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Mujeres e Industrias de Comunicación: una aproximación desde la Economía Política Feminista1 Aimée Vega Montiel Universidad Nacional Autónoma de México Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades Correo electrónico: aimeevm@unam.mx / aimeevegamx@yahoo.com.mx Resumen Con base en la intersección entre Teoría crítica feminista y Economía política de la comunicación, esta ponencia tiene por objetivo analizar el acceso y participación de las mujeres en las industrias de comunicación en México. Siguiendo los principios de la Economía Política Feminista (Byerly y Ross, 2006), que apunta al análisis de los niveles macro, meso y microeconómico, esta ponencia incluye investigación cuantitativa y cualitativa acerca de la participación de las mujeres en la propiedad y el control de los medios, así como en los procesos de toma de decisión. En conjunto, los resultados muestran la marginación y discriminación de las mujeres en las industrias audiovisuales y de medios impresos, evidenciando las formas en que el capitalismo y el patriarcado refuerzan las injusticias sociales contra las mujeres en este contexto. En esta investigación, consideramos que las industrias de comunicación son una institución central en la realización de los derechos humanos de las mujeres, y en particular, de su derecho humano a comunicar. Ello implica no sólo promover una representación adecuada de las mujeres en los contenidos, y de su poder como agentes sociales, sino reconocer e impulsar su plena participación como propietarias, directoras y creadoras en las industrias de la comunicación. Palabras clave: Economía Política Feminista, Mujeres, Industrias de comunicación.

Diálogo entre Feminismo y Economía Política de la Comunicación Para estudiar la relación de las mujeres con las industrias de comunicación, en términos de su acceso y participación, es preciso identificar las intersecciones entre Feminismo y Economía Política de la Comunicación. ¿Por qué con la Economía Política de la Comunicación? Porque ha sido un campo útil para comprender la importancia de las industrias de comunicación Esta ponencia forma parte de la investigación “Por el derecho humano de las mujeres a comunicar: su acceso y participación en las industrias de comunicación”, financiada por el PAPIIT de la UNAM. En la recolección de los datos que aquí se exponen, participaron las becarias Amelia Arreguín, Walys Becerril, Carolina Luna y Enrique Alcaraz.

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en el capitalismo global. Focalizando una parte central del análisis en los procesos de propiedad y control de las industrias culturales2, y en sus implicaciones políticas, la Economía Política ha permitido dar cuenta de la forma en cómo estas industrias determinan la producción cultural en la sociedad (Wasko, 2005). Al ser objeto de una alta concentración, las industrias culturales han tenido implicaciones severas en el desarrollo democrático de las sociedades, implicaciones que van más allá del ámbito económico, afectando el orden político, social y cultural (Bolaño, Mastrini y Sierra, 2005). En este sentido, se reconoce el poder de estas agencias en la producción social de significados, y por tanto, en la definición de visiones hegemónicas del mundo (Gómez, 2008). La crítica feminista a la Economía Política, se enfoca en la neutralidad genérica de su análisis –neutralidad basada en la visión masculina del mundo-. La EP ha ignorado la naturaleza genérica del capitalismo, invisibilizando la posición y situación de las mujeres en el sistema capitalista. La asociación exclusiva de la injusticia a la desigualdad de clase, ha puesto un velo sobre el hecho de que la desigualdad de género es la primera forma de discriminación social, sobre la cual se montan la de clase, raza, sexualidad, nacionalidad y, desde luego, clase (Byerly y Ross, 2006)3. De esta manera, al colocar en el centro del análisis la Teoría de Género, la Economía Política Feminista ha permitido identificar que el patriarcado y el capitalismo son dos estructuras que, en conjunto, generan condiciones de desigualdad de género4. Ello ha permitido ir más allá en la conceptualización del capitalismo como el sólo proceso de las relaciones de clase en la acumulación de capital. En el campo de los estudios de comunicación, la perspectiva feminista ha logrado evidenciar que, no sólo la forma en la cual las industrias de comunicación representan al sujeto femenino, sino también las prácticas de consumo, y las experiencias de las mujeres que trabajan en esas organizaciones, son producto del capitalismo patriarcal que valora las formas masculinas de organización y conocimiento (Byerly y Ross, 2006).

Las industrias culturales son definidas como sistemas de producción, distribución y consumo de bienes simbólicos (Wasko, 2005; Bolaño, Mastrini y Sierra, 2005). 3 De acuerdo con Ellen Riordan (2002), esto sucede porque el materialismo histórico privilegió el análisis de la división del trabajo, de la posición de clase y de la explotación, sin tomar en cuenta la opresión de las mujeres en el sistema patriarcal. 4 Una importante acotación hecha por la teoría feminista, es que la variable de género no sirve si se le usa de manera aislada, sino y sólo al lado de indicadores sociales que incluyan sexo, clase, raza, etnia, edad, etc., y en relación al contexto socio-histórico, a fin de advertir diferencias más profundas (Riordan, 2002). 2


Estas formas generan condiciones que obstaculizan el desarrollo pleno del derecho humano de las mujeres a comunicar, y que replican la injusticia y la opresión que priva en otras esferas. Metodología Siguiendo la perspectiva metodológica de la Economía Política Feminista de la Comunicación (Byerly, 2011; Byerly y Ross, 2006), en esta investigación los niveles de observación incluyen tres grandes dimensiones: 1) Macro, con el fin de conocer la participación de las mujeres en el sistema de propiedad, puestos de dirección, administración y de toma de decisión. 2) Meso, con el propósito de acercarnos a la posición que ocupan las mujeres como trabajadoras en las industrias de medios –reporteras, productoras, creadoras-. 3) Micro, con el objetivo de acercarnos a la perspectiva individual de mujeres que han trabajado en esta industria, a sus experiencias, límites y posibilidades que identifican, etcétera. El método para la recolección de datos es de carácter cuantitativo y nos permitió construir el mapeo que se expone a continuación y que nos muestra la participación de las mujeres en el nivel Macro de las industrias de comunicación en México5. Las mujeres en el sistema de medios en México Las mujeres en el nivel de la propiedad El sistema de medios en México se caracteriza por el alto nivel de concentración de la industria audiovisual en muy pocos grupos. El 92% de la televisión comercial abierta es controlada por Televisa y Televisión Azteca, empresas que a su vez operan en otros niveles de la industria más amplia de medios, telecomunicaciones y del entretenimiento –medios impresos, telefonía celular, televisión por cable, música, deportes, cine, teatro, etc.-. El sector radiofónico repite la misma tendencia: el 82% de las radios, son operadas por apenas 15 grupos. En el sector de la prensa, más del 25 por ciento de los 400 diarios que circulan en el país son propiedad de 9 grupos. ¿Y quién ostenta la propiedad de estos medios? Como se verá a continuación, la brecha de género define la marginación de las mujeres en el sistema comunicativo en México.

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Los datos fueron recolectados en reportes oficiales de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL, 2011) y de la Secretaría de Gobiernación (2011). También, de los Directorios de Medios Audiovisuales (2011).


En la industria televisiva, las mujeres no constituyen más del 2% de quienes tienen la titularidad de un medio. En la radiofónica, las mujeres constituyen apenas el 9.83% de propietarias. En este punto, hay que tomar en cuenta que, puesto que el 82% de la radio en México es propiedad de 15 grupos o familias, varias de las titularidades que figuran como propiedad de alguna mujer, lo son por herencia, lo que significa que probablemente son usadas como prestanombres pero que no ejercen poder como las propietarias reales. En el caso de la industria periodística, la exclusión es contundente: ninguna mujer figura como propietaria de los principales grupos que controlan el sector en México. A la vista de estos datos, es posible afirmar que la marginación de las mujeres en el sistema de propiedad de medios de comunicación en México, replica la misma tendencia de marginación que experimentan en otras esferas. Las mujeres en el nivel del gobierno Los datos disponibles en este renglón, permiten afirmar que el nivel de gobierno y el control de puestos estratégicos para la toma de decisiones en las industrias de comunicación, evidencia una clara desigualdad de género. En la industria televisiva, concretamente en Televisa y Televisión Azteca, es casi inexistente la participación de las mujeres: sólo el 3% de ellas mantienen alguna posición en este nivel. En radio, la tendencia es similar: casi el 95% de los representantes en las juntas de gobierno son hombres. Y en prensa, sólo el 8% de quienes participan en la toma de decisiones a nivel del gobierno, son mujeres. Las mujeres en la dirección de alto nivel de los medios En este nivel se manifiesta la misma tendencia: muy pocas mujeres cuentan con el poder de dirigir y tomar decisiones relacionadas con la operación, políticas y finanzas de las industrias de comunicación en México. En televisión, las mujeres representan apenas el 1% en la dirección de alto nivel de esta industria. En la radio, se manifiesta la misma tendencia: 94.4% de los representantes en las juntas de gobierno, son hombres. Y en la prensa se manifiesta el mismo problema: 92% de hombres frente al 8% de mujeres en este nivel.


A la vista de lo expuesto, la marginación femenina en los sistemas de propiedad y dirección de las industrias culturales en México, no es un mero accidente, sino producto de la opresión originada por el capitalismo patriarcal, y que en el contexto de la globalización ha vuelto más aguda la desigualdad de género. Estos datos evidencian que el sector de los medios en México se encuentra controlado: 1) por pocos actores y 2) principalmente hombres. Este problema tiene distintas implicaciones. Observamos que, al no acceder de manera plena a las industrias de comunicación como propietarias, las mujeres están marginadas de uno de los sectores más importantes del capitalismo global: las industrias culturales. En este tenor, su poder de influencia en las formas culturales que circulan en la sociedad -los contenidos- es mínimo. Por lo tanto, la posibilidad de erradicar los estereotipos sexistas que dominan en los productos culturales, y que se encuentran en la base de la discriminación y la violencia de género es, hasta hoy, nula. Sin embargo, no dejamos de insistir en la necesidad de impulsar la participación equitativa de las mujeres en estas industrias -en la propiedad, la producción y la decisión sobre los contenidos-, condición para que, al lado de otras acciones, realicen el derecho humano a comunicar. Expuestos así, estos datos evidencian la clara expresión del poder patriarcal en el terreno de las industrias culturales. Desde luego, es muy probable que, en la vida cotidiana, las mujeres que logran acceder a las industrias de medios, construyan estrategias afirmativas para impulsar derechos comunicativos que beneficien a todas las mujeres, pero es muy probable también que lo tengan que hacer en condiciones de desventaja; condiciones expresadas en la discriminación y la violencia de género de la que otras investigaciones han dado cuenta6. Conclusiones En conclusión, la consolidación de la democracia en México no podrá darse mientras sigan existiendo condiciones de desigualdad y marginación en el acceso de las mujeres a los medios de comunicación como propietarias, directoras y tomadoras de decisiones. Algunas acciones que consideramos urgentes y que enlisto a continuación, ayudarían a promover la realización del derecho humano de las mujeres a comunicar en el país latinoamericano: Lo que sabemos en este renglón, es que las mujeres que logran incursionar en el campo de los medios, se enfrentan a muchas barreras que dificultan e incluso impiden su desarrollo. Algunas de ellas son: el acoso sexual, las prácticas de trabajo que obligan a las mujeres a asumir rutinas creadas para los hombres (en términos de fuentes, espacios y horarios), la desigual remuneración y reconocimiento por el trabajo que realizan, y el techo de cristal, objetivado en la experiencia de las mujeres que logran un progreso notable para colocarse en la industria, pero que nunca alcanzan las posiciones de dirección y decisión (Vega Montiel, 2010).

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 Es urgente una regulación que impulse un sistema de concesión que garantice la plena participación de las mujeres en la propiedad, gobierno, dirección y producción en medios de comunicación.  En la evaluación para otorgar una nueva concesión, debería considerarse el criterio de la discriminación positiva de género, con el objetivo de que las redes de mujeres productoras tengan garantizado su derecho a concursar por una concesión.  Es necesario incrementar el acceso de las mujeres a recursos financieros y tecnológicos para desarrollar plenamente sus capacidades comunicativas.  Es imprescindible una reforma integral de la legislación que rige a la radio (y a la televisión). Referencias Byerly, Carolyn & Karen Ross: Women and Media, A critical Introduction, Londres, Blackwell, 2006.

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10

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Agosto

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Título: Mercado, consumo de medios y esfera pública en Colombia 2010 Autor: Narváez, Ancízar M. Institución: Facultad de Educación. Universidad Pedagógica Nacional de Colombia Dirección: Calle 43 A # 9-98 Ap. 602. Bogotá D.C. E-mail: ancizar.narvaez@gmail.com; anarvaez@pedagogica.edu.co

Resumen Como producto de una indagación preliminar sobre el papel de los medios y la cultura mediática en la formación del Estado-nación en Colombia, y enfocada desde la Economía política de la comunicación y la cultura, en esta ponencia se establece una relación entre la infraestructura actualmente existente, la cobertura territorial y la cobertura poblacional, teniendo en cuenta las implicaciones de la privatización de las telecomunicaciones y la radiodifusión en la formación de la esfera pública nacional. Así mismo, tomando como base los estados financieros reportados por las principales empresas de telecomunicaciones y radiodifusión de Colombia, se hace una aproximación a la concentración de la oferta y a la centralización de la propiedad, así como una jerarquía de los sectores involucrados, según su importancia económica. Adicionalmente, con base en el Estudio General de Medios del segundo semestre de 2010, se presenta una valoración de la importancia política de cada sector de telecomunicaciones, esto es, la infraestructura y la radiodifusión, en cuanto a su contribución a la esfera pública. Con base en estos datos, se avanza hacia una caracterización de la sociedad colombiana como una sociedad Tevecéntrica y con alta dependencia mediática, debido a la contradicción entre la amplia cobertura y la estrecha oferta televisiva, por un lado, y la escasa cobertura y la amplia oferta de medios críticos como las revistas e internet, por otro. Palabras Clave: Telecomunicaciones, Radiodifusión, Mercado mediático, Esfera pública.

GT 6: ECONOMÍA POLÍTICA DE LA COMUNICACIÓN

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Telecomunicaciones y nación en Colombia (II) Mercado, consumo de medios y esfera pública en Colombia 2010

Ancízar Narváez Montoya1

Proyecto

Educación mediática y proyecto de nación en Colombia Universidad Pedagógica Nacional Centro de Investigaciones (CIUP) Bogotá D.C. 2011-2012

1 Doctor en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional. Magister en Comunicación Educativa y Licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad Tecnológica de Pereira. Profesor Asociado de la Universidad Pedagógica Nacional.

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Contenido Título: Mercado, consumo de medios y esfera pública en Colombia 2010................................1 Mercado, consumo de medios y esfera pública en Colombia 2010 ...................................2 Ancízar Narváez Montoya ...........................................................................................................2 Proyecto .......................................................................................................................................2 Educación mediática y proyecto de nación en Colombia ...........................................................2 Universidad Pedagógica Nacional...............................................................................................2 Centro de Investigaciones (CIUP) ................................................................................................2 Mercado y consumo ....................................................................................................................4 Economía política de las telecomunicaciones en Colombia........................................................4 1.

Introducción .........................................................................................................................4

2.

Las empresas de telecomunicaciones y el mercado nacional...............................................5 2.1.

Infraestructura ...............................................................................................................5

2.2.

Televisión......................................................................................................................7

2.3.

La radio .......................................................................................................................10

3.

El consumo, la audiencia y la nación .................................................................................11

4.

Esbozo de conclusión .........................................................................................................16

5.

Referencias .........................................................................................................................17

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Telecomunicaciones y nación en Colombia (II) Mercado y consumo Economía política de las telecomunicaciones en Colombia 1. Introducción Hablar de Economía Política de la comunicación en una aproximación tan breve y tan modesta puede parecer pretencioso puesto que no se abordan en rigor las relaciones capital-trabajo en las comunicaciones, el monto de la plusvalía y la distribución del valor; pero si tenemos en cuenta la observación de Golding y Murdock (2000, pp. 72-73) según la cual la Economía Política crítica difiere de la corriente económica principal en cuatro aspectos centrales: primero, es holística; segundo, es histórica; tercero, está interesada principalmente en el balance entre empresa capitalista e intervención pública; y finalmente –y tal vez lo más importante de todo– va más allá de los asuntos técnicos de la eficiencia para involucrarse en las cuestiones morales básicas de la justicia, la equidad y el bien público,

algunos de estos temas sí se abordan, aunque someramente. En este caso, no sólo se aborda el problema de la estructura de la propiedad, la relación entre Estado y empresa privada y el grado de centralización de la propiedad y de concentración de la oferta y control del mercado, sino también la relación entre capital extranjero y capital nacional y, por tanto, la manera como se sitúa Colombia en la relación centro-periferia del sistema. Metodológicamente, se trata, en primer lugar, de delimitar en forma amplia el concepto de Telecomunicaciones, incluyendo no sólo la telefonía e internet, sino también el sistema de radiodifusión del país (radio y televisión); en segundo lugar, se intenta una aproximación a la estructura de propiedad en cada sector; en tercer lugar, teniendo en cuenta las cifras de ventas y a veces de utilidades, se intenta establecer la jerarquía entre los diferentes sectores, dada su importancia económica y política. Por otro lado, se trata de establecer la estructura del consumo mediático para determinar la importancia política y cultural de los diferentes medios y al mismo tiempo establecer la participación de la oferta pública y privada en ese consumo, de tal suerte que se pueda 4


identificar no sólo el tamaño de la esfera pública mediática (cuántos agentes están en juego) sino la importancia de cada uno y, por tanto, la orientación democrática o totalitaria de la misma. En otra parte habíamos mostrado cómo el régimen de acumulación de la economía informacional se basaba en la jerarquía que se establece entre los diferentes subsectores industriales de la misma (Narváez, 2002, pp. 92-93). Dicha jerarquía parte de las empresas de infraestructura de telecomunicaciones y termina con las empresas propia y exclusivamente de internet, pasando por las empresas de la llamada industria cultural o productoras de contenido y siguiendo con las de hardware informático (procesadores y sistemas operativos). Cuadro 1: Convergencia económica en Internet Telecomunicaci Conver ones gencia Tel. fija Tv cable Tel. Móvil

Tv satelital

Industria cultural Televisión, radio, impresos CineVideo Discos Espectáculos Publicidad

Conver Informática genc. CD Procesadores Rom DVD Hardware Video juegos

Conver gencia Navegadores Protocolos

Internet Manejo Dominios Dominios

Software

Servidores

Datos

Sitios Motores de búsqueda Portales

Fuente. Tomado de Narváez (2002)

Como sector intermedio entre la primeras y la segundas encontramos la industria de la televisión cerrada (satelital y por cable), que no es en rigor productora de contenido sino una manera de circulación de los productos en forma de servicios; entre las segundas y las terceras, encontramos la industria de los juegos electrónicos, el DVD y CD, también maneras de circular los productos culturales en forma de bienes y no de servicios; finalmente, entre las terceras y las cuartas se hallan todos los software y protocolos que permiten la navegación y la existencia de la red como espacio de interactividad. Esta jerarquía se basa en su importancia económica y política. Entre la infraestructura y la producción de contenido se debaten las jerarquías en Colombia, es decir, se decide cuál es el sector más rentable y, por tanto, de mayor acumulación.

2. Las empresas de telecomunicaciones y el mercado nacional 2.1.

Infraestructura

Habrá que diferenciar la infraestructura de telecomunicaciones de la infraestructura de radiodifusión o (Broadcasting), pues aunque en rigor ambas son telecomunicaciones, la primera no implica contenidos adheridos a su naturaleza, mientras que la razón de ser de la segunda es justamente la transmisión de contenidos. En ese sentido, la infraestructura de 5


telecomunicaciones tiene un valor estratégico en términos económicos y políticos y de soberanía (hacia dentro, porque es presencia física del Estado; y hacia fuera, porque marca independencia y control del territorio) más que cultural. Sin embargo, la radiodifusión no puede existir sin una infraestructura de telecomunicaciones que la soporte. En consecuencia, aquí se incluyen ambas. Con la venta de Telecom en 2004, se quebró lo que debía ser un monopolio natural, es decir, una sola red de telecomunicaciones encabezada por Telecom que administrara tanto la conexión satelital como el espectro electromagnético a través de las diferentes estaciones terrestres. Técnicamente, se supone que Telecom debería ofrecer el soporte tanto para la telefonía fija, en caso de ingresar otros operadores (como lo hicieron Orbitel y Etb a partir de 1997), como para la telefonía móvil. Así mismo, debía ofrecer los servicios satelitales a Inravisión, instituto cuya función radiodifusora podría a la vez extenderse a la operación de los canales privados de televisión, en caso de hacerse, como se hizo, la concesión. Sin embargo, lo que hoy tenemos es una infraestructura segmentada en varias redes independientes: por un lado, para las telecomunicaciones tenemos la red matriz de Telecom, cuyo cubrimiento nacional le permite precisamente ser matriz de los otros dos operadores de telefonía fija, además de las tres redes independientes de los operadores móviles: Comcel, Telefónica y Colombia Móvil; por otro lado, para la radiodifusión tenemos la red pública de RTVC (Radio Televisión de Colombia) –que sirve a los tres canales públicos de alcance nacional y a los ocho regionales–, además de la red privada nacional administrada por el consorcio RCN Televisión-CARACOL Televisión. Esta situación resulta, en primer lugar, económicamente irracional, pues una sola infraestructura podría cumplir la función de las cinco; en segundo lugar, desde el punto de vista político es inconstitucional y arriesgada para la seguridad nacional, pues en la práctica el control del espectro y de la infraestructura terrestre está en manos de agentes privados y extranjeros. En efecto, desde el punto de vista de la pura economía la situación colombiana se caracteriza por dos fenómenos: por un lado, el cuasi monopolio de los extranjeros y, por otro, el cuasi monopolio de los poseedores de redes. Así, en Colombia, según la superintendencia de sociedades, existen 60 empresas de telecomunicaciones, por lo menos entre las cinco mil más grandes del país. Sin embargo, la concentración en este sector es enorme: de los 22 billones 21 mil 631 millones de pesos (U$ 11917.3 millones) facturados en 20092, equivalentes aproximadamente al 5.5% del PIB de Colombia, las primeras ocho concentraron 14 billones 934 mil 877 millones (U$ 7864.6 millones) (Tabla 1), es decir, el 67.8%. Por otro lado, entre estas ocho empresas, la mayoría (5) son privadas. Sin embargo, la mayor concentración se da en términos de propietarios. Comcel y Telmex Colombia son en realidad la misma empresa (Telmex), lo cual quiere decir que ella sola factura 6 billones 947 mil 642 millones de pesos ($ 3658.6 millones), o sea aproximadamente el 1.75% del PIB de Colombia 2

Se calcula con precio (www.preciodeldolar.com.co)

promedio

del

dólar

en

2010

que

fue

de

1899

pesos

por

dólar

6


en un año. Lo mismo puede decirse de Telefónica y Colombia Telecom, pues son ambas de Telefónica España. Su facturación de 3 billones 823 mil 207 millones ($ 2013.27 millones) equivale casi al 1.0% de PIB. Es decir, más de 2.5% del PIB de Colombia pasa por las manos de dos empresas extranjeras de telecomunicaciones. Finalmente, Orbitel es el operador de larga distancia de EPM y ETB, o sea que en realidad tenemos dos empresas públicas en vez de tres. En síntesis, tenemos dos empresas públicas y tres empresas privadas en el mundo de las telecomunicaciones, pero mientras las privadas tienen el negocio de la telefonía celular y compiten en el de la telefonía fija, las públicas son vanguardia en la fija pero no compiten en el sector del futuro que es la telefonía móvil. Pero lo más destacable es que lo que les permite a estas empresas ser las líderes de la telefonía es que poseen la infraestructura física de redes y torres, lo que les posibilita no sólo ser operadores sino propietarios y productores (tabla 1). Tabla 1: Principales operadores de telecomunicaciones por ventas y utilidades Empresa

Ventas Ventas (Millones $) (Millones U$) Comcel 5849180 3080.13 Colombia Telecom 2041075 1074.81 Telefónica Móviles 1782132 938.45 UNE (Epm-Telco) 1525940 803.54 ETB 1437700 757.08 Telmex Colombia 1108062 583.49 Colombia Móvil 845550 445.26 Orbitel (Serv. Internal) 345238 181.79 Total 14934877 7864.60 Fuente: Cálculos del autor con base en Dinero, 2010, p. 296.

2.2.

Utilidades (Millones $) 1209964 -341946 -572148 120298 202957 -19586 -50356 -141 549042

Utilidades (Millones U$) 637.15 –180.06 –301.29 63.34 106.87 –10.31 –26.51 –0.07 289.12

Televisión

En cuanto al negocio de la televisión, hay que tener en cuenta que ésta es a la vez una tecnología y una narrativa, una empresa y una institución. En consecuencia se deben distinguir tres clases de agentes: los que tienen producción e infraestructura de difusión, los que tienen sólo producción y los que tienen sólo redes. Como negocio, hay que tener en cuenta que los que funcionan como tales son, formalmente, los operadores con ánimo de lucro; pero informalmente, las televisiones locales y comunitarias son pequeños negocios que no alcanzan a estar registrados en la Superintendencia de Sociedades. Sin embargo, el grueso del negocio está en los primeros. En efecto, aunque la Superintendencia de Sociedades incluye todos los tipos de empresa como televisión, sobre todo por el papel que juegan en la financiación de la televisión pública, de las 13 empresas que clasifican entre las cinco mil más grandes del país, podemos hacer la siguiente discriminación:

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Empresas con producción y frecuencia. Quiere decir que tienen canal propio o tienen espacios en concesión en el canal 1 y por tanto son responsables de su propia programación (Tabla 2). Las que tienen canal propio son responsables además del flujo. Tabla 2: Televisión. Programadoras, productoras y difusoras Empresa RCN Televisión Caracol Televisión Teleantioquia CEETTV (City Tv) CM& Televisión Total Fuente: Dinero, 2010.

Ventas (Millones $)

Ventas (Millones U$)

464613 446696 28345 25437 19093 984184

Utilidades (Millones $)

244.66 235.22 14.92 13.39 10.05 518.26

Ventas (Millones U$)

25113 22790 2431 -5134 2516 47776

13.22 12.00 1.28 -2.70 1.32 25.15

Empresas productoras. Estas suelen producir para las anteriores y eventualmente para los canales que se ofrecen por las empresas de televisión cerrada. No son responsables de la programación ni del flujo (tabla 3). Tabla 3: Televisión. Empresas productoras Empresa RTI Teleset Foxtelecolombia Coltevisión Vista Productions Total Fuente: Dinero, 2010

Ventas (Millones $)

Ventas (Millones U$)3

51471 51250 50010 28900 25093 206724

27.10 26.98 26.33 15.21 13.21 108.85

Utilidades (Millones $)

Utilidades (Millones U$)

5384 -1384 4179 887 690 9756

2.83 -0.73 2.20 0.47 0.36 5.13

Empresas difusoras. Sólo poseen la infraestructura, no son responsables de la producción, ni de la distribución ni del flujo. Tienen la obligación de producir y programar un canal propio dentro de la oferta, especialmente informativo (tabla 4). Tabla 4: Televisión. Empresas difusoras Empresa Direct Tv Colombia Cable Unión Occidente Supercable Telecomunic. Total*

Ventas (Millones $)

Ventas (Millones U$)

Utilidades (Millones $)

Utilidades (Millones U$)

116686 53691 17551 187928

61.44 28.27 9.24 98.96

-42056 145 -3178 –45089

–22.14 0.80 –1.67 –23.74

3

Tasa promedio de 1899 pesos colombianos por dólar en 2010. Aquí no aparecen los datos de Telmex Hogar, que tiene más de 1.700.000 abonados y facturó en 2008 más de 600 mil millones de pesos; el año 2009 parece haber consolidado esa facturación con Telmex Colombia;

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Fuente: Dinero, 2010

Como se puede ver en cifras (tablas 15, 16 y 17), el negocio de la televisión en términos de producción y programación no es lo más rentable. Sumadas las ventas de todos los operadores aquí registrados alcanzan alrededor de un billón 300 mil millones de pesos (684.5 millones de dólares) en el año 2009, lo cual no alcanza a ser sino aproximadamente el 0.3% del PIB del país. Desde luego que el grueso de la facturación está en los grandes operadores de televisión por cable que, como ya se vio, son Telmex, Telefónica, Une-Epm y Etb, pero entonces su negocio son las redes, la infraestructura y por eso existen primero que todo como empresas de telecomunicaciones. En cuanto a la televisión pública, existen cuatro modalidades de financiación universales que son el canon, el presupuesto público, la publicidad y la tarifación. En Colombia esta se financia, por ley, de las siguientes fuentes: La televisión abierta: de estos operadores se obtienen el valor de la concesión, desde luego por una sola vez, y el 1.5% de los ingresos brutos como ingreso permanente. Esta es la única fuente verificable y calculable. Según las cifras vistas aquí, los tres canales privados suman ingresos en 2009 por aproximadamente 950 mil millones de pesos (500.3 millones de dólares), lo cual significa ingresos para la Tv pública de unos 13500 millones de pesos (U$ 7.1 millones). La televisión cerrada. De aquí se obtienen el valor de la concesión o derecho de entrada y el 10% de los ingresos brutos por las suscripciones así como el 10 por ciento de la facturación por publicidad del canal propio que debe programar cada concesionario. Con las cifras que tenemos en la tabla 1 y con la facturación de Telmex Hogar en 2008 la única cifra cierta que tenemos son los 615177 millones que facturó por sus más de 1700000 afiliados, más los 187.928 de los restantes operadores, es decir, cerca de 800 mil millones (U$ 423.2 millones) (Dinero, Mayo 29 de 2009). Calculando proporcionalmente, si en 2008 UNE-EPM tenía 739.260 suscriptores de televisión cerrada, Direct Tv (ETB) 214.830 y Colombia telecomunicaciones (Telefónica) 132.808, estamos hablando de casi 1.100.000 suscriptores entre los otros tres operadores, lo que significaría una facturación aproximada de 390 mil millones de pesos (U$ 205.3 millones). En total estaríamos llegando a una suma cercana a un billón 200 mil millones ($ 631.9 millones). En consciencia, deberían pagar a la Cntv unos 120 mil millones (U$ 63.2 millones). La televisión comunitaria: El 7% que debería recibir por los pagos de los afiliados de los canales comunitarios es casi imposible de calcular. Con la cantidad de canales comunitarios existentes, casi 700, los que como mínimo debían tener 200 afiliados, estaríamos hablando de por lo menos 100 mil afiliados. Pero ya vimos que el promedio de afiliados es de 15 mil o más, o sea más de siete millones de afiliados, lo cual convertiría a esta modalidad de televisión Tampoco aparecen los de UNE-EPM, con algo más de 700.000, ni los de Telefónica Colombia porque aparecen como agregados a los de telefonía e internet en las empresas de telecomunicaciones.

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en la principal fuente de financiación de la televisión pública. Sin embargo, la precariedad económica en que sobreviven, en algunos casos, y en otros el hecho de ser realmente negocios particulares, les impide reportar la cantidad real de afiliados para la evadir estos pagos. Esta es más o menos la regla. Si la televisión pública se compone de tres canales nacionales y ocho canales regionales, quiere decir que con la cuarta parte de los ingresos de uno sólo de los canales privados tenemos que hacer funcionar 11 canales públicos. ¿Habrá alguna posibilidad de competir? 2.3.

La radio

El negocio de la radio se presume como uno de los más rentables en el país, pero su información es también de las más opacas. Lo primero que hay que recalcar es que su gran dispersión hace difícil saber el agregado de ingresos o de ventas que realizan los miles de operadores de todas las modalidades en el país. En consecuencia, hay que conformarse con los agentes más formalizados, como las grandes cadenas de alcance nacional o los concesionarios de frecuencias comerciales. Aún así, el acceso es restringido. En efecto, hemos visto que hay más de 600 concesionarios de radios comunitarias. La financiación de éstas es un completo misterio, pues cada concesionario parece ser un empresario, un gestor o lo que sea pero no está claro en ningún registro estatal cuántos son los ingresos y de dónde provienen. En cuanto a las radios de interés público, no está cuantificado tampoco el valor total de los presupuestos asignados a cada emisora por la institución que usufructúa la concesión. En el caso de las radios universitarias, tampoco hay todavía un ente que haya desagregado en el presupuesto de las universidades lo asignado a las emisoras y mucho menos cuánto suman estos presupuestos juntos. Así las cosas, nos quedan solamente las cuentas de las empresas dedicadas a la radio comercial. En este caso, hay un número cercano a 200 concesionarios, de los cuales sólo los más grandes, esto es, unos 42 reportan estados financieros a la Superintendencia de Sociedades. El monto de los ingresos de estos 42 operadores es una tarea pendiente. De estos, sólo tienen información pública los tres más grandes ya mencionados, por cuanto se clasifican entre las cinco mil empresas más grandes de Colombia. Es decir, entre las cinco mil empresas sólo hay tres radiales y sólo dos entre las primeras mil, medidas por sus ingresos: Caracol Radio que facturó 140 mil 682 millones ($ 74.1 millones), RCN Radio que facturó 140 mil 408 millones ($ 73.9 millones) y muy lejos de las anteriores, Organización Radial Olímpica que facturó 34 mil 663 millones ($ 18.2 millones) en 2009, una cuarta de la facturación de las anteriores (Dinero, 2010). En cuanto a las utilidades, las 42 empresas radiales que reportaron a la Supersociedades en 2009, sumaron ganancias por 59 mil 62 millones; pero de esas utilidades, sólo tres empresas (RCN, Caracol y Radio Continental) se quedaron con 53 mil 721 millones ($ 28.3 millones), o sea el 91 por ciento de las ganancias (Supersociedades, 2010). No es necesario hacer comentarios adicionales sobre la situación oligopólica del mercado de la radio en Colombia.

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No hay manera por ahora de cuantificar su contribución al PIB en cuanto no se conozcan sus ventas totales.

3. El consumo, la audiencia y la nación Si, como se ha visto, la televisión, como producción y como programación, no es el gran negocio, el cual se haya mejor remunerado en la circulación a través de la infraestructura de telecomunicaciones, entonces, ¿cuál es la razón para que haya tanto interés en acceder a frecuencias, a nuevos canales, etc.? La explicación puede estar en el hecho de que es el medio con mayor audiencia en el país y por tanto en el que mejor se pueden legitimar los distintos relatos de la nación. Según el Estudio General de Medios (EGM-II 2010) las audiencias en Colombia se distribuyen como sigue (tabla 5): Tabla 5. Medios y audiencias en Colombia4

Medio Televisión Radio Revistas independientes Prensa Internet Revistas prensa Cine

Audiencia (EGM-2010-II) 94.7 64.7 42.8 33.3 35.9 21.0 5.9

Fuente: CNTV (2010b), ACIM, EGM

Aquí se presenta la primera muestra cultural protuberante de las características de la nación. Consiste en que el consumo de medios es descendente en la medida en que los medios son más alfabéticos, o en la medida en que exigen erogaciones económicas. Si la televisión es el medio nacional por excelencia, el que fija la agenda y el que reúne las características culturales más populares (oralidad, iconicidad y narrativa), no tiene nada de extraño que sea el medio por excelencia de una sociedad poco alfabetizada (tevecéntrica en vez de diariocéntrica). Así mismo, la radio, además de las características narrativas orales, tiene una característica adicional que viene con la oralidad y es que en ella se logran identificar las hablas regionales. 4

“Las audiencias de los medios se midieron así: televisión: espectadores/día, radio: oyentes/día, revistas independientes y de prensa: lectores/período de publicación, prensa, Internet: usuarios/día y cine: espectadores/semana” (Cntv, 2010b).

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Pero ¿qué decir de las revistas independientes? Empecemos por el ranking de las mismas (tabla 6): Según esta clasificación, hay que hacer primero que todo un poco de justicia con Semana, pues aunque la medición se hace por edición, no es lo mismo una edición semanal que una quincenal o mensual. Para equiparar la lecturabilidad tendríamos que ponerlas a todas en el mismo lapso de tiempo. Esto significa que en realidad quincenalmente esta revista tendría 2 millones 36 mil lectores y por tanto sería la primera revista del país, como efectivamente lo es. Ahora bien; hecha esta salvedad, busquemos los factores culturales. Aunque parezca sorprendente que un medio supuestamente alfabético como las revistas tengan más audiencia que los periódicos e internet, se puede aventurar una hipótesis: vistas las primeras diez revistas del ranking, estas no son en rigor alfabéticas, sino icónicas, no son analíticas sino narrativas y en general no requieren competencias alfabéticas para ser consumidas. Tabla 6: Colombia. Revistas independientes según lecturabilidad

Revista

Lecturabilidad (miles)

TV y Novelas (Q)

1265,9

Soho (M)

1130,9

Revista Semana (S)

1018,6

15 Minutos (M)

912,0

Cromos (Q)

805,0

Caras (Q)

693,7

Revista Coomeva (B)

525,9

Vanidades (Q)

515,7

Tu (M) National Español

448,9 Geographic en 447,5

Fuente: EGM, 2010

Tal vez lo más problemático sea confrontar tal hipótesis con el caso de Semana. Sin embargo, en tanto los principales personajes mediáticos, por su condición de poderosos y exitosos, son los gobernantes y los políticos, esta revista lo que hace es prolongar el protagonismo de los mismos personajes en un documento menos efímero. Es decir, quien ve televisión y escucha la radio sabe de qué está hablando Semana. Es una prolongación de la cultura mediática en un medio impreso.

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El caso de Coomeva sugiere una revista especializada, para afiliados, que no se vende en el mercado, de circulación restringida, con una baja frecuencia en comparación con las demás y, por tanto, no comparable en ningún sentido. En cambio las siete siguientes sí tienen una característica en común: son ni más ni menos que revistas típicas de farándula, es decir, en donde salen los mismos personajes que pueblan la más extendida cultura mediática, la del entretenimiento. Por lo mismo, son demasiado icónicas, demasiado narrativas y a veces orales. Por lo tanto, no sólo son una prolongación de la cultura mediática de la farándula sino que en rigor ni siquiera se necesita saber leer para consumirlas, pues la identidad entre personajes televisivos y de revista hace al televidente absolutamente competente para leer el relato impreso en ellas. En cuanto a la revista National Geographic en Español, no hay que engañarse con su origen ni con su nombre. Esta no es una revista científica sino periodística; allí no aparecen artículos científicos sino más bien relatos de viajes y no funge como una guía investigativa sino casi como una guía turística. En rigor, su discurso es más icónico-narrativo que alfabéticoanalítico. En consecuencia, no hay que extrañarse de su popularidad, pues en términos de competencias exigidas es bien popular. Más allá de las características de las revistas independientes, su consumo está rigurosamente estratificado, pasando del 25% en el estrato 1 al 80 por ciento en el estrato 6, con una correspondencia exacta entre estrato y consumo cuantitativo. No está claro cuáles son las revistas que consume cada estrato. En cuanto al consumo de prensa e internet, que comparten más o menos la misma audiencia, una tercera parte de los usuarios, se podría aventurar que comparten también dos características: tienen un origen cuasi alfabético, es decir, gráfico, o sea una amalgama entre alfabetismo y diseño y al mismo tiempo son medios de pago (por compra y por tarifación respectivamente). Además de eso, son hoy el punto de encuentro entre la circulación individual y en línea. El cine, por su parte, como sustancia y como institución, siempre ha sido minoritario, no sólo por los costos sino que ahora con la facilidad de ver las películas en Tv o en internet, en DVD, etc., su consumo se hace más un asunto social y de prestigio que de posibilidades técnicas o económicas. Ahora bien; si la oferta es predominantemente oral-icónica, más exactamente televisiva, ¿quien tiene mayor sintonía con la audiencia? Pues bien. Esa audiencia se distribuye como muestra la siguiente (tabla 7): Tal vez valga la pena aclarar que este estudio se hace sobre un universo de nacional de más de 16 millones de personas mayores de 12 años, en más de 50 ciudades y municipios. Con esto se quiere ponderar que las audiencias son de carácter nacional y por tanto la significación de la más pequeña audiencia que es la de Telecafé, es muy distinta regionalmente, teniendo en cuenta que ello implica unas 480 mil personas mayores de 12 años en una región que tiene alrededor de dos millones de habitantes. 13


Lo que indican estas cifras literalmente es que los canales privados nacionales están llegando a más de 14 millones de personas diariamente y City Tv a unos cinco millones aproximadamente. Estos son los canales de tres de los más grandes grupos económicos del país. Es decir, son de empresarios y son empresas; son los voceros del capital. Es el capital dirigiéndose a la sociedad. Tabla 7: Audiencia último mes canales nacionales, regionales y locales Canal RCN Caracol City TV Señal Colombia Canal 1 Teleantioquia Canal 13 (Andina) Telecaribe Canal Capital Telepacífico Telemedellín Canal Institucional TRO Telecafé

Audiencia 89.1 86.8 32.3 18.1 16.2 15.3 15.0 11.1 10.5 8.4 5.7 4.2 3.8 3.0

Fuente: CNTV, 2010b. (EGM II-2010 Módulo de Televisión II-2009 a II-2010)

Entre tanto, los canales públicos nacionales, en conjunto, suman un 38.3% de la audiencia, lo cual significa más de seis millones de personas. Esta no es una audiencia para nada desdeñable, teniendo en cuenta las precarias condiciones de financiación que vimos en el apartado anterior. Esta se supone que es la voz del Estado y del interés común (interés público). Pero si a ello le sumamos las audiencias de los canales regionales, llegamos a una audiencia del 70%, lo cual significa que el mensaje del Estado a la sociedad llega por lo menos a 10 millones de personas, aunque sea de forma fragmentada entre nacional, regional y local. Si esto se logra con una financiación prácticamente diez veces inferior a la financiación (según ventas) de los canales privados, es posible pensar que con una apuesta seria por la televisión pública sería posible tener versiones de nación alternativas a las exclusivas del capital. Otro dato a tener en cuenta es que en todas las capitales sede de los canales regionales, excepto Manizales donde es el cuarto, el canal regional es el más visto después de RCN y Caracol. Es decir, Teleantioquia, Telepacífico, Telecaribe, TRO y también Telecafé, son parte de la esfera pública regional en mayor medida que los canales públicos nacionales (Cntv, 2010b). Ello significa que sí tienen legitimidad como instituciones. ¿Cuáles son las posibilidades de contrarrestar esta visión teve-céntrica de la sociedad, y más aún, esta visión mistificadora de los medios privados que quieren hacer aparecer intereses corporativos como intereses comunes? Desafortunadamente el comportamiento de las 14


audiencias no da mucha esperanza. Si bien la audiencia de los medios públicos indica que este medio, como lenguaje y como relato es una manera de contraponer visiones excluyentes, las versiones de la TV no son confrontables sólo ni principalmente desde la misma televisión sino desde otras alternativas culturales críticas. Para eso sería necesario que el consumo de televisión fuera equiparable con otros medios. Sin embargo, las cifras son desalentadoras (tabla 8). Esta estratificación del consumo mediático nos sugiere algunas ideas no por obvias menos interesantes. Aunque la televisión y el cine parecieran hablar el mismo lenguaje (imágenes en movimiento, relatos, sonido, música, escenografía, dramaturgia, etc.) se encuentran en los extremos del consumo cultural. El más elitista es el cine y el más popular es la televisión. Podríamos decir que la asistencia al cine ha dejado de ser un consumo mediático, es decir, un consumo para informarse o divertirse y se ha convertido en un consumo artístico y, por consiguiente, distinguido. La distancia entre el estrato seis y el uno es de nueve a uno en cuanto a consumo y la distancia entre los estratos altos y bajos es de siete veces. Tabla 8: Consumo de medios por estrato social Medio

Estrato 1

Estrato2

Estrato3

Estrato 4

93 65 26

94 68 37

94 68 47

94 71 62

93 69 75

94 72 80

33 12 2

30 23 3

35 33 6

43 61 13

49 70 14

53 79 18

Televisión Radio Revistas independientes Prensa Internet Cine

Estrato 5

Estrato 6

Fuente: ACIM, 2010.

En el otro extremo del análisis, como ya dijimos, el consumo de televisión y radio no hace prácticamente ninguna diferencia entre los estratos sociales. El otro medio que hace una diferencia profunda entre estratos es Internet que se supone es el democratizador de la comunicación mediática. Mientras que en el estrato seis se consume más internet que radio y se acerca a la televisión, en el estrato uno la diferencia entre consumo de televisión e internet es casi de ocho a uno. La diferencia en el consumo de internet entre el estrato uno y el seis es de más de seis veces y entre los estratos bajos (1 y 2) y los altos (5 y 6) agregados es mayor a cuatro veces. Esto desde luego tiene que ver con dos características ya mencionadas de internet: es de pago y exige competencias alfabéticas. Algo parecido se puede decir de las revistas independientes. En los estratos altos se consumen más que la radio y se acercan al consumo de televisión. En el estrato uno, la diferencia entre consumo de televisión y revistas es de casi cuatro a uno. La diferencia en el consumo de revistas entre los estratos altos agregados y la de los bajos también agregados es de dos veces 15


y media a favor de los primeros. Esto se debe a que la mayoría de las revistas, no las más vendidas, son especializadas, son alfabéticas y tienen un precio de mercado. En resumen, lo que preocupa de todo este panorama es que siguen siendo los mismos alfabetizados, los de altos ingresos los que tienen consumos culturales que les permiten contrastar los relatos de la televisión y de la radio, que son casi la fuente exclusiva de información y entretenimiento para los estratos más pobres.

4. Esbozo de conclusión Una situación de expansión informativa mediática como la actual no conduce necesariamente a una igualación sino a una brecha del conocimiento, de acuerdo con la cual […] cuando aumenta la circulación de información en un sistema social, los más instruidos y/o aquellos que tienen un status socioeconómico superior serán capaces de asimilar mejor la información que las personas menos instruidas y/o con status más bajos. Con ello, el aumento de la información da lugar a un mayor distanciamiento en el conocimiento en vez de disminuirlo (Mcquail y Windahl, 1997, p.148).

La paradoja no es menor ni es gratuita: a mayor información mayor desigualdad en el conocimiento. Si no es el estatus, por las prácticas de vida, el que permite aprovechar la información, para los sectores subalternos la escolaridad es la única posibilidad de reducir la brecha de conocimiento. El efecto, sin embargo, no se queda ahí, pues esta brecha de conocimiento se revierte en lo que se ha llamado el efecto de dependencia consistente en que “La audiencia variará internamente de acuerdo con la dependencia de los medios. Los grupos de la élite social tendrán canales alternativos, y también puede ser que alguna minoría no de élite también los tenga” (Mcquail y Windahl, 1997, p.139). Es decir, los grupos con mayor capital cultural acumulado dependen menos de la información mediática, puesto que requieren y obtienen información especializada. Así mismo, los grupos subordinados con mayor cohesión o tradición pueden ser menos dependientes en la medida en que mantienen más redes de comunicación no institucionales, como ocurre a menudo con los grupos políticos y sindicales y con las comunidades indígenas. En consecuencia, la abundancia de medios no es, en una sociedad no alfabetizada, sinónimo de democracia, sino más bien de lo contrario, de dependencia mediática y, por tanto, de dependencia política. Algún autor ha propuesto que las sociedades se dividen, desde el punto de vista de la información, en diariocéntricas y tevecéntricas (Wiñaski, 2004)*, sosteniendo que las primeras comparten características tales como: industrialización, democracia estable, vida urbana y, por supuesto, alto nivel educativo, mientras que las tevecéntricas tienden a la 16


dictadura, a la inestabilidad institucional, tienen poco desarrollo industrial y educativo. En una palabra, las primeras son el mundo desarrollado y las segundas el tercer mundo; las primeras, el centro y las segundas la periferia. Valdría la pena agregar que esas características se pueden leer como sociedades alfabetizadas las primeras y mediatizadas las segundas, atendiendo al hecho de que los diarios en general requieren una tradición alfabética para afianzar el hábito de consumo, mientras que la información mediática televisiva no requiere escolarización. Si la televisión es la que tiene, junto con la radio, el cuasi monopolio del relato de la nación y si los estratos más desfavorecidos de la población, que son la mayoría, no consumen ningún otro medio, esto quiere decir que el concepto básico de nación se está haciendo desde la TV. Pero si miramos quienes cuasi monopolizan la audiencia, encontramos que no son ni el Estado ni mucho menos los grupos alternativos, comunitarios o como quieran llamarse sino, de lejos, las empresas privadas tanto de televisión como de radio, nacionales y extranjeras. En consecuencia, el relato de la nación es un relato que no alcanza a ser siquiera oficial sino mucho menos que eso: empresarial. Ello significa, en rigor, que la esfera pública no existe y que la educación mediática no se dirige a los ciudadanos sino a los consumidores; por tanto, no es tan importante la nación como el mercado. Desde luego, esto hace legítimo el discurso anti-estatal y privatizador, como corresponde a los intereses del capital. El concepto de Esfera Pública en la que los particulares discuten asuntos públicos, distintos a sus asuntos privados (Habermas, 1999), pierde aquí su contenido democrático, pues en rigor los medios privados han llevado la discusión al mero reclamo publicitario (publicidad comercial) o a la mera propaganda política (Habermas, 1994). En efecto, si son la televisión y la radio las únicas fuentes de información para los estratos económicamente más pobres (que son más del 83 por ciento de la población), quiere decir que la esfera pública se reduce a aquellos que sí consumen otros medios en casi igual medida que la radio y la televisión, como ocurre con el alto consumo de cine, internet y revistas independientes en los estratos altos. Las diferencias entre los estratos altos y bajos en cuanto hace al consumo de internet y otros medios distintos a la radio y la televisión está mostrando que, al contrario de lo que piensan los tecno-utopistas, la esfera pública no se está ampliando sino que se está cerrando y estratificando y va quedando reducida a los fragmentos más privilegiados de la sociedad, es decir, al 16 por ciento de la población que es la que está ubicada en los estratos 4, 5 y 6, pues son ellos los que disponen de alternativas informativas distintas a la radio y la televisión, las cuales, aunque son casi unánimes desde el punto de vista político, por lo menos no son uniempresariales. Así que en Colombia los consumos mediáticos que igualan son los de televisión y radio, y los que estratifican y segregan son los de revistas independientes, internet y cine. De esta manera que se juntan dependencia mediática (acceso a un solo tipo de medio), dependencia política (un solo relato de nación) y dependencia empresarial (un solo relato corporativo) en detrimento de la esfera pública y, por tanto, del concepto de nación.

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Os três pontos de entrada da Economia Política no futebol: como a Indústria Cultural auxiliou a construção do futebol mercantilizado1 Anderson David Gomes dos Santos2 Resumo: O intuito deste artigo é analisar o futebol com base nos três pontos de entrada estabelecidos por Mosco (2009) como partes que constituem um marco teórico-metodológico para estudos sobre a economia política global: mercantilização, espacialização e estruturação. A partir destas entradas, que permitem um reconhecimento da dependência dos fatores particulares do tempo-espaço e histórico-situacional em funcionamento na realidade social e, consequentemente, nas formações sociais concretas, objetiva-se aqui analisar o desenvolvimento do futebol enquanto esporte com grande recepção mundial, com a devida importância para a Indústria Cultural como uma das principais colaboradoras neste processo. Palavas-chave: Economia Política; Economia Política da Comunicação; pontos de entrada; Indústria Cultural; futebol. Introdução A Economia Política da Comunicação tem como base dos seus estudos sobre as relações de poder e as estruturas de mercado da comunicação social a ubiquidade da mudança social, entendendo que as instituições e relações sociais estão em constante mudança. Com as premissas de pesquisa da Crítica à Economia Política, analisa-se as mudanças sócio históricas no contexto da produção de bens simbólicos enquanto mercadorias. O desenvolvimento da Indústria Cultural a partir do século XIX e, principalmente, durante o século XX, ampliou a quantidade de bens simbólicos a não só serem utilizados para a venda de produtos industriais, mas sendo eles próprios apropriados para enquanto produtos e/ou programas a serem negociados, seja diretamente com o público ou para se conseguir audiência e esta vir a ser a mercadoria principal intercambiada. Mosco (2009) aponta o fato de que a Economia Política pode fazer uma análise da situação socioeconômica através da Indústria Cultural partindo de três pontos de entrada para entender o capitalismo em sua totalidade social concreta, processos estes dinâmicos que identificam a história de apropriação de bens culturais e a forma como estes novos produtos se alastram numa relação tempo-espaço: a mercantilização, a espacialização e a estruturação. Este artigo propõe uma análise do desenvolvimento do futebol enquanto esporte de maior recepção mundial a partir destes três pontos de entrada. Para isso, desenvolve-se os seguintes movimentos: numa perspectiva inicial, apontar a estruturação do futebol através das 1

Trabalho aprobado para o GT 6 - Economía Política de las Comunicaciones. Mestrando no Programa de Pós-Graduação em Ciências da Comunicação da Universidade do Vale do Rio dos Sinos – UNISINOS, Brasil (bolsista CAPES RH-TVD), membro do Grupo de Pesquisa Comunicação, Economia Política e Sociedade - CEPOS (apoiado pela Ford Foundation). E-mail: <andderson.santos@gmail.com>.

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normas criadas na segunda metade do século XIX para, após isso, começar a se espalhar pelo mundo por conta difusão naval britânica; num segundo momento de espacialização, o esporte passará a ser um programa das indústrias culturais, gerando a produção de mais-valia para os envolvidos com ele, que passa a ser mercantilizado para e pelos os meios de comunicação, com sua fonte de manutenção partindo dele; e, num último momento, extendendo as possibilidades de sua mercantilização pela multiplicidade de mídias e ofertas. A estruturação e a difusão do futebol sob a expansão do capitalismo inglês Contar a história de qualquer evento ou movimento que gerou alguma ação coletiva geralmente é feito como se houvesse um momento em específico que marca o início de uma nova fase histórica e o declínio de outra. Pensar desta forma é esquecer que a história se desenvolveu de maneiras diferentes em amplas partes do planeta. Desta forma, reconhece-se práticas de jogos com bolas chutadas, casos do tsuju chinês, séculos antes de Cristo, ou do calcio de Florença, na Idade Média. Porém, como aspecto de construção teórica, considera-se aqui o período histórico em que se inicia a organização do futebol tal qual se conhece atualmente, o que remete ao século XIX, processo pelo qual também passam outros esportes, como o tênis, a luta livre e o rúgbi. Esta escolha apresenta-se como fundamental para a aplicação do ponto de entrada da estruturação. É só a partir da determinação de normas sobre a prática do futebol, num processo que tem início na década de 1860 até ser praticamente completado na de 1890, que se percebe a mudança de relações sociais envolvidas e permitidas nesta prática social, com a devida liberdade que ainda tornará a persistir. Mosco (2009, p.311) afirma que: Especificamente, a estruturação equilibra a tendência na análise políticoeconômica ao apresentar as estruturas, normalmente as instituições empresariais e governamentais, estudando e incorporando as ideias de ação, de relações sociais, do processo social e da prática social. Ao mesmo tempo, [...] rechaça como extrema a ideia de que se pode analisar a ação em ausência de estruturas. Isto se explica porque a estrutura proporciona o meio a partir do qual a ação atua.

É a partir da contextualização da diferenciação entre os esportes, e seu posterior desenvolvimento no que tange, principalmente, aos aspectos de liderança, definição e fiscalização de normas, que pode-se perceber a constituição mútua da ação e da estrutura da Economia Política no futebol, entendendo como as relações sociais ocorrem, com a devida concepção de poder envolvida em suas práticas. Neste contexto, em meio a relatos de violência e desigualdade nas partidas de futebol e outros esportes, que há a apropriação por entidades paraestatais, especialmente as escolas, que normatizam as até então apenas atividades de lazer, criando regras para competições


“igualitárias”, como defendia o capitalismo liberal: No caso do futebol, por exemplo, sua transformação de jogo popular a esporte foi processo de desenvolvimento prolongado e dirigido com vistas à regulação e uniformidade muito bem planejadas, cujo ponto central veio a ter fim com sua codificação em regras no ano de 1863, por estudantes da Escola de Cambridge, na Inglaterra. A função do esporte nos tempos modernos estaria relacionada a dois aspectos fundamentais da vida burguesa – a disciplina das massas (que precisam obedecer a horários e regras) e o fair play, ou seja, o saber ganhar e o saber perder. O esporte afirmaria, portanto, valores capitalistas básicos, como individualismo e competitividade, além da premiação dos vitoriosos. Diante desse quadro, torna-se mais fácil entender porque o esporte, como produto da sociedade industrial e urbana, acabou por aglutinar as massas (Marques, 2011, pp.96-97).

A primeira associação de futebol surgiu em 1863, na Inglaterra, período considerado o marco para o esporte no mundo. As regras tais quais se conhece atualmente receberam sua versão (quase) final em 1892, mesmo que já em 1888 a Associação Inglesa de Futebol tenha organizado a primeira liga profissional – a Federação Internacional de Futebol Associado (FIFA) só viria a ser criada em 1904, seguida de uma série de entidades nacionais que surgem no início do século XX. Ao mesmo tempo que a normatização permite a prática das massas, com velocidade, violência e habilidade sob controle, o futebol primeiro foi definido pelas elites, que criaram os elementos de uma nova tradição, que é um dos processos sociais centrais na disputa hegemônica. Mosco (2009, p.351) destaca que: “isto se refere à tendência do capitalismo a transformar as categorias e identidades coletivas em individuais, e desta etniamaneira se diminui o poder social da classe, do gênero, da etnia e de outras formas de energia coletiva”. Segundo Gumbrecht (2007, p.94), os principais jogadores neste período inicial são os operários de fábricas, mais até que os estudantes das escolas britânicas, o que aponta uma ligação à situação atual, em que boa parte dos atletas é oriundo da classe oprimida. Além disso, acaba por resgatar para a prática do futebol um dos conceitos centrais relativos à estruturação na visão da Economia Política: a formação de classes sociais. Mesmo que a separação entre direção e prática só vá se intensificar ao longo do século XX, é importante observar a persistência das divisões de classe também sob as práticas de lazer, agora numa forma “profissional”. Os trabalhadores do futebol vão estar limitados às condições impostas pela classe dirigente, que geralmente integra a elite sociocultural de seu país. Por mais que a habilidade e a técnica estejam com os jogadores, o ordenamento da lei e a organização institucional e corporativa convergem numa grande entidade paraestatal, que no caso do futebol vem a ser a FIFA.


Mosco (2009, p. 315) trata da seguinte maneira a definição e manutenção de relações de classe para a construção da hegemonia de uma forma geral: A classe social é real tanto como relação social quanto como instrumento de análise. O processo de estruturação constrói hegemonia, definida como a forma lógica e naturalizada de refletir sobre o mundo, que inclui tudo desde a cosmologia, passando pela ética, às práticas sociais, que é por sua vez incorporada e questionada na vida diária. A hegemonia é uma rede viva de significados e valores mutuamente constituídos que, enquanto se experimentam como práticas, aparecem como mutuamente confirmantes.

A análise que tem como perspectiva a estruturação permite entender o poder em seu funcionamento na constituição, interação e no nível micro das práticas sociais. Bolaño (1999, p.53) aponta que, tanto no Ocidente quanto no Oriente, “há um processo de edificação de uma ordem esportiva que, partindo do mundo da vida, sobrepõe-se a ele e o coloniza”. Não seria obra do acaso, portanto, que o esporte tenha surgido enquanto modalidade de disputa regulada num período em que a Inglaterra consolidava-se como líder global, durante um sistema liberal democrático do final do século XIX, exportando conceitos como combate com regras e obediência aos horários e regulamentos para outros lugares do mundo. Pressupostos estes que eram essenciais da sociedade burguesa e da iniciativa privada, mesmo que eles tenham surgido como jogos produzidos pelo povo. O futebol imprime a norma burguesa aos jogos pré-modernos. A sua “invenção” foi “um trabalhoso consenso à inglesa, pragmaticamente estipulado a partir do uso” (Wisnik, 2008, p.89). Ainda assim, por ser aberto a margens que o possibilitam ser praticado em qualquer tipo de terreno e com poucos, ou nenhum, equipamentos, viu a sua difusão enquanto elemento de lazer para várias partes do mundo. A primeira onda de expansão se dará graças à liderança naval britânica, que encurta o tempo e o espaço através da evolução dos transportes. Em cada país, de acordo com suas características socioculturais, vão se dar novas formas de estruturação, em que, por exemplo, o futebol no Brasil tem nas suas primeiras décadas um grande peso de elitização, até ser aberto ao profissionalismo, que cria novas relações de trabalho e passa a permitir a presença de negros em sua prática. Ainda assim, a transnacionalização deste esporte, com diferentes apropriações nos diversos continentes, é um exemplo de como se trata de um movimento cujo alcance se processa para além das disputas em campo. Dentre tantas contradições do capital está o fato de, dos vários produtos a serem repassadas para o consumo em países periféricos, que se popularizasse determinados elementos culturais – mesmo que depois também recebessem sua conversão à mercadoria cultural. A ponto de os europeus, onde as regras do esporte foram


determinadas, verem os países sul-americanos dividirem as forças nos principais campeonatos do mundo, mesmo sob condições financeiras piores, na maior parte do tempo. Outro ponto interessante é o caráter de nacionalização. Mosco (2009, p.205) aponta que conceitos e perspectivas de criação de nacionalidade e cidadania seriam obstáculos à especialização. Curiosamente, o futebol, elemento trazido de fora na maior parte dos países, vai se tornar um elemento de construção de nacionalidade, numa contradição entre sua característica global e uma nova “tradição” a ser construída em locais específicos. No caso do Brasil, ele será utilizado com este fim nas Copas do Mundo de 1950 e 1970, tornando-se uma “marca” do país, ao lado de manifestações musicais e culturais como a capoeira, o samba e o carnaval. Sobre a construção da nacionalidade com a apropriação dos esportes, Montero (1999, p.3) afirma que: A cultura das classes populares é a matéria-prima por excelência da construção da nacionalidade nos Estados gerados nestes últimos 150 anos. Com efeito, embora esse tipo de estrutura burocrática se inaugure no campo jurídico e da política, é no campo da cultura que ele ganha espessura. Isto porque, para que os Estados nacionais se legitimem, é preciso que eles constituam culturalmente seu povo, homogeneizando o território e universalizando as particularidades locais.

O segundo período de espacialização do esporte virá com a Indústria Cultural, que, em paralelo, vai se desenvolvendo, com grande ascensão no século XX. A comunicação de massa vai atingir um papel central na construção da hegemonia política e cultural, aproveitando-se de tradições da cultura popular para servir como programas de rádio e televisão, de forma que amplia as condições de recepção de produtos e ideais. A Indústria Cultural e a “futebolização do mundo” O aparecimento de diversas modalidades esportivas e sua evolução enquanto domínio social e, futuramente, como “indústria”, com várias mercadorias dele oriundas, dá-se justamente num contexto de surgimento da sociedade de massas, com maior relação entre os países do planeta – com seus problemas procedentes disto. A capacidade do sistema capitalista de transformar as coisas em mercadoria, onde passa a importar não mais o seu valor de uso, mas o seu valor de troca, incluindo aqui os bens simbólicos, faz crer que não demoraria muito para, na evolução deste modo de produção e do próprio esporte, que este fosse utilizado para a propagação de novos produtos. A relação entre esporte e mídia vai além de uma mesma periodização histórica, quando ambos atingem as massas durante o século XX, o esporte vai se tornar um dos principais assuntos a serem desenvolvidos nos meios de comunicação, tornando-se um


importante programa para o rádio e para a televisão. Segundo Gastaldo (2011, p.41): Mais do que fenômenos paralelos, esporte e mídia constituíram-se mutuamente. A característica “espetacular” (isto é, “para ser vista”) inerente às competições esportivas e seu poder de mobilização coletiva (pela metonímia que coloca nações ou bairros dentro de campos, pistas ou ringues) articulam-se perfeitamente com o surgimento de jornais impressos em rotativas, destinados a grande número de leitores, em pleno processo de expansão urbana na virada do século. Assim essa construção reflexiva de ambos os fenômenos ao longo do século XX evidencia que comunicação e esporte não apenas têm muito em comum, mas que a própria forma que ambos assumiram contemporaneamente é em grande parte resultante dessa interação.

Em meio à transformação do espaço estabelecida pelo capital através das transformações nos transportes e nas comunicações, a expansão do sistema atinge o futebol agora enquanto um bem cultural importante de ser apropriado e difundido enquanto mercadoria. O evento que representará a “futebolização do mundo” através da Indústria Cultural – termo de Wisnik (2008, p.309) – é a Copa do Mundo de 1970, no México, a primeira a ser transmitida ao vivo e em cores para países da Europa e das Américas e com replays mais constantes. Para este caso, traz-se a explicação de Mosco (2009, p.254) sobre a relação tempo-espaço no capitalismo: “mais que aniquilar o espaço, o capital o transforma, reestruturando as relações espaciais entre as pessoas, os bens e as mensagens, e durante o processo se transforma a si mesmo”. Para os brasileiros, será a primeira oportunidade de acompanhar um título mundial pela televisão, num momento conturbado politicamente, sob ditadura militar. Pelé, jogador que vive bons momentos durante o processo de transição do futebol do rádio para o futebol da televisão, tem em 1970 a confirmação da sua genialidade, sendo possível seus lances revistos nos anos e décadas seguintes. Wisnik (2008, p.309) aponta que se forneceu a “'referência crucial' para a sua mitologização midiática”, em que se expôs a figura deste jogador por todos os continentes, passando a servir como garoto propaganda dos mais variados produtos e serviços. A relação entre futebol e mídia acaba por gerar uma mercantilização para os dois lados do processo. O que representa um “complexo esportivo-cultural-midiático”, assim explicado por Miller, Lawrence, McCkay e Rowe (2001, p.8): Este complexo de lugares [esportivos, culturais e midiáticos] coloca as mídias no coração das estruturas e práticas esportivas, porque sem a capacidade midiática para preencher os esportes de signos e mitos para grandes e diversas audiências através do globo, o esporte poderia ser relativamente menor e de uma popularidade anacrônica. A cobertura


televisiva, especialmente na sua forma satelital, tem se tornado a principal moeda na economia cultural do esporte.

Em meio aos movimentos iniciais na década de 1970 de mudança na ordem econômica mundial, com os Estados Unidos mudando o padrão monetário internacional, acabando com o lastro do outro em relação ao dólar, houve a busca pela mercantilização do esporte. Graças ao brasileiro João Havelange, que assumiu o comando da FIFA em 1974, houve uma série de parcerias para que o esporte pudesse romper mais barreiras geográficas e gerar mais lucro para os envolvidos com ele, num claro exemplo da diminuição das barreiras espaçotemporais para a conquista de dinheiro. Havelange mostrou toda a importância simbólica de ligar as marcas das empresas a eventos direcionados aos sentimentos nacionalistas, de forma a explorá-los comercialmente, com parcerias com fortes empresas mundiais, como Adidas e Coca-Cola. Mosco (2009, p.209) apresenta como uma das chaves da análise marxista “interrogar a mercadoria para determinar o que sua aparência significa, para descobrir relações sociais congeladas na forma da mercadoria”. A mercantilização, que é a principal forma que o capitalismo se apresenta com seu objetivo de acumular capital, na transformação do valor de uso em valor de troca, alcança o futebol principalmente por conta da participação da Indústria Cultural. Como visto até aqui, é por conta das práticas sociais e da construção de hegemonia que o futebol precisou ser normatizado num primeiro momento, para depois passar a ser apropriado enquanto várias formas de mercadoria que, como diz Mosco (2009, p.209): pode surgir de uma gama de necessidades sociais – que vão desde saciar a fome a satisfazer ou contradizer os códigos de status de um grupo social concreto. Ademais, ao contrário de outras interpretações, o valor de uso não se limita a satisfazer as necessidades de sobrevivência senão estendê-lo à variedade de usos socialmente constituídos.

Quase 40 anos após o início deste processo de forma mais forte no futebol – já que alguns jogadores haviam sido utilizados para a publicidade noutros momentos – a comercialização dos direitos de transmissão dos jogos está em tal nível que há a compra do direto de as empresas se anunciarem como parceiras da FIFA, com os contratos sendo de exclusividade por ramo de atividade. A televisão é muito importante neste processo, já que pode transmitir grandes partidas para inúmeras partes do globo e conseguir mais fãs para este programa, podendo atrair capitais exteriores ao jogo, que pretendem fazer investimentos fora do convencional. Haverá a inclusão do espetáculo esportivo como um dos seus setores fundamentais, “o que permitirá


ao esporte capitalizar-se não só pela via da venda direta de ingressos e de espaço publicitário, mas também, e de forma crescente, através da sua situação na fileira audiovisual” (Bolaño, 1999, p.53). Tendo em vista a realidade do futebol enquanto elemento de atração de audiência e parceiras com outros ramos industriais, Damo (2011, p.87) afirma que: Pela volúpia com que atua no mercado de “bens simbólicos”, tendo valorizado exponencialmente seus produtos, seria apropriado pensar a FIFA como a gestora de uma join venture especializada na produção de eventos futebolísticos. Todavia, seu domínio é mais amplo, estendendo-se sobre o futebol de espetáculo.

Bolaño (2003, p.34) utiliza a sigla GGATaC como forma de representação de seis processos que caracterizariam o esporte atualmente: globalização, governamentalização, americanização, televisualização e mercantilização. Estas características representariam também o movimento geral de expansão da lógica do capital no setor, em que o processo de mercantilização teria sido facilitado porque na própria construção de normas há a participação de entidades privadas, como escolas, associações, confederações e associações. A televisão será uma das principais responsáveis por colocar o esporte no centro da cultura global. Os torcedores se transformaram em consumidores de produtos ligados ao futebol, dentre os quais está a própria transmissão da partida, que hoje é vendida em pacotes separados via TV fechada. Gumbrecht (2007, p.106) apresenta preocupações quanto a esta nova realidade, em que haveria uma “possível indicação de que o esporte, disfarçado de cultura do lazer, possa estar fugindo a seus limites convencionais e invadindo o resto de nossa vida, obrigando-nos a assumir o papel de consumidores permanentes do esporte, em vez de fãs”. Neste contexto, é importante abordar que, dentro do conceito apresentado de complexo esportivo-cultural-midiático, há outro diferencial apresentado por esta relação entre comunicação, esportes, política e economia: a reduplicidade da mercadoria audiência. Partindo desse conceito sugerido por Bolaño (2003, p.38), a publicização do futebol através dos meios de comunicação, com transmissão ao vivo das partidas, cria uma dupla forma de espectador: o torcedor de futebol também é a audiência que será negociada. Se a mercadoria apresenta uma dupla mistificação porque naturaliza a relação social entre o capital e o trabalho, em que “se dá ao produto de um processo social uma existência própria e o poder para dar a forma à vida social” (Mosco, 2009, p.212), este processo é reforçado com a transformação deste bem cultural em programa. Sob uma nova estruturação das relações sociais através desta prática cultural, com o poder de atração do futebol enquanto veículo de marketing para diversas marcas, que cada vez


mais se espalham no campo de jogo e nos uniformes de atletas e até da arbitragem, o espetáculo que se torna os grandes torneios ainda reflete as mudanças no trabalho vivenciadas nas últimas décadas: O consumo do espetáculo, no seu ato imediato ou nas suas replicações, é sempre consumo de trabalho vivo, direto ou mediatizado, consumo do talento, da competência, da empatia, da comunicação do artista e de seu público. É trabalho vivo gerando atividade viva, como emoções provocadas, motivações incentivadas, visões de mundo suscitadas, desejos acionados do indivíduo-audiência. […] O capital, na sua evolução contraditória, superouse a si mesmo e, reduzindo ao limite de zero os termos de produção e circulação, sobretudo estes nas suas atuais fronteiras espetaculares de investimento e acumulação, fez do trabalho vivo, trabalho não redutível a abstrato, o seu próprio objeto de acumulação (Dantas, 2011, pp.47-48).

Situado no sistema capitalista e transposto à mercadoria, o futebol vai refletir as características desta nova condição, caso do fetiche, em que o produto acaba por mascarar relações de poder que envolvem a sua produção. No caso do futebol, o ponto positivo de se ter pessoas de várias classes sociais num estádio torcendo por um mesmo time acaba por esconder que há diferenças entre os membros que trabalham para satisfazer o público e os que os pagam, jogadores e dirigentes, e até mesmo entre os torcedores. Além disso, também no futebol, como afirma Mosco (2009, p.227): O uso do poder político e econômico contém um valor consideravelmente explicativo para compreender o êxito da mercantilização. O processo reduz os recursos, o tempo e o espaço disponíveis para as alternativas, pelo que a mercantilização se percebe não como um processo de poder senão como a ordem natural, o sentido comum, a realidade da vida social. […] O poder institucional, que fomenta uma lógica e elimina as alternativas, é central para a construção da hegemonia. Porém existe também a questão do vínculo entre o valor de uso e o valor de troca. Para o valor de troca, amplia não apenas ao minar os valores de uso e de não mercadoria, senão também ao usar estes valores para realizar seu próprio atrativo e, no processo, ao transformar os valores de uso em valores de troca.

Porém, trata-se de um processo generalizado, seja para um produto industrial clássico, ou para bens culturais como o futebol, com a diferença que a cultura apresenta características identitárias próprias. No caso do futebol, a imprevisibilidade do jogo não só domina o campo como coloca em perigo investimentos financeiros dos mais diversos tipos. A multiplicação de ofertas no mercado televisivo e futebolístico As três últimas décadas marcam uma imensa transformação da aplicação da tecnologia infocomunicacional, que se torna essencial para a manutenção do sistema capitalista, e também o aprimoramento na apropriação de bens simbólicos com o intuito de produzir mercadorias. O processo de mercantilização penetra nos de comunicação e nas instituições


nele envolvidas, como será o caso dos esportes. O caráter de difusão nacional que o futebol traz consigo foi perdendo importantes bases, em especial com a globalização também sobre a área, em que a cada ano se passa a ter a transferência de bons jogadores para determinados países. Além de, num período mais recente, ocorrer a aquisição de clubes por bilionários, sejam eles estadunidenses ou, de forma cada vez mais comum, russos – beneficiados pelo fim do regime soviético – e árabes. Vê-se na possibilidade de fazer um clube crescer uma forma de diminuir os impactos negativos de outras ações de mercado, mas também a falta de controle rígido sobre a origem do dinheiro dispensado no negócio do futebol. Esta transformação está diretamente relacionada com o fim das barreiras globais de atuação de grupos estrangeiros, que cada vez mais formam grandes conglomerados que tendem a concentrar, agora em nível global, determinados setores da economia. Para isso: As indústrias de comunicação têm sido particularmente importantes para o processo geral de transnacionalização porque os meios de comunicação, diretamente através da publicidade, porém indiretamente também em todas suas formas, chamam a atenção sobre os produtos em geral, ademais do produto específico dos meios de comunicação em venda (Mosco, 2009, pp.262-263).

Mosco (2009, p.216) aponta ainda o fato de que para formatar a estratégia do capital de determinado setor, cria-se diversas táticas, de forma a garantir o status de provedor natural de determinado produto, o que inclui a construção de um monopólio de mercado ou controle de um oligopólio, criando uma identificação do produto com determinada companhia. Seguindo este caminho, o programa midiático futebol foi contratado com exclusividade por empresas de vários países do mundo, em que torneios como a Copa do Mundo FIFA tendem a ser transmitidos apenas por uma emissora de televisão em dado país. As entidades paraestatais, que teoricamente não deveriam ter como meta fins lucrativos, acabam se convertendo em parte do mercado, ao participar diretamente da negociação e lucrar com isso. Em alguns países, os clubes vão formar associações e controlar a organização dos campeonatos e a negociação relativa a ele, como é o caso da Premier League inglesa, que desde 1992 é responsável por contratos com as emissoras. A contrapartida nestas situações é que se abre um caminho para que a contratante do espetáculo interfira no estabelecimento de dias e horários dos torneios, até mesmo em detrimento do torcedor-telespectador. A extensão da mercantilização também amplia o processo de criação de estrelas incluída no jogo, em que os “superastros globais” passam a estabelecer contratos vitalícios de


publicidade, mesmo se tratando de um evento de risco. Em alguns casos, como o da ida do inglês David Beckham para o Real Madri em 2003, vai pesar muito mais a imagem da estrela que a possível melhora do time em campo. Mosco (2009, p.285) já apontava esta relação intrínseca entre o marketing e o campo esportivo – acrescidos aqui os “espetáculos” estadunidenses do basquete profissional, do futebol americano e do beisebol: O esporte é um dos setores de merchandising com maior crescimento. Assim, os atletas, vinculados através de uma variedade de acordos contratuais com sua liga, e uma das principais empresas de consultoria em publicidade e management, usam imagens, repetidas cuidadosamente através da gama de meios de comunicação, para criar negócios lucrativos.

A ampliação de meios de comunicação, com a venda de pacote de jogos via pay-perview ou de aplicativos para mídias móveis, ampliou a oferta de mercadorias relacionadas ao jogo de futebol, com novas possibilidades de recepção e, também, com mais atores disputando o direito de se transmitir os eventos esportivos nas mais diversas plataformas comunicacionais, num período denominado por Brittos (2010, pp.19-20) como Fase da Multiplicidade da Oferta de bens simbólicos. A quantidade de produtos relacionados ao jogo também se multiplica, com o aumento das possibilidades oriundas do marketing esportivo. A mercantilização extensiva, como aponta Mosco (2009, p.226), também incluiu a mudança de espaços comuns em centros comerciais controlados por mãos privadas, em que vários clubes demoliram estádios antigos – caso do “lendário” Wembley, na Inglaterra – e construíram novos por conta da projeção de lucro, muitas vezes associados com a venda do controle do ambiente para mãos privadas. Até mesmo os nomes de torneios vêm sendo comprados por empresas dos mais diversos ramos industriais, num processo que indica a presença da mercantilização em lugares e práticas que se organizavam sob uma lógica social diferente, que agora passa a se equiparar ao poder do mercado. Wisnik (2008, p.356) resume a atual fase do futebol numa relação com a sociedade, em que o trabalho se dá cada vez mais sob a ótica da venda e compra de serviços: Em suma, o marketing esportivo pesado, a vedetização do craque da vez – sem precedentes, sem limites e sem fronteiras –, a TV a cabo e o pay-perview florescentes, a inclusão das mais remotas nações no mesmo jogo globalizante, a megaempresa capitalista associada aos expedientes do favorecimento oportunista e “amador” dos cartolas, ou em disputa com ele, unificam litigiosamente o universo futebolístico expandido num tabuleiro no qual são repuxados interesses e poderes de grande magnitude.

O futebol se desenvolveu ao longo dos anos a partir das transformações vivenciadas no modo de produção capitalista, tendo o seu berço oriundo dele e ganhando novas formas de


recepção e de mercantilização a partir de um dos instrumentos de manutenção do capital, a Indústria Cultural. Ainda assim, por mais que o peso político-econômico exista, o futebol é um campo de conflitos simbólicos e de expressão transcultural, que apesar de interesses e relações de poder envolvidas, continua a ter motivações gratuitas. Conclusões O presente artigo tratou do futebol de maneira a explicar a sua constituição enquanto esporte de maior recepção mundial a partir da sua expansão e desenvolvimento. Considerouse aqui que, enquanto elemento presente no capitalismo, ele seguiu, do seu modo, as transformações do sistema nos dois últimos séculos. Para a análise, teve-se como base de referenciação os três pontos de entrada utilizados pelos estudos da Economia Política de forma geral, e principalmente para os estudos relativos à comunicação: estruturação, espacialização e mercantilização. Pontos que se constituem mutuamente, possibilitaram ver o funcionamento da sociedade através de uma estrutura social específica, de forma a apresentar como o futebol pode ser estudado de uma maneira crítica, mas para além de determinismo ideológicos. O processo que esse esporte vivencia, de normatização no berço do capitalismo da segunda metade do século XIX, com uma primeira fase de espacialização oriunda disso e, posteriormente, através da Indústria Cultural, que o transforma em um dos seus programas, cuja audiência é reduplicada em torno de um torcedor que também é telespectador, vai se intensificar com a extensão da mercantilização sobre as relações e práticas sociais. Mídia e futebol não só tem uma periodização histórica semelhante, como estão intricados no processo de assimilação receptiva de conteúdos culturais com interesses de aquisição de maior lucro. A análise deste evento através dos três pontos de entrada da economia política permite ao eixo teórico-metodológico comunicacional a aplicação de suas técnicas num programa de amplo conhecimento social, com acesso às mais diversas culturas. Bibliografia BOLAÑO, C. R. S. (1999, Outubro). A capoeira e as artes marciais orientais. Candeeiro, 3 (1), 51-56. BOLAÑO, C. R. S. (2003) Esporte e Capoeira. Identidade Nacional e Globalização. Candeeiro, 9-10 (1), 33-42. BRITTOS, V. C. (2010). Digitalização, democracia e diversidade na fase da multiplicidade da oferta. En _______ (Ed.). Digitalização, diversidade e cidadania: convergências Brasil e Moçambique (17-30). São Paulo: Annablume. DAMO, A. S. (2011, Março). Produção e consumo de megaeventos esportivos –


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César Ricardo Siqueira Bolaño (Universidade Federal de Sergipe – Brasil, bolano@ufs.br ) Diego Araujo Reis (Bolsista de Mestrado em Desenvolvimento Regional da Universidade Federal de Sergipe – Brasil, diegoaraujoreis@hotmail.com ) GT 6 - Economía Política de las Comunicaciones OS AVANÇOS E LIMITES DO BRASIL PARA A UNIVERSALIZAÇÃO DA BANDA LARGA RESUMO Nos últimos anos muitos países vêm despendendo uma parcela importante de recursos em infra-estrutura de telecomunicações com capacidade de oferecer conexão à internet em banda larga.  O  objetivo  é  garantir  a  inclusão  do  país  na  chamada  “sociedade  da  informação”.   Para o eficiente cumprimento desse objetivo, é necessário que grande parte da população tenha condições de acesso, o que constitui um problema para países em desenvolvimento, com alta concentração de renda, como é o caso do Brasil, dado o alto volume de investimentos exigido. As camadas de baixa renda, sem uma ação decidida, de políticas públicas, tendem a permanecer marginalizadas do acesso à internet em banda larga. O Brasil, em anos recentes, também tem intensificado esforços nesse sentido, especialmente através do Plano Nacional de Banda Larga (PNBL). Apoio: Fundação de Apoio à Pesquisa e à Inovação Tecnológica (FAPITEC/SE) e Observatório de e Economia Comunicação (OBSCOM). INTRODUÇÃO O desenvolvimento de inovações técnicas e a intensificação do progresso tecnológico, que afetam de forma diferenciada os vários setores econômicos, tem sido a solução para a saída da crise do padrão de acumulação vigente durante o longo período expansivo do pósguerra. Nesse processo, as telecomunicações, a informática, a eletrônica de consumo de massa, as diversas indústrias culturais, além das indústrias de materiais relacionadas a todas as anteriores, adquiriram tal importância que a idéia de  uma  “Sociedade  da  Informação”  acabou por impor-se, não como um novo tipo de sociedade diferente do capitalismo, mas como projetos nacionais, articulados em nível global, sob o comando dos Estados Unidos, para a construção de toda uma nova base técnica comunicacional necessária para o desenvolvimento no século XXI (Bolaño, 2003). Para Chesnais (1996), como para Santos (2008), a reestruturação capitalista, a partir dos anos 1960, se apresenta sob a forma de três processos diferenciados, porém interdependentes: a mundialização do capital, o neoliberalismo e a reestruturação produtiva. Esta última tem impactos sobre todas as esferas de atividade humana, moldando relações sociais e transformando a economia, que passa a depender ainda mais do que antes dos avanços científicos, a ponto de se falar hoje em uma “economia  do  conhecimento”,  na  qual  os   sistemas de informação, as redes telemáticas, inclusive a internet, adquiriram uma


importância fundamental na organização dos processos produtivos, na circulação das mercadorias (logística), do dinheiro e na organização da cultura. Esta, em especial, tem se transformado profundamente, constituindo-se um ambiente social renovado. O desenvolvimento passa a depender, em um sentido fundamental, da capacidade que cada país tem de garantir a incorporação da nova cultura informática, ou seja, de garantir o mais amplo acesso às condições necessárias para a sua apropriação por parte da população. A construção de uma infra-estrutura de comunicação de grande capacidade e alta velocidade, capaz de transmitir voz, dados, textos, imagens e vídeo; o incentivo ao desenvolvimento de um mercado de informações eletrônicas, no segmento de negócios; a atualização dos processos de produção, distribuição e consumo, cada vez mais dependentes de comunicações eletrônicas, tudo isso exige uma postura ativa por parte dos governos no tocante ao estabelecimento das condições de base para a integração do país não só às chamadas infra-estruturas globais de informação (GII), mas, sobretudo, ao desenvolvimento cultural e social (Wohlers, 1998; Bolaño, 2003). O presente artigo tem por objetivo investigar e avaliar os avanços e limites do Brasil para a universalização da banda larga. A investigação será realizada tomando como referência o contexto das telecomunicações brasileiras no que tange aos seus programas de universalização da telefonia fixa, implantação da concorrência no Sistema de Telefonia Fixa Comutada (STFC) e desenvolvimento industrial tecnológico. Para tanto, serão utilizados como recursos metodológicos, pesquisa bibliográfica e documental. O estudo orientar-se-á a partir de um esquema explicativo, que contempla três níveis de análise interdependentes: o desenvolvimento das telecomunicações brasileiras, considerando suas particularidades e importância; o ambiente tecnológico, institucional e econômico mais amplo; o PNBL, que institui os objetivos e diretrizes para massificação da Banda Larga até 2014. AS TELECOMUNICAÇÕES BRASILEIRAS Podemos apresentar cronologicamente o problema, no caso do Brasil, partindo das metas de atendimento, evolução e investimentos para o setor de telecomunicações do Programa de Recuperação e Ampliação do Sistema de Telecomunicações e do Sistema Postal (PASTE), fixadas para o período de 1995 a 2003 (Reis, 2009). O programa fazia parte da política setorial do Governo Fernando Henrique, que redundaria na privatização de 1997, através da qual o país acaba por incorporar-se à linha de força da reestruturação do capitalismo. Vistas como um setor chave para a reestruturação, a partir de 1980, as telecomunicações sofreram uma mudança profunda, incluindo – de forma diferenciada nos diferentes países desenvolvidos e subdesenvolvidos – desregulamentação, privatização, reposicionamento do Estado, constituição de novas formas e novas instâncias de regulação, passando em geral a atuar segundo a lógica de acumulação capitalista (Bolaño, 2007). No Brasil, o monopólio estatal das telecomunicações, desde a sua constituição em 1960, logrou avanços notáveis em termos de expansão da rede, integração nacional, atendimento à população e desenvolvimento tecnológico. A universalização da rede básica, no entanto, jamais foi atingida e, a partir sobretudo dos anos 1980, a demanda reprimida no setor e a sua deterioração financeira, devido à política de preços do Governo Sarney, colocava o modelo em cheque. Nessas condições, o Governo FHC acaba, no bojo de uma política mais


ampla de cunho marcadamente neoliberal, cedendo às pressões privatizantes do setor, de instituições como o FMI e o Banco Mundial. O argumento, que se pode ler, por exemplo, na exposição de motivos da Lei Geral de Telecomunicações (LGT), principal instrumento da privatização, que substituiria o velho Código Brasileiro de Telecomunicações (CBT), de 1962, como principal fundamento regulatório do setor, é fortemente centrado numa perspectiva de um sistema altamente concorrencial, que garantiria a universalização e o atendimento geral às demandas da população pelos diferentes tipos de serviço. As alterações estavam relacionadas ao objetivo de aumento do índice de penetração da telefonia fixa, por meio de empresas concessionárias que operariam em um mercado concorrencial e competitivo, assegurando o desenvolvimento industrial e tecnológico do país. Assim, em 1995, foi aprovada a Emenda Constitucional n° 8, alterando o inciso XI do artigo 21 da Constituição Federal, que quebra o monopólio estatal dos serviços de telecomunicações e permite a entrada de capitais privados no setor (Bolaño, 2003). Uma vez aprovada a modificação constitucional relativa à quebra do monopólio público, o Ministério das Comunicações claramente estabeleceu uma estratégia realizada em três etapas. Primeira, abertura imediata do mercado de telefonia celular privada - Banda B - por intermédio da Lei Mínima, aprovada em 1996. Segunda, elaboração e aprovação da LGT, que dispõe sobre a organização dos serviços de telecomunicações, a criação e funcionamento de um órgão regulador – a Agência Nacional de Telecomunicações (ANATEL) - e outros aspectos institucionais, dentre elas a criação do Plano Geral de Metas de Universalização. Terceira, os leilões de privatização da telefonia fixa e da banda A da telefonia celular. Apesar de todos os esforços realizados desde então, o Brasil ainda possui um baixíssimo nível de universalização na telefonia fixa, situando-se em 44,4% das residências com telefone fixo em 2008 e uma penetração que regrediu no período de 2003 a 2010, de 21,8 para 21,7 acessos em serviço por 100 habitantes, (Teleco, 2012). O que demonstra o desperdício de recursos, a irracionalidade sistêmica, o aumento de custos (e prejuízos) causados por uma alta capacidade ociosa (Dantas, 2002). Muitos lares brasileiros deixam de ter acesso à telefonia fixa devido ao seu alto custo mensal, relacionado, sobretudo ao alto valor da assinatura básica. Pode-se afirmar que o sistema de telecomunicações implantado no Brasil a partir de 1998 fracassou nos seus três principais objetivos: universalização, concorrência e desenvolvimento industrial-tecnológico (Reis, 2009). A inserção do Brasil no modelo global de liberalização/reestruturação redundou em perda para as camadas de menor renda, incluídas, na melhor das hipóteses, ao sistema telefônico por meio de mecanismos que não garantem o acesso à chamada “Sociedade da   Informação”.   Isto   se   deve,   em   última   instância,   a   que, na medida em que o capitalismo avança nos serviços de telecomunicações, observa-se que a exploração pelas concessionárias possui um caráter predatório, rentista e de natureza puramente financeira. A expansão das telecomunicações brasileiras está travada pelo regime tarifário (price1 cap) , ainda vigente na telefonia fixa. O price-cap não tem incorporado eficientemente o 1

O price-cap consiste no estabelecimento de um teto para o reajuste dos preços dos produtos ou serviços da empresa regulada, tendo como parâmetros um índice geral de preços e um fator de produtividade desejado, fator X. Por exemplo, se o índice de preços adotado indicar uma elevação de 5% em determinado período, e ainda, se


aumento de produtividade do setor de telecomunicações, o que tem levado a menor incremento na penetração da telefonia fixa, dificultando a expansão do acesso à internet por essa via (Reis, 2009). Segundo o Atlas Brasileiro de Telecomunicações (2010), 37% dos municípios brasileiros (2.061) não possuem acesso fixo, o que corresponde a 14% da população (27,32 milhões), com um potencial de consumo de 6,8% do total nacional. Mas o problema é muito mais amplo, pois mesmo a cobertura, por acesso fixo, de mais da metade das cidades brasileiras, não garante a ocorrência de acessos por banda larga. Uma alternativa seria a utilização da telefonia móvel através de planos de tipo prépago que alcançaram, no Brasil, a surpreendente marca de 104,7 telefones móveis por 100 hab. em 2010 (Teleco, 2011). No entanto, esse aparente sucesso mascara justamente o problema central da exclusão digital, pois esse sistema, conhecido popularmente como o “telefone do  pobre”  é  relativamente  bem  mais  caro,  tornando  impeditivo  o  acesso  efetivo por essa via para a população de baixa renda. Como a rede de telefonia fixa vem caindo, e tendo em vista a necessidade de acesso à banda larga como índice de inclusão, pode-se dizer que a tendência atual – deixado, o sistema ao livre sabor das forças de mercado –, é de marginalização crescente dos setores de baixa renda. Nem o órgão regulador (ANATEL) ou o governo, nem as empresas concessionárias foram capazes, até o momento, de articular uma política ou mesmo um projeto de inclusão desses setores. A superação dessa tendência é indispensável para que o país possa pensar em explorar o potencial do acesso à internet em banda larga como meio de dinamizar a economia e trazer benefícios sociais para a população. A consciência dessa necessidade tem levado à adoção, por diversos países, de programas nacionais de expansão da banda larga. A União Internacional de Telecomunicações, por exemplo, já em 2003, apontava a importância da infra-estrutura de acesso à internet em banda larga, reconhecida por muitos países como “infra-estrutura  crucial  para  que  se  consiga  atingir  as  metas  sociais,  econômicas  e  científicas”   (UIT, 2003). Nesse sentido, as Cúpulas Mundiais da Sociedade da Informação (World Summit on the Information Society, WSIS), organizada pela Organização das Nações Unidas (ONU), uma em Genebra (2003), e outra em Tunis (2005), propuseram conectar todas as localidades, instituições de ensino e de pesquisa científica; todos os museus e bibliotecas públicas; todos os hospitais e centros de saúde, assim como as instituições em todos os níveis de governo, para garantir que mais da metade da população mundial tenha acesso às TIC até 2015 (Brasil, 2010). De acordo com estudo elaborado pela McKinsey um aumento na penetração da banda larga de 10% tem o potencial de acarretar um acréscimo de 0,8 a 1,4% no PIB dos países da América Latina. Em números absolutos, trata-se de elevar o PIB em 50 a 70 bilhões de dólares na região, bem como gerar de 1,1 a 2,7 milhões de novos empregos. O Banco Mundial projeta números similares. Segundo a entidade, nas nações em desenvolvimento, um aumento de 10% nas conexões em banda larga sugere um crescimento de 1,38% no PIB (Buttkerelt, Enriquez, Grijpink, Moraje, Torfs & Vaheri-Delmulle, 2009).

o fator de produtividade fosse da ordem de 3%, então o máximo de reajuste de preços da firma regulada seria de 2%, para esse período hipotético. Portanto, a regulação por preço-teto depende desses dois parâmetros-chave, o indexador de preços e o fator de produtividade.


Um recente estudo da Universidade de Harvard constatou que o desenvolvimento de uma sociedade ubíqua - na qual todos tenham acesso à Internet, em qualquer lugar, a qualquer tempo e por qualquer terminal -, conectada através de redes de alta capacidade, é hoje objetivo comum aos governos de países desenvolvidos e emergentes. A grande contribuição do referido trabalho está na comprovação científica de que a regulação do acesso às redes das concessionárias locais é determinante dos níveis de preço, da penetração e da qualidade da banda larga ofertada. Depois de analisar o impacto das medidas pró-competição impostas por agências reguladoras em 59 países, os autores do estudo concluíram que banda larga a preços baixos e de alta velocidade é resultado de uma regulação eficiente para o acesso às redes essenciais (Cuza & Couto, p.1, 2010).

Assim, por exemplo, Alemanha e Finlândia já tinham estabelecido meta de levar banda larga de 1 Mbps a 100% dos domicílios em 2010 (Qiang, 2009). Nos Estados Unidos, ao tomar posse, em 2009, o presidente Barack Obama anunciou a implementação de um programa para universalizar o acesso à banda larga, com ênfase no atendimento às zonas rurais. O valor orçado para o projeto foi estimado inicialmente em mais de sete bilhões de dólares (Brasil, 2009). Também o Brasil se insere nesse esforço internacional para massificar a oferta de banda larga através de uma adequada política pública. A BANDA LARGA NO BRASIL De acordo com o Ministério das Comunicações, o Brasil, embora ainda apresente uma baixa difusão do acesso em banda larga nos domicílios, demonstra elevado potencial de crescimento, pois possui mais de 64 milhões de internautas e o brasileiro está entre os que usam mais intensivamente a internet (30 horas e 13 minutos mensais). Ao longo dos últimos anos, o mercado de banda larga no país vem apresentando uma trajetória de expansão. No gráfico 1, pode-se observar que o número de acessos em banda larga elevou-se de 200 mil, em 2000, para 13,8 milhões, em 2010. Gráfico 1 - Evolução dos Acessos em Banda Larga no Brasil 16.000.000 14.000.000 12.000.000 10.000.000 8.000.000

Banda Larga

6.000.000 4.000.000 2.000.000 0 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 Fonte: TELECO, 2012.

Apesar desse acréscimo, observa-se que a densidade ainda permanece muito aquém dos índices de penetração da telefonia móvel e fixa. Conforme o gráfico 2, enquanto o acesso


em telefonia em fixa permaneceu em 21,7 acessos por 100 hab., observou-se uma forte expansão dos acessos por telefonia móvel, que saltaram de 21,8 acessos por 100 hab. em 2003 para 104,7 em 2010. Por outro lado, a Banda larga em 2010 representou apenas 1/3 dos acessos fixos, isto é, 7,1 acessos por 100 habitantes.2 Gráfico 2 – Densidade da Banda Larga, Telefonia Fixa e Telefonia Móvel 120 104,7

100 80

79,2

60 40 25,8 21,8

20

1,3 2004

0,7 2003

0

36 21,7

Banda Larga

46,8 21,6 2,1 2005

64,2

53,6

21,6 5,3

20,9 4,1

20,8 3,1 2006

90,5

2007

2008

Telefone Fixo

21,7 7,1

21,6 5,9 2009

2010

Telefone Móvel

Fonte: TELECO, 2012.

Convém destacar que a oferta de banda larga apresenta uma característica similar em relação à telefonia fixa, pois a oferta desses serviços acompanha a distribuição de renda. Veremos que as faixas superiores de renda são razoavelmente atendidas, ao passo que piora sensivelmente o acesso com o decréscimo da renda. O gráfico 3 apresenta a penetração da banda larga por região. O Sudeste, com 12,13 acessos por 100 hab. lidera o ranking, seguido da região Sul, com 11,70 acessos por 100 hab. Em terceiro lugar, e ainda acima da média brasileira, aparece a região Norte, com 10,06 acessos por 100 hab. Nordeste e Centro-Oeste estão abaixo da média brasileira. Gráfico 3 – Penetração da Banda Larga por Região Acessos por 100 hab. Brasil

8,43

N NE CO

10,06 2,54 2,15

SE S

12,13 11,7

Fonte: Atlas Brasileiro de Telecomunicações 2010. Base dos dados: set/2009.

2

O estado da arte em que se encontra a banda larga no Brasil nesses últimos anos é semelhante ao da telefonia fixa antes da privatização. Antes do PASTE, o Sistema Telebrás operava com 12 milhões de telefones fixos instalados. No período de 1995 a 1998, o PASTE elevou consideravelmente o número de telefones instalados no Brasil. Em 1995 o número de telefones instalados saltou para 13,3 milhões, em 1996 alcança mais de 14,8 milhões, em 1997 já havia 17 milhões de telefones instalados e uma densidade telefônica média de cerca de 10 acessos por 100 habitantes. A fonte geradora dessa expansão foi o aumento das tarifas que impulsionaram os recursos para investimentos da Telebrás. Essa expansão somente poderia ter sido aceita por um mercado em firme expansão caracterizado por uma forte demanda reprimida.


É certo que a distribuição dos acessos em banda larga repete, grosso modo, a mesma configuração da telefonia fixa em 1998, quando metade dos estados possuía no máximo 10 acessos de telefonia fixa por 100 habitantes. O Maranhão contava com apenas 3,9 acessos por 100 habitantes (Santos, 2004). Do gráfico 4, que apresenta a densidade da banda larga de 20 países nos anos de 2007 e 2010, pode-se inferir que apenas alguns países apresentam uma trajetória de efetiva massificação da banda larga, a saber: Estados Unidos, Coréia do Sul, França, Alemanha e Canadá, que já possuem uma densidade acima de 30 acessos por 100 hab. Se utilizarmos como critério o nível de desenvolvimento dos países para pensar a densidade da banda larga, fica claro que os países de maior grau de desenvolvimento lideram o ranking. Os países em desenvolvimento selecionados possuem um baixo nível de densidade, uma média de 7,9 acessos por 100 hab. em 2010, ou seja, cinco ou seis vezes menor do que a dos países desenvolvidos. Gráfico 4 - Densidade da banda larga fixa e móvel em países selecionados (2007) banda larga por 100 habitantes em 2010* Paraguai Índia Brasil Venezuela

0,6 0,03 0

0,9

México

7,1

3,5

8,2

3,1

China Rússia

9,4

5

10

2,8

10,5

4,3

Chile Uruguai Argentina Portugal

banda larga por 100 habitantes em 2007

7,9

10,51 11,41

4,9 6,6

12,9 19,6

14,2

Itália

18,4

Espanha

17,6

Austrália

22,1 23 21,6

24

Canadá Reino Unido Alemanha França

28,2

31,2

15,7 24

31,6 32,3

24,6

Coreia do Sul Estados Unidos

30,4

30,5 24

35,2 43,3

Fonte: Ministério das Comunicações, 2010. TELECO, 2012. *Com exceção dos Estados Unidos cujo dado é de 2009.


O Brasil apresentou uma densidade ainda abaixo da média dos países em desenvolvimento em 2010, inclusive os da America Latina, cuja média de densidade em 2010 foi de 8,4 acessos por 100 hab. (Teleco, 2012). O atraso relativo do Brasil, cuja posição no ranking mundial da densidade da banda larga é a 84ª, pode ser explicado em boa medida pelo alto valor cobrado pela assinatura básica, como lembra Reis (2009), ao avaliar a eficiência do modelo básico de assinatura para a expansão das telecomunicações brasileiras, apontando que a expansão da banda larga via telefonia fixa é impeditiva, pois o alto valor da assinatura básica restringe de maneira decisiva a ampliação do número de assinantes de banda larga nas localidades que permitem a convergência entre os serviços.3 O custo associado à aquisição de microcomputadores representa outro limite à expansão da banda larga. Conforme a tabela 1, que apresenta o déficit desses equipamentos nos domicílios brasileiros, em 2001, 87,4%, ou seja, 40,6 milhões dos domicílios, não os possuíam. De 2001 a 2009, esse déficit se reduziu. Em 2009, a porcentagem de domicílios sem microcomputadores passou a ser de 65,3%, correspondentes a 38,2 milhões de domicílios, o que indica uma redução importante no período, da ordem de 5,9%, ou 2,4 milhões de novos domicílios com microcomputadores, em termos absolutos.4 Se considerarmos que o crescimento do número de domicílios no país se deu a uma taxa média de 2,9%, essa expansão deve ser relativizada. Tabela 1 - Déficit de Microcomputadores nos Domicílios do Brasil 2001 Total de Domicílios (milhares) Sem Microcomputadores Com Microcomputadores

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

46.507

48.036 49.712 51.753 53.053 54.610 56.344 57.557 58.577

87,4%

85,8%

84,7%

83,7%

81,4%

77,9%

73,4%

68,8%

65,3%

12,6%

14,2%

15,3%

16,3%

18,6%

22,1%

26,6%

31,2%

34,7%

100% 100% 100% Total Fonte: Elaboração própria com base na TELECO, 2012

100%

100%

100%

100%

100%

100%

Do total dos domicílios com microcomputadores, observa-se na tabela 2, que, apenas 8,6% (3,9 milhões) dispunham de acesso à internet, em 2001. Ao final de 2009, 27,4% (16 milhões) das residências possuíam microcomputadores conectados à internet.5 A porcentagem de domicílios sem microcomputadores com acesso a internet se reduziu de 91,4%, em 2001, para 72,6%, em 2009, ainda que, em termos absolutos, o número de domicílios sem 3

Um estudo do Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada (IPEA), apontou que a assinatura do serviço nos Estados Unidos custa, em média, R$ 162 por mês, o equivalente a 31,8% do salário mínimo. Quando se compara o preço mínimo da banda larga com a renda da população, o IPEA conclui que as operadoras brasileiras cobram preços 24 vezes mais caros do que nos EUA (Salvadori, 2010). 4 No Caderno elaborado pelo Conselho de Altos Estudos e Avaliação Tecnológica sobre as Alternativas de Políticas Públicas para a Banda Larga, dentre os fatores que contribuíram para o aumento do numero de acessos, é apontada a implementação de políticas públicas de redução do preço ao consumidor dos microcomputadores (BRASIL, 2009). A ação governamental nesse sentido foi consolidada principalmente sob a forma da Lei do Bem – Lei nº 11.196, de 21 de novembro de 2005 –, que reduziu a zero as alíquotas da contribuição para o Pis/Pasep e Cofins incidentes sobre a comercialização, no varejo, de equipamentos de informática com valor inferior a R$ 2,5 mil (Brasil, 2009). 5 Consideram-se aqui todos os tipos de acesso à internet. A grande maioria da população que acessa a internet ainda o faz através de conexão discada.


microcomputadores ligados à internet tenha aumentado levemente no período, de 42,50 para 42,52 milhões. Tabela 2 - Déficit de Microcomputadores ligados à Internet nos Domicílios do Brasil 2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

46.507

48.036

49.712

51.753

53.053

54.610

56.344

57.557

58.577

91,4%

89,7%

88,5%

87,8%

86,3%

83,1

79,8%

76,2%

72,6%

8,6%

10,3%

11,5%

12,2

13,7%

16,9%

20,2%

23,8%

27,4%

100% 100% 100% 100% Total Fonte: Elaboração própria com base na TELECO, 2012.

100%

100%

100%

100%

100%

Total de Domicílios (milhares) Sem Microcomputadores com acesso a Internet Microcomputadores com acesso a internet

Pela ótica da taxa de crescimento ver-se-á que o número de domicílios com microcomputadores apresentou um maior ritmo de crescimento em 2005, 2006 e 2007 (gráfico 5), com taxas de 16,98%, 22,30% e 24,18%, respectivamente. Nos anos posteriores observa-se uma perda no ritmo desse crescimento. Por outro lado, a taxa de crescimento dos domicílios sem microcomputadores, mesmo com o aumento do número de domicílios com microcomputadores, apresentou uma expansão em 2002, 2003 e 2004, com taxas de 1,40%, 2,16% e 2,88%, respectivamente. Todavia, a partir de 2005, vem-se apresentando uma trajetória de crescimento negativa, o que indica que o aumento do número de domicílios com microcomputadores foi de tal ordem que, além de compensar o aumento da taxa de crescimento do número de domicílios totais, reduziu o número de domicílios sem microcomputadores. No entanto, a perda de fôlego, evidenciada nos últimos anos pode ser um sinal do enfraquecimento da expansão do número de domicílios com microcomputadores. No geral, a taxa de crescimento geométrica do número de domicílios sem microcomputadores no período de 2001 a 2009 foi de -0,76%, isto é, uma redução pífia para o setor. Gráfico 5 – Taxa de Crescimento dos Domicílios Com e Sem Microcomputadores

Taxa de Crescimento (%)

25 20 15 10 5 0 -5

Fonte: Elaboração própria com base na TELECO, 2012.

Domicílios sem Microcomputadores Domicílios com Microcomputadores Taxa de Crescimento do Nº de Domicílios


As taxas de crescimento dos domicílios com acesso à internet, por sua vez, apresentaram um ritmo de expansão maior do que o do número de domicílios com microcomputadores. A maior variação percentual ocorreu em 2007, com relação a 2006, com um crescimento de 27%, reduzindo-se nos anos seguintes, como se pode observar no gráfico 6. A taxa média de crescimento no período de 2001 a 2009 foi de 19%, ou seja, superior à taxa de crescimento média dos domicílios com microcomputadores (16,82%). Caso essa trajetória de expansão se mantenha, provavelmente se chegará a uma situação em que praticamente todos os domicílios com microcomputadores estarão conectados, permanecendo, no entanto, uma faixa importante de domicílios sem microcomputadores, o que significa que o potencial de crescimento do acesso se verá bloqueado por essa insuficiência de demanda. Assim, os domicílios sem microcomputadores com acesso à internet apresentaram uma trajetória de expansão negativa somente a partir de 2006 (-0,88% com relação a 2005) e até 2009 (com -3% em relação a 2008). A taxa média de crescimento foi de 0,1% no período de 2001 a 2009, o que sugere que o aumento do número de domicílios com microcomputadores com acesso à internet foi insuficiente para compensar a taxa de crescimento total dos domicílios.

Taxa de Crescimento (%)

Gráfico 6 – Taxa de Crescimento dos Domicílios Com e Sem Microcomputadores Conectados à internet

25,00 15,00 5,00 -5,00

Domicílios sem Microcomputadores conectados a internet Domicílios com Microcomputadores conectados a internet Taxa de Crescimento do Nº de Domicílios

Fonte: Elaboração própria com base na TELECO, 2012.

Sobre a questão distributiva, a tabela 3 mostra que, em 2009, 94% dos domicílios com rendimentos acima de 20 salários mínimos possuíam microcomputadores, enquanto as residências com rendimentos entre 10 e 20 salários mínimos possuíam mais de 81%. No caso dos domicílios com rendimentos até 10 salários mínimos, há um aumento de 15,6% para 34,7% no período, conseqüência, em parte, da redução dos preços e, em parte, da tendência


dos últimos anos, de ascensão daquilo que vem sendo chamando “nova  classe  média”,6 que passou a demandar e adquirir equipamentos eletrônicos, inclusive microcomputadores. Tabela 3 – Domicílios com Microcomputadores por Nível de Renda Microcomputadores / Salário Mínimo 2006 2007 2008 2009 Fonte: TELECO, 2012.

Número de Residências 54.610 56.344 57.557 58.577

Total %

Até 10

10 a 20

mais de 20

22,1 26,6 31,2 34,7

15,6 20,5 25,1 29,1

73,8 78,1 81,9 85,2

87 87,4 91,1 94

Na mesma direção, a tabela 4 mostra o comportamento dos domicílios com microcomputadores com acesso a internet, por nível de renda. Em 2009, 90,8% das residências com mais de 20 salários mínimos tinham microcomputadores com acesso à internet, enquanto nos domicílios com 10 a 20 salários mínimos, a marca era de 78,8%. Nas residências com rendimento de até 10 salários mínimos, apenas 27,4% possuíam microcomputadores com acesso à internet. Reforça-se a idéia de que a expansão das residências com microcomputadores com acesso à internet foi impulsionada pelas residências de maior renda. A queda no ritmo dessa expansão, por outro lado, revela os limites dessa expansão, pois, quando analisamos as faixas de menor poder aquisitivo, os níveis de penetração pioram sensivelmente, ao passo que as faixas superiores de renda já estão amplamente atendidas. Tabela 4 – Domicílios com Microcomputadores com Internet por Nível de Renda Microcomputadores com acesso a internet / Salário Mínimo 2006 2007 2008 2009 Fonte: TELECO, 2012.

Número de Residências 54.610 56.344 57.557 58.577

Total %

Até 10

10 a 20

mais de 20

16,9 20,2 23,8 27,4

10,7 14,1 17,6 21,6

64,2 68,7 74,3 78,8

83 83 87 90,8

Esbarra-se, assim, com a alta concentração de renda no Brasil, que faz com que as camadas de baixa renda sejam marginalizadas do acesso à banda larga. Só uma ação decidida de políticas públicas poderá mudar essa situação. O PLANO NACIONAL DE BANDA LARGA A principal tentativa de universalização da internet por banda larga a preços acessíveis é o Plano Nacional de Banda Larga (PNBL), lançado pelo Ministério das Comunicações em 2010, com o objetivo de massificar, até 2014, a oferta de acessos e promover o crescimento da capacidade da infra-estrutura de telecomunicações do país. Na verdade, o conceito de universalização é abandonado, substituído pelo de massificação. Por esse artifício, a banda 6

Ascensão socioeconômica de cerca de 30 milhões de brasileiros que migraram das classes de renda D e E para a C, resultado do aumento do nível de emprego, da elevação do salário mínimo acima da inflação, da ampliação do acesso ao crédito e da valorização do real – associados a políticas públicas, como o Bolsa Família.


larga não é considerada serviço público, ou seja, não é definido como direito fundamental da sociedade, o acesso de qualidade, com obrigação de continuidade do serviço, promovendo a acessibilidade econômica a partir do reconhecimento das desigualdades sociais do país. Em todo caso, o PNBL trouxe consigo um novo modelo de atuação do Estado regulador. Não apenas pelos seus objetivos,7 mas ainda pela revitalização da Telebrás, a antiga estatal privatizada em 1998.8 A intenção do Governo Lula era que a Telebrás participasse apenas no atacado, oferecendo capacidade de rede por R$ 230/Mbps (links). Para ter acesso à rede estatal, as empresas privadas teriam que assegurar a oferta do serviço ao consumidor pelo preço de R$ 35 por uma velocidade de, no mínimo, 512 Kbps.9 Posteriormente, já no Governo Dilma Rousseff, em 2011, o compromisso assinado pelas concessionárias foi o de levar a banda larga a R$ 35 por uma velocidade de, no mínimo, 1 Mbps a todos os municípios do Brasil, o que foi comemorado pela sociedade civil e anunciado pelo governo como uma conquista da sociedade depois de meses de intensas negociações com as empresas, que se recusavam a aceitar a ampliação do backhaul nas metas do Plano Geral de Metas de Universalização (PGMU III)10. Somado a isso, foram aprovadas pela ANATEL, as metas de qualidade para a banda larga fixa e móvel, que deverão entrar em vigor em outubro de 2012. As metas de qualidade obrigam as operadoras a elevarem seus investimentos na rede móvel e principalmente na fixa,

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O Decreto   nº   7.175   em   seu   artigo   1°   declara   que,   “fica   instituído   o   PNBL   com   o   objetivo de fomentar e difundir o uso e o fornecimento de bens e serviços de tecnologias de informação e comunicação, de modo a: I massificar o acesso a serviços de conexão à Internet em banda larga; II - acelerar o desenvolvimento econômico e social; III - promover a inclusão digital; IV - reduzir as desigualdades social e regional; V - promover a geração de emprego e renda; VI - ampliar os serviços de Governo Eletrônico e facilitar aos cidadãos o uso dos serviços do Estado; VII - promover a capacitação da população para o uso das tecnologias de informação; e VIII - aumentar  a  autonomia  tecnológica  e  a  competitividade  brasileiras”  (Brasil, 2010). 8 O   Decreto   nº   7.175   em   seu   artigo   4°   afirma   que,   “para   a   consecução   dos   objetivos   previstos   no   art.   1°,   nos termos do inciso VII do art. 3° da Lei no 5.792, de 11 de julho de 1972, caberá à Telecomunicações Brasileiras S.A. - TELEBRÁS: I - implementar a rede privativa de comunicação da administração pública federal; II prestar apoio e suporte a políticas públicas de conexão à Internet em banda larga para universidades, centros de pesquisa, escolas, hospitais, postos de atendimento, telecentros comunitários e outros pontos de interesse público; III - prover infra estrutura e redes de suporte a serviços de telecomunicações prestados por empresas privadas, Estados, Distrito Federal, Municípios e entidades sem fins lucrativos; e IV - prestar serviço de conexão à Internet em banda larga para usuários finais, apenas e tão somente em localidades onde inexista oferta adequada daqueles serviços. § 1° A TELEBRÁS exercerá suas atividades de acordo com a legislação e a regulamentação em vigor, sujeitando-se  às  obrigações,  deveres  e  condicionamentos  aplicáveis” (Brasil, 2010). 9 A Telebrás ainda não consegue atender à demanda de atacado nacionalmente, o que implica na necessidade de oferta complementar por parte das concessionárias. Pelas estimativas do Ministério de Comunicação, no mercado, o preço do link de 2 Mbps está em torno de R$ 1.800,00. 10 Dentre outras determinações, o PGMU III estabelece que as incumbents “deverão disponibilizar acesso individual rural em áreas distantes a menos de 30 quilômetros da sede do município atendido com STFC. Os prazos, metas de cobertura e outros detalhes serão definidos em regulamentação específica, sendo que a concessionária tem até 31 de dezembro de 2015 para estar apta a atender todas as solicitações. Além disso, deverão ser atendidas com banda larga todas as escolas públicas em área rural. Segundo o decreto, entretanto, essa meta só será exigível a partir da cobertura da área pela rede da empresa vencedora da faixa de 450 MHz. O PMGU também traz a reformulação do Acesso Individual Classe Especial (AICE), que passa a ser um serviço voltado para os cidadãos inscritos no Cadastro Único de Programas Sociais (CadÚnico). O preço do serviço, de acordo com proposta da Anatel, que já passou por consulta pública, será de R$ 9,50 (sem impostos). Haverá também a redução da densidade de Terminal de Uso Público (TUPs) de 6 para 4 por mil habitantes.” (Teletime, Ed. 145, 2011).


cuja situação é mais complexa, devido à extensa malha de rede de cobre.11 Isso significa um importante ganho para os consumidores de baixa renda, mas tem se tornado alvo de criticas pelas empresas que terão, segundo alegam, o retorno dos novos investimentos de forma lenta nos mais de 5 mil municípios brasileiros. Estrategicamente, as empresas pretendem cumprir as exigências através da oferta de banda larga móvel. Todavia, o governo se antecipou e, para garantir que não usem apenas a rede móvel para fazer a oferta, as operadoras terão que realizar a oferta pela rede Serviço de Comunicação Multimídia (SCM)12 em 15% da base de assinantes residenciais do STFC, e a oferta deverá estar disponível em todas as localidades em que já existe a oferta de serviço a 512 kbps. Pela rede fixa o preço não poderá ser superior a R$ 65 (fixo + banda larga). Ademais, as alterações feitas no projeto inicial também esboçam um conjunto de restrições. A primeira delas afeta diretamente o consumidor e está relacionada aos limites de tráfego. A velocidade de 1 Mbps só é garantida até o cliente atingir um determinado volume de tráfego, que será ampliado para 1 GB em 2013. Caso o limite seja ultrapassado, a empresa poderá reduzir  a  velocidade  de  conexão  a  patamares  que  “não  impeçam  a  fruição  do  serviço   pelo   consumidor”.   O governo não conseguiu garantias firmes de que a velocidade não será reduzida drasticamente. No entanto, a TELEBRAS pode, com base no parágrafo IV do artigo 4°, prestar serviço de conexão à Internet em banda larga para usuários finais em localidades nas quais a oferta não seja adequada ou inexistente pela iniciativa privada. Nesse sentido, a revitalização da empresa, bem como sua função no mercado pode ir além do atacado, sendo mais uma fonte de desconfiança por parte das concessionárias. Em todo caso, a TELEBRÁS cumprirá papel importante no PNBL também por fomentar a concorrência na oferta de internet por banda larga, ajudando a minimizar as distorções decorrentes do sistema de compartilhamento de meios, implantado no processo de privatização, que redundou no fracasso das chamadas empresas-espelho. O que poderia contribuir, por outro lado, para o barateamento da assinatura de banda larga pelas famílias das classes de baixa renda é o Fundo de Universalização dos Serviços de Telecomunicações (FUST)13. Mas a Lei que dispõe sobre a aplicação dos recursos do FUST encontra-se ainda em processo de revisão pelo Legislativo. No Senado, o Projeto de Lei Nº 103 de 2007, que dispõe sobre o acesso a redes digitais de informação em estabelecimentos de ensino, apresentou quatro propostas de mudança que alteram a forma como as obrigações de universalização podem ser financiadas pelo Estado. Segundo o PNBL, caso todas as 11

“A ANATEL, para além das usuais exigências de qualidade de atendimento e resolução de problemas, estabeleceu rigorosos parâmetros técnicos, como a garantia de 80% da velocidade vendida e a exigência de investimentos na rede caso ela atinja determinada capacidade” (Teletime, Ed. 147, 2011). 12 SCM é um serviço fixo de telecomunicações de interesse coletivo, prestado em âmbito nacional e internacional, no regime privado, que possibilita a oferta de capacidade de transmissão, emissão e recepção de informações multimídia (dados, voz e imagem), utilizando quaisquer meios, a assinantes dentro de uma área de prestação de serviço. 13 O FUST foi instituído por meio da Lei 9.998, de 17 de agosto de 2000, para financiar a implantação de serviços do setor de telecomunicações - especialmente para a população mais carente - que não seriam normalmente prestados pelas empresas privadas em razão de custos e do baixo retorno. No entanto, devido a questões que não cabe discutir neste texto, os recursos do FUST permanecem intactos, salvo iniciativas pequenas iniciadas em 2007 de baixo valor financeiro. A cobrança do FUST é feita sobre a receita operacional bruta das empresas, no valor de 1%. Por lei, essa contribuição não pode ser repassada para o valor final do serviço. Em contrapartida, os impostos (ICMS e PIS/Cofins) são excluídos da base de cálculo (Reis, 2009).


alterações propostas sejam aprovadas, o FUST poderá ser utilizado para massificar o serviço de acesso por banda larga, podendo financiar projetos que incluam até mesmo o pagamento de assinatura mensal do serviço. No que tange ao fomento da demanda por banda larga vale destacar o Programa Computador para Todos, que objetiva estimular a aquisição de computadores por meio de isenção fiscal do Governo Federal e disponibilização de linha de crédito para financiamento de computadores pessoais de baixo custo. CONSIDERAÇÕES FINAIS O Brasil tem intensificado a sua política para a construção de uma infra-estrutura de telecomunicações com capacidade de oferecer conexão à internet por banda larga. Com vistas à inclusão  do  país  na  chamada  “sociedade  da  informação”,  o  conjunto  de  políticas  elencadas   pelo governo através do PNBL traz consigo uma tentativa de incluir as camadas de baixa renda no acesso ao mundo digital. Um avanço importante nesse sentido foi dado com a revitalização da Telebrás, que além de ser responsável por parte das redes de telecomunicações poderá ofertar serviços de banda larga em localidades de baixa renda e baixa densidade populacional. Nessa perspectiva, é de extrema importância que o governo mantenha essa ação decidida de política pública, visto que, a experiência na telefonia fixa mostrou que as metas de universalização que competem às concessionárias vão contra a lógica microeconômica das firmas reguladas, pois, na medida em que estabelecem a necessidade de expansão da rede para localidades de baixa renda e baixa densidade populacional, a menor densidade de uso dos ativos operacionais, quando comparadas a regiões urbanas, representa uma relação receita/custo marginal inferior, sendo mais rentável para as concessionárias ampliar a rede em localidades de maior concentração populacional, como as regiões metropolitanas. Assim, evidencia-se o mecanismo contrário aos objetivos de maximização de lucro que as metas de implantação do serviço de telecomunicações nas localidades de pequena população exigem (Santos, 2004). O estabelecimento de um Plano de Banda Larga no valor de R$ 35 com velocidade de 1 Mbps e download limitado, bem como o Programa Computador para Todos, direcionados para os segmentos de baixa renda, embora representem um avanço em termos de política pública, podem vir a apresentar estrangulamentos, pois, como vivenciado na telefonia fixa, os investimentos necessários para a universalização da telefonia fixa foram em parte financiados pelos reajustes tarifários da assinatura básica, o que contribuiu decisivamente para a exclusão das camadas de menor poder aquisitivo (Reis, 2009). Por outro lado, por mais que o governo estabeleça isenção fiscal para a compra de computadores, estes podem ainda não ser totalmente adquiridos devido à alta restrição orçamentária das classes D e E. Assim sendo, possivelmente, a oferta de banda larga ultrapassará a demanda, o que, como conseqüência, pode gerar uma alta capacidade ociosa, que resultará no desperdício de recursos. Contudo, do conjunto de metas estabelecidas no PNBL que devem ser alcançadas até 2014, uma coisa é certa: para o bom desempenho do plano será necessária uma forte regulação, principalmente por parte da ANATEL.


REFERÊNCIAS BIBLIOGRÁFICAS Atlas Brasileiro de Telecomunicações. Teletime. São Paulo, 2010. Bolaño, C. R. S. (2003). Políticas de Comunicação e Economia Política das Telecomunicações no Brasil: Convergência, Regionalização e Reforma. 2. ed. Aracaju. ______, C. R. S. (2007). Qual a Lógica das Políticas de Comunicação no Brasil? 1. ed. São Paulo: Editora PAULUS, v. 01. 128 p. Brasil, (2009). Alternativas de Políticas Públicas para a Banda Larga.. Relator: Paulo Henrique Lustosa; José de Souza Paz Filho (coord.). – Brasília : Câmara dos Deputados, Edições Câmara, 291 p. – (Série Caderno de Altos Estudos; n. 6) ______, (2010). Um Plano Para Banda Larga: O Brasil em Alta Velocidade. Ministério das Comunicações. Organizadores: Átila Augusto Souto; Daniel B. Cavalcanti; Roberto Pinto Martins. Chesnais, F. (1996). A Mundialização do Capital. 1. ed. São Paulo: Xamã. Cuza, L. & Couto, C. (2010). Um caminho para o PNBL. Teletime, março de 2010. Dantas, M. (2002). A lógica do capital-informação. A fragmentação dos monopólios e monopolização dos fragmentos num mundo de comunicações globais. 2ª. ed. Rio de Janeiro: Contraponto. v. 1. 262 p. Buttkerelt, S., Enriquez, L., Grijpink, F., Moraje, S., Torfs, W. & Vaheri-Delmulle, T. (2009). Mobile broadband for the masses: regulatory levers to make it happen. McKinsey&Company. Qiang, C. (2009). Broadband Infrastructure Investiment in Stimulus Packages: Relevance for Developing Countries. Disponível em http://siteresources.worldbank.org. Acesso em abr 2010. Reis, D. A. (2009). A Eficiência do Modelo Básico de Assinatura para a Expansão. 150 f. Monografia (Graduação em Economia) – DEE, Universidade Federal de Sergipe, São Cristóvão, Sergipe, Brasil. Salvadori, F. (2010). Banda larga no Brasil é cara e ruim. Entenda porque!. Disponível em: http://www.vooz.com.br/blogs/banda-larga-no-brasil-e-cara-e-ruim-entenda-porque36122.html, acesso em 02/2012. Santos, R. T. (2004). A Diversidade Regional e o Dilema do Modelo Regulatório na Telefonia Fixa do Brasil. Nova Economia, Belo Horizonte, v. 14, p. 153-182. Santos, V. A. (2008). A Firma-rede e as Novas Configurações do Trabalho nas Telecomunicações Brasileiras.1. ed. São Cristóvão: Editora da UFS. v. 1. 248 p. Teleco, (2011). Dados obtidos em: http://www.teleco.com.br, acesso em 01/2012.


_____, (2012). Dados obtidos em: http://www.teleco.com.br, acesso em 02/2012. UIT, (2003). Background paper to ITU New Initiatives Workshop on Promoting Broadband. Genebra. Wohlers, M. (1998). Investimento e privatização das telecomunicações no Brasil: dois vetores da mesma estratégia. São Paulo: Unicamp.


Ficción televisiva en Argentina. Configuración del mercado y expectativas de las audiencias Autora: María Victoria Bourdieu Correo electrónico: vbourdie@ungs.edu.ar Universidad Nacional de General Sarmiento – Instituto de Desarrollo Humano República Argentina GT: 6-Economía Política de las comunicaciones RESUMEN El trabajo intentará una aproximación al estudio de la producción de ficción televisiva en la Argentina de los últimos años, desde una perspectiva de la economía política de la comunicación. El desafío que esta mirada involucra tiene como base la reconstrucción de un pensamiento crítico de la comunicación a partir de cuatro parámetros imprescindibles: el contexto histórico, la filosofía moral, la comprensión de lo social como totalidad y el compromiso del investigador con la realidad1. En un contexto de globalización que involucra flujos desequilibrados entre países y procesos de concentración, el análisis de los sistemas y modelos de comunicación local deviene en un objeto sustantivo en tanto permite la aproximación a cuestiones tales como dominación, dependencia y resistencias que se asientan tanto en las raíces sociales y culturales nacionales como en la “naturalizada” obtención de beneficios económicos instalada por el neoliberalismo. La mirada sobre los productos estrictamente ficcionales de la televisión (en tanto mercancías de la industria cultural) no puede perder de vista las tensiones entre rentabilidad y valor estético. También esa aproximación deberá encuadrarse a partir de las lábiles fronteras entre lo público y privado, y entre la creatividad y la banalidad. En 1989 se inició en Argentina un proceso de privatización de la mayoría de los canales televisivos de aire que, hasta entonces, eran administrados por el Estado. La gestión privada de estas señales tenía como impronta la “eficiencia” administrativa que conllevó a la proliferación de productoras independientes especializadas en diferentes géneros televisivos. Si bien el nacimiento de las productoras independientes en Argentina es casi simultáneo al surgimiento de la televisión, el fenómeno de los años noventa tiene características muy particulares. Se vincula especialmente a un proceso de tercerización que permite disminuir el riesgo y prever costos. En un contexto de incipiente crisis económica que afecta la pauta publicitaria de los medios masivos de comunicación, delegar en las productoras los contenidos emitidos, no sólo reduce costos sino que facilita la especialización de las empresas que permite establecer un nivel básico de prestación. Estas empresas, más pequeñas que los canales que adquieren sus productos, operan con una lógica capitalista en función complementaria con la de los canales.

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Mosco, Vicent (2006) La economía política de la comunicación: una actualización diez años después, CIC-cuadernos de Información y Comunicación, vol. 11, Madrid: Universidad Complutense de Madrid,

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Entonces, estas productoras trabajan especialmente bajo la impronta economicista que rige por la ecuación costo-beneficio que, en apariencia, las aleja de la cuestión estética y de las verdaderas apetencias del/los público/s. En este punto, tal como la plantea Raymond Williams, la dependencia económica cada vez mayor de los medios de publicidad en detrimento de la importancia de la demanda de lectores y espectadores, es la que signa la orientación de las programaciones y mensajes mediáticos. Así todos los fines fundamentales de la comunicación –lograr que se comparta la experiencia humana- pueden subordinarse a este impulso de vender2. Con esta impronta y teniendo en cuenta la proliferación de este tipo de empresas en los últimos 15 años en la Argentina, que elaboran y ofrecen diferentes productos de diversos géneros, nos proponemos ahondar sobre la posibilidad de que la diversidad de estilos y estéticas que éstas proponen favorezca la adaptación al gusto de las audiencias locales o, por el contrario, que las audiencias resignen sus expectativas y acepten las propuestas sin mayores exigencias.

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Estas relaciones respecto de la historia de los medios y sus fuentes económicas se analizan en Williams R. (1974), Los medios de comunicación social, Barcelona, Península.

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Televisión, modos y contextos de análisis La televisión, constituida ya como uno de los dispositivos de moldeamiento y reconversión de las sensibilidades, tiene una importante incidencia en los usos del tiempo y los espacios de los latinoamericanos (Orozco, 2001). Si bien las nuevas tecnologías de información y comunicación resultan hoy un interesantísimo objeto de estudio para el análisis académico, creemos que la investigación en comunicación relacionada con los productos televisivos de todos los géneros, aporta especialmente a una mirada especular (siempre sesgada) que no puede ser soslayada. En este punto, no podemos perder de vista que la constitución de audiencias televisivas en los últimos cincuenta años ha forjado, en permanente interacción con los productos televisivos, la conformación de esos públicos que hoy, en mayor o menor medida, se apropian de las nuevas tecnologías, con la impronta enraizada a partir de sus intercambios con otros medios como la televisión y la radio. Entonces hoy, el análisis tanto descriptivo como simbólico del intercambio televisiónaudiencias, no sólo aporta a la interpretación de una específica identificación, sino a la constitución de una forma de apropiarse de las nuevas propuestas tecnológicas. La complejidad que adquirió este medio de comunicación a partir de sus dinámicas tecnológicas, económicas y políticas, requiere también una mirada compleja y deconstructiva que facilite la comprensión no sólo de lo que es decible sino especialmente de los modos en los que se dice en la televisión latinoamericana. En este punto, qué y cómo se dice en cada una de nuestras televisiones no puede estar alejado de cada particular contexto de producción; y esto implica también el análisis de la función económico-política que cumple la industria de la comunicación televisiva; es decir incorporar el análisis crítico no sólo de la manera en que el doble medio del dinero y el poder contribuye a plasmar las instituciones de la comunicación, sino en que estas estructuras sistemáticamente distorsionan la comprensión que la sociedad tiene de ella misma (Stevenson, 1998: 31). Entonces, el valor del análisis respecto del cómo y el por qué la televisión adquirió una peculiar forma de mediatización en un lugar específico revela decisiones políticas y económicas que caracterizan de manera particular a cada país o región. Así, y tal como lo formula Orozco (2001), pudo haber habido otras formas de articulación que fueron desechadas e, incluso, impensadas.

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Ahora bien, existen numerosos estudios sobre la influencia de los medios y el impacto televisivo sobre las audiencias que basan sus análisis en los géneros noticiosos o en programas de comentarios y opinión. Sin embargo, creemos que resulta relevante la mirada sobre otros géneros. En este sentido, la ficción melodramática permite un abordaje respecto de las improntas que pretenden ser impuestas tanto ideológicas, políticas y sociales desde las visiones hegemónicas (Darwin y Orozco, 2009) El desafío que esta mirada plantea tiene que ver con que no aparecen explícitas las propuestas políticas e ideológicas en la ficción televisiva, más bien se diluyen y caracterizan en las prácticas individuales de sus personajes. Así por proponerse como prácticas individuales obstaculizan la mirada desde lo colectivo. No podemos dejar de señalar que ésta es una característica de la propia modernidad que asienta sus postulados en el individualismo. En este punto queremos recuperar el pensamiento de Louis Dumont, en cuanto a que el individuo es, para la concepción de las “sociedades modernas”, independiente y autónomo, es decir no social, apartándose de las limitaciones del tejido social (Dumont, 1999). Es así que, prácticas que se proponen desde lo individual en los productos televisivos terminan, bajo la lupa del análisis, mostrando un posicionamiento claramente representantivo de identidades colectivas, tanto de grupos, etnias o nacionalidades, que marcan definitivamente una propuesta de conducta pública, ideológica, económica y política que se concibe desde el poder hegemónico. Como lo han demostrado prestigiosos pensadores de la cultura y la comunicación, cualquier proceso de recepción por parte de las audiencias se desarrolla a partir de mediaciones leídas como procesos estructurantes que orientan el otorgamiento de sentido, creemos, que los estudios de recepción contribuyen especialmente a profundizar el conocimiento respecto de la semiosis social (Verón, 1987). Sin embargo, al poner el foco en los modos y las particulares lecturas que hacen las audiencias de los productos mediáticos, es necesario remarcar que existe otro proceso, el de producción, que también tiene sus características distintivas en cuanto a la voluntad de imponer un determinado sentido –que puede o no ser recuperado por el público- y que, en general, propone una concepción hegemónica de la sociedad. No se puede, entonces, definir los modos en que las audiencias se apropian de los productos televisivos, sin señalar que las opciones que tienen están limitadas, reducidas y conformadas a partir de las ofertas sesgadas que se encarnan en los productos televisivos. Soslayar esa conformación hegemónica podría traer como consecuencia una apreciación 4


distorsionada del poder de las audiencias, ya que éste está constreñido, limitado y orientado por la oferta televisiva. En este sentido, es pertinente recordar las concepciones de Raymond Williams en cuanto a la comprobación de que la producción cultural también está sometida al desarrollo de los modos y relaciones de producción de los bienes adquiribles. Afirma Williams que a pesar del genio creativo del artista no hay forma de escapar a las relaciones socioeconómicas que engloban a todo el desarrollo histórico. Mucho menos podrán extraerse de esta impronta las producciones menos artísticas que desarrollan los medios masivos de comunicación (Williams, 1994). Esta demostración pone sobre la mesa que los medios de comunicación y difusión están sometidos a las mismas fuerzas socioeconómicas que determinan el resto de las fuerzas productivas; incluso cumplen la función de legitimar este proceso. En este especial contexto, las tensiones sociales debidas a la lucha por el control y acceso a los medios más desarrollados ponen de manifiesto su importancia socioeconómica y cultural. Es justamente por eso que en la actualidad, dice Williams en los años ochenta, se da una progresiva concentración de los monopolios mediáticos en manos de poderosos grupos económicos. Y en este punto, la dependencia económica cada vez mayor de los medios de publicidad en detrimento de la importancia de la demanda de lectores y espectadores, es la que signa la orientación de las programaciones y mensajes mediáticos. La obtención de beneficios en los grupos mediáticos monopólicos atraviesa además otra serie de negocios en apariencia alejados de la obtención de pauta publicitaria, ya que esos grupos se constituyen además con empresas ligadas a industrias de rubros muy diferentes. En este contexto, los modos de comunicar de estos medios masivos tiende, más o menos explícitamente, a favorecer los dividendos de estas compañías asociadas. También Stuart Hall propuso como instancia relevante de la investigación el análisis del modo en que las propias instituciones mediáticas sirven para ofrecer una gama sólo limitada de sentidos en tanto, para él, los medios masivos constituyen la principal institución ideológica del capitalismo contemporáneo (Hall, 1977). Los medios parecen reflejar la realidad cuando, en verdad, la están construyendo. Resulta sumamente interesante la postura de este autor en cuanto a que la esencia de la hegemonía reside en aglutinar mediante una construcción cultural más o menos homogénea, una diversidad de identidades grupales que constituyen una sociedad en un determinado tiempo y lugar (Hall, 1991). Y esta posibilidad aglutinante puede desarrollarse a través de una herramienta relevante constituida por los medios masivos de comunicación y la construcción de un relato homogeneizante. Si bien esa 5


construcción atraviesa todos los géneros mediáticos, la narración propiamente dicha se plasma especialmente en la ficción. La economía y la televisión argentina en los noventa Como dijimos, en Argentina se crearon productoras independientes casi desde el inicio de la televisión. Como señalan Juan y Quinn (2002: 53), a raíz de la prohibición introducida por el decreto 15460 del año 1957 de incorporar capitales extranjeros a los canales de televisión abierta, se desarrolla como estrategia -para poder incorporar esos capitales- la creación de productoras con composición mayoritaria de capital extranjero que, en los hechos, controlaban los canales de capital nacional. Las autoras nos informan que PROARTEL (Producciones Argentinas de Televisión), controlada por la cadena estadounidense CBS, proveía a Canal 13 los contenidos para programación. Canal 11, por aquel entonces, afianzó su relación con la productora Telerama, controlada por la cadena ABC, y Canal 9 con Telecenter, con respaldo de la cadena NBC. El fenómeno ocurrido en Argentina a partir de 1995, en cuanto a la creación de productoras independientes de productos televisivos, tiene una vertiente muy diferente. Aquí, como hemos planteado, se trató de la necesidad de “tercerizar” la programación en haras de reducir costos que, en el contexto de crisis económica, no podían afrontar las cadenas televisivas recientemente privatizadas, libradas al “justiciero” juego de la oferta y la demanda impuesto por la doctrina neoliberal reinante. La generación de productoras televisivas independientes favorecía la especialización de estas empresas, de modo de reducir drásticamente costos de producción, incluyendo los relacionados con recursos humanos; ya que operaba la consideración de que una productora especializada en un género determinado podía producir sin considerar otras variables globales relacionadas con el funcionamiento de un canal televisivo. Cabe señalar que es en 1995 cuando se visualizan las consecuencias del “efecto tequila” que lleva a las empresas anunciantes a disminuir sus pautas publicitarias, reduciendo en un 25 % los ingresos por publicidad de los canales de televisión (Juan y Quinn, 2002:54). Entonces, el surgimiento de estas productoras independientes obedece estrictamente a una lógica empresarial capitalista en función complementaria a la de los canales. Los 6


canales se dedican a planificar las horas de emisión y las productoras a “crear” los contenidos y formatos. Con esta carga economicista en su génesis, la productoras difícilmente se propongan innovaciones drásticas de géneros y/o estilos, ya que mantienen criterios de selección de contenidos relacionados exclusivamente con la posibilidad de que los canales adquieran sus productos. En definitiva los canales determinan sus contenidos y difícilmente estimulen propuestas originales e innovadoras en un contexto de crisis. Resulta interesante la propia declaración del Director de Programación de Canal 13 en el período 1990-2002, Hugo Di Guglielmo, quien en su libro Vivir del aire, manifiesta: Personalmente, desde mi puesto de director de Programación de Canal 13 impulsé la producción independiente y creo que fue un gran acierto. Fui duramente cuestionado dentro del propio canal, pero entendí que era el momento para ponerse a tono con una metodología que, ya hacía años, era común en la industria televisiva mundial. Simplemente fui práctico y opté por tener más posibilidades para elegir. En mi primer contacto con el mundo de la televisión, en un viaje a los Estados Unidos en enero de 1990, donde recorrí canales de Nueva York y Miami, de cadenas y otros independientes, percibí que un negocio es emitir contenido (lo que hace un canal) y otro negocio es producir. Los canales que vi eran muy pequeños físicamente: algunas oficinas, algunas islas de edición (básicamente para promociones), un estudio de noticiero y otro, más grande, para magazines o programas en vivo locales. El resto del contenido venía ya producido y el canal lo encargaba o lo compraba –sic-. (Di Guglierlmo, 2002: pág. 114) Es especialmente interesante e ilustrativo el punto de vista de este autor, ya que encarna la mirada empresarial del canal al momento de considerar las producciones de contenidos realizadas por terceros. Así, afirma que más allá de los temores, especialmente de los trabajadores técnicos del Canal 13 ante la posibilidad cierta de quedarse sin trabajo, lo que ocurrió con la incorporación de contenidos realizados por productoras independientes es que “Canal 13 vivió sus mejores años de éxito y enriqueció la pantalla”. En cuanto a los temores de los trabajadores, muchos pasaron a las productoras independientes y el “canal se quedó con un grupo más reducido de sus profesionales más flexibles y capaces y achicó sensiblemente su riesgo económico” (op.cit. pág. 116) (subrayado mío). Así, el inicio de este proceso de tercerización se dio con la creación de Pol-Ka, productora creada en 1994 por Adrian Suar y Fernando Blanco, cuyo primer producto

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televisivo fue la serie semanal Poliladron, que marcó un hito en la televisión argentina3, emitida por Canal 13 en 1995. Esta productora que forma parte de la Cámara de Productoras Independientes de Televisión (CAPIT), cuenta en la actualidad con el 50 % de su capital en manos de ARTEAR, empresa perteneciente al grupo que maneja el Canal 13. De allí que la denominación de independiente pueda parecer, en la actualidad, algo anacrónica. Pol-ka, realizadora de numerosos éxitos televisivos, todos emitidos por Canal 13, en géneros como comedias, dramas, policiales, en formato de serie, unitarios o tiras, también produjo cine con el respaldo publicitario que le permite acceder a un grupo que cuenta con televisión abierta, canales de cable, radios AM y FM, en todo el país y el diario de mayor tirada a nivel nacional. El propio Di Guglielmo manifiesta enfáticamente que “la producción independiente no lo es tanto, pues depende siempre de un canal”. En la Argentina de los años en que dirigió la programación de Canal 13, los canales compraban las series de ficción con antelación a su producción, por lo que se hacían cargo de los costos de producción, asegurándose la productora de antemano que el programa sería emitido. Por otro lado, nos cuenta que el productor independiente no hace lo que quiere: el director de programación aprueba o no la idea, se discuten tanto el libro como el casting y se chequea permanentemente el desarrollo de la historia en el aire. Desde ya es el canal el que decide días y horario de emisión y realiza la promoción del programa. “No se compra a ciegas”, afirma. (Di Guglielmo, 2002. pág. 120). La proliferación de productoras independientes en la última década nos hace pensar que hoy en día no se produce como en los noventa. Existen riesgos de la productoras independientes, especialmente las que proponen innovaciones en géneros y estilos. La prueba de ello puede explorarse en diferentes productos de una misma productora incorporados a las pantallas de distintos canales de aire. Además, la reciente propuesta de subsidiar producciones independientes desde las políticas públicas, ha demostrado la versatilidad de estas productoras, tanto en su conformación como en sus temáticas de abordaje, para acceder a esos beneficios. Pol-ka en cambio, como productora vinculada a un único canal, puede facilitar la lectura del modo actual de gestionar una emisora exitosa, ya que en los últimos años Canal 13

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http://es.wikipedia.org/wiki/Pol-ka _Producciones: consultado 09/09/2011

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ha logrado en promedio el mayor porcentaje de audiencia4, ayudado por muchas de las ficciones de esta productora. De esta manera difícilmente podría afirmarse que esta empresa es autónoma e independiente del grupo empresarial que detenta la mitad de su capital. Ficciones eficientes – de la tira semanal a la diaria A inicios de la década de los noventa, la implementación del Plan de Convertibilidad que convertía un peso argentino en un dólar estadounidense, el florecimiento de las privatizaciones y la apertura a capitales extranjeros produjo cambios en los modos y tiempos de producción. Comienza una proliferación de ficciones semanales que se vuelven sumamente exitosas como resultado de la enorme competencia por el rating y su consecuencia inmediata, la pauta publicitaria (en aumento en el período 1991/1994). Baste señalar a modo de ejemplo: Amigos son los amigos -Telefé, 1990-; La Banda del Golden Rocket -Canal 13, 1991-; Grande Pa -Telefé, 1991- (De Nicola y Gabe, 2004). Las necesidades de producción de una ficción en formato unitario implica y permite mayor tiempo de producción que una tira diaria, guiones más cuidados que proponen ahondar en la construcción de los personajes, más cuidados en rubros técnicos y, fundamentalmente, más tiempo para grabar cada capítulo. Estas ventajas estéticas del unitario sobre la tira diaria también se traducen en que cada capítulo es sensiblemente más caro y, si bien la tira diaria suele tener por lo menos 100 capítulos, también representa mucho más espacio publicitario para comercializar a menos costo por emisión. Como ya dijimos, la llegada de la crisis de mediados de los noventa unida a la transformación operada en los canales convertidos en empresas cuyo objetivo único es el de obtener beneficios económicos, modificó drásticamente la tendencia a generar productos de relativa calidad, frente a la posibilidad de reducir costos delegando la producción en productoras independientes y resignando, en muchos casos, algo de calidad.

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En los últimos dos años Canal 13 obtuvo el mayor promedio de audiencia por su principal contendiente Telefe, que históricamente detentaba el primer lugar. Ver www.ibope.org.ar

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El afianzamiento de las productoras independientes a mediados de los noventa, favorece también la centralidad de un nuevo modo de producir ficción en términos de formatos y horarios. También desde el comienzo de la televisión se generaron ficciones, especialmente telenovelas, que se emitían en horas de la tarde –extraordinariamente por la mañana-, que tenían emisión diaria. Con una duración promedio de media a una hora, estos productos se conformaban para cubrir las expectativas de un público femenino que podía darse un respiro de las tareas cotidianas domiciliarias. Este tipo de producciones no dejaron de existir completamente en los noventa, lo que sí ocurrió es que ese público vespertino modificó su composición ya que incorporó, por fuerza mayor, a gran número de trabajadores que rápidamente quedaban desocupados. Por supuesto aquí no había solamente amas de casa que hacían un alto en sus tareas diarias, estaba constituido también por hombres y mujeres que estaban transitando por la penosa experiencia de no conseguir actividad laboral. Esta audiencia, con expectativas muy diferentes a las del público seguidor de telenovelas, fue tentada con programas diferentes, en general de entretenimientos y concursos que posibilitaban la obtención de algún premio, ya sea vía llamados telefónicos a líneas 0600, o mediante la participación personal sorteando diferentes pruebas de disímil complejidad. Tendencia que no es casual en tiempos de crisis, bastaba analizar la participación de espectadores en llamados telefónicos en el horario de 14-16 hs, tanto hombres como mujeres que esperaban cubrir su ansiedad con premios en dinero, electrodomésticos o vales de compra en supermercados. El arribo de las productoras independientes y la experimentación de formatos y estilos inaugura en 1998 una nueva etapa para la televisión argentina. Pol-Ka realiza para Canal 13 Gasoleros, comedia costumbrista emitida de lunes a viernes en horario central nocturno. Recordemos que esta misma productora propuso tiras semanales exitosas antes y después de Gasoleros, pero el nuevo estilo costumbrista que imprimirá impregna no sólo los diálogos y personajes, sino también la estética escenográfica y, de alguna manera, incorpora algo de las vivencias cotidianas de público que las sigue. Este viraje en los modos de producción de ficción televisiva tiene como causa diferentes razones, sin ninguna duda y como venimos exponiendo, una de ellas – quizás la principal- es de índole económica (en cuanto al formato y modo de producción) y social

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(en cuanto a las temáticas que abundan en esquemas reconocibles por el público urbano en su experiencia cotidiana). Esta modalidad de producción representa una estética completamente nueva, un tratamiento nuevo de la imagen, la denominada “textura cinematográfica”. Algunos teóricos plantean que Pol-Ka introduce la idea de cine en televisión, no solo por la textura de la imagen sino por la precisión en los tiempos de producción y porque los equipos de producción se componen en su mayoría por personal proveniente del cine (De Nicola y Gabe, 2004). También la tecnología hace su aporte, se introduce en televisión el formato digital y mejora la calidad de imagen. Así la rentabilidad para los canales de aire argentinos estuvo en manos de estas producciones diarias, aunque esporádicamente se propongan algunos unitarios. No es casual que el género que introduce la innovación de la tira diaria en los noventa, sea la comedia costumbrista. Gasoleros como tira diaria significó la posibilidad de abaratar costos de producción en todos los rubros que asisten a la realización de un programa, pero además resultó un escenario ideal para retratar la situación de un país y de un público (o de una región urbana en realidad), que hasta el momento sólo veía realizaciones que poco se acomodaban en sus situaciones de vida cotidiana. Quizás éste haya sido el mayor logro de la productora, la de innovar proponiendo una analogía de la realidad social porteña, en vez de representar situaciones anacrónicas, o de difícil verosimilitud. En un país que había vivido engañado y, por ende, había aceptado que la pantalla televisiva mostrara situaciones muy alejadas del “mundo de vida” en el que se insertan sus habitantes, la propuesta innovadora de Pol-Ka no sólo resultó exitosa, sino que contribuyó a consolidar vínculos identitarios aunque, por supuesto, brindando soluciones a las crisis personales de estricta vocación individualista. Así las tiras diarias llegaron para quedarse, aunque modifiquen su género, ya que, como veremos, la comedia costumbrista fue virando una vez superada la crisis, a recuperar historias melodramáticas y telenovelescas que inviten a evadir esta vez la realidad, aunque siempre se pueda leer en sus intersticios, tal como lo planteó Jorge Luis Borges, los vínculos entre realidad y ficción. Las producciones del nuevo milenio

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Es 2003 el año que reedita la ficción con tinte melodramático en el horario central nocturno, aunque siempre en formato de tira diaria, Resistiré en Telefe (producida por Telefe contenidos5) y Soy gitano (producida por Pol-Ka) en Canal 13 pelearán codo a codo los niveles de audiencia, con diferentes tácticas y estrategias, pero siempre incorporando rasgos de géneros como el policial, suspenso, ciencia ficción y hasta la magia. Como en tantos otros mercados, aquí se dio que la competencia potencie la creatividad de los hacedores de estos productos generando así interesantes innovaciones que, una vez superados los períodos de confrontación, caen en el olvido. Y es a partir de estos productos que la crítica televisiva planteará una nueva vertiente de la telenovela, esta que interpela sobre otras temáticas actuales, sin descuidar definitivamente la centralidad del “amor”. En este sentido se propone a Resistiré como el claro quiebre no sólo con el melodrama clásico del que ya se habían alejado a partir de las propuestas Enrique Torres y Andrea del Boca en los años noventa, si no de las rigideces de las convenciones genéricas. Así, Pablo Sirvén en su crítica editada por La Nación el 14 de diciembre de 2003, aplaude la llegada de lo misterioso y fantástico en el abordaje de temáticas como el “tráfico de sangre, la homosexualidad, la infidelidad, el canibalismo, cambio de identidad, relaciones de poder, psicologismo de todos los colores, enigmáticos homicidios, planes improbables de limpieza étnica, relaciones incestuosas”. Estas incorporaciones no sólo propondrán modificaciones en las características de las ficciones nocturnas, incorporarán temáticas que originalmente las telenovelas no abordaban. Es que el público de la noche es más ecléctico, habrá que tentarlo con las historias más extravagantes y finales abiertos que permitan, aunque sea suponer, la posibilidad de continuación de la historia. El nuevo estilo que se conforma en estas producciones nocturnas propone un mayor protagonismo del personaje del héroe en tanto que la víctima, originalmente personaje que impulsa la historia, va desdibujando su importancia hasta terminar casi diluida, dejando como anzuelo temático la obtención de Justicia que sólo será posible a partir de la intervención del héroe. Ya en el 2006 la telenovela retoma su cetro de reina en la pantalla argentina nocturna, Montecristo en Telefe (producido por Telefe contenidos), Sos mi vida en Canal 13. Interesante este personaje que surge inicialmente de una transposición de la novela de Alejandro Dumas El conde de Montecristo que además de consumar una venganza sangrienta

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Telefe Contenidos es una productora fundada en 1989, que inicia sus actividades en 1992. La propuesta de esta empresa es la de producir contenidos y formatos audiovisuales, y comercializarlos en el exterior. A partir del alejamiento de Claudio Villarruel y Pedro Llorente del Canal, pasa a llamarse simplemente Telefe, a pesar de que existe una marcada diferencia entre la productora (que es la que elabora el contenido) y el Canal (que es el que transmite el contenido). Consultado en es.wikipedia.org/wiki/Grupo_Telefe el 04/03/2012

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contra quienes lo dañaron en el pasado, se constituye en instrumento de reparación en el marco de la recuperación de identidad de la protagonista femenina, quien ha sido en su infancia una bebe apropiada por el poder militar de los setenta. Tal como nos propusimos desde el principio, es importante aquí dar un pequeño contexto político-social que nos permita indagar sobre el éxito de esta tira, en especial al introducir al terrorismo de estado como impulsor de la trama. Resulta que durante treinta años la ficción televisiva argentina fue sumamente esquiva con todo lo que tenga que ver con las violaciones a los derechos humanos en la última dictadura militar, en algunos pocos casos se trató tangencialmente, pero nunca fue introducida como temática central de una ficción y mucho menos una telenovela que deberá construir su relato en más de 100 episodios. ¿Qué pasa entonces en 2006 que la televisión argentina se permite presentar en horario central un producto de estas características? La respuesta no es unívoca por supuesto, pero apostamos a que tiene relación con una búsqueda propuesta de lo institución para administrar un pasado explorado parcialmente hasta ese momento. Es imprescindible por lo menos la enunciación de algunas estrategias del Estado argentino para establecer propuestas respecto de la conformación de memoria social. En este sentido, creemos que la postura oficialista en el momento de emisión de la telenovela, contribuye a generar consenso respecto de la conformación de una memoria con un sentido particular. Las acciones simbólicas que desde el poder se realicen tienen una importantísima connotación que derivará en significaciones sociales. Recordemos el modo en el que el por entonces presidente Néstor Krichner tramitó esta cuestión en la ceremonia de celebración del 28º aniversario del golpe militar en el 24 de marzo de 2004, dando un discurso desde la explanada emblemática de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), desafiando al poder instituido de las Fuerzas Armadas no sólo desde lo discursivo si no también desde toda la simbología que tuvo a su alcance, para significar además de una demostración de poder una transformación de las prácticas socio-políticas en la Argentina. Con este contexto la televisión argentina sintió el suficiente respaldo para introducir el tema y la necesidad de resarcimiento. En tanto la respuesta del público no se hizo esperar, la cuestión del terrorismo de Estado, la desaparición de personas, la apropiación de bebés resultó de gran interés tanto para quienes siguen el género telenovela como para muchos otros que, más allá de las complicaciones y entretelones melodramáticos se sintieron interpelados por la temática en sí. Una ficción que resarce a las víctimas, aunque sea a partir de la “venganza” individual (más allá de la intervención de los organismos de derechos humanos) y que, reivindica la labor de la justicia aunque haya tenido que esperar años para ser aplicada. Esta telenovela tendrá un rating inusitado que fortalecerá la presencia de los organismos de derechos humanos en las pantallas televisivas, saludada y aplaudida tanto por los Organismos de Derechos Humanos como por el

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ámbito académico. Recordemos que Madres y Abuelas de Plaza de Mayo tuvieron una participación activa no sólo con el asesoramiento en cuanto al abordaje del tema si no que hubo apariciones en la propia tira de algunos de sus miembros. Desde lo académico, baste señalar la calurosa salutación de la investigadora Nora Mazziotti quien afirmó en octubre de 2006 que la tira constituía “una reparación, un homenaje, que como sociedad nos merecíamos”. Y es aquí donde corresponde preguntarse a qué público se dirigen estas emisiones nocturnas con protagonistas masculinos atractivos, musculosos, aventureros y, sustancialmente, justicieros. En este punto, es necesario señalar que en las tramas de estas narraciones no aparece como factor conflictivo el económico. En términos generales, sus protagonistas no padecen situaciones económicas apretadas y, en todo caso, pueden resolverlas rápidamente en el transcurso de los primeros capítulos. Es por eso que se podría establecer que el factor conflictivo en estos casos no se centra en una problemática de clase respecto de la pareja protagónica. Lo que caracteriza el dilema es ser o haber sido víctima de un delito grave y, en todo caso, cuán cerca del victimario se posicione alguno de los miembros de esa pareja. El vaciamiento de las “condiciones económicas” de los protagonistas como temática nos habla de la pérdida de centralidad de estas cuestiones en el público espectador, esto es especialmente interesante si lo consideramos en contrapunto con la instalación de la comedia costumbrista de fines de los noventa, donde el eje de la trama estaba constituido por las peripecias y capacidades emprendedoras de un grupo de miembros de clase media empobrecida. En cambio, mediada la primera década del nuevo milenio, sí resulta imprescindible la impronta reivindicatoria y justiciera que se plantea desde el relato. La necesidad de conseguir/hacer justicia como mandato masculino indelegable. Pese a esta tendencia, debemos señalar que la producción de Pol-Ka Valientes (Canal 13, 2009/2010) fue una telenovela que configuró el programa más visto de la televisión abierta (alcanzando un porcentaje de pantallas prendidas en esta emisión del 65,95%). Este programa recupera abiertamente las características de la telenovela clásica, “estilo tradicional”, donde las temáticas argumentales se mantienen ajenas a las cuestiones que la sociedad atraviesa de manera simultánea. Aunque no recrea las problemáticas de las diferencias sociales más que tangencialmente, reivindica de lleno las temáticas del amor y la venganza por motivos individuales consumadas ambas, como corresponde, con ceremonias matrimoniales y prisión para el enemigo. El éxito de Valientes, verdadera respuesta “reaccionaria” a las propuestas del nuevo estilo, ya que se trata de una fuerte apuesta para recuperar las temáticas individualistas desprovistas de reivindicaciones colectivas, nos obliga a analizar los contextos sociopolíticos de estas producciones.

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Aventuramos aquí que la especial coyuntura respecto de los conflictos relativos a la propuesta de la Ley de servicios audiovisuales, fue un detonante para que las productoras y canales televisivos (en especial los monopólicos) propusieran desmontar las construcciones que propician un verdadero cambio de status quo, e inviertan abiertamente en sostener posiciones de hegemonía que, de lo contrario, podrían ser cuestionadas. Esta ley, aprobada a fines de 2009, aún no ha sido completamente aplicada en la Argentina, ya que existen varias instancias judiciales que impiden su total implementación. Cabe señalar que esas presentaciones judiciales recogen el reclamo de uno de los grupos mediáticos monopólicos del país que, no por casualidad –creemos- son los que emiten estas telenovelas “reaccionarias” que alejan las problemáticas políticas de sus temas dejando en manos de las venganzas individuales algunos resarcimientos alejados de las reivindicaciones sociales. Siguiendo esta impronta de despojo político, en 2010 aparece en Canal 13 la telenovela Malparida que cuenta, obviamente, con la producción de Pol-Ka. La protagonista está lejos de constituirse en una heroína convencional, logra que la tira cumpla con casi todos los cánones del género en su estilo tradicional con fuerte carga melodramática. En el mismo estilo, especialmente de Valientes, en 2011-2012 Pol-Ka produce y Canal 13 emite Herederos de una venganza, telenovela que transcurre en un pueblo sometido al autoritarismo y el oprobio que instalan los miembros de una secta, de raigambre fascistoide, sin ningún tipo de miramientos. En este punto creemos que, ante las propuestas de tiras con contenidos políticos lavados o inexistentes, es necesario indagar respecto de la recuperación de otros espacios donde se propicia la participación política: partidos, agrupaciones dentro de partidos, gremios, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales, etc. Sin perjuicio de que siempre se pueda leer entre líneas en la ficción televisiva, celebramos que los lugares de la acción política perdidos y cercenados en la Argentina en la última década del siglo XX, sean fortalecidos por los propios actores sociales y políticos sin tener que recurrir a artilugios autorales y ficcionales, aunque no podemos soslayar la posibilidad de que estas tiras del nuevo estilo

hayan

contribuido, en alguna medida, a esa recuperación.

Reflexiones finales Como vemos, la ficción televisiva está transida por fenómenos económicos y políticos. Por ello es especialmente interesante el cruce de estas variables para contextualizar las condiciones de producción de una determinada ficción. Además este análisis también facilitará la mirada en las condiciones de recepción en que las audiencias decodifican las propuestas televisivas.

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De hecho, en aplicación de la Ley de Servicios Audiovisuales aludida anteriormente, se generó el Plan de Fomento y Promoción de Contenidos Audiovisuales del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre, bajo la supervisión del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios. Este Plan ha incentivado la realización de contenidos por la vía de concursos de: cortos y documentales, series de ficción y documental y programación regional; con la posibilidad de participación de productoras con antecedentes, emisoras de televisión públicas y/o comunitarias y, además, las regionales. Los resultados de la primera convocatoria permitieron la emisión de ficciones de muy distintos géneros, calidades y temáticas. Algunas de ellas han abordado temáticas de gran actualidad e, incluso, fueron ampliamente publicitadas a partir de situaciones conflictivas entre alguno de sus protagonistas y los grupos de poder que la ficción pretendía retratar. La diversidad de propuestas que la implementación del Plan de Fomento y Promoción de Contenidos Audiovisuales involucra es promisoria en tanto parece favorecer la participación de grupos y productoras con mucha menor estructura que las hegemónicamente instaladas. La posibilidad de producción de contenidos sin la imposición de la mirada economicista respecto de sus resultados en términos de rating requerirá, además, un cambio de prácticas de parte de las audiencias ya que, a esta altura del análisis, podemos aventurar que las realizaciones de los últimos veinte años no fueron resultado de la demanda del público, sino más bien de las capacidades y condicionamientos de producción de canales y productoras. Habrá que aprender a elegir dentro de una mayor y diversa gama de ofertas relativamente desinteresadas en cuanto a resultados económicos.

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Por uma política global de Inovação: Conhecimento, Educação e Desenvolvimento 1 William Dias Braga 2

RESUMO

O artigo tem como objeto as ações de difusão da inovação, da criatividade e do empreendedorismo no Brasil e na Espanha, com base nos Planos de Ciência, Tecnologia e Inovação daqueles países, e em produtos culturais empíricos que promovem o ideário da mudança social a partir da orientação teórica daqueles planos, vinculando o papel desempenhado pela inovação ao protagonismo crescente do conhecimento, da educação e dos recursos humanos para o incremento da competitividade econômica e do próprio desenvolvimento. O trabalho – de cunho teórico-conceitual e analítico – tem por objetivo avaliar o papel do campo Comunicação e Trabalho no âmbito do Sistema de Ciência, Tecnologia e Inovação (SNI) do Brasil e da Espanha, de modo a contribuir para a reflexão crítica e plural sobre os problemas emergentes no campo da Economia Política da Comunicação. PALAVRAS-CHAVE

Inovação; Conhecimento; Educação; Desenvolvimento; TIC

Novas Estratégias de Inovação – Brasil e Espanha A mudança radical que se produziu no sistema econômico mundial nas últimas décadas alterou a percepção, tanto teórica quanto prática, da realidade econômica e social. Fenômenos como o desenvolvimento explosivo da informática, a aceleração tecnológica, a rapidez e menor preço das comunicações, a liberalização dos mercados e dos fatores de produção, as migrações etc., motivaram a substituição do conceito de estabilidade, que se considerava a referência central da política econômica, pelos conceitos de mudança contínua e sustentabilidade como perspectivas inspiradoras, com impactos nas políticas de inovação da Espanha (MICINN 2010) e do Brasil (MCT/CGEE 2010). Nesse sentido, o conceito de inovação se converteu no centro do discurso econômico, como ferramenta para conjugar as necessidades de mudança e sustentabilidade. Desde há muito se reconhece que o progresso técnico, associado à inovação, é fundamental para o aumento da produtividade da economia, mas ele era tratado como um fator exógeno. Atualmente ele é considerado um fator central endógeno, indispensável para o funcionamento adequado das economias nacionais no contexto competitivo mundial, e também da economia mundial, para enfrentar desafios globais como a contaminação, a mudança climática ou a pobreza. 1

Trabalho apresentado ao GT 6 – Economía Política de las Comunicaciones do XI Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación, na Universidad de la Republica, Montevideo, Uruguay, de 9 a 11 de maio de 2012.

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Pós-Doutor pela Universidad Complutense de Madrid, com bolsa PDE/CNPq. Professor Associado na Escola de Comunicação da Universidade Federal do Rio de Janeiro – ECO/UFRJ. E-mail: db.william@gmail.com


Um conjunto de fatores influi sobre a capacidade de introdução de inovações na economia. Segundo a OCDE esses fatores são o sistema educativo, a base científica de pesquisa, as políticas de inovação, o marco legislativo (patentes, impostos, normas de competição), as instituições financeiras, as infraestruturas, a dimensão e facilidade de acesso ao mercado, e o funcionamento dos mercados financeiros (fundamental para atividades de risco e com retorno em longo prazo etc.). Os teóricos dos Sistemas Nacionais de Inovação (SNI) afirmam que o conjunto dos elementos do sistema de inovação determina a capacidade de inovação de uma economia, e tem papel fundamental para o crescimento econômico, já que atua diretamente na produtividade e pode contribuir de maneira decisiva para o crescimento sustentável. No caso europeu, os argumentos fazem menção à crise iniciada em 2008, que anulou anos de progresso econômico e social e expôs as fragilidades estruturais da economia européia, e que os desafios de longo prazo – globalização, pressão sobre os recursos, envelhecimento da população – tornam-se mais prementes, e que a Europa deve adotar uma estratégia de crescimento inteligente (desenvolvendo uma economia baseada no conhecimento e na inovação), de crescimento sustentável (promovendo uma economia mais eficiente em termos de utilização dos recursos, mais ecológica e mais competitiva) e de crescimento inclusivo (fomentando uma economia com níveis elevados de emprego que assegure a coesão social e territorial). “Globalização”, “pressão sobre os recursos”, “envelhecimento da população” são alguns dos conceitos confusos, pouco claros, mentirosos ou sem base empírica que são utilizados a todo o momento, em diversos documentos europeus, para justificar e legitimar os mais recônditos propósitos dos policy makers. No caso brasileiro, repetem-se os argumentos de que a economia mundial atravessa um período de intensa dinâmica tecnológica e de forte aumento da concorrência; que o progresso técnico e a competição internacional passaram a demandar crescentes investimentos em C,T&I; que as atividades nesse campo tornaram-se instrumentos fundamentais para o desenvolvimento, o crescimento econômico, a geração de emprego qualificado e renda, e a democratização de oportunidades, pois o ambiente gerado pela sociedade do conhecimento nos remete a desafios constantes com relação à globalização e internacionalização da sociedade em que vivemos.

O cenário da inovação em países em desenvolvimento Vários fatores sistêmicos exógenos conformam o cenário da inovação nos países em desenvolvimento, tais como: incerteza macroeconômica; instabilidade; infra-estrutura física (falta de serviços básicos como eletricidade ou tecnologias de comunicação “velhas”); fragilidade institucional; ausência de consciência social sobre a inovação; natureza empresarial de aversão ao risco; falta de empreendedores; existência de barreiras aos negócios nascentes; ausência de instrumentos de políticas públicas para dar suporte aos negócios e para o treinamento gerencial.


As entidades responsáveis pela promoção do empreendedorismo e da inovação no Brasil e na Espanha têm se empenhado para diminuir as barreiras e as dificuldades de difusão das inovações, objeto de ações específicas no interior das empresas, mas que contam com o apoio sistemático dos meios de comunicação de massa para a promoção do ideário do empreendedorismo e da inovação. Nos casos brasileiro e espanhol, parece que se adota, em tese, a difusão do modelo de estratégia ofensiva, caracteristicamente intensiva em P&D (Pesquisa e Desenvolvimento) e com elevado nível de pesquisa aplicada, a partir da leitura crítica dos documentos Plano de Ação 2007-2010 – Ciência, Tecnologia e Inovação para o Desenvolvimento Nacional: investir e inovar para crescer (2007), e Livro Azul da 4a. Conferência Nacional de Ciência e Tecnologia e Inovação para o Desenvolvimento Sustentável (2010), elaborados pelo Ministério de Ciência, Tecnologia e Inovação do Brasil, e dos documentos Estrategia Nacional de Ciencia y Tecnología: hacia un Gran Acuerdo para la Ciencia y la Tecnología” (2007a), Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica 2008-2011 (2007b), e Estrategia Estatal de Innovación 2010-2015 (2010), elaborados pelo Ministério de Ciência e Inovação da Espanha e chancelados pela Comissão Interministerial de Ciência e Tecnologia daquele país. Adotando a estratégia tecnológica ofensiva, os governos sustentam e defendem a idéia de que ciência, tecnologia e inovação são questões de Estado, e várias das iniciativas previstas são voltadas para estimular as empresas a incorporarem as atividades de pesquisa, desenvolvimento e inovação (P,D&I) no seu processo produtivo. O apoio à pesquisa científica e tecnológica será aumentado em todas as áreas do conhecimento, porém com maior estímulo para as áreas de fronteira, para as engenharias e áreas estratégicas para o desenvolvimento dos dois países. O Brasil não ficou alheio à importância dada a C,T&I como importantes motores da transformação econômica e social dos países. A 4a. Conferência Nacional de Ciência e Tecnologia e Inovação para o Desenvolvimento Sustentável (MCT/CGEE, 2010) propôs como objetivo estratégico para o País um desenvolvimento científico e tecnológico inovador, calcado em uma política de redução de desigualdades regionais e sociais, de exploração sustentável das riquezas do território nacional e de fortalecimento da indústria, agregando valor à produção e à exportação através da inovação e reforçando o protagonismo internacional em ciência e tecnologia. A busca por novas possibilidades de transformar o conhecimento em inovação – e em riqueza, por conseqüência – envolve hoje inúmeros atores no Brasil, e a tarefa passa a ser não apenas de governos, mas do conjunto da sociedade, representada pelas universidades e instituições de pesquisa, pelo setor empresarial, pelas entidades de categorias profissionais, pelas entidades do terceiro setor, entre outros. Em linhas gerais, forjou-se um consenso de que alguns


aspectos requerem uma atenção especial na área de inovação nas empresas: os recursos humanos, o espírito empreendedor, a gestão da inovação e a interação com os resultados da pesquisa científica e tecnológica. Repetem-se os fundamentos e justificativas dos projetos europeu e espanhol, em particular, afirmando-se que a articulação entre os atores (empresa, universidade e governo), o aumento da participação das empresas, um financiamento adequado e um eficiente sistema nacional de inovação são os principais fatores de sucesso para a agregação de valor à produção e à exportação. O primeiro desafio é dar continuidade ao processo de ampliação e aperfeiçoamento das ações em C,T&I, tornando-as políticas de Estado. Em segundo lugar, precisamos expandir com qualidade e melhorar a distribuição geográfica da ciência. O terceiro desafio é melhorar a qualidade da ciência brasileira e contribuir, de fato, para o avanço da fronteira do conhecimento. Em quarto lugar, é preciso que Ciência, Tecnologia e Inovação se tornem efetivos componentes do desenvolvimento sustentável, com atividades de pesquisa, desenvolvimento e inovação nas empresas e incorporação de avanços nas políticas públicas. O quinto desafio é intensificar as ações, divulgações e iniciativas de CT&I para o grande público. E, finalmente, o sexto desafio é melhorar o ensino de ciência nas escolas e atrair mais jovens para as carreiras científicas (MCT/CGEE, 2010:19).

Para o governo brasileiro, a competitividade das empresas tem de ser cada vez mais baseada em vantagens tecnológicas, na qualidade de seus produtos e serviços, e na produtividade dos trabalhadores, com o apoio do campo educativo para a formação de “profissionais versáteis e criativos”, e o estímulo ao empreendedorismo inovador. “É das inovações baseadas numa economia do conhecimento da natureza que o País poderá gerar a riqueza a ser utilizada na superação das carências sociais que nele ainda perduram” (MCT/CGEE, 2010:27). A educação não formal ganha importância para a formação permanente dos indivíduos e o aumento do interesse coletivo pela C,T&I. Ela se processa através de instrumentos como os meios de comunicação, os espaços e atividades científico-culturais, a extensão universitária e a educação à distância, e contribui para a difusão de conceitos tais como indústrias criativas, economia da cultura e desenvolvimento sustentável, que têm forte apelo simbólico junto a sociedade. É preciso Mobilizar a criatividade e a inteligência coletiva dos brasileiros para resolver problemas sociais é um desafio permanente; fornecer-lhes condições e recursos adequados para isto é uma das funções do poder público. Aos movimentos sociais devem ser garantidos espaço e estímulos para participarem da elaboração de políticas públicas e de seu acompanhamento (MCT/CGEE, 2010:90-91).

Busca-se firmar, no país, a compreensão de que o trabalho de técnicos, cientistas, pesquisadores e acadêmicos, e o engajamento das empresas, são fatores determinantes para a consolidação de um modelo de desenvolvimento sustentável, capaz de atender às justas demandas sociais dos brasileiros e o permanente fortalecimento da soberania nacional. Esse


entendimento envolve uma visão compartilhada sobre a importância da ciência básica para sustentar uma pesquisa aplicada inovadora, voltada para a solução dos problemas e dos desafios da sociedade em curto prazo. “Trata-se de uma questão que ultrapassa os governos e envolve o Estado e a sociedade como um todo” (MCT/CGEE, 2010:28). A inovação, tendo a educação como fundamento, passa a ser considerada o principal motor do processo de desenvolvimento dos países e regiões. Ela seria favorecida por avanços científicos e tecnológicos e pela qualificação dos profissionais envolvidos no processo, bem como pelas atividades de risco, seja na função de pesquisa científica e tecnológica, seja na atividade empresarial decorrente de novos conhecimentos gerados. O que se conhece como economia baseada no conhecimento pode observar-se como hipótese para o trabalho empírico e igualmente como um objetivo de política em si mesmo. Os principais elementos de desenvolvimento do conceito têm origem nos fatos empíricos próprios dos países mais avançados e derivam do melhor comportamento nas variáveis expressivas de crescimento: o papel crescente dos serviços e dos intangíveis no incremento da propriedade agregada; a importância das tecnologias da informação e da comunicação no avanço dos países inscritos na sociedade da informação; o protagonismo crescente do conhecimento, da educação e dos recursos humanos para o desenvolvimento econômico; e a inovação entendida como um processo sistêmico, condicionante dos diversos âmbitos da vida econômica e social dos países.

Europa 2020: crescimento inteligente, sustentável e integrador A Estratégia de Lisboa, lançada em 2000, baseava-se no reconhecimento de que a UE deveria aumentar a sua produtividade e competitividade, e reforçar a sua coesão social, à luz da concorrência à escala mundial, da evolução tecnológica e do envelhecimento da população. A Estratégia de Lisboa foi relançada em 2005, após uma reavaliação que deu mais ênfase no crescimento e numa melhoria quantitativa e qualitativa do emprego. A Comissão propôs que fosse definida uma nova estratégia para a próxima década, a Estratégia Europa 2020, destinada a permitir à UE sair mais fortalecida da crise e orientar a sua economia para um crescimento inteligente, sustentável e inclusivo. A Estratégia Europa 2020 representa uma visão da economia social de mercado para a Europa do século XXI, e estabelece três prioridades que se reforçam mutuamente: crescimento inteligente, com o desenvolvimento de uma economia baseada no conhecimento e na inovação; crescimento sustentável, com a promoção de uma economia mais eficiente em termos de utilização dos recursos, mais ecológica e mais competitiva; e crescimento inclusivo, com o fomento de uma economia com níveis elevados de emprego que assegure a coesão social e territorial (Comisión Europea, 2010b: 5).


Os trabalhadores são convocados a participar, uma vez mais, do processo de enfrentamento da crise, que reduziu em dois anos o potencial de crescimento da Europa à metade. Para tal é necessário melhorar a qualidade do nosso ensino, reforçar o desempenho da nossa investigação, promover a inovação e a transferência de conhecimentos em toda a União, tirar plenamente partido das tecnologias da informação e da comunicação e assegurar a transformação das idéias inovadoras em novos produtos e serviços que criam crescimento e emprego de qualidade e que ajudam a enfrentar os desafios societais que se colocam a nível europeu e mundial. Contudo, para termos êxito, tudo isto deverá ser conjugado com o empreendedorismo e o apoio financeiro, tendo em conta as necessidades dos utilizadores e as oportunidades do mercado (Comisión Europea, 2010b: 14).

E conclui-se que para fazer frente aos seus principais concorrentes EUA e Japão, a Europa tem que atuar nas áreas de inovação, educação, formação e aprendizagem ao longo da vida, e investir na construção da sociedade digital e na Internet de alta velocidade. A Comissão Européia oferece algumas marcas enunciativas que realçam o importante papel do mundo do trabalho no relançamento da economia européia, sob a forma de «Orientações Integradas Europa 2020», para otimizar o apoio à P&D e à inovação, reforçar o triângulo do conhecimento e libertar o potencial da economia digital; desenvolver uma mão-deobra qualificada em resposta às necessidades do mercado de trabalho, promover a qualidade do emprego e a aprendizagem ao longo da vida; e melhorar o desempenho dos sistemas de ensino e de formação a todos os níveis e aumentar a participação no ensino superior (Comisión Europea, 2010a: 3). Vejamos, mais detidamente, a construção discursiva que é apoiada de forma acrítica e incondicional pelos meios de comunicação da Europa: Os Estados-Membros devem aplicar reformas orientadas para um «crescimento inteligente», ou seja, um crescimento impulsionado pelo conhecimento e pela inovação. As reformas devem visar a melhoria da qualidade do ensino, garantindo o acesso a todos, e reforçar o desempenho no domínio da investigação e das empresas no intuito de promover a inovação e a transmissão do conhecimento em toda a UE. Por outro lado, devem fomentar o empreendedorismo e contribuir para transformar idéias criativas em produtos, serviços e processos inovadores, suscetíveis de promover o crescimento, a criação de emprego de qualidade, a coesão territorial, econômica e social, bem como ajudar a enfrentar de forma mais eficiente os desafios societais que se colocam a nível europeu e mundial. Neste contexto, assume uma importância fundamental tirar o maior partido possível das tecnologias da informação e da comunicação (Comisión Europea, 2010a: 6).

O documento da Comissão é taxativo: as reformas estruturais da UE e dos EstadosMembros podem contribuir de forma eficaz para o crescimento e o emprego “se aumentarem a competitividade da UE na economia mundial, propiciarem novas oportunidades de exportação à Europa e garantirem o acesso concorrencial a importações vitais” (Op.cit.).


No que tange às políticas de emprego dos Estados-Membros, as orientações estão voltadas para aumentar a participação no mercado de trabalho e reduzir o desemprego estrutural, através da adoção de uma combinação de contratos de trabalho flexíveis, de uma aprendizagem eficaz ao longo da vida, de políticas destinadas a promover a mobilidade da mão-de-obra e de sistemas de segurança social adequados. As políticas de conciliação da vida profissional com a familiar, com o acesso a estruturas de acolhimento de crianças a preços acessíveis e a inovação na organização do trabalho, devem visar aumentar as taxas de emprego, nomeadamente entre os jovens, os trabalhadores mais idosos e as mulheres, com vista nomeadamente a manter no mercado de trabalho as mulheres com elevadas qualificações nos domínios científico e técnico. Os Estados-Membros devem igualmente suprimir os obstáculos à inserção profissional de novos trabalhadores e apoiar o trabalho por conta própria, bem como a criação de emprego em domínios como o emprego «verde» e a prestação de cuidados, bem como promover a inovação social. O “trabalho por conta própria” significa ou empreendedorismo ou freelancer, o que acaba por definir, configurar e reiterar a natureza precária do mundo do trabalho. Para desenvolver uma mão-de-obra qualificada em resposta às necessidades do mercado de trabalho, promover a qualidade de emprego e a aprendizagem ao longo da vida, os EstadosMembros devem promover a produtividade e a empregabilidade, garantindo para o um fornecimento adequado de conhecimentos e qualificações. Os Estados-Membros devem desenvolver sistemas para reconhecer as competências adquiridas, suprimir os obstáculos à mobilidade profissional e geográfica dos trabalhadores, promover a aquisição de competências transversais e de criatividade e concentrar os seus esforços no apoio aos trabalhadores pouco qualificados e no reforço da empregabilidade dos trabalhadores mais idosos, melhorando simultaneamente a formação, as qualificações e a experiência de trabalhadores altamente qualificados, incluindo os da área da investigação. Em colaboração com os parceiros sociais e as empresas, os Estados-Membros devem melhorar o acesso à formação, reforçar a orientação escolar e profissional, em conjugação com a informação sistemática sobre novas possibilidades e oportunidades em matéria de emprego, bem como promover o empreendedorismo e melhorar a capacidade de antecipar as necessidades em matéria de qualificações. Há que promover o investimento no desenvolvimento dos recursos humanos, na melhoria das qualificações e a participação em sistemas de aprendizagem ao longo da vida através de uma contribuição financeira conjunta por parte dos governos, dos particulares e dos empregadores.


Com o propósito de melhorar o desempenho dos sistemas de ensino e de formação a todos os níveis e aumentar a participação no ensino superior, os Estados-Membros devem investir de forma eficiente nos sistemas de educação e de formação, nomeadamente, no intuito de reforçar o nível das qualificações da mão-de-obra na UE, permitindo-lhe assim responder às necessidades em rápida mutação dos mercados de trabalho modernos. As reformas devem ter como objetivo assegurar a aquisição das competências fundamentais de que todos precisam para ter êxito numa economia baseada no conhecimento, nomeadamente em termos de empregabilidade, formação complementar ou competências no domínio das tecnologias da informação e da comunicação. A todo o momento, o recurso ao medo é novamente invocado, quando se fala na “gravidade da crise financeira”, no “grau excepcional de imprevisibilidade quanto ao futuro da economia mundial”, e no “retorno da Europa ao bom caminho” através do “reforço do capital humano” e da “empregabilidade através da atualização das competências”. Forçoso reconhecer, uma vez mais, a natureza débil dos argumentos, que a todo o momento convocam o trabalhador para o enfrentamento de toda e qualquer crise, para a além das respostas afirmativas às necessidades mais prementes da reestruturação produtiva.

Os MCM e a Nova Economia Os MCM são agentes promotores de consenso e mobilidade ideológica, contribuindo para a instrução das classes trabalhadoras e para a construção da hegemonia cultural da classe dominante. Essa construção hegemônica está ancorada na articulação discursiva de Ciência, Tecnologia e Inovação (C,T&I), grandes corporações industriais e os MCM, para o incremento do metabolismo social do capital, com a crescente necessidade de constituição de uma esfera pública que promova as inovações organizacionais, gerenciais e técnicas, diante das mudanças estruturais necessárias para a consolidação de uma “nova economia” – que se auto-promulgava “sem crise” e sem os “ciclos do passado”, graças às novas tecnologias da informação. A evolução dos ritmos e imperativos categóricos de inovação e desenvolvimento parece refletir a cegueira da teoria econômica que levou ao quadro de crise e de grande recessão que começou em 2008 nos Estados Unidos e se alastrou em efeito cascata por todo o planeta ao longo dos últimos anos, colocando em xeque a fé no “livre mercado” (eficiente e competitivo) e na “globalização da economia”, como promessa de prosperidade para todos. Era de se supor que os frutos dessa “Nova Economia” – a reestruturação do sistema capitalista, caracterizada pela revolução das técnicas de informação, pela “globalização” e concentração crescente dos mercados, pela febre de internacionalização e pela desregulação financeira – permitiriam uma melhor gestão dos riscos, e trariam consigo o final das flutuações


econômicas, com benefícios reais e expressivos para a sociedade. Durante um quarto de século ouvimos falar que mercados livres e sem travas são eficientes (e que se cometem erros, os corrigem rapidamente); que o melhor dos mundos se consegue com um Estado pequeno; e que a regulação só faz criar obstáculos à inovação. A crise nos fez perceber que isso não era verdade. Costuma-se dizer que com o tempo toda crise se acaba. Mas não impunemente. Nenhuma crise passa sem deixar seu legado. O que a crise de 2008 – e as repercussões sentidas até hoje – tem a ensinar é que não podemos voltar ao mundo tal e qual era anteriormente, e que a recuperação da economia não se dará de forma espontânea. O Estado deverá desempenhar um papel fundamental, pois a crise financeira demonstrou que os mercados financeiros não funcionam bem de maneira automática, e que os mercados não se auto-regulam. Um maior equilíbrio entre o papel dos mercados e o papel do Estado, com importantes contribuições por parte das instituições privadas e não governamentais, poderá nos levar a uma economia mais eficiente e mais estável. Nos últimos 25 anos os Estados Unidos perderam esse equilíbrio e impuseram sua perspectiva desequilibrada a países de todo o mundo, que seguiram a receita de fracasso a médio prazo. Como ingrediente da receita de fracasso, a passagem de uma economia industrial a uma economia de serviços, com um peso exagerado para o setor financeiro, que deveria ser um “meio” para se alcançar um “fim” e acabou por se converter no centro de uma Nova Economia. Essa receita de fracasso está sendo repetida pelos países da União Européia e pelo Brasil, embora o estímulo à criação de setores industriais competitivos de alta tecnologia, baseados em um sólido sistema de aprendizagem seja a direção proposta para obter vantagens competitivas. Investir em educação e em tecnologia para transformar a vantagem comparativa de um país e aumentar o nível de vida da população – esse é o mantra mais ouvido para que se consiga transformar a sociedade e a economia através da introdução de inovações. E, claro, como corolário do mantra, o aumento do nível de vida (ou estado de bem-estar, para alguns países) só se dará com o incremento da educação e da criatividade e o definitivo ingresso na sociedade do conhecimento, cujo propósito último é a criação de um sistema de patentes. Nos últimos anos passou-se a colocar toda a ênfase no desenvolvimento do conhecimento e do capital humano, como se a acumulação de capital físico, de meios materiais, já não tivesse quase importância. O que parece passivo de crítica é considerar que agora tudo passa pela acumulação e conhecimento “em si”. É preciso chegar a algum ponto de proporção entre acumulação de capital, desenvolvimento do conhecimento e pesquisa. Caso contrário é possível que os países subdesenvolvidos continuem mão-de-obra qualificada, e poderiam inclusive avançar parcialmente em pesquisa básica ou aplicada, mas os frutos destas pesquisas serão


apropriados pelos capitais com capacidade de investir em meios materiais que possam concretizar esses avanços. Essa questão, uma vez mais, e desde a visão marxista, remete à centralidade da dinâmica do capital. Há alguns bens que o mercado espontaneamente jamais conseguirá oferecer em quantidade suficiente. Isso inclui bens públicos, e de cujos benefícios podem gozar todos os membros da sociedade, e entre eles estão certas inovações essenciais, como a produção do conhecimento. Um dos riscos das sociedades com ênfase na inovação é restringir certas áreas do conhecimento em benefício de outras, que tenham resultados mais imediatos para a produtividade, e os custos sociais dessas restrições são especialmente altos no caso da ciência básica. Pois se a divulgação do conhecimento tem que ser gratuita, o Estado deve assumir a responsabilidade de financiar sua produção. Por isso o Estado tem um papel importantíssimo na promoção do conhecimento e da inovação.

Considerações finais Na economia inovadora do século XXI o Estado deverá assumir um papel de destaque para financiar a pesquisa básica, para sinalizar a direção da pesquisa e para conseguir um regime de propriedade intelectual mais equilibrado e justo, que permita à sociedade obter o máximo benefício dos incentivos que pode proporcionar sem os custos associados. E, mais que isso, deverá assumir o papel de protagonista para criar um novo sistema financeiro que sirva para os seres humanos que necessitem de um sistema financeiro; para criar um novo sistema econômico que gere empregos significativos, com trabalho decente para todos que queiram um trabalho decente; um sistema em que a brecha entre os que têm e os que não têm diminua em vez de aumentar; e, o mais importante, a oportunidade de criar uma nova sociedade na qual cada pessoa possa realizar suas aspirações e desenvolver todo o seu potencial, compartilhando idéias e valores. Devemos aproveitar este momento para refletir e pensar que tipo de sociedade queremos e perguntar a nós mesmos: estamos criando, com o nosso trabalho (de professores, pesquisadores, intelectuais etc.) um entorno favorável que nos ajude a realizar estas aspirações? A conseqüência nefasta da relação entre inovações, patentes e mercados financeiros é que o que se busca não são inovações que melhorem o bem-estar dos cidadãos (clientes) ou a eficiência da economia, ou ainda a máxima expressão da cultura, mas sim inovações que não possam ser imitadas facilmente ou que, se forem imitadas, sigam gerando lucros. O setor privado se preocupa em saber de que parte do valor da idéia pode apropriar-se, e não dos benefícios para a sociedade em geral. O resultado é que o mercado pode gastar muito dinheiro em algumas áreas de pesquisa específicas e muito pouco em outras, e sem a ajuda do Estado haveria muito pouca pesquisa básica, fundamental para corrigir as “falhas de mercado” e atender às necessidades reais da sociedade.


Há que superar o atual fetiche do desenvolvimento das forças produtivas (uma cultura global de mercado que retroalimenta o hipercapitalismo), com o reequilíbrio do atual predomínio do setor financeiro sobre o setor industrial. É possível encorajar a inovação no setor privado restringindo o uso do conhecimento mediante o sistema de patentes, embora isso aumente os benefícios privados (a valorização das “empresas inovadoras” em bolsas de valores) e diminua os benefícios sociais (a valorização da cidadania, da solidariedade e do consumo não-alienado). Qualquer sistema de patentes bem desenhado (e não é este o caso do Brasil e tampouco da UE ou mesmo dos EUA) tenta encontrar o equilíbrio, criando incentivos para a inovação sem restringir indevidamente o emprego do conhecimento. Ainda há muito que fazer para aperfeiçoar os regimes de propriedade intelectual e de direitos de autor (copyright), bem como os de propriedade industrial, em suas relações com a produção de C&T e o sistema de patentes no ambiente altamente competitivo da inovação e da criatividade. As alterações macroeconômicas, estruturais e sociais dos últimos anos – e seus impactos no aumento do desemprego e no declínio da renda e do PIB, no caso da União Européia, e na retomada do crescimento, no caso brasileiro – não desanimaram os defensores da idéia de “inovação sempre”, fazendo com que os argumentos pró-inovação estejam baseados na superação da crise ou na retomada do crescimento, de forma indistinta, criando um “efeito placebo”, esvaziando e enfraquecendo assim, os fundamentos da ideologia da inovação técnica, apoiada a um só tempo pelo empreendedorismo criativo e pela produtividade industrial. Na presumível contramão do cenário econômico internacional, os discursos em circulação fazem crer que a economia brasileira encontra-se numa fase especial de sua trajetória histórica, com evidências de que nos últimos anos inaugurou-se um processo que tem grandes chances de se afirmar como um novo ciclo de desenvolvimento, com fôlego para o longo prazo: o crescimento com redistribuição de renda pela via da dinâmica da produção e consumo de massa. Trata-se de velho sonho da sociedade brasileira, que se apresenta no atual momento da vida nacional como tendência “absolutamente promissora”, com o país em sétimo lugar na economia mundial, embora o endividamento da população tenha aumentado substancialmente e a inflação tenha retomado sua trajetória de alta. Para os policy makers brasileiros, esse modelo virtuoso só pode ter continuidade a longo prazo se contiver, centralmente, dois outros elementos, que se interconectam: o concurso de um vigoroso processo de inovação, conduzido pelo setor empresarial, por instituições públicas e por outras instâncias da sociedade e apoiado em efetivo sistema nacional de C,T&I; e o concurso de uma decidida política de uso sustentável dos recursos naturais, que busque compatibilizar o progresso material da população com o máximo respeito ao meio ambiente e à conservação da natureza.


Para a superação desses desafios os governos têm contado com a adesão sistemática do campo da comunicação; a esfera da difusão da inovação transcende as fronteiras das empresas e organizações privadas (e as dos manuais de administração e marketing) e invade a cena pública com o apoio das indústrias culturais, que passam a assumir a co-responsabilidade de promover o ideário da inovação, do empreendedorismo e da criatividade, ampliando assim os horizontes da tarefa histórica dos meios de Comunicação Social, que vem sendo exercida através da colaboração no projeto de acumulação da riqueza, a criação de uma ideologia “modernizante” e a instrução das classes trabalhadoras, com a produção de importantes consensos coletivos para a construção da hegemonia cultural da classe dominante. Quosque tandem?

Referências bibliográficas BRAGA, William Dias. Comunicação, Inovação e Criatividade: desafios para a democratização do conhecimento e a inclusão social. Relatório de pesquisa de estágio pós-doutoral realizado na Universidad Complutense de Madrid, sob a supervisão do Prof. Enrique Bustamante. Madrid: UCM; Brasília: CNPq, 2011. COMISIÓN EUROPEA (2010a). Directrices para las políticas de empleo de los Estados miembros – Parte II de las Directrices Integradas Europa 2020. COM(2010) 193 final. Bruselas, 27.4.2010. COMISIÓN EUROPEA (2010b). EUROPA 2020 – Una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador. COM(2010) 2020 final. Bruselas, 3.3.2010. COMISIÓN EUROPEA (2010c). Iniciativa emblemática de Europa 2020 – Unión por la innovación. COM(2010) 546 final. Bruselas, 6.10.2010. COMISIÓN INTERMINISTERIAL DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA. Estrategia Nacional de Ciencia y Tecnología: hacia un Gran Acuerdo para la Ciencia y la Tecnología. Madrid: Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (MICINN/FECYT), 2007a. 42p. COMISIÓN INTERMINISTERIAL DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA. Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica 2008-2011. Madrid: Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (MICINN/FECYT), 2007b. 210p. LASTRES, Helena M. M.; CASSIOLATO, José E.; ARROIO, Ana. Conhecimento, Sistemas de Inovação e Desenvolvimento. Rio de Janeiro: Ed. UFRJ; Contraponto, 2005. MINISTERIO DE CIENCIA E INNOVACIÓN. Estrategia Estatal de Innovación 2010-2015. Madrid: Secretaria General de Innovación/MICINN, 2010, 50p. MINISTÉRIO DE CIÊNCIA E TECNOLOGIA. Livro Azul da 4a. Conferência Nacional de Ciência e Tecnologia e Inovação para o Desenvolvimento Sustentável. Brasília: MCT/CGEE, 2010, 99p. MINISTÉRIO DE CIÊNCIA E TECNOLOGIA. Plano de Ação 2007-2010 – Ciência, Tecnologia e Inovação para o Desenvolvimento Nacional: investir e inovar para crescer. Brasília: MCT, 2007, 404p. SCHUMPETER, Joseph A. Teoria do desenvolvimento econômico; uma investigação sobre lucros, capital, crédito, juro e o ciclo econômico. São Paulo: Abril Cultural, 1982.


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XI Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación (ALAIC) La investigación en comunicación en América Latina: interdisciplina, pensamiento crítico y compromiso social

Datos del autor: Título de ponencia: La telefonía móvil analizada como una industria cultural de nueva generación: apuntes para una caracterización desde la convergencia Nombre: Jorge Bravo Institución: Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) País: México Correo electrónico: beltmondi@yahoo.com.mx

GT 6: Economía Política de las Comunicaciones

Objetivos y/o tema central a abordar: La telefonía móvil analizada como una industria cultural de nueva generación: apuntes para una caracterización desde la convergencia

Caracterización del estudio, experiencia o reflexión teórica propuesta: La pregunta sobre si la telefonía móvil puede analizarse desde las industrias culturales no es ociosa. Los especialistas en el tema no incluyen al celular en su amplio catálogo de industrias culturales “de nueva generación”; incluso autores de la talla de Bustamante (2009) no dudan en negar que la telefonía móvil se trate una industria cultural. Con esta interrogante no pretendemos caer en la afirmación generalizada de que todas las industrias son culturales (Mato, 2007; García Canclini, 2008), en el sentido de que todas son obra de la acción humana, en estricto sentido antropológico. Queda claro que las industrias culturales poseen características únicas que las diferencian del resto de las industrias, aunque estas últimas también sean producto de la creatividad humana. Las industrias culturales tradicionales se refieren a la televisión (incluida la satelital y de cable), la radio, el cine y la edición de libros, revistas, videos y fonogramas (industria musical y discográfica) en sus distintos formatos, tanto impresos como digitales. Más recientemente se ha reconocido a


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otras industrias culturales como el videojuego, la publicidad y la mercadotecnia, la Internet e incluso algunas artes del espectáculo, incluidos los deportes. No obstante, recientes aportes provenientes han comenzado a dar cuenta del poder de las telecomunicaciones y las nuevas tecnologías de la información en la integración de una división global del trabajo. En este sentido, hace falta repensar y renovar los enfoques de economía política de la comunicación y la cultura con base en los cambios recientes como la convergencia tecnológica o la comprensión digital, la posibilidad de transmitir en una misma plataforma distintos servicios-productos mediáticos, los recientes esquemas de concentración de la propiedad, las políticas que tienden a favorecer a los monopolios, los cambios en el mercado y las transformaciones sociales en los usos y apropiaciones de las nuevas tecnologías. En ese extenso y de por sí complejo desglose de industrias culturales en la era digital no está incluida la telefonía móvil. Sin embargo, las propias características de las industrias culturales sugieren que la telefonía sí podría ser tomada en serio, sobre todo si emprendemos el análisis con base en parámetros de evolución, cambio y continuidad de las industrias culturales, como sugiere el especialista británico David Hesmondhalgh (2002). El avance y desarrollo de los dispositivos tecnológicos para la comunicación tienen que ver con un cúmulo de procesos históricos, tecnológicos, políticos, económicos, sociales y culturales que en las décadas recientes han experimentado el conjunto de las industrias culturales. El sector de las telecomunicaciones –dentro del cual se encuentra el subsector de la telefonía móvil- ha experimentado un avance notable y cada vez se encuentra más en el centro de las actividades y el desarrollo económico de muchos países. Se han integrado enormes conglomerados que antes de los procesos de liberación, desregulación y privatización de las actividades económicas formaron parte de burocratizados monopolios estatales. Las telecomunicaciones se han integrado o hibridizado con otras industrias culturales, resultado de la convergencia tecnológica y la digitalización. Cada vez encontramos una mayor proliferación de nuevas tecnologías, innovaciones y aplicaciones que son incorporadas a los dispositivos y que permiten reproducir diferentes tipos de textos, acompañados de estrategias de mercado y nuevos segmentos de consumidores. Desde luego, lo anterior ha generado cambios en los hábitos, consumos y las necesidades de las audiencias. Finalmente, las telecomunicaciones se encuentran inmersas en procesos de regulación y políticas de comunicación que establecen condiciones de negociación, conflicto y toma de decisiones con los representantes del poder político y el Estado. Miège propone un cambio de denominación en las industrias culturales, porque este sintagma “siempre ha sido objeto de confusiones e incomprensiones”; prefiere llamarlas industrias de contenido. Con esta nueva conceptuación intervienen los soportes digitales y asimila la cultura con las telecomunicaciones y sus nuevos servicios de valor agregado, es decir, los contenidos. Están pensadas para las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs) y para la convergencia porque incluyen toda la gama de producciones digitales, algunas de las cuales también son generadas por los consumidores. A partir de esta reflexión, Miège registra los cambios sociales, tecnológicos y la recomposición de la economía dominante que está produciéndose en los países capitalistas avanzados y en la sociedad contemporánea. A diferencia de otras denominaciones, la del investigador francés no desdeña el aspecto cultural, porque las industrias de contenido “no sustituyen a las antiguas, sino que coexistirán con ellas”. Dentro de las


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llamadas industrias de contenido intervienen nuevos actores como los operadores de telecomunicaciones, grupos informáticos y productores de software que se convierten en productores de contenidos. En el ecosistema mediático, estos nuevos grupos conviven a lado de las viejas majors, las cuales también buscan incursionar en los negocios de las redes, las infraestructuras y los servicios de voz, datos y video. Estas características han sido potenciadas gracias al uso de teléfonos celulares de reciente generación, conocidos también como smartphones. Dichos dispositivos brindan hoy la posibilidad de consumir servicios de valor agregado a la línea celular y, en otros casos, servicios periféricos disponibles desde el mismo dispositivo. Los avances tecnológicos y la alfabetización para su uso cotidiano (la mayor de las veces intuitiva) han permitido que el teléfono celular sea un dispositivo central que aglutina multiplicidad de servicios y opciones a un coste relativamente reducido (aunque eso depende de cada país), obteniendo como beneficio la masificación y apropiación no sólo de la telefonía celular sino del uso de tecnologías de la información y la comunicación. La masificación de estos servicios adicionales constituye el punto central para que la telefonía móvil se convierta en el factor central de consumos culturales digitales. Así, la telefonía celular tiene al menos dos factores centrales fácilmente reconocibles (y seguramente múltiples factores subyacentes) para ser estudiada: 1) como herramienta de comunicación y para hacer más eficientes las actividades de la vida cotidiana, y 2) como terminal de acceso a consumo de diferentes servicios digitales.

Enfoque y/o metodología de abordaje: Economía política de la comunicación y la cultura


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La telefonía móvil analizada como una industria cultural de nueva generación: apuntes para una caracterización desde la convergencia Jorge Bravo Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM beltmondi@yahoo.com.mx

Preámbulo La pregunta sobre si la telefonía móvil puede analizarse desde el marco teórico que explican las industrias culturales, e incluso saber si es una industria cultural, no es ociosa. Los especialistas en el tema no incluyen el teléfono celular en su amplio catálogo de industrias culturales “de nueva generación”. Incluso autores de la talla de Bustamante (2009) no dudan en negar que la telefonía móvil se trate una industria cultural. Con esta interrogante no pretendemos caer en la afirmación generalizada de que todas las industrias son culturales (Mato, 2007; García Canclini, 2008), en el sentido de que todas son obra de la acción humana, en estricto sentido antropológico. Queda claro que las industrias culturales poseen características únicas que las diferencian del resto de las industrias, aunque estas últimas también sean producto de la creatividad humana. Para intentar responder a la pregunta que da título a esta investigación, debemos descomponer cada una de sus partes integrantes. Así, analicemos cada uno de los conceptos e intentemos formular una aproximación al tema, quizá no conclusiva pero sí para problematizar sobre el objeto de estudio.

La telefonía y la comunicación móvil Desde el punto de vista de las telecomunicaciones, técnicamente la telefonía móvil consiste en una red de comunicación celular (por las células o radio bases que se instalan para establecer la comunicación) y un conjunto de terminales (dispositivos inalámbricos) que permiten el acceso a dicha infraestructura móvil. Para lograr esa conexión existen diversas tecnologías que lo hacen posible y que han evolucionado en el corto periodo de tiempo de esta técnica. Es decir, la técnica es la telefonía móvil, mientras que la tecnología a través de la cual se logra la conexión de red puede variar. Hasta el momento, hemos evolucionado de redes de segunda a tercera generación. Algunas de las diversas tecnologías inalámbricas son las siguientes: GSM, CDMA, HSDPA, HSPA+, Edge, WiMax, LTE… Cada una de estas tecnologías ofrece posibilidades distintas. Lo importante es destacar que la técnica de la telefonía móvil gracias a la evolución de sus tecnologías, de tal manera que es posible amortizar los costos, explotar al máximo la


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tecnología, obtener utilidades y generar las inversiones suficientes a largo plazo que permitan avanzar hacia la siguiente generación de tecnologías móviles. La telefonía móvil ha pasado rápidamente de ser un servicio de telecomunicación punto a punto que posibilita la comunicación inalámbrica entre dos personas, a un dispositivo donde convergen contenidos y servicios, gracias al proceso de digitalización y al desarrollo tecnológico. Estas circunstancias han transformado el medio de comunicación que comúnmente denominamos teléfono celular. ¿Cuáles son estos cambios? ¿De qué manera han impactado en la industria de las telecomunicaciones, de Internet y de contenidos? ¿Podemos considerar el celular sólo como una plataforma para distribuir contenidos de las industrias culturales tradicionales; o bien, la transformación es más profunda y entonces constituye un dispositivo que también participa de la lógica de la producción, distribución y consumo de productos culturales? Académicamente hablando es importante estudiar el fenómeno evolutivo de la telefonía móvil porque fue una tecnología que rápidamente se socializó y proliferó entre los usuarios de telecomunicaciones, primero para resolver una necesidad de comunicación de voz, para posteriormente complementarla con otras aplicaciones y servicios como pudiera ser el servicio de mensajería instantánea y recientemente el Internet de banda ancha móvil. En ciertas regiones y países la penetración de la telefonía móvil está alcanzado el 100 por ciento, en algunos más ya se superó y en otros está creciendo considerablemente, sobre todo en los países emergentes. No sería extraño que en pocos años alcancemos el paradigma de un teléfono celular por habitante (lo anterior no significa que no permanezcan excluidos de este tecnología considerables manchones de la población). Este fenómeno de crecimiento exponencial de la tecnología también torna importante el estudio de la telefonía móvil, en el sentido de plantearnos interrogantes como las siguientes: ¿qué estamos haciendo como sociedad con el celular? ¿Estos usos y apropiaciones son distintos en México a comparación de otros países? ¿El teléfono celular evolucionará hacia artefactos más sofisticados que exploten la movilidad pero prescindan de la voz? ¿Es la telefonía móvil una industria cultural? Otro aspecto relevante tiene que ver con la configuración del espacio de la industria de los servicios de telecomunicaciones a nivel mundial, que se está integrando en función de la convergencia, los contenidos digitales, los dispositivos inalámbricos y la movilidad. Se trata de una reconfiguración propia del sistema capitalista y del modo de desarrollo basado en la Sociedad de la Información (hasta aquí nada novedoso), pero centrada en los nuevos modelos sustentados en la digitalización, la convergencia y la comunicación móvil. Este último concepto, el de comunicación móvil, constituye una línea de investigación más amplia a nivel internacional y es el concepto que vendría a englobar los esfuerzos por analizar desde la perspectiva académica el fenómeno de la movilidad ligada a las nuevas tecnologías, principalmente el teléfono móvil, pero no exclusivamente. La comunicación móvil vendría a ser el marco conceptual, el aparato crítico y epistemológico para explicar la “sociedad móvil” de


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nuestros días, estrechamente relacionada con factores económicos, políticos, culturales, tecnológicos y de la vida cotidiana de millones de personas. Es decir, un análisis basado en una perspectiva multidimensional e histórica. Hay que precisar que los estudios sobre comunicación móvil, aunque recientes y cada vez más relevantes por el influjo de las nuevas tecnologías móviles, no son nuevos. James Katz (2008: 30) advierte, en un sentido más amplio, que el teléfono móvil se enlaza con muchos otros dispositivos inalámbricos previos como el Walkman de Sony, los estéreos portátiles y más recientemente los iPod y reproductores de MP3, “en tanto que manifestaciones portátiles de estatus y medios de ejercitar control sobre nuestro entorno local”.1 Katz destaca que lo interesante ha sido el giro reciente hacia “una nueva oleada de medios móviles y su facilidad para combinar medios de comunicación anteriores en nuevo contenido altamente personalizado, así como exhibiciones físicas externas que reflejan cierto gusto cultural y expresión individual”. La irrupción, aceptación y popularización de la telefonía móvil es un fenómeno que por sí mismo merece atención y estudio pormenorizados, alejados de las visiones deterministas que sugieren que el acceso a las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) traerá consigo de manera automática un bienestar colectivo y mejores condiciones de vida. Un análisis apegado a la historia social de los medios de comunicación coincidirá con el planteamiento de los historiadores británicos Asa Briggs y Peter Burke (2002: 15), quienes advierten que “la introducción de nuevos medios no produjo el abandono de los más antiguos, sino que éstos coexistieron e interactuaron con los recién llegados (…) Es preciso considerar a los medios como un sistema en constante cambio, en el que diferentes elementos desempeñan papeles más o menos importantes”. La rápida proliferación de teléfonos celulares en el mundo ha provocado que no pocos estudiosos vislumbren la existencia de una “sociedad móvil”. Este tipo de organización social y productiva propia de un modelo de desarrollo basado en la abundancia de información, ha sido favorecida por la comunicación móvil y, ésta, a su vez, por el desarrollo de tecnologías inalámbricas y “medios móviles”,2 algunos de los cuales requieren de bandas del espectro radioeléctrico a través de las cuales transmitir e intercambiar de manera rápida y eficaz la información. En todo caso, conviene recordar lo que advertía Raymond Williams (1974), que la historia del sistema de comunicaciones crea nuevas condiciones sociales. Las decisivas y tempranas transformaciones de la producción industrial, y sus nuevas formas sociales, se han desarrollado a 1

Habría que rastrear el concepto de movilidad desde una perspectiva histórica. Los tipos móviles de la imprenta de Gutenberg son ya una manifestación moderna. Podríamos decir que la movilidad vinculada a ciertas herramientas es consustancial a la especie humana, como lo constata la industria lítica (herramientas de piedra) desde el Homo Faber y las distintas armas móviles que ha desarrollado y empleado el ser humano. Desde luego, el celular es quizá la forma más avanzada, pero no la única ni la primera, de movilidad vinculada a artefactos. 2 El de “medios móviles” es un concepto genérico que se refiere en primer lugar al teléfono celular pero también a un conjunto de dispositivos inalámbricos como PDAs, iPods o reproductores de música, audio y video, tabletas o libros electrónicos (ebooks) (Katz, 2008: 21).


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lo largo de la historia de la acumulación del capital y el trabajo técnico, creando nuevas necesidades y posibilidades. Desde luego, el teléfono es un medio de comunicación pero, a diferencia de la radio, la televisión, la prensa o el cine, no había pertenecido a la férula de los instrumentos de difusión masiva, sino que más bien es un “medio interpersonal”. Esta concepción tradicional de medio de comunicación merece ser revisitada. Como señala atinadamente Fortunati (2008), la definición tradicional de teléfono celular es conflictiva y, también, insuficiente. Diversas corrientes de investigación en comunicación móvil han preferido modificar su denominación por la de “dispositivo móvil” o “dispositivo personal”, con el objeto de encontrar conceptuaciones más precisas ante los cambios tecnológicos y culturales. A diferencia de las industrias culturales, a las cuales se les atribuyó factores de salvaguarda de las identidades culturales, pluralidad, diversidad y como factor de desarrollo humano (Unesco, 1982), las telecomunicaciones (incluido el teléfono celular) poseen una importante carga técnica, económica y político-regulatoria que las ha alejado de las perspectivas sociológicas, antropológicas, humanistas e incluso comunicativas. Esto último, afortunadamente, ha cambiado porque ya no se sostiene la idea de telecomunicaciones como infraestructura o redes de transporte de datos en código binario, sino que los contenidos que viajan a través de esas redes, ya sean fijas o inalámbricas, adquieren cada vez mayor importancia. No olvidemos que las telecomunicaciones son un conjunto de técnicas (entre ellas la telefonía móvil) que permiten la comunicación a distancia entre seres humanos. Esto último no debemos soslayarlo porque es lo esencial. Las telecomunicaciones sirven a las personas y los dispositivos tecnológicos –telégrafo, teléfono fijo o celular, televisión digital, computadora, tableta y los que estén por llegar al mercado– sirven para facilitar los requerimientos de comunicación de los individuos, ya sea en términos de negocios, de relación con las instituciones gubernamentales para realizar trámites de manera más eficiente, o para sentirnos más cerca de nuestros seres queridos o amigos. Como señala atinadamente Pasquali (2006), al principio al final de toda red de intercambio de información, mediada por canales artificiales, siempre estará un ser humano que requiere establecer relaciones comunicacionales…

La industria cultural La noción de industria cultural tiene un claro sustrato ideológico: la teoría crítica –de innegable inspiración marxista– que en su momento enarbolaron dos de los máximos exponentes de la Escuela de Frankfurt: Max Horkheimer y Theodor Adorno. Los antecedentes del estudio de las industrias culturales se remontan a 1944, cuando Horkheimer y Adorno, dos pensadores judío-alemanes, quienes para entonces ya había huido del régimen nazi, redactan en el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, un


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estudio titulado “La industria cultural. Ilustración como engaño de masas”,3 que más tarde integrarían a su famosa Dialéctica de la Ilustración. Sin embargo, sería hasta finales de los años sesenta cuando cobraría impulso el estudio de las industrias culturales y el reconocimiento a la labor pionera de los autores de la Escuela de Frankfurt, cuando en 1969 se reedita la obra y en 1972 se traduce al inglés. Es importante conocer las motivaciones que llevaron a Horkheimer y, sobre todo, a Adorno a plantearse el problema de la industria cultural. En primer lugar, dentro de la Dialéctica de la Ilustración se trata de un texto incompleto y fragmentario que, por lo mismo, ha generado una serie de problemas de interpretación porque, por momentos, no se sabe a ciencia cierta qué quisieron decir los autores cuando emitían algunas sentencias, casi siempre acusatorias, de ese monopolio de la diversión de masas que denominaron “la industria cultural”. Hans Magnus Enzensberger –crítico de la denominación formulada por los frankfurtianos– preferiría llamarle “manipulación industrial de las conciencias” (1985). Lo de industria nos queda más o menos claro pero es importante precisar sus implicaciones y alcances: se refiere a la homogeneización, estandarización, repetición y serialización de la conciencia, los contenidos, los productos simbólicos y su masificación a través de las técnicas de producción y circulación. Otro exponente de la Escuela de Frankfurt, Walter Benjamin, sabría explicarlo a la perfección cuando denunciaba la pérdida de unicidad del arte al reproducirse mecánicamente; al ocurrir esto último, la obra de arte pierde su aura, su unicidad. En este sentido, según los autores, la industria cultural carece de dicho hálito. Por lo tanto, ya que no es arte, la industria cultural es una mercancía sin alma, un negocio y, por lo general, es explicada en términos tecnológicos, determinismo que no ha dejado de imperar para exaltar la irrupción de nuevos medios de comunicación. Por eso, Adorno y Horkheimer sostenían que “el terreno sobre el que la técnica adquiere poder sobre la sociedad es el poder de los económicamente más fuertes. La racionalidad técnica es hoy la racionalidad del dominio mismo”. Aún más importante, los intelectuales frankfurtianos nos recordaban que la irrupción de la industria cultural no sólo era producto del desarrollo tecnológico del momento, sino de un proceso económico y social con una trayectoria histórica: “no se debe atribuir a una ley del desarrollo de la técnica como tal, sino a su función en la economía actual” (166). En perspectiva histórica y económica, al desarrollo de la industria cultural le antecedió el desarrollo de la acumulación primaria del capital. Los medios de comunicación que conocemos no hubieran alcanzado su nivel de desarrollo si antes no se hubiera consolidado la industria eléctrica, por ejemplo. “La industrialización del proceso mediatizador puede tener lugar sólo cuando ya se 3

Antes que ellos, Charles Beard y su esposa Mary Ritter Beard escribieron Historia de la civilización de los Estados Unidos de Norte América (1927), que ofrecía una interpretación económica y social del cambio cultural. El capítulo final lo titulan “La era de la máquina” y analizan el papel del automóvil en la propagación de los valores urbanos, el mecenazgo de las artes, el cariz práctico y popular de la ciencia estadounidense y el nacimiento del jazz, que tanto cuestionaría Adorno. Lo anterior para quienes consideran que todas las industrias son culturales (Burke, 2006: 30).


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han consolidado la industria de materias primas y la producción en masa de bienes de consumo” (Enzensberger, 1985: 11). Así, plenamente desarrollada la base material de la sociedad (bienes de consumo), hacía falta crear una base inmaterial: las industrias culturales. No por ser inmaterial, deja de ser una mercancía. ¿Hace falta recordar cómo inicia Marx su obra cumbre, El Capital?: “La riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista de producción se nos aparece como ‘un inmenso arsenal de mercancías’.” Así como no hay duda de que los bienes materiales constituyen una mercancía, asimismo el capitalismo avanza y crea las condiciones para la producción, reproducción e intercambio de una mercancía que ya no es material sino simbólica, inmaterial, cultural. Asimismo, podríamos decir que la irrupción de la sociedad de la información sólo pudo ser posible gracias a un estadio avanzado y hasta superado de la sociedad industrial. Este mismo proceso histórico se explica para cada una de las tecnologías de la comunicación: el telégrafo, la radiodifusión, el cine, la televisión, la Internet. En este sentido, el teléfono celular ocupa la fase superior del desarrollo tecnológico de los dispositivos de comunicación, con características peculiares como la movilidad, pero ni es el primero ni será el último, y sí se inscribe dentro del llamado orden informacional, donde la información y el conocimiento juegan un papel fundamental en la acumulación del capital. La crítica de Enzensberger a Horkheimer y Adorno radica en la minimización que hicieron del factor industrial dentro de la manipulación de las conciencias. “El nombre de ‘industria cultural’ acude en su auxilio para reprimir aquello de que se nutre; el nombre hace inofensiva la industria y encubre las consecuencias sociales y políticas que resultan de la mediatización y de la alteración industriales de la conciencia” (1985: 9). Queda claro que el elemento industrial es relevante porque es lo que permite reproducir de manera masiva la cultura, así como insertarla en el proceso de acumulación de capital. Por tal razón, Enzensberger se atreve a decir que nos encontramos ante la industria del siglo XX; ahora podríamos decir que también del nuevo siglo XXI.

La evolución de las industrias culturales El tema de la industria cultural por parte de los frankfurtianos constituyó un –digamos– “estudio de caso” de un fenómeno más amplio y general que era la llamada cultura de masas en la sociedad estadounidense, en un estadio avanzado del desarrollo capitalista. Es importante recalcarlo porque es la época y las condiciones que les correspondió analizar a Horkheimer y Adorno. Es decir, en la actualidad, en los albores del siglo XXI concierne analizar las industrias culturales en el marco de la digitalización, la convergencia tecnológica, las audiencias fragmentadas, el consumo individualizado e individualizante y el cambio de paradigma de un capitalismo basado en la producción en serie y el trabajo físico, a un capitalismo flexible, cognitivo, digital y sustentado en la información, el conocimiento y la creatividad para generar valor y riqueza.


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La producción, distribución y consumo de los productos culturales en la llamada economía del conocimiento es muy distinta a la analizada por los pensadores de la Escuela de Frankfurt. Por lo tanto, resulta apropiado analizar las industrias culturales desde el punto de vista del cambio y la continuidad (Hesmondhalh). Aún más: conviene estudiar las mutaciones (Miege) que han sufrido las industrias culturales desde que fueron planteadas hasta nuestros días. Bernard Miege (2006) propone un modelo de análisis de las industrias culturales basado en la distinción de siete categorías de mutación. “No todas tienen el mismo peso y cada una de ellas supone la movilización de recursos explicativos a menudo complejos…” (2006: 161). Para resultar esclarecedoras, dichas transformaciones deben entenderse interrelacionadas entre sí. Las siete mutaciones que propone el especialista francés son 1) las de orden financiero, 2) las innovaciones técnicas y las mutaciones socio-técnicas, 3) en la concepción de los productos culturales e informativos, 4) en la distribución y difusión, 5) en las prácticas de consumo, 6) en los soportes de cultura y de información y 7) en las relaciones entre arte, cultura y comunicación. Quizá convenga también incluir las mutaciones en las políticas públicas de comunicación y en la legislación aplicable a las industrias culturales en un sentido amplio. Miege habla de mutaciones de las industrias culturales y el término “mutación” se refiere a una alteración producida en la estructura de los seres (en este caso comunicativos), en cambiar a otro estado. El problema de la mutación (aplicada a las industrias culturales) es que también incorpora un sesgo ideológico, el mismo que heredaron los pensadores de la Escuela de Frankfurt, en sentido negativo. Una mutación se puede equiparar a una deformación. Eso significa que la mirada y el análisis dirigido a las industrias culturales serán negativos, pues ese es el sentido de una mutación, como si se tratara de una metamorfosis kafkiana. En cambio, en lugar de utilizar el término propuesto por Miege resultaría más conveniente aplicar el concepto “evolución”, el cual posee un ascendiente más científico y, por lo tanto, menos ideológico. La evolución es al mismo tiempo un proceso y un resultado. Con esto se quiere decir que históricamente las industrias culturales no han mutado sino que han evolucionado. La diferencia terminológica no es menor. La evolución es el desarrollo de las cosas o de los organismos por medio del cual pasan gradualmente de un estado a otro. La evolución significa que las cosas cambian de forma. Aún más: el proceso de evolución incluye mecanismos de cambio que ocurren a lo largo del tiempo, promoviendo la adaptación de los organismos denominados “industrias culturales” a las nuevas condiciones y entornos, como podría ser la digitalización y la convergencia, dando origen a nuevas especies de industrias culturales. En todo caso, las mutaciones son producto de la evolución. La evolución –ya sea de las especies o de las industrias culturales– está en función de resultados. Éstos no se califican per se como positivos o negativos, buenos o malos; simplemente son eficaces y consisten en el devenir histórico mismo, en la vida de las industrias culturales. En función de las industrias culturales, ¿cuáles serían los resultados de la evolución de estos organismos comunicativos, informativos y de entretenimiento? Los que estipulan las relaciones


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sociales de producción, pero también las políticas públicas; éstas pueden ser el reflejo de las lógicas impuestas por la salvaje acumulación del capital, pero también incorporar demandas sociales, comunitarias y de salvaguarda de los derechos a la información, la comunicación y la cultura. Mediante el mecanismo evolutivo de la selección natural, se favorece la capacidad de supervivencia y reproducción de las industrias culturales. Si la rentabilidad es el factor que deberá determinar el resultado de una industria cultural, queda claro que el organismo evolucionará lo necesario para alcanzar los máximos niveles de rentabilidad económica. Si los objetivos están en función de precisar un servicio público de comunicación, las industrias culturales evolucionarán hasta alcanzar ese estadio. En ambos casos depende de las relaciones sociales. Una industria cultural puede evolucionar de un modelo de transmisión vertical y autoritario, dirigido a audiencias masivas, a un esquema digital que para dinamizar los ingresos opta técnicamente por fragmentar las audiencias y abrir el espectro radioeléctrico a la diversidad y la pluralidad. Es el caso de la televisión digital terrestre. Por lo tanto, el teléfono móvil evoluciona de ser una terminal que se conecta a una red de telecomunicaciones a una industria cultural. De un dispositivo para hacer y recibir comunicaciones de voz a una multiplataforma tecnológica capaz de proveer cualquier contenido digital. De una tecnología que hacía más eficiente la comunicación oral entre los seres humanos a un objeto cultural que privilegia cada vez más la escritura, a través del teclado o la pantalla táctil. De un artefacto que pesaba ochocientos gramos a un dispositivo que incluso podemos llevar sujeto al oído, y que promete ser cada vez más compacto, flexible, maleable y portátil gracias a los avances de la nanotecnología. Una industria cultural que ha creado su propio lenguaje basado no en la voz de los interlocutores sino en letras, abreviaturas, símbolos y números que expresan sentidos y emociones. Sus funciones han evolucionado y ha incorporado nuevas, desde mensajes de texto breves, pasando por cámara fotográfica, videollamada, sintonizador de radio FM, reproductor de archivos de audio mp3, sofisticados videojuegos, acceso a Internet de banda ancha con tecnología WAP, televisión digital, servicios de geo-localización o mapas, correo electrónico y terminal bancaria. El teléfono celular es el medio de comunicación convergente por antonomasia: recupera las tecnologías más antiguas como el lenguaje y la escritura e incorpora las expresiones más modernas de las industrias culturales como Internet o la televisión digital. Cuando Henry Jenkins habla de la cultura de la convergencia, se refiere precisamente al entrecruzamiento de los viejos y los nuevos medios, “donde los medios populares se entrecruzan con los corporativos, donde el poder del productor y el consumidor mediáticos interaccionan de maneras impredecibles” (2008: 14). A diferencia de las mutaciones de Miege, el teléfono móvil ha evolucionado en muy poco tiempo desarrollando enormes capacidades de adaptación y coevolución. Al mismo tiempo, es el dispositivo que mejor ha sabido mercantilizar la convergencia.

La industria cultural total o convergente


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A diferencia de las actuales industrias culturales, Horkheimer y Adorno no requerían nombrarlas en plural porque consideraban que la industria cultural (integrada por el cine, la radio, las revistas y la música de jazz) constituían un sistema y equiparaban el término “industria cultural” con monopolio. Desde luego, dicho monopolio no podía sino cumplir con la lógica del capitalismo, estar atado a los intereses económicos y reproducir una misma ideología burguesa. El sistema y el monopolio eran los del capitalismo y, por eso, la industria cultural representa una regresión de la Ilustración a ideología, y toda una maquinaria cultural para engañar y manipular a las masas. Sería Althusser quien, más tarde, hablaría de los medios de comunicación como aparatos ideológicos del Estado. Estas ideas, desde luego, han sido cuestionadas y matizadas por los estudiosos más recientes de las industrias culturales. Sin embargo, en los albores del siglo XXI regresar a los orígenes de la industria cultural implica reconocer el acierto de Horkheimer y Adorno cuando hablaban de monopolio. ¿Con la digitalización y la convergencia tecnológica no debiéramos regresar a la vieja concepción de industria cultural, así, en singular? Con esta interrogante no se pretende negar la existencia de diversas industrias culturales, distintas entre sí, con características específicas, cada una con una cadena de valor peculiar, que exigen una especialización y división social del trabajo particulares. Más bien, lo que se busca es llamar la atención del monopolio y la concentración de la propiedad mediática, facilitada por la convergencia. Lla economía política de la comunicación siempre ha llamado la atención de los riesgos que implica la concentración de la propiedad y los recursos comunicacionales para la diversidad, la pluralidad y el ejercicio pleno de los derechos ciudadanos. Como señalan diversos autores (Mosco, 2009; Miege, 2006), la concentración constituye una preocupación constante, un punto de partida muy socorrido para comprender las transformaciones estructurales del capitalismo, la evolución de los grupos mediáticos y sus estrategias en el negocio de la comunicación. Dichas transformaciones se expresan a nivel nacional, cada vez son más frecuentes en ámbitos regionales y, desde luego, también tienen lugar en el escenario internacional. Como sostiene Miege, “el interés por este enfoque no ha dejado de reforzarse con el ascenso de los nuevos medios y las nuevas técnicas de información y comunicación” (2006: 158). En efecto, la convergencia posibilita que a través de una misma plataforma tecnológica –como pudiera ser Internet, el teléfono móvil o las tabletas como el iPad– el usuario pueda recibir contenidos diversos. Ya no hace falta poseer dispositivos diversos, específicos y separados entre sí para consumir productos culturales cuya producción obedece a lógicas distintas. El desarrollo del modo de producción y el avance tecnológico han posibilitado la evolución de, primero, la industria cultural (la descrita por Horkheimer y Adorno), pasando por las industrias culturales (en franca contraposición a las hipótesis de esos pensadores), hasta llegar al día de hoy –con la digitalización y la convergencia– a la industria cultural total (una vez más retomando la perspicacia de aquellos filósofos). Si un mismo operador es capaz de ofrecer diversos productos culturales (televisión, radio, cine, prensa, revistas, periódicos, música, Internet y telefonía celular) a través de un mismo dispositivo, queda claro que hablamos de una industria cultural total conformada por distintas


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industrias culturales y servicios de telecomunicaciones, todo ello de carácter convergente y posibilitado gracias al proceso de digitalización y la concentración de la propiedad mediática. Este proceso “se manifiesta sobre todo a largo plazo y no a corto plazo como consecuencia directa de las modificaciones producidas en el capital de los grupos” (Miege, 2006: 159). Es verdad que los pensadores de la Escuela de Frankfurt nunca imaginaron las enormes posibilidades de la conversión binaria o digitalización. Sería aventurado afirmar que, desde 1944, vislumbraron la convergencia tecnológica como hoy la conocemos. Sin embargo, siempre tuvieron en claro que la industria cultural constituía una fase más del desarrollo del modo de producción capitalista y que, por lo tanto, representaba un monopolio por la sencilla razón de que respondía a la lógica del capital. Además, la industria cultural tenía relación o dependía directamente de otras industrias como la eléctrica, la bélica y el sector bancario (lo que Lenin denominó capital financiero). Ellos no veían necesario separar las industrias culturales porque, en su conjunto, cumplían los mismos objetivos y perseguían los mismos intereses que cualquier otra industria dentro del capitalismo. La industria cultural era una extensión, una rama más del capital industrial y bancario; ese es el origen de buena parte de diversos conglomerados de medios que todavía existen el día de hoy. En 1944 escribían:

La dependencia de la más poderosa compañía radiofónica de la industria eléctrica, o la del cine respecto de los bancos, define el sector entero, cuyas ramas particulares están a su vez económicamente coimplicadas entre sí. Todo está tan estrechamente próximo que la concentración del espíritu alcanza un volumen que le permite traspasar la línea divisoria de las diversas empresas y de los sectores técnicos (168, énfasis mío).

Dicha “coimplicación” e imbricación económica es aún más clara con la convergencia de hoy. Quizá lo que no alcanzaron a vislumbrar Horkheimer y Adorno es que los medios de comunicación por sí mismos se convertirían en agentes fundamentales en la acumulación y reproducción del capital; esa sería una innovación histórica que introduciría el propio desarrollo del modo de producción. En clave de economía política de la comunicación, diríamos que los pensadores frankfurtianos se dieron a la tarea –con enorme éxito intelectual– de analizar una fase histórica específica del desarrollo capitalista: la industria cultural vinculada a una modalidad distinta de producción y reproducción culturales, dentro de la sociedad de masas. Estudiaron la industria cultural para profundizar en el entendimiento de la estructura social y el capitalismo a niveles más amplios. Pero coloquemos la convergencia en su justa dimensión, no como un proceso tecnológico –que lo es–, sino como un proceso económico que permite rentabilizar los productos simbólicos y hacer más eficiente su distribución. Fue Ithiel de Sola Pool quien concibió la convergencia como un factor crucial en la evolución de las industrias mediáticas:


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Un proceso llamado “convergencia de modos” está difuminando las líneas entre los medios, incluso entre las comunicaciones entre dos puntos, como el correo, el teléfono y el telégrafo, y las comunicaciones de masas, como la prensa, la radio y la televisión. Un solo medio físico (ya se trate de cables o de ondas) puede transmitir servicios que en el pasado se proveían por caminos separados. Inversamente, un servicio provisto en el pasado por un medio determinado (ya sea la radio, la televisión, la prensa o la telefonía) hoy puede ofrecerse por varios medios físicos diferentes. Por consiguiente, se está erosionando la relación de uno a uno que solía existir entre un medio y su uso (De Sola Pool, 1983: 23).

Para otro estudioso de la convergencia, este proceso se refiere “al flujo de contenido a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias mediáticas y el comportamiento de las audiencias mediáticas” (Jenkins, 2008: 14). Para este autor, la convergencia representa una transformación cultural fundamental e implica tomar en cuenta, describir y analizar los cambios tecnológicos, industriales, culturales y sociales. Sin embargo, no es posible reducir la convergencia a un proceso tecnológico, por más complejo que resulte, que implica aglutinar múltiples funciones a través de un mismo dispositivo. La convergencia no sólo tiene que ver con el acceso (lo que reduce el problema a un aspecto tecnológico) sino de una nueva –aunque no suficientemente reflexionada y crítica– relación con los medios de comunicación, las prácticas, usos, apropiaciones y productos culturales que distribuyen. En la convergencia desempeñan un papel importante los consumidores, por ser quienes buscan información y establecen conexión con los contenidos. Es en la mente de los usuarios donde se produce este proceso y no sólo en los dispositivos tecnológicos. Además, se establece una relación cada vez más interconectada entre los diferentes sistemas de medios, las economías mediáticas compiten y todo esto ocurre dentro y fuera de las fronteras nacionales. “En el mundo de la convergencia mediática, se cuentan todas las historias importantes, se venden todas las marcas y se atrae a todos los consumidores a través de múltiples plataformas mediáticas” (Jenkins, 2008: 14). La idea de la convergencia no comulga con la idea –recurrente y cada vez más socorrida– del fin o la muerte de los medios tradicionales. Precisamente, lo que hace posible este proceso es la comunión y la interacción cada vez más complejas de plataformas mediáticas tradicionales (cine, radio, televisión, prensa escrita) con los nuevos medios digitales (Internet, telefonía móvil). Lo anterior no quiere decir que desaparezcan las lógicas, funciones, características, lenguajes, usos y apropiaciones, cadenas de valor y tipo de regulación y control político de cada una de las industrias culturales. El sentido es más profundo porque implica que las barreras entre los diferentes medios comienzan a difuminarse cada vez más.


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La digitalización y las nuevas tecnologías han hecho posible que un mismo contenido fluya por canales distintos y pueda ser recibido en un mismo dispositivo, a cualquier hora y en cualquier lugar. En este contexto, las nuevas tecnologías de distribución de contenidos –como podría ser el teléfono móvil– adquieren una relevancia preponderante, desplazando a otras que los mismos imperativos económicos, sociales y culturales han preferido dejar de utilizar (como el videocasete Betacam o el disco de acetato), como parte de la evolución de dichas tecnologías de distribución y de las industrias culturales. Como sostiene Jenkins (2008: 24-25), “el contenido de un medio puede variar, su público puede cambiar y su estatus social puede elevarse o caer. Pero, una vez que un medio se establece satisfaciendo alguna exigencia humana fundamental, continúa funcionando dentro de un sistema más vasto de opciones comunicativas”. Otro aspecto relevante de la convergencia, desde el punto de vista de la economía política, es el fomento de un tipo de concentración de la propiedad transversal, conglomeral, convergente en el más estricto sentido de la palabra. Y es que este proceso también tiene profundas repercusiones corporativas (Unesco, 1997). Acarrea cambios y transformaciones insondables en los patrones de propiedad de los medios y las industrias culturales, posibilitando la pluralidad informativa gracias a la incursión de nuevas y alternativas ofertas comunicativas pero, al mismo tiempo, facilitando la concentración con mayor intensidad que en el pasado. La convergencia ha hecho más preocupante y más difícil de regular y combatir política y socialmente el acaparamiento de recursos mediáticos por los mismos corporativos dominantes y oligopólicos que ya ocupan y controlan el mercado, con la ventaja de que la distribución digital de productos culturales ya no tiene límites espaciales. Los grandes grupos de comunicación encuentran en la convergencia un proceso económicamente deseable para hacer más eficiente la distribución de contenidos a través de esos diversos canales o tecnologías de distribución. Sin pretender negar la irrupción de ofertas libres, participativas y distintas de ideas, puntos de vistas y bienes culturales intangibles, al tiempo que se acelera el flujo de contenidos mediáticos se multiplican las posibilidades de incrementar las ganancias, expandir los mercados y reforzar los consumos de vastas proporciones de la población. El interés por participar en la mayoría o en todas las industrias de la comunicación, la información y el entretenimiento se ve favorecido, estimulado y potencialmente multiplicado y expandido por la posibilidad técnica (digitalización) y tecnológica (dispositivos móviles) de distribuir y comercializar de manera más eficiente todos esos contenidos. El consumo de estos productos culturales (y, claro está, la adquisición de los dispositivos que los vehiculizan, reproducen y almacenan) también evoluciona y es acicateado en función del carácter natural e inobjetable que el mismo sistema les insufla. Sin embargo, todos estos procesos son dinámicos (y nunca antes ha sido tan acertado decirlo); los medios de comunicación y las industrias culturales se encuentran en transición y evolución y no es posible atinar a emitir pronósticos definitivos o categóricos. La convergencia es un medio para logra muchos fines, pero de ninguna manera constituye el punto final. Quizá debamos reconocer que la convergencia ha desatado las fuerzas internas y más poderosas de la comunicación, entendida a partir de su etimología como “poner en común”. Poner en común contenidos,


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tecnologías, plataformas, empresas intereses, consumos, experiencias e interacciones… Así, estrategias, decisiones, inversiones, fusiones, sinergias, competencias y conflictos son predecibles en un ecosistema mediático caracterizado por las incertidumbres y los riesgos. La convergencia trae consigo enormes desafíos y posibilidades para quienes están inmersos en ella, pero de ninguna manera promete certezas (la mega fusión en 2000 entre America Online, AOL y Time Warner lo corrobora). “La convergencia altera la relación entre las tecnologías existentes, las industrias, los mercados, los géneros y el público. La convergencia altera la lógica con la que operan las industrias mediáticas y con la que procesan la información y el entretenimiento los consumidores de los medios” (Jenkins, 2008: 26). La concentración de la propiedad de los recursos comunicacionales y de las distintas industrias culturales es la respuesta clásica y tradicional del capitalismo para enfrentarse a un mercado que es al mismo tiempo prometedor, apetecible e impredecible. Así, para efectos de este análisis, e inmersos de lleno en el fenómeno de la convergencia, tampoco creemos necesario hacer esa separación o, mejor dicho, conviene converger las industrias culturales dentro del concepto más amplio de industria cultural total o convergente. Enzensberger ya hablaba en 1962 de analizar la industria cultural como una totalidad: “Mientras se discute con pasión y detalladamente acerca de los nuevos instrumentos técnicos –radio, cine, televisión, disco–; mientras se estudia el poder de la propaganda, de la publicidad y de las public relations, la industria de manipulación de las conciencias continúa sin ser considerada en su conjunto, como un todo” (1985: 9-10). El planteamiento de Enzensberger nos resulta de mucha utilidad porque llamaba a estudiar las novedades culturales, entre ellas la moda y el turismo, así como a no olvidarnos de otras industrias como el periodismo, porque su aspecto técnico ya no causa sensación académica.4 En atención al exhorto del intelectual alemán, conviene y resulta necesario emprender el estudio de la telefonía móvil como una nueva industria cultural en el escenario de la convergencia. El mismo Enzensberger nos proporciona los argumentos a favor: “La industria de manipulación de conciencias nos va a constreñir, en un futuro muy próximo, a que la consideremos como una potencia radicalmente nueva, de desarrollo creciente, imposible de medir con sus patrones iniciales” (1985: 10). Precisamente creemos que es necesario repensar la industria cultural y no constreñir el análisis a modelos metodológicos o “patrones iniciales”. Como Hesmondhalh, proponemos el cambio y la continuidad para estudiar las industrias culturales. La continuidad implica recuperar la idea general de “industria cultural” como monopolio, tal y como la concebían Horkheimer y Adorno. La continuidad es reconocer que la concentración de la propiedad privada sigue siendo una cualidad de esta industria y una oportunidad de estudio, crítica y cambio social. El cambio significa que esa conceptuación es posible gracias a la conversión binaria y la convergencia. Aunque este proceso 4

“Por ejemplo, apenas si se habla del periodismo, siendo su rama más antigua y en muchos aspectos la más instructiva: la razón de ello es, probablemente, que ya no puede pasar por novedad cultural ni causar sensación en su aspecto técnico. Por otra parte, la moda, el ‘estilismo’, la instrucción religiosa y el turismo son otros tantos sectores poco individualizados y estudiados de la manipulación industrial de la conciencia” (Enzensberger, 1985: 10).


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tecnológico abre la posibilidad de propagar más opciones comunicativas, informativas y culturales, también ha hecho posible el agudizamiento de la concentración porque ya no existe impedimento técnico para entregarle al usuario o consumidor contenidos diversos a través de una misma plataforma o dispositivo tecnológico. Ahora no hablamos de una sociedad industrial y de masas en plenitud como fase histórica del capitalismo avanzado (como bien lo explicó Daniel Bell), pero sí de otro devenir histórico caracterizado por un nuevo orden informacional marcado por la reestructuración de la economía internacional, el intercambio planetario de información a través de las redes de telecomunicaciones, las innovaciones tecnológicas y la convergencia, fenómenos que han transformado las relaciones sociales y de poder como en su momento lo hizo el capitalismo industrial a través de los modos de desarrollo fordista y taylorista. El teléfono celular está inmerso en esta nueva dinámica histórica. O mejor dicho: el móvil y los demás dispositivos inalámbricos no se entenderían alejados del modelo de desarrollo conocido como sociedad de la información, que crea sus propios y particulares modos de producción y consumo cultural dentro de la misma sociedad capitalista, cuya transformación –cada vez más vertiginosa– es resultado de la propia dinámica histórica. La diferencia radica en el poder económico, simbólico y político de los medios de comunicación. Como señala Garnham (1979), los medios de comunicación son organizaciones industriales y entidades comerciales que producen y distribuyen mercancías. Ya no poseen una cualidad residual en la acumulación capitalista como quizá apreciaron Horkheimer y Adorno con la industria cultural dependiente del capital financiero. Su función e importancia en la producción cultural y de capital es directa. Las industrias culturales se convierten en instituciones de producción y distribución de bienes materiales específicamente simbólicos. Estas mercancías culturales adquieren un carácter cada vez más autónomo en el sistema de mercado con respecto a otras ramas de la producción, cada vez más evidente con los procesos de conversión binaria. Este elemento abonaría aún más a la noción de industria cultural total o convergente. Además, cada vez participan y se encuentran más inmersos tanto productores, distribuidores y receptores dentro de la noción de “trabajador total”, resultado de cómo el capitalismo ha llevado a sus máximas consecuencias el modo de desarrollo informacional. Otra diferencia sería que la propia digitalización ha permitido una mayor irrupción de expresiones culturales, mediáticas y de consumo alternativas, de servicio público y comunitarias que no necesariamente –como también nos recuerda Garnham– sustentan en todo momento la ideología dominante. Una tercera distinción es que las audiencias masivas, si bien no desaparecen y por momento se refuerzan, ceden su sitio a las audiencias fragmentadas que, sin dejar de ser numerosas, reproducen hábitos de consumo.

¿Es la telefonía móvil una industria cultural?


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El primer problema que es necesario plantear es si la telefonía –y en específico la telefonía móvilforma parte de las industrias culturales, entendidas como todas aquellas que producen y hacen circular textos y contenidos simbólico-culturales. Es decir, lo que fabrica y distribuye esta industria ya no son bienes materiales sino opiniones, juicios, prejuicios y contenidos (lo que Enzensberger llamaba conciencia). Su eje es la reproductibilidad (Benjamin), requieren inversión de capital y riesgos asociados al mismo, están ligadas al tiempo de ocio de las personas y requieren la inserción de un trabajo simbólico en un proceso mecanizado que permite su conversión en mercancía (Bustamante, 2003: 21). Los productos y servicios culturales son aquellos que requieren creatividad humana para su producción, son el vehículo para transmitir y consumir mensajes simbólicos y contienen, al menos potencialmente, algún tipo de propiedad intelectual que es atribuible a un individuo o grupo (UNCTAD, 2008: 10). La Unesco (1982) estima, por su parte, que las industrias culturales combinan la creación, producción y comercialización de contenidos simbólicos e intangibles. Asimismo, son centrales para promover y conservar la diversidad cultural y su acceso democrático. En Francia las industrias culturales son comprendidas como un conjunto de actividades económicas que combinan la función de concepción, creación y producción de cultura con carácter industrial, dentro de una más amplia escala de manufactura y comercialización de productos culturales (el llamado sector cultural). Antonio Pasquali ofrece una definición amplia de industrias culturales, que embona a la perfección con los objetivos del presente estudio, en el sentido de considerar la telefonía móvil como industria cultural.

Aquella que ofrece al público, en diferentes soportes, informaciones y mensajes educativos, culturales, recreativos, noticiosos o artísticos concebidos para su reproductibilidad y efectivamente serializados en ejemplares idénticos. Forman parte de la familia de las industrias culturales aquellas que al interior del sector secundario general insumos para uso cultural (producción del llamado “papel cultural”, de material escolar, de soportes, emulsiones, tintas, químicos y equipos electrónicos de producción y transmisión para usos culturales en general); las que se encargan de la producción propiamente dicha de mensajes vehiculados por un determinado soporte (noticias, periódicos, impresos, sonido y música, audiovisuales, programas, incluyendo, por supuesto, el mensaje publicitario) y las que aseguran la recepción del mensaje (distribuidoras, grabadoras, receptores y reproductores, y en general cualquier “lector” de mensajes, cuando éste tuvo que pasar por procesos intermedios de codificación mecánica, eléctrica o electrónica) (Pasquali, 1991: 220-221)

Entre las características que Enrique Bustamante enumera de las industrias culturales (citando a diversos autores), que las distinguen de cualquier otra mercancía industrializada, ya sean de edición o de flujo, se encuentran las siguientes:


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• La importancia del trabajo simbólico que constituye su materia prima. • Un valor de uso ligado a sus creadores. • El requerimiento de transformar el valor simbólico en valor económico. • El alto riesgo de su valorización. • Su imperiosa necesidad de renovación que rompe con la premisa de estandarización de las demás industrias. • Una estructura económica caracterizada por elevados costos de producción y relativamente bajos costos de distribución y comercialización. • Una presencia intensiva de economías de escala que impulsan hacia la concentración de la propiedad. • Su naturaleza de bienes indivisibles, inmateriales e inagotables. • Su incertidumbre extrema frente a los gustos del consumidor. • La naturaleza acumulativa de su consumo al seguirlo estimulando. • El efecto distinción (Bourdieu) o de diferenciación social ligado a su consumo (Bustamante, 2003: 23-24).

Las industrias culturales tradicionales se refieren a la televisión (incluida la satelital y de cable), la radio, el cine y la edición de libros, revistas, videos y fonogramas (industria musical y discográfica) en sus distintos formatos, tanto impresos como digitales. Más recientemente se ha reconocido a otras industrias culturales como el videojuego, la publicidad y la mercadotecnia, la Internet e incluso algunas artes del espectáculo. No obstante, aportes provenientes sobre todo de países en vías de desarrollo han comenzado a dar cuenta del poder de las telecomunicaciones y las nuevas tecnologías de la información en la integración de una división global del trabajo. En este sentido, hace falta repensar y renovar los enfoques de comunicación política de la comunicación con base en los cambios recientes como lo es la convergencia tecnológica o la comprensión digital, la posibilidad de transmitir en una misma plataforma distintos servicios-productos mediáticos, los recientes esquemas de concentración de la propiedad, las políticas que tienden a favorecer a los monopolios, los cambios en el mercado y las transformaciones sociales en los usos de las nuevas tecnologías.


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En ese extenso y de por sí complejo desglose de industrias culturales en la era digital no está incluida la telefonía móvil. Sin embargo, las propias características de las industrias culturales sugieren que la telefonía sí debe ser tomada en serio, sobre todo si emprendemos el análisis con base en parámetros de evolución, cambio y continuidad de las industrias culturales, como sugiere el especialista británico David Hesmondhalgh (2002). Este autor expone tres razones por las cuales son importantes las industrias culturales y merecen ser estudiadas:

1. Las industrias culturales crean y hacen circular textos (programas, filmes, grabaciones, libros, historietas, imágenes, revistas, periódicos…). 2. Las industrias culturales administran y hacen circular creatividad o contenidos simbólicos. 3. Las industrias culturales son agentes del cambio económico, social y cultural.

No cabe duda de que la telefonía móvil –inscrita en el boyante sector de las telecomunicaciones- cumple con los tres motivos que expone Hesmondhalgh. Adicionalmente, la telefonía móvil cumple plenamente con los problemas y respuestas que caracterizan a las industrias culturales. Problemas: • Es un negocio riesgoso. • Funciona mediante elevados costos de producción y bajos costos de reproducción. • Ofrece bienes y servicios semipúblicos y, por lo tanto, existe la necesidad de crear escasez. Respuestas • Las pérdidas se equilibran con la sobreproducción y un amplio repertorio cultural. • Concentración, integración y captación de publicidad. • Crear escasez artificial. • Reciclar personajes, géneros y series. • Control flexible sobre los creadores de contenidos simbólicos y ajustado control sobre la distribución y la comercialización.


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El avance y desarrollo de estos dispositivos tecnológicos para la comunicación entre los seres humanos tienen que ver con un cúmulo de procesos históricos, tecnológicos, políticos, económicos, sociales y culturales que en las décadas recientes han experimentado el conjunto de las industrias culturales. Por eso hemos hablado de evolución de las mismas. El sector de las telecomunicaciones –dentro del cual se encuentra el subsector de la telefonía móvil- ha experimentado un avance notable y cada vez se encuentra más en el centro de las actividades y el desarrollo económico de muchos países. Se han integrado enormes conglomerados que antes de los procesos de liberación, desregulación y privatización de las actividades económicas formaron parte de burocratizados monopolios estatales. Las telecomunicaciones se han integrado o hibridizado con otras industrias culturales, resultado de la convergencia tecnológica y la comprensión digital. Cada vez encontramos una mayor proliferación de nuevas tecnologías, innovaciones y aplicaciones que son incorporadas a los dispositivos y que permiten reproducir diferentes tipos de textos, acompañados de estrategias de mercado y segmentos de consumidores. Desde luego, lo anterior ha generado cambios en los hábitos, consumos y las necesidades de las audiencias. Finalmente, las telecomunicaciones se encuentran inmersas en procesos de regulación y políticas de comunicación que establecen condiciones de negociación, conflicto y toma de decisiones con los representantes del poder político y el Estado. El mismo Hesmondhalgh reconoce la existencia de otro grupo de industrias culturales que él denomina “periféricas” (aunque no en el sentido de marginalidad), entre las que se encuentran los deportes, la industria del software y la industria de equipos electrónicos para ser consumidos o hardware. Admite que se trata de industrias importantes en la producción de textos, “pero la reproducción de los símbolos utiliza métodos semi-industriales o no industriales” (2002: 13). Hesmondhalgh explica que

la industria de los equipos electrónicos desarrolla y fabrica las máquinas a través de las cuales podemos experimentar la recepción de textos. Los desarrollos de equipos electrónicos es extremadamente importante para entender el cambio y la continuidad en las industrias culturales, porque provee el equipo mediante el cual los textos son reproducidos y transmitidos. Estos productos electrónicos, y muchos otros, dependen de la contribución de diseñadores, pero no están centrados en el trabajo de creadores de contenidos simbólicos, como lo está el centro de las industrias culturales (2002: 13).

Bernard Miège aporta los mismos argumentos que Hesmondhalgh. El especialista francés propone una conexión entre el tipo de producto mediático, la estructura de control corporativo y la


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naturaleza del proceso de trabajo. Para Miège el hardware de los medios de comunicación (equipo), como es el caso de los receptores de televisión o los dispositivos de telefonía móvil, se caracteriza por un proceso de producción simple y escasa intervención de trabajadores creativos o artísticos. Estos tipos de productos o hardware mediático se producen con base en un proceso de concentración industrial y un detallado proceso de trabajo dentro de una división social del trabajo internacional que obtiene ventajas económicas de los bajos salarios de los trabajadores (Mosco, 2006: 64). Es decir, la telefonía móvil forma parte de una industria que diseña y produce dispositivos tecnológicos que permiten la comunicación entre seres humanos y, adicionalmente, para cumplir o reforzar ese objetivo de telecomunicación, reproduce distintos textos como mensajes escritos o de voz, imágenes o sonidos. Lo interesante es que Miège propone un cambio de denominación en las industrias culturales, porque este sintagma “siempre ha sido objeto de confusiones e incomprensiones”; prefiere llamarlas industrias de contenido. Con esta nueva conceptuación intervienen los soportes digitales y asimila la cultura con las telecomunicaciones y sus nuevos servicios de valor agregado, es decir, los contenidos. Están pensadas para las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs) y para convergencia porque incluyen toda la gama de producciones digitales, algunas de las cuales también son generadas por los consumidores. A partir de esta reflexión, Miège registra los cambios sociales, tecnológicos y la recomposición de la economía dominante que está produciéndose en los países capitalistas avanzados y en la sociedad contemporánea. A diferencia de otras denominaciones, la del investigador francés no desdeña el aspecto cultural, porque las industrias de contenido “no sustituyen a las antiguas, sino que coexistirán con ellas”. Dentro de las llamadas industrias de contenido intervienen nuevos actores como los operadores de telecomunicaciones, grupos informáticos y productores de software que se convierten en productores de contenidos. En el ecosistema mediático, estos nuevos grupos conviven a lado de las viejas majors, las cuales también buscan incursionar en los negocios de las redes, las infraestructuras y los servicios de voz, datos y video. Para el caso de la telefonía móvil, la apreciación de Hesmondhalgh merece un debate más amplio. ¿Podríamos considerar a quienes se envían mensajitos a cada rato (con base en un nuevo código formado por signos gramaticales, contracciones verbales o emoticones), algunos de ellos casi o absolutamente adictos al aparato, como productores de contenidos simbólicos). En todo caso, son indudables las transformaciones económicas, sociales y culturales que ha traído consigo la telefonía móvil. Manuel Castells et al. (2004) ya nos proporcionaron un libro imprescindible sobre la comunicación inalámbrica y la sociedad desde una perspectiva global. Otro sociólogo, Zygmunt Bauman, en Amor líquido (2000), ha realizado un estudio crítico sobre la fragilidad de los vínculos humanos en la sociedad contemporánea y el papel que juegan las nuevas tecnologías. Sobre los teléfonos celulares, Bauman anotó:


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Un mensaje parpadea en la pantalla a la espera urgente de respuesta. Sus deditos están siempre ocupados: usted aprieta teclas, llama a nuevos números para contestar a sus llamadas o para enviar sus propios mensajes. Usted está conectado, aún si está en constante movimiento… Los celulares son para la gente que está en movimiento. Uno jamás pierde de vista su celular. Su ropa deportiva tiene un bolsillo especial para contenerlo, y salir con ese bolsillo vacío sería como salir descalzo. De hecho, usted no va a ninguna parte sin su celular (“ninguna parte” es, en realidad, un espacio sin celular, un espacio fuera del área de cobertura del celular, o un celular sin batería). Y una vez que usted tiene su celular, ya nunca está afuera. Uno siempre está adentro, pero jamás encerrado en ningún lugar… Los celulares ayudan a estar conectados a los que están a distancia. Los celulares permiten a los que se conectan… mantenerse a distancia (2000: 83-85).

Desde luego, las empresas de telefonía móvil emplean como estrategias publicitarias para incrementar los beneficios económicos la necesidad de comunicación y de establecer vínculos son las demás personas. Crear cercanía a pesar de la distancia. Por ejemplo, los inmigrantes latinos en Estados Unidos son un mercado consolidado y creciente para el negocio de la telefonía fija de larga distancia pero también inalámbrica, por los vínculos afectivos que se establecen con sus seres queridos y con sus lugares de origen. La primera académica en plantear que la telefonía móvil es una industria cultural fue la investigadora Delia Crovi Druetta, en una ponencia presentada durante el encuentro de la Ulepicc en 2007, en la Ciudad de México. En un artículo posterior (2009) sobre el mismo tema,5 enmarcado de manera acertada en las implicaciones tecnológicas, culturales, políticas, económicas y sociales de la llamada Ley Televisa, Crovi nos recuerda que la telefonía constituye el eje del proceso técnico de la convergencia, que ha permitido a las empresas del sector audiovisual y telecomunicaciones explorar nuevos servicios y negocios.

La evolución de las telecomunicaciones, tanto desde las perspectivas tecnológica como por la variedad de alianzas, fusiones y adquisiciones empresariales, ha llevado a que la televisión y la telefonía perciban que el otro sector tiene lo que necesitan para garantizar su reproducción. Dicho en otros términos, las empresas de televisión quieren incursionar en los servicios telefónicos y las de telefonía buscan ofrecer televisión (Crovi, 2009: 473).

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Véase también Delia Crovi Druetta, “La telefonía como industria cultural ¿a la sombra de la Ley Televisa?”, en Javier Esteinou Madrid y Alma Rosa Alva de la Selva (coords.), La Ley Televisa y la lucha por el poder en México, UAM, México, 2009, pp. 473-493.


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Ya mencionamos que la convergencia constituye un fenómeno multidimensional que implica la unión y la conformación de una compleja red donde participan las telecomunicaciones, la informática y la industria audiovisual o de contenidos. Esta reconfiguración técnica –pero también cultural– impacta de manera directa la estructura de la propiedad mediática, las políticas públicas y de regulación de las industrias culturales, los derechos fundamentales asociados a ellas (a la información, la comunicación y la cultura), las relaciones sociales (trabajo, entretenimiento, tiempo libre, participación política…), la producción, distribución y consumo de los productos simbólicos, así como las prácticas, usos y apropiaciones de las nuevas tecnologías, los contenidos y su relación con ambos. Así, la convergencia potencializa todos estos factores, los cuales son aprovechados por los desarrolladores de tecnología y software, los operadores de telecomunicaciones, las corporaciones mediáticas, los usuarios y los consumidores. Al mismo tiempo, debiera ser un proceso monitoreado y seguido de cerca por los legisladores, tomadores de decisiones y reguladores de la industria. Esta realidad tecnológica y de entrecruzamiento de información y contenidos permite abonar a favor de que “las telecomunicaciones sean tratadas como industrias culturales, de contenido, y no sólo como una infraestructura tecnológica necesaria para el desarrollo del país pero inocuas desde la perspectiva cultural” (Crovi, 2009: 488). Hasta hace no pocos lustros, cuando los alcances y potenciales de la telefonía celular aún no eran visibles ni predecibles, se creía que la convergencia ocurriría a través de la computadora. Esta creencia venía acompañada de enormes esfuerzos corporativos y políticos para que así ocurriera. El programa global “una computadora para cada niño”, propuesto por el gurú del Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Nicholas Negroponte, apuntaba en esa dirección. Este autor tecno-científico sostenía en 1995, cuando publicó su libro Being Digital: “Lo que sucederá en televisión en los próximos cinco años será tan increíble que resulta difícil de comprender”.6 Sin pretender caer en el determinismo tecnológico que tanto ha caracterizado a Negroponte, nosotros diríamos que ni siquiera nos percatamos cuando el cambio cultural introducido por la rápida penetración de la telefonía móvil ya era una realidad y llegamos tarde para tratar de comprenderlo. El desarrollo de Internet también parecía corroborar la idea de que el ordenador se convertiría en el gran receptáculo de todos los contenidos y de la convergencia.

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“Los ordenadores se están introduciendo en nuestra vida cotidiana a un ritmo endiablado: el 35% de las familias norteamericanas y el 50% de adolescentes estadounidenses tienen un ordenador personal en casa; se calcula que 30 millones de personas están en Internet; el 65% de los ordenadores nuevos que se vendieron en todo el mundo en 1994 eran para uso doméstico; y el 90% de los que se venderán este año contarán con módems o lectores de CDROM. Estas cifras ni siquiera incluyen los cincuenta microprocesadores que lleva de promedio cada automóvil vendido en 1995, o los de su tostadora, su termostato, su contestador automático, su CD y los de sus tarjetas de felicitación. Y si cree que me equivoco con estas cifras, siga leyendo, por favor. Estas cifras están creciendo a un ritmo sorprendente. La utilización de un programa de Internet llamado Mosaic, aumentó un 11% por semana entre febrero y diciembre de 1993. Los usuarios de Internet están aumentando un 10% al mes. Y si siguieran a este ritmo, lo cual es imposible, el total de usuarios de Internet excedería la población mundial hacia el año 2003” (Negroponte, 1995).


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Sin embargo, el dinamismo social y de las propias innovaciones tecnológicas modificaron y revirtieron ese que parecía un destino manifiesto incuestionable. Así, el teléfono celular pasó a convertirse en el gran aglutinador de la convergencia, su facilitador por excelencia. En este sentido, no es extraño que una empresa como Microsoft de Bill Gates, que en todo momento apostó a la mercantilización del software para alimentar de inteligencia y contenidos a las computadoras (hardware) y hacer real la convergencia a través de ellas, haya reconocido las tendencias convergentes realmente existentes y se decidiera por desarrollar y comercializar su propio teléfono móvil (Windows Phone), un tanto tardíamente. Sirvan estos datos con respecto a México para clarificar el panorama. A finales de 2009 sólo 26.8 por ciento de los hogares mexicanos tenía computadora (cuando en España la cifra alcanzaba 68.7%) y sólo 27 por ciento tenía acceso a Internet (Inegi, 2009). En contraparte, en el mismo periodo nuestro país alcanzó la cifra de 83.5 millones de usuarios de telefonía móvil, equivalente al 77.4 por ciento de la población (Cofetel, 2010), en un país de 108 millones de habitantes. ¿No podríamos aprovechar esas cifras para diseñar e implementar políticas públicas que permitan tener acceso universal a servicios convergentes? Respecto del celular, como acertadamente señala Delia Crovi, “su origen telefónico lo ha ubicado en el ámbito de las telecomunicaciones, pero su apropiación social y evolución tecnológica abren ahora la posibilidad de revisar este medio desde una perspectiva que va más allá del acceso para situarse en el contenido. Si la telefonía avanza sobre el área de contenido, debe ser tratada como una industria cultural y no [sólo] como una amplia red de telecomunicaciones identificada con las funciones originales de la telefonía que atendía sólo la comunicación de voz entre dos personas” (2009: 490-491). Así lo creemos también. Es verdad que el devenir y desarrollo de la Sociedad de la Información ha pretendido ceñirse al ámbito de Internet y su acceso y aprovechamiento por parte de un mayor número de usuarios. Sin embargo, el propio desarrollo socio-técnico de la telefonía móvil ha desplazado a la computadora como epicentro de la convergencia e, incluso, al acceso universal de Internet, una meta que parece no alcanzarse plenamente por el límite mismo de los mercados y la ausencia de políticas públicas encaminadas a ese objetivo.

Reflexiones finales para iniciar un nuevo debate No debe pensarse que el teléfono móvil terminará imponiéndose como el dispositivo último, final y por excelencia que resolverá el proceso de la convergencia. Los usuarios seguiremos conviviendo con una serie de aparatos tecnológicos que no desaparecerán sino, quizá, utilizaremos de otra manera, con otra frecuencia, en otros espacios y con otras intenciones. Si fuera lo contrario, las grandes empresas, preocupadas por encontrar tendencias que les aseguren certidumbre y reduzcan los riesgos inherentes a su industria, ya hubieran apostado todo su capital financiero, ideológico y cultural para potenciar ese nuevo negocio que proveerá por tiempo indefinido los


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mejores dividendos. La industria cultural móvil es un fenómeno de nuestros días pero de ninguna manera garantiza certezas. Sin darnos cuenta, el celular se instaló en la vida cotidiana de las personas y comenzó a resolver problemas de comunicación, negocios, información y entretenimiento. También sin habernos percatado con suficiente anterioridad, se convirtió en una naciente industria cultural. El historiador mexicano Álvaro Matute (2006: 157) nos recuerda “que los alcances de las revoluciones tecnológicas pueden ser más radicales que los de las revoluciones políticas. Su arribo al orden doméstico provoca cambios drásticos en el modo de ser de las familias. No suceden de la noche a la mañana, pero con cierta celeridad van permeando capas cada vez mayores de la sociedad. Se originan en los estratos sociales urbanos altos, desde donde inician su descenso y expansión hasta abarcar los sectores populares”. Los fabricantes ya no producen teléfonos monofunción, lo que habla de la importancia del celular en el proceso de convergencia mediática (Jenkins, 2008: 16). El desarrollo tecnológico, la convergencia, los intereses económicos ligados al sector de la comunicación, la democratización del dispositivo (“descenso y expansión hasta abarcar los sectores populares”) y las prácticas sociales y culturales del teléfono móvil lo hicieron posible. En este sentido, el arqueólogo francés R. Bonnardel (1969: 130) nos recuerda que “todo ser humano nace hoy en un medio técnico muy elaborado, y bien pocos son quienes modifican este medio con la menor invención. Por el contrario, muy numerosos son los que utilizan mecanismos de los cuales ignoran todo, no sólo las modalidades de su fabricación, sino aún más: los principios más elementales de su funcionamiento. El progreso humano no es, en realidad, sino obra de un número ínfimo de individuos; la inmensa mayoría se beneficia del fondo común así enriquecido por unos cuantos”. El celular evolucionó y ya no sólo constituye comunicación de voz entre dos vías. Los resultados de semejante evolución han resultado sorprendentes. Hablar de telefonía móvil implica reconocer que se trata de un dispositivo tecnológico avanzado que permite recibir, almacenar y producir contenidos mediáticos y culturales. Lo importante no consiste en que el celular sirva de medio, de vehículo para recibir y consumir contenidos mediáticos tradicionales, producidos por industrias culturales consolidadas y tradicionales como la radio, la televisión, el cine o la prensa. Lo verdaderamente relevante es el salto cuántico que permitió que la telefonía móvil evolucionara de un aparato de comunicación entre dos personas a una industria cultural total o convergente. Todos los medios, todos los contenidos, toda la información converge en ese artefacto que cabe en la palma de la mano. Los contenidos a los cuales nos referimos son producidos ex profeso para ser consumidos y apropiados a través de este dispositivo tecnológico. Dichos productos culturales deben cumplir con las características, formatos, estilos y lenguajes propios del teléfono celular. Se trata de un proceso similar al que llevó a la televisión a adoptar un lenguaje propio que no copiara los propios de la radio, el cine o los periódicos. En todo caso, el reto consiste en desarrollar las


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suficientes y comprobadas metodologías de investigación que nos permitan estudiar, analizar y describir esos nuevos formatos, estilos y lenguajes de la telefonía móvil.7 Piénsese, por ejemplo, en lo que ya es una realidad: largometrajes producidos en la India, cuyo estreno ocurrió en las pantallas no de los cines, sino de los teléfonos móviles; filmes producidos por aficionados y cada vez más profesionales, a través de la cámara de video del dispositivo, que ya compiten en festivales internacionales de cine, incluida la producción de videos pornográficos; literatura y novelas de autores japoneses escritas especialmente para usuarios de celular, que son entregadas por entregas al más puro estilo de los folletines del siglo XIX; videojuegos que aprovechan al máximo la ubicuidad de los dispositivos, además de las posibilidades táctiles de algunos de ellos, diseñados y desarrollados especialmente para dichos aparatos; contenido musical precargado o descargable en exclusiva para los móviles; imágenes, protectores de pantalla y tonos musicales; redes sociales, etcétera, sin tomar en consideración las enormes ventanas de oportunidad que se abre para la publicidad, la industria que atraviesa de manera transversal al resto de las industrias culturales. Pero pensemos también en otro tipo de contenidos: programas y guías de estudio, expedientes médicos, aplicaciones para cuidar la salud, terminal bancaria, traductor de idiomas, etcétera. Apps es el nombre abreviado que la industria ya le otorgó a las funciones o descargas de contenidos. Las aplicaciones son herramientas, contenidos, productos culturales, software específico para dispositivos móviles. De acuerdo con el sitio 148Apps.biz, la tienda en línea de Apple en Estados Unidos sobrepasó en agosto pasado las 250 mil aplicaciones, a dos años de la apertura del portal. Ese cuarto de millón de aplicaciones descargables para los dispositivos iPhone, iPad o iPod Touch provienen de 50 mil 304 editores o proveedores de dichos contenidos. El 70 por ciento de estas aplicaciones son pagadas y el 30 por ciento son gratuitas (CNN Expansión, 2010).8 Según el mismo portal que analiza el consumo de Apps para dispositivos móviles, 17 por ciento corresponde a libros, seguido de juegos (14%), entretenimiento (11%) y educación (7%) (ver gráfica).

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No es extraño que el reciente informe de la Comisión de Banda Ancha para el Desarrollo Digital de la UIT y la Unesco (2010), haya recomendado la producción de contenidos locales, en idiomas de los países de origen, negando la hegemonía del monolingüismo. Por fin se reconoce que lo importante radica en los contenidos. Pero no se trata de una recomendación novedosa. La Conferencia Mundial de la Unesco sobre Políticas Culturales (México, 1982) ya había mencionado que “los avances tecnológicos de los últimos años han dado lugar a la expansión de las industrias culturales. Tales industrias, cualquiera que sea su organización, juegan un papel importante en la difusión de bienes culturales. En sus actividades internacionales, sin embargo, ignoran muchas veces los valores tradicionales de la sociedad y suscitan expectativas y aspiraciones que no responden a las necesidades efectivas de su desarrollo. Por otra parte, la ausencia de industrias culturales nacionales, sobre todo en los países en vías de desarrollo, puede ser fuente de dependencia cultural y origen de alienación. Es indispensable, en consecuencia, apoyar el establecimiento de industrias culturales, mediante programas de ayuda bilateral o multilateral, en los países que carecen de ellas, cuidando siempre que la producción y difusión de bienes culturales responda a las necesidades del desarrollo integral de cada sociedad” (Unesco, 1982). 8 En contraste, en la tienda en línea de Google Android Market 64 por ciento de las aplicaciones son gratuitas (CNN Expansión, 2010.)


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Nos encontramos ante la evidencia de una evolución tecnológica que reúne dispositivo tecnológico y contenidos de manera indisoluble. Es importante abrir el debate y reflexionar sobre si la telefonía móvil constituye una industria cultural de nueva generación, distinta a la de la primera generación estudiada por los pensadores de la Escuela de Frankfurt, diferente también de la segunda generación de industrias culturales como la publicidad, los deportes o los videojuegos. Esta tercera generación está marcada por el espíritu de nuestro tiempo: la digitalización, la convergencia y la transmisión de datos a través de Internet. Si estamos hablando de una serie de procesos multidimensionales en transición, queda claro que los párrafos sobre si la telefonía móvil constituye una industria cultural sólo pueden considerarse transitorios. En todo caso, lo que sí buscan es propiciar el inicio de un debate más profundo sobre las transformaciones, mutaciones y evolución de las industrias culturales…


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Referencias bibliográficas Bonnardel, R. (1969), “La mano y el útil”, en Vallois, H. y Vandel, A. (1969), Los procesos de hominización, Grijalbo, México, pp. 119-156. Buchli, Victor, The Materiel Culture Reader, Berg, Oxford, New York, 2002. Bustamante, Enrique (2009), “De las industrias culturales al entretenimiento. La creatividad, la innovación… viejos y nuevos señuelos para la investigación de la cultura”, Revista Académica de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social, España, núm. 78, enero-julio de 2009. ---------- (coord.) (2003), Hacia un nuevo sistema de comunicación. Las industrias culturales en la era digital, Gedisa, España, 379 pp. Castells, Manuel et al. (2006), Comunicación móvil y sociedad. Una perspectiva global, Ariel-Fundación Telefónica, España, 475 pp. CNN Expansión, “Apple vende 251,000 aplicaciones”, 30 de agosto de 2010. Disponible en: http://www.cnnexpansion.com/tecnologia/2010/08/30/apple-app-store-aplicaciones-ipadiphone. Crovi Druetta, Delia, “La telefonía como industria cultural ¿a la sombra de la Ley Televisa?”, en Javier Esteinou Madrid y Alma Rosa Alva de la Selva (coords.), La Ley Televisa y la lucha por el poder en México, UAM, México, 2009, pp. 473-493. Enzensberger, Hans Magnus (1985), Detalles, Anagrama, Barcelona, 218 pp. Garnham, Nicholas (1985), “Contribución a una economía política de la comunicación de masas”, en Miquel de Moragas, Sociología de la comunicación de masas. 1. Escuelas y autores, Gustavo Gili, España, pp. 108-140. Hesmondhalgh, David (2002), The Cultural Industries, Sage, Londres, 290 pp. Horkheimer, Max y Theodor Adorno (2004), Dialéctica de la Ilustración, Trotta, España, 303 pp. Ito, Mizuko (2006), Personal, Portable, Pedestrian. Mobile Phones in Japanese Life, The MIT Press, Londres, 357 pp. Jenkins, Henry (2008), Convergence Culture. La cultura de la convergencia de los medios de comunicación, Paidós, España, 2008, 301 pp.


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Telecomunicações e políticas públicas na consolidação da sociedade da informação: o caso da Finlândia Valério Cruz Brittos* Rosana Vieira de Souza** GT 6 - ECONOMÍA POLÍTICA DE LAS COMUNICACIONES Resumo: As políticas públicas passaram a constituir um tema central no debate acerca dos modelos regulatórios e econômicos que envolvem o gerenciamento dos interesses da iniciativa privada e da sociedade civil, na medida em que as ações governamentais devem ser compatíveis com o atual fenômeno da globalização. Este artigo tem como objetivo discutir o papel das regulações e das políticas públicas nos processos de reestruturação econômica e construção de setores fundamentais no capitalismo contemporâneo, como é o caso das telecomunicações. A partir de levantamento documental e bibliográfico, buscou-se analisar o caso Finlandês, destacando os fatores presentes na trajetória de desenvolvimento deste país e sua transformação de uma economia baseada em recursos naturais para uma sociedade especializada em tecnologias da informação. A experiência finlandesa é fruto de uma conjugação de circunstâncias favoráveis que mesclam intensivo investimento em inovação, pesquisa e desenvolvimento, incentivo à educação voltada para a tecnologia e, fundamentalmente, políticas públicas favoráveis à cooperação nórdica no segmento wireless e à desregulamentação das telecomunicações. Assim, o delineamento projetado e efetivado se deu graças a uma ação de planejamento de propósitos, por parte do ente estatal, em articulação com o mercado e, de alguma forma, com a sociedade. Introdução O desenvolvimento tecnológico criou novos cenários e desafios para a atuação do Estado em diversos setores e, em específico, nos setores de telecomunicações e radiodifusão, num quadro de reordenação capitalista generalizada. As políticas públicas passaram a constituir um tema central no debate acerca dos modelos regulatórios e econômicos que envolvem o gerenciamento dos interesses da iniciativa privada e da pública, na medida em que as ações governamentais devem ser compatíveis com o atual fenômeno da globalização. Para além do papel regulatório, cabe ao Estado, dessa forma, a promoção do avanço *

Professor titular no Programa de Pós-Graduação em Ciências da Comunicação da Universidade do Vale do Rio dos Sinos (UNISINOS), pesquisador do Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico (CNPq), coordenador do Grupo de Pesquisa Comunicação, Economia Política e Sociedade – CEPOS (apoiado pela Ford Foundation), doutor em Comunicação e Cultura Contemporâneas, pela Faculdade de Comunicação (FACOM) da Universidade Federal da Bahia (UFBA), vice-presidente da Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ULEPICC-Federación) e diretor administrativo da Confederação Ibero-Americana das Associações Científicas e Acadêmicas da Comunicação (Confibercom). E-mail: <val.bri@terra.com.br>. ** Professora nos cursos de Comunicação Social, Análise e Desenvolvimento de Sistemas e Especialização em Televisão e Convergência Digital da Universidade do Vale do Rio dos Sinos (UNISINOS), doutoranda em Ciências da Comunicação na mesma universidade, membro do Grupo de Pesquisa Comunicação, Economia Política e Sociedade – CEPOS (apoiado pela Ford Foundation) e mestre em Administração pela Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS). E-mail: <rovieira.unisinos@gmail.com>.


2 econômico, da inovação e da competitividade, bem como o incentivo aos setores ainda não consolidados, com vistas à melhor transição para um novo estágio de desenvolvimento. O papel das políticas públicas, por meio da abertura de mercado (desregulamentação, liberalização e privatização) e da reestruturação dos padrões de comércio e investimento, afeta a performance da inovação e interage com outras decisões de investimento e opções do Estado, as quais, por sua vez, influenciam o desempenho de uma nação. Um processo generalizado de desregulamentação das telecomunicações e mudanças no papel do Estado em direção ao maior fortalecimento dos mercados é desencadeado, progressivamente, a partir da década de 1970, como elemento da reestruturação capitalista, de forma que tal fenômeno se manifesta em alguns países somente no último decênio do mesmo século, tendo em vista decisões políticas internas e mesmo pressão internacional. De fato, tal fenômeno pode ser observado em diferentes regiões, mas chama a atenção, especialmente, o modo como esta transição se deu em economias como a Finlândia, cuja presença consistente entre as mais altas posições em índices de desenvolvimento humano, de saúde e produção de alta tecnologia, revela a surpreendente transformação de uma economia baseada em recursos naturais para uma sociedade especializada em tecnologias da informação. Destaca-se ser a Finlândia o país de origem da Nokia, que detém a maior participação no mercado de aparelhos de telefone celular, com cerca de 30% do mercado mundial no primeiro trimestre de 2011 e 10 fábricas em todo o mundo, inclusive no Brasil.1 Diante disso, este artigo tem como objetivo discutir o papel das regulações e das políticas públicas nos processos de reestruturação econômica e construção de setores fundamentais no capitalismo contemporâneo, como é o caso das telecomunicações. Dadas as características singulares que permeiam tais processos na Finlândia, a partir da década de 1990, bem como a força alcançada pelo setor das telecomunicações em um país, até então, essencialmente voltado à indústria florestal, buscou-se analisar sua trajetória de desenvolvimento. Registra-se, ainda, ser interessante observar como a história de transformação econômica finlandesa se confunde – e, por vezes, assemelha-se muito – com o próprio caminho de reestruturação do modelo de negócios da Nokia. Conversão e TICs Situada no norte da Europa, na região conhecida como Fino-Escandinávia,2 a 1

Mesmo apresentando queda de quase 8% nas vendas no ano de 2011, com 417,1 milhões de unidades vendidas no mundo, a Nokia se mantém na liderança geral do mercado dos dispositivos móveis, seguida pela Samsung, que vendeu 329,4 milhões de unidades no mesmo período e detém 18,8% de participação (TELECO, 2011). 2 A designação Fino-Escandinávia é dada ao conjunto Finlândia e Escandinávia (Suécia e Noruega, em sentido estrito, e Dinamarca devido à semelhança linguística, étnica e histórica), sendo a península Escandinava o núcleo


3 Finlândia integra o grupo formado pelos países nórdicos, mas não faz parte, oficialmente, da Escandinávia. Delimitada ao sul pela Estônia e Golfo da Finlândia, a leste pela Rússia, a oeste pela Suécia e ao norte pela Noruega, conta com cerca de um quarto do seu território no Círculo Polar Ártico e uma população de cerca de 5,3 milhões de habitantes. A despeito da localização geopolítica periférica dentro do contexto europeu, das condições climáticas, por vezes, adversas para o desenvolvimento de certas áreas do setor econômico, da densidade populacional reduzida e de uma história apenas recente de crescimento econômico, a Finlândia apresenta uma economia altamente industrializada, com renda per capita (Produto Interno Bruto – PIB/habitante) igual ou superior a de países como Alemanha e França.3 O país alcançou a segunda posição entre as economias mais estáveis, o melhor nível educacional e a quarta posição entre as nações menos corruptas, entre outros índices baseados em desempenho econômico, produção de tecnologia e desenvolvimento humano.4 A Finlândia permaneceu como um país essencialmente agrário, até 1950. Após este período, aderiu à Organização das Nações Unidas (ONU), em 1955, e à Organização de Cooperação e de Desenvolvimento Económico (OCDE), em 1969, atingindo, no início da década de 1970, um dos melhores níveis de renda do mundo. Nas duas décadas seguintes, o país passaria a construir um Estado de bem-estar social, permanecendo, contudo, fortemente voltado à indústria de produtos florestais. De fato, até 1990, a indústria e a exportação estavam fundamentalmente voltadas à madeira, papel e celulose, produtos ainda hoje importantes na economia finlandesa. Em 1995, o país aderiu à União Europeia e entrou definitivamente para a Área do Euro, em 1999.5 A partir da adesão da Finlândia à União Européia, a restrita diversificação da economia era um dos maiores desafios a superar. Naquele período, o país atravessava uma das piores recessões econômicas do século XX,6 caracterizada por uma crise financeira importante, taxas de

principal da Escandinávia. Em contraste com a ambigüidade normalmente associada ao uso do termo “Escandinávia”, a expressão “países nórdicos” refere-se ao grupo formado por Noruega, Suécia, Dinamarca, Finlândia e Islândia, inclusive seus territórios Groenlândia, Ilhas Feroé e Alanda. 3 CENTRAL INTELLIGENCE AGENCY. The World Factbook 2009. Disponível em: <https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/index.html>. Acesso em: 19 fev. 2012. 4 Segundo dados da organização não-governamental Transparência Internacional (2010) e Failed States Index. Mais informações podem ser encontradas em: THE FUND FOR PEACE. Failed States Index Scores 2008. Disponível em: <http://www.fundforpeace.org/global/?q=fsi-grid2008>. Acesso em: 19 fev. 2012. 5 A Finlândia foi um dos primeiros países a adotar o euro como moeda oficial logo após seu lançamento, em janeiro de 2002. 6 KAITILA, Ville; KOSKI, Heli; ROUTTI, Jorma; TIIHONEN, Paula; YLÄ-ANTTILA, Pekka. Changes in the economic and institutional regime. In: DAHLMAN, Carl; ROUTTI, Jorma; YLÃ-ANTTILA, Pekka (Eds.). Finland as knowledge economy: elements of success and lessons learned. Washington, DC: World Bank Institute, 2006. p. 25-37.


4 desemprego que ultrapassaram os 15% e dívidas do governo de 60% do PIB finlandês.7 As dificuldades foram agravadas, tanto pelo despreparo do país para a integração a uma Europa globalizada, quanto pela baixa diversificação de sua capacidade produtiva e exportadora. A competitividade das regiões consiste em fatores de qualidade que tornam algumas delas ambientes atrativos para negócios. A política nacional, nesse sentido, necessita comprometimento local e divisão do trabalho para ser suficientemente efetiva.8 Até a primeira metade da década de 1990, a competitividade das indústrias finlandesas de papel e celulose era assegurada por frequentes desvalorizações da moeda, em resposta à realidade cíclica dos mercados internacionais. O colapso da antiga União Soviética provocou uma redução substancial das exportações finlandesas.9 Com uma economia até então sustentada pelas indústrias de produtos florestais, têxtil e sapatos, um caminho para a reestruturação da economia finlandesa passava, inexoravelmente, pela diversificação da indústria e das exportações. O sistema de inovação finlandês, nesse sentido, transformou investimentos em pesquisa e desenvolvimento (P&D) e capacidade educacional em força industrial e de exportação nos setores de alta tecnologia. A combinação desses investimentos conferiu um caráter especial à retomada da economia. A Finlândia passaria a caracterizar uma economia intensiva em conhecimento, com forte protagonismo das TICs. A nova realidade pode ser observada na transformação da matriz de exportações do país10. Entre a década de 1980 e 2006, a participação da indústria eletroeletrônica cresceu de menos de 5% para cerca de um terço de todas as exportações. Neste mesmo período, a participação da indústria de papel e celulose apresentou queda, passando de um terço para um quinto das exportações. Destacase que, juntamente com a emergente indústria eletrônica nas décadas de 1960 e 1970, o segmento de papel e celulose foi pioneiro no emprego de máquinas mais sofisticadas, ajudando a transformar a pauta de exportações que caracterizaria a década de 1980.11 Comparativamente à evolução do investimento em P&D de países como Suécia, Alemanha, Estados Unidos e Japão, a Finlândia foi a nação que apresentou maior

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DAHLMAN, Carl; ROUTTI, Jorma; YLÃ-ANTTILA, Pekka (Eds.). Finland as knowledge economy: elements of success and lessons learned. Washington, DC: World Bank Institute, 2006. 8 STEINBOCK, Dan. What next? Finnish ICT cluster and globalization. Helsinki: Suomen Printman Oy, 2004. 9 STEINBOCK, Dan, op. cit. 10 INVEST IN FINLAND. Industries in focus. Disponível em: <http://www.investinfinland.fi/industries/en_GB/industries/?gclid=CKbe8r7j1K0CFYsntAod0jm-fg>. Acesso em: 18 fev. 2012. 11 ARBIX, Glauco; FERRAZ, Joana Varon. Finlândia: competitividade e economia do conhecimento. In: CARDOSO Jr., José Celso; ACIOLY, Luciana; MATIJASCIC, Milko (Orgs.). Trajetórias recentes de desenvolvimento: estudos de experiências internacionais selecionadas. Brasília: IPEA, 2009. p. 221-248.


5 investimento relativo durante o período. No início da década de 1980, o país investia pouco mais de 1% do PIB em P&D, percentual abaixo dos demais países. Cerca de uma década depois, este percentual chegaria a quase 3,5%. Consolidação do cluster e investimentos Entre os principais fatores contribuintes para o novo cenário econômico finlandês, destacam-se os investimentos na P&D digital de grandes fabricantes, como a Nokia, com consequente consolidação dos eletrônicos finlandeses, entre as décadas de 1960 e 1970, e a formação do cluster da telefonia celular.12 A idéia básica das políticas industriais e de inovação baseadas no incentivo à formação de clusters é que as empresas e indústrias experimentem crescente interdependência, com o objetivo de aumentar o conhecimento e a intensidade de informação em todas as atividades econômicas. Políticas que promovam colaboração e parcerias são necessárias na medida em que clusters afetam a competitividade de três formas amplas: (1) aumentando a produtividade das empresas baseadas no campo particular; (2) dirigindo os rumos e o ritmo dos processos de inovação; e (3) estimulando a formação de novos negócios no seu interior.13 Ademais, à medida que redes de cooperação entre companhias de TICs se estendem para outras indústrias, passam a mudar a estrutura das práticas de negócios de outros clusters industriais.14 De fato, tal lógica não é recente: entre os séculos XIX e XX, dois clusters principais – madeira/papel e metais – dominavam a estrutura industrial finlandesa. O processo de clusterização em torno dos equipamentos eletrônicos tem origem na década de 1960, a partir da colaboração e também da competição entre as companhias desta indústria. Até o final da década de 1980, aplicações eletrônicas tais como televisores, computadores e sistemas de automação e controle de processos constituíam as ofertas eletrônicas comerciais disponíveis. Contudo, a adoção de técnicas de semicondutor na década de 1960 serviu como base para a expansão dentro do campo dos eletrônicos, tendo o desenvolvimento de um produto pioneiro, baseado em transmissão e processamento de sinal digital, produzindo o know-how essencial para o posterior sucesso nas telecomunicações digitais.15 Em 1993, o Ministério do Comércio e Indústria finlandês fortificou o foco da política industrial em direção à promoção dos sistemas de inovação nacional no contexto dos clusters 12

STEINBOCK, Dan, op. cit. STEINBOCK, Dan, op. cit. 14 ALI-YRKKÖ, Jyrki; PAIJA, Laura; REILLY, Catherine; YLÄ-ANTTILA, Pekka. Nokia: a big company in a small country. ETLA – The Research Institute of the Finnish Economy, B162 Series. Helsinki: Taloustieto Oy, 2000. 15 PAIJA, Laura; PALMBERG, Christopher, op. cit. 13


6 industriais, tornando o das telecomunicações16 uma das futuras fortalezas da economia. A partir de meados da década de 1990, o setor das telefomunicações, particularmente, a telefonia celular, passou a constituir o cluster de maior e mais rápido crescimento na Finlândia. As políticas públicas permearam o processo de reestruturação econômica e o desenvolvimento do setor das telecomunicações, com o sistema formulado envolvendo várias parcerias público-privadas, organizações de pesquisa econômica, federações industriais, empresas e o sistema educacional. Olhando-se mais de perto para a construção deste novo cenário, observa-se a atuação consistente das políticas públicas já no início dos anos 1980, as quais fomentaram e cultivaram a emergência das comunicações móveis finlandesas. Entre estas políticas públicas estão a cooperação nórdica no segmento wireless e a desregulamentação das telecomunicações, o que, de modo próprio, indica uma participação ativa do Estado na formação do novo modelo de desenvolvimento, o que não poderia deixar de ser. Tal realidade contradiz qualquer perspetiva de auto-organização dos mercados, o que seria inviável, pela necessidade de um projeto que reúna todos os esforços nacionais em torno de uma nova perspectiva e pela necessidade de construir elos e distribuições sociais. Um fator decisivo para o desenvolvimento das telecomunicações móveis na Finlândia foi o projeto de construção da rede Nordic Mobile Telephone (NMT), em 1969. A iniciativa, coordenada pelos administradores dos telégrafos nórdicos (Dinamarca, Finlândia, Noruega e Suécia), tinha como objetivo central desenvolver um padrão aberto para induzir a competição e garantir tanto uma base de preços competitiva quanto independência de fornecimento dos serviços de telecomunicações. A implantação efetiva da rede pelos países nórdicos, em 1981, deu origem ao maior mercado de telecomunicações móveis do mundo. O NMT tornou-se o padrão difundido amplamente na Europa e forneceu, às companhias nórdicas, a dianteira em um mercado em rápida expansão.17 Outros acordos de padronização e cooperação foram importantes para a trajetória da telefonia celular na Finlândia, quais sejam:18 + Acordo GSM 900: considerado um dos acordos mais significativos para o futuro

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Um cluster constitui um grupo de empresas, fornecedores, indústrias relacionadas e instituições especializadas interconectados; massa crítica gerada por indústrias e instituições interligadas – de fornecedores a universidades e agências governamentais –, as quais compartilham sucesso competitivo em um campo particular. PORTER, Michael E., Clusters and the new economics of competition, Harvard Business Review, Boston, p. 77-90, nov.-dez. 1998. 17 PAIJA, Laura; PALMBERG, Christopher. Sectoral perspectives on the finnish knowledge economy: from forest-related industries to ICT. In: DAHLMAN, Carl; ROUTTI, Jorma; YLÃ-ANTTILA, Pekka (Eds.). Finland as knowledge economy: elements of success and lessons learned. Washington, DC: World Bank Institute, 2006. p. 63-86. 18 WREDE, Alexander. Nokia design history. Helsinki: IDBM, 2001.


7 sucesso de importantes atores do cluster da telefonia celular. Este acordo beneficiou, sobretudo, a Nokia, atualmente o maior fabricante de telefones celulares do mundo. Com um mix de produtos que inclui fornecimento de equipamentos, sistemas e soluções para operadoras de telecomunicações, a Nokia atua em quatro unidades básicas de negócio: telefones celulares, dispositivos móveis centrados em voz (multimídia, aparelhos avançados e aplicações), soluções para o mercado corporativo (Enterprise Solutions) e redes (atual Nokia Siemens Networks) com foco em equipamentos, sistemas e soluções para operadoras de telecomunicações. A compra da Televa (companhia estatal finlandesa) pela Nokia significou o desenvolvimento da estação de base digital que viria a tornar-se a pedra fundamental da Nokia Networks ou Nokia Telecommunications. Em razão deste acordo, a Nokia iniciou antes o desenvolvimento de aparelhos no padrão GSM – Global System for Mobile Communications ou Sistema Global para Comunicações Móveis, originalmente Group Special Mobile – digital. Tanto os fabricantes japoneses quanto a norte-americana Motorola chegaram tarde para o desenvolvimento da tecnologia GSM. + A compra da Televa: a Nokia alcançou grande vantagem na indústria a partir do acordo da Televa, conseguindo uma estação de base antes dos competidores, ganhando tempo e tornando-se a primeira a desenvolver e fornecer aparelhos GSM. A estação de base desenvolvida pela Televa mostrou-se mais eficiente do que era suposto. Com novo nome (Nokia DX200), a estação usava processadores Intel, fabricante que viria a se tornar líder de mercado na indústria de processadores, o que levou, entre outras vantagens, à facilidade de atualização desta tecnologia nos equipamentos. + Cooperação com a corporação Tandy: um acordo realizado em 1984 entre Nokia e Tandy previa a construção de um novo local de produção. A Tandy tinha conhecimento em produção em massa e os canais de distribuição no mercado norte-americano, levando a Nokia a um precoce conhecimento dos custos de produção. A produção foi localizada na Coréia do Sul. A Nokia se viu com grande vantagem, comparativamente aos seus competidores, a partir da decisão do governo finlandês de concessão de licenças para redes NMT e GSM para as melhores operadoras candidatas. Sem gastos com o pagamento de licenças ao governo, as operadoras foram capazes de construir redes mais rapidamente. Tais decisões ajudaram a uma implementação mais rápida da telefonia celular na Finlândia do que em outros países, bem como manteve em um nível razoável os preços dos tempos de chamada para uso do telefone


8 celular.19 Ao conquistar algumas vantagens no mercado europeu, a Nokia pode viabilizar financeiramente o desenvolvimento de aparelhos celulares para um número maior de protocolos. Em suma, as vantagens oferecidas à Nokia por meio de acordos de padronização, a venda da Televa e a promoção de licenças gratuitas às operadoras para construção de redes constituíram algumas das decisões políticas envolvidas no rápido desenvolvimento da telefonia celular na Finlândia. Embora seja indiscutível o papel dos fabricantes de aparelhos no crescimento do setor na Finlândia, o desenvolvimento das indústrias finlandesas de TICs não teve origem na fabricação de equipamentos, mas nas operadoras de telefonia. Diferentemente da maioria dos países, a telefonia nunca constituiu monopólio estatal na Finlândia. Em adição à operadora pública de telefonia (representada pelo Escritório de Telégrafo finlandês), a qual tinha um papel dual – como reguladora do mercado de telecomunicações na Finlândia e, ao mesmo tempo, como operadora exclusivamente das operações de longa distância e internacional –, licenças eram mantidas por um grande número de companhias privadas, que operavam redes locais.20 Tratava-se de uma realidade, então, distinta da maioria dos países. Mercado, multiplicidade e operadoras Ao ser inventado o telefone, por volta do ano de 1860,21 a Finlândia ainda constituía um Grão-Ducado autônomo da Rússia. A primeira linha telefônica foi erguida na capital, Helsinque, no final de 1877, apenas 18 meses após o telefone ter sido patenteado nos EUA. Naquele período, embora o Escritório de Telégrafo finlandês (aberto em 1855) fosse controlado pelos oficiais russos (monopólio controlado pelo Estado), havia ambiguidade quanto a quem deveria administrar o setor telefônico, na maioria dos países considerado como um sucessor do telégrafo. Tentando evitar a intervenção russa nas atividades da telefonia, o Senado Finlandês propôs que estas questões deveriam estar sob jurisdição finlandesa e a cargo do setor privado, decisão endossada pelo Czar Alexander III. A singular estrutura de mercado teve origem, então, nos anos 1880, quando o Senado Finlandês evitou a regulação do Império Russo. Tinha início aí a característica mais marcante do mercado das telecomunicações na Finlândia: uma estrutura dual, onde passariam a coexistir, de um lado, a operadora pública de telefonia e, de outro, companhias privadas associadas. A primeira companhia telefônica 19

WREDE, Alexander, op. cit. PAIJA, Laura; PALMBERG, Christopher, op. cit. 21 Ainda que, historicamente, Alexander Graham Bell venha sendo considerado o inventor do telefone, o italiano Antonio Meucci foi reconhecido pelo Congresso dos Estados Unidos como o seu verdadeiro inventor, em 11 de junho de 2002. Meucci vendeu a patente do protótipo do aparelho a Bell nos anos 1870, o qual o patenteou como invenção sua. 20


9 finlandesa foi fundada em 1882. Após a independência da Finlândia, em 1917, a legislação do telégrafo concedeu ao governo finlandês o direito de construir e usar equipamentos de telégrafo e redes de linhas telefônicas,22 permanecendo o Escritório de Telégrafo finlandês controlado pelo Estado. Em 1927, o Escritório de Telégrafo e o Escritório de Correios fundiram-se, mantendo, desta forma, seu papel regulatório. Durante as primeiras décadas de construção da rede de telefonia, o Escritório de Telégrafo usou seu mandato como corpo regulatório para adquirir operadoras privadas com fraco desempenho, induzindo a competição técnica da rede privada, ainda que, em realidade, as licenças concedidas garantissem o monopólio local às operadoras.23 Em torno de 815 companhias telefônicas privadas locais haviam sido ativadas no país durante a Segunda Guerra Mundial. Redes de telecomunicações constituem uma infraestrutura-chave no capitalismo contemporâneo e sua eficiente provisão dos serviços de comunicação possibilita vantagem competitiva na busca de desenvolvimento industrial e de mercado. A transformação da economia finlandesa foi facilitada por estratégicas mudanças no esquema regulatório, que repercutiram sobre as estruturas de mercado. Estas mudanças interligadas estão relacionadas com a liberalização do mercado e a internacionalização dos negócios. Se comparada a outros países, a desregulamentação do mercado de telecomunicações foi implementada relativamente cedo na Finlândia. A partir da década de 1960, o setor privado de telefonia fixa intensificou a demanda por liberalização de novos serviços de telecomunicações, os quais estavam sob direito de monopólio do Escritório de Telégrafo finlandês.24 Em 1981, o mercado começou a se preparar para uma eventual desregulamentação da indústria e a operadora pública Escritório de Correios e Telégrafo passou a se chamar Correios e Telecomunicações da Finlândia. Em 1987, a legislação finlandesa permitiu poderes limitados à operadora pública e a participação estatal foi gradualmente reduzida para aumentar as possibilidades de competição em mercados de telecomunicações liberalizados,25 em ajuste à agenda neoliberal global. No princípio do período de liberalização, regulações transitórias para induzir a competição entre a operadora pública e os novos entrantes não foram necessárias na Finlândia, uma vez que a tradição de uma estrutura dual de mercado promoveu a base para tal. 22

STEINBOCK, Dan, op. cit. PAIJA, Laura; PALMBERG, Christopher, op. cit. 24 KAITILA, Ville; KOSKI, Heli; ROUTTI, Jorma; TIIHONEN, Paula; YLÄ-ANTTILA, Pekka. Changes in the economic and institutional regime. In: DAHLMAN, Carl; ROUTTI, Jorma; YLÃ-ANTTILA, Pekka (Eds.). Finland as knowledge economy: elements of success and lessons learned. Washington, DC: World Bank Institute, 2006. p. 25-37. 25 PAIJA, Laura; PALMBERG, Christopher, op. cit. 23


10 A grande competição de mercado iniciaria, contudo, a partir de 1988, quando as operadoras privadas decidiram desafiar a operadora pública, construindo uma rede de telefonia móvel sem concessão de uma licença, com a expectativa de consegui-la posteriormente, o que não chega a ser novidade no cenário global, onde os competidores muitas vezes primeiro criam o fato precedente e depois forçam o Estado a regularizar a situação conforme o interesse privado. Fundada em 1988, a Radiolinja operava a rede móvel de primeira geração (1G) utilizando o padrão de tecnologia NMT, constituindo o primeiro concorrente da operadora pública na Finlândia e dando início à competição das telecoms no mercado europeu.26 A definição pelo recém desenvolvido, e ainda não comercializado, padrão de sistema global digital para telefonia móvel (GSM), só viria em 1990, após intenso debate político sobre a viabilidade da rede em um país pequeno como a Finlândia. O serviço de telefonia celular digital na Finlândia foi um dos primeiros do mundo, inaugurado em 1991. Enquanto o prazo final para liberalização da telefonia fixa estipulado pela União Européia era o ano de 1998, todos os serviços de telefonia fixa da Finlândia (ligações locais, de longa distância e internacional) foram liberalizados em 1994.27 Em resumo, entre 1987 e 1994, uma série de emendas às regulamentações das telecomunicações fez do mercado finlandês um dos mais liberalizados do mundo, entrando aquele país plenamente na Fase da Multiplicidade da Oferta.28 Este período é pontuado pela exacerbação da concorrência intra e intermídia, a inovação tecnológica acelerada e a reregulamentação, dentre outros fatores, todos situados no âmbito do capitalismo contemporâneo e sua flexibilidade. Mudanças e educação Operando segundo um modelo mais comercial, em 1994 a antiga operadora pública foi renomeada Telecom Finland e, em 1998, surgia a privatizada Sonera (em 2002, após fusão com a maior operadora sueca Telia, passou a se chamar TeliaSonera), uma das maiores operadoras do país, juntamente com a (antiga Radiolinja) e DNA. Em 2002, com as operações combinadas, a nova TeliaSonera era responsável por cerca de 8,6 milhões de assinantes de

26

Em meados da década de 1990, a Elisa (até então Helsinki Telephone Company) passou a adquirir ações da Radiolinja levando à posterior fusão entre a Radiolinja, Radiolinja Origo e Elisa. A antiga operadora Radiolinja é hoje conhecida como Elisa. 27 KAITILA, Ville; KOSKI, Heli; ROUTTI, Jorma; TIIHONEN, Paula; YLÄ-ANTTILA, Pekka, op. cit. 28 A Fase da Multiplicidade da Oferta tem sua origem no mercado televisivo, mas logo se alastra e atinge a totalidade dos mercados da comunicação, da informação e do entretenimento em geral, que se mesclam, muitas vezes, não se distinguindo. Essa temática pode ser aprofundada em diversas obras, como: BRITTOS, Valério Cruz. Digitalização, democracia e diversidade na fase da multiplicidade da oferta. In: _____ (Org.). Digitalização, diversidade e cidadania: convergências Brasil e Moçambique. São Paulo: Annablume, 2010. p. 17-29.


11 telefonia fixa e 10 milhões de assinantes de telefonia celular. As operações de telefonia fixa representavam em torno de 40% das vendas do grupo, enquanto o segmento de negócios de crescimento mais rápido, o da telefonia celular, respondia por cerca de 30% das vendas. A TeliaSonera era também líder como provedora de internet tanto na Suécia quanto na Finlândia.29 Companhias telefônicas regionais se estabeleceram ao longo da Finlândia, dando origem a um mercado de telecomunicações extremamente competitivo no país. Em adição à estrutura de mercado dual, outra característica distintiva no setor de telecom finlandês foi a abertura a fabricantes estrangeiros para provisão de equipamentos eletrônicos, desde o início. Diferentemente de outros países com monopólio na fabricação de equipamentos (ex: França, Alemanha e Suécia), não havia especial interesse público em proteger o fornecimento doméstico.30 Empresas estrangeiras entraram no mercado finlandês com ofertas competitivas de preços. Ante a melhorias na infraestrutura, competidores suecos, alemães e norte-americanos vislumbraram novas oportunidades no mercado finlandês de telecomunicações. A liberalização fez diminuir significativamente o nível de preços das telecomunicações e os serviços de telefonia celular na Finlândia tornaram-se os mais baratos do mundo. Em adição às políticas relativas ao mercado, o direito à educação é um valor central para a sociedade finlandesa e um sistema vantajoso de financiamento aos estudantes contribuiu para fomentar a atividade inovativa. A ampla rede educacional finlandesa permitiu o

desenvolvimento

baseado

em

expertise:

universidades,

politécnicas,

ensino

profissionalizante e tecnopolos formam uma combinação fundamental para o crescimento das regiões metropolitanas.31 As TICs estão presentes como elementos profundamente implicados nas mudanças nos modos de trabalho, comunicação e organização do tempo e do espaço.32 Na década de 1990, a indústria das TICs influenciou a direção da política educacional de diferentes formas e a Finlândia viria a construir um sólido sistema nacional de inovação. Associações que representavam e promoviam os interesses das empresas de TICs, tais como a Federation of Eletronics e Electrical Industry, publicavam pesquisas indicando o descompasso entre as necessidades de futuros recursos humanos para as companhias da área e a educação no campo da indústria da informação. Consequentemente, durante a década de 1990, houve dramático crescimento de oferta e demanda de vagas em institutos de educação 29

FUNDING UNIVERSE. TeliaSonera AB. Disponível em: <http://www.fundinguniverse.com/companyhistories/TeliaSonera-AB-Company-History.html>. Acesso em: 18 fev. 2012. 30 PAIJA, Laura; PALMBERG, Christopher, op. cit. 31 STEINBOCK, Dan, op. cit. 32 WALSHAM, Geoff. Cross-cultural software production and use: a structurational analysis. MIS Quarterly, Minneapolis, v. 26, n. 4, p. 359-380, 2002.


12 superior nos campos da indústria da informação. Em 1993, por exemplo, as universidades e politécnicas admitiram, aproximadamente, 3.400 novos estudantes nos programas relacionados ao campo das TICs. Em 1998, este número saltou para 7.700 novos estudantes nos mesmos programas, um aumento de 126% em cinco anos.33 Como resultado, a Finlândia exibe uma das maiores participações de engenheiros entre os países da União Européia, cerca de 20% do total de graduações na área, contra 10% no Reino Unido e Bélgica. Ainda, contando com a colaboração das empresas da indústria de TICs, o governo finlandês implantou um programa para estimular a educação nos campos da informação para o período 1998-2002. O papel da iniciativa privada era o de contribuir promovendo estágios para os estudantes, equipamentos, softwares e know-how, bem como enviando seus pesquisadores para ensinar nas politecnicas e universidades. Coube ainda ao governo prover recursos para a promoção de oportunidades de aprimoramento nas escolas e institutos, desta forma expandindo a oferta de educação continuada e treinamento nos campos da indústria da informação. Considerações conclusivas Há pouco mais de duas décadas, a economia finlandesa era essencialmente agrícola, marcada por limitadores climáticos e geopolíticos. A líderança em tecnologias da informação e da comunicação viria a partir de um conjunto de circunstâncias e decisões que uniram iniciativas pública e privada, o qual se buscou destacar no presente artigo. A partir da década de 1990, escolhas de políticas regulatórias, de comércio e investimento ajudaram, ao lado de outras políticas-chave, a promover as condições estruturais adequadas para inovação nesse pequeno país localizado no norte da Europa. A experiência finlandesa é fruto de uma conjugação de circunstâncias favoráveis que mesclam intensivo investimento em inovação, pesquisa e desenvolvimento, incentivo à educação voltada para a tecnologia e, fundamentalmente, políticas públicas favoráveis à cooperação nórdica no segmento wireless e à desregulamentação das telecomunicações. Considerando o passado voltado à indústria florestal e o recente cenário recessivo experienciado no início da década de 1990, é surpreendente a transformação da Finlândia em forte economia especializada em TICs. A performance do cluster das TICs finlandês é resultado da combinação de geopolítica (arranjos na indústria provenientes de relações especiais da Finlândia que remontam à Rússia Czarista e passaram pela União Soviética), estratégias públicas (cooperação nórdica, diretrizes 33

KOSKI, Heli; LEIJOLA, Liisa; PALMBERG, Christopher; YLÄ-ANTTILA, Pekka. Innovation and education strategies and policies in Finland. In: DAHLMAN, Carl; ROUTTI, Jorma; YLÃ-ANTTILA, Pekkan (Eds). Finland as knowledge economy: elements of success and lessons learned. Washington, DC: World Bank Institute, 2006. p. 39-62.


13 da UE, desregulamentação e liberalização das telecomunicações finlandesas) e vantagens pelo pioneirismo (estratégias de fornecedores e operadoras de tecnologias móveis), especialmente, ante decisões estratégicas da Nokia. Neste contexto de incentivo à inovação, destaca-se a Nokia por sua ampla atuação em escala mundial, como empresa que soube explorar as oportunidades criadas pela globalização. A inovação está relacionada com o processo de conectar conhecimento e tecnologia com a exploração de oportunidades mercadológicas para novos produtos, serviços ou processos de negócios, comparado àqueles já disponíveis no mercado.34 O estímulo à inovação nos segmentos da indústria e dos serviços, assim como os significativos investimentos estatais em educação e tecnologia, constituem fatores que se somam aos esforços em torno do fortalecimento da economia e necessidade de integração à União Europeia. Com isso, deve-se destacar que o caso finlandês não significa, o que poderia parecer, num primeiro momento, um exemplo de abstenção total do Estado da arena socioeconômica. Ao contrário, o delineamento projetado e efetivado se deu graças a uma ação de planejamento de propósitos, por parte do ente estatal, em articulação com o mercado, especialmente, e, de alguma forma, com a sociedade, em suas possibilidades de desenvolvimento do previsto. Lógico, esse planejamento envolveu o fortalecimento do mercado, mas isso, de uma forma ou de outra, é a tendência contemporânea, ainda que não seja a forma definitiva a se alcançar. Da mesma maneira, a trajetória histórica finlandesa de desenvolvimento, sua formação cultural e sua identidade própria, revelam um arranjo a ser estudado, para se compreender os caminhos do desenvolvimento no capitalismo global, não sendo, de longe, um exemplo a ser seguido diretamente por outros países, especialmente tardiamente integrados ao sistema, como o Brasil. Referências ALI-YRKKÖ, Jyrki; PAIJA, Laura; REILLY, Catherine; YLÄ-ANTTILA, Pekka. Nokia: a big company in a small country. ETLA – The Research Institute of the Finnish Economy, B162 Series. Helsinki: Taloustieto Oy, 2000. ARBIX, Glauco; FERRAZ, Joana Varon. Finlândia: competitividade e economia do conhecimento. In: CARDOSO Jr., José Celso; ACIOLY, Luciana; MATIJASCIC, Milko (Orgs.). Trajetórias recentes de desenvolvimento: estudos de experiências internacionais selecionadas. Brasília: IPEA, 2009. p. 221-248. BRITTOS, Valério Cruz. Digitalização, democracia e diversidade na fase da multiplicidade da oferta. In: _____ (Org.). Digitalização, diversidade e cidadania: convergências Brasil e Moçambique. São Paulo: Annablume, 2010. p. 17-29. 34

ARBIX, Glauco; FERRAZ, Joana Varon, op. cit.


14 CENTRAL INTELLIGENCE AGENCY. The World Factbook 2009. Disponível em: <https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/index.html>. Acesso em: 19 fev. 2012. DAHLMAN, Carl; ROUTTI, Jorma; YLÃ-ANTTILA, Pekka (Eds.). Finland as knowledge economy: elements of success and lessons learned. Washington, DC: World Bank Institute, 2006. FUNDING UNIVERSE. TeliaSonera AB. Disponível <http://www.fundinguniverse.com/company-histories/TeliaSonera-AB-CompanyHistory.html>. Acesso em: 18 fev. 2012.

em:

INVEST IN FINLAND. Industries in focus. Disponível em: <http://www.investinfinland.fi/industries/en_GB/industries/?gclid=CKbe8r7j1K0CFYsnt Aod0jm-fg>. Acesso em: 18 fev. 2012. KAITILA, Ville; KOSKI, Heli; ROUTTI, Jorma; TIIHONEN, Paula; YLÄ-ANTTILA, Pekka. Changes in the economic and institutional regime. In: DAHLMAN, Carl; ROUTTI, Jorma; YLÃ-ANTTILA, Pekka (Eds.). Finland as knowledge economy: elements of success and lessons learned. Washington, DC: World Bank Institute, 2006. p. 25-37. KOSKI, Heli; LEIJOLA, Liisa; PALMBERG, Christopher; YLÄ-ANTTILA, Pekka. Innovation and education strategies and policies in Finland. In: DAHLMAN, Carl; ROUTTI, Jorma; YLÃ-ANTTILA, Pekkan (Eds). Finland as knowledge economy: elements of success and lessons learned. Washington, DC: World Bank Institute, 2006. p. 39-62. PAIJA, Laura; PALMBERG, Christopher. Sectoral perspectives on the finnish knowledge economy: from forest-related industries to ICT. In: DAHLMAN, Carl; ROUTTI, Jorma; YLÃ-ANTTILA, Pekka (Eds.). Finland as knowledge economy: elements of success and lessons learned. Washington, DC: World Bank Institute, 2006. p. 63-86. PORTER, Michael E., Clusters and the new economics of competition, Harvard Business Review, Boston, p. 77-90, nov.-dez. 1998. STEINBOCK, Dan. What next? Finnish ICT cluster and globalization. Helsinki: Suomen Printman Oy, 2004. THE FUND FOR PEACE. Failed States Index Scores 2008. Disponível em: <http://www.fundforpeace.org/global/?q=fsi-grid2008>. Acesso em: 19 fev. 2012. WALSHAM, Geoff. Cross-cultural software production and use: a structurational analysis. MIS Quarterly, Minneapolis, v. 26, n. 4, p. 359-380, 2002. WREDE, Alexander. Nokia design history. Helsinki: IDBM, 2001.


Caracterización de las regulaciones emergentes sobre Internet en Argentina Ornela Carboni, Lic. en Comunicación Social (Universidad Nacional de Quilmes), Argentina. Becaria CONICET, maestranda en Industrias Culturales: políticas y gestión en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y docente en la UNQ. E-mail: ornelacarboni@yahoo.com.ar Carla Rodríguez Miranda, Mg. en Industrias Culturales: políticas y gestión (UNQ). Becaria CONICET y docente UNQ. Doctoranda Ciencias Sociales UBA. E-mail: cmiranda@unq.edu.ar GT Nº6 Economía Política de las Comunicaciones Resumen:

Los cambios en la utilización de Internet y las complejidades que se presentan para regular la red de redes se derivan de su carácter abierto, libre, global, descentralizado y desterritorializado. Como consecuencia de tales características resulta clave analizar las tendencias regulatorias por las oportunidades y desafíos que suponen para el diseño de las políticas de comunicación, que pueden tener objetivos de carácter tecnológico, económico o sociopolítico (Van Cuilenburg y McQuail, 2003). En este sentido, en los últimos años el debate internacional sobre Internet se centró en el principio de la neutralidad de la red, que supone garantizar el acceso a los usuarios, la antidiscriminación en cuanto a la circulación de los contenidos y la interoperabilidad de las redes, por lo cual países como Chile u Holanda han impulsado medidas regulatorias específicas. Sin embargo, en otros la discusión si legislar o no en torno a garantizar dicho principio continúa latente. Resulta insoslayable destacar la creciente importancia del rol que desempeña Internet en las lógicas de producción y consumo de los bienes culturales. Es por ello que el siguiente estudio, de carácter descriptivo y exploratorio, tiene como objetivo general analizar las regulaciones ligadas al desarrollo de Internet en Argentina, que por acción u omisión, se plantean desde el Estado. El trabajo se estructura a partir de la reconstrucción de las legislaciones impulsadas en relación a la red y la identificación de dos tensiones, que se constituyen en los ejes de análisis: el interés público (McQuail, 1992) versus el interés corporativo y la libertad de expresión versus el control del acceso, como corolario de la expansión acelerada de los servicios de banda ancha de la mano de la iniciativa privada y sus usos sociales. De este modo, se dará cuenta del desarrollo del mercado de Internet en Argentina y las estadísticas vinculadas al incremento de


las conexiones de banda ancha, para reflexionar acerca de la incidencia de las políticas ligadas a Internet en la ciudadanía. En esta dirección, el artículo indaga en qué medida se articula el principio de neutralidad de la red en las regulaciones emergentes y su posible impacto en la circulación de los contenidos derivados de las industrias culturales. Pues como anunciaba Tremblay y Lacroix (1997 en Calvi, 2005) el consumo cultural en Internet es más una cuestión de acceso que de apropiación material de un producto. Desde un abordaje de la economía política de la comunicación, como herramienta crítica, se procura desentrañar los elementos que constituyen mutuamente (Mosco, 1996) el proceso de las regulaciones para el desarrollo de Internet en Argentina. A través de esta perspectiva se pretenden identificar los desafíos que se presentan en materia de políticas de comunicación en relación a la convergencia tecnológica, y comprender las lógicas económicas y simbólicas que atraviesan la producción de contenidos culturales en los contextos digitales. Para llevar adelante el estudio, se partirá del relevamiento y posterior análisis de la legislación vinculada a la citada materia, a la vez que se procederá a identificar a los actores claves del sector con el objeto de evaluar los intereses afectados al momento de diseñar e implementar normas que versen acerca de la neutralidad de la red.


1. Introducción

A partir del acelerado desarrollo de los servicios de banda ancha móvil y fija, el debate internacional sobre Internet se centra en la neutralidad de la red. Mientras que algunos países desarrollaron políticas regulatorias específicas, en otros persiste la discusión si legislar o no en torno a garantizar dicho principio, cuyo antecedente se encuentra en la regulación de las redes de telecomunicaciones a principios del siglo XX. Internet rompe con las características de un medio de comunicación tradicional pues permite situaciones comunicacionales de todo tipo: de 1 a 1 -e-mail-, de 1 a múltiples -prensa o radio- y de varios emisores a varios receptores -grupos de discusión- (Miguel, 2009). Para este estudio es preciso comprender el desarrollo de Internet, sus orígenes y su expansión. Los procesos de digitalización y el fenómeno de la convergencia tecnológica impactaron en la producción, distribución y consumo de los contenidos como en la infraestructura de la red por lo cual resulta más complejo regular esta red de redes, que desde su génesis presenta un carácter abierto, libre, global, descentralizado y des-territorializado. Al principio Internet se utilizó con propósitos militares, luego académicos y empresariales y finalmente para usos sociales como el envío y recepción de correos electrónicos, la búsqueda de información e incluso compartir música. Los medios masivos de comunicación tradicionales percibieron las ventajas de participar en la red y desarrollaron estrategias empresariales para la circulación de sus contenidos, aunque con rendimientos económicos inciertos y con la persistente incertidumbre acerca del modelo de negocio. Del mismo modo, surgieron redes sociales (Facebook, Twitter) y nuevos intermediarios (Google, YouTube, Amazon) con diversas modalidades de consumo de los productos culturales, desde la compra de libros on line hasta programas televisivos vía streaming. Como ya anunciaban Tremblay y Lacroix (1997 en Calvi, 2005) el consumo cultural en Internet es más una cuestión de acceso que de apropiación material de un producto. Wolton (2000) plantea que las tecnologías per se no determinan los usos que puedan hacerse de ellas, sino que están atravesadas por las prácticas y las relaciones sociales que se establecen en una sociedad, caracterizadas por determinadas condiciones materiales y concretas de existencia. Por ello el presente trabajo adquiere relevancia al plantear las perspectivas regulatorias sobre el principio de la neutralidad de la red en Argentina, identificando las tensiones entre el interés público versus interés corporativo y la libertad de expresión versus el control del acceso. El


incremento de las conexiones, la abundancia de contenidos y el aumento del tráfico implican debatir acerca de la naturaleza del principio, las posibilidades regulatorias y los actores involucrados en el proceso, que serán objeto de análisis en los próximos apartados. 2. Definiciones conceptuales En las últimas décadas los líderes políticos del mundo reconocieron la importancia estratégica de establecer políticas públicas de comunicación que afectan al tráfico de la información y la cultura. En particular porque la información es el recurso clave de la economía actual y el avance de las nuevas redes transformó a Internet en un espacio en pugna entre actores públicos y privados. Sandra Braman (2011) sostiene que una política de la información1 provee un abanico de leyes, regulaciones y posiciones doctrinarias que involucran a la información, la comunicación y la cultura, con implicancia en la creación, el proceso, los flujos, el acceso y el uso de la información. Asimismo las instituciones y los procesos formales de carácter geopolítico, reconocidos por los gobiernos, operan sobre los procesos de toma de decisiones y prácticas del sector privado y la sociedad civil, considerando las tendencias sociales y culturales. La formación de las políticas públicas de comunicación interactúan en diferentes niveles de la estructura social lo cual las torna más complejas dado que se interconectan nuevas instancias nacionales y supranacionales, de carácter formal y no formal, donde cada actor presiona por elevar sus intereses como el interés público. Un ejemplo actual es el caso de reformulación de la ley de copyright en distintos países del mundo, que tangencialmente atraviesa el principio de la neutralidad de la red, con el fin de implementar los tratados firmados en el seno de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) en 1996. El sector privado presionó para convertir a los proveedores de Internet en los brazos del Estado con el propósito de alegar como culpables a cualquiera que reproduzca sin permiso contenidos protegidos por el derecho de uso o sortee las medidas de protección tecnológica, sin previa orden judicial en cuanto a la legalidad del comportamiento. No obstante, vastos sectores de la sociedad civil se manifestaron en contra porque soslaya la libertad de expresión, restringe el acceso a la cultura y obstaculiza la

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El siguiente trabajo utilizará el concepto de política pública de comunicación entendida como “como las acciones y omisiones de las instancias estatales de todo tipo que, de acuerdo a las concepciones y legitimaciones de cada sociedad y cada tiempo histórico, determinan u orientan los destinos de la creación, la producción, difusión y consumo de los productos culturales y comunicativos”.


innovación. De tales tensiones se deriva que dichos tratados supranacionales en la práctica no puedan ser aplicados, sin embargo marcan la orientación que poderosos sectores trasnacionales auguran para las leyes nacionales. El término neutralidad de la red implica que las redes deben estar abiertas a la libre circulación, es decir, los operadores del servicio deberían limitarse a garantizar el acceso y la conexión entre los usuarios y no establecer restricciones sobre los contenidos que circulan. Tradicionalmente las políticas regulatorias vinculadas a los sistemas de telecomunicaciones promovieron garantizar: el acceso a los usuarios de los contenidos y/o servicios, sin establecer privilegios o preferencias de un proveedor de contenidos por sobre otro ni bloquear el acceso a la red; la antidiscriminación implica que no se puede prohibir la utilización de la red, interrumpir los contenidos ni bloquear el tráfico con objetivos anticompetitivos, por ello el servicio debe brindarse en igualdad de condiciones sin exclusiones; y la interoperabilidad de la red que supone garantizar la interconexión entre las redes, para lo cual es preciso adoptar estándares tecnológicos que faciliten el intercambio de procesos y datos. Mosco (2011) expresa que preservar la neutralidad de la red reviste especial atención debido a que las grandes compañías de medios intentan incrementar sus beneficios y tienden a buscar una restructuración de la red, promoviendo vías rápidas y lentas de acuerdo a la capacidad de pago de los proveedores de contenidos o de la relación que las empresas mantengan con los proveedores del servicio de conexión. El servicio sería más lento para quienes no posean capacidad de pago o sean competidoras, por lo cual estimular el trato indiferenciado y equilibrado resultaría crucial a los fines de garantizar iguales condiciones para la circulación, difusión y consumos de la información y los contenidos. De este modo, aquellos que puedan invertir más se asegurarán que sus contenidos/información fluyan por los carriles más veloces. En este escenario complejo y cambiante se identifican diferentes actores que inciden en la elaboración de la política pública de comunicación ligada a la neutralidad de la red, entre los cuales se destacan los Estados que deben velar por el interés público y el beneficio de los ciudadanos en el acceso y la utilización de las tecnologías; los operadores de red y/o servicios que intentan establecer tarifas diferenciales por el tráfico de datos y el acceso a contenidos bajo el criterio de inversión y optimización de la infraestructura; los proveedores de contenidos y/o servicios (Google, Youtube, Skype, otros) que se benefician del carácter abierto y gratuito de la red por lo que se busca cobrarles por el uso del ancho de banda; y los consumidores/usuarios


finales que pueden compartir información sin que un tercero intervenga o detenga ese intercambio y se enfrentan a la propuesta de doble pago por conectividad y acceso a contenidos. De la misma manera se deberán considerar las instancias de carácter supranacional como la emergente Corporación de Internet para la Asignación de Números y Nombres (ICANN, por su sigla en inglés), la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la mencionada OMPI, la Organización Mundial del Comercio (OMC) y las estructuras de gobiernos regionales. Por otra parte, Stefaan Verhulst (2011) señala ejes controversiales en torno al debate entre la neutralidad de la red y los medios, entre los que se destacan la libertad de expresión y acceso a los contenidos: en el entorno de la neutralidad de la red los blogs individuales, los sitios de pequeños negocios o los medios independientes tienen la misma forma de acceso a Internet que las majors. Esta igualdad de oportunidades para compartir y comunicar es el valor central de Internet; comportamiento anti-competitivo: el acceso discriminado puede cambiar el paisaje competitivo de la industria de medios ante la posibilidad que los proveedores de servicios de Internet puedan favorecer los contenidos producidos por sus propias compañías y limitar los producidos por sus competidores; innovación en servicios: defensores del acceso discriminado argumentan que así se fomentaría una mayor innovación en la industria de los medios y estimularía el desarrollo de nuevos productos y servicios. Hoy se identifican tres perspectivas regulatorias: regular para cobrar -regulación discriminatoria-, regular para no cobrar -regulación preventiva o anti-discriminatoria- y no regular -regulación pasiva- (Dávila, 2007). La forma en que se construya el consenso sobre la política pública de comunicación incidirá en el grado de legitimidad de la misma por lo cual la búsqueda de una armonización entre los intereses encontrados será el desafío de los “policymakers”. 3. Neutralidad de la red en el debate internacional A partir de las políticas de liberalización, desregulación y privatización en el sector de las telecomunicaciones durante las décadas del ‘80 y ‘90, el desarrollo de las infraestructuras digitales fue conducido por intereses económicos (Albornoz, 2011) en tanto que los gobiernos diseñaron políticas con el objetivo de promover el libre comercio en un entorno competitivo acompañado por un proceso de concentración de las empresas del sector. Sin embargo el ala


corporativa presiona para redefinir el sentido de libertad de comercio y fomento a la competencia que abogaban décadas pasadas. En 2002 la autoridad de aplicación de EEUU estableció que el servicio de cable módem era un servicio de información, por tanto estaba sujeto a menos regulación que los servicios de telecomunicaciones, que están obligados por la Ley de Comunicaciones de 1934 garantizar la anti-discriminación, el acceso y la interconexión. Como resultados parciales del enfrentamiento entre las firmas agrupadas en la Open Internet Coalition (Google, eBay, Amazon, Flickr, YouTube, Facebook y PayPal, otras) con las empresas de telecomunicaciones y tecnologías de redes (Cisco, Motorola, Nokia o Alcatel), en 2005 la Corte Suprema determinó que los servicios de banda ancha eran servicios de información, es decir que las redes de Internet por cable y teléfono no estaban obligadas a cumplir con el principio de la neutralidad de la red. Con tal respaldo legal, en octubre de 2007 Comcast, el principal cable operador de EEUU, interfirió el acceso a las redes peer to peer (P2P) mediante las cuales los usuarios compartían archivos de datos. En 2010 se estableció que la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) no tenía la competencia para exigir un trato igualitario en el tráfico de datos a los proveedores de servicio, lo que representó un triunfo para la corporación. Sin embargo, “la FCC busca un plan de banda ancha igualitario, que se base en el principio de transparencia y no discriminación, para impedir que las compañías de cable y telefonía utilicen su control de acceso a Internet para favorecer algunos contenidos y servicios por sobre otros” (Albornoz, 2011: 229). Desde hace años los operadores de la red y los grandes proveedores de bienes y servicios culturales ejercen presiones sobres los gobiernos de los distintos países para que controlen lo que ellos consideran el tráfico ilegal de contenidos que se encuentran bajo la protección de los derechos de autor. En esta dirección, durante las primeras semanas de 2011 se promovieron dos normas de carácter complementarias la Protect IP Act (PIPA) y la Stop Online Piracy Act (SOPA) para controlar Internet, que no trascendieron ante el activismo de la ciudadanía a escala global. Los intentos por establecer regulaciones fracasaron en parte por la actividad de la ciberciudadanía que está alerta ante la intención de convertir a la red en una red elitista. La falta de legitimidad de las emergentes legislaciones convierten en fracasos los lobbies de las corporaciones que intentan establecer su propio interés como el interés público. Como precedentes se encuentran la Ley Hadopi de Francia (sancionada en junio 2009), que promueve desconectar a los usuarios que realicen descargas ilegales sin orden judicial y


penaliza a quienes utilizan sistemas P2P, por lo que no garantiza la libertad de expresión en la red, el derecho a emitir/recibir información ni el derecho a la copia privada. En España la ley anti-descargas, conocida como Ley Sinde, se basa en que la disposición del público de obras o prestaciones protegidas sólo es lícita (también en Internet) con autorización por parte del titular de los derechos de propiedad intelectual. Ambas normativas habilitan a los gobiernos a cerrar sitios Web alojados en territorio nacional, que permitan el acceso a contenidos protegidos por derechos de autor o enlaces que vinculen dichos contenidos. Por otra parte, dos países regularon sobre la neutralidad de la red. En agosto de 2010 Chile se convirtió en el primer país en garantizar la neutralidad de la red (Ley 20.453), la cual establece que los proveedores de conexión “no podrán arbitrariamente bloquear, interferir, discriminar, entorpecer ni restringir el derecho de cualquier usuario de Internet para utilizar, enviar, recibir u ofrecer cualquier contenido, aplicación o servicio legal a través de Internet, así como cualquier otro tipo de actividad o uso legal realizado a través de la red”. La normativa permite sólo a pedido del usuario bloquear el acceso a determinados contenidos, aplicaciones o servicios. En 2011 Holanda garantizó la neutralidad en las redes móviles para impedir que los operadores de servicios móviles bloquen las aplicaciones VoIP, que compiten con los ofertados por las propias empresas que proveen el servicio de conexión. Por otra parte, Suecia propone la competencia para garantizar la neutralidad de red promoviendo una oferta amplia en el mercado a efectos que los usuarios puedan optar entre varios proveedores de servicio. 4. Argentina: intentos e incertidumbre política para regular Internet Sobre diseño de políticas públicas para Internet en Argentina se identifican dos momentos. La primera etapa, de carácter declarativa, se inició a fines de la década del ’90, durante el segundo gobierno de Carlos Menem (1995-1999), vía decreto 554/97 que declaró el acceso a Internet de interés nacional y propició el desarrollo de tarifas adecuadas y estándares de calidad. Por otro lado, enfatizó que Internet satisface la libertad de elección de contenidos y consideró a la red como soporte clave para el fortalecimiento de la democracia. En esta dirección, el posterior decreto 1279/97 enmarcó al servicio de Internet dentro de la garantía constitucional que ampara la libertad de expresión. Con la acelerada expansión de Internet que suscitó cambios estructurales del orden social, cultural y económico, se desencadenaron nuevas tensiones donde los proveedores de las redes,


servicios y contenidos defienden sus intereses económicos en búsqueda de rentabilidad que devino en una batalla política y cultural, de ahí la necesidad de plantear nuevas normativas. La segunda etapa, de carácter legislativa, comenzó en 2005 mediante la ley N° 26.032 la cual estableció que la búsqueda, recepción y difusión de información e ideas de toda índole, a través del servicio de Internet, está comprendida dentro de la garantía constitucional que ampara la libertad de expresión. Desde 2006 a esta parte se presentaron propuestas en torno a la tensión entre los derechos personalísimos y la libertad de expresión, proyectos sobre los contenidos protegidos por derecho de autor y dos sobre la neutralidad de la red. A continuación se analizarán específicamente las tendencias regulatorias sobre Internet en Argentina. 4.1 La tarea de legislar La fase legislativa supone la actuación de las cámaras de diputados y senadores y los antecedentes de proyectos legislativos ligadas a Internet en Argentina son: Proyecto de Ley de Comercio Electrónico (2006) por Jorge Capitanich, senador chaqueño del Frente para la Victoria (FPV). El texto planteaba establecer un régimen jurídico sobre la contratación por vía electrónica referido a las comunicaciones comerciales, la información y los contratos. Si bien no diseñaba una regulación específica para Internet, se constituye como un precedente en la materia puesto que definió las atribuciones de cada parte prestadora de un bien o servicio de y sobre Internet. Proyecto de ley sobre la identidad y responsabilidad de los sujetos que emiten opiniones por Internet (2009) por Guillermo Jenefes, senador jujeño del FPV. Establecía que todo habitante podía exigir a las empresas Proveedoras de Servicios de Internet (ISP) que impidan la circulación de contenidos que agravien la integridad de un individuo. El mecanismo para que el damnificado ejerciera su derecho se basaba en una notificación fehaciente al ISP. En caso que éste no cumpliera, se constituía como el responsable directo de los daños y perjuicios materiales y morales que se ocasionaran a la persona afectada a partir de la fecha de notificación. De este modo, la persona tendría derecho a recurrir a la justicia para que resuelva el bloqueo del acceso a los contenidos difundidos o transmitidos. En caso que los ISP estuvieran radicados fuera de Argentina se establecían responsables solidarios. La iniciativa responsabilizaba a los ISP, que no generan los contenidos sino que actúan como intermediarios que permiten el vínculo para la provisión del servicio.


Proyecto de ley sobre el régimen para proveedores del servicio de Internet (2011) por Federico Pinedo, diputado de Propuesta Republicana (PRO). Proponía una definición de cada parte proveedora en la cadena de servicios de Internet. Sin embargo, guardaba ciertas similitudes con el proyecto anterior al sostener que los ISP serían responsables de los contenidos almacenados generados por terceros, en tanto tuvieran conocimiento real que los contenidos violan o perjudican las normas legales. Nuevamente se intentó desplegar un mecanismo que hubiese distorsionado el ejercicio de la libertad de expresión, derivando responsabilidades a terceros, por ejemplo los motores de búsquedas. De esta manera, los sitios que permiten compartir links o enlances o contenidos, los blogs o sitios webs que utilizan el sistema P2P serían penalizados, en los casos que no logren demostrar que desconocían que los datos o información transmitida contravenían la legislación vigente. Esta iniciativa habilitaba a toda persona (de existencia visible o ideal) a solicitar al juez competente la eliminación, restricción o bloqueo sobre el acceso al contenido específico que pudiera lesionar los derechos o garantías reconocidos por la Constitución Nacional o tratados firmados por Argentina. Tales iniciativas buscaron un marco de legalidad para las demandas que reclamaban por el reconocimiento de los derechos de autor, especialmente el aspecto patrimonial, sin embargo las manifestaciones de la cíberciudadanía lograron frenar las propuestas, reavivando el debate acerca del acceso libre a la cultura y de los modelos de negocio de los bienes simbólicos en la era digital. En mayo de 2011, el sitio argentino Taringa2 fue sancionado por compartir enlaces que supuestamente infringían la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual. Asimismo se los penalizaría por participes necesarios al permitir compartir, visualizar y utilizar los links publicados por los usuarios. Sin embargo, de ratificarse el fallo el debate se extendería hacia los proveedores de servicio, los buscadores, las redes sociales, entre otros, que también promueven la circulación de contenidos y las nuevas formas de relación entre los usuarios/consumidores. Una vez más, la discusión se centra entre garantizar el acceso y la libre circulación de contenidos o restringirlo en pos de proteger los derechos morales, pero principalmente los patrimoniales de quienes detentan la explotación comercial de los bienes simbólicos.

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Es un Sitio Web argentino con una elevada cantidad de visitas, que permite compartir el acceso a enlaces o materiales. No obstante, para poder acceder en la mayoría de los casos es preciso ser miembro, poseer una cuenta de usuario, de acuerdo al grado de participante es el status que se le otorga al usuario.


4.3 El mercado en ebullición: lo complejo de regular sobre la neutralidad de la red Para el desarrollo del mercado, el Estado es el encargado de establecer las condiciones necesarias para su funcionamiento. A principios del siglo XXI, luego de la profunda crisis política, económica y social en Argentina, el mercado de Internet (móvil y fija) crece de forma sostenida, actualmente es un mercado maduro con un 66% de penetración en la población, aunque la calidad (velocidad) de la conectividad es baja respecto a los países desarrollados. El mercado argentino de proveedores de acceso a Internet no fue ajeno a los procesos de concentración, cuyas principales empresas son: Speedy de Telefónica de Argentina con 28% de market share, Arnet de Telecom Argentina, 30% y Fibertel del cableoperador Cablevisión del Grupo Clarín, 21%3. Durante 2011 se presentaron dos proyectos de ley sobre neutralidad de la red que no obtuvieron repercusión. Por un lado, el proyecto de la diputada Nélida Belous denominado “Régimen para la Neutralidad de la Red”, que giró a tres comisiones: Comunicaciones e Informática, Defensa del Consumidor, del Usuario y de la Competencia; y Comercio. Y por otro lado, el proyecto de la senadora Graciela di Perna llamado “Neutralidad de la Red en el Servicio de Acceso a la Red”, que giró a la Comisión de Sistemas, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión. El proyecto de Belous sostiene la defensa del principio de la neutralidad de la red para que los ISP no puedan discriminar datos de acuerdo a su contenido, procedencia o destino. Sin embargo, no se garantiza en su totalidad pues queda ausente garantizar el acceso de todos los habitantes del país a las redes y la interoperabilidad de las mismas, lo que impulsaría un entorno competitivo entre los operadores de las redes. En esta misma dirección, el proyecto de di Perna garantiza el principio de la no discriminación pero no legisla sobre el principio de acceso a la red y contenidos e interoperabilidad. Por otra parte, los proyectos de di Perna y Belous no definen de manera concisa y efectiva a los actores involucrados por lo cual se identifica una definición vaga y ausente del objeto a legislar en ambos proyectos. En cuanto a la tensión que se presenta entre las intenciones de legislar sobre Internet y el principio de la libertad de expresión, coinciden en proteger tal garantía constitucional. El principio de neutralidad de la red supone pensar los desafíos que se presentan para la gestión de los derechos de autor en la era digital. Si bien podrían ir por vías paralelas, pues legislan

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Fuente: Carrier & Asociados.


objetos diferentes, resultará menester considerar tal aspecto dado que se identifican intersecciones que pueden vulnerar el principio de neutralidad de la red o los derechos de autor. Por último, el proyecto de Belous y di Perna establecen como organismo de control al Ministerio de Planificación. Mientras que el primero designa como autoridad de aplicación a la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC) que depende de la Secretaría de Comunicaciones, el segundo propone directamente a la Secretaría de Comunicaciones En el siguiente cuadro se presentan a modo de síntesis las similitudes y diferencias analizadas: Cuadro 1: Comparación proyectos de ley sobre neutralidad de la red Proyecto Belous Di Perna Definición de ISP SI NO Otras definiciones NO NO Principio de neutralidad de la red Acceso (servicio universal) NO NO Acceso (contenidos) SI SI Anti discriminación SI SI Interoperabilidad de la redes NO NO Bloqueo de información o contenidos SI NO Mecanismos de petición SI NO Información al usuario SI NO Autoridad de aplicación SI SI Otros derechos en colisión Derecho a la competencia NO NO Derecho personalísimos NO NO Derecho de autor NO NO Elaboración propia

Los proyectos de ley no han tenido suficiente fuerza para incorporar el asunto como un tema de la agenda política en parte por la falta de precisión de los mismos. Ese vacío da cuenta de la sensibilidad del tema para ser tratado en el Congreso debido a su importancia estratégica y la capacidad de lobby de quienes prefieren evitar una política específica para el sector. En un entorno de convergencia tecnológica es necesaria la articulación de políticas públicas destinadas a regular el entorno digital y la formación de una autoridad de aplicación que también regule sobre los contenidos culturales atravesados por los procesos de digitalización que no solo afecta aspectos económicos sino también simbólicos.


5. Reflexiones finales El presente trabajo intentó identificar las principales tensiones que giran en torno a la neutralidad de la red. Para ello se abordaron algunas de las discusiones que se están desarrollando a escala internacional acerca de garantizar o no, mediante regulaciones específicas dicho principio, junto a sus características intrínsecas: el acceso, la no discriminación y la interoperabilidad. Como plantea Albornoz (2011) el desarrollo de las redes digitales reeditan las controversias entre: servicio público versus interés comercial, control político versus libertad de información, regulación normativa versus laissez-faire, estandarización y homogeneidad versus diversidad cultural, control mercantil versus privacidad. Por otra parte, las empresas proveedoras de servicio de Internet enfatizan que realizan las inversiones para mejorar la infraestructura de la red, la calidad y la velocidad de los servicios de banda ancha, entonces proponen establecer tarifas diferenciales a los proveedores de contenidos que finalmente se trasladarían a los usuarios. De este modo los consumidores pagarían por la conectividad y por el acceso a determinados contenidos. Por ello es menester una regulación para asegurar la neutralidad de la red, para evitar que los proveedores de conexión ralenticen el acceso a servicios de Voz IP, la descarga de contenidos por redes P2P, la mensajería instantánea o los sistemas streaming, en caso de creerlo conveniente o oportuno, sobre la base de cuestiones completamente discrecionales. El artículo deja abierta una serie de interrogantes para pensar el estado de la cuestión en Argentina. Si se focaliza en el mercado nacional las empresas que brindan conexión a Internet son principalmente las telefónicas, las operadoras de cable y, en menor medida, las cooperativas de servicio público. En muchos casos, en particular las dos primeras producen y distribuyen contenidos por la Web o mantienen alianzas con las empresas proveedoras de contenidos o servicios de VoIP, por lo cual a la hora de regular será preciso tener en cuenta tales cuestiones, sin desproteger o vulnerar los derechos de los ciudadanos/usuarios/consumidores. Las tensiones que se generan por el uso de la red de redes, quién o quiénes y cómo se establecerán las reglas de juego en el universo digital y en consecuencia la discusión sobre los principios de la neutralidad de la red, se convierten sigilosamente en tema de agenda para ser tratados en el ámbito legislativo. No obstante, el desafío será expandir el debate hacia un espectro de múltiples actores para la construcción de un consenso plural que mantenga la forma abierta y libre de la red, pues este espacio de flujos es más que una tecnología. De ahí que urge


el diseño de políticas públicas de comunicación para regular Internet, que garanticen el acceso y la participación democrática para el conjunto de la sociedad, dado que dilatar la cuestión podría favorecer los intereses mercantiles en detrimento del interés público. 6. Bibliografía Albornoz, L. (2011), “Redes y servicios digitales. Una nueva agenda político-tecnológica” en Albornoz, L. (comp.) Poder, medios, cultura. Una mirada crítica desde la economía política de la comunicación, Buenos Aires: Paidós. Braman, S. (2011), “Defining Information Policy”, en Journal of Information Policy, Vol. 1 (pp. 1-5). Calvi, J. (2005), “¿Reproducción de la cultura o cultura de la reproducción? Hacia un nuevo régimen de regulación y explotación de productos culturales en Internet, Economía política, comunicación y conocimiento, La Crujía, Buenos Aires (pp. 329-343). D´ Avila, J. (2007), “Perspectivas regulatorias de la neutralidad de la red en Estados Unidos”, en Revista de Derecho Comunicaciones y nuevas tecnologías, dic. 2007 (pp. 1-30).

Miguel de Bustos, J. C. (2009), Cambios institucionales en las industrias culturales. Hacia una economía directa o reticular. Disponible en http://www.portalcomunicacion.com/ESP/n_aab_lec_3.asp?id_llico=27&index=0. Mc Quail, D. (1998), La acción de los medios. Los medios de comunicación y el interés público, Argentina: Amorrortu Ediciones. 500 p. Mosco, V. (2009), La economía política de la comunicación. Barcelona: Ed. Bosch. ----------- (2011), “La economía política de la comunicación: una tradición viva”, en Albornoz, L. (comp.), Poder, Medios, Cultura. Una mirada crítica desde la economía política de la comunicación, Buenos Aires: Paidós. Van Cuilenburg, J. y Mc Quail, D. (2003), “Cambios en el paradigma de política de medios. Hacia un nuevo paradigma de políticas de comunicación”, en European Journal of Communication, Vol. 18. Num. 2, Londres: Sage, pp. 181-207. Verhulst, S. (2011), Mapping Digital Media: Net neutrality and the media, Cambridge: Open Society Foundations, 28 p. Wolton, Dominique (2000), Internet ¿Y después?, Barcelona: Gedisa 253 p. Otras fuentes Decreto 554/97 Poder Ejecutivo Nacional, publicado (PEN) en Boletín Oficial (BO) 23/06/97. Decreto 1279/97 PEN, publicado en BO 1/12/97. Ley N° 26.032/05 Servicio de Internet, promulgada de hecho 16/06/2005. Proyecto de ley sobre Comercio Electrónico. Autor: Jorge Capitacnich. Trámite legislativo Expediente N° 3812/06. [En línea] www.senado.gob.ar Consultado: 30/07/11. Proyecto de ley sobre la identidad y responsabilidad de los sujetos que emiten opiniones por Internet. Autores: Guillermo Jenefes, Carlos Reutemann y Roxana Latorre. Trámite legislativo Expediente N° 209/09. [En línea] www.senado.gob.ar Consultado: 30/07/11. Proyecto de ley sobre régimen para proveedores de servicios de Internet. Autor: Federico Pinedo. Trámite legislativo N° 8793/10. [En línea] www.diputados.gob.ar Consultado: 30/07/11.


Proyecto de ley sobre régimen para neutralidad de red. Autor: Nélida Belous. Trámite legislativo N°1159/11. [En línea] www.diputados.gob.ar Consultado: 30/07/11. Proyecto de ley para la neutralidad de la red en el servicio de acceso a Internet. Autor: Graciela Di Perna. Trámite legislativo N°1491/11. [En línea] www.senado.gob.ar Consultado: 30/07/11. Subtel Chile. Ley 20.453 Principio de neutralidad en la red para los consumidores y los usuarios de Internet Disponible en http://www.subtel.gob.cl Consultado el: 25/07/2011.


Datos del autor: Nombre: Richard Danta Universidad: Universidad Católica del Uruguay (UCU) País: Uruguay Correo electrónico: richarddanta@yahoo.com GT: GT 6 – Economía Política de las Comunicaciones Resumen: Los acercamientos ligeros a las lógicas económicas de las industrias televisivas que se han desarrollado en el marco de las teorías de la comunicación suelen asociar al programa de televisión con el concepto de mercancía en tanto es un objeto elaborado por sistemas productivos estandarizados, como si la economía mediática pudiera comprenderse a través de la simple traslación de los parámetros económicos de las industrias de lo tangible. Incluso, en tiempos recientes se ha considerado al formato televisivo como un nuevo “producto”, en tanto los gestores de screenings, promotores, productoras, televisoras, y hasta los publicistas se los disputan en las ferias internacionales dedicadas al intercambio comercial de contenidos. Ahora, ¿el que sean objetos de transacción comercial hace del programa de TV y del formato televisivo una mercancía articuladora del proceso industrial? ¿Es en esos dispositivos donde se concentra el plusvalor en las industrias televisivas? ¿Son ellos la clave para la comprensión de las economías de la televisión? El objetivo de este escrito es discutir y reflexionar sobre el concepto de mercancía en el marco de la industria televisiva, en un intento por introducir y promover los conceptos desarrollados en la economía política de las comunicaciones como categorías analíticas que sustenten investigaciones en los contextos configurados por los sistemas de medios latinoamericanos. Para ello, apelaremos al debate desarrollado por Dallas Smythe, Graham Murdock, Bill Livant, y Sut Jhally, quienes delinearon un razonamiento económico pensado específicamente para la peculiaridad de las mercancías televisivas. Para estos autores ya no puede hablarse de programas o de formatos televisivos entendidos como mercancías culturales, porque lo que realmente comercializan las industrias de la cultura no son los contenidos mediáticos, sino el tiempo que la audiencia dedica a exponerse a los mismos, aprendiendo las prácticas de consumo viendo los avisos publicitarios. En otras palabras, ni los programas ni los formatos son verdaderamente los productos relevantes de las industrias culturales televisivas, sino que el producto de las mismas es y siempre ha sido


el tiempo de ocio transfigurado en tiempo capitalizado. Estamos frente a un caso particular de valor agregado, que Bill Livant prefiere llamar “tiempo agregado” (“plustime”). Esto no significa que los programas de TV y los formatos televisivos no cumplan un papel específico en la red productiva de estas industrias. En ese sentido, y siguiendo el pensamiento de Livant, proponemos la caracterización de estos dispositivos como medios de producción capaces de crear las condiciones necesarias con las audiencias para que éstas produzcan la mercancía (el tiempo de ocio) que los operadores televisivos ofertan a sus clientes, los anunciantes. Ahora, ¿los medios de producción del tiempo agregado pueden limitarse a los formatos y a los programas televisivos? ¿Podemos concebir a los programas como unidades autónomas que definen la relación de los públicos con la TV? ¿Cuál es el papel de la programación en este esquema económico? ¿Es la programación otro medio de producción del tiempo agregado? De ser así, ¿esto no implicaría una paradoja para las teorías materialistas del capital, que insisten en la discriminación sustancial entre la producción, la circulación y el consumo de bienes? Estas son algunas de las preguntas que orientarán nuestra reflexión, con el propósito último de formular una red de categorías que habiliten un abordaje crítico y analítico de las relaciones económicas productivas de la TV en el marco de las prácticas contemporáneas del capital en las industrias culturales audiovisuales, con el propósito de estimular y orientar la investigación de las estrategias del capital en las industrias televisivas latinoamericanas.

Trabajo completo: Reflexión sobre los conceptos de mercancía y medios de producción en las industrias culturales televisivas. Apuntes para la investigación. Durante gran parte del siglo XX, los abordajes que las teorías de la comunicación hicieron de las lógicas económicas de las industrias televisivas asociaban al programa de televisión con el concepto de mercancía en tanto es un objeto elaborado por sistemas productivos estandarizados (Lozano Rendón, 2000; Straubhaar et al., 2002). Este gesto implicaba la postura irreflexiva de asumir que la economía mediática se podía


comprender a través de la simple traslación de los parámetros económicos de las industrias de lo tangible. A partir de la década de los años 90 esta consideración se hizo extensiva al formato televisivo entendido como nuevo “producto”, en tanto los gestores de screenings, promotores, productoras, televisoras, y hasta los publicistas se los disputan en las ferias internacionales dedicadas al intercambio comercial de contenidos. Ciertamente, tanto el programa de televisión como el formato televisivo son el resultado de un sistema productivo y están dotados de la especificidad suficiente como para ser susceptibles de derecho de propiedad, lo cual los configura como bien comercializable. Ahora, ¿esto es suficiente para que los consideremos como las mercancías específicas de las industrias televisivas? Dicho en otros términos, ¿el producto clave de la capitalización industrial de la televisión son los programas y/o los formatos televisivos, o este papel le corresponde a otros bienes menos evidentes, pero más relevantes como factores de enriquecimiento? Postulamos estas preguntas como guías de una reflexión que pretende llamar la atención sobre un giro conceptual que consideramos urgente, especialmente en un momento donde la televisión como industria y dispositivo tecnológico, y también como objeto de interés para la investigación, se enfrenta a las peculiaridades y exigencias de una reconversión digital que tiene el potencial para alterar considerablemente las lógicas funcionales, económicas y sociales de la televisión en tanto artefacto del capital y sus estrategias contemporáneas de enriquecimiento. Acerca de la mercancía televisiva: Durante mucho tiempo la investigación en comunicación asumió que el programa de televisión y posteriormente, el formato televisivo eran el producto por antonomasia del sistema televisivo. Esta idea estaba sustentada en no poca medida en dos claros factores. Por un lado, la facilidad de identificar al programa o al formato como producto dotado de unicidad los asemeja a la fenomenología de los bienes tangibles (fácilmente catalogables en tanto unidades de intercambio comercial), por lo cual parece razonable aplicarle las mismas consideraciones que a aquéllos. El programa televisivo es un discurso, esto es, un todo que reúne elementos ordenados temáticamente según criterios mínimos de homogeneidad interna y está dotado de coherencia y clausura, lo cual lo hace reconocible como objeto de transacción cultural, pero también económica (véase Lozano et al., 1989, para una presentación exhaustiva del tema; y Karam, 2005, para una discusión del concepto y su incidencia en la


investigación contemporánea). El formato, por su parte, es un conjunto de instrucciones para realizar un discurso, es decir, es un protocolo. La diferencia fundamental, entonces, entre un programa y un formato televisivo, es que el primero es un discurso (una unidad de sentido dotada de clausura), y el otro es un código (un conjunto de prescripciones semióticas y técnicas) para crear discursos identificados como variaciones de un mismo discurso “original”. Sin embargo, y a pesar de sus diferencias, tanto los programas como los formatos televisivos están dotados de una identidad clara (con características y hasta nombre propio), siendo susceptibles ambos de ser objeto de propiedad y por lo tanto, de comercialización en tanto bienes de consumo (aunque el consumo del programa sea cumplido por las audiencias televisivas, y el consumo del formato sea cumplido por los profesionales de la producción de contenidos que generarán a su vez, productos –programas- de consumo para las audiencias). En resumen, programas y formatos televisivos son objetos asimilables a la cosificación comercial; siendo esta condición uno de los factores que explicaría su calificación de mercancías televisivas. Por otro lado, y este es el segundo de los factores que queremos mencionar, dado que los canales de televisión necesitan de contenidos para programar, la compra y venta de programas y formatos televisivos es parte fundamental de su funcionamiento. Es decir, más allá de su fenomenología discursiva, los programas y formatos televisivos efectivamente son objeto de transacciones comerciales entre sectores de las industrias de los medios que necesitan bienes para poner en circulación y facilitar el consumo de sus audiencias. Incluso el hecho de que las prácticas de consumo de éstas parezcan estar definidas por su preferencia por ciertos discursos (programas y formatos), ha contribuido a la visibilidad de éstos como bienes de intercambio. Esta circunstancia ha facilitado que los acercamientos tradicionales de los investigadores en comunicación asumieran como evidente que las mercancías claves del sistema industrial televisivo eran precisamente programas y formatos. Sin embargo, como todo profesional de las industrias televisivas sabe (desde el creativo de una productora que patenta una idea de formato hasta, y especialmente, el programador de una televisora), ni los programas ni los formatos son las mercancías específicas del sistema televisivo en el contexto del capital contemporáneo. Las particularidades de estas industrias son tales que la academia se ha visto obligada a revisar sus marcos conceptuales, acercándose cada vez más a los trabajos realizados en el seno de nuevas disciplinas, en especial la economía política de la comunicación, ya que los abordajes que la investigación ha desarrollado


tradicionalmente albergaban una confusión conceptual interna que nunca ha sido suficientemente señalada. Los investigadores, tanto en comunicación como en economía, suelen olvidar el hecho de que en el marco de las tradiciones teóricas marxistas las mercancías no son cosas, sino que son relaciones económicas, manifestadas en objetos que valen más por lo que hacen económicamente (que es lo mismo que decir, políticamente) que por lo que son en sí mismas. Si aceptáramos que los discursos televisivos masivos son las mercancías generadas por la industria cultural, a ser comercializadas en los mercados masivos de la comunicación, entonces la investigación estructural y de flujos debería haberlos considerado como relaciones y no como objetos inmanentes (cosificación). Sin embargo, no ha sido así, en gran parte porque las referidas investigaciones en comunicación aplicaron de manera irreflexiva el estatus mercantil de los objetos tangibles a los objetos intangibles, traslación ésta que habría requerido un desarrollo teórico que no ha tenido lugar. En ese sentido, es la ya mencionada economía política de la comunicación la que ha elaborado un marco teórico ineludible para identificar a las mercancías propia y específicamente televisivas y comprender su papel en el marco del capital industrial de la televisión, particularmente en el caso emblemático de la televisión de aire, que sigue siendo hasta hoy un dispositivo mediático de enorme incidencia social, política y económica en las sociedades contemporáneas. Mercancía y plusvalor en las industrias televisivas: Como ya señalamos anteriormente, durante gran parte del siglo XX la investigación en la economía de los medios siguió la tendencia de trasladar de forma irreflexiva las categorías conceptuales que tan buen resultado habían dado al análisis de las industrias de productos tangibles. En 1977 Dallas Smythe inicia un importante debate al respecto, denominando a esta habitual actitud en los investigadores como “el efecto blindspot”. Según este autor, relegada a una función meramente superestructural, la capacidad productiva de los medios no era percibida como relevante, al considerar que su rol en la estructura económica se limitaba a la circulación y que por lo tanto, no cumplía un papel decisivo en la generación de valor. Su gran mérito fue identificar una problemática teórica no percibida y ofrecer una descripción incipiente del papel jugado por los medios dentro del capital, especialmente en una sociedad donde la producción de bienes tangibles ha dado paso a la centralidad de la producción de bienes intangibles. Hoy el


consumo ya no está definido por la necesidad de productos materiales, sino por la fuerza apelativa del valor simbólico de dichos bienes, instrumentada por la publicidad. La base del pensamiento de Smythe es considerar que la operación económicoproductiva de los medios es la “creación” de una audiencia ávida de consumo, y no la producción o programación de contenidos. A través de la televisión, el tiempo de ocio se transformaría en tiempo de trabajo (la tarea de aprendizaje que implica el desarrollo por parte del público de las predisposiciones al consumo), cumpliendo la vieja aspiración capitalista de optimizar al máximo la explotación de la fuerza de trabajo de los individuos. Así los medios masivos de comunicación capitalizarían todo resto de tiempo humano disponible, aún el tiempo de distracción y descanso, lo cual situaría a las industrias culturales en una particular posición en la estructura de producción del valor. La argumentación presentada por Smythe, firmemente instalada en la coyuntura histórica del capital en el siglo XX, presentaba desafíos no menores a la ortodoxia del pensamiento marxista, y adolecía de algunas imprecisiones, por lo que fue necesario el aporte de numerosos autores para desarrollar un esquema conceptual satisfactorio. Graham Murdock (1978), Bill Livant (1979, 1982) y Sut Jhally (1982) continuaron el debate iniciado por Smythe, logrando configurar un modelo preciso del perfil económico de los medios que la teoría comunicacional no debería ignorar. Para dicha perspectiva ya no puede hablarse de los programas o de los formatos como mercancías televisivas, porque lo que realmente comercializan las industrias de la cultura no son los discursos mediáticos, sino el tiempo que la audiencia dedica a exponerse a los mismos. En otros términos, ni los programas ni los formatos televisivos son verdaderamente los productos relevantes de las industrias culturales, sino que el producto de las mismas es y siempre ha sido el tiempo de ocio transfigurado en tiempo capitalizado. Como señala Livant (1979), la televisión abierta no ofrece realmente una serie de programas interrumpidos por avisos publicitarios, sino más bien una pauta publicitaria, interrumpida por programas informativos, narrativos, o de entretenimiento. La función de estos discursos es atraer y sostener la atención del público; es decir, será la fuerza apelativa de los programas televisivos la responsable de persuadir a los individuos a dedicar parte de su tiempo de ocio a ver televisión. La programación televisiva funcionaría como estímulo explícito (y compensación implícita) para exponerse al consumo audiovisual de los avisos publicitarios. En


palabras de Jhally, la programación (el llamado “free-lunch”) sería el salario que recibe la audiencia por su trabajo, que es precisamente sentarse frente a la televisión y ver los avisos publicitarios, aprendiendo a través de ellos las normativas simbólicas y las prácticas del consumo. Esta mano de obra es vendida por las audiencias a los medios de comunicación masiva, que a su vez venden a los publicistas el espacio televisivo (el espacio de emisión) donde situar los avisos de sus clientes para que sean vistos por la audiencia. De esta manera, el tiempo de ocio televisivo se transfigura en trabajo realizado por una mano de obra específica (las audiencias), la cual genera un producto cuyo valor de cambio es mayor a su valor de uso; los medios obtienen una rentabilidad mayor de la venta de dicho producto (a los publicistas) que la inversión que les implica la compra y desarrollo de una programación capaz de interpelar y retener a las audiencias trabajadoras (por eso un programa fallido en rating se cancela por no rentable). Estamos frente a un caso claro de generación de valor agregado, que Livant (1982) prefiere llamar “tiempo agregado” (“plustime”). En consecuencia, los medios tenderán, según las leyes del capitalismo moderno, a disminuir el tiempo necesario (los programas que atraen y retienen a los telespectadores) y aumentar cuánto más puedan el “tiempo agregado” (el tiempo de visionado de los avisos publicitarios). Uno de los casos más extremos es la práctica de la Publicidad No Tradicional (PNT), que introduciendo de manera más o menos subrepticia productos y marcas en los mundos narrados de los programas televisivos (ficción y entretenimiento por igual) hace del propio “tiempo necesario” (los programas) un “tiempo agregado” (los avisos publicitarios). Como fácilmente puede apreciarse, la línea de pensamiento que hemos venido presentando demuestra una clara dirección evolutiva. De la inicial concepción de los programas televisivos como mercancía cultural, pasamos a considerar a las audiencias como la mercancía privilegiada, para finalmente comprender que la mercancía cultural por excelencia que los medios capitalizan y comercializan es el “tiempo agregado” (“plustime”) que las audiencias dedican a mirar televisión. En resumen, el producto de las industrias culturales es un tiempo específico que es resultado del trabajo que realizan los públicos en el ejercicio de un supuesto tiempo de ocio dedicado a la contemplación y disfrute de la programación televisiva. Sin embargo, este modelo no explica cuál es la identidad económica de los programas y de sus formatos, los cuales, como ya señalamos, son también objeto de intercambio


económico entre las diferentes productoras y televisoras internacionales en los varios eventos de screening que se realizan anualmente en el mundo. Programas y formatos televisivos como “medios de producción”: Ya anteriormente mencionamos de forma breve la importancia creciente del actual tráfico internacional de formatos, lo cual abogaría por reconocerles carácter de mercancía. Efectivamente, si consideramos las transacciones entre los diversos agentes institucionalizados de las industrias culturales (gestores de screenings, promotores, productoras, televisoras, publicistas), no queda duda de que los formatos, así como los programas televisivos, son una mercancía susceptible de objetivar negocios de diversa índole. Si bien nuestro campo de interés no es la sistémica interna de las industrias culturales, sino su inserción en el sistema global del capital, esta breve desviación de enfoque nos permite preguntarnos por qué los formatos televisivos y aún los programas son una mercancía tan significativa en los negocios del entretenimiento televisivo, cuestión sí relevante para nuestro trabajo. Evidentemente, la importancia que tienen los formatos y los programas para los agentes mediáticos mencionados radica en su capacidad para asegurar y potenciar el consumo televisivo por parte de las audiencias, lo cual de hecho justifica su propia existencia. Para entender dicha capacidad tenemos que profundizar en la conceptualización fenomenológica de la naturaleza comunicacional tanto de los formatos como de los programas televisivos. La característica central de todo discurso es responder a una serie de estrategias comunicativas que se definen en relación a un propósito y a las condicionantes de su origen, las cuales se implementan en un proceso comunicativo específico. Pues bien, lo que determina la capacidad comunicativa de programas y formatos televisivos es precisamente su condición de estrategias de interpelación y retención de las audiencias; en un caso efectivizada (el programa) y en el otro como un potencial a realizar (el formato como protocolo, o lo que es lo mismo, como código). Allí reside la condición retórica de todo discurso. Para efectivizar el intercambio comunicativo para el cual fue producido un discurso, éste debe atraer la atención de su eventual consumidor (la función conativa de la comunicación) y seducirlo para obtener un consumo afín a la intencionalidad ideológica del mensaje. Ese es el aspecto fundamental de toda estrategia discursiva, atraer, retener y convencer. Partiendo de un modelo de destinatario preciso, los discursos son creados para un público en particular, de manera de facilitar su seducción y eventual persuasión. Serán


entonces las capacidades conativas y fáticas del discurso las que determinen su efectividad como “medio de producción” del “tiempo agregado” (“plustime”). Esta es una condición que comparten programas y formatos televisivos; sin embargo, la utilidad y el papel jugado por ambos en este esquema de relaciones mercantiles son muy distintos y refieren directamente a la manera en que cada uno estimula el consumo de las audiencias. Para visualizar esta diferencia recurrimos a la llamada teoría de la proximidad cultural, desarrollada a partir de numerosas investigaciones internacionales recientes en la recepción de discursos televisivos (Desai, 2005; Straubhaar et al., 2002; Yaro y Lozano Rendón, 2004). Según esta teoría, el poder de seducción de las mercancías culturales estaría en relación directa con su capacidad para apropiarse de los valores contextuales de sus consumidores e integrarlos en su oferta. Unidad lingüística, cercanía geográfica, similitud en valores culturales, tradiciones e historia compartida, son algunas de las categorías utilizadas para caracterizar la proximidad cultural y que explicarían incluso la preeminencia de los productos locales, nacionales y regionales sobre las producciones internacionales en las parrillas de programación (en países como México, Venezuela o Argentina, por ejemplo). Es allí donde se diferencian programas (discursos) y formatos (protocolos). Cuando un canal compra un formato los márgenes de adaptabilidad a los contextos culturales locales son muy amplios, ya que en ellos el espacio disponible para el desarrollo y la explotación ideológica de la proximidad cultural forma parte esencial de las estrategias discursivas del mismo. Es decir, en el formato la proximidad cultural (su “adaptabilidad”) constituye su capital simbólico (y económico) intrínseco, ya que un formato es por definición un conjunto de reglas de producción discursiva, que prevé y exige su adaptación al contexto cultural de consumo. En consecuencia, si el formato es una forma relativamente segura de obtener éxito de audiencia ya que su efectividad comunicativa está en cierta medida probada a nivel internacional (ningún canal compraría un formato no testeado), y además prevé la explotación de la proximidad cultural como la estrategia esencial que define su viabilidad económica (pero también ideológica y cultural), entonces el formato es un medio efectivo para obtener la mayor rentabilidad de “tiempo agregado”. En otros términos, el formato es un “medio de producción” de gran importancia. Siguiendo el mismo razonamiento, los discursos masivos (los programas) capaces de atraer y retener un caudal de público grande y estable, podrán ser considerados


igualmente como “medios de producción” del “tiempo agregado” televisivo. No obstante, aquí habría una salvedad para hacer. Sólo podremos reconocerle esta identidad de “medio de producción” a un discurso masivo solventado por publicidad. Como advierte Jhally (1982), una película exhibida en el cine es una mercancía que se vende a un público por el valor de una entrada; una película exhibida en televisión abierta es un “medio de producción” cuyo objetivo es producir determinado monto de “tiempo agregado”. Con todo, el estado actual del sistema de medios y sus prácticas productivas y de circulación podrían relativizar las observaciones del autor. Fenómenos como la anteriormente mencionada PNT (cada vez más común en los “bluckbusters” cinematográficos) y la invasión de la publicidad en la televisión por cable, parecen demostrar que la capitalización del tiempo libre en “tiempo agregado” es hoy una de las lógicas económicas prevalentes en las industrias culturales contemporáneas. En conclusión, hasta el momento hemos diferenciado programas y formatos televisivos en base a su naturaleza fenomenológica (discursos y protocolos, respectivamente) y los hemos equiparado en tanto “medios de producción” de carácter estratégico-discursivo; ahora se impone la necesidad de ponderar si ambas unidades comunicacionales cumplen su rol económico de la misma manera. Programación, productividad televisiva y “tiempo agregado”: Los formatos, en tanto protocolos de realización audiovisual son “medios de producción” que actúan en las etapas iniciales del proceso comunicativo masivo. Cuando una productora o una televisora compran el formato para realizar la versión local del mismo lo hacen en el entendido de que los formatos probados ofrecen cierto margen de lucro asegurado; invertir en un formato exitoso permite proyectar la comercialización del “tiempo agregado”. Es decir, el espacio natural de acción (comunicativa, pero también económica) del formato es la pre-producción audiovisual, y su mayor virtud son las garantías que ofrece en la planificación de la política mercantil de un canal de televisión. Los programas, en cambio, actúan a otro nivel, los tramos finales del proceso comunicativo masivo. Una vez producido (o comprado) el programa es integrado a una planilla programática de acuerdo a ciertas estrategias mercantiles y a las políticas logísticas de la televisora, para finalmente ser emitido dentro de un espacio-tiempo (día y franja horaria) determinado. Es decir, mientras el formato actúa como medio de


generación de valor en las instancias esencialmente productivas del proceso de realización audiovisual, los programas cumplen su rol de generación de valor en las estructuras y circunstancias de circulación de dicho proceso. Esta no es una diferencia menor, ya que en parte ha justificado el desinterés (“Blindspot”) de la teoría económica por la función económica de los medios durante casi todo el siglo XX. Como ya hemos señalado anteriormente, los estudios comunicacionales también han fallado en conceptualizar este fenómeno, en gran medida por privilegiar un abordaje fragmentario y descontextualizado de la naturaleza comunicativa de la televisión. Los análisis tradicionales asumieron que las unidades por antonomasia de la comunicación televisiva debían ser los programas, y en todo caso, la publicidad, pero siempre concebidos como bloques de pequeñas unidades que eran organizadas estructuralmente según criterios no siempre homogéneos. El menú televisivo era percibido como un conjunto de piezas intercambiables que se articulaban según los criterios volátiles de las mediaciones de audiencia. Esta percepción, muy arraigada en la teoría de la comunicación audiovisual, nada tiene que ver con la práctica organizacional y profesional de la televisión, donde la oferta televisiva es pensada como una unidad planificada de acuerdo a cierta definición de destinatario y a un diseño de programación que responde a un sistema de continuidad abierta. Jesús González Requena (1995) fue uno de los primeros autores en llamar la atención sobre este problema de concepción. Para él la televisión articula un (macro)discurso heterogéneo, pero continuo, cuya coherencia se garantiza en base a numerosos recursos. La autorreferencialidad tan común en los programas televisivos, la repetición y organización territorial (según franja horaria) de la publicidad, la referencialidad cruzada entre los diferentes programas (principalmente los de actualidad), la serialidad propia de algunos de los géneros y formatos más habituales (telenovelas, seriales, sitcoms), y la acción deíctica de unidades conectoras (como la presentación diaria de la programación, las cabeceras de programas y los mensajes de identidad corporativa del canal), dotan de cohesión a la sucesión de programas que oferta un canal televisivo de aire. Esto no significa ignorar el carácter de discurso de los programas y de la publicidad. Lo que este modelo pretende es reconocer una entidad discursiva de nivel superior, un supra-discurso sustentado en recurrencias y correferencialidades que constituyen una verdadera isotopía significacional y comunicacional que le da al canal de televisión una identidad y posición específica en el mercado.


Este carácter de (macro)discurso de la programación televisiva es evidente. Planificada de acuerdo a un perfil preciso de la audiencia, para obtener los mayores resultados, la programación no es más que una estrategia comunicativa global de carácter empresarial. De esta manera, se convierte en un contexto de acción económica, cuyo mayor objetivo es la producción del “tiempo agregado” (“plustime”) del que hablaba Livant (1982). El éxito de un programa, es decir, su capacidad de captación y retención de un sector del público, de manera tal que éste produzca un tiempo de visionado (“plustime”) que el canal pueda vender a los publicitarios, es entendido por la audiencia como una consecuencia de las cualidades inmanentes del programa. Percepción generalmente errónea, que han compartido numerosos investigadores del tema. Cualquier gerente de programación podría explicar que pocas veces los niveles de audiencia tienen que ver con las virtudes fáticas y conativas particulares de un programa en sí mismo, sino más bien con el lugar que este ocupa en la parrilla televisiva y con el esfuerzo promocional que la televisora decida invertir en él. La programación es un (macro)discurso donde las diferentes unidades (programas, avisos publicitarios, conectores referenciales) se organizan de acuerdo a principios estratégicos dirigidos todos hacia un solo objetivo, maximizar la generación del “tiempo agregado” por parte de las audiencias. Por eso la programación puede entenderse como un “medio de producción” flexible, con gran capacidad de reacción y altos márgenes de renovación. Esta afirmación ciertamente implica una paradoja para las teorías materialistas del capital, que insisten en la discriminación sustancial entre la producción, la circulación y el consumo de bienes. De hecho, la concepción de la programación como (macro)discurso capaz de generar la mercancía cultural del “tiempo agregado” haría del entorno de circulación un verdadero nicho de producción, lo cual no significa necesariamente una contradicción insalvable o un agotamiento de las categorías conceptuales del marxismo, pero sí establece la exigencia de replantearse las lógicas y metodologías de aplicación de estas categorías a una sociedad de mercados globales donde la dinámicas y sistémicas de los operadores y agentes económicos de las industrias culturales (incluida la incesante renovación de las plataformas tecnológicas y sus prácticas de consumo) ha transfigurado y complejizado considerablemente las relaciones entre producción, circulación y consumo. Conclusiones:


Comenzamos este texto preguntándonos acerca de la identidad de las mercancías televisivas, en el entendido de que una definición de las mismas nos permitiría clarificar el funcionamiento del sistema industrial de la televisión desde una aplicación contemporánea de las teorías económicas materialistas. Si bien la investigación y la reflexión sobre las condicionantes, sistémicas y consecuencias económicas del sistema televisivo no es algo nuevo en la academia, tradicionalmente tanto los abordajes comunicacionales como los económicos han asumido fácilmente, y sin una discusión habilitante, que las mercancías televisivas eran asimilables a los programas y los formatos televisivos, en tanto son objetos de evidente intercambio comercial. En los estudios económicos se ignoró la dimensión productiva de las industrias culturales en la medida en que al operar a nivel de la circulación, una lectura simplista de las ideas materialistas no las consideraba relevantes como agentes productivos del capital. A su vez, los investigadores en comunicación se quedaban apenas con la superficie de la fenomenología discursiva de programas y formatos, y en el mejor de los casos estudiaban los flujos de circulación como un instrumento de análisis de la incidencia de las industrias globales en los mercados locales. Sin subestimar estos esfuerzos, nos atrevemos a afirmar que sin una caracterización de la mercancía específica de las industrias televisivas es poco lo que se podrá explicar acerca de su funcionamiento y de su rol en el capital en las sociedades contemporáneas. Con este propósito, acudimos a la economía política de la comunicación en busca de categorías, y a través del debate iniciado por Dallas Smythe en los años 70, llegamos a la formulación de Bill Livant acerca del “tiempo agregado” como verdadera mercancía generada por la industria audiovisual televisiva. El “tiempo agregado” es el tiempo que la audiencia está dispuesta a invertir en el aprendizaje de las prácticas de consumo viendo los avisos publicitarios. La mercancía cultural central del sistema televisivo es precisamente ese tiempo que la audiencia vende al medio televisivo (a cambio de los contenidos de la programación), y que éste a su vez venderá a los publicitarios. Por eso es tan necesario generar (o comprar) formatos y programas de éxito, ya que será el atractivo y el poder de convocatoria de sus contenidos lo que asegure la permanencia de las audiencias y por lo tanto, la capitalización de su tiempo de ocio en “tiempo agregado”. Resulta obvio entonces, que los programas televisivos y sus formatos se adecuan a la categoría económica de “medios de producción”. Sin embargo, la forma en que ambos lo hacen es deudora de sus especificidades fenomenológicas, y por lo tanto reconoce


considerables diferencias. La rentabilidad de los formatos se sustenta en su enorme capacidad para explotar la proximidad cultural; mientras que la rentabilidad de los programas depende de su integración en una estrategia de mayor envergadura, la programación. Uno actúa en el nivel de la producción audiovisual y el otro en el contexto de la circulación televisiva, pero ambos ejercen su condición económica de “medios de producción” debido a la fuerza conativa y fática de sus cualidades comunicacionales. Estas formulaciones ofrecen un instrumento de investigación y análisis que brinda oportunidades para desvelar la complejidad de las sistémicas productivas de las industrias televisivas y definir la especificidad de sus mercancías y procesos de generación de riqueza. Aún queda mucho por delinear, pero de la futura concreción de esta tarea depende ciertamente la comprensión de los mecanismos y procesos del capital contemporáneo a nivel de los mercados mediáticos, conocimiento necesario para el desarrollo de una teoría de la comunicación atenta a las determinaciones económicas del mundo actual. Referencias: Aristóteles (2000). Retórica. Madrid: Alianza. Eco, U. (1993). Lector in fabula: la cooperación interpretativa en el texto narrativo. Barcelona: Lumen. González Requena, J. (1995). El discurso televisivo: espectáculo de la postmodernidad. Madrid: Cátedra. Grandi, R. (1995). Texto y contexto en los medios de comunicación. Barcelona: Bosch. Karam, T. (2005). Una introducción al estudio del discurso y al análisis del discurso. Global Media Journal en español, 2(3), recuperado el 2 de mayo de 2005, de http://gmje.mty.itesm.mx/articulos3/articulo_5.html Igartua, J. J.; Humanes, M. L. (2004). Teoría e investigación en comunicación social. Madrid: Síntesis. Jhally, S. (1982). Probing The Blindspot: The Audience Commodity. Canadian Journal of Political and Social Theory/Revue Canadienne de Théorie Politique et Sociale, 6(12), 204-210. Livant, B. (1979). The Audience Commodity: On The "Blindspot" Debate. Canadian Journal of Political and Social Theory/Revue Canadienne de Théorie Politique et Sociale, 3(1), 91-106.


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Convergência Midiática Reflexões observáveis do Jornal Agora (TV Meio Norte) em um cenário de convergência midiática e regionalismo.

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Jacqueline Lima Dourado

Palavras-chave: Economia Política, Jornalismo, Cidadania. RESUMO Neste artigo, apresentamos e refletimos acerca do panorama instituído de convergência tecnológica e suas reconfigurações, envolvendo além das questões técnicas, constituições e reconstituições no chão social capitalista neoliberal como um todo, incluindo economia, política, economia, jornalismo, cultura e sociabilidade e cidadania em geral. A pesquisa lança um olhar sobre o processo de regionalização da televisão no Piauí (Brazil) tendo como recorte o Sistema Meio Norte de Comunicação, o foco metodológico de observação do telejornal é crítico a partir do marco teórico da economia política da comunicação - EPC uma vez que o modelo do telejornal se aparelha no modelo negócio. . ABSTRACT This article presents and reflects on the set up overview of technological convergence and its reconfiguration, involving in addition to technical issues, constitutions and reconstructions on the ground neoliberal capitalist social as a whole, including economics, politics, economics, journalism, culture and sociability and citizenship in general. The survey takes a look at the process of regionalization of television in Piauí (Brazil) as having cut the Sistema Meio Norte de Comunicação, the methodological focus of observation is critical of the newscast from the theoretical framework of the political economy of communication - once the EPC model it gears up the television news business model.

Introdução

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Jacqueline Lima Dourado é Doutora em Ciências da Comunicação pela Universidade do Vale do Rio dos Sinos - Unisinos. Mestre em Comunicação e Cultura pela Universidade Federal do Rio de JaneiroUFRJ. Professora do Programa de Pós-Graduação em Comunicação da Universidade Federal do Piauí/PPGCOM-UFPI. Pesquisadora e Líder do Grupo de Pesquisa Comunicação, Economia Política e Diversidade (COMUM/UFPI) e membro do Grupo de Pesquisa CEPOS (apoiado pela Ford Foundation).


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O novo cenário capitalista estabelecido a partir do início da década de 1970 provoca um redimensionamento das relações de poder, das estruturas de mercado, das classes sociais e de todo o trabalho cultural. As novas regras de mercado instituem o fim do estado de bem estar social (welfare state) e a nova ordem provoca novas demandas das políticas públicas em um cenário de exclusão provocado pelo processo hegemônico globalizado mundial. Esse fim é perceptível quando se realiza uma contextualização histórica desse estado de bem estar social. Partindo das proposições do plano Marshall, que visava um exercício público da proteção social, constituído dentro do cenário liberal da economia, encontra-se fortes contradições, entre o que se prega dentro do cenário político e o que de fato foi desenvolvido. Por causa desse cenário, o welfare state, estava fadado ao fim, uma vez que, essa perspectiva econômica pregada pelo liberalismo não condiz com as proposições sociais. O estado de bem estar social por sua vez mergulhou nas contradições sociais, de classe e dos estados-nação, e acabou por validar ainda mais esses potenciais antagonismos. Essa padronização de políticas sociais proposta visava fundamentalmente à expansão do capital dentro de um modelo de social democracia e fracassou nos seguintes quesitos, além dos já apontado, fortalecimento dos antagonismos de classe. O welfare state não considerou que as políticas sociais precisavam de uma continuidade, e a sua evolução não eram controladas, também não considerou as questões da cidadania em seus critérios civil, políticos e sociais. Além do que essas proposições ainda cobram dos estados uma regulamentação da economia e uma afirmação incisiva das políticas econômicas. Assim sendo, compactuando com um crescimento econômico sem precedentes na história do capitalismo, no pós anos 70, a impossibilidade das políticas sociais dentro de um cenário liberal, trouxe a voga o neoliberalismo, pregando um desenvolvimento econômico substancial e sem a participação do estado. Esse cenário histórico ainda se encaixa dentro de um processo de globalização bem evidente, e balizado em uma expansão quase fordista dos processos industriais. Neste caso, as linhas de produção saem das fábricas territoriais e passam a se instalar em diversos cantos do planeta. Entramos então, nas fábricas de escala planetária, a indústria sem fumaça. Todo esse panorama já configurado dentro dos anos 80, onde o


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aumento da diferença de renda entre ricos e pobres é mais clarividente. Assim, têm-se as mudanças definitivas entre estado e sociedade. Nesse contexto havia uma nova forma de interpretar a realidade social e econômica que não era a mesma da década 70. As privatizações, onde emprego e a formação de novos perfis estatais e econômicos se instaura. Dentro da agenda neoliberal, o emprego muda de figura e as questões laborais tomam outro formato no processo de abertura dos mercados. Ou seja, o labor, passa a ser uma ferramenta sine qua non da estrutura neoliberal, dentro desse formato globalizado de industria. Assim embarca-se em uma economia simbólica, onde a noção de tempo é modificada, assim, como o espaço não existe não como compreendido tradicionalmente. Com isso, se elenca as seguintes características para o ambiente neoliberal: integração dos mercados, desregulamentação e integração dos mercados bancários e financeiros, mercado financeiro internacional é volátil, capitais aplicados nas bolsas, deslocamento em alta velocidade dos mercados do mundo (Dourado, 2011, Notas de aula em 31de agosto). Nessa caracterização outros elementos ficam evidentes, e se fortalecem, como é o caso das questões geopolíticas, a formação de blocos econômicos e de oligopólios. Com isso a uma nova ordem social se inaugura, onde as Novas tecnologias da comunicação e da informação (NTCI’S) se tornam ferramentas substanciais dentro desse processo manutenção da normatização da globalização. Na área das comunicações (setor produz, programa e distribui produtos e serviços de informação) observa-se um grupo de setores oligopolizados e um espaço público midiatizado em um cenário de fase de multiplicidade de ofertas com novas demandas e de outro lado as demandas da sociedade civil. Os produtos da comunicação seguem a mesma lógica descritas para os mercados globais. A contextualização desse processo é importante para ambientar o lugar teórico de fala deste trabalho. O artigo tratará de uma analise da programação e dos conteúdos exibidos pelo jornal Agora, veiculado pelo Sistema Meio Norte de comunicação, sediado em Teresina, no Piauí. O estudo visa uma análise da relação mercadológica entre o conteúdo publicitário, jornalístico e o processo de regionalização que esses


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elementos globalizantes permitem. O recorte abordado considera o conteúdo veiculado entre as semanas de 28 de novembro e 9 de dezembro de 2011. EPC e a convergência digital O pensamento marxiano nos assinala que é de competência do capitalismo a responsabilidade pelo aumento das desigualdades sociais. Uma vez que enquanto concentra os meios de produção e de aquisição de capital nas mãos de alguns poucos privilegiados, de outro lado, abandona a grande massa de despossuídos obrigados a vender sua força de trabalho para sobreviverem. A observação deste fenômeno se dá a partir da Economia Política da Comunicação, cujo valor se torna imperativo às empresas, visto que, pela ordem capitalista contemporânea essas imposições são absorvidas como alerta para a integração com outros agentes do capital, na tentativa de manter barreiras à entrada. Dourado afirma que Esta preocupação, entre outras questões, vem do fato de existirem novos concorrentes, muitas vezes melhores aparelhados e capacitados a atuar no cenário fluido, que a onda neoliberal criou para as relações econômicas, políticas, sociais e culturais. A transnacionalização do mercado de comunicação, por exemplo, pode significar a entrada de firmas estrangeiras de grande poder hegemônico, em relação às locais, o que reforça a oligopolização. (Dourado, 2011 p. 60)

De outra forma, é nessa questão que se expandem as possibilidades de preferências sobre o grande número de ofertas produzidas para públicos diversos que, pela segmentação se constituem em demandas múltiplas de grande interesse para as novas organizações. Brittos denomina este momento de Fase da Multiplicidade da Oferta, período em que predominam as técnicas de captação do máximo de público, nos marcos das estratégias de segmentação. Nesse estudo da programação, foram investigados indicativos desse novo modo de observar uma televisão que vai auscultando, captando demandas sociais e reprocessando-as na programação garantindo, via publicidade inserida no jornalismo, novos públicos consumidores. A inserção da programação televisiva como um elemento estratégico para fortalecer relações de poder econômico e político é propósito de reflexão desta pesquisa, que encontra nas bases da Economia Política da Comunicação (EPC) a referência norteadora dos problemas e das hipóteses desta investigação. As NTICs e a regionalização da comunicação no Piauí.


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O desenvolvimento das novas tecnologias de comunicação e informação NTCIs consagraram e promoveram das modalidades de comunicação que em processo dinâmico de convergência. A televisão, o rádio, o celular e o computador formam atualmente uma tríade cuja tessitura exibe densas reconfigurações a partir do momento em que se conectam a rede de alcance mundial world wide web (www ou também denominada web). Esta convergência estabelece um momento ímpar de infindáveis possibilidades de ofertas, de decisões político-regulamentares e de opções estratégicooperacionais, mas que podem ser resumidas à alta definição de som e imagem, interatividade, mobilidade e portabilidade, juntamente com a possibilidade de aumentar a audiência através da recepção móvel e em micro aparelhos, (tendência de mercado disponibilizada através de celulares, tablets, e notebooks). Hoje, apesar de todos os sistemas televisuais estejam se digitalizando, o foco principal é em torno da televisão aberta, pela sua enorme força social. É nesse olhar que se observa o processo de regionalização da televisão no Piauí. O sistema Meio Norte de Comunicação, iniciou suas transmissões como TV Timon (no estado do Maranhão na cidade vizinha à capital do Piauí - Teresina) na segunda metade da década de 1980. Em seguida transfere seus transmissores para o Piauí e é renomeada TV Meio Norte numa alusão que o Teresina (Piauí) está na fronteira entre o norte e o nordeste do País, sendo assim a capital do meio norte. Entre o final dos anos 80, até o final da década de 1990 a emissora foi afiliada do SBT, passando em seguida a transmitir o sinal da Band e a partir do ano de 2011 opera de forma independente como um sistema regional e contando com duas emissoras operando em sinal digital (TV Meio Norte e TV Cocais ( Maranhão) e conta ainda com jornal impresso (Jornal Meio Norte) com portal de notícias ( meionorte.com) e com FM (Meio Norte FM) e gráfica (Expansão). Diante do exposto, apresentamos algumas reflexões possíveis, a partir de exercícios de observação empírica da do Jornal Agora veiculado de segunda à sexta pela TV Meio Norte (Piauí/Brasil). O foco metodológico de observação do telejornal é crítico a partir do marco teórico da economia política da comunicação - EPC uma vez que o modelo do telejornal se aparelha no modelo negócio. o ponto de vista crítico proporciona ainda indicativos para tenham como escopo fomentar o debate

e propor políticas públicas que resgatem a democratização da

comunicação em toda sua abrangência.


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Desse modo, a apropriação do conceito de Economia Política, defendido por Mosco,2 é importante para compreensão de como as relações de poder se estabelecem no jogo mercadológico, o qual não é visto como deslocado das questões que envolvem o tecido social e estatal, e de que modo essas relações trabalham o trânsito de recursos, inclusive os recursos de comunicação, nos espaços de produção, distribuição e consumo. A Economia Política foi base para o desenvolvimento dos estudos sobre a Economia Política da Comunicação (EPC), a partir de reflexões de cunho marxiano, que entendiam a necessidade de observar o fenômeno da comunicação de massa no contexto da influência das instituições, das políticas públicas e da tecnologia sobre os mercados e a economia. Seguindo a definição de Mosco, a Economia Política deve ser entendida como “o estudo das relações sociais, em especial das relações de poder, que constituem a produção, distribuição e o consumo de recursos, incluindo os recursos da comunicação”.3 O tratamento dado a essas questões, por parte da mídia, é de ordem específica. A televisão, lócus escolhido para esta pesquisa, tem um lugar concreto, a programação, a qual expõe e dispõe não só sua concepção, mas também seu poder de imposição de uma dada ordem social e política e de certo tipo de ser e de agir. A televisão elabora, legitimiza e institui, por meio de lógicas específicas ao campo das mídias e dos conteúdos de cada programa que vai ao ar, o modelo de sociedade e de homem que deseja construir ou impor. Ao entender que a reflexão, realizada pela televisão, sobre estas questões são cogitações construídas pelo processo de midiatização, faz-se necessário desenhar o traçado de uma ação metodológica que contemple o estudo, em seus diversos aspectos, desse amplo processo de construção do tratamento à cidadania, que se apresenta em âmbito organizacional, culminando na disponibilização dos conteúdos. O processo de estruturação metodológica deste trabalho de investigação, em consonância com a noção contemporânea de cidadania, alicerçada em novos pilares e construída na luta, nas instituições que a constituem, concebem e têm nos processos midiáticos contemporâneos, um lócus de debate.Optou-se pelo método materialista histórico dialético por entender que a realidade é histórica, contraditória e mutante, sofrendo processos dialéticos. Assim, parte-se de Karl Marx para se entender os 2

MOSCO, Vincent. Economia política da comunicação: uma perspectiva laboral. Comunicação e Sociedade 1 - Cadernos do Noroeste, Braga, v. 12, ns. 1-2, p. 97-120, 1999. 3 MOSCO, Vincent, op. cit., p. 98.


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procedimentos midiáticos contemporâneos, ligados pela lógica de produção, valor e capital. Para Marx o modo de produção capitalista, a relação antitética se dá entre o burguês, detentor do capital, e o proletário, que não possui nada e só vive porque vende sua força de trabalho. 4Marx tem como foco principal o homem e suas relações com a sociedade, e nessa sociedade se insere a comunicação, daí cabe a afirmativa “o progresso dos transportes e comunicações [...] o principal meio de abreviar o tempo de circulação”.5Trata-se de uma pesquisa analítico-descritiva, sendo os fenômenos observados, registrados, analisados e correlacionados,6 considerando-se o referencial teórico e os objetivos almejados. A pesquisa sobre o processo de regionalização das emissoras de televisão do Piauí é abrangente e contempla, além da TV Meio Norte, as outras emissoras (duas no interior e três na capital). Para este trabalho coletou-se uma amostra de duas semanas do telejornal Agora veiculado de segunda a sexta-feira pelo Sistema Meio Norte de Comunicação (10 telejornais - última semana de novembro de 2011 e a primeira de dezembro de 2012). A mostra cumpriu o seguinte protocolo de pesquisa: Tempo total do programa, tempo de cada bloco, quantidade e tempo de cada matéria, quantos break comercial (quantos e tempo) e no bloco jornalismo (testemunhal; hora certa; oferecimento; intercalações dentro de tempo de jornalismo; tempo; texto;). A segunda etapa de observação vai contemplar a participação do público por meio do Short Messaging Service (SMS).

Diante do observado O programa Agora é apresentado pelo jornalista Silas Freire e tem a participação como comentarista, o também jornalista Paulo Fontinele. A exibição do telejornal é realizada pelo sistema Meio Norte de Comunicação, e se constitui como o principal

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COGGIOLA, Osvaldo. MARTINS, José. Dinâmica da Globalização: mercado mundial e ciclos econômicos (1970-2005). UFSC 2006. Disponível em: http://www.insrolux.org/textos2006/livrocoggiolamartins.pdf. Acesso em 30/nov/2011. 5 MARX, Karl. O capital: crítica da economia política. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 1980. Livro 3. p. 79. 6 BARROS, Aidil Jesus Paes de; GEHFELDT, Neide Aparecida de Souza. Fundamentos de metodologia: um guia para a iniciação científica. São Paulo: McGraw-Hill, 1986. p. 90.


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telejornal da emissora. Um programa semanal (exibido de segunda a sexta-feira), e que tem uma média de duração de duas horas e meia. No recorte abordado por este artigo, observou-se que o programa tem uma proposta de ser multitemático, mas que existe uma predominância de assuntos voltados para as pautas de política e justiça. Outra característica evidente é a forte presença de testemunhais de caráter comercial, eles estão presentes em todos os programas analisados e em todos os blocos. Isso mostra que o conteúdo publicitário possui um forte apelo. O conteúdo jornalístico também é enviesado nesse contexto aparecendo de múltiplas maneiras, a citar: matérias jornalísticas factuais, matérias jornalísticas especiais e também em quadros de notícias e entrevistas. As entrevistas são o ponto alto do programa, e ocupam a maior parte do tempo voltado para os conteúdos jornalísticos. Há entrevistas que duram mais que 20 minutos, isso aponta que a linha editorial do programa valoriza esse formato de discussão jornalística. Com as entrevistas a participação do público por meio de SMS (os torpedos via celular) e também via email e redes sociais fica nítida. A participação acontece principalmente nesses espaços, o publico é responsável por grande parte das perguntas que são elaboradas durante as entrevistas. Seguindo a lógica do protocolo desta pesquisa que visa analisar a relação entre o tempo destinado a publicidade, ao jornalismo e a relação desses termos como a produção de conteúdos locais, considerando inclusive as suas características de mercado, podemos apontar no quadro 01 a seguir, em quesitos quantitativos um panorama geral de visualização do conteúdo exibido. É importante ressaltar que nas semanas analisadas, na sexta-feira do dia 02 de dezembro de 2011, o programa foi apresentado pela jornalista Cintya Lages, e pelo jornalista Arimatéa Carvalho. Nesse dia o programa seguiu uma lógica diferenciada, de quando ele é feito por Silas Freire. Aqui, foi observado que os testemunhais eram declarados pelo comentarista, no caso específico, Arimatéa Carvalho, e não pela apresentadora. Nos dias normais é o apresentador Silas Freire quem realiza todos os testemunhais comerciais pagos ao programa. Quadro 01. Descrição panorâmica do conteúdo exibido na amostra.


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Quesito/data

28/11 29/11 30/11 01/12 02/12 05/12 06/12 07/12 08/12 09/12

de exibição Nº de Testemunhais Nº de matérias Nº de quadros Nº de entrevistas Duração do programa Nº de blocos

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2h

1h

2h

2h

2h

2h

1h

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20m

51m

19m

15m

13m

19m

9m

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14s

47 s

35s

47s

34s

27s

22s

37s

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4

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2h 17m

2h 11m 52s

Nº de blocos de publicidade Fonte: Programas Agora exibidos entre 28 de novembro e 09 de dezembro de 2011-Sistema Meio Norte de Comunicação. /Tabulação própria./

Com a observação mais detalhada do quadro identifica-se que o número de testemunhais é superior ao número de matérias jornalísticas exibidas. A única exceção acontece no dia 02 de dezembro onde o número de matérias supera em um o de testemunhais. O número de quadros também é reduzido, mas tem a proposta de garantir uma maior dinamicidade ao programa. Isso porque ele é longo, e intercalado entre muito comercial. O número de blocos também varia, mas existe a predominância de cinco por programas, quando eles se alteram, é por motivo de publicidade, onde o apresentador retornava apenas para fazer um testemunhal e já finalizava o programa. Considerações finais


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A tentativa da emissora de inserir uma programação exclusivamente regional esbarra-se no custo de produção dos programas. Observa-se ao longo da programação a apropriação indevida de séries e filmes americanos, e constante reprise de programas para com o fito manter a grade de programação no ar. Por fim conclui-se que os conteúdos midiáticos (jornalismo e publicidade) circulam no programa de acordo com as lógicas capitalistas. É inegável que este modelo apresenta um formato multifacetado e imprime a lógica do consumo ao colocar o âncora do programa em testemunhais na primeira pessoa do plural em pura demonstração que, enquanto agente privado, produtor e distribuidor de produtos culturais, propicia, antes de qualquer outra coisa, a manutenção e a busca por mais audiência, observados por meio da Economia Política da Comunicação. Embora o processo de regionalização e a presença de dispositivos de redes sociais exerçam potencial para contribuição ao diálogo e ações, com temáticas, sobretudo vinculadas aos direitos civis, políticos e sociais essa possibilidade perde-se ficando somente no campo da proposta.

Referências BARROS, Aidil Jesus Paes de. GEHFELDT, Neide Aparecida de Souza. Fundamentos de metodologia: um guia para a iniciação científica. São Paulo: McGraw-Hill, 1986. p. 90. BRITTOS, Valério Cruz. A comunicação no capitalismo avançado. In: IV Congresso Português de Sociologia, Lisboa. Anais eletrônicos. Disponível em: http://www.aps.pt. Acesso em: 12/fev/12. DOURADO, Jacqueline Lima. Rede Globo: mercado ou cidadania. EDUFPI. 2011. COGGIOLA, Osvaldo. MARTINS; José. Dinâmica da Globalização: mercado mundial e ciclos econômicos (1970-2005). UFSC 2006. Disponível em: http://www.insrolux.org/textos2006/livrocoggiolamartins.pdf. Acesso em 30/nov/2011.


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MOSCO, Vincent. Economia política da comunicação: uma perspectiva laboral. Comunicação e Sociedade 1 - Cadernos do Noroeste, Braga, v. 12, ns. 1-2, p. 97-120, 1999. MOSCO, Vincent, op. cit., p. 98. MARX, Karl. O capital: crítica da economia política. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 1980. Livro 3. p. 79.


Ponencia para el GT-6 Economía Política de las Comunicaciones

Autores: Verónica Fernández Universidad de la República Uruguay Mail: vfduran@gmail.com Victoria Fernández Universidad de la República Uruguay Mail: victoriafernandezniero@gmail.com Victoria De León Universidad de la República Uruguay Mail: victoria.dleon@gmail.com Licenciada Alicia Braga Universidad de la República Uruguay Mail: alicia1braga@hotmail.com Matías Gramoso Universidad de la República Mail: matiasgramoso@hotmail.com

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“Economía de la cultura, el carnaval, un abordaje desde el consumidor”. En el siguiente trabajo trataremos el consumo del carnaval montevideano desde dos enfoques teóricos: los Estudios Culturales y la Economía política de la comunicación. Realizando un recorrido por los conceptos macro vinculados al consumo de cultura, y los bienes y servicios culturales, posteriormente direccionado hacia un planteo específico donde analizaremos expresamente el consumo

de

carnaval

montevideano,

estableciendo

nuestras

propias

conclusiones acerca del tema.

Índice: 1. Introducción – “Breve reseña acerca del carnaval de Montevideo – Uruguay”. 2. Marco referencial a. Estudios culturales y Economía política de la comunicación. b. Conceptualización y consumo de bienes y servicios culturales. c. Industrias Culturales 3. El consumo de cultura en Uruguay. 4. Análisis del consumo de carnaval en Montevideo. 5. Conclusiones

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Introducción - breve reseña acerca del carnaval de Montevideo Uruguay. El carnaval en Montevideo se festeja durante 40 noches comenzando la última semana de enero y finalizando la primera de marzo. Nuestro carnaval es considerado un “carnaval de espectáculo” pues se desarrolla en escenarios barriales al aire libre, llamados “tablados”. Vale hacer esta diferenciación pues el carnaval montevideano es el único de Latinoamérica que conserva estas características. En el resto del continente son considerados de “de desfile”: carnavales que suceden en las calles donde la gente tiene un rol más participativo que en el montevideano, donde es mera espectadora. Este tipo de carnaval tiene los elementos característicos de un espectáculo, que se asemeja a lo teatral pues incluye un diseño de puesta en escena, un guión, actuaciones, entre otros, que lo determinan como tal. En Los “tablados”, cada una de esas noches miles de espectadores se reúnen para presenciar los diferentes espectáculos producidos por los conjuntos que participan del carnaval. Los tablados están distribuidos por toda la cuidad, funcionan de forma simultánea. En los últimos años abren sus puertas al público alrededor de 25 en cada carnaval. La proyección de población de Montevideo según el I.N.E. (Instituto Nacional de Estadística) para el 2011 fue de 1.335.000. Además de los tablados existe el “Teatro de Verano Ramón Collazo” donde se realiza el “Concurso oficial de agrupaciones carnavalescas” que organiza la Intendencia de Montevideo. Allí noche tras noche participan los conjuntos de carnaval compitiendo en diferentes categorías y con un jurado especializado que evalúa diferentes aspectos de ese espectáculo (puesta en escena, vestuario, maquillaje, coros, arreglos corales, escenografía, entre otros). La competencia consiste en ruedas eliminatorias hasta que se determinan los ganadores en cada categoría. Las cinco categorías que participan en el Concurso son: la murga, la sociedad de negros y lubolos, la revista, los parodistas, y los humoristas. Cada categoría tiene sus propias características y debe cumplir con determinados requisitos, pero todos los espectáculos tienen 3


en común los siguientes elementos: actuación, canto y humor. (Elaboración propia de acuerdo a bibliografía y materiales consultados). Es importante destacar el elemento de espectáculo que tiene el carnaval montevideano pues es clave para determinar el consumo de este producto cultural. En esta línea, Isabel Sans (2008), hace referencia a este aspecto del carnaval y cita diversos autores que trabajan sobre este concepto: Diana Taylor y Gustavo Remedi sostienen que “la expresión corporalizada es una manera importante de trasmitir conocimiento social, memoria e identidad”.

Más

adelante I. Sans escribe acerca del estudio de Taylor, que el llamado “repertorio”, “es lo que muestra en un escenario la memoria corporal, lo que es efímero: gestos, oralidad, danza y canto”. Dicho repertorio, sostiene Taylor, demanda la presencia y participación activa de la gente. El espectáculo y el escenario, para esta autora, valen para poder comprender las conductas y estructuras sociales. Este “escenario” es tomado como paradigma para la construcción del sentido, pues considera que tiene su propio poder explicativo y afectivo. Todos los elementos mencionados hacen del espectáculo, de las “representaciones populares, un ámbito ideal para procesar los cambios que se dan a lo largo del tiempo en una sociedad”, indica Sans en el capítulo 2 de su mencionado libro.

Marco referencial: Estudios culturales y Economía política de la comunicación. Como marco teórico referencial tomamos dos enfoques para abordar el consumo de bienes y servicios

culturales en Uruguay y el carnaval

montevideano en particular. Para ellos realizamos dos pequeñas reseñas acerca de estos dos abordajes académicos: Los estudios culturales analizan el consumo de bienes, cuyos contenidos simbólicos, forman parte del proceso de producción, distribución e intercambio en la sociedad. Actualmente estos procesos ocupan un lugar importante en la economía y en las comunidades (estructura social) de nuestros países. El sector cultural se ha mercantilizado. 4


El aspecto más importante a tener en cuenta, según Germán Rey (2004) es que los bienes y servicios culturales no son simplemente mercancías sino que tienen un valor social de identidades locales e interculturalidad: abren caminos de creatividad y de intercambio entre nuestras sociedades. A nivel nacional el economista Luis Stolovich (1997) y el profesor Hugo Achugar (1944) plantean la importancia que tienen las actividades culturales como generadoras de empleo. En cuanto a Economía Política de la Comunicación, el Lic. Leonardo Sosa hace referencia a que la corriente latinoamericana de Economía Política se enfrenta al pensamiento único y hegemónico. Brinda herramientas analíticas que fundamentan la participación de diferentes actores sociales contrahegemónicos en el campo de la cultura y la comunicación. Contribuye al análisis del consumo vinculado con el desarrollo económico de las industrias culturales. El origen remoto de la Economía Política de la Comunicación puede encontrarse en las formulaciones que realizó Marx en su documento “Elementos para la crítica para la economía política (1857 – 1858)”, Marx (“citado por Moragas, 2011”) proponía la crítica a la concepción liberal y por otro lado, la nueva orientación propuesta por el Marxismo “que la vida material, las condiciones de producción, condicionaban los procesos de la vida social, de la política y la de cultura”. La mercancía es el elemento donde opera el capitalismo, de acuerdo a Marx. César Bolaño postula que el trabajo cultural tiene una función de mediación simbólica entre las instancias de poder y el público. El trabajador cultural es un elemento surgido de la cultura popular que tiene la capacidad de crear un efecto de empatía que no puede ser conseguido de otro modo. Para el catedrático en Comunicación, Miquel de Moragas Spà, la Economía Política de la Comunicación continuará cuestionando la economía política burguesa al mismo tiempo “que corregirá las posiciones iniciales del marxismo respecto del determinismo entre modos de producción y sistemas simbólicos, ampliando el análisis a la producción, distribución y consumo de estos bienes”. 5


Este autor equipara la Economía política de la comunicación con la problematización, de la influencia del sistema capitalista en la comunicación. De Moragas cita al investigador canadiense Vicent Mosco cuando propone una definición sobre la Economía Política: “es el estudio de las relaciones sociales, particularmente de las relaciones de poder, que constituyen la producción, la distribución y el consumo de recursos, incluidos los recursos de comunicación”. En tanto que para McQuail, la Economía Política se “centra más en la estructura económica que en el contenido ideológico de los medios”. Afirma también “la dependencia de la ideología respecto de la base económica y orienta la investigación al análisis empírico de la estructura de la propiedad y los modos en que operan las fuerzas del mercado de los medios de comunicación”.

Conceptualización y consumo de bienes y servicios culturales. Para comenzar a conceptualizar los bienes y servicios culturales se parte del planteo que realiza L. Bonet (2001) enmarcado en los Estudios Culturales, sobre los mismos donde sostiene “que el valor otorgado a cada bien cultural se refleja en la demanda del bien o servicio”. Agrega que son productos que proveen al individuo gratificación sensorial y decodificación instantánea. Por su parte Getino (2001) considera que las obras producidas son creaciones simbólicas y culturales. Plantea su carácter concreto, dinámico, emocional, asociativo, sintético y holístico. El valor de otorgar sentido que varios autores le adjudican a los bienes y servicios culturales es un factor común en varios estudios y publicaciones. No queda de lado el planteo Sans. Afirma que “el ámbito del carnaval, en los distintos espacios de intercambio personal no mediatizados que comprende, implica

el compartir una actividad de conjunto que contribuye a que las

personas puedan crear su propio sentido y hace posible un estilo de vida diferente al que propone el mercado. Es un ámbito donde imaginar utopías alternativas al consumismo y discutirlas con mucha gente”.

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Consumo de bienes y servicios culturales En el país se observa un crecimiento continuo de su demanda. Cuando la economía crece, el consumo cultural aumenta más velozmente, mientras que cuando la economía se contrae, el consumo de bienes y servicios culturales disminuye más fuertemente que el promedio (Stolovich, 1997). En cuanto a aspectos económicos se refiere, Stolovich (1997) sostiene que, los bienes y servicios culturales poseen alta elasticidad – ingreso: los cambios pequeños en los ingresos provocan cambios importantes en la demanda de estos bienes y servicios. Una vez resueltas las necesidades básicas se crea un espacio para el consumo de bienes culturales. Por su parte Sans (2008), cita a la autora Abril Trigo que afirma que “la economía se mueve cada vez más hacia el consumo de bienes simbólicos y culturales”. Destaca la función política y cultural que tiene el consumo pues afirma que “consumimos mensajes, símbolos, significados, que nos dicen cuánto valemos y quiénes somos”. El valor de un bien cultural según Bonet (2001) está dado por la apreciación de varias dimensiones como la utilidad por su consumo, el prestigio que lleva incorporado su consumo (formar parte de determinada identidad social), y emocional por la carga emotiva que tienen determinados bienes vinculados a vivencias familiares y ó personales.

Industrias Culturales Considerando al carnaval montevideano como un bien cultural se entiende importante enmarcarlo dentro del concepto de Industrias Culturales que forman parte de los Estudios Culturales. Octavio Getino (2001) plantea la siguiente definición propuesta por la UNESCO acerca de las Industrias Culturales: “Los bienes y servicios culturales son producidos, reproducidos, almacenados o distribuidos de acuerdo a patrones industriales y comerciales, o sea, a gran escala y de acuerdo con una

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estrategia basada en consideraciones económicas, más que en una preocupación por el desarrollo cultural”. Getino,(2001) destaca la doble conceptualización de las Industrias Culturales (IC) planteando que poseen 2 dimensiones: la primera es la económica porque los bienes y servicios culturales se comercializan como mercancía (inversiones, producción, facturación) y la otra es la dimensión social (empleo) y cultural porque su contenido es simbólico (una obra de teatro, el contenido de un libro, la letra de una canción, etc). Getino afirma que los productos de la IC son económicos e industriales así como ideológicos y culturales. América Latina y las Industrias Culturales Consideramos importante señalizar brevemente la situación de América Latina planteada por Octavio Getino con respecto a las Industrias Culturales y los cambios económicos que han ocurrido: Podemos subrayar que en “América Latina durante el siglo XX las IC se fueron transformando en el más poderoso factor de intercambios de imaginarios sociales y de contenidos simbólicos, a través de libros y revistas, películas, música grabada, programas de televisión y, más recientemente, señales satelitales”. Otras conceptualizaciones acerca de este tema son la de concentración y transnacionalización de las industrias en general, y de las IC en particular. Estos son los principales cambios en materia económica que se han operado en América Latina en los últimos años. En esta misma línea el autor (Mattelart 1939) plantea que se ha producido una evolución de las IC en América Latina desde la década de los 70`s. Sostiene que “se ha experimentado una retirada del compromiso crítico”. Introduce los conceptos de hegemonía y globalización, los cuales ocultan injusticia social y dominan el discurso mediático.

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Agrega que: “a pesar del contexto adverso en el trabajo crítico, ciertos sectores de la sociedad han permanecido inmutables frente la hegemonía del pensamiento neoliberal”.

El consumo de cultura en Uruguay Luis Bonet también sostiene que los hábitos de consumo cultural dependen de la experiencia y de la acumulación de capital cultural. El entorno familiar y la experiencia anterior son claves para explicar el consumo de bienes culturales. La evidencia empírica ha demostrado que las variables contextuales como el entorno familiar, educativo, de amigos, etc., tienen mayor impacto sobre la propensión al consumo de bienes culturales que los aspectos socioeconómico del propio individuo (ej. el ingreso o el nivel educativo). P. Bordieu y A Darbel (1969) hacen referencia al rol fundamental que tienen las familias en la formación del “capital cultural” y del “amor al arte”. Para estos autores el consumo cultural se va formando, inculcando a través del contacto reiterado y sostenido desde edades tempranas de las personas. Como consecuencia de ello se aprecian circuitos culturales diferenciados por contenidos, formas, características socioeconómicas y socioculturales de sus consumidores. Milita Alfaro refiriéndose al consumo mismo de carnaval en Montevideo y en concordancia con lo que sostiene Bonet, plantea: “el consumo está

muy

condicionado y marcado por pautas culturales que hacen que determinadas categorías tengan su público dentro de un sector social. No veo a la Murga como la categoría que tiene más convocatoria en lo que podríamos decir las clases populares en el sentido de las clases bajas. A mí me parece que es un consumo más de clase media y que en cambio el parodismo, hoy tiene una mayor sintonía con sectores de clase baja”. De acuerdo al autor Luis Stolovich (1997) los uruguayos somos más consumidores que productores de cultura. Esto trae como consecuencia que el exceso de demanda de bienes y servicios culturales debe satisfacerse mediante la importación de cultura. Esto se manifiesta en la balanza comercial 9


cultural, en la cual el Uruguay es deficitario. Stolovich sostiene que esto es una “debilidad que puede llevar, a la larga, a la desaparición de la propia identidad, invadidos por otras culturas, hegemónicas en el mundo o con gran peso en nuestra región”. Creemos que el carnaval ocupa un lugar protagónico en nuestra cultura, contribuyendo a mantener y fortalecer rasgos identitarios. Vemos que en los últimos años esta industria se ha profesionalizado, en cuanto a la calidad, aspectos técnicos, incorporación de más premios, transmisión sin perder la esencia de un género cultural nacional. Por su parte, en esta línea la historiadora Milita Alfaro, sostiene que, en respuesta a la pregunta por qué los uruguayos vamos al tablado: “el hecho de ir al tablado es una de las cosas que nos identifica como uruguayos, y te conecta con raíces y con cosas que vienen de atrás

y que por supuesto se han

reformulado a lo largo del tiempo. Tiene que ver con una identidad en la larga duración. Creo que eso tiene un peso muy fuerte porque es una de las cosas que se debe preservar porque nos identifica. Obviamente que no es una fiesta que la inventamos nosotros, tiene una proyección que viene de muy antiguo, y sin embargo hoy existe una forma de vivir y hacer carnaval, que es uruguaya, intransferiblemente uruguaya”. Para continuar con los conceptos de identidad y globalización, la autora Isabel Sans afirma que “la cultura popular uruguaya encuentra en el carnaval una de sus expresiones más vitales y vibrantes y ofrece sus visiones particulares acerca de la propia identidad en el contexto de globalización”.

Análisis del consumo del carnaval de Montevideo. En este apartado intentaremos analizar el consumo del carnaval montevideano en el contexto actual de acuerdo a los dos enfoques inicialmente planteados: Estudios Culturales y Economía Política de la Comunicación. Comenzaremos estableciendo que, de acuerdo a nuestro criterio y siguiendo la línea de los Estudios Culturales e Industrias Culturales, el espectáculo de carnaval en sí mismo, tiene un contenido y significado simbólicos (su dimensión 10


social y cultural) mientras que el sistema de contrataciones que se utiliza en carnaval es un sistema mercantil (dimensión económica). Las contrataciones se realizan a través de DAECPU (Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares del Uruguay) y participan los representantes de los diferentes tablados. En la “Introducción” hemos establecido la diferenciación entre un “tablado comercial” (gestionado por un empresario privado) y un “tablado popular” (gestionado por la comisión vecinal barrial con subsidio de la Municipalidad). En el 2012, quince escenarios populares solicitaron subsidio de la Comuna Capitalina para abrir esta temporada. La Intendencia de Montevideo se hace cargo del costo de tres conjuntos carnavaleros de los cuatro que hay por noche en cada uno de estos mencionados tablados. (Nota de El País Digital – 19 de febrero de 2012). “Los conjuntos carnavalescos ven engrosadas sus arcas o no, de acuerdo a la capacidad que tengan de incrementar la taquilla en los recintos comerciales (la mayoría ubicados en el Centro y zonas costeras). Ahí se manejan reglas de mercado en las que la IM no interfiere y prima la visión y el gusto de los empresarios. El rango del caché puede ir desde $ 6.000 a $ 11.000 en un escenario popular, donde por común acuerdo cobran un 10% menos.”. Aquí se ve claramente el aspecto económico que tiene el carnaval y qué peso tiene lo mercantil porque los tablados comerciales pueden realizar la cantidad de contrataciones a conjuntos que deseen (y como consecuencia una parte de la población los puede ver más), mientras que los populares, con mayor esfuerzo sólo pueden contratar a 4 conjuntos pagando únicamente uno con el dinero de la recaudación de esa noche y reinvirtiendo la ganancia, en caso de que exista, a actividades volcadas al barrio. Vale mencionar que el costo de la entrada a los tablados populares está en el entorno de los $ 40 uruguayos que equivalen a dos boletos en el trasporte capitalino. (Nota de El País Digital – 19 de febrero de 2012). Este aspecto además lo vinculamos con la línea de trabajo que propone la Economía Política pues consideramos que el carnaval montevideano puede ser un elemento democratizador de cultura pues afirma nuestra identidad local. 11


Hemos mencionado que todos los espectáculos de carnaval tienen humor, actuación y canto y también el carácter crítico, irónico, cuestionador y reflexivo que deben tener ciertos conjuntos. Fernando González, Gerente de Eventos de la IM, dijo en una nota de prensa refiriéndose a la asistencia a los tablados populaes que: “La proporción de este aumento es de 300 espectadores más por función. El año pasado iban 500 por noche, en 2012 se registran casi 800”. (Nota de El País Digital – 19 de febrero de 2012). Consideramos que para que un espectáculo sea efectivo en todos los barrios tiene que poder manejar de forma acertada los libretos, textos y actuaciones representadas porque ese mismo espectáculo se presentará en diversos barrios de Montevideo. Este aspecto es fundamental para una democratización de la cultura: poder presentar espectáculos que sean comprendidos en todas las localidades de la ciudad. En esta línea, F. González afirma que: "la competencia alienta la superación de los conjuntos pero lo importante está en que esas actuaciones puedan ser entendidas en Malvín, en el Cerrito de la Victoria o en Piedras Blancas, no sólo en el Teatro de Verano". El carnaval como elemento democratizador cuenta además con una dimensión legal que trabaja la Intendencia de Montevideo. González afirma en la mencionada nota de prensa que, de acuerdo a un decreto estipulado en 2006 por la Junta Departamental, “hoy en día cualquier comisión de vecinos que tenga el aval de su municipio puede presentar su proyecto teniendo en cuenta que no exista una propuesta de similares características cerca. `La idea es que no estén pegados y que no compitan entre sí. En general la zona de la periferia es la más desguarecida" Aquí se observa un aspecto interesante: se aprecia la aplicación de una política pública clara de difusión del carnaval a los barrios, y que además el carnaval sirva como vehículo para promover otras acciones sociales en los barrios que contribuyan a la mejora de la calidad de vida de la gente que allí habita. González señala que "se trata de un mecanismo de inclusión social; hay mucha gente que lamentablemente no accede fácilmente a manifestaciones culturales a menos que éstas vayan a su lugar. Es una herramienta bien interesante porque no sólo se les está llevando un espectáculo sino que se les reclama la capacidad de organización y 12


autogestión, dado que deben trabajar para mantener abierto el tablado y esas mismas comisiones después siguen activas todo el año atendiendo policlínicas y merenderos".

Conclusiones En el contexto analizado entendemos adecuado el planteo de Stolovich en cuanto a que “los uruguayos somos más consumidores que productores de cultura”, y con que este déficit nos puede llevar a una paulatina pérdida de la propia identidad incrementándose así la importación de bienes y servicios culturales. A pesar de este déficit entre el consumo y la producción, consideramos también que el carnaval montevideano es un elemento que reafirma nuestra identidad local frente a toda esta importación de bienes y servicios. Con respecto a la producción escasa que tenemos de cultura en Montevideo en cuanto al consumo de productos importados, podemos decir que el carnaval es una de las manifestaciones artísticas más constantes: año a año se presentan a concursar en él alrededor de 50 conjuntos con sus respectivos espectáculos. Esta cantidad es solamente durante estos 40 días que dura la mencionada fiesta popular y teniendo en cuenta la población montevideana que existe hoy en día. Por lo tanto, anualmente tenemos creativos (vestuaristas, maquilladores, letristas, puestistas, escenógrafos, músicos, entre otros) que producen contenidos artístico – culturales con los cuales los montevideanos nos identificamos. Este aspecto lo vinculamos con el planteo que establece Getino (1935), acerca de las Industrias Culturales (IC) sobre los intercambios regionales. Éstos se ven condicionados por la capacidad de importación y exportación de cada país, por lo tanto, las IC influyen desde los países más desarrollados hacia los de menor desarrollo. Observamos que este aspecto se relaciona con el planteo que veníamos desarrollando acerca de la importación de cultura y la producción de la misma en Montevideo. En esta coyuntura, consideramos que el carnaval montevideano es una expresión de “lucha contra-hegemónica”. Algunas de las categorías que participan de nuestro carnaval, particularmente 13


la murga, tienen como requisito fundamental la crítica social y política como elemento substancial de su espectáculo, esto está establecido por el reglamento oficial del concurso: “…en las murgas la cuota de crítica y sátira sobre diversos tópicos de la actualidad y del acontecer de la sociedad, así como el ingenio de sus planteos, apostando a la creatividad por encima del mensaje directo”.

A través de los espectáculos presentados, se pone de

manifiesto las críticas y cuestionamientos al gobierno, sus políticas y programas, a la coyuntura nacional e internacional invitando a los espectadores a la reflexión sobre variados temas. Las murgas año a año en sus propuestas utilizan la ironía como recurso para cuestionar conductas, valores, y, a través de estas ironías, cuestionar el sistema hegemónico. Por otra parte, podemos inferir que el consumo de carnaval en Montevideo está influenciado por aspectos socioeconómicos, por la experiencia anterior y la familia como elementos determinantes para dicho consumo, tal como lo plantea Bonet. Éste considera de la conjunción de estos aspectos resulta el valor otorgado a cada bien, su valor es estrictamente personal pero está fuertemente influido por el contexto familiar y social, la educación recibida y códigos de valores entre otros. Ese valor simbólico justifica la intervención económica de parte del gobierno en apoyo al desarrollo de dichas actividades culturales. Con respecto a este último punto, entendemos que este apoyo por parte del gobierno es de suma importancia para la democratización de la cultura. Pensamos que el hecho de realizar diversos estudios vinculados al consumo de dichos bienes, y en este caso, al carnaval como bien cultural, considerando el mismo como una expresión de la cultura de nuestro país, promueve las investigaciones acerca de él, y contribuiría a que el gobierno tuviese más y mejores herramientas a la hora de diagramar políticas públicas, tanto a nivel cultural como turístico.

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Bibliografía

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Sans, I.,(2008) – Identidad y globalización en el carnaval.- Editorial Fin de Siglo - Montevideo, Uruguay. Scherzer, A.; Ramos, G., (2011)– Destino: murga joven, espacio, tiempo, circunstancias. Fragmentos del Concurso Oficial – Editorial Medio & Medio, . Montevideo, Uruguay. 15


Sosa, L., (2009) – “Economía Política de la Comunicación: hacia un paradigma alternativo de investigación de las Industrias Culturales” – Salta, Argentina Stolovich, L., Lescano, G., Mourelle, J., (1997) – La Cultura da trabajo: entre la creación y el negocio –. Yúdice, G., (2002) – “Las Industrias Culturales: más allá de la lógica puramente económica, el aporte social” – OEI. Zallo, R., (1988) – Economía de la Comunicación y la Cultura – Madrid, España.

Fuentes consultadas Entrevista Milita Alfaro- Profesora de historia, e investigadora de la historia del Carnaval. Reglamento del concurso www.carnavaldelfuturo.com.uy.

oficial

del

carnaval

2012.

Datos del INE. www.ine.gub.uy

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“RADIODIFUSIÓN Y TELECOMUNICACIONES: PROBLEMAS DE ARMONIZACIÓN LEGISLATIVA EN ESCENARIOS CONVERGENTES” AUTORES Corbière, Emilio Federico; Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de Buenos Aires (IEALC-FSOC- UBA); Argentina; fedecorbiere@gmail.com Güida, María Clara; Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de Buenos Aires (FSOC- UBA); Argentina; mariaclaraguida@gmail.com

EJE TEMÁTICO 2: La construcción del campo comunicacional: ciencias sociales, tecnologías y diálogos transdisciplinarios. GRUPO TEMÁTICO 6: Economía Política de las Comunicaciones. RESUMEN El escenario convergente que ofrecen las TIC produce un juego de tensiones en donde se evidencia una nueva dinámica de funcionamiento del sector infocomunicacional, en el cual interactúan nuevas lógicas de competencia empresaria; la consolidación de prácticas de consumo asociadas al entorno digital y la necesidad de una adecuación normativa sobre aquellos ámbitos anteriormente disociados por las cualidades propias de los soportes analógicos. En este contexto, el diseño de políticas públicas opera como espacio de clivaje y de resolución de disputas entre aquellos sectores dominantes del mercado, pero también como condición para crear un andamiaje jurídico tendiente a democratizar las comunicaciones. La implementación de la Ley Nº 26.522/09 de Servicios de Comunicación Audiovisual en Argentina (LSCA) y de diversas medidas de inclusión digital propiciadas por el Estado nacional, entre las que se cuentan: el Plan Estratégico del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre y el Plan Operativo de Acceso al Equipamiento para la 1


Recepción de la Televisión Digital Abierta (TDA) “Mi TV Digital”, el Programa “Conectar Igualdad.com.ar”, el Plan Nacional de Telecomunicaciones “Argentina Conectada”, la Política de Software Público Argentino, entre otras iniciativas; invitan a poner en perspectiva cuáles son las debilidades, fortalezas y desafíos de dichas políticas, en un contexto donde los poderes fácticos están siendo interpelados. Latinoamérica ha transitado un mismo recorrido de liberalización de los mercados durante los años noventa, con una marcada tendencia hacia la baja de barreras de entrada, cristalizada con la Ronda de Uruguay (1986-1994) (GATT-OMC). Sin embargo, también se promovieron medidas de protección de la cultura contempladas en diversos acuerdos, pactos y tratados internacionales de derechos humanos. Esta situación presenta un doble estándar jurídico en el que coexisten instancias promotoras de mecanismos de autorregulación empresaria, con otras de signo contrario. Dada la acelerada convergencia de servicios, formatos y plataformas comunicacionales, en cuanto a desarrollo e innovación tecnológica, resulta pertinente profundizar el modo de producción en el que se dan los procesos de reconversión industrial y las prácticas de consumo de los sistemas de medios, así como indagar cuáles son los factores que intervienen en los marcos regulatorios para satisfacer una demanda propia a un escenario irreversible, signado por la digitalización de la llamada Sociedad de la Información (y sus fenómenos de gobernanza global). Frente al elevado grado de concentración del sector comunicacional y sus canales de distribución, uno de los principales desafíos y dilemas jurídicos será cómo incluir el mundo de la cultura en el ámbito de las telecomunicaciones, evitando las sanciones o presiones de organismos globales, como la Organización Mundial de Comercio (OMC), que parecen subsumir la cultura a cuestiones de primacía económica. Esta encrucijada entre aquellos principios humanitarios sobre los cuales de formuló la LSCA y su dilema en la observancia de los lineamientos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), que desde 2006 colabora en la elaboración de un conjunto de herramientas para reglamentar las TIC con la OMC, bajo la órbita de organismos de crédito como el Banco Mundial (BM), devela uno de los problemas centrales a profundizar. 2


En este sentido, la presente investigación busca pensar si las telecomunicaciones deben ser consideradas como “servicios de interés público” y; en este sentido, su correspondencia a un cuerpo normativo único que asuma el desafío de impedir tanto la cartelización empresaria como la conformación de monopolios del saber. En suma, la presente exposición tiene como objetivo general el análisis de la necesidad y la factibilidad política de elaborar una normativa convergente en materia de servicios de comunicación audiovisual y telecomunicaciones -así como también de las dificultades que ello implica-, en sintonía con las sucesivas olas tecnológicas. A tales efectos, los objetivos específicos del trabajo son: indicar el grado de relevancia respecto al debate sobre si las telecomunicaciones deben ser declaradas de “interés público” o continuar la línea que sublima la cultura en tanto sean consideradas como “servicio público”; analizar comparativamente el sistema de protección de los servicios de comunicación audiovisual y de las telecomunicaciones, que se encuentran bajo dos paradigmas opuestos: la Declaración Universal de la UNESCO sobre Diversidad Cultural

(2001) y las reglas de la OMC (1995); y, realizar un breve recorrido

comparativo entre las experiencias normativas internacionales de tipo convergente; labor para la cual se seguirá una metodología del tipo sincrónico y comparativa.

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“RADIODIFUSIÓN Y TELECOMUNICACIONES: PROBLEMAS DE ARMONIZACIÓN LEGISLATIVA EN ESCENARIOS CONVERGENTES” La historia circular de Argentina presenta no pocos antecedentes de conflicto en su resolución normativa y aplicación de políticas públicas. Debe destacarse que en materia de radiodifusión y telecomunicaciones, con la sanción de la Ley Nº 19.798 Nacional de Telecomunicaciones (1972), el Estado tuvo un rol ambivalente y regulación ha sufrido procesos de adecuación en sintonía con las presiones de los poderes fácticos que influyeron en el diseño de políticas públicas. 1. Consecuencias de la ley de miedos Hasta la sanción de la Ley Nº 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual (en adelante, LSCA), en octubre de 2009, pasaron casi 40 años de intentos fallidos por resolver aquellos problemas legales de matriz autoritaria que subsumieron un sinfín de proyectos democratizadores nacidos, primero, con la primavera alfonsinista -de los que debe destacarse la actuación del Consejo por una Consolidación Democrática (COCODE)- y, luego, en decenas de iniciativas legislativas que terminaron en las memorias y archivos de los trámites parlamentarios. Se trata, pues, de una situación resultante del fuerte anclaje de aquellos gobiernos autoritarios que supieron anular los mecanismos políticos de participación ciudadana y de búsqueda de consensos, con su punto esplendor en el eficiente uso de la fuerza y la aplicación concreta de un plan sistemático de desaparición de personas, que para 1976 ya había asegurado un proyecto político militar acorde a un modelo económico que se consolidaría en la década de los noventa1. Es un período breve. Pero, dada la acelerada convergencia de servicios, formatos y plataformas comunicacionales, en cuanto a desarrollo e innovación tecnológica, una etapa clave de reconversión industrial, de cambio en las relaciones sociales de producción y en la configuración o recuperación de identidades y de capital simbólico, 1

ASPIAZU, Daniel y BASUALDO, Eduardo. Las privatizaciones en la Argentina. Génesis, desarrollo y principales impactos estructurales. FLACSO, Buenos Aires, 2004. Disponible en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/argentina/flacso/azpiazu.pdf

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obturados por ese modelo comunicacional unidireccional, que sirvió como telón de fondo con tendencia a la homogeneización cultural. No se trata de un hecho menor. La segunda mitad del siglo XX fue la época de explosión de las industrias culturales masivas. Hasta la llegada de la digitalización, las corporaciones, dominantes en todo el proceso de producción y distribución de contenidos, operaron en soportes monomedia con un sistema de empresas de escasa complejidad, cuyos dueños tuvieron (y mantienen) gran capacidad de lobby. No obstante, el actual contexto de rupturas permite trazar nuevos vectores para reconocer si la tendencia hacia la concentración de medios, que caracterizó la modernización cultural en ese período (y a las industrias culturales basadas en las economías de escala), se traslada y coincide con los modelos de negocios propios de las plataformas de Internet, con cualidades multicausales, observables, por ejemplo, en los dispositivos móviles. Existen dos paradojas que surgen de los contrastes con aquella normativa. 1.

Las reformas de los años ‘90 muestran una concurrencia a la concentración, mayor que la propiciada por la última dictadura, con menor pluralidad de voces y numerosas concesiones; primero, de hecho y, luego, de derecho hacia capitales extranjeros2.

2. En la actualidad, dada la potencialidad de las tecnologías tendientes a la convergencia de sub-especies mediáticas sobre una plataforma única de contenidos, vuelve a estar en el centro del debate la discusión respecto a las ventajas y desventajas de tener dos leyes que distinguen por género radiodifusión y telecomunicaciones.

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En colaboración con doce especialistas, Guillermo Mastrini y Martín Becerra coordinaron un estudio de campo por diez países del Cono Sur que resume en Periodistas y magnates (2006) un mapa sobre la concentración de las industrias culturales en la región. A diferencia de la habitual tarea ensayística de la teoría crítica, los autores introducen datos empíricos, con indicadores que son contrastados en una fase posterior en Los dueños de la palabra (2009). Estas dos publicaciones en serie -con relevamientos en 2000 y 2004- permiten observar una tendencia marcada hacia la concentración en los sectores infocomunicacionales.

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Lo cierto es que en 1980 se derogó parcialmente la Ley Nº 19.798 y se reglamentó en forma separada la especificidad de los servicios en radiodifusión. Así las cosas, la radiodifusión en Argentina sufrió golpes y contragolpes al compás de gobiernos autoritarios

y

políticas

selectivas

que

confundieron

medios

públicos

con

gubernamentales y que naturalizaron costumbres deudoras de aquellas políticas comunicacionales diseñadas por esa Doctrina de la Seguridad Nacional que opacó a Latinoamérica entre los años 60 y 80. Con el retorno a la democracia, aquel Decreto-Ley elaborado por la dictadura de Jorge Rafael Videla, Albano Ariguendeguy y José Alfredo Martínez de Hoz transitaron, sin éxito, numerosos intentos de reforma. El resultado: la cooptación de sistemas de medios afines al poder de turno. Primero, a partir de la Ley Nº 23.696 de Reforma del Estado (1989) que, en su artículo 65º, permitió la concentración multimedia, al prestar conformidad para el ingreso de la industria gráfica a la radiodifusión. Luego vendría el Decreto Nº 1005, del 10 de septiembre de 1999, que liberalizó el sector al autorizar la transferencia de paquetes accionarios, permitir la constitución de redes privadas permanentes y ampliar de 4 a 24 la capacidad de las empresas privadas de ser titular de licencias (una por provincia) y, por ende, la presencia nacional de los principales jugadores del mercado. 2. Servicios audiovisuales, un nuevo concepto comunicacional La radiodifusión nació dentro de un esquema atado a las telecomunicaciones, en tiempos de Alejandro Agustín Lanusse, con una autoridad de aplicación que era, por entonces, la Comisión Nacional de Radio y Televisión (CONART). Al tiempo, fue replicada en 1981, con la creación de la nueva autoridad de aplicación, el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), intervenido por el Poder Ejecutivo Nacional (en adelante, PEN) hasta concluida la primera década del siglo XXI. El férreo control de la información por esas dictaduras ayuda a comprender el juego de intereses cruzados y factores políticos y económicos en pugna, que signaron luego el complejo escenario de las comunicaciones en Argentina. 6


En 2004, un conjunto de actores sociales -entre los que se destacan las carreras de Comunicación Social y Periodismo de las Universidades Nacionales- conformaron la Coalición por una Radiodifusión Democrática, una iniciativa ciudadana de la cual surgieron 21 Puntos comunes sobre los cuales se inspiró la actual LSCA. Frente a la sanción de la LSCA se presentaron seis amparos judiciales que cuestionaron tanto el procedimiento legislativo de sanción de la norma3 como el articulado de la misma4. Del análisis de los cuestionamientos surgen dos conclusiones: algunos fueron motorizados por intereses políticos de legisladores no afines al gobierno de turno y otros por afanes de empresarios que, con la nueva ley, vieron afectada su ecuación económico-financiera, entre ellos: el Grupo Vila y el Grupo Clarín. Esta presentación de carácter académico no busca tomar parte en la resolución de los mentados conflictos, sino dar cuenta del estado de la cuestión en pos de reflexionar prospectivamente sobre los desafíos que obligan a repensar (sin hacer futurología) cuál es el rumbo a seguir una vez agotados los fuegos de artificio y las batallas públicas, que tienen un tope máximo en 20135. El espíritu de la norma sancionada y promulgada en octubre de 2009 y reglamentada parcialmente en diferentes instancias, con sustanciales cambios para su puesta en funcionamiento con el Decreto Nº 1225, del 31 de agosto de 2010, implica un avance en cuanto a la relevancia de la nueva autoridad de aplicación -Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA)- y la puesta en práctica de una política pública de carácter pluralista, democrática y federal, que debe pensarse en

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Por considerar que se registraron vicios de ilegitimidad, arbitrariedad y gravedad institucional, especialmente, durante el debate en las comisiones de Comunicaciones e Informática, Presupuesto y Hacienda y Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados. 4 A saber: transferencia de licencias (artículo 41º), límites a la multiplicidad de licencias (artículo 45º), autorización de redes (artículo 62º), vinculación de emisoras (artículo 63º), contenidos (artículo 65º) y adecuación -también llamada “cláusula de desinversión”- (artículo 161º), entre otros menos trascendentes. 5 Según indica el plazo máximo de dos años para la vigencia de la medida de no innovar otorgado por el voto unánime de la Corte Suprema de Justicia de la Nación al Juez Edmundo Carbone para que éste resuelva el fondo de la cuestión en la causa Nº 8836/09 iniciada por el Grupo Clarín y otros S.A. ante el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil y Comercial Federal Nº 1.

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articulación con otras iniciativas inexorables para la dinamización de aquellos principios que ampliaron el juego. En particular, por posibilitar la entrada de las universidades nacionales, sindicatos, cooperativas, entidades religiosas, pueblos originarios y otras organizaciones, con o sin fines de lucro, a un sector industrial distribuido en pocas manos. No obstante, tal apertura es sólo un comienzo. 3. Externalidades positivas Dado el inexorable cambio tecnológico y la apropiación por parte del Estado de la conducción y diseño de políticas públicas afines a promocionar el afianzamiento de una Sociedad de la Información con fuerte injerencia sobre la inclusión social por vía de la inteligencia aplicada al desarrollo del conocimiento, el actual panorama comunicacional debe ser pensado, en tres vías simultáneas: • En relación con la implementación de una Agenda Digital de carácter nacional que

contemple

el

desarrollo

conjunto

de

la

radiodifusión

y

las

telecomunicaciones, entre otras cuestiones de relevancia. • La adecuación a los códigos procedimentales que reconozcan las implicancias de los entornos tecnológicos digitalizados. •

Un Estado que aún debe modernizarse -tanto en la preparación cultural de los funcionarios públicos como en la emergencia de toda una generación obligada a utilizar TIC-, donde el principal desafío es la inclusión digital de las nuevas generaciones.

En esta etapa de transición, existen aún algunos cortocircuitos entre los llamados nativos digitales, inmigrantes digitales y analfabetos digitales6. Una cuestión que debiera quedar saldada al corto o mediano plazo. 6

PISCITELLI, Alejandro. Análisis de redes sociales y el proyecto Facebook. La eterna tensión entre hacer y pensar. Ponencia desarrollada en la Universidad Internacional de Andalucía, España, 2008. Video disponible en: http://www.channels.com/episodes/show/5837847/Alejandro-Piscitelli-Analisis-de-redessociales-y-el-proyecto-Facebook

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A diferencia de lo que sucedió con el procedimiento llevado a cabo para la sanción de la LSCA7; la Agenda Digital Argentina sufrió otro derrotero, puesto que desde sus inicios no pasó las reuniones de Comisión en el Parlamento. A tales efectos, el PEN, por Decreto Nº 512, del 7 de mayo de 2009, aprobó el Documento Base de Estrategia Digital Argentina y creó el Grupo de Trabajo Multisectorial, con el objeto de desarrollar un plan nacional para la inclusión y apropiación -por parte del gobierno, las instituciones y las personas- de los beneficios de la Sociedad del Conocimiento, mediante el uso intensivo y estratégico de las TIC. Tomando como punto de partida la noción de Agenda Digital en los términos esbozados por la Declaración de Principios de la Primera Fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI), Ginebra, 20038, el gobierno instrumentó un conjunto de planes programas y proyectos destinados a promover, de manera inmediata, iniciativas que vinculan la participación ciudadana en todo este complejo universo para promover distintas acciones, entre las cuales tienen plena vigencia, hasta la fecha de presentación:

el Plan Estratégico del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre (en adelante, SATDV) y el Plan Operativo de Acceso al Equipamiento para la Recepción de la Televisión Digital Abierta “Mi TV Digital”. A partir de la creación del SATDV por el Decreto Nº 1148, del 31 de agosto de 2009, comenzaron a implementarse diversos planes con el objetivo de garantizar el acceso universal a una televisión de alta calidad e interactiva, reduciendo la brecha digital y fomentando la inclusión social;

el Programa Conectar Igualdad, creado por el Decreto Nº 459, del 6 de abril de 2010. Una iniciativa que forma parte del Plan Nacional de Inclusión Educativa -

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Fue sometida a un proceso de elaboración participativa de normas poco habitual en la práctica legislativa; presentó conflictos cruzados en ambas Cámaras del Congreso de la Nación, donde se realizaron más de cien modificaciones al proyecto elevado por el PEN; y, finalmente, tuvo su aprobación y promulgación efectivas. 8 Se entiende el concepto de Agenda Digital como la “consecuencia de un esfuerzo conjunto de un grupo de trabajo multisectorial resultante en un acuerdo público-privado sobre una estrategia país, que contempla diferentes iniciativas con el objeto de contribuir al desarrollo por medio del uso de TICs”.

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que busca dar solución a los diversos problemas que surgen en los procesos de enseñanza/aprendizaje- y tiene como objetivo incorporar, mediante modelos educativos del tipo 1 a 1, a los más jóvenes en el uso de nuevas tecnologías;

el Plan Nacional de Telecomunicaciones “Argentina Conectada”, creado por el Decreto Nº 1552, del 21 de octubre de 2010. Esta iniciativa tiene como fin proveer, desde el Estado nacional, una red pública de servicios de interconexión en pos de fortalecer la inclusión digital en el país (para lograrlo, hace hincapié en los siguientes ejes estratégicos de acción: inclusión digital, optimización del uso del espectro radioeléctrico, desarrollo del servicio universal, producción nacional y generación de empleo en el sector de las telecomunicaciones, capacitación e investigación en TIC; infraestructura y conectividad, y fomento a la competencia); y,

la Política de Software Público Argentino. Una iniciativa recientemente anunciada por la Subsecretaría de Tecnologías de Gestión, dependiente de la Jefatura de Gabinete de Ministros, que se enmarca en el contexto de implementación del Proyecto de Software Público Internacional y propicia la creación de una red colaborativa de software libre y abierto, en sintonía con el Plan Nacional de Gobierno Electrónico y Planes Sectoriales de Gobierno Electrónico, aprobados por el Decreto Nº 378, del 27 de abril de 2005.

En este sentido, resulta trascendente volver al artículo 4º de la LSCA, que contempla a la comunicación audiovisual como una “actividad cultural” y reconoce a las redes de comunicación electrónicas -sean fijas o móviles, con independencia del soporte- como un elemento de vanguardia que contempla aquellas experiencias aún en proceso de desarrollo. 4. Desafíos De la masificación del acceso a las redes comunicacionales y al conocimiento se destacan la presencia cada vez más marcada de los medios digitales y los nuevos

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formatos para micro-medios9, que aún merecen un apartado especial en su reconocimiento normativo. De la puesta en práctica de esta macro política pública -donde se interrelacionan un conjunto de iniciativas activas para el desarrollo educativo y cultural, mediante dispositivos dedicados a informar, entretener y educar-, se evidencia la presencia de un Estado que retoma del espacio perdido en la década del ’90 su rol tutelar en la efectivización de tales derechos reconocidos en aquellos principios planteados por Joseph Stiglitz de no exclusión y no rivalidad propios de la noción básica de “bien público”10. Según el Nobel de Economía, la no rivalidad en el consumo implica que, en tanto bien público, el servicio prestado debe llegar a todos los sujetos en condiciones de igualdad; en el caso de los servicios de comunicación audiovisual y de telecomunicaciones compete a la órbita estatal garantizar el acceso a toda la ciudadanía en cualquier lugar geográfico en el que se encuentre. Esto significa que se debe garantizar el derecho y satisfacer la demanda de los habitantes de todo el territorio. En ambos casos siempre ha sido un desafío a cumplir por los gobiernos de turno. Los escenarios convergentes abastecidos por redes de fibra óptica presentan aún más complicaciones, debido a la complejidad técnica de su implementación en el cableado que aquellos servicios brindados conforme al uso del espectro radioeléctrico. Los incumbentes de los dos sectores industriales se encuentran ligados a diferentes regímenes de licencias, de asignación de frecuencias con rangos finitos y barreras de mercado en cuanto a la ausencia de regulación clara en materia de interconexión. No exclusión implica que todas las personas puedan consumir los productos propios de tales servicios. Por ejemplo, para el caso argentino, cumplido el plazo pautado para el 9

De acuerdo con Montagu, Pimentel y Groisman, “el mundo de los nuevos medios parece moverse sólo en una dirección: más de todo. (…) A pesar de la continua evolución de la computadora y las tecnologías telecomunicacionales, el micro-medio es notablemente estable. Sólo se mantiene moviéndose de plataforma a plataforma, desde una tecnología a otra. (…) Los micro-medios parecen estar ganando más terreno que nunca. Éstos no competirán exitosamente con los macro-medios pero pueden apoderarse de popularidad”. MONTAGU, Arturo; PIMENTEL, Diego y GROISMAN, Martín. Cultura Digital. Comunicación y sociedad. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2004. Págs. 140 y 141. 10 STIGLITZ, Joseph. E. La economía del sector público. Editorial Antonini Bosch, Barcelona, 1992. Pág. 756.

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apagón analógico, estipulado para el 1º de septiembre de 2019, debería haber equipos de televisión con decodificadores del sistema ISDB-T, a los cuales, desde el punto de vista económico, un simple trabajador con un salario mínimo debería podría acceder o, en caso contrario, el Estado debería satisfacer. En esta línea, resulta preciso destacar que la Constitución Nacional, en su artículo 75º, inciso 19, estipula que, entre las atribuciones del Congreso se encuentra la de: “Proveer lo conducente al desarrollo humano, al progreso económico con justicia social, a la productividad de la economía nacional, a la generación de empleo, a la formación profesional de los trabajadores, a la defensa del valor de la moneda, a la investigación y al desarrollo científico y tecnológico, su difusión y aprovechamiento. Proveer al crecimiento armónico de la Nación y al poblamiento de su territorio; promover políticas diferenciadas que tiendan a equilibrar el desigual desarrollo relativo de provincias y regiones. Para estas iniciativas, el Senado será Cámara de origen. Sancionar leyes de organización y de base de la educación que consoliden la unidad nacional respetando las particularidades provinciales y locales; que aseguren la responsabilidad indelegable del Estado, la participación de la familia y la sociedad, la promoción de los valores democráticos y la igualdad de oportunidades y posibilidades sin discriminación alguna; y que garanticen los principios de gratuidad y equidad de la educación pública estatal y la autonomía y autarquía de las universidades nacionales. Dictar leyes que protejan la identidad y pluralidad cultural, la libre creación y circulación de las obras del autor; el patrimonio artístico y los espacios culturales y audiovisuales.” En este sentido, la norma considera el desarrollo sociocultural de la población como un derecho humano inalienable acorde a la salvaguarda del derecho a la información, los valores esenciales que protegen la libertad de expresión, entre los que se destacan: expresar, recibir, difundir e investigar informaciones, ideas y opiniones.

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Ahora bien, ¿por qué mencionar estas medidas -que parecen desencajadas unas de otrasy relacionarlas con el ámbito de las telecomunicaciones? En primera instancia, porque la tendencia al abaratamiento en las TIC modificará profundamente la presencia de los principales actores del sector y el Estado tendrá la posibilidad de reformular el esquema de distribución y acceso a las telecomunicaciones. No serán más las empresas quienes detenten el timón de mando y resuelvan, según intereses particulares, las áreas de promoción y desarrollo, sino el Estado quien deba servir como garante de esas instancias de promoción y desarrollo en la implementación de estrategias íntimamente relacionadas con el crecimiento productivo del país, la puesta en valor de la cultura y el reconocimiento de una diversidad identitaria propia de un territorio de vastas dimensiones como el nuestro. Entre las debilidades y fortalezas planteadas al comienzo de esta ponencia, puede señalarse que el presente es un punto de clivaje donde los Estados nacionales parecen haber recuperado su capacidad de acción. Las telecomunicaciones, entonces, necesitan ser consideradas de interés público, porque sobre sus plataformas existen medios digitales que deben asumir responsabilidades editoriales; redes sociales que establecen la agenda participan de procesos de formación de opinión pública; formatos audiovisuales novedosos que deben ser considerados como patrimonio cultural; y, desde el punto de vista instrumental, alternativas que rompen con los monopolios naturales -como el telefónico- dado el crecimiento sistemático de las comunicaciones IP, entre otras tantas sorpresas generadas por las cada vez más aceleradas transformaciones cibernéticas. Según indican Becerra y Mastrini, el régimen de exclusividad en las licencias y la “ausencia de intervención estatal para garantizar la concurrencia de otros operadores”11 dejó un mercado estático con 8 millones de líneas, dividido en dos, y una presencia, en 2004, superior al 55% en telefonía celular, constituyendo la facturación de ambos el 62% de la sumatoria de todas las industrias infocomunicacionales12.

11 12

BECERRA, Martín y MASTRINI, Guillermo (2009). Op. Cit. Pág. 71.

Dividida por los autores en Telefonía Básica (35 %); Telefonía móvil (27%); Televisión paga (14%); publicidad en TV (7%); Publicidad en prensa (6%); Cine (5%); Libro (3%); Disco (2%) y Radio (1%)

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Frente a este elevado grado de concentración, uno de los principales desafíos y dilemas jurídicos será cómo incluir el mundo de la cultura en el ámbito de las telecomunicaciones, y evitar las sanciones o presiones de organismos globales -como la Organización Mundial de Comercio (en adelante, OMC)-, que subsumen la cultura a cuestiones de primacía económica. Un encrucijada que debe resolver la tensión entre aquellos principios humanitarios sobre los cuales de formuló la LSCA, que entra en situación de doble estándar jurídico cuando se observa que la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), desde 200613, colabora con la OMC en la elaboración de un conjunto de herramientas para reglamentar las TIC bajo la órbita de organismos de crédito globales como el Banco Mundial. En este sentido, invitar a pensar las telecomunicaciones como servicios de interés público consiste en uno de los principales desafíos que se deben tener en cuenta para desarticular no sólo los monopolios del saber sino, también, de quienes controlan los precios y el acceso a las redes troncales de Internet, y, por ende, la dinamización de la cultura y el acceso al conocimiento. La experiencia global frente a la convergencia tecnológica presenta estrategias diversas. A saber: 1. El modelo seguido por la UE, India y Kenia, en proceso de implementación de nuevos marcos normativos convergentes, bajo un enfoque neutral tanto desde el punto de vista tecnológico como económico, y con cualidades de trato igualitario y de enfoque flexible dada la acelerada innovación en el ámbito comunicacional. 2.

Modificaciones en la estructura de las autoridades regulatorias con el objetivo de unificar bajo un mismo organismo de aplicación el control y ejecución de la

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ACUERDO DE MARRAKECH. Anexo 1B: Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios. Título 6: Anexo sobre Telecomunicaciones del AGCS. Disponible en: http://www.wto.org/spanish/docs_s/legal_s/26-gats_02_s.htm#anntel6

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normativa de los servicios de comunicación audiovisual, telecomunicaciones e infraestructura relacionada con las TIC. Son ejemplo de ello países como Malasia, Singapur y el Reino Unido. 3. Armonización y ajuste normativo de toda disposición legal implicada por la digitalización de áreas técnicamente convergentes como: la protección de datos personales, propiedad intelectual, protección a la intimidad en el sector de las telecomunicaciones (debe destacarse la implementación del Servicio Universal, Interconexión y contenidos para ambientes convergentes, entre otros) 4. Adecuar la legislación existente con modificaciones parciales a través modificaciones parciales, cuya experiencia práctica suele estar atrasada a los cambios tecnológicos, las cuales resultan ajenas a un plan estratégico vinculado al diseño de políticas públicas a mediano o largo plazo. Varios son los países que han modificado -o se encuentran en proceso de modificar- sus marcos regulatorios en pos de la convergencia mediante alguno de los caminos señalados. Entre ellos cabe destacar los siguientes casos:

México: cuenta con un Acuerdo de Convergencia (2006) de servicios fijos de telefonía local y televisión que se proporcionan a través de redes públicas alámbricas e inalámbricas.

Venezuela: la Ley Orgánica de Telecomunicaciones (2000) estipula una habilitación general, en función de los atributos para cada caso.

Perú: se destacan medidas orientadas a la convergencia, particularmente en el sector de las telecomunicaciones, entre las cuales se cuentan la Ley Nº 28.737 y el Decreto Supremo Nº 041-2006-MTC (concesión única para la prestación de servicios públicos de telecomunicaciones), la Ley Nº 28.295 y el Decreto Supremo Nº 005-2006-MTC (compartición de infraestructura de uso público), el Decreto Supremo Nº 003-2007-MTC (lineamientos para desarrollar y consolidar la competencia) y el Decreto Supremo Nº 043-2006MTC (canon para servicios móviles).

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Unión Europea (UE): sancionó un Nuevo Marco Regulatorio (NRM) compuesto por una serie de medidas (Directiva 97/66/EC, Directiva 2002/19/EC, Directiva 2002/20/EC, Directiva 2002/21/EC, Directiva 2002/22/EC, Recomendación 2003/311/EC y Directrices de la Comisión 2002/C

165/03)

que

abordan

la

convergencia

en

materia

de

telecomunicaciones, servicios de comunicación audiovisual y tecnologías de la información. •

España: la Ley 32/2003 General de Telecomunicaciones habilita el ejercicio de derechos de uso de bienes de dominio público.

Hong Kong: ha adoptado diferentes medidas regulatorias en la materia, focalizándose especialmente en la convergencia de servicios fijos y móviles.

Singapur: fue uno de los primeros países en crear una entidad normativa Organismo de Desarrollo de la Información y las Comunicaciones (IDA, Info-Communications Development Authority)- destinada especialmente a responder a la convergencia de las tecnologías de las telecomunicaciones y la información.

India: la Ley de Convergencia (2002) permite conceder licencias unificadas.

Kenia: cuenta con un régimen de licencias globales.

Malasia: el Acta de Comunicaciones y Multimedia (1998) prevé un marco regulatorio que da cabida a la convergencia de las telecomunicaciones, la radiodifusión y las tecnologías de la información. Dicha norma creó, además, la Comisión de Comunicaciones y Multimedia de Malasia Malaysian Communications and Multimedia Commission (MCMC)- en tanto única autoridad regulatoria.

Tanzania: cuenta con un régimen de licencias globales.

Trabas de mercado Hacia 2006, México comenzó un proceso conocido como “Acuerdo de Convergencia”14 o “Ley Televisa” tendiente a facilitar la competencia mediante medidas administrativas simplificadoras de los regímenes de concesiones a las empresas telefónicas como incumbentes en el ámbito de la radiodifusión. 14

Disponible en: http://dgpt.sct.gob.mx/fileadmin/acuerdos/acuedodeconvergencia_dof_031006.pdf; [Consulta: 03-0-2012]

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Esto sucedió tras la sanción de la Ley Federal de Telecomunicaciones de 1995 (LFT), que permite la concurrencia de mercados y ausencia de límites en naturaleza o cantidad de servicios brindados por una misma red, con la autorización expresa de la autoridad de aplicación, bajo el paradigma de garantizar la competencia entre operadores. En la práctica, el “Acuerdo…” permite procedimientos orientados a que los prestadores de telefonía ingresen al mercado audiovisual y viceversa. Sin embargo, tal proceso no resultó

avalado

por

el

organismo

regulador

-la

Comisión

Federal

de

Telecomunicaciones (COFETEL)- al no establecerse los plazos adecuados para garantizar que Teléfonos de México S. A. (Telmex), prestador histórico y dominante, abriera su cartera a otros incumbentes generando mecanismos de desagregación del bucle local (interconexión) y condiciones para los usuarios que permitan la portabilidad numérica, en caso de elegir otros concesionarios. Uno de los puntos centrales de la disputa se encuentra en la licitación de bandas del espectro radioeléctrico y sus modalidades de explotación. Así, la convergencia de servicios de voz, datos y video (triple play) quedó trunca por la tendencia a la concentración de los mercados. De hecho, Telmex (y, no Televisa) hubiera sido el principal beneficiario del cambio regulatorio. Cabe destacar que un debate similar se dio durante el tratamiento del anteproyecto de la LSCA, que contemplaba la entrada de las telefónicas al sector de la radiodifusión. Por características idénticas, finalmente la norma las excluyó, advirtiendo posibles tendencias monopólicas, dada la elevada distancia en facturación de las “telcos” y su penetración de mercado en telefonía fija y móvil. Los casos mexicano y argentino muestran que la elevada tendencia a la concentración impide la sana creación de ambientes convergentes que garanticen concesiones tendientes a la pluralidad de contenidos, convirtiéndose así en el talón de Aquiles de los procesos convergentes en mercados concentrados.

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También otros aspectos particularmente estratégicos, puesto que el fracaso en la integración de redes surge de la negación a ingresar en una discusión que ponga en un mismo plano los usos adecuados del espectro radioeléctrico y los principios de equidad sobre la “neutralidad de red” -que implican instancias de compresión y circulación de datos-. Mientras tanto, el trasfondo invisibilizado está en la formalización de esquemas de precios sobre aquellos nichos del mercado desregulados, como ocurre en Argentina con Internet y la telefonía celular.

Convergencia y políticas públicas De las alternativas planteadas, el contexto argentino enfrenta un escenario convergente con regulaciones divergentes. Tomando como marco de referencia la experiencia global y la estructuración normativa que posee la LSCA, aún en etapa de reglamentación, la única opción de viabilidad política frente a estas cuestiones no resueltas, es la oportunidad que ofrece la experiencia planteada en el punto 2: “La unificación de la autoridad regulatoria, con potestad de controlar tanto el espectro radioeléctrico, la entrega de licencias, la interconexión a redes de enlace, así como los múltiples a los actores empresarios, comunitarios y estatales que participan en un ambiente que tarde o temprano será el mismo.” Tal posición se justifica en la imposibilidad de consensos para el diseño de una “agenda digital” integradora de políticas que armonicen criterios de tendido de redes con la entrega de licencias, frecuencias y circuitos de interconexión de datos. Así, como las trabazones jurídicas desde la sanción de la LSCA, sumado a las dificultades técnicas para el cumplimiento de los planes de obra en la instalación de los trazados de fibra óptica e instalación de torres de comunicación digital (centralizadas bajo la órbita del Ministerio de Planificación Federal) pautadas para 2013 -mismo año de limite judicial 18


para las medidas cautelares presentadas por los actores antes mencionados- e incógnita sobre la llegada a 2019 con un apagón analógico en todo el territorio nacional. La cuestión de fondo irreductible parece residir en el doble estándar jurídico señalado en la introducción del presente trabajo. La normativa en comunicación audiovisual protege la identidad cultural como principal premisa, mientras que las políticas de la OMC focalizan su agenda de desarrollo en cuestiones puramente económicas. Sus soluciones, como la implementación del Servicio Universal, resultan tangenciales y apuntan sólo a brindar “accesibilidad” a personas con discapacidad o zonas no rentables. Así la dificultosa distinción entre servicio público y servicio de interés público sigue siendo uno de los ejes del debate. En especial, cuando un organismo perteneciente a la familia de Naciones Unidas como la UIT colabora en instancias de “cooperación técnica” sin reciprocidades concretas con avances de la OMC en la liberalización de los mercados, sin tener en cuenta en detrimento de la promoción de la diversidad cultural.

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BIBLIOGRAFÍA

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LEY Nº 26.522/09 DE SERVICIOS DE COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL.

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DECRETO Nº 1005/99. PEN. Radiodifusión. Modificaciones de la Ley Nº 22.285/80.

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DECRETO Nº 378/05. PEN. Creación del Plan Nacional de Gobierno Electrónico y Planes Sectoriales de Gobierno Electrónico.

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DECRETO Nº 512/09. PEN. Grupo de Trabajo Multisectorial. Creación. (Estrategia de Agenda Digital Argentina. Documento Base).

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DECRETO Nº 1148/09. PEN. Creación del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre.

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DECRETO Nº

1225/10.

PEN.

Servicios

de Comunicación Audiovisual.

Reglamentación de la Ley Nº 26.522/09. ·

DECRETO Nº 459/10. PEN. Creación del Programa “Conectar Igualdad.com.ar”.

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DECRETO Nº 1552/10. PEN. Creación del Plan Nacional de Telecomunicaciones “Argentina Conectada”.

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Cine transnacional y espectadores globales: oferta y consumo del cine mexicano en Monterrey 2001-2010 Lucila Hinojosa Córdova Universidad Autónoma de Nuevo León, México lucila.hinojosacr@uanl.edu.mx lhcordova@hotmail.com GT Economía Política de las Comunicaciones Resumen: Investigar el mercado del cine mexicano “en tiempos del neoliberalismo” requiere un acercamiento que considere los entrecruzamientos de las determinaciones globales y locales. El trabajo que a continuación se presenta forma parte de una línea de investigación que se ha venido desarrollando desde 1998 sobre el circuito producción, exhibición, consumo y recepción de las películas mexicanas en Monterrey desde la perspectiva de la economía política de la comunicación y los estudios culturales. El objetivo principal de este estudio es analizar las implicaciones que la adopción de las políticas económicas neoliberales como la apertura de los mercados, las desregulaciones y privatizaciones de la industria, desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA), han tenido en la industria cinematográfica mexicana. El método de abordaje ha sido utilizando como técnicas de investigación el análisis documental, el análisis de contenido y la encuesta. Los resultados han mostrado que las políticas económicas neoliberales aplicadas a la industria cinematográfica desde la firma del TLCAN, en particular los cambios a la regulación desde 1992, no han tenido un impacto muy favorable en la oferta de películas mexicanas que se exhiben en Monterrey; sin embargo, algunas de estas películas producidas en el periodo (2001-2010) han tenido un consumo y recepción favorables por parte de los espectadores que asisten a ver películas nacionales en las salas de cine. Palabras clave: películas mexicanas, regulación, producción, exhibición, consumo.

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Introducción El enfoque teórico de la Economía Política de la Comunicación es una de las perspectivas de mayor tradición en la investigación de la comunicación. Desde la década de 1940, este enfoque ha guiado el trabajo de muchos investigadores alrededor del mundo y su expansión global continúa el día de hoy, desde autores pioneros como Herbert Schiller, Dallas Smythe, Armand Mattelart, Nicolas Garnham, Kaarle Nordenstreng, Cees Hamelink y Vincent Mosco, quienes inspiraron luego los trabajos de autores latinoamericanos como César Bolaño, Enrique Sánchez Ruiz, Guillermo Mastrini, Luis Ramiro Beltrán, Delia Crovi, Rodrigo Gómez y muchos otros que han encontrado en este campo una explicación a los cambios estructurales y transformaciones históricas de los circuitos productivos de las industrias culturales. Según Vincent Mosco (2009, p. 24), “la economía política es el estudio de las relaciones sociales, particularmente de las relaciones de poder, que mutuamente constituyen la producción, distribución, y consumo de recursos”. Desde este punto de vista, los productos de la comunicación como periódicos, libros, videos, películas y audiencias, son los recursos primarios. Esta definición llama la atención hacia las fuerzas fundamentales y los procesos en juego en el mercado. Hace énfasis en cómo una compañía produce una película o una revista, sus negociaciones con aquellos que lo van a distribuir en el mercado, y cómo los consumidores deciden acerca de qué ver, leer o escuchar. Finalmente, considera cómo las decisiones de los consumidores alimentan de nuevo el proceso de la producción de nuevos productos. En otras palabras, la Economía Política de la Comunicación es un enfoque teórico que analiza las articulaciones entre la producción y consumo de productos culturales. En un sistema de mercado, los productores responden a las demandas de los consumidores y, al mismo tiempo, las necesidades y deseos de los consumidores son moldeados por la oferta disponible del mercado. Diferentes modos de producción determinados por contextos socio-históricos y estructurales, configuran distintos patrones de consumo y prácticas culturales entre los 2


consumidores. De ahí que las áreas de análisis prioritarias para la Economía Política de la Comunicación sean la producción de bienes culturales (patrones de propiedad de los medios y sus consecuencias en la producción de mensajes, así como las relaciones entre las regulaciones del Estado y los medios); la economía política del contenido de los medios (analizar cómo los factores económicos condicionan los géneros, las formas y los contenidos de los mensajes); y la economía política del consumo cultural (analizar los factores que determinan los procesos de selección de los mensajes por parte de los consumidores). Repensar y renovar la Economía Política de la Comunicación también requiere mirar hacia afuera, a la relación entre la disciplina y aquellas otras que se encuentran en sus fronteras. En esta perspectiva se ubica el enfoque de los Estudios Culturales, como un movimiento de amplia base intelectual que se centra en el análisis de la constitución del sentido en los textos, definidos en un sentido amplio para incluir a todas las formas de comunicación social (Storey citado por citado por Mosco, 2006, p. 73). La Economía Política de la Comunicación, entonces, observa y teoriza desde un nivel macro los fenómenos comunicativos; los Estudios Culturales los abordan desde una visión micro; de ahí la complementariedad de estos enfoques para tener un panorama integral de los procesos comunicativos que se estudian. La Economía Política de la Comunicación acepta la polisemia y la producción múltiple de textos en la lectura de los mismos que los Estudios Culturales proponen, pero reconoce también la necesidad de analizar el circuito completo de la producción, distribución y consumo que determinan estas lecturas, a los cuales ve como momentos centrales en el realización del valor y en la construcción de la vida social. La resistencia de las audiencias está inscrita en los límites establecidos por las industrias mediáticas; para la Economía Política de la Comunicación, el término “audiencia” no es una categoría analítica, como clase, género o raza, sino un producto de la industria cultural que usa este término para identificar mercados y definir un producto cultural para su consumo.

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Los Estudios Culturales hacen énfasis, también, en que la cultura, en su proceso cotidiano, es un producto de la vida diaria que es ampliamente producido, distribuido y consumido: “Las teorías culturales y artísticas demostraron largamente que la creación cultural se forma también en la circulación y recepción de los productos simbólicos. Es necesario, entonces, dar importancia en las políticas culturales a esos momentos posteriores a la generación de bienes y mensajes, o sea al consumo y apropiación de las artes y los medios masivos” (García Canclini citado por Becerra y Martini, 2006, p. 10). Y con respecto al estudio del cine, Janet Wasko señala que: “La Economía Política representa una perspectiva diferente y distinta del estudio del cine, aunque no haya recibido el reconocimiento debido en el campo de los estudios fílmicos… Es muy importante destacar la relevancia de las implicaciones políticas e ideológicas de las estrategias económicas, pues no en vano el cine debe también enmarcarse dentro del contexto social, económico y político general, y debe ser criticado en la medida en que contribuye a mantener y reproducir las estructuras de poder” (Wasko, 2004, pp. 101-102). De ahí que el estudio de una industria cultural tan importante para la identidad cultural y nacional como lo es la cinematográfica, tenga en estos dos enfoques una vía para la explicación de su devenir histórico e interpretativo, considerando sus intersecciones entre lo global y lo local. La Economía Política del Cine Mexicano Ernesto Piedras (2004, pp. 119-126) señala que son muy escasas las estadísticas que se tienen en México sobre las industrias culturales en general y destaca que de la industria audiovisual de la que con más información se cuenta es la del cine, ya que es la más importante de nuestro país; sin embargo, son pocos los estudios que se realizan a nivel regional o estatal y que analicen las consecuencias de anteponer las “leyes del mercado” por sobre las regulaciones estatales, y su

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impacto en los sectores productivos de bienes y servicios como es el caso del sector de las industrias culturales y, en particular, de la industria cinematográfica. México, como la mayoría de los países en desarrollo, inició su integración a la globalización mediante la firma de tratados como el TLCAN para promover y garantizar el libre comercio, adoptando políticas económicas neoliberales como la apertura de los mercados, desregulaciones (entre ellas la del sector cinematográfico) y privatizaciones que repercutieron en la reestructuración de la mayoría de sus sectores productivos, incluyendo el de la industria del cine. La Ley Federal de Cinematografía vigente, que sustituyó a la última de 1952 (Lay, 2009), ha tenido varias adiciones en los años 1999, 2002, 2006 y 2010, pero ninguna ha tenido repercusiones significativas, hasta ahora, en la promoción o fomento, de manera sostenible y sustentable, de la producción, distribución, exhibición y consumo de películas mexicanas. Sobre este aspecto, en octubre de 2011 la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (COFEMER), órgano administrativo desconcentrado y sectorizado a la Secretaría de Economía del Gobierno Federal, dio a conocer un estudio titulado Efectos de la Regulación en la Industria Cinematográfica en México: un análisis retrospectivo, el cual es un estudio acerca del impacto del marco regulatorio en la industria cinematográfica, con el fin de evaluar de manera retrospectiva los efectos de las modificaciones legales efectuadas en 1992. La COFEMER, como órgano técnico encargado de promover el mejoramiento de la regulación en el país, proporciona este tipo de diagnósticos con el fin de identificar oportunidades en nuestro marco regulatorio y con ello promover mejores políticas públicas con amplio impacto social. El objetivo –se menciona en el documento-, es potenciar la productividad y la competitividad de la economía mexicana, lograr mayores tasas de crecimiento sostenido, detonar la creación de empleos y generar mayores beneficios a la sociedad. En este trabajo se retoman algunos aspectos de la regulación vigente que a partir de 1992 se fue modificando para adaptarse a “las leyes del mercado”, los cuales se discuten a la luz de los resultados obtenidos del estudio de la exhibición 5


y consumo de películas mexicanas en los cines comerciales de la ciudad de Monterrey, en el periodo comprendido de 2001 a 2010. • Sobre la producción En el resumen ejecutivo del informe de la COFEMER (2011, pp. 5-7), se destaca que las reformas representaron un detonador significativo de inversiones en la construcción de nuevas salas cinematográficas y estimularon un mayor consumo de cine en el país. México es la quinta nación con mayor número de entradas anuales al cine en el mundo, superado sólo por India, Estados Unidos, China y Francia, e incluso con niveles de asistencia superiores a los de Japón, Reino Unido, Rusia, Corea del Sur y Brasil. Asimismo, México es el sexto país con mayor asistencia relativa por número de habitantes en el mundo, donde un habitante en México asiste en promedio 1.67 veces al año, únicamente superado por Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, Reino Unido e India donde un habitante al año acude 6.04, 4.01, 3.18, 2.72 y 2.31, respectivamente. Si bien los niveles de asistencia por persona no han alcanzado los niveles observados en la llamada Época de Oro, e incluso los niveles observados durante la década de1980, la baja asistencia no ha sido una característica exclusiva de México, sino mundial. También se menciona que no podemos referirnos a una crisis o problemática generalizada que esté afectando al cine como industria en su conjunto ya que existe un relativo crecimiento en la exhibición y consumo de todo tipo de películas en nuestro país, y un incremento en la producción de películas nacionales. El problema radica en que las películas de producción nacional no han podido penetrar de manera significativa en el mercado, ya que apenas producen un ingreso equivalente al 5.57% del total de la industria y una asistencia del 6.06% de las asistencias totales de la industria, pese a que representan el 17.65% de las películas que son exhibidas en el país. Si bien México es el quinto mercado mundial en número de espectadores y el cuarto por la transferencia de regalías al extranjero por concepto de consumos de materiales audiovisuales provenientes de Estados Unidos, la producción fílmica

6


nacional no es equivalente proporcionalmente y la falta de equidad en la distribución de los ingresos no incentiva la inversión privada en esta industria, ya que, del ingreso en taquilla, el exhibidor se queda con el 60% menos impuestos, el distribuidor con el 25% correspondiente a la recuperación de gastos más comisión, y el productor recibe, en el mejor de los casos, un 15%. Sólo tratándose de un éxito de taquilla este porcentaje podría representar una ganancia y difícilmente una película mexicana recupera su inversión con su exhibición exclusivamente en territorio mexicano. Estos números contrastan con lo que sucede en otros países como Estados Unidos, donde el productor se lleva en promedio el 70% de los ingresos, una vez descontados los gastos de operación del exhibidor (Casas, 2006). Uno de los proyectos que permitieron obtener recursos adicionales para apoyar la producción cinematográfica de calidad fueron las reformas y adiciones al Artículo 19-C, fracciones I y IV, de la Ley Federal de Derecho, realizadas a finales del 2002, ésta última concerniente al pago de un peso por cada boleto vendido en las salas cinematográficas del país, al que se le denominó “peso en taquilla” y que sería destinado al IMCINE para apoyar la producción cinematográfica. Esta medida tuvo como antecedente la aplicación exitosa en otros países que financian la producción cinematográfica con recursos provenientes de la exhibición de cine como en Argentina y la citada Francia; sin embargo, la medida no fue aceptada por las grandes distribuidoras transnacionales, quienes se ampararon contra esta medida. El resultado fue que se revocó la fracción IV en el 2004. Otra medida importante para la recaudación fue la aprobación del artículo 226 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta (ISR), con la que se creó un estímulo fiscal que permite acreditar el 10% del pago anual del ISR a los contribuyentes que inviertan en la producción cinematográfica, lo que ha permitido obtener recursos extraordinarios hasta por 500 millones de pesos anuales. Esta medida ha permitido impulsar la producción de películas mexicanas en el corto y mediano plazo, de tal forma que, en los últimos cinco años, la producción de largometrajes nacionales se ha mantenido en un promedio cercano a las 70 películas por año, 7


gracias en su mayor parte a estos apoyos federales; sin embargo, todavía no se logran producir las películas que se producían a finales de la década de 1980 (sólo en 1989 se produjeron 92, según estadísticas del IMCINE). Ver Tabla 1.

Tabla 1 Producción de películas mexicanas 1989-2011 Año

Películas producidas

1989-1990

167

1991-1992

120

1993-1994

77

1995-1996

33

1997-1998

20

1999-2000

47

2001-2002

35

2003-2004

65

2005-2006

117

2007-2008

140

2009-2010

135

2011

67

Fuente: Elaboración propia con Informes del IMCINE.

8


En los años 1989-1990, previo a la entrada en vigor de la nueva Ley de Cine de 1992, sumaron 167 las películas producidas, cifra que no se ha vuelto a repetir hasta la fecha. Al respecto, en el estudio de la COFEMER se señala que: el resultado más importante radica en que el nuevo esquema regulatorio estimuló una serie de innovaciones para la industria en su conjunto (las negritas son del propio informe). De esta manera, la innovación generó una transformación y nuevos conceptos en cuanto a la exhibición de películas en nuestro país y sentó la bases para la creación de una nueva generación de productores, actores, guionistas y directores nacionales cuyas producciones hoy en día conocemos como el Nuevo Cine Mexicano (COFEMER, 2011, p. 33). Esta conclusión es discutible, ya que lo que se ha observado es que los productores, actores, guionistas y directores nacionales, más que “innovaciones”, han tenido que trabajar más con voluntad que con presupuesto y ser creativos, “innovadores” para la obtención de recursos en la producción de sus obras y su posterior exhibición, con todo y que los estímulos con los que el IMCINE ha apoyado a los creadores han ido en crecimiento en los 28 años del Instituto. Tan sólo los apoyos otorgados por el IMCINE en el 2011 para la producción sumaron un total de 700 millones, monto con el cual se apoyaron 88 largometrajes: 9 fueron apoyos directos del IMCINE, 24 del FOPROCINE, 16 del FIDECINE y 41 por el Estímulo Fiscal del artículo 226 del ISR (EFICINE). En sus cinco años de operación, este último estímulo ha apoyado 207 proyectos, con un promedio anual de 35 largometrajes, proporcionalmente el doble de los que han apoyado el FOPROCINE y FIDECINE juntos, a pesar de contar con un mayor número de años en operación. Se produjeron en total 67 películas en el 2011, dos menos que en el 2010, de las cuales nueve recibieron apoyo de capital privado y 58 apoyos del Estado (Informe IMCINE 2011). 9


Por otra parte, hay que considerar que el reparto de las ganancias en la industria del cine mexicano trae consigo el problema del financiamiento y los inversionistas o productores nacionales no quieren arriesgar su capital si no están seguros de recuperar su parte; en los últimos años, gran parte de los productores no ha recuperado su inversión, porque no tienen asegurada la distribución y exhibición. Estos dos problemas, reparto inequitativo de las ganancias y dificultades de recuperación en la inversión, han impedido que se consolide el crecimiento de nuestro cine; sin embargo, y a pesar de estos obstáculos, algunos economistas sostienen que “el cine mexicano cuenta con gran potencial para ser una expresión cultural rentable” (Piedras, 2004, p. 124). La exhibición Entre las principales dificultades que ha tenido que enfrentar el cine nacional para su exhibición en salas cinematográficas comerciales se encuentra el control que las distribuidoras y exhibidoras transnacionales tienen sobre la exhibición, problemática que también enfrentan la mayoría de los países en el mundo. La normativa no coadyuva a fomentar un crecimiento sostenible de la industria del cine nacional, ya que en ella se establece que a partir de 1993 iría disminuyendo el porcentaje de exhibición de películas mexicanas en pantalla del 30% al 10% en 1997: ARTICULO 19.- Los exhibidores reservarán el diez por ciento del tiempo total de exhibición, para la proyección de películas nacionales en sus respectivas salas cinematográficas, salvo lo dispuesto en los tratados internacionales en los cuales México no haya hecho reservas de tiempo de pantalla. Toda película nacional se estrenará en salas por un período no inferior a una semana, dentro de los seis meses siguientes a la fecha en que sea inscrita en el Registro Público correspondiente, siempre que esté disponible en los términos que establezca el Reglamento. (Artículo adicionado DOF 05-01-1999)

10


ARTICULO 20.- Los precios por la exhibición pública serán fijados libremente. Su regulación es de carácter federal. (Artículo adicionado DOF 05-01-1999) (Ley Federal de Cinematografía, 2010, p. 4). Según el estudio de la COFEMER, en el caso del tiempo mínimo del 10% de pantalla para las producciones nacionales, se determina que la medida es ineficiente e inoperante, en parte, debido a que está sujeta a las salvedades previstas en los tratados internacionales de los que México forma parte, y dado que no es relevante para impulsar la calidad y la reputación del cine. El fomento de películas nacionales debe venir por la creación de una demanda real por éstas, la cual sólo aumentará en la medida en que se produzca más reputación en el cine mexicano. La reputación no sólo tiene que ver con los actores, guionistas, productores y directores; también es importante que la industria de producción cinematográfica genere reputación colectiva mediante la creación de géneros que le ayude a enviar señales al mercado y le genere una marca propia (como lo fue el caso del cine ranchero, el cine de ficheras o bien el cine de luchadores en el caso de México). La liberación precios promovida por la nueva Ley ocasionó, en parte, que las clases populares se alejaran de las salas de cine; al no contar con asistentes, las salas comerciales de los pequeños propietarios empezaron a decaer y con ello dejar el negocio de la exhibición a los propietarios de los grandes complejos; las salas pequeñas fueron desapareciendo, algunas todavía lucen abandonadas y, las más, fueron demolidas para dar paso a la urbanización de la modernidad. Al respecto, y paradójicamente, en el documento firmado del TLCAN quedó asentado en el Anexo I de la Lista de México, que “el 30% del tiempo anual en pantalla en cada sala está reservado a las producciones mexicanas dentro o fuera del territorio de México” (Casas, 2000, p. 144), con lo cual se evidencia una contradicción entre lo acordado por los tres países (México, Estados Unidos y Canadá) y el Reglamento de la Ley Federal de Cinematografía que dice en su Artículo 44: “Los exhibidores reservarán el diez por ciento del tiempo total de exhibición a la proyección de películas nacionales, sin menoscabo de lo dispuesto 11


en los tratados internacionales de los cuales México forma parte. Tratándose de conjuntos de salas, el tiempo de reserva se calculará respecto del tiempo de pantalla anual del total de las salas que integran el conjunto” (Ley Federal de Cinematografía y Reglamento, 2001, p. 58). Sin embargo, en el informe de la COFEMER se señala que no se puede hablar de una crisis o problemática generalizada del cine como industria en su conjunto, lo que en cierta forma se podría leer como una falacia: En realidad existe un verdadero dinamismo en la exhibición de películas en salas cinematográficas y un incremento considerable en la producción de películas nacionales. El problema radica en que las películas de producción nacional no han podido penetrar de manera significativa en el mercado, ya que apenas producen un ingreso equivalente al 5.57% del total de la industria y una asistencia del 6.06% de las asistencias totales de la industria, pese a que representan el 17.65% de las películas que son exhibidas en el país (p. 33). Cierto que existe un dinamismo en el crecimiento del número de salas cinematográficas: a nivel nacional se han incrementado de 1434 que había en 1994 -año en que inició la gran crisis-, a 4818 en el 2010. Pero hay que recordar que en ese entonces todavía la mayor parte de las salas eran de propietarios particulares, quienes tuvieron que deshacerse de ellas para enfrentar la crisis. En cuanto a la exhibición, en Monterrey se exhibían 32 películas distintas, en promedio, en 77 salas de cine que había entonces en 1992; al 2010, el área metropolitana de Monterrey contaba con 455 salas de cine, pero se exhibían en promedio 30 películas diferentes (Tabla 2). Tabla 2 Número de salas de cine comercial que dieron función y películas exhibidas en promedio por día en Monterrey durante dos semanas compuestas de 1992-2010

1992

1993

2000

2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2010

12


Salas de cine

77

78

160

187

234

222

239

265

302

319

400

455

Películas exhibidas

32

29

22

21

23

24

24

25

26

27

31

30

Fuente: Elaboración propia con información de las carteleras cinematográficas del periódico El Norte.

La COFEMER señala que aquellas industrias que cuenten con mejores mecanismos para generar reputación, tendrán mayores posibilidades de crecer. La reputación no sólo tiene que ver con los actores, guionistas, productores y directores; también es importante que la industria de producción cinematográfica genere reputación colectiva mediante la creación de géneros que le ayude a enviar señales al mercado y le genere una marca propia (como lo fue el caso del cine ranchero, el cine de ficheras o bien el cine de luchadores en el caso de México) (p. 6). ¿Cómo se van a generar ingresos con una escasa producción?, ¿quién se va a arriesgar a producir cuando por ley sólo contará con el 10% de pantalla compartida con otras producciones mexicanas?, ¿cómo se va a incrementar la asistencia (consumo) si no hay exhibición (oferta)? ¿Cómo generar reputación con la poca participación que se tiene en el mercado cinematográfico internacional? No se puede penetrar en un mercado cuya distribución dominan las transnacionales que privilegian las producciones extranjeras, por no decir estadounidenses, que se ven beneficiadas por la Ley. En otros países como Canadá, Estados Unidos y de la Unión Europea, las respectivas legislaciones apoyan a su industria cinematográfica con incentivos directos a la filmación o incentivos financieros que permiten un desarrollo sostenible de su industria. Por ejemplo en Francia, el sistema de apoyo al cine está centrado en fomentar un una gran diversidad en todas las redes de la cadena de producción cinematográfica. Es un sistema simple que se apoya principalmente en el producto de tres impuestos: a) un impuesto sobre el precio de las entradas al cine; b) un impuesto sobre las empresas, los ingresos por concepto de publicidad,

13


los abonos y regalías de cadenas públicas; y c) un impuesto a los videos y DVD. El sistema de redistribución beneficia a todos los actores de la cadena de producción que han contribuido a hacer las películas y, por lo tanto, a generar ingresos: productores, distribuidores, administradores de salas y editores de video (Barbaroux, 2006). En un comparativo de las películas mexicanas producidas en las dos últimas décadas, en el Informe del IMCINE 2011 se señala que de 1991 al 2000 se produjeron 297 películas en total, mientras en la de 2001 al 2010 fueron 492. Cierto que este crecimiento de una década a otra es significativo, pero si se compara con el número de producciones de décadas anteriores a 1990, cuando todavía regía la Ley de 1949 que obligaba a la exhibición en pantalla del 50% de películas nacionales, había más producción, más exhibición y más consumo de estas películas. Paradójicamente, el número total de estrenos de películas mexicanas fue menor en la década de más producción (492 películas) y mayor número de salas (2500-4800 salas): entre 2001 y 2010 se estrenaron 339 películas nacionales, cuando en la de 1991-2000, con menor producción (297 películas) y menos número de salas (1800-2300 salas), se estrenaron 370, aún y con las crisis económicas de 1994 y 1995. Si bien la situación de la industria del cine mexicano se ha vuelto compleja, no se deja de pensar en la posibilidad de que el mercado no nace, se hace, si las condiciones le son propicias. De acuerdo a cifras del IMCINE a noviembre de 2011, el número de películas mexicanas estrenadas en los cines comerciales del país fue de 59 (tres más que en el 2010); los espectadores que vieron cine mexicano fueron alrededor de 13 millones, 13% más (un millón y medio de asistentes) que en el 2010. La película más taquillera fue Don Gato, con casi 2.6 millones de espectadores, seguida por Salvando al Soldado Pérez, con 2 millones y Presunto Culpable, con cerca de 1.7 millones. No se publican datos del ingreso total en taquilla ni del número de salas al cierre del 2011. Tabla 3

14


Oferta de películas exhibidas en los cines comerciales de Monterrey por país de origen durante dos semanas compuestas de 1992 – 2010

País

1992

1993

2000

2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2010

México

96

78

21

15

17

20

21

19

9

33

32

60

E.U.A.

255

292

225

201

187

190

209

199

217

185

206

241

Canadá

0

0

1

1

1

0

4

1

2

23

6

1

Coprod.

1

5

4

41

90

94

73

85

93

104

89

68

Otro

13

14

36

36

28

35

30

48

48

38

74

45

N/I

88

24

28

1

1

5

2

5

6

4

2

12

Total

453

413

315

295

324

344

339

357

375

387

409

427

país

Fuente: Elaboración propia con datos de las carteleras cinematográficas del periódico El Norte

En Monterrey, el comportamiento de la oferta en los cines no ha generado “un entorno favorable de calidad y diversidad”, ni “el regreso de los espectadores al cine en todos los sectores sociales”, como se comenta enseguida. El consumo de películas en los cines Respecto al consumo de películas en los cines, el cual se ve reflejado en la asistencia, hasta antes de la entrada en vigor de la Ley de Cine aprobada en 1992, el precio del boleto de entrada era regulado por el Estado, lo que permitía que fuera accesible a la mayor parte de la población. A partir de la liberación del precio del boleto de entrada, éste se ha ido incrementando incluso en algunas zonas del país por sobre el salario mínimo de los trabajadores, por lo que cada vez es más difícil que una familia, cuyo ingreso depende de este salario mínimo, pueda asistir al cine. Actualmente somos cerca de 120 millones de mexicanos y, de acuerdo al Anuario del IMCINE 2010 y el informe de la COFEMER, la media de asistencia por habitante es alrededor de 1.67, lo que no asegura que todos 15


tengan la posibilidad de hacerlo (somos los mismos los que vamos al cine). En otro apartado se describe el perfil del espectador de cine en Monterrey. Previo a la reforma legal de 1992, el precio del boleto en taquilla era un precio fijo. Durante el periodo del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, se liberó el precio, las políticas de liberación de los mercados también llegaron a la industria del cine y a la canasta básica de los consumidores. Si bien es cierto que, “el esquema de precios fijos previos a la nueva ley de 1992 generó diversas ineficiencias en toda la cadena de producción del cine, lo que tuvo como efecto principal bajos incentivos para realizar inversiones en el sector, principalmente en los exhibidores” (COFEMER, 2011, p. 36), estos exhibidores eran los propietarios de las salas pequeñas, quienes no pudieron sobrevivir al libre mercado y la competencia, y ante la falta de recursos para invertir tuvieron que vender, transformar o abandonar sus propiedades; además, en cinco años el precio del boleto se incrementó en un 400%, rebasando el poder adquisitivo de las clases populares para disfrutar de este entretenimiento.

Tabla 4 Asistencia a las salas de cine en México 2001-2010 2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

2010

Pantallas cinematográficas

2,579

2,823

3,054

3,491

3,536

3,892

4,204

4,310

4,480

4,818

Asistencia total*

139

152

137

163

163

165

175

182

178

190

Asistencia a ver películas mexicanas*

11.9

14.7

7.5

9.0

7.1

11

13.4

13.2

12.4

11.4

Fuente: Elaboración propia con datos de los Informes del IMCINE.

(*) Millones de espectadores

16


En Monterrey, el costo por ver una película varía dependiendo de la zona en que se ubique la sala de cine, desde 25 pesos hasta los 120. Citando a Néstor García Canclini, con respecto a sus modelos de consumo cultural, cada vez se confirma más que “el lugar del consumo es el lugar de la reproducción de la fuerza del trabajo y de expansión del capital” (García Canclini citado por Lozano, 2007, p. 187). La Tabla 5 muestra que el comportamiento de los patrones de consumo de los espectadores de películas mexicanas que asisten a las salas de cine en Monterrey ha sido también fluctuante, como la oferta, no así su percepción sobre las películas (Hinojosa 2003, 2004, 2006, 2007). Este último indicador se ha mantenido constante con una percepción favorable hacia las nuevas películas mexicanas, de acuerdo a los resultados de la encuesta aplicada a la salida de los cines, lo que evidencia que al menos en Monterrey existen espectadores que valoran y consumen las producciones mexicanas, aunque sea escasa su oferta.

Tabla 5 Espectadores que vieron películas mexicanas en las salas de cine comercial de Monterrey 2001-2010 Vieron películas mexicanas

2001

2002

2006

2007

2008

2009

2010

56%

73.5%

51%

57%

65%

43%

53%

No

44%

26.5%

49%

43%

35%

57%

47%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

Total 100% Fuente: Elaboración propia

17


Las muestras de estudio oscilan entre 400 a 600 espectadores para cada año. El cuestionario se aplica a la salida del cine donde se exhibe alguna película mexicana. Desde el 2001 que se aplica el instrumento, se ha detectado que el perfil de los espectadores de cine es en su mayor parte de jóvenes de entre 18-25 años, con estudios profesionales, solteros y con trabajo (el 60% en promedio dice contar con trabajo al aplicarle el instrumento), lo que hace suponer que una buena parte de la población no asiste regularmente al cine. Conclusiones En la década de estudio, ha habido varias iniciativas para promover cambios a la Ley Federal de Cinematografía y a su Reglamento, pero no han prosperado. En abril de 2011, diputados y representantes de la Cámara Nacional de la Industria del Cine (CANACINE) se reunieron para analizar una propuesta de reforma a la Ley Federal de Cinematografía para aumentar el tiempo de exhibición de películas mexicanas; se propuso promover el cine mexicano a través de tiempos oficiales tanto en televisión como en radio, reglamentando la Ley Federal de Radio y Televisión, así como crear un estímulo fiscal para la promoción y distribución de películas; establecer filtros de calidad adecuados y apoyar a la formación de guionistas. Sin embargo, el presidente de la CANACINE consideró que la idea de aumentar 30 por ciento la cuota de tiempo en pantalla para el cine mexicano e imponer dos semanas obligatorias de permanencia para estas películas quizá no contribuyera a una mejor calidad de las cintas nacionales (la Ley y Reglamento de Cine actuales obligan a una semana), con lo cual no se aprobó dicha iniciativa (Notimex, 16 abril 2011). Si los diputados y senadores no pueden hacer valer estas iniciativas por sobre los empresarios que buscan su lucro, los investigadores podemos, al menos, evidenciar las implicaciones que esta normativa inequitativa trae como consecuencia a una industria considerada patrimonio nacional y bien cultural por la UNESCO. Los resultados de este trabajo muestran cómo se siguen reproduciendo las estructuras de poder reorganizadas a partir de la entrada en vigor del TLCAN y cómo siguen impactando al circuito productivo del cine la apertura de los 18


mercados, que trajo consigo la liberación del precio del boleto de cine; los cambios a la regulación desde 1992, sobre todo lo que concierne a la exhibición; y las privatizaciones que propiciaron la concentración de la distribución y exhibición, como consecuencia de implementar el modelo económico neoliberal que privilegia las “leyes del mercado” por sobre la soberanía y aprecio que debiera tener nuestra cinematografía. Los grupos que controlan la distribución y la exhibición son los mismos que siguen abriendo nuevos conglomerados de cines, controlan la exhibición de las salas y están integrando éstas a conceptos comerciales cada vez más sofisticados para atraer a los públicos de cine, y es notoria la cada vez más reducida variedad de la oferta cinematográfica en un número cada vez mayor de salas que, por su pequeño tamaño, reproducen la tendencia de la cada vez mayor segmentación de los mercados a nivel mundial. Son discutibles, también, los argumentos que se exponen en el estudio de la COFEMER acerca de los beneficios a los cambios en la regulación del cine: se ha incrementado el número de salas de exhibición, pero pertenecen a pocos empresarios; se ha incrementado el ingreso en taquilla, porque cada vez somos más en población, pero los mismos los que seguimos yendo al cine; en la última década (2001-2010) se ha incrementado el número de producciones, pero no ha alcanzado los niveles que tenía antes de los cambios regulatorios promovidos desde 1992. También es una falacia decir, como lo dijo el presidente de la CANACINE, que el incrementar 30% la cuota de tiempo en pantalla para el cine mexicano y a dos semanas obligatorias la permanencia para estas películas habría de tener efectos adversos creando incentivos para que se produzcan películas de baja calidad. El incremento en la exhibición de películas mexicanas en el 2010, y con ello la asistencia con motivo del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana que se reflejó en el ingreso en taquilla, demuestran que el público “no nace”, “se hace” con voluntad política y apoyo de los exhibidores. Tan sólo en Monterrey se exhibieron 10 películas mexicanas en el mes de septiembre de 2010, el mes con mayor ingreso en taquilla en todo el país, 19


de acuerdo al Informe del IMCINE 2010. Nuevo León fue el Estado con mayor asistencia al cine en el año mencionado, después del Distrito Federal. Si como lo señalan los teóricos de la Economía Política de la Comunicación, en un sistema de mercado los productores responden a las demandas de los consumidores y, al mismo tiempo, las necesidades y deseos de los consumidores son moldeados por la oferta disponible del mercado, ¿por qué no trabajar en el diseño de políticas culturales que fomenten la producción de manera sostenible, aprovechando un contexto socio-histórico y estructural propicio como el del año 2010, el que a su vez configuró patrones de consumo cultural favorables entre los espectadores de cine mexicano? Como en trabajos anteriores, se concluye que no ha sido la escasez de talento lo que le hace falta a nuestro cine (los premios recibidos por una nueva generación de cineastas lo comprueban), sino una política cultural congruente y consistente que establezca las condiciones pertinentes para que quienes están detrás de esta industria puedan enfrentar los desafíos que la globalización de los mercados y su modelo ideológico neoliberal dominante están determinando.

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Compreendendo as indústrias criativas de mídia: contribuições da economia política da comunicação1

Fábio Ferreira

Eliminado: I Eliminado: e

2

Othon Jambeiro

3

Resumo O termo indústrias criativas surgiu nos anos 1990 como um esforço para concentrar, em um mesmo conceito, atividades que possuem a criatividade como insumo produtivo básico (a exemplo das artes, arquitetura, filme, música, teatro, gastronomia, etc.). Desde então, diversos países e regiões têm-se utilizado

do

termo

para

fomentar

suas

indústrias

criativas

e

gerar

Eliminado: para

desenvolvimento econômico (principalmente por meio da criação de emprego e renda). Tendo em vista esse cenário, o objetivo desse texto é discutir, sob um viés teórico, as possíveis contribuições da economia política da comunicação para a compreensão e análise das indústrias criativas, particularmente as de

Eliminado: o desenvolvimento

mídia. Não se busca negar ou criticar a validade do termo indústrias criativas,

Eliminado: Ele não

mas sim, por meio da reflexão pelo viés da economia política, propor questões/perspectivas de análise, por meio de uma revisão bibliográfica acerca das indústrias criativas e da economia política da comunicação.

1

Trabalho apresentado no XI Congreso Latinoamericano de Investigadores de Comunicación no GT 6, Economía Política de las Comunicaciones 2 Universidade Federal da Bahia (UFBA), Brasil. e-mail: ferreira900@gmail.com 3 Universidade Federal da Bahia (UFBA), Brasil. e-mail: othon@ufba.br

1

Eliminado: rupo de Trabalho Eliminado: i


Introdução O conceito de indústrias criativas emergiu nos anos 1990 como uma tentativa de agregar setores que tem em comum a criatividade como principal elemento produtivo. O termo abrange, portanto, setores diversos (música, filme, TV, arquitetura, publicidade, teatro, gastronomia, etc.) num único conceito, e ainda que possa ser argumentado que toda organização humana possui alguma criatividade, as indústrias criativas dependem dela para a sua própria sobrevivência como firmas. Alguns autores defendem que o elemento definidor das indústrias criativas é a geração de produtos passíveis de proteção sob os regimes de propriedade intelectual. Na verdade, o termo indústrias criativas está imbricado tanto ao conceito de criatividade como insumo básico de produção, quanto ao de geração de propriedade intelectual (notadamente aos direitos autorais). O termo surgiu na Austrália e ganhou força na Inglaterra, onde o Departamento de Cultura, Mídia e Esportes (DCMS) do Governo empreendeu

Eliminado: Eliminado: inicialmente Eliminado: , mas

esforços para estudar e fomentar o setor, com vistas ao desenvolvimento econômico, via geração de emprego e renda. Esse potencial econômico atraiu, posteriormente, outros países – o Brasil, inclusive - a incorporar o termo às suas políticas públicas. Para alguns autores, o termo surgiu como uma decorrência da evolução da chamada economia criativa, razão pela qual não pode ser tomado

Eliminado: É justamente e Eliminado: que Eliminado: , como é o caso, por exemplo, do Brasil

de maneira desconexa de suas bases históricas (onde estão presentes, além da economia criativa, os conceitos de sociedade pós-industrial e sociedade da informação). A literatura sobre as indústrias criativas busca conceituá-las e dotá-las de fôlego teórico, ao mesmo tempo em que as mapeiam/avaliam em casos concretos. No entanto, sob a perspectiva teórica, os autores desse artigo acreditam que é necessário se avaliar as possíveis contribuições da economia política da informação e da comunicação para o entendimento adequado do fenômeno. Ainda que fosse possível adensar a crítica sobre questões ideológicas envolvidas na concepção da sociedade da informação e a partir daí

2

Eliminado: das comunicações


discorrer sobre a temática, nesse texto os autores buscam uma abordagem diferente. Eles partem do pressuposto de que o termo indústrias criativas, notadamente no que se refere ao seu uso no campo concreto de políticas públicas, pode de fato contribuir para o desenvolvimento econômico, inclusive no fomento às indústrias criativas de mídia. Contudo, a discussão acerca dessa temática pode também ser conduzida a partir de questões que são tradicionalmente colocadas pela economia política da comunicação a exemplo de: suas relações com a globalização e suas implicações para firmas e fluxos de comunicação; resgate de sua trajetória histórica; estruturação e funcionamento dessas indústrias (as de mídia em particular); discussão no que se refere à propriedade da infra-estrutura, produtos e serviços; análise das condições de

Eliminado: dos meios

trabalho nas indústrias criativas de comunicação; etc.. O objetivo desse texto é, portanto, discutir, sob um viés teórico, as possíveis contribuições da economia política da comunicação para a

Eliminado: o desenvolvimento

compreensão e análise das indústrias criativas, particularmente as de mídia. Não se busca negar ou criticar a validade do termo indústrias criativas, mas sim, por

meio

da

reflexão

pelo

viés

da

economia

política,

propor

questões/perspectivas de análise.

Indústrias criativas: definições

O termo indústrias criativas surgiu em meados da década de 1990 como uma tentativa de agregar em uma única perspectiva teórica indústrias aparentemente díspares, mas que possuem a criatividade como insumo produtivo e a propriedade intelectual (notadamente o direito autoral) como meio objetivo de medição de seus outputs, tendo por pano de fundo a convergência tecnológica e o crescimento no consumo de bens culturais (Caves, 2000; Cunningham, 2004; Howkins, 2005). No entanto, um olhar mais atento mostra

3

Eliminado: Ele não


Eliminado: a

que o termo indústrias criativas tem sua origem na literatura acerca da sociedade da informação e da nova economia. Conforme indicado por Garnham

Eliminado: (Garnham, 2005). Eliminado: idem

(2005), a idéia de uma economia baseada na criatividade é próxima dos pressupostos da economia do conhecimento (e por conseqüência as discussões acerca dos trabalhadores do conhecimento), ainda que incorpore elementos das novas tecnologias. De fato, a idéia de uma economia baseada no conhecimento, na inovação e na criatividade é bem discutida nas análises de Bell (1973, 1976) acerca da sociedade pós-industrial. Ele argumenta, por exemplo, em favor de

Eliminado: Bell (1973, 1976), Eliminado: argumenta

uma mudança qualitativa no caráter do trabalho, ressaltando a importância do conhecimento para os processos sociais e produtivos (e por conseqüência o crescimento da importância dos trabalhadores do conhecimento) e o crescimento

do

setor

de

serviços

em

detrimento

do

manufatureiro;

argumentação que pode ser associada, de alguma maneira, às discussões Eliminado: .

sobre as indústrias criativas/nova economia (Bell 1973, 1976). Eliminado: d

Hartley (2005) corrobora essa visão, ao afirmar que a nova economia seguiu um esquema evolutivo linear que levou à emergência das indústrias criativas. Para ele, a primeira fase da evolução da nova economia relaciona-se com a construção de infra-estruturas de informação; a segunda, refere-se à conexão em rede dessas infra-estruturas; a terceira, à explosão de conteúdos por meio das redes; e, por fim, a quarta fase está associada à importância atribuída à criatividade humana nos processos econômicos e sociais. Howkins (2005) sintetiza tais argumentos ao afirmar que a sociedade humana deixou de ser mera processadora de informação e passou a valorar e incentivar a

4


criatividade. Vale ressaltar, que a evolução indicada por Hartley (2005) não se deu de forma tão linear, ressaltando-se as diferenças infra-estruturais entre regiões, e que, do ponto de vista do indivíduo, as desigualdades de acesso e capacidade/habilidades para geração de conteúdo não podem ser esquecidas. Eliminado: (2005)

De qualquer forma, Hartley parte do esquema evolutivo acima para conceituar as indústrias criativas como àquelas baseadas na convergência das artes criativas (centradas no talento individual) com as indústrias culturais (centradas numa lógica de produção em massa), num contexto permeado pelas tecnologias de informação e comunicação que emergiram com a nova economia (2005, p. 5). Cunningham (2004) também ressalta a ligação entre as indústrias criativas e a nova economia, ao afirmar que elas compõem uma categoria recente na academia, que busca capturar os elementos da nova economia relacionados com as artes, a cultura e as mídias, algo que, a seu ver, não é possível por meio de outras categorias analíticas. Ele acredita, ainda, que apesar de existirem óbvias continuidades entre os conceitos de indústrias culturais e indústrias criativas, a última conceituação é mais adequada para entender a criatividade para além de subsídios públicos e para explorar a transição para um ambiente midiático convergente e segmentado. Para Cunningham (idem), o termo indústrias criativas torna o valor econômico das artes e da mídia mainstream, mas, além disso, permite colocar sob um mesmo manto setores que geralmente não seriam pensados em conjunto.

5


Outra definição para as indústrias criativas pode ser encontrada em Florida (2005) e suas investigações sobre cidades criativas (àquelas que, na perspectiva dele, baseiam suas estratégias de desenvolvimento no talento, na tolerância e na tecnologia). Essencial para a sua argumentação é a idéia de que uma região qualquer será capaz de atrair pessoas talentosas (que ele agrupa em uma classe criativa) na medida em que ofereça qualidade de vida, opções de entretenimento, um estilo de vida boêmio e uma atmosfera tolerante. Imbuído dessa perspectiva, Florida (idem) define as indústrias criativas como àquelas nas quais o impulso criativo humano é requerido. Howkins (2005), por outro lado, define as indústrias criativas por meio dos regimes de propriedade intelectual, o que implica que os produtos desses setores devem ser passíveis de proteção por direito autoral, marcas, patentes ou desgin. Howkins (2001) argumenta que todos os seres humanos são criativos, mas nem todos os seus impulsos criativos convertem-se em produtos. A partir dessa distinção, ele propõe uma equação da criatividade na qual a economia criativa (EC) pode ser aferida pela multiplicação dos produtos criativos (CP) pelo número de transações (T) feitas com eles (EC=CP x T). Com base nessas definições, ele delimita uma série de “indústrias das idéias”, a saber: propaganda Eliminado: a

e publicidade, arquitetura, artes, artesanato, design, moda, filme, música, artes performáticas (teatro, opera, dança), TV, Rádio, videogames, pesquisa e desenvolvimento, software, editorial, brinquedos/jogos e videogames. Caves

(2000), por seu turno,

demonstra preocupação com

as

características econômicas dos produtos criativos e associa as indústrias

6


criativas a produtos que tenham valor cultural, artístico ou de entretenimento. Ele inclui na sua definição de indústrias criativas as artes visuais (pintura, escultura), as artes performáticas (teatro, ópera, concertos, dança), o setor editorial, a Eliminado: Caves

gravação de música, o cinema e TV, moda, brinquedos e jogos. Ele (idem) Eliminado: demonstra

argumenta que os produtos criativos possuem uma série de características específicas, destacando-se as seguintes: a falta de certeza quanto à demanda; a Eliminado: as

importância dada pelo artista às suas criações; a necessidade de talentos diversos para a consecução de um único produto criativo; a diferenciação horizontal e vertical feita pelos consumidores acerca desses produtos; a importância do nome do criador no momento da compra; e a possibilidade de fixação de criações em algum meio para posterior reprodução. Para o Departamento de Mídia, Cultura e Esportes – DCMS5 (2008) da Inglaterra, as indústrias criativas são baseadas na criatividade, talento e habilidades individuais e têm, acima de tudo (daí sua atratividade para governos diversos), um grande potencial de geração de emprego e renda (pela exploração de direitos de propriedade intelectual), uma vez que englobam os setores de grande crescimento e dinamismo na sociedade do conhecimento. Ainda de

Eliminado: Fora do eixo estritamente acadêmico, ainda que o termo indústrias criativas tenha sido primeiro utilizado na Austrália, ele foi incorporado de modo veemente na Inglaterra, 4 onde o DCMS introduziu o conceito na agenda política através de ações diversas (AUTOR). Con formato: Sin Resaltar Eliminado: CMS Eliminado: elas

acordo com o DCMS, as indústrias criativas englobam os seguintes setores: publicidade e propaganda, arquitetura, arte e mercado de antiguidades, computadores e videogames, artesanato, design, moda, filme e vídeo, música, artes performáticas, editoração, software, TV e rádio. Oakley (2004) ressalta que as iniciativas do DCMS buscam compensar o processo de desindustrialização 5

Department of Culture, Media and Sports, no original.

Con formato: Fuente: Arial, Sin Superíndice / Subíndice Con formato: Fuente: Arial, Inglés (Estados Unidos), Sin Superíndice / Subíndice Con formato: Fuente: Arial, Sin Superíndice / Subíndice

7


no Reino Unido, ajustando a região britânica aos desafios da globalização e da sociedade da informação, mas alerta que nem todas as regiões podem se tornar criativas e desenvolver tais indústrias. O

termo

foi

incorporado,

também,

por

diversas

organizações

internacionais, a exemplo da UNESCO6, do OMPI7, da UNCTAD8 e da União Européia (Weckerle et al, 2008). Além disso, na primeira década dos anos 2000, diversos países e regiões sub-nacionais, incorporaram as indústrias criativas na sua agenda política em função do potencial de desenvolvimento econômico associado a elas. Esse foi o caso do Brasil, onde a incorporação do conceito de indústrias criativas em políticas públicas é evidente tanto no governo federal, via ações do Ministério da Cultura, quanto nos estados (Rio de Janeiro, Bahia dentre outros) e em cidades (Salvador, dentre outras). Diversos países europeus como França, Dinamarca, Alemanha e Suíça também passaram a utilizar o conceito (Weckerle et al, 2008). Por se tratar de um conceito novo no âmbito acadêmico, existe uma série de questões a serem exploradas acerca da perspectiva das indústrias criativas. Bendassolli et al (2010), por exemplo, destacam as seguintes: a necessidade de analise da possível disputa semântica entre indústrias culturais e indústrias Eliminado: de

criativas (que podem ser vistas como uma tentativa semântica de neutralizar a crítica embutida nas indústrias culturais); a analise dos discursos acerca das artes na literatura de negócios; a avaliação das indústrias criativas via grounded research sobre aspectos de gestão das indústrias criativas (formulação e Con formato: Sin Superíndice / Subíndice

6

Organização das Nações Unidas para a Educação, Ciência e Cultura 7 Organização Mundial da Propriedade Intelectual 8 Conferência das Nações Unidas para o Comércio e o Desenvolvimento

Con formato: Sin Superíndice / Subíndice

8


realização da estratégia, modelos de gestão, gestão de recursos humanos); a investigação do trabalho do indivíduo criativo no âmbito das indústrias criativas; o estudo dos indivíduos que operam nas margens das indústrias criativas, gerando a matéria-prima dessas indústrias; o estudo das relações, geralmente conflituosas entre as dimensões comerciais e artísticas dos negócios criativos; e a investigação do modo de trabalho das indústrias criativas e sua possível aplicação a indústrias que não sejam consideradas como tal. Apesar da lista proposta por Bendassolli et al (2010) demonstrar uma série de questionamentos e direcionamentos de pesquisa importantes, é necessário complementá-la em alguns aspectos. Primeiro faz-se necessário um maior entendimento do processo de incorporação do conceito de indústrias criativas em políticas públicas, tanto do ponto de vista da compreensão de ações voltadas para as indústrias criativas como um todo (ou seja, políticas que visem, por exemplo, fomentar as indústrias criativas num dado território) quanto para setores criativos específicos, ainda que não estejam inseridos necessariamente numa lógica de indústrias criativas. Segundo, é importante que as políticas públicas para as indústrias criativas (como um todo ou para setores específicos) sejam consideradas sob a ótica da analise de redes sociais, para que se conheçam as relações que se estabelecem em torno delas, por meio dos diversos atores envolvidos na sua concepção. Terceiro, é importante que a temática das indústrias criativas seja estudada com mais afinco pela área de comunicação, valendo ressaltar que, para esse campo de estudo, o termo indústrias criativas possui duas implicações óbvias: ele incorpora setores que

9


tradicionalmente são associados à área, a exemplo de: TV, rádio, filme, multimídia e editorial; e abre uma discussão que o afasta da perspectiva crítica das indústrias culturais (como já apontado por Bendassolli et al, 2010). Uma perspectiva analítica centrada na comunicação pode não apenas responder alguns dos questionamentos propostos por Bendassolli et at (ressaltando que buscar tais respostas não é o foco desse texto), mas suscitar novos questionamento/possibilidades de análise (intenção dos autores do presente ensaio). Para tanto, a próxima seção faz uma revisão de um dos ramos de estudo da comunicação (a economia política da comunicação) para que possam ser suscitadas questões e perspectivas de análise sob essa ótica.

A economia política da comunicação: definição e perspectivas

Essa seção não busca fazer uma nova síntese do campo da economia Eliminado: busca

política da comunicação e dos temas tratados por ela, mas extrai de textos que já se ocuparam

dessa tarefa elementos

que

possam

Eliminado: r

consubstanciar

possibilidades de análise das indústrias criativas, notadamente as de mídia, sob Eliminado: supracitada

a ótica desse campo. São feitas, portanto, indicações de temáticas analisadas pela economia política da comunicação e que podem contribuir para o entendimento das indústrias criativas. O texto, portanto não faz um resgate histórico da economia política indo às suas fontes, mas prefere recorrer a trabalhos que já o fizeram (Mosco, 2008; Mosco, 2009; Serra, 2006) e a partir deles resgatar as temáticas que considera importantes para substanciar a

10

Eliminado: Sendo assim, o que se espera da seção é uma indicação Eliminado: que são


análise das indústrias criativas (é importante ressaltar que o texto de Serra, 2006, propõe uma estratégia semelhante, porém com foco específico no jornalismo, e o artigo de Bendassolli et al (2010), faz o mesmo para a área

Con formato: Fuente: Cursiva

organizacional). Mosco (2009), no primeiro capítulo de The Political Economy of Communication9, propõe duas definições para a economia política. A primeira, segundo ele, trata “[...] do estudo das relações sociais, particularmente das relações de poder, que mutuamente constituem a produção, distribuição e consumo de recursos, incluindo recursos de comunicação.”

10

(p. 2) Ele afirma

que essa definição permite entender como os negócios de comunicação operam, o que possibilita tanto a compreensão de uma cadeia produtiva de filme (envolvendo produtores, distribuidores e consumidores) quanto de hábitos dos consumidores (os filmes que assistem, os websites que visitam, etc.). Nesse último ponto, Mosco (2009) salienta a importância de se compreender como as informações sobre esses hábitos de consumo também se tornam produtos para serem negociados no mercado e a necessidade de se conhecer as implicações desse fato. O autor sintetiza os desdobramentos dessa primeira definição, afirmando que ela permite, ainda, que se busque compreender as operações de poder e o que significa ser um produtor, um distribuidor e um consumidor, bem como a crescente ambigüidade que envolve essas categorias.

Na segunda Eliminado: referido

definição do mesmo capítulo, Mosco (2009) recorre a Dallas Smythe (1994) e

9

A Economia Política da Comunicação Tradução nossa do original: “[...] the study of the social relations, particularly power relations, that mutually constitute the production, distribution, and consumption of resources, including communication resources.”

10

11

Con formato: Fuente: Arial, Portugués (Brasil), Sin Superíndice / Subíndice


afirma que a economia política é “o estudo do controle e da sobrevivência na vida social.”

11

Eliminado: ha

Ele afirma que o controle tem a ver com o modo como a

sociedade se organiza, gerencia seus assuntos e se adapta ou falha em se Eliminado: ha

adaptar em face de mudanças, enquanto que a sobrevivência tem a ver com a reprodutibilidade e a manutenção da sociedade. (p. 3). Serra (2006) por sua vez, utilizando Golding e Murdock (2000)

12

como

referência, indica que

Entre os processos históricos que têm concernido principalmente os estudiosos da economia política crítica incluem-se: o crescimento da mídia e a crescente importância de sua mediação para a vida pública contemporânea; a extensão do domínio das corporações, de forma direta como proprietários dos grandes conglomerados de mídia ou de forma indireta como patrocinadores ou anunciantes; a mercantilização da produção cultural em termos de software e hardware (produtos e equipamentos); e as mudanças no papel da intervenção do estado e dos governos. (p. 6)

Serra (2006) prossegue sua síntese de Golding e Murdock (2000) para demonstrar que a economia política em sua vertente crítica trata da questão das políticas e aspectos regulamentares das comunicações e suas relações com a cidadania. Além disso, ela ressalta que Golding e Murdock (idem) indicam três elementos centrais à abordagem crítica da economia política: a produção de sentido (que investiga as relações entre controle de produção e distribuição de bens culturais e limitação/liberação da esfera pública; propriedade, regulação e 11

Tradução nossa do original: “[…] the study of control and survival in social life”. Além da vertente da economia política crítica na qual Serra (2006) situa Golding e Murdok, ela indica e explica outras vertentes da economia política da comunicação a saber: economia política instrumentalista, economia política liberal. 12

12

Con formato: Sin Superíndice / Subíndice Con formato: Sin Superíndice / Subíndice


debate público; e aspirações pessoais e sociais de produtores de conteúdos midiáticos); a análise textual (que busca entender como a estruturação do discurso público dá preferência a formas culturais específicas); e a questão do consumo cultural (barreiras materiais e simbólicas ao consumo, contestação da soberania do consumidor). Além disso, destacam-se ainda questões relativas a migrações e diásporas do trabalhador, a dicotomia global/local e a divisão social no mundo digital. No artigo Current Trends in the Political Economy of Communication, Mosco (2008) delineia cinco tendências no campo da economia política da comunicação: a globalização do campo; a expansão da ênfase na pesquisa histórica; visões alternativas de economia política da comunicação; ênfase nas novas mídias em detrimento das tradicionais; e o crescimento do ativismo em conexão com a tradição da economia política. No que tange à globalização da economia política, Mosco (2008) demonstra que existe um maior intercâmbio entre pesquisadores e temas na área, mas enfatiza também, uma mudança no que o campo tem a dizer em decorrência desse processo. Primeiramente ele afirma que se anteriormente corporações baseadas em um país específico, que a partir dele dominavam outros países em relações de dependência, eram facilmente identificáveis, atualmente a origem de uma empresa multinacional é de difícil determinação. Na visão de Mosco (idem) isso levou os economistas políticos a mudarem a sua ênfase do poder exercido por corporações multinacionais, para o exercício desse poder em uma econômica mundial, transnacional, que se expressa por meio de propriedade, parcerias e formação de alianças estratégicas (p. 48). Por outro

lado,

na

medida

em

que

as

corporações

organizam-se

13


transnacionalmente, as divisões de classe internas de um dado país, dão lugar às divisões de classe transnacionais imbricadas em redes de poder que perpassam nações na formação de uma elite global. Para Mosco (idem), correntemente, as pesquisas em economia política sob essa perspectiva da globalização buscam entender o processo de transnacionalização do trabalho produtor de cultura e de bens materiais e imateriais (p. 49). Outra questão que emerge na área, a seu ver, é a necessidade de se criar uma “democracia transnacional e uma cidadania cosmopolita genuína”. (p. 49) No que se refere aos aspectos históricos dos meios de comunicação, Mosco afirma que “[...] a presente pesquisa no âmbito da economia política demonstra que os sistemas midiáticos existentes hoje são o resultado de uma história de profundas contestações, que envolvem não apenas os capitalistas em duelo e seus aliados no governo, mas, também, sindicatos, grupos de cidadãos, cooperativas de consumidores, entusiastas religiosos, e organizações de justiça social de todos os tipos.”

13

(p. 49) O que isso demonstra é que a

conformação do ambiente das comunicações não é simples e plana, mas sim complexa e tortuosa e a economia política tem buscado abarcar tais dinâmicas. Outro elemento abordado por Mosco é a crescente importância da idéia de resistência, em detrimento da simples narrativa do como os poderosos exercem o seu domínio. Ele afirma que “[...] a ênfase na resistência é crescentemente

generalizada

nas

pesquisas

da

economia

política

13

Tradução nossa do original: “[…] current political economy research demonstrates that media systems in place today are the result of a deeply contested history, involving not jus dueling capitalists and their allies in government, but labour unions, citizens groups, consumer cooperatives, religious enthusiasts, and social justice organizations of all stripes”. (p. 49)

14

Con formato: Sin Superíndice / Subíndice


contemporânea gerando um descolamento da centralidade focal no capital, corporações dominantes, e elites para alternativas que emergem do feminismo e das pesquisas sobre trabalho. Isso sinaliza um distanciamento de uma tendência que tem sido uma marca da economia política desde o seu início: o foco na concentração midiática e a erosão da diversidade de conteúdo.”14 (pp. 51-52). Ele faz referência a autoras que indicam, por exemplo, que os fluxos e os processos de trabalho não são cegos no que diz respeito ao gênero. No que concerne ao trabalho, Mosco (2009) ressalta que existe muita pesquisa sobre o conteúdo midiático e a audiência, mas pouca sobre os trabalhadores dos setores de comunicação. Ele afirma que é importante entender como os trabalhadores da comunicação se articulam frente, por exemplo, às novas tecnologias e ao poder corporativo. Em suma, Mosco (2009) preocupa-se com o como os trabalhadores do setor de comunicação se articulam em termos convergentes (diversos sindicatos se unindo sob uma única representação dos trabalhadores de comunicação) frente a uma perspectiva cibernética internacional. No que diz respeito à transição para as novas mídias, Mosco (2009) indica que os economistas políticos da comunicação têm adotado três visões distintas: a primeira enfatiza que não existe descontinuidade na transição de mídias antigas para novas, uma vez que a sistemática de transformar audiências em commodities persiste, bem como questões relativas à concentração,

14

Tradução nossa do original: “The emphasis on resistance is increasingly generalized in research on the contemporary political economy making a shift in the central standpoint from a focus on capital, dominant corporations, and elites to alternatives that draw from feminist and labour research. This marks a departure from a trend that has been a hallmark of political economy from the start: focus on media concentration and on the erosion of content diversity).” (pp. 51-52)

Con formato: Sin Superíndice / Subíndice

15


mercantilização, domínio das nações ricas na economia global, exclusão digital, e militarismo (p. 54); a segunda, definida por Mosco como uma visão autonomista por focar na autonomia da classe trabalhadora, enfatiza as descontinuidades e as possibilidade postas pelas tecnologias de informação para que as pessoas promovam sua auto-organização, ou seja, as novas tecnologias de informação e comunicação não servem apenas ao capitalismo, mas contrapõem-se aos seus propósitos (como no caso das infrações de direito autoral, ou na dificuldade de exercer controle sobre os trabalhadores do conhecimento); a terceira enfatiza uma visão crítica acerca das possibilidades de mudança postas pelas novas tecnologias e alerta que as mesmas utopias de mudança foram associadas às mídias mais antigas. Eliminado: acima

A pequena revisão aqui feita não esgota, em nenhuma hipótese, as possibilidades de análise postas pela economia política da comunicação, mas permite sintetizar alguns elementos abordados nas investigações empreendidas pela área, dentre eles: a) o estudo do funcionamento dos negócios de comunicação; b) o estudo das relações de poder; o estudo da globalização, sob os aspectos da c) transnacionalização das indústrias de mídia e d) do trabalho; e) as investigações sob uma perspectiva histórica e crítica das indústrias de comunicação; f) estudo de políticas públicas na/para a área de comunicação; g) investigação de aspectos de regulação do setor de comunicação e h) entendimento das relações ente mídia e possibilidade de resistência.

16


Indústrias criativas: possibilidades à luz da economia política da comunicação

O que essa seção busca demonstrar é a possibilidade de compreender as indústrias criativas por meio dos objetos e preocupações comuns à economia política da comunicação, conforme sintetizados na seção anterior. Dessa forma, aqui se irá resgatar cada um dos elementos indicados como pertinentes às

Eliminado: a presente seção Eliminado: irá elaborar

investigações/preocupações da economia política da comunicação e arguir brevemente

sobre

suas

possibilidades/adequação/importância

para

o

necessários

ao

entendimento do conceito de indústrias criativas.

a) Estudo do funcionamento dos negócios de comunicação

Um

dos

elementos

que

tem

se

mostrado

como

Eliminado: justamente

desenvolvimento das indústrias criativas como campo de análise é a compreensão de cada uma de suas indústrias, como operam e como as suas cadeias produtivas se estruturam. A tradição da economia política em entender essas cadeias é perfeitamente aplicável ao entendimento das indústrias criativas de mídia, ressaltando-se que além das investigações da sua gestão (como proposto por Bendassolli et al) a economia política pode contribuir com uma análise crítica do funcionamento dessas indústrias. Acerca desse aspecto, dentre as possíveis questões pelo viés da economia política pode-se propor: existe alguma alteração na forma de financiamento

17


das indústrias de mídia em face da perspectiva das indústrias criativas? Quais as implicações da convergência tecnológica para o funcionamento dessas indústrias? Qual o grau de concentração das indústrias criativas de mídia?

b) Estudo das relações de poder

A tradição da economia política de buscar compreender e demonstrar as relações de poder na área de comunicação não deve ser descartada em face do uso do conceito de indústrias criativas, uma vez que elas persistem, independentemente do termo que se use para descrever as indústrias de mídia. Algumas questões podem ser propostas acerca desse aspecto: o uso do termo indústrias criativas altera as relações de poder nas indústrias de mídia? Como se dão as relações de poder nas redes que se formam entre essas indústrias criativas? Quais as relações com o Estado? E quais as relações de poder que se estabelecem entre trabalhadores criativos (dos diversos níveis) e firmas criativas?

c) A questão da transnacionalização das indústrias de mídia

Outra

preocupação

da

economia

política

da

comunicação

é

a

transnacionalização das indústrias de comunicação. Conforme Mosco (2009) indica na seção anterior, essa transnacionalização se expressa por meio de

18


acordos de propriedade, parcerias e alianças, algo que é típico tanto nos grandes grupos de comunicação quanto nas pequenas firmas que se inserem em redes diversas. Sendo assim, economistas políticos podem contribuir para o entendimento das indústrias criativas de mídia, por meio da investigação

dessas

parcerias

e

redes

(tanto

nacionais

quanto

transnacionais). Dentre as possíveis perguntas de pesquisa sob esse aspecto, pode-se citar: quais os padrões de concentração nos fluxos midiáticos globais e o que eles indicam do potencial criativo de uma localidade? Como se estabelecem parcerias transnacionais nas indústrias criativas de mídia e o que elas implicam em termos de concentração, propriedade e regulação?

d) o trabalhador criativo, as divisões de classe transnacionais e as novas tecnologias

Na medida em que as indústrias criativas de mídia tendem a possuir um caráter global, o trabalho no setor é de, alguma forma, impactado por tais dinâmicas. Além disso, o próprio trabalho, a depender do nível de conhecimento do trabalhador, também se globaliza. Nesse caso, cabem algumas questões: será que existe uma divisão global no que concerne ao trabalho criativo? Quem são os trabalhadores criativos globais e onde estão localizados? Quais as condições concretas de trabalho para os trabalhadores das indústrias criativas de mídia? Como as relações de trabalho se

19


expressam

nesse

setor

das

indústrias

criativas

em

termos

de

formalidade/informalidade?

e) Entendimento

das

indústrias

criativas

sob

uma

perspectiva

histórica/crítica e discursiva

A economia política demonstra como o desenvolvimento das comunicações é conseqüência de diversos condicionantes e disputas históricas. É importante, portanto, estudar a conformação de cada uma das indústrias criativas numa perspectiva histórica, levando em conta todas as contradições e disputas que lhes são pertinentes e, mais que isso, quais as implicações práticas do conceito de indústrias criativas em termos discursivos. Algumas questões podem emergir a partir daí: quais elementos condicionaram a constituição de indústrias criativas de mídia em locais e tempos específicos? Quais as contradições inerentes a essa conformação? Quais os fatores que levaram à conformação das indústrias criativas enquanto discurso? Qual (is) o porquê (s) desse discurso? Quais as implicações práticas na transição de uma perspectiva calcada nas indústrias culturais para uma baseada nas indústrias criativas?

20


f) Entendimento da incorporação das indústrias criativas em políticas públicas

A questão da incorporação das indústrias criativas em políticas públicas, ou da formulação de políticas específicas para as indústrias criativas é um elemento a ser investigado, e, no que tange especificamente às de mídia, deve-se levar em conta quais as suas implicações para o fomento do setor, para questões de concentração, de estímulo à diversidade de conteúdo e à democracia. As seguintes questões podem ser levantadas acerca desse aspecto: quais as implicações do fato das indústrias de mídia estarem contempladas em políticas de fomento específicas para as indústrias criativas? Quais as indústrias de mídia que são incorporadas às políticas públicas com foco nas indústrias criativas? Essa incorporação implica em alguma mudança no que se refere às discussões sobre concentração, diversidade de conteúdo e a democracia?

g) investigações de aspectos de regulação das indústrias criativas de mídia

O setor de comunicação sempre foi sujeito a alguma regulação por parte do Estado (seja de forma interventiva ou manifesta na ausência de intervenções) e ainda que as indústrias de mídia sejam incorporadas à lógica das indústrias criativas, elas estão sujeitas a regras impostas pelo governo.

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Tais regulações são investigadas pelo ramo da economia política da comunicação, mas sob o viés das indústrias criativas caberiam os seguintes questionamentos: como o conceito e as políticas para as indústrias criativas lidam com as regulações dos setores que as compõe, especificamente com os de comunicação? O fomento às indústrias criativas implica em alguma necessidade de mudança de sua regulação?

h) Investigação de possibilidades de resistência

Caberia nesse ponto investigar o que a incorporação das indústrias midiáticas à lógica das indústrias criativas representa do ponto de vista da resistência, ou especificamente da democratização da produção sob o ponto de vista da produção de narrativas alternativas ao status quo, bem como as potencialidades de divulgação e inserção no mercado desses discursos. Dentre as possíveis questões, destacam-se: as articulações em torno das indústrias criativas têm algum impacto sobre estratégias de resistência no âmbito midiático? O que a proposição das indústrias criativas implica em termos de acesso aos meios de produção?

É necessário se ressaltar alguns aspectos importantes sobre a síntese acima. Primeiro, ela não esgota todas as possibilidades de análise das indústrias criativas sob o viés da economia política. Segundo, muitas das questões propostas ao final de cada item, podem ser encontradas, de uma forma ou de

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Eliminado: tanto

outra, na literatura sobre as indústrias criativas e sobre economia política da comunicação, mas o que essa seção do texto buscou foi demonstrar

Eliminado: , Eliminado: quanto na

possibilidades de análise de uma das duas perspectivas com base na outra. Terceiro, da mesma forma que a síntese proposta não esgota todas as possibilidades de pesquisa, as questões propostas em cada item também não o fazem. Ainda assim, buscou-se evidenciar a possibilidade de investigações sobre as indústrias criativas por meio de questionamentos típicos da economia política da comunicação.

Conclusão

Esse texto objetivou discutir a possibilidade de utilização de aspectos comuns às investigações da economia política de comunicação em pesquisas acerca das indústrias criativas, especificamente às de mídia. Para tanto, o texto fez

uma

breve

conceituação

de

indústrias

criativas,

selecionou

elementos/preocupações de pesquisa da economia política da comunicação e buscou demonstrar a sua aplicabilidade às investigações sobre indústrias criativas por meio da seleção e explanação da pertinência de certos tópicos e indicação de possíveis perguntas para investigação. Ainda que não seja possível, e essa não foi à intenção dos autores, se esgotar as possibilidades de investigação da economia política acerca do tema indústrias criativas (ressaltando-se mais uma vez o foco do texto nos setores de comunicação), essa possibilidade fica evidenciada nesse ensaio. Portanto, o

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Eliminado: essa seção do texto


estudo das empresas de mídia sob a ótica das indústrias criativas pode ser aprofundado à medida que incorporem questões acerca de propriedade, de formulação de políticas públicas, de trabalho, discursivas, etc. sob um viés crítico, mas que não invalide o termo nem despreze o seu potencial em termos de fomento e de mobilização de agenda política. Espera-se que o presente ensaio sirva como um ponto de partida para investigações acerca das indústrias criativas fundamentadas no campo da comunicação

e

que

os

questionamentos

propostos

sejam

investigados/revisados/ampliados ao longo de pesquisas futuras. É necessário, portanto, que os pesquisadores de economia política ampliem suas investigações sobre a temática e suas implicações para o setor de comunicação. Na verdade, é importante que a área de comunicação enquanto campo de conhecimento também se ocupe dessa temática, uma vez que, correntemente, ela permeia esforços diversos no que se refere às políticas públicas.

Referencias

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Con formato: Fuente: Sin Negrita


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Sônia. (2006). Vertentes da economia política da comunicação. In: XV Encontro Anual da Compós. Bauru-SP Serra, Sônia. (2006). Vertentes da economia política da comunicação. In: XV Encontro Anual da Compós. Bauru-SP Weckerle, C., M. Gerig, et al. (2008). Creative Industries Switzerland: facts, model, culture.

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A tela platina: apontamentos sobre a televisão digital terrestre na agenda do Mercosul Angela Maria Grossi de Carvalho (Unesp/Brasil/ angela@carvalho.jor.br) Juliano Mauricio de Carvalho (Unesp/Brasil/ juliano@carvalho.jor.br)

GT 6 – Economía Política de las Comunicaciones RESUMO

O cenário da digitalização da mídia, especialmente da televisão terrestre, e uma política para desenvolvimento de conteúdos audiovisuais entraram na agenda do Mercosul. A mudança do padrão televisivo foi apenas o argumento embrionário para um conjunto de ações que visam a dar densidade às iniciativas comuns de Argentina, Brasil, Paraguai e Uruguai na jovem integração política e econômica do Cone Sul. Assim, esse trabalho propõe a reflexão em torno das políticas públicas que ensejam a implantação da televisão digital nos países-membros do Mercosul – Argentina, Brasil, Paraguai e Uruguai – e procura explicitar os interesses políticos, reestruturação do mercado regional e o estabelecimento de modelos, padrões e sistemas de cooperação entre os países-membros. A metodologia valeu-se da pesquisa bibliográfica e documental com foco no período de 2005 a 2011, e buscou aquilatar na Economia Política da Comunicação o corpus analítico para compreender as mutações na ação estatal e nos atores sociais no processo de implantação da televisão digital terrestre no Mercosul. O estudo comporta três eixos analíticos utilizados para diferenciar as ações dos países: a estrutura das indústrias audiovisuais, políticas nacionais de comunicação e ação da sociedade civil na redefinição do quadro regulatório. A análise permite inferir que os governos com matizes centro-esquerda do Mercosul optaram pela integração de políticas públicas para fortalecer a hegemonia do bloco na inovação tecnológica, desenvolvimento compartilhado de conteúdo e fortalecimento do capitalismo imaterial. A constituição de uma agenda comum no período recente evidencia a mudança estratégica dos governos regionais e o estabelecimento de políticas conjuntas para a área audiovisual com perceptíveis impactos na economia e políticas locais. Palavras-chave: Televisão Digital. Mercosul. Economia Políticas da Comunicação. Digitalização. Gestão da Informação.

Introdução O cenário da digitalização da mídia, especialmente da televisão terrestre, e uma política para desenvolvimento de conteúdos audiovisuais entraram na agenda do Mercosul. A mudança do padrão televisivo foi apenas o argumento embrionário para um conjunto de ações que visam a dar densidade às iniciativas comuns de Argentina, Brasil, Paraguai e Uruguai na jovem integração política e econômica do Cone Sul. A discussão do eixo-sul sobre a digitalização do sinal televisivo começou a permear as cúpulas governamentais nos anos 1990, mesclada aos discursos de democratização, inclusão social e convergência,


temas fortemente repercutidos em organismos multilaterais e nas cúpulas mundiais sobre a Sociedade da Informação. Na última década as definições em torno do modelo, padrão e sistema da televisão digital terrestre foram intensificadas entre os governos latino-americanos com a construção de cronogramas para a transição. As políticas regionais de comunicação, no âmbito do Mercosul, foram sensivelmente desestimuladas no interstício de 1991 até 2007. No entanto, o novo desenho regulatório é adensado com iniciativas nacionais nos últimos cinco anos com destaque para a Conferência Nacional de Comunicação no Brasil (2010), a Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual na Argentina (2009), a Ley de Radiodifusión Comunitaria no Uruguai (2007) e o Reglamento de Radiodifusoras de Pequeña y Mediana Cobertura no Paraguai (2009). Assim, esse trabalho propõe a reflexão em torno das políticas públicas que ensejam a implantação da televisão digital nos países-membros do Mercosul – Argentina, Brasil, Paraguai e Uruguai – e procura explicitar os interesses políticos, reestruturação do mercado regional e o estabelecimento de modelos, padrões e sistemas de cooperação entre os países-membros. A metodologia valeu-se da pesquisa bibliográfica e documental com foco no período de 2005 a 2011, e buscou aquilatar na Economia Política da Comunicação o corpus analítico para compreender as mutações na ação estatal e nos atores sociais no processo de implantação da televisão digital terrestre no Mercosul. O estudo comporta três eixos analíticos utilizados para diferenciar as ações dos países: a estrutura das indústrias audiovisuais, políticas nacionais de comunicação e ação da sociedade civil na redefinição do quadro regulatório.

Brasil e o SBTVD No Brasil os passos embrionários para a digitalização do sinal televisivo terrestre ocorreram no governo Fernando Collor de Mello (1990-1992), obtendo alguns avanços no governo Fernando Henrique Cardoso (1994–2001), mas foi no governo de Luiz Inácio Lula da Silva (2002) que o tema teve maior repercussão a partir de dois momentos de grande cobertura midiática – o lançamento do Sistema Brasileiro de Televisão Digital Terrestre (SBTVD) em 2003, por meio do decreto no 4.901 e a definição pelo padrão tecnológico japonês ISDB-T como padrão do sistema, em 29 de junho de 20061 (XAVIER, CARVALHO, IKEDA, & CLETO, 2009, p. 2). Mesmo com todas as controvérsias geradas por essa escolha, incluindo a baixa abertura à participação de órgãos da sociedade civil no processo decisório, o fato é que entre 2007 e 2013 a TV digital será implantada com a promessa de que som e imagem sejam de melhor qualidade e que

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Em junho de 2006 foi instituído o decreto no 5.820, em que o padrão tecnológico japonês ISDB-T foi definido como base do SBTVD-T. Foi estipulada também a criação de um Fórum composto por representantes do setor de radiodifusão, do setor industrial e da comunidade científica tecnológica a fim de assessorar o Comitê de Desenvolvimento “acerca de políticas e assuntos técnicos referentes à aprovação de inovações tecnológicas, especificações, desenvolvimento e implantação do SBTVD-T” (BRASIL, 2006).


uma mesma faixa de freqüência será capaz de operar até 4 canais, aumentando assim as opções de emissoras. A nova era da radiodifusão brasileira foi marcada pela estréia da televisão Digital em dezembro de 2007. Já os anos de 2009 e 2010 representaram um momento importante na consolidação do padrão nipo-brasileiro2 de televisão digital. O Brasil incluiu a expansão do padrão em sua política externa, fortalecendo e consolidando o ISDB-T. O padrão ganhou reconhecimento com a aprovação de normas para o Ginga3, middleware adotado pelo Sistema Brasileiro de Televisão Digital (SBTVD), componente do set-top Box que concentra serviços e facilidades. O incentivo do desenvolvimento de um produto brasileiro adequado às características do mercado nacional, constituído por um conjunto de tecnologias padronizadas e inovações brasileiras, foi essencial para o sucesso da plataforma. O Ginga-NCL4 foi reconhecido internacionalmente como o quarto padrão digital televisivo mundial pela UIT (União Internacional de Telecomunicações) e vem ganhando espaço, em especial, na América Latina, com a adoção ao padrão pela Argentina, Equador, Chile, Peru, Paraguai, Bolívia além das Filipinas. Ainda, tem avançado nas discussões com Venezuela, Nicarágua, Uruguai, Colômbia, Belize, Angola e África do Sul. Mesmo que tenha o fim decretado para 2017, quando está sendo agendado o fim das transmissões terrestres analógicas, não há consenso sobre o futuro da televisão brasileira a partir de então. Se por um lado foi perceptível a vontade política a partir do decreto que criou o SBTVD, orientando que o mesmo fosse mais amplo e plural – com mais canais, conteúdos diferenciados e diferentes produtores -, preocupado com as demandas da sociedade e voltado a interesses nacionais; por outro, há pressão de grupos transnacionais, como os fortes grupos de tecnologia de informação (telefonia, TV por assinatura, broadcasters e grandes produtores de mídia), grupos nacionais (empresas de comunicação, lideradas pelo grupo Globo e reunidas em torno da ABERT) e representantes parlamentares ligados a interesses particulares. Este embate, movido, sobremaneira, por interesses econômicos e políticos, não permite reflexão livre da população sobre a importância do processo de digitalização, haja vista que as discussões pautadas pela mídia chegam à sociedade

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O sistema ISDB-T (Integrated System Digital Broadcasting Terrestrial) sofreu modificações tecnológicas de especialistas brasileiros. O grande diferencial é o Ginga, sistema operacional que funciona nos conversores e televisores que devem ser fabricados permitindo a interatividade em código aberto (sem o pagamento de patente) por meio do controle remoto. 3 Produzido pelos laboratórios Telemídia da PUC-RIO e LAViD da Universidade Federal da Paraíba, é dividido em dois subsistemas principais interligados: o Ginga-J (para aplicações procedurais Java e o Ginga-NCL (para aplicações declarativas NCL). Disponível em : http://www.ginga.org.br 4 NCL é uma linguagem de aplicação XML com facilidades para a especificação de aspectos de interatividade, sincronismo espaço-temporal entre objetos de mídia, adaptabilidade, suporte a múltiplos dispositivos e suporte à produção ao vivo de programas interativos não-lineares. (“Ginga-NCL”, 2012)


de maneira tendenciosa. Por isso, a discussão real das implicações da digitalização (positivas e negativas) do sinal tem passado longe da sociedade (XAVIER et al., 2009, p. 4). Argentina É possível dividir a implantação da televisão digital na Argentina em três fases: (1) a embrionária, que se dá no segundo mandato de Carlos Menem (1995-1999), caracterizada pelos primeiros debates sobre digitalização e pela política bilateral com os Estados Unidos que influenciou fortemente na adoção do padrão de televisão digital ATSC; (2) a de renegociação, durante o governo de Fernando de la Rúa (1999-2001) e de Néstor Kirchner (2003-2007), quando se permitiu novamente testes com os padrões de televisão existentes para uma nova escolha, no qual existiu uma aproximação das negociações entre Brasil e Argentina e, finalmente, quando (3) Cristina Kirchner assina o acordo de adoção do padrão nipo-brasileiro de televisão digital brasileiro. O primeiro passo para a transição do sinal na Argentina aconteceu em 1997, no segundo mandato de Carlos Menem. A iniciativa partiu do setor empresarial, foi impulsionada principalmente pela Asociación de Teledifusoras Argentinas (ATA), que decidiu fazer parte do Advanced Television System Committee (ATSC) e passou a adquirir equipamentos e tecnologia para realizar testes de transmissão do padrão de televisão digital norteamericano. Por meio da resolução 2128 (1997), a Secretaria de Comunicaciones (SECOM) criou a Comisión de Estudios sobre Sistemas de Televisión Digital5, ampliada no ano seguinte para Comité Consultivo sobre Televisión Digital6, integrado por “quatro organismos públicos dependentes do Poder Executivo, seis câmeras empresarias do setor, uma associação de consumidores próxima ao governo e um conselho profissional” (KRAKOWIAK, 2009). Os parâmetros técnicos mínimos que proporcionariam o marco normativo necessário para a eleição do padrão definitivo foi estabelecido na resolução 433/98, dentre os quais foi estabelecido a adoção do uso de frequência de 6MHz de largura de banda para todos os canais de TVD. O padrão norte-americano de televisão digital ATSC é adotado em outubro de 1998, mediante a resolução 5

Segundo a resolução é de competência da Comissão de Estudos sobre Televisão Digital: a) realizar uma avaliação dos sistemas de televisão digital; b) elaborar um Plano de Distribuição de Canais nas bandas VHF e UHF; c) efetuar análises das implicâncias econômicas que podem existir para a população; d) elaborar e propor um projeto de Normas de Regulamentação Técnicas de aplicação para os Sistemas de Televisão Digital; e) propor as normas técnicas provisórias que permitam o funcionamento de sistemas de televisão digital em qualidade de prova de novos sistemas. (SECRETARIA DE COMUNICACIONES, 1997). 6 Criação do Comitê Consultivo sobre Televisión Digital pela resolução 1637/98. “El Comité, que tenía previsto expedirse hacia mediados de 2002, luego de las pruebas con los tres sistemas vigentes (ATSC, DVB e ISDBT), recibió diversas críticas por no incorporar ningún otro actor social por fuera del empresariado y, pese a lo reducido de su espectro de representación, aún no ha recomendado la adopción de ninguna norma.” (HERNÁNDEZ & POSTOLSKI, 2009, p. 8).


2357/98. O texto do acordo indicava que o padrão escolhido seria o melhor para os períodos de simulcasting7 e switch over8. Além disso, considerou-se que existiam receptores do padrão ATSC disponíveis para comercialização no mercado internacional, enquanto a provisão de televisores no padrão DVB encontrava-se limitada a larguras de banda de 7 ou 8 MHz. “Lo cierto es que esta opción tan solo responde a los intereses económicos de la industria, donde juegan un papel preferente los radiodifusores existentes, ya que los canales privados más fuertes, existentes en esse momento estaban afiliados al sistema ATSC” (GARCÍA, 2006, p. 6). A escolha pelo ATSC claramente possibilitou a manutenção do status quo do setor audiovisual ao levar em consideração somente aspectos técnicos como a alta definição, e excluiu o potencial sócio-econômico que o novo modelo de negócio poderia trazer com a inclusão de novos atores e novas instâncias de acesso e participação democrática. Em uma perspectiva de política latinoamericana, a repercussão da escolha argentina pelo padrão estadunidense de digitalização do sinal televisivo foi negativa. A resolução do MERCOSUL 24/94 sobre a harmonização das novas tecnologias em telecomunicações estabelecia que os países deveriam informar antecipadamente qualquer publicação de regulamentação técnica, mas a Argentina resolveu seguir seu próprio caminho na digitalização (RODRÍGUEZ MIRANDA, 2009). Com a chegada do novo presidente em 1999, Fernando de la Rúa, houve uma revisão do padrão. O Secretário das Comunicações, Henoch Aguiar, então, suspendeu a eleição do ATSC, assegurou que a escolha seria revisada e permitiu novos testes de transmissão nos diversos padrões existentes, mas a resolução em questão nunca foi derrogada (CALIFANO, 2007). Assim, o cenário de homogeneidade de apoio ao padrão estadunidense se transforma: o sistema público de televisão e os difusores independentes continuavam na expectativa do aperfeiçoamento do modelo norteamericano e europeu, enquanto os fabricantes passaram a estar atentos à opção conjunta com o Brasil devido a sua capacidade de produção de receptores e/ou adaptadores (ALBORNOZ, HERNÁNDEZ, & POSTOLSKI, 1999). Com Néstor Kirchner (2003-2007) na presidência que o tema da televisão digital retornou à pauta. Entretanto, os anos do governo Kirchner estiveram mais focados na tentativa de assegurar estabilidade institucional e em reverter os impactos mais graves da crise social e econômica que afetava a Argentina. A demora e a falta de debate da TDT se devem, em parte, pela ausência de pressão dos radiodifusores privados. Em um contexto de crise econômica e incertezas nos modelos

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Período de convivência das transmissões analógicas e digitais. Desligamento total do sinal analógico televisivo.


de negócio de TV digital, somado à diminuição da participação da publicidade no setor televisivo, a digitalização era um investimento volumoso e incerto (RODRÍGUEZ MIRANDA, 2009). Ao comparar os grupos organizados em 1998 e 2006 para o estudo dos padrões de televisão digital, observa-se que existiu a convocação de praticamente os mesmos atores, ficando excluída a participação da sociedade civil. Ambas comissões aparecem monopolizadas pelo Poder Executivo que priorizou o interesse privado. Faltou também a implementação de mecanismos institucionais que dariam transparência ao processo de discussão e decisão, inexistindo informação pública sobre a periodicidade e avanços produzidos nas reuniões (NAVARRO & ROBLES, 2008). No informe final elaborado pela Comisión de Estudio y Analisis de los Sistemas de Televisión Digital não foi feita nenhuma recomendação em relação à adoção dos padrões. Apenas pode ser percebida uma clara inclinação ao DVB. O acordo para adoção Sistema de TV Digital nipo-brasileiro foi oficializado na reunião extraordinária da cúpula da União das Nações Sul-Americanas (Unasul) em agosto de 2009 na cidade de Bariloche. A Argentina passou a ser o segundo país a adotar o padrão nipo-brasileiro, depois do Peru. Costa vê a adesão argentina como sinal positivo para a região do Cone Sul ao ressaltar que a construção de um modelo comum de televisão digital promove uma parceria comercial e tecnológica que beneficia os parques industriais e a população dos países latinoamericanos e reforça os laços culturais com a possibilidade de intercâmbio de produtos audiovisuais ao ter o acesso ao mais moderno de televisão aberta no mundo (PORTAL DAS COMUNICAÇÕES, 2009). No primeiro semestre de 2010 foi criado o plano de distribuição de set-top box “Mi TV digital”, denominado formalmente de Plan Operativo de Acceso al Equipamiento para la Recepción de La Televisión Digital. O programa do governo argentino é uma política pública que tem como objetivo distribuir sem custo o receptor digital aos cidadãos e instituições que apresentam riscos de exclusão durante o processo de transição tecnológica. A implantação do Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre segue o cronograma estabelecido primeiro Foro del SATVD pelo grupo de trabalho Plataforma Nacional de Televisión Digital Terrestre. Atualmente, o cronograma se encontra na primeira fase, contemplando vinte sitios9 selecionados. Uruguai 9

Baradero, Campana, Cañuelas, Chascomús, La Plata, Lujan, Mar del Plata, Córdoba Capital, Resistencia, San Nicolás, Paraná, Santa Fe Capital, Formosa Capital, San Salvador de Jujuy, Mendoza capital, Confluencia, Rosario, Dantiago Del Estero Capital, Río Grande, San Miguel de Tucumán. Para conferir o cronograma completo acesse: http://www.tvdigitalargentina "http://www.tvdigitalargentina.gob.ar/t


Em 27 de agosto de 2007, por meio de decreto presidencial, o Uruguai deu um de seus primeiros passos para a digitalização da televisão, visando “participar activamente en el proceso de desarrollo tecnológico a través de inversiones y de la creación de software y contenidos”, conforme definiu, à época, o subsecretario Martín Ponce de León. O país apostou nas possibilidades de facilitação econômica e tecnológica, como assessoramento técnico, colaboração monetária etc., entre os diversos países envolvidos, para incorporar o modelo europeu. A posição oficial do governo para justificar a escolha observou algumas caraterísticas tecnológicas como: transmissão de TV e HDTV fixos e móveis, interatividade, diversidade, disponibilidade e custo dos equipamentos, qualidade técnica das transmissões, uso eficaz do espectro, inclusão digital, desenvolvimento de tecnologias nacionais e fortalecimento do setor audiovisual. (URUGUAI – Ministério da Industria, Energia e Mineria – Montevideo, 27 agosto 2007). No Uruguai o núcleo central de televisão é constituído por um grupo de três empresas proprietárias de três canais da televisão aberta da capital com alcance metropolitano. Nos anos 1980 tais empresas se uniram para distribuir de forma conjunta uma seleção de sua programação no resto do país. Além disso, a programação infelizmente não somente estava, como ainda está, integrada por uma grande porcentagem de programações estrangeiras, principalmente argentinas e americanas (KAPLUN, 2008). Por meio do decreto 262/006, o Uruguai, criou a comissão Nacional de Televisão Digital Terrestre Aberta (Comisión Nacional de Televisión Digital Terrestre Abierta) para fomentar discussões e soluções sobre a implantação da televisão digital. No entanto, a debilidade da regulação na área da comunicação do país fragiliza a transição digital como aponta Kaplún (2008, p. 8): [...] la debilidad del marco institucional uruguayo [...] Las dificultades de gestión, especialmente en los medios de comunicación estatales, con infraestructuras débiles, personal mal pago y no siempre capacitado. [...] Las previsibles presiones del sector privado comercial, que defienden el mantenimiento del statu quo. [...]. .

O ano de 2010 foi decisivo para o processo de implantação da televisão digital no Uruguai com o abandono do padrão europeu e adoção do padrão nipo-brasileiro. Com essa decisão todos os países-membro do Mercosul passassem a ter o mesmo padrão, o que pode facilitar a cooperação entre os países do eixo-sul. “A mudança é resultado do potencial que representa uma maior


integração regional proporcionada pela adoção de um mesmo padrão para a TV Digital aberta, livre e gratuita”, afirma o Secretário de Telecomunicações do Ministério das Comunicações, Roberto Pinto Martins (2010). Paraguai O Paraguai foi o último país-membro do Mercosul a definir o padrão de TV Digital. Aderindo formalmente ao modelo nipo-brasileiro ISDB-T de TV Digital, em junho de 2010, por meio do decreto presidencial. Além de criar o Conselho Nacional de Telecomunicações (CONATEL), responsável pela a implementação do sistema de televisão Digital, o decreto propõe “acentuar os vínculos de colaboração recíproca com os países integrantes do Mercosul e outras administrações dos demais países da região”. Em 2011 o Paraguai deu início ao projeto “TV Pública Paraguai” com a primeira transmissão digital. O objetivo do projeto é constituir um espaço de construção da cidadania, buscando integrar e incluir todos os setores, com prioridade para os de menor visibilidade. De acordo com site do governo paraguaio. Em dia 30 de junho de 2011, durante a visita da presidente Dilma Rousseff ao Paraguai para a reunião da Cúpula de Presidentes do Mercosul, Brasil e Paraguai assinaram um memorando de entendimento na área de TVD. No documento, o Brasil se compromete a dar assistência ao Paraguai em todas as etapas da implantação do sistema, incluindo capacitação técnica, cooperação entre as universidades, assistência na formulação de políticas públicas, além de financiamento para compra de equipamentos e serviços brasileiros. O memorando abre formalmente o caminho da cooperação entre Brasil-Paraguai, estão envolvidos inicialmente no acordo os Ministérios das Comunicações, da Ciência e Tecnologia, da Indústria e Comércio e das Relações exteriores por meio da Agência Brasileira de Cooperação, além do BNDES e da Capes. Estão previstas ações como o financimanento na compra de equipamentos e serviços brasuleiros, por meio do BNDES, cooperação industrial, assistência técnica regulatória e em políticas públicas para TVD, cooperação acadêmica e fornecimento de bolsas de pós-graduação para estudantes paraguaios. Também está previsto o fornecimento de equipamentos para laboratórios de interatividade; capacitação de paraguaios em tecnologias para TV digital; cooperação institucional no ISDB-T Internacional; cooperação na TV pública e


liberação da cobrança de royalties no uso do Ginga, ferramenta desenvolvida no Brasil responsável pela interatividade na TV digital. (MINISTÉRIO DAS COMUNICAÇÕES, 2011).

A Agência Nacional de Telecomunicações (ANATEL) e a Comissão Nacional de Telecomunicações do Paraguai (Conatel) intensificarão a troca de experiências com a intenção de facilitar o gerenciamento do espectro radioelétrico, além de fazer a transição do sistema de televisão analógico para o digital. O memorando ainda prevê a liberação da cobrança de royalties no uso do Ginga, middleware desenvolvido pelo Brasil responsável pela interativade na TV digital. CONSIDERAÇÕES FINAIS A introdução da televisão digital nos países-membro do Mercosul permite inferir que a ação política no bloco vive um momento de integração de políticas públicas e ações conjuntas que privilegia o debate sobre digitalização da televisão. Apesar de estar na fase embrionária nos quatro países, o que se percebe é uma forte tendência a cooperação com o intuito de fortalecer a política econômica-tecnológica dos países-membros. É de interesse, principalmente, de Brasil e Argentina que se instale um polo tecnológico regional que discuta e desenvolva a televisão digital, aplicativos e a produção audiovisual. Entretanto, é necessário o maior aprofundamento dessas questões. O Brasil deve contribuir no processo de implementação da nova televisão no território argentino, assim como este pode trazer grandes aportes, especialmente na produção de conteúdos cuja qualidade da produção é reconhecida internacionalmente. A digitalização é uma oportunidade para que o país reverta o quadro de centralização de ciência tecnológica e, consequentemente, da desconcentração de capital, acabando com a divisão norte-sul que parece ser inalterável na era da Sociedade da Informação. O redesenho do conjunto de comunicação por que passa o país irá refletir em todos os campos estruturais de seu território econômico, político, social e cultural. Paraguai e Uruguai com o recente processo de digitalização passam a ser beneficiados pela experiência brasileira, bem como com o incentivo financeiro, tecnológico e capacitador que o Brasil oferece. Os dois países, Paraguai e Uruguai, só optarem pelo padrão nipo-brasileiro em 2010, quando o padrão se encontra consolidado e presente em outros 10 países já o adotaram, sendo eles: Brasil, Japão, Argentina, Bolívia, Chile, Costa Rica, Equador, Filipinas, Peru e Venezuela. As vantagens do padrão nipo-brasileiro poder ser tidas como maior mobilidade, portabilidade e interatividade dos aparelhos. Além do uso do Ginga, middleware aberto e gratuito


desenvolvido pelo Brasil, o oferecimento de capacitação tecnológica e transferência de tecnologia aos países que adotam o sistema é o diferencial do padrão. No Caso dos países-membro do Mercosul, a ajuda do Brasil com capacitação tecnológica, transferência de tecnologia e subsídio financeiro fazem a diferença para a escolha, estimulando a integração de 550 milhões de habitantes. Por meio da bibliografia estudada aqui, tivemos a possibilidade de observar que há uma forte crítica quanto à ausência de discussões sobre a televisão digital no Mercosul, principalmente na área política e social. Faz-se necessário organizar para que qualquer evolução técnica caminhe juntamente com uma evolução de políticas de comunicação das quais a população participe ativamente, por meio de debates abertos e divulgados a população. A análise permite inferir que os governos com matizes centro-esquerda do Mercosul optaram pela integração de políticas públicas para fortalecer a hegemonia do bloco na inovação tecnológica, desenvolvimento compartilhado de conteúdo e fortalecimento do capitalismo imaterial. A constituição de uma agenda comum no período recente evidencia a mudança estratégica dos governos regionais e o estabelecimento de políticas conjuntas para a área audiovisual com perceptíveis impactos na economia e políticas locais.

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XI Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación Entre o desenvolvimento econômico e o direito à cultura: Uma análise dos usos do termo “economia criativa” pelo governo brasileiro Leonardo De Marchi1

Resumo: Nos últimos anos, o termo “economia criativa”, ou ainda “indústrias criativas”, ganha proeminência nos meios governamentais. Em países desenvolvidos, seu uso como norte de políticas culturais tem acarretado medidas que alteram profundamente o papel do Estado no campo das artes, resultando na retirada do poder público em favor da iniciativa privada. Mais recentemente, países em desenvolvimento também têm adotado o conceito de “economia criativa” para tratar do setor cultural. No entanto, ainda não é clara a maneira pela qual estes governos têm utilizado tal conceito para formular suas políticas culturais. Assim, neste artigo, faz-se uma análise dos usos do termo “economia criativa” pelo governo brasileiro. As hipóteses são que sua utilização (a) marca uma nova fase na relação do Estado com os mercados de cultura no país e que isto (b) leva um país em desenvolvimento a uma série de dilemas tanto teóricos quanto práticos, tratando-se de formular políticas culturais. Uma vez que o pilar da idéia de “economia criativa” é a capacidade de agregar atividades comerciais capazes de gerar renda a partir da propriedade intelectual, o que supõe aumentar o controle sobre o usufruto desses bens, um país em desenvolvimento encontra-se justamente em uma posição de facilitar o acesso aos bens culturais por sua população. A partir da leitura de documentos oficiais do governo brasileiro sobre “economia criativa”, buscar-se-á analisar as transformações que se dão no uso do termo “cultura” e a posição que o Estado brasileiro entende que ele deve assumir no desenvolvimento da economia criativa local. Conclui-se que o uso algo vago do termo abre brechas para políticas que privilegiem aspectos econômicos em detrimento de medidas que facilitem o acesso amplo aos bens culturais no país. Palavras-chave: políticas culturais; Estado e mercado; economia criativa; economia política da comunicação e da cultura; sociologia econômica.

1. Introdução O termo “economia criativa” e suas variações, como “indústrias criativas” ou “setores criativos”, têm sido adotados por diversos governos e instituições internacionais como diretriz para uma nova agenda de políticas públicas no setor de cultura. Implícito em seu conceito está a proposta de revisão dos papéis tanto da cultura quanto do Estado na sociedade e economia. Adotando-se o princípio de que a cultura é o novo e o grande recurso econômico fundamental do capitalismo contemporâneo, propõe-se subsumir o conceito de “atividades culturais” às “atividades criativas”, concedendo um status econômico privilegiado às produções cujo valor deriva fundamentalmente de seu aspecto simbólico. Em países desenvolvidos, seu uso como 1

Doutor pelo Programa de Pós-Graduação da Escola de Comunicação da Universidade Federal do Rio de Janeiro. Professor do curso de Comunicação Social do Centro Universitário Fundação Oswaldo Aranha (UniFOA) (Volta Redonda-RJ, Brasil). Trabalho apresentado ao GT 06 Economía Política de las Comunicaciones del XI congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación. leonardodemarchi@gmail.com


norte de políticas culturais tem acarretado medidas que alteram profundamente o papel do Estado no campo das artes, resultando na retirada do poder público em favor da iniciativa privada e no conseguinte reforço das demandas pela imposição de restrições ao acesso aos bens culturais. Mais recentemente, países em desenvolvimento também têm adotado o conceito de “economia criativa” para tratar do setor cultural. No entanto, ainda não é clara a maneira pela qual estes governos têm utilizado tal conceito para formular suas políticas culturais. Assim, neste artigo, faz-se uma análise dos usos do termo “economia criativa” pelo governo brasileiro. As hipóteses são que sua utilização (a) marca uma nova fase na relação do Estado com os mercados de cultura no país e que isto (b) leva um país em desenvolvimento a uma série de dilemas tanto teóricos quanto práticos, tratando-se de formular políticas culturais. Uma vez que o pilar da ideia de “economia criativa” é a capacidade de agregar atividades comerciais capazes de gerar renda a partir da propriedade intelectual, o que supõe aumentar o controle sobre o usufruto desses bens, um país em desenvolvimento encontra-se justamente em uma posição de facilitar o acesso aos bens culturais por sua população. A partir da leitura de documentos oficiais do governo brasileiro sobre “economia criativa”, buscar-se-á analisar as transformações que se dão no uso do termo “cultura” e a posição que o Estado brasileiro entende que ele deve assumir no desenvolvimento da economia criativa local. O artigo se divide em três partes. Na primeira, realiza-se uma genealogia do termo “economia criativa” para uma avaliação de suas implicações em termos de políticas públicas para o setor de cultura. Na segunda, faz-se um breve histórico da relação entre Estado e cultura no Brasil, dando particular atenção às distintas funções que o Ministério da Cultura (Minc) brasileiro recebeu ao longo do século XX. Finalmente, analisa-se o discurso do principal documento do governo Dilma Roussef sobre economia criativa, o Plano da Secretaria de Economia Criativa (Minc 2011), buscando-se apontar os problemas e contradições que esse conceito implica para um órgão público dedicado à cultura em um governo neodesenvolvimentista.

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2. Genealogia do termo “economia criativa” e suas implicações para políticas culturais Conforme sustentam determinados autores (Garnham 2005, Schlesinger 2011, Tremblay 2011, Bustamante 2011), a ideia de “economia criativa” deriva do debate sobre pós-industrialismo e nova economia, ou economia da informação. O conceito de sociedade pós-industrial ganhou notoriedade através da obra de Daniel Bell (1973), na qual se trata das consequências socioeconômicas do advento das tecnologias da informação as quais transformam a informação e o conhecimento em insumos básicos de uma economia baseada em serviços. O conhecimento e a informação permitem uma rápida e constante inovação técnica, a qual leva ao crescimento econômico e, por conseguinte, social. A “sociedade da informação” pode ser entendida como uma variação dessa perspectiva, dando ênfase à informação e às tecnologias da comunicação (cf. Kumar 1998). Neste caso, a informação e o conhecimento substituem o capital e o trabalho na base da teoria econômica como origem do valor – daí a centralidade das tecnologias da comunicação, que permitem o armazenamento, transmissão e processamento de informação. As implicações dessa perspectiva para o setor da cultura são múltiplas. Uma é o surgimento de uma abordagem sobre a “economia da cultura”. Afastando-se das preocupações macroeconômicas e políticas da economia política da comunicação e da cultura, nas últimas décadas economistas neoclássicos passaram a realizar uma análise microeconômica dos mercados de bens culturais a fim de conhecer sua “importância” para a economia dos países pós-industriais. As atividades artísticas aparecem nesses estudos como recurso para o desenvolvimento econômico e social (Yúdice 2004). O conceito de “indústrias criativas” ou “economia criativa” deve ser entendido como um capítulo específico dessa discussão, ou seja, como uma abordagem de atividades simbólicas como recurso para o desenvolvimento econômico e social de economias pós-industrializadas. O termo foi empregado pelo governo New Labour britânico nos anos 1990 a fim de, primeiramente, definir e mensurar a potencialidade econômica de “atividades criativas” no Reino Unido (DCMS 1998) e, posteriormente, fomentar seu desenvolvimento (DCMS 2008). Conforme sustentam Garnham (op. cit.) e Schlesinger (op. cit.), o interesse do governo pelas indústrias criativas era determinado pela concepção de que tais atividades simbólicas seriam capazes de tornar a economia 3


pós-industrializada do Reino Unido competitiva em uma economia globalizada. De forma semelhante à argumentação de economistas como Machlup e Porat sobre a importância da informação na economia estadunidense nos anos 1960-1970, o Departamento para a Cultura, Mídia e Esportes britânico buscou divulgar números que demonstravam o importante papel das atividades criativas na economia nacional: em seu conjunto, tais atividades empregariam dois milhões de pessoas, sendo responsável por 7,3% da economia britânica (DCMS 2008: 06). Mais do que isso, esse dinâmico setor estaria crescendo o dobro do que a economia nacional naquele momento, impulsionado pela crescente demanda por “conteúdos criativos”. É importante notar que o conceito tanto de “criatividade” quanto de “indústrias criativas” é vago mesmo nos documentos oficiais. De acordo com esses documentos, as indústrias criativas estariam baseadas na criatividade e habilidades de talentos individuais que podem potencializar a criação de riqueza e de empregos por meio da geração e da exploração de propriedade intelectual (cf. DCMS 1998, 2008). Como “criativo” é um adjetivo aplicável a diversas atividades, dependendo da situação, tornase possível agregar sob o mesmo rótulo uma série de atividades díspares, como: arquitetura, antiguidades, cinema, design, editoração, moda, música, publicidade, rádio, televisão e, sobremaneira, atividades relacionadas às tecnologias da informação, como produção de softwares. Uma avaliação mais precisa do termo indica, portanto, que ele se define fundamentalmente pela reunião de atividades: [...] baseadas na criatividade individual na medida em que seja capaz de gerar propriedade intelectual – que é exportável – junto com o aproveitamento de essas como base para a criação de riqueza e emprego. Nesse sentido, a definição britânica é economicista, pois a função comunicativa e simbólica de uma cultura – assim como a geração e comunicação de ideias – se torna interessante tão somente porque é exportável. [...]. Isto tem consequências para as políticas públicas. Em outras palavras, a cultura é substituída pela criatividade. (Schlesinger 2011: p. 100, tradução própria2).

Schlesinger que dizer que tal abordagem economicista retira a ênfase de políticas públicas na “cultura”, tanto em sentido das obras do espírito quanto de todo um modo

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“[...] son concebidas como actividades basadas en la creatividad individual en cuanto a su capacidad de generar propiedad intelectual – que es exportable – junto con el aprovechamiento de estas como base para la creación de riqueza y empleo. En ese sentido, la definición británica es economicista, pues la función comunicativa y simbólica de una cultura – así como la generación de ideas – es interesante solamente porque es exportable. […]. Esto tiene importantes consecuencias para las políticas públicas. En otras palabras, la cultura es desplazada por la creatividad.”

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de vida, passando-a para a “criatividade”, termo que está relacionado ao desenvolvimento econômico, uma vez que leva à inovação. Isto é, A “criatividade” vem sendo um vocábulo hegemônico no debate [britânico] atual, estando estreitamente ligado à ideia de inovação no comércio, à educação e à ciência. Em um contexto de globalização, a política da criatividade se tornou parte integral do discurso sobre a renovação nacional [...]. (Schlesinger 2011: 99, tradução própria3).

Interessante notar que, invertendo o pressuposto liberal iluminista de que o crescimento do comércio acarretaria o florescimento das artes, os trabalhistas britânicos pressupunham que o florescimento das artes levaria ao crescimento econômico. A concepção de que atividades criativas gerariam desenvolvimento econômico e social foi central para a adoção do termo por instituições internacionais, notadamente a Organização das Nações Unidas (UNCTAD 2008). Afastando-se da concepção de indústrias culturais, cara à UNESCO, a ONU buscava tornar universal a possibilidade das atividades criativas alavancarem o desenvolvimento econômico em diversos países. A ideia central era a de que Nesse contexto [de globalização], a interface entre criatividade, cultura, economia e tecnologia, expressas na habilidade de criar e fazer circular capital intelectual, possui potencial para gerar riqueza e empregos, além de exportar ganhos, ao mesmo tempo em que promove a inclusão social, a diversidade cultural e o desenvolvimento humano. Isto é o que a economia criativa já começou a fazer como componente crítico do crescimento econômico, trabalho, comércio, inovação e da coesão social nas economias mais avançadas. Mas a economia criativa também aparece como uma opção viável para os países em desenvolvimento. Se adotadas as políticas públicas eficientes, a economia criativa gera ligações transversais com a economia global em níveis macro e micro. Assim, promove uma dimensão de desenvolvimento, oferecendo novas oportunidades para esses países para saltar [to leapfrog] diretamente em setores de alto crescimento da economia mundial. (UNCTAD 2008: 03, tradução própria4).

O parágrafo acima deixa patente a abordagem economicista da criatividade, nas mesmas linhas do discurso trabalhista britânico. Mas para além do objetivo de 3

“La ‘creatividad’ viene siendo un vocablo hegemónico en nuestro debate actual, estrechamente ligado a la idea de innovación en el comercio, la educación y la ciencia. En el contexto de la globalización, la política de la creatividad se ha vuelto parte integral de un discurso de renovación nacional […].” 4 “In this context, the interface among creativity, culture, economics and technology, as expressed in the ability to create and circulate intellectual capital, has the potential to generate income, jobs and export earnings while at the same time promoting social inclusion, cultural diversity and human development. This is what the emerging creative economy has already begun to do as a leading component of economic growth, employment, trade, innovation and social cohesion in most advanced economies. The creative economy also seems to be a feasible option for developing countries. If effective public policies are in place, the creative economy generates cross-cutting linkages with the overall economy at macro and micro levels. It thus fosters a development dimension, offering new opportunities for developing countries to leapfrog into emerging high-growth areas of the world economy.”

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crescimento nacional, o que se propõe aqui é que a economia criativa seja a chave para gerar crescimento econômico e social rápido para países desenvolvidos e em desenvolvimento. Não seria de todo injusto observar que o conceito de “economia criativa” assume, assim, o lugar da ideia de “desenvolvimento” dos anos 1960: já não seria preciso industrializar países do terceiro mundo para atingir níveis mais altos de desenvolvimento humano; bastaria que a economias emergentes organizassem suas atividades econômicas em torno de atividades criativas, aproveitando-se do crescimento do turismo e da abertura de mercados com a globalização econômica. Não obstante a boa fé empregada na discussão sobre economia criativa, seus críticos observam que ela possui implicações sérias no que tange a políticas públicas para o setor de cultura (cf. Bustamante 2009, 2011, Galloway & Dunlop 2007, Garnham op. cit., Schlesinger op. cit., Tremblay op. cit.). Pode-se destacar, em primeiro lugar, que a perspectiva instrumental e economicista de “criatividade” implica um interesse proporcional por atividades que geram riqueza e emprego, em detrimento de outras atividades, desinteressadas. Assim, o que pode parecer justo para as indústrias culturais é extremamente complicado para atividades cujo valor é eminentemente simbólico e/ou político, mas não econômico, como as belas-artes, a arte naïf e mesmo o patrimônio histórico. Em segundo, a substituição do termo “cultura” por “criatividade” faz com que verbas públicas destinadas às atividades culturais passem a ser empregadas em setores frouxamente relacionados às artes, como o turismo ou TI. Dessa forma, empresas de software ou parques aquáticos passam a ser mais contemplados que museus e centros culturais, como bem observa Bustamante (2011). Claro está que, em terceiro lugar, a perspectiva economicista acarreta uma crescente ingerência nos assuntos que eram outrora de competência dos ministérios de cultura de outros ministérios e câmaras, sobremaneira, os de indústria e comércio exterior. Mesmo em relação àquelas atividades inerentemente de mercado, como as indústrias culturais, as políticas voltadas para a economia criativa implicam graves problemas. Levando-se em conta que o fator fundamental de definição das atividades criativas é sua capacidade de gerar propriedade intelectual, é evidente que o norte das políticas de fomento deve ser o reforço contínuo do controle do acesso às obras culturais através dos regimes de direitos autorais. Isto cria uma série de problemas factíveis ao se tratar do setor de cultura. A grande contradição e, por conseguinte, batalha da sociedade 6


da informação é que, se o conhecimento é a chave para o desenvolvimento do capital humano e da inovação, a demanda progressista dessa sociedade e o crescente acesso à informação e aos bens culturais – o que não é bem aceito pelas empresas culturais, grandes detentoras dos direitos autorais dessas obras. Pelo contrário, o que se testemunha neste exato momento é todo um esforço do lobby das indústrias culturais por ampliar o controle das empresas sobre os conteúdos culturais, apelo esse que tem angariado grande simpatia de governos inspirados pelos ideais de uma economia criativa nacional forte e competitiva internacionalmente (Espanha, Estados Unidos, França, Inglaterra). Portanto, a adoção dos termos “economia criativa” e/ou “indústrias criativas” implica rumos específicos para políticas para o setor cultural. Ao não se restringir às belas-artes, ao artesanato e mesmo às indústrias culturais, mas englobando-os, fagocitando-os, protegendo-os como atividades prioritariamente econômicas e, mais do que isso, centrais para o desenvolvimento econômico de economias nacionais, o conceito de economia criativa choca-se com as demandas por democratização da cultura. Em um plano macro, internacional, os princípios da economia criativa são bastante adequados aos países desenvolvidos, cuja desindustrialização concede enorme ênfase às atividades simbólicas. Mas como isto afeta países em desenvolvimento? 3. Estado e cultura no Brasil: políticas culturais da era Vargas ao governo Lula. Para se compreender as implicações de termos como “economia criativa” ou “indústrias criativas” como norte de políticas culturais em determinados contextos, fazse necessário compreender como se estruturou historicamente a relação entre um Estado e os mercados de bens culturais. Os estudiosos sobre o tema no Brasil concordam em que a relação entre Estado brasileiro e o setor de cultura apresenta diversos momentos e nuances. Isto permite que se produza uma periodização com recortes bem definidos. Na era republicana, há dois momentos em que a cultura assume para o Estado brasileiro uma função prioritariamente política. O primeiro deles é a era Vargas (19301945). Interessado em superar os regionalismos que sustentavam as elites oligárquicas da Velha República, o governo de Vargas daria especial atenção à educação, às artes e, sobremaneira, à cultura de massa, como instrumentos de unificação nacional. Em 1930, cria-se o Ministério da Educação e Saúde (MES), cujas funções também abarcariam o 7


fomento tanto das belas-artes quanto da cultura de massas (Schwartzman, Bomeny & Costa 2000). Particularmente durante o mandato de Gustavo Capanema (1934-1945), o MES se destacaria pelo apoio às belas-artes – aos artistas modernistas, especialmente – e pela ação educativa via rádio e cinema. Como observa Lia Calabre (2009: 16), a gestão de Capanema seria marcada pelo início de uma institucionalização do campo da cultura dentro do Estado brasileiro. De fato, muitos órgãos foram criados dentro do MES (a Serviço do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional (SPHAN), o Museu Nacional de Belas Artes e o Instituto Nacional de Cinema Educativo). A questão da cultura de massas também era um ponto sensível para o governo Vargas. Através não apenas do MES como também de outros ministérios, como o da Justiça, adotaram-se ações – não um conjunto de diretrizes positivamente expressas ou “política” – que visavam desenvolver os mercados de cultura de massas, mantendo o Estado como centro articulador das produções através tanto de relações pessoais entre políticos e comunidade artística como também da censura. Não por acaso, este é o momento da promulgação de diversas leis para os setores do cinema e rádio (cf. Calabre op. cit., Schwartzman, Bomeny & Costa op. cit.). Durante a ditadura militar (1964-1985), o processo de construção institucional do campo da cultura atingiria seu ápice. É preciso notar que os militares tinham uma concepção da cultura como fator estratégico de sua Doutrina da Segurança Nacional. Conforme sustenta Renato Ortiz (1994), os militares entendiam a cultura como um instrumento de formação cívica que deveria ser utilizado para passar valores patrióticos diante do “perigo internacionalista” do comunismo. Para tanto, implementaram o Plano Nacional de Cultura, que estendia aos mercados de bens culturais as metas da política de desenvolvimento social do governo Geisel, além de darem continuidade à criação de órgãos específicos dentro do agora Ministério da Educação e Cultura, como a Fundação Nacional de Arte (Funarte) ou a Empresa Brasileira de Filme (Embrafilme) (Miceli 1984). No caso das comunicações de massa, esse momento se destaca pelo incentivo dado às indústrias culturais. Assim como na era Vargas, compreendia-se que meios de comunicação de massa eram veículos críticos para a veiculação de ideais caros aos militares por todo o território e que, se bem manipulados, provocariam a adesão da população ao seu projeto político (Ortiz op. cit.). Através de diversas medidas de apoio às empresas de comunicação e cultura, todos os setores das indústrias culturais 8


experimentaram um crescimento expressivo, como demonstrou Renato Ortiz (op. cit.). Assim, o Estado se tornava benfeitor de determinados agentes privados, alinhados à sua concepção de segurança nacional, mantendo vigilância através, sobretudo, de seus comitês de censura. Nesses períodos autoritários, uma visão política da cultura guiou medidas que a tratavam como instrumento de formação moral dos indivíduos e da memória coletiva do “povo brasileiro”, o que fica particularmente claro na associação entre “cultura” e “educação”. É igualmente importante notar que, não obstante o interesse político pelas produções do espírito e a busca pela centralização do poder simbólico, ambos os governos privilegiaram o desenvolvimento da iniciativa privada no setor de cultura, promulgando leis que regulamentavam o funcionamento de determinados setores, dando apoio às empresas de comunicação e cultura mais alinhadas às suas propostas políticas e se valendo de medidas de censura. É preciso notar, finalmente, que tais medidas muitas vezes extrapolavam as competências do ministério dedicado à cultura, estendendo-se ao de justiça e/ou ao de comunicação. Os primeiros momentos da redemocratização do país inauguram outro momento. Para especialistas, trata-se de um período de “retirada do Estado” do setor da cultura (Calabre 2009, Rubim 2010). Esta fase se inicia com o governo de Fernando Collor de Mello (1990-1992). Tão logo chega ao poder, o primeiro presidente eleito democraticamente após a ditadura promulga leis que transformam o Ministério da Cultura (Minc), criado como tal em 1985, em mera secretaria e dissolve uma série de entidades da administração pública, como a Funarte, o Iphan e a Embrafilme. Além disto, ordena um severo corte de verbas para o setor da cultura5. Durante os dois mandatos de Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), na gestão de Francisco Weffort no Minc, a reformulação do papel do Estado no setor de cultura reforça-se. Apoiando-se em leis de incentivo fiscais – especificamente, o Programa Nacional de Incentivo à Cultura, ou Lei Rouanet, e a Lei do Audiovisual –, o governo federal isentava-se de qualquer política nacional de cultura, convidando o setor privado a se tornar a principal fonte de recursos para a comunidade artística (Calabre op. cit., Rubim op. cit.). Essa opção gerou resultados contraditórios, no entanto. Pois se alavancou, por um lado, a 5

Apenas em 1992, no mandato do presidente Itamar Franco (1992-1995), é que a Secretaria de Cultura volta a ser um ministério e a Funarte e o Iphan são restituídos. Cf. Calabre 2009.

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produção cultural nacional após o governo Collor, por outro, não conseguiu satisfatoriamente atrair a iniciativa privada para o setor de cultura. Números divulgados pelo governo seguinte indicavam que, em 18 anos de vigência da Lei Rouanet, apenas cinco por cento dos recursos investidos provinham de empresas privadas, sendo que em sua maioria eram empresas públicas (Rubim 2010: 12). Os dois mandatos do governo de Luís Inácio “Lula” da Silva (2003-2011) marcam mais uma reviravolta nessa trajetória. Em franca oposição ideológica ao governo anterior, as gestões de Gilberto Gil (2003-2008) e de Juca Ferreira (2008-2011) são marcadas (a) pelo esforço de revitalização do papel do Estado no setor cultural, de forma democrática, e (b) pela adoção de um conceito antropológico de cultura, como todo um modo de vida (Rubim op. cit.). Durante a administração Gil/Ferreira, buscou-se equacionar o desenvolvimento dos mercados de cultura ao acesso aos bens culturais e ao direto de comunicação. É isso que permite propor mudanças em fatores-chave da economia da cultura, como os direitos autorais e as leis de incentivo. Além disto, passase a trazer para a responsabilidade do Minc atividades culturais de grupos minoritários, como afrobrasileiros, indígenas, homossexuais, entre outros, ampliando as fronteiras do ministério. Independentemente de sua eficácia, é fato que o ministério teve sua função política revitalizada e bastante ampliada nesse período. A adoção do termo “economia criativa” por parte tanto do governo federal quanto de instâncias estaduais e municipais deve ser compreendida dentro desse quadro histórico de revitalização do papel do Estado no setor de cultura e conseguinte ampliação dos encargos do governo federal. Na seção seguinte, realiza-se uma análise do emprego desse conceito pelo próprio Ministério da Cultura. 4. Usos do termo “economia criativa” pelo governo brasileiro: uma análise do Plano da Secretaria da Economia Criativa do Ministério da Cultura. Qualquer análise sobre economia criativa no Brasil deve começar forçosamente pelo “Plano da Secretaria de Economia Criativa: política, diretrizes e ações 2011 a 2014” (PSEC) (Minc 2011) não apenas pelo revigorado papel que o Minc tem buscado assumir como centro nevrálgico das políticas culturais nacionais como também porque tal documento “simboliza um movimento do Minc na redefinição do papel da cultura em nosso país”, como se afirma de forma contundente em sua introdução (ibid.: 19). 10


Mesmo sendo menos presunçoso, não se pode deixar de afirmar que essa publicação é o mais bem acabado documento sobre economia criativa e derivações no país. Além disso, por todo o país, ainda são poucas e recentes as atividades públicas baseadas na concepção de economia criativa. Assim, decidiu-se realizar uma análise pormenorizada do discurso do PSEC. A Secretaria da Economia Criativa (SEC) foi criada em 2011 dentro das diretrizes do Plano Nacional de Cultura (Lei 12.243 de 02/12/2010), cujo texto define “cultura” em frentes simbólica, cidadã e econômica. Neste sentido, de acordo com o Plano nacional de Cultura (Minc 2010), a cultura deve ser tratada como “instrumento de promoção do desenvolvimento socioeconômico autossustentável”, o que ficou a cargo da SEC. O PSEC é, de fato, um documento muito interessante. Seu texto é precedido por palavras da atual ministra da cultura, Ana de Hollanda, as quais inserem o documento nas linhas gerais dos projetos sociais de Dilma Roussef, e da secretária de economia criativa, Cláudia Leitão. Aliás, nas palavras da secretária é possível encontrar as linhas mestras do resto do texto. É importante notar que a secretária para economia criativa busca associar o espírito neodesenvolvimentista do Partido dos Trabalhadores (PT) ao discurso da “cultura como conveniência” (culture as expediency) (Yúdice 2004). Essa mescla fica evidenciada ao se tomar o conceito de “criatividade” apresentado por Celso Furtado6 (1978) e na afirmação de Cláudia Leitão de que, em um capitalismo que dá ênfase às atividades cujo valor advém de qualidades simbólicas como motor do desenvolvimento econômico, o Brasil possui uma diversidade cultural cujo potencial para a economia criativa seria enorme. Em determinado momento, a autora afirma que Barbero define quatro forças que impulsionam o desenvolvimento: a organização flexível da produção; a difusão das inovações e do conhecimento; a mudança e adaptação das instituições e o desenvolvimento urbano do território. A interação entre essas forças produziria a necessária 6

Nesse livro, Furtado observa que o processo de “desenvolvimento” está intimamente relacionado à “criatividade” no seguinte sentido: “Simplesmente para reproduzir suas estruturas tradicionais, as sociedades necessitam de meios de defesa e adaptação, cuja eficácia reflete a aptidão de seus membros para formular hipóteses, solucionar problemas, tomar decisões em face da incerteza. Ora, a emergência de um excedente adicional – consequência do intercâmbio com outros grupamentos humanos ou simplesmente do acesso a recursos naturais mais generosos – abre aos membros de uma sociedade um horizonte de opções: já não se trata de reproduzir o que existe e sim de ampliar o campo do que é imediatamente possível [...]. O novo excedente constitui, portanto, um desafio à inventividade. [...]. Em sua dupla dimensão de força geradora de novo excedente e impulso criador de novos valores culturais, esse processo liberador de energias humanas constitui a fonte do que entendemos por desenvolvimento.” (Furtado 1978: 81-82).

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sinergia capaz de alavancar um desenvolvimento endógeno que, por sua vez, permitiria ao Brasil, uma nova alternativa de crescimento econômico não mais construído de fora para dentro, mas resultado de uma dinâmica econômica local. Ao mesmo tempo, esse desenvolvimento se fundamentaria na valorização das éticas e das expressões culturais locais, necessárias à consolidação de práticas cooperativas, ao crescimento da confiança entre indivíduos e grupos, além da proteção ao patrimônio cultural e ambiental dos territórios envolvidos. (Minc 2011: 14).

É interessante notar nesse trecho como a diversidade cultural do país se torna insumo para um desenvolvimento econômico endógeno, reanimando assim o espírito do desenvolvimentismo sessentista. Nesse contexto, a secretária deixa patente qual é a missão do Minc: O Ministério da Cultura retoma a difícil tarefa de repensar, de reconduzir, de liderar os debates e a formulação de políticas sobre a cultura e o desenvolvimento no Brasil, com a missão de transformar a criatividade brasileira em inovação e a inovação em riqueza: riqueza cultural, riqueza econômica, riqueza social. (ibid.).

Assim, o MinC se coloca, através da SEC, em uma posição inédita em sua história: não mais é responsável pela educação moral do povo ou por fomentar o crescimento dos mercados de comunicação de massa; reclama o direito de ser o eixo articulador de uma macropolítica socioeconômica que tem na cultura seu elemento principal: Dessa forma, a diversidade cultural não deve mais ser compreendida somente como um bem a ser valorizado, mas como um ativo fundamental para uma nova compreensão do desenvolvimento. De um lado, deve ser percebido como recurso social, produtor de solidariedades entre indivíduos, comunidades, povos e países; de outro, como um ativo econômico, capaz de construir alternativas e soluções para novos empreendimentos, para um novo trabalho, finalmente, para novas formas de produção de riqueza. Assim, seja na produção de vivências ou de sobrevivências, a diversidade cultural vem se tornando o “cimento” que criará e consolidará, ao longo desse século, uma nova economia. (ibid.: 19-20).

O passo seguinte é resolver o problema da definição de “economia criativa”. Argutamente, os mentores do documento entendem que (a) a raiz anglo-saxônica do termo acarreta problemas quando aplicada à realidade brasileira e que (b) a definição baseada nos conceitos de “criatividade” e de “propriedade intelectual” tampouco são suficientes para aclarar o campo de ação da secretaria. Em resposta a esses dilemas, a SEC decide rechaçar desde logo o conceito de “indústrias culturais” – sem qualquer explicação – e, por extensão, adotar a tradução de creative industries, em inglês, como “setor criativo”, que seriam: 12


os setores criativos são todos aqueles cujas atividades produtivas têm como processo principal um ato criativo gerador de valor simbólico, elemento central da formação do preço, e que resulta em produção de riqueza cultural e econômica. (ibid.: 22).

A igual falta de precisão dessa definição, a seus autores propõem exemplos. Assim, a pintura seria uma atividade criativa porque seu valor não reside na qualidade química das tintas utilizadas, mas justamente no conhecimento e técnica – antes, também chamado de “genialidade” – do pintor. Pelo mesmo motivo, o design gráfico também seria uma atividade criativa. A comparação não é gratuita. Seu objetivo é estender a noção de “genialidade”, agora substituída por “criatividade”, das atividades artísticas às industriais, como a arquitetura ou o design gráfico. Assim, a nova definição apenas quer dizer que as “atividades criativas” vão além das tradicionais “atividades culturais” (música, dança, teatro, ópera, circo, pintura, fotografia, cinema), englobandoas. A amplitude desse termo acarreta a seguinte definição de “economia criativa”: Economia Criativa a partir das dinâmicas culturais, sociais e econômicas construídas a partir do ciclo de criação, produção, distribuição/circulação/difusão e consumo/fruição de bens e serviços oriundos dos setores criativos, caracterizados pela prevalência de sua dimensão simbólica. (ibid.: 23).

O objetivo das ações e políticas coordenadas pela SEC não poderia deixar de ser igualmente ambicioso. Trata-se de desenvolver uma economia da cultura incorporando em sua conceituação a compreensão da importância socioeconômica da diversidade cultural local, a sustentabilidade como fator-chave de desenvolvimento local e regional, a inovação como vetor de desenvolvimento da cultura e das expressões de vanguarda e, por fim, a inclusão produtiva como base de uma economia cooperativa e solidária (ibid.: 32). Não obstante sua busca por outro conceito de economia criativa, mais claro, efetivo e humano, as deficiências e problemas fundamentais do conceito em sua versão anglo-saxônica permanecem. Desde logo, a abrangência que o termo “criatividade” implica impõe grandes desafios práticos a um ministério tradicionalmente voltado para a preservação e fomento de atividades artísticas. Em primeiro lugar, está claro que o Minc não apresenta uma estrutura e competência para dar conta das demandas das diferentes atividades criativas. 13


Ainda que se admita que uma economia criativa seja algo exequível apenas com um trabalho conjunto a outros ministérios, isto é, sendo o PSEC um projeto “transversal”, emergem diversas questões cruciais. Três são proeminentes. O primeiro refere-se à divisão de verbas de um ministério cujos recursos não alcançam nem dois por cento do PIB nacional. Isto obriga a que determinadas atividades sejam mais contempladas do que outras – e isso se conecta ao segundo problema dessa perspectiva, qual seja, a visão instrumental de atividades artísticas. Se o discurso da SEC é utilizar a diversidade cultural como recurso para o crescimento socioeconômico, logicamente são as abordagens economicistas que tendem a ser privilegiadas nos editais e políticas de fomento do governo. Assim, não se torna muito difícil adivinhar qual tipo de atividade receberia mais atenção do Minc, a indústria de software ou uma produção de balé clássico. Fortemente relacionado a isso está a questão da proteção de marcos regulatórios. Uma economia criativa exige forçosamente a proteção dos direitos dos criadores a regular o acesso às suas produções criativas. Em diversos países – notadamente, Estados Unidos, Espanha, França e Inglaterra – essa concepção das atividades criativas têm levado a políticas restritivas em relação ao acesso aos bens criativos, sobremaneira aos culturais. O problema no caso brasileiro é que o neodesenvolvimentismo norteador de toda a política social do Partido dos Trabalhadores pressupõe justamente o contrário, ou seja, a ampliação do acesso aos bens culturais por parte da população. De fato, é a isto que se referem os pontos cardinais do PSEC – inclusão social, sustentabilidade econômica, inovação e inclusão produtiva. No entanto, está longe de se ter alguma ideia de como isto pode ser equacionado na prática em médio e longo prazo. Em última instância, isto coloca uma questão delicada a um governo progressista: qual a função do Estado em uma economia criativa? Proteção de interesses privados de pequenas, médias ou mesmo grandes empresas com a esperança de que isso gere, em curto prazo, empregos e consumo para a população? Assim, ao subsumir a “cultura”, o princípio da “criatividade” impõe graves problemas para a produção de políticas públicas. Sua abordagem economicista e, portanto, instrumental da criatividade acaba por tomar espaço de atividades cujos fins são difusamente voltados para a geração de riqueza material, mas de conhecimentos não necessariamente aplicáveis à produção de bens, isto é, inovação. As atribuições de um 14


ministério da cultura não podem convergir todo o tempo com as de um ministério do comércio. Se não há dúvidas de que as atividades culturais podem ser e são rentáveis, é igualmente justo observar que a geração de riqueza que elas contêm em potencial está para além da aplicabilidade na economia real. O problema fundamental da ideia de criatividade é que ela ignora nuances e exige da cultura uma postura instrumental e, dessa forma, abre-se uma caixa de pandora que coloca a criatividade contra a cultura, como já bem observou Enrique Bustamante (2011). Particularmente em um governo neodesenvolvimentista, a questão que se torna urgente é: repetir-se-ão os erros do passado desenvolvimentista, em que a industrialização a todo custo era a grande opção de soberania do país, no campo da cultura? 5. Considerações finais A despeito da busca por um conceito próprio, o documento do Minc mantém fundamentalmente os mesmos conceitos e, por conseguinte, deficiências teóricas e problemas práticos inerentes à ideia de “economia criativa”. O documento é inequívoco ao colocar o conceito de “setor criativo” como via única para o desenvolvimento cultural e econômico do país, descartando, sem muita discussão e desde logo, alternativas, como no caso de “indústrias culturais”. Ao fazer isso, o conceito de “criatividade” passa a englobar o conceito humanístico de “cultura”, como artes eruditas e populares, e até mesmo instrumentalizando tal palavra em seu sentido antropológico, particularmente conforme adotado na gestão de Gilberto Gil/Juca Ferreira. Com isso, o ministério não apenas ressignifica algumas das diretrizes que o justificavam desde sua criação como também assume responsabilidades inéditas e que ultrapassam em muito as possibilidades de sua estrutura. Por mais que se admita realizar em transversalidade com outros ministérios, torna-se difícil vislumbrar que o Minc consiga manter-se como o eixo articulador dessa política socioeconômica. Ao assumir certa responsabilidade sobre uma gama diversa de atividades, um ministério dedicado à cultura acaba por tentar atender às demandas de empreendimentos absolutamente distintos em sua composição e objetivos. As demandas do setor de jogos eletrônicos ou de fonogramas podem assumir contornos irreconciliáveis com o de atividades como museus ou artesanato – a menos que estes passem a ser entendidos prioritariamente como atividades comerciais. Mesmo sendo assim, a proteção de todas 15


as atividades culturais como atividades econômicas tende a chocar-se com as exigências sociais pela ampliação do acesso aos bens culturais. Abrem-se, assim, possibilidades para políticas que restringem o acesso aos bens culturais em favor dos interesses de certos setores da iniciativa privada. O questionamento que se faz é, finalmente, se o termo “economia criativa” é pertinente e útil para países em desenvolvimento, como o Brasil, nos quais o recente crescimento econômico e as conquistas sociais são acompanhados pela crescente demanda por direitos no campo da cultura. Este debate continuará em aberto enquanto não se discutirem as implicações teóricas e práticas desse conceito da moda, ignorando as alternativas. 6. Referências: Bustamante, E. (2009). De las industrias culturales al entretenimiento: la creatividad, la innovación … viejos y nuevos señuelos para la investigación de la cultura. Diálogos de la Comunicación, 78, 01-25. Bustamante, E. (2011). ¿La creatividad contra la cultura? In L. A. ALBORNOZ (org.). Poder, medios, cultura: una mirada crítica desde la economía política de la comunicación (p.139-153). Buenos Aires: Paidós. Bell, D. (1973). The coming of the post-industrial society: a venture in social forecasting. New York: Basic Books. Calabre, L. (2009). Políticas culturais no Brasil: dos anos 1930 ao século XXI. Rio de Janeiro: FGV editora. Departament for Culture, Media and Sport (1998). Creative industries mapping document. Londres: DCMS. Departament for Culture, Media and Sport (2008). Creative Britain: new talents for the new economy. London: DCMS. Furtado, C. (1978). Criatividade e dependência na civilização industrial. Rio de Janeiro: Paz e Terra. Galloway, S., & Dunlop, S. (2007). A critique of definitions of the cultural and creative industries in public policy. International Journal of Cultural Policy, 13 (1), 17-31. Garnham, N. (2005). From cultural to creative industries: an analysis of the implications of the “creative approach” to arts and media policy making in the United Kingdom. International journal of cultural policy, 11 (1), 15-29. Hesmondhalgh, D., & Pratt, A. (2005). Cultural industries and cultural policy. International journal of cultural policy, 11 (1), 1-14. Kumar, K. (1997). Da sociedade pós-industrial a pós-moderna: novas teorias sobre o mundo contemporâneo. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Editor. Miceli, S. (1984). Estado e cultura no Brasil. São Paulo: DIFEL. Ministério da Cultura. (2011). Plano da Secretaria de Economia Criativa: políticas, diretrizes e ações 2011-2014. Brasília: Minc. 16


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Mercados de experiências: a culturalização da economia e os mecanismos de assimilação na contemporaneidade1

GT 6 – Economía Política de las Comunicaciones

Ruy Sardinha Lopes, Instituto de Arquitetura e Urbanismo – IAU-USP, São

Carlos,

Brasil, rsard@sc.up.br

Resumo: Se a passagem da fase concorrencial para a monopolista do capitalismo mundializado implicou, entre outras ações, a colonização da cultura, impondo-lhe a lógica industrial, como tão bem alertaram Adorno e Horkheimer com o termo dialético Indústria Cultural, a fase atual, marcada pela falência do modo de regulação anterior e por uma forte financeirização da acumulação obrigou-o a se deslocar para setores mais “imateriais” como a informação, o conhecimento e a cultura. Tentando, pois, navegar em mares agitados, onde a “desregulação” se tornou sistêmica e, em certa medida, tendo de ater-se com as intempéries de uma área como a cultura , fortemente imprevisível e resistente á plena adequação aos ditames do mundo dos negócios, novas crises e desafios somam-se às tradicionais e ainda constantes crises de superprodução. Na perspectiva de sobreviver sem abrir mão de seus fins últimos novas estratégias de acumulação, gerenciamento e cooptação são elaborados. Assim, a uma industrialização da cultura seguiu-se a culturalização da indústria cujos corolários ainda hoje se fazem ouvir tais como a “economia criativa”. Uma das estratégias de empresariamento do espírito que vem se impondo tanto na esfera econômica quanto simbólica é a da mercadização das experiências . Tida como essencial ao marketing contemporâneo, um dos elementos capazes de fidelizar o consumidor, o apelo às experiências , aos sentidos, emoções, afetos, parece constituir a nova seara de expansão do capitalismo contemporâneo. 1

Artigo escrito a partir do projeto de pesquisa TÁTICAS EXPERIENCIAIS: ARTE, ARQUITETURA E MARKETING NA “ERA DA EXPERIÊNCIA”, financiado pela Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo- FAPESP.


Como sabemos, coube a Adorno e Horkheimer chamar a atenção da teoria crítica para uma injunção, acionada pelo capitalismo monopolista, que fará, a partir de então, grande fortuna teórica. Trata-se, nas palavras de Kentor, de uma junção triturante de cultura e indústria, compactados em um estado de conflito pelo conceito dialético indústria cultural. Embora, como notou Jameson (1997, p.188) o capítulo sobre a “indústria cultural” de Adorno e Horkheimer não proponha uma teoria da cultura, no sentido moderno, e sim a teoria de uma indústria, sob o capital monopolista, que faz dinheiro a partir do que se costumava chamar de cultura, o que suas análises demonstram é o quanto a existência de um processo de industrialização da cultura termina por alterar o próprio estatuto da cultura. As alterações na dinâmica da acumulação e nas formas da concorrência decorrentes da concentração e centralização do capital, em curso desde a grande crise de 1873 a 1896, ao superarem a fase liberal e o interregno da alternativa fascista acarretaram não só as mudanças nas esferas do Estado e pública fazendo que, como notou Habermas, a contradição entre capital e Estado adquirisse uma nova feição, mas também a mercadização dos bens e do debate culturais, uma vez que se assiste a transformação do “publico pensador de cultura”

em “público consumidor de cultura”. Uma

transformação, portanto, no modo de vida, que terá na industrialização da cultura um dos principais mecanismos de cooptação ideológica. A subordinação, ainda que parcial, da cultura à lógica do capitalismo monopolista significou o abandono dos resquícios pré-capitalistas presentes ainda na fase liberal e a inversão das hierarquias dos valores (ARGAN, 2000, p.20). Antes, a produção individual, a peça única e irrepetível, a repetição no particular do gesto divino, a autonomia econômica do indivíduo, a mimese arquitetural ou artística que expressava a relação noética do homem com a natureza. Agora, a série como o supremo nível de valor, a massa que anula o indivíduo ou o considera apenas como unidade na série, a adesão inconteste ao existente. A perda da aura como pré-requisito da reprodutibilidade mercantil e da superação da singularidade.


Assim, o novo padrão de acumulação, calcado na produção em massa de bens duráveis, requisitou, para seu êxito, uma revolução do modo de vida e de consumo, onde “os valores e modo de vida herdados dos tempos em que o capitalismo só existia no estado das potencialidades longínquas” cedesse lugar aos valores e modo de vida capitalistas. Em outras palavras, conforme André Granou (1974, p.57), a produção do capitalismo “como idéia”, “enquanto novo ritual e nova moral, enquanto ordem social”. Se na esfera produtiva tal lógica subsumia o principio subjetivo à objetividade da valorização capitalista, abstraindo os trabalhos concretos e os valores de uso; o que a afirmação de André Granou mostra é que, agora, tal subordinação estende-se ao modo de vida, retirando também da esfera cultural os lampejos de um outro mundo que ainda suscitava. Tendo por finalidade a realização do valor mercantil, os bens culturais passam a partilhar a mesma abstração e padronização das mercadorias. Ou seja, como afirma Adorno, “o valor de troca exerce seu poder de modo excepcional no domínio dos bens culturais” (apud STRINATI, 1999, p. 66). Embora devam ser igualadas às demais mercadorias, a especificidade dos bens culturais exige que a crítica ao fetiche da mercadoria se dê sobre outros termos. Uma vez que a indústria cultural precisa atender às necessidades genéricas de seu público consumidor e porque “as pessoas não toleram por muito tempo a padronização” tais produtos devem ser revestidos com um “ar individual”. Obscurecendo a estrutura padronizada, a regência dos princípios do mercado, a indústria cultural oferece-lhes o mesmo como se fosse novidade. Desta forma, dirão Horkheimer e Adorno (1986, p.113): “ao perpetuar o indivíduo como se ele fosse independente, submetem-no ainda mais profundamente a seu adversário, o poder absoluto do capital”. De um lado, a pseudo-individuação2, uma vez que a padronização das mercadorias culturais corresponde à padronização dos próprios consumidores, isto é, sua liberdade 2

Por pseudo-individuação entendemos o envolvimento da produção cultural de massa com a auréola da livre escolha ou do mercado aberto, na base da própria estandardização. A estandardização de hits musicais mantém os usuários enquadrados, por assim dizer, escutando por eles. A pseudo-individuação,


de escolha dá-se segundo analise estatística que visa atender às idiossincrasias dos vários segmentos do mercado, a previsibilidade, a distração como marcas de uma cultura – a de massas. De outro, uma mercadoria cultural que deixa de se orientar pelo principio de seu próprio conteúdo e da forma adequada para aderir ao existente. Fusão de entretenimento e cultura, através da regressão da audição e do declínio da subjetividade autônoma e diminuição do caráter de negação da cultura. Na acepção de Adorno e Horkheimer caberia à industria cultural, sob uma aparente independência e autonomia do individuo, “duplicar o que já existe na consciência dos homens” (ADORNO apud MAAR, 2003), ratificando sua aderência ao existente. Ao pertencimento a uma coletividade, a uma tradição capaz de dar coerência às diversas vivências, a indústria cultural opõe uma “cultura hegemonicamente afirmativa”, uma sociedade massificada constituída de indivíduos semiformados: Da esteira da fábrica não saem somente mercadorias, mas um mundo de "homens sem qualidades". Para Adorno trata-se do seu principal produto. Semi-formação é no limite uma incapacidade de fazer experiência (Erfahrung): de constituir uma mediação dialética concreta e viva com o mundo, portanto, uma debilidade em relação ao ego e à sensibilidade, ao conceito e à tradição, ao tempo e à memória (cf. TdH: 187 ss3). Para o indivíduo inundado por informações, vivenciadas ávida e velozmente, tal tempo fugaz só traz o vazio, não há aprendizado significativo algum (DUARTE, 2008). Trata-se de uma “sombra conciliatória”, na qual o que permanece irracional é reconstruído como racionalidade sistêmica, as experiências do consumidor antecipadas sob os desígnios do capital (MAAR, 2003). Nas palavras de Adorno e Horkheimer (1985, p. 117-118): Para o consumidor não há nada mais a classificar que não tenha sido antecipado no esquematismo da produção. [...] [T]odos os detalhes, clichês prontos para por sua vez, os mantém enquadrados, fazendo-os esquecer que o que eles escutam já é sempre escutado por eles, ‘pré-digerido’” (Adorno, 1994:123)

3 TdH: Adorno, T.W. "Theorie der Halbbildung" [1959] in: Horkheimer, M. / Adorno, T.W. Sociologica II (Reden und Vorträge). Frankfurt a.M., Europäishe Verlagsanstalt, 198


serem empregados arbitrariamente aqui e ali e completamente definidos pela finalidade que lhes cabe no esquema. Confirmá-lo, compondo-o, eis aí sua razão de ser. O mundo inteiro é forçado a passar pelo filtro da indústria cultural. A velha experiência do espectador de cinema que percebe a rua como um prolongamento do filme que acabou de ver, porque este pretende reproduzir rigorosamente o mundo da percepção cotidiana, tornou-se a norma da produção. Quanto maior a perfeição com que suas técnicas duplicam os objetos empíricos, mais fácil se torna hoje obter a ilusão de que o mundo exterior é o prolongamento sem ruptura do mundo que se descobre no filme. Embora seja evidente que muitas dessas considerações permaneçam atuais, sobretudo aquelas referentes à pseudoliberdade ou à sombra conciliatória desta indústria, é fato que de 1940 para cá muita coisa mudou, sobretudo no âmbito da indústria, que, como diversos analistas (na trilha de Fredric Jameson) vêm apontando, adotou justamente a lógica cultural como modelo. De fato, podemos dizer que por volta do fim dos anos 1950 uma mutação estava em curso. Em primeiro lugar, o reconhecimento de que a absorção e valorização do capital pela indústria propriamente dita chegaram a um limite cujo modo de regulação vigente, o chamado fordismo, era incapaz de solucionar. Depois, um acirramento das críticas dirigidas a tal modelo econômico-social, sobretudo a advinda daquilo que Boltansky e Chiapello chamaram de “crítica artística”, impondo-lhe novos desafios. Em terceiro lugar, uma expansão da indústria de entretenimento e de bens culturais que aparecia como uma oportunidade (episódica?) para novos investimentos e absorção do capital e mão de obra-excedente em outros setores. Estávamos, pois, diante de uma “virada cultural” do capitalismo, que passa, cada vez mais, a voltar sua atenção para os setores mais “imateriais”, como os serviços e a cultura e para a constituição de uma “sociedade do consumo” assentada na espetacularização da existência (Debord) 4, regida pela lógica da gratificação imediata,

4

“O espetáculo é o momento e que a mercadoria ocupou toda a vida social. Não apenas a relação com a mercadoria é visível, mas não se consegue ver nada além dela: o mundo que se vê é o seu mundo” (DEBORD, 1997, p.30). Não se trata, portanto, de um conjunto de imagens, mas “uma relação social entre pessoas, mediadas pelas imagens” (p.14).


a ponto de um de seus críticos conservadores, Daniel Bell, chamar de “culturais” as contradições da época. Em relação ao consumo – de bens “simbólicos”- e à centralidade então alcançada pelo entretenimento (e suas indústrias),

Neal Gabler (1999, p.194) aponta para uma

inversão: A suposição original era que o entretenimento fosse uma forma de consumo, que numa sociedade capitalista industrializada tivesse havido a transformação do de

lazer em

comprar e depois exibir os

mercadoria. Mas, uma vez que o ato bens era, quase

sempre a

maneira mais eficiente de criar um papel convincente no filme-vida, o que

ocorreu foi

de entretenimento.

que o consumo acabou Era um

parecendo uma forma

meio de se preparar para

fazer o

espetáculo. E prossegue: [...] O entretenimento tinha a ver com libertação, liberdade, transporte, escape. E o consumo, exceto a aquisição de necessidades – cujas marcas eram elas mesmas muitas vezes diferenciadas uma das outras

por sua

“personalidade” - , também. O entretenimento tinha a ver com o poder das sensações. Assim, também o consumo, no caso as geradas externamente pela aparência obtida e internamente

sensações pela

forma como nos sentíamos. O entretenimento contava com a gratificação instantânea. O consumo também. O entretenimento era uma expressão da democracia, rompendo com os grilhões da antiga cultura da produção e permitindo a qualquer um comprar sua fantasia. E, no fim, tanto o entretenimento quanto o consumo forneciam a mesma intoxicação: o puro e desmiolado prazer de se emancipar da razão,da responsabilidade, da tradição, da classe e de todos os outros elos que restringiam o eu. (GABLER, 1999, p.195-196). A esta cultura hedonista, que não pode ser totalmente apreendida pelo arcabouço conceitual elaborado por Adorno e Horkheimer na década de 1940, corresponde uma nova etapa na lógica da acumulação (e uma segunda etapa da Indústria Cultural), que poderíamos chamar de “culturalização da indústria” ou “culturalismo de mercado”.


Passagem, segundo Jameson, de uma fase monopolista, para outra, a atual, caracterizada pela centralidade, econômica, da cultura. Embora, em certa medida, ainda estejamos sob égide desta “era da cultura”, autores como Lipovetsky apontam, pelo menos em relação àquilo que vem sendo chamado de “sociedade do consumo” para o esgotamento, por volta do final da década de 1970, deste ciclo – ainda que tal esgotamento seja mais de ênfase do que de substância. Onde a principal característica do novo ciclo, chamado por ele de hiperconsumismo, é o arrefecimento de um certo ethos antagônico ainda observável na etapa anterior. [...] como o “momento em que a comercialização dos modos de vida já não encontra resistências culturais e ideológicas estruturais, em que tudo o que subsistia de

oposição cedeu diante das sereias da

mercadoria. Chega a hora em que todas as esferas da vida

social

e individual são de ma maneira ou de ora, reorganizadas de

acordo

com os princípios da ordem consumista (LIPOVETSKY, 2010, p.128). Não é nosso objetivo, aqui, avaliarmos a plausibilidade desta provável assimilação às determinações sistêmicas e da consolidação de uma cultura afirmativa. Queremos apenas apontar para uma mudança na retórica de justificações inerentes ao funcionamento do sistema econômico, e mais especificamente, do âmbito da circulação, que talvez indique os mecanismos de cooptação, por intermédio da indústria cultural, sobremaneira, da atualidade. Segundo Jeremy Rifkin, a crescente acessibilidade a meios digitais de produção, processamento e veiculação de dados e imagens intensificou o processo de desmaterialização da economia a ponto de, atualmente, vivermos na “era do acesso”, onde os conceitos, as idéias e as imagens substituem as ‘coisas’ como objetos de grande valor econômico, alterando, portanto, a própria noção de propriedade, tão cara à lógica industrial: Na Era Industrial, ter capital físico, máquinas, propriedade e terra; empregar trabalhadores; gerenciar os processos de produção e distribuir bens ou serviços era suficiente para definir a posse. Em uma economia de rede, em que os ativos

intangíveis importam mais que os tangíveis,


a verdadeira propriedade é daqueles que

possuem o know-how, os

conceitos, a idéia, a marca e as fórmulas operacionais

(RIFKIN,

2001, p.53). Algumas conseqüências decorrem de tal processo. Em primeiro lugar, como apontamos acima, a “culturalização” da economia e a transformação da cultura na nova commodity5; em segundo lugar, a criação de um novo ambiente no qual a vida pessoal e o discurso social se reestruturam; por fim, uma alteração no modo de se pensar o consumo, agora voltado para a imaterialidade das marcas e para as experiências que os objetos e a atividade de consumo devem proporcionar. Assim, segundo Rifkin, entramos numa fase onde o essencial não é mais a aquisição do produto (ou ao entretenimento), mas o acesso às experiências. O que se consome é a própria experiência, ou seja, emoções, satisfações intangíveis, que produzam reações sensoriais. Experiência esta, diga-se, já totalmente reprogramada empresarialmente: Estamos começando a comprar nossas próprias experiências de vida, juntamente com

os adornos e acessórios culturais que as

acompanham. Nossa vida comum está sendo

inexoravelmente

sugada pela vida comercial, com profundas conseqüências a longo prazo para o futuro da civilização humana (RIFKIN, 2001, p.197) Um passo importante para a consolidação daquilo que Bernd Schmitt chamou de “marketing experiencial”. Termo que, pretendendo ultrapassar a visão tradicional do cliente como um consumidor racional dos benefícios e características de um determinado produto, pretendia oferece-lhe “algo a mais”: a sensação que o produto pode provocar.

5

Como afirma Rifkin: “À medida que a produção cultural passa a dominar a economia, os bens adquirem cada vez mais qualidades de suporte. Eles se tornam meras plataformas ou ambientes em torno dos quais significados culturais elaborados são representados. Eles perdem sua importância material e assumem uma importância simbólica. Tornam-se menos objetos e mais ferramentas para ajudar a facilitar a realização de experiências vividas. Ao contrário da propriedade, que em geral é considerada como uma entidade autônoma e um fim em si mesma, os suportes são considerados mais como instrumentos empregados na criação de uma performance” (2001, p.141)


A partir daí desenvolve-se a “economia da experiência”, crédula que “as experiências são uma oferta econômica distinta dos serviços, tal como estes o são dos bens de consumo. A oferta experiencial emerge como o próximo passo na progressão do valor econômico: são a mais valia desejada pelo consumidor” (Luis Rasquilha, 2011). A experiência torna-se, segundo os novos marketeiros, um dos componentes chaves para a criação do valor, um diferencial competitivo, levando o consumidor a desembolsar mais por um determinado produto ou fidelizar-se a uma determinada marca. Tendo como alvo principal um consumidor diferenciado – solvável – tal economia é apresentada por seus ideólogos (Pine e Gilmore) como uma verdadeira mudança de paradigma ou uma nova etapa do desenvolvimento da economia: das fases agrária (commodities) e industrial (bens) evoluiu-se para uma economia de serviços e, finalmente, a da experiência. Não é, entretanto, somente na esfera do marketing que algo mudou. Há uma correlação direta entre a onipresença indiscriminada do design no mundo contemporâneo e o aparecimento do que se tem denominado “Design para experiência”. Após a eliminação da distinção entre objetos utilitários e objetos estéticos - pois todos estão convertidos, em primeira instância, em “estéticos” – o design, para além da acepção do projeto de produtos, amplia sua atuação para a esfera das atitudes, desenhando as “experiências” de dirigir, vestir-se, comer, comunicar-se e assim por diante. E o que realiza este preenchimento do mundo e das ações cotidianas pelo design, como mais um ingrediente que permite e sustenta a culturalização da vida, é o “design do sujeito” – como sugere Hal Foster (2002). Foster credita o aparecimento deste mundo do total-design (imaginado pelo Art Nouveau e reproposto pela Bauhaus, mas somente efetivado, de modo perverso, pelo capitalismo contemporâneo) a três fatores: à flexibilização do sistema de produção aliada à subjetivação do consumo; à chamada “brand equity” (valor de marca); e à centralidade da mídia na economia contemporânea. Com o crescimento vertiginoso da competição empresarial, a “especialização flexível” e a “subjetivação das mercadorias” são estratégias-chave para sobrevivência de uma empresa. O sistema de produção pós-fordista, no qual o standart cede lugar ao


recombinante, permite, como frisou Foster, que um objeto seja produzido em massa na quantidade, mas pareça pessoal e preciso, individualizado no endereço. Na contínua reestilização das mercadorias, o sistema produção-consumo opera pela ativação do desejo que se manifesta na “auto-interpelação”: o objeto é um “mini-eu”. Como outro fator, o “valor de marca” converteu-se em elemento decisivo a partir do momento em que o produto tornou-se mais que o objeto em si mesmo – quer seja um objeto em estrito senso quer seja uma personalidade. O design do produto, agora algo que funde projeto de produto, programação visual e marketing, tem como fim último a produção, a veiculação e o consumo de imagens “qualificadas” por coeficientes que medem a atenção e a retenção que recebem por parte do consumidor.6 Os objetos tornam-se apenas mediadores das imagens que os parasitam temporariamente; e o design, em suas diversas modalidades, realiza o gerenciamento mútuo das imagens: das marcas corporativas e das marcas pessoais. Por sua vez, a centralidade da indústria midiática na economia gera, para além de sua midiatização - que associa livremente a “cultura do marketing” com o “marketing da cultura” – a contínua re-instrumentalização e o re-processamento da economia, por meio da digitalização e da computação. Os produtos não são mais objetos produzidos, mas dados a serem manipulados, (re)projetados e (re)consumidos continuamente. Podemos, portanto, elencar alguns traços presentes nesta retórica. O indivíduo contemporâneo é tido como uma pessoa inserida num contexto de abundância de produtos funcionalmente e tecnologicamente equivalentes, o que levou a concorrência a buscar um diferencial para a manutenção de seus lucros. Esse diferencial foi buscado num “quarto produto”: a experiência, que aparece, então, como o grande diferencial competitivo, capaz de agregar valor aos atos e commodities mais corriqueiros. Ainda que não haja uma definição precisa do que se entende por “experiência” e “experiência de consumo” podemos inferir que tais práticas apontam para um indivíduo carente de identidade, de “algo” que dê sentido à sua existência, que lhe faça se sentir inserido (imerso) em um determinado ambiente sócio-cultural. Se, anteriormente, isso 6 Em diversos países, entre eles o Brasil, o reconhecimento das marcas pelo consumidor é medido por pesquisas estatísticas como a “Top of Mind”. A referência não induzida a marcas por parte do consumidor é tomada pelas empresas como parte integrante e fundamental de seu patrimônio.


cabia à “tradição” e, depois, ao “sistema dos objetos”, a novidade, agora, é que tal promessa recai

sobre as sensações e sentimentos que o ato de consumir

desperta.Conforto

psíquico,

harmonia

interior

e

desabrochamento

subjetivo

(Lipovetsky) tornam-se as grandes “mercadorias” ofertadas à vista ou a prazo. É significativo o fato de grande parte das peças publicitárias vincularem a “experiência de consumo” à felicidade. Como afirma o sociólogo italiano Francesco Morace, a conotação que move o novo mundo do consumo se dá em termos de “cultura e conhecimento feliz”. Felicidade esta que deixa de associar-se à idéia de progresso como melhoria das condições de vida para dar-se como “’satisfação do eu”. Dessa forma, a “guinada para o consumidor” e para o atendimento de “suas” necessidades observada no marketing contemporâneo vem ao encontro de um espírito de época que julga ser capaz de proporcionar a uma só vez “êxito material e paz interior, saúde e confiança em si, poder e serenidade, energia e tranqüilidade, em outras palavras, a felicidade interior, sem que seja preciso renunciar ao que quer que seja de exterior (conforto, sucesso profissional, sexo, lazeres) (LIPOVETSKY, 2006, p.351): “Não há salvação sem progresso de consumo”(p.19). Embora boa parte desse discurso e práticas enfatizem o papel “ativo”, “participativo”, de “co-criador” do cliente/consumidor e se construa toda uma mitologia ao seu redor, no tocante ao conceito de experiência , um importante deslocamento se faz sentir. É que ao se tornar um mote eficaz para o consumo este conceito distancia-se da esfera fenomenológica, onde era tido como um dos conceitos fundantes da percepção, propiciador da criação de elos de sentido e de identidade. Assim, como afirma Sperling (2008, p.83): “Na cultura de consumo (e no consumo de cultura), o ser experiente de Benjamin que tem a experiência, é substituído pelo experienciador contemporâneo, que passa por ‘eventos experiências’”. Tida como exterioridade, aparece como um outro, como “aquilo que lhe acontece”. Desalojada do sujeito, é o próprio sistema econômico( e em especial, como vimos, a indústria do entretenimento) que se torna um “provedor de experiências”; não mais aquelas, singulares e irrepetíveis, que produzem diferenças e pluralidades, mas as acionadas pela lógica mercantil, preditíveis e previsíveis.


Assim, a “experiência”, convertida no lugar comum da vida ideológica contemporânea e traduzida numa retórica publicitária não focada no objeto, ao invés de representar um distanciamento crítico em relação aos ditames da forma-mercadoria atesta sua independência em relação aos seus conteúdos. Não um afastamento, mas imersão total nos processos socializantes mediados pela autonomização do valor de troca, ainda que sob novas vestes Se se trata de ideologia, é preciso atentar para o fato, ressaltado por Isleide Fontenelle (2004), que esta traz consigo seu momento de verdade; que é o corolário de um sentimento generalizado de desterritorialização, de descontinuidades temporais e descartabilidade, o que leva à busca de algo que dê sentido à nossa existência e ao mundo. É talvez a isso que o mercado esteja respondendo com a propalada “era da experiência”. A pergunta que fica é sobre a capacidade desta resposta atender aos anseios autênticos dos indivíduos da nova era.

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Consumo, juventude e crime: debate teórico por uma confluência possível Patricia Bandeira de Melo1 Rodrigo Vieira de Assis2 Resumo A crise do capitalismo contemporâneo, o avanço do neoliberalismo e os conflitos culturais globais montam o panorama da sociedade atual. Neste cenário, alguns estudos dão indícios de convergências entre ações criminosas entre jovens focadas no ideal de consumo, ou seja, como meio para obtenção de objetos que deem a estes indivíduos a senha de acesso a grupos sociais dos quais somente é possível pertencer através de elementos de distinção – roupas, sapatos, equipamentos eletrônicos, ofertados, expostos e definidos pela mídia, muitas vezes subliminarmente, como bens demarcadores do lugar de cada um na estrutura social. O objetivo deste artigo é refletir sobre teorias que sejam capazes de envolver as três peças do quebra-cabeça que tencionamos construir, a partir da seguinte pergunta: em que medida o discurso midiático (direto ou subliminar), no conjunto de narrativas jornalísticas, publicitárias e de entretenimento sobre o consumo e o uso de bens, interfere na construção da identidade dos jovens, conduzindo alguns deles às ações criminosas como forma de posse destes bens? A compreensão da dimensão cultural do ato criminoso como meio de consumo para os jovens surge na discussão acerca do consumo, da juventude e do crime à luz da sociologia do consumo, da sociologia cultural e da sociologia do crime, perpassadas pela economia política. Palavras-chave: cultura de consumo, juventude, crime. Introdução A influência exercida pela mídia no desenvolvimento de crenças e atitudes nos indivíduos vem sendo alvo de estudos clássicos e contemporâneos. Os discursos midiáticos – o conjunto de narrativas jornalísticas, publicitárias e de programas de entretenimento – propõem rotineiramente revisão de conceitos e alteração de comportamentos. Por isso, é perceptível o papel relevante que os meios de comunicação têm na intervenção sobre as formas de ver e pensar acerca das coisas do mundo. De modo geral, os indivíduos são vulneráveis ao processo persuasivo das narrativas midiáticas porque suas posições são de observadores de uma publicidade recorrente

1

Doutora em Sociologia e mestre em Comunicação, pesquisadora da Fundação Joaquim Nabuco (Fundaj). Colíder do Núcleo de Estudos e Pesquisas em Violência, Criminalidade e Políticas Públicas de Segurança da Universidade Federal de Pernambuco (Neps/PPGS/UFPE); Membro do Núcleo de Pesquisa em Sociedade, Cultura e Comunicação (Nupesc/PPGS/UFPE) e do Grupo de Pesquisa sobre Desenvolvimento Regional e Urbano e Políticas Públicas (Fundaj). 2 Bolsista PIBIC/Fundaj/CNPq, concluinte do Bacharelado em Ciências Sociais da Universidade Federal Rural de Pernambuco (UFRPE). Membro do Neps/PPGS/UFPE, do Núcleo Interdisciplinar de Estudos da Linguagem (Niel/UFRPE) e do Grupo de Pesquisa sobre Desenvolvimento Regional e Urbano e Políticas Públicas (Fundaj).


sobre comportamentos aceitáveis, condições de distinção social e elementos que se incorporam aos indivíduos, dando sentido às suas identidades nas interações sociais. Nosso estudo recai sobre o grupo definido como jovens, para os quais a psicologia estabelece um estado de vulnerabilidade diferenciado em virtude dos processos de aprendizado e definição de identidades, crescimento biológico marcado pelas alterações hormonais. Ainda que Bourdieu (1983) ponha em suspenso o sentido de juventude, estabelecendo-o como “apenas   uma   palavra”,   como uma construção social, Lahire (2006) fala da juventude como etapa da vida, situada entre a irresponsabilidade dos atos infantis e a responsabilidade da vida adulta. Ou seja, é o momento de constituição de valores e busca de reconhecimento nos inúmeros campos sociais nos quais os jovens circulam. Está dada aí a condição de vulnerabilidade deste segmento e é sobre ele que lançamos nossa investigação, com o intuito de pensar em que medida as narrativas midiáticas estabelecem a posição social dos indivíduos, a sua condição de felicidade e de reconhecimento no grupo atrelada ao que possuem ou aos lugares que frequentam: celular, laptops, carros, roupas e sapatos de marca, restaurantes, viagens. Seja num discurso ficcional de novela, num filme ou programa de entretenimento, as representações da mídia têm papel ativo de controle social, estabilidade e mudança, mostrando as várias versões do ser indivíduo-em-busca-dedistinção: pelo carro, pela forma do corpo, pelas roupas, pelos objetos eletrônicos expostos e vinculados a este ser como meio de distinção. O espectador de rádio e TV e o leitor de jornal ou internet são consumidores, no contexto contemporâneo do capitalismo – no qual os meios de comunicação são parte, como empresas transnacionais. Notícia é um produto a se consumir, logo, é uma mercadoria à venda. Assim, publicidade e jornalismo se confundem e convergem, produzindo sentidos focados na compra de bens anunciados em tempo integral, direta ou subliminarmente. Tanto no jornalismo como na publicidade, indivíduos-referentes3 – atores, autoridades econômicas e políticas, mulheres bonitas, homens elegantes – informam sobre questões sérias, como saúde, economia, educação, misturados às significações sobre o vestir-se, portar-se, ter, numa posição de credibilidade sustentada pela mídia. Ter certos objetos, frequentar e viajar para lugares específicos são índices acerca do 3

Para Benveniste (1989, p. 231), o  referente  “é o objeto particular a que a palavra corresponde no caso concreto da circunstância ou do uso.” O significado é o pensamento, o referente é a percepção da realidade, o fenômeno, a imagem, a representação que se faz da realidade. Os indivíduos-referentes, como parte fenomenal do signo, indicam como o mundo deve ser visto e interpretado pelo indivíduo. 2


grupo social ao qual indivíduo busca se inserir e se manter. Além disso, também anunciam qual a senha de entrada para adquirir distinção e poder ascender àquela posição social. A comunicação é estrutura para o consumo do público, e o público a recebe como sentido a ser incorporado à sua identidade, ao seu ser no mundo. Ainda que a mídia seja instrumento de orientação e tendência em inúmeras direções, o seu pertencimento à estrutura econômica a faz espaço de mediação para o estímulo ao consumo necessário para a manutenção do modelo capitalista global. Os meios de comunicação são exemplo das contradições do sistema capitalista: espaço de debate e crítica da sociedade, eles integram o mesmo sistema na forma de empresas comandadas por grupos econômicos. Assim, Barak (1994, p.241) liga “a produção da mídia   ao   grande   aparato   ideológico   da   sociedade   capitalista”. Isso explica as divisões em blocos dos programas de TV, especialmente os infanto-juvenis, cortados por publicidade de brinquedos, roupas, sapatos e até de comida focada nestes grupos. Num contexto de formação de identidades, este discurso reforça as relações de privilégio e desigualdade, sustentando que somente se tem sentido – o indivíduo – quando se pode dispor de bens que o posicionem ou o façam circular em determinados campos sociais. Significante e significado – indivíduo e indivíduo-portador-de-objetosdefinidores-de-distinção – são partes da relação entre valor de uso e valor de troca (VU/VT) da economia política4. A necessidade estabelecida pelo VU é pura ilusão para garantir o consumo, o consumo do mesmo (objeto) como se fosse outro, induzido pelo sistema do VT, o discurso da comunicação. As pessoas consomem porque creem necessitar dos bens, e essa necessidade é conduzida por mudanças nos objetos para que transpareçam outros, indicando novas necessidades que motivam novos consumos... Para Barak (1994), a mídia está subordinada aos valores hegemônicos da economia política. Se a senha de entrada é a posse de bens estabelecidos no discurso midiático dominante, os indivíduos empenham-se em adquirir estes bens. Barak (1994) desacredita numa revolução silenciosa na qual se reduza a orientação da sociedade para o dinheiro. Embora o desejo de consumo impregne os indivíduos indistintamente, a aquisição de bens pressupõe recursos financeiros, logo, a sua posse é determinada pelo poder de compra.

4

Na concepção marxista, o valor de uso (VU) se constitui na decodificação racional, no conteúdo material da riqueza, pressupondo denotação, objetividade, utilidade do bem. O valor de troca (VT) é o discurso da comunicação, uma abstração. 3


Juventude existe? Para Bourdieu (1983), a linha que divide a juventude da velhice é palco de disputa em todas as sociedades. Não se pode definir um ponto limite, exato, que marque a transição de uma categoria para outra: jovem/velho, rico/pobre, belo/feio, branco/negro etc. Isso não significa dizer que essas categorias sociais não existam, mas apenas que não há possibilidade de traçar a marca que as diferenciam umas das outras. As

pesquisas

sociais,

especialmente

as

desenvolvidas

pelos

órgãos

governamentais, utilizam-se de categorias consideradas legítimas, partilhadas por diferentes instituições de pesquisa, muitas vezes numa tentativa de definição científica. Desse modo, tentando delimitar o corpo social, as pesquisas passam a elaborar nomenclaturas, baseadas em características sociais e biológicas de grupos de indivíduos. Bourdieu (1983, p. 113) trata a juventude e a velhice como categorias vazias, ou seja, ele não localiza na estrutura social uma faixa etária de jovens e outra de velhos: “somos sempre  o  jovem  ou  o  velho   de  alguém”.  Ele coloca a dinâmica social sobre a elaboração dos limites das categorias sociais, atribuindo um caráter de mudança constante acerca do sentido e significado dessas categorias. Assim, abre margem para pensar os grupos de indivíduos de forma relacional. Dessa forma, ao se estudar determinado grupo social, é interessante localizá-lo no espaço e no tempo, a fim de colocar em evidência a forma pela qual esse recorte da realidade social é compreendido em seu contexto de existência. Para  Bourdieu,  portanto,  a  “juventude”  – que ele escreve entre aspas – é apenas uma palavra, passível de ser preenchida de significado conforme o interesse dos grupos sociais em determinado contexto. Há um processo de interiorização simbólica, durante a socialização do indivíduo, que torna impossível transpassar as categorias que lhe são dadas. Por isso, a juventude é, além de uma palavra, um fato social. As categorias estão dadas e são assimiladas e compreendidas pelos indivíduos, muitas vezes sem questionamento, e, inscritas no inconsciente, passam ao nível da consciência coletiva, não como uma ideologia, mas como uma naturalização da existência das categorias. Lahire (2006, p.425) destaca que a compreensão dos comportamentos dentro de uma perspectiva etária somente é possível se nos apropriarmos da rede de relações e interdependência dos indivíduos, ressaltando que esta rede é  “uma  rede  de  imposições  e   de influências mais ou menos harmônicas  e  contraditórias”.  Para  ele,  a  adolescência   é   produto de imposições da escola, da família e do grupo de amigos, namorados(as), todos com características sociais e culturais relativamente homogênas. 4


Assim, assumimos que a juventude não é apenas uma palavra. Lahire (2006), partindo da reflexão do pensamento relacional do próprio Bourdieu, identifica a juventude como um período de vida social situado após a irresponsabilidade dos atos infantis e anterior ao período das responsabilidades sociais da vida adulta. Essa interpretação parece ser demasiado empirista, mas nos serve na medida em que não recusamos a existência do aparato político-social existente como meio regulador da vida coletiva – as instituições jurídicas, as escolas, a família, as igrejas. Partindo da própria contribuição de Bourdieu à tensão entre indivíduo e sociedade, representada em sua clássica via de mão dupla – estruturas estruturadas e estruturas estruturantes –, compreendemos que a noção de juventude vai além de uma palavra vazia. Partindo do pressuposto de que a própria estrutura social, por ser dinâmica, atua na reprodução e difusão da concepção das categorias sociais e ao mesmo tempo os indivíduos modificam essa estrutura, entendemos que para uma análise de grupos juvenis é preciso, primeiro, colocar em evidência qual concepção de mundo social com que se está trabalhando. Pensamos que Lahire não contradiz, nesse ponto, Bourdieu, mas, utilizando-se das contribuições teóricas bourdiesianas, conclui que as categorias socialmente construídas – juventude, por exemplo – existem e são comprovadas empiricamente pelo método relacional. A sociologia deve pensar relacionalmente (BOURDIEU, 2010; LAHIRE, 2006). Lahire, em seu diálogo com Bourdieu, afirma que a sociologia: (...) tenta pensar relacionalmente uma situação transitória vivida em todos os grupos, mas vivida de forma diferente conforme o meio social e cultural de origem, a situação escolar (natureza da formação, nível de desempenho) e o sexo (LAHIRE, 2006, p. 425).

A concepção social de juventude varia segundo a lógica estrutural das sociedades. Um jovem no Brasil pode ou não ser jovem em outro lugar (e vice-versa). Um indivíduo integrante de determinada cultura comporta-se, veste-se, fala etc., segundo os costumes de sua sociedade, que ele interiorizou durante o processo de socialização. Logo, a juventude, sendo uma categoria socialmente construída, está arraigada de elementos culturais próprios da sociedade que lhe atribui significado. E no interior de cada sociedade há uma quantidade significativa de grupos de indivíduos, compreendidos de maneiras diferentes, percebidos como detentores de valores específicos, inscritos em uma história particular. 5


Isso fica mais claro quando pensamos os jovens no interior do campo do consumo. Em termos de consumo cultural e seus espaços de cultura e lazer, verificamos que os jovens frequentam e escolhem os produtos para consumo partindo da disposição estética, que Bourdieu (2008) chama de gosto. O consumo de bens varia segundo a hierarquia social atribuída aos bens de consumo. E o gosto é formado, a priori, na transmissão de capital cultural no âmbito da vida familiar e fortalecido na socialização no espaço educacional. Dessa forma, existem indivíduos que partilham gostos identificados como legítimos e outros que partilham gostos tidos como mundanos, em grupos que se diferenciam pelo consumo e pelos estilos de vida. Um mesmo produto pode ser percebido por indivíduos em lugares distintos na estrutura social – bem como em uma mesma posição – de forma variada. Não apenas o fator econômico impede alguns jovens de frequentarem alguns espaços, mas o gosto e os esforços que empreendem para adquirir certos bens. O debate da psicologia permite o avanço na discussão da definição de juventude. Quem faz a ponte entre a psicologia e a sociologia é Piaget ao abordar a questão da socialização, processo no qual o indivíduo ingressa na sociedade, passando por um contínuo desenvolvimento mental. Este processo ocorre internamente, no organismo, e externamente, nas relações sociais. Esta passagem vai do egocentrismo inicial do recém-nascido e prossegue com a inserção do jovem no mundo do trabalho e na vida social adulta. A teoria piagetiana ressalta a condição ativa da socialização, um período de crises, equilíbrios provisórios e criatividade (LEITE & BRENNEISEN, 2011). A socialização continua ao longo da existência, com articulações que promovem mudanças, negociações de valores e levam à ancoragem da identidade em diversos portos ao   longo   da   vida.   “A   identidade   é   um   produto   de   sucessivas   socializações   (DUBAR, 1997 apud LEITE & BRENNEISEN, 2011, p. 05). Isso reforça o pensamento de Berger e Luckman (1985), que considera a identidade o resultado das interações sociais. Nas interações é que se estabelecem as crises da construção da identidade, coerentes para um ser em organização e estruturação. Leite e Brenneisen destacam as ideias de Erikson, um dos precursores sobre os estudos da identidade dos jovens: Os jovens, assediados pela revolução fisiológica de sua maturidade genital e a incerteza dos papéis adultos à sua frente, parecem muito preocupados com as tentativas mais ou menos excêntricas de estabelecimento de uma subcultura adolescente e com o que parece ser 6


mais uma final do que uma transitória ou, de fato, inicial formação da identidade (ERIKSON, 1987, pp. 128-129 apud LEITE & BRENNEISEN, 2011, p. 06).

No aspecto fisiológico, os jovens percorrem mudanças orgânicas, como as alterações hormonais e o desenvolvimento sexual. Assim, ainda que a definição de juventude seja uma construção social, ela tenta dar conta da condição de um grupo que, num momento da vida, está biologicamente marcado pelas variações de hormônios, com repercussão psicológica e social. Como construção social, é evidente que atos ditos “juvenis” podem  se  prolongar  na  vida  dita  “adulta”. Isso, de modo algum, deslegitima a pesquisa sobre este grupo social, mas exige que pensemos não em juventude, mas em juventudes, pois os grupos são heterogêneos, marcados por condições de classe, etnia, gênero, religião etc., além das circunstâncias sociais como sociedade industrial, mídia, novas tecnologias e orientação para a ruptura de tradições e escolha do novo – onde o consumo é a palavra-chave. Roupa, carro, celular, tudo vem somar à constituição do ser jovem na modernidade tardia, objetos que se convertem em símbolos a fim de “representar  uma  possível  unidade  do  eu”  (LEITE & BRENNEISEN, 2011, p. 09). A propaganda vende estilos de vida, mercadorias que prometem a felicidade. Com isso, dão significado à vida. Nesta lógica, o valor de uso do bem se atrela ao seu valor de troca, numa relação simbólica, constituindo identidades dos que possuem e dos que não possuem. Esta condição exprime e mascara as condições de produção, segundo a economia política. A separação entre significante e significado, em nível do signo, ou entre estrutura (base econômica) e superestrutura (classe dominante), em nível da produção da mercadoria. Cultura e signo não estão separados, são ligados por significados dados ao signo pela cultura (BAUDRILLARD, 1973). No consumo, a mercadoria é produzida como signo e o signo como mercadoria. É no interior dessa relação que se encontra a cultura. O efeito de sentido é de que as necessidades escamoteadas da mercadoria são expostas como o seu valor de uso, quando são, na verdade, o seu valor de troca. O valor de troca se dissimula, se esconde e usa o valor de uso como álibi. A afirmação de equivalência entre significante e significado determina o arbitrário. No sistema da economia política, a ambivalência simbólica é reduzida e é estabelecida a equivalência entre os valores (BAUDRILLARD, 1973). E, quando se naturaliza o sentido de posse de bem como fundamental para definição da identidade, naturaliza-se o processo de mistificação do objeto ofertado no mercado,  portador  de  uma  “alma”  capaz  de  dar  sentido  a  quem  o  possui. 7


A cultura como determinante da estrutura social As pesquisas de Alexander (1992, 1993, 2002), que fundamentaram a sociologia cultural, contribuíram para o desenvolvimento da criminologia cultural ao apontar em que medida a cultura é determinante da estrutura social, ou seja, é relevante para entender que sentidos são dados ao crime em algumas sociedades. Colocar a cultura como determinante é a chave para entender duas questões relevantes: a cultura de consumo e a cultura do crime. Neste tópico, vamos abordar a cultura do crime. Pesquisas realizadas no início do século passado contribuíram para os estudos sobre o crime, especialmente as formas de adaptação dos indivíduos às normas sociais e às práticas desviantes. A definição legal de crime é conjunturalmente cultural, muitas vezes resultando das pressões sociais – as atitudes inovadoras e rebeldes. Assim, antes de estar na lei, o crime precisa adquirir um sentido social, coletivo, modificado na medida em que a sensibilidade humana numa sociedade se altera diante dos fenômenos sociais e dos seus valores mutáveis. À pergunta “o que   é   um   ato   criminoso?”   é preciso que nos coloquemos em posição crítica sobre o estabelecimento de conceitos. O sentido atribuído a uma ação está inscrito no tempo e na história. O significado do crime não está colado no ato em si, marcado pelo contexto, mas vem atrelado aos valores circulantes. Logo, o conceito não é o fato em si porque os valores, que se alteram ao longo da história, contribuem para a mudança da definição do fenômeno (MELO, 2010). Pressupõe-se que as ideias que fundamentam a constituição de uma ação humana como um ato criminoso devem ser resultado de premissas que evidenciem que ações – significantes – são dotadas de um sentido social de crime. A relação entre significante e significado tem muitas vezes como esteio a utilidade de considerar dada ação – e não outra –como criminosa e causadora de mal à coletividade. Nesta lógica, o conceito de crime, alterado ao longo da história, aperfeiçoa-se para dar conta do refinamento da sensibilidade humana acerca dos fenômenos sociais, ou seja, em decorrência dos valores (mutáveis) dos indivíduos (TONRY, 2004; FOUCAULT, 2006; MELO, 2010). Os estudos sobre as sociedades mais remotas indicam a existência de regras de conduta entre os grupos sociais que mudaram no decorrer do tempo, nos quais operaram os ambientes histórico e cultural. A variável cultural é responsável pelos sentidos atribuídos às ações humanas A estrutura cultural, dando sentido às forças sociais,

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interfere e dirige as significações que convencionam os fatos sociais e, entre eles, o que é ou não crime. Para Merton, a estrutura cultural pode ser definida como: O conjunto de valores normativos que governam a conduta comum dos membros de uma determinada sociedade ou grupo. E por estrutura social se entende o conjunto organizado de relações sociais no qual os membros da sociedade ou grupo são implicados de várias maneiras. A anomia é então concebida como uma ruptura na estrutura cultural, ocorrendo, particularmente, quando há uma disjunção aguda entre as normas e metas culturais e as capacidades socialmente estruturadas dos membros do grupo em agir de acordo com as primeiras (MERTON, 1970, p. 236-237).

Uma compreensão clássica de crime é a de qualquer comportamento desviante do que o senso comum estabelece como normal no tempo e no espaço, atingindo a moralidade coletiva e produzindo um ultraje moral nos indivíduos. A definição legal é insuficiente para explicar todas as ações que se constituem em desvio, e muitas vezes as alterações de leis resultam de pressão social em decorrência de surtos de pânico, que fomentam mudanças para atender aos clamores sem que se tenha comprovação de que a modificação se faz necessária. Por exemplo, tanto no crime contra o menino João Hélio como no crime contra o casal de namorados Liana Friedenbach e Felipe da Silva Caffé, suscitou-se uma discussão sobre a redução da maioridade penal como solução para reduzir os crimes praticados por adolescentes (MELO, 2010). Merton acrescenta que: A estrutura social age como barreira ou como porta aberta para o desempenho dos mandatos culturais. Quando as estruturas social e cultural estão mal integradas, a primeira exigindo um comportamento que a outra dificulta, há uma tensão rumo ao rompimento das normas ou ao seu completo desprezo (MERTON, 1970, p. 237).

A tensão entre a cultura e a estrutura social pode ser remetida à concepção da sociologia cultural sobre a autonomia relativa da cultura e a sua capacidade de determinar as relações sociais (ALEXANDER & SMITH, 2002; KANE, 1991). No caso do crime, o sentido é elaborado a partir de uma codificação simbólica onde estão contidos valores que subjugam a conduta dos indivíduos. Se os indivíduos rompem com estes valores, está aí instalada a condição desviante dos seus atos. O crime violento é um fato social e cultural. Se uma determinada sociedade cobra dos seus indivíduos grandes realizações, é provável que nela haja um grande número de comportamentos desviados, frustrados por não alcançarem o êxito exigido. É 9


a cultura que delimita os objetivos e o comportamento do indivíduo, estimulando práticas delituosas, com ou sem violência associada a elas, o que nos permite vincular a ideia de autonomia relativa da cultura sobre a estrutura social (ALEXANDER & SMITH, 2002; KANE, 1991), por ser ela a provocadora da circunstância anômica. Como há uma relação de causalidade entre cultura e estrutura social, a anomia pode ser a causa do crime e o que produz a anomia é a tensão entre os objetivos e as oportunidades para atingi-los, ou seja, a desorganização social (MERTON, 1970), sejam estes objetivos de ordem econômica ou não. Na lógica mertoniana, a estrutura social que não dispuser destes dois níveis integrados – objetivos culturais de êxito e meios institucionais para alcançá-los – está em condições anômicas e tem mais chances de ter uma sociedade com índices elevados de criminalidade. Merton ressalta a importância do dinheiro e   sua   condição   de   ser   um   “símbolo   de   prestígio   (...),   não   importando   como   adquiri-lo, fraudulenta ou  dentro  das  instituições”  (MERTON,  1970,  p.  209).  Ele  diz: A cultura pode ser tal que induza os indivíduos a centralizarem suas convicções emocionais sobre o complexo de fins culturalmente aplaudidos, com muito menos apoio emocional sobre os métodos prescritos para alcançarem essas finalidades (MERTON, 1970, p. 207).

As pesquisas iniciais que formaram a base da criminologia cultural (abordando questões sobre cultura, subcultura e poder) ajudaram a estudar especialmente as formas de adaptação dos indivíduos às normas sociais e às práticas desviantes. Algumas estruturas

sociais

fazem

pressões

sobre

os

indivíduos,

estimulando-os

a

comportamentos não-conformistas (MAGALHÃES, 2004). Atitudes definidas como conformidade, inovação, retraimento e rebelião foram classificadas por Merton, e englobam os modos pelos quais os indivíduos se comportam diante das regras. Estes modos de adaptação são estendidos aos estudos sobre as tradições da juventude, quando Matza estudou a delinquência, o radicalismo e a boemia como reações juvenis. A conformidade é uma atitude de manutenção de acordo tanto com os objetivos culturais de uma estrutura social como com os meios institucionais para atingi-los. A atitude inovadora pode ou não se constituir em crime, é uma transação que vai além dos costumes estabelecidos, mas que muitas vezes encobrem crimes e fraudes. O ritualismo pressupõe seguir regras, mas os indivíduos perderam as esperanças de atingir objetivos pressupostos pela  sociedade  (estudar,  “ser  alguém  na  vida”).  Na  rebelião, há uma busca por uma nova ordem estrutural, enfrentando a ordem vigente (luta pela 10


descriminalização do aborto, pela liberação da maconha). O retraimento é a adaptação pela apatia, o alheamento social. Matza (1968) destaca as reações dos jovens, abordando o que intitula de tradições ocultas da juventude: delinquência, radicalismo e boemia como manifestações de revolta dos indivíduos jovens. Segundo ele, as três modalidades têm implicações distintas. Ele caracteriza cada grupo de jovens da seguinte forma: (i) radicais – têm consciência de sua intelectualidade, são críticos e desejam reformar a sociedade; (ii) delinquentes – não têm planos para a sociedade, não desejam reconstruí-la; e (iii) boêmios – estão numa situação intermediária, são refratários, mas convencidos, como os radicais, do valor moral do movimento em que se inserem. A delinquência está associada à aventura: roubo, trapaça, manipulação e agressão como expressão de virilidade (agressividade, estupro); como expressão de poder e delimitação de área (prova de coragem e defesa da honra); além de vandalismo, vagabundagem, consumo de bebida e cigarro, jogo ilegal e outras formas de má conduta segundo as regras sociais vigentes. Já o radicalismo está associado ao idealismo, a uma visão apocalíptica do mundo. Está travestido de um sentido de purificação, expurgando a corrupção e outros males contemporâneos. Na boemia, o que vimos é uma tentativa de associação aos movimentos artísticos, especialmente à ocupação do espaço público nos cafés franceses. Está ainda associada ao romantismo da poesia e da música e a um ideal de trabalho mínimo para o sustento (MATZA, 1968). Em sua avaliação, ele afirma que “os boêmios   parecem   demorar-se mais a atingir a maturidade cronológica do que os radicais ou delinquentes”  (MATZA,  1968,  p.   105). Para o autor, a tendência dos radicais é de se tornarem omissos. Ou seja, seguindo a lógica mertoniana, os jovens são potencialmente rebeldes, como uma reação de adaptação que pode ou não estar vinculada a mudanças que venham a ser, no futuro, bem recebidas na sociedade. Embora polêmico, há teóricos que abordam a sedução do crime e a experiência sensual dos atos criminosos pelos indivíduos. Katz (1988, p. 04) critica a raridade de estudos em sociologia e psicologia que abordem o prazer do crime, ressaltando que alguns indivíduos veem um apelo sedutor no ato, uma dinâmica atraente que compele à ação criminosa: “quando eles estão cometendo crimes, sentem-se atraídos e impulsionados, num sentimento determinado por forças externas”.   Na tensão entre o indivíduo e o sistema social em que se socializou, a opção pelo crime surge como 11


alternativa que não é necessariamente dolorosa para quem o pratica, podendo conter prazer. Seja por uma compulsão estimulada pela mídia para o consumo (estrutura), seja por uma escolha autêntica pela ação criminosa como algo sensual (agência), o crime não é consensualmente percebido como mal em sua totalidade (KATZ, 1988). O ganho teórico ofertado pela criminologia cultural é de poder se dissolver sentidos convencionais do crime, pensando a questão em termos urbanos, midiáticos, antropológicos e as práticas sociais como formas de intervenção sobre estes sentidos. A criminologia cultural funda uma teoria que navega na modernidade tardia, buscando entender as condições contemporâneas que confrontam um novo mundo de crimes e controle social, o papel das mediações na constituição do sentido de crime, os sentidos em fluxo, as exclusões sociais. Vejamos o seguinte: Nos anos 40, um homem poderia frequentemente bater numa mulher na boca e isto significaria... Bem, nada demais. A violência doméstica ainda não tinha sido inventada como uma categoria legal e cultural (eis a palavra de novo) – é isso, não tinha sido definido amplamente, reconhecido e condenado como um tipo específico de comportamento criminoso. Foi preciso a ação do movimento feminista e décadas de ativismo político para chegar a este ponto (FERRELL et al., 2008, p. 08) [tradução nossa].

Muitos dos atos criminosos entram na agenda midiática como tendências nacionais ou reações de subculturas juvenis – como ocorreu em 2011 no ataque a uma escola pública do Realengo (RJ). Muitos  defendem  que  esta  violência  “gratuita”   – em contraposição a uma violência legitimada pelo Estado – não é fruto das desigualdades que frustram a realização de objetivos culturais, transcendendo as questões socioeconômicas. Porém, Ferrell et al. (2008) argumentam que esta violência está sim entrelaçada às condições de exclusão de camadas sociais, que não estão no mercado reconhecido de trabalho ou no sistema de educação. Eles dizem que  esta  é  uma  “cultura   contemporânea mesquinha de agressão comercializada e uma sensação permanente de masculinidade definida pelo machismo, violência   e   dominação”   (FERRELL   et al., 2008, p. 10), numa cultura em que ser violento constitui-se num valor. A globalização, os conflitos globais, o capitalismo e a crise econômica mundial, a mídia globalizada, incertezas, as formas plurais da ação criminosa e as justificativas para as punições constituem o quadro atual dos estudos da criminalidade. O crime entra no espetáculo público, as experiências das vítimas são publicizadas, as punições são

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festejadas, tudo compartilhado midiaticamente com a coletividade, que comparte a dor do outro todos os dias. Se pensarmos em termos de sociedade brasileira, a ênfase no sucesso, na ambição e no consumo – especialmente através da mídia, em programas jornalísticos, publicitários e de entretenimento, como telenovelas – está em desacordo com as possibilidades da maioria dos indivíduos de acesso aos meios aprovados para conquista dessas metas. O estímulo publicitário talvez possa explicar, em parte, o crime associado à intenção de obter ganhos, inclusive para garantir o consumo. Entretanto, é fundamental salientar que a prática do crime – com foco ou não no consumo – não pode ser vinculada às condições econômicas exclusivamente, porque os atos criminosos estão presentes nos vários estratos sociais. O apelo sedutor do crime atinge a todos os indivíduos, e alguns – de qualquer classe social – se sentem compelidos à prática. Em nossa discussão, a cultura de consumo é o canto da sereia presente na mídia, e os que não têm poder de compra podem ou não ser seduzidos por ela. A condição de vulnerabilidade dos jovens é que os coloca numa posição de risco. É claro que a cada crime há condições individuais que determinam o ato, mas aqui estamos atentos às determinações estruturais, pois as condições subjetivas ingressam no exercício da pesquisa empírica, que não é nosso objetivo neste artigo. A cultura de consumo Muitas vezes as práticas de apropriação de bens são consideradas como atividades básicas da vida do homem, dando um caráter de supressão de necessidades biológicas da natureza. Em outros casos, são desenvolvidos argumentos em favor da frivolidade do ato de apropriação de bens. É preciso compreender o que dá sentido às práticas de consumo no mundo contemporâneo e qual o valor social atribuído ao sucesso dessa prática. Em nossa discussão, queremos articular teoricamente o crime, o consumo e a juventude, apontando a possível relação entre consumo e criminalidade no contexto social dos jovens, a partir do que se entende por cultura de consumo. Na sociedade industrial, o consumo é a verbalização do indivíduo para indicar a que posição social pertence. Neste sentido, consumir é exercer a cidadania (CANCLINI, 1999): a quem não é dado o acesso ao consumo, é negado o exercício da cidadania. Mas, porque alguns têm o direito de consumir e outros não? Isso é um caminho controverso, mas pragmático, de entender a apropriação de objetos como uma forma de definir qual o espaço do indivíduo no mundo. Numa perspectiva de cultura determinante 13


da estrutura, a posição do jovem de apropriar-se de bens pode se configurar num ato rebelde para negociar o seu acesso ao consumo. Como dizem Ferrell et al., cultura não é um substantivo, mas um verbo e, como tal, assume tempos passivos e ativos: Cultura sugere uma espécie de performance pública compartilhada, um processo de negociação pública – em que o desempenho pode ser aquiescência ou rebelião, uma negociação de conflitos violentos ou capitulação (FERRELL et al., 2008, p. 04) [tradução nossa].

As identidades contemporâneas são definidas pelo consumo, anunciado publicitariamente como o meio para o alcance da igualdade e da liberdade. Fica subliminar, porém, os excluídos deste processo, aqueles a quem não é dado o direito ao consumo pela inexistência de poder de compra. As mercadorias são anunciadas como competentes portadores de uma aura legitimadora de distinção – o seu valor de troca. Mas, após a aquisição do objeto, esta aura se desintegra, exigindo do consumidor o retorno ao mercado e a uma nova compra para a recuperação de nova aura para aplacar a incessante busca por distinção (CAMPOS & SOUZA, 2003). Como diz Leite (2011, p. 02),   “fomos   acostumados   a   comprar   para   consumir   não   a   coisa   em   si, mas sua promessa  de  plenitude  e  felicidade”. No pensamento sociológico, a perspectiva teórica que primeiro sinalizou a discussão sobre o consumo foi o marxismo. Em Marx, o consumo é colocado no interior da lógica da produção. Ele estava mais interessado em identificar e analisar a reprodução do capital do que investigar o consumo final das mercadorias. Para Taschner (2009, p.51-52), Marx nos faz “perceber   que   o   consumo,   ainda   que   determinado   pela   produção, é um momento que tem seus   desdobramentos   e   condicionantes”. Taschner cita uma afirmação relevante de Marx acerca do consumo: O objeto (...de consumo...) não é um objeto geral, mas um objeto determinado, que deve ser consumido de forma determinada, à qual a própria produção deve servir de intermediário. A fome é a fome, mas a fome que se satisfaz com carne cozinhada, comida com faca e garfo, não é a mesma fome que come a carne crua, servindo-se das mãos, das unhas, dos dentes (MARX, 1977, p. 210 apud TASCHNER, 2009, p.52).

Assim, o pensamento marxista clássico abre caminho para se pensar acerca das dimensões subjetivas e ideológicas da cultura de consumo. Indo além do olhar materialista sobre o mundo social, a partir de Marx é possível pensar a dinâmica da 14


subjetividade, dos valores e dos significados inscritos nas práticas de consumo. Entendemos que o consumo não é apenas um elemento contido no processo de produção e reprodução de capital; é preciso escapar da dimensão que privilegia o econômico e pensar em outros níveis da experiência da vida social. Os atos de consumo são marcados pela estrutura simbólica compartilhada de um tempo, estão preenchidas pelos valores legitimados de um momento histórico e com eles se modificam. Ao elaborar o conceito de indústria cultural, Adorno e Horkheimer (2002) avançam em relação a Marx e desenvolvem uma crítica ao sistema capitalista de produção. No caso do estudo acerca da comunicação de massa, esse sistema é percebido como meio pelo qual a esfera da cultura adentrou em uma lógica de produção cumulativa, utilizando-se da técnica para reprodução em larga escala de mercadorias culturais (BENJAMIN, 1982). Essa perspectiva pressupõe que a indústria cultural e todos os elementos que a constituem tenham consciência dos efeitos de sua existência. A cultura, no sentido antropológico, tem um peso determinante sobre o sentido e a forma do consumo e deve ser levada em consideração ao se buscar desvendar os significados sociais atribuídos aos atos de apropriação dos bens. Desse modo, na medida em que à cultura é delegado um papel estruturante sobre os indivíduos e sobre suas ações, verificamos um caminho para se pensar a cultura de consumo (FEATHERSTONE, 1995; 1999; ROCHA, 2002; TASCHNER, 2009). Portanto, ao olhar os processos de consumo para além de uma determinação da produção das mercadorias, considerando   “sua   própria   problemática   e   seus   efeitos   sobre   a   totalidade   social”,  é  que  se  pode  começar  a  “fazer  sentido  pensar  a  emergência  de  uma  cultura do consumo  ou  do  consumidor”  (TASCHNER,  2009,  p.  52). Para Barbosa (2008), não há uma linearidade no que tange os estudos sobre as raízes históricas da sociedade de consumo. Ela afirma que há dois tipos predominantes de análise, um que se preocupa com o que mudou no campo do consumo e outra que trabalha com o quando houve uma significativa mudança neste campo. Os dois tipos de abordagem são caracterizados, segundo a autora, pelo argumento de que houve uma Revolução do Consumo e Comercial anterior à Revolução Industrial, engendrando as bases para a constituição de indivíduos dispostos a liberarem recursos para o consumo. A Revolução Industrial caracterizou-se pela elevada produção de bens, fazendo cair o preço dos produtos, mas é preciso considerar que o consumo desses produtos não se daria apenas pela oferta a custos acessíveis. Era preciso haver indivíduos dispostos a consumi-los. Nessa lógica interpretativa, Taschner (2009) busca encontrar as origens e 15


as possíveis raízes extraeconômicas da cultura de consumo e desenvolve uma análise que põe o consumo em uma lógica que articula os níveis social, cultural e político da vida coletiva para explicar o surgimento de hábitos – e sentidos desses hábitos – de apropriação de bens. McCracken (1990 apud TASCHNER, 2009) indica uma mudança no padrão de consumo. Ao padrão tradicional de consumo da corte ele chama de consumo de pátina, advindo do período medieval, no qual se destacava a família como singularidade do consumo. Seria o meio de legitimação do nome de família pelas heranças e riquezas acumuladas por gerações. A mudança no padrão de consumo identificada por McCracken diz respeito ao fato dos indivíduos passarem a consumir mais para eles próprios e não para o acúmulo de riqueza e prestígio familiar, num momento de ascensão do individualismo. Assim, a atribuição de valor aos bens começou a ganhar o ar da modernidade: não só os bens familiares tinham relevância social, mas adquirir algo novo passou a ocupar um lugar que antes não era admissível. Rocha (2002), ao traçar uma breve conceituação sobre cultura de consumo, afirma que a dimensão da moda pode ser entendida como um dos princípios básicos dos modos de  consumo  na  modernidade.   Lipovetsky   defende  que  a  moda  é  o  “império  do   efêmero”   (BARBOSA, 2008). Há uma oposição subjetiva e material à lógica do consumo de pátina identificado em McCracken, uma inversão de sentido do que é privilégio: o antigo, a tradição e o consumo para status familiar  é  “recolhido”,  enquanto   o novo, a inovação e a aquisição recente ganham importância social significativa. O desenvolvimento do campo da moda possibilitou, em maior ou menor grau, uma aproximação de outras camadas da sociedade às mercadorias. Mesmo com a perda do poder das cortes reais, após as Revoluções Burguesa e Industrial, os indivíduosreferentes “finos”  pertenciam aos membros das famílias abastadas. Mas agora havia a possibilidade do indivíduo de outras classes se mover na estrutura social, gozando da representação de si no espaço dos estilos de vida. O crime desenvolvido pelo desejo de consumo, motivado pela busca de distinção e pertencimento a determinados grupos, pode ter seu ponto de partida em um processo de socialização dos indivíduos que contém, em seu cerne, elementos derivados das produções que estimulam regularmente práticas de consumo, naturalizando-as como meio para exercer sua humanidade no mundo social capitalista. Assim, a busca por evidência no espaço social torna-se uma ação orientada para suprir as exigências do ego individualista e hedonista modernos, engendrado e 16


reproduzido nos produtos veiculados pelos meios de comunicação (MELO, 2009; TASCHNER, 2009). Os indivíduos, em especial os jovens (dentro de um processo de formação de identidade) estão mais vulneráveis à interpelação dos mecanismos de diferenciação social, pautada pela representação dos indivíduos na mídia, atribuindo poder a quem detém bens considerados publicamente valiosos, gerando efeitos inesperados e reproduzindo dinâmicas sociais efetivadas pelo desejo de posse. Os produtos midiáticos possuem objetivos de persuasão, como afirma Augras (1980). A propaganda, por exemplo, utiliza um “conjunto de   técnicas   que,   valendo-se do conhecimento dos mecanismos psicológicos de formação das atitudes e opiniões, visa a utilizar tais   mecanismos   para   obter   atitudes   e   opiniões   desejadas”   (AUGRAS,   1980, p. 67). Logo, os meios de comunicação na estrutura social são mais do que meios para comunicar. Para Kellner: Há uma cultura veiculada pela mídia cujas imagens, sons e espetáculos ajudam a urdir o tecido da vida cotidiana, dominando o tempo de lazer, modelando opiniões políticas e comportamentos sociais, e fornecendo o material com que as pessoas forjam sua identidade. O rádio, a televisão, o cinema e os outros produtos da indústria cultural fornecem os modelos daquilo que significa ser homem ou mulher, bem-sucedido ou fracassado, poderoso ou impotente (KELNER, 2001, p. 9 apud COSTA, 2002, p. 1).

Partindo de Kellner podemos falar em três dimensões submetidas à atuação dos meios de comunicação: a vida cotidiana, a construção da identidade social e as formas de se representar no espaço social, considerando-o como espaço de estilos de vida. Isso nos ajuda a compreender como os jovens são interpelados com mensagens que produzem efeitos capazes de colocá-los em situações de escolha entre o que é considerado do bem e do mal, bom ou ruim, positivo e negativo. Ou o que se deve ter ou não para se distinguir e pertencer a determinado grupo social. Se a indústria cultural pressupõe um universo de consumidores capazes de dispor esforços e capitais para alcançar os produtos que estão sendo oferecidos para consumo, pressupõe-se também que no universo dos produtos exista uma lógica destinada a atender o universo de consumidores potenciais em suas especificidades (ADORNO & HORKHEIMER, 2002; BOURDIEU, 2008; CANCLINI, 1999). É dessa forma que diferentes classes e frações de classe, na busca por mobilidade no mundo social, tendam a querer adquirir produtos que as distingam, engendrando práticas articuladas em uma dupla dimensão de sentido: inclusão e exclusão. É deste modo 17


também que os jovens são levados a querer adquirir status pela via do consumo de bens considerados distintivos e que são, também, inclusivos em outros universos.

Os jovens e a prática criminosa para o consumo Acreditar que alguns jovens admitam práticas ilícitas para consumir pode parecer difícil, mas Leite e Brenneisen (2011, p. 13) conseguiram isso, ainda que a sua pesquisa não tivesse esta intenção. Eles afirmam que a busca de recursos para o lazer e o consumo   é   um   esforço   frequente   dos   jovens,   que   admitem   adotar   “maneiras   ilícitas   para   conseguir   dinheiro”.   Leite e Brenneisen afirmam que não questionaram que atividades ilegais eram praticadas para não comprometer o seu estudo. E dizem:  “o  que   importa destacar é que, de ambas as maneiras, lícitas ou ilícitas, os jovens acompanhados despendem a maior parte de seus ganhos financeiros com moda/indumentária”  (LEITE  &  BRENNEISEN,  2011,  p.  14). Martín-Barbero sintetiza a relação entre os meios de comunicação, o consumo e as práticas sociais expressas na vida cotidiana ao destacar que: O espaço de reflexão sobre o consumo é o espaço das práticas cotidianas enquanto lugar de interiorização muda da desigualdade social, desde a relação com o próprio corpo até o uso do tempo, o habitat e a consciência do possível para cada vida, do alcançável e do inatingível. Mas também enquanto lugar de impugnação desses limites e expressão dos desejos, subversão de códigos e movimentos da pulsão e do gozo. O consumo não é apenas reprodução das forças, mas também produção de sentidos: lugar de uma luta que não se restringe à posse dos objetos, pois passa ainda mais decisivamente pelos usos que lhes dão forma social e nos quais se inscrevem demandas e dispositivos de ação provenientes de diversas competências culturais (MARTÍN-BARBERO, 1997, p. 290).

Ele abre margem para uma reflexão sobre o universo social do crime acionado pelo desejo de consumo entre jovens. Há sim uma atribuição de sentido social ao uso de certos bens, expostos pela indústria cultural. Esse sentido passa pela diferenciação social via práticas de distinção, que está associada ao ato de possuir, de ter. O desejo pelos produtos  pode  ser  controlado,  mediante  organização  de  “competências  culturais”   que indicam o caminho legítimo para aquisição de bens, obedecendo a normais sociais e legais. Entretanto, da mesma forma que existe desigualdade econômica, também existe desigualdade em níveis de competências culturais, fazendo surgir práticas desviantes de subtração de bens, o crime motivado pelo desejo de consumo. 18


Taschner também possibilita relacionar o estudo sobre a cultura de consumo e ações criminosas   quando   afirma   que   “há   muita   gente   excluída   do   lazer   e   de   muitas   formas  de  consumo,  apesar  de  participar  da  cultura  do  consumo”  (TASCHNER,  2009,   p. 90). Todos os indivíduos estão sujeitos a interpelação das representações produzidas e reproduzidas na mídia e, na medida em que se interiorizam os sentidos e traços da cultura da distinção pelo consumo, as práticas objetivas dos indivíduos no mundo social são repensadas, transformadas e adaptadas para que se alcancem os valores vinculados à cultura de consumo. E, no processo de exteriorização dos valores adquiridos, configurase o indivíduo-portador-de-objetos-definidores-de-distinção: um sujeito distinguido em si mesmo e detentor de poder, adequado ao modelo de indivíduo-referente. Desse modo, a cultura de consumo possui uma amplitude maior que pode ser percebida a priori. Ela está presente nos variados domínios da vida social. Por exemplo, as práticas de lazer, na modernidade, em grande medida estão vinculadas a espaços de consumo (TASCHNER, 2009). Na execução das práticas, o próprio sentido do lazer se transmuta em princípio para a distinção social. Destacando a relação entre lazer e consumo, a autora afirma que é possível, no contexto contemporâneo da cultura de consumo, verificar estratégias para adquirir o que se pretende possuir: Em países mais ricos, o casamento entre lazer e consumo tende a durar - customizado em massa, virtual, culturalmente orientado – entre as camadas ricas e entre aquelas que têm um emprego ou seu próprio negócio ou que são trabalhadores autônomos. Ali se podem encontrar nichos, onde o consumo de lazer se direcione menos a produtos tangíveis e, mais e mais, ao consumo de sensações; (...) Em outros segmentos, que são e – ao que tudo indica – podem permanecer particularmente abundantes em países do Terceiro Mundo, estamos propensos a encontrar camadas de baixa renda ou sem emprego que não têm acesso significativo ao mercado real de consumo – especialmente consumo de lazer – apesar de participarem da cultura do consumo (por exemplo: o office boy brasileiro que usa um tênis Nike, comprado a prestação e o pivete que o obtém através do roubo). (TASCHNER, 2009, p. 90-91).

Assim, o crime pode surgir como rota de acesso aos bens que se quer consumir, possuir e utilizar. O sentido social dos objetos é valorado via representações difundidas na mídia e variam de acordo com a hierarquia socialmente constituída sobre cada bem em seu campo específico de utilização: transgredir regras sociais e legais ganha relevância nas escolhas dos indivíduos na medida em que a mercadoria que se pretende adquirir detém alto valor de troca, mesmo que não detenha alto valor de uso. 19


No universo social do crime de consumo, representado pela aquisição ilegal de bens, a lógica da distinção está presente de maneira significativa. Não nos referimos à distinção pela aquisição de capitais culturais, como desenvolvido no trabalho de Bourdieu (2008), mas à distinção pela representação de si no espaço dos estilos de vida, quando os corpos e os objetos passam a compor um todo – o indivíduo-portador-deobjetos-definidores-de-distinção. Em nossa discussão, a aquisição de certos bens via ação criminosa está mais próxima de uma distinção por exposição de (falso) poder de compra (pela posse ilegal) do que pelo poder de interiorização de capitais simbólicos. Isso não quer dizer que a pobreza motive o crime, mas que os jovens socializados numa sociedade contemporânea de consumo e com baixo poder aquisitivo (numa estrutura socioeconômica), tensionados pelo o desejo de posse de determinados bens (numa estrutura cultural de consumo), podem ingressar na criminalidade. O ato criminoso aqui é percebido como forma rápida de acesso ao que se quer adquirir: os meios (ilegais) para o alcance dos objetivos preconizados por Merton (1970). Se não formos pelo caminho dos entreves metodológicos mais conservadores, que impedem em grande medida a interdisciplinaridade entre perspectivas científicas, e dialogarmos com diferentes correntes do pensamento social, buscando dar conta do problema sobre o qual estamos nos debruçando, é possível alargar conceitos e metodologias rumo à reconstrução teórica do objeto investigado (BOURDIEU, 2010). Assim, para pensar a relação entre crime, consumo e juventude, precisamos percorrer pensamentos sociais distintos entre si, mas que em determinados limites permitem uma articulação e o desenvolvimento de chaves analíticas precisas para pensarmos a questão. Pressupomos que o etos de masculinidade seja, de forma significativa, estimulado e reproduzido pelos produtos da indústria cultural, na medida em que há uma via de mão dupla na elaboração do que vai ser ofertado ao público. Segundo Leite e Brenneisen (2011), a moda é uma afirmação de identidade para o jovem, conforme relato de um dos seus entrevistados: Andar arrumadinho é muito massa, até pra sair mesmo, agarrar as guria, as gurias veem que você tá com roupa de marca, corrente, tênis legal, tá arrumadinho, é mais fácil chegar nelas e ficar com elas do que os outros que não estão com roupas de marca (...) (ERICK, 20 anos apud LEITE & BRENNEISEN, 2011, p. 16).

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A indústria cultural objetiva alcançar aceitabilidade do público e ao mesmo tempo impõe padrões estéticos e estilos específicos de mercadorias ao indivíduo. É no campo das produções culturais (telenovela, filmes, música, jornalismo, publicidade e propaganda) que encontramos elementos que promovem a construção da imagem do indivíduo detentor de poder, de uma identidade social protagonista e de estilos de vida distintivos. O consumo, nesse contexto, é uma prática social marcada pelo sentido da distinção (BOURDIEU, 2008). Esta indústria é capaz de expandir a dimensão imagética da relação com os bens (ROCHA, 2002), representando e atribuindo sentido aos estilos de vida, estruturados hierarquicamente segundo a hierarquia social dos bens (BOURDIEU, 2008). Atua, assim, como espaço de difusão e manutenção da estrutura de desigualdade das práticas de consumo, legitimando certos grupos em detrimento de outros. Logo, introduz nos indivíduos situados em um contexto de vulnerabilidade social uma disposição, entendida como habitus5, marcado pela busca desenfreada de sucesso e de prazer. Ainda que a discussão que se pretenda aqui seja para a busca de uma congruência teórica que pemita estudar o complexo relacional entre consumo, crime e juventude, alguns estudos sinalizam empiricamente a razão de ser de nosso debate. Leite (2011) aponta a afinidade temática ao narrar estudos com jovens moradores de periferias e   afirma   que   a   criminalidade   está   ligada   “à   avassaladora   necessidade   de   consumo”  (LEITE,  2011,  p.  01).  Narrando  um  episódio  do  filme  A  Ponte6, ela conta que uma pedagoga, ao pedir a um menino que deixe a criminalidade, ouve dele o seguinte: “não  me  importo  de  morrer,  tia...  vou  morrer  com  um  ‘Nike’  no  pé!”. Leite (2011) vincula a cultura de consumo aos distúrbios anoréxicos, à prostituição infantil e às práticas criminosas. Ela enfatiza as condições reais de trabalho e de possibilidades de consumo, cuja senha de acesso é fornecida a poucos. Morrer com um   “Nike”   no   pé   nada   mais   é   do   que   buscar   no   olhar   do   outro   o   reconhecimento,   a   certeza de que não se é fracassado. É melhor morrer na posse, sendo alguém, o indivíduo-portador-de-objetos-definidores-de-distinção. Por isso, parece-nos que muitos jovens optam pelo roubo, pelo tráfico e pelo furto para também gozarem nesta festa para a qual não foram convidados. 5

Definimos habitus como um “principio   gerador   de   práticas   objetivamente   classificáveis   e,   ao   mesmo   tempo, sistema de classificação (...) de  tais  práticas”  (BOURDIEU,  2008,  p.162). O habitus corresponde a um sistema de disposições duráveis que agem como esquema de percepções e de ações (BOURDIEU, 2008). 6 Documentário de 2007. 21


Pensar consumo, juventude e crime: caminho possível? A orientação da sociedade capitalista para o estímulo ao consumo sem controle parece construir um ideal de felicidade intrinsecamente atrelado ao dinheiro. A sociedade capitalista da informação quer um perfil de indivíduo cujo foco é o processo de distinção social a partir do consumo para o alcance do prazer sem limites – o hedonismo. Em nome de posição social e estilo de vida como elementos de seu capital simbólico, o indivíduo assume um habitus – as formas de agir, os hábitos de consumo, os gostos, os objetos de prazer – para delimitar o seu pertencimento a um determinado grupo social (MELO, 2009). A mídia estimula esta cultura de consumo. A construção desta razão de viver pelos meios de comunicação acaba produzindo como casualidade negativa ou efeito perverso de sentido um indivíduo que, em nome do hedonismo, pode roubar, matar, estuprar e se locupletar do lugar social que ocupa para deter mais recursos e poder. Determinados tipos de consumo caracterizam a que campo social se pertence, é um processo de distinção que se estabelece na pós-modernidade, uma epidemia de consumo da qual é difícil escapar. O estilo de vida é influenciado pela mídia, que indica como se vestir ou o que possuir para legitimar o seu lugar de fala (MELO, 2009). O valor da riqueza é um símbolo de sucesso nas sociedades capitalistas. A cultura permeia todos os indivíduos de uma sociedade, mas é preciso considerar as diferenças idiossincráticas de suas histórias de vida. As reações, os modos de adaptação vão resultar justamente da diferença de cada indivíduo e seu pertencimento a subgrupos diversos, que estão sujeitos aos estímulos culturais e às limitações estruturais de acesso para o alcance de objetivos de sucesso. O ponto de encontro entre o delinquente e a classe média, por exemplo, é a valorização do poder, dos bens e do dinheiro. Quem já tem dinheiro quer possuir objetos, ter prazer; quem não tem quer também! Em tudo o que vemos é o estímulo ao indivíduo para aparentar posição social. E quem ocupa um lugar elevado, pode usar a frase tão brasileira estudada por DaMatta (1984, 1988, 1997): você sabe com quem está falando? Para elaborar o lugar de fala que permite fazer esta pergunta, é preciso se vestir, usar o carro, ter celular, enfim, ostentar objetos que determinem a sua posição, de onde você olha para o outro e verbaliza a pergunta (MELO, 2010). O que vincula esta frase ao consumo é o que a posse pode oferecer a quem possui. O estilo de vida, os objetos ostentados, o seu corpo em exposição, a vitrine que 22


se torna a sua existência. Para os que não podem, materialmente, consumir, cabe a posse à força. Como lembra Paixão (1988,  p.  176)  acerca  do  que  diz  DaMatta  (1988,  1997),  “o   quebra-quebra   é   o   ‘você   sabe   com   quem   está   falando?’   das   massas   de   indivíduos   destituídos  e  politicamente  sem  voz  ou  fórum”,  uma  forma  de  revelar  o  conflito  e  a  crise   do nosso sistema. Nestes casos, o uso da rua funciona como arena política de embate em favor do direito universal ao consumo. Afinal, foi a sociedade capitalista da informação que nos disse que só é cidadão quem tem direito a consumir. O que fazer neste contexto? A pergunta tem inúmeras respostas e um grande desafio. O desafio é aceitar que as causas da criminalidade do ocidente não são fundamentadas pela lógica da estratégia de sobrevivência. As causalidades múltiplas das práticas criminosas trazem à discussão elementos pscicossociológicos: o desejo de posse, de poder, de prazer e de distinção. Uma das possíveis respostas é o enfrentamento das políticas de comunicação e a formulação de meios de controle da mídia especialmente em programas voltados à infância e juventude, quando o indivíduo está na fase primária do processo de socialização. Inúmeras pesquisas apontam as relações entre infância, adolescência e a influência da mídia sobre as práticas de consumo (CAMPOS & SOUZA, 2003; BOCK et al., 2009; TASCHNER, 2011; LEITE, 2011; LEITE & BRENNEISEN, 2011). Como diz Taschner (2011), se já existe uma assimetria na relação entre produtores e consumidores adultos, esta assimetria ganha dimensões exponenciais quando o consumidor é uma criança ou um adolescente. É verdade que no processo de socialização, os jovens aprendem o que é a publicidade e qual a sua intenção, mas nem por isso deixam de ser influenciados por ela. Motivados à posse pelo impacto recorrente do discurso midiático, estes indivíduos partem para a ação: comprar o bem, pedir para que o comprem ou se apropriar dele. As narrativas midiáticas estimuladoras do consumo – em variadas formas, do jornal à telenovela – integram a dinâmica capitalista pós-moderna, que exige liberdade em sua prática de anunciar bens associados a indivíduos-portadores-de-objetosdefinidores-de-distinção (VU/VT). Pela repetição, a propaganda persuade o indivíduo, cada vez mais dissuadido de seus mecanismos de defesa. Faz sentido questionar esta prática ao vislumbrarmos nela uma variável determinante – não a única, mas uma variável relevante – do estímulo às práticas ilícitas para a garantia de acesso aos bens de consumo quando inexiste o poder de compra. Ilustra Galeano (2011), ao narrar a fala de um jovem argentino: “quando não tens nada, pensas que não vales nada”. 23


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MÍDIAS DIGITAIS, ECOSSISTEMAS COMUNCACIONAIS VIVOS E O CONSUMO DE INFORMAÇÕES Gilson Vieira Monteiro, Universidade Federal do Amazonas (Ufam), Brasil, Correio eletrônico: gilsonvieiramonteiro@yahoo.com.br. GT: Economía Política de las Comunicaciones da ALAIC Resumo: refletir teoricamente sobre a relação entre as mídias digitais, os ecossistemas comunicacionais e o consumo de informações é o objetivo deste trabalho. As reflexões tomarão por base a abordagem teórica da complexidade, presente em Morin, as contribuições de Maturana e Varela para a “economia política do afeto” em Comunicação e os preceitos dos ecossistemas comunicacionais emanado do Grupo de Estudos e Pesquisa em Ciência da Comunicação, Informação, Design e Artes (Interfaces) do Programa de Pós-graduação em Ciências da Comunicação (PPGCCOM) da Universidade Federal do Amazonas (Ufam). As reflexões sobre como se comportaria o “varejo de informações na Web” começaram, porém, em 1997, no trabalho final da disciplina Comunicação e Marketing, ministrada na Escola de Comunicações e Artes (ECA) da Universidade de São Paulo (Usp), pela professora Ana Akemi Ikeda. O título do trabalho final daquela disciplina era “Comunicação e varejo no Século XXI”. Naquele momento, minha preocupação teórica era traçar cenários de como seria o processo de distribuição da informação a partir do advento da Internet e do boom que antevíamos nessa nova logística, em fluxos, que, conseguíamos vislumbrar, quebraria o monopólio da distribuição de informações pelos meios de comunicação de massa tradicionais. No que iria dá, não sabíamos. Por enquanto, deu no Facebook e nas demais redes que compõem o que neste trabalho denomino de Mídias Digitais. Talvez, por enquanto. E é sobre essa evolução dos fluxos de informação na WEB que pretendemos refletir neste ensaio-artigo. Palavras- chave: webcomunicação, mídias digitais, ecossistemas comunicacionais e consumo de informações. Introdução Ao publicar, em 2002, o texto “O futuro do varejo de informações na Web”, na Biblioteca On-line de Ciências da Comunicação (BOCC), conclui com duas afirmações ousadas para a época: “todas as empresas estabelecidas na rede serão empresas de mídia


e só terá vantagem competitiva na rede quem trabalhar baseado em poderosos bancos de dados a respeito do comportamento de compra (ou de uso) do cliente.” O que é hoje o Facebook, ser não o maior banco de dados do mundo a respeito do consumidor mundial? Recentemente cunhei a expressão “Facejournalism”. No fundo, brinquei com o maneirismo do momento, o Facebook, sua “rede social” e seu book real: o efeito facebook. No mundo irreal cada vez mais real criado por Mark Zuckemberg, álbum de fotografia tem mural. Esse mural vira bate-papo desde que o assunto, e as pessoas que o comentam, estimule-o a sê-los. Selos, etiquetas, quem sabe até no sentido de “ética pequena”, aparecem e somem. O estrondoso sucesso de uma rede virtual, formada por pessoas e empresas reais, maior que a população dos Estados Unidos, estimada hoje em 850 milhões de usuários, dos quais 50% permanecem conectados 24 horas por dia, e avaliada recentemente em 77 bilhões de dólares, talvez se explique pela forma como funciona a comunicação dentro dela: em flashs. São ecossistemas comunicacionais vivos que se integram e se desintegram a cada segundo. Não morrem porque ficam lá, postados. A espera de comentários. Ganham vida a cada nova postagem porque autopoieticamente são alimentados pelas expressões humanas. E não apenas pela fala, pelos discursos. Perfis saltam de lá para o mundo real. Promovem encontros. Assexuados. Sexuais. Há vida sem sexo ou sexo sem vida? Facejournalism, jornalismo colaborativo, participativo e outros “ism” escondem nossa tristeza (ou indignação) com a morte do “lead”. Com a morte do diploma. Somos cartoriais. Prisioneiros da gramática normativa e de outras regras. E queremos trazê-las para a rede. Para as descargas eletromagnéticas do cérebro, metáfora de um ambiente, cuja principal característica é existir e não-existir ao mesmo tempo. Métodos, regras, normas, gramáticas, padrões ... e todas as demais prisões, são armadilhas que criamos para os outros e por elas fomos aprisionados. O novo nos assusta porque nossa mente é metodicamente quadrada enquanto o pensamento é redondo, criativo e autopoiético. É, como defende Maria Luíza Cardinale Baptista: ou você “se autoriza”, ou não consegue nem escrever. Informações sobre o comportamento do consumidor O que discuto, há tempos, ou seja, desde 1997 é: “de onde virá essa capacidade de reagir, essa core competence à qual Shudarshan (1995) denomina de “vantagem competitiva sustentável?” A resposta dada àquela época se nos apresenta ainda cada vez mais atual: “Da qualidade das informações obtidas a respeito do comportamento de compra dos consumidores.” À época, levantei outro questionamento: “E quem terá essas


informações em tempo real, no Século XXI? Hoje, por enquanto, quem conseguiu reunir voluntariamente o maior banco de dados sobre o comportamento do consumidor mundial foi o Facebook, com seus 850 milhões de usuários, dos quais 50% permanecem conectados 24h ao dia. O que se precisava, e não se tinha, eram informações qualitativas sobre o processo de tomada de decisão de compras por parte do consumidor. As tentativas de se obter informações qualificadas sobre o consumidor do Século XXI foram muitas. O primeiro trabalho que tentou utilizar as novas tecnologias para projetar o que se pode chamar de loja do futuro foi realizado pela empresa Andersen Consulting, que criou a “Smart Store - Supermercado do Futuro”. Ingold e Ribeiro (1994), no artigo “Varejo no ano 2000”, apresentam a Smart Store e dizem que ele contribuiu para uma mudança de atitude. O que se antevia, à época, era que a nova atitude era “dirigir os negócios segundo a visão do consumidor”, ao invés de focar os negócios na compra e distribuição. Ou seja, o que se discutia era uma avanço na perspectiva do olhar de quem negociava a época para começar a perceber de se focar na “figura do observador”, algo que até a física quântica avançou, porém, na área de “ciências humanas e aplicadas”, ainda havia resistência. Ainda que não admita e diga que, ao criar o Facebook, investiu na filosofia de tornar as pessoas “mais honestas”, Mark Zuckerberg (in Kirkpatrick, 2011) usou técnicas de varejo e fez nascer uma espécie de supermercado virtual de informações sobre seres humanos. O Facebook e outros sistemas inteligentes de gerenciamento de informações sobre comportamento dos consumidores, no fundo, ainda que não tenham se dado conta, aplicam conceitos já explorados pela Andersen Consulting na sua Smart Store: A Smart Store tem ajudado o setor de produtos de consumo a desenvolver novas abordagens de estrutura organizacional, focalizando-o em duas importantes funções de negócio: - o demand side (demanda), maximizando o desempenho do mercado local de cada loja e em cada experiência de compra do consumidor e- o supply side (suprimento), minimizando o custo de reposição do produto nas prateleiras das lojas e, finalmente, na mesa do consumidor.

Qualidade, sortimento, preço serviço e valor são variáveis que vão dominar os negócios do futuro, segundo Ingold e Ribeiro (1994). No artigo de 1997, eu já questionava pontos que hoje são perfeitamente respondidos pelo Facebook principalmente: Um conceito que não é novo mas dominará o comércio do Século XXI é a chamada “experiência de compra” do consumidor. O quê compra? Onde compra? Quando compra? Por quê compra? O quê gosta de fazer durante a


compra? Perguntas com esse conteúdo terão que ser respondidas diariamente pelas empresas comerciais que desejam ser competitivas no futuro, o que leva a crer que o reinado do consumidor, independente das compras em rede ou não, mal está começando.

E quando se trata do que, à época, denominada Mercado da Informação e hoje sinto mais conforto em chamar de Mídias Digitais, o que se tinha era uma guerra entre magnatas e o que chamei de “aranhas gigantes” para terem o controle da rede. A guerra não arrefeceu, só que, atualmente, ganhou novos playeres como Google, Facebook e Twitter. Seu acirramento, porém, é muito mais antigo do que podemos imaginar. A guerra das arranhas pelo domínio da mídia e da rede Moraes (2004) reproduz uma frase irônica do magnata mundial Rupert Murdoch, dono da News Corporation, império presente em mais de 100 países, que reflete bem a lógica dos investidores no campo da Comunicação, no mundo: “Não se preocupem. Não queremos controlar o mundo. Só queremos um pedaço dele.” Como bem-define Moraes, essas corporações de entretenimento e Comunicação, há anos travam uma guerra para conseguir o monopólio planetário da mídia. Com efeito, as corporações de informação e entretenimento ocupam um duplo papel estratégico no processo de reprodução ampliada do capitalismo. O primeiro diz respeito à sua condição peculiar de agentes operacionais da globalização, do ponto de vista da enunciação discursiva. Não apenas legitimam o ideário global, como também o transformam no discurso social hegemônico, propagando visões de mundo e modos de vida que transferem para o mercado a regulação das demandas coletivas (MORAES, 204, p 1).

O que muitos autores não perceberam é que se tratava de uma guerra de aranhas gigantes não só pelo controle da mídia, mas, pelo controle do fluxo de informações qualificadas sobre o comportamento dos usuários para, a partir daí, com a inteligência artificial e o uso softwares inteligentes, mapear o comportamento dos consumidores e transformar o fluxo de informações na rede mundial de computadores na verdadeira mina no campo da Comunicação. Não mantenho a denominação utilizada na minha tese defendida em março de 2003, na Escola de Comunicações e Artes da Universidade de São Paulo denominada “Por um clique: o desafio das empresas jornalísticas tradicionais no mercado da informação – Um estudo sobre o posicionamento das empresas jornalísticas e a prática do jornalismo em redes, em Manaus”. Nela, a partir do título, uso uma expressão de Michael Dertouzous, Mercado da Informação, para designar todo o fluxo de trocas, quer feitas na Internet ou não, que compõem essas interações constantes que, modernamente, ouso chamar de Mídias Digitais. A tentativa da “aranha” Microsoft de ter toda a produção e distribuição da informação sob suas teias, no Mercado da Informação, gerou uma reação de dois gigantes norteamericanos. A America Online (AOL), maior provedor de acesso à Internet dos Estados Unidos, representante da nova mídia, e a Time Warner, considerado um grupo da velha mídia, comunicaram oficialmente à Communications Federal Comission – Comissão


Federal de Comunicações do Estados Unidos (FCC), em dezembro de 2000, as concessões que estariam dispostas a fazer para selar o acorde de fusão dos dois gigantes, um negócio de quase US$ 94 bilhões86. Uma das condições impostas pela FCC era que os provedores rivais tivessem acesso ao conteúdo da Time Warner. Não foi aceito pelas duas empresas sob o argumento de que a fusão perderia a razão de ser se o conteúdo da Time Warner fosse aberto. As autoridades da FCC aceitaram os argumentos das empresas mas determinaram que a AT & T, gigante das telecomunicações, vendesse a participação que tinha na Time Warner Entertainment (TWE). Isso porque a AT & T desejava comprar, por US$ 44 bilhões, a MediaOne Group, um dos gigantes na área de TV por Cabo. Caso fosse permitida a fusão da AOL com a Time Warner e a compra da MediaOne Group pela AT & T, mantidas as composições acionárias de então, o futuro grupo AOL Time Warner controlaria tudo na área de produção e distribuição de informação nos Estados Unidos. Para se ter uma idéia do poder do gigante que resultaria desses dois negócios, a AT & T detinha 25,5% (vinte e cinco e meio por cento) da ações da Time Warner Entertainment, uma joint venture com a Time Warner Inc. Como a TWE controla o canal de TV por cabo HBO e a Warner Bros., inclusive as áreas de filmes, TV vídeo e TV por cabo, a AT & T é uma das líderes no setor de telecomunicações e a AOL o maior provedor de Internet norte-americano, o resultado seria o monopólio do setor, com as benções do Governo norte-americano. No dia 11 de janeiro de 2001, a FCC anunciou a fusão dos grupos AOL e Time Warner. A FCC impôs quatro condições para autorizar a fusão com o objetivo de evitar monopólio em áreas como serviços de Internet de alta velocidade, programas de instant messaging (programas de mensagens instantâneas) e TV por cabo87. A FCC determinou que os provedores de acesso que oferecem serviços de banda larga usando a plataforma da AOL Time Warner terão controle sobre a primeira tela, quando o usuário conecta-se à Internet. Além disso, a cobrança pelos serviços será feita diretamente pelo provedor. A FCC exigiu, também, que os provedores não afiliados ao grupo tenham garantida a mesma performance dos serviços oferecidos pela AOL Time Warner. A última restrição diz respeito aos programas de instant messaging. A AOL praticamente controla o setor com os softwares ICQ e AOL Instant messaging (AIM). Em 2000, a empresa bloqueou a interoperabilidade (capacidade de os softwares “conversarem” entre si) do AIM de programas de instant messaging do Yahoo!, Microsoft e Odigo. Com a fusão, está proibida de fazer isso. A fusão da AOL e da Time Warner fez nascer a “aranha-líder” do Mercado da Informação, com 120 milhões de assinantes em todo o mundo. Entre eles estavam os assinantes dos serviços de Internet da AOL e os de TV por cabo, revistas e outras mídias oferecidas pela Time Warner. E o gigante não parava de ampliar seus tentáculos. Em abril de 2001, a AOL Time Warner anunciou o início das negociações com o grupo britânico de TV por cabo NTL Group, maior provedor do Reino Unido, que conta com 8,5 milhões de assinantes e atinge a 20 milhões de residências88. A AOL Timer Warner estuda a criação de uma joint venture com o objetivo de expandir a atuação dos norteamericanos na Europa. A expansão não parou por aí.


Em julho de 2001, a AOL Time Warner investiu US$ 100 milhões na Amazon.com e ganhou o direito de opção de compra livraria, que se transformou em um gigante do varejo na Internet. Documentos entregues à Securities and Exchange Commission (SEC), a Comissão de Valores Mobiliários dos Estados Unidos, selaram o acordo. No dia 26 de julho de 2001, a AOL Time Warner anunciou o pagamento de US$ 1,6 bilhão pela International Publishing Company Group Limited89. A empresa edita acima de 100 publicações na Europa, com vendas de 350 milhões de exemplares por ano. Além disso, é dona da empresa de investimentos de risco Cinven. De acordo com a AOL Time Warner, a aquisição faz parte da estratégia da empresa de ganhar mercado fora dos Estados Unidos. A AOL Time Warner tem operações diretas, além dos Estados Unidos, na Áustria, Canadá, França, Alemanha, Japão, Suécia, Suíça e Inglaterra. Oferece, através de parcerias ou empresas coligadas, serviços de acesso em mais de 100 países. Os tentáculos da AOL se expandiram bem antes da aquisição da Time Warner. Em parceria com a editora alemã Bertelsmann, foram oferecidos os serviços Bertelsmann Online, na França, e AOL Bertelsmann Online Europa, na Alemanha e Reino Unido, em 1995. Os investimentos não paravam. Em 1998, a AOL comprou da empresa israelense Mirabilis o software de comunicação instantânea mais popular da Internet, o ICQ. Em seguida, em parceria com a Sun Microsystems, comprou a Netscape, que produz o Navigator, browser que detinha mais de 70% do mercado de navegadores da Internet na época da aquisição. Hoje, quem domina o mercado de browsers é o Internet Explorer, da Microsoft. Por outro lado, a rede de serviços da Microsoft, criada em 1995 e denominada Microsoft Network (MSN), chegou aos 250 milhões de visitantes únicos, por mês, no planeta91. O endereço da Microsoft é o mais visitado na Austrália, Áustria, Bélgica, Canadá, Irlanda, Israel, México, Nova Zelândia, Espanha, Suécia e Inglaterra. No Brasil, o domínio é o segundo mais visitado. A reação da Microsoft à investida da AOL Time Warner e à queda nas vendas dos computadores pessoais (PCs), principalmente nos Estados Unidos, foi uma nova mudança de foco. De acordo com a empresa, os PCs darão espaço aos Personal Digital Assistants-Assistentes Pessoais (PDAs)92. Por isso, passou a diversificar o portfólio de produtos e investimentos. Em parceria com a fabricante de microcomputadores Compaq, lançou o iPaq, equipamento de visor colorido e reconhecimento de escrita, que roda uma versão reduzida do Windows, o CE. Além disso, a Microsoft tornou-se sócia, no Brasil, da emissora de TV por cabo, GloboCabo, das Organizações Globo, o maior conglomerado de mídia do Brasil, que posiciona-se entre os quatro maiores do mundo”, e atualmente “é uma das uma das únicas companhias do mundo a fazer testes-piloto para a implementação da tevê interativa com o sistema da gigante de informática93.” Completou os investimentos estratégicos no Brasil associando-se ao empresário Sílvio Santos para venderem o “Computador do Milhão94”, financiado através do banco PanAmericano, do grupo de Sílvio Santos. A “guerra” da aranha Microsoft contra a aranha AOL Time Warner que representava uma tendência na rede mundial de computadores virou pó com a entrada no mercado do Google e do Facebook. Nas Mídias Digitais, porém, “guerra das aranhas” é muito mais


acirrada. Os conglomerados de telecomunicações, como a empresa espanhola Telefônica, por exemplo, dona do portal Terra Lycos, entrou no jogo global da Internet. No Brasil, por exemplo, o Universo Online (UOL), dos grupos Folha de S. Paulo e editora Abril, além de oferecer acesso através do próprio UOL, o faz também por meio do Brasil Online (BOL) e do portal Zip.Net, adquirido da Portugal Telecom em troca de 12% das ações do UOL. Depois de adquirir a marca Zip.Net, o UOL tirou de circulação o portal. Durante algum tempo, o Ibest, que era controlado pela empresa de telecomunicações Brasil Telecom, passou a oferecer provimento de acesso grátis na maioria das capitais do País. Sem contar que o IG tem como sócio a empresa Telemar, também da área de telecomunicações. Na Internet brasileira a “guerra” acirrou-se quanto a Telemar se transformou em Oi, adquiriu a BRT – Brasil Telecom e passou a oferecer um pacote completo com TV por cabos, Internet banda-larga, Wireless e, até, pasmem, telefone convencional. Quem apostou que a Legislação brasileira funcionaria como barreira à entrada das companhias telefônicas no serviço de provimento o fez de forma equivocada e, talvez, pague um preço muito alto pelo erro de avaliação. Era óbvio que em um ambiente de competição acirrada, as operadoras de telefonias, em pouco tempo, teriam o mercado de telefones saturado. Logo, só restaria uma saída: aumentar o tráfego na rede. A estratégia mais óbvia para aumentar esse tráfego era incentivar o uso da Internet pelo maior tempo possível. Em resumo: é uma necessidade das companhias telefônicas massificar o uso da Internet. Essa massificação, porém, não poderia ocorrer com os preços de provimento de acesso nos níveis em que se praticava no Brasil. Os preços médios cobrados pelos três grandes provedores nacionais (Universo On Line, América On Line e Terra) são R$ 14,90 para 10h de uso e R$ 29,95 para uso ilimitado. Além desse valor, os clientes pagam pelos minutos de uso da linha telefônica. Um pulso telefônico hoje, no Brasil, custa, em média, R$ 0,10, das 6h às 24h. Em Manaus, por exemplo, o pulso, com os impostos, custa R$ 0,1027396. As empresas cobram um pulso a partir do início da ligação, a cada 4min. Uma pessoa que usasse a Internet durante 10h por dia, apenas nos dias úteis, fora do horário da tarifa reduzidíssima, que é exatamente das 6h às 24h, deveria 50h ao final de uma semana. Levando-se em conta que o mês comercial possui quatro semanas, ao final do mês, só com a Internet, esse cliente deveria 200h à companhia telefônica. Como o sistema de tarifação é por pulsos e as empresas cobravam um pulso a cada quatro minutos, cada hora de Internet é igual a 15 pulsos, pois basta dividir o número de minutos de uma hora por quatro. Dessa forma, se cada hora equivale a 15 pulsos, basta multiplicar 200, o que dá 3.000 pulsos por mês apenas com a Internet, durante 10h por dia. Multiplica-se, então, 3.000 por 0,10273 e chaga-se à divida de R$ 308,19, caso esse cliente hipotético more em Manaus. Soma-se a esse valor, o custo do provedor. Como um cliente só consegue utilizar o provedor por 10h ao dia se for um assinante de acesso ilimitado, pagará mais R$ 29,95, o que dá um total de R$ 338,14. No caso da banda larga, cujo acesso era feito através de uma rede de fibras óticas e cabos coaxiais, comparativamente com as tarifas telefônicas, o valor torna-se relativamente baixo. Em Manaus, por exemplo, um cliente da antiga Horizon Serviços Digitais, a primeira empresa a operar TV por Cabos em Manaus, na era moderna, para


ter acesso a uma conexão dedicada de 64Kbps, precisa assinar o pacote mínimo de TV por cabo denominado “Pacote Express”, que custa R$ 18,00. Além disso, paga R$ 24,50 pelo Papalégua; R$ 29,40 pelo Provedor e R$ 15,00 de aluguel do Cable Modem. Portanto, para se ter acesso à Internet de banda larga, em Manaus, àquela época, com a velocidade mínima, que é 64Kbps (velocidade de carroça puxada por bois preguiçosos), e sem suporte técnico, por isso o pacote recebe o nome de “light”, o cliente desembolsava, mensalmente, a quantia de R$ 86,90. E esse valor deveria ser ainda menor se a Horizon seguisse em Manaus o que foi determinado em São Paulo. Lá, o Procon determinou a empresas que prestam serviços de Internet rápida utilizando a mesma estrutura da TV por cabos não podem cobrar pelo provimento de acesso. Assim, o valor total de R$ 86,90 cairia para R$ 57,50. O que a Telefônica propôs em São Paulo, e que se tornou regra, com pequenas variações, no Brasil inteiro, foi uma tarifa única de R$ 19,90 para uso ilimitado da Internet por linha telefônica, através do provedor iTelefonica. Isso provou um realinhamento de preços no setor que dura até hoje. Ao que parece, só agora, as empresas de TV por cabo, os proprietários de jornais e revistas, os proprietários de emissoras de televisão e de redes de radiodifusão e até mesmo os anunciantes, se deram conta de que seus negócios foram larga e profundamente afetados não apenas pelas investidas da Microsoft e da AOL Time Warner, mas, e, principalmente, pelas mutações desse novo ambiente de trocas que é a WEB, principalmente com a entrada de playeres como Google e Facebook na “guerra das aranhas”. Sinergia multimídia: estratégia vitoriosa ou perigo de monopólio? A estratégia de distribuição de informações denominada sinergia, utilizada com êxito, em tempos idos, apenas pela Disney, tornou-se tendência na Internet. Essa estratégia surgiu, principalmente em função da própria capacidade que a rede mundial de computadores oferece de transmitir texto, áudio e vídeo através de um mesmo canal. Essa capacidade de o computador usar texto, ilustração, som e vídeo em um mesmo aplicativo recebe o nome de multimídia. E isso gerou sistemas inteligentes de gerenciamento do fluxo das informações baseado em algoritmos como o são o Google e o Facebook, as duas organizações mais valiosas da Internet no momento. No outrora Mercado da Informação, hoje das Mídias Digitais, já não se faz mais distinção entre as companhias telefônicas e as companhias de mídia. Um exemplo dessa sinergia ocorre, no Brasil, com a empresa espanhola de telecomunicações Telefônica. Além de fornecer serviços de telefonia fixa na cidade de São Paulo, é dona do provedor de acesso à Internet Terra, que, por sua vez, em nível mundial, é dona do Lycos. O Terra Lycos é um dos maiores fornecedores mundiais de conteúdo na Internet. A Telefônica, ainda que indiretamente, é o maior concorrente, no Brasil, no portal e provedor de acesso Universo Online, dos grupos Folha e Abril, conglomerados eminentemente de mídia tradicional, um indicador de que a competição, no mercado da informação, não ocorre apenas entre as empresas tradicionais de mídia. Nos Estados Unidos, país onde tradicionalmente havia uma separação legal entre as empresas produtoras de informação e as distribuidoras eletrônicas, as coisas começaram a mudar. A Lei das Telecomunicações de 1996, que só veio a ser aprovada em fevereiro de 2000, abre caminho para a convergência entre as empresas produtoras de informação


e as distribuidoras. Na prática, isso significa que empresas de telecomunicações oferecerão serviços de produção e distribuição de informações assim como as empresas de mídia poderão oferecer serviços de distribuição eletrônica de informação. Com isso, abrem-se caminhos para fusões, aquisições e associações, o que acirra ainda mais a competição no Mercado da Informação e pode vir a acender a luz vermelha nas empresas jornalísticas tradicionais que até então não davam muita importância aos concorrentes da rede mundial de computadores. O conglomerado de Bill Gates, encabeçado pela Microsoft, por exemplo, dá sinais de que não entrou na guerra como mero figurante. O memorando interno da empresa, de dezembro de 199684, além de ser um documento de estímulo aos funcionários, revelava os problemas que todas as empresas estabelecidas na rede enfrentarão, principalmente as empresas de mídia. O documento deixa bem claro contra quem a Microsoft quer concorrer no Mercado de Informação e a forma como entrara na guerra: Nós estamos desafiando negócios velhos e estabelecidos como jornais, agências de viagens, negociantes automóvel, guias de entretenimento, guias de viagens, diretórios de Páginas Amarelas, revistas, e com o passar do tempo muitas outras áreas. Nós temos que inventar modos de trabalhar com eles ou ganhar os clientes deles/delas e os fluxos de renda fora. Nós devemos ser agressivos.

Diante de afirmações tão categóricas quanto essas e, em se tratando de um concorrente do porte de Bill Gates, E Mark Zuckerberg, seria aconselhável às empresas de mídia, principalmente as jornalísticas, não negligenciarem o potencial econômico da rede mundial de computadores nem as ameaças claras contidas no documento interno da Microsoft. O título do texto de HICKEY85 (1999) “Will Gates crush newspapers?”, que pode ser traduzido livremente como “Gates esmagará os jornais?” permite inferir que a arena competitiva, no Mercado da Informação, nem de longe se assemelha ao velho modelo tradicional de competição com o qual as empresas de mídia estavam acostumadas. O modelo no qual duas ou três empresas jornalísticas competiam por todos os leitores aparentemente chega ao fim com a popularização da Internet e de outras redes e formas de distribuição da informação. Após mudar o foco dos negócios para a Internet, a Microsoft moveu-se com o objetivo de ampliar seus tentáculos. Em julho de 1996, a empresa associou-se à NBC News. Da união, surgiu a MSNBC, que explora um canal por cabo e de notícias on-line. Embora ainda não tenha atingido a liderança, só naquele ano a MSNBC atingiu a 38 milhões de lares dos norte-americanos e alcançou page-views de aproximadamente 3 milhões ao dia. A Microsoft, certamente, é uma das “Aranhas” na guerra que DERTOUZOS antevia. E não se contenta em liderar o mercado dos sistemas operacionais. Com a rede MSNBC, quer controlar e liderar o mercado de produção e distribuição da informação, na Internet. Mas os tentáculos da aranha voltaram-se, também, para o sistema de fornecimento e distribuição de informações via cabo. Em junho 1997, a Microsoft foi responsável por uma alta estupenda nas ações do setor das operadoras do sistema a cabo. Investiu US$ 1 bilhão e comprou 11,5% (onze e meio por cento) de ações da


Comcast Corp. A empresa, quarta maior operadora do sistema por cabo nos Estados Unidos, certamente não se contentará apenas com essa participação de mercado. No final de 1997, a Microsoft passou a oferecer, através do site Sidewalk, uma rede de serviços gratuitos ao consumidor com dicas locais de artes, guia de restaurantes, guia de turismo e lista de entretenimento. Fazem parte do conteúdo dessa rede serviços como páginas amarelas eletrônicas, um canal de entretenimento e um serviço de compras. Esse serviço de compras oferece análises e informações sobre produtos que variam de bicicletas a equipamentos de cozinha. No lançamento, já estava disponível em 12 cidades norte-americanas. A empresa pretende expandir o serviço não apenas para todas as cidades norte-americanas. Quer atingir muitos mercados estrangeiros. A empresa também laçou a revista The New Republic, tanto no formato tradicional (impresso) quanto on-line, chamada de “revista de visões da Microsoft”, que cobre assuntos de artes, entretenimento e sociais. Números extra-oficiais, não confirmados pela Microsoft, dão conta de que 100.000 mil pessoas leram as idéias propagadas pela empresa nos vários formatos. A empresa ainda adquiriu o controle do Corbis, um arquivo digital mundial de fotografias de artes. Fundado em 1989, o Corbis possui mais de 20 milhões de imagens e Gates licenciará o uso dessas imagens para jornais, revistas, publicadores de livros e de catálogos e também para as mídias eletrônicas. Em abril de 1997, Bill Gates desembolsou US$ 425 milhões pela Web TV Networks, que fabrica um aparelho capaz de permitir às pessoas que não possuem um computador a navegação pela World Wide Web através dos televisores domésticos ou dos jogos eletrônicos populares. As previsões são de que o investimento atrairá milhões de clientes a mais para os vários sites da Microsoft. Recentemente, a WebTV assinou acordo com um largo número de provedores de conteúdo, o que fará da Web TV um competidor significativo para os sites de jornais e revistas locais. Com a Microsoft, Bill Gates já domina os softwares dos micros e quer dominar os browsers, considerados por DERTOUZOS as portas e janelas do Mercado da Informação. As redes Sidewalk e MSNBC fazem parte da estratégia da empresa para controlar a produção e distribuição da informação na Internet. O arquivo digital Corbis e a revista The New Republic complementam essa estratégia que se fecha com o controle dos meios de distribuição através da Comcast Corp. Sem contar que é uma das acionistas do Facebook. Conclusões As duas conclusões são básicas emanadas do artigo por mim escrito em 1997, “todas as empresas estabelecidas na rede serão empresas de mídia e só terá vantagem competitiva na rede quem trabalhar baseado em poderosos bancos de dados a respeito do comportamento de compra (ou de uso) do cliente” revelaram-se proféticas. Houve uma mudança significativa do modus operandi das antigas empresas de mídia. As informações com vistas a uma segmentação de qualidade, para o posicionamento de qualquer empresa, hoje são facilmente obtidas no Google, e, principalmente, no


Facebook, por intermédio das experiências de compra do consumidor e do que se pode chamar de “troca afetiva de informações”. O Facebook talvez seja a plataforma mais apropriada para a “comunicação com amorosidade, com afetividade”. Trata-se de uma mudança cultural e nos padrões de consumo, inclusive da informação, nunca antes vista. Poucos de nós estamos preparados para amar e ser amado. O amor assusta o afeto mais ainda. Principalmente quando nascem em um mundo aparentemente tão irreal. Energias dissipadas se encontram. O universo conspira. No caso do Facebook, com a ajuda dos sistemas de busca e comparação que rodam por baixo daquela “pele” simples que se nos apresenta. Os ecossistemas comunicacionais vivos não dependem de nós. Cada conta em uma dessas ditas redes sociais, ganha vida própria depois de criada. No caso do Facebook, mais ainda. Não tente a prática do jornalismo ou de qualquer outra forma de comunicação tradicional dentro de um desses ecossistemas. Suas chances de fracasso são enormes, pois se trata de uma mudança de paradigma comunicacional que ainda não é bementendida por nenhum de nós: une entretenimento e cultura digital em um mesmo lugar. Ao criar o Facebook, Mark Zuckemberg, talvez não imaginasse a crise que criaria no mercado da informação, na forma de consumo e distribuição dos conteúdos gerados na rede mundial de computadores. Mas o fez: criou uma espécie de Deep Blue da Internet, cuja capacidade de mapear comportamentos parece não ter fim. O Facebook, quando o resumo deste artigo foi escrito, possuía 750 milhões de usuários dos quais 50% permaneciam conectados, jogando, batendo papo ou mobilizados em torno de um assunto ou causa social. Ao escrever o artigo, já tinha ultrapassado a casa dos 800 milhões de usuários. Hoje, é bem possível que tenha 800 milhões, 900 milhões ou 1 bilhão de usuários. É uma rede que não pára de crescer, pois se tata-se de uma plataforma com possibilidades de comunicação per to per jamais imaginada, nem mesmo no auge de sites como o Orkut, cuja morte foi recentemente anunciada pelo Google. A cultura digital e a mudança do padrão de consumo dos produtos ditos virtuais devem muito ao surgimento do Facebook não apenas como um repositório de fotografias e bate-papos. Mas, principalmente, como uma plataforma ecossistêmica de registro dos padrões de navegação na rede. Estamos diante de uma revolução não apenas na cultura de consumo, mas, na cultura digital. No Facebook formam-se ecossistemas em torno de cada nó da rede: um usuário cadastrado. São ecossistemas simultaneamente autofágicos e autopoiéticos. Nem vivem nem morrem, morrem e


vivem. E é desse aparente mistério que se alimentam para fomentar a principal norma: não ter regras. E é desse jogo de aparente caos que se alimenta para gerar receita e servir de plataforma livre para o surgimento de novos milionários na rede mundial de computadores. Sua plataforma aparentemente aberta, porém, vividamente “amarra” comportamentos de navegação capazes de revolucionar a economia da e na Internet nos próximos anos. Bibliografia FINK, Conrad C. Strategic newspaper management. Allyn and Bacon, EUA: 1996. GORTNER, Harold F., MAHLER Julianne, NICHOLSON, Jeanne Bell. Organization theory – a public perspective. 2. ed. Hacourt Brace College Publishers, Orlando, Flórida; 1997. KIRKPATRICK, David. O efeito facebook. Tradução Maria Lúcia de Oliveira. Rio de Janeiro: Intrínseca, 2011. HALL, Richard H. Organizations - structures, processes and outcomes. Prentice Hall International Editions, New Jersey: 1996. HAX, Arnold C. MAJLUF, Nicolas S. Strategic managment: an integrative perspective HOOLEY, G. SAUNDERS, J. Posicionamento competitivo. Makron Books, São Paulo: 1996. INGOLD, Roger de Barbosa, RIBEIRO, Francisco. Varejo no ano 2000. Varejo Modernização e perspectivas. Atlas, São Paulo: 1994. SUDHARSHAN, D. Marketing strategy - relationships, offerrings, timing & resouce allocation. Prentice Hall International Editions, New Jersey: 1995. TOLEDO, Geraldo Luciano, LADEIRA, Rodrigo e SAIKOVITCH, Vera Lúcia. Varejo Virtual - novo modelo de varejo. Anais do I SemeAd. FEA-USP, São Paulo: 1996.


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Regimes de propriedade, modelos de financiamento e formação de catálogo: esboço metodológico para o estudo comparado das editoras de livros1 José de Souza Muniz Júnior2 Resumo Este trabalho propõe algumas diretrizes para a aplicação de metodologias comparativas ao estudo da edição de livros, particularmente na América Latina. Para isso, são abordados três princípios básicos: regimes de propriedade (a estrutura do capital); modelos de financiamento (fontes do capital aplicado na produção); e formação de catálogo (agentes e práticas envolvidos na avaliação e seleção de originais para publicação). Por fim, discutem-se as possibilidades de investigação sob esse enfoque e os rumos da pesquisa que ora desenvolvemos. Palavras-chave: editoração; livros; comparativismo.

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Trabalho apresentado ao Grupo Temático 6 – Economía Política de las Comunicaciones, do XI Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación – “La investigación en comunicación en América Latina: interdisciplina, pensamiento crítico y compromiso social”, 9 a 11 de maio de 2012, Montevidéu (Uruguai). 2 Doutorando em Sociologia, mestre em Ciências da Comunicação e graduado em Comunicação Social/Editoração pela Universidade de São Paulo (USP), Brasil. E-mail: jmunizjr@gmail.com


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Introdução O livro tem sido, no Brasil, objeto de estudo em diversas áreas do conhecimento, dentre as quais é possível destacar a História, a Educação, os Estudos Literários, a Linguística, a Ciência da Informação, a Comunicação e a Sociologia. A miríade de disciplinas em questão e a multiplicidade de correntes teóricas em cada uma das áreas supracitadas concorre para a diversidade de abordagens que presidem sua investigação – de tal modo que, para objetos empíricos semelhantes, discernem-se objetos teóricos bastante díspares. É possível identificar duas tendências gerais, bem distintas, no conjunto desses estudos. Numa primeira, está em jogo o próprio objeto livro, quer dizer, sua materialidade, seus aspectos formais e de linguagem – incluídas, aí, as correntes filológicas e as pesquisas em design gráfico, além das reflexões sobre os novos suportes tecnológicos do livro. Uma segunda tendência, que nos interessa mais de perto, dá centralidade às práticas sociais em torno do livro – a saber, sua concepção e produção, sua circulação, recepção e apropriação, seus circuitos de legitimação e as disputas sociais e políticas nos diversos campos que tomam o objeto livro em referência e reverência. Nesse segundo espectro, que é bastante amplo, os estudos sociológicos e históricos têm destaque no Brasil. Há também contribuições não só das disciplinas supracitadas, como também de outras que se interessam pelo livro como objeto que dá ensejo à disseminação de ideias, linguagens, inovações – inclusos os territórios acadêmicos para além das humanidades, como a matemática, a medicina e a engenharia. Sorá (1997, nota 2), referindo-se principalmente ao pensamento social e econômico, agrupa em quatro vertentes os estudos sobre o livro no Brasil, área que ele chama de uma “tradição de estudos em formação”: (1) diagnósticos do setor; (2) trabalhos sobre elite, cultura e pensamento brasileiro que problematizam a produção e circulação de obras; (3) estudos centrados na prática editorial e nos editores; (4) estudos sobre a leitura como prática cultural. Em parte deles, vale acrescentar, nota-se uma tendência a focalizar as relações entre a edição e o campo literário – que é, certamente, objeto privilegiado não só dos estudos sobre a relação entre autores e editores, mas também daqueles que se debruçam as práticas sociais da leitura3. 3

No Brasil, a correspondência quase direta entre livro/literatura/leitura, que se faz sentir em boa parte das investigações, também está presente nas políticas públicas e nos discursos de circulação mais ampla sobre o livro, que frequentemente estão associados ao prazer de ler, aos “mundos” que a leitura abre, à


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Medeiros (2010, p. 242), por sua vez, identifica a emergência de um campo interdisciplinar de estudos, a que ele denomina “sociologia histórica da edição”, associado ao “estiolamento do enfoque no livro e na edição em moldes entronizados, tal como tendiam a ser percebidos pelas ortodoxias explicativas que desde longa data os associavam linearmente à sabedoria e ao progresso – material, social e moral”. Roger Chartier, Robert Escarpit, Elizabeth Eisenstein, Robert Darnton, Henri-Jean Martin e Lucien Febvre são alguns dos intelectuais que, na Europa, contribuem para formar esse campo de estudos e continuam a influenciar as pesquisas nesse âmbito. No caso brasileiro, embora se percebam as ressonâncias desse novo enfoque, ainda respondem por boa parte da produção sobre esse tema os relatos biográficos, quase sempre elegíacos, e as autobiografias de editores. Esses documentos são de grande importância para a memória do campo editorial, mas, por si só, não são suficientes para explicar os nexos entre edição, cultura, comunicação e poder, que são centrais para os objetivos que aqui destacamos. Isso porque, segundo a perspectiva aqui adotada, as editoras têm o caráter duplo de projeto cultural e empreendimento econômico. Tal como outras organizações da esfera produtiva, podem ser classificadas e estudadas segundo critérios diversos, sejam quantitativos (número de funcionários, de títulos lançados, de exemplares vendidos, de cadernos tipográficos produzidos; lucro obtido, volume de capital movimentado etc.) ou qualitativos (área geográfica de atuação, nicho de mercado, público-alvo, estratégias de produção, comercialização e divulgação etc.). Todas essas variáveis, combinadas, contribuem para entender a posição de cada editora no campo simbólico de que faz parte, o estado atual ou pretérito do mercado editorial de um país ou região e as tendências do setor no que diz respeito à oferta de produtos de informação, cultura, educação e entretenimento. Há três critérios, particularmente, que nos parecem dar conta de importantes aspectos do campo editorial hoje, porque dizem respeito a transformações que impactam diretamente a qualidade e a diversidade dos livros colocados à disposição do público. São eles: (1) regimes de propriedade, (2) modelos de financiamento e (3) formação de catálogo. Aqui buscamos esboçar, a partir deles, alguns caminhos para o estudo possibilidade de conhecer obras dos autores canônicos da literatura de língua portuguesa. Da perspectiva aqui adotada, é preciso considerar que o campo editorial configura-se como um entrecampos, na medida em que os domínios da literatura, da ciência, das humanidades, da educação, da cultura e da economia estão nele implicados de maneira complexa, de que resultam interesses divergentes e as disputas simbólicas que o constituem.


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comparado das editoras de livros. Vislumbra-se, inicialmente, a possibilidade de aplicar tais parâmetros a pesquisas de recorte tanto sincrônico (conjunto de editoras atuantes num dado momento histórico) como diacrônico (evolução de uma ou mais editoras no decorrer do tempo). Em ambos os casos, a finalidade é compreender os efeitos sociais, culturais e econômicos das recentes transformações dos mercados editoriais, particularmente os latino-americanos, dada a dupla tendência de concentração (aquisições e fusões, muitas vezes com participação de capital transnacional e/ou de setores que não o de livros, resultando na formação de conglomerados) e pulverização (surgimento de micro e pequenas editoras, com características diversas). 1. Regimes de propriedade A estrutura do capital das instituições que publicam livros é bastante diversa, muito embora os dados de participação no mercado e as listas de “mais vendidos” faça crer que elas sejam, fundamentalmente, privadas. E é evidente que, mesmo dentro dessa categoria, há muitos outros fatores a se considerar para uma análise mais refinada do espaço que elas ocupam dentro do campo editorial. Assim, é preciso distinguir, primeiramente, as de capital aberto (sociedades anônimas, fundos de pensão etc.) e as de capital fechado (em geral empresas familiares ou pertencentes ora a um indivíduo, ora a um pequeno grupo de sócios). Outra distinção possível, ainda dentre as editoras privadas, é entre capital nacional, estrangeiro ou transnacional4. Essas duas oposições – aberto/fechado e nacional/estrangeiro – são essenciais para compreender mudanças drásticas no mercado editorial nas últimas décadas. Afinal, as seguidas fusões entre editoras e o ingresso maciço de agentes de outros campos (mídia, entretenimento, indústrias, bancos etc.) no métier, por meio de aquisições, alterou radicalmente a estrutura do mercado, redefinindo as disputas por capital simbólico e a situação concorrencial em diversos nichos, em especial nos mais lucrativos. Como veremos adiante, a presença de acionistas e de organizações transnacionais nas estruturas de poder das editoras irá colocar em xeque o modo como as editoras legitimam sua própria atividade, quando confrontadas com a expectativa social de qualidade e critério no processo de seleção de livros, o qual redunda nas políticas de 4

O debate sobre a presença de capital estrangeiro no setor editorial está menos desenvolvido e polarizado que nos campos do jornalismo e do cinema. No entanto, começam a surgir vozes questionando a alta participação de editoras de capital não exclusivamente nacional nas compras nacionais de livros didáticos pelo Ministério da Educação. A esse respeito ver, por exemplo, Cassiano (2007).


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formação de catálogo. Superprodução, aceleração, precarização do trabalho editorial, concorrência desleal, entrada de agentes estranhos ao campo e promoção da obsolescência programada são alguns dos problemas apontados por analistas da área, quase sempre saudosos de um tempo em que a edição de livros ainda era considerada um empreendimento fundamentalmente cultural, não raro utópico. Schiffrin (2006) e Colleu (2007) fornecem relatos bastante contundentes – para os casos norte-americano e francês5, respectivamente – dessas mudanças. Segundo ambos, a concentração da propriedade no mercado editorial, com a atuação de grandes conglomerados para os quais o livro é menos projeto cultural do que um produto como qualquer outro, afeta profundamente a qualidade do que é publicado e a diversidade de proposições estéticas e ideológicas disponíveis ao público. Para o primeiro, “a ânsia de diversificar-se internacionalmente, tornar-se um ator importante no cenário europeu e em geral de simplesmente crescer por intermédio de aquisições é suficiente para justificar fusões que de outro modo podem parecer difíceis de entender” (Schiffrin, 2006, p. 14). O autor francês sintetiza dizendo que “não se trata tanto de criticar o aspecto comercial da edição do livro, mas de salientar a deriva financeira dessa comercialização” (Colleu, 2007, p. 19, grifo meu). Ambos assinalam, igualmente, uma afinidade entre os conglomerados e uma tendência política mais próxima da direita liberal, diminuindo o espaço dado às publicações que saiam dessa linha ideológica. Outro grupo de editoras é o das que pertencem ao poder público, e mesmo entre elas é preciso encontrar pontos de diferenciação que ajudem a explicar como funcionam os jogos de poder e as instâncias decisórias, dentro de cada uma e em perspectiva comparada. Uma primeira tipologia poderia separar as editoras ligadas diretamente a órgãos do governo (do tipo Imprensa Oficial ou Editora do Ministério da Saúde, para ficar em casos brasileiros) daquelas ligadas a autarquias – por exemplo as universitárias, categoria mais ampla que pode abranger também as editoras mantidas por instituições privadas. O que se põe em questão, neste caso, é o modo como políticas públicas (ou, mais amplamente, o poder político na esfera governamental) se aproximam ou se distanciam das políticas editoriais, considerando inclusive a predominância de uma ou outra orientação político-ideológica nos livros que uma casa publica.

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Na França, onde os debates sobre tal processo assumiram e assumem um caráter de oposição entre cultura e dinheiro, a produção acadêmica sobre o tema está mais desenvolvida. Ver, por exemplo, Mollier (1988), Bourdieu (1999) e Sapiro (2009).


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Há, por fim, que se considerar todas as editoras cuja categoria não se enquadra na distinção privado/público, ou que mantêm relações diversas com tais esferas. Poderíamos mencionar, rapidamente, as casas editoriais mantidas por organizações não governamentais, partidos políticos (Fundação Perseu Abramo, do PT), fundações (FGV), sindicatos, órgãos do sistema S (SESC-SP, Senac) e agremiações ou ordens religiosas (FTD, Paulus, Paulinas, Vozes etc.). Poucos estudos sobre o livro brasileiro abrangem essa ampla gama de editoras, talvez porque nem sempre elas figurem como tal, dado que a produção editorial pode não constituir sua atividade-fim. No entanto, tais editoras nos parecem particularmente frutíferas para estudos de base comparada, porque sua subordinação, em maior ou menor grau, às mantenedoras pode conduzir a diferentes perfis ideológicos de linha editorial, bem como maior ou menor tendência à busca de lucro em detrimento de livros com baixo retorno financeiro6. Há o interesse, hoje, em analisar como as casas editoriais passam de um regime de propriedade – ou, numa visão mais ampla, como em certo nicho ou campo editorial nacional um regime predominante (por exemplo, o da empresa familiar) perde espaço para outro (o do capital transnacional). Como veremos adiante, a importância de se pôr tais processos em perspectiva comparada é que “a mutação profunda da estrutura do capital das empresas influencia fortemente sua política editorial” (Colleu, 2007, p. 19), na medida em que desloca os centros de decisão sobre tempos, ritmos e prioridades na formação do catálogo. Faltam, no Brasil, investigações que discutam tais mudanças, sempre em evidência na mídia, sob perspectiva crítica e contextualizada7. 2. Modelos de financiamento Outra pergunta fundamental diz respeito às estratégias que uma editora usa para cobrir seus custos fixos e variáveis e para continuar publicando seus livros, assegurando 6

A divisão das editoras entre privado, público e “terceiro setor” (noção que, aqui, é mais ampla do que a costumeiramente usada) encontra paralelo na tríada jornalismo comercial, comunicação pública (ou governamental) e imprensa alternativa. Contudo, a atividade jornalística possui características (econômicas e jurídicas, principalmente) que não nos permitem prosseguir sem precauções na analogia. Por outro lado, a realidade dos grandes conglomerados de mídia e entretenimento tende a trazer questões comuns para as duas áreas, uma vez que ambas estejam subordinadas às mesmas estruturas de poder. 7 Basta lembrar, como exemplo marcante, da recente compra de parte das ações da Companhia das Letras pela Penguin Group, que pertence à gigante multinacional Pearson. Outros casos paradigmáticos, no Brasil, são a compra da Ática e da Scipione, antes concorrentes diretas no mercado de livros didáticos, pelo Grupo Abril, e a recente abertura de capitais da Abril Educação, que além das duas editoras inclui sistemas de ensino, colégios e outras empresas recém-adquiridas; a formação do Grupo Record e do Grupo Ediouro, ambos no Rio de Janeiro, com a aquisição de diversas editoras e selos; e a aquisição das editoras Moderna, Objetiva e Salamandra pelo Grupo Santillana, presente em 22 países.


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certa continuidade e qualidade do projeto editorial. Esse fator está, é claro, ligado à estrutura de propriedade da editora, porque esta informa muito sobre a quantidade e a qualidade dos recursos colocados à disposição dos editores para produzir os títulos. Dada a relevância do capital privado, com fins lucrativos, na formação dos campos editoriais latino-americanos, é natural que o modelo predominante seja o de vendas, quer dizer, aquele em que a comercialização dos livros da editora é a principal fonte de recursos, parte dos quais pode ou não ser revertida em lucro8. No entanto, há muitas outras formas de financiar a atividade editorial, e em vários casos as fontes se misturam: uma editora pode contar com fontes diversas, a depender do tipo de livro, ou cada livro pode ser “pago” com uma combinação de recursos. Há que se considerar, por exemplo, o emprego do patrimônio pessoal do editor/publisher em sua atividade – método, na maior parte dos casos, imprescindível para que o empreendimento comece, e que algumas vezes segue sendo uma fonte importante de dinheiro. O editor acaba, desse modo, assumindo papel semelhante ao de um mecenas, mais interessado no capital simbólico que essa responsabilidade lhe confere do que nos possíveis retornos financeiros. Em outros casos, é o editor, e não o autor, quem precisa de mecenas. O apoio externo pode vir de muitas maneiras. O Estado é um desses incentivadores, e o faz por meio de editais de fomento via Minc (ou congêneres estaduais e municipais, como o Programa VAI, em São Paulo) e das agências de ciência e tecnologia (editoras como a Annablume publicam em especial livros parcialmente financiados pela Fapesp), entre outros órgãos9; de patrocínios de empresas, principalmente por meio de fundações (Odebrecht, Banco do Brasil e Petrobras são algumas das empresas que costumam financiar publicações). É comum que esses auxílios estejam diretamente vinculados a publicações específicas, mas há também casos em que a própria editora é mantida por uma ou várias instituições, mais interessadas em assegurar a sobrevivência do empreendimento do que em vincular sua marca a um ou outro livro específico. Emblemático, nesse sentido, é o exemplo norte-americano da New Press, narrado por seu criador, Schiffrin (2006, p. 159-172). 8

Outros destinos possíveis para o faturamento são o investimento em pessoal, maquinário e outros recursos produtivos; aquisição de mais unidades de negócio, fazendo a empresa crescer; destinação a outros negócios da empresa ou de seus proprietários; envio a obras assistenciais, no caso de editoras ligadas a entidades filantrópicas etc. 9 Seria inadequado incluir, nessa categoria, os editais de compra de livros didáticos pelo MEC: nesse caso, não existe financiamento prévio ou posterior da produção, e sim a aquisição de lotes com base nas demandas das escolas. Portanto, o modelo em questão é o de vendas, muito embora o governo atue quase como um comprador único.


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Há um terceiro grupo de editoras, aquelas mantidas num modelo a que poderíamos chamar de patronato. Esse grupo abrange projetos muitas vezes “deficitários”, mas que contam com uma destinação de orçamento de sua instituição guarda-chuva. Exemplo clássico é o das editoras pertencentes a universidades estaduais e federais: raramente elas sobrevivem de vender livros e, para continuar existindo, recebem verbas da própria universidade, interessada em manter uma editora como modo de divulgar a própria produção acadêmica ou como legítimo instrumento de classificação dos textos em circulação na sociedade10. Outro exemplo, bem menos comum, é o das editoras de perfil menos comercial pertencentes a grandes grupos: aqui, o que sustenta a editora são suas congêneres ou outras empresas do grupo, inclusive de outros setores de atividade produtiva. Por fim, o modelo de serviços inclui os casos em que a editora sobrevive fundamentalmente do dinheiro que recebe de certos clientes que não os compradores finais de seus livros. Dentro desse espectro, destacamos duas vertentes: a edição paga (quando o próprio autor, pessoa física ou jurídica, financia seu livro)11; e a edição terceirizada (quando a editora, além de publicar livros próprios, realiza serviços editoriais para outras empresas, com base em sua expertise). Neste último caso, é importante notar que esse tipo de trabalho é desvinculado da formação de um conjunto próprio: o resultado do trabalho é, na verdade, um portifólio de serviços prestados, que pode ou não contribuir para a acumulação de capital simbólico a ser transferido para o catálogo propriamente dito. 3. Formação de catálogo Os dois itens anteriores, conduzem, inevitavelmente, a questionar o modo como uma ou mais editoras reúnem autores e títulos ao longo do tempo, constituindo seu catálogo em oposição ao de suas concorrentes. O que torna este tópico singular é o envolvimento de aspectos mais subjetivos do processo, a demandar do pesquisador desenhos de pesquisa que contemplem o micro da atividade editorial. Portanto, a 10

Ainda um pouco distante das realidades brasileira e latino-americana, vale observar os relatos de Schiffrin (2006, p. 143 e ss.) e Waters (2006), sobre o “lucrativismo” e o “produtivismo” que as universidades norte-americanas aplicam a suas editoras, tal como a seus departamentos de ensino e pesquisa. 11 Aqui, o processo de seleção do original pode ser do tipo laissez-passer (tudo o que vier é publicado, sem ter necessariamente uma análise prévia) ou seletivo (embora conte com o dinheiro do autor, o projeto só é aceito quando se encaixa na linha editorial).


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estrutura do capital da editora e as origens do dinheiro que ela emprega para publicar seus livros são fatores essenciais, mas não exclusivos, para compreender quem escolhe os originais de uma editora e como esses textos são selecionados. Podemos desdobrar esse problema geral em dois aspectos. O primeiro deles, vinculado pelo menos indiretamente ao regime de propriedade, diz respeito aos agentes e práticas envolvidos na avaliação e seleção de originais. Esse processo decisório vai “do ‘decisor’ único, ao menos em aparência, das pequenas casas editoriais, até o verdadeiro campo de poderes diferenciados das grandes editoras” (Bourdieu, 1999, p. 3, trad. minha). Cabe perguntar, então, que peso têm o publisher, executivos, editores, pareceristas externos, conselho editorial, conselho administrativo, conselho de acionistas, gestores e equipes de marketing, vendas e finanças, patrocinadores... Isso sem contar outros agentes existentes em esferas extraoficiais, que só um desenho metodológico refinado consegue alcançar. O segundo problema, que é o do possível equilíbrio entre custos e despesas, relaciona-se com os modelos de financiamento da produção. Uma editora pode optar somente por publicar livros que não têm retorno financeiro garantido; neste caso, ela provavelmente necessitará de apoios econômicos exógenos. Outra possibilidade é que ela busque conciliar a edição de livros menos e mais comerciais, e neste caso as vendas que uns proporcionam financiam a produção de outros, levando idealmente a um equilíbrio entre os polos. Um terceiro caminho é o dos chamados “centros de lucro”, bastante comum nas grandes editoras e naquelas pertencentes a conglomerados, onde frequentemente se persegue a meta de que cada livro, por si próprio, seja lucrativo ou ao menos pague os próprios custos de produção. Essas escolhas, nem sempre – ou, talvez, quase nunca – de controle exclusivo do editor que responde pelo carimbo final de “imprima-se”, vão determinar se a editora prioriza títulos de ciclo curto (livros best-sellers, que vendem bastante no início mas logo desaparecem das prateleiras) ou busca formar um “fundo de catálogo” (conjunto de livros que não necessariamente vendem bastante, mas possuem interesse constante em razão de seu suposto valor intelectual, quer dizer, de sua possibilidade de tornarem-se clássicos). Isto é, para Colleu (2007, p. 19), o que distingue a edição dita tradicional daquela praticada nos grandes conglomerados: “para um editor de criação, é imprescindível assegurar a existência de seu catálogo durante um longo ciclo, para que as obras editadas possam se construir no tempo. As multinacionais não se preocupam


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com esse tipo de estado de espírito”12. Esse fator, portanto, ajuda a definir que posição uma editora ocupa dentro do campo editorial, perante outras que concorrem direta ou indiretamente com ela. Considerações finais A combinação de elementos de análise proposta neste artigo não exclui considerar outros fatores que pesem sobre a definição das politicas editoriais. O objetivo, aqui, foi apenas suscitar a reflexão sobre a validade de estudos comparados que levem em conta dimensões quali e quantitativas da produção editorial, metodologicamente aplicáveis por meio das três categorias supraexpostas. Estas, no entanto, devem servir menos como critérios objetivos de classificação e mais como dimensões inter-relacionadas de um projethos editorial13, de modo a não reduzir as trajetórias singulares dos editores e suas empresas às condições institucionais mais imediatas. Tal advertência nos parece essencial para evitar os exageros das duas tendências predominantes nos estudos de editoração hoje, no Brasil: de um lado, o biografismo quase sempre elegíaco, memorialístico, pouco preocupado em evidenciar as contradições dos sujeitos e dos processos históricos; de outro lado, o economicismo das pesquisas quantitativas de grande envergadura, nem sempre consistentes, que consideram tiragens, vendagens, faturamentos e marketshares perdendo de vista as singularidades que constituem o campo. Um estudo comparado que se pretenda multifatorial, mesmo quando um ou outro aspecto prevaleça no enfoque escolhido pelo pesquisador, tem mais condições de elucidar os processos sociais envolvidos sem reduzi-los ao contexto geo-histórico ou aos “gênios” individuais. O que se propõe é que regimes de propriedade, modelos de financiamento e formação de catálogo sejam considerados não isoladamente, mas em suas inter-relações. Afinal, como a compra de uma pequena editora por um conglomerado de mídia e entretenimento afeta os critérios de avaliação de originais para constituir seu catálogo? De que modo uma editora consegue manter ou alterar suas fontes de financiamento quando muda a constituição de seu conselho editorial ou quando ela perde um de seus 12

Para Bourdieu (apud Colleu, 2007, p. 54), o que diferencia os dois sistemas é a “aceitação do risco inerente aos investimentos culturais”. Do mesmo autor, ver também: Bourdieu (2006, p. 59-68). 13 Denominamos projethos a intersecção entre um projeto cultural/ideológico do editor, definido pelos critérios de avaliação e seleção de originais, e um ethos, quer dizer, uma imagem de si que emerge não só do próprio catálogo, seu cerne, mas também dos metadiscursos (missão, visão, valores, quem somos, logomarca, estande em eventos etc.) que a editora cria para legitimar-se.


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sócios? Questionamentos empíricos dessa natureza exigem olhar as editoras de longe e de perto, simultaneamente, o que não é simples. Afinal, como aponta Dirkx (1999), o universo editorial dificilmente se abre aos pesquisadores, preocupado que está em que a divulgação de dados intocados arrisque o capital simbólico acumulado a tanto custo. Nem as editoras isoladamente, nem suas entidades representativas (sindicatos, associações, câmaras de comércio etc.) estão sempre dispostas a abrir seus arquivos, documentos e depoimentos ao escrutínio da academia. Considerando que é também tarefa das Ciências da Comunicação olhar para o campo editorial sob esse enfoque comparativo, é preciso situar o livro (tal como os outros “meios de comunicação”) na interface entre uma institucionalidade e uma expressividade, interface sem a qual este campo do conhecimento resta sem objeto próprio. Do mesmo modo, é preciso precaver-se contra as abordagens que sistematicamente opõem campo intelectual e indústria cultural, dimensões que, juntas, constituem o campo editorial tal como o conhecemos hoje. Trata-se, enfim, de evitar os reducionismos que Os três tópicos desenvolvidos neste artigo são centrais para a definição do “editor independente”, nosso atual objeto de estudo. A pesquisa, ainda em fase inicial, buscará compreender como se formaram os movimentos de editores independentes no Brasil e na Argentina, tendo em vista o ingresso de conglomerados transnacionais, que hoje oligopolizam o setor editorial na América Latina. Colleu declara: Desejamos que um reequilíbrio se opere e que a diversidade editorial seja um reflexo da multiplicidade das culturas através de uma constelação de editores, pequenos, médios e grandes, independentes ou não, garantindo aos cidadãos a pluralidade de ideias, a diversidade dos discursos, a multiplicação dos suportes do saber. (2007, p. 50). Independência e diversidade são, portanto, palavras-chave para compreender essas novas iniciativas de cooperação entre as editoras. Resta discutir de que modo esses valores, constitutivos de um projethos reatualizado, são viáveis, se é que desejáveis, se é que possíveis. Comparar a edição em diferentes tempos, diferentes espaços e diferentes casas parece-nos, até aqui, um caminho frutífero (embora árduo) para promover essa discussão.


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Espacio cinematográfico latinoamericano: neofomentismo en un contexto de convergencia tecnológica Roque González Doctorando en Comunicación (Universidad Nacional de La Plata) – Argentina roquegonzalez@gmail.com GT6: Economía política de las comunicaciones RESUMEN

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Palabras clave: cine, políticas públicas, exhibición digital

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El Estado estuvo presente desde las primeras épocas del cine en su fomento y protección: desde las primeras décadas del siglo XX hasta la actualidad el cine sigue siendo la única industria cultural en el mundo que de manera constante recibe el apoyo y el fomento estatal, siendo Estados Unidos el caso paradigmático al contrario de lo que el sentido común sostiene: desde hace más de ochenta años este sector es beneficiado en el país del Norte con múltiples subsidios directos (desgravaciones y exenciones fiscales, pagos diferidos, amortizaciones aceleradas) e indirectos (incontables estrategias y recursos políticas y económicos que presionan a nivel mundial en favor de sus propias empresas), amén de la defensa siempre firme del sector que el gobierno norteamericano emprende en toda negociación internacional, tanto a nivel multilateral como bilateral; todos los gobiernos norteamericanos saben desde hace un siglo de la importancia estratégica del cine para vender el american way of life en pos del beneficio directo de su economía y consolidación de su “soft power” basado en la hegemonía cultural. Estas políticas estatales estadounidenses de apoyo al cine se centran en la circulación internacional de sus películas (especialmente, las comercializadas por las majors),a diferencia de las políticas directas de fomento existentes en gran parte de Europa o en América Latina, enfocadas en la producción. El apoyo estatal al cine en América Latina estuvo tempranamente presente en países como Brasil, México, Argentina, Chile y Perú. Los restantes países fueron incorporando algunas medidas de fomento durante el transcurso del siglo XX, como exenciones fiscales o subsidios para alguna etapa de la cadena cinematográfica de valor. Sin embargo, los únicos países que llegaron a constituir una industria cinematográfica fueron Argentina, México y Brasil aunque en ninguno de estos países llegó a consolidarse más allá de la década de 1970. En América Latina, el neoliberalismo ortodoxo imperante desde las décadas de 1970 y 1980 (dependiendo del país) dio paso, a lo largo del decenio 2000-2010, a un renovado impulso de políticas públicas heterodoxas destinadas al estímulo del mercado interno, tanto a nivel general, como el ámbito del cine, en particular. Un nuevo “neofomentismo” tuvo lugar al interior de los distintos Estados latinoamericanos a lo largo de esta década, en contra de lo sucedido durante la década de 1990, cuando los cines

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latinoamericanos (en especial, Argentina, Brasil y México) sufrieron golpes casi mortales. En Argentina a partir de la sanción de una renovada ley de cine en 1994 se produjo una inmediata recuperación de la actividad, alcanzando en pocos años la misma cantidad de largometrajes producidos que en los mejores años, recuperando asimismo al público los porcentajes de espectadores de cine nacional crecieron sostenidamente,

abriendo

nuevas

salas,

naciendo

nuevas

productoras

y

dinamizando al sector aunque, a lo largo de la década de 2000, el mercado entró en una meseta. También son de destacar otros impulsos al fomento cinematográfico durante la última década como la autarquía del Incaa, la cuota de pantalla y los subsidios a contenidos televisivos especialmente, a partir de la nueva Ley de Medios, promulgada en 2009 y puesta en marcha lentamente a partir de 2010. En Brasil se dio un proceso similar desde 2001 con la constitución de la Agencia Nacional do Cinema (Ancine) y de distintas normativas de fomento al cine basadas en exenciones fiscales que comenzaron a potenciarse, sobre todo, a partir del gobierno de Inácio Lula Da Silva, en 2003 se destaca el Fundo Setorial (fondo manejado por el Estado, que busca ir más allá de la mera exención fiscal como política de fomento), aprobado en 2006 y puesto en funcionamiento desde 2009. Por su parte, México nunca pudo recuperarse de la mala negociación que, con respecto al sector cinematográfico, se realizó cuando se pactó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte: las medidas de protección y fomento al cine se redujeron al máximo, la producción y el público de los filmes nacionales bajaron a mínimos históricos, así como también el número de salas; sin embargo, durante la primera década del siglo XXI la situación se fue revirtiendo en términos muy auspiciosos, tanto a nivel de mercado como de fomento estatal y de recuperación del cine nacional, con normativas como el Fidecine, el Foprocine y el Eficine –conocido coloquialmente como el “artículo 226” (en donde el fomento se basa en la exención fiscal). A su vez, durante la primera década del siglo XXI en toda América Latina fueron sancionándose legislaciones nacionales dedicadas al cine, como en Chile, en Colombia, en Venezuela, en Ecuador, en Panamá, en Uruguay y en Nicaragua. Con 4


excepción de Paraguay y las Guayanas, todos los países de América del Sur y México1 poseen legislación nacional de fomento a la cinematografía2 y órgano rector de la actividad. Comercialización Las políticas públicas de cinematografía en América Latina están enfocadas en la producción fílmica. Ello es un paso vital para la existencia de los distintos cines nacionales. Sin embargo, estas políticas están enfocadas en la producción fílmica. Dos eslabones estratégicos en la cadena de valor, como la distribución y la exhibición, se encuentran mayormente descuidados en la normativa regulatoria y de fomento de los Estados latinoamericanos —así como ocurre también en otras regiones del mundo, como la Unión Europea (a pesar de sus abultados fondos de ayuda, destinados mayormente a la producción cinematográfica). Entre 2000 y 2010 se vendieron en América Latina más de 3900 millones de tickets cinematográficos, creciendo un 88% entre 2000 y 2010. Sin embargo, la variación en la cantidad de espectadores que tuvieron durante la década los tres mercados más grandes de América Latina —México, Brasil y Argentina (quienes representan el 80% de la región)— no ha sido homogénea: mientras Argentina vendió entre 31 y 36 millones de entradas —salvo algún año excepcional, como el 2004, cuando esa cantidad llegó a los 42 millones—, Brasil contó entre 72 y 90 millones exceptuando los años de 2003 y 2004 (los mejores de la “retomada”); desde 2009, año en que se rompió la barrera de los 100 millones de espectadores, la convocatoria de las salas brasileñas viene creciendo. México, durante el primer lustro del siglo XXI, tuvo alrededor de 135 millones de tickets vendidos, y en el segundo, 170 en promedio. En síntesis: mientras que México en 2011 se vendieron el 128% más de entradas que en 2000, en Brasil, durante ese mismo lapso de tiempo, concurrieron un 97% más de

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En el caso de los países centroamericanos y caribeños, el fomento al cine es más endeble (exceptuando el caso cubano), basado principalmente en exenciones fiscales o en incentivos para la utilización de los escenarios naturales locales como escenarios para rodajes de producciones extranjeras. 2 En algunos países, como Perú, Bolivia y Venezuela, existen debates al interior del sector para reformular sus respectivas leyes de cine.

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espectadores, al tiempo que en Argentina no varió mucho la cantidad de entradas vendidas durante la década (alrededor del 20%)3. Otros casos que se destacan son los de Perú y de Venezuela, con crecimientos del 161% y del 108%, respectivamente, en la cantidad de entradas de cine vendidas a lo largo de la década del 2000. En Chile y en Colombia dicho crecimiento fue de alrededor del 55%, mientras que en Uruguay, al igual que en la Argentina, la variación en la cantidad de entradas vendidas durante la década del 2000 fue menor (González, 2011, p. 107). Cuadro 1: América Latina* – Cantidad total de espectadores (2000-2010)

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0

* Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Incaa, Ancine, Imcine, CNAC, CNCA, Ina-Icau, Dirección de Cinematografía (Colombia), Conacine (Bolivia), Conacine (Perú), Getino (2005), Stolovich (2004), Guzmán Cárdenas (2005), Rey (2005), ProImágenes, Canacine, Deisica, Nielsen-Rentrak, Ultracine, Cinedística, Filme-B, Otros Cines, medios periodísticos.

Sin embargo, estos números están lejos de las épocas de esplendor de concurrencia al cine —mediados del siglo XX hasta comienzos de la década de 1980—, cuando en América latina sus habitantes asistían a las salas, en promedio, entre 2 y 5 veces por 3

Elaboración propia en base a datos de Imcine, Ancine, Incaa, Filme-B, Rentrak y Ultracine.

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año. Desde hace casi tres décadas, las estadísticas muestran que los latinoamericanos concurren al cine menos de una vez al año. Durante el último decenio, la excepción fue México. Sin embargo, a pesar de que la nación azteca tiene el quinto parque exhibidor más grande del mundo, sus habitantes concurren al cine, en promedio, 1,42 veces al año. Durante la década del 2000 se consolidó la concentración elitista del mercado cinematográfico, que prepondera las ciudades y las zonas más ricas, a la vez que a las clases más pudientes, para consolidar el incremento sostenido en las taquillas con menos diversidad en las pantallas y de espaldas a las masas que sustentan la base de la pirámide social. En efecto: entre las décadas del setenta y del noventa cerraron casi la mitad de las salas de cine que había en América Latina. La mayoría de ellas se encontraba en los interiores de los países, que es donde históricamente siempre se vio más cine nacional. Actualmente, existen en la región entre 5 y 20 salas de cine 40 en el caso de México— por cada millón de habitantes –tres veces menos que hace tres décadas (González, 2011, p. 162). En efecto, si se mide el porcentaje de municipios (o ayuntamientos) que poseen salas de cine, se aprecia que tan sólo entre el 1% y el 8% de las unidades municipales de los distintos países latinoamericanos cuentan con alguna sala de cine. Vaya el ejemplo de los tres principales mercados cinematográficos de la región: mientras que en México y en Brasil tan sólo el 8% de los municipios tienen sala de cine, en Argentina ese porcentaje se reduce al 3%4. De esta manera, el incremento del 65% promedio que el parque exhibidor regional mostró en la década del 2000 (González, 2011, p. 162) —empujado por México, Brasil y Colombia (en el resto de los países, la cantidad de salas casi no ha variado)— hay que ubicarlo en el contexto de una alta concentración geográfica y clasista y del alto costo de las entradas, que representan –considerando una sola salida familiar al cine— alrededor del 10% del ingreso mensual medio latinoamericano.

4

Elaboración propia en base a datos del Imcine, Ancine, Incaa, Filme-B, Ultracine y carteleras cinematográficas publicadas en medios periodísticos.

7


Producción Durante la última década, la producción cinematográfica en varios países de la región ha alcanzado picos históricos. El fomento estatal a la producción cinematográfica existente en casi toda América Latina —con excepción de Paraguay y de casi toda América Central—, a través de distintas variantes (subsidios, incentivos fiscales, créditos blandos, premios, entre otros) e intensidad, ha permitido el aumento en la producción de películas como nunca antes en la región; inclusive en países como Argentina y Brasil el número de filmes realizados supera valores que se habían conseguido décadas atrás, en las épocas de oro de sus cinematografías.

Gráfico 1: América Latina* – Cantidad total de largometrajes producidos (2000-2009)

1 0,9 0,8 0,7 0,6 0,5 0,4 0,3 0,2 0,1 0 0

0

0

0

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0

0

0

* Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Fuente: Elaboración propia en base a datos del Incaa, Ancine, Imcine, Ina-Icau, CNAC, CNCA, Conacine (Perú), Conacine (Bolivia), ProImágenes, FNCL, Deisica, Nielsen-Rentrak, Ultracine, Cinedística, Filme-B, IMDB, Box Office Mojo, Cinencuentro, Cinestrenos, Cines Argentinos, Cine Nacional, Cines Paraguay, Bolivia Cine, Cine Chile, Onoff, Blogacine, Canacine, Asoprod, Getino (2005), medios periodísticos.

8


En la primera década del siglo XXI, en América Latina se produjeron 2500 largometrajes, con un crecimiento que se fue dando a lo largo del decenio hasta llegar al fin del mismo con un promedio, entre 2006 y 2011, de 350 producciones anuales, mucho más que los 230 filmes que, en promedio, se producían por año en la década del ochenta y las 91 películas promedio que veían la luz cada año en la neoliberal década del noventa (González, 2011, p. 93). Con estos números de producción, países como Argentina y Brasil volvieron a picos históricos más de 100 producciones anuales—, solamente registrados durante las épocas de oro de sus cinematografías, décadas atrás. México también vio incrementar sustancialmente el número de sus realizaciones cinematográficas durante el decenio pasado, pero no llega a equiparar la prolífica producción fílmica que tenía en sus mejores años. Los demás países de la región también vieron subir la cantidad de películas realizadas, aunque con cifras más modestas. La coproducción internacional se convirtió, en las últimas décadas, en una estrategia para hacer frente a obstáculos como el difícil financiamiento y las dificultades para que los filmes circulen más allá de las fronteras nacionales. Para varios países de la región la coproducción fue fundamental para revitalizar y fortalecer su sector cinematográfico, como en los casos de Cuba, Bolivia y Uruguay. En este contexto se instalan iniciativas intergubernamentales como el Programa Ibermedia —dependiente de la Conferencia de Autoridades Cinematográficas de Iberoamérica (Caci)— que tiene un rol fundamental en la producción cinematográfica iberoamericana desde hace más de una década. Sin embargo, la mayoría de los recursos de Ibermedia se destinan a la coproducción. La diferencia con el resto de áreas del programa (distribución, el desarrollo de proyectos y la formación) es bastante significativa. A su vez, Argentina, Brasil, México, Chile y España son los países con más proyectos apoyados –es decir, los países con mayores recursos—, mientras que un porcentaje importante de los recursos se destina a proyectos que no se concretan y menos del 30% de los filmes resultantes de este programa se estrenan allende las fronteras de su(s) país(es) productor(es) (González, 2011, p. 101).

9


Amén de la aparición de nuevas tecnologías audiovisuales que permitieron filmar con mayor facilidad y a menor costo, la acción del fomento estatal se vio reflejada en la cantidad de largometrajes producidos. Sin embargo, ello no termina de configurar una “industria” —inclusive en países como Argentina, México y Brasil, que supieron tener una industria de cine—, sino un ecosistema fragmentado en el que conviven algunas pocas

empresas

profesionales

con

innumerables

microemprendimientos

sin

sustentabilidad, atomizados e inconexos, con el peso puesto —tanto desde el sector público como en el privado— en la producción mas no en la comercialización y exhibición de los filmes nacionales. Esta situación se repite en los restantes países de la región, en distinta escala. En efecto, en América Latina —tanto en los países de mayor como en los de menor desarrollo relativo— son pocas las productoras fuertes, con solvencia para producir regularmente y con conocimientos sólidos sobre el mercado, los mecanismos de financiamiento, coproducción y comercialización. En cambio, predominan infinidad de pequeños emprendimientos proto profesionales con bajo nivel de sustentabilidad que realizan con mucho esfuerzo alguna producción para después desaparecer del mapa, o sobrevivir por poco tiempo. Amén de los centenares de personas en los interiores de los países que, devenidas en cineastas/videastas/audiovisualistas, “filman” historias de manera amateur, casi casera, en sus barrios, en sus pueblos, con pequeñas cámaras hogareñas, editando en modestas computadoras, generando películas informales que, colgadas en internet y vendidas en la vía pública, son vistas por miles de personas desde hace varios años al margen de los institutos nacionales del país, de su elite cinematográfica y de su intelectualidad—; este fenómeno se da de manera importante en países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Perú –aunque en este último caso, la producción del interior está un poco más profesionalizada y tiene cierto reconocimiento del Conacine, la agencia nacional de cine. A pesar de que hubo una mayor producción y crecieron algunos indicadores en los mercados cinematográficos, se dio un creciente proceso de concentración de la propiedad en todos los eslabones de la cadena productiva cinematográfica (producción, distribución, comercialización y exhibición): unas pocas películas acaparan la mayor parte del mercado, sobre todo, en lo que hace al cine nacional, las cuales son

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estrenadas casi exclusivamente en las ciudades capitales y son producidas por pocas productoras ya consolidadas a pesar de ciertos booms mediáticos-festivaleros de los “nuevos cines” (argentino, brasileño, colombiano o chileno); la mayoría de las producciones latinoamericanas —impulsadas no sólo por el apoyo estatal sino por el constante abaratamiento y manipulabilidad de los equipos de realización— son de manufactura cuasi artesanal, ajena en su gran mayoría a la exhibición cinematográfica. A su vez, los filmes nacionales no logran amortizarse en los distintos mercados internos nacionales muy pequeños (con excepción de México y Brasil), tienen grandes dificultades de comercialización en un marco de concentración oligopólica, ya sea por parte de las majors, o de grandes empresas nacionales que mantienen relaciones con sus pares hollywoodenses, y poseen nula circulación intra-regional e internacional, siendo escasísimos los estrenos regionales no nacionales que llegan a las pantallas y mucho menor es la convocatoria de esas películas. El “neofomentismo” —a nivel de las políticas públicas cinematográficas— es una reparación al neoliberalismo más ortodoxo, pero está lejos del “fomentismo” participación

activa del Estado en la producción, distribución y exhibición

cinematográfica entre las décadas de 1940 y 1970— de las épocas doradas de los cines latinoamericanos (especialmente, mexicano, argentino y brasileño). En efecto, el “neofomentismo” cinematográfico en América Latina continúa situándose en la onda larga neoliberal —aunque en una vertiente más heterodoxa. Se caracteriza por abastecer de ayudas varias, directas e indirectas, del Estado, sumisas a los grandes actores privados (majors hollywoodenses y principales agentes locales), generando un aumento en la producción local, pero sin lograr una mínima incidencia en la distribución y exhibición, sin lograr una considerable mejora en la aceptación del público para con las películas nacionales, sin lograr reconstruir una “industria” (son mayoría las productoras “artesanales” que se crean sólo para realizar un filme), y con nula incidencia en la inexistente circulación de filmes latinoamericanos no nacionales, a pesar del florecimiento de espacios regionales de autoridades de cine, tales como la mencionada Conferencia de Autoridades Cinematográficas de Iberoamérica (Caci), y

11


sus programas Ibermedia y DocTV, la Reunión Especializada de Autoridades Cinematográficas y Audiovisuales del Mercosur (Recam) y foros regionales menores. Digitalización Este es el contexto en el que se da una histórica convergencia digital audiovisual que está cambiando radicalmente a la industria del cine, siendo la década 2000-2010 el período en donde este proceso se ha fortalecido: luego de cien años, el celuloide está siendo desplazado en las salas por el formato digital y, a partir del lobby de Hollywood, por su padrón de facto: el DLP-DCI. Por otro lado, luego de veinte años de predominio del video como ventana principal de amortización de las majors dentro de Estados Unidos, desde mediados de la década de 2000 este formato bajó sostenidamente

su

participación

a

manos

de

internet

y

su

consumo

predominantemente gratuito, ubicuo y en red sin que ello produzca una monetización significativa para los grandes estudios hollywoodenses. A su vez, la asistencia a las salas de cine bajó progresivamente en Estados Unidos y se mantuvo, en promedio, estable en América Latina. En este contexto, las majors han fortalecido distintas estrategias de integración vertical y horizontal de las distintas industrias audiovisuales, y han conformado distintos consorcios por ejemplo, el Digital Cinema Initiative (DCI) sobre cine digital, o el Digital Entertainment Content Ecosystem sobre contenidos audiovisuales en la “nube” de internet para pensar en conjunto distintas estrategias a largo plazo, buscando preservar e incrementar la participación oligopólica y cartelizada que vienen teniendo en la gran mayoría de los mercados cinematográficos mundiales, especialmente, desde la década de 19805 con el claro apoyo del gobierno norteamericano6 —aunque la construcción y ejecución de la presencia predominante hollywoodense a nivel mundial puede rastrearse hasta la década de 1910. En América Latina la digitalización también trajo aparejados cambios radicales en los distintos eslabones de su cadena de valor, básicamente, desde la década de 1990, 5

Sin embargo, la construcción y ejecución de la presencia predominante hollywoodense a nivel mundial puede rastrearse hasta la década de 1910. 6 Obama, en el plan de recuperación económica que lanzó apenas asumió su mandato (la Recovery Act), incluyó el apoyo a la digitalización de las salas de cine.

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primeramente en la producción y la posproducción, y más tardíamente (hacia 2008), en la distribución y en la exhibición. En efecto, desde 2008 se dio en América Latina, como en casi todo el mundo, la explosión de las salas digitales con proyección estereoscópica —popularmente conocida como “3D”—, que en un pocos años –especialmente, a partir de 2010— pasaron a representar entre el 30% y el 40% de los ingresos globales. Desde 2007 hasta 2011 el número de salas digitales de alta gama en América Latina pasó de 19 a casi 2500, casi el 13.000% de aumento, uno de los porcentajes de crecimiento más altos del mundo. Gráfico 2: América Latina – Salas digitales 2K/3D (2007-2011)

1 0,9 0,8 0,7 0,6 0,5 0,4 0,3 0,2 0,1

0

0

0

0

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0

Fuente: Elaboración propia en base a datos de DCinema Today, Media Salles, Real D, Dolby, X-Pand, Cines Argentinos, Imcine, Filme-B, Ultracine, cadenas de cine, medios periodísticos.

Actualmente, el 22% de los cines de la región son en promedio salas digitales. A diferencia de otras regiones, casi la totalidad de las salas digitales latinoamericanas están preparadas para exhibir en 3D en Estados Unidos, Europa Occidental o Japón, alrededor de un cuarto de las salas digitales exhiben digitalmente filmes que no son 3D.

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A nivel general, todos los complejos de las principales compañías exhibidoras poseen al menos una sala digital en México, cerca del 20% de los multiplex que proyectan digitalmente poseen dos y hasta tres proyectores digitales, cifra inusual en la región. Sin embargo, en América latina las salas digitales se encuentran altamente concentradas, a nivel regional casi el 70% de las salas digitales latinoamericanas se hallan en México (49%) y en Brasil (20%)7 y a nivel nacional: las salas digitales se sitúan mayormente en las ciudades y en los barrios de mayor renta al igual que la mayoría de los cines con proyección en 35 milímetros—, exhibiendo los filmes más taquilleros con una entrada, en promedio, 30% más cara. Esto explica el incremento en las recaudaciones que experimentaron todos los mercados desde 2009: alrededor del 10% de los lanzamientos de las principales distribuidoras son en 3D filmes hollywoodenses en tercera dimensión dirigidos al público infanto-juvenil—, los que representan alrededor del 40% de los ingresos del mercado de cine en América Latina8. Vale notar que al hablar de “salas digitales” no se está hablando de los proyectores digitales con los que cuentan varias salas, sobre todo, las que proyectan cine arte. La resolución de estos proyectores, si bien es alta, es sumamente inferior a los 2K requeridos9 para exhibir los filmes 3D aunque también son mucho más baratos: alrededor de 20 mil dólares. Esta diferenciación se debe a la norma DCI impuesta por las majors a partir de 2006: si la sala no cuenta con estos requerimientos, las compañías no les facilitan las películas para exhibir –especialmente, los blockbusters que todo exhibidor requiere para hacer rentable su negocio. Sin embargo, las promesas que flotan en torno al cine digital sobre democratización, abaratamiento de costos y mayor diversidad, entre otras, están quedando en la teoría: si bien el cine digital reduce considerablemente los costos por copias –cada copia en 35 milímetros cuesta entre 1500 y 2000 dólares—, la instalación de estas salas digitales –que engloban proyector, periféricos, sistema operativo, equipamiento para 7

Elaboración propia en base a datos de en base a datos de DCinema Today, Media Salles, Real D, Dolby, X-Pand, Cines Argentinos, Imcine, Filme-B, Ultracine, cadenas de cine, medios periodísticos. 8 Elaboración propia en base a datos del Incaa, Imcine, Ancine, Canacine, Ultracine, Filme-B y Rentrak. 9 “K” equivale, en este caso, a 2 elevado a 10 (sistema binario), es decir, 1024 píxeles de resolución. Se denominan 2K y 4K a imágenes de 2048 x 1080 píxeles y 4096 x 2160 píxeles, respectivamente, destinadas a proyectores y archivos de cine digital.

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exhibir en tercera dimensión y en algunos casos, hasta una pantalla distinta— ronda en América Latina los 200 mil dólares cada una –casi el doble que en el “Primer Mundo”. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el equipamiento de estas salas digitales debe seguir estrictamente la norma DCI, impuesta por las majors desde 2006, cuyo centro pasa por los proyectores y el equipamiento conexo por los que hay que oblar dos centenas de miles de dólares. Vale insistir que estos proyectores no son los mismos que se encuentran generalmente en las salas de cine arte –cuyo costo ronda los 20 mil dólares. En la jerga técnica (estándares ISO) a esta proyección en alta definición –pero menor a la de la norma DCI— se la denomina e-cinema (cine electrónico) y no “cine digital”. Así, si un exhibidor no equipa su sala con el equipamiento de 200 mil dólares, las majors le niegan los grandes blockbusters en 3D o

los estrenos en digital 2D10, si es que éstos comienzan a realizarse masivamente

en la región. De esta manera, todo parece indicar que a nivel mundial este tipo de salas está destinada a las grandes exhibidoras, nacionales e internacionales. En América Latina ningún Estado está fomentando y ayudando específicamente a la digitalización de sus cines –sea con beneficios fiscales, exenciones impositivas u otros mecanismos—, salvo algunas políticas que se están adoptando en Brasil desde 2010 principalmente, a través del programa gubernamental “Cinema perto de voçé” y de la exención de algunos impuestos a los proyectores e infraestructura para equipar salas digitales de alta gama. El cine latinoamericano en tiempos de convergencia Las distintas agencias nacionales de cine latinoamericanas casi no han variado sus políticas de fomento, en extremo volcadas a la producción, pero con casi nula participación en los sectores de la distribución, la exhibición y la comercialización factores fundamentales en la industria del cine, o en lo referido a las nuevas tecnologías. Las políticas públicas latinoamericanas de cine son casi las mismas que las de hace medio siglo, cuando la industria del cine era otra. 10

Por “digital 2D” entendemos a la exhibición digital según la norma DCI de Hollywood, pero sin efecto tridimensional.

15


La presencia de los filmes nacionales y latinoamericanos en las pantallas es ínfima: 5% promedio para las

películas

nacionales

latinoamericanos (González, 2011, p. 122)

y 0,5% promedio para los en

filmes

este último caso, vistos casi

exclusivamente por pocos miles de espectadores de buen nivel económico y educativo (es decir, una reducida minoría dentro de la población de la región). Sin embargo, en la televisión de América Latina los contenidos locales son mayoría, en un medio en que el habitante latinoamericano mira entre tres y cuatro horas diarias, a diferencia de la hora y media que, en promedio, dedica cada dos años para ver una película en el cine, o de los 16 años que —según marca el promedio— transcurren para que elija ver una película nacional en las salas... No obstante, la presencia del cine latinoamericano en la televisión es prácticamente nula aunque las películas son uno de los principales géneros exhibidos en la pantalla chica (tanto gratuita como paga, así como en el mercado cada vez más reducido del video hogareño), aunque casi en su totalidad, originarios de Hollywood. La presencia de la televisión en el cine latinoamericano también es ínfima, a diferencia de Europa, en donde los canales poseen un lugar importante en la producción fílmica11. Sin embargo, en la última década, en la Argentina y en Brasil parece que esta situación muestra signos de cambio: las diez películas más vistas de la década en ambos países estuvieron producidas o coproducidas por los principales canales de televisión del país –o productoras de su órbita directa—: Telefé y Artear en Argentina, y Globo, en Brasil. Algo similar sucedió en México con Televisa y su productora Televicine en las décadas del ochenta y del noventa. En países como Chile y Colombia la participación de las televisiones públicas tiene cierta relevancia en la producción audiovisual. Los cambios tecnológicos están transformando radicalmente a la televisión –en su producción, distribución, emisión, consumo y comercialización. La digitalización de los contenidos, junto con internet, están generando una neo televisión más interactiva, con contenidos disponibles en cualquier momento, móvil y multiplataforma, originando nuevos tipos de audiencia, de consumos de cine, de televisión y de productos audiovisuales. Y de prácticas.

11

En Argentina y Brasil busca remediarse esta situación, a partir de la sanción de sendas nuevas leyes referidas a las telecomunicaciones, aunque hasta el momento (febrero de 2012) la situación ha cambiado poco.

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Es sumamente fácil y accesible disponer de una película de manera digital –ya sea a través de internet o mediante la copia en DVD (que desde hace varios años se consigue mayormente de manera autónoma, sin la intermediación del videoclub, sector que en América latina se redujo a la tercera parte, en promedio, durante la década del 2000) (González, 2011, p. 150). Por ello, existe una creciente presión por parte del público a nivel mundial para que los estrenos que se anuncian en las salas de cine estén rápidamente disponibles tanto en televisión —en sus distintas variantes— como en homevideo y, especialmente, en internet. En América Latina, se suma el hecho de que las entradas de cine “baratas” a nivel del seudo “Primer mundo” son caras para los paupérrimos salarios promedio de la población una salida familiar al cine puede representar el 10% del salario mensual. En este contexto, se está produciendo un achicamiento en el tiempo transcurrido entre las distintas ventanas al momento de estrenar un filme y un progresiva entrada de las grandes multinacionales en el proto mercado del alquiler digital de filmes, programas televisivos y productos audiovisuales varios mediante visionado, consumo segmentado y tarifas planas a través de los sistemas de televisión paga y de los servicios de abono de internet, tales como Telefónica y Terra comenzaron a hacerlo hacia finales de la década de 2000, sin olvidar el desembarco latinoamericano de la empresa norteamericana Netflix durante el segundo semestre de 2011, o distintos intentos iberoamericanos que buscan crear nichos de mercado a través del visionado online pago (“legal”) como Mubi, Lovefilm, Wuaki, Filmin, Filmotech, entre otros. Sin embargo, ninguno ha logrado mayor trascendencia. Mención aparte merece la denominada “piratería”, una práctica social por la que buena parte de las clases populares latinoamericanas acceden a un consumo importante de bienes culturales que de otra manera no podrían alcanzar —praxis que tanto el Estado, el sector privado, los medios de comunicación hegemónicos y los tecnócratas demonizan sin medias tintas, despreciando los procesos sociales que se tejen alrededor de ella (salvo en muy contadas excepciones, como en el caso del ex ministro de Cultura brasileño, Gilberto Gil). En nuestro subcontinente existe desde hace tiempo una extendida red de comercialización informal y consumo “pirata” de material audiovisual en distintos

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formatos de acuerdo a las posibilidades del consumidor (VCD, DVD o mp4), debido al abaratamiento y consecuente difusión de dispositivos de almacenamiento de gran capacidad y pequeño tamaño capaces de transportar fácilmente, por ejemplo, películas, series y canciones y a la proliferación de buenas páginas de internet para acceder a un enorme catálogo de material audiovisual, ya sea a través de sitios p2p (punto a punto) o de streaming siendo la página Cuevana el caso emblemático en la región (una página web creada por tres estudiantes veintañeros de la provincia argentina de San Juan, alimentada por usuarios y programadores voluntarios). Desde hace muchos años se vienen realizando periódicamente llamadas a plantear unas políticas integrales del audiovisual, que engloben al cine, a la televisión y a las nuevas tecnologías audiovisuales. Existen casos aislados, muy voluntariosos, loables y esforzados, impulsados en ocasiones por profesionales probos y bien intencionados, como el mencionado Programa Ibermedia, DocTV Iberoamérica, TAL TV o de la fallida Reunión Especializada de Autoridades Cinematográficas y Audiovisuales del Mercosur (Recam)12, amén de distintos foros y encuentros que se crean y se esparcen por toda América

Latina

convocados

por

productores,

realizadores,

documentalistas,

exhibidores, funcionarios y distintos agentes del sector. Sin embargo, nada concreto ha salido de ello —excepto algunas medidas en pos de la cooperación cinematográfica13 (siendo Ibermedia la que mayores logros ha conseguido) y de la televisión educativa y documental (sin mayor repercusión en la industria ni en las audiencias). La era digital permite convertir al audiovisual —al menos, teóricamente— en un servicio público, desdibujando los límites entre el cine, la televisión, la radio, internet y los dispositivos móviles, pudiéndose conformar en una vía de acceso al servicio universal, inclusivo y generador de ciudadanía. Eso, si los actores relevantes (Estado, sociedad civil, empresariado, tercer sector) enfocan la mirada y la acción en el bien común y no 12

Si bien la Recam firmó en 2009 un acuerdo con la Unión Europea por 1,5 millón de euros, la burocracia del instituto nacional de cine de Argentina (Incaa) puesta a administrar la gestión, hizo que la implementación comenzará a transitarse en 2011 –cuando, según el convenio, para 2010 los objetivos debían estar cumplidos (conformación de una pequeña red de salas digitales, estudios regionales y fortalecimiento del Observatorio del Mercosur Audiovisual, ítem que figuraba en primer lugar en el convenio, pero que fue el primero en darse de baja). 13 Un claro ejemplo en este sentido es el caso del área francófona, con un foro institucionalizado de televisoras de distintos países de habla francesa, existente desde hace años.

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en las ganancias sectoriales y personales, construyendo marcos y ambientes nuevos y propicios para potenciar nuevas dinámicas en materia de educación, comunicación y cultura. Existe una masa crítica de público que podría encontrarse con su cine, con películas del subcontinente que lo acerquen a realidades comunes y al conocimiento mutuo, al revés de lo que hicieron los textos escolares de finales del siglo XIX y comienzos del XX, en donde el país vecino era considerado sospecho y potencial enemigo14. Construir el imaginario fraterno y la identidad compartida puede ser un objetivo a cuya construcción el cine, aunado inteligentemente con la televisión e internet, puede aportar. Bibliografía Buquet, Gustavo (2005). El poder de Hollywood. Un análisis económico del mercado audiovisual en Europa y Estados Unidos. Madrid: Fundación Autor. Getino, Octavio (2005). Cine iberoamericano: los desafíos del nuevo siglo. San José de Costa Rica: Editorial Veritas. González, Roque (2011) “Cine latinoamericano: entre la pantalla de plata y las pantallas digitales (2000-2009)” en Octavio Getino (coordinador), Producción y comercialización en América Latina (2000-2009) (pp. 59-180). La Habana: Consejo Nacional Autónomo de Cinematografía de Venezuela-Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. (2009) Cine latinoamericano y nuevas tecnologías. La Habana: Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Guzmán Cárdenas, Carlos (2004). La industria cinematográfica y su consumo en los países de Iberoamérica. Caracas: Innovarium-Caci.

14

Luis Alberto Romero, La Argentina en la escuela. La idea de nación en los textos escolares, Siglo XXI, Buenos Aires, 2004.

19


Rey, Germán (2005). "Tendencias y perspectivas del mercado audiovisual de tres países de América Latina". Informe para Unesco, mimeo (octubre de 2005). Sánchez Ruiz, Enrique (2005). “El empequeñecido cine latinoamericano y la integración audiovisual ¿panamericana?; ¿fatalidad de mercado o alternativa política?”. En: Bolaño, César, Guillermo Mastrini y Francisco Sierra (eds.) Economía política, comunicación y conocimiento. Una perspectiva latinoamericana. Buenos Aires: Ediciones La Crujía. Stolovich, Luis, Sylvia Barreiro y Valeria Stolovich (2004). La industria audiovisual uruguaya. ¿Realidad o ficción?. Montevideo: Ediciones Ideas. Entidades, asociaciones y organismos Agencia Nacional de Cine de Brasil (Ancine) Asociación Argentina de Televisión por Cable Asociación de Productores y Realizadores de Cine y Video de Uruguay (Asoprod) Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y Videográfica de México (Canacine) Centro Nacional Autónomo de Cinematografía de Venezuela (CNAC) Comisión Nacional de Televisión de Colombia (CNTV) Conferencia de Autoridades Cinematográficas de Iberoamérica (Caci) Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile (CNCA) Consejo Nacional de Cinematografía de Ecuador (CNCine) Consejo Nacional de Cinematografía de Perú (Conacine) Consejo Nacional de Televisión de Chile (CNTV) Consejo Nacional del Cine de Bolivia (Conacine) Dirección de Cinematografía, Ministerio de Cultura de Colombia Instituto del Cine y el Audiovisual Uruguayo (Icau) Instituto Mexicano del Cine de México (Imcine) Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina (Incaa). Instituto Nacional del Audiovisual del Uruguay (INA) Motion Picture Associacion of America (MPAA) Observatorio del Cine y el Audiovisual Latinoamericano (OCAL-FNCL) Observatorio Europeo del Audiovisual Organización Mundial del Comercio Reunión Especializada de Autoridades Cinematográficas y Audiovisuales del Mercosur (Recam) Unión Argentina de Videoeditores (UAV) União Brasileira de Video (UBV)

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Portales y blogs especializados Blogacine Bolivia Cine Cena Cine Cines Argentinos Cines Paraguay Cinencuentro Corre Cรกmara Cultura e mercado Media Salles Onoff Consultoras y bases de datos Box Office Mojo Chile Cine Cine Nacional Cinestrenos Departamento de Estudios e Investigaciรณn del Sindicato de la Industria Cinematogrรกfica Argentina (Deisica) Filme-B Internet Movie Data Base (IMDB) Proimรกgenes Rentrak Ultracine

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Estratégias Regionais de um Grupo de Comunicação no Universo Global Dr. Marcos Santuario Universidade Feevale GT Economía Política de La Comunicación santuario@feevale.br

RESUMO Esta comunicação se propõe a apresentar elementos de uma pesquisa em andamento que acompanha criticamente as ações administrativas, midiáticas e de construções de parcerias tecnológicas e comunicacionais de uma das principais empresas de comunicação do sul do Brasil: o Grupo Editorial Sinos. Apresenta-se um mapeamento de ações realizadas pelo grupo de comunicação e suas aproximações com a temática das estratégias regionais de comunicação que a empresa desenvolve em meio à sua consolidação no universo global no qual se insere. Tal acompanhamento crítico vem permitindo uma análise sobre as estratégias utilizadas por empresas de comunicação na contemporaneidade, produzindo debates em torno da conduta de empresários e jornalistas no cenário que se apresenta. Para analisar, de forma mais ampla, as relações que se estabelecem no atual contexto da comunicação globalizada no mundo contemporâneo, apresenta-se a experiência do Grupo Editorial Sinos, sob o olhar de categorias como globalização e regionalização das comunicações na América Latina. Entre elas, destacam-se as ações que são realizadas em parceria com entidades públicas e privadas do cenário regional, bem como as atuais ações envolvendo a Universidade Feevale, em especial o Curso de Comunicação da instituição de ensino. O foco final desta análise apresenta ações envolvendo o Núcleo de Rádio da Feevale e o GES. RESUMEN Esta comunicación se propone a presentar elementos de una investigación que sigue acompañando criticamente las acciones administrativas, midiáticas y de construcciones de trabajos conjuntos, tecnológicos y comunicacionales de una de las principales empresas de comunicación del sur de Brasil: el Grupo Editorial Sinos. Se presenta un mapeamiento de las acciones realizadas por el grupo de comunicación y sus aproximaciones com la temática de las estratégias regionales de comunicación que la empresa desarrolla, mientras se consolida en el universo global en el cual se insere. Dicho seguimiento critico há permitido um análisis respecto de las estratégias utilizadas por empresas de comunicación en la contemporaneidad, produciendo debates alrededor de la conduta de empresários y periodistas en el escenário que se presenta. Para analizar, de manera mas amplia, las relaciones que se establecen en el actual contexto de la comunicación globalizada en el mundo contemporâneo, se presenta la experiência del Grupo Editorial Sinos, bajo la visión de las categorias de globalización y regionalización de las comunicaciones em Latinoamerica. Dentre las accciones presentadas, se destacan las realizadas junto con entidades publicas y privadas en el escenário regional, tales como las actuales acciones involucrando a la Universidad Feevale, en especial el Curso de Comunicaión de la institución de enseñanza. La mirada final de este análisis presenta acciones relacionadas AL Núcleo de Radio de la Feevale y El GES.


O surgimento e o desenvolvimento do Grupo Editorial Sinos se deu, e continua em processo, de forma paralela ao forjar da identidade local e do crescimento da cidade de Novo Hamburgo, o que vem ocorrendo há mais de um século. Tendo na cidade sua sede, o Grupo Editorial Sinos surge e se desenvolve neste contexto. Com Dornelles (2005) tem-se uma trajetória da história do município dividida em quatro períodos: desde a sua fundação até o início do tráfego ferroviário entre Novo Hamburgo e Porto Alegre - 1824 a 1876; desde o início do tráfego ferroviário até o começo da industrialização (1876 a 1900); desde o começo da industrialização até a emancipação (1900 a 1927); desde a emancipação até os dias atuais1. Atualmente, Novo Hamburgo é uma cidade com 258.754 mil habitantes, distante 40 quilômetros de Porto Alegre, e que por sua tradição calçadista, é conhecida internacionalmente. O PIB per capita é de R$ 17.000,00 e o PIB do município é R$ 4.499.4162. A religião predominante é a católica, seguida da evangélica. A cidade contava, em 2006, segundo o IBGE, com 3.794 indústrias, entre mecânica, borracha, couros e peles, materiais plásticos, vestuário e demais gêneros; 7.674 estabelecimentos comerciais e 760 empresas de serviços3. A taxa de analfabetismo, em 2000, era de 6% da população e, em janeiro de 2009, atingiu 98% de alfabetização de adultos acima de 15 anos de idade, superando a média universal de alfabetização proposta pela UNESCO, que é de 97%. Esta é a cidade que, como sede do GES, tem tido a participação do Grupo neste processo de crescimento junto ao Vale dos Sinos nos últimos 50 anos. Isso significa que a empresa de comunicação, em sua trajetória de desenvolvimento e da busca da credibilidade jornalística nas comunidades, tem sido testemunha do crescimento da região, o que pode ser comprovado nas páginas de seus veículos impressos e nos arquivos sonoros e digitais, e está inserida também no que se refere às transformações relacionadas às questões de globalização das economias e das comunicações. Deste relacionamento empresa/cidade, acompanhado até então, observa-se a prática da decisão empresarial de dar ênfase às questões regionais, no universo da globalização no qual o Grupo se insere. Esse é o tema que se aborda a seguir.

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No dia 5 de abril de 1927, foi decretada a criação do município de Novo Hamburgo, e nomeado o primeiro intendente provisório, o Dr. Jacob Kroeff Netto. Em 29 de maio, do mesmo ano, realizou-se a primeira eleição municipal, da qual participaram 574 eleitores, sufragando a chapa previamente combinada entre as várias facções políticas. Em 5 de junho, tomou posse o novo governo. 2 Dados disponíveis em <http://www.fee.tche.br/sitefee/pt/content/estatisticas/pg_pib.php>, acesso em 29 fev. 2012, às 13h30min. 3 Fonte: IBGE,Cadastro Central de Empresas 2006; Malha municipal digital do Brasil: situação em 2006. Rio de Janeiro: IBGE, 2008.


O processo de envolvimento do Grupo Editorial Sinos com as questões regionais, no âmbito em que se insere, pode ser observado, inicialmente, naquele que se constitui como seu principal veículo de comunicação, sendo aquele que surgiu antes de todos os demais que hoje compõem a empresa, o Jornal NH, com o passar dos anos, ultrapassou os limites do município de Novo Hamburgo, circulando em outras cidades da região, como incentivador, entre outras, de campanhas a favor do desenvolvimento regional. O que se percebe, a priori, é que, tendo em conta os índices de circulação e tiragem do veículo de comunicação, e sua penetração na sociedade local, a cidade de Novo Hamburgo e o Jornal NH estabeleceram, ao longo dos anos, um contrato, no qual uma das partes é responsável por desvelar os acontecimentos da cidade e da região, e a outra parte comprometeu-se em acessar e, de certo modo, crer em tais informações. Assim, o município e as demais cidades da região compartilham em seu imaginário o papel do referido jornal como representante da comunidade, o qual serve, muitas vezes, como canal de denúncias ou de anúncio de conquistas da população, entre outras situações. Esse papel assumido pelo jornal, de acordo com Maingueneau (2002, p. 47), denomina-se ethos, “(...)que compreende não só a dimensão propriamente vocal, mas também o conjunto das determinações físicas e psíquicas ligadas pelas representações coletivas à personagem do enunciador”. No caso do Jornal NH, a priori, as determinações físicas e psíquicas consolidadas reforçam a idéia de um meio de comunicação comprometido com o Vale do Sinos, estabelecendo-se, então, o estereótipo4 do jornal de comunidade, mas que também mostra o mundo para seus leitores, em sintonia com o que Sant’Anna (2008, p.96) apresenta ao tratar do papel dos jornais locais. Para ele, o papel dos jornais locais em comunidades seria o de arrancá-las da sensação de isolamento. E, para isso, seriam mais relevantes notícias de âmbito nacional e internacional do que notícias locais. Neste aspecto, o Jornal NH, como referencial do que acontece nos demais veículos de comunicação do Grupo Editorial Sinos, tem cumprido seu papel, tanto no âmbito das coberturas locais, com os temas cotidianos das comunidades, quanto no espaço das informações estaduais, nacionais e internacionais. Surge, na prática, o apontado por Wolton (2006, p. 39), quando afirma que “a circulação crescente da informação requer a preservação das referências para que os cidadãos conservem uma geografia intelectual e cultural que lhes permita situar-se 4

O termo aqui é tomado em sua definição psicossocial, remetendo para uma matriz de opiniões, sentimentos, atitudes e reaçcões dos membros de um grupo, com as características de rigidez e homegeneidade, visto em Simões (1985).


em um mundo aberto. Distinguir quem fala, com quem fala, com qual legitimidade, para fazer o quê”. E prossegue: “Com efeito, na sociedade aberta, tudo é visível, tudo circula, todos os argumentos, todas as visões do mundo são possíveis, mas é preciso que o cidadão, o indivíduo, compreenda e saiba de onde falam uns e outros, a partir de qual competência e para qual visão de mundo” (WOLTON, 2006, p. 41). Se a crença no discurso proferido por determinado veículo de comunicação aponta para a anuência, por parte do leitor/receptor, que passa a registrar como verdadeira a realidade apontada pelo meio de comunicação, então, este é um elemento a ser observado na relação do GES com sua comunidade, a partir de ações e campanhas que envolvem a região. Aqui, cabe observar até que ponto seus veículos de comunicação se caracterizam por diferenciais, quer em regionalização da cobertura, quer em segmentação editorial, em busca de fortalecimento e respeitabilidade em suas áreas de atuação. Para Ávila (2005, p.27), “... o jornalismo comprometido não só com a informação, como também com o desenvolvimento e necessidades das comunidades onde atua, tem sido o maior responsável pelo crescimento e sucesso do jornal e, como conseqüência, do Grupo.” Mas aqui não estamos diante de um posicionamento puramente passivo por parte da empresa, como receptora de demandas e necessidades apontadas pelo seu públicoalvo. A circulação e abrangência do Jornal NH, além do jornalismo desenvolvido pelos outros veículos de comunicação do GES, de certa forma, tem pautado a agenda do poder público, no momento em que expõe questões que considera importantes ou relevantes de serem discutidas pela sociedade. A possibilidade de intervir na realidade da comunidade também faz parte do ideário e da prática do GES, como se pode observar nas campanhas comunitárias nas quais o Grupo tem se envolvido, bem como na apresentação em sua página na Internet: No caso particular do Grupo Editorial Sinos, temos no nosso ideário a determinação inarredável de participarmos efetivamente da construção de uma sociedade mais desenvolvida e justa. Assim, em nossas matérias e manifestações de opinião,


damos espaço nobre às iniciativas que visem à melhoria das condições de vida da nossa comunidade5. Ávila (2005) ressalta três campanhas que tiveram a atuação decisiva do jornal, as quais serão abordadas a seguir: primeiro,a campanha em prol da FENAC (Feira Nacional do Calçado), que impulsionou o setor coureiro-calçadista, chamando a atenção do mundo para o Vale do Sinos; depois, a campanha pela telefonia, pois a mesma, “até o início dos anos 60, era de magneto, via telefonista, e qualquer contato telefônico [...] poderia levar horas”; e por fim, a campanha para a implantação de cursos superiores na cidade, que acabou levando à criação da ASPEUR (Associação Pró-Ensino Superior em Novo Hamburgo) e, mais tarde, à FEEVALE (Federação de Estabelecimentos de Ensino Superior em Novo Hamburgo). Na contextualização destes processos, o Rio Grande do Sul, no início dos anos 1960, estava numa situação de crise da economia agropecuária, êxodo rural intenso, sérios problemas de transportes e energia e uma industrialização crescente, enfrentando problemas em colocar seus artigos no mercado interno brasileiro. De modo geral, a indústria gaúcha e, mais especificamente, a indústria calçadista do Vale dos Sinos, apresentou uma estrutura que se modificou muito lentamente, tanto do ponto de vista tecnológico, quanto em relação ao número de estabelecimentos. Apesar de este setor ter conhecido um crescimento significativo na segunda metade do século XX, até os anos 40, as vendas para fora do estado não ultrapassaram 7% em relação aos outros setores econômicos gaúchos. Foi a partir dos anos 1950, com a especialização do Vale do Sinos na fabricação do calçados feminino, que este teve condições de duplicar sua produção física. Ainda no final dos anos 1950, alguns fabricantes de calçados viajaram aos Estados Unidos com o objetivo de verificar a situação do mercado externo para os seus produtos. Entretanto, a exportação só iniciaria, efetivamente, nos anos 1970 (COSTA, 2004, p.23). O interesse dos empresários ligados ao setor coureiro-calçadista em expandir seus negócios foi um dos motivos que os incentivou a pensar na criação de uma feira que promovesse os produtos do vale. A idéia da feira, entretanto, remonta há muitos anos, pois desde os anos 20 do século passado, o poder público e os industriais e comerciantes da cidade, ainda não emancipada, já pensavam em uma forma de divulgar a produção local. Nos anos de 1961 e 1962, os industriais se organizaram e promoveram exposições de calçados na sede da Associação Comercial e Industrial da cidade, pois já 5

Disponível em <http://www.gruposinos.com.br>, acessado em 14 out. 2008.


havia a idéia de se criar uma festa do calçado, inspirada na Festa da Uva do município de Caxias do Sul (COSTA, 2004, p.23). A “festa do calçado”, como foi chamada inicialmente a feira, teve sua primeira edição no ano de 1963 e contou com a participação de 94 indústrias de calçados, dez curtumes, cinco indústrias de artefatos de couro, ocupando um pavilhão de quatro mil metros quadrados (SCHEMES, 2005, p. 147). O evento contou com a participação e apoio de 20 cidades da região, além dos poderes públicos municipal, estadual e federal. De 1963 a 1969, a “festa do calçado” foi bianual e, a partir desse ano, passou a ser anual e recebeu o nome de Feira Nacional do Calçado. Aqui, analisando a maneira com que o Jornal NH tratou a criação da FENAC, pode-se dizer que o jornal não é um mero veículo de informação, mas , “(...) exprime certo padrão de sociabilidade, cristaliza valores e imagens presentes em uma sociedade num determinado momento” (COSTA, 2004, p. 61). A situação dos telefones automáticos para São Leopoldo teve a atenção do GES desde as primeiras edições do Jornal SL, em 1957. Em Novo Hamburgo, a preocupação começou com a campanha na capa da primeira edição do Jornal NH, em 1960. Naquele ano, o GES liderou a fundação da Associação dos Municípios dos Bairros dos Sinos e, no ano seguinte, acompanhou, através de seus representantes, a comitiva de prefeitos a Brasília, pleiteando ao presidente João Goulart a construção da refinaria Alberto Pasqualini, na região de Canoas, e não na cidade de Rio Grande. Sobre a questão da BR 116, juntamente com políticos da região, o GES conseguiu que o governo federal definisse a estrada e a batizasse como BR-448. A construção da rodovia do parque foi incluída no PAC e tem seu projeto ao lado de outro, também fomentado pelo GES: uma nova estrada a leste da BR- 116, ligando a Avenida Assis Brasil, em Porto Alegre, a RS – 239, na altura do posto da polícia rodoviária, em Sapiranga. Atualmente, Gusmão (2008) aponta para a intensificação de ações de mobilização para a extensão da linha do Trensurb até Novo Hamburgo. Entre outras campanhas desenvolvidas pelo GES, estão: serviços e lazer às comunidades através do projeto Sábado Show; momento em que a empresa apresenta o projeto do NH na sua Cidade; Municipalização da Água e o Rio dos Sinos: integrante, em sua origem, do Comitê Sinos6; implantação do projeto Martin Pescador, apoiando várias ações de limpeza do rio. Em 2008, o GES concedeu o prêmio do concurso “O Rio do Sinos é Nosso”, que contou com a participação de 2.200 alunos de 79 turmas; a “Cruzada Antidrogas”; a “Ação 21”; e a Alfabetização.

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Disponível em <http://www.comitesinos.com.br/site/>, acesso em 12 jan. 2009


Esta última, envolvendo 44 municípios pertencentes à área de abrangência dos veículos de comunicação do GES, com um programa denominado “Alfabetizando”, surgido em fevereiro de 20047. As Estratégias Regionais Para tratar da hegemonia e organização da produção do Grupo Editorial Sinos, analisamos, fundamentalmente, o veículo de comunicação que o fez consolidar-se como empresa de comunicação no Vale do Sinos, o Jornal NH, e que espelha a lógica administrativo-financeiro-editorial que a empresa emprega em seus demais veículos de comunicação. Se acreditarmos que o jornal, como produto da empresa de comunicação, comunica-se com seus receptores através de processos identitários que são estabelecidos pela própria sociedade no qual está inserido, podemos dizer que a identidade do Jornal NH, com sua estrutura referida em capítulo anterior, confunde-se com a própria identidade da cidade, pois a mídia jornalística sempre foi uma instituição que manteve forte vínculo com a comunidade8, agendando determinadas questões consideradas relevantes para o seu desenvolvimento. Dornelles (2005) observou algumas mudanças no NH, no período de sete anos (1996-2005), destacando-se o fato do jornal ter se afastado de algumas medidas relacionadas com o jornalismo comunitário, quais sejam: a coluna Repórter Mirim, na qual eram publicados textos de estudantes da 1ª a 5ª série, deixou de existir, e foram desativados os Conselhos Comunitários de Redação, criados para as áreas de Educação, Saúde, Segurança e Política. Também deixou de circular o caderno quinzenal “NH na Escola”, voltado para educação9.

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Dados do Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE) de 2000 indicavam 59.467 pessoas com idade acima de 15 anos que precisavam ser alfabetizadas. Passados mais de quatro anos desde o início do projeto Alfabetizando, as parcerias com as prefeituras e o trabalho dos educadores fizeram com que restassem, até novembro de 2008, 4.142 cidadãos para alcançar a meta de 97% estabelecida pela Unesco, que é critério da classificação de alfabetização universal. Os dados compilados pelo coordenador da ação ABC Alfabetizando e diretor de Projetos Especiais do Grupo Sinos, Luiz Fernando Gusmão, de acordo com as informações repassadas pelas prefeituras, apontam que 19.606 pessoas foram alfabetizadas de 2000 até o começo deste ano. Dos 44 municípios participantes, pelo menos 25 já atingiram a meta. 8

Até a criação do Jornal NH, havia na cidade o jornal O 5 de Abril, criado em 1927, e que era porta-voz dos grupos hegemônicos locais, especialmente dos industriais e comerciantes 9 Trabalho apresentado pela jornalista e professora doutora do PPGCOM da PUCRS, Beatriz Dornelles, no encontro da Rede Alcar de 2005. Disponível em <http://www.redealcar.jornalismo.ufsc.br/cd3/jornal/beatrizdornelles.doc>


Na atualidade desta investigação, o referido na pesquisa de Dornelles (2005) se altera. Observa-se o retomar, por parte do GES, de alguns aspectos do envolvimento comunitário, a partir da criação da Diretoria de Relações com a Comunidade e de projetos que haviam sido extintos. A coluna Repórter Mirim retornou, em 2007, em transmissões radiofônicas emitidas diariamente pela Rádio ABC 900 AM, e publicações quinzenais no suplemento NH na Escola, que também ressurgiu, publicado aos sábados e dedicando duas páginas por edição aos trabalhos jornalísticos realizados por estudantes da 1ª a 5ª série do ensino Fundamental da região. Em uma análise editorial do Jornal NH, Dornelles (2005, p. 10) apontou para o profissionalismo, o investimento em tecnologia e a carência de valorização dos profissionais por parte dos dirigentes do Grupo: O jornal possui editoria para todos os temas que fazem parte do dia-a-dia da sociedade, incluindo turismo, charges, tiras, piadas, passatempos, etc. A edição é bastante profissional, apesar de os proprietários do Grupo Sinos considerarem secundária a valorização de bons profissionais. Sabe-se que o grupo tem condições de melhorar os salários dos jornalistas, mas esta é uma antiga reivindicação das entidades jornalísticas, nunca atendida. Por outro lado, é grande a preocupação do grupo com a qualificação tecnológica do jornal, o que se reflete na qualidade de impressão do diário’.

Atualmente, o GES, a partir de seus dirigentes, afirma estar estudando formas de valorização profissional de seus colaboradores. Uma delas seria derivada da exposição que o próprio veículo propicia ao colaborador que nele desenvolve suas funções, além do que o Diretor de Conteúdo do GES 10 define como “valorizar a opinião”, fugindo da visão de um veículo de comunicação resultado de um conjunto de opiniões anônimas. A implementação de tal prática, ainda incipiente, entretanto, não tem incidido sobre a remuneração dos funcionários11. No discurso do Diretor de Conteúdo do GES, a valorização profissional daqueles que trabalham jornalisticamente em um veículo de 10

Em entrevista ao autor, concedida pelo jornalista Nelson Ferrão, Diretor de Conteúdo do GES, no dia 12 de outubro de 2008. O profissional deste cargo, que será apresentado com maior profundidade no decorrer deste trabalho, é responsável pelo conteúdo editorial de todo o grupo. 11 Não foi permitido, por parte da direção do GES, acesso à política de cargos e salários da mesma, com o argumento de se constituir em tema de interesse interno. Em contato com alguns jornalistas apurou-se, entretanto que o salário pago a um jornalista em janeiro de 2009 era de R$ 1.087,73, por cinco horas de trabalho, tempo determinado pela lei que regulamenta o exercício da profissão. Há contratos de sete horas de trabalho, pelas quais o jornalista recebe 60% a mais, perfazendo um total de R$ 1.740,36.


comunicação se dá, primeiramente pelo próprio profissional. Para ele, é o próprio jornalista que tem que se valorizar. “A gente tem que se preparar para ser valorizado”12. O gestor ressalta que, entre as características do perfil desejado do jornalista profissional no GES, está a procura por se atualizar e estar disposto a se questionar, constantemente, da mesma forma que deve questionar a sociedade. Percebe-se, a partir do discurso do Diretor de Conteúdo do GES, a necessidade do profissional de comunicação, desejado pela empresa, em se adaptar, gerando uma relação menos conflitiva entre a redação do jornal e o setor comercial, quando se trata de distribuir anúncios pelas páginas do veículo de comunicação. Percebe-se, aqui, uma visão pragmática, em busca de uma eficácia maior do ponto de vista das relações comercias com a redação. A visão do gestor é a de “fazer o melhor produto possível em sintonia com o que pensamos que o público quer ler e com o conhecimento do que o anunciante quer divulgar13”. Então, segundo sua visão, ao construir esta ponte de entendimento e compreensão entre redação e comercial, “dá para fazer um belíssimo jornal em Barcelona com a cultura do catalão e dá para fazer um belíssimo jornal em Porto Alegre com a cultura do porto-alegrense e tu podes fazer um belíssimo jornal de Novo Hamburgo com a cultura do hamburguense”14. Ele ressalta que todos estes jornais podem ser “bem feitos, seguindo um padrão de ética, respeitando as leis”, mas que o verdadeiro problema é a questão da atitude do próprio profissional de se conscientizar de que o seu sucesso depende mais dele do que de qualquer um”. Tal discurso quer ressaltar a responsabilidade do próprio profissional pela valorização que a empresa pode ter sobre ele, o que pode acabar eximindo a empresa em questão de criar formas concretas de valorização profissional. E, no que se refere à exposição midiática apresentada anteriormente pelos dirigentes do Grupo, como forma de valorização do profissional, a questão também se torna complexa quando pode, novamente, isentar a empresa de sua responsabilidade por criar outros mecanismos que valorizem o profissional. Dentre as estratégias de regionalização vivenciadas pelo GES, está a de que o profissional que trabalha no Grupo tenha como característica uma conexão com sua região. Ele estará o tempo todo na rua, para poder viver a realidade da região. Tem que conhecer as peculiaridades das pessoas, para poder avaliar se aquilo que lhes está sendo dito é realmente importante para aquele contexto. Assim, tornou-se premissa 12

Em entrevista ao autor, concedida pelo jornalista Nelson Ferrão, Diretor de Conteúdo do GES, no dia 12 de outubro de 2008. 13 Idem. 14 Idem


básica para continuar desenvolvendo atividades de comunicação no GES: conhecer o que acontece na região, saber quem é quem, saber o que acontece, e saber sobre a história do local, para poder relacionar um fato com o outro. Para poder melhor observar a estrutura atual de funcionamento jornalística do principal veículo do GES, o Jornal NH, apresenta-se a estrutura atual de sua redação, no início de 2012, com cargos, funções e atribuições dos profissionais, que representa a estrutura pós-fordista da redação da mídia impressa: há dez anos, a redação do Jornal NH trabalhava com 51 pessoas. Atualmente, são 55 profissionais contratados, além dos colaboradores, desempenhando as funções de editor-chefe (01)15, subeditor-chefe (01), chefe de reportagem (01), editor (14), editor-revisor (1), repórter (25), repórter fotográfico (05), ilustrador (01), colunistas, diagramador (05) e auxiliar administrativo (01). Há, ainda, a redação on line que ocupa um espaço dentro da redação do próprio jornal impresso e mobiliza o trabalho de editores (02), repórteres (05); web designer (01) e estagiários de Jornalismo (07). O Jornal NH conta, também com sucursais e representantes em cidades da região de abrangência do veículo: Taquara, Montenegro, Campo Bom, Dois Irmãos, Estância Velha e Ivoti. Também tem correspondentes em capitais como Porto Alegre, São Paulo e Brasília. O trabalho das sucursais inclui as coberturas jornalísticas de fatos ocorridos naquelas cidades, tendo, cada uma delas, um jornalista contratado.

Relações com a Universidade Entre as estratégias regionais de desenvolvimento, o GES tem implementado uma aproximação estratégica com a Universidade Feevale16, instituição de ensino superior, localizada na cidade de Novo Hamburgo. Integrando a Aspeur, associação mantenedora da Universidade, o GES participa de diferentes ações da instituição de ensino, em forma de parceria e apoio institucional e midiático. Um dos projetos 15

O atual editor chefe do Jornal NH é o jornalista Sérgio Pereira. A Federação de Estabelecimento de Ensino Superior em Novo Hamburgo - Feevale foi instalada em 24 de março de 1970. Surgiu da vontade comunitária com a finalidade de formar, aperfeiçoar e especializar profissionais propiciando a atualização permanente da sociedade. Localiza-se em Novo Hamburgo e está integrada ao Vale do Sinos, o maior centro calçadista do País. Em março de 1989, a Feevale implantou a Escola de 2º Grau, hoje Ensino Médio, e em 1994 iniciou a Escola de 1º Grau, hoje Ensino Fundamental. A Feevale possui atualmente mais de 16.000 alunos em todos os níveis de ensino. No dia 5 de abril de 2010, foi publicada, no Diário Oficial da União, uma portaria do Ministério da Educação, credenciando o Centro Universitário Feevale como universidade. Este momento representou o resultado de uma luta intensa, que teve início em 1969, quando um grupo de pessoas se reuniu para buscar o atendimento de uma demanda da comunidade da região.

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desenvolvidos, no campo da comunicação, se dá com o Núcleo de Rádio da Feevale. Tal prática radiofônica acadêmica, iniciada como participação semanal de 30 minutos de duração, havia se constituído em programa diário de uma hora de duração, realizado dentro da universidade e transmitido ao vivo por uma emissora comercial, pertencente ao grupo de comunicação com maior expressividade na região. Uma parceria que ainda hoje, no ano de 2012, rende programas realizados por estudantes de Jornalismo da Universidade Feevale e transmitidos, inclusive pela internet, para todas as partes do mundo, ao mesmo tempo em que se difundem pelos 900 AM da Radio ABC do GES 17. O trabalho realizado pelos estudantes de Jornalismo da instituição tem servido como motivador para seguir com o aprofundamento da parceria iniciada em 2001, entre o Curso de Comunicação Social da Universidade e a direção da Rádio ABC 90018. A emissora comercial do GES, desde o início do projeto de transmissão de programas radiofônicos produzidos e apresentados por acadêmicos, estabeleceu relação de parceria com a Universidade Feevale, abrindo seu espaço, semanal e logo diário, para abrigar as produções dos estudantes, orientados por professores do curso de Jornalismo.

Programa Frequência Livre O Frequência Livre é um programa radiofônico que foi criado no ano de 2002 com o intuito de servir como laboratório de aprendizagem para os alunos dos cursos de comunicação social da Universidade e espaço de comunicação para o envolvimento da comunidade. Atualmente, o programa é apresentado e produzido de terça a quinta-feira, das 16h às 17h, sendo transmitido através da Rádio ABC 900AM, em uma parceria da Feevale com o Grupo Editorial Sinos. O Frequência Livre adota como formato a Rádio Revista, trazendo assuntos de diversas áreas de interessa à população local, sempre mantendo uma visão atual. Também são divulgadas informações de atividades 17

O Grupo Editorial Sinos possui sede atual na cidade de Novo Hamburgo, Rio Grande do Sul. Fundado pelos irmãos Paulo Sérgio e Mário Alberto Gusmão, em dezembro de 1957. Atualmente, o GES publica os jornais NH e ABC Domingo (Novo Hamburgo), Diário de Canoas (Canoas) e VS (São Leopoldo). Além destes, publica também, revistas e um jornal voltados para o setor coureiro-calçadista como a revista Lançamentos e Lançamentos Componentes, Couros, Máquinas e Serviços, o Jornal Exclusivo, o Exclusivo On Line, Portal do Calçado e da Moda, com notícias atualizadas diariamente.O grupo ainda mantém um provedor de internet, o Sinosnet, o Sinoscorp de internet corporativa, além da emissora de rádio ABC 900 AM.

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A Rádio ABC 900 abrange uma área de 50 municípios, com um milhão de domicílios e população de 3.800.000 habitantes, responsáveis por 31,15% do potencial de consumo do estado do Rio Grande do Sul. A programação também está disponível na rede mundial de computadores por meio do endereço eletrônico www.radioabc900.com.br.


realizadas pela Universidade. O programa traz entrevistas, boletins informativos, blocos produzidos pelos acadêmicos integrantes do laboratório e ainda notícias do Brasil e do mundo, sempre buscando focar a informação aos interesses e às perspectivas das comunidades locais que fazem parte do universo de ouvintes da emissora do Vale do Sinos. O Frequência Livre abarca entrevistados de diversos meios e níveis de interesse. Os alunos bolsistas e voluntários buscam fontes municipais, regionais, estaduais e nacionais, com o intuito de enriquecer a qualidade da programação informativa. Buscase também trazer a fonte diferenciada ou até mesmo inusitada, o entrevistado que não seria procurado por outros veículos, bem como colocar em evidência os conhecimentos gerados dentro da própria Universidade, através de seus professores e pesquisadores. A produção diária do Frequência Livre traz aos acadêmicos a oportunidade de entrar em contato com fontes consagradas e também a necessidade de abordar diferentes pontos de vista, trazendo entrevistados que provavelmente não são ouvidos por, supostamente, terem baixa expressividade junto à imprensa comercial. Também aborda assuntos relativos às datas comemorativas e históricas do município, do estado, do país e do mundo. Isto traz aos estudantes a oportunidade de conviver em uma realidade semelhante à do mercado de trabalho. Tem sido realizada uma média de 100 programas ao mês, com pautas diárias e sempre ao transmitidos ao vivo.

Futuros Profissionais com Experiência no GES

Com a orientação dos professores e a abertura do espaço da emissora de rádio se estabelece um importante vínculo dentro desta experiência. Abrindo espaço em sua programação, a emissora de rádio possibilita que os estudantes do curso de Jornalismo da instituição acadêmica assumam a realização de programas com o desafio de compatibilizar os interesses da Academia com os da própria rádio. Com seu perfil comercial, a emissora tem como um de seus principais objetivos manter a ampliar sua audiência, fundamental para o veículo de comunicação. Produzir programação de qualidade, que reflita a formação dada aos acadêmicos da área, com olhar crítico, inclusive sobre as produções contemporâneas, cativando a audiência e oportunizar uma experiência de contato direto com o mercado profissional é o fio condutor do projeto, do lado da Universidade. Dois universos que se abrem e se encontram para proporcionar aos acadêmicos a possibilidade de experimentar didaticamente, mas com uma


responsabilidade já existente do ponto de vista da programação radiofônica de uma emissora viva e que tem seu enfoque definido. Os professores que coordenam os projetos têm o foco também nas questões teóricas que, enquanto observam e balizam as construções práticas. Assim, os estudantes são, ainda, convidados a refletir, enquanto desenvolvem seus produtos comunicacionais. A reflexão proposta aponta para o contexto atual, com o crescente processo de globalização das economias mundiais e a emergência do uso das novas tecnologias da comunicação. Um convite a pensá-los como elementos propulsores de importantes transformações nos processos das empresas de comunicação, de suas produções e, inclusive, no campo da produção jornalística. Tal contexto das transformações atuais que vêm ocorrendo nas relações mundiais em geral tem sido observado em profundidade, entre outros, pelo sociólogo espanhol Manuel Castells (1999). Para ele, o quadro de complexidade da nova economia, sociedade e cultura em formação, e o processo de comunicação em particular, tratado também no aspecto da revolução da tecnologia da informação, revolução esta cuja penetrabilidade em todas as esferas da atividade humana, é cada vez maior. Este é um dos olhares que são trabalhados com os estudantes para tratar de entender as questões mais atuais no campo da comunicação e seu reflexo no Jornalismo. A questão ganha um olhar ainda mais amplo quando se traz para a reflexão dos acadêmicos envolvidos nos projetos radiofônicos da Universidade os estudos de Zygmunt Bauman sobre as conseqüências humanas do processo atual que ele define como pertencente a um contexto em que as coisas estão fugindo ao controle. Em sua visão, o significado mais profundo transmitido pela idéia da globalização é o do caráter indeterminado, indisciplinado e de autopropulsão dos assuntos mundiais; “a ausência de um centro, de um painel de controle, de uma comissão diretora, de um gabinete administrativo” (Bauman, 2001). Com esta perspectiva, começa-se a construir uma discussão que interfere, diretamente na apreciação inicial e na produção final de tudo o que possa ser trabalhado no âmbito do Jornalismo pelos acadêmicos que planejam, produzem e apresentam os programas radiofônicos. E os estudantes, imersos nestas discussões teóricas, podem, a partir de experiência práticas simultâneas à sua formação acadêmica, entender processos e finalidades.

Outro ponto importante que

surge dentro do processo reflexivo que acompanha a produção dos programas radiofônicos é o da regionalização da comunicação. Hiperconectados às novas


tecnologias e às redes sócias na Internet, os jovens que participam dos projetos radiofônicos, em geral, mantém seu olhar no universo global. Na prática radiofônica acadêmica, transmitida pela rádio ABC 900, eles são motivados a pensar as questões sob o olhar de sua região. Para isso encontram elementos teóricos que apontam o cenário de novos atores e transformações na área da comunicação. Encontram-se com o questionamento de qual é o papel do local/regional, diante do processo de globalização em curso? Surgem ainda os questionamentos de que ao permanecer unicamente como espaços de reprodução do que se gera no global, está se afastando a possibilidade de tornar-se lugar de inovação e de transformação. Surge ainda a discussão sobre o impacto que a globalização vem tendo sobre as culturas locais/regionais tem sido visto sob diversos ângulos. E os estudantes observam a programação da emissora sob esta ótica, tratando de entender o que há de processo global e o que é puramente local. Cultura local é aqui entendida, com Featherstone (1993), como a cultura particular de um grupo que, a partir de relações cotidianas em espaços geográficos relativamente pequenos e delimitados, estabelece códigos comuns e sistemas próprios de representação. Para ele, as noções de cultura global e cultura local são necessariamente relacionais. Dessa ótica, as redes de comunicação, atuando como cadeias de fluxos contínuos de informação e de imagens, contribuem para descolar o indivíduo de seu ambiente imediato, vinculando-se a outros espaços de referência, que não mais o local enquanto continente de memória coletiva. O caráter crescentemente urbano da vida social acentua a tendência ao estabelecimento de padrões comuns entre as diferentes localidades. As discussões com os acadêmicos apontam, ainda, para a compreensão de outra perspectiva. Aquela na qual se acredita que a globalização não significa o fim de toda identidade territorial estável, mas que, ao contrário, cada sociedade ou grupo social é capaz de preservar e desenvolver seu próprio quadro de representações, expressando uma identidade ao mesmo tempo espacial e comunitária em torno da localidade. A dimensão cultural atua aqui justamente como "um fio invisível que vincula os indivíduos ao espaço" marcando uma certa idéia de diferença ou de distinção entre comunidades (SÉNÉCAL, 1992, p. 95). Seria, portanto, um dos elementos importantes para a compreensão dos processos de fortalecimento da regionalização da comunicação. O tema da regionalização, em especial, segundo Bolaño (1999) ganha nova relevância num momento em que o desenvolvimento das tecnologias da informação e da Comunicação (TICs) cria uma verdadeira comunidade global, mantendo, ao mesmo


tempo, à margem, a imensa maioria da população mundial presa a um horizonte de vida e a valores próprios das culturas regionais, podendo-se observar até um avanço de diferentes formas de xenofobia e de intransigência étnica. “Inclusive, o local e o regional aparecem como fontes de resistência dos indivíduos à desterritorialização selvagem imposta pelo sistema no seu atual processo de reestruturação” (BOLAÑO, 1999, p. 8). A relação entre o global e o local/regional está também explicitada criticamente no pensamento de Miége (apud BOLAÑO, 1999, p. 14): para quem (...) no setor das comunicações, se o global se encontra mais ou menos no local, o local não se reduz ao global; por mais pregnantes que sejam as ‘influências’ do global, elas estão longe de imprimir uma marca uniforme e uma origem inequívoca. Na prática, ao realizar os programas que vão ao ar por uma emissora local, com caráter comercial, os estudantes da Universidade Feevale são convidados também a refletir sobre as relações entre a mídia e as questões do mercado regional. Na teoria e na prática, em se tratando da relação entre os media e o regionalismo, os mercados locais/regionais têm se apresentado como “nichos de mercado” culturais que permitem o crescimento de empresas e de conglomerados direcionados para as culturas regionais. “Os mercados regionais constituem uma oportunidade para as ‘culturas hegemônicas periféricas’ imaginarem, reconstruírem e fortalecerem um espaço público cultural regional” (CUNHA, 2008) Tendo em conta este quadro, a criação de conteúdos regionais com impacto global constitui um desafio para as denominadas “culturas hegemónicas periféricas”. E isso é outro dos elementos que envolve a reflexão dos acadêmicos ao elaborar os programas radiofônicos em questão. Com esta aproximação teórica é possível para o estudante refletir sobre algumas questões relacionadas à paisagem social moderna. Entender, como afirmam alguns autores que os meios de comunicação não só transmitem informações, não só apregoam mensagens. Eles também difundem maneiras de se comportar, propõem estilos de vida, modos de organizar a vida cotidiana, de arrumar a casa, de se vestir, maneiras de falar e de escrever, de sonhar, de sofrer, de pensar, de lutar, de amar. Os desafios são muitos para que o estudante alcance uma formação de qualidade que o capacite para exercer as funções dentro do Jornalismo, atendendo às exigências inerentes ao processo de captação, seleção, construção narrativa, compreensão global e pontual, e expressão focada ou universalizada. Para isso acontecer, é necessário que parcerias como as da Unviersidade Feevale com o Grupo Editorial Sinos se


multipliquem e se consolidam. As escolas de Comunicação refletindo sobre seu papel com responsabilidade e criatividade, encontrando soluções para suas falhas mais comuns, que não contribuem na formação de um novo Jornalismo. E a fundamental abertura dos espaços, nas empresas de comunicação, para as práticas destes estudantes, em meio ao seu processo, promovendo um encontro entre teorias apreendidas e práticas imaginadas ou idealizadas no universo das salas de aula, ou das redações e laboratórios acadêmicos.

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GUSMÃO, Mario. Grupo Editorial Sinos [12 jan 2008 e 10 out. 2008].Entrevistador Marcos Santuário. Porto Alegre. GUSMÃO, Carlos Eduardo. Grupo Editorial Sinos [12 jan 2008 e 10 out. 2008].Entrevistador Marcos Santuário. Porto Alegre. GUSMÃO, Sérgio. Grupo Editorial Sinos [20 jan. 2008].Entrevistador Marcos Santuário. Porto Alegre. FERRÃO, Nelson Ferrão. Grupo Editorial Sinos [13 jan 2008 e 12 out. 2008].Entrevistador Marcos Santuário. Porto Alegre. KLEIN, Marcus. Grupo Editorial Sinos [13 jan 2008 e 16 nov. 2008]. Entrevistador Marcos Santuário. Porto Alegre. SCHMITZ, Miguel. Grupo Editorial Sinos [13 jan 2008 e 20 out. 2008]. Entrevistador Marcos Santuário. Porto Alegre.


Virtudes y dilemas de las Políticas de Comunicación del sector audiovisual (TV y Cine) en la Argentina de la LSCA Santiago Marino, Magíster en Comunicación y cultura (Universidad de Buenos Aires, UBA), Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA), Doctorando en Ciencias Sociales (UBA), Coordinador Académico Maestría en Industrias Culturales: políticas y gestión en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), docente UBA y UNQ. E-mail: smarino@unq.edu.ar GT Nº6 Economía Política de las Comunicaciones Resumen: El sistema de medios de comunicación de Argentina se ha caracterizado, históricamente, por su estructura privada y comercial, con acciones estatales que tendieron, en la mayor parte de los procesos, a beneficiar esta lógica Después de la década de 1990 y las políticas neoliberales de las administraciones de Carlos Menem (1989-1995, 1995-1999) esa tendencia se profundizó en la radiodifusión (televisión abierta y de pago, radio AM y FM). Sin embargo, el sector del cine atravesó una reforma durante ese período (en 1994) que derivó en una política de fomento a la producción, distribución, exhibición de películas nacionales. Esto puede definirse como la paradoja del sector audiovisual (Marino, 2012). Desde el advenimiento de la democracia, la ley de radiodifusión fue modificada para permitir la creación del conglomerado de medios de comunicación. Desde entonces, la concentración de propiedad de los medios ha crecido de manera constante, y cada nuevo gobierno reforzó la estructura heredada. Desde 2008 el gobierno de Cristina Fernádez de Kirchner (CFK) y los grandes grupos de comunicación (fundamentalmente el Grupo Clarín) sostienen un enfrentamiento muy visible, cuya cima se produjo a partir de la aprobación de una nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que habilita la transición a un cambio de lógica, y fundamentalmente establece algunos límites a la concentración de propiedad de los medios, a la vez que propone nuevas condiciones en la producción de contenidos audiovisuales. El presente trabajo propone un recorrido por las políticas públicas de comunicación del sector audiovisual (TV y Cine) en Argentina. En primer lugar, se propone una descripción del contexto nacional argentino en la post devaluación (a partir de 2002),


para analizar, en segundo lugar, los cambios que se destacan en una segunda etapa, desde 2007 hasta 2011, en el que se configura el primer mandado de CFK. Se presentará una sistematización de datos y un recorrido por el proceso, con el objetivo de habilitar una lectura crítica, que de cuenta de los rasgos positivos y negativos de la política, para proponer una hipótesis que sostiene la permanencia existencia de una tendencia contradictoria entre el cine y el resto de los sectores audiovisuales en país, cómo así también de los primeros efectos del cambio en las políticas de comunicación para el sector audiovisual de la Argentina. Ponencia Los medios masivos de comunicación social atraviesan un proceso de transformación complejo y dinámico, a partir de una serie de cambios, entre los que se destacan: el desarrollo de las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (NTICs); las tendencias económicas (de concentración y transnacionalización de la propiedad); las políticas-regulatorias (que los afectan, limitan o profundizan); y los nuevos usos sociales. Esta situación lleva más de veinte años, con momentos de mayor o menor intensidad en cada uno de los factores. Y pone en crisis el modo en que funcionan, así como su gestión, el desarrollo profesional de los que se desempeñan en relación directa (periodistas, investigadores, docentes) y sobre todo, su propio rol de elementos claves en las sociedades mediatizadas que habitamos, integramos y a las que damos forma. En la región atravesamos una instancia novedosa, que implica el tejido de un conjunto de políticas que avanzan a contramano de la lógica mundial, con diferencias y bemoles en los distintos países. En Argentina, desde 2008 los medios se encuentran en el centro del debate. Se discute sobre sus características, necesidades y demandas. Pero también sobre sus diferentes tipos y modos de gestión, de acuerdo a sus objetivos y formas, dado que son organizaciones complejas que trabajan con una mercancía de doble valor: material y simbólico. El presente trabajo propone un recorrido por las políticas públicas de comunicación del sector audiovisual (TV y Cine) en Argentina. En primer lugar, se propone una descripción del contexto nacional argentino. Luego, una breve sistematización de la política de cine. Y más adelante, un detallado recorrido por las políticas de radiodifusión desde 2002 en adelante, para analizar, en segundo lugar, los cambios que


se destacan en una segunda etapa, desde 2007 hasta 2011, en el que se configura el primer mandado de CFK. Se presentará una sistematización de datos y un recorrido por el proceso, con el objetivo de habilitar una lectura crítica, que de cuenta de los rasgos positivos y negativos de la política, para proponer una hipótesis que sostiene la permanencia existencia de una tendencia contradictoria entre el cine y el resto de los sectores audiovisuales en país, cómo así también de los primeros efectos del cambio en las políticas de comunicación para el sector audiovisual de la Argentina. Un mapa para el recorrido. El sistema de medios de comunicación de radiodifusión Argentina se ha caracterizado, históricamente, por su estructura privada y comercial, con acciones estatales que tendieron, en la mayor parte de los procesos, a beneficiar esta lógica. Desde el advenimiento de la democracia, la ley de radiodifusión fue modificada para permitir la creación del conglomerado de medios de comunicación. Desde entonces, la concentración de propiedad de los medios ha crecido de manera constante, y cada nuevo gobierno reforzó la estructura heredada. Durante la década de 1990 mediante políticas neoliberales de las administraciones de Carlos Menem (1989-1995, 1995-19991) se profundizó esa tendencia en la radiodifusión (televisión abierta y de pago, radio AM y FM). Sin embargo, el sector del cine atravesó una reforma durante ese período (en 1994) que derivó en una política de fomento a la producción, distribución, exhibición de películas nacionales. Esto puede definirse como la paradoja del sector audiovisual.2 Luego del estallido de la crisis de 2001 que implicó el final del gobierno de la Alianza, la gestión de Eduardo Duhalde mantuvo en la radiodifusión las condiciones que derivaron en beneficios a los privados, aunque la implementación en el marco regulatorio se materializó después de la entrega del mando a Néstor Kirchner y hasta más allá del final de su mandato3.

1

Ver más en Mastrini (coordinador) 2005

2

Ver más en Marino, 2012, en prensa

3

Ver más en Califano, 2009


Por diversas razones sobre las que aun se discute en profundidad4 desde 2008 el gobierno de Cristina Fernádez de Kirchner y los grandes grupos de comunicación (fundamentalmente el Grupo Clarín) sostienen un enfrentamiento muy visible, cuya cima se produjo a partir de la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) 26522/09, que habilitó la transición a un cambio de lógica, establece límites a la concentración de propiedad de los medios y propone nuevas condiciones en la producción de contenidos audiovisuales. El escenario se completa con la política de Televisión Digital Terrestre (TDT) implementada en el país desde 2009, con resultados interesantes, aunque en un camino paralelo al de la LSCA y la política de cine del país. El resultado del proceso es rico en matices y desafiante a la hora de proponer lecturas y posibles acciones que reencausen un camino con objetivos generales positivos pero materializado en estrategias de aplicación contradictorias Los dominadores de un mercado concentrado Las acciones de regulación descriptas habían generado una estructura de propiedad fuertemente concentrada y con una importante participación de capital extranjero. El resultado fue un mercado de medios con pocos actores muy poderosos que controlan la mayoría de las empresas de comunicación del país, un mapa dominando por dos grandes grupos, un tercero focalizado en una región específica y muchas voces con capacidad limitada, a saber. El “campeón nacional”: Clarín El Grupo Clarín es líder en el mercado argentino de medios de comunicación. Incluye los segmentos de prensa, publicaciones e impresión; televisión por cable y acceso a Internet, televisión abierta, radio y otras actividades relacionadas. Posee el mayor sistema de televisión por cable y el diario de mayor circulación de América Latina (Mastrini y Becerra, 2006). Con una amplia oferta de información, opinión, entretenimiento y cultura, sus productos y servicios se expanden diariamente a diversos segmentos de la sociedad argentina. Sus accionistas mayoritarios son Ernestina Herrera de Noble, Héctor Horacio Magnetto, José Antonio Aranda y Lucio Rafael Pagliaro, a través de la sociedad GC Dominio S.A. Desde noviembre de 2007 colocó en las Bolsas de Londres y Buenos Aires el 20% de su capital. 4

Ver más en Mochkofsky, 2010, entre otros


La lista de medios de comunicación que controla el grupo es: • Televisión por cable y acceso a Internet: Cablevisión, Multicanal, Teledigital, Prima, Fibertel, Internet Flash y más de 200 operadores de televisión por cable en distintas localidades del país; •

Publicaciones

e

impresión:

Agea

(Ferias

y

Exposiciones,

“clarín.com”,

“masoportunidades.com”, Tinta Fresca editorial, AGR, Unir, Impripost), Clarín Global (Cimeco: Diario Los Andes de Mendoza, Diario La Voz del Interior de Córdoba, el 43 % de Papel Prensa S.A., Diario Clarín, Diario Olé, Diario La Razón (de distribución gratuita), Agencia Diarios y Noticias (DyN); • TV, radio y programación: ARTEAR (Canal 13, Telecolor Canal 12 de Córdoba, Telba Canal 7 Bahía Blanca, 50 % de Pol-Ka Producciones, 30 % de Patagonik Film Group, 30 % de Ideas del Sur, 15 % de Canal Rural Satelital), IESA (Televisión Satelital Codificada –transmisión de eventos deportivos- y TRISA –propietaria de los derechos de transmisión de partidos de fútbol de la AFA- y derechos de transmisión de eventos de automovilismo deportivo), Radio Mitre (con más de 50 repetidoras en todo el país) y FM 100 (con más de 50 repetidoras en todo el país), Canal T y C Sports, Canal Metro, Canal Magazine, Canal Volver, TN; • Contenidos digitales y otros: Gestión Compartida y Compañía de Medios Digitales. El campeón extranjero: Telefónica Telefónica de Argentina es propiedad de Telefónica Internacional. Compone el grupo multimedios de capitales extranjeros más importante del país y controla las siguientes empresas: Adquira (comercio electrónico), Atento (ofrece servicios de atención a clientes a través de plataformas multicanal o “contact centers”: teléfono, fax e Internet; Fundación Telefónica (desarrolla labor social en los países en los que opera Telefónica; Pléyade Argentina (broker de seguros del Grupo Telefónica en la Argentina; Telefe (televisión abierta, producción de contenidos, productora de cine y de eventos deportivos, y participa además en un sello discográfico y en una empresa de marketing directo); Telefónica de Argentina S.A. (opera servicios de telefonía fija -nacional e internacional-, telefonía pública y acceso a Internet con las marcas Advance -dial up- y Speedy -banda ancha-; Telefónica Empresas (representa en la Argentina la línea de actividad del Grupo Telefónica que opera en todo el mundo en el negocio de las


soluciones integrales de comunicaciones de voz y datos, y de soporte de Internet para empresas; Telefónica Negocios (servicios corporativos para pymes y profesionales); Telefónica Móviles Arg. S.A. (filial que suministra servicios de telefonía móvil o celular, operando bajo la marca Movistar); tgestiona (suministra servicios profesionales, “outsourcing” y consultoría en las áreas de recursos humanos, comercio exterior, seguros, logística, contabilidad, gestión inmobiliaria, seguridad y servicios generales; Terra (portal de Internet, desarrollos tecnológicos y contenidos y servicios “on-line” del Grupo Telefónica). Desde 1998, Telefónica de Argentina adquirió además a través de terceros ocho licencias de canales de televisión abierta en distintas localidades del país: Canal 7 de Neuquén, Canal 8 de Córdoba, Canal 8 de San Miguel de Tucumán, Canal 11 de Salta, Canal 5 de Rosario, Canal 13 de Santa Fe, Canal 8 de Mar del Plata y Canal 9 de Bahía Blanca. Su plataforma de negocios incluye la producción cinematográfica (Telefe Cine) con las películas más exitosas de los últimos años, como así también la producción de discos (Telefe Música) y espectáculos teatrales (Telefe Teatro). También es una marca fuerte en radio, a través de Radio Continental en AM y FM (Hit) y su cadena de emisoras a nivel nacional. Con Telefe, sus canales del interior propios y asociados, los cableoperadores de todo el país y la cadena de Radio Continental, el Grupo Telefe tiene una cobertura de casi el 100 % a nivel nacional. Tercero, cómodo: Grupo Uno El Grupo Uno es el tercer multimedios del país, de acuerdo con la cantidad de medios controlados, el nivel de concentración, la cobertura y la facturación. Es el de origen mendocino, controlado por Daniel Eduardo Vila, Alfredo Luis Vila Santander y el ex ministro menemista José Luis Manzano. Cuenta con la participación de Francisco De Narváez en algunas unidades de negocio, como el canal de televisión abierta América 2 y la señal de noticias A24. Además de las emisoras mencionadas, el multimedios controla las siguientes señales: Canal 13 (Junín-Buenos Aires, actúa como repetidora de América), Canal 7 (Mendoza, cuenta con 5 repetidoras), Canal 6 Telesur (San Rafael, Mendoza), Canal 8 (San Juan, cuanta con 6 repetidoras) y Canal 5 (San Juan). En el sector de la televisión por cable el multimedios controla Supercanal Holding, con presencia en Cuyo y en el sur del país, además de Bolivia y República Dominicana. Por su parte, en radio AM y FM tiene las


licencias de AM 910 Radio La Red y FM Milenium, ambas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, además de la propiedad de Radio Nihuil (AM y FM) y Montecristo FM en Mendoza. En prensa gráfica, el medio de origen del grupo, si bien acaba de vender al empresario santafecino Orlando Vignatti el control de Ámbito Financiero, el Grupo Uno controla el diario Uno de Mendoza, de Entre Ríos y de Santa Fé, junto al matutino La Capital de Rosario (Santa Fe), Ciudadano (Mendoza) y La Mañana (Córdoba). Completa su presencia en el sector editorial con las revistas Sopa, Nueva y Primera Fila, todas ediciones regionales. Con las empresas Airlink SA (de telecomunicaciones) y Metrópoli (anuncios de vía pública, en Rosario, Santa Fe), este grupo regional con presencia nacional acciona en otras ramas y sectores de las industrias culturales “Los otros” (o el resto del negocio) En resto del espacio de los medios privados comerciales accionan empresas de medios que distinto tipo y con diferentes capacidades de incidencia. En primer lugar, las empresas controladas por Daniel Hadad se desarrollan fundamentalmente en el sector de la radiodifusión. Este empresario (que contó con distintos socios en diversos emprendimientos comerciales) es propietario de la licencia de Radio 10 (AM 710), la emisora líder del negocio (que controla 40 % del share) y de la FM MEGA, la más escuchada, también por amplio margen (alcanza 22% del share), además de otras señales de FM como Vale (tercera en share, con 10 %), FM Pop y FM Amadeus. Es titular de la señal de noticias C5N y de los portales infobae.com (sobre el que mantiene dominio a pesar de haber vendido a Sergio Spolsky el diario Bae el año último) y 10musica.com. Por su parte, Hicks, Muse, Tate & Furst Incorporated (HMT&F) ha visto reducida su participación en el mapa de medios nacional. Este grupo, que actúa como fondo de inversión, tiene como accionista al Citicorp (23 %) y en oferta pública en la Bolsa el 4,73 % del total. Sus intereses comerciales están hoy focalizados en los contenidos para televisión por cable, ya que controla las señales Space; I- Sat; Infinito; Locomotion; Cl@se; HTV; Much Music; Venus; Playboy TV; FTV y distribuye la señal de Crónica TV al interior del país. Además, comparte con otros capitales la titularidad de la productora Claxon Interactive Group, de la que ostenta 35 %.


Política de Cine en Argentina La industria del cine en Argentina es una industria pequeña, aparentemente débil, pero es también la segunda industria del idioma español y una de las diez industrias más importantes de occidente, por la cantidad de películas y por su presencia en el mercado mundial. La actividad cinematográfica está regulada por la Ley 17741 (publicada en el Boletín Oficial el 30 de Mayo de 1968) con las reformas introducidas por las leyes 20170, 21505, 24377 (1994) y el decreto 1536/02. La norma regula y fomenta la actividad (con las sucesivas reformas y reglamentaciones), y constituye el instrumento con el que se “brinda protección de los espacios culturales y audiovisuales en los términos del art. 75 inc. 19 de la Constitución Nacional” (Raffo 2003, 18). Esta ley crea el organismo de aplicación, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), define lo que entiende por “película nacional”, establece las condiciones para su comercialización y exhibición obligatoria, genera y destina recursos para el crédito y el subsidio a la producción, fomenta las coproducciones, promociona el cine nacional en el exterior y prevé el apoyo y p El sector del Cine se percibe, por un lado, una fuerte concentración en el sector de distribución y exhibición de films, y un importante dominio de la producción y exhibición de producciones extranjeras. No obstante lo cual se releva, por otro lado, un conjunto de acciones y decisiones del agente estatal pertinente (el Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales) que puede vincularse con una política de fomento y protección de las producciones nacionales, vía las reformas realizadas 1994 a la Ley 17741 de Cine, el Plan de Fomento, las normativas sobre Cuota de Pantalla y financiación de films nacionales (vía impuesto directo sobre el valor de las entradas), los espacios de exhibición INCAA, créditos para producciones y coproducciones y la política de reconocimiento al género documental y documental político en el financiamiento, además de apoyo y realización de festivales y otras actividades, es decir: un conjunto de acciones que protegen y propugnan la producción diversa de films que quizás no llegarían a concretarse o mantenerse en exhibición sin estas normativas, planes, programas y proyectos de fomento.5

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Diciembre 2001, estallido y después Luego del estallido de la crisis del modelo neoliberal, Eduardo Duhalde llevó adelante un gobierno de transición que debió adelantar su culminación como consecuencia de los asesinatos de Kosteki y Santillán en la Estación Avellaneda6. Su gobierno se desarrolló en condiciones de una crisis social, política y económica muy profunda. Y entre sus decisiones más destacas se subraya la devaluación de la moneda en febrero de 2002, a partir de lo cual cambiaron sustancialmente las condiciones macroeconómicas del país (Basualdo, 2007). En materia de regulación de medios es necesario destacar la sanción en 2002 del Decreto 1214, que permitió el acceso a licencias de FM para los municipios y de TV abierta para las provincias, además de quitar el rol subsidiario del Estado en relación con los privados. Durante la gestión de Kirchner se reforzó la estructura heredada, mediante un conjunto de medidas que -puestas en serie- construyeron este sentido. Se toman en cuenta y orden cronológico aquí la línea que comienza con la norma que “abrió” el proceso, la Ley de Protección de Industrias Culturales Nº 25750, sancionada el 18 de junio de 2003 (es decir, apenas tres semanas más tarde de la asunción del mando del ex gobernador de Santa Cruz y el apoyo del duhaldismo, que controlaba la mayoría en el Congreso), que excluye a las empresas de medios de comunicación de la aplicación del sistema de cram down (establecida en la Ley de Quiebras, que implica que los acreedores pueden apropiarse de la empresa deudora hasta cubrir el monto adeudado) y establece en 30 % el límite de la participación de capital extranjero en este tipo de actividad económica. En mayo de 2005 el Decreto 527 estableció condiciones de licencias casi vitalicias, ya que suspendió el plazo del conteo de los años de las mismas por 10 años, luego de haber otorgado las renovaciones reconocidas por la ley -de 10 años- a los canales 11 y 13 en diciembre de 2004. Cierto es que la aprobación en ese mismo año de la Ley 26053 implicó una mejora en el acceso de algunos sectores excluidos de la posibilidad de acceder a licencias, porque dicha normativa permitió que las organizaciones sin fin de lucro puedan recibir el reconocimiento de operatividad como licenciatarios de medios de radiodifusión, con la excepción de las cooperativas prestadoras de servicios públicos

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Ver más en Marino, 2007


de carácter monopólico. Pero las ventajas para la concentración no sesgaron y la parábola abierta en 2003 cierra en diciembre de 2007, a partir del Dictamen 637 de la Secretaría de Defensa de la Competencia, que permitió la operación conjunta de las empresas prestadores de Televisión por Cable “Multicanal” y “Cablevisión”, las cuales son controladas desde noviembre de 2006 por el mismo dueño: el Grupo Clarín. Puede plantearse entonces que las acciones en materia de políticas de comunicación consolidaron la estructura heredada, o bien acrecentaron condiciones negativas para la democracia. Nuevo gobierno, crisis política y cambios en la(s) política(s) A partir del conflicto entre el gobierno de CFK y las principales organizaciones patronales del sector agropecuario, iniciado en marzo de 2008 en torno a la decisión de incrementar el precio de las retenciones a la exportación de granos y oleaginosas, y luego de las protestas y el lock-out que recibió un fuerte apoyo de los grupos multimedios, se reactivó en Argentina el debate sobre el rol y la regulación del sistema de medios. Tras varios meses de discusión que retomaron las acciones de más de 25 años de militancia de organizaciones por la democratización de los medios (Becerra, Mastrini y Marino, 2010) el PEN generó el proyecto “para pagar una vieja deuda de la democracia”, en palabras de la presidente Cristina Fernández de Kirchner. Este proceso se inserta en una Argentina en la cual -desde la década de los noventaasistimos a un proceso de centralización de medios en pocas manos, que el Estado (mediante los distintos gobiernos) hasta 2009 no hizo más que alentar. En octubre de ese año el Congreso sancionó la LSCA que reemplazó a la norma de facto 22.285 sancionado en 1980 por la última dictadura militar y que había sido reformada en múltiples ocasiones7. Como elemento más destacado, reconoce tres tipos de prestadores: estatales, privados comerciales, y privados no comerciales. Dentro de los actores estatales, la ley reconoce la importancia de la radiodifusión universitaria, y para el sector sin fines de lucro garantiza la reserva del 33 % del espectro, en todas las bandas y frecuencias.

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Ver más en Mastrini (coordinador), 2005.


La LSCA procura impedir la concentración de los medios. En este sentido, limita a 10 la cantidad de licencias que puede disponer una misma empresa o persona para radiodifusión, 24 para operadores de TV por Cable (con una señal propia), 1 para licencia nacional para operar TV satelital, y hasta un 35% del mercado potencial en todos los casos. Se limita también la propiedad cruzada de medios electrónicos en la misma zona de cobertura, pero no la de medios impresos y electrónicos. De hecho una de las mayores polémicas que despertó la ley fue la prohibición de ser propietario de distribuidoras de cable y canales de televisión abierta en la misma zona. Se establece el plazo de un año para que los licenciatarios que exceden la cantidad de licencias establecidas se adecuen a sus disposiciones. Muchos grupos superan esos topes, y se ven obligados de desinvertir, por lo que han argumentado que se atenta contra la seguridad jurídica de sus inversiones. Ese plazo venció el 28 de noviembre de 2011, pero el grupo Clarín obtuvo una medida cautelar que permite no se le aplique ese aspecto de la regla. En materia de contenidos, se establecen altas cuotas de producción nacional (60%), de producción propia (30%), e independiente (10%) con el objetivo de proteger la industria nacional. También se ha vinculado el sistema de radiodifusión con otras industrias culturales ya que parte de los gravámenes que deben abonar los radiodifusores por el uso del espectro, es girado por la Autoridad Federal a la industria del cine y a la de la música. En relación con el diseño institucional, la ley ha creado la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), compuesta por 7 miembros: 2 designados por el PEN, 3 por el Congreso -asignándole 2 a las minorías- y 3 por el Consejo Federal de Comunicación Audiovisual (CFC). Otro elemento a destacar es la conformación del CFC, instancia de discusión de políticas públicas donde participan representantes de las provincias, las empresas, los radiodifusores sin fines de lucro, los pueblos originarios, los medios públicos, los sindicatos de trabajadores de medios, y las universidades. También se han creado las figuras del Defensor de la Audiencia y un Consejo asesor del audiovisual y la infancia. En materia de contenidos se establecen altas cuotas de producción nacional (60%), de producción propia (30%), e independiente (10%) con el objetivo de proteger la industria nacional. También se ha vinculado el sistema de radiodifusión con otras industrias


culturales ya que parte de los gravámenes que deben abonar los radiodifusores por el uso del espectro, es girado por la Autoridad Federal a la industria del cine y a la de la música. Un camino paralelo: Televisión Digital Terrestre (TDT) La TDT como una plataforma de transmisión de señales de televisión digital en Argentina comenzó a desarrollarse en 2009 por iniciativa del gobierno nacional, luego de la adopción de la norma Japonesa ISBT (Rodríguez Miranda, 2011) y se encuentra en pleno proceso de desarrollo. Se han completado dos de las cuatro fases planificadas, con lo que se logró cubrir el territorio en el que habita el 65% de los ciudadanos de nuestro país, unos 9,5 millones de hogares (www.tda.gov.ar/contenidos/mapa.html ). Ahora bien, el total de personas que pueden ver la TDT es sensiblemente menor. Si bien no hay datos oficiales (ni privados ni públicos),

para el Dr. Martín Becerra,

Investigador de CONICET y Profesor de la Universidad Nacional de Quilmes, “se estima que poco menos del 10 % de quienes están cubiertos por la antenas de TDT acceden a sus señales, por la cantidad de decodificadores distribuidos a la fecha.” que cuentan con el equipamiento necesario para ello: un televisor de nueva generación con recepción digital, o un decodificador para adaptar un equipo analógico. La inversión que lleva adelante el Estado desde el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, se implementa en una Argentina de 14,2 millones de hogares (www.censo2010.indec.gov.ar/ ), en la que el 97,8 % tiene al menos un receptor de TV y hay más de 7,5 millones de abonados a televisión de pago (Marino, 2012). En ese contexto, el gobierno llevó adelante un plan para entregar 1.180.000 decodificadores a personas de sectores sociales vulnerables. Entre los beneficiados están quienes cobran la Jubilación Mínima y la Asignación Universal por Hijo (AUH). A esta altura, los datos oficiales sostienen que el plan se completó en un 80,3 % ya que se entregaron 948.120 ( www.estadisticas.tda.gob.ar/ ). La LSCA en la pantalla La nueva Ley debe ser comprendida como punto de partida hacia la democratización del sistema de comunicación y cultura. No es la etapa final de un proceso, sino el comienzo de un camino. Ese recorrido que apenas se inicia debería implicar cambios en la estructura y composición del sistema de medios. Además estipula una serie de


condiciones que, de cumplirse, podrán modificar la oferta cultural audiovisual, los tipos de discursos y los contenidos, como apertura hacia la diversidad. Después de poco más de un año de aplicación, puede verse como los principales canales de Televisión, señales de Cable y radios AM o FM comenzaron a distinguir entre los contenidos formales de sus programas y los “anuncios publicitarios”, unos y otros separados ahora por placas o audios específicos. Además, la mayoría de los medios anuncia, varias veces por día y con distintos grados de originalidad, quiénes son los responsables de cada emisora, y si se trata de una empresa, una persona o un colectivo sin fines de lucro. Aunque, claro, lo más importante está por venir. La transición en la oferta audiovisual será un proceso complejo y largo. El nuevo marco legal establece condiciones que obligarán, por ejemplo, a incrementar la producción propia de contenidos de las señales. Este es un elemento central, sobre todo si se parte de situaciones como las que demuestra el 7mo Informe de Contenidos de TV Abierta8, que ponen de manifiesto el centralismo del sistema y la alta penetración de los contenidos emitidos por los canales de cabecera propiedad del Grupo Clarín y Telefónica, y destaca que del total de horas emitidas en los canales de Televisión, 86 % son retrasmisiones de producciones de Canal 11 (44 %) y de Canal 13 (42 %). Los nuevos mínimos de producción local y propia9 nos habilitan a esperar más contenidos locales, regionales y federales. Aunque los resultados no se perciben aun de modo concreto. Los nuevos contenidos que podrían generarse se completan, además, con la exhibición de varios films de producción nacional de los muchos que se realizan en nuestro país con dinero del INCAA, estableciendo nuevas ventanas de distribución para esas producciones y garantizando mejores condiciones de acceso de los ciudadanos para un cine que producimos, pero que no miramos (masivamente). También se crean las condiciones para que los canales y productoras (definidas en sentido amplio, con y sin fines de lucro) realicen telefilms y productos de ficción, muy relevantes para el desarrollo de la cultura local, para la construcción de la identidad, y para la generación de empleos en esta área.

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Realizado y distribuido por la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual.

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Según cada tipo de medio y zona de cobertura


Virtudes y dilemas El nuevo escenario normativo, con objetivos democratizadores y compatible con la defensa del Derecho a la Información, avanza sin embargo con una serie de cuestiones pendientes, entre las que se destacan elementos propios de la aplicación sesgada de la norma, o bien cuestiones que no podían (o debían) ser resueltas en la ley. En principio, resulta urgente un debate sobre y la aprobación del Plan Técnico de Frecuencias, que permitirá conocer, entre otros aspectos, la cantidad de emisoras que el espectro radioeléctrico nacional soporta, y así tener en claro cuántas corresponden al tercio reservado como objetivo democratizador. El plexo normativo definido desde el Estado para el sector de la adiodifusión desde 2002 a 2009 benefició al sector privado y profundizaron la estructura de concentración, los aplicados en el sector del Cine mejoraron las políticas de apoyo a la producción y exhibición para los film nacionales. Desde 2009 en adelante la regulación cambia sus objetivos y establece tanto una serie de límites a la concentración de la propiedad como un intento de fomentar la diversidad de los contenidos en el sector de la radiodifusión. La política de cine se mantiene y sus resultados en materia de producción de contenidos son satisfactorios, no así los de distribución y exhibición. En ese marco, debe incluirse además el avance tecnológico y la novedad de la digitalización. Algunos aspectos que resultan de esta política pueden evaluarse como dilemas a resolver; en primer lugar, el recorrido paralelo –en términos matemáticos, son dos líneas rectas que nunca se tocan- de la política de TDT y la LSCA,; en segundo lugar, que el organismo de aplicación sea el ministerio de Planificación, sin vínculo con la AFSCA; y en tercer lugar, los resultados de esta gestión dan cuenta de la inexistencia de una planificación integral para el sector audiovisual que integre la política del cine del INCAA con el resto de los organismos. Con la LSCA en plena vigencia10 existen temas pendientes que no dependen de la aplicación de la norma y son cuestiones centrales. Entre ellos, se destaca la incomprensible situación de que su aplicación y la implementación de la política de TDT vayan por carriles paralelos, lo cual resulta incongruente con los mejores objetivos

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A excepción del artículo 161 que establece la cláusula de desinversión.


de las directrices democratizadoras de esta gestión. Por otro lado, el modelo de financiamiento de las organizaciones que cuentan ahora con derechos reconocidos pero a la vez con obligaciones por cumplir (en materia de producción de contenidos propios, infraestructura y cuestiones de funcionamiento) es uno de los desafíos centrales que enfrentan los medios comunitarios, a quienes comprendo como el emergente comunicacional más importante desde el regreso de la democracia en Argentina, muchos de los cuales han dado sobradas muestras de responder a proyectos integrales y ambiciosos en escenarios negativos y de exclusión. Si bien la diversidad de la oferta no está garantizada por la ley, pensar en un sistema audiovisual con mayor variedad no es una utopía, sino un desafío a resolver. Porque los niveles exigidos demandarán mucha inversión en la producción, sin que quede claro aún qué tipo de contenidos podrán generarse, cuáles serán los estándares de calidad y sobre todo, cuáles las fuentes de financiamiento. Responder ésta pregunta es urgente. Pensar mecanismos de promoción es necesario. Y estar atentos a los cambios será clave para identificar si cambia, como esperamos, la oferta cultural, para ver esa ley en nuestra pantalla.


Bibliografía Basualdo, E (2007): Apuntes para Seminario de “Economía Política Argentina IV”, Maestría en Economía Política Argentina, FLACSO. Becerra, Mastrini y Marino (2010): Argentina: regulación democrática y desafíos de su aplicación en http://www.revistaalambre.com/Articulos/ArticuloMuestra.asp?Id=58 Getino, O. (2006): “Negociación e integración en el sector cinematográfico y audiovisual en los países del Mercosur. Antecedentes y experiencias” en www.recam.org Marino, S. (2012): Tesis Doctoral a presentar en marzo de 2012, mimeo, Universidad de Buenos Aires Mastrini, G. y Becerra, M (2006): Periodistas y magnates. Estructura y concentración de las industrias culturales en América Latina. Buenos Aires, Prometeo. Mastrini (coordinador), 2005: Mucho ruido y pocas leyes. Buenos Aires, La Crujía Raffo, J. (2003): “Ley de Fomento y Regulación de la Actividad Cinematográfica”., Buenos Aires, Editorial Lumiere. Rodríguez Miranda (2011): Políticas públicas para la televisión digital terrestre. El proceso de adopción del sistema técnico ISDB-Tb. Casos Argentina y Chile. Tesis para Maestría, mimeo, Universidad Nacional de Quilmes.


ALAIC 2012 XI Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación Montevideo, Uruguay. 9, 10 y 11 de Mayo de 2012

Autora: Tamara Smerling. Licenciada en Comunicación por la Universidad Nacional de Rosario. Posgrado en Planificación y Gestión de Medios de Comunicación y Magíster en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires. Estudiante de Doctorado de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y becaria de CONICET por el Instituto de Estudios de América latina y el Caribe, de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Correo Electrónico: tamarasmerling@gmail.com Grupo Temático: 6 - Economía Política de las Comunicaciones Título del Trabajo: «La Concentración de la Propiedad de los Medios de Comunicación en la Argentina. Un Estudio Comparativo entre las Ciudades del Interior: Córdoba, Rosario y Mendoza. 1990 – 2010» Resumen: El siguiente es un avance de mi investigación doctoral “La Concentración de la Propiedad de los Medios de Comunicación en la Argentina: Un Estudio Comparativo entre las Ciudades del Interior: Córdoba, Mendoza y Rosario. 1990 – 2010”, donde intento analizar el proceso de concentración de la propiedad de los medios de comunicación en las principales ciudades de la Argentina, en el periodo que comprende de 1990 a 2010 y su impacto sobre el pluralismo de medios, la pluralidad informativa y la labor de sus trabajadores. Uno de los principales objetivos de mi estudio es establecer una matriz comparativa de ese proceso de concentración de la propiedad de medios entre los grupos Clarín, Uno y Cadena 3.


Una Breve Presentación La propuesta de esta ponencia es presentar el avance de mi investigación, «La Concentración de la Propiedad de los Medios de Comunicación en la Argentina. Un Estudio Comparativo entre las Ciudades del Interior: Córdoba, Rosario y Mendoza. 1990 – 2010», dirigida por Damián Loreti y Guillermo Mastrini, que forma parte de la tesis del doctorado en Ciencias Sociales que realizo en la Universidad Nacional de Quilmes. Se trata de una tarea que comencé en la Maestría de Periodismo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde indagué en la propiedad de los medios en Rosario desde 1997, cuando el Grupo Uno llegó a la ciudad y centralizó todas las empresas de comunicación. Ese trabajo fue titulado: «Diez años de concentración de la propiedad de los medios de comunicación en Rosario: del Decano de la Prensa Argentina al Multimedios La Capital. 1997 / 2007» y fue dirigido por el doctor Martín Becerra en 2009. La denominada Economía Política de la Comunicación o Economía Crítica de la Cultura y la Comunicación –como prefiere llamarla Ramón Zallo, uno de los pioneros en este tipo de investigaciones— servirá de marco para mi trabajo. Me resulta relevante porque analiza la comunicación desde su devenir económico y político y también porque entiende a los medios de comunicación en tanto industrias culturales. Será, mediante este paradigma, donde podré soslayar determinados aspectos de la Comunicación que me interesan desentrañar en la presente investigación. En mi nuevo estudio lo que me propongo indagar entonces es el proceso de concentración de la propiedad de los medios de comunicación en las principales ciudades del Interior de la Argentina: esto es, Córdoba, Rosario y Mendoza, en un periodo que abarca desde 1990 hasta 2010. En la mayor parte de los casos, los trabajos de investigación sobre los temas de la propiedad de los medios de comunicación remiten al análisis de la estructura nacional de determinados países. Muchos menos son los estudios que han generado una dimensión comparativa del proceso de concentración a escala regional. Sin embargo, las investigaciones que han constituido una referencia principal para este trabajo son las que realizaron sobre los países de América latina, durante 2000 y 2004, Guillermo Mastrini y Martín Becerra en trabajos como Periodistas y magnates. Estructura y concentración de las industrias culturales en América Latina y Los dueños de la palabra. Acceso, estructura y


concentración de los medios en la América latina del Siglo XXI para el Instituto Prensa y Sociedad. El periodo que elegí para la investigación se justifica por las siguientes consideraciones: En primer lugar, porque durante la década de 1990, la llegada de Carlos Menem a la presidencia de la Nación supuso una serie de cambios en la composición accionaria de la mayor parte de los grupos de comunicación en la Argentina. Los capitales extranjeros fueron un eje primordial en este nuevo fenómeno. Los canales de televisión fueron privatizados, se desregularon los servicios de comunicación, se incrementaron los grupos de comunicación y se produjo una centralización inédita hasta entonces en ese capital accionario. Es por esto que decidí tomar, a modo de punto de partida para la presente investigación, el final del gobierno de Raúl Alfonsín y el comienzo de la presidencia de Carlos Menem como inicio del trabajo. En segundo lugar, ese lapso no solo implicó una gran cantidad de cambios en la concepción y la regulación de los medios de comunicación en la Argentina. También se produjeron una serie de mutaciones tecnológicas, sociales y culturales de gran envergadura que permitieron una transformación total de las empresas de medios y su rol en el mercado. En tercer lugar y, por último, el punto final de la investigación fue cerrado en el 2010, por erigirse como el año donde se terminó de dar un cambio radical en la concepción de los medios de comunicación y en los distintos roles que asumió el Estado en materia de información durante los últimos veinte años. La aprobación, por parte de la Cámara de Diputados y Senadores de la Nación, de una nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual –la denominada Ley de Medios–, dispuso un nuevo escenario en las comunicaciones de la Argentina. El 1° de Septiembre de 2010, fue la presidenta Cristina Fernández de Kirchner quien firmó el Decreto 1.225 con la reglamentación de la ley. La nueva norma especifica que uno de sus objetivos es “garantizar la libertad de expresión en todas sus modalidades”. Pese a esto, como veremos a lo largo de nuestro trabajo –y en la comprobación de las principales hipótesis—aún falta un camino por recorrer para la implementación efectiva de la norma.


La elección de las ciudades tampoco es aleatoria. Córdoba, Rosario y Mendoza, las principales ciudades del Interior del país y también las que reúnen la mayor cantidad de habitantes en sus áreas urbanas y metropolitanas después de Buenos Aires, fueron localidades donde, hasta 1990, se presentaba un panorama de medios de comunicación relativamente diversificados, donde la prensa era el faro que iluminaba las agendas del resto de los medios de comunicación como la radio o la televisión. La prensa local, marcada por la impronta de las principales familias, tradicionales, de la ciudad, se erigió durante muchos años como la cabecera de los medios con una serie de periódicos hegemónicos: La Voz del Interior (en el caso de Córdoba), La Capital (en Rosario, el primer diario de la Argentina, fundado en 1867) y Los Andes (en Mendoza), una serie de periódicos que sólo se dejaban opacar por algunos otros diarios satélite, de menor continuidad en el tiempo, menos poderosos y sin el componente fuerte de la tradición familiar como La Mañana, El Ciudadano y El Sol. El panorama de medios locales se completó, durante todos estos años, con las principales estaciones de radio y televisión locales que replican las programaciones de los canales de aire o los portales de Internet de Buenos Aires. Justamente, según indagaciones del mismo COMFER, en un estudio que realizaron sobre la programación de los canales de cada una de las provincias, en 2001, la retransmisión de programas originados en Buenos Aires en 34 estaciones provinciales ascendía al 76 por ciento. Estos canales producían o coproducían sólo el 14 por ciento de la programación emitida; principalmente, informativos. Las producciones de ficciones en los canales provinciales, por otra parte, era completamente nula y, según este mismo estudio, casi el 40 por ciento del territorio era aún inaccesible para el sistema abierto de televisión. Estamos en condiciones de afirmar que, diez años después de aquella investigación, esta situación no varió y que los canales de aire locales continúan emitiendo la programación de Telefé o Canal 13, sin contar los enlatados de otros canales de Buenos Aires como América TV o Canal 9. También, en una entrevista realizada por esta autora, el gerente de la Asociación de Diarios del Interior de la República Argentina (ADIRA), Felipe Videla, reconoció que los denominados diarios “nacionales” no distan mucho de las características de los diarios considerados como “del interior”. Videla, al respecto, menciona: “Una de nuestras peleas


más importantes dentro de la Asociación es dejar en claro que los diarios de Buenos Aires no son la prensa nacional y los diarios del Interior la prensa pequeña. Los diarios nacionales no existen. En todo caso es cierto que los diarios que se editan en Buenos Aires llegan a muchos lugares del Interior, pero en todo caso son la tercera o cuarta opción de un lector. Si se compara el Índice de Localismo, que es la relación que existe entre los diarios locales con relación a otros regionales del país o de Buenos Aires, el periódico local siempre tiene un promedio del 90 por ciento de circulación que el resto de los periódicos. En Córdoba, por ejemplo, el 90 por ciento de los lectores se inclina por La Voz del Interior, El Puntual de Río Cuarto o La Voz de San Francisco. El otro 10 por ciento se reparte entre diarios como Clarín o La Nación. Es decir que estos diarios que se autodenominan ‘nacionales’ en el Interior son periódicos de segunda, de tercera o de cuarta. Como decía un periodista de New York Time: ‘Todos los diarios del mundo son locales’”.

Un Mapa de la Concentración de Medios en el Interior

La llegada de la última década del siglo XX, además de este panorama, también trajo aparejados una gran cantidad