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M A N U E L

L A C A R T A

Así es la vida ●

( antología )


La poesía es para mí el género más noble de la literatura. Camina a la par que el individuo y aborrece de lo gregario. Yo no veo modas en ella, sino iluminaciones, encuentros; ni tampoco forma de ganar algún dinero, con la poesía. Tampoco la entiendo sin ritmo, sin música, ajena a la verdad de que todo poema es un texto para ser cantado: sin aflautar los labios, sin forzar la voz, con la naturalidad de sus palabras en orden de ser bien pronunciadas. Siempre he preferido mis libros de poesía a mis otros libros y en el fondo sé que los poemas, un poema, tienen vida propia, se salvan al margen de los avatares del poeta. Confío, pues, en que Así es la vida, esta obrita desgajada de mi Otoño en el jardín de Pancho Villa, se continúe en algunos de mis semejantes, pues el lector vive y, sobre todo, reescribe sucesivamente lo ya escrito. Manuel Lacarta


Título: Así es la vida Autor: Manuel Lacarta © Manuel Lacarta 2012 Diseño portada: Luisa Navarrete Edición eBook: Alacena Roja Estos poemas proceden en su totalidad del libro Otoño en el jardín de Pancho Villa (1977-2010), publicado por Ediciones Vitruvio en 2011 en formato de papel. Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de este libro sin permiso previo por escrito del autor. Primera edición Septiembre 2012 –Ceutí-


Así es la vida ●

(antología)

Manuel Lacarta


Para Pablo MĂŠndez


REDUCTO


AQUÍ no rezamos. No se paga nunca impuestos. No rellenamos formularios. Aquí no se cobra dinero por visitar museos. No se pleitea por herencias. Las cátedras no son vitalicias. No se celebran olimpiadas.

Aquí no se enseña cómo atarse los cordones de los zapatos. Nadie viste gabardina, no

se ensucian los perros por la calle. Aquí no sirve el papel moneda,

dios jamás nos castiga, la virgen no usa botox. No hay conventos ni coches camuflados de la policía. No se reciben premios, recompensas; no se dan medallas ni se toma el té a las cinco de la tarde. Aquí nunca se dice: “¡pobres locos!”; tampoco

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se conceden préstamos, se alquilan barcos, se juega al golf con cadi.

No importa que se acabe el mundo, que suba el precio del transporte público, tengamos otra vez elecciones municipales. No interesan el ranking

de famosos, los desfiles de lencería. Aquí nadie mata toros, caza el zorro, asesina miles de focas cada año. Nadie se cuelga escapularios

al pecho. No se ven insignias de latón en las solapas del abrigo. No hay procesiones religiosas,

crucifijos en la escuela, alumnos memorizando la lista de los reyes. Aquí no reina nadie, no existen dinastías, derechos adquiridos

de familia, lobbystas, plutocracia. Nos hemos instalado al margen

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de envidias y rencillas. No queremos ya más héroes, redentores, mártires que se sacrifiquen por la patria.

Nuestro reducto no tiene fronteras, murallas que nos guarden. Nadie es un enemigo entre nosotros. Aquí

no vigilamos la conducta, racionamos la comida, especulamos con el precio de los productos. No compramos

terrenos, importamos maquinaria, fabricamos minas antipersonas. No elaboramos mapas, censos al detalle. No habrá quien nos niegue el derecho a ser libres, pues nosotros: sin hijos que nos aten a un futuro incierto, sin banderas que nos arrastren

con la multitud gritando por las calles, casi ya sin palabras, seguiremos habitando nuestro reducto

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hasta que el diente frío de la primera excavadora perfore también nuestro cuerpo.

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ENCARCELADO EN EL SILENCIO


MUERTE en los párpados cerrar los ojos quietos

y pensar que el mundo sigue indiferente a nuestra ausencia a nuestra forma de no ver ya jamás este amasijo de cosas tu ropa junto con la mía

los cuadros un millar de libros clavada al asfalto tendida a secar en los balcones que asoman medio metro

de las fachadas de las casas estás en la calle huérfana dolida entre los coches máquina del corazón humano diosa madre de la tierra el mar

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por no gritar que alguien tome tu pulso en las venas que palpitan en las sienes

llene tu boca con una bocanada de aire respirable te ayude a cruzar al otro lado desde este lado donde guarda luto

el color negro de los paraguas has muerto silenciosamente contigo mi mujer ha muerto

mis antepasados los amigos con quienes conversaba en la tertulia de la tarde y yo quiero que sepas cómo me duele tu voz cada vez que no la escucho y regresar

a casa entre dos luces sujetando el pomo de la puerta cariño ya he llegado las vecinas

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han dejado de espiarme mientras subo la escalera

agarrándome al pasamanos de la barandilla y sigue sin barrer el polvo del felpudo que se pega a la suela de los zapatos y va

dejando en el pasillo una marca blanca de yeso blanco está la habitación en ruinas la cama en ruinas al parecer nos han robado nuestra colección de besos del alma del armario nuestro lecho de amor la foto donde hace treinta años tú sonríes con el gesto sorprendido de querer busca algo

en algún lugar de tu abrigo beige

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AL SUR DEL NORTE


LAS islas griegas son un laberinto de dos mil islas y siete mil quinientos kilómetros de costa

los nombres de unas se confunden con los nombres de las otras los templos donde se adoraban a las deidades la arquitectura convertida en ruinas pero quien estuvo en Delos en Lipsi quien visitó Creta Lemnos Naxos Salamina

acaba comprendiendo que deja luego tras de sí la huella rota de un universo inexplicable

ajeno al suyo pese al esfuerzo de la arqueología para clasificar cada telamón atlante cariátide columna de guirnaldas o el panel de un friso El turista que camina por el mar en el Egeo

saliendo de la stazione marittima de Venecia

no sabe dónde acaba Grecia para comenzar ahí territorio de Turquía qué restos del mundo

llevan la huella cristiana de Bizancio o la armonía de líneas de los capiteles de la acrópolis

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la parte que es más alta en la polis griega En Atenas hay que visitar el rastro de Monastiraki la Biblioteca de Adriano la colina de Filopapo en Corfú el templo de Hera y San Teodoro pero en la isla de Paros es mejor quedarse durante horas sorprendido viendo el mar

desde las playas de arena blanca que se prolongan en el blanco de las paredes encaladas de las casas Con Skirion se anuncia el invierno con Perséfone llega la muerte que mutila los brazos

de todas las estatuas de Hermes con Dionisio niño ya no quedan viajeros el último trotamundos se refugia bajo los soportales de Mikonos a ver las olas jugando con la proa de un barco de pescadores o entra en una licorería antigua del barrio del Plaka en la ciudad de Atenas el Mediterráneo sigue siendo un mar cálido

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cuando emigran las grullas a tierras de Egipto y amenaza invadirnos de golpe la tristeza

al sur de la península buscamos siempre el norte de las islas más meridionales del Egeo pero los ojos nuestros ojos no ven con tanta claridad como acostumbraban siendo jóvenes

─ 22 ─


TODO el dolor y la miseria anidan en la mirada de los ojos de los caimanes en los ocelos de la cabeza de las moscas y los faros

de los coches caben en una carta escrita a lápiz desde la celda de una cárcel tienen algo de hermoso en ese momento

tal vez último en que son palabras que mejor expresan la despedida de dos seres que se distancian para siempre Todo el dolor y la miseria anidan en la mirada fría de los porteros de los clubs nocturnos

el oro de los botones de los uniformes de alpaca de las bandejas para té con manijas de cuero y los misales de iglesia que se leen en voz alta durante la misa de doce de un domingo A veces se alejan de nosotros por un corto tiempo como una procesión de cirios encendidos el eco

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lejano de las voces de una pareja que discute el testimonio de un crimen contado por un testigo y la sonrisa vuelve a nuestros labios te acaricio las palmas de las manos y los hombros el pelo que te cae despacio como una sombra en las mejillas Todo el dolor y la miseria anidan en la mirada de los anticuarios que coleccionan objetos ya difíciles de encontrar incluso en las subastas en los camiones que bloquean las carreteras a primera hora de la mañana y en los ramos de laurel con que se coronaba a los artistas

en las grandes fiestas de la antigüedad en Roma Todo el dolor y la miseria anidan en la mirada de la gente que nos ve y nos mira nos mira

y no nos ve nunca porque somos a sus ojos seres insignificantes sin recursos poderes para desatar las crisis en los ministerios

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llaves que abren puertas cerradas nombres que aportan soluciones a conflictos laborales

organismos que administran la paz y las guerras ponen banderas quitan presidentes dejan millones de minas antipersonas sin estallar en los campos donde se cultivaba trigo Todo el dolor y la miseria anidan en la mirada de los gatos de angora los perros de Terranova en las espinas de los cactus y las vértebras de los animales vertebrados, aquéllos que poseen columna vertebran y un cráneo óseo Todo el dolor y la miseria juntos emborrachan a veces la memoria de recuerdos imposibles nos sumergen en la angustia que supone

cada pérdida nos hacen ser indignos suplicando nos dejen por favor en esta última tarde un solo instante más a solas para besarnos

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en los labios vernos abrazados en la foto de la pared clavada al muro con una chincheta que nos retiene buscando la mejor luz

para verte esa luz que brilla pálida en tus ojos Todo el dolor y la miseria anidan en la mirada de las monjas de los conventos en el chicle que mastican los marines norteamericanos las notas de suicidio de un presunto suicida y las sentencias ejemplares de los jueces

que juzgan casos de terrorismo y crímenes favoreciendo al estado y las leyes del estado A veces duele tanto este dolor inmenso y hondo que nos recorre el cuerpo nos llega sangrante como una llaga que no cierra a veces nos pesa tanto esa losa sobre los hombros y la nuca

que no podemos caminar en línea recta vamos defendiéndonos del mar cambiando el curso

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de la corriente que nos arrastra en un océano de olas que nos agarrotan los músculos nos obligan a cerrar fuertemente los párpados de los ojos

Todo el dolor y la miseria anidan en la mirada de los niños que huyen de la guerra arropados con una manta o mueren en los hospitales bombardeados las escuelas incendiadas las casas en donde un obús explota llenando el mundo pequeño de sus vidas con metralla

Caminamos en medio de qué guerra absurda

bajo qué bandera hacia qué línea de fronteras en el mapa con los pies mojados insensibles de tanto ir siguiendo el curso del cauce sin agua de los ríos tanto repetir palabras

reiterar promesas en nombre de qué patria cuando nuestro deseo es volver la espalda al enemigo o hablar con él de las mujeres

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que nos amaron las ciudades que conocimos qué comida típica sirven en los restaurantes los bristots las brasseries las tabernas

de aquel pueblo donde nadie mata nunca a las palomas que anidan en los campaniles las torres los claros de las espadañas Todo el dolor y la miseria anidan en la mirada orgullosa de quienes nos miran con desprecio mientras vamos mirando al suelo esquivando

las baldosas rotas del pavimento de las calles escuchando el ruido de la lluvia en los paraguas

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ESTAR SIN ESTANCIA


PUES es mortal dormir morir

ensoñecerse de atonía abrir aquí párpados o persianas tocar palpar el piano

interpretar caderas muslos inclinado

sobre el pecho rebosante de la actriz Pues es dormir bailar balancear las contorsiones

hasta acariciarle con un gesto la epidermis

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con un índice con un deseo

de beber y perecer abandonarlo todo al fin en ella Pues es morir quedarse náufrago irrenunciable

errante mudo seco el corazón y la tiniebla sostenida en cada mano

Pues en ensoñecerse abrigar embadurnarse la cara con barro

tener quieto el recuerdo el soporte

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la apoyatura de la morosidad sobre los besos Pues es bailar andar mimar comunicarse

estar quedamente quieto junto al otro y luego irse

poco a poco hasta que calle tu voz en el disco y tú y yo

desconcertados Pues es balancearse acrobático místico cómico tal vez si no se encuentra

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el muelle del reposo bajo la funda

del sofá de cuadros Pues es quedar permanecer encerrar ocultar en algo la soledad de tener un retrato o un libro

con la propia firma entre las manos Pues es andar mirar preguntar interceptar los nombres o los sueños o la mies o las horas pálidas en que ya no

─ 33 ─


hay coches Pues es mimar entontecer emborrachar auparse como el gato en el cojĂ­n

para beber la leche Pues es comunicar abrazar telegrafiar rebosar

un sostenido rencor un dolor un mal un deseo oculto de cortar acribillar ya no ser

Manuel Lacarta

─ 34 ─


Pues es absurdo conceder creer

dar cumplimiento a la razón o a la locura nadar el mar

vagar precipitar encontrar que sólo quedan

tiburones asesinos Pues en ansiedad

soledad nocturnidad vocear bucear las consignas las siglas

la nómina de tanta harta larga soledad

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y también anticipar

murmurar emputecer dictar saber que entonces en la noche

en el silencio en los brazos vamos a bailar

a simular acariciarnos siempre así

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34 POSICIONES PARA AMAR A BAMBI


ASESINADO un Bambi se busca la última huella de sus patas sobre el cuarzo la sábana de plástico transparente para envolver su cadáver si dejó esperma orgasmo

marca alguna reconocible con que enjuiciar el óbito si acaso era comunista

anarquista masón infiltrado en el bosque o simplemente Bambi muchacho que recorre en silencio las aceras

pues nada tiene nada lleva las manos a la espalda se detiene a ver anuncios luminosos en las cornisas y saledizos de las casas golpea botes de cerveza

─ 38 ─


a la entrada semioculta de un garito con portero

uniformado de una noche donde mujeres desnudas manos de pantera pechos de piel tirante ofrecen

cálices ya saciados de mosto para que el muchacho beba A las puertas de la noche un Bambi juega con las ramas de los árboles juega

con la lluvia con sus patas eh vendedor de marihuana viajero de la autopista eh pacifista de ensueños

qué lejos de casa y tú ladrón de amaneceres muchacho se llevaron mucho más al norte

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mucho más al sur al este la semilla de los campos

aquí sólo se cultivan las macetas el verdor es un negro pensamiento para que no puedas no entiendas para que nadie diga que esta ciudad incumple las normas corporativas

una mariposa disecada en la frente no es un signo de esperanza

─ 40 ─


HAY un gato muerto en el bordillo junto a la acera ha sido atropellado

por un coche a primera hora de la tarde el conductor no supo del suceso no se percató del incidente ésta es una calle sin semáforos

señales de stop pasos de cebra no se piensa que los animales vayan a cruzar por medio vayan

a enredar sus patas en el salpicadero de un turismo aparcando en línea con los otros coches hay un gato

muerto junto a la acera y el escobón de un empleado de la limpieza lo mueve de sitio lo empuja hasta el recogedor de la basura y lo deposita ahora en el saco

del carro con un montón de hojas

secas tetrabricks de cartón vacíos

─ 41 ─


mondas de patatas cáscaras de pipas el palito de un chupachús de naranja que chupeteaba una niña de colegio Fue en el cruce entre dos calles ahí donde suelen sentarse las parejas

en un banco que da la espalda a esa tienda de juguetes ahí frente al kiosco de periódicos y revistas a dos metros escasos de las escaleras que bajan

a la estación de metro y nadie hizo nada al ver un gato muerto en el bordillo

de la calzada cada cual siguió a lo suyo solamente un niño pequeño con su madre de la mano volvió un instante la cabeza se quedó mirando el bulto de un animal sucio de sangre que le mira inmóvil

─ 42 ─


¿Será la muerte Bambi como la muerte de ese gato los ojos fríos de ese gato

dejarse ir perezosamente no hacer nada luego de cruzar sin ver la calle notar algo golpeándonos un dolor inmenso que poco a poco desaparece ya no duele? ¿Será la muerte Bambi ver con la mirada de ese gato muerto ver la vida tan de lejos que resulte extraña mirar cómo caminan

otros pasos cerca y nos rozan los rozamos?

─ 43 ─


A VECES se queda dormido en los rincones de la casa olvida ponerse zapatillas

anda descalzo pisa las losetas de cerámica del suelo y va dejando la huella del calor de sus pies desnudos a veces se queda ahí dormido mirando los desconchones

en el techo fijamente las manchas de moho de humedad en las paredes como un chico autista un anciano sordo un poeta torpe que ya no escribe ya no lee ya dejó

de asistir para siempre a las tertulias de poetas A veces se sienta en un sofá y se incorpora de repente buscando algo que olvidó un recuerdo antiguo el libro ese dedicado de Emilio Prados a otro poeta del exilio Ahora sabe que el tiempo de su vida es otro tiempo que éste en que las cosas suceden

─ 44 ─


sin que él pueda impedir que sucedan cosas y resulta absurdo no poderse peinar el pelo con raya al centro ir vestido con atuendo

deportivo tener muchas aventuras pasajeras con mujeres exóticas chicas de película merendar a la sombra de un árbol dormir con papá la siesta en la segunda planta

de la casa de veraneo como cuando era niño y el abuelo repetía hasta la saciedad esa

anécdota en que la abuela Iluminada dio a luz en esta habitación a Juan Manuel tu padre A veces recuerda un pasado pretérito lejano en que la luz se cuela por las rendijas de las persianas mal cerradas hace calor excesivo no se puede descansar por la noche y pedimos a dios que llueva venga pronto este año el invierno a colmarnos de nieve los alféizares de las ventanas los balcones

─ 45 ─


A veces Bambi camina despacio en lo hondo del bosque se deja goteando el grifo abierto de la ducha escucha cómo se corazón late bombea la sangre a veces ve caer la hoja solitaria de un árbol la lágrima más triste del llanto de tus ojos la estrella fugaz

del cielo sin que pidamos por favor un deseo

─ 46 ─


EN la oscuridad más absoluta todo Bambi nos parece oscuro sordo a nuestros oídos

ciego a los ojos mudo como si enmudecieran de golpe los pájaros de pronto dejara el agua de manar por los caños de las fuentes no se escuchara más que el ulular del viento Es ése el instante en que te ovillas te recoges sobre ti porque te sientes indefenso

tan pequeño que acaso pases desapercibido entre la gente que camina con paraguas por el borde sucio de la acera de las calles Es ése el instante en que miras las hojas de los árboles cayéndose de los árboles los gorriones que se cobijan en los huecos

de las medianas de las casas los vagabundos que hacen techo habitación de los cajeros automáticos de los bancos ése es sí el instante

─ 47 ─


De pronto miras por el ojo de la gatera el ojo gigante enorme de un gato un tigre

que se despereza se alarga estira el cuerpo con un ademán de saberse invisible y tú ya no comprendes Bambi cuál pueda jamás ser tu lugar en el mundo tu sitio en este

tonto banquete de invitados que sonríen a los anfitriones con el esfuerzo ímprobo de dedicarles a ellos su mejor sonrisa En la oscuridad nadie nos ve no vemos a nadie pero imaginamos cómo el tigre se desliza hasta tenernos a su alcance tan cerca

que nos oye respirar nos huele el aliento sus zarpas van a rozar durante un segundo la piel desnuda de nuestras manos pálidas ¿Qué ventanas cerraremos para que no nos vean no nos oigan no nos sientan? ¿en qué mesa

─ 48 ─


de que bar Bambi nos sentaremos a descansar de esta larga vida que se prolonga se dilata

amenaza hacĂŠrsenos una eterna larga vida?

─ 49 ─


─ 50 ─


OTOÑO EN EL JARDÍN DE PANCHO VILLA


CUANDO el otoño dora las hojas de los árboles que el invierno dejará desnudos, toda la tristeza

de nuestras vidas se asoma a las verjas del patio como si cesaran los rumores

de las fuentes, el ruido de la calle hubiese dejado de sonar. De repente pasa un automóvil

pintado de amarillo o se detienen unos niños a trazar grafitis en la madrugada, y nos sentimos solos. De repente no sabemos

solos, inmensamente quietos junto a la fuente de piedra o los muros de la propia casa, en medio justo de la rotonda con flores

que se mueren. Cualquier banco es bueno entonces para descansar

─ 52 ─


en el jardín de Pancho Villa tardes como esta en que siestea

un sol penúltimo sobre los cristales.

─ 53 ─


GENGIS Kan tiene un poso de tristeza en la mirada; sus labios

se contraen hasta morderse. ¿Será porque todo resulta hoy inalcanzable y cuanto es inmenso amenaza con irse reduciendo a polvo entre las manos,

porque la razón de la vida acaso no consiste en tener un imperio sino una casa con un jardín, una tapia con altas hiedras donde encaramarse a ver el mar? ¿Será porque a veces

duele algo en el interior de la memoria y no sabemos qué nos duele tan hondo,

tan inmisericorde; ni cómo detenerlo? Gengis Kan en medio de la estepa

─ 54 ─


se queda quieto sobre el caballo. Por primera vez la lluvia

se confunde con el agua que le rueda en surcos que se limpia con el puño en las mejillas. Gengis Kan se muere.

─ 55 ─


HAY una hora cada lunes en que el silencio amenaza con ser el vacío absoluto que llene de nada nuestras vidas, nos lleve de zozobra en zozobra

a la deriva como náufragos. Hay un silencio que atenaza cada lunes todo el cuerpo como si una mano

nos hiciera presa entonces, un enorme hueso de aceituna se cruzara en la garganta provocándonos la asfixia. La mujer que busca ropa en los contendores de basura, Pulgarcito obsesionado en no perder el rastro de sus propias huellas,

─ 56 ─


Ulises que huye del mortal abrazo

del gigante Polifemo, el bebedor solitario

de whisky en la barra

de ese bar a donde nadie excepto él acude

antes de la media noche, se convierten en postales

que contemplan con desgana nuestros ojos cada lunes, son sólo en adelante ya como el bostezo

de unas piernas muy largas en unas medias de seda. Hay una hora cada lunes en que este hondo dolor que nos habita crece y nos rodea como la lana

─ 57 ─


de una bufanda amarilla que nos hiciera corbata alrededor del cuello,

nos deja sin voz la garganta. Mudos que gesticulan con las manos para siempre mientras pasan los aviones rozando el techo bajo de las azoteas, a esa hora

en que el bullicio se congrega en las aceras, reclamamos un instante de atención

a nuestro paso, y la gente que cruza esquivándonos en un regate imposible mira las manecillas del reloj con impaciencia, aguarda el cambio inminente de color de los semáforos;

─ 58 ─


sabe que somos islas en medio de un mar

a donde ningún socorro llega. A punto de rompernos, de desbaratarnos confundidos entre el tráfago, y cuando más nos vence la fatiga, nuestra frente golpea contra el cristal de un escaparate en el que los maniquíes exhiben un adelanto de la primavera.

─ 59 ─


─ 60 ─


EL TIPO DEL ESPEJO


EL tipo del espejo te mira a la cara, se asombra viéndote mirarle asombrado; se peina como tú, contempla

las mismas canas, esboza una leve sonrisa al sentir que le observas incrédulo con gesto de espanto

queriendo apartarle de tu mirada. El tipo del espejo desayuna contigo el primer café de la mañana, avanza por el pasillo descalzo, busca

decidido, mientras tú buscas tu ropa, su propia ropa en el armario:

el pantalón, la camisa y una chaqueta en la percha que se resiste a ser descolgada; luego, al salir, deja que cierres la puerta de casa con llave. Juntos vais ahora

como queriendo llegar antes, robándoos en el cristal de los escaparates

─ 62 ─


la imagen de ese hombre que camina seguido siempre de alguien. Diríase que el aliento de las bocas

se os confunde en la boca molesto, que las manos como al azar acabarán por trabarse y resultar enlazadas; pero yendo tan cerca, tan juntos, una pared invisible os mantiene próximos sin ni siquiera rozaros.

Cuando tú te detienes, los sabes esperando que reanudes el paso, dudando qué cosa te sorprende a la vez que él se sorprende y dice:

“Soy idéntico a ti, porque soy tú mismo”.

─ 63 ─


ESTAMOS solos en un largo viaje, sin señales luminosas que nos guíen, sin maletas que guarden el caudal de nuestras vidas. Nadie vendrá esta tarde a conversar con nosotros. Estamos en medio del océano

de olas que se elevan sobre la cabeza varios metros a cada envite de las olas, de golpes de viento que nos azotan con saña una y otra vez la cara hasta hacernos surcos, visibles huellas imborrables en el rostro;

el bosque, donde los árboles impiden ver en un asomo el horizonte; la cumbre nevada de los más altos picos del mundo. No se puede

cerrar los ojos al cruzar de acera, mirar al sol sin deslumbrarse, huir uno de uno mismo. En el mar azul

─ 64 ─


e inmenso, la espesura de una selva, el techo de las montañas, vivimos también rodeados de personas

ocupadas de continuo en lo suyo: una pequeña multitud está cerca de nosotros; pero siempre solos, a merced de quien nos empuja,

zarandea con su fuerza. Como Ulises, queremos matar a Polifemo

de un golpe certero en la frente, para regresar de nuevo a Ítaca; volver sobre nuestros pasos en el laberinto, juntar el hilo

de tantos recuerdos que apenas hoy nos parecen nuestros recuerdos, memoria de gente amiga

que quisimos mucho antaño, cuando aún nuestro corazón era capaz de sentir y de dolerse,

─ 65 ─


dejarse llevar por la alegría. Estamos solos en un largo viaje,

el ilimitado mar que no se alcanza, la espesura de la selva, el techo de las montañas, el ruido de la calle que no sofocan las contraventanas. Yedras de un bosque golpean

los cristales, las ruedas del coche patinan en la carretera, el cielo

se encapota de repente con densos nubarrones negros. Nadie vendrá esta tarde a conversar con nosotros, cogernos de las manos, besarnos

en los labios, porque estamos solos en un largo viaje sin señales luminosas que nos guíen de regreso.

─ 66 ─


HAY veces en que la vida coincide con nosotros, camina a nuestro lado; va dejando un rastro suficiente para que la veamos de cerca e inmediata, la sintamos enteramente nuestra vida. Hay

veces en que la vida no se opone a que la observemos al detalle, nos metamos dentro de su vida. A menudo sucede con ella

como con el mago de un espectáculo que realiza a ojos vista el truco

del más difícil todavía: en apariencia, nunca guarda cosa alguna en las mangas de su traje largo de levita, no hay un doble fondo tras la puerta de ese armario que luego cerrará con llave; todo es al fin como se muestra

─ 67 ─


sin tapujo. Hay veces en que la vida, vista tan de cerca, resulta una larga línea recta fácil de seguir va poco que nos esforcemos en no perder de golpe nuestra vida. Si no tenemos muchas dudas, contratiempos,

que den al traste con la aventura de poner los pies sobre la tierra cada día, podemos tocar el cielo

con la punta de los dedos y aplaudir con un estruendoso aplauso porque somos afortunados en esta vida. Hay veces en que la vida coincide

por completo con lo que le pedimos a la vida, nada turba nuestra calma, llevamos con nosotros toda la magia de quien saca mil palomas volando de una chistera, nos hace reír con sólo mostrarnos que él sonríe,

─ 68 ─


aunque no queramos se convierte en nuestro cómplice de por vida.

─ 69 ─


HOY sigue siendo sábado para siempre: el lunes de un sábado por la tarde,

el martes de un sábado de invierno. Hoy las parejas pasean cogidas de las manos: tan apretadas, tan juntas, que duele separarlas, si han de separarse; miran cómo las nubes pintan de amarillo

y rojo el cielo, hacen planes festivos para la noche del sábado. Los calendarios

sólo tienen hojas de recambio con sábado, el portero del inmueble friega a prisa los peldaños de la escalera, limpia el polvo

del pasamanos, porque mañana es sábado. Me saben a sábado tus besos, tienen calor de sábado las sábanas. A través de la ventana el mar golpea la playa desierta, la nuca de un animal dormido, la escultura

de arena de un sábado en que los niños invaden el universo de los adultos

─ 70 ─


ávidos de cruasanes y mantequilla. Nunca dejará de ser sábado aunque cerremos

a cal y canto las ventanas, nos amemos sin un quejido, sin un lamento; vayamos de puntillas a observar junto a la puerta quién llama a estas horas de un sábado en que la gente duerme, lee un libro,

se busca apasionadamente; quién vuelve de regreso a casa todos los sábados

de un domingo en que no hay coches en la calle ni otro ruido que el bisbiseo del agua de la manga riega; quién

un sábado olvida el día de la semana en que sigue siendo sábado para siempre: el lunes de un sábado por la tarde, el martes triste de un sábado de invierno.

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─ 72 ─


ÍNDICE

─ 73 ─


─ 74 ─


REDUCTO ………………………………………………………

9

ENCARCELADO EN EL SILENCIO …………………………

15

AL SUR DEL NORTE …………………………………………

19

ESTAR SIN ESTANCIA ………………………………………

29

34 POSICIONES PARA AMAR A BAMBI ……………………

37

OTOÑO EN EL JARDÍN DE PANCHO VILLA ………………

51

EL TIPO DEL ESPEJO …………………………………………

61

─ 75 ─


─ 76 ─


Este libro (e-book) se terminó de editar al cuidado de Alacena Roja ─ Edición Digital ─ en Ceutí,

17 de Septiembre de 2012

─ 77 ─


Otros libros publicados de Manuel Lacarta Poesía:       

Reducto, De la Torre, Madrid, 1977. Encarcelado en el silencio, Nuevo Sendero, Madrid, 1978. Al sur del norte, De la Torre, Madrid, l982. Estar sin estancia, Libertarias, Madrid, 1983. 34 posiciones para amar a Bambi (premio Ámbito Literario), Antropos, Barcelona, 1988. El tipo del espejo, Vitruvio, Madrid, 2010. Otoño en el jardín de Pancho Villa (1977-2010), Vitruvio, Madrid, 2011.

Narrativa:   

Cuentos de media página, Didascalia, Madrid, 1983. Cuentos de Madrid, La librería, Madrid, 2008. Dame tus manos, Paréntesis, Sevilla, 2010.

Ensayo:              

Madrid y sus literaturas. De la generación del 98 a la posguerra, El Avapiés, Madrid 1987. Felipe II. La idea de Europa, Silex, Madrid, 1986. Cervantes. Simbología de lo universal, Silex, Madrid, l988. Diccionario del Quijote, Alderabán, Madrid, l996. Diccionario del Siglo de Oro, Alderabán, Madrid, 1996. Felipe II. La intimidad del Rey Prudente, Alderabán, Madrid, 1997. Carlos V, Silex, Madrid, 1998. Lope de Aguirre. El loco del Amazonas, Alderabán, Madrid, 1998. Madrid y sus literaturas. Del modernismo y la generación del 98 a nuestros días, La Librería, Madrid, 2002. Madrid (con ilustraciones de Venancio Arribas), La Librería, Madrid, 2003. Felipe III, Alderabán, Madrid, 2003. Cervantes. Biografía razonada, Silex, Madrid, 2005. La Casa de Austria y la monarquía de Madrid, La Librería, Madrid, 2006. Diccionario del Renacimiento, Alderabán, Alfonsípolis ─ 79 y─la Diputación de Cuenca, Madrid, 2006.


─ 80 ─

Así es la vida  

Antología del poeta Manuel Lacarta

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