . E . inmediatamente le haga un espreso a aquel E x c m o . D i rector, significándole la falta que tenemos de este armamento, i los motivos que nos obligan a ponernos a cubierto de las insidias de nuestros tiranos de nuestros sagrados derechos, con cuyas razones i la interesencia formal que aquel Estado tiene en la conservación del nuestro, no dudo que rápidamente nos socorrerá con 2,000 fusiles, que contemplo mui bastantes para doblados enemigos que se opongan a la frente; asegurando a V . E . que pondré en esta ciudad tantos soldados de línea, cuantos fusiles sean lo que se me remitan. Nuestro Señor guarde a V. E . muchos años.—Talca, Julio 26 de 1 8 1 4 . — E x c m o . señor.—Bernardo G'Higgins.—Excmo.

Su-

premo Director del Estado chileno.

NÚM.

26

Señor don Bernardo O ' H i g g i n s . — M i amigo: N o sé si pueda aun hablar a U d . con este lenguaje, lo fui verdadero i no disto de serlo a pesar de los pesares. N o sé si es U d . o yo el loco i desnaturalizado chileno que quiere envolver la patria en sus ruinas: lo cierto es que no procederé, i que U d . no debe proceder sin que antes nos estrechemos e indaguemos i •. vcnjad. E n manos de U d . i mias está la salvación i destrucción de

1.000,000 de habitantes que tanto he trabajado por su

libertad. Maldecido sea de Dios i de los hombres el que quiera hacer infructuosos tantos sacrificios i trabajos. Salvemos a Chile o seamos odiados eternamente. Respiro honor i los mejores sentimientos hacia mis conciudadanos. E l mayor jeneral don F r a n cisco Calderón dirá a U d . cuál es mi justicia i mis ideas que no espreso, porque Ud., obligado de cuatro locos, me quita el tiem-


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

99

po que empleaba con ventaja jeneral. Créame U d . su amigo; mi buena intención no se atribuya a debilidad i mande U d . a quien en otro tiempo se tituló su constante i fiel amigo.—José Migue/ de Carrera.


CAPÍTULO

VI

INTIMACIÓN D E O S O R I O . — R E C O N C I L I A C I Ó N O'HIGGINS

DE

CON C A R R E R A . — B A T A L L A D E RANCAGUA

Mientras el jeneral O'Higgins marchaba con el ejército de su mando a atacar al Gobierno establecido en Santiago, los pueblos de la República reconocían la autoridad de éste por medio de actas solemnes (documento núm. 27) i el jeneral Osorio, que habia desembarcado en Talcahuano con un respetable cuerpo de tropas, venia tras de él, como si le hubiese mandado a cargo de la vanguardia del ejército que habia de sojuzgar a Chile. Cualquiera que observe que si O'Higgins no se mueve de Talca, reconoce al Gobierno desde aquel punto, ahorra a los hombres que sa:rificó e hizo sacrificar en Maipo, i recibe los recursos que hizo preparar


102

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

contra sí, para emplearlos contra el enemigo común, no dejará de confesar que la derrota que las armas de la patria sufrieron en Rancagua

(prescindimos

por ahora de las operaciones de estratejia de que daremos después una lijera idea) fué debida esclusivamente a su conducta facciosa. E l ejército que tenia a su cargo, auxiliado por el que se preparó para derrotarle en Maipo, i por el que se aumentó para recibir a Osorio en Rancagua ¿qué no podría haber hecho a las orillas del Maule, posición ventajosísima, i que contaba ademas con los recursos de la valiente provincia de Colchagua, que dejó entregada al enemigo?

Solo la distancia de 8o

leguas de Santiago alcanzaba a ponernos a cubierta de cualquier contraste que se hubiese sufrido, porque el patriotismo de los colchagüinos, puesto en movimiento por la acción del Gobierno, habria servido de muro contra el ejército español, como el de sus antecesores los Promaucaes lo fué contra las lejiones del Inca del Perú, i después embarazó la marcha de los primeros conquistadores. Pero seguramente el fanatismo de partido hizo olvidar los deberes para con la patria, i quizá no sin razón se aseguró entonces que habia una especie de combinación entre Osorio i O ' H i g g i n s para atacar reunidos al ejército de Santiago. E l 27 de Agosto, al siguiente de la acción, se presentó el capitán don Antonio Pasquel, emisario de Osorio, con un pliego


DON BERNARDO o'HIGGINS

IOJ

en que hacia al Gobierno una insolente intimación de la que dejó a O'Higgins una copia, (documento núm. 23). Cuando se quisiera desmentir este hecho i atribuir a O ' H i g g i n s una completa ignorancia de la intimación, nadie haría caso de ella al saber positivamente que habiendo pasado el enunciado Pasquel por su ejército debió, precisamente, informarle del objeto de su comisión. Antes se había asegurado que en San Fernando habia tenido noticia del desembarco de Osorio en Talcahuano, i sin embargo continuó sus marchas sin cuidar del enemigo común que le seguía las pisadas. Sea lo que fuere, inmediatamente que llegó la intimación a la Junta de Gobierno, se le hizo saber al jeneral O'Higgins creyendo que a lo menos echase un velo a sus rencores i volviese las armas contra el enemigo. Fortificó esta idea la aparición de don E s tanislao Portales, conductor de un pliego suyo en que clamaba por la unión i pedia que solo se pensase en destruir al enemigo. S e le contestó accediendo a sus peticiones; mas, a la vuelta del intercesor formó una junta de guerra para consultar las proposiciones que se le hacían, i de ella resultó que, sin acordarse de que Osorio venia marchando, pidiese que el ejército que le habia vencido, que habia aumentado su fuerza c o i sus prisioneros i que cada día progresaba mas, se destruyese por sí mismo. E l documento número 29 dará mejor idea


104

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

de esta pretensión singular. E n circunstancias en que era necesario reunir todos los esfuerzos para salvar el pais, pedia nada menos que se celebrasen elecciones populares para variar el Gobierno, i a tan loca pretensión la junta no hizo mas que responder con una proclama al ejército, que se copia en el número 30. S e habían reunido a O ' H i g g i n s l a s tropas que dijimos antes habia dejado en Rancagua por recelos; i contaba después con ellas para un segundo ataque, olvidando que la fuerza que le habia derrotado el 26, se hallaba reforzada con 400 de sus prisioneros i 200 veteranos de varios dispersos que se habían reunido voluntariamente. E s t e segundo ataque pudo felizmente contenerse por la intervención de un relijioso que pasó a su campo a catequizarle, que seguramente no perdió el tiempo, porque, de resultas de su conferencia, tuvo una entrevista con el jeneral Carrera en los callejones de T a n g o , el 2 de Setiembre, a las once del día, en la cual se reconciliaron, i al día siguiente entró O'Higgins a Santiago con toda su comitiva i se alojó en casa de Carrera. Allí permaneció hasta el dia 5 en que partió a su división, después de haber recibido todos los agasajos i favores que solo pueden esperarse de la amistad mas sincera.

Esto

se comprueba con el documento número 30. Carrera trabajó cuanto le fué posible para formar un ejército con que resistir la nueva invasión. El


DON BERNARDO o'HIGGINS

IO5

8 de Setiembre presentó O'Higgins un estado de su fuerza, que apenas llegó a 897 hombres, con 697 fusiles, de los que solo se encontraron 300 de servicio; i el 27 del mismo se reunió un ejército de 4,122 hombres en tres divisiones. S e dijo entonces que O'Higgins habia salido de Talca con

2,000

hombres, i él mismo aseguró a Carrera, en la conferencia que tuvo en los callejones de T a n g o , que contaba con 1,500 fusiles útiles; mas, la disminución de la fuerza puede combinarse mui bien con la deserción que sufrió, i la de las armas con un engaño que quiso hacer. L a primera se comprueba por el rápido aumento que tuvo el ejército de los Carreras que lo derrotó en Maipú, i el segundo por el documento número 25, copiado en el número anterior, en que instó porque se solicitasen fusiles del Gobierno de Buenos Aires. Mas, estos pormenores que podríamos estender mucho, solo conducen a calificar las ningunas disposiciones del Gran Mariscal del Perú para dirijir la guerra. Y a para este objeto creemos haber hablado bastante, presentándole desde el momento en que tomó el mando del ejército, sin ganar una sola batalla, perdiendo el territorio de la República palmo a palmo, dejan dolo abandonado a las armas enemigas i concluir ensangrentando la guerra de partidos en los arrabales de Santiago. L o que va a figurar después como jefe en la batalla de Rancagua es debido a


106

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

esa amistad, así como el desastre de aquella jornada fué consecuencia esclusiva de su anterior conducta, i resultado preciso de las malas disposiciones que tomó en ella. L a mejor descripción que podemos hacer de este suceso, que algunos han elevado a la clase de problema, esestractar las relacionesdetresoficialesque lo presenciaron i observaron en diferentes puntos. i.

a

» E n la noche del 30 de Setiembre llegó a

Rancagua el coronel don J o s é Samaniego en circunstancias que O ' H i g g i n s recibía la intimación de Osorio, i le oyó decir iba a tomar todas las disposiciones posibles i prepararse para el ataque que esperaba al dia siguiente. Al

mismo tiempo el

capitán don Rafael Anguita que con una gran guardia cubria uno de los pasos del Cachapoal, le dio parte de que el vado de Cortes se hallaba desamparado, i le contestó de palabra que mandase guarnecerlo con seis hombres. E l coronel Samaniego le advirtió entonces que seria conveniente dar la orden por escrito para evitar equivocaciones i no proporcionar disculpas. Accedió a ello el jeneral O'Higgins

i se retiró Samaniego. Volvió éste al

amanecer i se llenó de espanto al encontrar a todos durmiendo. S e entró al cuarto de los ayudantes, 1 reconviniéndolos por el sosiego que guardaban en aquellos momentos, el teniente coronel don Venancio Escanilla, ayudante de O'Higgins, le contestó


DON BERNARDO o'HIGGINS

I07

que, como su jefe no habia hecho prevención ninguna, creía que no hubiese novedad, por lo que él también se iba a dormir. N o hallando Samaniego con quién hablar, se volvió a su casa i apenas se habia desmontado del caballo cuando oyó

tocar

jenerala. Corre a la plaza, en donde encuentra a O'Higgins que le encarga avise al jeneral Carrera que el enemigo habia pasado el rio, i que él iba a recibirle con su división, i que ya habia dado parte al jefe de la segunda que se hallaba una legua distante de la plaza, en la hacienda de Valenzuela, para que acudiese a auxiliarle. Samaniego reprobó a O'Higgins

la salida i, no pudiendo

conseguir

nada, se dirijió a buscar a Carrera a quien halló a dos leguas distante de Rancagua a la cabeza de la tercera división.n Según esto, O'Higgins es culpable por haber mirado con abandono el paso de Cortes, i por no haber tomado en la noche todas las precauciones que exijian las noticias positivas que tenia de la posición del enemigo. ¿A qué militar de mediano talento le ocurre echarse a dormir en los momentos que sabe se intenta atacarle ¡ sorprenderle, i no poner en movimiento las tropas de su mando, ni aun siquiera cubrir con guardias respetables los pasos del rio que le separa del enemigo? N o habría doce cuadras de distancia entre las avanzadas de uno i otro ejército, i con este conocimiento de que


108

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

no carecía O'Higgins, no se sabe cómo disculparle de su grave i trascendental omisión. 112.

E l i.° de Octubre en la mañana llamó el

a

comandante jeneral don Juan J o s é Carrera al comandante de la artillería de la segunda división don Eujenio Cabrera i le mandó prepararse para marchar en ausilio del jeneral O'Higgins, porque el enemigo habia pasado el río. S e cumplió la orden al instante i, en pecas horas, cubrió la segunda división la plaza de Rancagua que encontró sola porque O'Higgins habia salido en busca del enemigo, sin que nadie supiese la posición que ocupaba. Volvió O'Higgins, se encerró en la plaza i se hizo fuego hasta que Cabrera recibió la orden de retirarse, después de haber perdido en defensa de una trinchera la mayor parte de sus valientes soldados. N o se le dio orden ninguna en todo este tiempo, hasta que conociendo que era infructuoso

hacer

perecer jente en aquella posición, dio aviso al jeneral para que tomase alguna disposición, que si la hubo, no llegó a su noticia. '13.

a

E n la noche del 30 de Setiembre dio parte

el capitán don Rafael

Anguita, destacado con 50

hombres a guardar un paso del rio, por medio de su subalterno don Gaspar Salamanca, de que el enemigo se habia acercado con toda su fuerza i artillería. O'Higgins le contestó que si lo tenia por conveniente se reuniera con el capitán don Ramón


DON

BERNARDO

o'HIGGINS

IOCJ

Freiré para contenerlo i que diera parte de lo que ocurriese. Anguita se retiró a una altura inmedia* ta dejando en el vado 6 milicianos de guardia. E l enemigo sorprendió este corto piquete i pasó el rio sin ser sentido. A las 6 de la mañana del i.° de Octubre se tocó jenerala, i O'Higgins salió a oponerse al enemigo con los ausiüares, dragones i el Tejimiento de milicias de caballería de Aconcagua: le encontró en los potreros de Sotomayor a 1 2 cuadras de distancia i, después de un corto tiroteo, se volvió a la plaza en donde se reunió con la segunda división. N o tardó mucho el enemigo en circular la plaza, a la que no pudo penetrar el Tejimiento de caballería de Aconcagua que custodiaba la retaguardia en la retirada de O'Higgins, porque nuestras tropas le hacían fuego por delante creyéndolo de los enemigos, i aquéllos por la espalda, de cuyas resultas tuvo que dispersarse precipitadamente. E n la retirada de las 1 2 cuadras que hizo O'Higgins, hubo tal desorden

que el

enemigo

desde entonces debió pronosticar con seguridad el triunfo que iba a obtener, por el gran número de fuerza que destruyó en aquel corto espacio. F u é vivísimo el ataque contrario; pero se le sostuvo con todo esfuerzo i valentía. E n la mañana del 2 se acercó la tercera división, i no haciendo ningún movimiento las tropas de la plaza, i cargando el enemigo todas las suyas sobre aquélla, tuvo que


110

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

retirarse. A las 4 de la tarde salió un trozo de caballería como de 1 5 0 hombres que se creyó seria con el objeto de atacar el enemigo, pero habiéndose sabido que eran los dragones que acompañaban a los jefes que huían, dejando la infantería entregada al fuego, cada uno escapó por donde pudo. A l cuarto de hora se hizo dueño el enemigo de una plaza que, con una disposición regular de parte del jefe, habría sido invencible.!. Estos tres trozos harán entender al doctor Ascencio la superchería con que se le ha burlado, haciéndole escribir que Rancagua se perdió porque el enemigo sorprendió el paso del río que custodiaba el jeneral Carrera, i que solamente un hombre que no conoce ni la situación jeográfica del lugar de que escribe puede incurrir en semejante error. ¿Pero, qué error puede caber en quien hace a un jeneral en jefe guardia del paso de un rio, cuando estas funciones pertenecen a los subalternos? A n tes habia dicho O ' H i g g i n s q u e Rancagua se habia perdido porque Carrera no le habia ausiliado con la tercera división, a lo que no haremos mas que copiarle la irrefutable respuesta que le dio el j e n e ral Carrera el año de 1 8 1 9 , i ahora se presenta una disculpa nueva que solo puede servir para alucinar en el esterior. nOctubre i . ° — A l romper el dia se tocó jenerala i bien pronto estuvo en marcha la división. Me


DON BERNARDO O'HIGGINS

III

adelanté para llegar a Rancagua: oí tiros de un cañón mui repetidos. Encontré al coronel Samaniego quien me dijo: "el brigadier O ' H i g g i n s me encarga diga a U d . que el enemigo ha pasado el rio por un vado de abajo, que ha mandado salir los dragones para contenerlo i que se dispone a encontrarlo para lo que ha avisado al jefe de la segunda división a fin de que le sostengan. N o bien habia oido esta sorprendente relación, cuando recibí un oficio de Garay, ayudante de O ' H i g g n s , noticiándome en nombre de su jefe "que el enemigo habia pasado con todo su ejército durante la noche por el vado de Cortes sin ser sentido, que se dirija como a atacar la tercera división, i que los dragones i la caballería de Aconcagua le picaban la retaguardia.il Mandé inmediatamente formar la línea apoyando la derecha sobre las alturas del este que presentaban una fácil retirada a la angostura de Paine cuando el enemigo nos obligase a ella. Encargué a mi ayudante el coronel Sota que fuese a Rancagua con la posible brevedad, i dijese a los jefes de las divisiones "que por el camino de la Compañía se retirasen a la Angostura, aun cuando les fuese preciso clavar toda la artillería i perderla con las municiones; que serian sostenidos por la tercera división que distaba solo una legua.

A v a n c é con toda la

caballería hasta los arrabales de Rancagua, i bien pronto volvió el coronel Sota avisándome, que ha-


112

MANUEL JOSÉ GAN1MRILLAS

biéndose posesionado el enemigo de aquella villa en cuya plaza estaban encerradas nuestras divisiones, no podia comunicar mis órdenes. Nuestras guerrillas batían con decisión a las enemigas, obligándolas a retirarse a sus trincheras formadas en la Cañada. E n este estado vi salir una fuerte columna de caballería por nuestra izquierda que al gran galope tomó el camino con dirección a la Angostura. Pensé con

fundamento

que el enemigo intentaba cerrarnos aquel paso i apoderarse del parque i de los equipajes. E l coronel Carrera con parte de la división fué destinado a perseguirla, i el coronel Benavente quedó incomodando al enemigo. A l llegar el coronel Carrera a Pan de Azúcar (tres leguas de Rancagua) se reconoció por las guerrillas que la columna era del rejimiento de Aconcagua que huia de! peligro: mis disposiciones para contenerlo fueron

inútiles; su

coronel se me presentó con 6o hombres i me informó que la fuga era orijínada de la torpe dirección de O'Higgins quien, al encerrarse en la plaza, le dejó envuelto por el enemigo i encerrado en las calles en donde fué sacrificado i deshecho por la metralla, sin serle posible defenderse ni evitar el desorden. T o d o el dia hizo la plaza un fuego vivísimo i rechazó constantemente los ataques continuos de los realistas. E l capitán

Maruri en una resuelta


DON

BERNARDO

o'HIGGINS

113

salida tomó una batería del enemigo ¡ pasó a cuchillo su guarnición compuesta de 8o del Tejimiento de Talavera. Reuní la división

tercera sobre la

plaza i la mandé reposar para verificar un ataque en la mañana con el objeto de ausilíar a las divisiones sitiadas para que verificasen su salida. E n estas circunstancias recibí una esquela de los jefes de las divisiones conducida por un resuelto dragón que pudo salir por las acequias i saltando paredes; decia así: " S i vienen municiones i carga la tercera división todo es hechon. Contesté: "Municiones no pueden ir sin las bayonetas. Al amanecer hará sacrificios esta división. Para salvar a Chile se necesita un momento de resoluciónn. Temeroso de que mi esquela fuese interceptada, les dije con el dragón "que mi división no podia ni debia encerrarse en la plaza, pero que contase con nuestros decididos esfuerzos para efectuar la salida. E x a minando la fuerza de las tres divisiones se convendrá que si a las dos sitiadas no les era posible romper la línea enemiga con el grande objeto de retirarse a la Angostura i defender la capital, mucho menos le seria a la tercera para entrar a encerrarse en la plaza sin otro fin que el de perecer con los que desobedecieron abiertamente las órdenes de su jefe. Octubre 2 . — A l amanecer de este día ocupé con la división la venta de Cuadra, distante 250 toesas TOMO xiv

8


114

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

del enemigo. Dispuse la línea del modo que permitía el terreno. E l coronel Carrera con 200 infantes i dos piezas volantes atacó por los callejones hasta cambiar sus tiros con los de la artillería enemiga. E l coronel Benavente con tres escuadrones de caballería se apoderó de los potreros de la derecha i obligó a la caballería enemiga a encerrarse en la Cañada. E l teniente-coronel Benavente con un escuadrón rechazó otro enemigo que amenazó nuestra retaguardia. Y a nos era imposible seguir adelante porque no lo permitía ni la calidad ni el número de la infantería. Esperaba la salida de las divisiones; pero éstas, lejos de hacer esfuerzos, empleaban el mejor tiempo en repicar las campanas. Permanecimos así hasta la una de la tarde, hora en que viendo que el enemigo disponía mui superiores fuerzas para atacarnos i que guardaba la plaza un estraordinario silencio, nos

persuadimos

que los sitiados habían capitulado o rendídose, i que todas las fuerzas enemigas venían sobre la tercera división. Entonces me retiré fuera de los cercados i despaché un posta para que 300 infantes i 1 5 0 milicianos que iban de Santiago para reforzarme apurasen sus marchas hasta incorporárseme. L a mayor parte de esta fuerza se dispersó por la ineptitud de sus comandantes; ya no podía contar con un hombre mas. Reflexionaba sobre la deliberación que debia tomar, cuando se presentaron una


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

"5

porción de los oficiales de las divisiones sitiadas avisando que, a escepcion de los que habían escapado en sus caballos, todos eran víctimas del furor de los españoles. Dupliqué las guerrillas para s o s tener a los que huian. D e j é al coronel Carrera con la división en la Angostura, i con orden de abandonarla en la media noche i marchar hasta repasar el Maipú. F u i a Santiago para reunir toda la fuerza posible, para sacar los intereses, para sacar lo que no se pudiera llevar i 'para disponer la retirada a Coquimbo, ii DOCUMENTOS NÚM.

27

Oficio del subalterno de Aconcagua a la Excma.

Junta

E l 2 5 , a las 1 0 de la noche, tuve el placer de recibir el oficio de V. E . fecha 2 3 , en que se digna acompañarme la acta de instalación de esa Suprema Majistratura, i a continuación puse el decreto que sigue: San Felipe i Julio 26 de 1 8 1 4 . . — P o r recibida la superior orden con la acta que acompaña la suprema autoridad

nue-

vamente instalada en la capital del reino, désele su puntual cumplimiento i en consecuencia a efecto de que se ejecute con la solemnidad que corresponde, congregúese el cuerpo municipal,

prelados, jefes de corporaciones

i oficiales mili-

tares en la sala capitular el jueves 28, a las 9 de la mañana, a prestar el juramento de obediencia i reconocimiento, dose a los

oficián-

de caballería e infantería regladas preparen

200

hombres de cada clase para que después del acto acompañen el bando con sus respectivos oficiales, tambores, un alcalde, un rejidor, el procurador jeneral i el escribano de cabildo a caballo.


II6

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

Se publicará la acta de la capital i la de ésta en la plaza mayor i Cañada del sur i norte. E n conformidad de lo espuesto se tiraron las esquelas de citación del tenor que sigue. " T e n g o en mis manos la acta i orden de la suprema junta gubernativa del reino recientemente instalada. M e preceptúa la jura de su reconocimiento i obediencia. Deben

concurrir a la sala capitular a

este solemne acto los jefes de corporaciones, oficiales militares, prelados i el alto pueblo. E n consecuencia, se servirá U d . asistir el jueves 28 del corriente, a las 9 de la mañana, para llenar en todas sus partes la voluntad suprema de nuestros gobernantes. Dios guarde, etc.» C o m o esta provincia tiene la gloria de ser siempre fiel a sus supremos majistrados, con la noticia divagada ha manifestado el mayor gusto que puede imajinarse i como no se tema la menor subversión que impida el feliz resultado i, por otra parte, el aguacero copioso de anoche ha frustrado el cumplimiento del dia aplazado; de acuerdo con los jefes de los cuerpos hemos reservado esta función

para el domingo

3 1 a fin de hacerla con la solemnidad que corresponde i exije el júbilo de los habitantes. Por ello he tenido a bien anticipar a V. E . esta noticia con el objeto de que no se estrañe la dilación de las resultas. Entretanto, espero órdenes que obedecer. Dios guarde a V . E . muchos años. San Felipe i Julio 27 de 1814.

—José Anjelo Jiménez, — Señores

de la Suprema Junta Gu-

bernativa del reino. E n la villa de Curicó, a 23 de Julio de 1 8 1 4 , habiéndose congregado en la sala de ayuntamiento el cabildo de esta cabecera, los prelados, oficiales del Tejimiento, i demás vecindario; i leido el oficio i acta que acompaña de 23 del corriente, remitida por la Suprema Junta de Gobierno de la capital en que se manifiesta haber recaído la primera autoridad del reino por elección del soberano pueblo en las personas del señor brigadier don J o s é Miguel de Carrera, don Julián Uribe, i el teniente-coronel don Manuel de Muñoz i Urzúa; impuestos todos del contenido de la referida acta juraron según forma en manos del señor coronel i subalterno de la provincia, don J o s é Antonio Mardones,


DON BERNARDO O ' H I C G I N S

117

de obedecer i reconocer a dichos señores que componen dicha Suprema J u n t a

por de lejítima

i verdadera autoridad, i en

virtud de ello lo firmaron; de que doi dones.—Melchor Rojas.—Perfecto

fé.—José Antonio Mar-

Merino. — Gaspar V i d a l . —

Pedro Silva i Donoso, cura i vicario coadjutor.—Fr. Vicente García R o z , guardián.—Fr. J o s é Antonio Uribe, presidente.— Diego Donoso.—Pedro Pizarra.—Francisco

Muñoz.—Melchor

Pizarra.—Juan Fernández Puelma.—Francisco Merino.—Rafael Quevedo.—Juan

Francisco Valenzuela.—Rafael

Matías M u ñ o z . — J o s é

de

Latús.—

Antonio Vidal. —Manuel Olmos i M a -

turana.—Pedro Antonio U r z ú a . — J o s é Muñoz.—Joaquín Mardones.—José Domingo Urzúa.—-José Merino.—Nicolás Muñoz. —Francisco

Donoso.—Paulino

Salinas.—Manuel

José

Fer-

mandois.—Adrián C o r v a l a n . — D i e g o Guzman.—Francisco E s teban Céspedes. — P e d r o C é s p e d e s . — R a m ó n

Muñoz.—Juan

Méndez.—Fernando Olmedo, escribano público i de cabildo. E n la villa de San Fernando, a 27 dias del mes de Julio de 1 8 1 4 años, el señor subalterno don Juan Manuel de Echáurren i Herrera, en cumplimiento del anterior oficio que ha recibido con la acta que le acompaña, hizo que se reuniesen pitular

el

ilustre ayuntamiento,

corporaciones

en sala cai vecindario

noble; i leídos en presencia de todos dijeron que juraban, reconocían i prometían Gubernativa del

obedecer

a la E x c m a .

Suprema

reino, que últimamente ha recaído

Junta

por pú

blica elección en los señores brigadier don J o s é Miguel Carrera, presbítero

don Julián Uribe, i teniente-coronel

de don

Manuel Muñoz i Urzúa; i en su conformidad, publíquese en forma de bando en esta cabecera, circúlense los respectivos tes^ timonios a los jueces territoriales del partido para su notoriedad, i contéstese a la E x c m a . Suprema J u n t a Gubernativa prontamente con copia de esta acta; así lo dijeron i firmaron de que doi fé.—-Juan Manuel de Echáurren i Herrera.—Martin de Munita

i Baquedano.-Santiago

José

de Molina.— Francisco

Calvo, procurador.—Fr. Leonardo Meneses, teniente-cura interino.—Fr. Francisco Cornelio Morales, guardián.—José María


n8

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

de Vivar.—Manuel Tomas Pizarro. —Ignacio de

Quezada.—

Buenaventura Grez.—Matías Fuenzalida.—Mateo Meléndez i B a e z a . — J u a n de Aboites.—Fernando de Q u e z a d a . — J o s é Parga Bahamonde. —Nicolás Cortasa.—Rosauro D e l g a d o . — J u a n J o s é de Andonaegui.—José Anselmo Guzman.—Francisco de Paula Illescas.—Ante

mi.—Pedro de Escanilla, escribano

público i de

cabildo. NÚM. 28

Oficio del Jeneral del ejército de Lima Habiendo desaprobado en todas sus partes el Señor

Excmo.

virrei de L i m a el convenio celebrado en 3 de M a y o último entre don Bernardo O'Higgins,

don J u a n Mackenna i el brigadier

don Gavino Gainza, por no tener éste tales facultades, ser contrario a la instrucción que se le dio,

a la nación i al honor de sus

armas, i habiendo en consecuencia tomado yo el mando de ellas en este reino, debo manifestar a U d s . que, si en el término de diez dias contados desde la fecha, no me contestan estar prontos a deponerlas inmediatamente, a renovar el juramento hecho a nuestro Soberano el señor don Fernando V I I , a jurar obedecer durante su cautividad la nueva constitución española i el gobierno de las cortes nacionales, i admitan el que lejítimamente se instale para el reino, daré principio a las hostilidades; si por el contrario dan desde luego las órdenes i toman todos las providencias necesarias a que tengan efecto mis justísimas proposiciones, les ofrezco nuevamente un perdón jeneral i olvido eterno de todo lo sucedido, por mas o menos parte que cada uno de los que han estado mandando haya tenido en la revolución. Supongo a Uds. poseídos de los sentimientos que caracteterizan al hombre de bien, i amante de la felicidad de su patria, en cuyo concepto espero que mirando p o r ella abrazarán los partidos que la misma razón i relijion dictan, evitando la efusión de sangre i desastre de los pueblos de este desgraciado país, haciendo a Uds. responsables ante Dios

i el mundo de


DON BERNARDO O'HIGGINS

ng

las funestas resultas que son consiguientes al errado i equivocado sistema que, contra toda probabilidad, sin la menor e s p e ranza de buen éxito, quieren seguir i sostener. Autorizado como estoi para el perdón i olvido de lo pasado, puede tener efecto una reconciliación verdaderamente fraternal, a que me hallo pronto; mas, si ciegos a la voz de la naturaleza, no diesen oido a mis ofrecimientos, me veré precisado a usar de la fuerza i poner en práctica los grandes recursos que para obrar ofensivamente tengo a mi disposición, en cuyo caso, ni U d s . ni los particulares, ni todo el reino, tendrá que quejarse de los funestos resultados que les sobrevengan, por no haber reflexionado con tiempo en su bienestar. Y o , los oficiales i tropa que hemos llegado a este reino, venimos, o con la oliva en la mano, proponiendo la paz, o con la espada i el fuego, a no dejar piedra sobre piedra, en los pueblos que sordos a mi voz quieran seguir su propia i ciega voluntad. Abran todos pues los ojos, vean la razón, la justicia i la equidad de mis sentimientos i vean al mismo tiempo si les conviene, ¡ prefieren a su bienestar el esterminio i desolación que les espera si no abrazan inmediatamente el primero de los partidos. Con

el capitán

don Antonio Pasquel, portador de éste,

espero la citada contestación. Dios guarde a U d s . muchos años.—Cuartel jeneral de Chillan a 20 de Agosto de 1814.—Mariano Osario.—A los que mandan en Chile. CONTESTACIÓN

Los

enemigos

del pueblo americano cada dia presentan

nuevas pruebas en su conducta siempre contradictoria, de que un interés particular i el encono del espíritu privado son la única regla de sus procedimientos. Chile habia sacrificado a los deseos de la paz cuantos hasta la época de la capitulación fueron manifestados por el virrei de Lima, que en todas sus partes las ha desaprobado, según el oficio de U d . de 20 del corriente. Un nuevo reconocimiento de Fernando V I I , i el de la rejencia,


120

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

i la remisión de diputados que sancionasen la Constitución, alejaba hasta las apariencias del título de insurjentes que se ha querido hacer valer para saciar en la sangre de los hijos del pais el odio implacable de los que sin duda nos han considerado como un grupo de hombres sin derechos, indignos de ser oidos i despojados de todas las prerrogativas de un pueblo. Cuando U d . trata nuestro sistema de erróneo i absurdo desearíamos saber ¿cuál es el que U d . sigue? N o puede ser el de la obediencia a Fernando V I I , ni la rejencia, ni a la constitución española

supuesto que

se anulan los pactos comprensivos de

este reconocimiento. U d . tampoco se presta al de los gobiernos populares

que durante la cautividad

del rei (que rompió el

vínculo que recíprocamente unía a los vasallos a su centro común) era el único adoptable a las circunstancias, i se aceptó en España con la instalación de las juntas provinciales. Así es necesario confesar que el solo sistema de U d . es el de la desolación i muerte con que nos amaga, negando hasta el tratamiento que inspira la cortesía, i enviando un conductor tan insultante que el Gobierno ha empeñado toda su moderación para no escarmentar su insolencia, como la del coronel

Hurtado

que ha fugado quebrantando las obligaciones que le imponía su condición en rehenes. E n lugar de aquél hemos dejado a éste, i el conductor es el trompeta. Por otra parte, la comunicación de Ud. no está acompañada de mas credencial que su palabra desacreditada otra vez en la falsa intimación al Huasco. L a Gaceta orijinal del Janeiro que le adjuntamos, le avergonzará en la complicada conducta que preside las operaciones de los antiguos mandatarios de América. Fernando V I I anula la constitución de las Cortes i decretos de la rejencia:

deja

constituidas las autoridades hasta la resolución de un nuevo congreso, i declara reos de lesa majestad a los que defrauden los efectos de esta resolución. Tales son nuestros invasores; i la nueva agresión de U d . le hará criminal delante de Dios, del rei i del mundo entero, si en el momento no desiste (desamparando nuestro territorio) de un proyecto vano, i que será

confundido


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

12 t

a impulso del gran poder a que se ha elevado la fuerza de Chile, puestos en movimiento los copiosos recursos de que un Gobierno débil no supo aprovecharse oportunamente. Su oficio de Ud. ha sido una proclama excitadora del valor i enerjía d e nuestras tropas i de los dignos pueblos que están resueltos a repulsar la invasión con el último sacrificio. Haga U d . el que es debido a la relijion, a la justicia i a la humanidad, evitando la efusión de sangre, i las desgracias con siguentes a su escandalosa e injusta provocación, de que le hacemos responsable: i tenga U d . por efecto de nuestra jenerosidad esta contestación; cuando no siendo U d . de mejor condición que el jeneral Gainza, se atreve sin credenciales a dirijirnos otras proposiciones, al paso que aquél no se ha creido facultado para las que celebró bajo la garantía del comodoro Hylüar que documentalmente acreditó la autoridad para mediar, i la que habia conferido al jeneral Gainza ese mismo virrei que hoi anula sus tratados. E s t o mas parece una farsa que una relación entre hombres de bien i de honor. Dios guarde a U d . muchos años.—Santiago, 29 de Agosto

de 1814.—Josí Miguel de Carrera.—Julián Uribe. —Manuel de Muñoz i Urztia.—A don Mariano Osorio. NÚM.

29

Cuando dicté el oficio que condujo el coronel don Estanislao Portales, creí preparado el corazón de V. S. a cualquier sacrificio que cediese en ventaja del reino; en aquellos momentos palpitaban aun los cadáveres de las inocentes víctimas sacrificadas en aquella aciaga tarde, i creí un deber mió aprovechar la ocasión que me pareció favorable; entre tales anuncios me prometía que V. S. propusiese algún espediente capaz de conciliar la diverjencia ya total de los ánimos. Por el oficio que contestó nada de eso descubro; pero como en él se refiere V. S. a lo que debe decirme verbalmente el enviado, lo he examinado escrupulosamente sobre este objeto sin alcanzar el logro que me lisonjeaba. E n tal combinación congregué la oficialidad del


122

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

ejército desde las mas pequeñas graduaciones, por cuyos votos han sido siempre nivelados

mis pasos, i después de oidos sus

dictámenes i de varios debates que tuvieron algunos interesados en vengar la sangre derramada, se adoptó por la totalidad el medio humano

i conciliatorio de aproximar las fuerzas del

ejército a la capital en igual distancia a la que debe estar el ejército del mando de V . E . ; que en tal disposición d é l a s fuerzas, que no puedan violentar la elección, se elija por el pueblo un Gobierno provisorio, presidiendo dicha elección con

facul-

tades de calificar los votos el cabildo depuesto, siendo precisa condición que a esta asamblea libre no concurra individuo alguno de los dos ejércitos i que se restituyan

inmediatamente

para que sancionen este acto en unión de los demás los ciudadanos que estuvieren es patriados por sus particulares opiniones; que establecido el Gobierno en los términos propuestos estoi pronto a entregarle el mando, sean quienes fueren los electos. Y o no temo que V. S. se resista a tan justas proposiciones que combinan la liberalidad de nuestro sistema i el bien del reino con el ahorro de mucha sangre inocente que debiera derramarse de otro modo. Espero satisfactoria la contestación de éste con el teniente-coronel graduado don Venancio Escanilla que, a este efecto, pasa a esa ciudad. Dios guarde a V. S. muchos años.— Hacienda del Hospital, 3 1 de Agosto de 1814

Bernardo O'Higgins.—Señor

brigadier

don J o s é M i g u e l de Carrera.

Núw.

30

Manifiesto de los jenerales del ejército a sus conciudadanos i compañeros de armas ¿ N o habría sido una gloria para los enemigos de la causa americana ver empañada la disencion civil en que se prometían ser los terceros de la discordia i los arbitros de nuestra suerte? ¡Infames! E s e bárbaro cálculo de nueva agresión, i la franca comunicación de nuestros sentimientos han abierto las puertas


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

123

del templo de la unión, sobre cuyas aras hemos jurado solemnemente sacrificarnos por el solo sistema de la patria i consagrarle el laurel de la victoria, a cuya sombra augusta se escribirá el decreto que ha de fijar su feliz destino. Hemos sellado ya el de una eterna conciliación. E l ejército de la capital está identificado con el restaurador del sur; un mismo deseo, un mismo empeño, un mismo propósito anima el corazón de ambos jenerales i de toda la oficialidad. L a seguridad personal de ésta, de sus puestos i mérito es garantida sobre nuestro honor. N o exijimos de la probidad que los caracteriza, sino aquella diferencia mas obligatoria que jenerosa al voto de la justicia i de la unidad. Ella es la que preside las deliberaciones del Gobierno; su instalación queda sancionada; i el espíritu publico se reanima para resistir con dignidad a unos invasores que en la desaprobación de los tratados de paz, nos han justificado a la faz del mundo. Ellos no pueden señalar el motivo de la guerra. L a hacen sólo por saciar su odio implacable con la sangre americana. Mancharán sus manos sacrilegas en la inocencia de las víctimas; pero ese mismo furor es el que reclama imperiosamente la venganza de nuestras armas i la cooperación de todo el que no quiere cambiar el noble título de ciudadano por humillante i feroz cobardía de aquellos espíritus turbulentos que se han entregado a la única pasión del bajo rencor. Si hai entre nosotros almas tan ruines i excecrables, avergonzémonos de que hayan nacido sobre el mismo suelo que profanan nuestros agresores; cuéntense con éstos en la lista proscrita de los enemigos de la patria; jamas tengan lugar en el libro cívico de los verdaderos hijos de Chile; i abandonados a una escomunion civil, perezcan envueltos en la infamia i el remordimiento. L a muerte será el término preciso del que recuerde las anteriores disenciones condenadas a un silencio imperturbable. E n la memoria de los hombres jenerosos no queda un vacio para especies capaces de entibiar la cordial fraternidad que nos vincula. Con ella volamos a estinguir el fuego de ese resto de tiranos que

ha protestado no dejar piedra sobre piedra en el precioso Chile. Compatriotas: se acerca el 18 de Setiembre: el aniversario de


124

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

nuestra regeneración repite aquellos dulces días de uniformidad que sepultaron la noche del despotismo. Acordaos que vuestro valor supo renovarlos en la invasión de Pareja, enéticamente repulsada por la conformidad de los defensores del pueblo chileno. Conciudadanos: compañeíos de armas, abrazaos i venid con nosotros a vengar la Patria i afianzar su seguridad, su libertad, su prosperidad con el sublime triunfo de la UNIÓN. E s t e será el título de la victoria, i con él ha de celebrarla la aclamación universal.—Santiago, 4 de Setiembre de 1 8 1 4 . —

José Miguel de Carrera.—Bernardo CHiggins.


SEGrXJND^V

É P O C A


CAPÍTULO

P R I M E R O

VARIOS S U C E S O S E N MENDOZA

Algunos creerán que no deberíamos haber concluido la relación de los hechos correspondientes a la primera época en la desastrosa acción de Raneagua, porque después de este suce;.o hubo otros que pueden considerarse como consecuencias de él; i habrían deseado que este intervalo hubiese terminado en Mendoza, donde empezó una nueva serie de acaecimientos. Para un estranjero impasible que escribe según el aspecto que le presenta el camino que anda, puede ser muí justa esta observación, porque divide su discurso en tantas secciones, cuan tas son las divisiones materiales que le ofrece el terreno que pisa; pero para el hijo del pais que no


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

vio en aquel suceso mas que la disolución de la sociedad de que es miembro, debía empezar una época nueva. Con la pérdida de Rancagua pereció la patria de los chilenos, se acabó su gobierno, i ya no hubo mas que espanto i desolación, E r a preciso poseer la sublimidad de Homero para poder describir los cuadros lastimeros que se presentaban desde la ciudad de Santiago hasta las altas cumbres de los Andes. U n pueblo inmenso huia del bárbaro cuchillo que le perseguia; el jeneral en jefe daba órdenes para reorganizar las tropas; aquél marchaba sin ningún ausilio, i éste libraba disposiciones en vano. L a feroz discordia que preparó la derrota de Rancagua, se hizo mas formidable con el incendio i desastres que habia causado. Por mas órdenes que dio Carrera para reunir el ejército a fin de prepararse a otra defensa, en Aconcagua o Coquimbo, nada pudo conseguir; porque en la villa de los Andes hubo una reunión de los que en ninguna circunstancia i por ningún motivo son capaces de contener sus odios, en que acordaron disolver el ejército, e inducir a los oficiales i tropa a que se pasasen a Mendoza. L o consiguieron, i el resultado fué que los restos del ejército atravesasen los Andes, dejando a Carrera de este lado con una poca fuerza con que protejió la emigración. H u b o jefe que tuvo la osadía de decirle a Carrera que si no seguía sus pasos con presteza, cortaría el camino por medio de


DON BERNARDO O'HIGGINS

129

un barril de pólvora. E s t e mismo habia embarazado antes con sus temores la retirada de nuestras tropas a Coquimbo, i fué el que contravino las órdenes que se le dieron para estorbarles el paso de la cordillera. Seguramente se habia ya combinado el plan que se desenvolvió en Mendoza, porque aun teniendo Chile medios de defenderse, se le entregó al español, dejándole intactos los recursos de la mitad de la República que se hallaba libre. Si la acción de Rancagua fué desgraciada por torpeza o por casualidad, el abandono completo del pais fué debido a cálculo o combinación. L o dirán los hechos posteriores. Por reservarnos para este lugar, teniendo siempre presente el objeto que nos hemos propuesto en este escrito, no referimos en la primera época un suceso que ahora vamos a revelar. Cuando estaba la ciudad de T a l c a ocupada por las armas españolas se celebró una junta de guerra a la orilla austral dej rio Maule, i¡en ella se acordó, por consejo del coronel de Buenos Aires don Marco Balcarce, el abandonar el pais i pasarse a Mendoza con el ejército para proveerse de ausilios. E s t e acuerdo

produjo

la insubordinación del oficial Campino que, despreciando a sus jefes, emprendió el atrevido pasaje del Maule i reanimó con su ejemplo el

desfallecido

ejército. N o sabemos que el gobierno de Buenos Aires de aquel tiempo tuviese algunas miras sobre TOMO xiv

9


130

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

Chile, ni que en ellas estuviese complicado don Bernardo O'Higgins, aunque nos inclinamos a favor de éste, porque entonces no era hombre de combinaciones; pero la oposición que se hizo a las pro videncias de Carrera por el jefe de los ausiliares arjentinos, la conducta del gobierno de Mendoza, i la liga infernal de los gobernantes

O'Higgins ¡

Pueyrredon, parece que dan indicios de que algo se tramaba. Recuerden los lectores que en el

documento

número 25 solicitó don Bernardo O ' H i g g i n s

se

pidiese a Buenos Aires un ausilio de fusiles. S e hizo

(

i la contestación fué una negativa apoyada en frivolidades que no descubrían la mejor intención. Sin embargo los individuos de la junta se habian reunido en los Andes, i conservando esperanzas de poder continuar la guerra, solicitaron ausilios para ella, (documento núm. 3 1 ) . Mui lejos estaba de presumir lo que les había de pasar, porque obligados a tran^ sitar los Andes, tuvieron que refujiarse en Men. doza, en donde encontraron una arena en que entraron en lucha los rencores que habian empezado en esta parte. Si los emigrados chilenos no tuvieron bastante virtud para sofocarlos, i formar una masa respetable para conseguir recursos i volver a restaurar su patria, aquel gobierno no era juez de sus diferencias, ni de sus operaciones anteriores para intervenir en ellas, i tomar una parte activa. Apenas


DON

BERNARDO

©'HIGGINS

131

habían llegado los Carreras, que fueron los últimos que pasaron la cordillera, a los arrabales de Mendoza, cuando se apareció una partida de cívicos escoltando a unos empleados de Aduana p a r a r e j i s trar el equipaje de doña J a v i e r a de Carrera, como lo hicieron, descerrajando los baúles í arrojándolos al patio de la casa en que estaba alojada como si buscasen algún robo. S e habia intentado hacer lo mismo en la posta de Villavicencio con los de sus hermanos; mas, habiéndolo resistido éstos, les puso San Martin una nota nada conforme con los sentimientos manifestados pocos dias antes, i que se espresan en el documento anterior (documento núm. 32). Solamente con la familia de los Carreras se tomó esta providencia; los demás emigrados, tanto militares como paisanos, pasaron libremente sin que nadie los incomodase. Finalmente, San Martin se hizo el jefe de los perseguidores de los Carreras, los insultó, los despojó de la tropa i los hizo salir con una escolta a disposición del gobierno de Buenos Aires, i mientras tanto don Bernardo O'Higgins ni tocaba, ni tañia, como dicen, sino que otros a su sombra dirijian las cosas, de las que San Martin supo aprovecharse mui bien en lo sucesivo. L o único que hizo e\ gran mariscal

entonces

fué examinar una lista de oficiales que se presentaron a pedir servicio en el ejército de las Provincias Unidas, i su censura fué tan parcial que mereció la


I32

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

reprobación del mismo que sé la había pedido, (documento núm. 3 3 ) . Los documentos que copiamos íntegros son mejores relatores de esta historia que nosotros. Oficio del jeneral

Carrera de

al

gobernador

Cuyo

" D e s p u é s del desgraciado suceso de la rendición de Rancagua, aun quedaban recursos i fuerzas en Chile pata hacer la guerra contra los tiranos invasores, i se dieron providencias para continuarla. T o d o fué impedido por una porción de oficiales ignorantes, facciosos e ingratos a su pais, que sólo pensaron en la fuga, en el saqueo i en la intriga, consiguiendo así la total dispersión de las tropas de mi mando. Desde aquel momento sólo traté de reunir algunas para protejer el paso de todas, el de los emigrados, i el de los intereses de aquel estado para que todo fuese útil en éste. U n incesante trabajo me hizo verificar en parte mis intenciones, i serian en el todo sino me hubiesen faltado los ausilios de cabalgaduras; pero el enemigo cargó con fuerzas mui superiores, destrozó nuestras guerrillas, i nos obligó a abandonar cuanto habíamos conducido hasta el pié de la cordillera, para salvar las vidas de una porción de hombres desarmados. E l fruto de mis fatigas, de mis sacrificios i de mis


DON BERNARDO o'HIGGINS

133

rectas intenciones es mui ajeno de mis esperanzas. Apenas pisé este territorio cuando conocí que mi autoridad i mi empleo eran atropellados: se daban órdenes a mis subalternos, i se hacia a mi vista i sin mi anuencia cuanto me era privativo: a mis oficiales se ofrecían sablazos, o rodeados de bayonetas eran bajados a la fuerza de unas miserables muías que habían tomado en la marcha por absoluta necesidad: por último, señor gobernador, no ha

faltado

insulto para apurar mi sufrimiento i para aumentar nuestras desgracias. Quiero que V. S. se sirva decirme, cómo somos

recibidos

para arreglar

mi

conducta: hasta ahora me creo jefe de las tropas chilenas; creo que hasta no entenderme con el gobierno superior de estas provincias, nadie

está

facultado para alterar en lo menor. Y o debo saber lo que existe todavía del ejército restaurador, i de los intereses que he retirado pertenecientes en todo tiempo a Chile. Quiero conservar mi honor i espero que V. S. no se separe en nada de las leyes que deben rejirle. Dios guarde a V. S. muchos años.—Campo de Mendoza, 17 de Octubre de 1 8 1 4 — J o s é Miguel Carrera.—Señor

de

gobernador de la provincia de

Cuyo, don J o s é de San Martin, u Contestación "Apenas pisé este territorio

cuando conocí qtie mi


134

autoridad

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

i empleo era atropellado,

me dice V. S .

en su oficio de hoi; yo pregunto a V. S. de buena fé. ¿Si en un pais estranjero hai mas autoridad que las que el gobierno i leyes del pais constituyen? Se daban órdenes a mis subalternos, vista i sin mi anuencia

i se hacia a mi

cuanto me era

privativo.

Nadie daba órdenes mas que el gobernador intendente de esta provincia: a mi llegada a Uspallata las repartí porque estaba en mi jurisdicción:

una

caterva de soldados dispersos cometían los mayores excesos, se saqueaban los víveres, i se tomaban con un desorden escandaloso los recursos que

remitía

este gobierno para nuestros hermanos los emigrados: los robos eran multiplicados, i en este estado mandé reunir a los soldados dispersos bajo las órdenes del jeneral de Chile don B. O ' H i g g i n s , i otros oficiales del mismo estado. V. S. no se hallaba presente, i aun en este caso estaba en mí deber contener a una muchedumbre que se hallaba en la comprensión de mi mando. A mis oficiales se ofrecían sablazos, o rodeados de bayonetas eran a la fuerza

de unas miserables

tomado en las marchas.

muías

que

bajados habían

S e equivoca groseramente

quien diga que a un oficial vestido con su uniforme se le haya hecho el menor vejamen, no d i g o a oficial, al último emigrado se le ha tratado con la consideración de hermano, i desafío a que se me presente el que haya sufrido semejante tratamiento.


DON BERNARDO o'HIGGINS

Por último, señor gobernador, para apurar mi

135

no ha faltado

insulto

sufrimiento.

Y o estoi bien seguro que V. S. no ha tenido motivo de ejercitarlo desde que llegó a esta provincia. Quiero

que

somos recibidos para

V. S. se sirva reglar

decirme

mi conducta.

cómo V. S. i

demás individuos han sido recibidos como unos hermanos desgraciados, para los que se han empleado todos los medios posibles, a fin de hacerles mas llevadera su situación. Hasta

ahora me creo

jefe del resto de las tropas chilenas.

Y o conozco a

V. S. por jefe de estas tropas: pero bajo la autoridad del de esta provincia.

Yo debo saber

existe en el ejército restaurador.

lo

que

Ninguna autoridad

de esta provincia ha privado a V. S. aun de este conocimiento. Quiero conservar qtie V. S. no se separe deben rejirle.

mi honor, i espero

en nada de las leyes

qiie

Nadie ataca el honor de V. S., i yo

me guardaré bien de separarme de las leyes que deben rejirme, porque soi responsable de mis operaciones a un gobierno justo i equitativo, así como no permitiré que nadie se atreva a recomendarme mis deberes. Por último, señor brigadier, con esta fecha doi parte a mi gobierno de lo ocurrido, él hará la justicia que corresponda en vista de los antecedentes. Dios guarde a V. S . muchos

años.—Mendoza,


136

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

1 7 de Octubre de 1814.—-José de S,

Martin.—

Señor brigadier don J o s é Miguel de Carrera, u Otro oficio del jeneral

Carrera

al

mismo

" S e habría concluido nuestra correspondencia con solo el parte que V. S . me dice haber dado a' gobierno supremo de esta provincia (a quien yo también debo dirijir mis oficios sucesivos) si no deseara satisfacerme, i satisfacer a V. S. de algunas equivocaciones, que noto en su papel que refuta el mió de ayer. N i e g a V. S. haber sido atropellados mi autoridad i empleo, desde que pisé este territorio, cuestionando, si en un pais estranjero, autoridad

que la qué elgobierno

i leyes

haimas

constittiyen.

L o s países dejan de ser estranjeros cuando se unen por una mutua alianza. T a l ha sido la que constituyó hermano al Estado Chileno de las provincias del R i o de la Plata, A s í es que rendido cualquiera de ambos dominios debia ser protejido por el que aun conservase su poder. E n éste debia aquél reunir sus fuerzas bajo las órdenes del oficial que hubiere nombrado jefe de ellas. N o me aparto de que las facultades de V. S. lleguen a la de contener

los

desórdenes que cometieren algunos emigrados; pero le niego la de hacer jenerales de Chile a mis subalternos, en cuyo número está el comandante de la primera división don Bernardo O ' H i g g i n s , e igualmente la de mezclarse en el réjimen interior i


DON BERNARDO O'HIGGINS

137

económico de las tropas que mando. Cuando el supremo director me conteste accediendo a ayudar a la reconquista de Chile saldrán ellas unidas a los ausiliares. E n el estremo opuesto quedarán todas excentas de servicio, o tomarán el destino que mas les acomode, como que hasta ahora no conocen, ni han jurado mas banderas que las chilenas. V. S. debe estar persuadido, i si no, crea por mi honor, que nada perdió a Chile sino una gavilla de facciosos, empleada solo, i toda entera, en paralizar las útiles i activas medidas de defensa que tomaba su justo i equitativo gobierno, haciendo emplear los momentos mas preciosos, a las veces en escarmentar, i de continuo en cortar prudentemente el vuelo de sus inicuas maquinaciones. E s t e

fuego

devastador del orden i tranquilidad pública ha comenzado por desgracia a prender en el territorio de Mendoza. E l brigadier don Bernardo O ' H i g gins

me desamparó en

los Andes, huyendo de

aquel punto con todos los dragones de la frontera en circunstancias que yo me fatigaba para reunir la fuerza armada, cuando no para hacer una resistencia formal, al menos para contener a los piratas, dando lugar a que pasasen la cordillera los caudales, pertrechos, víveres, e infinitas familias, todo lo que cayó en poder del enemigo por la cobardía de los que no supieron acreditar su honor. S é también


138

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

que pisan este suelo varios oficiales (a quienes lueg o documentaré sus robos i negra conducta en todos ramos) que se emplean en denigrar mi honor, a cuya delicadeza deben haber sido descubiertos sus crímenes; no por lo que valen sus personas, sí por no descubrir la mancha que echaron sobre la librea de su ejército. E s t o s son desórdenes y el gobierno circunspecto que contuvo los de U s p a llata, remediará los del centro de su jurisdicción. V . S. asegura no haber ofrecido sablazos a ningún oficial, ni menos bajado por la fuerza a alguno d é l a muía que habiatomado en su marcha. T e n g a V. S. la bondad de acordar el primero, i averiguar el segundo de los dos hechos que voi a apuntar. V. S. mismo amenazó al sarjento mayor graduado don Juan J o s é Benavente, de enseñarle política con su sable, sin otro motivo que no haberle quitado el sombrero encontrándole sobre la marcha. Y o quiero persuadirme sucediere esto porque V. S. no le vio uniforme ni divisa, pero ¿cómo he de conciliar mi persuacion con estas espresiones claras; no digo a oficial,

al

tratado con la consideración

último

emigrado

de hermano?

se ha

Póngase

a Benavente en aquella esfera ¿merecerá esta atención? Quiero creer se portase V . S . de semejante modo por conservar la dignidad de su

empleo

¿pero merecía hacerse entender con tal aspereza a un hombre, que ni conoce, ni tiene obligación de


DON BERNARDO O'HIGGINS

139

conocer al gobernador de Mendoza? V. S. creyó mui bien que don Juan J o s é no fuese oficial; pero don Juan J o s é tampoco era precisado a pensar que el oficial que representaba a V. S. fuese el gobernador. H e aquí la certeza de los sablazos ofrecidos. También el comandante del destacamento de Uspallata hizo por medio de las

bayonetas

apear de su muía al capitán don Juan de

Dios

Ureta, sin que le valiese la recomendación i manifestación de su grado para dejar de seguir su camino con la montura al hombro. N o han faltado realmente insultos para apurar mi sufrimiento, de tal modo i tan evidentemente que se presentaron en Uspallata los confinados del gobierno de Chile a este punto, sin mas objeto que el de insultar a mi familia, i la de cuantos oficiales no han tenido mas interés en la revolución, que la felicidad de su pais, en la que no solo yo, sino todo el estado a cuyo nombre observa aquella autoridad ha sido hollado. N o son tan escasos mis conocimientos para que me crea facultado a recomendar a V. S. sus d e b e res; pero el reclamo de mis agravios jamas dejaré de hacerlo, aunque ellos emanen del primer potentado del mundo, porque así como respetaré toda autoridad en sus límites, sabré también sostener el decoro de mi carácter.—Dios guarde a V. S. muchos años.-^-Mendoza, 18 de Octubre de 1 8 1 4 . —


14°

José

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

Miguel

de

Carrera.—Señor

don J o s é

S.

Martin. Oficio de San

Martin

"Consecuente a lo que V. S. me espuso verbalmente de querer pasar a la capital de esta provincia, he creído ser conveniente la salida de V.

S.

no solo por su seguridad propia, sino igualmente por la tranquilidad de este pueblo. L a fermentación que noto entre los emigrados contra los individuos del gobierno de Chile, que acaba de fenecer, me impele a adoptar la medida de que pase V. S a la ciudad de S. Luis a esperar órdenes superiores. Y o creo que V. S. no tendrá a mal un paso emanado solo de mi buen deseo, seguridad

de

V. S. i necesidad de cortar cualquier trastorn / que pudiera alterar el orden público. Dios guarde a V. S.

muchos años.—Mendoza,

1 9 de Octubre de 1 8 1 4 . — y W

de S.

Martin.—

Señor brigadier del E s t a d o de Chile, don J o s é Miguel de Carrera.11 Contestación Para contestar a V. S. el oficio preventivo de esperar en S a n Luis órdenes del supremo director de este Estado, tiro del bufete otro que estendia a


DON BERNARDO o'HIGGINS

141

solicitud de la oficialidad, tropa i emigrados que salieron de Chile con honor. S e habian

quejado

de que cuatro facciosos llenos de crímenes, sin conocimientos políticos, ni reflexión contra su conducta i delicadeza,

representaban por

conseguir

separar de sí los hombres a quienes deben responder de sus delitos, i de los grandes daños con que han sumerjido el reino en su ruina. Si V. S. confinase a J o s é Miguel de Carrera y a espondria los derechos del hombre al alcance de las judicaturas, í el orden con que deben hacerse los juzgamientos; pero como el jeneral del ejército de Chile, i encargado de su representación en el empleo de vocal del gobierno, que dura mientras lo reconozcan los patriotas libres que me acompañan i mientras hagamos al directorio de esta provincia la abdicación de armas i personas con que marchamos; sólo puedo contestar, que

primero

será descuartizarme que dejar yo de sostener los derechos de mi patria, la reputación de nuestros procedimientos, i el decoroso motivo que obligó nuestra retirada, i debe hacerla seguir en repeso i en libertad. Lleguen a su último punto las desgracias, sacrifiqúense las vidas; mas no tenga yo la debilidad de faltar a la obligación que me impone el deber de la comisión de mi patria, que respeto en los mismos momentos que lloro su esclavitud i su devas-


142

MANUEL JOSÉ GANDAR1LLAS

tacion. N o nos hemos separado de Chile por falta de carácter, para envolvernos en las cenizas del pais que nos produjo. Nosotros

al evitar este sa-

crificio tan infructuoso como apetecido, cedimos a la razón que nos ofrece mejor remedio en el apoyo i protección de las provincias del R i o de la Plata nuestras íntimas aliadas. E s mui fácil la reconquista de Chile durando los efectos de esta unión, i recibiendo sus hijos aquel jeneroso acojimiento que esperaban, i los entusiasmará a hacer con su sangre, i sobre su territorio el triunfo de las armas de la Plata. L o contrario, señor gobernador, fomenta una disensión, que si V . S. desprecia en la impotencia en que actualmente nos considera, no puede dejar de sentir en las resultas terribles que alcanzará seguramente sí reflexiona las mudanzas del tiempo, i la sucesión de las épocas. Y o no creo que V. S. ciña sus cálculos al momento, ni que se deje sorprender de cuatro hombres desconsiderados. Y o espero que me deje seguir libremente la marcha de las tropas de Chile para Buenos Aires a presentarse, i disponerse bajo las órdenes de la capital de las provincias libres de este Estado, como ya solicité i me repite V. S. en su oficio de confinación. Si esta orden solo es movida como V. S. espresa de su buen deseo, i necesidad trastorno

que pudiera

de cortar

alterar

el orden

cualquier público


DON BERNARDO O'HIGGINS

143

sepárense de Mendoza los que dan motivo a tal temor; los que V. S. insinúa: los que arrojados anteriormente de Chile, ni tienen representación cívica, i los que no la merecen por su vergonzosa huida de la villa de los Andes, que causó las pérdidas de la cordillera, i casi hizo la total dispersión del ejército. N o sean atropellados los hombres que en su conducta llevan la recomendación de su tratamiento: los que dejaron a aquellos ganar tiempo por protejer la emigración de muchas familias, i por no faltar a su honor, a pesar del riesgo de sus vidas. Los que no tienen un carácter público, ni res ponsabilidad pueden afortunadamente llevar a cualquier parte su liviano bulto. Y o aun no he entregado ni tengo una nota de haberse recibido las armas i tropa que traigo: yo no debo dejarlas sino a la inmediación del Supremo Director de estas provincias. Si se me arrastra a una retirada, yo no sé quien responda, ni quién nombre al que debe hacerse cargo de los intereses de Chile, que confío esclusivamente a su gobierno, contra quien vienen los tiros, i las órdenes: yo no se quién tenga autoridad de aprovecharlo todo, aprovechando la oca sion que desampara al desgraciado. Dentro de mui pocos días esperimentará V. S. en la conducta de los que violentan, o engañan sus sentimientos razonables, la diferencia que hai de


T44

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

hombres a hombres. Chile conoce mui bien los facciosos.

E l delincuente aborrece tener cerca al

testigo de sus crímenes, al que se los perdonó por una jenerosidad acaso tachable: el delincuente sólo se atreve en traición, a escondidas i buscando asilo con engaño i con sorpresa. V.

S . no tema por mi

seguridad. Y o estoi cierto que ninguno de los falaces que representan imposturas, tendrá jamas atrevimiento de arrojarse a mi persona: todo evita por último la pronta marcha de las tropas que dispongo con toda brevedad. Mi ser me importa mui poco. Y o aborrezco mi existencia cuando no sea útil a la libertad de mi patria. E l j e n e r o s o aprecio que me franquean los chilenos, su empeño porque presida sus empresas, su deferencia en mi adhesión a cuanto mas le convenga, i la satisfacción de que nunca he burlado su confianza, me obligan a sostenerme en el rango a que me elevaron. N a d a mas me mueve. N o tengo otro interés ni otra dirección, i advierto a V. S. que se desorganiza la división llegada de Chile: que no hai tropa: que se acaba todo sistema de unión: que perece el orden, i que todo se destruye con perjuicio del pais i descrédito de V. S., si la violencia me arrebata mi empleo i mi libertad. Bien podría esponer mil mas razones contra la orden que creo v a a enmendarse. V. S. las echará menos; mas, yo olvido los derechos de mi persona,


DON BERNARDO o'HIGGINS

145

cuando escribo como hombre público; i solo me queda el recurso de repetirla, porque no me es permitido dejar precipitarse a los hombres que se me encargan, cuando espero hacer su seguridad sin faltar a los deberes de su reputación, que creyéndola ultrajada, les mueve a proponerme, repasar los Andes, i envainarse en las bayonetas del tirano español, que causa sus desgracias, antes que sobrevivir a su abatimiento i a su deshonra. Dios guarde a V. S.

muchos

años.—Mendoza

i Octubre 20 de 1814.—fosé Miguel

de

Carrera.

— S e ñ o r Coronel don J o s é de San Martin, H Por estas copias se informarán los lectores de los principales acaecimientos de aquel tiempo, i no siendo nuestro ánimo escribir la historia de los emigrados, sólo diremos que en esta época preparó San Martin en

Mendoza la brillante espedicion

que en los altos de Chacabuco redimió a Chile del poder español. L e ayudaron los chilenos, obtuvo el triunfo; mas, no todos gozaron de los beneficios de la libertad ni ésta se dejó ver en Chile hasta el año de 1 8 2 3 . N o s es preciso detenernos aquí para empezar la segunda parte con otros sucesos que servirán de preliminares a la tercera época. DOCUMENTOS NÜM.

31

E x c m o . Señor: Al recibir este oficio ya V . E . sabrá nuestra situcion; pero es TOMO XIV

10


146

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

preciso respetar nuestras desgracias a nuestro hermano i aliado, por si las atenciones del ciudadano doctor Bernardo Vera, que se ha detenido ocho dias en la cordillera contra las órdenes de presteza que llevaba en su comisión, por conducir dos hijas pequeñas, le han impedido también escribirlas. E l dia 2 de este mes se entorpeció el progreso de nuestra libertad después de 40 horas de fuego en que perecieron

dos terceras partes del

Ejército, i que se sacrificaron nuestros patriotas. N o debió dificultarse una victoria si los acontecimientos de la suerte se alcanzasen por el empeño, i por la tarea mas fatigable. E l corto tiempo de la instalación del nuevo gobierno i la guerra civil, que nos atrasó bastante, no impidieron levantar una tropa que pudo ser vencedora. Situado el enemigo en San Fernando, dos divisiones de nuestra fuerza se reunieron en R a n c a g u a en número de 3,000 hombres, de los que 1 , 5 0 0 eran fusileros. L a tercera división aun distaba tres leguas de la plaza cuando sorprendida la primera por las armas invasoras que en la oscuridad de la noche rompieron las aguas del Cachapoal, fuimos cortados: sin desmayar la defensa por eso, ni por el número de enemigos que nos excedía en la mitad de fusilería. Empezó el fuego a las 4 de la madrugada del dia

i acabó en la tarde

del 2. L a tercera división, que sólo contaba 3 5 0 fusileros, avanzó i sostuvo gallardamente el fuego, hasta que cesados los de la plaza, que creyó con fundamento

rendida o en capitulación, i

envuelta por retaguardia de fuerza mui considerable se retiró en orden i con mucha lentitud. Los guerreros de dentro atrepellando con heroicidad las filas victoriosas pasaron sobre sus cañones, sobre su metralla i sobre su tiranía; la alcanzaron i se reunieron. L a pérdida es de la mayor consideración. L a guarnición se pasó a cuchillo, i los bravos chilenos que sobrevivieron al fuego, i no alcanzaron a salir, presentaron

serenamente

sus gargantas en la carnicería de un enemigo indómito, cruel i sanguinario. Mas, no ha desmayado el patriotismo. Nosotros debemos emprender i nuestra reconquista no es desesperada, si V. E , nos ausilia, como esperamos. Mil hombres resueltos


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

H7

nos hemos reunido sobre Los Andes, i aunque el armamento está mui maltratado, nos haremos fuertes, i nos sostendremos hasta saber las determinaciones de V. E . , sin cuya jenerosa protección, confesamos francamente, es imposible cualesquiera empresa de avanzar. Ábrame, E x c m o . Señor, las puertas de las fábricas de Buenos Aires i de Córdoba. Monten la cordillera los hijos del rio de L a Plata, los héroes de la libertad, i vuelen en ausilio de los infelices chilenos que claman

por la suya i no olvidarán este

servicio. N o puede ocultarse a V . E . el influjo que lleva sobre toda la América la pérdida de Chile, i cuanto debe atrasar los grandes proyectos del R i o de la Plata no puede oscurecerse a V. E . la gloria de hacer la reconquista de la libertad chilena. V. E . no puede faltar a sus sentimientos por este infeliz pais; i en ellos consiste nuestra primera confianza que seguramente no será burlada. L o s momentos son los que deben aprovecharse. L a s provincias se hallan en la mejor disposición aunque indefensas; al enemigo destruido i mui débil se le han obstruido los recursos i todas las cargas de armamentos, plata i cuanto útil podia encontrar en Santiago. V a a situarse con nosotros en la ladera de los Papeles donde somos fuertes por la naturaleza, por nuestras circunstancias, i por la debilidad misma del invasor que no se atreve ni puede perseguirnos. Aun no avanza de Santiago ni allí ha podido reunirse en orden de marchar. Sólo falta que nos venga el efecto de la jenerosa protección de V . E . , así se coronen de gloria i de nombre eterno sus obras, i sus intenciones, i a Chile llegue ocasión de poder corresponder, manifestando al mundo su gratitud. Dios guarde a V . E . muchos años.— Andes en Santa R o s a , a 8

de Octubre de 1 8 1 4 . — E x c m o . Señor. - José Miguel de

Catrera.

—Julián Uribe.—Manuel Muñoz Urzúa. — E x c m o .

Supremo

Director de la provincia del R i o de la Plata. E x c m o . Señor: Se ha recibido el oficio de V . E . datado en la villa de L o s Andes, el 5 del corriente: este gobierno lamenta la suerte de


148

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

ese E s t a d o , i hágale V . E . el honor de creerle q u e el no poder remitirle los ausilios que exije, le da el mayor sentimiento. Sin embargo, en obsequio de la relijiosa alianza que ha guardado con éste, ha dado ya todas las providencias para que no falten ausilios desde el pié de la cordillera, tanto a las tropas que puedan retirarse, en caso de una total derrota, cuanto a las desgraciadas familias que hayan emigrado; i no satisfecho con esto, parte personalmente a dictar las que juzgue conducentes a la seguridad de las marchas de aquéllas, i defensa de esta provincia. A esta fecha han marchado ya sobre mil muías i víveres suficientes; se da alojamiento a los que van llegando sin recurso alguno, i no dude V . E . que hallarán en este virtuoso pueblo todos los recursos que les haga menos sensible la grave pérdida que han sufrido. H e remitido con la celeridad que V . E . me encarga el oficio que para el Supremo Director de este Estado, se sirvió V. E . adjuntarme, i con la misma daré a V . E . el aviso de lo que resultare. Dios guarde a V . E . muchos años.—Mendoza, Octubre 1 1

de 1814.—José de San Mariin. N Ú M . 32

E l oficial comisionado por este Gobierno del punto de Villavicencio, me dice con fecha de ayer lo siguiente: »A las 1 2 del dia llegaron a este paraje los equipajes de los señores Carreras, quienes protestaron que serian sus equipajes hechos llamas, antes que permitir fuesen rejistradosir. S e me hace mui duro de creer este proceder; pero en el caso de que asi sea, estén V . S S ; seguros no permitiré quede impune un atentado contra las leyes de este Estado, i autoridad de este Gobierno. E l ayudante mayor de esta plaza entregará a V . S. este oficio, i don Andrés Escala, oficial de la contaduría, va encargado de ejecutar el rejistro prevenido. Y o espero después de la llegada de V. S. a ésta una contestación terminante sobre este hecho. Dios guarde a V . S. muchos años.—Mendoza, 1 6 de Octubre de 1814.—José de San Martin.—Señores J o s é Miguel i don J u a n J o s é de Carrera.

brigadieres don


DON BERNARDO O'HIGGINS

149

Contestación Dije verbalmente al ayudante de V . S. que equivocadamente se me oficiaba, amenazándome por haber atropellado las leyes del Estado negándome al reconocimiento del equipaje; éste fué conducido ayer a la Aduana después de mui rejistrado el de mi hermana: las llaves se perdieron en una carga de baúles que me robaron en el camino, i para que pueda remitírseme con la brevedad que exije mi desnudez, pasa a esa ciudad mi

asistente

J o s é Conde para que a su presencia se rompan las cerraduras. Conozco mis deberes; i es falso el hecho que V . S. espresa en su oficio, i tanto mas sensible la reconvención de V. S. Dios guarde a V. S. muchos a ñ o s . — C a m p o de Mendoza, 1 7 de Octubre de 1814.—José

Migtielde Carrera.—Señor

Gober-

nador don J o s é . d e San Martin.

N Ú M . 33

Se advierte que todos los individuos que van con signo de cruz, son los que se han señalado en todas las. acciones de guerra. Los que van con una raya, son los de regular conducta. Los que van con este signo — O — son individuos de ninguna capacidad i ninguna conducta; i los que no tienen signo son de aquellos que no son conocidos. Mendoza, 2 de Noviembre de 1 8 1 4 ( 1 ) . N O T A . — A virtud de la prevención mia, el brigadier don Bernardo O'Higgins ha puesto los espresados signos; pero según el conocimiento que tengo de muchos oficiales, no están con la imparcialidad que se encargó: hai muchos a quienes se distinguen sin duda por opuestos a los Carreras, i debe tenerse pre(1) Este oficio no está firmado; pero la nota que le sigue indica su autor.


«5°

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

senté esta circunstancia para, en caso de emplear algunos

ofi-

ciales, no ceñirse a los signos sin tomar otros informes que pueden facilitar entrada a algunos hombres de tanto o mas provecho que los signados. Mendoza, 5 de Noviembre de 1 8 1 4 .

-Marcos Balcarce.


CAPÍTULO

II

MUERTE DEL BRIGADIER MACKENNA.—PERSECUCIÓN DE LOS CARRERAS EN BUENOS AIRES.—VLAJE A ESTADOS UNIDOS DEL JENERAL DON JOSÉ MIGUEL.— ESPEDICION RESTAURADORA DE CHILE.

D e nada sirvieron a los Carreras las enérjicas reclamaciones que hizo el jeneral don J o s é Miguel, porque la persecución subió de punto i de ella resultó un suceso desastroso que sus enemigos colocan en el catálogo de crímenes que les formaron. Mientras don J o s é Miguel i don Juan J o s é eran conducidos de Mendoza a Buenos Aires con una escolta pagada a sus espensas (documento núm. 3 4 ) , llegaron a aquella ciudad don Juan Mackenna i don Luis de Carrera, i embaucado aquél contra éste i


I52

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

su familia, se profería en las tertulias í visitas de un modo que conmovió el honor de don Luis i le obligó a remitirle una esquela de desafío. N o preten demos defender esta especie de vindicación que reprueban la buena moral i la sana razón i únicamente puede ser acojida por un estravío de la civilización. Sólo vamos a referir el hecho, oido de boca de don Pablo Vargas, padrino de Mackenna, por defender a Carrera de la alevosía que se le imputó por un amigo de don Bernardo O ' H i g g i n s , que tuvo la valentía de asegurar que la herida de Mackenna había sido en la espalda i con una bala partida en cuatro pedazos i atada con seda. Inmediatamente que Mackenna aceptó el desafío, elijió armas i sitio i designó la hora. Ocurrieron los contendores puntualmente, acompañando a Mac kenna, don Pablo Vargas i a Carrera, don Guillermo T a y l o r i a ambos el cirujano Mr. Hamphord. Cargadas las pistolas por los padrinos i puestos los desafiados en situación de dispararse, Carrera llama a Mackenna a una reconciliación amistosa; le hace ver que el objeto de sus disenciones había concluido i que, si no era posible trabar una amistad estrecha, a lo menos, debían remitir sus disgustos al disimulo, por no ofrecer un ejemplo de escándalo en un pais estraño. Mackenna se rindió a la invitación de su adversario, le ofreció comer a su mesa al dia siguiente e iba a arrojar la pistola,


DON BERNARDO o'HIGGINS

153

cuando el padrino V a r g a s le reconviene por su docilidad, le excita el orgullo, echándole en cara que un anciano de sus respetos se sometiese a la insinuación de un joven sin ninguna recomendación. Mackenna entonces cambió de pensamiento i dijo a Carrera que estaba dispuesto a llenar el acto para que habian concurrido a aquel lugar. S e dispararon ambos a un tiempo i no se hirieron. Aquí habría terminado la enemistad de los desafiados, si la imprudencia de V a r g a s no hubiese impulsado a Mackenna a esponerse por segunda vez a la infausta casualidad de que habia escapado en la primera. Volvió a incitarle Carrera a una reconciliación; volvió a aceptar Mackenna, pero volvió Vargas a pulsarle la tecla de la vanidad hasta que le hizo entrar en un segundo combate, en que recibió en la garganta la bala de su contrario. Espiró en brazos de éste manifestando remordimientos estériles, porque si hubiese tenido enerjía o capacidad para aprovecharse de los impulsos de sus propios sentimientos, no sólo se habría libertado de la muerte i a su jeneroso adversario de la afrenta que se le im puto, sino que también se habrían evitado los sangrientos sucesos que ocurrieron después. N o tenia don Juan Mackenna carácter para mantenerse en la posición de jefe de partido en que se le habia colocado. E r a un anciano bondadoso con toda la petulancia de un joven inesperto, i por esto fué


154

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

víctima de su sencillez. N o habia sido éste el primer lance en que habia comprometido su vida por la facilidad con que espelia dicterios; pues, antes habia tenido en Mendoza otro desafío con don Juan J o s é de Carrera, que pudo ser estorbado por una partida que mandó el jeneral don J o s é Miguel a las órdenes del capitán don Juan de Dios Ureta i alcanzó a separarlos después de haberse disparado un pistoletazo i teniendo la fortuna de no herirse. Pero volvamos al desafío de don Luis. S e habia difundido tanto en Buenos Aires la disencion entre don Juan Mackenna i la familia de los Carreras, que al día siguiente en cuanto se presentó el cadáver en el pórtico de San Francisco, la opinión jeneral designó a don Luis como el autor de la muerte. S e le puso en prisión junto con el coronel don J o s é María Benavente con quien vivía, i se le formó una causa, en que a falta de pruebas para justificar la traición que se le suponía, se presentaron las mismas acusaciones que a manera de contajio habian inficionado todo el camino desde la falda de los Andes hasta las orillas del R i o de la Plata. S e consiguió disponer el ánimo del Director Supremo don Jervasio Antonio Posadas, para hacerle degradar del uniforme chileno, i quién sabe si se hubiera cometido este hecho escandaloso a no haber intervenido uno de los ministros de E s tado que pudo apear a aquel jefe del absurdo pen-


DON BERNARDO o'HIGGINS

155

Sarniento de ejercer su autoridad sobre unas insignias de un pais estranjero, haciéndole ver que si Carrera habia ¡nfrinjido las leyes del pais, ellas mismas le imponían la pena. Pero de nada menos se trataba que de vengar las leyes quebrantadas. Habría sido un escándalo, según el estado de la opinión pública de Buenos Aires en aquel tiempo, castigar a Carrera porque habia vencido en un duelo. E l espíritu marcial sostenía con calor estos actos i consideraba en Carrera un hombre pundonoroso, valiente i afortunado i por esto se buscó el sesgo de la traición, en que no se intentaba castigar el hecho sino el modo. Felizmente, don

Pablo Vargas, que se habia

ocultado para evitar la prisión, dirijió una carta al jeneral don J o s é Miguel, que llegó a Buenos Aires pocos dias después del suceso, en que le espone que si el duelo era permitido, la muerte de Mackenna era legal, como podría testificarlo él mismo en el caso que se le asegurase su libertad i le pide le proporcione algún asilo donde guarecerse de la persecución que le amenazaba. Y a el jeneral Carrera habia contraído en Buenos Aires algunas relaciones respetables i mediante ellas pudo esconder a Vargas a bordo de un buque de guerra ingles, en donde permaneció hasta que por la entrada al gobierno del jeneral Alvear, se cortó la causa i se dejó a los Carreras en libertad, no sin que les hu»


156

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

biese costado grandísimos trabajos para disuadirá este nuevo jefe de las calumnias con que sus enemigos habían logrado prevenirle en contra de ellos i hacer que les impusiese un destierro a Santa F é , que no tuvo efecto. Durante los tres meses que gobernó el jeneral A l v e a r nada hubo de particular con respecto a los Carreras, hasta el 1 5 de Abril de 1 8 1 5 en que fué depuesto por un movimiento popular; i aprovechándose los enemigos de ellos del desorden que reinaba, consiguieron que el alcalde de primer voto don Francisco Antonio Escalada, que presidia el tumulto, hiciese remachar a cada uno una barra de grillos, sin mas resultados que el de mandarlos poner en libertad a las pocas horas, dándoles la pueril satisfacción de que le habían engañado. Don J o s é Miguel habia entablado algunas

solicitudes

ante el director A l v e a r para que le diese ausilios con que volver a hacer la guerra a I03 españoles en Chile, i como nada hubiese conseguido, bien por el poco tiempo que mandó aquel jefe, o bien por otras causas, continuó sus instancias ante el sucesor coronel mayor don Ignacio Alvarez. También fue ron inútiles sus tentativas ante este majistrado, aunque aprobaba sus planes (documento núm. 35) i entonces resolvió pasar a los Estados Unidos en busca de los recursos porque anhelaba. Partió a fines de Noviembre del mismo año, sin mas caudal


DON BERNARDO o'HIGGINS

157

que $ i.ooo que consiguió prestados de una casa inglesa sobre las alhajas de su esposa, que dejó perder porque no tuvo con qué rescatarlas.

Por

este mismo tiempo se empezó a preparar en Mendoza el ejército que restauró a Chile i fueron llamados a coadyuvar a la formación i disciplina de cuadros don Joaquín Prieto, don Juan de Dios Vial Santelices i don J o s é María Benavente. E l primero para un cuadro de artillería, el segundo de infantería i el tercero de caballería. Aquellos dos jefes consiguieron el objeto que se les habia encargado, mas, al último se le frustró porque el jeneral San Martin le desterró a Buenos Aires i disolvió el cuadro. También fué llamado don Bernardo O'Higgins a la participación de un mando secundario, pues, no se sabe que hubiese hecho otra cosa que estar colocado a la cabeza de una de las alas del ejército, en un ejercicio jeneral que hubo poco tiempo antes de que la espedicion se pusiese en marcha. En este intervalo hai pormenores que pueden recojer la calma de un historiador i que para nosotros son inútiles. Sólo diremos, que aunque a los principios se suscitaron odiosidades entre los chilenos i los arjentinos, la importancia de la empresa acometida por San Martin las apaciguó i sólo se pensaba por unos i otros en recuperar a Chile su libertad. S e deseaba con ansias el dia de la partida de la espedicion i parecía que únicamente con el en-


158

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

tusiasmo i el deseo se conseguiría un completo triunfo sobre un enemigo, cuyas fuerzas habian sido diseminadas por la habilidad i destreza del valiente don Manuel Rodríguez, cuya historia sólo se encuentra escrita en la gratitud de sus compatriotas i en el sentimiento jeneral que ocasionó su alevosa muerte. Todos se congratulaban con los preparati vos militares; mas, nadie advertía las providencias políticas que se tomaban en secreto i empezaron a indicar que Chile, a pesar de ser restaurado del poder español, no gozaría de su libertad civil. E l ejército restaurador triunfó en Chacabuco, i según el parte de aquella acción memorable, don Bernardo O'Higgins recojió por su valor hermosos laureles. Pasaremos a la tercera época.

DOCUMENTOS NÚM. 34

Recibí del señor don José Miguel de Carrera, la cantidad de $ 50 para socorro de la escolta que está a mi cargo, i que por orden

del gobernador-intendente

dicho señor.—San Luis,

de Mendoza

1 2 de Noviembre

he exijido de

de 1814.—Agusiin

López. NüM. 3 5 M e ha llenado de satisfacción el patriótico celo con que V. S. empeña sus luces en la meditación fijar el destino

de la América

de los medios que han de

del Sur, en cuya

consecuencia

ha piesentado con fecha 8 del que rije, un juicioso plan relativo


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

159

a la libertad del Estado de Chile, cuya suerte mira este gobierno con igual interés que la de estas provincias. H e examinado con toda la detención que exije un proyecto tan importante, i sin embargo, de que en él resultan las oportunas reflexiones en que se funda, he tenido por conveniente no deliberar por ahora en la materia hasta que se reciban nuevas noticias de la espedicion peninsular e instruido de ellas pueda fijarse el plan de operaciones militares, según el suceso de las del ejército del Perú, que por momentos se espera. Doi a V . S. las gracias e igualmente que a la valiente oficialidad que ofrece sus servicios en la empresa i me lisonjeo que la ulterior conducta de este gobierno acreditará cuanto interesa su atención la suerte futura del desgraciado Chile.—Dios guarde a V . S . — Buenos Aires, Mayo 1 1 de 1 8 1 5 . — I G N A C I O A L V A R E Z . — P o r ausencia del secretario, Tomas Guido.—Señor brigadier don J o s é Miguel de Carrera.


T E E C E E A

TOMO XIV

È P O C A

II


CAPÍTULO

PRIMERO

VUELTA A BUENOS AIRES DEL JENERAL CARRERA.— NOMBRAMIENTO DEL BRIGADIER O'HIGGINS PARA DIRECTOR SUPREMO DE CHILE.—REGRESO DEL JENERAL

SAN MARTIN A BUENOS AIRES.

PRISIÓN

DE LOS CARRERAS I OTROS VARIOS SUCESOS.

E n las dos épocas anteriores hemos descrito las diversas

situaciones

que ocupó

don

Bernardo

O'Higgins, refiriendo los hechos tales como sucedieron, justificándolos con documentos i omitiendo reflexiones anticipadas que pudiesen embarazar la libertad de ejercitar la critica en toda su estension. Sin embargo, los lectores no encontrarán razones para calificarle de grande,

como pretende el doctor

Ascencio. L e consideraron en la clase de hombre


164

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

común, como majistrado, como militar, como patriota, como ciudadano, como honrado, como c r i minal, como intrigante, como faccioso, etc. Vamos ahora a recorrer el campo de sus triunfos, a recordar el tiempo de sus glorias... a examinar

su go-

bierno, comparándolo con los principios que sirven de base al heroísmo, es, decir, a investigar si el desempeño del ministerio público que ejerció por seis años, puede colocarle racionalmente en la clase de primer hombre de Chile, o el único, el fundador de su libertad... i, en fin, el padre de la existencia de la República. Estamos preparados para oir en refutación de lo que vamos a esponer ciertos centones que sirven de salida en los casos en que la razón, la justicia i la rectitud ponen sitio a las argucias, afecciones, o falta de discernimiento. N o hablamos sobre las defensas de mala fé, porque esto seria exijir que un hombre valiente se defendiese con vigor de un alevoso que le asalta por la espalda, o empeñarse en que un árbol, que solo se mueve por el impulso del viento, tenga potencias intelectuales. Y a hemos indicado que aunque se restauró a Chile del poder de los españoles en la batalla de Chacabuco, no reinó en él la libertad civil, i nos es preciso hacer una manifestación de esta verdad, conocida por unos pocos estranjeros, í llorada por todos los chilenos, a escepcion de los escasos elojia-


DON BERNARDO o'HIGGINS

16¿

dores del folleto del doctor Ascencio. Dijimos también que al tiempo que marchaba la espedicion se tomaban providencias que indicaban que la suerte de Chile no seria la mas próspera, i vamos a espía nar los comprobantes; E l 9 de Febrero de 1 8 1 7 llegó a Buenos Aires el jeneral Carrera de vuelta de los Estados Unidos del Norte, trayendo a sus órdenes una espedicion con que emprender la guerra contra los españoles en Chile. S e presentó al Director Supremo don Juan Martin de Pueyrredon, i aunque éste le recibió con mucha cortesía, usó de la táctica de someterle a ciertas dilaciones, como que esperaba algo del tiempo. E l 26 del mismo mes le dirijió Carrera la nota que se copia con el número 36, i por ella se verá que sus sentimientos eran trabajar por la libertad de Chile. N o recibió ninguna contestación, i esto indicaba que la espedicion a Chile conducida por el jeneral San Martin envolvía algún misterio. E l gran mariscal

del Perú acaba de confirmar este

cálculo dando publicidad a la carta de su amigo don Juan Florencio Terrada, en que asegura haber firmado la orden al capitán jeneral para hacerle nombrar presidente de este pais (documento núm. 37). E n esto se manifiesta que el gobierno de Buenos Aires no era un ausiliar de Chile, sino un conquistador; pues, ordenando al jefe de sus fuerzas que hiciera nombrar de Presidente a un individuo de


l66

MANUEL J 0 5 É GANDARILLAS

su elección, privaba a los pueblos de la facultad de hacer una elección libre. ¿Acaso los ausilios de restaurador dan derecho alguno sobre la libertad del restaurado? ¿Qué diferencia había entonces para los chilenos entre la dependencia de Fernando V I I i la de don Juan Martin de Pueyrredon? L o s que discurrían en aquel tiempo hallaron ésta: que la opresión de los españoles era un deber, porque eran enemigos; pero la de los arjentinos, un crimen, porque eran hermanos que defendían una misma causa i profesaban iguales principios. N o es estraño que los pocos ciudadanos que se reunieron el 1 5 de Febrero en los trasportes de gozo, nombrasen por gobernador del pais al jefe de la espedicion; ni menos que éste, en cumplimiento de las órdenes de su Gobierno, hiciera por medio de sus ajentes que el nombramiento recayese en la persona que se- le habia indicado (documento núm. 38), mas que don Bernardo O ' H i g g i n s , siendo chileno, se sometiese a las órdenes de los ausiliares, o que éstos se hubiesen constituido sus tutores, es lo que no puede componerse con el carácter de héroe que se le da a nombre del doctor Ascencio. Tampoco se sabe si él mandaba, o los ausiliares; pero de cualquier modo que sea, lo que resulta es que él no procedió como chileno, ni aquéllos como hermanos. E l uno debió comportarse con la imparcialidad de un hombre verdadera-


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

l6j

mente libre, que sólo dependía de los pueblos, a cuya cabeza se habia puesto, i aquéllos con la indiferencia de unos meros ausiliares. Estos i él carecían de facultades para decretar prisiones i erijirse en calificadores o jueces de los partidos que habia habido en Chile antes de su ocupación por los españoles. Debian haber esperado las resoluciones de la voluntad pública i no haberlas sufocado. ¿Con qué orden, por qué autoridad fueron desterrados de Mendoza a Buenos Aires los chilenos don Manuel N o v o a , don Carlos Rodríguez, don Manuel Muñoz Urzúa i don Juan Esteban Manzano? Mientras se entonaban himnos al brillante triunfo de Chacabuco, fueron estos ciudadanos encerrados en una rigurosa prisión de orden del g o bernador Luzurriaga i alejados después de aquel territorio. E l jeneral Carrera, cuya comportacion consta de los documentos que copiamos bajo el número 39, fué arrestado en Buenos Aires i su hermano don Juan José, escapándose don Luis por una casualidad. También fueron presos don J o s é María, don Diego i don Mariano Benavente, i al cabo de algún tiempo recibieron orden de salir para países estranjeros, lo que no verificaron por escás ez de recursos. E n los mismos días llegó de M o n t e video a Buenos Aires don Pedro Nolasco V i d a l , llamado por el jeneral San Martin a ejercer el destino de sarjento mayor del cuerpo de artillería, para


l68

MANUEL JOSÉ GANGARILLAS

el cual le había nombrado él mismo, al Estado

de Chile

representando

(documento núm. 40). S e pre-

sentó al director Pueyrredon a pedirle su pasaporte para este pais i a darle una satisfacción

de la de-

mora involuntaria que habia tenido en Montevideo. F u é bien recibido i bastante mortificado por los elojios que recibió de su patriotismo, i dias después se le presentó un edecán del Gobierno a entregarle un pasaporte para Londres (documento núm. 4 1 ) Creyendo Vidal que esto podria ser una equivocación, intentó devolver el pasaporte al edecán, mas éste, que iba bien instruido, le convenció de que el dicho pasaporte era para él. Don J o s é Miguel Infante a quien tomó en Buenos Aires la pérdida de Chile, en la clase de ájente diplomático, se hallaba en una hacienda de la jurisdicción

de Córdoba

consagrado a tareas rurales para proveer a su subsistencia, e inmediatamente que llegó a su noticia la restauración de su patria, abandonando todo, se puso en marcha para ella i habiendo llegado a Mendoza fué detenido por el gobernador Luzurriaga, a pretesto de que no llevaba pasaporte. L e prometió éste dejarle en libertad para seguir su viaje, en cierto plazo, si en él no regresaba el jeneral S a n Martin que se hallaba en Buenos A i r e s . E s preciso que los lectores fijen un poco la atención en estos hechos i sus circunstancias. Dada la batalla de Chacabuco

i ocupada la


DON BERNARDO o'HIGGINS

169

ciudad de Santiago por las armas victoriosas, fué elevado don Bernardo O'Higgins a la silla del Gobierno en el modo i forma que consta del documento acompañado, e inmediatamente el jefe del ejército restaurador partió para Buenos Aires. S e ignora si por orden de su Gobierno, si en comisión del de Chile o de su propia autoridad; pero sea como fuere, no se puede dejar de estrañar que el jefe de un ejército ausiliar tomase parte en los negocios gubernativos i en las retenciones de los ciudadanos del pais ausiliado. E l dia antes de hacer su entrada pública en Buenos Aires sucedió la prisión de los Carreras i Benaventes que ya hemos dicho, i en lugar de interceder porque aquel G o bierno se manejase con imparcialidad, no hizo mas que trabar una liga con el de Chile, i poner los destinos de ambos países a disposición de un club, cuyos horrores son recordados al sonido solo del nombre de Lautarino.

Concedió permiso a los

desterrados Novoa, Rodríguez, Manzano i Muñoz Urzúa para que pudiesen permanecer libremente en cualquier punto del territorio de las Provincias Unidas del R i o de la Plata, i por su influencia se negó el pasaporte a doña J a v i e r a de Carrera. E s t o s actos no pertenecen al jeneral de un ejército ausiliar, sino al jefe del pais i, sin embargo, el director Pueyrredon retuvo de su orden a la señora de Carrera, i el gobernador Luzurriaga demoró en su


170

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

nombre al señor Infante. ¿I el chileno O ' H i g g i n s consentía estas degradaciones? Aun hubo otras mayores que deben avergonzarle i cuya memoria provocan hasta ahora la indignación de los que saben apreciar su pais. Habiendo dispuesto un viaje a Concepción a activar personalmente la guerra contra el resto de españoles que se habia refujiado en aquella provincia, cometió el atentado contra los principios, e hizo a los chilenos la injuria de delegar el mando supremo en don Hilarión de la Quintana, coronel del ejército de Buenos Aires, hombre tan petulante i altanero que en pocos dias se hizo aborrecer de todo el pueblo. B a j o su mando, que justamente puede compararse con el de un mayordomo de negros del Brasil, se encarcelaron una porción de ciudadanos a pretesto de una revolución denunciada por una beata que nadie ha conocido. S e formó una comisión pesquisadora i los grillos i los calabozos mortificaban a los patriotas sin diferencia alguna del tiempo de los españoles. Unos cuantos hombres de respeto que se acercaron a advertirle los disgustos que ocasionaba con su conducta, fueron mofados i las madres de familia que se dirijieron a manifestarle la inocencia de sus hijos, no recibieron mas que insultos. L l e g ó a ser tan despreciable que ya las súplicas no se dirijian a este jefe del pais sino al jeneral del ejército ausiliar, don


DON BERNARDO o'HIGGINS

171

J o s é de San Martin, porque se conoció que en él estaba el centro del poder i que cuanto se hacia por otros, por elevada que fuese su jerarquía, no era mas que operaciones de subalternos. Sin duda por esto San Martin iluminó a O ' H i g g i n s el pensamiento de retirar del mando a Quintana subrogándole con una junta de tres chilenos, que siquiera por su oríjen inspirasen confianza a sus compatriotas. N o se le puede negar la calidad de admitir todo consejo que él conozca que le proporciona algún provecho i al momento nombró a los señores don Francisco Antonio Pérez, don Luis de la Cruz i don J o s é Manuel Astorga. L o s chilenos se consolaron con tener en el Gobierno

compatriotas

suyos, mas no se conformaron con la ilegalidad del nombramiento. Calmaron el desasosiego que les ocasionaba un delegado que se creía conquistador; pero no abandonaron jamas la idea de la ilejitimidad del nombramiento de la junta. Querían un Gobierno que emanase de la voluntad pública: deseaban que el pais se elevase al rango de nación independiente por aquellos medios e instituciones que aconseja la ciencia social;mas, se intentó sofocar estas ideas, emanadas de la pureza del patriotismo, por medio de ardides que para unos son hasta ahora enigmas, para otros falsedades i para unos pocos realidades.

E l apellido de Carrera sirvió de

pretesto i el nombre de O'Higgins de ájente. E l


I?2

MANUEL JOSÉ GANDÁRILLAS

que hablaba sin servilidad era un revoltoso carrerino, i el adulador era un decidido patriota N o nos es posible recordar con serenidad aquella época de humillación, i la incomodidad nos obliga a suspender el discurso hasta el número siguiente. DOCUMENTOS NfJM.

36

E x c m o . Señor: Después de haber dado todos los pasos que estaban a mis alcances para reorganizar las fuerzas de mi mando con el objeto de volver a mi patria para libertarla de un feroz enemigo que habia obtenido ventajas por solo unos mas que desgraciados accidentes, emprendí viaje a los Estados Unidos para ver si allí podia conseguir lo que aquí se creia ya imposible. Correspondieron los resultados, encontré amigos decididos por nuestra felicidad i una protección que me da entera confianza en el éxito de mis combinaciones. Se ha puesto bajo mi

dirección

una respetable flotilla de cinco buques de guerra con armamento, municiones, oficiales, artistas i cuanto es necesario para organizar un pié de ejército en cualquiera punto de la costa de Chile en que se desembarque. V . E , verá en el adjunto estado la total fuerza de los buques i el número de fusiles que tienen a bordo; así mismo acompaño relación de los oficiales i lista de los artesanos para que V. E . pueda formar una exacta idea de lo esencial de los recursos con que cuento para ausiliar al desgraciado Chile, para asegurar la posesión del Pacífico i para protejer cualquier punto de los que deba arrojarse al ene* migo. Esta flotilla, E x c m o . Señor, debia haber seguido hasta destino sin tocar en puerto alguno i para ello habia

su

tomado

provisiones para seis meses; pero conociendo yo que la combi-


DON BERNARDO o'HIGGINS

*73

nación con las tropas situadas en Mendoza proporcionaría un éxito mui feliz, preferí el entrar en este puerto para tener el honor de acordar con V. E . cuanto se creyese conveniente. Hoi parece que cambian las circunstancias a vista de la gloriosa acción de Chacabuco; pero no la absoluta necesidad de dominar al Pacífico, único paso que puede asegurarnos la ruina de nuestros terribles opresores. Dígnese V . E . reflexionar sobre tan interesante asunto, no olvidando que puede duplicarse la fuerza de la flotilla sin desembolso de este Erario i que debe contarse con la seguridad i protección que he insinuado a V. E . Todas mis miras son dirijidas únicamente a la felicidad americana por la que he hecho i haré toda clase de sacrificios. Dios guarde a V. E . muchos años.—Buenos Aires, 26 de Febrero de 1 8 1 7 . - E x c m o . Señor. — José

Miguel de Cartera.—

E x c m o . Señor don J u a n Martin Pueyrredon, Supremo Director de las Provincias Unidas del R i o de la Plata. N Ú M . 37

Señor brigadier jeneral don Bernardo O'Higgins.—Mi caro i antiguo amigo.—Acabo ahora mismo de firmar la orden al capitán jeneral

para que luego que pise el territorio de Chile sea

U d . nombrado presidente de él, con entera i absoluta independencia de este gobierno; me resultan dos satisfacciones de esto, la primera, haber firmado e influido para esto, i la segunda, que el gobierno de mi pais acredite a la faz del mundo que no es ambicioso, ni piensa dominar paises amigos i hermanos, sino salvarlos de la opresión tiránica en que jimen. Cuidado que esto no se dice a nadie, pues podría comprometerme i estoi encargado del sijilo. Carrera viene en una fragata norte-americana: vaya esta noticia para que todo no sea alegre; mucho siento este accidente, por lo que puede influir en el desorden de su hermoso pais. Adiós, amigo, deseo a U d . salud i victoria, mis memorias a su señora madre i hermanita i U d . cuénteme siempre entre el nú-


174

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

mero de sus verdaderos amigos Q. S. M.

B.—Juan Florencio Te-

rrada. — Buenos Aires, 17 de E n e r o de 1817.

NÚM.

38

E n la ciudad de Santiago de Chile, a i s dias del mes de F e brero 1 8 1 7 años, habiéndose juntado en la sala capitular de esta ciudad los vecinos que abajo suscriben, a consecuencia del bando publicado en este dia de orden de S. E . el señor capitán jeneral i en jefe del ejército de la Patria don J o s é de San Martin, a efecto de nombrar tres electores por esta provincia, por la de Concepción i la de Coquimbo i habiéndoseles leido dicho bando se les mandó por el gobernador político interino don Francisco R u i z Tagle, proceder a la elección o nombramiento de los referidos sujetos: todos a una voz i por aclamación jeneral dijeron no haber necesidad de nombrar electores i que su unánime voluntad era la de que fuese gobernador del reino con omnímoda facultad el señor jeneral en jefe don J o s é de San Martin i lo firmaron, de que doi fé. Hai 1 0 0 firmas. Ante mí, Agustín Díaz, secretario escribano del pueblo libre. A l dia siguiente reunido otra vez el pueblo por la renuncia del E x c m o . señor jeneral en jefe de los Andes, repitió infructuosamente el mismo voto aclamado de la acta anterior; pero al fin, convencido de la fuerza de las reflexiones con que el señor jeneral se resistió i que hizo decorosamente presente por medio de su auditor jeneral, aclamó el pueblo por Director Supremo interino al señor brigadier don Bernardo O'Higgins, recibiendo la doble satisfacción de que el nombrado por S. E . doctor don Bernardo Vera protestó que lo era de la suya: así lo acordó, firmó i mandó quedase constancia por la presente acta de que se pasase copia a S. E. i al aclamado para su posesión, de todo lo cual certifico i doi fé. H a i 2 1 0 firmas de vecinos patriotas. Ante mí, Agustín Díaz, secretario escribano del pueblo libre.


DON B E R N A R D O

NÚM.

o'HIGGINS

175

39

E x c m o . Señor: Después del funesto acontecimiento de Rancagua no me abrió otro camino la suerte que el de pasar la cordillera con los destrozos del ejército i los que a su abrigo quisieron emigrar en este estado de infortunios, no me abandonó la esperanza de poder dar a los negocios otra existencia menos desgraciada. Puesto en la ciudad de Mendoza reclamé con todos mis esfuerzos la protección del Supremo Director del Estado, i del gobernador de la provincia, a fin de alcanzar un auxilio que me pusiese en estado de abrir el teatro de la guerra en la provincia de Coquimbo, aun en libertad i disputarle al enemigo sus ventajas. N o quiso la suerte que hallasen acojida estas mis súplicas; por lo que el gobierno emigrado, para quien, como para mí eran insoportables las vejaciones de la patria, me ordenó pasase a los Estados Unidos en busca del socorro que exijia la marcha de las circunstancias. Salí de Buenos Aires el 9 de Noviembre de 1 8 1 5 i llegué a mi destino el 1 7 de Enero del año siguiente, sin mas protección que la que me daba la buena causa. Abiertas mis negociaciones, yo dejo al juicio de V. E . el estudio reflexivo que me seria necesario para dirijir mis proyectos alejándolos de todos los obstáculos i los pasos tan activos i multiplicados para darles un movimiento decisivo. L a nobleza de alma de los señores Darcy i Didier en unión con sus amigos no dejaron frustrados mis conatos. L a fuerza marítima, los auxilios militares, los oficiales i artesanos que pusieron bajo mis órdenes i cuyos estados acompaño, son buenos comprobantes de que tuvieron el feliz resultado que deseaban el pueblo chileno, los votos públicos i aun el interés jeneral de la América del Sur. A nada menos se dirijia que a fomentar la insurrección de Chile, posesionarse de algunas provincias ca paces de organizar un buen ejército i por fin hacerse dueño del Pacífico. M e hice a la vela desde el puerto de Baltimore el 26 Noviembre de 1 8 1 6 i arribé a éste el 9 del pasado Febrero con


176

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

el triple objeto de reforzar la tripulación, examinar la situación política de Chile i combinar mis operaciones con el ejército de Mendoza, para que a pasos paralelos pudiésemos invadir al enemigo. Desgraciadamente, supe que ya habia pasado la cordillera el ejército de Mendoza i que difícilmente podia ser su consorte en esta lucha gloriosa. Sin embargo, considerando que podían estar íntegras las fuerzas marítimas del enemigo para servir de apoyo a los puertos con quienes estuviesen en contacto, continué en disponer el buque para doblar el cabo luego que estuviesen de arribada los otros que esperaba. E n esta situación de cosas i cuando habia llegado ya la Escuna Davei, me comunicó el Supremo Director del Estado su resolución definitiva de cortar el progreso de esta espedicion por temores que le asistían de que mi presencia perturbase el sosiego de aquel Estado. Por sensible que me fuese ver en el mismo puerto naufragadas mis esperanzas, encontró en mí la docilidad de una alma que identifica con su propia existencia la felicidad de su patria. Persuadido que es necesario ceder al imperio de las circunstancias, tomé desde luego mi partido de ponerlo todo, como lo hago, en consideración de V . E . para que determine lo que fuere de su superior beneplácito. Entre tanto, temiendo ver desecha o neutralizada la escuadrilla, no h e omitido esforzar la persuacion a fin de que este señor Director influya en el nombramiento de otra persona que ocupe mi lugar o que a lo menos no se den patentes de corso a los buques sin la precisa cláusula de hacerlo en el Pacífico i la de tomar a Juan Fernández para libertar a los que se hallan en la opresión, Por lo que corresponde a oficiales i artesanos he contraído mi solicitud a que busquen su destino por tierra; a que se me ha contestado, q u e marchan los segundos i que los primeros serán empleados en Buenos Aires, Perú i Chile. D e los barcos de la flotilla aun no han llegado el Salvaje i el Rejente; pero vivo persuadido de que estarán aquí en breve. L a fragata Jeneral Scoit tocará la rada de Maldonado a fines de este mes o principios del entrante según las cartas que he recibido de Baltimore en la Escuna. Por su correspondiente estado verá V . E . que he forma-


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

177

lizado dos contratas de armas i municiones cuyos valores van en ellos detallados. Diferentes individuos han sido excitados por mí en nuestro auxilio i no dudo que en lo sucesivo emprenderán espediciones que nos sean ventajosas. Por último, acompaño la contrata firmada por los oficiales i artesanos, cuyo contesto impondrá a V. E . de sus obligaciones. Dios guarde a V. E . muchos años.—Buenos Aires, Marzo 1 5

de 1 8 1 7 . — E x c m o . Señor.—José Miguel de

Carrera.—Excmo.

Supremo Director del Estado chileno.

Reservado.— E x c m o . Señor: Apenas puse el pié en los E s tados Unidos cuando me trasladé a Washington con el importante objeto de observar las miras políticas del Gobierno, res pectivamente a los pueblos insurreccionados de la América del Sur. N o fué sin mucha complacencia de mi espíritu que encontré las mas favorables disposiciones para salvar estos Estados i servir de un poderoso contrapeso a la ambición de los que pretenden volverlos a su yugo. N o deja en problema esta verdad la respuesta que en Enero del año pasado dio al embajador español el señor Monrae, Ministro de Estado de la R e pública. L o s mas recomendables miembros del Congreso están firmemente persuadidos de que pertenece a la gloria de este cuerpo declararse por protector de nuestra libertad i hacer que consigamos la fruición de los derechos a que somos destinados por la naturaleza. Sobre esta base sus esfuerzos son todos dirijidos a que los Estados se nos unan bajo un pacto de alianza, el mas estrecho i sólidamente establecido. A su juicio, deben allí reunirse los enviados de los gobiernos del Sur con el saludable objeto de pedir el reconocimiento de nuestra independencia, manteniéndose a la inmediación del Congreso durante sus sesiones, las que acabadas se separarán con dirección a los principales Estados a fin de inclinar los pueblos a favor de su causa. Si se desea un comprobante de estos sentimientos, yo puedo producir la esquisita dilijencia con que aquel Gobierno provoca a la España al teatro de la guerra, sin malograr un lance que puede darle este apetecido resultado. L a espedicion marítima TOMO XIV 21


i 8 7

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

que ha venido a mi mando es una consecuencia de estos principios i de la opinión de aquel señor Presidente que, sin dominar el Pacífico, no será fácil vencer los obstáculos que se oponen a la insurrección de Lima. E n su cálculo entra que estas espediciones del Océano Pacífico sean costeadas por Méjico, Santa F é , Chile i aun Lima, libre del cautiverio. Nada mas justo como el que los de esta coalición que se reúnen para el percibo del beneficio lo hagan también para soportar sus cargas. H a decretado aquel Gobierno la colonización de las Islas Marquesas i piensa poner allí una fuerza respetable en protección de su comercio. Este proyecto es uno de los que mas nos conviene según la política del tiempo para la redondez de nuestro sistema. T a l cual se presenta producirá tres efectos de grande interés; a saber, ausilios de guerra para los pueblos que se insurreccionen, asilo de nuestros corsarios i seguridad en el curso de nuestras operaciones mercantiles. Las fragatas de 44, la Guerrera i la Macedonia estaban nombradas al efecto. L a conducta de la corbeta española la Diana con una goleta de guerra americana ha entorpecido un poco la obra proyectada de la colonización, porque queriendo el Presidente Madison poner en el golfo de Méjico una fuerza represora contra los españoles, mandó que la Guerrera saliese de pronto a la mar a fin de unirse con otros buques menores que lo habían hecho de Nueva Orleans. Este momentáneo suceso no le ha hecho variar a la fragata su primitivo destino, pues se me ha asegurado que seria reemplazada dentro de un mes i volvería a reasumirlo. Soi de opinión que estos buques tocarán el R i o de la Plata, así para examinar el estado de su comercio, como para reforzar sus tripulaciones. Dior guarde a V. E . muchos años.—Buenos Aires, Marzo 15

de 1 8 1 7 . — E x c m o . Señor.—/osé Miguel de

Carrera.—Excmo.

Supremo Director del Estado Chileno. E x c m o . Señor: Como conociese la necesidad de establecer la comunicación entre todos los gobiernos revolucionarios de América por lo que clamaban los enviados que se hallan en Estados Unidos, creí


DON

BERNARDO

O'iIlGGINS

179

de mi deber nombrar un sujeto de toda mi confianza que se encargase de este pesado servicio. John Skinner Esquire, administrador de correos de Baltimore, se ofreció gustosísimo aseguíándome de la pureza i exactitud con que desempeñaría su comisión. E s este caballero de los mas respetables vecinos de aquel pueblo i disfruta de toda la confianza del señor Monroe. E n todas las ocasiones que se presenten para los Estados Unidos, será un deber político de los gobiernos escribir a todos los otros acompañando un ejemplar de papeles públicos para cada uno de ellos i cuantas noticias puedan interesara los americanos. Buenos Aires, por ejemplo, dirijirá sus comunicaciones al gobierno de Caracas, Santa F é i Méjico, del mismo modo que Méjico a Caracas, Santa F é , Buenos Aires i Chile. Para no aventurar el sijilo de algunos asuntos reservados se han convenido en usar de la clave que incluyo. Cuando por V. E . se escriba a los gobiernos por medio del señor Skinnner, será mui conveniente se le comuniquen las noticias que puedan convenir a los Estados Unidos, acompañándole igualmente una colección de gacetas para que lo pase todo a las manos del presidente Monroe quien ha manifestado interés en esto. Dios guarde a V . E . muchos años.—Buenos Aires, 1 5 de Marzo de 1 8 1 7 . — E x m o . Señor.—José Miguel de Carrera.— E x c m o . Supremo Director del Estado Chileno.

Excmo. señor don Juan Martin Pueyrredon.—Señor de todo mi respeto: Por mas que mis enemigos se apuren en hacerme parecer criminal, yo estoi cierto de que en mi primera defensa acreditaré mi inocencia. Mi actual situación es bastante desgraciada, si se atiende a la de mi familia que, emigrada de su pais, no cuenta con otros recursos que los que pueda yo adquirir por mis amigos o mi trabajo. N o se cómo se hallan los intereses de nuestra casa, ni espero nada de ella por los destrozos que ha sufrido de los enemigos. Preso mi padre en Juan P'ernández, i emigrados todos mis hermanos a estas provincias, no queda


i8o

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

en Chile una sola persona que pueda reclamar lo que nos pertenezca. El Gobierno ha destinado nuestras casas para oficinas i no me admiraré si da un igual destino a las haciendas. A mi mujer que se halla embarazada i con dos pequeñas hijas se le niega a reunirse a su madre, único medio de evitar la mendicidad que ya esperimenta. Mi hermana corre igual suerte i algo peor al considerar que cinco de sus mas tiernos hijos están en Santiago al cuidado de su padre, quien por la calidad de español no debe contar con mucha seguridad. E n estas tristes circunstancias, me veo preso e incomunicado sin saber el motivo de tal determinación. Sea el que fuere, satisfecho de la justificación i jenerosidad de V. E., me tomo la libertad de suplicarle que para poner fin a esta cadena de infortunios se digne V. E . ordenar la pronta conclusión de mi causa, causa que deseo para satisfacer al mundo de la rectitud de mis procedimientos i para acreditar a V . E . que ellos no desmienten las sinceras espresiones con que tuve el honor de hablarle en diferentes ocasiones. Si por algunas razones políticas no puede llamárseme a juicio, yo pondré fin a los infundados recelos de los que talvez dimana tanto mal. Apenas consiga de V . E . la libertad i un pasaporte partiré a puertos estranjeros, i sin pensar mas en la carrera que me ha obligado a toda clase de sacrificios, me dedicaré a endulzar las amarguras de los que son desdichados por mí. Deba a V. E . este favor, seré eternamente su reconocido i obediente servidor.—Excmo. Señor.—

José Migutl de Carrera.—A bordo del Belén, Abril 3 de 1 8 1 7 . E x c m o . Señor: Hablar a V. E . de mis sacrificios, de mi inocencia, de mi horrorosa situación, del abandono de mi familia i de la cadena de desgracias que me arrastra, seria conmover el ánimo de V. E . M e es preciso salir de estas provincias para un pais estranjero, cuya distancia hace bastante difícil la comunicación con mi casa, de donde únicamente puedo sacar algunos ausilios para mi subsistencia. Cuanto poseía i cuanto me proporciona-


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

181

ron algunos amigos lo empleé en la espedicion destinada a la salvación de mi patria. Los oficiales i artesanos de que V. E . se sirvió J i o , , o n c i i han recibido solo en dinero mas de $ 7,000; $ 1 , 5 0 0 gasté en sostenerlos en Buenos Aires, creyendo que me serian pagados, como se me ofreció por el señor Terrada i el señor Guido, a quienes signifiqué en diferentes ocasiones, que de aquel único modo podia continuar asistiéndolos, pues que mi familia no contaba con otros recursos. Cuando V . E . se negó al pago de $ 500 i mas que se debían a algunos individuos, me fué preciso vender por la cuarta parte de su valor varias cosas de mi uso para evitar representaciones i quejas contra mi persona. Me resolví a sufrir este perjuicio en silencio; pero las posteriores ocurrencias, la imposibilidad de buscar algún auxilio a causa de mi prisión, la situación de mi mujer con dos tiernos hijos i embarazada, el importe de nuestro pasaje por el que exijirá precisamente el dueño del buque que me conduzca, etc., me obligan a suplicar a V. E . se digne mandar me sean dados los $ 1,500, cuando no en calidad de pago, al menos como empréstito que puede cubrirse con los bienes que poseo en Chile. Y o espero este favor de la jenerosidad de V. E . para aprovechar la oportunidad de un buque que parte mañana para Boston. Dios, etc.—Buenos Aires, prisión en el cuartel de Granade-

ros, Abril 1 7 de 1 8 1 7 . — Excmo. Señor.—José Miguel de Carrera.—Excmo.

Supremo Director de las Provincias de la Plata. NÜM.

40

Don José de San Martin, coronel mayor de los ejércitos de la Patria i del rejimiento de granaderos a caballo, gobernador intendente de esta provincia de Cuyo, etc. Por cuanto, sancionado el proyecto de formar de entre los emigrados del Estado de Chile, cuadros de oficiales de varios cuerpos que sean desde luego al plantel de las lejiones militares que afiancen su ansiada libertad e independencia, i habiendo


MANUEL JOSÉ

]§2

GANDAR1LLAS

procedido la comisión nombrada a! efecto a la elección de los oficiales

respectivos i debiendo efectuarse por este gobierno

la de los jefes; por tanto, atendiendo

a los méritos i ser-

vicios de don Pedro Nolasco V i d a l , he venido

en conferirle

a nombre del Estado de Chile, el empleo de sarjento mayor del batallón de artillería de él, concediéndole las gracias, exenciones i prerrogativas

que por este título le corresponden. Al

efecto, mando S Í le tenga i reconozca por tal sarjento mayor, para lo que le hice espedir el presente despacho, firmado por mí, refrendado por el secretario del ejército, del cual a su tiempo se tomará razón en el Tribunal de Cuentas, i Tesorería J e neral correspondiente. D a d o en Mendoza a 17 de J u n i o de 1 8 1 6 . — J O S É D E S A N MARTIN.—José

Ignacio Zenteno,

secretario.

S. S. confiere el empleo de sarjento mayor del batallón de artillería de Chile, a nombre de aquel E s t a d o , a don Pedro N o lasco Vidal. E l adjunto despacho instruirá a U d . del empleo que se le ha conferido en los nuevos cuerpos del ejército de Chile, cuyos cuadros de oficiales ya están nombrados. Si es de su aceptación, espero venga U d . cuanto antes a esta ciudad a activar la disciplina de su cuerpo en que ya está entendiéndose por exijirlo con urjencia los apuros del tiempo. Previniéndole que su trasporte se costeará de cuenta del E s t a d o , como así lo he pedido al Supremo Gobierno. Dios guarde a U d . muchos años.—Mendoza, de 1816.—José de San Martin.—Señor

20 de J u n i o

don Pedro Nolasco

Vidal. NÚM.

41

El Supremo Director de las Provincias Unidas de Sui América Por cuanto he concedido permiso a don Pedro Nolasco V i dal para pasar a Londres,


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

Por tanto ordeno y mando no se le ponga embarazo en su embarco, a cuyo efecto le hice espedir el presente firmado de mi mano, refrendado por mi secretario de Gobierno i sellado con las armas del Estado. D a d o en Buenos Aires, a 6 de Marzo de Vicente Lofiez, secretario interino.

DON.â&#x20AC;&#x201D;

1817.â&#x20AC;&#x201D;PUEYRRE-


CAPÍTULO

II

CONDUCTA POLÍTICA DEL GOBIERNO EN I 8 1 7 1

1818

HASTA LA BATALLA DE MAIPO I DECLARATORIA DE LA INDEPENDENCIA.

Con los nombres de circunstancias

i

revolución

se cubrían todos los atentados; se ajaban las leyes i se atropellaban las personas. L a s palabras enigmáticas, medidas

de precaución,

autorizaban todos

los abusos del poder. L a s mismas servían de disculpa a los gobernantes que subrogaron

al coronel

Quintana, porque su posición no les permitía otra cosa. Ellos conocían las injusticias que se cometían, pero carecían de valor para contenerlas, bien porque el patriotismo les conducía a objetos mas grandes, según se espresaban, aunque fuese con el

sacrificio


i86

MANUEL JOSÉ

de algunas revolución,

víctimas

GANDARILLAS

que son necesarias

en toda

o bien poique se les hizo creer que las

conjuraciones

forjadas para preparar una marcha

de terror i organizar un sistema de tiranía, eran positivas. Aquellos

bondadosos gobernantes

no

sabian que ellcs i los pueblos de Chile, incluso su director O'Higgins, dependían d é l a s disposiciones de la lojía Lautarina

establecida en Cádiz en 1 8 1 2 ,

trasportada a Buenos Aires en 1 8 1 3 , destruida allí en 1 8 1 5 , restablecida en 1 8 1 6 i ramificada en Chile en 1 8 1 7 . L a masa de ciudadanos no tenia influencia ni conocimiento alguno délos negocios gubernativos. S u

opinión era reputada en nada, i a pesar

de los destellos con que algunas veces se manifestaba, se trató de estraviarla, para que dejase el campo librea las operaciones de los dominadores i su ájente, el gran mariscal del Perú. Es decían, libertar

el país de los españoles,

preciso,

(a quienes

con gran cuidado se dejó fortificar en Talcahuano), i llevar

después

la guerra

a Lima;

i estas voces

enigmáticas hacían disimular la ignominia con que eran tratados los chilenos. Para comprobar la verdad de estas indicaciones nos es necesario referir varios sucesos por los cuales los lectores se convencerán de que no acumulamos invectivas. E l impresor de aquel tiempo, que había abandonado desde 1 8 1 4 su país por ser libre, i no se resti-


DON B E R N A R D O

tuyo a él en 1 8 1 7

O'HIGGINS

187

para ser esclavo, animado sólo

por los principios que profesaba, escitaba

a sus

amigos a que escribiesen sobre materias públicas, i viendo la resistencia que algunos le opusieron, tuvo el arrojo de reconvenirles por su cobardía. Sabido ésto por San Martin, le hizo llamar i después de una sultánica reprensión porque usaba de los derechos de chileno, le amenazó con un destierro. El impresor, o a causa del atolondramiento que se le atribuía por su juventud, o por el jenio indomable que hasta ahora se le censura, no tuvo paciencia para sufrir la reconvención, la amenaza i sobre todo la despedida que le hizo el jeneral sin oirle ni una sola palabra, volviéndole la espalda i diciéndole, vaya

Ud. i cuidado;

pues tomándole la

mano le detuvo diciéndole: vial modo de este señor jeneral:

oiga V. E....

resolveres

A la acción i a estas

espresiones, el enfurecido jeneral cambió de semblante i de tono, presentó una silla al ocupó él la otra, i tuvieron

impresor,

una conversación

de

diez minutos, en que le hizo presente la irregularidad de su comportacion, pues que siendo sólo jeneral del ejército ausiliar, intentaba llevar su autoridad hasta el estremo de sofocar las opiniones particulares que lejos de ser punibles propendían a fomentar el espíritu del pais. Oyó con una paciencia simulada la justificación

del impresor, i al fin le

responde: mi paisano, haga Ud. presente

alGobier-


M A N U E L JObÉ G A N D A R 1 L L A S

no esas cosas, porque yo no mando mas que en mis soldados.

Yo no soi de ese gremio,

i sin embargo he sido llamado convenirme.

dijo el impresor,

por

Ud. dispense mi paisano,

V. E. para

re-

dijo el jeneral,

estaba engañado porque me hablan dicho que Ud. era hombre

mui diferente,

hemos de ser amigos, i po-

niéndole la mano en el hombro le despidió con mucha urbanidad. E s t e pasaje no quedó encerrado dentro de las murallas de la casa del jeneral, por que seguramente habia en las piezas contiguas personas que lo percibieron i a las pocas horas se divulgó por todas partes. N o se hablaba de otra cosa q u e d e la osadía del impresor para con el jeneral San

Martin. Los tímidos lo compadecían, los ver-

daderos patriotas lo elojiaban, i los que estaban en el secreto de dominar a Chile le miraban con ceño torvo. Como en unas cuantas semanas no hubo ningún resultado contra él, se animaron algunos ciudadanos a contraer la atención al estado en que se hallaba el pais, a la marcha del gobierno, al oríjen del gobernante i su conducta, en fin, a todos los objetos a que debían dirijirse las ideas patrióticas. S e observó una especie de fermentación en los espíritus, í se advirtió que la apatía que habia impuesto el estruendo de las armas i el gozo de verse libres del poder de los españoles, se iba disminuyendo. Entonces se acudió a una providencia estrepitosa que infundiese terror, i restableciese la iner-


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

cia con que se contaba tan favorablemente

189

para

asegurar la dominación absoluta. El 7 de Agosto de 1 8 1 7 fué sorprendido el pueblo de Santiago con la prisión de varios ciudadanos de orden del delegado Quintana. N o se habia traslucido la menor causa para una providencia tan estrepitosa; no habia partido de oposición; no habia hombre alguno que reuniese opinión popular contra el Gobierno: marchaba éste por un sendero despejado; pero las pocas hablillas suscitadas a consecuencia del pasaje del jeneral San Martin con el impresor se hicieron valer como síntoma de conjuración: cinco días estuvieron los presos incomunicados sin saber la causa que les habia conducido a aquel destino; i al cabo de ellos, sin que hubiese precedido ningún trámite judicial, se les intimó, de orden del supremo delegado, por medio de su edecán don Rosauro García, que se preparasen para pasar la cordillera. E l impresor, que se hallaba entre éstos, respondió al edecán que se alegraba por no vivir en Chile, cuya situación era peor que la del tiempo de los españoles; i al dia siguiente fué sacado de la prisión por el mismo edecán, conducido a la presencia del delegado, i éste le preguntó si eran ciertas las espresiones antes referidas, i habiéndole respondido que sí, sin mas ocurrencia se le mandó volver a su arresto. L a familia del impresor, a quien llegó la noticia de este suceso, se


I90

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

dirijió al jeneral San Martin a tratar de contener por medio de su fuerza o de su influjo una providencia desagradable que no sin razón temia de la petulancia del delegado; i el consuelo que recibió fué oir al jeneral las siguientes espresiones: si hombre alguno me hubiese dado a mí semejante ta, le habría

mandado

respues-

al banco sin dejarle

tiempo que el necesario para

hablar

con un

mas fraile.

Presentamos estos hechos únicamente como ejemplos que puedan dar idea del modo con que se comportaban los ausiliares. ¿Puede decirse que había Gobierno entonces i que don Bernardo O'Higgins que consentía estas cosas fué el fundador de la libertad de Chile? Habría razón cuando mas para asegurar que su tiranía la preparó, porque llenó las medidas del sufrimiento i de la moderación. Después de las ocurrencias que hemos referido últimamente, los presos, que habian sido algo aliviados desús padecimientos, fueron repentinamente puestos en una estrecha incomunicación i atormen tados con barras de grillos. S e dijo que la causa era el haber sido aprehendido en Mendoza clon Luis Carrera, que venia oculto de Buenos Aires a esta ciudad, a tramar una conjuración. Para dar importancia a este acto se le revistió de todo el aparato bélico capaz de infundir terror. L a s tropas pasaron la noche sobre las armas i las piezas de artillería


DON

BERNARDO

o'HIGGINS

191

fueron sacadas de los cuarteles i colocadas como en disposición de resistir un fuerte asalto; i aun la misma naturaleza parece que se empeñó en contribuir a fomentar las zozobras. Poco después de las oraciones empezó a descargar una lluvia de las mas recias, acompañada de granizo, truenos i relámpagos, cosa que raras veces se ve en este pais, i terminó cerca del amanecer con un fuerte terremoto. E n medio de la consternación que ocasionó esta reunión de sucesos, fué nombrada por O'Higgins la junta que hemos dicho antes para relevar al delegado Quintana; i apurada en el conflicto de remediar las injusticias que habia cometido su antecesor, sin oponerse al sistema de Gobierno que se habia establecido, ordenó a la comisión pesquisadora le diese cuenta del resultado de la causa. ¿Cuál fué su sorpresa al informarse deque en aquel célebre proceso no habia un principio de verdad? Ni delator, ni testigos, ni crimen designado, ni plan, ni nada que hubiese podido dar oríjen a tan escandalosas tropelías. L a junta tomó entonces el arbitrio de mandar poner a los presos en libertad, dándoles una satisfacción, i disculpando al gobernante anterior al asilo de circunstancias i providencias

precautorias,

inevitables

(documentos números

42 i 43). Con esta providencia calmó un poco el desasosiego público, pero nada se debilitó el sistema de coacción que se habia establecido. S e anunció en-


192

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

tónces la segunda invasión de Osorio, i esta noticia proporcinó el excelente medio de disolver la junta i reunir el mando en otro delegado, algo mas devoto de la tiranía, a pretesto de concentrar el poder en un solo individuo, como se consideraba necesario en aquellas circunstancias. E l movimiento en que puso a todos el anuncio de la nueva invasión, los preparativos para la defensa i las desgracias ocurridas en el asalto de Talcahuano bajo la dirección de don Bernardo O'Higgins, hicieron como olvidarse a los ciudadanos d é l a marcha del Gobierno, i no pensaron en ella hasta después de la venturosa batalla de Maipo, en que intentaron organizar la patria a que habían renacido. Mas, en el entretanto, hubo otros acontecimientos para cuya narración tenemos que volver la consideración

hacia

atrás, a fin de poner a los lectores en estado de formar una idea exacta del carácter de nuestro Gobierno, de sus relaciones con el de Buenos Aires i de las negras combinaciones que ensangrentaron con sangre chilena la plaza de Mendoza. E s t a parte formará un artículo separado: pero antes de dejar la pluma debemos hacer presente una ocurrencia notable que hubo a fines del año 1 8 1 7 , Y a hemos indicado que los pueblos clamaban por una representación nacional que lejitimase el Gobierno, i procediese a otros actos que diesen al pais un carácter mas decoroso. S e deseaba ardien-


DON B E R N A R D O O'HIGGINS

I93

teniente que se declarase la independencia, i no pudiendo el Gobierno negarse a este procedimiento, para librarse de los temores que le infundía la reunión de un congreso nacional, ocurrió al arbitrio de mandar se esplorase la voluntad pública por medio de los alcaldes de barrio. E s t o s prepararon unos libros para recibir la votación de los que querían que se declarase la independencia i de los que se opusiesen a ella; i sin mas que este paso se levantó una acta firmada por el director O'Higgins i sus ministros, que se conserva como monumento de heroísmo, i el que conozca su historia debe considerarla como un testigo de la antigua abyección de Chile, como el medio mas vil de engañar el patriotismo, etc., etc. S i la independencia no hubiese sido afianzada de hecho i declarada en las diferentes constituciones que se nos han dado, de nada serviría la brillante farsa que se representó en 12 de Febrero de 1 8 1 8 . Solo los sucesos posteriores pueden lejitimar aquel acto, mas esta

lejitimacion

no estorba que por él se conozca cuál era el modo con que entonces se conducían los negocios públicos, i se forme un verdadero concepto de la libertad que estableció en Chile el héroe del doctor Ascencio.

TOMO XIV

13


194

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

DOCUMENTOS NT5M. 42

E x c m o . Señor: E n el proceso criminal que actuamos de orden de V . E . contra los que trataban de destruir las autoridades i subvertir el orden público, no resulta cómplice don Manuel J o s é Gandarillas. H o i le hemos tomado su confesión, i ha contestado a las interrogaciones que se le han hecho con la sinceridad i firmeza propias a garantir en estos casos la inocencia de un hombre que ha sufrido la prisión de mas de un mes, o por medidas de seguridad, o por informes equivocados que suelen ocasionar las circunstancias i obligar a estas providencias precautorias. E n la intelijencia de haberse sincerado con su confesión, nos parece que debe ser declarado inocente i repuesto a su libertad, o como a V . E . pareciere de justicia. Santiago, 2 3 de setiembre de 1 8 1 7 . — E x c m o .

Señor.—José

Ignacio Zenteno.—Lorenzo José de Villalon.—José Silvestre Lazo. Santiago, Setiembre 24 de 1817. Cuando medidas de seguridad obligan a los gobiernos a tomar providencias precautorias, ningún buen ciudadano contra quien se dirijan, queda con la mas leve nota, ni aquellas pueden influir en el concepto que se merezca i a que se haya hecho acreedor por sus virtudes. L a s de don Manuel J o s é Gandarillas son bien notorias al público, i queda sincerado de las falsas imputaciones que meritaron su prisión. Por lo tanto, póngasele en libertad por la comisión que ha conocido e informado de su causa. Imprimase este decreto para su mayor satisfacción i la de los buenos

patriotas.—Pérez.—Cruz.—Astorga. —Zañartu.


DON B E R N A R D O

NÚM.

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Santiago, Noviembre /7 de 1817. El horrendo proyecto de una conjuración contra el Estado, atajada en los primeros pasos que se daban para su ejecución, comprometió a varios ciudadanos con indicios que, apareciendo vehementes, obligaron a su arresto. E n el curso de la causa se ha esclarecido progresivamente su inocencia, i en este orden se ha ido decretando su libertad. U n o de éstos es el benemérito teniente-coronel don Manuel Rodríguez, cuyo arresto ha durado hasta hoi por circunstancias inevitables. Por tanto, el Gobierno lo declara inocente i manda que inmediatamente se le alce el arresto en la intelijencia de que éste en nada puede perjudicar al honor i estimación que se ha granjeado con los relevantes servicios que prestó en favor de la libertad del Estado. Insértese este decreto en la Gaceta para satisfacción del interesado, después que le dé cumplimiento el mayor de plaza.—-Pérez.—

Cn/z. — Asiorga.—Zañartu.


C A P Í T U L O CONDUCTA DE LOS GOBIERNOS

III DE LAS

PROVINCIAS

UNIDAS DEL RIO DE LA PLATA I DEL ESTADO DE CHILE CON RESPECTO A LA FAMILIA

DE LOS CA-

RRERAS.

Quiza nuestros lectores, aunque no todos, nos tengan por parciales, indiscretos e importunos al ver que hablamos tanto sobre la persecución délos Carreras; mas, nosotros no tememos estas notas ni ningunas otras que se nos impongan, porque creemos necesaria esta relación para llegar al fin que nos hemos propuesto, i estamos seguros de que nadie puede atribuirnos un embuste, ni contradecir la veracidad de nuestra narración. E s t á tan ligada la administración política del G r a n M a -


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GANDAR1LLAS

riscal del Perd con la historia sangrienta de esta familia desgraciada, que es imposible consignarla al silencio. Y a le hemos presentado absolutamente inepto para ser jefe de guerreros, porque

para

obtener este alto destino i desempeñarlo con acierto, no basta sólo el ser soldado valiente sin ningún conocimiento de las ciencias profesionales i otras calidades necesarias e indispensables. L e describiremos ahora como injusto i cruel; i concluiremos haciendo ver su ineptitud para el desempeño de los altos negocios políticos que están bajo la dirección del jefe de un Estado. Dijimos antes que a los pocos dias de haber llegado a Buenos Aires la noticia del triunfo

de

Chacabuco, fueron aprehendidos don J o s é Miguel i don Juan J o s é de Carrera, i que se habia escapado don Luis por el aviso anticipado que tuvo de la suerte que le esperaba. N o pudiendo lograrse la aprehensión de éste, a pesar de las dilijencias estremadas que se hicieron, el director Pueyrredon mandó espedir tres pasaportes para que los tres hermanos saliesen de aquel territorio para países estranjeros, i los hizo entregar a doña J a v i e r a de Carrera por mano del oficial del ministerio del interior don Agustín Garrigó. C o m o la conducta de aquel gobernante se habia hecho tan sospechosa, se estrañó la aparición repentina de los espresados pasaportes i se temió que fuese alguna red que se


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199

tendía a los perseguidos. N o fué aventurada la presunción; porque después se supo que se habían espedido con el objeto de que presentándose don Luis a preparar su viaje, se le echara mano. Don José Miguel se aprovechó del pasaporte para trasladarse a un buque de guerra ingles, i don Juan José para salvarse de la prisión i venirse oculto a Chile. U n observador severo preguntará: ¿cuáles son los justificativos de que fuese cierto el pensamiento que se atribuye el director Pueyrredon? S e responde, que su sola comportacion. Los Carreras ni eran ciudadanos

de Buenos

Aires ni habian cometido el menor crimen contra aquel pais para que su Gobierno los persiguiese. Concediendo hipotéticamente que fuesen ciertos los que se le suponían perpetrados en Chile, no residían en el director de Buenos Aires facultades para juzgarlos, ni menos para castigarlos tan atropelladamente.

La

nación chilena habia sido la

ofendida, i ésta seria la que debiera haberlos castigado. E s t a opresión fué ejecutada con acuerdo del Director O'Higgins, instigado por el jeneral San Martin, pues a no haber sido así, en cumplimiento de sus deberes, habría reclamado por la libertad de los ciudadanos de un pais cuyo gobierno estaba a su cargo. N o dio paso alguno, sino que dejó correr la persecución hasta el último estremo. S í hubiese habido atentados contra Buenos Aires, se


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hubiese formado algún simulacro de causa, i habria intervenido en ella la administración de justicia i no el ejercicio abusivo del poder supremo; mas, nada de esto hubo, sino órdenes sultánicas por parte del gobernante de Buenos Aires i disimulo por el de Chile, S i éste queria castigarlos por los crímenes que suponía cometidos en su país natal ¿no habria sido mas decente haberlos hecho conducir para ser juzgados en él, que no el dejarlos espuestos a una persecución, que sí por entonces pareció conveniente a intereses personales, después habia de servir de negra sombra a unas glorias que nunca podrán dibujarse mas que con carbón í sangre? Ahorremos reflexiones porque sucesos posteriores confirmarán que la conducta del gobernante chileno, en este asunto, no fué liberal, justa ni mucho menos patriótica. S e intenta lavar las manchas de su gobierno con los triunfos que hubo en su tiempo; mas, no se advierte que los triunfos fueron del tiempo í de las circunstancias, i las manchas de él esclusivamente, por haberse dejado conducir, ya por ceguedad, ya por malicia. N i Pueyrredon ni O ' H i g g i n s tenían que temer de los Carreras: se hallaban éstos exaustos de recursos para mantener la vida, i aun los que habia conducido don J o s é Miguel de los Estados Unidos para emprender la guerra contra los españoles, los puso francamente a disposición de ambos gobernantes,


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como ya se ha manifestado por los documentos números 36 i 39. Libre de la prisión i refujiado en Montevideo, sólo pensaba en buscar recursos para llenar los deberes de esposo i de padre: á lo menos así lo manifiesta la carta que escribió el 7 de S e tiembre de 1 8 1 7 , desde la bahía de Buenos Aires. Los otros dos hermanos se dirijieron a este país con los pocos ausilios que les pudo proporcionarla amistad, i habiendo sido aprehendidos en el camino, fueron encerrados en la cárcel de Mendoza, no se sabe ni con qué facultades, ni por qué motivos. Allí estuvieron custodiados bajo la mas severa vijilancia sin que bastasen para darles libertad las enérjicas reclamaciones que se hicieron a ambos gobiernos (documento núm. 44). Vagamente

se

decia que intentaban pasar a Chile a trastornar el orden establecido; mas, suponiendo que fuese cierta esta intención, no se consideraba suficiente causa para hacerles sufrir la rigorosa prisión que se les impuso, ni menos facultades en el intendente de Cuyo para decretarla. S e procuraba encubrir este atentado bajo el pretesto de que habian salido clandestinamente de Buenos Aires, i que habian corrido el camino con nombres supuestos; esta disculpa justifica los recelos que les infundió la repentina liberalidad con que se les espidió los pasaportes por el Director Pueyrredon, porque si el objeto de este majistrado fué separarlos del suelo de su


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jurisdicción por peligrosos, tan pais estranjero era para él la República de Chile como cualquiera punto de ultramar, a no ser que reputase a Chile por territorio sometido a su dominación. A estos rumores se agregaron otros sobre el asalto de un correo que se supuso a don Luis, i la muerte de un postillón que se imputó a don Juan J o s é ; hechos cuya falsedad se ha descubierto ahora, después que el tiempo ha revelado los secretos del club que gobernaba entonces a ambos países. S e a lo que fuere, cuando nadie se acordaba de los Carreras, porque los empeñados en acriminarlos i los compasivos que los defendían sólo pensaban en la suerte de Chile, cuya ruina se esperaba por la dispersión del ejército en Cancha-Rayada, fueron fusilados en la plaza de Mendoza en la tarde del 8 de Abril de 1 8 1 8 . E n este acontecimiento hubo circunstancias que no pueden dejar de conmover el corazón de los verdaderos chilenos, porque su j e nerosidad característica

los ha hecho

aborrecer

siempre el derramamiento de sangre por encuentros de partidos. Mendoza se hallaba entonces llena de emigrados chilenos que temiendo la subyugación de su pais, habían buscado en aquel pueblo un refujio a su libertad. Estos no pensaban mas que en lamentar la suerte que les esperaba, si se realizaban sus temores, i en la tarde del 8 de Abril fueron sorprendí-


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dos con los tiros de fusil que quitaron la vida a los Carreras. Informados del suceso se entregaron a un profundo sentimiento de que fueron sacados media hora después por el repique de campanas que anunció la victoria que se habia obtenido en Maipo el 5 del mismo mes. S e dijo entonces que la reunión de ambos sucesos no habia sido casual, sino estudiada i combinada con anticipación. S e asegura que el intendente de Cuyo habia recibido órdenes del gobernante de Chile i del jeneral del ejército ausiliar para fusilar a los Carreras, fuese cual fuese el resultado de la campaña de Chile; pues en un caso adverso se libraban de unos hombres que podían hacerse peligrosos con el auxilio de los emigrados; i al contrario, si el resultado era próspero, los trasportes del triunfo i la alegría de la celebridad, cuando no lo hiciesen olvidar, disminuirian

los clamores que pudiese

ocasionar su

muerte. T o d o era cálculos en aquel tiempo i nada podia asegurarse con certidumbre por falta

de

datos positivos. U n cuaderno que se publicó en Buenos Aires bajo el título de Documentos la ejecución de don Juan José i don Luis de

sobre Carrera

no produjo mas que confusiones, porque en él no aparece comprobante alguno de los motivos que hubiesen ocasionado aquella ejecución tan repentina. S e reduce a copiar el consejo que dieron al intendente Luzuriaga los abogados don Bernardo


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Monteagudo, don Miguel J o s é Galigniana i don Juan de la Cruz V a r g a s en el 7 de Abril para que procediese a sentenciar

i ejecutar sin previa

consul-

ta el fallo que recayese en el proceso formado a los Carreras, la defensa que hizo en favor de éstos el licenciado don Manuel N o v o a , i la acusación fiscal que puso contra ellos el teniente coronel don Manuel Corvalan. E l primer documento presentó un principio para sospechar de la veracidad de todos los que intervinieron en aquel suceso desastroso. Apareciendo despachado el 7 de Abril, i habiendo sido a consecuencia de él consultados sus mismos autores acerca de la sentencia que debia pronunciarse, no se puede concebir como en las pocas horas que mediaron hasta el 8 a las 5 de la tarde, en que se efectuó el suplicio, leyeron el proceso con la calma que merecía su gravedad, se redactó su dictamen, se estendió la sentencia i se preparó la ejecución. Sin mas antecedentes que esta comportacion precipitada, los hombres de buen juicio se resolvieron a creer que en la causa que se anunció contra los Carreras había mas de maquinación que de realidad. E l defensor, que a los pocos días de la ejecución de sus clientes fué desterrado a Buenos Aires, reconoció que la defensa publicada a su nombre a mas de estar truncada tenia inversiones i supresiones que la debilitaban: quiso desmentirla por la imprenta; mas, amigos prudentes le


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apartaron de este pensamiento jeneroso, haciéndole ver que en la situación peligrosa a que estaban reducidos los Chilenos, no recojeria

mas

frutos que el de contraer compromisos tan inútiles para sus amigos como funestos para él. L a acusación fiscal es un tejido de pasajes históricos, de autores i de frases, en quese encuentran jurisconsultos, humanistas, médicos i toda clase de escritores, que por su ridiculez i estravagancia no permitió formar el menor concepto. L o cierto es que los Carreras fueron fusilados i que nadie descubrió el misterio hasta que se publicó en esta ciudad por Montea' gudoen Diciembre de 1 8 1 9 un estracto de su causa. Daremos cuenta de él en el número siguiente. DOCUMENTOS NÚM.

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Excmo. Señor: Javiera de Carrera, natural de Santiago de Chile, con el debido respeto represento a V. E : que nada puede ser tan sensible a un ciudadano como el verse acusado a presencia de la lei, i el que esta misma se desconozca sobre el orden que debe guardarse en el examen i esclarecimiento de sus delitos. Sea enhorabuena que estos le conduzcan si es preciso hasta el cadalso; mas, entre tanto se justifican por un juicio imparcial, tiene aquél un derecho a reclamar la protección de la misma lei para no ser vejado ni oprimido en términos que antes de tiempo se le haga sentir todo el rigor del castigo, que no podría subsanarse comprobada su inocencia. D e este principio adoptado por todas las naciones del mundo, i que justamente ha ocupado al-


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GANDARILLAS

gunas líneas del estatuto provisorio de las provincias de SudAmérica, parte del sagrado derecho de la seguridad individual que se considera como una de las bases principales que debe sostener el majestuoso edificio de la verdadera libertad e independencia por cuyo incremento consagra V. E . todos sus desvelos. Si una triste esperiencia de lo que sufrimos en el largo período de nuestra degradante esclavitud, llamó toda la atención del Supremo Gobierno para establecer medidas saludables en favor de los ciudadanos, no creo a mis hermanos exentos de esta prerrogativa, i ella me obliga a formar un diseño de sus padecimientos i opresiones desde que fueron aprehendidos en la provincia de Cuyo. E n el momento de su arresto se les ha encerrado en calabozos, i cargado de prisiones enormes con riesgo de su vida. El rigor de éstas, i la humedad de aquéllos ha puesto su salud en un estado deplorable, que por su complexión no puede resistir especialmente el don Luis que desde principios de Agosto jime en la cárcel de Mendoza con tan estricta incomunicación, que aun le es prohibido quejarse de la falta de atenciones de primera necesidad. N o dudo que don Juan J o s é haya corrido la misma suerte en la ciudad de San Luis, de donde últimamente ha sido trasladado a la de Mendoza según estoi informada. Ignoro los delitos de uno i otro, sino es la falta de pasaportes con que salieron de esta capital; pero sean los que fueren (hablando con el respeto debido) no encuentro mérito para la aspereza con que se les trata. E s constante del mismo estatuto provisorio que la prisión en el reo mas criminoso no debe tener otro objeto que la seguridad de su persona, i si ésta es exequible sin tormento, el ejecutarlo es una crueldad mui opuesta al carácter i obligaciones que constituyen al majistrado. Las cárceles de Mendoza i San Luis tienen para su custodia fuerza competente i capaz de contener no sólo dos hombres sino otros muchos que de continuo las ocupan. E n esta virtud, dígnese V. E . mandar al intendente de aquella provincia, que en el acto de recibir la superior orden de V. E . quite los grillos a mis hermanos,¡trasladándolos de los calabozos en que se hallan a otros


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departamentos que sin el riesgo de su existencia hagan mas soportable el peso de su prisión. V. E . no debe dudar las persecusiones que han sufrido los Carreras desde el instante que la necesidad les obligó a abandonar su pais emigrando a estas provincias. Quizá estas les han precipitado a las fatales circunstancias en que hoi se ven envueltos. Reservo para mejor oportunidad el hablar de ellas con mas estension en justa defensa de sus derechos, i sobre otro punto que escuso unir al presente por evitar la demora que es intolerable por la vehemencia de sus padecimientos. E n esta atención, a V. E . suplico se digne decretar según dejo pedido en el cuerpo de este escrito por ser gracia que espero de la notoria integridad de V. E.—Javie-

ra de Carrera. Soberano Señor: Reducida al estado de una verdadera orfandad, sin padre, sin esposo, sin hijos, i luchando continuamente entre el dolor i el,abatimiento por las desgracias que tiempo ha aflijen sobre manera a una familia desventurada, nada me es tan sensible, como el recuerdo de dos hermanos acusados a presencia de la lei, cuando esta misma se desconoce en los trámites que deben preceder al examen i esclarecimiento de sus delitos. Y o me lisonjearía de este paso, que al fin debe hacer brillar su inocencia, si entretanto se respetase el derecho sagrado de la seguridad individual, en que se afianza la libertad i verdadera independencia, sin retrogradar a los tiempos de aquella degradante esclavitud, tiempos de depresión i abatimiento; i cuya escena con asombro de los pueblos de la Union se reproduce en las personas de mis hermanos desde el principio de su arresto, sin que puedan ser indiferentes sus padecimientos i opresiones, cuando con justicia imploran de vuestra soberanía el cumplimiento de las leyes. Por desgracia a la distancia de 300 leguas, éstas se ven desvirtuadas. Los ciudadanos Juan J o s é i Luis de Carrera cuentan sobre siete meses de dura cárcel en la ciudad de Mendoza, soterrados en la oscuridad de inmundos calabozos, cargados de gruesas cadenas, sin


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que les sea permitido espedirse en sus defensas, como línico medio prescrito por la misma naturaleza para el esclarecimiento de su inocencia. Continúan hasta el dia en una rigorosa incomunicación, i cuando por el estatuto que acaba de sancionar vuestra soberanía, debia hacérseles entender el motivo o causas de su prisión, i las que debieron concurrir para retardar sus confesiones por el sumario que se les hubiese formado en estas provincias, parece que a mis hermanos no comprende esta soberana resolución, como tampoco otras que dicen referencia en la materia, según la conducta que observa el gobernador intendente de la provincia de Cuyo, i que por lo visto tiene todo el carácter de una refinada tiranía. E l se ha fijado en hacerles jemir a fuerza de crueldades i miserias; él quiere renovar con unos hombres desventurados los tiempos de Tiberio. Para esto abulta peligros, vocifera la falta de guarnición competente en la plaza de su mando; finje movimientos de algunos individuos del pueblo para sustraerlos de la cárcel, i a la sombra de aparentes riesgos se sobrepone a las leyes, i trata de cohonestar su formal desobediencia a las órdenes que por triplicado se han impartido del director supremo de estas provincias sobre el alivio de sus prisiones i traslación a departamentos mas decentes i cómodos. E n una palabra, este jefe, en liga con los mortales enemigos de los Carreras, sometido en un todo a las disposiciones de un gobierno estraño, i hollando el respetable código nacional, persiste i continúa en sellar sus tropelías i vejaciones contra unos ciudadanos que por su nacimiento, educación i servicios interesantes a la justa causa de América merecieron mas de una vez la consideración de sus compatriotas. Sin necesidad de otra prueba baste recurrir a los hechos i a la verdad, Soberano Señor. ¿Podrá ni remotamente contribuir a la seguridad de sus personas encerrarlos en calabozos asquerosos, sin ventilación, i donde por lo común se respira un aire corrompido capaz de ultimar al hombre mas robusto? ¿Será del caso oprimirlos con pesados grillos en circunstancias de resistirlo su quebrantada salud, i cuando la misma humanidad se resiente i clama por el alivio aun del mayor criminal? ¿Podrá finalmente influir en la seguri-


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dad, autorizar de algún modo todo jénero de insultos en la tropa que los custodia, i que con el mayor descaro quita a los sirvientes la mayor parte de los alimentos i otras especies para su nutrimento i consuelo en la opresión en que jimen? Pues esta es cabalmente, Soberano Señor, la conducta que sin intermisión ha sostenido i sostiene desde el momento que mis hermanos fueron entregados a su disposición. Ella ha empeñado mis justos clamores en prosecución de su pronta traslación a esta capital, sin mas objeto que conocer, que a presencia de Vuestra Soberanía, la lei será respetada i mis hermanos libres de toda hostilidad, i fuera del tiro de una arbitrariedad i despotismo a toda prueba. Los Carreras, los ciudadanos Carreras a quienes debe Chile los primeros brotes de su libertad; los hombres que jamas huyeron la cara al enemigo i despreciaron los primeros lugares en el gobierno por presentar sus pechos al cañón; los patriotas que en medio de las bayonetas de un numeroso ejército enemigo i arrostrando los mayores peligros se abrieron camino hasta el puerto de Talcahuano; los acérrimos defensores de la libertad americana i que en el último conflicto disputaron palmo a palmo el territorio de su procedencia hasta la misma cumbre de los elevados Andes: estos hombres dignos de mejor suerte se ven confundidos con los asesinos, hollada i por los suelos su graduación militar, sin respeto, sin consideración, vejados de un modo inaudito i sin ejemplar en los fastos de nuestra revolución, i para decirlo de una vez, destinados a terminar sus dias en la miseria i desesperación. ¿I quién. Soberano Señor, es el instrumento de semejantes crueldades? U n jefe, un oficial que viste las charreteras con que distingue la patria a los valientes i esforzados hijos de Marte: un militar que desconociendo su misma investidura en otros individuos de igual o mayor graduación que la suya suscribe vergonzosamente a los horrores de la tiranía por complacer pasiones, o lisonjear a los que a sangre fria se empeñan en el esterminio de unos hombres que hasta ahora no desmerecieron en el concepto de sus conciudadanos. U n juicio imparcial sólo podrá decidir su criminalidad o su inocencia. ¿I si es así por qué se les niega el justo acceso al santuario respetable TOMO XIV

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GANUARILLAS

de la justicia? ¿Por qué el ejercicio de un derecho natural sabiamente dispensado por el Omnipotente al primero de los seres racionales? ¿por qué la protección de la lei cuando el miserable la provoca en su auxilio i cuando esta misma se dispensa al último de los ciudadanos? Nada desean tanto los Carreras como el ser puestos en la barra: permítaseles su defensa, i verá Vuestra Soberanía desaparecer como el humo ese gran proceso elaborado en la fragua de sus mortales enemigos: otorgúeseles su traslación a esta capital donde a presencia de la soberanía nacional, i en pleno goce de la libertad que es compatible con sus circunstancias, sabrán rasgar la tela que con destreza ha urdido la odiosidad de sus émulos; termine una opresión que está en contradicción con las mismas leyes, i si esto es incompatible con las circunstancias políticas de la plaza de Mendoza, en el figurado concepto de su jefe, no lo es seguramente en esta capital donde ellas pueden ser respetadas i relijiosamente observadas sin agravio de los ciudadanos. A este fin se han dirijido mis súplicas desde el principio al supremo poder ejecutivo: por ello he clamado en repetidas representaciones, fundando igualmente sobre el derecho del asilo en precaución de que fuesen entregados al Estado de Chile, i después de estar vestido el espediente con audiencia del ministerio fiscal i dictamen del asesor titular, duerme mas há de un mes sin resolución i sin esperanzas de conseguirlo, reagravándose por momentos las angustias de unos hombres desventurados, i que por el órgano de una infeliz hermana imploran de Vuestra Soberanía tenga a bien pedir los antecedentes, resolviendo en su vista lo que sea de justicia sobre la presente solicitud.—Soberano Señor.—Javiera dt

Catrera. Señores del mui honorable i soberano Congreso de las Provincias Unidas del R i o de la Plata—Autorizado por la naturaleza i por la lei para reclamar las consideraciones de la humanidad en favor de un padre i dos hermanos, beneméritos ciudadanos de su patria, yo debo prometerme de la elevación de vuestros sentimientos, que os dignareis escuchar en mi voz la


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espresion de la verdad para dictar vuestros decretos por los principios de la justicia i que vea el mundo en la rectitud de vuestra conducta, la superioridad de carácter que imprime vuestra augusta representación. Mi padre el ciudadano Ignacio de Carrera, honorable por su nacimiento, educación, fortuna i patriotismo: vocal de la primera junta que estableció el pueblo chileno a! romper las gruesas cadenas de su esclavitud: el hombre que castigó con brazo fuerte la conjuración tramada por los españoles para apagar la revolución con la sangre de los patriotas: que prodigó sus bienes a la libertad de su pais: que en premio de sus servicios eminentes sufrió la confinación de tres años en la isla de J u a n Fernández por el gobierno de los realistas: en fin el padre de los Carrera, sin otro crimen que haberlos enjendrado, esperimenta en Chile un trato cruel, después de haber jemido en dura prisión, los efectos del odio i resentimiento de una familia rival elevada al poder por el acaso!!! N o hai respeto en su persona que no se haya ofendido por la satisfacción de una venganza; hasta la ancianidad de ochenta i seis años, de esa edad venerable respetada como el sacerdocio de la naturaleza, i cuyos ultrajes aun entre jentiles miráronse siempre con el horror de la impiedad. Este hombre verdaderamente infortunado, i a quien no pudieron librar de la fiera persecución del Director interino de Chile ni su inocencia, ni la imposibilidad física de hacer el mal, vive bajo la odiosa inspección de una escolta, saqueado en sus haciendas, luchando con la enfermedad incurable de la decrepitud, sin asistencia doméstica, lejos de sus hijos, esperando la muerte i el sepulcro en abandono i en desolación espantosa. Mis hermanos, los ciudadanos Juan i Luis de Carrera, por cuya intrepidez en la famosa conspii ación del español Figueroa existe tal vez la patria: los hombres que merecieron la gratitud del pueblo por su conducta virtuosa en la conmoción del 4 de Setiembre de 1 8 1 1 : los militares que en la batalla de San Carlos i sitio de Chillan dieron brillantes testimonios de valor i admirable patriotismo: Juan abandonando el puesto que ocupaba en el gobierno por tomar uno en la guerra contra los españoles


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que tenían en conflicto la seguridad del Estado, al frente de sus granaderos, sosteniendo con bravura la memorable defensa de Chile en tan difíciles circunstancias: Luis desplegando un jenio estraordinario en el mando de la vanguardia del ejército al protejer la retirada de Yerbas-Buenas; en las jornadas de San Carlos, Concepción i Talcahuano; en las acciones del 3 i 5 de Agosto sobre la plaza de Chillan, en la de 26 en los campos de Maipú i en la célebre cuanto peligrosa retirada de Rancagua a Mendoza. Ambos ciudadanos que se mostraron siempre por sus servicios dignos de su patria, i por sus virtudes militares de ser el apoyo de los pueblos libres, jimen hoi en oscuros calabozos, cargados de pesadas cadenas, después de haber sufrido casi el espacio de tres años en Mendoza las persecuciones del gobernador San Martin; en San Luis los escandalosos atentados del comandante Dupuy contra el honor de sus familias, i en Buenos Aires las prisiones i los groseros insultos de los directores que se han sucedido con la misma rapidez de las revoluciones que les elevaron al mando! ¿Qué es esto, ciudadanos representantes? Si así se trata a los hombres eminentes que mas se distinguieron en la defensa de su patria ¿cuál es lo que se reserva para los traidores que abusando del poder sacrifican a su venganza, a esa pasión la mas innoble del corazón humano, la edad i el sexo, el mérito i la virtud? ¡Mi anciano padre en arresto i abandono! ¡Mis valientes hermanos confundidos en las cárceles con los asesinos! ¡Mi hermana i mi esposa, que huyendo de la catástrofe de su pais se buscaron un asilo en la capital de las Provincias Unidas, privadas de volver a sus hogares! ¡ Y o , violentamente destituido de la flotilla que para la restauración de Chile proporcionó mi ardiente patriotismo, ausiliado de la jenerosidad de algunos individuos de la nación Americana, de esa nación virtuosa, grande, i la primera entre las naciones libres, preso, infamado, perseguido después de tantos servicios a mi patria, i en la dura alternativa de sucumbir al cuchillo de mis enemigos, o vivir errante entre pueblos estranjerosü! Delincuentes todas las personas de una familia ilustre ¿i no se publica su crimen? Castigados con


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el rigor de las leyes como criminales, i no se les juzga con la solemnidad de sus formas como ciudadanos? ¿Cuál es el delito que despoja al reo del derecho natural de su defensa? V e d aquí ciudadanos representantes los efectos terribles de ese abominable maquiavelismo; reliquia de la antigua tiranía, que bajo el funesto velo de medidas políticas autoriza sin forma de proceso la proscripción, la ignominia, la muerte de los ciudadanos. Y o imploro vuestra justicia, ciudadanos representantes: vuestra justicia que reclama el infortunio perseguido no menos que el honor de nuestra patria querida. N o permitáis que sucumban entre cadenas hombres beneméritos que tan útiles pueden ser, como han sido, a la gran causa de Sud-América, si queréis que no desmaye el patriotismo, i que pase vuestro nombre sin mancilla al juicio imparcial de la posteridad. Mi padre, mis hermanos, mi familia bien pudieron sentir i mirar con horror sus agravios i mi persecución; pero el sentir no es un crimen, ni las quejas que arranca el dolor son atentados contra la seguridad pública. Haced que respiren el aire de la libertad, i si la naturaleza de los indicios que hayan podido reagravar la calumnia, la ambición o la venganza de enemigos encubiertos con la máscara de la autoridad i del bien público, reclama la severidad de las leyes, esperad a que Chile libre elija majistrados, que valorando su mérito, los condenen por sus crímenes, o los absuelvan por su inocencia. Ellos pertenecen a aquella nación, i no pueden ser juzgados por jueces estranjeros. Ellos son perseguidos por el gobierno actual de esas provincias i por el de Chile como su delegado, i no deben sujetarse a sus fallos mientras que la naturaleza, la razón i la humanidad les eximan lejítimamente de toda dependencia del juicio de sus mortales enemigos. Y o mismo corriera a sostener su inocencia ante la lei, si no hubiese aprendido de la esperiencia, que es débil todo respeto para la enemistad armada del poder i de la fuerza. Al imponeros de mis justas solicitudes dignaos observar, ciudadanos representantes, que mi familia es el objeto esclusivo de mis desvelos. Y o ni pido ni quiero cosa alguna para mí.


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A l pueblo chileno altamente ofendido en la conducta de ese gobierno contra el carácter público de mi persona, contra los destinos de la flotilla reunida en virtud de sus poderes i conducida bajo mis órdenes para la restauración de Chile, i contra los progresos de relaciones importantes a la independencia jeneral de Sud-América, A l pueblo chileno, repito, en posesión de su dignidad i de sus derechos, toca privativamente exijir con la enerjía de las naciones libres la satisfacción de sus ofensas i de mis agravios. Entretanto, yo vivo contento en mi destierro, disfruto en paz de la jenerosa hospitalidad de un gobierno estranjero, que me negó un pueblo hermano unido a Chile con los vínculos de la naturaleza i la política, i no me abandonan las esperanzas de volver a mi patria libre, constituida, inde pendiente. Permitidme, ciudadanos representantes, que vuelva a recomendar el justo interés de mis solicitudes a la imparcialidad de vuestro elevado carácter. E l mundo ilustrado observa la rectitud de vuestra conducta para calcular las bases de su sistema político sobre los principios que dan movimiento a la gran revolución de las colonias americanas, no puede ser alucinado con artificiosas imputaciones. Escuchad los clamores de la justicia, abandonaos en la duda a la jenerosidad en favor del mérito perseguido, i veréis crecer con la reputación de vuestro nombre el afecto de las naciones que aborrecen la esclavitud, i que pueden asegundar vuestros esfuerzos para la suspirada independencia del nuevo mundo. Y o espero con serenidad vuestras decisiones i que la tolerancia i la beneficencia restablecerán la concordia entre los pueblos i la unión entre los ciudadanos. N o permita Dios, ciudadanos representantes, que la defensa del honor de mi familia haga necesaria la publicación de una nueva injusticia que comprometa con la reputación el concepto ilustre de los pueblos que dignamente representáis.—Señores, etc.,—José

Miguel Je

Catrera.


CAPÍTULO IV CONDUCTA DE LOS GOBIERNOS

DE LAS

PROVINCIAS

UNIDAS DEL RIO DE LA PLATA I DEL ESTADO

DE

CHILE CON RESPECTO A LOS CARRERAS. II

Sin embargo de que en el número anterior prometimos dar cuenta del estracto de la causa contra los Carreras que se publicó por Monteagudo, hemos resuelto con mejor acuerdo continuar la narración de su persecución, para que los lectores puedan formarse una idea exacta de esta parte de la historia de la revolución de Chile. Parecía que la odiosidad de los perseguidores de esta familia debería haberse saciado con la muerte


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de los dos hermanos, o cuando menos que se hubiese reprimido con el disgusto jeneral que provocó tan atroz injusticia; pero el espíritu de dominar a Chile los sobrepuso a toda consideración.

Existia

aun don J o s é Miguel a quien temían, i les fué preciso esforzar las medidas de opresión. Los periódicos de aquel tiempo están llenos de i calumnias, que fueron los para fascinar

resortes

embustes empleados

la opinión que arrastraba Carrera,

quizá mas por la injusticia con que se le perseguía, i por la opresión que sufria el país, que por un conocimiento positivo que se tuviese de sus cualidades. E n B u e n o s Aires fueron ejecutados públicamente dos franceses, M. Robert i M. Lagresse por habérseles imputado que venían a Chile a trastornar el gobierno para colocar en él al jeneral Carrera. Suponiendo que fuese cierta esta intención, i habiendo sido descubierta, habría bastado el hacerlos salir del

país para estorbar que

produjese sus

efectos; mas, hacerlos perecer fué un acto con que el gobierno de Buenos Aires violó los derechos mas sagrados de la sociedad... ¿Qué jurisdicción para hacer morir a unos hombres qne no

tenia habían

faltado a las leyes de su territorio, i que si algo pensaban era contra un gobierno estraño? Podríamos referir la verdadera historia de Robert i L a gresse para no dejar duda de la atrocidad que se


DON B E R N A R D O o ' H I G G I N S

217

cometió; mas, creemos que las pocas reflexiones que anteceden son suficientes para manifestar que el gobierno de Buenos Aires no procedió con justicia ni circunspección. S e h a b i a jurado el esterminio de Carrera i era preciso sofocar hasta los destellos de la opinión por medio del terror i del engaño. En Buenos Aires se presentaban ejemplos horribles a sus admiradores, i en Chile documentos forjados a sus amigos i a los hombres imparciales. En la Gaceta del sábado 2 8 d e Noviembre de 1 8 1 8 se publicó con el nombre de real orden un documento de esta clase en que se intentó presentar a Carrera ligado con el rei de E s p a ñ a para someter el pais a su dominación. E l no contiene mas que un encargo al virrei de L i m a para que protejiese los partidos de Carrera i A l v e a r contra los gobiernos que existían entonces en Buenos Aires i Chile, (documento núm. 45). A u n cuando esta pieza hubiese sido cierta, los hombres de buen juicio no descubrían en ella el menor justificativo de que Alvear i Carrera se habían vendido al rei de E s p a ñ a como supuso entonces el falaz editor, a quien personalmente constaba que los principios de estos dos americanos ilustres, por mui agraviados que estuviesen con sus crueles perseguidores, no les permitía faltar al decoro de su nombre, ni a su esclarecido patriotismo, convirtiéndose en traidores a la patria porque habían peleado. L o s hombres re-


2l8

flexivos,

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

decimos, que examinaron este documen-

to con imparcialidad, aunque de mui buena fé lo tenian por cierto, hacían esta pregunta; pero si A l v e a r i Carrera no han prestado su consentimiento para esta orden ni se les ha hecho ninguna invitación ¿qué culpa tienen de los recursos que invente el rei de España? Cualquier ciudadano puede invitar a otro por medio de una carta a asesinar al Director Supremo: supóngase que ésta es interceptada ¿i podrá calificarse de asesino al invitado que ni tiene noticia de semejante convite ni menos ha podido prestarse a él? Sin embargo, uno de nuestros sabios en una de sus obras ha dado por cierta la real orden, mas su hijo sabe que uno de los que la forjaron existe en Chile, otro en Buenos Aires, i el que le descubrió en Londres esta maniobra, anda por Colombia, su Patria. E s t e embuste fué sostenido por el gobierno de Buenos A i r e s haciendo desterrar a un chileno que tuvo la valentía de decir que el documento

era

supuesto en Chile, i la felicidad de haber acertado con uno de sus autores; mas, después don Juan Martin de Pueyrredon firmó a don Carlos A l v e a r una carta en que confesó que era cierta la suposición del documento, i que lo habia mandado publicar de orden de lalojia lautarina. L a misma confesión hizo al chileno desterrado don Eustaquio

Díaz

Vélez, gobernador intendente de Buenos Aires, en


DON B E R N A R D O

o'HIGGINS

2IQ

el año de 1 8 2 0 en que se refujiaron a Montevideo Pueyrredon i sus secuaces, i se juntaron con algunos de los perseguidos por ellos. Otras operaciones hai que descubren mas el carácter cruel de don Bernardo O'Higgins

i su

combinación indecorosa al honor nacional con el gobierno de. Buenos Aires i sus subalternos, para llevar adelante la persecución contra los Carreras. Supuesto

que (según la esposicion publicada

a

nombre del doctor Ascencio) fueron fusilados los dos hermanos c o m o reos de Estado por haber intentado conspirar desde la cárcel contra las autoridades de la provincia de Cuyo, la república de Chile nada tenia que ver con los gastos que hubiese ocasionado su causa. Ademas, las erogaciones que orijina la administración de justicia en la parte criminal, son gastos públicos, i solo cuando los castigados son condenados en la sentencia al pago de costas, pueden exijirse éstas. E n la que se dio contra los dos Carreras, no hubo semejante condena, como se verá en la publicación que haremos después; mas, el intendente Luzuriaga tuvo la audacia de solicitar, del Supremo Director don Bernardo O'Higgins que mandase pagar $ 453.4 reales a que ascendieron los gastos causados en el proceso criminal de los dos Carreras. E n ellos pone $ 160.3 reales espendidos en la prisión de don Juan J o s é , $ 185,5 reales de testimonios que no


220

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

i

pidieron los procesados, i sobre todo $ 10.2 reales de actuaciones ocasionadas para la ejecución

del

suplicio. D e b e estrañarse que Luzuriaga solicitase el pago de una cuenta semejante del Director Supremo de Chile, pero ¿qué dirán los que hacen este estraño, al saber las providencias que tomó este héroe tan singular en su jénero? Acaso los que todavía le consideran tan virtuoso e imparcial como le figura el doctor Ascencio concebirán que se revistió de indignación por el insulto que se le hacia. Mui lejos de esto, con mucha calma i sangre fria espidió un decreto en que ordenó al alcalde de 2 .

0

Voto

que exijiese de don Ignacio de Carrera el

para pronto

pago de los derechos que se cobraban. S e cumplió exactamente con esta orden, dejándose por recibo de la cantidad el espediente orijinal, y desde entonces el venerable anciano agobiado ya por los años, los insultos que habia sufrido i las desgracias de sus hijos, empezó a desfallecer tan visiblemente que espiró antes de tres meses. E l horror de esta atrocidad inaudita la ha hecho increible a los que la han sabido, i quizá se nos atribuya a nosotros el habernos dejado

conducir

por un rumor vulgar; mas, vean los lectores con cuidado el documento núm. 46 i en él encontrarán el testimonio mas auténtico que puede presentarse del hecho que acabamos de referir. L e s dejarnos la


DON

BERNARDO

221

o'üIGGINS

libertad de reflexionar por sí mismos sobre las clases de las partidas que se cobraron i no queremos prevenir su concepto. Sólo indicaremos que refleccionén sobre el acto de haber mandado cobrar al brigadier don Ignacio de Carrera una cuenta en que se leen estas palabras. "Dilijencias

de

pre-

senciar la sentencia i ejecución de ella, i otras intimaciones, $ 4.0011, que se refieren al asesinato de sus hijos. L a muerte de este antiguo patriota no pudo calmar tampoco la saña de sus perseguidores, pues no encontrándose éstos con personas en quienes saciarla, se dirijieron contra los bienes que quedaron por su fallecimiento. Mas, los documentos que tenemos que copiar nos obligan por su estension a suspender hasta el número siguiente. DOCUMENTOS NÚM.

45

Ministerio de la Guerra (Reservado) El estado a que han llegado las cosas en la funesta rebelión de las provincias de Chile i Buenos Aires ha hecho conocer a S. M. que es mas fácil atraer a los rebeldes a la observancia de sus antiguos deberes por medio de la política que por el de la fuerza, en la que, por desgracia, están ya aquellos gobiernos ilejítimos demasiado adelantados; i como nada puede traer peores consecuencias para la pacificación de esa parte de la


222

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

monarquía que la estrecha unión de los rebeldes, será el primer cuidado, V. E . , promover la desconfianza mutua entre ellos, fomentando aquél o aquellos partidos, que naturalmente se presenten en el curso de los sucesos ocurridos en los paises rebelados, valiéndose para el efecto de cuantos medios i arbitrios son necesarios en tales casos, hasta echar mano de los fondos del erario para fomentar las desavenencias de los dichos partidos. El antecesor de V . E . el señor marques de la Concordia prestó a S. M. mejores servicios con los manejos de destreza política con los rebeldes de Buenos Aires i Chile que con los ejércitos puestos en esos paises; i observará V . E . que tuvieron mas felices resultados la protección concedida a los Carreras por el jeneral Gainza en Chile, después de la capitulación simulada, i los recelos sembrados en Buenos Aires contra la primera Junta, que la guerra formal sostenida en Venezuela i Santa F é por el jeneral Morillo. En el dia, según se advierte de la carta de V . E . de Diciembre del año anterior, se presenta la mejor oportunidad para debilitar las fuerzas de Buenos Aires i Chile, protejiendo los partidos de los Carreras i de Alvear que resentidos con los actuales dominantes de aquellos paises no deben dejar de obrar en su contra, i harán tanto mayores esfuerzos cuanto mas empeñada sea la oposición que encuentren; debiendo conocer que la situación en que se hallan aquellos hombres fuera de su pais i relaciones es la mas ventajosa para sacar de ellos el partido mas conveniente. Si V . E . pudiese, valiéndose de manos diestras, ausiliar abierta u ocultamente a estos sujetos, no escusará dilijencia ni sacrificio para conseguirlo, así como pondrá a disposición del Ministro de S. M. en la Corte del Brasil las cantidades que para este objeto le pidiere, teniendo advertido que antes de ahora se le han dado a aquel Ministro las instrucciones convenientes. De real orden lo comunico a V . E . para su cumplimiento.— Dios guarde a V. E . muchos años.—Madrid, 22 de Abril de 1818.—Eguia.—Señor virrei del Perú.


DON B E R N A R D O o ' H I G G I N S

223

NÚM. 46 Con fecha 29 de Agosto avisé a V . S. que no considerando regular que se gravase la caja del Estado con los gastos que había ocasionado don J u a n J o s é Carrera, habia mandado reintegrar en caja de los dineros que se le habían interceptado, las cantidades con que se gratificaron a los oficiales que fueron destinados a varios puntos de mi jurisdicción con el objeto de aprehenderlo; perocomo sobre este particular no hubiese tenido contestación de V . S. inferí que aquella mi determinación no hubiera sido de su aprobación: con este motivo mandé a este Ministerio de Hacienda que rebatiese únicamente del dinero interceptado a Carrera las partidas que a éste se le habian entregado para los gastos de su subsistencia en la prisión: ahora incluyo a V . S. la cuenta que me pide en su nota de 6 del corriente.—Dios guarde a V. S. muchos años.—San Luis, 26 de Noviembre de 1 8 1 7 . — Vicente Dupuy.—Señor Gobernador I n tendente de la Provincia de C u y o . CUENTA D E LOS G A S T O S H E C H O S E N L A A P R E H E N S I Ó N I

CUSTO-

D I A D E DON J U A N J O S É D E C A R R E R A , A S A B E R

Por $ 25 con que se gratificó a los oficiales que salieron a varios puntos de la jurisdicción $

25

Por $ 40 con que se gratificó al oficial que lo apresó, don Atanasio Carvallo Por $ 3 2 , dos reales del haber de cuatro soldados que han estado de guardia un mes once días a $ 6 por mes a cada uno desde 24 de Agosto hasta 4 de Octubre inclusive Por $ 1 0 , 6 reales de su prest a un cabo en el espresado tiempo a $ 8 por mes Por $ 27, 3 reales a un teniente que estuvo de guardia en el enunciado tiempo por su sueldo a $ 20 por mes ,

40

32 2 10 6

27 3


224

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

Por $ 1 3 con que se gratificó al teniente don J u a n Fablo Palma, un sarjento i un soldado que lo condujeron a Mendoza, a saber, $ 1 0 al oficial, 2 al sarjento i 1 al soldado Por $ 6 5^ reales que le corresponden de sueldo al teniente Palma en diez dias de ida i vuelta a $ 20 por mes Por $ 3, z\ reales que debe haber por su sueldo a $ 1 0 por mes el sarjento en el espresado tiempo. Por $ 2 de su sueldo al soldado en dicho tiempo a $ 6 por mes

13

6 5^ 3 2^

;

2 $

160 3

Según se demuestra asciende esta cuenta (S. Y . ) a $ 160 3 reales.— San Luis i Noviembre 24 de 1817,—Juan Escalante. Mendoza, 2 d e Diciembre de 1 8 1 7 . — P ó n g a s e con la cuenta que acompaña: el escribano hará saber a don Manuel Muñoz Urzúa que ponga en la administración de correos la cantidad de $ 1 6 0 , 3 reales del dinero que existe en su poder perteneciente a don Juan J o s é Carrera para el pago de los gastos causados en su aprehensión, custodia i remisión, pasándose oficio al administrador de la estafeta para que en el próximo correo remita esta cantidad a disposición del teniente gobernador a quien se dará el aviso correspondiente por contestación a su oficio de 26 del mes anterior.— Luzuriaga.—Ante mí.—Cristóbal Barcala, escribano de cabildo i gobierno. En 3 de Diciembre de dicho año, notifiqué el anterior auto a don Manuel Muñoz Urzúa, doi fé.—Barcala. Mendoza, 5 de Diciembre ds 1 8 1 7 . — Habiendo espuesto verbalmente don Manuel Muñoz Urzúa no existir ya en su poder dinero alguno de don J u a n J o s é Carrera, hágasele saber que del numerario que espera haga la entrega prevenida en decreto

de 2,— Luzuriaga.—Ante mí.— Cristóval Barcala. E n dicho dia, mes i año hice saber el anterior decreto a don Manuel Muñoz Urzúa.—Barcala.


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

225

Habiendo trascursado mucho tiempo desde que se proveyó el pago que aparece de este espediente, hágase saber a don Manuel Muñoz Urzúa, depositario i encargado de la asistencia de los Carreras, que lo verifique en el dia o dé razón.—Luzuriaga,—Ante mí.—Cristbval Barcala, escribano de gobierno. Incontinenti hice saber el anterior decreto a don Manuel Muñoz Urzúa, quien de quedar enterado, lo firmó, de que doi f é . —

Me doi por notificado.— Muñoz.—Barcala. Señor Gobernador intendente.—Don Manuel Muñoz Urzúa dice: que no tiene un real perteneciente a los Carreras, i aun me deben del alcance que les tengo hecho según lo manifiesta la cuenta orijinal que en dia de esta fecha he presentado en la secretaría de gobierno. —Mendoza, Abril 3 de 1 8 1 8 . —

Manuel Muñoz i Urzúa. Concuerda este testimonio con los orijinales de su contesto que a efecto de sacarle se me entregaron en la secretaría de gobierno a donde los devolví con el presente que autorizo de orden verbal del señor gobernador en esta ciudad de Mendoza en 5 dias del mes de Enero de 1 8 1 9 . En testimonio \ de verdad.— Crisióval Barcala, escribano de gobierno i guerra.

TOMO XIV


226

MANUEL

T A S A C I Ó N D E COSTAS Q U E

JOSÉ

GANDARILLAS

HAGO D E O R D E N V E R B A L

GOBERNADOR INTENDENTE DE ESTA PROVINCIA

DEL

SEÑOR

DÉLAS

CAU-

SADAS E N LOS AUTOS C R I M I N A L E S Q U E S E L E S S I G U I Ó A LOS CAR R E R A S E N ESTA CAPITAL I M E C O R R E S P O N D E N

POR

LAS AC-

T U A C I O N E S Q U E H I C E E N E L L O S COMO E S C R I B A N O D E G O B I E R NO, A S A B E R :

Actuaciones Por un decreto, 2 reales Tres autos, a 4 idem U n a sentencia, 8 idem U n a notificación llana, 4 idem Dos mas, a 8 reales cada una Dilijencias de intimación a otros reos de la misma Dilijencias de presenciar la sentencia i ejecución de ella, i otras intimaciones

z\ r 4 1 i 4/ 2 ) i 1 1

10 2

4

Testimonios Dos testimonios completos de la misma causa uno con 1 4 6 fojas, i otro con 1 4 8 , con papel sellado, común, signos, etc , Otros dos con 58 fojas

a 4 reales

147 29

Otro de las cuentas de Muñoz de los gastos de los Carreras, en 6 fojas de cuentas, signo i papel Otro de las cuentas de San Luis, 2 fojas papel e t c . . . Otro i d . de la lista tomada por el teniente alguacil de lo que dejaron los Carreras en la prisión papel, etc <

con

Otro id. de las dilijencias sobre la entrega de la balija, ropa que iba en ella, i el reloj Otro sobre el cobro de dicho reloj por doña Javiera de Carrera

3 4 1 3

1 1 2 2 4 195 7


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

227

Importa la anterior planilla, salvo equivocación o yerro, $ 1 9 5 , 7 reales.—Mendoza i Marzo 22 de 1819.—Cristbval

Barcala. Excmo. Señor.—Tengo el honor de acompañar a V . E . la planilla de los derechos de que hace cargo el escribano de gobierno en la causa seguida a los criminales don J u a n J o s é i don Luis de Carrera, cuya totalidad asciende a $ 1 9 5 , 5 reales, acompañando así mismo a V . E . tres testimonios, a saber: uno en dos fojas de $ 1 6 0 , 3 reales de los gastos que se causaron en la aprehensión i remisión desde San Luis de don J u a n J o s é a cuyo pago se negó el depositario don Manuel Muñoz Urzúa por no tener fondos en su poder de dichos reos como aparece de las mismas dilijencias. Otro en seis fojas que comprende las cuentas rendidas por Muñoz i la planilla de $ 1 4 7 , 2 reales que se deben al escribano don J o s é Antonio Moreno, cuya cantidad no satisfizo Muñoz por la misma causa, i otro en dos fojas de los pocos muebles que quedaron por finamiento de ambos criminales a fin de que se sirva V . E . disponer que de los bienes i haberes de ellos se abonen los $ 4 5 3 , 4 reales a que ascienden las tres partidas de que se hallan en descubierto los interesados i que los que lo sean en ese Estado a los espresados muebles dispongan de ellos. Dios guarde a V . E . muchos años.— Mendoz?, 22 de Marzo de

1 8 1 9 . — E x c m o . Señor.— Toruno de Lvzuriaga.—Excmo. Señor Supremo Director del Estado de Chile. Santiago, Marzo 29 de 1 8 1 9 . — A c ú s e s e recibo i pasen estas dilijencias al alcalde de segundo voto para que exija de don Ignacio de la Carrera el pronto pago de los derechos que se

cobran.—O'Biggins.—Echeverría, Santiago, Abril 22 de 1 8 1 9 . — P o r recibido, i hágase saber a don Ignacio de Carrera para su cumplimiento.—Troncoso.— Díaz. En el mismo dia hice saber el decreto de la vuelta a don Ignacio de Carrera i firmó, de que doi fé.—Ignacio de Carrera.

— Vargas.


CAPÍTULO

V

CONDUCTA DE LOS GOBIERNOS DE LAS

PROVINCIAS

UNIDAS DEL RIO DE LA PLATA I DEL ESTADO DE CHILE RESPFCTO A LOS CARRERAS.—MÜERTE DEL JENERAL DON JOSÉ MIGUEL DE CARRERA. III

Los partidarios del Gran Mariscal del Perú i los admiradores en los sucesos que hubo en su tiempo, nos presentan a este hombre como el mas justo i humano, i nos recuerdan su gobierno como un modelo digno de imitación. Mas, el último documento acredita que estos sentimientos i cualidades son incompatibles con unas operaciones que no pueden proceder si no del seno de la mas concentrada crueldad. Y a dijimos, i repetimos ahora, que falle-


230

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

ció el brigadier don Ignacio de Carrera el 26 de Julio de 1 8 1 9 a impulsos de la cobranza que se le hizo de los gastos ocasionados en la persecución i muerte de sus hijos; i este hecho atroz desmiente cuanto pueda decirse en favor de los sentimientos de humanidad i conducta gubernativa de don Bernardo O'Higgins. Don Ignacio de Carrera fué un ciudadano muí distinguido por sus virtudes cívicas ¡ morales; fué uno de los esforzados patriotas que concurrieron a abrir el camino de la revolución, i no sin justicia le respetan sus compatriotas como uno de los fundadores de la libertad del pais. N o tenia complicación ninguna en los hechos que la odiosidad de partido imputaba a sus hijos, ni habia dado el menor motivo para que el rencor de O ' H i g g i n s

se

hiciera trascendental a su persona. S u edad, sus achaques i disgustos le habían reducido a una situación que solo se la hacían soportables sus sentimientos relijiosos, i debía considerarse mui resguardado de todo jénero de persecuciones. Mas, a don Bernardo O ' H i g g i n s se le ocurrió el medio de acelerar el término de sus dias haciéndole cobrar los gastos del asesinato de sus hijos. E s t e paso demuestra que aquel gobernante, ni procedió con la circunspección de su destino, porque con él demuestra que abusó del poder i echó una mancha muí deshonrosa en la parte mas principal de


DON BERNARDO O'HIGGINS

231

nuestra historia pasada, ni con la sensibilidad que regularmente tiene cualquiera con un semejante desgraciado. L e habrían sobrado medios de satisfacer la injusta cobranza del intendente de Mendoza;

bien

mandándola pagar de las arcas nacionales en la lista de los gastos estraordinarios, como lo hacia con los de espionaje, festines i otros de su propia persona, o bien con una pequeña parte de su cuantiosa renta... Mas, no nos empeñaremos en demostrar lo horrible de esta acción

cuando

es tan

palpable a todos, i sólo repetiremos que la persecución de los Carreras no tiene mas oríjen que el odio que se fomentó contra ellos por miras particulares. S e hizo fusilar a don Juan J o s é i a don Luis en Mendoza; se desterró por el Director Pueyrredon a su hermana doña Javiera a un lugarejo miserable de los confines de Buenos Aires con los indios, i se la encerró después en un hospital; se persiguió de muerte a sus deudos, amigos i domésticos, i aun a aquellos con quienes se le suponía alguna relación, i se estableció, entre ambos gobiernos, tal sistema de espionaje, que difícilmente puede presentarse una combinación

mas bien

ordenada. Se consiguió matar a don Ignacio de Carrera; pero ni los horrores antes referidos ni el sacrificio de esta víctima pudieron apaciguar al perseguidor


232

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

de su familia. S e dirijió contra los bienes que quedaron al fallecimiento de éste, i seguramente su furor era tan excesivo i contajioso, que sin embargo de que sus crueldades estaban tan manifiestas, hubo funcionarios públicos que le ayudaron a llevarlas adelante. Ninguno fué capaz de echárselas en cara, i parece que todos se empeñaban en dar cumplimiento a sus órdenes por tiránicas e ilegales que fuesen. Aun no se habian hecho los honores fúnebres a don Ignacio, cuando se presentó el fiscal pidiendo al gobierno que mandase secuestrar sus bienes. Aun no se habia cumplido el plazo en que las leyes mandan que no se inquiete a los representantes de los muertos, no habian pasado cuatro dias cuando se hizo esta petición i el Director O ' H i g g i n s accedió a ella al siguiente, ordenando a la intendencia que procediese a formar inventario; i sin trámite ni formalidad alguna, sin audiencia de los interesados nombró depositarios, contraviniendo a los artículo 6.°, capítulo 2. , 0

título 3 . i 4. , capítulo 3 . 0

0

0

del código que él habia mandado formar. Copiamos solo la vista fiscal, el decreto supremo i la primera orden de la intendencia, desentendién • donos de los demás procedimientos de ésta, porque con aquellos documentos se manifiesta

suficiente-

mente el despotismo con que se gobernaba, i en éstos la sumisión de majistrados que ahora pueden


DON BERNARDO o'HIGGINS

233

avergonzarse de haber empleado tan mal su enerjia, (documento número 47.) Baste saber que el Fisco se hizo dueño de la testamentaria de don Ignacio de Carrera sin dejar reservado mas que un permiso a doña Javiera para usar de sus derechos con su citación. S e apoderó de la hacienda i casas, hizo vender privadamente los ganados, rebajar

arrendamientos i dispuso de

todos los intereses como si sus dueños hubiesen sido condenados por sentencia legal a la pena de confiscación. E n la vista del fiscal se verá que para esta tropelía se dio por pretesto la estraccion de caudales i pastas que hizo don J o s é Miguel al tiempo de emigrar. Mas, el gobierno sabia muí bien que éstos fueron tomados por los españoles, i el público se convencerá ahora de su certeza por los documentos números 48 i 49, i con ellos formará una idea inequívoca de la injusticia de la persecución i de las falsedades con que se denigraba la conducta de don J o s é Miguel de Carrera. S e le imputó a crimen haber intentado privar a los enemigos del pais de aquellos recursos; se citaba, maliciosamente aislado, el hecho de la estraccion, i se procuraba ocultar cuidadosamente la devolución. Mientras tanto, don J o s é Miguel de Carrera, abandonado del sufrimiento de tantos

insultos,

viendo a su padre i hermanos muertos, a su her-


234

MANUEL JOSÉ

GANDAR1LLAS

mana desterrada i a su esposa e hijos aflijidos con todos los tormentos de la mas estremada indijencia, empezó a desahogar sus justos resentimientos publicando por la imprenta la comportacion de los dos gobiernos que le oprimían. Cualquiera que fije la atención en este hombre, que no contando mas que con la seguridad del asilo que le había proporcionado el carácter hospitalario del jeneral Lecor, acusaba ante la faz del mundo a dos gobiernos que se creían en la cima de la gloria, no podrá menos que considerarle como una víctima, cuyo sacrificio era preciso preparar por medio del atropellamiento de las leyes i por toda clase de injusticias. Sus enemigos querían que guardase silencio bajo el enorme peso que le abrumaba; mas, ellos no procuraban mitigar sus crueldades, i al fin consiguieron sacrificarle en el mismo banco que había servido a sus hermanos. E s t a parte de la historia del jeneral Carrera no corresponde a nuestro objeto, ni tenemos en nuestro poder los documentos con que deberíamos justificarle de un modo correspondiente a sus loables i no conocidos designios; pero para vindicar su memoria de algunas imputaciones que pueden hacérsele, haremos una esposicion tan lijera, cuanto sólo baste para desvanecer cualquiera idea desfavorable que puedan haber infundido los numerosos escritos que se han publicado contra él.


DON

BERNARDO

0'HI3GINS

235

N o era Carrera de aquellos jenios que se abaten con el infortunio. S u alma altiva le llamaba a empresas grandes i los principios liberales de que se habia imbuido en la patria de Washington, le hadan considerar a la suya en un completo estado de degradación. E l tamaño de los ultrajes irritó su ánimo, i le hizo resolverse a vengarla i vengarse, porque ya le era ignominioso tanto sufrimiento. Y a estaban agotados sus recursos pecuniarios, casi destruida su reputación, i sobre todo estinguida su paciencia para negarse a las instigaciones que se le hacian

para entrar en las traiciones que por

aquellos tiempos se meditaban para someter estos países a la dominación

de monarcas

europeos.

L a venta de la banda oriental que se hizo al portugués, aunque por entonces pareció que no pasaría al oeste del R i o de la Plata, tenia tanta estension que se pensaba hacerla lleg r hasta las orillas del mar Pacífico. N o podemos dar por ahora otra noticia de este inicuo proyecto que la que presenta el documento número 50 que copiamos íntegro. E l jeneral Carrera lo conocía a fondo, i no pudiendo negarse a concurrir a él si permanecía en Monte video, dejó su asilo, abandonó a su familia i se reunió al caudillo Ramírez, uno de los subalternos de Artigas. E s escusado referir los medios de que se valió para indisponer a Ramírez contra su jefe i hacer que lo derrotase de un modo que hasta


236

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

ahora no ha podido rehacerse.

Emprendió

una

campaña contra el gobierno de Pueyrredon con las fuerzas de Ramírez i las del gobernador de Santa

Fé i

consiguió destruirlo. Allí formó un

pequeño cuerpo de 200 hombres con que intentó pasar a este pais. N o era su objeto hacer la guerra a ningún

pueblo ultra-andino, sino facilitarse el

tránsito; i después de haber allanado

la mayor

parte de los obstáculos que se le opusieron por la fuerza armada, tuvo la desgracia de haber

sido

entregado al gobernador de Mendoza por una vil traición. Allí fué ejecutado, a instancias de un don Albín Gutiérrez, por don T o m a s Godoi, por cuya acción le premió don Bernardo O ' H i g g i n s con un grado militar en el ejército de Chile. Sabemos que a esta muerte se intenta quitar el nombre de asesinato bajo el pretesto de que el jeneral Carrera habia invadido el territorio de Cuyo; pero sin entrar en la disputa que creemos importuna por ahora, sólo alegaremos en contra de esa disculpa que el jeneral Carrera habia sido provocado

a

vengarse; que su persecución le hacia disculpable, i que el no haber entrado en el proyecto de la venta celebrada con el portugués, i el haber descubierto la traición fraguada en favor de! príncipe de Luca, le hacen recomendable a la consideración de sus compatriotas, i de una clase mas elevada


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

que sus execrables enemigos, que se

237

figuraron

afrentarle en el patíbulo. DOCUMENTOS NÚM.

47

Excmo. Señor: El fiscal representa a V. E que ha fallecido don Ignacio de Carrera, dejando por sus herederos lejítimos a don José Miguel i doña Javiera Carrera, residentes ambos fuera del Estado. El fiscal prostituiría su ministerio si mirara con indiferencia u olvidara el interés del Estado. Sin entrar en discusión de los males que causó don José Miguel a Chile: sin acordarnos de su eficaz empeño para envolvernos otra vez en peores desgracias: sin leer los recientes papeles incendiarios con que atacando a las primeras autoridades ha pretendido nuestra desolación, con una guerra intestina, borrando de nuestra memoria (quiero decir) la proscripción de que se ha hecho tan acreedor por sus crímenes excecrables; nos basta saber los grandes caudales que estrajo de Chile después del triste suceso de Rancagua. Nadie lo ignora ni nadie sabe que les hubiese dado alguna justa inver" sion. Por el contrario, al mismo tiempo que se le veia gastar con profusión en Buenos Aires, sus partidarios mas allegados pedían el pan de limosna. Don José Miguel debe sin duda responder a Chile de ese grande caudal: su ha de haber no puede llenar su dilapidación aun cuando fuera doblemente mayor el caudal de su padre. En estas circunstancias, el fiscal pide a V. E., por ahora, i sin perjuicio de las jestiones que crea después de justicia, que

se asegure dicho caudal por un inventario legal, depositándose, que nombre V. E . depositario, que los productos i dinero (si lo hubiere) entre en las arcas del Estado, i que la heredera doña Javiera use de los derechos que tenga con citación del Fisco. El fiscal ignora si don Ignacio ha muerto con disposiciones testamentarias; pero supone que su hijo político don Pedro


2 S 3

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

Diaz Valdes, sea el que esté a cargo de los bienes; o que cuando menos tenga una razón de ellos como interesado: V . E. si fuere de su agrado podrá encargar estas dilijencias a la intendencia, previniéndole la brevedad i empeño que exijen, o como lo estime mejor por el interés del Estado.—Santiago, 3 0 de Julio de 1 8 1 9 . - Excmo. señor.—José Gregorio Argomedo. Santiago, Julio 3 1 de 1819.—Pase al Gobernador intendente, a quien se recomienda la brevedad i empeño que exije a que sin pérdida de tiempo se haga un inventario legal de los bienes que han quedado por fallecimiento de don Ignacio de la Carrera, los que deberán entrar en poder del doctor don Hipólito Villegas i don Diego Valenzuela, a quienes nombro por depositarios, pasando a las cajas del Estado el dinero efectivo que se encuentre i alhajas: lo que también deberán hacer los depositarios con los productos de los bienes rústicos i urbanos. Exijiendo de su hijo político don Pedro Díaz Valdes el testamento o disposiciones que hubiere hecho, pues es regular, que cuando no haya sido nombrado albacea, tenga noticia.—CPHiggins. —Toro, pro-secretario. Santago, Julio 3 1 de 1 8 1 9 , — P a r a que se proceda en la forma ordinaria al inventario legal, que previene el antecedente Supremo decreto, de los bienes que han fincado por muerte de don Ignacio de Carrera, i existen en esta capital, se nombra al inspector del cuartel don Antonio Palazuelos; i por lo respectivo a los de campo, al teniente gobernador de Melipilla, para que en igual forma, i con citación i asistencia del licenciado don Pedro Díaz Valdes, hijo político del don Ignacio, proceda a esta operación, realizándose en uno i otro caso el depósito de dichos bienes en las personas que denomina el citado supremo decreto bajóla prevención que igualmente glosa: al efecto, póngase respectivamente en noticia de los nombrados en la forma de estilo para su puntual i mas breve cumplimiento.—Guzman.—

Agutrre.—Ante mí, Araos.


DON BERNARDO

NÚM.

O'HIGGINS

239

48

Excmo. Señor: Don Manuel Araos en autos sobre la efectiva liberación de los bienes que quedaron por muerte de don Ignacio de Carrera conforme a derecho digo: que se me ha comunicado traslado de la esposicion de los ministros del tesoro i la de los fiscales. Para contestarlo, necesito una certificación de las partidas del dinero introducido a cajas por el jeneral Ossorio, después de haberlo quitado al piquete que lo conducía al otro lado de los Andes, así como de las barras de plata que el mismo jeneral puso en la Moneda después de haberlas interceptado en los propios términos. Por tanto: Suplico a V. E. se sirva decretar se me dé por ambas oficinas con reconocimiento de los respectivos libros.—Es justicia—

Doctor Vera.—Manuel de Araos. Santiago, Febrero 1 6 de 1824.—Como se pide.- - Rúbrica de

S. E.—Benavente. Excmo. Señor: En los libros de esta oficina fio hai partida alguna que específicamente hable de dinero quitado al piquete que conducía a la otra banda los intereses que llevaban los Carreras i sólo hallamos dos partidas sentadas en 5 de Noviembre de 1 8 1 4 , que a la letra son como sigue: Noviembre 5: cargo $ 55,437, que importan los 3 , 2 6 1 doblones, a los que se le regula el valor de $ 1 7 cada uno; cuya cantidad se ha hallado en una carga de las 1 9 5 de dinero tomado a los insurjentes i se depositaron en esta tesorería jeneral. A esta operación de recuento se procedió de orden verbal del señor jeneral en jefe, i la firman los claveros que trajeron las llaves para hacerle entrega a los Ministros—Fizana.—Butrón.

—Ascacíbar,


240

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

Noviembre 5: cargo $ 9 , 1 1 2 que se encontraron igualmente en plata sellada, inclusos en las citadas 19^ cargas que se tomaron a los insurjentes, como lo relaciona la partida anterior: advirtiéndose que de las mismas cargas se sacaron anteriormente $ 15,000 para el rejimiento de Talavera, según consta del decreto del señor jeneral en jefe de 27 de Octubre último i recibo del capitán cajero don Vicente San Bruno, que se acompaña al número 26, cuya dilijencia la firmaron con los ministros los mismos claveros que concurrieron según se dijo en la partida

citada.—Pizana.—Butrón.—Ascaábar, Bajo de este supuesto, resolverá V. E . si será conveniente facilitar al interesado don Manuel Araos las certificaciones que pide, puesto que no están concebidas en los términos que espresa su solicitud.—Tesorería jeneral, Febrero 2 1 de 1824.—/osé Pa-

mon Vargas i Belbal.—iSlicolas Marzan.

NÚM.

49

El contador de la Casa de Moneda del Estado de Chile, etc. Certifico que en el libro orijinal destinado para el asiento de partidas de compras de oro i plata, correspondiente al bienio de 1 8 1 3 i 1 8 1 4 , se hallan sentadas a fojas 89 vuelta i 90 las partidas del tenor siguiente: En 8 de Noviembre de 1 8 1 4 , los señores ministros de real hacienda de esta capital han introducido en esta casa tres barras de plata, por orden de dicho señor jeneral para su amonedación, según lo determinó en el oficio de 5 de Noviembre citado en la partida anterior, cuyas barras son pertenecientes a la iglesia de San Francisco de esta ciudad, según el reconocimiento que de ellas se ha hecho; las que fueron quitadas a los insurjentes, i tienen los números, peso i leyes del contra-márjen: que reducidas a la de 1 1 dineros, hacen quinientos sesenta i ocho marcos, cuatro onzas, tres i media ochavas; e importaron cuatro mil quinientos cincuenta i dos pesos, cuatro i tres cuartillos reales.


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

241

Contra-márjen de la partida anterior Peso bruto I~l

2

. J> I O

) 3

.

252 6

II

. . 160 2 io 07 1 8 8

3 barras

601

En dicho dia, don Manuel Araos entregó en esta real casa, una barra de plata, de la que se fundió perteneciente a dicha iglesia de San Francisco, la que por olvido se les quedó en esta tesorería a los insurjentes; i como comisionado para el efecto por aquel gobierno, la hizo ocultar a beneficio de la citada iglesia, o de la real hacienda, i después se mandó amonedar por el espresado señor jeneral, en virtud del oficio arriba citado; cuyo número, peso i leí, se figura al contra-márjen; i reducida a la de 1 1 dineros hace doscientos veinticuatro marcos, tres onzas; e importó mil setecientos noventa i seis pesos, cinco reales.

Contra márjen de la partida anterior Núm.

Leyes

4

4 10

Peso bruto II

236

En 8 de Noviembre, los ministros de real hacienda de esta capital han introducido en esta real casa, cuatro barras de plata, con los números, peso i leyes del contra-márjen, las que según el reconocimiento que de ellas se hizo, son pertenecientes a la santa iglesia Catedral de esta ciudad, que fueron quitadas a los insurjentes, las cuales se han mandado amonedar por el señor jeneral del ejército real, según el citado oficio de 5 del presente mes; i reducidas a la lei de 1 1 dineros, hacen setecientos veintinueve marcos i dos ochavas; e importaron cinco mil ochocien tos treinta i siete pesos, cuatro i tres cuartillos reales. TOMO X I V

16


242

MANUEL JOSÉ

GANDAR1LLAS

Contra-márjen de la partida anterior Núm.

Leyes

Peso bruto

51 61

10 10

14

71 81

10 10

12 15

4 barras

179 200 7 l80 I 198 3 758 3

En 8 de Noviembre, los señores ministros de real hacienda de esta capital, han entregado en esta casa veintiocho barras de plata, con los números, pesos i leyes del contra-márjen, las cuales son pertenecientes a los fondos de ella; i fueron quitadas a los insurjentes, quienes las habían sacado violentamente; i en virtud de oficio del señor jeneral en jefe del ejército real de 5 del presente mes, se han mandado amonedar; las que reducidas a la de 1 1 dineros, hacen cuatro mil ciento veintiséis marcos i seis ochavas; e importaron treinta i tres mil treinta i ocho pesos, siete i un cuartillo reales.

Contra-márjen de la partida anterior Núm.

1

Leyes

Peso bruto

5 2

1 1 23 i S 5 I I 22 1 7 9 2 581 " 21 11 13 297

1 1 1 2

11 11 10 10

1 1

10 12 10 ! 3

38

barras

13

12 08 18 16

4 0 1 0 4 0 4 0

157 0 0 145 3 0 106 4 0 «33 7 0 119 3 0 127 2 0 3896 marcos.


DON

BERNARDO

Ù'HIGGINS

243

Igualmente, en el libro jeneral i resumen de todos del propio bienio de 1 8 1 3 i 1814, se halla, a fojas 38, la partida que sigue: En 8 de Noviembre de 1 8 1 4 . — E n este dia se le forma cargo por esta real contaduría, al señor tesorero don Silvestre Martínez de Ochagavía de treinta i dos mil pesos, en dos mil doblones de a dieziseis pesos, los mismos que recibió de los señores ministros de real hacienda de esta capital, a consecuencia de orden del señor jeneral en jefe del ejército real pacificador, fecha 7 de Noviembre del presente año, a fin de que con ellos se rescaten las pastas de oro que introducen los mineros i comercio. I en virtud de supremo decreto fecha dG 16 de Febrero de 1824, en la solicitud de don Manuel Araos, doi el presente, en Santiago de Chile i Febrero 28 de 1824.—Anselmo de ¡a Cruz. NTÍM.

50

Excmo. Señor: Las resultas de nuestras espedíciones al Entre Ríos, de que V. E. debe tener partes circunstanciados, han dejado sin efecto los planes sobre aquella provincia combinados con V. E . por el director propietario don Juan Martin Pueyrredon en comunicaciones reservadas de 7 i 25 de Agosto de 1 8 1 7 . Mas, haciéndose cada dia mas urjente la necesidad de acabar los enemigos comunes, ¡ que las tropas portuguesas ocupen el Entre Rios para destruir el anarquismo, cuyos efectos comienzan a sentirse en esta banda, i obviar de esta manera los inconvenientes que han de oponer José Artigas i demás caudillos al proyecto de la pacificación de este virreinato sobre las condiciones del tratado secreto de Rio Janeiro, conviene sobre todas cosas que V. E . so pretestos políticos cierre el comercio del Uruguay i toda comunicación a los orientales, apurándolos en esa banda i llamándoles la atención, Ínterin se verifica la venida del señor capitán jeneral don José San Martin i el ejército del Perú para ocupar a Santa F é i la Bajada; las cuales fuerzas dispersando las reuniones de los montoneros que alienta la malignidad de Artigas i sus cómplices, caerán precipitadamente sobre el Entre Rios,


244

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

í con el ausilio de la jente de Ereñú que tenemos ganada, acabaremos con López, Ramírez i demás cabecillas para facilitar así la tranquilidad de estas provincias i a las tropas de V. E. la segura posesión de la Banda Orienta!, hasta que mas adelante, asegurado este gobierno de sus enemigos interiores, pueda hacer efectivo el gran plan de la agregación tratada. Muchos jenios inquietos en ésta trabajan sin cesar contra nuestros planes, divulgando especies malignas contra este gobierno; pero yo estoi seguro de conservar la opinión pública si V. E . enfrena por su parte a los que desde ese pueblo pretenden saciar sus resentimientos acalorando los partidos, loque resulta en mucho daño a los fines propuestos. Dios guarde a V. E . muchos años.— Buenos Aires, 2 de Febrero de 1819.—José Rondeau.—Excmo. Señor Barón de la Laguna i jeneral en jefe de las tropas portuguesas. El Director de Buenos Aires, descubierto en su traición, creyó engañar a los pueblos, imprimiendo su oficio al jeneral Lecor, que ya habia circulado manuscrito por todas las provincias federadas i aun en Buenos Aires a pesar del espionaje. Con un párrafo pomposo e insolente de Julián Alvarez se persuadió que podría imponer a los acusadores, o con-maquinadores, i dirá "lo que nos conviene es ganar tiempo para rehacernos de nuestras pérdidas en la última campaña de Santa F é ; entre tanto, nuestra negativa hará que al menos vacile la creencia de los americanos: con las esperanzas de reconciliación adormecemos las tropas de la federación: el descubridor de nuestro crimen no encontrará fácilmente los medios de publicar las pruebas a que le provocamos, i los pueblos al observar su silencio se decidirán talvez por nuestra inocencian. Estas reflexiones serian mui acertadas si los pueblos tuviesen datos menos positivos de la declarada traición del club aristócrata; bastaría decir que el escribano socio Justo Nuñez escribió el oficio; (aun diremos mas en otra oportunidad cuando no espongamos al sacrificio a los buenos hombres que nos descubrieron tan importante secreto) pero he aquí las pruebas de la existencia del oficio.


DON

BERNARDO

Ü'HIGGINS

24S

El Director Rondeau tomó la arrogante determinación de publicar su oficio a Lecor; pero tuvo la debilidad de suprimir el de Lecor al intendente Duran sin embargo de haber circulado ambos a la vez. Accediendo Lecor a la solicitud de Rondeau, pasó a Duran el oficio que sigue: "Habiéndome propuesto el gobierno de Buenos Aires, para privar al caudillo Artigas los recursos de que se aprovecha para perturbar el sosiego público de los pueblos, ad hiriese yo por mi parte a la medida que él ha tomado en Buenos Aires de cerrar aquel puerto para la navegación del Uruguai a todo buque mercante, he tenido por conveniente condescender con aquella solicitud; i como el propuesto bloqueo trae por su objeto el de todos los puertos de la Banda Oriental, vengo en declarar que continuando el puerto de Maldonado en las circunstancias en que se halla, solamente se consideren habilitados los de Montevideo i Colonia, entendiéndose que todos los otros están cerrados, i que en ellos entrarán únicamente los buques de guerra del actual gobierno de Buenos Aires i los de esta escuadra, i los que yo mande con especial permiso mió, llevando comunicaciones, mantenimientos, o artículos de guerra, ya sea para la colonia, ya para la escuadrilla del Uruguai. Lo que comunico a V. E . para su conocimiento i fines consiguientes.

Montevideo, 1 2 de Febrero de 1 8 1 9 . — E l Barón de la Laguna.—Señor Intendente don Juan Duran. En consecuencia se fijaron edictos por Duran anunciando "que a solicitud del gobierno de Buenos Aires se cerraba el Uruguai para privar de recursos al enemigo común A R T I G A S . " El primer buque ingles que después de esta determinación vino al Uruguai i fuá detenido por don Jacinto Sena Pereira, comandante de la flotilla portuguesa en Soriano, e intimado de no poder continuar sin presentar antes un permiso particular del Gobierno de Buenos Aires a mas de los pasaportes regulares que llevaba. De resulta de esta detención hizo el comodoro ingles sus reconvenciones al director Rondeau, que se escusó con que eran determinaciones esclusivas del jeneral Lecor: el comodoro aseguró que ciertamente era la obra del directorio, porque así lo


246

MANUEL

J O b É GVNÍ5AR11.LAS

acreditaban los edictos fijados en Montevideo de orden de L e cor. Desde entonces todos los buques destinados al Uruguai (¡ue salian de Buenos Aires recibieron en la capitanía del puer-

to pases eslraordinarios para no ser detenidos por los portugueses. Preguntaremos a S. K. el señor Rondeau, si es esto verdad con todos sus pelos i señales? I si siendo verdad el oficio de Lecor a Duran, los edictos fijados en Montevideo, la detención de! buque ingles i los pasaportes estraordinarios que desde aquella época necesitaron los buques para pasar de la flotilla portuguesa ¿podrá dudarse la existencia de su oficio a Lecor? Aunque innecesario, recordaremos hechos del directorio de Buenos Aires conocidos en todas las provincias para mostrar que no necesitábamos calumniarlo, para presentarlo como traidor a la faz del mundo. El director Alvarez llamó a los portugueses para que invadiesen la Banda Oriental. El coronel Vedia fué mandado por Pueyrredon para recibirlos i advertirlos de las medidas que debian tomar, ü >n Camilo Henríquez estuvo en comisión en Montevideo para acordar con Lecor sobre particulares del tratado secrtt) celebrado en el Janeiro con el rei por el diputado don Manu-.'l García. Pueyrredon devolvió a Lecor los oficiales i soldados portugueses que fugaron de Soriano. Lecor provocó al batallón de negros libertos orientales para que se insurreccionasen i se pasasen a Buenos Aires; logró este proyecto i se embarcaron en Montevideo con toda la protección de aquel jeneral. El jeneral Belgrano para contradecir una pn> clama del coronel español Carratalá a sus tropas en los Cantones de Tarija, en la que aseguraba que los portugueses obrarían en combinación contralos insurjentes,publicó una gaceta en la imprenta del ejército de su mmdo, protestando »que debíamos considerarlos nuestros hermanos^. Cinco oficiales de Buenos Aires, prisioneros en e! Saucesito, entre ellos Cortinas, estaban arrestados en el Arroyo de la China: cu indo entraron a aquel pueblo los portugueses, fueron puestos en libertad por Bentus Manuel i remitidos a Pueyrredon; ellos gritaron en media plaza "vivan nuestros libertadores, nuestros hermanos los por-


DON BERNARDO O HIGGINS

247

tuguesesn. El oficial don Mariano Ugo conducía municiones desde Buenos Aires para su jefe Correa: en la acción de Ñancai se tomó el buque i en él un pasaporte de Pueyrredon, encargando a los comandantes de los buques portugueses prestasen todo auxilio a Ugo para el desempeño de su comisión; este documento existe en la secretaria del jeneral Ramírez. Don Jacinto Sena Pereira comandante de la flotilla portuguesa en el Uruguai protejió con la fuerza i con toda clase de recursos a las tropas de Correa situadas en la isla de la Tinta: cuando la flotilla oriental las atacó en Julio de este año, mandó don Jacinto tres lanchones i aun fué él mismo a batir nuestros buques: convencido de su impotencia para destruir las fuerzas entrerrianas, se retiró a Soriano llevando consigo los restos de los insurjentes de Correa a quien habia mandado en un buque de guerra a Buenos Aires en solicitud de auxilios. Poco tiempo después llegó el sobrino i edecán de Correa en una goleta de Buenos Aires para conducir a aquella ciudad los refujiados a las banderas portuguesas: también fué encargado de invitar a don Jacinto para atacar a los lanchones orientales en combinación con don Anjel Ubac. Es innegable que don Jacinto de acuerdo con Pueyrredon ha avivado el fuego de la discordia en el Entre Rios a tal estremo, que si sus maquinaciones no hubiesen sido felizmente descubiertas; ¡quién sabe a qué punto habrían llegado los males contra la patria!


CAPÍTULO

VI

CAUSA S E G U I D A EN MENDOZA A DON J U A N J O S É I DON L U I S D E C A R R E R A

Hemos concluido la historia de la espantosa persecución de la familia de los Carreras; en ella encontrarán los lectores

filósofos

datos seguros

para conocer el verdadero carácter i naturaleza del gobierno de don Bernardo 0 ' H i g g i n s ; i los partidarios de éste hallarán

pretesto para acusarnos de

criminales, por haber publicado la conducta del hombre, que según su mal formado concepto, dio patria a los chilenos. Mas, nosotros, respetando la 'mparcialidad que prometimos al principio, despreciamos las censuras producidas por el afecto personal, por el mal modo de discurrir o por algún inte-


250

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

res individual que no es desconocido. Descansamos en la veracidad de los documentos incontestables en que hemos apoyado nuestras relaciones, sin cuidar del desagrado que pueden ocasionar a personas que no deben sufragaren la materia, i pasaremos a cumplir con la noticia de la causa publicada por Monteagudo que ofrecimos en uno de los números anteriores. Después de un florido exordio en que repite este escritor las imputaciones que se hacían a don José Miguel de Carrera atribuyéndole la pérdida de la acción de Rancagua, las

figuradas

tentativas para

sublevarse en Mendoza, i elojiar los asesinatos de Robert i Lagresse, supone una conjuración tramada en

Buenos Aires por el jeneral don J o s é Mi-

guel a cuyo efecto, intentaba

dirijirse

al mar

Pa-

cífico con otros aventureros

cuyo carácter

simpati-

zaban con el suyo, mientras

algunos de sus

partida-

rios se trasportaban en la hacienda

por tierra

de San Miguel

el arribo de la espe-

dicion compitesta de tres malos de Estados

Unidos, que por

estado apenas podían

a Chile a esperarbuques

procedentes

su construcción

aplicarse

i mal

al comercio de ca-

botaje. A s e g u r a que esta empresa fué denunciada al Gobierno por uno de los capitanes de buque i que después se averiguó su certidumbre en el proceso que se formó a los Carreras en Buenos Aires. E l autor del estracto debia haber producido algu-


DON BERNARDO o'HIGGiNS

251

nos datos de los que presentaba el proceso a que alude para poder ser creído, i haber cuidado de no ofrecer en su misma esposicion uno muí poderoso que descubre su embuste hasta la evidencia. El jeneral Carrera para ser tan excesivamente nal como se le supone i tan

crimi-

desmesuradamente

ambicioso, debía tener siquiera el instinto necesario para dirijir las empresas que concebia;.¡ creer que se embarcaría en buques tan peligrosos como anuncia el estracto, supone en é! una insensatez que debia haberle hecho despreciable a la atención del Gobierno e incapaz de merecer la

formación

de causa, o manifiesta que la relación del estracto es un completo embuste. N o trepidamos en asegurar que el tal intento de dirijirse al mar Pacifico fué una ficción, pues se dice que por la denuncia fueron los Carreras puestos en prisión, i ya hemos manifestado con los documentos números 36 i 39 que toda la espedicion

fué entregada

Carrera al director de Buenos

por el jeneral

Aires i al de Chile

mucho tiempo antes que se le pusiese en arresto. Dice también el autor del estracto, que este descubrimiento motivó la evasión

de don Luis,

viaje hasta Mendoza añadió una pajina historia de sus crímenes.

cuyo

notable a la

Don Luis salió de Buenos

Aires el 19 de Julio de 1 8 1 7 , i la conjuración de que habla el estracto debia haberse descubierto en los últimos dias de Marzo del mismo año, dos

o


252

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

tres dias antes del arresto de sus hermanos, i siendo esto así, como no puede dudarse, se hace inconcebible el que don L u i s hubiese verificado su fuga cerca de cuatro meses después de pasado el peligro que la ocasionó. Desde este viaje sigue el estracto refiriendo los crímenes de don Juan J o s é i don Luis, i atribuye a aquél la muerte de un postillón, a éste el robo de una balija, i a ambos la intención de pasar a Chile i finalmente el haber pensado deponer al gobierno de Mendoza para hacerse de recursos. Y a dijimos que estaban desmentidos la muerte del postillón i el robo de la balija, i que el intento de conjurar contra el Estado de Chile no pertenecía al conocimiento de los jueces de un pais estraño, i sólo hablaremos ahora de la conjuración meditada contra el gobierno de Mendoza. E l estracto, si no ofrece datos positivos para conocer que todo esto fué figurado, a l o menos presenta indicios d e q u e se procuró sacrificarlos de todos modos ¡ a cualquier costa. E s verdad que los dos Carreras intentaron fugarse de la prisión, i en esto no hacían mas que ejercitar un derecho que prescribe la libertad del hombre. Para ello ganaron la confianza de algunos soldados de su custodia, i para amortiguar la avaricia que en semejantes casos es excesiva en esta clase de hombres, seguramente les indicaron algún proyecto de conspiración contra el gobierno de aquella provin-


DON

BERNARDO

O'HIOGINS

253

cía. Encarcelados, condenados a una execración cuidadosa i fuertemente

concitada i sin el menor

recurso con que proporcionarse ajenies de su libertad, no era estraño que adoptasen este arbitrio engañoso. Don Luis tuvo la franqueza de confesarlo, i con ella allanó a su suplicio i al de su hermano el camino cuyas escabrosidades no habían

podido

vencer los formidables esfuerzos del activo Luzuriaga ájente de la lojia. E s t a franqueza de don Luis es innegablemente la piedra fundamenta] en que estriba la causa según el estracto, pues en él no se da otro motivo para su muerte. Resulta pues que el pretesto de que se valieron los Carreras para ganar hombres que les ausiliasen en su fuga, se elevó a realidad por sus perseguidores i proporcionó a éstos la ocasión de consumar su esterminio. No se crea que somos conducidos a formar este juicio por espíritu de partido o por empeño en acriminar. Nos lo han inspirado el conocimiento de las .intrigas revolucionarias, i la comparación de los documentos. L o primero está al alcance de todos los que sepan leer con refleccion en el gran libro de lo pasado, i lo segundo resulta del mismo estracto en que parece que su autor se propuso borrar con tinta la sangre que contribuyó a derramar. El hizo servir de motivo parala muerte de los Carreras la derrota de Cancha Rayada, i para que no se nos acuse de exajeracion, copiaremos sus pro-


254

MANUEL JOSÉ GANDAR1LLAS

pias palabras: » E n el mismo dia que presentó su último alegato el defensor, se recibió en esta ciudad la funesta noticia del contraste que sufrió en Can cha R a y a d a el ejército unido: ella exitó una profunda consternación en los ánimos, i en tales circunstancias nada era mas alarmante para el pueblo que la presencia de dos criminales, cuya animosidad hacia temer que en un momento de crisis desplegasen todas sus pasiones reprimidas: el gobernador-intendente penetraba la zozobra del pueblo, i permanecía indeciso sobre los medios de calmarla, mientras el Supremo Director del E s t a d o no deliberaba acerca de la consulta que le habia dirijido en 3 1 de Marzo; entre tanto, cada dia era un presajio de nuevas desgracias, i parecía que complotados los peligros, querían poner a una prueba difícil el destino de la patria i la constancia de sus defensoresn. ¿Qué temores podían infundir dos infelices proscriptos encerrados en una cárcel, i que hasta para el alimento preciso estaban sometidos a una rigurosa tutela? Seguramente no pensó el autor del estracto en el agravio que hacia al patriotismo afamado de los mendocinos suponiéndolos tan aterrados con la vida de aquellos dos hombres, como con los peligros que los amenazaban si se completaba la subyugación de Chile. L o s sentimientos que éstos debían inspirar no podian dejar que se produjesen esas manifestaciones de rencor, propias


DON BERNARDO o'HIGGINS

255

de almas mui bajas en ocasiones mui desocupadas. Sin embargo, se hizo producir al síndico procurador de la ciudad, en 6 de Abril, una petición, apoyada por el Cabildo de aquel pueblo, para que el intendente pronunciase cuanto antes la sentencia contra los Carreras (documento núm. 5 1 ) . E n ella no encontrarán los lectores mas que una repetición de las increpaciones de que ya están instruidos, i un signo evidente de la maquinación de que ya hemos dado idea. S e confirmarán en ésta al saber que al dia siguiente pidió el intendente, a consecuencia de esta solicitud, dictamen a tres letrados sobre lo que debería hacer, i éstos lo espidieron en pocas horas condenando a muerte a los dos presos (documento núm. 52). Adviértase que en esta pieza no intervino el licenciado don Juan de la Cruz Vargas, que el dia antes habia

firmado

el informe en que se

aconsejó se pronunciase sentencia, porque al tiem po de rejistrar los autos, como dice el estracto, se escusó de prestar

dictamen

definitivo, fundado

sobre

prominciamiento

en que resultaba de autos que él

debia ser tino de los presos por los conjurados.

Esta

misma implicancia habia contra el intendente L u zuriaga, supuesto que contra él se dirijia la conjuración i, sin embargo, procedió a pronunciar la sentencia de muerte i a ejecutarla en el mismo dia, tres horas después de notificada a las víctimas (documento núm. 53.)


256

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

T o d o es estraordinario en esta célebre causa: el gobernador intendente de Mendoza

se erijió en

juez de las ofensas a su persona, i siendo dependiente del jefe de la República Arjentina, no esperó la resolución de su superior a la consulta que le habia hecho ocho dias antes (documento núm. 54). L a s fechas de los documentos manifiestan la precipitación con que se procedió, i las cartas suplicatorias, una de San Martin a O ' H i g g n s , i otra de éste a Luzuriaga, acreditan que todo fué una maniobra para desprenderse de dos hombres, que si no fueron héroes en su vida, fueron víctimas en su muerte (documento núm. 55.) DOCUMENTOS NÚM.

51

Representación del sindico procurador de ciudad al Cuerpo Municipal Mui Ilustre Cabildo: El síndico procurador de ciudad, en representación de los intereses del pueblo, dice: que descubierto el plan de conjuración intentado por don José i don Luis Carrera, casi al mismo tiempo de ejecutarse, i noticioso el vecindario de las ideas subversivas que lo formaban, ha visto con horrorosa admiración el desgraciado precipicio que se le tenia preparado. En él entraba nada menos que la usurpación del mando de la provincia, la de su tesoro público, la estafacion de las fortunas particulares de los ciudadanos, la violencia, i la fatal suerte de los empleados i majistrados, que no suscribiendo al desorden i trastorno proyectado, sostuviesen con dignidad sus deberes respectivos.


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

257

Tales eran las aspiraciones de unos hombres que elevados por dos veces en su pais al Gobierno i primeros empleos por medio de la seducción i de la fuerza, se les hace mui fácil repetir con acierto en cualquiera otro, estas escenas. Consecuente a estas mismas ideas, es la notoria resistencia que hicieron en Noviembre de 1 8 1 4 a entregar las pocas armas i soldados que pudieron salvarse en la emigración. Con estos débiles restos intentaron audazmente sostener la investidura de jefes i gobernantes lejítimos en esta provincia, alegando la antigua demarcación jurisdiccional, que la tuvo sometida a la presidencia de Santiago. No se traiga a consideración la horrorosa comprobada sedición intentada por los mismos desde Buenos Aires, i cuya causa dio mérito a la prisión en que se hallan; tampoco hágase mención del último esfuerzo que hizo en días pasados don Juan José para evadirla desde el cuartel de la Cañada. Recordemos únicamente ¿cual hubiese sido la suerte de Mendoza, si alguna vez hubiesen logrado dominarla? ¡desgraciado pueblo! ¡Infelices habitantes! Todos vuestros haberes, todos vuestros derechos hubiesen sido presa de la mas alta tiranía, i de la avaricia mas consumada. Pero apartemos la vista de tan horroroso cuadro, para emplearla en remediar i ahuyentar el sobresalto en que se hallan los ciudadanos. Todo este cúmulo de causas, que la menor de ellas es suficientísima a motivarlo, mueven imperiosamente al procurador a representar a V. S. que mientras existan en nuestro pueblo los Carreras, nos hemos de ver presajiados de inquietudes i calamidades. ,\ favor de sus maniobras i resortes, son capaces de eludir la vijilancia mas perspicaz. La numerosa emigración que se advierte de Chile, Its facilita intentar otras nuevas, acaso mas eficaces. ¿Cuántos parciales declarados, cuantos encubiertos deben esperarse, que aprovechándose de las gravísimas atenciones que hoi se ofrecen, traten de hacer revivir ese antiguo peligroso partido, poniendo al frente a sus corifeos? El peligro se aumenta cada dia, i a proporción es preciso repararlo. A este objeto, i en obsequio de la salud pública soliciTOMO x i v

17


258

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

ta el esponente, que elevando V. S. esta representación al señor gobernador intendente con oficio recomendatorio, se interese eficazmente en que pronuncie a la mavor brevedad el fallo correspondiente en las causas de los citados Carreras, o tome la medida mas conducente, a fin de separarlos cuanto antes de este pueblo, i acallar asi su clamoroso empeño. Mendoza, 6 de Abril de 1818.—Pedro Nolasco Videla.—Mendoza, 6 de Abril de 1 8 1 8 . Elévese la presente representación al señor gobernador intendente con el oficio que se solicita, para que en vista de todo resuelva su señoría lo que sea de justicia.—Correas. — Corbalan,—

Oríiz—Sarasa.—Ante mí.—Cristóbal Barcala.—Escribano de Cabildo. Acompañamos a V. S. providenciada la representación que hace el síndico procurador de ciudad, sobre el pronto despacho de las causas que motivan la prisión de don Juan José i don Luis Carrera. Aunque en ella solicita la interposición eficaz de esta municipalidad al objeto deseado, nada le resta que añadir a las causales que se anotan: debe estar segura del mayor interés que tomará V. S. en obsequio de la seguridad i tranquilidad públicas, i del conocimiento mas prolijo de los motivos que tiene el pueblo para desear el pronto fallo indicado.—Dios guarde a V. S. muchos años: Sala Capitular de Mendoza i Abril 6 de

1818.—Justo Correas.—Melchor Corbalan.—Gregorio Ortiz.— Saturnino Sarasa.—Señor Gobernador Intendente. NÚM.

52

Señor gobernador intendente. A virtud del decreto que V. S. se ha servido espedir en consecuencia del dictamen que abrimos uniformemente sobre la causa criminal de estado seguida contra don Juan José i don Luis C a rrera, hemos revisado nuevamente el proceso, i pesado escrupulosamente el mérito que resulta de las declaraciones i confesiones


DON BERNARDO

o'HIGGINS

359

de los reos, las deposiciones de los testigos, el careo i ratificaciones de unos i otros,la defensa hecha en favor de aquellos, i en fin, la conclusión fiscal con la representación de la municipalidad, partes recibidos del teniente gobernador de San Luis i fronteras del Bebedero, con mas el oficio del gobierno de Chile de fojas 1 5 9 relativo a don Juan José; i después de analizar los hechos que deben servir de base al fallo definitivo i aplicación de la lei, es para nosotros una obligación penosa pero indispensable esponer: que resulta plenamente probado el crimen de traición i levantamiento contra el orden i autoridades en ambos estados, con el objeto de arrogarse el mando de ellos por medio de la fuerza i cooperación de los mismos enemigos de la patria, caso que el gobierno de las Provincias Unidas i el de Chile no consintiesen en los planes subversivos de don Juan José i don Luis Carrera, que para llevar a cabo este proyecto atentaron en la noche del 1 5 de Febrero contra la quietud i seguridad de esta provincia, empleando todos los medios de seducción que estaban a sus alcances i continuando en este mismo plan aun después de habérseles frustrado el complot del 25 de Febrero, según consta de las declaraciones de fojas 74, que por la declaración i confesión de don Luis i por la deposición conteste de los testigos del sumario consta, que su plan se estendia a poner en contribución a los particulares i defraudar el tesoro público a fin de hacer con estos recursos una distracción peligrosa al ejército unido, proponiendo al jeneral en jefe avenencias i transacciones que inevitablemente debian encender una guerra civil, que pusiese al enemigo en estado de sojuzgar sin dificultad al Estado de Chile; que sin embargo de las excepciones que opone don Juan José sobre no haber tenido una parte activa en la formación del plan de don Luis, queda probado por su declaración i confesión, que consintió en él i cooperó en cuanto estuvo de su parte: que desde el año de 1 8 1 4 en que fué estrañado don Juan José del territorio de Chile por el director supremo de aquel Estado, su conducta habia sido causa de graves inquietudes, i su presencia se consideraba peligrosa a la seguridad de aquel pais, según el oficio de fojas 1 5 9 , en que


26o

MANUEL J O S É

GANDARILLAS

el Director cree comprometido el sistema de Chile, si no se tomaban medidas que precaviesen su fuga de esta provincia; que en fin, de todos estos hechos resulta que don Juan José i don Luis Carrera han cometido el crimen de traición que espresa la lei i . , título 2 de la partida 7 por estas palabras. »La setena es si alguno ficiese bollicio ó alevantamiento en el reino, faciendo juras ó cofradías de caballeros ó de villas contra el rei, de que naciese daño a el, ó á la tierran, i la lei 3 título 1 9 partida 2, cuando habla de como debe guardar el pueblo la tierra, é venir en hueste contra los que se alzasen en ella..."E la primera guarda de estas que le conviene á fazer es cuando se alzase con el reino para bollecer o fazerle otro mal. Ca á tal fecho como este, deben todos venir lo mas aina que pudieren...E por eso debe luego ser amatado, n a

Establecidos los hechos, i clasificado el delito por el espíritu i términos de las citadas leyes; el testo literal que sigue de la lei 2 título 2 de la partida 7 declara irrevocablemente la pena en que han incurrido don Juan José i don Luis Carrera. "Cualquier home que ficiere alguna cosa de las maneras de traición que dijimos en la lei ante de ésta o diere ayuda, o conseje que la fagan, debe morir por ellan Esta misma disposición se halla repetida i confirmada por el artículo 26 título 1 0 tratado 8 délas ordenanzas del ejército "Los que emprendieren cualquiera sedición, conspiración o motin, o indujeren a cometer estos delitos contra mi real servicio, seguridad de las plazas, i países de mis dominios, contra la tropa i su comandante, u oficiales serán ahorcados en cualesquier número que sean.n Nos es en estremo sensible tener que concluir nuestro dictamen de un modo inexorable, i preparar un fallo que por sus estraordinarias i complicadas circunstancias debe efectuarse inmediatamente; sin embargo, de apelación i con la calidad de sin embargo. La sentencia definitiva no es mas que la aplicación de lei a los hechos que resultan probados en juicio, i la pena no es otra cosa que la relación que existe entre los hechos i la lei. Para nosotros es sin duda un penoso deber el señalar en esta causa por término de aquella relación la muerte de dos


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

2ÒI

individuos, cuyo oríjen hace nías sensible su crimen, i mas dolorosas las consecuencias de él. Mas, a pesar de nuestros particulares sentimientos, i de no haberse consultado en favor de los reos los medios ordinarios que pudieran disminuir el rigor de la lei, por no permitirlo las estraordinarias circunstancias que hemos .tenido presentes, nos vemos en la necesidad legal de ceñir nuestro dictamen al testo de las leyes citadas. En cuanto a los demás co-reos menos principales que resultan en el proceso, somos de sentir se haga en todo como pide el juez fiscal, debiendo presenciar éstos la ejecución de los Carreras, i ser luego remitidos a disposición del Director Supremo de las Provincias Unidas para que los aplique al servicio de las armas o marina como fuere de su supremo agrado poniéndose en libertad a Enrique Figueroa.—Mendoza, a 3 de Abril de 1 8 1 8 . —

Miguel José Galigniana.—Bernardo Monteagudo. N Ó M . 53

Visto el presente dictamen, i conformándome con él en todas sus partes, téngase por sentencia en forma, i ejecútese a las 5 de la tarde, pasándose por las armas a don Juan José i a don Luis Carrera; i en cuanto a los demás co-reos saqúense de la prisión en que se hallan, para que presencien la ejecución de los Carreras, debiendo ser remitidos oportunamente al Excelentísimo Director Supremo, para que les dé el destino que juzgue conveniente aplicándolos a las armas o marina; poniéndose en libertad a Enrique Figueroa. — Toribio de Luzuriaga. La sentencia se intimó a los reos en aquel mismo dia a las 3 de la tarde, i fué ejecutada a las 6, habiendo presenciado este acto los co-reos Manuel Solis, Carlos Tello, José Antonio Jiménez, José Mesa, i José Benito Velasco; quedando en libertad Enrique Figueroa.


MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

NÚM.

54

Consulta del Gobernador Intendente al Supremo Director del Estado Excmo. Señor: Por lo que he representado a V. E. en las comunicaciones anteriores, habrá formado juicio su supremo discernimiento de la crisis peligrosa en que se halla esta provincia; los diversos acontecimientos que han ocurrido después de mis avisos, i el cúmulo de atenciones i cuidados que se deben emplear para consultar su seguridad i permanencia, amenazada de una espedicion enemiga para rescatar a los talaveras prisioneros, i confinados, debo persuadirme que los Carreras no se hallaban ajenos de este insidioso plan, pues en el mismo dia recibí el primer parte que me dio el Supremo Director delegado del Esta do de Chile de esta maquinación, manifestó el don Luis al juez fiscal de la causa que el Gobierno debía tener una particular vijilancia con los mencionados prisioneros i confinados de que instruirá V . E. en papel de veinte. Esta particularidad, el conjunto de noticias que han adquirido en la prisión para arreglar la instrucción que han estendido al defensor encargado del patrocinio de arabos, la esposicion que hizo el mismo don Luis después de su declaración de haber quemado en la noche del 25 de Febrero tres pliegos de papel en que tenia trazado el plan i otras varias ocurrencias posteriores en que han esplicado su animosidad i perseverancia de que hai constancia en el proceso, tienen en ajitacion a este pueblo, pues si por un evento estraordinario llegase a trastornarse el sistema del buen orden, podrían estos criminales ejecutar cuando no en el todo, al menos en parte sus proyectos. Todo esto me ha obligado a ponerlos juntos en una sola pieza la mas segura que hai en la carcelería con todas las demás precauciones posibles, a evitar toda comunicación con los centinelas, i aun así considero que no cesarán de seducir i pervertir con sus mañosas espresiones a los


DON BERNARDO o'HIGGINS

poco advertidos, i esto también me obliga a suplicar a V. E . la pronta resolución de la consulta que le hago en papel separado, sobre si debo sentenciar la causa o remitirla en estado de conclusión a ese Supremo Gobierno para que les aplique la pena que considere-condigna según el prescripto de la lei, o la que se crea mas proporcionada a desconcertar la repetición de estos funestos atentados. Igualmente, espero que V . E . no llevará a mal que en el caso de haberse de librar el pronunciamiento por V. E . o el Tribunal que se dispute para ello, que despache a los reos con la causa, pues en medio de los multiplicados cuidados que recargan sobre esta provincia, será mui difícil consultar la seguridad de estos individuos si se dilata la terminación. El pueblo así mismo se verá libre de las zozobras i recelos que ha concebido de la mansión de unos sujetos tan atrevidos, pues mas de una vez me han representado los mejores ciudadanos amantes del orden el riesgo de mantenerlos acá, interesando mi autoridad para que los estrañe de la provincia; me ha costado no poco persuadirles i aun asegurarles que en breve se resolverá la causa i por un sesgo que calme del todo estos temores, V . E . se dignará mirar con su natural circunspección el cúmulo de todas estas probables continjencias para anticiparme su suprema deliberación. Dios guarde a V. E . muchos años,—Mendoza, 3 1 de Marzo de 1 8 1 8 , — E x c m o . Señor. — Toribio Luzuriaga.—Excmo. Señor Supremo Director del Estado.—Es copia.— Luzuriaga.

NÚM.

55

Excmo. Señor: Si los cortos servicios que tengo rendidos a Chile merecen alguna consideración, los interpongo para suplicar a V. E. se sirva mandar se sobresea en la causa que se sigue a los señores Carreras. Estos sujetos podrán ser talvez algún dia útiles a la


264

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

patria, i V . E. tendrá la satisfacción de haber cumplido su clemencia uniéndola en beneficio público. Dios guarde, etc.—-José de San Martin.

OHiggnis a Luzuriaga La madama de don Juan José Carrera interponiendo la respetable mediación del Excmo. capitán jeneral ha solicitado se sobresea en la causa que se sigue a su esposo por este gobierno, el que no ha podido resistirse ni al poderoso influjo del padrino, ni a las circunstancias en que se hace esta súplica, no considerando el Gobierno justo que el placer universal de la victoria no alcance a esta desconsolada esposa. En concecuencia, este Gobierno suplica a V. S. que en favor del citado individuo, por lo respectivo al delito perpetrado contra la seguridad de este Estado, se aplique toda induljencia, dando así a él como a su hermano aquel alivio conciliable con los progresos de nuestra causa augusta. Dios guarde, etc.—Santiago de Chile, Abril 1 1 de 1 8 1 8 . —

Bernardo O'Higgins.


CAPÍTULO

VII

PERSECUCIÓN I M U E R T E D E L T E N I E N T E CORONEL DON M A N U E L

RODRÍGUEZ

Aunque parecerá que la relación que hemos hecho de la sangrienta historia de los Carreras, es suficiente para desmentir el carácter compasivo i humano que el doctor Ascencio atribuye al Gran Mariscal del Perú, nos creemos obligados a aumentar los comprobantes dando aviso del sacrificio de otras víctimas. N o s faltan los documentos con qué justificar la prolija narración que deberíamos hacer de cada una, i tenemos precisión de limitarnos a decir que la voz pública le acusa de la muerte de don Francisco de Paula Prieto, del mal consumado asesinato de Benavides, de la desaparición de don


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MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

J o s é de Oro, i sobre todo de la alevosía con que hizo perecer al teniente coronel don Manuel R o dríguez. T o d o Chile ha conocido a este ciudadano como un patriota ilustre, sacrificado a la ambición de un rival armado con la fuerza del poder. Todos recuerdan su memoria con los sentimientos de gratitud que inspiran los importantes servicios que prestó a la patria; i con asombro han leido la descripción" que hace de él el doctor Ascencio, presentándolo como un facineroso digno del último suplicio, i calificando sus valerosas empresas como las operaciones de un vil espía. L o s chilenos que conocieron a Rodríguez desde la infancia i que están convenidos prácticameute de su gran desapego a intereses i de su concentrada honradez, se han asombrado al contemplar el descaro del doctor Ascencio en tratarle de ladrón. Solo un hombre que no tiene la menor idea de Chile puede haber trazado unos rasgos

tan degradantes a él mismo,

como ofensivos a su cliente; pero esto no debe estrañarse, si se observa que el edificio construido por el tal doctor, o a su nombre,.descansa sobre una base de embustes, i se halla adornado con documentos insignificantes, mal combinados, i dispuestos de modo que sólo podrán deslumhrar, mas nunca convencer. L a verdadera historia del teniente coronel R o


DON BERNARDO O'HIGGINS

267

dríguez es la que vamos a esponer sin temor ninguno de que se nos pueda desmentir.

Habiendo

pasado a Mendoza con los demás emigrados, fué enviado a este pais por el jeneral San Martin en clase de ájente secreto para que le diese todas las noticias conducentes al mejor éxito de la espedicion que preparaba.

Su

talento sublime

i

estensas

relaciones le proporcionaron medios de desempeñar su importante comisión tan completamente, que allanó el camino al ejército restaurador hasta la cuesta de Chacabuco. Después del triunfo que se obtuvo en aquel punto, fué incorporado al ejército, i encargado por el jeneral San Martin de perseguir a los enemigos fujitivos. N o tenemos noticias de las fuerzas que se pusieron a su disposición para este objeto, pero poseemos la nota orijinal de aquel jeneral datada el 15 de F e b r e r o de 1 8 1 7 , en que le avisa el camino que habia tomado Marcó, i una esquela en que le da parte de que al dia siguiente saldría una división para el sur (documento núm. 56). Estos papeles tienen la fecha del 1 5 de Febrero de 1 8 1 7 , dia en que fué nombrado don Bernardo O'Higgins D i rector Supremo. N o sabemos que después

de la

elevación de éste a la silla del Gobierno hubiese habido algún motivo de disgusto, i lejos de poderlo imajinar, tenemos a la vista un documento que


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MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

prueba la mejor armonía i la estimación que hacia O'Higgins de su persona. E l 27 de Febrero se le pidió por el Ministro del Interior una noticia de los servicios que habia prestado en el tiempo de su comisión, i de las personas que le ayudaron a desempeñarla (documento núm. 57.) L o s patriotas observaban con complacencia la unión aparente de O ' H i g g i n s , S a n Martin i Rodrí guez; mas, en el corto espacio de seis dias se turbó de tal modo que se convirtió en persecución. E l 5 de Marzo recibió éste una carta de O'Higgins en que le dice, que marcha para los Estados Unidos, i que oportunamente seria empleado cerca de aquel Gobierno, (documento núm. 58). Sin embargo, continuó un mes la buena armonía, pero el 6 de Abril recibió Rodríguez una especie de despacho, orden, o llámese como se quiera, en que se le intimó que en el dia saliese a embarcarse para N e w Y o r k porque razones políticas i el imperio de las circunstancias le alejaban a países estranjeros, sin embargo de los distinguidos servicios que le vinculaban la gratitud pública (documento núm. 59). E s t a novedad le hizo ocultarse hasta el mes de M a y o en que volvió de Buenos Aires el jeneral San

Martin, en cuyo patrocinio confiaba,

igno-

rando que estaba decretado su esterminio. Gozó de libertad hasta el 7 de A g o s t o en que se le puso preso a pretesto de una conjuración contra el G o -


DON BERNARDO

O'HIGGINS

269

bierno, i solo se le dio soltura a fines del año para ocuparle en la Auditoría del ejército que se disciplinaba en las T a b l a s para resistir la invasión de Osorio. Desempeñó este cargo como correspondía, unos cuantos meses, hasta que se le dio orden de salir para Buenos Aires en calidad de diputado cerca de aquel Gobierno. Rodríguez no pudo convencerse jamas de los peligros que corría su existencia en Chile i despreció el medio que se le proporcionaba para asegurarla

en un pais estraño. L e parecía que las

diferentes providencias opresoras que se tomaron contra él, procedían de cierta desconfianza que se figuró disipar fácilmente. Descansaba en su sinceridad i el anhelo de servir a la patria le hacia despreciar sus propios riesgos i confiaba, ademas, en que la reputación que se había adquirido entre sus compatriotas, estorbaría el que sus falsos amigos acabasen con su vida. S e conformaba con conservar ésta aunque fuese entre cadenas con la esperanza de que algún dia podría consagrarla enteramente ¡ con tranquilidad al servicio público. Nadie pudo persuadirle de que el concepto que gozaba inspiraba recelos a San Martin i O ' H i g g i n s 1 que esto mismo que él consideraba como principio de su seguridad, seria la causa de una suerte desastrosa.

F u é al fin víctima de su


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MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

indiscreta confianza i cuando todos saben que fué asesinado de orden de la Lojia Lautarina, se intenta disculpar este hecho atroz por medio de una fábula ridicula referida a nombre del doctor Ascencio i desmentida por el conocimiento positivo que tienen todos los chilenos. Estos le vieron desplegar su enerjía después de la dispersión de Cancha R a yada, reanimar los espíritus abatidos con aquel lance funesto, contener a los guerreros que buscaban su seguridad en la fuga, hacer volver los caudales públicos que se conducían al otro lado de los Andes, encargarse del gobierno, cuyas riendas se habían abandonado por el que se hallaba a su frente, formar un cuerpo de voluntarios con que acompañó a los vencedores de Maipo. E n la patria del

doctor

Ascencio existen don Ramón Freiré i otros varios testigos de las proezas que acabaron de avivar contra él los recelos de O ' H i g g í n s i San Martin, e hicieron últimamente acordar su asesinato. L a s circunstancias de este hecho se referirán en el número siguiente. DOCUMENTOS NÚM.

56

Según noticias contestes sigue a Concepción por el camino de la costa el prófugo don Francisco Marcó. No lleva fuerza: aun no ha de haber entrado al partido de Colchagua. Derrame Ud. partidas a todos rumbos para que le aprendan. Su persona me será remitida con la mayor seguridad.


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

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Dios guarde a Ud. muchos años.—Cuartel jeneral en Santiago, Febrero 1 5 de i&i'j.—José de San Martin. — Al comandante don Manuel Rodríguez. Mañana saldrá una división del ejército para el sur, es preciso que no se pare hasta que no quede ni señal de enemigos en la provincia de Concepción, pues si los dejamos reponer nada hemos hecho. NÚM.

57

Aunque los felices resultados que tuvieron las incursiones de U d . sobre este pais cuando el enemigo lo dominaba, dan una idea inequívoca de la sagacidad con que desempeñó tan delica. do encargo; el Gobierno deseando dar a Ud. un testimonio público del aprecio que le han merecido sus personales riesgos por la causa pública, exije de U d . un pormenor de ellos, como igualmente un detalle de todos los individuos que contribuyeron al próspero éxito de esta empresa.—De orden suprema, etc. Dios guarde a Ud. muchos años.—Ministerio de Estado, F e brero 27 de 1818.—Miguel Zañartu.— Señor teniente coronel don Manuel Rodríguez. NÚM.

58

Señor don Manuel Rodríguez.—Santiago, Marzo 5 de 1 8 1 7 . — M i apreciado amigo: Ud. marcha para los Estados Unidos, auxiliado i atendido en la forma que le indica el oficio adjunto. Oportunamente será U d . ocupado por este gobierno cerca de los Estados a donde se encamina. Su padre i demás que gustare encargarme quedan a mi cuidado. Solo ahora acabo de saber se presentaba ocasión para que Ud. realice su viaje, i como el buque que debe conducirle no puede demorarse, no podrá haberla ahora para ser mas largo, No hai tiempo sino para ofrecerle mi amistad de nuevo. Adiós mi amigo, tenga U d . feliz viaje i avíseme de su llega-


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MANUEL

JOSÉ

GANDAKILLAS

da con las observaciones que digan en beneficio de su patria: todo suyo.

— Bernardo OHiggins. NÜM.

59

Los servicios distinguidos de Ud. le vinculan la gratitud pública; pero razones políticas i el imperio de las circunstancias le alejan a países estranjeros. Hoi sale Ud. a embarcarse para New York. Su trasporte, haciéndole víveres el buque, importa $ 1,000 al Estado; 2,000 lleva Ud. en físico, i 1,000 anuales quedan consignados a su favor sobre esta tesorería nacional contra quien jirará Ud. letras respectivas. Siempre Chile admirará su mérito brillante, i Ud. como fiel hijo se servirá aceptar los altos encargos que a su tiempo va a fiar a su aptitud cerca de aquel gobierno. Dios guarde a Ud. muchos años.— Santiago, 6 de Abril de teniente coronel don Manuel Rodríguez.

1817.—Bernardo 0'Eiggins.—k\


CAPÍTULO

VIII

C O N C L U Y E E L ARTÍCULO R E L A T I V O A LA PERSECUCIÓN I MUERTE

D E L T E N I E N T E CORONEL

DON

MANUEL

RODRÍGUEZ.

Destruido completamente el ejército español en la reñida batalla de Maipo, los ciudadanos convirtieron su atención a la organización de un Gobierno arreglado a los principios de libertad, i se resolvieron a poner en uso sus innegables derechos. E l 17 de Abril, doce dias después de aquel triunfo, se reunió en el Cabildo una gran parte del vecindario, i después de haber combinado ciertas peticiones relativas a su objeto, comisionó a los señores don Agustín Vial, don Juan J o s é Echeverría i don Juan Agustín Alcalde, para que las presentasen al D i rector Supremo. Después daremos cuenta del conrnjio xiv

iS


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MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

tenido de esas peticiones que quedaron sin efecto, i sólo sirvieron de pretesto para perseguir de nuevo al teniente coronel Rodríguez. Dióse a aquella reunión el carácter de movimiento sedicioso, se despreciaron las súplicas del pueblo, se desterró a dos de sus diputados, i atribuyéndola infundadamente al teniente coronel Rodríguez, se le puso arrestado en el cuartel de don Rudesindo Alvarado. A los pocos dias salió éste con su batallón para la villa de Ouillota, i apenas habia avanzado tres jornadas, cuando se esparció la noticia de que Rodríguez habia sido asesinado. L a afortunada casualidad de que en ese dia se hallase de comandante de la guardia de prevención el capitán don Manuel J o s é Benavente, nos ha conservado estos datos, que aunque no son documentados, están afianzados con su conocida veracidad. E l asesino era subalterno de su compañía i en confianza le descubrió lo siguiente: F u é invitado para el asesinato un oficial joven de Cuyo, que por su atolondramiento pareció a los enemigos de Rodríguez el mas aparente para servir de i n s trumento de aquella horrible maldad. E l

joven,

cuyo nombre hemos olvidado, se negó al convite con toda la enerjía qne debe inspirar la nobleza de sus sentimientos, haciendo presente a sus corruptores, que la espada que ceñía era para combatir con los enemigos de su patria i no para asesinar patriotas. S u resolución le condujo hasta el punto


DON

BERNARDO

O'HIGGÍNS

275

de renunciar su empleo antes que aceptar el vil encargo que se le hacia. Por su negativa se solicitó al teniente Navarro, quien pidió un término, que le fué concedido, para responder. A l concluirse éste, comunicó a Benavente la resolución que había tomado de matar a Rodríguez, fundándose en que si no lo hacia peligraba su existencia, pues siendo español, i sin ningún jénero de relaciones en el país, se esponia a ser sacrificado: dio su respuesta i a pocos días salió el batallón para Quillota, i Ro* dríguez escoltado bajo las órdenes de N a v a r r o . E n la tercera jornada se acercó Benavente a saludar a Rodríguez, prevalido de la circunstancia de hallarse de jefe de la guardia de prevención, i aprovechó la oportunidad de darle un cigarro en cuyo papel habia escrito con lápiz huye i no pierdas

tiempo.

Navarro, que al parecer estaba descuidado, advir tío la mutación que sufrió el semblante de Rodríguez al leer unas palabras que debieron hacerle conocer su peligrosa situación, i arrojándose precipitadamente sobre él le arrebata el cigarro, lo desenvuelve ¡ se hace el disimuledo. Habiendo alojado el batallón, convidó N a v a r r o a Rodríguez para ir a dar un paseo a una casa que se divisaba a poca distancia; aceptó éste, i a poco andar recibió en un lado del cuello un pistoletazo de mano de Navarro, que le echó al suelo, i acabó de espirar con ios bayonetazos de un cabo que los acompañaba.

El


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MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

lance debió causar algún movimiento en el batallón, i era preciso apaciguarlo. A este efecto se hizo un simulacro de proceso que se le remitió a don

Ber-

nardo O'Higgins, i de él no se supo mas. E l resultado fué que N a v a r r o continuó sus servicios en el batallón i Benavente fué remitido a Buenos Aires a prestar los suyos, i allí fué dado de baja al poco tiempo. L a prueba de esta clase de hechos no puede consignarse en documentos, porque sus autores, bien lejos de interesarse porque se perpetúen por la historia, se empeñan en que se sepulten en el olvido, en que se envuelvan en las tinieblas de la ignorancia, o en que se confundan entre-las fábulas que se inventan para desfigurarlos.

Mas, en la serie de

acontecimientos que llevamos referidos, encontrarán los lectores que no desmerece ocupar un lugar distinguido el de la muerte del teniente coronel R o dríguez. Hemos probado con un documento fehaciente la inhumanidad con que se hizo pagar públicamente a don Ignacio de Carrera la cuenta de gastos ocasionados en el asesinato de sus hijos, manifestando en ello el carácter feroz de don Bernardo O ' H i g g i n s ;

i demostrado

ésto,

ninguna

dificultad se ofrece para creerle autor de la muerte de Rodríguez. S u indiferencia i estraña frialdad al recibir la noticia, su induljencia en dejar impune a Navarro i su disculpa en decir que el espediente


DON BERNARDO o'jHIGGINS

277

quedó en poder del fiscal, son otros tantos acusadores de él. ¿A qué jefe se le comunica un hecho tan atroz que no pone en movimiento todos los resortes de su poder para castigar al delincuente? L a opinión pública le acusó entonces con acrimonia, i ni siquiera intentó disculparse. Sólo pensó en esto después del año 1 8 2 3 , en que el mal formado espediente contra Navarro le proporcionó arbitrios con que adornar la fábula que ahora le sirve de cobertor. E s cosa mui singular que don Bernardo O ' H i g gins tuviese mas amigos i defensores en los momentos de la furiosa revolución que le arrojó de la silla de Gobierno, que los que cuenta ahora; pero puede designarse mui bien la razón de este gran fenómeno. E l terror que había infundido durante su administración opresora, le formó defensores que quisieron ponerse a cubierto para el caso de que volviese a hacerse cargo del poder; i los interesados en su conservación trataban de disculparle en la esperanza de que le verían después elevado a su antiguo destino; mas, éstos la han perdido ya, i aquéllos no lo temen, porque unos i otros conocen que Chile no lo consiente. A s í es, pues, que en la circunstancia de su caida, fué necesario embarazar el juicio de su residencia, porque se conoció que entre estas dos clases de hombres habia una mayoría para absolverle a todo trance i el pais quedaba


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burlado. E l proceso que se siguió contra N a v a r r o fué encargado indiscretamente a un acérrimo devoto suyo i por esto cometió el error de pedirle el informe que ahora publica el doctor Ascencio. Para los que conozcan el estado en que quedó la opinión en favor de O'Higgins

en el año de 1 8 2 3 , no es

estraño que presente esos documentos al parecer honrosos. ¿Quién no sabe que fué depuesto del gobierno a viva fuerza por el pueblo de Santiago coadyuvado por toda la República i sin embargo de aparecer en las gacetas una acta de renuncia o mas bien una especie de testamento en que lega el poder a la junta nombrada por el vecindario? Consecuencia de los temores i del estado vacilante de la opinión fué el pasaporte que se le dio para Lima. Efecto de las maquinaciones de sus amigos fué la fuga de Navarro antes de la conclusión del proceso. Finalmente, si éste mató a Rodríguez en virtud de sus deberes militares ¿por qué huyó i no sufrió el proceso con el valor que caracteriza a los verdaderos inocentes?


CAPÍTULO CARÁCTER

IX

POLÍTICO D E L G O B I E R N O D E L H É R O E D E L DOCTOR

ASCENCIO

I Podríamos continuar la serie de atrocidades cometidas por este gobernante, si nuestro objeto fuera escribirla historia de sus tiranías; mas, habiendo intentado sólo manifestar su carácter sanguinario ¡ feroz, creemos haberlo conseguido con los indicios i pruebas que anteriormente hemos dado. Todos conocerán ya que este hombre que mandó a los chilenos, no fué humano ni jeneroso con sus enemigos; ¡ ahora le describiremos como un déspota de sus conciudadanos a quienes no permitió el ejercicio de la libertad de que, con vergüenza de sus


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MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

mismos defensores, se le titula fundador. E n su tiempo no se vio ninguna institución liberal, ninguna mejora de las que antes existían, ni ninguna medida política de lasque adoptan los verdaderos patriotas para asegurar el beneficio común. S u gobierno empezó por deslumhrar a los pueblos con la creación de una orden, a estilo de monarquía, llamada Lejion

de Mérito,

éstas corresponden

sin facultades, porque

esclusivamente a la

nación.

Para establecerla se violaron los principios que constituyen la igualdad republicana, se la disfrazó con el nombre de premio militar, pero su objeto fué condecorar adictos. N o se ofendan con estas espresiones algunos de los que fueron

agraciados

con la medalla de la Lejion de Mérito: conocemos que en aquel tiempo habrían corrido grandes riesgos si hubiesen dejado de colgarla al vestido: queremos decir que semejante institución se hizo sin autoridad, i solo con el fin de formar un acompañamiento de cortesanos, que deslu-nbrando a la multitud, comprimiese los sentimientos democráticos i formase apoyadores del poder usurpado a los pueblos. Nada se hizo en favor de la libertad civil, i apenas aparecía un síntoma de que los ciudadanos querían usarla, cuando la fuerza lo disipaba enteramente. Unos cuantos hechos demostrarán estas verdades, i las confirmarán los estensos documentos que publicaremos después. E n ellos encontrarán


DON

BERNARDO

o'HIGGINS

28 [

los críticos indicios seguros para descubrir el verdadero carácter de los principios liberales del G r a n Mariscal del Perú durante el tiempo que gobernó a los chilenos. Antes hemos referido el modo desconocido con que se hizo la declaración de la independencia, de cuyo hecho se conserva todavía un documento que excitará la compasión de las jeneraciones

futuras,

porque en él se descubre el ardid con que se habló a nombre de la voluntad pública sin consultarla. Entonces espusimos que esta manera de proceder habia sido sujerida por el temor a las

reuniones

populares, que felizmente pudieron contenerse por el espíritu de guerra que dominaba. Finalizada ésta, quisieron unos cuantos ciudadanos, de los

mas

respetables, usar de la libertad de que ya se creyeron en plena posesión, i después de haberconvenido los medios con el cuerpo municipal, pidió éste permiso al Director Supremo don Bernardo O ' H i g g i n s para celebrar una reunión de vecinos con quienes acordar ciertas peticiones. S e concedió la licencia; hubo la reunión i se nombró una comisión compuesta de los señores don Agustín Vial, don J u a n J o s é Echeverría i don Juan Agustin Alcalde, para que hiciesen presente al Gobierno la violencia con que se efectuaba la exacción de cjntribucíones i prorratas, a fin d e q u e dictase medidas para m o d e rarlas.


282

MANUEL JOSÉ

GANDAR1LLAS

Fueron oidos los diputados; mas la única providencia que se libró fué una orden de destierro al otro lado de los Andes contra los dos primeros, seguramente porque fueron los que hablaron i no tuvo efecto porque lo avanzado de la estación cerró el paso de la Cordillera, hasta cuyo punto se alcanzaron a trasportar humildemente. Aunque esta medida opresora abatió el espíritu público, no dejó de temerle don Bernardo, i para engañarle mandó formar una constitución que se hizo jurar por suscriciones, lo mismo que se hizo votar la declaratoria de la independencia. E n este célebre código se consignaron algunos principios de derecho público, pero a su sombra se establecieron bases para organizar un sistema de despotismo. S e dio facultad a! Director Supremo para elejir los vocales del Senado, mas la elección de él se dio por según las circunstancias,

realizada

i su renovación se dejó al

libre consentimiento de las provincias, que nunca se consultó, sin fijar término ni regla alguna, i se tuvo especial cuidado en no reunir un Congreso jeneral (documento núm. 60 ) N o es ahora del caso hacer el análisis de ese famoso código que nunca se observó. Sólo queremos que se piense en cual seria el objeto que se propusiera un gobernante republicano al mandar formar una constitución

en que se le da por nom-

brado, sin designar término a su duración, con


DON BERNARDO O'HIGGINS

todas las facultades del

2&3

poder ejecutivo, con la de

nombrar los miembros del cuerpo lejislativo, reducido al corto número de cinco individuos; en la que establece que este Senado, cuyos

miembros

dependían por su nombramiento del Director Supremo, tuviese autoridad para limitar, enmendar

la Constitución

cunstancias

el dia para

la apertura

i

las cir-

i esclusiva la facultad de indicar

tiempo i señalar greso

según lo exijiesen

añadir

del

el Con-

(documento núm. 6 1 ) i en. la que no se da

ninguna injerencia a los pueblos. N o hablamos de las personas que intervinieron en este artefacto, i sólo queremos llamar la atención de los hombres de principios al primer código que dio a Chile el que se llama fundador de su libertad. A la sombra de un cuaderno escrito con el nombre de Constitución, se dejó el campo abierto a toda clase de maldades, a todas las astucias del poder opresor, sin reservar siquiera un recurso a favor de los oprimidos ni ofrecer el menor refujio a las libertades públicas. E n el artículo 8.° del título 4. capítulo i . ° (do0

cumento núm. 62) se ve consignada la prueba de lo que dijimos anteriormente sobre la alianza horrible con el Gobierno de Buenos Aires, i en el 1 6 se le ordena que tenga especial cuidado de las divisiones

intestinas,

sin prescribirle

eslinguir ninguna

regla para proceder, i con esta disposición se hicie-


284

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

ron ilusorios los artículos que prohibían los destierros i confiscaciones sin precedente formación de causa. Por la estructura de la Constitución de 18, que dio a los pueblos don Bernardo O ' H i g g í n s , se viene en conocimiento de la libertad que

fundó.

H a i cosas mas notables pero las dejamos para d e s pués.

DOCUMENTOS

NÚM.

60

Perteneciendo a la nación chilena reunida en sociedad por un derecho natural, e inamisible la soberanía o facultad para instalar su gobierno i dictar las leyes que le han de rejir, lo deberá hacer por medio de sus diputados reunidos en Congreso; i no pudiendo esto verificarse con la brevedad que se desea, un Senado sustituirá, en vez de leyes, reglamentos provisionales en la forma que mas convenga para los objetos necesarios i ur-

jentes.—(TU. 3.° cap. 1° art. tínico de la constitución de 181S.) El Supremo Director, con arreglo a lo que se previene en el artículo 8.° de este capítulo, elejirá los vocales del Senado, que serán cinco, i uno de ellos presidente, turnando por cuatrimestre.— (Cap. 2°art i.°) Los senadores deberán ser ciudadanos mayores de treinta años, de acendrado patriotismo, de integridad, prudencia, sijilo, amor a la justicia i bien público. No podrán serlo los secretarios de gobierno, ni sus dependientes, ni los que inmediamente administran intereses del Estado.—(Cap. 2. art. 0


o'HIGGINS

DON BERNARDO

NÚM.

285

61

Estará autorizado el Senado para limitar, añadir i enmendar esta Constitución provisoria, según lo exijan las circunstancias. — (Cap. 3.° art. 5 . ° ) Será privativo del Senado, cuando juzgue oportuno, indicar el tiempo i señalar el dia, la apertura del Congreso; i formará el reglamento para la elección de diputados.—(C«¿*. 3.° art. 10.) NÚM.

62

Procurará mantener la mas estrecha alianza con el Gobierno Supremo de las provincias unidas del Rio de la Plata, a que concurrirá eficazmente el Senado por la importancia de nuestra recíproca unión.


CAPÍTULO

X

CARÁCTER POLÍTICO D E L G O B I E R N O

DEL HÉROE

D E L DOCTOR ASCENCIO

II E l que examine con imparcialidad

las disposi-

ciones de la constitución de 1 8 1 8 , advertirá a primera vista que no fué mas que un aparato para sofocar los movimientos que promovía entre los patriotas el deseo de poseer la verdadera libertad civil. C o n t r a í a disposición del artículo 9. capítulo i.° tí0

tulo

en que se prohibe privar a p e r s o n a alguna

de la propiedad i libre uso de sus bienes, se mandó secuestrar en 1 8 1 9 la testamentaria de don Ignacio de Carrera sin precedente sentencia legal. Contra la disposición del artículo 3 . , capítulo 2 . títu0

0


2§8

lo

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

t.° qpe le asignaba el sueldo de director sin

ningún otro emolumento, se hizo pagar la asignación de coronel de caballería, los gastos de festines i el salario de su servidumbre. Contra el artículo 2 . del mismo capítulo título x.° en que se manda 0

que ninguno sea castigado o desterrado sin

ser

oido i legalmente convencido de algún delito contra el cuerpo social, fueron arrojados en 1 8 2 0 a las mortíferas costas del Chocó varios ciudadanos que aspiraron entonces a mejorar la situación del pais. A u n siendo verdad que se habían conjurado contra el Gobierno de don Bernardo, si éste procedía arreglado a principios, debió entregarlos al brazo de la justicia, i no imponerles pena por sí mismo. A la verdad no era conocida de la multitud la intención con que se libraba esta clase de providencias. Deslumbrada por el aspecto de una aparente tranquilidad interior i contraída casi esclusívamente al grande objeto de alistar la espedicion libertadora del Perú, no advertía que el pais se hallaba gobernado por una especie de despotismo tan bien sistemado como disimulado. Sin embargo, el espíritu patriótico no pudo ser tan comprimido que no dejase de alimentar con su influencia

a unos

cuantos ciudadanos que preparasen en secreto la mejor suerte de su patria. Lograron

difundir la

idea de que era necesario la reunión de un congreso de diputados de la nación que estableciese la


DON BERNARDO

o'HIGGINS

289

forma de gobierno i diese reglas fijas a una administración vacilante hasta entonces, i sujeta solo al capricho o conveniencia de don Bernardo. Propag ó s e esta idea por toda la República, i entonces determinó el héroe del doctor Ascencio engañarla de nuevo. Infrinjiendo la disposición del

artículo

10, capítulo 3 . de la constitución de 1 8 1 8 , que co0

piamos en el número 6 1 , espidió una convocatoria para quese reuniese una

convencionprefiaratoriacon

el objeto de crear i organizar una corte de representantes (documento número 63). Obsérvese que los miembros de este cuerpo no eran nombrados directamente por los pueblos sino por las municipalidades, i sépase que cada gobernador recibió una orden de O ' H i g g i n s para hacer elejir las personas que él designaba, con prevención

espresa de de-

volver el papel, seguramente con el objeto de que no quedase prueba ni indicio de esta engañosa maquinación. Reunióse la convención, i en lugar de dar las bases sobre que debia establecerse una corte de representantes, o un congreso, elejido popularmente como se esperaba, dictó una Constituccion en que se da por electo a don Bernardo

(documento

núm. 64) se le autoriza para nombrar sucesor al gobierno, (documento núm. 65) i se le da

am-

plia libertad para librar por sí solo contra la caja nacional, i se prohibe la ejecución de toda sentencia TOMO x i v

19


290

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

contra el fisco sin su aprobación (documento número 66). L a publicación de este código, mandado aprobar por suscripción, conmovió la indignación de los pueblos hasta el estremo de conjurarse contra el tirano del modo solemne que espondremos mas adelante. E n los documentos que presentaremos se verá que la nación reunida fué la que le destituyó del gobierno, i no una facción como se supone a nombre del doctor Ascencio, i terminaremos este artículo refiriendo un pasaje por

donde

los lectores vengan en conocimiento de las ideas liberales de don Bernardo O'Higgins. Promulgada la Constitución de rándose don

1 8 2 2 , i conside-

Bernardo asegurado de un

mando

perpetuo, no se contentó con que su tiranía se contuviese dentro de los límites de la república de Chile. Intentó estenderla hasta el refujio que el derecho internacional concede a los estranjeros en materias políticas. Hizo celebrar un tratado con el Gobierno de Colombia en que se pusieron dos artículos por los que ambos Gobiernos se obligaban a entregar los fujitivos que pasasen de un pais a otro por persecuciones políticas. Felizmente, el j e neral Santander advirtió la ofensa que se hacia a sus principios liberales i a las disposiciones del derecho de jentes, i rechazó en las ratificaciones los espresados

artículos (documento núm. 67). E s t a

repulsa indica que la propuesta de semejante me-


DON

BERNARDO

O'HISGINS

291

dida no partió del encargado de Colombia sino d e los de Chile, que de orden de su jefe sedujeron o alucinaron a aquél. DOCUMENTOS NÚM.

63

El Gobierno a ios pueblos Rodeados de felices circunstancias, coronados por la victoria, vengada la patria, destruidos los jérmenes desorganizadores, restablecida en fin la paz interior; es ya tiempo, amados compatriotas mios, de que establezcamos los cimientos de un venturoso porvenir. Estáis hartos de gloria i de triunfos, ahora necesitáis instituciones i leyes. Y a es tiempo de que las bendiciones de la paz nos consuelen de tantos sacrificios, riesgos i amarguras. Ni fué otro el grande objeto de nuestra revolución, en que hemos sido tan singularmente favorecidos por la Divina Providencia. Oh! cuánto tenemos que hacer i cuantas las necesidades de la patria! Sabéis cuan antiguas son las causas de nuestros males, cuya funesta acción fué prodigiosamente aumentada por agresiones hostiles, por maquinaciones anárquicas, por la inesperiencia i por una educación servil. E s necesario aplicar remedios a males envejecidos, pesar i aumentar nuestros recursos, consolidar el crédito público, reformar nuestros códigos acomodándolos a los progresos de la ciencia social, i al estado de la civilización del pais; circunscribir útilmente la autoridad dentro de ciertos i seguros límites, que sean otras tantas garantías de los derechos civiles, i den al poder público todas las facilidades de hacer el bien, sin poder dañar jamas. El Gobierno ni puede, ni presume entender por sí solo en objetos tan grandes, i en otros que resultan de la actual posición del pais, del aumento de nuestras relaciones, de la pacificación del territorio lograda últimamente.


292

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

El Senado a mas de que fué desde su principio tan poco numeroso, i que se instaló en tiempo en que no estaban libres toda la provincia de Concepción i los territorios de Valdivia, Osorno i Chiloé, no puede ya continuar ni aun las provisorias funciones de la lejislatura, por la ausencia i renuncias de la mayor parte de los individuos que lo componían, de modo que hoi legalmente no existe. Todo, pues, se reúne al voto público para hacernos mas i mas palpable la necesidad de una representación nacional, que siempre he deseado. Esta es, ademas, la jeneral tendencia del siglo, i el resultado de las meditaciones de los políticos, adoptado por las naciones civilizadas. Mas ¿ qué medidas deben adoptarse, qué condiciones, que reglas, han de prescribirse para la formación de una lejítima corte de representantes? ¿Cual ha de ser la base de la representación? ¿Cuales las calidades de los electores i de los elejibles? ¿La elección habrá de ser directa, o habrá de hacerse por asambleas electorales? En orden a la solución de estas i de otras cuestiones de alta importancia no hai una leí anterior, ni el senado, por las razones espuestas, puede ya dar el reglamento respectivo. Por tanto, después de un maduro acuerdo, he venido en decretar, i en efecto decreto, como el medio mas breve i espedito, la convocación de una convención preparatoria en orden a la creación i organización de una corte de representantes. En consecuencia ordeno: 1.° Cada Municipalidad de las capitales de provincia, i par-, tido en toda la estension del Estado, luego que reciba esta convocatoria, procederá a elejir, a pluralidad absoluta de sufrajios, un individuo para miembro de la convención preparatoria; 2 . Si en los partidos, que recientemente han quedado libres de enemigos, no hubiere cabildo, los tenientes gobernadores reunirán los vecinos mas acreditados, i por éstos se hará la elección del que deba venir a la convención preparatoria; 0

3.

0

Para el caso de que la ciudad cabecera de Chiloé no es-


DON

BERNARDO

Ü'hiGGINS

293

tuvere ¡ibre de enemigos, o no alcanzare a mandar al electo, se nombrarán en esta ciudad tres individuos nacidos en aquella provincia, i de ellos saldrá a la suerte un suplente; 4 . El individuo que se nombre por los cabildos, ha de ser oriundo o vecino del partido; 0

5 . Todo ciudadano mayor de 25 años i que posea alguna propiedad inmueble o industrial, puede ser electo; 0

6.° Los electos no gozarán de dieta alguna; 7. Las municipalidades conferirán a los electos poderes suficientes, no solo para entender en la organización de la corte de representantes, sino también para consultar i resolver en orden a las mejoras i providencias, cuyas iniciativas les presentará el Gobierno; 0

8.° Las sesiones de la convención empezarán el día 1° del próximo mes de Julio, i durarán tres meses; 9 . El Gobierno se encarga de promover i alentar la libre difusión de escritos titiles a la convención. 0

Imprímase, publíquese i circúlese.— Dado en el palacio directorial de Santiago de Chile i refrendado por los ministros Secretarios de Estado, a 7 de Mayo de 1 8 2 2 . — B E R N A R D O 0'H.iggws.—Joaauin de Echeverría, Ministro de Gobierno i Relaciones Esteriores.^/ów Antonio Rodríguez, Ministro de Hacienda i Guerra. NÚM

64

A R T . 84. Se tendrá por primera elección la que ha hecho del actual Director la presente lejislatura de 1 8 2 2 . NÚM.

65

A R T . 86. Para los casos de muerte, si el Congreso no estuviese reunido, se observará lo siguiente: Habrá una caja de tres llaves de distintas guardas, depositada en una pieza contigua a la sala directorial. En los aniversarios cívicos del 1 2 de Febrero, 5 de Abril i 1 8 de Setiembre el Director llevará un pliego escrito i firmado de su letra i nombre, i sellado con el sello de


294

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

la nación i, a presencia de todas las autoridades, lo guardará en dicha caja, haciendo presente, que contiene el nombramiento de la rejencia que haya de sucederle hasta la reunión del Cogreso, si fallece. Serán tres los nombrados que la compongan, si no hai guerra interior, en cuyo caso será director interino el primero de los tres nombrados. Una de las llaves guardará el Supremo Director, otra el presidente de la Corte de Representantes, i otra el presidente del supremo tribunal de justicia. El director cuando se sienta en peligro de muerte, avisará secretamente a su ministro de gobierno el lugar en que guarda la llave. Si llega el caso de fallecer, el ministro de gobierno citará immediatamente a todas las autoridades, corporaciones, jefes militares, i vecinos principales, i a las veinticuatro horas, llevando la llave del director que acabó, abrirá en consorcio de los otros dos claveros la caja i, a presencia de todos, se sacará el pliego, se abrirá i leerá i acto continuo se recibirán los nombrados prestando juramento ante la Corte de Representantes. A R T . 87. E n las horas que medien para este recibimiento, mandarán los Ministros de Estado en sus respectivos departamentos. A R T . 88. Podrá en sana salud el Director mudar el pliego; citando a todas las autoridades i jefes militares; pero nunca podrá omitirlo en los aniversarios antedichos, i siempre que mude el pliego dará a las llamas el que se hallaba guardado, a presencia de todos los asistentes. A R T . 89. L a Rejencia o el Director interino sólo durará hasta que se elija el propietario por el Congreso, si estuviese reunido, o próximo a instalarse; pero si faltasen para la reunión mas de seis meses, la Corte de representantes convocará indefectiblemente los diputados a Congreso estraordinario para hacer la elección; i verificada, se retirarán los diputados. NÚM.

66

A R T . 99. El sólo librará contra la caja nacional, i no se ejecutará sentencia alguna contra el fisco, sin su cúmplase.


DON BERNARDO o'HIGGINS

NÚM.

295

67

Por tanto, habiendo visto i examinado el dicho tratado de unión, liga i confederación, previo el consentimiento i aprobación del Congreso de la República conforme al artículo 5 5 , § 1 8 de la Constitución, he venido en uso de la facultad que me confiere el artículo 1 2 0 de la misma Constitución en ratificarlo i por las presentes lo ratifico i tengo por rato, grato i firme en todos sus artículos i cláusulas a escepcion de las palabras: i para su tranquilidad interior del artículo z." ( 1 ) Todas las que espresa el articulo décimo (2) i las que siguen del undécimo, a saber: "Si alguna persona culpable o acusada de traición, sedición u otro grave delito huyese de la justicia i se encontrase en el territorio de alguno de los estados mencionados, será entregada i remitida a disposición del Gobierno que tiene conocimiento del delito i en cuya jurisdicción debe ser juzgada, luego que la parte ofendida haya hecho su reclamación en forma», I para su cumplimiento i exacta observancia por nuestra parte, empeño i comprometo solemnemente el honor nacional. E n fé de lo cual he hecho espedir la presente, firmada de mi mano, sellada con el gran sello de la República i refrendada

(1)

A r t . 2.

0

L a R e p ú b l i c a de C o l o m b i a i el E s t a d o de Chile se prometen

por tanto i contraen

espontáneamente

un pacto de alianza intima i amis-

t a d firme ¡ constante para su defensa común, para la seguridad de su indedependencia i libertad lidad interior,

para su bien recíproco i jeneral i fara su

tranqui-

obligándose a socorrerse mutuamente i a rechazar en común

todo ataque o invasión

que pueda de alguna manera amenazar su existen-

cia política. (2) A r t . 10. S i por desgracia se interrumpiese

la tranquilidad interior en

alguna parte de los estados mencionados por hombres turbulentos, sediciosos i enemigos de los gobiernos lejítimamente constituidos por el voto de los pueblos, libre, quieta i pacifícamete espresado en virtud de sus leyes, ambas partes se comprometen

solemne i formalmente a hacer causa común contra

ellos ausiliándose mutuamente con cuantos medios estén en su poder, hasta lograr el restablecimiento del orden i el imperio de sus leyes.


296

MANUEL J O S É GANDAR ILLAS

por el Secretario de Estado i del despacho de relaciones esteriores en la capital de Bogotá a doce de Julio de mil ochocientos veintitrés, decimotercio de nuestra independencia.—FRANCISCO D E P. S A N T A N D E R . — P o r S . E . el Vice-presidente de la R e p ú -

blica encargado del poder ejecutivo.—Pedro Gual.

(Ratificación del tratado celebrado en esta ciudad en el año de

1822.)


CAPÍTULO CARÁCTER

XI

POLÍTICO D E L G O B I E R N O D E L H É R O E D E L DOCTOR ASCENCIO

III

Por lo que hemos dicho se conocerá que don Bernardo O ' H i g g i n s no fué en su gobierno humano con sus enemigos, ni liberal con los pueblos que mandó. L a persecución de los Carreras, í los hechos que hemos referido de su administración, dan ideas bastante claras de que no posee esas virtudes que se han publicado a nombre de su seudo panejirista el doctor Ascencio. Nos hemos limitado en la n a " rracion a meras indicaciones, únicamente por encaminar a los lectores a que busquen la verdad en los documentos publicados, que al principio no creímos


298

MANUEL JOSÉ G ANDAR ILLAS

que fuesen tan copiosos, tan verídicos i tan convincentes. Por ellos se manifiesta que ejerció el poder para estinguir con crueldad a sus rivales, i para engañar a los pueblos. N o son así las acciones de los q u e dan libertad a su patria; i en ción concluiremos esta tercera época

confirma-

describiendo

la revolución que hizo Chile para arrojar a este hé roe figurado de la suprema silla. D e b e tenerse presente que en el carácter de los chilenos era preciso un impulso algo mas que eficaz para hacerlos conmoverse contra un ciudadano que los había rejido por seis años con rectitud i gloria, como se dice. N o habia hombre alguno que reuniese la opinión pública, i pudiese disponer de un partido capaz de conmover al pais entero, i seguramente debe inferirse que el movimiento a que se da el nombre de maniobra de una facción, procedió de un

oríjen

mas elevado. Cinco años habia pasado Chile alucinado con el ruido de triunfos casuales, burlados por las maquinaciones del poder, i conservado como en una especie de indecisión

entre la libertad i la tiranía.

Poseía aquélla en el entender de algunos no era gobernado

pjrque

por los españoles; pero esta le

abrumaba entre los A n d e s i el Pacífico. A l cabo de ellos, cuando no habia enemigos esteriores que temer, la opinión pública hizo una

manifestación

moderada de la necesidad que habia de hacer salir


DON BERNARDO o'HIGGINS

299

el pais del estado infantil en que se procuraba conservarlo contra su propensión i capacidad. Con este motivo se estendió la convocatoria de la gran convención preparatoria, i al leer los pueblos la obra de este cuerpo en la constitución de 1 8 2 2 penetraron el engaño que se les hacia, i se

dispusie-

ron a variar de situación. N o hubo jefe que dirijiese este movimiento: fué solo obra del patriotismo que incendió todo el pais como chispa eléctrica. A un tiempo se conmovieron los estremos de sur i norte, formaron

asambleas i prepararon

fuerzas

para deponer al gobernante engañador. N o se crea que esta es una relación gratuita. L o s documentos que publicamos bajo el número 68 dan a conocer nuestra exactitud. ¿Puede concebirse un gobernante recto i colocado en la silla por títulos lejítimos, que entable correspondencia i entre en negociaciones con los mismos que ahora llama sublevados? ¿ H a b r á quién crea que este mismo gobernante estuvo dispuesto a entrar en tratados con la Asamblea de Concepción, como si perteneciese a un pais estranjero, i para ello nombró diputados i los autorizó con poderes formales, si hubiese estado persuadido que el movimiento provenia solo de un grupo de desorganizadores? N o s seria muí fácil convencer a nuestros lectores de la jeneralidad con que se hizo el movimiento, pero los pocos fragmentos que poseemos de la correspondencia que hubo


300

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

entonces entre los cabildos de la provincia de Concepción i su asamblea i la de Coquimbo, son

tan

estensos, que ni aun nos permiten estractarlos. Por esto nos limitamos a solo los tres que copiamos. E n ellos se encuentran los comprobantes

de que don

Bernardo O ' H i g g i n s no consideró en aquel tiempo como una maquinación de facciosos la sublevación popular que le derribó del supremo mando, porque según el carácter con que le han pintado los hechos anteriormente referidos no es de los que se sujetan a fórmulas para lograr sus miras propias, o las aje ñas que se le encargan. S e estremeció sin duda al saber el estado de conmoción en que habia puesto al pais, i quiso sacar partido de las negociaciones para continuar en el gobierno de que afectaba desprenderse; pero ya fué tarde. L o s pueblos se resol vieron i se efectuó una revolución jeneral. E s inútil referir el pormenor de las

desgracias

que se padecieron para derrocar en Chile el solio de la tiranía, i hasta recordar el hecho ocurrido en la ciudad de Santiago, centro de la opresión, de sus ajentes i recursos. N a d i e puede haberse olvidado del dia 28 de E n e r o de 1 8 2 3 , en que se reunió la mayor parte de este vecindario en la sala del Consulado a tratar de la deposición del jefe

supremo

de la República. T o d o s saben que informado éste del negocio que ajitaba al pueblo, salió

enfurecido

a conmover la tropa, insultó personalmente a los


DON BERNARDO o'HIGGINS

3OI

jefes, i manifestó su decisión de ver regadas las calles con la sangre de sus conciudadanos por conservar el puesto usurpado. H u b o oficial que no pudo libertarse de sufrir golpes de su mano, i se vieron cosas que no deben consignarse en los monumentos históricos... Don Bernardo O ' H i g g i n s rujia como el león a quien se le escapa la presa; sus satélites corrían la ciudad llenando de insultos a cuantos encontraban, i al fin, mas bien seducido que convencido por algunos amigos suyos, hubo de comparecer a la reunión del Consulado, dejando tras de sí el escuadrón de su escolta, único cuerpo que le habia quedado a las órdenes de un comandante creado en aquel momento, porque el propietario obediente a la voz del pueblo no quiso seguirle. S e presentó a la reunión con un aire amenazador; parecia que disputaba una corona hereditaria; sus maneras no eran las de un republicano, sino las de un déspota; pero los vecinos estaban firmes en la resolución de deponerle, i los ciudadanos don Fernando Errázuriz i don J o s é Miguel Infante le hicieron entender

enérjicamente que allí era un

nada, i le obligaron a humillarse hasta el acto de despojarse de la banda tricolor, haciendo dimisión del mando, i le permitieron retirarse tranquilo a su habitación. L a manía de contemplaciones e induljencias que tan malos resultados ha producido en las revoluciones, hizo que en lugar de estenderse


302

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

una acta en que se redactase la verdad de esta ocurrencia, se pusiera otra en que se figurase una renuncia voluntaria, i la creación de un gobierno por el tirano depuesto; pero lo cierto es que don Bernardo O ' H i g g i n s

fué arrojado de la silla con

vilipendio, i que la junta que le subrogó, compuesta de los señores don Agustín Eyzaguirre, don J o s é Miguel Infante i don Fernando Errázuriz, fué nombrada por el vecindario de Santiago, i la prueba histórica de este hecho es que O'Higgins jamas habría nombrado a estos ciudadanos para delegarles el mando que sus partidarios atribuyen a una renuncia voluntaria. A s í terminó su carrera pública el héroe del doctor Ascencio, i aquí también termina la tercera época, reservándonos referir en la cuarta los males que ha intentado causar a Chile desde el retiro en que ha forjado su heroísmo, i donde conserva las aspiraciones a dominar un pais que ya no es ni puede ser el que él mandó. DOCUMENTOS NÚM.

68

Oficio del Director a la Asamblea Santiago, Diciembre 22 de 1822.—Aunque el Director del Estado no ha recibido hasta ahora de la asamblea provincial de Concepción ninguna nota datada el n del corriente, se ha


DON BERNARDO O'HIGGINS

303

enterado de su contenido inserto en oficio del 1 4 de este mes. El Director prescinde de las causales que da la Asamblea para sustraer la provincia de la obediencia al Supremo Gobierno, i ponerse en actitud de guerra: prescinde también del modo i tiempo con que aquéllas se esponen, i olvida para siempre las personalidades con que se le censura; acostumbrado a sufrir i consagrada su vida al público, éste i la posteridad sin pasiones serán los mejores jueces en este incidente, que le hace aborrecible un mando mirado antes con tedio, i renunciado con since ridad. El Director, como tal, solo se cuida ahora de restablecer la paz interior, de evitar las consecuencias funestas de una guerra civil en que cualquier triunfo es una pérdida, i en que la E u ropa i el mundo todo fundarán su desden para protejernos i aun comunicarnos. Son escusadas,por demasiado obvias, las reflexiones que persuaden el sacrificio hasta de la propia vida para salvar el Estado i a cada uno de sus habitantes de las desgracias que podrían seguirse. Tranquilo en su conciencia de haber hecho el bien i los beneficios posibles quiere dar también ahora el último paso compatible con el honor i con el amor de los pueblos cuyos derechos ha jurado defender. Cedan las pasiones a la razón, tratemos de buena fé i con la mejor intención de restablecer la unión i de cimentarla para siempre. Con este objeto se nombrará una diputación de tres individuos plenamente autorizados, que marche de esta capital a la ciudad de Talca i la Asamblea provincial podrá nombrar otra, para que ambas diputaciones conferencien i acuerden los medios mas justos i oportunos de poner término a las disenciones que amagan dando cuenta para la ratificación. Si la Asamblea provincial se conviene en esta previa medida de conciliación, saldrán los tres diputados al punto designado. E l Director asegura a la Asamblea provincial de Concepción la consideración i ternura que le merecen los pueblos que tiene el honor de mandar.—Bernardo O'Higgins.—A la Asamblea provincial de Concepción.


MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

Oficio de la Asamblea E s estraño que el Director de Santiago prescinda de las causales que han motivado la separación de esta provincia de una obediencia que dejó de ser debida desde que se le exijió como emanante de un poder ilejítimo cual fué la Convención preparatoria: que se desentienda de las fundadas quejas de esta provincia i de la justicia con que exije el remedio de los males que deben regravarse a lo sumo con la Constitución que se le quiere obligar a obedecer, i que antes de oir a estos pueblos, i antes de imponerse de sus pretensiones se les haya ultrajado con la nota de anarquistas; voz insignificante en razón de la autoridad lejftimamente constituida por estos pueblos. La Asamblea representante de ellos prescinde también por ahora de esos títulos tan agraviantes como deshonrosos. Prefiere los medios pacíficos para hacer valer sus derechos i cortar las presentes diferencias al uso de las armas que se miraba ya como necesario i único. Acepta, pues, la propuesta de enviar una diputación bajo las condiciones que espresa la invitatoria hecha en carta de 22 del próximo pasado Diciembre con solo la diferencia de no convenir en el sitio que designa para los tratados. Este podrá ser la isla que forma el rio de Maule a inmediaciones de Duao que ya sirvió para el mismo objeto el año de 1 2 . Su posición local ademas de evitar las sospechas que suelen tenerse en estos casos, es la mas análoga a la igualdad que debe reinar en ellos. La diputación de la Asamblea se hallará en la mencionada isla el 22 del corriente sin mas acompañamiento que un criado de cada diputado, i un escribiente, i se espera que en el mismo sitio, el mismo dia, i sin otra comitiva se halle también la diputación que ha propuesto enviar el Director. La Asamblea puede asegurarle los sentimientos de su consideración. Concepción, Enero 3 de 1823.—Esteban Manzano

—Julián Xarpa.—PedroJosé del Pió,—José Salvador Palma.— Frai Pablo Rivas.—Pedro José de Zañartu —Félix A. Vas-


DON BERNARDO

o'HIGGINS

305

quez de Novoa.—Francisco de Binimelis.—Juan Castellón.— Juan de Dios Antonio Tirapegui.—Al señor Director de Santiago de Chile.

Contestación Santiago, Enero 1 4 de 1 8 2 3 . — E s bien sensible para el Director del Estado que la Asamblea provincial de Concepción en su contestación de 3 del corriente aun reproduzca en parte espresiones que contrarían la unión i avenimiento a que se aspira; todo hombre de honor se resiente de los insultos, i se irrita con las amenazas. Por esto i por jenial moderación se prescindió contestar a las causales que dio la Asamblea para no obedecer al Gobierno Supremo a quien obedecía antes i después de instalada la honorable Convención; pero, pues, la Asamblea estraña aquella abstracción, que dictó la prudencia, el Director dirá lo mui preciso, reservando al próximo Congreso, qne desea, la apolojía de su conducta pública en la parte que se quiera. Si la Convención no tuvo la lejitimidad, que le atribuye la Asamblea, i fueron nulos todos sus actos, la provincia de Concepción habría continuado obedeciendo al menos la Constitución i Gobierno Supremo, que rejia antes de instalarse la Convención. En ésta no se negó a la provincia el derecho de petición para reclamar la nulidad en las elecciones, o en los tres meses que funcionó. De varios partidos, incluso el de Concepción, se elevaron preces a la honorable sala sobre diversos asuntos, lo cual era ratificar la lejitimidad, que después se ha querido disputar. El 7 de Mayo se espidió la convocatoria: el 23 de Julio se instaló i se reelijió al Director, sin ambicionar el serlo, i a los seis meses de aquella fecha, cuando aun no se había impreso i circulado la Constitución, se vino a dar pasos en la provincia para la Asamblea que la sustrajese de la obediencia. Las demás causales de tiranía, de despotismo, de miras des tructoras sobre aquella provincia, i las espresiones denigrativas TOMO X I V

20


MANUEL J 0 5 É

GANDAK1LLAS

en que abundan las proclamas i manifiestos, sin la civilidad que exije el derecho de jentes, permitirá la Asamblea, en obsequio de la paz, queden por ahora al juicio imparcial del público, del Congreso, o de la posteridad. El Director no recuerda, ni halla en el copiador de su oficio 22 del próximo pasado la espresion de anarquistas, con que se le atribuye haber ultrajado. Su educación, sus principios i su carácter desconocen la inurbanidad i el encono. Aun no se han manchado las prensas de la capital con un dicterio, i lo que es mas ni se ha presentado al público una letra manuscrita o impresa sobre la presente enemistad; porque se ha querido ocultar a las naciones la mancha de discordia, que nos afea. Bórrese para siempre i piérdase hasta la memoria. Acelérese la instalación del Congreso, que nadie desea mas que el Gobierno S u premo i sea este el preliminar acuerdo, que ocupe a los tres diputados de cada provincia en la isla del Maule a inmediaciones del Duao. Van a nombrarse i partir en la misma forma, que los que prepara la Asamblea, i estarán en aquel punto el 22 del corriente. El Director reitera a la Asamblea provincial de Concepción los sinceros sentimientos del mayor aprecio.—Bernardo O'Higgins.—A la Asamblea de Concepción. E L DIRECTOR SUPREMO D E L ESTADO D E C H I L E , E T C . , ETC.

A todos los que vieren la presente, salud Animado el Gobierno de los sinceros deseos de radicar, i conservar una estrecha hermandad i armonía entre todos los habitantes que componen la República del Estado de Chile, i seguro de las felices disposiciones de sus caros hermanos de la partede Concepción: confiado también de que iguales sentimientos concurren en la capacidad, celo i fidelidad por el servicio de la patria en los ciudadanos doctor José Gregorio Argomedo, Salvador de la Cavareda i José María Astorga; les confiero el mas pleno i absoluto poder, para que en nombre de la autori-


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

3°7

dad que ejerzo, i en calidad de ministros plenipotenciarios nombrados estraordinariamente se dirijan a la isla que forma el rio de Maule, a inmediaciones del vado de Duao, i traten con los diputados nombrados por parte de la Asamblea de Concepción, cuanto convenga a estrechar i perpetuar aquella hermandad, i acabar, cortando de raíz cualquiera diferencia quesea sensible i que pueda refundir en división de la República, por todos los medios que dicte la prudencia, el derecho de jentes i el mayor bien de la nación que presido, nunca mas necesario de consolidarse, que en las circunstancias del día; al intento les autorizo con plenos poderes en debida forma, i en la misma autoridad con que podría yo hacerlo, prometiendo cumplir i hacer cumplir todo lo que los dichos ministros estraordinarios i plenipotenciarios estipulen: en cuya virtud podrán solicitar, i hacer espedir las letras de ratificación, para que sean canjeadas en el tiempo que se convenga, E n fe de lo cual doi i firmo las presentes selladas con el sello de la nación i refrendadas por mi secretario de estado en el departamento de gobierno i relaciones esteriores a dieziseis de Enero de mil ochocientos veintitrés años. —BERNARDO

O'HIGGINS.—Joaquín

de Echeverría.


A P É N D I C E


AJ?3±¡ TSJDICE

T o d a mí vida he sido enemigo declarado de la guerra de papeles: guerra para mi concepto poco decente, i tanto mas horrible por sus estragos, cuanta es la trascendencia que tiene, ya sea entre nosotros mismos, ya entre los estraños, ya en fin, por sus efectos del momento i porvenir. N o obstante esta mi natural aversión, me veo hoi provocado a tomar parte en ella de un modo que me es imposible no hacerlo, so pena de dejar mal puesta mi opinión i mi honor en descubierto; no hai clase alguna de miramientos que me haga consentir en esto. En

la acusación pronunciada ante el tribunal

de jurados de L i m a por el doctor don Juan A s c e n cio contra el alcance al Mercurio

Peruano,

pajina


312

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

1 3 1 , línea 1 6 se lee lo que sigue: " U n hombre (hablando del ciudadano don Manuel Antonio González) que prevalido de la ausencia de mi cliente se atreve a desfigurar hechos i con impudencia a figurar

asesinatos clandestinos

proscripciones el directorio

sin señalarlos, z

a las costas del Chocó decretadas

por

de de mi cliente, cuando es notorio a la

nación chilena que a los que tocó ese destino fué sentencia de la Corte

de fuslicia

en virtud

por

de sus

crímenes, algunos de los que sentenciados a muerte por la referida

Corte, permutó

jenerosamente

mi

cliente el fallo de muerte

en la espatriacion

delincuentes

costa del Chocó, sin haber

a la referida

caido un solo hombre bajo la aichilla merecieron.»

de los

de muerte

que

E l doctor Ascencio impudentemente

miente, pues el individuo que suscribe ha sido uno de los veintidós arrojados en la costa del Chocó, i no se le ha formado causa por tribunal alguno; por consiguiente, no ha habido sobre qué recaiga sentencia de muerte ni otra alguna que jenerosamente haya sido permutada en espatriacion,

e

ignora

hasta la fecha los pretestos de tan manifiesta arbitrariedad, no pudiendo aun siquiera ser notado de parentesco, afecto particular o relaciones íntimas con los Carreras, calidades suficientes en aquellos tiempos para la persecución i destrucción de los hombres; es verdad que no era partidario de don Bernardo O ' H i g g i n s pero también lo es (dígolo


DON BERNARDO o'HIGGINS

313

con jactancia) no lo ha sido de persona alguna, i espero en lo sucesivo mantenerme en esta misma independencia. L a

nación chilena, que el doctor

Ascencio llama en su ausilío, es mui noble, mui moral, para que pueda prostituirse, atestiguando, como se pretende, un hecho tan notoriamente falso, constándole como le consta tanto a ella como a los tribunales que la rijen, lo contrario. Sin mas apoyo que su dicho, el doctor Ascencio (usando de su propio raciocinio) sienta un hecho: con la misma autoridad, yo le desmiento ante el mundo todo, i le desafío a que presente pruebas justificativas de habérseme hecho un solo cargo, por persona o autoridad competente o incompetente, de los crímenes que tan vagamente vocifera, como también de la sentencia pronunciada en virtud de mi culpabilidad: en el entretanto que esto no se verifica, los hechos hablan, i lo que dicen éstos es, que el que suscribe ha sido una víctima del absolutismo, atrepellando en su persona los derechos sagrados del hombre. Aquel que al barrer su casa hecha las basuras a la de su vecino, no debe estrañar si indignado éste por el insulto, se las devuelve i le hace perder su trabajo. E l doctor Ascencio pudo i debió en desempeño de las funciones de patrocinante de que se hizo cargo, elevar su héroe al mas alto grado de grandeza, sabiduría i virtud, enhorabuena; pero


314

MANUEL JU.SÉ GANDARILLAS

que para el logro de este fin se emplee por úniccs instrumentos, reducir al estado de nulidad una nación entera, i el envilecimiento de una conside rabie parte de sus habitantes, es idea mui mezquina, ridicula i aun contraria al objeto propuesto, pues lo que se ofrece por último resultado es presentar al Plutarco Americano cuando exista, la vida ilustre de un hombre grande entre pigmeos, sabio entre idiotas i virtuoso entre malvados: ciertamente no es mui difícil lucir en el centro de este círculo. Siendo mi objeto únicamente desmentir un hecho que directamente comprometía mi honor, i que de no hacerlo, quedaría con la nota de criminal, juzgado i sentenciado por un tribunal

establecido,

aunque incompetente para el que suscribe, quedando al arbitrio del juicio de cada uno en particular, graduar o interpretar la culpabilidad, creo haber llenado mis miras suficientemente;

sentiría,

sin embargo, que algunos incrédulos, en circuns tancias de haberse estendido tanto el pirronismo, sacasen la consecuencia jeneralmente recibida de quien hace un cesto... N o acompaño certificados de los tribunales porque a presencia de ellos escribo, i dejo este cuidado a quien pido la prueba de lo que tan lijeramente da por cierto. José Santiago

Luco


II.

Señores Editores: H e leido un folleto que ha publicado en Lima don Bernardo O ' H i g g i n s con el aparente objeto de acusar por boca de un doctor Ascencio los papeles de don Carlos Rodríguez, pero con el real i verdadero de recomendarse a la opinión pública, i talvez a la posteridad, como el hombre mas digno i mas virtuoso, como el héroe i fundador de esta República. Para mejor lograrlo produce multitud de documentos, que el imparcial lector avalorará por su justo precio. N a d a de esto me es estraño, porque no envidio sus pretendidas glorias,

porque

muchas veces he lamentado sinceramente sus estravios, i porque conozco el vano orgullo del corazón humano; pero que se atreva con mano sacrilega a escavar la fosa en que yacen cenizas respetables,


316

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

por sólo gozar el bárbaro placer de insultar su memoria con atroces calumnias, es lo q u e m e espanta i lo que exitará contra él la execración de los hombres honrados. E n efecto, sin que el señor Rodrí • guez le hubiese acusado del acto arbitrario i tiránico de que voi a ocuparme, publica una carta de mi aflijido hermano desterrado por él en Mendoza, en que se interesa por nuestro perseguido padre, con el único fin de llamarlo traidor a la patria, i con su descarada sandez cree que este documento le honra tanto como el otro de su amigo Terrada en que ule participa lleno de satisfacción

que acaba de

firmar la orden al capitán jeneral para que sea nombrado Presidente de Chile luego que las tropas arjentinas pisen su territorion. ¡Criminal satisfacción con lo que se holla la dignidad de la patria! Infame traición, vanagloriarse de haber debido su infausto nombramiento al firman de un club estranj e r o , mas bien que a la voluntad nacional! " E s e padre, dice, fué el mismo hombre que vendió la provincia de Concepción a los Carreras i después a los españolesii. Y o le diría con documentos irrefragables, ese hombre fué el mas firme apoyo de nuestra revolución, i sin su cooperación talvez no se habria'emprendido, por ser el que mandaba la única fuerza que tenia entonces Chile. E s e hombre entró en ella abandonando las mas lisonjeras esperanzas, i las mas pingües rentas i pensio-


DON BERNARDO o'lílGGINS

3T 7

nes como un individuo de la familia del duque de San Carlos, i ya veis la diferencia que hai de haber entrado en ella para perder a la de entrar para ganar.

E s e hombre fué el mismo que os hizo

teniente coronel de milicias de la Frontera, i el que influyó para que se os elijiese diputado al Congreso, que han sido los primeros escalones de vuestra afortunada carrera, i los que os sacaron de la abyección. E s e hombre fué el mismo que después de la defección de Jiménez N a v i a , mandó con un hijo suyo la orden para que emigrasen los caudales que con anticipación habia puesto en salvo. E s e hombre sufrió la mas horrible persecución de los españoles, que le llamaron el insurjente

mas con'

¿urnas para contrarestar al influjo de sus relaciones en España, i lo confinaron al espantoso presidio de Juan Fernández. E s e hombre perdió una injente fortuna i parte de ella por vuestras disparatadas disposiciones.—Ese hombre lejos de ser condenado a muerte por el consejo que juzgó la causa de J i ménez N a v i a , fué a k s u e l t o i mandado

restituir

a sus empleos i h o n o r e s a pesar de vuestro interés por perderlo, i no consiguiendo que el consejo se prostituyese a vuestros deseos, estorbasteis los efectos de la sentencia, i lo confinasteis a la villa de. Quirihue, en donde permaneció hasta que la nación en masa se sublevó contra vuestra opresión. Entonces reclamó la ejecución de dicha sentencia,


3l8

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

i como ya imperaba la justicia, se formó un dilatado espediente i en vista de él se le vindicó completamente, ( i ) Con la misma sevicia persigue todavía la memoria de los ilustres e infortunados Carreras, sin que el sepulcro en que reposan sea bastante barrera para contener el desenfrenado ímpetu de sus bajos rencores; pero la nación por el órgano augusto de sus representantes hizo ya su apoteosis, librando a sus bárbaros asesinos a la execración pública, i la retórica i la poesía trasmitieron al conocimiento del mundo entero tan solemne manifestación de su alta ( i ) No siendo posible insertar aquí todos los documentos que prueban la verdad de este artículo, se escoje el último por ser bastante a desvanecer la calumnia que se refuta. »E1 Director Supremo etc. Atendiendo a los méritos i servicios del coronel de Ejército don Pedro José Benavente, gobernador intendente que fué de la provincia de Concepción i a que según los documentos presentados i lo espuesto por el auditor de guerra, se declaró absuelto por el consejo de oficiales jenerales en la causa que se formó contra don Ramón Jiménez Navia sobre su conducta militar en la entrada de los enemigos a la ciudad de Concepción el año pasado de 1 8 1 3 , he venido en concederle el retiro a su casa al espresado coronel Benavente con el sueldo designado por el reglamento a los de su clase, concediéndole las gracias, exenciones i prerrogativas que por este título le corresponden. Por tanto—etc. etc.—Firmado i sellado. RAMÓN

FREIRÉ.—Santiago

Siguen las tomas de razón, el taciones, etc.

cúmplase

Fernandez.

de la inspección, ano-


DON BERNARDO O'HIGGINS

319

justicia con el nervio i facundia, que solo se prestan a sostener la verdad i se niegan a amparar las malas causas. Cuando nos complacíamos en e s c a m a r con el ilustrado orador, ¡£3?* que con este homenaje tributado a la verdad, se oscurezca, si es posible, el ominoso recuerdo del mas cruel e inicuo sacrificio. Cubramos de espesas tinieblas las manos que lo consumaron 11. I cuando repetíamos con entusiasmo aquella estrofa del sublime cantor (HTCubran cipreses fúnebres la escena Del sacrificio atroz—riegúela el llanto De la nación chilena I desde el trono santo Donde reside el Hacedor Divino Grato perdón descienda al A S E S I N O ( i )

¿Quién se empeña en borrar tan nobles i jenerosas disposiciones? ¿Quién pretende destruir

votos

tan solemnes? el mismo que Señores Editores: por no abusar de la bondad de Uds. he procurado ser corto i moderado en este artículo, en que he tenido que ocuparme de hom-

( 1 ) Oración i canto fúnebre en las exequias decretadas por la Patria a los tres hermanos Carreras—Obras ambas de don J . J . de M.


320

MANUEL JOSÉ

CANTARILLAS

bres i cosas que mi carácter i mi relijion me habian hecho olvidar: pero el señor O ' H i g g i n s posee el secreto de mantener en acción el odio público, con los mismos medios que intenta acallarlo, alejándose así cada dia mas del centro de sus aspiraciones. Soi de U d s . Señores Editores, afectísimo servidor. D. J.

BenavenU.


III

DON BERNARDO O'HIGGINS ( i ) .

Dispensen nuestros lectores el que no continuemos en este número la relación suspendida en el anterior, del gobierno memorable de este héroe americano. S e nos han remitido dos cartas que dan a conocer el hombre que quiere dirijir la suerte de los chilenos, por los ajentes de que se vale, i por los medios de que éstos usan. T o d o lo descubrirán las cartas. Hombres habrá que nos acusen de publicarlas, no habiéndonos sido entregadas por su dueño, pero la jeneralidad de los chilenos encontrará en ellas mismas poderosas razones para disculpar-

ía).

Artículo publicado en

El Araucano de 16 de Mayo de

1S34. TOMO XIV

21


322

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

nos, si reflexionan un momento sobre los agravios que en su contenido se hacen al pais, i por quiénes. E n el seno de un lugar entregado a toda la ferocidad del desorden anárquico hai dos empeñados en arruinar

a Chile, y aunque es verdad que la em-

presa es superior a sus esfuerzos i recursos, motivo que nos debia imponer silencio i aconsejarnos el desprecio de tamaña temeridad como

hombres

privados, el cargo de escritores nos impone el deber de hacer saber al público un a ocurrencia que puede influir en su opinión. Muchos sujetos hai que tienen formada la mas alta opinión de don Bernardo O ' H i g g i n s i de don J o s é Joaquín de Mora. Vean en las cartas que siguen si es conforme con su dignidad el modo con que éstos lo tratan, a ellos i a su patria. L o s partidarios reconozcan por único ájente de este caudillo del desorden a don J o s é Joaquín de Mora, i los que temen los esfuerzos de su partido, avergüéncense de su pusilanimidad, único fundamento del crédito que conserva el que los hace temblar. Unos i otros reconozcan el resultado que deben tener sus opiniones políticas, tan infundadas como

afanosas.

Iguales andan los que temen como los que esperan; i ambos degradan al pais dando importancia a semejantes hombres. Vean su desengaño los enemigos del gobierno que ansian porque se efectúe la unión de O'Higgins i Freiré, en que tienen vin-


DON BERNARDO o'HIGGINS

323

culada la esperanza de arruinar la actual administración: asegúrese ésta de que tales enemigos no pueden perturbarla, i descansen los pueblos en que el refujiado de L i m a i su ájente no hacen mas que delirar, lo mismo que sus adictos. Quizá se nos censure la franqueza con que damos lugar en este periódico a semejantes piezas; mas, nosotros respondemos, que estamos obligados a prevenir al público que se guarde de los efectos de una correspondencia

de esta

clase, que jira en

secreto, bajo nombres finjidos, qu-2 ataca su bienestar i que se dirije a trastornar el orden.

S S . E E . de El

Araucano:

Por la estafeta he recibido las dos cartas que incluyo. Por su contenido imajino que su autor ignora mi existencia, i que al usar mi nombre pensó

finjir

uno que solapase su correspondencia.

A u n q u e español como él, no abrigo sus bajos sentimientos: no adulo a los hombres de los diferentes partidos, mientras puedo sacarles un maravedí para traicionarlos después: no soplo la discordia para alimentarme con la sangre que ella derrame, como ese vampiro. Al contrario, vivo lleno de gratitud al gobierno i a los americanos que nos prestan un


324

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

asilo tan jeneroso, i no cesaré de rogar al cielo les dé paz, unión i prosperidad. Queda de Uds. obsecuente servidor.—Francisco Antonio

Lestrepo. Lima,

10 de Febrero

de

1833.

Señor don R. A . A m i g o mió, he recibido la apreciable de U d . del 22 de Diciembre. Antes de responderle, voi a d a r l e cuenta de los grandes sucesos de que acabamos de ser testigos, de la parte que me ha cabido en ellos, no por los peruanos, sino por los chilenos enemigos del grande O'Higgins, suscitados por el célebre Campino. Sírvase U d . dar la mayor publicidad posible a mi carta: léanla los hombres de todos los partidos, i aprendan a conocer al que no ha temido comprometer la vida de un padre de familia, por satisfacer las bajas i furiosas pasiones de un corazón impregnado en iniquidades. U d . verá por la relación que sigue que he estado espuesto a ser víctima de un populacho chileno, solo porque he pagado un justo tributo de admiración i de gratitud al primero de los patriotas sud americanos; porque me glorío de ser su amigo; i porque profeso abiertamente la opinión de que su destierro es una man • cha para esa nación, a la que dio libertad i gloria.

independencia,


DON

BERNARDO

O'HIGGINS

325

U d . debe saber que a fines de Diciembre terminó el período constitucional de la presidencia del jeneral Gamarra. D e j ó el mando i la Convención nacional lo díó provisionalmente al jeneral Orbegoso. Pocos días después de instalado éste, se anunciaron síntomas de una revolución

militar

de la guarnición de L i m a en favor de losjenerales Gamarra i Bermúdez. E l jeneral Orbegoso, no creyéndose seguro en Lima, se encerró en el Callao con una división. Inmediatamente estalló el golpe en la ciudad. L a tropa proclamó a Bermúdez jefe supremo, i éste puso sitio al Callao. E n toda esta disputa mi imparcialidad era jeneralmente conocida, pues en uno i otro partido tengo amigos.

Lo

soi de Gamarra, lo soi de Orbegoso, quien me ha confiado la educación de uno de sus hijos

Pero

Campino empezó a publicar por todas partes i a esparcir en tiendas i tertulias que yo era el autor del papel oficial del partido de Bermúdez i Gamarra, intitulado El Conciliador.

T o d o el mundo sabe

que este papel era obra del ministro Pando; mas, Campino aseguraba que era mió; i el rebaño de chilenos lo repetía, i ya empecé a tener incomodidades. Muchas personas me dieron avisos alarmantes, i aunque Orbegoso desde el castillo sabia mi inocencia (como desde allí mismo me lo escribió) el rumor cundía en el pueblo, siendo lo mas particular que todo el mundo citaba a Campino


326

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

como autor de la noticia. E n la noche del 28 de E n e r o las tropas sitiadoras decidieron retirarse a la sierra, i en su tránsito por la ciudad empeñaron un combate obstinadísimo con los habitantes

Fué

una noche horrenda de tiroteo, muertes, carreras, gritos i espanto. A l fin salieron de la capital i al dia siguiente se reinstaló el gobierno de Orbegoso. Aquel dia no salí a la calle, porque teniendo tanto joven en casa, no debia abandonarla. E l 30 sall

)

me encontré con un oficial amigo mió i me dijo que tenia orden de llevarme a la prefectura. E m p e zamos a marchar, i encontramos a un chileno llamado Lorca, íntimo amigo de Campino, el cual, creyéndome preso, empezó a insultarme en los términos mas groseros, diciendo entre otras cosas que ya estaba vengado Campino i que ya estaba yo pagando mi defensa de O'Higgins.

A s í vino

siguiéndome hasta la prefectura. Entrando en ella, el prefecto me dijo que nada, absolutamente nada habia contra mí, sino el tole-tole de los chilenos; que mi vida estaba en peligro i que procurase ocultarme i dejar pasar la efervescencia. E n efecto, me refujié en casa de un ministro estranjero, donde he estado, hasta que el Presidente mismo, O r b e goso, me ha hecho venir a mi casa, asegurándome que nada tengo que temer. Aquí tiene U d . , amigo mió, una confirmación

de lo que se dice en la

defensa impresa del gran O ' H i g g i n s , saber que la


DON BERNARDO O'HIGGINS

facción

enemiga es la mas inmoral,

327

mas obstinada

i mas severa de cuantas existen. Cuente U d . esta historia a todos los chilenos, de cualquier partido que sean, para que conozcan a Campino, el cual va ahora a esa a prostituirse, intrigar i manejar su arma favorita, que es la calumnia. Confieso que no quiero meterme en los negocios de ese desgraciado pais. U d . dice que la reconciliación de O ' H i g g i n s i Freiré es indispensable: yo le repito que he trabajado cuanto ha sido posible para lograrla, i ahora añado que jamas se hará ni debe hacerse; que el honor del primer patriota de América

padecería si se verificase, i que es mejor

vivir honrado en el destierro que deshonrado en el mando. Entiéndame Ud., que no es difícil. O el jeneral O'Higgins no debe ir nunca a Chile, o debe ir llamado por el voto público de una nación que le debe su existencia. S u nombre es

demasiado

ilustre para que se contamine con una alianza monstruosa. S i Chile no se alza unánimemente en favor de O'Higgins, Chile no es digno de O ' H i g g i n s . N ó , amigo mió. S u elevación no debe ser hija de una combinación de partidos, sino de la esplosion del entusiasmo que deben

inspirar las mas altas

virtudes. N o hablo con pasión: hablo por convencimiento. Campino contará en ésa que hemos tenido un lance i que me he bajado a darle una satisfacción.


328

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

Desmiéntalo U d . a boca llena, como lo ha des* mentido aquí Vincendon que fué testigo de la escena, i que me ha colmado de elojios por mi comportamiento. Dirá que me desafió, i que le escribí satisfaciéndolo. Que enseñe mi carta. E n fin, es un pillo miserable, que debe ser conocido en su pais, i puesto en el lugar que le corresponde. Sírvase U d . leer esta carta, toda entera, a la señora Rosales del Solar, a mi amigo Chacón, al señor Codecido, i a todos cuantos U d . quiera. Procure Ü d . que llegue a manos del señor

Pinto, a

quien no escribo porque he tenido la desgracia de perder su amistad de resultas de las calumnias del asqueroso Rodríguez. A s í he salido recompensado de los inmensos sacrificios que he hecho por Chile, Por fortuna, hai en otra rejion mas elevada que este montón de fango, un S e r que consuela con la esperanza del porvenir, i allí se ajustarán las cuentas. Nuestro inmortal O ' H i g g i n s no se ha hallado en estos sucesos, pues habia marchado a su hacienda pocos dias antes. A m i g o , ya no puedo mas,—dejo a U d . dándole gracias por sus cartas i noticias, i rogándole no olvide a su afectísimo amigo i servidor Q. B. S. M . —-José Joaquín

de

Mora.

Recomiendo a U d .

mui particularmente

que


DON BERNARDO O'HIGGINS

329

haga leer esta carta a mi excelente amiga la señora Solar. M i mujer le dice algo, pero no con tantos pormenores. Bien puede U d . decir a cara descubierta que las maldades campinescas han puesto mi vida en peligro. Lima,

25 de Febrero

de

/834.

M i excelente amigo: H a c e algunos dias respondí al aprecíable paquete del 18 de Diciembre, refiriendo a U d . las molestias que me habia ocasionado el malvadísimo cojo Campino, comprometiéndome

con este gobierno en

época tan crítica: por fortuna, el que está a la cabeza no es hombre que se deja llevar de chismes, i el cojo calumniador no ha sacado de esta empresa sino una nueva dosis de infamia. N o dude U d . un instante que va llamado por el Estanco i que el gran proyecto del dia es reconciliar a Freiré con sus antiguos amigos, proyecto que se

realizará

inmediatamente que Portales suba a la presidencia ( 1 ) . Sobre esto seré después mas largo. ( 1 ) Los lectores advertirán que mientras en Chile se goza una paz inalterable, en Lima se forjan intrigas dirijidas a este pais; se promueven enemistades, i se prodigan insultos, como si sus destinos dependiesen de allá. Todos han visto llegar del Perú a don Joaquín Campino, i quedarse en Valparaíso, sin tomar parte alguna visible en los negocios públicos, i todos saben que no tiene la menor relación con los individuos que


33°

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

A h o r a recibo las estimadas de U d . de 5, 7 i 1 0 de E n e r o , i no cesaré de darle gracias por la confianza con que me honra, i por los datos curiosos que me comunica. N o debe U d . dudar que la suerte de Chile me interesa sobre manera, aunque he jurado no pisar su territorio, en ninguna combinación posible de circunstancias, i por ahí sacará la consecuencia que mí a m o r e s desinteresado. Con la muerte del opresor de mi patria, se me han reno vado los deseos i las esperanzas de restituirme a su seno, para lo cual sólo aguardo saber el triunfo del partido de la reina, i el abatimiento del de don Carlos, que no dudo se ha de verificar, pues toda la Europa se interesa en ello. Sin embargo, la suerte de Chile nunca podrá serme indiferente, i en cualquier punto del globo en que me halle pue den contar mis amigos chilenos con los pocos servicios que pueda prestarles este ser insignificante i nulo... (2). el autor de la carta llama facción de estanco; los que conozcan a las personas concebirán fácilmente que es imposible que Campino se haga cargo de la empresa que se le atribuye, i que ésta es una de las suposiciones que para poderse realizar, era preciso un amasijo de inconsecuencias, que las fuerzas humanas no alcanzan a combinar. (2) Los chilenos dan las gracias al autor de la carta por la oferta que hace de sus servicios, i renuncian de ellos, porque los que les prestó durante su mansión en éste, i los que les está prestando desde Lima, los han enseñado a no ser tan candorosos.


DON

BERNARDO O'HIGGINS

331

Paso ahora al asunto principal de las cartas de Ud. Y o quisiera poseer toda la elocuencia de Marco Tulio, toda la lójica de Condillac i toda la autoridad del Concilio de Nicea, pare persuadir a U d . de esta v e r d a d — J A M A S S E R E C O N C I L I A R Á F R E I R É CON O ' H I G G I N S — a la que añado por via de comentario, que antes de consentir F r e i r é en esta reconciliación, consentiría en ver su patria reducida a cenizas; que F r e i r é no puede disimular su natural simpatía con Benavente i Gandarillas; que la inmensa

mayoría

de chilenos residentes en Lima, inclusos los enemigos de Freiré, piensan como él en esta parte, i por último que (escepto un solo chileno) (3) todos los de aquí me detestan, i me han abandonado solo porque han conocido el empeño con que he trabajado por la reconciliación (4). O ' H i g g i n s no ha podido hacer mas de lo que ha hecho; su jenerosidad llegó hasta el punto de autorizarme a obrar en su nombre como mejor me pareciese, sin la menor restricción. ¿Qué mas puede hacer

un

hombre

(3) Un solo chileno en Lima, mas otro chileno en Chile, mas un andaluz, igual a tres ceros, cuya espresion será 0,1 + 0 , 1 + o , i = 0,3. ¡Qué partido tan formidable! Que el matemático andaluz demuestre esta proposición, ya que es tan buen demostrador como lo manifiesta mas abajo. (4) Los chilenos, aunque se crean ofendidos por su Gobiern o aman su patria, i seguramente los que están en Lima han abandonado al autor de la carta por las ofensas que hizo i está haciendo a Chile.


33

MANUEL J O S É

2

GANDARILLAS

honrado? (5). J a m a s en mi presencia ha pronunciado O ' H i g g i n s una palabra en contra de F r e i r é . Una noche estando en Cañete, el bárbaro i perverso Chappuis se puso a quitarle el pellejo a Freiré. Y o lo defendí con calor: nos fuimos de palabras, i acabada la sesión rogué a O ' H i g g i n s que me disculpase — s u respuesta fué—me ha llenado yo no puedo

Ud. de gusto:

aprobar que en mi presencia

mal de un patriota

se hable

chileno. E s t o se llama ser héroe;

i ahora compare U d . esta conducta con la de don Ramón, en cuya boca no se oyen mas que horribles denuestos contra el Huacho,

acusándolo de los

escesos mas horribles, tanto en su conducta pública como en la privada. Pero esta es la fábula de la culebra que quería roer la lima. Mientras mas lo muerden, mas se consolida su reputación. ( A m i g o , soi mas o'higginista que U d . mismo). Un hombre que ha llegado a tal altura, i que excita la veneración de cuantos oyen pronunciar su nombre, está mejor en la oscuridad que en el mando, si éste ha de ser efecto de una combinación degradante (6). S i Chile no se alza espontáneamente en favor de

( 5 ) Nada mas último vestijio de maquinar contra mas condecorado

para acabarse de degradar i perder hasta el su crédito. El objeto de la reunión era el de Chile, i para ello ¿no se encontró un ájente que el autor de la carta?

(6) Espere entonces con calma el resultado de combinaciones honrosas.


DON BERNARDO

o'HIGGINS

333

quien le dio cuanto tiene, Chile no es digno de verlo en la silla: amuélese Chile, i coma el pan de la ignominia, que es lo que merece (7). T a n canalla es la facción chilena residente en Lima (8), que hace pocos dias han reimpreso en El

Telégrafo

un asqueroso libelo contra O ' H i g -

gins, sacado del F a r o de Biobio, añadiéndole un comentario en que atacan de frente al pobre R e y e s . Cada uno de estos esfuerzos es un nuevo triunfo, pues el pueblo del Perú admira i ama a este gran patriota, de cuyas virtudes ha estado siendo testigo por espacio de tantos años (9). Renuncie Ud., pues, amado amigo, a su proyecto favorito, i póngalo en el número de los imposibles.

(7) Chile se alzará espontáneamente en contra de quien pretende hacerse su dueño absoluto. Cuanto tiene se lo debe así mismo, ciertamente no es digno de sufrir la degradación de ver en la silla de su Gobierno a don Bernardo O'Higgins. Se amolará el que intente dominarlo, i cernerán el pan de ignominia los que coadyuvan a sus miras. (8) Compatriotas, agregad este insulto a vuestras desgracias. (9) El pueblo del Perú admirará i amará al gran patriota que ha hecho lucir allá sus virtudes; mas no al opresor de Chile cuya conducta no conoce. Es mucha osadía atribuir al pueblo del Perú la lijereza de calificar sin dato alguno la comportacion de un hombre en un período desconocido para él. Si así juzga el pueblo del Perú, los de Chile piensan de otro modo. Tratan solo de consolidar su arreglo interior, i si se acuerdan de los vecinos, es para compadecerlos.


334

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

Trabajen Uds. ( 1 0 ) por O ' H i g g i n s solo, i no mez cien su nombre con otro alguno, i mucho menos con el de quien... pero, prudencia. Basta que tenga una mujer como la que tiene, para que yo lo respete, a pesar de la negra ingratitud con que ha pagado mi amistad, prefiriendo la del inmundo, vicioso, corrompido i brutal Carlos Rodríguez. Bien sé que esta franca esplicacion debe ser a U d . mui dolorosa; pero creeria faltar a la amistad, si no lo desengañase de un error, i si no deshiciese una esperanza quimérica, que jamas puede verse realizada.

El

plan secreto de Campino, F r e i r é i Rodríguez es empujar a Portales ( n ) (de cuyos talentos hacen ( 1 0 ) ¿Quiénes son los que trabajan por O'Higgins? Si no fuera por el papel que entintan las prensas, los nombres de éstos i de aquél se habrían borrado de la memoria. Felizmente Chile ocupa la maravillosa posición de que para ser dominado por algún hombre es necesario que sea subyugado por la fuerza de las bayonetas, o sometido por el imperio de la opinión jeneral. Pertenece a su prosperidad i a su sola conveniencia. No conoce loque en otras partes se llama aura popular. Los empleados en la administración pública conservan sus destinos por su buen desempeño, los que dirijen los negocios, gozan de reputación por su honradez, i para su mayor fortuna, se ha estinguido aquel espíritu de innovaciones turbulentas que han degradado la revolución americana. Tiene establecido un sistema de gobierno arreglado a los principios del mundo civilizado, acomodado a sus necesidades, i dirijido por todos los medios que están a sus alcances; i espera que el tiempo i la esperiencia le proporcionen los conocimientos para afirmarlo i correjirlo. ( n ) Este plan no tiene mas existencia que en la imajinacion


DON

BERNARDO

o'HIGGINS

335

los mas altos elojios), reconciliarse con él, i sostenerlo en el mando, persuadidos de que éste es el mejor medio de alejar para siempre a nuestro amigo. U d . me anuncia la póxima llegada de Bilbao, Cotapos, etc., pues bien; acuérdese U d . de mi profecía. T o d o s éstos van a ser enemigos de O ' H i g gins i mios, ( 1 2 ) sin embargo de que el primero salió de aquí mui o'higginista. Pero ya sabrán volcarlo los otros, los cuales, a pesar de estar divididos entre sí (porque Izquierdo i Freiré se detestan) sin embargo coinciden en calumniar i aborrecer a don Bernardo. Y o he tomado el partido de aislarme; no salgo de mi casa, consagrado a mis discípulos i a una familia que adoro. Don Bernardo está en los baños de Cerro-Azul, de donde me escribe con frecuencia. A m i g o , volúmenes pudiera yo escribir sobre esa facción inicua si dejara correr la pluma. Podria demostrar, cómo se demuestra una figura matemática, que O ' H i g g i n s es el único hombre que puede salvar a Chile; ( 1 3 ) que si su partido ( 1 4 ) se uniese

del autor de la carta, cuya volubilidad solo es capaz de reunir caracteres heterojéneos, ideas contrarias, intenciones opuestas, razones contradictorias, i ajentes que se destruyen entre sí. ( 1 2 ) Aunque reducidos a desgracia, cumplirán con los deberes que los ligan con su patria. (•3) ¿ Q é peligros amenazan a Chile? Chile está a salvo i O'H. i M.—condenados para siempre, i no infestarán su preu


336

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

con el de Freiré, aquél seria mui en breve víctima de su nobleza; que en Chile no puede haber felicidad Ínterin exista en su territorio un solo átomo de carrerismo

( 1 5 ) i Estanco;

que lo que ha hecho

Prieto, vendiendo al que lo sacó de su oscuridad, lo habrían hecho todos menos Crus; ( 1 6 ) que los

cioso suelo seres tan malvados i asquerosos. Se puede demostrar que O'H. i M. están locos i de la peor locura que puede aflijir a la triste humanidad. Por ejemplo—O'H. se quiere presentar al mundo como el héroe i criador de esta República i para ello se atribuye esclusivamente cuanto se hizo en la infausta época de su Gobierno, como si el Ejército de Chile, sus oficiales i jenerales, hubieran sido máquinas o autómatas que él sólo impulsaba—como si los gastos de la guerra se hubiesen llenado con sus rentas patrimoniales, i no con los de la República i con los inmensos sacrificios de sus ciudadanos. O'H. quiere mandar otra vez a Chile i para conseguirlo lo calumnia incesantemente i a troche i moche—insulta a todo hombre i busca por instrumento a Mora i al Capitán— i aspirar de este modo es de un loco probado, matemática, lójica i físicamente. Del mismo modo Mora, poco conocido i mui despreciado de los que le conocen, se encarga de la ajencia i se vale del medio de corresponderse con el capitán i de prodigar insultos, con lo que se prueba por la misma figura, que no le va en zaga en la locura, etc.

cómo se demuestra unafiguramatemática

( 1 4 ) N o se conoce este partido. ( 1 5 ) El autor de esta carta es el mismo que trabajó la oración i canto fúnebre de los Carreras. ( 1 6 ) Está claro que sí, porque todos héroe i todos menos uno le aborrecen harían matar antes que ver a la cabeza monstruo. El andaluz puede demostrar

menos uno conocen al i todos menos uno se de la República a este está otra figura.


DON BERNARDO o'HIGGINS

337

pelucones de Chile, T a g i e , ( 1 7 ) Alcalde, etc., for­ man la raza mas estúpida de cuantos pisan la su­ perficie del globo; que se necesita un siglo i cua­ renta i tres ( 1 8 ) liceos, para borrar de Chile el espíritu de corrupción i de venalidad introducido i propagado por el pillo de los pillos, es decir, Por­ tales, ( 1 9 ) el cual ha dicho a un estranj ero amigo mió, que los chilenos no pueden ser

gobernados

sino es teniendo en una mano la bolsa i en otra el palo;

finalmente,

probaria que O ' H i g g i n s es un

hombre demasiado grande para una nación la suya (20) en que se aguanta al burro

como

acicalado

( 1 7 ) El rnismo pronunció el brindis que sigue en l a mesa del ex-Presidente don Francisco Antonio Pinto: '"El señor Mora.—El crédito públ ico ha sido el primero i mas bel l o resul tado de l a Constitución que debemos a l a sabiduría del Congreso. E s obra enteramente suya, pero necesitaba de una mano diestra que desarrol l ase sus principios i refinase sus pormenores. La Providencia ha deparado a Chil e este bien inestimable. Ruego а V. E. i a todos l os concurrentes se unan conmigo para brindar por mi il ustre amigo el actual Ministro de Hacienda; por el eminente patriotra que, sacrificando sus comodidades i reposo, se consagra con el cel o mas l oabl e a l a mejora de l a mas importante de nuestras iustituciones públicas.и ( j 8 ) ¿Si un sol o l iceo hizo tanto mal i en tan poco tiempo ¿qué harían cuarenta i tres? No enumeramos estos mal es por decencia. ( 1 9 ) De él mismo recibió una cantidad de pesos para habil itar l a escuel a de primeras l etras que tuvo en esta ciudad. (20) Esto si que es gratitud, i semejantes espresiones indican TOMO XTV

22


338

MANUEL JOSÉ

GANDARILLAS

de Prieto, ( 2 1 ) i al truhán bufonesco de Portales, con la asquerosa escolta de Benaventes, Renjifos i Tocornales que los rodean. L a política de los o'higginistas es absurda (22). Deben obrar por su hombre, i no por ningún otro, ( 2 3 ) deben minar el mundo con papeles, (24) de-

cuál es el alma del ájente del que quiere dirijir los destinos de Chile. Jamas se ha conocido la grandeza de espíritu acompañada de tanta ruindad* ¿Es este, acaso, el lenguaje de un hombre de Estado, de un sabio, de un hombre dominado por la noble misión de hacer feliz a su patria? Si O'Higgins es demasiado grande para una nación como la suya ¿a qué pretende introducir su grandeza en un recinto que no puede contenerla? Goce de ella tranquilo donde la admiran i deje en quietud este pobre territorio, advirtiendo siquiera que en su conducta se asemeja a aquel animal que después de nacer ataca la existencia de la madre que le dio vida. ¿Cómo un pais tan degradado como Chile pudo producir un hombre tan grande como O'Higgins? Cuando esto pueda atribuirse a efecto de una casualidad estraordinaria, la grandeza misma, o la presunción de ella debería obligarle a no aspirar a volver a la tierra de su nacimiento, porque no le presenta teatro donde poder lucirla. ( 2 1 ) Este burro acicalado ha dado a Chile cuatro años de paz i de libertad. H a mandado con la lei i por la lei, ha cooperado a la reforma de la Constitución, ha sofocado la hidra feroz de la anarquía, que preparaba a nuestra patria los desastres que aflijen a otros pueblos, ha arreglado sus rentas nacionales, ha desterrado la corrupción i cimentado la moral, ha hecho, en fin, lo que jamas habría hecho el Onagro i su arriero. ( 2 2 ) E s cierto. ( 2 3 ) Tiene razón. (24) N o tienen valor ni capacidad.


DON BERNARDO o'HIGGINS

339

mostrando que la nación está envilecida, (25) i que sólo puede sacarla de su envilecimiento el que la sacó de la esclavitud; (26) que mas quieren morir que capitular;(27)que mas vale sufrir la esclavitud de un enemigo descubierto, que recibir abrazos de amigos traidores (28). E s t e debe ser tu sistema, hombre honrado, tú, que estas dando tantas pruebas de tu impertérrita constancia (29). O ' H i g g i n s no debe sostenerse en la opinión de Echeverría ni del Chillanejo (30) sino en el convencimiento universal de una nación ( 3 1 ) que, si es conocida en Europa, es porque su nombre se liga con el de O ' H i g g i n s (32). H a i ciertas alturas de las cuales no es posible bajar una pulgada, sin caer hasta el (25) Mas fácil les es oscurecer el sol a puñados de arena. (26) Chile salió de su esclavitud por sus esfuerzos i solo ha empezado a organizar su libertad, i también a hacerla efectiva el 28 de Enero de 1 8 2 3 . Nada debe a un hombre solo, sino al patriotismo de sus hijos. ( 2 7 ) Ni lo uno, ni lo otro se conseguirá jamas, porque no hai con quien capitular, ni motivos para desear la muerte, cuando todos se hallan contentos. (28) También esto es cierto. (29) No se sabe a quién se dirije esta impersonalidad. ( 3 0 ) Tiene razón, es poca jente; i entonces ¿con quienes se queda? con el capitán i con el andaluz? Bravos campeones! ( 3 1 ) Esto si que nunca lo conseguirá, i mucho menos con el mérito que se está labrando en degradarla. (32) Si es cierta esta ligazón ¿cómo el autor de la carta no conoció a Chile desde Europa, i vino a él a atacar a O'Higgins por la muerte de los Carreras?


340

MANUEL

JOSÉ

GANDARILLAS

abismo. Napoleón vencido por toda la Europa, no quiso contentarse con la Francia de Luis X I V , ni ceder un palmo de lo que habia conquistado ( 3 3 ) . Bien sé que la nueva jeneracion

chilena apenas

conoce a O'Higgins: (34) pero su partido

debe

hacerlo conocer, propagando sus noticias biográficas, tan honoríficas i tan gloriosas ( 3 5 ) ; también sé Huyó la paz de la mansión que un dia colmada de sus bienes sonreía. I huyó la libertad nacida apenas entre rotas cadenas. L a lei enmudeció; ya no hubo hermanos

víctimas

hubo sí, i hubo T I R A N O S . . .

Cubren cipreses fúnebres la escena del sacrificio atroz—riegúela el llanto de la nación chilena, i desde el trono santo donde reside el Hacedor Divino grato perdón descienda al A S E S I N O . Mas, eternice el jenio de la historia la incorrupta memoria del que sabe morir como hombre fuerte, del que marcha a la muerte sin que le imprima susto. Así muere el honrado i muere el justo. Así, inmolados por venganzas fieras, murieron en Mendoza los C A R R E R A S . . . ( 3 3 ) Este retazo es ajeno de la carta, i puede calificarse de un verdadero palique. ( 3 4 ) Actualmente va conociendo su historia horrorizándose. ( 3 5 ) L o está haciendo fielmente

El Araucano.


DON BERNARDO O'HIGGINS

341

que muchos temen que si vuelve a mandar, se vuelva a rodear de los mismos hombres que lo rodearon antes; (36) pero deben considerar que el mundo ha dado muchas vueltas desde entonces, i que en la desgracia O'Higgins ha sabido conocer los amigos fieles, de los amigos ingratos, testigo de ello el bajo i prostituido Correa de S a a , que le debe su fortuna, i después le ha pagado como todos sabemos. M e he estendido demasiado, movido por mis buenos deseos en favor de ese pais. Añadiré una sola reflexión. O'Higgins, en su primera época lució como guerrero i como patriota: ahora se halla en el caso de lucir como administrador i como gobernante (37). H a visto mucho, i ha estudiado profundamente

las instituciones, i diré a U d . en

confianza que uno de sus proyectos favoritos, para el cual cuenta con una de las primeras casas de Londres, bastaria para colmar de felicidades a esa República (38). (36) Aliéntense sus partidarios para esperar favores. (37) Y a no es tiempo, se le pasó la época. (38) ¿Con que don Bernardo O'Higgins no contaba solo con sus virtudes para hacer la felicidad de Chile, sino con los ausilios de una de las primeras casas de Londres? O este proyecto favorito es aquel del empréstito de diez millones que debía Mora proponer bajo la oferta de $ 300,000, cuyo documento se interceptó en 1 8 2 9 i publicaremos después, o es zumba que el autor de la carta hace a su corresponsal para


342

MANUEL JOSÉ GANDARILLAS

Continúe U d . favoreciéndome con su correspondencia: no me olvide cuando vea al amigo don Pedro, i créame su invariable.— José

Joaquín

de

Mora. animarle a que meta bulla, o es un delirio. Al fin los chilenos vean por los dos documentos que anteceden todo lo que hai en realidad de los motivos que tienen algunos para asustarse de las maniobras de don Bernardo O'Higgins, i descansen en que si siempre sigue lo mismo, el pobre compatriota es mas digno de lástima que de otra cosa.


ÍNDICE PÁJS. ADVERTENCIA

V

Prólogo del autor

i

PRIMERA

ÉPOCA

CAPÍTULO

I.—Primeros movimientos populares....

CAPÍTULO

II.—Situación política del pais en Abril de 1 8 1 3

u

e invasión de Pareja

19

III.—Sitio de Chillan i sus ningunos resultados.—Deposición del jeneral Carrera i nombramiento en su lugar del coronel O'Higgins.—Causa de la enemistad contra éstos

33

IV.—Sucesos durante el mando de O'Higgins. —Pérdida de Talca i Concepción.—Deposición de la Junta i creación tumultuaria del Directorio.—Dispersión de la tercera división.—Tratado de Lircai i oposición pública a su cumplimiento

57

CAPÍTULO

CAPÍTULO


344

ÍNDICE

PÁJS. CAPÍTULO V.—Prisión de los Carreras i su evasión de Chillan.—Su persecucian.Trr-Revalucion del 2 3 de Julio i jornada de Maipú del 26 de Agosto CAPÍTULO

77

VI.—Intimación de Osorio. — Reconciliación

de O'Higgins con Carrera.—Batalla de Rancagua....

SEGUNDA

roí

ÉPOCA

CAPÍTULO

I.—Varios sucesos en Mendoza

127

CAPÍTULO

II.—Muerte del brigadier Mackenna.—Perse-

cución de los Carreras en Buenos Aires.—Viaje a Estados Unidos del jeneral don José Miguel.—Espedicion restauradora de Chile

TERCERA CAPÍTULO

151

ÉPOCA

I.—Vuelta a Buenos Aires del jeneral Carrera.

—Nombramiento del brigadier O'Higgins para director supremo de Chile.—Regreso del jeneral San Martin a Bueoqs Aires.—Prisión de los Carreras i otros varios sucesos CAPÍTULO

163

II.—Conducta política del Gobierno en 1 8 1 7 i

1 8 1 8 hasta la ¡batalla de Maipo i declaratoria de la independencia CAPÍTULO

,

185

III.—-Conducta de los gobiernos de las provin-

cias unidas del Rio de la Plata i del Estado de Chile can respecto a la fa.rnilia de los Carreras CAPÍTULO

I 197

I V . - Conducta de los gobiernos de las provin-

cias unidas del Rio de la Plata i del Estado de Chile con respecto a los Carreras

II

215


ÍNDICE

345

PAjs. V . — C o n d u c t a de los gobiernos de las provin­ cias unidas del R i o de la Plata i del E s t a d o de Chile respecto a los Carreras.—Muerte del j eneral don J o s é Miguel Carrera I I I 229

CAPÍTULO

CAPÍTULO

V I , — C a u s a seguida en Mendoza a don J u a n

J o s é i don Luis de Carrera

259

V I I . — P e r s e c u c i ó n i muerte del teniente­coro­ nel don Manuel Rodríguez 265

CAPÍTULO

V I I I . — C o n c l u y e el artículo relativo a la perse­ cución i muerte del teniente­coronel don Manuel R o ­ dríguez 273

CAPÍTULO

CAPÍTULO

I X . — C a r á c t e r político del gobierno del héroe

del doctor Ascencio CAPÍTULO

I 279

X . — C a r á c t e r político del gobierno del héroe

del doctor A s c e n c i o . . . . . CAPÍTULO

II

287

X I . — C a r á c t e r político del gobierno del héroe

del doctor Ascencio

III

297

APÉNDICE

1

3 "

И

315

III. D o n Bernardo O'Higgins

321


Bernardo O'Higgins