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ignorancia y a la estrechez de miras. Aunque pareciera que los demás se relacionan con él plenamente, en realidad podrían verse influidos por su riqueza y su poder. Así que, en cierto modo, aunque no recibieran afecto de él, quizá se sintieran satisfechos y no esperaran más. Pero si la fortuna de este hombre declinara, la relación se debilitaría. Entonces​ ​él​ ​empezaría​ ​a​ ​valorar​ ​el​ ​calor​ ​humano​ ​y​ ​sufriría. »No obstante la compasión es algo con lo que se puede contar, y aunque se tengan problemas económicos o la buena fortuna disminuya, se seguiría teniendo algo que compartir con los semejantes. Las economías mundiales son siempre poco sólidas, y estamos expuestos a muchas pérdidas en la vida, pero la actitud compasiva es algo que siempre podemos llevar con nosotros. Entró un asistente vestido con una túnica marrón y sirvió silenciosamente el té, mientras el Dalai Lama seguía hablando. -Claro que al intentar explicarle a alguien la importancia de la compasión podemos encontrarnos con una persona muy endurecida, individualista y egoísta, alguien preocupado únicamente por sus intereses. Y hasta es posible que haya personas incapaces de experimentar empatía. No obstante, incluso a esas personas es posible señalarles la importancia de la compasión y el amor, argumentando que es la mejor forma de satisfacer sus propios intereses. Esas personas desean disfrutar de buena salud, vivir mucho tiempo y tener paz mental, felicidad y alegría. Y tengo entendido que hay pruebas científicas de que se pueden alcanzar mediante el amor​ ​y​ ​la​ ​compasión...​ ​Pero,​ ​como​ ​médico,​ ​como​ ​psiquiatra,​ ​quizá​ ​sepa​ ​usted​ ​más​ ​que​ ​yo​ ​sobre​ ​eso. -Sí -asentí-. Creo que hay pruebas científicas que apoyan las afirmaciones sobre los beneficios físicos y emocionales de​ ​los​ ​estados​ ​mentales​ ​compasivos. -En tal caso, creo que eso animaría ciertamente a algunas personas a cultivar dicho estado mental-comentó el Dalai Lama-. Pero dejando al margen esos estudios científicos, hay argumentos que la gente podría extraer de sus experiencias cotidianas. Se podría seña lar, por ejemplo, que la falta de compasión conduce a una cierta crueldad. Muchos ejemplos revelan que en el fondo las personas crueles son infelices, como Stalin y Hitler. Sufren una angustiosa sensación de inseguridad y temor, incluso mientras duermen... Les falta algo que sí puede encontrarse en una persona compasiva, como la sensación de libertad, de abandono, que les permite relajarse cuando duermen. La gente cruel no tiene nunca esa experiencia. Están siempre agobiadas por algo, no pueden dejarse llevar, no se sienten​ ​libres. »Aunque no hago sino especular -siguió diciendo-, yo diría que si se le preguntara a esas personas crueles: "¿ Cuándo se sintió más feliz, durante la infancia, mientras su madre le cuidaba, y estaba íntimamente unido a su familia, o ahora que tiene más poder, influencia y posición?", contestarían que su infancia fue más agradable. Creo que hasta Stalin​ ​fue​ ​querido​ ​por​ ​su​ ​madre​ ​durante​ ​su​ ​infancia. -Stalin -observé- ha sido un ejemplo perfecto de las consecuencias de vivir sin compasión. Es sabido que los dos rasgos principales que caracterizaron su personalidad fueron la crueldad y el recelo. El consideraba la crueldad una virtud y se puso el apodo de Stalin, que significa «hombre de acero». Con los años se tornó cada vez más cruel. Su actitud recelosa llegó a ser legendaria. Ordenó purgas masivas y campañas contra diversos grupos, con el resultado de millones de personas recluidas en campos de concentración. A pesar de todo, él seguía viendo enemigos por todas partes. Poco antes de su muerte le dijo a Nikita Jruschev: «No confío en nadie, ni siquiera en mí mismo». Al final, se revolvió incluso contra su personal más fiel. y está claro que cuanto más cruel y poderoso era, más desdichado se sentía. Un amigo dijo que al final el único rasgo humano que le quedaba era la infelicidad. y su hija Svetlana describió cómo se veía agobiado por la soledad y el vacío interior, hasta el punto de que ya no creía que los demás fueran capaces​ ​de​ ​ser​ ​sinceros​ ​o​ ​de​ ​tener​ ​un​ ​corazón​ ​cálido. »En cualquier caso, sé que sería muy difícil comprender a personas como Stalin y por qué hicieron cosas terribles. Pero vemos que incluso estas personas extremadamente crueles miran hacia atrás con nostalgia, al recordar los aspectos más agradables de su infancia, como el amor que recibieron de sus madres. Y, sin embargo, ¿dónde deja eso a las personas que no vivieron infancias agradables ni tuvieron madres cariñosas? ¿Qué decir entonces de las personas que fueron maltratadas? Estamos hablando de la compasión, así que para que la gente desarrolle capacidad para ella, ¿no le parece necesario que hayan sido criados por personas que les demostraran calor y afecto? -Sí, creo que eso es importante -convino el Dalai Lama. Hizo girar el rosario entre los dedos, con movimientos ágiles-. Hay algunas personas que, ya desde el principio, han sufrido mucho y les ha faltado el afecto de los demás, y más tarde parecen no tener capacidad para la compasión y el afecto; son personas cuyo corazón se ha endurecido y son brutales... El Dalai Lama se detuvo de nuevo y, durante un rato, pareció reflexionar profundamente sobre el tema. Al inclinarse 40

El arte de la felicidad  

Aporte de DALAI LAMA

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