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Carolina LabbĂŠ Jeria

El posterior estado de continuar con vida


Carolina LabbĂŠ Jeria

El posterior estado de continuar con vida

Publicado por Aire Libro Mayo de 2012 Bajo Licencia Creative Commons


CRUCES Crucé la calle, se puso en rojo y yo al medio sobre el angosto cemento. Los zapatos desabrochados, dejé las olas en el suelo y a la Woolf al cielo mirando. El libro esperando casi el arrollo. Un superzoom a los cordones, y de reojo a los focos dinámicos. Entrecierro los ojos y circulan las ruedas y el viento frío de cualquier invierno de cualquier lugar en el mundo, sólo lo diferencia la humedad gris que soportan las narices santiaguinas. ¿Más claro echarle agua? Es necesario deletrear cada instante en estado alfa, llámese como se llame. ¡Un segundo por favor, déjeme pensar!, necesito ordenar la z con la b, con la o y con la e, esbozo, esbozo y no completo. ¿De cuántos sueños se crea una vida dramática? Virginia en el suelo se levanta apenas, colocan el verde peatón y cruzamos rápido los pasos entre los cafés. Sería bueno cambiar toda la casa, voltearla en ciento ochenta y pedirle al sol que me ilumine las piernas o no podré andar con falda el próximo verano. Récord de horas para una entrega. Es que aún no sabía que el asunto podía ser tan rápido. Retrocedo hasta el pasado que empieza, y sigo escuchando a Cincotti, para equilibrar la sensación de uso. Melancolizo, idealizo y fantaseo con el regreso del sujeto, para evitar el desencanto que produce el presente que no empezó. Y es que el presente no es. Ahora veo sólo el teclado nublado, y juego a poner los ojos con estrabismo, ya no es necesaria la nitidez para ver realmente con qué, quién y cómo me encuentro. ¿Por qué el ciego cierra los ojos?

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UNA

EN LA OREJA

Recién me chupó el alma. Todas estas noches las encuentro donde sea, en el columpio, en la arena, las sábanas, en la costura del pantalón, la del sostén. Insisten en quedarse. Sobreviven después de estar en la lavadora, no se saca nada con ahogarlas. Estuvo en mi cama una de ellas, sentí el aleteo en mi oreja. Me levanté. Zumbaba, se revolcaba, movía y se preparaba para su histérico baile hambriento. No salía nunca y yo insistía en echarla con las manos, la pelotita de caviar saltarín se quedó quieta después de diez minutos de alarde y destreza en su danza irritable. ¿Y si con mis dedos ya la destruí, y por eso se aquietó? No quería tener a una sinvergüenza muerta dentro de mi cuerpo. Empezaría a desintegrarse, sería capaz de mutarse, tal vez me eligió con pinzas la muy zorra: lo tenía premeditado. Un bastoncito de algodón vino en mi ayuda. Primero una punta retorcida suavemente girada, pero con insistencia. Estaba en lo profundo, no salió, se metió más al fondo. Segunda punta invertida (el otro extremo, por suerte el bastón es doble), manejada hábilmente, cada operación fue cirujana, no vaya a quedar yo sorda. Lo retiro, viene ella semimuerta en la salsa. La miro, dos pequeñas alas quebradas, diminuta. El bastón y el resto de ella a la basura.

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EL

DÍA MÁS LINDO

Estuvo conmigo toda la tarde. Era un día más en cama, pero me animaron a salir. Íbamos a dejarla al metro. Era la primera vez que salía de la casa a otra cosa que no fuera la terapia. Se bajó del auto y nos despedimos. Mi padre debía doblar a la cuadra siguiente para volver. No lo hizo. ¿Por qué no seguimos un poco más para que mire un poco?, me dijo. Subió mi lágrima al cuello. ¡Bueno!, le digo conmovida, miré por la ventana todas las luces y la gente, todas empañadas por mis ojos. Fue el día más lindo.

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CABALLERO Se abrazaron, después de un profundo e ingenuo beso en las mejillas. Después vino la foto. El caballero que ven ahí es mi padre, y ella, a su lado acostada, era mi hermana. Aunque a veces él se creyó un hermano, y ella era como si quisiera ser una madre, me retaba y acurrucaba, me alimentaba de a cucharaditas en la boca el arroz con pollo arvejado cuando llegaba del colegio con mucha hambre. Y él se sentaba en la cama, cada tarde, mirándonos y mirándola tan tiernucho, como un viejo bueno, como un pan de Dios, como un niño santo, como era ella, como era mi hermana, mi hermanita muerta por mi padre, al mes siguiente de la foto. Ese caballero.

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DE

CERA

Y soñarte abrazándome, tan helada, con la certeza de que estás tan muerta, la cara tuya tan cremada, tan de plástico, la certeza, ¿no te lo dije?

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ACOPIO A esta edad no se puede disimular el acopio de las amarguras que llegan a las comisuras de la boca. Y no se podrรก hacer nada, ya estรก a una pulgada de alcanzar la mente.

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DESCOMPRIMIDO Hoy perdi贸 algo de masa, no se recuper贸. La furia no es la misma en persona. Cuando todo el mundo sea y sea su despertar en la tina, se oir谩 un tono rom谩ntico al contar las gotas a un punto de su cuerpo. Brota la lluvia.

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ALOJO Hay dos casas en este terreno: una que está a la entrada, arriba, donde vive la abuela, y la otra restaurada que está abajo, al fondo, donde siempre aloja la familia. Es de noche. El calor de la estufa dejó los cuartos abrigados. Ya no se escandaliza la mente. Aparecía acostada en las baldosas del baño mientras soñaba, despertó siguiendo el estado de contento. Llegó la madre, se oye, cierra la puerta de la casa arriba. Baja la escalera, camina por el patio llueve, el taco suena, es hora de apagar la gruta, abre la puerta: las llaves están por fuera. ¡Qué te vas a aburrir! Tal vez sólo eso, un cuarto donde dormir y amanecer con otro.

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LA

PIRAÑA

La piraña, la piraña La piraña, la piraña Lo sabían mis amigos hace tiempo que venían desde muy lejos, esas pirañas cuando me tiraba al lago del viejo puerto a las carnes del dolor yo me entregaba chapoteaba, toda el agua se removía claro, muy impasible desafiaba esas miradas un cardumen de amiguitos las seguían para convertirme en leyenda condenada Era la piraña de ese mismo chiquillo era la piraña era la piraña veinte pieles color sandía amelonadas con ellas todos un día fuimos pirañas en las noches masticaban muslos, venas comían veinte sombras son sólo cumbias de piraguas. sin crujir, ni derramarme el agua sólo quedan esos recuerdos en el agua en el agua donde yacen todas las pirañas.

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LUNES

DE MAYO

Boca abierta para el dulzor de abejas Tres veces me lavaré los dientes Enjaula enjambre En piernas cerradas no entran perros por los mares de la zona pensante Troc troc, pájaro filosofal Saldré como las brujas de campo tue tue con dos dientes de ajo en los bolsillos Un sahumerio portátil bajo la falda y el mazo de cartas druidas en mi cartera Para espantar la mala suerte dicen y digo yo para atraer al madurito Que me perdone la madre que me abracen los hijos.

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PETAS Sólo iba para comprar una cajetilla pero vio un paquete, no uno, ni dos, ni tres eran más de diez y los quiso todos se gastó tres lucas en los nuevos petazetas. Hasta la tía los probó en la hora de once hasta ella, pero no le chispotearon, no pasó nada en su boca, no comprendí, hasta que pensé, se los tragó de una ¡la lesa!

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OCURRIRÁ Bajo el umbral del comedor llegaron tus hermanos, tus sobrinos y la guagua llegaron los perros guaguas ¿Cómo se les dice a los perros cuando son niños? Bravíos, voraces y feroces: la furia corría por sus babas, por los ojos seguían apareciendo de la nada por toda la casa y tan sólo yo decía: ¡Protejan a la guagua, protejan a la guagua!

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VILLA LOS COPIHUES Una guagua está acostada por la mañana envuelta en bolsas, recién nacida. Cuatro perros olfatearon, lamieron sus venas, Mollera mortalmente mordida. En trozos fue descubierta destrozada vida pequeña naturaleza muerta. El almuerzo se hace ingrato.

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COMO

ANGELITO

A veces, me sucede, mientras descansas: que te miro con tus cuatro años quisieras volver al origen yo quisiera saber qué lugar será la muerte, que no lo distingo sólo recuerdo lo que me dijiste quiero volver al lugar donde tu estómago se hace profundo.

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LE

AMO

Te llamo sin la doble ele Desde hace dos semanas ¿Me llamas? ¿Llamémonos más rato? Te llamo sin elle desde que te vi.

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RUMBO

A CASA

Lo que acaban de escuchar es el primer movimiento de las Czardas de Monti, el Mercado de Testaccio, y una fantasía andina. rasgando el charango y mi hombro acalambrado gritaba como rana, cinco minutos de viaje por Macul. Aprovecho para decirles Hijos del Sol, mira niñita del Gato Alquinta, la gente se acongoja, El cigarrito de Víctor Jara, ya tiene a casi todos los pasajeros convencidos, a tan sólo mil pesos. Por acá, ¿alguien quiere donar por acá? señor, señora, gracias, gracias, señor, gracias, dama, dama, a tan sólo mil pesos, señor, señor, señor, señor, sí, ¿a mil pesos, quiere uno? ¿Dama, señor? y que tengan un feliz regreso a casa, ¿Vamos a casa?

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CUANDO

SEA UNA VIEJA

Cuando tenga 70, o a los 65, cuando jubile, si es que tengo trabajo, recordaré mi vida en fotitos, igual que la Mac Claine. y escanearé cada negativo, veré si alguna foto digitalizada está intacta, y si es que en esa época los cdes, el computador, la tecnología, mi memoria, mis manos y mi lucidez me acompañan. Repasaré mi historia, sólo para repasarla, mirarla y detenerme, mirarla y no verme mirarla y no tener la tonta nostalgia de la vida feliz. ¿De qué sirve sujetarla? Cuando sea vieja, una vieja de mierda, más me vale tomarme fotos mes a mes y constatar que voy en reversa, que estaciono el cuerpo.

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CONDICIONES

DIGNAS

PREVIAS

A

MI

MUERTE,

O

AL

POSTERIOR ESTADO DE CONTINUAR CON VIDA.

Cuando me ocurra un accidente Y el resultado sea que quede tiesa Deseo pedirle a cualquiera de ustedes Que antes de hacer lo que sea con el estado de mi cuerpo Me quiten cada pelo que aparezca rebelde por mi cara Para que siga siendo mujer después de muerta. Si no me muero y me quedo como una planta No me miren, no se fijen en el cuasi bigote con la semibarba. Si mis manos quedasen libres Como hasta ahora Y sólo el cuerpo no tenga baile Bastará con que no me falte pinza ni espejo Para que los salude como siempre, con una leve sonrisa.

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LA

SEÑORA DE AVANZADA EDAD

Día 1, como hoy Estoy en cama, todo el día, ¿Recuerda que le dije que estaba tan resfriada, medio ronca?. Ahora estoy peor, fíjese. ¿No llamó esa noche? Tengo bronquitis, un dolor de espalda terrible, y ni Dios quiera que sea una neumonitis. Viera que estoy malona. los dolores a los huesos, menos mal que se me habían acabado un poquitito, claro que tengo, pero nunca tan fuerte como el otro día ay, ¡ay, que me duele la espalda! Parece que también me voy a poner el termómetro, porque me siento afiebrada así, así es como estoy, ¿Y usted? ¡Cuídese!, por suerte, tiene la suerte de mejorarse luego. Día 2, como ayer Yo tomo del otro, Brontal ese me hace bien: se desprende la flema, porque el Muxol ese, me subía la presión, lo estaba tomando dos veces no más, no me acordaba si eran cada doce o cada ocho. entonces por eso, por eso entonces, lo tomé en la mañana y en la noche, así que tomé en la mañana, 23


y ahora y a la noche voy a tomar las otras dos, otra vez. Día 3, como hace un mes Mire, aquí estaba tomando remedios, estoy, estoy más ronca, más ronca, ¡Si no puedo salir tampoco! no puedo llamar, porque no ve que a él no le gusta que yo llame médico. Me cobran par, cobran por, por ser vieja me cobran igual. Ayer llamé al médico que viene a verme otras veces, pero no, no podía salir a domicilio. Sigo igual, estoy desgarrando flemas ahora, ya, ya me alivio con eso, ¡Por Dios! tenía una tos que me ahogaba: si no puedo levantarme. Yo no sé hasta cuándo voy a estar así, y ahora me iba a poner el termómetro, porque siento mis manos bien calientes. Yo no sé hasta cuando voy a estar así. Día 4, como siempre. Los dolores son muy grandes los que tengo, vienen de repente, y estoy como que tengo algo pulmonar, una cosa, una gripe, terrible. 24


Estoy muy decaída, me levanté a la fuerza, me acuesto como a las siete, me meto entremedio, ¡ay, perdón!. ¡Llamemé!

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Cuando tenga 70, o a los 65, cuando jubile, si es que tengo trabajo, recordaré mi vida en fotitos, igual que la Mac Claine. y escanearé cada negativo, veré si alguna foto digitalizada está intacta, y si es que en esa época los cdes, el computador, la tecnología, mi memoria, mis manos y mi lucidez me acompañan. Repasaré mi historia, sólo para repasarla, mirarla y detenerme, mirarla y no verme mirarla y no tener la tonta nostalgia de la vida feliz.

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El posterior estado de continuar con vida por Carolina Labbé Jeria