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además, sufre una represión atroz. En los primeros días de septiembre de 1936 pierde del 28 % de su población (unas 4.500 personas) y aunque una gran parte de ellas volverá casi de inmediato, no podemos olvidar que “la represión en Irun es superior a la que se experimenta en el conjunto de la provincia y en el partido judicial de San Sebastián”13 Al menos 18 fusilados, enormes incautaciones de bienes, docenas de procesados y cientos de exiliados es un balance dramático para la ciudad, que no puede menos que reflejarse en el Alarde. El Alarde de estos años es, pues, un Alarde mermado, en el que faltan figuras significativas –entre ellas, el último General, Nicolás Guerendian fusilado a la entrada de las tropas “nacionales”-. Como hemos visto, las compañías apenas cuentan con suficientes efectivos para desfilar; en otras, de las que tenemos datos previos a la guerra, como los hacheros, el rígido escalafón sufre un vuelco por la huída o muerte de algunos de sus integrantes más antiguos.

Uno de los argumentos para denunciar la imposición de la minoría por parte de los tradicionalistas es que los valores constitucionales (la bandera de detrás es la española franquista) son nazis. Los verdaderos demócratas serían los tradicionalistas, ya que respetan la voluntad de la

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BARRUSO BARÉS, Pedro, Destrucción de una ciudad y construcción del nuevo estado. Irun

en el primer franquismo (1936-1945), Ayuntamiento de Irun 2003 pp- 55 y ss

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Algunas claves sobre la Historia del Alarde: Guía para comprender el conflicto.  

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