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BOLETÍN DE LA ACADEMIA DE HISTORIA DEL ESTADO CARABOBO No. 17 - EDICIÓN ESPECIAL 2016

RATAS A LOCHA Y RATONES A CENTAVO Julio Centeno Rodríguez Abogado Cronista Oficial de San Diego, Individuo de Número de la Academia de Historia del Estado Carabobo, sillón ―T‖. E mail: jcentenocronista@hotmail.com . Los textos transcritos (―‖) conservan su ortografía original.

¡Ojo! ¡Ojo pelao! Cualquier parecido con hechos de la vida actual es pura coincidencia, sin embargo, como nos enseña El Eclesiastés del rey sabio Salomón: ―Nada nuevo hay bajo el sol‖. (―Nihil novi sub sole‖). Durante el régimen de la Revolución Liberal Restauradora del Hombre de la Levita Gris, Gral. Cipriano Castro; un atinado médico de Zaraza (Guárico), Dr. Rosendo Gómez Peraza, que ocupaba el cargo de Jefe de la Medicatura del puerto de La Guaira, comentó en un café de la estación del ferrocarril de La Guaira, ante un grupo de gente, entre las que se encontraba el cónsul de E.E.U.U., que había diagnosticado en uno de sus pacientes un caso de peste bubónica. Este señor, representante del Imperio, salió, como alma que lleva el diablo, a transmitir la desestabilizadora noticia a los funcionarios castristas. Y como pueblo pequeño infierno grande, la información corrió como la pólvora y se fueron tejiendo en el telar de las murmuraciones, mil comentarios adversos al gobierno, en aquella Caracas de los techos rojos, que se negaba entrar al siglo XX. En consecuencia, se movieron las piezas para dilucidar la duda de lo dicho por el galeno llanero, se comisionó, para tal fin, al científico e investigador de Betijoque (Trujillo), Rafael Rangel, quien, lamentablemente, no logró aislar la bacteria de la enfermedad e informa a las autoridades que no se trata de peste bubónica. El

gobierno armó un auténtico Festín de Baltasar, porque no tendría que cerrar el puerto de La Guaira, que tantas bondades económicas le proporcionaba, basados en el informe emitido por el sabio venezolano (que había sido asistente, nada más y nada menos del Dr. José Gregorio Hernández. Obvio, en aquellos otroras días, aún los pacientes del santo venezolano, no colgaban en las paredes de su consultorio la conocida frase: ―Gracias por el favor concedido‖) y remitieron para los calabozos de La Rotunda al discípulo de Hipócrates, Dr. Rosendo Gómez Peraza, por difundir un falso rumor en perjuicio del Gobierno (25/03/1908). Rumor que resultó ser cierto, porque hasta los sabios se equivocan y Rangel no fue la excepción de la regla, haciéndose acreedor el Dr. Gómez Peraza del beneficio de la libertad plena y de un sitial de honor en las páginas de la historia de la medicina venezolana. Al poco tiempo se desató en La Guaira y en todo el país una epidemia de peste bubónica – enfermedad infecto-contagiosa, que se transmite por medio de las ratas o pulgas-. Viéndose obligado el sistema dictatorial de Castro, para combatir la mortal enfermedad a comprar ratas a locha y ratones a centavo. Cuentan los cronistas de entonces, que todas las mañanas, al despertar el alba, se veían largas romerías de hombres, mujeres y niños con sus jaulas y paquetes de ratas y ratones, para vender su asquerosa cacería, a locha las ratas y a puya los ratones para ser extinguidos por el fuego. 45

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