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lenta, y exige la identificación de nociones que ahí se expresan, pero además, la lectura pide que se disfrute apreciando su propia dimensión y el contexto cultural que abarca, que expresa y del que procede. Es evidente que comenzamos a cuestionar lo que nos perturba, y a tomar de manera activa responsabilidades que puedan ayudar a mejorar nuestro quehacer creativo (talleres de formación, encuentros). Pero también es evidente, que muchas de las veces somos átomos en el aire, cada quién luchando en su trinchera, no hemos logrado consolidarnos como grupo, un grupo que luche por las expresiones culturales de nuestros pueblos, defendiendo sus derechos y al mismo tiempo exigir obligaciones. Porque si bien, de nosotras depende la transmisión de la lengua, también de nosotras depende que nuestro arte sea considerado como tal, arte y no una artesanía, y eso se logrará en la medida que unamos fuerzas y que todos los proyectos creativos en cada una de las disciplinas se realicen con perfecta maestría. La literatura escrita en lenguas originarias es un esfuerzo que noblemente realizan diversos escritores y escritoras a lo largo y ancho del país. Una labor intensa que obliga también a la auto traducción. Las lenguas indígenas de México todavía no se han posicionado como lenguas de prestigio, lo cual, a pesar de las recientes leyes que se han creado, todavía no podamos hablar de una defensa verdadera por el uso social de nuestras lenguas llamadas también, lenguas mexicanas. Sin embargo, diversos escritores hablantes de alguna de las 68 lenguas mexicanas luchamos cada día por preservar y dar a nuestras lenguas un lugar dentro de la literatura universal. En esa lucha, nos valemos por supuesto de la escritura en español, siendo ésta la lengua franca, puente de comunicación de todos los mexicanos. Pero escribir en algunos de nuestros idiomas, no necesariamente significa que tengamos lectores, si sabemos que en México, la falta de hábito en la lectura es un problema nacional, lo es más grave cuando nos referimos a la lectura en lenguas originarias, en tanto, en muy pocas escuelas se alfabetiza en éstas lenguas, lamentablemente, los pueblos originarios no hemos logrado reflexionar en torno a

la necesidad que tiene leer y escribir en nuestros idiomas, no hemos exigido a nuestras autoridades educativas que se cumplan las leyes estipuladas en la ley de los derechos lingüísticos, donde claramente dice; que los mexicanos y mexicanas tenemos derecho a recibir educación en nuestras lenguas. Pero, ¿qué implicaría realmente, que se cumplan estas leyes? En primer lugar haría falta que todos los grupos lingüísticos tengan conocimiento de la existencia de éstas leyes, la mayoría las desconocen. Segundo, que la Secretaría de Educación conciliara la creación de libros de texto en lenguas originarias, no sólo como libro de lecturas, sino de todas las asignaturas, lo cual conllevaría a una inversión económica para el diseño de estos libros y en la capacitación de los docentes. Sin embargo, nada de esto ocurrirá si los grupos lingüísticos no exigimos que se cumplan dichas leyes. Todo el esfuerzo de escritoras y escritores por escribir en las lenguas originarias no tendrá el impacto deseado mientras no existan lectores. No podremos escribir solamente en nuestras lenguas originarias mientras no tengamos lectores, tendremos que seguir utilizando el español para difundir nuestras creaciones, pues como decía anteriormente, es la lengua que nos comunica, incluso con las demás lenguas que se hablan en México. La traducción es un trabajo intenso y en muchas ocasiones compensatorio, pero también es un doble trabajo, que no tienen los escritores que solo escriben en español, de esta forma, escribir en lenguas mexicanas es un compromiso cultural y lingüístico en defensa de la identidad de nuestros pueblos. Pero vayamos al eje principal que aquí nos trae, reflexionar sobre el posicionamiento de la creación y publicación en lenguas originarias respecto a la literatura occidental. De esta forma tenemos que para muchos, nuestra literatura es motivo todavía de disertaciones de expertos, de investigaciones de estudiosos de lo indígena, como si los pueblos originarios no tuviéramos capacidad creativa, seguimos siendo objeto de la mirada de los otros. La pregunta aquí es cómo transitar de ser un escritor indígena, y ser simplemente escritor o escritora?, el adjetivo indígena, nos excluye, nos margina, nos reduce en muchas ocasiones a ser parte del folclore, desvaloriza nuestro trabajo creativo. febrero - abril 2011 • Alas de mariposa 59

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