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LA CAÍDA DE PUERTO CABELLO, LOS SEIS DÍAS QUE CAMBIARON EL RUMBO DE LA PRIMERA REPÚBLICA Y EL OCASO DE FRANCISCO DE MIRANDA

produciendo un temblor tan universal en la ciudad, que rompió la mayor parte de los cerrojos de las puertas de las casas, y rindió muchas de ellas‖. Bolívar, procuró sostener la República, pero tal esperanza se desvaneció en seis días. Desde su arribo a Puerto Cabello lo acompañó un ambiente hostil. Asumió la jefatura política y militar extraño a todos. En ese trágico momento hallará ante su mirada sólo desagracia, en un lugar tórrido. Expresa sus empeño por resistir hasta el último momento, pero no consiguió apoyo ―rogué a los párrocos exhortasen a sus feligreses para que viniesen al socorro de la patria; más todo inútilmente, porque desde el venerable P. Vicario hasta el más humilde esclavo, todos la abandonaron, y olvidándose de sus sagrados deberes, dejaron aquella ciudad casi en manos de sus enemigos‖.

verá Ud. Arbolado el pabellón del Señor Don Fernando VII: quedo persuadido que Ud. Se agregará a este partido, para lo cual arbolará el mismo pabellón, y de no me contestará lo mismo. — Dios guarde á Ud. Ms. As. Plaza interina de Puerto Cabello, 5 de julio de 1812‖. Perdida la Plaza, Bolívar opta salvarse con su comitiva. En fin, mi general, expresa a Miranda ―yo me embarqué con mi plana mayor a las nueve de la mañana abandonado de todo el mundo (...) En cuanto a mí, yo he cumplido con mi deber; y aunque he perdido la plaza de Puerto Cabello, yo soy inculpable, y he salvado mi honor. ¡Ojalá no hubiese salvado mi vida, y la hubiera dejado bajo los escombros de una ciudad que debió ser el último asilo de la libertad y la gloria de Venezuela! Simón Bolívar Caracas, 14 de julio de 1812‖.

El ocaso de Miranda La situación de apremio llevó a las autoridades, encabezadas por el alcalde de la 1 elección José Domingo Gonell y algunos regidores, a pedirle a Bolívar capitular a favor del enemigo, oficiando ―Conviene a la felicidad de esta ciudad y a nuestro propio honor‖. Éste se negó, haciéndoles saber ―primero sería reducida la ciudad a cenizas, que tomar partido tan ignominioso‖. El regidor Rafael Martínez a cargo de la municipalidad rindió la Plaza Fuerte, notificando al Jefe del Vigía: ―Habiendo tenido en consideración la situación de nuestra plaza, la de haberse separado de ellas las autoridades que en ella se hallaban, como haberse ido al punto del Trincherón, y dejar esta plaza expuesta a perecer sus habitantes, como es probable, en esta consideración se ha capitulado, este pueblo interior, entre varios vecinos de él, con las condiciones de no padecer en esos alguna ni sus personas, intereses, ni empleos: en esta virtud,

Aquellos momentos de gloria de Francisco de Miranda llegarían a su final con la caída de Puerto Cabello. Delpech refiere que la perdida de esta Plaza ―fue la que ocasiono todos los males, llevó a colmo el desaliento, el desorden, la confusión, al mismo tiempo que casi decupló la audacia y el partido de los enemigos, que en ese momento estaban sin ninguna especie de municiones y habían determinado retirarse dentro de dos días. Apenas esta importante plaza les fue entregada, con los inmensos almacenes y municiones de guerra que ella guardaba, un enjambre de navíos, enemigos llegaron allí con tropas, emigrados, opositores del régimen de Venezuela‖. El Generalísimo teniendo en cuenta la pérdida de Puerto Cabello, el 5 de julio 1812, cuando se festejaba un año de la independencia, no desmayo 24

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