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»También observamos que nuestro equilibrio emocional se robustece gracias a los sentimientos de afecto. Para comprenderlo sólo tenemos que pensar en cómo nos sentimos cuando otros nos manifiestan calor y afecto. También podemos observar cómo nos afectan nuestros sentimientos. Estas emociones positivas y los comportamientos que las acompañan​ ​conducen​ ​a​ ​una​ ​vida​ ​familiar​ ​y​ ​social​ ​más​ ​feliz. »Creo que podemos inferir de ello que nuestra naturaleza fundamental es la bondad y el amor. Por tanto, nada tiene más​ ​sentido​ ​que​ ​intentar​ ​vivir​ ​en​ ​concordancia​ ​con​ ​esta​ ​naturaleza. -Si nuestra naturaleza esencial es amable y compasiva -pregunté-, ¿cómo explica todos los conflictos y comportamientos​ ​agresivos​ ​que​ ​nos​ ​rodean? El Dalai Lama asintió, con gesto reflexivo, antes de contestar. -Naturalmente, no podemos pasar por alto el hecho de que los conflictos y las tensiones existen, no sólo dentro del individuo, sino también en la familia, en nuestras relaciones, nuestro país y el mundo. Así pues, al abordar esta situación, algunas personas llegan a la conclusión de que la naturaleza humana es básicamente agresiva. Quizá miren la historia humana y sugieran que, en comparación con otros mamíferos, el comportamiento humano es mucho más agresivo. O quizá admitan: «Sí, la compasión forma parte de nosotros, pero la cólera también. Ambas constituyen una parte de nuestra naturaleza, ambas se encuentran más o menos al mismo nivel». A pesar de todo -siguió diciendo con firmeza, adelantando la cabeza, tenso y alerta-, sigo estando convencido de que la naturaleza humana es esencialmente compasiva y bondadosa. Ésa es la característica predominante. La cólera, la violencia y la agresividad pueden surgir, ciertamente, pero creo que se producen en un nivel secundario y más superficial; en cierto modo brotan cuando nos sentimos frustrados en nuestros esfuerzos​ ​por​ ​lograr​ ​amor​ ​y​ ​afecto.​ ​No​ ​forman​ ​parte​ ​de​ ​nuestra​ ​naturaleza​ ​básica. »Así pues, aunque puede haber agresividad, estoy convencido de que no proviene del sustrato humano fundamental, sino que es más bien el resultado del intelecto, de la inteligencia desequilibrada, del mal uso de ella, o de nuestra imaginación. Al contemplar la evolución humana, creo que, en comparación con otros animales, nuestro cuerpo es muy débil. Gracias, sin embargo, al desarrollo de la inteligencia, fuimos capaces de utilizar muchos instrumentos y descubrir métodos de afrontar situaciones ambientales adversas. A medida que la sociedad humana y las condiciones de vida fueron haciéndose más complejas, el papel de la inteligencia y la capacidad cognitiva para satisfacer crecientes exigencias cobró mayor importancia. Por tanto, creo que nuestra naturaleza subyacente o fundamental es la afable, y que la inteligencia viene de una evolución posterior. Y si la inteligencia y la capacidad cognitiva se desarrollan de forma desequilibrada, sin ser adecuadamente contrarrestadas por la compasión, pueden ser destructivas​ ​y​ ​conducir​ ​al​ ​desastre. »Pero también es importante reconocer que si bien los conflictos son originados por el mal uso de la inteligencia, podemos utilizar ésta para descubrir medios que nos permiten superarlos. Al utilizar conjuntamente la inteligencia y la bondad, todas las acciones humanas son constructivas. Al combinar un corazón cálido con el conocimiento y la educación, aprendemos a respetar los puntos de vista y los derechos de los demás. Eso es el cimiento de un espíritu de​ ​reconciliación​ ​que​ ​sirva​ ​para​ ​superar​ ​la​ ​agresión​ ​y​ ​resolver​ ​nuestros​ ​conflictos. El​ ​Dalai​ ​Lama​ ​hizo​ ​una​ ​pausa​ ​y​ ​miró​ ​su​ ​reloj. -Así que, por mucha violencia que exista y a pesar de las penalidades por las que tengamos que pasar, estoy convencido de que la solución definitiva de nuestros conflictos, tanto internos como externos; consiste en volver a nuestra​ ​naturaleza​ ​humana​ ​básica,​ ​que​ ​es​ ​bondadosa​ ​y​ ​compasiva. Miró​ ​de​ ​nuevo​ ​su​ ​reloj​ ​y​ ​empezó​ ​a​ ​reír​ ​de​ ​un​ ​modo​ ​afable. -y ahora... creo que es mejor que lo dejemos aquí. ¡Ha sido un día muy largo! Recogió los zapatos que se había quitado​ ​durante​ ​la​ ​conversación​ ​y​ ​se​ ​retiró​ ​a​ ​su​ ​habitación. La​ ​cuestión​ ​de​ ​la​ ​naturaleza​ ​humana Durante las últimas décadas, la visión del Dalai Lama sobre la naturaleza compasiva de los seres humanos parece estar ganando terreno en Occidente, fruto de un gran esfuerzo. En el pensamiento occidental se halla profundamente arraigada la idea de que el comportamiento humano es esencialmente egoísta. Nuestra cultura se ha visto dominada durante siglos por la convicción de que no sólo somos congénitamente egoístas, sino también agresivos. Claro que asimismo son muchas las personas que han mantenido el punto de vista opuesto. A mediados del siglo XVIII, por ejemplo, David Hume escribió mucho sobre la «benevolencia natural» de los seres humanos. Un siglo más tarde, incluso Charles Darwin atribuyó a nuestra especie un «instinto de simpatía». Pero, por alguna razón, en nuestra 20

El arte de la felicidad  

Aporte de DALAI LAMA

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