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T O R R E

D E

S I L ENC I O


TORRE DE SILENCIO


AITOR LARA TORRE DE SILENCIO


ÍNDICE

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ENRIQUE OJEDA VILA, Director Fundación Tres Culturas del Mediterráneo

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ASIA CENTRAL EN EL “CENTRO” DEL MUNDO JESÚS SANZ, Director General de Casa Asia

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DOS VIAJEROS MUSULMANES Y UN CRISTIANO La Rihla de Aitor Lara: de cuando viajar consistía en instruirse e instruir MENENE GRAS BALAGUER, Directora de Cultura y Exposiciones de Casa Asia

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EN EL PAÍS DE LOS UZBEK Breve síntesis de historia Uzbeca VÍCTOR PALLEJÀ DE BUSTINZA, Arabista e Islamólogo

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ION DE LA RIVA, Embajador de España en India

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FOTOGRAFÍAS

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AGRADECIMIENTOS


“Antes de Robert Byron los viajeros occidentales al Asia Central eran héroes...”

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robablemente, los viajes a la zona que tras la desaparición de la Unión Soviética ocupan hoy las cinco repúblicas del Asia Central –Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán y

Uzbekistán– han perdido la épica y heroísmo que Rory Stewart, estudioso y a su vez viajero por la misma, otorga al puñado de europeos o americanos que, atraídos por míticas ciudades como Samarcanda, Bujara, o Isfahan, se lanzaron a su búsqueda con anterioridad al británico Byron, que lo hizo en la década de los años treinta del pasado siglo. En cualquier caso, un cierto halo de misterio, sin duda alimentado por el desconocimiento, sigue rodeando a esa región que los geógrafos griegos llamaron “Transoxiana”, por ser la región situada más allá del río Oxus (hoy conocido como Amu Darya), y por la que, en diferentes épocas, pasaron conquistadores de la talla de Alejandro Magno o Tamerlán. Precisamente a la corte del emperador Tamerlán, fue enviado, en 1403, Ruy González de Clavijo como embajador de Enrique III de Castilla, que respondía así a una previa embajada que el jefe mongol le había dirigido un año antes para informarle de su victoria sobre el sultán turco Bayaceto, algo que no podía dejar de producir alivio en las cortes europeas, que a inicios del siglo XV ya consideraban a los otomanos como el gran rival del mundo cristiano en el Mediterráneo. Sea como mera cortesía diplomática, sea para conocer la fortaleza de tan misterioso soberano, lo cierto es que en 1403 Clavijo cruza todo el Mediterráneo de oeste a este, desembarca en Anatolia, atraviesa Persia y llega, en septiembre de 1404, año y medio después de haber comenzado su viaje en el Puerto de Santa María, a Samarcanda, entonces capital de los timúridas. 7


Clavijo no restó mucho tiempo con Tamerlán –en su caso no se produjo una historia similar a la de Marco Polo, que permaneció casi dos décadas con el emperador de China–, pues el emperador mongol tenía asuntos más urgentes entre sus manos –la inminente invasión de China...– pero sí el suficiente como para estudiar con detenimiento aquel imperio, dejándonos en sus crónicas un impresionante fresco de un mundo que, desde la ruptura y fragmentación del imperio de los sucesores de Alejandro Magno quince siglos antes, había permanecido oculto para Europa, convirtiéndose así este enviado de la corte del rey de Castilla en uno de los primeros adalides del encuentro entre oriente y occidente... Por todo ello, para la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo es un honor poder producir y organizar, junto con Casa Asia, la exposición del fotógrafo Aitor Lara, “Torre de Silencio”, que recorre, seis siglos después, algunos de los itinerarios de Clavijo, mostrándonos, esta vez a través del lente de una cámara en lugar de una pluma, las ciudades, las gentes y las culturas, pasadas y presentes, de una región que ha conocido una transformación crucial en las últimas dos décadas, con la (re)aparición de las cinco repúblicas antes citadas, países que buscan engancharse a la modernidad del siglo XXI intentando conservar la riqueza y belleza de su compleja y variada historia. La ruta de la seda ha dejado su lugar a las rutas del petróleo y otras fuentes energéticas, pero las ciudades a las que nos acerca Aitor Lara con sus fotografías siguen haciéndonos recordar a esos héroes que abandonaban todo para lanzarse a su búsqueda... ENRIQUE OJEDA VILA

Director Fundación Tres Culturas del Mediterráneo

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ASIA CENTRAL EN EL “CENTRO” DEL MUNDO

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a exposición de Aitor Lara que inauguraron conjuntamente Casa Asia y Sonimagfoto en Barcelona, recientemente, y que ahora llega a la Fundación Tres Culturas de Sevilla se produce en circuns-

tancias muy oportunas teniendo en cuenta que Casa Asia, juntamente con el CIDOB y con la Fundación Elcano está creando el observatorio de Asia Central, para abordar una zona geográfica de suma importancia no sólo para el continente asiático sino para el equilibrio económico mundial. Con esta plataforma, se pretende actualizar continuamente la información y los diferentes contenidos que son necesarios para abordar el papel que pueden desempeñar los países que configuran esta zona geográfica, cuyo acelerado crecimiento está en estrecha relación con la gestión de sus recursos energéticos y el poder económico de la región, pese a la herencia recibida de conflictos internos procedentes de la historia reciente y del pasado, cuando las tribus nómadas de la estepa actuaban como auténticos ejércitos e imponían su poder sobre la población sedentaria. La geografía de Asia central es móvil e inestable, como indica su historia reciente. De entrada, no existe ningún acuerdo unánime acerca de los territorios que integran la región, pero sí una especie de consenso general acerca de la pertenencia de los mismos a una “zona” específica a la que se puede aplicar esta denominación. Es el caso de las actuales repúblicas de Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbequistán y Mongolia. No obstante, la zona se puede ampliar, por vínculos geográficos e históricos de diferente orden, con las regiones autónomas de la República Popular China, Kingjiang y Tibet, y algunas repúblicas de las Federación Rusa, como la de Kalyck, la de Tatajstán, Bashkortostá, la de Altái, la de Tuva, la de Buriatia y la de Saja. 9


Esta movilidad del territorio ha hecho que las fronteras se desplacen cuando se trata de definir con exactitud la zona que se denomina Asia Central, y los cambios introducidos históricamente para que algunos países que antaño constituían esta área geográfica ahora dejen de considerarse como tales, de manera que en términos históricos se puede entender también que Afganistán, Irán, Pakistán, Cachemira y el Tibet, al igual que las actuales repúblicas de Armenia, Azerbaiyán y Georgia son parte de este espacio que de un modo genérico se denomina Asia Central. La literatura asociada a esta geografía se completa con el relato del fin del dominio de los nómadas en el siglo XVI, cuando las armas de fuego permiten a los pueblos sedentarios sometidos defenderse y controlar el territorio. Después, Rusia y China acabaron haciéndose con el control de la zona, de manera que las dos potencias se repartieron el botín, y Rusia se anexionó las actuales repúblicas que tras el colapso de la URSS recuperaron su independencia. Hoy hablar de Asia central es antes que nada una cuestión de geografía política y de geografía económica, aunque también de la geografía transversal que se identifica con la historia, porque todo lo que sucede en un espacio dado es tiempo y el tiempo es historia. Me alegra poder presentar esta exposición, porque es el resultado de una Beca Ruy de Clavijo concedida por Casa Asia al artista, y porque coincide con el interés que se quiere dar en los programas de Casa Asia a esta zona del Mundo y las respectivas culturas que la identifican. Centro de Asia y centro del Mundo, la región está vinculada al Islam clásico, cuya globalización merece también una consideración aparte debido a las alteraciones cartográficas experimentadas en el transcurso de la historia, aunque de una manera muy especial con los acontecimientos que han vuelto a poner de relieve que las guerras del presente ya no son sólo económicas sino también incentivadas por el fanatismo religioso. Asia Central es también territorio que compete a Casa Asia y de ahí que en nuestros programas tendamos a reforzar desde ahora los estudios sobre la región tratando de abordar diferentes realidades que componen el mosaico glocal de este mundo global en el que vivimos. JESÚS SANZ Director General de Casa Asia 10


DOS VIAJEROS MUSULMANES Y UN CRISTIANO La Rihla de Aitor Lara: de cuando viajar consistía en instruirse e instruir

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l persa Nasir-i Jusraw y el valenciano Ibn Chubayr son dos viajeros a los que separa un siglo y varios miles de kilómetros. El primero, del siglo XI, procedía de Asia Central (Qubadiyán, 1004 -

Badajastan, 1088) y el segundo, nacido en 1004, de Valencia o Játiva, pese a morir en Alejandría en 1217, en el transcurso de su tercera peregrinación a la Meca. Estos dos viajeros no sólo son representativos de la literatura conocida como clásico “libro de viajes”, sino que ambos fueron poetas y escritores en otras disciplinas que concibieron este tipo de libro dentro de su sistema cultural, en tanto que documento y ejercicio de escritura mediante el que se dejaba constancia de todos los descubrimientos que se hacían durante los itinerarios que se habían trazado. Solían ser viajes largos, que se dilataban en el tiempo, con estancias prolongadas en algunos lugares del recorrido, donde frecuentaban a altos mandatarios y participaban en algunos actos o reuniones de su interés. Los trayectos se hacían a caballo o a pie, o en otras cabalgaduras al uso en la época, y por mar en los barcos que circulaban por las rutas comerciales. Francisco López Estrada prologa la edición de los dos viajes mencionados haciendo una interesante apreciación de lo que considera un proyecto que se anticipa al humanismo renacentista, por los conocimientos que se adquieren con el desplazamiento de un lugar a otro y el descubrimiento que hace el sujeto mismo de la experiencia en este dominio. Un humanismo que no viene por la vía de la enseñanza, sino, según él, “el humanismo que reúne tradición y presente y que puede abrirnos tantos horizontes en nuestra formación; y uno de ellos puede ser esta afición por la lectura de los libros de viajes, una de las vías por las que podemos darnos cuenta de cómo, valiéndonos del testimonio de los viajeros, se ha ido formando a través de la historia, el conocimiento mutuo de los pueblos, por medio de estos relatos, gracias 11


a este afán por ir de una parte a otra, con lo que tiene esto de aventura para el hombre”. Para este autor, el género literario dedicado al relato de viajes ha contribuido decisivamente al entendimiento entre pueblos incluso muy distantes, lo cual siempre actúa como arma de distensión. En el siglo de la Ilustración, la batalla por la Tolerancia centra sus argumentos no sólo en la filosofía del materialismo por la que se identifica la inexistencia de las ideas innatas y de un alma espiritual unida a los órganos del cuerpo ante la imposibilidad de unir dos sustancias de diferente naturaleza, sino en la disparidad de costumbres de los distintos pueblos de la tierra y la legitimidad de las mismas, por mucho que difieran o contradigan aquellas que sea dominantes en cualquier lugar del mundo. Las “Cartas persas” de Montesquieu, “Candido” de Voltaire, el propio “Ensayo sobre las Costumbres” o el “Ensayo sobre la Tolerancia” de este mismo autor constituyen el principal paradigma del conocimiento que se adquiere por la vía del desplazamiento y del viaje. La inmersión en otras culturas y civilizaciones sirve para estimular el sentido de la tolerancia y de la complicidad en lugar de incentivar el conflicto entre opuestos. Aunque se sitúan en un período posterior a los libros de viajes de la Edad Media tardía, como los relatos mencionados y el de la Embajada de Ruy González de Clavijo a la corte de Tamorlán. No se sabe exactamente la fecha de nacimiento de aquél, al que habiendo sido camarero del rey castellano Enrique III, le fue encomendada por su rey la misión de visitar la corte de Tamerlán con el fin de crear una alianza contra los turcos. Tras el desembarco en Constantinopla, Ruy de Clavijo, con fraile y escudero, recorrió por tierra territorios que actualmente pertenecen a Turquía, Irak e Irán, hasta llegar al actual Uzbequistán, cuya capital se encontraba en Samarcanda, donde se albergaba la corte del célebre conquistador turco-mongol, y donde fue recibido fastuosamente por “Tamurlec”, en septiembre de 1404. Allí presenció, no obstante, los preparativos de la campaña contra China, que emprendería el mongol, pese a morir antes de que pudieran firmarse acuerdos para sellar las alianzas necesarias con el fin de ampliar el frente contra el turco. El 21 de noviembre de 1404, emprendía el regreso a Castilla, después de 75 días en Samarcanda, el tiempo que su misión diplomática se dio a conocer, culminando el viaje en marzo de 1406, 12


que después redactó y tituló “Embajada a Tamorlán”, libro considerado un documento de gran interés que se ha comparado en ocasiones con el “Libro de las Maravillas” de Marco Polo. La llegada de Ruy de Clavijo coincide con el año de la muerte del célebre historiador y sociólogo árabe, de origen andalusí, pero nacido en Túnez, Ibn Jaldún (1313-1406), fundador de la historia moderna y de una filosofía de la historia, al igual que de la sociología y de la economía. Su época coincide con la decadencia del Islam. Tras fracasar en sus ambiciones políticas, y habiendo sido encarcelado, Ibn Jaldún se dedicó al estudio, a la investigación y a la docencia en varias madrassas (universidades). En 1363, se le encargó una misión política, por la que viajó a Sevilla para encontrarse con Pedro I de Castilla a favor del reino de Granada. Se ignora si Ibn Jaldún y Ruy de Clavijo llegaron a encontrarse en algún lugar de la geografía que les fuera circunstancialmente común, pero ambos contribuyeron a documentar la historia del Islam y a la comunicación entre el mundo islámico y el mundo cristiano, intentando establecer un diálogo en un espacio intercultural de fuertes contrastes en busca de alianzas estratégicas. Para Ibn Jaldún, la historia es el análisis de las civilizaciones tanto externamente (la descripción de los acontecimientos o episodios que se suceden en un espacio tiempo dado), como interiormente (análisis lógico de hechos y acontecimientos). A su filosofía de la historia suelen remontarse los autores contemporáneos que han elaborado la teoría del conflicto, y su Historia Universal fue de referencia obligada en su tiempo. El título: “Libro de la Evidencia, registro de los juicios y eventos de los días árabes, persas, bereberes y sus poderosos contemporáneos” es un indicio de su magnitud. Estos últimos eran asirios, hebreos, griegos y romanos y esta historia universal se conoce sobre todo por su Muqaddima o introducción a los seis restantes libros que la integran. La literatura de viajes ha constituido uno de los géneros literarios más reiterativos y profusos en el transcurso de la historia, tanto en el mundo occidental como en el oriental. La fascinación por el descubrimiento ha sido el estímulo de un tipo de escritura que nace de la experiencia personal e intrasubjetiva, por la que se trata de comunicar al “otro” aquello que se conoce a raíz de un desplazamiento. Conocimiento que se da si existe una predisposición y una voluntad de trascender aquello que es obje13


to de la visión o mero entretenimiento para satisfacer la curiosidad. Esta literatura condicionada por el movimiento geográfico alcanza su apogeo en la Edad Media tardía y el Renacimiento, volviendo a experimentar su momento álgido en el siglo XVIII. El componente de mayor interés era la información que se obtenía viajando y la capacidad de instruir que ésta desarrollaba en el sujeto que asumía esta experiencia y en aquel a quien se comunicaba o con quien se compartía. Los testimonios correspondientes siempre han sido aleccionadores y han contribuido a la exposición de datos sobre la cultura, costumbres, hechos históricos y geografía del territorio, en cualquier sitio donde este fenómeno se haya producido. De ahí el interés de su lectura, por cuanto la literatura de viajes compensa la ausencia de la imagen fotográfica que no se producirá hasta mucho más tarde con carácter documentalista. Instruirse e instruir es uno de los objetivos cumplidos por esta escritura y por la fotografía documental practicada por profesionales y artistas que han realizado el “viaje” como proyecto integrado en una totalidad de la que forma parte su experiencia, la vida y la obra. Viajar, desde que se tiene conocimiento de testimonios escritos, fue entendido como un ejercicio formativo, sobre el que insiste el término alemán Bildungsreise o Kunstlereise, que se aplica en Alemania a los viajes de formación de los siglos XVIII y XIX. Viajar podía mejorar a uno mismo y a aquellos que compartían anónimamente esta experiencia, a través del ejemplo ajeno. Hoy, la globalización nos hace ser más oscuros, pese a la velocidad paradójica de los medios de comunicación, porque la accesibilidad del transporte contrasta con la disminución de nuestras ganas de viajar, pudiendo hacerlo a través de Internet sin necesidad de efectuar ningún desplazamiento. El viaje virtual ha sustituido el viaje físico: la fatiga de los preparativos y la aventura y desventuras del separarse del lugar de residencia habitual para ir de un lado a otro son de otra índole. Pero, ciertamente, aún quedan viajeros como Aitor Lara, que se fue a Uzbequistán para documentar en la actualidad la ruta que hizo Ruy de Clavijo. De hecho, lo interesante de este viaje no es sólo la coincidencia con la celebración en Casa Asia, en el año 2006, de los seiscientos años de la misión diplomática a su cargo que llevó a cabo en la corte de Tamerlán, sino el viaje mismo que él hizo a la caza 14


de imágenes insólitas del paisaje y las figuras que lo habitan, a cuyo retrato dedica un tiempo dilatado de su estancia en el país. Las imágenes en blanco y negro que se exponen corresponden a la selección que se ha hecho a modo de introducción para el que desea conocer la legendaria Samarcanda menos turística y menos visitada. Una ciudad declarada patrimonio mundial de la humanidad en el 2001, como encrucijada

de culturas, y una de las ciudades más antiguas del mundo aún habitadas, cuya prosperidad se debe atribuir en gran parte, al menos en la Edad Media, a su estratégica ubicación en la ruta de la seda entre China y Europa, llegando a ser una de las ciudades más grandes de Asia Central y rivalizando con Bujara y Jiva, las otras dos grandes ciudades de Uzbequistán. Aitor Lara ha buscado los “modelos” que quería convertir en objeto de la mirada “fija” de la cámara en un mundo que le era desconocido, y cuya fascinación se deja ver en las imágenes que ha capturado con el fin de informar e instruirnos instruyéndose él mismo, donde tradición y modernidad se funden en los rostros y sus paisajes, los claroscuros sobre el desierto, narrando sin palabras “historias” de lugares que no suelen frecuentarse. Unir el nombre de Aitor Lara a sus antecesores Nasir-i Jusraw e Ibn Chubayr a los que se ha hecho alusión inicialmente sólo pretende mostrar que hay hilos hechos de relatos que tejen la historia y nunca se rompen. MENENE GRAS BALAGUER Directora de Cultura y Exposiciones de Casa Asia

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EN EL PAÍS DE LOS UZBEK Breve síntesis de historia Uzbeca

Para un habitante del Mediterráneo Uzbekistán es un país con pocas referencias, relacionadas, quizá, con las ensoñaciones de las “Mil y una noches”, “Marco Polo” o la “Ruta de la Seda”. Uzbekistán es aquel lugar donde el pueblo nómada de los uzbek ha terminado por asentarse. Eso es lo que significa el nombre de este país, compuesto por “Uzbek” y la terminación persa e indoeuropea “stán”. Como en latín: estare, o en inglés: to stand. El origen y significado de la palabra Uzbek siguen siendo discutidos. Etimológicamente se puede relacionar con la idea de ser “amo” (bek) de “uno mismo” (Uz). Existió un fundador con ese nombre: Uzbek Jan, aunque nunca lideró al conjunto de nómadas uzbecos. Lo mismo sucede con otros territorios de Asia Central bautizados con los nombres de sus etnias mayoritarias. Así, Turkmenistán recibe su denominación por los turkmenos, Tayikistán por los tayicos, Afganistán por los afganos, Kazajastán por los kazacos, Kirguizistán por los kirguizos. Ninguno de estos países tiene salida al mar, nos hallamos en Asia Central. A mediados del siglo XIV, un grupo de noventa y dos tribus que se hacían llamar “uzbek” consiguió, bajo el mando de Abû’l-Khayr, apoderarse de las estepas colindantes al río Syr-Darya y suplantar la autoridad de los descendientes de Tamerlán que se habían establecido en aquel lugar. A principios del siglo XVI, aquellos uzbecos se habían convertido en la etnia dominante y lo siguen siendo. Representan el 80% de una población de 28 millones de habitantes. Junto a ellos, los tayicos, grupo étnico persa antiguamente dominante en Samarcanda y Bujara, representan el 5%; los kazacos –turco-mongoles del

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norte– el 3%; los karakalpacos, otro grupo túrquico, suponen el 2’5%, y los tártaros el 1’5%. Las poblaciones llegadas posteriormente como los rusos que representaban en 1989 el 8’3% de los habitantes, en la actualidad apenas alcanzan la mitad de ese porcentaje. En los últimos tiempos, se han reducido también los porcentajes de otros grupos como los ukranianos, bielorusos, alemanes del Volga o los coreanos. Con todo, se pueden contar 130 nacionalidades en Uzbekistán, incluyendo además a grupos de armenios, árabes, judíos, gitanos, uigures y dunganos entre otros. El 88% de los uzbecos son musulmanes suníes, con una minoría chií del 5% y un 9% cristianos ortodoxos. Otras minorías religiosas son el 0’2% de budistas coreanos y 93.000 judíos. Es preciso señalar que, todas las etnias mencionadas existían ya mucho antes de la creación de los estados que llevan actualmente su nombre. Estos pueblos se han movido con relativa facilidad en esta parte del mundo. Además del nomadismo, los movimientos de conquista y de repliegue han sido constantes y profundos. En realidad, son pocos los grupos humanos que han permanecido estables durante varias generaciones. Cual placas tectónicas, se han desplazado siguiendo presiones religiosas, político-sociales o ecológicas. Las emigraciones masivas han sacudido ciudades, pueblos y valles como lo han hecho los constantes terremotos que han demolido tantas y tantas magnificas construcciones humanas. La naturaleza es tan implacable como los hombres; en Asia se escribe la historia de esta manera. Un grupo o cultura dominante remplaza a otro; en ocasiones, una etnia deja paso a otra, una lengua sustituye o se superpone a otra; muy ocasionalmente, aparece una creencia o religión renovada. En Uzbekistán, la huella de los hombres es pasajera, el espacio aparenta ser estable, los pueblos que lo transitan también. Sin embargo, las circunstancias han llevado desde muy antiguo a las culturas de Uzbekistán a practicar un modo de vida simbiótico entre elementos dominantemente turcos e iranios que se expresan dentro de un inmenso magma de ideas precisadas de modo trilingüe: árabe, persa y turco.

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Los uzbecos se sienten muy apegados al Islam, sin preocuparse por los detalles exteriores y practicándolo a su manera. Es la herencia que les une al resto de los pueblos afines de Asia y que recoge un legado todavía más antiguo. La interiorización profunda que corresponde a su carácter introvertido ha sido intensificada por la opresión antirreligiosa, antes rusa y, ahora, americanoeuropea. El mausoleo de Naqshband (s. XIV), cerca de Samarcanda, el de Hakim Tirmidi (s. IX) en Termez, y muchos otros son objeto de peregrinaciones. Las costumbres ancestrales se encuentran en estado de supervivencia: mientras la modernidad y el televisor acosan a la tradición, es posible encontrar en Uzbekistán destellos de la idiosincrasia y de las antiguas costumbres de las comunidades viajeras euroasiáticas.

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Esta otra “Mesopotamia” tiene su perímetro demarcado por dos grandes ríos: Amu-Darya y Syr-Darya que los griegos de Alejandro denominaron Oxus y Yaxartes, de donde derivó el nombre antiguo Transoxiana. Para los árabes aquel espacio era mâ warâ’ an-nahr: “lo que hay tras el río”. Hacia el este se encuentran las montañas del Parir; hacia el oeste, el mar de Aral recoge las aguas de un país hecho de llanuras áridas. Si el territorio no es siempre áspero, la dulzura de los ríos y los oasis ofrecen una belleza inesperada. Nada es fácil, nada se regala, pero si se muestra educado, el visitante es respetado y honrado. * * * Uzbekistán está poblado desde el paleolítico superior. Los sogdianos fueron los primeros iranios que eligieron los alrededores de las actuales Samarcanda y Bujara, mientras que los bactrianos vivieron a caballo entre el sur de Uzbekistán y el norte de Afganistán. La agricultura se fue desarrollando entre pequeños estados organizados alrededor de las ciudades, mientras los sakas o escitas y los masagetas, al este del mar de Aral, continuaron atraídos por la vida nómada. Numerosos pueblos no sedentarios y grupos más o menos urbanos combatieron entre sí, protagonizando importantes etapas de la historia. Las últimas ocasiones en las que los pueblos nómadas dominaron Asia, tuvieron aquí su escenario favorito entre el siglo XII y XIV. Gengis Jan, Hulagu, Tamerlán –hoy gloria nacional del Uzbekistán moderno– todos ellos enemigos del avance de las ciudades, son los héroes de un mundo que hoy vive el progreso de la cultura urbana industrial sobre los pueblos itinerantes. Volvamos a los sogdios, bactrianos y jawarizmios; como muchos pueblos integrados por los aqueménidas en el siglo VI a.C., su ligazón con el mundo iranio antiguo es muy intensa. El zoroastrismo parece haber nacido en este espacio cultural. La llamada a una justicia y una ética universal, el culto a la palabra, además de la exaltación del poder de la escritura y la centralización administrativa, eran rasgos que acompañaban a las corrientes religiosas mayoritarias de Asia, y de la mayor parte de la humanidad de aquellos tiempos. 20


La expansión de Alejandro Magno llevó a Grecia hasta el mundo indio. El héroe macedonio tomó por esposa a Roxana, una princesa sogdiana. Las colonias helénicas fueron una importante realidad para la historia de Asia Central, impulsando considerablemente lo que sería una realidad desde el siglo I antes de Jesucristo: la existencia de relaciones internacionales estables desde China y la India hasta el mundo romano. La llamada “Ruta de la Seda” no es más que la concreción de un importantísimo zócalo cultural que ha mantenido en contacto las civilizaciones desde el Yang-tsé al Indus, hasta el Nilo, el Danubio y el Ebro. Las transferencias tecnológicas y materiales han acompañado a las más significativas ideas y creencias. Chamanismo, judaísmo, gnosticismo, 21


mitraísmo, maniqueísmo, cristianismo e islam se expandieron siguiendo esas rutas. Todavía hoy siguen esos caminos y se interrogan unas a otras. Con la llegada de los turcos, aquellas culturas con preponderancia de elementos indo-sasánidas y filobudistas con un toque helenístico, recibieron una nueva y decisiva transformación. ¿Quiénes son los turcos en realidad? Confundidos con el islam otomano, muchos otros pueblos originarios del “Turke-stán” y Mongolia forman una comunidad lingüística que no étnica. Mongoles, chinos, iraníes, griegos y caucásicos, entre otros, se mezclaron entre sí y “turquificaron” su habla. Poseían una cultura de las estepas, donde el elemento guerrero, nómada y chamánico unificaba un modo de vida perfectamente reconocible, incluso cuando se hizo urbano, burocrático y militar. Estos pueblos iniciaron desde los primeros siglos de nuestra era una gran epopeya que les llevó a desplazarse hacia Occidente, llegando de conquista en conquista a dominar el próximo Oriente, el Mediterráneo oriental y los Balcanes, dando a Asia Menor su nombre: Turquía. Tratados como “bárbaros”, los hioungnou, los hunos, los heftalíes, los kirguiz, y finalmente los antepasados de los uzbec, los qarluq –que significa, literalmente, los “nevados”– se aliaron con los árabes en el siglo octavo para, una vez más, contrarrestar la dominación china en Asia central. En realidad, el islam abbasí ya dependía entonces de los visires de origen bactriano-persa y pronto lo haría su élite militar de los famosos soldados turcos. Desde mediados del siglo XI los turcos selchuquíes fueron sultanes en Bagdad. De la India a los Balcanes todo fue conquistado. El mundo musulmán se hizo centroasiático y no al revés como muchos piensan. Desde entonces, la iranidad y la turquicidad son las dos fuerzas que polarizan este espacio cultural multiétnico que se ha venido manteniendo como nexo latente entre China e India con Grecia y Roma. Los llamados “orientales” (mashriqiyûn) dentro del ámbito árabo-musulmán forman parte de esta identidad cultural identificada también con los jorasaníes, a los que debemos buena parte de las doctrinas del Islam. Cuatro de las cinco compilaciones canónicas de los musulmanes suníes surgieron en Asia Central. La gran labor intelectual y especulativa escrita en árabe ha visto ocultada 22


su factura asiática debido a la tendencia orientalista a identificar el Islam con el Próximo Oriente y el Mediterráneo. Generaciones de filósofos y científicos como Aljawarizmi (783-856), Alfarabi (872-951), o Albiruni (973-1048), mantuvieron durante muchos años viva la llama del saber. Todavía en el siglo XV, Al-Kashani (1380-1429) construyó la primera máquina de cálculo, descubrió las fracciones decimales y calculó el binomio que llamamos “de Newton”. Ulugh Beg (1393-1449) redactó las tablas astronómicas que usaron Copérnico (1473-1543) y aún Tycho-Brae (1546-1601). El gran pensador Abdurahman Jâmî (1414-1492), torre intelectual del Islam sufí, sintetizó una larga tradición mística y especulativa. También fue el último gran poeta clásico de lengua persa. Inmensa sutileza la suya al escribir en medio de la mayor estepa que existe:

Observa el misterio de la metafísica en el universo oculto, como el Agua de vida en lo oculto. En ese Océano hay bandadas de peces; pero el Océano en la multitud de peces está oculto. Muy cercano a él, Nizomiddin Mir Ali Shir, llamado “Navo’i” –el “lacrimoso”– (1441-1501), también poeta sufí, pintor, hombre dedicado a la política y a la ciencia, pudo plasmar en cuartetas alguno de sus anhelos más universales:

Atención pueblos de la Tierra, La enemistad es un estado maligno. ¡Vivid en buena amistad! El hombre no posee otro mejor destino. Jami y Navo’i son las dos grandes glorias de las letras uzbecas, el primero en persa, el segundo en turco chagatai. Esta lengua, emparentada también con el uigur, sirvió a Navo’i originario de esa misma etnia para escribir un famoso alegato a favor de su superioridad sobre el persa utilizando, sin embargo, numerosas palabras en esa lengua. 23


Todo eso sucedió cuando el gran Babur, descendiente de Gengis Jan y Tamerlán, fue derrotado por los uzbecos y expatriado. Sin reino ni oficio, decidió crearse un reino en Afganistán. Más tarde, en 1525, partió hacia la India, conquistando Delhi y asentando un enorme imperio. Pero a pesar de sus nuevos éxitos militares, jamás se sintió compensado por la pérdida de su amada Samarcanda. Sus memorias, redactadas en turco chagatai, llamadas por él simplemente “Sucesos” (Vakiat) y conocidas como “Libro de Babur” (Babur-nâmeh), son uno de los libros más bellos que se hayan escrito nunca por un verdadero hombre de acción. Esta obra representa la expresión cultural más brillante de la dinastía de Tamerlán. Como el propio Babur relata, los uzbecos acabaron con su familia en los campos de batalla; curiosamente, hoy se consideran herederos de ese legado. Trágicamente además, el chagatai, considerado en Uzbekistán una forma arcaica de su lengua moderna, fue ilegalizado en 1925, y su supuesto último hablante murió en 1990. En ese siglo XVI tan decisivo, el poderío de las cortes de Samarcanda y Herat comenzó a declinar. Mientras los sultanes, los mercaderes y los maestros sufíes vivían su amor apasionado por la belleza y el refinamiento, la poesía sobre las mujeres y los jóvenes, el mundo cambiaba y el descubrimiento de las Américas significaba, lenta pero segura, la ruina económica y social para toda la Ruta de la Seda. La incapacidad para reaccionar ante la gran dinámica social, ética y tecnológica de los pueblos occidentales y para presentar un frente unificado a las invasiones que se producirían, precipitaron la decadencia. Las modernas armas de fuego hicieron inútil toda resistencia. Sin duda, éstas fueron las causas de la catástrofe en la que se sumió esta parte del mundo antes de que se echara la culpa al Islam. En el siglo XIX hicieron su aparición los rusos con su expansionismo territorial. La misión “salvadora” de la Rusia zarista y posteriormente la comunista y occidentalista no cambiaron nada . Desde entonces, la crónica de una patética decadencia ha dejado muy atrás esos momentos brillantes y terribles de las grandes conquistas turco-mongo24


las. Tamerlán (1336-1405), Timur “Lang” –el cojo–, un mogol turquificado hizo que en el siglo XIV el mundo fuera dominado desde Uzbekistán. Desde Siria a la India, nadie después de Gengis Jan había vuelto a conseguirlo. Ninguno de los dos hicieron otra cosa que arruinar los estados musulmanes de la época. En este último caso los sultanatos otomanos, de la India y el janato Kiptchak fueron destruidos sin que llegara un periodo de estabilidad tras todas esas destrucciones. La controversia envuelve la figura proteica del guerrero y constructor que por la magnificencia de sus obras, su soberbia belleza, resulta tan difícil apreciar en su justa mesura. * * * Dios en el Corán se denomina a sí mismo: as-Samad, el “impenetrable”. Muchos piensan que Asia es también así. En el siglo XIX el viajero francés Comte de Gobineau, habla de aquellos europeos que atravesaban este continente sin dificultades. Mucho habría que decir de esos “nobles voyageurs” que no sabían de fronteras, ni las entienden hoy, porque conocen perfectamente las costumbres de las tierras que transitan. Casi todo lo que sabemos de esta parte de la tierra, lo han escrito las fuerzas coloniales de ocupación y viajeros apresurados: buscadores de gloria, periodistas, espías y otras gentes no siempre fiables. Aunque los janatos de Bujara y Jiva todavía conservaban su prestigio en el siglo XVII, pronto fueron presentados como una pieza perfecta para el expansionismo ruso, al que se sumó el acecho de iraníes, chinos e ingleses. Tras el vasallaje y sometimiento del Cáucaso de los tártaros y los kazajos, había llegado la hora. La lucha contra el tráfico de esclavos era el argumento “humanitario” de entonces. El “gran juego” (big game) de Asia (1813-1907), representaba para Rusia una gran epopeya. Y lo hubiera sido si la “pacificación” de Asia no se hubiera llevado a cabo con la torpeza que relató muy bien Leon Tolstoy (1828-1910) en su novela Hadji Murat. Es una larga historia y muy poco alegre. El astuto jan de Jiva ya había frustrado un intento invasor al hacer desaparecer el ejército del príncipe 25


Bekovitch y sus 6.000 hombres en 1717 mientras esperaban una espléndida cena. La ciudad, sin embargo, fue destruida por una incursión de turkmenos en 1770. En 1839 fue rechazado el general Pérovsky con 5.000 soldados y 10.000 camellos, vencidos por la sed y la estepa. Años más tarde, el janato de Jiva fue derrotado por navíos de guerra transportados pieza por pieza y ensamblados de nuevo en el Mar de Aral para remontar el Syr Darya y dominar la región. En 1873 fue ocupada finalmente, aunque el ambiente de revuelta fue constante. En 1920 fue proclamada como la República Popular de Jorezm. Todavía en 1924, 15.000 turkmenos asediaron la ciudad por última vez. En contraste, el janato de Kokand era todavía dinámico, próspero y culturamente rico a principios del siglo XIX, pero las tropas zaristas derrotadas en la guerra de Crimea (1865) no se podían enviar a casa sin riesgos, así que fue mejor mandarlas a un nuevo frente. Sea como fuere, Tashkent fue presa ese año gracias a una maniobra desesperada del general Tcherniaïev. Como estado protegido fue clausurado en 1876 y anexionado al llamado “Turkestán ruso”. Samarcanda devino un protectorado en 1868 y el tren llegó veinte años más tarde con numerosos emigrantes europeos. El janato de Bujara, el tercer y último estado pre-uzbeco, se convirtió en un estado títere donde se ejercían influencias y tráficos de toda clase entre violencias de todo género. Fueron los años dorados de los viajeros más osados, ávidos por encontrar el último territorio “bárbaro”. Para los nativos la vida era otra cosa, sin escapatoria alguna, sometidos a luchas internas feroces. Pese a ello, la resistencia fue tenaz, la esperada ayuda británica contra Rusia nunca se materializó. Fue tan sólo en 1920, cuando los bolcheviques penetraron en la mítica ciudadela de Ark en Samarcanda y exhibieron de inmediato sus cámaras de tortura. Su visita fue clausurada hace poco, ya que de mutuo acuerdo entre distintas fuerzas políticas, ni las atrocidades del janato, ni aquellas que luego los soviéticos practicaron y que fueron a su vez expuestas al público, son consideradas hoy “políticamente correctas”. 26


Por las cercanías del siglo XX, los reformistas musulmanes de finales del siglo XIX no fueron numerosos ni gozaron de gran predicamento. En 1917, la Revolución rusa fue muy activa y contó con el apoyo de la fuerte emigración. La revuelta Basmatchi de 1919 se convirtió en una guerrilla poco cohesionada que acabó por disolverse, pero su recuerdo sigue perdurando en la memoria popular. En 1923, tras un gran esfuerzo militar y humano, toda Asia Central cayó en manos soviéticas. El caos social y el hambre habían agotado a la sociedad uzbeka que aceptó su nuevo destino con resignación. En esa época, introdujeron la imprenta, la sanidad, la escolarización, la ideologización y la rusificación. En 1930 se crearon las nuevas entidades territoriales

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y se trazaron las fronteras con espíritu de sistema; ningún estado era homogéneo y todos estaban muy fragmentados. Entre 1937 y 1938, durante las "grandes purgas" de Stalin, el islam fue también objeto de represión. Durante ese mismo periodo estalinista se realizaron deportaciones masivas hacia Uzbekistán: coreanos de Vladivostok en 1937, alemanes del Volga en 1941, tártaros y masajetas de Georgia en 1944. Durante la Segunda Guerra Uzbekistán realizó un gran esfuerzo al dar refugio a miles de familias soviéticas y a numerosos huérfanos de guerra que huían de la invasión alemana. Numerosas fábricas de armamento pesado fueron trasladadas estratégicamente de Rusia a Tashkent fuera del alcance de la aviación nazi. Los soldados uzbecos lucharon en Stalingrado en gran número contribuyendo a la victoria de los aliados. Los occidentales ignoramos la deuda contraída con aquellos ancianos combatientes que todavía hoy lucen con orgullo sus medallas y condecoraciones. Una visita a los cementerios del país nos mostrará ese gran sacrificio realizado. A partir de la Segunda Guerra se aceleró la rusificación de la republica sobre todo la de Tashkent. El velo desapareció con la educación obligatoria de las mujeres, así como el analfabetismo. Después de 1950 empezó la modernización acompañada de obras hidráulicas como el “Gran canal turkmeno” con los “nuevos oasis” de Tashkent, que recogen buena parte del caudal del Syr Darya. El terremoto de 1966 afectó a la capital y a su región. Con el fin de reconstruirla se hizo llegar una última oleada de emigrantes rusos. Pronto seria la capital más poblada de Asia central. Paralelamente, se fomentó el cultivo de algodón. Hoy, es el cuarto productor mundial, aunque se ha pagado un alto precio ecológico: el mar de Aral ha perdido más de la mitad de su extensión. El descenso del caudal de los dos ríos y los productos químicos utilizados masivamente han hipotecado seriamente el futuro. El pueblo y el partido comunista uzbeco fueron fieles hasta el último momento al sistema soviético establecido. En el referéndum de 1991 organizado por Mijaíl Gorbachov se votó rotundamente a favor de la continuidad de la URSS. 28


De hecho, la mayoría de las repúblicas soviéticas, incluida Uzbekistán, pactaron una refundación. Sólo la política exterior y militar dirigida por un presidente común mantenía unidas a las nuevas repúblicas soberanas. El 20 de agosto de 1991 se debía ratificar dicho acuerdo, pero Ucrania se mostró reacia y, poco más tarde, Rusia legalizó la superioridad de sus leyes sobre las otras repúblicas, precipitando la ruptura de la antigua URSS. De esta manera, el 31 de agosto el Soviet Supremo de Uzbekistán declaró la independencia, confirmada por un referéndum positivo que obtuvo una aplastante mayoría. El nuevo compás de los tiempos ha reorientado el destino de los pueblos de Asia, dándoles una autonomía de la que no habían gozado en mucho tiempo. * * * El nuevo Uzbekistán cambia a gran velocidad, no sin dificultades ni turbulencias. Los jóvenes acceden a las nuevas tecnologías y son receptivos a las transformaciones que se están viviendo en Asia y en el mundo. La curiosidad se abre paso con fuerza aunque sin rupturas con el pasado. Tashkent, la capital, manifiesta constantemente dichos cambios, mientras el resto del país vive su propio tiempo. En este nuevo entorno, Uzbekistán muestra una sabia disposición a salvaguardar su identidad. Existe una voluntad de conformidad con el destino que procede del modo de vida propio de una tierra de vastos espacios y de tiempo inalterable. Cada uzbeco busca asegurar su destino, trabajando la tierra, conviviendo con los vecinos, cuidando los animales y comerciando con lo que puede. Una forma de vida resistente al paso de tiempos difíciles. La gente, retraida en apariencia, guarda fielmente sus tradiciones, toda su poesía, su gran cultura metafísica, sus valores y su hospitalidad, perviven en un día a día sencillo. El viajero atento lo puede percibir. Una mirada como la de Aitor ha conseguido captarlo para nosotros. VÍCTOR PALLEJÀ DE BUSTINZA Arabista e Islamólogo 29


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scribir con luz, eso es fotografiar, y hacerlo también con sombras, penumbras; vislumbrando lo que vela a veces el presente instantáneo. Lo que como palimpsesto, se descubre sólo después, bajo la

capa del tiempo, al contemplar lo captado. Aitor no hace fotografías tan sólo en lo diáfano, sino que revela la sombra de momentos que trascienden la primera mirada. Tengo ante mí la fotografía de una anciana en la penumbra de una cripta en Uzbekistán, rodeada de un indescifrable halo de luz, como el de una santa de un icono. Majestuosa y solemne, sabedora de que la capilla verdadera la constituye su presencia hermética. Y, sin embargo, se ofrece expuesta ante la cámara. Me pregunto por qué razón se ha dejado fotografiar en un recinto que se supone al abrigo de la curiosidad. En un remoto lugar infranqueable. Pero no me cabe duda de que Aitor ha roto el silencio de su torre sin quebrantar los misterios que él mismo desconoce y que sólo puede intuir al encuentro de la figura humana. He visto a Aitor romper barreras con esa característica veta suya de inocencia aparente y desenfado, o atrevimiento, pero no ahuyenta, pues sabe rendirse ante lo que admira. Sabe aproximarse a quien quiere dignificar o denunciar con su mirada. El corazón de Asia, su depósito de religiosidad, violencia y fugaz esplendor, trocado ahora en desventura, nos asalta con destellos en los que el silencio se enseñorea de parajes abiertos y sin embargo escon-

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didos a la mirada europea. Sus figuras humanas, como en un tablero de un ajedrez, se muestran a veces hieráticas, como desconociendo cómo es que siguen allí, en una región inhóspita, asombrosamente dulce al cabo de una indagación más profunda. Las estepas esconden monumentales visiones como Samarcanda o bazares en que se traficaba con la muerte. Rostros jóvenes desafiantes con otros surcados por el tiempo y la desazón. Nada nos permite la indiferencia, porque Aitor ha escogido en las figuras, y en su desolación, a verdaderos cómplices de su vocación nómada. La propuesta de recorrer la ruta de Ruy de Clavijo, que nos puso en contacto a Aitor y a mí en charlas nocturnas en Barcelona, ha dado paso, hasta trascender el carácter histórico del viaje y confrontarnos a citas con el presente. Ruy de Clavijo estuvo allí, su asombro quedó plasmado en crónicas. Pero faltaban imágenes capaces de acercar el ámbito de Tamerlán hasta nosotros. Y Aitor ha rendido una magistral ofrenda de imágenes a las crónicas de Clavijo que le inspiraron en su viaje. Sus “Torres de Silencio” son elocuentes, rompen un mutismo de siglos entre nuestra mirada y una región vastísima del mundo que ahora adquiere protagonismo por las logomaquias de poder. El esplendor de la era de Tamerlán se refugia ahora en rincones y veredas, en criptas o torres. El testimonio de Aitor, como las crónicas de Ruy, nos devuelven, en un espejo al que no nos hemos acercado en siglos, aquellos secretos del alma de Asia que seguimos viviendo como interrogantes. ION DE LA RIVA Embajador de España en India

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A mi padre por su mirada sobre las cosas a mi madre por su amor y su libertad a mi hermano por su presencia

En algunas zonas de los desiertos del Kyzilkum y del Karakum se erigen colinas en las que se pueden ver en lo alto fortalezas de adobe construidas en tiempos previos a la llegada del Islam, en los denominados periodos del Zoroastrismo. Las Torres de Silencio eran utilizadas para los ritos funerarios. En la primavera de 2007 vino a verme Nozima a casa. Al mostrarle el trabajo qued贸 sorprendida por el t铆tulo elegido. Me cont贸 que las Torres de Silencio siguen siendo un lugar al que va la gente para gritar al viento secretos. Las cosas que no le pueden contar a nadie. Las Torres de Silencio guardan lo que el hombre no puede aguantar.

AITOR LARA


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Las fotografías han sido realizadas en dos viajes a Uzbekistán en el año 2005. El primero durante los meses de mayo y junio, y el segundo durante los meses de agosto, setiembre y octubre.

Boysun Bahori Acreditación Ministerio de Asuntos Exteriores de Uzbekistán 19 Shahnoza Karimbabaeva, Tashkent House of Photography 21 Desierto del Kyzilkum, Karakalpakstán 27 Universidad de Periodismo Internacional de Tashkent 28 Veterano de guerra, Tashkent 30 Mausoleo Bibi Khanum 35 Boysun 36 Mirzdahkan, Karakalpakstán 37 Ciudad de Khiva 39 Mezquita Said Niyoz Sholikor, Khiva 40 Tashkent 41 Zíngara, Bukhara 42 Zíngara, Bukhara 43 Zíngara, Bukhara 44 Zíngara, Mercado de Chorsu en Tashkent 45 Día de la Victoria, Tashkent 47 Desierto del Kyzilkum 48-49 Desierto del kyzilkum 51 Boysun Bahori 53 Khiva 54 Mirzdahkan, Karakalpakstán 55 Mar de Aral, Moynaq 57 Mezquita Bibi Khanum, Samarkanda 58 Mezquita Khazret Khyzr, Samarkanda 59 Mezquita, Samarkanda 60 Minarete Islom Hodja, Khiva 61 Mezquita Kalyam, Bukhara 63 Mezquita Al-Boukhari, Samarkanda 2

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Mezquita Al-Boukhari, Samarkanda Chilpyk Kala, Desierto del Kyzilkum Desierto del Kyzilkum Boysun Desierto del Kyzilkum Noche en Bukhara Circo de Tashkent Mujer Karakalpaka, Boysun Bahori Teatro Alisher Navoi de Tashkent Teatro Alisher Navoi de Tashkent Teatro Alisher Navoi de Tashkent Festival Sharq Taronalari de Samarkanda Shahi Zinda, Samarkanda Festival Sharq Taronalari de Samarkanda Teatro Alisher Navoi de Tashkent Festival Sharq Taronalari de Samarkanda Cartel popular, Bukhara Novios, Samarkanda Niño, Samarkanda Familia, Samarkanda Novia tradicional, Samarkanda Jampyk-Khala, Desierto del Kyzilkum Muralla de Khiva Mausoleo Shamun-Nabi en Mizrdahkan, Karakalpakstán Rito de fertilidad en Mirzdahkan, Karakalpakstán Carretera sur, Surjandaria Sultan Bobo, Karakalpakstán Carretera sur, Surjandaria Lenin, Karakalpakstán Noche en Khiva Bazar de Samarkanda

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AGRADECIMIENTOS Este proyecto ha sido realizado gracias al apoyo de una larga lista de amigos a los que agradezco su cariño y dedicación. En el transcurso de esta aventura hubo momentos difíciles. Tiempos decisivos que fueron resueltos con intuición y determinación a un ritmo necesariamente preciso. Ion de la Riva, Alvaro de la Riva, Luis Méndez, Manuel Nogueira, Carlos Violadé, Roberto Varela, Luis Yáñez, Jordi Esteva, Menene Gras, Oscar Pujol, Nozima Toshpulatova, Fernando Delage, Enrique Ojeda, Meriem Abdelaziz, Embajada de Uzbekistán en Paris, Yago Ruiz de Morales, Víctor Pallejà, Belén Medina (Air France), Juan Eslava Galán, María Luisa López (CAAC), Francisco López Seivane, D. José Antonio Zorrilla Álvarez (Cónsul General de Moscu), Ángel Ocejo, Pedro Burkhaid, Shahnoza Karimbabaeva (Tashkent House of Photography), Tursunali Kouziev (Academy of Arts of Uzbekistan), Pavlos Constantinos Politis (Restaurateurs Sans Frontieres), Michael Barry Lane (UNESCO), Faouzia Lane, Sebastián Stride, Jessica Murray, Ignacio González, Sociedad Geográfica Española, Raimon Romis, José Vicente Santaemilia, Juan Carlos López, María Victoria Ruiz, Roberto Turégano, Arantza Díaz, Luis Baylón, Cristina Garcia Rodero, Juana de Aizpuru, Pierre Gonnord, Alejandro Castellote, Ricky Dávila, Juan Manuel Castro Prieto, Mauricio d´Ors, Mariano Delis, Patricia Delis, Pierrick Devidal, Carlo Magnesi, Lucía Álvarez, Ana Soriano, Valle Piñero, Susi Coq, Marisa Rubio, Diana Cabrera, Fabiola Ecot, Elvira Djangani, Isabel Martínez, Anita Cramer, Begoña Gil, Jane Seaquist, Carlos López Cecilia, Manuel Aguilar, José Luis Ortega, Marcelo del Pozo, Fernando Maquieira, José Martínez, Gabriela Torres, Fernando de Soto, Rorro Berjano, Miguel Sánchez, Pablo Bouzada, Jesús Velázquez, Cirilo García, Victor Gracia, Oscar León, Marina Parrilla, José Maraver, Cristina G. Fender, Samuel Sánchez, José Manuel Martínez Romero, Julio Rabadán, Pedro Lozano, Luis Castilla, Fernando Alda, Juan Luis Gómez Morilla, Elly Chamberlain, Tomás Díaz Japón, Gonzalo Romero, Luis Toledano, Pedro Sánchez García, Sergio Mur, Salud Santa Cruz, Juan José Galeano, Antonio Leal Graciani, José María Madrigal, Paco Gallardo, Rafa Castaño.

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EXPOSICIÓN

CATÁLOGO

PRODUCCIÓN Casa Asia Fundación Tres Culturas del Mediterráneo Sonimagfoto

EDITA Fundación Tres Culturas del Mediterráneo Consejería de Presidencia- Junta de Andalucía

COMISARIA Menene Gras DIRECCION Y COORDINACIÓN Jesús Sanz Enrique Ojeda Vila ITINERANCIA Menene Gras Meriem Abdelaziz ADMINISTRACIÓN Antonio Márquez Moreno Regine Mayer

COORDINACIÓN Enrique Ojeda Vila Meriem Abdelaziz DISEÑO Roberto Turégano TEXTOS Enrique Ojeda Vila Jesús Sanz Menene Gras Victor Pallejà de Bustinza Ion de la Riva Aitor Lara FOTOMECÁNICA Cromotex IMPRESIÓN Y ENCUADERNACIÓN TF Artes Gráficas © de la edición, Fundación Tres Culturas del Mediterráneo, Sevilla 2008 © de las fotografías, Aitor Lara © de los textos, sus autores, 2008 ISBN: 978-84-936282-0-8 Depósito legal: M-5512-2008


maddad yâ 'Alî ¡oh, Alí! ¡(Trae) abundancia!

Traducción: Víctor Pallejà.



Torre de Silencio de Aitor Lara