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La Virgen del Carmen de Rute (Córdoba), posible obra de Diego de Mora Agustín Camargo Repullo Licenciado en Historia del Arte

E

n la Historia del Arte, conocer la autoría de una obra quizás no sea imprescindible, aunque sí que nos resulta de gran utilidad, no sólo a la hora de profundizar en la figura del propio artista y su evolución, sino también para ir un paso más allá en el conocimiento de la obra en sí y todo lo que la rodea. En el campo de la imaginería, concretamente en el caso de aquellas imágenes a las que rinden culto hermandades, la autoría de las mismas cobra una especial relevancia, a los cofrades nos interesa sobremanera qué mano es la que labró esa imagen a la que profesamos devoción, esa imagen a la que estamos sentimentalmente unidos desde pequeños. Al respecto, la Historia del Arte es algo vivo, en constante evolución, mediante la cual se van renovando los conocimientos; así pues, algunas teorías quedan obsoletas ante la aparición de nuevas hipótesis basadas en pruebas consistentes. Esto es lo que ha sucedido en torno a la autoría de la bella imagen mariana que el pueblo de Rute tiene por patrona, Nuestra Señora

del Carmen, talla que, hasta el momento, se venía atribuyendo a la hija de Pedro Roldán, Luisa, llamada “La Roldana” como sabemos; sin embargo, hoy nos vemos obligados a rechazar la relación de la talla ruteña con la conocida escultora sevillana, de acuerdo a los sorprendentes hallazgos que desarrollaremos a continuación, que, como podrán comprobar, no dejan lugar a dudas.

sin que exista, a día de hoy, ningún tipo de prueba que pudiese corroborar dicha información – seguramente tras la fuerte intervención a la que fue sometida en los años setenta de manos de Luis Ortega Brú, con el fin de sustituir su candelero por un cuerpo con un sencillo hábito carmelita tallado, bajo el que asoman los pies calzados con sandalias.

Si bien, la actuación de Volviendo al tema que Brú sobre la imagen no quedó nos ocupa, la razón para atri- ahí, pues también se encarbuir la efigie ruteña a Luisa Rol- garía – según el testimonio de dán no era otra que la firma los más mayores de la cofraque, al parecer, la imagen pre- día – de repolicromar las masentaba en uno de sus hom- nos, así como de modelarle bros; la cual debió perder – una cabellera recogida en mo-

Fig. 1- Comparativa de las imágenes de La Madre de Dios de las Comendadoras de Santiago de Granada (Izq.) y Ntra. Sra. del Carmen de Rute (Dcha.)


Fig. 2 - Comparativa de las imágenes de la Virgen Madre de la Parroquia del Carmen de Lucena (Izq.) y Ntra. Sra. del Carmen de Rute (Dcha.).

ño de tipo cordobés; en cualquier caso, aclarar que habitualmente ésta queda oculta bajo la peluca de pelo natural, como oculto queda también dicho cuerpo bajo ricas ropas bordadas. Y es que, finalmente, la Virgen del Carmen de Rute ni tan siquiera ha resultado ser de origen sevillano, sino – con total seguridad – de escuela granadina, al igual que la mayor parte de imaginería de esta localidad de la subbética; son sus rasgos físicos, el cotejo de los mismos con otras imágenes, – única opción posible para el investigador, ante la ausencia de fuentes escritas – los que revelan una clara conexión con el entorno de los Mora, apuntando con fuerza hacia una figura en particular: Diego de Mora. Posiblemente, Diego sea poco conocido en comparación con otros artistas de su entorno como pueden ser José Risueño o Torcuato Ruiz del Peral, quizás un poco ensombrecido por su hermano José, mucho más prolífico;

aún así, su nombre está más presente en el ámbito granadino, por considerarse el autor de imágenes tales como Jesús del Rescate. Está pendiente, por tanto, un estudio más en profundidad de su vida y obra, con el que esperamos que algún día ocupe el sitio que merece este maestro granadino que tan bien supo plasmar la belleza divina de la Madre de Dios. De las imágenes marianas atribuidas a Diego de Mora, la Virgen Madre de la iglesia del Carmen de Lucena (fig. 2-3), donde ocupa uno de los retablos de la nave del evangelio, es una de las que más parecido guarda con la efigie ruteña protagonista de este estudio, a pesar de lo ennegrecido de su rostro por la pátina del paso del tiempo. Si observamos detenidamente las facciones de ambos rostros, los paralelismos son más que evidentes, resultando curioso al tratarse de dos poblaciones tan cercanas, más aún si tenemos en cuenta la vinculación al Carmelo de ambos casos.

Y es que, en ellas, vamos a encontrar un prototipo de rostro que se va a repetir en la mayor parte de las representaciones marianas que se le atribuyen; son rostros de formas suaves y redondeadas, de proporciones geométricas, en los que se resaltan pómulos y barbilla, con hoyuelo, mentón poco marcado y mejillas levemente sonrosadas. Son imágenes en las que domina una expresión de serenidad, lo que propicia un ambiente de recogimiento, imágenes de mirada dulce y amable, un poco baja para interactuar con el fiel que ora a sus pies, con ojos grandes y almendrados, finas cejas arqueadas, nariz recta y un tanto prominente, y boca menuda que, aunque cerrada, esboza una leve sonrisa; en lo que respecta al cuello, éste será cilíndrico y poco anatomizado. Son, en definitiva, imágenes sumamente bellas, sin renunciar por ello a cierta idealización, a la par que con unción sagrada, imágenes que transmiten y mueven a la devoción; imágenes sumamente delicadas, rebosantes de elegancia y majestuosidad. Todas las características que venimos enumerando las vamos a encontrar en las imágenes de Rute y Lucena, pero también en la gran mayoría de las que veamos seguidamente. Sin embargo, a pesar de que la Virgen del Carmen ruteña sigue punto por punto los rasgos que acabamos de describir, es momento de señalar las principales diferencias que presenta frente al resto de imágenes que sacaremos


pues, de los elementos que configuran una talla, la capa pictórica es la más susceptible de ser alterado. Entre ellas, podemos hablar del hecho de que la mirada se dirija al frente o del trazo algo más rectilíneo de las cejas. También hallaremos pequeñas diferencias en los labios, de comisuras por lo general más abiertas que en la imagen de Rute, que a su vez presenta un labio inferior más carnoso. Aparte de todo esto, los rostros se van a enmarcar por largas cabelleras negras, con raya al centro, trabajadas con amplios golpes de gubia, sin demasiado detallismo; siendo característico del autor esos abultamientos que se forman a la altura de las sienes, como si el viento moviese el pelo hacia atrás, cayendo en forma de mechones ondulados sobre los hombros. Las orejas por su parte, suelen quedar ocultas. Fig. 3 - Madre de Dios de la Parroquia del Carmen de Lucena.

Por lo demás, María va a vestir túnica ceñida por un cora colación a lo largo de este sús sí sean vítreos – más difí- del, y manto cerrado en el petrabajo, éstas son básica- ciles de colocar, al ser de ta- cho que envuelve el brazo demente dos: la primera sería maño más reducido – hace recho para cruzarse sobre el la posición frontal de su cabe- pensar en una posible trans- vientre y recogerse sobre el izza, frente al habitual despla- formación posterior a su he- quierdo, creándose un dinázamiento hacia la izquierda, chura. En cualquier caso, no mico juego de pliegues que que va unido a una ligera in- es más que una mera sospe- podemos considerar como clinación hacia delante. La cha, basada únicamente en la transición al siglo XVIII; adeotra de ellas radica en los intuición, al menos mientras más, Diego de Mora va a ojos, pues resulta de lo más que la imagen no sea someti- abandonar ese típico estreextraño que no sean de cris- da a un proceso de restaura- chamiento en la parte inferior tal, como era tan usual por ción que pudiera desvelar indi- de la figura instaurado por Alonso Cano. aquel entonces y como ocu- cios al respecto. rre en la práctica totalidad de De esta manera, también imágenes vinculadas con el Así mismo, es lógico pentaller de Diego de Mora, sino sar que algunas de las dife- se consigue que ambas mapintados sobre la madera; al- rencias, aunque sutiles, que nos queden libres, de modo go que, unido al hecho de podamos detectar vengan da- que los dedos índice y pulgar que en la imagen del Niño Je- das por las policromías; de la derecha se unen para


Fig. 4 - Virgen de la Consolación “La Abadesa” que se encuentra en el convento del Santo Ángel Custodio de Granada.

sostener el cetro – atributo de realeza, junto con la corona – mientras que la izquierda aparece extendida horizontalmente en actitud de sostener el cuerpo del divino infante, tal y como vemos en la patrona de Rute.

que sigue, guardan un parecido entre sí que podríamos calificar de asombroso, como queda patente en las fotografías adjuntas. Continuamos con la Virgen de la Consolación, conocida como “La Abadesa” entre la comunidad de clarisas del convento granadino del Santo Ángel Custodio (fig. 4), en cuyo coro bajo se ubica; imagen igualmente atribuida a Diego de Mora, aunque haya quien la vincule con Bernardo o José.

nadas con el maestro granadino, hemos de citar a la Virgen del Carmen, también conocida como la “Gran Madre”, de las Carmelitas Calzadas y la Virgen de la Merced o “Comendadora” de la iglesia de San Ildefonso de Granada (anexo 2), fechada en 1725; ambas con rostros que, según nuestro criterio, se apartan considerablemente del modelo que venimos comentando, en especial la primera de ellas, quizás más cercana a Risueño.

A grandes rasgos, encontramos las mismas características que en los dos ejemplos anteriores, aunque solo referidas a la cabeza, puesto que en este caso nos encontramos ante una imagen sedente, con el Niño sentado en sus piernas; otra de las diferencias radica en la colocación del manto, que cae a los lados, así como en la mano derecha, apoyada sobre el brazo del sillón y no sujetando el cetro.

En la misma Lucena hallaremos otra hermosa imagen atribuida a Diego de Mora por David Ledesma Mellado, y de rostro bastante similar al grupo de imágenes que hemos visto hasta el momento, como es la Inmaculada de la ermita de Ntra. Sra. del Valle (fig. 5/anexo 3), antiguo convento de Alcantarinos, donde se ubica en el retablo colateral del lado del evangelio. En ella, destaca el dinamismo con que se conciben los ropajes, trabajados con grandes surcos que provocan un contraste de luces y

En líneas generales, la Virgen de la Paz de la Parroquia de San Cecilio de Granada, titular de la Hermandad de los Favores (anexo 1), repite el mismo esquema que la imagen lucentina que acabamos de comentar; la De igual modo, como obra, fechada en 1709 por imágenes sedentes relacioManuel Gómez Moreno y procedente del desaparecido convento de mercedarios de la calle Belén, se adscribe a la producción de Diego de Mora de acuerdo con la tesis de Sánchez Mesa. En esta ocasión, la Virgen viste los colores inmaculistas, con vestido burdeos estofado y manto azul, a todas luces repintado, salpicado de estrellas; su bello rostro, recuerda a los simulacros lucentino y ruteño por igual, todas ellas, junto con la imagen

Fig. 5 - Inmaculada Concepción de la ermita de Ntra. Sra. del Valle de Lucena (izq.) y Ntra. Sral del Carmen de Rute (dcha.)


6/anexo 4); antigua titular de la hermandad del gremio de Zapateros – en palabras de Antonio Padial Bailón – que, en origen, recibía culto en una capilla callejera de la calle Abenhamar; llega a su emplazamiento actual en 1885.

Fig. 6 - Inmaculada Concepción de la iglesia de San José de Granada.

sombras; llama la atención además el marcado contraposto de la figura, con una pierna izquierda flexionada que se intuye bajo las telas. De gesto más severo, las principales diferencias que presenta son las que cabe esperar de su iconografía: vestido color crema y manto azulgrisáceo, estofados con finos motivos, manos unidas en actitud orante, y base de nubes con media luna (con las puntas hacia abajo) y una serie de angelitos, que seguramente debieron portar atributos marianos. Aunque con cuello más estilizado y nariz algo más pequeña, el parecido con la talla ruteña es notable, contando quizás con los párpados que más se le aproximan, junto a un óvalo facial igualmente cercano.

La imagen, que se encuentra junto al presbiterio, se alza sobre una peana de nubes que, en su día, parece ser que tuvo dos figuras de ángeles; si algo llama la atención en ella, aparte de su exquisita policromía, es la técnica empleada en la elaboración del cabello, consistente en el uso de cuerda encolada. Por lo demás, en esta ocasión, el manto cae formando acartonados pliegues hasta el suelo.

Fig. 7 - Inmaculada Concepción del convento de Santo Tomás de Villanueva de Granada.

En último lugar, tenemos la Inmaculada del convento de Agustinas Recoletas de Santo Tomás de Villanueva en Granada (fig. 7), imagen de Otra representación de la 90 centímetros datada hacia Inmaculada Concepción, rela- 1720, que se encuentra ubicionada con nuestro escultor cada concretamente en la sagranadino y muy próxima al la capitular, ante un fondo de modelo de rostro que veni- rayos y sobre una pequeña mos comentando, es la de peana dorada, en la que apoSan José de Granada (fig. ya a su vez la base de nubes,

antaño con querubines. Sin embargo, según María Eugenia Garisoain Otero, estaríamos más bien ante una imagen de la Asunción, entre las razones que la llevan a pensar esto está el hecho de que las manos aparezcan separadas, la derecha sobre el pecho y la izquierda extendida, al igual que algunos casos en la producción de Cano. Cabría añadir la sensación de suspensión en el aire que provoca ese frenético movimiento del manto, de efecto barroco, con pliegues de trayectoria zigzagueante. Finalmente, destacar tanto la sinuosidad de la figura, que transmite cierta inestabilidad, como su espléndida policromía, de rostro nacarado – en el que, a estas alturas, no vamos a encontrar novedad alguna – y vestido salpicado de motivos vegetales. Miguel Ángel León Coloma, en base a esa agitación de paños, va a establecer paralelismos con las versiones de los conventos de San Martín (Agustinas) de Lucena (anexo 5) y San Francisco de Baena (anexo 6), en el que ocupa un retablo en el brazo derecho del crucero; esta última, de similares facciones a la patrona de Rute, incorpora a sus pies tanto globo terráqueo como la serpiente que simboliza el Mal. Llegados a este punto, hemos podido comprobar cómo el grueso de la producción del taller de Diego de Mora estaría formado por imágenes de talla completa, por lo que la Virgen del Carmen de Rute sería el único ejemplo de


Fig. 8- Comparativa de las imágenes de La Madre de Dios de las Comendadoras de Santiago de Granada (Izq.) y Ntra. Sra. del Carmen de Rute (Dcha.)

imagen de vestir. Sin embargo, nuestras labores de investigación han dado con una imagen, catalogada como anónima de finales del siglo XVII, que sin lugar a dudas podemos emparentar igualmente con dicho maestro granadino; nos referimos a la Madre de Dios, titular de la Hermandad del Huerto que preside la iglesia del convento de las Comendadoras de Santiago en Granada (fig. 1-8/ anexo 7). Y es que si parecidas nos resultan muchas de las imágenes que hemos visto por ahora, en este caso, nos atrevemos a decir que nos encontramos ante una imagen prácticamente “gemela” a la de Rute, pues sus rostros son casi idénticos, como podemos ver en las prue-

bas gráficas adjuntas. En verdad, las diferencias son mínimas y atienden principalmente a la policromía, exceptuando lo ya referido sobre los ojos, de cristal en la granadina y pintados en la ruteña; a lo que cabría añadir solamente el trazo un poco más curvilíneo del labio superior.

imágenes salieron de la misma mano, ya que incluso concuerdan en datación.

Es de esperar que esta tipología conlleve otras diferencias menos significativas, entre las que se encuentra la labra de las orejas, nada frecuente en las imágenes de talla, y por tanto la posibilidad de lucir pendientes; a ello, quiLa extraordinaria simili- zás debamos sumar el tamatud existente entre ambas imá- ño un tanto inferior de la imagenes se acentúa aún más al gen del Niño, que en el caso tratarse –originariamente, tam- de Rute además ocupa una bién la de Rute– de imágenes posición significativamente de candelero, pensadas para más baja. vestir con tejidos y colocarles Sin embargo, esto no peluca de pelo natural; en ellas, como sabemos, solo se afecta a las manos, que setrabajan las partes visibles, es guirán el mismo patrón, condecir, únicamente cabeza y ma- sistente en portar el cetro y nos. Por todo ello, no cabe la sostener al Niño para deremenor duda de que ambas cha e izquierda respectiva-


mente. En el ejemplo ruteño, es de suponer que, por lo replegado de sus dedos, con la zurda sujetase además el escapulario, en ademán de ofrecerlo al fiel; aunque, normalmente, los escapularios (de orfebrería) penden colgados de la muñeca derecha. En último lugar, nos atrevemos a incluir, como otro posible ejemplo más de imagen de vestir, a la Virgen del Buen Parto de la parroquia de la Magdalena (Agustinas Recoletas) de Granada (anexo 8); cuyos rasgos faciales, a nuestro modo de ver, recuerdan considerablemente a los que venimos observando en las diferentes imágenes aquí recopiladas. Así pues, creo no equivocarme al considerar dicha imagen – de la que no parece descabellado pensar que, en el pasado, contase con Niño Jesús – como perteneciente al círculo de Diego de Mora, en cuyo templo se conserva además un San José atribuido al autor.

Ahora es el momento de ocuparnos, de manera individualizada, del análisis de las imágenes del Niño Jesús, para así, al igual que hemos hecho en el caso de la Virgen, poder apreciar el grado de conexión existente entre los diferentes ejemplos que hemos ido mostrando y el Niño que porta la Virgen del Carmen de Rute; de éste, se podría llegar a pensar que no fuese coetáneo a la imagen de la Virgen, opción que descartamos por todo cuanto desarrollaremos acto seguido. De todos ellos, quizás el que más parecido guarde con el ruteño, al menos la cabeza, sea el que porta la Virgen de la Consolación del Santo Ángel (fig. 9). A grandes rasgos, ambos poseen facciones similares, éstas son: cara redonda, de frente despejada y barbilla levemente marcada, destacando esos abultados carrillos, que flanquean una boca menuda y entreabierta; la nariz, típica-

mente infantil, es pequeña, redondeada y un poco chata; mientras que los ojos, de cristal, son grandes aunque tal vez cerrados en exceso, con una mirada baja y juguetona. Entre las diferencias, llama la atención ese aire triste que emana del delicado rostro del Niño de Rute; en lo referido al pelo, castaño frente al moreno predominante del resto, éste aparece recogido hacia atrás como empujado por el viento, dejando ver gran parte de las orejas, siendo característico del ruteño esa onda en el flequillo. Por lo demás, se trabaja en abocetados mechones formando masas, con más detallismo de lo habitual en el caso que nos ocupa; frecuentemente, se terminan a punta de pincel. En lo referido al cuerpo, nos serán de gran utilidad aquellas representaciones del Niño Jesús desnudo – como es el caso del ruteño, aunque se muestre revestido – co-

Fig. 9- Comparativa de las imágenes del Niño Jesús de la Virgen de la Consolación del convento del Santo Ángel Custodio de Granada (izq.)y de Ntra. Sra. del Carmen de Rute.(dcha)


mente la Virgen de la Aurora de Carcabuey, en cuya peana de nubes se inserta un nutrido grupo de cabecitas de querubines, algunos con ese mismo flequillo ondulado hacia un lado.

Fig. 10- Comparativa de las imágenes del Niño Jesús de la Virgen Madre de la Parroquia del Carmen de Lucena (izq.)y de Ntra. Sra. del Carmen de Rute.(dcha)

mo pueden ser las de San Cecilio de Granada y, sobre todo, la parroquia lucentina del Carmen (fig. 10), desgraciadamente desvirtuado con un repinte generalizado bastante reciente, más fornido y con los dientes tallados; el Niño va a aparecer sujeto por la mano izquierda y vuelto hacia el espectador, como sentado en el antebrazo, con las piernas suspendidas en el aire y las rodillas flexionadas, quedando uno de los pies (normalmente el izquierdo) más elevado que el otro. Los brazos, más o menos separados del tronco, se extienden hacia delante con las manos, de finos dedos trabajados con esmero, en actitud de coger algo; el Niño lucentino, al igual que el de las Comendadoras de Santiago, bendice con su mano derecha, mientras que el ruteño coloca su brazo en paralelo al pecho de la Madre. Ya solo resta añadir ciertas características comunes, como esas carnes blandas y regordetas, propias de los bebés, que hacen que se formen pequeñas

arrugas en la piel como las que encontramos repetidamente sobre el abultado vientre, en el arranque del cuello o en los pies. Igualmente revelador resulta el estudio de otro tipo de figuras infantiles como son los ángeles que vamos a encontrar en algunas de las imágenes vinculadas a la gubia de Diego de Mora, algunos de ellos con rostros que se asemejan mucho más al Niño del Carmen de Rute. Al respecto, nos interesa especial-

De igual modo, la ya comentada Inmaculada lucentina del Valle cuenta con cuatro angelitos de cuerpo completo junto a dos cabezas de querubines (fig. 11), bastante similares todos ellos al Niño ruteño, exceptuando los ojos pintados y la mayor apertura de la boca. En tercer y último lugar, podríamos hablar, aunque en menor medida, de los querubines presentes en la nube de la Comendadora de San Ildefonso. José Risueño, tomará en cierto modo este mismo modelo – algo que, en ocasiones, induce a errores – haciéndolo suyo e introduciendo algunas novedades, tales como un pelo más alborotado (Gran Madre, Carmelitas Calzadas – anexo 9) o posturas más complicadas.

Fig. 11- Querubines de la peana de la Inmaculada Concepción de la ermita de Ntra. Sra. del Valle de Lucena.


En lo referente a la presencia del propio Diego de Mora en localidades de la provincia de Córdoba como Lucena, Carcabuey (fig. 12) o Baena, habría que sumar un par de imágenes atribuidas en Priego de Córdoba; se trata de la Virgen de la Aurora y la Virgen del Carmen de la capilla del Sagrario de la parroquia de la Asunción, un tanto alejada del estilo del autor esta última. Por otra parte, en Aguilar de la Frontera no se le atribuye ninguna imagen, si bien, creemos que podría corresponderse con la obra de Diego de Mora el grupo escultórico de la Coronación de la Virgen conservado en la clausura de las Carmelitas (anexo 10), que en su día formó parte del retablo mayor de la iglesia del convento de las Coronadas; a pesar de que Antonio Maestre Ballesteros lo relacione con el quehacer del prolífico, y no poco en la provincia de Córdoba, José.

la parroquia del mismo nombre, que ocupa el lateral izquierdo del retablo de la Inmaculada (lado de la epístola). Una vez analizadas las similitudes formales existentes entre las diferentes imágenes, y vista la destacada presencia del arte de los Mora en la zona, hemos de hablar de dataciones, intentando enca-

no con la fecha de fundación de la cofradía ruteña, que sabemos que ya existía en 1692, de acuerdo a los datos extraídos del acta notarial redactada con motivo de la ceremonia de entronización de la imagen de San Pedro en el ático del retablo mayor de la parroquia de Santa Catalina el 29 de septiembre de 1760. Te n i e n d o e n cuenta que para la siguiente hermandad citada por antigüedad, la de Jesús de la Humildad “El Abuelito”, se da la fecha de 1685, la Hermandad de Nuestra Señora del Carmen debió fundarse en algún momento durante esos siete años. De igual modo, según Manuel García Iturriaga, la construcción de la ermita de Ntra. Sra. del Carmen tendría lugar en los últimos años del siglo XVII.

Por todo ello, llegamos a la concluFig. 12- Virgen de la Aurora de Carcabuey. sión de que la talla objeto de estudio de este artículo debió realijar la hechura de la imagen Asimismo, si vamos un del Carmen de Rute en una zarse con toda probabilidad a poco más allá, hasta el mo- franja temporal lo más preci- finales del siglo XVII, seguramento, en Rute, ninguna ima- sa posible. Al respecto, es fun- mente entre 1685 y 1692, en gen había sido relacionada damental la fecha de 1682, cuyo caso estaríamos ante directamente con la obra de cuando Diego de Mora – que una de las imágenes más temDiego; sin embargo, sí se atri- por entonces contaba con 24 pranas salidas del taller de buye a su padre, Bernardo años – abandona el obrador Diego de Mora; si bien, es cierde Mora, la magnífica talla de familiar para abrir taller pro- to que hemos de barajar la poJesús Amarrado a la Colum- pio; nuestro maestro granadi- sibilidad de que la talla se ejecutase en los años siguientes na (1665), titular de la Her- no morirá allá por 1729. a 1692. mandad de la Vera Cruz. De igual modo, a su hermano JoResulta de sumo interés sé, se atribuye una pequeña comprobar cómo este marimagen de San Francisco en gen de tiempo coincide de ple-


Anexo Fotográfico

Anexo 1- Virgen de la Paz de la Parroquia de San Cecilio de Granada.

Anexo 3- Inmaculada Concepción de la ermita de Ntra. Sra. del Valle de Lucena. Anexo 2- Virgen de la Merced o “Comendadora de la Iglesia de San Ildefonso de Granada.

Anexo 5- Inmaculada Concepción del Convento de San Martín (Agustinas) de Lucena. Anexo 4- Inmaculada Concepción de la iglesia de San José de Granada.

Anexo 6- Inmaculada Concepción del Convento de San Francisco de Baena.


Anexo Fotográfico

Anexo 7- Madre de Dios de las Comendadoras de Santiago de Granada.

Anexo 8- Virgen del Buen Part o de la Parroquia de la Magdalena de Granada.

Anexo 9- Gran Madre de las Carmelitas Calzadas de Granada. Anexo 10- Coronación de la Virgen del convento de las Carmelitas de Aguilar de la Frontera.

Créditos Fotográficos: Antonio Orantes. Para el blog “La locura de una familia cofrade” Antonio Padial Bailón. Para el blog “Hermandades de Gloria de Granada” Sergio Aguayo. Para el blog “Granada Cofradiera” Yolanda Pérez Cruz. Para el blog “Don de Piedad”

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La Virgen del Carmen de Rute (Córdoba), posible obra de Diego de Mora.  

Artículo de investigación en torno a la autoría de Nuestra Señora del Carmen, patrona de Rute; la imagen se venía atribuyendo a Luisa Roldán...

La Virgen del Carmen de Rute (Córdoba), posible obra de Diego de Mora.  

Artículo de investigación en torno a la autoría de Nuestra Señora del Carmen, patrona de Rute; la imagen se venía atribuyendo a Luisa Roldán...

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