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LAS ANGUSTIAS DE MIRANDA EN LA CIUDAD MARINERA

4 de mayo se celebra una junta en la municipalidad porteña, en la que se reconoce a Bolívar como el Comandante Político y Militar de la ciudad. El 30 de junio de 1812 una trágica noticia recorre las calles del puerto, al conocerse del alzamiento del castillo por traición del teniente Fernández Vinoni. La acción de este último tomó por sorpresa al Coronel Bolívar, quien se encontraba en la ciudad amurallada y que a pesar de sus esfuerzos no logra contener el levantamiento enemigo, al punto que debe abandonar la plaza junto a sus hombres el 6 de julio, a través del puerto de Borburata. Sus últimos momentos en el puerto, y el ánimo que le embarga, son descritos por el joven Coronel Bolívar, en el parte que escribe a Miranda: ―… En fin mi General, yo me embarqué con mi plana mayor á las nueve de la mañana, abandonado de todo el mundo; y seguido sólo de ocho oficiales, que después de haber presentado su pecho á la muerte, y sufrido pacientemente las privaciones más crueles, han vuelto al seno de su patria á contribuir á la salvación del Estado, y á cubrirse de la gloria de vuestras armas. / En cuanto á mi, yo he cumplido con mi deber; y aunque se ha perdido la plaza de Puerto Cabello, yo soy inculpable, y he salvado mi honor; ¡ojalá no hubiera salvado mi vida, y la hubiera dejado bajo de los escombros de una ciudad que debió ser el último asilo de la libertad y la gloria de Venezuela!‖.[4].

herida en el corazón”. Tras la capitulación de Miranda frente a Monteverde, más tarde (31 de julio de 1812) es apresado por Bolívar y otros oficiales, en La Guaira, y enviado a Puerto Cabello en calidad de prisionero común junto a muchos otros, en abierto incumplimiento de los términos de dicha capitulación.

La noticia sobre la pérdida de la importante plaza estremece al Generalísimo, quien exclamará, y con razón, “¡Le Venezuela est Blessée au coeur!‖, esto es, ― Venezuela está

Las bóvedas del castillo San Felipe lo reciben como huésped pero sin derecho a honores ni comodidades. Atrás habían quedado sus andanzas

3.- En las mazmorras del castillo

Trágicas circunstancias son las que atraviesa el Generalísimo cuando le corresponde visitar la ciudad, esta vez, como reo de la Corona Española. Allí permanecerá poco más de cinco meses, esperando respuesta sobre su destino quizás –especulamos nosotros– agobiado por pensamientos que venían en tropel sobre su aventurera vida y lo que ahora se le presentaba como un claro fracaso. Ningún grato recuerdo podía guardar Miranda de la ciudad, mucho menos del castillo al que ahora se le tenía confinado. Su calmo mar y salitroso viento vieron morir a los diez expedicionarios, que sufrieron el infortunio de ser capturados en la fallida aventura de mil ochocientos seis; los muros de la fortaleza conocieron del sudor y los llantos de los cuarenta y siete hombres con sentencias de prisión y trabajos forzosos. Y en esos mismos vetustos muros del castillo se fraguó la traición que facilitando el avance realista, termina haciendo sucumbir la naciente república.

[4] Simón B. O´LEARY. ―Memorias del General O‘Leary‖, Tomo XIII, pág. 51.

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