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Francisco Caro es un poeta manchego (Piedrabuena, 1947) que ha dedicado gran parte de su vida a la enseñanza de la Historia. Vive en Madrid. Desde hace no demasiado intenta acompañar el hecho poético, su evidencia: quiero decir que escribe. Ha publicado hasta el momento siete libros de poemas Paisaje (en tercera persona) es el último de ellos, este Salvo de ti es el primero. Entre ambos Mientras la luz, Las sílabas de noche, Calygrafías, Desnudo de pronombre y Cuaderno de Boccaccio. Cree que la intención poética debe limitarse a intentar señalar con trazos leves de tiza el lugar del conflicto, para que pueda ser percibido. Poco más es posible hacer. En este libro, que aquí se abre, la concreción del amor ha servido de abismo, de llamada. Piensa de la tiza que remarca que es tan importante la señal que deja como los espacios vacíos que declara.


Título: Salvo de ti Autor: Francisco Caro © Francisco Caro 2013 Diseño portada: Luisa Navarrete Edición eBook: Alacena Roja www.alacenaroja.blogspot.com www.alacenaroja.com Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de este libro sin permiso previo por escrito del autor. Primera edición Mayo 2013 –CeutíDepósito legal: MU-531-2013 ISTC: A022013000003D37


Salvo de ti Francisco Caro


A Mari Carmen


No será lo que aún no haya venido, sino lo que ha llegado y ya se ha ido. CÉSAR VALLEJO


Morella El frío acecha en esta altura, en esta fortaleza de cegadas ambiciones y piedras frágil el aire, los almendros, inocente su aroma a flores secas, hacia oriente, inmóvil, confiado el mar aguarda, dos junto al brocal, el agua es un milagro en esta cumbre y es de miel este sol de mediodía una foto, tú me buscas a través del objetivo, yo deseo el alivio de tu cuerpo, desnudarte quiero la voz desnuda en el poema.

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I (los cuerpos)


De vivir en la arena, bajo el sol, son nobles esos cuerpos. JAIME GIL DE BIEDMA


Como al norte A tu cuerpo acudo, como al norte, como a las montaĂąas blancas a tu cuerpo como el copo secreto, lĂ­vido, leve, que el aire deposita de un incendio de sombras, de la pobreza llego, del patio enjalbegado, desde umbrales que saben del peligro y de las noches perpetuas de calma vamos hacia la sal que guarda los deseos y el dolor de las nubes, al secreto de claros temporales que sin denuncia, fecha ni cautela conducen a la herida

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(callo si callas tu voz es el temblor de mar, que avanza y amo).

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No sólo abril No sólo abril es cruel, a veces mayo olvida vestirse de alegría yo entonces aprovecho los momentos de hierba que me ofreces para contar con mimo tus silencios entro en ti, recorro sin furia los rincones que la melancolía deja en tu vientre, cuento una a una las rendijas rebeldes y claras de tu boca, muerdo en ti las tristezas que en ti encuentro, olvido lluvias y relojes, bebo sobre tu piel una amalgama de lejanía y versos cardinales 19


con temor de pretéritos y estíos miro tu cuerpo, cierto y grávido, futuro.

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Barcinos años Era la ciudad de jaime gil era el solsticio, su nocturna impaciencia quien extendía un incendio de hogueras prevenidas por la cima vegetal de las terrazas eran brasa san juan y nuestros cuerpos, era la tarde en que ardían felices multitudes, ríos de cobre, jóvenes de espuma, por el orgullo claro de las calles era la noche alzada a todos los deseos y en ellos tú, cuando al filo de la herida ofreciste jugar a los decires, arrastrar nuestros nombres, nuestros labios, sobre carnales atlas, 21


sobre tibias y escritas epidermis de cráteres y nácar era tu juego arder en la demora atarazanas y soñaba tu mano el equilibrio, derivas del timón entre las aguas besalú dije, y eran cauce los arcos de tu pecho a un torrente caudal y desatado canigó, y emprendían los labios su escalada hacia alturas de llamas, de ceniza ansiaban nuestras bocas los volcanes, la nieve derramada al alba, gastados ya los mapas y el deseo, tu boca terminó su búsqueda de huecos, de frescas alamedas en aquellos quemados territorios 22


apenas luz remota, cuando el día y las sábanas hallaron litorales, desnudos, solitarios, los maculados cuerpos y desnudos salimos al balcón porque el mar de los dos nos conociera, quisimos que guardara por siempre aquel instante, aquella fiebre que aún ahora gozo todavía (sí, os amo todavía barcinos años, piadoso fuego, calles de aventura, amanecido tiempo de prodigios).

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Verbos antiguos Esa noche, recuerda, de abiertos yunques y de labios, rasgamos los aromas, las cerrajas, acero y desencanto, de aquel baúl de sal y aguamarina que el silencio del mar quiso dejarnos arca donde guardar verbos antiguos y olvidar nuestros pájaros sin ojos esa noche, recuerda, ya en la orilla, abiertos en heridas, deseando, nos libramos también de nuestras voces, y así, ausentes de palabras, a la nocturna brea, a los lechos sin alba del salitre, al horizonte esclavo, vertimos, tuyo y mío, los dos cuerpos hasta ser en las aguas esperanza, certeza y un ayer deshabitado 24


(del voluntario pecio el mar, dulcísimo, abandonó las huellas, las señales, su azul mediterránea memoria).

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Oriolana Volvíamos del viento y los jardines, de lluvias empapados y de arenas, nuestros pasos medían el silencio de calles que ignoraban sus balcones todavía recuerdo la incierta madrugada, los dormidos relojes, aquel bar de cuerpos apagados, la blanda espera, el sonido de anises y cristales en olor a café, la carne de tu boca y sobre el negro mármol el libro de un poeta cetrino, vulnerado, celoso de tu pómulo amarillo.

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Noches que vagan Me hablaron otra vez de lo imposible de no perderme contigo en la ciudad pervertida, damero aburguesado (noches que vagarán aún entre las rectilíneas callejas de paul mondrian) y me advirtieron del riesgo que sería caminar de tu mano por las calles sin recitar cien planos, leer las proporciones, perdidos sin ayuda de plomadas no sabían con qué delicadeza bordeabas las curvas evidentes.

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Tu niñez de manzanas Allí las alamedas con sus nombres, las sonoras estampas, el miedo de tu grito, los papeles, tu niñez de manzanas, todo quedó guardado por tu mano sobre tu entrega, yo coloqué los mimbres de mis gestos, campos poblados de ajedrea, los oficios y todos mis días solitarios como láminas débiles de cal así, de tal manera, conjuradas las bocas y vacía de muebles nuestra casa, fiamos al desnudo, fiamos al olvido nuestros ojos y el tiempo venidero 28


(allí, en desvanes dormidos, nuestra noche, allí quedó tu voz: la débil prenda).

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Nórdica Durante el viaje estuve muy atento a la atmósfera nórdica y a ti descuidadas vosotras, yo en vigilia por un verso primero de cernuda cada día miraba los barómetros, anotaba hasta la más pequeña variable en la presión de los ardores los vientos y las nubes, su amenaza, el juego de los tres entre los fiordos estudié cada gesto de tu candor ante los largos días y la escasez difusa de sus noches

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entonces entendí que la tibieza del sol os procuraba como nunca un encanto nebuloso y yo me arrepentí de haber leído la primavera nórdica como el amor es falsa.

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II (la herida)


Tardes hay, sin embargo, en las que manoseo las palabras, muerdo sus senos y sus piernas ágiles... ÁNGEL GONZÁLEZ


A tantos días A tantos días hube de añadir las cien contadas y treinta y cuatro noches que aguardé a que escribiera triste la ausencia de tu voz mis desandanzas para las albas quise una brisa encelada, la claridad del whisky y de la espiga presa aún en el cielo las mañanas en descorazonados textos, antiguos, tuyos, por que deletrearan el cuaderno de hierbas que nos trajo al ágrafo suicidio de estos meses y para el mediodía, cuando los soles vencen a las rosas, busqué en la calle 37


la canci贸n que recorre, como mercurio, la muchedumbre rota de tus venas s茅 que te pueblan bajo la piel senderos de duras nieves, un destierro de bocas que buscan la palabra.

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Vuelvo Vuelvo a tu cuerpo como al secreto de la mina hallada vuelvo a tu deshecho campo, a la rota pradera de granito, a un desgarro de calles, de tiernas galerías, a tu cuerpo vencido por el agua vuelvo a tu cuerpo excavado por almádenas sedientas de caminos, minado por la fuerza subterránea de nuestros dos pronombres sí, entro de nuevo a tu cuerpo de cuevas hondas de olvido, blancos 39


placeres donde fluyen y amanecen vocales desbocadas, roja lascivia, minerales y curvas evidencias, sales, verbos que busco y que recojo.

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Nocturna A la noche te acoges en la noche, desarmada por dĂ­as y distancias, en ti vive todo el temido secreto de las nubes asĂ­, despuĂŠs que anuncian su ausencia las ventanas, tu mirada de sal sobre muros abiertos, en los tintados surcos, busca amparo y se reclina muy lejos, suena el mundo de los perros en furia, el tren que pasa: largo, ronco, lento, como gime lento el aire en el aliso 41


toda tĂş, sola la noche, el agua calla, reposa el tiempo es ahora transparente.

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Has cruzado Has cruzado el instante que separa a mozart del silencio con fatiga de antiguas arboledas el fuego se abandona lรกmparas de nieve niegan su pรกlido cobijo esconden la mirada son mudas las paredes y la espera es la noche, me buscas, te acunas en el lienzo vencida y gata acudes al amor.

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Febrero Fue guardián febrero de pasiones y sus días supieron del secreto callas, hilo a hilo tus ingles se deshacen en un dulce huracán de amaneceres y por la nieve cunde ese temblor que sólo tú conoces si en anhelo de ti llamo a los vientos tu cuerpo, al roce de los aires convocado, esparce, húmedo, su luz y se derrama en el exacto centro -tuyo y míode la herida.

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Arcilla El lecho es ocre y tu deseo arena, modelados en lĂ­neas como bocas arcilla y tiempo, amarilla codicia que penetra los cuerpos de un olor incendiado, que devora no hay futuro sin fuego, somos olvido de la carne, abrasado abandono, indecisas pavesas sobre barro de tejados lamidos por el alba.

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Sobre el reloj Tu noche es boca y agua anónima y redonda, blanca cierva que asciende tú mi tiempo, el mío lo bebiste aquella tarde que me deshice en ti, agua celada dijiste: destrozaré clepsidras con mis labios, y mis horas estallaron despacio y en tormentas luego, seco mi cuerpo, solo, junto a tu cuerpo llueve agua de días, nieva sobre el reloj cuando deseas llegas a mí, me rodeas de brazos, oquedades, y es mi noche un río sin amparo. 46


Deshecha Deshecha, tal vez como el cerezo que proclama de marzo los finales y deshila su flor, así tu voz, ya libre tras el deseo, goza la aurora pregonada repartida, sin cuido, invicta, vuela, no se guarda de los fríos traición del calendario (que su contento ignore todavía los aéreos tajos del oxidado acero, la constante amenaza de las horas) tu voz me llega impalpable y exacta, a la manera como acuden al fuego los ocasos. 47


Fugaz Tuvimos la hermosura aquella noche de luz y cereales, de redes transparentes y de fuego juntos pedimos que no dejara sombras, que guardara en olvido su belleza, porque jamรกs fuera vencida en los campos que pueblen el futuro fue tan fugaz que apenas presentimos un tiempo de temor, la llaga de las hoces, el miedo a su metal desordenado.

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III (los dĂ­as)


Los espejos, el agua se creen que voy solo PEDRO SALINAS


Termina agosto Termina agosto y se agolpa la luz entre tus manos, perdido ya el fulgor de mediodía, mínima y débil, busca los colores segados, su refugio así tus dedos, de un amarillo goce, sorprendidos, prolongan la inquietud que trae la tarde yo miro el libro donde tus manos se iluminan y el perfil de tu piel sobre los dos, alto en azul, severo, hay un cielo que advierte su amenaza aire sin voz que aguarda la soledad desierta del otoño.

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Viento Guárdate de aquellos que no se acogen al asesino manto de la luz callada no niegues el refugio ante su fuerza, no niegues su poder, conoces el frío desaliento, la dulce desazón que te procuran guárdate de la noche, cuando otro viento goce tus paredes alguna vez, desnuda, lo esperaste alta, desafiante, inquieta, luego, alba cierta mis ojos a tu encuentro, sobre rastro de ausencias te descubrí robada. 54


Las horas muertas Las voces han venido a visitarme, a contarme, con esa lentitud con la que visten la tarde y la avaricia sus momentos, c贸mo relata el mar tus horas muertas me dicen lo que saben de ti las aguas dicen saber c贸mo el mar interpreta los caminos, tus manantiales rumbos, las derivas, esa parada c贸mplice, indolente con que obligas al aire a compartir tu gesto y me advierten que cien sales conocen tus proyectos de inciertas alegr铆as, 55


la oferta golpeada de tus senos, las quejas y los filos de tu voz y que emplean pacientes la clemencia, la liviana ebriedad de sus espumas, y la constancia frĂĄgil de las olas, para salvarte el cuerpo de tus ansias tan sĂłlo, dicen por tantas horas muertas sin mĂ­, que les dedicas.

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Grazalema No entendí, bien lo sabes, aquellos deshilados retos tuyos ni aquellos mapas torvos ni aquellos pueblos blancos, ni siquiera el agua de tus ojos al llegar a los altos pinsapares nada sabía de las ocas romanas ni de augures, y así no sospeché la culpable belleza de aquel arroyo, cauce vigilado de adelfas rojas, blancas sólo en el tiempo descubrí que aquellos días fueron tan sólo tuyos, días para trozar dinteles desarmados, la sombra de tu infancia derruida, tu fragua íntima, de enaguas

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fueron tardes añiles que mordieron el borde de tus sueños andaluces y era todo evidencia: el ocre primitivo de los corchos, la cal antigua, como un faro, y los niños colores de la salvia los tres oráculos decían, uno a uno, tus renuncias pero yo no entendí, hasta bien tarde, las caricias inertes ni la tristura carnosa de tu voz en aquel viaje que hoy me llega con un escalofrío.

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La voz morada Suena lejana y tiene un tono inhabitable, un rumor de ruinas aventadas que lacera tu voz morada escrita llega como astillas ocultas en r鱈os de madera devastada, tu voz como jirones de un bosque enmohecido, deshecho en tristes, rotos y vegetales barcos que la mar traspasan 多no son tus verbos densos, 多no son dolidos y extra単os los pronombres?

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¿no temes el sabor inútil y agraz de la distancia? (escribo: así llegas hasta mí como torrente desbocado y mudo).

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Mísero azul Memoria de tu voz, palabras, fragmentos de cristal azogado, que sólo hilvanes de algodón y de brumas recomponen lejanas tus palabras, quiebran, oscurecen, envejecen sus débiles perfiles y confusas habitan los rincones escritos de la espera, los ojos, extrañados, del invierno indefenso, renuncio a los afanes de la memoria clara, y sin otro poder recolecto tu voz, aroma incierto, en los reflejos rotos de tu nombre, en el mísero azul de la añoranza.

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Días Hay días que me llegas paisaje insatisfecho en la débil ciudad, lluvia cansada son días que las calles me vomitan rencores del asfalto y aligustres, que las plazas me ofrecen su piedra maltratada, días en que tu voz es ámbar y es el refugio sordo de los miedos hasta la yedra crece sobre los muros gris, como basalto ya en la tarde, deseo ser sombra de esa nube que se estrella contra la vertical de la fachada 62


asĂ­, primitivo y sin luz, vivo (si faltas).

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AsĂ­ quisiera Salvo de ti, de todo tengo celos tu voz de sal, la luz y el mar el mar es la memoria, la frontera salvo de ti, de todo tengo celos desnuda tĂş, desnudo, tierra y cielo los dos, asĂ­ quisiera.

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IV (noviembre)


Va temptant cel fins a trobar un clivell... GABRIEL FERRATER

(Va tanteando el cielo hasta encontrar una grieta...)


Cnossos Entre muros extiendo mi cansancio, el bronce inaprensible de tu ausencia en esta creta de laurel y olvido sin ti recorro equĂ­vocas estancias, patios errantes, columnas que no guardan caminos ni guardan el calor del cielo mĂĄndame, como brizna, tu voz, hilada niebla, guĂ­a secreta en estos abandonos como sirga, mĂĄndame tu voz, viento insomne, hebra tenaz en este laberinto de aromas 69


que no quieren quedar ni escapar y se derraman sin liturgias, mรกndame tu voz: olor a lilas que traspasa mi angosto itinerario.

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El agua se retira Lluvia sobre noviembre es ahora tu voz quien busca su refugio, ovillo entre mis huesos aún tu boca inmóvil, las manos henchidas de la luz que atesoraron, me pronuncian, primeras, las palabras así, celado en el discurso de su tacto, un profundo rubor de sílabas secretas previene mi cuerpo a tu llegada hablas, y el agua se retira presurosa a confundir la luz de otros paisajes. 71


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Hoy Ayer intentĂŠ conjugar ante cristales los verbos que tu voz me reflejaba.

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Airport Mujeres y días, leo bajo el alto reloj, escapan los minutos, pasan los versos transeúntes del poeta gabriel mientras espero desde el azul un signo que nos salve de todos los kilómetros (amar es soledad enfebrecida, batalla y territorio, destruirse y abrir húmedas flores, el zumo reclamar –gabriel- ser joven y no entregar la voz a los inviernos) llegas libre de vientos, llegas, yo me dispongo al azar de los verbos, al conjuro de días concertados

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(gastar los duros labios, abrirte la mirada, penetrar en cobijos de tus nudas entradas, sentir los senos tibios, la nuca reposada, el centro de mi cuerpo, la cuna de tu espalda, llenar la noche abierta de heridas prolongadas, colmar los hondos cielos, temer que duela el alba) cuatro dĂ­as y las horas son lino y algodones, demorados combates, la codicia olvida la estrategia, el taimado sendero que conduce al latido silencioso cuatro donde hemos roto el eco de moradas lejanĂ­as, adverbios oceĂĄnicos de tiempo, aviones de ocaso, inhabitables letras, el desorden de nuestro calendario 75


las señales han sido destruidas después de la batalla, no quedan estandartes ni límites, volvemos: nuestro rastro hablará de su hermosura corredores vacíos, vagabundos, hay un viento que anuncia la partida, regresas, regresamos cansados, ya sin armas, repartidos uno en otro, tuyo y mío los dos cuerpos (el recuerdo, derrota y el olvido –gabrieles madera de tacto perezoso).

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Albarracín De la mano, como el poeta ángel gonzález acostumbra a llevar al lector en sus poemas así llegaste a estos campos de jara, del rosa brezo, de cuarzos amagados, a la tierra dejada en voluntad al mediodía, al ocioso dudar de la veleta llegaste de mi mano conducida al lugar donde el agua, tan humilde, detiene su pasar y esconde el deseo en los chopos y alamedas, el incendio que trae cada noviembre así viniste, dejándote llevar, como quien ama. 77


Cierta Cierta vuelve tu voz a nuestra casa, arma y anhelo, heptasĂ­laba huella vino por el guadalaviar de un albor de salinas mira desnuda como sube en busca de los altos corredores.

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El agua sosegada Tarde de turbia luz y perezosa, tras la lluvia, bajan de los alcores los asombros que traen hasta el alféizar el hundido crujir de las maderas está el páramo cárdeno y machado, el agua sosegada, cereal, y el mar es un anuncio, una sospecha tal vez el mismo mar que de espesura y herrín tiene abrazadas -acero y desencantolas sólidas crujías que guardan las manzanas de tu infancia, las que ocultan mis días solitarios tu voz, conmigo, sé que el silencio de mar es infinito. 79


Mañana Frente a un balcón, desnudos, dejados sobre un lecho que espera, tibia, la enemistad del alba sobre el calor de cuerpos ya gozados, queda tan sólo mi mano quieta en la melancolía de tu vientre tu cansancio conoce el abandono y podría tocar la luz que vierte inocencia lasciva sobre el lino, sobre el fiel de tus labios del patio llega la paciencia sin voz de los laureles, tristeza de las dalias

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ya sé que todo el tiempo que pueda sucedernos es inútil si no ha de contener esta mañana.

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Ă?ndice


Morella ........................................................................... 11

I (los cuerpos) .................................................13 Como al norte ............................................................. 17 No sólo abril ................................................................ 19 Barcinos años .............................................................. 21 Verbos antiguos ........................................................ 24 Oriolana ....................................................................... 26 Noches que vagan ......................................................27 Tu niñez de manzanas ............................................ 28 Nórdica......................................................................... 30

II (la herida) ................................................... 33 A tantos días................................................................ 37 Vuelvo ........................................................................... 39 Nocturna....................................................................... 41 Has cruzado................................................................ 43 Febrero ......................................................................... 44 Arcilla............................................................................ 45 Sobre el reloj ............................................................... 46 Deshecha...................................................................... 47 Fugaz............................................................................. 48

III (los días) ................................................... 49 Termina agosto...........................................................53 Viento ........................................................................... 54


Las horas muertas .................................................... 55 Grazalema ....................................................................57 La voz morada............................................................ 59 Mísero azul .................................................................. 61 Días ................................................................................ 62 Así quisiera ................................................................. 64

IV (noviembre) ..............................................65 Cnossos ........................................................................ 69 El agua se retira .......................................................... 71 Hoy .................................................................................73 Airport .......................................................................... 74 Albarracín..................................................................... 77 Cierta .............................................................................78 El agua sosegada ........................................................79 Mañana......................................................................... 80


Este libro (e-book) se terminó de editar al cuidado de Alacena Roja ─Edición Digital─ en Ceutí, 29 de Mayo de 2013


Libros publicados por Alacena Roja

- Porque nunca fue suyo -

(Fernando López Guisado) Los círculos concéntricos (Alejandro Céspedes) Flores en la cuneta (Alejandro Céspedes) Antología Poética (Elvira Daudet) Así es la vida (Manuel Lacarta) Instantáneas de un rostro infinito (José Elgarresta) Monólogos (José Elgarresta) La virgen (Jerónimo Múñoz Palma) Impar (María Góngora) Los planetas de Holst (Santiago González Carriedo) Allá ellos tan entrañables (José Luis Campos) Poemas Plagiados (Esteban Peicovich) Borges el palabrista (Esteban Peicovich) Cien mil palabras (Esteban Peicovich) El ocaso de Perón (Esteban Peicovich


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salvo de ti  

poemario del poeta Francisco Caro galardonado con el Premio Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha 2004

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