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JUGAR CON FUEGO

Nº1 Febrero 2011

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Inicios de la crítica musical española Gema Ramos Gómez La crítica musical en España comienza en el siglo XVIII, al mismo tiempo que surgió el mundo del teatro musical. Sin embargo, hasta el siglo XIX no se aprecia la presencia de críticos que realicen esta función de manera rutinaria. Antes de este momento no había publicaciones propiamente dichas o periodistas especializados en este campo. Un comentario o información sobre obras musicales, públicas o privadas, puede ser ya entendido como crítica musical, a lo que hoy en día se añaden libros o grabaciones (que no existirán hasta el siglo XIX…). Las primeras reseñas anteriores al siglo XIX, y que pueden ser consideradas como tales, se encuentran en la Gaceta de Madrid y el Diario de Madrid.

Music criticism in Spain begins in the eighteenth century, together with the musical theatre world. However, until the nineteenth century, there was no significant presence of critics who routinely exercised this function. Before that, there were no proper music publications or journalists specialized in this field. Music criticism can be understood as a comment or information on musical works, public or private, that nowadays can be made also on books, recordings (which did not exist until the nineteenth century)... The earliest reviews found, before nineteenth century, that can be considered as such, are located in the Gaceta de Madrid and the Diario de Madrid.

El Diario de Madrid se comienza a publicar el 1 de febrero de 1758 con el nombre de Diario noticioso, curioso-erudito y comercial, público y económico impulsado por Francisco Mariano Nipho y Cagigal (Alcañiz, 1719- Madrid, 1803). El diario deja de publicarse en 1808. Desde el principio, las noticias musicales se encuentran en las secciones “Artículo primero”, “A los señores diaristas” e “Historia general de los viajes”. 1


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Además aparecen datos en “Noticias”, “Ventas”, “Espectáculos”, “Avisos”… En la publicación del 17 de enero de 1787 aparece un apartado titulado “Algunas noticias instructivas sobre el drama llamado Ópera”. Es un artículo que habla de la introducción de la ópera italiana en la Villa y Corte de Madrid por Felipe V en 1738: “Se habilitó el Coliseo de los Caños del Peral y se declaró protector del establecimiento al Marques de Scoti”. Esto promovió el teatro musical en España, y sobre todo Madrid, donde se interpretaron Alessandro nelle Indie (Alejandro en la India) para la boda de Carlos III en 1738 y El Farnace para la boda de Felipe V en Noviembre de 1739. Sobre esta obra encontramos la primera crítica musical en el diario La Gaceta de Madrid el día 10 de citado mes: “que sin exageración se puede decir, ha excedido hasta las que aquí se han visto representar en Europa, por sus voces, compuestas de las mejores que se conocen, por la Música, y por la magnificencia y las mutaciones y acompañamientos”. Con anterioridad se habían citado distintas obras y comedias que se hacían más frecuentes a partir de 1724 y de las que se decían que eran “plausibles”, como por ejemplo en Triunfo y error de los Zelos y el Amor, que se cita el día 9 de abril de 1726. También se describen procesiones en las que se citan los instrumentos que sonaban, los participaban en ellas y se hacen cumplidos a la “Real Majestuosa Capilla”, pero no se pueden llamar críticas musicales. Es ya a partir de 1746 cuando se nombran más óperas y se opina sobre ellas, y así, se dice el 11 de enero: “[…] asistió su Alteza a la Ópera del Ciro riconosciuto, que se repitió en aquel famoso Teatro, y fue el concurso de los más numerosos y brillantes que se han visto en él”. Los juicios sobre el hecho musical son breves, casi una mera adjetivación, que se refiere al acto, al autor o a la obra. El 26 de septiembre de 1747 se presentó: “Glorias del Parnaso, que con singular destreza ejecutaron los Cavalleros Seminaristas, con tan graciosos saynetes en los Intermedios, lucida variedad de Mutaciones y Tramoyas y gustosa harmonía de voces e instrumentos, que lograron el agrado de sus Majestades”. La crítica musical más completa, que hace referencia a obra, escenografía, intérpretes… es la recogida en la Gaceta de Madrid el 21 de abril de 1750 en la que se habla de esta guisa: “[…] Se representó en el Real Coliseo del Retiro, por los Actores más célebres que se conocen el la Europa, el nuevo Dramma intitulada: L´Armida placata, su autor D. Juan Baptista Mele, maestro napolitano, cuya fiesta en todas su partes excedió a quantas se han visto de su especie. Estaba iluminada la parte exterior de los Aposentos con más de 200 arañas de cristal, distribuidas con tal simetría y primoroso orden que formaban el más brillante y delicioso objeto […]. Lo cual junto con el delicioso canto de pájaros, que se oían entre Bastidores y la Música de la

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grave e maestoso representación, que continuaba, nada dejó que apetecer para la satisfacción de la vista y del oído.”. Termina diciendo: “Superó esta fiesta la expectación de toda la Corte y dejó tan llena de admiración, como empeñada en sus aplausos.” De esta ópera hay un comentario tan extenso porque se ejecutó en el nombramiento de Farinelli como caballero de la Orden de Calatrava y fue un hecho importante en el momento, ya que era el castrado el que se encargaba de la gestión de las fiestas y de la música de la corte. Desde 1752 los comentarios, que siguen siendo precarios, hacen referencia a escenografía, música, actores y recepción del público. Las obras que gustan y tienen éxito se repiten y se puede ver una afluencia de óperas de Metastasio en el mercado. La primera vez que aparecen se comenta, después solo se limitan a citarlas. La actividad de la crítica musical está más presente en el Diario de Madrid, por ello me centraré en esta publicación para realizar un recorrido sintético de los inicios de la crítica en el siglo XVIII. La labor crítica del Diario de Madrid se vio impulsada por el “Reglamento para el mejor orden y policía del Teatro de la Ópera, cuyo privilegio se ha servido conceder el Rey a los Reales Hospitales, aprobado por S.M., y comunicado a la Sala de Alcaldes para su publicación, en virtud de Real Orden de once de diciembre de mil setecientos ochenta y seis”, publicado el 19 de enero de 1787 en el periódico. Esto permite que comiencen a realizarse conciertos bien regulados. El número de noticias de conciertos aumenta en las publicaciones entre 1787 y 1788 y en este último año ya aparecen escritos que podemos considerar críticas, pero no al hecho musical, sino a la administración del teatro de ópera por su gestión, como ocurre en la sección “A los Diaristas” del 4 de enero de 1788: “En todos los países de Europa donde se acostumbra la diversión de la ópera italiana el primer cuidado del que lo toma a su cargo, es atraer la concurrencia del público […] Es digna de observarse la afición más que mediana que este urbano, culto y político pueblo de Madrid, ha manifestado y manifiesta constantemente para la ópera, a pesar de la diferencia de idioma, de los vaivenes que ha experimentado la empresa en este primer año, y de las imperfecciones que todavía se reparan […]. Parece, pues, que mejorando algunos papeles, variando más las funciones, dejando más intervalos de vacación a los actores para que las estudien bien, y a los espectadores para que las deseen, está asegurado el buen éxito de esta empresa. F. y M.”. El primer juicio musical que se encuentra en este diario está publicado el 17 de junio de 1788, bajo el

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epígrafe “Señores diaristas” y dice así: “Hasta aquí hemos oído un montón de elogios hechos a la Tirana y la Bermejo y a nadie ha ocurrido contraerse por un momento al mérito de la Galli y demás partes que ayudan con el suyo a hacer agradable y útil esta diversión. Se presentaron en la primera ópera, como partes nuevas, el bufo Bedova, el tenor Scovelli. El primero tiene gracia, expresión y mucho conocimiento, el segundo es parado de acción pero logra libertad de garganta y ejecuta con gala. La tercera es singular con los coros, no desagradable en los solos y sumamente viva en los afectos […]. La Galli, esta mujer ha conseguido agradar a todos no tanto con la voz cuanto con su maestría y buen gusto […]. La Tartini, primera grotesca, concita en cada movimiento un aplauso […]. &c”. En julio de 1789 aparecen de nuevo críticas firmadas por Antonio Rosales: “En la Galli hallamos buena voz, particular destreza y un conjunto de todas las gracias […]. Por lo que hace al señor Bedova, no puede negarse que mantiene su carácter y desempeño sin decadencia, siendo digno de alabanza, no solo por esto, sino también por el artificio y la destreza con que auxilia y se sostiene […]. También corresponde elogio y alabanza a todos los que componen la orquesta, y si no temiera exceder mi propósito, entre los dignos profesores que hay en ella, singularizaría a D. Manuel Salido, primer contrabajo, por su solidez, inteligencia y esmero”. Esta crítica es importante porque aparece por primera vez una referencia a la orquesta y, en concreto, a un instrumentista, mientras que todos los escritos anteriores mencionaban sólo a los cantantes y bailarines. Estos elogios serían respondidos por Marcelino Torrones en el mes de agosto y en septiembre por Gonzalo Bazo en “Carta contra la del viernes 21 de agosto sobre el mérito de las actrices, Bailarines, Grotesco y Orquesta de la Ópera”. Entre los años 1789 y 1792 la actividad crítica musical se ve suspendida y no aparecen ejemplos en el Diario de Madrid, aunque el número de anuncios de conciertos se ha duplicado. La actividad periodística relacionada con el mundo de la música se enfoca hacia aportar datos de personas conocidas en este ámbito o hacia el debate sobre tratados de música o del poder curativo de ésta. En agosto de este último año aparece una crítica relevante, la primera que se hace a una obra escrita, en este caso titulada “Noticia del papel intitulado El Triunfo de las Castañuelas, o mi viaje a Crotalópolis, por D. Alexandro de Moya, segunda edición que se hallará en el puesto del Diario, frente a Sto. Tomás, y en la librería del escribano, frente a la Imprenta Real”. En ella se habla de la obra de esta forma: “Acaso el concurso de innumerables obras buenas y malas, que han dado a luz en todas partes y sobre todas las materias, habrán ocasionado mil abusos ridículos, que unidos a los usos, vicios y costumbres nacidas de la ignorancia, han dado motivo a estas

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grave e maestoso producciones ultimísimas cuando no salen de los límites de lo justo, cuando las dirige un tino seguro y afortunado, y que no se aparta de los verdaderos principios que pueden ilustrar a los lectores […].Este objeto lo desempeña su autor con bastante propiedad, variedad, estilo y buen gusto. J. de V.” Una de las primeras críticas realizadas a la representación de la comedia El abuelo y la nieta que utiliza al público como pretexto se ve en la sección “Señores diaristas” de noviembre de 1792, sobre: “Una, la mayor parte de los espectadores carecen de inteligencia del idioma italiano, y más siendo cantado en la ópera, y de mayor dificultad los bailes, por la acción muda y pantomímica de ellos. La otra excusar la molestia de preguntas que suelen hacer muchos a los que están a sus lados, para enterarse de lo que en el teatro ven, y oyen, y no lo entienden, causando incomodidad y ruido. J.E.M.”. Entre 1793 y 1797 se vuelve ha crear un vacío de críticas de actos musicales. Siguen apareciendo críticas de obras escritas, del mismo estilo de la que hemos citado anteriormente. En este último año se ve un cambio en la forma de escribir crítica. Todas se enmarcan en un contexto social que queda definido (sensaciones del público, personalidades presentes…), incluyendo incluso una descripción del paisaje o del escenario, diálogos o expresiones de espectadores. Los juicios sobre cantantes y bailarines son menos relevantes que en los años anteriores, cuando eran el centro de todos los comentarios. Las críticas de estos años son muy personales y se escriben muchas de ellas en primera persona. Podemos tomar como ejemplo alguna de las primeras e este estilo, como la del 9 de marzo de 1797, firmada por El Despreocupado: “Precisado de mal tiempo fui a ver el primer Concierto del Teatro Español, donde no sólo tuvimos que admirar los espectadores la hermosura del Teatro, y la reunión de un conjunto de instrumentos por la pericia de célebre profesor que los gobernaba, sino también varias partes de cantado, que cada una de ellas tenía un mérito particular en su clase […]. El Profesor que ha cantado en el concierto ha sabido despreocupar a sus compañeros de las tonterías que hasta hoy han llenado sus cabeza; y ellos deben ser los primeros que se acerquen a darle las gracias, porque de esta manera puede llegar el día de que tengamos una música propia y característica, desterrando e nuestro ojos esas lánguidas y fastidiosas Arias tan impropias de nuestro carácter, como ajenas del majestuoso idioma castellano, y de la viveza Española. Esto fue lo que únicamente me tuvo disgustado aquella tarde. Cuantas arias se cantaron fueron de esta especie, con la desgracia de que no quisieron siquiera traducir la letra de una de ellas, para que el publico entendiera de lo que allí se trataba, y sólo pudimos percibir aquellas repetidas palabras: O Dio! Stelle ingrata! Mi avita! Mio cor! Animo mio! Y otras expresioncillas, que si falta de las arias italianas, se quedan los Espectadores a buenas noches”. En los

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comentarios de este momento está muy latente la lucha entre la interpretación de ópera italiana o de ópera española, y se menciona implícita o explícitamente. En las páginas de años anteriores del Diario de Madrid se habían notado tensiones entre ambos grupos, pero a partir de este instante se intensifican. Por tanto y como conclusión, podemos decir que las críticas musicales de estos periódicos se refieren de forma general a la ópera y son juicios sobre interpretaciones, opiniones del público o comentarios a obras escritas. En ellas se encuentra latente el pensamiento estético y los conflictos musicales del momento. Además sirven como fuente de información sobre obras, intérpretes (instrumentistas o cantantes), compositores, lugares donde se representaban, espectadores… La mayor parte de ellas eran escritas por aficionados que firmaban con iniciales o un pseudónimo. Las primeras tienen una extensión menor que las que le siguen en años posteriores, y en El Diario de Madrid se ven contestaciones y debates creados a partir de la publicación de un comentario crítico musical. Las críticas de la Gaceta de Madrid son comentarios más breves sobre ópera, que a veces se reducen a la aparición de varios adjetivos que la describen. Todas las obras comentadas se hacen en presencia de los Reyes o altos cargos políticos y con motivo de grandes fiestas o celebraciones, mientras que en el Diario de Madrid hay juicios sobre actos públicos en los que no cuenta la presencia real. Otras críticas que se pueden encontrar en el Diario de Madrid: -4/8/1792. Nº 217. -27/10/1792. Nº 301. -18/8/1793. Nº 230. -8/6/1976. Nº 160. -9/3/1797. Nº 68. -26/3/1797. Nº 246. -29/4/1797. Nº 119. -5/9/1797. Nº 248. -28/3/1798. Nº 87. -29/5/1799. Nº 149. -7/8/1799. Nº 216. Otras críticas que se pueden encontrar en La Gaceta de Madrid:

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grave e maestoso -6/2/1748. 6. -27/2/1748. 9. -23/9/1748. 39. -8/4/1749. 14. -8/4/1750. 16. -26/9/1752. 39. -5/12/1752. 49. -26/12/1752. 52. -25/9/1753. 39. -11/12/1753. 50. -25/12/1753. 52. -10/12/1754. 50. -3/6/1755. 22. -28/9/1756. 39. -21/6/1757. 25. Bibliografía ACKER, Yolanda: Mùsica y danza en el Diario de la Música (1758-1808): noticias, avisos y artículos, Madrid, Centro de Documentación de Música y Danza, 2007. CASARES RODICIO, Emilio: “Crítica musical. I España”, en Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, vol. 4, Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 1999-2002, págs. 168-182. TORRIONE, Margarita: Crónica festiva de dos reinados en la Gaceta de Madrid (1700-1759), Paris, Cric anda Orphrys, 1998. Gaceta de Madrid: http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/gazeta.php

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Los inicios de la críticamusical española  

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