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María Begoña Landa Bárcena, nace en Bilbao España el 1 de Enero de 1919; ingresa a la Vida Religiosa en Logroño en 1947 realizando su primera profesión el 4 de enero de 1949 y la profesión perpetua el 4 de Enero de 1952. Su corazón inquieto y disponible para la misión la trae a Colombia en 1953, siendo una de las primeras Agustinas en llegar a nuestro país. La población de Albán la recibe para dedicarse a la enseñanza y dirección en el Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo. En 1962 es enviada a Bogotá y en el Colegio del Buen Consejo su actividad misionera se centra en la docencia y dirección algunos años. Por su iniciativa y tesón se creó en el colegio la jornada adicional con la finalidad de favorecer la educación a niñas de pocos recursos, siendo directora del mismo hasta 1987 que es enviada como rectora al Colegio Cooperativo María Auxiliadora del 20 de Julio donde reside hasta el 2008. Su estado de salud le exige recibir una atención más especializada en la comunidad Provincial, donde vivirá desde el 2008 hasta el 2012.

La vida de Sor María Begoña, estuvo marcada por nuestra identidad educadora teniéndola como centro de su vida y actuar.


Concebía la educación como una dimensión integral donde la niña y la joven desarrollan

su

dignidad

humana

en

ambiente

de

libertad,

respeto,

responsabilidad y cumplimiento de las obligaciones. Su ser de educadora se expresaba: orientando, ayudando, escuchando, creyendo en la capacidad de la joven , animándola siempre para dar lo mejor, para crecer como mujer digna; en una dedicación total, donde el tiempo no tenía límite. Su carácter firme, exigente y a la vez cercano, delicado, cariñoso con las más pequeñas hasta “llevarlas en brazos a su salón” como atestigua una de las exalumnas. Esta marca, acompaña a tantas alumnas suyas que hoy son madres, abuelas, religiosas, que han podido proyectar esta enseñanza en los diferentes escenarios donde han desarrollado su vida familiar, profesional y religiosa. Cuando su edad ya no le permitió ejercer la docencia escolarizada, se dedicó a una nueva actividad fuera de los ambientes escolares integrada a la parroquia de los Sagrados Corazones de Jesús y María del barrio Granada acompañando ancianos, enfermos, familias, para escucharles y animarles a llevar una vida de oración y de mayor esperanza. Vida que la llevaba a unirse a muchas personas y a Jesús como centro de su vida. Sor María Begoña, siempre fue un referente en la vida de la Provincia del Buen Consejo, en la toma de decisiones, consultar pasos a seguir y para animar un estilo de vida comunitario, misionero y comprometido. En los últimos años, su compañía era indispensable y las frases que más nos repetía eran:  Ánimo, deben tener fuerza en el corazón.  Manténgase unidas, compartan todo, vivan en comunidad.


 Sean libres, y que su libertad no ofenda a nadie.  Oren siempre unas por otras.

La identidad original estuvo firme en su vida y al mismo tiempo se dejó enriquecer profundamente por los valores del país (Colombia) que la acogió y a la que ella amó y escogió para terminar sus días. La radicalidad de su opción religiosa marcó todas las etapas de su vida confrontándolas siempre con la Voluntad de Dios. El ser con el otro en su vida era fundamental. La comunidad era el espacio para buscar juntas, orar juntas, celebrar juntas, no concebía la vida sola, disfrutaba de la compañía. La oración, como el espacio de encuentro con Dios, con los hermanos y hermanas y con las necesidades de cada persona, para que fuera Él, el que confortara, animara e iluminara los momentos difíciles y alegres de la vida. La preparación académica, la lectura diaria, el analizar diferentes temas de la vida cotidiana, le permitieron una formación actualizada y permanente. La constancia en la elaboración y desarrollo de proyectos de vida o comunitarios definían en ella una personalidad decidida y no se dejaba doblegar fácilmente por las dificultades. El testimonio de vida para todas las generaciones que vivimos y compartimos con ella.


Aún en la debilidad de la enfermedad, no se dejó amilanar, sino mostrar fortaleza, firmeza, ternura, cercanía cariño, sensibilidad y preocupación por lo que cada una de las hermanas realizaba a diario. La fidelidad a su primer amor, le acompañó hasta los 93 años de vida y 63 de vida religiosa.


MADRE BEGOÑA