Page 1

Agosto de 2013

A ù o 2 N° 3

D e l P r o f e s o r a d o d e L e n g u a y L it e r a t u r a d e l I n s t it u t o A v a n z a


SOBRE "EL JUGUETE RABIOSO" de Roberto Arlt

"Cuando rajés los tamangos buscando este mango que te haga morfar... La indiferencia del mundo que es sordo y es mudo recién sentirás" Enrique Santos Discépolo

Toda su pobre vida llora. Es que Silvio Astier transcurre sus días entre la desventura de la realidad y la aventura prestada de los textos. Se pregunta con sabrosa violencia: “¿y por qué a mí?” ¿Por qué esta condena de la cual casi es absurdo escapar? ¿Por qué la anestesia de la realidad no surte efecto en mi pobre alma?

¿Cómo evitar que en su espíritu anochezca tiernamente? Si tan solo pudiera, con su contador automático de estrellas,encontrar la más brillante para que le conceda el deseo de ser otro, quizá ahí la vida se le haga amiga. Él camina por las calles del arrabal‐miserables y sucias- con paso lento y pesado, rabioso en una abstracción dolorosa. Se pregunta favalóricamente dónde está el corazón y el sonido opaco no le contesta. sabe que nunca la aristocracia se enamorará de su inteligencia baldía. Sin embargo, en sus sueños, aquellos rostros de doncellas invaden sus noches y lo dejan apoyar la frente en sus regazos porque no tiene dios ante quien postrarse. Laminado por la angustia

“Toda la vida llevará una pena, todos los días llevará una pena”, pero después de haberse ensuciado hasta adentro podrá volver a caminar tranquilo y

Rosana Cuebas

VOCES

sus ojos brillarán ávidamente ante la serenidad infinita.

1


Si mi

Al comenzar la transición de género de M a F conocí a la primera amiga travestí...recuerdo aún la excitación de haber podido charlar seis horas corridas con quien desde ese momento era una referente para mí, tan novata yo.... Jamás olvidaré lo aprendido en esa charla y otras más, pero lo que más me llamó la atención era la manera en que los pretendientes se dirigían a ella: REINA Más adelante, ya en la nueva identidad, descubro que en la transición aparentemente había cambiado, inesperadamente, ya no de género sino también de casta social. Se dirigían con ese título nobiliario a mí. Viviendo en Argentina estaba acostumbrada al tema desde siempre en realidad, porque siempre había oído de las famosas elecciones de Reina: del ajo, la cebolla, la manzana, etc. Pero lo que no había podido conectar hasta mi transición era la relación semántica entre lo nobiliario, lo prostituyente y ciertas costumbres y elecciones en el mercado de la carne. Paralelamente pude ver un desopilante video parodiando y criticando, aunque no hasta las últimas consecuencias, el tema de las elecciones y competiciones de la reina. Esta vez la del "chancho peludo". En mi interés por estos temas y mi tendencia a relacionar y asociar palabras encontré la conexión: Reina-prostituta-travesti-chancho. Bien viene aclarar que en la jerga prostibularia que ocupa las zonas rojas y otras clandestinidades, la apetecible carne de las chicas trans se conoce como carne de chancho.

REINA...

VOCES 2

Ahora bien, este término de Reina: ¿es una manera de enaltecer para inmediatamente degradar? ¿qué idea hay -si es que puede hablarse acá de ideas- acerca de la elección folclórica de una reina y sus princesas en cada pueblo, ciudad y paraje de nuestro país? ¿qué herencia española encubre u honra esta costumbre?¿La sangre azul es una virtud a premiar?; símbolo de la explotación, colonización (más que apropiado término en este contexto) y la discriminación, esta designación nos transmite -creoalgo acerca del poder. Si la sexualidad y los géneros están inmersos e inexorablemente imbricados en una pesada e inextricable urdimbre que refuerza la desigualdad de género y reafirma jerárquicamente el género M sobre el F, esta costumbre de elegir REINAS: ¿no está a su vez reproduciendo el modelo más explotador y degradante de lo F? Si es que encontramos una secuencia como la señalada no sería nada desatinado cuestionar esta costumbre apañada y celebrada por funcionarios del Estado y demandar si no es hora a esta altura de los acontecimientos, de destituir estos reinados para que la democracia simbólica sea palpable hasta en los más nimios gestos sociales. Recuerdo a esa amiga travestí y la cito: "Para ser Reina de verdad hay que tener carne de chancho"... ¡chapeau!

María Eva Rossi


P R O N TO , M U Y P R O N TO Algún día mis versos se llenarán de alegría y mi voz entonará un himno al amor. Será pronto, muy pronto, lo estoy esperando… con ansias, con fe y también con dolor. Algún día mi alma volverá a nacer divina y la luz de mis ojos nuevamente brillará. Será pronto, muy pronto, pero el trayecto es largo… entre rosas, espinas y un lento caminar.

Algún día mi vida cambiará por completo, mis días serán bellos y mis noches igual. Será pronto, muy pronto, pero ¡me cuesta tanto!... será, amor imposible, cuando te pueda olvidar.

DESEO

Déjame crear poemas bañados por la locura. Déjame escribir tu nombre con piedra en la arena. Déjame viajar un día hacia una ciudad serena. Déjame amar con ternura como toda mujer sueña. Déjame, simplemente, convertirme yo en tu dueña. VOCES

Déjame vivir un sueño que sea largo y eterno. Déjame soñar despierta una ilusión, un deseo. Déjame volar sin alas hacia un mundo verdadero. Déjame elevarme alto y con las manos tocar el cielo. Déjame bajar estrellas, sol, planetas y luna.

3


Signos “Era el año 1960 cuando la certeza de que la muerte no existe me invadió desde el fondo de una lucidez inhabitual. Un cisne fue el signo que tuve como única certeza de que lo que llamamos realidad es sólo ficción. Peso noventa kilos pero vuelo sobre un cisne. Puedo ser liviano y él puede transportarme. Moriré en 1986, aunque la muerte no existe”, me escribió en una carta un

coterráneo nuestro de apellido Borges. Lo llamábamos “Pepe”. Era sacristán de una iglesia de pueblo y tenía tiempo de degustar el vino de misa, de leer y de escribir. Habitualmente me hacía llegar decenas de borradores de libros que jamás publicó. No hemos podido descifrar todavía cuál fue su mensaje, pero cada tanto volvemos a indagar. Se puede suponer que no mentía. No se suicidó y efectivamente falleció en 1 986. Jorge Luis Borges, el conocido escritor, hubiera escrito al respecto: “«Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero, es una paradoja evidente”.

Simplemente por la coincidencia de apellidos y por la inevitable asociación, trajimos esta frase a la que, sin embargo, consideraremos para que nos libre de hacer biografismo. En un chat que compartimos en el año 2002 con una francesa y un catalán, comentamos el caso. Ellos coincidieron en que algunas lenguas romances, como las suyas, conservan el sentido de signo en cisne. Por mi parte, respondí que el hecho de que un cisne represente un signo, entre nosotros, es pura subjetividad y circunstancia. Igual sospecho que el ave es un vehículo capaz de transportar un cuerpo diez veces más pesado que él mismo, porque lo que carga se reduce y porque el signo tiene fuerza. Creo entender. No parece extraño que despojado de su forma lo esencial vuele sobre un signo pero no está claro cuando leo transporte y cuerpo si son palabras literales o metafóricas y de qué realidad hablaba Pepe. En la ficción o en la metáfora todo sucede sin inconvenientes. El escepticismo se presenta cuando comparo el mensaje de nuestro amigo y el año en que falleció. Él sabría de antemano la fecha de su muerte, me digo. Releo su carta. “Cabalgando sobre el cisne despliego VOCES 4

sus plumas y miro. Desde aquí afuera se ve claramente cómo la gente desespera por huir de sus reflejos y sus sombras sin advertir más que en algún sueño extraño que lo que llama realidad no es más que simulacro, gimnasio de ensayos y rutinas. Uno es Otro. Todos somos el mismo y nadie lo advierte”.


¡Hostias! - me digo. -¡Cuánta falta me haría un vaso de agua bendita!. Me sirvo un fernet y sigo leyendo. “He despertado y entiendo laforma perfecta, la armonía y el silencio, pero nada diré. Ya nadie podrá oírme. Ahora lo sé. La poesía, o la vida, que es lo mismo, es un fractal, una forma geométrica, es racionalidad, es signo. Un signo es Todo. Fundamentalmente es un cisne que se proyecta con lo esencial encima, que sale de lo aparente como una flecha que da justo en el centro donde estallan los opuestos para ser uno, con anverso y reverso”.

Recuerdo a Jorge Luis Borges cuando escribió, según dicen, que: “la poesía es la forma suprema de la racionalidad” y me digo: - pobre Pepe, siempre jugó a ser Borges - pero enseguida caigo en cuenta de que él ¡era Borges! Y me persigno. GRACIELA TEMPERINI

Antropofagia veces se me cae un miedo de la panza, un terrorcito que me come las entrañas del lenguaje. Me anula la lengua, la hace un nudo y me espantapájaros. Entonces es cuando mi boca se va de bucólica, y se aísla junto con la luz mala. El terrorcito me regala lo mudo del verbo impronunciable porque sabe que las palabras, a veces, ocupan mucho aire. El miedito que se escapa de la panza me seduce con la disyuntiva de respirar o simplemente escuchar. Los terrores nos ponen a prueba, la panza nos molesta. Mi boca se va de bucólica, una boca prehistórica de besos fósiles. No conocer mi propia voz me convierte en piedra y callo. Me convenzo de que lo heroico es intentar tener la voluntad de asfixia y desvanecerme con tu voz acurrucada en mis oídos. Pero las palabras nos sobreviven, nos cadaverizan y nos traicionan. La muerte no existe, existe lo muerto y las lenguas muertas y la voz que ya no baila en el aire. Tengo un hambre voraz de palabras de hombre que carcome mi lengua y mi gargagarganta. La antropología del nhombre o lo antropófago del nhombrar. Comerme el nombre es comerme al hombre. Qué perversa esa manía de llevarme todo a la lengua. Lánguido es el movimiento de esa lengua suicida que se acerca al precipicio de la poesía. Es terror porque no sabe si mantenerse famélica o lamer el vértigo del lenguaje.

Juan Moralejo

VOCES

A

5


Boba o Bachillera

“La dama boba” de Lope de Vega plantea la historia de dos hermanas definitivamente diferentes: por un lado Nise, la inteligente (“bachillera”), racionalista, discreta e ideal de mujer. Por otra parte: Finea, la boba, impetuosa, osada y criticada en esa época. Ambas son cortejadas por dos galanes: Laurencio y Liseo, que cambian de pareceres en varias ocasiones y juegan con sus sentimientos. La obra es una mezcla de humor, intriga y crítica a la sociedad del siglo XVII. Marcó, además, un hito rompiendo con algunos esquemas preestablecidos y utilizados desde la Antigüedad Clásica y durante la Edad Media en la elaboración de textos literarios, tales como las unidades aristotélicas: la unidad de acción (sólo se debía desarrollar un conflicto), la unidad de tiempo (todo debía suceder de manera continua), la unidad de lugar (se debía desarrollar en un espacio único). Ser por un instante Finea o Nise... Ponernos en su piel y expresar en un soliloquio sus emociones, pesares, pensamientos y deseos. Esa fue la tarea que nos encomendó el profesor Emiliano Vuela, en Historia social y cultural de la Literatura II. Y estos fueron algunos de los resultados obtenidos.

S

oy Nise, hija de Octavio y hermana de Finea. Desde muy pequeña fui educada para ser esposa y madre (...). Piano, baile, literatura, pintura y buenos modales fueron algunas de las disciplinas que mi padre puso a mi disposicion y yo como buena hija acaté su voluntad. (...) Espero que el destino no actué cruelmente conmigo y ojalá el hombre del cual me enamore sea lo que mi padre espera para mí, pero no sólo un caballero respetable, sino además: amable, cariñoso, bello a mis ojos y que solo yo ocupe su corazón. Que podamos ser felices y que pueda valorar, a mi

A VOCES 6

lma mía, ¿qué debo hacer? Mi espíritu se debate deshaciéndose de pena. ¿Por qué me toca sufrir? Si siempre fui prudente, tan sabia y correcta. Mi hermana a la que todos evitaban, es cortejada por varios caballeros y yo he de sentirme tan sola, tan perdida y sin consuelo. (...) En este atardecer, Liceo, vislumbro mi vida ahora.

Nise

falta de dote, todos mis atributos, para poder demostrarle así que se puede ser rica tanto con dinero como con sabiduría. CLAUDIA RIBOTE

Espero puedas aceptarme, "yo me doy por tuya toda". ¿Me quieres? Dímelo ya, o se muere el alma mía, que ya no puede vivir, pensando en todo este sueño, que la vida se me acaba, que la noche se hace día, y que si tú no me amas, yo volveré a estar vacía.

KARINA PENTITO


N

o es grato sufrir del mal de la celosía, seguir el consejo de mi padre será lo más prudente. Desenamorarme es ahora mi meta. ¿Pero qué debo hacer para conseguir este propósito?, si cada vez que pienso en él una tonta sonrisa se dibuja en mi rostro. Cómo desenamorarme si Laurencio es la dulce melodía que resuena en mi cabeza constantemente. Y el sólo hecho de dejar de pensarlo me asusta. No quiero... no quiero dejar de quererlo, pero sé que es Nise quien será su esposa. Tendré que obligarme entonces a olvidarlo. Borrar su nombre de mis lamentos.

Dejar de esperar con ansias volver a verlo. Evitar que mis ojos crucen su mirada, para no cometer el error de que con solo ese gesto termine por confesarme enamorada. (...) Mi voluntad decae a cada instante. Quiero verlo, quiero confesarle mi amor a pesar de todo. A pesar del odio que en Nise esto genere. Pero no es lo correcto. Debo callar, debo volver a ser la de antes: la despreocupada, distraída Finea, sin ningún interés en particular, sin sufrimientos, sin lamentos, sin amor. GRISELDA CASTRO

O

Finea

h Dios, cómo he llegado a semejante situación, cómo puede el señor de la galera entender que no solo soy lo que soy, sino que sigo el camino. El deseo lleva a conocer sin ser. Desde ya, hace unos cuantos días que te espero (...). Dícese que soy tan afortunada, que sólo sonrisas de mí saldrán sin ver. Aquí espero con ansias de saber que te busco, dulce promesa de primavera donde las flores despiertan al amor revueltas y con pasión. Oh gran corazón, que saltas de exaltación, dime si el arrojo es mi camino o la espera vale ya el tiempo gastado en tí, dulce sombra de agosto. Dime si el deseo en el despertar del ocaso signa el camino de los enamorados o como el padre bien sabe y me dijo: él es el indicado. HÉCTOR CARLOS ZARIS

e desperté pensando qué pasará hoy por la tarde cuando ante mí aparezca ese que pretende esposarme.(...) ¿Cómo podré librarme yo de esta puesta en escena donde el guión lo escriben los de afuera? Ay si Dios mis plegarias escuchara, aunque pecadora dicen que soy. Pecadora por amor... eso no ha de ser pecado, ¿cómo no me va a escuchar si desde el alma le estoy hablando? Ya no puedo esperar a que mi Laurencio pida mi mano. Algo se me tiene que ocurrir para que lo que mi padre quiere hacer quede truncado. (...) Pasar por boba se me ocurre para horrorizar a ese caballero desvaído y cansado y que parta a ese lugar tan lejano de donde ha venido. (...) Es hora de correr a los brazos de Laurencio con mi estrategia armada, sólo él puede saber que hacerme pasar por boba nos va a favorecer. (...) Si es pecado la pasión que los dos sentimos, pecadores y juntos queremos envejecer. No hay mandato divino que nos pueda separar, pues el uno para el otro así la creación nos ha formado y nada más se puede hacer. No hay ley del hombre que esto pueda romper, porque los lazos así armados deben permanecer. NATALIA FRITZ

VOCES

M

7


M

i nombre es Nise, soy una persona que siente, ama, vive en su interior pero que muestra a una mujer racional, una mujer que debe obedecer. Siempre obedecer. (...) Ahora viene a mí uno que dice amarme y no conozco… Vino a casarse con mi hermana y se enamoró de mí. ¿No es ambigua la vida? Y como todo favorece a Finea, mi padre lo consiente… o no. Él quiere casarme con alguien, no importa quién (¡A mí sí!). (...) Pero me parece que nada puedo yo hacer, ya está decidido mi destino. No estaré con el hombre que yo amo y eso basta. No seré feliz. Veré a mi hermana con Laurencio formar la familia que debía ser mía, tener la casa que debía ser mía, aún el perro que debía ser mío… ¿Cómo haré para soportarlo cada vez que nos veamos? Si la inteligencia recompensa con esta vida, mejor haber nacido necia y sin facultades, sin pensar qué me pierdo, sin pensar qué gano… ¿de qué me sirve la razón si me está matando en vida?, ¿de qué me sirve la poesía, si me atormenta el corazón?

Nise Ahí viene mi padre con Liseo, mi futuro marido. “Nice... levanta la cabeza y sonríe porque la vida sigue, aunque se esté en vida, muerta”. STELLA ARMENDARIZ

M

e tratan como a una boba no saben que los escucho cuando me oculto detrás de algún mueble o vengo por casualidad y todos dejan de hablar hablan de mí todo el tiempo siempre le digo a la criada que se cuide porque las paredes oyen lo comprende todo es bachillera como mi padre quiere que yo sea (…) pero no me preguntó si quiero casarme y con quién no qué estoy pensando me condenarían en el fuego eterno si no obedezco las normas de la casa a veces prefiero estar en otro lugar eso es imposible (…) todos me piden que sea atenta correcta con finos modales como Nise ella sí que de esto sabe bastante pero lo que le falta es dinero recibí mucho y mi hermana poco (…) tengo que alejar estos malos pensamientos alguien podría pensar que soy una cualquiera todos confían en mí Nise tampoco me lo perdonaría si le llego a fallar a papá sería la deshonra de la familia debo hacer las cosas bien aceptar a este pretendiente (…) para recibirlo me pondré mis mejores ropas del domingo y trataré de que él se fije en mí y vea a la mujer que yo soy no quiero ser esa boba que se equivoca ni tampoco parecerme a Nise quiero ser yo de una vez por todas aunque sea un imposible (…) no debo conformarme con lo que tengo la vida no es fácil para alguien que recién empieza a sentirse mujer debo sacarme a esa boba de encima que todos se den cuenta de que Finea aprendió a ser bella y elegante quiero ser yo si les sigo el juego tal vez resulte y dejaré de ser esa mentecata de cuarta que hay que repetirle las cosas una y otra vez cómo es el floreo dos pasos hacia delante un giro con el pie acompañado del cuerpo no me sale tengo que seguir practicando.

Finea

VOCES 8

JORGE MARÍN


UNA PALABRA NO DICE NADA y al mismo tiempo lo dice todo “Una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo" Carlos Varela

Amar la palabra, desarmarla, convocarla, repetirla, deletrearla, cansarla, pedirla, buscarla, aprenderla, desprenderla… y más y más…

Patricia Papaleo

VOCES

Ser docentes de Lengua y Literatura nos remite permanentemente a pensar el trabajo con la palabra, con el discurso. Ese ir y venir constante entre el decir y lo dicho, esa preocupación por el lenguaje que forma parte de nuestro hacer, provoca un pensamiento reflexivo que incluye lo que estamos diciendo y a la vez mide, escucha, elige cómo lo estamos diciendo. Es imposible pensar en la noción de un discurso inocente, por eso, la ambigüedad, la liviandad o el dolor del lenguaje pre?meditados deberían impulsarnos a generar también en nuestros alumn@s, un pensamiento reflexivo simultáneo al acto de decir que permitiera encauzar, si es necesario, el curso de ese acto. Nuestro ejercicio constante en el uso del metalenguaje genera una conciencia permanente que nos excede y está bien que así suceda. El total conocimiento del peso de cada palabra en cada situación, en cada contexto es algo que no nos debe pasar inadvertido como formadores. La transmisión de este hecho fundante del pensamiento del docente de la lengua puede marcar la diferencia al dejar una huella que demuestra que el decir es en sí tan importante como el resto de nuestras acciones. Esta convocatoria a pensar permanentemente el hecho de decir, a ser concientes de que nuestro discurso (en el que intrínsecamente se liga el modo y el qué) está moldeando lo que estamos diciendo y está filtrando nuestra postura en la vida, nos debe permitir tener presente siempre que nuestro lenguaje es ideología, que nosotros somos lenguaje y por lo tanto, somos lo que decimos y también cómo lo decimos. Cuando nos paramos frente a nuestros alumn@s, no podemos dejar de pensar (no debemos) que el peso de nuestras palabras dejará, por lo menos, dos huellas en una: la del contenido y la del continente, lo que decimos y lo que somos.

9


DíaZ apolillados A

l entrar ví el sobre con mi nombre, en la mesa. Había aguardado en el bar a que ella, presurosa, corriera para su trabajo. La había visto ir por la acera de enfrente, arrastrando como un ala, su cartera. Con la frente en alto y el rostro endurecido por largos inviernos. Era una luchadora incansable. La había visto pelear a brazo partido cada día de estos cinco años que llevábamos juntos. Desde un primer momento habíamos tomado las armas. Cada uno se había provisto de su correspondiente remo e íbamos a la par. Por eso mismo me resultaba muy difícil afrontar la situación. Temía el desenlace. Entonces oculto tras la ventana vigilaba sus movimientos, para volver a casa. El sobre resplandecía junto al mate, todavía caliente. Su blanco inmaculado le infundía una especie de aureola sobre la penumbra reinante del cuarto. Sigilosamente me acerque y pude comprobar lo que hace tiempo preveía. El sobre tenía mi nombre. Pero parecía intangible y lejano como un elemento de orden divino. No pude tocarlo. Había algo en él que me paralizaba. Así que busqué darle olvido y abrí las ventanas. La luz que se desbarrancaba del cielo inundó la casa. Poco a poco fui sosegándome. Durante ese día el sobre quedo allí, y ella no me hizo una sola pregunta. Era muy respetuosa de la privacidad y jamás se atrevería a ponerle las manos encima. Sin poder hacer frente a esta circunstancia, desesperado, pensé en huir y abandonarla. ¿Pero los créditos, el préstamo y demás deudas que habíamos convenido juntos? No podía ser tan canalla. Obligarla a que se haga cargo sola. Y como no podía encontrarle la vuelta al asunto, se me aparecía cada vez con más insistencia la idea del suicidio. Idea que se hacía trizas al imaginármela llorando, enlutecida, junto al cajón. Sufriendo un dolor terrible, desamparada. No, no era posible que yo, justamente yo, fuese la causa de su desgracia. El sobre posaba, ahora, encima de la canasta de frutas. Había perdido la blancura de su inicial blanco inmaculado y conservaba, solo, un blanco sucio. No obstante preservaba un firme cariz temerario. Una impresión aciaga.

VOCES 10

Todos los días, ella, oía mi salto de la cama, el sonido de la ducha, los mates amargos y mi salida para el trabajo. Una vez en la calle, me metía en el bar de la esquina, pedía una ginebra y aguardaba a que, ella, marchara para su trabajo. Saludaba al bolichero y me retiraba. Abría las ventanas, ventilaba las piezas, sacudía las sábanas...Pero la casa no era la misma. Había lugares en que la luz tenía vedado el paso. Objetos y espacios en los que iba ganando lugar la ausencia y en los que latía amenazante, como un golpe, la hostilidad.


Con el Pola, así se llamaba el bolichero, comentábamos las noticias del día, las quinielas, los caballos; señalábamos algún comentario que anduviera dando vuelta entre los asiduos concurrentes, bebíamos nuestra ginebra y pagábamos la ronda siguiente. Nos entregábamos sin resistencia a la camaradería de una amistad sencilla y libre, sin estúpidos compromisos. Después consultaba la hora, me acercaba a la ventana y contemplaba su andar. La brisa fresca ante el paso firme, enrojecía sus mejillas. Su pelo flotaba mansamente, la ropa se pegaba al cuerpo de ese estoicismo inquebrantable que la iluminaba. Ella pasaba, todos los días, como una imagen que ardientemente atesoraba para poder seguir viviendo. Yo no me retiraba del bar hasta verla pasar. En mi casa ya no podía estar. Desde los rincones más sombríos podía percibir la incansable, monótona y minuciosa tarea de esas cosas abandonadas que entretejían su repugnante manto e intentaban atraparme.

Alberto Adrián Manguello

Pedido final

­Escribe. ­¿Con qué? ­Con lo que puedas. Escribo. ­Muy bien, anda, ve a jugar. Otra vez me arrojo hacia ese lugar utópi­ co que sólo existe en los sueños o en los cuentos de hadas, esos que cuenta mamá. En otro lugar, en otra dimensión, un niño tirado sobre un charco de sangre sostie­ ne entre sus manos una carta. El diario de ese día cuenta su triste fi­ nal: Niño brutalmente golpeado por su padre le deja una nota escrita con sangre en la que le pide: “Papá, por favor, cuida a mi hermanito”.

MARCELA CONTRERAS ROA

VOCES

Corro, mis pies livianos parecen elevarse sobre el césped humedecido por el fino rocío matinal. Una suave brisa agita mis cabellos que parecen por primera vez es­ tar prolijamente peinados y su leve soni­ do acompaña armoniosamente el dulce cantar de los pájaros. Mis sentidos se encuentran embriagados ante un espectáculo difícilmente traduci­ ble en palabras. Me dejo llevar por la marejada de sensa­ ciones que me man­ tiene extasiado y cautivo de una paz infinita nunca antes conocida. Siento que me elevo, pero alguien me detiene. Su voz y su mirada me hipnotizan, me tranquilizan. Me dice: ­Espera, tienes algo que hacer antes de seguir tu camino. ­¿Qué? ­le pregunto.

11


INTERCAMBIO EN FACEBOOK Graciela Hola Edgardo: espero que estés muy bien. Te cuento que disfrute mucho tu libro (…) Quien te hizo la nota.... chan... chan... no sabía cómo decirme y ahora yo no sé cómo decirte a vos: parece que le robaron la notbook y el telefono y no había transcripto la nota (…) Dice que se acuerda lo que dijiste... como no quiero correr riesgos y vos seguro que tampoco MENOS QUE MENOS, te propongo que la armemos, si no estas suficientemente enojado. Decime qué opinás. Ya te dije, salgo corriendo... Edgardo Lo del robo de la Notebook le pasa a

VOCES 12

cualquiera, lo de perder el material le pasa a cualquier pelotudo. Bueno, no dije eso. Mi compu tiene virus que le hacen escribir lo que pienso y no lo que sería políticamente correcto decir. Parece que le fallan los flitros del hardware. Pero lo que ha sucedido es una pelotudez, no hay duda: ¿todos invertimos dos horas de razón y pasión para esto? No hace falta ser obsesivo, con tomarse el trabajo en serio bastaría. Una copia en cualquier pendrive o disco de dos mangos del material pendiente, y si se te incendia la compu o te afanan el celu, lo tenés ahí. La palabra de uno vale, preservar la del otro es lo más importante, si estás en el laburo de comunicar o en el de estudiar alguna 'ciencia del hombre'. Pero yo soy un cabrón, no me hagas caso, pobre nene: hagamos como que no pasó nada y te propongo cualquiera de estas dos opciones: a) no publiquen la nota; b) entren en www.edgardoepherra.supersitio.net y busquen: en un a de sus 15 ventanas hay reportajes que me hicieron en distintos medios. Pueden cortar y pegar fielmente el que más les interese, completo, citando el medio donde apareció originalmente. Y todos amigos. Besos y gracias y disculpas, querida amiga. Edgardo.

EDGARDO ARIEL EPHERRA

El hombre de "El Aleph" Entrevista de Alfred Hopkins al escritor Edgardo Ariel Epherra para la revista Jaque Mate Press (inglés / español) ­¿Cómo y por qué comenzó a escribir? ­Bueno, la vocación literaria (la de escribir pero también la de leer) a uno le sucede, o mejor dicho, no se elige: se trata de algo que lo elige a uno, en cierto momento de la vida. Yo no podría determinar cuándo me ocurrió esto, en términos de calendario, pero emocionalmente sí: me veo disfrutando de los colores, las texturas, los olores de aquellos libros de cuentos de mi primera infancia, aún antes de saber leer, y muy poco después, haciendo esos primeros trazos con los cuales agredía, ya desde entonces, cuadernos, libretas y papelitos. Sin tener conciencia exacta de cuándo, creo que éste fue el "cómo" empecé a ser escritor. ­Es decir, no hace falta un "porqué." ­Desde luego: si uno no lo elige, tampoco tiene un "porqué" íntimo, racional, voluntario. De a poco la vocación se hace destino. Basta con no contradecirla. Todo se va dando por una especie de hermosa fatalidad, entre los goces y las sombras. Uno se apasiona y disfruta con esto, y simultáneamente descubre que puede aprender, mejorar. Hablo de mi caso, desde luego: entonces he procurado hacerme cargo, como pide Borges: "El secreto de la felicidad consiste en no traicionar tu don".

­O sea, dejar que el don toque el corazón. ­Que trabajen juntos por lo menos. Y no digo que yo tenga algún Gran Don. Digo que leer y escribir me gusta, lo hago con sumo placertodos los días, profesionalmente (como quien profesa) y compruebo que a algunas otras personas les da placer leerme o me consultan para escribir y


­Tiene una revista en la web. ¿Cuáles son sus aspectos únicos? ­Ah, cuántas paradojas se me ocurren para responder una pregunta que en el fondo no sé contestar: todos somos iguales de distintos; el universo es diversidad; etc. Podemos echar mano a cualquier frase de ésas. Pero me parece imposible en este rubro lograr algo único. Ya el hipertexto hace que una sola revista no sea única, aunque sólo ella existiera en el cyberespacio: porque el lector se va metiendo click a click en las honduras del sentido ­o de los sinsentidos­ de la Red, y así la revista es una multiformidad de “opciones” donde la adicción a navegar empuja a naufragar de apuro. ­¿Será por eso el nombre de la revista? ­Sí. Se llama Revista Sobre Vuelos. Reconoce su limitación. Estamos obligados a sobrevolar. El medio electrónico casi siempre condiciona al contenido literario. ¡Pero casi! También proponemos a quien nos lee buscar remansos para que anide la curiosidad. La pausa es un valor clave para equilibrar todo vuelo. Y eso también se encuentra en la revista. Como dijo Isidoro Blaisten: "La escritura es la quietud de lo que vuela". Me gustaría que nuestra revista pudiera aportar contenidos consistentes por encima del vértigo que la Red impone. Y es imprescindible que no sea la única en lograrlo. Por el momento, 3.200 suscriptores personalizados nos están dando su voto de confianza desde todo el mundo... ­¿Cómo entiende el futuro de las revistas literarias en la web? ­Me parece que las únicas que tendrán un futuro son las que se planteen realizar algún aporte que trascienda el medio. Si hacemos comida chatarra de nuestros contenidos porque no hay tiempo ni espacio, entonces lo que escribimos se reduce, se empobrece, y también embrutecemos al que “consume” nuestros mensajes. Esta forma de hacer una revista literaria no tiene futuro, o si lo tiene no me interesa demasiado entenderlo. Toda revista cultural que se precie viene de otra historia y debe mirar a un horizonte mejor, más allá de las estéticas, las filosofías y el soporte donde se apoyen.

Graciela Edgardo querido, como siempre tan preciso. Así tal cual, es. Por supuesto que si nos hiciste el honor de dedicarnos tu tiempo, alegria y disposición no será para no publicarlo. Sí, copiaremos una, citaremos la fuente. Gracias otra vez, un abrazote. Edgardo Muchas gracias a vos, y disculpá el tono del mensaje anterior. Me calenté y no por lo que masivamente pudiese aportarme esa entrevista, sino por lo dicho: uno se va cansando de ver cuánta ilusión malgastada nos hacen tirar a la basura, unas veces por mala intención de los que tienen los recursos, y otras porque nosotros mismos, que deberíamos defender estas cosas, las dejamos irse por la alcantarilla. Cuesta pelearle a la mediocridad, a la improvisación, al chanta ­ jismo un pedacito de trabajo digno, así que yo ya no quiero descuidar más ninguna trinchera. Bueno: PERDÓN, GRACIAS, BESOS y espero vernos pronto. Edgardo aunque no haya motivo, aunque no haya revista, aunque no haya reportaje. Sencillamente charlamos y nos tomamos algo y nos cagamos de risa de todo, incluso de nosotros mismos, de las rabietas inútiles, y lo grabamos para que nos quede ahí de ejemplo de tolerancia con el resto de la humanidad, a partir de tanta huevada que uno mismo hace y dice. Como advertía mi abuela: NENE, NO TE TOMES TODO, EN SERIO (una coma mal puesta y mirá...)

VOCES

corregir. Ésa es la causa de mi elección. Ser escritor me permite ganarme la vida, en todos los sentidos de la frase: Hago lo que quiero, no lastimo a nadie y nadie me molesta. ¿Qué más podría pedir?

13


­Su repuesta nos lleva a otra pre­ gunta: ¿qué significa escribir con teclas en vez de lápiz? ­Si me quitaban el lápiz y me daban una cuña filosa y tablas de arcilla, yo habría hecho escritura cuneiforme, y ahora al­ terno la redacción a mano alzada con la escritura digital. Cuando escribir es una segunda respiración, hay que escribir. Supongo que habrá gente a la cual es difícil hacerle tomar una herramienta, y otra que parece haber nacido con esa he­ rramienta en la mano. Ciertos individuos casi nunca frecuentan la escritura y la lectura, y sin embargo otros, pese al fá­ rrago de la vida cotidiana y los cambios tecnológicos, leen y escriben en el aire, bajo el agua, contami­ nados por el humo indus­ trial, bombardeados por los aviones, por la pobreza económica o por la estupi­ dez mediática. Cortázar es­ cribía arduas traducciones para la UNESCO y garaba­ teaba “Rayuela” forzándose al insomnio. Porque sabía esto: “No hay ex­ cusas. El que está condenado a escribir, escribe”.

­ ¿Qué carajo sucede hoy con nuestro mundo posmoderno?

VOCES 14

­Así formulada, esta pregunta tiene una palabra más bien obscena, y no es “cara­ jo”, sino “nuestro”. Yo no considero “mi mundo” al mundo posmoderno, en conte­ nidos ni en forma. Entre otras cosas por­ que esa clase de mundo (de visión del mundo) se opone al modo como yo asumo mi trabajo, que es el compromiso con mi lugar, con mi historia. Yo no participo en las formas de relación posmodernas. Es verdad que estamos obligados a convivir con su parafernalia: donde vayas habrá celulares que te incomunican con quien estás desayunando, autos importados pa­ ra llegar pronto a la muerte porque son más veloces que nuestras rutas, plasmas

que otorgan alta definición a la imbecili­ dad, cirugías antiestéticas que sueltan por la calle ejércitos de barbies jubiladas y nenitas mutantes... ­¿Será una cuestión de moda? ­¡A muchos les gusta decirse posmoder­ nos y asumen que ése es su mundo! Pero se lo prefabricaron otros. Pasa igual con el slogan que proclama “la muerte de las ideologías”: los que lo inventaron persi­ guen que se mueran las ideologías de los demás, para que domine la suya. ¿Y cuál es la definición de mundo posmoderno? No sé. Yo soy apenas un escritor de poesías y ficciones, no un sociólogo, ni un historiador, ni un psiquiatra. En todo caso siento que la posmo­ dernidad es una construcción semántica bastante falaz y malintencionada, porque trivializa valores como la vi­ da, el trabajo, la libertad, la memoria, la justicia; en fin: lo que nos hace más huma­ nos…

­Entonces: ¿Qué será para usted el posmodernismo? ­Para mí, más que real, el resultado de estas conductas posmodernas es surrea­ lista. Pero de un surrealismo ordinario, pedestre. Alguien, creo que Louis Aragón, que pertenecía a aquél movi­ miento, dijo: “Si se te ha ocurrido una triste imbecilidad, y la escribes siguiendo el método surrealista, obtendrás por re­ sultado una triste imbecilidad”. Yo no pretendo cambiar el mundo por las mías, pero tampoco admitiré que el mundo, al menos ése de la posmodernidad, intente cambiarme a mí. Otros mejores se podrán fundar que merezcan defenderse.


Antes de Dormir

VOCES

Pienso en una lectura que me haga reír, la necesito. Hoy no fue un buen día. ¿Cómo frenar a tanta teoría que me despersonaliza? El libro de Malfalda esta prestado. Antes de dormir no quiero lógica, no quiero capitalismo, no me sirven los eruditos de antes de Cristo, ni los que vinieron después. En una vieja caja, llena de polvo y suciedad hay algo. Los toco y se me llenan las manos de tierra. Esas viejas revistas me conectan con otro tiempo, un tiempo amarillo. Al leer sonrío, estoy viajando en el tiempo. Caen imágenes una tras otra, las veo a todas sin cerrar los ojos. Sobre la mesa están los Billiken recién comprados, mi hermana mayor y yo peleamos por las figuritas de la contratapa, el chocolate con leche endulza la tarde. Aparece mamá, reina consumidora de Anteojito y Billiken, y la lágrima que venía asomando se termina de escapar. Esos recuerdos amarillos me demuestran que otra vez volvió la nostalgia. No se si estoy en Estocolmo o Suiza, Japón o Bulgaria. Descubrí que quiero ser un búho, un ave rapaz, para escapar a tanta teoría, a tanta frivolidad y que alguien pueda volar.

15


EN EL EDIFICIO

E

VOCES 16

n el edificio apartado sólo para aquellas mentes cultas mis oídos se deleitan en los sonidos de la música que parecen hablarme tan nítidamente como una pintura. Mi cuerpo confunde mi piel granulada con manifestaciones de la cálida sensación de saber que estoy en la búsqueda placentera pero errante, y la aversión y asco al sentir que este mundo de pinceladas esconde su belleza a mis ojos. Pinceladas alegres, tristes, certeras y confusas, que solo me permiten apreciar el olor a viejo imaginando el sabor rancio de sus materiales putrefactos que despiertan en mí el deseo de cerciorarme de si mis manos tienen la capacidad de dividir los mamarrachos colorinches enmarcados y que me dejan exiliado a una monótona, previsible e insípida música ambiental pero a la vez exquisitamente muy superior. Pinceladas odiosas que alguna vez imprimieron con ilusa esperanza introduciendo de forma intrusa en la historia ideas benefactoras, camufladas de ingenuidad, que prometían rescatar a los que padecen una existencia agónica, insípida y esclavizada a la tradición, y de esa deplorable forma ellas han regalado su imponente voz rebelde graficando un nuevo, prohibido, adúltero pero utópico nuevo orden. Pinceladas afeminadas que con la delicadeza más débil esbozan potentemente con colores extraídos del arco iris y las alas de las mariposas un mundo que busca distinguirse de su génesis pero parecido al que alguien ha dibujado en el que tristemente sí veo a diario. Sí, un mundo dibujado donde mis ojos ciegos buscan oír en las encáusticas, los oleos, las acuarelas y en los gouches la verdadera música que interpretan y que mi vista sorda no logra percibir en la realidad enmarcada. Una misteriosa música de tonalidades, líneas y puntos que ha fundado un mundo exterior a mí convirtiéndome en un eterno extranjero de una patria que me llama analfabeto, ilegal y que me ha envuelto en una angustia exiliante que oprime despóticamente mi pecho sólo por estar en este otro lado de la torre de Babel. Una silenciosa música que ensordece las difusas palabras de


súplicas que han quedado extraviadas en el nudo de mi garganta y que contrastan pidiendo explicaciones a los soberbios tiranos de las paredes. Una frustrante música que conecta mi alma con la del antiguo artesano de la imagen de una manera ininteligible creando un lugar donde se cruzan los tiempos y las personas, donde abunda el complot de la fuerte discordancia del no-mensaje y la cacofonía de la no comunicación, y donde la completa disonancia esboza atonalmente en mi m ente la resignación por comprender. ¡Oh si pudiera sustituir mis ojos por mis oídos!¡Oh si pudiera librarme de aquello que los que están a mi lado acordaron ver!¡Oh si pudiera vender mi conocimiento agreste para ser una mente culta más! ¿Por qué el visitar el universo superior en lugar de elevarme me hunde?¿Por qué esta visita a los ángeles del paraíso para obtener sabiduría se parece más un descenso al infierno en el que hago un pacto con Belcebú?¿Por qué es que donde otros encuentran placer yo hallo ansias de poder?¿Cómo he terminado encerrado en este laberinto de líneas vivas que conocen cual será mi próximo movimiento? ¡Oh obras seductoras infatigables pronto verán mi venganza! *** Pablo David (1896-1918) celebre violinista clásico argentino. Abandonó la música para escribir, su obra monotemática no trascendió.

-¿Y tú por qué estás aquí? -preguntó la palabra “felicidad”. - No sé -respondió la palabra “esperar”- Simplemente él se canso y aquí estoy. -¿Y a ti? -volvió a preguntar “felicidad”. -Tampoco sé -retrucó “esperanza” - Creo escuetamente que quería librarse de mí. -No me digas que tú también estás con nosotras -dijo sorprendida la "felicidad". -Así es -dijo el “amor"- Aunque no lo crean le costó desprenderse de mí, es como si algo en su interior le pidiera por favor que no lo hiciera pero todos sabemos cómo es él. Sencillamente lo hizo. Él gritó con todas sus fuerzas. Él ya no existía. Él se borró. -¿Por qué estás aquí?- preguntó “felicidad”. -Las extrañaba- respondió él. Julián Ituarte

VOCES

Javier Martínez Méndez

17


CONCHUDA SOY

DISCURSO ELELDISCURSO Y LA Y LA MISOGINIA Reflexionar filosóficamente sobre y con el lenguaje no es, simplemente, analizar los usos sociales de las palabras o los actos de habla. En este sentido, Michel Foucault (1) propone pensar al lenguaje en tanto que discurso, es decir, en tanto estructura social, histórica y de poder que se ve condicionada -y que condiciona- a lxs sujetxs (2) , las instituciones y las relaciones entre éstas y aquellxs. Dentro del discurso existen algunos usos más o menos ingenuos, más o menos cotidianos, más o menos naturalizados, que llaman la atención filosófica y, particularmente, filosófico-feminista. Estos usos son los designados como insultos, es decir, palabras o frases que pretenden agraviar, ofender y/o lastimar a una persona o un conjunto social por su ideología, su forma de manifestarse o, simplemente, por su forma de ser y estar en el mundo social, para utilizar conceptos heideggerianos (3). Los insultos de interés filosófico-feminista son aquellos que pretenden degradar a las mujeres o que, por el contrario, tomando supuestas características atribuidas a ellas, “insultan” a otros. Pero ¿por qué llaman la VOCES 18

atención filosófica esta clase de insultos? ¿qué estructura social, histórica y de poder -de poderes- se esconde? La hipótesis que se sostiene aquí, quizá arriesgada en principio, es que éstos insultos hacia las mujeres no son, solamente, agravios comunes con la intención de ofender sino que, además, ocultan una forma de misoginia estructural que rebasa la violencia de género o lo que podría considerarse como una “simple” violencia hacia las mujeres. Susana Velazquez define a la violencia de género como: “… la violencia de los derechos a la libertad, a la integridad personal y a la salud, cercenando el goce pleno de los derechos civiles, sociales, económicos y culturales de las mujeres” (Gamba, S.; 2010: 357). A partir de esta definición, ¿qué sucede con aquellos insultos favoritos hacia las mujeres? Si se piensa, por ejemplo, en dos de los más comunes, como pueden ser “conchuda” o “yegua”, se ve que éstos no sólo atacan a las mujeres sino que, en sus reversibles masculinos no encuentran un significado peyorativo sino, por el contrario, altamente positivo y/o valorable socialmente. Así, el reversible de “yegua”, utilizado para designar a las mujeres caracterizadas por una fuerte maliciosidad, podría ser “potro”; que no sólo no insulta, sino que engrandece a una varón por sus altos dotes de belleza. Por otra parte, el “conchuda”, utilizado para designar a las féminas “sagaces” y “ponzoñosas”, se aleja mucho del “pijudo”, es decir, de aquel varón cuyo miembro viril es exageradamente grande. Cabe aclarar que, en la Argentina contemporánea, no sólo ser “pijudo” está bien sino que, además, es algo deseable. Siguiendo a Pedro Lemebel, puede pensarse en cómo esta característica fálica es tan fuerte que, como distintivo nacional, se esgrime el obelisco “parado” como el monumento más representativo, en medio de la avenida más importante, de la ciudad más emblemática de


la nacionalidad argentina (4). La sociedad argentina contemporánea plantea un estado –Estado- de derechos básicos y sociales tanto para mujeres como para varones, sin embargo, éste se edifica sobre bases fuertemente ancladas en el androcentrismo, la binaridad, el patriarcado y la heteronormatividad obligatoria. Dentro de estas bases, el odio hacia las mujeres por el “simple” hecho de ser tal, es sublimado en formas menos radicales como la violencia doméstica o la violencia de género. Sin duda habrá quienes consideren que la tesis de estas líneas es arriesgada e ingenua, pero ¿cómo pensar feminista y filosóficamente en otras posibilidades cuando toda la sociedad oculta, segrega, limita, violenta y condiciona a las mujeres? Para consuelo, suele decirse que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer” pero, cabe recordar, siempre detrás, oculta y en el fondo. Prueba de ello es el gran “universal masculino” de la lengua española que incluye a “todos” pero se olvida de “todas” y de “todxs”. Ese universal masculino, más que un “uso correcto del lenguaje” es un una forma del discurso al estilo foucaultiano. Para finalizar, basta decir con Judith Butler –a parir del término “mujeres” o de cualquier término dentro de los usos del discurso-: “Que el término sea cuestionable no significa que no debamos usarlo, pero la necesidad de usarlo tampoco significa que no debamos cuestionar permanentemente las exclusiones mediante las cuales se aplica y que no tengamos que hacerlo precisamente para poder aprender a vivir la contingencia del significante político en una cultura de oposición democrática” (Butler, J.; 2008: 311).

Destino Y A LA VUELTA DEL CAMINO SIN QUERER Y CASI SIN RESPIRO PERDIDA EN TODO MI DESTINO POCO O MUCHO PARA QUE LO DIGO VISLUMBRÉ TU SONRISA, TU AMOR Y TU CARIÑO.

SILVANA RUIZ.

VOCES

Prof. Lic. Sandro E. Ulloa

19


Sobre la 39º Edición de la “Feria Internacional del Libro”, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

VOCES 20

Antes que nada: no soy fanático de la Feria Internacional del Libro. Asistí por primera vez hace varios años, siendo estudiante secundario, y representando a mi colegio con algunos textos iniciales. Tuve en aquella ocasión la oportunidad de conocer (y entrevistar brevemente) a María Kodama, además de leer algunos poemas míos en el stand de la Provincia de Buenos Aires, experiencia sumamente feliz para un adolescente tímidamente emergido de un pueblo pequeño como Villalonga. Pero tras esa auspiciosa primera visita a la Feria tuve mis posteriores crisis cuando en ediciones siguientes veía a algunos escritores intentar leer sus textos mientras de fondo se escuchaban atronadores altoparlantes anunciando a otros escritores más “famosos”, lo cual provocaba las corridas de la infaltable plaga de cholulos. O quizás el momento más trágico, allá por mediados de los noventa, en el que vi a un grupo de adolescentes cantando las canciones de Enrique Iglesias que sonaban a un altísimo volumen desde el monitor de un stand, mientras a cinco metros Félix Luna yacía olvidado junto una mesita, sin que nadie se acercara a charlar con él. Y así, con estos

momentos de crisis y otros regresos más fructíferos (dialogando, por ejemplo, con el gran Adolfo Aristarain) osciló mi relación con este particular evento que por sus características y dimensiones es digno de un importante prestigio en todo el mundo. Pero este año las cosas cambiaron. Y debo reconocerlo: la Feria ha vuelto a enamorarme, haciéndome sentir como esos amantes que se reencuentran tras muchos años de vaivenes para quererse ahora sin reparos como la primera vez. Es que se la ve más grande, más diversa, mejor organizada, en suma: más atractiva. Resulta imposible no sentirse fascinado por el enorme despliegue de libros que puede encontrarse en los diferentes stands, por lo general muy bien exhibidos y ordenados, y con numeroso personal para asesorar a los ocasionales curiosos. Incluso en stands más bien medianos, como el de “Ediciones de la Flor”, uno puede ver al menos a seis o siete personas dispuestos a atender sus inquietudes. Y así conviven desde las historietas más extrañas hasta las más clásicas junto con el libro de cocina oriental y el de las tortas que hacían nuestras abuelas, las nuevas obras de la literatura,


siempre imbatibles promociones que hacen las delicias de los buscadores de ofertas. En algunas editoriales es posible conseguir libros aceptadamente interesantes (con citas de escritores famosos o de divulgación científica) por quince pesos o menos, o clásicos de la literatura mundial por un precio similar. Y párrafo aparte para los cuatro libros por cincuenta pesos que se ofrecían en muchos de los stands, y que hicieron salir a varios con los músculos de

los brazos más desarrollados (uno siempre subestima el peso de los libros). Aunque sin dudas, lo mejor de la Feria siempre será esa magia tan particular que

se genera a partir de cruzarse permanentemente con todo tipo de gente con la que siempre existe la posibilidad de estrechar las manos o intercambiar alguna palabra, sean referentes sociales (el primer día estaba Juan Carr, de Red Solidaria), periodistas (Nelson Castro y muchos otros andan por ahí), o escritores de todas las especies imaginables. En una de las jornadas, hasta tuve la oportunidad de conocer a una talentosa autora ecuatoriana quien amablemente me obsequió uno de sus libros. Lo mismo sucede en las mesas redondas, en las cuales es posible escuchar a personalidades sumamente valiosas y luego acercarse a charlar con ellos como si los conocieras de toda la vida. Por eso, estimado lector de esta nota, me permito un pequeño consejo de amigo (si usted me deja serlo) y le aconsejo que este año o el próximo, si puede, se dé una vuelta por la Feria. Vaya con tiempo (recorrer un solo pabellón puede depararle varias horas, y son seis los habilitados), con ganas de caminar , con fuerzas para acarrear sus bolsas llenas de nuevos libros, y con entusiasmo de buen lector, para dejarse llevar por el encantamiento de un evento que, como los niños de la familia, crece y se ve más lindo con los años.

Fernando Etchandy

VOCES

las novedades del periodismo de investigación, y con ellos también los libros científicos y los infantiles (que por momentos lo hacen a uno desear ser niño otra vez); todos en una convivencia tan armónica como feliz. Nada parece desentonar en esa suerte de micro mundo en el cual se transforma el predio de la Sociedad Rural durante algo más de veinte días. Sobre el famoso tema de los precios, es sabido que la mayor parte de las novedades y los libros de catálogo suelen estar a precios idénticos a los de cualquier librería convencional. Pero tengamos en cuenta dos cuestiones fundamentales: los descuentos (los hay, y de todo tipo: por ser docente, por cantidad, por usar determinadas tarjetas de crédito, etc.) y las

21


PIPULAS ESCARLATAS

U

na tarde muy similar a las tardes primaverales nuestras, Calí jugaba muy entretenido con sus amigos como juega un nene de diez años. Como un nene de diez años con gran parecido a la infancia de nuestros padres o abuelos. Nada de tecnología; computadora, celular ni play. Aire libre y a correr. Disfrutaba muchísimo ensuciarse porque, de regreso a su casa, le encantaba imaginarse cómo sería el acto de bañarse. El despojo de ropa embarrada, los retos de su madre al toparse con lo que simularían ser un par de medias, la inmovilidad de su cabecita al ingresar a la ducha para no desparramar tierra en el piso y un sin fin de situaciones más. Pero nada de eso sucedería. Él lo sabía, sin embargo estaba empeñado en llegar cada vez más sucio a su casa. Más embarrado. A pesar de las tardes primaverales similares a las nuestras, las de Calí eran frías, muy frías y con sólidas penumbras inamovibles que perduraban más que una madrugada. Pero también muy ansiadas y ese sentimiento en particular las tornaba cálidas aunque no lo fueran. No solo porque disfrutaba de una amistad de grupo, juegos y embarradas, sino porque, junto a su madre, habían emprendido un largo viaje y estaba muy ansioso por llegar a “ese” lugar. También sabía que, en ese viaje, iban incluidos sus amigos y las familias de sus amigos. Más eufórico se sentía aún. Si bien suena medio extraño que una cuadra entera de gente viaje a cierto lugar, más raro seria que un barrio entero se trasladara a otro sitio. “¿Y si habláramos de una ciudad, o de un mundo entero a motor?” Ese y otro tipo de preguntas se hacían Calí y sus amigos cuando conversaron sobre el viaje, antes de hacerlo realidad. Finalizó la tarde y el pequeño llegó a su casa, subió los peldaños de la entrada, abrió la puerta y vio a su madre, quien lo esperaba con el aparato de siempre para asearlo. Calí se introdujo dentro de él sin quitarse el traje dorado que había elegido ponerse para ir a jugar. Mientras tanto lloraba. Pedía por favor una ducha. Acá no tenemos agua y lo sabes, le dijo ella y continuó comandando el aparato succionador de barro y toxinas. Calí salió del aparato impecable y, sin poder retener sus impulsos infantes, saltó sobre una silla para preguntar a los gritos cuánto faltaba para llegar a destino. Su madre le respondió que, para hablar con ella, primero se quitara las orejas de los ojos. Segundo, que no volviera a gritar de esa forma. Por último, le recordó que ella no promete en vano. No por nada la idea de un planeta a motor no fue causa de risas, sino de mucho trabajo. -"Ya te vas a bañar, Calí. Lo primero que voy a hacer es llevarte a conocer el mar en cuanto lleguemos al planeta Tierra"- le dijo. Y a Calí, le brillaron las pipulas .

VOCES 22

Nota de la autora: Mi hija, a sus tres años de edad, llamaba pipulas a nuestras pupilas. Romina Villarreal


“Master en goma EVA”:

4° B Nivel Inicial 1 DGCyE., Marco General de Política Curricular de la provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, Resolución 3655/07.

VOCES

¿se te desafiló la tijera?

23


Lorelaine Oh claroscuro caminar de arremolinadas serpientes: dime por dónde anda la sorpresa que despiertas. No me niegues, soy un simple tiburón que añora, saborear hasta la última gota sin dejar de ver nadar por las aguas del desenfreno a tus curvas. Autopistas que viajan por el camino, deambulando de aquí para allá, cruces de vías que chocan en la visión y el olfato al recorrer tus calles y recovecos. Ventanas del alma que permiten al más iluso transeúnte sentir los rayos del sol cuanto más meticulosa es la búsqueda en oasis que llena la pérdida. Cráter espectacular que encumbra un volcán inactivo del que sólo el tiempo sabrá despertar a jugar. Alegría, como un niño, al salir en ese tan preciado momento que despiertas en el hombre que sabe que no eres un juguete, sino la brisa que despierta el corazón tan solitario que si no se abre como las rosas en primavera se marchita como las margaritas sin sol.

HÉCTOR CARLOS ZARIS

Poema para Isabella “Tu mirada es mi amanecer cada día. Tus risas y sonrisas las olas que adulan mi playa. Tus palabras el viento que acaricia mis sentidos. Tus pasos me llenan de fe y esperanza. Tus manos inquietas fortalecen mi alma. Camina sobre mis arenas y observa que mis tropiezos no sean los tuyos, que mis sonidos te lleven a lugares especiales. Tómate de Su mano y camina tranquila. Nuevas playas conocerás, pero ésta nunca has de olvidar.”

VOCES 24

STELLA ARMENDARIZ

Probando voces  

voces literaria argentina

Advertisement