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LA VALENCIA CATÓLICA Y LA EMANCIPACIÓN ENTRE EL DESCONCIERTO: FIDELIDAD O LIBERTAD

I.- TERROR, INVOCACIÓN Y PROPRAGANDA

Empezaba escuchar las murmuraciones escandalosas, en medio del desconcierto, sobre el sentido de la ―Proclamación de Don Francisco de Miranda, Comandante-General del Ejército Colombiano, a los Pueblos habitantes del Continente Américo-Colombiano‖, con fecha 2 de marzo-agosto de 1806, donde se proyectaba el plan estratégico de la emancipación en estas tierras americanas, y, al mismo tiempo, se desataba las más feroces divulgaciones contra la persona de Miranda, como traidor y anticatólico. Así mismo, llegaban noticias del viejo continente, sobre el conflicto bélico de la Madre Patria con la invasión francesa (1808).

A principio del siglo XIX, los habitantes de la Nueva Valencia del Rey viven el pánico paralizador de la muerte imprevista por causa de las enfermedades epidémicas, especialmente por el brote de la fiebre amarilla (1800). Esta conmoción general se verificó años después con mayor tristeza en la población con la llegada del flagelo ―vómito negro‖ (1804). En el cementerio de la ciudad, contigua al templo parroquial, dentro y fuera de ella, reinaba ―la corrupción del aire‖ por la cantidad de cadáveres que se enterraban, y ya no había lugar para otro más. Por este motivo, se iniciaba la diligencia pertinente para construir un nuevo cementerio fuera de la ciudad, detrás del cerrito que se llamaría ―El Calvario ” [1] .

En medio del dolor y la tristeza, y las oraciones fúnebres de los fieles difuntos, se empezaba escuchar las murmuraciones escandalosas, en medio del desconcierto, sobre el sentido de la ―Proclamación de Don Francisco de Miranda, Comandante-General del Ejército Colombiano, a los Pueblos habitantes del Continente Américo-Colombiano‖, con fecha 2 de marzo-agosto de 1806, donde se proyectaba el plan estratégico de la emancipación en estas tierras americanas, y, al mismo tiempo, se desataba las más feroces divulgaciones contra la persona de Miranda, como traidor y anticatólico. Así mismo, llegaban noticias del viejo continente, sobre el conflicto bélico de la Madre Patria con la invasión francesa (1808).

En medio del dolor y la tristeza, y las oraciones fúnebres de los fieles difuntos, se empezaba

Más tarde aparecía en formato impreso, un artículo publicado en la Gaceta de Caracas, del viernes 24 de febrero de 1809 [2], aquella

sus lugartenientes a la entrada a Caracas. En Pablo Morillo deposita la confianza, de ser el enviado que pacificaría las colonias y sin embargo consigue la más vil traición política.

El testimonio de este arzobispo nos lleva a comprender que en medio de la crisis que supuso la emancipación, la dignidad de la persona está por encima de que cualquier ideología. El dejarse guiar por las meras pasiones podría ocasionar males mayores en detrimento de la paz social.

[1] El primer arzobispo de Caracas, nativo de la población de Guacara, Mons. Francisco Ibarra (1798-1806) ordenó ―que se empedrase y cubriese de cal el antiguo cementerio de aquella ciudad y se cercase el nuevo campo santo establecido en ella‖. Este arzobispo mandó, el 11 de diciembre de 1800: ―De que luego se avisó la enfermedad epidémica fallecían muchos en esa ciudad se dio la providencia de que sentarse los cadáveres de los que fallecieron de ella en el cementerio contigua a esa Yglesia parroquial; como por la multitud de muertes según se ha informado al Sr. Presidente Gobernador y Capitán General de esta Provincia, no sea ya bastante este remedio para ocurrir (roto) se experimenta especialmente por la corrupción del aire…‖ (Los textos citados provienen de dos folios en mal estado, y en su encabezado está firmado por el Notario Público Pablo Joseph de Figueroa, y yacen en el Archivo Histórico ―Mons. Gregorio Adam‖). [2] Tomo I, N 27. La Gaceta de Caracas se comenzó a publicar el 24 de octubre de 1808. Utilizamos la publicación editada, en diez volúmenes, por la Academia Nacional de la Historia en 1983.

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