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EL CRISTIANO RONALDO DE LOS ROMANOS Los romanos si que eran gente especial hombre... y no el imperio económico – político que tenemos en la actualidad. Ellos si que eran una potencia en lo cultural, en lo moral, en lo artístico, en las humanidades. Si, de acuerdo, también fue el imperio más sangriento de la historia, pero dejaron visos de su calidad humana. Sus políticos, sus dirigentes, no se pueden comparar con los de ahora...aquello era otra clase, otro modo de entender las relaciones internacionales o la política exterior. Se patrocinaban las artes, el deporte, el espectáculo, la escuela, se respetaban las culturas anteriores y las de los territorios ocupados, y sobre todo, por encima de toda conquista, por encima de todo tesoro o de todo territorio, estaba el honor. El honor de ser romano, la gloria de ser admirado por todos, las gestas conseguidas con elegancia, los logros labrados con gallardía e inteligencia, el éxito limpio, sin triquiñuelas, sin encerronas ni emboscadas, de frente, en campo abierto, con audacia, sin conjuras, como mandaban los cánones de los excelentes “magister militum” de antaño. Merecido es recordar aquella anécdota de Octavio Augusto, el primero de los emperadores Augustos, cuando allá por el 20 a.c. el mismo tuvo que personarse para apaciguar las revueltas en la Hispania, ocasionadas por las tribus Cántabras, le temible resistencia Cántabra, que tantos quebraderos de cabeza trajo al imperio, llegando a tal punto, que el mismo emperador, y deseoso de poner fin de una vez a aquella situación, ofreció una recompensa, una fortuna a aquel que trajera prisionero al jefe de los Cántabros, el gran Corocota, un jefe guerrillero que no estaba por la labor de ceder ni un ápice de su territorio a aquellos romanos. En un acto de cinismo, el mismo Corocota, se personó ante un atónito Octavio Augusto, y solicitó el mismo su propia recompensa. Los generales romanos no salían de su asombro y miraban de reojo a un Octavio pensativo ante aquella pintoresca situación. Lo pasarían a cuchillo allí mismo y se acabaría el problema y encima se ahorrarían la recompensa. Octavio, el primer Augusto, felicitó a Corocota por su arrojo. Le dejó marchar libre, y por supuesto, con el dinero de la recompensa, su propia recompensa. -Es un enemigo digno de Roma- decía Octavio a sus generales mientras Corocota se alejaba con su caballo. Así eran los romanos, así trataban a sus enemigos. Octavio Augusto pasó dos años en la Tarraconense

Por contra, en el 139 a.c. el general Quinto Servilio Cepión, mandado desde Roma a la Lusitania para eliminar las revueltas encabezadas por el gran Viriato, viendo que las guerrillas de los lusitanos hacían retroceder a las poderosas legiones, decidió sobornar a tres generales de Viriato para que lo asesinasen. Éstos lo mataron mientras dormía. Un triste final para un militar glorioso. Cuando los generales acudieron a recoger su recompensa ante Servilio, éste les expulsó con su célebre frase -Roma no paga a traidores-


Cuando el general Servilio Cepión regresó a Roma a dar cuentas de como acabó con la resistencia de Viriato, el senado romano expulsó, degradó y quitó la ciudadanía romana a Servilio, con otra célebre frase que resume el carácter romano: - Un glorioso enemigo de Roma, no merece ese final.Los romanos y sus obras, los romanos y su atracción que engloba toda su idiosincrasia, sus gladiadores. Venerados como dioses, algunos pedían beber su sangre, pues se pensaba que curaba ciertas enfermedades. Esclavos en busca de libertad ( solo obtenida con la “rudis” la espada de madera, como señal de extrema valentía demostrada en cientos de combates) mercenarios retirados, soldados en busca de fortuna, ellos eran los gladiadores. En el circo Máximo, con capacidad para 100.000 personas, ( como el Nou Camp) se recreaban grandes batallas para disfrute del pueblo y el emperador. A veces, se celebraban combates con fieras salvajes, tigres, panteras. El gladiador y la fiera empezaban a luchar en los sótanos del circo, luego eran subidos por una plataforma a la arena. El espectáculo era grandioso, cuando asomaban ya venían luchando. La gente aplaudía. También estaban muy bien considerados los “aurigas” o jinetes de carreras de caballos, ¿quien no recuerda a Ben-Hur? Las carreras las ganaba el jinete con mas audacia, con más temeridad, para el deleite romano. Año 260 a. C En la lusitania nace un niño predestinado a ser el auriga mas famoso y más rico de toda la historia del imperio romano. Appuleius Diocles, auriga hispano – lusitano. En sus mas de 24 años de carrera, acumuló mas de 1.400 carreras ganadas, todo un récord, toda una fortuna de ellas ganó 110 “a pompa”, o sea, carreras iniciales, las más importantes, que seguían a la procesión del principio del espectáculo. En el circo romano también había equipos, como el deporte profesional de hoy día. Cada equipo lucia sus “velorum” en el coliseo, cada velorum mostraba un color. Todo un espectáculo multicolor ver las gigantescas “velorum” luciendo por todo el graderío del coliseum. Los aurigas eran héroes para los romanos

A lo largo de su vida fue fichado como auriga por las cuatro facciones o equipos en que se dividían la afición a las cuadrigas: Albata (blanca), Veneta (azul), Praesina (verde) y Russata (roja), ganando decenas de carreras para cada una. Imaginemos un futbolista de la actualidad que es fichado por los cuatro mejores equipos (Barcelona, Madrid, Manchester, Milán, por ejemplo) y consiguiendo los máximos triunfos con cada uno de ellos. Una gesta realmente difícil de igualar.


Su fortuna en premios alcanzó la cifra de 35.863.120 sextercios, nunca antes igualada. En cifras actuales equivaldría a 1.500.000 euros, pero imaginemos esa cantidad hace 2100 años, lo que equivaldría sin duda a 2 veces el sueldo de Cristiano Ronaldo. Las grandes gestas se tallaban en una lápida en Roma. Esta detalla minuciosamente las victorias de Diocles y sus récords, lo que hace pensar que la afición a las estadísticas deportivas es muy antigua y no sólo actual. No se conoce otro auriga con sus marcas a lo largo de la historia romana (la lápida de Roma, lugar destinado a recoger los eventos deportivos, es en su mayoría, un farragoso texto de números de victorias referentes a su vida profesional). A menudo los juegos eran la salida emocional para el pueblo, durante una carrera la gente enloquecía, literalmente, las mujeres se desmayaban, los hombres se mordían, se rasgaban, las vestiduras, bailaban enloquecidos o apostaban hasta quedarse sin dinero, entonces se apostaban ellos mismos contra los tratantes de esclavos...con suerte desigual, por supuesto. Se retiró a los 42, en el 146 a. C. con el título de mejor auriga de la historia. De su muerte no se sabe nada. Se piensa que murió en Praeneste, rico y con buena posición social. C. APPULEIUS DIOCLES, auriga; el Cristiano Ronaldo de los Romanos, y también Lusitano, pero con otra “clase”, no me los compare, por favor.

PERSONAJES PARA RECORDAR  

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